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revistacolectiva.blogspot.com Si tenes material que te parece importante ser socializado para que otros compañeros lo lean entra en nuestro blog y dejanos tu mail para ponernos en contacto.

AL FONDO A LA IZQUIERDA

Cartografía colectiva de las luchas de los movimientos latinoamericanos y sus problemáticas sociales y ambientales.

INTRODUCCION A LA EDUCACION POPULAR Y A LA LECTURA DEL MAESTRO PAULO FREIRE.-

Argentina, 2012: ¿Qué hacer, y cuándo?
Por Atilio Borón

A los 94 años, después de publicar sus extraordinarias memorias (Tiempos interesantes), el gran historiador inglés Eric Hobsbawm –que dedicó su vida a analizar y explicar la era moderna, desde la Revolución Francesa hasta los estertores del siglo XX– tenía un libro más por escribir: Cómo cambiar el mundo.

QUE SE VAYA GRONDONA…..

A 10 años del asesinato de pocho lepratti

Efemerides enero-febrero

BIOGRAFIAS DE GRANDES MILITANTES DEL CAMPO POPULAR JOHN W. COOKE

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PRESENTACION…….……………………………...………………………………………..……...4 ¿PORQUE SOCIALIZAR CONOCIMIENTOS?; ¿PORQUE UNA REVISTA DIGITAL?;¿A QUIEN ESTA DIRIGIDA?; ¿QUIENES LA HACEN?........................................................................................5 AMERICA LATINA REBELDE…………………………………………………………….……….6 AL FONDO A LA IZQUIERDA……………………………………………………..…….……...10 INTRODUCCION A LA EDUCACION POPULAR………………………………………………...16 ARGENTINA 2012 ¿Qué hacer, y cuándo?........................................................26 QUE SE VAYA GRONDONA…………………………………………………………..…….…….33 POCHO VIVE!!! A 10 AñOS DE SU ASESINATO ……………………………………………...35 BIOGRAFIAS DE MILITANTES DEL CAMPO POPULAR……………………………………...37 EFEMERIDES Enero-FEBRERO ………………………………………………………………..40

LOS CONTENIDOS DE ESTA PRIMERA EDICION CORRESPONDEN A : ICONOCLASISTAS PAÑUELOS EN REBELDIA REVISTA PATRIA GRANDE PAINA/12 DICCIONARIO BIOGRAFICO DE LA IZQUIERDA ARGENTINA EL TRABAJADOR ESTATAL (Revista de ATE) Página de ATILIO BORON A TODOS ELLOS MUCHAS GRACIAS!!!!!!!!!

TODO EL CONTENIDO QUE PRESENTAMOS EN ESTA REVISTA ES PARA QUE SEA SOCIALIZADO, ASI QUE POR FAVOR COPIA, REPRODUCI, DISTRIBUI COMO QUIERAS TODO LO QUE AQUÍ LEAS. POR DIFERENTES CUESTIONES NO HEMOS LOGRADO PONERNOS EN CONTACTO CON LOS AUTORES DE ALGUNAS DE LAS NOTAS, POR LO QUE LES PEDIMOS DISCULPAS SI NO ESTAN DE ACUERDO CON NUESTRO TRABAJO Y ESPERAMOS SE PONGAN EN CONTACTO CON NOSOTROS (OJALA QUE NO SEA JUDICIALMENTE).-

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La idea de elaborar una revista es siempre un anhelo de muchos militantes, un espacio donde podamos expresarnos y manifestar nuestras opiniones por fuera de la mecánica de los medios de comunicación tradicionales (donde los militantes de base excepcionalmente podemos hacerlo). Esta primera edición se hizo en base a largos debates con distintos compañer@s de organizaciones políticas, sociales y culturales de la ciudad de Mercedes (B) quienes nos planteamos la necesidad de fortalecer nuestra formación , como así también brindarle herramientas teóricas a todo nuevo militante que se suma a cualquier organización del campo popular. Esta revista tiene como objetivo principal socializar conocimientos, mas allá de incluir en ella opiniones de diferentes compañer@s que a lo largo del año nos irán enviando. A su vez es un espacio que debe convertirse en colectivo, ya que las nuevas herramientas tecnológicas nos permiten acercarnos y unirnos en la lucha contra la desinformación y la hegemonía de la palabra practicada desde los poderes centrales de nuestro país, pero especialmente contra los poderes de muchas de las pequeñas ciudades del interior, que son los que desde cerca nos presionan día a día para que abandonemos la lucha revolucionaria y nos quedemos sentados en nuestra casa. También se ha creado un blog desde el cual iremos relacionándonos, que contara con links que nos derivan a otras páginas amigas (las cuales nos brindan material), donde se irá eligiendo las diferentes temáticas a presentar en la revista a través de una encuesta mensual, en el no estarán la totalidad de los textos, sino solo una pequeña introducción, para que leamos la revista online y de podemos descargar la revista, ya que con este método quizás nos veamos obligados a tener que guardarla en nuestra computadora y de ahí distribuirla y/o imprimirla para que podamos llegar a mayor cantidad de compañeros. Por último, aclaramos que la intención es sumar contenidos, datos e información de diferentes vertientes ideológicas, lógicamente todas ellas de carácter transformadoras y revolucionarias, con las cuales muchos de nosotros podemos tener diferencias en la construcción, pero que en definitiva caminamos por el mismo camino para llegar a la tan ansiada revolución socialista. Esperamos contar con tu participación en este espacio, y si esta revista llego a vos, copate y reenviala a todos tus contactos.

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En la Argentina y en toda América Latina nos encontramos en un momento de mucho debate politico y avance de las fuerzas del campo popular inimaginable hace 10 o 15 años atrás, y en este avance fue creciendo una generación que no quiere quedarse en su casa a ver como los poderes dominantes siguen decidiendo sobre su vida, una generación que sale a la calle a luchar con miles de compañeros contra las injusticias del capitalismo, comprometiéndose en su barrio, trabajo, escuela, facultad y muchos otros ámbitos. Frente a esta realidad es que queremos dar nuestro aporte en la formación politico ideológica, sin pensarnos dueños de las palabras ni eruditos, sino como parte de un colectivo que de a poco va creciendo y muchas veces necesita de herramientas teóricas para canalizar sus necesidades y así comenzar a trasformar sus espacios, como primeros pasos en la construcción revolucionaria.-

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Las nuevas tecnologías nos permiten que en poco tiempo lleguemos a muchos compañeros en distintos lugares de nuestro país, como así también nos lleguen contenidos que serán redistriuidos a través de la revista y el blog, generando un espacio de intercambio que fortalecerá nuestros lazos. También debemos decir que nos encantaría que todo este material sea impreso y distribuido a todo aquel que no tenga acceso a internet, pero los costos de impresión son muy altos, asi que les pedimos que cada uno de ustedes que pueda, lo imprima y lo distribuya a los compañer@s que tengan interés.

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Esta revista esta dirigida a todo aquel que sienta la necesidad de sumar conocimientos para contar con mas herramientas que le permitan transformar la realidad. El contenido aquí aportado es el puntapié inicial para que cada uno de los lectores luego profundice en los temas que mas le interesan.

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La revista y el blog nacen a partir de la voluntad de compañer@s que creemos necesario profundizar nuestro compromiso militante y aportar en el crecimiento del pensamiento revolucionario y, a partir de este primer numero conectarnos con cientos y, ojalá, miles de compañer@s que se sientan parte y se sumen al trabrajo, desde el aporte de información, contenidos, en el diseño, etc. Entonces, si es que estas leyendo estas lineas , ya estas formando parte de Revista Colectiva, por lo que te invitamos a sumar y aportar con comentarios y propuestas desde el blog.

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Una vez mas, distintas fuerzas disputan el dominio sobre los imaginarios, cuerpos y territorios de los pueblos de Nuestra América para controlar los bienes comunes con gran valor económico y estratégico en el mundo globalizado. Mientras se expanden las industrias extractivas (la minería, el gas y el petróleo), los agro combustibles y los megaproyecos de infraestructura respaldados por la represión y la criminalización de la protesta, también persisten la discriminación racista, patriarcal y homofóbica. A la vez, han surgido nuevos y renovados movimientos sociales en oposición a este modelo capitalista-neoliberal y sus consecuencias destructivas. Dentro de sus luchas no solo vive la resistencia, también se experimenta con la cosntrucción de otras relaciones sociales, modelos económicos y prácticas de democracia que dan pistas para pensar proyectos alternativos de vida para Nuestra America.

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Nuestra práctica Consideramos la comunicación como una práctica política desde la cual crear recursos gráficos orientados a establecer rupturas en las significaciones, como forma de resistencia e influencia en el imaginario social, pero también como propuesta de cambio y de transformación.
Los medios masivos son una de las formas más poderosas de la comunicación y configuran la realidad mediante imágenes anestesiantes y falsamente inofensivas que nadie cuestiona. Intentamos enfrentar esa legitimidad a partir de un contrapunto que revele la estrategia en la construcción (interesada) de significaciones. Queremos romper la imagen empobrecida que surge del decorado espectacular de los medios mediante la cual se busca reparar simbólicamente las inequidades sociales, y en ese camino, colocar al observador en una posición sumisa. Ansiamos recuperar la comunicación, entendida en un amplio sentido, como impulso de un pensamiento crítico que desestabilice las representaciones hegemónicas, inquietando todos los sentidos. (…) Por eso pensamos a iconoclasistas como un ―laboratorio‖, entendido como un espacio donde el despliegue imaginativo activa la creación política y permite un cómodo desplazamiento entre diferentes formatos, dispositivos y escenarios, a fin de modelar herramientas de investigación y diseño gráfico que impulsen prácticas colaborativas de agitación y resistencia. Todas nuestras creaciones están liberadas de las ataduras que impone el copyright, para ser travestidas y volver con un sentido más profundo

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“La juventud tiene su lucha, que es derribar a las oligarquías entregadoras, a los conductores que desorientan y a los intereses extraños que nos explotan.” Arturo Jauretche

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Muchas de las imágenes que se verán en Revista Colectiva pertenecen a los compañer@s de ICONOCLASISTAS, con los que hemos hablado para organizar una entrevista y poder publicarla aquí. Desde este espacio les agradecemos enormemente por permitirnos socializar su laburo y por ser parte de este colectivo . Para quienes deseen mas info sobre ellos ingresen a www.iconoclasistas.com.ar y se encontraran con muchísimo material

"El obrero tiene más necesidad de respeto que de pan.” Karl Marx

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AL FONDO A LA IZQUIERDA
Nota publicada en Suplemento Radar del diario Página/12 del día domingo 14 de agosto del 2011. Por Fernando Bogado.

A los 94 años, después de publicar sus extraordinarias memorias (Tiempos interesantes), el gran historiador inglés Eric Hobsbawm –que dedicó su vida a analizar y explicar la era moderna, desde la Revolución Francesa hasta los estertores del siglo XX– tenía un libro más por escribir: Cómo cambiar el mundo. Tras sentirse parte de la generación con la que se extinguiría el marxismo de la vida política e intelectual de Occidente, las crisis financieras, la espiral conflictiva del capitalismo y los cambios en América latina le dieron la alegría de volver a su querido Marx. En el libro, despeja con su habitual lucidez las malas interpretaciones, archiva los preceptos que envejecieron y despliega las herramientas que ofrece el autor de El Capital para entender el mundo en el siglo XXI y hacerlo un lugar mejor.

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Imaginen la escena: Eric Hobsbawm, reconocido historiador inglés de corte marxista, y George Soros, una de las mentes financieras más importantes del mundo, se encuentran en una cena. Soros, quizá para iniciar la conversación, quizá con el objetivo de continuar alguna otra, le pregunta a Hobsbawm qué opina de Marx. Hobsbawm elige dar una respuesta ambigua para evitar el conflicto, y respondiendo en parte a ese culto a la reflexión antes que a la confrontación directa que caracteriza sus trabajos. Soros, en cambio, es concluyente: “Hace 150 años este hombre descubrió algo sobre el capitalismo que debemos tener en cuenta”. La anécdota parece casi seguir la estructura del chiste (“Soros y Hobsbawm se encuentran en un bar...”), pero es el mejor ejemplo que el historiador inglés encuentra para mostrar, al comienzo de su nuevo libro, esa idea que está flotando en el aire desde hace tiempo: el legado filosófico de Karl Marx (1818-1883) está lejos de haberse clausurado y, muy por el contrario, las publicaciones especializadas de la actualidad, el discurso político cotidiano, la organización social de cualquier país no hacen otra cosa más que invocar a su fantasma para tratar de lidiar con ese angustiante problema que ha tomado el nombre histórico de “capitalismo”. En el libro, recientemente publicado en castellano, que lleva el sugerente título de Cómo cambiar el mundo, Hobsbawm vuelve a ofrecer su indiscutible talento para plantear las proposiciones de aquel filósofo alemán que siguen teniendo una vigencia definitoria para construir el presente. Repasemos antes la presunción de muerte que se colgó al cuello de Marx durante el último cuarto del siglo XX: la crisis del petróleo de 1973 desencadenó un proceso político y económico que organizó eso calificado por Hobsbawm como reductio ad absurdum de los lineamientos de la economía de mercado. La situación generó la aparición de gobiernos conservadores en EE.UU. y Gran Bretaña (con Ronald Reagan y Margaret Thatcher a la cabeza de sus naciones), al mismo tiempo que implicó en diversos territorios la implantación de economías de claro corte financiero, situación que en Latinoamérica trajo aparejada la aparición de gobiernos de facto que impusieron este tipo de organización por la fuerza, suplantando las estrategias de desarrollo industrial y sustitución de las importaciones por facilidades para los capitales golondrina, la especulación y la desestructuración de las organizaciones sindicales

(sumado, claro está, a las estrategias de represión dispuestas desde ya mucho antes de los golpes, como lo muestra la historia nacional). Aquella serie de cambios culminó con la caída del Muro de Berlín y el bloque soviético en 1989–1991, llevando a su lógica conclusión lo que era obvio para todo el mundo luego de 1960: la URSS no podía resistir mucho más tiempo con su particular versión del marxismo y su economía planificada. Francis Fukuyama, pensador norteamericano de corte neoliberal, se apropió de algunos lineamientos de la filosofía hegeliana para dar la sentencia final acerca de esta sucesión de acontecimientos: estábamos frente al “fin de la Historia”, la desaparición del mundo organizado en bloques opuestos que había marcado el destino de todo lo conocido desde finales de la Segunda Guerra Mundial en adelante. Es en este panorama conciliador de economía globalizada y aparente pacificación social que, a lo largo de la década de los „90, todo el mundo dio por enterrado el pensamiento marxista, incluso, con ciertas justificaciones de índole éticas: el nombre de Karl Marx venía siempre de la mano del de Joseph Stalin, entre muchos otros. Marx no era sólo una mala palabra para un gurú económico, sino también para un ciudadano de las zonas más pobres de Rusia, que veía con placer cómo caían las estatuas de Lenin, Stalin y el propio Marx. ¿Quién hubiera dicho entonces que veríamos una foto de Sarkozy leyendo El capital y al papa Benedicto XVI elogiando la capacidad analítica de su autor? Entre 2007 y 2009 (2001, para nosotros), una serie de crisis del sistema capitalista financiero (o “capitalismo tardío” tal como lo han identificado pensadores como Frederic Jameson o Jürgen Habermas), demostraron que lo que se pensó como el comienzo de una era de tranquilidad en términos políticos, sociales y sobre todo económicos allá por 1989 no era tal cosa. El mercado librado pura y exclusivamente a la “mano invisible” de Adam Smith, amparado por la domesticación del Estado, empezó a resquebrajarse sin necesidad de conflicto con otro sistema económico-político.

