Encuentro

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La tierra argentina en nuestras manos. La ley de tierras

FRAGMENTO DEL DISCURSO DE LA PRESIDENTA DE LA NACIÓN, CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER, EN EL ACTO DE ASUNCIÓN DEL MANDO EN EL CONGRESO DE LA NACIÓN ANTE LA ASAMBLEA LEGISLATIVA, 10 DE DICIEMBRE DE 2011.

…”Podría seguir con muchas enumeraciones, pero ahora me toca a mí hacerles un pedido. No, todo no. No existe `todo´. Perón decía: por lo menos el 50 por ciento. (APLAUSOS) Bueno, el 54. Está bien. Acepto. Quiero pedirles, porque la última vez que vine aquí, que fue el 1° de marzo, desde algún lugar, cuando yo enumeraba las cosas, como corresponde enumerar ante el inicio de cada año legislativo lo que ha sido la actuación del gobierno y lo que va a hacer el gobierno, me olvidé de pedir la ley de tierras. Me acuerdo de que un diputado, no sé por donde anda, me la hizo recordar a los gritos desde la banca. Allí está. Lo cierto es que yo la mandé, pero todavía no la han tratado. Así que, por favor, si podemos tratarla… (APLAUSOS) Yo, por lo menos, cuando gritaba algo desde la banca, desde ahí, después, lo cumplí cuando fui Presidenta. (APLAUSOS) Así que quiero decirles que espero… El otro día leí un informe de la FAO donde decía que el 10 por ciento de las tierras argentinas estaban en manos extranjeras. Sería bueno que pudiéramos apurar la sanción de esta norma, que no es xenofóbica, que no afecta derechos adquiridos, que simplemente quiere cuidar un recurso estratégico como es la tierra en un mundo que va a necesitar de los alimentos como de la energía”…

Un límite a la extranjerización
Año 4. Edición número 187. Domingo 18 de diciembre de 2011 Por Gisela Carpineta El proyecto de ley de tierras llegó al Senado. Las claves de la iniciativa que frena el despojo del suelo argentino. Tras 17 horas de sesión, la Cámara de Diputados dio media sanción y giró al Senado la iniciativa del Poder Ejecutivo para limitar la extranjerización de tierras. El proyecto, que fue aprobado en general por 153 votos a favor, 26 en contra y una abstención, es parte del paquete de iniciativas pedido por la Presidenta para su tratamiento en sesiones extraordinarias. Se prevé que la iniciativa que busca “la protección al dominio nacional sobre la propiedad, posesión y tenencia de tierras rurales”, será aprobado en la Cámara alta antes del 23 de diciembre, tal como pidió Cristina Fernández de Kirchner en su discurso en la Asamblea Legislativa cuando asumió su segundo mandato. Además del bloque del Frente para la Victoria, la iniciativa recibió el apoyo de la Unión Peronista, la bancada que conduce el diputado Felipe Solá; el Movimiento Popular, el Frente Amplio Progresista, parte del radicalismo y algunos integrantes de la Coalición Cívica-ARI. La ley y sus modificaciones. El texto normativo, que no prevé retroactividad y por ende no vulnera derechos ya adquiridos, establece que las tierras en poder de extranjeros “no podrán superar las mil hectáreas o superficie equivalente en la zona núcleo determinada por el Consejo Interministerial de Tierras Rurales”1. Si bien el dictamen de mayoría tuvo como base la propuesta que el Poder Ejecutivo remitió en abril pasado a la Cámara baja, en el texto se incluyeron modificaciones que habían propuesto los legisladores que hoy integran el FAP, durante la discusión que se dio en el transcurso del año y que recién ahora, con la nueva conformación del
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Creado en el ámbito del Ministerio de Justicia, con integración del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, que será la autoridad de aplicación de la ley.

