Políticas urbanas autoritarias: testimonios y

prácticas de memoria colectiva acerca del pasado
reciente en conjuntos urbanos de vivienda social
en la ciudad de Buenos Aires
Cristina Inés BETTANIN
Universidad de Buenos Aires
(Instituto de Investigaciones Gino Germani)
titibetta@gmail.com
Recibiao. 13 febrero 2010
Aceptaao. 16 abril 2010
RESUMEN
En el presente trabajo nos centramos en las modalidades de apropiarse del espacio urbano que tienen los
residentes de barrios segregados ubicados al sur de la Ciudad de Buenos Aires, como estrategias para re-
cordar individual y colectivamente las políticas autoritarias que se implementaron en el contexto de la
última dictadura militar (1976-1983). Abordamos el tema mediante el análisis de testimonios indivi-
duales de los habitantes de complejos urbanos construidos por el Estado y adjudicados en el período des-
crito. También reconstruimos el proyecto «Baldosas por la memoria», iniciativa que se vuelven de inte-
rés para nuestro estudio ya que impone en el espacio público un discurso que re-significa lo sucedido en
el pasado reciente, a la vez que vincula al mismo con las categorías de vecino y de barrio.
Palabras clave: terrorismo de Estado, memoria colectiva, segregación urbana, políticas habitacionales.
Authoritarian urban policies: the testimonies and practices
of collective memory about the recent past in Urban Social Housing
at Buenos Aires City
ABSTRACT
In this paper we focus on the methods of appropriating the urban space of residents of segregated
neighborhoods located south of Buenos Aires as strategies to remember, both individually and collectively,
the authoritarian policies implemented in the context of the last military dictatorship (1976-1983). We
approach the topic through an analysis of individual testimonies of the inhabitants of urban complexes built
by the state and awarded in the period described. Also, we reconstruct the enterprise «Tiles by memory». This
initiative is most relevant to our study, for it brings into the public agenda a discourse that re-signifies the
events of the recent past in the, while it also links this discourse with the categories of neighbor ana
neighborhooa.
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Vol. 23 (2010): 103-123
ISSN: 0214-0314
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Key words: state terrorism, collective memory, urban segregation, housing policies.
SUMARIO: 1. Introducción. 2. Metodología. 3. Dictadura Militar y disputa por el derecho a la
ciudad, origen de la experiencia a reconstruir. 4. Acerca de la Memoria Colectiva. 5. Avances de in-
vestigación. 6. Consideraciones finales. 7. Bibliografía.
1. INTRODUCCIÓN
Visualizamos la ciudad como «proyección de la sociedad en el terreno, es de-
cir, no solamente como espacio sensible, sino como el plano específico concebido
por el pensamiento» (Lefevbre, H., 1969). La ciudad de Buenos Aires
1
fue escena-
rio de diversos procesos de urbanización gestionados por actores públicos y priva-
dos y en relación con las condiciones y patrones de cada momento histórico.
Hacia fines de los años ‘60 se produce el debilitamiento de las economías re-
gionales en Argentina y comienzan con más intensidad las migraciones internas
hacia los grandes centros urbanos, entre ellos Buenos Aires, que se volvieron re-
ceptores de miles de familias.
Ante el marcado crecimiento del déficit habitacional en la ciudad se ponen
en marcha los planes masivos de vivienda —PEJE y el Plan Alboraaa a través
de los cuales se consolida la tipología de los granaes confuntos habitacionales,
como producto de reemplazo de los asentamientos informales, conocidos tam-
bién como villa miseria. Estas ideas se estaban aplicando en países centrales, co-
mo también en importantes ciudades de Brasil, y se correspondían con el para-
digma moderno de arquitectura.
Las viviendas construidas bajo esta tipología eran financiadas por fondos pú-
blicos, con muy bajo o nulo recupero. El Estado se hacía cargo de la decisión y
planificación de forma centralizada, siendo las grandes empresas quienes cons-
truían, adjudicándose las obras por licitación pública (Fernández Wagner, R:
2004). Como resultado, se pudieron dar soluciones habitacionales a gran escala,
pero sin contar con la participación de los futuros habitantes, quienes no siem-
pre contaban con la tradición cultural de habitar en propiedad horizontal
2
, ni co-
nocían los nuevos derechos y obligaciones que lo mismo suponía.
A lo largo de esas décadas se fueron conformando los llamados «barrios de
la CMV», que se constituyeron en la ciudad como el símbolo de la intervención
1
Actualmente la ciudad de Buenos Aires es el principal centro urbano de la República argentina.
Abarca una superficie de 200 km
2
y su población actual es de 3.000.000 de habitantes.
2
El régimen de propiedad horizontal (PH) surge con la promulgación de la Ley 13.512 en el año
1949, implicó principalmente la posibilidad de que un inmueble sea propiedad de más de una persona, a
través de su subdivisión. Creó la figura de co-propietario y la del consorcio o condominio, respondiendo
a un ascenso social por parte de los sectores populares. Sin embargo esto se masificó en las grandes ciu-
dades. La vivienda tradicional continuó siendo lo más extendido en las ciudades pequeñas y pueblos de
las provincias; lugares originarios de la población migrante. Actualmente en la ciudad de Buenos Aires
un total de 46.643 viviendas construidas por el Estado municipal se encuentra bajo este régimen legal.
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estatal en vivienda. Presentan rasgos comunes: ubicación en el sur de la ciudad
(zona con menor renta ambiental), deterioro edilicio prematuro, relaciones veci-
nales conflictivas, inseguridad jurídica violencia urbana. No obstante, no son uni-
formes: desde su densidad, el tipo de población, la estructura edilicia, la com-
plejidad legal, la antigüedad, hasta la capacidad organizativa de sus vecinos y, en
consecuencia, la capacidad de articulación con el gobierno local. Cada uno tie-
ne una historia particular, que lo diferencia del resto, construida en procesos so-
ciales donde las relaciones entre los actores —Estado, sociedad civil y sector pri-
vado— adquieren diferentes características (Gentilini et al., 2005).
El concepto de vivienda que guía este trabajo contiene dichas relaciones, ya
que va más allá de lo asociado con la satisfacción de las condiciones materiales.
Nos referimos al concepto de habitar que «nos permite centrar la atención sobre
los fenómenos sociales que se desarrollan dentro del marco que establece cada
sociedad entre su población y las viviendas que habita» y por lo tanto debe ser
«construido históricamente, lo que implica enlazarlo con los cambios y trans-
formaciones de las estructuras sociales que determinan sus contenidos» (Cortés
Alcalá, 1995).
Dentro de los conjuntos urbanos ubicados en la ciudad seleccionamos para la
observación empírica el Conjunto Urbano Soldati, llamado por sus habitantes «el
complejo». Se ubica en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires y presenta ín-
dices de pobreza y marginalidad significativos. Con 3.200 unidades habitacio-
nales (que albergan a más de 15.000 personas) distribuidas entre torres altas y
cuatro sectores de bloques bajos de tres pisos, Soldati condensa graves proble-
mas de deterioro edilicio, ambiental, y de relaciones vecinales conflictivas
3
. Se
observan altos índices de violencia urbana, que poco a poco fueron construyen-
do al lugar como una «zona roja», símbolo de estigma para sus residentes (Giro-
la, 2005).
Es en el marco previo de la dictadura (1974-1975) y durante la misma (1976-
1983) cuando se comienzan a adjudicar las unidades funcionales del Conjunto
Soldati. Las políticas habitacionales en ese contexto se caracterizaron por con-
solidar el patrón de segregación urbana mediante el desplazamiento de los sec-
tores populares del centro de la ciudad y de la ciudad misma. Por ejemplo, las
primeras viviendas del complejo se adjudican a familias que eran habitantes de
villas de emergencia, que estaban siendo erradicadas mediante dispositivos de
intervención caracterizados por el uso de la fuerza y el terror.
Nos interesa reconstruir las consecuencias del accionar autoritario en la ex-
periencia de desplazamiento y, de esa forma, poder establecer posibles relacio-
nes con las modalidades de apropiación de los espacios barriales que construyen,
desde el presente, aquellos sujetos que la transitaron. En esta oportunidad, com-
3
El deterioro llegó a tal punto que en el año 2000 se sancionó la Ley 623/831 que declaró al Con-
junto Soldati en emergencia edilicia y ambiental. La ley estipula la obligatoriedad del gobierno local de
realizar mejoras en edificios, escaleras, ascensores, instalaciones de gas, de agua, de electricidad. Tam-
bién la ley estipula la obligatoriedad por parte de los vecinos de regularizar sus consorcios, para lo que
se previó una asistencia técnica y social.
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partiremos avances de nuestra investigación
4
centrados en dos dimensiones de
los procesos de apropiación del espacio barrial: las representaciones en torno al
pasado en las memorias individuales y las prácticas de memoria colectiva en el
presente. Así nos preguntamos: ¿Qué expectativas tenían los vecinos respecto a
su nueva vivienda? ¿Cómo se recuerda el momento del traslado?, ¿Cómo se vi-
vió en los primeros años del barrio? ¿Cómo se representa hoy ese período colec-
tivamente?¿Con qué valores se asocia el acceso a la vivienda propia? Aborda-
mos, así, la relación con el Estado (en tanto sujetos destinatarios de políticas
sociales), las relaciones con sus vecinos y con el lugar. Es decir, desde el presente
las formas de ir apropiándose de ese nuevo hábitat en el contexto dictatorial.
2. METODOLOGÍA
Nuestro problema de investigación se inscribe en el nivel micro de las conse-
cuencias de las políticas de vivienda en Argentina. Reconstruimos la perspectiva
de los sujetos acerca de los procesos sociales que los constituyen y los atraviesan
en sus formas de habitar un espacio urbano específico. Las metodologías cualita-
tivas nos permiten acceder a esos imaginarios y representaciones que forman par-
te del llamado «mundo de la vida» de los sujetos (Vasilachis de Gialdino, 1992).
Realizamos, a lo largo de cinco años, entrevistas individuales en profundidad,
entrevistas semi-estructuradas y observación participante de espacios de inter-
acción vecinal en el Conjunto Soldati. A su vez, decidimos insertarnos en un pro-
ceso cercano a la investigación-acción para conocer en profundidad la principal
iniciativa de memoria colectiva en la zona: la Comisión de Barrios por la Me-
moria, Verdad y Justicia de Villa Lugano, Soldati, y Celina.
Consideramos que nuestra participación en escenarios reales nos permitió ir
conformando un corpus rico en tipos de discursos y de prácticas que construyen la
apropiación del espacio barrial del Conjunto Soldati por parte de sus residentes.
3. DICTADURA MILITAR Y DISPUTA POR EL DERECHO
A LA CIUDAD, ORIGEN DE LA EXPERIENCIA A RECONSTRUIR
Situamos a la dictadura militar comprendida entre 1976-1983 en Argentina
como un proceso específico, dentro del orden capitalista, en que el Estado asu-
4
Durante el período comprendido entre los años 2001 y 2006 nos insertamos en el Instituto de Vi-
vienda de la Ciudad de Buenos Aires, organismo público. Trabajamos profesionalmente en la problemá-
tica de organización comunitaria-consorcial en los conjuntos habitacionales construidos por el Estado.
Esta experiencia de trabajo social, junto con otras disciplinas, marcó el origen de la construcción del pro-
blema de investigación de la tesis doctoral en curso. La misma, además de facilitar el conocimiento de
las diferentes realidades barriales de estos conjuntos urbanos, nos permitió enfocar la mirada hacia un
aspecto que consideramos incide en las modalidades de habitar los diferentes barrios por parte de los ve-
cinos: la apropiación subjetiva del espacio.
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mió su tipo autoritario. Eduardo Luis Duhalde (1983) denominó a este proceso
«terrorismo de Estado» y describió lo sucedido con las instituciones bajo el con-
trol absoluto del gobierno, el aparato coercitivo, y la desarticulación de la socie-
dad política y civil
5
.
El aspecto más significativo fue una dimensión de la acción del Estado dic-
tatorial, que se corresponde con su fase clanaestina, necesaria para el logro de
los objetivos que alcanzaran un reordenamiento de las relaciones sociales. Las
acciones clandestinas implicaron diferentes delitos de lesa humanidad. En cifras,
se puede estimar 30.000 personas desaparecidas
6
, 10.000 presos políticos, 500
niños apropiados a quienes se le sustituyó su verdadera identidad, miles de exi-
liados y el funcionamiento de 500 centros de detención y/o exterminio clandes-
tinos, distribuidos en diferentes ciudades del territorio nacional. Se instauró así
un régimen basado en la fuerza y el terror que generó, entre otras consecuencias,
un disciplinamiento social sin precedentes.
En el caso que abordamos, entendemos que el incumplimiento de las garan-
tías constitucionales atravesó los modos de ejecutar las políticas habitacionales
del período, configurando un «estilo de decisión autoritario e inflexible» (Os-
zlak, 1991). En la ciudad de Buenos Aires, la política estuvo orientada a produ-
cir el desplazamiento de los sectores populares del centro de la ciudad y de la ciu-
dad misma, apelando a diversas metodologías que se sustentaron en la impunidad.
Son conocidas las declaraciones en 1980 del titular de la Comisión Municipal de
la Vivienda (organismo municipal responsable del área vivienda en ese momen-
to), Guillermo del Cioppo: «Vivir en Buenos Aires no es para cualquiera, sino
para el que la merezca... debemos tener una ciudad mejor para la mejor gente».
En consecuencia, los espacios centrales de la ciudad ya no eran para el conjunto
social, sino sólo para aquellos ciudadanos que cumplieran con ciertos requisitos,
ligados al posicionamiento social y económico. En sus términos, había llegado
el momento de limpiar la ciudad, de volverla a una normalidad, que negaba los
procesos migratorios internos y el reconocimiento de los derechos a una clase
marginada por las sucesivas políticas económicas.
Los primeros residentes del Conjunto Soldati fueron parte del conjunto de su-
jetos destinatarios de estas políticas, en tanto que se vieron afectados por los de-
5
Siguiendo el trabajo de Eduardo Luis Duhalde, vemos que, en referencia al control absoluto del
gobierno y su aparato coercitivo, se destituyeron las autoridades y cuerpos representativos. Y respecto a
la desarticulación de la sociedad política y civil vemos: la disolución y suspensión de los partidos, ins-
tituciones y organizaciones políticas. La suspensión de la Confederación General del Trabajo, interven-
ción en los sindicatos y control absoluto de las universidades, control y manipulación de los medios de
comunicación orales, visuales y escritos, ataque a estamentos profesionales de relevancia social, aboga-
dos, periodistas, psicólogos, la iglesia popular, educadores, escritores, y otros» Duhalde, E L: El Esta-
ao terrorista argentino, 1983, p. 56.
6
La figura del desaparecido se instala por primera vez en el país, implicó el secuestro ilegal de la
persona, su reclutamiento en centros clandestinos de detención, el presunto asesinato y luego el oculta-
miento del destino del cuerpo. Se impidió, de esa forma, la elaboración de duelo a los familiares. La ci-
fra de 30.000 se calcula a partir de las 8.000 denuncias registradas, más la estimación de que hubieron
muchos casos más que no se denunciaron.
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salojos forzados por construcción de autopistas y por el plan de erradicación de
villas de emergencia.
El Plan ae expropiacion por construccion ae autopistasconsistió en la cons-
trucción de autopistas urbanas que atravesaban la ciudad en múltiples direccio-
nes e implicaba una masiva expropiación de los inmuebles que se hallaban a lo
largo de las zonas comprendidas en la traza programada. La metodología del des-
alojo forzado de una vivienda de propiedad presenta sus particularidades.
Por otro lado, la politica ae erraaicacion ae villas ae emergencia (PEJE), im-
plicó la eliminación de las villas mediante el traslado compulsivo de los habitan-
tes y la quema de las viviendas, casillas precarias que iban quedando vacías. Pudo
ejecutarse casi en su totalidad, constituyendo un logro significativo para el proce-
so militar. De ese modo, hacia el fin del período dictatorial, se erradicó a 200.000
personas de las villas que existían en la ciudad. Los destinos de los ex-villeros fue-
ron diversos: algunos volvieron a su provincia de origen, la mayoría fue llevado a
las afueras de la ciudad, lo que se conoce como Gran Buenos Aires (e inmediata-
mente poblaron nuevos asentamientos) y otros fueron beneficiarios de planes de
vivienda en zonas ubicadas en el sur de la ciudad. Las mismas se caracterizaban (y
aún hoy mantienen ciertos patrones) por su distancia el centro, la falta de infraes-
tructura urbana, la existencia de basurales y los altos niveles de contaminación.
Diversos estudios sociales y antropológicos ponen al desnudo las conse-
cuencias sociales de estas políticas de desplazamiento, así como de relocaliza-
ción. Se identifica la pérdida del espacio urbano (Oszlak, 1991), y el deterioro
económico, de salud, de redes sociales que generan los procesos de relocaliza-
ción. Se define a los mismos como un «drama social» (Hermite y Boivin, 1985).
Nosotros identificamos que ese proceso de segregación urbana, además de con-
solidar la distribución espacial desigual en la ciudad de Buenos Aires, implicó la
desigualdad en el acceso a recursos simbólicos que permitiesen imponer en el es-
pacio público versiones que denunciaran, por ejemplo, los niveles represivos que
caracterizaron los traslados. Esta dimensión, es decir, su carácter de historia sub-
terránea es el que se impone en nuestro trabajo sobre las prácticas de memoria co-
lectiva y las posibilidades del testimonio por parte de los vecinos del barrio.
Consideramos que profundizar en este plano implica realizar una aportación
a los trabajos que abordan los procesos que tienen relacionados con la pos-adju-
dicación y sus negativas consecuencias sociales, que reconocen un nuevo actor
social: «los con techo» (Sugranyes y Rodríguez, 2006). En todo caso, estamos
hablando de que el acceso a la vivienda digna implica procesos más complejos
que la simple adquisición de una unidad habitacional.
4. ACERCA DE LA MEMORIA COLECTIVA
Los principales aportes teóricos en torno al testigo y su voluntad de transmitir
una experiencia podemos encontrarlos en el campo de la memoria colectiva en las
