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A Maurice Blanchot Jacques Derrida

Texto leído en el transcurso de la ceremonia de incineración de Maurice Blanchot el 2 de febrero de 2003. Publicado en una versión resumida en Libération, París. 26 de febrero de 2003. Edición digital: Derrida en castellano.

Desde hace algunos días y algunas noches, me pregunto en vano de dónde sacaré fuerzas para hablar aquí, ahora. Me gustaría pensar, y espero poder seguir pensándolo todavía, que esas fuerzas, que de otro modo no tendría, me vienen del propio Maurice Blanchot. ¿Y cómo no estremecerse en el momento de pronunciar aquí mismo, en este mismo instante, este nombre, Maurice Blanchot? Sólo nos queda pensar interminablemente, prestar oídos para escuchar aquello que continúa resonando, y no dejará de hacerlo, a través de su nombre, en su nombre, no me atrevo a decir en “tu nombre‖, pues me acuerdo todavía de lo que Maurice Blanchot pensaba y había declarado públicamente sobre esa excepción absoluta, ese privilegio insigne que la amistad confiere, a saber, el de un tuteo del que él decía que era la suerte única de su amistad con Emmanuel Lévinas. Emmanuel Lévinas era el gran amigo que Maurice Blanchot, como me confesó en una ocasión, lamentó tanto ver morir antes que él. Quiero honrar aquí su memoria y asociarla en este momento de dolor a las de Georges Bataille, René Char, Robert Antelme, Louis-René des Forêts, Roger Laporte. Cómo no estremecerse al pronunciar aquí y ahora este nombre, este nombre más solo que nunca, Maurice Blanchot, cómo no estremecerse cuando, invitado a hacerlo, debo hacerlo en nombre de todos aquellos y de todas aquellas, que aquí mismo o en otros lugares, aman, admiran, leen, escuchan, se han acercado a aquel a quien tantos en

Sin pretender volver a recordar la causa o la ocasión de este encuentro personal. de todas las tentaciones y de todas las seducciones de la cultura. con lo que se anunciaba como una revolución. en el pensamiento y en la vida. Este reconocimiento es para una amiga cuya fidelidad. extraer todas sus enseñanzas. incluso las reconversiones más difíciles. en la calle. sin olvidar los de antes de la guerra. en realidad la alianza misma. la apelación siempre destinada a alguien cuya atención. desde hace dos o tres generaciones. los de la guerra de Argelia y del ―Manifiesto de los 121‖. sobre fetiches negociables.el mundo entero. la demagogia de algunos no les lanzará mañana. me había acostumbrado a oír ese nombre de un modo distinto a como se oye el nombre de alguien. que le mantuvo siempre lejos. en esta ocasión. de todas estas experiencias políticas nadie supo mejor que él. como la fuerza de retirarse. después de haber abusado en ocasiones de su reserva y de su invisibilidad. asumir las interpretaciones y las reinterpretaciones. con más rigor. el pudor ejemplar. Uno se pregunta si. y no dejó de honrarme con su confianza y su amistad. en mayo de 1968. desde que tengo memoria. y los de Mayo del 68. un hombre del que admiro tanto la fuerza de exposición. Acabo de señalar la fecha de un primer encuentro. Ese nombre se había convertido a la vez en el . totalmente comprometido. pues la traducción de su obra se extiende continuamente y continuará irradiando con su secreta luz en todos los idiomas del mundo. cuerpo y alma. Porque de todos sus grandes compromisos. entre él y nosotros. vigilancia. consideramos como uno de los mayores pensadores y escritores de este tiempo. el autor incomparable que citamos y en quien nos inspiramos. en mayo de 1968. me había acostumbrado a pronunciarlo. fue a la vez la de una aliada. Maurice Blanchot. Quiero expresarle públicamente. precisamente demasiado tarde y empujados por los remordimientos. como lo estuvo siempre. la amable. una discreción única en estos tiempos. desde que empecé a leerle (hace más de cincuenta años). de todo lo que nos urge y precipita hacia la inmediatez de los medios de comunicación. a quien uno se dirije. y sobre todo desde que le conocí. asumimos tantos de nosotros como las más rigurosas de estos tiempos. confirmando de este modo la misma negación o el mismo desconocimiento. el de un hombre extraño y secreto del que se habla en su ausencia. un hombre que fue. Maurice Blanchot. transmite. entre el retiro de Blanchot y el mundo. desde hace varios decenios. deseo de responder. un tercero. de todos los rumores y de todas las escenas. y no solamente de este país? Y no solamente en nuestro idioma. Al hablar del alejamiento de Blanchot. que para nosotros concernía ante todo a un problema de naturaleza ética o política. invoca. permitidme que dé las gracias aquí a Monique Antelme. de la fotografía y de las pantallas. mi gratitud y la de muchos otros. lucidez y responsabilidad. y los de la ocupación. todos ellos inolvidables también. de la prensa. en mayo de 1968. a lo largo de mi vida de adulto. por principio ético y político. deliberadamente. Nadie supo mejor que él. lo oía de un modo distinto a como oímos el ilustre nombre de un hombre. sino como el nombre de alguien vivo a quien en este momento hablamos. Blanchot estaba con todo su ser. quiero hacer notar solamente que en aquel momento. y que uno descifra. más allá de la nominación. ni tan pronto. generosa y leal deferencia. Este nombre. exigencia de responsabilidad. no ya como el de una tercera persona.