Congreso, pudo sancionarse. Una de esas reformas es la que redujo del 20% al 15% el porcentaje del territorio nacional permitido para que esté en manos extranjeras. Otra de las modificaciones incorporadas fue que de ese total no podrá haber más del 30% en propiedad de personas físicas o jurídicas de una misma nacionalidad, límite que se hace extensivo a los municipios, departamentos y provincias. Eduardo Barcesat, uno de los asesores que integró el equipo multidisciplinario que conformó el Ministerio de Agricultura cuando se diseñó el proyecto en noviembre de 2010, le aseguró a Miradas al Sur que las incorporaciones han mejorado sustancialmente el texto normativo. Asimismo, explicó que el objetivo de la ley es favorecer el crecimiento de la agricultura familiar y “atender a esos sectores que por la acción monopólica limitaron el acceso y la tenencia de la tierra”. Por otro lado, la norma indica que las operaciones de compraventa no pueden ser consideradas una inversión. Al respecto, el secretario gremial de la Federación Agraria Argentina, Omar Príncipi, manifestó que es una medida con “una mirada geopolítica importante”. “Ver a la tierra en sí como un bien que sea de inclusión social y no como una inversión económica, permite recuperar la soberanía territorial”, aseguró. El texto fija que podrán adquirir tierras aquellos extranjeros que estén “unidos en matrimonio con ciudadanos argentinos” o “que tengan más de 10 años de residencia permanente y probada”, además de las personas jurídicas que no posean más del 51% de las acciones de una empresa argentina. El proyecto también incluye la creación del Registro Nacional de Tierras Rurales que deberá trabajar con los catastros provinciales y municipales. Este relevamiento, fundamental para la aplicación efectiva de la ley, se realizará dentro los 180 días de la entrada en vigencia de la misma. Además fija estrictas prohibiciones para la venta de superficies que “contengan o sean ribereñas de cuerpos de agua de envergadura y permanentes” y para “inmuebles ubicados en zonas de seguridad de fronteras”. Sòlo el comienzo. En las últimas décadas, y sobre todo durante el menemismo, se extranjerizaron cientos de miles de hectáreas. Si bien hasta que se ponga en funcionamiento el registro catastral no habrá cifras exactas, según estimaciones de la FAO2, un 10% del territorio pasó a estar en manos de inversionistas o empresas extranjeras. El mapa refleja que un puñado de extranjeros se reparten más de 15 millones de hectáreas (ver infografía). Este proyecto no sólo puso sobre el tapete el despojo de las tierras argentinas, sino también su uso y abuso. Sin embargo, éste es sólo el comienzo. Según adelantó Barcesat, “es un primer paso que se va a mejorar con leyes que ya están en situación de estudio”. Entre los siguientes pasos que complementarían la normativa y que tendrían lugar a partir de las próximas sesiones ordinarias se encuentran proyectos sumamente necesarios como la preservación de la calidad de los suelos y el uso racional de los recursos naturales. “También se está analizando la de propiedad de los pueblos originarios y la limitación de tenencia de la tierra por parte de los pooles agropecuarios”, aseguró el abogado. Por su parte, el diputado de Unión Peronista Raúl Rivara aseguró a Miradas al Sur: “Si bien vemos el vaso medio lleno, porque es muy importante que se empiece a hablar de la problemática, hay que profundizar en la concentración del suelo, de su uso, tenencia y explotación”. Según explicó el diputado, para ello están pidiendo que se traten otros proyectos que ya tienen estado legislativo, como la ley de arrendamientos, la ley de arraigo para la juventud, el freno del desalojo a los movimientos indígenas y la creación de un Instituto Nacional de Tierra que permita que los pequeños chacareros “puedan acceder al suelo democráticamente”.
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Food and Agriculture Organization of the United Nations (Organización para la Alimentación y la Agricultura - http://www.fao.org/index_es.htm)

