FULGOR DE RAYOS: THOMAS CARLYLE Por Carlos Valdés Martín “¡Luz y cuando no, relámpagos! Elija el mundo.

”1 “Verdad que les hacía falta el rayo, ¡pero atraerle…!”2 Inicio Las palabras de este autor inglés nos siguen resonando como el trueno, compañero del rayo. Contrario al estilo flemático, llamado el típico británico, Carlyle cultiva el apasionamiento y el deslumbramiento para su auditorio. Su útil labor consiste en convencernos y convertirnos en creyentes, devotos de una revelación saturada de convicciones y de evidencias luminosas. Le interesa el mundo (digamos en sentido llano), pero más le importa valorar el universo (afirmemos esto en sentido superlativo), por eso escoge el monumento viviente, esa señal más elevada y entonces nos regala con el retrato de los héroes: las majestuosas cumbres convertidas en personas. Este tema de los héroes, con el paso de los años y su incorporación al discurso de gobierno se habría de trivializar tanto, que ya no debería ofrecer sorpresa; pero la novedad sorprendente se mantiene cuando aparece durante el breve instante de la fundación; así, Carlyle nos propone fundar hacia 1840 un culto honesto a los héroes, límpido y sin intenciones burocráticas ni demagogia. Este ensayista poco informa sobre los “hechos” de la historia, pues los “hechos” le parecen triviales, a excepción de unas pocas anécdotas significativas. Pero a él le interesa una luz emanando desde el personaje, y para eso convoca al rayo mediante la palabra. Desea convencernos de la vida eterna del eco (la perennidad del mensaje), siempre y cuando ese eco provenga de una voz sincera y original, exactamente emane desde la voz del héroe. Entonces, pues, recordemos los destellos lanzados por las palabras de Thomas Carlyle rememorando y engrandeciendo a los héroes de las naciones3 y la humanidad. Culto al héroe: toda sociedad consiste en seguir al héroe Carlyle nos proporciona interpretación extrema4 de la importancia social y política del héroe, cuando estima que el entero edificio social de la sociedad humana se funda sobre el cimiento del culto a los héroes, ahora ya entendidos en una amplitud de grandes hombres reales, los enormes líderes guiando a su sociedad y causando un movimiento universal para perseguir sus huellas. Para su interpretación la sociedad entera es “un culto graduado a los héroes; reverencia y obediencia que tributamos a hombres verdaderamente grandes y sapientes. Todos estos dignatarios sociales son como billetes de banco; todos representan oro, si bien, por desgracia los hay falsos siempre”5 Por dignatarios sociales Carlyle entiende cualquier representante de una sociedad, principalmente los líderes un políticos pero también las cabezas de la religión con sus sacerdotes y ministros, de la educación con sus maestros y rectores, o de la economía
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CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 207. CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 41. 3 Para Federico Chabod, el culto nacional de los héroes es una manifestación moderna de la formación de las naciones, que le parece surgiendo en Suiza en el siglo XVIII. Desde la modernidad se forma el culto a los padres de la patria, antes hubo más bien dioses y profetas. Cf. La idea de nación. 4 Por quedar en el extremo su teoría del héroe resulta débil y con muchas fallas, que han sido anotadas por diversos autores, en especial cuestionando que el culto al héroe con facilidad cae en el autoritarismo. Sin embargo, su limitación teórica no demerita su mérito estético y alegórico. 5 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 40.

con sus directores y empleados. Ahora bien, una jerarquía mide su poder por la cumbre, y si desaparece la validez de su pináculo, también caerá completa esa organización, tal cual el sistema financiero, y para eso le sirven de metáfora las validaciones del intercambio diario. Para esta interpretación el héroe consigue colocarse en solitario; conquistando una cúspide donde se concentra lo grande y ejemplar, por eso sólo resta seguirlo durante el curso de los siglos sucesivos. A la cabeza de las sociedades, en un momento inicial le parece a Carlyle que no hay antepasados simples (sin admiraciones o exclamaciones) sino siempre héroes quienes marcan el rumbo y el derrotero. Este liderazgo inicial no requiere de un plan detallado, bastan unas pocas ideas brillantes, resultan suficientes unas grandes líneas maestras insufladas con la potencia heroica para levantas las velas del barco de cada pueblo. De hecho, a Carlyle le parece que la Historia entera es “en el fondo, la historia de los grandes hombres”6 Con esta clase de interpretación se coloca en uno de los extremos posibles de la teoría, completamente opuesta a las tendencias más modernas e históricas, las cuales consideran la combinación de los factores sociales y los influjos de economía, demografía, política, tecnología, etc. para establecer una teorización con un balance equilibrado entre la Sociedad y el Individuo. Al contrario, este ameno autor insiste en colorear la obra del grande entre los grandes, para enaltecerla como la luz en mitad de la entera oscuridad o mejor, según la afortunada imagen de Carlyle, es el rayo incendiando a los troncos secos, pues “El hombre grande (…) es el rayo verdadero (…) Al son de su vigoroso acento, enciéndese el hacinado y corrupto combustible, todo es conflagración en torno suyo… ¡y luego dicen que los secos leños amontonados fueron la causa!”7 En definitiva él toma partido por el rayo tan incendiario como súbito e inesperado, desdeñando a los troncos secos, apilados en un montón ordenado y merecedores del olvido. El balance de la historia entre los grandes líderes y los pueblos nunca ha sido sencillo. Conforme la ciencia social ha descubierto estructuras de fondo que operan con eficacia, el papel de las