ciencias sociales, que surge con el trabajo clásico de Halbwachs, en el año 1929:
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«La memoria colectiva». El autor se desprende de las perspectivas filosófica y psi-
cológica que venían desarrollando el tema. Revela que la memoria es una cons-
trucción social, a partir de la noción de marco o cuadro: la memoria se encuentra
enmarcada por las categorías de espacio y tiempo. Ambas son categorías sociales
y condiciones para poder recordar, ya que esto sólo es posible si se recupera la po-
sición de los acontecimientos pasados dentro de estos marcos. Las emociones y
afectos son indispensables para la producción del recuerdo (Halbwachs, 1929).
De esta forma, lo social se presenta como condición para el acto de recordar,
a la vez que se reconocen, como parte de lo social, los lazos afectivos. A partir
de este quiebre, continúan los estudios sobre memoria colectiva en países de Eu-
ropa y Estados Unidos. Los mismos se centrarán en las consecuencias del Holo-
causto, episodio histórico que se vuelve tropos universal, y toman fuerza a par-
tir de una serie de trigésimos y cuadragésimos aniversarios de la segunda guerra
mundial (Huyssen, 2005).
Michael Pollak enriquece esta perspectiva al problematizar la relación entre
memoria e identidad social. La memoria contribuye a conformar los elementos
de continuidad y coherencia de una persona o grupo, en su reconstrucción de sí;
es entonces la memoria un «elemento constituyente del sentimiento de identi-
dad». La construcción de identidad se presenta mas allá del individuo, en tanto
representa la imagen de sí, para sí y para los otros. Esto implica criterios de acep-
tabilidad, admisibilidad y credibilidad; los que se efectúan mediante negocia-
ciones. Así, memoria e identidad no deben ser considerados como esencia de una
persona o grupo, sino como valores disputados en conflictos sociales e inter-gru-
pales (Pollak, 2005).
Este autor también define a la situacion limite, como aquella experiencia don-
de se quiebra el orden del mundo habitual, para la cual los sujetos no fueron pre-
parados, socializados y, por lo tanto, instan a la producción de acciones alterna-
tivas o novedosas. Nos explica que «toda experiencia extrema es reveladora de
los constituyentes y de las condiciones de la experiencia normal, donde el ca-
rácter familiar hace frecuentemente de pantalla al análisis».Y en este sentido, su
abordaje permite profundizar en las dimensiones de la construcción de identida-
des, memorias.
Nosotros consideramos que la experiencia de erradicación puede tomarse co-
mo una situación límite, dado el nivel de violencia descrito en su implementa-
ción, así como lo inesperado del conjunto de acciones, de carácter estatal, que la
caracterizó. Por lo mismo es que nos detenemos en sus marcas y su relación con
el testimonio individual, ya que el mismo, puesto en acción para la reconstruc-
ción de una experiencia extrema, presenta sus particularidades y condiciones. Ha-
cia las mismas iremos en el análisis de los testimonios individuales.
Por otro lado, los estudios sobre memoria colectiva en América Latina surgen
para comprender los procesos post-dictatoriales en el Cono Sur. Elizabeth Jelin
(1998) enriquece el concepto de memoria colectiva, y nos habla de memorias
compartiaas. Las define «como superpuestas, producto de interacciones múlti-
ples, encuadradas en marcos sociales y relaciones de poder. Lo colectivo en las
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memorias es el entretejido de tradiciones y memorias individuales, en diálogo
con otros, en estado de flujos constante, con alguna organización social, (...) y
con alguna estructura, dada por códigos culturales compartidos».La autora nos
explica, que en el proceso de construcción de estas memorias, algunas voces son
más potentes que otras, debido al acceso diferenciado a recursos y escenarios.
Identifica con el concepto de emprenaeaores ae memoria a aquellos actores com-
prometidos con instalar un sentido del pasado en el escenario público. Estos tó-
picos nos permiten comprender las iniciativas de memoria colectiva en Soldati y
sus vinculaciones con los procesos de segregación urbana.
5. AVANCES DE INVESTIGACIÓN
5.1. TESTIMONIOS
«No, no. Creo que naaie sabe como nos traferon al barrio. Nunca se hablo ae
eso. ¡Si los camiones tapaban toao' Naaie poaia ver.»
7
Los relatos de los vecinos a partir de la instancia de entrevista individual se
diferencian respecto a otros encuentros y espacios de interacción. Es cuando se
les aclara que, como investigadores sociales, deseamos conocer acerca de la his-
toria del barrio, de cómo recuerdan ellos los años previos al habitar en el barrio,
que acceden al ejercicio de recordar, y de hacer públicos esos recuerdos. En prin-
cipio se extrañan, preguntan «¿De los años de la villa? Fue hace tanto tiempo...
no sé si me voy a acordar algo que pueda ser importante...».
En general refieren que es la primera vez que alguien les solicita su palabra,
que no hablaron del tema a no ser con su familia durante muchos años, que cre-
en que la sociedad no sabe acerca de lo que fue la política de erradicación, de có-
mo llegaron al complejo urbano. Algunos recuerdan que en la televisión habían
mostrado la inauguración del conjunto urbano, y otros que una vez un periodis-
ta se acercó para armar la historia... luego de eso, los vecinos no indican ningún
soporte desde el cuál se pueda conocer su historia.
Analizando los relatos vemos que los mismos se estructuran diferenciando tres
temporalidades: los años vividos en la villa, (previos a mudarse al barrio), los pri-
meros años en el Conjunto Urbano, donde el acontecimiento del golpe militar mar-
ca un antes y un después y, por último, el presente. A lo acontecido en cada tem-
poralidad se le atribuyen valores que van a estar en relación tanto con la posibilidad
de reconstruir experiencias pasadas, como por sus vinculaciones con el presente.
5.1.1. El recuerao ae la Jilla y los primeros traslaaos
Para un grupo de vecinos, que se caracteriza por haber participado activa-
mente en diferentes instancias comunales, vemos que los años transcurridos en
la villa suelen recordarse de manera positiva. Pese a las deficientes condiciones
7
Entrevista nº 2-2009
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habitacionales, como por ejemplo no contar con gas, luz eléctrica, ni agua pota-
ble se asocian esos años a la idea de fuertes lazos solidarios entre vecinos. Lazos
que sustentaban la satisfacción de necesidades básicas de los habitantes, y que
enmarcados en un período de intensa movilización social, permitían encausar di-
versas reivindicaciones, entre las cuales se halla el acceso a una vivienda propia
y digna. El siguiente relato de una vecina nos permite ver la manera de signifi-
car el recuerdo de la villa:
No te aigo que vivia bien, pero tenia los recueraos linaos. De que
eramos uniaos, ae que necesitabamos algo y entre toaos lo haciamos.
Por efemplo, nosotros cuanao las casillas que se quemaban... no era
como ahora, que cuanao hay incenaios en las villas les lle ga ayuaa
ae toaos laaos. En esa epoca no. Ibamos casa por casa, nos aaban un
poco ae arro:, un poco ae fiaeos, papa. Se preparaba la comiaa para
toaos. Entonces te poaes aar cuenta, no se recibia ae otros, no.
A partir de relatos como este vemos que el acceso a una vivienda propia se
complejiza en sus significados. Es decir, lo que en un principio, y especial des-
de una mirada externa, se puede entender como positivo, se empaña cuando el re-
cuerdo de otro espacio barrial, la villa, se impone. Respecto al momento de la ad-
judicación, del traslado al barrio, los recuerdos marcan sentidos encontrados. Por
un lado, era el tiempo de festejar el acceso a la vivienda. Por el otro, había lle-
gado el momento de dejar la villa. También los vecinos recuerdan la modalidad
que usó el ejército para trasladarlos.
Fue el primer camion militar que nos trafo. Yo llore tanto.
Pero ae golpe el :arpa:o, aparecen los camiones, vos tenes que ir-
te, ¡que irte' Entonces, sabiamos que estabamos aafuaicaaos, pero no
sabiamos que ibamos a salir asi, tan repentino, ¿viste? Y cuanao ve-
iamos la f ila ae camiones militares, era el apuron. (sube el tono de
voz) Traer lo que poaiamos, porque no poaiamos tampoco traer toao
lo que teniamos. Ahora me acuerao que si, mi papa tiro el tele visor
porque, mi pobre viefo, nos toco una camion chiquito que veniamos
solo aos familias. Y mi papa venia tratanao ae agarrar las cositas. Y
aun asi los camiones iban y venian a 80 por hora. Se le cayo un tele-
visor (baja el tono de voz) que teniamos, el unico... asi que no, no, no.
Nos traferon asi. No muy bien, aignamente, como uno se merece. Nos
traferon en los camiones militares.
Otra vecina confirma una similar valoración respecto al momento del traslado:
Fue humillante, fue triste. Porque es aistinto que te aigan, como
ahora. «bueno, mira, te vamos a aar una vivienaa, va a ser mefor»
Pero no, alla fue ae la noche a la mañana, tenes que irte. El que no se
va, bueno, (silencio) «Ya que querian vivienaas, bueno, ahora se van
a tener que ir» Y nos sacaban asi. En camiones militares llegamos aca,
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y yo encabe:aba. Por eso te aigo, fui la primera en llegar. No conocia
el aepartamento que me iba a tocar , naaa. Porque toaavia estaban en
construccion. Toao ae aqui, ael frente estaba en construccion. Toao
alla tambien (señala con las manos distintas direcciones). Ese es el
recuerao que tenemos.
5.1.2. Golpe ae Estaao
Marzo de 1976 marca un punto de inflexión en los relatos: es el momento de
el deterioro de los lazos solidarios y afectivos para algunos, y el comienzo de la
vida en el complejo urbano para otros, en especial los que fueron trasladados a
partir del golpe de estado. A su vez, los vecinos identifican el comienzo de los
años duros, el aumento de los niveles represivos.
Despues, ya cuanao venimos aca a vivir toao cambio. Toao cam-
bio (baja el tono de voz).Ya hubo el golpe ae estaao (silencio). Se lle-
varon a muchos amigos que no estaban metiaos en la politica. Eran
vecinos que trabafaban para el barrio. Pero ellos estaban tan con-
funaiaos, se llevaron gente que no tenia naaa que ver.
El impacto del método de desaparición de personas aparece recurrentemente en
las entrevistas cuando se habla de los años de dictadura. Los vecinos recuerdan di-
ferentes secuencias de secuestros en la vía pública, en el barrio. Vecinos a los que
no volvieron a ver más: «se lo llevaron», «no volvió nunca más», son las expre-
siones que usan para describir esa nueva metodología. Algunos inclusive identifi-
can una consecuencia inmediata: la paralización de la actividad comunitaria.
Despues tenia una amiga que vivia aca, en la esquina. El esposo
ae ella si aesaparecio (silencio). Desaparecio y me acuerao que ella
iba siempre a la ronaa, te estoy hablanao cuanao recien empe:aban
las Maares ae Pla:a ae Mayo, ella se habia incorporaao al grupo.
Iban a la marcha toaos los fueves. Y asi, se vivia con mucho temor,
con mucha angustia. Uno tenia que cuiaarse ae que no le pase naaa,
ae no equivocarse. Ese recuerao tengo.
Yo me habia queaaao petrificaaa en el horror. Porque ahi recien
fuimos recapacitanao a aonae estabamos. Mas antes, qui:as, ¿viste
que vos te introaucias, poquito, en una lucha por una cosa, por otra?
No te aabas cuenta. Pero aespues, como tomo conciencia, y tengo mi
familia y toao... Y cuanao pasa esto con ella (se refiere a una vecina
que fue detenida ilegalmente y no se sabía su paradero) mas tome con-
ciencia y aife. ¡uy', ¿aonae estuve? Entonces ahi empece a mir ar a
mis hifos. Y me alefe total. Me alefe totalmente. Toaavia ahi seguia-
mos hacienao cosas. Toaavia ahi tratabamos con los chicos ael ba-
rrio, sacabamos chicos ae aca. Los llevabamos a algun laao, a los
campamentos, pero trabafabamos. Despues ae ahi... naaa.
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Así, los residentes identifican las primeras consecuencias de la implantación
del terrorismo de Estado en su espacio barrial. Vemos que el miedo actuó como
facilitador del silenciamiento entre vecinos. Hablar era peligroso, por lo tanto las
modalidades en las relaciones vecinales se vieron afectadas por este nuevo pa-
trón. El siguiente relato ilustra lo dicho:
Y ahi ya no, ¿viste? A partir ae ahi nos entro el temor. Nos entro
el temor. Nos entro el temor, entonces aefamos ya ae relacionarnos,
la gente misma, la gente que no habia participaao tenia mieao ae ha-
blarte a vos que habias participaao, ¿entenaes?
5.1.3. La organi:acion consorcial
Con el fin de encontrar relaciones con ese espacio urbano que es el com-
plejo-trama, preguntamos sobre la modalidad de organización comunitaria, ex-
presada en este caso en la organización consorcial: instancia comunitaria y es-
pacio intermedio entre el espacio público y privado. A diferencia de los primeros
años en el complejo, donde el recuerdo de los vecinos se centra en rescatar que
se pudieron organizar y cuidar sus espacios comunes, a partir del golpe de es-
tado se produce un cambio. La prohibición de reunión entre personas propia del
estado de sitio
,
impactaba en la necesidad de asamblea consorcial, imposibili-
tando que los vecinos cumpliera con la normativa vigente para organizarse en
consorcios.
Las reuniones eran para funtar plata, porque al vecino se le
llueve, aquello, bueno, toaas esas cosas ael consorcio. Eran reu-
niones ae consorcio. Como se cobraba una expensas. Pero aespues
nunca mas. De ahi se fue yenao toao esto a la miseria... ha bia mie-
ao, habia mieao. Naaie se poaia reunir. Ya le aigo, en una esquina
no poaian estar tres... porque lo llevaban y se lo volteaban por ahi.
Si ellos lo agarraban y los llevaban su vuelta era meaio aificil (si-
lencio).
En este sentido, un vecino recuerda el momento preciso en el cual tuvo de des-
armarse una reunión, ya que los militares estaban llegando al departamento con
orden de reprimir.
Si, si. Ya te aigo, estaba lleno. Habian hecho la ultima reunion
cuanao estaban los militares. Te cuento. Ahi (señala el patio inter-
no del sector) se llenaba, toao ahi se llenaba. No se como se ente-
raron, pero fifese que cuanao se termino la reunion, ocho y meaia,
nueve ae la noche, venian cuerpo a tierra, por aca, por alla. ¿Sabe
lo que iba a ser eso si los agarraban ahi? Yo nunca me pueao olvi-
aar lo que iba a ser eso si lle gaban cuanao estaba toaa la gente
ahi...
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Luego, frente a la pregunta acerca de cómo hacían en ese nuevo contexto que
describía para organizar los gastos comunes, el pago de la luz, la limpieza de las
escaleras, el mismo vecino responde:
¿Con los militares? Como a manefarse inaiviaual. Comen:amos
a manefarnos inaiviaual. O tambien se hacian r euniones aaentro, o
en la escalera. Aca habia una señora que nos reuniamos en la casa ae
ella y aisponiamos lo que ibamos a hacer . Era toao como, como en se-
creto, porque a la vista no se poaia hacer naaa.
Consideramos esta reflexión significativa ya que en el presente predominan
este tipo de relaciones, «de puertas para adentro», como suelen decir los vecinos.
Es común que no haya diálogo entre ellos, que no se reúnan para afrontar los gas-
tos de mantenimiento de los edificios, la administración de los espacios comu-
nes y, de esa forma, se acreciente el deterioro edilicio y barrial. En consecuen-
cia, el «manejarse individual» (como bien lo expresa el entrevistado) es un patrón
de relación vecinal que se vislumbra en el presente, lo interesante es descubrir el
momento de su inicio, su momento fundante.
5.1.4. Marcos sociales para el testimonio
Indagamos la opinión de los vecinos respecto a la dimensión pública de la ex-
periencia que atravesaron. Nos interesaba conocer de qué manera los entrevista-
dos representaban la escasa difusión sobre el tema, así como cuáles fueron las
instancias que ellos como protagonistas de esa historia tuvieron para poder trans-
mitirla.
Los relatos coinciden en que no es una historia que se conozca socialmente.
La trasmisión de la experiencia personal se realizó principalmente en el ámbito
privado (en especial a sus hijos), constituyendo más un relato familiar que un tes-
timonio de carácter público.
No, no. No se hablo. No se hablo porque si te aigo (bafa el tono ae
vo:) eso fue lo mas triste que nos paso porque nosotros veiamos que
nos teniamos que ir porque para los que queaaron venian las topa-
aoras
8
. ¡Las topaaoras, eh' Lo vimos nosotros, como los levantaban
y lo aestruian todo. Y se los llevaron. Y ae ese moao muchos volvie-
ron a la provincia ae aonae eran, otros se fueron a su pais. Y asi, eso
fue lo mas triste (sube el tono de voz) Porque no es como ahora que
te aicen, bueno, no. Toao fue contra la voluntaa tuya. ¡Tenes que irte
y punto' Nos pusieron en los camiones militares nuestras cosas y an-
aate. Asi que, ae ese moao. (baja el tono de voz) Fue muy triste, fue
una cosa muy triste, muy humillante. Muy humillante.
8
La topadoras eran las máquinas utilizadas por el ejército para demoler las casillas en la villas. Era
la última faz del método de erradicación.
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Es interesante como esta vecina se ve a sí misma como testigo. La expresión
«lo vimos nosotros» no deja dudas respecto a su condición de superviviente. Lue-
go, los adjetivos que califican la experiencia desde triste a humillante nos hablan
de la dificultad para poder transmitir lo sucedido, de marcas en la subjetividad.
En otro fragmento de la entrevista puede verse la relación con el contexto
dictatorial, expresado en la censura en los medios de comunicación, la imposi-
bilidad de contar con canales abiertos para transmitir y difundir los maltratos
sufridos.
Me parece que muy poco. Muy pocos conocen la historia esta.
De la villa ae entonces... muy poca. Fuimos sacaaos como anima-
les. Pero la socieaaa no creo que se entero ae naaa, porque nos me-
tieron en los camiones y ¡chau' Qui:as ahora, vos ahora si pasa al-
go en una villa te aas cuenta, porque la prensa te lo muestra. Esta
mucho mas aivulgaao. Pero a nosotros. ¿quien se enteraba que nos
habian sacaao asi? Naaie. Porque la prensa ese año estaba restrin-
giaa, creo.
Y asi, los aemas que queaaron, bueno, algunos llegaron a tener el
aepartamento, otros no, pero igual les golpearon las casillas. Ese fue
el recuerao mas triste, pero eso casi no se habla en la television, no
sale en ningun laao.
En el mismo sentido que lo anterior, otra vecina reflexiona acerca de las con-
diciones de impunidad que existieron para implementar la política con ese nivel
de violencia y autoritarismo:
Lo unico que yo vi, en un aocumental que mostr aron cuanao sa-
caron ae la villa, cargaron las cosas. Pero aespues naaa. Yo por eso
protestaba, yo aecia. Si hubiera estaao vivo Mugica
9
ni a palos nos
hacia sacar asi. O nos hacia sacar ae otr a forma, hubieran siao otras
