Movadef y la Universidad de Huamanga Jefrey Gamarra Docente de la Universidad San Cristóbal de Huamanga

Escribo esta nota no desde un cómodo chair de centro académico extranjero, tampoco desde la sede de un programa para combatir tendencias antidemocráticas. Escribo desde la Universidad de Huamanga, nombre que evoca temores, iras, memorias y silencios inclusive desde los propios especialistas de la memoria. En estos días se habla mucho del Movadef y se vuelve a hablar de la universidad pública y sus estudiantes. Respecto a lo primero, simplemente me limito a señalar la conveniencia de respetar la libertad de opinión, por muy condenable que nos parezcan algunos de los discursos políticos. Pero subrayo la inconveniencia de que un grupo como el MOVADEF participe en tanto partido político en el sistema democrático.

Un proceso electoral supone que cada uno de los partidos se reconocen iguales pero en competencia y aceptan por tanto que el rival, el otro electoral, se constituya en oposición en caso de perder o en sujeto de la oposición en caso de ganar. Un partido que se reconoce como el único poseedor de la razón y por tanto superior al resto por considerarse asimismo como detentador de la verdad, ve en el otro no un competidor sino un enemigo que debe ser aniquilado. Un partido así no tiene nada que hacer en una democracia electoral.

Lo preocupante es que toda esta discusión en torno al tema Movadef revive prejuicios y estigmas contra la universidad pública, especialmente contra la Universidad San Cristóbal de Huamanga y sus estudiantes. Desde la derecha bruta y achorada (DBA) que denuncia la persistencia del terrorismo en sus aulas y considera a sus profesores como ideólogos del senderismo y a sus alumnos como cómplices de la violencia, hasta las posiciones más sutiles de quienes siguen sosteniendo (de modo racista, sin darse cuenta) que la radicalización de los estudiantes es producto de su cultura ancestral y su desarraigo en el medio urbano.

Como receta, los primeros son partidarios sino del cierre, al menos de una intervención militar de las universidades “incubadoras” de terroristas. Para los segundos, la solución está en blandir el Informe Final de la CVR y llevar la “buena nueva” a los resentidos, para escándalo de Monseñor Cipriani y seguidores como Rafael Rey.

No se dan cuenta que Movadef no despierta el mismo entusiasmo incluso entre los estudiantes más pobres y rurales; pocos son conscientes que los docentes radicales tienen cada vez más dificultades para lograr que su tozudez académico-filosófico-política subsista en un mundo cambiante y con modelos de consumo que los seducen a ellos mismos en su cotidiano existir. Hay quienes confunden estudiantes indignados con la crisis de la Universidad pública con estudiantes fanatizados al estilo de los años setenta que creían luchar por una universidad científica y popular.

No es la ignorancia del pasado sino la creciente ignorancia del futuro, a partir del “desencantamiento de la política”, lo que motiva opiniones mayoritarias en la universidad respecto a la memoria de la violencia. Es también el desencantamiento en una clase política incapaz de promover una nueva ley universitaria y resolver el problema de las universidades públicas, lo que puede conducir a futuras protestas de indignados estudiantes. Cuando esto suceda, el titular represivo será como sigue: “El fantasma de Pol pot y el terrorismo están detrás”.

Huamanga, enero de 2012

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful