ANTÍPODAS DE LA EXISTENCIA INDIGENTE

CARLOS FRANCISCO COVALEDA POLO

FACULTAD DE FILOSOFÍA MEDELLÍN 2003

INTRODUCCIÓN 1. 1.4 EL PROBLEMA DE LA EXISTENCIA APUNTES GENERALES SOBRE IGNACE LEPP

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20 20 25 33 33 33 34 36 39 43 43 45 47 48 51 54 54 56

1.4.1 De ateo a Sacerdote 1.4.2 Una filosofía existencial 2. 2.1 EL HOMBRE DE CARA A LA EXISTENCIA ESE EXTRAÑO SER QUE SE LLAMA HOMBRE

2.1.1 La concepción de Hombre 2.1.2 La verdadera realidad del Hombre 2.1.3 ¿A qué está llamado el hombre? 2.2 LA FILOSOFÍA DE LA EXISTENCIA

2.2.1 La existencia 2.2.2 El devenir existencial 2.2.3 La realidad de la libertad 2.2.4 La elección 2.2.5 La angustia existencial 2.2.6 El ser para morir 2.3 LA EXISTENCIA AUTÉNTICA

2.3.1 De la soledad a la comunión 2.3.2 De lo cotidiano a lo auténtico

2.3.3 La existencia apasionada 3. 3.1 3.2 3.3 3.4 ACAECIMIENTO DEL EXISTENCIARIO AUTÉNTICO LA SOLEDAD: VALOR ANTAGÓNICO DE LA REALIDAD MASIVA EL ABRAZO ENTRE EXISTENCIARIOS LA MUERTE: MISTERIO FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA EL EXISTENCIARIO AUTÉNTICO: UN SER COMPROMETIDO

58 60 61 64 68 70 75 78

CONCLUSIONES BIBLIOGRAFÍA

INTRODUCCIÓN Este trabajo es un paréntesis en los sueños de aquél hombre que de nada depende su realidad. El silencio de su mirada profunda ha indagado las fibras más íntimas de la realidad existencial del hombre con que se ha topado. Ese hombre evocado por la supremacía de la inconsciencia, de la mediocridad y de la vida fácil y placentera que siempre ha de llevar. El soñador ha decidido aterrizar en la realidad que aturde sus juicios infinitos con la caricaturesca vida de trivialidad. El soñador no ha podido soñar porque el insomnio de este mundo lo ha sabido abrumar. El hombre que busca un placer asiduo en su realidad, hunde su ser entero en los pozos del horror, del escepticismo, del agnosticismo y, peor aún, del sin sentido existencial. Detenerse hoy y contemplarse en el espejo, es encontrar al hombre en un horizonte infrahumano, donde la primacía de los valores postmodernos: individualismo, pluralidad, masificación, mediocridad, cotidianidad, preeminencia de los valores superficiales y antagónicos; revelan muestras del rostro humano desfigurado, casi imposible de identificar. La realidad cruda no se apiada de aquél mínimo detalle de trascendencia. El horizonte de autenticidad en el hombre actual se ha desaparecido en la espesa bruma de la noche. El hombre de hoy necesita de aquellos que sueñan incansablemente con algo nuevo, de aquellos que hacen hoy un paréntesis en sus vidas para brindar una luz a esta oscuridad del mundo.

Este trabajo monográfico no pretende reparar el nefasto daño de la nueva filosofía que se implanta, sólo pretende ser un grito desesperado para aquellos oídos que escuchan la hermosa melodía de la verdad, del amor, del compromiso, de la autenticidad. Es un eco que quiere ser escuchado a pesar del impetuoso ruido de la realidad. El hombre necesita salir de esa clase de ‘sub-hombres’ que está creando, queriendo satisfacer todo lo que desea; necesita encontrar caminos y puertas abiertas de quienes deseen vivir, y vivir plenamente. Éste es el movimiento del corazón, que en su sístole absorbe la savia de la vida y en su diástole arroja un mar de autenticidad. Por esto, a través de este trabajo, se quiere sembrar aquella semilla que ha de dar muy buenos frutos. Por medio de la filosofía existencial de Ignace Lepp, se quiere, al igual que él, dejar abierta la oportunidad de hacer algo por sacar al hombre del barro y brindarle oportunidades de vida auténtica. Así, en el primer capítulo se ha de observar un recorrido somero por la doctrina existencial en general, al igual que en la de Lepp; apuntes que introducirán para la comprensión del siguiente capítulo. En el segundo capítulo, se podrá degustar la teoría de este filósofo francés, acentuando la preponderancia de la existencia. Por último, en el tercer capítulo, se verá el corazón abierto de alguien que está dispuesto a no seguir soñando para encarnar utopías. Todo en base a que el hombre de hoy debe salir de su vida infrahumana, infra-existencial, hacia senderos de promoción humana, de existencia auténtica. ¡Ánimo, nunca es tarde para comenzar! ¡Es la hora de ver la noche clarear!

1. EL PROBLEMA DE LA EXISTENCIA A través de los años, el hombre en su afán de comprender las diferentes manifestaciones que se le presentan, tanto en su entorno como en su interior, ha buscado infinitud de teorías, métodos o aplicaciones que lo ayuden a superar lo meramente superficial y lo impulsen a las esencias mismas de estas manifestaciones. A medida que se han ido descubriendo y desdibujando los factores internos y externos que le inundan de incertidumbre, ha ido clarificando también las verdades más cercanas, identificando, a la vez, los problemas más relevantes a los cuales más tarde dirigirá su mirada crítica con profundo análisis y discernimiento. Esta esencia buscadora del hombre es lo que ha llevado a que hoy se cuestione por la forma de asumir su existencia, algo que, a veces, puede pasar desapercibido ya que el afán o ajetreo de lo cotidiano lo sumerge en un profundo mar de “insomnio” que adormece su conciencia crítica. El “hoy” nos trae un nuevo reto: “la existencia”. Cada hombre ha sido llamado a la vida no para algo vano sino para dejar huella en su caminar o peregrinar por este mundo. El hombre contemporáneo se pregunta por algo tan sencillo aparentemente, pero de un profundo significado: “¿Cuál es la ‘auténtica’ autenticidad de mi existencia?”1. Muchas de las personas viven hoy con un profundo vacío, lo que se conoce como “un sin sentido”, el cual los lleva a estandarizarse dentro de la masa de la sociedad en la cual se realizan o actúan como entes sociales. En esto radica la ignorancia de la persona humana frente a la veracidad de los hechos que constituyen su existencia. Con el paso del tiempo, este problema ha tocado fondo cuando se contrapone la imagen del hombre que se ve abatido por la ineficacia de su actuar, ya que lo único que manifiesta es un eterno sometimiento a lo que unos pocos dispongan. Es la pasividad de una verdadera reflexión lo que no ha dejado al hombre entrever su verdadera voluntad hacia la “felicidad”. La corriente existencialista ha fundamentado sus teorías y enmarca su quehacer filosófico dentro de los temas de la elección, que lleva a hacer una profundización
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LEPP, Ignace. La existencia auténtica: Prólogo. Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1967. p. 9

en el problema de la libertad; y en la posibilidad más próxima al hombre, la muerte2. La elección hará evidente una auténtica voluntad liberadora que lo mueva a transformar enteramente sus deseos y a adquirir un compromiso fuerte frente a sus metas. La reflexión continua de su existencia marcará los medios adecuados para afrontar el camino que ha de seguir en sus metas trazadas. Y, finalmente, la conciencia de muerte, hará que viva intensamente su paso por este mundo marcando la huella que han de seguir quienes le sucedan. Estos problemas fundamentales de la existencia del hombre ha hecho que muchos filósofos encarnen en su filosofar la preocupación de la existencia inauténtica. Así lo ha plasmado el filósofo francés Ignace Lepp al decir: “el objetivo principal del hombre es vencer la cotidianidad inauténtica y marchar hacia una existencia más intensa y cada vez más auténtica”3. La reflexión hoy debe dirigirse a examinar el rumbo de la existencia del hombre que exige de una forma imperante una mirada escrutadora que desdibuje la esencia de su ser en este mundo para que, de tal modo, se pueda llegar a este cuestionamiento: ¿La existencia del hombre de hoy es verdaderamente auténtica? El problema de la existencia auténtica radica en la cotidianidad en que vive sumergido el hombre de hoy4. Los fundamentos esenciales en la vida del hombre han perdido su carácter de necesarios y han pasado a un segundo plano, dejando al descubierto la conformidad, mediocridad y aceptación de las actitudes que realiza todo el mundo “comúnmente”. Los vestigios de mediocridad que manifiesta el hombre en su existencia hacen urgente un análisis que brinde las bases suficientes para despertar la conciencia del hombre en la importancia de construir un mundo más humano y que lo mueva a vivir de tal forma que lo llene verdaderamente, y haga de su realidad un inmenso mar de autenticidad, marcando con un estilo de vida propio cada acción que realice, es decir, imprimiendo su carácter auténtico en la realización de sus objetivos5. Por esto, el hombre de hoy debe ahondar en la realidad de su existir, configurando su ser entero a la realidad de muerte a la que es llamado continuamente, al pleno
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3

Cf. ITURRIOZ, J. Existencialismo: Historia. Zaragoza: El Noticiero, 1951. p.56 – 58 LEPP, Op. cit., p. 10. Cf. Ibid., p. 9. Cf. Ibid., p. 10.

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desarrollo de su libertad que lo lleve a optar verdaderamente después de haber discernido conscientemente, y al amor profundo en su reflexionar por algo que lo llama, lo llena y lo mueve a experimentar las esencias de sus potencialidades, de tal forma que pueda superar el sometimiento que el mundo ejerce sobre él, lográndose situar en él para luego sentir la satisfacción de verlas realizadas en una existencia auténtica. Así el hombre habrá superado la espantosa crisis de humanismo que se revela a la nueva generación. De esta misma manera Lepp ve también la necesidad imperante de que el hombre fije su horizonte en el pleno desarrollo de todas sus potencialidades. Para él, “el hombre sólo necesita adquirir plena conciencia de su decadencia, debe ver lo que hay de seductor en la existencia auténtica y tener la voluntad de ponerse a realizarla”6. 1.4 APUNTES GENERALES SOBRE IGNACE LEPP

1.4.1 De ateo a sacerdote. Lepp es francés, nacido en el seno de una familia de librepensadores, pasó su infancia en un medio casi totalmente ajeno a las preocupaciones y a las prácticas religiosas. A los 15 años, tuvo lugar su ingreso en las Juventudes comunistas. Se instruyó, leyendo asiduamente, en el pensamiento de Marx, Engels, Lenin y otros teóricos del partido. Allí, sus maestros le mostraron el ateísmo, el cual profesó. Durante mucho tiempo para él no hubo problema religioso. Estuvo en contra de la religión solamente porque el Partido lo estaba también, al igual que estuvo en contra del arte, del idealismo filosófico y del romanticismo literario. Inserto en este partido, declaró abiertamente que el Comunismo era una religión. Sostuvo que su entrada al Comunismo fue “una entrada a la religión”. Además, sustentó que el comunismo movió su energía espiritual hasta el punto de que no pudiera, en mucho tiempo, interesarse en otra cosa más. Lepp se adhirió fuertemente al Comunismo. Él dijo: “… he observado atentamente numerosos creyentes fervorosos… en su mayoría cristianos, pero también musulmanes e hindúes… la vida no se les presenta como un absurdo ni como un fin en sí misma; ella está enteramente al servicio de una trascendencia, de un absoluto. Pero, retrospectivamente, el contenido psicológico de mi adhesión al Comunismo soportó una innegable semejanza a la fe religiosa… mi firme convicción… era que la vida en este mundo constituye una totalidad
6

