BASILISCO

HiP

Elena Ronzón La revista Theoria y ios orígenes de !a filosofía de la ciencia en Manuel F. Lorenzo Scheiiing o Krause Antonio G.Carlomán Aigebraización de una iógicapolívaieníe José María Laso Filosofía, ciencia y dialéctica Alberto Hidalgo Entrevista con Mario Bunge

Gustavo Buen La función de la iiosofíamoralenel Bachillerato Tomás García López Del Topo al Basilisco Nicolás Martín Soá Política y filosofía en España Miguel Perrero La hipótesis de realismo y las desigualdades de B Julián Velarde En el tricentenario deJuanCaramuel

FILOSOFÍA, CIENCIAS HUMANAS

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

SUMARIO
EL BASILISCO NUMERO 14 / JULIO I982-FEBRERO 1983

ARTÍCULOS ANTONIO GONZÁLEZ CARLOMAN Algebraización de una lógica polivalente I 2 ELENA RONZON La Revista Theoria y los orígenes de la filosofía de la ciencia en España (I) I

MANUEL FERNANDEZ LORENZO
Schelling o Krause I 41 MIGUEL PERRERO La hipótesis del realismo y las desigualdades de Bell I 49 JOSÉ MARÍA LASO PRIETO Filosofía, ciencia y dialéctica. Mi visión del Congreso de Oviedo I 54 ENTREVISTA ALBERTO HIDALGO Entrevista con Mario Bunge I CONGRESOS EL BASILISCO 7 Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias I 74 NICOLÁS M. SOSA Política y filosofía en España I 78 JULIÁN VELARDE En el Tricentenario de la muerte del genio español Juan Caramuel I 83 POLÉMICA TOMAS G A R C Í A LÓPEZ Del Topo al Basilisco I 87 GUSTAVO BUENO Reflexiones sobre la función de la filosofía moral en el Bachillerato I 90 NOTICIAS / 95 RESEÑASBREVES 97 EL BASILISCO. Filosofía. Ciencias Humanas. Teoría de la Ciencia y déla Cultura.
Director- GUSTAVO BUENO MARTÍNEZ. Director-Gerente: GUSTAVO BUENO SÁNCHEZ. Secretaria de Redacción: ELENA RONZON FERNANDEZ. Consejo de Redacción: MARIANO ARIAS PARAMO. GUSTAVO BUENO MARTÍNEZ. GUSTAVO BUENO SÁNCHEZ. JOSÉ MANUEL FERNANDEZ CEPEDAL MANUEL FERNANDEZ DE LA CERA. MANUEL A. FERNANDEZ LORENZO. MIGUEL PERRERO MELGAR. SANTIAGO GONZÁLEZ ESCUDERO ALBERTO HIDALGO TUÑON. CARLOS IGLESIAS FUEYO. JOSÉ MARÍA LASO PRIETO. JOSÉ ANTONIO LÓPEZ BRUGOS. JOSÉ VICENTE PEÑA CALVO. MIGUEL ÁNGEL QUINTANILLA HSAC. TEOnLO RODRÍGUEZ NEIRA. ELENA RONZON FERNANDEZ. JULIÁN VELARDE LOMBRAÑA. Redacción y Administración: PENTALFA EDICIONES. APARTADO 360. TELEF. (985) 29 33 34 (mañanas) / 29 81 79 (contestador automático). OVIEDO / ESPAÑA. PRECIO EJEMPLAR: 400 PTAS. SUSCRIPaON ANUAL ESPAÑA: 2.000 PTAS. SUSCRIPCIÓN ANUAL EXTRANJERO: 3.000 PTAS. NÚMEROS ATRASADOS: SOOPTAS. EJEMPLAR. COPYRIGHT PENTALFA EDiaONES. PUBLICACIÓN BIMESTRAL. DISEÑA/IMPRIME: BARAZA-OVIEDO. DEPOSITO LEGAL: 0-343-78.1.S.S.N.: 0210-0088.

64

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

ARTÍCULOS

ALGEBRAIZAaON DE UNA LOGICA POLIVALENTE
ANTONIO GONZÁLEZ CARLOMAN
Oviedo
^'" 1,1®'"É.^Í.0£ íí_ot^aibles_en un_c£ii2unt2 bÍ£n_ord.£n,a^do^ Siendo E un conjunto finito o infinito bien ordé nado (admitimos el axioma de buena ordena,ción), dis^ tinguimos en él los siguientes elementos: 1,1.- Elemento cero Al mínimo de E, y lo representamos por O 1.2.- Elemento siguiente de otro Dado cualquier elemento a^E, iiainamoo siguicmie ^^ axf y lo representamos por a , al elemento de E 2'.Que el conjunto a tenga máximo, en cuyo caso que indicamos a continuación 1-,- Si a no es máximo en E , al mínimo del conjunto Propiedades: a ,= {xlx>a} Siendo a,b€E, se demuestran 2-.-Si a es máximo en E , al propio elemento a (a =a) 1.3.1.- Si b admite precedente Propiedades*: Siendo a,beE, se demuestran 1.2.1.- a< h=^*< b a < b-»a< b" 1.3.2.- Si a no es máximo en E , entonces a es el - ' precedente de a 1.2.2.- Si a no es máximo en E a''< b=>a< b 1.2.3.- a< b * ^ < b 1.3.4,- Si a y b admiten precedente 1.2.4.- Si a no es máximo en E a< b**a"< b" " . 1.3.3.- Si a admite precedente, entonces a es el siguiente de a" Ca=a~ .) (a^a"*"") ^-.Siendo as^O, puede ocurrir: Que el conjunto a < b-«-a < b 1.3.- Elemento límite y elemento precedente de otro

a ={xíx< a} no tenga máximo, en cuyo caso decimos que a es elemento límite de E

llamamos a tal máximo precedente del elemento a y lo representamos por a

* Todas las propiedades mencionadas en este trabajo aparecen deta. lladamente demostradas en el libro "Buena ordenaci6n:Conjuntos finitos, naturales y transfinitos" de próxima aparición en el , Servicio de Publicaciones de la Universidad de Oviedo.

1.3.5.- Si E admite elementos-límites y 8 nimo de ellos a < J =>a"*'< 2 i

es el mí-

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

1.3.6.- Si n no tiene elementos límites', ACE y se cura píen

2 . 1 2 . - a?íO=>a+b?íO (ajíO^b+ajíQ) 2 . 1 3 . - a=OAb=0*»a+b=0

12.- OGA

2 . 1 4 . - Si b admite p r e c e d e n t e
25.- xSA->x*eA

a+b=Ca+b")'*'
entonces A=E (Inducción particular)

2.-15.- a+b"'=Ca+b)*
1.3.7.- Si E tiene o no elementos límites, ACE y se cumple

2 . 1 6 . - Ca+b)+c = a-»(b+c) y->x6A)->y€A
2.17.- Si E no tiene elementos límites, se cumplen 2. 17.1 .- a"' + b=Ca+b)'^ 2.17.2.- a+b=b+a

\(.x<

entonces A=E (Inducción general)

2.- Suma_en conjunt^os^ bien_ord£nados_c£n_máxi^mo 2.17.3.- Si a+c no es máximo en E Siendo E un conjunto bien ordenado con máximo, definimos recursivamente en él una operación binaria -que llamamos suma, y que representamos con el signo + > de la siguiente manera: Si a es cualquier elemento de E 1=.Siendo b=0 ^•' ü^2'^y.^í.°_cjl conju^nt^os^ ]jien_o_rd£nados_con_máxi^mo a+b=a Siendo E un conjunto bien ordenado con máximo, de2-.Siendo b?^0 Si se conoce a+x para cualquier x < b, entonces -a+b=sup(a+x)*< ^ ^ Si ü es cu;'iquier elemento de E (La expresión sup (a+x)^^^ j^ representa al mayoran te mínimo de la familia (a+x)*^ ., raayorante mínimo siempre existente por tener máximo el conjunto H) Propiedades: Siendo a,b,c,d£E, se demuestran 2.1.2.2.0+a=a a<.b»c+a< c+b 12.- Siendo b=0 finimos recursivamente en 61 una operación binaria que llamamos producto, y que representamos por el signo -i de la siguiente manera: 2.17.4.- Si a+c no es máximo on E a=b'=»a+c=b+c a< b**a+c< b*c

a.b=0 22.- Siendo b^O Si se conoce a.x para ^cualquier x< b, entonces a.b= sup Ca.x+a)^^ j^ Propiedades: Siendo a,b,c,d£E, se demuestran 3.1.3.2.0.a=0 Si llamamos 1 a O

2.5.- Si c + a no es máximo en l i a< h=>c*a< c+b 2.4 . - a< b"*a*c< b+c 2,5.- Si b + c no es máximo en I : • a < b.\c< d">a + c< b*d

a. 1 = a(l.a=a3 3.5.- a< b = c . a<c. b ^* 5.4.Si C7*0 y c.a no es máximo en 1 ¡

2.6. - c + a< c + b'»a< b 2.7. - a + c< b+c"»a< b 2.8.c + a=c + h'»a = b

a< b'^c. a< c. b 3.5.- a< b"*a. c< b. c 3.6.- Si b.c no es máximo en I ; a< bAc< d=*a.c< b.d 3.7.3.8.c. a< c. b=>a< b a.c< b.c=*a< b

2.9.- b>S a + b(b=! b*a) 2.10.- Si bj^O y a no es máximo en 1 : a< a + b

2.11.- Si m es máximo en E

a+m=m(m+a=m)

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

3.9.-

S i c?*0 y c . a n o e s máximo e n B

3.20.4.-

S i Ci^O y a . c n o e s máximo e n E

c . a = c .b=>a=b 3.10.S i a^O

a=b**a. c = b . c 3.20.5.S i 1 < a , 2 < b (2=1 ) y a+b no e s máximo -

en E a + b < a . b b< a . b (b< b . a ) , ' 3.11.Si ajíO,\1<b , y a no e s máximo e n I:

^•'

£*^í.^ll^i^£i^^_^2. £0ÍÍ:JÜ^Í:*^£ b Í £ n _ 0 £ d £ n a d o ^ s _ c o n _ ináximo_ Siendo E un conjunto bien ordenado con máximo, -

a< a.b 3.12.-

S i a?íO y m e s máximo e n J(ni.a^m) procedente

asignamos a cada elemento a^E una operación unitaria que llamamos potenciación de base a, f :E-*n, definí^ da recursivamente, después de convenir que^para cualquier beEjf,^Cb)=a , de la siguiente manera: —

a.m=m 3.13.-

Si b admite

1^.- Siendo b=0 a . b = a . b +a 3.14.3.15.a.b'^= a.b+a 22.- Siendo b í ?O S i 1< a y 1< b Si se conoce a' para cualquier x < b , entonces '' b ,X ' a = sup (a -<i)x< b Propiedades: Siendo a,b,c,d ^ E se demuestran 4.1.- Si b E ?O

a+b< a . b 5.16.3.17.3.18.3. 19.3.20.a7íOAb5^0«a.b/O a.b=1<*a = 1Ab=1 a.(b+c)=a.b+a.c (a.b).c= a.(b.c) elementos límites, s e cumplen

