LA GESTIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL

Apuntes y casos en el contexto rural andaluz

LA GESTIÓN DEL PATRIMONIO CULTURAL
GRANADA 2008

Apuntes y casos en el contexto rural andaluz

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Publicación promovida por: Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía (ARA) Autovía Sevilla-Coria del Rio, km. 3,5 41920 San Juan de Aznalfarache (Sevilla) Tel. 954179210 Fax. 954179218 e-mail: ara@andaluciarural.org Centro de Documentación «Andalucía Rural» Avda Pérez del Álamo, s/n 18300 Loja (Granada) Tel. 958325033 958 327005 Fax. 958 327100 e-mail. cdar@cdar.org http:// www.andaluciarural.org http:// www.revistatierrasur.com http:// www.cdar.org Colabora y financia: Consejería de Agricultura y Pesca (Junta de Andalucía) Plaza de Tabladilla, s/n 41013 Sevilla Tel. 955 03 20.00 Fax. 955 03 21 34 e-mail:consejeria.cap@juntadeandalucia.es http://www.juntadeandalucia.es/agriculturaypesca Presidente ARA: Vicepresidente 1º: Vicepresidente 2º: Vicepresidente 3º: Secretaría: Tesorero: D. Miguel Castellano Gámez - GDR Poniente Granadino (Granada) D. Antonio Manuel Cano García - GDR Sierra Sur de Jaén (Jaén) Dña. Ana Romero Romero - GDR Andévalo Occidental (Huelva) Dña. Isabel Niñoles Ferrández - ADR Campiña Sur de Córdoba (Córdoba) Dña. Encarna García Fernández - GAL Guadalteba (Málaga) D. Antonio Maestre Acosta - GDR Comarca del Bajo Guadalquivir (Sevilla)

Vocales ARA: D. Juan Antonio Martín Benítez - GDR Comarca de Antequera (Málaga), Dña. Belén Navarro Navarro - GDR Comarca de Guadix (Granada), D. Luis Romero Acedo - GDR P.N. de los Alcornocales (Cádiz), D. Manuel Leyva Jiménez - GDR Sierra Morena Cordobesa (Córdoba), Dña. Mª del Carmen Bermúdez Zamudio - GDR Sierra de Cádiz (Cádiz), Dña. Mª Juana Pérez Oller - GDR Sierra de Cazorla (Jaén), Dña. Francisca Díaz Roldán - GDR Estepa Sierra Sur (Sevilla), D. José Manuel Ortiz Bono - GDR Alpujarra-Sierra Nevada, Dña. Agueda Cayuela Fernández - GDR Filabres Alhamilla (Almería), D. Juan Antonio Millán Jaldón - GDR Costa Occidental de Huelva (Huelva). Director Gerente de ARA: Ignacio Mª García Saura. Equipo técnico ARA: Consuelo Llano González, Ramona Ramos Llorens, Yolanda Aguilera Delgado y Julio Morcillo Merino.

Edita: Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía (ARA) Coordinación científica y editorial: Juan Alonso Sánchez Martínez (GDR. Poniente Granadino -vocal-) y Miguel Castellano Gámez (Presidente de ARA) Maquetación: Tadigra (Granada) Cubiertas: Ramón Soler García Impresión: Imprenta Comercial, Motril (Granada) © de la edición: Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía (ARA) © de los textos y de las ilustraciones: Los/as autores/as Depósito Legal: ¿¿¿??? Publicación no venal, para distribución institucional e intercambios.

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Presentación
José Román Montes
Director General de Desarrollo Rural (Junta de Andalucía)

La conservación y puesta en valor del patrimonio cultural andaluz viene siendo objeto, desde hace varias décadas, de diversas políticas regionales y sectoriales del Gobierno andaluz. La política de desarrollo rural, orientada a la movilización de todo el potencial endógeno que albergan los territorios rurales, ha prestado desde sus inicios una importante atención al patrimonio, en tanto que es considerado elemento susceptible de promover e impulsar el desarrollo de los pueblos de Andalucía. El patrimonio, entendido no sólo como cultural, sino también como natural, es un recurso endógeno de enorme presencia, riqueza y variedad, que contribuye de forma notable al mantenimiento de la calidad y el nivel de vida en el mundo rural, capaz de convertirse en factor generador de nuevas iniciativas de desarrollo económico y social. Los poderes locales cada vez están más comprometidos con la valorización del patrimonio. A la vez, entidades promotoras en los territorios como son los grupos de desarrollo rural (GDR), vienen realizando actuaciones para propiciar un mayor uso social de estos importantes activos, para facilitar la corresponsabilidad entre la administración y la población en su protección y puesta en valor, así como para incentivar la implicación del sector privado, empresas y fundaciones, en su gestión. El patrimonio cultural requiere de una gestión creativa, profesionales especializados, conocedores de los valores intrínsecos de los bienes culturales para que la promoción de los monumentos, paisajes, tradiciones de los pueblos andaluces... haga compatible su función social y su función económica como medio que garantiza su permanencia en el futuro. Son muchas las actuaciones destinadas a hacer efectiva la conservación y difusión de los bienes patrimoniales, que exigen una renovación y reinvención constantes. A los territorios no les basta con la mera disponibilidad de recursos patrimoniales, sino que deben dedicar esfuerzos a que el ciudadano o el visitante pueda establecer relaciones distintas con ese patrimonio cada vez que se acerque a él. Sólo así las comarcas y los municipios conseguirán mantener su atractivo. El medio rural andaluz cuenta con notables ejemplos de gestión creativa de su patrimonio cultural, muchos de ellos fruto de la cooperación entre entidades de distintos ámbitos. El saber-hacer y la capacidad de repensar la mirada sobre el patrimonio de sus entidades gestoras constituye en sí un importante capital social, que aumenta su valor cada vez que es compartido y conocido por nuevas personas. Ése es el propósito de esta publicación.

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El patrimonio cultural, un recurso desde el pasado para el presente y el futuro de las zonas rurales
Miguel Castellano Gámez.
Presidente de la Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía (ARA) Alcalde de Loja (Granada).

En la actualidad acumulamos, tanto en la esfera pública como en la privada, una importante experiencia en el uso del Patrimonio Cultural como potente elemento de desarrollo local. Durante estos años hemos vivido muchas iniciativas, algunas exitosas y otras no tanto, en la utilización de los diferentes recursos patrimoniales, así como dentro de las estrategias para el desarrollo de los territorios rurales. Hoy nadie duda de la importante contribución del sector cultural a la economía de los territorios rurales. Es más, el binomio patrimonio cultural – desarrollo rural se ha convertido en pieza clave en todos los planes y estrategias dirigidos a propiciar un desarrollo sostenible del medio rural con el doble objetivo de fijar la población al territorio y mejorar su calidad de vida. En este contexto es de destacar la importante aportación que se está haciendo desde el ámbito del desarrollo rural, y muy especialmente desde los programas Leader y Proder, a la conservación y puesta en valor del patrimonio cultural en los territorios rurales. El principal objetivo de las políticas de desarrollo rural es fijar la población fomentando el equilibrio de los sistemas económicos junto con la sostenibilidad ambiental y la cohesión social en el territorio. La trascendencia de la puesta en valor del patrimonio cultural en este sentido es doble. Por un lado, como importante fuente de recursos culturales y económicos, y por otra en el fomento y definición de la identidad territorial en los habitantes de las comarcas, siendo dicha identidad una motivación añadida para la articulación socio económica en cada zona y nexo de unión para los diferentes actores de los territorios. Las diferentes acciones de recuperación y uso del patrimonio cultural contribuyen al avance de cualquier territorio o, lo que es lo mismo, se convierten en un paso obligado de la estrategia de puesta en valor todos los recursos con los que se cuenta desde el punto de vista de su contribución al bienestar de la sociedad. Cualquier inventario de los recursos existentes en el medio rural certifica la existencia de multitud de testimonios de nuestro pasado, testimonios que nos hablan de un rico legado en tradiciones, cultura e historia. Desde manifestaciones de lo que denominamos cultura material de la más variada tipología y antigüedad hasta las que conforman lo que denominamos cultura inmaterial. Esta diversidad de recursos culturales constituye un gran tesoro acumulado en un ámbito del que tenemos la necesidad de conocer y reconocer sus potencialidades para convertirlas en oportunidades de desarrollo. La iniciativa comunitaria LEADER y el programa PRODER han apostado por el uso del patrimonio cultural como un elemento clave para el progreso del medio rural a

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partir de diferentes acciones de puesta en valor y uso. Sobre todo desde los programas relacionados con la cultura y el turismo. De todos es conocido el positivo efecto de LEADER y PRODER en el fomento del turismo, que se ha convertido en algunas áreas en la principal actividad económica del medio rural. Estrechamente vinculado a la actividad turística figuran las intervenciones en el patrimonio histórico y artístico de los pueblos andaluces en la mayoría de los casos impulsados por las administraciones local y autonómica. La iniciativa comunitaria LEADER PLUS —que está a punto de finalizar— se ha centrado en la diversificación de la economía de las zonas rurales mediante la aplicación de programas comarcales, vertebrados en torno a la mejora de la calidad de vida en las zonas rurales, la utilización de las nuevas tecnologías, y la valorización de los recursos naturales y culturales. Dentro de esta iniciativa, la valorización de los recursos naturales y culturales ha estado muy presente en todos los ejes temáticos, así como en el régimen de ayudas que ha permitido la aprobación de proyectos turísticos de ocio vinculados al aprovechamiento y puesta en valor del patrimonio histórico y artístico, así como la creación de centros de información comarcal, o de pequeñas empresas que ofrecen servicios turísticos de carácter medioambiental y cultural, entre otros. La cooperación ha sido un ámbito de especial incidencia y que ha contribuido a la singularidad del modelo andaluz. En este marco, los Grupos de Desarrollo Rural (en adelante GDR) han contado con dos importantes instrumentos de colaboración; los Grupos de Cooperación y las Acciones Conjuntas de Cooperación. A través de la colaboración entre GDR, no sólo andaluces, sino también del resto de España y de Europa, se ha producido un fructífero intercambio de ideas, de manera que han dado lugar a algunas de las experiencias más innovadoras en desarrollo rural. Por mencionar algunas, se ha trabajado para que las empresas situadas en el entorno de parques naturales consigan el reconocimiento «Marca Parque Natural», se han aunado esfuerzos para la puesta en valor del patrimonio troglodítico, en la implantación de sistemas de calidad en establecimientos turísticos, se han recogido las manifestaciones culturales y el saber popular de las zonas rurales al tiempo que se ha trabajado en la creación de la «Marca de Calidad Territorial», un distintivo de calidad para multitud de productos y servicios, y otras muchas acciones innovadores y de gran interés. En este período, los cincuenta Grupos de Desarrollo Rural han subvencionado cerca de 800 actuaciones de recuperación del patrimonio que han recibido de los programas de desarrollo rural 30,5 millones de euros. Desde las experiencias iniciales a la actualidad, las oportunidades en torno al patrimonio han servido para que la preocupación por el mismo aumente evitándose así graves procesos de deterioro o pérdida. Asimismo se ha producido una mayor implicación del sector privado en la recuperación, conservación y difusión del patrimonio, como consecuencia de las experiencias puestas en práctica inicialmente por el sector público y, sobre todo, por la creciente concienciación sobre la protección y conservación del patrimonio y sus usos en proyectos de diferente naturaleza. Y es que debemos, poco a poco, tomar conciencia de la enorme fragilidad de los bienes culturales y de la necesidad arbitrar las medidas necesarias que permitan una gestión apropiada y sostenible del patrimonio cultural de las zonas rurales. La planificación para las zonas rurales para el próximo periodo de ayudas 20072013 viene determinada por el Reglamento Europeo para el Desarrollo Rural (FEADER).

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En este documento, la Comisión Europea manifiesta que la forma de intervención que había caracterizado a las sucesivas iniciativas comunitarias de desarrollo rural, es decir, el enfoque Leader, ha generado buenos resultados y, en consecuencia, debe ampliarse su alcance. De esta forma y durante el nuevo marco de ayudas, la intervención que los Grupos de Desarrollo Rural andaluces —liderados por ARA— llevarán a cabo será una intervención integral que, lejos de circunscribirse a la diversificación económica de las zonas rurales, contendrá actuaciones sobre el patrimonio, el medio ambiente, el tejido asociativo y los grupos desfavorecidos de población, entre otros muchos. En este contexto nos enfrentamos de nuevo al reto sobre los usos del patrimonio cultural como herramienta para el desarrollo. Conviene, por tanto, realizar una serie de reflexiones acerca de las nuevas posibilidades que se presentan para conseguir oportunidades de desarrollo de las sociedades rurales a partir de los recursos patrimoniales con los que contamos e, incluso, con aquellos que todavía tenemos que conocer. La experiencia de los marcos anteriores La estrategia de la Unión Europea respecto a la problemática de las zonas rurales desfavorecidas se ha desarrollado como consecuencia, sobre todo, de los cambios en la Política Agrícola Común (PAC), tendente a una producción no excedentaria y en sintonía con, los cada vez más globalizados, mercados mundiales. Para ello, la UE puso en marcha distintos instrumentos y mecanismos de apoyo a iniciativas nacionales y regionales a través de programas como LEADER y PRODER y de los Fondos Estructurales. En su momento, resultó muy novedoso la aplicación de los programas de diversificación por unas entidades privadas, integradas a su vez, por un importante número de agentes de los territorios y que financiaban fondos públicos, llevaban a cabo estrategias participativas de desarrollo de las zonas rurales y que se implicaban en proyectos de cooperación para traer a sus zonas las experiencias más innovadoras. Nada de esto es ya experimental, sino que son planteamientos compartidos por ayuntamientos, sindicatos, asociaciones de todo tipo y por el conjunto de la población rural. Desde sus orígenes, los programas de desarrollo rural vienen apoyando todas aquellas medidas que han prestado especial atención a la puesta en valor de los recursos naturales y culturales como parte de las estrategias capaces de generar no solo la conservación de elementos que poseen valores endógenos, sino incluso como recursos a emplear en la puesta en marcha de iniciativas empresariales relacionadas con las industrias de ocio y turismo, sin olvidar la promoción cultural y la difusión de los valores del territorio. La posibilidad de financiar estas actuaciones unidas a la obligatoriedad de contemplar los elementos patrimoniales en sus planes estratégicos ha supuesto un movimiento de dimensiones importantes en el conocimiento, reconocimiento y puesta en valor de los diferentes elementos patrimoniales y especialmente de aquellos menos valorados tradicionalmente. Así, los primeros Grupos de Acción Local (GAL) —encargados de gestionar la iniciativa comunitaria LEADER— contemplaron en sus respectivos planes estratégi-

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cos la intervención en el patrimonio cultural desde diferentes puntos de vista y, sobre todo, teniendo en cuenta los elementos quizá más evidentes de la riqueza patrimonial de un territorio. Podríamos distinguir distintos modos de actuación a tenor de los objetivos que se pretendían: A) Identificación de un territorio a partir del Patrimonio. B) Definición de productos turísticos. C) Acciones relacionadas con los equipamientos rurales. D) Elaboración de productos de carácter cultural. E) Acciones de difusión y publicidad. Los diferentes pasos en la ampliación y extensión de los programas de desarrollo han supuesto cada vez más en los siguientes periodos de programación, un aumento de la capacidad de intervención en el Patrimonio Cultural así como en el acumulo de experiencias que han venido a cualificar y mejorar el trabajo en el uso de los bienes culturales. No es mi intención hacer una enumeración de las diferentes experiencias que se han llevado a cabo, porque a lo largo de esta publicación el lector podrá conocer algunas de las más significativas. Más bien al contrario, quiero plasmar algunas ideas que pueden ser de utilidad para comprender las relaciones entre el Patrimonio Cultural y las políticas de desarrollo rural, así como dar algunos apuntes que creo que pueden mejorar una relación no sólo conveniente sino necesaria. De cara a enmarcar el objeto de la cuestión volvamos a retomar los distintos modos de intervención. A) Identificación territorial El patrimonio cultural constituye un valioso instrumento para la definición de los territorios, puesto que es el testimonio que nos llega de la intervención del hombre sobre el medio a través de la historia en un determinado marco espacial y temporal. Por ello, es utilizado para la construcción del discurso de definición del territorio sobre el que actuará el GAL. Las señas de identidad de un territorio y de una sociedad son esenciales, incluso desde la óptica de la delimitación administrativa del territorio de cara a la captación de recursos financieros del desarrollo rural. La conformación de los propios Grupos de Desarrollo se ha producido utilizando en muchos casos un discurso de carácter histórico. Se podría decir que, fruto de esta necesidad, ha surgido la virtud de intervenir sobre el patrimonio cultural como reafirmación y recuperación de esas señas de identidad territorial que sirven para unificar un espacio y aglutinar en un proyecto colectivo a unas gentes. Así pues, el patrimonio sirve para buscar la sintonía de esfuerzos de una sociedad que comparte una historia en común. B) Elaboración de productos turísticos En una tierra como la nuestra, en que el turismo es la gran industria y alternativa económica a otros sectores en reconversión, las posibilidades de creación de produc-

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tos que sirvan a la implantación de este sector en el medio rural son prioritarias. En este sentido, está claro que, dentro de este sector, el turismo rural recurre a los elementos de carácter patrimonial como una estrategia fundamental para crear nuevos productos turísticos de esta naturaleza. Las posibilidades de muchos recursos patrimoniales han sido exploradas para convertirlos en elementos significativos de la oferta turística de las zonas rurales: los testimonios del pasado, especialmente los testimonios monumentales, arquitectónicos y arqueológicos, pero también los relacionados con el paisaje cultural, etnografía, etcétera. El turismo entendido de manera global —o específicamente el segmento del ya denominado turismo cultural— cuenta en el patrimonio con un recurso esencial para conformar la oferta de un territorio. En este sector, la oferta monumental y cultural que ofrecen los pueblos andaluces, constituye un reclamo fundamental para atraer al turista. Según un estudio reciente, el 36,5% de los turistas de interior expresa como motivación principal de su viaje visitar monumentos seguido de la naturaleza. Los programas de Desarrollo Rural han sondeado las posibilidades que tiene cada territorio para llevar a cabo iniciativas turísticas que vengan a diversificar la economía y aporten posibilidades de crear riqueza y empleo en otros sectores diferentes de los tradicionales. Son muchos los ejemplos de utilización y puesta en valor de elementos patrimoniales para servir desde alojamientos hasta convertirse en reclamos para los visitantes, ávidos de conocer la historia a través de testimonios más o menos significativos de la misma. En ocasiones se ha criticado al turismo por cuanto existen ejemplos que evidencian que la presión turística no ha beneficiado a un bien cultural en concreto. No obstante, lo cierto es que, en la mayoría de los casos, el patrimonio obtiene directa o indirectamente los recursos que le permiten su supervivencia gracias a su uso turístico. Su aprovechamiento no esta reñido, ni mucho menos, con la existencia de un control en el uso de recursos tan frágiles como estos y en la idoneidad de adecuar su gestión a las necesidades del bien cultural y a la demanda turística. Todos los planes de desarrollo rural tienen entre sus contenidos la utilización del patrimonio cultural con fines turísticos, ya que esta relación cumple con muchos de los objetivos que las políticas de este tipo pretenden, especialmente el de ser acciones que sirven a la búsqueda de alternativas a la economía tradicional de estos municipios rurales. Se posibilita así que los habitantes rurales no sólo tengan unas rentas complementarias sino en algunos casos son básicas para permitir la subsistencia en el medio y la consecución de unas cotas de bienestar aceptables. C) Creación de Infraestructuras culturales Determinados elementos patrimoniales, fundamentalmente los de carácter arquitectónico, presentan unas interesantes posibilidades para que su intervención y conservación se convierta no en un fin en sí mismo, sino en un medio de cara a tener unos equipamientos que sirvan para cubrir necesidades importantes y ofrecer servicios a veces básicos para la comunidad. Se trata de utilizar el patrimonio, sobre todo arquitectónico, como soporte tras su rehabilitación o restauración; esto es, como sede de servicios de la más diversa naturaleza, tanto pública como privada. Hay que

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tener en cuenta cómo el importante déficit de equipamientos e infraestructuras en los municipios rurales ha impulsado actuaciones de esta naturaleza, haciendo que el pasado venga a suplir necesidades del presente, sobre todo como contenedores de estos servicios. D) Productos culturales La intervención patrimonial responde habitualmente a hechos relacionados con otros sectores. Del mismo modo, el desarrollo rural tiene muy en cuenta las acciones de tipo cultural. La Cultura debe ser símbolo de progreso de una sociedad y no necesita, claro está, justificarse únicamente por una rentabilidad de carácter económico. Quiero insistir con ello en que, evidentemente, es necesaria en sí misma, sin por ello olvidar que, en el ámbito del desarrollo rural, hay aspectos que responden a otras prioridades. En la actualidad, en lo meramente cultural, incluso surge con fuerza un nuevo concepto que nos habla de las industrias culturales, adentrándonos igualmente en la perspectiva de carácter economicista para justificar el interés de unas inversiones que crean riqueza. Al igual que nadie cuestiona que las actuaciones medioambientales o las sociales son generadoras de empleo y riqueza, la cultura se postula como motor de oportunidades laborales y lucrativas. De ahí que empiecen a cobrar fuerza en las estrategias de desarrollo de los territorios rurales los proyectos que en torno a la cultura plantean iniciativas empresariales con la intención de cubrir una demanda creciente de cultura y ocio por parte de la sociedad. La historia de muchos estados y naciones se ha escrito en el medio rural; en el otro lado, la cultura urbana, que es una creación relativamente reciente. Resulta paradójico que la mayor parte de nuestro pasado haya caído en el olvido en las zonas rurales como consecuencia de la carencia de recursos para hacer frente a su conservación y, lo más importante, a raíz del desuso y desinterés de una población decreciente y más pendiente de otras cuestiones relacionadas con su propia subsistencia. Se plantea ahora pues la posibilidad de que el patrimonio rural se convierta cada vez más en pieza clave en el retorno de la población a partir de que esos testimonios del pasado sean importantes en la búsqueda de la calidad de vida anhelada. Esa voluntad genérica de aprovechar los recursos patrimoniales para, por un lado, propiciar su conservación y uso y, por otro, socializar la utilización del patrimonio para que la sociedad sea la receptora de los beneficios que reportan los bienes culturales se convierte en la estrategia empleada en el desarrollo rural. En el fondo de lo que se trata es de mantener un equilibrio entre el concepto del reconocimiento y conservación patrimonial y su uso y disfrute; en ello radica la bondad del modelo a emplear. En Andalucía se han puesto en práctica es estos últimos años un importante número de proyectos que vienen a demostrar de forma eficaz como las políticas de desarrollo rural han servido para poner en valor muchos bienes culturales y por otro lado, como estos bienes culturales han servido a los objetivos propuestos por las mencionadas políticas. Algunos de estos proyectos se han convertido en modelos de actuación que sirven de ejemplo, aunque también hay que reconocer que, en otros casos, no se han producido los resultados deseados.

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El perfil medio del proyecto patrimonial desarrollado en nuestra tierra por los GDR sería el del bien de carácter monumental arquitectónico que es rehabilitado de cara a servir de soporte para la puesta en marcha de un Centro de Interpretación, de un museo o de un servicio de carácter turístico. Además de esta actuación, diríamos, genérica en todos los GDR, también podemos encontrar proyectos subvencionados que se acercan a parcelas patrimoniales menos trabajadas y que, de hecho, han sido objeto de atención gracias al trabajo de los Grupos de Desarrollo. Me refiero con ello al patrimonio etnográfico, que, sobre todo desde el punto de vista de la recuperación de la historia del mundo rural, ha alcanzado un cada vez más importante papel. Junto a este elemento, el patrimonio digamos ‘intangible’ y la recuperación de las tradiciones y manifestaciones rurales ha permitido acercarnos quizás a uno de los ámbitos patrimoniales más olvidados. Por otro lado, también conviene citar el tratamiento que se ha hecho de otras cuestiones como el paisaje rural, que ha conseguido reencontrarnos con la esencia del devenir histórico a través de su evolución histórica. El trabajo en cooperación realizado tanto por los distintos territorios de la comunidad andaluza como por otras comunidades de nuestro país y los proyectos de carácter transnacional han servido de igual manera para llevar a cabo importantes iniciativas culturales, con una dimensión que excede de lo más cercano para ampliar a través de la colaboración los objetivos y desarrollar itinerarios de carácter cultural utilizando como línea argumental, en muchos casos, un determinado periodo o bienes que tienen características comunes. Como se puede observar, se ha pasado desde una fase inicial de proyectos piloto de los GDR en materia patrimonial, pasando por la elaboración de planes estratégicos a nivel territorial en los que el patrimonio tiene un papel muy destacado, hasta la etapa de la cooperación como culminación de un ejercicio de trabajo territorial que se extrapola como modelo a otros territorios. Una de las grandes consecuciones de las políticas de desarrollo rural en materia patrimonial ha sido universalizar el hecho de prestarle atención a nuestros bienes patrimoniales y entender que los mismos pueden ser de gran importancia para el desarrollo socioeconómico de un territorio. Todo ello, sin olvidar, como hemos manifestado, la importancia de los valores intrínsecos de carácter cultural. Gracias a esta atención se puede afirmar que muchos de nuestros bienes se han salvado de un olvido y un desuso que llevaría a su desaparición. Para llegar a entender este planteamiento basta con explicar la importancia que tiene el dinero invertido en proyectos culturales por los distintos GDR, una circunstancia ésta que suple el déficit de inversión que las necesidades de intervención en el patrimonio plantean. Es lógico pensar que la existencia de una financiación importante para los proyectos de índole patrimonial hayan dirigido muchos planteamientos de trabajo allí donde existían los recursos para poder ejecutarlas, con lo que no sólo podríamos hablar de una intervención originaria de las políticas de desarrollo rural sino, además, de una política orientada a encontrar las fuentes de financiación necesarias o complementarias para ponerlas en práctica a través de estas políticas.

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A modo de conclusión Como indicamos en el título de este artículo el Patrimonio Cultural tiene grandes posibilidades de convertirse en un recurso para el progreso de los territorios rurales. Si, como estamos convencidos, lo rural tiene que ser símbolo de calidad de vida, es imprescindible que nuestro patrimonio sea recuperado para un uso adecuado a los fines del desarrollo de las poblaciones rurales; para ello es necesario valorar los distintos aspectos que se deducen de la experiencia en la actuación sobre el mismo. Tenemos que aprender de los errores y aciertos cometidos en estos años, tenemos que buscar cuáles son las mejores intervenciones para los mejores usos. Parece pues necesario que prospectemos las posibilidades existentes a partir de conocer nuestro Patrimonio, nuestras posibilidades de actuación y las expectativas de uso en base a necesidades y demandas. Los recursos son y serán siempre limitados y su optimización requiere del oportuno análisis de posibilidades de uso y conservación. Muchas veces el Patrimonio se valora como una carga para la sociedad en base a una lectura sesgada, que incluye sólo los elementos más negativos del mismo. Sin embargo, es un error pensar esto si no tenemos en cuenta las posibilidades que encierra para el avance de nuestros pueblos. Se trata de cumplir el marco legal y moral en el deber de conservación pero, además, hemos de convencernos de las posibilidades que nos brinda nuestro Patrimonio Cultural como una oportunidad de presente y futuro. Siempre que he escrito de éste y otros temas relacionados con el Desarrollo Rural, afirmo que es imprescindible la coordinación de las distintas políticas sectoriales que trabajan en el campo no sólo de los Bienes Culturales sino de cualquier materia que, como es el caso del Desarrollo Rural, tiene un carácter transversal. Por ello, este tema requiere del consenso y el acuerdo necesario entre todos los agentes que intervienen. Únicamente desde esta coordinación imprescindible es posible prevenir problemas que surgen en el transcurso de la intervención sobre unos bienes que están sujetos a un marco legal de tutela y que requieren el cumplimiento de unos trámites obligados. El Desarrollo Rural ha posibilitado una atención y unos recursos que son de gran importancia para el futuro de nuestro Patrimonio Rural. En este sentido, debemos sentirnos satisfechos aquellos que nos vemos en el compromiso doble de trabajar por el futuro de nuestras gentes y de nuestros recursos, siempre de manera sostenible pero con las miras puestas en la mejora de las condiciones de vida de la sociedad rural. Ella, en definitiva, ha sido a lo largo de los siglos la productora de este legado patrimonial, que le pertenece y que tiene la obligación de trasmitir a las generaciones venideras. El futuro que viene de la mano del reglamento FEADER nos debe de servir para seguir trabajando en este nuevo marco 2007-2013, con mayor intensidad y con mayor efectividad sobre nuestro Patrimonio Cultural. Por eso, desde ARA hemos querido contribuir a ello con la edición de este libro, que permite aportar unas bases para la reflexión y la práctica de cara al nuevo escenario que muy pronto tendremos que administrar los GDR. El reto no es pequeño, pero es digno de ilusionar porque pretendemos hacer posible que nuestros ciudadanos tengan todos los elementos para encontrar un futuro mejor en sus pueblos. En definitiva, debemos conseguir que estas sociedades no sólo desarrollen su trabajo o hagan su vida en el mundo rural sino que, ante todo, disfruten y se sientan orgullosos de ser rurales.

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El patrimonio local y el proceso globalizador. Amenazas y oportunidades. Tendencias futuras en la gestión local del patrimonio
Víctor Fernández Salinas
Universidad de Sevilla

Carlos Romero Moragas
Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (Junta de Andalucía)

Construyendo nuevos paradigmas de desarrollo a partir del patrimonio a) Mundo global, mundo de paradojas Entre las paradojas más citadas de los procesos globalizadores está aquella de que éstos tienden a unificar, a acercar y en definitiva a homogeneizar y a banalizar los mensajes, los símbolos, las pautas, las culturas. Sin embargo, y puesto que uno de los axiomas básicos del escenario globalizado es competir, es paradójico el hecho de que cuanto más salvaguarda una sociedad su personalidad, cuanto más genuino es su producto y se basa en raíces propias, auténticas e irrepetibles, mejor compite este producto en los mercados globales. Si se admite el axioma de que las sociedades no deben quedarse incomunicadas y aisladas, el reto está en globalizarse sin perder la personalidad cultural (GRAHAM, B.; ASHWORTH, G.J. y TUNBRIDGE, J.E., 2000). El patrimonio es todo recurso territorial que genera identidad. Esta frase en apariencia sencilla, resume todo un proceso de crecimiento conceptual, y por lo tanto de reconocimiento intelectual, social y legal, de una serie de bienes que abarca desde los yacimientos arqueológicos a los patios de vecinos de Cádiz, desde la catedral de Baeza a los graffiti de tantas paredes de pueblos y ciudades andaluces. Se trata pues de un mundo el del patrimonio que se inserta, en el momento de su mayor complejidad, en otro mundo también complejo como el de los procesos de globalización socioeconómica internacional. Sin embargo, ni son mundos desconectados, ni puede gestionarse el patrimonio al margen de la globalización, entre otras cuestiones porque es la globalización quien ha encontrado al patrimonio y no al revés. El reto de globalizarse sin perder la personalidad no puede ser encarado sin que una sociedad asuma localmente la gestión de su patrimonio; en la medida en que éste se controle desde lugares alejados, como sucede a menudo, el entendimiento del patrimonio se difumina y el riesgo de ser manipulado es mayor. De todos es sabido cómo los recursos patrimoniales se degradan a menudo cuando el turismo los adapta a sus intereses desde despachos alejados de los destinos turísticos. Por lo tanto, no habrá buena conservación y provecho a partir del patrimonio si las claves y las condiciones no se imponen desde el territorio. Además, también es necesaria una declaración de principios. En una sociedad progresista, el interés por el patrimonio va más allá de asegurar su buen estado de conservación y unos horarios de visita a los monumentos principales. En los inicios del tercer milenio el interés por el patrimonio se legitima en:

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— La salvaguarda de la autenticidad. No hay patrimonio si no es auténtico y, lo que es más grave, el patrimonio puede dejar de serlo si se convierte en un mero objeto de consumo turístico, estandarizado y preparado para ser utilizado por visitantes con poco criterio y muchas ganas de hacer fotos. La autenticidad la aseguran sobre todo las poblaciones locales, quienes son, además de los depositarios, los herederos directos de la cultura que dio origen a la mayor parte de sus bienes patrimoniales. Es más importante preservar la autenticidad del patrimonio que su materialidad. La autenticidad está muy cerca de otros valores que también revalorizan el patrimonio (singularidad, carácter, expresión propia, etcétera.), pero es difícil de medir y de valorar. Por lo tanto, el principio de autenticidad es clave en la responsabilidad local de la gestión patrimonial. — La defensa de lo público. Defender lo público se ha convertido en un acto sospechoso. A menudo, las instituciones (públicas y también privadas) señalan la importancia de los valores colectivos, pero el mundo que impone la globalización identifica el mercado como el fiel de todas las balanzas. La libertad en el intercambio de bienes materiales e inmateriales (de productos, de capitales, de ideas) es libre, no así el de las personas. Aquello que regula estos flujos crecientes en el planeta es el mercado, que supuestamente valora la relación entre calidad y precio de cada mercancía y le asigna un determinado rango de competencia. Desde el patrimonio se ofrecen claves para, de un lado, no confundir precio con valor y, de otro, para ponderar si la puesta en valor de los bienes culturales tiene el retorno social que le es debido como recurso colectivo. Respecto a lo primero es básico reconocer que: a) el valor es una dimensión cualitativa inherente a cualquier objeto, pero especialmente a los culturales; b) que es en buena parte subjetiva, pero que, c), es básica para reconocer la importancia del patrimonio desde lo local. El precio de la madera, sea esta de Doñana o de cualquier bosque, será el mismo en todos los mercados y variará únicamente en relación con la aptitud de ese material para arder o ser transformado en muebles; en cambio, el valor de los pinos de Doñana trasciende con mucho el precio de su madera, ya que se enraíza en los sentimientos más profundos de las poblaciones cercanas y de algunos de sus ritos más atávicos. Por lo tanto, la defensa de los valores públicos es fundamental para legitimar el interés por el patrimonio desde lo local. — El patrimonio como factor de desarrollo. La cultura y sus recursos son bienes que pueden potenciar el desarrollo, pero se está hablando de un concepto de desarrollo que supera el modelo de crecimiento económico para incorporar otras dimensiones importantes, tales como la distribución de la riqueza, la capacidad creativa, la autonomía para tomar decisiones, etcétera. Los modelos de desarrollo no son universales ni inamovibles. El desarrollo no es una meta, sino un camino que continuamente cambia de objetivos y que, en consecuencia, obliga a la redefinición de estrategias y de métodos para ser más eficiente con los recursos. El modelo de desarrollo se fabrica desde el territorio y es competencia de sus poblaciones establecer sus características, señalando como límites la sostenibilidad del sistema (económica, social y cultural) y los derechos humanos y ambientales (BASES..., 1996). Por lo tanto, contribuir al desarrollo local es una de las razones básicas por las que el patrimonio mantiene un papel protagonista en las sociedades actuales.

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Teniendo en cuenta estos tres argumentos sobre el patrimonio, se pueden construir modelos socioeconómicos que compitan en el mundo global. En atención a todos ellos se infiere que no hay recetas universales (no hay dos modelos de desarrollo iguales, igual que no hay dos territorios iguales) y que cada sociedad puede y debe concretar sus aspiraciones en su propio modelo. Hay una globalización general y muchos modelos de desarrollo; la globalización potencia los modelos socioeconómicos basados en el consumismo y en la universalidad de los mensajes (I´m lovin´it), pero la calidad de vida habla de modelos complejos y de formas de alcanzarlos no lineales, sino multidireccionales, especialmente en dirección abajo arriba. El bienestar se define desde lo local y sólo en la medida en que se consiga generar sentido crítico para reconocerse a partir de los valores propios se superarán las paradojas de la globalización. Ésta, como la esfinge, plantea adivinanzas. En la medida en que los territorios sepan encararlas con la inteligencia propia, se podrán considerar territorios ganadores, pero sobre esto último se avanzará más adelante. b) ¿Patrimonio o patrimonios? Ya se ha dicho que el patrimonio es todo recurso territorial que genera identidad. Frente al proceso de gran diversificación patrimonial experimentado a lo largo del siglo XXI, los últimos decenios ofrecen la convergencia que desde la percepción individual a la colectiva resalta la importancia de las vías subjetivas en la identificación del patrimonio. De esto se infiere que el patrimonio no está en los objetos, sino en las cabezas de los individuos. El patrimonio es una construcción sociocultural que se realiza en los complejos circuitos de la mente. Las explicaciones históricas (el patrimonio es algo que nos llega del pasado) se sustituyen por otras actuales y de clara esencia cultural (el patrimonio es una apropiación presente y selectiva del pasado). El patrimonio es tal en la medida en que sirve de referente identitario en el más rabioso presente. No hay patrimonio del pasado, el patrimonio sólo lo es tal si se valida y simplemente es en el presente. De aquí que cada vez tenga menos sentido diferenciar entre patrimonio cultural y patrimonio natural. Todo el patrimonio es cultural, dado que el reconocimiento de cualquier bien, aunque sea la decisión de proteger un entorno natural jamás hollado por el género humano, es un acto cultural. La diferenciación puede resultar ventajosa desde el punto de vista operativo, pero desde el conceptual, los mecanismos mentales que nos llevan a valorar una ermita o un bosque son muy similares. El argumento de la convergencia conceptual y aplicada de los patrimonios culturales y naturales es además especialmente importante para la perspectiva local, ya que en el territorio aún tiene menos sentido desligar ambos campos. Para los habitantes locales, tiene tanta importancia la ermita como el bosque que la rodea, y no se puede entender el valor de uno sin el otro. Esta línea de argumentación lleva además a valorar nuevos conceptos patrimoniales que tienen su principal punto de referencia en el territorio: los itinerarios culturales y los paisajes. Los primeros estructuran el espacio y explican cómo los intercambios de ideas, mercancías y personas han moldeado, asemejado y al mismo tiempo diferenciado los diferentes escenarios culturales del planeta. Los itinerarios son vías (terrestres y marítimas fundamentalmente) a partir de las cuales se pueden

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rastrear los orígenes y la exportación de las identidades (las rutas del Mediterráneo, la ruta de la Seda, el camino de Santiago, el Camino Real y el Galeón de Manila, entre tantos otros) y ofrecen una mirada desde el patrimonio que explica en buena medida quiénes somos unos y otros como resultado de idas y vueltas, de mezclas, de compraventas y de conquistas. Los paisajes, por su lado, actúan como totalizadores históricos (OJEDA RIVERA, J.F., 2003), como procesos históricos con diferentes dinamismos y ritmos que también nos describen en nuestra esencia más íntima. En los paisajes se proyecta una sociedad como en la mejor de las radiografías. El paisaje actúa como la imagen en el espejo del rostro de un territorio. Las aspiraciones, las derrotas y los logros colectivos se reflejan en las distintas escalas del paisaje (desde la estatua que homenajea a un prócer local al mosaico que ofrece el bocage o minifundio agrario atlántico del norte de España). Si la arquitectura popular andaluza se ha llenado de balaustradas, alicatados cerámicos o marmóreos y de tejados con parches de fibrocemento, está mostrando los efectos de un cambio social rápido y a menudo con poco criterio. Trabajar con patrimonio en la actualidad, especialmente en su perspectiva como factor de desarrollo, implica trabajar con mapas y con múltiples capas sobre estos mapas. Sólo la superposición de estas capas con bienes patrimoniales y de su interrelación con otros recursos del territorio (vías de comunicación, redes fluviales, zonas litorales, poblaciones, sitios históricos, etcétera) ofrecerán claves que orienten la ordenación territorial y establezcan la calidad territorial como eje básico del desarrollo. c) Territorios ganadores, territorios inteligentes La literatura sobre desarrollo territorial ha identificado al menos desde finales de los años ochenta, pero sobre todo en los noventa, un tipo de territorios que manejando eficientemente sus recursos se han situado de forma ventajosa en el contexto socioeconómico globalizado (BENKO, G. y LIPIETZ, A., 1994). Se trata de territorios ganadores en la medida en que se contrastan con otros que, incluso habiendo tenido situaciones muy favorables desde el punto de vista económico en un pasado reciente, no han sabido adaptarse a las fluctuantes y cambiantes reglas del contexto actual. Durante los últimos años, visiones menos basadas en lo económico y más sensibles a otros parámetros con los que medir esa victoria de algunos países y regiones, han derivado en denominaciones más generosas e interesantes, tales como la de los territorios inteligentes (VEGARA, A. Y RIVAS, J.L. de las, 2005), que movilizan sus recursos (entre ellos los patrimoniales) para generar mejoras de la calidad de vida de sus habitantes. Uno de los aspectos básicos en la configuración de territorios inteligentes es la existencia de capitales sociales arraigados en el tejido socioeconómico de las comunidades y pueblos y que se basa, entre otros principios, en la confianza mutua. Para ello, y siempre con el fin de que el patrimonio se convierta en factor de desarrollo, es fundamental que en un contexto como el andaluz y el español se produzcan cambios sustanciales en los modelos de gobernanza local. La gobernanza es un concepto relativamente nuevo, al menos tal y como lo trata la literatura especializada reciente, relacionado con los necesarios cambios institucionales de las administraciones pú-

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blicas para encarar de forma democrática las reglas de juego de la globalización. En otras palabras, el propio concepto de participación democrática ha cambiado y cada vez es menos aceptado el modelo por el que tras una votación efectuada cada cuatro o cinco años, los ciudadanos delegan en los políticos y en los técnicos de las instituciones públicas todas las tomas de decisiones. Gobernanza, o el cercano concepto de gobierno relacional, significa dar más relevancia a todos los agentes sociales, darles más voz y conseguir que todo el tejido social se involucre y participe en la planificación, sobre todo en la local. La participación en estos procesos de planificación, y de implementación de los planes, aminora la incertidumbre para conseguir los objetivos fijados y, sobre todo, hace suyos también los planes a toda la población. Entre las ventajas de la buena gobernanza también se citan una mayor eficacia respecto a la inversión pública, mayor calidad de los servicios y, volviendo atrás, un aumento significativo de los capitales sociales, especialmente en las escalas locales. Esto se consigue cuando los agentes protagonistas de un sistema territorial se organizan en redes. La importancia de las redes es un argumento muy presente en los discursos de desarrollo, sobre todo de desarrollo local, desde los últimos años noventa (VÁZQUEZ BARQUERO, A., 1999), aunque con abundantes precedentes. Las redes potencian los intercambios, el conocimiento, la confianza y en definitiva, los capitales sociales ya citados; aumentan el nivel de preparación, refuerzan el sentimiento de unidad territorial y trasnsmiten una imagen más potente hacia el exterior. Estas cuestiones, con ser básicas para acometer de forma realista y adecuada los nuevos procesos de desarrollo local, no dejan de ser difíciles en el contexto español. Entre los aspectos más negativos de nuestro sistema cabe destacar: — La debilidad institucional de los municipios, su escaso papel como coordinadores de los procesos de desarrollo (pese a que nadie mejor que ellos conoce el contexto socioeconómico local de España) — Los problemas tradicionales de financiación, lo que les hace depender en demasía del crecimiento inmobiliario para financiar sus gastos e inversiones. — La desconfianza que existe en los órganos centrales de la administración (tanto estatal, como autonómica) para delegar, no responsabilidades, que ya las tienen los ayuntamientos, sino las competencias reales para el desarrollo de políticas de mayor vuelo en todo tipo de campos. Este último punto tal vez sea el más grave y el que motiva que, frente a otros países europeos y de rango de desarrollo similar a España, la parte del gasto público municipal sea muy inferior al de otras administraciones (estatal y autonómica). Lleva mucho tiempo anunciándose la necesaria revolución municipal, pero ésta aún no se ha producido. Para que el patrimonio se convierta en factor de desarrollo son necesarios los puntos anteriores (cambios institucionales y cambios socioeconómicos), pero también es importante hacer mención a un aspecto poco desarrollado en patrimonio y siempre valorado en las políticas de desarrollo: la innovación (PADRÓ WERNER, J., 2003). Patrimonio e innovación han sido concebidos como dos conceptos antagónicos, difíciles de combinar y pertenecientes a dos mundos dispares. Sin embargo, las políticas de creación de nuevos productos culturales a partir del patrimonio, tanto en

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las políticas generales, como en las locales, ha llevado a valorar de forma al menos incipiente la innovación como una cuestión de gran importancia cuantitativa y cualitativa en la gestión del patrimonio. No se trata sólo de valorar la creatividad como un elemento también patrimonial, sino de incorporarla directamente a la gestión, especialmente en las cuestiones relativas a los nuevos patrimonios (arqueología industrial, patrimonio intangible, paisaje, y a la propia interpretación del patrimonio, entre otros). d) Por una búsqueda de indicadores de calidad en servicios ligados al patrimonio cultural La búsqueda de la calidad en la generación de productos y servicios es una de las preocupaciones más relevantes del sistema económico, al menos desde los años ochenta. En el sector turístico, que en el caso del turismo cultural está tan próximo al mundo del patrimonio (HERRERO PRIETO, L.C., ed., 2000), se han desarrollado muchos y diferentes programas y métodos de acreditación de la calidad, tanto a nivel nacional como internacional. AENOR, ISO9001, ISO14001, SERVQUAL, Q del Instituto Español para la Calidad Turística, SICTED (Sistema Integral de Calidad Turística en Destino) y un largo etcétera de medidas bien diferentes señalan la calidad o un determinado modelo de calidad, aspecto éste de gran importancia para los recursos turísticos. Además, algunas guías especializadas (Guía Roja Michelin, Guía del Grupo Gourmets, etcétera), completan con un riguroso sistema de valoración, la calidad de establecimientos hoteleros y de restauración. Estas medidas, en cambio, son difíciles de aplicar a los recursos culturales y sin embargo es importante acreditar la calidad de su puesta en valor. No se está hablando de acreditar la calidad de los valores del patrimonio (que nadie pretende comparar), sino la de su protección, planificación y gestión. La acreditación de la calidad en el patrimonio requeriría de un plan adecuado de indicadores, una de las aspiraciones de organismos internacionales como UNESCO y que menos satisfacciones ha aportado a los investigadores y gestores del patrimonio en los últimos años. Es pues necesario no cejar en el empeño y tratar de obtener indicadores combinados de calidad en los servicios del patrimonio que permitan: — Evaluar la sostenibilidad e idoneidad de los sistemas de puesta en valor patrimonial. — Conocer los umbrales de capacidad de acogida, tanto de los bienes patrimoniales tomados de forma singular, como de los territorios. — Mejorar el conocimiento de la aportación potencial del patrimonio al desarrollo local y redefinir en tiempo real las estrategias para su obtención. Sólo con un sistema de acreditación de la calidad en los servicios a partir del patrimonio se podrían conseguir reconocimientos que mejorasen la marca territorial e incrementasen la visibilidad, tanto del patrimonio como del territorio en el que se ubica. Existen ya iniciativas de interés en Andalucía, entre ellas la del Condado de Jaén, dentro del proyecto Marca Calidad Territorial, un esfuerzo para impulsar una

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marca territorial que beneficiará a toda la comarca, entre otras muchas españolas unidas en el proyecto. Aunque no se haya entrado aún a valorar la calidad de los servicios patrimoniales, al menos se trata de una iniciativa que combina trabajo en red, innovación, e interés por la calidad1. También sería importante aprovechar los nuevos reconocimientos territoriales que están apareciendo en España con las aportaciones de las leyes patrimoniales autonómicas desde principios del actual milenio. Aragón inició una nueva fase con la creación de la figura de parque cultural, que de alguna manera entronca con la tradición nacida en los años setenta referida a los ecomuseos y que derivó más tarde en los territorios museos y en los citados parques culturales. Estos últimos son reconocidos por las administraciones centrales de cultura, pero casi siempre tienen como antecedentes territorios concretos con una importante trayectoria en la puesta en valor del patrimonio (Parque Cultural de Albarracín, Parque Cultural del Río Vero, etcétera). Andalucía ha incorporado en la nueva Ley de Patrimonio aprobada a finales de 2007 categorías de protección nuevas y de marcado carácter territorial (zonas patrimoniales que pasarán a ser parques culturales cuando posean órganos rectores). Aún es pronto para adelantar resultados, pero sin duda sería de gran importancia que estas nuevas figuras no vengan a complicar un panorama ya bastante confuso de figuras de protección de diferente carácter que se imponen al territorio y que son percibidas por sus habitantes como cortapisas a todo tipo de iniciativas (económicas, urbanísticas, etcétera). Sólo si estos parques se desarrollasen a partir de una cooperación real con los agentes locales, si Cultura diera el paso para convertirse, más allá de una institución que da o no el visto bueno a propuestas arquitectónicas y urbanísticas, en un auténtico mediador en el territorio entre los agentes que trabajan y apuestan por el patrimonio (especialmente los grupos de desarrollo local) y se avanzara hacia una gestión integrada y conjunta de bienes culturales y naturales, podríamos empezar a hablar de territorios inteligentes en los que el patrimonio actúa realmente como factor de desarrollo. Tendencias futuras en la gestión local del patrimonio a) Redefiniendo patrimonio, territorio y desarrollo de cara al futuro. Desde una concepción amplia y a la vez más precisa de la que abría este trabajo, el patrimonio es entendido como el conjunto de bienes materiales e inmateriales, heredados de nuestros antepasados, que han de ser transmitidos a nuestros descendientes acrecentados. El territorio es el punto de encuentro del hombre con su patrimonio. Por tanto el patrimonio es el resultado de la dialéctica entre el hombre y el medio, entre la comunidad y el territorio. El patrimonio no está sólo constituido por aquellos objetos del pasado que cuentan con un reconocimiento oficial, sino por todo aquello que nos remite a nuestra identidad. Desarrollo es garantizar el mayor bienestar de la sociedad, la plena expansión de su cultura, el fortalecimiento del sentido de los valores humanos y sociales que

1. Ver www.calidadterritorial.com

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constituyen su estrato más profundo, la participación efectiva de la población en su propio progreso y la apertura a las demás culturas. El desarrollo sólo es posible si es equilibrado en la utilización de los recursos y en la distribución social y territorial de sus beneficios económicos, sociales y culturales. Por tanto el concepto de desarrollo nos habla de equilibrio en la distribución de la riqueza, autonomía en las decisiones y calidad de vida. Desarrollo es también respeto por la cultura. No hay desarrollo sin personas, ni personas sin patrimonio cultural. El sector del patrimonio está creciendo de manera significativa y está siendo objeto de mayor atención por la ciudadanía. Pruebas tangibles del avance del sector y del aumento de su interés son la progresiva ampliación del propio concepto de patrimonio por parte de la sociedad y la multiplicación de las estructuras dedicadas a la preservación, estudio y difusión de los bienes culturales y naturales. A los planteamientos tradicionales del patrimonio se suman hoy en día nuevas actividades y servicios destinados a un público cada vez más numeroso y más experimentado. Pero simultáneamente el patrimonio cultural padece graves problemas de administración, gestión y financiación. Ello provoca inevitablemente un progresivo aumento de las inversiones y gastos de mantenimiento. Los poderes públicos reconocen que los retos que tienen planteados hoy en día sobrepasan sus posibilidades y que es imprescindible plantear nuevos modelos, nuevos compromisos y soluciones duraderas y viables. Los responsables de la administración y gestión del patrimonio cultural deben dar respuestas rápidas y eficaces a las exigencias planteadas por una sociedad en constante evolución y, en concreto, respecto a las relaciones con la economía, la planificación territorial, el turismo, la educación, el desarrollo de nuevos modelos de organización y gestión, y la diversificación de las formas de financiación. Parte de la complejidad del patrimonio radica, no solo en la amplitud de su significado, sino también en la diversidad de actividades que abarca la actuación integral sobre el mismo. En cinco apartados podemos agrupar la acción global sobre el patrimonio para intenta dar respuestas a la complejidad de su gestión en el ámbito local: — El primer grupo de acciones a poner en marcha tiene que ver con el conocimiento histórico y cultural del patrimonio en nuestra localidad. Nos referimos básicamente a la investigación histórica, la historia del arte, la arqueología y la antropología, así como la diversidad de ciencias y técnicas auxiliares de cada disciplinas: teledetección, arqueometría, las técnicas de datación, la paleografía, etcétera. Para su fomento es frecuente la organización de premios de investigación histórica, la firma de convenios con universidades y grupos de investigación, la publicación de trabajos de investigación, la organización de jornadas especializadas, la recuperación de la memoria histórica, etcétera. En algunos municipios con un intenso pasado, la arqueología puede ser todo un área local de gestión especializada. — El segundo grupo de actividades en el que intervenir son aquellas clásicas relacionadas con el inventario, catalogación, planificación territorial y los instrumentos legales de protección de patrimonio. Nos referimos más concretamente al urbanismo y todo lo vinculado a los sistemas de documentación, como pueden ser los sistemas de información geográfica y otras tecnologías de la información. La actividad desplegada por los profesionales del patrimonio tiene que ver con la elaboración del planeamiento general y de protección

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y sus catálogos, las cartas arqueológicas, los inventarios de cualquier tipo de patrimonios y sus bases de datos asociadas, los expediente de declaración de Bienes de Interés Cultural, etcétera. — El tercer grupo de actividades a tener en cuenta son las vinculadas con la conservación física del patrimonio cultural y abarcarían campos tan diversos y especializados que irían desde la restauración paisajística, pasando por la recuperación de ciudades o barrios patrimoniales, edificios... y los objetos de arte en multitud de soportes materiales. En ella cobran especial protagonismo disciplinas profesionales especializadas como la arquitectura o la conservación-restauración de bienes muebles. En el caso de la intervención a escala urbana éstas suelen formar parte de las oficinas de urbanismo lo que se escapa en la mayoría de las veces de los cometidos de las áreas de cultura pero que son claves en la determinación del futuro del patrimonio cultural de cualquier localidad. Son frecuentes las actividades relacionadas con la conservación/restauración de edificios catalogados, las rehabilitación de inmuebles varios, la gestión de escuelas taller, talleres de empleo... con módulo de actividades relacionas con la recuperación del patrimonio, los proyectos de regeneración urbana (barrios, espacios públicos... ), la intervención paisajística (riberas, carreteras, canteras...), y por supuesto, toda la actividad de conservación y restauración de colecciones de patrimonio mueble. — En el cuarto apartado queremos agrupar todas aquellas actividades relacionadas con la dimensión social, económica y política del patrimonio, su puesta en valor, difusión, administración y gestión. Hablamos de comunicación, pedagogía, interpretación del patrimonio, sociología y la antropología social, economía y empresa, administración y gestión, márketing, turismo, etc. Son las más claramente relacionadas con lo que entendemos hoy día por gestión cultura del patrimonio y algunas de estas actividades son de carácter horizontal y las podemos ver destinadas a cualquiera de las actuaciones anteriores. Un ejemplo sería la exposición pública de una serie de piezas de arte restauradas o también la programación de actividades de dinamización destinada a diferentes tipos de público local (escolares, familias tercera edad...), también la gestión de proyectos de desarrollo turístico cultural, los estudios de público o la atención a los medios de comunicación. — Por último, en un quinto grupo clasificaríamos a aquellas instituciones clásicas especializadas del patrimonio cultural: museos, archivos y las bibliotecas, con sus colecciones, series documentales, fondos y programaciones propias, y también sus disciplinas profesionales: museología, archivística y biblioteconomía, que combinan prácticas relacionadas con el conocimiento, conservación, protección, comunicación y gestión del patrimonio. A todo lo anterior hay que sumar la visión política del patrimonio cultural. Además de su materialidad y la problemática que de ello se deriva para su conocimiento, protección y conservación, si al patrimonio lo entendemos como un factor cultural de primera magnitud, tiene otras dimensiones fundamentales para la sociedad contemporánea que están bastante necesitadas de atención. Nos referimos a la imprescindible interconexión que debe tener la cultura y la política cultural con su entorno:

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— La dimensión social del patrimonio debe reflexionar sobre las relaciones necesarias que en un Estado social de derecho debe haber entre el bienestar ciudadano, su calidad de vida y el valor de la identidad, todo ello desde la proximidad del pueblo o del barrio. — La dimensión económica del patrimonio y de la cultura debe entender qué significa poner en uso para la promoción económica valores culturales o patrimonio; el concepto de calidad en turismo cultural, la dimensión económica de la creatividad a partir de raíces culturales y la promoción económica de la cultural. — La cultura y el patrimonio cultural, como servicios a la comunidad, deben ser entendidas con mirada de equilibrio territorial, deben lograr para todo el territorio equipamientos y servicios culturales homologables y equivalentes. Habría que determinar los desequilibrios territoriales a todas las escalas en materia de servicios culturales de proximidad: bibliotecas, difusión cultural, servicios técnicos para el patrimonio, etc. para poder dar respuestas aceptables desde las políticas culturales. — Una de las bases fundamentales de la cohesión social con el inmigrante debe ser la cultura y el patrimonio. Todo inmigrante trae una cultura de origen, una identidad. La política cultural debe actuar para reafirmar a cada persona en aquellos valores de su cultura que puedan ser compartidos y dignificarlos. Buscar en el patrimonio histórico y la cultura en general todo aquello que nos une; buscar nuevos valores que todos podamos compartir. Se trataría en suma de ocuparnos de las personas igual que de las «piedras», trabajar la dimensión humana del patrimonio y profundizar sobre su cohesión social, el equilibrio territorial, la calidad de vida para todos y los servicios de proximidad a las personas. Dependiendo de la importancia de la localidad o de su patrimonio, cada una de las actividades arriba desglosadas pueden ser objeto de mayor o menor atención por parte de los profesionales y muchas de ellas requieren de personal exclusivamente cualificado para realizarlas, mas allá de un gestor cultural de perfil generalista. No obstante es necesario que alguien les dé sentido de unidad de acción e intención dentro de lo que entendemos por política cultural para que se reconozcan mutuamente y dentro del mismo objetivo de desarrollo local. Esta riqueza y variedad de acciones y actores que, directa o indirectamente, pueden abordar y aportar soluciones al patrimonio cultural, es también la causa de la dispersión y atomización de los proyectos, redes e instituciones que actúan sobre el sector, perdiéndose en muchos casos la visión de conjunto. Muchas de estas actividades no radican en el área de cultura de una localidad, ni siquiera dependen de patrimonio y suelen estar distribuidas por todo el elenco de concejalías, perdiendo visibilidad y presencia. b) Centralidad = planificación + participación. El 8 de mayo de 2004, durante el IV Foro de Autoridades Locales para la Inclusión Social de Porto Alegre celebrado en Barcelona en el marco del primer Foro Universal

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de las Culturas, se aprobó por numerosos gobiernos locales de todo el mundo la denominada Agenda 21 de la Cultura. Este documento es un referente para reforzar y renovar las políticas públicas de cultura y fue adoptado como guía recomendada tanto por la Federación Andaluza de Municipios y Provincias como por las diputaciones andaluzas. La Agenda 21 de la Cultura nos puede servir como referente para desarrollar nuestro discurso en relación con las nuevas tendencias en la gestión local.2 Una política cultural en patrimonio de alcance necesita centralidad y visibilidad y ello significa liderazgo político en las más altas instancias del gobierno local para que se adopte el firme compromiso de hacer de los temas culturales una dimensión clave de sus políticas urbanas. Para ello son necesaria dos acciones básicas e integradas: la planificación y la participación. La planificación es aquí entendida como un proceso de debate, redacción y aprobación de un documento, sobre las prioridades en cultura de una ciudad, realizado por todos los agentes culturales de un territorio con la ciudadanía y la administración pública. Es un proceso que relaciona los agentes, los objetivos, las actividades, los recursos y los resultados esperados de un proyecto. Significa recoger las diferentes demandas realizadas por las personas y las organizaciones de un territorio, incluyendo tanto los agentes culturales como el conjunto de la ciudadanía; identificar y utilizar los recursos culturales; ofrecer respuestas basadas en el rigor analítico, la coherencia territorial y el consenso con la sociedad civil; establecer procedimientos de aplicación e instrumentos de evaluación de los acuerdos conseguidos. El proceso se inicia normalmente con un estudio o diagnosis de los recursos culturales de la ciudad y de las tendencias del entorno económico, social y territorial. La estrategia cultural local se formula por escrito, en un documento, debatido y aprobado por el plenario municipal o por instancias como consejos o comisiones con participación ciudadana. El documento normalmente consta de una misión, unos objetivos y unas acciones. También establece una corresponsabilidad entre gobierno local, agentes culturales y sociedad civil. Normalmente la estrategia cultural local incluye un calendario para la aplicación, unos indicadores de seguimiento y evaluación de cada objetivo y de cada acción, y unas instancias de monitorización. El concepto de planificación en cultura ha gozado de amplia difusión en los últimos quince años. Se ha empleado para promover las políticas culturales locales a partir de los valores (memoria, creatividad, conocimiento crítico, diversidad, ritualidad...) que la cultura aporta a los individuos y a las comunidades. También se ha utilizado para subrayar la transversalidad y la significación de la cultura en otras políticas locales, como el empleo y la inclusión social, y para introducir consideraciones culturales en toda política pública. La cultura debe incorporarse al proceso de planificación en los diferentes niveles de gobierno. Conseguir que participe de la manera más amplia posible en los procesos socioeconómicos del desarrollo. Es necesario situar la cultura en el núcleo de la toma de decisiones, capaz de planificar y gestionar la política cultural de un territorio desde una visión integral.

2. La Agenda 21 de la cultura así como otros documentos de desarrollo más recientes se pueden consultar en la página web www.agenda21culture.net

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Cuando hablamos de planificación también nos referimos, en primer lugar, a un instrumento que invite al debate público. La elaboración de un documento de planificación cultural (un plan local de cultura, un plan estratégico de cultura...) posibilita que se genere una visión a largo plazo de la cultura y su papel en el futuro desarrollo de la localidad. A su vez ofrece centralidad y visibilidad a las políticas culturales y es una herramienta de primera mano para la participación ciudadana en su elaboración y posterior gestión. Se trata también de que lo cultural esté coordinado e imbricado en los planes estratégicos de ciudad u otros procesos de planificación local integrada (Agenda 21 Local, Pacto Local para el Desarrollo, Plan Local Integrado...) y no sólo en el plan del departamento y/o la concejalía de cultura, aportando una perspectiva cultural al conjunto del proyecto de la ciudad, con objetivos y acciones que muestren cómo la cultura tiene un impacto en, y recibe la influencia de, actividades en áreas como la educación, la sanidad, el urbanismo o la economía. Si desde la cultura se debe responder a muchos de los retos de la sociedad y si la cultura tiene que estar en el centro de las políticas locales, es preciso que los departamentos de cultura se doten de herramientas fuertes, de planes ambiciosos que expliciten la vocación de influir en el resto de herramientas de planificación local. Esta ambición transversal puede llevar a la cultura a erigirse como el cuarto pilar del desarrollo, junto con el económico el social y el ambiental. En cuanto al concepto de participación, en los últimos años, la complejidad de la realidad, el paso de una administración productora de servicios a una administración catalizadora y relacional y el dinamismo de la sociedad civil, entre otros factores, han reforzado la necesidad de articular mecanismos de participación y cooperación local. La participación es una acción complementaria a la planificación y una herramienta básica de gestión en una democracia real. En el campo cultural, hay ya una amplia tradición de interlocución entre el sector público y las organizaciones del sector privado y del sector asociativo. Hay que asegurar la participación ciudadana, la democracia participativa, la transparencia informativa y la comunicación en la elaboración y posterior puesta en funcionamiento del plan. El gobierno local en cultura debe ser un catalizador de procesos, reforzando la sociedad civil, promoviendo consensos y estableciendo corresponsabilidades, fomentando la participación democrática de la ciudadanía, la administración y los expertos en el debate, la formulación, la planificación, el desarrollo y la evaluación de las políticas públicas de cultura. El patrimonio cultural es ante todo un asunto de interés comunitario y público. Hay que alcanzar acuerdos que permitan gestionar el carácter público del patrimonio cultural.3 Un instrumento estable de participación puede ser el denominado consejo de cultura o instancia pública para los temas culturales de la ciudad. En el consejo de cultura normalmente participan los agentes culturales de la ciudad, en su diversidad, tanto sectorial (patrimonio, artes, bibliotecas...), su dimensión (agentes grandes o iniciativas pequeñas), su adscripción (pública, privada, asociativa...) u otras varia-

3. Ideas clave sobre la Agenda 21 de la cultura. Jordi Pascual. En nous accents 2006. PLA ESTRATÈGIC DE CULTURA DE BARCELONA. Consultar en: http://www.bcn.es/ plaestrategicdecultura/pdf/Agenda21cultura_cast.pdf

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bles. Normalmente el consejo debate, y emite opiniones, sobre los temas culturales más relevantes de la ciudad. Bibliografía ALONSO HIERRO, J. y SANZ MARTÍN DE BUSTAMANTE, M. (2000): El Patrimonio Histórico de España desde una perspectiva económica, Fundación Caja Madrid, Madrid. BASES para una Carta sobre Patrimonio y Desarrollo para en Andalucía (1996), Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Sevilla. BENKO, G. y LIPIETZ, A. (1994): «El nuevo debate regional» en BENKO, G. y LIPIETZ, A. (eds.): Las regiones que ganan: los nuevos paradigmas de la geografía económica, Alfons el Magnanin, Universidad de Valencia, España. GRAHAM, B.; ASHWORTH, G.J. y TUNBRIDGE, J.E. (2000): A Geography of Heritage: Power, Culture, Economy, Arnold, Londres. HAWKES, Jon, 2001, The Fourth Pillar of Sustainability: culture’s essential role in public planning, Melbourne: Cultural Development Network. HERRERO PRIETO, L.C. (ed., 2000): Turismo cultural. El patrimonio histórico como fuente de riqueza, Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León, Valladolid. MADOERY, O. (2000): El proyecto local como alternativa de desarrollo, Buenos Aires, Homosapiens. OJEDA RIVERA, J.F (2003): «Desarrollo y patrimonio paisajístico», en Boletín del . Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico PH, nº 42, pp. 51-56. PADRÓ WERNER, J. (2003): «Hacia una gestión creativa del patrimonio», en Boletín del Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico PH, nº 42, pp. 48-49. VÁZQUEZ BARQUERO, A. (1999): Desarrollo, redes e innovación, Pirámide, Madrid. VEGARA, A. Y RIVAS, J.L. de las (2005), Territorios inteligentes, Alcobendas (Madrid), Fundación Metrópoli.

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Bases jurídicas de la intervención de los poderes locales en la gestión del patrimonio
Eduardo José Molina Soto.
Departamento de Régimen Jurídico del Patrimonio Histórico. Consejería de Cultura. Junta de Andalucía.

