LA TERCERA Sábado 2 de agosto de 2008

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Curso: Gestión Integral en la Empresa - Clase 1

Aprendiendo a aprender
Todos podemos convertirnos en expertos de algo. El primer paso es difícil e implica repetir acciones regidas por duras reglas. Pero al ir aprendiendo, las acciones irán fluyendo instintivamente, sin mediar mayor análisis.
El proceso de aprendizaje para convertirnos de novicio a experto es un camino que implica quemar diversas etapas. Y es que ningún rol, sea el de plomero o abogado, es innato. A diferencia del comportamiento instintivo de la araña que teje telas o de las aves migratorias que vuelan en formación, los seres humanos necesitamos aprender. La mayor parte de nosotros tenemos un historial extraordinario de aprendizaje. Hemos aprendido a caminar en dos pies, a hablar por lo menos una lengua, a hacer transacciones monetarias y a participar en una variedad de disciplinas. Con todo, muchos sentimos que mientras fuimos creciendo, fuimos también perdiendo la naturalidad con que aprendimos durante la infancia. Sin darnos cuenta, nuestra facilidad para aprender se fue anquilosando. El acostumbramiento prematuro a un solo estilo de instrucción, creer saberlo casi todo en un campo de acción, o imaginarse que basta con memorizar información son algunos de los factores más influyentes para erosionar la capacidad de aprender de las personas. Sin embargo, es posible recuperar la habilidad para aprender. En primer lugar, se nos invita a observar que “conocer es acción efectiva” (H. Maturana y F. Varela, 1984) y que aprender no es acumular información, sino que “capacidad de tomar nuevas acciones” (F. Flores, 1994). En segundo lugar, se nos propone observar que todo conocimiento sucede en un “dominio”. Nadie es experto en todo. Por eso generalizaciones como “María es brillante” y “Pedro es tonto” son nocivas para aprender: María puede ser una gran cocinera y al mismo tiempo un peligro manejando un auto, y Pedro ser un mal cocinero y un excelente conductor. En tercer lugar, se nos invita a

Descubriendo un punto ciego.

Observe atentamente la imagen. ¿Ve a un joven o a un viejo? Persista hasta ver ambos (el viejo mira adelante, su cara descansa sobre el mentón; el joven tiene el rostro vuelto hacia la derecha. La nariz del viejo forma el mentón del joven). Este ejercicio permite observar que podemos creer que sabemos, sin notar que realmente hay algo que no vemos. No podemos relacionarnos con lo que nuestros puntos ciegos no dejan ver, ni aprender en dominios ajenos a nuestro campo cognitivo. Recomendaciones para observar lo que no vemos: - Tomar conciencia de que siempre puede haber puntos ciegos. - Preguntarse qué es lo que podemos no estar viendo cuando algo reiteradamente no nos resulta. - Buscar la guía de alguien competente en un dominio, que ayude a ver lo que podríamos estar pasando por alto.

tomar conciencia de que es posible “no ver que no vemos” o “no saber que no sabemos” y que tenemos puntos ciegos cognitivos. Es una condición difícil de captar, a menos que uno tenga experiencias que pongan en cuestión la aparente solidez de nuestra experiencia cognitiva (Ver recuadro). Y finalmente, aprender pasa por reconocer implícita o explícitamente que “no sabemos”. Hay personas que cuando se dan cuenta de su ignorancia sufren y pretenden saber lo que no saben, ya sea por temor al ridículo o por temor a perder algo. Esta actitud les impedirá aprender y a final de cuentas dañará también su confiabilidad frente a los demás.

Luis A. Sota
Consultorinternacionaldeempresas,expertoengestióneinnovación.Economista delaUniversitéParisDauphine,Francia. PresidenteEjecutivodeVISIONConsultingChile yDirectordeVISIONConsultingInternational.

De novicio a experto
Siguiendo las taxonomías de H. Dreyfus y S. Dreyfus (1985) y F. Flores (1994), es posible identificar cinco estadios en el proceso de aprendizaje: 1. Novicio: Es quien sabe que no sabe actuar eficazmente en un dominio y se compromete a seguir las instrucciones de un maestro. Sigue las reglas que se le dan y no se desanima con sus errores. Quien aprende a conducir un auto, por ejemplo, recibe la indicación de acelerar hasta 20 kilómetros por hora y ahí pasar de la primera a la segunda marcha. 2. Principiante avanzado: En esta etapa se es autónomo para ejecutar comportamientos basados en reglas, pero no se puede seguir progresando de esta forma. Ahora,

Descubriendo un punto ciego: ¿Qué ve? ¿A un viejo o a un joven? Tal vez le resulte más fácil ver a uno que al otro, persista hasta que pueda ver ambos.

haciendo ejercicios supervisados en contextos reales, se pasa a reconocer situaciones típicas del dominio. Aquí quien aprende a conducir automóviles ya distingue el preciso momento en que debe pasar de una marcha a otra por el ruido del motor y la distancia respecto a otros vehículos. 3. Competente: Es quien reconoce situaciones típicas del dominio con autonomía y actúa sin la supervisión del guía. Puede abordar nuevos escenarios en base al análisis y la toma deliberada de decisiones. En una emergencia, el automovilista decidirá que lo que debe optimizar es el tiempo. Así, calculará la ruta más rápida entre varias y manejará más rápido que de costumbre, incluso ignorando las reglas del tránsito. 4. Perito: Es alguien que entiende intuitivamente el escenario en base a experiencias pasadas y su involucramiento en la circunstancia presente. Aun así, debe pensar en el mejor curso de acción. Con la intuición reconoce automáticamente lo que debe enfrentar, pero

no le da una solución. Para eso debe acudir a la toma racional de decisiones. El conductor perito, al tomar una curva un día lluvioso, puede saber intuitivamente que va muy rápido, pero en este punto debe repasar sus opciones y decidir si deja de acelerar, frena o reduce la presión de su pie sobre el acelerador. 5. Experto: Son personas que, en un dominio, simplemente fluyen. No se paran a diagnosticar la situación ni a decidir cómo afrontarla. Como esos conductores que han alcanzado tal maestría al manejar, que el vehículo deja de ser un aparato omnipresente y sólo experimentan la sensación de conducir. El experto no es inmune a interrupciones o fallos, pero cuando ocurren, la variedad de su repertorio hace que el mejor curso de acción surja espontáneamente y retome el flujo. Tampoco es un grado de habilidad reservado a unos pocos. Todos lo alcanzan en algún dominio. Al caminar o al hablar no se piensa dónde poner el pie en el siguiente paso ni se va eligiendo palabra tras palabra.