personas se ha ido reduciendo, por tanto los líderes heroicos se empequeñecen. El marxismo representó una gran escalada para reducir la estatura del liderazgo en la perspectiva social, pero la tendencia ha seguido. El adecuado balance entre el individuo activo y la estructura social preocupó a Engels, como lo mostró en su correspondencia. Con el paso de las décadas diversos descubrimientos y reflexiones parecieron abonar hacia las estructuras poderosas, dejando un papel cada vez más modesto al individuo, incluso algunas variedades de estructuralismo y postestructuralismo han decretado la desaparición del hombre8 y sólo otorgan realidad a las estructuras. Al plantear la unidad del existencialismo con el marxismo, Sartre hizo una de las reflexiones más completas en torno a esta relación del individuo con las estructuras en el plano de la historia, defendiendo la irreductibilidad de la persona en la estructura9. En una perspectiva, de siglo XXI resulta difícil aceptar con tanta llaneza la posición del líder como presencia superlativa, pues nos parece que una posición también depende de antecedentes, herramientas, escenario, recursos económicos o medios masivos para imponerse en el interés público; de manera espontánea es la combinación entre la persona y una estructura la fórmula más adecuada para un efecto trascendente. La interpretación del Carlyle parece demasiado personalista y romántica centrada en la
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CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 31. CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 41. 8 Por ejemplo, Foucault en Las palabras y las cosas. 9 SARTRE, La crítica de la razón dialéctica.

genialidad de la persona; visión endiosada con las personalidades que han cimbrado el mundo y poco interesada en situaciones y circunstancias10. En la alborada del siglo XXI, a nivel de las ideologías sociales nos encontramos indefinidos entre los dos extremos: por un lado, culto a la estrella y al dirigente, y por el otro, desconfianza en la persona, incluso creencia en su inexistencia. Por ejemplo, el ciudadano tan fácilmente puede creer que el político es todopoderoso, como cae en la idea de que es un títere manejado desde la oscuridad por fuerzas misteriosas o conspiraciones articuladas. Algo semejante sucede con la estrella del arte pop, que se idolatra con candor pero está sujeta a su difusión por los tele-medios, donde su presencia los levanta o hunde. En este campo, cualquier posición reduccionista que sólo tome en cuenta al líder o a las estructuras, rápidamente cae por su propio peso. El verdadero tema social es la investigación de las relaciones entre los individuos y las múltiples estructuras, que los condicionan y sobre las que actúan. La literatura une a la nación, quien la crea sobrevive al Imperio Al tratar la relación entre la nación y los héroes poetas Carlyle efectúa algunas especulaciones, con rasgos asombrosos si las consideramos que surgen en el año 1840, cuando el Imperio Británico daba la vuelta al globo y parecía imposible de desafiar. Al hacer su estimación sobre Shakespeare, lanza una evaluación sobre las posesiones del imperio inglés, en un periodo cuando crecía, y se mantenía con una solidez indudable. “El imperio de la India se irá de todos modos cualquier día; pero Shakespeare, no; éste permanecerá para siempre con nosotros”11. El tema de fondo en ese argumento es la importancia para los ingleses del genio literario, del cual no pueden desprenderse, pero el ensayista se desvía ligeramente de su línea para abundar sobre las relaciones exteriores del imperio. Estima la amplitud de las conquistas, indicando que “Inglaterra, antes de mucho, llegará a contener tan sólo una pequeña fracción de la familia inglesa: en América, en Nueva Holanda, al Oriente y al Occidente hasta los mismos antípodas, se levantará un anglosajonismo que llenará las más grandes partes del globo. Ahora bien: ¿qué puede mantener todas esas partes unidas, formando virtualmente una nación (…) de una gran familia?”12. Le parece que la tarea de unir ese universo anglosajón creciente es formidable hasta alcanzar su límite; por una parte estima la impotencia del ordenamiento político, pues dice: “Las actas del Parlamento, los primeros ministros de la administración no pueden.” Entonces le parece que el “rey” Shakespeare “¿No es el más noble, el más gentil y a la vez la más legítima esperanza de nuestra unión? Realmente es indestructible y más valioso desde este punto de vista que todos cuantos medios se imaginasen, sean cuales fueren (…) y (…) Desde Paramatta, desde Nueva Cork, en todas partes, bajo cualquier alguacil de aldea, sea el que fuere, todo inglés, hombres y mujeres, se dirán unos a otros: <Sí; este Shakespeare es nuestro; nosotros le hicimos y ahora hablamos y pensamos por él; nosotros somos de la misma sangre, de la misma raza que él.> Aun el político dotado de sentido común, sea cual fuere su categoría, podrá también pensar en esto, si le place”13. Como se observa en los diversos eslabones de estos razonamientos, la continuidad se ofrece mediante una “lengua literaria”, esa habla dotada de vida artística que se transmite entre generaciones y se amplía mediante el poder del convencimiento. El corazón del país (entonces un imperio) lo magnetiza una “lengua literaria” que ofrece una utilidad enorme: integrar a una nación, incluso trans-fronterizamente, imaginando una comunidad planetaria. Ahora
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ORTEGA Y GASSET, José, El tema de nuestro tiempo. No existe el individuo ni la acción fuera de la circunstancia; el contexto define a la persona y su acción siempre. 11 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 132. 12 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 132. 13 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 133.