El modelo de Estado que configura nuestra vigente Constitución de 28 de diciembre de 1978 se estructura en la descentralización de funciones y competencias entre distintas Administraciones Públicas, como establece el artículo 1371, correspondiéndole al ámbito local un papel destacado en el juego constitucional como prueba el que se dedique todo el capítulo segundo del Título Octavo sobre organización territorial del Estado al enmarque normativo de la Administración local. Precisamente la Carta Magna sitúa como Administración Pública a los poderes locales y esto hace que le sea de aplicación directa e inmediata lo dispuesto en los artículos 9, apartado 2º y 46. El apartado segundo del artículo noveno establece «corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integran sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social». Este artículo se incardina en el Título Preliminar y su situación no es por azar como ninguna en todo el texto constitucional, sino que se encuentra dentro del núcleo más importante, el de los principios superiores del orden constitucional, junto al Título Primero y al Octavo de la Carta Magna. La interpretación del mismo plantea dos cuestiones relevantes que han sido puestas de manifiesto por la profesora Mª del Rosario Alonso (Alonso: 1992, pp. 59 y 62-70) al incidir, en primer lugar, en que estamos ante un objeto «para el adecuado desarrollo de la personalidad del hombre y, por tanto, como un instrumento de Cultura(…) responsabilidad que incumbe a todos los poderes públicos sin excepción»; y, en segundo lugar, en que «es una distribución (de competencias) distinta la que se opera con relación a la Cultura en sentido global que la que se opera con relación a las distintas facetas del fenómeno cultural(…) la Cultura, en sentido global, es un asunto que difícilmente admite el tratamiento competencial de las demás materias, pertenece por esencia a las atribuciones institucionales de cualquier ente representativo(...)». A su vez, el artículo 462 de la Constitución de 1978 se encuentra dentro del capítulo tercero del Título Primero, relativo a los principios rectores de la política social y
1. «El Estado se organiza territorialmente en municipios, en provincias y en la Comunidades Autónomas que se constituyan. Todas estas entidades gozan de autonomía para la gestión de sus respectivos intereses.» 2. Dice así: «los poderes públicos garantizarán la conservación y promoverán el enriquecimiento del patrimonio histórico, cultural y artístico de los pueblos de

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económica, que serán objeto de cumplimiento como finalidad de su actuación por cualquier Administración Pública3, aunque no formen parte strictu sensu de los derechos y libertades propias de los individuos, regulados en el capítulo segundo. No es objetivo del presente trabajo hacer un análisis minucioso de este precepto4, sino el dejar patente que el patrimonio en sus distintas facetas y los bienes que lo integran, públicos o privados, deben tener garantizados su conservación y enriquecimiento por los poderes públicos sin excepción. Como desarrollo de la Constitución en materia de competencias de las corporaciones locales, nos encontramos en primer lugar con la Ley 7/1985, de 2 de abril, reguladora de las Bases de Régimen Local, que tiene un preámbulo ricamente esclarecedor del papel actual de dichos entes territoriales, pues afirma que «la voluntad del pueblo español ha sido la de enriquecer su trama organizativa, multiplicando sus centros de decisión, sin mengua de la superior unidad de su realidad unificadora. La definición de los Municipios y Provincias se hace de forma suficiente, aunque no prolija, en el texto supremo. La autonomía municipal debe ser el principio rector de la regulación de cada entidad. El criterio para evitar contradicciones con otras instancias radica en la determinación de sus intereses respectivos. Qué cosa sea el interés respectivo no ha sido desarrollado por la Constitución, aunque sí ha determinado los asuntos de interés de la Comunidad Autónoma y del Estado. Con esos elementos y con los datos que se desprenden de la realidad misma de las cosas, es posible construir las instituciones locales manteniéndolas en el lugar que debe corresponderles en un Estado complejo como el actual; y a las Cortes Generales compete enriquecer y concretar el diseño básico de las entidades locales como una de las piezas de la entera organización territorial del Estado. Presupone, pues, una perspectiva territorial, es decir, global y no sectorial. Su desarrollo representa poner en pie una institución territorial y, consecuentemente, su estatuto subjetivo y la ordenación de la capacidad potencialmente universal de dicha institución. Todos los sectores de la realidad a que se extiende la acción pública se encuentran, por ello, aludidos y en mayor o menor medida afectados. Se está, en definitiva, ante una Ley que atañe a la construcción misma del Estado y al diseño de uno de los ordenamientos jurídico-administrativos que en él se integran… tampoco es posible entender hoy los poderes públicos como estructuras monolíticas, construidas en cascada de mayor a menor y dotadas de funciones relativamente estables y diferenciadas por serlo también el mundo al que se enfrenta. Muy al contrario, la realidad social, cultural, tecnológica y económica ha roto definitivamente las situaciones singulares de relativo aislamiento y hoy la sociedad se nos muestra como un todo continuo…Esa continuidad del tejido social hace imposible marcar unas fronteras nítidas a los intereses cuya tutela respectiva se

España y de los bienes que lo integran, cualquiera que sea su régimen jurídico y su titularidad. La ley penal sancionará los atentados contra este patrimonio». 3. Como se encarga de puntualizar el artículo 53, apartado 3, del mismo texto. 4. Análisis brillante de este artículo es el ofrecido por José María Abad en su estudio «El principio jurisprudencial del derecho social a la cultura: análisis y manifestaciones», que incluye opiniones de expertos en la materia como A. E. Pérez Luño y numerosa jurisprudencia. Necesaria resulta la consulta del comentario sobre esta cuestión realizado con lúcido juicio por Mª del Rosario Alonso (1992, Págs. 70-75).

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encomienda a los distintos poderes que destacan así su condición de formar parte de un conjunto institucional de arquitectura compleja en que las partes adquieren sentido en función del todo, pero articulándose entre sí no por principios formales, sino por criterios materiales que tratan de adaptar las competencias a los intereses reales en juego». En lo que respecta al Patrimonio Histórico el artículo 25, en su apartado segundo, de esta ley establece la competencia del municipio, en todo caso, en los términos de la legislación del Estado y de las Comunidades Autónomas. Tres puntualizaciones deben hacerse aquí: que no admite la ley excepciones a la asunción de la competencia pues prescribe que se hará «en todo caso»; que usa la terminología de «Patrimonio histórico-artístico», propio de la legislación anterior a la actualmente vigente, cuestión que se explica por el hecho de ser esta una ley aprobada unos meses antes de la Ley de Patrimonio Histórico Español; y que hay una remisión total a la regulación estatal y autonómica en la materia para saber cual es la competencia en particular que asume el municipio5. No obstante, la Ley 7/1985 sí hace referencia a competencias indirectamente relacionadas con el Patrimonio Histórico en sus artículos 21 y 22 al regular las competencias de alcaldes-presidentes y de plenos respectivamente. Así el artículo 21.1 letra p) preceptúa que es competencia del alcalde «La adquisición de bienes y derechos cuando su valor no supere el 10 % de los recursos ordinarios del presupuesto ni los tres millones de euros, así como la enajenación del patrimonio que no supere el porcentaje ni la cuantía indicados en los siguientes supuestos: 1. La de bienes inmuebles, siempre que esté prevista en el presupuesto. 2. La de bienes muebles, salvo los declarados de valor histórico o artístico cuya enajenación no se encuentre prevista en el presupuesto», por lo que los bienes muebles que tengan una declaración de valor histórico o artístico —entiéndase Bien de Interés Cultural u otras de las categorías autonómicas existentes— no podrán ser enajenados mediante actuación del alcalde sino por parte del pleno cuando no se haya previsto en el presupuesto municipal, limitándose las facultades de disposición de la máxima figura de la corporación local. Por su parte, el artículo 22 establece en su apartado segundo, letra c) que es competencia del pleno «La aprobación inicial del planeamiento general y la aprobación que ponga fin a la tramitación municipal de los planes y demás instrumentos de ordenación previstos en la legislación urbanística», tramitación en la que la actuación de la Administración Cultural tendrá una importancia relevante a tenor de la legislación nacional y autonómica de Patrimonio Histórico. A su vez, la letra g) del mismo apartado otorga al pleno competencia para «La aceptación de la delegación de competencias hecha por otras Administraciones públicas» y en materia de Patrimonio Histórico la Ley, esencialmente la autonómica, prevé importantes delegaciones de competencias originariamente atribuidas a la Administración de la Comunidad Autónoma. Un paso más dentro de la normativa de carácter local supone la Ley 7/1999, de 29 de septiembre, de Bienes de las Entidades Locales de Andalucía, que despliega una

5. Esta opción legal ha sido muy criticada por parte de la doctrina, como de hecho nos da noticias en su estudio Concepción Barrero (1990, Pág. 416) en nota al pie nº 422.

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serie de normas que afectan a la actuación de las corporaciones locales teniendo en cuenta la naturaleza de patrimonio histórico-cultural en relación a sus bienes. Así para adquirir bienes a título oneroso se permite el procedimiento negociado y no sólo el concurso en caso de que así lo requieran sus características de singularidad y especificidad histórica, cultural, artística o técnica (artículo 10.2, letra a). Es más se exige informe del órgano autonómico competente, cuando se trate de adquisición de bienes históricos o artísticos cuya transmisión deba ser notificada a la Administración autonómica según la legislación vigente6. Esta misma remisión a la normativa específica se exige por el artículo 16, apartado tercero, cuando se trate de enajenación de bienes declarados de interés cultural y demás que formen parte del patrimonio histórico español o andaluz7. Para la cesión de uso, el artículo 36.3 permite a las entidades locales valorar motivaciones de índole cultural por encima del criterio general de máxima rentabilidad que exige el apartado segundo. No obstante, son los artículos 51, 52 y 58 los más relevantes en esta Ley respecto al Patrimonio Histórico. El apartado segundo del artículo 51 establece que «las actuaciones de conservación, mantenimiento, custodia y mejora que correspondan a las entidades locales respecto de los bienes integrantes del patrimonio histórico de Andalucía deberán sujetarse a lo previsto en su normativa específica», viniendo el artículo 52 a acotar de manera más específica y pormenorizada esta obligación en su apartado cuarto al prescribir que «Las entidades locales titulares de bienes inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía estén obligadas a obtener la previa autorización de la Consejería de Cultura, para realizar cualquier cambio o modificación en bienes inmuebles inscritos o en su entorno, para realizar obras de todo tipo y para cambiar el uso o modificar los bienes muebles, instalaciones y accesorios que recoja la inscripción, de conformidad con la regulación específica del patrimonio histórico de Andalucía»8. Esta obligación de obtener autorización no difiere de la que tienen los titulares particulares de este tipo de bienes. Por su parte, el artículo 58 establece, dentro de la obligación general de formalizar un inventario general consolidado de todos los bienes y derechos de las entidades locales, la de que forme parte de él un inventario parcial del patrimonio histórico, con el fin de que dichos bienes queden singularizados y estén sujetos a un mejor control. La normativa precedente tiene por objeto la regulación de los entes locales tanto en su naturaleza, actuaciones y competencias como en el régimen jurídico de sus bienes, pero con respecto al Patrimonio Histórico los aspectos regulados son inciden6. Artículos 38 de la Ley 16/1985 de PHE, 18 de la Ley 1/1991 de PHA y 17 del proyecto de nueva ley de Patrimonio Histórico para Andalucía. 7. Es decir, que, aparte de los expresamente declarados BIC, cualquiera de los afectados por la exposición genérica —sin necesidad de acto expreso administrativo por parte de la Administración Cultural— de los artículos 1.2 de la citada Ley 16 / 1985, 2.1 de la Ley 1/1991 y 2 del proyecto de nueva Ley andaluza sobre Patrimonio Histórico. 8. Dicha autorización se encuentra, por razón de las características o circunstancias del bien patrimonial, regulada en los artículos 33, 35, 37, 52 y 59 de la Ley 1/ 1991 y 44, 46, 47, 54, 55 y 64 del Reglamento de Protección y Fomento del Patrimonio Histórico de Andalucía, aprobado por Decreto 19/1995 de 7 de febrero (BOJA nº 43 de 17 de marzo).

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tales y se hace necesario el estudio y comentario del marco normativo strictu sensu relativo a todos los aspectos que conforman el Patrimonio Histórico. En Andalucía la situación se ha de denominar de inusual al menos, pues tras la entrada en vigor de la Ley 16/1985, de 25 de junio, de Patrimonio Histórico Español la Comunidad Autónoma, de acuerdo al artículo 13.27 del fenecido Estatuto de Autonomía de 1981, se lanzó a la labor de redactar una normativa propia, que quedó encarnada en la Ley 1/1991 de 3 de julio, del Patrimonio Histórico de Andalucía, norma anterior —en su formulación— a la famosa Sentencia del Tribunal Constitucional 17/ 1991 de 31 de enero, que vino a interpretar de manera más precisa el ámbito competencial de las distintas Administraciones Públicas. Esta circunstancia produjo la existencia de dos sistemas legales paralelos aplicables en Andalucía, con las virtudes, pero también con las complejidades de su puesta en práctica9. La futura ley, actualmente proyecto que está a punto de terminar su tramitación en el Parlamento de Andalucía y al que, como integrante de la comisión de redacción, estamos unidos estrechamente, pondrá fin a esta situación; quedando únicamente como legislación aplicable a la competencia autonómica sobre el Patrimonio Histórico la Ley andaluza, siendo supletorio el papel de la Ley 16/1985 en aquellos supuestos no regulados por la norma autonómica y plenamente aplicable ésta última a las actuaciones relacionadas con las competencias exclusivas del Estado en la materia. Por ello, no sólo entraremos a comentar el Ordenamiento Jurídico vigente en el momento de redactar estas líneas, sino también la próxima novedad legislativa, dada su inminente entrada en vigor. Como desarrollo de lo previsto en la Constitución en su artículo 46 antes citado, y más precisamente en el artículo 149.1 28ª que establece que el Estado tiene competencias exclusivas sobre «defensa del patrimonio cultural, artístico y monumental español contra la exportación y la expoliación» se aprueba la Ley 16/1985 de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español10, que sustituyó a la decana ley republicana de 13 de mayo de 1933, y que ha supuesto un hito en la regulación de esta materia tan sensible en su permanencia. El artículo 2, en su segundo apartado, del texto legal de 1985 establece que «En relación al Patrimonio Histórico Español, la Administración del Estado adoptará las medidas necesarias para facilitar su colaboración con los restantes poderes públicos y la de éstos entre sí, así como para recabar y proporcionar cuanta información fuera precisa a los fines señalados en el párrafo anterior», por lo que la Administración

9. Resumen breve, pero clarificador, de esta situación y de algunos de sus efectos nos lo aporta en su trabajo Carlos López Bravo (1999, Págs. 14-16). Una visión general en las diferentes autonomías nos es facilitada por el excelente estudio de Juan Manuel Alegre (2004, Págs. 49-66, especialmente en lo concerniente al caso andaluz en Págs. 57-58). 10. Sigue siendo estudio esencial de referencia para comprender el texto completo de la reforma que supuso respecto del Patrimonio Histórico la Ley de 1985 la obra de José Luis Álvarez Álvarez Estudios sobre el Patrimonio Histórico Español de 1989, desde sus fases previas parlamentarias, incluido el cotejo con el texto de proyecto de ley abortado de 1981. Nuevo trabajo de referencia legislativa con abundante jurisprudencia sobre el particular supone el Código del Patrimonio Cultural de 2007, obra de Luis Antonio Anguita Villanueva.

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estatal se erige en coordinadora entre el resto de Administraciones Públicas, incluidas las corporaciones locales, para el ejercicio cumplimiento de los preceptos de la Ley y, por ende, del mandato constitucional a los Poderes Públicos. La Administración Local tiene, por tanto, un interlocutor válido y especializado en el actual Ministerio de Cultura, al que puede acudir bien directamente, bien por conducto de los órganos pertinentes de la Comunidad Autónoma, sobre todo en cuestiones relacionadas con las materias de competencia exclusiva de dicha Administración –exportación e importación de bienes, expoliación del Patrimonio en los términos del artículo 4º o museos, archivos y bibliotecas de titularidad estatal-, potestad que le es reconocida por el Ordenamiento Jurídico en cuanto Administración Pública11. Por su parte el artículo 6 establece que «A los efectos de la presente Ley se entenderá como organismos competentes para su ejecución: a) Los que en cada Comunidad Autónoma tengan a su cargo la protección del Patrimonio Histórico». Este artículo, en el que se reparten esencialmente las competencias para la ejecución de los preceptos legales, se ha venido interpretando tradicionalmente en el sentido de que por organismos competentes de la Comunidad Autónoma se han de entender únicamente los correspondientes a la Administración Autonómica12, pero nada empece que se pueda referir a todos los poderes públicos, incluidos los locales, como luego aclara indirectamente el controvertido artículo 7 o la Ley 1/1991 en sus artículos 3 y 4 en el caso de Andalucía. Con ello se quiere subrayar que los poderes locales tiene un papel fundamental y activo en la aplicación del Derecho sobre el Patrimonio Histórico, lo que les hace sujeto de potestades, pero también de obligaciones, de las que se puede exigir responsabilidades en caso de incumplimiento o dejación. Ya se ha adelantado que el artículo 713 tiene un carácter controvertido, pues se ha venido entendiendo que el papel que la Ley deja a los ayuntamientos es meramente

11. La Ley 30/1992 de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, de obligado y general cumplimiento en todo el territorio nacional, establece en su artículo 4 dedicado a los principios de las relaciones entre las Administraciones Públicas que «1. Las Administraciones públicas actúan y se relacionan de acuerdo con el principio de lealtad institucional y, en consecuencia, deberán: (a) Respetar el ejercicio legítimo por las otras Administraciones de sus competencias. (b) Ponderar, en el ejercicio de las competencias propias, la totalidad de los intereses públicos implicados y, en concreto, aquellos cuya gestión esté encomendada a las otras Administraciones. (c) Facilitar a las otras Administraciones la información que precisen sobre la actividad que desarrollen en el ejercicio de sus propias competencias. (d) Prestar, en el ámbito propio, la cooperación y asistencia activas que las otras Administraciones pudieran recabar para el eficaz ejercicio de sus competencias. 2. A efectos de lo dispuesto en las letras c) y d) del apartado anterior, las Administraciones públicas podrán solicitar cuantos datos, documentos o medios probatorios se hallen a disposición del ente al que se dirija la solicitud. Podrán también solicitar asistencia para la ejecución de sus competencias.» 12. Véase así el comentario de José Castillo (2004, Págs. 35-36), o el de Luciano Parejo (1998, Págs. 65-66). 13. Su texto preceptúa que «Los Ayuntamientos cooperarán con los organismos competentes para la ejecución de esta Ley en la conservación y custodia del Patrimonio Histórico Español comprendido en su término municipal, adoptando las medidas oportunas para evitar su deterioro, pérdida o destrucción. Notificarán a la

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residual y pasivo, dejando a merced de Estado y Comunidad Autónoma el concretar en qué consiste el grueso de estas competencias14. Sin embargo, la actuación en el ámbito local resulta totalmente activa y de primer orden, pues al hablar de la técnica de cooperación el precepto no relega a simple convidado de piedra al ayuntamiento, sino que empuja a la coparticipación en las tareas legales a todas las Administraciones Públicas, pues como recuerda el Fundamento Jurídico Noveno de la Sentencia 17/ 1991 del Tribunal Constitucional de 31 de enero «es una manifestación y aplicación concreta de lo que con carácter general se dispone en el artículo 46 de la Constitución». La propia ley, en el resto del articulado que atañe al poder local, lo hace sujeto activo de facultades, pero también de obligaciones que tendrán su consecuente dentro del elenco de infracciones que el texto contiene. Ya el artículo 9, en su apartado segundo, relativo al procedimiento para la declaración de un bien como de Interés Cultural, preceptúa que en el caso de bienes inmuebles se dé audiencia al ayuntamiento del municipio donde aquel radique. La importancia de la corporación municipal en este procedimiento de declaración viene refrendada en el artículo 12 y en el 13 del Real Decreto 111/1986 de 10 de enero15, pues se exige en todo caso que sea notificada de la apertura del expediente —lo que le permite desde el principio aportar alegaciones y documentación pertinente, disfrutando de la condición de interesado—, además de que se le otorgue la audiencia prescrita por la Ley. La fundamentación de esta obligación radica en que en todo caso, la Administración que tiene un papel más activo y cercano en el territorio respecto al Patrimonio Histórico es cotidianamente la local, siendo precisamente el conocimiento del medio físico y de las particularidades en cada caso concreto muy tenidos en cuenta para adecuar la protección buscada por los procedimientos de declaración a la realidad efectiva de los inmuebles que se pretendan proteger16. Es más, como se verá más adelante, algunos de estos procedimientos van a condicionar de forma

Administración competente cualquier amenaza, daño o perturbación de su función social que tales bienes sufran, así como las dificultades y necesidades que tengan para el cuidado de estos bienes. Ejercerán asimismo las demás funciones que tengan expresamente atribuidas en virtud de esta Ley». 14. Véase el comentario antes citado de Luciano Parejo (1998, Pág. 66). Alonso Ibáñez (ob. cit., Págs. 111-121) hace una reflexión de calado sobre esta cuestión. 15. El artículo 12, apartado segundo del Real Decreto reza así: «La incoación se notificará a los interesados cuando se refiera a expedientes sobre bienes muebles, monumentos y jardines históricos y, en todo caso, al Ayuntamiento del municipio en cuyo término éstos radiquen si se trata de inmuebles». A su vez el artículo 13, apartado primero, preceptúa que «La instrucción del expediente se ajustará a lo establecido en la Ley 16/1985 y en su tramitación serán de aplicación las normas generales del procedimiento administrativo. Cuando se refiera a inmuebles se dispondrá la apertura de un período de información pública y se dará audiencia al Ayuntamiento interesado». 16. Tal es la importancia de este hecho que la propia ley lo establece como contenido obligatorio en las declaraciones de inmuebles como bienes de interés cultural en su artículo 11.2 «La resolución del expediente que declara un bien de interés cultural deberá describirlo claramente. En el supuesto de inmuebles, delimitará el entorno afectado por la declaración y, en su caso, se definirán y enumerarán las partes integrantes, las pertenencias y los accesorios comprendidos en la declaración».

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relevante la actuación de la corporación local en algunos aspectos, esencialmente urbanísticos, y debe ser ésta la que cobre el protagonismo en esta materia. En este orden de cosas, la incoación de un expediente de declaración de un inmueble trae efectos inmediatos sobre las licencias otorgadas o en tramitación, pues el artículo 16 del texto legal, en su apartado primero, establece que «La incoación de expediente de declaración de interés cultural respecto de un bien inmueble determinará la suspensión de las correspondientes licencias municipales de parcelación, edificación o demolición en las zonas afectadas, así como de los efectos de las ya otorgadas. Las obras que por razón de fuerza mayor hubieran de realizarse con carácter inaplazable en tales zona precisarán en todo caso, autorización de los organismos competentes para la ejecución de esta Ley». Dos aspectos deben destacarse respecto a este precepto: en primer lugar se busca que los valores históricoculturales que se pretenden proteger con la declaración no sean menoscabados con actuaciones posteriores a la incoación del procedimiento, puesto que le restaría virtualidad, por lo que la ley acude a la técnica de anticipar los efectos jurídicos de la declaración conclusa al momento del inicio del procedimiento, con evidente finalidad cautelar, incluyendo la suspensión de los derechos reconocidos pendientes de ejercitar o ejercitándose —licencias otorgadas en ejecución—; en segundo lugar, en cualquier supuesto —sea el previsto de fuerza mayor en la Ley o en el resto de los supuestos— se necesitará autorización de la Administración Cultural para cualquier intervención sobre el inmueble por mínima que esta sea y ello dará lugar en su caso a la modificación de los condicionantes de la licencia otorgada, llegando incluso a su denegación posterior. El interesado que se sienta perjudicado en sus intereses o derechos puede pedir responsabilidad patrimonial a la Administración, que procederá conforme a la regulación establecida para estos casos17. Los artículos siguientes son los de más honda significación y trascendencia en el ámbito municipal y representan la prueba de que la Administración local no es sólo mera receptora pasiva de la normativa sobre Patrimonio Histórico, sino partícipe activo de primer orden y verdadero protagonista en la conservación de este tipo de bienes. El artículo 20 es uno de los más complejos de los contenidos en el texto legal. Sus cuatro apartados merecen ser estudiados pormenorizadamente y han sido objeto de análisis continuado por la Jurisprudencia y la doctrina científica. El primer apartado establece que «La declaración de un conjunto histórico, sitio histórico o zona arqueológica, como bienes de interés cultural, determinará la obligación para el municipio o municipios en que se encontraren de redactar un Plan

17. El marco ha quedado establecido a nivel legal, cumpliendo el mandato constitucional del artículo 33.3 que establece que «nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto en las leyes», en la Ley 30/1992 de 26 de noviembre, citada anteriormente, en sus artículos 139-144, y a nivel reglamentario mediante el Reglamento de los procedimientos en materia de responsabilidad patrimonial de las Administraciones Públicas, aprobado por Real Decreto 429/1993, de 26 de marzo. Sobre esta cuestión puede consultarse el estudio centrado en la indemnizaciones de los catálogos urbanísticos de Santiago GonzálezVaras (2005, Págs. 217-230).

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especial de protección del área afectada por la declaración u otro instrumento de planeamiento de los previstos en la legislación urbanística que cumpla en todo caso las exigencias en esta Ley establecidas. La aprobación de dicho Plan requerirá el informe favorable de la Administración competente para la protección de los bienes culturales afectados. Se entenderá emitido informe favorable transcurridos tres meses desde la presentación del Plan. La obligatoriedad de dicho Plan no podrá excusarse en la preexistencia de otro planeamiento contradictorio con la protección, ni en la inexistencia previa de planeamiento general». Varios comentarios deben hacerse sobre su contenido: — Existe obligación para el ayuntamiento de la redacción de un plan específico que tenga la finalidad de proteger y conservar, conforme a los contenidos mínimos que establecen el apartado segundo de este artículo y el artículo 21.1, sin perjuicio de la legislación urbanística aplicable. — Esta obligación se predica respecto de tres de las categorías que establece la Ley en su artículo 15: conjunto histórico, sitio histórico y zona arqueológica18. Por tanto, esta obligación no rige respecto de las otras figuras de protección contempladas en la Ley: monumento y jardín histórico. Además, teniendo en cuenta lo prevenido en el artículo 11.1 sobre aplicación provisional del régimen de protección a los bienes afectados por la incoación del expediente, no sólo habrá que realizar el planeamiento en el caso de bienes ya declarados, sino también en el de los que sólo tienen la resolución por la que se incoa el procedimiento y éste está aún en tramitación. — Para que el plan sea válido se requiere informe de la Administración Cultural autonómica y éste ha de ser favorable. Sin ese informe el plan no se entiende con contenido de protección19. El transcurso del plazo sin que se emita informe tiene como efecto el que se entienda evacuado favorablemente, empezando a contar desde el momento en que la Administración informante lo recibe oficialmente.
18. Conviene recordar la definición legal de cada categoría referida. Conjunto histórico «es la agrupación de bienes inmuebles que forman una unidad de asentamiento, continua o dispersa, condicionada por una estructura física representativa de la evolución de una comunidad humana por ser testimonio de su cultura o constituir un valor de uso y disfrute para la colectividad. Asimismo es conjunto histórico cualquier núcleo individualizado de inmuebles comprendidos en una unidad superior de población que reúna esas mismas características y pueda ser claramente delimitado». A su vez, sitio histórico «es el lugar o paraje natural vinculado a acontecimientos o recuerdos del pasado, a tradiciones populares, creaciones culturales o de la naturaleza y a obras del hombre, que posean valor histórico, etnológico, paleontológico o antropológico». Zona arqueológica «es el lugar o paraje natural donde existen bienes muebles o inmuebles susceptibles de ser estudiados con metodología arqueológica, hayan sido o no extraídos y tanto si se encuentran en la superficie, en el subsuelo o bajo las aguas territoriales españolas». Sobre los conjuntos históricos resultan muy útiles las reflexiones de Martín Bassols (2000, Págs. 91-110). 19. Aquí se estará a lo prevenido en el artículo 32 de la Ley 1/1991 y a lo establecido en la Ley de Ordenación Urbanística de Andalucía, Ley 7/2002 de 17 de diciembre, especialmente sus artículos 14.1 b), 31, 32, 33 y 34.

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— El plan especial suele ser desarrollo del Plan General de Ordenación Urbana, pero no hay impedimento en que el propio PGOU tenga el suficiente contenido de protección para que sea informado y, por tanto, validado a los efectos del artículo 20, que por otro lado es bastante flexible respecto al tipo de instrumento a aplicar. El apartado segundo establece los contenidos mínimos que han de poseer estos planes20, contenido que la Ley 7/2002 en su artículo 14 formula con carácter abstracto al preceptuar que «tendrán el contenido necesario y adecuado a su objeto». El apartado tercero establece el régimen transitorio aplicable en tanto no exista planeamiento que cumpla este artículo y así establece que «hasta la aprobación definitiva de dicho Plan el otorgamiento de licencias o la ejecución de las otorgadas antes de incoarse el expediente declarativo del conjunto histórico, sitio histórico o zona arqueológica, precisará resolución favorable de la Administración competente para la protección de los bienes afectados y, en todo caso, no se permitirán alineaciones nuevas, alteraciones en la edificabilidad, parcelaciones ni agregaciones». Es decir, cualquier actuación sobre el área sujeta a protección por alguna de esas tres categorías estará sujeta a previo estudio y autorización por parte de la Administración Cultural autonómica21. En este régimen transitorio se descarta la posibilidad de que se produzcan nuevas alineaciones, cambios de edificabilidad o en el parcelario afecto al área protegida. Con ello se pretende hacer cumplir la finalidad de la declaración como bien de interés cultural del territorio que se protege, impidiéndose modificación alguna que no esté incluida en el futuro plan de protección y que por la vía de hecho, mediante actuaciones parciales, se desvirtúe aquel fin. Más adelante se verá que el plan tendrá, al respecto, fuertes condicionantes en la materia. El apartado cuarto de este artículo 20 establece que «desde la aprobación definitiva del Plan a que se refiere este artículo, los Ayuntamientos interesados serán competentes para autorizar directamente las obras que desarrollen el planeamiento aprobado y que afecten únicamente a inmuebles que no sean monumentos ni jardines históricos ni estén comprendidos en su entorno, debiendo dar cuenta a la Administración competente para la ejecución de esta Ley de las autorizaciones o licencias concedidas en el plazo máximo de diez días desde su otorgamiento. Las obras que

20. Este apartado segundo del artículo 20 dice así: «El Plan a que se refiere el apartado anterior establecerá para todos los usos públicos el orden prioritario de su instalación en los edificios y espacios que sean aptos para ello. Igualmente contemplará las posibles áreas de rehabilitación integrada que permitan la recuperación del área residencial y de las actividades económicas adecuadas. También deberá contener los criterios relativos a la conservación de fachadas y cubiertas e instalaciones sobre las mismas». 21. El vigente Reglamento de Organización Administrativa del Patrimonio Histórico de Andalucía, aprobado por Decreto 4/1993 de 26 de febrero, establece en su artículo 5.23 que el órgano competente es el Director General de Bienes Culturales. No obstante, esta competencia ha sido delegada por Resolución de 1 de junio de 1999 de dicha Dirección General (BOJA de 26 de junio) en los Delegados Provinciales de la Consejería de Cultura. Este órgano provincial se asesora en su decisión por la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico, conforme al artículo 27 del Reglamento de Organización citado.

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se realicen al amparo de licencias contrarias al Plan aprobado serán ilegales y la Administración competente podrá ordenar su reconstrucción o demolición con cargo al organismo que hubiera otorgado la licencia en cuestión, sin perjuicio de lo dispuesto en la legislación urbanística sobre las responsabilidades por infracciones». Por tanto, automáticamente una vez aprobado y en vigor el plan de protección, las competencias más importantes respecto de la acción sobre el patrimonio histórico en el territorio lo tiene de forma protagonista y en exclusiva el poder local y no ya la Administración Cultural, a la que se deberá informar de las distintas actuaciones que se autoricen en el área protegida22. En ningún caso, al no existir plan al respecto, el ayuntamiento tiene competencias sobre monumentos y jardines históricos, pero sobre sus entornos se estará a lo dispuesto por la Ley 1/1991 en su artículo 38. El artículo 21 de la Ley 16/1985 contiene prescripciones o prohibiciones que el plan de protección tendrá que seguir. El apartado primero establece que «en los instrumentos de planeamiento relativos a conjuntos históricos se realizará la catalogación, según lo dispuesto en la legislación urbanística, de los elementos unitarios que conforman el conjunto, tanto inmuebles edificados como espacios libres exteriores o interiores, u otras estructuras significativas, así como de los componentes naturales que lo acompañan, definiendo los tipos de intervención posible. A los elementos singulares se les dispensará una protección integral. Para el resto de los elementos se fijará, en cada caso, un nivel adecuado de protección», por lo que a lo comentado anteriormente sobre el contenido de este tipo de planes habrá que añadir la catalogación de los elementos que configuran los conjuntos históricos23. El apartado segundo de este artículo dispone «excepcionalmente, el Plan de protección de un conjunto histórico podrá permitir remodelaciones urbanas, pero solo en caso de que impliquen una mejora de sus relaciones con el entorno territorial o urbano o eviten los usos degradantes para el propio conjunto». Estamos ante una de las limitaciones establecidas por la ley respecto del contenido del planeamiento. Las remodelaciones urbanas sólo se permiten en dos casos y siempre con el carácter de excepcional: cuando provoquen una mejora en su entorno o para evitar usos perniciosos que vayan contra los valores protegidos con la declaración de conjunto histórico. La aclaración y acotación de esta limitación la ofrece el mismo artículo en su tercer apartado, precepto con enorme consecuencias prácticas sobre el desarrollo de actuaciones en el conjunto histórico. Establece que «la conservación de los conjuntos históricos declarados bienes de interés cultural comporta el mantenimiento de las estructura urbana y arquitectónica, así como de las características generales de su ambiente. Se considerarán excepcionales las sustituciones de inmuebles, aunque

22. Sobre las limitaciones y condiciones de este artículo 20, véase el trabajo citado de Luciano Parejo, especialmente Págs. 76-79. 23. Respecto a los catálogos de este tipo de elementos resulta muy interesante el trabajo preliminar de Mª del Rosario Alonso (2004) y su estudio más completo y definitivo (2005), donde se contiene la evolución histórica de esta figura y una comparativa de la normativa de las distintas comunidades autónomas, junto a un elenco de la jurisprudencia sobre el particular. También las enseñanzas sobre su ejecución y la problemática que puede entrañar son recogidas en el estudio ya citado efectuado por Santiago González-Varas.

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sean parciales, y sólo podrán realizarse en la medida en que contribuya a la conservación general de carácter del conjunto. En todo caso, se mantendrán las alineaciones urbanas existentes»24. El principio general, como ya adelantaba el apartado anterior, es el de mantenimiento de la trama urbana y del ambiente que le es propio, tal como ha quedado protegida con el expediente de declaración. Las alineaciones urbanas no podrán modificarse en ningún caso, como tampoco podrán sustituirse ni siquiera parcialmente las edificaciones que conforman dicha trama, excepto si con ello se contribuye al mantenimiento del resto y aún así siempre con carácter excepcional. El artículo 2325 es un recordatorio a los ayuntamientos sobre la necesidad de obtener autorización previa de la Administración Cultural para el otorgamiento de licencias de obras, en el caso de que no exista plan de protección y en el resto de los supuestos en que la Administración autonómica mantiene sus competencias sin delegar. Asimismo recuerda los efectos jurídicos de su incumplimiento: a la ilegalidad de las obras que no cuenten con esta autorización —obras que podrán ser reconducidas a su estado anterior por la Administración—, hay que sumar la posible aplicación del precepto que regula las infracciones administrativas26, sin descartar en casos puntuales acudir al Código Penal. El artículo 24 establece que los expedientes que se lleven por ruina de inmuebles afectados por una declaración de bien de interés cultural —incluidos los conjuntos, sitios y zonas arqueológicas y aunque exista plan de protección— deberán notificarse a la Administración Cultural para que pueda intervenir como interesada. Su apartado segundo recuerda que en ningún caso, aunque exista firmeza en la declaración de ruina, se podrá demoler el inmueble sin previa autorización de dicha Administración, que conserva siempre tal competencia. Este extremo debe quedar bien claro en la resolución que declare la ruina y, por tanto, nunca podrá expedirse licencia de derribo sin la previa concesión de la autorización de la Administración Cultural. El apartado tercero establece que el ayuntamiento en tanto no exista tal autorización deberá proceder a tomar las medidas oportunas para evitar daños a las personas o los bienes, pero no podrá autorizar ninguna demolición parcial por segu-

24. Respecto de este apartado resulta imprescindible consultar la Sentencia del Tribunal Supremo de 5 de marzo de 1999. Concepción Barrero (1999, Págs. 301-308) realiza un comentario clarificador sobre esta cuestión. 25. Dice así: «1. No podrán otorgarse licencias para la realización de obras que, conforme a lo previsto en la presente Ley, requieran cualquier autorización administrativa hasta que esta haya sido concedida. 2. Las obras realizadas sin cumplir lo establecido en el apartado anterior serán ilegales y los Ayuntamientos o, en su caso, la Administración competente en materia de protección del Patrimonio Histórico Español podrán ordenar su reconstrucción o demolición con cargo al responsable de la infracción en los términos previstos por la legislación urbanística». 26. El artículo 76.1 establece «Salvo que sean constitutivos de delitos, los hechos que a continuación se mencionan constituyen infracciones administrativas que serán sancionadas conforme a lo dispuesto en este artículo: c) El otorgamiento de licencias para la realización de obras que no cumpla lo dispuesto en el artículo 23. e) La realización de cualquier clase de obra o intervención que contravenga lo dispuesto en los artículos 16, 19, 20, 21, 25, 37 y 39».

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ridad sin haber obtenido autorización al respecto de la Administración autonómica. Se pretende con ello evitar el que por la vía de las demoliciones parciales de emergencia se alcance el fin prohibido por la norma de demolición total sin previa autorización. La ley prevé como infracción –sin descartar el que se cometa ilícito penaltales demoliciones no autorizadas previamente cuenten o no con licencia municipal27. Este artículo 24 está en relación con el 37 del mismo texto legal que permite a la Administración Cultural impedir un derribo o suspender una obra en un inmueble afectado por una declaración —o simplemente la incoación del procedimiento por aplicación del artículo 11, como ya se expresó más arriba— de bien de interés cultural, incluso actuar de esa manera aunque no exista tal declaración, pero en tal caso se deberá incoar procedimiento de declaración o permitir la continuidad de la actuación suspendida. Para esto último se requiere un acto expreso de la Administración Cultural, no siendo automático el levantamiento de la suspensión por el transcurso del plazo. Lo que sí puede proceder es pedir responsabilidad patrimonial a dicha Administración si no se levanta el impedimento una vez vencido el plazo y no habiéndose incoado el procedimiento de declaración como bien de interés cultural. Este mismo artículo 37 en su apartado tercero28 abre la puerta a la vía de la expropiación de inmuebles tanto por la Administración Cultural como por los municipios, que sin embargo no tienen prioridad en su ejercicio. Debe quedar claro que ha de existir una de las posibles causas de expropiación que el precepto tasa en tres casos: peligro de destrucción o deterioro o uso incompatible con los valores protegi-

27. El artículo 24 preceptúa «1) Si a pesar de lo dispuesto en el artículo 36, llegara a incoarse expediente de ruina de algún inmueble afectado por expediente de declaración de bien de interés cultural, la Administración competente para la ejecución de esta Ley estará legitimada para intervenir como interesado en dicho expediente, debiéndole ser notificada la apertura y las resoluciones que en el mismo se adopten. 2) En ningún caso podrá procederse a la demolición de un inmueble, sin previa firmeza de la declaración de ruina y autorización de la Administración competente, que no la concederá sin informe favorable de al menos dos de las Instituciones consultivas a las que se refiere el artículo 3. 3) Si existiera urgencia y peligro inminente, la entidad que hubiera incoado expediente de ruina deberá ordenar las medidas necesarias para evitar daños a las personas. Las obras que por razón de fuerza mayor hubieran de realizarse no darán lugar a actos de demolición que no sean estrictamente necesarios para la conservación del inmueble y requerirán en todo caso, la autorización prevista en el artículo 16.1, debiéndose prever además en su caso la reposición de los elementos retirados». A su vez el ya citado artículo 76 prevé como infracción, además de la mencionada en su apartado e), la del apartado g) —que tiene la condición de muy grave por razón de la cuantía de la multa imponible— «el derribo, desplazamiento o remoción ilegales de cualquier inmueble afectado por un expediente de declaración de bien de intereses cultural». 28. El artículo 37.3 establece «Será causa justificativa de interés social para la expropiación por la Administración competente de los bienes afectados por una declaración de interés cultural el peligro de destrucción o deterioro, o un uso incompatible con sus valores. Podrán expropiarse por igual causa los inmuebles que impidan o perturben la contemplación de los bienes afectados por la declaración de interés cultural o den lugar a riesgos para los mismos. Los municipios podrán acordar también la expropiación de tales bienes notificando previamente este propósito a la Administración competente, que tendrá prioridad en el ejercicio de esta potestad».

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dos de bienes afectos a una declaración de bien de interés cultural; impedimento o perturbación de la contemplación de bienes afectados por una declaración por parte de inmuebles no protegidos que produzcan estos hechos; o riesgo producido por inmuebles no protegidos sobre inmuebles afectados por una declaración. En todo caso se requiere previamente al inicio del procedimiento de expropiación una declaración de interés social29, que debe ser realizada por el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía. El artículo 69 de la ley estatal establece una serie de beneficios fiscales sobre el patrimonio histórico que afecta a los tributos propios de los poderes locales30, en consonancia con lo que establezcan el texto refundido de la Ley reguladora de las Haciendas Locales31 y las respectivas Ordenanzas Municipales. Como ya se adelantaba más arriba, la regulación del Patrimonio Histórico en Andalucía está en proceso de experimentar una modificación trascendental que se sustancia en la nueva ley de patrimonio histórico andaluz, aprobada por el Parlamento de Andalucía el 14 de noviembre de 2007, que en el momento de redactar el presente trabajo aún no se encuentra en vigor y que sustituye a la aún vigente Ley 1/1991 de 3 de julio. Teniendo en cuenta esta situación de transición entre las dos normas autonómicas, nos ceñiremos a comentar brevemente los artículos vigentes de la Ley 1/1991 y a presentar los cambios más significativos que la nueva normativa supone con respecto a los poderes locales. La ya decana ley de 1991 dedica varios e importantes artículos a los poderes locales, siguiendo en algunos casos el tenor y el espíritu de la Ley 16/1985, por lo que puede ser tachada de continuista, modificando el sentido de la ley estatal en algunos aspectos. El artículo 3 prescribe que «1. Corresponde a la Comunidad Autónoma de Andalucía la competencia exclusiva sobre el Patrimonio Histórico Andaluz, sin perjuicio de las competencias que correspondan al Estado o estén atribuidas a la Administración Local. Además, corresponde a la Comunidad Autónoma la ejecución de la

29. Por aplicación de los artículos 9 y 10 de la vigente Ley de Expropiación Forzosa de 16 de diciembre de 1954. 30. Su redacción dice así: «1) Como fomento al cumplimiento de los deberes y en compensación a las cargas que en esta Ley se imponen a los titulares o poseedores de los bienes integrantes del Patrimonio Histórico Español, además de las exenciones fiscales previstas en las disposiciones reguladoras de la contribución territorial urbana del Impuesto extraordinario sobre el Patrimonio de las Personas Físicas, se establecen los beneficios fiscales fijados en los artículos siguientes. 2) Para disfrutar de tales beneficios, salvo el establecido en el artículo 72.1, los bienes afectados deberán ser inscritos previamente en el Registro general que establece el artículo 12, en el caso de bienes de interés cultural, y en el inventario general a que se refieren los artículos 26 y 53, en el caso de bienes muebles. En el caso de conjuntos históricos, sitios históricos o zonas arqueológicas, sólo se considerarán inscritos los inmuebles comprendidos en ellos que reúnan las condiciones que reglamentariamente se establezcan. 3) En los términos que establezcan las ordenanzas municipales, los bienes inmuebles declarados de interés cultural, quedarán exentos del pago de los restantes impuestos locales que graven la propiedad o se exijan por su disfrute o transmisión, cuando sus propietarios o titulares de derechos reales hayan emprendido o realizado a su cargo obras de conservación, mejora o rehabilitación en dichos inmuebles. 4) En ningún caso procederá la compensación con cargo a los Presupuestos Generales del Estado en favor de los Ayuntamientos interesados». 31. Real Decreto Legislativo 2/2004, de 5 de marzo, artículo 62.

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Legislación Estatal en la materia, en cuanto tal ejecución no resulte expresamente atribuida por el ordenamiento jurídico a la Administración del Estado. 2. Por acuerdo del Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía, y mediante convenio con las corporaciones locales interesadas, podrá delegarse en estas el ejercicio de competencias en la materia, propias de la Administración de la Comunidad Autónoma». Si bien el grueso de las competencias son atribuidas a la Administración Autonómica, se reconoce que la Administración Local tiene de por sí titulo competencial atribuido desde el origen, además del que le pueda ser delegado por dicha Administración Cultural. El artículo 4 es prueba de esta atribución originaria que la Ley les reconoce al establecer que «1.Corresponde a los ayuntamientos la misión de realzar y dar a conocer el valor cultural de los bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz que radiquen en su término municipal. Les corresponde asimismo adoptar, en caso de urgencia, las medidas cautelares necesarias para salvaguardar los bienes del Patrimonio Histórico Andaluz cuyo interés se encontrase amenazado. Todo ello sin perjuicio de las funciones que específicamente se les encomiende mediante esta Ley o en virtud de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico español. 2. Las Administraciones Públicas de la Comunidad Autónoma de Andalucía colaborarán estrechamente entre sí en el ejercicio de sus funciones y competencias para la defensa del Patrimonio Histórico, mediante relaciones recíprocas de plena comunicación, cooperación y asistencia mutua. Las corporaciones locales pondrán en conocimiento de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente las dificultades y necesidades que se les susciten en el ejercicio de sus competencias en esta materia, así como cualquier propuesta que pueda contribuir a la mejor consecución de los objetivos de esta Ley» El artículo 4 del nuevo texto legal establece «1. Las Administraciones Públicas colaborarán estrechamente entre sí en el ejercicio de sus funciones y competencias para la defensa, fomento y difusión del Patrimonio Histórico, mediante relaciones recíprocas de plena comunicación, cooperación y asistencia mutua. 2.Corresponde a los municipios la misión de colaborar activamente en la protección de los bienes integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz que radiquen en su término municipal, en especial a través de la ordenación urbanística, así como realzar y dar a conocer el valor cultural de los mismos. Asimismo podrán adoptar, en caso de urgencia, las medidas cautelares necesarias para salvaguardar los bienes del Patrimonio Histórico Andaluz cuyo interés se encontrase amenazado, sin perjuicio de cualquier otra función que legalmente tengan encomendada. 3. Además de los supuestos de delegación de competencias previstos en la Ley, por acuerdo del Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía, mediante convenio con las entidades locales interesadas, podrá delegarse en éstas el ejercicio de competencias en la materia propias de la Administración de la Junta de Andalucía, dentro del marco establecido en el Estatuto de Autonomía para Andalucía». De la simple lectura se observa que en general se ha seguido la redacción de la ley que se sustituye, pero con algunos matices importantes: se introduce el aspecto crucial en la nueva ley de la ordenación urbanística como fundamento de la protección y conservación del patrimonio32; y, por otro lado, se abre
32. En el preámbulo de la nueva ley se explica sobre su contenido que «destaca el deber de colaboración entre las Administraciones Públicas, enfatizando el papel que han de desempeñar los municipios en la defensa y protección del Patrimonio Histórico a través del planeamiento urbanístico».

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el abanico de las posibilidades de descentralización que el nuevo Estatuto de Autonomía33 permite mediante la delegación de competencias autonómicas, aunque no esté recogida expresamente esa posibilidad en el texto de la ley. El artículo 9 de la Ley 1/1991 regula el procedimiento de inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico. En él se establece la obligación de dar audiencia a los ayuntamientos donde se ubiquen los bienes inmuebles afectados por la declaración. Por su parte, el artículo 9 de la nueva ley de patrimonio histórico refuerza el carácter de interesado de los ayuntamientos en los procedimientos de inscripción, con una regulación muy pormenorizada según el tipo de bien que se pretenda proteger34. Novedad trascendental en el ámbito de gestión urbanística en relación con bienes histórico va a suponer el nuevo artículo 13, cuyo contenido es muy significativo al prescribir que «1. Se constituye el Inventario de Bienes Reconocidos del Patrimonio Histórico Andaluz, al objeto de facilitar su identificación como integrantes de dicho Patrimonio, correspondiendo a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico su formación, conservación y difusión. 2. Formarán parte de este Inventario los bienes inmuebles y los espacios vinculados a actividades de interés etnológico a los que en virtud de resolución de la Dirección General competente en materia de patrimonio histórico se les reconozca como integrantes del Patrimonio Histórico Andaluz. Dicha resolución se publicará en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía y contendrá, al menos, la identificación, descripción y localización de los bienes reconocidos. Asimismo, formarán parte de este Inventario los bienes inmuebles en los que concurran alguno de los valores enumerados en el artículo 2 de esta Ley, así como aquellos espacios vinculados a actividades de interés etnológico contenidos en los catálogos urbanísticos, una vez que hayan sido incluidos en el registro administrativo

33. Aprobado mediante la Ley Orgánica 2/2007, de 19 de marzo. 34. El artículo 9, apartados 3 y 4, de la nueva ley preceptúa que «3) En el procedimiento para la inscripción de los Bienes de Interés Cultural, en el caso de bienes inmuebles y de actividades de interés etnológico, será preceptivo un trámite de información pública, así como de audiencia al Municipio del término donde radique el bien o la actividad y a otros organismos públicos afectados. En la inscripción de Monumentos y Jardines Históricos se dará, además, trámite de audiencia a los particulares directamente afectados en sus derechos. En el caso de bienes muebles sólo será preceptivo el trámite de audiencia a los particulares directamente afectados. 4) En el procedimiento para la inscripción de bienes de catalogación general, se seguirán las siguientes reglas: (a) En el caso de bienes inmuebles y de actividades de interés etnológico, será preceptivo un trámite de información pública, así como de audiencia al Municipio del término donde radique el bien o la actividad. En la inscripción de bienes inmuebles individualizados se dará, además, trámite de audiencia a los particulares directamente afectados en sus derechos. (b) En el caso de bienes muebles, o de bienes del Inventario General de Bienes Muebles del Patrimonio Histórico Español será preceptivo un trámite de audiencia a los particulares directamente afectados en sus derechos. (c) En todo caso se requerirá informe favorable de alguno de los órganos consultivos reconocidos en esta Ley. Transcurridos dos meses desde la solicitud del informe sin que éste hubiera sido emitido, se entenderá emitido favorablemente».

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previsto en la normativa urbanística. A tal fin la Consejería responsable del citado registro comunicará a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico las inscripciones que en el mismo se produzcan. No formarán parte de este Inventario los bienes que se inscriban en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. 3. Los municipios cuando elaboren o modifiquen sus catálogos urbanísticos, incluirán necesariamente en los mismos aquellos bienes inmuebles y espacios del Inventario, reconocidos por resolución de la Dirección General competente en materia de patrimonio histórico, que radiquen en su término municipal». Varios comentarios merece el nuevo precepto: — Los bienes que se incluyan en este nuevo inventario de bienes reconocidos no estarán inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, por lo que no gozarán de la protección que otorga la Ley a los así inscritos, más allá de la general para el conjunto de bienes del patrimonio histórico que son definidos en el artículo 2. La protección será, por tanto, de naturaleza urbanística, derivada de su inclusión obligatoria en los catálogos urbanísticos que se redacten dentro de los planes de protección de los municipios. — Exclusivamente está configurado el precepto para bienes inmuebles —ya que los espacios vinculados a actividades de interés etnológico participan también de tal naturaleza. — Se integrarán mediante acto administrativo de la Dirección General de Bienes Culturales con forma de resolución, teniendo en cuenta los dictámenes o estudios técnicos que le hayan servido de base. Se hará público por la inserción en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía. — Los que formen ya parte de los catálogos urbanísticos y estén incluidos en el registro habilitado a tal efecto en la Consejería competente en la materia — actualmente la de Obras Públicas—, serán automáticamente incluidos en el inventario. Se configura así el inventario como un registro de doble dirección: los que pertenezcan al mismo serán objeto de inclusión en los catálogos urbanísticos y, a su vez, los incluidos en éstos pasarán a formar parte del inventario. El artículo 18 de la aún vigente ley de 1991 establecía la posibilidad de que los ayuntamientos pudieran ejercer los derechos de tanteo y retracto sobre bienes inscritos en el Catálogo o subastados, bien en su nombre por la Consejería de Cultura, bien directamente por ellos con el matiz de que la preferencia para el ejercicio la tiene la Administración Autonómica. El artículo 17 de la nueva ley sigue el esquema de la anterior, aclarando en su apartado 3º que el precio deberá ser abonado en su caso por la entidad beneficiaria35.

35. Dice así la nueva redacción: «3. Durante el indicado plazo la Consejería competente en materia de patrimonio histórico podrá ejercitar el derecho de tanteo para sí o para las entidades locales y otras entidades de derecho público o entidades privadas sin ánimo de lucro que tengan una destacada finalidad cultural, quedando en tal caso la Consejería o la entidad beneficiaria obligada a abonar el precio por el que se iba a enajenar el bien de que se trate».

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Como ya preveía la Ley 16/1985, la legislación andaluza también regula la vía de la expropiación forzosa sobre bienes inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico con una serie de causas tasadas para la expropiación: posibilitar la contemplación de bienes catalogados, facilitar su conservación o eliminar circunstancias que atenten contra sus valores o su seguridad. El artículo 20 de la ley de 1991 establece a su vez que los municipios podrán acordar también tal vía de expropiación, previa notificación a la Comunidad Autónoma, que tendrá preferencia en su ejercicio. El artículo 19 permite que la expropiación sea total o parcial. El nuevo texto legal de 2007 introduce en su artículo 18 el mismo contenido de los dos preceptos anteriores. Una de las grandes novedades que la nueva ley presenta es su artículo 19 dedicado a la contaminación visual o perceptiva, puesto que ni la anterior ley andaluza de 1991, ni la Ley estatal de 1985, ni en general la regulación autonómica, recogen este concepto36, que es definido y acotado legalmente. Establece asimismo una obligación para los ayuntamientos de incorporar en los planes urbanísticos y ordenanzas correspondientes medidas que eviten este problema, pero con unos apartados mínimos. Esta regulación tendrá una especial incidencia en aquellos municipios que cuenten con conjuntos históricos, sitios históricos o zonas arqueológicas. Precisamente el artículo 27 define las distintas tipologías de protección de bienes inmuebles, que varían en su definición de le ley estatal. Así en el caso de conjuntos históricos se dice que son «las agrupaciones homogéneas de construcciones urbanas o rurales que sobresalgan por su interés histórico, arqueológico, artístico, científico, social o técnico, con coherencia suficiente para constituir unidades susceptibles de clara delimitación» donde resaltan las características de homogeneidad, coherencia y clara delimitación en el territorio. La nueva ley, en su artículo 26 define con matices

36. Este importantísimo precepto, sobre todo en la acción cotidiana en el ámbito local, establece en sus distintos apartados: «1) Se entiende por contaminación visual o perceptiva, a los efectos de esta Ley, aquella intervención, uso o acción en el bien o su entorno de protección que degrade los valores de un bien inmueble integrante del Patrimonio Histórico y toda interferencia que impida o distorsione su contemplación. 2) Los municipios en los que se encuentren bienes inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía deberán recoger en el planeamiento urbanístico o en las Ordenanzas Municipales de Edificación y Urbanización medidas que eviten su contaminación visual o perceptiva. Tales medidas comprenderán, al menos, el control de los siguientes elementos: (a) Las construcciones o instalaciones de carácter permanente o temporal que por su altura, volumetría o distancia puedan perturbar su percepción. (b) Las instalaciones necesarias para los suministros energéticos. (c) Las instalaciones necesarias para telecomunicaciones. (d) La colocación de rótulos, señales y publicidad exterior. (e) La colocación de mobiliario urbano. (f) La ubicación de elementos destinados a la recogida de residuos urbanos. 3) Las personas o entidades titulares de instalaciones o elementos a los que se refiere este artículo estarán obligadas a retirarlos en el plazo de seis meses cuando se extinga su uso«. Por su parte, relacionada con este precepto se establece por la Disposición Transitoria 2ª que «en el plazo de tres años a contar desde la entrada en vigor de la Ley, los municipios que se encuentren en el supuesto contemplado en el artículo 19 de la misma, deberán elaborar un plan de descontaminación visual o perceptiva que deberá ser aprobado por la Consejería competente en materia de patrimonio histórico».

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distintos el conjunto histórico37, al tener en cuenta la geografía que lo caracterice e introducir los valores industrial, paleontológico o etnológico como fundamento de su protección, eliminando el requisito de la homogeneidad, característica que no siempre se cumple en la práctica en este tipo de bienes. Respecto a los sitios históricos, el citado artículo 27 de la ley de 1991 establecía que se considerarían tales los «lugares susceptibles de delimitación espacial unitaria que tengan un interés destacado bajo el aspecto histórico, arqueológico, artístico, científico, social o técnico», donde destacaba el requisito de su ámbito territorial unitario, cuestión que se ha eliminado en la nueva regulación de 200738, acercándose a la definición de la ley estatal que se consideró más acabada técnicamente para comprender todos los lugares de esta naturaleza, pero incluyéndole los mencionados valores industrial, paleontológico o etnológico. Las zonas arqueológicas se configuraban en la Ley 1/1991 como «aquellos espacios claramente delimitados en los que se hayan comprobado la existencia de restos arqueológicos de interés relevante», añadiendo la nueva ley «o paleontológicos de interés relevante relacionados con la historia de la humanidad». Tanto en la ley aún vigente como en el nuevo texto legal la definición se hacía en contrapunto a otra figura, de naturaleza cautelar y no de protección, novedosa en la regulación del patrimonio: la zona de servidumbre arqueológica39, regulada en los artículos 48 y 49 tanto de la ley de 1991 como del nuevo texto legal. La nueva normativa aprobada presenta una nueva tipología que tiene como fundamento el territorio: la zona patrimonial40. El texto las define como «aquellos territorios o espacios que constituyen un conjunto patrimonial, diverso y complementario, integrado por bienes diacrónicos representativos de la evolución humana, que poseen un valor de uso y disfrute para la colectividad y, en su caso, valores paisajísticos y ambientales». En el texto late la idea de la interrelación de intereses públicos en un mismo espacio territorial, con la vista puesta en la gestión integral del mismo mediante el instrumento de parque cultural, en la que los ayuntamientos pueden tener un protagonismo singular. Así el artículo 79 de la nueva ley establece que «los Parques Culturales son aquellos Espacios Culturales que abarcan la totalidad de una o más Zonas Patrimoniales que por su importancia cultural requieran la constitución de un órgano de gestión en el que participen las administraciones y sectores implicados».

37. «Son Conjuntos Históricos las agrupaciones de construcciones urbanas o rurales junto con los accidentes geográficos que las conforman, relevantes por su interés histórico, arqueológico, paleontológico, artístico, etnológico, industrial, científico, social o técnico, con coherencia suficiente para constituir unidades susceptibles de clara delimitación». 38. Dice el apartado correspondiente que «Son Sitios Históricos los lugares vinculados a acontecimientos o recuerdos del pasado, a tradiciones, creaciones culturales o de la naturaleza y a obras humanas, que posean un relevante valor histórico, etnológico, arqueológico, paleontológico o industrial». 39. Sobre su significación e importancia en la práctica puede consultarse mi trabajo sobre protección de restos arqueológicos en Andalucía (Molina, 2006, Págs. 92-93). 40. Puede consultarse sobre esta cuestión el excelente trabajo de Javier Verdugo (2005, Págs. 94-105), que además es inspirador de esta regulación como técnico de la comisión de redacción del borrador de anteproyecto de ley.

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Tanto el texto de 1991 como la nueva redacción legal de 2007 contienen una serie de preceptos, mayoritariamente de carácter patrimonial urbanístico, con una honda significación y efectos para los poderes locales. Es una regulación particularmente compleja que en el caso de la nueva ley ha supuesto la adaptación a la normativa vigente en materia de planeamiento que en Andalucía encarna principalmente la Ley 7/2002 de Ordenación Urbanística. El artículo 3041 del texto aún vigente establece la posibilidad de adecuar el planeamiento urbanístico a la protección llevada a cabo mediante inscripción específica de bienes inmuebles en el Catálogo General o en aplicación de la normativa estatal de protección del patrimonio histórico, incluyendo la posibilidad de instar de la Consejería de Obras Públicas el que inicie el procedimiento de elaboración forzosa para su adecuación a la protección patrimonial otorgada, pudiéndose llegar a instar del Consejo de Gobierno la suspensión del planeamiento afectado y la aprobación de normas subsidiarias —extremo éste que no ha sido llevado a la práctica. Los artículos 31 y 3242 regulan la expedición de informes preceptivos por parte de la Administración

41. El texto del artículo establece «1) La inscripción específica de bienes inmuebles en el catálogo general del Patrimonio Histórico Andaluz, podrá llevar aparejada la adecuación el planeamiento urbanístico a las necesidades de protección de tales bienes. 2) Cuando resulte necesario para garantizar el cumplimiento de lo previsto en el párrafo anterior o en el artículo 20 de la Ley 16/1985, de 25 de junio, la Consejería de Cultura y Medio Ambiente instará a la consejería competente en materia urbanística para que ponga en marcha el procedimiento de elaboración, modificación o revisión forzosa del planeamiento en los términos previstos en la legislación urbanística. 3) Con el fin de facilitar la elaboración del planeamiento urbanístico que resulte necesario y asegurar su adecuación a los objetivos de esta Ley, la Consejería de Cultura y Medio Ambiente podrá establecer directrices para la formación, modificación o revisión del mismo. 4) En el supuesto de que la protección de bienes inscritos específicamente en el catálogo general del Patrimonio Histórico Andaluz o sometidos al régimen de bienes de interés cultural así lo exija, el Consejero de Cultura y Medio Ambiente podrá instar, conjuntamente con el de obras públicas y transportes, al consejo de Gobierno para que proceda a la suspensión del planeamiento urbanístico y la aprobación de normas complementarias y subsidiarias de planeamiento en los términos previstos en el artículo 51 del texto refundido de la Ley sobre régimen del suelo y ordenación urbana, aprobado mediante Real Decreto 1345/1976, de 9 de abril». 42. Prescriben dichos artículos «Artículo 31.- 1) En la tramitación de planes territoriales o urbanísticos, así como de los planes y programas de carácter sectorial, que afecten a bienes inmuebles objeto de inscripción específica en el catálogo general del Patrimonio Histórico Andaluz o declarados bien de interés cultural, será oída la Consejería de Cultura y Medio Ambiente una vez que los documentos hayan adoptado su redacción final y antes de ser sometidos a aprobación definitiva. 2) El trámite previsto en el párrafo anterior será igualmente de aplicación a la revisión o modificación de planes y programas. 3) Con el fin de facilitar la coordinación interadministrativa se notificará a la Consejería de Cultura y Medio Ambiente la iniciación del procedimiento de elaboración, modificación o revisión de los planes o programas a que hace referencia el apartado 1 de este artículo, y se incluirá a esta Consejería entre los órganos a consultar en el supuesto de que sea preceptiva la realización de trámites de información pública o institucional. Artículo 32.- 1) A los efectos de dar cumplimiento a lo previsto en el artículo 20 de la Ley 16/1985, de 26 de junio, y el artículo 30 de esta Ley, la ordenación urbanística de los conjuntos

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Cultural en la tramitación de planes, que tendrán en principio un efecto distinto, según el contenido y la naturaleza del plan. El dato de mayor relevancia es que el plan tenga contenido de protección patrimonial para conjuntos, sitios históricos, zonas arqueológicas —enlazando la legislación autonómica con la Ley 16/1985, particularmente con la regulación antes comentada de su artículo 20— o lugares de interés etnológico. En este caso, el artículo 32 exige informe favorable —con carácter vinculante— de la Consejería de Cultura y regula el sentido positivo del silencio por el transcurso de tres meses sin haberse evacuado. Ofrece una relación de instrumentos de planeamiento que pueden cumplir los fines de protección, pero deja con buen criterio una cláusula abierta para otras figuras que se creen por la legislación urbanística. Se establece el principio general de que dicho planeamiento de protección se haga en una sola ocasión y para toda el área afectada, introduciéndose la posibilidad excepcional de la zonificación por espacios homogéneos –son los casos de las grandes ciudades como el conjunto histórico de Sevilla o con conjuntos con una especial problemática. Preceptúa el momento procedimental en que el informe debe ser evacuado y las materias sobre las que habrá de informar. Si no estamos ante supuestos de planes con contenido de protección que afecten a algunas de las distintas tipologías señaladas, el artículo 31 dispone la obligación de que la Consejería de Cultura sea escuchada al respecto cuando afecten a bienes inmuebles incluidos en el Catálogo General o declarados bienes de interés cultural – por lo que el informe será preceptivo, pero no necesariamente vinculante. La nueva ley ha reformado de manera importante este marco jurídico establecido, adaptándose de una manera más adecuada a la actual regulación urbanística

históricos, sitios históricos, zonas arqueológicas o lugares de interés etnológico, tanto catalogados como declarados de interés cultural, podrán llevarse a cabo mediante los siguientes instrumentos: (a) Planes especiales de protección o de reforma interior. (b) Planes generales de ordenación urbana. (c) Normas subsidiarias o complementarias de planeamiento de ámbito municipal. (d) Planes parciales. (e) Cualquier otro instrumento de planeamiento que se cree por la legislación urbanística, siempre que, ajustándose en todo caso a las exigencias establecidas en esta Ley, cumpla funciones equivalentes a los anteriormente enumerados. 2) La elaboración y aprobación del planeamiento a que hace referencia el apartado anterior se llevará a cabo de una sola vez para el conjunto del área o, excepcionalmente y previo informe favorable de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente, de modo parcial por zonas que merezcan una consideración homogénea. 3) En la formación, modificación o revisión del planeamiento a que hace referencia este artículo se señalarán los criterios para la determinación de los elementos tipológicos básicos de las construcciones y de la estructura o morfología urbana que deban ser objeto de potenciación o conservación. 4) El informe de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente en relación con los instrumentos de planeamiento previstos en este artículo tendrá carácter vinculante y se producirá con posterioridad a la aprobación provisional de los mismos y antes de su aprobación definitiva. El plazo para la emisión de dicho informe será de tres meses, contados a partir de la recepción de la documentación correspondiente; transcurridos los cuales, se entenderá emitido con carácter favorable. 5) La revisión o modificación del planeamiento urbanístico en las áreas a que hace referencia el apartado 1 de este artículo se someterá, igualmente, al informe vinculante de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente, en idénticas condiciones a las exigidas para la aprobación del mismo.»