de un testigo que vela en nuestro interior. como lo hacía todavía hace poco por teléfono. allí donde. más bien la experiencia de lo neutro que él define de este modo en Le Pas au-delà: La amable prohibición de morir allí donde de umbral en umbral. me animaba a veces. sí. ni un arranque de rebeldía o de impaciencia. Y cuando se obstinaba en hablar de la muerte imposible (hasta el punto de que. en el transcurso de aquellas conversaciones. o para interrogarle como si esperara todavía una respuesta. sin la más mínima interrupción. lo que tituló El instante de mi muerte. para hablarle una vez más a él. infinitamente lejos de sí. ni una negación. ―como si fuera otro. y por tanto a todo poder. tan extranjero como el de alguien a quien llamamos o que nos llama desde fuera.nombre familiar y extraño. aquel que quisiera todavía dominar ese no-poder. haciéndome el ingenuo. siempre atento no obstante a permanecer cerca de vosotros. del testigo más cercano. Oía entonces el sofoco de su voz claramente debilitada. allí donde. pero un nombre también íntimo y antiguo. al volver del hospital después de una caída de la que acababa de reponerse. La escritura del desastre lo precisa. aquél fue también. no puedo sin embargo renunciar a hablarle –dentro de mí. Una infinita tristeza me ordenaría ahora callarme y al mismo tiempo dejar hablar a mi corazón. estoy hecho de buena pasta‖). no entendía con eso una victoria exultante de la vida sobre la muerte. Pero siempre como lo imposible. perdida toda esperanza. que todos nosotros: mientras que un día. la respiración necesaria de la elipsis y de la discreción. fue alguien que no dejó nunca de pensar en la muerte. me escribió en un tono inhabitual: ―Ya ves. ―convertirse en un maestro de la no-maestría‖. un tiempo afortunado. el de un testigo de siempre. un nombre sin edad. a la muerte como aquello que no sucede o como aquello que retorna (desmintiendo. de un testigo sin complacencias. El nombre de un rostro que la amabilidad de la sonrisa no abandonó ni un segundo durante todos nuestros encuentros. Los silencios. incluso en su propia muerte. preocupado por dejaros con vuestra soledad. como tantos de sus amigos. . ojo sin mirada. de una manera demente. no es por tanto ni una afirmación del triunfo de la vida. sino más bien la aquiescencia con aquello que viene a poner límites a lo posible. como si estar ante él para dirigirme a él significara todavía algo para él. Maurice Blanchot mientras vivía. para luchar contra los peores presagios de lo ineluctable. la dialéctica. a las decisiones y a las indecisiones. ante él y no solamente de él. atento a todos los instantes. por lo que puedo recordar. aquellos que lo han leído y escuchado lo saben perfectamente. o en cualquier caso menos expuesto a morir. inaccesible. Por desgracia esta tristeza sin fondo me priva cruelmente tanto de la libertad como de la posibilidad de llamarle. esperando que fuera inmortal. el tiempo ininterrumpido de una sonrisa. y conduciéndola a buen puerto) como la imposibilidad de toda posibilidad‖. por decirlo de algún modo. Nada puede privarme del derecho a llamarle. Y sin embargo. pero haciendo esfuerzos por resultar tranquilizadora evitando cualquier queja. tan extraño. debe entonces enfrentarse. el silencio nos transporta con la proximidad de lo lejano. a todos los pensamientos. de una espera confiada y benevolente. cuando él se dedicaba a considerar la muerte como imposible. a todas las preguntas también. Maurice Blanchot en vida. para responderle una vez más. pero también del amigo que no me acompaña. en el instante de la muerte. Decir de la muerte que no tiene lugar.

