MEDIOS DE COMUNICACIÓN, CONTROL SOCIAL Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN.

DEIBY GALVIS ESTUPIÑAN CÓDIGO: 616106 UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA EL CAMPO DE LOS ESTUDIOS EN LA COMUNICACIÓN

“Hay un periodismo de la sospecha y del control, que se esconde bajo el pragmatismo pedagógico de las noticias, que ha inundado desde la manera de conservar la salud, hasta los efectos de la dieta, el pago de los impuestos y la crianza de los hijos.” REY, German.
LOS RELATOS PERIODÍSTICOS DEL CRIMEN [Cómo se cuenta el delito en la prensa escrita latinoamericana] Centro de Competencia en Comunicación para América Latina, Bogotá. 2007

INTRODUCCIÓN El poder de influencia que tienen los medios de comunicación en la construcción de discursos es evidente, al punto de ser más un agente de control social que un agente distribuidor de cultura; lo cual resulta negativo para el papel que deben desempeñar como medio para garantizar la libertad de expresión. De ahí que se crea que el periodismo es un oficio secundario y de poca importancia para la sociedad, lo cual a la postre es falso. Lo que realmente sucede es que la industria de la comunicación a crecido desaforadamente y con ella la información, la forma de contarla sufre un cambio, la información que circula y que se produce obedece más a unas lógicas de mercado, la información se enmarca en cifras y estadísticas y no en análisis concretos de los hechos, así como de sus repercusiones sociales. Los medios de comunicación son una industria que se dedica a la producción de información, por eso, tiene concretos criterios de selección y jerarquización de esta, que inciden en la calidad de la información que se presenta, las narrativas que surgen de las noticias referentes a delitos y las opiniones emitidas en materia de seguridad tiene que ver con lo que se denomina memorias de corto plazo, con esas narrativas exaltadas, que recurren a la anormalidad, al suspenso, a lo extraño; en contraposición a la memoria histórica y el despliegue racional de argumentos (Luchessi, Lila. 2008), que son elementos indispensables para que las personas accedan a la información, basándose en un análisis

histórico de los hechos, que permita dar cuenta de la complejidad y naturaleza de los fenómenos que los generan, especialmente tratándose de temas como el delito y la seguridad. En este sentido debemos entender que las explicaciones que se dan a través de los medios respecto del crimen, los delitos y la seguridad, son falsos mensajes que se construyen a diario por falta de rigurosidad relacionada con el sensacionalismo, que es más atractivo para los públicos desinformados.(Barata, Francesc. 2007) En la actualidad han sido muchos los esfuerzos por hacer del periodismo una herramienta válida para hacer contrapeso a los desafueros del poder, pero no han sido suficientes; en Colombia se ha entendido los medios como un campo de estudio superfluo y por lo tanto las investigaciones han girado en torno al funcionamiento de estos, pero poco se ha abordado desde una perspectiva crítica que ponga en tela de juicio sus contenidos, sus agendas y sobre todo su influencia en la construcción de idearios y discursos: aquí es donde empieza el verdadero reto, para empezar a pensar en los medios como ese neo-panóptico que está en constante vigilancia y amenaza para mantener control sobre la sociedad, en otros términos, hacer análisis críticos y buscar soluciones a los problemas que se desprenden de las narrativas, representaciones y discursos no dialógicos de medios de información aparentemente más cercanos al poder y las lógicas de competitividad que tiene los medios masivos de información. MEDIOS DE COMUNICACIÓN, SENSASIONALISMO Y POPULISMO PUNITIVO Los medios de Comunicación (El Tiempo y algunos programas periodísticos de televisión: C.T.Y: Acción contra el crimen, Séptimo Día, Extra, etc.) se han encargado de crear representaciones de la criminalidad y discursos no dialógicos que han incidido fuertemente en la implementación de normatividad en materia penal como forma de control social (aumento de penas), atentando abiertamente contra la libertad de expresión y la estabilidad democrática: “Resulta absolutamente cierto que el grado de respeto y defensa que cada sociedad haga de la libertad de expresión y de información dirá mucho de su solidez democrática.”1; de ahí que cuanto menos rigurosos son los medios al tratar la información, mayor es la intervención en las instituciones democráticas, así como mayor es la sensación
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Urvio, Revista Latinoamericana de Seguridad Ciudadana. No. 5, Quito, Septiembre 2008. FLACSO Sede Ecuador. Entrevista realizada por Jenny Pontón Cevallos a Francesc Barata.

