a4 Opinión

EL COMERCIO viernes 3 de febrero del 2012

editorial

“Hay un tema trascendental que, en el tumulto de la politiquería local, no puede pasar desapercibido y exige la atención urgente del Congreso: el de los organismos reguladores, cuya solidez y autonomía, dentro de la estructura del Estado, debe arraigarse de modo profundo, precisamente para librarlos de cualquier intromisión política o de los vaivenes de los cambios de gobierno”. Editorial dE El comErcio / 13 dE abril dEl 2008

Liberemos al regulador
e está por nombrar a los presidentes de los cuatro organismos reguladores autónomos que tiene el Estado (Osiptel, Ositrán, Osinergmin y Sunass). El MEF y la PCM nombrarán cuatro comisiones ad hoc, cada una de las cuales escogerá a su vez al presidente del regulador correspondiente. En otras palabras, se nombrará a los reguladores vía un procedimiento que es controlado de forma mediata (pero no tan lejana) por el Ejecutivo y que, consiguientemente, obstaculiza de partida que estos puedan ser lo que, por sobre todo, tendrían que ser: independientes. Los reguladores nombrados tienen su esencial razón de ser en la existencia de monopolios naturales. Esto es, industrias donde no tiene sentido económico que haya más de un solo proveedor. Por ejemplo, suele ser más eficiente que solo se gaste en una red de agua potable para la misma ciudad. La función del regulador es hacer, donde hay monopolios naturales, lo que normalmente haría la competencia: lograr que las empresas se esfuercen por ofrecer al consumidor la mejor combinación de calidad-precio que les permita ser rentables. El oficio básico de un regulador es, pues, eminentemente técnico: poder

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Para proteger al consumidor, los reguladores tienen que ser independientes del poder político. Mientras este los nombre, nunca podrán serlo
calcular de la manera más exacta posible esta relación. El tecnicismo del regulador, entonces, es la garantía del consumidor. Pues bien, la amenaza más grande para el tecnicismo de los reguladores (y, por tanto, para el interés de los consumidores) es la política. Los monopolios naturales son servicios públicos y estos, ya se sabe, suelen cubrir necesidades básicas, como el agua. La tentación para los políticos de intervenir los reguladores es, por tanto, permanente y grande. Por ejemplo, bajando los precios a niveles que resulten populares pero que hagan que deje de ser rentable para la empresa invertir en expandir en redes o mantener un servicio de calidad. Hacer, pues, que las posiciones de los jefes de los reguladores dependan del Ejecutivo es conectarlos a hilos que acaban en las manos de los políticos. No en vano los gobiernos anteriores optaron por pedir su renuncia a varios de los directores de los reguladores a pesar de no tener los plazos de

sus mandatos cumplidos y ajustaron a sus propias necesidades la manera de nombrar a sus reemplazos. Necesitamos un nuevo método para elegir a nuestras autoridades regulatorias, un camino más lejano de las decisiones de quienes dependen de la aprobación popular. Por ejemplo, una idea viable sería aprovechar la independencia que tiene el BCR, acaso el organismo estatal más técnico y autónomo que a la fecha tenemos, haciendo que sea este el que los nombre o proponga ternas. De una forma muy similar se nombra, con éxito, a los miembros de los reguladores en Chile. Finalmente, ya que estamos hablando de reformas, debiera también comprenderse dentro de esta independencia a los reguladores sin ese nombre que se hallan camuflados a lo largo y ancho del Ejecutivo, sin tener autonomía siquiera nominal: Digemin, Digesa, ANA, Senasa, las instancias del Ministerio de Educación que regulan las empresas del sector, etc. Aunque estos entes reguladores no se enfrentan a monopolios naturales, sí intervienen las actividades privadas con razones económicas en defensa de la ciudadanía. Y donde hay la misma razón, debe πππ regir la misma norma.

filosofemas

humor profano

Por Molina

La fuerza de la edad
Francisco Miró Quesada C.
Director general

imone de Beauvoir, discípula de Jean Paul Sartre, uno de los más grandes filósofos de la historia, escribió una serie de libros importantes, uno de ellos titulado “La fuerza de la edad”. En su obra, ella afirma que cuando un pensador es joven el camino que busca es poco responsable y no toma en cuenta la realidad circundante. Pero cuando llega a la madurez, más o menos a los 40 o 50 años, su pensamiento se torna claro y preciso. En mi opinión, esto es lo que ha sucedido con el presidente Ollanta Humala. En la campaña presidencial del 2006, en la que intervenían como candidatos Lourdes Flores Nano, Alan García Pérez y el mismo Ollanta Humala, la extraordinaria capacidad oratoria del segundo puso fuera de combate, rápidamente, a Lourdes y se enfrentó a Humala cuyo programa de acción ponía los pelos de punta hasta a los menos conservadores, simpatizantes del socialismo democrático. Porque su plan de gobierno tenía por título “La gran transformación” y su finalidad

