H

ace una década, un alto cargo del Gobierno del PP, en distendida charla, deslizaba esta reflexión: «En este país existe un pacto tácito: los avances en materia de derechos sociales se producen siempre con gobiernos de izquierdas, pero cuando la derecha llega al poder, si es inteligente, respeta las leyes aprobadas». El dirigente popular que así se expresaba en el 2002 ignoraba las responsabilidades que el futuro le depararía. Aún faltaba un año para que Mariano Rajoy fuera ungido como sucesor.

El epílogo

Reformismo a la contra
ENRIC

Hernàndez
DIRECTOR

El hoy presidente del Gobierno, sin embargo, ha puesto en marcha un ambicioso paquete de reformas legislativas que contradice el moderantismo del que hizo gala en campaña. La cadena perpetua revisable, los plenos poderes concedidos a los jueces para controlar el órgano que los gobierna o la supresión de la asignatura de Educación para la Ciudadanía dibujan un brusco giro conservador que tampoco casa bien con las ofertas de mano tendida a la oposición que Rajoy prodigó en la sesión de investidura. Pero el cénit de la espiral contrarreformista del Eje-

cutivo lo ha alcanzado Alberto RuizGallardón con su propósito de revisar la regulación del aborto.

Ideología frente a economía
Resultaría pueril concluir que el ministro de Justicia, siempre visto con recelo por los sectores más conservadores del PP, pretende ganarse su favor al anunciar que no se limitará a enmendar la ley de aborto del último Gobierno socialista, sino que desmontará la norma que en 1985 despenalizó parcialmente la interrupción del embarazo. Al fin y al ca-

bo, la supresión del tercer supuesto legal (el riesgo psicológico para la madre) cuenta con un amplísimo respaldo en las filas del PP. Tras irritar con la subida del IRPF a las clases medias-altas que lo votaron, Rajoy recompensa a su electorado clásico desmontando el legado social de Zapatero, maniobra ideológica que desvía el foco de la economía y que, además, no cuesta ni un euro. Pero este reformismo a la contra, además de dividir a la sociedad y escorar al PP, dinamita el pacto tácito entre derecha e izquierda que el presidente alababa en su juventud.

3 DE FEBRERO DEL 2012

elPeriódico elPeriódico
de Catalunya

11862

Año XXXV. Número 11.862. D.L.: B 36.860 - 1978

8 420565 002004

Gente corriente

Clara Valverde
Activista. Padece el atroz síndrome de fatiga crónica, pero a su manera está presente y colabora con el 15-M.

ganizo charlas para explicar en qué consiste la privatización de la sanidad, y por qué quieren llevarla a cabo. O escribo, he escrito varias cosas: textos sobre por qué el neoliberalismo está haciendo lo que está haciendo, qué es el neoliberalismo, por qué estamos en contra de los recortes... –Pero, con su enfermedad, ¿puede asistir a las reuniones? –Casi nunca. Yo la revolución la hago desde mi casa, a través de internet. Cuando alguna vez tengo fuerzas para ir a una reunión llego con la siguiente broma: «Hola, me llamo Clara y lo hago todo desde la cama». Y todos se quedan: «Uy, esta tía...» O también, como hay mucho intercambio de mensajes, si recibo un SMS de aquellos que dicen: «Fulanita, enviado desde mi Blackberry», yo respondo: «Clara, enviado desde mi cama». Pero estoy en cuerpo y alma. –Ya sé que ha luchado toda la vida, pero, ¿qué le atrae del 15-M? –Me gusta haber encontrado personas que quieren construir otra sociedad. No solo luchar contra algo, sino hacer algo nuevo. Y quiero que me inspiren, que me cambien. Como no tengo energía en el cuerpo, necesito cosas de fuera que me seduzcan totalmente, y el 15-M es una de ellas. –¿Y las otras? –¿Las otras? La puesta de sol, por ejemplo, que tengo la suerte de poder ver desde aquí, desde mi piso, cada día. O ese árbol que tengo en la terraza, que puedo quedarme mirándolo durante horas, maravillada. Me ilusiono por cosas que la gente no ve, o piensan que son una chorrada. –Qué suerte. –¿Usted cree? Sí, es una suerte. H
gentecorriente@elperiodico.com

«Yo la revolución la hago desde mi casa, por internet»
ELISENDA PONS

Mauricio

Bernal

Fatiga. ¡Si yo a veces siento que me muero! Cuando me lo explicaron, cuando finalmente me dieron un diagnóstico y me dijeron el nombre de lo que padecía, no lo podía creer. –¿Finalmente? –Tardaron seis años en explicarme lo que tenía. Por el camino me dijeron de todo, que no tenía nada, que era una vaga, que me fuera a casa y descansara. ¡Pero eso no es nada! Hay mujeres a las que les dicen que están locas, o que están mal folladas, cosas increíbles. Yo tengo formación en enfermería y toda la vida he estado metida en temas de salud y mujeres, he trabajado mucho por el derecho al aborto y en general para que se dejara de abusar de las mujeres, en todos los sentidos, y ahora, con esta enfermedad, me he tenido que volver a encontrar con mujeres que han sufrido abusos. Porque abuso es que te digan mal follada cuando tú lo que estás es extremadamente enferma.

–Siempre he estado implicada en cosas políticas. Soy hija de un exiliado español que tuvo que marchar con toda su familia a Canadá, crecí en una casa de izquierdas y básicamente no hay causa perdida en la que no haya estado: feminismo, sindicalismo... Todo. No lo hago tanto para cambiar el mundo como para que el mundo no me cambie a mí. Por eso estoy tan bien en el 15-M, porque son personas que tienen todas el mismo espíritu antiautoritario que tengo yo. Y, además, estoy convencida de que luchar contra la injusticia es bueno para la salud. Te da vida. –Su salud. Hablemos de su salud. Del síndrome de fatiga crónica. –Un nombre tonto y ridículo para una enfermedad extrema, ¿no cree?

«Estoy convencida de que luchar contra la injusticia es bueno para la salud. Te da vida»
–Me da la impresión de que es todo menos una enferma pasiva. –Sí, sí, todo. La lucha es parte de mi personalidad. Llevo años presidiendo la Liga Síndrome de Fatiga Crónica, intentando que la enfermedad entre en el sistema público. ¡Porque por la pública no te tratan! Yo me trato por la privada, y suerte que puedo. ¿Sabe qué? Entre otras cosas, yo me considero una susurradora de rebeldía: todo el tiempo estoy intentando que la gente, los enfermos, se pongan en pie de guerra. El problema es que tenemos unos políticos impresentables, que no están por la labor.

–Cuénteme qué se siente. Descríbame la enfermedad. –Es un trancazo para toda la vida. Una gripe de las peores que te dura para siempre, con fiebre, con cansancio, con mal cuerpo. Mi mejor hora es la primera hora del día, porque a partir del momento en que abro los ojos, todo empieza a ir a peor. –Me parece terrible, sin duda. Ahora me gustaría hablar un poco más de su activismo. Cuénteme cómo llegó al 15-M, por favor. –¡Uy! Pues me fui a la plaza de Catalunya. Me llamaban la señora de la sillita, porque no podía estar de pie y siempre llevaba una silla. Me presenté en la comisión de sanidad y les dije que quería ayudar, y desde entonces he hecho muchas cosas, o las que me permite la energía que tengo. –¿Como qué? –Pues por ejemplo: para el Grupo de Defensa de la Sanidad Pública or-