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homenaje a Raúl Parra

Manuel de J. Jiménez/ Victor Ibarra Calavera

Manuel de J. Jiménez, Víctor Ibarra Calavera R¡P Homenaje poético al escritor Raúl Parra (1958-2008) 1a edición , 2010-2012 diseño: Yaxkin Melchy 2.0.1.2. Editorial TELAR EDICIONES Tejidos, Hidras, Quimeras http://telarediciones.blogspot.com/

Ante todo hay que saber cuántas veces debemos abandonar nuestra novia y huir de sexo en sexo hasta el fin de la tierra. Vicente Huidobro

tiraje: 100 ejemplares numerados. Agradecemos a Pilar González la información y testimonios para escribir este libro.

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PRELUDIO

Raúl Parra (1958-2008): su muerte no significó el final de su vida, sino una apoteosis de la misma. Un detonante. Y así es como se le da homenaje en estos poemas. Por un lado está una elegía delirante, que hace recuento de la existencia, pero va más allá de eso y le da una continuación vertiginosa, se resucita a los muertos, porque aún tienen mucho por decir. Por otra parte, se tiene una biografía de símbolos, los signos que configuraron a Raúl Parra poeta y que él mismo produjo para armarse a sí mismo en su realidad alterna. Estos versos no buscan levantar un monumento, pues la solemnidad no era un sitio al que Raúl Parra quisiera asistir. Lo que se pretende es dar seguimiento al carnaval y, de esa forma, testimoniar de primera mano lo que él vivió. Itzcoatl Jacinto Vergara

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La tierra son mis labios abiertos por el sol y la noche es la fuga de dos sexos invencibles. 1958 La Costa Grande es un nervio en la columna vertebral de Dios 1958 La Costa Grande es una rajadura que duele desde la distancia 1958 La Costa Grande es una fábula de cerveza y orín 1958 La Costa Grande dio a luz.

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Furia uterina. La mar no te cabe R.P.

En Tecpan de Galeana Guerrero iba al mar cada vez que podía iba de noche cuando la grandilocuencia en las olas quebraba sus rocas predilectas Ninguna marejada rehuía a su destino a pesar de que el agua crecía o se dilataba como el rollo de un salmo desdoblado y el mar imitaba el sonido de una gaviota después el sonido de la muerte de un mártir por último se encerraba en el eco de un útero inmenso y balsámico Raúl solía callarse en ese instante Raúl solía decir “Mar, soy yo. ¿No me reconoces?” Pero ella lo veía como un extranjero curioso y explotaba con la cólera entre las piernas o reventaba con el orgasmo entre los dientes que son las hileras nuevas de conchas y vidrios en la playa Ella decía que transpiraba como el mar
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cuando hacían el amor pero Raúl calló en el momento justo que ella sonreía
Poeta en ruinas,/ niño en ruinas. R.P.

En Tecpan de Galeana el cielo es un clitoris o un pez endémico que se resbala de las manos y los ojos Raúl Parra lo vio de niño aunque no supo como nombrarlo Llegaba de la escuela con sed y no sabía como beber los libros los árboles o las bicicletas hasta los doce años su alma llevó la forma de un limón seco cuando conoció aquella sonrisa baja y tiró unas cuantas perlas en el lodo El cielo decía su nombre y él se dormía Al amanecer las nubes borraban el renglón porque todo estaba mal dicho
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Raúl Parra hijo de una cocinera callaba los poemas desde adentro callaba la guitarra porque nunca entendió la música de sus paisanos donde las horas son alfileres más ponzoñosos que los alacranes y la plaza es una tumba que reverdece durante la vigilia Raúl Parra llévate este niño de aquí
Para llegar a esa isla, /que es mi persona,/ nada R.P.