las conaiciones, si, si, si.
Las condiciones a las que se refiere la vecina tuvieron múltiples aristas. La
violencia que caracterizó la implementación de las políticas habitacionales fue
patrón en diversos aspectos sociales. En relación con tornar públicos los recuer-
dos de la experiencia que analizamos, los vecinos identifican claramente las li-
mitaciones de las marcas del miedo, en especial del miedo a poder hablar. Ilus-
tramos esta idea con un fragmento de entrevista grupal:
1. No, no. ¡A naaie le hablabamos' Eramos cautelosos.
2. Cautelosos, si. ¡Y ni hablar ae que vos eras ae esa iaeologia'
9
Se refiere a Carlos Mugica, sacerdote perteneciente al movimiento de curas tercermundistas y muy
comprometido con la causa de los villeros. Lo asesinado en 1974 grupos paramilitares.
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1. Claro, estuaiabamos. Nosotros estuaiabamos a la persona.
que era, aonae trabafaba, como era, como se movia para poaer ha-
blarle. Y aun asi, no le hablabamos.
E. ¿Y cuanao sienten que puaieron empe:ar a hablar un poco
mas ae la historia?
2. Bueno ya, creo que volvimos a sentir aespues ae ahi, cr eo que
en el año 90 empe:amos a hablarlo. Empe:amos a hablar cuanao vi-
no una perioaista, que quiso sacar la historia ael barrio.
Por último, es significativo como, en este caso, ese miedo tan característico
en los modos de relacionarse con otros se quiebra por primera vez luego de 17
años de democracia en el país, cuando se acerca una periodista. Que les fuera so-
licitada su palabra activó el recuerdo y la voluntad de transmisión.
5.2. PRÁCTICAS DE MEMORIA COLECTIVA: «BALDOSAS
POR LA MEMORIA»
A la vez de abordar los marcos sociales que habilitaron, o no, el testimonio
individual, identificamos las estrategias de memoria colectiva en el territorio ur-
bano donde se ubica el Conjunto Soldati.
5.2.1. Surgimiento ae la Iniciativa «Balaosas por la memoria»
Los actores principales del proyecto «baldosas por la memoria» son vecinos
de la ciudad de Buenos Aires que, como parte de la sociedad civil, se proponen
recordar de forma colectiva a las personas que fueron desaparecidas y asesina-
das por la última dictadura militar. La Coordinadora de Barrios por la Memoria
es la organización que lleva a cabo la tarea. Surge en el marco del trigésimo ani-
versario del golpe de Estado (2006). Consiste en marcar las calles del barrio al
que pertenecía la persona desaparecida/asesinada, a la que se desea recordar. Así,
sobre las veredas se van reemplazando las baldosas corrientes por otras donde se
inscribe el recuerdo. En la Coordinadora se agrupan diversos barrios, donde fun-
cionan «comisiones», tienen autonomía y definen desde su plan de trabajo hasta
las fuentes de financiamiento, aunque mantienen el espacio común mediante reu-
niones periódicas.
Si bien entre sus integrantes podemos hallar algunos familiares directos de
las víctimas, esta condición no es requisito para participar en las actividades. Por
el contrario, fue la condición de vecino de la víctima recordada lo que le dio a la
iniciativa una novedosa manera de hacer memoria. En especial porque, junto al
recuerdo de la víctima particular, se vinculan reivindicaciones sociales de ca-
rácter vecinal que, a su vez están, en relación con la diversidad barrial, como por
ejemplo, mejorar las condiciones edilicias de una escuela, combatir desalojos por
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parte del gobierno local, consolidar una red de vecinos, multiplicar las activida-
des culturales, entre otras.
Los antecedentes de estos agrupamiento de vecinos podemos hallarlos en dos
movimientos sociales: por un lado el movimiento de derechos humanos (confor-
mado por organismos como Madres de Plaza de Mayo, Abuelas de Plaza de Ma-
yo, Familiares, Hijos Herman@s, entre otros) que históricamente abordó las de-
mandas de verdad y justicia, abriendo el camino a múltiples iniciativas por parte
de la sociedad civil y, por otro, a un movimiento específico de vecinos que tuvo
como escenario la ciudad de Buenos Aires. luego de la crisis político-social del
2001
10
. El mismo había adoptado una modalidad autogestiva (los vecinos se en-
contraban y tomaban las decisiones en asambleas) y, si bien estaba disuelto para
el año 2005 —año en que surge la iniciativa que analizamos— había facilitado la
consolidación de relaciones vecinales en los barrios.
La relación con el Estado, cristalizado en el gobierno local, no es determi-
nante: se recibe su colaboración en tareas muy puntuales, no centrales para el fun-
cionamiento y crecimiento de la red. Destacamos que si bien hay una tarea co-
mún, la forma de concretar las actividades asume diferentes modalidades de
acuerdo a la diversidad social y cultural que impera en cada barrio.
5.2.2. La balaosa
La marca material se concreta mediante la colocación de una baldosa. La mis-
ma es hecha de cemento y reemplaza a la baldosa existente en la vereda del ba-
rrio. En ésta esta tallado el nombre de la o las personas recordadas y la fecha de
su asesinato o desaparición. También se agrega en la misma baldosa el señala-
miento a dos condiciones que fueron posibles de instalar con los años y con la
apertura hacia el tema en Argentina: por un lado, se aclara la condición de «mi-
litante social, militante político» de la víctima y, por el otro, se señala al respon-
sable del acto mediante su denominación como «terrorismo de Estado». Consi-
derando que durante mucho tiempo, la colocación de placas y diversos
recordatorios excluyeron tanto la dimensión política de la víctima como la res-
ponsabilidad estatal en el crimen, ambas incorporaciones resultan novedosas y
deben ser reconocidas como producto de disputas en el espacio público en torno
a las maneras de definir víctimas y responsables del proceso dictatorial (Bade-
nes, et al., 2009)
10
En diciembre de 2001 se produjo una masiva movilización popular, que provocó la renuncia del
presidente de la República y luego una crisis político-institucional, que se normalizaría en el año 2003.
Fue a partir de la misma cuando en diversos barrios de la ciudad de Buenos Aires surgieron de forma es-
pontánea «asambleas vecinales». Las mismas tuvieron como principio la autogestión y agrupaban a ve-
cinos con fines acordes con pensar y proponer cambios sociales, debido a la crisis de representatividad
política y también a realizar tareas comunitarias de gran ayuda para afrontar la crisis económica. Si bien
estos movimientos vecinales se aplacaron, o se re-condujeron hacia otras prácticas políticas, en cierta
forma reconstituyeron lazos sociales que veían fragmentándose a partir de la aplicación de políticas ne-
oliberales en nuestro país.
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La baldosa se coloca en un lugar significativo del espacio barrial. Puede ser
frente a la casa donde la persona recordada residía, como también frente al lugar
donde trabajaba, estudiaba o realizaba su actividad política y social. Las posibi-
lidades de señalamiento son amplias y permiten abordar diversas dimensiones de
una trayectoria de vida evocada.
Entonces, la promoción del recuerdo se territorializa en un espacio común de
la cotidianidad urbana. Así, la baldosa, en tanto marca material, se diferencia de
las placas formales y grandes monumentos, constituyendo una memoria aescen-
traaa (Shindel, 2006). Al ser una inscripción en el espacio común de un barrio,
se vincula con la vida cotidiana de sus vecinos. El relato de una de las partici-
pantes de la comisión explicita esta relación:
Nuestra iaea, lo que buscamos, es que los vecinos se tr opiecen con
la balaosa en su viaa cotiaiana. A veces cuanao uno camina va pen-
sanao en sus cosas, la iaea es que la balaosa interrumpa esos pensa-
mientos. Que interrumpa el camino ae cuanao uno, por efemplo, va a
hacer las compras.
11
Junto a la realización y colocación de la baldosa, se apunta al trabajo sobre las
historias de vida de las personas recordadas. Las comisiones barriales recaban in-
formación apelando a testimonios de familiares, de amigos, de compañeros de mi-
litancia. Arman una semblanza con esa historia de vida que, además de leerse pú-
blicamente en el momento de la colocación de la baldosa, queda en diversos soportes:
blogs y páginas web, vídeos, boletines y hasta un libro que edita en común la red.
En algunas ocasiones también se dan a conocer públicamente los trabajos artísticos
que habían producido las personas recordadas, como pinturas, poesías.
5.2.3. El armaao ae la balaosa
La confección de la baldosa constituye una tarea concreta que los integrantes
de las comisiones resuelven de manera diversa. Pero en general se valora el in-
tento que sea de forma participativa, abierta a todos los integrantes, como tam-
bién al conjunto de la comunidad barrial. A partir de esa práctica, algunos acto-
res reconocen que la relación con esa materialidad proporciona nuevas habilidades
a los integrantes, hasta el punto de romper con estereotipos de género: «todos tu-
vimos que aprender a hacer la baldosa» «Pensar que las que mejor las hace es una
mujer» son reflexiones comunes entre los vecinos que participan en la organiza-
ción. Por otro lado, en el momento de armado de la baldosa se deja el espacio pa-
ra que los niños jueguen con el cemento. Así, se genera una instancia participa-
tiva que excede las fronteras etarias y de género.
Algunas comisiones prefieren armar la baldosa como una actividad parte de ac-
tos más amplios, donde se suceden múltiples iniciativas culturales. En general, es-
to es así en fechas conmemorativas como recordatorios del aniversario del golpe
11
Registro de campo nº 20-2009.
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de Estado en o jornadas barriales por diversos motivos. Así, la participación de
otros actores, que se acercan a ver de qué forma se arma la baldosa, es más amplia.
5.2.4. La colocacion
Por lo general la baldosa se coloca en el marco de un acto abierto a la comu-
nidad, donde suelen estar invitados familiares, amigos, compañeros de militan-
cia social y política de la persona recordada. También se convoca a los Organis-
mos de Derechos Humanos, instituciones del barrio y vecinos. Se leen las historias
de vida, se procede a romper la vereda y colocar la nueva baldosa a la vista de to-
dos los participantes. Según la comisión barrial, este acto puede estar en el mar-
co de una actividad más amplia, donde se unifican distintas reivindicaciones ba-
rriales. Es en estos casos cuando la jornada comunitaria se extiende por horas, y
se suceden distintas actividades culturales como la actuación de murgas, grupos
folklóricos, pintura de murales. El intercambio que se produce entre los partici-
pantes es por demás significativo.
5.2.5. El aespues
Qué sucede con la marca inscrita en un territorio es una pregunta que atra-
viesa el problema de la memoria colectiva y que nos permite ir más allá del he-
cho mismo. Algunas baldosas fueron rotas intencionalmente, otras cuidadas en
especial por los vecinos. Hay personas que se detienen un momento para leerlas,
algunas rompen en llanto al leer el nombre de algún ser querido. Otros pasan in-
diferentes.
Creemos que se presenta la imposibilidad de controlar lo que suceda con
esa marca, sin embargo, existen grupos que se proponen la tarea del cuidado.
En algunas comisiones sus miembros se distribuyen las calles a revisar, a con-
trolar. Identif icamos que supone una preocupación que va más allá de la co-
locación. Diversas investigaciones sobre memoria colectiva señalan las moti-
vaciones de los actores para realizar la tarea conmemorativa, y en general,
asocian las mismas con la necesidad de duelo inconcluso, la falta de justicia,
el reclamo de demandas pendientes, pero lo que sucede en el después que-
da como un signo de interrogación, que solo el pasar de los años puede dar
cuenta.
5.2.6. Las balaosas y la memoria en los barrios se gregaaos
Caaa balaosa plantaaa crecera hasta aevolverle la vo: a caaa
compañero/a que se llevaron. Una forma ae aecirles que no nos han
venciao, pues sus palabras y pensamientos, a pesar ael tiempo, reco-
rreran ae nuevo nuestros barrios. Sus palabras, sus iaeas volveran
preguntanao, nos ayuaaran a anaar en meaio ae la miseria y la in-
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fusticia que aun peraura, esa que se pueae ver en caaa rincon ae nues-
tros barrios
12
.
Una de las preguntas que orientan nuestro análisis es qué valores asume la va-
riable «clase social» en las iniciativas de memoria colectiva, vinculadas a las di-
versas formas del recuerdo individual y grupal sobre lo sucedido en el pasado re-
ciente
13
. Nos referimos a las posibilidades de instalar en el espacio público una
versión, que implica transmitir una experiencia individual o grupal, ligada a los
altos niveles de represión estatal de los años mencionados. Posibilidades que se
encuentran en relación con motivaciones, pero también recursos, tanto institu-
cionales, económicos y simbólicos. Pese a la multiplicidad de trabajos que abor-
dan el tema de la memoria colectiva en las ciencias sociales, pocos problemati-
zan la ubicación en la estructura social de los actores involucrados en la gestión
de las iniciativas de memoria.
A lo largo de nuestro trabajo de campo intentamos reconstruir los puntos de
encuentro entre la condición social de los vecinos de los conjuntos urbanos ubi-
cados en la zona sur y las maneras de gestionar la iniciativa de Baldosas por la
memoria de los actores que habitan en estos barrios.
Los recursos de las diferentes comisiones barriales constituyen una dimen-
sión significativa ya que vinculan la iniciativa con la diversidad barrial. Por ejem-
plo, las comisiones que representan los barrios más cercanos al centro de la ciu-
dad cuentan con mayor equipamiento e infraestructura barrial. En general
encuentran lugar para reunirse, pueden recibir donaciones de dinero, y en algu-
nos casos logran colocar más cantidad de baldosas. La comisión que representan
a barrios más segregados y con niveles de pobreza significativo, como es la que
trabaja en Soldati, sustenta su tarea con mayores dificultades. Por ejemplo, du-
rante los primeros años no encontraban sitio donde poder realizar las reuniones,
se sustentan económicamente con la colaboración de sus miembros y, en gene-
ral, colocan menor cantidad de baldosas por año.
No obstante, el acento en este grupo de vecinos está puesto en vincular su ta-
rea a otras demandas «más urgentes» que proponen los vecinos y sus organiza-
ciones comunitarias: «A veces la baldosa se vuelve una excusa para tratar los pro-
blemas del barrio», «es muy difícil lograr que los vecinos se apropien de la
iniciativa si están pensando que no tienen para comer», son afirmaciones de al-
gunos miembros de la comisión de Soldati que nos llevan a reflexionar en la ne-
cesidad de profundizar esta línea de trabajo.
12
«Baldosas por la memoria», Instituto Espacio para la Memoria, Buenos Aires, 2008, pp. 246.
13
Eduardo Blaustein, en su trabajo «Prohibido vivir aquí» aporta una de las primeras reflexiones al
respecto: «Habría que pensar que si en el país del proceso se mataba clandestina e impunemente por las
calles, tanto o más podría ocurrir en las villas, cuya visibilidad social siempre fue menor... Las clases
medias, mal que pudieron, han reconstruido la historia de sus muertos, los villeros, y seguramente lo
mismo ocurre con otros sectores populares, especialmente en el Gran Buenos Aires y el interior del pa-
ís, han quedado mas o menos colgados de la palmera, con sus dolores y terrores internalizados, castiga-
dos desde antes del 76, y después del 83 también».
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6. CONSIDERACIONES FINALES
Comenzamos este artículo haciendo un recorrido histórico y social sobre la
acción estatal que construye ciudad, hasta explicar por qué los residentes del Con-
junto Soldati asumen, para nuestra investigación, un doble carácter: destinatarios
y testigos de las políticas autoritarias de vivienda que implementó la última dic-
tadura militar.
La primera característica (destinatarios) nos permitió identificar el grupo so-
cial al que pertenecían los sujetos desplazados y los supuestos ideológicos que
imperaron en el accionar de la dictadura militar, en especial respecto al derecho
a los espacios urbanos centrales.
En cambio, la segunda (testigos) nos habla de la dimensión subjetiva de esa
experiencia, caracterizada por su nivel de autoritarismo y metodología represiva
sin precedentes en el país. Es en esa tensión que se enmarcan las preguntas de in-
vestigación que guiaron nuestra labor.
Vimos que reconocerse como testigos de esa represión así como encontrar es-
pacios en donde hacer público un relato de dicha experiencia, no es una tarea sim-
ple para estos vecinos. Así, refieren que hace relativamente poco empezaron a
hablar del tema, y que en general nadie conoce la historia de los villeros, de los
traslados y de las demoliciones. En ese sentido la expresión «los camiones tapa-
ban todo» resume la invisibilidad social respecto al tema.
Así, apreciamos que la reconstrucción de una experiencia pasada se encuen-
tra en relación con el contexto social que la hace posible que, por lo visto, no fue
un facilitador para validar la experiencia de este grupo de vecinos, ni para con-
firmarlos como testigos de una dimensión del terrorismo de Estado.
El punto de encuentro con las iniciativas de memoria colectiva en el espacio
barrial tiene relación con esa invisibilidad social. Mientras que otros grupos so-
ciales realizan estrategias de memoria desde los años del retorno democrático,
la iniciativa de colocación de baldosas representa, desde la dimensión temporal,
las últimas modalidades de hacer memoria. Vimos que tuvieron que pasar 22
años desde el retorno de la democracia para que en los barrios se reconociera la
dimensión de vecino de la víctima recordada. Como también que esa tarea de
marcación del espacio, como modalidad de apropiación del mismo, se realiza
con muchísimo esfuerzo y no sin dificultades en los barrios que se encuentran
ubicados lejos de las áreas centrales de la ciudad, como es el caso de la comi-
sión de vecinos que trabaja en Soldati. Allí, claramente la satisfacción de nece-
sidades básicas y «mas urgentes», como señalan sus habitantes, se presenta co-
mo prioridad.
Hacer memoria para la vida cotidiana, como explican sus emprendedores, co-
necta la historia del país con la vida común de los vecinos e instituciones de un
barrio, quienes pueden reconocerse como parte de la misma. Por su parte, la bal-
dosa, en tanto marca descentrada, tiene un componente novedoso: insta a la me-
moria interrumpiendo el tránsito de las personas en su vida diaria, las convoca al
recuerdo a pesar de no haber ido a su encuentro.
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3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD

