.LA FILOSOFÍA DE LA MEMORIA POÉTICA LUIS ALBERTO AMBROGGIO Academia Norteamericana de la Lengua Española

“Uno de los fenómenos culturales y políticos más sorprendentes de los últimos años e el surgimiento de la memoria como una preocupación central de la cultura y de la política de los países occidentales”. Andreas Huyssen (2002:13) La La El El El El 2011:1) religión de la poesía es la poesía. política de la poesía es la poesía. alma de la poesía es la poesía. cuerpo de la poesía es la poesía. principio de la poesía es la poesía. fin de la poesía es la poesía. Luis Alberto Ambroggio (

Como poeta, “metafísico fracasado” según Antonio Machado, utilizo en este ensayo la palabra “memoria” en un sentido ambiguo con múltiples connotaciones, en primer lug ar para referirme a la totalidad del texto, legado del poeta que “se habla por lo que escribe” en palabras de Juan Gelman, y a la totalidad de la conceptualización de la poesía como expresión transgresora de la realidad humana, en términos paradójicos de interpretación, conocimiento, sentimiento, imaginación, verdad y mentira, cordura y locura, historia, experiencia, ilusión y misterio. Grüner (119) aborda al lenguaje (y lo hago sinónimo en esta presentación con texto o memoria) como “uno de los grandes problemas filosóficos del siglo XX”, ejemplificado, entre otros, por las investigac iones de Wittgenstein y Austin. De hecho, Bajtin, Benjamin y Derrida sostienen que este texto total (digamos, la memoria poética), no es sino una polifonía que actualiza enunciados previos y, a la vez, anticipa enunciados futuros en un a cadena responsiva que se relaciona con la ética de la escritura…La escritura como espacio textual es el lugar privilegiado de esa ‘justicia’ que (en la acepción derrid iana) nunca es contemporánea de sí misma, porque se produce en un presente siempre d islocado por el pasado y el porvenir, en un tiempo desquiciado… (Simón 2010:15). Utilizo el concepto de filosofía, con su sabiduría e ilusiones conforme la d iscute Jean Piaget (11), como disciplina con la doble meta de explorar el alcanc e del conocimiento y coordinar los valores y creencias relacionadas con la natur aleza de las cosas en la totalidad de la actividad humana. Más allá de esto, baste a cotar que la definición de filosofía es tan complicada y evasiva como la de poesía y q ue ambas se podrían resumir como lo hacen los filósofos y los poetas respectivamente , de acuerdo a las respuestas de maestros como George Edward Moore con respecto a la filosofía y Juan de Mairena con respecto a la poesía: filosofía y poesía emparentad as en la búsqueda y expresión del sentido de las cosas, la verdadera y profunda expe riencia de la realidad, la fragilidad comunicativa del símbolo, la complicada func ión mediática del signo, la conexión con los referentes y condicionamientos de su verd ad. Y de allí la memoria poética que, en su forma y contenido, con la omnipotencia e insuficiencia de las palabras, crea, reconstituye el universo, como ocupación, pr eocupación y validación metalingüística y ontológica. Con estas premisas, intentando hacer filosofía desde las afueras de la mi sma filosofía, en la visión de Deleuze (1987), voy a argumentar lo que he decidido l lamar la filosofía de la memoria poética y describir su conformación, utilizando aprox imaciones al tema Para empezar me remonto a Aristóteles y a su teoría poética revital izada y reformulada en el siglo XX por Paul Ricoeur y su evaluación del texto lite rario/poético como algo que no existe “al lado” de la realidad, sino que evidencia la experiencia humana determinada por el fenómeno del tiempo en sus libros La metáfora