como un arado inútil y despejado cuando volvía le reprochaba con sus piernas de marfil con sus labios de beldad glamorosa le llamó aquella vez tajo miserable niño con pesadillas de mierda en las aguas guerrerenses hediondas y soñadas Raúl dijo que para él la mierda del mundo era un mar insurrecto que él era una isla donde los aviones de combate aterrizaron y se duelen todavía de amor donde las últimas instrucciones hablan de una charla kamikaze donde al fin los soldados son mujeres con pechos–granada Raúl miró su reflejo una y otra vez como un narciso repetido en los glúteos de sus tenientes entre las mayores chicas oficiales

Raúl Parra el joven forajido sabía poco de la falta de cartas en el azar La Fortuna tocaba un instrumento de viento que sólo anuncia un beso en la frente a Raúl le permitía que ese beso fuera suyo Después ella dejaba sus carnes
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“La guerra es una orgía que vamos perdiendo y éste mi cuerpo la isla de géminis es la última base tántrica en todo el continente” Dijo Raúl Parra el guerrillero cuando miró que esa parcela de lodo que era su patria formaba ahora un desagüe triste islote bajo los orines por eso flotó en un archipiélago con una isla erecta en la que desde el cielo se veía la ”P” indecente de su apellido “Nada” gritó Raúl a aquellas hembras rupestres para que éstas aceptaran alzando los pechos en señal de tregua
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“Nada” gritó Raúl porque se le acabó la saliva con tantas y tantas embarcaciones [Raúl Parra perdió para el año 1972 la Guerra Copulativa de la gramática y los cuerpos justo cuando las tensiones entre la URSS y EU se olvidaban por culpa suya Los historiadores no logran desentrañar el sentido original de estos lívidos belicosos pero se piensa que su desarrollo es fundamental para entender los acontecimientos recientes]
Piedra quimera R.P.

En la finca de cocos las lluvias chillan por las noches el agua llega desde lejos preguntando por una verdad para regresar a las alturas El arpa y sus manecillas
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crujen por la tensión en las paredes y Raúl Parra despierta con el alma evaporada Por las tardes el horizonte unta una crema en el mar y el cielo huele a pastel cuando los cocos caen como centavos Llegan pestañando las estrellas otra vez la lluvia llora y los perros ladran las ilusiones imposibles “Raúl no te olvides de nosotras” susurraron las piedras como despidiéndose y dibujaron en sus superficies un poema diminuto que nadie alcanzaba a leer pero sí a sentirlo con las manos “Tocar y tocar y no decir nada” “Tocar y tocar y saberse tan distante”

Tus labios de arriba al cielo/ y la tierra tus otros labios. R.P.

Virgen de Liliput caes encima de mi carne haciendo una bendición con las piernas en compás entre el cuarzo y el carbón nacidos en mi tórax Tú estás en lo alto pidiendo deseos con tu cabeza de porcelana mientras los tres aguijones de una flor se revuelven hacia los estribos de nuestra gramática cadenciosa que estudia los signos de exclamación como cerrojos multiplicados en un coito bravo y echado a la espuma de los cielos El sol lee las vueltas con su quebranta-caras para hacernos un par de extraños unidos por los ganchos de nuestra sombra común y la pequeña metrópoli que murió bajo tus caderas incendiadas “Ni espíritus ni almas gemelas simplemente tu carne” Arriba como el pistilo mortal de la noche
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Abajo como el pozo en los ojos de una virgen De esta virgen liliputense que corona el nalgatorio con su sonrisa de belladona y no deja cordón en sus labios para tocar la primera letra de mi nombre a modo de auxilio a modo de iconografía a modo de bandera cortada pero “me doy cuenta que por su gracia respiro”
Heme aquí/ still alive and well R.P.