Ibid., p. 9.

suficiente para mí que no necesita una finalidad ni una justificación fuera de sí o supra-terrestre. Pero la realidad que designaba con la palabra “mundo” revestía un sentido tan amplio y tan complejo que no estaba excluido de ella lo que el creyente sitúa en el cielo”7. Otros autores han expresado el mismo sentimiento, el Comunismo es una religión. Han consagrado libros (Marx, Engels, y el manifiesto comunista), tienen sus santos, los cuales han muerto, y luego llaman a sus ciudades como ellos (Stalin, Stalingrad); además, tienen una esperanza en la vida eterna personificada en la reforma social por ellos creada. Los comunistas luchan siempre para crear un mundo diferente para que sus generaciones próximas vivan mejor. Sus profesores comunistas le enseñaron que la Edad Media, donde la religión floreció, era semejante a un período de “oscuridad”. Desde este punto de vista, el cristianismo fue responsable de mucho de lo que pasaba por su época, el responsable de estas tinieblas u oscuridad; hasta considerarlo como la antítesis de la “luz de la razón”, de la cultura en todas sus formas, y, a la vez, “enemigo del progreso social”. Así lo definía Lepp: “el cristianismo social, en la escasa medida en que conozco su existencia, es una hipócrita maniobra de los curas, tendiente a debilitar el ímpetu revolucionario de las masas”8. Sus maestros rusos lo habían convencido que sacerdotes, pastores y todos los representantes oficiales de la religión, eran mentirosos e impostores conscientes, pagados por los capitalistas, para que consolasen al pueblo con la promesa de felicidades celestiales y éste no se rebelara contra el orden establecido y exigiera su parte de los bienes terrenales9. Esto se consideró una “lavada de cerebro” en su educación. Así, Lepp había renunciado a todo –familia, fortuna, vida tranquila y fácil– para consagrarse a la causa del comunismo. La luz brilló finalmente. Tiempo después, él quiso conocer algunos intelectuales cristianos como Mounier, Maritain, Gilson, y Guardini, y se dio cuenta que éstos eran “iguales a sus maestros marxistas”. Todo esto lo aprendió después de su conversión. Entonces, profunda fue la ruptura que él hizo. Dejó el partido comunista teniendo: “desasosiego metafísico”, después de que encontró el mensaje cristiano. Al convertirse declaró que se ha sometido con todo su ser a la religión de Cristo, cree también en la doctrina de la Iglesia en lo que respecta a la
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LEPP, Ignace. Psicoanálisis del ateísmo moderno: El ateo que fui yo. Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1963. p. 30. 8 Ibid., p. 24.
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Cf. CHAMBRE, Henri. El Marxismo en la Unión Soviética: La ideología antirreligiosa. Madrid: Tecnos S. A., 1960. p. 301.

supervivencia y a la beatitud personales. Se dedicó, después de su conversión, a estudiar teología. Tiempo más tarde, Lepp se ordena sacerdote, después hace sus estudios de psicología, graduándose como psicólogo. En su carrera se enfrenta a diferentes casos de ateos, la mayoría derivados del “existencialismo”, que acudían a él para ayuda psicológica. Así entonces, él tejió un tapiz de diferentes tipos de ateísmo y fue sacando conclusiones, incluyendo el por qué se adherían a esta “creencia”. Lepp durante su profundo interés por esta “creencia” atea desarrolla en su análisis también un punto de vista frente al gran filósofo ateo, Nietzsche. Él resume las bases psicológicas de la creencia de Nietzsche así: “Nietzsche odia, psicológicamente, el cristianismo. En él se ve plasmada la imagen de un gran enamorado desilusionado. Como un asunto de hechos biográficos de la filosofía… dice que Nietzsche esperó mucho, quizá también humanamente hablando, del cristianismo. No encontrado lo que él esperó, se fue contra él con toda su furia… de tal forma que el ateísmo de Nietzsche es la proyección de un doloroso sufrimiento interno”10. Así, profundizando importantes temas en la vida de los hombres de su época, llegó a apasionarse por el tema del existencialismo gracias a la influencia de los existencialistas franceses, especialmente de Jean Paul Sartre, ya que sus escritos eran los que más influían en los jóvenes de su época; además, en su profundo análisis de la realidad descubrió diversos factores que intervienen en el desarrollo existencial de la persona humana, de ahí que fuera llamado después, psicólogo de las profundidades. Ignace Lepp muere poco después de haber escrito su libro “Psicoanálisis de la muerte”. En su itinerario de vida publicó las siguientes obras: Higiene del Alma (1959)*; Psicoanálisis del Amor (1960)*; Claridades y Tinieblas del Alma (1960)*; Escándalo y Consuelo (1961)*; Psicoanálisis del Ateísmo Moderno (1963)*; La Filosofía Cristiana de la Existencia (1963)*; La Comunicación de las Existencias (1964)*; La Nueva Moral (1964)*; Psicoanálisis de la Amistad (1965)*; El Intelectual y el Arte de Vivir (1966)*; Las Aberraciones del mundo Cristiano (1966)*; Psicoanálisis de la Muerte (1967)*; La Existencia Auténtica (1967)*; El

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STUEBER, Jeffrey. Copyright (C) 1998, all rights reserved. Diary of an Ex-atheist: A Communist Defector. Biographies [Online], 1 May 2003. Available from Internet: <http://www.globaldialog.com/∼ jstueber/lepp.htm>.

Progresismo: inquietud y esperanza (1967)*; La Nueva Tierra: Teilhard de Chardin ∗ y el Cristianismo en el mundo moderno (1967)*; De Marx a Cristo (1968) . 1.4.2 Una filosofía existencial.  La corriente existencialista. El existencialismo moderno surgió en una Europa desgarrada por la lucha entre intereses encontrados, donde el hombre se sentía amenazado en su individualidad, en su realidad concreta. De ahí su énfasis en la fundamental soledad del individuo, en la imposibilidad de encontrar la verdad por medio de una decisión intelectual, y en el carácter personal y subjetivo de la vida humana. Esta corriente gozó de gran influencia en distintos escritores de los siglos XIX y XX11. Se denomina existencialismo a una serie de doctrinas filosóficas que, aunque suelen diferir radicalmente en muchos puntos, coinciden en considerar que es la existencia del ser humano, es el ser libre, la que define su esencia, en lugar de ser su esencia humana la que determina su existencia12. Dando preponderancia al papel crucial de la existencia, de la libertad y la elección individual, el existencialismo constituye una de las corrientes que sumergen al hombre en una profunda controversia o yuxtaposición de sus verdaderos contrastes existenciales, dando paso a la reflexión de la vivencia personal en la reflexión filosófica. Frente a la tradición que el filósofo debe establecer cierta distancia entre él mismo como sujeto pensante y el objeto que considera, el existencialista se sumerge apasionadamente en lo que contempla, hasta el punto de que su filosofía puede llegar a ser fundamentalmente una filosofía autobiográfica (Kierkegaard)13. “El hombre no es para los existencialistas un mero objeto” 14. El hombre es un sujeto-en-el-mundo y abierto al mundo. Además, éstos al ubicar al hombre con
 ∗

Fecha de publicación, traducida al español. Ediciones Carlos Lohlé.

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Cf. MASONI, Ezequiel. Monografías.com. Antropología Cristiana: Existencialismo. Monografías [Online]. Availabe from Internet: <http:/www.monografías.com/trabajos/existencial/existencial.zip.
12 13 14

Cf. Ibid., p. 1. Cf. Ibid., p. 1.

Ibid., p. 2.

sus posibilidades en el mundo, escudriñan temas que se mueven alrededor de él y de la realidad humana (hombre, libertad, realidad individual, existencia cotidiana). El existencialismo sostiene que el hombre es ante todo una posibilidad. Su posibilidad de ser. De nadie puede decirse que es sino después de muerto. Mientras viva, el individuo es una posibilidad en desarrollo, viva, cambiante. Y esto se debe a que existir no es otra cosa que ser un ser posible. Así como lo posible o la posibilidad son de tal naturaleza importantes para comprender el sentido del existencialismo, así lo es también y en grado sumo la elección. Podría pensarse que el existencialismo desde tiempos remotos hasta llegar a Sartre, y particularmente con él, se pensó para explicarle al hombre la importancia de la elección y también para liberarlo, aclarándosela, del peso de responsabilidad que ésta conlleva. “Porque está bien claro que sin elección no se existe y se existe, casi que exclusivamente, para elegir”15. La libertad es uno de los temas básicos para los existencialistas. No se trata en ellos, sin embargo, de la libertad académica, de la libertad como presupuesto del acto moral, sino de la libertad que hace posible la elección y, por tanto, la realización del individuo. El existencialismo tiene a su favor la positiva significación histórica de haber planteado una dura batalla a la dictadura de la razón formalizada que denunciara el pensador alemán Max Weber. El existencialismo afirma categóricamente que el hombre es un ser en situación, es decir, es un ser cuya relación con lo circundante lo amarra y lo compromete. Es un ser comprometido. Su situación tiene límites inviolables los cuales no puede transgredir. Él es, en el punto en que esté, él mismo y nada más. Él no puede ser otro aunque quiera haberlo sido o desee serlo en un futuro. Por ahora está ahí libre y comprometido, responsable y culpable16. Siendo para el hombre lo posible todo, o siendo el hombre un posible lleno de posibilidades es, sin embargo, la muerte el límite de éstas mismas posibilidades. La muerte es la última y definitiva posibilidad del hombre. La muerte es la existencia imposible. Se es para la muerte. Para Heidegger, existir es ser para la muerte. Por lo tanto, la muerte es la posibilidad de que todo lo que me es posible me sea imposible. La muerte, insoslayable, es también objeto de atención para
15

URIBE, Germán. © Estudios: Acerca del existencialismo. Portada [Online], 1998. Available from Internet: <URL:http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero9/existenc.html. 16 Cf. Ibid., p. 4.

los existencialistas. El hombre vive para morir; cada cual muere solo. Para Heidegger, la muerte es la última posibilidad del hombre; para Sartre, el fin de todas las posibilidades; para todos los existencialistas, la suprema realidad trascendente. “El ser-para-la-muerte es el verdadero destino y objetivo de la existencia humana”17.  Visión existencialista de Ignace Lepp. La visión de Ignace Lepp está influenciada por la filosofía de Martín Heidegger. A él se debe la división de las existencias en auténticas e inauténticas. Para él es auténtica la existencia que se sabe absurda y que tiene el valor de aceptar su condición de ser absurda y para-morir. Quienes no osan mirar cara a cara la absoluta inanidad de la condición humana y tratan de inventarse razones para vivir, sólo tienen una existencia inauténtica18. Y así lo ve Ignace Lepp. Para él las filosofías son mucho más la expresión o el eco de la mentalidad del tiempo que sus causas. Por tanto, su filosofía se apoya en la experiencia existencial total del hombre, que en su tiempo se caracterizaba por presentar la forma más degradante, la más deshumanizante de la incredulidad. Al hombre que es, a la vez e indisolublemente, individuo y miembro de la comunidad humana. Esta experiencia permite concluir que la vida humana no es una vana y absurda agitación, sino que tiene un fin, una tarea que realizar. En su filosofía, vivir auténticamente significa la aceptación de la condición humana con su llamado a la creación y la superación. Por el contrario, es inauténtica toda existencia que se contenta con lo que es, que se repliega sobre sí misma, que acepta ser una cosa entre las cosas. Fiel a la tradición existencialista, Lepp rechaza los razonamientos abstractos y las deducciones “a priori”. Su reflexionar se funda en la experiencia humana. Muchos existencialismos, vigorosos, se han constituido en sistemas frente a otros sistemas cerrados, porque el a priori racionalista de sus autores los ha hecho inaccesibles y cerrados respecto de la experiencia religiosa de la humanidad, o porque han limitado voluntariamente sus observaciones a cierta categoría de “subhombres”. Por tanto, en Lepp, no es concebible el hombre sin referirse o tener en cuenta sus dimensiones psicológica, sociológica y espiritual, ya que eso sería reducir la integridad del hombre, y el existencialismo se funda a partir de toda la experiencia humana19.
17 18

MASONI, Op. cit., p. 2. Cf. LEPP, La Existencia Auténtica, Op. cit., p. 10. 19 Cf. Ibid., p. 10.

