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L’OSSERVATORE ROMANO
EDICIÓN SEMANAL
Unicuique suum
Año XLIV, número 7 (2.250)

EN LENGUA ESPAÑOLA
Non praevalebunt

Ciudad del Vaticano

12 de febrero de 2012

Simposio internacional en Roma

Se publica el Mensaje de Benedicto

XVI

para la Cuaresma

El Papa pide tutela eficaz y apoyo para las víctimas de los abusos
Obispos y superiores religiosos de todo el mundo han participado en Roma, en la Pontificia Universidad Gregoriana, en el simposio internacional «Hacia la curación y la renovación» que, del 6 al 9 de febrero, se ha celebrado para relanzar el compromiso de la Iglesia en la protección de menores y de las personas vulnerables ante los abusos sexuales. Abrió los trabajos el prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, el cardenal William Joseph Levada. En la ocasión se dio lectura al mensaje que, en nombre de Benedicto XVI, envió el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, al rector de la Gregoriana, el jesuita François-Xavier Dumortier. Publicamos nuestra traducción del mensaje. Estimado padre Dumortier: El Santo Padre envía su cordial saludo a todos los participantes en el simposio «Hacia la curación y la renovación» que tiene lugar del 6 al 9 de febrero de 2012 bajo el auspicio de la Pontificia Universidad Gregoriana, y asegura sus oraciones por esta importante iniciativa. Pide al Señor que, a través de vuestras deliberaciones, numerosos obispos y superiores religiosos en todo el mundo puedan recibir una ayuda para responder de modo realmente conforme a Cristo a la tragedia del abuso de menores. Como Su Santidad ha observado frecuentemente, la curación de las víctimas debe constituir una solicitud importante en la comunidad cristiana y debe proceder a la vez que una profunda renovación de la Iglesia en todos los niveles. Nuestro Señor nos recuerda que cada acto de caridad hacia el más pequeño de nuestros hermanos es un acto de caridad hacia él (cf. Mt 25, 40). Por lo tanto, el Santo Padre sostiene y alienta todo esfuerzo para responder con caridad evangélica al desafío de ofrecer a los niños y a los adultos indefensos un ambiente que conduzca a su crecimiento humano y espiritual. Exhorta a los participantes en el simposio a continuar haciendo uso de una vasta gama de competencias a fin de promover en toda la Iglesia una fuerte cultura de tutela eficaz y de apoyo a las víctimas. Encomendando el trabajo del simposio a la intercesión de María, Madre de la Iglesia, imparte de buen grado su bendición apostólica a todos los participantes, como prenda de fortaleza y de paz en el Señor. Cordialmente en Cristo, CARDENAL TARCISIO BERTONE, S.D.B. Secretario de Estado
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Escuchemos el grito de los pobres

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El Santo Padre a los religiosos y religiosas en la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo

Fidelidad y renovación
Comprometerse con entusiasmo en la nueva evangelización. Es la invitación que hizo Benedicto XVI, con vistas al próximo Año de la fe, a los numerosos religiosos y religiosas que participaron en las vísperas de la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo, que presidió en la basílica de San Pedro la tarde del jueves 2 de febrero, Jornada mundial de la vida consagrada. El Papa reafirmó que la profunda cercanía de los religiosos al Señor debe ser el elemento característico de su vida, que los llevará a ejercer un influjo positivo en su apostolado mediante la aportación de sus carismas, con fidelidad al Magisterio, siendo testigos creíbles para la Iglesia y para el mundo de hoy.
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El embajador de México ante la Santa Sede, Ling Altamirano, y el cercano viaje de Benedicto XVI

En el Ángelus, el Pontífice y la Jornada mundial del enfermo

Del buen uso de la enfermedad
«La enfermedad puede ser un momento saludable en el que se puede experimentar la atención de los demás y prestar atención a los demás», pero también puede ser el momento de redescubrir la fuerza salvífica de la fe. Lo recordó Benedicto XVI el domingo 5 de febrero, en el Ángelus, al referirse a la Jornada mundial del enfermo.
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Un vínculo consolidado
De Wojtyła a Ratzinger, México está en el corazón del Papa y el Papa en el corazón de México.
MARIO PONZI
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L’OSSERVATORE ROMANO En el Ángelus el Papa recuerda la celebración de la Jornada mundial del enfermo

domingo 12 de febrero de 2012, número 7

La juventud se realiza en acoger y servir a la vida
Las celebraciones de la Jornada mundial del enfermo, del próximo 11 de febrero, y de la Jornada nacional de la vida, el domingo 5 en Italia, estuvieron en el recuerdo de Benedicto XVI en el acostumbrado encuentro dominical en la plaza de San Pedro para el rezo del Ángelus —precisamente del 5 de febrero— con los fieles. Queridos hermanos y hermanas: El Evangelio de este domingo nos presenta a Jesús que cura a los enfermos: primero a la suegra de Simón Pedro, que estaba en cama con fiebre, y él, tomándola de la mano, la sanó y la levantó; y luego a todos los enfermos en Cafarnaún, probados en el cuerpo, en la mente y en el espíritu; y «curó a muchos... y expulsó muchos demonios» (Mc 1, 34). Los cuatro evangelistas coinciden en testimoniar que la liberación de enfermedades y padecimientos de cualquier tipo constituía, junto con la predicación, la principal actividad de Jesús en su vida pública. De hecho, las enfermedades son un signo de la acción del Mal en el mundo y en el hombre, mientras que las curaciones demuestran que el reino de Dios, Dios mismo, está cerca. Jesucristo vino para vencer el mal desde la raíz, y las curaciones son un anticipo de su victoria, obtenida con su muerte y resurrección. Un día Jesús dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos» (Mc 2, 17). En aquella ocasión se refería a los pecadores, que él había venido a llamar y a salvar, pero sigue siendo cierto que la enfermedad es una condición típicamente humana, en la que experimentamos fuertemente que no somos autosuficientes, sino que necesitamos de los demás. En este sentido podríamos decir, de modo paradójico, que la enfermedad puede ser un momento saludable, en el que se puede experimentar la atención de los demás y prestar atención a los demás. Sin embargo, la enfermedad es siempre una prueba, que puede llegar a ser larga y difícil. Cuando la curación no llega y el sufrimiento se prolonga, podemos quedar como abrumados, aislados, y entonces nuestra vida se deprime y se deshumaniza. ¿Cómo debemos reaccionar ante este ataque del Mal? Ciertamente con el tratamiento apropiado —la medicina en las últimas décadas ha dado grandes pasos, y por ello estamos agradecidos—, pero la Palabra de Dios nos enseña que hay una actitud determinante y de fondo para hacer frente a la enfermedad, y es la fe en Dios, en su bondad. Lo repite siempre Jesús a las personas a quienes sana: Tu fe te ha salvado (cf. Mc 5, 34.36). Incluso frente a la muerte, la fe puede hacer posible lo que humanamente es imposible. ¿Pero fe en qué? En el amor de Dios. He aquí la respuesta verdadera que derrota radicalmente al Mal. Así como Jesús se enfrentó al Maligno con la fuerza del amor que le venía del Padre, así también nosotros podemos afrontar y vencer la prueba de la enfermedad, teniendo nuestro corazón inmerso en el amor de Dios. Todos conocemos personas que han soportado sufrimientos terribles, porque Dios les

daba una profunda serenidad. Pienso en el reciente ejemplo de la beata Chiara Badano, segada en la flor de la juventud por un mal sin remedio: cuantos iban a visitarla recibían de ella luz y confianza. Pero en la enfermedad todos necesitamos calor humano: para consolar a una persona enferma, más que las palabras, cuenta la cercanía serena y sincera. Queridos amigos, el próximo sábado, 11 de febrero, memoria de Nuestra Señora de Lourdes, se celebra la Jornada mundial del enfermo. Hagamos también como la gente en tiempos de Jesús: presentémosle espiritualmente a todos los enfermos, confiando en que él quiere y puede curarlos. E invoquemos la intercesión de Nuestra Señora, en especial por las situaciones de mayor sufrimiento y abandono. María, Salud de los enfermos, ruega por nosotros. Después de la plegaria mariana, el Santo Padre pronunció estas palabras: Hoy en Italia se celebra la Jornada por la vida, iniciada para defender la vida naciente y luego extendida a todas las fases y condiciones de la existencia humana. Este año el mensaje de los obispos propone el tema: «Jóvenes abiertos a la vida». Me uno a los pastores de la Iglesia que está en Italia al afirmar que la verdadera juventud se realiza en la acogida, en el amor y en el servicio a la vida. Me alegra el encuentro organizado ayer en Roma por las Escuelas de obstetricia y ginecología de las Universidades romanas para reflexionar sobre «La promoción y tutela de la vida humana naciente», y saludo de corazón a monseñor Lorenzo Leuzzi, a los profesores y a los jóvenes presentes hoy en la plaza de San Pedro.

Con ocasión del consistorio

Jornada de reflexión y oración del Colegio cardenalicio
Con ocasión del próximo Consistorio, Benedicto XVI ha convocado a los miembros del Colegio cardenalicio y a los nuevos cardenales electos a una jornada de reflexión y de oración. Tendrá lugar el 17 de febrero en el Aula nueva del Sínodo, en el Vaticano. La jornada se abrirá a las 10 con el rezo de la Hora media y proseguirá por la tarde, a las 17, con el rezo de vísperas. El tema principal —«El anuncio del Evangelio hoy, entre missio ad gentes y nueva evangelización»— lo introducirá el cardenal electo Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York. Se prevé además, sobre el Año de la fe, una comunicación que presentará el arzobispo Salvatore Fisichella, presidente del Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización. Entretanto se ha dado a conocer que el jesuita Karl Josef Becker, por razones de salud, no podrá ser creado cardenal en la cere monia pública del 18 de febrero, sino de forma privada en otro momento.

Inaugurado en la Librería Internacional Benedicto

XVI

El bajorrelieve del escudo papal
Un bajorrelieve de especial valor artístico fue inaugurado el lunes 6 de febrero dentro de la Librería Internacional Benedicto XVI, situada enfrente de la plaza de San Pedro, en la planta baja del edificio donde tienen su sede varias Congregaciones del Vaticano. La obra representa el escudo pontificio sobre un fondo de terciopelo rojo. La ceremonia contó con la presencia del salesiano don Giuseppe Costa, director de la Libreria Editrice Vaticana. Para la ocasión se preparó también una vitrina, dedicada enteramente al Papa. Se expusieron todas las obras de Benedicto XVI publicadas por la Libreria Editrice Vaticana en las diversas ediciones en idiomas, incluyendo los dos volúmenes (primera y segunda parte) de «Jesús de Nazaret», la entrevista concedida a Peter Seewald «La luz del mundo. El Papa, la Iglesia y los signos de los tiempos» y las «Enseñanzas» encuadernadas de cada año de pontificado. En una pared del interior de la librería —que fue inaugurada el 18 de noviembre de 2008 por el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado— se ha colocado el bajorrelieve en piedra blanca de Malta, de 55 por 74 centímetros, obra del artista Charles Azzopardi, que la donó a la Librería por invitación del arzobispo Tommaso Caputo, nuncio apostólico en Malta. En la pared situada frente a la nueva obra se encuentran colgadas las fotos de los viajes del Papa Ratzinger. Y junto a esta pequeña exposición fotográfica, que trae a la memoria las principales etapas del itinerario apostólico realizado durante estos siete años por el Papa, están expuestos todos los libros editados con ocasión de los respectivos viajes del Santo Padre.