de inseguridad que se crea en el ideario colectivo. Las salidas fáciles están a la orden del día, la violencia se está combatiendo con más violencia, y los orígenes primarios del crimen, emergidos de la estructura social, no se conocen ni por los medios ni por la academia; en este punto clave es donde se debe indagar, para dar cuenta de las estrategias que utilizan los medios para legitimar un tipo de discurso poco riguroso, inflexible y autoritario y que claramente está atentando contra la democracia. En los extensos análisis que se han hecho sobre seguridad y crimen, no se ha tratado de manera directa la injerencia que tienen los medios en el robustecimiento de un sistema penal férreo y altamente punitivo, ni mucho menos se ha cuestionado la forma en que los Medios responden a lógicas comerciales y económicas respaldadas por medidas de control social que mantienen la vigencia de modelos antidemocráticos. Los Mass media con el tipo de narrativas que actualmente manejan generan la sensación de inseguridad, en gran medida, la percepción de inseguridad con respecto a la victimización real, al infundir y profundizar, de esta manera, los temores ciudadanos. (Pontón Cevallos, Jenny. 2008). Esto es solo una muestra más del carácter profesional y riguroso que ha perdido la prensa y en general los Mass Media, que acuden con frecuencia al sensacionalismo y la exageración para crear falsas ideas en los “consumidores”, como ya arriba lo habíamos mencionado, bien sean de información o de seguridad. Una característica esencial de los medios de Comunicación, ha sido la capacidad de crear modelos de interpretación de las tragedias humanas, tragedias humanas que no dejan de estar relacionadas con los individuos que conforman una sociedad, es siempre una realidad cercana, palpable; de ahí que se den extrañas relaciones entre los medios y los altos escaños del poder (no siempre explicitas). Si un medio de información está en la posibilidad de dar modelos de interpretación, entonces está en la posibilidad de legitimar en sus espectadores una determinada forma de acción frente a los temas recurrentes: inseguridad, crimen, violencia, etc. En la actualidad se ha dado un constante modelo de interpretación de la delincuencia y este es el del delito individual como imaginario supremo de inseguridad (Barata, Francesc. 2008), reforzándose la idea de que la inseguridad es producto de un grupúsculo de la sociedad, específicamente aquel que está marginado y segregado socioespacialmente.

De la misma forma afirma Francesc BARATA que los medios al crear sus discursos y representaciones sobre la criminalidad caen en una especie de “lombrosianismo”, en tanto se fijan más en las causas extrañas, desviadas o freaks del crimen, mostrándolo como un espectáculo anormal a los parámetros de la sociedad que se debe combatir; más no de acuerdo a sus aspectos y causas sociales más remotas. El reto que se deben plantear los medios de comunicación es bastante complejo, pues por una lado deben transformar la forma en que producen y difunden la información, con un rigurosidad y sin sesgos ideológicos; pero adicionalmente deben cambiar las propuestas de sus agendas que son simplemente la respuesta a los condicionamientos de los grandes pautadores de los medios respectivos. Finalmente esta parafernalia que crean los medios, el establishment y la paranoia social infundada, generan un inevitable populismo punitivo. Arraigado en la conciencia colectiva por cuenta de los medios. La manera más eficaz de encontrar la seguridad es a través de penas fuertes y “cero tolerancia” contra el crimen, pidiendo aumento de penas y construcción de nuevos establecimientos carcelarios, pero no existe espacio para reflexionar sobre las situaciones concretas en las cuales se engendra el crimen, que distan bastante de la simple punición como alternativa. REPRESENTACIONES DE LA CRIMINALIDAD Y AGENDAS DE MEDIOS La representación que se hace de la violencia en los medios, especialmente la televisión, tiene una fuerte incidencia en la sensación de inseguridad que experimenta la sociedad, de la misma forma que condiciona los idearios de los televidentes. Existen teorías, encaminadas a estudiar principalmente la incidencia de la televisión, conocidas como de imitación conductual; entre ellas se encuentran, por ejemplo, i) la teoría del „modelaje‟ que sugiriere que las personas expuestas a violencia en los medios actúan de manera más violenta; ii) la teoría de „reforzamiento‟, que plantea que la violencia mediática refuerza la tendencia ya existente en receptores y receptoras; iii) la teoría de „catarsis‟, que sostiene que, mediante la exposición a la violencia en los medios, los sujetos descargan sus impulsos agresivos sin tener que realizarlos; iv) teoría de „empatía‟, que afirma que la violencia mediática puede reducir la agresividad de los sujetos si se identifican con la víctima de violencia; v) la teoría de la „estimulación elemental‟, que sostiene que lo que