Partiendo de esto, trata de llegar a la unidad rota entre lo intelectual y lo espiritual. El legado de los racionalistas redujo los conceptos a las instancias a priori; a la vez, que el pensador cristiano también sostenía su abstracción de fe cayendo como en una especie de dualidad de pensamiento. Esto, para Lepp, desencadenaría con lo que él llamó “funestísima separación” entre la vida espiritual y la intelectual, sin rendir verdadero servicio a la filosofía ni a la teología. “Después de la decadencia de la ciencia y la tecnología, los hombres de hoy, de nuestra época, se interrogan nuevamente sobre el sentido y la orientación de su vida y el destino de la humanidad y el universo”20. Es así como, desde su propia experiencia existencial, se propone analizar al hombre comprometido en las luchas y angustias de su tiempo, tratando de que las personas adquieran conciencia de lo que experimentan en lo más íntimo de su ser. Sostiene que los filósofos con su solipsismo no pueden ayudar a comprometer al hombre con su realidad. Conocer tan sólo al individuo con su angustia y desasosiegos interiores no es suficiente para restablecer en él la verdadera esencia de su existencia. Rechaza, a la vez, cierto sociologismo que trata de resolver automáticamente los problemas humanos a través de el cambio de las estructuras económicas, de tal forma, que llega a concebirse al hombre como si sólo existiese en sociedad. Por el contrario, al estudiar al hombre concreto y en situación, la condición sociológica es elemento de la constitución de su situación existencial21. Para su tiempo, las obras de J. P. Sartre y Maurice Merleau-Ponty se vendían por doquier y acrecentaban el interés de sus lectores, llegando a la conclusión de que el existencialismo de estos autores producía en ellos un rechazo de todo “por nada”. Lepp confronta el existencialismo ateo de Sartre con su libro “Filosofía cristiana de la existencia”, destacando lo importante de esta filosofía que va más allá de las limitaciones: la absurdidad de la existencia, la nada absoluta y la superposición de la libertad. La diferencia de Lepp con los demás existencialistas radica en que éste pone de manifiesto el aspecto comunitario de la condición humana, mientras que los otros

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21

LEPP, Ignace. Filosofía cristiana de la Existencia. Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1963. p. 7 Cf. LEPP, La Existencia Auténtica, Op. cit., p. 12.

se interesan casi exclusivamente por la intimidad de la existencia y consideran la comunicación de las existencias desde el punto de vista de la sola intimidad22. Refiriéndose al tema de la muerte, sostiene que Heidegger y Sartre no hacen más que comprobar el irremediable absurdo de la existencia humana, por el hecho de que a la conclusión de todos nuestros esfuerzos se encuentra irremediablemente la muerte. Pero a pesar de esto encuentra que en el siglo XIX la humanidad entera ha cobrado conciencia de la extrema precariedad de su existencia. Como psicólogo de lo profundo, también contribuye a un análisis mucho más completo. Lepp, dentro de su teoría existencialista y psicológica, sostiene que “el hombre que no busca conocer y responder a su dignidad son traidores a su humanidad, ya que se niegan prácticamente a reconocer y asumir el carácter trascendente de su naturaleza. Por esto, viven como cosas en medio de cosas”23. Lepp en su pensamiento existencialista estuvo siempre influenciado por Sartre, Kierkegaard, Merleau-Ponty, Heidegger y Gabriel Marcel, sea para discurrir sobre sus planteamientos o para valerse de ellos para su reflexionar.

22

Cf. LEPP, Filosofía Cristiana de la Existencia, Op. cit., p. 8. MOVIMIENTO DE VIDA CRISTIANA. Derechos reservados (©). Dimisión de lo Humano. 27 Febrero 2003. Available from Internet: <http://www.m-v-c.org/old/textos/dimision.htm>.
23

2. 2.1

EL HOMBRE DE CARA A LA EXISTENCIA ESE EXTRAÑO SER QUE SE LLAMA HOMBRE

2.1.1 La concepción de hombre. El eje fundamental de la existencia es el hombre. Sin él nada tendría sentido. Su dinamismo vital, su desempeño en el mundo y su análisis concreto, marcará la pauta para comprender y ahondar su camino existencial. Por tanto, se comenzará este camino filosófico fijando la mirada en el concepto de hombre, ya que: “¿de qué valen todos nuestros conocimientos del mundo exterior si ignoramos lo que somos nosotros mismos?”24. A través de los años, se ha progresado notablemente en la evolución conceptual del hombre. La primera premisa utilizada para el concepto de hombre fue la de “animal racional”, con Aristóteles; excelente designación para la construcción de una concepción amplia. Si se observa bien, el hombre es ante todo un animal y la razón es la que le da el poder de dominar a los demás seres con quienes comparte su existencia. Esta definición seguirá trayendo consigo múltiples posiciones que, a lo largo, ampliarán cada vez más el horizonte de esta concepción. Algunas de éstas han evocado cuestiones erróneas pero que después de un profundo análisis, han reconocido sus equivocaciones al querer

24

LEPP, Ignace. La Existencia Auténtica. Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1967. p. 15

delimitar el campo del ser del hombre, siendo éste tan complejo. Sin embargo, han contribuido con sus estudios específicos algo precioso y auténtico para la ciencia total de éste. Teniendo en cuenta la evolución progresiva de este concepto, se llega al debate de la relación del hombre con lo inmanente del universo 25. Para Lepp, no es un buen método histórico querer explicar lo superior con lo que tiene de común con lo inferior, o en el orden contrario, ya que la superioridad del hombre frente a los demás seres de este mundo es suficientemente notable: “cuanto más se nos confirma el descubrimiento de los lazos que unen al hombre a la naturaleza, tanto más se nos manifiesta como un ser situado infinitamente por encima del orden inmanente del universo”26. Al mismo tiempo en que se reconoce esta superioridad, se vislumbra indiscutiblemente, que el hombre y el mundo exterior se configuran en una relación de fraternidad. Esta relación, en la que se desarrolla la existencia del hombre, es el principio que ayuda a establecerlo dentro del mundo, es decir, que por ella se ubica como un ser en situación. 2.1.2 La verdadera realidad del hombre. Al situarse en el mundo, el hombre debe gobernarlo a través de su razón, él es señor del universo al poseer de una manera consciente la naturaleza para luego trascenderla27. La inmensidad del universo ha sido creada para que el hombre continúe evolucionando junto con ella, y sea a través de ella que logre el fin al cual es llamado. Trascender es tarea del espíritu del hombre, el cual hace que verdaderamente él se manifieste en la tierra28. El hombre no puede ser reducido al mero plano biológico, ya que en él hay una realidad sublime que lo lleva más allá de lo sensible y de lo cual se vale para gobernar y acentuar propiamente su existencia en este mundo. Su espíritu pone de manifiesto en su existencia la dimensión de un misterio religioso, base de todos los demás problemas que más tarde afluirán en su diario trajinar. Este espíritu imprime verdaderamente la esencia del actuar en la vida del hombre, esencia que tiene su principio en el aspecto religioso.

25 26

Cf. Ibid., p.16.

Ibid., p. 17.
27 28

Cf. Ibid., p. 18.

Cf. Ibid., p. 20.

En el plano existencial, el hombre y Dios son dos términos correlativos 29. No se puede admitir una reducción racional o científica de los diferentes aspectos de la existencia del hombre incluyéndolo a él mismo. El misterio forma parte de la existencia del hombre, por tanto, no se puede buscar referirse al hombre sin ese principio fundante, que sostiene y alimenta todo. Así, Dios es dado como una respuesta envuelta en el secreto mismo de la existencia. En Lepp, el hombre en su concepción es un ser biológico y espiritual, un ser holístico, que entra en relación fraterna con la naturaleza a través de sus diversas facultades, y esto hace que sea un ser situado en el mundo; además, es realmente un hombre ligado al misterio, que presupone un principio: Dios; y que forma parte de un todo con el cual tendrá que relacionarse, ayudando también a evolucionar auténticamente a aquellos que son imagen de Dios, ya que es un ser social, que “sólo es con los otros y por los otros, así como los otros en él”30. 2.1.3 ¿A qué está llamado el hombre?  El hombre y su destino. Mirar hacia atrás y analizar el destino del hombre en las diferentes concepciones de la historia, es toparse con múltiples significaciones e interpretaciones. Para los griegos la concepción del destino del hombre es algo ya predestinado y lo cual sólo se tiene que cumplir. Igualmente, al tratar de ahondar en el pensamiento de algunos existencialistas como Heidegger, Sartre o Malraux, entre otros, es toparse con un pesimismo muy marcado ya que para ellos el destino del hombre no es otro que la nada, la vocación o el llamado no responde a otra cosa más que al fracaso, al sin sentido, al vacío… es un pesimismo total. En cambio, acentuar la realidad de la vocación del hombre en Lepp es diferente. El hombre posee su realidad vocacional, cosa que reviste un doble carácter: un llamado externo, terrenal; y un llamado espiritual, que lo incitan a tomar en su mano la realización de su propio destino, optando libremente por un camino que paulatinamente irá descubriendo31. Es fácil encontrar hombres que apenas son conscientes de su vocación y se conforman con lo que otros hacen, no luchan por transformar su mundo, su misma
29 30

Cf. Ibid., p. 22. Ibid., p. 23. 31 Cf. Ibid., p. 27.

realidad, van aparentemente delante de una manera mediocre, inauténtica. Por el contrario, aquél hombre que rechaza la fatalidad del fracaso y de la mediocridad vivirá conscientemente su vocación, de tal modo que llegará a amar profundamente la autenticidad32. Ésta será su verdadera vocación personal: la construcción de su destino sobre los cimientos de una excelente calidad personal, plasmada en su existencia, que traerá como resultado la autenticidad de su existir.  La doble vocación del hombre. Tal como se enunciaba en la página anterior, el doble carácter que reviste la realidad vocacional del hombre deben ir unidos ya que son complementarios. El hombre, por ser realidad espiritual, se siente llamado. Esta vocación es común a todos los hombres, ya que todos son imagen de Dios. El hombre trata de descubrir en lo más profundo de su ser esta vocación que lo ayudará a realizar el camino existencial que empezará a construir y afrontar. Por ser imagen de Dios, el hombre está llamado a perfeccionarse hasta llegar a configurarse con el Ser que lo sostiene, de tal manera que pueda alcanzar a ser representación de Dios en la tierra. Este planteamiento no es fácil en la filosofía pero es indiscutiblemente verdadero ya que si el hombre no realiza su vocación espiritual no puede aspirar a efectuar una vocación meramente terrena. El llamado a la unión personal con Dios es la base para las demás vocaciones particulares que el hombre irá descubriendo a lo largo de su existencia. Por esto, la principal vocación del hombre lo llama a semejarse a Dios33. Así, en la medida en que el hombre refleje a Dios podrá llenar su vida, fundamentar su existir, vivir intensamente su existencia. Sólo así alcanzará esta unión personal que lo constituirá un ser en perfección, haciendo de su vida un camino existencial lleno de autenticidad, que será capaz de comunicar. Al mismo tiempo en que el hombre descubre y siente su llamado a la unión personal con Dios se encamina hacia este fin que sólo es realizable en el tiempo, y por lo tanto, a través de su humanidad concreta 34. La vocación espiritual no es alcanzable más que por medio de lo que el hombre pueda realizar en el espacio temporal en que vive y se desempeña. Así es como la vocación temporal es el medio por el cual el hombre alcanzará su meta terrena que a la vez lo conducirá a la “felicidad”, es decir, prolongada también en el logro de su vocación espiritual.
32 33 34

Cf. Ibid., p. 26. Cf. Ibid., p. 29.

