I ntroducción a la sociología de las emociones

http://www.cge.udg.mx/revistaudg/rug18/art3.html Rogelio Luna Zamora/Departamento de Estudios Sociourbanos Antecedentes El interés por la comprensión del mundo emocional en la filosofía tiene ya una larga trayectoria en el estudio de las pasiones y los sentimientos, que data desde la Grecia clásica.2 Sin embargo, desde finales del siglo xix y por varias décadas las emociones fueron objeto de estudio privilegiado, sino exclusivo, de la psicología y el psicoanálisis, sobre todo desde una perspectiva instrumental (conductista), clínica y acaso sociopatológica. Por su parte, la sociología, aun cuando de modo tangencial, le ha concedido también importancia a la esfera emocional. Incluso para los clásicos, ésta es una especie de sedimento implícito, como el fin último de algunas instituciones sociales, la arena en la que se expresan y depositan los cambios globales de la sociedad. Piénsese, por ejemplo, en las tipologías históricas elaboradas por los sociólogos clásicos como Marx, Weber y Durkheim, que, como bien señala Lyon (1987: 18), conservan una gran influencia de la tipología elaborada por Tonnies, en el sentido de que contienen los aspectos fundamentales señalados por este último autor, respecto al movimiento social que va desde el Gemeinschaft o comunitario lifestyle, al Gelsellschaft lifestile propio de la sociedad moderna y la vida urbana, que descansa en la voluntad racional e implica la emergencia del individualismo, y de un orden social legal que exige y moviliza la neutralidad afectiva. Así, la emergencia del individuo y la neutralidad afectiva que lo acompaña pueden ser encontradas en estas grandes tipologías, sean éstas expuestas en la forma de tránsito que va del modo de producción feudal al de producción capitalista, en el modelo de Marx; o en la forma del tránsito del tipo de dominación tradicional al de dominación legal y burocrático, en el modelo weberiano; y finalmente, en la forma del cambio que va desde la solidaridad mecánica, característica de las sociedades tradicionales, a la orgánica, en torno a la cual se cohesiona la sociedad moderna, en términos de Durkheim. Podríamos decir que el desplazamiento de la importancia de la vida emocional en el orden social constituye un elemento común a estas tipologías, muy al margen de las profundas diferencias que conservan estos autores en cuanto a los principios filosóficos, epistemológicos y aun políticos que guían su reflexión. En particular, en la tipología elaborada por Durkheim (1951) en La división social del trabajo, la solidaridad orgánica implica la pérdida de importancia de los lazos comunitarios, de la homogeneidad de la población y, sin duda, afecta el mundo emocional del sujeto. Durkheim (1965) se interesó en diferenciar la psicología de la sociología; en particular, encuentra en los sentimientos religiosos una fuerza moral que ofrece refugio a los sentimientos de la comunidad (Kemper 1984: 373). Su trabajo sobre El suicidio (Durkheim 1951) constituye una aproximación importante a los sentimientos en la perspectiva histórica. En él ilustra su preocupación por el mundo emocional, y su interés por entender los fenómenos psicológicos como consecuencia de procesos sociales globales. Collins (1990: 27) resalta la trascendencia que adquieren de manera implícita las teorías propuestas por Durkheim y Parsons. Para ellos, el orden social y la cohesión descansan en los valores morales