viva (1975) y Tiempo y narración (1983-85). Dice Aristóteles en el capítulo “Acerca de l a memoria y de la reminiscencia” de sus Tratados breves de historia natural : “la me moria no es ni una sensación ni un juicio, sino un estado o afección de uno de los d os cuando ha pasado un tiempo. No hay memoria del ahora en un ahora (…), sino que de lo presente hay sensación, de lo venidero expectativa y de lo ocurrido recuerdo”. Como explica Ricoeur, valiéndose del concepto de mímesis desarrollado por Aristóteles en la Poética (cap. II de la Primera Parte de Tiempo y narración I), la mímesis arist otélica es una mímesis de las acciones humanas (mímesis tôn pragmátôn) y no una imitación e ca de la realidad, como fue definida por el ciclo clasicista. A través de la mímesis , el hombre “produce” (poieîtai) sus primeros conocimientos (tàs mathêseis) . La mímesis ar stotélica, sostiene Ricoeur, consiste en una “actividad mimética” que define el modo de acceso a la realidad y constituye el ámbito de todas las producciones (poiêmata) hum anas, pues “[…] el tiempo se hace tiempo humano en la medida en que se articula en u n modo narrativo, y la narración alcanza su plena significación cuando se convierte en una condición de la existencia temporal” (1987: 117). En esta aproximación filosófica, los momentos de la actividad mimética en la c reación/memoria poética son: (1) la prefiguración que Ricoeur analiza en el contexto d e la “intratemporalidad” de Heidegger. Dentro de este primer momento mimético, Aristótel es analiza en su Poética el pathos trágico. Como resume Federico José Xamist en su est udio “Poética y crítica literaria. Reflexiones en torno al concepto de narratividad en Paul Ricoeur” : “Para Aristóteles la acción trágica viene dada por un cambio de fortuna ( metábasis). Dentro de la configuración poética de la tragedia, este cambio de fortuna se lleva a cabo a través de la peripecia (peripéteia), el reconocimiento (anagnôrisis) , y el acontecimiento patético (páthos). Estas son las tres partes del mythos, consi derado desde un punto de vista ético (Poética, 1452a-b)” (Xamist 73). El segundo momen to, configuración, o mímesis II, en el enfoque de Ricoeur, corresponde a la necesid ad de configurar en el lenguaje el tiempo prefigurado de la acción cotidiana: “[…] la construcción de la trama es la operación que extrae de la simple sucesión la configura ción” (1987: 136). Según Xamist en su artículo arriba mencionado la simple sucesión es una comprensión del tiempo a partir de las cosas con las que tratamos: el día y la noche. El tiempo propiamente humano es el encuentro de un pasado y un futu ro en un presente cargado o desprovisto de sentido. De aquí se deriva la necesi dad de una configuración de los hechos a través del lenguaje y, en ella, se hace ev idente la historicidad de la experiencia temporal. (73)

Finalmente el tercer momento, Mimesis III, se establece según Ricoeur en e l concepto aristótelico de la katharsis. La katharsis, un proceso de sanación en el contexto de la tragedia en el análisis aristotélico, paso de un estado de “enfermedad” a un estado de “salud” a través del temor y la compasión (di’eléou kaì phóbou peraínousa tên athêmátôn kátharsin) (Poética 1449b); paso que en el contexto de la pólis griega correspond al tránsito de la ignorancia al conocimiento, y constituye la garantía de la libert ad del ciudadano, llevado a cabo por el acto creativo de la refiguración. De este modo, la realidad y expresión poéticas en los tres tiempos del proce so, en cuanto imaginación, nos permite superar la preocupación entre el realismo y s ubjetivismo de la memoria porque este género de creación toca otros niveles de viven cia. Aunque para Kant “la memoria difiere de la imaginación porque tiene el poder de reproducir a su modo la representación anterior”, nos adherimos al romántico herético d e la inteligencia, el Bachelard de las ensoñaciones, cuando nos invita a deshacern os de la “memoria historiadora” en favor de la “memoria viva, la memoria imaginación” y s u filosofía de la creatividad, su apego a llegar a la verdad creando, de la volunt ad del Logos como dador de sentido, en la doble perspectiva de la ciencia y la p oesía. No descontamos en esta postura compleja el poder nietzschiano de la volunt ad , pero con el contenido aristotélico de conocimiento y “la necesidad humana por l a metafísica” (en palabras de Schopenhauer), como partes constitutivas de la vivenci a y la incómoda relación entre el raciocinio y la verdad, la falsedad y la factualid ad de los juicios y hechos, siendo todo una posible interpretación o exégesis del mu ndo y sus criaturas, como cuando afirma canónicamente “Sólo el poeta que es capaz de mentir, consciente y voluntariamente, es capaz de decir la verdad.” No puedo omiti r el desafío conceptual, antiilumista, de Nietzsche en este contexto cuya afirmación

