LA FILOSOFÍA DE LA MEMORIA POÉTICA

LUIS ALBERTO AMBROGGIO Academia Norteamericana de la Lengua Española
“Uno de los fenómenos culturales y políticos más sorprendentes de los últimos años es el surgimiento de la memoria como una preocupación central de la cultura y de la política de los países occidentales”. Andreas Huyssen (2002:13) La religión de la poesía es la poesía. La política de la poesía es la poesía. El alma de la poesía es la poesía. El cuerpo de la poesía es la poesía. El principio de la poesía es la poesía. El fin de la poesía es la poesía. Luis Alberto Ambroggio (2011:1)

Como poeta, ‚metafísico fracasado‛ según Antonio Machado, utilizo en este ensayo la palabra ‚memoria‛ en un sentido ambiguo con múltiples connotaciones, en primer lugar para referirme a la totalidad del texto, legado del poeta que ‚se habla por lo que escribe‛ en palabras de Juan Gelman, y a la totalidad de la conceptualización de la poesía como expresión transgresora de la realidad humana, en términos paradójicos de interpretación, conocimiento, sentimiento, imaginación, verdad y mentira, cordura y locura, historia, experiencia, ilusión y misterio. Grüner (119) aborda al lenguaje (y lo hago sinónimo en esta presentación con texto o memoria) como ‚uno de los grandes problemas filosóficos del siglo XX‛, ejemplificado, entre otros, por las investigaciones de Wittgenstein y Austin. De hecho, Bajtin, Benjamin y Derrida sostienen que este texto total (digamos, la memoria poética), no es sino una polifonía que actualiza enunciados previos y, a la vez, anticipa enunciados futuros en una cadena responsiva que se relaciona con la ética de la escritura<La escritura como espacio textual es el lugar privilegiado de esa ‘justicia’ que (en la acepción derridiana) nunca es contemporánea de sí misma, porque se produce en un presente siempre dislocado por el pasado y el porvenir, en un tiempo desquiciado< (Simón 2010:15). Utilizo el concepto de filosofía, con su sabiduría e ilusiones conforme la discute Jean Piaget (11), como disciplina con la doble meta de explorar el alcance del conocimiento y coordinar los valores y creencias relacionadas con la

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naturaleza de las cosas en la totalidad de la actividad humana. Más allá de esto, baste acotar que la definición de filosofía es tan complicada y evasiva como la de poesía y que ambas se podrían resumir como lo hacen los filósofos y los poetas respectivamente, de acuerdo a las respuestas de maestros como George Edward Moore con respecto a la filosofía y Juan de Mairena con respecto a la poesía: filosofía y poesía emparentadas en la búsqueda y expresión del sentido de las cosas, la verdadera y profunda experiencia de la realidad, la fragilidad comunicativa del símbolo, la complicada función mediática del signo, la conexión con los referentes y condicionamientos de su verdad. Y de allí la memoria poética que, en su forma y contenido, con la omnipotencia e insuficiencia de las palabras, crea, reconstituye el universo, como ocupación, preocupación y validación metalingüística y ontológica. Con estas premisas, intentando hacer filosofía desde las afueras de la misma filosofía, en la visión de Deleuze (1987), voy a argumentar lo que he decidido llamar la filosofía de la memoria poética y describir su conformación, utilizando aproximaciones al tema Para empezar me remonto a Aristóteles y a su teoría poética revitalizada y reformulada en el siglo XX por Paul Ricoeur y su evaluación del texto literario/poético como algo que no existe ‚al lado‛ de la realidad, sino que evidencia la experiencia humana determinada por el fenómeno del tiempo en sus libros La metáfora viva (1975) y Tiempo y narración (1983-85). Dice Aristóteles en el capítulo ‚Acerca de la memoria y de la reminiscencia‛ de sus Tratados breves de historia natural1: ‚la memoria no es ni una sensación ni un juicio, sino un estado o afección de uno de los dos cuando ha pasado un tiempo. No hay memoria del ahora en un ahora (<), sino que de lo presente hay sensación, de lo venidero expectativa y de lo ocurrido recuerdo‛. Como explica Ricoeur, valiéndose del concepto de mímesis desarrollado por Aristóteles en la Poética (cap. II de la Primera Parte de Tiempo y narración I), la mímesis aristotélica es una mímesis de las acciones humanas (mímesis tôn pragmátôn) y no una imitación estática de la realidad, como fue definida por el ciclo clasicista. A través de la mímesis, el hombre ‚produce‛ (poieîtai) sus primeros conocimientos (tàs mathêseis)2. La mímesis aristotélica, sostiene Ricoeur, consiste en una ‚actividad mimética‛ que define el modo de acceso a la realidad y constituye el ámbito de todas las producciones (poiêmata) humanas, pues ‚*<+ el tiempo se hace tiempo humano en la medida en que se articula en un modo narrativo, y la narración alcanza su plena significación cuando se convierte en una condición de la existencia temporal‛ (1987: 117).
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Trad. de Alberto Bernabé Pajares (Madrid: Plante D’Agostini,1996).117. Poética 1448b.