compartidos. Pero en última instancia, éstos no son otra cosa que "conocimientos amalgamados con emociones". Efectivamente, los valores invocan, pero también implican la movilización de emociones en el macro y micro nivel de la sociedad. Como veremos, el foco de los funcionalistas herederos de la tradición durkheimiana, en la sociología de las emociones, es, a la inversa, el estudio de la función de las emociones en el orden social. De cualquier forma, la sociología de las emociones, muy al margen de si los autores son o no herederos de la tradición funcionalista de Durkheim, ha heredado la premisa fundamental de que la sociología debe explicar los fenómenos emocionales con el uso de conceptos sociológicos adecuados y propios de esta área de conocimiento (McCarthy 1989: 53). Por otra parte, la concepción de Weber sobre las emociones ocupa un lugar central en sus conceptos teóricos; así, la acción social que constituye en su opinión el objeto de estudio de la sociología, gira en el sentido referido, el cual puede ser racional o irracional, y descansar este último, fundamentalmente, en la esfera afectiva. La oposición racionalidad frente a irracionalidad es un aspecto principal del enfoque de Weber (1981: 171), para quien las sociedades, como tipo ideal, viven un proceso que denota la pérdida de importancia del sentido afectivo en torno al cual se articula el orden convencional característico de las sociedades tradicionales. En cierta forma, esta perspectiva general de los sociólogos clásicos y de Weber en particular corresponde vis à vis a un ambiente social influenciado ya por los efectos de la llamada revolución científica, y sobre todo por una concepción que consideraba la racionalidad y emocionalidad no sólo diferentes, sino como formas opuestas de relacionarse con el mundo en el orden individual, y por supuesto también a nivel global e histórico; no olvidemos que la racionalidad fue vista como una característica privilegiada de las sociedades más desarrolladas (Collins 1990). Incluso para la psicología todavía en los años treinta y cuarenta del siglo xx, las emociones eran consideradas como respuestas desorganizantes y desorganizadas de la conducta. En el campo de las ciencias sociales, en los estudios de "cultura y personalidad" de R. Benedict, M. Mead y H. Lasswell hacia la década de los treinta del siglo xx, se expresa una preocupación más específica por la esfera emocional (Gordon 1981). Su influencia, sin embargo, podría ser más leve y quizás objeto de reflexiones críticas en comparación con los trabajos de sociólogos/historiadores que, para la misma época, mostraron una rica veta en el análisis de las emociones, como el trabajo de Elias (1991), que ilustra la fusión de la sociología de "lo emocional" y de una perspectiva histórica de largos ciclos. Sin duda, un antecedente más cercano y directo a la subdisciplina de la sociología lo constituye George H. Mead, fundador de la psicología social, pero también la filosofía y la sociología del conocimiento consolidaron las raíces de las que derivaría el nuevo campo de la sociología de las emociones (MacCarthy 1989). Así, la sociología clásica se preocupaba sobre todo por análisis macrosociales y no acababa de crear todavía las herramientas conceptuales para el estudio de las dimensiones microsociales y los fenómenos que ocurren en la vida cotidiana. No sería sino hasta el desarrollo de nuevos paradigmas, como el interaccionismo simbólico y la etnometodología (fuertemente influenciados por el análisis de la dimensión social del pensamiento individual de George H. Mead), por una parte, y la sociología del conocimiento, por otra, que la sociología prestó atención al análisis del individuo y sus interacciones más inmediatas. Éstas serían las influencias teóricas determinantes para la emergencia de este nuevo

campo de análisis sociológico (MacCarthy 1989). No obstante este cúmulo de antecedentes más tangenciales que directos, la sociología de las emociones constituye una subdisciplina de más reciente creación y, en cierta forma, su propio surgimiento ofrece una respuesta crítica a la tradición de los clásicos, no sólo porque "rescata" la vida emocional o la sitúa en el centro de la reflexión sociológica, sino porque hace acto de presencia al señalar que los sentimientos y las emociones forman parte de un proceso constructivo y subrayar que la esfera emocional está permanentemente atravesada por una enorme racionalidad que es "activada" por el individuo como actor social, y por los grandes dispositivos ideológicos e institucionales en los que descansa el orden social. La emergencia de la sociología de las emociones La sociología de las emociones, como campo disciplinario propiamente dicho, emerge hacia la mitad de la década de 1970. Para Kemper (1990), su surgimiento fue posible por las nuevas perspectivas teóricas que en los años sesenta rompen con la lógica lineal, y critican el interés en el análisis de las estructuras y el menosprecio por el actor social y su vida emocional. La sociología de las emociones exige entonces una mayor atención al "yo" en relación con las estructuras sociales, sin desdibujar al actor social propiamente dicho, y subraya la necesidad de entender los fenómenos emocionales como fenómenos sociológicos (McCarthy 1989: 63). En este sentido, inició un camino enriquecedor al establecer puentes dentro de las dimensiones micro y macrosociológicas (Collins 1990). La sociología de las emociones se preocupa por los factores sociales que influyen en la esfera emocional. Sin embargo, esto es sólo el principio. Sirve aquí para atisbar el debate que se presenta en su interior y que puede plantearse con preguntas: ¿qué tanto influye el contexto sociocultural en la formación de las emociones? ¿Están impresas las emociones en los genes? ¿Son parte del "equipamiento" útil a la supervivencia y conservación de los individuos y, por tanto, comunes a los más complejos seres vivos?3 ¿Acaso la cultura únicamente modula la expresión y la experiencia emocional? O al contrario, como postulan los construccionistas, ¿las emociones son por completo un constructo sociocultural? Como lo señala Kemper (1990a: 11; 1990b: 207), desde el inicio de la sociología de las emociones se han expresado y desarrollado en su interior los mayores conflictos y controversias de la sociología, que se circunscriben básicamente en dos grandes posiciones teórico-epistemológicas: positivistas y antipositivistas.4 Para McCarthy (1989), las emociones son procesos eminentemente sociales, de tal suerte que ni siquiera cabría la posibilidad teórica de preguntarse acerca de cualquier emoción que no sea socialmente construida, formada y orquestada; en el mismo sentido, y de acuerdo con Matthews (1992: 151), la emoción no puede ser comprendida como un estado interno del sujeto ni tampoco es producto de las acciones propias, individuales; más aún, es un sentimiento directamente dirigido a y causado por la interacción con otros en un contexto y situación social. Gordon (1990: 150) aduce que es papel del sociólogo considerar la definición de la situación por parte del actor inmerso en una cultura emocional particular, la cual le proporciona los conceptos lingüísticos con los cuales da sentido a sus propias emociones. Por otra parte, las "situaciones emocionales" se inscriben dentro de modelos relativamente sostenidos y perdurables de relaciones sociales. En este orden, aun las llamadas emociones primarias y universales5 están también sujetas a estos condicionamientos de la estructura social, consideración en la cual coincido.6