recién citada encabeza mi poemario “La desnudez del asombro” y que revierte en parte el argumento platónico para la expulsión de los poetas de la República.. Aproxima y di storsiona a la vez mi acercamiento a la “memoria” poética como fenómeno humano. Ya en mi ensayo “La risa de la inteligencia: elementos para una discordia. Sentimiento y pensamiento, verdad y belleza” abordé atrevidamente la discusión milena ria sobre si la poesía (esa “ciencia del ser” en la definición de St. John Pearse) y, po r lo tanto, la memoria poética, actúa en el ámbito del sentimiento o de las ideas, con ceptos, conocimiento. Luego de recorrer a Unamuno que crucificó el sensualismo, a Emerson que ensayó la esencia del poeta y del poema, a Wittgenstein que escribió en su Tractatus Logico Philosophicus que sólo debería poetizarse la filosofía, a un Valle jo que teje sus poemas como un pensamiento abierto, un silogismo, sufrido en cad a hueso y busca en su poesía la compañía de pensadores como Marx, Feuerbach, Freud; a Borges que califica su poética de intelectual (y nombra como tales a Shakespeare y Dante); a Aragón y Breton que fueron llamados "poetas de la razón" y a Aristóteles, más recientemente Heidegger y Arendt, quienes acudirían a la poesía para completar o c onsumar la filosofía, como expresión supra-conceptual, a través de palabras, de su jue go y su capricho, de analogías, comparaciones sorprendentes, figuras del lenguaje, títeres crueles, en fin, todos esos recursos espirituales sanguíneos y pecaminosos que animan a los poetas, llegué a la conclusión, con el magnífico Apollinaire, de que: "Les poetes ne sont pas seulement les hommes du beau. Ils sont encore et surtou t les hommes du vrai." O, en inglés, con palabras de John Keats, "the beauty of tr uth, truth beauty". Y, sin embargo, siempre nos sigue acosando el interrogante f ilosófico ¿qué es la verdad? Todo esto para encuadrar la discusión de la memoria poética dentro de las gr andes preocupaciones filosóficas contradictorias y complementarias en su complejid ad, como son los tratados y ensayos sobre el conocimiento y entendimiento (de Ka nt, David Hume), sobre la irracionalidad y la locura (de Erasmo de Roterdam y W allace Stevens), sobre la verdad en las formas estéticas de Croce y la impugnación d e Nietzsche, sobre el sentido de Yves Bonnefoy, sobre la imaginación y la “facultad de maravillarse” en la fenomenología de Karl Jaspers y Husserl con la consciencia in terior del tiempo, sobre las aproximaciones semióticas o semiológicas a los textos p oéticos de Roland Barthes, hasta llegar al subjetivismo existencialista y generali sta de Sartre, a las teorías filosóficas del lenguaje en general y el poético en parti cular (desde Platón hasta Wittgenstein), y a las aproximaciones filosófico-sicológicas de Freud, Jung and Lacan, por citar sólo unos pocos referentes. Y así encontrar de algún modo un hilo conductor, una congruencia dialéctica que nos permita elaborar un a visión de la naturaleza de la memoria poética, como visión del ser humano “en el tiemp o”, con sus componentes y compromisos éticos y estéticos, complementando las teorías ya delineadas y que fueron nuestro punto de partida. Asumo que la poesía es, según Maritain , el proceso primordial de intercomun icación entre el ser íntimo de las cosas y el ser íntimo del yo humano, proceso, espec ie de adivinación que se completa cuando toca, en la concepción de Carl Jung, el inc onsciente universal. Este proceso en todos los tratados arriba mencionados conti ene la trilogía dialéctica que consubstancia la memoria poética.

El idealismo trascendental o crítico de Kant, si bien pareciera revertir n uestro enfoque de la memoria poética, sólo lo reformula desde otra perspectiva al ac eptar categorizaciones para expresar la experiencia y sostener que la belleza es libertad más allá de la finalidad o propósito del objeto . David Hume al hablar del o rigen de las ideas afirma: “Nadie confunde lo presente con lo representado. Lo pre sente es la ‘impresión’; lo representado, la ‘idea’. La impresión se distingue de la idea p r su mayor fuerza y vivacidad. El alcance ilimitado del pensamiento es ilusión… Toda s nuestras ideas son copias de anteriores impresiones” (49). Cabe notar que la pal abra que Hume utiliza a veces para ‘impresiones” es ‘affections”, como en este párrafo: “Cu ndo reflexionamos sobre nuestras sensaciones e impresiones [affections] pasadas, nuestro pensamiento, que es un fiel espejo, copia sus objetos tal como son, per o los colores que emplea son pálidos y débiles en comparación con aquellos que revestían