“La ley de arrendamiento no sólo regularía la producción, sino que también le pondría un freno a la concentración que hay por parte de las megaempresas que se están quedando con miles y miles de hectáreas de producción en la Pampa Húmeda”, agregó en relación a las normas para legislar y controlar la excesiva concentración por parte de los grandes pooles de siembra. Profundización. Respecto de los proyectos complementarios a la ley de tierras, el secretario Gremial de la FAA manifestó que “hay que seguir apuntando al diálogo, porque todas las miradas contribuyen a mejorar y potenciar el sector agropecuario”. Según explicó Príncipi, más de 70 mil productores han desaparecido desde la crisis del 2011. “Los alimentos tienen que ser producidos por cada provincia, por cada agricultor familiar, y no dejarlo en manos de empresas que se hacen dueñas de toda la cadena agroalimentaria. Esto se ve prácticamente en todos los productos, desde la pera y la manzana de Río Negro, hasta la vid en Mendoza o el tabaco de Tucumán. Allí las empresas que producen también se hacen cargo de la comercialización, la industrialización y la exportación”, explicó Príncipi respecto de la verticalidad del sistema agropecuario. “El tema de la ley de tierras fue una de las pocas veces que nos alejamos de la coyuntura y legislamos para el futuro. Por primera vez pusimos el caballo delante del carro”, aseguró el diputado de UP. “Hay un déficit histórico con respecto a este tema. No es un problema de este gobierno, sino de varias décadas en las que no se han profundizado políticas agropecuarias”, agregó el miembro de la FAA. Por su parte, Barcesat manifestó: “Esta norma también es, de alguna manera, consecuencia de los tratados bilaterales de inversión, que fueron el hijo bobo de la década del ’90. Ahora tenemos que revertir y recuperar nuestra soberanía legislativa y jurisdiccional”. A veinte años desde que Carlos Menem dijera “vengan a la Argentina, que acá lo que sobra es tierra”, se está dando un primer y fundamental paso para legislar los suelos, un recurso natural que en los próximos años será eje fundamental de disputa como factor estratégico para el desarrollo.

Regular el uso, pero no prohibir. DIARIO LA NACIÓN Miércoles 28 de septiembre de 2011 | Publicado en edición impresa Por Julián Obiglio ¿De qué hablamos cuando decimos extranjerización de tierras? ¿Es sensato considerar que los extranjeros vienen para adueñarse de nuestros recursos naturales? ¿La llegada de capitales extranjeros va a afectar al productor local?

Alrededor de estas preguntas se está llevando adelante el demorado debate acerca del proceso de adquisición de tierras por parte de extranjeros y resulta, a primera vista, un mal comienzo. Todas ellas llevan a una respuesta mecánica, incentivada por sentimientos nacionalistas exacerbados en el medio de una batalla electoral dura en la que se parte de una premisa falsa: que los argentinos cuidaremos más y explotaremos mejor nuestro suelo que los extranjeros. Mas allá de la evidente discriminación que ello implica, nadie hasta ahora ha podido responder por qué esto sería así. Por un lado, tenemos la opinión de quienes creen ver en todo extranjero a alguien que, adueñándose de inmensas superficies de tierra, viene por nuestros recursos naturales. Pero resulta inverosímil pensar que esos recursos podrán escapar a la fiscalización estatal por el simple hecho de estar dentro de un predio propiedad de extranjeros. Hay normas que tanto los extranjeros como los argentinos debemos cumplir respecto del uso del agua, de agroquímicos o del desmonte, para citar sólo algunos ejemplos. ¿Por qué un extranjero es una amenaza para la preservación de una tierra que le pertenece, siendo que si no la cuida y la agota él también perderá productividad e ingresos económicos? También están quienes esgrimen el confuso concepto de la independencia alimentaria de la Argentina. Otro argumento falso. Los productos de origen agropecuario, cultivados y criados en campos propiedad de extranjeros, son producidos y acopiados en la Argentina, empleando mano de obra argentina, pagando impuestos en el país, trayendo capitales y tecnologías que nos generan riqueza y exportando productos por puertos argentinos. En un momento en que nuestro país necesita más que nunca capitales e inversiones para generar trabajo, no resulta una solución inteligente prohibirles la entrada. Por otro lado, una equivocada regulación del derecho de propiedad podría contradecir el mandato de nuestra Constitución Nacional. Su artículo 20 es muy claro al equiparar los derechos de los extranjeros a los de los ciudadanos argentinos, incluidos los de poseer, comprar y enajenar bienes raíces. Además, el artículo 14 reconoce entre los derechos civiles de los habitantes de la Nación, extranjeros o nacionales, la facultad de usar y disponer de sus propiedades libremente. Queda claro que toda limitación deberá cuidar el delicado equilibrio de la norma constitucional. Por otra parte, fijar un tope respecto de la cantidad de tierras rurales que las personas extranjeras pueden adquirir, como propende el proyecto presentado por el Poder