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En esta aproximación filosófica, los momentos de la actividad mimética en la creación/memoria poética son: (1) la prefiguración que Ricoeur analiza en el contexto de la ‚intratemporalidad‛ de Heidegger. Dentro de este primer momento mimético, Aristóteles analiza en su Poética el pathos trágico. Como resume Federico José Xamist en su estudio ‚Poética y crítica literaria. Reflexiones en torno al concepto de narratividad en Paul Ricoeur‛3: ‚Para Aristóteles la acción trágica viene dada por un cambio de fortuna (metábasis). Dentro de la configuración poética de la tragedia, este cambio de fortuna se lleva a cabo a través de la peripecia (peripéteia), el reconocimiento (anagnôrisis), y el acontecimiento patético (páthos). Estas son las tres partes del mythos, considerado desde un punto de vista ético (Poética, 1452a-b)‛ (Xamist 73). El segundo momento, configuración, o mímesis II, en el enfoque de Ricoeur, corresponde a la necesidad de configurar en el lenguaje el tiempo prefigurado de la acción cotidiana: ‚*<+ la construcción de la trama es la operación que extrae de la simple sucesión la configuración‛ (1987: 136). Según Xamist en su artículo arriba mencionado la simple sucesión es una comprensión del tiempo a partir de las cosas con las que tratamos: el día y la noche. El tiempo propiamente humano es el encuentro de un pasado y un futuro en un presente cargado o desprovisto de sentido. De aquí se deriva la necesidad de una configuración de los hechos a través del lenguaje y, en ella, se hace evidente la historicidad de la experiencia temporal. (73) Finalmente el tercer momento, Mimesis III, se establece según Ricoeur en el concepto aristótelico de la katharsis. La katharsis, un proceso de sanación en el contexto de la tragedia en el análisis aristotélico, paso de un estado de ‚enfermedad‛ a un estado de ‚salud‛ a través del temor y la compasión (di’eléou kaì phóbou peraínousa tên tôn toioútôn pathêmátôn kátharsin) (Poética 1449b); paso que en el contexto de la pólis griega corresponde al tránsito de la ignorancia al conocimiento, y constituye la garantía de la libertad del ciudadano, llevado a cabo por el acto creativo de la refiguración. De este modo, la realidad y expresión poéticas en los tres tiempos del proceso, en cuanto imaginación, nos permite superar la preocupación entre el realismo y subjetivismo de la memoria porque este género de creación toca otros niveles de vivencia. Aunque para Kant ‚la memoria difiere de la imaginación porque tiene el poder de reproducir a su modo la representación anterior‛, nos
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En 452oF.#1(2009) 66-76 publicado en la página . < http://www.452f.com/issue1/poetica-y-critica-literaria-reflexiones-en-torno-al-concepto-denarratividad-en-paul-ricoeur/ >.