nuestras percepciones originales” (50). Esto nos provoca a adelantar de que la me moria poética implica acaso un proceso dialéctico a la inversa, en el que la tesis e s la ilusión, el deseo, la antítesis la experiencia y la síntesis el recuerdo, constit uyendo la unidad de la memoria que describe Yves Bonnefoy al afirmar “…que el poema…fi el a la vieja idea de la Musa juegue el papel de la memoria, esa apertura al por venir. Prefiriendo decir lo que es en vez de ser su apresurado intérprete, tendrá más autoridad para exigirle a la razón, puesta en guardia, que se recupere y salve al mundo” (58-59). Eco renovado de la “imaginación productiva” de los idealistas Fichte y S chelling declarando el arte (que incluye la memoria poética) como consumación de la filosofía. Y esto nos sumerge a filosofar sobre el poder de la razón en la así llamada imaginación irracional de la memoria poética al escribir sobre varios tiempos, varia s cosas al mismo tiempo: un presente incierto con un pasado incierto hacia un fu turo incierto y al mismo tiempo con la liberación y fuerza de la imaginación de lo d eseado, más allá de lo racional, lo conocido, desconocido y reconocido como lo discu te Wallace Stevens (2010) y al que se le había adelantado Erasmo de Rotterdam en s u Elogio de la Locura en el que la locura protagonista demuestra “que no existe un a acción brillante que yo no inspire ni artes o ciencias que no sean de mi invención” (57). La memoria poética, como expresión artística de una forma de vida, ética y estétic a (en el sentido de Croce), tiene entonces la capacidad de navegar, sin preocupa ciones conflictivas, aventurándose en la búsqueda, entre el dogmatismo y relativismo en el acercamiento a la verdad y a la fantasía, con el contenido persistente de m isterio, la facultad de maravillarse fenomenológica de Jaspers, siendo en el tiemp o (dasein heideggeriano) con esencia de compromiso y transcendencia, sentimiento y vivencia, sujetiva y al mismo tiempo universal. Actualmente expresión de una po stura existencialista de post-globalización, post-modernidad, en respuesta feroz a l dogmatismo, totalitarismo, racionalismo, positivismo, empiricismo estricto, pr eciocismo, y posturas del arte por el arte.

Sin embargo, no puedo omitir en esta discusión de la filosofía de la memoria poética, parafraseando a Gabriela Simón (54-55), la impugnación a la mirada totalizad ora, centrada y homologadora de lo múltiple que plantea Nietzsche en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (1998), en cuanto el texto literario, la memoria poética, como signo, huella, nos remite siempre a una ausencia del presente y de “presencia plena”, siendo una crítica de la metafísica, un recuerdo constante de que to do comienza en la “falta”, el “resto”, el “suplemento”. En palabras del mismo Nietzsche: “¿ entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorf ismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzad as, extrapoladas (…) y que después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes: las verdades son ilusiones de las que se han olvidado qu e lo son…” (25) y de allí las teorías de Barthes y la función del semiólogo como rastreador que reúne con su mirada semiótica, “espacial –la huella, el rastro en la tierra y además l a temporal –el vestigio como huella pero también como parte del tiempo” (Simón 2010: 59) . Por último, aludo en el marco del tercer momento de la memoria, el de la r efiguración con su contenido de catarsis, saneación, a las aproximaciones filosófico-p sicológicas a la memoria, como cuando Freud habla del olvido, del tropiezo de la m emoria, de lo reprimido en el inconsciente, del deseo consustancial a la falta. Y Lacan en su seminario sobre El acto analítico que, al darnos las coordenadas de la articulación de la memoria con la repetición y lo traumático y al separar el sujeto de la enunciación del sujeto del enunciado, formaliza lo que Freud argumenta resp ecto a que lo esencial, no es tanto saber si un acontecimiento tuvo realmente lu gar o no, sino descubrir cómo pudo el sujeto articularlo, decir, verificar la esce na por la existencia de un síntoma donde la verdad participa ligada con la lógica in consciente y el goce del sujeto (voluptas de Lucrecio)., en la síntesis de Pilar D así Crespo . Y así la memoria poética con la presencia crítica de emociones que permiten