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LA REVOLUCION NO ES UN SUEÑO ETERNO Lo dijo muy bien el Times tras el derrumbe financiero del 2008: “Ha vuelto”. ¿Quién? Marx. Tres años después, el panorama no ha mejorado y en este clima poco prometedor, muchos revisan su figura para recuperar qué es lo que dijo y qué se puede extraer de su análisis con el objetivo de superar las crisis que aquejan por estos días a las principales economías del mundo globalizado (basta revisar cómo empezamos cada semana con un nuevo “lunes negro”, por no sumar más días al calendario). A los 94 años, Hobsbawm observa acertadamente que Marx había dictaminado cuál sería el destino del capitalismo de seguir la línea que a mediados del siglo XIX insinuaba con perfecta claridad: la concentración del capital en unas pocas manos generarían un mundo en donde sólo un número muy pequeño de personas tendrían el mayor número de riquezas, mientras que el sistema no podría seguir el ritmo de su propio crecimiento desproporcionado. La cantidad de riquezas generadas y el continuo aumento de la población no permitirían el desarrollo igualitario de todos los individuos, a lo que se sumaba que el ritmo de crisis cíclicas terminaría aumentando con el tiempo hasta llegar al punto de la inevitable caída del sistema. En 2002, el economista hindú Meghnad Desai ya anunciaba en un trabajo, “La venganza de Marx”, en donde afirmaba que muchos han creído que el pensamiento del alemán se extinguió con la caída de los estados socialistas, pero las tesis y observaciones realizadas en los trabajos iniciales van mucho más allá de esos 70 años de gobiernos comunistas que constituyen sólo un “episodio” del viraje al socialismo: los marxismos no opacan a las observaciones de Marx, y es ese núcleo básico lo que hay que volver a leer. Hobsbawm coincide con Desai: una cosa son los trabajos originales y otra la manera en que esos libros (con sus avatares particulares, sus malas traducciones o sus publicaciones tardías) formaron escuelas a lo largo de todo el mundo. Esa historia de la escuela marxista es la que se terminó con la caída del Muro, no la fuerza política y filosófica de los primeros planteos. Este renacer de Marx es lo que entusiasma ahora a un Hobsbawm que se presentaba como un tanto decepcionado con la idea de que, durante la década del „80 hasta finales de 2000, el “mundo marxista quedó reducido a poco más que un conjunto de ideas de un cuerpo de supervivientes ancianos y de mediana edad que lentamente se iba erosionando”.

¿Cuáles son esas ideas? ¿Qué cosas de Marx hay que conservar? En primer lugar, la naturaleza política de su pensamiento. Para él, cambiar el mundo es lo mismo que interpretarlo (parafraseando una de las míticas “Tesis sobre Feuerbach”); Hobsbawm considera que hay un temor político en varios marxistas a verse comprometidos en una causa, sabiendo de antemano que para entrar a la lectura de Marx tuvo que haber primero un anhelo de tipo político: la intención de cambiar el mundo. En segundo lugar, el gran descubrimiento científico de Marx, la plusvalía, también tiene lugar en este ensayo histórico de prueba y error. Reconocer que hay parte del salario del obrero que el capitalista lo conserva para sí con el objetivo de aumentar las ganancias con el paso del tiempo es encontrar la prueba de una opresión histórica, el primer paso para llegar a una verdadera sociedad sin clases, sin oprimidos. Los obreros son conscientes de esa injusticia y sólo mediante una organización política coherente podrán “dar vuelta la tortilla”. A diferencia de lo que creían los gurúes de la globalización, ni los obreros ni el Estado son conceptos en desuso: Hobsbawm aclara que “los movimientos obreros continúan existiendo porque el Estado-nación no está en vías de extinción”. Por último, la existencia de una economía globalizada demuestra aquello que Marx reconoció como la capacidad destructora del capitalismo, más un problema a resolver que un sistema histórico definitivo. Hobsbawm llama la atención, desde el filósofo alemán, a esa “irresistible dinámica global del desarrollo económico capitalista y su capacidad de destruir todo lo anterior, incluyendo también aquellos aspectos de la herencia del pasado humano de los que se beneficio el capitalismo, como por ejemplo las estructuras familiares”. El capitalismo es salvaje por naturaleza y su final –al menos, el final de la idea clásica de capitalismo– es evidente para cualquier persona en el mundo. Es muy difícil decir que del análisis de Marx se pueda sacar un plan de acción “a prueba de balas”. La teoría marxista clásica habló muy poco de modelos de Estado o de lo que sucedería una vez instalada la revolución y sí mucho de análisis económico: pensando lo que sucede es que se puede saber cómo actuar. Lo que Marx dio fueron herramientas, no recetas dogmáticas. Como bien dice Hobsbawm, los libros de Marx “no forman un corpus acabado, sino que son, como todo pensamiento que merece este nombre, un interminable trabajo en curso. Nadie va ya a convertirlo en dogma, y menos en una ortodoxia institucionalmente apuntalada”.

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Pero claro, la vida te da sorpresas: si bien hay planteos de Marx que se conservan, hay muchos otros que el curso de la Historia (y los hombres que la viven) ha cambiado. Por ejemplo, una de las paradojas del siglo es que si bien Marx creía que la revolución se terminaría dando en todo el mundo (“¡Trabajadores del mundo, uníos!”), los alzamientos que terminaron con el marxismo en el poder durante el siglo XX se dieron en países bien diferentes de Alemania, Inglaterra y Francia, el triángulo en que, para Marx, empezaría todo. A su vez, el marxismo se mezclaría con movimientos de cambio o grupos que reconocían diferentes injusticias sociales en territorios insospechados. En Rusia, por ejemplo, la filosofía marxista se mezcló con el nacionalismo agrario narodnik, al menos, en un primer momento. En China, la revolución se dio en una cultura agrícola no occidental, imperial y milenaria. A su vez, todos esos modelos de país concordaban muy poco con la idea original: tal como afirma Hobsbawm, “en el período posterior a 1956, una gran mayoría de marxistas se vieron obligados a concluir que los regímenes socialistas existentes, desde la URSS hasta Cuba y Vietnam, estaban lejos de lo que ellos mismos habrían deseado que fuese una sociedad socialista, o una sociedad encaminada al socialismo”. Quizás el artículo más determinante es aquel dedicado a la redacción del Manifiesto del partido comunista, el texto breve de 1848 en donde Marx y Engels declaraban la inevitable presencia de un partido que no era, en esos tiempos, el mismo tipo de organización que el siglo XX conocerá luego de las propuestas operativas de Lenin. El objetivo fundamental de la creación de un PC era distinguir su propuesta de la de toda otra forma de avatar socialista, sobre todo en sus variables utópicas: de Saint -Simon a los falansterios de Fourier, donde la libertad sexual (y las correspondientes “orgías coreografiadas”) se equiparaba a una libertad laboral. Un siglo y pico después, tal vez ese PC haya sido mal entendido. Pensar la transición de sociedades agrarias a sociedades socialistas, o revisar el cambio histórico del feudalismo al capitalismo, ha sido uno de los puntos que más preocuparon al último Marx: allí se encuentra la posibilidad de entender desde el presente los movimientos revolucionarios en naciones con estructuras agrarias como las presentes en Latinoamérica, Africa o algunas zonas de Oriente.

Más allá de las condiciones para que se dé el cambio (descontento social, conciencia del conflicto, etc.), el marxismo clásico del siglo XIX sostenía la necesidad de ciertas condiciones objetivas para la revolución: desarrollo industrial y comercio a gran escala (lejos de las artesanías y el comercio “cara a cara”). América latina conoció la refutación de estas condiciones en el Che Guevara: donde había una necesidad, no había sólo un derecho, sino también una posible revolución. Hobsbawm, atento a este tipo de experiencias, demuestra el interés particular que existe por revisar el cambio al socialismo fuera de los límites de Europa. LA CINTURA COSMICA DE MARX En una entrevista realizada para el diario The Guardian por Tristram Hunt –quien acaba de publicar, oh casualidad, la biografía de Engels también reseñada en estas páginas– y aparecida en enero de este año, Eric Hobsbawm habló con entusiasmo de la recuperación de cierto lenguaje económico y político que se creía clausurado luego del auge liberal de las últimas décadas del siglo XX: “Hoy en día, ideológicamente, me siento más en casa en Latinoamérica porque sigue siendo la única parte del mundo donde la gente todavía habla y conduce su política en el viejo lenguaje, en el lenguaje del siglo XIX y del XX del socialismo, el comunismo y el marxismo”. Si bien la pregunta apuntaba a la salida de Lula del gobierno y la ubicación de Brasil dentro del grupo de naciones con perspectivas de liderazgo mundial (el BRIC, junto a Rusia, India y China), la respuesta renueva la repercusión de la coyuntura política latinoamericana dentro del panorama mundial y la presencia de diversos gobiernos de izquierda y centroizquierda en el continente. Uno de los últimos artículos del libro, “Marx y el trabajo: el largo siglo”, señala precisamente que las organizaciones proletarias con fines políticos no necesariamente van de la mano de la teoría marxista. El mejor caso para explicar su punto lo encuentra en nuestro intrigantes pagos: “Los socialistas y comunistas, frustrados desde hace tiempo en Argentina, no podían comprender cómo un movimiento obrero radical y políticamente independiente podía desarrollarse, en la década de 1940, en aquel país, cuya ideología (el peronismo) consistía básicamente en la lealtad a un general demagogo”.

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La victoria de partidos obreros en el continente, alimentados por la perspectiva marxista de justicia y progreso igualitario pero no ligados a organizaciones de neto corte comunista, presenta la posibilidad de una transición a un Estado socialista no mediada por una revolución, tal como se planteo en los términos de la URSS y la histórica Revolución del „17, o como el imaginario actual lee el devenir de la revolución cubana de 1959. En definitiva, hay cosas que la misma Historia, no Marx o sus muchas interpretaciones, han demostrado que son inviables: el socialismo ruso fracasó por mantener una economía de guerra a corto plazo que se proponía objetivos difíciles que implicaban esfuerzos y sacrificios excesivos (desde concentrar todo el excedente y el esfuerzo productivo con tal de conquistar el espacio exterior a cambiar las prácticas de producción agraria). Separar a Lenin y a Stalin del pensamiento de Marx es un acontecimiento dado en los últimos años que puede mostrar las facetas más interesantes para una teoría del presente. Es decir, algo necesario que permite pensar las circunstancias actuales para apuntalar el cambio dentro de la compleja geografía latinoamericana. El marxismo ha tenido varias crisis a lo largo de su historia. Desde que se propuso poner a Hegel “patas para arriba” y transformar todo el discurso de lo espiritual en atención a lo material, ya en 1890 aparecieron los primeros críticos a los planteos básicos de esta filosofía. Sin embargo, hay algo en las ideas de Marx que sigue interpelando al hombre contemporáneo, que sigue hablando de un cambio no considerado como mero anhelo existencial o aspiración utópica, sino como situación posible de llevar a cabo en la actualidad, ante todo, por la vía democrática y partidaria. Como bien pregunta Soros, y como escribe Hobsbawm: “No podemos prever las soluciones de los problemas a los que se enfrenta el mundo en el siglo XXI, pero para que haya alguna posibilidad de éxito deben plantearse las preguntas de Marx”.

Mi marxiano favorito
ARTISTAS, ESCRITORES E INTELECTUALES MARXISTAS EN EL SIGLO XX.

Thomas Mann, George Orwell, Mao Se-Dong, el Che Guevara: si bien el primer apartado de Cómo cambiar el mundo se concentra pura y exclusivamente en las vicisitudes de la teoría marxista medular, esto es, de Marx y Engels,

la segunda parte abre el juego y se dispone a concentrarse en diferentes figuras artísticas y políticas que han tenido un espacio dentro de la formación de este tipo de discurso. Desde los críticos victorianos del marxismo durante su primera gran crisis y revisión, a finales del siglo XIX, hasta las muchas variantes de pensamientos filosóficos, sociológicos o de diversos campos que se alimentan de sus postulados, Hobsbawm hace un repaso completo acerca de las aplicaciones o variaciones particulares que la teoría de Karl Marx ha tenido a lo largo del agitado siglo XX. El momento más importante de este “contagio marxista” se da en la época de entreguerras, luego de la Revolución Rusa y con un agitado clima político en Europa. Situaciones específicas como la Guerra Civil Española muestran cómo la intelectualidad de la época está comprometida con la causa comunista o directamente se arriesgaba por una simpatía: Orwell, crítico mordaz de la política de Stalin, no por eso dejó de pelear codo a codo con varios comunistas españoles en el bando republicano. Los hermanos Mann, por su parte, rescataban el costado antifascista de la URSS, y muchas veces insistían en que su interés comunista provenía pura y exclusivamente de esta declarada oposición. Así es como aparece el nombre de “compañero de ruta”: artistas o pensadores útiles para la propaganda comunista (“Vení: ¡sumate al partido!”) pero opuestos a la política soviética, estrictamente, a la represión y su estrechez de pensamiento. Hay también varios nombres que generaron, desde la teoría marxista, lecturas que atrajeron a más de una generación a las filas del partido: Herbert Marcuse, una figura del marxismo alemán, se convierte a finales de los ‟60 en emblema de las insurrecciones juveniles en Francia y Praga. Sin embargo, entre filósofos y escritores, distancias teóricas y recuperaciones, el nombre más contundente es el de Antonio Gramsci (1891–1937), a quien le dedica dos capítulos del libro. Es conmovedor leer entre líneas la empatía intelectual de Hobsbawm con el italiano que escribió una de las obras más importantes del marxismo en la cárcel fascista. Gramsci fue el primer pensador de corte marxista que se preocupó por la naturaleza política del movimiento, sumando un cariz al planteo que no se encuentra presente en los estudios históricos y económicos de Engels y el propio Marx: Gramsci piensa desde el presente con las categorías dadas

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por estos dos filósofos, atendiendo a la historia particular de las formaciones intelectuales en Italia. Aquí, la prosa de Hobsbawm pierde un poco de su mítica objetividad para volverse sentimental, demostrando una afinidad teórica y política con el pensador italiano que estremece. Y es que en Gramsci está la clave para entender el planteo de cambio social analizado, directa o indirectamente, por el propio Hobsbawm en todo el libro: descartada la revolución, es probable que el camino real hacia un Estado socialista sea “el desarrollo de una estrategia que tenga como núcleo un movimiento de clase permanente y organizado”. Buscando desesperadamente a Engels Si hay un dúo filosófico por excelencia en la historia del pensamiento occidental es el conformado por Karl Marx y Friedrich Engels (1820 -1895), una amistad teórica que convierte muchas veces al segundo miembro de la asociación en una sombra detrás del título de “marxismo”. Así al menos lo considera Tristram Hunt, quien escribió una de las pocas biografías de Engels, titulada El gentleman comunista: la vida revolucionaria de Friedrich Engels, editada recientemente en castellano por Anagrama. Hunt hace un excelente repaso de la vida de Friedrich, desde sus días en el pueblo renano de Barmen hasta su ubicación en la sede de la empresa paterna en Manchester. Engels creció en un ambiente pietista: la religión conformaba una práctica cotidiana que no veía con malos ojos el lucro personal, hasta el punto de que el éxito en la vida terrena abría la posibilidad de conformar, con el paso del tiempo, la lista de los destinados a la salvación. Lejos de todo entretenimiento o práctica cultural, el joven Friedrich rechazó con ahínco este mundo en el que creció pese a seguir el mandato familiar de continuar con el emprendimiento familiar y seguir los lineamientos de la incipiente clase burguesa en plena conformación: haz dinero y evita mezclarte con los obreros. A través de una investigación perfectamente documentada y de estilo llano, directo, pero no por eso menos atrapante, Hunt relata la transformación del joven Engels, desencantado con la vida en Barmen, en uno de los más asiduos frecuentadores de los bares de Berlín, donde entre cerveza y cerveza se discutían las posturas del hegelianismo reinante y se criticaban las vehementes clases que Schelling impartía con el fin de minimizar la importancia filosófica de su fallecido amigo Hegel. El texto logra

plasmar la figura del biografiado como una suerte de resultado de su época: del pietismo a la insurrección juvenil, del dandismo de bares y discusiones filosóficas al encuentro con la realidad en las apestosas calles de Manchester, lugar en donde se distanciaría de los objetivos sociales de su familia aún más con el fin de visitar a los obreros en sus pubs y socializar con ellos en cada momento que pudiera, lejos de las reuniones con champagne y astucia verbal que su clase exigía. El aporte de Engels a la filosofía marxista no puede ser negado: Hobsbawm acompaña los primeros títulos de cada uno de los trabajos de Cómo cambiar el mundo con el nombre de los dos amigos, destacando siempre las similitudes y diferencias que podían plantearse en los aportes teóricos particulares de cada uno. El historiador inglés dedica un lúcido artículo a uno de los textos fundamentales de este dandy comunista: “Sobre Engels: La situación de la clase obrera en Inglaterra”, donde releva la importancia de sus descripciones de los oscuros paisajes industriales de la Inglaterra decimonónica para entender el impacto que el traslado a Manchester significó para un miembro de la Juventud Hegeliana (hegelianismo de izquierda) que se encontró no sólo con la extrema miseria y la vida alienada de los obreros de fábricas como la suya, sino también con su fuerte componente revolucionario: si bien los movimientos de 1848 que incumbieron a Francia y a Alemania no causaron mucho impacto en Inglaterra, vale la pena considerar los movimientos cartistas de 1842 o la propia variante de socialismo utópico, el owenismo, determinante para el giro al socialismo científico. Biografías como las de Hunt retoman el contexto contemporáneo de crisis financiera e ideológica casi con el mismo objetivo de Hobsbawm, sólo que cambiando de persona: Engels también merece una fuerte revisión, una consideración de su aporte particular a la teoría marxista básica, más allá del ámbito de los expertos.