S i fi n o t i e n e a^.b=a.b+b

5.20. 1.3.20.2.3.20.5.-

4.3.- a =a a.b=b.a S i cj^O y a . c n o e s máximo e n E 4.5,- Si 1< c y c a < b**a.c< b . c no es máximo en E

4.7.-

Si 1< b y b

no es máximo en E

4.9.- a ' b ' > < b '< '=a 4.10.S i 1< c y c n o e s máximo e n E

c =c •«•a=b 4 11 . - S i 1< a.b<S a*" 4 12.Si 1<

b< a " 4 13.Si b?!0

, ^ „b

4.14.-

S i 1 < b , 1< a y a n o e s máximo e n E

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

a< a 4 . 1 5 . - Si m es máximo en E 1 . - Si bjíO m -m 2 . - Si 1< a
a™=m 4.16.4.17.a a^O->a^ííO Si b^O

7!0=ajíO a =1«a=1Vb=0

4.18.-

4 . 1 9 . - Si b admite p r e c e d e n t e

(.22.- Ca'')''=a''- = 4.23.- Si E no tiene elementos límites, se cumplen 4.23.1.- Ca.b)'^-=a'^.b'^ 4.23.2.- Si cí^O y a^ no es máximo en E a< b » ' < b ^ -a^ *

5.4.- Si m es máximo en E

S.S.- Si E tiene a 1 como máximo CE={0,I}), cnton- ees la operación unitaria * junto a las operaciones binarias +y. le dan al conjunto E una estructura de algebra de Boolc, . además se cumple y b * 5.5.1.- a°=b +a

4.23.3.- Si C5^0 y a^ no es máximo en E a=b"a'^=b'^ 4.23.4.- Si 1< a, 2< b y a.b no es máximo en E a.b< a"' 4.23.5.- 1+a.b< (1+a)'' • 6. - Sunia_d£ £ami¿Í£S_sobre_c£nj_untos_b¿en ordo¡iadO£ £on máximo_ Siendo E un conjunto bien ordenado respecto al orden <, E' un conjunto bien ordenado con máximo respecto al orden <'y + su correspondiente operación suma; dada una aplicación-f: E-^E', asijínamos a cada elemento aGE una familia (f-)-.-' , y a ósta un elc-, mento de E', al que llamamos suma de la familia y que convenimos en representar por > f-, definido reT cursivamente de la siguiente manel'a'' ^-.Siendo a=0

5. - ¿ime^rizaciSn £n_coniuntos_finitos_bien £rdenado¿ Siendo E un conjunto finito bien ordenado respecto el orden < C0< K . ..<n< m), sabemos que también está bien ordenado respecto al orden recíproco > — (m > n>... > 1> 0) y que existe un isomorfismo único f:E^E de E, < en E, > (f(0)=m, fC1)=n, ... f(n)=1, f(m)=0). Esta aplicaciSn fiE-'E define una operación unitaria * en E si convenimos que, para cualquier -aSE, f(a)=a* Propiedades: Siendo a,bé: E, se demuestran 5.1.- a**=a S.2.- a< b<»b*< a* 5.3.- Si •á'fO

Sf.=o'(0 elemento mínimo en E, O'elemento mínimo i<a' en E') 2-.- Siendo ai'O Si se conoce 2 f. i<c ^ para cualquier x< a, entonces

E f.-sup- es ii*iJ^< a i<a ^ i<x ^ ' "^ * ^ Propiedades: Siendo a,b,c6E, a'.b'e E', f y g aplicaciones de E en E'y h aplicación de ExE en E', se demuestran 6.1.- a< b- S £.<' £ f. i<a ^ i<b ^ 6.2.- Si a no es máximo en E

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

S i<a 5.3.-

£.= i f.+f - i<a ^ Si in'es máximo en n ' y 3^^^ ^ (fj=ra')

nf.=1' i<a^ 2-.Siendo a?!0

S f.=m i<a 1 6.4.- Estando + definida en E y no siendo a+b máximo en él

Si se conoce n í. , para cualquier x< a, entonces i<x ^

Propiedades:

2
i<a+b

f = S f + 2 f
^ ^-^^ 1 i < b ^ 1 i<a - i^i, a+1 Siendo a,b,ceE, a'.b'SE', f y g aplicaciones de E en E'y h aplicación de ExE en E'', se demuestran

6.5.-2

i<.a

fi-O'^'^Ka

CV°'5

6.6.- 2 f i ^ 0 ' - 3 i < ^ i<a

Cf.fO')

7.1.- n í.^o'^v-.^
i<a 7.2.-

(f./o-)

6.7-- Si (f^'*i)i<a^ ®s la familia obtenida prescindiendo en (f^i)i<a ^^ ^'^^ elementos de la familia que sean iguales a O', entonces 2f.= 2 f. iía'^ i<a' " ^ 6.8.- Siendo a < b; si existe un elemento c tal que -3< c< b de modo que £ j^O'y 2 £. no sea máximo en E',i<c " entonces . - ^ "^

Si V j < b'^^i''°'^

a< b > n f.<' n f. l<a ^ i<b ^

7.3.- Si a no es máximo en E n £. = I ( f. . £

i^* M < á ^ ' " 7.4.Siendo m' máximo en P ' si ^j<¿, (fji'O') y 3^^ .;

2 £. <' 2 f. i<a ^ i<b ^ 6.9.- ¥ . , (f.<-g.)-« S f.*'2 g
6.10.- 2 £.<' 2 f . - a < b i<á ^ i < b * 6.11.- Si fyo', 2 f.= 2 f.=a=b i>^ ^ i<b-^ , 6.12.- b". 2 £:= 2 b'.f. £j^i*0'y 2 f i<a' no es máximo en E'

(£.=m'), entonces
nf = i n

7.5.- Estando + definida en E y no-siendo a+b máximo en €1

n ^

f = n £.,n f^^^

l<a+b ^ i<a ^i<b 7.6.-.^f. = 1 - V j ^ ^ C f - l ' ) ••

i<a M < a
6.13.- Si E'=E

*i< a(^i=^)-4fi=''- =
6.14.- Si E'no tiene elementos límites, entonces

7.8.- Siendo (f^ )-<^,' 1^ familia obtenida prescindiendo en C f O - > de los olcmc ^ 1-^ i<a sean iguales o "anteriores a 1^

6.14.1.- 2 (.f.*g.)'
i<a .^ ^

2 i.*S

g

i<a ^ i<a ^

n f.=
i<a ^

n f'
i<a'^

6.14:2.-2 (f.-g.)<' 2 f, . 2 g. i<a i<a i<a 6.14.3.- 2 (2 h,,)= 2 (2 h..)

7.9.- Siendo a< b y V j < v, (f ji'O') ; si existe un elemento c tal que a< c < b de modo que f^i'l' y n f. no sea máximo en E , entonces

i<ai<b ^^

}<b i<a^^ n f.<' n £.
i<a^ i<b ^ ^ ^ 1 ^ i^ ^ i<a ^

7. - £r£duc^o_d^ ¿amij^ia^s_s^b£e_c^n¿unto^s_bi^en^ ^rd^ena_^ dos con máximo

•7.11.- Si V . ^ C V O - )
n f. < ' n f .•»a< b i<a ^ i<b ^ .12.Si V, ^, (f.j'O'), íJO', £,¡«0' y n £, no es ma

Siendo E un conjunto bien ordenado respecto al orden < , E^un conjunto bien ordenado con máximo respe£ to al orden <'y. su correspondiente operación producto; dada una aplicación £:E-*E', asignamos a cada el£ mentó a^E una familia (£;);<; a X * ésta un elemento de E^, al que llamamos producto de la familia y que convenimos en representar por^lj £., definido recursivamente de la siguiente manera;

n f.= n f.->a=b i<a ^ i<b ^

7.13.- Si i'f~0' nb'fi=b'f^i
i<a

Tlí.'O'

7.14.- Si E'=E y bjíO

*i<a Cfi=b)=. n £.-bi<a 1-.- Siendo a=0 7.15.- Si ¥.<^ ,(r<'£.)

6

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

s f.=s' rif.
i<a ^ i<a ^ entonces 7 . 1 6 . - Si K'no t i e n e elementos l í m i t e s , 7 . 1 6 . 1 . - n C f i - g J = II f;- II Si i<a ^ ^ i<a ^ i<,-i ^ 7 . 1 6 . 2 . - Si ajíO n f t II ü <- II ( f . * s ¡ )
i<i
\

<P(P3 es un elemento arbitrario de E^que fija la pre-via interpretación que hagamos sobre E 2-.- Si P y Q son. fórmulas cualesquiera de 'J , entonces : n) V (TJ= V(P)' I b) ^> (PVQ)='í>(P)+ oCQ) c) f (PAQ)=»>[P). 'PCQ)

i < a .'• . i < a

'

'•

7 . 1 6 . 3 . - n (n h , , ) = 11 (n h , . ) . i<a j<b ^J 7. 1 6 . 4 . - Si bjíO j<b i<a '•^

d) •!> {?-<))'fiqf^^^
c) <e (P-»Q)=^(Q)'''^''\*(Pj''''''

s ( n h . . ) < - II es h . . ) i < i j < b ^J 7 . 1 6 . S . - Si n'= j<b i<n ' J {0',1') 3-.- Siendo S una fórmula abierta como má.ximo en x Cque tiene la sola variable libre x o ninguna), y representando S^, para cualquier aSE, la fórmula cerrada resultante de sustituir en S la variable x por a, si la hubiera; si el término v (S) es tal que •p (S3 = X x a <PiS ) , entonces a) V(3,S)= S » CS) ' ^ x<m = ^ ^
i<a

( I g.5* = ^ > Í I ! i<i ^ i<a 1 7.16.6.- Si E'={ü',l'} (S g.)* = r g* i i<a ^ i<ii ^ 7.16.7.- Si b< a y E'= { O M ' }

x<m

^ Y?iPL^í^^^^

9. - Eeia£i^n_de equiva¿encia_inducida de_la^ 8. - Val_ora£i6^n_poli^vale^nt_e_^sobre_f ormul^as^ I6gica.s^ Si llamamos y al conjunto de fórmulas cerradas a f ^ ti micas, moleculares y cuantificadas, entonces dado un conjunto E bien ordenado, finito o infinito, como uni^ verso del discurso, siendo K(m) el resultado de a m — pliar E conm como máximo, y dado un conjunto finito E'bien ordenado con m'como máximo. Llamamos valora- ción de y sobre E^a una aplicación 'p: -J-^E^definida r£ cursivamente de la siguiente manera: 12.- Si P es una fórmula atómica de 7 » entonces -

De la aplicación f.y-^B' inducimos una relación de equivalencia sobre J que si la representamos por el signo "'»" tendría la siguiente definición: Siendo P.Cje j F P ^ si y sólo si #(P)=<'(Q) 'Q Propiedades: Siendo u e i fórmulas de J tales que v»(u)=m'y ip(i)=0'

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

P , Q » R e T , S y T fórmulas abiertas como máximo en x» y H formula abierta como máximo en x e y, se cumplen 9.1.- T1P«P 9.2.- PVQ«QVP 9.3.- PAq=K)AP (»>(!')**= 'í'(l') por 5.1)