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número 7, domingo 12 de febrero de 2012

L’OSSERVATORE ROMANO

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Benedicto XVI a religiosos y religiosas en las vísperas de la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo

Fidelidad y renovación
Comprometerse con entusiasmo en la nueva evangelización. Es la invitación que hizo Benedicto XVI, con vistas al próximo Año de la fe, a los numerosos religiosos y religiosas que participaron en las vísperas de la fiesta de la Presentación de Jesús en el templo, que presidió en la basílica de San Pedro la tarde del jueves 2 de febrero, Jornada mundial de la vida consagrada. Queridos hermanos y hermanas: La fiesta de la Presentación del Señor, cuarenta días después del nacimiento de Jesús, nos muestra a María y José que, obedeciendo a la ley de Moisés, acuden al templo de Jerusalén para ofrecer al Niño, en cuanto primogénito, al Señor y rescatarlo mediante un sacrificio (cf. Lc 2, 22-24). Es uno de los casos en que el tiempo litúrgico refleja el tiempo histórico, porque hoy se cumplen precisamente cuarenta días desde la solemnidad del Nacimiento del Señor; el tema de Cristo Luz, que caracterizó el ciclo de las fiestas navideñas y culminó en la solemnidad de la Epifanía, se retoma y prolonga en la fiesta de hoy. El gesto ritual que realizan los padres de Jesús, con el estilo de humilde ocultamiento que caracteriza la encarnación del Hijo de Dios, encuentra una acogida singular por parte del anciano Simeón y de la profetisa Ana. Por inspiración divina, ambos reconocen en aquel Niño al Mesías anunciado por los profetas. En el encuentro entre el anciano Simeón y María, joven madre, el Antiguo y el Nuevo Testamento se unen de modo admirable en acción de gracias por el don de la Luz, que ha brillado en las tinieblas y les ha impedido que dominen: Cristo Señor, luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel (cf. Lc 2, 32). El día en que la Iglesia conmemora la presentación de Jesús en el templo, se celebra la Jornada de la vida consagrada. De hecho, el episodio evangélico al que nos referimos constituye un significativo icono de la entrega de su propia vida que realizan cuantos han sido llamados a representar en la Iglesia y en el mundo, mediante los consejos evangélicos, los rasgos característicos de Jesús, virgen, pobre y obediente, el Consagrado del Padre. En la fiesta de hoy, por lo tanto, celebramos el misterio de la consagración: consagración de Cristo, consagración de María, consagración de todos los que siguen a Jesús por amor al reino de Dios. Según la intuición del beato Juan Pablo II, que la celebró por primera vez en 1997, la Jornada dedicada a la vida consagrada tiene varias finalidades particulares. Ante todo, quiere responder a la exigencia de alabar y dar gracias al Señor por el don de este estado de vida, que pertenece a la santidad de la Iglesia. Por cada persona consagrada se eleva hoy la oración de toda la comunidad, que da gracias a Dios Padre, dador de todo bien, por el don de esta vocación, y con fe lo invoca de nuevo. Además, en esta ocasión se quiere valorar cada vez más el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo mediante la práctica de los consejos evangélicos promoviendo el conocimiento y la estima de la vida consagrada en el seno del pueblo de Dios. Por último, la Jornada de la vida consagrada quiere ser, sobre todo para vosotros, queridos hermanos y hermanas que habéis abrazado esta condición en la Iglesia, una valiosa ocasión para renovar vuestros propósitos y reavivar los sentimientos que han inspirado e inspiran la entrega de vosotros mismos al Señor. Esto es lo que queremos hacer hoy; este es el compromiso que estáis llamados a realizar cada día de vuestra vida. Con ocasión del quincuagésimo aniversario de la apertura del conciy forma de apostolado en el seno del pueblo de Dios, mediante la aportación de vuestros carismas, con fidelidad al Magisterio, a fin de ser testigos de la fe y de la gracia, testigos creíbles para la Iglesia y para el mundo de hoy. La Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, con los medios que considere oportunos, sugerirá directrices y se esforzará por favorecer que este Año de la fe constituya para todos vosotros un año de renovación y de fidelidad, a fin de que todos los consagrados y las consagradas se comprometan con entusiasmo en la nueva evangelización. A la vez que dirijo mi cordial saludo al prefecto del dicasterio, monseñor João Braz de Aviz —a quien he incluido entre los que voy a crear cardenales en el próximo consistorio—, aprovecho de buen grado esta alegre circunstancia para darle gracias a él y a sus colaboradores por el valioso servicio que prestan a la Santa Sede y a toda la Iglesia.

Queridos hermanos y hermanas, asimismo os expreso mi agradecimiento a cada uno por haber querido participar en esta liturgia que, también gracias a vuestra presencia, se distingue por un clima especial de devoción y recogimiento. Deseo todo bien para el camino de vuestras familias religiosas, así como para vuestra formación y vuestro apostolado. Que la Virgen María, discípula, servidora y madre del Señor, obtenga del Señor Jesús que «cuantos han recibido el don de seguirlo en la vida consagrada sepan testimoniarlo con una existencia transfigurada, caminando gozosamente, junto con todos los otros hermanos y hermanas, hacia la patria celestial y la luz que no tiene ocaso» (Juan Pablo II, Exhort. ap. postsin. Vita consecrata, 112). Amén.

lio ecuménico Vaticano II, convoqué —como bien sabéis— el Año de la fe, que se abrirá el próximo mes de octubre. Todos los fieles, pero de modo especial los miembros de los institutos de vida consagrada, han acogido como un don esta iniciativa, y espero que vivan el Año de la fe como tiempo favorable para la renovación interior, cuya necesidad se percibe siempre, profundizando en los valores esenciales y en las exigencias de su propia consagración. En el Año de la fe vosotros, que habéis acogido la llamada a seguir a Cristo más de cerca mediante la profesión de los consejos evangélicos, estáis invitados a profundizar cada vez más vuestra relación con Dios. Los consejos evangélicos, aceptados como auténtica regla de vida, refuerzan la fe, la esperanza y la caridad, que unen a Dios. Esta profunda cercanía al Señor, que debe ser el elemento prioritario y característico de vuestra existencia, os llevará a una renovada adhesión a él y tendrá un influjo positivo en vuestra particular presencia

La Jornada de la vida consagrada
Renovación interior y profundización de los valores esenciales de la consagración. Una indicación del Papa a los religiosos y a las religiosas —siempre con el horizonte del Año de la fe— que resonó durante la celebración de la XVI Jornada mundial de la vida consagrada en la basílica de San Pedro al caer la tarde del jueves 2 de febrero. Como es tradición, la Jornada, que coincide con la fiesta de la Presentación del Señor, se celebró con la adoración eucarística, el rezo de vísperas y la bendición con el Santísimo Sacramento, presididos por el Papa. Al inicio se rezó el rosario. Terminada la plegaria mariana, Benedicto XVI hizo su ingreso en la basílica, acogido con el canto «Tu es Petrus». A continuación, un diácono —acompañado por tres carmelitas descalzos del Teresianum y por tres Hijas de Santa María del Corazón de Jesús— expuso el Santísimo Sacramento en la custodia colocada sobre el altar de la Confesión. Siguió el rezo de vísperas y, después del canto de los Salmos en latín, el Santo Padre pronunció la homilía. La celebración concluyó con la bendición eucarística impartida por el Papa y con el canto del «Alma Redemptoris Mater». Entre los presentes, los cardenales Ouellet, Coppa, Martino, Law y Karlic; los arzobispos Braz de Aviz y Tobin, respectivamente prefecto y secretario de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, con numerosos oficiales del dicasterio; obispos y prelados de la Curia romana; superiores y superioras generales de varias congregaciones, y fieles laicos.

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domingo 12 de febrero de 2012, número 7

Simposio internacional de obispos y superiores generales sobre los abusos sexuales

La tutela de los menores prioridad para toda la Iglesia
Colaborar con las autoridades civiles y mejorar la formación de los sacerdotes. Con la conciencia de que la tutela de los menores es una prioridad para la Iglesia. Son las principales indicaciones oídas al comienzo del simposio internacional sobre los abusos sexuales. Un encuentro que se abrió el 6 de febrero en la Pontificia Universidad Gregoriana con la lectura del mensaje —que publicamos en primera página— enviado por el cardenal secretario de Estado en nombre del Papa. «Hacia la curación y la renovación» es el tema que ha reunido a delegaciones de ciento diez conferencias episcopales y a superiores mayores de más de treinta congregaciones y Órdenes religiosas. El objetivo: identificar una respuesta consistente y global capaz de relanzar y traducir coherentemente el compromiso por la tutela de los vulnerables y la renovación pastoral repetidamente invocada por Benedicto XVI. Del cardenal prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, William Joseph Levada, la relación introductiva en la que analizó la «respuesta» articulada de la Iglesia a un desafío tan doloroso. De hecho, en los últimos años, el citado dicasterio ha verificado «un dramático aumento» del número de casos de delitos de abusos sexuales contra menores por parte de clérigos. El incremento de las denuncias fue alentado también porque el grave fenómeno salió por fin a la luz, recibiendo la atención de los medios de comunicación. En el curso de la última década han llegado a la consideración de la Congregación vaticana más de 4.000 casos de abusos de menores, casos que «han revelado por un lado la inadecuación de una respuesta exclusivamente canónica (o de derecho canónico) a esta tragedia, y por otro lado la necesidad de una respuesta más completa». Tal respuesta requiere una toma de conciencia y un constante compromiso de los que se están encargando el Papa, los organismos de las Santa Sede y las Conferencias episcopales, con la intención de «hallar los modos mejores para ayudar a las víctimas, proteger a los menores y formar a los sacerdotes de hoy y de mañana para que sean conscientes de esta herida y se elimine del sacerdocio». En este sentido existe una «obligación para la Iglesia de escuchar y comprender la gravedad de cuanto las víctimas han sufrido», añadió el purpurado, exhortando a los obispos a «prevenir» la crisis en lugar de esperar que sean los medios los que saquen a la luz los escándalos. Y les propuso seguir el ejemplo del Papa, quien hasta en sus viajes internacionales frecuentemente ha mantenido encuentros y ha escuchado a las víctimas de abusos por parte del clero. En particular el cardenal Levada recordó y subrayó cuanto ha hecho directamente el Papa. Empezando por cuando el cardenal Ratzinger era prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe y tuvo que empeñarse en afrontar el escándalo de los abusos sexuales que estalló en Estados Unidos entre finales de los años noventa y primeros años del nuevo siglo. «Deseo expresar mi gratitud personal al Papa Benedicto, quien, entonces como prefecto, fue determinante» en la implementación de «nuevas normas por el bien de la Iglesia». Sin embargo —observó con pesar el cardenal Levada— «el Papa ha tenido que sufrir ataques por parte de los medios estos últimos años en diversas partes del mundo, cuando en cambio debería haber recibido el agradecimiento de todos nosotros, en la Iglesia y fuera de ella». En su intervención, el cardenal prefecto fue afrontando diversos aspectos. Comenzando por la necesidad de las víctimas de ser escuchadas y por la consecuente obligación de la Iglesia de oír a las víctimas y entender a fondo la gravedad de su sufrimiento. Prosiguió con la cuestión de la «protección de menores» en los diversos ámbitos de la Iglesia, así como la formación de los candidatos al sacerdocio, recalcando la importancia de someter a los seminaristas a «un mayor escrutinio». Y ello para que «jamás vuelvan a repetirse en el futuro casos de abuso». Una parte íntegra de la relación se ocupó de la cooperación de la Iglesia con las autoridades civiles. Al respecto el cardenal Levada subrayó que «el abuso sexual de menores no sólo constituye un delito de derecho canónico, sino que también es un crimen que viola las leyes penales en la mayor parte de las jurisdicciones civiles». Al final el purpurado quiso observar: «Vale la pena repetirlo. Quienes han abusado constituyen una pequeña minoría respecto a los sacerdotes que sí son fieles y comprometidos. Pero esta pequeña minoría ha provocado un gran daño a las víctimas y a la misión de la Iglesia». En programa el segundo día de simposio la intervención de la psiquiatra inglesa Sheila Hollins

y el impactante testimonio de la irlandesa Marie Collins, víctima de abusos. «Siento que lo mejor de mi vida empezó hace quince años —dijo Collins— cuando mi agresor se vio ante la justicia. Durante estos años he trabajado con mi diócesis y más en general con la Iglesia católica irlandesa para mejorar sus políticas de protección de niños. Mi vida ya no es terreno estéril. Siento que tiene significado y valor». De la necesidad de «aprender de nuestros errores» —para activar un modelo global de intervención que sea de verdadero apoyo a la obra de los obispos— habló monseñor Stephen J. Rossetti, sacerdote y psicólogo estadounidense. «Si la Iglesia católica es capaz de activar y hacer respetar con firmeza un programa mundial para la seguridad de los niños, se convertirá en lo que está efectivamente llamada a ser: una autoridad internacional en la promoción de la seguridad y del bienestar de los niños». Justicia es sinónimo de verdad. La comprobación de los hechos, el reconocimiento de las responsabilidades y la petición de perdón son las claves de un recorrido de reconciliación que la Iglesia desea seguir con determinación. Tras la vigilia penitencial que presidió el 7 de febrero el cardenal prefecto de la Congregación para los obispos —Marc Ouellet—, la mañana del día 8 tuvo como momento central, en el simposio internacional, la intervención de monseñor Charles J. Scicluna, promotor de justicia de la Congregación para la doctrina de la fe. Que ya partiendo de su título evidenció que la búsqueda de la verdad es un «deber moral y legal». Y es que «la Iglesia necesita de la verdad que es justicia, y de esa justicia que es verdad». Y ello, además, dado que «una honesta búsqueda
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Indicación del Papa para la Iglesia universal