Key words: state terrorism, collective memory, urban segregation, housing policies. SUMARIO: 1. Introducción. 2. Metodología. 3. Dictadura Militar y disputa por el derecho a la ciudad, origen de la experiencia a reconstruir. 4. Acerca de la Memoria Colectiva. 5. Avances de investigación. 6. Consideraciones finales. 7. Bibliografía.

1. INTRODUCCIÓN Visualizamos la ciudad como «proyección de la sociedad en el terreno, es decir, no solamente como espacio sensible, sino como el plano específico concebido por el pensamiento» (Lefevbre, H., 1969). La ciudad de Buenos Aires1 fue escenario de diversos procesos de urbanización gestionados por actores públicos y privados y en relación con las condiciones y patrones de cada momento histórico. Hacia fines de los años ‘60 se produce el debilitamiento de las economías regionales en Argentina y comienzan con más intensidad las migraciones internas hacia los grandes centros urbanos, entre ellos Buenos Aires, que se volvieron receptores de miles de familias. Ante el marcado crecimiento del déficit habitacional en la ciudad se ponen en marcha los planes masivos de vivienda —3(9( \ HO 3ODQ$OERUDGD² a través de los cuales se consolida la tipología de los JUDQGHV FRQMXQWRV KDELWDFLRQDOHV como producto de reemplazo de los asentamientos informales, conocidos también como YLOOD PLVHULD. Estas ideas se estaban aplicando en países centrales, como también en importantes ciudades de Brasil, y se correspondían con el paradigma moderno de arquitectura. Las viviendas construidas bajo esta tipología eran financiadas por fondos públicos, con muy bajo o nulo recupero. El Estado se hacía cargo de la decisión y planificación de forma centralizada, siendo las grandes empresas quienes construían, adjudicándose las obras por licitación pública (Fernández Wagner, R: 2004). Como resultado, se pudieron dar soluciones habitacionales a gran escala, pero sin contar con la participación de los futuros habitantes, quienes no siempre contaban con la tradición cultural de habitar en propiedad horizontal2, ni conocían los nuevos derechos y obligaciones que lo mismo suponía. A lo largo de esas décadas se fueron conformando los llamados «barrios de la CMV», que se constituyeron en la ciudad como el símbolo de la intervención
1 Actualmente la ciudad de Buenos Aires es el principal centro urbano de la República argentina. Abarca una superficie de 200 km2 y su población actual es de 3.000.000 de habitantes. 2 El régimen de propiedad horizontal (PH) surge con la promulgación de la Ley 13.512 en el año 1949, implicó principalmente la posibilidad de que un inmueble sea propiedad de más de una persona, a través de su subdivisión. Creó la figura de co-propietario y la del consorcio o condominio, respondiendo a un ascenso social por parte de los sectores populares. Sin embargo esto se masificó en las grandes ciudades. La vivienda tradicional continuó siendo lo más extendido en las ciudades pequeñas y pueblos de las provincias; lugares originarios de la población migrante. Actualmente en la ciudad de Buenos Aires un total de 46.643 viviendas construidas por el Estado municipal se encuentra bajo este régimen legal.

