“Si cualquier otro equipo gana la World Series, perfecto. Beben champán y obtienen el anillo.

Pero si lo ganamos nosotros, con nuestro presupuesto y con este equipo… Cambiaríamos el béisbol. Y eso es lo que quiero, hacer algo importante”. Billy Beane

Moneyball: Rompiendo las reglas de Columbia Pictures está basada en la historia real de Billy Beane (Brad Pitt), una prometedora estrella del béisbol que, incitado por el fracaso de no haber demostrado en el campo todo lo que se esperaba de él, enfocó toda su naturaleza competitiva hacia el área de la dirección de equipos. Al comienzo de la temporada 2002, Billy se enfrenta a una situación deprimente: su modesto equipo, los Oakland Athletics, ha perdido, una vez más, a sus mejores jugadores a manos de los clubes grandes -y sus contratos millonarios- y encima tiene que reconstruirlo con sólo un tercio del presupuesto. Decidido a ganar, Billy se enfrenta al sistema desafiando a los más grandes de este deporte. Busca opciones fuera del mundo del béisbol y topa con las teorías innovadoras de Bill James. Es entonces cuando se decide a contratar a Peter Brand (Jonah Hill), un economista de Yale, inteligente y con talento para los números. Juntos se enfrentan a las teorías establecidas para medir la actividad en el juego y las reexaminan apoyándose en el análisis estadístico por ordenador, hasta entonces despreciado por la clase dirigente del béisbol. Llegan a conclusiones que desafían la imaginación y van a por jugadores descartados por los demás por raros, mayores, lesionados o problemáticos, pero con habilidades claves poco valoradas. A medida que Billy y Peter avanzan, sus nuevos métodos y su lista de “inútiles” irritan a la vieja guardia, a los medios de comunicación, a los forofos y al propio director de campo (Philip Seymour Hoffman) que se niega a cooperar. Finalmente, el experimento no solo cambiará la forma de jugar, sino que también aportará a Billy una nueva comprensión que trasciende del juego y que lo hará avanzar en el terreno personal. Columbia Pictures presenta una producción de Scott Rudin / Michael De Luca / Rachael Horovitz, Moneyball: Rompiendo las reglas. Dirigida por Bennett Miller. Producida por Michael De Luca, Rachael Horovitz, y Brad Pitt. Guión de Steven Zaillian y Aaron Sorkin, con argumento de Stan Chervin. Basado en el libro de Michael Lewis. Los

productores ejecutivos son Scott Rudin, Andrew Karsch, Sidney Kimme y Mark Bakshi. Director de fotografía es Wally Pfister, ASC. Director de producción es Jess Gonchor. Montaje de Christopher Tellefsen, ACE. Diseño de vestuario de Kasia Walicka Maimone y música de Mychael Danna.

LA ADAPTACIÓN DE MONEYBALL: ROMPIENDO LAS REGLAS
En 2003, el ex corredor de bolsa de Salomon Brothers Michael Lewis, hasta ese momento conocido por sus superventas de libros de negocios y política como “Liar’s Poker” y “The New New Thing”, publica un libro sobre béisbol, aunque no solo trataba de ese deporte. A primera vista, contaba cómo el Oakland Athletics, un club de poca categoría, se enfrenta a un injusto sistema de equipos con poder y dinero. Pero en realidad de lo que hablaba era de la fascinante amalgama de hombres que se hallaban detrás de un cambio cultural importante, y de cómo una estrategia arriesgada, nacida de la necesidad, se transforma en una realidad, cuando un equipo de desahuciados rechazados debido a prejuicios infundados, tiene la oportunidad de demostrar su potencial.

Ahora, el libro de Lewis ha sido adaptado al cine en Moneyball: Rompiendo las reglas, con Brad Pitt como Billy Beane, el gerente general de los Athletics, que reinventa los códigos para que su equipo sea más competitivo. “Moneyball: Rompiendo las reglas es una clásica historia de desvalidos”, asegura Pitt, quien también es productor del proyecto. “Van contra el sistema. ¿Cómo harán para sobrevivir y para competir? En el caso de que consiguieran talentos, estos finalmente son fichados por los clubes más poderosos. Y entonces estos tipos deciden que si quieren ganar no pueden pelear con las mismas reglas. Debían reexaminar todo otra vez para descubrir cosas nuevas para que la competencia fuera más justa”.

A primera vista, el innovador best-seller de Lewis no se presta para una adaptación cinematográfica. El libro es un estudio de las ineficiencias y descuidos en los mercados del béisbol y expone casos de elementos subvalorados como jugadores, estrategias y tácticas, en función de diferentes teorías y estadísticas. Pero está centrado en Billy Beane y su búsqueda quijotesca y, a medida que se desarrolla la historia, su lucha por alcanzar el campeonato que lo conduce hacia algo más grande y más valioso. Los pasillos y oficinas centrales del Oakland Coliseum se convierten en un inesperado escenario de inspiración y redención.

El libro de Lewis arroja luz sobre los obstáculos del pensamiento grupal y cómo la intuición irracional y la ‘sabiduría’ convencional han dominado las instituciones a lo largo de la historia. Desafiar un sistema invariablemente provoca una lucha. La película Moneyball: Rompiendo las reglas se funda en la experiencia de un hombre que elige presentar batalla. Abriéndose camino a través de las capas de las cifras estadísticas, el filme halla la historia más profunda y personal de Billy Beane, poblada de momentos de duda y de coraje vital. “Cuando se adapta un libro a un guión cinematográfico hay dos posibilidades: o los realizadores lo respetan o cuentan una historia propia”, reflexiona Michael Lewis. “Francamente me preguntaba cómo lo harían con Moneyball: Rompiendo las reglas, ya que el libro no tiene un hilo narrativo o la secuencia dramática que es habitual en una película. Así que era realmente difícil descifrar el código y hacerlo bien, y fue una sorpresa muy agradable comprobar que Bennett y los guionistas consiguieron lo imposible. No solo me gustó la película, quedé asombrado por lo bien que refleja mi libro. Es honesta y veraz en cuanto a lo que sucedió con Billy y los Athletics, y con lo que lograron”. Es una historia muy cercana a Pitt y especialmente indicada para que la visualice de forma integral, como actor y como productor. Él ha interpretado distintos roles y personajes y suele hacer elecciones sorprendentes, pero nunca ha interpretado a un iconoclasta como Billy Beane, un hombre de familia, de mediana edad, ferozmente competitivo, movido por el deseo de ganar y, posiblemente todavía más importante, de reinventarse a sí mismo. La tenaz determinación de Pitt para encarnar este papel en la pantalla resultó un apoyo imprescindible a lo largo del desarrollo de la película. Moneyball: Rompiendo las reglas encontró una buena pareja en el director Bennett Miller, quien fuera nominado al Oscar a mejor director, algo nada habitual en un debutante, por su primera película, la aclamada Truman Capote (Capote). “Fue Bennett el que lo descifró”, reconoce Pitt. “El libro no es una historia convencional y por eso, para hacerle justicia, Bennett no quería hacer una película al uso. A todos nos apasionaba el proyecto,

pero fue el deseo de Bennett de hacer el filme de determinada manera, lo que dio como resultado la película que ahora se ve en la pantalla”.