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adherimos al romántico herético de la inteligencia, el Bachelard de las ensoñaciones, cuando nos invita a deshacernos de la ‚memoria historiadora‛ en favor de la ‚memoria viva, la memoria imaginación‛4 y su filosofía de la creatividad, su apego a llegar a la verdad creando, de la voluntad del Logos como dador de sentido, en la doble perspectiva de la ciencia y la poesía.5 No descontamos en esta postura compleja el poder nietzschiano de la voluntad , pero con el contenido aristotélico de conocimiento y ‚la necesidad humana por la metafísica‛ (en palabras de Schopenhauer), como partes constitutivas de la vivencia y la incómoda relación entre el raciocinio y la verdad, la falsedad y la factualidad de los juicios y hechos, siendo todo una posible interpretación o exégesis del mundo y sus criaturas, como cuando afirma canónicamente ‚Sólo el poeta que es capaz de mentir, consciente y voluntariamente, es capaz de decir la verdad.” No puedo omitir el desafío conceptual, antiilumista, de Nietzsche en este contexto cuya afirmación recién citada encabeza mi poemario ‚La desnudez del asombro‛ y que revierte en parte el argumento platónico para la expulsión de los poetas de la República.. Aproxima y distorsiona a la vez mi acercamiento a la ‚memoria‛ poética como fenómeno humano. Ya en mi ensayo ‚La risa de la inteligencia: elementos para una discordia. Sentimiento y pensamiento, verdad y belleza‛6 abordé atrevidamente la discusión milenaria sobre si la poesía (esa ‚ciencia del ser‛ en la definición de St. John Pearse) y, por lo tanto, la memoria poética, actúa en el ámbito del sentimiento o de las ideas, conceptos, conocimiento. Luego de recorrer a Unamuno que crucificó el sensualismo, a Emerson que ensayó la esencia del poeta y del poema, a Wittgenstein que escribió en su Tractatus Logico Philosophicus que sólo debería poetizarse la filosofía, a un Vallejo que teje sus poemas como un pensamiento abierto, un silogismo, sufrido en cada hueso y busca en su poesía la compañía de pensadores como Marx, Feuerbach, Freud; a Borges que califica su poética de intelectual (y nombra como tales a Shakespeare y Dante); a Aragón y Breton que fueron llamados "poetas de la razón" y a Aristóteles, más recientemente Heidegger y Arendt, quienes acudirían a la poesía para completar o consumar la filosofía, como expresión supra-conceptual, a
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Citado por Mónica Martinez de Arrieta en su artículo “Cuando escribir también es recordar: Michel Tournier y Jorge Luis Borges”, Espacio, Memoria e Identidad, Configuraciones en la Literatura Comparada (Córdoba: Comunic-arte Editorial, 2005). 875. 5 Ver un desarrollo más extenso en Jean Lacroix et al (editores), Introducción a Bachelard, Buenos Aires, Ediciones Calden: 1973 y específicamente al artículo incluído en este libro de Jean Hyppolite, “Gaston Bachelard o el romanticismo de la inteligencia”. 33-47. 6 Publicado en el libro El Arte de escribir poemas. Apuntes para no llevar necesariamente el apunte (New York: Urpi Editores, 2009), adaptación del ensayo de Luis Alberto Ambroggio, “Elementos para una discordia”, que apareció en El testigo se desnuda (Madrid: Ed. Prometeo, Colección de poesía Puerta de Alcalá: 2002). 42-44. La cita del título es de Jorge Luis Borges.