la adaptación a la situación del entorno con diversos recuerdos y estados de ánimos, de algún modo convierte esta memoria inconsciente, individual y universal, en la e speranza de una consciencia idealmente purificada, que desde la sombra de lo que fue o es se puede transformar en la luz de lo que debería ser. En este sentido se supera de una manera constructiva el imperativo categórico de la dialéctica negativ a de la memoria en la famosa frase de de Theodor Wiesengrund Adorno –“¿cómo hacer poesía después de Auschwitz?”. Ya lo había intentado Habermas con su dialéctica de la ilustr ación, organizando el pesimismo, y Benjamin recurriendo a la literatura como forma de vivencia y expresión de la realidad por su carácter de sugerente, des¬bordante y, de alguna manera, inabarcable. Dentro de estos planteamientos, se convalida el enfoque de la sinopsis de la identidad (preocupación primordial en nuestra época de post-globalización), el dinamismo viviente definido del individuo, como un complej o referente y búsqueda relacional; y no como una coraza definida del poder y la i deología. De aquí el papel constructivo de la estética y ética que juega la filosofía de l a memoria poética en cuanto se postula como surgiendo de un ser pensante, humano q ue proviene del porvenir, de la virtud de ser improbable de un Oscar Wilde, con un conocimiento compuesto de respuestas que son preguntas, con un yo que es un tú en el sentido de Martin Buber, que se integra a la naturaleza, dentro de la cual persigue el progreso y formula esperanzado su existencia en convivencia, idealm ente pacífica, con la pluralidad sin reificación, explotación, opresión.

Así, dentro de estos parámetros, la mirada crítica (de crisis) de esta serie/c adena de tiempos/espacios, los ejes temáticos y características estéticas de la poesía e n general, la de la ausencia, la catástrofe y la del exilio (todos los seres human os partimos de un exilio original ), configuran los planteamientos filosóficos de la memoria poética. Un concepto de contenido polifacético, como substanciación ontológi ca, como dimensión constitutiva de todo ordenamiento social, como causante central en la creación de identidades, memoria histórica y cultural dentro de muchos discur sos, siendo el del poder solo uno de ellos, como instrumento para provocar el r ecuerdo, reconstruir el pasado y conformar el presente y futuro a partir de la f uerza que define el recorrido por el sentido en las palabras, en la concepción de Benedict Anderson, evocaciones que nos impulsan a no olvidar, a aprender, a exig ir, a sobrevivir, a superarnos como individuos y sociedad . En fin, y en el principio humano (acaso en todo el mundo animal), la rit ualidad con sus características éticas, estéticas y teleológicas acaso sea la manifestac ión más auténtica de la filosofía de la memoria poética como desarrollo y síntesis que cont ene las posibilidades de la prefiguración, configuración y refiguración de una activid ad humana que se adquiere, se realiza, se expresa y se adopta como parte de un p roceso natural, de un imaginario y de un ordenamiento comunitario. Más allá de las épocas, las generaciones y sus teóricos, en una sincronía dentro d e la diacronía, esta filosofía de la memoria poética, a través de su complejidad aquí sólo ludida, provee el marco epistemológico para ahondar el hecho de que el legado tota l de la creación poética así entendida nos permite transcender la inevitable fragmenta ción, dar un volumen inmenso, sorpresivo y metafísico a los fenómenos, y no presentarl os simplemente sometidos al “achaque” de la realidad., ya que a partir de ciertos di scursos limitados, incluido el del poder, estamos siendo condicionados por un le nguaje, una escritura, una creación que simplifica todo y lo reduce a rutina, mien tras que los poetas tenemos la capacidad catártica y renovable de hacer algo inclu so con la nada, con la ceguera, con la tragedia, porque –como dijo William Faulkne r en Luz de Agosto (1932)- “la memoria cree antes de que el conocimiento recuerde”.