“Brad tenía sus propios motivos para querer hacer esta historia”, explica el director Bennett Miller. “Durante el rodaje, Brad se reveló como algo más que un gran actor: un gran colaborador y productor. Visualizamos el film como la clásica historia de búsqueda de sabiduría. Creo que hay algo emocionante en la gente que abandona creencias universales, convencionales y conformistas. Es realmente emocionante cuando ello trae aparejado consecuencias personales. En la superficie él intenta ganar partidos de béisbol, pero por debajo de todo esto hay algo que está tratando de resolver. Esta es una historia atemporal”. “En muchos aspectos Billy se enfrenta a una institución a la cual muchas personas inteligentes han dedicado sus vidas”, se explaya Pitt. “En el momento en que empiezas a cuestionar esas normas, te pueden tildar de hereje o tacharte de tonto. Estos tipos tuvieron que dar un paso atrás y preguntarse: ‘Si tuviéramos que empezar hoy con este deporte, ¿es así como lo haríamos? ¿Con un sistema que ha

funcionado durante 150 años pero que a nosotros no nos sirve?’ Creo que eso se puede aplicar a cualquier proceso de cambio que vivimos actualmente”. “El filme hace que nos cuestionemos nuestra forma de valorar las cosas”, continua Pitt. “Cómo nos valoramos unos a otros, a nosotros mismos, y la manera en que ponemos la etiqueta de quién es ‘ganador’ y ‘perdedor’ según esos valores. La película pone en tela de juicio la definición del éxito. Le da un gran valor a esta victoria reposada, personal, que no genera grandes titulares ni necesita trofeos; pero que, para Beane, se convirtió en su Everest personal. Al fin y al cabo, todos tenemos la esperanza de que lo que hacemos tenga algún valor, que signifique algo, y yo creo que esa es la búsqueda que realiza el personaje”.

“No me interesan las películas deportivas típicas”, agrega Miller. “No quería una película donde al final el héroe es paseado en andas por sus compañeros en un estadio lleno de forofos delirantes, con corchos de champán volando, trofeos, fuegos artificiales y todo eso. Prefiero los triunfos serenos que no brillan tanto, pero que son más profundos y duraderos. Donde se vea la lucha interna y el cambio que se pueda generar en esa persona”.

“Bennett tiene influencia y poder como realizador para ahondar en los aspectos más profundos de esta historia”, afirma el productor Michael De Luca. “Las películas de deportes pueden ser una gran metáfora de la vida y Bennett aporta a este proceso una poderosa visión de la vida actual”. Aunque es un fanático del béisbol y le entusiasmó la idea de enfocar de forma diferente el mundo del deporte, Miller penetró en el tejido íntimo de la historia de Billy Beane. “Me gusta tener un personaje que se arriesga no solo por hacer algo por sí mismo, sino también en comprenderse a sí mismo”, explica Miller. “Billy trata de hacer algo que va más allá de ganar o perder un partido, lo sepa él o no”. Miller asegura que esta reflexión surge de los problemas a los que se enfrenta Beane y que, a la larga, todos debemos encarar: “¿Cómo comparamos el valor de las cosas, de las personas y de las distintas elecciones en la vida?” Uno de los primeros en leer el libro de Lewis fue la productora neoyorquina Rachael Horovitz, quien entendió el atractivo universal de la trayectoria de Billy Beane y vio el esbozo de una gran película. “Es un gran personaje, un extraño en ese complejo mundo, que se debate interiormente y que sufre por rehacer el sistema”, describe Horovitz. “Él se plantó y tuvo el coraje de empezar de nuevo”. Horovitz se asoció con Michael De Luca y Brad Pitt para completar el equipo de producción. “Lo que me impactó de la historia es la valentía que hay que tener para ser esa voz solitaria, original, en el lugar y momento justo para revertir el modo convencional de pensar las cosas”, asegura De Luca. Una vez que el escritor Stan Chervin encuentra la esencia de la historia: centrándola en la relación de Billy con su hija, con Peter Brand y con el equipo; estos tres hilos narrativos llegan al desenlace con el que alcanzan el clímax cuando los Athletics consiguen su vigésimo triunfo consecutivo. Es aquí cuando los guionistas Steven Zaillian y Aaron Sorkin se enfrentan a un atractivo reto. A pesar de que la película está dentro del género de deportes, desafía la estructura típica de este género que siempre culmina en el gran momento del triunfo. Por el contrario, el filme redefine el concepto mismo del éxito. Zaillian y Sorkin se centran en la fuerza motora que

impulsa a Beane a ganar, ya no por él sino por todos esos hombres que habían quedado marginados del béisbol. “Tratar de cambiar cualquier institución venerable siempre conduce a ciertos puntos: sospecha, miedo, desprecio y condena”, explica Zaillian. “Esto y el choque que provoca es el tema central de Moneyball: Rompiendo las reglas. Y es el tema central de todos los tiempos y en todos los campos: arte, ciencia, industria, política, deporte… Siempre que alguien tiene una idea nueva y actúa en consecuencia”. “No creo que Moneyball: Rompiendo las reglas sea sobre la sabermetría más que La red social (The Social Network) es sobre códigos de programación”, agrega Sorkin. “Cansado de perder y sin medios para vencer de manera tradicional, se arriesga con una estrategia muy poco convencional”. “La necesidad es una gran fuerza de motivación”, continúa Sorkin. “Billy tenía claro que si jugaba a la manera de los Yankees, perdería. Estaba obligado a cambiar el juego. El primer tipo en atravesar una pared siempre se hace daño y Billy se lleva sus buenos golpes: de los forofos, de los periodistas deportivos y de los expertos del béisbol, de su entrenador, de sus ojeadores e incluso de la historia”. Lo que Billy Beane y sus analistas pusieron en práctica no era enteramente nuevo. Aficionados, adictos a las estadísticas y genios de las matemáticas durante años han tratado de trasladar la evidencia empírica a este deporte. El concepto parte del historiador del béisbol Bill James, quien acuñó el término sabermetría para describir una nueva forma de usar el análisis estadístico para predecir el valor futuro de un jugador de béisbol. James escribió que el béisbol debe ser encarado “con el mismo rigor y disciplina intelectual que los científicos aplican rutinariamente a develar los misterios del universo”. Con su posición privilegiada, pero con su actitud rebelde y su propia misión personal en juego, Beane fue capaz de cruzar la brecha, y llevó la sociedad de la información al mundo del béisbol de forma definitiva.