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través de palabras, de su juego y su capricho, de analogías, comparaciones sorprendentes, figuras del lenguaje, títeres crueles, en fin, todos esos recursos espirituales sanguíneos y pecaminosos que animan a los poetas, llegué a la conclusión, con el magnífico Apollinaire, de que: "Les poetes ne sont pas seulement les hommes du beau. Ils sont encore et surtout les hommes du vrai." O, en inglés, con palabras de John Keats, "the beauty of truth, truth beauty". Y, sin embargo, siempre nos sigue acosando el interrogante filosófico ¿qué es la verdad? Todo esto para encuadrar la discusión de la memoria poética dentro de las grandes preocupaciones filosóficas contradictorias y complementarias en su complejidad, como son los tratados y ensayos sobre el conocimiento y entendimiento (de Kant, David Hume), sobre la irracionalidad y la locura (de Erasmo de Roterdam7 y Wallace Stevens), sobre la verdad en las formas estéticas de Croce y la impugnación de Nietzsche, sobre el sentido de Yves Bonnefoy, sobre la imaginación y la ‚facultad de maravillarse‛ en la fenomenología de Karl Jaspers y Husserl con la consciencia interior del tiempo, sobre las aproximaciones semióticas o semiológicas a los textos poéticos de Roland Barthes, hasta llegar al subjetivismo existencialista y generalista de Sartre, a las teorías filosóficas del lenguaje en general y el poético en particular (desde Platón hasta Wittgenstein), y a las aproximaciones filosófico-sicológicas de Freud, Jung and Lacan, por citar sólo unos pocos referentes. Y así encontrar de algún modo un hilo conductor, una congruencia dialéctica que nos permita elaborar una visión de la naturaleza de la memoria poética, como visión del ser humano ‚en el tiempo‛, con sus componentes y compromisos éticos y estéticos, complementando las teorías ya delineadas y que fueron nuestro punto de partida. Asumo que la poesía es, según Maritain8, el proceso primordial de intercomunicación entre el ser íntimo de las cosas y el ser íntimo del yo humano, proceso, especie de adivinación que se completa cuando toca, en la concepción de Carl Jung, el inconsciente universal. Este proceso en todos los tratados arriba mencionados contiene la trilogía dialéctica que consubstancia la memoria poética. El idealismo trascendental o crítico de Kant, si bien pareciera revertir nuestro enfoque de la memoria poética, sólo lo reformula desde otra perspectiva al aceptar categorizaciones para expresar la experiencia y sostener que la belleza
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Erasmo de Rotterdam, Elogio de la locura, (Buenos Aires: Editorial Tor, 1948). Citado por Ismael Bustos en su artículo “El arte y la poesía en el pensamiento de Jacques Maritain” Revista Política y Espíritu.328 (Diciembre de 1971).

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es libertad más allá de la finalidad o propósito del objeto9. David Hume al hablar del origen de las ideas afirma: ‚Nadie confunde lo presente con lo representado. Lo presente es la ‘impresión’; lo representado, la ‘idea’. La impresión se distingue de la idea por su mayor fuerza y vivacidad. El alcance ilimitado del pensamiento es ilusión< Todas nuestras ideas son copias de anteriores impresiones‛ (49). Cabe notar que la palabra que Hume utiliza a veces para ‘impresiones‛ es ‘affections‛, como en este p{rrafo: ‚Cuando reflexionamos sobre nuestras sensaciones e impresiones [affections] pasadas, nuestro pensamiento, que es un fiel espejo, copia sus objetos tal como son, pero los colores que emplea son pálidos y débiles en comparación con aquellos que revestían nuestras percepciones originales‛ (50). Esto nos provoca a adelantar de que la memoria poética implica acaso un proceso dialéctico a la inversa, en el que la tesis es la ilusión, el deseo, la antítesis la experiencia y la síntesis el recuerdo, constituyendo la unidad de la memoria que describe Yves Bonnefoy al afirmar ‚<que el poema<fiel a la vieja idea de la Musa juegue el papel de la memoria, esa apertura al porvenir. Prefiriendo decir lo que es en vez de ser su apresurado intérprete, tendrá más autoridad para exigirle a la razón, puesta en guardia, que se recupere y salve al mundo‛ (58-59). Eco renovado de la ‚imaginación productiva‛ de los idealistas Fichte y Schelling declarando el arte (que incluye la memoria poética) como consumación de la filosofía. Y esto nos sumerge a filosofar sobre el poder de la razón en la así llamada imaginación irracional de la memoria poética al escribir sobre varios tiempos, varias cosas al mismo tiempo: un presente incierto con un pasado incierto hacia un futuro incierto y al mismo tiempo con la liberación y fuerza de la imaginación de lo deseado, más allá de lo racional, lo conocido, desconocido y reconocido como lo discute Wallace Stevens (2010) y al que se le había adelantado Erasmo de Rotterdam en su Elogio de la Locura en el que la locura protagonista demuestra ‚que no existe una acción brillante que yo no inspire ni artes o ciencias que no sean de mi invención‛ (57). La memoria poética, como expresión artística de una forma de vida, ética y estética (en el sentido de Croce), tiene entonces la capacidad de navegar, sin preocupaciones conflictivas, aventurándose en la búsqueda, entre el dogmatismo y relativismo en el acercamiento a la verdad y a la fantasía, con el contenido persistente de misterio, la facultad de maravillarse fenomenológica de Jaspers, siendo en el tiempo (dasein heideggeriano) con esencia de compromiso y
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Kant, Crítica del Juicio, pág 46, citado por Felice Battaglia, “El sentido metafísico de las formas estéticas” en Revista del Instituto de Filosofía de la Universidad Nacional de Córdoba 1 (Enero-Junio 1957): 11.