la alegría misma de la felicidad que cualquier oído sensible no podía dejar de percibir. novelas. como si estuviéramos bajo el impacto de un acontecimiento inaudito.. la meditación filosófica y la ficción poética. como L’attente l’oubli o L’Écriture du désastre. el holocausto fue recordado en el principio del libro. y ―el olvido petrificado (memoria de lo inmemorial) que constituye el desastre‖. se convirtió pronto en el centro privilegiado de gravedad de su obra. de su historia. por qué nos sentimos desterrados. Como lo será indirectamente en todas partes. todas las que he recibido de él desde hace decenios). era porque ya había llegado? No podíamos estar más preparados para su muerte. Me atrevo a decir que con una especial alegría. para cederle definitivamente la palabra en el momento el que para nosotros todo se reduce a la experiencia de las cenizas. Que designa la ―quemadura del holocausto. en realidad en todos sus escritos. en que ha preferido la vida. ya se tratara de sus exégesis literarias que han inventado. ¿y que de todas maneras. más tristes por adelantado y más incapaces de mitigar lo imprevisible. sin aliento. y de una manera todavía inédita. en sus obras y en sus cartas (como pueden demostrar. es decir. de hablar de la inminencia de su muerte. ¿Cómo y por qué el dolor y el duelo nos corta la respiración. y sólo afirmó. y al mismo tiempo más desamparados. de sus obras canónicas y de sus progresos más inéditos. como si fuera otro nombre del desastre absoluto. hasta el final. Maurice Blanchot sólo amó. 12). pero también de que la muerte era imposible?.Palabra por pronunciar todavía más allá de vivos y muertos. si no llegaba nunca. la ―felicidad de decir sí. 15). numerosas citas podrían confirmarlo. con la tentación suicida o con cualquier otro tipo de negatividad. la vida y el vivir. el aniquilamiento de mediodía‖. antes de pronunciar ―había llegado a convencerme de que primero le había conocido muerto y después moribundo‖ ya había dicho. ya se tratara de discursos de tipo filosófico o filosófico-político que han zarandeado todo el campo del pensamiento. la alegría de la afirmación y del ―sí‖. Tenemos mil pruebas de ello tanto en sus textos como en la manera en que ha aceptado la vida. de afirmar continuamente‖ (p. casi sin excepción. ese inmenso libro obsesionado por la innombrable incineración que fue el holocausto.‖ (p. a propósito de tantos corpus franceses y extranjeros. a ese acontecimiento sin acontecimiento del morir nos puede hacer pensar. mezclan de una forma indisociable. preparados por él mismo. lo mórbido y lo letal no tienen nada que ver con el timbre o la tonalidad musical de esta palabra. Ninguna complacencia en él. pero una alegría. cuyo acontecimiento como se sabe. ya se tratara de sus relatos. dice además. Porque más allá de todo lo que una lectura precipitada nos haría creer. En todos los escritos que dedicó a la muerte. podemos oír a aquel que. Contrariamente a lo que se dice a menudo y a la ligera. en el momento en que nos abandona alguien que sin embargo no ha dejado nunca. y la luz de todo lo que se manifestaba. cito. 107). leer todavía algunas líneas de L'Écriture du désastre. pues bien. Si leemos Le Denier Homme. menos cruel sin duda. incluso si ese desastre. otras formas de leer y de escribir. ficciones (que apenas se están empezando a leer ahora y cuyo futuro está casi intacto). una alegría distinta a la de la gaya ciencia.. en todas partes. ―lo conociéramos tal vez con otros nombres. testimoniando con la ausencia de testimonio (p. La muerte siempre . más allá de lo que su constante atención a la muerte. más mortificados. Me gustaría. ya se tratara de todas las obras que.