y ahora parece dejarlo poco a poco La enfermedad de Buerger afirman los especialistas y patólogos es el cansancio de la sangre es una madrugada que ha perdido sus dedos de luz es en suma una mutilación real o imaginaria Pero Raúl nunca perdió su cuerpo porque la enfermedad no alcanzó sus últimas venas encendidas como cirios sin final “Soy un árbol al pie del Periférico al que le nace un edificio” Sin embargo la enfermedad dio un manotazo y Raúl Parra imaginó un gato devorando su pierna izquierda la música fúnebre de los ventiladores lo llamaron una y varias veces Raúl explicó los libros de Italo Calvino y Scerbanenco aunque su voz se recogía desde una garganta mitológica
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En el hospital hay focos donde parpadea el infierno ése que está allá arriba en las sábanas y las derrotas Raúl Parra se buscaba entre sus pupilas con sus ojos bufando como rehiletes con su sangre que ya no es la misma
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Escuchó después a Caneco ladrándole con la luz de una rosa metálica ladrándole entre espirales hinchadas y cuadros blanquísimos que no lo dejaban verse como era que no distinguían entre mente y sustancia “Caneco baja la luna” le ordenó su amo pero el perro seguía acostado a sus pies mirándolo desde los albores de un dios En minutos el dios en Caneco se iba y sin él el perro se volvió trasparente para salir por la ventana en una ráfaga que sonó sobre los cerros Raúl Parra escribió la escritura que escribiría su sangre durante toda su vida y los sueños eróticos se fueron adhiriendo a los techos a las almas de los pacientes a los azulejos de las enfermedades a los estetoscopios a las camas malheridas Raúl vio una nube encogerse vio a Caneco en una diana
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que se perdía en el centro de la luna vio su muerte multiplicándose se miró como una herida al salir de un río y no conocerse más Raúl Parra pensó “Que nada es igual que antes salvo el tajo que torna mono al varón”

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“Escribo para los nonatos” “Corta las cacofonías”
La vida es breve/ mi poesía más R.P.

“Mis maestros están muertos y nadie lo cree” “Cada quien educa a sus hijitos” “Evita la solemnidad” “Tenemos que cometer parricidio juntos” “No basta sólo con ser bueno” “¿Qué te puedo decir que no se haya dicho?” “¿Alguien piensa lo contrario?” “Éste es el gobierno de la estulticia” “Esto no es un taller literario” “Deja que tu texto hable”

Raúl llegó a la aula 201 no dijo ni más ni menos respiró tan alto como un ferrocarril como una gota suavemente pensaba

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“Cualquier explicación no me interesa”

“Gracias por las neuronas”

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(Es inútil- Está muerto- No sé dónde ni cuándo)