“Creo que Bill James y algunos asesores con los que trabajábamos tuvimos un momento de iluminación”, comenta Beane. “Fue como resolver un problema matemático. De repente entendías cómo se llega a cuatro sumando dos más dos y comprendías que había una manera racional de determinar por qué algunos jugadores y algunos clubes tenían éxito. Recordemos que el béisbol era visto más como fuerza que como desempeño real en el campo. Se consideraba como un deporte atlético, y Bill James estableció que lo que importa es el resultado y no la forma en que se llega a él, por eso el aspecto físico de los jugadores no es importante”.

“Las ideas no eran nuevas: existían desde hacía veinte años”, se explaya Lewis. “Pero lo que sí era radical era el modo en que Billy las aplicaba, imponiendo dentro del juego ideas que existían fuera del béisbol. Rompió las barreras que separaban a los de afuera y los de dentro, que era quienes tenían el poder. Y el mundo actual refleja el daño que él infligió a esas barreras. Tuvo un efecto profundo no solo en el béisbol sino también sobre la gestión de todos los deportes”. “Michael Lewis adora las historias sobre pensadores no convencionales”, dice Miller. “Eso es lo que es Moneyball: Rompiendo las reglas: la historia de un personaje cuyo pasado y sus

circunstancias lo empujan y le exigen pensar de forma diferente. Me gusta tener un personaje que se arriesga no solo por hacer algo, sino más que nada para comprender algo acerca de sí mismo. Billy trata de hacer algo grande, no solo de ganar partidos de béisbol, incluso no se da cuenta de ello hasta que no empieza a cambiar el rumbo de las cosas. De golpe esa temporada de béisbol, que es la historia de David y Goliat, se convierte no solo en una tentativa desesperada de ganar partidos de un hombre competitivo. Es realmente un juicio, una tentativa de probar algo que, de ser verdad, explicaría en parte por qué su vida resultó tal como es, lo cual es una idea emocionante”.

SER BILLY BEANE
Brad Pitt se sintió atraído de forma inmediata por el director general de los Oakland Athletics, por su personalidad astuta y descomunal, su mezcla de obstinación e ingenio y por su relación íntima y personal con la delgada línea que separa el éxito del fracaso. El propio Beane admite que le extrañó ser interpretado por Pitt, pero que le gustó la seriedad del trabajo del actor. “Cuando supe que Brad Pitt quería interpretarme, al principio no lo creí. Trabajo en un lugar donde corren muchos rumores y, cuando todo estuvo dicho y hecho, creí que se trataba de una especie de broma”, confiesa. “Pero cuando comenzamos a interactuar quedé impresionado por lo serio, brillante e increíblemente perceptivo que es, y de la visualización que tenía de lo que quería hacer”. “Había leído el libro y realmente le gustaba”, prosigue. “Creo que es un homenaje al personaje escrito por Michael Lewis, en oposición a mí, pero sería difícil para Brad Pitt interpretar a alguien y no hacer un gran trabajo. Sin duda hay una cantidad de gestos míos que él cogió en el poco tiempo que pasamos juntos. Y es un tipo que tiene una clase que es fuera de serie, no solo con la gente con la que trabajo, sino también con mi familia”. “Ver esta historia tomar vida en la gran pantalla, es una experiencia única, surrealista”, continúa Beane. “Y a pesar de que Brad Pitt es una megaestrella, no podría haber sido más sencillo o más auténtico: un tipo normal de Missouri. Me halaga ver interpretar este personaje,

por momentos me olvido de que se supone que este papel refleja mi vida real en el béisbol. Hace que me meta en su interpretación como si yo fuera un espectador más”. Pitt explora los orígenes de Beane, que comienzan como el hijo de un oficial naval que destaca desde temprana edad en dos campos diferentes: el béisbol y el fútbol. Catalogado como un “deportista nato”, siempre se le dijo que estaba destinado a ser parte de la élite de los deportistas profesionales. Pero después de rechazar una beca en Stanford por la oportunidad de jugar con los New York Mets, falló, y luego luchó con toda su alma para revivir una carrera en la que nunca pasó de la puerta de entrada. Tras estar seis temporadas en el banquillo en distintos equipos de primera, y con la determinación de hacerlo tan bien como se le había augurado, tomó una decisión audaz. Beane colgó el guante y pasó del campo a la oficina para probarse como directivo, una decisión que resultaría visionaria. “Imagina por un momento que tienes quince años y que todos los expertos que te rodean te dicen que estás destinado a ser una superestrella de la próxima generación, y estás obligado a tomar decisiones basado en esa información y vas por ese camino para descubrir diez años después que eso no es lo tuyo. El sueño era solo un sueño y tienes que empezar de nuevo”, explica Miller. “Billy en realidad hizo una locura según nuestros estándares actuales”, afirma Pitt. “Abandonó. Creo que en cierta forma él sintió que estaba preso de lo que otras personas creían que él debía ser. Creo que se sentía atrapado. Él explica que quería hacer algo con su cabeza. Aunque estaba ‘en el espectáculo’, algo con lo que todo muchacho sueña, eso para él no funcionaba”. “Así que se embarcó en esta nueva carrera, pero entró sabiendo que había la necesidad de romper con los prejuicios en los que él también se sentía atrapado desde su temprana edad”.

Beane está de acuerdo en que el haber luchado en el campo le daba una conexión emocional con sus jugadores. “Haber tenido la misma experiencia que ellos, ayuda”, dice Beane. “Seguramente poder compartir algunos de los errores que cometí como jugador, algunas de las cosas que no ayudaron a mi carrera, me permite decir cosas como ‘no hagas lo que yo hice’”. Miller sostiene que las características de personalidad que hacen de Beane un buen director general son las que hacen de él un personaje cinematográfico irresistible. “Billy es carismático y encantador, pero por debajo hay una ambición intensa por ganar una liga”, dice Miller. “En la historia que estamos contando, en su lucha por un campeonato, él llega a reevaluar qué es lo que realmente importa en la vida, y esto va más allá del béisbol. Él quiere desafiar sus propias creencias, pensar en forma diferente. Se le presenta hacer la misma elección de cuando era niño y, habiendo vivido eso, tiene la claridad, la perspectiva y la sabiduría de decidir de manera diferente”. Pitt quedó fascinado por cómo la necesidad del éxito con sus propias reglas se convirtió en la fuente de inspiración para Beane en su reencarnación como director general de los Athletics, y cómo todo esto llegó a su punto culminante en 2002, cuando los Athletics perdieron a sus jugadores más notables y, para muchos, su última esperanza.

