Febrero 2012, Herlinda Contreras Maya 1 ¿CÓMO SE NORMALIZA LA PRIVATIZACIÓN DEL ESTADO DE BIENESTAR EN EL PROGRAMA REALITY HOW THE

OTHER HALF LIVES? HERLINDA CONTRERAS MAYA

En este caso se problematizará el verbo “normalizar”, puesto que tiene tres acepciones según la RAE:1 1. tr. Regularizar o poner en orden lo que no lo estaba. 2. tr. Hacer que algo se estabilice en la normalidad. Normalizar políticamente. 3. tr. Tipificar (‖ajustar a un tipo o norma). Para ello se formularán tres preguntas en las que se sustituyen las acepciones del verbo. a) ¿Cómo se pone en orden la privatización del Estado de bienestar en el programa How the Other Half Lives? Gilles Deleuze, en “The Rise of the Social”, introducción al libro de Jacques Donzelot The Policing of Families, habla de un nuevo estado de las cosas en el que se lleva a cabo una hibridación de lo que antes se hallaba en esferas diferentes —lo público y lo privado, por ejemplo—. Suponiendo que la circunstancia anterior—la separación— se considere un desorden, entonces, lo puramente público, las acciones de ayuda social que, según el modelo anterior, competerían únicamente al Estado, sufren una “mutación”, una especie de transformación y pasan también a la competencia de una institución privada; es decir, se ponen en orden. Sin embargo las acciones de ayuda social realizadas por la institución privada no son exactamente de la misma naturaleza que las acciones de ayuda social del Estado. Sufren entonces una hibridación, porque la ayuda social que brinda la institución privada no tiene el único objetivo de ayuda, sino que se mezcla en ese objetivo social el objetivo económico: un programa de televisión tiene puesta su meta en la cantidad de gente que lo ve para poder vender espacios publicitarios y de ahí obtener un beneficio económico. La traslación de la competencia de ayuda del Estado a la institución privada es la manera en que se pone en orden —híbrido— la privatización del Estado de bienestar. ¿Cómo se estabiliza en la normalidad la privatización del Estado de bienestar en el programa How the Other Half Lives? La pregunta, en este caso, es muy complicada de responder, porque implica el concepto de “normalidad”, que a su vez tiene tres sentidos: 1) Estado natural 2) Norma o regla 3) Una cosa que se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano. Lo primero que deberíamos establecer es cuál es “el estado natural” del Estado de bienestar. En este aspecto lo único que puede hacerse es especular, pues ese concepto es una invención humana y no pertenece a la naturaleza, digamos, no es una condición
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b)

Real Academia Española.

Febrero 2012, Herlinda Contreras Maya 2 espontánea. Y, al mismo tiempo, según las declaraciones de Paul Spiker en su libro An Introduction to Social Policy, el Estado de bienestar no tiene una definición única, pues varía según el país. Conjeturemos entonces que el estado natural del Estado de bienestar es la definición que Spiker da con respecto al Reino Unido: a mayor desarrollo económico, mayor bienestar social, en el que el Estado tiene la responsabilidad de proveer el medio para lograr ingresos adecuados, libertad y democracia, así como tiene la responsabilidad de proteger y dar servicios a la sociedad. Según la definición de Spiker, la privatización, en este caso, no sería la condición natural del Estado de bienestar; por lo tanto, la privatización más bien es una desestabilización de la “normalidad”. Ahora bien, si se toma como norma o regla el concepto de “hibridación” —que Deleuze describe en “The Rise of the Social”, introducción del libro de Donzelot—, podría decirse que la privatización del Estado de bienestar —según el nuevo orden propuesto por Donzelot, el que sería la nueva “normalidad”— es una obligación para cumplir con la nueva norma y, por lo tanto, la responsabilidad debe estar compartida entre el sector público (Estado) y el sector privado (el canal de televisión). El tercer sentido de la palabra “normalidad” se relaciona mucho con la tercera variante de la pregunta original. c) ¿Cómo se ajusta a una norma prefijada la privatización del Estado de beneficio en el programa How the Other Half Lives? Es importante definir las normas fijadas de antemano. ¿Las hay? Parece ser que sí. En la Enciclopædia Britannica2 se da una comprensible descripción de las reglas acerca del Estado de bienestar ofrecido por el Reino Unido. Como se sabe, el Reino Unido está conformado por Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Esta situación política no es del todo armoniosa. El Estado de bienestar divide sus responsabilidades entre el gobierno central y los gobiernos locales, y obtiene sus ingresos para la ayuda social mediante el sistema de contribuciones de los trabajadores. El Estado de bienestar en el Reino Unido consiste fundamentalmente en cuatro aspectos—se dice esto sabiendo que se podría caer en una simplificación extrema—: El servicio nacional de salud provee servicios de cuidado médico primario sin costo, sin embargo, los servicios dentales, farmacéuticos y de optometría tienen un costo para la mayoría de los individuos, exceptuando a niños menores de 16 años, personas mayores retiradas o personas de bajos ingresos. Los beneficios económicos se otorgan a todas aquellas personas que hayan contribuido con sus impuestos y estén inscritos en la lista de asegurados. Entre los beneficios está la ayuda económica en caso de enfermedad y desempleo, así como una pensión de retiro y, en algunos casos, la exención contributiva para algunos casos de individuos de muy bajos recursos. En el Reino Unido se han diseñado viviendas para un sector social de bajos ingresos. Sin embargo, las listas de espera son largas.