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transcendencia, sentimiento y vivencia, sujetiva y al mismo tiempo universal. Actualmente expresión de una postura existencialista de post-globalización, post-modernidad, en respuesta feroz al dogmatismo, totalitarismo, racionalismo, positivismo, empiricismo estricto, preciocismo, y posturas del arte por el arte. Sin embargo, no puedo omitir en esta discusión de la filosofía de la memoria poética, parafraseando a Gabriela Simón (54-55), la impugnación a la mirada totalizadora, centrada y homologadora de lo múltiple que plantea Nietzsche en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (1998), en cuanto el texto literario, la memoria poética, como signo, huella, nos remite siempre a una ausencia del presente y de ‚presencia plena‛, siendo una crítica de la metafísica, un recuerdo constante de que todo comienza en la ‚falta‛, el ‚resto‛, el ‚suplemento‛. En palabras del mismo Nietzsche: ‚¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas (<) y que después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes: las verdades son ilusiones de las que se han olvidado que lo son<‛ (25) y de allí las teorías de Barthes y la función del semiólogo como rastreador que reúne con su mirada semiótica, ‚espacial –la huella, el rastro en la tierra y además la temporal –el vestigio como huella pero también como parte del tiempo‛ (Simón 2010: 59). Por último, aludo en el marco del tercer momento de la memoria, el de la refiguración con su contenido de catarsis, saneación, a las aproximaciones filosófico-psicológicas a la memoria, como cuando Freud habla del olvido, del tropiezo de la memoria, de lo reprimido en el inconsciente, del deseo consustancial a la falta. Y Lacan en su seminario sobre El acto analítico que, al darnos las coordenadas de la articulación de la memoria con la repetición y lo traumático y al separar el sujeto de la enunciación del sujeto del enunciado, formaliza lo que Freud argumenta respecto a que lo esencial, no es tanto saber si un acontecimiento tuvo realmente lugar o no, sino descubrir cómo pudo el sujeto articularlo, decir, verificar la escena por la existencia de un síntoma donde la verdad participa ligada con la lógica inconsciente y el goce del sujeto (voluptas de Lucrecio)., en la síntesis de Pilar Dasí Crespo10. Y así la memoria poética con la presencia crítica de emociones que permiten la adaptación a la situación del entorno con diversos recuerdos y estados de ánimos, de algún modo convierte esta memoria inconsciente, individual y universal, en la esperanza de una
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Ver su artículo “Memoria histórica e inconsciente”, Valencia 2002, en e-textos: http://www.campolacaniano-valencia.net/biblioteca/Memoria.htm