9.18.1.- r-K}<»~lPVQ (V'(Q)'''*•'''= ^ ( P ) * * fCQ) por 5.5.1) 9.18.2.- V!(P«Q) = 1' Si y sólo si P«Q ('í'CQ)''''-''-'.'('(?)''''•''•'= 1' si y sólo si «'CP)=*'(Q)

ifif)*

f(.l))'-P(.Q)

*••?(?) por 2.17.2) •fí.P) por 3.20.2)

por 3.17 y 4.18) 9.18.3.- -1V^S« 3j^-lS 7.16.5) 9.18.4.- T 3 S - V - T S ^ ^ 7.16.6) ((11 Vj^CS)) = 2 »>j.(S) por

(vCP). 'filQ)=<fí<í)

9.4.- PA(QVR)»(PAQ)V(PAR) ^(P).^(R) por 3.18) 9. S. - P V "I P'ni 9.6.- PVi«P 9.7.- PAi-»i

Cv CP) •(<'(Q)+<>(»)) "V (P)-V CQ) • •

(( S »>,(«)) = n ,>(S) por x<jii ' ^ x<m ' ^

(V(P)+ f(P)

=ni'por 5.4)

C*(P)+0'=»>(P) por 2-15) 10.- Rel^ación_en _?^_in<luc¿da del^ o^á^ü S'^^H E ' _ (v;(P).0' = 0' por 3-1 = ) De la relación de orden normal <^ en E'inducinios una relación en ^ que si la representamos por el signo "=*" tendría la siguiente definición
Siendo P,q€ J P-^Q si y sólo si •p(,P)<' f (0)

9.8.- (PVQ)V R<»PVCQVR) (('í O')+'í'CQ) )+v(R) =v" (P) + (»=CQ)* V>CR)) por 2.16) 9.9.- (PAQ)ARopA(QAR) ( (í» (P) .'C (Q) ) .«"(R)'»" (P). (# (Q) . V'(R)) por 3.19) 9.10.- (P-<!)A(P^R)'»P->QAR
'Pmf'-^^ 9.11.-

(^(Q)''^''5.v>(R)'''^''^ = (>p(Q).
Propiedades: Siendo P,Q,R,Ke J , S y T fórmulas abiertas como máximo en x, y H fórmula abierta como máximo en x e y^ se cumplen

por 4.23.1) (•<'(R)'^^''^.v(R)'^f'^^^ ^^(R)í.(P)

(P->R)A(Q-»R)«PVQ^R fí'(Q) por 4.21)

9.12.- P-(Q-R)-PAQ-R por 4.22) 9.13.- V (SAT)'» ¥ SAV T

((^CR)»'W))''tP),^(R)'í'(P).«'(Q) 10.1.- P=P (í)(P)<' ^(P))

(H (í^ (S) .«>(?))=, n ^ ( S ) . •'

10.2.- Si P">Q y Q'=-P, entonces y sólo entonces P«Q (SI »'(P)<' ^(Q) y •/'(Q)*' *'(P), entonces y sólo en-tonces 'í(P)=^(Q))

n í>^CT) por 7.16.1) xji ^ <t 9.14.- 3,(SVT)- 3 SV 3 T S VjjíT) por 6.14.1) x<ín (X (V,(S)+^ (T))= 2 'Í'„(S)«

10.3.- Si P~Q y •,;"»R, entonces

P^R

(Si «"(P)*' »s(Q)y s!>(Q)<'>(>(R,entonces í'(P)<'^(R))

1 0 . 4 . - Si P"K3, e n t o n c e s y s ó l o entonces ~lQ=>np
A

X(SATj^'SA^ T " , , , , ' = por 6.12)

(2.(«'(S).# (T)=-P(S). 2 ^ (T) .x<n ^ x<jn "

(Si '(>(P)<' ip(Q), e n t o n c e s y s ó l o e n t o n c e s V(Q) O (P)* por 5.2)

9 . 1 6 . - 3^3yH<>3ya^H por 6 . 1 4 . 5 )
9.17.- V,.iíyH<-V^¥^H por 7.16.3)

(S (2 *>„„(«)= 2 (2 ^ ^ ( H ) ) x<m ySri ' y<irix<in ' 10.5.{" ('Ií',„(H))= I (ní.^^(H)) I ,x<jn y<J!i xy y<m x<m xy10.6.P=»PVQ (<'(P)<' «'(P)+*(Q) p o r 2.9)

Si P ^ y R » K , e n t o n c e s PVR-»QVK (Si v>(P)<' ^ ( Q ) y 'P(R)<' •í>(K), e n t o n c e s »;(P) + .<!(R)<' !(í(Q)+v> (K) p o r 2 . 5 )

9.18.- Si I-'={0',1'}

Son ciertas todas las propiedades correspondientes al algebra de Boole por 5.5, y además

Si P-^ y R=>K, entonces PAR-'QAK (Si f{'P)<r<eiq) y 'í'(R)<'í>(K), entonces v ( P ) . 9(R)<' .c(Q).v'(K) por 3.6)

¥ svv T-v (SVT)

en*' (S)+ n * ( T ) < ' n {i> fs) J
x<m ^ x<m ^ (T))-<!' 2 í. (S) .

^ ^ « x-^ ' ^ +V'„CT)) por 7.16.2) 10.9.- 3 (SAT)-3^SA3 T

(2 (^ (S) . í

2 <; (T) por 6.14.2) x<m ^ ^x^^yH-^y^x" por 7.16.4) 10.11.- Si E'= {0',1'} (>- (n<> {H))^- n (X ¥'_(!!))

V-Sa

C: i

10.12.- Si E'={0',1'} ^(P-q) = 1' si y sólo si P-»<3 (v(Q)'''^''-'='1'si y sólo si 'í'(P)<' '/>(Q)por 4.IS1

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

ARTÍCULOS

LA REVISTA THEORIA Y LOS ORÍGENES D E lA FILOSOFÍA DE LA CIENCIA EN ESPAÑA
(I)
ELENA RONZON
Oviedo
Introducción 1. La revista Theoria en las fuentes bibliográficas. 2. [nteipretaciones sobre el origen y desarrollo de la teoría de la ciencia en España. 3. Exposición del contexto en que apareció Theoria. 4. Documentación bibliográfica. 5. Rcintcrprctación crítica sobre el origen y desarrollo de la teoría de la ciencia en España, f). Corrientes precursoras de teoría de la ciencia anteriores a los años cuarenta. 7. Análisis c historia de la revista Theoria. 8. índices de la revista Theoria.

teza de lo que otro dice o la obligación de gratitud que se le debe por sus beneficios»; y, como, además, reconocer es «distinguir de los demás a una persona cuya fisonomía por larga ausencia o por otras causas se tenía ya dudosa o confundida», y también «considerar, advertir o contemplar», nada, pues, más ajustado a nuestro propósito: examinar los contenidos de Theoria para apreciar su identidad, su naturaleza y las circunstancias de su desarrollo, así como otras que contribuyeron a su aparición; y también lo que a este respecto otros, al ocuparse de ella, han señalado. Ya hemos dicho que, a pesar de su corta existencia, Theoria siempre, de un modo u otro, ha estado presente: no ya sólo desde la historia, incorporada de hecho en bibliografías o referencias generales, sino también, para nosotros, a través de la información directa de los que la conocieron y, también, de Treinta años después vamos a volver sobre Theoria. No para «rescatar-Xdi», porque no es necesario recobrar lo quienes la hicieron: muchos de éstos (Sánchez-Mazas, Carlos París, Gustavo Bueno, Drudis Baldrich...) tratan antes que nunca cayó en poder ajeno; ni tampoco para «recuperar-Xa» (volver a adquirir lo que antes se tenía), porque a y después temas análogos, y se han movido en un campo de intereses similares a los que inspiraron Theoria; lo cual, diTheoria siempre (y no sólo antes) la han tenido (algunos, al cho sea de paso, nos confirma también que Theoria no surmenos) presente; sino que se trata más bien de «reconocerge de la nada, sino que se sitúa en una cierta tradición, aunla.». Lo que significa, entre otras cosas: «Examinar con cuique sea pequeña; una situación anterior, que, si no explica, dado a una persona o cosa para enterarse de su identidad, al menos justifica, la existencia posterior, en España, de naturaleza y circunstancias»; «registrar, mirar por todos sus algo en esa línea. Esa es nuestra opinión, y en este sentido lados o aspectos una cosa para acabarla de comprender o vamos a interpretar esta revista: es decir, Theoria no es un para rectificar el juicio antes formado sobre ella»; y tamhecho aislado en la filosofía de la ciencia en España; constibién, «confesar con cierta publicidad la dependencia, sutuye uno de los acontecimientos más relevantes para su debordinación o vasallaje en que se está respecto de otro o la sarrollo, ya que fue la primera publicación periódica espalegitimidad de la jurisdicción que ejerce»; «confesar la cern 1952 comenzó a publicarse en Madrid Theoria, primeramente como Cuaderno, y más tarde como Revista trimestral de Teoría, Historia y Fundamentos de la Ciencia. Esta publicación fue fruto, en buena parte, del entusiasmo e impulso de su primer y único director: Miguel Sánchez-Mazas. La empresa, sin embargo, habría de ser breve: apenas cuatro años durante los cuales salieron a la luz nueve números en seis volúmenes. En 1955, se publicaba el último número, y, con la salida de España de Sánchez-Mazas, la posibilidad de su reanudación quedaba, al menos de momento, truncada.
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

ñola dedicada de un modo específico a Historia y Teoría de la Ciencia. Vamos a proceder del siguiente modo: en primer lugar haremos mención de las noticias y referencias en bibliografías que permiten afirmar que, de hecho, Theoria, no sólo no está olvidada en la actuaUdad, sino que, desde su origen, ha constituido una referencia clásica; también aquí se hará necesario mencionar aquellos escritos, artículos, etc., que, ya desde la historia, tratan de enjuiciarla o simplemente la mencionan. En segundo lugar, trataremos de dar (más bien establecer) algunas de esas referencias anteriores relativas, sobre todo, a España, que nos parecen necesarias para situar con justeza a Theoria en la sucesión de acontecimientos, cadena de hechos de la que ésta parece ser un eslabón, como hemos dicho, fundamental. Después, en tercer lugar, examinaremos y registraremos sus contenidos internos. En este punto, he de agradecer a Miguel Sánchez-Mazas su total colaboración, facilitándome todo tipo de datos y documentos, y «padeciendo» cortésmente mis «interrogatorios» en la entrevista que mantuvimos en Madrid el 12 de marzo de 1979 y en sucesivos contactos. Finalmente, como conclusión, trataremos de ofrecer algunos datos que nos parece que contribuyen a confirmar que, en parte, se han cumplido los objetivos que Theoria se propuso. Prueba de ello es la presencia de la propia Theoria y de sus contenidos en las publicaciones actuales. Y, como reconocer significa también «confesar con cierta publicidad la dependencia», o «la legitimidad de la jurisdicción que ejerce», en suma, la «gratitud que se le debe por sus beneficios», nosotros, desde aquí, reconocemos.qa.e. Theoria y quienes en ella colaboraron han desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de la Filosofía de la Ciencia en España.