El Centro para la protección de la infancia
La Papal Foundation será uno de los principales financiadores del «Centro para la protección de la infancia» que nacerá en Munich, Alemania, como signo tangible de la solicitud pastoral con la que el Papa busca sanar la herida de los abusos sexuales perpetrados por el clero. Un anuncio, el pasado día 3, del jesuita Hans Zollner, director del Instituto de psicología de la Pontificia Universiad Gregoriana y presidente del comité organizador del simposio internacional —«Hacia la curación y la renovación»— sobre el tema de los abusos. Cita que ha reunido, del 6 al 9 de febrero, a obispos y superiores religiosos de los cinco continentes a fin de relanzar el compromiso relativo a la protección de menores y de las personas heridas por hombres de Iglesia. Y ello se concreta en la búsqueda de una estrategia global frente a tales actos y, precisamente, con el lanzamiento del Centro para la protección de la infancia. Se configura como un lugar multi-institucional de aprendizaje a distancia; tiene asegurada la financiación durante tres años y lo dirigirá Hubert Liebhardt, profesor visitante de la Gregoriana y docente de la universidad de Ulm. La nueva entidad, inmediatamente operativa, surge gracias al esfuerzo financiero de la Papal Foundation, organismo caritativo que preside el cardenal arzobispo de Washington Donald William Wuerl y del cual «el Papa mismo aprueba cada donación», como recordó el padre Zollner. Promotor de justicia de la Congregación para la doctrina de la fe, monseñor Charles J. Scicluna apuntó que «el liderazgo del Papa en la lucha contra los abusos del clero es una indicación para la Iglesia universal a fin de dar una respuesta adecuada que no parta del silencio y que tenga como objetivo primario la atención y la curación de las víctimas». Otras contribuciones para la realización de la estructura proceden de la archidiócesis de Munich y Freising, de la diócesis de Augsburgo y de Osnabrück, así como de la congregación de las Hermanas de la Misericordia de Munich. «Este centro desarrollará, en un período de tres años, un programa de e-learning, o sea, una plataforma de aprendizaje basada en internet con el objetivo de proporcionar un instrumento moderno y fácilmente utilizable en todo lugar —expresó el padre Zollner—. Los contenidos se refieren a información de los ámbitos de la psicología, pedagogía, teología y derecho canónico para favorecer una mayor conciencia respecto a la realidad de los abusos en la Iglesia y en la sociedad, la ayuda apropiada a las víctimas, el conocimiento de las medidas canónicas previstas y la creación de un clima de escucha y de sensibilidad hacia los menores y los más débiles». El centro, que dependerá del Instituto de psicología de la Gregoriana, contará con la colaboración de la Clínica psiquiátrica para menores de la universidad de Ulm, en Alemania, donde se está elaborando un programa similar para docentes y personal médico. Además la estructura trabajará con ocho project partners, entre diócesis y congregaciones religiosas, en cuatro idiomas: alemán, español, inglés e italiano. Dos de estos project partners se hallan en África (Ghana y Kenya), dos en América Latina (Argentina y Ecuador), dos en Asia (India e Indonesia) y dos en Europa (Alemania e Italia).

número 7, domingo 12 de febrero de 2012

L’OSSERVATORE ROMANO El embajador de México ante la Santa Sede y el viaje del Papa

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Un vínculo consolidado
MARIO PONZI De Wojtyła a Ratzinger, México está en el corazón del Papa y el Papa en el corazón de México. Es la impresión que se saca de las palabras de Héctor Federico Ling Altamirano, embajador ante la Santa Sede de ese país, que Benedicto XVI visitará del 23 al 26 del próximo mes de marzo en su vigésimo tercer viaje internacional, que del 26 al 28 tocará también Cuba. En la entrevista concedida a nuestro periódico el representante diplomático repasa los momentos más destacados de las cinco visitas realizadas por Juan Pablo II, describe los sentimientos suscitados por los encuentros con la población mexicana y habla del espíritu de colaboración entre autoridades civiles, religiosas y simples ciudadanos que está caracterizando el período de espera de la llegada del Papa, en el momento en que tiene lugar en el país un amplio debate sobre el papel de la religión, y de la Iglesia en particular, para el futuro de la sociedad mexicana. México fue uno de los países visitados por Juan Pablo II durante su primer viaje internacional, en ener0 de 1979. Después el Papa regresó cuatro veces: en mayo de 1990, agosto de 1993, enero de 1999 y agosto de 2002. ¿Cómo vivió el pueblo mexicano este evidente testimonio de amor del Papa Wojtyła? El pueblo mexicano, a lo largo de las cinco visitas de Juan Pablo II, desarrolló un afecto muy grande por el Papa y un gusto muy señalado por los viajes papales, que, por su frecuencia e intensidad afectiva, crearon una bella costumbre. La singularidad de Juan Pablo II, por su origen polaco y superviviente de los horrores tanto del nazismo como del comunismo, su figura patriarcal, condescendiente con un pueblo que «sabe gritar» y demostrar su entusiasmo, pueden ser parte de la explicación sociológica y religiosa. No menor importancia le daría al hecho de la fuerte devoción del Papa Wojtyła por la Virgen de Guadalupe y no olvidemos el estremecimiento que causaron algunas de sus afectuosas expresiones hacia el pueblo mexicano: «permaneceré con vosotros hasta el fin de los tiempos» y «me siento mexicano». 32 millones de personas en fila hasta 50 horas para venerar las reliquias del beato Juan Pablo II expuestas el año pasado en la catedral de Ciudad de México. Es el signo de cuanto el Papa polaco ha permanecido en el corazón de los mexicanos. En su opinión, ¿qué ha suscitado tanto amor? El fenómeno que se produjo en México durante el viaje de la reliquia del beato Juan Pablo II por todo el territorio de la República merecería una serie de valoraciones multidisciplinarias, ya sea en materia de lugares visitados como en el número de fieles que visitaron la reliquia y en la actitud de devoción auténtica del pueblo católico mexicano en todas partes: desde las selvas huastecas, a las grandes ciudades del altiplano, o bien en el árido y bien organizado norte, hasta los más recónditos parajes mayas de Yucatán y el sureste y, como menciona su pregunta, en ese enorme centro demográfico que es la Ciudad de México. Pienso también que las autoridades civiles y políticas coadyuvaron con los episcopados en forma sencilla y eficiente. He escuchado relatos de numerosas ciudades en que las interminables filas de devotos seguían hasta altas horas de la noche y aún de la madrugada. Lo que ha suscitado esa manifestación extraordinaria tiene que ver con el agradecimiento y verdadera admiración por la figura de un Papa que hizo tantos viajes a los cinco continentes para intentar dejarnos un mundo mejor cuando llegara la hora de «volver a la casa del Padre». Y
XVI.

ceden otros fenómenos que amenazan al catolicismo. Y me parece que, si bien esa apreciación pudiera ser correcta para el viejo continente (y muy notable en algunas naciones de profunda raigambre cultural católica), en el caso de México la secularización y el relativismo comienzan a tener crecimiento principalmente en áreas urbanas. En América la causa principal de la pérdida de religiosidad es la «migración» o cambio hacia otras comunidades o confesiones religiosas. En todo caso, la presencia del Papa en medio de los mexicanos (83 por ciento de católicos, según el último censo) puede constituir un estímulo para mantenerse en forma alegre y llena de sentido para muchos católicos preocupados por estas

tacados de la visita para escuchar su mensaje. El arzobispo de León, ciudad mexicana donde estará Benedicto XVI, ha lanzado un llamamiento a las organizaciones criminales por una tregua en los días de la visita. ¿Hasta qué punto es grave el clima de violencia desencadenado por los cárteles del narcotráfico? El llamamiento formulado por el señor arzobispo de León merece todo mi respeto y consideración. Sin embargo, técnicamente sólo puede haber tregua cuando se interrumpen las hostilidades. Y en México lo que tenemos es una fuerte persecución de los delitos y de diversos crímenes; entre ellos los del narcotráfico. También el nuncio apostólico Christophe Pierre pidió a todos, especialmente a los criminales, un cambio de mentalidad ante la visita del Pontífice: «Lo que pedimos a todas las personas de buena voluntad es escuchar la voz de la razón y escuchar la voz de Dios». Por lo demás, es verdad que el clima de violencia se ha vuelto una preocupación cotidiana para muchos y una amenaza latente en determinados lugares. No se puede dejar de mencionar el tremendo esfuerzo hecho por los mexicanos en recursos y personas invertidos para luchar contra el crimen organizado.

ahora llega Benedicto ¿Con qué sentimientos se prepara la nación mexicana para vivir este nuevo encuentro con el Papa?

Considero que en estos momentos resulta difícil resumir en pocas palabras los sentimientos con los que el pueblo mexicano se prepara para recibir a Benedicto XVI. Pero algunos de ellos ya empiezan a manifestarse. Se trata de una efervescencia creciente que solamente se puede comparar en forma parcial con las que suscitaba Juan Pablo II. El lugar seleccionado para los eventos que se efectuarán en el territorio nacional es el correcto y El presidente Felipe Caldealienta la expresión de rón, refiriéndose precisaestos sentimientos por mente al clima violento que varias razones, entre ellas se respira en el país, fue que Guanajuato es uno muy explícito en la invitade los Estados centrales ción dirigida al Papa: de México en cuanto a «Tenemos necesidad de usgeografía y demografía; ted en nuestro país». ¿Qué es escenario de un catolise espera de la visita del cismo intenso; y eso sin Pontífice en este sentido? mencionar que esos lugares fueron de los que, no Seguramente que se obstante los cinco viajes, esperan muchas cosas diPóster de la visita del Papa a México. le quedaron pendientes versas en los más diferenEl viaje apostólico proseguirá en Cuba hasta el 28 de marzo. de visitar a Juan Pablo II. tes ámbitos de la vida nacional. Por ejemplo, en A las muestras de afecto correspondido entre Juan Pablo II y cuestiones. También puede reforzar- el entorno de las prácticas religiosas el pueblo cristiano en México, estoy se la unidad familiar, social y políti- de los católicos mexicanos, que se seguro que se le agregarán las que ca. En todo caso hay que esperar deje sentir la solidaridad con el prócorresponden a Benedicto XVI por atentamente la evolución de estos jimo; o un reforzamiento de las prédicas evangélicas; o una mejor edutratarse de un magnífico portador datos y de estas apreciaciones. cación, o una mayor conciencia de la del mensaje evangélico y capaz de enseñarlo en las «difíciles circuns- «Nadie recibe al Papa como México» ética en el desempeño de funciones tancias en las que tienen que luchar es el eslogan que acompaña este período públicas, etc. Pero, en cuanto a lo los latinoamericanos para mantener de espera de la llegada del Papa. ¿Se expresado por el señor presidente y acrecentar su fe»... según lo expre- trata de un modo inequívoco de reafir- Calderón, lo que puede esperarse de esta breve pero muy significativa visó el Santo Padre el pasado 12 de di- mar la propia fe? sita de Su Santidad a mi país, sería ciembre en la basílica de San Pedro. De acuerdo con lo que he dicho, un alimento ulterior a las almas y a no creo que los diseños logísticos o los corazones de un pueblo que es México, a pesar de su alma tradiciopublicitarios de los eventos y cere- natural y profundamente religioso; nalmente y profundamente católica, hoy monias protocolarias estén pensados una esperanza y una confianza en parece invadido de una amenazadora como respuesta al llamado «secula- que es posible construir entre todos corriente secularista. ¿Cuánto puede rismo». Pienso que la frase «Nadie una patria mejor, que sólo puede loayudar la innata religiosidad popular recibe al Papa como México» es la grarse si crecen los ánimos y la vopara afrontar este desafío? expresión de una convicción popular luntad de hacer las cosas por el bien Permítame matizar esta delicada muy difundida en el pueblo católico común. cuestión, pues parece en ocasiones de México; es, en todo caso, una que el secularismo es un fenómeno convocatoria para participar en el re- Existe un clima de gran colaboración dominante en todas partes del mun- cibimiento al Santo Padre y estar SIGUE EN LA PÁGINA 11 do, un trasfondo sobre el que se su- presentes en los momentos más des-

