Comentario Macroecuménico Nº 2

TOD@S SE SALVARÁN DONDE ESTÉN
Por Rab. Richard Gamboa

Monseñor Pedro Casaldáliga, obispo emérito de São Felix do Araguaia (Brasil), propuso como parte de los principios macroecuménicos la premisa de que todo ser humano puede alcanzar la redención divina permaneciendo cada quien en su credo. Es decir, no se necesita abandonar la religión que se profesa y adherirse a otro grupo religioso con el fin de asegurar la salvación eterna. Este es el principio de la Globalización de la Salvación. La Globalización de la Salvación se fundamenta en el hecho de que Dios no está limitado a una etiqueta religiosa en especial, que no está encerrado exclusivamente en una sola asociación religiosa. Dios no es cristiano, ni judío, ni musulmán, ni hinduista… Él mismo, por tener el atributo de la trascendentalidad, está por encima de todas esas diferencias de creencias y de prácticas religiosas que nosotr@s mismas nos hemos auto-impuesto. Cuando reconocemos que todos los seres humanos somos una sola familia creada por Dios y aceptamos que ese principio universal está por encima de cualquier diferencia racial, nacional, social e incluso religiosa, entonces tenemos que admitir que Dios está presente y obra en todas las confesiones de fe sin excepción alguna. Independientemente de las plataformas doctrinales, no podemos negar que Dios está presente en todo lugar donde se elevan plegarias, sin importar el tipo de ritual o de fórmulas de palabras que se usen para esa alabanza o súplica. Lo que hace que una religión sea “religión verdadera” no es el conjunto de fórmulas doctrinales con las cuales se sostiene, ni tampoco lo es su antigüedad o la cantidad de fieles que tiene, sino que en ella Dios está presente y que promueve el ideal de persona que vive en armonía con el Hacedor del Universo, con las demás personas, con el medio ambiente y consigo misma. Afirmar, por tanto, que nuestra tradición o denominación religiosa es la única verdadera sobre la tierra y que todas las demás religiones son falsas, es una forma de practicar el exclusivismo, el proselitismo agresivo y la segregación religiosa que por milenios ha golpeado a millones de personas. Este punto puede sonar terriblemente duro para quienes están acostumbrados a forzar a las personas para que, de una u otra forma, abracen las creencias de quienes buscan ganar adeptos. El terrorismo religioso se vale precisamente de una técnica de manipulación

sectaria llamada “dispensación de la existencia” para chantajear psicológica y espiritualmente a las personas bajo el lema “si no te conviertes a mi religión te condenarás”. En la Asamblea de Seúl celebrada en julio de 2009 y en la que participaron más de 300 lideres políticos y religiosos de 100 países y que firmaron la Declaración de Cheong Jeong Gung1, se llegó al consenso de que no hay nada más irrespetuoso que el proselitismo religioso agresivo, y que esto agrava mucho más las relaciones entre las religiones que las diferencias doctrinales entre sí. Si tenemos la convicción de que no existen “ciudadanos de primera clase” o “de segunda”; de que no existen “razas superiores” y “razas inferiores”, entonces tendremos que decir también que no existen “religiones verdaderas” y “religiones falsas”. Todas, absolutamente todas las confesiones religiosas son verdaderas y válidas, ya que Dios se expresa a la Humanidad en palabras humanas y valiéndose de los símbolos humanos conforme las necesidades y los códigos culturales de cada pueblo. El reverendo Sun Myung Moon enseña en su autobiografía 2 que todas las religiones son verdaderas porque enseñan que el ser humano debe abandonar todos los sentimientos, acciones y palabras malas, y a cambio deben adquirir pensamientos, palabras y acciones de bondad. A decir verdad el problema no son las religiones, somos nosotr@s mism@s... porque de nuestros corazones es donde salen los celos, las envidias, las soberbias, la maldad, el odio, la venganza, la arrogancia, el deseo de conseguir lo que queremos aún si tenemos que pasar por encima de las demás personas. No se trata de hacer comparativos en contenido sino en reconocer la dignidad de todos los seres humanos como hijos de Dios, sin excepción alguna. Por lo tanto, si Dios se ha manifestado a la Humanidad entera y los pueblos expresan de manera diferente esa experiencia de Dios (a través de sus ritos, contenidos doctrínales y propuestas de ética universal), no existe razón alguna para hacer ofensivos diferencialismos entre “religiones reveladas” y “religiones naturales”, ya que absolutamente todos los credos, de una u otra
1

Esta declaración se enmarca en los siguientes acuerdos: • La era actual es la era de la autoridad de Dios, es cuando todas las personas deben tratar de vivir de las normas éticas más elevadas, en maneras que sean transparentes y buenas. • Todas las familias pueden prosperar y ser bendecidas a través del compromiso con los valores verdaderos de la familia y la ética sexual, asegurando el linaje y la herencia que son las bases para un mundo de paz duradera. • La bendición interreligiosa e intercultural del matrimonio es el mejor camino para lograr la unidad centrada en el linaje de Dios, la solución de la histórica división entre las razas y tradiciones de fe.