“Él se dio cuenta de que los Athletics no podían luchar igual que los demás”, explica. “Tenían que encontrar nuevos caminos, cuestionar todas las normas y encontrar las deficiencias en lo que se estaba haciendo. Comenzaron con una pregunta aparentemente ingenua: ‘¿Cómo sería si empezáramos hoy con este deporte desde cero; cómo haríamos?’ ‘¿Qué evaluaríamos de los jugadores?’ Ellos salieron y encontraron a estos tipos que estaban siendo mal valorados, los pusieron juntos y formaron un equipo formidable”. Sin embargo, Pitt deseaba tener una perspectiva clara de Beane como persona. “Su liderazgo podía ser defectuoso y agresivo”, señala, “pero me encanta este tipo de personalidad complicada”. Para Pitt, lo que salva a Beane es su sinceridad, y buscó capturar lo esencial de un tipo que continuamente pregunta “¿Y qué?” de una manera que deja claro que quiere saber la respuesta. El autor Michael Lewis señala que el Beane que él presenta en su libro es alguien que trabaja cada vez más y es más duro a medida que aumenta la resistencia que encuentra. “En el fondo, Billy es un competidor feroz que odia perder”, observa Lewis. “Y él sabía que si hacía las cosas tal como se habían hecho siempre perdería. Así que cualquier cosa que hiciese diferente le daría a su equipo una oportunidad sobre los demás. Y luego surgieron las preguntas: ¿Era capaz de manejar el dolor que acompaña este tipo de cambios? ¿Era capaz de lidiar con la hostilidad que genera hacer las cosas de forma no convencional? Billy no tenía miedo. Tiene rasgos neuróticos y ansiosos, pero es intrépido, y eso le ayudó”. Para prepararse para el papel, Pitt pasó mucho tiempo en las oficinas de los Athletics, observando a Beane silenciosamente y charlando con sus colegas. “Estaba muy interesado en saber cómo era Billy y sentir como era el equipo”, recuerda David Rinetti, vicepresidente de Operaciones del estadio de los Oakland Athletics, puesto que ocupa desde hace 30 años. “Hacía muchas preguntas y estaba realmente impresionado por la camaradería que reina entre la gente que trabaja para este deporte. Estaba muy interesado en cómo las personas interactuaban y todo le entusiasmaba”. Miller señala que los rasgos de Beane y Pitt no son muy diferentes. “Billy Beane no tiene miedo a los riesgos, y creo que Brad Pitt,

tampoco”, asegura el director. “Creo que le gusta embarcarse en un rodaje como este”. Una de las áreas exploradas por Pitt fue la peculiar regla de Beane de no presenciar nunca un partido de su propio equipo. Beane lo explica de esta forma: “Cuando tomas decisiones a largo plazo y en 162 partidos, si te sientas allí y miras cada cosa que sucede es como si te pusieras a mirar tu plan de pensiones minuto a minuto. Mejor lo miras una vez por trimestre. Ésa es mi razón objetiva. Mi razón emocional es que hay una lucha en mi interior: soy objetivo, pero también emotivo, y no quiero tomar decisiones basadas en mis emociones”. Pitt también encontró la personalidad de Beane a través del ‘tira y afloja’ de sus relaciones, especialmente con su asistente, el personaje de Peter Brand, que interpreta Jonah Hill, y con el director técnico de los Athletics Art Howe, interpretado por Philip Seymour Hoffman.

“Creo que Jonah hizo algo muy especial en este papel”, dice Pitt. “Lo conocemos como actor de comedias, pero sus comedias están enraizadas en el patetismo y la humanidad. Aquí él hace algo que no le hemos visto hacer antes. Es como si se hubiera estado reservando. Ha logrado una interpretación valiente, poderosa y con mucha personalidad. Ayudó a crear una hermosa relación simbiótica: Billy

necesita el cerebro de Pete y éste necesita a Billy para abrir puertas. No hubiera podido funcionar uno sin el otro”. Respecto a Hoffman en el papel de Howe, Pitt opina: “Fuimos muy afortunados al poder contar con él porque es fantástico. Pienso que la relación contenciosa entre ellos representa la forma en que las nuevas ideas entran en conflicto con las antiguas. Estos dos tipos jamás se van a poner de acuerdo: es simplemente una cuestión de quién tendrá la fuerza de ánimo necesaria para obtener lo que quiere”.

LA OFICINA Y EL FRENTE INTERNO
La puesta al día de los Oakland Athletics por Billy Beane fue un esfuerzo colectivo, que se apoyó sobre el reclutamiento de un equipo de analistas de economía que reemplazaron las corazonadas y los instintos del béisbol por una tendencia hacia la ciencia. Para capturar la esencia de los cerebros matemáticos que cambiaron el deporte en Norteamérica los guionistas crearon un personaje: Peter Brand. Interpretado por Jonah Hill, Brand es un economista de la Ivy League convertido en un extraño analista de béisbol: un tipo que en cualquier otro campo estaría situado entre los mejores y que sin embargo es el béisbol es relegado a la categoría de intruso. Es Brand quien introduce a Beane en una de las principales nociones que está detrás del concepto “moneyball”: que el valor de un jugador de béisbol no es algo que se pueda ver o sentir, sino que se encuentra oculto detrás de los números. Cuando Beane contrata a Brand quitándoselo a los Cleveland Indians con la intención de poner a su enfoque estadístico en el centro de la estrategia de los Athletics sin importarle las consecuencias, sitúa a ambos en colisión con la ortodoxia del béisbol.

“Peter Brand es un intruso”, describe Miller. “Es un chico de la Ivy League con un título en economía y una visión del juego que nadie del mundo del béisbol podría haber tenido. Billy saca a Pete de un cubículo en Cleveland y lo convierte en un arma”. Más conocido por sus personajes cómicos, Hill aprovechó la oportunidad de adentrarse en una interpretación sutil y dramática. Él enfocó el personaje como a un forastero del béisbol empujado por un amor auténtico hacia ese deporte, y como un hombre que crece con su trabajo”. “Peter Brand es la clase de tipo que sería multimillonario en Wall Street, si no fuera porque lo que le gusta es el béisbol”, observa Hill. “Debido a sus antecedentes, juzga a los jugadores de forma diferente al sistema tradicional. Solo le interesan los hechos. Se da cuenta de que no se trata de cómo un tipo lanza la pelota, cuán rápido corre o cuál es su estado físico. Se trata de con qué frecuencia llega a la base”. Sin embargo, lo que a Brand le parece perfectamente lógico choca en un principio con el resto del mundo del béisbol, que lo ve como una amenaza a una gran tradición. “Es una reacción natural”, señala Hill. “Siempre que quieres cambiar la forma en que se hacen las cosas la gente de generaciones anteriores se molestan, especialmente si les dices que lo que están haciendo no es productivo. Puedes entender que ellos piensen: ‘¿Quién es este chico con un ordenador para decirme a mí quienes deben jugar y quienes no?’” A pesar de que las personalidades de Beane y Brand no podrían ser más divergentes, Hill dice que los une una actitud en común. “Son ellos frente al mundo”, explica Hill. “Son dos tipos contra la pared que tienen las agallas de pelear por lo que creen”. El desarrollo de la interacción entre Beane y Brand se convirtió en la puerta de entrada al intrincado algoritmo entre los valores humanos y el éxito. Rachel Horovitz comenta: “Billy y Peter se complementan, pero hay también unos celos sutiles y saludables. El simple hecho de que Peter sea un tipo con estudios, que tiene toda la vida por delante y que todavía no ha cometido errores, son elementos constantes en su relación; son hechos de los que Billy es consciente e incluso habla