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escaleras.& . Las políticas habitacionales en ese contexto se caracterizaron por consolidar el patrón de segregación urbana mediante el desplazamiento de los sectores populares del centro de la ciudad y de la ciudad misma. Es en el marco previo de la dictadura (1974-1975) y durante la misma (19761983) cuando se comienzan a adjudicar las unidades funcionales del Conjunto Soldati. También la ley estipula la obligatoriedad por parte de los vecinos de regularizar sus consorcios. No obstante. 105 &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. ya que va más allá de lo asociado con la satisfacción de las condiciones materiales. para lo que se previó una asistencia técnica y social. La ley estipula la obligatoriedad del gobierno local de realizar mejoras en edificios. la complejidad legal. desde el presente. y de relaciones vecinales conflictivas3. 1995). la estructura edilicia. aquellos sujetos que la transitaron. construida en procesos sociales donde las relaciones entre los actores —Estado. la capacidad de articulación con el gobierno local. Por ejemplo. llamado por sus habitantes «el complejo». que lo diferencia del resto. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD estatal en vivienda.000 personas) distribuidas entre torres altas y cuatro sectores de bloques bajos de tres pisos. hasta la capacidad organizativa de sus vecinos y. Se ubica en la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires y presenta índices de pobreza y marginalidad significativos. Soldati condensa graves problemas de deterioro edilicio. que estaban siendo erradicadas mediante dispositivos de intervención caracterizados por el uso de la fuerza y el terror. la antigüedad. Presentan rasgos comunes: ubicación en el sur de la ciudad (zona con menor renta ambiental). Se observan altos índices de violencia urbana. ascensores. Dentro de los conjuntos urbanos ubicados en la ciudad seleccionamos para la observación empírica el Conjunto Urbano Soldati. poder establecer posibles relaciones con las modalidades de apropiación de los espacios barriales que construyen. el tipo de población. símbolo de estigma para sus residentes (Girola.200 unidades habitacionales (que albergan a más de 15. Nos referimos al concepto de KDELWDU que «nos permite centrar la atención sobre los fenómenos sociales que se desarrollan dentro del marco que establece cada sociedad entre su población y las viviendas que habita» y por lo tanto debe ser «construido históricamente. de esa forma. de electricidad. 23 (2010): 103-123 . Con 3. en consecuencia. que poco a poco fueron construyendo al lugar como una «zona roja». las primeras viviendas del complejo se adjudican a familias que eran habitantes de villas de emergencia. inseguridad jurídica violencia urbana. ambiental. de agua. sociedad civil y sector privado— adquieren diferentes características (Gentilini HW DO 2005). Cada uno tiene una historia particular. deterioro edilicio prematuro. 2005). instalaciones de gas. com3 El deterioro llegó a tal punto que en el año 2000 se sancionó la Ley 623/831 que declaró al Conjunto Soldati en emergencia edilicia y ambiental. relaciones vecinales conflictivas. En esta oportunidad. no son uniformes: desde su densidad. lo que implica enlazarlo con los cambios y transformaciones de las estructuras sociales que determinan sus contenidos» (Cortés Alcalá. El concepto de vivienda que guía este trabajo contiene dichas relaciones. Nos interesa reconstruir las consecuencias del accionar autoritario en la experiencia de desplazamiento y.

las relaciones con sus vecinos y con el lugar. 23 (2010): 103-123 106 . dentro del orden capitalista.& . A su vez. entrevistas semi-estructuradas y observación participante de espacios de interacción vecinal en el Conjunto Soldati. junto con otras disciplinas. Realizamos. 1992). así. la relación con el Estado (en tanto sujetos destinatarios de políticas sociales). Verdad y Justicia de Villa Lugano. Consideramos que nuestra participación en escenarios reales nos permitió ir conformando un corpus rico en tipos de discursos y de prácticas que construyen la apropiación del espacio barrial del Conjunto Soldati por parte de sus residentes. Soldati. Así nos preguntamos: ¿Qué expectativas tenían los vecinos respecto a su nueva vivienda? ¿Cómo se recuerda el momento del traslado?. METODOLOGÍA Nuestro problema de investigación se inscribe en el nivel micro de las consecuencias de las políticas de vivienda en Argentina. Esta experiencia de trabajo social. nos permitió enfocar la mirada hacia un aspecto que consideramos incide en las modalidades de habitar los diferentes barrios por parte de los vecinos: la apropiación subjetiva del espacio. DICTADURA MILITAR Y DISPUTA POR EL DERECHO A LA CIUDAD. entrevistas individuales en profundidad. decidimos insertarnos en un proceso cercano a la investigación-acción para conocer en profundidad la principal iniciativa de memoria colectiva en la zona: la Comisión de Barrios por la Memoria. marcó el origen de la construcción del problema de investigación de la tesis doctoral en curso. 2. 4 &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. desde el presente las formas de ir apropiándose de ese nuevo hábitat en el contexto dictatorial. 3. y Celina. Las metodologías cualitativas nos permiten acceder a esos imaginarios y representaciones que forman parte del llamado «mundo de la vida» de los sujetos (Vasilachis de Gialdino. Es decir. Trabajamos profesionalmente en la problemática de organización comunitaria-consorcial en los conjuntos habitacionales construidos por el Estado. ORIGEN DE LA EXPERIENCIA A RECONSTRUIR Situamos a la dictadura militar comprendida entre 1976-1983 en Argentina como un proceso específico. Reconstruimos la perspectiva de los sujetos acerca de los procesos sociales que los constituyen y los atraviesan en sus formas de habitar un espacio urbano específico. además de facilitar el conocimiento de las diferentes realidades barriales de estos conjuntos urbanos. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD partiremos avances de nuestra investigación4 centrados en dos dimensiones de los procesos de apropiación del espacio barrial: las representaciones en torno al pasado en las memorias individuales y las prácticas de memoria colectiva en el presente. organismo público. en que el Estado asuDurante el período comprendido entre los años 2001 y 2006 nos insertamos en el Instituto de Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires. La misma. ¿Cómo se vivió en los primeros años del barrio? ¿Cómo se representa hoy ese período colectivamente?¿Con qué valores se asocia el acceso a la vivienda propia? Abordamos. a lo largo de cinco años.

visuales y escritos. Se impidió. la política estuvo orientada a producir el desplazamiento de los sectores populares del centro de la ciudad y de la ciudad misma. vemos que. en tanto que se vieron afectados por los de5 Siguiendo el trabajo de Eduardo Luis Duhalde. 6 La figura del desaparecido se instala por primera vez en el país. el presunto asesinato y luego el ocultamiento del destino del cuerpo. Son conocidas las declaraciones en 1980 del titular de la Comisión Municipal de la Vivienda (organismo municipal responsable del área vivienda en ese momento). miles de exiliados y el funcionamiento de 500 centros de detención y/o exterminio clandestinos. Guillermo del Cioppo: «Vivir en Buenos Aires no es para cualquiera. psicólogos. periodistas. 1991). ataque a estamentos profesionales de relevancia social.. intervención en los sindicatos y control absoluto de las universidades. configurando un «estilo de decisión autoritario e inflexible» (Oszlak. En el caso que abordamos. que negaba los procesos migratorios internos y el reconocimiento de los derechos a una clase marginada por las sucesivas políticas económicas. los espacios centrales de la ciudad ya no eran para el conjunto social. 500 niños apropiados a quienes se le sustituyó su verdadera identidad. 56. que se corresponde con su IDVH FODQGHVWLQD. sino para el que la merezca. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD mió su tipo autoritario. educadores. implicó el secuestro ilegal de la persona. y la desarticulación de la sociedad política y civil5. debemos tener una ciudad mejor para la mejor gente». entendemos que el incumplimiento de las garantías constitucionales atravesó los modos de ejecutar las políticas habitacionales del período. Se instauró así un régimen basado en la fuerza y el terror que generó. se puede estimar 30. En la ciudad de Buenos Aires. p. 10. 107 &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. 23 (2010): 103-123 . apelando a diversas metodologías que se sustentaron en la impunidad. había llegado el momento de limpiar la ciudad. Los primeros residentes del Conjunto Soldati fueron parte del conjunto de sujetos destinatarios de estas políticas. escritores. la iglesia popular. en referencia al control absoluto del gobierno y su aparato coercitivo.& .000 presos políticos. En cifras. la elaboración de duelo a los familiares. el aparato coercitivo. instituciones y organizaciones políticas. sino sólo para aquellos ciudadanos que cumplieran con ciertos requisitos. La suspensión de la Confederación General del Trabajo. control y manipulación de los medios de comunicación orales. El aspecto más significativo fue una dimensión de la acción del Estado dictatorial. un disciplinamiento social sin precedentes. E L: (O (VWD GR WHUURULVWD DUJHQWLQR 1983. distribuidos en diferentes ciudades del territorio nacional.. En consecuencia. más la estimación de que hubieron muchos casos más que no se denunciaron.000 personas desaparecidas6. En sus términos. Las acciones clandestinas implicaron diferentes delitos de lesa humanidad. La cifra de 30. entre otras consecuencias. Eduardo Luis Duhalde (1983) denominó a este proceso «terrorismo de Estado» y describió lo sucedido con las instituciones bajo el control absoluto del gobierno. y otros» Duhalde. abogados. de esa forma.000 se calcula a partir de las 8. su reclutamiento en centros clandestinos de detención. de volverla a una normalidad. Y respecto a la desarticulación de la sociedad política y civil vemos: la disolución y suspensión de los partidos. se destituyeron las autoridades y cuerpos representativos. necesaria para el logro de los objetivos que alcanzaran un reordenamiento de las relaciones sociales. ligados al posicionamiento social y económico.000 denuncias registradas.

& . La metodología del desalojo forzado de una vivienda de propiedad presenta sus particularidades. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD salojos forzados por construcción de autopistas y por el plan de erradicación de villas de emergencia. la SROtWLFD GH HUUDGLFDFLyQ GH YLOODV GH HPHUJHQFLD 3(9(. El 3ODQ GH H[SURSLDFLyQ SRU FRQVWUXFFLyQ GH DXWRSLVWDVconsistió en la construcción de autopistas urbanas que atravesaban la ciudad en múltiples direcciones e implicaba una masiva expropiación de los inmuebles que se hallaban a lo largo de las zonas comprendidas en la traza programada. Por otro lado.

Las mismas se caracterizaban (y aún hoy mantienen ciertos patrones) por su distancia el centro. es decir. constituyendo un logro significativo para el proceso militar. y el deterioro económico. su carácter de historia subterránea es el que se impone en nuestro trabajo sobre las prácticas de memoria colectiva y las posibilidades del testimonio por parte de los vecinos del barrio. Nosotros identificamos que ese proceso de segregación urbana. de salud. en el año 1929: &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. Los destinos de los ex-villeros fueron diversos: algunos volvieron a su provincia de origen. lo que se conoce como Gran Buenos Aires (e inmediatamente poblaron nuevos asentamientos) y otros fueron beneficiarios de planes de vivienda en zonas ubicadas en el sur de la ciudad. ACERCA DE LA MEMORIA COLECTIVA Los principales aportes teóricos en torno al testigo y su voluntad de transmitir una experiencia podemos encontrarlos en el campo de la memoria colectiva en las ciencias sociales. 1991). implicó la eliminación de las villas mediante el traslado compulsivo de los habitantes y la quema de las viviendas. 4. Consideramos que profundizar en este plano implica realizar una aportación a los trabajos que abordan los procesos que tienen relacionados con la pos-adjudicación y sus negativas consecuencias sociales. De ese modo. 1985). además de consolidar la distribución espacial desigual en la ciudad de Buenos Aires. 23 (2010): 103-123 108 . Se identifica la pérdida del espacio urbano (Oszlak. Esta dimensión. En todo caso. estamos hablando de que el acceso a la vivienda digna implica procesos más complejos que la simple adquisición de una unidad habitacional. la existencia de basurales y los altos niveles de contaminación. se erradicó a 200. implicó la desigualdad en el acceso a recursos simbólicos que permitiesen imponer en el espacio público versiones que denunciaran. casillas precarias que iban quedando vacías. Pudo ejecutarse casi en su totalidad. 2006). los niveles represivos que caracterizaron los traslados. la falta de infraestructura urbana. Diversos estudios sociales y antropológicos ponen al desnudo las consecuencias sociales de estas políticas de desplazamiento. de redes sociales que generan los procesos de relocalización.000 personas de las villas que existían en la ciudad. por ejemplo. que surge con el trabajo clásico de Halbwachs. que reconocen un nuevo actor social: «los con techo» (Sugranyes y Rodríguez. la mayoría fue llevado a las afueras de la ciudad. así como de relocalización. hacia el fin del período dictatorial. Se define a los mismos como un «drama social» (Hermite y Boivin.