THEORIA
}UAI>G!»rO TRIMESXRAIí DE TEORÍA, HISTORIA Y FUNDAMENTOS DE XA CIENCU lUPLEMBNTO DE «ALCALÁ» — DIRECTOR: MIGinSL SÁNCHEZ• MAZAS — A P A R T A D O 1159. MADRH

HISTORIA, CIENCIA, FILOSOFÍA
Por JULIO REY PASTOR
OS creadores de esta Revista, qse nmchos ansiábamos, haa puesto el dedo en la Uaga de nuestra nltura. actual, haciendo a la yez d l ^ n o s b , p r o b ó la 7 receta para mitigar el maL Que no es sino ^Eceso de salud, crecimiento exuberante, plétora de abiduria, en cu^o amontonamiento coníuso hay lué establecer un brden Jerárquico, una allneadón, !U suma: -una teoría. Faena propia de la FUoso&a es ésta, según dicen US sacerdotes, y dicen bien. ¿Pero acaso es otra la área diaria de la Ciencia, que se afana en acumuar hechos externos y en Inventar estructuras abaractás, para deanes ordenarlas en teoría? Y si Lesceñdetaos a la calle, ¿qué otra cosa hace la mulitud curiosa ante los maltrechos' vehículos de la icaedda colisión, sino reconsteulr mentahnente el lecho y ezpUcaise lógicamente sus pormenores? Ni 'eUnamlento Intelectual ni rara virtud de selectos; !S más bien necesidad piimaria esa sed de orden Luelmpele a los humanos a colocar cosas y hechos m hilera de antecedentes y consecuentes, es dedr, ÍR teoría; poique eso, y nada más que eso, sJgnlA la SDstoria de la Ciencia, que es Fllosoíia retros>ectiva y no simple recuento de hechos y de metoloa, y tantblén a la Filosofía de la Ciencia, que es «orla de teorías, dedicará la Revista sus páginas, y )ueno será iniMarin-i proyectando un rayo de luz >ara aclarar conceptos y deslindar posiciones, poilendo un poco de orden en el material que ha de lutrirlas, es decir, haciendo un poco de teoría, a nodo de );)r«llmlnar. . EOstodógrafos y filósofos de la Historia (tal, enare muchos, el fogoso Croce) proclaman Ja necesidad de sentir y vivir la época historiada para hacer ~ obra digna y vital; el escritor, así compenetrado de . sil papel, es actor antes que espectador, y puestas en tendón todas las cuerdas del sentimiento, el panorama histórico, B, través de uin noble temperamento,, se hace obra de arte, como el paisaje adquiere vida b-asladado el lienzo por quien es capaz de interpretarlo y sentirlo. Todo lector de meiílana sensibilidad artística recordará la primera emoción inefable que le produjo una gran obra de Historia Universal o patria, y también cabe dramatismo y emoción en la Historia de la Ciencia y de sus héroes. Escríbanse obras tales y pónganse en manos de la juventud, para despertar en ella nobles sentí' mlentos por la contagiosa-yirtud del ejemplo; poco ünporta que los hechos relatados difieran de io¡ acaecidos; el arte históilco, como el pictórico, estilizan y deforman la reaüdád, y por eso son artes; pídaseles belleza y emoción, pero no veracidad ni exactitud. También emociona la contemiúaeión de los fenómenos fideos y biológicos, y los temperamentos mát sensibles a esa belleza cósmica la hacen poesía. Bienvenidas sean las obras a lo Flammarlon o Echegaray para estimular aficiones a la Astronomía y i la Física, pero' libreaos Día? de adoptarlas comí . textos para quienes aspiren a conocer el ntecanism< celeste o a estudiar electrotecnia, pues para ello at requiere precisamente lo que en aquéllas faltai orden lógico y demostración de todas las afirmadlo nes estampadas. Parecería absurdo para tales fine: que cada autor diese rienda suelta a su inu^lnaclón para transmitir, con vistas al examen, su inteipietatdún personal de las órbitas planetarias, traaflguradas como le gustarían más; pero en cambio p a leóe a muchos razonable, y aun obligatorio, que ui historiador, sí es buen español, afirme que Nebrlji "midió un grado de meridiano terrestre" y Santi

NUMERO Vr^O T MADRID, 15 DE ABRIL DE 1952 - SIETE

PESETÁi

LA REVISTA THEORIA EN LAS FUENTES BffiLIOGRAFICAS Nos proponemos, como primer objetivo, traer algunas referencias que puedan contribuir a probar que Theoria no sólo no está olvidada en la actualidad, sino que, desde su origen, se halla incorporada en bibliografías o referencias generales que de hecho (un escolástico diría actu exercito) la sitúan en los distintos cauces referentes a Lógica, Filosofía o Historia de la Ciencia. Después de comprobar esta incorporación de hecho nos referiremos tanto al dictamen que, ya desde la historia (el escolástico diría actusignato), han realizado varios autores, como a las notorias ausencias en trabajos en los que debía aparecer. También nos ocuparemos aquí de otras referencias generales que sobre Theoria, desde otras perspectivas, se han hecho. la. CITAS DE TflEOlf/A De los componentes del grupo de Theoriaha sido probablemente Carlos París quien con más frecuencia ha aludido (a post'eriori) expresa y púbhcamente a dicha publicación. Así, por ejemplo, en Cuadernos para el Diálogo (1974), refiriéndose a los inicios en España de un movimientofilosóficointeresado por lafilosofíade la ciencia y la
10

lógica matemática, resalta el papel desempeñado por este grupo en «la fundación de la revista Theoria^ que se ha convertido en una referencia simbólica de todo este acontecer, la constitución del departamento de filosofía de la ciencia en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, la aparición de publicaciones en que los temas y direcciones de lafilosofíacientífica son abordados...» (1). En el mismo sentido, van sus respuestas a las entrevistas que en Teorema (2) y en Zona Abierta le hicieron en 1975. Comentando la situación de la Universidad en la postguerra española, dice: «Después empiezan a emerger en el país una serie de formas de pensamiento nuevo que se iniciarán con el movimiento de lafilosofíade la ciencia —que ya es tópico simbolizar en la revista Teoría (sic)—» (3). Añade en ptro lugar en el mismo sentido: «Es interesante el hecho de que la primera propuesta de unafilosofíaindependiente que irrumpe en los años cincuenta —^y que podemos concretar en el movimiento que se agrupa en torno a la revista Theoria— significa el intento defilosofarcentrado en la ciencia» (4). Tamil) Garlos; París, «¿De quéfilosofíavivimos?», Cuadernos para el Diálogo, extra XLII, agosto de 1974, p. 282. (2) «Entrevista a Carlos París», Teorema, V/1 (1975), pp. 85-107. (3) «Democracia y libertad en la vida universitaria (entrevista a Carlos V^ilís)». Zona Abierta, 3 (1975), p. 193. (4) Carlos París, «Nuestra situaciónfilosóficatras la era franquista», en el colectivo La cultura bajo elfranquismo,Ed. de Bolsillo, Barcelona, 1977. p. 5S. Reproducido en Carlos París, El rapto de la cultura, Ed. Mañana, Madrid, 1978, p. 81. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

bien Carlos París, en febrero de 1980, hace una serie de comentarios al respecto en una conferencia dada en Madrid en la Fundación de Investigaciones Marxistas, llegando en esta ocasión, incluso, a considerar a Theoria como lo más relevante de su experiencia filosófica en aquella etapa (5). En septiembre de 1971, en su tercer número, la revista Teorema incluye en su Consejo Editorial a Miguel SánchezMazas. La «Nota de la Redacción» decía así: «El presente número de Teorema incluye en el Consejo de Redacción a Miguel Sánchez-Mazas, español fuera de España, entrañablemente vinculado al desarrollo de la filosofía científica entre nosotros. En el Madrid, ya lejano, de los primeros años cincuenta, Miguel Sánchez-Mazas fundó y dirigió la revista Theoria, con la colaboración, entre otros, de Gustavo Bueno, Carlos París y José Luis Pinillos. Merced al esfuerzo de aquellos jóvenes españoles, la lógica matemática, las ideas de Russell y el Wittgenstein del «Tractatus» brillaron con súbito destello en el madrileño ambiente de oscuridad cultural que Luis Martín Santos inmortalizaría más tarde en "Tiempo de silencio"» (6). La inclusión era todo un símbolo. Teorema, definida en una corriente de filosofía muy determinada, trataba de este modo de enlazar con el «espíritu» de Theoria, prueba evidente de que ésta no había quedado olvidada. Pero la voluntad de filiación de Teorema, respecto de Theoria, no sólo queda reconocida de este modo implícito, sino que expresamente lo señala Manuel Garrido en su artículo (al que más adelante nos referiremos), «La lógica matemática en España (1960-1970)». Dice: «Teorema recoge la tradición de la revista Theoria y vuelve a ofrecer un cauce, con perspectiva internacional, al desarrollo de la filosofía científica y la lógica matemática en España» (7). Ya hemos indicado que Theoria, de hecho y además desde sus orígenes, constituye un lugar de consulta, una fuente y referencia bibliográfica para los estudiosos. Y puesto que no pretendemos dar una relación exhaustiva, ofreceremos unos ejemplos significativos. Dentro del ámbito hispano, el P. Vicente Muñoz ha aludido en ocasiones diversas a artículos que aparecen en la revista Theoria (8). TambiénfiguraTheoria en la Bibliografía filosófica española e hispanoamericana (1940-1958) de Luis Martínez Gómez (S.J.), volumen en el que se recoge la información bibliográfica de la revista Pensamiento desde sus comienzos en 1945 (9). Recientemente, en 1980, Gonzalo Díaz Díaz ha publicado el volumen I de Nombres y do(5) Carlos París, «Filosofar en España: dificultades y estímulos». Conferencias en la Fundación de Investigaciones Marxistas el 20 de febrero de 1980 dentro del ciclo que organizó el Aula de Filosofía de dicho centro bajo el título «El pensamiento español contemporáneo». Conferencia reseñada por C. Gurméndez en El País, 22-11-1980, p. 32, por donde cito. (6) «Nota de la Redacción», Teorema, 3 (1971), p. 61. En ese mismo número aparecía publicada la ponencia que Miguel Sánchez-Mazas presentó al IV Congreso Internacional de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia, celebrado en Bucarest del 28 de agosto al 4 de septiembre de 1971. Su título era: «Cálculo aritmético de las proposiciones». SánchezMazas enviará también una Comunicación al III Simposio de Valencia. Posteriormente colaborará en Teorema con otros trabajos. (7) Manuel Garrido, «La Lógica Matemática en España (1960-1970)», Teorema, 6 (1972), p. 123. Se trata, al parecer, de una Comunicación presentada al III Simposio de Lógica y Filosofía de la Ciencia (Valencia, 11 al 13 de noviembre, 1971) sobre el tema «Filosofía y ciencia en el pensamiento español contemporáneo, 1960-1970». Actas en Ed. Trenos, Madrid, 1973. EL BASILISCO

cumentos de la filosofía española; allí, en la relación inicial de revistas utilizadas, aparece Theoria (10). Fuera de España, Bochenski, Historia de la lógica formal, cita en la bibliografía algunos artículos de Theoria (11). En The Journal ofSimbolic Logic (12)y en Mathematical Reviews (13) aparecen reseñas de algunos trabajos publicados en Theoria. En las .Acto Philosophica Fennica, por ejemplo, en un trabajo de Raili Kauppi, «Sobre la lógica de Leibniz», se menciona, en la bibUografía, un artículo que sobre este tema había publicado Sánchez-Mazas en Theoria: «La lógica matemática en Leibniz» (14). También es mencionada Theoria en las revistas Analysis, Revue Philosophique de Louvain, Scientia, Studium Genérale, etc. Finalmente, la exhaustiva Bibliographia lógica de Wilhelm Risse contiene en sus índices los artículos de Theoria sobre esa materia y también, por cierto, los de su homónima sueca (15). Ib. COMENTARIOS SOBRE THEORIA Existen mmierosos estudios particulares sobre revistas españolas de distinta índole. Ninguno, que sepamos, monográfico sobre la revista Theoria. Balances generales o índices globales hay también algunos. Entre estos últimos destaca la gran obra de Amadeo Tortajada y C. de Amaniel que comprende sólo hasta 1949 (16). El primer balance global