. tres certidumbres aparentemente incompatibles pero cuya implacable verdad nos ofrece el don de la primera provocación a pensar. que este sentimiento inanalizable cambió lo que le quedaba de existencia. dice él. concluye: No hay nada que hacer con la muerte que siempre ha tenido lugar: acción de la inacción.. la alternativa no es fácil. en cualquier caso por mí muerte.inminente. imagino. hablando de una particular ―paciencia‖ que. ―Estoy vivo. . estás muerto. No. Cito: [. a pesar de que ya ha tenido lugar.o lo contrario‖: desaparecer sin morir o morir sin desaparecer... sino porque no tiene lugar. De este modo el desastre estaria mas allá de lo que entendemos por muerte por abismo. Entre la ficción literaria y el irrecusable testimonio. ni siquiera en el tiempo. De aquel que nos la ha dado a pensar. Ni la ausencia de temor y tal vez ya un paso mas allá. ―.] el sentimiento de liviandez que no sabría cómo traducir: liberado de la vida?. ―sólo sufrimos ‗en nosotros‘ como la muerte de otro o la muerte siempre otra. esto significa a lo sumo que morir es irrepresentable. 181-182). nos sentimos responsables‖. más acá del infortunio. en cierto modo. Aquello de que levanta acta y sella L'Écriture du désastre: Si es cierto que. desapareciendo sin morir (o lo contario). desvinculada de un pasado (o de un futuro) sin presente. puesto que no hay más lugar que para ella. Sé. Su muerte puede seguir siendo inimaginable. en la temporalidad del tiempo (pp. sopesaba y examinaba todavía lo imponderable. podemos decir hoy que muere sin desaparecer pero también que desaparece sin morir. Aquel que entonces. ―nuestro inconsciente no sabría representarse nuestra propia mortalidad‖... con la que no nos relacionamos pero de la que. para cierto Freud. y más de una vez. ¿el infinito abriéndose? Ni felicidad ni desdicha. no solamente porque morir no tiene presente. la muerte imposible y la muerte ya pasada. Se desdobla ella misma. murió ya. L’Instant de ma mort nos proporciona el relato y su inconcebible temporalidad. Luego. Como si la muerte fuera de el no pudiera ya más que enfrentarse a la muerte dentro de él. como precisamente hoy podemos ver.

el 20 de julio de 1994. ni en interés de cualquier verdad. pero que no ha llegado. como para señalar la vuelta o la repetición de los aniversarios: ―20 de julio. reunido y dedicado. Entre las advertencias más dignas que debo fingir por un momento olvidar o traicionar están aquellas. las formas de su existencia.. aquellas que dan paso.] Ya sé que están los libros. Hace veinticinco años pisábamos por primera vez la luna‖. 327). a la memoria y a la muerte de Georges Bataille: ¿Cómo aceptar hablar de este amigo? Ni para hacer un elogio. en cursiva. incluso cuando su lectura nos abre las puertas a la necesidad de esta desaparición a la que ellos se retiran. retomémoslas. como se sabe. desde las primeras palabras. No. Que no llegará nunca. a la conclusión titulada ―La amistad‖ en el libro del mismo título L'Amitié. elle n‘arrive pas. estás vivo. E inversamente: Estoy muerto. Y en cuanto a ―lo que introduce en ella de imprevisible la extrañeza del final Blanchot insiste todavía: Y ese movimiento imprevisible y siempre oculto en su infinita inminencia —el de morir tal vez— no proviene de que el termino no pueda darse por adelantado. No hay ningún testigo [. même quand il survient] nunca una realidad capaz de asirse: inasequible y manteniendo totalmente inasequible a aquel a quien está destinado (p.―Estoy vivo. Digamos que la muerte de Blanchot ha sobrevenido [survenue] innegablemente.] . los episodios de su vida. La carta que acompañó el envío de L’Instant de ma mort. de la amistad misma. no pertenecen a nadie. que no llega.[elle n‘est pas arrivée. sino de que no constituye nunca un acontecimiento que tiene lugar. incluso coincidiendo con la investigación de la que se sintió responsable hasta la irresponsabilidad. [un événement qui arrive.. quiero decir. estás muerto‖. Estas palabras. Los libros permanecesn provisionalmente. incluso cuando tiene lugar. 326327). hace cincuenta años conocí la felicidad de ser casi fusilado. Los rasgos de su carácter. aprendamos esta distinción entre sobrevenir [survenir] y llegar [arriver]. me decía. No. Los libros mismos remiten a una existencia (pp. memorables. estas dos voces se disputan o se reparten la palabra dentro de nosotros. Elle n‘arrivera pas.