que la caracterizó. Nos explica que «toda experiencia extrema es reveladora de los constituyentes y de las condiciones de la experiencia normal. Esto implica criterios de aceptabilidad. de carácter estatal.& . a partir de la noción de marco o cuadro: la memoria se encuentra enmarcada por las categorías de espacio y tiempo. Michael Pollak enriquece esta perspectiva al problematizar la relación entre memoria e identidad social. instan a la producción de acciones alternativas o novedosas. sino como valores disputados en conflictos sociales e inter-grupales (Pollak. como aquella experiencia donde se quiebra el orden del mundo habitual. memorias. Las emociones y afectos son indispensables para la producción del recuerdo (Halbwachs. su abordaje permite profundizar en las dimensiones de la construcción de identidades.Y en este sentido. y toman fuerza a partir de una serie de trigésimos y cuadragésimos aniversarios de la segunda guerra mundial (Huyssen. para sí y para los otros. Las define «como superpuestas. los estudios sobre memoria colectiva en América Latina surgen para comprender los procesos post-dictatoriales en el Cono Sur. como parte de lo social. La memoria contribuye a conformar los elementos de continuidad y coherencia de una persona o grupo. A partir de este quiebre. Nosotros consideramos que la experiencia de erradicación puede tomarse como una situación límite. así como lo inesperado del conjunto de acciones. los lazos afectivos. 23 (2010): 103-123 . Revela que la memoria es una construcción social. Por otro lado. para la cual los sujetos no fueron preparados. Ambas son categorías sociales y condiciones para poder recordar. puesto en acción para la reconstrucción de una experiencia extrema. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD «La memoria colectiva». a la vez que se reconocen. continúan los estudios sobre memoria colectiva en países de Europa y Estados Unidos. admisibilidad y credibilidad. memoria e identidad no deben ser considerados como esencia de una persona o grupo. es entonces la memoria un «elemento constituyente del sentimiento de identidad». producto de interacciones múltiples. Por lo mismo es que nos detenemos en sus marcas y su relación con el testimonio individual. socializados y. 2005). donde el carácter familiar hace frecuentemente de pantalla al análisis». ya que el mismo. presenta sus particularidades y condiciones. Elizabeth Jelin (1998) enriquece el concepto de memoria colectiva. Hacia las mismas iremos en el análisis de los testimonios individuales. El autor se desprende de las perspectivas filosófica y psicológica que venían desarrollando el tema. De esta forma. encuadradas en marcos sociales y relaciones de poder. dado el nivel de violencia descrito en su implementación. Lo colectivo en las 109 &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. ya que esto sólo es posible si se recupera la posición de los acontecimientos pasados dentro de estos marcos. en su reconstrucción de sí. 1929). La construcción de identidad se presenta mas allá del individuo. 2005). episodio histórico que se vuelve tropos universal. lo social se presenta como condición para el acto de recordar. y nos habla de PHPRULDV FRPSDUWLGDV. por lo tanto. Este autor también define a la VLWXDFLyQ OtPLWH. los que se efectúan mediante negociaciones. Así. Los mismos se centrarán en las consecuencias del Holocausto. en tanto representa la imagen de sí.

que en el proceso de construcción de estas memorias. con alguna organización social. 5. (. luego de eso. el presente. y de hacer públicos esos recuerdos. A lo acontecido en cada temporalidad se le atribuyen valores que van a estar en relación tanto con la posibilidad de reconstruir experiencias pasadas. por último. vemos que los años transcurridos en la villa suelen recordarse de manera positiva. de cómo llegaron al complejo urbano. Analizando los relatos vemos que los mismos se estructuran diferenciando tres temporalidades: los años vividos en la villa. los vecinos no indican ningún soporte desde el cuál se pueda conocer su historia. que se caracteriza por haber participado activamente en diferentes instancias comunales. algunas voces son más potentes que otras. Identifica con el concepto de HPSUHQGHGRUHV GH PHPRULDa aquellos actores comprometidos con instalar un sentido del pasado en el escenario público. En general refieren que es la primera vez que alguien les solicita su palabra. no sé si me voy a acordar algo que pueda ser importante.. y otros que una vez un periodista se acercó para armar la historia.1.. en diálogo con otros. 5. debido al acceso diferenciado a recursos y escenarios. dada por códigos culturales compartidos». que creen que la sociedad no sabe acerca de lo que fue la política de erradicación. preguntan «¿De los años de la villa? Fue hace tanto tiempo. Estos tópicos nos permiten comprender las iniciativas de memoria colectiva en Soldati y sus vinculaciones con los procesos de segregación urbana. que acceden al ejercicio de recordar. Algunos recuerdan que en la televisión habían mostrado la inauguración del conjunto urbano.. (O UHFXHUGR GH OD 9LOOD \ ORV SULPHURV WUDVODGRV Para un grupo de vecinos..1. En principio se extrañan. de cómo recuerdan ellos los años previos al habitar en el barrio.».1. en estado de flujos constante. los primeros años en el Conjunto Urbano... Es cuando se les aclara que. que no hablaron del tema a no ser con su familia durante muchos años.La autora nos explica. deseamos conocer acerca de la historia del barrio. AVANCES DE INVESTIGACIÓN 5. donde el acontecimiento del golpe militar marca un antes y un después y. como investigadores sociales. como por sus vinculaciones con el presente.) y con alguna estructura. 23 (2010): 103-123 110 . Pese a las deficientes condiciones 7 Entrevista nº 2-2009 &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD memorias es el entretejido de tradiciones y memorias individuales. (previos a mudarse al barrio).. TESTIMONIOS ©1R QR &UHR TXH QDGLH VDEH FyPR QRV WUDMHURQ DO EDUULR 1XQFD VH KDEOy GH HVR £6L ORV FDPLRQHV WDSDEDQ WRGR 1DGLH SRGtD YHUª7 Los relatos de los vecinos a partir de la instancia de entrevista individual se diferencian respecto a otros encuentros y espacios de interacción.& ..

y que enmarcados en un período de intensa movilización social. del traslado al barrio. Es decir. se impone. los recuerdos marcan sentidos encontrados. Lazos que sustentaban la satisfacción de necesidades básicas de los habitantes. Por el otro. permitían encausar diversas reivindicaciones. 23 (2010): 103-123 . ni agua potable se asocian esos años a la idea de fuertes lazos solidarios entre vecinos. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD habitacionales.& . Respecto al momento de la adjudicación. lo que en un principio. la villa. luz eléctrica. entre las cuales se halla el acceso a una vivienda propia y digna. También los vecinos recuerdan la modalidad que usó el ejército para trasladarlos. Por un lado. se empaña cuando el recuerdo de otro espacio barrial. El siguiente relato de una vecina nos permite ver la manera de significar el recuerdo de la villa: 1R WH GLJR TXH YLYtD ELHQ SHUR WHQtD ORV UHFXHUGRV OLQGRV 'H TXH pUDPRV XQLGRV GH TXH QHFHVLWiEDPRV DOJ \ HQWUH WRGRV OR KDFtDPRV R 3RU HMHPSOR QRVRWURV FXDQGR ODV FDVLOODV TXH VH TXHPDEDQ QR HUD FRPR DKRUD TXH FXDQGR KD\ LQFHQGLRV HQ ODV YLOODV OHV OOH JD D\XGD GH WRGRV ODGRV (Q HVD pSRFD QR ËEDPRV FDVD SRU FDVD QRV GD XQ  EDQ SRFR GH DUUR] XQ SRFR GH ILGHRV SDSD 6H SUHSDUDED OD FRPLGD SDUD WRGRV (QWRQFHV WH SRGHV GDU FXHQWD QR VH U HFLEtD GH RWURV QR A partir de relatos como este vemos que el acceso a una vivienda propia se complejiza en sus significados. era el tiempo de festejar el acceso a la vivienda. se puede entender como positivo. )XH HO SULPHU FDPLyQ PLOLWDU TXH QRV WUDMR <R OORUp WDQWR 3HUR GH JROSH HO ]DUSD]R DSDUHFHQ ORV FDPLRQHV YRV WHQpV TXH LU WH £TXH LUWH (QWRQFHV VD EtDPRV TXH HVWiEDPRV DGMXGLFDGRV SHU QR R VDEtDPRV TXH tEDPRV D VDOLU DVt WDQ UHSHQWLQR ¢YLVWH" < FXDQGR YH tDPRV OD I LOD GH FDPLRQHV PLOLWDUHV HUD HO DSXUyQ (sube el tono de voz) 7UDHU OR TXH SRGtDPRV SRUTXH QR SRGtDPRV WDPSRFR WUDHU WRGR OR TXH WHQtDPRV $KRUD PH DFXHUGR TXH Vt PL SDSi WLUy HO WHOH YLVRU SRUTXH PL SREUH YLHMR QRV WRFy XQD FDPLyQ FKLTXLWR TXH YHQtDPRV VyOR GRV IDPLOLDV < PL SDSi YHQtD WUDWDQGR GH DJDUUDU ODV FRVLWDV < D~Q DVt ORV FDPLRQHV LEDQ \ YHQtDQ D  SRU KRU  6H OH FD\y XQ WHOH D   YLVRU (baja el tono de voz) TXH WHQtDPRV HO ~QLFR DVt TXH QR QR QR 1RV WUDMHURQ DVt 1R PX\ ELHQ GLJQDPHQWH FRPR XQR VH PHU  HFH 1RV WUDMHURQ HQ ORV FDPLRQHV PLOLWDUHV Otra vecina confirma una similar valoración respecto al momento del traslado: )XH KXPLOODQWH IXH WULVWH 3RUTXH HV GLVWLQWR TXH WH GLJDQ FRPR DKRUD ©EXHQR PLUD WH YDPRV D GDU XQD YLYLHQGD YD D VHU PHMRUª 3HUR QR DOOi IXH GH OD QRF D OD PDxDQD WHQpV TXH LUWH (O TXH QR VH KH  YD EXHQR (silencio) ©<D TXH TXHUtDQ YLYLHQGDV EXHQR DKRUD VH YDQ D WHQHU TXH LUª< QRV VDFDEDQ DVt (Q FDPLRQHV PLOLWDU V OOHJDPRV DFi H 111 &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. como por ejemplo no contar con gas. y especial desde una mirada externa. había llegado el momento de dejar la villa.

Los vecinos recuerdan diferentes secuencias de secuestros en la vía pública.EDQ D OD PDUFKD WRGRV ORV MXHYHV < DVt VH YLYtD FRQ PXF KR WHPRU FRQ PXFKD DQJXVWLD 8QR WHQtD TXH FXLGDUVH GH TXH QR OH SDVH QDGD GH QR HTXLYRFDUVH (VH UHFXHUGR WHQJR <R PH KDEtD TXHGDGR SHWULILFDGD HQ HO KRUURU 3RUTXH DKt UHFLpQ IXLPRV UHFDSDFLWDQGR D GyQGH HVWiEDPRV 0DV DQWHV TXL]iV ¢YLVWH TXH YRV WH LQWURGXFtDV SRTXLWR HQ XQD OXFKD SRU XQD FRVD SRU RWU D" 1R WH GDEDV FXHQWD 3HUR GHVSXpV FRPR WRPR FRQFLHQFLD \ WHQJR PL IDPLOLD \ WRGR < FXDQGR SDVD HVWR FRQ HOOD (se refiere a una vecina que fue detenida ilegalmente y no se sabía su paradero) PiV WRPp FRQ FLHQFLD \ GLMH £X\  ¢GyQGH HVWXYH" (QWRQFHV DKt HPSHFp D PLU DU D PLV KLMRV < PH DOHMp WRWDO 0H DOHMp WRWDOPHQWH 7RGDYtD DKt VHJXtD PRV KDFLHQGR FRVDV 7RGDYtD DKt WUDWiEDPRV FRQ ORV FKLFRV GHO ED UULR VDFiEDPRV FKLFRV GH DFi /RV OOHYiEDPRV D DOJ~Q ODGR D ORV FDPSDPHQWRV SHUR WUDEDMiEDPRV 'HVSXpV GH DKt QDGD &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. los vecinos identifican el comienzo de los años duros. «no volvió nunca más». %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD \ \R HQFDEH]DED 3RU HVR WH GLJR IXL OD SULPHUD HQ OOHJDU 1R FRQRFtD HO GHSDUWDPHQWR TXH PH LED D WRFDU QDGD 3RUTXH WRGDYtD HVWDEDQ HQ  FRQVWUXFFLyQ 7RGR GH DTXt GHO IUHQWH HVWDED HQ FRQVWUXFFLyQ 7RGR DOOi WDPELpQ (señala con las manos distintas direcciones) (VH HV HO UHFXHUGR TXH WHQHPRV 5. A su vez. y el comienzo de la vida en el complejo urbano para otros. 'HVDSDUHFLy \ PH DFXHUGR TXH HOOD LED VLHPSUH D OD URQGD WH HVWR\ KDEODQGR FXDQGR UHFLpQ HPSH]DEDQ ODV 0DGUHV GH 3OD]D GH 0D\R HOOD VH KDEtD LQFRUSRUDGR DO JUXSR . el aumento de los niveles represivos.1. *ROSH GH (VWDGR Marzo de 1976 marca un punto de inflexión en los relatos: es el momento de el deterioro de los lazos solidarios y afectivos para algunos. Algunos inclusive identifican una consecuencia inmediata: la paralización de la actividad comunitaria. 'HVSXpV \D FXDQGR YHQLPRV DFi D YLYLU WRGR FDPELy 7RGR FDP ELy (baja el tono de voz)<D KXER HO JROSH GH HVWDGR (silencio) 6H OOH YDURQ D PXFKRV DPLJRV TXH QR HVWDEDQ PHWLGRV HQ OD SROtWLFD (UDQ YHFLQRV TXH WUDEDMDEDQ SDUD HO EDUULR 3HUR HOORV HVWDEDQ WDQ FRQ IXQGLGRV VH OOHYDURQ JHQWH TXH QR WHQtD QDGD TXH YHU  El impacto del método de desaparición de personas aparece recurrentemente en las entrevistas cuando se habla de los años de dictadura. Vecinos a los que no volvieron a ver más: «se lo llevaron».2. son las expresiones que usan para describir esa nueva metodología. 'HVSXpV WHQtD XQD DPLJD TXH YLYtD DFi HQ OD HVTXLQD (O HVSRVR GH HOOD Vt GHVDSDUHFLy (silencio). en especial los que fueron trasladados a partir del golpe de estado. 23 (2010): 103-123 112 .& . en el barrio.