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Esto soy, pero dejaré de serlo, pero dejaré de serlo cuando mis piernas de luz se conviertan en hombres, cuando mis brazos se conviertan en árboles, cuando mi rostro de sangre sea una mujer desnuda escalando las montañas de mi destino sin ojos. Soy Raúl Parra, el hijo del principio, recortado, en el muro del día, del día que no es día sino baúl; soy una mano extendida donde camina el infinito. Mis versos son guillotinas, y las guillotinas quieren ser como mis versos, esto que soy es lo que quiero ser. Nací comiéndome la vida, entre piedras y joyas y plátanos, motivado por el semáforo de la pornografía, cautivado por la flor de las piernas y los muslos y los senos de las mujeres de vidrio al otro lado de la ventana. Esto que soy alguna vez tú lo serás, cuando la noche muerda tu
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lengua, cuando tus manos sean sometidas por las manos de los bosques como relámpagos atravesando el corazón de las estrellas. La noche es el puente de los automóviles de fuego conducidos por fantasmas y sexos de fuego: el fuego es romance, el fuego es mi perro, el fuego es el fuego de esto que dice fuego en las paredes, cayéndose de mi lengua a tus labios, de tus labios a los labios de la tierra, de la tierra al abismo del temblor sin cuerpo. Soy el futuro y el pasado, y mis palabras son piedras con las que has de tropezar, mi vida sin rumbo es una silla de ruedas, soy lo que debo ser. Yo, Raúl Parra, en la ciudad de la noche del sexo etéreo; yo que perdí a mi padre en una botella de cerveza que gira vomitando luces y sangre en una patria sin huesos, los huesos rotos de las patrias reunidas alrededor del árbol de piedra en un museo de máscaras y pirámides de máscaras y máscaras invisibles; madre, perdí mi vida, madre, soy un yo más vacío, lleno de palabras en una escalera que desciende hacia el estómago de mi madre: mi vida es la estampa de un funeral, mi vida es una vida en un salón de clases, mi vida es una costra y una costra de humo, y una costa. No puedo ya recordar, porque
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el recuerdo es una fotografía ciega que flota entre las nubes, y recordaría que todo se contradice, eliminando los frascos y los consultorios, rompiéndome la quijada con el dolor de una habitación llena de confeti, y recordaría que hay cuartos de hotel donde la sonrisa y el maquillaje de las putas ilumina mis ojos, y recordaría existencias vividas oscuramente en esa enorme ciudad de la noche, y recordaría los cisnes y la mancha de sangre besándome los dedos ausentes y el vientre sin fondo, y el pozo del mundo que es mi pene, y todo lo vería en otro yo, y el otro yo sería más yo, pero sin barba ni cigarrillos, ni soledad, ni lluvia, ni muerte sin fin, ni muerte sin. Ni muerte sin fin, sólo un mechón de pelo tocándome la espalda, tus curvas como carreteras penetrándome nuevamente: es el carnaval de mi despedida, aquí donde los hombres son cascarones rotos en las orillas de espuma de las flores de espuma del jardín de espuma del océano: estoy donde estoy con guiños y marionetas y poemas en floreros. Mi casa es un sueño, me voy de mí, jeringas llenas de semen me acompañan, grande y terrible es este relámpago sin estrellas en mi frente. Empezaría mi viaje sobre el vello púbico de la selva,
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incendiándome por dentro como una historia sin protagonistas ni héroes derrumbándose, y mi viaje sería una ciudad de aullidos y perros aullándome. Mi viaje sería una madre, una tía, una madre, una hermana, otra hermana, y un par de ojos, y un par de labios, y un par de muslos, muriéndome desde el principio, muriéndome de la otra muerte que te mata en susurros y jadeos. Mi muerte es el decir nunca, el decir luego, porque nací a la edad de mi muerte, sin decir nada, sólo un punto y una coma, y una posición sexual tapizada y olorosa en el vientre de mi mujer. Ese tiempo de mi niñez que perdí las nubes y los labios pintados. Mi niñez no es: estoy desnudo en el mediterráneo, estoy desnudo en el ecuador, estoy desnudo en el ártico, estoy desnudo floreciendo y no puedo apagarme, soy un incendio por venir: soy el misterio de lo que no existe. Mi voz es una golondrina ensangrentada creciendo como un eco, mi voz es un disparo entre la niebla que me llena los ojos de lágrimas. Me veo en mi lecho de muerte, contemplando el otro yo que soy en mi niñez; soy esa laguna de cuerpos estirándose, comiéndose, besándose, haciendo el amor unos con otros, una orgía de pétalos
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y velocidad derrumbando los edificios; soy un aura bajo el cielo semejante a un cielo de escamas. Soy un lagarto y soy todas las voces de los que hablan en silencio, mi voz es una golondrina de sangre, sin cabeza y con las alas en un frasco de mermelada, gritando. Mi voz es una espada, pero no creo en la censura, mi voz es un muro, un vientre, un clítoris, un volcán de almas arrojándome al fuego, porque todo el fuego es mi voz que perdió la cama, porque todo el fuego es un fuego menor junto a mis pasos de muerte y aluminio. Porque soy esa ventana, ese frío terror de no despedirme, mi mano está junto a la tuya, Raúl Parra, mis brazos son tigres de fuego, mis brazos están llorando sangre encima de tu hemisferio de sangre en la sangre de los que no ven con los ojos de tus gritos dividiendo la noche, separando el mundo, olvidando el universo. Mi nombre es una plaga, una sentencia de hombres pequeños reunidos en la plaza de las multitudes de furia, son hormigas de sangre con la boca seca y los ojos llenos de un deseo brumoso. No te olvidaré, no te olvidaré Raúl, el cadáver de piedra que flota sobre los océanos de piedra de las ciudades, el cielo de asfalto que se descompone, arañándonos las manos, las letras de
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un nombre inmemorial, la gota de lumbre sobre los ojos en blanco, en silencio, sin odio, como una perra en brama estallando, así como las horas, a imagen y semejanza de los que ríen y duermen y hacen el amor bajo la luna de neón de la gramática. Yo soy lo que puedo ser, lo que no soy.