A todo eso respondería como si estuviera afrontando implacables exhortaciones. permítanme dedicar algunas palabras a aquellos y a aquellas que están aquí. para convencerles una vez más de nuestro agradecimiento y de lo siguiente: aquel a quien acompañamos hoy aquí nos lega una obra que no acabaremos nunca de agradecer lo bastante. Lo hizo sin el respaldo de ninguna institución. ni la de la universidad y ni siquiera la de los grupos o asociaciones que constituyen en ocasiones determinados poderes. nuestro amigo común que se encuentra hoy aquí. Blanchot no ha hecho escuela. estas pocas palabras. sus inventos y sus cataclismos. nada de todo eso escapó a la alta tensión de su pensamiento y de sus textos. en el de la literatura y la filosofía. después de haberla elegido en la tienda de algún coleccionista que hay en las callejuelas de ese viejo pueblo de Eze. y estoy seguro de que muchos aquí compartirán esta fidelidad. sus revoluciones y sus monstruosidades. La herencia que nos deja nos promete una huella más íntima y más grave: inapropiable. A través de los fluidos de una escritura sobria y fulgurante. de su pensamiento. en Mesnil-Saint-Denis. en el de la teoría del lenguaje. ha influido en todos los dominios. aunque fuera interminable. particularmente en La Communauté inavouable. continuaré escribiéndole y llamándole. Hace dos años lo hice junto con Jean-Luc-Nancy. pero también sus familiares. sus lectores y lectoras. Nos dejará solos. no quería preocuparme y me decía a mí mismo. Con regularidad.Incluso si Blanchot nos ha puesto en guardia contra todas las leyes del género y de la circunstancia. junto a mí. hace tiempo. cada vez por tanto. dentro de mi corazón o de mi alma. afectuoso y un poco supersticioso: todavía le enviaré otras muchas tarjetas postales. incluso si. de cualquier manera. Hoy sé que sin volver a echar ya esos mensajes al correo. tanto en Francia como en el resto del mundo. Blanchot no ha tenido eso que se llama influencia sobre discípulos. en el que Blanchot. de escribir o de actuar. no creo que pueda definirse con palabras tales como ―influencia‖ o ―discípulos‖. La promesa que le hice a este respecto por mi parte seguirá siendo indefectible. sin duda. por tanto. a medida que los años pasaban. a veces incluso en nombre o en representación de la literatura de la edición y de la prensa. podría compararse aquí con la dimensión de semejante deber. contra el elogio del amigo y contra el género biográfico o bibliográfico de la oración. que interroga incesantemente y pone en duda su propia posibilidad. con el mismo fervor ritual. a quien doy las gracias). sus mutaciones. colmaron a Maurice Blanchot con sus atenciones y su afecto hasta el final (pienso en particular en Cidalia Da Silva Fernandes. y sobre quien Blanchot dirigió a menudo su pensamiento. En su caso se trata de algo muy distinto. incluso de su firma. había residido y sin duda se había cruzado alguna vez con el fantasma de Nietzsche. ningún discurso. vecinos y amigos que. La irradiación a veces invisible de su obra en todo lo que ha cambiado y transformado nuestras maneras de pensar. en los que no se ha producido nada que él no haya conocido e interpretado de una manera inédita. Algunas nos comprometen ya con el futuro de su obra. en el de la historia y la política. en el del psicoanálisis. Nada de aquello que habrá preocupado al siglo pasado y ya a éste. Cada vez que le enviaba una vieja tarjeta postal de antes de la guerra. una o dos veces al año. como se suele decir. mientras viva. le telefoneaba y le enviaba una tarjeta postal del pueblo de Eze. Nos deja más solos que nunca con responsabilidades infinitas. . dijo por lo demás lo que tenía que decir sobre los discursos y disciplinas pedagógicas. de quien un camino lleva todavía su nombre.