de ellos cuando las cosas se ponen duras. A su vez, Peter jamás jugará ni para los Mets ni para ningún otro. Y sabes que eso de cierto modo lo decepciona”. Cuando Billy y Peter se juntan para poner en práctica sus teorías de cómo formar un equipo, lo primero que encuentran es la oposición enérgica del director de campo de los Athletics, Art Howe, el hombre que tradicionalmente se encarga de la alineación y del diseño de la estrategia en el campo. Philip Seymour Hoffman, que obtuvo un Oscar® por interpretar al legendario novelista en Truman Capote (Capote) de Bennett Miller, enfocó a Howe como un hombre que está tan metido en el béisbol tradicional que es incapaz de ver más allá. Billy Beane disfrutó viendo a Hoffman encarnar el papel. “Philip tiene una gran presencia, y eso es algo que Art también tenía. Mide 1,90 unido a una tremenda condición física; había una presencia física real en él, y pensé que Hoffman también aportaba eso”.

Hoffman cuenta que era la atmósfera creativa del set la que daba naturalidad a las relaciones. “Bennett comandaba todo con mano dura”, dice. “Los ensayos con Brad, Jonah, Bennett y yo mismo,

todos en la sala profundizando estas escenas, eran muy satisfactorios. Y, al mismo tiempo, nos emocionaba desafiarnos entre nosotros”. “Phil es un viejo amigo: frecuentemente charlamos sobre lo que está haciendo cada uno”, cuenta Miller. “Por supuesto, hablamos de Moneyball: Rompiendo las reglas, pero no como algo que haríamos juntos, porque él ya tenía otro compromiso. Pero resultó que ese compromiso se cayó y me preguntó si ya tenía a quien interpretara a Art Howe. Le dije que no, y él me comentó que le gustaría hacerlo. Le contesté que era genial. Y eso fue todo. Si él quiere hacer algo, ¿por qué razón iba a decirle que no?” Robin Wright, nominada al Globo de Oro por Forrest Gump, y que pronto veremos en Millennium: Los hombres que no amaban a las Mujeres, de David Fincher, asumió el papel de Sharon, la ex-esposa de Beane, con el que se casó cuando parecía ser una de las grandes promesas del béisbol profesional. Sharon y Billy comparten la custodia de su hija Casey (Kerris Dorsey), quien observa muy de cerca la carrera de su padre.

EL CALENTAMIENTO (THE BULLPEN)
Cuando llegó el momento de elegir a los jugadores de los Oakland Athletics 2002, Bennett Miller hizo énfasis en su deseo de rodar béisbol natural, en acción. Así que buscó lo real, eligiendo básicamente beisbolistas experimentados y con cualidades actorales. Desde el comienzo los realizadores contrataron a Michael Fisher, cuyos créditos incluyen The Blind Side un sueño posible (The Blind Side) y Titanes, hicieron historia (Remember the Titans), para trabajar como coordinador de las escenas de béisbol, quien se dedicó a ensamblar, entrenar y coreografiar un equipo que pudiera recrear con autenticidad los partidos de los Athletics hasta en sus menores detalles. A diferencia del equipo de estrellas de 2001, los Athletics de 2002 eran un grupo más tosco, pero ello llevó a una especie de unión que jugó un rol vital en la cadena de triunfos que batió récords. “Sin duda había un espíritu de equipo en 2002”, observa Billy Beane. “Fue increíble la rapidez con que se amalgamaron, porque se rumoreaba que iban a quedar últimos o que jamás llegarían a los playoffs. Tipos como Scott Hatteberg y David Justice se acoplaron rápidamente y creo que estaban un poco resentidos de tener que escuchar constantemente que todas las estrellas se habían ido a los clubes grandes. Eso creó un incentivo y el espíritu de equipo que teníamos”. Los realizadores buscaron ese mismo espíritu en el reparto. “El proceso de selección fue bastante largo”, recuerda Fisher. “Se presentaron cerca de 750 tipos. Sabíamos que la mejor manera de conseguir autenticidad era conseguir a la mejor gente”. La mayoría de los que se presentaron habían jugado en ligas menores y dos de ellos –Royce Clayton (que interpreta a Miguel Tejada) y Derrin Ebert (Mike Magnante)– son ex jugadores de la Major League, con Clayton culminando su carrera con un anillo de la World Series por su participación como torpedero (parador en corto) con los Boston Red Sox. El reparto incluye a:

Chris Pratt/Scott Hatteberg, Primer Base, Nº10. Pratt, más conocido como Andy Dwyer, coprotagonista de la comedia de éxito de la NBC Parks and Recreation, interpreta al receptor lesionado que se considera como la incorporación más extraña de Billy Beane y, al final, la mejor confirmación de sus teorías. Beane no solo sorprende a Scott Hatteberg con una oferta para unirse a los Athletics, sino que lo deja aturdido con una extraña petición: jugar como primer base, una posición en la que nunca había jugado. Pratt llegó a la producción como el único jugador del equipo sin experiencia en el béisbol y entrenó intensamente, como había tenido que hacer Hatteberg. “Billy y Peter ven el potencial que nadie más ve”, dice Michael De Luca. “Chris es un actor humanamente tan maravilloso, con su aporte de dramatismo y humor, que hace que lo alientes a él y a la teoría del moneyball”.

Stephen Bishop/David Justice, Jardinero Izquierdo (leftfielder), Nº23. Bishop es actor de cine y TV (Friday Night Lights) y exjugador de liga menor en los Atlanta Braves. En esa liga hizo amistad con el hombre al que interpreta en el filme: David Justice, ex All-Star. “Justice”, comenta Bishop, “me dijo que no se imaginaba que su parte pudiera ser interpretada por otro que no fuera yo. Eso me dio mucha confianza y espero hacerle ‘justicia’”.

Casey Bond/Chad Bradford, Lanzador, Nº53. Bond fue lanzador y jardinero (outfielder) en la universidad, interpreta al lanzador relevista de los Athletics que lanza con un estilo muy personal. Bond, que fue reclutado para las ligas menores como jardinero central de los San Francisco Giants, abandonó el béisbol para ser actor, consiguió un spot publicitario nacional en Nashville y luego se mudó a Los Ángeles. Por su parecido con Chad Bradford y su habilidad para lanzar con el estilo tan personal de este jugador, obtuvo el papel.