Mi viaje es una licuadora encendida donde mi mano agarra el pulmón de mi sangre, el temblor de mi sangre sin rumbo, desplomándose como la pólvora en una explosión de versos y constelaciones de palabras sin significado. Mi sangre es mi viaje, el humo de un cigarro, el punto. Una sombra, una sombra entre comillas, arrastrándose como un caracol sobre los dientes de la bragueta. No soy. No soy, perdí la memoria. No soy lo que era: acaso soy Julio Torri, o el padre de la poesía mexicana, o el lienzo blanco de los que se robaron la memoria. Mi nombre es un cometa, pero no quiero ser la censura, estoy desnudo, siempre he sido el beso desnudo de los faros del coche golpeando mi cuerpo, arrollándolo, una constante, puntos suspensivos o tubos de metal en una mesa, en un día sin ojos quemándome el día de mañana, una chimenea llena de hollín y quejas, abrigos sobre nosotros a fin de calentarnos. Y el tiempo chupándome los testículos, el esperma, el extranjero en mis gónadas, irritable, airado, enjugándose el rostro en mi rostro, durante cuarenta, cincuenta, doscientos años y la risa de los aparatos de cuerda, mi vida es una promesa, el último libro sobre la música terrible, los dioses del son, la cumbia, ese cambio de ritmos al filo de las drogas y el alcohol, mi canto terrible que penetra esos cuerpos
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misteriosos fundidos con las minifaldas, los tacones altos, las pelucas verdes, azules, moradas. El tránsito de mi vida es la maduración de los que pierden la fruta comiéndose el plato, una hemorragia de cuerpos y música, y pulsos, y la virgen de todos los sexos, y la virgen transparente en la puerta de mi casa, lacerándome esto que soy en el espejo, el paréntesis abierto de mis pantalones, la falta de suelo, una sed como un desierto de botellas rotas pisándome las manos, el destino ensangrentado de las líneas de mis manos, la última, el pescado de espinas en mi garganta, la última, una flor blanca como un escupitajo blanco entre dos planetas de sal y parafina, la última, mi madre, el libro de la reencarnación: se abrirá una puerta: seré lo que soy, no sé lo que soy. Yo soy el origen y voy cayendo de una caída a otra. Las aves se desploman como acentos. Esto que ves es una montaña de espuma que golpeó los yos de mi otro nacimiento sin aplausos, sin medallas, un premio de agujas en el umbral de mi erupción. Yo soy el hijo del hijo del hijo del hombre, yo soy el camino, y el camino detrás del camino,
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yo soy los límites que mellan a las estatuas sin sexo. Yo soy la patria del espíritu, la carcasa de la sexualidad; yo soy el freud de las vaginas húmedas, el cogito ergo sum de los obreros, los desempleados, los panteístas, los etcéteras. Las vaginas se abren como eclipses para iluminar mis pasos, cuando el asterisco de mi deseo se concentra en el despertar del mundo, cuando los hombres, paisaje subliminal de corbatas y músculos, se esconde bajo las sábanas; yo soy el viento que desconoce las formas, estremeciendo la densidad de los fluidos, la necesidad morbosa de máquinas que se rompen. Yo soy el espasmo que avanza, que pierde rumbo, enloquecido, los labios rotos, las lenguas, el cuenco eléctrico que resbala, que se hunde, que es una yema y un pulgar; una flor acercándose al sol del deseo para doblegarse, mostrarse tal cual se muestra en el pensamiento, yo soy la ecuación lustrosa que persigue a un perro, yo soy el perro que persigue su propia sombra, la sombra que persigue los puntos suspensivos del silencio,
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yo soy Raúl Parra, un agujero negro que absorbe la vida del Raúl Parra, yo soy una tarde lluviosa, una cerveza fría, un signo de exclamación, un libro falso sobre mi vida y un libro en blanco sobre la vida. Yo soy un cenicero que colma la apariencia, la noche que descubrí que estaba muerto, escuchando el cantar de la máquina de escribir eterna, la noche de los vidrios rotos en la azotea de los vidrios rotos, con la mirada turbia, caliente, masturbándome, yo soy la poesía que no se nombra, como una vela apagándose para encender la muerte, la fantasía sexual del paisaje muerto, desmoronándose, y los golpes en un rostro, y el llamado de los que perdieron el rostro, y el llamado de los que se evaporan, y la noche, ese calor entre las piernas, el corazón, mi corazón lleno de semen.
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*** La juventud arrancará mis huesos y los partirá como panes en una mesa, los hambrientos y los vagabundos vendrán a mí, porque yo soy la palabra: algunos están en mí y no lo saben, otros son la palabra y no saben que están en mí, y sin estarlo me miran y no me comen: Yo soy la vida que termina donde comienza a vivir el hombre. Yo soy la vida que termina donde comienzan a vivir los símbolos. Yo soy la vida que termina donde van a morir los ángeles. Yo soy un ángel, un heraldo de flores en el esfínter, Yo soy un túnel y sueño que esta vida, que comienza esta noche, es una noche que vive donde termina mi vida: ***
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Raúl Parra, tus ojos son flores negras incendiando mis ojos negros, Raúl Parra, ese dolor que guardas en la noche de tus ojos es una flor negra que oculta los demás soles. El sol del mundo es una espada atravesándome. La espada del mundo es un sol que creyó ser otro yo, el otro yo que somos el otro y todos los soles. Raúl Parra, yo soy la vida, y la vida después de la vida. Raúl Parra, yo soy tu vida, y la vida después de tu vida. Raúl Parra, yo soy la mano que escribe Raúl Parra en una página sin música, porque la música laceró mis brazos y no me dijo nada, porque la música está contigo, en el subterráneo, esperando el tren de medianoche, el último tren, las luces apagadas, la noche misma que se apaga, sin rumbo, sin sexo, sin rumba, sin corazón, sin estrellas, sin minifaldas, sin tacones altos, sin tacones altos. Sin tacones altos.

