Boletín informativo para las familias

LOS MIEDOS INFANTILES
Los
son reacciones ante determinadas situaciones supuestamente amenazantes por ser desconocidas. El miedo cumple una función de protección porque nos pone en alerta ante estímulos considerados peligrosos. Cuando un niño pequeño siente miedo ante una persona desconocida, este temor lo protege de no irse con cualquier extraño que se encuentre en la calle. Por tanto, sentir miedo, es una reacción sana y a veces evita riesgos importantes.

miedos

Los terrores y las pesadillas

A lo largo del desarrollo evolutivo del niño va a ir surgiendo diferentes tipos de miedos: a la separación de los seres queridos, a sentirse abandonado por los padres, a la oscuridad, a los animales, a personas desconocidas, a comenzar la escuela… Las pesadillas son sueños nocturnos que producen angustia, miedo o terror. Se suelen presentar en la mitad de la noche. El menor se despierta y recuerda lo que ha soñado (monstruos, fantasmas..). Pueden provocarlas las películas violentas, cuentos de terror, etc. Los terrores nocturnos son episodios de despertar de manera brusca, en los que encontramos al niño sentado en la cama, gritando y llorando con angustia. Está asustado y su cara expresa temor. El niño no está completamente despierto y por tanto, no reconoce a nadie. Si se le despierta, no recordará nada, ni tampoco por al día siguiente. Los terrores se producen durante las primeras 3 o 4 horas del sueño. Suelen asociarse a tensión emocional o periodos de estrés.

Los primeros miedos suelen aparecer a los tres años, cuando la imaginación del menor cobra gran protagonismo en los niños. Además, a esta edad, no sabe bien distinguir el mundo real del imaginario. Hay que destacar el papel que juegan los padres en la aparición y mantenimiento de los miedos. Es frecuente que sean los adultos los que creen temores en sus hij@s, asociando castigos o enfados a situaciones del tipo: -Si no comes todo, vendrá el hombre del saco, iremos al médico para que te pinche, etc-. Este tipo de amenazas no resultan muy útiles para que desaparezcan los miedos, sino todo lo contrario, los afianzan. En circunstancias normales, estos miedos desaparecen de forma natural.

Qué podemos hacer…
Existen algunas actitudes de las familias que pueden ayudar al menor a superar estos temores: Los miedos expresan conflictos y no podemos ignorarlos. Es necesario hablar con el menor para que nos exprese cómo se

siente y trasmitirle así, que tiene nuestro apoyo. Si estos miedos persisten e impiden las rutinas diarias de éste, es conveniente la intervención un especialista. No lo sobreprotejas. No es conveniente, y además, tampoco le evites cualquier situación que le asuste, porque entonces, tampoco le ayudaremos a superarlo. No lo ridiculices. Tampoco lo compares con nadie, ni lo hagas sentir que es un cobarde. Es bueno que entienda que todos tenemos miedos algunas veces y que es positivo, ya que, nos aleja de peligros. No es positivo obligarlo a que se enfrente solo a la situación temida. Por ejemplo: si le cuesta despegarse de sus padres, y vamos a dejarlo en casa de los abuelos, no salgamos cuando no nos ve; simplemente, explícale que vais a salir con unos amigos y que esa noche dormirá con los abuelos. Que a la mañana lo recogeréis. No lo engañes. Es mejor que el niño sepa a qué se debe enfrentar. Si lo llevamos al médico para que lo pinche, es preferible que le van a hacer un poco de daño que engañarlo diciéndole que no le pasará nada. Hazle sentir que puede superar los miedos. Para ello, podemos acompañarlos a las situaciones temidas, por ejemplo: estar cerca del perro del vecino, etc. Dale la mano y acompáñalo a la situación temida. Que se sienta segur o y vais juntos .

Pídele que nos cuente la pesadilla. Si el menor tiene pesadillas y no puede dormir, dirígete a su cama y pídele que nos la cuente. Es bueno jugar a que invierta el final de esta, es decir, pongámosle un final divertido y agradable. Además, no debemos hacerlo callar y que se duerma o llevarlo a la cama con nosotros, ya que no estaremos ayudando a que resuelva el conflicto. Explícale que los miedos no van a desaparecer por completo. Que a lo largo de nuestras vidas sentiremos miedos ante diversas situaciones. Lo importante es saber reaccionar ante ellos de la manera más adecuada para que no influya en su vida diaria.

Recuerda: Es positivo que expliquemos al niño la realidad, que poco a poco vaya perdiendo los miedos con nuestra ayuda y que los temores irán desapareciendo de manera natural. Estos miedos forman parte del desarrollo evolutivo del niño. Reconozca el esfuerzo que realiza el niño por superarlos. Es importante siempre, demostrarles nuestro cariño.

Con la colaboración de Isabel García. Psicóloga. Escuela de Padres y Madres.

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