Royce Clayton/Miguel Tejada, Torpedero (shortstop), Nº4. Clayton fue el torpedero All-Star 1997 de los St. Louis Cardinals y ganó un anillo World Series para el campeón de 2007, los Boston Red Sox. Interpreta al seis veces torpedero del All-Star Miguel Tejada, que fue el jugador más valorado de los Athletics en la histórica temporada de 2002, contra el cual Clayton jugó en repetidas ocasiones en las ligas mayores.

Nick Porrazzo/Jeremy Giambi, Primera base, Nº16. Porrazzo, que juega de torpedero en la California Winter League, interpreta al primer base Jeremy Giambi, que es el hermano menor del mucho más conocido Jason Giambi, cinco veces All-Star. Derrin Ebert/Mike Magnante, Lanzador, Nº52. Ebert jugó en ligas menores durante 12 años y fue reclutado para las mayores por los Atlanta Braves en la temporada 1999. En su primer papel como actor interpreta a Magnante, el lanzador relevista zurdo que en 2002 jugó su último año en la Major League para los Oakland Athletics antes de ser reemplazado por Ricardo Rincón.

Marvin Horn/Terrence Long, Jardinero central, (centerfielder), Nº12. Horn, ex jugador de liga menor reclutado por los Chicago White Sox en 1994, interpreta a Terrence Long, un jardinero de los Athletics durante las temporadas 2000-2003, y que jugó su último partido en las mayores para los Yankees en 2006.

Art Ortiz/Eric Chavez, Tercera base, Nº3. Ortiz, un prometedor actor que jugó al béisbol en la Universidad y pasó algún tiempo en las menores, interpreta al tercera base, que recibió seis veces el Guante de Oro Rawlings de la American League. Brent Dohling/Mark Ellis, Segunda base, Nº14. Dohling, exjugador de universidad y actualmente entrenador de béisbol en Irvine, California, interpreta a Ellis, el segunda base que debutó en la liga mayor con los Athletics en 2002. Miguel Mendoza/Ricardo Rincon, Lanzador, Nº73. Mendoza, exjugador de la Universidad Chico State de California, se pone en la piel de Rincon, que llegó a los Athletics como un canje sorpresa y pasó tres años (2002-2005) de su carrera de 10 como lanzador relevista del equipo.

Los realizadores también incorporaron a varios ojeadores profesionales para que se unieran a los actores que interpretan a los personajes veteranos y al mismo tiempo formaran el departamento de ojeadores de los Athletics, incluyendo al antiguo jugador y director Ken Medlock (que encarna al director de ojeadores Grady Fuson), al legendario ojeador Phil Pote y a su colega Artie Harris de Los Angeles Dodgers y los entrenadores y directores de béisbol George Vranau y Barry Moss. Los actores Glenn Morshower, Jack McGee, Nick Searcy, Vyto Ruginis, Bob Bishop y Chris Lee completan la lista de ojeadores. Beane apreciaba que los realizadores tuvieran como objetivo la autenticidad. “Se preocuparon mucho por contratar tipos que tuvieran experiencia en el juego y que parecieran atletas”, afirma. “Pienso que Chris Pratt que hace de Scott Hatteberg está fantástico. Me conmovió que tuviera algunos de sus mismos gestos, incluso caminaba con las piernas un poco arqueadas como Scott, e hizo un gran trabajo recreando todo su comportamiento. Cada vez que hacía algo yo decía: ‘Bueno, así es como lo hacía Scott’. Es algo muy difícil de lograr pero, yo que he sido jugador, me quedé impactado”.

HACIA LA SEDE DEL CLUB: ARTÍSTICO DE LA PELÍCULA

EL

DISEÑO

Las películas de béisbol tienen una historia casi tan larga y conocida como la del propio deporte, pero Bennett Miller quería que Moneyball: Rompiendo las reglas tuviera un estilo visual que coincidiera con su tema audaz y contemporáneo. El aspecto de la película fue diseñado para reflejar no solo la viva emoción del juego, sino también para mostrar el territorio más oscuro de la búsqueda de nuevos caminos hacia el éxito, un sendero plagado de sombras de ansiedad, conflictos, obsesiones, arrepentimientos y aspiraciones que se contraponen al lado más brillante del deporte. Para lograr eso, Miller colaboró con un equipo que incluye al director de fotografía Wally Pfister, ASC, más conocido por sus seis películas con el director Christopher Nolan, y ganador del Oscar por su trabajo en Origen (Inception); y con el director artístico Jess Gonchor, nominado al Oscar, y el director de vestuario Kasia Walicka Maimone, quienes trabajaron con Miller en Truman Capote (Capote).

Para la fotografía Miller se inclinó por un naturalismo implacable y honesto. “Bennett tiene un estilo preciso, deliberado, que más que contarte una historia hace que la observes”, apunta Michael De Luca. “Bennett trata el dilema de Billy y Peter a la manera de un forense: ensamblando las piezas del equipo para llegar a una temporada ganadora, lo mismo que Truman Capote (Capote) fue el estudio forense de un misterio y de colocar las pistas en su sitio para obtener una respuesta”. Wally Pfister buscó las claves estilísticas propias en el trabajo de Gordon Willis de la década de los 70, el director de directores de fotografía cuyo notable currículo incluye películas como El Padrino (The Godfather), El Padrino Parte II (The Godfather Part II), El último testigo (The Parallax View) y Todos los hombres del presidente (All the President’s Men). Las sombras, la aspereza y las diferentes capas de las imágenes de Willis, que parecen expresar sutilmente en su tejido la opaca búsqueda moderna del sentido, se convirtieron en una inspiración constante para de los realizadores.

“Gordon Willis es mi director de fotografía favorito de todos los tiempos, así que es gracioso que muchas de las películas que Bennett tomó como referencia fueran rodadas por él”, señala Pfister.