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Disponible en <http://www.britannica.com/EBchecked/topic/615557/United-Kingdom/44716/ Health-and-welfare>.

Febrero 2012, Herlinda Contreras Maya 3 La educación —primaria y secundaria— es gratuita y obligatoria y la responsabilidad no recae por completo en el gobierno central, sino que es obligación de los gobiernos locales. La educación superior pertenece al sector privado, aunque ha habido un avance en los últimos años mediante la Universidad Abierta, que difunde cursos por radio, televisión y otros medios masivos de comunicación. No obstante, las vacantes son limitadas y es necesario aprobar un examen de aptitudes para obtener un lugar. La somera descripción del Estado de bienestar expuesta anteriormente puede dar una idea de cuáles son las reglas fijadas de antemano. Entonces habría que determinar si el programa How the Other Half Lives toma por su cuenta alguna de estas actividades asignadas al Estado y si efectivamente puede llamarse a lo que hace “privatización del Estado de bienestar”. Según lo que conocemos del programa, a través del artículo de Sam Wollaston,3 la familia O’Dwyer solicita de la familia Mullin la ayuda económica consistente en dos mil libras esterlinas para que los O’Dwyers paguen impuestos y otras cuentas, así como para la compra de una computadora (acción que los Mullin desaprueban). El encuentro de la familias se realiza en Marbella —¿contingentemente? una de las ciudades turísticas más importantes de la Costa del Sol, al sur de España—. El encuentro da la oportunidad de que los O’Dwyer (los pobres) salgan por primera vez del país y lleguen a la villa de los Mullin (los ricos). Ante todo, hay que definir la palabra “privatización”: acción de transferir una empresa o actividad pública al sector privado. Y además habrá que relacionar dos conceptos de vital importancia “caridad” —limosna que se da a los necesitados— y “beneficencia” —virtud de hacer el bien—. La privatización implica una transferencia perenne de una actividad realizada por el sector público (el Estado) al sector privado. En el caso del programa de televisión no puede considerarse una transferencia perenne porque, si el programa es semanal, solamente 52 familias ricas ayudan a 52 familias pobres en un periodo anual. Es decir, en el censo de 2001, la población del Reino Unido era de 58’789,194 personas. Si cada familia tiene como promedio cuatro integrantes, se diría que 208 personas pobres reciben ayuda de otras 208 personas ricas. Según datos conocidos, el porcentaje de la población laboral cuyo ingreso está por debajo de la mediana del ingreso es de 12.4. En 2008 se calculó en 31 millones de personas la fuerza laboral. Realicemos un cálculo sencillo sin intenciones de precisión estadística: del total de la fuerza laboral, casi cuatro millones de personas perciben un ingreso por debajo de la mediana. Doscientas ocho personas representan 0.0054% de esas personas, es decir que lo que promueve el programa es un acto de caridad y no la privatización del Estado de bienestar. Para poder llamar “privatización” a la acción del programa de TV, tendría que convertirse en un sistema privado de ayuda social que recibiera fondos de manera constante y pudiera hacerse cargo del total de los beneficios económicos que ofrece el actual Estado de bienestar en el Reino Unido. Supóngase que cada familia rica dé una limosna de dos mil libras a cada familia, equivaldría a ciento cuatro mil libras anuales. Esta cantidad no sustituye, en ningún caso, las acciones del Estado con respecto a las acciones de ayuda social a las que se aboca. Lo que se quiere decir es que todavía no es una privatización en sí, y no se descarta la idea de que tal vez en un futuro se convierta efectivamente en una privatización, ya que el beneficio económico y de prestigio le conviene e incluso podría convertirse en un nicho de explotación para otras instituciones privadas. Además habría que tomar en cuenta que la ayuda social que el programa de TV pudiera ofrecer sería temporal, mientras se mantenga en el gusto del
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Sam Wollaston, “How the Other Half Lives”, The Guardian, 7 de agosto de 2009. Disponible en <http://www.guardian.co.uk/culture/2009/aug/07/how-other-half-lives/print>.