número 7, domingo 12 de febrero de 2012

L’OSSERVATO Mensaje de Benedicto
XVI

para la Cuaresma

Escuchemos el grito de los po
«Nunca debemos ser incapaces de “tener misericordia” para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre». Lo escribe el Papa en el mensaje para la Cuaresma de 2012, publicado en la mañana del martes 7 de febrero. tramos también en otro pasaje de la misma Carta a los Hebreos, como invitación a «fijarse en Jesús» (cf. 3, 1), el Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe. Por tanto, el verbo que abre nuestra exhortación invita a fijar la mirada en el otro, ante todo en Jesús, y a estar atentos los unos a los otros, a no mostrarse extraños, indiferentes a la suerte de los hermanos. Sin embargo, con frecuencia prevalece la actitud contraria: la indiferencia o el desinterés, que nacen del egoísmo, encubierto bajo la apariencia del respeto por la «esfera privada». También hoy resuena con fuerza la voz del Señor que nos llama a cada uno de nosotros a hacernos cargo del otro. Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4, 9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado recíproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien. El gran mandamiento del amor al prójimo exige y urge a tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad respecto a quien, como yo, es criatura e hijo de Dios: el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón. El siervo de Dios Pablo VI afirmaba que el mundo actual sufre especialmente de una falta de fraternidad: «El mundo está enfermo. Su mal está menos en la dilapidación de los recursos y en el acaparamiento por parte de algunos que en la falta de fraternidad entre los hombres y entre los pueblos» (Carta. enc. Populorum progressio, 26 de marzo de 1967, n. 66). La atención al otro conlleva desear el bien para él o para ella en todos los aspectos: físico, moral y espiritual. La cultura contemporánea parece haber perdido el sentido del bien y del mal, por lo que es necesario reafirmar con fuerza que el bien existe y vence, porque Dios es «bueno y hace el bien» (Sal 119, 68). El bien es lo que suscita, protege y promueve la vida, la fraternidad y la comunión. La responsabilidad para con el prójimo significa, por tanto, querer y hacer el bien al otro, deseando que también él se abra a la lógica del bien; interesarse por el hermano significa abrir los ojos a sus necesidades. La Sagrada Escritura nos pone en guardia ante el peligro de tener el corazón endurecido por una especie de «anestesia espiritual» que nos deja ciegos ante los sufrimientos de los demás. El evangelista san Lucas presenta dos parábolas de Jesús, en las cuales se indican dos ejemplos de esta situación que puede crearse en el corazón del hombre. En la parábola del buen samaritano, el sacerdote y el levita «dieron un rodeo», con indiferencia, delante del hombre al cual los salteadores habían despojado y dado una paliza (cf.

«Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (Hb 10, 24) Queridos hermanos y hermanas: La Cuaresma nos ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. En efecto, este es un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los sacramentos, renovemos nuestro camino de fe, tanto personal como comunitario. Se trata de un itinerario marcado por la oración y el compartir, por el silencio y el ayuno, en espera de vivir la alegría pascual. Este año deseo proponer algunas reflexiones a la luz de un breve texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10, 24). Esta frase forma parte de una perícopa en la que el escritor sagrado exhorta a confiar en Jesucristo como Sumo Sacerdote, que nos obtuvo el perdón y el acceso a Dios. El fruto de acoger a Cristo es una vida que se despliega según las tres virtudes teologales: se trata de acercarse al Señor «con corazón sincero y llenos de fe» (v. 22), de mantenernos firmes «en la esperanza que profesamos» (v. 23), con una atención constante para realizar junto con los hermanos «la caridad y las buenas obras» (v. 24). Asimismo, se afirma que para sostener esta conducta evangélica es importante participar en los encuentros litúrgicos y de oración de la comunidad, mirando a la meta escatológica: la comunión plena en Dios (cf. v. 25). Me detengo en el versículo 24 que, en pocas palabras, ofrece una enseñanza preciosa y siempre actual sobre tres aspectos de la vida cristiana: la atención al otro, la reciprocidad y la santidad personal. 1. «Fijémonos»: la responsabilidad para con el hermano. El primer elemento es la invitación a «fijarse»: el verbo griego usado es katanoein, que significa observar bien, estar atentos, mirar conscientemente, darse cuenta de una realidad. Lo encontramos en el Evangelio, cuando Jesús invita a los discípulos a «fijarse» en los pájaros del cielo, que no se afanan y son objeto de la solícita y atenta providencia divina (cf. Lc 12, 24), y a «reparar» en la viga que hay en nuestro propio ojo antes de mirar la brizna en el ojo del hermano (cf. Lc 6, 41). Lo encon-

El cardenal Sarah en la presentación del Mensaje en la Oficina de información de la Santa Sede

Que la fraternidad no sea una utopía vacía
Dios existe, aunque el mundo tiende a excluirlo o a alejarse de él. La misión profética de la Iglesia consiste en corregir esta visión miope y en iluminar las raíces del mal, que no deja de fascinar al hombre moderno. Por eso, la «corrección fraterna» es el elemento nuevo del mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma de 2012, según la interpretación que dio de él a los periodistas el cardenal Robert Sarah, presidente del Consejo pontificio «Cor unum», presentándolo —junto al subsecretario del dicasterio, monseñor Segundo Tejado Muñoz— el martes 7 de febrero por la mañana en la Oficina de información de la Santa Sede. El purpurado destacó ante todo la dimensión espiritual del mensaje mismo, cuyo objetivo principal es reafirmar que la caridad cristiana no sólo implica la atención al bien material del prójimo, sino sobre todo la responsabilidad moral de la «corrección fraterna con vistas a la salvación». Un aspecto de la vida cristiana que parece haber caído en el olvido. El cardenal denunció los daños devastadores causados por el individualismo «que lleva a la anestesia espiritual», la cual nos vuelve indiferentes respecto a los demás. Cuando el individualismo nos cierra a la comunión, «las consecuencias afectan a la humanidad misma, engañada por el espejismo de una felicidad imposible de obtener por nosotros solos». La perspectiva correcta, por tanto, es la del servicio. Y es la que guía la acción de la Iglesia hacia el mundo contemporáneo. «La Iglesia —reafirmó el purpurado— trabaja por el bien del hombre concreto y de este mundo. Su acción no se inspira en la condena o en la recriminación, sino en la justicia y la misericordia, que debe tener también la valentía de llamar a las cosas por su nombre». Es evidente que la promoción de una mayor justicia social forma parte de la misión de la Iglesia. Sin embargo —subrayó el presidente de «Cor unum»— «sería demasiado poco si la dimensión profética de nuestras palabras y de nuestras acciones se limitara a estos aspectos externos, sin ir a las raíces morales de las injusticias. La corrupción, la acumulación de dinero, la violencia, el vivir indebidamente a espaldas de la colectividad sin dar la propia contribución, constituyen un verdadero cáncer que mina a una sociedad desde dentro. Como dice Benedicto XVI, tampoco podemos callar que en la raíz de la actual crisis financiera está la avaricia, la búsqueda desenfrenada de dinero, sin escrúpulos y sin tener presentes a los más desfavorecidos y a los que deben sufrir las consecuencias de las opciones equivocadas de otros. Este apego al dinero es un pecado. La Iglesia es profética cuando denuncia este pecado que perjudica a la persona y a la sociedad. También este es un aspecto de la misión profética de la Iglesia». Pero el Papa, en su mensaje, va más allá e indica una dimensión aún más profunda: «La Iglesia actúa proféticamente en el mundo actual denunciando en particular la falta de Dios». Por eso, nuestra tarea principal es decir al mundo que Dios existe y que nuestro futuro depende de reconocer la soberanía de Dios, al que todos debemos responder. Así pues —concluyó el purpurado—, «la primera responsabilidad de la Iglesia consiste en recordar a todas las generaciones que esta dimensión espiritual es fundamental» para que la fraternidad no se disuelva «en una utopía vacía».

ORE ROMANO

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obres
Lc 10, 30-32), y en la del rico epulón, ese hombre saturado de bienes no se percata de la condición del pobre Lázaro, que muere de hambre delante de su puerta (cf. Lc 16, 19). En ambos casos se trata de lo contrario de «fijarse», de mirar con amor y compasión. ¿Qué es lo que impide esta mirada humana y amorosa hacia el hermano? Con frecuencia son la riqueza material y la saciedad, pero también el anteponer los propios intereses y las propias preocupaciones a todo lo demás. Nunca debemos ser incapaces de «tener misericordia» para con quien sufre; nuestras cosas y nuestros problemas nunca deben absorber nuestro corazón hasta el punto de hacernos sordos al grito del pobre. En cambio, precisamente la humildad de corazón y la experiencia personal del sufrimiento pueden ser la fuente de un despertar interior a la compasión y a la empatía: «El justo reconoce los derechos del pobre; el malvado es incapaz de conocerlos» (Pr 29, 7). Se comprende así la bienaventuranza de «los que lloran» (Mt 5, 5), es decir, de quienes son capaces de salir de sí mismos para conmoverse por el dolor de los demás. El encuentro con el otro y el hecho de abrir el corazón a su necesidad son ocasión de salvación y de bienaventuranza. El «fijarse» en el hermano comprende además la solicitud por su bien espiritual. Y aquí deseo recordar un aspecto de la vida cristiana que a mi parecer ha caído en el olvido: la corrección fraterna con vistas a la salvación eterna. Hoy somos generalmente muy sensibles al aspecto del cuidado y la caridad en relación al bien físico y material de los demás, pero callamos casi por completo respecto a la responsabilidad espiritual para con los hermanos. No era así en la Iglesia de los primeros tiempos y en las comunidades verdaderamente maduras en la fe, en las que las personas no sólo se interesaban por la salud corporal del hermano, sino también por la de su alma, por su destino último. En la Sagrada Escritura leemos: «Reprende al sabio y te amará. Da consejos al sabio y se hará más sabio todavía; enseña al justo y crecerá su doctrina» (Pr 9, 8).