Cf. Ibid., p. 34.

La verdadera felicidad de cada persona consiste precisamente en la realización de su vocación35. Descubrir la esencia de su existencia es marchar hacia algo verdaderamente grande y sublime que tiene su plenitud en la divinidad, Dios. El pleno desarrollo y lograr la meta propuesta en la existencia del hombre es descubrir que la vocación o el llamado temporal, que no es fácil de encontrar, está en fin de la vocación espiritual, y que todo esto lo unifica haciendo que viva plenamente, es decir, auténticamente. La filosofía existencial registra al hombre enmarcado en un ambiente determinado, es decir, que está en situación; y ahí ha de lograr su vocación temporal y espiritual, dando paso al pleno ejercicio de su existencia, en pocas palabras, realizando una existencia auténtica. 2.2 LA FILOSOFÍA DE LA EXISTENCIA

La etapa contemporánea, cansada de una filosofía basada en razonamientos abstractos y luego en simples postulados científicos, centra su filosofía en la existencia propia del hombre, en su quehacer vital. Es el filósofo Danés Sören Kierkegaard quien da un tinte de superación al estilo de filosofía que predominaba, oponiendo la existencia a las abstracciones lógicas y al afán de un desarrollo cientificista, ambos impulsados en la etapa moderna. Kierkegaard le da la vuelta a la filosofía y, basado en su experiencia de vida, fija su análisis en el plano existencial sin pretender elaborar un nuevo sistema filosófico. Éste tiene una visión pesimista de la condición humana fundada o derivada del remordimiento y la angustia que afronta constantemente el hombre en su existencia. Tiempo después, será Martín Heidegger quien corrobore esta situación al afirmar que la existencia es el estado de un absoluto abandono36. La teoría de Heidegger sostiene que el hombre no elige existir sino que toma conciencia de que es un ser arrojado en el mundo y su único destino es el fracaso, plasmado en la muerte, de ahí “el ser-para-morir”. Heidegger acentúa el análisis existencial en los demás pensadores, especialmente en el tema de la antimetafísica. Sucediendo a Heidegger, aparece la figura de Sartre. Éste es un filósofo catalogado como un existencialista del contexto pesimista. Sartre sostiene que la existencia es irremediablemente absurda, ratificada en esta frase: la libertad es el ser del hombre, es decir, su ser nada37. El hombre está condenado a la libertad y
35 36

Cf. Ibid., p. 36. Cf. HEIDEGGER, Martín. El Ser y el Tiempo: Tema de la analítica del “Ser ahí”. Bogotá: Fondo de Cultura Económica, 1993. p. 53 – 57.
37

Cf. JOLIVET, Régis. Las Doctrinas Existencialistas: J. P. Sartre. Madrid: Gredos, 1962. p. 167

esta es su servidumbre, él proyecta toda su debilidad en algo imaginario llamado “dios”, esto es lo que lo hace un ser que llegue irrevocablemente a la completa absurdidad. Por tanto, en la filosofía sartriana, es necesario eliminar todo pensamiento o sentido de divinidad ya que el hombre debe realizar su destino fuera de toda trascendencia. Así llega a concluir que la única actitud ‘propia’ frente a la existencia consiste en aceptar valerosamente al divorcio radical entre el hombre y el mundo, entre lo que cada uno aguarda de la vida y lo que la vida puede darnos38. Para Sartre, el hombre debe vivir el momento, hacer lo que en ese momento le provoque eliminando todo remordimiento de sus actos ya que, de todas formas, está condenado a la nada. Esta “genealogía” del pensamiento existencialista es la que influyó en Ignace Lepp. Él vio que la filosofía que predominó en la etapa moderna era tan dogmatizada, tan conceptualista, que trajo como consecuencia una confusión moral, intelectual y espiritual tan marcada en su época. Afirmó su posición al decir que esta filosofía ignoraba voluntariamente al hombre en lo que constituye verdaderamente su ‘humanidad’39. Mientras que la filosofía nocionalista§ busca la esencia del hombre en lo común con todos los de su especie, la filosofía de la existencia detiene su discurrir en lo que vive, siente o manifiesta el hombre, en su existir, y lo cual no se puede generalizar sino que tiene que analizarse particularmente. Si se llegara a clasificar como objeto, la realidad existencial, se despojaría de todo carácter existencial, concreto, y pasaría a ser algo común y, que en últimas, no tendría ningún sentido en el individuo como tal40. Lepp no rechaza del todo esta tipo de filosofía, ya que ella le es útil al hombre en su existencia. El hombre debe tener concepciones claras de algunas cosas “comunes” a todos los hombres; pero en el momento de reflexionar sobre su existencia debe adquirir plena conciencia de la primacía del carácter subjetivo, ya que su existencia es concreta, es un ser-en-situación. La filosofía existencial, para Lepp, ha sabido responder a estas exigencias gracias a que ha dado un paso
38

Cf. GONZÁLEZ, Ricardo. De la Libertad al ateísmo en Jean Paul Sartre: La libertad excluye a Dios. Roma: Pontificia Studiorum Universitas, 1977. p. 92 – 97.
39

Cf. LEPP, La Existencia Auténtica, Op. cit., p. 40.
§

La filosofía “nocionalista” es, para Lepp, aquella filosofía que se basa en los fundamentos racionalistas, busca hacer generalizaciones y basar toda la verdad en conceptos.
40

Cf. Ibid., p. 41.

fundamental en su discurrir: ha llegado al contacto directo, por medio de la introspección, con la situación vivida41. El existencialista siempre une pensamiento y existencia, manifiesta su experiencia, se compromete con el drama de la existencia, su pensamiento es subjetivista, su único objetivo será: ‘la transfiguración de la realidad’ 42. Para el existencialista no hay otro objeto de estudio que el condicionamiento de la existencia y que el mundo forma parte de ella. De este modo, los existencialistas irán a emplear un método opuesto al de los nocionalistas: el método fenomenológico. Este método es analítico y se esfuerza, al describir la realidad, por abrazarla en su totalidad43. Lepp encuentra así que sólo en la existencia individual y concreta, en el ‘ser en situación’, es como se tiene el mayor número de posibilidades de encontrar el ser eterno y universal, de ponerse en aptitud de comunicación con el Ser Absoluto 44. La existencia posibilita al hombre para que logre verdaderamente a través de ella una comunicación con Dios, en la cual su proyecto adquirirá sentido y así conquistará su realización. La realidad existencial se halla en perpetuo devenir, libre y ambigua, la filosofía que se propone su estudio no debe aspirar a la seudo coherencia de los filósofos nocionalistas. La filosofía existencial no es otra que la filosofía del destino del hombre, en esto halla todo su sentido y su discurrir. 2.2.1 La existencia. Muchos han confundido el ser con existencia, el hombre existe pues es subjetividad propia de su conciencia humana y esto hace que se diferencie al ser-cosa. Para Lepp la existencia es el ser del hombre; la existencia se encuentra en la nostalgia, la desesperación, en la alegría, entusiasmo, en la pasión; la existencia es la intimidad del hombre, su interioridad. Así queda dicho que la existencia es irreductiblemente personal. La existencia no es estática y esto hace que se presente en diversas facetas que ayuden al hombre a alcanzar la perfección. El hombre está por ser y es en la existencia donde logrará ser. 2.2.2 El devenir existencial. El hombre es un ser ambiguo, de esta premisa parte el análisis existencial de Lepp. En el ser ambiguo, el hombre experimenta incesantes luchas, que aparentemente contradictorias, forman su yo. Estas luchas, temporalidad-eternidad, exterior-interior, dan paso a la relación dialéctica
41 42

Cf. Ibid., p. 45.

Cf. Ibid., p. 47.
43 44

Cf. Ibid., p. 49. Cf. Ibid., p. 51.

que se forjará en la existencia del hombre para lograr la unicidad de su yo. Pero esta relación dialéctica seguirá siendo parte de la existencia del hombre y nunca cesará, a esto es lo que Lepp llama en su análisis devenir existencial. El devenir existencial establece en el hombre un ‘yo dinámico’ fuente de la relación dialéctica, relación que no tendrá sino el único objetivo de lograr la unidad del yo. El hombre está por ser, tiene que hacerse. Para él no existe otra realidad que la del hacerse, por tanto en su existencia no debe presentar un “estancamiento”, es decir que su yo no puede ser estático. De ahí que su existencia se desenvuelva en un constante devenir. Devenir que será alimentado por su proyecto existencial. La existencia no se acepta tal cual es sino que está en tensión §, tendrá que hacerse. Esta tensión es una de las propiedades esenciales de la existencia, es aquí donde el hombre actúa en pro de su perfección, pone todo su empeño y sus fuerzas para realizarse como persona. Este constante devenir es la única realidad del hombre, para él no existe presente, ya que sería estancamiento, ni existe pasado, ya que sería una cosa hecha y definida; lo único que debe tener el hombre en claro es que toda su existencia es una tensión hacia el porvenir lo cual ni el presente ni el pasado contribuirían a lograrlo. El hombre no puede ser, existencialmente, en el mañana el mismo que es hoy. Todo cambia conforme a su proyecto y cada día se constituirá en un escalón que conducirá directamente a los fines propuestos. Este devenir existencial radicará en el hombre un constante progreso, camino fiel de autenticidad. 2.2.3 La realidad de la libertad. La existencia solamente libre podría poseer realidad45. El ser existente afronta continuamente momentos que comprometen todo su ser: las elecciones. En ellas el hombre tendrá que asimilar conscientemente una opción, que pondrá por manifiesto expresiones de su libertad. Todos los elementos constitutivos de la situación del hombre son factores fundantes de su libertad concreta y ellos pueden convertirse en auxilios u obstáculos. El hombre es un ser en situación y es en este desempeño de su existencia que deberá expresar su libertad frente a determinadas realidades, las cuales en algunos casos son fáciles de tomar ya que colaboran o complementan
§ §

“Tensión”, término adoptado de la filosofía existencial de Sören Kierkegaard, significa el riesgo que lleva consigo todo empeño verdadero. Lepp lo introduce en su filosofía otorgándole este mismo sentido y del cual se desprende la verdad existencial del hacerse. 45 Cf. Ibid., p. 32.

lo que viene haciendo, o en otros se convertirán en verdaderas obstrucciones del fin propuesto. La libertad hará posible que el hombre asimile conscientemente su realidad optando, cuantas veces tenga que hacerlo, por todos aquellos aspectos que lleven a su ser a la unidad. Finalmente, obtendrá así que su existencia se plenifique en cuanto actúe conforme a sus principios dirigidos por una libertad consciente y verdadera. Conquistar el yo será para el hombre alcanzar su libertad personal, que una vez conquistada, debe pasar los límites del yo y toparse con otras libertades que afirman la propia. Por eso experimentará la necesidad de lograr una libertad social donde todas las libertades se complementen, ya que solas no podrán realizarse completamente. Todo esto debe llevar a contemplar que es necesario que el existente auténtico, una vez logre su libertad, ayude a construir la de los que entren en contacto con él. En Lepp, esta libertad es la que le da sentido al devenir existencial ya que es el poder creador que proviene de ésta el que hará que el hombre renueve su existencia día tras día. En la libertad el hombre encuentra la plenitud de su ser, “la libertad es la cualidad fundamental del ser espiritual, encargado de la realización de su propia vocación”46. La libertad es fundamental en toda la existencia del hombre ya que ella hace del hombre una persona, diferente a cualquier otro ser o cosa. Por eso el hombre que renuncie a la libertad descendería de la Jerarquía del ser a la de cosa. Todo hombre en su ser más profundo siente el llamado a optar en toda situación para la consecución de su proyecto propuesto. Para corroborar la importancia tan relevante que tiene la libertad en el hombre, Lepp imprime en su filosofía existencial a la libertad un carácter de capital importancia, hasta sostener que la libertad es la característica principal de la realidad humana porque el hombre está llamado a realizarse a sí mismo, porque está-por-ser-lo-que-es47. Distintamente del sentido que le da Sartre a la libertad en su teoría existencial§. Toda existencia se realiza siempre mediante sucesivas elecciones y es el hombre, en su optar libre, el que construirá los medios para la

46

LEPP, La Existencia Auténtica, Op. cit., p. 58. Cf. Ibid., p. 65.