(8) Véanse, por ejemplo, las referencias al trabajo de Sánchez-Mazas: «Lasinvestigaciones de historia de la lógica: la escuela polaca», que apareció en el número 7-8 de Theoria, o las más generales a los años II y III de la revista (números 5-6,7-8 y 9), prácticamente la revista completa, que hace el P. Vicente Muñoz en su ponencia al III Simposio de Valencia, «El formaUsmo como método auxiliar de la historia de la lógica», en Actas, ya citadas, pp. 71-85. (9) Luis Martínez Gómez, S.J., Bibliografía filosófica española e hispanoamericana (1940-1958), Libros Pensamiento, Juan Flors ed., 1961. Serie que recoge el material bibliográfico publicado en la sección «Literatura filosófica española e hispanoamericana» de la revista Pensamiento. (10) Gonzalo Díaz Díaz, Hombres y documentos de la Filosofía española, vol. I (A-B). Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Filosofía «Luis Vives», Departamento de Filosofía española, Madrid, 1980. (11) Bochenski, Historia de la Lógica formal. Traducción de Millán Bravo Lozano. Ed. Gredos, Madrid, 1968, p. 530. (12) Véanse, por ejemplo, reseñas firmadas por Robert Feys, sobre cinco artículos de Miguel Sánchez-Mazas, en The Journal of Simbolic Logic, U.S.A., vol. 21, núm. 1, marzo 1956, pp. 105-107. (13) Reseña que firma E. J. Cogan, por ejemplo, sobre un artículo de Miguel Sánchez-Mazas en Theoria, núm. 9, en Mathematical Reviews, núm. de noviembre de 1956, p. 1.037. (14) Raiü Kauppi, «Über die leibnizsche Logik», Acta Philosophica Fennica, Societas Philosophica, Helsinki, fase. XII, 1960, p. 271. (15) WiUielm Risse, Bibliographia Lógica, Verzeichnis der Zeit schriftenartikel zur Logik, Band IV, Georg Olms Verlag, Hildesheim. New York, 1979. (16) Amadeo Tortajada y C. de Amaniel, Materiales de investigación. Índice de artículos de revistas (1939-1949), Madrid, C.S.I.C, 1952, 2 vols. Comprende el índice de artículos de 128 revistas de todo tipo desde Pensamiento a los Anales de Bromatología. 11

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

que conocemos y que cronológicamente tiene la posibilidad de incluir a Theoria se hace en 1954 en la revista Aíeneo bajo el título general: «Quince años de anteguerra junto a quince de postguerra en las revistas culturales»; viene agrupado en tres partes: I. «Del dicho al hecho, ¿hubo gran trecho?», sin firma. II. «La cultura pasa en revistas, treinta años de revistas culturales españolas», por Adolfo Muñoz Alonso. III. «Pequeña historia de revistas culturales»; por Florentino Pérez Embid (17). En ninguno de los tres artículos aparece mencionada la revista Theoria. Quizá un motivo pueda ser que el año en que éstos se publicaron estaba demasiado próximo al de los orígenes de la revista (con todo lo que esto puede implicar); quizá (otra posibihdad) los autores supusieron que Theoria seguía siendo «suplemento» de Alcalá (lo que es cierto hasta el segundo número); tal vez pudo parecerles que, por sus contenidos, Theoria no se ajustaba al término «cultural» que parecía ser el calificativo de las revistas reseñadas (término, por otro lado, tan socorrido en totalizaciones, a veces absolutamente groseras). Una última posibilidad es que los autores del trabajo, simplemente, quizá, no la conocían.

Denominaciones como «Filosofía española contemporánea» u otras, incluso, menos adecuadas como «Pensamiento español contemporáneo», «cultura española actual», etc., sirven para denominar libros, artículos, balances, etc., sobre la actividadfilosófica(y también, a veces, literaria, política, etc.) española en los últimos años, concretamente a partir de la postguerra. Vamos a dar cuenta, ahora, de algunas de estas publicaciones en relación con la revista Theoria. Uno de los primeros trabajos que se pubhcan en este sentido es el dé Alejandro Ferrer: «Filosofía española contemporánea», aparecido en 1960-61 en la revista Noesis dirigida por Francisco Trujillo Marín (19). Considera el autor los orígenes de la filosofía española contemporánea, como solidarios de los de la España actual, en el «trauma del 98». Dice (II, pág. 188): «Entre los nombres que pertenecen a la Filosofía y a la g-50 tenemos: Gustavo Bueno, Trujillo Marín, Cándido Cimadevilla, José María Valverde, Carlos París, Benito Díez-Canseco, Oswaldo Market, EmiHo Lledó, Sergio Rábade, etc., etc. Fuertes personalidades que han querido abarcar las áreas más diversas, las matemáticas, el arte, la poesía, la filología, la historia, etc., etc. Quizá esta generación se deje abordar no sólo por la g-55, cuyos nombres prefiero por ahora no citar, sino por la que viene inmediatamente detrás». Ni Sánchez-Mazas ni la revista Theoria son mencionados.

Existen, sin duda, otros estudios similares, más o menos globalizadores, en torno a unas u otras revistas de materias determinadas. Vamos ahora a referirnos de modo específico a revistas filosóficas y, en concreto, a revistas filosóficas españolas. Con este título, precisamente, pubhcó, Antonio Pintor-Ramos, una serie de artículos en 1976 en los Cuadernos Salmantinos de Filosofía (18). Aunque no haceun esFilosofía y ciencia en el pensamiento español contemtudio especial de Theoria, la menciona a propósito de otro poráneo (1960-1970) fue el título general del III Simposio más particularizado sobre la revista Teorema, cuando conside Valencia, en el que Manuel Garrido presentó como codera a ésta como «la heredera de las preocupaciones que ya municación un trabajo al que nos hemos referido antes al en 1950 pusieron en marcha dentro del Instituto Luis Vives hablar de las conexiones explícitas que la revista Teorema (C.S.I.C.) la «Sección de Filosofía e Historia de la Ciencia»; trataba de establecer con Theoria. El trabajo de Garrido de las que más tarde pusieron en marcha la revista de vida lleva por título «La lógica matemática en España (1960efímera Theoria (1953-1955)» (pág. 311). Efímera, tal vez, 1970)» y apareció pubhcado en 1972 (véase nota 7). En dipero no tanto, porque, como sabemos, la revista comienza a cho trabajo, sobre el que volveremos más adelante, tras reeditarse en 1952. ferirse el autor primeramente a los manuales de lógica matemática, alude a las monografías y obras de investigación. Dice allí lo siguiente: «Durante los años 1953-1955 vio la luz en Madrid la revista Theoria, dirigida por Miguel Sánchez(17) «Quince años de anteguerra junto a quince de postguerra en las revisMazas, español educado en Madrid, Alemania y Suiza, que tas culturales», ^íeraeo, año III, núm. 54,15 de febrero de 1954. Comprenha sido discípulo de Bochenski, y hoy es miembro de la de tres partes: I, «Del dicho al hecho, ¿hubo gran trecho?». «He aquí lo Asociación para la Automática de Suiza, donde reside. La que dijeron al presentarse a los lectores las revistas españolas siguientes» revista Theoria causó, en el breve lapso de su existencia, un (pp. 18 y 22-23): 1923: Revista de Occidente; 1931: Acción Española; 1945: Leonardo; 1948: Cuadernos hispanoamericanos; 1948: Finisíerre. impacto muy poderoso. Significaba, cosa inédita en España, un cauce para la historia, la teoría y la fundamentación II. «La cultura pasa en revistas, treinta años de revistas culturales españode la ciencia, a un mismo tiempo autóctono y abierto a conlas», por Adolfo Muñoz Alonso (pp. 19-20). Cita a: Revista de Occidente, tactos internacionales. En torno a Theoria se congregaron Cruz y Raya, Acción Española, Razón y fe, Religión y cultura, Studisfranespañoles de diversas generaciones interesados por el penciscans, Criterión, Investigación y progreso, Bíblica, Estudios eclesiásticos, La ciencia tomista. Hora de España, Jerarquía, Escorial, Finisíerre, Arbor, samiento científico: figuras de gran renombre como Rey Cuadernos hispanoamericanos, Cisneros, Leonardo, Revista de estudios Pastor, García Bacca ó Ferrater, y jóvenes representantes políticos. Vértice, Haz, Clavileño, ínsula. Correo literario, Ateneo, índice, de ima nueva promoción como el propio Sánchez-Mazas, Alcalá, Litoral, Monteagudo, Laye, Pensamiento, Estudios filosóficos. Bueno, París o Drudis...» (págs. 121-122). A este dictamen Verdad y vida, España misionera. Revista de Educación, Revista española. Estudios franciscanos. sobre Theoria (que, por cierto, como sabemos, «no vio la luz» en 1953, sino en 1952) vamos a hacer, sin embargo, una III. «Pequeña historia de revistas culturales», por Florentino Pérez Embid breve y rápida observación: no es exacto que Theoria signi(pp. 20-21). Cita a: Revista de Occidente, Cruz y Raya, Acción española, fique («cosa inédita en España») un primer cauce para la La hora de España, Jerarquía, Escorial, Arbor, Cuadernos hispanoamerihistoria, la teoría y la fundamentación de la ciencia, porcanos, Estudios americanos, Finisterre, Clavileño, Fe, Revista de estudios hispánicos. Filosofía y letras, Cuadernos de Adán, Leonardo, Revista espaque, como más adelante veremos, existieron otros cauces ñola. Razón y fe. La ciudad de Dios, Verdady vida, La ciencia tomista, Retanto o más importantes que Theoria. En todo caso, la relevista de estudios políticos, Finisterre, Clavileño. (18) Antonio Pintor-Ramos, «Revistas filosóficas españolas», I y II, Cuadernos salrrmntinos de Filosofía, 3 (1976), pp. 443-457; 4 (1976), pp. 297312. 12 (19) Alejandro Ferrer, «Filosofía española contemporánea», I, II y III, Noesis, 1960, III-IV, pp.a 145-149; 1961,1, pp. 181-188; y 1961, II, pp. 197208. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

vancia de Theoria habría consistido en ser la primera en ocuparse específicamente de estas cuestiones. Los trabajos del III Simposio de Valencia fueron publicados en 1973. En dicho volumen se anunciaba, como complemento de éste, la publicación de un segundo volumen que, según el plan allí expuesto, reuniría «la serie de comunicaciones escritas de carácter crítico que constituyen una visión panorámica completa de las diversas corrientes filosóficas y del desarrollo de los distintos campos científicos en el reciente pensamiento español», trabajo en el que habrían colaborado: «los departamentosfilosóficosy científicos de distintas universidades (Barcelona, Autónoma de Madrid, Oviedo, Valencia) y varias figuras relevantes de la ciencia y la filosofía española» (20). En dicho esquema, la primera parte, dedicada a la filosofía (la segunda lo está al desarrollo científico), tiene un primer apartado que se titula: «La filosofía española de postguerra» y en el que se hacen las siguientes divisiones: — — — — — La neoescolástica. La escuela de Madrid. El esplritualismo cristiano. La escuela de Barcelona. La revista Theoria.