Fuente: Diario Pagina /12 Autor: Fernando Bogado. En la nota del diario aparece un fragmento del libro, que no reproducimos por tener los derechos una editorial que quizás nos obstaculice el trabajo.

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INTRODUCCIÓN A LA EDUCACIÓN POPULAR Y A LA LECTURA DEL MAESTRO PAULO FREIRE.-

―Me gusta ser hombre, ser persona, porque no está dado como cierto, inequívoco, irrevocable, que soy o seré decente, que manifestaré siempre gestos puros, que soy y seré justo, que respetaré a los otros, que no mentiré escondiendo su valor porque la envidia de su presencia en el mundo me molesta y me llena de rabia. Me gusta ser hombre, ser persona, porque sé que mi paso por el mundo no es algo predeterminado, preestablecido. Que mi "destino" no es un dato sino algo que necesita ser hecho y de cuya responsabilidad no puedo escapar. Me gusta ser persona porque la Historia en que me hago con los otros y de cuya hechura participo es un tiempo de posibilidades y no de determinismo. El hecho de percibirme en el mundo, con el mundo y con los otros, me pone en una posición ante el mundo que no es la de quién nada tiene que ver con él". Al fin y al cabo, mi presencia en el mundo no es la de quién se adapta a él, sino la de quién se inserta en él. Es la de quien lucha para no ser tan sólo un objeto, sino también un sujeto de la Historia. Me gusta ser persona porque, aún sabiendo que las condiciones materiales, económicas, sociales y políticas, culturales e ideológicas en que nos encontramos generan casi siempre barreras de difícil superación para la realización de nuestra tarea histórica de cambiar el mundo, también sé que los obstáculos no se eternizan"

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Paulo Freire
Paulo Freire (1921-1997) fue uno de los mayores y más significativos pedagogos del siglo XX. Con su principio del diálogo, enseñó un nuevo camino para la relación entre profesores y alumnos. Sus ideas influenciaron e influencian los procesos democráticos por todo el mundo. Fue el pedagogo de los oprimidos y en su trabajo transmitió la pedagogía de la esperanza. Influyó en las nuevas ideas liberadoras en América Latina y en la teología de la liberación, en las renovaciones pedagógicas europeas y africanas, y su figura es referente constante en la política liberadora y en a educación. Fue emigrante y exilado por razones políticas por causa de las dictaduras. Por mucho tiempo, su domicilio fue el Consejo Mundial de las Iglesias en Ginebra, Suiza. Biografía de Paulo Freire Nació en Recife, Brasil, en 1921. En 1947, fue director del Departamento de Educación y Cultura del Servicio Social de la Industria. Estudió letras y se doctoró en 1959 en Filosofía e Historia de la Educación con la tesis «Educación y actualidad brasileña», en la que se sientan las bases de su método, según el cual todo proceso educativo debe partir de la realidad que rodea a cada individuo. En los años 50, perteneció al primer Consejo Estatal de Educación de Pernambuco. En 1961, fue nombrado director del Departamento de Extensión Cultural de la Universidad de Recife. En 1963 puso en práctica su primer experiencia educativa de grupo, dentro de la Campaña Nacional de Alfabetización, consiguiendo la alfabetización de 300 trabajadores rurales en mes y medio. Fue acusado por la oligarquía y por ciertos sectores de la Iglesia de agitador político. Como consecuencia del golpe militar de 1964, debió abandonar su actividad, calificada de subversiva, y buscó refugio en Chile, donde participó en diversos planes del gobierno democristiano de Eduardo Frei, como el programa de educación de adultos del Instituto Chileno para la Reforma Agraria (ICIRA). En Chile escribe Pedagogía del oprimido, cuyo contenido desagradó al gobierno de Santiago. Profesor de la Universidad de Harvard, colaboró con los grupos dedicados a la reforma educativa en los ámbitos rurales y urbanos. En 1970 se trasladó a Ginebra (Suiza), donde trabajó en los programas de educación del Consejo Mundial de las Iglesias. Después de dieciséis años de exilio, en 1980 volvió a Brasil, impartiendo docencia en la Universidade Estadual de Campinas y en la Pontifícia Universidade Católica de São Paulo, ciudad esta última de la que fue Secretário de Educação. En 1986, recibió el premio internacional «Paz y Educación» de la UNESCO. Fue investido doctor «honoris causa» por una veintena de universidades de todo el mundo.

El contexto en el que se inició Paulo Freire Pablo Freire conoció desde niño la realidad del nordeste brasileño, en el que hasta hacía poco se vivía en esclavitud y que por aquellos tiempos las clases rurales vivían en relaciones laborales de opresión, marginadas del proceso social, político y económico y sin participación alguna en las decisiones importantes para el país. Es ahí donde se introduce Paulo Freire, que intenta que sus coterráneos rompan su pasividad y silencio, que reconozcan la fuerza de su unidad transformadora, que adquieran la capacidad crítica para relacionarse con la sociedad y que se liberen de sus ataduras, única posibilidad de cambio de la sociedad. Se inserta en las nuevas ideas revolucionarias que existían en América Latina en los años 60, imbuido del lenguaje de liberación surgido de de las corrientes más avanzadas del catolicismo, que provocaron la teología de la liberación, y utilizando elementos de la dialéctica marxista para la visión y comprensión de la historia.

«La pedagogía del oprimido, como pedagogía humanista y liberadora tendrá, pues, dos momentos distintos aunque interrelacionados. El primero, en el cual los oprimidos van desvelando el mundo de la opresión y se van comprometiendo, en la praxis, con su transformación, y, el segundo, en que, una vez transformada la realidad opresora, esta pedagogía deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación»
El pensamiento de Paulo Freire Paulo Freire se ocupó de los hombres y mujeres «no letrados», de aquellos llamados «los desarrapados del mundo», de aquellos que no podían construirse un mundo de signos escritos y abrirse otros mundos, entre ellos, el mundo del conocimiento (sistematizado) y el mundo de la conciencia (crítica). Porque para Freire el conocimiento no se transmite, se «está construyendo»: el acto educativo no consiste en una transmisión de conocimientos, es el goce de la construcción de un mundo común. Juan Manuel Fernández Moreno (ILCE) Deshumanización La «deshumanización» es la consecuencia de la opresión, y afecta a los oprimidos y a quienes oprimen. Los oprimidos, en reacción contra los opresores, a quienes idealizan, desean convertirse a su vez en opresores. Es una gran contradicción, que desafía al

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oprimido proponiéndole una nueva fórmula, transformarse en los restauradores de la libertad de ambos. De esta forma, debería nacer un hombre nuevo que supere la contradicción: ni opresor ni oprimido: un hombre liberándose, humanizándose. Educación Bancaria: el saber como un depósito En la concepción bancaria, el sujeto de la educación es el educador el cual conduce al educando en la memorización mecánica de los contenidos. Los educandos son así una especie de «recipientes» en los que se «deposita» el saber. El único margen de acción posible para los estudiantes es el de archivar los conocimientos, convertidos en objetos del proceso, padeciendo pasivamente la acción del educador. De este modo, a mayor pasividad, con mayor facilidad los oprimidos se adaptarán al mundo y más lejos estarán de transformar la realidad. La educación bancaria es, por tanto, un instrumento de opresión. Educación Problematizadora: diálogo liberador La propuesta de Freire es la «Educación Problematizadora» que niega el sistema unidireccional propuesto por la «Educación bancaria» ya que da existencia a una comunicación de ida y vuelta, y elimina la contradicción entre educadores y educandos. Ambos, educador y educandos, se educan entre sí mientras se establece un diálogo en el cual tiene lugar el proceso educativo. Con la «Educación Problematizadora» se apunta claramente hacia la liberación y la independencia, pues destruye la pasividad del educando y lo incita a la búsqueda de la transformación de la realidad, en la que opresor y oprimido encontrarán la liberación humanizándose. La dialogicidad: Esencia de la educación como práctica de libertad. El diálogo es un fenómeno humano por el cual se nos revela la palabra, de la que podemos decir que es el diálogo mismo. Por ello hay que buscar la palabra y sus elementos constitutivos. Descubrimos así que no hay palabra verdadera que no sea una unión inquebrantable entre acción y reflexión y, por ende, que no sea praxis. De ahí que decir la palabra verdadera sea transformar el mundo. La palabra inauténtica no puede transformar la realidad, pues privada de su dimensión activa, se transforma en palabrería, en mero verbalismo, palabra alienada y alienante, de la que no hay que esperar la denuncia del mundo, pues no posee compromiso al no haber acción. Sin embargo, cuando la palabra hace exclusiva referencia a la acción, se convierte en activismo, minimiza la reflexión, niega la praxis verdadera e imposibilita el diálogo. Los hombres no se hacen en el silencio, sino en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión. El diálogo implica un encuentro de los hombres para la transformación del mundo, por lo que se convierte

en una exigencia existencial. Y no podemos dejar de recordar que para Freire, la palabra tiene dos fases constitutivas indisolubles: acción y reflexión. Ambas en relación dialéctica establecen la praxis del proceso transformador. La reflexión sin acción, se reduce al verbalismo estéril y la acción sin reflexión es activismo. La palabra verdadera es la praxis, porque los hombres deben actuar en el mundo para humanizarlo, transformarlo y liberarlo. El método de Paulo Freire El método de Freire es fundamentalmente un método de cultura popular, que, a su vez, se traduce en una política popular: no hay cultura del pueblo sin política del pueblo. Por este motivo, su labor apunta principalmente a concienciar y a politizar. Freire no confunde los planos político y pedagógico: ni se absorben, ni se contraponen. Lo que hace es distinguir su unidad bajo el argumento de que el hombre se hace historia y busca reencontrarse; es el movimiento en el que busca ser libre. Ésta es la educación que busca ser práctica de la libertad. La metodología surge de la práctica social para volver, después de la reflexión, sobre la misma práctica y transformarla. De esta manera, la metodología está determinada por el contexto de lucha en que se ubica la práctica educativa: el marco de referencia está definido por lo histórico y no puede ser rígido ni universal, sino que tiene que ser construido por los hombres, en su calidad de sujetos cognoscentes, capaces de transformar su realidad. La manera en que Freire concibe la metodología quedan expresadas las principales variables que sirven de coordenadas al proceso educativo como acto político y como acto de conocimiento; éstas son: la capacidad creativa y transformadora del hombre; la capacidad de asombro, que cualquier persona tiene, sin importar la posición que ocupe en la estructura social; la naturaleza social del acto de conocimiento y la dimensión histórica de éste. Otras características del método de Freire son su movilidad y capacidad de inclusión. Por ser una pedagogía basada en la práctica, ésta está sometida constantemente al cambio, a la evolución dinámica y reformulación. Si el hombre es un ser inacabado, y este ser inacabado es el centro y motor de esta pedagogía, es obvio que el método tendrá que seguir su ritmo de dinamicidad y desarrollo como una constante reformulación. La alfabetización como camino de liberación Para Paulo Freire, el proceso de alfabetización tiene todos los ingredientes necesarios para la liberación . «... el aprendizaje y profundización

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de la propia palabra, la palabra de aquellos que no les es permitido expresarse, la palabra de los oprimidos que sólo a través de ella pueden liberarse y enfrentar críticamente el proceso dialéctico de su historización (ser persona en la historia)». El sujeto, paulatinamente aprende a ser autor, testigo de su propia historia; entonces es capaz de escribir su propia vida, consciente de su existencia y de que es protagonista de la historia. Podemos entender la alfabetización como la conquista que hace el hombre de su palabra, lo que ciertamente conlleva la conciencia del derecho de decir la palabra. Fases del método para la alfabetización En la alfabetización es necesario seguir el método activo dialogal, crítico. 1º Fase: Levantamiento del universo vocabular (universo de las palabras habladas en el medio cultural del alfabetizando) de los grupos con los cuales se trabaja. Se extraen los vocablos de más ricas posibilidades fonéticas y de mayor carga semántica, con sentido existencial y emocional. 2º Fase: Elección de las palabras seleccionadas del universo vocabular investigado. 3º Fase: Creación de situaciones existenciales típicas del grupo con el que se va a trabajar. Las palabras utilizadas reciben el nombre de generadoras, ya que a través de la combinación de sus elementos básicos propician la formación de otras. A partir de esas palabras se configuran las situaciones existenciales. 4º Fase: Elaboración de guías (Flexibles) que auxilien a los coordinadores de debate en su trabajo. 5º Fase: Descomposición de las familias fonéticas correspondientes a los vocablos generadores. Se plasman las situaciones en láminas, diapositivas o proyecciones que, de la experiencia vivida por el alfabetizando, pasan al mundo de los objetos. De uno en uno, los educandos van todos haciendo palabras nuevas con las posibles combinaciones a su disposición. Este proceso va creando conocimientos de palabras que enriquece la posibilidad de decirse diciendo su mundo.

Algunas Frases célebres sobre la educación -Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho -Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado -Enseñar exige respeto a los saberes de los educandos -Enseñar exige la corporización de las palabras por el ejemplo -Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando -Enseñar exige seguridad, capacidad profesional y generosidad -Enseñar exige saber escuchar -Nadie es, si se prohíbe que otros sean -La Pedagogía del oprimido, deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación -No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión -Decir la palabra verdadera es transformar al mundo -Decir que los hombres son personas y como personas son libres y no hacer nada para lograr concretamente que esta afirmación sea objetiva, es una farsa -El hombre es hombre, y el mundo es mundo. En la medida en que ambos se encuentran en una relación permanente, el hombre transformando al mundo sufre los efectos de su propia transformación -El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas -Solo educadores autoritarios niegan la solidaridad entre el acto de educar y el acto de ser educados por los educandos -Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre -La cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados "ignorantes" son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una "cultura del silencio" -Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra -Defendemos el proceso revolucionario como una acción cultural dialogada conjuntamente con el acceso al poder en el esfuerzo serio y profundo de concienciación -La ciencia y la tecnología, en la sociedad revolucionaria, deben estar al servicio de la liberación

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Aprender a decir su palabra. El método de alfabetización del profesor Paulo Freire
Ernani M Fiori Prólogo de Pedagogía del Oprimido

Paulo Freiré es un pensador comprometido con la vida; no piensa ideas, piensa la existencia. Es también educador: cobra existencia su pensamiento en una pedagogía en que el esfuerzo totalizador de la "praxis" humana busca, en la integridad de ésta, retotalizarse como "práctica de la libertad". En sociedades cuya dinámica estructural conduce a la dominación de las conciencias, "la pedagogía dominante es la pedagogía de las clases dominantes". Los métodos de opresión no pueden, contradictoriamente, servir a la liberación del oprimido. En esas sociedades, gobernadas por intereses de grupos, clases y naciones dominantes, "la educación como práctica de la libertad" postula necesariamente una "pedagogía del oprimido". No pedagogía para él, sino de él. Los caminos de la liberación son los del mismo oprimido que se libera: él no es cosa que se rescata sino sujeto que se debe autoconfigurar responsablemente. La educación libertadora es incompatible con una pedagogía que, de manera consciente o mistificada, ha sido práctica de dominación. La práctica de la libertad sólo encontrará adecuada expresión en una pedagogía en que el oprimido tenga condiciones de descubrirse y conquistarse, reflexivamente, como sujeto de su propio destino histórico. Una cultura tejida con la trama de la dominación, por más generosos que sean los propósitos de sus educadores, es una barrera cerrada a las posibilidades educacionales de los que se sitúan en las subculturas de los proletarios y marginales. Por el contrario, una nueva pedagogía enraizada en la vida de esas subculturas, a partir de ellas y con ellas, será un continuo retomar reflexivo sus propios caminos de liberación; no será simple reflejo, sino reflexiva creación y recreación, un ir adelante por esos caminos: "método", "práctica de la libertad", que, por ser tal, está intrínsecamente incapacitado para el ejercicio de la dominación. La pedagogía del oprimido es, pues, liberadora de ambos, del oprimido y del opresor. Hegelianamente diríamos: la verdad del opresor reside en la conciencia del oprimido. Así aprehendemos la idea fuente de dos libros,(1) en que Paulo Freiré traduce, en forma de lúcido saber sociopedagógico, su grande y apasionante experiencia de educador. Experiencia y saber que se dialectizan, densificándose, alargándose, dándonos cada vez más el contorno y el relieve de su profunda intuición central; la del educador de vocación humanista que, al inventar sus técnicas pedagógicas, redescubre a través de ellas el proceso histórico en qué y por qué se constituye la conciencia humana. El proceso a 1 Educafáo como prática da liberdade, Río, ed. Paz e Terra, 1967, 150 pp. Véase edición en español: Montevideo, editorial Tierra Nueva, 1969, 2- edición, 1970. Pedagogía del oprimido, Buenos Aires, Tierra Nueva y Siglo XXI Argentina Editores, 1972. través del cual la vida se hace historia. O, aprovechando una sugerencia de Ortega, el proceso en que la vida como biología pasa a ser vida como biografía. Tal vez sea ése el sentido más exacto de la alfabetización: aprender a escribir su vida, como autor y como testigo de su historia —biografiarse, existenciarse, historizarse. Por esto, la pedagogía de Paulo Freiré, siendo método de alfabetización, tiene como su idea animadora toda una dimensión humana de la "educación como práctica de la libertad", lo que en régimen de dominación sólo se puede producir y desarrollar en la dinámica de una "pedagogía del oprimido". Las técnicas de dicho método acaban por ser la esterilización pedagógica del proceso en que el hombre constituye y conquista, históricamente, su propia forma: la pedagogía se hace antropología. Esa conquista no se iguala al crecimiento espontáneo de los vegetales: se implica en la ambigüedad de la condición humana, se complica en las contradicciones de la aventura histórica, se explica, o mejor dicho, intenta explicarse en la continua recreación de un mundo que, al mismo tiempo, obstaculiza y provoca el esfuerzo de la superación liberadora de la conciencia humana. La antropología acaba por exigiir y comandar una política. Es lo que pretendemos insinuar en tres chispazos. Primero: el movimiento interno que unifica los elementos del método y los excede en amplitud de humanismo pedagógico. Segundo: ese movimiento reproduce y manifiesta el proceso histórico en que el hombre se reconoce. Tercero: los posibles rumbos de ese proceso son proyectos posibles y, por consiguiente, la concienciación no sólo es conocimiento o reconocimiento, sino opción, decisión, compromiso. Las técnicas del método de alfabetización de Paulo Freiré, aunque valiosas en sí, tomadas aisladamente no dicen nada del método mismo. Tampoco se juntaron eclécticamente según un criterio de simple eficiencia técnico-pedagógica. Inventadas o reinventadas en una sola dirección del pensamiento, resultan de la unidad