Escenas de la parábola del buen samaritano. Evangelios de Rossano (Calabria), siglo VI

Cristo mismo nos manda reprender al hermano que está cometiendo un pecado (cf. Mt 18, 15). El verbo usado para definir la corrección fraterna —elenchein— es el mismo que indica la misión profética, propia de los cristianos, que denuncian a una generación que se entrega al mal (cf. Ef 5, 11). La tradición de la Iglesia enumera entre las obras de misericordia espiritual la de «corregir al que se equivoca». Es importante recuperar esta dimensión de la caridad cristiana. Frente al mal no hay que callar. Pienso aquí en la actitud de aquellos cristianos que, por respeto humano o por simple comodidad, se adecúan a la mentalidad común, en lugar de poner en guardia a sus hermanos acerca de los modos de pensar y de actuar que contradicen la verdad y no siguen el camino del bien. Sin embargo, lo que anima la reprensión cristiana nunca es un espíritu de condena o recriminación; lo que la mueve es siempre el amor y la misericordia, y brota de la verdadera solicitud por el bien del hermano. El apóstol san Pablo afirma: «Si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado» (Ga 6, 1). En nuestro mundo impregnado de individualismo, es necesario que se redescubra la importancia de la corrección fraterna, para caminar juntos hacia la santidad. Incluso «el justo cae siete veces» (Pr 24, 16), dice la Escritura, y todos somos débiles y caemos (cf. 1 Jn 1, 8). Por lo tanto, es un gran servicio ayudar y dejarse ayudar a leer con verdad dentro de uno mismo, para mejorar nuestra vida y caminar cada vez más rectamente por los caminos del Señor. Siempre es necesaria una mirada que ame y corrija, que conozca y reconozca, que discierna y perdone (cf. Lc 22, 61), como ha hecho y hace Dios con cada uno de nosotros. 2. «Los unos en los otros»: el don de la reciprocidad. Este ser «guardianes» de los demás contrasta con una mentalidad que, al reducir la vida sólo a la dimensión terrena, no la considera en perspectiva escatológica y acepta cualquier decisión moral en nombre de la libertad individual. Una sociedad como la actual puede llegar a ser sorda, tanto ante los sufrimientos físicos, como ante las exigencias espirituales y morales de la vida. En la comunidad cristiana no debe ser así. El apóstol san Pablo invita a buscar lo que «fomente la paz y la mutua edificación» (Rm 14, 19), tratando de «agradar a su prójimo para el bien, buscando su edificación» (ib. 15, 2), sin buscar el propio beneficio «sino el de la mayoría, para que se salven» (1 Co 10, 33). Esta corrección y exhortación mutua, con espíritu de humildad y de caridad, debe formar parte de la vida de la comunidad cristiana. Los discípulos del Señor, unidos a Cristo mediante la Eucaristía, viven en una comunión que los vincula los unos a los otros como miembros de un solo cuerpo. Esto significa que el otro me pertenece; su vida, su salvación, tienen que ver con mi vida y mi salvación. Aquí tocamos un elemento muy profundo de la comunión: nuestra existencia está relacionada con la de los demás, tanto en el bien como en el mal; tanto el pecado como las obras de cari-

dad tienen también una dimensión social. En la Iglesia, cuerpo místico de Cristo, se verifica esta reciprocidad: la comunidad no cesa de hacer penitencia y de invocar perdón por los pecados de sus hijos, pero al mismo tiempo se alegra, y continuamente se llena de júbilo por los testimonios de virtud y de caridad, que se multiplican en ella. «Que todos los miembros se preocupen los unos de los otros» (1 Co 12, 25), afirma san Pablo, porque formamos un solo cuerpo. La caridad para con los hermanos, una de cuyas expresiones es la limosna —una típica práctica cuaresmal junto con la oración y el ayuno—, radica en esta pertenencia común. Todo cristiano puede expresar en la preocupación concreta por los más pobres su participación en el único cuerpo que es la Iglesia. La atención a los demás en la reciprocidad es también reconocer el bien que el Señor realiza en ellos y agradecer con ellos los prodigios de gracia que el Dios bueno y todopoderoso sigue realizando en sus hijos. Cuando un cristiano se percata de la acción del Espíritu Santo en el otro, no puede por menos de alegrarse y glorificar al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5, 16). 3. «Para estímulo de la caridad y las buenas obras»: caminar juntos en la santidad. Esta expresión de la Carta a los Hebreos (10, 24) nos lleva a considerar la llamada universal a la santidad, el camino constante en la vida espiritual, a aspirar a los carismas superiores y a una caridad cada vez más alta y fecunda (cf. 1 Co 12, 31-13, 13). La atención recíproca tiene como finalidad animarse mutuamente a un amor efectivo cada vez mayor, «como la luz del alba, que va en aumento hasta llegar a pleno día» (Pr 4, 18), en espera de vivir el día sin ocaso en Dios. El tiempo que se nos ha dado en nuestra vida es precioso para descubrir y realizar buenas obras en el amor de Dios. Así la Iglesia misma crece y se desarrolla para llegar

a la madurez de la plenitud de Cristo (cf. Ef 4, 13). En esta perspectiva dinámica de crecimiento se sitúa nuestra exhortación a animarnos recíprocamente para alcanzar la plenitud del amor y de las buenas obras. Lamentablemente, siempre está presente la tentación de la tibieza, de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos ha dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25, 25 ss). Todos hemos recibido riquezas espirituales o materiales útiles para la realización del plan divino, para el bien de la Iglesia y la salvación personal (cf. Lc 12, 21 b; 1 Tm 6, 18). Los maestros de espiritualidad recuerdan que, en la vida de fe, quien no avanza, retrocede. Queridos hermanos y hermanas, aceptemos la invitación, siempre actual, de aspirar a un «alto grado de la vida cristiana» (Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte, 6 de enero de 2001, n. 31). Al reconocer y proclamar beatos y santos a algunos cristianos ejemplares, la sabiduría de la Iglesia tiene también por objeto suscitar el deseo de imitar sus virtudes. San Pablo exhorta: «Que cada cual estime a los otros más que a sí mismo» (Rm 12, 10). Ante un mundo que exige de los cristianos un testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor, todos han de sentir la urgencia de ponerse a competir en la caridad, en el servicio y en las buenas obras (cf. Hb 6, 10). Esta llamada es especialmente intensa en el tiempo santo de preparación a la Pascua. Con mis mejores deseos de una santa y fecunda Cuaresma, os encomiendo a la intercesión de la santísima Virgen María y de corazón imparto a todos la bendición apostólica. Vaticano, 3 de noviembre de 2011

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L’OSSERVATORE ROMANO

domingo 12 de febrero de 2012, número 7

El cardenal Amato beatifica en Viena a Hildegard Burjan, esposa, madre y estudiosa

Caridad y justicia social
Santidad y caridad son dos caras de una realidad única, la sequela Christi, que justamente se adjudican a Hildegard Burjan. Lo dijo el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las causas de los santos, al presidir —en representación de Benedicto XVI— el rito de beatificación de la laica, madre de familia y fundadora de la sociedad de las Hermanas de la Caritas socialis, que tuvo lugar en la tarde del domingo 29 de enero en la catedral de San Esteban en Viena. En la concelebración, presidida por el cardenal Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, participaron obispos de Austria y numerosos sacerdotes que llegaron de todo el país. En el Ángelus del domingo por la mañana, el Papa recordó también a la nueva beata, subrayando que toda su actividad fue iluminada y sostenida por el amor de D ios. El prefecto de la Congregación para las causas de los santos explicó que así como el sacrificio de Carlos Lampert —asesinado por odio a la fe durante la persecución nazi y beatificado el pasado mes de noviembre— «trajo un rayo de sol sobre las tinieblas del mal, invitando a todos a una actitud constante de perdón incluso hacia los enemigos y perseguidores», así también la vida ejemplar de la beata Burjan «ha confortado con su inmensa caridad a las personas más débiles y necesitadas, invitando a todos a ser generosos en la caridad a imitación de Dios, dives in misericordia». Por ello, las vidas de los dos beatos austríacos son testimonios heroicos de la fidelidad a Cristo en las diversas situaciones y escenarios históricos. «Conquistada por Cristo y por su Evangelio de vida y de verdad —añadió el purpurado— Hildegard se convirtió en la mujer sabia y fuerte, que vivió plenamente la bienaventuranza de aquellos que buscan y promueven la justicia también en esta tierra». Los testimonios concuerdan en considerar a Burjan como una gran benefactora y una gran santa. «Estas son las dos caras de la beata —subrayó el cardenal—: santa y benefactora. La santidad es la fuente de su dinamismo social, continuado en la historia por las consagradas de la Caritas socialis. Los santos imitan a Jesús que pasó por esta tierra haciendo el bien. Y los santos no hablan sólo a sus contemporáneos, sino también a nosotros. También nosotros estamos llamados a vivir en la santidad para poder hacer el bien».

El prefecto recorrió luego las etapas principales de la vida de la nueva beata, recordando su nacimiento en 1883 en la entonces ciudad prusiana de Görlitz, de una familia de origen judío. Después de varios traslados, frecuentó la facultad de filosofía en la universidad de Zurich. Se casó en Berlín en 1907 con Alejandro Burjan, un judío húngaro. Más tarde, tras una enfermedad, descubrió la fe cristiana y el 11 de agosto de 1909 recibió el bautismo. Se mudó a Berlín, donde en 1910 tuvo una hija. Como comentó el cardenal Amato, aquel período en Viena quedó «marcado por la sublevación católica contra el avance de los socialistas. El austro-socialismo era particularmente radical y ejercía una influencia muy fuerte sobre las masas

proletarizadas y religiosamente desenraizadas, poniendo a disposición organizaciones de acogida y de asistencia». El partido social cristiano, prosiguió el purpurado, «tuvo que combatir tanto contra la masonería como contra los grupos judíos que controlaban la economía y las altas finanzas. La beata Hildegard inició su actividad socio-caritativa haciendo visitas a las empleadas domésticas, invitándolas a ir a las reuniones. Así se convirtió en presidenta de la Asociación de empleadas domésticas cristianas, que protegía a las trabajadoras de la explotación de los patronos». Hildegard puso en marcha otras iniciativas en el campo social, y el 16 de enero de 1919 fue elegida para el Parlamento. Mientras tanto, en el otoño de 1918, había fundado la asociación Caritas socialis. «No pocos prelados —dijo el prefecto— pensaban en esta asociación como una unión piadosa de mujeres unidas solamente por el objetivo de asistencia social a los necesitados. Para Hildegard en cambio, se trataba de una verdadera congregación religiosa, en la que las hermanas debían formar una comunidad con vida común, un hábito y una regla religiosa, correspondiente a las condiciones en las que debían desarrollar su actividad exterior». Las iniciativas caritativas y sociales se multiplicaron: un centro para mujeres descarriadas, un sanatorio para jóvenes afectadas por enfermedades venéreas, un refugio para madres y niños, guarderías y sanatorios para niños psicópatas. «Las religiosas —agregó el purpurado— se dedicaban a todo aquello que pudiera aliviar las condiciones materiales y espirituales de las mujeres y de las familias pobres. Construyó también iglesias y capillas. Una iniciativa muy benéfica en Viena fue la empresa del “Comedor de santa Isabel” en el que se ayudaba a personas de clase media que habían acabado en la miseria y que se avergonzaban de su pobreza. Tres mil de estas pobres recibían cada día una comida digna en un ambiente acogedor». La beata «fundó también las “Salas de lectura de santa Isabel”, donde cada día miles de asistidos disfrutaban de la posibilidad de leer buenas revistas, y de recibir café y pastas. Estas obras de misericordia fueron eliminadas por el nacionalsocialismo». El cardenal concluyó diciendo que la beata «consideró como sus patronos a san Francisco y a santa Catalina».

Ha muerto el cardenal Bevilacqua
El cardenal Anthony Joseph Bevilacqua, arzobispo emérito de Filadelfia (Estados Unidos), falleció el martes 31 de enero en Wynnewood, a los 83 años de edad. El funeral, presidido por monseñor Charles Chaput, arzobispo de Filadelfia, se celebró el 6 de febrero en la catedral de esa ciudad, donde fue sepultado. Anthony Joseph Bevilacqua nació en Brooklyn el 17 de junio de 1923, hijo de inmigrantes italianos. Cursó los estudios eclesiásticos en el seminario «Inmaculada Concepción» de Huntington, en Nueva York. Recibió la ordenación sacerdotal el 11 de junio de 1949. Estudió derecho canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo el doctorado. De regreso a su patria, mientras trabajaba en el tribunal diocesano de Brooklyn obtuvo un máster en ciencias políticas en 1962. Diez años después inició sus estudios de derecho civil y en 1975 se licenció en la facultad de derecho de la Universidad Saint John de Queens, en Estados Unidos. Al ser abogado, tuvo la posibilidad de trabajar en los tribunales del Estado de Nueva York, así como en Pensilvania y en la Corte Suprema. Además, fundó la Oficina católica de Brooklyn para los emigrantes y refugiados. Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Acque Albe di Bizacena y auxiliar de Brooklyn el 4 de octubre de 1980; recibió la ordenación episcopal el 24 de noviembre de dicho año. El Santo Padre lo nombró obispo residencial de Pittsburgh el 10 de octubre de 1983; y lo promovió a arzobispo metropolitano de Filadelfia el 11 de febrero de 1988. El mismo Papa lo creó cardenal, del título del Santísimo Redentor y de San Alfonso en vía Merulana, en el consistorio del 28 de junio de 1991; y aceptó su renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Filadelfia el 15 de julio de 2003. En 1997 participó en la Asamblea especial para América del Sínodo de los obispos. Además de las numerosas actividades que desempeñó en su ministerio, trabajó incansablemente en favor de la vida —era clara su posición contra el aborto—, los emigrantes, los indefensos y los ancianos; y se comprometió seriamente en la lucha contra el racismo. En la Curia romana fue miembro de las Congregaciones para las causas de los santos, para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, y para el clero; de los Consejos pontificios «Cor unum» y para la pastoral de los emigrantes e itinerantes; y de la Comisión cardenalicia de vigilancia del Instituto para las obras de religión. Benedicto XVI, en cuanto tuvo noticia de la muerte del cardenal Anthony Joseph Bevilacqua, se recogió en oración. Luego envió a monseñor Charles Chaput, arzobispo de Filadelfia, el siguiente telegrama de pésame: Al recibir con tristeza la noticia de la muerte del cardenal Anthony Joseph Bevilacqua, arzobispo emérito de Filadelfia, deseo expresar mi más sentido pésame a usted y a todos los fieles de la archidiócesis. Me uno a vosotros al confiar a Dios, Padre de misericordia, el alma del cardenal difunto, con gratitud por los años de su ministerio episcopal al servicio del rebaño de Cristo en Filadelfia, su largo compromiso a favor de la justicia social y la atención pastoral a los inmigrantes, y su contribución experta a la revisión del derecho de la Iglesia en los años sucesivos al concilio Vaticano II. A usted y a todo el clero, así como a los religiosos y laicos de la Iglesia en Filadelfia, y a los miembros de su familia, imparto de corazón mi bendición apostólica, como prenda de consolación y de paz en nuestro Señor Jesucristo. Análogo telegrama de pésame envió el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado.