la importante aunque poco duradera, revista «Theoria», fundada en 1952 por M. Sánchez-Mazas y C. París. Esta revista puede considerarse como el primer intento de la postguerra española de establecer unafilosofíacientífica. A pesar de su corta vida (se pubUcó durante cuatro años) «Theoria» significó una aproximación importante a la epistemología y a la ftindamentación de las ciencias. Sobre todo, fue decisivo el papel de esta revista en la iniciación del cultivo de la lógica moderna, especialidad olvidada en el país desde que David García Bacca abandonara la Universidad de Barcelona para marchar al exilio. El simple hecho de una colaboración entre filósofos y especialistas dedicados a otras ramas de la ciencia demuestra doblemente el interés de esta publicación española, puesto que por una parte, se propugnaba una filosofía que dejara de especular de espaldas a la ciencia y, por otra, se iniciaba de hecho una colaboración entre filósofos y científicos de diversas especialidades» (pág. 375). Pedro Ribas considera más adelante que Theoria no tendrá continuidad, ya que Teorema, que pretendería recoger su tradición, sería, sin embargo, más limitada. Cirilo Flórez Miguel, en su artículo «Panorama de la vidafilosóficaen España, hoy» (24), no hace referencia alguna ni mención, siquiera general, de Theoria, y tampoco la incluye en los gráficos que ofrece de revistas de filosofía existentes en la década de los cuarenta y cincuenta en España (págs. 135-137). En un reciente artículo sobre «Fuentes de producción y documentación sobre filosofía en España» (25), aparece una referencia a los estudios de lafilosofíade la ciencia y la filosofía analítica en nuestro país. De ellos se dice: «los realizan, por los años cincuenta, J. Muguerza, J. Hierro, V. Sánchez Zavala, J. Mosterín; a este grupo se unirán C. París y M. Sánchez-Mazas que crean la revista Theoria (19531956); esfuerzo que luego se materiaUzará en otros grupos de revistas (Aporía, Teorema). Amén de la información, en general, distorsionada, destacaríamos dos inexactitudes: una referente a los años de vida de Theoria (no son los años de 1953 a 1956, sino los de 1952 a 1955); otra: el supuesto liderazgo de Muguerza, Hierro y Mosterín, difícilmente pudo darse en los años 50, previos a la aparición de Theoria, cuando éstos tenían entre 13 y 14 años. Sobre filosofía española contemporánea, además de los artículos mencionados y algunas otras notas, existen obras más amplias. Aparte de la serie de G. Fernández de la Mora (26), Abellán ha publicado un Panorama de lafiloso(24) Cirilo Flórez Miguel, «Panorama de la vida filosófica en España, hoy». Actas del I Seminario de Historia de la filosofía española (Teoría docencia - investigación). Salamanca, del 27 de abril al 1 de mayo de 1978. Edición dirigida por Antonio Heredia Soriano. Edic. de la Universidad de Salamanca, 1978, pp. 119-144. (25) «Fuentes de producción y documentación sobrefilosofíaen España (2)»,Anthropos, Boletín de información y documentación, núm. 10, marzo de 1982, pp. 46-48. (26) G. Fernández de la Mora, Pensamiento español, 1963. De Azorín a Zubiri, Rialp, Madrid, 1974. Pensamiento español 1964. De Unamuno a D'Ors. Rialp, Madrid, 1965. Pensamiento español 1965. De Ortega a Nicol. Rialp, Madrid, 1966. Pensamiento español 1966. De Marañan a L6pez-Ibor. Rialp, Madrid, 1968. Pensamiento español 1968. De Amor Ruibal a Zaragüeta. Rialp, Madrid, 1969. Volúmenes anuales en que se recogían las críticas de libros que el autor publicó en su día en el diario ABC de Madrid. 13

De este segundo volumen y por tanto del trabajo sobre Theoria no tenemos noticia sobre su pubUcación. Luis Martínez Gómez publicó en 1973 un artículo titulado «Filosofía española actual» (21). En dicho trabajo, dentro del panorama actual, cuando se refiere al pensamiento matemático, dice: «pronto corren por aquí traducciones de aquellos autores lógicos (se refiere a L. Wittgenstein, R. Carnap, B. Russell, A. Tarski, J. Lukasiewicz) y tenemos información y comentario crítico en revistas antiguas y nuevas; recordemos Theoria (años 50), de vida efímera, que comenzó con fuerte representación de esta manera analítica» (pág. 353). En este sentido, L. Martínez Gómez menciona también más adelante a la xewista. Aporía y a Teorema. En 1976, Antonio Heredia Soriano publicó en los Cuadernos Salmantinos de Filosofía un artículo bajo el título «La vidafilosóficaen la España actual» (22). Considera el autor que Theoria (a la que por cierto le asigna también un año menos de vida), debe ser tenida en cuenta como uno de los antecedentes de Teorema, y en la misma línea. Pedro Ribas en «Pensamiento filosófico español» (23) dice, refiriéndose a la evolución de lafilosofíaespañola de postguerra, «aunque los escolásticos siguen mayoritariamente escalando las cátedras de filosofía, es en esta década de los cincuenta cuando se produce cierto despegue, como se ha visto con Aranguren y como lo muestra la aparición de
(20) Actas III Simposio, ya citadas, pp. 325-326. (21) L. Martínez Gómez, «Filosofía española actual», Pensamiento, XXIX, núm. 114-115,1973, pp. 347-365. (22) Antonio Heredia Soriano, «La vidafilosóficaen la España actual», Cuadernos salmantinos de filosofía, 3 (1976), pp. 417-442. (23) Pedro Ribas, «Pensamientofilosóficoespañol», Diccionario de filosofía contemporánea, dirigido por Miguel A. Quintanilla, Ed. Sigúeme, Salamanca, 1976, pp. 336-378. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

fía española actual (1939-1975) (27), en donde, al referirse a los comienzos de la actitud crítica frente al S.E.U. y a los primeros movimientos juveniles serios de la postguerra (generación del 56), dice: «Ahí tiene su origen la revista Theoria (1953), primer movimiento serio de la Filosofía de la Ciencia que se produjo en la postguerra; revista que dirigieron Carlos París y Miguel Sánchez-Mazas» (pág. 45). Al igual que otros autores ya mencionados, también sitúa su origen en 1953; pero Abellán restringe aún más su existencia, ya que la limita a 1953 y 1954 (pág. 51). La considera, también, como la antecesora, en su función, de lo que más tarde sería, con una difusión más importante, la revista Teorema.

1960 destaca en este sentido la labor de la Editorial Tecnos (Colección Estructura y Función con Tierno Galván como director) y la de Editorial Ariel (Colección Zetein con Manuel Sacristán como principal propulsor).

Un gran estudioso del pensamiento español como es Alain Guy, Les Philosophes espagnoles d'hier et d'aujourd'hui (32), ha situado a Theoria en el siguiente contexto. A propósito de Sánchez-Mazas, dice: «...en 1953 es hecho Secretario del Departamento de Filosofía de la Ciencia y de Historia de la Ciencia dependiente del Instituto «Luis Vives» de Filosofía (C.S.LC). Lógico de gran valía, funda en el mismo año una gran revista, Theoria, dedicada a la metodología de las ciencias, a la lógica matemática y a la epistemología» («Épocas y autores», pág. 367). Alain Guy A Theoria se refiere también Abellán en otra obra suya incurre en el ya clásico error de datación: 1953 en vez de anterior: La Cultura en España (28). Es, según él, en Theo1952. ria «donde por primera vez se prestó atención entre nosoEn el Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora (33), tros a lafilosofíade la ciencia, llegando a colaborar en ella sub voce Sánchez-Mazas, se dice entre otras cosas lo si—^símbolo de máximo prestigio—nuestro eminente García guiente: «Su interés por la lógica, la matemática, la inforBacca» (pág. 31), señalándola en este contexto junto al Boletín de la Cátedra de Derecho Político de la Universidad de mática y lafilosofíade la ciencia le llevó a fundar con Carlos París, en 1952, la revista Theoria. Aunque aparecieron poSalamanca. cos números, fueron suficientes para suscitar en España un interés considerable por una filosofía orientada en las cienAlfonso López Quintas (29), en su polémico libro Filocias». sofía española contemporánea (30), no hace mención alguna de Theoria. Ni en el texto ni en las «Notas informativas» Y en el Diccionario de Filosofía dirigido por Miguel A. que ofrece al final, a modo de Apéndice, en el cual da una Quintanilla (34), s. v. Sánchez-Mazas, aparece: «Fue el relación amplia de «Revistas estrictamente filosóficas» y fundador, director y principal animador de la revista «Revistas en parte consagradas a estudios filosóficos» «Theoria», de tan prometedora como corta vida. A través (págs. 704-710); sin embargo, en la lista de escritores que de ella comenzó a abrirse camino en España el cultivo en setambién incluye en las «Notas informativas», simple enurio de la lógica formal y de lafilosofíade la ciencia». meración «que por razones de espacio no pudo ser objeto de recensión», cita a R. Drudis Baldrich, G. Bueno MartíEstas son, en síntesis, las opiniones, desde una persnez y M. Sánchez-Mazas, dentro del grupo de autores de lópectiva histórica, de algunos autores que como hemos visto gica y filosofía de la ciencia. A Carlos París (más ampliacitan en su mayoría a Theoria. Sobre tales referencias cabe mente) se refiere también. afirmar que ésta no pasa desapercibida. La no mención de algunos (los menos) es debida a la ignorancia de las fuentes, Elias Díaz, Pensamiento español actual 1939-1973 (31) no a la, difusión o influencia que la revista alcanzó. Por otra considera que «la filosofía de la ciencia comienza a introduparte llama la atención el hecho de que, quienes aluden a cirse entre nosotros en esos años (51-56) a través del menella, todos, excepto Pedro Ribas y Ferrater Mora, y tamcionado Boletín de Salamanca (Tierno Galván), y también bién Elias Díaz y L. Martínez Gómez que no concretan, sicon la revista Theoria, a pesar de su corta vida, fundada por túen incorrectamente el inicio de Theoria en 1953, siendo Carlos París y Miguel Sánchez-Mazas (pág. 117). Desde así que apareció por primera vez en 1952.
(27) José Luis Abellán, Panorama de la filosofía española actual (19391975). Una situación escandalosa. Prólogo de Vicente Llórens. Selecciones Austral, Espasa-Calpe, Madrid, 1978. (28) José Luis Abellán, La cultura en España, Edicusa, Madrid, 1971. No hay, sin embargo, referencia alguna en otro de sus libros, en colaboración con Luis Martínez Gómez, El pensamiento español de Séneca a Zubiri, Ministerio de Educación y Ciencia, U.N.E.D., Biblioteca de Educación Permanente, Serie Aula Abierta, Madrid, 1977. (29) Alfoasohópez Quintas, Filosofía española contemporánea. B.A.C., Madrid, 1970. (30) Véase el comentario de Manuel Pizán al libro de López Quintas, junto con referencias a la polémica que este comentario originó, en M. Pizán, Los hegelianos en España y otras notas críticas. Edicusa, Madrid, 1973, pp. 35-47. (31) Elias Díaz, Pensamiento español 1939-1973. Edicusa, Madrid, 1974; libro que recoge la serie de artículos «Notas para ima historia del pensamiento español actual 1939-1973» aparecidos en la revista Sistema, en 1973, en tres partes: núm. 1, «Lxis años cuarenta» (pp. 107-132); núm. 2, «Los años cincuenta» (pp. 115-149); y núm. 3, «Los años sesenta» (pp. 101-135). 14