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que se trasluce en la línea axial del método y señala el sentido y el alcance de su humanismo: alfabetizar es concienciar. Un mínimo de palabras con una máxima polivalencia fonética es el punto de partida para la conquista del universo vocabular. Estas palabras, oriundas del propio universo vocabular del alfabetizando, una vez transfiguradas por la crítica, retornan a él en acción transformadora del mundo. ¿Cómo salen de su universo y cómo vuelven a él? Una investigación previa explora el universo de las palabras habladas en el medio cultural del alfabetizando. De ahí se extraen los vocablos de más ricas posibilidades fonémicas y de mayor carga semántica. Ellos no sólo permiten un rápido dominio del universo de la palabra escrita . sino también el compromiso más eficaz ("engajamento") de quien las pronuncia, con la fuerza pragmática que instaura y transforma el mundo humano. Estas palabras son llamadas generadoras porque, a través de la combinación de sus elementos básicos, propician la formación de otras. Como palabras del universo vocabular del alfabetizando, son significaciones constituidas en sus comportamientos, que configuran situaciones existenciales o se configuran dentro de ellas. Tales significaciones son codificadas plásticamente en cuadros, diapositivas, films, etc., representativos de las respectivas situaciones que, de la experiencia vivida del alfabetizando, pasan al mundo de los objetos. El alfabetizando gana distancia para ver su experiencia, "ad-mira". En ese mismo instante, comienza a descodificar. La descodificación es análisis y consecuente reconstitución de la situación vivida: reflejo, reflexión y apertura de posibilidades concretas de pasar más allá. La inmediatez de la experiencia mediada por la objetivación se hace lúcida, interiormente, en reflexión a sí misma y crítica anunciadora de nuevos proyectos existenciales. Lo que antes era enclaustrado, poco a poco se va abriendo; "la conciencia pasa a escuchar los llamados que la convocan siempre más allá de sus límites: se hace crítica". Al objetivar su mundo, el alfabetizando se reencuentra en él, reencontrándose con los otros y en los otros, compañeros de su pequeño "círculo de cultura". Se encuentran y reencuentran todos en el mismo mundo común y, de la coincidencia de las intenciones que los objetivan, surgen la comunicación, el diálogo que critica y promueve a los participantes del círculo. Así juntos recrean críticamente su mundo: lo que antes los absorbía, ahora lo pueden ver al revés. En el círculo de cultura, en rigor, no se enseña, se aprende con "reciprocidad de conciencias"; no hay profesor, sino un coordinador, que tiene por función dar las informaciones solicitadas por los respectivos participantes y propiciar condiciones favorables a la dinámica de grupo, reduciendo al mínimo su intervención directa en el curso del diálogo. La "codificación" y la "descodificación" permiten al alfabetizando integrar la significación de las respectivas palabras generadoras en su contexto existencial: él la redescubre en un mundo expresado por su comportamiento. Cobra conciencia de la palabra como significación que se constituye en su intención significante, coincidente con intenciones de otros que significan el mismo mundo. Éste, el mundo, es el lugar de encuentro de cada uno consigo mismo y con los demás. A esta altura del proceso, la respectiva palabra generadora puede ser, ella misma, objetivada como combinación de fonemas susceptibles de representación gráfica. El alfabetizando ya sabe que la lengua también es cultura, de que el hombre es sujeto: se siente desafiado a develar los secretos de su constitución a partir de la construcción de sus palabras, también ellas construcción de su mundo. Para ese efecto, como también para la descodificación de las situaciones significativas por las palabras generadoras es de particular interés la etapa preliminar del método, que aún no habíamos mencionado. En esta etapa, el grupo descodifica varias unidades básicas, codificaciones sencillas y sugestivas, que dialógicamente descodificadas, van redescubriendo al hombre como sujeto de todo proceso histórico de la cultura y, obviamente, también de la cultura letrada. Lo que el hombre habla y escribe, y cómo habla y escribe, es toda expresión objetiva de su espíritu. Por esto, el espíritu puede rehacer lo hecho, en este redescubrir el proceso que lo hace y lo rehace. Así, al objetivar una palabra generadora (primero entera y después descompuesta en sus elementos silábicos) el alfabetizando ya está motivado para no sólo buscar el mecanismo de su recomposición y de la composición de nuevas palabras, sino también para escribir su pensamiento. La palabra generadora, aunque objetivada en su condición de simple vocablo escrito, no puede liberarse nunca más de su dinamismo semántico y de su fuerza pragmática, de que el alfabetizando tomó conciencia en la respectiva descodificación crítica. No se dejará, entonces, aprisionar por los mecanismos de la composición vocabular. Y buscará nuevas palabras, no para coleccionarlas en la memoria, sino para decir y escribir su mundo, su pensamiento, para contar su historia. Pensar el mundo es juzgarlo; la experiencia de los círculos de cultura muestra que el alfabetizando, al comenzar a escribir libremente, no copia palabras sino expresa juicios. Estos, de cierta manera, intentan reproducir el movimiento de su propia experiencia; el alfabetizando, al darles forma escrita, va asumiendo gradualmente la conciencia de testigo de una historia de la que se sabe autor. En la medida en que se percibe testigo de su historia, su conciencia se hace reflexivamente más responsable de esa historia.

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El método Paulo Freiré no enseña a repetir palabras ni se restringe a desarrollar la capacidad de pensarlas según las exigencias lógicas del discurso abstracto; simplemente coloca al alfabetizando en condiciones de poder replantearse críticamente las palabras de su mundo, para, en la oportunidad debida, saber y poder decir su palabra. Esto es porque, en una cultura letrada, ese alfabetizando aprende a leer y a escribir, pero la intención última con que lo hace va más allá de la mera alfabetización. Atraviesa y anima toda la empresa educativa, que no es sino aprendizaje permanente de ese esfuerzo de totalización jamás acabado, a través del cual el hombre intenta abrazarse íntegramente en la plenitud de su forma. Es la misma dialéctica en que cobra existencia el hombre. Mas, para asumir responsablemente su misión de hombre, ha de aprender a decir su palabra, porque, con ella, se constituye a sí mismo y a la comunión humana en que él se constituye; instaura el mundo en que él se humaniza, humanizándolo. Con la palabra el hombre se hace hombre. Al decir su palabra, el hombre asume conscientemente su esencial condición humana. El método que le propicia ese aprendizaje abarca al hombre todo, y sus principios fundan toda la pedagogía, desde la alfabetización hasta los más altos niveles del quehacer universitario. La educación reproduce de este modo, en su propio plano, la estructura dinámica y el movimiento dialéctico del proceso histórico de producción del hombre. Para el hombre, producirse es conquistarse, conquistar su forma humana. La pedagogía es antropología. Todo fue resumido por una simple mujer del pueblo en un círculo de cultura, delante de una situación presentada en un cuadro: "Me gusta discutir sobre esto porque vivo así. Mientras vivo no veo. Ahora sí, observo cómo vivo". La conciencia es esa misteriosa y contradictoria capacidad que el hombre tiene de distanciarse de las cosas para hacerlas presentes, inmediatamente presentes. Es la presencia que tiene el poder de hacer presente; no es representación, sino una condición de presentación. Es un comportarse del hombre frente al medio que lo envuelve, transformándolo en mundo humano. Absorbido por el medio natural, responde a estímulos; y el éxito de sus respuestas se mide por su mayor o menor adaptación: se naturaliza. Alejado de su medio vital, por virtud de la conciencia, enfrenta las cosas, objetivándolas, y se enfrenta con ellas, que dejan de ser simples estímulos para erigirse en desafíos. El medio envolvente no lo cierra, lo limita; lo que supone la conciencia del más allá del límite. Por esto, porque se proyecta intencionalmente más allá del límite que intenta encerrarla, la conciencia puede desprenderse de él, liberarse y objetivar, transustanciado, el medio físico en mundo humano. La "hominización" no es adaptación: el hombre no se naturaliza, humaniza al mundo. La "hominización" no es sólo un proceso biológico, sino también historia. La intencionalidad de la conciencia humana no muere en la espesura de un envoltorio sin reverso. Ella tiene dimensión siempre mayor que los horizontes que la circundan. Traspasa más allá de las cosas que alcanza y, porque las sobrepasa, puede enfrentarlas como objetos. La objetividad de los objetos se constituye en la intencionalidad de la conciencia, pero, paradójicamente, ésta alcanza en lo objetivado lo que aún no se objetivó: lo objetivable. Por lo tanto, el objeto no es sólo objeto sino, al mismo tiempo, problema: lo que está enfrente, como obstáculo e interrogación. En la dialéctica constituyente de la conciencia, en que ésta se acaba de hacer en la medida en que hace al mundo, la interrogación nunca es pregunta exclusivamente especulativa: en el proceso de totalización de la conciencia, es siempre provocación que la incita a totalizarse. El mundo es espectáculo, pero sobre todo convocación. Y, como la conciencia se constituye necesariamente como conciencia del mundo, ella es pues, simultánea e implícitamente, presentación y elaboración del mundo. La intencionalidad trascendental de la conciencia le permite retroceder indefinidamente sus horizontes y, dentro de ellos, sobrepasar los momentos y las situaciones que intentan retenerla y enclaustrarla. Liberada por la fuerza de su impulso trascendentalizante, puede volver reflexivamente sobre tales situaciones y momentos, para juzgarlos y juzgarse. Por esto es capaz de crítica. La reflexividad es la raíz de la objetivación. Si la conciencia se distancia del mundo y lo objetiva, es porque SU intencionalidad trascendental la hace reflexiva. Desde el primer momento de su constitución, al objetivar su mundo originario, ya es virtualmente reflexiva. Es presencia y distancia del mundo: la distancia es la condición de la presencia. Al distanciarse del mundo, constituyéndose en la objetividad, se sorprende ella misma en su subjetividad. En esa línea de entendimiento, reflexión y mundo, subjetividad y objetividad no se .separan: se oponen, implicándose dialécticamente. La verdadera reflexión crítica se origina y se dialectiza en la interioridad de la "praxis" constitutiva del mundo humano; reflexión que también es "praxis". Distanciándose de su mundo vivido, problematizándolo, "descodificándolo" críticamente, en el mismo movimiento de la conciencia, el hombre se redescubre como sujeto instaurador de ese mundo de su experiencia. Al testimoniar objetivamente su historia, incluso la conciencia ingenua acaba por despertar críticamente, para identificarse como personaje que se ignoraba, siendo llamada a asumir su papel. La conciencia del mundo y la conciencia de sí crecen juntas y en razón directa; una es la luz interior de la otra, una comprometida con otra.

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Se evidencia la intrínseca correlación entre conquistarse, hacerse más uno mismo, y conquistar el mundo, hacerlo más humano. Paulo Freiré no inventó al hombre; sólo piensa y practica un método pedagógico que procura dar al hombre la oportunidad de redescubrirse mientras asume reflexivamente el propio proceso en que él se va descubriendo, manifestando y configurando: "método de concienciación". Pero nadie cobra conciencia separadamente de los demás. La conciencia se constituye como conciencia del mundo. Si cada conciencia tuviera su mundo, las conciencias se ubicarían en mundos diferentes y separados, cual nómadas incomunicables. Las conciencias no se encuentran en el vacío de sí mismas, porque la conciencia es siempre, radicalmente, conciencia del mundo. Su lugar de encuentro necesario es el mundo que, si no fuera originariamente común, no permitiría la comunicación. Cada uno tendrá sus propios caminos de entrada en este mundo común, pero la convergencia de las intenciones que la significan es la condición de posibilidad de las divergencias de los que, en él, se comunican. De no ser así, los caminos serían paralelos e intraspasables. Las conciencias no son comunicantes porque se comunican; al contrario, se comunican porque son comunicantes. La intersubjetividad de las conciencias es tan originaria cuanto su mundanidad o su subjetividad. En términos radicales, podríamos decir, en lenguaje ya no fenomenológico, que la intersubjetividad de las conciencias es la progresiva concienciación, en el hombre, del "parentesco ontológico" de los seres en el ser. Es el mismo misterio que nos invade y nos envuelve, encubriéndose y descubriéndose en la ambigüedad de nuestro cuerpo consciente. En la constitución de la conciencia, mundo y conciencia se presentan como conciencia del mundo o mundo consciente y, al mismo tiempo, se oponen como conciencia de sí y conciencia del mundo. En la intersubjetividad, las conciencias también se ponen como conciencias de un cierto mundo común y, en ese mismo mundo, se oponen como conciencia de sí y conciencia de otro. Nos comunicamos en la oposición, única vía de encuentro para conciencias que se constituyen en la mundanidad y en la intersubjetividad. El monólogo, en cuanto aislamiento, es la negación del hombre. Es el cierre de la conciencia mientras que la conciencia es apertura. En la soledad, una conciencia que es conciencia del mundo, se adentra en sí, adentrándose más en su mundo que, reflexivamente, se hace más lúcida mediación de la inmediatez intersubjetiva de las conciencias. La soledad y no el aislamiento, sólo se mantiene en cuanto se renueva y revigoriza en condiciones de diálogo. El diálogo fenomenaliza e historiza la esencial intersubjetividad humana; él es relacional y en él nadie tiene la iniciativa absoluta. Los dialogantes "admiran" un mismo mundo; de el se apartan y con él coinciden: en él se ponen y se oponen. Vemos que, de este modo, la conciencia adquiere existencia y busca planificarse. El diálogo no es un producto histórico, sino la propia historización. Es, pues, el movimiento constitutivo de la conciencia que, abriéndose a la finitud, vence intencionalmente las fronteras de la finitud e, incesantemente, busca reencontrarse más allá de sí misma. Conciencia del mundo, se busca ella misma en un mundo que es común; porque este mundo es común, buscarse a sí misma es comunicarse con el otro. El aislamiento no personaliza porque no socializa. Mientras más se intersubjetiva, más densidad subjetiva gana el sujeto. La conciencia y el mundo no se estructuran sincrónicamente en una conciencia estática del mundo: visión y espectáculo. Esa estructura se funcionaliza diacrónicamente en una historia. La conciencia humana busca conmensurarse a sí misma en un movimiento que transgrede, continuamente, todos sus límites. Totalizándose más allá de sí misma, nunca llega a totalizarse enteramente, pues siempre se trasciende a sí misma. No es la conciencia vacía del mundo que se dinamiza, ni el mundo es simple proyección del movimiento que la constituye como conciencia humana. La conciencia es conciencia del mundo: el mundo y la conciencia, juntos, como conciencia del mundo, se constituyen dialécticamente en un mismo movimiento, en una misma historia. En otras palabras: objetivar el mundo es historizarlo, humanizarlo. Entonces, el mundo de la conciencia no es creación sino elaboración humana. Ese mundo no se constituye en la contemplación sino en el trabajo. En la objetivación aparece, pues, la responsabilidad histórica del sujeto. Al reproducirla críticamente, el hombre se reconoce como sujeto que elabora el mundo; en él, en el mundo, se lleva a cabo la necesaria mediación del autorreconocimiento que lo personaliza y le hace cobrar conciencia, como autor responsable de su propia historia. El mundo se vuelve proyecto humano: el hombre se hace libre. Lo que parecería ser apenas visión es, efectivamente, "provocación"; el espectáculo, en verdad, es compromiso. Si el mundo es el mundo de las conciencias intersubjetivas, su elaboración forzosamente ha de ser colaboración. El mundo común mediatiza la originaria intersubjetivación de las conciencias: el autorreconocimiento se "plenifica" en el reconocimiento del otro; en el aislamiento la conciencia se "nadifica". La intersubjetividad, en que las conciencias se enfrentan, se dialectizan, se promueven, es la tesitura del proceso histórico de humanización. Está en los orígenes de la "hominización" y contiene las exigencias últimas de la humanización. Reencontrarse como sujeto y liberarse es todo el sentido del compromiso histórico. Ya la antropología sugiere que la "praxis", si es humana y humanizadora, es "práctica de la libertad". El círculo de cultura, en el método Paulo Freiré, revive la vida en profundidad crítica. La conciencia emerge del mundo vivido, lo objetiva, lo problematiza, lo comprende como proyecto humano. En diálogo circular, intersubjetivándose más y más, va asumiendo críticamente el dinamismo de su subjetividad creadora.Todos juntos, en círculo, y en colaboración reelaboran el mundo, y al reconstruirlo, perciben que aunque construido también por ellos, ese mundo no es verdaderamente de ellos y para ellos.