/D RUJDQL]DFLyQ FRQVRUFLDO Con el fin de encontrar relaciones con ese espacio urbano que es el complejo-trama.3. /DV UHXQLRQHV HUDQ SDUD MXQWDU SODWD SRUTXH DO YHFLQR VH OH OOXHYH DTXHOOR EXHQR WRGDV HVDV FRVDV GHO FRQVRUFLR (UDQ UHX QLRQHV GH FRQVRUFLR &RPR VH FREU DED XQD H[SHQVDV 3 GHVSXpV HUR QXQFD PiV 'H DKt VH IXH \HQGR WRGR HVWR D OD PLVHULD KD PLH EtD GR KDEtD PLHGR 1DGLH VH SRGtD UHXQLU <D OH GLJR HQ XQD HVTXLQD QR SRGtDQ HVWDU WU HV SRUTXH OR OOHYDEDQ \ VH OR YROWHD EDQ SRU DKt 6L HOORV OR DJDUUDEDQ \ ORV OOHYDEDQ VX YXHOWD HUD PHGLR GLItFLO (silencio) En este sentido. La prohibición de reunión entre personas propia del estado de sitio . 6t Vt <D WH GLJR HVWDED OOHQR +DEtDQ KHFKR OD ~OWLPD UHXQLyQ FXDQGR HVWDEDQ ORV PLOLWDUHV 7H FXHQWR $Kt (señala el patio interno del sector) VH OOHQDED WRGR DKt VH OOHQDED 1R Vp FyPR VH HQWH UDURQ SHUR ItMHVH TXH FXDQGR VH WHUPLQy OD U HXQLyQ RFKR \ PHGLD QXHYH GH OD QRFKH YHQtDQ FXHUSR D WLHUU SRU DFi SRU DOOi ¢6D D EH OR TXH LED D VHU HVR VL ORV DJDUUDEDQ DKt" <R QXQFD PH SXHGR ROYL GDU OR TXH LED D VHU HVR VL OOH JDEDQ FXDQGR HVWDED WRGD OD JHQWH DKt 113 &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. impactaba en la necesidad de asamblea consorcial. El siguiente relato ilustra lo dicho: < DKt \D QR ¢YLVWH" $ SDUWLU GH DKt QRV HQWUy HO WHPRU 1RV HQWUy HO WHPRU 1RV HQWUy HO WHPRU HQWRQFHV GHMDPRV \D GH UHODFLRQDUQRV OD JHQWH PLVPD OD JHQWH TXH QR KDEtD SDUWLFLSDGR WHQtD PLHGR GH KD EODUWH D YRV TXH KDEtDV SDUWLFLSDGR ¢HQWHQGHV" 5. por lo tanto las modalidades en las relaciones vecinales se vieron afectadas por este nuevo patrón. un vecino recuerda el momento preciso en el cual tuvo de desarmarse una reunión. imposibilitando que los vecinos cumpliera con la normativa vigente para organizarse en consorcios. ya que los militares estaban llegando al departamento con orden de reprimir. expresada en este caso en la organización consorcial: instancia comunitaria y espacio intermedio entre el espacio público y privado. donde el recuerdo de los vecinos se centra en rescatar que se pudieron organizar y cuidar sus espacios comunes. los residentes identifican las primeras consecuencias de la implantación del terrorismo de Estado en su espacio barrial. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD Así. Hablar era peligroso. A diferencia de los primeros años en el complejo. 23 (2010): 103-123 . preguntamos sobre la modalidad de organización comunitaria.1. a partir del golpe de estado se produce un cambio.& . Vemos que el miedo actuó como facilitador del silenciamiento entre vecinos.

 %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD Luego. Nos interesaba conocer de qué manera los entrevistados representaban la escasa difusión sobre el tema. «de puertas para adentro». como suelen decir los vecinos. la administración de los espacios comunes y.1. 0DUFRV VRFLDOHV SDUD HO WHVWLPRQLR Indagamos la opinión de los vecinos respecto a la dimensión pública de la experiencia que atravesaron. la limpieza de las escaleras. frente a la pregunta acerca de cómo hacían en ese nuevo contexto que describía para organizar los gastos comunes. 5. Es común que no haya diálogo entre ellos. el mismo vecino responde: ¢&RQ ORV PLOLWDUHV" &RPR D PDQHMDUVH LQGLYLGXDO &RPHQ]DPRV D PDQHMDUQRV LQGLYLGXDO 2 WDPELpQ VH KDFtDQ U HXQLRQHV DGHQWUR R HQ OD HVFDOHUD $Fi KDEtD XQD VHxRUD TXH QRV U HXQtDPRV HQ OD FDVD GH HOOD \ GLVSRQtDPRV OR TXH tEDPRV D KDFHU(UD WRGR FRPR FRPR HQ VH  FUHWR SRUTXH D OD YLVWD QR VH SRGtD KDFHU QDGD Consideramos esta reflexión significativa ya que en el presente predominan este tipo de relaciones. el «manejarse individual» (como bien lo expresa el entrevistado) es un patrón de relación vecinal que se vislumbra en el presente. se acreciente el deterioro edilicio y barrial. En consecuencia. su momento fundante.& . de esa forma. que no se reúnan para afrontar los gastos de mantenimiento de los edificios. 1R QR 1R VH KDEOy 1R VH KDEOy SRUTXH VL WH GLJR EDMD HO WRQR GH YR]. así como cuáles fueron las instancias que ellos como protagonistas de esa historia tuvieron para poder transmitirla. Los relatos coinciden en que no es una historia que se conozca socialmente. el pago de la luz. La trasmisión de la experiencia personal se realizó principalmente en el ámbito privado (en especial a sus hijos).4. constituyendo más un relato familiar que un testimonio de carácter público. lo interesante es descubrir el momento de su inicio.

< VH ORV OOHYDURQ < GH HVH PRGR PXFKRV YROYLH URQ D OD SURYLQFLD GH GyQGH HUDQ RWURV VH IXHURQ D VX SDtV< DVt HVR IXH OR PiV WULVWH (sube el tono de voz) 3RUTXH QR HV FRPR DKRUD TXH WH GLFHQ EXHQR QR 7RGR IXH FRQWUD OD YROXQWDG WX\D £7 HQpV TXH LUWH \ SXQWR 1RV SXVLHURQ HQ ORV FDPLRQHV PLOLWDUHV QXHVWUDV FRVDV \ iQ GDWH $Vt TXH GH HVH PRGR (baja el tono de voz) )XH PX\ WULVWH IXH XQD FRVD PX\ WULVWH PX\ KXPLOODQWH 0X\ KXPLOODQWH 8 La topadoras eran las máquinas utilizadas por el ejército para demoler las casillas en la villas. Era la última faz del método de erradicación. 23 (2010): 103-123 114 . HVR IXH OR PiV WULVWH TXH QRV SDVy SRUTXH QRVRWURV YHtDPRV TXH QRV WHQtDPRV TXH LU SRUTXH SDUD ORV TXH TXHGDURQ YHQtDQ ODV WRSD GRUDV8 £/DV WRSDGRUDV HK /R YLPRV QRVRWURV FRPR ORV OHYDQWDEDQ \ OR GHVWUXtDQ todo. &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol.

& . En otro fragmento de la entrevista puede verse la relación con el contexto dictatorial. los vecinos identifican claramente las limitaciones de las marcas del miedo. 115 &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. En relación con tornar públicos los recuerdos de la experiencia que analizamos. la imposibilidad de contar con canales abiertos para transmitir y difundir los maltratos sufridos. expresado en la censura en los medios de comunicación. Lo asesinado en 1974 grupos paramilitares. 0H SDUHFH TXH PX\ SRFR 0X\ SRFRV FRQRFHQ OD KLVWRULD HVWD 'H OD YLOOD GH HQWRQFHV PX\ SRFD )XLPRV VDFDGRV FRPR DQLPD OHV 3HUR OD VRFLHGDG QR FU TXH VH HQWHUy GH QDGD SRU XH QRV PH HR T WLHURQ HQ ORV FDPLRQHV \ £F KDX 4XL]iV DKRUD YRV DKRUD VL SDVD DO JR HQ XQD YLOOD WH GDV FXHQWD SRUTXH OD SUHQVD WH OR PXHVWUD (VWi PXFKR PiV GLYXOJDGR 3HUR D QRVRWURV ¢TXLpQ VH HQWHUDED TXH QRV KDEtDQ VDFDGR DVt" 1DGLH 3RUTXH OD SUHQVD HVH DxR HVWDED UHVWULQ JLGD FUHR RQ < DVt ORV GHPiV TXH TXHGDU EXHQR DOJXQRV OOHJDURQ D WHQHU HO GHSDUWDPHQWR RWURV QR SHUR LJXDO OHV JROSHDURQ ODV FDVLOODV (VH IXH HO UHFXHUGR PiV WULVWH SHUR HVR FDVL QR VH KDEOD HQ OD WHOHYLVLyQ QR VDOH HQ QLQJ~Q ODGR En el mismo sentido que lo anterior. los adjetivos que califican la experiencia desde WULVWH a KXPLOODQWH nos hablan de la dificultad para poder transmitir lo sucedido. La violencia que caracterizó la implementación de las políticas habitacionales fue patrón en diversos aspectos sociales. de marcas en la subjetividad. La expresión «lo vimos nosotros» no deja dudas respecto a su condición de superviviente. sacerdote perteneciente al movimiento de curas tercermundistas y muy comprometido con la causa de los villeros. 23 (2010): 103-123 . %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD Es interesante como esta vecina se ve a sí misma como testigo. en especial del miedo a poder hablar. otra vecina reflexiona acerca de las condiciones de impunidad que existieron para implementar la política con ese nivel de violencia y autoritarismo: /R ~QLFR TXH \R Yt HQ XQ GRFXPHQWDO TXH PRVWU DURQ FXDQGR VD FDURQ GH OD YLOOD FDUJDURQ ODV FRVDV 3HUR GHVSXpV QDGD <R SRU HVR SURWHVWDED \R GHFtD 6L KXELHUD HVWDGR YLYR 0XJLFD 9 QL D SDORV QRV KDFtD VDFDU DVt 2 QRV KDFtD VDFDU GH RWU IRUPD KXELHUDQ VLGR RWUDV D ODV FRQGLFLRQHV Vt Vt Vt Las condiciones a las que se refiere la vecina tuvieron múltiples aristas. Luego. Ilustramos esta idea con un fragmento de entrevista grupal:   1R QR £$ QDGLH OH KDEOiEDPRV (UDPRV FDXWHORVRV &DXWHORVRV Vt £< QL KD EODU GH TXH YRV HU GH HVD LGHRORJtD DV 9 Se refiere a Carlos Mugica.

a su vez están. Consiste en marcar las calles del barrio al que pertenecía la persona desaparecida/asesinada. se proponen recordar de forma colectiva a las personas que fueron desaparecidas y asesinadas por la última dictadura militar. junto al recuerdo de la víctima particular. Así. mejorar las condiciones edilicias de una escuela. 23 (2010): 103-123 116 . PRÁCTICAS DE MEMORIA COLECTIVA: «BALDOSAS POR LA MEMORIA» A la vez de abordar los marcos sociales que habilitaron.1. ese miedo tan característico en los modos de relacionarse con otros se quiebra por primera vez luego de 17 años de democracia en el país.& . a la que se desea recordar. cuando se acerca una periodista. como parte de la sociedad civil. 6XUJLPLHQWR GH OD . Que les fuera solicitada su palabra activó el recuerdo y la voluntad de transmisión. como por ejemplo.2. donde funcionan «comisiones». %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD  &ODUR HVWXGLiEDPRV 1RVRWURV HVWXGLiEDPRV D OD SHUVRQD TXp HUD GyQGH WUDEDMDED FyPR HUD FyPR VH PRYtD SDUD SRGHU KD EODUOH < D~Q DVt QR OH KDEOiEDPRV ( ¢< FXiQGR VLHQWHQ TXH SXGLHURQ HPSH]DU D KDEODU XQ SRFR PiV GH OD KLVWRULD"  %XHQR \D FUHR TXH YROYLPRV D VHQWLU GHVSXpV GH DKt FU TXH HR HQ HO DxR  HPSH]DPRV D KDEODUOR (PSH]DPRV D KDEODU FXDQGR YL QR XQD SHULRGLVWD TXH TXLVR VDFDU OD KLVWRULD GHO EDUULR  Por último. Por el contrario. Si bien entre sus integrantes podemos hallar algunos familiares directos de las víctimas. 5. Surge en el marco del trigésimo aniversario del golpe de Estado (2006).QLFLDWLYD ©%DOGRVDV SRU OD PHPRULDª Los actores principales del proyecto «baldosas por la memoria» son vecinos de la ciudad de Buenos Aires que. sobre las veredas se van reemplazando las baldosas corrientes por otras donde VH LQVFULEH el recuerdo. En la Coordinadora se agrupan diversos barrios. en este caso. esta condición no es requisito para participar en las actividades. En especial porque. el testimonio individual. es significativo como. tienen autonomía y definen desde su plan de trabajo hasta las fuentes de financiamiento. identificamos las estrategias de memoria colectiva en el territorio urbano donde se ubica el Conjunto Soldati. fue la condición de YHFLQR de la víctima recordada lo que le dio a la iniciativa una novedosa manera de hacer memoria. o no. combatir desalojos por &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. La Coordinadora de Barrios por la Memoria es la organización que lleva a cabo la tarea. se vinculan reivindicaciones sociales de carácter vecinal que. 5. aunque mantienen el espacio común mediante reuniones periódicas.2. en relación con la diversidad barrial.