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El cardenal Monterisi y la exposición organizada en la basílica de San Pablo Extramuros

Redescubriendo el concilio Vaticano
GIAMPAOLO MATTEI Los textos autógrafos de los discursos más importantes de Juan XXIII en el concilio Vaticano II y el pasaporte con el que la Secretaría de Estado dotó al entonces obispo Karol Wojtyła para participar en los trabajos. Son las piezas principales de la exposición que inauguró el miércoles 25 de enero el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, en la basílica de San Pablo Extramuros. En esta entrevista a nuestro periódico, el cardenal arcipreste Francesco Monterisi presenta las motivaciones y los objetivos de la exposición Sanctus Paulus extra moenia et Concilium Oecumenicum Vaticanum II, organizada en colaboración con el abad de San Pablo, el benedictino Edmund Power, en la sala de la Pinacoteca que da al magnífico claustro del Vassalletto. «La exposición —explica— permanecerá abierta durante toda la duración del Año de la fe, hasta el 24 de noviembre de 2013». Es, por tanto, una exposición para hacer revivir la esencia del concilio Vaticano II. Cuando Benedicto XVI anunció el Año de la fe para celebrar el quincuagésimo aniversario de la apertura del Concilio, juntamente con el abad de San Pablo enseguida pensamos que la basílica y la abadía poseían una herencia única que convenía redescubrir, valorar y relanzar precisamente para dar una contribución específica, en esa perspectiva, a la nueva evangelización. El motivo es claro: el beato Juan XXIII anunció el concilio Vaticano II el 25 de enero de 1959, justamente aquí en San Pablo. La idea de fondo es redescubrir el alcance y la sorpresa de las palabras con las que hace cincuenta y tres años, en San Pablo, el Papa Roncalli dio a conocer su intención de convocar el Concilio. Hemos recogido una serie de documentos originales que conciernen al 25 de enero de 1959 y al Concilio. Nos pareció el modo oportuno para responder a la invitación de Benedicto XVI, siguiendo sus indicaciones pastorales y la carta apostólica Porta fidei. Es una iniciativa que anticipa las manifestaciones y celebraciones que se promoverán para el Año de la fe. Pero, por lo demás, ¿no era una «anticipación» incluso el anuncio de Juan XXIII? Es más: el miércoles 25 de enero Benedicto XVI vino a la basílica para la celebración anual de las segundas vísperas de la solemnidad de la Conversión de san Pablo, como conclusión de la Semana de oración para la unidad de los cristianos. Fue una ocasión propicia para presentarle la iniciativa. No olvidamos que el joven teólogo Joseph Ratzinger participó en los trabajos conciliares desde la primera sesión. En resumen, se apunta hacia la evangelización también a través de la memoria y de la cultura. Sí, el objetivo final de toda iniciativa eclesial es siempre suscitar una fe más viva, más vivida, más practicada. En plena sintonía con el Papa. Y respecto a las características específicas de la exposición, ¿cuáles son las piezas principales y cómo las han obtenido? Las piezas principales son cuatro y vienen directamente de la Secretaría de Estado. Tenemos dos páginas autógrafas del discurso de Juan XXIII en San Pablo el 25 de enero de 1959 y dos páginas, también escritas a mano por el Papa Roncalli, con las notas de preparación del

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discurso de apertura, el 11 de octubre de 1962. También podemos mostrar el original del motu proprio para la constitución de la comisión preparatoria. Y además un documento que suscitará un interés particular: el «pasaporte de servicio para el extranjero» concedido por la Santa Sede al enEn la exposición, el pasaporte de servicio de Karol Wojtyła tonces obispo Karol Wojtyła para participar en el Concilio. ¿Qué se siente teniendo entre manos los textos autóSí, nos han echado una mano generosamente grafos de los discursos históricos del Papa Roncalli? «L’Osservatore Romano», Radio Vaticano, el Vuelven enseguida a la mente los acontecimien- Centro televisivo vaticano, la Biblioteca apostólica tos de la Iglesia de aquellos años. Juan XXIII era vaticana, el Archivo secreto vaticano, la Oficina consciente de la necesidad de trabajar por una filatélica y numismática, Correos y la Tipografía doctrina tuenda ac promovenda, presentándola de Vaticana. modo que respondiera a las nuevas exigencias, a los nuevos tiempos. Una idea retomada, dirigida sabiamente y llevada a cabo por Pablo VI. El «pasaporte de servicio para el extranjero» concedido por la Secretaría de Estado al entonces monseñor Wojtyła es de por sí un documento que ya revela su perfil, a partir de los visados para los viajes que realizó a países de Oriente Medio. Al abrir el pasaporte, se nota enseguida el visado para Italia, que hace recordar las restricciones impuestas por el régimen polaco a los viajes de los obispos al extranjero, especialmente a Roma. Después se ven varios visados y sellos de aeropuertos de países de Oriente Medio. De este modo, el documento es también un testimonio de la idea del futuro Papa de aprovechar su participación en el Concilio para visitar Tierra Santa, para profundizar su fe y su conocimiento de los lugares en los que Cristo vivió y la Iglesia primitiva se desarrolló. El pasaporte, fechado en 1963, lleva la firma del entonces sustituto de la Secretaría de Estado Angelo Dell’Acqua. ¿Cuáles son los otros documentos expuestos? El abad de San Pablo ha puesto a disposición una custodia y el cáliz con patena y cacillo, todo en plata dorada, donados por Juan XXIII el 25 de junio de 1959. Además, ha encontrado una serie de fotografías tomadas justamente aquel día. Por ello ha hecho colocar en una vitrina cuatro cuadros de la primera mitad del siglo XVII que representan a los evangelistas. Se podrán ver también una copia de la famosa Biblia carolingia —la original, propiedad de la abadía, es del siglo IX— y el Codex Pauli, una reciente colección de escritos y documentos paulinos. Los organismos vaticanos han dado una contribución importante. ¿Qué se podrá ver? Ver y oír. Un monitor, de hecho, transmitirá ininterrumpidamente un documental, de alrededor de trece minutos, realizado por el Centro televisivo vaticano con imágenes de la época y la parte sonora proporcionada por Radio Vaticano. «L’Osservatore Romano» nos ha dado la copia de tres páginas de la edición del 26-27 de enero de 1959 —con todas las noticias de la visita de Juan XXIII a San Pablo— y numerosas fotografías. El Archivo secreto vaticano ha prestado una copia, completamente parecida al original, de la bula Humanae salutis para la convocación del Concilio. Por su parte, la Oficina filatélica y numismática nos proveyó de todo el material estampado y acuñado en la época: medallas, monedas y sellos. El valor histórico y artístico es muy elevado: hay también una medalla diseñada por Giacomo Mazú. Después está el muy reciente matasellos postal que lleva la representación del Papa Roncalli y de la basílica de San Pablo. Todos estos documentos van acompañados por pies de texto exhaustivos en italiano e inglés. ¿Con qué criterio se han elegido? Con el deseo de poner de relieve los objetivos del Concilio: revitalizar la fe de los cristianos y contribuir al diálogo ecuménico. La unión con la realidad viva de nuestra basílica es evidente. Los Papas, además, han elegido a menudo San Pablo para anuncios e iniciativas importantes de la Iglesia universal. Recuerdo que aquí, el 28 de junio de 2010, Benedicto XVI reveló su intención de crear el Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización. Han reservado un espacio para conferencias y encuentros de estudio en la sala de la exposición. ¿Habrá un hilo conductor, un tema de fondo? Estamos estudiando iniciativas importantes para la conmemoración del Concilio. Habrá conferencias pero también celebraciones en la basílica y en otras salas del complejo paulino. Por sugerencia del abad, propondremos reflexiones centradas en el Evangelio y en los cuatro evangelistas, utilizando textos de la constitución dogmática conciliar Dei Verbum. Como se recordará, durante los trabajos conciliares en la basílica vaticana, en el centro de la nave y delante de la Confesión de Pedro, se colocaba un Evangelio ricamente decorado, sobre un atril. Cada mañana, la sesión iniciaba precisamente con la entronización del Evangelio, para indicar la fuente de la que debía surgir cada deliberación.
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domingo 12 de febrero de 2012, número 7

Colegio episcopal
Monseñor Froilán Tiberio Casas Ortiz, obispo de Neiva (Colombia)
RENUNCIAS: El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la archidiócesis de Karachi (Pakistán) que monseñor EVARIST PINTO le había presentado en conformidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico. Evarist Pinto nació en Goa (India) el 31 de diciembre de 1933. Recibió la ordenación sacerdotal el 6 de enero de 1968, incardinado en la archidiócesis de Karachi. Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Castra Severiana y auxiliar de Karachi el 17 de febrero de 2000; recibió la ordenación episcopal el 25 de abril del mismo año. El mismo Pontífice lo promovió a arzobispo de Karachi el 19 de diciembre de 2003. El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Neiva (Colombia) que monseñor RAMÓN DARÍO MOLINA JARAMILLO, O.F M., le había presentado en con. formidad con el canon 401 § 1 del Código de derecho canónico.
O.F M., .

cesis de Medellín, el 31 de agosto de 1935. Recibió la ordenación sacerdotal el 26 de octubre de 1961. Pablo VI lo nombró obispo titular de Timici y auxiliar de Bogotá el 6 de mayo de 1977; recibió la ordenación episcopal el 29 de julio del mismo año. Juan Pablo II lo nombró obispo residencial de Montería el 23 de marzo de 1984; y lo trasladó a la sede de Neiva el 19 de enero de 2001. El Papa ha aceptado la renuncia a la función de auxiliar y vicario para Jordania del patriarca de Jerusalén de los latinos que monseñor SALIM SAYEGH, obispo titular de Acque di Proconsolare, le había presentado en conformidad con el canon 411 del Código de derecho canónico. Salim Sayegh nació en Rumaimin, patriarcado de Jerusalén de los latinos, el 15 de marzo de 1935. Recibió la ordenación sacerdotal el 28 de junio de 1959. El Papa Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Acque di Proconsolare y auxiliar del patriarcado de Jerusalén de los latinos el 26 de noviembre de 1981; recibió la ordenación episcopal el 6 de enero de 1982.