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vigente, muy diferente a la que existía cuando se aprobó la Ley de 1991. Ahora se le dedica un capítulo especial a esta materia, el capítulo II del Título III, sobre planeamiento de protección y prevención ambiental, que contiene los artículos 29 a 32. El nuevo artículo 29, titulado de los Instrumentos de ordenación y planes con incidencia patrimonial establece que «1. Los instrumentos de ordenación territorial o urbanística, así como los planes o programas sectoriales que incidan sobre bienes integrantes del Patrimonio Histórico identificarán, en función de sus determinaciones y a la escala que corresponda, los elementos patrimoniales y establecerán una ordenación compatible con la protección de sus valores y su disfrute colectivo. En el caso de planes urbanísticos, los elementos patrimoniales se integrarán en el catálogo urbanístico. 2. A tal fin, las entidades promotoras de su redacción solicitarán información a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico sobre los bienes integrantes del Patrimonio Histórico dentro del ámbito previsto. Ésta remitirá la información solicitada en el plazo de un mes, relacionando todos los bienes identificados y su grado de protección, los cuales deberán ser objeto de un tratamiento adecuado en el plan o programa correspondiente, pudiéndose aportar directrices para su formulación. 3. Los planes urbanísticos deberán contar con un análisis arqueológico en los suelos urbanos no consolidados, los suelos urbanizables y los sistemas generales previstos, cuando de la información aportada por la Consejería competente en materia de patrimonio histórico, recabada conforme al apartado anterior, haya constancia o indicios de la presencia de restos arqueológicos. El contenido del análisis arqueológico se determinará reglamentariamente. 4.Aprobado inicialmente el plan o programa de que se trate, cuando incida sobre bienes incoados o inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico de Andalucía, en el Inventario de Bienes Reconocidos o sobre Zonas de Servidumbre Arqueológica, se remitirá a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico para su informe, que tendrá carácter preceptivo cuando se trate de instrumentos de ordenación territorial y carácter vinculante cuando se trate de instrumentos de ordenación urbanística o de planes o programas sectoriales. El informe deberá ser emitido en el plazo de dos meses. En caso de no ser emitido en este plazo, se entenderá favorable. 5. Si en el procedimiento de aprobación del plan se produjeran modificaciones en el documento informado que incidan sobre el Patrimonio Histórico, el órgano competente para su tramitación volverá a recabar informe de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico, que dispondrá del mismo plazo establecido en el apartado cuarto. En caso de no ser emitido en ese plazo, el mismo se entenderá favorable. 6. Lo previsto en este artículo será igualmente de aplicación para la revisión o modificación de planes o programas». Se establece en primer lugar una obligación para los distintos planes de contener una referencia mínima del patrimonio histórico sobre el que incidan, llegando a tener que ser incluidos en sus catálogos urbanísticos. Se exige un tratamiento adecuado en el plan, de acuerdo a las directrices que en su caso pueda realizar la Administración cultural, que queda obligada a facilitar la información sobre la protección de cada uno de los bienes afectados, particularmente respecto de la existencia de restos arqueológicos, dadas las cautelas impuestas en el precepto por la ley. El resto del artículo es una transposición de lo comentado antes respecto de la ley de 1991. Por su parte el nuevo artículo 30 establece «1. La inscripción de bienes inmuebles en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz llevará aparejada la obli-

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gación de adecuar el planeamiento urbanístico a las necesidades de protección de tales bienes en el plazo de dos años, con aprobación definitiva de la innovación si fuese necesaria, desde la publicación de la inscripción. Dicha obligación no podrá quedar excusada por la existencia de un planeamiento contradictorio con la protección de los bienes inscritos, ni por la inexistencia de planeamiento que contemple a los bienes inscritos. 2. Los planes urbanísticos que afecten al ámbito de Conjuntos Históricos, Sitios Históricos, Lugares de Interés Etnológico o Zonas Patrimoniales, se ajustarán a los contenidos establecidos en el artículo 31. En estos casos, el plazo a que se refiere el apartado anterior podrá prorrogarse, previa petición razonada y siempre que en la misma se establezcan el tipo de planeamiento urbanístico y plazo para su cumplimiento. 3. La elaboración y aprobación de los planes urbanísticos se llevarán a cabo de una sola vez para el conjunto del área o, excepcionalmente y previo informe favorable de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico, de modo parcial por zonas que merezcan una consideración homogénea. 4. Aprobados definitivamente los planes, los municipios podrán solicitar que se les delegue la competencia para autorizar obras o actuaciones que afecten a los bienes inscritos y a sus entornos, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 40». Lo más importante y novedoso de este artículo es la incorporación de la obligación de un contenido mínimo que habrán de tener los planes. También resulta de especial relevancia el cambio en el sistema de delegaciones de competencias respecto del patrimonio histórico: si con la Ley 16/1985 en lo prescrito por su artículo 20.4 en relación con el artículo 32 de la ley andaluza de 1991 se producía una delegación automática de competencias dentro de los conjuntos históricos, sitios históricos y zonas arqueológicas una vez aprobado el plan con contenido de protección informado favorablemente por la Administración autonómica, ahora esta delegación deja de tener este carácter y serán los municipios los que podrán pedir dicha delegación que toma un carácter reglado, como veremos al analizar el nuevo artículo 40. El nuevo artículo 31 establece ese contenido cuando afecte a ámbitos de Conjuntos Históricos, Sitios Históricos, Lugares de Interés Etnológico y Zonas Patrimoniales a través de un listado de materias y condicionantes urbanísticos: «a )La aplicación de las prescripciones contenidas en las instrucciones particulares si las hubiere. b) Las determinaciones relativas al mantenimiento de la estructura territorial y urbana. c) La catalogación exhaustiva de sus elementos unitarios, tanto inmuebles edificados como espacios libres interiores o exteriores u otras estructuras significativas, así como de sus componentes naturales. Para cada elemento se fijará un nivel adecuado de protección. d) La identificación de los elementos discordantes con los valores del bien, y establecerá las medidas correctoras adecuadas. e) Las determinaciones para el mantenimiento de los usos tradicionales y las actividades económicas compatibles, proponiendo, en su caso, medidas de intervención para la revitalización del bien protegido. f) Las prescripciones para la conservación de las características generales del ambiente, con una normativa de control de la contaminación visual o perceptiva. g) La normativa específica para la protección del patrimonio arqueológico en el ámbito territorial afectado, que incluya la zonificación y las cautelas arqueológicas correspondientes. h) Las determinaciones en materia de accesibilidad necesarias para la conservación de los valores protegidos». Con ello se pretende dar una mayor claridad y avanzar en las determinaciones que la legislación urbanística vigente permite para la mejor protección del patrimonio

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histórico. El precepto contiene en su apartado segundo una especialidad para el caso de conjuntos históricos «Los planes urbanísticos que afecten a Conjuntos Históricos deberán contener, además de las determinaciones recogidas en el apartado anterior, las siguientes: a) El mantenimiento de las alineaciones, rasantes y el parcelario existente, permitiéndose excepcionalmente remodelaciones urbanas que alteren dichos elementos siempre que supongan una mejora de sus relaciones con el entorno territorial y urbano o eviten los usos degradantes del bien protegido. b) La regulación de los parámetros tipológicos y formales de las nuevas edificaciones con respeto y en coherencia con los preexistentes. Las sustituciones de inmuebles se consideran excepcionales, supeditándose a la conservación general del carácter del bien protegido». Se recoge de esta manera la tradición de la Ley 16/1985 sobre limitaciones en la trama urbana. El último apartado de este artículo 31 permite que sea el propio Plan General de Ordenación Urbana el que contenga estas determinaciones sin necesidad de que exista un planeamiento específico de desarrollo, en coherencia con lo regulado en los artículos precedentes43. Las autorizaciones de intervenciones sobre inmuebles afectados por algún expediente de protección, así como una serie de prohibiciones y sus excepciones relacionados con los mismos se regulan en el nuevo artículo 33. Se trata de un precepto que regula la tradición más asentada sobre protección de inmuebles —en los dos primeros apartados—, ya heredada por la Ley 16/1985 de la Ley de 13 de mayo de 1933, aunándola a la que ha sido hasta ahora la regulación andaluza en materia de autorizaciones sobre bienes afectos a la categoría de inscripción específica44. Las novedades de la nueva ley respecto a la legislación precedente son:

43. «Los Planes Generales de Ordenación Urbanística podrán incorporar directamente los requisitos de los apartados 1 y 2, o bien remitir, a través de sus determinaciones, a la elaboración obligatoria de Planes Especiales de Protección o planeamiento de desarrollo con el mismo contenido, estableciéndose un plazo máximo de tres años para la aprobación de estos últimos, a contar desde la aprobación definitiva de los Planes Generales de Ordenación Urbanística». 44. El artículo 33 de la Ley 1/1991 establece: «1. Será necesario obtener previa autorización de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente, además de las restantes licencias o autorizaciones que fueran pertinentes, para realizar cualquier cambio o modificación que los particulares o la propia Administración deseen llevar a cabo en bienes inmuebles objeto de inscripción específica o su entorno, bien se trate de obras de todo tipo, bien de cambios de uso o de modificaciones en los bienes muebles, en la pintura, en las instalaciones o accesorios recogidos en la inscripción. 2) En el supuesto de inmuebles objeto de inscripción genérica, la Consejería de Cultura y Medio Ambiente, podrá exigir la suspensión de actuaciones o transformaciones de los mismos por espacio de treinta días hábiles, con el fin de decidir sobre la conveniencia de incluirlos en alguna de las tipologías básicas de inscripción específica. 3) La aplicación del régimen de protección previsto por esta Ley a inmuebles sobre los que se están desarrollando actuaciones en el momento de incoarse el procedimiento para su catalogación determinará la suspensión de las actividades hasta tanto se obtenga la autorización de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente, independientemente de los permisos o licencias que hubieran sido concedidas con anterioridad. 4) La denegación de la autorización llevará aparejada la necesidad de proceder a la revocación total o parcial de la licencia concedida. 5) Las responsa-

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— se amplía la prohibición de desplazamiento o remoción de los bienes de interés cultural a los inmuebles inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico. — las solicitudes de autorizaciones de intervención sobre bienes afectos por una inscripción como bienes de interés cultural tendrán un plazo de tres meses para ser contestadas. De no hacerse en el plazo legal, el efecto del silencio administrativo será desestimatorio. — se establece un plazo de caducidad para las autorizaciones en bienes inscritos si transcurriera un año sin haberse iniciado las mismas pudiéndose prorrogar su vigencia una sola vez por un nuevo plazo no superior al inicial —lo que el

bilidades que, en su caso, pudieran derivarse se imputarán a la administración cultural, salvo en el supuesto de que el procedimiento se haya incoado a instancias de otra Administración Pública». Por su parte el artículo 33 de la nueva Ley de 14 de noviembre de 2007 preceptúa que «1) Todo inmueble inscrito en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz es inseparable del lugar donde se ubica. No se podrá proceder a su desplazamiento o remoción, salvo que resulte imprescindible por causa de fuerza mayor o de interés social y, en todo caso, previa autorización de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico. 2) Queda prohibida la colocación de publicidad comercial y de cualquier clase de cables, antenas y conducciones aparentes en los Jardines Históricos y en las fachadas y cubiertas de los Monumentos, de acuerdo con lo establecido en el artículo 19. Se prohíbe también toda construcción que altere el carácter de los inmuebles inscritos como Bien de Interés Cultural o perturbe su contemplación, sin perjuicio de las excepciones que puedan establecerse reglamentariamente. 3) Será necesario obtener autorización de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico, con carácter previo a las restantes licencias o autorizaciones que fueran pertinentes, para realizar cualquier cambio o modificación que los particulares u otras Administraciones Públicas deseen llevar a cabo en inmuebles objeto de inscripción como Bien de Interés Cultural o su entorno, tanto se trate de obras de todo tipo, incluyendo remociones de terreno, como de cambios de uso o de modificaciones en los bienes muebles, en la pintura, en las instalaciones o accesorios recogidos en la inscripción. Será preceptiva la misma autorización para colocar cualquier clase de rótulo, señal o símbolo en fachadas o en cubiertas de Monumentos, en los Jardines Históricos y en sus respectivos entornos. 4) La Consejería competente en materia de patrimonio histórico dispondrá de un plazo de tres meses, contados a partir de la recepción de toda la documentación exigida reglamentariamente, para resolver sobre la solicitud de autorización. Transcurrido dicho plazo sin haberse notificado resolución expresa, el interesado entenderá desestimada la solicitud de autorización. La autorización se entenderá caducada si transcurriera un año sin haberse iniciado las actuaciones para las que fue solicitada, sin perjuicio de que su vigencia pueda prorrogarse, a solicitud de la persona interesada, por una sola vez y por un nuevo plazo no superior al inicial. 5) Será necesario comunicar a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico la realización de cualquier obra o intervención en bienes de catalogación general, con carácter previo a la solicitud de la correspondiente licencia. En el plazo de treinta días a contar desde tal comunicación, la Consejería valorará el proyecto y formulará en su caso las medidas correctoras que se estimen imprescindibles para la protección del bien, y que la persona interesada deberá cumplir, así como cualesquiera otras recomendaciones técnicas que se consideren convenientes. 6) La solicitud de autorización o la comunicación, establecidas, respectivamente, en los apartados 3 y 5 de este artículo, deberán acompañarse del proyecto de conservación regulado en el Título II, correspondiente a la intervención que se pretenda realizar».

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ayuntamiento deberá hacer constar en la licencia que otorgue al tener como fundamento la autorización cultural—, evitándose así que una autorización concedida pueda usarse cuando las circunstancias del bien son diferentes y la autorización se hubiera dado en otros términos. — los bienes afectos por una catalogación general —inscripción genérica en la ley de 1991— quedan sujetos al deber de comunicar cualquier actuación sobre ellos, pudiendo la Administración cultural hacer correcciones de obligado cumplimiento y recomendaciones. — se establece la obligación de acompañar junto con el resto de la documentación un proyecto de conservación, pues se pretende no sólo que se garantice la preservación de los valores protegidos durante una intervención puntual, sino el mantenimiento de esos valores mediante un proceso continuado en el tiempo. Parte de lo preceptuado en el artículo 33 de la Ley 1/1991 —suspensión de actuaciones y de licencias concedidas en caso de incoación de procedimiento de protección, revocación parcial o total de las mismas en caso de denegación de autorización— se pasan a regular con el nuevo texto de 2007 en los artículos 35 y 3645. Al hilo de lo comentado sobre autorizaciones, en armonización con la ya citada Ley 7/2002 de Ordenación Urbanística de Andalucía, en particular su artículo 172, regla 2ª, la exigencia de aportar la solicitud de licencia municipal para obtener la autorización administrativa y la de que los ayuntamientos remitan a la Consejería de Cultura las solicitudes de autorización previamente a la concesión de la licencia de obras, reguladas respectivamente en los apartados 1º y 2º del artículo 34 de la Ley 1/1991, desaparece en el nuevo texto de la ley andaluza. No obstante, el apartado 3º de este artículo seguirá en vigor en el apartado 1º del nuevo artículo 3946.

45. Su contenido es el siguiente: «Artículo 35. Suspensión de obras o actuaciones. En cualquier caso, la Consejería competente en materia de patrimonio histórico podrá ordenar la suspensión de obras o actuaciones en bienes integrantes del Patrimonio Histórico, por espacio de treinta días, con el fin de decidir sobre la conveniencia de incluirlos en alguna de las modalidades de inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. Artículo 36. Suspensión de licencias y paralización de actuaciones. 1) La incoación del procedimiento para la catalogación de un inmueble como Bien de Interés Cultural, determinará la suspensión de las actuaciones que se estén desarrollando sobre el mismo, y de las licencias municipales de parcelación, edificación o demolición en las zonas afectadas, así como de los efectos de las ya otorgadas, hasta tanto se obtenga la autorización de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico. 2) La denegación de la autorización llevará aparejada la necesidad de proceder a la revocación total o parcial de la licencia concedida». 46. El apartado tercero del artículo 34 de la Ley 1/1991 establece que «serán ilegales todas las actuaciones realizadas en contra de lo dispuesto en este artículo o sin atenerse a las condiciones impuestas en la autorización de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente». Por su parte, el artículo 39, en su apartado primero, del nuevo texto de noviembre de 2007 dispone que «serán ilegales las actuaciones realizadas y nulas las licencias otorgadas sin contar con la autorización o, en su caso, la comunicación previa previstas en el artículo 33, apartados 3 y 5, o sin atenerse a las condiciones impuestas en la autorización». Se observa un cambio en los efectos

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El artículo 35 del texto de 1991 regula la obligación de obtener autorización cultural aunque no exista obligación de pedir licencia municipal. El nuevo texto legal lo hace en su artículo 34. Dos novedades importantes plantea este último artículo: se amplía el deber de obtención a los bienes de catalogación general y no sólo a los afectados por una inscripción como bien de interés cultural —antes inscripción específica—; además el plazo pasa de 2 meses a tres meses para su resolución —1 mes en el caso de catalogación general— y los efectos ya no serán estimatorios sino desestimatorios. La Ley 1/1991 regula en sus artículos 36 y 37 los supuestos de ruina y demolición de inmuebles, respectivamente. Se establece que en todo caso la Consejería de Cultura tendrá la condición de interesada en los expedientes de ruina y que la firmeza de ésta no significa que quede autorizada demolición alguna que en todo caso necesita autorización de la Administración cultural, sin perjuicio de las medidas preventivas que adopten los ayuntamientos. La nueva Ley de 14 de noviembre de 2007 le dedica a esta cuestión una sección completa con rúbrica propia dentro del capítulo dedicado a protección de bienes inmuebles. En concreto sus artículos 37, 38 y el apartado 3º del artículo 39 recogen lo preceptuado en la materia por aquellos preceptos, con algunas novedades: se parte en primer lugar del principio de prohibición de demoliciones en bienes afectados por algún expediente de protección, con la excepción de las derivadas de proyectos de conservación autorizados por la Administración cultural, pero se permite que sea el ayuntamiento el que las autorice si así se contempla expresamente en el planeamiento de protección aprobado e informado favorablemente y estamos ante inmuebles incluidos en Conjuntos Históricos, Sitios Históricos, Lugares de Interés Etnológico o Zonas Patrimoniales que no gocen de protección individualizada o se encuentren en entornos de bienes de interés cultural. Los artículo 38 y 39 de la Ley 1/1991 regulan la posibilidad de delegar en los ayuntamientos competencias sobre patrimonio histórico, que tiene en origen atribuidas la Administración cultural. El artículo 38 se refiere a la competencia para autorizar obras o actuaciones en inmuebles incluidos en la delimitación del entorno de bienes individualizados protegidos por una inscripción específica en el Catálogo General del Patrimonio Histórico o por una declaración como bien de interés cultural. El artículo 39, por su parte, regula la delegación de competencias para autorizar actuaciones dentro de los conjuntos históricos no declarados bien de interés cultural, es decir, inscritos en el Catálogo General con una inscripción específica —esta posibilidad no se ha plasmado en la práctica hasta el momento. No ha de confundirse ninguno de ambos supuestos con la delegación de competencias que obra al publicarse el planeamiento de protección con informe cultural favorable, según lo regulado por el artículo 20 de la Ley 16/1985 y que ya se ha tenido ocasión de comentar más arriba. En ambos casos de los artículos 38 y 39 la delegación no tiene el carácter automático de la Ley estatal, sino que está sujeta a dos condiciones: para su concesión, se exige

de las actuaciones con licencias otorgadas sin respetar tal obligación: de ilegales —sancionables, conforme al artículo 112. 2 y 3, a ilegales y nulas las licencias otorgadas— por tanto, desde el primer momento el efecto legal para el acto administrativo del ayuntamiento es la pérdida de toda eficacia jurídica, sin perjuicio de las responsabilidades en que haya podido incurrir.

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que exista planeamiento urbanístico de protección que garantice los valores protegidos del bien; y, derivado del artículo 56.2 in fine del Reglamento de Protección y Fomento del Patrimonio Histórico de Andalucía, aprobado por el Decreto 19/1995, la existencia de personal técnico competente para el cumplimiento de las funciones que se delegan, que deberá acreditarse. La delegación quedará sin efecto en caso de derogación o modificación del planeamiento de protección que le sirvió de fundamento y podrá revocarse, previa audiencia del ayuntamiento interesado si no se cumplen sus condiciones o se otorgan licencias en contra del planeamiento y del expediente de protección con el que tenga relación. Las fases de autorización cultural delegada y de licencia de obras deberán estar separadas en expedientes distintos aunque cabe su tramitación acumulada. Tanto la delegación como su revocación deberán publicarse en BOJA (artículos 57 a 61 del citado Reglamento de Protección y Fomento). La nueva Ley de 14 de noviembre de 2007 regula la delegación de competencias en los ayuntamientos con notables novedades, aunque partiendo de los mismos principios de la Ley 1/1991 y su reglamento de desarrollo, en el artículo 4047. Ahora la competencia para autorizar actuaciones en ámbitos y bienes protegidos, incluidos los supuestos que contemplaba el citado artículo 20 de la Ley 16/1985, podrá delegarse por la Administración cultural, previa acreditación por el ayuntamiento solicitante de la existencia de un planeamiento de protección informado favorablemente

47. 1) Aprobados definitivamente los planes a que se refiere el artículo 30, los municipios interesados podrán solicitar la delegación de la competencia para autorizar directamente las obras y actuaciones que desarrollen o ejecuten el planeamiento urbanístico aprobado y que afecten únicamente a inmuebles que no sean Monumentos, Jardines Históricos o Zonas Arqueológicas ni estén comprendidos en su entorno o en el ámbito territorial vinculado a una actividad de interés etnológico. 2) No obstante, podrá delegarse también la competencia para autorizar obras o actuaciones en los inmuebles incluidos en la delimitación de los entornos de los Bienes de Interés Cultural cuando los referidos entornos se encuentren suficientemente regulados por el planeamiento urbanístico con normas específicas de protección. 3) A efectos de lo dispuesto en los apartados anteriores, los municipios interesados deberán remitir a la Consejería competente en materia de patrimonio histórico una copia del plan aprobado debidamente diligenciada y contar con una Comisión técnica municipal que informe las obras y actuaciones, presidida por la persona titular de la alcaldía o concejal delegado en materia de urbanismo e integrada, al menos, por personas con titulación suficiente para el ejercicio de la Arquitectura, la Arquitectura Técnica, la Arqueología y la Historia del Arte. En la solicitud deberá acreditarse la composición de dicha Comisión. 4) La Consejería competente en materia de patrimonio histórico, una vez verificada la composición de la Comisión técnica municipal, podrá delegar el ejercicio de la competencia solicitada mediante Orden de su titular en la que se incluirá la obligación de comunicar las autorizaciones o licencias concedidas en el plazo máximo de diez días desde su otorgamiento. No procederá la delegación de competencias en los supuestos de autorización de demoliciones establecidos en el artículo 38 de esta Ley. 5) En caso de incumplimiento por el municipio del plan aprobado, la Consejería competente en materia de patrimonio histórico podrá revocar la delegación. 6) La derogación, revisión o modificación del planeamiento urbanístico existente en el momento de la delegación supondrá la revocación de ésta, a no ser que aquéllas se hubieran llevado a término con el informe favorable de la Consejería competente en materia de patrimonio histórico».

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y de una comisión técnica municipal48 —a imagen de las Comisiones Provinciales de Patrimonio Histórico— que estará formada, al menos, por titulados en Arquitectura, Arquitectura Técnica, Arqueología e Historia del Arte y presidida por el alcalde o concejal de urbanismo, que informará las autorizaciones y las licencias de obras que se concedan. La delegación de competencias ya no es automática en ningún caso — la Ley estatal sólo se aplicará supletoriamente, excepto en los casos de competencia exclusiva del Estado— y aun cumpliendo los requisitos establecidos, puede no concederse tal delegación, que se hará mediante Orden de la Consejería publicada en BOJA. No se delega la competencia para autorizar demoliciones conforme a lo prescrito en el nuevo artículo 38. El artículo 40 de la Ley 1/1991 establece el recordatorio de que la obtención de la autorización cultural no exime de la obtención del resto de autorizaciones o licencias que correspondan. Por su parte, el artículo 41 de dicha ley y de la nueva de noviembre de 2007, posibilitan establecer el procedimiento de «ventanilla única» en caso de obras u otras actuaciones sobre inmuebles afectados por expedientes de protección. El único cambio es en el tipo de expedientes: inscripción específica o su entorno en la de 1991, bien de interés cultural o su entorno en la de 200749. El artículo 42 de la Ley 1/1991 cierra la temática del control sobre inmuebles protegidos: posibilita la paralización de los cambios o modificaciones no autorizados o que incumplan las límites impuestos, pudiéndose posteriormente legalizar las obras o bien, dado el carácter contrario a los valores protegidos, ordenar la demolición de lo construido o la reconstrucción de lo demolido indebidamente con las reposiciones necesarias, sin perjuicio de los procedimientos sancionadores o de otra naturaleza que se pudieran instruir. Estos extremos son regulados en el artículo 39 de la nueva ley autonómica, precepto que ha sido comentado más arriba50.

48. Resulta interesante la propuesta de creación de comisiones informativas específicas de patrimonio locales que formula Juan Alonso Sánchez (1999, Pág. 47). 49. Dice así la nueva Ley en su artículo 41: «Por Decreto del Consejo de Gobierno podrá establecerse un procedimiento único que, respetando las competencias de las diversas Administraciones intervinientes, permita la obtención de todas las autorizaciones y licencias que fueren necesarias para realizar obras, cambios de uso o modificaciones de cualquier tipo que afecten a inmuebles inscritos como Bien de Interés Cultural o su entorno». 50. El artículo 42 de la Ley de 1991 preceptúa que «Los órganos competentes de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente ordenarán la paralización inmediata de los cambios o modificaciones que se estén realizando en los bienes inscritos, cuando no exista autorización de la Consejería de Cultura y Medio Ambiente o se incumplan los condicionamientos impuestos en la misma. 2. En el expediente que se instruya para averiguar los hechos y sancionar a los responsables, la Consejería de Cultura y Medio Ambiente podrá, bien autorizar las obras o modificaciones paralizadas, bien ordenar la demolición o la reconstrucción de lo construido o destruido sin autorización, bien ordenar las reposiciones necesarias para recuperar la situación anterior, todo ello al margen de la imposición de las sanciones pertinentes. Por su parte el nuevo artículo 39 de la Ley de 2007 establece: «La Consejería competente en materia de patrimonio histórico ordenará la suspensión inmediata de los cambios o modificaciones que se estén realizando en los bienes inscritos, cuando no haya recibido comunicación previa de los mismos o no los haya autorizado o, en su caso, se

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En el ámbito específico del patrimonio arqueológico, además de lo ya comentado sobre zonas de servidumbre, respecto de las que los ayuntamientos deberán introducir en los planeamientos medidas de protección y que tendrán que poseer el informe cultural favorable —artículo 49 de la Ley 1/1991—, se establece el deber de notificar a la Consejería de Cultura la aparición de hallazgos casuales de restos arqueológicos en un plazo de cinco días —artículo 50 de la mencionada Ley—, reducido a veinticuatro horas en el nuevo artículo 50 de la Ley de 2007. En ambos preceptos se faculta a los ayuntamientos a suspender, en caso de necesidad, los trabajos que hayan dado lugar a dichos hallazgos, con obligación de comunicación inmediata a la Consejería de Cultura. El plazo de suspensión sin derecho a indemnización para el afectado aumenta de un mes a dos meses en la nueva Ley. Importante resulta también el contenido del artículo 93 del nuevo texto legal que preceptúa que «en poblaciones o áreas que por la importancia de su Patrimonio Histórico así lo requieran podrán constituirse órganos de gestión en los que participe tanto la Consejería competente en materia de patrimonio histórico como las entidades locales51. 2. La constitución de estos órganos interadministrativos se realizará con arreglo a cualquiera de las modalidades previstas en la legislación local o urbanística, teniendo en cuenta las funciones que hayan de encomendárseles. 3. Podrá atribuirse a estos órganos el ejercicio de funciones de las entidades locales y de aquellas competencias de la Consejería susceptibles de delegación». Estos órganos son de naturaleza diferente a los mencionados más arriba para la gestión de los parques culturales. Papel también destacado de los poderes locales es el atribuido en el artículo 103 de la Ley 1/1991, que establece que las corporaciones locales deberán estar representadas en el Consejo Andaluz de Patrimonio Histórico, máximo órgano consultivo de la Junta de Andalucía en la materia, con funciones de asesoramiento, informe y coordinación –artículo 104- sobre: aprobación de planes y programas regionales en patrimonio histórico, delegaciones de competencias del patrimonio histórico en corporaciones locales y creación de órganos de gestión locales del patrimonio histórico. Su regulación en los mismos términos se hace en la nueva ley en sus artículos 94 y 95. Lo mismo sucede respecto a las Comisiones Provinciales del Patrimonio Histórico, donde las corporaciones locales deben estar representadas —artículos 106 de la Ley 1/1991 y 97 de la nueva ley de 2007.
incumplan los condicionamientos impuestos en la autorización. 3. En el expediente que se instruya para averiguar los hechos, la Consejería competente en materia de patrimonio histórico podrá autorizar las obras o modificaciones, ordenar la demolición de lo construido o la reconstrucción de lo destruido sin autorización o sin haber efectuado la comunicación previa u ordenar las reposiciones necesarias para recuperar la situación anterior, todo ello con independencia de la imposición de las sanciones pertinentes. En el caso de que en el curso de un procedimiento sancionador por hechos que puedan comportar infracción sancionable conforme a la presente Ley se advierta la necesidad de adoptar las medidas referidas con anterioridad, se procederá a iniciar un procedimiento administrativo específico a tal efecto». 51. Una visión desde el ámbito local de la experiencia sobre el empleo en la gestión de los distintos patrimonios que inciden en el territorio es la que facilita Juan Alonso Sánchez (2005, Págs. 60-70).

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Respecto a las medidas de fomento, la legislación andaluza no olvida incluir a las corporaciones locales entre sus posibles beneficiarios. Así el artículo 93 del texto de 1991 —artículo 87 en la nueva ley— concede prioridad a los ayuntamientos para que la Junta de Andalucía les ceda el uso y disposición de inmuebles del patrimonio histórico para su mejor mantenimiento y vitalidad. Además, se establece una política de ayudas y subvenciones de la Comunidad Autónoma para apoyar la actuación de las corporaciones locales en materia de patrimonio histórico, según establece el artículo 95.5 de la Ley 1/1991. El artículo 89.2 del nuevo texto legal es más explícito al incorporar que «cuando razones excepcionales lo justifiquen, podrán concederse de forma directa las subvenciones que tengan por objeto la conservación y restauración de bienes individualmente inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz, la redacción de planes urbanísticos a que se refieren los artículos 30 y 31 de la Ley, así como la redacción de cartas arqueológicas municipales». Si en materia de infracciones la Ley de 1991 acotaba unos pocos supuestos, comentados más arriba, en los que las corporaciones locales podían ver su actuación incluida, el nuevo texto de 2007 aumenta el catálogo de infracciones predicables de la actuación de los ayuntamientos, dado el aumento de la importancia de estos entes locales respecto al patrimonio histórico, en sus artículos 106 a 108. Por último alguna de las disposiciones adicionales de la nueva ley tiene efectos importantes sobre la actuación y gestión del patrimonio histórico por parte de los entes locales. Así la Disposición Adicional 4ª establece con carácter supletorio y provisional un entorno de protección con los requisitos de que «los monumentos declarados histórico-artísticos conforme a la legislación anterior a la entrada en vigor de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, y los bienes afectados por el Decreto de 22 de abril de 1949, sobre protección de los castillos españoles, que gozan de la condición de Bienes de Interés Cultural, a los que no se les hubiera establecido individualmente, tendrán un entorno de protección constituido por aquellas parcelas y espacios que los circunden hasta las distancias siguientes: a) Cincuenta metros en suelo urbano. b) Doscientos metros en suelo urbanizable y no urbanizable. 2. Este entorno podrá ser revisado mediante expediente de modificación de la declaración del Bien de Interés Cultural». Por su parte la Disposición Adicional 6ª establece que «1. Los bienes muebles del Patrimonio Histórico Andaluz en los términos del artículo 2 de esta Ley que se encuentren en posesión de la Administración de la Junta de Andalucía, las Entidades locales y las Universidades, quedan inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como bienes incluidos en el Inventario General de Bienes Muebles del Patrimonio Histórico Español. 2. Los bienes inmuebles del Patrimonio Histórico Andaluz y los elementos de los mismos de piedra, yeso, madera, forja, fundición, cerámica, azulejería y vidrio en los términos del artículo 2 de esta Ley que se encuentren en posesión de la Administración de la Junta de Andalucía, las entidades locales y las universidades, quedan inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz como bienes de catalogación general». Como se ha podido apreciar en la líneas precedentes es muy amplio y variado el campo de actuación de los poderes locales en la gestión del patrimonio histórico, papel relevante que no sólo ha sido mantenido en la regulación autonómica andaluza, sino que ha sido acrecentado con la nueva regulación recientemente aprobada por el

Bases jurídicas de la intervención de los poderes locales en la legislación del patrimonio

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Parlamento de Andalucía, con el fin de que la administración pública más cercana al ciudadano y por ende al patrimonio histórico, ostente el protagonismo que sin duda esta materia le tiene reservado. Bibliografía
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Identificación de recursos y diagnóstico del territorio. El punto de partida de las estrategias de desarrollo patrimonial y turístico
Jordi Padró y Manel Miró.
STOA (www.stoa.es)

Los planes de interpretación y desarrollo turístico del patrimonio local El proceso de análisis y diagnóstico de los recursos culturales y naturales de un territorio determinado debemos situarlo en el contexto de la elaboración de planes y proyectos que aborden, con una perspectiva estratégica y operativa, la interpretación del patrimonio y el desarrollo turístico. Estamos hablando de proyectos que, partiendo del patrimonio de un lugar (cultural y natural, tangible e intangible), definen las principales líneas estratégicas e interpretativas para el desarrollo turístico territorial, de forma coherente con el principio de sostenibilidad, con el fin de mejorar la competitividad de dicho territorio, a la vez que ponemos en valor un patrimonio. En este tipo de actuaciones es preciso reconocer que el turismo no es la panacea ni la única opción para el empleo y el fomento de la economía, pero debemos tener en cuenta las expectativas de crecimiento del sector terciario; las opciones de establecer, por ejemplo, un maridaje entre sector primario y terciario en zonas rurales, y las posibilidades de creación de producto y generación de empleo. Si nos centramos en los procesos de planificación interpretativa para el desarrollo que se llevan a cabo en el ámbito rural, a menudo partimos de lugares que disponen unos recursos naturales y culturales todavía poco aprovechados que, de acuerdo con unas estrategias de interpretación y desarrollo sostenible adecuadas, pueden contribuir de forma considerable a la mejora de las condiciones de vida. Así pues, un plan de interpretación y desarrollo nos definirá cómo aprovechar y poner en valor la riqueza natural y cultural de un lugar, cómo estructurarla y transmitirla de forma atractiva e interesante y cómo adaptarla a las necesidades de la demanda, para generar productos comercializables. Se trata de planificar la conversión de unos recursos del territorio en productos turísticos, culturales, educativos…, que ofrezcan al visitante una experiencia de calidad. Este tipo de proyectos deben intentar descubrir y poner en relieve la especificidad, calidad y singularidad de los lugares, e intentando siempre conseguir el equilibrio entre tres intereses, que pueden colisionar entre sí: — Preservar la calidad del legado histórico y cultural, del paisaje y de los ecosistemas. — Ofrecer servicios y experiencias de calidad a los visitantes. — Incidir positivamente en la calidad de vida de la población local y generar efectos en el desarrollo local.

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Se trata, pues, de planificar las actuaciones en el territorio que nos permitan activar un patrimonio para potenciar el turismo (rural, cultural, ecológico, activo…) mediante la creación de productos singulares, arraigados profundamente en el territorio; mejorar las infraestructuras y condiciones de vida locales, potenciar las producciones autóctonas, etc. En este sentido, la potenciación del turismo basado en el concepto de desarrollo sostenible se presenta como fórmula adecuada para preservar el patrimonio y la idiosincrasia local, a la vez que organizamos un sistema de infraestructuras, servicios complementarios y prestaciones que revaloricen el propio entorno. Desde el punto de vista de la demanda, el turista que busca conocer la idiosincrasia auténtica y singular de un territorio característico, espera encontrar un espacio bien conservado, el contacto con la naturaleza, la tranquilidad, la calidad de los productos de la tierra... Al mismo tiempo, se trata de un turista no sólo contemplativo, sino de un turista que realiza numerosas actividades en torno al espacio natural y al medio rural. De acuerdo con estos criterios, es necesario tener en cuenta en todo el proceso planificador que estamos trabajando en clave de consumo turístico y con el objetivo de crear productos, es decir, se debe planificar a partir de cuatro parámetros principales: 1. El contexto social, económico y cultural en que se sitúa el proyecto 2. Los públicos que consumirán los productos. 3. Los recursos en que se apoyarán. 4. El atractivo de las experiencias que allí se vivirán. Así pues, el éxito del plan dependerá en gran medida del encaje en la realidad y en las necesidades del territorio, del acierto al definir los públicos objetivos, de la elección adecuada de los recursos y del acierto en diseñar el atractivo de esta experiencia. Con relación al primero de los parámetros planteados, un proyecto de estas características debe tener en cuenta las demandas de la población local. Valorar la situación de partida e identificar los intereses y propuestas -a veces contrapuestosde los diversos sectores, culturales y turísticos, tanto públicos como privados, es indispensable para la posterior puesta en marcha de un proyecto que precisará de la participación de todos ellos para su posterior comunicación, comercialización y gestión. En referencia al segundo de los parámetros, la definición de los públicos, entendemos que tras realizar la correspondiente segmentación por motivación y procedencia, es necesario añadir una caracterización de los procesos de consumo (es decir, cómo son los que harán un tipo de visita determinada, realizarán una ruta completa, escogerán sólo un tramo, los que escogerán algunos sitios, etc.). En lo referente al tercero de los parámetros, la elección de los recursos, a pesar que el atractivo turístico de un recurso es un concepto cargado de subjetividad, creemos que se pueden establecer unas categorías a partir de la ecuación: Atractivo = Singularidad + Notoriedad + Interés Allí donde singularidad hace referencia a la rareza de los recursos, notoriedad hace referencia al grado de conocimiento popular que se tiene del recurso e interés

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hace referencia al reconocimiento científico o académico del recurso; y todo esto en función de una selección previa de los públicos, ya que los recursos no son atractivos en abstracto sino que lo son para un tipo de personas determinadas. Por este motivo, previamente, habrá sido necesario escoger los públicos objetivos. Finalmente, en referencia al cuarto de los parámetros, el atractivo de la experiencia, en Stoa utilizamos las técnicas de la interpretación del patrimonio, adaptando esta metodología de origen anglosajón a la realidad y a las necesidades euromediterráneas. La interpretación nos plantea hoy en día la necesidad de «fabricar un sentido», para que el visitante pueda contrastar aquello que descubre con lo que pueda conocer. A partir del patrimonio de un lugar, la interpretación pretende sensibilizar al visitante, ofrecerle las claves fundamentales para descubrir el territorio. Por ello tratamos de planificar un conjunto de experiencias que ofrezcan al público un significado y una vivencia, a partir de un patrimonio determinado, y desarrollar nuevos e innovadores servicios de tipo cultural, educativo y turístico. Así pues, la propuesta metodológica que presentamos para la elaboración de planes de interpretación y desarrollo turístico de los recursos culturales y naturales de un territorio se fundamenta, por un lado en la metodología de la planificación estratégica y, por el otro, en el planteamiento de la interpretación patrimonial. Ambas herramientas (planificación estratégica e interpretación) se funden tal y como se puede observar en el siguiente esquema en el que se sintetizan los procesos y resultados en cada una de las fases de este tipo de proyectos territoriales de dinamización patrimonial y turística:
Públicos Análisis del punto de partida FASE 1 ANÁLISIS Y DIAGNÓSTICO Diagnosis Caracterización de los públicos Recogida y estudio de datos Contexto Recogida y estudio de datos Entrevistas Factores de regresión y potenciales de desarrollo Concreción de objetivos de desarrollo local Recursos Identificación y valoración de recursos Diagnosis de los recursos Temas Búsqueda bibliográfica y documental Identificación de los temas y argumentos Definición del concepto clave y estructura temática de la interpretación

FASE 2 CONCEPTUALIZACIÓN

Caracterización y posicionamiento estratégico Estructuración y organización de la oferta

Estrategia de segmentación

Definición de las prioridades de adecuación

ADECUACIÓN DEL TERRITORIO, LOGÍSTICA DE LA ACOGIDA, INFORMACIÓN E INTERPRETACIÓN. PROPUESTA DE ESPACIOS INTERPRETIVOS, PORTAFOLIO DE PRODUCTOS Estrategia de comercialización Efectos en el desarrollo local Sistema de gestión Estrategia de comunicación

FASE 3 DESARROLLO OPERATIVO Diseño de productos Mecanismos para la acción

Fase 1: Análisis y diagnóstico Consiste en la aproximación a la realidad enfocada en los cuatro grandes ámbitos planteados: la demanda, el contexto social, económico y cultural, los recursos culturales y naturales y los temas a transmitir. Sirve para saber con qué se cuenta y qué déficits hay. La labor a realizar se centra en la recopilación y análisis de la información necesaria para el desarrollo del proyecto. Por un lado es preciso obtener datos sobre

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el consumo cultural y turístico e identificar el público real y potencial de la oferta patrimonial. Nos interesa asimismo conocer el entorno del proyecto: el medio físico, la estructura de la población, los datos socio-económicos básicos, la dinámica social y cultural, el entramado asociativo, la opinión de la población local, etc. Por otro lado, es preciso identificar y realizar una valoración de los recursos culturales y naturales del territorio y obtener información sobre las temáticas más relevantes que transmiten dichos recursos. De todo ello obtendremos la información de partida que nos permitirá caracterizar los públicos e identificar los principales aspectos del territorio sobre el que debe fundamentarse la definición y diseño del proyecto, así como las influencias externas que pueden afectar su desarrollo. Podemos identificar los factores de regresión (amenazas y puntos débiles) y los potenciales de desarrollo (puntos fuertes y oportunidades) y conoceremos cuáles son los recursos y las temáticas que deberemos promover. Fase 2: Conceptualización La definición de la propuesta conceptual en un proyecto de dinamización del patrimonio consiste en un trabajo de reflexión sobre las potencialidades y los recursos del territorio para que éstos puedan ser definidos en un concepto. Es decir, se trata de desarrollar las potencialidades de los recursos para convertir los objetos patrimoniales en un producto. Las conclusiones de la diagnosis nos han permitido detectar las necesidades y las posibilidades de unos testimonios culturales y medioambientales determinados. Es a partir de ellas que será preciso concretar los conceptos, objetivos y líneas estratégicas que será necesario desarrollar. En el proceso de conceptualización planteamos las ideas y directrices que sustentarán el proyecto de desarrollo. Se trata de concretar, a partir del resultado del trabajo de campo, los objetivos y criterios de actuación, determinar los criterios de interpretación y comunicación de la oferta patrimonial y definir las características y límites del posicionamiento a adoptar, así como elegir los segmentos de mercado que habrá que priorizar a la hora de comunicar la oferta. Por tanto, la definición de la propuesta conceptual conlleva un proceso de reflexión a partir de la información recogida en la diagnosis que nos lleva a sintetizar los elementos que definen el territorio y a establecer el «concepto clave de interpretación», es decir, determinar, sobre la base de la singularidad y la calidad de los principales elementos patrimoniales del territorio, un común denominador y un hilo conductor que nos ayuda a poner orden y dar coherencia a los recursos del territorio. Ello nos permitirá fabricar un sentido que facilitará al visitante la comprensión de lo que está viendo y nos permitirá aglutinar bajo un mismo concepto la presentación, comunicación y explotación del patrimonio. Este hilo conductor nos va a servir de referencia; pero se trata, indudablemente, de una elección: definir un concepto clave de interpretación supone apostar por una lectura determinada de un territorio y de sus elementos culturales y naturales. Implica decantarse por una opción determinada, en un proceso de búsqueda de un discurso argumental coherente y, a la vez, atractivo, que pueda aglutinar y dar sentido a una realidad, y pueda interesar al público inquieto. A partir del concepto clave, entendido como el eje conductor que ordena y da coherencia a todo un conjunto patrimonial, resaltando las características propias y

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distintivas de dicho conjunto, podremos seleccionar los temas y argumentos que nos permitirán definir y facilitar la percepción del territorio por parte de los públicos potenciales. Para ello es preciso posicionar el producto patrimonial preguntándonos cómo es visto y cómo quiere ser percibido por los públicos objetivo. Fase 3: Desarrollo operativo del proyecto A partir del proceso de conceptualización, se pueden definir distintos ámbitos de actuación, en los que se deben desarrollar las acciones a realizar para poder potenciar e integrar los distintos elementos patrimoniales y poner en marcha una serie de actividades y servicios derivados. Hay que pensar, por tanto, en cuáles van a ser los dispositivos de interpretación necesarios para cada elemento o conjunto de elementos patrimoniales (propuestas de creación de centros patrimoniales, señalización, creación de servicios de información y acogida…), el diseño de productos concretos, los canales de comunicación y comercialización, el sistema de administración y gestión, etc. Basándonos en las conclusiones de la conceptualización, deben definirse las acciones a acometer, a partir de las líneas estratégicas y directrices definidas, encaminadas al desarrollo sostenible y la promoción integrada de la oferta turística y estructuradas en diversos frentes: interpretación (planificación de la presentación, comunicación y explotación de los recursos: rutas, itinerarios, servicios y equipamientos); protección y conservación del patrimonio (acciones normativas y de sensibilización, medidas de preservación); acondicionamiento turístico del territorio (adecuación del espacio turístico...). La planificación no será realmente operativa si no diseñamos un portafolio de productos (culturales, educativos, turísticos…) adecuados a los distintos segmentos de nuestra demanda. Finalmente deberemos establecer los mecanismos para la implementación del proyecto: estrategia de comunicación y de comercialización y el modelo de gestión: estructura de gestión, formas de financiación, beneficios inducidos, fomento de la economía local, recursos humanos, indicadores de gestión… El proceso de análisis y diagnóstico en los planes de interpretación y desarrollo Visto el planteamiento general y el contenido de los planes de interpretación y desarrollo turístico del patrimonio, en este artículo vamos a centrarnos con más profundidad en la primera fase de los mismos y, sobre todo, en cómo abordar los procesos de identificación y valoración de los recursos culturales y naturales de un territorio determinado para que esta información nos sirva realmente para poder construir un proyecto de desarrollo turístico sostenible. En esta fase es fundamental encauzar muy bien el proceso de recogida de información y procesamiento de la misma. Hay que tener muy en cuenta que no estamos realizando una tesis doctoral ni una enciclopedia del territorio, ni un detallado inventario científico. Se trata de descubrir, obtener y seleccionar la información necesaria que nos va a conducir al conocimiento de la realidad, para tener una idea

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certera del punto de partida del proyecto. Es preciso, por tanto, saber seleccionar bien la información, saber captar los aspectos esenciales referidos a los recursos y temáticas, al contexto y a la demanda; saber identificar claramente las fortalezas y debilidades del territorio, en todo aquello que tiene o puede tener una relación directa o indirecta con el patrimonio y el desarrollo turístico. En cada proyecto la casuística será diferente. A veces se dispondrá de datos cuantitativos y rigurosos trabajos estadísticos, o habrá medios económicos suficientes para poder llevar a cabo encuestas, o tendremos acceso a información muy detallada; en otras ocasiones tendremos que partir de fuentes secundarias, de datos limitados… El proceso de elaboración de las conclusiones del diagnóstico también podrá ser más o menos participativo, contando con mayor o menor implicación y debate de los agentes implicados y las fuerzas vivas locales. Pero en todo caso debemos tener la capacidad de seleccionar la información clave; centrar nuestra atención hacia aquellos aspectos realmente relevantes; prescindir de todos los datos superfluos y poco significativos, que no nos van a aportar nada en el proceso posterior de conceptualización y posicionamiento de nuestro proyecto ni en la fase operativa de concreción y desarrollo de las propuestas. Es preciso, por tanto, captar y procesar debidamente lo esencial. Por ello, por ejemplo, preferimos no utilizar el concepto de «inventario de recursos», cuando realmente lo que estamos realizando es una identificación de los recursos culturales y naturales susceptibles de ser utilizados en el marco de un proyecto estratégico de dinamización patrimonial y desarrollo turístico. Por tanto, no se trata en estos casos de realizar un inventario exhaustivo del patrimonio, lo que excedería con mucho del alcance de este tipo de proyectos, sino de identificar y valorar de forma práctica y realista las posibilidades turísticas y de puesta en valor de los elementos patrimoniales más significativos; aunque es cierto que la existencia previa de inventarios patrimoniales es necesaria para abordar la labor planificadora de la interpretación y desarrollo del patrimonio. Este proceso de identificación y priorización de recursos tiene por objetivo permitir una base sólida sobre la que plantear el tratamiento más adecuado del territorio y su patrimonio para crear productos turísticos. En el análisis y recopilación de información en la que se sustentan este tipo de proyectos, se debe realizar un esfuerzo para conseguir un acercamiento a la realidad patrimonial desde diferentes ópticas y lecturas. También se deben tener en cuenta otros aspectos importantes para el desarrollo del proyecto, como el grado de la vinculación e identificación entre patrimonio y comunidad, o la evaluación actual de los usos culturales, sociales, educativos y turísticos de los recursos patrimoniales. El trabajo de campo y la obtención de la información En el punto de partida de un plan de interpretación y desarrollo patrimonial se combinan distintas herramientas y procesos de trabajo para obtener la información adecuada que nos va a permitir llevar a cabo el diagnóstico:

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Análisis bibliográfico y documental: La bibliografía publicada y los estudios y proyectos previos disponibles nos permiten un acercamiento a la complejidad geográfica, histórica, social y cultural del territorio en cuestión. Este conocimiento va a ser fundamental a la hora de identificar los temas relevantes y, posteriormente, plantear el posicionamiento, la conceptualización interpretativa del lugar y su correspondiente declinación temática. El conocimiento del estado actual de la investigación facilita el trabajo de identificación y valoración de los recursos patrimoniales. La labor de revisión bibliográfica y documental afecta también el conocimiento del contexto social, económico y cultural. También se consulta información publicada sobre aspectos relativos a la demanda. Información turística: Un seguimiento del tipo de información y los contenidos que aparecen en los distintos medios de divulgación turístico-cultural (folletos, guías de turismo, Internet, etc...), nos servirá para valorar la presencia turística del territorio, la imagen que transmite y la percepción de la misma en distintos ámbitos. Visitas a recursos y equipamientos patrimoniales: El conocimiento «in situ» del territorio es esencial en el proceso de análisis y diagnóstico de recursos. Una vez detectados los principales elementos de interés en el territorio, se procede a la valoración del estado y problemática de los mismos, mediante la visita e inspección directa. Sólo a partir de esta observación se puede establecer las potencialidades y debilidades de la oferta patrimonial, así como los principales desajustes que habrán de resolverse en cuanto a la investigación, conservación y usos de estos elementos. Entrevistas con responsables y técnicos: Para conocer la problemática cotidiana del patrimonio y su contexto y los retos fundamentales en cuanto al desarrollo local, se deben realizar entrevistas con aquellas personas que tienen responsabilidad política y técnica en cuanto al funcionamiento y gestión en los ámbitos turístico, cultural, ambiental y del desarrollo en general. Estos contactos deben estar estado dirigidos a conocer a fondo la realidad de la que se parte para el desarrollo del proyecto, el contexto legal, económico y social en el que se trabaja, el marco de gestión, los problemas en la conservación y difusión, etc. Seguimiento de noticias de prensa: El conocimiento del contexto y del estado actual del patrimonio del lugar precisa no sólo de la evaluación de los recursos, sino además es importante conocer la relación

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entre el patrimonio y su comunidad y recoger las demandas de la población, sus intereses, inquietudes, propuestas, polémicas... Para el acercamiento a esta visión, un instrumento útil puede ser el repaso a las noticias y artículos sobre patrimonio, turismo, cultura, medio ambiente y desarrollo local aparecidos en los medios de comunicación de la zona en los últimos años, lo que nos permitirá detectar puntos de interés, debates en materia patrimonial, polémicas, reivindicaciones… Grupos de debate: Finalmente, durante todo el proceso de diagnosis, las valoraciones iniciales deben ser cotejadas y puntualizadas por diferentes sectores de la sociedad con interés y responsabilidad con relación al patrimonio, al turismo y al desarrollo local, por medio de grupos de debate o mesas de trabajo, donde se ponen en común las conclusiones del análisis para su valoración. Las cuestiones a abordar surgen a partir de la información recogida y de las cuestiones planteadas desde diferentes servicios públicos y por los agentes económicos, sociales y culturales del territorio. Se ponen en común los principales déficits y superávits existentes y se identifican las necesidades, demandas, opciones a seguir y posibilidades a desarrollar: Estas cuestiones habitualmente hacen referencia a diferentes aspectos que pueden ser agrupados en estos cuatro apartados: — — — — Identidad local y posicionamiento estratégico del territorio. Necesidades de mejora de los servicios y de los equipamientos turísticos. Nuevas infraestructuras y ofertas culturales y turísticas. Posibilidades de nuevas actividades productivas y ocupacionales a partir del turismo.

El análisis de la demanda En el ámbito de los públicos, nos interesa identificar en primer lugar el perfil de los distintos grupos de visitantes que actualmente acuden a la zona, así como su percepción del destino turístico. Se trata de conocer: — Los diferentes tipos de visitantes, es decir los distintos segmentos actuales, en función de la motivación del viaje. — Hábitos de consumo de cada uno de los segmentos: épocas de visita, duración de la estancia, tipología de alojamiento, configuración del grupo de viaje, gasto por persona y día, actividades que realizan,... — Proceso de consumo de cada segmento: cómo han conocido el destino, dónde se informan, compra del producto... — Grado de satisfacción de cada segmento: aspectos que valoran y los que no valoran, preferencias, etc. Según las circunstancias y en función de las características del proyecto, se pueden llevar a cabo análisis de tipo cualitativo, encuestas en origen y/o en destino,

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o bien simplemente un análisis cualitativo de la demanda. El paso previo es conocer toda la información existente: estadísticas, estudios similares realizados, etc. A partir de aquí, y en función de la cantidad y validez de la información disponible, se realizan entrevistas con detenimiento a empresarios turísticos y personal en contacto con el público. El resultado final debe ser poder conocer básicamente lo siguiente:

Una vez analizados con detenimiento los resultados, se puede llevar a cabo un estudio comparativo sobre el perfil de clientes y visitantes de otros destinos de turismo cultural, rural, etc. Todas estas conclusiones nos servirán para después diseñar una estrategia de identificación, localización y segmentación de mercados que será fundamental a la hora de establecer las estrategias de comunicación y de comercialización. El proceso de identificación y valoración de los recursos patrimoniales A la hora de realizar el análisis de la situación actual desde la perspectiva de los recursos patrimoniales, nuestro objetivo es conseguir una radiografía de la realidad de los dichos recursos, valorando distintos aspectos, tales como el atractivo; ubicación y alcance territorial; soporte físico; infraestructuras disponibles o necesarias; nivel de uso actual y potencial; agentes implicados; nivel de comunicación, etc...

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FICHA DE IDENTIFICACIÓN RECURSOS TURÍSTICOS NOMBRE DESCRIPCIÓN ALCANCE TERRITORIAL ELEMENTOS DE INTERÉS NIVEL USO (actual) SISTEMA DE ACCESIBILIDAD NIVEL USO (potencial) HORARIOS SISTEMA DE GESTIÓN Y EXPLOTACIÓN ELEMENTOS DE COMUNICACIÓN SISTEMAS PRESENTACIÓN SISTEMA DE PROTECCIÓN LOCALIZACIÓN IDENTIFICACIÓN ÉPOCA

PROPIETARIO VALORACIÓN ATRACTIVO

PERSONA DE CONTACTO

AGENTES IMPLICADOS patrimonial actual potencial

PROYECTOS simbólica actual potencial turística actual potencial

poco interesante interesante muy interesante visita obligada PUESTA EN VALOR Y DESARROLLO (primeras ideas o propuestas): DIFICULTAD ADECUACIÓN 1 2 3 4 5

Tal como hemos indicado, el primer paso es la elaboración de una identificación y valoración de los recursos patrimoniales y turísticos, a partir de los estudios previos existentes, bibliografía, otra información secundaria, y el trabajo de campo, básicamente, con entrevistas en profundidad con los principales agentes implicados en la gestión de dichos recursos, y visitas a los lugares y sitios. Una vez identificados los recursos, el proceso para priorizarlos y determinar un proceso de adecuación de dichos recursos para su explotación sostenible, puede realizarse en base a los siguientes criterios: — Primero, qué tipo de recursos existen. La tipología de recursos acostumbramos a organizarla en base a una agrupación de conjuntos significativos, que no tiene porque responder a clasificaciones o tipologías académicas. En un proyecto determinado, el resultado puede ser el que se representa en la Tabla 1 (Conjuntos significativos de recursos). — Segundo, cuáles son los recursos más atractivos. En este apartado se trata de decidir cuáles son los recursos que tienen mayor capacidad de atracción en base a su singularidad, características formales o temáticas con los que se pueden relacionar. El resultado puede verse en la Tabla 2 (Nivel de atractivo de los recursos). — Tercero, cuáles son los recursos más fáciles de adecuar. Este apartado conlleva previamente haber valorado cuál es el grado actual de adecuación de cada recurso y qué pretensiones tenemos en relación a la puesta en valor de dicho recurso. Asimismo, deberemos tener en cuenta también el grado de implicación y compromiso con el plan de desarrollo de los propietarios o gestores del recurso.

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Tipología de recursos Podemos elegir a modo de ejemplo un caso determinado, ubicado en la parte meridional de la comarca catalana del Ripollés, que nos permitirá ilustrar este proceso. En el caso elegido el análisis de los recursos nos conduce al establecimiento de seis conjuntos significativos de recursos: — El Mito del Conde Arnau: este conjunto incluye el patrimonio intangible relativo a la leyenda del Conde Arnau; la tradición popular y la literatura generada alrededor del personaje, así como las representaciones y actividades que sobre el mismo se llevan a cabo en Sant Joan de les Abadesses. — Los escenarios de la leyenda del Conde Arnau: A diferencia del anterior, este conjunto incluye los lugares donde la tradición sitúa las aventuras del Conde Arnau como, por ejemplo, la cavidad de Sant Ou o las escaleras de Montgrony. — Conjunto de Mataplana: Incluye todos aquellos elementos vinculados a la historia del Castillo de Mataplana, sus señores y la corte trovadoresca que hubo en el castillo. — Grandes monasterios románicos: Incluye los dos grandes conjuntos monásticos de Ripoll y Sant Joan de les Abadesses. Es el conjunto patrimonial más rico desde el punto de vista histórico-artístico y ambos monasterios tuvieron un papel destacado en los orígenes de la Cataluña Condal. — Iglesias románicas: Es el conjunto patrimonial más numeroso y con más presencia territorial, ya que está presente en la práctica totalidad de los municipios de la comarca. El atractivo de los diferentes edificios es desigual, pero tanto por la cantidad, la calidad como por la diversidad, este conjunto puede convertirse en una destacada oferta de turismo cultural. — Castillos: dejando de lado el Castillo de Mataplana, los otros dos castillos que hemos incluido en este conjunto significativo no han conservado restos significativos, si bien ambos (Llaers y Milany) constituyen unos extraordinarios miradores. — Pueblos con encanto: este apartado incluye tres pueblos de la mitad sur del Ripollés que se ha considerado que tienen un encanto especial por su configuración y por el paisaje en el que están enclavados: Gombrèn, Campelles y Vallfogona.

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TABLA 1: CONJUNTOS SIGNIFICATIVOS DE RECURSOS Grandes monasterios Mito del Conde Arnau Santa Maria de Ripoll Sant Joan de les Abadesses Tradición popular recogida por etnógrafos Poemas del mito de grandes literatos catalanes Representaciones del mito de Sant Joan de les Abadeses Estatua del Conde Arnau Monasterio de Sant Joan de les Abadesses Palacio de l’Abadia Castillo de Mataplana Santuario de Montgrony Forat de l’Ou Cuevas encantadas Gorg del Banyuts Molino del Comte Puente de la Cabreta Castillo de Mataplana Sant Joan de Mataplana Linaje de los señores de Mataplana Corte de trovadores Canciones de trovadores Santa Magdalena de Perella Santa Llúcia de Puigmal Sant Joanipol Sant Llorenç de Campdevànol Sant Pere d’Aüira Sant Pere de Montgrony Sant Joan de Mataplana Sant Martí de Puigbò Sant Quintí de Puig-Rodon Sant Martí d’Ogassa Sant Martí de Surroca Sant Juliá de Saltor Santa María de Vidabona Sant Miquel de la Infermería Sant Julià de Vallfogona Santa Cecilia de Ragord Santa Magdalena de Cambrils Santa Maria de Pòpul Castell de Llaers Castell de Mataplana Castell de Milany Vallfogona Campelles Gombrèn

Los escenarios de la leyenda del Conde Arnau

Conjunto de Mataplana

Iglesias románicas

Castillo

Pueblos con encanto

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Atractivo Tal como hemos indicado anteriormente, el atractivo turístico de un recurso es un concepto subjetivo que intentamos objetivar mediante la ecuación singularidad + notoriedad + interés1 y todo ello en función de una previa selección de los públicos, pues los recursos no son atractivos en abstracto sino que lo son para determinados tipos de personas y, por ello, se ha hecho una caracterización de públicos potenciales y una estrategia de segmentación de los mismos. Por otro lado, el atractivo de un recurso debe ser considerado en el tiempo como atractivo presente, es decir, el atractivo intrínseco del recurso en la actualidad, y como atractivo potencial, es decir, una vez el recurso haya sido objeto de un proyecto de adecuación para su uso. En este momento nos fijaremos, en primer lugar, en el atractivo actual. Si nos centramos en la singularidad, el recurso estrella de entre los que se han considerado es el Mito del Conde Arnau, una leyenda nacida en la comarca y que se ha extendido por muchos lugares. En este criterio cabe destacar también el Castillo de Mataplana como uno de los pocos ejemplos de castillo puramente románico que cuenta, además, con una detallada descripción de su corte trovadoresca. Por contra, si nos centramos en la notoriedad posiblemente sea el Monasterio de Ripoll el recurso que debe de ocupar el primer lugar, seguido de cerca por el Monasterio de Sant Joan de les Abadesses y del personaje del Conde Arnau (el personaje es más popular que el mito, debido a una serie de televisión). Finalmente, el criterio de interés es el que sugiere mayor discusión y a partir del cual es más difícil establecer una clasificación aunque en una lista de los más interesantes posiblemente se deberían incluir: — El Castillo de Mataplana, tanto por su vertiente arqueológica, como literaria. — Los monasterios de Ripoll y de Sant Joan, tanto por su dimensión artística como histórica. — El Mito del Conde Arnau, tanto por la leyenda y su literatura, como por la representación teatral en el claustro de Sant Joan y el ciclo que le da nombre. En un segundo nivel quedarían: — El conjunto de iglesias románicas, desde una perspectiva religiosa y de la historia del arte. A pesar que es un interesante conjunto, le faltan ejemplos notables de escultura o pintura. — Finalmente, el paisaje tanto por los extraordinarios miradores ante los Pirineos, como por los pueblos con encanto.

1. Singularidad se refiere a la rareza del recurso, notoriedad se refiere al grado de conocimiento popular que tiene e interés se refiere al reconocimiento científico o académico del recurso.

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Sobre la base del atractivo actual, la valoración de los recursos es la siguiente:

La tabla nos muestra que en el territorio tenemos: — Un recurso estelar: el Monasterio de Ripoll. — Un grupo de tres recursos con calificación alta: el Mito del Conde Arnau, el Monasterio de Sant Joan y el Castillo de Mataplana. — El conjunto de iglesias2 está medio punto por encima de la media; y por debajo tenemos dos conjuntos de recursos, los pueblos con encanto y el resto de castillos. En función de esta valoración, se pueden extraer las siguientes conclusiones: — Cuáles son los recursos que merecen una prioridad en la intervención, es decir, los que están por encima de la media (4,5): Monasterio de Ripoll, Mito del Conde Arnau, Monasterio de Sant Joan, Castillo de Mataplana, Conjunto de iglesias románicas. — En la siguiente fase del proyecto (conceptualización), a la hora de descubrir el concepto clave de interpretación para posicionar la oferta turístico-cultural del territorio, éste deberá girar alrededor de la temática medieval y deberá ser capaz de integrar cinco temáticas: Cataluña Condal, Mito del Conde Arnau, Monasterios benedictinos, Trovadores y Románico.

R Monasterio R Mito Conde Monasterio S Castillo de M Conjunto igl Pueblos con Otros castill

2. A pesar de ser un conjunto homogéneo temáticamente, no lo es desde el punto de vista del interés de las iglesias. Por ello, en este caso se ha optado por establecer dos categorias distintas de interés, tal como puede verse en la tabla 2.