47 § §

Lepp asume el concepto de “Libertad” de la filosofía sartriana y lo incorpora a su reflexión pero cristianizando este concepto. Cf. GONZÁLEZ, Ricardo. De la libertad al ateísmo en Jean Paul Sartre, Op. cit., 143 p.

unificación de su ser en su existencia hasta llegar a la unión personal con Dios, en la cual debe confluir la existencia auténtica. 2.2.4 La elección. Otro tema fundamental dentro del existencialismo es el de la elección. Este aspecto viene dado por el de la libertad, e implica desmenuzar cada una de las opciones y de las respuestas que el hombre realiza. El hombre, unidad existencial, vive en un constante decidir entre muchos caminos que se le presentan en su diario vivir. Esto hace parte de su existencia y es lo que, de una manera u otra, dará una orientación determinada y un sentido a todos los actos y movimientos de su existencia ulterior48. Toda elección contribuirá de una manera explícita en la realización personal del hombre. Por esto él debe, a través de la elección, asumir los datos naturales que se le presentan en su existencia concreta para incorporarlos a su yo dinámico y pueda volverlos humanos y fecundos, de tal manera que contribuyan a la plenificación de su existencia. Todo hombre que ha discernido su existencia y ha descubierto su llamado temporal, que contribuirá a alcanzar su llamado espiritual, debe elegir, cosa que no le resultará muy fácil debido a que siempre estará presente cierta zozobra o duda frente a lo que estará por venir al tomar tal decisión. Pero la elección no se puede realizar bajo presiones. Toda elección es manifestación de una verdadera libertad. El hombre elige libremente ya que es su destino, su existencia, la que está en juego. La libertad hace posible la elección, es decir, una elección verdadera que logrará unificar al hombre y hacer que tome una decisión consciente dándole sentido y plenitud a sus valores y acciones. “El papel principal de la elección existencial consiste en permitir al hombre el pasaje de la existencia dispersa en el tiempo y el espacio, a la existencia unificada; de la existencia-extensión a la existencia-tensión”49. El hombre al afrontar una elección y al decidirse, está contribuyendo a la gestación de una existencia realmente unificada, sólida; de ahí que Lepp sostenga que el existente auténtico es una multiplicidad de opciones realizadas en una existencia plena. 2.2.5 La angustia existencial. El problema existencial trae consigo una serie de factores que son imposibles de pasar en alto al tocar la realidad concreta del hombre. El ser humano, la persona, día a día se topa con una realidad que le puede ser halagadora o molesta, trayendo consigo preocupaciones. Esto es lo
48

49

Cf. LEPP, La Existencia Auténtica, Op. cit., p. 104. Ibid., p. 115.

que la filosofía de la existencia en su análisis ha tocado con profundo interés y con mucha perspicacia: el papel de la angustia existencial en el hombre. El hombre vive consigo en continuas “guerras”, internas y externas, que chocan con su elección. Toda la vida del hombre, como ya se dijo, es una realidad dialéctica a la cual debe responder con total apertura y libertad. El papel de la dialéctica de la angustia consiste en preservar al hombre del deslizamiento en la cotidianidad inauténtica, y en mantenerlo tendido hacia lo auténtico, hacia la superación de lo que es en el momento actual50. De tal forma Lepp, al igual que los demás existencialistas, afirma la presencia irremediable de la angustia en el ser del hombre. Al irrumpir en el análisis existencial Lepp afirma: “la angustia existencial se origina en la fundamental ambigüedad de la realidad humana, en el hecho de que ésta está-por-ser-su-ser, de que no se es jamás completamente lo que se es”51. Esta filosofía de Lepp sobre la angustia se centra en el carácter óntico, es decir, de lo que se es y de lo que se está por ser; ya que esto indica en el hombre continuas luchas entre aspiraciones aparentemente contradictorias pero que se complementan e implican la libertad y la elección. Toda angustia nace de la posibilidad de ser, del encuentro del temor y la esperanza que radican en el existir del hombre; esto encarna el carácter ambicioso o tenso en él, tanto espiritual como social52. La angustia, en Lepp, pertenece a las más profundas estructuras del yo dinámico y constituye uno de los factores esenciales en la realización de la vocación del hombre, pero comprometido en el tiempo. Sólo el hombre que toma conciencia y asume su ser-en-situación es capaz de encaminar su angustia hacia el logro de su autenticidad, de su realización; la angustia no deja al hombre sumergirse en la mediocridad y detenerse en el camino, sino que lo empuja hacia la obtención de sus fines propuestos. Queda claro así que la angustia sólo puede presentarse en un ser ambiguo, que se enfrente a constantes luchas en su caminar existencial, entremezclando una serie de factores que harán de su vida dinámica y no algo estática. Esta angustia hace suscitar en el hombre, por su dinamicidad y dialéctica existencial, un ideal que consistirá en alcanzar la unidad interna de su yo53.

50

Cf. Ibid., p. 87. Ibid., p. 87. Cf. JOLIVET, Régis. Las Doctrinas Existencialistas: Kierkegaard, Op. cit., p. 50 – 52.

51

52 53

Cf. LEPP, La Existencia Auténtica, Op. cit., p. 90.

La angustia existencial conduce y orienta al hombre a la acción pura, a una existencia donada sin reserva por la promoción de valores auténticos y mueve al hombre a impulsar existentes no conformes con la realidad sino dispuestos a trascenderla con una existencia enmarcada hacia la felicidad, viviendo en tensión hacia la existencia auténtica. De ahí que el máximo error que podría cometer el existente sería suprimir la angustia experimentada, ya que traería como consecuencia un hombre empobrecido, deshumanizado, incapaz de afrontar sus propios proyectos y, por lo tanto, un ser que no tendría más como fin que la nada, como lo afirma Heidegger54. La aniquilación de la angustia sería la aniquilación de la persona55. Finalmente, Lepp afirma que la angustia existencial no cesará, ya que se presentará continuamente, pero traerá consigo la unidad de la persona que no consiste en otra cosa más que en una “síntesis antitética”; donde eternidadtemporalidad, exterioridad-interioridad, logren una síntesis que ayuden a otorgar al hombre el verdadero discernimiento en su proyecto existencial. La angustia existencial aceptada y vivida dialécticamente se convertirá en el resorte más poderoso del drama de una existencia realmente auténtica56. 2.2.6 “El ser para morir”. El hombre está marcado por una realidad de la cual no podrá escapar: la muerte. Todo su interactuar, su existir, está encaminado hacia la única y final realidad de la muerte. Nada podrá evitar que el hombre se tope con esta espantosa realidad, de ahí la importancia que se interese por hacerse consciente de esta realidad y logre escrutarla a partir de su propia existencia. El hombre confronta su existir con la muerte a partir de la toma de conciencia de la contingencia de su existencia. Para Lepp, en la medida en que el hombre formula su proyecto existencial, descubre al mismo tiempo que es un “ser-para-morir”§. Este descubrir debe llevarlo a un constante discernimiento que se manifieste en un profundo sentido y deseo de vivir para plenificar su propia existencia como continuidad en la vida eterna. En la filosofía de Lepp la muerte no significa una
54 55

Cf. JOLIVET, Régis. Las Doctrinas Existencialistas: Martín Heidegger, Op. cit., p. 105.

Cf. LEPP, La Existencia Auténtica, Op. cit., p. 90.
56 § §

Cf. Ibid., p. 100.

El “ser-para-morir”. Tomado de la filosofía Hedeggeriana, Lepp lo introduce en su filosofía pero no lo toma desde la nada sino como conciencia plenificadora del proyecto existencial del hombre. Cf. JOLIVET, Régis. Las Doctrinas Existencialistas: Martín Heidegger, Op. cit., p. 104 – 113.

preparación para la vida eterna, como muchos la catalogan, sino que sostiene que ella es un principio de la vida eterna. El hombre no debe seguir argumentando su vida como una preparación sino que debe tomar conciencia de su contingencia existencial como un principio de vida, en una existencia auténtica, que continuará en la vida eterna§. La muerte es un pasaje, del existente auténtico, que radica en el paso de la vida contingente a la vida eterna. La muerte enlaza el tiempo a la eternidad de ahí que Lepp establezca este pensamiento de “pasaje” que se debe presentar en el momento culminante de la existencia, afirmando que sólo la perspectiva religiosa puede quitar a la muerte su significación de sin-sentido de la vida, sin sentido que le otorgaron los existencialistas que le precedieron: Heidegger, Sartre, Malraux. Así la muerte se convierte en elemento constitutivo de la existencia y en la condición para una existencia auténtica. La toma de conciencia de su realidad contingente debe llevar al hombre a prolongar su existencia a través de una vida llena de significaciones profundas, de acciones verdaderas que le otorguen felicidad, no momentánea sino constante, y la cual se extenderá durante el paso a la vida eterna. Por tanto, el hombre no debe llegar sino a la única conclusión de que la vida vale la pena ser vivida. La muerte es la condición de la existencia auténtica porque ella se le presenta al hombre como “el medio por excelencia que le permite salir de la trivialidad y dar a su vida la intensidad exigida para ser auténtica”57. La muerte, entendida desde la filosofía de Lepp, no es final de todo, es un pasaje que da y debe dar su alcance y significación a la vida humana. Al contrario que Hiedegger, la muerte se ve desde la perspectiva de realidad irremediable pero que prolongará la existencia en un estado perenne de felicidad58. De este modo, la muerte le revela al hombre, en la medida en que él la asume, que no pertenece únicamente a la cotidianidad y que, por tanto, no debe dejarse sumergir por ella, sino que en él radica también algo grande y misterioso, que irá descubriendo y apreciándolo en la medida en que haga de sí mismo un existente auténtico59.

§ §

Lepp toma del cristianismo la esperanza de la vida eterna y la une a su filosofía existencial. La vida eterna no será una esperanza para el existente auténtico sino una realidad, ya que su existencia auténtica se prolongará en la vida eterna. 57 LEPP, La Existencia Auténtica, Op. cit., p. 194.
58 59

Cf. JOLIVET, Régis. Las Doctrinas Existencialistas: Martín Heidegger, Op. cit., p. 105.