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consciencia idealmente purificada, que desde la sombra de lo que fue o es se puede transformar en la luz de lo que debería ser. En este sentido se supera de una manera constructiva el imperativo categórico de la dialéctica negativa de la memoria en la famosa frase de de Theodor Wiesengrund Adorno11 –‚¿cómo hacer poesía después de Auschwitz?‛. Ya lo había intentado Habermas con su dialéctica de la ilustración, organizando el pesimismo, y Benjamin recurriendo a la literatura como forma de vivencia y expresión de la realidad por su carácter de sugerente, desbordante y, de alguna manera, inabarcable. Dentro de estos planteamientos, se convalida el enfoque de la sinopsis de la identidad (preocupación primordial en nuestra época de post-globalización), el dinamismo viviente definido del individuo, como un complejo referente y búsqueda relacional; y no como una coraza definida del poder y la ideología. De aquí el papel constructivo de la estética y ética que juega la filosofía de la memoria poética en cuanto se postula como surgiendo de un ser pensante, humano que proviene del porvenir, de la virtud de ser improbable de un Oscar Wilde, con un conocimiento compuesto de respuestas que son preguntas, con un yo que es un tú en el sentido de Martin Buber, que se integra a la naturaleza, dentro de la cual persigue el progreso y formula esperanzado su existencia en convivencia, idealmente pacífica, con la pluralidad sin reificación, explotación, opresión. Así, dentro de estos parámetros, la mirada crítica (de crisis) de esta serie/cadena de tiempos/espacios, los ejes temáticos y características estéticas de la poesía en general, la de la ausencia, la catástrofe y la del exilio (todos los seres humanos partimos de un exilio original12), configuran los planteamientos filosóficos de la memoria poética. Un concepto de contenido polifacético, como substanciación ontológica, como dimensión constitutiva de todo ordenamiento social, como causante central en la creación de identidades, memoria histórica y cultural dentro de muchos discursos, siendo el del poder solo uno de ellos, como instrumento para provocar el recuerdo, reconstruir el pasado y conformar el presente y futuro a partir de la fuerza que define el recorrido por el sentido en las palabras, en la concepción de Benedict Anderson, evocaciones que nos impulsan a no olvidar, a aprender, a exigir, a sobrevivir, a superarnos como individuos y sociedad13.

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Un estudio más extensor de las tres categorías que permiten definir el nuevo imperativo categórico que resulta de la dialéctica negativa, negatividad, mimesis y memoria, en encuentra en el libro de Marta Tafalla, La filosofía de la memoria (Editorial Herder. Barcelona: 2003). 12 Ver la introducción “El exilio como condición poética”, en Luis Alberto Ambroggio, Poemas desterrados (Buenos Aires: Alicia Gallegos Editora, 1995). 9-17. 13 Anderson, Benedict R., Imagined communities: reflections on the origin and spread of nationalism Revised and extended. ed. (London: Verso,1991.

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En fin, y en el principio humano (acaso en todo el mundo animal), la ritualidad con sus características éticas, estéticas y teleológicas acaso sea la manifestación más auténtica de la filosofía de la memoria poética como desarrollo y síntesis que contiene las posibilidades de la prefiguración, configuración y refiguración de una actividad humana que se adquiere, se realiza, se expresa y se adopta como parte de un proceso natural, de un imaginario y de un ordenamiento comunitario. Más allá de las épocas, las generaciones y sus teóricos, en una sincronía dentro de la diacronía, esta filosofía de la memoria poética, a través de su complejidad aquí sólo aludida, provee el marco epistemológico para ahondar el hecho de que el legado total de la creación poética así entendida nos permite transcender la inevitable fragmentación, dar un volumen inmenso, sorpresivo y metafísico a los fenómenos, y no presentarlos simplemente sometidos al ‚achaque‛ de la realidad., ya que a partir de ciertos discursos limitados, incluido el del poder, estamos siendo condicionados por un lenguaje, una escritura, una creación que simplifica todo y lo reduce a rutina, mientras que los poetas tenemos la capacidad catártica y renovable de hacer algo incluso con la nada, con la ceguera, con la tragedia, porque –como dijo William Faulkner en Luz de Agosto (1932)- ‚la memoria cree antes de que el conocimiento recuerde‛.