bien, a Carlyle le interesa especialmente indicar el protagonismo de esa comunicación literaria, manteniendo viva la personalidad generadora del discurso. En este caso, al imperio inglés lo estima amenazado de muerte y solamente ese idioma artístico podría (quizá) salvarlo, y para eso descubre al arte personificado en el creador más notable del teatro de la época isabelina. Ahora bien, esta opinión sobre la función de unificación nacional de la literatura, le parece a Carlyle que se debe ampliar directamente, y no se limita a su patria inglesa. El aserto lo aplica positivamente a Dante con Italia. Recordemos que no existía la unidad política de Italia; se había mantenido dividida durante siglos, separada entre reinos antagónicos, como moneda menuda de las disputas dinásticas. “Si cosa verdaderamente grande es para una nación poseer una voz articulada, poder envanecerse de que salga de su seno un hombre que pueda decir melodiosamente lo que su corazón encierre. Italia, por ejemplo, yace, pobre nación, desmembrada, despedazada, sin que aparezca su nombre en protocolo ni tratado alguno como entidad de ningún género, y, no obstante, la noble nación italiana es actualmente una: Italia produjo a Dante: por tanto, ¡Italia puede hablar!”14 Esta indicación resulta sorprendente, porque acontece antes de la unificación de Italia, y Carlyle no parecía versado en política de tal región. Incluso no pronuncia una profecía de una Italia política venidera, sin embargo, lo insinúa con plena claridad. Esto resulta diáfano, porque sigue su razonamiento hacia Rusia, de donde dice: “El zar de todas las Rusias es fuerte, con infinito número de bayonetas, cosacos y dragones, y hace una cosa importante conservando políticamente unida tan considerable parte de la tierra poblada de tan diversas razas, pero no puede hablar aún (…) (tal país) Necesita aprender a hablar: hasta ahora no es más que un monstruo grande, pero mudo. Desaparecerán sus cañones y sus cosacos consumidos por la herrumbre y las vicisitudes del tiempo, mientras que la voz de Dante continuará oyéndose ni más ni menos que ahora. La nación que posee un Dante está más estrechamente unida que podrá jamás estarlo una nación muda como Rusia.”15 Resulta evidente, por ese comentario, que en ese periodo la naciente y extraordinaria literatura rusa resulta desconocida en Inglaterra. Sin embargo, el dicho de Carlyle contiene un exceso profético, sobre la futura desmembración de las regiones conquistadas por Rusia, todavía mantenidas por el régimen soviético, pero finalmente separadas, en un mosaico de pueblos con lenguas antagonistas. En este redondeo de los comentarios, resulta confirmada esta visión de la unidad entre “lengua literaria” y la viabilidad nacional, lo curioso es la proximidad de ideas con las manifestadas por el joven Engels durante la revolución de 184816, lo cual nos hace suponer la existencia de una fuente común, para profesar esta interpretación de la relación entre el lenguaje literario y la cuestión nacional europea. Existe una interesante discusión sobre la formación de las nacionalidades a partir de la lengua, pues si observamos el florecimiento de diversos idiomas en el mapa europeo, descubriremos que sobre ese patrón también siguió su curso el “despertar” de las naciones durante los siglos XIX y XX17. Esta relación directa entre el despertar de las leguas locales, para estructurarse en idiomas articulados, con codificación gramática y expresión literaria es uno de los fenómenos fascinantes del periodo, donde el manto cultural parece adelantarse a la forma política. Por su parte, Carlyle y también Engels ponen un acento especial en el influjo del aspecto literario del idioma como su
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CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 133. CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 133. 16 ROLSDOSKY, Roman, Friederich Engels y el problema de los pueblos "sin historia" y ENGELS, Friederich, "El destino de los pueblos eslavos", en La cuestión nacional y la formación de los Estados, 17 DEUTSCH, Karl, Las naciones en crisis, Ed. FCE, México, 1981.

