Los dayak

L.CAST AÑO
Este sorprendente pueblo se desarrolló y vive en la isla de Borneo, la mayor en extensión de las que componen el racimo del archipiélago de Indonesia, hoy conocidas como «malayas». La estatura de estos nativos es pequeña, la piel oscura y los cabellos espesos y rizados, en consonancia con el paisaje de zonas boscosas. El conocimiento más amplio de esta civilización nos llega desde que los españoles desembarca . ron en Filipinas en 1521. Los Dayan de Borneo pertenecen al grupo de los protoindónesinos y tienen ramificaciones de las islas Célebes, Timor, Sumatra y las Molucas. Este conglomerado de razas llegó desde las costas del Sur de Asia, se especula que desde Indochina, a comienzos de la era Cristiana. Desde la era o fecha que terminamos de citar recoge sus historia de distintas influencias del exterior, principalmente de los indúes, de los que asimilaron su religión, convirtiéndose numerosos pueblos de Borneo al Budaismo. Los nativos de esta civilización se agrupaban en aldeas en las que un clan de familias reconocían la autoridad de !,In «jefe» único, permitiendo una estrecha colaboración de todos sus individuos en las faenas agrícolas y en las obras que se realizaban en el poblado. La isla de Borneo goza de un clima caluroso y húmedo a la par y debido a esta situación crece la vegetación con una rapidez pas mosa. El suelo de la isla se encuentra surcado de arroyos; en los márgenes de estos arroyos eran construidos los poblados gene un techo de doble vertiente sostenido por soportes de madera. Llegaron a alcanzar hasta doscientos metros de longitud. Para erigir un edificio de estas dimensiones se aunaba el esfuerzo del clan entero que acarreaba gran cantidad de troncos, bambúes, ramajes y hojas. El interior lo dividían en compartimientos, destinados a la vida en común y a proporcionar cobijo a cada una de las familias.

LOS PODERES DIVINOS
ralmente hechos a base de ramaje. Los Dayak fueron especialistas en la construcción de viviendas de grandes dimensiones, que eran destinadas a albergar cada una a un clan familiar. El aspecto .de una de estas «casas largas» como las denominaban los miembros de esta civilización, era el de una galería cubierta por No se puede poner en duda que los Dayak creian en un poder sobrehumano que regía la vida de los hombres, los animales y las plantas. Esta fuerza invisible vivificadora del mundo la creian residiendo en multiples lugares y creían en una especie de alma, que a veces era destruida por otra alma superior, así como que

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el alma de cada hombre era un legado de sus antepasados; por ello, el culto a los difuntos y especialmente a los cráneos tenía una suprema 'importancia, como lo han demostrado las esculturas de arcilla halladas en diferentes excavaciones (muestra de ello es el grabado que ilustra este trabajo).,

EL CULTIVO COMO BASE DE LA ALlMENTACIÓN
. Las actividades de los pueblos dayak se centran principalmente en la agricultura. Existen infinidad .de cultivos que van en consonancia con la clase del suelo, así como con I~ climatología de las diferentes regiones. Cultivan el mijo y el arroz. En ciertos sitios donde la cultura estaba más avanzada, se cultivaban ya en el siglo XV y XVI la caña de azúcar y trabajo, que parece lo introdujeron los europeos. No menos atención prestaban a la palmera, de la que obtenían bebidas fermentadas; sin embargo, el vegetal de mayor consumo de aquella civilización fue, en. su momento, el betel, planta trepadora de hojas aguzadas que producen frutos de baya. De su cultivo y recolección se ocupaban casi siempre las mujeres, que seleccionaban cuidadosamente las hojas en cestos que hacían su junco para ser transportadas a la aldea donde eran consumidas. Estas hojas están dotadas de unos granos parecidos a los de la pimienta. Fabricaban unos recipientes de madera que llegaron a ser de un arte primoroso; estos recipientes los llenaban de cal y, en ellos, conservaban el betel.

Las noticias que han llegado hasta nosotros nos evidencian que no conocieron más cereales que el mijo. Este lo preparaban de diferentes formas; lo cocían y comían como legumbres, y lo machacaban en enormes recipientes de madera y el resultante lo mezclaban con las bayas del betel, haciendo una pasta similar a las masas'de otros cereales. Esta sorprendente civilización se dio perfecta cuenta de que los riegos duplicaban las producciones de sus cultivos y así supo aprovechar las pequeñas, pero seguras, corrientes de sus arroyos juntándolas y llevándolas a grandes distancias para regar sus campos. A su llegada los europeos se encontraron con grandes presas que con el mismo fin habían sido levantadas con grandes bloques de piedra granítica y cal. Estas construcciones permitían la elevación del agua y su transporte a grandes distancias. Conocían el hierro y de este material construían útiles para labrar la la madera y unas azadas de las que se valían para remover la tierra. No existe constancia de que utilizaran tracción animal para ayudarse en las faenas agrícolas. También trabajaban los metales preciosos. Otra faceta de su alimentación es la pesca. Los cursos de agua, los lagos y las costas proporcionaban a los Dayak alimento en abundancia. Ayudados por pequeñas embarcaciones que apenas les permiten cabida para dos personas, remadas por una vara larga. Con la ayuda de nasas hechas de junco capturaban la pesca. Otra de las actividades es la caza; antiguamente no conocían más armas para esta actividad que una especie de cuchillo y la

cerbatana. Esta era un arma muy efectiva; se componía de un tubo de casi dos metros de longitud de caña hueca y muy dura, en uno de cuyos extremos tenía una boquilla por la que soplaban para disparar pequeños dardos que daban muerte a sus presas, generalmente pájaros. Así discurría la vida sedentaria de este pueblo que a partir de la conquista española supo ir asimilando parte de las cosas, costumbres y utensilios que los españoles llevaron a aquellas lejanas tierras. Actualmente la isla de Borneo está formada por cuatro provincias de la República Indonesia y los estados de Malasia y Brunei.

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