La relación con el Estado. Los antecedentes de estos agrupamiento de vecinos podemos hallarlos en dos movimientos sociales: por un lado el movimiento de derechos humanos (conformado por organismos como Madres de Plaza de Mayo. no centrales para el funcionamiento y crecimiento de la red. que provocó la renuncia del presidente de la República y luego una crisis político-institucional. 23 (2010): 103-123 . por el otro. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD parte del gobierno local. que se normalizaría en el año 2003. cristalizado en el gobierno local. Considerando que durante mucho tiempo. 117 &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. en cierta forma reconstituyeron lazos sociales que veían fragmentándose a partir de la aplicación de políticas neoliberales en nuestro país. a un movimiento específico de vecinos que tuvo como escenario la ciudad de Buenos Aires. 5. no es determinante: se recibe su colaboración en tareas muy puntuales. abriendo el camino a múltiples iniciativas por parte de la sociedad civil y. Destacamos que si bien hay una tarea común. militante político» de la víctima y. /D EDOGRVD La marca material se concreta mediante la colocación de una baldosa. La misma es hecha de cemento y reemplaza a la baldosa existente en la vereda del barrio. Familiares. entre otros) que históricamente abordó las demandas de verdad y justicia. entre otras. HW DO 2009) 10 En diciembre de 2001 se produjo una masiva movilización popular. por otro. Si bien estos movimientos vecinales se aplacaron. debido a la crisis de representatividad política y también a realizar tareas comunitarias de gran ayuda para afrontar la crisis económica. o se re-condujeron hacia otras prácticas políticas. Fue a partir de la misma cuando en diversos barrios de la ciudad de Buenos Aires surgieron de forma espontánea «asambleas vecinales». Hijos Herman@s.2.& . Las mismas tuvieron como principio la autogestión y agrupaban a vecinos con fines acordes con pensar y proponer cambios sociales. si bien estaba disuelto para el año 2005 —año en que surge la iniciativa que analizamos— había facilitado la consolidación de relaciones vecinales en los barrios. Abuelas de Plaza de Mayo.2. ambas incorporaciones resultan novedosas y deben ser reconocidas como producto de disputas en el espacio público en torno a las maneras de definir víctimas y responsables del proceso dictatorial (Badenes. se señala al responsable del acto mediante su denominación como «terrorismo de Estado». consolidar una red de vecinos. multiplicar las actividades culturales. El mismo había adoptado una modalidad autogestiva (los vecinos se encontraban y tomaban las decisiones en asambleas) y. En ésta esta tallado el nombre de la o las personas recordadas y la fecha de su asesinato o desaparición. la forma de concretar las actividades asume diferentes modalidades de acuerdo a la diversidad social y cultural que impera en cada barrio. También se agrega en la misma baldosa el señalamiento a dos condiciones que fueron posibles de instalar con los años y con la apertura hacia el tema en Argentina: por un lado. luego de la crisis político-social del 200110. se aclara la condición de «militante social. la colocación de placas y diversos recordatorios excluyeron tanto la dimensión política de la víctima como la responsabilidad estatal en el crimen.

se genera una instancia participativa que excede las fronteras etarias y de género.& . Arman una semblanza con esa historia de vida que. de amigos. Puede ser frente a la casa donde la persona recordada residía. Entonces. como pinturas. como también frente al lugar donde trabajaba. la promoción del recuerdo se territorializa en un espacio común de la cotidianidad urbana. poesías. Así. se apunta al trabajo sobre las historias de vida de las personas recordadas. Algunas comisiones prefieren armar la baldosa como una actividad parte de actos más amplios. constituyendo una PHPRULD GHVFHQ WUDGD (Shindel. hasta el punto de romper con estereotipos de género: «todos tuvimos que aprender a hacer la baldosa» «Pensar que las que mejor las hace es una mujer» son reflexiones comunes entre los vecinos que participan en la organización. vídeos.3.2. En algunas ocasiones también se dan a conocer públicamente los trabajos artísticos que habían producido las personas recordadas. se diferencia de las placas formales y grandes monumentos. &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. en tanto marca material. 5. donde se suceden múltiples iniciativas culturales. El relato de una de las participantes de la comisión explicita esta relación: 1XHVWUD LGHD OR TXH EXVFDPRV HV TXH ORV YHFLQRV VH RSLHFHQ FRQ WU OD EDOGRVD HQ VX YLGD FRWLGLDQD $ YHFHV FXDQGR XQR FDPLQD YD SHQ VDQGR HQ VXV FRVDV OD LGHD HV TXH OD EDOGRVD LQWHUUXPSD HVRV SHQVD  PLHQWRV 4XH LQWHUUXPSD HO FDPLQR GH FXDQGR XQR SRU HMHPSOR YD D KDFHU ODV FRPSUDV11 Junto a la realización y colocación de la baldosa. 2006). queda en diversos soportes: blogs y páginas web. Así. de compañeros de militancia. estudiaba o realizaba su actividad política y social. A partir de esa práctica. Las comisiones barriales recaban información apelando a testimonios de familiares. se vincula con la vida cotidiana de sus vecinos. Las posibilidades de señalamiento son amplias y permiten abordar diversas dimensiones de una trayectoria de vida evocada. además de leerse públicamente en el momento de la colocación de la baldosa. 23 (2010): 103-123 118 . esto es así en fechas conmemorativas como recordatorios del aniversario del golpe 11 Registro de campo nº 20-2009. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD La baldosa se coloca en un lugar significativo del espacio barrial. la baldosa. en el momento de armado de la baldosa se deja el espacio para que los niños jueguen con el cemento. como también al conjunto de la comunidad barrial. boletines y hasta un libro que edita en común la red. Al ser una inscripción en el espacio común de un barrio. (O DUPDGR GH OD EDOGRVD La confección de la baldosa constituye una tarea concreta que los integrantes de las comisiones resuelven de manera diversa. En general. Pero en general se valora el intento que sea de forma participativa. abierta a todos los integrantes. algunos actores reconocen que la relación con esa materialidad proporciona nuevas habilidades a los integrantes. Por otro lado.

4. (O GHVSXpV Qué sucede con la marca inscrita en un territorio es una pregunta que atraviesa el problema de la memoria colectiva y que nos permite ir más allá del hecho mismo.2. compañeros de militancia social y política de la persona recordada. sin embargo. pero lo que sucede en el después queda como un signo de interrogación. Otros pasan indiferentes. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD de Estado en o jornadas barriales por diversos motivos. Hay personas que se detienen un momento para leerlas. 5. este acto puede estar en el marco de una actividad más amplia. En algunas comisiones sus miembros se distribuyen las calles a revisar. 23 (2010): 103-123 . otras cuidadas en especial por los vecinos. El intercambio que se produce entre los participantes es por demás significativo. y en general. la falta de justicia. 5.2. el reclamo de demandas pendientes. Diversas investigaciones sobre memoria colectiva señalan las motivaciones de los actores para realizar la tarea conmemorativa. Se leen las historias de vida. Algunas baldosas fueron rotas intencionalmente. Así. que se acercan a ver de qué forma se arma la baldosa. También se convoca a los Organismos de Derechos Humanos. instituciones del barrio y vecinos. la participación de otros actores.6. es más amplia. asocian las mismas con la necesidad de duelo inconcluso. donde suelen estar invitados familiares. /DV EDOGRVDV \ OD PHPRULD HQ ORV EDUULRV VH JUHJDGRV &DGD EDOGRVD SODQWDGD FUHFHUi KDVWD GHYROYHUOH OD YR] D FDGD FRPSDxHURD TXH VH OOHYDURQ 8QD IRUPD GH GHFLUOHV TXH QR QRV KDQ YHQFLGR SXHV VXV SDODEUDV \ SHQVDPLHQWRV D SHVDU GHO WLHPSR UHFR  UUHUiQ GH QXHYR QXHVWURV EDUULRV 6XV SDODEUDV VXV LGHDV YROYHUiQ SUHJXQWDQGR QRV D\XGDUiQ D DQGDU HQ PHGLR GH OD PLVHULD \ OD LQ 119 &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol.& . a controlar. grupos folklóricos. donde se unifican distintas reivindicaciones barriales. y se suceden distintas actividades culturales como la actuación de murgas. algunas rompen en llanto al leer el nombre de algún ser querido. 5. Identificamos que supone una preocupación que va más allá de la colocación. Creemos que se presenta la imposibilidad de controlar lo que suceda con esa marca.2.5. /D FRORFDFLyQ Por lo general la baldosa se coloca en el marco de un acto abierto a la comunidad. se procede a romper la vereda y colocar la nueva baldosa a la vista de todos los participantes. pintura de murales. que solo el pasar de los años puede dar cuenta. amigos. Es en estos casos cuando la jornada comunitaria se extiende por horas. Según la comisión barrial. existen grupos que se proponen la tarea del cuidado.

Buenos Aires. tanto institucionales. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD MXVWLFLD TXH D~Q SHU GXUD HVD TXH VH SXHGH YHU HQ FDGD ULQFyQ GH QXHV WURV EDUULRV12. 23 (2010): 103-123 120 . han reconstruido la historia de sus muertos. y seguramente lo mismo ocurre con otros sectores populares. ligada a los altos niveles de represión estatal de los años mencionados. y después del 83 también». como es la que trabaja en Soldati. Posibilidades que se encuentran en relación con motivaciones. Instituto Espacio para la Memoria. los villeros. A lo largo de nuestro trabajo de campo intentamos reconstruir los puntos de encuentro entre la condición social de los vecinos de los conjuntos urbanos ubicados en la zona sur y las maneras de gestionar la iniciativa de Baldosas por la memoria de los actores que habitan en estos barrios. 2008. en general. Por ejemplo. Una de las preguntas que orientan nuestro análisis es qué valores asume la variable «clase social» en las iniciativas de memoria colectiva. cuya visibilidad social siempre fue menor. el acento en este grupo de vecinos está puesto en vincular su tarea a otras demandas «más urgentes» que proponen los vecinos y sus organizaciones comunitarias: «A veces la baldosa se vuelve una excusa para tratar los problemas del barrio». con sus dolores y terrores internalizados. las comisiones que representan los barrios más cercanos al centro de la ciudad cuentan con mayor equipamiento e infraestructura barrial. Pese a la multiplicidad de trabajos que abordan el tema de la memoria colectiva en las ciencias sociales. sustenta su tarea con mayores dificultades. Las clases medias. han quedado mas o menos colgados de la palmera.& . que implica transmitir una experiencia individual o grupal. 246. 13 12 &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. La comisión que representan a barrios más segregados y con niveles de pobreza significativo. «es muy difícil lograr que los vecinos se apropien de la iniciativa si están pensando que no tienen para comer». durante los primeros años no encontraban sitio donde poder realizar las reuniones.. «Baldosas por la memoria». Los recursos de las diferentes comisiones barriales constituyen una dimensión significativa ya que vinculan la iniciativa con la diversidad barrial. mal que pudieron. En general encuentran lugar para reunirse. pueden recibir donaciones de dinero. pero también recursos. se sustentan económicamente con la colaboración de sus miembros y. colocan menor cantidad de baldosas por año. Nos referimos a las posibilidades de instalar en el espacio público una versión. económicos y simbólicos.. Eduardo Blaustein. y en algunos casos logran colocar más cantidad de baldosas. en su trabajo «Prohibido vivir aquí» aporta una de las primeras reflexiones al respecto: «Habría que pensar que si en el país del proceso se mataba clandestina e impunemente por las calles. Por ejemplo. tanto o más podría ocurrir en las villas. son afirmaciones de algunos miembros de la comisión de Soldati que nos llevan a reflexionar en la necesidad de profundizar esta línea de trabajo. pp. vinculadas a las diversas formas del recuerdo individual y grupal sobre lo sucedido en el pasado reciente13. No obstante. castigados desde antes del 76. especialmente en el Gran Buenos Aires y el interior del país. pocos problematizan la ubicación en la estructura social de los actores involucrados en la gestión de las iniciativas de memoria.

Así. Como también que esa tarea de marcación del espacio. Vimos que tuvieron que pasar 22 años desde el retorno de la democracia para que en los barrios se reconociera la dimensión de vecino de la víctima recordada. Vimos que reconocerse como testigos de esa represión así como encontrar espacios en donde hacer público un relato de dicha experiencia. para nuestra investigación. hasta explicar por qué los residentes del Conjunto Soldati asumen. ni para confirmarlos como testigos de una dimensión del terrorismo de Estado. como modalidad de apropiación del mismo. caracterizada por su nivel de autoritarismo y metodología represiva sin precedentes en el país. apreciamos que la reconstrucción de una experiencia pasada se encuentra en relación con el contexto social que la hace posible que. la iniciativa de colocación de baldosas representa. se presenta como prioridad. tiene un componente novedoso: insta a la memoria interrumpiendo el tránsito de las personas en su vida diaria. no fue un facilitador para validar la experiencia de este grupo de vecinos. En ese sentido la expresión «los camiones tapaban todo» resume la invisibilidad social respecto al tema. desde la dimensión temporal. CONSIDERACIONES FINALES Comenzamos este artículo haciendo un recorrido histórico y social sobre la acción estatal que construye ciudad. como explican sus emprendedores. 121 &XDGHUQRV GH 7UDEDMR 6RFLDO Vol. quienes pueden reconocerse como parte de la misma. refieren que hace relativamente poco empezaron a hablar del tema. La primera característica (destinatarios) nos permitió identificar el grupo social al que pertenecían los sujetos desplazados y los supuestos ideológicos que imperaron en el accionar de la dictadura militar.& . Así. la segunda (testigos) nos habla de la dimensión subjetiva de esa experiencia. en tanto marca descentrada. las convoca al recuerdo a pesar de no haber ido a su encuentro. Mientras que otros grupos sociales realizan estrategias de memoria desde los años del retorno democrático. El punto de encuentro con las iniciativas de memoria colectiva en el espacio barrial tiene relación con esa invisibilidad social. por lo visto. Hacer memoria para la vida cotidiana. claramente la satisfacción de necesidades básicas y «mas urgentes». conecta la historia del país con la vida común de los vecinos e instituciones de un barrio. Por su parte. %HWWDQLQ 3ROtWLFDV XUEDQDV DXWRULWDULDV WHVWLPRQLRV \ SUiFWLFDV GH PHPRULD FROHFWLYD 6. no es una tarea simple para estos vecinos. en especial respecto al derecho a los espacios urbanos centrales. y que en general nadie conoce la historia de los villeros. En cambio. un doble carácter: destinatarios y testigos de las políticas autoritarias de vivienda que implementó la última dictadura militar. 23 (2010): 103-123 . Allí. Es en esa tensión que se enmarcan las preguntas de investigación que guiaron nuestra labor. las últimas modalidades de hacer memoria. de los traslados y de las demoliciones. se realiza con muchísimo esfuerzo y no sin dificultades en los barrios que se encuentran ubicados lejos de las áreas centrales de la ciudad. como es el caso de la comisión de vecinos que trabaja en Soldati. la baldosa. como señalan sus habitantes.

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