componente de fortaleza; por mi parte, me sumo a ese acierto, pues la belleza (manifiesta en la obra artística) integra la fuerza vital de los lenguajes18. El libro es la nave de la eternidad El libro es como un púlpito, pero anclado en la eternidad, dirigido en potencia hacia todas las personas. Carlyle nos recuerda “Conocedores de la ineludible necesidad que experimenta el hombre de dirigir la palabra a sus semejantes, fundaron nuestros piadosos padres por todas partes del mundo iglesias abundantemente provistas de todo lo necesario (…) Principalmente entre los adherentes era un púlpito con sus accesorios, a fin de que un hombre, sólo con el instrumento de la lengua, puede dirigir ventajosamente la palabra a sus semejantes desde aquel elevado y digno lugar (…) Por el solo concepto de ser autor de un libro ¿no hemos ya de considerar a ese autor como un verdadero predicador, que hace oír su palabra; no en esta ni aquella parroquia, ni hoy ni el día siguiente, sino en todos tiempos y lugares, y dirigiéndose a todos los hombres?”19. La expansión virtual de la palabra en cualquier dirección viajando en una cápsula del tiempo es un aspecto crucial del texto escrito, que mirado de cerca, raya en la ficción. ¿Las palabras de Sócrates plasmadas por Platón se dirigen a mí? La distancia abismal entre el lector presente y los creadores remotos resultan asombrosas, y la capacidad para obtener esos saltos en el tiempo han merecido atención de la mejor ficción. Bajo ese orden de ideas Carlyle evalúa la importancia del libro como máquina del tiempo. El texto escrito (ahora acompañado por los reproductores de sonidos e imágenes) ha sido la mejor máquina del tiempo donde sobrevive el lejano pasado “Grecia, con todos sus Agamenones y Pericles, ha desaparecido y convertídose en fragmentos, en tristes y pálidas ruinas…: todo, ¡menos los libros helénicos! Allí está el dorado archipiélago; allí vive literalmente Grecia todavía”20. Mientras las rocas de las sólidas pirámides muestran la voluntad e intención de perpetuar un recuerdo entre las arenas del tiempo, la invención de la escritura parece inocente, y la conquista sobre la fatalidad de Cronos devorando a sus hijos es un regalo inesperado. El escriba es más modesto que el arquitecto, pero su obra de conservación (dadas las circunstancias afortunadas mientras sobreviva el frágil texto) resulta inigualable, pues los monumentos no son suficientemente elocuentes, los pergaminos han conservado una mayor elocuencia. La época inaugurada por la escritura es nueva y por mejores motivos que los considerados por los historiadores convencionales: “Con el arte de la escritura (…) comenzó el reino verdadero de los milagros para el género humano; relacionó íntima y estrechamente, con maravillosa y perpetua contigüidad, lo pasado y lo distante con lo presente en tiempo y lugar y todos los tiempos con la época que corre ahora. Cambiaron de forma todas las cosas útiles para el servicio del hombre, todos los sistemas de todos sus trabajos importantes: la enseñanza, la predicación, el gobierno, etc.” (p. 179). El efecto de la escritura literaria lo evalúa como la revolución completa, la cual cambia la catadura del mundo y liga las antigüedades con los presentes. Asimismo, cabría establecer la hipótesis que este discurso literario sirve para transvalorar los valores y crear la utilidad, ahora tan evidente y casi natural21. Asimismo, cabe preguntarse si el discurso literario es una simple transferencia de un descubrimiento técnico (el alfabeto
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VALDÉS MARTÍN, Carlos, “Como una pampa: la literatura para las naciones”. CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 178 Y por cuanto expresan una honda verdad Carlyle indica al afinidad estructural del libro con el culto religioso: “todo canto verdadero participa de la naturaleza del culto, como así puede también decirse de todo trabajo verdadero (…) Los libros son también nuestra Iglesia” p. 181. 20 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 178.