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Raúl Parra nació en Tecpan de Galeana, Guerrero, el 18 de abril de 1958. Poeta y narrador. Estudió lengua y literaturas hispánicas en la FFyL de la UNAM. Coordinador de talleres literarios en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, IPN y Casa del Lago “Juan José Arreola”. Fue colaborador de Casa de las Américas y La Jornada. Primer lugar en el I Concurso de Cuento de la ESIME 1984 y Premio Nacional de Poesía Alí Chumacero 1999. Publicó los siguientes libros: Para que un poeta lo escriba en un baño público; La muerte sobre la muerte; Poemas de carne; ¡Hojas, Petra! Poenotas y narrandas; y postumamente se publicó Parrafos, parrafitos y unas crónicas. Murió en la Ciudad de México a la edad de 50 años.

- ni siquiera plantear una editorial de poesía sino de
contenidos a través de los cuales el pensamiento poético revoluciona el mundo

-

2012

es

una

publicaciones

hispanoamérica. libros para el final de los tiempos, como decía ulises carrión, más que libros, arte de hacer libros y mostrar que lo posible en poesía es también lo posible de los soportes. publica géneros híbridos y salvajes del mundo desde su centro de operaciones en la ex ciudad de méxico.

cartoneras,

editorial

que

germina

entre y

el

humus

de de

alternativas

subterráneas

sueños visiones legislaciones plagios tarot devenires códices dibujos experimentos cómics éticas que sean poemas alucinantes las naves mentales del siglo

xxi

http://telarediciones.blogspot.com/

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