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TABLA 2: NIVEL DE ATRACTIVO DE LOS RECURSOS Atractivo 1: VISITA OBLIGADA Santa Maria de Ripoll Sant Joan de les Abadesses Palacio de l’Abadia Mito del Conde Arnau Conjunto de Mataplana Atractivo 2: MERECE LA VISITA Sant Pere de Montgrony Sant Pere d’Aüira Sant Martí d’Ogassa Sant Martí de Surroca Santa Llúcia de Puigmal Castillo de Llaers Vallfogona Campelles Gombrèn Atractivo 3: OTROS ELEMENTOS DE INTERÉS Forat de l’Ou Cuevas encantadas Puente de la Cabreta Gorg dels Banyuts Molino del Comte Santa Magdalena de Perella Sant Joanipol Sant Llorenç de Campdevànol Sant Martí de Puigbò Sant Quintí de Puig- Rodon Sant Julià de Saltor Santa Maria de Vidabona Sant Miquel de la Infermeria Sant Julià de Vallfogona Santa Cecília de Ragord Santa Magdalena de Cambrils Santa Maria del Pòpul Castillol de Milany

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Adecuación Una vez establecidos los conjuntos de recursos y valorado su atractivo intrínseco debe considerarse ahora su atractivo potencial y valorar su dificultad de adecuación con el objetivo de poder establecer una lista de prioridades. La valoración de estos aspectos conlleva la realización de planteamientos y propuestas que ya van más allá del diagnóstico del punto de partida y que nos acercan a la toma de decisiones sobre la caracterización del proyecto y el tipo de intervenciones que podremos o deberemos plantear. Por lo que respecta a la dificultad de adecuación de los recursos, aspecto fundamental para poder establecer las fases de puesta en marcha del plan, implica dos aspectos. Por un lado, el coste económico del tipo de intervención que requiere el recurso para su utilización óptima. Por otro lado, el grado de complejidad del entorno de gestión y del proceso de toma de decisiones. Veamos, en primer lugar, el tipo de adecuación que precisan los recursos seleccionados. — Monasterio de Ripoll. Debería reivindicarse como el gran monumento de la comarca y ser un auténtico punto de referencia como monumento visitable. Es merecedor, por su significación histórica y simbólica, de un destacado programa interpretativo que combine distintos sistemas, sin olvidar una correcta iluminación y presentación de sus elementos más importantes como la portalada y las necesidades desde el punto de vista de la conservación. — Mito del Conde Arnau. A pesar que existen algunos lugares que forman parte de la leyenda, se trata de un conjunto de recursos básicamente intangibles, por lo cual, al margen de potenciar la representación del mito en Sant Joan, es necesario crear espacios donde esta leyenda se materialice: el Palacio de la Abadía de Sant Joan y el Santuario de Montgrony. En el resto de recursos serían necesarias simplemente intervenciones menores de señalización y accesibilidad. — Monasterio de Sant Joan. Al margen del Monasterio de Ripoll, la arquitectura románica del monasterio de Sant Joan es uno de los grandes atractivos del territorio. Además, la personalidad de la abadesa Emma y el hecho de ser el primer monasterio femenino de Cataluña le otorga un carácter y una singularidad muy especial. En relación a su adecuación es preciso entender el monasterio y el Palacio de la Abadía como un conjunto integrado. En este sentido, la adecuación debería contemplar: por un lado, la creación en el Palacio de la Abadía de un espacio expositivo donde se explique su evolución arquitectónica y su historia destacando de manera muy especial la figura de la abadesa Emma. Se plantean asimismo otras intervenciones para la adecuación del conjunto. — Castillo de Mataplana: Se trata de un yacimiento arqueológico medieval de primer orden y de un lugar del que se conoce su actividad como corte de trovadores, además de ser la cuna de la estirpe de los Mataplana, señores feudales que participaron activamente en la vida política del Reino de Aragón. Como ya han finalizado las labores de excavación e investigación, ahora es preciso impulsar su adecuación como yacimiento visitable, la construc-

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ción de un área de aparcamiento y de un edificio que cumpla las funciones de centro de visitantes y espacio interpretativo. También se plantea un recorrido audioguiado por el yacimiento, entre otras intervenciones. — Conjunto de iglesias románicas: En este conjunto es preciso separar las que ya están restauradas de les que necesitan una restauración. En relación a las primeras, se entiende que su adecuación debería ser mínima, consistente en una correcta señalización para acceder a ellas y la posibilidad de disponer de un servicio de visitas guiadas con reserva previa. Por lo que se refiere a la complejidad que supone el entorno de gestión de los diferentes recursos, sólo el Palacio de la Abadía de Sant Joan es de titularidad pública y pertenece a una de las instituciones impulsoras del proyecto. El resto de los recursos son de titularidad eclesiástica (monasterios de Ripoll y de Sant Joan) o de titularidad privada (castillo de Mataplana). Teniendo en cuenta las circunstancias concretas de cada caso en relación a la toma de decisiones, la gestión y la explotación turística de los conjuntos patrimoniales, la implementación del proyecto conducirá a la necesidad de establecer acuerdos con los titulares de los recursos y de crear un entorno de gestión que facilite los consensos y acuerdos institucionales. A partir de la información y las valoraciones sobre el coste de las propuestas de adecuación y la situación en tanto a la gestión, podemos valorar ahora el nivel de dificultad de la adecuación de 1 a 3 (de menor a mayor dificultad), como hemos hecho anteriormente con el atractivo. La dificultad de la adecuación de los recursos queda de la manera siguiente:

RECURSOS Monasterio de Ripoll Conjunto de iglesias románicas Monasterio de Sant Joan Castillo de Mataplana Mito Conde Arnau

COSTE 3 2 2 3 2

GESTIÓN 3 3 2 1 1

TOTAL 6 5 4 4 3

Sobre la base de esta valoración, si la combinamos con el grado de atractividad de los recursos, podemos empezar a prefigurar lo que podrá ser el orden de prioridades en la puesta en marcha del proyecto:

FASES Fase 1 Fase 2 Fase 3

RECURSOS Mito Conde Arnau Castillo de Mataplana Monasterio de Sant Joan Monasterio de Ripoll Conjunto de iglesias románicas

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Una conclusión principal de estos datos es que la oferta turístico-cultural posiblemente deberá empezar su camino sin poder contar con su recurso estelar, el Monasterio de Ripoll, debido a las dificultades que se plantean para su adecuación. Este hecho condicionará, sin duda, el programa de interpretación y de comunicación, a desarrollar en las fases siguientes del plan. Nos hemos quedado, por tanto, justo en el momento culminante en que debemos tomar las grandes decisiones sobre el posicionamiento, caracterización y desarrollo argumental y temático del proyecto; pero el planteamiento del presente artículo está centrado en mostrar simplemente como abordar los procesos de arranque, análisis y diagnóstico en los planes de interpretación y desarrollo turístico del patrimonio. Bibliografía
BARTHES, C. (2005) Méthode et outils pour bâtir une stratégie touristique de territoire. Guide d’ingénierie territoriale. Voiron : Éditions de La Lettre du cedre territorial (Dossier d’Experts). CARTER, J. (2001) A Sense of Place: An interpretive planning handbook. Tourism and Environment Initiative. 2nd Edition. Inverness: Tourism and Environment Initiative. GARCÍA, J.M., MIRÓ, M., PADRÓ, J. y B. ULLOA (2002) Territorio-museo de Udías: el valle de la memoria. Un ejemplo de la aplicación de la interpretación del patrimonio a la planificación del desarrollo sostenible de un territorio. En GUTIERREZ-CORTINES, C. (ed.) «Desarrollo sostenible y patrimonio histórico y natural. Una nueva mirada hacia la renocación del pasado». Tomo II. Santander: Fundación Marcelino Botín. MIRÓ, M (1998) La interpretación como método para la planificación de nuevos productos turísticos: una propuesta para Cartagena (Murcia). En VV.AA. «Actas del Congreso Europeo sobre itinerarios culturales y rutas temáticas. Logroño, 20, 21 y 22 de noviembre de 1997». Logroño: Fundación Caja Rioja. MIRÓ, M. y J. PADRÓ (2001) Patrimonio y Territorio: una reflexión sobre los proyectos de puesta en valor del patrimonio. En «Património Estudos» (núm. 1, 2001). Lisboa: Instituto Portugués do Património Arquitectónico. MIRÓ, M. y J. PADRÓ (2004) El territorio museo de Alghero o la búsqueda de un turismo sostenible. En FONT, J. (ed.) «Casos de turismo cultural». Barcelona: Editorial Ariel. PADRÓ, J. (2001) Estrategias de desarrollo cultural y turístico del patrimonio local: El Puerto de Santa María. En AA.VV. Gestión de proyectos culturales. Análisis de casos. Barcelona: Editorial Ariel. VARINE, H. de (2002) Les racines du futur. Le patrimoine au service du développement local. Chalon sur Saône : ASDIC.

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La interpretación del patrimonio en la relación del patrimonio y la sociedad
Francisco Guerra Rosado Juan Manuel Salas Rojas Marcelo Martín
Técnicos y consultores en IP Miembros de la Asociación para la Interpretación del Patrimonio (AIP)

Hace algo más de veinticinco años que empezó a hablarse en España de Interpretación Ambiental. Fue en el Parque Nacional del Teide donde se registra por vez primera la utilización del concepto. Pero, ¿cuál es realmente el origen de esta disciplina de la que, a menudo, se habla sin demasiados criterios? Algunos autores, como Don Aldridge, lo enmarcan a mediados del siglo XIX, y de forma paralela, en los parques nacionales de los Estados Unidos —inspirada en las ideas de conservación de la naturaleza—, y en los parques de la vida costumbrista escandinavos —basado en la idea de divulgar la etnología regional europea. Desde entonces, y hasta hoy, la disciplina ha evolucionado —sobre todo en los países anglosajones— de manera sorprendente, habiéndose realizado cinco congresos a nivel mundial. Además, como en cualquier otra profesión actual, en ésta también han ido apareciendo gran cantidad de especializaciones, entre las que valdría destacar aquellas relacionadas con el diseño y proyección de determinados medios interpretativos (audiovisuales, exhibiciones, etc.) y la planificación interpretativa. En lo que se refiere a nuestro contexto particular, desde los años ochenta se han venido desarrollando en España diferentes eventos de relevancia que han tenido a esta disciplina como protagonista: el IV Congreso Internacional sobre Interpretación del Patrimonio, organizado por HII (Heritage Interpretation Internacional) y celebrado en Barcelona en 1995; numerosos cursos y procesos formativos, entre los que destacan los del Aula de Verano del CENEAM, de Educación e Interpretación Ambiental, entre 1993 y 2006, o el curso de postgrado a distancia que vienen desarrollando la Universidad Oberta de Catalunya y la de las Islas Baleares; la creación de la Asociación para la Interpretación del Patrimonio (AIP), de carácter nacional y con boletín semestral y ACIP (Asociación Canaria de Intérpretes del Patrimonio), etc. A pesar de todo lo expuesto, resulta curioso observar cómo, cada vez que tiene lugar un debate sobre cualquiera de los diferentes aspectos de la disciplina, surgen dudas y discusiones respecto a su misma esencia de ser, sus destinatarios, sus medios, etc. Y todo ello probablemente se deba a que, por muy diferentes razones, se ha asumido el uso de palabra olvidando por completo no sólo el verdadero significado del concepto sino, sobre todo, su filosofía y sus principios (centros de interpretación, itinerarios interpretativos, etc., forman parte del paisaje habitual de los espacios naturales protegidos). Es prácticamente seguro que esta situación se encuentra, además, reforzada por la escasez de textos en castellano, que permitirían un acercamiento más real a la interpretación y a cada una de sus especialidades.

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Porque, ¿qué es realmente la Interpretación? ¿Es sólo «ambiental» o puede interpretarse el resto del Patrimonio? En realidad, la interpretación no es más que una forma especial de comunicación, dirigida a un público general que visita cualquier lugar que cuente con recursos patrimoniales. Este público, lejos de aspirar a recibir lecciones magistrales sobre las cosas, o listados interminables de fechas y nombres, lo que busca es recreación, disfrute y la posibilidad de acceder a la cultura (en sus diferentes formas) allá donde se encuentra. Por tanto, se trata de un público casual y voluntario, cuya atención no está reforzada por beneficios externos (premios, buenas notas, aprobar o suspender, etc.) sino por otros objetivos que podríamos definir como «sentimentales». Esta característica especial hace que la Interpretación sea diferente a otras formas de comunicación que cuentan con grupos estructurados y con unos intereses y necesidades concretos, conocidos de antemano, como por ejemplo los escolares. Por todas estas razones, quizá sea el momento de continuar esta reflexión presentando una definición «oficial» de Interpretación Ambiental —desde ahora, Interpretación del Patrimonio (IP)— como la que aporta la asociación antes mencionada: «La interpretación del patrimonio es el arte de revelar in situ el significado del legado natural, cultural o histórico, al público que visita esos lugares en su tiempo libre». Si además de definirla quisiésemos delimitarla en sus características podríamos recurrir a Yorke Edwards, quien al hablar de ella dice que «es comunicación atractiva, ofrece una información concisa, es entregada en presencia del objeto (o fenómeno) en cuestión y su objetivo es la revelación de un significado». Pero es, sobre todo, Freeman Tilden1 —considerado por muchos el padre de la Interpretación— quien establece la base doctrinal y filosófica de esta disciplina, que se sintetiza en sus seis principios rectores. Estos principios parten de la base que la Interpretación es algo más que información, debiendo tratar con significados, interrelaciones, implicaciones e interrogantes toda vez que los objetos de divulgación (o rasgos interpretativos) con aquello que se encuentra en la personalidad y la experiencia de las personas a las que va dirigida. La interpretación es provocación; debe despertar la curiosidad, resaltando lo que en apariencia es insignificante gracias al uso de todos los sentidos para construir conceptos y conseguir reacciones en las personas. Toda intención de proporcionar interpretación lleva implícita una meta muy clara: la conservación de los recursos naturales o culturales que son interpretados. Esta conservación, además de llevarse a cabo a través de la aplicación de medidas de carácter tecnológico, puede lograrse mediante el fomento del respeto y la participación ciudadana, asegurando con ello que las futuras generaciones sean capaces de disfrutar de la herencia natural o histórica que se nos ha legado. La interpretación constituye una herramienta de comunicación que intenta revelar al público, de una manera didáctica y persuasiva, los valores de un sitio en concreto, y cuyo fin último es la conservación, independientemente de la forma patrimonial de la que se trate.

1. TILDEN, Freeman. La interpretación de nuestro patrimonio, Asociación para la Interpretación del Patrimonio, Sevilla, 2006.

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Pero, por encima de todo, la interpretación es una herramienta de gestión en Espacios Naturales Protegidos y otros lugares de interés patrimonial. Tradicionalmente se ha reconocido la importancia de esta disciplina como vehículo de comunicación entre los valores de un lugar y el público visitante de dicho espacio. Sin embargo, a menudo se olvida que la IP puede contribuir a una gestión adecuada del recurso, fundamentalmente a través de dos aspectos: primero, concienciando al visitante para que adopte un comportamiento acorde con el sitio y, en segundo lugar, utilizando la atracción de los servicios interpretativos para influir en la distribución espacial del público, de tal forma que la presión ocurra en zonas que puedan soportarla (desviando la atención de zonas frágiles, dispersando el flujo de visitas, concentrando al público en zonas de uso intensivo, etc.). Además, contribuye a dar a conocer los fines y las políticas de gestión que realiza la entidad responsable de un espacio en concreto. De este modo, y sin que se convierta en mera propaganda, la interpretación puede transmitir un mensaje institucional, logrando que el público comprenda la función de un organismo (público o privado) y que colabore con su apoyo para la consecución de sus fines y objetivos. La clave territorial Las nuevas tendencias de la cuestión patrimonial establecen una estrecha relación entre patrimonio y territorio: la gestión del patrimonio ha de ser territorial de la misma forma que la planificación territorial ha de tener en cuenta los recursos patrimoniales. Esta vinculación descansa, desde nuestro punto de vista, en las siguientes consideraciones: — Si entendemos los bienes patrimoniales como testimonios de valores culturales, su interpretación nos llevan al lugar donde se originan y tal vez aún se encuentran, a un territorio en el que se han dado unas determinadas condiciones sociales, no necesariamente particulares, claves para la «lectura cultural» de los objetos y acciones patrimoniales. — En tanto que construcción social en sociedades diferenciales, el patrimonio se constituye como recurso para la reproducción de identidades y diferencias sociales. En este sentido puede jugar un papel de cohesionador social pero también de distinción de unos grupos frente a otros. Para tener en cuenta la importancia de los bienes del patrimonio como símbolos de identidad hay que partir del conocimiento de la realidad social en el territorio y no potenciar una visión ficticia sobre la significación de éstos que suponga una marginación de aquellos grupos menos poderosos ya que «las identidades pueden originarse en las instituciones dominantes, sólo se convierten en tales si los actores sociales las interiorizan y construyen su sentido en torno a esta interiorización»2. Estas perversiones en la gestión del patrimonio sólo se

2. Mantecón, Ana Rosas. «La participación social en las nuevas políticas para el patrimonio cultural», en Patrimonio Etnológico. Nuevas perspectivas de estudio, Colección Cuadernos Vol X, Consejería de Cultura, Sevilla, 1999. Las jerarquías

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pueden evitar desde el territorio fomentando la participación ciudadana, la implicación y dinamización de la población. — Finalmente, esta estrecha vinculación nace en última instancia del reconocimiento de los bienes patrimoniales como recursos susceptibles de ser tomados en cuenta en aquellas acciones de intervención encaminadas al desarrollo y en definitiva en la planificación territorial. Desde hace ya un tiempo queremos sostener que la Interpretación del Patrimonio, en tanto disciplina de comunicación y gestión del patrimonio, puede y debe ser la herramienta que se ubique en la confluencia entre la ordenación territorial, la gestión del patrimonio, el turismo u ocio cultural, y el desarrollo local. ¡Vaya pretensión! Pero como la consideramos justa vamos a requerir del lector un poco de trabajo intelectual y leer, de forma pausada y reflexiva, el siguiente listado de frases encadenadas. — La ordenación del territorio se sustenta en favorecer la comunicación entre ámbitos geográfico-socio-culturales más allá de delimitaciones estancas y preestablecidas. Pretende establecer un modelo territorial. Este modelo debe sustentarse en principios orientadores: la consideración de la diversidad natural y cultural del territorio como un valor; el uso sostenible de los recursos; la cooperación territorial y la cohesión social entre las diferentes áreas del territorio. El modelo está compuesto por «sistemas territoriales». Estos sistemas son: el sistema de ciudades (compuesto por redes de ciudades); el sistema de articulación territorial (redes de comunicaciones); y el sistema de patrimonio territorial (natural y cultural), (unidades físico naturales, elementos naturales de conexión, culturas territoriales diferenciadas por áreas geográficas, redes de ciudades patrimoniales, etc.). — La cultura y el patrimonio no pueden estar ausentes de una política de ordenación territorial. — El turismo cultural se sustenta en la explotación sostenible de los recursos patrimoniales y cuyo fin último es el desarrollo territorial. — No puede haber una correcta explotación de los recursos patrimoniales sin establecer un vínculo entre dichos recursos y la sociedad. — La Interpretación del Patrimonio no puede estar ausente de la ordenación y desarrollo del territorio, de la gestión patrimonial ni del turismo cultural si queremos que finalmente el vínculo patrimonio y sociedad sea efectivo, duradero y eficaz. Nuestra intención no es producir una secuencia lógica o jerárquica de pasos metodológicos sino establecer una sucesión ordenada de sentencias que permitan establecer nexos entre el territorio, sus recursos, su desarrollo y sus habitantes. Y cómo nuestra disciplina puede y debe ubicarse en un sitio estratégico, al mismo tiempo que romper con los estereotipos a la que se la ha encasillado en España: ser simplemente una herramienta de comunicación, la cual, a veces, ni siquiera se la usa

simbólicas del patrimonio: distinción social e identidad barrial en el Centro Histórico de la ciudad de México. En www.naya.org.ar/articulos/patrimo1.htm

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como tal y sí como una medalla para colgarse en el pecho de cierto sector de la gestión del patrimonio natural y cultural. Ubicarse en un sitio estratégico no significa pretender suplantar, obviar, trascender o simplemente desconocer el rol que tienen el cúmulo de conocimientos y metodologías de gestión de los sectores implicados sino el de lograr un protagonismo al tiempo que una actitud de diálogo y comprensión de lo complejo que resulta un fenómeno cuando se lo intenta tratar de forma transdiciplinar. Y será por aquello de nuestra destacada capacidad de revelar significados y acercar conceptos sin desdeñar una apelación a lo emocional, a lo más humanista de cada uno de nosotros. El segundo llamado de atención acerca del protagonismo conectivo que esperamos de esta disciplina es la insistencia en su capacidad de planificar esa Interpretación a través de técnicas y metodologías de trabajo que son, a nuestro entender, el lado menos difundido y explicitado de esta profesión: la planificación interpretativa. Esta capacidad única de vincular territorio, recurso, comunicación, servicio, protección y desarrollo no es común encontrarla así tan bien definida y con tantas aristas de trabajo en los otros sectores que aquí vinculo. La Interpretación del Patrimonio es capaz de pensar en todo ello a la vez y en forma coordinada. Quizá sea un problema de escala cuando pretendemos llevar nuestra disciplina a un contexto territorial y social bastante más amplio que un parque natural o un yacimiento arqueológico. En esto puede radicar cierto atrevimiento, pero intuimos que podemos dar respuesta a un planteo territorial más amplio que los citados. La conversión del patrimonio, tangible e intangible, en un producto de consumo de ocio cultural, acorde con las nuevas exigencias, es una realidad que no debería escandalizarnos si ese consumo se piensa desde la comunicación del recurso. Ahora bien, puede resultar un verdadero fracaso hacer el esfuerzo y correr el riesgo de promover nuestro patrimonio como arbitrio de desarrollo local y que dicho producto se genere a partir de narrativas anticuadas y momificadas en versiones tradicionales, en sistemas de trabajo uni o bi disciplinares sin sensibilidad hacia los visitantes, en sistemas de comunicación carentes de las hipótesis de conocimientos renovadas que exigen las circunstancias, sin la participación de los actores sociales (que no deben limitarse a los técnicos y profesionales) comprometidos en el desarrollo y, lo más importante, sin la participación de la sociedad local protagonista insalvable de cualquier proyecto de desarrollo que sea exitoso. ¿Cómo puede realizarse esta tarea sin planificar territorialmente, sin planificar culturalmente, sin planificar turísticamente? Y aún si así lo hiciéramos, desde nuestra perspectiva no tendría garantías ni las claves para determinar la vinculación física, intelectual y emotiva de los recursos con los visitantes y la población local, en un todo comprensible y estructurado que permita asegurar la comunicación efectiva, la presentación del recurso, el servicio público, el diseño y ubicación de los equipamientos complementarios, el recorrido y los cambios y sensibilización esperados de nuestra audiencia, amén de la evaluación y actualización del sistema a lo largo del tiempo. En esta sucesión de tareas no garantizadas vemos exactamente el rol de la Interpretación del Patrimonio en un proceso de trabajo transdiciplinar de lo territorial, lo turístico, lo cultural y el necesario desarrollo local.

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Interpretación y uso público en patrimonio natural y cultural Partiendo de la concepción comúnmente aceptada de que la atención al visitante que presta la administración pública en los espacios naturales se corresponde hoy en día con el término denominado uso público, la interpretación del patrimonio tiene una relación con éste de la que vamos a ocuparnos a continuación. La atención a las personas que visitan los espacios naturales protegidos forma parte de un proceso que cuenta con diferentes estrategias y medios para desarrollarse, entre los que la interpretación del patrimonio facilita el acercamiento de aquellos a los valores significativos de dichos espacios. Así, como viene demostrándose por la dilatada experiencia desarrollada, sobre todo, en el mundo anglosajón, tenemos que considerar a la interpretación como la forma más eficaz a la hora de aproximarse al legado de los espacios naturales protegidos. Para abundar en conocimiento del lector, Europarc, organización en la que participan las instituciones implicadas en la planificación y gestión de los espacios naturales protegidos del Estado español; constituye el principal foro profesional donde se discuten y elaboran propuestas para la mejora de estos espacios, define al uso público como un «conjunto de actividades, servicios y equipamientos que, independientemente de quien los gestione, debe proveer la administración del espacio protegido con la finalidad de acercar a los visitantes a sus valores naturales y culturales, de una forma ordenada, segura y que garantice la conservación y la difusión de tales valores a través de la información, la educación y la interpretación ambiental». Entre sus objetivos destacamos, contribuir a la conservación del patrimonio, desarrollar un esquema lógico para organizar el uso público, armónico y compatible con las líneas de conservación establecidas por los órganos gestores. Contribuir a la conservación de los recursos patrimoniales mediante una estrategia adecuada de comunicación hacia el visitante que contribuya a mejorar la calidad de la visita. Orientar el trabajo de planificación para una óptima atención al público general visitante, actual y potencial. Prever la infraestructura física y las necesidades de personal para la ejecución de los servicios de uso público: seguridad de los visitantes y elementos de valor patrimonial. Ordenar un conjunto de medidas complementarias que favorezcan la canalización del flujo de visitantes de modo ordenado de manera que se minimicen tanto los impactos ambientales como los sociales. La pregunta que cabe hacerse es ¿por qué los gestores del patrimonio cultural disperso en el territorio, carente de protecciones especiales, no promueven este concepto, incluso cuando existe el conocimiento de la alta fragilidad de los recursos patrimoniales tangibles e intangibles? Hay una gran carencia en el ámbito de la gestión cultural y patrimonial, la falta de planificación; el acometer proyectos de restauración, recuperación de emergentes materiales de otras épocas, realización de equipamientos culturales de difusión patrimonial (museos etnográficos, ecomuseos, parques culturales, rutas o itinerarios, centros de visitantes mal llamados de interpretación, etc.) sin conexión con el territorio ni estudios históricos que apunten a la contextualización de dichos equipamientos y los recursos tangibles e intangibles de un territorio.

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Oportunidades para el desarrollo de la interpretación del patrimonio en el uso público Frente a la perspectiva planteada hasta el momento, conviene concluir con una serie de propuestas prioritarias para el desarrollo o aplicación de la interpretación. Valgan éstas como aportaciones que permitan enriquecer la gestión del patrimonio natural y cultural en el territorio, reforzando su implantación y desarrollo. Planificación e investigación La interpretación del patrimonio debería estar contemplada en los planes y programas de uso público, mediante criterios incluidos en los modelos específicos y como línea de actuación claramente delimitada. Para ello consideramos oportuno: — Incluir criterios interpretativos en los planes y programas de uso público. — Diseñar protocolos de planificación interpretativa a tener en cuenta en los programas de uso público. — Inventariar y evaluar la potencialidad interpretativa de sitios y rasgos en los territorios culturales y espacios naturales protegidos. — Recuperar el patrimonio cultural vinculado al territorio, sobre todo el patrimonio etnográfico. — Poner en marcha un programa de «buenas prácticas» en interpretación del patrimonio. Para establecer un modelo de interpretación, donde queden definidos los objetivos de servicio y de comunicación, los indicadores, las herramientas para llevarlo a cabo y los medios para su evaluación. Los temas conceptuales Para alcanzar esta visión integradora y de conjunto se propone la utilización de tres temas generales: el paisaje, el patrimonio integral y el desarrollo sostenible. Debería mostrarse el patrimonio natural y cultural a través del paisaje para: — — — — Reforzar el sentido de pertenencia y las vivencias personales. Obtener sensaciones placenteras y positivas. Relacionar e integrar el patrimonio natural y cultural vinculado. Identificar los procesos de evolución del territorio.

En este sentido, podrían identificarse los paisajes representativos a partir de las regiones ecológicas ya identificadas en ésta. A partir de aquí, y para los espacios naturales protegidos de cierta magnitud y diversidad (parques naturales) identificar los paisajes significativos de cada uno. Además de estos paisajes se identificarían los sitios y rasgos naturales y culturales asociados (relacionados con el patrimonio etnográfico).

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El ámbito geográfico de aplicación de estos temas no debería ceñirse siempre a los límites del espacio natural protegido o la delimitación histórico-cultural del territorio en cuestión. Esto dependerá de las relaciones de influencia que se quieran mostrar con respecto al resto del territorio. De igual manera, algunos espacios protegidos por su uniformidad paisajística no permiten una aproximación desde el punto de vista paisajístico, sino que requieren de la identificación de rasgos relevantes en su territorio. Se debería mostrar el desarrollo sostenible a través de los usos y la conservación del espacio protegido para: — — — — Sensibilizar acerca de la necesidad de que se compatibilicen ambas visiones. Descubrir las medidas encaminadas a la gestión sostenible. Demostrar las acciones llevadas a cabo para el desarrollo sostenible. Contribuir a amortiguar los efectos indeseables derivados de las actividades turísticas y recreativas.

Según lo apuntado, el uso de este tópico contribuiría igualmente en la promoción del turismo y los productos sostenibles entre los visitantes. Equipamientos, dotaciones y servicios Para los equipamientos y dotaciones y sus correspondientes servicios se proponen los siguientes: — Selección de equipamientos susceptibles de convertirse en interpretativos a partir de los ya existentes, para incluirlos en los programas de uso público. En particular, aquellos senderos señalizados que mejor se ajusten a criterios de interpretativos. — Selección de equipamientos con accesibilidad física para su dotación con medios interpretativos. — Incorporación de las técnicas interpretativas al diseño y elaboración de los contenidos en proyectos de dotación de equipamientos de recepción (centros de visitantes, puntos de información y ecomuseos) y recreativos (senderos señalizados, miradores y observatorios), así como en los jardines botánicos. — Diseño funcional de los equipamientos, considerando criterios interpretativos, antes de la redacción del proyecto constructivo, y coordinación de los proyectos de dotación y construcción. — Integración de la interpretación ex situ e in situ mediante la creación de conjuntos coherentes de equipamientos: centros de visitantes, senderos, miradores y observatorios. — Diseño de senderos interpretativos, en la medida de lo posible incluidos en conjuntos de equipamientos. — Vinculación de los ecomuseos con sitios de interés del espacio natural protegido, para darle proyección territorial a los temas tratados en el ecomuseo. — Diseño de publicaciones interpretativas que permitan itinerarios autoguiados para conjuntos de equipamientos.

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— Incorporación del protocolo de planificación interpretativa en el diseño de equipamientos recreativos y jardines botánicos. — Diseño de programas de interpretación guiada para los equipamientos recreativos, incluidos los carriles cicloturísticos. Calidad del servicio — Inclusión de criterios interpretativos en los pliegos de condiciones de técnicas de los proyectos. — Control de calidad y seguimiento del cumplimento las condiciones interpretativas en el desarrollo de los proyectos. — Capacitación en técnicas de interpretación del patrimonio a empresas colaboradoras en la gestión de equipamientos. Las administraciones autonómicas, provinciales y locales — Cooperación con la administración cultural para la recuperación, investigación y puesta en valor de la cultura material y etnográfica vinculada al patrimonio natural de los territorios. — Cooperación con otros departamentos para la coordinación de proyectos de equipamientos de uso público no adscritos al departamento de uso público. — Cooperación con educación ambiental para establecer las relaciones entre educación e interpretación. Del recurso a las estrategias de desarrollo local sustentadas en el patrimonio Muchas veces las administraciones regionales o autonómicas tutoras de los temas de desarrollo local a partir de los recursos culturales están demasiado lejos de la población y sus necesidades más inmediatas. Las preocupaciones por los grandes monumentos y la conservación de un patrimonio de primera línea, provocan una ausencia institucional en instancias locales y frente a patrimonios que a esta altura de las circunstancias no pueden ser tildados de menores. No se trata de programas de conservación ni documentación sino de desarrollar alternativas para que, a través del estudio conjunto e interdisciplinario de la relación entre el patrimonio natural y cultural y la vida de sus habitantes, se trabaje concretamente sobre dos objetivos básicos: — la valoración y difusión del patrimonio — su recuperación y reconversión en producto cultural identificable y comercializable para, entre otros objetivos, apoyar el turismo local, nacional e internacional, permitiendo así la captación de fondos dispersos (europeos, nacionales, autonómicos, privados) que financien proyectos adecuados de intervención, conservación, documentación y difusión sin repercutir seriamente sobre los presupuestos de la administración local.

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Concretando aún más esta tarea diremos que sus objetivos serán: — asesorar y ayudar a proponer y desarrollar proyectos concretos de puesta en valor y difusión del patrimonio local — su interrelación con otros patrimonios locales de su misma comarca cultural — coordinación con las demás áreas del proyecto de desarrollo para el asesoramiento y desarrollo de la documentación para la obtención de fondos a nivel europeo, nacional o comunitario; — asesoramiento y ayuda en la definición de temáticas patrimoniales más acordes para su identificación local y regional; — coordinación de esfuerzos entre ayuntamientos para la generación de programas cooperativos en difusión del patrimonio; — divulgación científica del trabajo de reconversión del patrimonio en producto cultural que identifique a su población y le sirva como moneda de cambio en el proceso de intercambio cultural y desarrollo local a través del turismo; etc. Analicemos el siguiente esquema de trabajo sobre un proyecto de desarrollo local sustentado en la explotación sostenible de los recursos naturales y culturales.

RECURSOS
Contexto físico-social y cultural

PRESTACIÓN DEL SERVICIO
Público/privado Creación de Marca

EQUIPO TRANSDISCIPLINAR

PRODUCTO PATRIMONIAL
Interpretación Presentación

PRODUCTO TURÍSTICO
Ciudad/territorio Itinerarios Circuitos

Un recurso patrimonial no es exactamente coincidente con un objeto material o inmaterial sino aquel medio que nos permite, dentro de una planificación cultural a escala regional comarcal o municipal, utilizar su capacidad de ser un referente histórico o natural, su potencial de ser interpretado de acuerdo a temáticas generales adecuadas y capaz de recibir una explotación sostenible que permita formar parte de un programa de desarrollo social y económico sustentado en el turismo cultural. El recurso patrimonial es entonces un medio y un bien que se ve afectado, por un lado por todas aquellas normas de protección y conservación y por otro por la escala

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del proyecto, su contexto histórico y material y su capacidad de ser un acumulador cultural que permita ser reconocido por la sociedad en una dinámica de apropiación, uso, interpretación, disfrute y explotación sostenible. No debemos confundir, por tanto, un recurso cultural con un sitio, un objeto o un equipamiento que tiene capacidad de ser utilizado en nuestro proyecto pero que no reúne en sí mismo capacidad de dialogar culturalmente con los usuarios de un programa de desarrollo o un plan cultural patrimonial dado Entendemos que un producto patrimonial no es lo mismo que un producto turístico y quienes trabajamos en la gestión del patrimonio y su explotación como recurso turístico cultural y recreativo debemos manejar estos conceptos. Definimos como producto patrimonial a la elaboración de un sistema diverso e integrado que mediante estrategias de interpretación, presentación, exhibición, conservación y promoción tenga como objetivo producir un complejo de mensajes, actividades y equipamientos que brinde al visitante una serie de pautas cognoscitivas, informativas y lúdicas para que éste satisfaga eficientemente su demanda de ocio cultural en su tiempo libre. Por tanto no podemos decir que tener recursos patrimoniales en nuestro territorio es sinónimo de poseer productos patrimoniales, debemos trabajar en ello, producirlos para luego integrarlos en estrategias turísticas sostenibles. El producto patrimonial integrado en una estrategia turística es el resultado de — Puesta en valor — Planificación integrada — Gestión cultural El producto será diseñado en función de pautas de lo que entendemos por autenticidad: selección de material culturalmente representativo y producción de escenas y manifestaciones que ayuden a proveernos de verosimilitud histórica Desde el punto de vista de dichas estrategias turísticas, un producto turístico es aquel que cubre una experiencia de viaje en su conjunto, desde que el turista sale de su domicilio hasta que regresa. Un producto turístico es un conjunto de elementos que hacen del viajar un arte intangible, una experiencia interesante y atractiva para turistas y visitantes. Es, en definitiva, el servicio o conjunto de servicios prestado en un lugar determinado a un precio fijado y en unas condiciones de calidad comprometidas. En los productos turísticos se incorporan ingredientes remunerados (alojamiento, comida, actividades, etc.) y otros no remunerados (clima, paisaje, naturaleza, cultura, etc.). Estos últimos, a pesar de no tener establecido un precio por su uso influyen poderosamente en la decisión de compra del consumidor. Los planificadores turísticos, buscan con su diseño la representación tangible de un producto o servicio, de acuerdo a una idea creativa previa. Discrepamos en ello, el territorio necesita de un estudio, una investigación de su historia, desarrollo y características principales que darán sustento científico a su interpretación. En función de ello el diseño del producto patrimonial implica definir un concepto o criterio clave, que a modo de lo que hoy denominamos «marca», singularice y posicione a la ciudad y a partir del cual se desarrolle el tema argumental que permita englobar toda la actuación y planificación interpretativa bajo una unidad conceptual.

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La prestación del servicio es, sin duda, la parte del plan de mayor problemática y donde se condensarán todos los éxitos y fracasos que de él se deriven. Para esta tarea es imprescindible un trabajo conjunto y comprensivo del sector público y del privado; la presencia de un liderazgo destacado en la gestión por parte de la administración local; la asistencia continua de un dirección cultural que corrija en todo momento los posibles desvíos que la prestación puede generar sobre los objetivos trazados; la existencia de una «marca» del plan y sus productos que impacte en el consumidor y sea al mismo tiempo un sello de garantía de todos los productos que se ofrecen al consumidor, tanto los directamente ligados al plan como todos aquellos aspectos complementarios de la oferta turística integral como son las gastronomía, la hotelería el transporte y los servicios complementarios. Entre estos últimos se destacan dos especialmente sensibles a la hora de una evaluación del producto por parte de los usuarios: la información orientación (oficina de turismo) y la comprensión de los mensajes culturales que se ofrecen en el territorio (centro de recepción de visitantes). El ciclo se completa con la reinversión de parte de los beneficios del plan en la mejora de los recursos y el ciclo se continúa con la permanente actualización de investigación de los recursos su reelaboración y redefinición a la hora de nuevas investigaciones y por tanto adecuación de los productos las ofertas y la comercialización y difusión de nuevos elementos que realimentan el sistema. Para finalizar queremos dejar una reflexión final sobre la Interpretación del Patrimonio, tema transversal de esta ponencia. Concluimos en que podemos plantear la IP desde diversas escalas de trabajo, una macroscópica inserta en un trabajo transdisciplinar conjuntamente con los planificadores territoriales, los gestores patrimoniales, los planificadores turísticos y los gestores del desarrollo local y otra escala microscópica, y por tanto más cercana al ciudadano que es el arte de revelar in situ el significado del legado natural o cultural, al público que visita esos lugares, en su tiempo libre (AIP). Es decir, y cito a Jorge Morales3 «una disciplina que conecta con la manera de pensar de los visitantes, y en todo momento pretende la efectividad de su intervención; efectividad no es otra cosa que: — — — — un público que ha estado dispuesto a recibir un mensaje/explicación un público que ha comprendido el mensaje un público que ha asimilado algo de ese mensaje y un público que —gracias al mensaje interpretativo— es capaz de adoptar unas actitudes y comportamientos adecuados al lugar que visita, y al patrimonio en general».

3. MORALES MIRANDA, Jorge. La planificación interpretativa asegura la excelencia en interpretación. En www.interpretaciondelpatrimonio.com/docs/pdf/Planificacioninterpretativa.pdf

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TURISMO Y DESARROLLO SOSTENIBLE Foro Ecología y Desarrollo en cuanto a la responsabilidad ambiental y social del turismo hacia un desarrollo sostenible www.coord.rds.org.bo/publicaciones/publicaciones/gestion_99.htm www.un.org/esa/sustdev/csd8 www.oas.org/usde www.mct.gov.br/clima/espan/cominic_old/agend213.htm

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David Barrera Linares

Los tiempos están cambiando, sin remisión (Loquillo, 2000) En marzo de 2006 el Ministerio de Cultura presentó un estudio estadístico con el expeditivo nombre «El valor económico de la cultura en España». Lo verdaderamente relevante del estudio no es que podamos leer en él que la Cultura aporta el 3,2% del total de la riqueza en España, con una tasa de crecimiento medio anual superior al 6%, sino que sea éste el primer estudio de estas características impulsado por un Ministerio de Cultura en España. También en Andalucía hemos visto cambios. Hasta hace muy poco tiempo, un CD de flamenco editado por un gestor/a cultural se podía considerar un producto cultural. No era así, en cambio, cuando la edición corría a cargo de una compañía discográfica. El producto final podría llegar a ser incluso el mismo pero no su consideración, ya que en el primer caso se entendía como un proyecto de difusión de las artes musicales mientras que en el segundo se entendía como un bien de consumo más. El ánimo de lucro se elevaba a la categoría de criterio para discriminar lo que es cultura de lo que es consumo y ni que decir tiene que binomios del tipo economía de la cultura o consumo cultural despertaban muy pocas simpatías. Todavía hoy encontramos resistencias, como veremos más adelante, pero lo cierto es que, lentamente, el sector cultural comienza a tomar forma. En el mes de noviembre de 2007 el Ministerio de Cultura organizó el Congreso «Institucionalización de la Cultura y la Gestión Cultural», que despertó grandes expectativas en el ámbito de la gestión cultural y, unos días más tarde, en diciembre, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, celebró en Sevilla la «I Feria de las Industrias Culturales» (FICA). El 3 de diciembre, precisamente en FICA, se presentó el «Plan Estratégico de la Cultura en Andalucía», en el que se habla ya de manera abierta de la contribución de la cultura al desarrollo de Andalucía, entre otros muchos temas. Algo se mueve en el ámbito de la Cultura en España y en Andalucía. Pero este cambio lento e inexorable es algo más que una iniciativa de la administración cultural. En el año 1990, Xavier Mendoza, esbozaba un nuevo modelo de estado en el que el interés general no fuera responsabilidad exclusiva del sector público como había sido así en el estado del bienestar, modelo de referencia en el ámbito europeo. En un nuevo estado de tipo relacional —así lo llamaba— el sector público conserva su papel regulador pero permite, bajo unas determinadas condiciones, la prestación de servicios públicos a través de formas de derecho privado; asociaciones, fundaciones o incluso empresas. Esta transición, lejos de ser un cambio simplemente cosmético, ha sacu-

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dido como un terremoto las bases sobre las que se cimentaban aquellos sectores en los que el papel público había sido tradicionalmente más importante; la cultura y el patrimonio, entre ellos. En este nuevo marco de relaciones público-privado se ordenan cuestiones tan importantes como el papel de las empresas de servicios en el ámbito de la cultura, la gestión indirecta de servicios culturales, los convenios de colaboración con entidades del tercer sector o, simple y llanamente, se reconoce el derecho de la sociedad civil a intervenir en el patrimonio. Cambios de este calado no se producen ni de un día para otro, ni de manera homogénea, ni siquiera de manera reflexiva o premeditada. La incapacidad económica de la administración cultural para hacer frente a la creciente demanda de servicios culturales de la población y la necesidad de dar una solución al desempleo en el sector, han ayudado a acelerar las cosas y a flexibilizar unos esquemas de intervención en los que no había sitio para la iniciativa privada. Tal vez algunos datos puedan ayudar a conocer la capacidad real de la administración cultural para financiar la Cultura y su peso relativo en el conjunto de políticas públicas. Si observamos con detenimiento el presupuesto de la política cultural en Andalucía veremos que representa tan solo el 1% del presupuesto total de la Junta de Andalucía para el año 2008. En el caso de la administración central, el gasto cultural va a suponer un 0,34% en el mismo año, por debajo incluso de la media de la UE27 que está situada en el intervalo 0,5-1% según el «Study on the Economy of Culture in Europe», realizado por la consultora KEA European Affairs, por encargo de la Comisión Europea. Así pues, un poco por madurez democrática y un poco también por necesidad, la realidad se ha impuesto en prácticamente todos los ámbitos de la administración y es justo reconocer el papel de punta de lanza que los Grupos de Desarrollo Rural, legalmente constituidos como organismos privados, han jugado en el medio rural andaluz, gestionando fondos públicos par el desarrollo comarcal bajo la supervisión de la Dirección General de Desarrollo Rural de la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía. La agilidad en la gestión y la cercanía con la población con que se han aplicado los fondos Leader y Proder en sus quince años de recorrido han demostrado su eficacia, mejorando muy significativamente las condiciones de vida en las comarcas andaluzas. Este nuevo enfoque de trabajo, sobre el territorio y codo con codo con la población, ha merecido el reconocimiento de las más altas instancias europeas y el enfoque leader, ha llegado a consolidarse incluso como label metodológico en muchos ámbitos. La cuestión es saber si la tendencia hacia el progresivo distanciamiento de los órganos de decisión del territorio y la burocratización de los procedimientos de gestión van a ser compatible con el trabajo bottom-up, seña de identidad del enfoque leader, o si, por el contrario, esta asimilación del trabajo de los Grupos de Desarrollo Rural a los procedimientos administrativos tradicionales del modelo pre-relacional van a ser más adecuados a las necesidades de la Andalucía rural del siglo XXI. El tiempo lo dirá. No obstante, a pesar de todo el camino recorrido, lo cierto es que sigue siendo más fácil liberar fondos para construir un polideportivo que para un museo, y más fácil financiar una maratón urbana que una exposición, residiendo ambas competencias en las mismas administraciones y compartiendo idénticos incentivos fiscales al mecenazgo. Sin ánimo de ser concluyente, algunas de las razones que han llevado a esta situación podríamos encontrarlas entre las siguientes:

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La interpretación tiene un gran potencial educativo.

Resistencias ideológicas y profesionales al cambio El patrimonio cultural en nuestro entorno ha sido tradicionalmente sostenido por el poder; del clero y de la nobleza en un principio y de la administración desde la aparición de lo que podríamos llamar primeras políticas culturales. Con escasas excepciones esto ha sido así hasta nuestros días y en ese entorno se han desarrollado la mayor parte de los colectivos profesionales en los que ha recaído la responsabilidad de investigar, conservar, ordenar y dar a conocer los bienes integrantes de nuestro patrimonio cultural. A su celo profesional les debemos, por ejemplo, el buen estado de conservación de las colecciones que hoy podemos admirar en los centros museísticos de todo el país. Son colectivos profesionales con una sólida formación humanista que se ha centrado, casi con exclusividad, en el bien patrimonial, pasando de puntillas sobre aspectos tan importantes como los vínculos existentes entre los objetos y el territorio, y entre dichos objetos y los públicos destinatarios. Las prácticas culturales del siglo XIX, aún en uso en algunos casos, han creado prácticamente de la nada, formidables colecciones artísticas o arqueológicas en los centros de poder a costa de despojar al territorio de importantes fragmentos de su patrimonio, dando como resultado grandes contenedores culturales alejados geográficamente e intelectualmente de una población por aquel entonces preindustrial, —con una clara vocación rural, por tanto— y con niveles de formación muy bajos. Este proceso, que sin duda ha debido influir en las importantes corrientes migratorias campo-ciudad, ha dejado

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profundas cicatrices en la identidad local y a amplias zonas de Andalucía y de España huérfanas de recursos capaces de generar dinámicas culturales, sociales y económicas de las que si se han beneficiado las zonas receptoras. Me parece oportuno reconocer el esfuerzo realizado por buena parte de estos profesionales por complementar su formación de base hacia ámbitos de gestión e interpretación del patrimonio que se ha traducido en una mejora substancial de los equipamientos y proyectos culturales andaluces y también en un aumento significativo de visitantes. No obstante, son muchas aún las resistencias al cambio y estas resistencias, más allá de lo profesional, están fundamentadas en profundas y legítimas convicciones ideológicas del papel central y protagonista que la administración debe de tener en el ámbito del patrimonio y de la preponderancia de la investigación y la conservación sobre el resto de estrategias de intervención cultural como la difusión, la animación o la interpretación. Desconexión entre los públicos del patrimonio y la lógica política y empresarial Volviendo a la cuestión planteada anteriormente de por qué sigue siendo más fácil financiar determinadas inversiones en otros sectores como el deportivo que en el sector del patrimonio, tal vez sea útil, intentar ver las cosas desde el punto de vista de la demanda, desde los respectivos públicos. Es importante tener en cuenta que la cultura en todas sus modalidades se desarrolla dentro del tiempo libre de las personas, igual que el turismo, el ocio o el deporte y que ese tiempo es limitado y, por lo tanto, muy valioso para sus poseedores. En términos empresariales, podríamos decir que el patrimonio y el deporte, entre otros, compiten por arrebatarse parte de la cuota de mercado de tiempo libre del ciudadano. Y visto desde este punto de vista, el patrimonio cultural juega con clara desventaja. El patrimonio es identidad y como tal tiene un valor simbólico para la comunidad lo que por si sólo justifica el papel de tutela y salvaguarda que confiere la legislación a la administración cultural que, en casos extremos, se puede traducir en la necesidad de limitar el goce de un determinado bien para garantizar su conservación, por ejemplo. Pero no es esa la única limitación; las condiciones de exhibición, la seriedad y la veracidad que debe de acompañar a los contenidos e informaciones o la necesidad de garantizar el acceso —en toda la dimensión del verbo— al conjunto de la población, son algunas de ellas. Como bien puede apreciarse el patrimonio configura un sector fuertemente regulado lo que lo hace muy poco interesante desde el razonamiento estrictamente empresarial. Esto tiene mucho de tranquilizador pero nos mantiene en una situación de marginalidad en los presupuestos públicos y también en el ranking de preferencias en los acuerdos de esponsorizaciones y patrocinios empresariales. La tendencia actual de vincular los caminos del patrimonio a los flujos turísticos tampoco ha ayudado mucho. Exceptuando las grandes operaciones de regeneración urbana llevadas a cabo por las administraciones públicas que, de la mano de grandes museos de autor, han demostrado su eficacia como elementos dinamizadores de la economía, para el resto de proyectos el esfuerzo por atraer a públicos foráneos ha supuesto, además de ahondar más aún en la brecha abierta entre la población y su

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patrimonio, la despreocupación política al considerar ésta que los servicios se prestan en gran parte a ciudadanos y ciudadanas de otras localidades y, por lo tanto, no votantes. El mismo camino ha seguido el razonamiento empresarial, lógicamente más interesado en buscar la notoriedad en otros sectores más rentables; recordemos que la población local asiste asiduamente a los polideportivos y gimnasios, por ejemplo.

Las tiendas de los museos; tiendas al fin y al cabo.

Invisibilidad de la contribución del patrimonio a la economía Probablemente debido a las fuertes inercias en la gestión del patrimonio desde el sector público a las que me refería con anterioridad, lo cierto es que los profesionales del sector tampoco hemos sido capaces de desarrollar instrumentos metodológicos con los que argumentar, más allá del evidente interés social y cultural, las importantes repercusiones económicas de las inversiones en el patrimonio cultural. Llegados a este punto, me gustaría que quedara claro que, desde mi punto de vista, el interés social y cultural es motivo suficiente para justificar una inversión pública. Sin embargo entiendo que, en un nuevo marco de relaciones entre lo público y lo privado, en un momento en el que la diversificación de las fuentes de financiación es algo más que una necesidad, para muchos proyectos eso no sea suficiente. Hasta hace bien poco, el lenguaje económico era de uso exclusivo del sector privado. En la actualidad, sin embargo, los sofisticados métodos de investigación de

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mercados desarrollados por el sector empresarial se manejan con total normalidad en los ámbitos públicos y las cuentas de pérdidas/ganancias de electores están detrás de muchas decisiones políticas; también de las inversiones culturales. En este entorno tan interrelacionado, el conocimiento de la lógica del mercado, de los métodos de explotación estadísticos, del mercado laboral, de los planes de viabilidad, de las vías de financiación, de la comunicación, de la imagen..., se han convertido en contenidos obligados en las formaciones específicas en gestión cultural. No obstante, tanto en Andalucía como en el conjunto de España, siguen siendo escasas las publicaciones en el ámbito de la economía de la cultura y muy pocos los sistemas de explotación estadísticos que permitan a los profesionales tomar el pulso al sector y poder defender con datos estadísticos e indicadores económicos los proyectos de inversión públicos y las propuestas de colaboración con el ámbito privado. Por lo tanto, lo menos que se puede decir del patrimonio cultural andaluz es que está cambiando sin remisión y que lo está haciendo además muy rápidamente. Precisamente por este motivo, todos los esfuerzos por aproximar posturas deben de ser bienvenidos, ya sean producto de la iniciativa de la administración pública, como de los colectivos profesionales, como de otros organismos como los Grupos de Desarrollo Rural. Precisamente a estos últimos, por su capacidad de inversión en el territorio, por su trabajo fronterizo con el patrimonio etnográfico o por su compromiso con la conservación de los paisajes culturales les ha correspondido tomar la iniciativa. Algunos pasos ya se han dado, como la organización, en el curso académico 2005-2006 de un Curso de Experto/a Universitario/a en Patrimonio y Gestión Cultural organizado entre nueve GDR y la Universidad de Sevilla, en el que se formaron cincuenta técnicos/as de desarrollo de muy distinta procedencia formativa, o el trabajo para dotar de contenido algunas figuras de protección como las nuevas Zonas Patrimoniales que recoge la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía, aprobada en sesión parlamentaria el 14 de noviembre de 2007, siempre bajo el asesoramiento de la Consejería de Cultura en un marco relacional y democrático de entendimiento. Planteada de esta manera, en la situación actual del patrimonio en Andalucía cobran especial relevancia las estrategias de financiación y de captación de fondos que pasan en estos momentos ineludiblemente por la diversificación de las fuentes, no sólo hacia otras políticas públicas como las de desarrollo rural y sus fondos Leader y Proder a los que aludía anteriormente, sino también hacia otras administraciones, hacia la iniciativa privada e incluso hacia la autofinanciación a partir de la explotación de servicios relacionados con el patrimonio. Conviene tener en cuenta, antes de entrar a detallar las que son, en mi opinión, las principales estrategias de captación, que este proceso no puede suponer una retirada de la financiación pública. Al contrario, es importante seguir reivindicando el sostenimiento e incluso el incremento de los presupuestos públicos de la Cultura que, según datos del propio ministerio, aporta el 3,2% del PIB español un porcentaje nada desdeñable teniendo en cuenta el poco dinero público invertido.

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Fuentes de financiación Ayudas y Subvenciones Solía decir Eduard Delgado, exdirector del Centre de Recursos Culturals de la Diputació de Barcelona, que una buena manera de conseguir financiación para un proyecto cultural era no llamarlo de esta manera (-Don’t call it Culture). A pesar de que este pensamiento tiene un mucho de ironía, a la luz de los presupuestos culturales públicos, es una buena idea empezar por diversificar las vías de financiación públicas, es decir, las ayudas y subvenciones. La tendencia más extendida entre los gestores y gestoras culturales es acudir en busca del apoyo público de la administración cultural más próxima, sobretodo las áreas de cultura de las Diputaciones provinciales y la Consejería de Cultura. No obstante existen gran número de ayudas no específicamente culturales que podrían ser interesantes en esta tarea de diversificación: — Un primer grupo lo conforman aquellas ayudas y subvenciones dirigidas a sectores próximos a la cultura como el medioambiente o el turismo; en todos los niveles de la administración, especialmente en aquellos ámbitos en los que los proyectos patrimoniales están menos presentes, como es el ámbito europeo. — En segundo nivel tendríamos aquellas ayudas de fomento del empleo como los programas de Escuelas Taller, Casas de Oficios y Talleres de Empleo, las ayudas a la contratación en proyectos de interés social o las ayudas a la contratación de determinados colectivos desfavorecidos; mujeres, discapacitados, inmigrantes, entre otros. — En tercer lugar aquellas ayudas dirigidas a la forma jurídica de gestión; ayudas al asociacionismo, a la formación de cooperativas, al empleo autónomo o a las pequeñas y medianas empresas. — Otro grupo lo constituyen aquellas ayudas que se conceden a proyectos por su ubicación en un contexto determinado. A este grupo pertenecen las ayudas al desarrollo rural que gestionan los GDR para las comarcas rurales andaluzas, las ayudas de regeneración urbana, las destinadas a las zonas fronterizas o a los territorios insulares o periféricos. — Finalmente, la cooperación internacional al desarrollo ha dado un giro importante incorporando elementos ambientales, entre ellos la cultura, en sus estrategias de cooperación. Se constata, sin embargo, una notable ausencia de profesionales y de proyectos relacionados con la cultura y el patrimonio, a pesar de que la cooperación es una magnífica oportunidad para financiar proyectos en el ámbito internacional, para dar una mayor visibilidad al patrimonio y la cultura local, y para asegurar una contribución a la construcción de la cultura global desde Andalucía. Explotación de bienes y servicios Una segunda vía, tan importante como la diversificación de las fuentes de financiación públicas, consiste en acercarse un poco más a la autosuficiencia econó-

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mica mediante la explotación de bienes y servicios relacionados con los recursos patrimoniales. El modelo de bienestar en el ámbito del patrimonio cultural, además de dejar fuera de juego a la iniciativa privada, se ha traducido muchas veces en un gratis total para todos los ciudadanos y ciudadanas sin más distinción que la pertenencia o no a la Unión Europea, práctica que se sigue manteniendo, por ejemplo, en los museos y conjuntos monumentales gestionados por la Junta de Andalucía. Decía Francisco de Goya que «los sueños de la razón producen monstruos». Efectivamente, en ocasiones, políticas de precios sociales, en principio claramente bienintencionadas, acaban volviéndose injustas por el efecto generalizador de algunos privilegios que ha supuesto, en nuestro caso, la aplicación de los tratados europeos. En la práctica, hoy en día, se está penalizando económicamente el acceso a la Alcazaba de Almería a un ciudadano del norte de África mientras que visitantes de otro norte, en este caso del norte de Europa, disfrutan de las magníficas vistas desde la Puerta de la Justicia entre agradecidos y sorprendidos por la generosidad de la Junta de Andalucía. Cada día son más las voces que se alzan, incluso entre los profesionales del patrimonio, contra la utilización de criterios de tipo geográfico para diseñar una política de precios social y apuestan por otro tipo de criterios como la situación o no de desempleo, la condición de estudiante o de pensionista, entre otras posibilidades.

Los públicos del patrimonio. La aventura de aprender.

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En cualquier caso la pregunta, -¿La gratuidad ha servido para incrementar el número de visitantes a los museos y monumentos de la Junta de Andalucía?, no tiene una respuesta contundente en un sentido ni en otro. Las escasas estadísticas oficiales nos dicen que si; que ha habido un tímido avance en ese sentido. No obstante, ¿ha sido efecto de la política de precios o más bien del crecimiento del sector turístico andaluz?, ¿qué tipo de públicos ha incrementado sus visitas, el local o el foráneo?, ¿qué efecto sobre las estadísticas han tenido las exposiciones temporales-reclamo? o ¿quiere decir eso que los proyectos patrimoniales no gratuitos han visto reducir el número de visitantes? La interesante publicación de la Erasmus University Rotterdam «Museums: Fee or Free?» se plantea alguna de estas cuestiones analizando datos estadísticos de Francia, Reino Unido, Alemania y Holanda. En el estudio se llega a la conclusión que, a pesar de que en el sector cultural existe una cierta rigidez en la demanda (un aumento de precios no implica una disminución proporcional de unidades vendidas; en este caso, entradas), los estudios realizados nos dicen que, para determinados segmentos, sí se podía constatar una cierta elasticidad, como en el caso del público joven, las familias con hijos o los visitantes primerizos. Las soluciones dadas en esos países son muy variadas y en algunos casos contemplan el acceso gratuito el primer domingo de cada mes, como en Francia, o incluso un día a la semana, en otros países. Participo de la opinión, reflejada en los trabajos preparatorios del «Plan Estratégico de la Cultura de Andalucía», de que el nivel de desarrollo alcanzado por nuestra comunidad autónoma por un lado y por otro el significativo aumento del turismo con destino a Andalucía, nos obligan a reflexionar y a buscar una política de precios más acorde con la realidad actual; que no sea un obstáculo para el acceso al patrimonio de la población local y, al mismo tiempo, que permita a los responsables de los museos conjuntos y zonas arqueológicas de la Junta de Andalucía aumentar su nivel de autonomía económica y de gestión. Para ser patrimonio de la humanidad hay que empezar por ser patrimonio de la vecindad. Ya me refería a ello cuando apuntaba algunas de las razones por las cuales resulta difícil encontrar financiación para proyectos patrimoniales. La tendencia al enfoque de los proyectos patrimoniales hacia lo foráneo, —lo turístico—, ha influido en el desinterés político por la cultura y en el desapego de la población hacia su patrimonio. Es un buen momento para dar un giro de 180º y empezar a buscar nuevos «clientes» entre nuestros vecinos y vecinas y dejar como objetivo secundario seducir a otros mercados más lejanos. En su libro «Marketing de Museos», Neil y Philip Kotler, hablando de la realidad estadounidense, clasifican a los usuarios de los museos en tres grandes grupos: los habituales (20%), los usuarios ocasionales (40%) y los no-usuarios (40%), considerando habituales las personas que visitan un museo más de dos veces al año, una vez los ocasionales, y ninguna los no-usuarios. No tenemos información para saber qué es lo que está ocurriendo en Andalucía pero, dando por buena esta hipótesis, lo que nos dice Kotler es que hay un número considerable de personas que no visitan nunca un museo. Si analizamos con mayor detenimiento el grupo de los no-usuarios, encontraremos entre ellos a los nuevos residentes, —recordemos, un segmento de la población creciente tanto en España como en Andalucía—, al público joven una vez abandonado el período escolar y, por extensión, a buena parte de la población local.

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Como puede observarse, son muchos los potenciales visitantes y lo mejor de todo es que los tenemos a la vuelta de la esquina. En Octubre de 2005 se celebró en Sevilla el «XII Congreso Mundial de Amigos de los Museos». En ese foro, la presidenta de la Federación Mundial de Amigos de los Museos (FMAM), Carla Bossi Comelli, se refirió al desencuentro existente entre los horarios de visita de los museos y las nuevas necesidades sociales en el uso del ocio y del tiempo libre. Especial mención hizo a los horarios de los museos andaluces, poco adaptados a los rigores del clima estival. ¿Por qué no abrir por las noches y ofrecer visitas nocturnas?, se preguntaba ella. Yo añadiría, ¿por qué no coordinar los días de descanso semanal con el resto de equipamientos y proyectos patrimoniales? Algunas experiencias exitosas como la Larga Noche de los Museos en Berlín y la Noche Europea de los Museos en España, o incluso propuestas más atrevidas como las visitas nocturnas, con copa de cava incluida, a la azotea de la Pedrera en Barcelona, nos invitan a reflexionar. Los equipamientos y proyectos patrimoniales no son islas culturales sino que forman parte de la oferta cultural del territorio y, por supuesto, también de la oferta general de servicios de la comunidad que los acoge. Hace ya algunos años, los museos españoles empezaron a elaborar estrategias de diversificación económica dirigidas precisamente a captar nuevos clientes, aunque no fueran visitantes de sus colecciones. En esta nueva estrategia económica destacan por su dinamismo los museos de arte contemporáneo, aunque no son los únicos. Librerías como la del CAC Málaga o la del CCCB de Barcelona, compiten en el sector del libro como librerías especializadas en arte en sus respectivas ciudades. También las cafeterías del IVAM en Valencia, la del Museu Tèxtil i d’Indumentària de Barcelona o la del CAC Málaga, entre otras, son puntos de reunión entre personas afines a la cultura, no necesariamente visitantes. En el estudio sobre «La dimensión económica de las artes visuales en España» realizado por Artimetría, se lleva a cabo un interesante estudio acerca de la naturaleza de los ingresos de los principales museos de arte contemporáneo del país. En ese estudio se comprueba el esfuerzo realizado por este tipo de centros culturales urbanos por desarrollar servicios comerciales diferentes y/o complementarios a los propiamente museísticos, llegando a suponer el 63% de los ingresos frente a un 37%, procedentes de las entradas. No nos debe de extrañar que los pocos estudios disponibles en el ámbito no-urbano ofrezcan datos prácticamente contrarios. Fuera de los principales núcleos urbanos, los ingresos por entradas se configuran como la principal vía de ingresos (65% en el Museo de la Minería y la Industria de El Entrego, Asturias, o el 64% de media en los Centros de Arte, Cultura y Turismo del Cabildo de Lanzarote). La explicación hay que buscarla, sin duda, en la dificultad de ofrecer servicios diferentes a los patrimoniales a otro tipo de públicos en zonas con baja densidad de población. A pesar de todo, son pocos los proyectos patrimoniales que se hayan distinguido por esta labor de permeabilizar su gama de servicios y por desarrollar ventas cruzadas con otros sectores de la economía local como el bancario (cajeros 24h), prensa (kioscos), editorial (librerías, bibliotecas o centros de documentación), turismo (cafeterías, restaurantes o puntos de información). Todavía son menos los estudios económicos sobretodo en el ámbito rural que ayuden a los profesionales a tomar decisiones y a hacer más visible la contribución del patrimonio cultural a la economía local, como de hecho ha sido así en comarcas andaluzas como la Sierra de Aracena (Parque Minero de Ríotinto), la Serranía de Ronda (Encuentros de Arte de Genalgua-

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cil), la Subbética Cordobesa (Ecomuseo del Rio Caicena), entre otras muchas, casi siempre con el apoyo técnico y económico de los Grupos de Desarrollo Local. Esponsorizaciones y patrocinios La esponsorización y el patrocinio de proyectos patrimoniales es, desde el punto de vista de la economía de la cultura, una de las asignaturas pendientes del sector cultural en nuestro país. Con la Ley 49/2002, de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo, se ha dado un importante salto adelante respecto a la ley anterior de 1994, aunque sigue siendo muy restrictiva desde el punto de vista de los proyectos objeto de mecenazgo, ya que se centra casi exclusivamente en los bienes regulados por la Ley 16/1985, del Patrimonio Histórico Español. Otro aspecto en el que se ha avanzado poco es en los límites de los incentivos que, para las personas físicas, pasan del 20 al 25% de deducción de las aportaciones dinerarias en el IRPF y se mantienen en el 35% del Impuesto de Sociedades para las empresas, con un límite anual del 10% de la base imponible. Hay que tener en cuenta que en países cercanos como Francia la legislación permite deducciones de hasta 66% a las personas físicas y del 60% a las empresas. Finalmente, hay que recordar que la Ley regula los incentivos fiscales al mecenazgo en todos los sectores de interés social, la cultura y el deporte entre otros sectores. La explicación del poco entusiasmo que despiertan los incentivos fiscales al mecenazgo por parte de la hacienda pública viene de lejos y se fundamenta en la preocupación por una posible reducción en la recaudación de impuestos, en la incapacidad de controlar el destino último del dinero destinado al patrimonio cultural, en nuestro caso, y también, por qué no, en una cierta resistencia a dejar cuota de protagonismo a otro tipo de agentes en un sector considerado como propio. En cualquier caso, las restricciones que impone sobre la naturaleza de los bienes culturales sujetos a deducción y el papel que reserva para las administraciones y organismos públicos como destinatarios de buena parte de las aportaciones privadas, tal y como se especifica en los artículos 17 y 16 del Título III de la Ley, hacen innecesaria tantas precauciones. Al contrario, unos buenos incentivos al mecenazgo podrían tener un efecto recaudatorio beneficioso al hacer más visible la contribución económica del sector privado al sostenimiento del patrimonio cultural. Pagar sí, pero con una sonrisa en la boca. ¿Qué papel pueden tener los profesionales del patrimonio ante esta fuente de financiación? En primer lugar es importante ser conscientes del desacuerdo semántico que el enunciado de la ley plantea entre la administración y el sector privado. Mientras que las empresas entienden las aportaciones privadas a proyectos patrimoniales como acuerdos —de esponsorización o patrocinios— de tipo comercial, la Ley se sigue refiriendo a éstos como de mecenazgo, concepto que fuera del campo semántico de la administración pública se entiende desprovisto de cualquier connotación comercial o publicitaria, lo que no es el caso. Por lo tanto, los acuerdos que podamos proponer al sector privado, para tener alguna opción de éxito, deberían ser considerados siempre como esponsorizaciones o patrocinios, según sea el caso, mientras que las deducciones fiscales a las que el esponsor o patrocinador en cuestión pueda tener derecho, le serán aplicadas por su labor de mecenazgo.

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Un clase vintoriana en el siglo XXI. Vivir la historia...

Otro matiz importante es la diferencia de significado existente entre los conceptos de esponsorización y patrocinio. Esponsorización es un concepto que se utiliza en el caso de aportaciones privadas a proyectos culturales puntuales, mientras que patrocinio se refiere a acuerdos de colaboración estables entre los proyectos y sus financiadores. En la práctica estos conceptos, e incluso otros como colaborador o amigo, se utilizan como sinónimo en muchos proyectos. En cualquier caso, los proyectos patrimoniales son un canal creativo e innovador excelente para dar a conocer empresas y productos a diferentes tipos de públicos, dependiendo el éxito o el fracaso de nuestras propuestas de algunos de estos factores: 1. Que seamos capaces de utilizar el lenguaje empresarial y de demostrar los beneficios del acuerdo para la empresa en términos de impactos publicitarios. Para ello es imprescindible tener un buen conocimiento de los potenciales clientes de la empresa, de su gama de productos así como del momento oportuno para efectuar la propuesta. 2. Que tengamos la habilidad necesaria para cuantificar las deducciones fiscales obtenidas de acuerdo a lo que establece la Ley 49/2002 de incentivos fiscales al mecenazgo. Recordemos que en los supuestos que determina la Ley, las empresas pueden recuperar el 35% de su aportación con un límite anual del 10% de la base imponible del impuesto de sociedades.