fonético22) o resultado de una totalidad de pensamiento transformada23. Y el efecto de la escritura difundida, lo mira Carlyle como de dimensión política directa, pues “La literatura también es nuestro Parlamento (…) Inventad la escritura y será inevitable al democracia” (p. 181). Este aspecto resulta notable, pues los vínculos de la escritura con la estructura del Estado han sido señalados de manera discreta por algunos autores24, pero resulta interesante establecer el lazo con la figura democrática del poder. La aparición del cuarto Estado: periodismo y poder Cita a Burke sobre la aparición de un cuarto “Estado” o lo que es sinónimo un cuarto centro o poder, en la existencia de los “reporters” es decir la prensa escrita, interviniendo en la vida política25, indicando Carlyle que no es “una figura retórica, sino un hecho real y efectivo”26. De nuevo, resulta altamente significativo el calendario, estas líneas pertenecen al año 1840, y redobla el interés sobre la obra de Carlyle, porque se coloca en una bisagra de la modernidad, un proceso transformador del perfil social, en este caso con cambios en el perfil del personal especializado en saber (reportar) y difundir el saber (la noticia), estableciendo un nuevo grupo de “cognitariado”. En este caso, resalta la importancia de los reporteros y la prensa como elementos que cambian la forma de convivencia y de hacer la política. En Inglaterra a mediados del siglo XIX la prensa escrita ya estaba bien consolidada, aunque todavía faltaba la expansión de la prensa por el mundo como institución influyente 27. Resulta evidente la relación de este crecimiento de la prensa con varias necesidades sociales y con los medios técnicos para satisfacerlas; sin imprentas industriales resultaría inviable el tiraje diario, y sin un hambre de noticias este instrumento de comunicación resultaría superfluo. Habría que precisar la curva del desarrollo de este fenómeno de comunicación para especificar la presencia de un “poder”, que en Inglaterra resultaba pionero. Ahora bien, por el contexto de Carlyle, centrado en la prensa parlamentaria no resulta tan evidente el paso de la influencia periodística en torno al aparato de poder (parlamento, gobierno y demás) y hacia la gran sociedad. La vida de Dickens, completamente contemporáneo a Carlyle, nos muestra el paso dentro de ambos ámbitos (el entorno del Poder y la amplia sociedad). Dickens inició como periodista y atendió ese ámbito parlamentario, siguió como escritor de éxito, y luego fundó su propio periódico; y, en su caso, la difusión por la prensa resultó crucial, con entregas en fascículos de sus narraciones. Además, Dickens se convirtió en un factor influyente para cambiar la sensibilidad social inglesa, propiciando la protección de los niños y otras reformas progresistas. El éxito del aspecto reformista de Dickens nos muestra una expansión de la influencia de la prensa escrita y
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Para Baudrillard la utilidad no es una evidencia que relaciona al sujeto con su necesidad, sino un artificio social, que rompe las relaciones previas, más rituales y jerárquicas para transitar hacia un mundo social de individuos para sí, engolosinados en la utilidad, tan apegados a ésta que pareciera ser su naturaleza espontánea. Cf. La economía política del signo y El espejo de la producción. 22 Más acorde al materialismo de Engels, considerar que la escritura es un artefacto técnico que marca un salto en la evolución. Cf. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado. 23 Foucault en su obra primera plantea que la literatura es una invención de una episteme específica, de tal modo que depende de un corte en el orden de las cosas, adecuado a la modernidad. Cf. Las palabras y las cosas. 24 POULANTZAS, Nicos, Estado, poder y socialismo. 25 También, Benedict Anderson le otorga una gran influencia histórica al “capitalismo escrito”, es decir, la comercio de las editoriales y luego los periódicos, como fenómeno crucial de los cambios sociales y nacionales. Cf. Comunidades imaginadas. 26 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 181. 27 MATTELART, Armand, La comunicación-mundo. Donde expone el avance de la prensa como parte del desarrollo impetuoso de los medios de comunicación en el capitalismo, señalando su conexión con el sistema social.

del texto literario, entrelazándose con el destino de una sociedad, en ese sentido, existe una continuidad entre el “cuarto poder” y la transformación ideológica en la sociedad capitalista, en este caso, para mejorar28. Así, la reflexión sobre la prensa se redondea con la estimación de la literatura, también Carlyle nos revela la importancia de los literatos pensadores mediante la consideración de Rousseau, Samuel Jonson y Burke; así como su estimación de la palabra, los libros y hasta de la función misma del héroe. Extendiendo y refuncionalizando esa estimación del héroe resulta posible sacar conclusiones adicionales para establecer una relación con la función del pensamiento organizado, su papel de configuración de la realidad social como entidad completa. En otros términos el héroe (escritor pensante, ocupado de su sociedad) define la cúspide del cognitario, aquél individuo que vale por su conocimiento exclusivamente, sin otro atributo significativo más que su saber (gnosis). El escritor pobre como testimonio y promesa Carlyle estima la importancia del literato cuando ha sufrido de pobreza, planteando que esa circunstancia puede ser venturosa, debido a una alianza con la sinceridad, pues “es conveniente que haya literatos pobres para demostrar si son o no hombres sinceros”29. De hecho