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Los tres protagonistas

Los tres protagonistas

Aunque fuera de manera muy sintética -y, por lo tanto, esquemática- conviene analizar la realidad de los que definimos como los tres protagonistas de los procesos comunitarios que hoy necesitamos. Protagonistas que coinciden, como es natural, con los del sistema democrático en el que vivimos y que queremos de alguna manera mejorar o hacer más acorde a las necesidades sociales de la población y de la sociedad en general.

No cabe duda de que el Estado español y su organizaci6n autonómica ha representado y representa un gran avance en el sentido de la desconcentración y descentralización del poder y, potencialmente, también en el sentido de favorecer y potenciar la participación de la ciudadanía. En realidad, estas potencialidades quedan muy lastradas por una serie de inconvenientes u obstáculos que a lo largo de este documento iremos vendo

La articulación fundamental de todos los órganos de las diferentes administraciones, desde el gobierno central a los ayuntamientos, sigue siendo sectorial y vertical. Falta transversalidad (véase a este propósito el enorme trabajo del Ayuntamiento de San Boi de Llobregat) y, por lo tanto, existen numerosas y grandes dificultades para afrontar las necesidades con la necesaria visión global. A esta falta de transversalidad, se suma la falta de integración entre competencias y funciones de las diferentes administraciones. Cosa que se patologiza cuando estas diferentes administraciones son gobernadas por diferentes partidos, siendo el protagonismo de éstos mucho más importante que la necesidad de dar respuestas más adecuadas a los problemas existentes. De ambas cosas anteriores de derivan luego enormes dificultades a la hora de realizar acciones integradas y coordinadas entre los múltiples y diferentes recursos técnicos que tienen directa relación con la ciudadanía y sus demandas en los territorios o comunidades locales. De aquí la importancia estratégica del trabajo dirigido a la promoción de órganos de coordinación que realizan los procesos y planes comunitarios, ya que, sin ella, es prácticamente imposible dar respuestas adecuadas y globales a las nuevas necesidades sociales ni, tampoco, poder implicar correctamente a la ciudadanía en acciones participativas que tengan posibilidad de articulación y de continuidad.

Otra gran limitación se ubica en la Ley de Régimen local por lo menos por dos motivos básicos:

1) por concentrar todos los poderes en el alcalde o alcaldesa y

Marco Marchioni

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2) por impedir cualquier cesión de poderes decisionales a órganos de participación ciudadana que sólo pueden tener poderes de información y de consulta. Estos poderes de consulta podrían constituir una importante forma de participación de la ciudadanía si fueran establecidos en la ley como “obligatorios”, por lo menos para los temas de importancia vital para la vida municipal como son: el Plan General de Ordenación del Territorio y los presupuestos anuales. Para comprender la importancia de estos dos temas, baste con recordar lo que pasa en cientos de municipios, no sólo en Marbella, con el urbanismo. Con estas limitaciones de la misma ley los actuales reglamentos de participación tienen un carácter puramente simbólico y, en general, duermen el sueño de los justos. Por último los reglamentos actuales sólo limitan la participación a las asociaciones de vecinos, como si estuviéramos aún en los años ochenta...

Por lo que se refiere a la realidad de los recursos técnicos que actúan en el territorio y atienden a las demandas sociales de la población podemos enviar el lector al tema de la coordinación (elemento clave para cualquier proceso de desarrollo local) y aquí sólo referirnos a: jamás ha habido tantos y tan cualificados recursos técnicos que realizan sus actividades en el territorio a directo contacto de la población, pero nunca ha habido tanta fragmentación y tanta

descoordinación como las que se dan hoy, bien por la crisis del Estado Social y su caída en el asistencialismo, bien por la dependencia de los recursos de muchas y diferentes administraciones publicas -que no se coordinan entre sí- o de muchas y diferentes entidades privadas, tanto empresas como ONG o similares. Todo ello hace sí que en las comunidades locales existan cientos de proyectos particulares cada vez más especificas y brillen por su ausencia procesos de desarrollo a largo plazo basados en la colaboración y coordinación.

La situación del tercer protagonista también resulta compleja, con cambios muy profundos en su seno respecto a no hace muchos años y en general bastante negativa respecto a las probabilidades de contribuir a auténticos procesos participativos de la población. Esta nueva realidad puede ser así sintetizada: • el movimiento vecinal que durante los años de la transición y de la primera democracia jugó un importante papel de representación de los intereses y necesidades generales de la población ... lo menos que se puede decir es que hoy no está en condición de jugar este papel sino en caso puntuales y en temas muy concretos (como la reivindicación de la extensión del metro, por ejemplo). Así como en los años ochenta el movimiento vecinal era capaz de realizar diagnósticos certeros de las exigencias generales y comunes, hoy parece no estar en condiciones de realizar diagnósticos certeros de una realidad compleja influida por cambios rápidos y brutales cuyas consecuencias son a su vez muy complejas y contra las que es muy difícil encontrar respuestas acertadas sin la ayuda de la ciencia y el concurso de muchas más