Cf. LEPP, La Existencia Auténtica, Op. cit., p. 195.

La toma de conciencia de muerte lleva al hombre a encontrarse consigo mismo y a aceptar el destino final de su yo empírico. Al mismo tiempo esta toma de conciencia despierta en el hombre profundas incertidumbres que sólo serán aclaradas en el pasar del tiempo a través de una existencia auténtica, de tal modo, que el hombre no espera “ser-para-la-nada” como aparece en la filosofía Heideggeriana; sino que espera encontrar a través y más allá de la muerte, el sentido definitivo de la vida, de su vida, y alcanzar en ella la autenticidad plenaria de su existencia. De ahí que Lepp afirme: “no se trata de transformar la vida en muerte, sino de poner la muerte al servicio de la vida”60. 2.3 LA EXISTENCIA AUTÉNTICA

2.3.1 De la soledad a la comunión. La filosofía existencialista de Lepp, enmarcada en este aspecto, inicia con una profunda y fuerte afirmación: “la libertad individual, la vida privada, son realidades a las que se ha renunciado desde hace tiempo… en medio de la muchedumbre y de la agitación perpetua, su vida interior se ha empobrecido al punto de que se aburre en cuanto se encuentra solo”61. De ahí, que se vea la imperiosa necesidad de “reconducir” al hombre para que llegue al encuentro consigo mismo y reevalúe su desempeño en la sociedad y en su existencia. En la soledad el hombre vuelve a sí mismo, tomando conciencia de su existencia propiamente dicha, y se pone en función de los demás al experimentar la necesidad del Absoluto, que sólo encontrará a partir de las relaciones interhumanas con las existencias que encuentre a su paso. La soledad es un momento radical de encuentro con el yo personal, un espacio en el cual el hombre puede hacer una introspección y evaluar su existir; pero esto no debe traer consigo un aislamiento o un desaliento que lo conduzcan al anonimato y a la existencia inauténtica. Por el contrario, todo encuentro consigo mismo debe rehacer el proyecto existencial para reubicarse en el plano del desarrollo vital y encaminarse por sendas de autenticidad. La soledad debe ser concebida como un momento de la dialéctica existencial que sólo encuentra su realización cuando es asumido por otro momento, superior al precedente62. De esta experiencia de soledad el hombre aprende el sentido verdadero de la existencia.

60 61

Ibid., p. 200.

62

LEPP, Ignace. La Comunicación de las Existencias. Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1964. p. 9 Cf. LEPP, Filosofía Cristiana de la Existencia, Op. cit., p. 114.

La soledad brindará al hombre el espacio propicio para el enfrentamiento consigo mismo, de manera que pueda descubrir su fundamental contingencia y, a partir de ella, logre establecer su proyecto existencial. La soledad es indispensable para lograr salir de la trivialidad de la cotidianidad y alcanzar una existencia verdaderamente auténtica. En la medida en que el hombre experimente este estado de soledad, no debe estancarse allí, antes bien de la soledad dialéctica se desprende el deseo de comunicación, le revela la nostalgia de comunicarse con el otro. El hombre al descubrir su contingencia existencial, hace que anhele el encuentro con otras existencias que le ayuden a perfeccionarse. Por tanto, la soledad dialéctica que brinda al hombre el encuentro consigo mismo, la introspección, será el primer paso que llevará a una auténtica comunión con el otro que interviene en la existencia del hombre para complementarse. Toda soledad debe llevar al descubrimiento del Yo personal pero también a la necesidad del otro que más tarde se convertirá en un Tú para el existente auténtico, haciendo de esta relación una verdadera comunión existencial: el Nosotros. Lo que verdaderamente construirá una auténtica comunión existencial, cimiento del Nosotros, es precisamente que el Otro no se le presenta al hombre como una simple exterioridad sino que llegue a ser parte integrante de su Yo. De esta manera, en la medida en que el hombre capte al otro como realidad total, espíritu y carne, como ser holístico, se le presentará como un Tú. Así al entrelazarse dos existencias que se miran como dos Tú, se habrá formado el Nosotros, quedando superada y trascendida la soledad. Esta realidad es la que hará de la comunión existencial camino seguro de una existencia auténtica y denotará factores de promoción existencial auténtica como: el amor y la amistad. “Toda comunicación existencial es una continua fuente creadora”63. 2.3.2 De lo cotidiano a lo auténtico. La realidad de la cotidianidad es el mayor obstáculo para una existencia realmente auténtica. El mundo postmoderno no necesita existentes mediocres, que se conformen con lo que está, con lo que es fácil, y no se enfrenten a aventuras o nuevos retos. Estos hombres no tienen ninguna relación con lo Trascendente y por lo tanto no logran la realización de su destino. Pero, al igual que en el anterior punto, la sociedad facilita esta cotidianidad, el materialismo y utilitarismo aumentan cada vez más los existentes inauténticos. Realidad palpable que es urgente derrocar y ayudar a salir de este sin sentido existencial que ella produce.
63

Ibid., p. 27.

Analizando esta realidad, Lepp expresa su pensamiento frente a este dilema y le otorga a la angustia existencial la realidad de destruir los cimientos de la falsa seguridad en los que se ha instalado, sea voluntaria o involuntariamente, el existente inauténtico, por tanto obliga al hombre a cuestionarse frente a su realidad deslucida y conforme para llevarlo a interrogarse por su sentido y a descubrir la necesidad y la posibilidad de la superación existencial64. La angustia es una fuerza dialéctica en la cual el hombre encontrará la fuerza suficiente para dar el paso de lo cotidiano inauténtico a la existencia auténtica. Ella le hace tomar conciencia de su situación ambigua en el mundo trayendo como consecuencia la desinstalación de todo lo previsto y seguro, llevándolo a lo incierto e introduciendo cimientos verdaderos de autenticidad, de actividad creadora. La cotidianidad sumerge al hombre en estado pasivo, en cambio, el existente auténtico es aquél que asume valientemente su situación en el mundo. La elección absoluta, de primacía metafísica, no lo dejará caer en lo cotidiano; esta opción fundamental despertará en él un deseo profundo de una verdadera existencia auténtica. 2.3.3 La existencia apasionada. En Lepp, la existencia se desenvuelve por entero en la oscuridad y en el peligro, toda existencia que tienda a ser auténtica debe estar llena de riesgo, aventura, peligro; ya que la eliminación de algunos de estos caracteres implicaría una caída inevitable en la absurdidad existencial, en lo inauténtico. Por tanto el riesgo debe quedar subordinado a la tensión del hombre hacia lo propiamente auténtico. En la medida en que el hombre asuma o corra todos los riesgos que presente su existencia le será otorgada la comunión con el absoluto, comunión que lo lleva a ser una persona amante de la autenticidad en lo incierto y riesgoso de su existencia. Esta comunión pondrá de manifiesto en el hombre una nueva dimensión: la pasión. La pasión le otorga a la existencia su carácter de auténtica, ya que quiebra el equilibrio estático que se ha dado el yo, consciente o inconscientemente, y rompe los estrechos cuadros en que la razón querría encerrar su existencia65. Para que el hombre pueda rehacer la unidad de su yo, fuente principal de autenticidad, es preciso que la pasión que emerge en su ser se apodere de su existencia y señale una misma finalidad a todas sus facultades y tendencias, por sí mismas tan contradictorias y excluyentes entre sí. De esta manera Lepp afirma que cuanto más espiritual es el hombre y más auténtica su existencia, más fuerte
64 65

Cf. LEPP, Filosofía Cristiana de la Existencia, Op. cit., p. 96. Cf. Ibid., p. 164.

es en él la pasión66. Así, al introducir la inteligencia el interior de la pasión, todo el dinamismo pasional que se halla en él podrá ponerlo al servicio de su vocación auténtica y de la humanidad. Para la filosofía existencial, dialéctica y pasión están íntimamente ligadas: gracias a la pasión se realizará el progreso dialéctico del hombre y la humanidad. De esta manera la manifestación de una gran pasión en la vida del hombre, que se apodere de todo su ser, imprimirá a su vida un fuerte carácter y valor que producirá el suficiente esclarecimiento de las situaciones oscuras y enigmáticas, y pondrá fin a toda vacilación ante una decisión y a las oscilaciones entre tendencias divergentes67. La existencia apasionada será el camino seguro a la entrega sin reserva del hombre a lo verdadero, a lo valioso, a lo sublime y trascendental. Por esto, el día en que el hombre pueda sacrificarse sin vacilar, habrá alcanzado la autenticidad de su existencia.

66 67

Cf. Ibid., p. 168.

Cf. Ibid., p. 173.

3.

ACAECIMIENTO DEL EXISTENCIARIO AUTÉNTICO

El acaecimiento o advenimiento de la existencia auténtica en el mundo postmoderno ha de convertirse en una de las metas principales en la vida del hombre actual. No es fácil deponer un estilo de existencia marcado por un tinte trascendental y auténtico ante una realidad manifestada como “Light”, es decir, una sociedad que busca el inmediatismo, lo superficial y placentero. Contraponer felicidad a partir de los valores existenciales como soledad, comunión, amor, amistad, conciencia de muerte, a una felicidad de momento, sin compromisos, individualista, egoísta, y hedonista; implica sentar fundamentos que lleven al joven, al hombre de hoy, a interrogarse por el verdadero sentido de su vida, por aquellos sueños que se funden en el insomnio plausible de la mediocridad y conformidad68. Afianzar en el hombre postmoderno el espíritu crítico, dispuesto a ir más allá, a descubrir nuevos horizontes, ha de ser la certeza de construir un mañana mejor de promoción humana y de “existenciarios” que basen su vida en la autenticidad trascendental de los valores existenciales. A la época que se vive ha de deponerse una fuerte afirmación por una existencia no conformista, sino conocedora de su historia, de su posición real y decidida a arrojarse en el incierto mundo de la fidelidad a encarnar los valores de promoción existencial; es decir, aquellos hombres que se dispongan a encarnar utopías. El acaecimiento del

68

Cf. GONZÁLEZ, Luis. Ideas y Creencias del hombre actual: La Postmodernidad. 3 ed. Santander: Sal Terrae, 1993. p. 153 – 186.

existenciario auténtico llevará a establecer los fundamentos esenciales para una sociedad que busca lo verdaderamente sublime: una sociedad auténtica. 3.1 LA SOLEDAD: VALOR ANTAGÓNICO DE LA REALIDAD MASIVA

El existenciario debe desarrollar su vida en una constante dialéctica en donde descubra la relevancia del valor existencial contrapuesto a la realidad en la que vive sumergido. Por tanto, el hombre postmoderno identificado con una cultura permisiva, que vive el momento y que siempre está ‘in’, adquiere como línea fundamental de su existir la necesidad de estar acorde con su mundo, es decir, de estar a la par con lo que todos los hijos de este tiempo hacen y utilizan. La sociedad postmoderna produce un hombre ‘standar’, modelo de todos los demás miembros de la sociedad, adhiriéndolos así al estilo de vida impuesto por ella. Ante esta realidad lo único que hace el hombre es alienarse y masificarse, perdiendo por completo su identidad particular y el aspecto sublime de ser diferente a los demás; en esta época el hombre no es más que un producto, un objeto, que busca imponerse de una manera inauténtica dando relevancia a los valores iconográficos y superficiales69. Al contemplar esta realidad, se quiere que en el trasfondo de ella se vislumbre una pequeña luz de insatisfacción, de no-aceptación de esta condición, que podríamos llamarla infra-existencial. El objetivo ha de ser que el hombre conquiste su individualidad, contemple lo maravilloso de la particularidad y de cómo puede enriquecer al mundo que le rodea70. Él debe salir de esa masificación que lo aliena y que no le permite ‘ser’ verdaderamente. Pero sólo a partir del encuentro consigo mismo, de la soledad, el hombre podrá descubrir lo insípido, lo inútil de su existencia masificada; y podrá discernir los aspectos elementales de su particularidad que constituyen su individualidad, y los equiparará al servicio de su sociedad, al igual que lo exclaman los Obispos latinoamericanos reunidos en la ciudad de Puebla de los Ángeles, en el país de México71. El hombre que se sabe hallar en soledad, reconoce la indigencia de actuar masivamente, de tener valores volubles que cambian con lo que se llama moda, a la vez, que descubre todo el potencial, todo el mar de posibilidades que le depara
69 70