2

MOON, Sun Myung. 2009. As a Peace-Loving Global Citizen. Seoul: Gimm-Young Publishers.

forma, han experimentado el acontecimiento del Dios del Universo que se da a conocer a los seres humanos, expresando ellos esa experiencia según sus respectivos códigos lingüísticos y culturales. Pensar que todas las personas se salvarán cada quien en la religión que profese, confronta seriamente las campañas de proselitismo religioso que ciertos sectores y algunos movimientos sectarios realizan bajo el método de manipulación llamado en psicología religiosa “dispensación de la existencia” 3, en los que se enseña que sólo es posible la salvación vinculándose a un grupo religioso o permaneciendo obligadamente al mismo. La dispensación de la existencia proclama que queda condenado para siempre al infierno a toda persona que abandone el grupo religioso o que no se adhiera al mismo. La Globalización de la Salvación reconoce, por tanto, que la acción de Dios está plenamente presente en todas las tradiciones religiosas del mundo. No existe ninguna religión en la que el amor de Dios esté ausente! La Verdad es un valor absoluto del que ningún ser humano pueda reclamar posesión; cuando se hacen comparativos doctrinales entre los credos se puede caer en el error de pensar que sólo una tradición religiosa en especial es la verdadera y todas las demás son falsas religiones, solamente porque éstas no se ajustan a los dogmas de la primera. Ese tipo de ejercicios académicos son muy perjudiciales y en nada ayuda a la cooperación interreligiosa. Se hace necesario, entonces, cuestionar la visión de diálogo interreligioso que algunos sectores de las religiones plantean, ya que de fondo lo que se quiere no es “dialogar para conocernos y valorarnos”, sino “dialogar para compararnos y reafirmar que yo tengo la razón y tod@s ustedes están en el error, por tanto como yo poseo la Verdad, tod@s ustedes se tienen que matricular en mi asociación religiosa, creer lo que yo creo y rezar tal cual yo rezo”. La Globalización de la Salvación defiende, en consecuencia, el derecho fundamental de toda persona a buscar la verdad, y una vez esa persona considere que ha hallado la verdad, a abrazarla y ordenar su vida en torno a esos valores de la Verdad que considera haber descubierto4… si tú consideras que has hallado la Verdad en un tipo de profesión religiosa en especial, eso no me autoriza a acusarte de “hereje”, “apóstata”, “persona confundida”5.
3

LIFTON, Rober Jay. 1963. Thought Reform and the Psychology of Totalism. New York City: W.W. Norton & Co.
4

En efecto, la Iglesia Católica en los primeros tres numerales de la declaración Dignitatis Humanae del Concilio Vaticano II, defiende este derecho natural de toda persona.
5

A menudo muchos líderes religiosos y teólogos discriminan a quienes andan el camino de la Búsqueda de la Verdad, y una de las acusaciones más populares es el señalamiento de “persona confundida”. A decir verdad, la confusión no está en quien busca la Verdad en asuntos de religión y de fe, sino en quienes, debido a la radicalidad y naturaleza férrea de sus pensamientos y creencias, no entienden los sentimientos e inquietudes

La búsqueda de la Verdad es un ejercicio vital para la trascendentalidad de toda persona, es un ejercicio individual y tan íntimo, que ningún ministro de culto o líder religioso tiene la autoridad moral para condenarla, instrumentalizarla o restringirla. Por lo tanto, la Globalización de la Salvación nos asegura que Dios nos ama con amor verdadero y absoluto, independientemente del tipo de creencias y prácticas religiosas que profesemos, y que la Salvación como acontecimiento de unión entre el ser humano y Dios que trasciende las barreras del espacio y el tiempo, es un hecho que no está condicionado por abrazar un tipo de doctrinas, de rituales de iniciación o de adhesión a alguna asociación religiosa en especial. No necesitas cambiar tus creencias y prácticas de fe para ganar la Salvación. Para salvarte basta con que vivas a plenitud y con plena conciencia tus propias creencias y costumbres religiosas, y que demuestres tu amor a Dios amando a la Humanidad entera sin distinción alguna de raza, nacionalidad, condición social o religión.

de la persona y les cuesta demasiado ponerse en la situación de la persona en cuestión.