La sociología parte de que las experiencias emocionales individuales están determinadas por las normas sociales, las costumbres, las tradiciones, las creencias en torno a las emociones mismas; prueba de ello es que las ideologías y prácticas culturales de contextos sociales específicos promueven ciertas emociones y restringen otras (Gordon 1990; Hochschaild 1990). En resumen, la sociología de las emociones presta atención a lo no estrictamente subjetivo; va más allá de lo que "sentimos" en determinada circunstancia o en relación con las historias de vida personal. Por el contrario, encuentra que las experiencias emocionales conservan un patrón sociocomunicacional, y se dan en una especie de script cultural y socialmente aprendido (Shweder 1994: 32-33). De esta suerte, se interesa por comprender hasta qué punto sentir determinadas emociones, y expresarlas de un modo y no de otro está estrechamente ligado a la clase social a la que se pertenece, al lenguaje y los referentes aprendidos, a las nociones de qué es lo "propio" o más adecuado a cada situación, a cada género y grupo de edad; finalmente, enmarca las emociones en el entorno particular en el que emergen y se explican, esto es, en función de ciertos contextos histórico-culturales, lo que abre la posibilidad de hacer estudios comparativos a nivel generacional y de distintas sociedades. Sin duda, la subdisciplina de la sociología de las emociones está en deuda con los estudios del género, en particular con Hochschaild, pionera en el campo de la sociología de las emociones, quien escribió en 1975 "The Sociology of Feelings and Emotions...", su primer artículo acerca del tema; a partir de éste ha habido una considerable reflexión sobre el entendimiento de las diferencias entre hombres y mujeres trasladadas en términos de racionalidad/emocionalidad, que resultan ilustrativas para comprender la incidencia de los procesos ideológicos y los mecanismos de control social en la forma en que experimentamos y expresamos la emoción. Los estudios sobre el género ilustran que no sólo la estructura social, sino aún más la cultura emocional respecto al género influyen en las relaciones interpersonales (Sprecher y Sedikes 1993), tanto como contribuyen a que el individuo identifique "el lugar" que ocupa en determinada interacción cara a cara (micropolítica del poder), como lo señala Clark (1990). De este modo, la sociología de las emociones, que es un campo de reflexión que hoy atrae a un número creciente de estudiosos, investigadores y lectores, incursiona y aporta frescas e interesantes perspectivas. Referencias bibliográficas
Collins, R. (1990) "Stratification, Emotional Energy, and the Transient Emotions", en Theodore D. Kemper (ed.). Research Agenda in the Sociology of Emotions. State University of New York Press, pp. 27-57. Durkheim, E. (1951) Suicide. Glencoe: The Free Press. ______ (1965) Elementary Forms of Religious Life. Glencoe: The Free Press. Ekman, P. (1994) "All Emotions are Basic", en Paul Ekman y Richard J. Davidson (eds.). The Nature of Emotion. Fundamental questions. Nueva York: Oxford University Press. Ekman, P. y K. Scherer (1988) "Questions about Emotion: An Introduction", en Klaus R. Scherer y Paul Ekman (eds.). Approaches to Emotion. Nueva Jersey/Londres: Lawrence Erlbaum Associates Publishers. Elias, N. (1989) El proceso de la civilización. Ivestigaciones sociogenéticas y psicogenéticas. México: fce. Gordon, S. L. (1990) "Social Structural Effects on Emotions", en Theodore D. Kemper (ed.). Research Agenda in the Sociology of Emotions. State University of New York Press, pp. 145-179. Hochschild, A. R. (1975) "The Sociology of Feelings and Emotions: Selected Possibilities", en Marcia Millman y Rosabeth Moss Kanter (eds.). Another Voice. Feminist Perspectives on Social Life and Social Science. Garden City New York: Press/Doubleday. Hochschild, A. R. (1990) "Ideology and Emotion Management: A Perspective and Path for Future Research", en Theodore D. Kemper (ed.). Research Agenda in the Sociology of Emotions. State University of Nueva York Press, pp. 117-142.