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aportaciones. Uno de los elementos negativo en esta situaci6n es el objetivo envejecimiento de la dirigencia del movimiento vecinal y su constatada incapacidad de renovarse. • Paralelamente ala obsolescencia del movimiento vecinal se ha registrado el nacimiento espontáneo e intenso de muchas asociaciones particulares con finalidades, todas legítimas, también particulares. Todas ellas carentes de la voluntad de representar intereses generales. Este asociacionismo esté caracterizado por su poca durabilidad, por nacer y morir, aparecer y desaparecer... (Los registros municipales -que permiten la concesión de subvenciones- son escasamente fiables. La nueva ley de asociaciones ha contribuido a complicar el panorama asociativo con sus requisitos administrativos, fiscales y burocráticos. Por ultimo la aparición de ONG varias hace sí que el panorama local del asociacionismo se parezca a un mundo muy cambiante y complejo en el cual es muy difícil individualizar representación auténtica de la ciudadanía y de los temas y situaciones generales que afectan, directa o indirectamente, al conjunto de la comunidad y a su futuro.

La experiencia de los planes comunitarios nos ha hecho ver la vías para el desarrollo local en este tema que pueden ser así sintetizadas: − − − contribuir al reforzamiento de toda asociación existentes contribuir al nacimiento de nuevas asociaciones contribuir a aunar las diferentes asociaciones en proyectos comunes facilitando la colaboración y el intercambio − abrir los ámbitos de participación a personas que quieren participar aunque sea a titulo individual. En esta introducción no podemos no hacer referencia sintética a los rápidos y profundos cambios que se han producido en la realidad española junto a otros que se han producido en todo el mundo y que damos por conocidos. En particular en España creo que hay que tener en cuenta, por su repercusión en la vida de la población y, en particular, en los que podemos definir como sectores “débiles” los siguientes elementos:

En primer lugar el cambio en el tema del trabajo. Si hace veinte años el gran problema era el paro, es decir la falta o la escasez de trabajo, ya hace varios años que el tema es la precariedad del mismo. La economía y el PIB crecen a un ritmo importante pero el trabajo sigue siendo, para muchísimas personas, precario. La precariedad significa fundamentalmente inseguridad y no sólo en el ámbito laboral. También significa dependencia de algo o de alguien

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que no se puede controlar. Este fenómeno de la precariedad se une al de trabajo autónomo y al declive de los sindicatos generales en su capacidad de mantener objetivos e intereses comunes a la gran mayoría de los trabajadores.

El otro gran cambio cuyas consecuencias están todavía por ser analizadas y comprendidas se refiere a la inmigración. España es el país europeo que ha vivido un crecimiento rapidísimo e intensísimo de inmigrantes en el periodo de tiempo más corto. De hecho hoy el 10 por ciento de la población es inmigrada. Sólo conviene aquí recordar que la inmigraci6n no se distribuye de manera equilibrada en todo el territorio y que esta gran cantidad de personas se alojan y viven en las comunidades locales que podemos definir como precarias y la inmigración tiende naturalmente a aumentar esta precariedad. Estas son las zonas donde más fácilmente pueden darse fenómenos de racismo y xenofobia. En estas zonas los servicios públicos básicos -como educación, salud y servicios sociales- se estén viendo desbordados y, en algunos casos, ya casi exclusivamente atienden a población inmigrada y/o marginal.

Todo esto se da dentro de un progresivo y rápido envejecimiento de la población autóctona (y extranjera residente en los municipios turísticos) con un aumento insostenible de la carga asistencial que ello acarrea en ausencia de una política preventiva destinada a este sector de población. La coincidencia de este fenómeno -absolutamente previsible, pero no previsto- con la existencia de un parque de viviendas construidas en la época de la inmigración autóctona y carente de condiciones de habitabilidad, crea en muchas zonas periféricas de las ciudades una nueva demanda social de difícil atención.

Por ultimo, pero no menos importante, son los cambios que se han producido y se seguirán produciendo en las familias y en el papel y función de las mujeres.

Todos estos cambios y sus consecuencias sociales están hoy a la orden del día de los gobiernos central, autonómicos y locales, pero se puede afirmar que no se están afrontando con la necesaria visión de globalidad, complejidad e interdependencia que se requerirían. Más bien se están atendiendo desde lo sectorial, lo particular y lo especifico. Y esto no hará más que aumentar la ya existente sectorialización y fragmentación de las políticas sociales que no tenemos duda de definir como asistenciales. El resultado político y social de todo ello es la dicotomización social, es decir, el hecho de asumir que la sociedad se divide y se seguirá dividiendo en sectores “fuertes” -que pueden actuar con relativa o total capacidad- en la sociedad de las nuevas tecnologías y de la información y que por lo tanto serón sectores “autónomos”; y sectores “débiles”, es decir, dependientes. Y esto

Marco Marchioni

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significaría

la

derrota

histórica

de

muchísimos

años

de

lucha

del

movimiento

obrero

fundamentalmente, pero no sólo, para conseguir la conquista social de que las diferencias de clase no impidieran a todo el mundo de participar en paridad de condiciones y gozar realmente de todos los derechos.

Marco Marchioni (2006)

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