Pfister y Miller también investigaron en otros trabajos de esa época y se fijaron especialmente en Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over The Cuckoo’s Nest), de Milos Forman, fotografiada por Haskell Wexler. “Esas valientes películas de los 70 no solo tenían el estilo fotográfico que nos interesaba, sino también el diseño y el ritmo”, dice Pfister. “El origen de Wally está en el documental”, explica Miller. “Comenzó grabando noticias: ese era el mundo de su padre. Es genial trabajando con entornos y luz natural. Filosóficamente, prefiere meterse y unirse a una situación antes que reinventarla. Le dio a la película una flexibilidad que nos permitió, cuando fue necesario, trabajar con un enfoque de no ficción”. Con la iluminación eclipsada y de gran contraste de esa época, Pfister iluminó varias de las localizaciones claves de la película –la sede de los Athletics, las oficinas y el garaje donde Billy y Peter tienen la primera conversación seria – con una dura luz fluorescente. “Esto parecía funcionar no solo para la fotografía, sino también para la historia”, dice Pfister. Pfister también trajo una sensibilidad distintiva, sutilmente expresionista, a la acción del béisbol. “Si miras uno de esos estadios durante un partido nocturno, generalmente todas las luces están encendidas para crear una luz homogénea para las cámaras de TV, los fans y los telespectadores en sus casas. Yo quería que hubiera un poco más de clima, así que apagué la mitad de las luces del estadio”, explica el fotógrafo. “Eso creó una luz más perimetral. Tras pensarlo mucho, traté de encontrar una fórmula para que fuera un poco más oscura pero todavía dentro de la realidad de cómo se ve el béisbol nocturno. Me gusta usar la oscuridad como una herramienta para el drama y para crear atmósfera”. Desde el principio se tomó la decisión de rodar en 35mm. “Sentí que esta película debía ser rodada en celuloide y no en vídeo, porque el celuloide tiene el alma y la profundidad para contar esta historia de la manera que Bennett quiere relatarla”, resume Pfister. Para el director artístico Jess Gonchor, que recientemente obtuvo una nominación al Oscar por su diseño de Arkansas en el siglo XIX para Valor de ley (True Grit) de los hermanos Coen, el trabajo creativo fue

similar: encontrar las líneas donde convergen autenticidad y drama. “Esta es una historia verídica, sucedió realmente, es histórica”, comenta Gonchor. “Así que mantener la integridad de quiénes son los Athletics, cuánto ganan y cuáles son sus condiciones materiales eran piezas clave del diseño. Pero también existen formas para darle a todo eso un estilo, una dimensión dramática”. El director está de acuerdo. “Es difícil apreciar la tarea artística de Jess”, explica Miller. “Este no es un filme de ficción, donde él tendría toda la libertad para inventar. En lugar de eso tuvo que ejecutar una especie de poema haiku, que diera veracidad a la historia y credibilidad a su mundo pero, al mismo tiempo, comunicara el tono y la atmósfera que da la historia. Es una tarea ingrata, pero crucial: te crees la película o no”. Para conseguir la parte de la autenticidad de la ecuación Gonchor recurrió a las fuentes. “Tener a la Major League Baseball y a los Athletics a bordo era algo grande”, dice Gonchor, observando la gran cantidad de metraje y fotos puestas a su disposición. “Pudimos pasar mucho tiempo en el Coliseum, en el campo, en los vestuarios, en el gimnasio, en la oficina de Art. Se abrieron a nosotros”. Comprometida a ofrecer a los espectadores una representación realista del deporte como jamás antes habían visto, la Major League Baseball trabajó en estrecha colaboración con Gonchor y el departamento de arte para asegurar la autenticidad de todo, desde representaciones exactas de las sedes de los clubes y campos de juego hasta el uso de los guantes correctos para batear.

Lo más importante para el equipo de diseño fue la construcción de la sede de los Athletics, cuyo interior Gonchor y su departamento de arte construyeron desde cero en un estudio, porque el original había sufrido muchas modificaciones en los diez años transcurridos. Su trabajo sacó a la superficie el sentimiento claustrofóbico, “de submarino”, de la estructura. “Pasas desde la amplitud del campo de juego a este mundo subterráneo de hormigón”, describe Gonchor. “Esta sensación se reproducía por todo el estudio”. Beane quedó desconcertado por la recreación de sus antiguos objetos. “Era asombroso. Inundaron los segundos planos con toda clase de pequeños detalles, como la foto de Joe Strummer de The Clash que se ve en mi oficina. Te parece que están haciendo una visita de 15 minutos, pero en realidad anotan hasta los más mínimos detalles. No somos un grupo muy formal, solemos improvisar sobre la marcha, y ellos hicieron un gran trabajo capturando el ambiente que existía y que aún existe aquí”. Gonchor y la decoradora escénica Nancy Haigh enfocaron de forma inusual el vestuario, que es el sanctasanctórum de los jugadores. Más que crear un escenario estático dejaron que el vestuario evolucionara de manera que se fuera gastando en las seis semanas de trabajo. Animaban al elenco a usar y abusar de él, tal como lo harían los jugadores en la realidad, sudando en el gimnasio, pasando tiempo juntos, incluso moviendo los objetos de un sitio a otro como quisieran. “La idea era que después de pasados varios días o semanas el sitio cobrara vida”, explica Gonchor. El interior de las oficinas fueron imbuidas con las distintas personalidades. “Todos los escenarios reflejan lo que son los personajes como personas” comenta Gonchor. “Billy está siempre moviéndose de un lado al otro, así que su oficina está siempre desordenada y patas arriba. Peter es informático, tiene todo meticulosamente limpio y pulcro. Y Art Howe es como un general de campo, el capitán del barco, así que su oficina es más rígida y esquemática”. En las entrañas de la sede del club está uno de los escenarios favoritos de Gonchor: la oficina de los ojeadores (scouting room). Un bloque sobrante de hormigón parecido a una mazmorra adornado con unos tableros blancos con listas de todos los jugadores posibles de

ser reclutados y que servía como “oficina de guerra” para Beane y Brand. “Es una sensación como de espionaje industrial”, anota Gonchor. “Es casi como una sala de interrogación. Creo que pone de manifiesto el pequeño presupuesto con que cuenta este equipo y la necesidad imperiosa de un cambio en la forma de hacer las cosas. Así que a este viejo búnker llega este chico con sus ordenadores y hay que reflejar la mezcla de esos dos estilos tan diferentes”. Una similar mezcla de estilos se hace evidente en un primer plano gracias al trabajo de Kasia Walicka Maimone, que previamente había diseñado el vestuario Truman Capote (Capote), y en muchos de los vídeos musicales y trabajos publicitarios de Miller. Para los uniformes de los Athletics ella reclutó al veterano diseñador deportivo Edward T. Hanley, quien trabajó en colaboración con Robin Jaffe, de la Major League Baseball, para asegurarse que cada actor vistiera el uniforme auténtico y exacto del jugador que interpretaba. Hanley, que con anterioridad había trabajado en el negocio de los uniformes deportivos, y cuyos créditos incluyen Un entrenador de primera (Little Big League), Un domingo cualquiera (Any Given Sunday), Rudy. Reto a la gloria (Rudy) y Jerry Maguire, supervisó todos los uniformes de la película, desde los desconocidos equipos de las ligas menores hasta los New York Yankees y Kansas City Royals. “Ed tiene una muy buena relación con la Major League Baseball”, asegura Maimone. “Conoce muy bien las normas de la Major League Baseball que se reflejan muchísimo en la película”. Pero para los personajes principales Maimone tenía una gama de colores más amplia. Para Billy Beane, ella quería crear: “Una imagen icónica de un héroe que rompe con las reglas preestablecidas”. Maimone dice que se inspiró no solo en el Billy Beane real, sino también en una extensa investigación sobre los estilos creados por figuras destacadas a lo largo del siglo XX: desde legendarios directores generales del béisbol hasta innovadores científicos como Albert Einstein. “Hay una cierta imagen de la gente que funciona como iconos en la sociedad, y teníamos que empapar con ella a nuestro personaje”, subraya Maimone. “Disponíamos de una gran cantidad de información disponible sobre el Billy Beane real, pero no creo que nadie estuviera interesado en un retrato exacto. Lo que la realidad nos dio fue un punto de partida”.