verdaderamente determina la violencia del individuo es su grado de estimulación, independientemente del contenido mediático; y, vi) finalmente también está la teoría del „contagio‟, que plantea que la violencia en los medios provoca un efecto directo sobre la audiencia que se contagia de las conductas violentas que ve en ellos, entre otras (García, 2000). ¿Por qué resultara tan atractivo este tipo de información en los principales medios de comunicación? La repuesta podemos hallarla en los términos que expone REY (2005:23): “ambos, crimen y noticia participan paradójicamente de algo común: de la irrupción que sobresalta las continuidades de la vida cotidiana”, por eso es muy frecuente que con la cantidad de información que se emite en la Media, no haya rigurosidad en los análisis frente a los hechos presentados, pues se da un acercamiento emocional, carente de cualquier tipo de contextualización de las causas y los efectos sociales y políticos. El hecho de que los medios no sean rigurosos con la información que brindan, es síntoma de que los intereses de los grandes medios están direccionados hacia el eficientísmo, una mayor generación de espacios para la pauta publicitaría, porque es innegable que los medios son movidos por los recursos económicos que manejan y que por lo tanto establecen sus contenidos. Esto significa que la publicidad ha condicionado la programación y el desarrollo de los medios, los cuales funcionan casi exclusivamente con criterios comerciales. Además, la cantidad de canales públicos es mínima en contraposición con la oferta de canales privados (de televisión abierta y cerrada) igual que los periódicos de circulación nacional, que en su mayoría son de agentes privados del mercado. Estos criterios se establecen desde una posición teórica que considera que los medios son motivados por lo que se denomina “el establecimiento de agenda”, que significa que los Mass Media no operan sobre las opiniones, sino que más bien aluden hacia los temas que la sociedad debe debatir, determinando la agenda pública, en tanto crea los lineamientos por los cuales se debe dirigir la comprensión de los hechos, así como los discursos que se desprenden de los parámetros que se establecen en la agenda pública. Por otra parte, en términos de SÁEZ (2005: 22), existe el efecto ideológico expresado en la representación falaz de la realidad, en términos de las proporciones en que los hechos ocurren, la aparición de sujetos determinados o la distribución geográfica de estos; el problema está en que la gente asume dicha representación como equivalente a la realidad.

Para el caso concreto tomamos partido por la primera corriente teórica, de tal suerte que desde una perspectiva Crítica se le apuesta a estudiar como los principales Mass Media del país crean sus agendas temáticas influenciadas por lógicas comerciales y publicitarias, determinando cuales deben ser los temas más relevantes en la agenda pública, específicamente en temas relacionados con la seguridad y el crimen, evidenciando discursos no dialógicos. Es así como los contenidos de “crónica roja” y de violencia que transmiten los medios, configuran las creencias y opiniones de la gente respecto del mundo que los rodea, haciendo que su percepción de inseguridad se sobredimensione. Resulta pertinente tomar como referencia los postulados de BARATTA para entender como los medios se mezclan con discursos autoritarios, que legitiman un control social férreo y la punición como salida a los problemas sociales asociados al crimen, adicionalmente menoscaba la libertad de expresión:
“El análisis debería llevarse a un nivel más elevado, con el propósito de comprender la función histórica y actual del sistema penal para la conservación y reproducción de las relaciones sociales de desigualdad.”
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Así, reafirmamos la necesidad de tomar una posición crítica y reflexiva, al momento de abordar y recibir la información de los medios, que sirva de referente al momento de que se de la Construcción de Criterios o Establecimiento de Agenda, apropiándonos de estos como herramientas validas para cuestionar el papel de los medios, su influencia en la construcción de falsos modelos de seguridad y finalmente pra lograr salidas enmarcadas en la garantía de la libertad de expresión. Desde la perspectiva de ARRIAGA (2002) LARA (2004) y MACASSI (2002), las narrativas “rojas” o “amarillas”, son una muestra mediática de las transformaciones contemporáneas que ha tenido la violencia, afectando las lógicas del periodismo y develando las relaciones análogas que hay entre los hechos sociales y los hechos comunicativos:

Los valores noticiosos y los códigos narrativos se reconfiguran, para dar paso a procesos dinámicos en los que la oferta de prensa es definitiva en la creación de
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Baratta, Alessandro. Criminología crítica y crítica del derecho penal: introducción a la sociología jurídico penal. Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2004.

mentalidades e imaginarios que sobre la violencia establece la sociedad día a día e igualmente amplía la oferta comunicativa en las esferas públicas.3