EL PAPA

HA NOMBRAD O:

—Arzobispo de Karachi (Pakistán) a monseñor JOSEPH COUTTS, hasta ahora obispo de Faisalabad. Joseph Coutts nació en Amritsar, diócesis de Jullundur (India), el 21 de julio de 1945. Recibió la ordenación sacerdotal el 9 de enero de 1971, incardinado en la archidiócesis de Lahore. Juan Pablo II lo nombró obispo coadjutor de Hyderabad (Pakistán) el 5 de mayo de 1988; recibió la ordenación episcopal el 16 de septiembre del mismo año. Pasó a ser obispo residencial de dicha sede el 1 de septiembre de 1990. El mismo Papa lo nombró obispo de Faisalabad el 27 de junio de 1998. —Obispo de Neiva (Colombia) a monseñor FROILÁN TIBERIO CASAS ORTIZ. Froilán Tiberio Casas Ortiz nació en Chiquinquirá (Colombia) el 21 de mayo de 1948. Recibió la ordenación sacerdotal el 9 de diciembre de 1972, incardinado en la archidiócesis de Tunja. Se licenció en teología dogmática en la Pontificia Universidad

Gregoriana de Roma, y en filosofía y ciencias religiosas en la Universidad Santo Tomás de Bogotá. Ha desempeñado su ministerio pastoral como profesor del seminario mayor, donde luego fue formador; capellán del Servicio nacional de aprendizaje; párroco; vicario diocesano para los religiosos; y, desde 2011, rector del seminario mayor de Tunja. —Auxiliar y vicario para Jordania del patriarca de Jerusalén de los latinos a monseñor MAROUN ELIAS LAHHAM, trasladándolo de la sede arzobispal de Túnez a la sede titular episcopal de Medaba, conservándole el título de arzobispo «ad personam». Maroun Elias Lahham nació en Irbed, patriarcado de Jerusalén de los latinos, el 20 de julio de 1948. Recibió la ordenación sacerdotal el 24 de junio de 1972. Benedicto XVI lo nombró obispo de Túnez el 8 de septiembre de 2005; recibió la ordenación episcopal el 2 de octubre sucesivo. El Santo Padre, tras elevar dicha sede a la categoría de archidiócesis, lo promovió a la dignidad arzobispal el 22 de mayo de 2010.

Ramón Darío Molina Jaramillo, nació en Envigado, arquidió-

Lutos en el episcopado
—Monseñor JOSEPH WALTER ESTABRO OK, obispo titular de Flenucleta y auxiliar del Ordinariato militar para Estados Unidos, falleció el 4 de febrero. Tenía 67 años. Había nacido en Kingston, archidiócesis de Nueva York, el 19 de mayo de 1944. Era sacerdote desde el 30 de mayo de 1969. Juan Pablo II lo nombró obispo titular de Flenucleta y auxiliar del Ordinariato militar para Estados Unidos el 7 de mayo de 2004; recibió la ordenación episcopal el 3 de julio del mismo año. —Monseñor EVERARDUS ANTONIUS M. BAAIJ, S.C.I., obispo emérito de la diócesis de Aliwal (Sudáfrica), falleció el 31 de enero. Tenía 90 años. Había nacido en Rotterdam (Holanda) el 24 de marzo de 1921. Era sacerdote desde el 20 de julio de 1947. El Papa Pablo VI lo nombró obispo de Aliwal el 17 de diciembre de 1973; recibió la ordenación episcopal el 23 de mayo de 1974. Juan Pablo II aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis el 30 de octubre de 1981. EL SANTO PADRE

Audiencias pontificias
HA RECIBID O EN AUDIENCIA:

tular de Eguga; y monseñor José Arturo Cepeda, obispo titular de Tagase. —Monseñor Bernard Anthony Hebda, obispo de Gaylord. —Monseñor Walter Allison Hurley, obispo de Grand Rapids. —Monseñor Paul Joseph Bradley, obispo de Kalamazoo. —Monseñor Earl Alfred Boyea, obispo de Lansing. —Monseñor Alexander King Sample, obispo de Marquette. —Monseñor Joseph Robert Cistone, obispo de Saginaw. Lunes, día 6 —A la nueva jefa de la delegación de la Unión Europea, Laurence Argimon Pistre, con ocasión de la presentación de las cartas credenciales. —Al cardenal Marc Ouellet, P.S.S., prefecto de la Congregación para los obispos.

Jueves 3 de febrero —Al cardenal Giovanni Lajolo, presidente emérito de la Comisión pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano y presidente emérito de la Gobernación del mismo Estado. —Al cardenal Stanisław Ryłko, presidente del Consejo pontificio para los laicos. A los obispos de Estados Unidos en visita «ad limina Apostolorum».

Representaciones pontificias
El Papa ha nombrado arzobispo titular de Orange y nuncio apostólico en Zambia a monseñor JULIO MURAT. Julio Murat nació en Karsiyaka, diócesis de (Turquía), el 18 de agosto de 1961. Recibió la ordenación sacerdotal el 25 de mayo de 1986, incardinado en Esmirna. Es doctor en derecho canónico. Entró en el servicio diplomático de la Santa Sede el 1 de enero de 1994 y ha trabajado en las representaciones pontificias en Indonesia, Pakistán, Bielorrusia y Austria, y en el último periodo era consejero de nunciatura en la sección para las Relaciones con los Estados de la Secretaría de Estado. El Papa ha nombrado arzobispo titular de Umbriatico y nuncio apostólico en las Islas Salomón a monseñor SANTO GANGEMI. Santo Gangemi nació en Messina (Italia) el 16 de agosto de 1961. Recibió la ordenación sacerdotal el 28 de junio de 1986. Entró en el servicio diplomático de la Santa Sede el 1 de julio de 1991 y ha trabajado en las representaciones pontificias en Marruecos, Italia, Rumanía, Cuba, Chile, Francia, España y República Árabe de Egipto. El Papa ha nombrado arzobispo titular de Monteverde a monseñor LUCIANO RUSSO, consejero de nunciatura, encomendándole al mismo tiempo el cargo de nuncio apostólico. Luciano Russo nació en Lusciano, diócesis de Caserta (Italia), el 1 de octubre de 1988. Recibió la ordenación sacerdotal el 1 de octubre de 1988, incardinado en la diócesis de Aversa. Entró en el servicio diplomático de la Santa Sede el 1 de julio de 1993 y ha trabajado en las representaciones pontificias en Papúa Nueva Guinea, Honduras, Siria, Brasil, Países Bajos, Estados Unidos, Honduras y Bulgaria.

—Monseñor Dennis Marion Schnurr, arzobispo de Cincinnati, con el auxiliar, monseñor Joseph R. Binzer, obispo titular de Subbar. —Monseñor Richard Gerard Lennon, obispo de Cleveland. —Monseñor Frederick Francis Campbell, obispo de Columbus. —Monseñor Leonard Paul Blair, obispo de Toledo en América.
S.J.,

—Monseñor George Vance Murry, obispo de Youngstown.

Viernes, día 3 —Al cardenal William Joseph Levada, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe. A los obispos de Estados Unidos en visita «ad limina Apostolorum»: —Monseñor Allen Henry Vigneron, arzobispo de Detroit, con los auxiliares: monseñor Francis R. Reiss, obispo titular de Remesiana; monseñor Donald F. Hanchon, obispo titular de Orreomargo; monseñor Michael J. Byrnes, obispo ti-

Curia romana
El Santo Padre ha nombrado consultores de la Congregación para la doctrina de la fe a las siguientes personas: padre PAOLO MARTINELLI, O.F.M.CAP., director del Instituto Franciscano de espiritualidad de la Pontificia Universidad «Antonianum» de Roma; y al presbítero MAURIZIO GRONCHI, del clero de la archidiócesis de Pisa, profesor ordinario de la facultad de teología de la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma.

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Redescubriendo el Vaticano II
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En la audiencia general del 8 de febrero el Papa habla de la oración de Jesús ante la muerte

Cuando parece que Dios no oye
Queridos hermanos y hermanas: Hoy quiero reflexionar con vosotros sobre la oración de Jesús en la inminencia de la muerte, deteniéndome en lo que refieren san Marcos y san Mateo. Los dos evangelistas nos presentan la oración de Jesús moribundo no sólo en lengua griega, en la que está escrito su relato, sino también, por la importancia de aquellas palabras, en una mezcla de hebreo y arameo. De este modo, transmitieron no sólo el contenido, sino hasta el sonido que esa oración tuvo en los labios de Jesús: escuchamos realmente las palabras de Jesús como eran. Al mismo tiempo, nos describieron la actitud de los presentes en el momento de la crucifixión, que no comprendieron —o no quisieron comprender— esta oración. Como hemos escuchado, escribe san Marcos: «Llegado el mediodía toda la región quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. Y a las tres, Jesús clamó con voz potente: “Eloí, Eloí, lemá sabactaní?”, que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”» (15, 33-34). En la estructura del relato, la oración, el grito de Jesús se eleva en el culmen de las tres horas de tinieblas que, desde el mediodía hasta las tres de la tarde, cubrieron toda la tierra. Estas tres horas de oscuridad son, a su vez, la continuación de un lapso de tiempo anterior, también de tres horas, que comenzó con la crucifixión de Jesús. El evangelista san Marcos, en efecto, nos informa que: «Eran las nueve de la mañana cuando lo crucificaron» (cf. 15, 25). Del conjunto de las indicaciones horarias del relato, las seis horas de Jesús en la cruz están articuladas en dos partes cronológicamente equivalentes. En las tres primeras horas, desde las nueve hasta el mediodía, tienen lugar las burlas por parte de diversos grupos de personas, que muestran su escepticismo, afirman que no creen. Escribe san Marcos: «Los que pasaban lo injuriaban» (15, 29); «de igual modo, también los sumos sacerdotes, con los escribas, entre ellos se burlaban de él» (15, 31); «también los otros crucificados lo insultaban» (15, 32). En las tres horas siguientes, desde mediodía «hasta las tres de la tarde», el evangelista habla sólo de las tinieblas que cubrían toda la tierra; la oscuridad ocupa ella sola toda la escena, sin ninguna referencia a moviSIGUE EN LA PÁGINA 12

La sala de la Pinacoteca, ya reestructurada para el Año paulino, ha sido revolucionada precisamente en función del mensaje de la exposición. Una pared entera está cubierta por una ampliación fotográfica de la basílica de San Pedro durante los trabajos conciliares, junto a las reproducciones de la bula de convocatoria y de la lápida colocada en la sala abacial donde se anunció la convocación. Además, en el suelo de la sala hay una placa de acero perforada mediante láser con los contornos de la basílica paulina y de la abadía, en donde se indica el lugar exacto del anuncio. Saliendo de la exposición, ¿qué se propone a los visitantes para que lleven consigo? El estímulo para entrar ya desde ahora en el espíritu del Año de la fe y de la conmemoración del quincuagésimo aniversario del Vaticano II. Proponiendo de nuevo algunos puntos fundamentales, la exposición, a través de documentos e imágenes, invita a reflexionar sobre la importancia de profundizar en la fe en la situación actual de la Iglesia y del mundo. Para terminar, una pregunta más personal: ¿Cuáles son sus recuerdos del Concilio? Yo entonces era vicerrector del seminario de Trani - Barletta - Bisceglie. Recuerdo con emoción el anuncio en San Pablo: todos sentíamos el beneficio que produciría a la Iglesia. Cuando se abrió el Concilio yo estaba en Roma como alumno de la Academia eclesiástica pontificia. Durante la primera sesión formé parte del grupo de jóvenes sacerdotes que ayudaban a los padres conciliares en las tareas prácticas: asignación de puestos, distribución de las papeletas para las votaciones. Así tuve la oportunidad de asistir en persona a algunos debates. Conservo un vivo recuerdo de ellos, especialmente de la ceremonia de apertura. Recuerdo además las primeras intervenciones de los padres conciliares sobre los textos base redactados por las comisiones preparatorias; se entendía que verdaderamente había exigencias nuevas. El mundo estaba cambiando y hacía falta un concilio para volver a presentar a los hombres la verdad de la doctrina católica. Tampoco hoy debemos perder de vista el punto central, como han dicho muchas veces los Papas, desde Juan XXIII hasta Benedicto XVI: tenemos que dar mayor vitalidad a nuestra fe para un continuo redescubrimiento de la belleza del encuentro personal con Cristo, salvador del mundo.