Ejecutivo, no parece conveniente. El texto establece en un 20% el límite a toda titularidad del dominio de tierras rurales en el territorio nacional respecto de extranjeros. Ese tope es inconveniente porque nadie sabe con certeza la cantidad de tierra que ya está en manos de personas extranjeras. En segundo lugar, y esto es lo más grave, fijar ese tope significa un límite a los derechos subjetivos que, de acuerdo con el artículo 20 de nuestra Constitución, tienen los extranjeros, entre los cuales se encuentra el de adquirir bienes raíces. Resulta lógico inferir que la limitación a un derecho subjetivo amparado por la Ley Suprema no puede provenir de una norma objetiva genérica, sino en todo caso por una norma objetiva puntual, como sucede por ejemplo cuando se limita la titularidad por extranjeros de tierras en zona de fronteras. Con la limitación objetiva genérica propuesta por el Gobierno se estarían creando dos estatus de extranjeros: por un lado estarán aquellos que adquirieron sus tierras antes de que se agotara el 20% de tierras rurales disponible en la Argentina y por otro los que quisieran ser titulares de tierras rurales una vez agotado ese 20% objetivo y no pudieran serlo por ese impedimento legal. Otra incongruencia que debe evitarse es fijar como límite individual una superficie fija de tierra, ya que una determinada extensión puede ser muy grande en algunos lugares y excesivamente pequeña en otras. Las mil hectáreas del artículo 11 del proyecto oficialista permitirían, por ejemplo, criar 1000 vacas en el sudeste de la provincia de Córdoba o alrededor de 150 ovejas en la estepa de Santa Cruz. Por eso, se propone que el límite para la adquisición de tierras rurales se realice tomando como base determinada cantidad de unidades económicas agrarias (UEA). A título de ejemplo, y para ilustrar la variación del tamaño que puede tener una UEA dependiendo de la calidad productiva del predio, en los Valles Calchaquíes de Salta esta medida puede ir desde las 10 hasta las 3000 hectáreas. En La Pampa, la UEA de la zona noreste de la provincia es de 250 hectáreas, cuando la UEA del sudoeste puede alcanzar las 5000. Otro tema a tener muy en cuenta es el de los derechos adquiridos. No son sólo ellos los que se deben proteger, sino que también corresponde legislar respecto de aquellos que se podrían llegar a adquirir. Pensemos en el caso de una persona física extranjera no residente (es decir, de las que experimentarían restricciones para adquirir), que ya tuviese cubierta la cuota de tierras rurales que la ley le permite. Imaginemos también que ese mismo extranjero está en la línea sucesoria de una persona que no es

propietaria de tierras rurales al momento de la promulgación de la ley pero que las adquiere con posterioridad a dicha entrada en vigor. ¿Qué ocurriría al momento de su fallecimiento? El sucesor debería, sin dudas, tener derecho a que se le transfieran las tierras que su causante le dejó. Finalmente, no veo cómo la propiedad de la tierra en manos de extranjeros puede afectar al productor local y, al mismo tiempo, cómo la limitación propuesta puede protegerlo. Lo que realmente protege al productor son las buenas políticas agropecuarias, los incentivos, el pago de los subsidios prometidos, la baja de retenciones, el fomento de las economías regionales y el abaratamiento de los costos de transporte mediante la puesta en funcionamiento de la red ferroviaria, entre otros ejemplos. La ausencia de políticas adecuadas ha sido suplida por el empuje de nuestros hombres y mujeres de campo y por capitales extranjeros que invirtieron en nuestro país dándole grandes ganancias. Impedirles su desarrollo sería un serio retroceso. En resumen, si partimos de la base de que lo que se quiere proteger es la tierra, discutamos la mejor regulación para su uso o explotación por parte de todos, argentinos y extranjeros, pero no le prohibamos a nadie invertir en nuestro suelo y permitir que nuestra economía crezca. La Nacion (El autor es diputado nacional por Pro, autor de un proyecto de ley para crear un régimen de adquisición dominial de tierras rurales por

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