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3. De otro tipo de factores que pueden estar relacionados con el marketing interno de la empresa, de la empatía, de la adecuada selección de la persona a la que se presenta la propuesta, de la disponibilidad de fondos, de la compatibilidad con otros esponsors o patrocinadores, entre otras muchas causas. A pesar de todas las limitaciones de nuestro marco legal, los acuerdos de esponsorización y patrocinio cultural son una magnífica oportunidad para conseguir la notoriedad que necesitan las estrategias comerciales empresariales, por lo que merece la pena el esfuerzo que supone acercarnos a planteamientos presididos por el lucro económico, y, por lo tanto, muy alejados de la motivación cultural y social de la mayor parte de nuestros proyectos patrimoniales. Productos financieros Finalmente, no hay que dejar de lado la posibilidad que tenemos de financiar proyectos patrimoniales comprando a las entidades financieras algunos de sus productos. En algunos casos esta opción es muy adecuada en caso de tener que hacer frente a obligaciones inaplazables o como financiación puente en el caso de tener aprobada pero no ingresada alguna subvención pública, por ejemplo. El mercado financiero es altamente competitivo. Como consecuencia, los nuevos productos son rápidamente copiados por la acción comercial de la competencia, por lo que no encontraremos grandes diferencias entre ellos. Sí son muy diferentes, en cambio, las condiciones de acceso al crédito y el trato personal entre entidades financieras, e incluso de una agencia a otra. Por ello, es muy importante tejer una relación de confianza entre cliente y empresa que permita agilizar los trámites, que en algunos casos pueden ser largos y tediosos. A pesar de que el mercado cambia con mucha rapidez y que existe cierta incertidumbre en el momento en que se escriben estas líneas, los productos financieros más usuales y sus principales características son los que a continuación se señalan: — Préstamo personal. Aportación de capital a cambio de devolver el capital y los intereses con la periodicidad y montantes acordados. La garantía es la firma del titular del préstamo y la de los avalistas si procede. Es aconsejable para pequeñas cantidades y plazos de devolución cortos, para la adquisición de bienes de equipo de bajo importe, por ejemplo. — Préstamo hipotecario. Lo mismo pero aportando como garantía propiedades de los titulares o de terceros. Los importes suelen ser mayores al igual que los plazos de devolución. Como también son más importantes los costes y procedimientos de tramitación se suelen aplicar a la compra de propiedades o para refinanciar deudas. — Leasing. Arrendamiento con opción de compra al vencimiento por el precio residual. Sólo pueden acceder formas jurídicas (sociedades, asociaciones, fundaciones, cooperativas) o autónomos, por lo que no se conceden a particulares.

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— Leasback. Es la venta de un bien, del que ya somos propietarios, a una compañía de Leasback, manteniendo la tenencia del activo —pero no la propiedad— en calidad de arrendatario con posterior opción de compra por el precio residual. Como en el caso anterior, sólo pueden acceder a este producto formas jurídicas o empresarios/as autónomos. — Póliza de crédito. Crédito limitado que se concede a una forma jurídica o a un empresario/a autónomo —nunca a particulares— para que haga uso de un dinero que no tiene en caso de necesidad, pagando por el crédito utilizado y por el mantenimiento de la póliza. En caso de no hacer uso del crédito, sólo se paga el mantenimiento. Es muy útil para financiar desfases de tesorería o como financiación puente en el caso de subvenciones. — Descuento comercial. Consiste en reducir el periodo de cobro de un efecto a cobrar, generalmente pagarés letras o incluso subvenciones concedidas. La empresa entrega el efecto o la resolución a la entidad financiera que se hace cargo directamente de su cobro adelantándonos el dinero y descontando los intereses y demás gastos. Si la entidad no llega a cobrar, tendríamos que devolver el dinero adelantado. — Confirming. Es un sistema de gestión de pagos, no de cobros. Podríamos avalar los pagos a nuestros proveedores con una entidad financiera. Los proveedores pueden cobrar al contado, de la entidad financiera, las cantidades adeudadas descontando los costes de la operación. — Factoring. En este caso se trata de un sistema de gestión de cobros; facturas emitidas y pendientes de cobro, por ejemplo. El factor, que puede ser una entidad bancaria o una empresa autorizada, nos adelanta el dinero y asume el riesgo de no llegar a cobrar la factura, en este caso. Lógicamente, los costes son directamente proporcionales al riesgo. Conclusión Como se ha ido exponiendo a lo largo de este capítulo, los proyectos patrimoniales se encuentran en una situación de profundos cambios que suponen, no sólo una nueva metodología de trabajo, nuevas técnicas, habilidades y destrezas de los profesionales, sino también un cambio de paradigma en el que hay que desviar la luz de los focos de los bienes patrimoniales hacia los públicos del patrimonio. Es un marco de trabajo de tipo relacional en el que la administración cultural pierde el monopolio de la acción conservando el papel normativo y de regulación del sector. En este nuevo enfoque, la diversificación de las fuentes de financiación de los proyectos patrimoniales va a jugar un papel determinante en el reto de conseguir incrementar el gasto total cultural y así poder complementar la oferta de servicios patrimoniales existente con nuevas ideas y propuestas, adaptándolas a las nuevas tendencias sociales en el uso del ocio y del tiempo libre. Ello obliga a los profesionales a adquirir conocimientos en áreas hasta ahora inéditas en el trabajo cultural como son la microeconomía, el marketing o el trabajo con organizaciones y entidades del ámbito privado, e incluso con organismos internacionales; cada uno con su propio lenguaje y sus propios procedimientos administrativos y de gestión.

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En definitiva, nuevas estrategias, nuevos proyectos e incluso nuevos profesionales para completar el puzzle del patrimonio andaluz del siglo XXI en el que la cultura adquirirá una dimensión mucho más amplia y, al mismo tiempo, más cercana al territorio y a sus pobladores. Algo así como una ventana al mundo abierta en los blancos muros de un cortijo. Bibliografía
ARTIMETRÍA. La dimensión económica de las artes visuales en España. Barcelona: Associació d’artistes visuals de Catalunya, 2006. Capítulo 2. El impacto de los Museos de Arte Contemporáneo. Estudio de Casos, 163-191 p. BARRERA LINARES, D. «Patrimonio y Desarrollo rural en Andalucía». Consejería de Cultura, 2003. Páginas 88-95. Boletín del IAPH, año XI, núm 42. ISSN 1136-1867. BEEN, I., GOUDRIAN, R. y VISSHER, K. Museums: Fee or Free? Erasmus University Rotterdam KEA. European Affairs. Study on the Economy of Culture in Europe. Bruxelles, 2006. 355 p. KOTLER, N. y KOTLER, Ph. Estrategias y marketing de museos. Barcelona: Editorial Ariel S.A., 2001. ISBN 84-344-6627-9 MENDOZA MAYORDOMO, X. Técnicas gerenciales y modernización de la administración Pública en España. Documentación Administrativa nº223, Julio-septiembre de 1990. 261-290 p. ISSN 0012-4494. URIEL, Ezequiel. Ministerio de Cultura. El valor económico de la cultura en España. Madrid, 2006. 206 páginas.

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La cooperación como estrategia para la gestión del patrimonio en el s.XXI: al encuentro de otros territorios
Pilar Tassara Andrade
Grupo de Investigación Desarrollo Rural y Urbano. Universidad de Sevilla

Nuevos escenarios para la gestión patrimonial A partir del año 1991 con la convocatoria por la Comisión Europea de la iniciativa comunitaria LEADER se extiende un modelo de gestión más apegado al territorio donde toman protagonismo los agentes locales y que pone el acento en la valorización de los recursos naturales y culturales. Mucho ha llovido desde entonces y el enfoque LEADER con su dinámica bottom-up se ha consolidado tanto como modelo de gestión participativa como de reconocimiento de los recursos patrimoniales en el territorio. La gestión del patrimonio en el s.XXI demanda ahora sin embargo dar un paso más y salir al encuentro de otros territorios. El contexto internacional nos habla de un mundo absolutamente interrelacionado donde lo que pase a miles de kms afecta ya no sólo a nuestra economía o nuestra política, sino a nuestro modo de vida. Tanto la globalización, con todas sus facetas y matices, como el auge de las tecnologías de la información y la comunicación definen un nuevo sistema de relaciones donde las ideas no circulan ya únicamente de abajo a arriba o viceversa y donde las dinámicas centro- periferia han sido sustituidas por unos nuevos modelos relacionales multi-direccionales. La globalización de las ideas y de los mercados trae consigo los consabidos riesgos de homogeneización, frente a los que ha surgido la necesidad de proteger la diversidad cultural, referente hoy de convenciones y acciones específicas por parte de todos los organismos con responsabilidades en el ámbito de la cultura1. Pero este territorio mundo del s.XXI se caracteriza además por unos fuertes desequilibrios en la distribución de la riqueza y el desarrollo humano que ha generado entre otros múltiples efectos el aumento de los movimientos migratorios que tanto impacto tienen en la deconstrucción cultural e identitaria de nuestros días. En este contexto los territorios rurales no pueden permanecer aislados, ajenos a esta dinámicas sino que deben posicionarse e iniciar estrategias de internacionalización de sus relaciones y proyectos si quieren tener un papel activo en la construcción de la sociedad actual. De esta forma la cooperación cultural en sus diversas modalidades —relaciones culturales internacionales, cooperación cultural para el desarrollo, etc,— se convierte en la herramienta más adecuada para navegar en estos nuevos escenarios, conectando a los operadores locales con otros territorios y otras

1. http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001429/42919s.pdf

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realidades para definir el lugar que quieren ocupar y desde el que quieren actuar en la aldea global. Cooperar e internacionalizar los proyectos: qué, por qué, quienes, cómo, con quién Un operador local que decida emprender una acción de cooperación debe plantearse antes una serie de cuestiones si no quiere desperdiciar tiempo y recursos y lo que es peor, credibilidad. A continuación vamos a intentar repasar brevemente estas cuestiones. Dentro del término común de cooperación cultural se encuadran toda una serie de actuaciones de muy diferente naturaleza, objetivos y metodología. Para centrar el discurso utilizaremos la definición (¿qué?) del diccionario de la Real Academia Española, según la cual el término Cooperar, del latín cooperatio, significa «obrar juntamente con otro u otros para un mismo fin». Esta sencilla definición nos remite a la esencia a veces olvidada de la cooperación que implica el trabajo conjunto, es decir bi-direccional, de al menos dos agentes que se unen por un objetivo común al que sería más difícil llegar de forma individual o aislada. La definición de estos objetivos (¿por qué?), que nos llevan a participar en una acción de cooperación, es fundamental para poner en marcha actuaciones coherentes y consecuentes con el resto de políticas que desarrollamos desde nuestro ámbito de actuación. Quizás queremos cooperar o internacionalizar nuestros proyectos para ampliar mercados y ganar públicos, para compartir costes, para poner a punto nuevos métodos de intervención, para transferir resultados, para aprender, por prestigio, por intereses políticos o económicos, por un sentimiento de justicia social... Cualquiera de estos objetivos puede ser válido pero tenerlos claros antes de actuar nos evitará muchas confusiones en el camino. Para evitar la dispersión y la confusión sería necesario además plantear una verdadera estrategia de cooperación, con objetivos concretos, que puedan alcanzarse con los recursos humanos, económicos e institucionales adecuados. Se trata por tanto de planificar y no improvisar las actuaciones de cooperación, de huir de las acciones aisladas y de valorar y prever en definitiva la sostenibilidad de las actuaciones en el tiempo. Un proyecto de cooperación, como se recoge en algunas de las convocatorias europeas, debe ser algo más que la suma del trabajo de cada una de las partes, ya que es una dinámica que exige la interacción y la reciprocidad para considerarse verdadera cooperación. El primer paso para entablar, y sobretodo, para mantener relaciones estables de cooperación debe ser el respeto y la confianza. Pero la confianza viene con el tiempo, y un problema al que se enfrenta la cooperación es esa necesidad de «tiempos», ya que el tiempo cultural no es igual al tiempo político que necesita inmediatez y resultados visibles mientras que la cooperación es un proceso de largo recorrido. Además una estrategia de cooperación necesita del tiempo para identificar necesidades, agentes, metodologías y tecnologías apropiadas que permitan adaptar las intervenciones a cada contexto dando prioridad a las demandas locales y evitando repetir los mismos esquemas de un proyecto a otro. Por otra parte, una buena estrategia de cooperación debe ser eficaz y duradera. Para garantizar la eficacia de la cooperación al desarrollo la comunidad internacional

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adoptó en 2005 la «Declaración de París sobre eficacia de la Ayuda al Desarrollo» que se ha visto reforzada por varias comunicaciones y recomendaciones de la Unión Europea en este sentido2, que abogan fundamentalmente por la coordinación y armonización entre todas las partes y políticas que intervienen en los procesos de cooperación para mejorar la eficacia y obtener más y mejores resultados. La cuestión es si será posible aplicar estas medidas en el terreno de la cooperación cultural, si estamos dispuestos a coordinarnos, sabiendo que eso implica ceder espacios y visibilidad. La cooperación cultural al desarrollo es un sector joven y debería por tanto desde el principio evitar errores cometidos en otros sectores y actuar buscando la coordinación, la complementariedad y la coherencia. En Andalucía en estos momentos y tras la entrada en vigor de la LACID y la creación de la AACID3 se abren oportunidades para ello con la puesta en marcha del Consejo Andaluz de Cooperación y la Comisión de Cooperación para el Desarrollo. Otro de los grandes retos de la cooperación es la sostenibilidad de las acciones y proyectos, o cómo mantener unas relaciones estables de cooperación más allá de la oportunidad, política o económica, que nos une en un momento determinado. Para ello de nuevo la clave reside en realizar una buena planificación que incluya recursos y soportes adecuados para garantizar la continuidad de las acciones o de sus impactos una vez que finalicen los proyectos. Agentes para la cooperación (quienes) Los nuevos escenarios para la cooperación cultural internacional se caracterizan por la existencia de una multiplicidad de agentes que interactúan dinamizando el sector y ampliando las posibilidades de actuación. Al papel central que ocupaban los estados y los organismos multilaterales, se ha ido incorporando la población civil organizada en asociaciones y Ong’s junto al sector privado donde juegan un papel destacado las industrias culturales. En este contexto cobra cada vez más fuerza el papel de los agentes locales que han situado a la cooperación descentralizada colaboración directa entre agentes locales de diferentes países– como la de mayor dinamismo y crecimiento en los últimos años. La paradoja es que la incorporación de nuevos agentes al ámbito de la cooperación es sin duda positiva pero hay que plantearse los riesgos de duplicidades y descoordinación a la hora de trabajar sobre el terreno que ello puede conllevar. La aplicación de políticas de subsidiariedad y complementariedad es fundamental para asegurar la coordinación de las intervenciones, pero ello sólo será posible si contamos con la generosidad de todas las partes implicadas. Por otra parte y ante la cantidad de instituciones de diversa índole que en ocasiones confluye en el sector de la cooperación, un primer paso sería saber quién

2. Declaración de París, www.oecd.org/dataoecd/53/56/34580968.pdf 3. Ley Andaluza para la Cooperación Internacional para el Desarrollo, 14/2003 de 22 de diciembre. Ley de Creación de la Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo, 2/2006 de 16 de mayo.

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está trabajando y en qué líneas. En este sentido se valoran de forma positiva iniciativas como el registro de agentes de la cooperación que están realizando tanto la AECI como la AACID o la base de datos de la cooperación universitaria al desarrollo, CUD, que está realizando la Comisión de Cooperación del CEURI – CRUE.4 Los socios (con quién) En una acción basada en el trabajo conjunto, la elección de los socios y contrapartes es determinante para asegurar la consecución de los objetivos y el buen desarrollo de los proyectos. Por esto a la hora de buscar socios para nuestros proyectos valoraremos por una parte sus competencias en la materia, la complementariedad que aportan al proyecto, su capacidad institucional, sus objetivos y necesidades, los intereses compartidos así como su capacidad y motivación para el trabajo en común, claves del éxito en la cooperación. Por otra parte recordemos que la confianza es un factor importante en las relaciones de cooperación por lo que la transparencia en las negociaciones y la búsqueda de consenso entre los socios a la hora de abordar los proyectos son también fundamentales.

3. CRUE, Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas. CEURI, Comité Español Universitario de Relaciones Internacionales.

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Metodología y modalidades de cooperación (cómo) Una vez sentadas las bases de la cooperación es importante saber plasmar las intenciones en un proyecto concreto, razonado, creativo y sobre todo viable. Para ello debemos conocer los diversos métodos de elaboración de proyectos, incluyendo todas las fases de desarrollo de los mismos desde la planificación a la evaluación. El método de trabajo por proyectos utilizado por los principales organismos en la cooperación al desarrollo, se conoce como el de Gestión del Ciclo del Proyecto o Enfoque del Marco Lógico. Al final del texto se incluyen enlaces o referencias de algunos documentos básicos para el diseño y gestión de proyectos de cooperación. Sea cual sea el método de planificación elegido no podemos olvidar la necesidad de incluir la evaluación en el propio diseño de los proyectos de cooperación, de forma que podamos medir no sólo los resultados o el impacto sino la correcta ejecución de los procesos. El proyecto es la forma más clásica y concreta de materializar una acción de cooperación pero junto a ella existen otras modalidades que podemos encontrar y utilizar para desarrollar una estrategia de cooperación cultural, como los convenios, los intercambios, las itinerancias o la participación en redes. Junto a ellas a menudo una co-producción o una co-edición son la forma más fácil de iniciar unas relaciones de cooperación, siendo además modalidades en la que nos sentimos muy cómodos los profesionales de la cultura por contar con mayor tradición y experiencia. Las redes Por su especificidad como método de trabajo y el impulso que conocen gracias a las tecnologías de la información, merecen una mención especial las redes de cooperación. El trabajo en red se plantea como una oportunidad para los agentes locales y organizaciones culturales frente a los interlocutores tradicionales y representan una forma de actuación conocida como diplomacia horizontal. En palabras de Alfons Martinell «el networking constituye una cultura organizativa que permite jugar en espacios más amplios desde la práctica cultural de proximidad, e intentar actuar en la denominada globalización ascendente». Las redes permiten a los agentes locales implicarse activamente en procesos y debates centrales actuando desde la periferia, ganando así en visibilidad y poder de interlocución. Contribuyen a vencer el tradicional aislamiento y la incomunicación entre profesionales del sector cultural que trabajan en ámbitos geográficos o institucionales dispersos, fomentando el intercambio y la participación. Y es necesario señalar como dice Javier Brun, que «la red es más una forma de organizarse que una organización o entidad en sí misma». Al final del texto se incluyen algunos ejemplos de redes que vinculan a profesionales del patrimonio y la cultura. Formación para la cooperación cultural Los escenarios cambiantes de este mundo globalizado al que aludía en la introducción demandan a los profesionales y gestores del patrimonio nuevas competen-

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cias para hacer frente a los nuevos modelos de relación, más flexibles y permeables. Y si la formación es importante para cualquier gestor cultural, resulta imprescindible en el profesional de la cultura que trabaja en cooperación ya que la propia especificidad del trabajo demanda profesionales/personas que sepan trabajar con otras realidades sociales y culturales y aprovechar las oportunidades que ofrece la cooperación. El contar con unos recursos humanos capacitados es fundamental en cooperación ya que a menudo el éxito de un proyecto depende más de la formación y capacidad de sus responsables que del presupuesto de que se disponga. Para la formación y puesta al día de los profesionales sería necesario por una parte contar con un corpus teórico sobre cooperación cultural pues faltan ediciones adecuadas para ello y aunque es cierto que los últimos años han aumentado las ediciones en castellano se hace necesario recopilar y sistematizar la documentación existente. En el ámbito de la formación inicial de postgrado es destacable el hecho de que los másters o expertos en gestión cultural no suelen incluir la cooperación entre sus contenidos y sin embargo puede convertirse como vemos no sólo en una herramienta de gestión sino en un emergente sector de actividad para los profesionales de la cultura, por lo que en breve esperamos que se produzcan cambios en este sentido. Como excepción destacar la inclusión de módulo específicos sobre cooperación cultural tanto en el Máster de Gestión Cultural que organizan las Universidades de Sevilla y Granada en colaboración con la Consejería de Cultura, así como en el Curso de Experto Universitario que organizaron los grupos de desarrollo rural andaluces, GDR, en 2006 con la Universidad de Sevilla. Junto a ellos quizás sea desde la formación permanente o de reciclaje donde tengan cabida otro tipo de seminarios y talleres más especializados en los que poder incidir en temas como la Gestión del Ciclo del proyecto o la gestión de fondos europeos de cooperación, que demandan puntualmente los profesionales. Por otra parte al igual que los contenidos, deben evolucionar los formatos y modalidades formativas y así junto a los tradicionales cursos presenciales se extienden cada vez más no sólo los cursos on-line sino experiencias como la Caja de Herramientas argentina: colección de módulos de formación descargables gratuitamente en internet para pymes de base cultural. (ver enlaces) Pero en el ámbito de la formación también es necesario evaluar y validar lo que hay, buscando la coordinación entre las diferentes ofertas para llegar a un acuerdo de mínimos sobre contenidos comunes a cualquier postgrado de gestión cultural y/ o patrimonial. De nuevo las redes de centros y /o profesionales de la formación se convierten en un buen marco para plantear y liderar estos debates. Evaluación e investigación para la cooperación cultural A la hora de evaluar el impacto de los proyectos de cooperación uno de los principales problemas radica en la definición de los indicadores. Estamos muy acostumbrados a medir el consumo, pero cómo medir lo cualitativo, qué aprendemos en una exposición, que nos aporta haber leído un cuento o montar juntos una obra de teatro. Este tipo de estudios cualitativos son muy importantes para demostrar el poder transformador de la cultura, el impacto de lo cultural en el desarrollo personal y la cohesión de las comunidades, claves para justificar proyectos de cooperación cultural al desarrollo.

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Otro problema de los indicadores es que hace falta saber interpretarlos, poco a poco se van generando indicadores en cultura, pero hace falta una mirada crítica sobre los mismos. A los gestores culturales en general nos falta formación para realizar por ejemplo un buen análisis estadístico y en consecuencia los dejamos en manos de economistas a los que les falta a menudo capacidad de análisis cultural. Se hace por tanto imprescindible el trabajo conjunto de los especialistas y en este sentido destacan algunas experiencias positivas entre las que podemos citar en Europa el DEPS (Département d’études, de la prospective et des statistiques) del Ministerio de Cultura francés (www.culture.gouv.fr/deps) y el Convenio Andrés Bello, CAB, en el ámbito Iberoaméricano (www.convenioandresbello.org/). Por otra parte, con los indicadores construimos «sistemas de información» muy necesarios en nuestro sector, ya que la información es clave para planificar y evaluar y a menudo no conocemos la distribución de los equipamientos culturales o lo que se invierte y genera por sectores. Como experiencia en esta línea podemos citar el mapa de equipamientos culturales de Cádiz y Tetuán elaborados en el marco del proyecto FIPAC-INTERREG IIIA España-Marruecos, coordinado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, y que contó con la colaboración del Observatorio Cultural de la Provincia de Cádiz, VIGíA. Los Observatorios se convierten precisamente en un útil instrumento para la investigación y la evaluación en sectores con actuaciones tan dispersas como el de la cooperación a la vez que contribuyen a socializar y difundir los resultados de la investigación. Pero para que la investigación se convierta verdaderamente en una práctica habitual en el ámbito de la cooperación es necesario fomentarla y apoyarla y para ello se van poniendo en marcha diferentes iniciativas como premios y subvenciones entre los que destacamos el Premio de Investigación a la Cooperación Descentralizada del

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Observatorio de Cooperación Descentralizada UE-AL (www.observ-ocd.org) o las subvenciones de la última convocatoria del programa Cultura de la Comisión Europea a la investigación en cooperación. En esta línea señalar por último la pertinencia de realizar estudios de recopilación o publicaciones de buenas prácticas como la encargada por ARA en esta obra o la que prepara la Agencia Española de Cooperación Internacional, AECI, sobre proyectos de cooperación cultural al desarrollo. Financiación de la cooperación Para implementar una estrategia de cooperación e internacionalización es necesario contar con unos recursos financieros adecuados que pueden provenir de fondos propios y/o ajenos. Tanto en el caso de unos como de otros lo importante será adecuar las actuaciones a los recursos fijos disponibles con objeto de asegurar la estabilidad y continuidad de los proyectos. Para ello será mejor iniciar acciones de forma progresiva, apuntalando redes de contactos y resultados, centrándonos en actuaciones concretas que eviten la dispersión de los fondos y maximicen su impacto, que intentar acometer muchas acciones a la vez o de un tamaño difícil de gestionar. A partir de ahí el objetivo debe ser ir aumentando y consolidando unos fondos que den estabilidad a las actuaciones iniciadas y permitan ir asumiendo nuevas responsabilidades en el ámbito internacional. En cualquier caso lo prioritario será diseñar un plan de financiación que recoja todas las posibilidades de captar y generar fondos. En el caso de los fondos ajenos es preciso dedicar tiempo y esfuerzo a seleccionar las convocatorias de ayudas y subvenciones más adecuadas a nuestros objetivos, tanto por su ámbito temático, como geográfico, temporal, etc. Desde nuestra comunidad por ejemplo podemos presentar proyectos para su financiación en la administración, central, autonómica, provincial, local, además de a la Unión Europea y a entidades financieras y organismos de cooperación multilateral. El abanico es tan amplio y diverso que una vez más se trata de definir bien nuestras necesidades y de encontrar las líneas de financiación que más se adecuen a las mismas aunque es cierto que a menudo trabajamos a la inversa, dándole la vuelta a nuestros proyectos para que encajen en una determinada convocatoria. A la hora de buscar fondos para la internacionalización de los proyectos encontraremos diferentes posibilidades según se trate de financiar una estrategia de relaciones culturales internacionales general o de proyectos de cooperación cultural con objetivos de desarrollo. En todo caso y en el nivel de la administración central debemos revisar anualmente las convocatorias del Ministerio de Cultura (www.mcu.es), así como de los diversos ministerios de los que podemos señalar entre otros al de Industria, Turismo y Comercio (www.mityc.es) del que depende además del turismo todo lo relacionado con la sociedad de la información, de gran interés para la internacionalización de los proyectos culturales. En el nivel regional destacamos por su especificidad las subvenciones de la Consejería de Cultura para actividades de cooperación cultural, reguladas por la Orden de 6 de junio de 2007. Por otra parte los entes locales interesados en poner en marcha una estrategia de cooperación al desarrollo pueden encontrar interesantes oportunidades a través

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tanto de la AECI como de la AACID ya que las respectivas leyes que regulan su ámbito de actuación recogen entre sus prioridades sectoriales la financiación de proyectos de cooperación en el ámbito de la cultura. Además, la publicación este mismo año 2007 de la «Estrategia de Cultura y Desarrollo» de la AECI ha abierta muchas posibilidades al sector al profundizar en el efecto que sobre el desarrollo pueden tener las intervenciones en cultura (www.aeci.es/ 09cultural/02ccult/ftp/Estrategia_C+D.pdf). Por su parte las universidades están jugando un papel muy destacado en el ámbito de la cooperación al desarrollo y la práctica totalidad de las andaluzas realizan convocatorias para financiar proyectos de cooperación que pueden incluir aspectos culturales. Entre las más activas podemos destacar las de Córdoba y Granada. Esta última ha puesto en marcha el Centro de Iniciativas para la Cooperación al Desarrollo, Cicode, que financia entre otros proyectos de turismo sostenible con comunidades indígenas o de apoyo a la rehabilitación de cascos históricos en Perú. Igualmente destacado es el papel que están jugando los Fondos de Cooperación, siendo muy activo en nuestra comunidad el Fondo Andaluz de Municipios por la Solidaridad Internacional, FAMSI quien está realizando un interesante inventario/ evaluación sobre las acciones de cooperación internacional al desarrollo de los entes locales andaluces, además de desarrollar diversas actividades en el sector cultural como las Jornadas sobre centros históricos realizadas en Tetuán este mismo año (www.andaluciasolidaria.org) Otra premisa a considerar y que es válida para todos los organismos que convocan subvenciones y ayudas para proyectos de cooperación, es la de no limitar la búsqueda al sector cultura-patrimonio que cuenta siempre con fondos bastante escasos, sino ampliar la perspectiva y ser capaces de hacer una buena propuesta en la que se demuestre el potencial de los recursos culturales en su relación con el desarrollo local, la mejora del medio ambiente y la calidad de vida, la generación de empleo, el turismo, la educación o los servicios electrónicos. Esta visión es fundamental cuando nos acerquemos a buscar financiación de la Unión Europea ya que la mayor parte de los fondos que se conceden para proyectos patrimoniales no proceden del programa Cultura (Cultura 2000 en el anterior período de programación), único específico para la cooperación entre operadores culturales, sino de los fondos estructurales, de otros programas sectoriales y de los programas de cooperación exterior. Por lo que respecta a los «fondos estructurales» en el nuevo periodo de programación 2007-2013, encontramos por una parte los instrumentos para una política regional y de cohesión cuyo objetivo además de reducir las diferencias entre los niveles de desarrollo de las diversas regiones de los países miembros, se centra a partir de ahora en una perspectiva más relacionada con la competitividad de los territorios regionales. Por ello será necesario demostrar cada vez más en qué medida contribuyen los proyectos culturales al aumento de la competitividad e innovación en las regiones. El programa INTERREG IV será de nuevo uno de los referentes para la cooperación patrimonial entre regiones de la Unión Europea. Junto a estos instrumentos y para implementar la política de desarrollo rural se crea el Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural, FEADER, que tiene por objetivos: el aumento de la competitividad; la mejora del medioambiente y el entorno; la mejora de la calidad de vida y la diversificación de la economía rural.

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Entre las políticas sectoriales destaca la «Nueva generación de programas de educación, juventud y cultura», que ha presentado la Comisión, y que comprende la propuesta de un nuevo programa Integral de Aprendizaje Permanente, así como la continuación de los programas Cultura, Media 2007 y Juventud. El presupuesto total propuesto para los programas, 16 mil millones de euros, prácticamente triplica el presupuesto del período anterior y representa el 2% del presupuesto total de la Unión (http://ec.europa.eu/dgs/education_culture/newprog/index_en.html) El nuevo programa Cultura, instrumento específico de financiación y programación para la cooperación cultural en la Unión Europea, estará vigente durante todo el período 2007-2013 y su dotación financiera para este período es de 408 millones de euros. La última convocatoria correspondiente a proyectos a desarrollar en 2008 ha incluido además de los tradicionales proyectos de cooperación otras modalidades como el apoyo a entidades europeas activas en el ámbito de la cultura y la cooperación o la financiación de redes de organizaciones para realizar evaluaciones sobre la cooperación cultural.

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Para información completa sobre las convocatorias, así como para la búsqueda de socios y la cumplimentación de los formularios se recomienda contactar con el Punto de Contacto Cultural del Ministerio de Cultura (www.mcu.es/cooperacion/pcc/ index.html). Junto a los programas propios de educación y la cultura hay que destacar las oportunidades que ofrecen otros programas sectoriales que como hemos comentado disponen de muchos más recursos y permiten poner en marcha acciones de mayor calado que los destinados específicamente a cultura. Entre ellos destacan por su incidencia en el patrimonio los relacionados con investigación y desarrollo, sociedad de la información o medio ambiente. En el ámbito de la investigación la referencia son los programas marcos que engloban a su vez toda una serie de programas e iniciativas entre los que podemos encontrar líneas específicas para estimular la cooperación europea en el sector cultura, bien vinculándola a las tecnologías de la información, como el programa «Digicult», la conservación de los bienes culturales o el medioambiente urbano. El más reciente es el «7º Programa Marco de Investigación y Desarrollo tecnológico». En cuanto a los propios de la Sociedad de la información destaca el «Econtent plus», que apoya la elaboración y difusión de contenidos culturales a través de la red, incluyendo un capítulo específico para bibliotecas digitales (http://cordis.europa.eu/) En el área de Medio Ambiente destaca en este nuevo período el programa «Life Plus», que da continuidad al instrumento financiero creado en 1992 y que es la punta de lanza de la política medioambiental de la Unión. Este programa cofinancia por ejemplo proyectos de conservación y valorización de sitios arqueológicos en parajes naturales o de apoyo al desarrollo del turismo sostenible en lugares patrimoniales (http://ec.europa.eu/environment/life/) Por ultimo y en cuanto a los programas de cooperación exterior de la UE, en el ámbito euromediterráneo se confirma la continuidad de programas como el «Euromed Heritage IV», programa regional para el desarrollo y la apropiación social del patrimonio cultural que acaba de lanzar su convocatoria para 20084, pero están pendientes de definir los Instrumentos de la Nueva Política de Vecindad que tendrán una gran incidencia tanto en la cooperación bilateral como en la regional. La Fundación Anna Lindh, por su parte, ha abierto nuevas posibilidades para la cooperación y el diálogo intercultural en el ámbito del Mediterráneo. En cuanto a programas de cooperación con Latinoamérica en el marco del Programa «URB-AL», para la cooperación descentralizada entre ciudades y regiones de la Unión Europea y América Latina, la próxima convocatoria para redes de cooperación saldrá a principios de 2008. Por su parte el programa «ALBAN» de becas para educación superior continúa funcionando en 2007, mientras que el programa «ALFA» de cooperación universitaria está en proceso de difundir resultados y promover la relación y el intercambio entre redes que ya estén activas5.

4. www.euromedheritage.net 5. Para más información: ( h t t p : / / e c . e u r o p a . e u / c o m m / e x t e r n a l _ r e l a t i o n s / index.htm) y (http://ec.europa.eu/europeaid/index_en.htm)

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Experiencias Tras este repaso a las posibilidades de financiación para proyectos patrimoniales que ofrece la Unión Europea me gustaría presentar una selección esquemática a modo de ejemplo, de proyectos de cooperación realizados en Andalucía con participación de agentes locales y con la valorización del patrimonio como denominador común. Para ver un amplio inventario de actuaciones realizadas por la Comisión Europea en el ámbito de la cultura se recomienda la lectura del informe presentado con ocasión del lanzamiento de la Estrategia europea sobre el papel de la cultura en el mundo globalizado6, así como la Guía Euromedinculture elaborada por un proyecto INTERREG en el que participó la Consejería de Cultura7. En el ámbito andaluz en primer lugar y por representar probablemente la mayor aportación de la Comisión Europea al fomento de la «cooperación territorial» destacaremos algunos proyectos de la iniciativa comunitaria INTERREG, dentro de sus diferentes modalidades de cooperación interregional, transfronteriza y transnacional. Entre los proyectos con participación de la administración regional hemos seleccionado: — El proyecto REPPARD, Red Europea de Primeros Pobladores y Arte Rupestre, (INTERREG IIIB Sudoe) en el que junto a la Consejería de Cultura han participado como asociados diferentes grupos de desarrollo rural tanto andaluces como de otras regiones españolas y europeas. — Proyecto Rural Med, (INTERREG IIIB Medocc) en el que se incluía una línea temática específica sobre el Patrimonio como elemento articulador del Desarrollo Rural. Este proyecto estaba coordinado por la Consejería de Agricultura y en él han participado numerosos grupos de desarrollo rural, GDR, de nuestra comunidad. Con participación de Diputaciones: — Proyecto Red de centros históricos menores y proyecto Eurocuevas: ambos proyectos de la Diputación de Granada pertenecen a la iniciativa comunitaria INTERREG (IIIB Medocc y IIIC respectivamente) y contaron con la participación de un elevado número de municipios de la provincia. — Proyecto «Gastra», sobre gastronomía tradicional, coordinado por la Diputación de Sevilla, en el marco de la iniciativa INTERREG IIIB Sudoe (www.proyectogastra.org). Con participación de municipios: — Proyecto «Axarchauen» para el desarrollo cultural, cofinanciado por el Interreg IIIA España-Marruecos entre el municipio de Frigiliana, (2.451 habitantes), en la Axarquía malagueña, y el de Chefchaouen en Marruecos.

6. Inventario de acciones comunitarias en el ámbito de la cultura. Documento de trabajo de la Comisión Europea. Bruselas, SEC (2007) 570. 7. www.euromedinculture.com

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Destacamos a continuación los proyectos de cooperación patrimonial realizados con «fondos de desarrollo rural», los más cercanos por su método de gestión descentralizada a las necesidades del territorio. En el marco de la iniciativa comunitaria LEADER, como bien conocen los grupos de desarrollo rural andaluces, se contemplaba ya desde la anterior fase de programación la cooperación a través de las acciones conjuntas de cooperación entre grupos de la región, interregionales o trasnacionales. De esta forma se han puesto en marcha proyectos de gran calado como el del patrimonio troglodítico y el del patrimonio megalítico o algunos menos evidentes en torno a la valorización del patrimonio quesero artesanal, el saber popular en las zonas de montaña o el patrimonio asociado al cordero segureño. Entre las últimas acciones conjuntas de cooperación aprobadas en el marco del LEADER + destaca la del Parque Cultural integrada por nueve grupos andaluces junto con socios de otras comunidades autónomas españolas, Italia y Portugal. Estas acciones de cooperación están reguladas en Andalucía por las órdenes 30 de septiembre de 2004 y 29 de agosto de 2006 de la Consejería de Agricultura. Entre los «programas de cooperación exterior» más relacionados con el patrimonio destacan EUROMED HERITAGE para el ámbito euromediterráneo y URBAL para Latinoamérica. — Proyecto DELTA, desarrollo de sistemas culturales territoriales, financiado por Euromed Heritage, en el que participó el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, IAPH, junto a una red de agentes locales. — Proyecto «Cultura del olivo, recuperación de su arquitectura» financiado por el programa URBAL, fue coordinado por la Diputación Provincial de Jaén y realizó unas excelentes publicaciones sobre la materia. — Proyecto «Los centros históricos, un patrimonio habitable» financiado igualmente por el programa URBAL, y coordinado por el Ayuntamiento de Sevilla. CONCLUSIONES Después de este repaso por los principales elementos a considerar a la hora de plantear una estrategia de cooperación cultural podemos concluir que tanto si la consideramos como una obligación moral o como una forma de posicionarnos en el mercado global, la cooperación es un sector de actividad profesional que requiere la existencia de unos marcos normativos, institucionales y financieros adecuados, pero sobretodo de personas cualificadas y motivadas para desarrollar procesos en contextos inciertos y cambiantes, pero siempre enriquecedores. Los profesionales de la cultura tenemos además la responsabilidad de defender y justificar la oportunidad de realizar actividades culturales en países con necesidades de desarrollo, demostrando desde la experiencia el poder transformador de la cultura y su impacto en la cohesión social de las comunidades. Además y tal como demuestran las experiencias citadas, los agentes locales están especialmente bien posicionados para emprender acciones de cooperación cultural con otros territorios de manera directa y efectiva, ocupando espacios en la esfera internacional sin abandonar sus señas de identidad, su proximidad y cercanía al territorio y a sus habitantes.

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En cuanto a los retos de futuro destacaría la necesidad de profesionalizar el sector consiguiendo que las acciones de cooperación dejen de ser algo puntual o anecdótico para formar parte estable de las estrategias de gestión del patrimonio, capaces de dar respuesta a los desafíos de la mundialización cultural del siglo XXI. Enlaces — (www.redalcue.org): Red ALCUE de cooperación en Patrimonio Cultural entre Centros de Excelencia de Europa, América Latina y El Caribe. — (www.euromedinculture.com): Red EUROMEDINCULTURE, de Cultura y regiones en el Mediterráneo. — (www.redinterlocal.org): Red INTERLOCAL de ciudades iberoamericanas por la cultura. — (www.gestioncultural.org/ibertur): Red IBERTUR de Patrimonio, Turismo y Desarrollo Sostenible. — (www.convenioandresbello.org/): Red SOMOS PATRIMONIO de experiencias de apropiación social del patrimonio cultural y natural de América Latina y España. — (www.iberformat.net): Red IBERFORMAT para la formación en gestión cultural. — (www.cultura.gov.ar/lic/pic/cajadeherramientas/index.php): Proyecto de formación Caja de Herramientas. Bibliografía
ADCEI, Association pour le Développement Culturel Européen et International: Vademecum pour un projet culturel de territoire. Realizado en 2006 para grupos de desarrollo del sudoeste francés que trabajan en torno al patrimonio. Descargable en http:/ /www.adcei.org. BRUN, JAVIER: «Los nuevos modelos de cooperación. Integración, oportunidades, encuentro intercultural». Actas del Seminario Internacional Cooperación y Diversidad Cultural celebrado en Medellín, Colombia en agosto de 2002. COMISIÓN EUROPEA: Manual de gestión del ciclo del proyecto: enfoque integrado y marco lógico. Serie Métodos e Instrumentos. Bruselas 2001. JIMENEZ, LUCINA: «Políticas culturales y cooperación internacional para la diversidad y la equidad». Revista Pensar Iberoamérica, nº 10, publicada por la OEI. MARTINELL, ALFONS: «Diseño y elaboración de proyectos de cooperación cultural». Cuadernos de Iberoamérica. Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI). 2001 Observatorio de la Cooperación descentralizada Unión Europea-América Latina: Guía para la acción exterior de los gobiernos locales y la cooperación descentralizada; Aportes de la cooperación descentralizada UE-AL a la cooperación territorial en América Latina, 2007. Observatorio de la Unidad nacional francesa LEADER: Manual para elaborar un proyecto de cooperación trasnacional y/o interterritorial, Traducido por la Red Española de Desarrollo Rural. www.redr.es UNCETA, KOLDO (Dir.): La cooperación al desarrollo en las universidades españolas. Agencia Española de Cooperación Internacional, 2006.

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Enfoques, métodos e instrumentos de evaluación en las intervenciones de valorización del patrimonio cultural
Enrique Hernández Pavón1
Universidad de Sevilla

Introducción Durante las dos últimas décadas se ha venido prestando un creciente interés por la perspectiva territorial en la gestión del patrimonio cultural. En esta mirada, los recursos patrimoniales han ido cobrando nuevas funciones en el desarrollo socioeconómico de las sociedades. Entre esas nuevas funciones, ha ido conformándose una doctrina en la que el patrimonio cultural puede ser utilizado como otra forma de capital productivo si se realiza una adecuada gestión del mismo. La creciente complejidad de las relaciones entre la cultura y el desarrollo está generada por los vínculos que se establecen entre los recursos y las actividades culturales con el territorio donde se ubican y desenvuelven. Lo esencial de todo este complejo sistema de relaciones establecidas entre recursos, actividades y territorio es precisamente su proyección espacial, es decir la territorialidad cultural, entendida como la posibilidad de ligar los procesos socioeconómicos y de identificación cultural en una determinada zona. Destacamos algunos rasgos característicos de las tendencias territoriales: — Creciente demanda social de una calidad difusa sobre el conjunto del territorio, visto como elemento esencial en los referentes de vida para los habitantes y como un factor de atracción para las empresas y los gestores de recursos financieros. Una calidad de vida que depende, sobre todo, de la riqueza, de la integridad y de la manera en que pueden utilizarse los recursos culturales y naturales. — Mayor protagonismo desempeñado por la cultura en el proceso de puesta en valor de un territorio, rural o urbano, y su destacada función en las estrategias que se plantean mejorar el capital simbólico, donde cultura y naturaleza son consideradas nuevas ventajas comparativas. — Creciente importancia de los recursos culturales cuando se trata de utilizar los valores que dan una identidad a las colectividades territoriales, a las culturas y a los sistemas socioeconómicos locales, permitiéndoles organizarse mejor

1. Profesor titular del Departamento de Economía Aplicada II de la Universidad de Sevilla. Miembro del Observatorio Andaluz para la Economía de la Cultura y el Desarrollo (OIKOS)

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y fortalecer su entidad territorial respecto a las tendencias de mundialización y a las presiones que representan un aumento de la estandarización social y cultural. Los modelos tradicionales de gestión cultural han dirigido su atención de forma individual a los recursos y las actividades culturales específicas, separándolas de su contexto. Esos modelos consideran los recursos y las actividades culturales como bienes de situación, ignorando o subestimando la complejidad de las relaciones que los unen al territorio, incluso cuando esas relaciones no pueden desaparecer o están fuertemente establecidas. Por el contrario, las intervenciones sobre los elementos culturales sólo pueden tener éxito y generar una incidencia sostenible sobre la cultura y las economías locales si existen esas relaciones. Son éstas las que pueden transformar la puesta en valor de los recursos como objetos en un valor añadido territorial. Las intervenciones en favor de los recursos y la actividad cultural pueden contribuir a enriquecer la calidad de todo el territorio, tal como el mismo es percibido y apreciado por sus habitantes y desde fuera. El cambio de enfoque que representa pasar de un tratamiento individual de los recursos y las actividades culturales a un tratamiento integrado de los mismos en un determinado territorio, significa superar los enfoques tradicionales, que aún siguen utilizándose actualmente, para dejar paso a modelos operativos de gestión de las políticas culturales con un significado de construcción social, como trabajo colectivo, en continuo cambio y enriquecimiento. Así mismo, se está produciendo una intensificación en el espacio de las relaciones de interdepencia económica, sociocultural y medioambiental, que muestra una capacidad para generar sistemas locales, lo que requiere de acciones innovadoras y experimentales, con control supralocal para conseguir mayor eficacia y eficiencia frente a los riesgos y amenazas. Sobre todo, cuanto concierne a la puesta en valor, las actuaciones deben ser territorializadas, respetando otras políticas con una referencia espacial. El hecho de que los recursos culturales puedan representar una palanca esencial para el desarrollo económico y social no es una idea nueva, especialmente en Europa, donde se cuenta con una dilatada experiencia en acciones y proyectos sustentados en esta interpretación. Los planteamientos anteriores sobre las relaciones entre cultura y territorio reclaman la realización de investigaciones que permitan el intercambio de experiencias sobre cómo funcionan estos sistemas complejos que representan las interacciones de los recursos y la actividad cultural en los territorios. En Andalucía, y durante la última década, vienen conformándose sistemas territoriales de ámbito subrregionales con una clara vocación cultural diferenciada. Esos sistemas han buscado su consolidación en factores institucionales con la meta final de avanzar en el proceso de un desarrollo socioeconómico sostenible, mejorando con ello la calidad de vida de la población. Este tipo de procesos viene considerando al patrimonio cultural como un factor clave de su desarrollo con las funciones, usos y enfoques de gestión anteriormente expresados.

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La evaluación de las intervenciones Resulta de interés para los actores locales, y también para otras instancias, con objetivos y motivaciones diversas, conocer lo que está ocurriendo en esos procesos desde una mirada externa a los propios protagonistas, con la intención de lograr una mayor objetividad en la valoración de las acciones. El análisis debe centrarse en el funcionamiento de ese tipo de procesos, identificando sus características con relación a otras experiencias similares en el ámbito nacional e internacional. Así mismo, los estudios de esta naturaleza deben permitir un diagnóstico que ponga de manifiesto las debilidades y fortalezas del cambio que se está operando en cada una de las intervenciones. Este tipo de trabajos va a permitir: — Identificar los mecanismos de cooperación de los diferentes actores y sus relaciones. Para ello, se necesita estudiar detenidamente el desarrollo de la planificación y la inversión realizada. — Evaluar la estrategia inicial establecida para impulsar y llevar a efecto el proceso de desarrollo del sistema territorial y la puesta en valor de los recursos culturales, comparando la situación actual con la inicial, y realizando un análisis de esa evolución. — Examinar los instrumentos utilizados en el proceso; estudiando la pertinencia y la eficacia de esos instrumentos y los posibles cambios introducidos en el diseño inicial de los mismos para el cumplimiento de los objetivos a los que pretende contribuir. — Detectar los puntos fuertes y débiles del proceso y extraer enseñanzas para otras intervenciones análogas El estudio de procesos de esta naturaleza debe permitir también la realización de análisis comparativos (benchmarking) con relación a territorios similares que actualmente están en construcción o en un estado avanzado de desarrollo. De otra parte, este tipo de exploraciones representa una buena ocasión para avanzar en la construcción de instrumentos de análisis y valoración (indicadores). El perfeccionamiento de las técnicas cuantitativas utilizadas en el análisis posibilitará un mejor conocimiento de los procesos de esta naturaleza y un diagnóstico más acertado sobre la eficacia y eficiencia de los instrumentos utilizados y el progreso en el logro de los objetivos inicialmente propuestos. Las actividades de evaluación constituyen un conjunto de procedimientos, técnicas y operaciones que pretenden poner de manifiesto, elaborar e interpretar los datos sobre la evolución de la realización progresiva de una política, programa o proyecto, donde el control de los recursos significa un aspecto principal. Es decir, los indicadores que hay que utilizar periódicamente según las modalidades definidas con arreglo al sistema de flujos de información sobre los aspectos financieros, procedimentales y de realización física. Las diferentes definiciones que se encuentran en la literatura especializada pueden resumirse en la fórmula de eficacia, que considera la evaluación y el seguimiento a la vez como la comprobación puntual del progreso de cada proyecto, y como la lectura y el análisis integrado de la ejecución de programas de intervención en su conjunto.

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En general, el sistema de seguimiento está vinculado al procedimiento de asignación de la financiación y la información de los datos, coincidiendo con ciertas etapas obligatorias del procedimiento administrativo. Por consiguiente, este sistema de control permite obtener una descripción contable/financiera del progreso de cada proyecto e indicaciones en cuanto a la capacidad de gasto de los sujetos involucrados en la intervención. Sin embargo, este sistema da poca información sobre el «funcionamiento» real, más allá de los aspectos contables de una política o de un programa dado, es decir sobre los problemas asociados a su ejecución, sobre las razones de los eventuales períodos de pausa, sobre las relaciones y los comportamientos de los actores involucrados, y sobre los resultados alcanzados. En los casos de procesos para la formación de un distrito cultural 2, un programa o un proyecto complejo de desarrollo integrado, donde el control no puede limitarse a un simple examen de los gastos, debe estar previsto proporcionar a los actores de las intervenciones un instrumento eficaz para la gestión conjunta del programa. Las metodologías y procedimientos de control y de evaluación comunmente admitidos no logran siempre identificar las urgencias y los efectos inesperados. Tampoco logran medir en muchos casos el nivel de satisfacción de ciertas condiciones requeridas, como la integración a diferentes niveles: entre sujetos, entre políticas, entre sectores administrativos, etc.; la territorialidad de los proyectos o la colaboración entre los actores. En esta perspectiva, el proceso de evaluación in itinere está considerado como un instrumento útil para corregir los proyectos en ejecución y obtener enseñanzas para la formulación de nuevas políticas locales. La utilidad del control/evaluación in itinere se pone de manifiesto en los siguientes aspectos: — Prevé la revisión de las condiciones de contexto ya analizadas en el momento de la evaluación ex ante, permitiendo así manifestar los cambios no previstos que hacen necesaria una actualización de los objetivos y proyectos. — Mide el nivel de pertinencia de los indicadores seleccionados y, si llega el caso, orienta la redefinición o la incorporación de nuevos indicadores. — Se revela útil para determinar si los procedimientos de gestión de los proyectos en ejecución son adecuados. — Proporciona un juicio sobre el grado de integración entre los proyectos y entre las acciones de un programa, así como sobre la contribución de la colaboración (pública o privada) al éxito de las intervenciones. En base a estas consideraciones y características de las zonas culturales, comprenderemos mejor la necesidad de construir y de adoptar un sistema de seguimiento capaz de interpretar y evaluar los aspectos cualitativos y cuantitativos del proceso y de proporcionar las indicaciones para los eventuales adaptaciones y correcciones durante la ejecución. Para conseguir tales resultados hace falta ante todo un plantea-

2. Sistema de relaciones entre recursos, empresas y servicios referidos a un ámbito espacial, que conecta actividades para la puesta en valor de recursos culturales y ambientales, conformando un metaproceso que relaciona el proceso de puesta en valor con otras ofertas del territorio: profesionales, infraestructuras, servicios, empresas, etc.

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miento flexible en la construcción del dispositivo de seguimiento de una zona cultural, sobre todo en la elección de los indicadores que pueden variar con arreglo a los contextos socio-territoriales afectados. La obtención y actualización periódica de los datos (semestral o anualmente), efectuados por los actores del proceso con la colaboración de los sujetos beneficiarios (habitantes, turistas, etc.), debe permitir la medición de: — La eficacia del proceso/programa, es decir las acciones y las intervenciones que efectivamente han sido realizadas como estaban previstas por el Plan estratégico y por el Plan de acción. — La eficiencia del proceso/programa, es decir los vínculos entre las realizaciones, los resultados obtenidos y los recursos financieros movilizados. — El nivel de satisfacción de los objetivos previstos. — Los primeros efectos ex post generados por las acciones y las intervenciones realizadas. Los instrumentos/actividades necesarios para la realización de un trabajo de seguimiento de las características señaladas anteriormente son: 1. Una representación de la situación del patrimonio cultural, disponible desde las fases de preparación y de definición del Plan estratégico para la formación de una zona cultural y de su proceso de puesta en valor y desarrollo. Habrá que verificar la calidad y el grado de actualización con el fin de elaborar un banco de datos principal que será el referente inicial a partir del cual se puedan medir los resultados del progreso y de la realización del programa. 2. La representación del proceso, que debería figurar si fuera posible en los documentos producidos en el curso de las fases que precedieron al Plan y su ejecución. No debería ser difícil de evaluar la coherencia y la correspondencia con los modelos interpretativos de los procesos, la responsabilidad de los sujetos, etc., anteriormente definidos. 3. El control de las condiciones requeridas del programa que lleva a adoptar criterios de calidad. Es decir, el trabajo debe permitir que se expresen juicios sobre la calidad global de la experiencia, basándose particularmente en los principales indicadores recogidos a continuación: — El grado de integración de todas las dimensiones (los temas, los recursos, los actores, las intervenciones, las políticas, etc.), que debe ser medido con el fin de verificar el grado de integración en cada acción/intervención para cada dimensión, y el valor añadido que puede derivarse de la sinergia entre las diferentes dimensiones; — La territorialidad, que concierne, de una parte, a la articulación territorial de las instituciones y de los actores comprometidos y, por otro lado, los efectos territoriales del programa/proyecto que pueden aparecer sí disponemos de una visión global del espacio (en el caso de las zonas culturales es a la vez la interpretación de la situación del patrimonio cultural, el escenario y la perspectiva estratégica del sistema).

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— El grado de partenariado (asociación y participación), es decir, la relación de los sujetos participantes y su papel en las diferentes fases del proceso. Es necesario valorar la calidad de este fenómeno en función de las diferentes formas de partenariado manifestadas, sobre todo de colaboración institucional (mesas redondas, comités, etc. experiencias de concertación), y\o procesos difusos «espontáneos» de movilización local a veces también institucionalizados (la ausencia de un dualismo entre colaboración y participación suele tener efectos favorables sobre la eficacia y la legitimación del proceso). 4. El grado de satisfacción de los objetivos (goal achievement). La presentación de los resultados del programa puede derivar de una simple relación de los proyectos y de las intervenciones realizados por sector y\o tipología, combinada con una evaluación de las relaciones de interdependencia entre ellos. 5. El seguimiento de las acciones claves en el cronograma del proceso y de los efectos secundarios. Se aplica precisamente a los proyectos complejos que presentan un elevado nivel de territorialización, y de las acciones físicas, medioambientales y socioeconómicas. Por eso, es por lo que hay que poner en evidencia la evolución de los factores exógenos que tienen una importancia estratégica y efectos inesperados generados por el proyecto, lo que requiere una gran capacidad de análisis del contexto y de sus transformaciones posibles en respuesta a las iniciativas internas o externas. Estas indicaciones generales permitirán definir y poner en ejecución un trabajo de seguimiento en la fase de preparación y de realización del Plan estratégico. Métodos e instrumentos Como hemos señalado anteriormente, la evaluación de las actividades de desarrollo proporcionan a los poderes públicos, a los gestores de las acciones públicas y a la sociedad los medios para obtener un aprendizaje de la experiencia, mejorar la prestación de los servicios, planificar y asignar recursos, y explicar a las partes interesadas en esas acciones la marcha del proceso, en virtud de los resultados obtenidos. En este trabajo nos proponemos exponer brevemente algunos enfoques, métodos e instrumentos que pueden ser utilizados, así como un resumen de sus objetivos y aplicaciones, sus ventajas y sus inconvenientes, el coste los mismos, las competencias necesarias y el tiempo requerido, señalando también algunas fuentes de información a este respecto. Nos proponemos además presentar algunas indicaciones sobre diversos métodos de recogida de información, marco de análisis y tipos de evaluación y de examen. Los instrumentos y enfoques expuestos aquí pueden ser complementarios en unos casos y alternativos en otros. Su campo de aplicación puede ser muy amplio, o al contrario bastante estrecho. La elección de la fórmula que mejor conviene en un contexto dado dependerá de varias consideraciones, como los objetivos establecidos, las partes interesadas en el resultado del trabajo, el coste y la rapidez con la que se desean las conclusiones.

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Respecto a los métodos, señalamos dos enfoques entre otros posibles, que tienen la virtualidad de responder a planteamientos y limitaciones frecuentes. El primero, responde a la necesidad de obtener resultados rápidos con un coste bajo. El segundo, da satisfacción al principio de participación en las intervenciones. Métodos de evaluación rápida Consisten estos métodos en formular consultas a los beneficiarios y otros actores de las intervenciones para proporcionar a los gestores y dirigentes determinada información de su interés. Estos métodos pueden ser adecuados en aquellos casos que se necesite obtener una información en un breve plazo, especialmente con relación a un proyecto o un programa. También resultan convenientes estos métodos cuando se requiere una apreciación cualitativa sobre los cambios socioeconómicos y culturales complejos, las situaciones sociales con relaciones muy densas, o los valores, motivaciones y reacciones de la población. Además, estos procedimientos sirven para situar las intervenciones en su contexto e interpretar los datos cuantitativos obtenidos por otros métodos. Entre las ventajas que presentan su utilización, además de la prontitud de resultados y de su bajo coste de ejecución, encontramos que es un instrumento idóneo para explorar nuevas ideas. Estas virtudes tienen su contraposición en algunos inconvenientes, entre los que destacamos, su incapacidad para extraer conclusiones generales, ya que las observaciones se dirigen generalmente a una comunidad o localidad particular. El instrumento es menos fiable que otras encuestas formalizadas. Para el empleo de estos métodos es necesario conocer determinadas técnicas, como la realización de entrevistas, la dinamización de grupos, observaciones tomadas mediante trabajos de campo y estadísticas de base. Entre los métodos utilizados con este enfoque señalamos algunos: a) Consulta de las principales fuentes de información El procedimiento consiste en proponer una serie de cuestiones abiertas a los individuos elegidos por sus conocimientos y experiencia sobre un determinado tema. Las entrevistas —cualitativas, en profundidad y semiestructuradas—, están sustentadas en una guía de seguimiento conteniendo la lista de los temas o de las cuestiones. b) Grupos de expresión El método radica en facilitar los puntos de vista entre varios participantes (8 a 12) cuidadosamente elegidos por tener un perfil similar. Estos participantes pueden ser seleccionados entre los beneficiarios o los gestores del programa, por ejemplo. El dinamizador del grupo utiliza una guía de discusión. Otras personas registran los comentarios y las observaciones.

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c) Consulta a un grupo de la población afectada El instrumento estriba en proponer una serie de cuestiones y facilitar el debate en el curso de una reunión abierta a todos los miembros de la comunidad. El encuestador sigue un cuestionario cuidadosamente preparado. d) Observación directa La forma de proceder se basa en señalar en un formulario detallado lo que se ha detectado en los lugares de realización de las acciones. La información puede referirse a las actividades en curso, los procedimientos, los debates, las relaciones sociales y los resultados observados. e) Mini-encuesta La fórmula se apoya en la utilización de un cuestionario estructurado para proponer un número limitado de cuestiones cerradas a un grupo de 50 a 75 personas. La elección de las encuestas puede ser aleatoria o «razonada». Métodos de evaluación participativa Los métodos participativos permiten asociar activamente a la toma de decisión las partes que intervienen en el proyecto, programa o estrategia, y llevarlas a suscribir plenamente los resultados y las recomendaciones del trabajo. La utilidad de estos métodos radica en que permiten conocer mejor la situación, las perspectivas y las prioridades de la población local, con la finalidad de ajustar las intervenciones que se adaptan más y que tienen más probabilidad de tener éxito y sostenerse en el tiempo. También resulta útil para detectar los problemas y aportar una solución durante la ejecución del proyecto. Además, permite mejorar los conocimientos y las competencias con el objetivo de reforzar los medios de acción de aquellos colectivos con menos posibilidades para influir en el proceso. Estos métodos muestran como principales ventajas la consideración de cuestiones pertinentes debido a la participación de las partes principales que intervienen en el proceso de concepción. Así mismo, el procedimiento permite la creación de asociaciones y apropiación local de los proyectos, una mejora del aprendizaje, de la capacidad de gestión y de las competencias de la población local. Y, también, la producción de información actual y fiable para la toma de decisiones en la gestión. Los principales inconvenientes derivan de que estos métodos a veces se consideran menos objetivos. Para ser aceptados, es necesario que las principales partes implicadas participen. El riesgo radica en que algunas de esas partes monopolicen el proceso para servir a sus propios intereses. Los costes de ejecución suelen ser más bajos en comparación con otros métodos. La cuantía de los mismos es muy variable, según el ámbito de aplicación y el grado de detalle buscado y según el valor atribuido a las contribuciones locales.

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Entre los instrumentos de participación más frecuentemente utilizados encontramos los siguientes: a) Análisis de las partes que intervienen Es el punto de partida de la mayoría de las evaluaciones sociales y de las actividades realizadas en cooperación. El objetivo es comprender las relaciones de poder entre los diversos colectivos asociados a una actividad, su influencia y sus intereses respectivos, con la finalidad de determinar los actores que deben participar, y en qué momento. b) Evaluación territorial participativa Método de planificación fundado en la participación de conocimientos, urbanos, rurales y externos. Permite a los gestores del desarrollo y a la población local evaluar y programar las intervenciones apropiadas de forma colaboradora, a menudo con la ayuda de técnicas visuales, de manera que los receptores puedan también participar. c) Evaluación por los beneficiarios La fórmula tiene su fundamento en la consulta sistemática a los beneficiarios de los proyectos y otros actores para identificar y concebir actividades de desarrollo, diagnosticar los obstáculos a la participación, y obtener información que permitan mejorar los servicios y las actividades. d) Evaluación y seguimiento participativo El método consiste en asociar los actores de diferentes niveles en la identificación de los problemas, en la recogida y análisis de información y en la elaboración de recomendaciones. Consideraciones finales El desarrollo de las intervenciones es un proceso que necesita mantenerse en equilibrio dinámico para conservar su sostenibilidad en el tiempo. Es decir, requiere que dicho proceso funcione como un sistema homeostático3 retroalimentándose de

3. Un sistema homeostático es aquel que no cambia en el tiempo, aunque sí varían sus componentes y el ambiente en el cual se encuentra. Es un sistema que está dotado de mecanismos de autoregulación, lo que hace mantener el cambio del mismo en parámetros de supervivencia o viabilidad.

Enfoques, métodos e instrumentos de evaluación en las intervenciones de valorización...

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determinados impulsos. En primer lugar, de nuevos conocimientos sobre su funcionamiento, que evidencian los avances en la superación de debilidades y amenazas pretéritas inicialmente detectadas en la formulación de la estrategia inicial de desarrollo, y la aparición de nuevas perturbaciones y riesgos. En esta tarea, resulta de la mayor importancia disponer de un sistema de información adecuada y el ejercicio de los trabajos de evaluación de las acciones realizadas. Además de los avances en el aprendizaje del funcionamiento de los sistemas culturales y de las intervenciones que se están realizando para la puesta en valor de los mismos, es necesario alimentar de forma permanente este tipo de procesos con renovados impulsos sociales y recursos de distinta naturaleza, especialmente los primeros. Sostener una tensión social permanente sobre los procesos de puesta en valor de los recursos culturales es un aspecto principal para lograr el éxito de las intervenciones, sobre todo si consideramos que las mismas suelen tener un horizonte temporal de realización muy amplio. Al menos, debe mantenerse esa tensión hasta que los procesos alcancen su masa crítica4. Son muy variadas las técnicas e instrumentos disponibles para estimular el interés institucional y colectivo por este tipo de operaciones, entre las que destacamos por su potencialidad las acciones de marketing territorial y la coordinación entre las administraciones. En los estrechos límites de este trabajo sólo hemos hecho mención a algunos enfoques, métodos e instrumentos útiles en los trabajos de evaluación de las intervenciones. No obstante, el catálogo de estas herramientas y su uso es muy amplio, desde los más simples, entre los que se encuentran los señalados anteriormente, hasta aquellos que reflejan gran complejidad, requiriendo la disposición de elevados niveles de recursos (tiempo y gasto) y una alta cualificación de las personas que los realizan. A título de mención señalamos entre otros los siguientes: la evaluación de impactos, el análisis beneficio-coste, los análisis de eficacia y eficiencia, etc. Como cuestión final, estimamos oportuno destacar el carácter cognitivo del trabajo de evaluación. La información y los conocimientos extraídos de la experiencia son productos útiles para efectuar su comparación con otras experiencias similares. De estos exámenes pueden derivarse innovaciones en las formas de actuar, en la formulación de estrategias, utilización de instrumentos, etc. También tiene interés como resultado de este tipo de análisis, conocer cómo el entorno, según sus características, incide en las intervenciones. Y, con relación a otros aspectos, cómo las variaciones en las tendencias mundiales afectan a estos procesos, especialmente los cambios sociales y productivos, entre ellos, por su proximidad temática, los hábitos turísticos. El interés por esta perspectiva y contenido de análisis se pone de manifiesto en los numerosos foros y observatorios que actualmente existen en los ámbitos nacional e internacional, cuya doctrina queda patente en la amplitud de sus publicaciones.

4. Se alcanza la masa crítica cuando un conjunto de las acciones previstas en la estrategia han conseguido superar el umbral de riesgo de paralización del proceso, debido a un reconocimiento del interés del proyecto por los actores.