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Humanizado por ellos, ese mundo los humaniza. Las manos que lo hacen no son las que lo dominan. Destinado a liberarlos como sujetos, los esclaviza como objetos. Reflexivamente, retoman el movimiento de la conciencia que los constituye sujetos, desbordando la estrechez de las situaciones vividas; resumen el impulso dialéctico de la totalización histórica. Hechos presentes como objetos en el mundo de la conciencia dominadora, no se daban cuenta de que también era presencia que hace presente un mundo que no es de nadie, porque originalmente es de todos. Restituida en su amplitud, la conciencia se abre para la "práctica de la libertad": el proceso de "hominización‖, desde sus oscuras profundidades, va adquiriendo la traslucidez de un proyecto de humanización. No es crecimiento, es historia: áspero esfuerzo de superación dialéctica de las contradicciones que entreteje el drama existencial de la finitud humana. El Método de Concienciación de Paulo Freiré rehace críticamente ese proceso dialéctico de historización. Como todo buen método pedagógico, no pretende ser un método de enseñanza sino de aprendizaje; con él, el hombre no crea su posibilidad de ser libre sino aprende a hacerla efectiva y a ejercerla. La pedagogía acepta la sugerencia de la antropología: se impone pensar y vivir "la educación como práctica de la libertad". No fue por casualidad que este método de concienciación se haya originado como método de alfabetización. La cultura letrada no es una invención caprichosa del espíritu; surge en el momento de la cultura, como reflexión de sí misma, consigue decirse a sí misma, de manera definida, clara y permanente. La cultura marca la aparición del hombre en el largo proceso de la evolución cósmica. La esencia humana cobra existencia autodescubriéndose como historia. Pero esa conciencia histórica, al objetivarse, se sorprende reflexivamente a sí misma, pasa a decirse, a tornarse conciencia historiadora; y el hombre es conducido a escribir su historia. Alfabetizarse es aprender a leer esa palabra escrita en que la cultura se dice, y diciéndose críticamente, deja de ser repetición intemporal de lo que pasó, para temporalizarse, para concienciar su temporalidad constituyente, que es anuncio y promesa de lo que ha de venir. El destino, críticamente, se recupera como proyecto. En este sentido, alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra, creadora de cultura. La cultura de las letras tiñe de conciencia la cultura; la conciencia historiadora automanifiesta a la conciencia su condición esencial de conciencia histórica. Enseñar a leer las palabras dichas y dictadas es una forma de mistificar las conciencias, despersonalizándolas en la repetición —es la técnica de la propaganda masificadora. Aprender a decir su palabra es toda la pedagogía, y también toda la antropología. La "hominización" se opera en el momento en que la conciencia gana la dimensión de la trascendentalidad. En ese instante, liberada del medio envolvente, se despega de él, lo enfrenta, en un comportamiento que la constituye como conciencia del mundo. En ese comportamiento, las cosas son objetivadas, esto es, significadas y expresadas, el hombre las dice. La palabra instaura el mundo del hombre. La palabra, como comportamiento humano, significante del mundo, no sólo designa a las cosas, las transforma; no es sólo pensamiento, es "praxis". Así considerada, la semántica es existencia y la palabra viva se plenifica en el trabajo. Expresarse, expresando el mundo, implica comunicarse. A partir de la intersubjetividad originaria, podríamos decir que la palabra, más que instrumento, es origen de la comunicación. La palabra es esencialmente diálogo. En esta línea de entendimiento, la expresión del mundo se consustancia en elaboración del mundo y la comunicación en colaboración. Y el hombre sólo se expresa convenientemente cuando colabora con todos en la construcción del mundo común; sólo se humaniza en el proceso dialógico de la humanización del mundo. La palabra, por ser lugar de encuentro y de reconocimiento de las conciencias, también lo es de reencuentro y de reconocimiento de sí mismo. Se trata de la palabra personal, creadora, pues la palabra repetida es monólogo de las conciencias que perdieron su identidad, aisladas, inmersas en la multitud anónima y sometidas a un destino que les es impuesto y que no son capaces de superar, con la decisión de un proyecto. Es verdad: ni la cultura iletrada es la negación del hombre ni la cultura letrada llegó a ser su plenitud. No hay hombre absolutamente inculto: el hombre "se hominiza" expresando y luciendo su mundo. Ahí comienza la historia y la cultura. Mas, el primer instante de la palabra es terriblemente perturbador: hace presente el mundo a la conciencia y, al mismo tiempo, lo distancia. El enfrentamiento con el mundo es amenaza y riesgo. El hombre sustituye el envoltorio protector del medio natural por un mundo que lo provoca y desafía. En un comportamiento ambiguo, mientras ensaya el dominio técnico de ese mundo, intenta volver a su seno, sumergirse en él, enredándose en la indistinción entre palabra y cosa. La palabra, primitivamente, es mito. Dentro del mito, y como condición suya, el "logos" humano va conquistando primacía con la inteligencia de las manos que transforman al mundo. Los comienzos de esa historia aún son mitología: el mito es objetivado por la palabra que lo dice. La narración del mito, entretanto, objetivando el mundo mítico y así entreviendo su contenido racional, acaba por devolver a la conciencia la autonomía de la palabra, distinta de las cosas que ella significa y transforma. En esa ambigüedad con que la conciencia hace su mundo, apartándolo de sí, en el distanciamiento objetivamente que lo hace presente como mundo consciente, la palabra adquiere la autonomía que la hace disponible para ser recreada en la expresión escrita. Aunque no haya sido un producto arbitrario del espíritu inventivo del hombre, la cultura letrada es un epifenómeno de la cultura que, al actualizar su reflexividad virtual, encuentra en la palabra escrita una manera más firme y definida de decirse, esto es, de existenciarse discursivamente en la "praxis" histórica. Podemos concebir la superación de las letras; lo que en todo caso quedará es el sentido profundo que la cultura letrada manifiesta: escribir no es conversar y repetir la palabra dicha, sino decirla con la fuerza reflexiva que a su autonomía le da la fuerza ingénita que la hace instauradora del mundo de la conciencia, creadora de cultura.

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Con el método de Paulo Freiré, los alfabetizandos parten de algunas pocas palabras, que les sirven para generar su universo vocabular. Pero antes, cobran conciencia del poder creador de esas palabras, pues son ellas quienes gestan su mundo. Son significaciones que se constituyen como historia, de la que los alfabetizandos se perciben sujetos, hasta entonces, tal vez, ignorados por sí mismos, mistificados o masificados por la dominación de las conciencias. Son significaciones que se constituyen en comportamientos suyos; por tanto, significaciones del mundo, pero también suyas. De este modo, al visualizar la palabra escrita, en su ambigua autonomía, ya están conscientes de la dignidad de que ella es portadora. La alfabetización no es un juego de palabras, sino la conciencia reflexiva de la cultura, la reconstrucción crítica del mundo humano, la apertura de nuevos caminos, el proyecto histórico de un mundo común, el coraje de decir su palabra. La alfabetización, por todo esto, es toda la pedagogía: aprender a leer es aprender a decir su palabra. Y la palabra humana imita a la palabra divina: es creadora. La palabra se entiende aquí como palabra y acción; no es el término que señala arbitrariamente un pensamiento que, a su vez, discurre separado de la existencia. Es significación producida por la "praxis", palabra cuya discursividad fluye en la historicidad, palabra viva y dinámica, y no categoría inerte y exánime. Palabra que dice y transforma el mundo. La palabra viva es diálogo existencial. Expresa y elabora el mundo en comunicación y colaboración. El diálogo auténtico —reconocimiento del otro y reconocimiento de sí en el otro— es decisión y compromiso de colaborar en la construcción del mundo común. No hay conciencias vacías; por esto, los hombres no se humanizan sino humanizando el mundo. En lenguaje directo: los hombres se humanizan, trabajando juntos para hacer del mundo, cada vez más, la mediación de conciencias que cobran existencia común en libertad. A los que construyen juntos el mundo humano compete asumir la responsabilidad de darle dirección. Decir su palabra equivale a asumir conscientemente, como trabajador, la función de sujeto de su historia, en colaboración con los demás trabajadores: el pueblo. Al pueblo le cabe decir la palabra de mando en el proceso histórico-cultural. Si la dirección racional de tal proceso ya es política, entonces concienciar es politizar. Y la cultura popular se traduce por política popular; no hay cultura del pueblo sin política del pueblo. El método de Paulo Freiré es, fundamentalmente, un método de cultura popular; da conciencia y politiza. No absorbe lo político en lo pedagógico ni enemista la educación con la política. Las distingue sí, pero en la unidad del mismo movimiento en que el hombre se historiza y busca reencontrarse, esto es, busca ser libre. No tiene la ingenuidad de suponer que la educación, y sólo ella, decidirá los rumbos de la historia, si no tiene, con todo, el coraje suficiente para afirmar que la educación verdadera trae a la conciencia las contradicciones del mundo humano, sean estructurales, supraestructurales o interestructurales, contradicciones que impelen al hombre a ir adelante. Las contradicciones concienciadas no le dan más descanso sino que vuelven insoportable la acomodación. Un método pedagógico de concienciación alcanza las últimas fronteras de lo humano. Y como el hombre siempre las excede, el método también lo acompaña. Es "la educación como práctica de la libertad". En un régimen de dominación de conciencias, en que los que más trabajan menos pueden decir su palabra, y en que inmensas multitudes ni siquiera tienen condiciones para trabajar, los dominadores mantienen el monopolio de la palabra, con que mistifican, masifican y dominan. En esa situación, los dominados, para decir su palabra, tienen que luchar para tomarla. Aprender a tomarla de los que la retienen y niegan a los demás, es un difícil pero imprescindible aprendizaje: es "la pedagogía del oprimido".

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Argentina, 2012: ¿Qué hacer, y cuándo?
Atilio A. Boron
El inicio del segundo período presidencial de Cristina Fernández invita a reflexionar acerca de su agenda de gobierno para los próximos cuatro años, a partir de la convicción de que la autocomplacencia con los avances registrados hasta ahora –importantes pero insuficientes- sería un seguro camino hacia la restauración del dominio de los sectores más retrógrados de la política argentina. A lo largo de estos años el kirchnerismo ha demostrado tener capacidad de generar iniciativas, si bien que favorecido por una oposición muy débil entre el 2003 y el 2009 (con el oficialismo controlando ambas cámaras del Congreso) y muy incompetente entre el 2009 y el 2011, sobre todo luego de su resonante victoria en las elecciones parlamentarias del 2009 pese a lo cual no pudo articular ni una sola propuesta de conjunto capaz de neutralizar la influencia de la Casa Rosada. Vistas las cosas en perspectiva, de lejos la iniciativa más importante impulsada por el kirchnerismo fue la quita efectuada en los bonos de la deuda externa -dispuesta por el ex presidente Néstor Kirchner e implementada por Roberto Lavagna, el ministro de Economía heredado de su predecesor en la Casa Rosada- y que algunos comentaristas de la prensa financiera internacional calificaron como la mayor expropiación sufrida por el capital financiero a escala mundial en toda su historia. Añádase a ello la anulación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y el masivo juzgamiento a los represores de la última dictadura militar como otro de los grandes logros del ex presidente Kirchner. Durante la gestión de Cristina Fernández , a su vez, se avanzó en varios frentes, con algunas importantes propuestas en materia de promoción social – como la Asignación Universal por Hijo, la estatización de las AFJP, la extensión del régimen jubilatorio, la actualización semestral de jubilaciones y pensiones- el matrimonio igualitario y la Ley de Medios, entre otras. A esto habría que agregar una significativa renovación del clima ideológico, reintroduciendo ciertas temáticas como la igualdad social, la distribución del ingreso y la unidad latinoamericana que hacía mucho tiempo no se escuchaban en la esfera pública. Y, desde las celebraciones del Bicentenario y muy especialmente luego del fallecimiento de Néstor Kirchner, una impetuosa politización de vastos sectores de la juventud argentina, fenómeno que no se veía por estas latitudes desde finales de los años sesenta y comienzos de los setenta del siglo pasado. La recuperación del valor de la política, en una sociedad tan bombardeada por los mensajes “apolíticos” del neoliberalismo, es un signo promisorio para el futuro de la Argentina. El objetivo de estas notas es doble: por una parte, ofrecer un retrato de las grandes líneas de fuerza que definen la coyuntura política actual, recordando siempre aquellas palabras de Lenin que definen a la política como la “economía concentrada.” Por la otra, explorar los senderos que se bifurcan y sus potencialidades. Uno de ellos es el de las reformas estructurales; el otro, es el del continuismo, a veces enaltecido con la confusa expresión oficial de “profundizar el modelo.” Kirchnerismo y economía capitalista Al examinar estas alternativas no escapan a nuestro análisis las limitaciones ideológicas del kirchnerismo, sintetizadas magistralmente en el reproche que la presidenta Cristina Fernández hiciera a sus colegas reunidos en el G-20 para que acabaran con el “anarco-capitalismo” y promovieran un “capitalismo serio”, algo que para los oídos de Obama, Merkel, Sarkozy, Cameron, Berlusconi y otros de su ralea debió sonar como un enternecedor cuento de niños mientras socarronamente se miraban y decían entre sí: “Qué, ¿acaso no es serio este capitalismo que nos sostiene en el poder y al cual salvamos de sus trapisondas financieras transfiriéndole billones de dólares?” Por lo tanto, es innecesario aclarar, que cualquier propuesta de avanzar por el sendero de las reformas generará una enconada resistencia. Primero, al interior mismo del gobierno y, más ampliamente, de la coalición kirchnerista, porque no todos sus integrantes muestran el mismo grado de entusiasmo por encarar reformas de fondo en la economía argentina; segundo, obvio, en la clase dominante. El kirchnerismo pudo avanzar en su celo innovador en temas predominantemente “blandos”, entendiendo por éstos los que no afectan centralmente al proceso de acumulación capitalista o las ganancias de la burguesía. Y cuando sí lo hizo, como en el caso de la quita de los