2. INTERPRETACIONES SOBRE EL ORIGEN Y DESARROLLO DE LA TEORÍA DE LA CIENCIA EN ESPAÑA Nos habíamos propuesto en segundo lugar el siguiente objetivo: presentar algunos acontecimientos anteriores a 1950, incluso a la guerra civil (personas, instituciones, publicaciones, etc.), para trazar una cierta línea de continuidad, cuya temática y contenido tengan que ver con los que luego trataTheoria, es decir, Lógica, Historia y Teoría de la
(32) Alain Guy, Les Philosophes espagnols d'hier et d'aujourd'hui. 2 vols.j I. «Epoques et auters». IL «Textes choisis». Proface de George Bastide. Privat éditeur, Toulouse, 1956. (33) J. Ferrater Mora, Diccionario de Filosofía, 4 vols. Alianza Ed., Madrid, 1979; vol. 4, p. 2.925. (34) Diccionario de Filosofía Contemporánea, dirigido por Miguel A. Quintanilla. Ed. Sigúeme, Salamanca, 1976, p. 445. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Ciencia. Nos parece que este paso previo es necesario, por cuanto que da ciertas claves de cómo surge (se reanuda, continúa), tras los primeros años de la postguerra y ya en la década de los cincuenta, el interés por este tipo de estudios, en torno, precisamente, al C.S.I.C. Previamente, sin embargo, nos parece que reviste especial interés la exposición organizada de las diversas posiciones en la interpretación del origen, desarrollo y presencia en general tardíos de las teorías modernas de la ciencia (de la «filosofía científica») en España. Existen opiniones más o menos generales, más o menos explícitas. Vamos a clasificar algunas de las que conocemos en dos grupos: I. Incluiríamos en el primero a quienes, como Elias Díaz o Pedro Ribas y quizá también Abellán, subrayan el brillante pasado que habría caracterizado a la «cultura» española desde finales del siglo pasado y durante el primer tercio de nuestro siglo. Brillantez de la «cultura», del «pensamiento», de la filosofía, que son las letras, fundamentalmente (la «primera cultura» diríamos hoy, después de Snow). Las referencias en este sentido suelen ser: el krausismo, la Institución Libre de Enseñanza, la Generación del 98, Unamuno, Ortega y Gasset, la Generación del 27..., etc., etc. La filosofía tendría aquí más bien un sentido moral, político, existencial incluso, y no suelen hacerse referencias a estudios sobre lógica o filosofía de la ciencia, salvo algunas alusiones aisladas a García Bacca. Siguiendo esta interpretación, con la guerra y posterior exilio habrían marchado «generaciones enteras, un esfuerzo de decenios, la incorporación intelectual de nuestro país

al mundo de la ciencia y de la cultura» (35). El exilio, por tanto, terminaría definitivamente con «aquella feliz coyuntura intelectual» como la denominó Tuñón de Lara (36). Las más brillantes cabezas, nuestros más eminentes y «europeizados» intelectuales se habrían marchado. Sólo algunos se negarían a salir de España, como Julián Besteiro, profesor de lógica, por cierto, de la Universidad de Madrid, que murió poco después en la cárcel. Otros, como Ortega o JuUán Marías, que se habían ido al comenzar la guerra, volvieron casi inmediatamente. Abellán da una impresionante relación nominal de los emigrados (37). Aurora de Albornoz, protagonista ella misma, ha insistido también en la magnitud de este acontecimiento (38). El exilio habría afectado, pues, negativamente en general al panorama intelectual español, pero muy especialmente al filosófico: «Después de la guerra civil, la Filosofía española se hace en el exiho» (39). La filosofía de la ciencia en España empezaría a introducirse o desarrollarse tardíamente, a comienzos de la década de los cincuenta. Es la etapa que se inicia con la llegada de Ruiz-Giménez al Ministerio de Educación Nacional, consecuencia de la paulatina «liberalización intelectual» desde el interior mismo del sistema, producto, como ha señalado Dionisio Ridruejo (40), de la actitud abierta ád. falangismo liberal (Grupo Escorial), y de la mayor influencia de los católicos, éstos en su peculiar y positiva dialéctica, como apunta Elias Díaz, entre «católicos aperturistas»/«católicos integristas» (41). La filosofía de la ciencia (léase, ahora, la introducción del positivismo lógico o de la analítica inglesa) no se detectaría, pues, hasta esa fecha: 1950 (42); Theoria (1952) y el Boletín informativo de la cátedra de Derecho Político de la Universidad de Salamanca (1954) serían los puntos de partida. Más tarde, otras claves serían: la traducción del Tractatus por Tierno Galván en 1957, la revista Aporía (1964), en 1968, el Simposio de Burgos, al que asistió, como es sabido, Karl Popper, los Simposios de Valencia a partir de 1969 y la revista Teorema a partir de 1971, «órgano de expresión de este movimiento», según Abellán. También sería consi(35) Elias Díaz, Pensamiento español 1939-1973, ya citado, pp. 18-19. (36) Manuel Tuñón de Lara, «Intelectuales de la monarquía a la república», Triunfo, especial núm. 507, La Cultura en la España del siglo XX, 17 dejumodel972,p. 19. (37) José Luis Abellán, Filosofía española en América 1936-1966. Ed. Guadarrama, Madrid, 1966. (38) Aurora de Albornoz, «La £í/>aíja;?e7-egrina». Triunfo, especial núm. 507, La Cultura en la España del siglo XX, 17 de junio de 1972, pp. 44-55. (39) Pedro Ribas, «Pensamientofilosóficoespañol», ya citado, p. 373. (40) Dionisio Ridruejo, «La vida intelectual española en el primer decenio de la postguerra». Triunfo, especial núm. 507, La Cultura en la España delsigloXX, 17 de junio de 1972, pp. 71-81. (41) Elias Díaz, Pensamiento español 1939-1973, ya citado, pp. 53-56. (42) «La introducción en España del positivismo lógico y del análisis británico es bastante tardía...». (P. Ribas, «Pensamientofilosóficoespañol», ya citado, p. 376). En el mismo sentido: «Lafilosofíade la ciencia va a comenzar a introducirse entre nosotros en esos años, a través del mencionado Boletín de Salamanca (Tierno Galván), y también con la revista Theoria...» (Elias Díaz, Pensamiento español 1939-1973, ya citado, p. 117). 15

X' ^^^-

ESdmundo HasserL
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

derable, en este sentido, la labor de traducción de las editoriales Tecnos (colección Estructura y función, dirigida por Tierno Galván) y Ariel (colección Zetein en la que intervino activamente Manuel Sacristán). Entre 1940 y 1950 no habría, pues, en España ningún movimiento apreciable en este sentido, ni «autóctono» ni «importado». Lafilosofíaespañola estaría más bien controlada desde los primeros años de la postguerra por la escolástica que en absoluto habría propiciado el desarrollo de la lógica moderna, de una filosofía de la ciencia puesta al día; simplemente, de una filosofía científica (43). Se habría hecho necesario «importar», por tanto, no sólo los temas, sino también esa forma de hacer «científica» ya existente en otros lugares del mundo. El retraso en el desarrollo de la filosofía de la ciencia en España, así como su recepción tardía, se atribuye, al menos se asocia de algún modo, según esta interpretación, a la guerra, exilio, escolástica... .Pero, cuando hacen estas afirmaciones, podrían estar queriendo decir dos cosas distintas sobre las causas, circunstancias, de ese mismo retraso. Se establecerían así dos posibihdades diferentes, dos actitudes en cierto modo opuestas. La primera sería la adoptada por Pedro Ribas y Abellán; en la segunda situaríamos a Elias Díaz. En cualquier caso, ambas posibihdades son contradictorias con la afirmación inicial. Vamos a exponer aquí esas dos posibihdades en sus extremos, ya que en cada una cabría hacer matizaciones intermedias. 1°) Quizá quiera decirse que, por ejemplo, partiendo del brillante pasado «cultural», si no hubiese habido guerra, exilio, escolástica, etc., habría llegado a desarrollarse (puesto que no se habría aún desarrollado, ya que no se dan referencias) más o menos pronto, más o menos intensamente, una teoría de la ciencia desde aquí (pero «a nivel europeo»), al día, dado que habrían existido entonces condiciones «potenciales»: temática, intercambios, instituciones, etc., para este desarrollo. Aunque a la larga quizá igualmente se hubiera extendido masivamente la influencia exterior (lo que en parte también habría dependido de la «potencia» adquirida en el interior). La guerra, por tanto, habría supuesto un corte decisivo, y con ella y sus consecuencias, las anteriores condiciones («potenciales») habrían desaparecido casi totalmente. Así, a partir de los años 50, se importará masivamente, sin un sustrato previo, la nueva lógica y una filosofía de la ciencia ajenas. 2°) O quizá quiera decirse que, partiendo igualmente de esa «feliz coyuntura» y de que la guerra, el exilio, etc., no se hubieran producido, no habría habido antes de la guerra
(43) He aquí un «peculiar» juicio sobre estas circunstancias; referido a la escolástica: «Los temas de estafilosofíason el ser, el objeto, el sujeto, la verdad, la trascendencia, la objetividad, las vías tomistas, la subjetividad, la belleza y otras solemnidades cuyo tratamiento suele ser dogmático y se reduce a malabarismos verbales de carácter formal, ya que se excluye cuidadosamente toda referencia al contexto histórico y político». Y en nota a pie de página: «Los textos escolásticos no solamente adolecen de este formalismo, sino que al tratar temas donde sería imprescindible una referencia del planteamiento de los mismos en la ciencia actual, suelen utilizar un lenguaje que convierte enprofundas las banalidades más trilladas. La igno' rancia es encubierta con un ropaje de verbo académico (véase en este sentido el apartado que Millán PueUes dedica al espacio en sus Fundamentos de Filosofía, Madrid, 1962, pp. 245-252, apartado donde no se hace ima sola mención de Einstein)». (P. Ribas, «Pensamientofilosóficoespañol», ya citado, p. 374. Subrayado mío). 16