Febrero 2012, Herlinda Contreras Maya 4 público. El Estado supone un periodo de vida mayor que la duración de un programa de televisión, que depende del raiting para seguir al aire. Muy interesante es, además, otro aspecto que se relaciona con la noción de “normalización” descrito por Paul Spiker,4 en referencia a las personas con deficiencias mentales y el intento que ha habido por insertarlas en la vida “normal”, en un acto humanitario; ya que el hecho de excluirlas del mundo —encerrarlas en asilos— se considera una política de deshumanización. Se trasladará esta noción al ámbito sociológico y precisamente con respecto a lo que se percibe como “normalidad” en el programa de TV en cuestión. En primer término se analizarán las “casualidades” en los apellidos de las familias. Como es sabido, las relaciones políticas entre las entidades que conforman el Reino Unido no son del todo armoniosas, y mucho menos lo han sido entre el Reino Unido e Irlanda del Sur. En la idiosincrasia colonialista del Reino Unido es “normal” que la familia O’Dwyer, 5 cuyo apellido ha pertenecido a uno de los clanes importantes de Irlanda de Sur (país que históricamente se ha resistido a la colonización), pertenezca en la actualidad al sector pobre de la sociedad del Reino Unido. Por otro lado, es interesante observar que la familia Mullin6 tenga un apellido cuyo origen gaélico supone la referencia a un “tonsurado”u hombre sagrado,7 y cuyo origen inglés supone la referencia a un molinero. Dos aspectos son dignos de análisis: el primero corresponde al ámbito religioso y el otro corresponde al ámbito económico y social, pero que de ninguna manera se hallan en esferas distintas; por el contrario, se entreveran en el tejido de un muy complejo mapa social, económico y religioso que se relaciona con la noción de “normalidad”. Intentemos, en primera instancia, desmadejar estas ideas. En cuanto al ámbito religioso es de llamar la atención que la familia Mullin porte un apellido que remite a un hombre santo o sagrado, perteneciente al clero católico, del cual el anglicanismo se separó por motivos políticos, y que justamente sea la familia rica y generosa, ¿ahora convertida al anglicanismo? No lo sabemos. La familia O’Dwyer porta un apellido que perteneció a uno de los clanes importantes de Irlanda del Sur durante el Medioevo. En la actualidad vive en el Reino Unido y ha habido un enroque interesante: de pertenecer en el pasado a un clan importante ha devenido en un miembro de la clase pobre, como si fuera una especie de degradación frente a la fuerza del colonialismo, contra el que Irlanda del Sur ha luchado durante años. El molinero que en tiempos feudales fuera un siervo de su señor, se ha convertido hoy día en un miembro de la clase adinerada del Reino Unido. Los tiempos cambian, vox populi. Por lo que sabemos a través del artículo de Sam Wollaston, también titulado “How the Other Half Lives”, publicado en The Guardian en agosto de 2009, los Mullin intentan, mediante
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Paul Spiker, An Introduction to Social Policy, “Social Need”, disponible en <http://www2.rgu.ac.uk/publicpolicy/introduction/need.htm>. “This ancient Irish name is one of the Anglicized forms of the Gaelic "O Duibhuidhir", descendant of Duibhuidhir, a personal name composed of the elements ‘duibh’, dark, black, with ‘odhar’, sallow, tawny. The O' Dwyers were an important sept in County Tipperary”. (http://www.surnamedb.com/Surname/O'Dwyer#ixzz1lpLtKBsn)