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bonos de la deuda, se trenzó en una feroz batalla con el capital financiero internacional y sus aliados locales, … ¡y venció! De lo cual se extrae la siguiente lección: por más que el veto o las amenazas “destituyentes” de la clase dominante sean muy impresionantes, si un gobierno como éste mantiene firme el rumbo de una decisión y construye fuerza social para apuntalarla no habrá clase dominante ni “factores de poder” capaces de quebrar su mano. De ahí la ingenuidad de suponer que se puede “gobernar bien” la Argentina –atacando su lacerante injusticia social y removiendo los pesados legados de “los noventa” que, pese a la retórica oficial, aún nos abruman- sin despertar la furia de los beneficiarios del orden actual. El sueño de un gobierno que construya justicia e igualdad en medio de un clima sereno y exento de estridencias y conflictos de todo tipo es sólo eso, un sueño. Además, el país no está aislado sino inserto en un contexto regional sometido a crecientes ataques y presiones por parte de un imperio que no se resigna a contemplar pasivamente su ocaso. Para los diversos sectores de la clase dominante local, que capitalizó en más de un sentido -y privilegiadamente- la bonanza del período iniciado en el 2003, la obsesión restauradora de Washington le brinda un poderoso aliento para renegociar desde mejores posiciones su relación con la Casa Rosada. La ya mencionada postura presidencial ante el “anarco capitalismo”, la exhortación a construir un “capitalismo serio”, la rapidez con que se sancionó y promulgó la nueva legislación antiterrorista (que contrasta con la exasperante lentitud oficial para derogar la Ley de Entidades Financieras en cuyo calce se encuentran las oprobiosas firmas de Videla-Martínez de Hoz), el apoyo irrestricto a la megaminería (¡con foto de Cristina Fernández y el CEO de la Barrick Gold en los “headquarters” de la firma! ) y las petroleras, o la renuencia a instrumentar el precepto constitucional (artículo 14 bis, Constitución de 1994) que establece la participación de los trabajadores en las ganancias de las empresas son claras muestras de este significativo cambio en la relación entre el gobierno y los sectores empresariales reforzada, nos parece, por la conversación privada sostenida entre Barack Obama y CFK, a pedido del primero, en al marco de la reunión del G-20 en Cannes. Seducidos por las extraordinarias ganancias con que las favoreció “el modelo”, las distintas fracciones burguesas, antaño acérrimas críticas del kirchnerismo, no tardaron en distanciarse de sus representantes políticos y mediáticos para, en un alarde de oportunismo, sellar una redituable tregua con la Casa Rosada. Claro que esto no quiere decir que consideren a CFK como su mejor alternativa. Es claramente una opción sub-óptima y transitoria; desconfían de la presidenta y, mucho más, de las multitudes plebeyas que la exaltan; también dudan de su previsibilidad o su capacidad para disciplinar al multiforme y siempre conflictivo “planeta peronista”. Pero su certero instinto de clase les indica que ninguna otra opción política garantizaría el grado mínimo de orden, gobernabilidad y estabilidad macroeconómica necesarios para asegurar la espléndida rentabilidad de sus emprendimientos. De ahí que lo que caracteriza la relación estado-clase dominante en la Argentina sea su ambivalencia: aceptan a Cristina como un mal menor, pero preferirían alguien más confiable y afín a sus intereses. Como no lo hay, se alinean con la Casa Rosada. Esto diferencia claramente la situación argentina de la que existe en países como Bolivia, Ecuador y Venezuela, en donde la relación estado-clase dominante es de abierta confrontación. Esto explica también la distinta naturaleza de los regímenes políticos existentes en Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela. La contrapartida de este nuevo relacionamiento entre burguesía y estado ha sido la resonante ruptura de la clase dominante con sus representantes políticos tradicionales: los partidos de la centro -derecha, o derecha, y los oligopolios mediáticos que ante la crisis de los primeros asumen la función de estado mayor en la defensa del orden amenazado por el “populismo” presidencial. La “traición” -o el repudio- de la clase a sus representantes no constituye un fenómeno novedoso: Marx y Engels lo constataron y analizaron en sus escritos sobre la vida política francesa y alemana en la segunda mitad del siglo diecinueve, y Gramsci hizo lo propio en sus estudios sobre la Italia de la primera posguerra. “Crisis orgánica”, o ruptura del lazo entre “representantes y representados”, decía el italiano, para referirse a situaciones en las cuales la burguesía se “despegaba” de sus representaciones habituales. En sus propias palabras, que no podrían ser más precisas para describir la situación de la Argentina, “los viejos dirigentes intelectuales y morales de la sociedad sienten que les falta el terreno bajo los pies, advierten que sus prédicas se han convertido precisamente en eso, prédicas, o sea, cosas extrañas a la realidad, puras formas sin contenido, larvas sin espíritu; de ahí su desesperación.” [1] Miradas las cosas desde otro ángulo, lo que se observa en la Argentina sería una “deserción” de los representantes políticos de la derecha por su incapacidad de comprender que para la clase dominante primero está la ganancia, segundo la ganancia y tercero la ganancia. Dado que el gobierno ha dado suficientes muestras de respetar esta obsesión de

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la clase explotadora, asuntos tales como la “calidad institucional”, la libertad de prensa, la separación de poderes, el debido proceso o los procedimientos de la democracia liberal que suscitan la gritería de la partidocracia liberal y los medios hegemónicos son un ruido molesto que perturba la marcha de sus negocios y enturbia sus oportunistas relaciones con el gobierno nacional. La formidable derrota propinada a las diversas expresiones de la derecha -como Duhalde, Carrió, Alfonsín, Redrado, Llambías, de Narváez, entre otros- en las últimas elecciones presidenciales es precisamente un síntoma de esa ruptura, lo cual configura un escenario propicio para avanzar en una agenda de transformaciones sociales toda vez que la correlación de fuerzas puesta de manifiesto en la puja electoral -amén de la que existe en el plano general de la vida política, más allá del terreno restringido del sufragio- le otorga a la Casa Rosada el predominio necesario para imponer su agenda. Sería apenas una exageración decir que, si hablamos de reformas estructurales, la cuestión es ahora o nunca. La incógnita a develar es si la coalición kirchnerista quiere promover las reformas estructurales. La favorable, pero también transitoria, correlación de fuerzas Ahora bien: sería ilusorio pensar que un cuadro de este tipo, tan favorable –al menos potencialmente- a una política firme de transformaciones estructurales puede perdurar indefinidamente. Si existe una voluntad reformista en el gobierno tiene que actuar sin más dilaciones. En otras oportunidades nos hemos referido al carácter ya no líquido (como diría Zygmunt Bauman) sino “gaseoso” de la política argentina. Los líquidos se mueven y recombinan mucho más lentamente que los gases, y por eso éstos ofrecen un modelo mucho más adecuado para graficar la crónica inestabilidad y la vertiginosa velocidad con que cambia la política en la Argentina, se modifica el humor de la ciudadanía, se elevan y caen liderazgos y propuestas políticas, y se redefinen alianzas y coaliciones en donde quienes apenas ayer se enfrentaban encarnizadamente hoy forman parte de un mismo, y también efímero, “espacio político.” El 54 por ciento obtenido por la presidenta Cristina Fernández es un guarismo notable, pero nada autoriza a pensar que se trate de una cifra que pueda resistir impertérrita los embates del tiempo y el desgaste de la lucha de clases, expresión que no es del agrado de CFK pues ella prefiere hablar de “puja distributiva”, lo que en el fondo es lo mismo pero dicho con palabras menos irritativas para el conservador “sentido común” de nuestro tiempo. Retomando el hilo de nuestra argumentación, pocas semanas después de las elecciones y al momento de la inauguración de su nuevo mandato la presidenta goza de un índice de aprobación social superior al manifestado por el veredicto de las urnas, por encima inclusive del 60 por ciento. Pero como ya fuera dicho, el 2012 se presenta como un año amenazante. En lo internacional: agravamiento de la crisis capitalista internacional, contraofensiva imperial (eliminar a Chávez del tablero político regional, doblegar a la Revolución Cubana, “poner en caja” a Evo Morales y Rafael Correa, apartar a Argentina y Brasil de la influencia chavista, impedir los avances de proyectos como la Unasur y la CELAC, etcétera) estimulada por el “regreso sin gloria” de los marines despachados a Irak y el empantanamiento de las tropas norteamericanas en Afganistán y Paquistán; en el plano nacional, eliminación de subsidios a los consumos de agua, gas y electricidad (medida correcta, a condición de que discrimine finamente entre quienes pueden y quienes no pueden asumir los mayores costos de esos servicios), eventuales aumentos de las tarifas de los mismos, de los impuestos urbanos (ABL en Buenos Aires, por ejemplo) y retraso salarial y de las jubilaciones y pensiones –cuyo monto apenas equivale al 65 % del sueldo mínimo del año 2011- en relación a una inflación que el gobierno se empeña en desconocer al sostener la absurda e ilegal intervención del INDEC. Todo esto, en suma, conforma un cuadro en el cual la popularidad presidencial está sometida a intensas presiones que podrían erosionarla en poco tiempo. Las disputas al interior del PJ y el conflictivo reacomodamiento de la CGT en relación al gobierno ciertamente obrarán en el sentido de agudizar el desgaste de la popularidad presidencial. La Casa Rosada se enfrenta a un dilema: o avanza en una agenda de reformas estructurales (que no significa “profundizar el modelo”dado que éste, al día de hoy, sigue instalado en el terreno ideológico y económico del neoliberalismo) o se estanca, potenciando la protesta social y pavimentando el camino para la restauración de una “derecha dura”-por cierto que bajo formatos inéditos y liderazgos no tradicionales- que ponga fin a los “excesos populistas” del kirchnerismo y a su política latinoamericanista. Si opta por lo primero CFK podría construir una amplia y más o menos permanente base de apoyo social que la protegería de las inevitables fluctuaciones de la coyuntura y los ataques de sus enemigos. En un contexto global, regional y nacional tan volátil y amenazante como el que hemos sucintamente descrito, persistir en la simple administración del “modelo” y

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la negativa a encarar un programa de cambios profundos podría tener como resultado el inesperado (o prematuro) agotamiento del experimento kirchnerista basado en la aspiración de lograr el crecimiento económico con inclusión social. Al decir esto, reiteramos, no estamos negando la importancia de los cambios ya producidos por el kirchnerismo en diversos planos. Pero no es menos cierto que, salvo la quita de los bonos de la deuda, hasta ahora ninguno de los demás ha afectado la tasa de ganancia del capital o las propiedades de la burguesía. Pero de lo que se trata ahora es precisamente de eso. En efecto, en los últimos ocho años la economía argentina creció a tasas chinas, pero pese a las muchas políticas sociales promovidas desde el estado el impacto redistributivo del crecimiento fue relativamente marginal: el índice de polarización económica (ingresos del 10 % más rico en relación al del 10 % más pobre) descendió de 47 a 1, en momentos del estallido de la Convertibilidad, a 25 a 1 en este período. Un logro muy importante, sin duda, pero cuando comenzó nuestra “transición democrática”, a fines de 1983, la relación era de 13 a 1. Es decir que, medido por este indicador, si bien el avance ha sido innegable en la actualidad la Argentina es un país más injusto que hace treinta años atrás. [2] Una evolución similarmente positiva muestra el índice de Gini, que mide la desigualdad: de un valor equivalente a 0.53 en el 2003 se llegó a 0.39 en el 2011. [3] Dato este muy significativo, pero no se puede olvidar que estos cálculos no incluyen al 33.7 por ciento de la población trabajadora que no se encuentra registrada, es decir, que trabaja “en negro”. Si se los tomara en cuenta el valor del índice Gini seguramente sería superior, sobre todo si se repara en la muy lenta evolución del salario real que, desde 2001 a la fecha, apenas mejoró un diez por ciento. [4] Si bien el INDEC establece que las personas con ingresos por debajo de la línea de la pobreza eran, en el primer semestre del 2011, 10.7 por ciento, otros análisis arrojan un resultado sensiblemente superior, en algunos casos más del doble de la cifra oficial. Coinciden en ello tanto los estudios de Artemio López (Consultora Equis, un equipo muy cercano al kirchnerismo) como los efectuados por Agustín Salvia en el marco del Observatorio de la Deuda Social Argentina /Serie Bicentenario 2010-1016 de la Universidad Católica Argentina y por el también cercano al oficialismo ISEPCi, Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana. En Mayo del 2011 López decía en su blog que “en líneas generales hoy hay consenso en que los niveles de pobreza se ubican en torno al 22% de la población y la indigencia en el 5,5%. Para el ISEPCi la cifra se empina hasta el 24.71 por ciento. [5] Estas estimaciones se tornan bastante más preocupantes si se calcula la proporción de personas con ingresos entre un 10 o 20 por ciento por encima de la espartana línea de pobreza, en cuyo caso muy probablemente llegaríamos a un resultado que bien podría terminar caracterizando como pobres a la mitad de la población del país. De hecho, el sueldo mínimo legal en la Argentina es de $ 2.300 mientras que la canasta básica de alimentos para una familia tipo es de $ 2.531. Mismo si una familia ganara unos $ 3.000 difícilmente estaría situada en una franja de ingresos a salvo del flagelo de la pobreza. En otras palabras: dentro de un modelo que aún hoy se ajusta a las especificaciones más generales del proyecto neoliberal, si no hay crecimiento económico no hay redistribución de ingresos; pero si hay crecimiento, y muy elevado, la redistribución opera con cuentagotas, la riqueza se sigue concentrando y la economía se desnacionaliza, toda vez que la propiedad de las grandes fortunas se extranjeriza a pasos agigantados. El famoso “efecto derrame” de los publicistas neoliberales es un mito. Lo poco que se ha redistribuido en la Argentina en un ciclo de excepcional crecimiento económico ha sido producto de la acción del estado. El estado y la cuestión tributaria Suponiendo que demuestre poseer una férrea voluntad de avanzar por el sendero de las reformas de fondo, el gobierno nacional debería resolver el candente tema de la debilidad estructural del estado argentino, postrado por las infames políticas seguidas en los noventas cuyo legado ha sido un aparato estatal desfinanciado, desmantelado y desmoralizado. Es a causa de esta destrucción estatal que la Argentina no puede saber cuánto petróleo o gas exportan Repsol o Petrobrás, porque no existe una agencia del estado nacional con recursos y personal capaces de certificar la veracidad de las “declaraciones juradas” de esas compañías. Si decimos una cifra es porque simplemente damos por buenas las informaciones que ofrecen las empresas. El plan de radarización del espacio aéreo nacional lleva largos años de retraso, y sitúa a este país como un caso aberrante ya no sólo por comparación con el mundo desarrollado sino a lo que ya se ha hecho, hace décadas, en otros países de América Latina. Nuestras pesquerías están siendo arrasadas porque por falta de presupuesto las fuerzas de seguridad no tienen como movilizar sus naves y aviones a fin de proteger la riqueza ictícola del Atlántico Sur. Bajo el rubro de “escombros” las grandes mineras

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que exportan oro hacen lo propio con minerales estratégicos de incalculable valor, que salen del país sin registro alguno y sin pagar un centavo de impuestos porque tampoco existen oficinas nacionales dotadas de los recursos necesarios para fiscalizar estas operaciones. . Las rutas privatizadas funcionan sin ninguna clase de monitoreo o regulación estatal, lo mismo que los privatizados servicios de trenes y subtes, para infinito sufrimiento de los usuarios. La salud pública sigue siendo una tragedia y por más crecimiento económico que haya no logramos bajar nuestra tasa de mortalidad infantil de dos dígitos, penoso recordatorio de la inoperancia del sector público en esta materia. Y no es para nada mejor el panorama en materia de educación, cuyos niveles primarios y secundarios siguen estando en manos de las provincias luego que el menemismo se las arrojara, sin respaldo presupuestario, con el objeto de demostrar al FMI que el gobierno nacional achicaba el gasto público y ponía sus cuentas en orden. El resultado fue catastrófico, y sus lamentables secuelas se sienten todavía hoy. En fin, la lista de estos déficits estructurales en las capacidades del estado argentino sería interminable y no sólo aburriría a los lectores sino que los enfurecería. Va de suyo que ningún programa de reformas podrá funcionar sobre la base de un estado pobre, con un personal desjerarquizado, mal preparado, peor remunerado y desmoralizado. Esta es la deplorable herencia del neoliberalismo, de la cual todavía no nos hemos librado. Para revertir tamaña destrucción, tarea a la cual hay que abocarse sin más demora y sobre nuevos fundamentos, es imprescindible reconstruir las bases financieras y económicas del estado a partir de una profunda reforma tributaria que acabe con un sistema impositivo que es de los más injustos de América Latina. El ex Secretario de Cultura de Néstor Kirchner y durante una parte del primer mandato de CFK, José Nun, dice textualmente que “Desde mediados del siglo XX hasta la actualidad, la estructura tributaria argentina ha avanzado muy poco en materia de reformas tendientes a mejorar la distribución del ingreso. Por el contrario, gran parte de las medidas adoptadas tuvieron efectos regresivos.” [6] Y algo similar dicen los intelectuales vinculados a Carta Abierta cuando afirman, en un documento aparecido en estos días, que “(E)l sistema impositivo alcanzó en 1974 su pico de equidad del siglo XX, y luego comenzó un ininterrumpido derrumbe que profundizaba constantemente su regresividad. … El régimen impositivo sigue siendo injusto con el 20 por ciento más pobre de la población y reclama una reforma tributaria.” [7] En este sentido no sería una exageración decir que esta, la tributaria, sería “la madre de todas las batallas” y que, por eso mismo, el gobierno debería seleccionarla como el primer frente de avance de su agenda reformista. Entre otras cosas porque logrará un amplio consenso social de inmediato: ¿qué otra cosa puede ser más popular que un gobierno actuando como un Robin Hood, que le quita a los ricos y beneficia a los pobres? Además, sin una adecuada -y progresiva- captación de ingresos por la vía impositiva, combatiendo la evasión y la elusión pero, sobre todo, gravando con fuerza a las grandes fortunas y los grandes ingresos no habrá ninguna posibilidad de llevar adelante reformas estructurales o siquiera de garantizar la irreversibilidad de los módicos logros del período kirchnerista. En suma: las circunstancias actuales no podrían ser más favorables para el gobierno Una mayoría parlamentaria que le garantiza quórum propio y el control de ambas cámaras, y un alto nivel de aprobación social que respalda la gestión presidencial. Situaciones como éstas son raras y, por eso mismo, efímeras: o se actúa sin más dilaciones, porque no van a perdurar por mucho tiempo; o deberá pagarse un elevadísimo precio por haber desaprovechado la oportunidad. Quienes en las cercanías de la Casa Rosada se abstienen de insistir en la necesidad de encarar sin más demoras este estratégico asunto, temerosos de fastidiar a la presidenta o de someterla a las presiones que sin duda alguna desatará cualquier tentativa de modificar el régimen tributario, ignoran que las tensiones y las presiones serán mucho mayores en ausencia de un proyecto reformista. Con el agravante de que en este escenario “continuista”, o “no-reformista”, aquellas no sólo provendrán desde arriba, desde los sectores burgueses, sino también desde abajo, ante el descontento social que tarde o temprano podría hacer eclosión en un país donde aún con alto crecimiento económico la deuda social sigue impaga. La ruta reformista Como recordaba Dantón en la Revolución Francesa, ninguna gran conquista histórica se obtiene sin “audacia, otra vez audacia, siempre audacia." La política en tiempos de cólera como los actuales no es para espíritus vacilantes o manos trémulas. Sin encarar ya mismo una reforma integral de la legislación tributaria el “progresismo” kirchnerista podría degenerar en lo que algunos autores han denominado el “retrogresismo”, una suerte de Termidor de la revolución pero sin que antes hubiera habido una revolución. El camino para salir de este atolladero se inicia con una nueva