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era barrer con todo lo existente y establecer un gobierno en el que la libertad de pensamiento y de prensa estuvieran controladas. Ollanta Humala había preparado su campaña con gran anticipación mediante una serie de recursos, siendo el principal un diario que editaba todas las semanas. Y debido al descontento popular por las inmoralidades de los gobiernos que lo habían antecedido, aunque no todos, como el

Todavía muchos le tenían miedo, pues recordaban la gran transformación. Pero el candidato triunfante era otro, pues ya estaba en la fuerza de la edad
de Perú Posible, el partido de Alejandro Toledo, una gran cantidad de ciudadanos lo apoyaba y había decidido votar por él. Eliminada Lourdes Flores en primera vuelta, la pugna quedaba entre Ollanta Humala y Alan García. Y el primero llevaba la delantera, de manera que daba
ilusTración: vícTor aguilar rúa

la impresión de que ganaría de manera inevitable. Pero no había contado, como hemos dicho, con la capacidad increíble de García. Cada día que pasaba, se iba acercando al primero. Llegó un momento en que le pisaba los talones y, cuando faltaban dos o tres días para el término de la campaña, lo pasó con las justas, ganando por pocos votos. Con excepción de los apristas, quienes votaron por García, lo hicieron por miedo a las barbaridades que Humala incluía en su programa. Ganó, pues, Alan García e inició su gobierno del 2006 al 2011. En su primer gobierno se produjo una inflación espantosa, de manera que en su segundo mandato, puso un cuidado especial en evitar la inflación y logró su propósito. Cuando terminó su gestión, se inició una nutrida campaña electoral, en la que competían once partidos. Pero todos ellos, menos dos, fueron quedándose en el camino: Fuerza 2011, liderado por Keiko Fujimori, y Gana Perú, encabezado por Ollanta Humala. Después de la polémica de rigor entre ambos candidatos, en la que hubo más o menos un empate, al término de la campaña, por una pequeña diferencia de votos ganó Ollanta Humala. Todavía muchos le tenían miedo, pues recordaban la gran transformación. Pero el candidato triunfante era otro, pues ya estaba en la fuerza de la edad. Él había elaborado una hoja de ruta en la que se comprometía a respetar los tratados entre el Estado y las empresas, a respetar la Constitución y la libertad de prensa. Ollanta Humala se mantuvo firme con este compromiso. En lugar de Salomón Lerner Ghitis, que era el primer ministro, nombró a Óscar Valdés, que no tenía nada que ver con la izquierda. Y durante el viaje que hizo, primero a España y luego a Suiza, declaró: “Yo no soy de izquierda”. No es que sea de derecha, es simplemente independiente. Y está haciendo grandes esfuerzos para lograr un crecimiento con πππ inclusión social.

Voz crónica

Recursos de la democracia
Eduardo Lores
Periodista

l parecer los manotazos de Castañeda para desmarcarse del Caso Comunicore a través de recursos legales ya tocaron fondo, mientras que el intento de revocación a la alcaldesa de Lima Metropolitana comienza a debilitarse con la reculada del Apra, las declaraciones en contra de dicha medida de líderes políticos de distintas tiendas y especialmente por la marcha de apoyo multitudinario que recibió espontáneamente Susana Villarán. Y es que si bien la revocación es una herramienta de la democracia que puede ser utilizada a favor de la transparencia, mientras no incluya en su normativa la necesidad de fundamentar y probar las causas para su aplicación puede ser mal usada, abusada. La reacción de la Municipalidad de Lima no se ha hecho es-