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Una década gestionando el patrimonio cultural desde el Ecomuseo del río Caicena (Almedinilla-Córdoba)
Ignacio Muñíz Jaen
Director del Ecomuseo del Rio Caicena

El patrimonio del territorio y el territorio como patrimonio El Ecomuseo del Río Caicena en Almedinilla es un proyecto cuya acción museológica se enmarca en el contexto del mundo rural, de su economía, población y formas de vida, y donde el mimetismo cultural hacia los valores urbanos provoca una pérdida paulatina y constante de los propios. Almedinilla es un pequeño núcleo rural, al Sureste de la provincia de Córdoba y en el vértice común que forma ésta con las de Jaén y Granada (entre Priego de Córdoba y Alcalá la Real), formando parte de la Mancomunidad de Municipios de las Sierras Subbéticas Cordobesas y de la comarca de Priego: en el centro geográfico de Andalucía. El término municipal está vertebrado por el río Caicena, depositario del Guadajoz, y alberga a una población de 2.500 habitantes que se distribuyen a partir de un núcleo principal, Almedinilla con 1.500, y un conjunto de aldeas y diseminados (Los Ríos, Las Sileras, Fuente Grande, Las Ventas, Brácana, Venta Valero), que enriquecen la variedad sociocultural de este territorio pero dificulta su gestión al multiplicarse las infraestructuras municipales y los servicios sin tener aparejado un complemento en los presupuestos asignados por el Estado. Almedinilla posee un rico entorno natural fruto de su situación en los macizos calizos de las Sierras Subbéticas y al pie de la Sierra de Albayate, espacio natural declarado Complejo Serrano de Interés Ambiental, que conserva relativamente bien masas de bosque mediterráneo con gran diversidad en flora y fauna, creando un variado relieve kárstico que favorece los abundantes manantiales y arroyos existentes, a lo que se suma una vegetación de ribera formada por el Caicena con paisajes agrícolas tradicionales de huertas y olivares (VVAA a, 1996). El entorno natural de la Sierra de Albayate y el resto del término municipal quedó sin embargo al margen del Parque Natural de las Sierras Subbéticas (Decreto Ley del 28 de Junio de 1988), y en este sentido más sujeto si cabe a las agresiones medioambientales procedentes de tres frentes fundamentalmente: la agricultura del monocultivo (con la pérdida de biodiversidad), los fuertes procesos erosivos y las captaciones ilegales de agua subterránea. La economía de Almedinilla gira precisamente en torno al monocultivo del olivar (cultivo que se ha ido imponiendo en el territorio desde 1950 frente a las zonas de cereales, huertas y monte), con pequeños y medianos propietarios que en su gran mayoría explotan las tierras en régimen de propiedad, y con algunas huertas y

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ganadería (porcina y ovicápridos) de carácter familiar. Existen industrias de transformación de la aceituna (6 almazaras, una de ellas cooperativa), pero una insuficiente comercialización directa del aceite (sólo entre el 6-15% de la producción), con una economía volcada a conseguir la máxima producción, muy poco diversificada, y con ningún aprovechamiento integral del olivo (abonos orgánicos, muebles, generación eléctrica, cosméticos...), con la consiguiente pérdida de la relación tradicional entre el agricultor y la tierra (con escasa presencia de la agricultura ecológica), y la dependencia de las políticas agrarias de La Unión Europea y de las ayudas del Estado. No obstante, la tambaleante realidad económica de la localidad (afín a la de otras muchas) queda amortiguada en la última década por la mejora en las comunicaciones, los mayores servicios en el municipio, el aumento considerable del nivel de vida del agricultor, el freno en la emigración, una mejor formación entre la juventud, y otros aspectos como el impulso de los aceites de oliva de calidad (a partir de la creación del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Priego) y la creación del polígono industrial Los Bermejales (que concentra y organiza las industrias de la localidad que han ido surgiendo: empresas de muebles, confecciones, envasado de alimentos, embutidos, pavimentos...). Todo ello está contribuyendo a una mayor diversificación económica propiciada en gran medida por los diferentes fondos europeos que han ido llegando en los últimos años. Por otra parte, el patrimonio histórico de Almedinilla ofrece un conjunto de elementos arquitectónicos tradicionales que van desde las industrias de almazaras y molinos harineros a los sistemas hidráulicos de regadío de las huertas, pasando por un urbanismo serrano y un conjunto de paisajes agrícolas tradicionales, aunque cuando empezó el proyecto de Ecomuseo en proceso de abandono y deterioro, sin normas urbanísticas ni políticas medioambientales municipales que lo paliara. Dentro del patrimonio histórico, el legado arqueológico de Almedinilla posee una riqueza singular, riqueza que ha sido el motor del resto del proyecto de Ecomuseo. Este patrimonio es conocido de antiguo a raíz de las excavaciones practicadas en las necrópolis ibéricas del Cerro de la Cruz (L. Maraver y Alfaro a finales del siglo XIX MARAVER, 1867—, y de P Paris y A. Engels a principios del XX —PARIS, ENGELS, 1906), . continuadas durante 1985-87-89 por el Seminario de Arqueología de la Universidad de Córdoba (VAQUERIZO et ALLII, 1994; CARMONA, 1998; VAQUERIZO, NOGUERA 1997), y en los últimos años como parte de la investigación que se genera desde el propio Ecomuseo (MUÑIZ, 2000 a; MUÑIZ, LARA, CAMACHO 2000). Sin embargo, tras las excavaciones arqueológicas de 1989 los yacimientos quedaron completamente abandonados a su suerte, sin existir un proyecto o una preocupación lo suficientemente sólida para proteger y potenciar estos recursos, desatendiendo desde la administración autonómica un patrimonio en abandono progresivo desde finales del siglo XIX, desde la Universidad mirando más sus intereses en el terreno de la exclusiva investigación, y desde el ayuntamiento de la localidad sin definir un proyecto museológico y museográfico claro, y sin el impulso político necesario para llevarlo a cabo. Esta realidad se quiso cambiar desde un proyecto municipal que tuviera en cuenta el patrimonio de manera amplia y dinámica, incluyendo todos los testimonios naturales y culturales que la sociedad reconoce y valora como merecedores de preservación y conocimiento, y que deben ser legados a las generaciones futuras, y de cuya interrelación ya se hizo eco la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial,

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Cultural y Natural adoptada en 1972 por la UNESCO, que eliminó la separación entre patrimonio histórico y natural conscientes de su íntima influencia, añadiéndose el grupo humano dentro de su contexto natural, social y cultural, y convirtiendo el territorio en un buen soporte para identificar, valorar y vertebrar el patrimonio de una comunidad. Desde la asociación Amigos de Waska de Almedinilla nos comenzamos a mover dentro de los conceptos de la llamada Nueva Museología, que insiste en los aspectos didácticos y en la apertura del museo a la sociedad, corriente que acogió multitud de experiencias novedosas a partir de 1970, como los Parques Arqueológicos, Parques de Recreaciones Etnográficas, Arqueodromos, los llamados museos escolares y comunitarios, o los ecomuseos, una de las experiencias que mejor han interrelacionado Territorio-Población-Patrimonio y que fue el modelo teórico que más nos interesó desarrollar en Almedinilla. Los ecomuseos, definidos como espejos «donde la población se contempla para reconocerse, donde busca una explicación del territorio en el que está enraizada y en el que se sucedieron todos los pueblos que la precedieron en la continuidad o discontinuidad de las generaciones. Un espejo que la población ofrece a sus huéspedes para hacerse entender mejor, en el respeto de su trabajo, de sus formas de comportamiento y de su identidad» (Rivière, 1993:191), constan de una serie de espacios y de construcciones, conservados en su lugar originario, explicados desde una perspectiva cultural y descritos externamente en una visión conjunta de la evolución de la región y/o del territorio local. Las experiencias de ecomuseos se entienden como museos abiertos, museos del territorio, que se convierten en motores de desarrollo del mismo y en mecanismos de participación de la población, situándose habitualmente en zonas deprimidas económicamente, principalmente rurales aunque también existen experiencias en barrios urbanos. En estos proyectos el término «eco» no hace mención exclusivamente a las cuestiones medioambientales sino que se refiere a su acepción lingüística: OIKOS, es decir «hogar» en griego, hogar en el sentido de todo aquello que nos conforma (historia, tradiciones, modelos de comportamiento, formas de trabajar y relacionarse, paisajes...), término que puede aplicarse a diferentes ámbitos: un pueblo, una comarca, un barrio de una ciudad, una actividad artesanal o industrial determinada. El Ecomuseo del Río Caicena quiere incidir por tanto en promover un desarrollo endógeno y equilibrado de la localidad, a partir de una concepción territorial e integrada de todo el patrimonio existente en él, desde el compromiso con el mundo rural y desde el mundo rural, siguiendo la linea que después se concretaría por parte de la Consejería de Cultura en el documento: Bases para una Carta sobre Patrimonio y Desarrollo en Andalucía (VVAA b, 1996). El Ecomuseo se configura por consiguiente como un instrumento de participación y reflexión que frene los efectos de una economía y una sociedad que sólo busca el beneficio monetario (por encima del patrimonio histórico, del entorno natural, de los valores comunitarios y de la propia salud) y que relega al mundo rural a un papel cada vez más marginal y dependiente. Esta intención que nos animaba —y anima— no está exenta de tensiones, contradicciones, desencuentros, pérdidas y algunos logros y alegrías, pero creemos que está sirviendo para generar un debate abierto y continuo que desde el conocimiento del territorio y su devenir histórico (expresado en su patrimonio histórico y natural)

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nos ayude a entender nuestro presente y encarar nuestro futuro. Para nosotros este es el mejor modelo de desarrollo, es decir, el que parte de la dinamización social y cultural, a través de la reflexión crítica y la participación en el análisis de los problemas y en la búsqueda de soluciones. En definitiva, desde el Ecomuseo se promueve (a partir de un nuevo núcleo museístico, una actuación de mejora del entorno natural, la recuperación de un camino ganadero, una nueva actividad didáctica...) la diversificación de recursos y mejorar la calidad de vida del habitante de la localidad y de la comarca. Si además se consigue atraer con ello a un turismo respetuoso, que valora e integra en su experiencia lo que ve, y que ayuda a mantener infraestructuras y puestos de trabajo, generando un movimiento económico (bares, restaurantes, alojamientos rurales...) mucho mejor.

Vista general de Almedinilla.

La casa por los cimientos: del marco teórico a la práctica museística En 1993 un grupo de vecinos de Almedinilla, desde la asociación Amigos de Waska, comenzamos a denunciar el estado de abandono de los yacimientos arqueológicos e impulsar la conservación de los mismos, hasta que el renovado ayuntamiento de Almedinilla decide crear por acuerdo plenario el Museo Histórico en 1994 (que albergaría parte de los objetos arqueológicos almacenados en dependencias municipales de los yacimientos arqueológicos del Cerro de la Cruz y El Ruedo).

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Aunque en su origen el Museo no pasó de ser una Exposición Permanente de Arqueología (como en realidad lo denominábamos), situado en los bajos del Hogar del Pensionista, en un local pequeño y poco apropiado, sin presupuesto asignado, sin personal contratado, y con carencias de todo tipo, desde el principio los objetivos a medio y largo plazo estaban ya claros y la progresión del proyecto de Ecomuseo ha sido lenta pero sin pausa, sirviendo la Exposición para impulsar primero el definitivo Museo Histórico en el Paraje de Fuenteribera, y después todo el proyecto de Ecomuseo (MUÑIZ, 1996). Desde el comienzo consideramos que el Museo de Almedinilla debía alejarse de los museos que no aplican una museología como ciencia, al menos explícitamente, y que de forma encubierta están propiciando el elitismo (museos para entendidos), la pasividad del espectador, el furtivismo (lo importante es la pieza no el contexto de la misma) y el consiguiente coleccionismo (coleccionismo público). Efectivamente, el contexto de los objetos se perfiló desde primera hora como fundamental precisamente para la mejor y más completa comprensión de los mismos, siendo la musealización de los yacimientos arqueológicos uno de los objetivos prioritarios del Museo Histórico. A partir de aquí se empezó a elaborar un proyecto más global que abarcara todo el patrimonio del término municipal de manera interrelacionada, y que fuera en definitiva un proyecto de desarrollo local. Surge así el marco teórico del Ecomuseo (donde se integraría el propio Museo Histórico) como motor que moviera y enlazara las distintas actuaciones territoriales municipales, partiendo de un inventario de recursos, diagnóstico de los mismos, y planes parciales de actuación a corto, medio y largo plazo, y desde entonces el arqueólogo-director del Museo debía actuar también como director del Ecomuseo, y en este sentido como agente de desarrollo local, coordinando las distintas secciones del ayuntamiento en proyectos concretos (Escuela Taller, Oficina de Promoción y Desarrollo, Asistencia Social, Juventud... y la propia concejalía de Patrimonio que se creó para este fin). El ayuntamiento de Almedinilla asumía por tanto sus responsabilidades en materia de patrimonio histórico (como reza el artículo 4.1 de la Ley 1/1991 del Patrimonio Histórico Andaluz), tomando las riendas en su difusión y salvaguarda, con el convencimiento de saber que una localidad, por pequeña que sea, tiene la responsabilidad y también el derecho de recuperar y potenciar su patrimonio, pero teniendo siempre presente el peligro de sumarse a la multiplicación de museos locales sin un proyecto claro a medio y largo plazo, como acontece en algunos casos en donde «la garantía de seriedad y honestidad intelectual de todas esas iniciativas, que pueden responder a una simple operación de marketing cultural, no está asegurada» (RIVIÈRE,1993:96). En este proyecto el hilo conductor del discurso lo establece el río Caicena, que explica al habitante y al visitante lo que encontró y encuentra en su transcurrir: el bosque de ribera que forma el propio río y sus paisajes de cascadas y huertas tradicionales, la Sierra de Albayate, las industrias que movió su fuerza (molinos harineros y aceiteros), el urbanismo serrano, los propios yacimientos arqueológicos que se levantan a sus pies (entre ellos el poblado ibérico de El Cerro de la Cruz y la villa romana de El Ruedo), así como las tradiciones, saberes, sabores y valores de un mundo rural frágil, cambiante y en peligro. Una serie de núcleos museísticos se esparcen por el término municipal explicando el territorio y dinamizando a la población: Aula del Caicena y Recorrido de Educación Ambiental, Molino y Sala de los Cereales, Museo de la Historia de los Movimientos

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Campesinos, Centro de Recepción y de Exposiciones Temporales, Sala de Conferencias y Talleres, Biblioteca y Alojamiento para Investigadores, Taller de Restauración y Almacén, yacimientos arqueológicos de El Cerro de la Cruz y villa romana de El Ruedo, Rutas Senderistas... y el Museo Histórico, edificio principal del Ecomuseo y desde donde se parte a reconocer el territorio (MUÑIZ, 2000b ). En nuestro caso huimos de subirnos precipitadamente al carro del turismo rural, al que se suben muchos proyectos empezando la casa por el tejado (sin tener claro el proyecto, y sin las infraestructuras mínimas necesarias, creando desilusión y falsas expectativas en el visitante), optando primero por concienciar a la población, elaborar proyectos que nos ayudaran a impulsar el Ecomuseo, y en todo caso optar por la atención de calidad y el avance paulatino. Para ello se elaboraron multitud de proyectos (Plan Zurreón, Plan de Dinamización Turística...) o se participó en otros que el ayuntamiento impulsaba (LEADER, PRODER, Casa de Oficios, Escuela Taller comarcal...), siendo determinante el trabajo que desde el Ecomuseo se realizó en relación a las Normas Subsidiarias Urbanísticas del municipio para proteger el paisaje agrícola tradicional de las huertas, el serrano en conjunción con el callejero y una serie de edificios y entornos urbanos. Pero el trabajo que ocupó más energías los primeros 3 años (de 1994 a 1997) fue el de concienciar a la población de Almedinilla en relación a su rico patrimonio histórico y natural, convirtiéndolo en referente de identidad. Para este menester hubo que afrontar mil y una dificultades, tanto estructurales como específicas de un pueblo pequeño, con escasísimo presupuesto y con la herencia de un cierto recelo en parte de la población ante estas cuestiones. Para ello se realizaron una serie de actividades programadas y sistemáticas como visitas guiadas, cuestionarios, charlas, publicación de artículos, exposiciones y jornadas (Jornadas sobre Patrimonio y Desarrollo Rural, Jornadas de Agricultura Ecológica...) y actividades de dinamización, en un trabajo silencioso, poco visible, pero muy gratificante. El Ecomuseo del Río Caicena, siendo un proyecto municipal, ha procurado no obstante aunar esfuerzos de diferentes administraciones e instituciones para desarrollar un programa a corto, medio y largo plazo, coordinando diferentes subvenciones y ayudas que se han venido recibiendo principalmente de la Diputación de Córdoba, Consejería de Turismo, Consejería de Cultura, Instituto Andaluz de la Juventud, INEM, fondos europeos (LEADER y PRODER). Para la gestión y desarrollo de las actividades del Ecomuseo se constituyó en 1999 el patronato municipal HYPNOS en el que colaboraba Diputación de Córdoba y Ayuntamiento, aunque en la actualidad se ha creado una empresa pública del ayuntamiento «Somnus Desarrollo de Almedinilla S.L.» para gestionar las actividades turísticas: actividades de dinamización y oferta los paquetes turísticos-culturales, sobre todo el denominado «Un Día en la Bética Romana» (con visitas, actividades teatrales y encuentro gastronómico), además de talleres, jornadas, venta de entradas, tienda, central de reservas de alojamientos.... Son cinco las etapas que en estos 12 años se pueden marcar con respecto al Ecomuseo: — 1994-1997: Consistente en el comienzo de las intervenciones en el patrimonio arqueológico, actividades de concienciación de la población y trabajo exclusivamente voluntario.

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— 1997-1999: Con la inclusión del Museo Histórico en el Registro Andaluz de Museos, elaboración del proyecto de Ecomuseo del Río Caicena, y trabajo de carácter voluntario. — 1999-2002: Con la infraestructura básica finalizada (con el núcleo principal en el Museo Histórico), desarrollo de actividades de investigación, formativas, de difusión y turísticas. Almedinilla se convierte en referente tanto en los círculos especializados como en los divulgativos. El trabajo realizado se encuentra ya bajo vínculo contractual, aunque en gran medida aún tiene carácter voluntario. — 2002-2005: Se llega a la optimización y diversificación de recursos, desde un trabajo ya fundamentalmente de carácter contractual (aunque siempre con voluntarismos). No se puede avanzar más desde los medios personales y técnicos que se dispone. — 2005-2009: Debe ser un periodo donde se consolide lo actual (infraestructuras, actividades, personal) acometiendo nuevas infraestructuras y actividades, ampliando las ofertas, y sobre todo las personas vinculadas al proyecto (creando un equipo de trabajo motivado, formado en diferentes campos, flexible en horarios y cometidos, y todo lo estable laboralmente que sea posible, en aras de una mayor consolidación de propuestas). Infraestructuras y actividades del ecomuseo El Museo Histórico Situado en el entorno natural de Fuenteribera. Lugar que resume la relación de los vecin@s con el río Caicena ya que el edificio fue molino de harina y de aceite movido por la fuerza del río; de este lugar se nutre el río con diferentes manantiales; parten de aquí las acequias que a ambos márgenes riegan las huertas del Caicena; aquí se situaban los antiguos lavaderos y diferentes minas de agua. El Museo tiene 1000 m2 y alberga 4 salas bajo el título de «descubre los orígenes de la cultura mediterránea andaluza». — La Sala del Aceite aprovecha la antigua maquinaria de aceite del edificio, mostrando la evolución tecnológica en la producción del aceite, los usos del mismo, el aceite en época ibérica y romana, un recorrido ecológico por el olivar (con una colección de mariposas que nos hablan de la diferente biodiversidad asociada a distintos ecosistemas), y un espacio dedicado a los magníficos aceites de la comarca con denominación de origen. — La Sala de la Cultura Ibérica muestra objetos arqueológicos de la cultura prerromana, indígena, propia de esa zona, y en concreto los exhumados en el poblado de El Cerro de la Cruz, destacando la cerámica (rica en tipologías), los utensilios de uso común, o el armamento bélico. — La Sala de la Cultura Romana expone los materiales procedentes de la villa romana de El Ruedo, entre los que se encuentran objetos de uso doméstico, agrícola, ajuares encontrados en la necrópolis, y sobre todo el conjunto escultórico que sorprende por su cantidad y calidad, destacando como emblema del Museo la escultura en bronce del dios del sueño Hypnos.

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— La Sala de los Molinos y los Cereales se sitúa en el recuperado molino harinero, exponiéndose la maquinaria y explicando la actividad cerealística del pasado, junto a la turbina y generador eléctrico que, aprovechando el salto de agua, daba electricidad a parte de la localidad a principios del siglo XX, y que se quiere volver a poner en uso.

El museo en su entorno.

El Museo Histórico en cada una de sus salas propone diferentes recorridos y niveles de acercamiento, con espacios de recreación (Aula de la Arqueología, Aula de Expresión, Aula del Sueño) en donde se intenta acudir a todos los sentidos, y con un mensaje implícito que señala el marco cultural mediterráneo (orígenes y herencias) en el que nos encontramos, y las riquezas y también los peligros que afectan al patrimonio comarcal, recalcando en todo ello el concepto de biodiversidad como elemento que enriquece un territorio. El Museo se complementa con una tienda, aseos, almacén, oficinas y una biblioteca especializada y alojamiento para investigadores. — Taller de restauración y almacén de fondos: Sala de 300 m2 situada en otro edificio y en el interior de la localidad, donde se almacenan los fondos del Museo y se sitúa un taller de restauración de 100 m2. — Sala de conferencias y talleres: Espacio de 170 m2 que sirve para la realización de actividades con escolares y sala de conferencias.

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— Museo de la Historia de los Movimientos Campesinos: Pequeño núcleo museístico centrado en la Guerra Civil y el frente que se estableció en el término municipal de Almedinilla. — Huerta: En los aledaños al Museo, es un espacio de huerta donde se encuentran las principales variedades de olivo de la comarca, con un huerto de experimentación para la realización de actividades con escolares. — Yacimientos arqueológicos del Cerro de la Cruz y villa romana de El Ruedo. — Centro de Recepción y Exposiciones: Junto a la villa romana de El Ruedo, sugiere los espacios residenciales de la villa romana y sirve como sede de la empresa pública SOMNUS que gestiona las actividades económicas del Ecomuseo. Posee una sala donde se expone de forma permanente una exposición sobre la principal vía de comunicación de la Antigüedad: la Vía Augusta. — Alojamiento de investigadores: Una vivienda, junto al Museo Histórico, con 7 camas, cocina, aseos y salón con biblioteca.

Villa de El Ruedo.

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Las Actividades del Ecomuseo abarcan desde las científicas hasta las de difusión y dinamización. — Catalogación, restauración y protección: Desde el Ecomuseo se lleva a cabo el inventario, catalogación y diagnóstico de los recursos patrimoniales del término municipal (revisando el catalogo y ampliándolo); restaurando piezas arqueológicas, coordinando trabajos de restauración y catalogando los fondos a partir de la Base de Datos DOMUS (concedida por el Ministerio de Cultura al Museo Histórico de Almedinilla). — Investigación: No existe difusión sin investigación. Conscientes de ello se elaboró el proyecto de investigación OIKOS que es el soporte científico del Ecomuseo, integrando a diferentes investigadores, universidades e instituciones. Para ello se han realizado una serie de convenios de colaboración con distintas universidades, destacando el Convenio de Colaboración con la Universidad Autónoma de Madrid, con una periodicidad indefinida y con el objetivo de realizar el estudio arqueológico del término municipal de Almedinilla (excavaciones y prospecciones arqueológicas, elaboración de un Sistema de Información Geográfico, estudios de gabinete, publicaciones y difusión en general). En el Ecomuseo se integra el control arqueológico de solares urbanos. — Actividades formativas: Se procura desde el Ecomuseo abrir un debate crítico que desde el pasado conecte con nuestro presente. En este sentido se están desarrollando diferentes líneas de trabajo que versan sobre: . . . . Las dependencias del campesinado (pasadas y presentes). Los procesos de colonización (pasados y presentes). La interacción humana con el medioambiente (pasada y presente). La agricultura tradicional anterior a la industrialización del campo y la agricultura ecológica como alternativa actual.

Se organizan también desde el Ecomuseo cursos formativos periódicos (como el de Gestor en Patrimonio) y jornadas y encuentros entre las que cabe señalar las Jornadas sobre Patrimonio y Desarrollo Rural, Jornadas Interdisciplinares sobre el Sueño y los Sueños, Jornadas sobre Agricultura Ecológica, que pretenden la formación tanto del visitante como del habitante del territorio. — Actividades didácticas y de dinamización: Actividades de tipo gyncana: «En Busca de la Semilla de los Sueños» y «Un Día en el Ecomuseo del Río Caicena» (con recreación de personajes y gigantes y cabezudos que representas estatuas de la villa romana, juegos y pruebas); Un Día en la Bética Romana, con visita guiada a villa romana y Museo Histórico, complementado con una comida romana (siguiendo recetario del siglo I y en local que sugiere una domus romana) con actividad de recreación teatral; Taller Por Senderos de Cabras, en un recorrido con cabrero (ordeño, elaboración de queso tradicional) hasta las cascadas del Salto del Caballo, recogida de plantas medicinales y elaboración de ungüentos y jabones; Talleres de Arqueología, donde se simula la excavación arqueológica.

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— Montaje de Exposiciones: Dando salida periódica a los numerosos fondos del Museo con motivo de exposiciones temáticas (La Medicina y el Sueño en la Antigüedad, La Agricultura en Época Romana; La Mujer en la Antigüedad, Exposición de Razas Autóctonas, Exposición sobre Memoria Histórica...), habiendo firmado un Convenio de Colaboración con la Fundación Rafael Botí para desarrollar el proyecto El Vuelo de Hypnos para el desarrollo de experiencias que plantean la relación entre el lenguaje artístico y el patrimonio histórico-arqueológico, con el Sueño y los sueños como hilo conductor, utilizando para ello un lenguaje contemporáneo (a partir de instalaciones, performace, video-arte, música, poesía). — Publicaciones científicas: El Ecomuseo publica y coordina la publicación «OIKOS (cuadernos monográficos sobre el Ecomuseo del Río Caicena)», con una periodicidad bianual (MUÑIZ, 2.008); ha elaborado la Guía Didáctica (VVAA c, 1956); la Guía del Museo de Almedinilla (MUÑIZ, 2.000b); parte de la Guía de la Ruta de la Bética Romana; El monográfico sobre la villa romana de El Ruedo en el nº 11-12 de la revista de investigación ANTIQUITAS, y multitud de artículos científicos y de difusión (MUÑIZ, 2002). También se ha participado en numerosos congresos, cursos y seminarios organizados por diferentes instituciones. — Tutorías: También desde el Ecomuseo se han realizado las tutorías de prácticas a diferentes alumnos de la Universidad de Granada (Facultad de Bellas ArtesDpto. de Restauración), alumnas en prácticas de la Universidad de Alicante (Facultad de Geografía e Historia), en trabajos de turismo y dinamización del patrimonio histórico; UNED; Universidad de Córdoba; Master de Museología de la Universidad de Granada... Por último, desde el Ecomuseo se ha apoyado y asesorado un gran número de proyectos de gestión del patrimonio de otros ayuntamientos (comarcales y de toda Andalucía), colaboración con multitud de instituciones, museos y asociaciones de todos los rincones de España. Actualmente el Ecomuseo del Río Caicena se integra en la Sociedad Limitada creada en la Ruta de la Bética Romana (desde donde se ha participado en un programa INTERREG europeo), en la Asociación de Museos Locales de la Provincia de Córdoba, Las Rutas Histórico-Arqueológicas de la Subbética Cordobesa, La Ruta Senderista de Gran Recorrido GR7 y próximamente en la Red Andaluza de Yacimientos Arqueológicos y en La Ruta de los Iberos y Centro de Estudios Ibéricos. Turismo y desarrollo en el Ecomuseo En 1976 la Carta del Turismo Cultural (asociaciones turísticas internacionales y de la conservación del patrimonio), expresaba que: «el turismo es un hecho irreversible, social y humano, económico y cultural. Su influencia en la esfera de los monumentos y sitios es importante y puede acrecentarse. El turismo cultural es aquel cuyo objeto es el descubrimiento de los monumentos y sitios. Ejerce un efecto muy positivo porque contribuye al mantenimiento y a la protección; apela al respeto del patrimonio mundial, cultural y natural», siendo imposible concebir un turismo sos-

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tenible sin considerar los valores históricos y culturales y la necesidad de conocer el pasado de un territorio. El turismo cultural salta los muros de los monumentos y sitios históricos, y se relaciona con la actividad diaria de los pueblos, transformando la relación hombreambiente en un recurso turístico, y el intercambio de experiencias y formas de vida en un medio de conservación de la riqueza natural. Pero no está basado exclusivamente en la ecuación matemática beneficio/costo, sino en el compromiso de un desarrollo sostenible con el entorno natural y un fortalecimiento en la relación entre el habitante del lugar, su cultura, su entorno y el visitante, debiendo considerar el impacto social y educativo, la viabilidad económica, la integración en la comunidad, el mantenimiento de los recursos.

Centro de recepción.

En el Ecomuseo del Río Caicena trabajan actualmente 3 personas a tiempo completo y dos a tiempo parcial, además existe una cooperativa (6-7 personas) que desarrollan actividades de dinamización. Pero es el impacto indirecto el más importante en relación a las actividades turísticas-culturales con la creación de un negocio privado en torno a las Jornadas Gastronómicas Romanas, 15 alojamientos rurales, un hotel rural, una tienda de reproducciones arqueológicas, personas que se han trasladado a vivir a la localidad (y en algún caso ejercen trabajos intermitentes vinculados al Ecomuseo), y comercios ya existentes pero que se benefician de las visitas y del impulso que desde el Ecomuseo se ha dado a la imagen de los productos de la localidad (como los aceites).

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Los visitantes del Ecomuseo del Río Caicena fueron para el 2005, 21.927 personas, con 73 grupos organizados, y 74 que sí lo han hecho participado en la actividad Un Día en la Bética Romana (con comida romana y/o tradicional). 14 grupos han participado en actividades de animación y talleres, y los meses más fuertes de visitantes fueron Marzo, Abril, Mayo, Junio, Octubre, Noviembre y Diciembre (los más flojos Enero y Agosto). Los ingresos propios o autofinanciación en 2005 fueron: — En concepto de actividades patrimoniales (paquete turístico Un Día en la Bética Romana, talleres, actividades de animación): 15.339,43 euros — En concepto de entradas: 19.414,15 euros — En concepto de ventas: 1.794,10 euros TOTAL: 36.547 euros, con ellos se sufraga aproximadamente el 40% de los costes del mantenimiento del Ecomuseo (siendo el objetivo alcanzar el 60%). En definitiva, los aspectos económicos dentro del Ecomuseo van dirigidos a contribuir a la diversificación económica de la localidad en la línea de: — Generar puestos de trabajo estables. — Crear un marco de reflexión sobre el modelo de desarrollo, equilibrado con el entorno natural y cultural, y no de carácter «desarrollista». — Imprimir a este desarrollo un carácter territorial y que por tanto las actuaciones museológicas también tengan carácter territorial. — Procurar la autofinanciación y mantenimiento de infraestructuras — Dar más importancia al desarrollo cultural y social, buscando una economía social. Bibliografía
CARMONA BERENGUER, S. (1998): Mundo funerario rural en la Andalucía tardoantigua y de época visigoda. La necrópolis de El Ruedo (Almedinilla-Córdoba). Diputación de Córdoba. MARAVER Y ALFARO, L (1867): «Expedición arqueológica a Almedinilla». Revista de Bellas Artes e Histórico-Arqueológica,. Serie II, T. II. MUÑIZ, I. (2000a): «Nuevos datos sobre la necrópolis tardoantigua y de época visigoda de El Ruedo (Almedinilla-Córdoba). ¿Haciendo hablar a los muertos?.». Antiquitas, 1112. Priego de Córdoba. IDEM (2.000b): Guía del Museo Histórico de Almedinilla. Diputación de Córdoba. IDEM (2002): «El Ecomuseo del Río Caicena en Almedinilla-Córdoba: un proyecto de desarrollo social, cultural y económico desde el patrimonio histórico y natural». VI Jornadas de Difusión del Patrimonio Histórico. Junta de Andalucía: 205-227 IDEM - Coord.- (2.008): Apuntes para una historia no contada. Trabajos de recuperación de la memoria histórica en Almedinilla. OIKOS, Cuadernos Monográficos del Ecomuseo del Río Caicena, I. (en prensa). MUÑIZ JAÉN, I., LARA FUILLERAT, J.M., CAMACHO CRUZ C. (2.000): «Sobre alfares, silos y almazaras en la villa romana de El Ruedo (Almedinilla-Córdoba)». Antiquitas, 11-12.

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PARIS, P. y ENGELS, A. (1906): «Fouilles et recherches à Almedinilla (Province Cordoue)». Revue Archéologique, VIII. Paris. RIVIERE, G.H. (1993): La Museología Ed. Akal. Madrid. IDEM (1985): «Definición evolutiva del ecomuseo».MUSEUM,148. VVAA a (1996): La Sierra de Albayate. Una aproximación a su estudio multidisciplinar. Asociación Naturalista Sierras Subbéticas, Ayuntamiento de Almedinilla y Priego de Córdoba. VVAA b (1996):Bases para una Carta sobre Patrimonio y Desarrollo en Andalucía. Junta de Andalucía-Consejería de Cultura. VVAA c (1996): Acercar La Historia a la Escuela. Ejemplo de una unidad didáctica: Un paseo por Almedinilla. Consehería de Educación, C.E.P. de Priego. Priego.55 pp. VAQUERIZO, D., QUESADA, F., MURILLO, F., CARRILLO, J. R., CARMONA, S. (1994): Arqueología Cordobesa: Almedinilla. Ayuntamiento de Almedinilla. VAQUERIZO, D. Y NOGUERA J.M. (1997): La villa romana de El Ruedo (Almedinilla-Córdoba). Decoración escultórica e interpretación. Universidad de Murcia.

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El patrimonio histórico en la ciudad de Carmona. 1985-2007. Algunas reflexiones
Ricardo Lineros Romero.
Museo de la Ciudad de Carmona. Ayuntamiento de Carmona.

Introducción Carmona es una ciudad media, con un censo de 26.600 habitantes, situada a 30 kilómetros de la ciudad de Sevilla. El sitio que ocupa Carmona ha estado habitado sin interrupción desde hace 5000 años hasta la actualidad. Todas las culturas que han habitado el bajo valle del Guadalquivir han dejado su huella. Sus edificios y monumentos, en definitiva la estructura urbana, son el resultado de la reforma y agregación de piezas del pasado; en otras ocasiones la ciudad se superpone a las ruinas de pretéritos inmuebles en desuso dando lugar a una rica estratigrafía arqueológica. Está idea ha sido expresada gráficamente por los mayores de la ciudad al referir que «debajo de Carmona hay muchas Carmonas.» El eje principal de la ciudad actual es persistencia de la Vía Augusta y del Kardus Máximus intramuros. A uno y otro extremo, se conservan singularmente dos puertas romanas.

Puerta de Sevilla.

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Un poco de historia En 1985, año en el que iniciamos las excavaciones arqueológicas de urgencia pudimos comprobar que las diferencias entre nuestras valoraciones profesionales y las del conjunto de la sociedad eran importantes. Formularse algunas preguntas, como ¿por qué? y ¿para qué?, constituían una necesidad más allá del desempeño de una labor investigadora y labrarse un curriculum académico. A partir de estas observaciones, y en el mismo año, enunciamos dos principios, —«el patrimonio histórico es un valor social» y «sólo se conserva aquello que se comunica»—, que han fundamentado toda la actividad profesional. En coherencia con estos principios desarrollamos una estrategia centrada en la difusión, de este modo y en primer lugar tratamos de: — Informar a los trabajadores, del valor de su trabajo y significado para el conocimiento de la historia de la ciudad, mediante explicaciones durante la jornada de trabajo, el reparto de trípticos, etc. — Abrir e incentivar la visita a las excavaciones mediante la atención al visitante y explicación de los hallazgos y metodología empleada. — Montar exposiciones que permitiesen al público en general conocer los últimos resultados e interpretaciones de las excavaciones y valorar el patrimonio histórico en su conjunto. El esfuerzo por difundir y dar a conocer no puede plantearse de forma ocasional y discontinúa, ya que como reconoce la Carta de Cracovia del año 2000 respecto a los elementos individuales que conforman el patrimonio, éstos son «portadores de muchos valores, los cuales pueden cambiar en el tiempo». Aparte, junto a bienes cuyos valores son de débil percepción por el conjunto de la sociedad, existen otros muy consolidados, en los que a parte de su significación histórica, se distinguen de forma sobresaliente otros valores: estéticos, artísticos, monumentales, etc. Además de un esfuerzo continuo por difundir las intervenciones en patrimonio histórico requieren: — Una identificación y ordenación precisa y clara de las distintas categorías de valores. — Un proyecto en su redacción y ejecución debe tener en cuenta, sobre todo, las valoraciones realizadas por el conjunto de ciudadanos, prever su impacto y estimar su evolución. Por otra parte, los principios indicados y el objetivo principal de difusión necesitaban al mismo tiempo, más aún que la propia investigación arqueológica en sí misma, la creación y desarrollo de una metodología de intervención y documentación. El eje principal que vertebra todas actuaciones es la aplicación de una idea de sistema, integrado en todos sus elementos.

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Metodología de intervención — Idea de sistema y gestión de la información. — Sistema de registro por unidades de estratificación. — Reconocimientos paramentales. A partir de 1986 se aplicó el método de registro por unidades estratigráficas y un sistema de documentación común. El resultado fue la disposición de Carta de Riesgo en 1994 para toda Carmona, informatizada y aplicada; un elevado número de publicaciones de divulgación y de carácter científico; más de veinte exposiciones temporales; más de doscientas intervenciones arqueológicas, entre excavaciones y vigilancias, cuya documentación original (fichas de excavación, dibujos, fotografías y diapositivas, etc.) forman parte hoy de los archivos del Museo de la Ciudad de Carmona. El proyecto La actuación en patrimonio histórico desde lo local tiene una clara vocación social. En nuestra opinión el objetivo principal debe centrarse en satisfacer las aspiraciones sociales del conjunto de la sociedad sobre el patrimonio histórico. Enunciado así, no deja de ser una frase aparentemente vacía de contenido. Sin embargo, sobre este punto reflexionemos en la complejidad que representa cualquier intervención sobre un elemento del patrimonio histórico. Además de sus valores tradicionales culturales y educativos han emergido otros nuevos con implicaciones en el campo de la economía, del turismo, de la comunicación, etc. La consecución de este objetivo, requiere formular, al menos desde el campo de los técnicos, un proyecto o un modelo teórico que sirva de referencia a las distintas actuaciones. En nuestro caso, este modelo gira en torno a la idea de «concebir la ciudad como museo». Se considera de ordinario que un museo es un edificio en el que se guardan objetos muertos, ejemplos de culturas precedentes. Es una idea pretérita, arraigada en los orígenes que dieron lugar a la formación de los museos: el coleccionismo. Sin embargo, la teoría de los museos y de los bienes culturales ha tenido a partir de la II guerra mundial una amplia evolución doctrinal. Así por ejemplo, en 1972, en la mesa redonda de Santiago de Chile organizada por la UNESCO, surge el concepto de «Museo Integral», con un claro carácter social: «El museo es una institución al servicio de la sociedad a la que pertenece y posee en sí mismo los elementos que le permiten participar en el proceso de formación de la conciencia de la comunidad a la que sirve». La nueva museología traslada el enfoque central de la conservación material del objeto a la acción de difundir y comunicar sus valores y significados. La idea de musealizar la ciudad desde este encuadre teórico se revela idónea para la puesta en valor integral del patrimonio de la ciudad histórica. La conservación, de la ciudad como museo, es el resultado, en definitiva, de una relación dinámica, de un ejercicio continuado de interpretación, de proposición y enjuiciamiento, de contraste de valores que tienen por sujeto la sociedad y el devenir diario de cada ciudadano.

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De este modo, el ayuntamiento es la administración idónea para la puesta en valor y desarrollo de los nuevos valores del patrimonio; y en nuestro caso, para abordar un proyecto de musealización de la ciudad. Es la administración más próxima al ciudadano, acostumbrada a gestionar y administrar los servicios cotidianos, y que tiene una mayor capacidad de facilitar la participación de sus habitantes y la ejecución de proyectos transversales en confluencia con distintas políticas. Algunos ejemplos para Carmona son: el «taller de mayores», dedicado a la documentación y conservación de la memoria más reciente, realizado en cooperación entre las delegaciones municipales de patrimonio histórico y de servicios sociales; o el proyecto de musealización de la ciudad mediante un sistema de audioguías en formato mp3, en colaboración con la delegación municipal de turismo. Las actuaciones en un Conjunto Histórico no pueden plantearse de forma ocasional y desvinculada unas intervención de otras. Por el contrario, en los distintos campos tienen que estar integradas, en estrecha relación unas con otras y coordinadas con otras actuaciones de carácter social, económico, cultural, turístico, etc. En el caso de Carmona las principales líneas de proyectos integrados se dirigen a: — La difusión. — La investigación científica, histórica y arqueológica. Dirigida a incrementar nuestro conocimiento de las sociedades precedentes, su organización y relación con el medio. Desarrollo de programas de Investigación, propia o investigación conveniada con otros centros. — La investigación aplicada. Dirigidas al desarrollo económico y social. Industrias culturales y turismo. A la promoción y cohesión social. — La conservación y mantenimiento. obras e intervenciones. Sensibilización directa. Al día de hoy Recursos humanos y organización administrativa Entre 1985 y 2007 uno de los principales cambios es el referente a la disposición de personal y la existencia de organización. Los recursos humanos son dependientes de los presupuestos económicos de los que se dispone. El patrimonio histórico es hoy un recurso económico de primer orden. Sin embargo, su valor y su incidencia en las economías locales no esta cuantificado. En el caso de Carmona la arqueología ha sido desde el principio, una arqueología pública financiada mediante programas por el Ayuntamiento. Esta fórmula estaba favorecida por la tipología tradicional de vivienda, consistente en casa unifamiliar que por lo general hacia inviable sumar a los gastos del proyecto los derivados de la intervención arqueológica. Sin embargo, en los dos últimos años, se han incorporado promotores de pisos/apartamentos con fines lucrativos. Con el propósito de mantener el sistema público de intervenciones, recientemente el ayuntamiento ha aprobado un procedimiento de tasas o precio público mediante el que oferta la prestación de los servicios arqueológicos a estos promotores.

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A este respecto cabe recordar, que el patrimonio histórico es un bien público, frágil y limitado, que requiere profesionales con una cualificación y especialización elevada y que el trabajo de estos discurra en un marco en el que prime el interés general sobre el privativo. Por otra parte, en la gestión pública del patrimonio tiene especial relieve «la organización». En un buen número de ayuntamientos, el patrimonio está asociado a las oficinas de urbanismo, con una visión consagrada prácticamente en su totalidad a la protección y conservación y en las que tampoco constituye su leitmotiv. En otros ayuntamientos, el patrimonio histórico está circunscrito al territorio de la cultura en el que se desenvuelve junto a otras actividades (como el cine, el teatro, la música, los talleres culturales, etc.) más consolidadas socialmente y con las que no coincide en los procedimientos de gestión, ni en los métodos, ni en los tiempos, etc. En nuestra opinión, el patrimonio histórico, que por ser un campo nuevo tiene una débil presencia, necesita a nivel local de una organización especializada y propia, dedicada en exclusiva al desarrollo de las líneas anteriormente indicadas, con capacidad de promover proyectos y acciones transversales en igualdad con otras políticas sectoriales. Algunos ejemplos de intervenciones y proyectos. Intervenciones Destacamos algunas intervenciones que nos sirven de ejemplo y de las que hemos podido extraer algunos criterios. Foro romano En el año 1985 se iniciaron excavaciones arqueológicas de urgencia en un solar en el centro de la ciudad de Carmona, previas a la construcción de un edificio de nueva planta. Durante las excavaciones se exhumaron estructuras arqueológicas monumentales correspondientes al pórtico y estancias del foro romano. El nuevo proyecto de edificación tuvo que adaptarse a los restos arqueológicos, por resolución de la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico de Sevilla, y conservó el espacio correspondiente a la galería del pórtico y las basas de las columnas, que quedaron «in situ», junto a fragmentos de fustes de las mismas, en un espacio abierto conformando un patio trasero de la nueva construcción. En los inicios de la década de los 90 se redactó un ambicioso proyecto dirigido a su puesta en valor y conservación, que aunque intentó llevarse a cabo en diversos momentos, no fue posible su ejecución. Motivos económicos y de gestión hicieron que durmiese el sueño de los justos, en el banco de proyectos patrimoniales. Veinte años más tarde, se abordó desde el Museo la integración de los restos en la ciudad. Se restituyeron y levantaron las columnas del foro en su sitio original, se pavimentó y se adecentó el espacio. La señalización y la apertura visual desde la calle completaron una labor modesta, respetuosa y eficaz en su puesta en valor e integración en el circuito temático de la Carmona romana.

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Integración del foso. El mejor proyecto es difícil de gestionar, las propuestas sencillas son más eficaces.

El foso de la Puerta de Sevilla La integración de un elemento patrimonial no deja de ser una intervención individual si no se define un marco de referencia desde una perspectiva global de lo patrimonial. Los contenidos posibles de un plan de gestión del patrimonio son amplios: sistemas de comunicación a nivel de especialista y a nivel de usuario; protocolos de intervención y valoración jerarquizada para atender a distintos usos, técnicas de registro y de documentación orientadas a incentivar la creatividad; investigación científica, impulsada desde la propia ciudad histórica, que aporte conocimiento histórico y permita enriquecer el patrimonio con nuevos elementos. Una actuación simple que intentó responder a todas estas cuestiones fue la inclusión del foso defensivo en la puerta de Sevilla. A mediados de los años sesenta la apertura un nuevo acceso al tráfico excavado junto al bastión de la Puerta de Sevilla, había dejado a la vista la sección en V del foso sobre el corte de la roca natural. A diario cientos de carmonenses pasaban justo al lado desconociendo su interés histórico y significado. En 1993 iniciamos su puesta en valor con la incorporación de una reconstrucción a escala natural en una exposición temporal. Más adelante, aprovechando los efectos de unas fuertes lluvias, que provocaron el desprendimiento de un murete que ocultaba la excavación del foso en el perfil Norte de una zona anexa a la Puerta de Sevilla, se limpió arqueológicamente y se documentó planimétrica y fotográficamente el elemento patrimonial. La intervención, llevada a cabo con financiación de AEPSA, consistió en levantar un muro de contención donde

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se marcó de forma diferencial y con criterios internacionalmente aceptados (compatibilidad de materiales, intervención mínima, homogeneidad, diferenciación..) el foso. Posteriormente se señalizó y se incluyó en el díptico autoguiado de la puerta de Sevilla e incluso, recientemente en el sistema de musealización de visitas audioguiadas, que puede descargarse desde http: www.museociudad.carmona.org .

Sección del foso de la puerta de Sevilla. La suma de pequeñas intervenciones afianza los valores y dan naturalez a proyectos mayores.

Intervenciones ejemplares con resultados perversos La intervención en patrimonio histórico implica de una forma u otra actuar sobre valores y la percepción de los mismos por parte de la sociedad. Valores que se enjuician y se sustentan sobre las intervenciones en bienes inmuebles o muebles sin que los ciudadanos dispongan de un respaldo que les permita interpretarlos y desentrañar sus significados históricos. En estas circunstancias el ciudadano tiende a encajar las intervenciones en sus esquemas con un predominio de los criterios o valores estéticos, téngase en cuenta lo novedoso y la dificultad que representa la interpretación elaborada a partir de la valoración histórica y social. De este modo, la puesta en valor de un conjunto histórico puede dar lugar a construir sobre un inmueble de arquitectura popular una portada, de la que antes carecía, copia de la portada de un convento, sin ni siquiera reinterpretación ni criterio de diferenciación, simplemente con ánimo de embellecer. Las intervenciones sobre el patrimonio histórico tienen que estar apoyadas en explicaciones sencillas y favorecer la difusión y la visita durante todo el proceso de obra (restauraciones, excavaciones arqueológicas, etc.)

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Algunos ejemplos de intervenciones y proyectos. Proyectos Entre los proyectos destacamos por su calado la creación del museo como institución y las intervenciones dirigidas a la musealización de la ciudad. El museo. Funcionamiento económico El Museo de la Ciudad de Carmona tiene como precedentes los trabajos de puesta en valor del Patrimonio Histórico llevados a cabo desde el año 1985 en adelante por el equipo de arqueología urbana. Desde fines de 1987 a 1994 realizamos nueve exposiciones, dedicadas a la presentación inmediata de los resultados de las excavaciones arqueológicas y su relevancia para la interpretación de la historia de la ciudad. De todas estás, «Carmona, un museo» realizada en 1993, supuso el paso principal, para la creación de un museo. En un espacio de unos 200 metros cuadrados, se exhibían los objetos originales contextualizados en recreaciones 1:1, a su vez basadas en la arquitectura exhumada en las excavaciones arqueológicas. La elección del título de la exposición no era casual. Por un lado, tratábamos de indicar que la ciudad era en si misma un museo; por otro, la necesidad de una exposición permanente y una institución —«organización»— que incidiera de manera continua en la anterior idea. Además de los contenidos propiamente culturales y patrimoniales, la exposición mostraba los nuevos valores que emergían en el patrimonio mediante vitrinas situadas en el vestíbulo de entrada y dedicadas a «productos culturales»1. El resultado inmediato fue la apertura de una exposición permanente, de unos 100 metros cuadrados, que recogía los montajes más llamativos de «Carmona, un museo». En 1995, tras la compra de la Casa Marqués de las Torres, el Ayuntamiento de Carmona decidió la creación de un museo. El proyecto, basado en el valor social del patrimonio, enunciaba tres principios que estimamos necesarios para su éxito: — economía y ecología de los recursos; — accesibilidad de las instalaciones; — participación y consenso social

1. El tríptico de la exposición «Carmona, un museo» recogía el siguiente texto para la Antesala: «El patrimonio histórico y cultural es un recurso a tener en cuenta en cualquier iniciativa de desarrollo económico para la ciudad de Carmona. Se exponen aquí distintas muestras de producción tradicional y de las posibilidades de innovar y crear desde una experiencia de siglos.»; en la misma, cinco vitrinas se dedicaron a exhibir la potencialidad del patrimonio histórico como recurso de desarrollo. Se enseñaba el valor que el patrimonio puede tener a la hora de identificar un producto para su comercialización, o la importancia del turismo cultural, y las posibilidades de innovar y crear productos culturales, etc.

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La idea de museo desarrollada en el proyecto era deudora en todo al trabajo, metodología e interpretación del equipo de arqueología urbana. De este modo el modelo propuesto en el documento de su creación es el de un museo abierto, cuyo objeto es interpretar y difundir la historia y evolución de la sociedad carmonense. La idea de museo se identifica con la ciudad. como expresión material, trasciende los límites tradicionales del inmueble-contenedor y de la colección, para encontrar su verdadero ámbito de acción en la ciudad histórica. En definitiva, la idea de museo propuesta implica el desarrollo de dos programas imbricados, el del contenedor, en el que se interpreta y contextualiza la información de la ciudad en un contexto predominantemente mueble; y el de la propia ciudad, el verdadero museo, que se desenvuelve en un entorno fundamentalmente inmueble. Si consideramos las dimensiones de las instalaciones del Museo de la Ciudad, veremos que estas están sobredimensionadas respecto a las necesidades culturales que precisan los 26000 habitantes de Carmona. El Museo desde su concepción es un equipamiento cultural y a la vez que económico y turístico. A este respecto, el Museo de la Ciudad de Carmona propone la participación de representantes de organizaciones económico y sociales de la ciudad, a través de un órgano asesor denominado Consejo del Museo, en el que está representadas las asociaciones (culturales y de formación, vecinales y sociales, de hostelería, de restauración y comercios), los sectores de producción cultural, los sectores económicos, etc. El museo está situado en el centro de la ciudad histórica, en una casa palacio que dispone de 2000 metros cuadrados aproximadamente de superficie. Con el fin de contribuir a su mantenimiento económico dispone de una serie de servicios propios de grandes museos, como el bar-restaurante y una tienda, en régimen de concesión administrativa, al igual que el servicio de atención al público.

Sala del Museo.

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El museo en su papel de institución cultural se dirige a los carmonenses como usuarios preferentes, mientras que como equipamiento turístico adapta sus instalaciones para ofrecer servicios específicos a los turistas. Musealización de la ciudad La selección de los ejemplos a tratar más abajo, se justifica por ser dos elementos muy potentes patrimonialmente, en los extremos de la ciudad histórica. Son los límites al oeste y al este del cardo máximo y las únicas dos puertas en pie dentro de todo el trazado de bética Vía Augusta, y por tanto pieza esenciales dentro de la Ruta Bética Romana. (a) La Puerta de Sevilla A lo largo del año 2002, de acuerdo con el proyecto de museo, nos planteamos abordar la musealización permanente de otro inmueble de la ciudad: el lugar elegido fue la Puerta de Sevilla. La elección de este inmueble se basaba en tres hechos: — Se trataba de uno de los inmuebles más destacados y significativos para la historia de la ciudad con valores patrimoniales evidentes y consolidados. — Disponía de espacios abiertos, vistas sobre la ciudad, su territorio inmediato y su paisaje, además de una sala de exposiciones, sin un uso consolidado. — Es el lugar desde donde el mayor número de visitantes inician su visita a la ciudad, ya que se encuentra la Oficina Municipal de Información Turística. Objetivos — Musealización y puesta en valor de la Puerta de Sevilla. — Señalización de los diferentes hitos constructivos que conforman la Puerta de Sevilla y la estructura urbana de la ciudad vista desde la misma Puerta. — Adecuación de las terrazas del Salón de Presos Alto y de la Torre del Oro. — Adecuación del Salón de Presos Alto para su uso como sala de exposiciones permanente. El programa museográfico La actuación museográfica que se define a continuación se presenta como la primera fase de un proyecto de mayor envergadura diseñado desde el Museo de la Ciudad. Este ejercicio expositivo ya se inició en la exposición permanente del Museo en su sede central; la Casa Palacio Marqués de las Torres. En la sala VI, antesala de la época imperial romana, se introduce una llamada de atención sobre el papel de la Puerta de Sevilla en la II Guerra Púnica. De tal forma que el visitante «descubre» tras unos visores los fosos defensivos cartagineses o la imagen del bastión del siglo III a.C., a la vez que se reconstruye una de las trincheras defensivas a escala 1:1 y se contextuliza una pieza cerámica procedente de su excavación.

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El objetivo es llamar la atención sobre la Puerta de Sevilla, desde la exposición permanente y completar la información con la visita al elemento «in situ». Allí, en la propia Puerta de Sevilla podían tratarse temáticas más específicas: El entorno físico de la ciudad En paneles se desarrollaron dos temas fundamentales: por un lado el valor geoestratégico de la plaza de Carmona y por otro el paisaje del territorio. Por otro lado el territorio de Carmona y los recursos que genera su explotación económica, se resumen básicamente en tres paisajes: la vega, la campiña y los alcores; tres productos: el olivo, el cereal y las hortalizas, y tres sistemas de explotación del medio que dan lugar a una diversificada tipología de viviendas rurales: la hacienda de olivar, el cortijo cerealista y el paisaje diversificado de los alcores, con innumerables edificaciones de pequeñas dimensiones adecuadas al tipo de explotación económica del entorno. Una cosa tienen en común estos tres paisajes: son perceptibles desde las terrazas de la Puerta de Sevilla. Para su adecuada identificación, se han colocado atriles de hierro como soportes de información en la terraza de la Torre del Oro. Mención aparte merecen los Puertos de los Alcores, pasos obligados de comunicación entre la vega del Corbones y las terrazas del Guadalquivir: a través de un panel de grandes dimensiones y formato apaisado, se sitúan en plano topográfico todos los Puertos de comunicación, desde Carmona hasta Alcalá de Guadaíra pasando por Alcaudete, el Judío o Mairena del Alcor, acompañado de fotografías de los Alcores realizadas desde el trayecto que recorría el antiguo tren de los panaderos. La puerta como elemento de identificación de la ciudad Los valores patrimoniales de la Puerta de Sevilla son evidentes no sólo para el visitante que se acerca a Carmona, sino también para los propios carmonenses. Por ello y previo a la musealización permanente del Bastión y Puerta de Sevilla, se realizaron trabajos de campo que tenían como principal objetivo conocer la «percepción de la Puerta». Los resultados de la investigación fueron integrados en el discurso expositivo a través de diferentes formatos y soportes de información. La Puerta como elemento singular de la trama urbana, la Puerta como elemento distribuidor de la ciudad, la Puerta como elemento delimitador del casco histórico se combinan con otras percepciones de la Puerta, aquellas que tienen que ver con sus valores inmateriales, con la memoria de los carmonenses, con la literatura y la pintura, con el cine y la guerra. El discurso museográfico incluye una serie de obras pictóricas sobre la Puerta de Sevilla y su entorno. En la misma sala puntos de información interactiva permiten contemplar fotografías de la Puerta de Sevilla desde el último cuarto del siglo XIX a la actualidad. Una puerta, todas las puertas Otro bloque informativo es básicamente la historia de la Puerta, desde el origen de la fortificación en tiempos protohistóricos hasta la actualidad. Para la elaboración

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de la cartelería se han tenido en cuenta las últimas investigaciones llevadas a cabo sobre el bastión y la Puerta de Sevilla y su entorno urbano inmediato, tanto desde el punto de vista estructural como de evolución diacrónica de un edificio en distintos periodos históricos. Los soportes de información utilizados en este bloque son básicamente paneles informativos de la evolución cronológica y vitrinas donde se contextualizan los materiales arqueológicos hallados en las excavaciones arqueológicas realizadas en el bastión.

Exposición en la puerta de Sevilla.

(b) La Puerta de Cordoba. A diferencia del anterior se trata de un proyecto parcialmente ejecutado. Conceptualización Con frecuencia identificamos, desde el mundo del patrimonio histórico, la idea de puesta en valor con la intervención material o puesta en obra, como si los propios valores históricos del bien fueran en sí mismos evidentes o fuera de toda discusión. La construcción de la puerta de Córdoba implica la existencia de un camino. El valor funcional y simbólico de la puerta no puede valorarse si no es en relación con el camino, sus valores y significados. Este camino, la Vía Augusta era una de las más

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importantes redes de comunicación del Mediterráneo Occidental, la que unía la Bética con Roma a través de la Tarraconensis y la Galia. Otro de los puntos a tener en consideración, es el paisaje urbano y rural. Los objetivos de la puesta en valor se plantean desde un punto de vista amplio, que además de promover su correcto uso, como monumento declarado Bien de Interés Cultural, tiene en cuenta su valor como recurso para las industrias culturales y el turismo, además de objetivos de carácter cultural y educativo: — — — — Dar a conocer la historia de la Puerta de Córdoba Presentar la Puerta y la Vía como elementos relevantes de la ciudad. Incentivar el conocimiento del territorio y su ordenación histórica. Establecer con el visitante una comunicación interactiva que motive el aprendizaje y la curiosidad intelectual por el conocimiento de la historia.

Objetivos de carácter turístico y económico: — — — — — — Promover el valor y significado de Carmona como ciudad histórica. Ampliar y diversificar la oferta. Prolongar la estancia. Incentivar el turismo cultural. Redistribuir los flujos turísticos dentro de la ciudad. Favorecer la creación de productos culturales relativos a la puerta de Córdoba.

Son todos objetivos a la hora de plantear este proyecto. Guión, diseño expositivo, recorrido y ámbitos temáticos Partíamos de la siguiente idea museográfica, la exposición se articularía en torno a tres elementos: la propia puerta, la calzada romana y los medios de transportes, y el paisaje urbano y rural. El visitante será recibido con la proyección de un video de 10-15 minutos de duración que le introducirá en la historia de la puerta de Córdoba. La propia puerta romana, la puerta lateral, el podio y el acceso al arranque de la escalera del segundo cuerpo constituirán para el visitante un segundo centro de atención que además de situarle le proporcionará la experiencia de contemplar los elementos originales de Puerta de Córdoba de época romana y su topografía. En la parte superior de la puerta se expondrán los contenidos referidos al contexto urbano y rural, y el valor de la calzada cono eje articulador. Área temática I. Historia de la puerta de Córdoba El contenido de este área temática estará constituido por la historia de la puerta, desde que se aborda su construcción y posibles precedentes, hasta su evolución y transformaciones a lo largo de los siglos. Los medios expositivos a usar serán paneles con gráficos y planos que indican las sucesivas transformaciones de la puerta a lo largo de la historia.

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Área temática. II. La vía augusta y los medios de transportes Este área temática tendrá como argumentación central el propio camino en la Bética. Se documentará la importancia de la Vía Augusta dentro de la estructura territorial establecida por los romanos en la Bética. En su vinculación con la ciudad trataremos la calzada y el puente al exterior de la puerta, y el cardo máximo, y una referencia la otra puerta romana, ya musealizada. Proponemos presentar una reproducción de los Vasos de Vicarello que describen las etapas en las que la vía unía Roma con Gades. Área temática III. El paisaje urbano y el paisaje rural Este área temática tendrá como argumentación el contexto territorial a uno y otro lado de la puerta. Al interior, la Vía Augusta transformada en Cardo máximo y eje vertebrador del paisaje urbano; al exterior el camino que permite el dominio y la ordenación del territorio rural más próximo. (c) Audioguias Dotar al museo de audioguías era una vieja aspiración frustrada por el precio de los reproductores. A finales del año 2003 con la irrupción masiva de los reproductores de mp3 sobre tecnología de memoria flash a un precio muy económico, vimos la oportunidad de transformar el proyecto de audioguías en otro más ambicioso en línea con la musealización de la ciudad. Ahora, solo teníamos que preocuparnos de los guiones y la grabación, el reproductor lo pondría el usuario que sólo tendría que descargarse los archivos de mp3 de internet de las páginas web municipales (Ayuntamiento, Oficina de Turismo y Museo). El proyecto fue llevado a término en colaboración entre el Museo de la Ciudad y la Oficina Municipal de Turismo, que presentó una solicitud de subvención a la Consejería de Turismo, Comercio y Deporte. En la actualidad se disponen de audioguías para doce monumentos y plazas históricas en cuatro idiomas (español, inglés, francés, alemán), que pueden visitarse discrecionalmente o siguiendo tres itinerarios propuestos. Entre los objetivos del proyecto está fidelizar la visita del área metropolitana de Sevilla, con un número de habitantes superior al 1.300.000, y asegurar una rotación continuada.

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Tríptico de audioguías.

El valor de asociarse y crear redes Ruta Bética Romana No es casual que el proyecto de la Ruta Bética Romana surja, nazca y se lidere desde Carmona. La presencia de vestigios romanos en las excavaciones arqueológicas de la ciudad es significativa. Junto a ello, Carmona tiene en pie dos de sus puertas romanas, su necrópolis abierta y visitable, y elementos romanos integrados en sus edificaciones. Hoy la Ruta Bética Romana está compuesta por catorce municipios andaluces con legado romano. El trabajo en red ha permitido inversiones considerables en la conservación del patrimonio histórico y en los museos municipales; y lo que hace más dinámica e interactiva a la red: ha permitido la transmisión de ideas, la creación de productos novedosos en el campo de las industrias culturales y la comercialización asociada. Las redes y la transversalidad de los proyectos facilitan su ejecución, difusión y darse a conocer, y desde el punto de vista económico y turístico ampliar mercado.

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La Universidad, centros de investigación y otras instituciones. La investigación, la investigación aplicada y la formación práctica, son elementos imprescindibles para que un proyecto tenga futuro a medio y largo plazo. Es necesario mantener un proceso de renovación constante aún en la cresta del éxito. La cooperación con otras instituciones para que sea útil y genere sinergias favorables requiere que dispongamos de un proyecto general preciso y claro, recursos humanos y organización. Las actuaciones sobrevenidas, por lo general, no dejan de tener más que un valor circunstancial. El Museo de la Ciudad de Carmona, a este respecto, trata de mantener líneas de investigación propias, que aseguren su continua renovación; favorecer la creación de productos e industrias culturales, mediante técnicas de control aplicadas a la tienda del museo o a través de catálogos de motivos históricos; o, por último, facilitar la formación a través de programas de prácticas regladas o profesionales, o mediante la organización de cursos de verano. El porvenir Para Carmona, lo que es hoy el patrimonio histórico es el resultado de 10 a 20 años de trabajo. Ni el Museo de la Ciudad, ni la apertura de la Puerta de Sevilla, ni ninguna de las otras actuaciones descritas o ejecutadas habrían sido posibles sin un largo periodo de preparación. En la industria aeronáutica, la fabricación de un nuevo modelo de avión requiere de 10 a 20 años de ingeniería, de diseño y pruebas. En el campo del patrimonio histórico las actuaciones integradas sobre una ciudad o un territorio no son menos complejas y, del mismo modo que cualquier otro proyecto industrial, un largo periodo previo de «ingeniería». En la actualidad, el patrimonio histórico valorado como recurso económico no representa ninguna sorpresa. Cada vez un número creciente de agentes económicos y empresas se acercan al mundo del patrimonio con el fin de crear nuevos productos. Una de las tendencias, ya que el patrimonio es un recurso frágil y limitado, es proponer la creación de parques temáticos que recrean lo antiguo. Es una idea contraria a los valores del patrimonio histórico que dilapida un recurso único y de calidad. Los proyectos económicos o turísticos en patrimonio histórico necesitan equipos de trabajo que cuenten con personas formadas —licenciados en historia o humanidades— que dirijan los procesos de «ingeniería» para la creación de productos, que respondan a los ítems de autenticidad y de sostenibilidad. En nuestra experiencia en Carmona, una de las debilidades principales es la carencia de emprendedores y profesionales cualificados para innovar y promover nuevos productos, además de la inexistencia de canales y líneas de distribución. Bibliografía
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La gestión creativa de los bienes culturales en el contexto local. El caso de Loja (Granada).
Juan Alonso Sánchez Martínez
Director de Cultura del Ayuntamiento de Loja Director de la Fundación Ibn al-Jatib de Estudios y Cooperación Cultural1

Punto de partida La intención de una publicación como la que nos ocupa —lo delata tanto su título como su entidad promotora y editorial— parte de la premisa de comprender la dimensión activa que encierran los bienes culturales en cada uno de los territorios de los que forman parte sustancial, no solo como testimonio fósil de unos tiempos, usos y costumbres históricos, sino también como valor añadido del paisaje presente y futuro. O los BBCC nos acompañan en el proceso de desarrollo en el que los ambientes menos prósperos de Andalucía —los espacios más marcados por la regresión demográfica— se ven insertos, ocupando un lugar activo y una «nueva utilidad» social para su entorno, o ineludiblemente quedan condenados a una mera función testimonial de tiempos pasados, como tristes e insólitos hitos del recuerdo. Vivimos un momento en el que la memoria histórica de los pueblos debe ser protegida y reivindicada por leyes y gobiernos ante la querencia colectiva de una ciudadanía olvidadiza, fascinada —aquí y ahora— por lo amable inmediato… tiempos de escasa retrovisión ciudadana. La tendencia utilitarista y pragmática que anima el presente —y previsiblemente el futuro—, con su énfasis en la fugacidad, más que en el valor intrínseco y consustancial de los asuntos, más atenta a la prosa instantánea que a la lírica retórica, pone a los profesionales de la gestión patrimonial ante el reto de mezclar razonable y eficazmente, en el tubo de ensayo que significan los territorios, elementos de tan distintas densidades como lo son historia y porvenir, memoria y desarrollo, sólido y gaseoso. Parece evidente que la dimensión fetichista y ultraprotectora que unos pocos, todavía unos pocos, tuvieron prevista para los BBCC en medio de su entorno cambiante y dinámico sucumbió ante la realidad tozuda de los hechos: no existen bolas de alcanfor suficientes con que preservar a los BBCC dentro —tal vez fuera— del entorno social y geográfico en que se insertan, y del que forman parte inseparable. Pretender que el patrimonio cultural sea entendido desde sus valores y representaciones más

1. La Fundación Ibn al-Jatib de Estudios y Cooperación Cultural, promovida (2004) y patrocinada por el Ayuntamiento de Loja y la Diputación Provincial de Granada, es el instrumento encargado de desarrollar el programa de investigación, difusión y cooperación trasnacional diseñado en el Plan de Acción Cultural Artífice del Área de Cultura del ayuntamiento lojeño.