EL PESO DE LOS CUERPOS Al fondo de las tumbas Al fondo de los mares Al fondo del murmullo de los vientos Vicente Huidobro

La sentencia de un cuerpo vence la apatía de los dioses. Cuerpos dóciles ante la furia de las ondas. Cuerpos aferrados al morir y resucitar y ser luego luminosos. Cuerpos que son árboles, que son ríos para mares, que son tierra humedecida que son clamor y ausencia, que avanzan en el viento y lloran, reclamando millones de veces el camino de vuelta porque nunca pierden la memoria. Cuerpos-espíritus que se elevan desafiando a la muerte como una lumbre sin tregua. ¡Nosotros les damos a los cuerpos sus alas!

OBRAS CITADAS Ambroggio, Luis Alberto. El Viaje (aún inédito). ---. Poemas Desterrados. Buenos Aires: Allicia Gallegos Ed., 1995. Aristóteles. Poética. Aníbal González (ed.). Madrid, Visor, 2003. ---. Tratados breves de historia natural. Trad. de Alberto Bernabé Pajares. Madrid : Plante D’Agostini, 1996. Battaglia, Felice. “El sentido metafísico de las formas estéticas”. Revista del Institut o de Filosofía De la Universidad Nacional de Córdoba 1 (Enero-Junio 1957): 3-28. Bonnefoy, Yves. Sobre el origen y el sentido. Traducción de Arturo Carrera y Silvi o Mattoni. Córdoba: Alción Editora, 2011. De Arrieta Martinez, Mónica (2005), “Cuando escribir también es recordar: Michel Tourn ier y Jorge Luis Borges”. De Martíni, Cristina Elgue et al, eds. Espacio, Memoria e Identidad, Configuraciones en la Literatura Comparada. Vol. II. Córdoba: Comunic-a rte Editorial, 2005. 865-78. Deleuze, Gilles, Foucault, Buenos Aires: Paidos, 1987. De Martini, Cristina Elgue et al, eds. Espacio, Memoria e Identidad, Configuraci ones en la Literatura Comparada, Córdoba, Comunic-arte Editorial, Vol. II. Córdoba: Comunic- arte Editorial, 2005. Erasmo de Rotterdam. Elogio de la locura. Buenos Aires: Editorial Tor, 1948. Farber, Marvin. Husserl. Buenos Aires: Ediciones Losange, 1956. Grüner, Eduardo, El sitio de la mirada, Buenos Aires: Norma, 2002. Jung, Carl, G. Obra completa. Madrid: Editorial Trotta, 1999. Hume, David. Investigación sobre el entendimiento humano. Buenos Aires: Editorial Losada, 1945. Huyssen, Andreas. En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de globalización. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2002. Lacan, Jacques. Seminario 15. El acto analítico. Trad. EFBA, 1967-1968. Inédito. Nietzche, Friedrich. Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. Madrid: Tecno s,

1998. Stevens, Wallace. El elemento irracional en la poesía. Córdoba: Alción Editora, 2010. Piaget, Jean. Sabiduría e ilusiones de la filosofía. Barcelona: Ediciones Península, 1 970. Ricoeur, Paul. La metáfora viva. Madrid: Trotta, 2001. ---. Historia y narratividad. Barcelona: Paidós, 1999. ---. Retórica, poética y hermenéutica. Cuaderno Gris, N 2, 1997. ---. Tiempo y narración I. Madrid: Ed. Cristiandad, 1987. Simón, Gabriela. Las semiologías de Roland Barthes. Córdoba: Alción Editora, 2010. Xamist, Federico José. “Poética y crítica literaria. Reflexiones en torno al concepto de narratividad en Paul Ricoeur”. 452 F. Electronic journal of theory of literature a nd comparative literature 1 (2009): 66-76. Zeleny, Mayra, Editor. El cuerpo y la letra. La poética de Luis Alberto Ambroggio. Nueva York: Academia Norteamericana de la Lengua Española, 2008. ©Luis Alberto Ambroggio ALL RIGHTS RESERVED. This article contains material protected under Internationa l and Federal Copyright Laws and Treaties. Any unauthorized reprint or use of th is material is prohibited, unless the authorship by Luis Alberto Ambroggio is ex pressly and properly recognized and quoted. . No part of this article may be rep roduced or transmitted in any form or by any means, electronic or mechanical, in cluding photocopying, recording, or by any information storage and retrieval sys tem without express written permission from the author / publisher or the author ship by Luis Alberto Ambroggio is expressly and properly recognized and quoted.

 

 

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