Kemper, T. D. (1990a) "Themes and Variations in the Sociology of Emotions", en Theodore D. Kemper (ed.). Research Agenda in the Sociology of Emotions. State University of New York Press. ______ (1990b) "Social Relations and Emotions: A Structural Approach", en Theodore D. Kemper (ed.). Research Agendas in the Sociology of Emotions. State University of New York Press, pp. 207-237. Lyon, L. (1987) The Community in Urban Society. Temple University Press Philadelphia. Mathews, H. F. (1992) "The Directive Force of Morality Tales in a Mexican Community", en Roy D´Andrade y Claudia Strauss. Human Motives and Cultural Models. Nueva York: Cambridge University Press, pp. 127-162. McCarthy, E. D. (1989) "Emotions are Social Things: An Essay in the Sociology of Emotions", en David D. Franks y E. Doyle McCarthy (eds.). The Sociology of Emotions: Original Essays and Research Papers. Greenwich, Connecticut, Londres: Jai Press Inc., pp. 51-72. Shweder, R. A. (1994) "The Basics of Basic Emotion", en Paul Ekman y Richard J. Davidson (eds.). The Nature of Emotion. Fundamental questions. Nueva York: Oxford University Press. Spain, D. (1992) Gendered Spaces. The University of North Carolina Press. Sprecher, S. y C. Sedikes (1993) "Gender Differences in Perception of Emotionality: The Case of Close Heterosexual Relationships", Sex Roles, vol. 28, núms. 9/10, 1993, pp. 511-530. Weber, M. (1958) The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism. Nueva York: Charles Scribner's Sons. ______ (1981) Economía y sociedad. México: fce.

Notas
1 Correos electrónicos: rluna@mail.udg.mx; rogelioluna@hotmail.com 2 En este trabajo no se discuten las diferencias entre la noción de la emoción, pasión, afecto y sentimiento. Se hará uso del término emoción en beneficio de la sencillez y por llevar este nombre el área o subcampo disciplinario denominado sociología de las emociones. 3 Ciertamente, en el campo de estudio de las emociones, pero mucho más en el de la psicología; una corriente teórica que se preocupa por ver la expresión física corporal o facial de las emociones en animales y bebés, esto es, tratando de discernir la universalidad de las emociones y su carácter innato y, por lo tanto, al margen del pensamiento y la cultura. En particular, la escuela influenciada por Paul Ekman, que profundiza en el análisis de las llamadas emociones básicas, cuya influencia principal son los estudios de Darwin. 4 Como una tendencia general, los autores que conceden importancia a los aspectos biológicos tienden a estudiar las emociones humanas desde una perspectiva metodológica acorde con el positivismo, en tanto que quienes destacan los aspectos socioculturales y el sentido atribuido por los actores a sus experiencias emocionales, realizan más bien trabajos cualitativos que les permiten destacar la esfera emocional como una construcción social. 5 Se le llaman emociones básicas a un grupo discreto de emociones conocidas también como primarias o primitivas, las cuales tienen carácter universal en cuanto se observan y se presentan en todo tipo de sociedad, en todos los períodos históricos, y son observables en diversas especies de animales superiores y en los humanos a temprana edad. Se incluyen en este grupo el miedo, la ira y el regocijo. Es decir, aquellas que tienen o presentan un diseño fisiológico (somatización) (Ekman 1994; Panksepp 1994). 6 Esta postura es defendida en la tesis doctoral de sociología titulada "Tiempo y contexto de las emociones: la construcción social del miedo", de Rogelio Luna, Universidad de Texas en Austin, 1998.

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