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abstractas no deja de ser una propuesta de alto riesgo para su propia pervivencia material, que debe dejar de apoyar alguno de sus pies en la milenaria e inamovible roca madre para caminar, ágil y flexible, sobre el soporte cambiante y dinámico de la realidad contemporánea. No debo ni quiero insistir más en una línea argumental ya argüida infinidad de veces por voces más cualificadas y prudentes que la mía en diversos foros. No quiero insistir -no parecería necesario, a estas alturas del proceso- en la conveniencia de compaginar los conceptos «patrimonio», «desarrollo» y «territorio», si no fuera por contrarrestar cierta línea de discurso que, cargada de casuística escogida —la casuística nunca es inocente—, se hace presente en el debate con argumentos que vaticinan efectos desintegradores, y que apuestan por la abstracción de desterritorializar los BBCC. Tras la idea de que los BBCC -como bienes colectivos y universales que soncarecen de significado como referente de pertenencia local (desterritorialización) se oculta un intento de sustraer a los poderes locales su legítima pretensión de intervenir activamente en la gestión cotidiana de cuanto territorialmente le compete. Cierto es que la irrupción del poder local en la gestión de parcelas tradicionalmente consideradas exclusivas del universo académico y el poder autonómico da lugar a desconciertos temporales, incluso a desconfianzas. Asumamos todos la búsqueda de nuevos equilibrios en el trinomio investigación-tutela-gestión de los recursos patrimoniales; adquiramos destreza en la complementación de esfuerzos, y hagámoslo sin complejos de ningún tipo. Impliquemos a los agentes privados empresariales o asociativos en el diseño de nuevas estrategias para el siglo XXI, facilitando, además, la consolidación del mercado profesional y de servicios relacionado con el patrimonio cultural como elemento de apoyo ineludible… la realidad manda.

Vista general de la Alcazaba desde Mirador.

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Argumentar el valor de uso de los BBCC como factor de desarrollo territorial precisa de algunas puntualizaciones que acrediten el sentido honesto y amplio de la idea que nos anima. Nada más lejos de nuestra comprensión que la tendencia dominante y estrecha de vincular los conceptos desarrollo/riqueza, obviando la dimensión social, cultural y no especulativa que encierra el primeo de ellos; o los conceptos puesta en valor del patrimonio/explotación turística, olvidando aquella premisa esencial en la buena práctica de la gestión turística, que apoyaba toda estrategia de acción no en la «explotación de los BBCC del territorio para satisfacción del visitante», sino en la «explotación justa del visitante, mediante los BBCC, para la satisfacción del territorio» Pobre visión del entorno territorial la que quienes no acaben de comprender que el principal argumento para la dinamización del patrimonio cultural de nuestros pueblos es el perfeccionamiento del material humano de su propio paisanaje; en lo económico, sin duda, pero también en lo cultural, en lo educativo, en lo identitario —sin mitología— para la cohesión social, en lo paisajístico —incluido el urbanismo—, en el factor global de la calidad de vida. Y todo ello por delante y por encima de la presencia, circunstancial o sistemática, del turista, cada día más sensible, por otra parte, a la «calidad social y ambiental» de cuanto recorre. No podemos despreciar la dimensión económica de primer orden que una estrategia de dinamización del patrimonio puede contener para la mejora de los territorios más desfavorecidos; pero tampoco es aceptable la idea de convertir a los BBCC de una determinada geografía en rehenes de los sectores productivos locales, o de sus distintos agentes económicos, ya sean públicos o privados. No puede —no debe— existir estrategia válida de puesta en valor del patrimonio cultural que no integre por igual al conjunto de sus múltiples afectaciones: ya lo dijimos, sociales, culturales, educativas, paisajísticas, económicas, ocupacionales, demográficas… y en esa labor de implicación y contribución del patrimonio cultural en los procesos de desarrollo territoriales tenemos una responsabilidad ineludible los profesionales de la gestión más vinculados a la geografía local, y especialmente quienes asumen el compromiso político o institucional de su gobierno. Sabemos, lo sabemos por que la realidad cotidiana es inapelable y nuestra percepción no es ciega, que en lo referente a la puesta en valor de los territorios patrimoniales, en demasiadas ocasiones las buenas intenciones de sostenibilidad acaban convertidas en retórica pura de discurso políticamente correcto. Sabemos de proyectos —grandes y pequeños—, justificados en anuncios para el «desarrollo sostenible» de tal o cual municipio o comarca, que esconden un trasfondo de banalidad sin más pretensión que generar riqueza económica particular o societaria, sin más finalidad ni motivación que el salto a la nada del activismo puro y estúpido: «hacer por hacer». No hay objetivos, no hay estrategias globales, no hay planeamiento, no hay calidad de ejecución, no hay evaluación… y consecuentemente, por definición, no hay —no puede haberlo— éxito ni fracaso objetivo. Hoy en día, en que millones de criaturas de otros mundos acuden a nuestras tierras para ocupar una oferta de trabajo más amplia que la demanda local, ya no podemos recurrir al argumento de la «generación de empleo» para justificar —y aceptar con resignación— la aplicación de cualquier iniciativa de promoción pública o privada sobre el territorio, por «desarrollista» que fuera. La palabra «empleo» está dejando de ser la pócima infalible para desactivar nuestro nivel de autoexigencia y

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de buen criterio a la hora de aplicar el manual de buenas prácticas para la dinamización del territorio. Hoy, a la nueva palabra tótem se la reconoce por la grafía «sostenibilidad», que es frecuentemente utilizada por su intenso efecto narcótico, capaz, con su solo pronunciamiento, de producir los mismos efectos de tolerancia y candidez ante lo inaceptable que antaño produjera la sola ocurrencia de «generar puestos de trabajo». Una forma más sofisticada y global, menos pedestre, de perversión en nombre del desarrollo, que ha cambiado su argumento «empleador» de entonces por el velo y el disimulo «sostenibilizador» de ahora. De lo que no cabe duda es de que los BBCC encierran un potencial de desarrollo mucho más polifacético que el que se puede derivar de su sola consideración como ingredientes de generación de renta económica colectiva: como elementos ordenadores del paisaje (urbano o rural) y de sus usos; como factores de cohesión social a través de la identidad colectiva que representan y de pertenencia a un territorio; como elementos de potencial educativo y pedagógico en manos del colectivo educador… y sin duda, también, como factor económico capaz de contribuir a la mejora de la calidad e vida de la población rural y a su consiguiente consolidación demográfica in situ. A partir de la toma de posición que se desprende de estos párrafos, el artículo que se presenta en esta publicación pretende exponer la evolución de un proceso de trabajo sobre el patrimonio cultural local experimentado en el municipio granadino de Loja desde 1990 —no sin altibajos y dificultades— hasta hoy en día, y su devenir circunstancial en ocasiones, sistemático y planificado en otras, hasta integrarse en un estrategia global de desarrollo cultural para la localidad, con cierta proyección sobre algunos de los instrumentos de desarrollo territorial presentes en la comarca del Poniente Granadino. Con ese espíritu ilustrativo se redacta este artículo, por lo que pudiera tener de inspirador para otros agentes locales en busca de modelos de trabajo exportables a sus propios entornos, después de efectuar los consiguientes ajustes obligados por la diferencia geográfica. Ojalá estas páginas puedan cumplir también con el objetivo ejemplificador que su encargo lleva implícito: un alegato a favor de la percepción del patrimonio como sujeto contribuyente con las expectativas de calidad social y de vida de los entornos locales. Queda pues patente la vocación local del proyecto, tanto por su origen como por su destino. En él se reivindica el entorno local de decisión, que asume una presencia cada día menos disimulada en los procesos impulsados en nuestros territorios, gracias a programas de desarrollo rural y local que han sabido generar dinámicas y sinergias no reconocibles en la fisonomía social y económica de nuestros pueblos hace apenas 12 o 15 años. El devenir histórico del proyecto (1989-2008) Desde la precaria puesta en funcionamiento de aquellas tímidas iniciativas que por el año 1989 promoviera el ayuntamiento de Loja para la dinamización del patrimonio histórico local, hasta el escenario cultural actual de ese mismo ayuntamiento, ha llovido, ha escampado y ha vuelto a llover en multitud de ocasiones. El itinerario de las iniciativas pioneras —y esta lo era por aquel entonces— es así, está salpicado

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de peripecia, de deriva y de aprendizaje en sus primer ciclo (1989-1999), pero también de implicaciones personales, de resultados palpables y de un compromiso institucional especialmente evidente en su periodo reciente (2000-2008), en que el ayuntamiento de Loja asume definitivamente el proyecto para integrarlo a lo más sustancial de sus políticas municipales, por medio del diseño y aplicación del denominado Plan de Acción Cultura ARTIfice; santo y seña de la vida cultural de la localidad lojeña en el presente2. El ciclo (1989-1992). La infancia La prehistoria del proceso (1989-1992) tiene que ver, como en tantas ocasiones, con la iniciativa de personas. En este caso con la propuesta casi voluntarista de un grupo de cuatro jóvenes recién licenciados en Geografía e Historia (Prehistoria, Historia Antigua e Historia Moderna) apoyados por la Agencia de Desarrollo Local y los programas de promoción de empleo de entonces que respondían a la marca «Andalucía Joven». Al albur de aquellos primeros compromisos, el ayuntamiento de Loja pone en marcha el denominado proyecto «Loja histórico-arqueológica», después «Servicio de Investigación y Promoción Patrimonial (SIPP)» —débilmente sostenido por un Área de Cultura de su tiempo— que desarrolla una línea de trabajo basada en un programa de difusión e inventario de recursos patrimoniales, y de apoyo a las actividades rehabilitadoras de la primera experiencia de escuela-taller del municipio3:
— — — — — — — — — — — Inventario de yacimientos arqueológicos del municipio (base de actual carta arqueológica de Loja). Inventario paleográfico del Archivo Histórico Municipal. Campañas de concienciación ciudadana contra el furtivismo arqueológico. Gestión de donaciones —a favor del ayuntamiento de Loja— de bienes muebles de interés arqueológico y patrimonial (origen de los fondos iniciales de lo que posteriormente sería el Museo Histórico Municipal de La Alcazaba) Seguimiento y apoyo arqueológico de urgencia a las actividades de la Escuela Taller Maestro Maíz de Castro. Organización de programas didácticos para los centros de enseñanza del municipio Edición de cuadernillos didácticos sobre la historia y el patrimonio local. Organización de cursos sobre patrimonio para el colectivo docente (en colaboración con el CEP). Acciones de difusión y concienciación en medios de comunicación local (radio y prensa escrita por entonces) Presentación de comunicaciones y ponencias en jornadas y congresos. Promover y coordinar campos de trabajo y actividades de voluntariado juvenil en actividades sobre el patrimonio

Cuadro de acciones-tipo desarrolladas en el periodo (1989-1992).

2. El impulso recibido por el proyecto en el periodo 2000-2008 tiene fundamentalmente que ver con la asunción de la Alcaldía del municipio de Loja, en 1999, de uno de los cuatro jóvenes impulsores del proyecto inicial de 1989, Miguel Castellano Gámez, también promotor político de esta publicación en calidad de presidente de ARA. 3. La puesta en marcha de las Escuela-Taller Maestro Maíz de Castro I (1989) supuso la absorción laboral de uno de los cuatro miembros del equipo de trabajo inicial (Antonio F. Buendía Moreno), que asumiría la responsabilidad directora de las sucesivas EE.TT. hasta (1996).

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El ciclo (1993-1999). La pubescencia El ciclo 1993-1999 estuvo determinado por la absorción del proyecto por parte del Patronato Municipal de Turismo de Loja4, con la consiguiente alteración de la línea de trabajo seguida hasta ese momento. De este modo, una transformación que serviría para garantizar la pervivencia y refuerzo económico y presupuestario del proyecto, también derivaría en una profunda modificación de su línea de trabajo, que debió incorporar nuevos enfoques que, en algún caso, llegarían a desplazar a programas y actividades más propios del universo «patrimonialista» entendido en su acepción más convencional. Sin duda, este periodo acabarían por conferir al proyecto una acentuada conciencia territorial, no solo en su escala local, sino también comarcal; así como la adopción de una nueva cultura metodológica y estratégica de la gestión, habitual en los ambientes profesionales de los sectores económicos, turísticos y empresariales con los cuales estaba teniendo la oportunidad de relacionarse, pero del todo infrecuentes en el sector de la gestión cultural, todavía en gran medida ajena a las dinámicas de planeamiento del desarrollo integrado que se empezaban a dibujar sobre el mapa de Andalucía5. Este ciclo 92-99 estuvo marcado por la participación activa del proyecto, en primera línea de tiro, en todo cuanto tuvo que ver con la integración del territorio comarcal en los programas europeos LEADER y PRODER, así como en la puesta en marcha del CEDER del Poniente Granadino.
— Redacción y edición de material informativo y de promoción turística de Loja. — Asistencia a ferias turísticas y eventos promocionales del territorio y sus productos. — Organización de jornadas y congresos en Loja (Jornadas Andaluzas sobre Municipio y Patrimonio Histórico). — Interlocución con el sector turístico empresarial para la adopción de pequeñas iniciativas de dinamización del patrimonio. — Promover pequeñas iniciativas de rehabilitación de bienes culturales (Mausoleo de Narváez), incluidas las primeras experiencias de captación de recursos financieros externos. — Promover y participar en la redacción de los primeros documentos de planificación estratégica para el desarrollo en el entorno comarcal del Poniente Granadito. — Diseñar y desarrollar estrategias comunes de promoción turística en la comarca. — Diseño y promoción de proyectos de puesta en valor del patrimonio comarcal.

Cuadro de acciones-tipo desarrolladas en el periodo (1993-1999).

4. El mismo que suscribe el presente artículo asumiría la gerencia de la entidad municipal autónoma Patronato Municipal de Turismo de Loja (1992-2000), hasta integrarse en la estructura institucional y administrativa del Área de Cultura del Ayuntamiento. 5. Tras el éxito de los primeros programas europeos LEADER para el desarrollo rural, Loja —desde su Patronato Municipal de Turismo— lidera la iniciativa de redactar y defender el primer Plan de Desarrollo Rural del Poniente Granadino, que serviría durante los años inmediatos como documento base para dar cobertura a la llegada y aplicación de los programas LEADER II y PRODER a la comarca.

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En este desplazamiento del territorio objeto de trabajo —desde lo más local (Loja) hacia la dimensión comarcal (Poniente Granadino)— tuvo mucho que ver el debilitamiento extremo sufrido por el proyecto en su municipio de origen y referencia, como consecuencia del resultado electoral experimentado en Loja en 1995. La supervivencia in extremis, hasta el umbral del ciclo reciente, solamente fue posible gracias a la implicación del proyecto en la nueva dinámica generada en la comarca del Poniente Granadino, dentro de la cual tuvo la oportunidad de seguir creciendo y sintiéndose útil. El ciclo (2000-2008). En curso La situación del proyecto en el momento actual tiene su origen en el nuevo escenario surgido en el municipio de Loja como consecuencia —suele ser así— de la llegada de un nuevo ciclo político. La nueva coyuntura conllevaría dos consecuencias fundamentales: — La inserción de los objetivos, los recursos humanos y la filosofía de trabajo del proyecto inicial en la estructura funcional del Área de Cultura del Ayuntamiento de Loja, hasta el punto de provocar su profunda transformación. — La redacción del primer plan estratégico para la gestión cultural del municipio (Plan de Acción Cultural ARTIfice) A partir de este momento, el proyecto patrimonial deja de tener una «dimensión apéndice» en el organigrama administrativo del ayuntamiento lojeño, para consolidar una estructura de trabajo implícita en la institución con todas sus consecuencias laborales, presupuestarias, administrativas… En resumen, el proyecto acababa de cumplir su mayoría de edad pasando a formar parte de un nuevo —y esperemos que definitivo— «sistema» administrativo y de gestión, definido por algunas palabras clave: local, cultural, generalista, planificador y dinámico. El Plan de Acción Cultural ARTÍfice Desde el conocimiento acumulado en los diez años de experiencia precedentes —sobre la materia, sobre metodología de la gestión y sobre el territorio—, en el año 2000 una renovada Área de Cultura redacta y presenta en sociedad su Plan de Acción Cultural Artífice con un claro sentido estratégico y de la eficiencia. Pensado y confeccionado —con medios propios— para su implantación en un municipio como Loja, con sus 20.000 habitantes, su modelo demográfico y de poblamiento particular, su capitalidad de facto en medio del Poniente Granadino, su tradición, su debilidad en infraestructuras culturales, su realidad patrimonial, etc., el Plan ARTIfice ha acabado por configurar un modelo de trabajo reconocible y perfectamente exportable a otros entornos locales a los que, modestamente, hemos tenido la oportunidad de asesorar en diferentes ocasiones. ¿Plan estratégico o plan operativo? ¿La búsqueda del «documento tesis», o el valor de lo concreto aplicable? En algún foro especializado hemos tenido la oportunidad de

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debatir el carácter estratégico u operativo de este documento de planeamiento municipal, a la sombra —y a la luz— de algunos de los más importantes planes estratégicos que en materia de cultura se elaboran o desarrollan en nuestro país: Barcelona, Sevilla y algunos otros. En cualquier caso, el Plan ARTIfice es un documento de bases para la actividad cultural del Ayuntamiento de Loja. Una proposición de planeamiento en el sentido más arquitectónico de la palabra que pretende —tenemos la convicción de que va consiguiendo— un proceso de maduración y desarrollo cultural no coyuntural en el municipio y su entorno: desde planteamientos de trabajo estratégico, con una perspectiva de eficacia a medio/largo plazo; con un soporte elemental de marketing cultural que empieza por su propia denominación e imagen corporativa (dota a una idea compleja de signos reconocibles); desde la comprensión de la gestión del patrimonio local en el contexto del resto de las políticas culturales del municipio. ARTÍfice, como plan generalista para la cultura, construye su diseño de gestión a partir de cuatro ámbitos estratégicos, desde los que el patrimonio es, y puede ser intervenido, transversalmente: 1. El ámbito «animación sociocultural»: que se materializa en el programa de actividades resuelto por la Universidad Popular de Loja, con más de 400 alumnos/as (de 4 a 100 años) en su séptimo año lectivo de existencia. En este ámbito tienen cabida los programas patrimoniales que tienen que ver con la formación ciudadana no reglada en materia de disciplinas artísticas y artesanales, cultura popular y conocimiento del medio local (histórico, medioambiental, etc.). 2. El ámbito «agenda cultural»: está dedicado al sostenimiento de la «programación espectáculo» (conciertos, teatro, exposiciones, cineforums…), tanto en una línea de programación permanente, como de programación de eventos. Es en este ámbito en el que se sostiene el apoyo a recursos culturales de base tradicional, cual es el caso del certamen flamenco la «Volaera de Loja» (con sus más de 35 ediciones), la Semana Santa (declarada de Interés Turístico de Andalucía), o la Banda Municipal de Música (con más de un siglo de existencia). Todas ellas manifestaciones del patrimonio cultural lojeño con gran arraigo entre la ciudadanía. En este sentido no quisiera dejar de considerar la conveniencia —y hasta la necesidad— de no reducir la comprensión del fenómeno «patrimonial» a los eventos legados por el pasado remoto. Al fin y al cabo, toda tradición de hoy constituyó novedad en algún momento del pasado, y los agentes culturales del presente estamos obligados a proponer e impulsar la generación de «nueva tradición» para el futuro desde lenguajes contemporáneos. Este asunto concreto sería, tal vez, motivo de otro escrito publicable en otro contexto y en otra ocasión; pero cabe reflexionar sobre el momento en que una determinada celebración local —por contemporánea que resulte su forma de expresión— adquiere la carta de naturaleza «patrimonial». Cabe reflexionar, insisto, sobre el número de generaciones que debe pervivir toda celebración colectiva para ser considerada parte del acervo tradicional de una comunidad.

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3. El ámbito «investigación y cooperación»: se materializa en los programas editoriales, de fomento de la investigación, de cooperación transnacional y de difusión del conocimiento que el Área de Cultura desarrolla a través de la Fundación Ibn al-Jatib de Estudios y Cooperación Cultural, impulsada y sostenida desde 2004 por el propio Ayuntamiento de Loja y la Diputación Provincial de Granada. Es en el contexto de la Fundación en el que ARTIfice desarrolla su programa de fomento de estudios lojeños, mediante la convocatoria anual de las becas de investigación Ibn al-Jatib, apoyadas por su correspondiente programa editorial. A través de la Fundación se trabaja también en la recuperación de la memoria histórica de diferentes valores y personalidades relevantes del pasado local: Alonso de Montúfar, Ibn al-Jatib, José Val del Omar… Es también la Fundación el contexto ideado para impulsar el programa de cooperación del Área de Cultura, centrado por el momento en la ciudad hermana de Fez (Marruecos), e inspirado en la figura compartida del polígrafo andalusí del siglo XIV, nacido en Loja y muerto en Fez, que da nombre a la propia Fundación. 4. El ámbito «equipamientos»: es el que de forma efectiva hace hincapié en la gestión de los valores más materiales del patrimonio histórico de Loja. En su contexto se desarrolla la creación/gestión del Museo Histórico Municipal de la Alcazaba y su recinto, el diseño y producción del Centro de Interpretación Histórico de Loja en el edificio de la renacentista Casa de Cabildos, la ampliación y gestión del Archivo Histórico Municipal, las obras de rehabilitación del histórico Teatro Cine Imperial, o la rehabilitación del antiguo pósito renacentista de la ciudad, transformado en el nuevo y flamante Centro de Iniciativas Culturales El Pósito. Los programas específicos sobre el patrimonio local Concluida la exposición panorámica de los contenidos del Plan de Acción Cultural ARTIfice como marco de referencia, nos toca, lógicamente, defender la idea de que las políticas patrimoniales sobre los BBCC se desarrollen, preferentemente, desde el seno de estructuras institucionales o de gestión vinculadas al fenómeno cultural, más que a cualquier otra variante relacionada con el turismo, el desarrollo económico, el urbanismo, etc. El hecho de que aboguemos por un modelo de trabajo multidisciplinar, intervenido por los diferentes actores implicados en los procesos de desarrollo del territorio, nos lleva a defender la conveniencia de situar el eje de rotación de las políticas patrimoniales sobre «perspectivas y sensibilidades culturales», sin que por ello dejemos de considerar válidos modelos gestores en los que el elemento cultural resulta orbitar en torno a ejes más vinculados a la economía o al planeamiento urbanístico, siempre y cuando en ellos la acción planificadora y tutorial de esa «percepción cultural» se haga notar, de derecho y de facto6.

6. Haciendo un paréntesis de soslayo sobre este asunto, algo tenemos que reprocharnos a nosotros mismos los profesionales de la gestión cultural, que tradicionalmente

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Como decíamos, el proyecto lojeño de intervención sobre los BBCC ocurre en su contexto concreto, ligado de forma transversal e indisociable al resto de políticas de acción cultural para el municipio, significándose en los últimos años por la puesta en marcha de diferentes programas: a) Un programa de interpretación del patrimonio para la ciudad El año 2002 supondría la creación del primer espacio expositivo permanente de la localidad, instalado en la antigua Casa de Cabildos (edificio del siglo XVI) enclavado en pleno centro histórico. Sobre una superficie total de poco más de 150 m2 repartidos en dos plantas, el proyecto del Centro de Interpretación Histórico de Loja (CIH en lo sucesivo) suponía la puesta en funcionamiento del primer «espacio de representación» de los valores patrimoniales locales, y ello en clave interpretativa. El CIH, conceptual y materialmente producido desde el Plan ARTIfice como una de sus primera realizaciones —financiado con fondos europeos Leader II, para el desarrollo rural—, habría además de asumir la función de oficina de recepción/ información turística de Loja7, proponiendo un recorrido lineal por el pasado del municipio y su patrimonio histórico, dividido en seis ámbitos temporales y temáticos coincidentes con los grandes momentos de la historia local.

Centro de Interpretación Histórico de Loja. Detalle interior. ajenos a los procesos de desarrollo territorial de nuestro entorno por vocación propia —tan líricos, tan académicos en ocasiones—; hemos hecho dejación histórica de nuestra responsabilidad y de nuestra aportación de conocimientos en los foros de participación en los que habitualmente se deciden las estrategias de intervención sobre el patrimonio local… Evidentemente, otros han opinado y decidido por nosotros. 7. El Patronato Municipal de Turismo de Loja es el instrumento autónomo promovido

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Centro de Interpretación Histórico de Loja. Plaza de Arriba.

por el ayuntamiento para desarrollar las políticas públicas locales de promoción del turismo. Es también la entidad encargada de la gestión del Centro de Interpretación Histórico.

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El discurso expositivo viene determinado por unos periodos temporales significados a partir de cuatro o cinco circunstancias relevantes (de cada uno de ellos), a modo de hechos o hitos de referencia; y presentados por seis personajes —históricos o de ficción— relacionados con la ciudad en cada uno de tales momentos, que a modo de «relatores» introducen al visitante en los contenidos del CIH según el siguiente esquema: — EL TIEMPO REMOTO. (Prehistoria e Historia Antigua). Personaje relator: Túbal (descendiente de Noé, fundador mitológico de la ciudad de Loja). Hechos de referencia: la riqueza fosilífera de la sierra de Loja; los orígenes legendarios de Loja; las industrias y tecnologías prehistóricas; la necrópolis tardorromana de Las Vinuesas y la necrópolis megalítica de Sierra Martilla. — EN MEDIO DE LA HISTORIA. (Edad Media). Personaje relator: Ibn al-Jatib (político y polígrafo andalusí del siglo XIV natural de Loja). Hechos de referencia: la figura de Ibn al-Jatib; el sistema defensivo medieval de torres atalaya; el tesorillo de Loja y los ajuares funerarios de los yacimientos visigodos de la localidad. — EL SURGIR DE LA MODERNIDAD. (Renacimiento). Personaje relator: Gonzalo Fernández de Córdoba «El Gran Capitán» (Alcaide de Loja). Hechos de referencia: el agua milagrosa de Fuente Santa, primera «denominación de origen de aguas» de nuestro país; la riqueza del Archivo Histórico Municipal de Loja; la alcaidía del Gran Capitán y la toma de Loja, plasmada en la sillería del coro de la catedral de Toledo. — TIEMPOS DORADOS – TIEMPOS DE LUCES. (Barroco-Neoclasicismo-Romanticismo). Personaje relator: Washington Irving (Viajero romántico autor de Los cuentos de la Alhambra, uno de cuyos capítulos está dedicado a Loja. Hechos de referencia: la Semana Santa lojeña; las «corrías de incensarios»; los relatos de los viajeros románticos y la arquitectura neoclásica local. — ESPADONES, INGENIEROS Y CAMPESINOS. (siglo XIX). Personajes relatores: General Narváez «El espadón de Loja» y Rafael Pérez del Álamo (Jefe de distintos Gobiernos de Isabel II y líder revolucionario del siglo XIX, respectivamente). Hechos de referencia: la evolución urbanística de Loja en el cambio de siglo (XIX-XX); las grandes epidemias de cólera; la revolución industrial; las revueltas campesinas y la figura del General Narváez. — PRESENTE IMPERFECTO. (siglo XX). Personaje relator: Groucho Marx (coprotagonista de la película Sopa de Ganso, que incluye un fotograma con la imagen de Loja (Silvania) para situar el lugar de los hechos cinematográficos). Hechos de referencia: el fenómeno emigratorio de los años 60; la guerra civil del 36; las primeras elecciones municipales de la democracia y la prensa en Loja. Tal y como es habitual en estos casos, los contenidos del CIH se desarrollan, no mediante la presentación de objetos o ítems patrimoniales (propio de una instalación museística), sino mediante la puesta en escena de distintos y complementados recursos audiovisuales: dispositivos sonoros, paneles gráficos, montajes estereoscópicos, videos, atrezzos y maquetas...

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El reto futuro inmediato En esta línea de trabajo interpretativo el Plan ARTIfice inicia en 2007 una segunda fase del proyecto, que profundiza en la propuesta del CIH ya creado, proyectando sus contenidos a las vías públicas de la ciudad, y contribuyendo con ello a la idea de musealización «a cielo abierto». El nuevo proyecto «Paisaje con figuras» —con una clara dimensión de recuperación urbanística, y resonancias literarias8—, será posible con la financiación del Plan General del Turismo Sostenible de Andalucía 2008-2011, y básicamente conlleva la instalación de más de una docena de elementos escultóricos de significativo valor artístico por distintos miradores y espacios públicos de la localidad. Para tal fin, durante 2008 va a ser convocado un concurso artístico temático -alusivo a personajes históricos vinculados a Loja, continuando la línea argumental del CIH- cuya producción resultante servirá para la ejecución material del proyecto, con el consiguiente apoyo señalético, impreso y de audioguías, hasta configurar una red de recorridos temáticos vinculados al CIH. De este modo, el programa interpretativo concebido para Loja e instalado en el CIH en 2002, se refunda y se amplifica, se enriquece en contenidos y en proyección, apoyado en los trabajos de investigación que sobre protagonistas históricos de Loja está promoviendo la propia Fundación Ibn al-Jatib: Alonso de Montúfar (segundo obispo de Nuevo México en el siglo XVI), José Val del Omar (cineasta de la generación del 27), Francisco Jiménez Campaña (académico de la lengua), Miguel de Toro (lexicógrafo y diccionarista entre siglos XIX-XX), o el propio Lisan Din Ibn al-Jatib (polígrafo del siglo XIV)… En definitiva, nueva contribución al discurso interpretativo lojeño, con la adición de argumentos renovados que sitúan el foco de la memoria local sobre nuevos/viejos protagonistas, desconocidos para la gran mayoría de la población. b) Un programa de dinamización para el barrio de la Alcazaba La adquisición municipal (1989) del ruinoso recinto comprendido en la línea de muralla interior de la Alcazaba constituyó el hito inicial de un proceso de recuperación que, desde que la primera escuela-taller interviniera en el proceso de rehabilitación del entorno alcazabeño (1991) hasta el día de hoy, concluye —suma y sigue— en un itinerario cuyo presente empieza a cuajarse formalmente en el año 2004, con la inauguración del Museo Histórico Municipal de la Alcazaba (MHA) La recuperación arquitectónica y funcional del Caserón de los Alcaides Cristianos ha permitido el afianzamiento del proyecto global de musealización sobre el barrio de la Alcazaba, conformado por: a) un recinto amurallado trazado en lo sustancial hacia los siglos XI-XII, y reforzado hacia el XIII-XIV; b) por el aljibe de tres naves organizadas sobre los 57 metros cuadrados de su superficie; c) por la mal denominada torre del Homenaje (o del Reloj); y c) por el caserón de los Alcaides Cristianos,

8. Título extraído de la obra literaria del autor Antonio Gala, premio Ibn al-Jatib 2006 de nuestra Fundación.

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adosado a la torre anterior, y construido en los primeros años del siglo XVII por el Licenciado D. Pedro de Tapia, Alcaide de la fortaleza. La fase inicial de puesta en valor del conjunto como espacio museístico afectó a esta última edificación renacentista, encaramada en el punto más elevado del solar urbano, en pleno patio de armas, elemento de claro impacto simbólico y visual en la línea del cielo de la ciudad de Loja. Esta instalación fundacional del MHA debía actuar como punta de lanza dinamizadora de los pasos subsiguientes del proyecto, hasta la recuperación total del recinto y su barrio. Se trata de una instalación museística sencilla, levantada sobre una superficie total de 347 m2, susceptibles de subsiguientes ampliaciones (torre del homenaje, aljibe…), que surge y se desarrolla en un contexto del que forma también parte el Centro de Interpretación Histórico (CIH), dando lugar a un binomio museísticointerpretativo conceptual y formalmente complementario: en el hilo argumental, en la forma de acceso a la información, en la ordenación de contenidos, etcétera. Sobre la premisa de complementariedad ya expuesta, y con el apoyo de una colección dispersa, pero de interés suficiente -en ocasiones hasta sobresaliente-, el proyecto museístico de la Alcazaba de Loja desarrolla su discurso en cinco espacios temáticos, que a su vez se articulan en diferentes ámbitos expositivos (hasta 21): — BAJO TUS PIES... LA MEMORIA. Esta primera sección abre el discurso argumental del museo partiendo de los orígenes del poblamiento en el término municipal de Loja. La fuerza expresiva del enunciado alude tanto al «patrimonio del subsuelo» como a la situación orográfica del propio espacio museístico, en el punto más elevado de la ciudad. Toda la memoria histórica de Loja «bajo los pies» del visitante. — CON NOMBRE Y APELLIDOS. Espacio reservado a aquellos objetos de la colección vinculados a instituciones y/o personajes relevantes de la vida local y de sus familias; todos ellos ítems de fuerte componente simbólico (escudos heráldicos, retratos pictóricos, bustos escultóricos, elementos alegóricos del poder, honoríficos —medallas y condecoraciones—, etc.). — ESTÁ ESCRITO. Bajo este enunciado quedan aglutinados los distintos ítems de la colección relacionados, de una forma u otra, con los medios de expresión de la «verdad» histórica, presente o futura: documentos paleográfícos, epigráficos, numismáticos... y hasta radiofónicos, cinematográficos e informáticos. — EN OLOR DE SANTIDAD. Nos estamos refiriendo al conjunto de objetos de la colección relacionados con los distintos modos de expresión religiosa de la localidad. En esta faceta, especialmente relevante resulta la retablística, así como todo lo relativo a la Semana Santa lojeña, abalorios de fe, indumentarias, fragmentos de imaginería histórica, etc. — POLVO ERES. En esta quinta y última sección quedan agrupados todos aquellos objetos e imágenes relacionadas —de una forma u otra— con la muerte y sus distintas interpretaciones y formas de representación.

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Sala baja del Museo Histórico de la Alcazaba.

El reto futuro inmediato El programa de rehabilitación del conjunto alcazabeño pasa, a corto plazo (menos de un año), por la conclusión de las obras de rehabilitación de la torre del Homenaje —en este momento se está ejecutando con fondos del Plan Turístico de Ciudades Medias del Centro de Andalucía— y su consiguiente musealización, una vez conectada al núcleo anexo fundacional del MHA (Caserón de los Alcaldes). La propuesta municipal pasa por la instalación de una cámara oscura en la planta superior de la torre (volumétricamente reconstruida), incorporando un valor añadido a sus propias cualidades arquitectónicas, especialmente presentes en su planta baja. De este modo, la rehabilitación y musealización de la torre del Homenaje conlleva la primera de las ampliaciones previstas para el MHA, con la posible incorporación de un recurso óptico-tecnológico de efectivos resultados para la dinamización de su entorno urbano en otros varios casos en los que ya se ha testado su instalación y gestión (Cádiz, Jerez, Écija, etc.). También dentro del corto plazo de un año (2008) existe la previsión de abordar el inicio de las obras de rehabilitación del aljibe hispanomusulmán del conjunto, con la financiación del Ministerio de Cultura, así como la finalización de las excavaciones arqueológicas que desarrolla en el patio de armas la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Bajo este panorama de iniciativas ya iniciadas, la perspectiva a medio plazo (2/ 3 años) dibuja un horizonte en el que el MHA constituirá un producto patrimonial extensivo y completamente musealizado: edificio fundacional (Caserón de los Alcaldes),

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primera ampliación (torre del Homenaje, incluida cámara oscura); segunda ampliación (aljibe y patio de armas); y todo ello conjugado con la rehabilitación de tres de los espacios públicos abiertos del barrio de la Alcazaba (placitas-mirador), tematizados por el ya referido programa «Paisaje con figuras» a partir de las personalidades de Ali-Atar (gobernador de la fortaleza en el siglo XV), Moraima (su hija, esposa del rey Boabdil) y Lisan Din Ibn al-Jatib, del que ya hemos hablado. Queda pendiente también de abordar la restauración de las líneas norte y noreste de la muralla medieval, para con ello resolver la recuperación completa de las estructuras arquitectónicas emergidas del barrio de la Alcazaba, objetivo casi impensable desde el panorama de ruina generalizada de hace apenas 15 años. No menos importante resulta, finalmente, señalar la necesidad paralela de reforzar los programas de gestión del Museo en sus aspectos didácticos y turísticos, supeditados en el presente a las servidumbres impuestas por el propio proceso de obras que acabamos de relatar. c) Un programa de investigación, difusión y cooperación sobre temas locales Desde una perspectiva de gestión integral del patrimonio local, el instrumento diseñado por el Plan ARTIfice en 2004 para la investigación, la difusión del conocimiento y la cooperación adquiere personalidad jurídica propia en la Fundación Ibn alJatib de Estudios y Cooperación Cultural9, promovida y patrocinada paritariamente por el Ayuntamiento de Loja y la Diputación Provincial de Granada, con unos objetivos fundacionales explicitados en sus propios estatutos rectores: 1. Promover iniciativas de desarrollo cultural, sociocultural y científico en el municipio de Loja, así como en los territorios o ámbitos cooperantes con la Fundación. 2. Fomentar procesos de investigación y estudio sobre cuestiones de interés local en sus distintos aspectos posibles (histórico, medioambiental, socioeconómico, etc.) o relacionadas con los ámbitos territoriales o temáticos de las entidades cooperantes. 3. Desarrollar iniciativas tendentes a la preservación y valorización de los recursos culturales y científicos de Loja en su contexto comarcal, provincial, autonómico o estatal, así como de los territorios o entidades cooperantes. 4. Fomentar la colaboración entre entidades de naturaleza pública o privada vinculadas con los fines de la Fundación. 5. Asesorar a las instituciones integrantes de la Fundación cuando así le sea requerido, así como a las demás entidades vinculadas a sus objetivos de trabajo en el contexto de sus programas de cooperación. 6. Gestionar cualesquiera de los programas o proyectos que para el cumplimiento de sus fines asuma la Fundación con el acuerdo unánime de las entidades integrantes.

9.

http://www.ibnal-jatib.org

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La Fundación convoca anualmente sus propias «becas de investigación Ibn alJatib»10 con objeto de generar nuevo conocimiento sobre asuntos relacionados con los valores patrimoniales de Loja y la provincia de Granada en general. Así, desde 2004 viene aprobando y gestionando el desarrollo de una media de tres/cuatro proyectos de investigación sobre temáticas diversas, tales como las que se relacionan seguidamente a modo de ejemplo:
— El uso de las plantas en la cultura tradicional lojeña (BENÍTEZ CRUZ, G.) — Fray Alonso de Montúfar: Loja y la formación de la iglesia indiana (RUIZ GUTIÉRREZ, A.) — Los regadíos tradicionales del territorio de Loja: análisis de unos espacios agrarios de origen medieval. (JIMÉNEZ PUERTAS, M.) — José Val del Omar, el moderno renacentista. (GONZÁLEZ MANRIQUE, M.J.) — Granada, un reino de seda. Estudio aproximado sobre la sericultura en la provincia de Granada (ss. VII-XVI). (SERRANO NIZA, D.) — Inmigración en Loja, un reto de multiculturalidad. (CORPAS NOGALES, J.M.) — Loja en el ámbito del poder político nazarí (siglo XV). (PELÁEZ ROVIRA, A.) — Literatos y sabios andalusíes de Loja: biografía y antología. (DAMAJ, A.) — Los últimos artesanos del pedernal en Loja. Estudio histórico-arqueológico sobre la explotación del sílex y la producción militar de piedras de fusil durante los siglos XVIII-XIX. (RONCAL LOS ARCOS, E.) — Linajes de poder en la Loja islámica: de los Banu Jalid a los Alatares. (JIMÉNEZ PUERTAS, M.)

Proyectos becados en el periodo 2004-2006.

El producto científico de tales becas conforma en su mayor parte —que no exclusivamente— la programación editorial de la Fundación, que anualmente publica una media de tres/cuatro obras monográficas, ya sean consecuencia de su propia política de becas; de su interés por otros trabajos científicos al margen de la oferta de becas; ya se trate de los documentos de actas resultantes de los distintos «coloquios científicos y sociales» temáticos convocados con regularidad por la Fundación en la ciudad de Loja, habitualmente en colaboración con la Universidad de Granada, con la que tiene suscrito un convenio de colaboración para este y otros fines.

— III Reunión de trabajo sobre aprovisionamiento de recursos abióticos en la Prehistoria. (Loja, 21-23/ octubre/2004) — Ier. Coloquio internacional sobre Ibn al-Jatib, (Loja, 28-29/octubre/2005) — II. Coloquio internacional sobre Ibn al-Jatib, (Fez, 12-15/junio/2007) — IV Jornadas formativas sobre micología lojeña, (23-24/noviembre/2007) — Ier. Coloquio científico y social sobre el agua. Agua y cambio climático, (13-14/diciembre/2007)

Coloquios y encuentros convocados, patrocinados o colaborados por la Fundación en el periodo 2004-2007.

10. La Fundación destina anualmente una dotación media de 12.000 euros para su programa de becas, que sirve para financiar, en cada una de sus ediciones, un total de 3-4 proyectos de investigación.

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Títulos publicados por la Fundación hasta 2007.

En este sentido debemos destacar la proyección de la convocatoria de nuestros «coloquios sobre Ibn al-Jatib», que convocados alternativamente en las ciudades de Loja y Fez (lugares de nacimiento y muerte de nuestro protagonista, respectivamente), quizá constituyan lo más fundamental del programa de cooperación trasnacional de la Fundación, sustanciado hasta la fecha en el siguiente cuadro de iniciativas:

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— Hermanamiento institucional entre las ciudades de Loja y Fez (2005). — Encuentros anuales de las delegaciones mixtas (institucional, cultural y económica) lojeña y fecí (desde 2005). — Convocatoria del Ier. Coloquio internacional sobre Ibn al-Jatib (2005). — Convenio para la rehabilitación del mausoleo de Ibn al-Jatib en el cementerio fecí de Bab Marouq (2006). — Constitución de la asociación homónima marroquí «Ibn al-Jatib de Estudios y Cooperación Cultural», como interlocutora para los trabajos de cooperación no estrictamente institucionales (2007). — Presentación en el Instituto Cervantes de Fez de las Actas del Ier. Coloquio internacional sobre Ibn alJatib (Loja, 2005), en el contexto del segundo coloquio, organizado en Fez (2007). — Convenio de colaboración formativa para la difusión de la lengua española entre el colectivo de nuestros interlocutores fecíes habituales: Comunidad Urbana de Fez y Asociación Ibn al-Jatib de Estudios y Cooperación Cultural.

El reto futuro inmediato Las expectativas del Plan ARTIfice en este sentido pasan por la consolidación institucional de la Fundación, y especialmente del compromiso de reciprocidad contraído por nuestro partenariado marroquí, de cara a la finalización de aquellos proyectos cuya conclusión reclama especialmente de su propia iniciativa. Por otra parte, se trata de seguir insistiendo en las mismas líneas de trabajo en las que nuestra Fundación viene actuando desde su nacimiento: becas de investigación, publicaciones, coloquios y congresos monográficos, acciones de cooperación…, implicándose, además, en el desarrollo de los contenidos científicos y didácticos del varias veces aludido proyecto «Paisaje con figuras» de ampliación del programa de interpretación patrimonial para la ciudad (Plan General del Turismo Sostenible de Andalucía 2008-2011) El año 2013 se vislumbra en el horizonte como el de la celebración del octavo centenario del nacimiento de Ibn al-Jatib, así como el de la efeméride del «Milenario del Reino de Granada». En este preciso momento cabe reflexionar sobre el posicionamiento que debe adoptar la Fundación —y la propia localidad de Loja— en tal ocasión, quizá aglutinando definitivamente en su entorno a lo más significativo de la comunidad científica «jatibiana», de cara a abordar un contundente congreso internacional sobre el personaje y su vinculación con el reino andalusí de Granada, del que fuera protagonista intelectual y político de primer orden. d) Un programa de rehabilitación de edificios históricos para equipamientos culturales La dimensión más tangible y material del Plan ARTIfice, en lo que a gestión del patrimonio se refiere, tiene que ver con su programa de rehabilitación de edificaciones singulares para la generación de equipamientos culturales, en una localidad afectada por graves e históricas carencias en ese particular. Sin ser esa la única línea de rehabilitación en aplicación sobre el sector histórico de la ciudad —ahí están los programas autonómicos de rehabilitación de vivienda en el conjunto histórico o de urbanismo comercial—, si es la línea de trabajo coordinada desde el proyecto de gestión cultural que nos ocupa, dentro del cual resultan especialmente significativas

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dos grandes iniciativas actuales: nos referimos a las rehabilitaciones de El Pósito (ss. XVI-XIX) y del Cine Imperial (s. XX)11. En el primero de los casos estamos hablando de la rehabilitación arquitectónica y funcional integrada de dos edificaciones anexas en el sector más central del casco histórico, económicamente regresivo en las últimas décadas: son el antiguo Pósito renacentista (BIC) y la casa historicista (s. XX) de la familia Cordón. Ambas se encuentran inmersas en un proceso rehabilitador único —si bien ejecutado en dos fases— que debe acabar dotando al municipio de su propio centro de iniciativas culturales, funcionalmente próximo a los modelos de casa de la cultura o centro cívico al uso. El proyecto, financiado por los programas Leader II (fase I, concluida en 2007) y 1% cultural del Ministerio de Fomento (fase II, iniciada en 2007), acabará por generar un equipamiento sede para el área municipal de cultura del ayuntamiento y de la propia Fundación Ibn al-Jatib, con más de 1.400 m2 construidos, en un programa funcional que dotará al municipio de salas de exposiciones temporales, auditorios de pequeño y medio formato, oficinas, salas formativas y de usos múltiples.

Auditorio del CIC El Pósito

11. No incluimos en este apartado los programas rehabilitadores vinculados al conjunto de la Alcazaba (Museo Histórico Municipal) o al Centro de Interpretación Histórico, abordados con anterioridad en este artículo.

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Por su parte, el programa rehabilitador del cine Imperial conlleva la conversión del vetusto edificio de proyecciones del arquitecto Prieto Moreno, en un actualizado espacio escénico completo (teatro-cine con torre escénica) de mediano formato, dotado con las exigencias tecnológicas, funcionales y de confortabilidad que los tiempos actuales reclaman para una ciudad media del centro de Andalucía. El edificio resultante, en pleno proceso de obras, está adaptando a su arquitectura final parte del registro arqueológico documentado en su subsuelo, ya que ocupa un sector destacado del centro histórico de Loja, hecho que le habrá de conferir un valor añadido de interés como arquitectura singular recuperada para la sociedad local y para la cultura. El proyecto está inserto en el programa de rehabilitación de teatros de la Consejería de Obras Públicas de la Junta de Andalucía —cofinanciado por el Ayuntamiento de Loja— significando la puesta en valor de la edificación «histórica» de construcción más reciente de la localidad (mediados del s. XX).

Fachada del CIC El Pósito.

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El reto futuro inmediato Las expectativas en este terreno pasan por la finalización de ambos proyectos rehabilitadotes: fase II de El Pósito (2009) y teatro-Cine Imperial (2011), para ser plenamente integrados a la actividad contemporánea de Loja, reforzando su programa cultural en dos sectores del conjunto histórico poblacional y económicamente regresivos (plaza de Abajo y calle Real, respectivamente). Uno y otro, ambos, junto con otros dos equipamientos como son la nueva biblioteca municipal (plaza de Abajo, 2003) y el Centro de Interpretación Histórico (plaza de Arriba, 2003), deben acabar de configurar un nuevo eje cultural (calle Real-plaza de Arriba-plaza de Abajo) esperamos que capaz de vivificar un sector urbano del casco histórico de Loja separado de la nueva dinámica urbanística, residencial y comercial, en proyección hacia el sector más oriental de la ciudad. Este ejercicio de «resucitación» patrimonial para edificaciones —y sus entornos urbanos del sector histórico medio de Loja (área centro)— debe ser observado en íntima relación con el programa de dinamización para el barrio de la Alcazaba, tratado en el punto b) de este artículo, así como con el programa de tematización «Paisaje con figuras» para plazas y miradores (punto a), ambos preferentemente dedicados al sector histórico alto. Como era de preveer, ARTIfice es un plan de cierta complejidad plagado de transversalidades: las propias de un modelo sistémico de trabajo en cuya arquitectura general los distintos ingredientes de la receta interactúan y «maceran» en el caldo de cultivo proporcionado por el propio sistema. e) Otros programas: arqueología, paleografía y calidad territorial. Para concluir, no quisiéramos dejar de considerar otros aspectos del Plan ARTIfice en nada ajenos a la gestión de los bienes culturales del territorio local, tal y como son el servicio de apoyo y asistencia arqueológica desarrollado desde la gestión del propio Museo Histórico de la Alcazaba, o el programa de conservación y puesta en valor aplicado —en aplicación permanente, diría yo— por el Archivo Histórico Municipal (AHM), situado en los sótanos del palacio de Narváez (Ayuntamiento de Loja). El primero de los aspectos ha conllevado la definición de un perfil profesional básicamente arqueológico para el desempeño de las labores del puesto de «conservador» del Museo, de tal manera que sobre su definición de tareas recae la responsabilidad añadida de inspección de obras/solares con potencial arqueológico; la ejecución de los proyectos de prospección, seguimiento y excavación arqueológica de las obras de rehabilitación municipales (Teatro-Cine Imperial, Torre del Homenaje de la Alcazaba…); o la redacción de la carta arqueológica del municipio, que desde el año 2004 constituye el documento de referencia general para la protección arqueológica. El segundo de los aspectos tiene que ver con la asunción de una determinada toma de conciencia «ARTIfice» en lo que se refiere a la gestión del importante legado paleográfico local, psicológicamente ligado en exceso a la función administrativa del Archivo General del ayuntamiento hasta el año 2000. Evidentemente, su naturaleza peculiar, sus potencialidades, la fragilidad de su contenido… constituían atributos suficientes como para diseñar un programa específico de trabajo que hiciera especial

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hincapié en la conservación pasiva y el inventario de su colección documental, pero también en su restauración (conservación activa) y puesta en valor social y científico. Desde entonces hasta el presente, la sección histórica del archivo municipal ha incorporado a su equipamiento mobiliario especializado (estanterías compactas, muebles planeros…), elementos de control ambiental (un sistema informático para el control ininterrumpido de iluminación, temperatura y humedad) y equipos de climatización (climatizadores/deshumidificadores), así como un programa de digitalización para algunas de sus series documentales de consulta más recurrente. Finalmente, si 2001 sería el año de publicación en formato libro de la primera «Guía e inventario del Archivo Histórico Municipal de Loja», el reciente 2007 ha marcado el primer paso de un nuevo itinerario de gestión, apoyado en la ampliación de las instalaciones con una nueva sala de actividades didácticas en la que desarrollar talleres pedagógicos (por ejemplo de trascripción de cartas reales desde los Reyes Católicos), y de una habitación para investigadores. El reto futuro inmediato pasa por consolidar el incipiente programa didáctico, por fomentar el conocimiento y la accesibilidad del archivo entre la comunidad científica, y por afianzar un programa de conservación activa que garantice una dinámica de restauración de documentos sostenida presupuestariamente en el tiempo. En otro orden de cosas, no quisiera dar por concluido finalmente este artículo sin hacer referencia a la actual contribución del Plan ARTIfice —tanto en su dimensión política e institucional, como meramente técnica— con el principal instrumento que para el desarrollo territorial existe en el Poniente Granadino: me refiero a la Asociación para el Desarrollo Rural del Poniente Granadino, entidad gestora, entre otros, de los fondos Leader y Proder; y foro de encuentro y debate sobre el devenir económico, ambiental y social del territorio comarcal en el contexto, por ejemplo, del Nuevo Plan Estratégico Rural para Andalucía (NERA). Creo especialmente relevante significar la continuidad del liderazgo inicial del municipio de Loja en el proyecto institucional y político vinculado al concepto territorial del Poniente Granadino, hecho que conlleva, de algún modo, una dosis especial de compromiso y contribución con sus fines y expectativas, tal y como lo demuestra el hecho de que su Presidencia haya sido tradicionalmente ostentada por representantes del municipio lojeño, o que su interlocutor en la Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía (ARA)12 sea el propio alcalde de Loja, que asume su Presidencia desde 2003, ratificada recientemente. En el plano puramente técnico, el que nos toca analizar en esta obra, quiero significar que esa contribución no es ajena al Plan ARTIfice, colaborador habitual del Grupo de Desarrollo Rural (GDR) del Poniente Granadino13, con el que trabaja actualmente en el desarrollo de su plan general de calidad. Este plan, inserto en la red de territorios rurales españoles adscritos a la Marca de Calidad Territorial «Calidad Rural»14, pretende la identificación y distinción de aquellos productos y servicios — y por extensión territorios rurales en general— empeñados en la búsqueda y consecución de objetivos de excelencia social, ambiental, de producción, etcétera.

12. 13. 14.

http://www.andaluciarural.org http://www.ponientegranadino.es http://www.calidadterritorial.com

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Marca de Calidad Rural (Poniente Granadino).

En ese contexto de compromiso con la geografía local y comarcal, ARTIfice elabora en este preciso momento las cartas específicas de calidad de «Espacios expositivos» y de «Eventos culturales» respectivamente, que el GDR deberá someter a la aprobación de los distintos agentes institucionales y sociales del Poniente Granadino. Estas cartas constituirán el patrón mínimo de calidad que exigirá el propio GDR a cuantas iniciativas de tal naturaleza pretendan sumarse a su plan de excelencia, supervisado por su «Comité de seguimiento y control de la marca», del que particularmente tengo la satisfacción de formar parte. Una conclusión reiterativa Concluimos este artículo poniendo el énfasis en la idea de que los entornos locales deben implicarse activamente en la gestión de sus recursos patrimoniales, involucrándose en las dinámicas de desarrollo de su contexto económico, social y ambiental desde el conocimiento directo de la realidad, desde la inmediatez de su capacidad de acción y desde la cualificación política y profesional como condición sine qua non. Concluyamos también en la creencia de que los modelos de trabajo de base estratégica parecen ser los únicos capaces de poner en evidencia su validez a medio/ largo plazo, especialmente si deben sobrevivir y desarrollarse integrados en el contexto de «otras políticas» de mayor calado: las propias de un ayuntamiento, de los GDR, de las diputaciones provinciales, etc. Finalicemos propugnando, como un deseo preñado de tesón, la buena nueva de una más estrecha coordinación entre las distintas instancias o agentes implicados, de un modo u otro, en la gestión de las políticas sobre BBCC: desde la conservación, desde la dinamización, desde la investigación… Concluyamos finalmente, eso espero, en que la exposición —negro sobre blanco— de la trayectoria, presente y futuro de algunos de los proyectos de gestión patrimonial más «históricos» del contexto local andaluz pueda inspirar nuevas, prósperas y ejemplificantes iniciativas en esta materia. Suma y sigue.

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Parque Minero de Riotinto, Cuenca Minera de Riotinto (Huelva)
José María Mantecón Jara
Director General de Fundación Río Tinto

Aquilino Delgado Domínguez
Director del Museo Minero de Riotinto

El presente artículo versa sobre la labor desarrollada por Fundación Río Tinto en la gestión y articulación del Parque Minero de Riotinto. Pero antes de comenzar, no queremos dejar pasar la oportunidad de agradecer a la Asociación para el Desarrollo Rural de Andalucía la oportunidad de poner en común nuestra experiencia. Introducción La crisis del sector minero de mediados de los años 80 provocado por la caída de los precios del cobre junto al hecho de que las reservas de mineral de gossan del que se extraían oro y plata iban a ser pronto agotadas, llevó a la compañía propietaria en ese momento, Río Tinto Minera S.A., a crear Fundación Río Tinto para la Minería y la Metalurgia. Institución Benéfico-Docente, con carácter de Fundación Cultural privada sin ánimo de lucro y de naturaleza permanente, que tiene como fin la Conservación y Restauración del Patrimonio Histórico generado por casi 5.000 años de minería y metalurgia en la Cuenca Minera de Riotinto y su posterior puesta en uso turístico. Los objetivos básicos de la institución que nos ocupa son los que se describen a continuación: 1. El estudio e investigación de la historia de la minería y de la metalurgia en sus aspectos técnicos, culturales, sociales y económicos. 2. La difusión de los valores histórico-artísticos de la Cuenca Minera con la creación de Museos (Minero, Ferroviario, Etnográfico), un fondo documental y bibliográfico relacionado con las historias de la explotación minero-arqueológicas y minero-metalúrgicas, tanto españolas como extranjeras, con el objeto de facilitar el estudio e investigación de esas disciplinas: la constitución, conservación y explotación de una línea minero-ferroviaria, donde se exhiba material ferroviario utilizando las explotaciones mineras, estableciendo distintos recorridos de interés a través del conjunto ambiental descrito anteriormente: la creación de un centro dedicado a la arqueología experimental. 3. La promoción y organización en el ámbito nacional e internacional, de actividades relacionadas con el Parque Minero antes mencionado, mediante exposiciones, cursos, publicaciones, etc. 4. Promover la colaboración del sector privado empresarial en las actividades de

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la Fundación y coordinar la realización de proyectos conjuntos. 5. Presentar proyectos e iniciativas relacionadas con los apartados anteriores a los Ministerios y Consejerías, así como a Fundaciones y Universidades nacionales y extranjeras. Parque Minero de Riotinto En 1992 se crea el proyecto Parque Minero de Riotinto, gestionado por Fundación Río Tinto, que tiene como fin por un lado permitir la sostenibilidad y sustentabilidad del patrimonio restaurado mediante el Turismo Cultural, difundiendo el patrimonio generado por la actividad minera desde el calcolítico hasta casi la actualidad y por otro que el turismo suponga una alternativa económica en una comarca con un alto índice de paro.
PRESIDENTE

PATRONATO

DIRECTOR GENERAL

CENTRO DE INVESTIGACIÓN MINERA

ÁREA DE DESARROLLO

ÁREA DE TURISMO

Museo, Archivo, Biblioteca y Cartoteca

Obras y proyectos

Información y gestión de visitas, Promoción y marketing

Organigrama de funcionamiento de Fundación Río Tinto.

El funcionamiento de Fundación Río Tinto es el siguiente (ver organigrama de funcionamiento) el Centro de Investigación Minera elabora los proyectos a realizar; el Área de Desarrollo los complementa si procede y los ejecuta, por último el Departamento de Comunicación Y Turismo los pone en servicio, gestionando las visitas y la promoción de los puntos de interés turístico del Parque Minero de Riotinto. Toda esta labor es coordinada y supervisada por el Director General. La descripción pormenorizada del trabajo desarrollado, en los puntos de integrantes del Parque Minero de Riotinto será lo que nos ocupe durante el resto del presente trabajo. Pero creemos necesario pararnos para hacer mención de un aspecto muy importante, que si bien ya hemos referido creemos vital dar a conocer. Cuando hemos definido Fundación Río Tinto, nos hemos referido a esta institución como docente. Lo cual es debido a que el proyecto de desarrollo territorial integrado,

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liderado por la institución que nos ocupa, ha contemplado desde sus orígenes una importante labor sobre la formación propia de los jóvenes de la Comarca (debiendo resaltar la importante labor desempeñada por el programa de Escuelas Taller, Casas de Oficio y Talleres de Empleo). La labor de estos programas ha dado como resultado la formación de más de 700 alumnos-trabajadores en profesiones diversas, consiguiendo un grado de profesionalización elevado y unos porcentajes de inserción laboral importantes, a la vez que se han creado nuevos empleos a través de la realización de los objetos de actuación y sus usos posteriores, potenciando la figura del Parque Minero de Riotinto como un atractivo turístico más de la provincia onubense. Además de la formación, el hecho de que los trabajos de recuperación del Patrimonio Histórico hayan sido realizados por jóvenes de la Cuenca Minera de Riotinto supone un valor añadido muy importante. Pues no sólo se ven así mismos como parte del Proyecto Parque Minero, ya que trabajaron en él, sino que este hecho ha redundado también en un mejor conocimiento y conservación del mismo, ya que conocen perfectamente el trabajo que ha costado rehabilitarlo y los beneficios que ha traído tras su puesta en servicio turístico. Toda la labor realizada ha sido realizada en base a distintas subvenciones y ayudas concedidas por diversas instituciones públicas: Asociación de Desarrollo Rural «Cuenca Minera», Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, Ministerio de Trabajo, Instituto Nacional de Empleo, Servicio Andaluz de Empleo, Excma. Diputación de Huelva, Consejería de Innovación Ciencia y Empresa de la Junta de Andalucía, Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía y la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Los puntos integrantes del Parque Minero que a continuación pasaremos a ver son los siguientes: a) Museo Minero de Riotinto, b) Casa nº 21 de Bella Vista, c) Ferrocarril Turístico Minero, d) Mina Peña de Hierro y e) Archivo Histórico. a) Museo Minero de Riotinto El Museo Minero de Riotinto, fue abierto al público en abril de 1992, gestionado por Fundación Río Tinto, está integrado en la Red de Museos de la Comunidad Andaluza (Orden de 14 de Marzo de 1997. B.O.J.A. nº 50 de Abril de 1997) y está declarado Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Histórico (Decreto 236/ 2005 de 25 de octubre de 2005, B.O.J.A. 228 de 22 de noviembre de 2005). La actual sede del Museo es el edificio que albergó el hospital de la empresa Río Tinto Company Limited, compañía británica que explotó las minas entre 1873 hasta 1954 y está situado en la colina sur de El Valle (Minas de Riotinto, Huelva). El edificio original del Hospital fue proyectado por el arquitecto británico R. H. Morgan en 1925. Consiste en un edificio de cuatro cuerpos paralelos unidos por una pasillo central que los cruza por su parte central con cubierta a dos y cuatros aguas mediante teja plana de tipo inglés. El hospital fue terminado de construir e inaugurado en el año 1927 con un gasto de 23.720 £ (779,743,70 ptas. de la época). Siendo su función la atención sanitaria de los empleados de la Río Tinto Company Limited, tanto personal británico como español e incluso aquellas personas residentes en la zona sin relación con la compañía británica que no podían costearse su propia sanidad las llamadas «camas de gracia».

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Entrada al museo minero de Riotinto. Foto ADD.

Actualmente dispone de una superficie total de 2340 m2. Distribuida entre espacio de uso público y privado. Dentro del espacio de uso público cuenta una zona de asueto de 320 metros cuadrados ocupados por la tienda y la cafetería. Ubicadas en el ala izquierda del primer cuerpo del edificio. En esta misma área se encuentran también la recepción y los aseos. La parte dedicada al solaz de los visitantes se complementa con el jardín situado en la entrada del Museo. La superficie dedicada a la zona de exposición permanente del Museo Minero es de 1690 m2, donde se exhibe la colección permanente. Está distribuida en siete espacios expositivos: — Espacio Expositivo nº 1: Geología: Mediante cartelería y un conjunto de minerales de la faja pirítica se muestra la génesis geológica de la Cuenca Minera de Riotinto y las diferentes mineralizaciones. — Espacio Expositivo nº 2: Del Calcolítico a época Turdetana 3000 a. c. – s. III a.C. (salas nº 3 y 4): Conjunto de artefactos arqueológicos relacionados con la minería en estos períodos. En un primer momento dedicado al beneficio de los minerales cupríferos, posteriormente a la metalurgia para obtener bronce y plata. — Espacio Expositivo nº 3: Época Romana (salas nº 5 y 6 y Reproducción de Mina Romana): Espacio dedicado al primer gran período de explotación de las Minas de Riotinto, la época romana mostrando todos los aspectos de la vida en ese momento (vida cotidiana, religiosa, minería y metalurgia, tipos de enterra-

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miento, etc.….). Este espacio está completado con la Reproducción de la Mina Romana, donde se han recreado todos los elementos típicos de la minería romana, destacando los sistemas de desagüe como la pareja de norias y el tornillo de Arquímedes.

Interior de la reproducción de mina romana, Museo Minero de Riotinto. Foto Aragón.

— Espacio Expositivo nº 4: Edad Media (Sala nº 7): Colección de artefactos arqueológicos que explican los trabajos mineros en época islámica. — Espacio Expositivo nº 5: Arqueología industrial (Salas nº 8, nº 9, nº 10, nº 11, nº 12 y nº 14): Colección de artefactos generados por la explotación de las minas en época contemporánea por las diversas compañías mineras desde la llegada de la Río Tinto Co. Ltd en 1873, hasta el cierre de la actividad minera en 2001. Dentro de este espacio destaca la sala nº 14 «Ferrocarril Minero de Riotinto» dedicados a mostrar una de las líneas ferroviarias más importantes del país. Para tal fin se ha recreado un andén ferroviario y se ha expuesto tres piezas representativas del Río Tinto Railway:

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. Coche de viajeros de primera clase del tipo «B» conocido como Vagón del Maharajá. . Locomotora de vapor nº 106. . Locomotora grúa de vapor nº 150.

Vagón del Maharajá, el más lujoso del mundo en vía estrecha. Museo Minero de Riotinto. Foto Aragón.

— Espacio Expositivo nº 6: Explotaciones Mineras, su incidencia en el territorio (Sala nº 2 y nº13). En este espacio expositivo se muestra la incidencia de las explotaciones mineras en el poblamiento de la cuenca minera de Riotinto. — Espacio Expositivo nº 7: Sección Etnográfica del Museo Minero, Casa nº 21 de Bella Vista. (Ver punto b) Casa nº 21 de Bella Vista) Además del área de exposición permanente este Museo cuenta con una zona dedicada a las exposiciones temporales situadas en las salas nº 15 y nº 16. También dispone de una sala audiovisual para usos múltiple situada al inicio del pasillo central justo en la entrada. La zona de uso privado tiene una superficie de 320 metros2, en el ala derecha del primero de los tres cuerpos que componen el edificio. Dentro de ésta se incluyen las dependencias de Administración y Gestión; el laboratorio de restauración; la biblioteca especializada sobre Minería y Metalurgia, con más de 900 volúmenes; al final del ala derecha del primer cuerpo, los fondos con una superficie de 120 m2. El trabajo llevado a cabo por Fundación Río Tinto desde 1987 en el Museo Minero de Riotinto ha sido desarrollado en dos vertientes, por un lado la recuperación arquitectónica del edificio y por otro la adaptación a las necesidades de conservación,

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exposición y acondicionamiento de las piezas que en él se custodian, que podríamos resumir en tres fases. En la fase previa (1ª Fase) a la apertura del Museo se trabajó en la rehabilitación del pabellón Sur y de parte del pasillo central, una vez realizado el montaje museográfico se abrió al público la mitad (actuales salas nº 3, 4, 5, 6, y 7) el 4 de abril de 1992, en noviembre del mismo año se abriría la segunda mitad del pabellón (actuales salas nº 8, 9, 10 ,11 y12). Entre 1992 y finales de 1995 se desarrolló la segunda fase. La zona de actuación fue principalmente el pasillo y el pabellón central (actuales salas nº 1, 2, 13 ,14 ,15 y 16). Los trabajos realizados permitieron la instalación de la sala polivalentes para usos audiovisuales (actual sala nº13). En el ala derecha del pabellón central se dispuso la zona de descanso y tienda del Museo (actuales salas nº 1 y 2), mientras que en el ala izquierda (actual sala 14) se reprodujo un andén ferroviario, donde se introdujeron tres piezas provenientes del Ferrocarril Minero de Río Tinto: la locomotora de vapor nº 106; la locomotora grúa nº 150 y por último el vagón de pasajeros de Primera Clase tipo «B» Salón del Maharajah, el vagón de pasajeros en vía estrecha más lujoso del mundo. Flanqueando esta sala se dispusieron dos salas de exposición temporal (actuales salas 15 y 16). La tercera fase daría comienzo en 1998 con los trabajos que se desarrollaron en el pabellón norte, en este se habilitó el lado derecho como zona de oficinas, biblioteca y gestión de fondos, mientras que la izquierda se destinó para la zona de tienda, cafetería, recepción y servicios, recuperándose como espacio expositivo el ala derecha del pabellón central (actuales salas nº 1 y 2). Durante esta fase también se recupero la arcada que originalmente estaba situada en el acceso principal. Además se restauró el malacate de «Masa Planes» y se instaló junto a la entrada en la zona de ajardinada. Por otra parte se terminó la restauración y acondicionamiento del pasillo central eje vertebrador del Museo y se construyó una nueva sala de audiovisuales al inicio del pasillo central con idea de integrarlo de forma coherente en dentro del recorrido de museográfico. Así podemos afirmar que para fines de 2000 se habían terminado las tres fases destinadas principalmente a la recuperación arquitectónica del edificio y su puesta en valor. A partir de 2001 las intervenciones estuvieron destinadas a la mejora de las condiciones de conservación y acondicionamiento (aislamiento térmico, eliminación de humedades, iluminación, etc...) y a la renovación de los contenidos expositivos. En este sentido la primera y principal intervención fue la construcción de la reproducción de mina romana entre 2000 y 2001, para ello se demolió la antigua zona destinada a la zona de gestión de fondos, aprovechándose la antigua sala de calderas y el sótano. Durante el año 2002 y 2003 se procedió a la reforma de la sala nº 12 y a su nuevo montaje expositivo. El año siguiente se renovó el montaje expositivo de la sala nº 5 y 6, dedicadas al período romano. Desde el año 2004 se viene trabajando ininterrumpidamente en el aislamiento de la cubierta del Museo. Pero la labor desde fines de ese año y durante buena parte del 2005 estuvo destinada al montaje museográfico de la sección etnográfica del Museo Minero, la casa 21 de Bella Vista. (Ver punto b) Casa nº 21 de Bella Vista). Desde este año se sigue trabajando en la mejora y modernización del discurso museográfico.