La imagen de Beane que ella tiene es la de un valiente provocador cultural. “Sentí que Billy tuvo que vivir en el mundo del deporte con una personalidad muy fuerte. El objetivo era crear la imagen de un hombre que adquiere el poder de un icono casi sin esforzarse”, explica Maimone. Como contraste a Beane tenemos a Peter Brand. Con él, Maimone se concentró en una imagen conservadora que se deriva de su trasfondo de la Ivy League. “Para Peter buscamos ropa que usan los estudiantes de Yale y de las otras Ivy Leagues”, prosigue la diseñadora. “Al contrario de Billy, que está influenciado por el mundo del béisbol, la imagen de Peter es muy pija, muy de Brooks Brothers”. “Peter está básicamente pertrechado por la ropa que viste. Por esa razón siempre está compuesto y bien vestido. Pero, cada tanto se percibe que quiere ser como Billy Beane, seguro de sí mismo, natural, informal y a veces casi peligroso. Sus diferencias, y la combinación de ellas, es lo que resulta tan poderoso”, se explaya Maimone. “El desafío de Kasia en esta película era, de muchas maneras, similar al de Jess Gonchor en el diseño artístico. A partir de la gama limitada que presenta la gente real de esta historia, tuvo que crear vestimentas que fueran creíbles, pero también encontrar un diseño que diera por resultado algo mejor que la suma de sus partes: usar los elementos para comunicar algo que está más allá de lo que se piensa, pero que produce un estado de ánimo”, concluye Miller.

EN EL CAMPO
Moneyball: Rompiendo las reglas se rodó en cinco estadios diferentes, incluyendo Dodger Stadium y Fenway Park, así como Blair Field en Universidad de Estatal de California Long Beach y Stengel Field en Glendale Community College. Pero la obra maestra fue el rodaje en el Oakland-Alameda County Coliseum, la casa tanto del Oakland Athletics como del club de fútbol Oakland Raiders. El estadio de 60.000 asientos fue usado para rodar la mayoría de las escenas de

los partidos de la temporada 2002 de los Athletics, incluyendo su histórica racha de 20 partidos. Según el fotógrafo Wally Pfister: “El Oakland Coliseum es realmente un personaje en la película, un alma antigua o un viejo barco de guerra, que ha albergado muchos de estos partidos y es una pieza central en nuestra historia. Sientes un gran respeto cuando caminas sobre el campo, sobre las huellas de Reggie Jackson y Catfish Hunter. Es como caminar sobre terreno sagrado”. Para los Athletics veteranos fue emocionante viajar hacia atrás en el tiempo. Dice Billy Beane: “Viendo la película, me vi de nuevo en la racha y también las muchedumbres en el Coliseum. Siempre he pensado que tenemos aquí una gente increíblemente creativa, que se remonta a los 70, con sus vestimentas y los símbolos que se ponen, así que fue fantástico ver todo eso recreado en la forma en que lo hicieron en la película”.

David Rinetti, que estaba allí en la temporada 2002 recuerda: increíble ver a estos tipos caminando por el campo. Se hizo un trabajo de selección de actores, porque cuando pasaban junto yo decía este es David Justice, este Scott Hatteberg, aquel Barry

“Fue gran a mí Zito.

Parecía que fueran verdaderamente los tipos de entonces pasando por el campo”. El autor Michael Lewis también se conmovió al visitar el plató del Coliseum. “Todo es ahora un poco diferente, de modo que volver a ver todo eso cobrar vida, con todos los jugadores del 2002, fue algo un poco sobrecogedor”, confiesa. “Mi primera visita al plató fue cuando estaban rodando el homerun de Scott Hatteberg. Fue de lejos el momento más electrizante de mi trabajo con el libro y verlo así recreado fue genial”. Incluso la música era la misma, ya que el virtuoso de la guitarra eléctrica Joe Satriani vino para tocar la misma versión del himno nacional que tocó para los Athletics el día de la inauguración de la temporada 2002, usando la misma guitarra original Ibanez, modelo chrome prototype, que tocó en el 2002. Respondiendo a un anuncio local en busca de extras, más de 1.000 residentes de la Bay Area se presentaban diariamente para representar a los forofos de los Athletics y proporcionando una realimentación de alta energía cuando actuaban como verdaderos fans durante las recreaciones del partido, así como para interpretar a las mujeres de los jugadores y a los vendedores ambulantes del estadio. A los actores y al resto del equipo, en esta y otras ocasiones, se les unía personal de la Major League Baseball que actuaban como asesores escénicos, escrutando los pequeños detalles para guardar precisión histórica. Todo esto resultó en un impacto impresionante entre todos los participantes, metiéndolos a todos de cabeza en la historia. “Fue una experiencia casi espiritual salir al campo con el uniforme completo, el césped perfectamente cortado en este estadio clásico, sientes todo el trabajo que se ha realizado, desde los tipos en la oficina central hasta los limpiadores. Es una sensación increíble”, resume Chris Pratt. Para Billy Beane, esta sensación continúa siendo una parte integral de su experiencia diaria, porque él sigue como director general y accionista minoritario de los Oakland Athletics, aunque rodeado

siempre por interminables controversias y debates. Sin embargo, dice el director Bennett Miller, Moneyball: Rompiendo las reglas es una película para cualquier tipo de forofo del deporte. “Es un film que respeta y valora lo que es el juego. La película hace honor a la ciencia y al misterio de algo que nunca será descifrado por completo”, asegura. “Nunca habrá una fórmula que haga que este juego sea completamente comprensible. Siempre habrá un componente humano, inexplicable y misterioso en este juego”. “La razón por la cual hay tanta emoción unida a este juego es porque está realmente asociado con los lazos más elementales que tienes cuando niño. Tiene una raíz profunda en la cultura, especialmente porque ha habido oportunidades para los ‘no’ favoritos”, concuerda Michael Lewis. La fortuna de los Athletics ha experimentado altibajos en la última década, y las tensiones entre el pasado y el futuro continúan y, sin embargo, no hay duda de que diariamente la influencia de lo que sucedió en el 2002 se siente en los campos de juego de todo Estados Unidos y en la revolución “moneyball” que tiene a la gente en todas las áreas de la vida preguntándose: “¿Cuánto valgo?”