Cf. Ibid., p. 153 – 186. Cf. LEPP, Ignace. La Comunicación de las Existencias. Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1964. p. 9

71

Cf. CELAM. Conferencias del Episcopado Latinoamericano: Puebla. Numeral 339. 4 ed. Bogotá, D. C.: CELAM, 2001. p. 370.

su existencia, llegando a comprender, así, el sentido de “ser yo”, de promover su individualidad como base para la construcción de una existencia diferente a todas las demás; enriquecida con el reconocimiento de sus debilidades y de sus potencialidades. Es necesario y hasta imprescindible promover el valor de la soledad en esta época postmoderna y, así, romper con lo que Lepp afirmó para su época: “la vida moderna tiende a eliminar de las relaciones interhumanas todo carácter de intimidad, de personalidad”72. El hombre debe escapar a este proceso masificador que afronta actualmente y encontrar espacios de soledad que incentiven su espíritu crítico y creador. La soledad, en él, debe presentarse como la negación dialéctica de la absorción y disolución del individuo por la colectividad. El hombre necesita confrontarse consigo mismo para contemplar el maravilloso mundo de la individualidad y de tener una personalidad definida, fundada a partir de valores auténticos que contribuyan a la edificación de una sociedad diferenciada en la que actúan distintos individuos que complementan la vida social73. Cada existente es único y su Yo ha de manifestar la grandeza de su existencia dejando atrás todos los factores que le pueden alienar y sean un obstáculo para el encuentro consigo mismo y para el desarrollo existencial74. En la medida en que el hombre conquiste su yo a través de la soledad, encontrará el verdadero fundamento que mueva su existencia hacia lo sublime, lo grande; se dispondrá a vivir en el hermoso mar de la autenticidad, es decir, en ese sueño demoledor de lo absurdo y conforme. Así se ve en palabras del poeta uruguayo Mario Benedetti: “las soledades llenan un vacío, gracias a ellas nos despabilamos, y lentamente vamos aprendiendo que el clan humano es, después de todo, una congregación de soledades”75. El hombre en el encuentro personal, en esa dialéctica interior de su indigencia y de su grandeza, descubrirá el objetivo que ha de buscar y a partir de esto establecerá su ‘proyecto existencial’, que es la columna vertebral de toda su autenticidad existencial. Así mismo, al descubrirse como soledad y su sentido existencial, experimenta la necesidad del otro, reconocido también como soledad, para entablar una relación de complementariedad. El Yo ha de desvelar el Tú, ambos tienen definido su proyecto, y constituirán un “Nosotros” existencial en el
72 73 74

LEPP, Ignace. La Existencia Auténtica. Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1967. p. 10 Cf. CELAM, Op. cit., Numeral 336, p. 369.

Cf. LEPP, La Comunicación de las Existencias, Op. cit., p. 11.
75

BENEDETTI, Mario. La Vida ese Paréntesis: Ah Soledades. Santafé de Bogotá: Seix Barral, 1997. p. 95.

cual se pondrá de manifiesto la reciprocidad, en los valores existenciales del amor y la amistad, al igual que en los seres que comparten con éste su existencia. Así, al igual que Lepp, se podrá afirmar: “el Otro es necesario para que la existencia llegue a ser una ascensión dialéctica”76. 3.2 EL ABRAZO ENTRE EXISTENCIARIOS

Como se acabó de decir, la soledad enciende en el hombre el deseo incesante del Otro, y ello se debe a que, al descubrir la penuria de su existencia, experimenta la necesidad de alguien que le haga ver esta misma realidad y le ayude a superarla. El hombre que se sabe sólo y que ya ha alcanzado su individualidad, ha identificado el sentido de su existencia y, a la vez, empezará a entrar en relación con otros que hayan experimentado este mismo proceso, y con quienes estén hundidos en el precipicio de la masificación para ayudarlos a salir. El Yo ha de buscar al Tú que, en actitud recíproca y complementaria, formarán el “Nosotros existencial”77. El Yo debe abrazar la realidad del Tú, que lo descubre como medio eficaz para la edificación de su existencia. Ambos participan de la imperiosa labor de descubrir sus debilidades para procurar superarlas, al igual que sus capacidades o cualidades para promoverlas y ponerlas al servicio de la comunidad. Las dos existencias que se encuentran, se complementan y derrocan así el ‘individualismo’ promulgado por esta época postmoderna, para llegar a constituir relaciones de promoción existencial que desmoronen definitivamente el aspecto individual tan marcado, que trae como consecuencia una existencia indigente. Así mismo, el encuentro con personas marginadas han de complementar también la existencia propia, dando un tópico especial a esta relación ya que en ella se funda la más pura comunicación de dos seres que se necesitan mutuamente. Por eso el rostro del pobre es un momento sublime, de especial cuidado, donde se funden dos existencias, hasta el momento indigentes. El encuentro con el pobre es la más pura relación de autenticidad cuando se ama la propia condición y se une a la del Otro, es decir, cuando se comparte con un corazón inundado de amor y se ve en aquél rostro la vida misma, pero plenificada. La presencia del pobre enmarca en la existencia del hombre el encuentro consigo mismo, ya que al ponerse en frente de él, el hombre descubre la indigencia de su existencia y esa presencia le exige una revaloración inmediata de su existir, trayendo como consecuencia el
76 77

LEPP, La Comunicación de las Existencias, Op. cit., p. 24. Cf. GEVAERT, Joseph. El problema del Hombre: Ser Hombre significa Ser con los demás. 9 ed. Salamanca: Sígueme, 1993. p. 31.

afrontarse con su indigencia y la imperante necesidad de restituirle al Otro su dignidad perdida ante esta sociedad que lo margina constantemente. El hombre sensibilizado cruzará el umbral de la existencia auténtica y empezará a forjar caminos de revaloración y promoción existencial, al igual que construirá elementos para luchar por la restitución de lo que el pobre, el inmediatamente Otro, tiene derecho. De esta misma forma, el sentimiento religioso del hombre ha de hallar en este encuentro su verdadero significado y plenitud78, para que así, él encuentre su ascensión existencial y vislumbre la potencialidad de la promoción existencial en el Otro, convirtiéndose también en fundamento de existir y camino seguro de autenticidad79. Dando un papel fundamental al espacio que, ya no llamará simplemente caridad, sino a la revaloración y restitución de la dignidad del pobre que constituye su verdadera existencia, dando campo, finalmente, al abrazo entre existenciarios, fundamento del significado plenario de lo que podría llamarse ‘caridad’. El hombre postmoderno ha de abrazar su propia existencia, al mismo tiempo que se abraza con la del pobre, este encuentro formará el verdadero abrazo entre existenciarios. Por tanto, es de vital importancia que el hombre reconduzca sus relaciones por sendas de valoración y veracidad; y es en el “Nosotros”, en ese abrazo existencial, donde el hombre de hoy puede encontrar el fundamento verdadero que reitere en él su condición de Yo y ponga en servicio del Tú sus valores, al mismo tiempo que encuentra en esta relación la máxima expresión del sentido de religiosidad; ya que en el Otro, en ese Tu, está la presencia de Dios mismo. En el momento mismo en que el hombre de hoy experimente la necesidad del Otro, a la vez que su riqueza, ascenderá existencialmente, íntegramente, y tendrá por único objeto, no ya la caridad, sino la restitución de su dignidad. Por eso, hoy se hace urgente la promoción de las relaciones fundadas en el Nosotros existencial, para que ayuden a salir a los demás hombres de su instalación inconsciente y de relaciones por conveniencia, sin ninguna profundidad, por relaciones altruistas, donde prime el sentido de alteridad y el Yo encuentre su sentido pleno en la existencia del Otro y viceversa80. El hombre ha de buscar, en su mundo postmoderno, la auténtica relación existencial, para que llegue a ser-con-los-demás y para-los-demás81.
78

Cf. DREWERMANN, Eugen. Dios inmediato. Madrid: Trotta, 1997. p. 43 Cf. Ibid., p. 31. Cf. MARCEL, Gabriel. El Hombre Problemático. Buenos Aires: Sudamericana, 1956. p. 134

79 80 81

Cf. GEVAERT, Op. cit., p. 31 – 67.

3.3

LA MUERTE: MISTERIO FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA

“Somos cardúmenes vivos que navegamos ciegos, consolables, de muerte a muerte y sin escalas”82, estas palabras de Benedetti ponen de manifiesto la cruda realidad: no somos más que seres sin sentido que nos aterra la idea de la muerte. El hombre postmoderno ve en la muerte la más trágica realidad de su existencia, en ella reside el fin de su apego material. La vida se ve desde la perspectiva del ‘ahora’, del momento que ha de ser placentero y que ha de desterrar cualquier tipo de dolor. La vida del hombre hoy no es más que el placer como objeto ‘plenario’ de toda existencia, la muerte, entonces, el obstáculo más fuerte y verídico de la prolongación de una vida caracterizada por el instante de delectación, producida inconscientemente. El hombre ha de vivir para el goce, el disfrute, creando así una escala propia de valores que hace más mísera su existencia, y que, además, otorga a la muerte la visión de aquello que derriba los pseudo sueños de su vida. Esta visión es uno de los más fuertes pilares del mundo postmoderno que, a la vez, se convierte en un reto para el hombre auténtico de hoy. La muerte ha de convertirse en la manifestación auténtica de la propia existencia83, ella ha de revelar el misterio de la vida, pero de una vida digna, promovida humanamente, llena de valores existenciales. El hombre de hoy ha de encontrar en la muerte el designio claro de una existencia única, original; en ella ha de vislumbrar la contingencia de su ser para derribar así la incesante búsqueda de lo momentáneo, de lo volátil. El existenciario es aquél que ve en la muerte la oportunidad de dejar huella en el mundo terrenal y de dar paso a la felicidad plena, en un mundo de felicidad perenne84. Así, el hombre de hoy debe tomar conciencia de la realidad de muerte y ha de convertirla en punto referencial para su caminar auténtico, de modo que encuentre en ella el impulso continuo de alcanzar la
82 83

BENEDETTI, La Vida ese Paréntesis: Como si nada, Op. cit., p. 19.