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b) Casa nº 21 de Bella Vista La Casa nº 21 del Barrio de Bella Vista (Minas de Riotinto, Huelva) es la Sección Etnográfica del Museo Minero. Está gestionada por Fundación Río Tinto, fue inaugurada el 28 de julio de 2005. Está integrada junto con el Museo Minero en la Red de Museos de la Comunidad Andaluza (Orden de 14 de Marzo de 1997. B.O.J.A. nº 50 de Abril de 1997) y está declarada Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Histórico (Decreto 236/2005, de 25 de octubre 2005. B.O.J.A. 228 de 22 de noviembre de 2005).

Casa nº 21 del barrio inglés de Bella Vista (Minas de Riotinto), Sección Etnográfica del Museo Minero. Foto Aragón.

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En 1873 un consorcio financiero extranjero con mayoría de capital británico compró las minas de Riotinto, constituyendo la empresa Rio Tinto Co. Ltd. Iniciándose así la presencia británica en la Cuenca Minera de Río Tinto que perdurará hasta 1954. Desde el primer momento la dirección técnica de las labores mineras será llevada a cabo por técnicos extranjeros, principalmente británicos. En un principio se alojaron en el antiguo pueblo de Riotinto, pero por un lado, el hecho de que la actividad minera en Filón Sur iba a fagocitar el pueblo y por otro la proximidad a los trabajadores, lo cual equivalía a estar en la primera línea de las distintos movimientos obreros. Todo lo cual provocó que en 1883 Charles Prebble General Manager (General Manager) decidiera con la aprobación de la compañía minera, la construcción de un barrio donde albergar el staff. Para ello eligió una pequeña colina de escoriales antiguos al oeste del pueblo, conocido como «Bella Vista» debido a que desde ella dominaban una serie de pequeños valles y planicies en dirección N.O. Las primeras casas pareadas, entre las que se encontraba la casa nº 21 originalmente numerada como nº 10, fueron construidas en 1883. La estructura de la vivienda es de forjados y cubiertas de madera sobre muros de carga. Los muros, de 45 centímetros de espesor están hechos de mampostería y de ladrillo y posteriormente enfoscados. De muro a muro existen siete vigas de madera en las habitaciones, en sentido frontal a la calle, que soportan el entarimado del suelo. En la escalera, también de madera, se resuelve el forjado con una viga de madera ensamblada a otras dos. La cubierta es a dos aguas en el cuerpo de cocina y lavadero, de teja plana sobre pares de madera. En el resto de la casa y cubriendo el doblado, existe un tejado a dos aguas a la calle y a patio, del que emergen las ventanas abuhardilladas con cubiertas contrarias y hastíales a fachada. Se cubre con pares apoyados en cumbreras y vigas intermedias de ayuda perpendiculares a los muros de carga transversales, que adoptan forma de piñón. Las casas se disponen pareadas usando los muros medianeros como muros de carga comunes semi-detached hause. Es fácil distinguir cada una de las viviendas por la puerta de entrada y el hastial individual de cubierta, sobre el almacén. El alzado de esta alineación de casas es muy bonito y recoge la idea victoriana de la «terraced house» muy simplificada y completamente blanca, lo cual demuestra la adaptación de estas viviendas al clima andaluz Fundación Río Tinto adquirió la Casa nº 21 en 1996 y desde entonces ha venido trabajando en ella. La labor realizada se ha desarrollado en tres fases. Primero se procedió a la recuperación de la arquitectura victoriana original, siguiendo los planos conservados en la Cartoteca del Archivo Histórico de Fundación Río Tinto. Todos los trabajos de esta fueron realizados mediante programas formativos de Escuelas Taller y Talleres de Empleo. Segundo se dotó la Casa 21 con mobiliario de época. En este punto se hace necesario reseñar que un 20 % de lo expuesto es fruto de donaciones realizadas desinteresadamente. Tercero y último se llevó a cabo el montaje museográfico de la misma, realizado por el Departamento de Conservación de Fundación Río Tinto. La Casa nº 21 posee tres plantas y dos jardines con una superficie total de 540 m2. En la planta baja se sitúa la zona donde se realizaba la vida diaria (comedor, salón, vestíbulo, jardín delantero y trasero etc.). Además de las zonas de servicio (cocina, lavadero, leñera, w.c. del servicio, etc.). En la primera planta se ubican los dormitorios, el estudio y el w.c. En la segunda planta se ubican las habitaciones del servicio doméstico, el trastero y el cuarto de juegos. Además de restaurar todas las depen-

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dencias de la casa se han dispuesto dos espacios expositivos. El primero situado en el estudio está dedicado a exponer las razones que llevaron a la dirección de Río Tinto Co. Ltd a construir el Barrio de Bella Vista, las distintas fases en que fue edificado y los edificios que lo componen (viviendas, capilla y club inglés). El segundo ubicado en el antiguo cuarto de juegos está dedicado a mostrar con fotografías históricas y cartelería como se desarrolló la vida cotidiana de la colonia británica durante casi un siglo. Por último se ha instalado un sistema de audio que permite la visita libre. Así acercarse a conocer esta sección del Museo Minero es realizar un viaje en el tiempo a la época victoriana.

Salón, casa nº 21 del barrio inglés de Bella Vista (Minas de Riotinto, sección etnográfica de Museo Minero). Foto Aragón.

c) Ferrocarril Turístico Minero El 29 de marzo de 1873 se constituyó en Londres un consorcio de capital extranjero para la explotación de las minas de Riotinto, The Río Tinto Company Limited. Para transportar el mineral y el producto de la fundición desde la zona de extracción y procesado se hizo necesario la construcción de una línea férrea. Este sistema ferroviario, construido en el tiempo record de 25 meses, fue planeado y supervisado por George Bairclays Bruce, quien diseñó un ferrocarril de vía estrecha (1,0668 mts) de 83,524 kilómetros, correspondientes a la vía comercial denominada también como «vía general» o «main line» que unía la zona minera con la capital de la provincia. Además se construyeron 264 kms de carril destinado a ramales que servían para unir los distintos tajos (talleres, almacenes, filones, etc) con las poblaciones y poblados mineros. Esta obra conllevó la construcción de ocho puentes y de cinco túneles. A lo

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largo de la vía general también se edificaron 12 estaciones para regular el tráfico de mercancías. En Huelva donde moría la vía principal, se construyó un muelle que permitía a los trenes cargar y descargar directamente en los barcos atracados. El importante tráfico del Ferrocarril de Río Tinto determinó la existencia de un numeroso parque móvil. Llegó a contar con 147 locomotoras de vapor, nueve locomotoras Diesel Hidráulicas, seis automotores de tipos diversos, 21 locomotoras eléctricas de varias clases y una locomotora de aire comprimido. En cuanto al material remolcado contó con 1.300 vagones de distintos tipos y 2.000 vagonetas de mina. Además de 36 coches para el servicio de viajeros. La pérdida de funcionalidad del ferrocarril sobrevino a partir de 1964 cuando se construye el Polo Químico de Huelva. Desde entonces, y dado que el mineral ya no se embarcaba hacia Inglaterra, resultó más rentable transportarlo en camiones. Así, en 1975 el muelle de Río Tinto dejó de funcionar y el ferrocarril transportaba el mineral desde la zona de extracción sólo hasta la estación de las Mallas (Niebla, Huelva). Hasta febrero de 1984 cuando se cerró la línea terminando así 109 años de historia del Río Tinto Railway, período en el cual se estima que llegó a transportar 130 millones de toneladas métricas de mineral. En 1987 la compañía Río Tinto Minera S.A., crea Fundación Río Tinto para la Historia de la Minería y la Metalurgia, que tiene como fin la conservación y restauración del Patrimonio Histórico-Artístico y Medio Ambiental de la Comarca Minera de Riotinto, así como el fomento de alternativas de empleo para el sector minero y la explotación turística de la zona. Que en cumplimiento del segundo de sus objetivos viene trabajando en la restauración y rehabilitación del Patrimonio Ferroviario. El

Locomotora nº 14, construida en 1875, la más antigua de España en funcionamiento. Foto Aragón.

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trabajo desarrollado desde los inicios hasta la actualidad se puede dividir en dos grandes apartados: Parque Móvil: Poner en marcha una línea férrea hizo necesario poder poner en orden de marcha el parque móvil con que fue dotada Fundación Río Tinto cuando se creó. — Parque Móvil de Vapor: Se han restaurado dos locomotoras de vapor, concretamente la locomotora Nº 14 tipo 0-6-0 tender de la clase «C», construida en 1875 por Beyer Peacock & Co. Ltd., la más antigua de España en funcionamiento y la nº 51 tipo 0-6-0 tender de la clase «I», construida en 1883 por Dübs. La segunda en antigüedad en nuestro país. Se restauraron dos locomotoras para ser expuestas en el Museo Minero, la nº 106 tipo 0-6-0 tender de la clase «K», construida en 1907 por North British Locomotive and Co. Ltd. y la nº 150 tipo 0-4-0 tender de la clase «N» construida en 1930 por Hawthorn Leslie and Co. Locomotora-grúa única en sus características en España. Ambas ubicadas en la sala nº 14, del Museo Minero. Actualmente se está trabajando en la reparación de la nº 146 tipo 2-6-2 + 2-6-2 clase «Garratt» construida en 1929 Beyer Peacock & Co. Ltd. La de mayor tamaño del Ferrocarril de Río Tinto y la nº 204 tipo «Mogul» 2-6-0 tender clase «200». — Parque Móvil Diesel: El Parque Minero de Riotinto tiene cuatro locomotoras diesel en funcionamiento. La nº 933 tipo 0-6-0 DH de la clase «300», fabricada en 1960 por Fried-Krupp. La primera locomotora diesel del Ferrocarril de Río Tinto. Las número Nº 931 y Nº 932 tipo 0-6-0 DH de la clase «500», fabricada en 1975 por S.E.C. BABCOCK & WILCOX (Bilbao). Licencia HUNSLET y por último el automotor nº 941 tipo 0-4-0, «Dresina» Autovía para el servicio de jefes, construido en 1961 por Talleres Huelva. De ellas las tres primeras son empleadas en el servicio de viajeros y la última para servicios auxiliares. Estando en reparación el Automotor Billard nº 942 Automotor Billard construido en 1967 por Sociedad Minera y Metalúrgica de Peñarroya. Licencia E. Billard. — Parque Móvil Eléctrico: Se reparó la locomotora nº 1 tipo 0-2-2-0 de la clase «P» construida en 1916 por General Electric, fue la primera de tracción eléctrica adquirida por RTCL, actualmente se halla expuesta en la sala nº 12 del Museo Minero. — Parque Móvil Arrastrado: Se ha restaurado quince unidades de parque móvil. De ellas tres vagones de pasajeros de tercera clase tipo «J» y dos vagones jardineras para el servicio de viajeros. Para el servicio auxiliar en la vía se tienen en orden de marcha un vagón aljibe; un vagón tolva tipo «A» de 10 tn; un vagón tolva tipo «M» de 30 tn; 2 vagones de mercancías tipo «A», empleados como vagones de auxilio y 2 bateas de balasto. Además se reparó para ser empleada una grúa de sangre de 20 tn construida en 1905 y para exposición en Zarandas una de vapor de 4 toneladas. Por último reseñar una de las piezas emblemáticas del Ferrocarril de Río Tinto el Vagón de pasajeros de primera clase tipo «B» conocido como Vagón de Maharajah, construido en 1892 por Birmingham

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Railway Carriage and Wagon Co. Para un viaje que la reina Victoria I iba a realizar a la India, éste no se produjo y fue adquirido por RTCL para el transporte del staff desde Riotinto a Huelva. Está considerado el vagón de vía estrecha más lujoso del mundo y está ubicado en la sala nº 14 del Museo Minero.

Ferrocarril turístico minero tracción diésel. Foto Fundación Río Tinto.

Infraestructura Ferroviaria — Tendido Ferroviario: Se reparó 12 kms. de vía el tramo entre Talleres Mina y la Estación de los Frailes. Además se repararon y adecuaron los desagües laterales adyacentes a la vía. — Elementos de señalización, información, cambios ferroviarios e infraestructura auxiliar del ferrocarril: Se ha reparado todo el sistema de cambios del tramo mencionado, se repuso los que habían sido dañados por el paso del tiempo y de los chatarreros. Se rehabilitó la Casa de Palancas Norte y la de la Estación de los Frailes. Se construyó en el Centro de Recepción de Visitantes de Talleres Mina una plataforma giratoria para el cambio de sentido. Se ha repuesto todo el sistema de señalización del tramo en cuestión incluyendo la réplica de un sistema de pórtico de señales de diseño Stevens en la Estación de los Frailes como los empleados en el Río Tinto Railway. Tanto en Talleres Mina como en Zarandas se han construido depósitos de agua para el servicio de las locomotoras de vapor. En la última de las dos también se dispuso una carbonera y un depósito de gasoil para el servicio Diesel.

Parque Minero de Riotinto, Cuenca Minera de Riotinto (Huelva)

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— Estaciones y apeaderos: Para poner en funcionamiento de nuevo la línea férrea, era necesario, además de poner en servicio el tendido ferroviario, reconstruir las estaciones y apeaderos. El primer problema a solucionar era que el punto original de inicio Río Tinto Estación, ya no existía, por lo que se decidió comenzar la recuperación del tendido ferroviario en las cercanías de los antiguos Talleres Mina. Para ello se construyó una pequeña estación ferroviaria de 125 m2 y tejado a tres aguas que permitiera recepcionar a los viajeros y darles los servicios necesarios. La tipología de esta construcción se hizo siguiendo el tipo británico que caracterizó las infraestructuras del Ferrocarril de Río Tinto. Para facilitar el acceso de los pasajeros al andén de cuarenta metros ex novo, se edificó una escalera además de una rampa para el acceso de minusválido. En la zona anexa se construyó un aparcamiento para turismos y otro para autocares. La estación de Zarandas fue el siguiente objeto de actuación. Las labores estuvieron destinadas a adaptar las instalaciones existentes para los viajeros del Ferrocarril. Así se procedió a construir un andén en la zona derecha de la nave, al que se le ha añadido un porche de similares características a las que tenían los apeaderos y estaciones en época británica. En el interior se dispuso un pasillo de 40 metros para permitir que los visitantes conozcan el parque móvil en estado de marcha. La estación de Los Frailes es la última que ha sido reparada en el trazado ferroviario en servicio. La principal actuación estuvo centrada en el edificio, para ello se repararon todos los paramentos de la misma respetando la división interior original y se recrecieron los mismo hasta su altura original en aquellos puntos en que esto se hizo necesario. Una vez finalizada la intervención en el edificio propiamente dicho se reparó la zona anexa al mismo reponiendo la valla de mampostería, pintándola con cal a tres manos cruzadas. Por último se repusieron los arriates que originalmente tenía. En la entrada se recuperó el cartel de los frailes con el mismo tipo de letra y color (letras blancas sobre fondo azul) que tenían las estaciones y apartaderos de la vía general del Río Tinto Railway. El servicio eléctrico se realiza mediante una placa solar de células fotovoltaicas. En la puerta de entrada se construyó un porche para proteger a los visitantes de las inclemencias del tiempo. Para favorecer el acceso de los visitantes desde el ferrocarril al apeadero de Los Frailes se construyó un andén de 40 metros de largo por 1,5 metros de anchura y 0,80 metros de altura. En la zona derecha del edificio de los Frailes se habilitó una zona de merenderos de mampostería protegido por una pérgola metálica de 35 metros de ancho. Esta zona está destinada al esparcimiento y descanso de los visitantes. Además de estas estaciones también se reparó y rehabilitó la estación de Nerva, siguiendo los cánones empleados por la Río Tinto Co. Ltd. Una vez finalizados los trabajos no se puso en servicio en el Ferrocarril Turístico Minero, pues el trazado viario original es incompatible con la actual red de carreteras, sino que se adaptó como Albergue Juvenil hasta la actualidad. Toda esta labor de restauración del patrimonio ferroviario permitió poner en servicio el 4 de noviembre de 1994 el Ferrocarril Turístico Minero, en principio con tracción diesel, desde Talleres Mina a Zarandas y menos de tres años después llegar

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a la estación de los Frailes con tracción vapor, en concreto el 13 de febrero del 1997. Desde entonces el visitantes puede disfrutar de un increíble viaje en antiguos vagones y locomotoras restauradas de tracción diesel y vapor (el primer domingo de cada mes de octubre a mayo) sobre ésta antigua línea comercial, paisajes mineros, parajes naturales siempre acompañando el curso del río Tinto, un río que da nombre a este singular territorio. d) Mina Peña de Hierro Peña de Hierro se encuentra en el extremo norte-oriental del anticlinal de Riotinto, a unos 10 Kms. de la población de Minas de Riotinto y a unos 3 Kms. de la de Nerva. Se trata de una mina menor comparadas con las de Riotinto pero con unas leyes en metales bastante altas y con una de las cortas más bellas de toda la provincia de Huelva. Debe su nombre al gran crestón ferruginoso que corona la mina a cielo abierto. Los primeros trabajos documentados pertenecen a época romana. EL Su historia se remonta a la época Romana, pero su mayor productividad se encuadra desde mediados del siglo XIX a tercer cuarto del siglo XX. En la época contemporánea las concesiones mineras fueron varias, desde la de Agapito Artaloítia (1853-1883), pasando por la de «The Peninsular Copper Company» (1883-1900), «The Peña Copper Mine Limited» (1901-1955), «Compañía Nacional de Piritas S.A.»(1955-1960) y finalmente pasó a manos de «Riotinto Patiño» para cerrar definitivamente en 1972. Peña de Hierro al igual que todas las minas del entorno está situada en una región geológica llamada la Faja Pirítica Ibérica, materiales con una edad de 165 millones de años y con un origen volcánico y sedimentario. Por esta razón estas tierras poseen gran cantidad de metales y sulfuros, materiales que han sido la base de la producción de toda esta comarca. Las Piritas extraídas en Peña de Hierro mediante sistema de voladuras y cámaras subterráneas y posterior tratamiento físico y químico, sirvieron para la obtención sobre todo de cobre, azufre y otros polimetálicos. Estos productos eran introducidos en el mercado mediante transporte ferroviario destino en un principio Huelva y posteriormente Sevilla. Desde su cierre definitivo en 1972 esta mina abandonada ha sufrido el paso del tiempo y el de los expoliadores que han utilizado las antiguas instalaciones mineras como zona de aprovechamiento de materiales. Fundación Río Tinto, que gestiona esta mina a través del Parque Minero de Riotinto, siguiendo con su política de restauración del patrimonio minero acometió hace 6 años la restauración de la mina de Peña de Hierro su posterior puesta en servicio turístico. Para ello ha contado con la colaboración de diferentes instituciones. Así en colaboración con diversas instituciones públicas se han desarrollados los siguientes trabajos: — Construcción de un muro perimetral de la Corta de Peña de Hierro y adecuación medioambiental de su zona anexa. — Construcción de miradores en la Corta de Peña de Hierro — Adecuación de la carretera de acceso y señalización de la misma.

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— Construcción de un mirador en el nacimiento del río Tinto. — Urbanización del acceso hasta el mirador de la Corta de Peña de Hierro con la construcción del acceso hasta la explotación a cielo abierto y las escaleras de subida. — Señalización de Interpretación de la Mina de Peña de Hierro. — Dotación de maqueta colocada junto al Centro de Recepción de Visitantes, para que los visitantes puedan conocer la mina en cuestión además esta preparada para invidentes. — Reconstrucción del edificio «grupo pilones» como Centro de Interpretación de Visitantes de Peña de Hierro. — Consolidación de la tolva y planta trituradora — Limpieza de la zona anexa a la zona industrial Planta trituradora, Cargadores, Tolva, Almacenes de Pirita triturada, Cementación y construcción de una zona de aparcamiento. — Rehabilitación y puesta en servicio del Túnel Santa María, nivel nº 2 de la mina de Peña de Hierro. — Realización de una réplica a escala 1/1 en madera del malacate/castillete o cábrea de Peña de Hierro y su Casa de Máquinas, como futura Sección Tecnológica del Museo Minero.

Corta mina de Peña de Hierro. Foto ADD.

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La realización de estas labores ha permitido poner en marcha las visitas a Peña de Hierro, con esta se pretende mostrar, por un lado los tres sistemas empleados para la extracción de cobre y azufre a partir de los minerales de pirita y calcopirita. — El sistema de huecos y pilares — El sistema a cielo abierto u «opencast system» — Canaleo para la obtención de cáscara de cobre por cementación. Y por otro el nacimiento del río Tinto un ecosistema único en el mundo como está demostrando las investigaciones del proyecto M.A.R.T.E, llevadas a cabo por científicos españoles del Centro de Astrobiología y científicos norteamericanos de N.A.S.A. Los puntos actuales de visita en la Mina de Peña de Hierro: — Corta de Peña de Hierro: Explotación a cielo abierto de fines del siglo XIX con 330 mts. de anchura en su eje menor y 190 mts. en su eje menor, con una profundidad de 85 metros dispuesto en 12 niveles. — Túnel Sta. María: galería minera de 200 metros de longitud que permite conocer como se desarrolló el sistema de extracción por huecos y pilares, al final del túnel se encuentra un mirador a nivel del agua del lago de la Corta de Peña de Hierro. — Nacimiento del río Tinto: mirador frente al nacimiento del río Tinto, un ecosistema único en el mundo.

Mina de Peña de Hierro. Foto ADD.

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— Zona industrial de Peña de Hierro: La visita de los edificios industriales tolvatrituradora y canaleo permite mostrar entender el sistema de extracción de cobre y azufre desde finales del siglo XIX a mediados del XX. Todos estos trabajos permitieron poner en servicio turístico la Mina de Peña de Hierro en noviembre de 2004. La importancia del patrimonio minero conservado en esta mina fue reconocida declaración de Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Histórico (Decreto 236/2005, de 25 de octubre de 2005 B.O.J.A. 228 de 22 de noviembre de 2005). Además también ha sido reconocida su importancia paisajística pues ha sido declarada Paraje Natural Protegido (Decreto de 14 de diciembre de 2004. B.O.J.A. nº 10 de 11 de enero de 2005). e) Archivo Histórico El Archivo Histórico Minero tiene su sede en un edificio construido Rio Tinto Company Limited a fines de los años 20 del s. XX en la colina sur de «El Valle». Conocido tradicionalmente como Agencia de Trabajo, pues estaba ubicada en el edificio que nos ocupa y posteriormente denominado Oficina de Registro del Personal. Con la creación de Fundación Río Tinto se dotó a esta institución del edificio y la documentación de todas las empresas que trabajaron en Riotinto. Desde entonces el trabajo desarrollado en el Archivo ha tenido una doble vertiente, por un lado se ha adaptado el edificio para su uso actual y por otro se ha catalogado y estudiado la documentación. El Archivo Histórico Minero custodia la documentación de todas las compañías mineras que explotaron las minas de Río Tinto y de otras minas de la provincia de Huelva, como Mina Concepción, Mina Peña de Hierro, Sociedad Minera de Nerva, o la Sociedad Francesa de Piritas de Huelva. Aglutinando una abundante masa documental generada por estas compañías mineras, que prácticamente hasta su creación, no habían tenido ninguna respuesta para su conservación y organización, ni ningún tratamiento archivístico adecuado por parte de ninguna institución pública o privada especializada. El Archivo coordina de una manera científica y técnica las condiciones de gestión documental, selección, conservación y difusión de los fondos de los distintos archivos mineros, garantizando la seguridad del patrimonio documental, respetando la unidad de los fondos, confeccionando los instrumentos de descripción, para permitir una óptima prestación de la información al servicio público. Se ha convertido en un referente fundamental de los investigadores para la confección de la historia contemporánea. Desde 1990 se comenzó con la clasificación sistemática de la documentación, dicha labor se continúa hoy y actualmente ha permitido poner a disposición de los investigadores 28.443 unidades de instalación documental organizados en cuatro grandes apartados: Esta documentación perfectamente clasificada y organizada hace del Archivo Histórico Minero de Riotinto una pieza clave del patrimonio histórico minero y un eslabón fundamental para el estudio de la Historia Contemporánea económica, social y minera de España. La importancia de la documentación conservada y custodiada en este archivo ha sido refrendada por la inclusión en el Sistema Andaluz de Archivo (Orden de 2 de junio de 2005, BOJA 126 de 30 de junio) y la declaración de Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Histórico (Decreto 236/2005, de 25 de octubre).

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Archivo Histórico Minero. Foto Fundación Río Tinto.

Conclusión Una vez repasada la labor realizada podemos afirmar que el proyecto Parque Minero de Riotinto, iniciado en 1992 es hoy una realidad, que se acercaron a conocer 73.899 personas en 2007 del que dependen 20 puestos de trabajo directos y numerosos indirectos. El trabajo en la rehabilitación del Patrimonio Histórico y su puesta en servicio turístico, ha sido acreditada y refrendada por diversos premios y galardones: Premio Patronato de Turismo 1992, Premio Andalucía de Turismo 1995, Finalista Premio Henry Ford 1997, «Mención Especial» Premio Andalucía de Turismo1997 Premio Patrimonio Henry Ford 1998, Premio Nacional Henry Ford 1998, Premio Uva Turística Cadena SER 2000, Premio Andalucía – Europa 2001, Premio EUROPA NOSTRA 2003 y Mención Especial Premio Andrés de Vandelvira 2005. El itinerario turístico-cultural del Parque Minero de Riotinto está declarado»Destino de interés preferente para todos los escolares». Orden 15 de Febrero 1.994. Por último la categoría del patrimonio gestionado por Fundación Río Tinto ha sido reconocida con la declaración de Bien de Interés Cultural, con la categoría de Sitio Histórico (Decreto 236/2005, de 25 de octubre. B.O.J.A. 228 de 22 de noviembre de 2005). Además también ha sido reconocida su importancia paisajística de la Mina de Peña de Hierro declarada Paraje Natural Protegido (Decreto de 14 de diciembre de 2004. B.O.J.A. nº 10 de 11 de enero de 2005).

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La Fundación Patrimonio Sierra de Segura, Jaén.
Juan Carlos Rodríguez Millán
Director-Gerente de la Fundación Patrimonio Sierra de Segura

Introducción a la Sierra de Segura La Sierra de Segura, situada en el límite oriental de la provincia de Jaén, pertenece al conjunto de las Cordilleras Béticas, sector prebético del frente externo. Más del 70% de su territorio se asienta por encima de la cota 800 m. Tiene una extensión de 193.412 Has y una población que ronda los 27.000 habitantes. Más del 66% del territorio del Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas pertenece a la Sierra de Segura. El Parque Natural ocupa una extensión de 209.920 hectáreas, siendo el más grande de España y la masa boscosa más grande de Europa. La protección de este territorio ha pasado por diversas vicisitudes en su historia más reciente. Así, en el año 1960 se creó el Coto Nacional de Caza de las Sierras de Cazorla-Segura, que ocupó parte del actual Parque Natural, con una superficie de 70.000 Has. En 1983 la UNESCO declara a esta zona Reserva de la Biosfera en reconocimiento a los valores naturales que estas montañas albergan a nivel internacional. En 1986, la Junta de Andalucía declara, con el Decreto 10/1986, de 5 de febrero el Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, que es el espacio protegido de mayor extensión de Andalucía. Un nuevo reconocimiento, esta vez por su riqueza en aves, fue la declaración del territorio del Parque Natural, en 1988, como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) de acuerdo a la Directiva 79/409, del Consejo de la Comunidad Europea, relativa a la conservación de las aves silvestres. También el Plan Especial del Medio Físico de la provincia de Jaén, de 1986, catalogó el conjunto de las sierras que componen el Parque entre los espacios más sobresalientes de la provincia. Por último, parte de los conjuntos de Pinturas Rupestres de este espacio natural protegido han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad a mediados de 1998.

La Fundación Patrimonio Sierra de Segura. Jaén

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El inicio del proyecto El proyecto que aquí se presenta es el más ambicioso de los que nunca se hayan elaborado en materia de recuperación del patrimonio de la Sierra de Segura con vistas a su uso cultural y turístico. Este proyecto es el resultado del trabajo desarrollado en la Sierra de Segura a través de diferentes propuestas y trabajos: Plan de Gestión e Interpretación del Patrimonio de la Sierra de Segura, Plan Estratégico Comarcal, Plan de Ordenación del Territorio de la Sierra de Segura, Plan de Desarrollo Sostenible del Parque Natural, Plan Estratégico de Jaén, etc. Su excepcionalidad estriba en la interdisciplinariedad de los actores comarcales que intervienen en él, la amplitud y originalidad de las temáticas propuestas, la búsqueda del equilibrio territorial a la hora de distribuir las acciones a lo largo y ancho de toda la comarca, las diferentes administraciones que necesariamente han de intervenir para su desarrollo y, en definitiva, es excepcional por plantear seriamente una línea de desarrollo rural complementaria al monocultivo del olivar. Para responder al objetivo de crear productos turístico-culturales innovadores nos hemos centrado en definir con nitidez cuáles son los recursos patrimoniales cuya puesta en valor es rentable desde el punto de vista económico y social, aunque anteponiendo siempre la conservación del patrimonio.

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El porqué de la gestión del patrimonio en la Sierra de Segura La consideración del Patrimonio y su implícita relación con la naturaleza, cultura, arquitectura, urbanismo, gastronomía, costumbres, bailes populares..., es un factor que puede potenciar el desarrollo económico y social de una zona determinada como es la Sierra de Segura. Las múltiples posibilidades, respecto del Patrimonio Natural y Cultural de una región como Andalucía y de una zona en concreto como la comarca de Sierra de Segura, han generado un debate, que trasciende a los propios responsables de este patrimonio, sobre cómo aprovecharlo de una forma útil, responsable y que asegure su rentabilidad económica, social y cultural hacia el futuro, actuando sobre su conservación presente. (Fernández Salinas, V. 1996). La democracia cultural significa el acceso de todos los ciudadanos a los bienes culturales y debe ser el principal objetivo de la política cultural: democracia cultural es sinónimo de descentralización de equipamientos y servicios. El territorio, en cuanto recurso complejo que integra población, medio físico, recursos naturales, capital fijo, medios financieros, cultura, etc., es el punto de partida de cualquier estrategia de desarrollo a medio y largo plazo. El territorio rural se convierte en el factor estratégico de desarrollo, adoptando una novedosa apariencia, configurándose como un sistema en el que se articula de forma coherente la producción, los recursos existentes, una sociedad y cultura local, su historia y sus costumbres. El territorio se configura así, en un espacio más amable y receptivo, con una gran capacidad para crear condiciones más favorables para la creación de la micro, pequeña y mediana empresa, así como para reabsorber el desempleo, fomentar un desarrollo equilibrado y sostenible, y proyectarlo sobre el mismo territorio y sobre el conjunto de la sociedad. El Patrimonio se consolida no sólo como un elemento que cualifica el contexto cultural en el que desarrollamos nuestras pautas sociales, sino también como un factor dinamizador del entorno económico y alentador de la calidad de vida. La industria turística, el desarrollo urbano, los servicios públicos, etcétera, plantean un contexto diferente cuando se dispone de un patrimonio rico y, por la misma razón, de una imagen potente hacia el exterior. El patrimonio de la Sierra de Segura es extenso. De su variedad, riqueza cultural, natural y paisajística, de su excelente grado de conservación en algunos aspectos podemos asistir a la elaboración de infinidad de productos naturales, gastronómicos, culturales y turísticos. (Troitiño, M. A. 2002). La política cultural debe ser planificada territorialmente si queremos que alcance el mayor número de habitantes y sea un elemento de equilibrio territorial. Esta planificación pasa por una clarificación del marco competencial de los diversos agentes implicados y la creación y descentralización de equipamientos y servicios. Los municipios son el ámbito natural del ejercicio de las políticas culturales. La relación cotidiana e inmediata entre el ciudadano y la vida cultural se realiza en los municipios. Uno de los grandes éxitos de nuestra estrategia en torno al patrimonio ha sido el consenso unánime de todos los ayuntamientos de la comarca con respecto al proyecto global y a las actuaciones a llevar a cabo en cada uno de ellos. Una política de equipamientos es imprescindible para el desarrollo cultural. Independientemente de cada opción política y de las particularidades de cada administración, parece claro que determinadas infraestructuras culturales deberían afrontarse y planificarse como equipamientos básicos de carácter general configurándose un modelo cultural bien estructurado en el territorio comarcal.

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El patrimonio es a la vez un objetivo y una herramienta o recurso al servicio del diseño de la política cultural. El concepto integral del patrimonio tiene como dimensión la globalidad del territorio y sus habitantes. Su finalidad última es la calidad de vida, consecuencia del desarrollo económico y social sostenible. Su metodología es la gestión integral a partir de estrategias territoriales. Al patrimonio hay que contemplarlo como una fuente de identidad, cohesión social y participación ciudadana al servicio de la población. La identidad es una proyección hacia la universalidad, la cohesión social aplicada de manera consensuada y la participación democrática en los procesos de decisión sobre cómo queremos vernos ante nuestro patrimonio de manera responsable y sostenible.

Este concepto de gestión, en el sentido de una interacción de formas diversas de demanda y de oferta, de agentes públicos y privados que intervienen, y de acciones sobre un mismo territorio, implica: un alto nivel de planificación, la creación de instrumentos más adecuados a estas nuevas finalidades y la formación de profesionales capaces de llevar a cabo esta nueva gestión del patrimonio. Todos tenemos asumido que la investigación y la conservación del patrimonio no tienen sentido sin su puesta en valor y su difusión. Esta gestión integrada aplicada a la política cultural de un territorio identitario está orientada a las personas y a su enriquecimiento mediante la difusión cultural y potencia la autenticidad de aquellos productos destinados al uso turístico.

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Sobre el espacio rural están actuando diversas administraciones públicas en temas relacionados con la investigación, la restauración, la difusión y promoción del patrimonio. En su acción de carácter voluntarista, todos ellos pueden ejercer un alto grado de sinergias y de compromiso, pero además debe existir una herramienta en el territorio que coordine, anime, prevenga y garantice que dichas políticas lleguen a los ciudadanos de una manera directa y ordenada. Las entidades locales no tienen capacidad técnica ni material para llevar a cabo dicha función, por lo que los modelos de gestión delegada, bien sea pública, privada o mixta, son muy necesarios. Por todo este planteamiento la Administración Local de la Comarca de la Sierra de Segura en colaboración con otras instituciones han creado la Fundación Patrimonio Sierra de Segura donde la gestión integrada del patrimonio (investigación, conservación, restauración y difusión), es una gestión cultural mediadora entre el patrimonio y la sociedad y, por lo tanto, una acción permanente que necesita de apoyos, medios y, sobre todo, de la confianza de la sociedad. La Fundación Patrimonio Sierra de Segura se constituye el 18 de noviembre de 2004 en escritura pública y por consenso plenario de los trece ayuntamientos de la comarca de la Sierra de Segura. Su razón de ser es crear una entidad de naturaleza fundacional, sin ánimo de lucro, que active el desarrollo de la comarca de la Sierra de Segura, teniendo como base fundamental el factor humano, generador e integrador de una identidad cultural forjada a lo largo de la historia, en conjunción indisoluble con el espacio territorial donde transcurre, vinculada al paisaje que la define y bajo el denominador común del patrimonio, entendido este en el más estricto sentido de responsabilidad y compromiso individuales y colectivos. Esto es, la Fundación acomete la delicada empresa de poner a disposición de los habitantes de la Sierra de Segura (y de los ciudadanos en general) los elementos constitutivos de su identidad y la información que les pertenece por derecho. La consolidación de esta institución como eje vertebrador de la gestión cultural y turística de la comarca de la Sierra de Segura es un hecho consumado. Pero el prestigio de la Fundación Patrimonio Sierra de Segura viene dado por sus planes de acción anuales y el grado de cumplimiento de sus objetivos, y por ende, de la satisfacción de las expectativas que se crearon los ciudadanos y ciudadanas de la Sierra de Segura con este proyecto tan ambicioso. Estos años de existencia han estado llenos de exigencia a la hora de abordar los proyectos aprobados y comprometidos desde la Fundación. La presencia de la Fundación en diferentes foros de investigación, gestión y divulgación del patrimonio le confiere un carácter de referencia a la hora de proponer proyectos y trabajar de forma común con otras instituciones en pro de la cultura y el desarrollo local. Nuestra inclusión en la Asociación Hispania Nostra como miembros de derecho, nuestra aportación al grupo de investigación sobre nuevas tecnologías en la comunicación del patrimonio junto a la Universidad de Jaén en el proyecto EPOCH de la Unión Europea, ser miembros de la Asociación Española de Gestores del Patrimonio, nuestra colaboración con diferentes Universidades en materia de investigación y prácticas laborales, la creación del Centro de Estudios Sierra de Segura en colaboración con la Diputación Provincial de Jaén, la implicación directa con el sector empresarial comarcal y provincial en materia de desarrollo de actividades y productos turísticos basados en el patrimonio integral serrano, la responsabilidad de tener la secretaría del Foro de la Carta Europea de Turismo Sostenible del Parque Natural

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Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, la colaboración con la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia en materia de didáctica de las ciencias, el interés y el trabajo dedicado a elaborar materiales didácticos y participación con los colegios e instituciones educativas en materia de enseñanza y aprendizaje en torno al patrimonio etc., nos anima a seguir trabajando como avanzadilla de la Investigación y el Desarrollo de estas materias en nuestro territorio. Los fines de interés general de la Fundación son: — El progreso social, económico y cultural de los ciudadanos de la Sierra de Segura por medio del conocimiento de su Patrimonio Cultural, Natural y Etnográfico. — La Gestión Integrada del Patrimonio Cultural, Natural y Etnográfico de la Sierra de Segura. — La Investigación, conservación, restauración, puesta en valor y difusión del Patrimonio de la Sierra de Segura. — La recuperación, adecuación y consolidación del Patrimonio para crear una oferta cultural y turística de calidad acorde con el Desarrollo Sostenible. — La Promoción de actividades culturales y formativas diversas. El Patronato de la Fundación Patrimonio Sierra de Segura está compuesto por los Ayuntamientos de: Arroyo del Ojanco, Beas de Segura, Benatae, Génave, Hornos de Segura, Orcera, Puente de Génave, Puerta de Segura, Santiago-Pontones, Segura de la Sierra, Siles, Torres de Albanchez, Villarrodrigo, Asociación de Desarrollo Rural de la Sierra de Segura, Diputación Provincial de Jaén, Caja Rural de Jaén y Caja Provincial de Ahorros de Jaén. Las principales actuaciones de la Fundación son: — Ejecución y Justificación de los Planes Turísticos que la Consejería de Turismo, Comercio y Deporte desarrolle en la Sierra de Segura. — Elaboración y ejecución de programas dedicados a la educación, investigación, conservación, restauración, puesta en valor y difusión del Patrimonio. — Promover la participación de los agentes educativos, culturales, sociales y económicos en las estrategias de la gestión integrada y sostenible del patrimonio serrano. — Facilitar la coordinación entre las distintas administraciones públicas que ejecuten políticas sobre la materia en este territorio. — Colaborar con el tejido social y cultural por medio de la información, la concienciación y la educación en los valores del patrimonio serrano. — Realizar tareas de dinamización e intercambios relativos a la gestión y el desarrollo sostenible de nuestro patrimonio. — Creación, implementación y desarrollo del Centro de Estudios Sierra de Segura en colaboración con el Instituto de Estudios Giennenses y la Diputación Provincial de Jaén. — Convenios con Universidades, Ministerio de Cultura, Archivos Estatales, etc, en materias de investigación, asesoramiento y recursos didácticos. — Inventario, análisis y vigilancia del Patrimonio Arqueológico, Cultural, Natural y Etnográfico de la Sierra de Segura.

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El patrimonio como base del desarrollo local a través de la actividad turística Tres son las preguntas a las que deberíamos dar respuesta: ¿Es el turismo un instrumento eficaz para estimular el desarrollo local de un territorio?, ¿puede contribuir a liderar un proceso de desarrollo local sostenible?, ¿qué elementos de la estructura social y productiva son necesarios tener en cuenta para diseñar una estrategia a medio y largo plazo? No existen modelos estándares de éxito de las estrategias de desarrollo local, pero sí se observan pautas comunes en los procesos relacionados con el patrimonio. Muchas veces, el entusiasmo nos lleva a idear grandes proyectos innovadores y creativos para impulsar el desarrollo, pero que son, en el contexto en el que operamos, realmente imposibles de poner en marcha. En estos proyectos impracticables no sólo gastaremos recursos económicos, sino que los recursos humanos, el tiempo y los actores que intervienen pueden verse seriamente desencantados y dañados para futuros proyectos. (Troitiño, M. A. 2002).

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Cada estrategia de desarrollo rural es única y diferente ya que debe construirse a partir de las fortalezas locales. Las administraciones locales deben asumir la necesidad de recuperación y difusión del patrimonio como un servicio más a la sociedad y poner a su disposición los mecanismos y modelos de gestión para que los habitantes y visitantes consuman estos servicios culturales. Tradicionalmente se ha venido poniendo más el acento en la conservación del patrimonio que en su utilización productiva. El patrimonio debe ser utilizado, pero esta utilización tiene que hacerse de forma controlada y responsable. La Conferencia Interministerial sobre Patrimonio de Helsinki se preocupó por establecer bases sólidas para una estrategia innovadora a favor de la conservación del patrimonio, una estrategia innovadora a favor de la conservación del patrimonio, una estrategia que tenga en cuenta su potencial turístico, además de cultural, social y económico (Consejo de Europa, 1996). También los trabajos de revisión de la Carta de turismo Cultural de Icomos se orienta en esta dirección. El uso del patrimonio debe instrumentalizarse de manera precavida y respetando sus aspectos éticos y culturales. Uno de los grandes desafíos económicos y sociales que el patrimonio cultural tendrá que afrontar en los próximos años será, sin duda, el del turismo de masas. (Troitiño, M. A. 2002). Dentro del proyecto de la Fundación Patrimonio Sierra de Segura nos preguntamos por la cantidad de turistas que nos hacen falta para ser sostenibles. Nuestro modelo de desarrollo local sostenible pasa por dar respuesta a esta pregunta. La obsesión por las macrocifras y por los desarrollos turísticos desproporcionados, provocan tanto el desequilibrio medioambiental como social. Intentamos dar respuesta con la evaluación y el seguimiento de indicadores apropiados y ajustados a nuestro modelo de desarrollo local sostenible. El turismo ofrece oportunidades nuevas hacia el patrimonio, el cual, se encuentra, en muchos casos, infrautilizado y poco representado en los productos turísticos convencionales. Un agricultor no deja un palmo de terreno sin cultivar, ¿por qué en el ámbito de la industria cultural hay tanto campo sin explorar? En cualquier caso, existe un importante desafío a la hora de saber afrontar unos modelos de gestión apropiados para cada caso y territorio. Existen muchísimos territorios que apenas tienen preparado su patrimonio y modelo de gestión para la actividad turística. No existen planeamientos elaborados y mapas de medidas concretos para una verdadera racionalización y puesta en valor del patrimonio con vistas a su uso cultural y turístico. Los problemas funcionales y de gestión no pueden separarse de la intervención en el patrimonio si es que realmente apostamos por una recuperación y puesta en valor del patrimonio de manera integrada. La Fundación Patrimonio Sierra de Segura como agencia de desarrollo turístico sostenible El 21 de marzo de 2005 la Fundación Patrimonio Sierra de Segura y la Consejería de Turismo, Comercio y Deporte firmaron un convenio por el que se aprobaba la ejecución del Plan Turístico «Sierra de Segura, El 5º Elemento». Este Plan consistía

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básicamente en ordenar los recursos del patrimonio integral comarcal para, de una manera escalonada y planificada, ponerlos en valor desde el punto de vista cultural (señas de identidad), y desde el punto de vista turístico (desarrollo de la economía local) y bajo criterios de gestión local, conformando una herramienta que aglutinara el interés público con la gestión privada, la investigación seria y rigurosa de nuestro patrimonio y sus características hasta la consecuencia de poner dicho patrimonio a disposición del mayor número de personas posible. Para responder a los objetivos propuestos se ha utilizado la metodología del Plan de Gestión e Interpretación del Patrimonio Integral de la Sierra de Segura y nuevos avances para esta fase sobre planteamientos y estrategias en el sector turístico y cultural. Nuestra posición ante la realidad se vio envuelta en el debate de cómo enfocar la intervención globalmente, debate en el que aparecieron de forma resumida los siguientes planteamientos: a) Intervenir desde las temáticas.- A partir del análisis de la realidad se pueden establecer las temáticas deseables, convirtiéndolas posteriormente en productos patrimoniales adaptados a cada territorio. b) Intervenir según los territorios.- Supone partir fundamentalmente del análisis-diagnóstico de la realidad y las potencialidades de cada municipio. Como ámbito peculiar y diferenciado, estos territorios deberán ser establecidos previamente basándose en criterios instrumentales de espacios con identidad común. El proceso consiste, partiendo de las potencialidades de cada territorio, en elaborar los productos pensados para ellos en el ámbito de las temáticas generales que se establezcan. Esto exige una zonalización del territorio global de la comarca para desarrollar una oferta diversificada. Es una estrategia que surge muy condicionada por la realidad, dificultando la posibilidad de conformar productos totalmente innovadores. c) Intervenir según los productos.Supone, partiendo de las temáticas que se decidan, elaborar una gama de productos destinados a favorecer las visitas a los territorios, y distribuirlos de forma cuantitativamente equilibrada en : Parques de naturaleza, Centros de interpretación, Granjas-escuela, Museos, Festivales, Eventos, etc. Es evidente que formular este planteamiento tal como se ha realizado, sólo tiene la intención de constituirse en una demanda para el debate y la reflexión. Está claro que ninguna actuación debería, de forma exclusiva, circunscribirse a un solo enfoque negando los otros. Habría que articular una propuesta ecléctica que combine las distintas posibilidades que cada perspectiva nos ofrece. Bajo este punto de vista, intentaremos desarrollar en la Sierra de Segura varios productos turísticos completos desde su concepción hasta su puesta en los mercados. Antes de planificar la comercialización, nos esforzaremos en plantear una oferta consecuente con los recursos utilizados para su realización. Oferta formada por unos recursos que han sido valorados según diversas variables, como son la propiedad, uso actual, uso potencial, presencia actual, valor cultural, turístico y simbólico, tanto a día de hoy como en su enfoque potencial, y grado de dificultad de adecuación. Con este proceso hemos intentado determinar la situación de los recursos patrimoniales y su condición para su puesta en valor. Las condiciones para la puesta en valor de los recursos irán en función de las variables mencionadas anteriormente, así como de sus limites para su ubicación en los mercados y el grado de integración con los productos turísticos globales que se ofrezcan. Su propiedad y su territorialidad serán determinantes para su puesta en marcha de forma útil.

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Tras el estudio y análisis de los elementos de inventario dentro del Plan de Gestión e Interpretación del Patrimonio de la Sierra de Segura, hemos realizado un agrupamiento por temas con el fin de valorar globalmente el interés y el atractivo turístico de cada uno de los grupos y su hilo conductor con el fin de establecer una correcta oferta turística. Se consideran los siguientes grupos temáticos: Temas.- El agua — El Agua como Elemento articulador del paisaje.- El agua, y los elementos asociados a esta, es uno de los recursos más valorados en la Sierra de Segura. No deja de ser sorprendente la riqueza de recursos hídricos en estas latitudes donde nacen dos de los ríos más importantes de la Península Ibérica: el Guadalquivir y el Segura. — La Nieve.- La nieve es un recurso especial en la Sierra de Segura debido a su exclusividad junto con otras escasas zonas de Andalucía. Temas.- El aire — El Aire.- La altitud media de la Sierra de Segura está en torno a 1500m, en una extensión de 193.412 Has y más del 70% de su territorio mira por encima de los 800m de altitud. Destacan algunos picos que rondan los 2.000m como El Banderillas, Almorchón y El Yelmo. — El vuelo y la astronomía.- La Estación de Vuelo Libre de El Yelmo es uno de los puntos más importantes para la práctica del parapente de la Península Ibérica, además de contar esta sierra con un aeródromo y un centro de alto rendimiento en el Cornicabral. El cielo de la Sierra de Segura, debido a sus condiciones climáticas, es uno de los más abiertos y espectaculares. Aquí se celebra anualmente el Festival Internacional del Aire. Temas.- La tierra — El Patrimonio Histórico.- Para comprender el porqué de la existencia de esta identidad o denominador común «patrimonio-ciudadanos de la Sierra de Segura», nos debemos situar en un aspecto territorial marcado por el aislamiento histórico de la comarca como consecuencia de nuestra situación geográfica. Podemos enumerar algunos hechos que son relevantes como antecedentes: Segura como Reino Taifa; la elaboración de las Ordenanzas del Común de Segura, de 1580; la declaración de este territorio como Provincia Marítima en el siglo XVIII; la existencia de una conciencia colectiva cultural «serrana» más o menos consciente o reivindicada y que se identifica plenamente en la comarca; la declaración de Patrimonio de la Humanidad de las Pinturas Rupestres de la Sierra de Segura ejerce un impulso decisivo para la conservación y recuperación de las mismas.

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— El Patrimonio Natural.- La Sierra de Segura ha tenido históricamente una relevancia natural importante, y la actuación más reciente es la de crear una figura de protección ambiental como es pertenecer al Parque Natural de Cazorla, Segura y Las Villas y su declaración como Reserva de la Biosfera y Zona de Especial Protección para la Aves. Temas.- El fuego El fuego como elemento mediante el cual el ser humano dio un salto cualitativo en su dominio y cualificación como especie. — Las Fiestas.- Las celebraciones, tanto religiosas como profanas, de la Sierra de Segura le confieren un elemento diferenciador por tratarse de una cultura milenaria y aislada de un exterior muy cercano. — Los Oficios Serranos.- La forma de vida y los trabajos en el bosque y el olivar serranos configuran un abanico de oficios espectacular. — Gastronomía.- La elaboración endógena de productos gastronómicos autóctonos con un distintivo de calidad y producciones ecológicas, junto con una manufactura trasferida de padres a hijos exaltan el gusto y el olfato de propios y extraños. El hilo conductor de este Plan Turístico está basado en la conjunción de los recursos patrimoniales de la Sierra de Segura y de la coincidencia de los mismos con las temáticas de los cuatro elementos de la Grecia Clásica: Agua, Aire, Tierra y Fuego. Para los presocráticos, los cuatro principios constitutivos del Universo son: la tierra, el agua, el aire y el fuego. Empédocles decía que estos formaban los cuerpos según mezclas, en virtud del doble principio del amor y de la repulsión. Aristóteles llenó el vacío en que se movían con un quinto elemento (o quinta esencia): el éter. La Sierra de Segura sería el Hacedor, el Elemento que conjuga y armoniza a los cuatro elementos, alrededor de los cuales se ordenan todos nuestros recursos patrimoniales: culturales, naturales, históricos, arqueológicos y etnográficos. «El 5º Elemento, La Sierra de Segura», es la Esencia del Paraíso de Interior, el lugar natural donde es posible encontrar los alientos remotos, las sensaciones originales, los espacios vírgenes, la aventura de encontrarse cara a cara con la naturaleza en su esencia más pura: la emoción de la experiencia de los sentidos al mezclar aire y agua, calor humano y tierra. La utilización de este concepto permitirá englobar los principales aspectos temáticos de la Sierra de Segura a la vez que evitará el riesgo de plantear una temática reductora, como podría ser el tema exclusivo de la naturaleza o del aislamiento histórico. El listado de elementos está dividido en Patrimonio Natural, Cultural y Etnográfico; y al mismo tiempo está territorializado por municipios. Los elementos inventariados dentro del patrimonio natural estarán mucho más en relación con los elementos del Agua, del Aire y de la Tierra; los elementos del patrimonio cultural, con los elementos de la Tierra y el Fuego, al igual que los elementos del patrimonio etnológico.

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Con todo, de lo que se trata es establecer una estrategia donde la Sierra de Segura, bajo el paraguas de «Jaén Paraíso Interior», sea, que lo es, «La Esencia del Paraíso». Bajo esta estrategia, imagen corporativa y desarrollo metodológico se desarrolló el Plan Turístico de la Sierra de Segura. La firme voluntad de construir un producto turístico desde el rigor y la autenticidad ha hecho de «La Sierra de Segura, El 5º Elemento», un laboratorio para pasar desde el conocimiento científico a la comunicación, y desde el discurso académico a la plasmación de diversos y atractivos recursos de turismo cultural y de naturaleza. Pero «La Sierra de Segura, El 5º Elemento», no lo tiene difícil en esta apasionada tarea: la propia historia de la comarca y su territorio pleno de paisaje cultural, permite, partir de una base sólida y patrimonialmente interesante para construir y mostrar un producto de calidad que responda a las nuevas demandas de ocio y cultura. Una demanda cada vez más exigente y extendida que obliga a proponer contenidos culturales y naturales para la comunicación turística que sean comprensibles por un público diverso de los más variados perfiles. La premisa asumida por «La Sierra de Segura, El 5º Elemento», ha sido siempre el ajuste a la realidad histórica buscando las aproximaciones más certeras y las interpretaciones más rigurosas del patrimonio histórico cultural y natural. Puede resultar normal decir que las tendencias generales del mercado turístico están actualmente marcadas por un grado de exigencia desconocido hasta la fecha. El turista exige mejores destinos, mayor calidad de la oferta, mejor información y servicios, y se está convirtiendo poco a poco en un turista-tipo que tiende a ganarle la mano al perfil menos exigente del turista estacional de los modelos turísticos más clásicos. Quizás la orientación de la demanda hacia un nuevo tipo de turismo de calidad, en el que el papel de los recursos patrimoniales resulta muy relevante, no logre nunca competir con el convencional en términos cuantitativos, pero sí puede llegar a tomar posición en el mercado turístico con la base de una mayor calidad y sobre todo con la propuesta de una oferta diferenciadora que dignifique los destinos, aportándoles un importante valor añadido en términos de imagen. Esta línea de pensamiento conduce de forma inmediata al diagnóstico de la oportunidad de aplicar para los destinos turísticos en los que sea posible un nuevo concepto de «turismo patrimonial» basado en productos, programas o servicios diseñados para poner en valor un conjunto cultural y natural, con un enfoque distinto del destino desde la autenticidad, la calidad y la sostenibilidad. Actuaciones realizadas en el Plan Turístico de la Sierra de Segura En cada uno de los municipios de la Sierra de Segura se ha puesto en valor una temática dentro de un contexto determinado y en relación a la estructura de los cuatro elementos. La creación de estos Espacios Temáticos significa la restauración, puesta en valor o reconocimiento de edificios históricos emblemáticos, áreas naturales de gran valor o temáticas culturales muy representativas en la historia y costumbres populares locales. En cada territorio se ha desarrollado una temática diferente y todas conforman la quinta-esencia y el significado final de la estrategia. En el desarrollo estratégico primigenio, todos los actores locales apostaban por los mismos temas, (museos de artes y costumbres, museos arqueológicos, senderos repetitivos…) pero

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no tenía sentido este desarrollo programático en territorios tan cercanos. Al final, la «Sierra de Segura, El 5º Elemento», responde a esa nueva tendencia que poco a poco va abriéndose en el contexto turístico. Consiste básicamente en la creación de nuevos equipamientos culturales y turísticos que dan forma a un Parque Temático Territorial dentro del contexto de gestión integrada en un territorio temático concreto como es el del Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y las Villas. Todas las actuaciones que conllevan procesos de restauración de arquitectura militar, popular, religiosa, etc., se hace en colaboración con la Consejería de Cultura bajo una carta de necesidades urgentes y otra basada en la de la puesta en valor de parte de nuestro patrimonio con vistas a su uso turístico y cultural.

Además de estos Espacios Temáticos, se va a articular una red de rutas que hilen los elementos principales de la oferta. Con estos dos elementos, la red de alojamientos rurales del territorio y de servicios complementarios se está realizando el esfuerzo de componer una oferta atractiva que garantice la experiencia a un precio competitivo. Esta segunda fase después de la elaboración de productos concretos es la que se queda más corta en los procesos de desarrollo. La comercialización, unida a una elaborada estrategia de promoción o marketing, es la asignatura pendiente de territorios como el nuestro. Desde la Fundación Patrimonio Sierra de Segura no sólo se anima, dinamiza, forma y asesora al sector empresarial del turismo comarcal, sino que garantizamos la labor intermediadora que en nuestro territorio no está cubierta

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haciéndonos responsables de la elaboración de los paquetes concretos, de la implantación en el territorio y de su feliz consecución. Las personas que hacen turismo no compran solo un alojamiento u otro servio en concreto sino que desean consumir por un precio establecido una experiencia, y esta sólo se puede garantizar desde un sistema turístico integrado donde todo influye y todo es importante: Promoción y comercialización, infraestructuras de acceso, sistemas de transporte, señalización, puntos de información, amabilidad local, infraestructuras de consumo, alojamiento, paisaje, actividades complementarias, autenticidad, precios ajustados, servicios municipales… Para que todo esto funcione se necesita una estructura de gestión transversal que vele por dicho sistema, en nuestro caso se llama Fundación Patrimonio Sierra de Segura. La Fundación Patrimonio Sierra de Segura como instrumento de investigación y desarrollo en el medio rural El Centro de Estudios Sierra de Segura (C.E.S.S.)se constituye con el consenso del patronato de la Fundación Patrimonio Sierra de Segura, una entidad que es consciente, desde un primer momento, de la necesidad de favorecer la creación de un órgano que se convierta en la herramienta de recuperación y protección del patrimonio de nuestra comarca. Tal era la exigencia histórica demandada desde hacía muchos años por numerosas personas y estamentos involucrados en el mundo de la investigación y amantes de una tierra con tanta riqueza natural, arqueológica, documental y etnográfica por descubrir. Así pues el C.E.S.S., al elaborar sus estatutos se propone como fines específicos la búsqueda de materiales para la creación de un fondo documental, el fomento del estudio, la investigación y divulgación de las peculiaridades de la comarca de Segura en los ámbitos de las Ciencias Sociales, Naturales y Humanísticas. Además de la Investigación, el Centro de Estudios promoverá el Desarrollo y la Innovación de cuantas materias sean precisas para el desarrollo sostenible del territorio de la Sierra de Segura. De esta manera se convierte en una institución que se adelanta al futuro de su tiempo, impulsando líneas de trabajo creadoras de modelos de desarrollo adecuados para el territorio al que representa. A tales fines, el Centro de Estudios Sierra de Segura promoverá la realización de cuantos trabajos y actividades considere oportunos, contando con la colaboración de el Instituto de Estudios Giennenses, la Diputación Provincial y la Universidad de Jaén, instituciones que han donado sus fondos editoriales al C.E.S.S. en un gesto de confirmación de apoyar, impulsar y alentar a sus fines. Para que todo el esfuerzo que se acometa desde la Fundación y el Centro de Estudios tenga sentido es necesario que la población de la Sierra de Segura conozca, tenga acceso a los bienes patrimoniales y participe en su descubrimiento, conservación y difusión. El C.E.S.S. es un órgano independiente de la Fundación Patrimonio Sierra de Segura en sus objetivos y acciones, aunque depende de esta en materia financiera y de gestión. Cuenta con un Comité Asesor, un Director Técnico y una Sociedad de Amigos con más de cien miembros que se encarga de las líneas de investigación, salvaguarda y desarrollo del patrimonio integral de la Sierra de Segura.

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El Centro de Estudios Sierra de Segura, en colaboración con la Fundación, cuenta con una línea editorial dividida en tres temáticas: Difusión Turística (trípticos, guías de contenidos técnicos, postales, posters, juegos, puzzles, libros temáticos…), Investigación (libros de investigación propios, en colaboración con el Instituto de Estudios Giennenses, publicación de artículos…), Formación (unidades didácticas, formación turística, protocolo, formación complementaria…) La Formación es otra actividad muy importante dentro de los objetivos y fines de la Fundación. Estamos desarrollando un programa trienal de formación con seguimiento para profesorado en colaboración con el Centro de Profesores de Orcera perteneciente a la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía con la finalidad de elaborar unidades didácticas y material didáctico para los colegios de la comarca. Otras acciones están encaminadas a realizar cursos de formación desde la propia Fundación, jornadas técnicas, simposios, congresos, en colaboración con la Universidad de Jaén y otras instituciones que cuentan con la Fundación a la hora de implantar en el territorio temas relacionados o en torno al patrimonio, el turismo y su gestión integral. Desde el punto de vista de las Nuevas Tecnologías, la Fundación Patrimonio Sierra de Segura está haciendo grandes esfuerzos para acercar el conocimiento y el significado del patrimonio de una manera amena y asequible a toda la sociedad rural y turística. Las infraestructuras de la tecnología no llegan por igual a toda la sociedad. En el medio rural, muchas veces tan alejado de los grandes núcleos de demanda tecnológica, es muy lenta la implantación de dichas infraestructuras con la suficiente garantía e igualdad. Además, el desconocimiento de dicha tecnología y su puesta en práctica produce retrasos que esperamos sean coyunturales para la población local. Desde la Fundación, la puesta en marcha de proyectos de acercamiento de las nuevas tecnologías al patrimonio, para hacer más fácil a la sociedad el significado de dicho patrimonio, nos ha hecho reflexionar, potenciar y desarrollar nuevas técnicas de aplicación de las nuevas tecnologías al patrimonio. En el momento actual estamos desarrollando, desde nuestro departamento de Investigación y Desarrollo y en colaboración con empresas tecnológicas de la zona, un proyecto de colaboración bajo la asistencia de la Universidad de Jaén en la red europea EPOCH.

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El modelo de gestión es fundamental para el éxito de nuestro proyecto Junto al conjunto de obras y equipamientos en proceso de elaboración, la estrategia del proyecto conduce a desarrollar una serie de tareas que deben permitir optimizar los resultados turísticos, culturales y garantizar la satisfacción del visitante y apoyar la viabilidad económica de los centros de negocio. El impulso socioeconómico derivado de este proyecto no consiste sólo en los resultados de las distintas unidades de negocio, como los ingresos de las entradas y consumos turísticos en los distintos equipamientos o el empleo directamente generado por la Fundación, sino también en el impacto a la economía comarcal derivado del incremento del turismo y su repercusión en los sectores comerciales y hosteleros. Igualmente la Fundación impulsará la programación cultural y de ocio de la Sierra de Segura, multiplicándose, tanto en cantidad como en calidad, los eventos proyectados en este nuevo contexto. La redacción del Plan de Gestión e Interpretación del Patrimonio Integral de la Comarca de la Sierra de Segura, en el año 2000, fue el punto de partida en el que se definía conceptualmente la idea y se analizaba su viabilidad. Este Plan se ha ido desarrollando hasta alcanzar su fase de funcionamiento con la creación de la Fundación Patrimonio Sierra de Segura. Sin duda, el trabajo coordinado y de consenso entre los diferentes patronos de esta Fundación y los convenios y acuerdos negociados con las Consejerías de Turismo,

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Comercio y Deporte de la Junta de Andalucía, con la concesión de un Plan Turístico, y de la Consejería de Cultura con un trabajo de consenso de recuperación y restauración de un amplio abanico de elementos patrimoniales, con la Conserjería de Medio Ambiente y otros como la Diputación Provincial de Jaén y Cajas de Ahorros, el desarrollo de proyectos de investigación en colaboración con la Universidad de Jaén, etc…, han jugado un papel clave para el avance y culminación de esta exitosa iniciativa. Bibliografía
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Índice

Presentación Director General de Desarrollo Rural de la Junta de Andalucía .............. 7 El patrimonio cultural, un recurso desde el pasado para el presente y el futuro de las zonas rurales Miguel Castellano Gámez ........................................................... 9 El patrimonio local y el proceso globalizador. Amenazas y oportunidades. Tendencias futuras en la gestión local del patrimonio Víctor Fernández Salinas y Carlos Romero Moragas ........................... 17 Bases jurídicas de la intervención de los poderes locales en la gestión del patrimonio Eduardo José Molina Soto .......................................................... 31 Identificación de recursos y diagnóstico del territorio. El punto de partida de las estrategias de desarrollo patrimonial y turístico Jordi Padró y Manel Miró ........................................................... 63 La interpretación del patrimonio en la relación del patrimonio y la sociedad Francisco Guerra Rosado, Juan Manuel Salas Rojas y Marcelo Martín ..... 81 Financiación de proyectos patrimoniales. Fuentes y estrategias de captación David Barrera Linares ............................................................... 95 La cooperación como estrategia para la gestión del patrimonio en el siglo XXI: al encuentro de otros territorios Pilar Tassara Andrade ............................................................. 111 Enfoques, métodos e instrumentos de evaluación en las intervenciones de valorización del patrimonio cultural Enrique Hernández Pavón ........................................................ 125

Índice

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PANEL DE EXPERIENCIAS LOCALES Una década gestionando el patrimonio cultural desde el Ecomuseo del río Caicena (Almedinilla-Córdoba) Ignacio Muñíz Jaen ................................................................ 137 El patrimonio histórico en la ciudad de Carmona. 1985-2007. Algunas reflexiones Ricardo Lineros Romero .......................................................... 151 La gestión creativa de los bienes culturales en el contexto local. El caso de Loja (Granada). Juan Alonso Sánchez Martínez .................................................. 169 Parque minero de Riotinto, cuenca minera de Riotinto (Huelva). José María Mantecón Jara y Aquilino Delgado Domínguez ................. 195 La Fundación Patrimonio Sierra de Segura, Jaén. Juan Carlos Rodríguez Millán ................................................... 215

P A T R I M O N I O c u l t u r a l

a n d a l u z

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