contribuye con algunas líneas para el enaltecimiento del escritor pobre; justificando su amarga existencia, y dando grandeza a su imagen, de un talento confrontado ante la adversidad. Como indicó Bachelard, existe una leyenda a cerca de la buhardilla del genio: “El hada es lo pequeño que crea lo grande. Es el sueño de poder del escritor encerrado en su buhardilla”30. En esta dialéctica de lo enorme y lo minúsculo está contenida una faz de la complicidad entre lo estelar y las gemas, así como la afinidad esencial entre el literato pobre y la grandeza de la humanidad entera. La miseria material del escritor es la promesa de una redención, conforme su obra está plena de fuerza y calidad estética, y no solamente es la promesa de su éxito personal sino anuncio de la redención del saber entero. Esta alianza de opuestos resulta bien tejida en el plano de las correspondencias paradójicas, lo cual fue observado desde remotos tiempos, por ejemplo en el I ching, donde el hexagrama 62 indica “la fuerza irresistible de lo pequeño”, que seguimos reproduciendo en las ideas típicas sobre la “pastilla” curativa. ¿Qué es una pastilla? Es la minúscula concentración de la ciencia médica en un espacio que cabe entre los dedos y se traga en un instante. Siguiendo con la temática del escritor pobre Carlye nos narra una anécdota sobre Jonson siendo colegial en la Universidad de Oxford. Resulta que el entonces estudiante y futuro escritor, carecía de los mínimos recursos. En estos campus universitarios se debe avanzar rápidamente de un edificio a otro, y en periodos de invierno la tarea no es fácil, sobretodo si se carece de zapatos útiles. Resulta que este Samuel Johnson padecía con sus zapatos rotos, caminando penosamente de un edificio a otro. Un compañero de estudios, percibe la penosa situación de Samuel Johnson, y sabiendo de su carácter altivo, le deja secretamente unos zapatos nuevos a la puerta de su cuarto. El resultado es que el poeta los termina lanzando por la ventana, en gesto de desprecio, pues podría él andar con los pies mojados y llenos de barro, pero “no ser mendigo; todo menos eso”31 Perece que el acontecimiento revela la personalidad tan íntegra y escrupulosa de este literato.

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PRESTLEY, J.B. Dickens, Ed. Salvat, Biblioteca Salvat de grandes biografías # 14 CARLYLE, Los héroes, p. 183 30 BACHELARD, Gastón, La tierra y los ensueños de la voluntad, p. 325. 31 CARLYLE, Los héroes, p. 194

Nos preguntamos si Carlyle pensaba en algún destinatario no revelado al abordar este tema. Una primera hipótesis de “escritor pobre” pero brillante es el propio autor, quien empezó sus existencia desde la más humilde condición, y al final de sus días sufrió también la adversidad en carne propia con la muerte de su esposa que le resultó casi demoledora. El segundo destinatario es el escritor popular más connotado de la Inglaterra victoriana, Charles Dickens, quien sufrió una infancia con adversidades aplastantes y un difícil comienzo, sumando situaciones que lo colocaron como un adalid perpetuo de la causa de los pobres del mundo32. En cualquier caso, la pregunta sobre el sino de pobreza en la persona del escritor no es una pregunta retórica, representa un derrotero recurrente entre la sensibilidad y la adversidad. La noción de lucha de clases antes de Marx Con motivo de la desorganización del gremio literario, anota el concepto de una “lucha de clases”, de nuevo notable, porque resulta anterior a la popularización de este concepto por Marx y Engels, en el famoso Manifiesto Comunista33, de tal modo que conviene anotarla. “Existe una verdad evidente en la idea de que una lucha de las clases inferiores hacia las regiones más altas de la sociedad, con sus emolumentos y privilegios, continuará siendo necesariamente siempre. Nacen allí hombres muy robustos a quienes en la escala social corresponde un lugar muy distinto del que nacieron. El conjunto complejo y las generales tentativas de éstos constituyen y forzosamente deben constituir lo que se llama el progreso de la sociedad, lo mismo para los literatos que para toda clase de individuos.” 34 Ahora bien, esta perspectiva de una “lucha de clases” está ubicada en un terreno atomístico de separación de individuos, por eso indica que “está la cosa a merced del capricho y de la suerte ciega, remolino de átomos discordes que mutuamente se anulan y destruyen, y de los cuales sólo uno entre mil logra salvarse”35. Ciertamente, entre esta lucha de clases y la planteada por Marx existe un salto cualitativo, pero con visos de continuidad, el abismo está en el énfasis marxista de los grupos sociales, moviéndose como entidades colectivas, determinadas por sus condiciones materiales de existencia. Para Carlyle la condición material también crea lucha por la existencia, pero en la fragmentación individualista, que procura escapar de la inercia de la “ciénaga, sin márgenes ni fondo”36. Es decir, esta visión de la lucha por la existencia, aunque plantea una lucha de clases, se aproxima más con lo que se llamaría un darwinismo social, una lucha general por la existencia, donde sobresalen los más aptos. La admiración por el más apto es evidente con este tema de los héroes, pero el lenguaje toma in giro curioso de más modernidad, al estimarse clases sociales y no simples individuos separados. De hecho, la posteridad ha criticado bastante a Carlyle un sentido demasiado jerárquico y hasta nostálgico del feudalismo; situaciones que no son tan evidentes en 1840, pero su obra es muy basta; habría que investigar si el aire revolucionario de 1848 significó algo especial en el suelo británico37.