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legislación tributaria que ataque al corazón del neoliberalismo de los noventas, aún presente entre nosotros.Una legislación que grave a las rentas financieras o la transferencia de activos de sociedades anónimas, escandalosamente exentos de todo gravamen con la ley impuesta en el apogeo de la hegemonía neoliberal; que elimine el IVA del 10.5 por ciento para los ítems que constituyen la canasta básica de consumo de los sectores más empobrecidos; que suprima el cobro de impuestos a las “ganancias” de que son objeto ¡los asalariados! y no los capitalistas (o, al menos, elevar el mínimo no imponible a un nivel razonable para que paguen el impuesto a las “ganancias” exclusivamente los sueldos más elevados de los sectores medios); actualizar el mínimo no imponible del impuesto a los “bienes personales” (como casas, departamentos, automotores, etcétera) cuyo nivel hoy representa una vergonzosa regresión … ¡ en relación al que existía en la década del menemismo! [8] Por supuesto, y en íntima relación con este frente de transformaciones de fondo, el gobierno debería derogar sin más trámite la ya mencionada Ley de Entidades Financieras, todavía vigente, y reemplazarla con una nueva legislación que conciba a las actividades financieras como un servicio orientado al desarrollo económico y social. Unido a lo anterior, es fundamental también reformar la Carta Orgánica del Banco Central, elaborada durante la gestión de Domingo Cavallo, inspirada en los más rancios principios del neoliberalismo y que impiden que esa institución pueda ser una palanca que facilite el crecimiento económico y la inclusión social por la vía del empleo. E introducir una nueva normativa por la cual los sueldos de los empleados de la administración pública nacional, provincial y municipal, incluyendo por supuesto las fuerzas armadas, deban ser abonados a través de la banca pública y no como se hace en la actualidad, en donde el grueso de esos emolumentos los procesa, para su beneficio, la banca privada extranjera, situación harto incompatible con un gobierno que se enorgullece en proclamarse como “nacional y popular.” Dotado de nuevos recursos, producto de una sabia legislación tributaria, el gobierno nacional podría encarar la crucial tarea de reconstruir al estado, algo imposible de realizar si no se cuenta con los dineros suficientes. Por supuesto, con el dinero sólo no basta, pero sin él, sin los recursos que permite movilizar una sólida posición financiera, la tarea de reformar y refundar al estado argentino estará destinada al fracaso. No será ésta la única gran tarea que deberá llevar adelante el gobierno. Quedan muchas otras que no podemos examinar aquí, pero su simple mención da cuenta de la magnitud de la labor que deberá ser emprendida y de la necesidad de contar con un amplio respaldo social, sólo posible en el marco de un reformismo radical: la anulación de la ley antiterrorista, aprobada recientemente en medio de la repulsa generalizada de los organismos de derechos humanos; la revisión -y en algunos casos anulación- de las privatizaciones; la reforma constitucional para retornar a la jurisdicción nacional los recursos mineros e hidrocarburíferos del subsuelo, actualmente en manos de los gobiernos provinciales (causante, entre otras cosas, de que mientras la regalía promedio obtenida en nuestras provincias de las grandes petroleras es del orden del 12 por ciento, sea del 52 por ciento en Bolivia); revisión del marco regulatorio de la gran minería; revertir la extranjerización de la tierra superando las limitaciones de la legislación recientemente aprobada y, por extensión, de los otros sectores de la economía, en donde la presencia del capital extranjero es dominante; revisar la legislación agraria, tomando en cuenta las reivindicaciones de nuestros pueblos originarios; combate efectivo a la pobreza y la desigualdad social, instaladas en una meseta inaceptablemente elevada pese a todos estos años de alto crecimiento económico, demostrando por enésima vez que sin la efectiva mediación de un estado el capitalismo concentra y polariza cuando crece y concentra y polariza aún más cuando se estanca. Como puede apreciarse, la tarea es inmensa pero impostergable. Si CFK no la asume, si la dinámica de cambios desatada a partir de los traumáticos hechos de Diciembre del 2001 (y de los cuales el kirchnerismo es una de sus expresiones) se paraliza hasta languidecer, la plena restauración del neoliberalismo, que nunca fue sino marginalmente erradicado, será cuestión de tiempo, tal vez de muy poco tiempo. Por lo tanto, o se avanza por la vía de las transformaciones estructurales o el proyecto “progresista” será devorado por la lógica implacable del capital, reduciéndolo en su capitulación a un “relato” vacío, carente de sustento en la sociedad civil y castrado en su productividad histórica. Más allá de las razonables dudas que suscita la vocación reformista de la Casa Rosada, cuesta pensar que una oportunidad inmejorable como ésta pueda ser desaprovechada por quienes aspiren a una mejor Argentina. Lo que hay que hacer está claro como el agua, ¡y hay que hacerlo ahora! Mañana será demasiado tarde. Tal vez las tres o cuatro semanas en que la presidenta se apartará de la gestión directa de la cosa pública para asegurar su recuperación le servirán para meditar sobre estos temas, y comprender que la fugacidad del poder la obliga a actuar con decisión y rapidez. Entender también que en este primer año de su nuevo mandato se juega el todo

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por el todo, y su lugar en la historia: como una estadista que supo aprovechar su momento, o lo que Maquiavelo llamaba “los vientos de la fortuna”, y cambiar este país para bien; o como una presidenta más, que no se atrevió a subirse al tren de la historia.
[1] Cf. Antonio Gramsci, Cuadernos de la Cárcel, Tomo IV (México: Ediciones ERA, 1980), p. 154. [2] Cf. INDEC, “Población total según escala de ingreso individual”, datos correspondientes al Tercer Trimestre de 2011. [3] El Coeficiente de Gini fluctúa entre 0 y 1; cero equivale a una distribución perfectamente igualitaria de los bienes analizados, en este caso, ingresos; cuanto más se acerca a 1 más desigual es la distribución. En general, los países escandinavos tienen un Gini de 0.25. Según el Informe de Desarrollo Humano del UNDP (2010), el valor del índice para el promedio de la década 2000-2010 era de 0.43 para la República Bolivariana de Venezuela, 0.47 para Uruguay, 0.48 para Argentina, 0.51 para México, 0.52 para Chile y 0.55 para Brasil. Ver, op. Cit., Tabla 3, p. 173. [4] La cifra de la proporción de “empleo no registrado” la aporta el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social: Orgullo Nacional. Un legado de trabajo (Buenos Aires: Diciembre de 2011), p. 177. El cálculo del salario real se encuentra en Javier Lindenboim, http://notasdejl.blogspot.com/2011/12/evolucion-del-salarioreal-en-la-ultima.html

[5] Cf. Artemio López, “¿por qué persiste la pobreza? ... el apagón educativo y el trabajador pobre”, en
http://rambletamble.blogspot.com/2011/05/por-que-persiste-la-pobreza-el-apagon.html

Los datos del Observatorio se encuentran en sus diversas publicaciones, todas ellas disponibles en internet. Los del ICEPCi se encuentran en http://www.isepci.org.ar/ [6] Cf. José Nun, La desigualdad y los Impuestos (I), (Buenos Aires: Capital Intelectual, Colección Claves para todos, 2011) , p.49. [7] Carta Abierta Nº 11: Carta de la Igualdad, Página/12, 29 de Diciembre de 2011, p. 14. [8] En relación al impuesto a las “ganancias” cabe consignar que ni siquiera el más ortodoxo manual de economía redactado por un talibán del neoliberalismo diría que el salario es una ganancia. Sólo en Argentina es posible tan milagrosa metamorfosis. Para este artículo no hemos podido contactarnos con el autor, pero sabemos que tiene una licencia de Creative Commons, y fue extraída de la pagina de www.atilioboron.com.ar

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QUE SE VAYA GRONDONA.

―El fútbol es el deporte más sano y más lindo del mundo; porque se equivoque uno no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué. Pero la pelota no se mancha‖. ―Les pido que este amor no se termine nunca‖ Diego Armando Maradona

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Pocas instituciones lograron perpetuar en el tiempo a sus dirigentes y autoridades. Incluso muchas de ellas sufrieron vientos de cambio a contramano de quienes conducían sus destinos. Quizás la Iglesia y el Ejército lograron resistir con mayor vehemencia, sin embargo el cuestionamiento de la sociedad en su conjunto y fuertes decisiones políticas lograron ponerlas a la defensiva, renovar sus cúpulas o simplemente no pe rmitirles fortalecer el status quo que las sosti ene. Sin embargo la institución que dirige y organi za el futbol argentino tiene dueño desde hace ya 31 años. Es el “Don” Julio Humberto Grondona, que ha concentrado la suma del poder absoluto, obreviviendo 4 presidentes de facto y 10 presidentes democráticos;; sorteando airosamente los cientos de muertos en las canchas qu e debiera cargar en su conciencia, 40 casos de doping, 8 huelgas de jugadores, 3 huelgas de referís, quiebras de clubes y numerosas causas judiciales en su contra, 50 allanamientos en sus oficinas y en las de la AFA La impunidad de quien tiene grabado en su anillo y sobre su escritorio la leyenda ―todo pas a‖ esta vez necesita verse alambrada por to dos aquellos que soñamos y crecimos entre pelotas de trapo bajo un arco de madera sin red y con la tierra que se levantaba a nte tanto juego. Es la hora de los pueblos que, ante la manipulación, la traición y la sentencia prematura a u no de nuestros ídolos, deben rebelarse y deci r basta. Basta a los negocios sin freno y sin ley en el futbol;; donde los clubes, desde arr iba hacia abajo pierden su verdadera esencia, la de acompañar social y culturalmente a lo s mas jóvenes. Basta de sumisión ante este hombre que de veras se cree un DON y se resi ste a dar paso a los nuevos aires que corre n en el fútbol. Maradona, el pibe 10 –como le dice Chávez--, o simplemente ―El Diego‖, es nuestro cuadro;; no político, sino de la alegría y ensueño. Es nuestro

Diego y Fidel en una entrevista para su programa de TV

militante que va confiado, se equivoca pero como ninguno muestra siempre su autocrítica. Es nuestro luchador quijotesco y a veces solitario. Nuestro vencedor de la muerte, el vindicador de los pobres. Es quien se expone al odio y al prejuicio de quienes no pueden soportar que un negro venido de Fiorito , uno venido bien desde abajo, escupiendo verdade s al viento sin más armas en la mano q ue un diez en la camiseta. Es momento de reflexionar y blanquear tres decadas de fútbol;; pero también es momento de deja r en paz a Diego, a quien los miserables de siempre quieren lastimar, de quien muchos quieren vivir. Más allá de lo que pase con la direccion tecnica de la selección de futbol es nuevamente el momento de bancar a Diego, de cuidar lo, de abrazarlo, de acariciar su sueño de guerrero, porque los que lo queremos a él por sobre todas las cosas, com o hombre, como héroe del pueblo, sabem os que más temprano que tarde intentaremos otra vez la ap uesta. Y volveremos, volveremos… Llegó el momento de aunar la rabia que subleva y gritar fuerte ¡ Aguante Diego! ¡Que se vaya Grondona! Socializado por los compañer@s de la revista Patria Grande.

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A 10 años del asesinato de pocho lepratti
Se conmemoran diez años de las trágicas jornadas del 19 y 20 de diciembre en las que miles de argentinos tomaron las calles para exigir el fin de una serie de políticas de vaciamiento y empobrecimiento, y en las que una represión brutal dejo como saldo 39 personas asesinadas. Claudio “Pocho” Lepratti, militante social y delegado de ATE, fue uno de los que sufrió en carne propia aquella represión cobarde, que sólo en la ciudad de Rosario, donde él vivía, dejó 8 víctimas fatales, número muy elevado en relación al total nacional. Desde aquel momento se convirtió en un ícono de la lucha contra la desigualdad, el hambre, la violencia, y a favor de la dignidad de los que menos tienen, esos a los que Eduardo Galeano llama “los nadies”. Pese a la bronca y tristeza por su muerte, hoy en las calles rosarinas se puede leer la consigna “Pocho vive”, que sin dudas representa algo más que un deseo. Sus asesinos no lograron detener la lucha que hoy continúan sus compañeros en ATE y las organizaciones barriales en las que participaba, sino todo lo contrario: sus banderas se levantan hoy cada vez más alto y, con más fuerza, su voz hace eco en cada vez más compañeros y compañeras. “Hormiga”, así es como identificaron a Claudio Lepratti y su militancia en el barrio Ludueña, de Rosario, a donde llegó desde su natal Concepción del Uruguay, Entre Ríos. “Se ocupa solidariamente junto a sus pares y vive en comunidades perfectamente organizadas”, esta definición de diccionario del insecto nos aclara quizás algunos de los conceptos y formas con los que el “Pocho” trabajaba día a día. De esa manera conocían sus compañeros de militancia y vecinos de Ludueña al militante social. A su activa participación como delegado de base de ATE seccional Rosario y como congresal de la CTA, se sumó su trabajo parapromover la formación de más de una

veintena de grupos de niños y jóvenes de las barriadas populares de Rosario, una de estas conocida como “La Vagancia”. Además, su profunda visión sensible respecto de las problemáticas sociales estaba entrelazada con sus convicciones religiosas. En 1986 ingresó como seminarista en el Instituto Salesiano de la localidad de Funes, provincia de Santa Fe. Cinco años más tarde abandonó el seminario, manteniendo los votos de pobreza y castidad, pero rechazando los de obediencia. El “Pocho” trabajaba en el comedor de niños de la escuela número 756 'José M. Serrano' de Las Flores, un humilde suburbio del sudoeste rosarino, junto al padre Edgardo Montaldo. A diez años de aquella revuelta y de su muerte todavía se mantiene el compromiso, el trabajo y la lucha que Lepratti reivindicaba. Organizaciones como “La vagancia”, que hoy continua trabajando en Ludueña (en la que era la casa del “Pocho”) o la revista el “Angel de lata” siguen funcionando a una década de la masacre. También durante los días 8, 9 y 10 de este mes se desarrollará el 1° Encuentro Nacional de Familiares de Víctimas del 19 y 20 de diciembre de 2001 en la ciudad de Rosario. De la misma manera se continúa el trabajo y la pelea que dan cada uno de los delegados y afiliados de ATE por la defensa de los trabajadores y sus derechos, al igual que lo hizo Claudio Lepratti hasta su asesinato v