Simposio internacional sobre los abusos
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de la verdad y de la justicia constituye la mejor respuesta que podemos ofrecer al triste fenómeno del abuso sexual de menores por parte de clérigos». Siendo la justicia sinónimo de verdad, es «errónea» por su parte «la preocupación según la cual se debe garantizar al buen nombre de la institución la máxima prioridad en detrimento de la legítima denuncia de un crimen». Monseñor Schicluna lo aclaró retomando un discurso que el Papa Wojtyła dirigió a la Sacra Rota Romana —el 28 de enero de 1994— exponiendo algunos principios fundamentales hoy fácilmente aplicables también a estos casos de abusos sexuales. «La enseñanza del beato Juan Pablo II, según la cual la verdad es la base de la justicia, explica por qué

razón una cultura mortal del silencio es por sí misma equivocada e injusta». Desde esta óptica, el promotor de justicia ofreció un excursus de las principales intervenciones del magisterio y de los organismos de la Santa Sede en materia de abusos sexuales, partiendo del motu proprio Sacramentorum sanctitatis tutela de 2001 según el cual el abuso sexual de un menor de 18 años cometido por un clérigo se incluía en el elenco de los delicta graviora reservados a la Congregación para la doctrina de la fe. Normativa que ulteriormente se reforzó —por ejemplo duplicando los términos de prescripción y, en caso de condena civil del clérigo, reduciéndole ex officio al estado laical— por Benedicto XVI en mayo de 2010. «Una lectura atenta y profunda del reciente magisterio de la Iglesia en materia de abu-

Un vínculo consolidado
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entre la Iglesia y las autoridades federales para la preparación de la visita. Y hay muchas fundaciones y privados dispuestos a sostener los gastos para la organización de la visita. ¿Qué piensa de esta convergencia de intenciones para recibir al Papa? Puedo decirle que el Gobierno Federal está colaborando con la Santa Sede en el más amplio sentido de la palabra. He sido testigo de algunos de los preparativos en Guanajuato. Por ejemplo, me han llegado comentarios de cómo se está organizando la magna ceremonia del domingo 25 de marzo en el Parque Bicentenario y puedo decir que existe una gran coordinación en todos los niveles de gobierno. Sobre la participación de los demás actores en la organización, sólo puedo decir que una participación amplia de los funcionarios, de los medios, de los empresarios, de la Iglesia y otros es

deseable, y ello en esta ocasión y siempre. ¿Una convergencia que puede que se dé en el futuro, incluso al hacer frente a otros problemas del país? Me parece muy importante que pudiese ocurrir un resurgimiento de la solidaridad social y se lograse mantenerla a lo largo del tiempo en forma organizada. Hemos podido comprobar en ocasiones, grandes y pequeñas, el surgimiento espontáneo de la solidaridad. Esas ocasiones ocurren cuando sobrevienen grandes desastres como inundaciones, sequías o terremotos —que de todo hemos tenido—; pero son como chispazos de ayuda mutua que se extinguen pronto, como los fuegos de artificio. Pero pudiera suceder que esta visita del Papa sea la ocasión en que comience a generarse una solidaridad organizada, bien pensada y sostenida a lo largo del tiempo.

so sexual de menores por parte de religiosos demuestra que la seguridad de los niños constituye una preocupación de primera relevancia para la Iglesia y parte integrante de su concepto de “bien común”», afirmó monseñor Scicluna. Con todo, «por mucho que la ley sea clara, ello no es suficiente para la paz y para el orden de la comunidad —constató—. Nuestro pueblo necesita saber que la ley se aplica». En este contexto se detuvo en el «deber» de colaborar con las autoridades estatales. «El abuso sexual de menores no constituye sólo un delito canónico o una violación de un código de conducta interno de una institución, religiosa o de otro tipo; sino que representa un crimen perseguible por el derecho civil. Aunque las relaciones con las autoridades civiles puedan variar de un país a otro, es sin embargo importante colaborar con ellas en el ámbito de las respectivas competencias». En cualquier caso «ninguna estrategia para la prevención del abuso de menores —concluyó— podrá jamás llevar a resultados sin compromiso y responsabilidad». Que es lo que había subrayado Benedicto XVI en la carta a los católicos de Irlanda en marzo de 2010. Y que es también la convicción con la que el 7 de febrero, por la tarde, los participantes del simposio —obispos y superiores generales, además de víctimas de abusos— estuvieron presentes en la vigilia penitencial en la iglesia de San Ignacio. «Padre, mira ahora con bondad nuestra mísera condición —fue la invocación del cardenal Ouellet—: se nos ha confiado la tarea de ser sacramento de salvación, de anunciar el tiempo de tu gracia. En tu promesa hemos caminado para combatir el mal del mundo: el egoísmo, la injusticia, la explotación del débil, sin temer el veneno; pero con estupor y vergüenza percibimos que este mal persiste siempre en nuestro interior y ofusca gravemente nuestro testimonio eclesial. Nosotros, que debíamos llevar la salvación a los “pequeños”, a veces hemos sido instrumento del mal contra ellos».

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Cuando parece que Dios no oye
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mientos de personajes o a palabras. Cuando Jesús se acerca cada vez más a la muerte, sólo está la oscuridad que cubre «toda la tierra». Incluso el cosmos toma parte en este acontecimiento: la oscuridad envuelve a personas y cosas, pero también en este momento de tinieblas Dios está presente, no abandona. En la tradición bíblica, la oscuridad tiene un significado ambivalente: es signo de la presencia y de la acción del mal, pero también de una misteriosa presencia y acción de Dios, que es capaz de vencer toda tiniebla. En el Libro del Éxodo, por ejemplo, leemos: «El Señor le dijo a Moisés: “Voy a acercarme a ti en una nube espesa”» (19, 9); y también: «El pueblo se quedó a distancia y Moisés se acercó hasta la nube donde estaba Dios» (20, 21). En los discursos del Deuteronomio, Moisés relata: «La montaña ardía en llamas que se elevaban hasta el cielo entre nieblas y densas nubes» (4, 11); vosotros «oísteis la voz que salía de la tiniebla, mientras ardía la montaña» (5, 23). En la escena de la crucifixión de Jesús, las tinieblas envuelven la tierra y son tinieblas de muerte en las que el Hijo de Dios se sumerge para traer la vida con su acto de amor. Volviendo a la narración de san Marcos, Jesús, ante los insultos de las diversas categorías de personas, ante la oscuridad que lo cubre todo, en el momento en que se encuentra ante la muerte, con el grito de su oración muestra que, junto al peso del sufrimiento y de la muerte donde parece haber abandono, la ausencia de Dios, él tiene la plena certeza de la cercanía del Padre, que aprue-

ba este acto de amor supremo, de donación total de sí mismo, aunque no se escuche, como en otros momentos, la voz de lo alto. Al leer los Evangelios, nos damos cuenta de que Jesús, en otros pasajes importantes de su existencia terrena, había visto cómo a los signos de la presencia del Padre y de la aprobación a su camino de amor se unía también la voz clarificadora de Dios. Así, en el episodio que sigue al bautismo en el Jordán, al abrirse los cielos, se escuchó la palabra del Padre: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco» (Mc 1, 11). Después, en la Transfiguración, el signo de la nube estuvo acompañado por la palabra: «Este es mi Hijo amado; escuchadlo» (Mc 9, 7). En cambio, al acercarse la muerte del Crucificado, desciende el silencio; no se escucha ninguna voz, aunque la mirada de amor del Padre permanece fija en la donación de amor del Hijo. Pero, ¿qué significado tiene la oración de Jesús, aquel grito que eleva al Padre: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado», la duda de su misión, de la presencia del Padre? En esta oración, ¿no se refleja, quizá, la consciencia precisamente de haber sido abandonado? Las palabras que Jesús dirige al Padre son el inicio del Salmo 22, donde el salmista manifiesta a Dios la tensión entre sentirse dejado solo y la consciencia cierta de la presencia de Dios en medio de su pueblo. El salmista reza: «Dios mío, de día te grito, y no respondes; de noche, y no me haces caso. Porque tú eres el Santo y habitas entre las alabanzas de Israel» (vv. 3-4). El salmista habla de «grito» para expresar ante Dios, aparentemente ausente, todo el sufri-

Llamamiento de Benedicto

XVI

Por las poblaciones de Europa bajo azote del hielo
Al final de la audiencia general en el aula Pablo VI (en el Vaticano, cubierto de nieve el fin de semana pasado, como muestra la fotografía), el Santo Padre pidió oraciones y solidaridad por las poblaciones de muchas regiones de Europa azotadas por una fuerte ola de frío, nieve y hielo: En las últimas semanas una ola de frío y hielo se ha abatido sobre algunas regiones de Europa provocando grandes dificultades e ingentes daños. Deseo manifestar mi cercanía a las poblaciones azotadas por tan intenso mal tiempo, mientras invito a la oración por las víctimas y sus familiares. Al mismo tiempo, exhorto a la solidaridad para que se preste ayuda con generosidad a las personas afectadas por esos trágicos acontecimientos.

miento de su oración: en el momento de angustia la oración se convierte en un grito. Y esto sucede también en nuestra relación con el Señor: ante las situaciones más difíciles y dolorosas, cuando parece que Dios no escucha, no debemos temer confiarle a él el peso que llevamos en nuestro corazón, no debemos tener miedo de gritarle nuestro sufrimiento; debemos estar convencidos de que Dios está cerca, aunque en apariencia calle. Al repetir desde la cruz precisamente las palabras iniciales del Salmo, —«Elí, Elí, lemá sabactaní?»— «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46), gritando las palabras del Salmo, Jesús reza en el momento del último rechazo de los hombres, en el momento del abandono; reza, sin embargo, con el Salmo, consciente de la presencia de Dios Padre también en esta hora en la que siente el drama humano de la muerte. Pero en nosotros surge una pregunta: ¿Cómo es posible que un Dios tan poderoso no intervenga para evitar esta prueba terrible a su Hijo? Es importante comprender que la oración de Jesús no es el grito de quien va al encuentro de la muerte con desesperación, y tampoco es el grito de quien es consciente de haber sido abandonado. Jesús, en aquel momento, hace suyo todo el Salmo 22, el Salmo del pueblo de Israel que sufre, y de este modo toma sobre sí no sólo la pena de su pueblo, sino también la pena de todos los hombres que sufren a causa de la opresión del mal; y, al mismo tiempo, lleva todo esto al corazón de Dios mismo con la certeza de que su grito será escuchado en la Resurrección: «El grito en el extremo tormento es al mismo tiempo certeza de la respuesta divina, certeza de la salvación, no solamente para Jesús mismo, sino para “muchos”» (Jesús de Nazaret II, p. 251). En esta oración de Jesús se encierran la extrema confianza y el abandono en las manos de Dios, incluso cuando parece ausente, cuando parece que permanece en silencio, siguiendo un designio que para nosotros es

incomprensible. En el Catecismo de la Iglesia católica leemos: «En el amor redentor que le unía siempre al Padre, Jesús nos asumió desde el alejamiento con relación a Dios por nuestro pecado hasta el punto de poder decir en nuestro nombre en la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"» (n. 603). Su sufrimiento es un sufrimiento en comunión con nosotros y por nosotros, que deriva del amor y ya lleva en sí mismo la redención, la victoria del amor. Las personas presentes al pie de cruz de Jesús no logran entender y piensan que su grito es una súplica dirigida a Elías. En una escena agitada, buscan apagarle la sed para prolongarle la vida y verificar si realmente Elías venía en su ayuda, pero un fuerte grito puso fin a la vida terrena de Jesús y al deseo de los que estaban al pie de la cruz. En el momento extremo, Jesús deja que su corazón exprese el dolor, pero deja emerger, al mismo tiempo, el sentido de la presencia del Padre y el consenso a su designio de salvación de la humanidad. También nosotros nos encontramos siempre y nuevamente ante el «hoy» del sufrimiento, del silencio de Dios —lo expresamos muchas veces en nuestra oración—, pero nos encontramos también ante el «hoy» de la Resurrección, de la respuesta de Dios que tomó sobre sí nuestros sufrimientos, para cargarlos juntamente con nosotros y darnos la firme esperanza de que serán vencidos (cf. Carta enc. Spe salvi, 35-40). Queridos amigos, en la oración llevamos a Dios nuestras cruces de cada día, con la certeza de que él está presente y nos escucha. El grito de Jesús nos recuerda que en la oración debemos superar las barreras de nuestro «yo» y de nuestros problemas y abrirnos a las necesidades y a los sufrimientos de los demás. La oración de Jesús moribundo en la cruz nos enseña a rezar con amor por tantos hermanos y hermanas que sienten el peso de la vida cotidiana, que viven momentos difíciles, que atraviesan situaciones de dolor, que no cuentan con una palabra de consuelo. Llevemos todo esto al corazón de Dios, para que también ellos puedan sentir el amor de Dios que no nos abandona nunca. Gracias.

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