Cf. DREWERMANN, Op. cit., p. 109. Cf. GAOS, José. Introducción a el Ser y el Tiempo de Martín Heidegger: La Muerte y la Voz de la Conciencia. 2 ed. México: Fondo de Cultura Económica, 1971. p. 62 – 78.
84

felicidad, basada en el actuar consciente para lograr el fin propuesto 85. En conclusión, la muerte, mezcla de realidad y misterio, guarda en su interior el fundamento existencial del hombre, en el cual se halla el pleno sentido de existencia86; en la medida en que el hombre postmoderno descubra la esencia de su existencia, hallará a la vez la realidad de la muerte que le brindará puntadas de sentido y hará de su vida una existencia consciente y con un horizonte determinado, es decir, el camino de la autenticidad existencial. La conciencia de muerte es el punto de partida del proyecto existencial del hombre. A partir de esta toma de conciencia, el hombre dejará de ser un existencial y pasará a ser un existenciario con toda una perspectiva de autenticidad87. 3.4 EL EXISTENCIARIO AUTÉNTICO: UN SER COMPROMETIDO

Por último, no hay existencia auténtica si no se compromete el ser entero88. Muchos de los hombres de hoy le tienen un miedo asiduo a lo que significa y representa el compromiso. El hombre de hoy no quiere saber nada de compromisos sino de cosas que sean fáciles y sin complicaciones. Esta es la cultura del menor esfuerzo y todo lo que implique lo contrario debe ser abolido. Es la época de exaltar los valores temporales y desterrar aquello que signifique trascendental, es la época de establecer la propia ley sin ninguna complicación o dificultad, es el momento de actuar por conveniencia y no hacer nada que exija entrega, dedicación, esfuerzo. El hombre postmoderno se hunde en la arena movediza de lo superficial. Ante esta perspectiva el hombre que se dice ser auténtico debe romper este esquema e ir más allá, a las esencias, a las verdades, aunque duelan y exijan una donación total de todas sus facultades existenciales. El existenciario hoy debe asumir el reto de cambiar la mirada en torno al compromiso y ha de motivar para que los demás existentes se sientan llamados a la aventura de lo verdadero, de lo que cuesta dedicación y esfuerzo. El hombre de hoy debe ser reorientado por los caminos de autenticidad que trae consigo el compromiso.

85

Cf. GEVAERT, Op. cit., p. 318 – 324.

86

Cf. HOLGUÍN, Andrés. La Pregunta por el Hombre: El Hombre y su Muerte. Bogotá, D. C.: Planeta, 1988. p. 182.
87 88

Cf. GAOS, Op. cit., p. 62 – 78. Cf. LEPP, La Existencia Auténtica, Op. cit., p. 127.

El existente que se compromete asume la tarea de construir la edificación del amor, la amistad, de lo sincero, de la creatividad, y de la auto-donación hacia lo que se ha escogido para enfrentar, el compromiso asumido lleva al hombre a desinstalarse de una “vida dada”, prolongación inconsciente de su realidad, para culminar en espacios creativos y ascendentes, tanto para su existencia como para las que participan en su entorno. En el compromiso el hombre va a encontrar la realidad de lo inesperado, de lo incierto, y traerá en él el riesgo y la aventura de no saber lo que le está esperando más allá, sino que asumirá verdaderamente el lanzarse al mundo que ha escogido para mostrarse tal cual es, y luchar por algo que se va a convertir en sublime, trascendente y especial; a la vez, va a encontrar la importancia de amar sin medida, de luchar por lo que se quiere y de conseguir con esfuerzo lo que un día se propuso. El compromiso trae para el hombre la necesaria aplicación de todas sus posibilidades existenciales para alcanzar la plena autenticidad en el significado de lograr la vida misma a través de lo que contrajo como compromiso, es decir, el ser se compromete todo en lo que se propone y en ello halla el verdadero sentido de su existencia. Comprometerse es arrojarse en el maravilloso mundo de lo paradójico, donde buscar es hallar, llorar es reír, olvidar es amar. El hombre que se compromete se aferra a la vida y ve en la muerte un paso a la siguiente vida. El hombre que se compromete irrumpe la cruda realidad con el sueño, con el entusiasmo y el ánimo, con el amor verdadero, oblativo, con la abolición de la incapacidad para imponer el grandioso estandarte de la confianza en sí mismo. El ser que se compromete ve en la existencia la oportunidad de que su mundo, su realidad, se puede cambiar. El existenciario comprometido no ve límites, sondea lo incierto, da muerte a su vida postmoderna y se lanza al basto riesgo de asumir la existencia que le otorgue el título de Ser Hombre. En el ser comprometido se halla la confluencia de todos los valores existenciales, ya que sin ellos no sería posible el compromiso. La existencia auténtica halla su mayor plenificación en la existencia comprometida. El ser comprometido rebosa los límites y abre el horizonte de lo auténtico, en él, el existenciario, renueva cada día su existencia (devenir existencial), propicia espacios para el encuentro consigo mismo (la soledad existencial), forma parte de otros existentes que le ayuden y que enriquece con su propia existencia (nosotros existencial), día a día construye el hermoso edificio de su realización vocacional terrenal en fin de su vocación espiritual, tomando conciencia de su muerte (el ser-para-morir), y se halla en la plenitud de su libertad porque opta conscientemente por lo verdaderamente auténtico y sublime (temas de la libertad y la elección). El existenciario comprometido es el existente auténtico. El existenciario comprometido ve en su

proyecto existencial el más grande reto y se afianza a él de una manera única, para él la vida es la oportunidad de humanizarse y humanizar a los demás. El existenciario comprometido humaniza las estructuras, pasando de la simple institución a caminos auténticos de promoción existencial, es decir, a estructuras al servicio del hombre mismo y no al contrario. El existenciario comprometido es el paradigma al cual se debe llegar en esta sociedad donde prevalecen los valores postmodernos. Así, ya para finalizar, el poeta Mario Benedetti evoca este deseo de compromiso al interpelar a los jóvenes de su país, y a través de ellos a todos, con el poema titulado ¿Qué les queda a los jóvenes?, poema que se ha querido plasmar en este trabajo, especialmente para los lectores de éste y para todos aquéllos que todavía no han descubierto que éste es el tiempo de mirar hacia delante, dejar lo viejo atrás y atreverse a ser auténticos. “¿QUÉ LES QUEDA A LOS JÓVENES? ¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco? ¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo? también les queda no decir amén no dejar que les maten el amor recuperar el habla y la utopía ser jóvenes sin prisa y con memoria situarse en una historia que es la suya no convertirse en viejos prematuros ¿qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de rutina y ruina? ¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas? les queda respirar / abrir los ojos descubrir las raíces del horror inventar paz así sea a ponchazos entenderse con la naturaleza y con la lluvia y los relámpagos y con el sentimiento y con la muerte esa loca de atar y desatar ¿qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de consumo y humo?

¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas? también les queda discutir con dios tanto si existe como si no existe tender manos que ayudan / abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno / sobre todo les queda hacer futuro a pesar de los ruines del pasado y los sabios granujas del presente”89

Éste es un paréntesis en la vida del soñador que se dispone a dejar de soñar para empezar a encarnar utopías…

89

BENEDETTI, La Vida ese Paréntesis: Qué les queda a los jóvenes, Op. cit., p. 151.

CONCLUSIONES En el mundo de hoy es difícil pronunciar la palabra que vaya en contra de las realidades promovidas por esta sociedad. Tropezarse con los hombres es tocar el mundo desgarrado y falto de humanidad. Cuántos hombres de hoy no arrojan su valioso tesoro de suspicacia y criticidad para dar campo a lo superficial y placentero. Sí, mirar hacia los alrededores de la existencia es encontrar la cruda realidad de un hombre que quiere llegar a un retroceso en su proceso evolutivo, es contemplar al hombre anegado en el barro. Pero todo no es eso. Hay hombres, aunque pocos, que añoran la luz en la noche oscura, que desean el agua en el tormento de la sed, que exigen la brújula en el espacio inconmensurable, aprecian la vida en la enfermedad y en la frustración sueñan con el amor; hombres que se desenvuelven en esa dialéctica de su existencia cuando peregrinan insaciables por este mundo en busca de algo llamado felicidad. En la multitud que marcha en la inconsciencia de vivir, hay hombres que quieren optar por la búsqueda del secreto que los ha de llevar al sendero de la verdadera felicidad. En medio del caos, de la oscuridad y del desaliento, se necesitan de los refuerzos necesarios que orienten y animen la existencia del hombre. Este trabajo trata de ser un espacio oxigenado de los valores existenciales, soledad, comunión,

conciencia y compromiso, donde el hombre exhale su cansancio frente a la vida que lleva y su pesimismo, y donde inhale la esperanza y el auténtico sentido de su existencia. Unos valores existenciales que lo conduzcan hacia la recuperación continua del sentido auténtico de la existencia. La vida tiene obligación de morir, desde que se nace ya se ha reservado sitio para el viaje sutil e inexorable hacia la muerte; pero, ¿por qué no arriesgarse al incierto mundo de lo auténtico y verdadero? La vida es la oportunidad de no tener una muerte total, sino de morir para llegar a contemplar la felicidad perenne, de llevar a otros a descubrir el dulce sabor de la vida que genera más vida, es la oportunidad de comprender que se es hombre verdaderamente. Este trabajo es el desvelar la indigencia de la existencia del hombre postmoderno para abrirse caminos que tengan como único objetivo aborrecer lo inauténtico y encarnar sueños que lo humanicen. El plazo de la existencia auténtica es un instante y el hombre debe hacerlo durar como un milagro. No es fácil instalarse en la excepción, pero es el camino más sincero para contemplar el inmenso mar de la felicidad. ¿Cómo no hacer apuestas a favor o en contra hasta que alguien pronuncie el no va más? Este trabajo es el sueño que quiere convertirse en utopía para el soñador. Ignace Lepp es un excelente pensador de su tiempo indigente, es un filósofo convencido de la imperante necesidad de vivir bajo directrices promotoras de existencias no conformes y comprometidas. Lepp es la voz que resuena en el hoy, es el silencio que quiere ser pronunciado. A través de él, se ha comprendido la primacía de la labor de brindar caminos de ascensión existencial para aquellos hombres que no le han encontrado sentido a su vida. Su teoría ha llevado a establecer que en este caminar la existencia debe enriquecerse y que se debe luchar a cada instante por seguir caminando en este sendero. Se llega a concluir que es la presencia del pobre, su existencia, la que lleva al hombre a ser existenciario. Esta filosofía ha sido combinada con la inspiración más profunda de la poesía. El deseo más ferviente es que este trabajo encienda en los corazones de los lectores la llama del deseo del pobre, que lo necesita. Sólo queda por decir que cada hombre es un soñador que fantasea con una vida verdadera que puede empezar a gestar hoy, cuando decida ser un existenciario auténtico. Si el hombre vive hoy bajo las normas y las estructuras que le brinda la sociedad, y cumple fielmente lo que le pide, sin mucha exigencia, con poca capacidad crítica y siendo uno más del montón, la sociedad le otorgará el título de profesional. En

cambio, si ha de preocuparse por su vida, engendrando valores verdaderos, generando espacios de expresión crítica, fomentando la armonía de la existencia a través del encuentro con el Otro, especialmente el pobre, y promoviendo cimientos de existencia auténtica, asumiendo la vida con aptitud crítica, la vida le dará el título de Hombre. Así habrá llegado a ser un existenciario auténtico.

BIBLIOGRAFÍA CHAMBRE, Henri. El marxismo en la Unión Soviética. Madrid: Tecnos, 1960. 221 – 233 p. CORETH, Emerich et al. La filosofía del siglo XX. Barcelona: Herder, 1989. 295 p. HEIDEGGER, Martín. El Ser y el Tiempo. 2 ed. Santafé de Bogotá, D. C.: Fondo de Cultura Económica Ltda., 1993. 471 p. ITURRIOZ, J. Existencialismo. Zaragoza: El Noticiero, 1951. 120 p. JOLIVET, Régis. Las doctrinas existencialistas: desde Kierkegaard a J. P. Sartre. Madrid: Gredos, 1962. 351 p. LEPP, Ignace. Filosofía cristiana de la existencia. Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1963. 126 p. ________. La comunicación de las existencias. Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1964. 164 p. ________. La existencia auténtica. Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1967. 208 p.

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