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BIOGRAFIAS DE GRANDES MILITANTES DEL CAMPO POPULAR JOHN W. COOKE Y JUAN B. JUSTO
sosteniendo que estaban basados ―en un sofisma peligroso: el de la igualdad de los Estados. Es un sofisma porque la igualdad jurídica tiene su contrafigura en la desigualdad material que suele pesar más que aquella‖.Sus conocimientos legales le permiten jugar un papel importante como miembro de la comisión parlamentaria de Asuntos Constitucionales. En 1951 su disidencia se penaliza con su exclusión de las listas partidarias, pero al año siguiente se destaca nuevamente al oponerse al Congreso de la Productividad y a su énfasis en el incremento de la productividad como la clave para el desarrollo económico. Durante el segundo gobierno peronista, Eva Perón le ofrece el puesto de editor en el diario Democracia, pero él rechaza la propuesta, temiendo que pudiera coartar su independencia política. Se desempeña como profesor de economía política en una cátedra en la Universidad de Buenos Aires, e impulsa su propia publicación, De Frente (1954-1956), donde se proponía como ―testigo insobornable de la realidad mundial‖. En sus páginas critica a los sectores burocráticos del sindicalismo y algunas medidas del gobierno, como la firma del contrato con la empresa norteamericana Standard Oil de California, transformándose en una figura destacada de la línea más radical dentro del peronismo. Es la primera persona a la cual Perón convoca después de los bombardeos aéreos del 16 de junio de 1955, ofreciéndole un puesto como secretario de Asuntos Técnicos. Cooke lo rechaza sosteniendo ―que no es tiempo de la técnica sino de la política‖, y es nombrado interventor del Partido Peronista en la Capital Federal, encontrándose con una estructura corrupta y burocrática. En ese momento retoma contacto con Alicia Eugeren, a quien había conocido brevemente alrededor de 1946, y se convierte en su compañera de vida y de militancia. Ante la amenaza de intervención militar en ciernes, visita sindicatos y unidades básicas en un intento de ganar apoyo para su estrategia de movilización popular y resistencia armada. Esta política causa una fuerte oposición entre los militares y la dirigencia peronista, que solicitan su detención antes del golpe de Estado de septiembre de 1955. Aunque los preparativos para una resistencia popular armada fueron escasos e insuficientes antes del golpe, algunos aspectos de estas ideas se encarnaron en parte de las actividades desarrolladas durante la resistencia a los regímenes militares en la segunda mitad de los años 50 y los 60. Después del golpe militar de septiembre de 1955 que derroca a Perón, éste considera a Cooke como el único dirigente que se mantuvo en permanente contacto, mientras que la gran mayoría de los líderes peronistas buscaban acomodarse al nuevo orden. El día que se proponía partir hacia Paraguay para recibir órdenes directamente de Perón, Cooke es arrestado en la casa del escritor nacionalista José María Rosa. Durante su detención en la Penitenciaria ubicada en la Plaza Las Heras, sufre junto con otros compañeros un simulacro de fusilamiento. Pasa por varias cárceles y es finalmente recluido en el Penal de Río Gallegos, Pcia. De Santa Cruz. A pesar

Cooke, John William (ap.: El bebe, El Gordo) (La Plata, Pcia. De Buenos Aires, 14/11/1919 – Buenos Aires, 19/09/1968). Abogado, militante político, parlamentario, periodista, uno de los artífices del peronismo revolucionario. Primer hijo de Juan Isaac Cooke, de familia de origen irlandés, abogado y dirigente del radicalismo bonaerense, y de María Elvira Lenci, argentina, de familia uruguaya. Su padre fue funcionario del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires durante la década de 1920, por lo que tuvo contacto con los debates políticos desde su infancia. Hacia 1938 ingresa a la Facultad de derecho de la Universidad Nacional de La Plata, colaborando al mismo tiempo con su padre, quien se desempeña en esa época como diputado nacional. Bajo su influencia se inicia en la militancia política en sectores del radicalismo, y en la Segunda Guerra Mundial toma una posición de fuerte apoyo a los aliados. Mientras trabaja como empleado del Congreso Nacional de la Nación, comienza a participar en la agrupación estudiantil Unión Universitaria Intransigente, junto con Juan Carlos Cornejo, José Armando caro y René S. Orsi, entre otros. Se afilia a la Unión Cívica Radical y participa en la agrupación antifascista y aliadófila Acción Argentina, frente integrado por figuras del socialismo, el radicalismo, el liberalismo y el conservadorismo. Cooke percibe inicialmente el golpe militar de junio 1943 como otro cuartelazo, pero su actitud cambia cuando el Cnel. Juan D. perón asciende posiciones en el nuevo régimen. Su padre es designado ministro de Relaciones Exteriores desde agosto de 1945 a junio de 1946, y su actuación resulta central en la batalla diplomática y política contra el embajador de los Estados Unidos, Spruille Braden. Cooke es su asesor más cercano y firme partidario de resistir las presiones de los Estados unidos. Se está recibiendo de abogado cuando se produce la detención de Perón en la isla Martín García en 1945; algunos testimonios indican que habría anticipado la movilización popular del 17 de octubre de 1945. En las elecciones de febrero de 1946 es elegido diputado a la edad de 25 años, convirtiéndose en uno de los legisladores más vehementes. Expresa en varias ocasiones críticas al propio gobierno peronista. Se manifiesta en contra del Tratado de Chapultepec y de la Carta de Naciones Unidas,

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encontrarse en prisión, continúa dirigiendo las actividades de la resistencia, delegando algunas cuestiones prácticas en un comando de lucha a cargo de sus colaboradores Raúl Lagomarsino y Cesar Marcos. La posición central de Cooke en el movimiento peronista se refuerza con una carta enviada por Perón desde Caracas el 2 de noviembre de 1956, en la que lo reconoce como ―el único jefe que tiene mi mandato para presidir la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas en el país y en el extranjero‖, aclarando que ―sus decisiones tienen el mismo valor que las mías. En caso de mi fallecimiento, en él delego el mando‖. En marzo de 1957, Cooke se fuga del penal de Río Gallegos junto con otros cinco dirigentes peronistas: Jorge Antonio, anterior consejero financiero de Perón, Héctor Cámpora, ex presidente de la Cámara de Diputados, Guillermo Patricio Kelly, dirigente de la Alianza Libertadora Nacionalista (ALN), José Espejo, anterior secretario general de la CGT, y Pedro José Gomez, dirigente del sindicato de obreros petroleros. Se dirigen hacia Punta Arenas, Chile. La fuga cuenta con ayuda del exterior del penal, así como con el soporte del jefe de guardia de la prisión, José Ocampo, que los ayuda a salir de la prisión utilizando pases. Una vez en Chile, las Cortes chilenas rechazan los pedidos de extradición cursados por el gobierno del Gral. Pedro E. Aramburu, y Cooke es liberado. Establece entonces una radio clandestina e intenta desarrollar las estructuras organizativas internas y externas de la resistencia. Perón lo nombra jefe de la nueva División de Operaciones del Comando Superior Peronista, que intenta dirigir la actividad de la resistencia. También en Chile, Cooke recibe a emisarios de Arturo Frondizi que buscaban el apoyo peronista para su candidatura a presidente por la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI) en las elecciones de febrero de 1958. Existen indicios de que Cooke no tenía ilusiones políticas respecto a Frondizi y dudaba especialmente de sus promesas nacionalistas, aunque al parecer creía, al mismo tiempo, que un acuerdo podía dar un respiro al movimiento peronista en un contexto fuertemente represivo. Viaja a caracas para obtener la palabra final de Perón sobre el asunto, y en febrero de 1958 es el signatario del pacto secreto celebrado junto con Perón, Frondizi y Rogelio Frigerio. Luego se dirige a Montevideo para establecer allí una base de operaciones; y durante 1958 realiza varios viajes secretos a la Argentina para concretar encuentros con Frondizi y consolidar las estructuras organizativas del peronismo. La elección de Frondizi implica una apertura gradual del sistema político para el peronismo y tiene importantes consecuencias en la posición de Cooke en el movimiento, ya que los políticos de la ―línea blanda‖ pertenecientes al anterior Consejo Superior logra mayor inserción, y comienzan a intentar desplazar a Cooke y a los sectores más radicales del peronismo. Perón reacciona frente a esta confrontación garantizando la autonomía de los diferentes grupos, lo que debilita la posición de Cooke y su puesto de jefe de la División Operaciones, aun cuando sigue considerándolo formalmente por encima de estas estructuras. Cooke intenta fortalecer la tendencia revolucionaria buscando convocar a trabajadores y miembros de la ―línea dura‖ del movimiento. En noviembre de 1958 intenta retornar secretamente a la Argentina para apoyar la huelga de los trabajadores petroleros, pero es arrestado en el aeropuerto y detenido en un buque-prisión hasta fines de ese año. Cuando el movimiento de resistencia alcanza su pico en enero de 1959, Cooke está nuevamente presente para brindar su apoyo y liderazgo político a la huelga de los trabajadores del frigorífico Lisandro de la Torre. Es probablemente la cima de su influencia sobre el movimiento obrero, aunque de corta duración. Enfrenta la persecución de las autoridades y la oposición creciente de Alejandro Lenoir, Juan Atilio Bramuglia, Oscar Albrieu y de algunos líderes sindicales, quienes solicitan su expulsión de las filas peronistas. El 28 de enero, Frigerio califica a la huelga como realizada por un sector del peronismo influido por el comunismo, de lo que se hizo eco el Consejo Coordinador y Supervisor. Las tendencias sindicales y políticas partidarias de la conciliación y la actividad legal se imponen, y Perón guarda silencio cuando los sectores enfrentados a Cooke, poco después de la huelga general, organizan su destitución. Detenido durante la huelga general, Cooke vive en condiciones de clandestinidad por varios meses, y ante la persistencia de la persecución en su contra toma, junto a su mujer, una decisión que afecta profundamente su vida y su posición política: exiliarse en Cuba. Una vez allí, profundamente impactado por la revolución que había triunfado en ese país, empieza a considerar la posibilidad de la guerra de guerrillas como un medio para resolver, a largo plazo, las contradicciones dentro del movimiento peronista y de la sociedad argentina. Ejerce influencia sobre la primera iniciativa de guerrilla rural en la Argentina denominada Uturuncos, de filiación peronista, que operó brevemente en la Pcia. De Tucumán hacia fines de 1959. Tiene responsabilidad directa en la selección de algunos de los primeros contingentes de jóvenes argentinos que viajan a Cuba con el propósito de entrenarse militarmente: elige representantes de distintas líneas políticas, sólo excluyendo al Partido Comunista argentino, que sostenía una postura antifoquista. Durante la invasión norteamericana en la Bahía de Cochinos, ocurrida en abril de 1961, Cooke se ofrece a servir tanto de instructor revolucionario como de miliciano para defender la revolución con la que se sentía totalmente identificado. Sus limitaciones físicas, producto del sobrepeso y de diversas enfermedades, le dificultan enormemente su capacidad de acción militar. Entre 1963 y 1964 apoya a Jorge Ricardo Massetti en la creación del Ejército Guerrillero del Pueblo, un foco guerrillero de orientación guevarista que incluye a peronistas y opera en Salta. Pero su principal contribución al desarrollo de movimientos de izquierda es probablemente ideológica. Construye una relación estrecha con el Che Guevara y recibe una profunda influencia del marxismo cubano, en el cual cree encontrar una estructura de pensamiento coherente para la reevaluación crítica del peronismo, y sus potencialidades y limitaciones. Al mismo tiempo, contribuye a una nueva comprensión del peronismo en Cuba: rechaza la caracterización del movimiento peronista como filo fascista, sosteniendo que, por el contrario, se trataba de un movimiento de liberación nacional. Su crítica al PC argentino es de gran importancia para la discusión de Fidel Castro con los partidos comunistas latinoamericanos en torno del foquismo. Su radicalización lo lleva a plantear sus diferencias con Perón en una serie de cartas a principios de los años 60, la mayor parte de las cuales queda sin respuesta. Sin embargo, nunca cuestiona el liderazgo de Perón en el movimiento, y las repetidas apelaciones al líder para que apoyara un proceso revolucionario y que se mudara de la España de Francisco Franco a la Cuba de Fidel Castro parece que Cooke nunca abandonó la esperanza de que sostuviera esa causa.

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Cooke puede regresar a la Argentina recién después del levantamiento del estado de sitio, en octubre de 1963. La mayor parte de sus trabajos publicados perteneces a este último período que pasa en su país natal. Su libro de mayor influencia es probablemente El peronismo y el golpe de Estado, un análisis del golpe militar de 1966 y de las tareas revolucionarias que debía acometer el peronismo. Éste y otros trabajos de esa época representan la articulación más madura de una ideología peronista revolucionaria que surge entre principios y mediados de la década del 60. Cooke es elegido de manera unánime para conducir las delegaciones de la Argentina a las conferencias de la Tri continental y OLAS en 1966 y 1967 por parte de las organizaciones miembros, en las que se considera válida la vía de la lucha armada y la guerra revolucionaria prolongada. Funda la agrupación Acción Revolucionaria Peronista (ARP) que, durante su corta vida a mitad de los años 60, cumple un papel importante de convocatoria y apoyo a militantes que quieren viajar a Cuba a entrenarse para desarrollar la guerra de guerrillas, aunque nunca tiene la fuerza y cohesión suficientes como para llevar a cabo una acción foquista propia. Participan de esta organización, entre otros, quien luego sería editor de la revista Cristianismo y Liberación, Juan García Elorrio, Fernando Abal Medina y Norma Arrostito, miembros del grupo fundador de Montoneros. Cooke muere de cáncer el 19 de septiembre de 1968, a los 48 años de edad, el mismo día en que un grupo foquista es capturado en Taco Ralo. Cooke es considerado una figura clave en la confluencia entre el peronismo y el guevarismo, de gran influencia ideológica y política en el desarrollo de las organizaciones guerrilleras de finales de la década del 60 y comienzo del 70 en la Argentina. Algunos testimonios indican que sostuvo antes de morir: ―Yo viviré en el afecto de los que me quisieron, pero fundamentalmente viviré en aquellos que continúan con la misma pasión con que yo lo hice, la militancia por la liberación de mi patria y la liberación de Latinoamérica. Ése será mi futuro”.

―Toda revolución es el final de un proceso, y hasta que se cumpla ese proceso, solamente se anotan parciales. ―

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1 1959 Revolución cubana 2 1905 fundación de la UNLP¨ 3 1833 Usurpación de Islas Malvinas 4 1809 Nace Louis Braile 5 1939 suicidio de Lisandro De la Torre 6 7 1919 Semana Trágica 8 1028 muerte de Juan B. Justo 9 1927 Nace Rodolfo Walsh 10 2010 apoyo oficial al Matrimonio Igualitario 11 12 1946 Creación de Consejo de Seguridad de la ONU 13 1993 Acuerdo en París para la prohibición de armas químicas 14 1601 quema de libros 15 1929 nace Martin Luther King 16 1959 toma del frigorífico Lisandro De la Torre 17 1991 guerra del golfo 18 1988 levantamiento carapintada 19 1984 detención de Camps 20 1996 democracia palestina 21 22 23 24 25 asesinato de Jose L Cabezas 26 27 día internacional en Memoria de las Victimas del Holocausto 28 1853 nacimiento de José Martí 29 1942 fin de la guerra entre Perú y Ecuador 30 1946 asesinato de Gandhi 31 2009 desaparición de Luciano Arruga

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1 1932 Fusilamiento de Farabundo Martí 2 1813 Libertad de Vientre 3 1813 Batalla de San Lorenzo 4 1794 Primera Ley abolicionista de América en Haití 5 6 2003 Día mundial contra la mutilación femenina 7 1986 derrocamiento de la dictadura en Haití 8 1815 prohibición internacional del comercio de esclavos 9 1990 comienzo de la Caída del Muro de Berlín 10 1912 sanción de la Ley Saenz Peña 11 1990 liberación de Nelson Mandela 12 13 1947 nacionalización de los ferrocarriles 14 1894 nace Raúl Scalabrini Ortiz 15 16 17 1981 Amnesty responsabiliza a Guatemala por 30 mil muertes 18 19 20 21 Día internacional de la Lengua Materna 22 1904 Día de la Antártida Argentina 23 24 1947 Derechos del Trabajador 25 1778 Nace José de San Martín 26 27 1812 se hiza la bandera Argentina por 1ra vez 28 1966 asesinato de Ololf Palme

Agradecimiento a quienes nos enseñaron. Viejo y apolillado mito burgués el creerse que todo nace a partir del ombligo propio. Que ―inventamos‖ todo de cero y no le debemos nada a nadie. Nosotros le debemos lo que somos y lo poco que quizás hayamos llegado a conocer o a estudiar a mucha gente. Nuestro reconocimiento y agradecimiento a quienes nos enseñaron. (Néstor Kohan-Nuestro Marx )

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