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perar y el movimiento de piezas en el tablero, o sea el cambio de posiciones de técnicos y funcionarios en lugares estratégicos, da a entender que la comunicación de ida y vuelta empieza a adquirir el ritmo que imponen los ávidos medios y las despiadadas encuestadoras. Por otro lado, la desistencia del Movadef en la apelación interpuesta contra la resolución del Registro de Organizaciones Políticas (ROP) del JNE que negó su inscripción como partido legal, orquestada por Abimael desde la cárcel, como contrapunto a la incursión de ‘Artemio’ y sus narcoterroristas en Campanilla, se interpreta como un mensaje amenazador por algunos analistas que piensan que podrían reactivar la lucha armada, y más bien como una pipa de la paz para otros, que opinan que se trata de un recodo, un medio pacífico en un abigarrado programa doctrinario y fundamentalista basado en que el fin justifica los medios y estos pueden cambiar según

las circunstancias interpretadas por la mente brillante y única de ‘Gonzalo’. Una tercera posibilidad sobre la que nadie declara por ingenua, pero no imposible si se cree en los milagros, es que se arrepientan, renieguen de sus crímenes, acepten que deben ser punidos por ellos, paguen a la sociedad lo que le deben y a las víctimas lo que les corresponde y se conviertan a la democracia, acepten las leyes con sus imperfecciones y quieran colaborar a mejorarlas en paz, comprensivamente, mediante la palabra. Es naif porque pasa por la aceptación de que su cabecilla es un asesino y eso es algo que se les queda atracado en la garganta, tal como sucede con los talibanes del fujimorismo. Tenemos allí unas bombas de tiempo cuyas manijas están detenidas solo porque sus detonadores están en prisión. Sería recomendable tenerlo en consideración cuando regresen los sinuosos reflujos de reclamos de πππ amnistías.

rincóndelautor
Jaime de Althaus Guarderas

si la izquierda peruana hubiese evolucionado a posiciones modernas como lo ha hecho la mayor parte de sus pares latinoamericanas, habría sido de gran ayuda al gobierno y al país
el Partido Nacionalista, sin confesar, por cierto, que ese acuerdo se fundamenta en los postulados de la retrógrada gran transformación que fueron derogados ya desde fines de la primera vuelta. Una capacidad de acomodo solo comparable a la de torpedear los esfuerzos productivos. Se trataría de una aplicación contemporánea de la “moral revolucionaria”. Si la izquierda peruana hubiese evolucionado hacia posiciones modernas, como sí lo ha hecho la mayor parte de sus pares latinoamericanas, habría sido de gran ayuda al Gobierno y al país. Porque el problema del Perú no es el gran capital o la inversión minera, necesarios para avanzar más rápido y salir de la pobreza. Es absurdo acusar al Gobierno de haber sido capturado por lo que el país necesita. Además, es falso: a la minería se le ha subido la tributación y, sumando conceptos, paga impuestos por más del 50% –no 30%– de la renta. Nunca como en los últimos años la participación del Impuesto a la Renta en los ingresos totales del fisco ha sido tan alta (más del 40%). Al contrario, el país necesita aún mucha más inversión. El problema del Perú es que carece de la institucionalidad necesaria para manejar los procesos de gran inversión y de crecimiento acelerado. La institucionalidad política estalló en mil feudos y no hay capacidad administrativa para manejar los temas ambientales ni para gestionar servicios y obras. El Estado legal no existe en muchas partes del territorio, que son tierra de mineros informales o narcos, y tampoco en amplios sectores de la economía y la sociedad, que viven en la informalidad. La izquierda hubiera podido ayudar en estas tareas fundacionales, forjadoras de un Estado real y eficiente, que ayude a introducir equilibrios, pero, hasta el momento, solo sirve para atacar la inversión formal o encarecer el trabajo formal. Es decir, paradójicamente, para socavar y reducir el Estado. Y para sumarse al desorden, dejando al Gobierno en manos de los militares. Penoso y altamente irresponsable. πππ

Qué pena la izquierda
a izquierda no le ha servido a Ollanta Humala para gobernar. No le aportó operadores políticos para manejar los conflictos regionales ni para sacar adelante proyectos de interés nacional como Conga. Por el contrario, introdujo zancadillas allí donde pudo y se puso del lado de los levantiscos. Es más, aquellos de sus miembros que salieron del Gobierno no dejaron pasar un día

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antes de atacarlo acusándolo de haber traicionado el programa o haber sido ‘capturado’ por la derecha o por el gran capital. Sin embargo, de manera sorprendente, exige permanecer en la bancada gubernamental en el Congreso, y saca a relucir un acuerdo político privado firmado en octubre del 2010 por el Partido Comunista, el Partido Socialista y otros grupúsculos, y