En investigaciones como las de DASTRES (2002) y REY (2005), se manifiestan por la seguridad ciudadana y la importancia que tienen los medios como constructores de realidad, al crear conciencia o inconsciencia de seguridad en el ideario de la colectividad ciudadana. Estos autores hacen hincapié en el tema de narrativas mediáticas y representaciones, como mecanismo creador de ambientes seguros en el contexto de las ciudades latinoamericanas, de ahí que las informaciones están orientadas a crear sensaciones falsas o verdaderas. Esto, de acuerdo a la necesidad que se tenga de construir determinado ideario en la sociedad. En último lugar, trabajos como los de González (2004), López (2004) y Varenik (2004), ponen de manifiesto la necesidad de utilizar los medios de comunicación como herramientas, para reformar estructuralmente el Estado, para combatir delitos como el secuestro y la violencia generalizada. También, señala que mediante la denuncia hecha por los medios se puede dar transformaciones en los entes policiales y de control, ya que mediante la interrelación comunidad-medios se puede lograr mejorar la función de cada uno en el desarrollo de un mejor entorno social. Desde la perspectiva de la visibilización del crimen, el delito y el castigo, se han desarrollado postulados desde los años setentas y ochentas, en el grupo de medios de la Universidad de Glasgow, en cabeza de Stuart Hall, que han girando en torno a lo que han denominado “Pánico Moral”. En estos estudios se afirma que cuando los medios reproducen las relaciones institucionales dominantes, refuerzan y movilizan un pánico en la moralidad de las personas, en contraposición de las personas y asuntos que nos son acordes con el estilo de vida y los valores aceptados institucionalmente. Así mismo George Gerbner, nos habla de los “indicadores culturales”, mostrando que los medios al representarnos un mundo peligroso, cultiva un sentimiento de temor, vulnerabilidad y desconfianza, que no es más que la forma en que las estructuras de poder nos muestran el lugar que debemos ocupar en la sociedad.

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Bonilla Vélez, Jorge Iván y Tamayo Gómez, Camilo Andrés. Las violencias en los medios, los medios en las violencias. Bogotá: Centro de investigación y Educación Popular – Cinep, 2007. Ediciones Antropos Ltda.

CONCLUSIÓNES

La realidad política y social de Colombia ha estado marcada por la violencia, lo cual es signo de que los medios no han sido los responsables directos, pero lo que si es evidente es la construcción que han hecho de imaginarios, representaciones y discursos no dialógicos. Si bien la violencia parece que se hubiese sembrado perennemente en nuestros idearios, como una huella indeleble de nuestra trágica vida, no debemos caer en el pesimismo y seguir pegados a los discursos no dialógicos que nos han sometido los medios. Lo que realmente debe ser el propósito es de asumirnos como consumidores críticos de la información, poniendo en tela de juicio los contenidos, interactuando (aprovechar las nuevas tecnologías, blog, foros de opinión, etc.). En el otro sentido de la comunicación los medios progresistas, desde el punto de vista comunicacional, más allá de presentar informaciones concretas que develan los desafueros del poder –lo cual no está de más-, lo que deben empezar a es transformar los contenidos y las representaciones que hacen de la criminalidad, transmitiendo nuevos conceptos de la seguridad ciudadana, así como el trasfondo de los hechos, que vislumbren las causas en las que surge el crimen. Así los medios y sus periodistas avancen en la transformación de las formas de comunicar y en presentar sus discursos no dialógicos, no es suficiente para que se consolide un cambio en los aspectos sociales negativos que afectan a la sociedad, asociados a la criminalidad y seguridad. El reto de los medios debe estar enmarcado en el trabajo conjunto, con los gobiernos que estén impulsando políticas públicas de largo aliento, de tal manera que la ciudadanía pueda estar al tanto de las herramientas con las que cuenta, para que en su conjunto la sociedad bien informada pueda construir diálogos y avances en la consolidación de valores democráticos, pero sobre todo mantengan incólume el derecho fundamental de la libertad de expresión. Los medios deberán apostarle también a un cambio cualitativo, más que cuantitativo en la presentación de la información. Es evidente que mientras más tiempo o cobertura se le dé a determinada información, no significa que su calidad y propósitos comunicativos mejoren; el avance deberá ser cualitativo introduciendo herramientas que permitan evaluar que incidencia tiene frente a la opinión pública. Y el avance se dará especialmente, si se logra ligar la información respecto de la criminalidad, la seguridad y las medidas punitivas

con las políticas públicas, para que no se den hechos aislados que sigan reproduciendo la sensación de inseguridad. En la actualidad los medios de comunicación están padeciendo de los mismos males que está padeciendo la Policía a la hora de combatir el crimen, ya que estos van detrás del crimen, sin ningún tipo de capacidad para prevenirlo con inteligencia y/o planificación. Aquí es donde los medios deben empezar a avanzar y dejar la timidez (autocensura) y proponer un debate público, propuesto desde sus capacidades y agendas, que ponga a la luz estas problemáticas en aras de buscar soluciones en conjunto dentro de la misma sociedad. En la medida en que los medios en Colombia empiecen a avanzar en estas propuestas y consolide una agenda independiente, estará dando mayor relevancia a la libertad de expresión, consolidara una sociedad más democrática y servirá de puente en la construcción de paz y avances concretos en la consolidación de unos medios de comunicación respetables y de periodistas más comprometidos con una representación más fiel de la realidad, mediante un dialogo abierto y participativo.

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