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PRESTLEY, J.B. Dickens, Ed. Salvat, Biblioteca Salvat de grandes biografías # 14. En especial durante la infancia su padre quedó encarcelado y la familia completa vivió en un anexo de la prisión, según una extraña institución de esa época. 33 Manifiesto Comunista, “Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases”, p. 1. De este concepto Marx y Engels no pretendieron ser los creadores, sino haberlo retomado de los historiógrafos de la Revolución Francesa. 34 CARLYLE, Los héroes, p. 184. Asimismo, esta visión de una “lucha de clases” en Carlyle resulta no histórica, en el sentido de transformación, sino rasgo perpetuo, signo de un “siempre”. 35 CARLYLE, Los héroes, p. 184 36 CARLYLE, Los héroes, p. 184 37 Para varias interpretaciones del marxismo, las revoluciones de 1848 representan una ruptura en las luchas de clases, y un cambio de ánimo en las burguesías europeas, modificando la

Contra los escépticos Carlyle efectúa una curiosa discusión contra el escepticismo, donde acepta el dudar como fermento intelectual, pero se confronta radicalmente contra el escepticismo y su radicalización. Indica “El escepticismo, dijímoslo ya, no es sólo intelectual, sino moral también, es una atrofia, una enfermedad crónica de toda el alma. Un hombre vive de creer en algo, no de argumentaciones ni de discurrir sobre infinitas cosas. ¡Desgraciada situación la suya el día en que todas sus creencias se reduzcan a comer, a digerir, a atesorar! No podrá ya descender más bajo.”38. Su tesis de partida es la importancia del creer, sobretodo en lo sublime y lo elevado: existencia espiritual fundada en creencias. Ahora bien, Carlyle acepta en la duda un fermento intelectual, pero no completo, reconoce la importancia de la duda: “Toda clase de duda, de examen, ukephis, como se le llama, sobre toda clase de objetos, existe en todas las mentes racionales. La averiguación (…) es el trabajo místico de la inteligencia acerca de lo que procura conocer y en que desea creer. La fe proviene de todo esto, a flor de tierra, como el árbol de sus ocultas raíces”39. Rechaza la ostentación de las dudas, la exhibición de cuestionamientos no le parece que confirme inteligencia, al contrario recomienda que las dudas se mantengan silenciosas, realizando labor de inteligencia en las evaluaciones de pensamiento, sobretodo las más elevadas. Así, Carlyle se aleja de Sócrates tan atento a orear la ignorancia y tan dedicado a extraer buen vino de los barriles rancios, pues una promesa de silencio resulta vana en mentalidades sumergidas en su propia oscuridad. Obedecer la Verdad Le parece a Carlyle que la Verdad ha de ser obedecida40 (de donde se desprende un hondo sentido de poder), y en ese sentido la Verdad misma doblega el curso de mundo; asimismo esta interpretación se opone completamente al concepto del maquiavelismo y a la teatralidad política, porque lo importante para un cambio de curso consiste en la llegada de una Verdad; de tal modo, le parece que “El mundo ha de obedecer al que en el mundo ve, piensa y oye (…) La verdad nueva, la más profunda revelación del secreto de este universo, es (…) un mensaje de lo alto; necesariamente, por eso, debe ser obedecida.”41 Con esta tesis se redondea su visión de que son los héroes quienes trayendo la verdad al mundo, guían la historia y cambian el curso de la vida política y social. Ahora bien, para que esto mantenga su pleno sentido, entonces esta veritas ha de ser contundente y sin la molicie del “pensamiento débil”, al que erróneamente se le denomina relativismo; ya que esta revelación verdadera no es un acomodarse a la conveniencia de la opinión, sino la roca firma tras la cual se atan las voluntades y sus opiniones pasajeras. PINCELADAS DE LOS HÉROES Odín El ensayista Carlyle está dispuesto a convertir en personas a los personajes fantásticos y viceversa, quizá porque el tránsito desde lo ordinario hasta lo sublime queda aceptado como su responsabilidad literaria. Bajo la responsable palabra de Carlyle ya nada
aceptación de las ideas. Cf. CLAUDÍN, Fernando, Marx, Engels y la revolución de 1848. 38 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 190 39 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 190 40 CARLYLE, Thomas, Los héroes, “No hay acto más moral entre los hombres que el de mandar y obedecer. ¡Ay, del que reclama obediencia cuando no es debida! ¡Ay del que la rehúsa cuando lo es! En eso está la ley de Dios” 41 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 207