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“Recorded as Mullan, Mullen and Mullin, this surname can be confusingly either English or a Scots-Irish
surname, and as a result there are several distinct origins. If English it is medieval and either a topographical for someone who lived at or by a mill, or occupational for a miller. The derivation is from the Norman word moulin, meaning a mill, and usually a water mill. The second origin is pre medieval Gaelic, and as such it may be Scottish or Irish. If Irish the development is from Maolan, an ancient byname meaning "The tonsured one", and a reference to a monk or holy man. In Scotland the origin is the same although in later form it is usually MacMullen or the son of the tonsured one!” (http://www.surnamedb.com/Surname/Mullin#ixzz1lpXnZALC) Tonsurar: adscribir a alguien a la clerecía, lo que se realizaba mediante el corte ritual de cierta porción de cabello.

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Febrero 2012, Herlinda Contreras Maya 5 un cheque de dos mil libras, insertar a los O’Dwyer en la “normalidad” económica y el Canal 4 tiene la función de dar a conocer esta inserción. No es al revés. La “normalidad” se plantea aquí desde la perspectiva de los ricos. Son los pobres quienes viajan a la villa en Marbella de los ricos, es decir, se insertan en la vida de los ricos, emulando el acto humanitario que describe Spiker con respecto a las personas con deficiencia mental: se los inserta en el mundo. Además, los O’Dwyer reconocen, según el artículo de Wollaston, en los Mullin la “normalidad”: “Mrs. O’D is relieved to find that the Mullins are common as muck, too, underneath it all”... “the people who live in council estates sound exactly the same as the people who live in the beautiful villas behind gates and any old riff-raff can have a Mercedes”. En este sentido, hay un doble enroque. La generalidad de la población humana vive con ingresos por debajo de la media, que sería considerado como lo “normal”, en términos de lo común o regular; es decir que, según los términos de la “normalidad” que se acaba de describir, “normalizar” tendría que haber sido en sentido opuesto: insertar a los Mullin en la normalidad de la población humana; sin embargo los O’Dwyer reconocen que los ricos son “normales”, “are common as muck”. El programa da el mensaje implícito de que la “normalidad” es ser rico, y que la excepción es ser pobre. Ahora bien, la expresión de Mrs. O’Dwyer, “any old riff-raff can have a Mercedes” también da el mensaje implícito de que cualquier donnadie puede tener un auto costoso y, al mismo tiempo, esta expresión indica que los molineros, en contraposición con los miembros de clanes irlandeses, son unos donnadie con dinero. La tensión entre clases sigue presente y la limosna que han dado los ricos a los pobres sirve, paradójicamente, para pagar los impuestos que darán derecho a la familia O’Dwyer a seguir recibiendo (por lo menos hasta donde alcance la limosna) los beneficios del Estado de bienestar ofrecidos por el gobierno. Los Mullin se habrán ganado el aprecio y respeto de la sociedad y el Canal 4 habrá recibido buenas utilidades de los patrocinadores y, por supuesto, el respeto y aprobación de la sociedad que se entretiene con el programa. Insisto que a esto todavía no puede llamársele “privatización” en ninguno de los sentidos anotados. Acaso sea un juego sagaz entre la caridad, el melodrama y la economía, mientras dure en el gusto del público y no baje el raiting.

Referencias bibliográficas Deleuze, Gilles. “The Rise of the Social”. Jacques Donzelot y Robert Hurley. The Policing of Families. Maryland: John Hopkins Univerity Press, 1997. Impreso. Spiker, Paul. An Introduction to Social Policy. Ddisponible en <http://www2.rgu.ac.uk/publicpolicy/introduction/need.htm>. Edición digital. Wollaston, Sam. “How the Other Half Lives”, The Guardian, “Culture”, 7 de agosto, 2009. Disponible en <http://www.guardian.co.uk/culture/2009/aug/07/hou-other-halflives/print>