EL PESO DE LOS CUERPOS Al fondo de las tumbas Al fondo de los mares Al fondo del murmullo de los vientos Vicente Huidobro La sentencia de un cuerpo vence la apatía de los dioses. Cuerpos dóciles ante la furia de las ondas. Cuerpos aferrados al morir y resucitar y ser luego luminosos. Cuerpos que son árboles, que son ríos para mares, que son tierra humedecida que son clamor y ausencia, que avanzan en el viento y lloran, reclamando millones de veces 9

el camino de vuelta porque nunca pierden la memoria. Cuerpos-espíritus que se elevan desafiando a la muerte como una lumbre sin tregua. ¡Nosotros les damos a los cuerpos sus alas!

OBRAS CITADAS Ambroggio, Luis Alberto. El Viaje (aún inédito). ---. Poemas Desterrados. Buenos Aires: Allicia Gallegos Ed., 1995. Aristóteles. Poética. Aníbal González (ed.). Madrid, Visor, 2003. ---. Tratados breves de historia natural. Trad. de Alberto Bernabé Pajares. Madrid: Plante D’Agostini, 1996. Battaglia, Felice. ‚El sentido metafísico de las formas estéticas‛. Revista del Instituto de Filosofía De la Universidad Nacional de Córdoba 1 (Enero-Junio 1957): 3-28. Bonnefoy, Yves. Sobre el origen y el sentido. Traducción de Arturo Carrera y Silvio Mattoni. Córdoba: Alción Editora, 2011. De Arrieta Martinez, Mónica (2005), ‚Cuando escribir también es recordar: Michel Tournier y Jorge Luis Borges‛. De Martíni, Cristina Elgue et al, eds. Espacio, Memoria e Identidad, Configuraciones en la Literatura Comparada. Vol. II. Córdoba: Comunic-arte Editorial, 2005. 865-78. Deleuze, Gilles, Foucault, Buenos Aires: Paidos, 1987. De Martini, Cristina Elgue et al, eds. Espacio, Memoria e Identidad, Configuraciones en la Literatura Comparada, Córdoba, Comunic-arte Editorial, Vol. II. Córdoba: Comunic- arte Editorial, 2005. Erasmo de Rotterdam. Elogio de la locura. Buenos Aires: Editorial Tor, 1948. Farber, Marvin. Husserl. Buenos Aires: Ediciones Losange, 1956. Grüner, Eduardo, El sitio de la mirada, Buenos Aires: Norma, 2002.

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Jung, Carl, G. Obra completa. Madrid: Editorial Trotta, 1999. Hume, David. Investigación sobre el entendimiento humano. Buenos Aires: Editorial Losada, 1945. Huyssen, Andreas. En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2002. Lacan, Jacques. Seminario 15. El acto analítico. Trad. EFBA, 1967-1968. Inédito. Nietzche, Friedrich. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Madrid: Tecnos, 1998. Stevens, Wallace. El elemento irracional en la poesía. Córdoba: Alción Editora, 2010. Piaget, Jean. Sabiduría e ilusiones de la filosofía. Barcelona: Ediciones Península, 1970. Ricoeur, Paul. La metáfora viva. Madrid: Trotta, 2001. ---. Historia y narratividad. Barcelona: Paidós, 1999. ---. Retórica, poética y hermenéutica. Cuaderno Gris, Nº 2, 1997. ---. Tiempo y narración I. Madrid: Ed. Cristiandad, 1987. Simón, Gabriela. Las semiologías de Roland Barthes. Córdoba: Alción Editora, 2010. Xamist, Federico José. ‚Poética y crítica literaria. Reflexiones en torno al concepto de narratividad en Paul Ricoeur‛. 452ºF. Electronic journal of theory of literature and comparative literature 1 (2009): 66-76. Zeleny, Mayra, Editor. El cuerpo y la letra. La poética de Luis Alberto Ambroggio. Nueva York: Academia Norteamericana de la Lengua Española, 2008.

©Luis Alberto Ambroggio
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