permanece en el campo de lo ordinario, la senda se ensancha para trasmutar a los hombres en héroes o a los dioses en hombres. El primero en hacer ese tránsito es Odín, de quien estima debió ser un líder claridoso, revelador de ideas entre el pueblo vikingo, por lo cual se convirtió luego en su dios legendario, quien levantó la inteligencia desde la tribu hasta el nivel de la civilización, y bajo esta perspectiva, Odín representa al héroe civilizador divinizado por un pueblo inculto. Sin importar lo exacto de la especulación, aquí encontramos repetido el arquetipo del héroe civilizador (tan importante en la cosmovisión tolteca, azteca y maya) que preferentemente es un dios (Prometeo) o semidios (Quetzalcóatl), pero también puede ser un animal o semi-animal como en el antiguo ciclo legendario chino42, donde un oso mágico entrega la primera sabiduría a la humanidad. Dante Recordando a Dante Alighieri y su obra anegada del espíritu medieval, Carlyle nos indica “aquel semblante es para mi altamente conmovedor, acaso el más conmovedor que conozco. Solitario, como surgiendo del vacío, ceñida por sencillo laurel la frente que refleja los dolores y pesares que nunca mueren y la esperanza del triunfo, que no muere tampoco, ésta es la historia de Dante.”43 Resulta significativa la importancia que una imagen pictórica adquiere para el recuerdo del personaje, pues la descripción parece referirse a retrato específico del artista; pareciera que, a veces, basta un excelente retrato de ficción para modificar la percepción del personaje para las generaciones sucesivas. Ahora bien, la imagen iconográfica guarda perfecta armonía con la obra cumbre de fundador de la literatura italiana, pues la glorificación de su seriedad, representada por el laurel corresponde con un periplo completo en los tres mundos metafísicos medioevales. Cromwell Comentando sobre el taciturno y callado Cromwell, exalta la importancia del silencio. “Repitámoslo aún: los grandes hombres son silenciosos. Al considerar la inanidad del mundo, la verbosidad imperante, con escasa o ninguna inteligencia (…) compláceme reflexionar sobre el grande imperio del silencio, en los hombres nobles y silenciosos, desparramados por todas partes, cada cual dentro de su propia esfera, pensando, trabajando en silencio, sin que los mencionen los periódicos. Esos hombres son la sal de la tierra (…) ¡El silencio, el grande imperio del silencio, es mucho más alto que las estrellas y más profundo que el reino de la muerte! Sólo él es grande; todo lo demás es pequeño.”44 Hermosa exaltación del silencio, que el propio Carlyle no sigue, ya que el texto estridente debe quedar como un eco en la eternidad; curiosa paradoja del vocero que ama el silencio de otros, grandes personajes de antaño. Rousseau Para opinión de Carlyle, la obra literaria de Rousseau resulta la responsable directa de la Revolución Francesa y hasta de su Terror, porque es su “evangelista”, y sus ideas “produjeron en la opinión pública francesa universal delirio”45. Tratándose de una opinión desde las Islas Británicas resulta mesurada, pues la animadversión a lo francés y su Revolución eran moneda corriente. Pero el caso sirve para comentar que acontece con los profetas sociales que desde la posteridad son responsabilizados de las peores
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WONG, Eva, El taoísmo. CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 109. 44 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 236. 45 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 202

acciones de sus “partidarios”, y hasta de las atrocidades de sus “no partidarios”, lo cual sucede a profetas, políticos y filósofos, de tal manera, a Cristo se le responsabiliza por los Papas, a Mahoma se le achaca el acto de los Imanes, a Marx por las atrocidades de Stalin, y a Nietzsche se le imputan los hornos de Hitler. En cada ejemplo, acontece una magnificación del principio en su final, rebasando los conceptos de causa efecto, justamente porque desde cada tiempo presente los protagonistas se visten con la venerabilidad de los autores del pasado. ANÉCDOTAS Y METÁFORAS El barco de fuego Cuenta la anécdota de los reyes vikingos, que cuando eran ancianos y próximos a dejar esta existencia, ordenaban una nave de batalla dispuesta a lanzarse mar adentro, a toda vela desplegada pero herida a fuego lento, para abandonarse a merced de las olas y entonces “el incendio la envolviera en sus llamaradas y sepultase dignamente de aquel modo al anciano héroe dándole a la vez por tumba el firmamento y el océano”46 La facultad de mirar Ensalzando esa facultad de ver que poseen los creadores, la separa de la mirada superficial y vulgar: “Para el ojo vulgar, todo es trivial, como el ictérico lo ve amarillo todo.”47 Justamente, le parece a Carlyle, que lo esencial radica en este punto: observar de manera distinta, escuchar lo inaudito, pensar más allá de lo evidente y captar lo trascendente. Abrir brecha, hacer camino Sobre el poeta innovador, usa la metáfora del camino nuevo. “Este es su modo de llevar a cabo lo que siente; éstas son sus pisadas; principia aquí el camino ¿Qué sucede después? Vedlo: el segundo hombre anda, naturalmente, sobre las pisadas de su predecesor, pero con mejoras, cambiando lo que cree necesario, ensanchando lo que requiere amplitud, pues cuanto más ancho el camino, más viajeros peregrinarán por él, hasta que llega a ser amplísima senda por donde puede viajar cómodamente el mundo entero.”48

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CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 58 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 116 48 CARLYLE, Thomas, Los héroes, p. 196.

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