«especiales condiciones» internas para un desarrollo desde dentro de estos temas en concreto. Por tanto no tendría por qué haberse producido posteriormente un especial desarrollo autóctono, pero sí, por ser un marco general más adecuado, una más pronta recepción del neopositivismo, etc. (entre 1940 y 1950, por tanto). A la primera postura («más nacional», diríamos) nos parece que se aproximan Abellán o Pedro Ribas, aun considerando que es difícil, e incluso puede parecer gratuito apreciar un matiz semejante, no formulado además de modo expreso. Por ejemplo, cuando Abellán considera a Theoria «como el primer movimiento serio de la Filosofía de la Ciencia que se produjo en la postguerra» (44); o cuando P. Ribas afirma que después de la guerra civil «la filosofía española se hace en el exilio»; «lo que podría haber sido» es, o podría ser en parte, lo que fue realizado de hecho luego en América; por ejemplo. García Bacca (que es precisamente a quien P. Ribas y Abellán mencionan) que, como es sabido, tuvo un papel fundamental en el desarrollo de temas relacionados con la lógica, la teoría de la ciencia o la epistemología en los países americanos. También P. Ribas: «Theoria significó una aproximación importante a la epistemología y a la fundamentación de las ciencias. Sobre todo fue decisivo el papel de esta revista en la iniciación de la lógica moderna, especiahdad olvidada en el país desde que David García Bacca abandonara la Universidad de Barcelona para marchar al exiho» (45). La segunda píostura (el segundo matiz, actitud, posibilidad) nos parece más bien aquella a la que se aproximaría Elias Díaz cuando, sin mencionar nada antes de 1950, habla de la introducción de la filosofía de la ciencia en términos tales como «va a comenzar a introducirse» o «a lo largo de estos veinte últimos años los estudios e investigaciones de la filosofía de la ciencia habrían de arraigar y difundirse amphamente entre nosotros a través sobre todo de las traducciones incorporadas desde 1960» (46). El retraso atribuido hasta después de 1950 nos parece que no se justifica plenamente, ni en esa primera, ni en esa segunda posibihdad, matiz o postura. No en la primera, porque no queda claro el porqué no se habrían desarroUado antes de la guerra estas materias (no se da referencia alguna de que así haya sido) y deja lo anterior, por tanto, reducido a mera «potencialidad», que no significaba nada. No en la segunda, porque tampoco, igualmente, se justifica por qué no se haijrían introducido antes de 1936-39. En ninguno de los dos casos nos parece que las piezas encajen correctamente. II. En el segundo grupo incluiríamos a quienes, sin entrar de modo expreso en cuestiones de tipo general, se refieren específicamente a la teoría de la ciencia desde un pimto de vista más filosófico, técnico. Considerarían éstos, bien sea desde una perspectiva que llamaríamos neutral (Martínez Gómez, por ejemplo), bien sea desde una perspectiva científico-analítica (Garrido, Quintanilla, etc.), que enEs(44) José Luis Abellán, Panorama de lafilosofíaespañola actual, ya citado, p. 45. (45) Pedro Ribas, «Pensamientofilosóficoespañol», ya citado, p. 375. (46) JESjías Díaz, Pensamiento español 1939-1973, ya citado, p. 117. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

paña con anterioridad a la guerra civilapenas habría habido alguna actividad conducente al desarrollo de la teoría de la ciencia. Algunos suelen mencionar en aquel período a García Bacca, pero siempre como caso excepcional y particular. El desarrollo, pues, a partir de 1950, pero sobre todo desde la década de los sesenta o setenta, sería más bien consecuencia de una rápida importación de temas y métodos de análisis rigurosos (análisis lógico) que de alguna tradición interna. Habría que señalar finalmente, dentro de este segundo grupo, una tercera perspectiva, que podríamos llamar tradicional, que simplemente ignora u omite todas estas cuestiones (López Quintas). Desde el planteamiento «neutral», la etapa iniciada a partir de los años cincuenta, aproximadamente, se trataría de una «tendencia», una variedad, una forma de comportamiento filosófico entre otras posibles; en este caso, llegada desde fuera («un interesante influjo del campo anglosajón combinado con el Círculo de Viena», dice L. Martínez Gómez). Pero vamos a plantear nosotros la cuestión, mostrando la perspectiva, con matices, de la «filosofía científica» (o «filosofía científico-analítica») para ver cómo, dentro de este mismo marco general, hay entre ambas perspectivas diferencias considerables, incluso una oposición esencial que está en el origen mismo de la filosofía científica. Aquí no cabe la neutralidad. Las nuevas formas de la filosofía de la ciencia se estarían oponiendo a otras formas «previas» —sobre todo en el caso español— de corte metafísico o literario, poco rigurosas, oscuras, etc. Estas formas innovadoras serían las sucesoras del racionalismo en la tradición ilustrada, del empirismo, del positivismo clásico, etc., originales y existentes en Europa desde mucho antes, por tanto, y que en España, debido al clásico retraso de la ciencia, etc., respecto de Occidente, no se habrían llegado a desarrollar. «Las nuevas generaciones defilósofoseuropeos se preocupan cada día más por la construcción de un nuevo pensamiento racionalista. La razón no es para ellos, como lo fue para el pasado, remoto o reciente, un dogma ni un anatema, sino un problema. Acaso por ello los grandes pensadores racionalistas del siglo XX, sea en la línea de un empirio-racionalismo como Russell o Mach, sea en la línea de un dialéctico-criticismo como Lukács, Horkheimer o Trotsky, vuelven a estar de moda» (47). La «filosofía científica» tendría, sin duda, unos temas y procedimientos de análisis muy alejados de la filosofía tradicional, de la escolástica. Pero igualmente mantendría cierta distancia respecto de otros núcleos filosóficos del panorama nacional previo y posterior a 1939: Unamuno, Ortega, Zubiri, por ejemplo. El carácter de estas tradiciones más o menos autóctonas demostraría a la hora de hacer una filosofía científica, a nivel europeo, la necesidad de unos nuevos planteamientos, no especulativos, al estilo de los ya existentes en Europa (positivismo lógico), dada la imposibiHdad de una «evolución» desde esas formas precedentes hacia los modos rigurosos del análisis filosófico. La filosofía científico-analítica influirá considerablemente en España. Su introducción en nuestro país habría
(47) Manuel Garrido, Femando Montero, «Editorial», Teorema, núm. 1, 1971, p. 3. EL BASILISCO

de trazar desde su perspectiva la línea divisoria entre «filosofía científica», crítica, y «filosofía metafísica», teología, literatura, humanismo: «para un neopositivista-modelo (...) apenas ha habido filosofía en España, pues las producciones que suelen calificarse de tales o bien pueden catalogarse como ensayos literarios, como teología, como productos de la fantasía, o de la emoción» (48). Para algunos autores, «filosofía metafísica» es un estadio «previo» para la «filosofía científica» que constituiría, por tanto, un estadio también posible. Para otros, este carácter humanista consistiría, más bien, en una actitud, un talante general de la filosofía española. En el primer caso, se concluye que incluso en España podría llegar a haber alguna vez una filosofía científica. En el segundo, naturalmente, las conclusiones son más pesimistas. La filosofía española, pues, se habría caracterizado tradicionalmente, y a diferencia de otras filosofías europeas, por su carácter humanista. La tradición del racionalismo europeo, la de los iniciadores de la ciencia moderna, la de los ilustrados estaría muy lejos de los grandes temas que, según M.A. Quintanilla (49), por ejemplo, preocuparían al genio nacional: existenciahsmo, neotomismo, fenomenología o hermenéutica. Luis Martínez Gómez (50), en unas consideraciones también a propósito de lo nacional, o no, de ciertas formas de pensamiento, ve las cosas de este modo: «Desde Pitágoras (el pensamiento matemático) es una tendencia a representarse en orden los datos de la experiencia (...). El método es el análisis, el rigor sintáctico, la reducción a claridad conceptual del material dado (...). Curiosamente, desde nuestros lógicos medievales, Pedro Hispano y, con su monumental artificio, R. Llull, y sin querer ignorar ni infravalorar la lucida aportación española a la lógica clásica de la que son testimonio cercano los trabajos de V. Muñoz y R. Ceñal, no se nos dio demasiado bien este pensamiento a primera vista neutral y frío; nosotros más propensos a la emoción, al sueño, a la voluntad». Antonio Heredia Soriano (51) considera también que lafilosofíaespañola se ha distinguido tradicionalmente por su carácter humanista, hasta el punto de que, incluso cuando habríamos tratado de hacer filosofía científica, lo habríamos hecho desde una perspectiva existencial, vital. Dice Heredia Soriano que el fenómeno se ha explicado generalmente recurriendo a dos conceptos incontrolables: el genio del país, o alguna deficiencia innata de sus habitantes. Quintanilla, por cierto, nos parece, se adaptaría perfectamente al primer caso (genio es literalmente el término que utiliza). Martínez Gómez, más bien al segundo: «nuestra propensión a la emoción, al sueño, a la voluntad», sería tal vez la deficiencia innata. Claro que tal deficiencia a algunos puede parecerles más bien una virtud. Concluye Heredia por su parte: «sin embargo, parece sensato pensar que aquella característica (el humanismo) se ha debido simple(48) Pedro Ribas, «Pensamientofilosóficoespañok, ya citado, pp. 366367. (49) Miguel Ángel Quintanilla, «El extraño caso de lafilosofíade Bunge». H País, 18 de mayo de 1982, p. 44. (50) Luis Martínez Gómez, «Filosofía española actual», ya citado, pp. 352-353 (subrayado mío). (51) Antonio Heredia Soriano, «La vidafilosóficaen la España actual», ya citado, p. 438 (subrayado mío). 17

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

mente a nuestras especiales circunstancias históricas que por ser tales pueden variar de una época a otra, haciendo posible lo que antes resultaba impracticable». Y en este sentido, según él, se situaría Teorema que, aprovechando precisamente las nuevas circunstancias, «trataría de injertar en nuestrafilosofíauna buena dosis de análisis». Esta perspectiva que hemos denominado de carácter científico-analítica asociaría directa y exclusivamente, como hemos visto, los orígenes de la Teoría de la Ciencia en España, a la importación y desarrollo de las producciones exteriores de la filosofía científica hacia 1950. No habría nada antes. El origen sería Theoria; García Bacca, quizá, un antecedente pero aislado. La culminación, al menos la vanguardia, sería evidentemente el «racionalismo crítico» de Teorema. (En ese sentido, esta revista y en general el grupo en torno al profesor Manuel Garrido han desempeñado un papel fundamental. Sobre todo en la labor de traducción y difusión). Pero nos parece que una perspectiva semejante sobre el origen de lafilosofíade la ciencia en España, cuyo límite inferior es Theoria, margina, desplaza, olvida im «hilo conductor» que al menos une a ésta con una leve pero ya existente corriente anterior en este sentido. Es decir, no puede afirmarse que en 1950 estos temas lluevan súbitamente del cielo (del extranjero), porque muchos de ellos habían sido introducidos ya antes. Podría decirse en todo caso que en Theoria lo son de im modo más organizado y más intenso. La corriente (tradición) a la que nos referimos es, por otro lado, anterior a 1939. Pero no se rompe o desaparece con la guerra y el exilio; al menos no del todo. Se mantiene y se manifiesta, aunque tenuemente, entre 1940 y 1950, enlazando perfectamente con Theoria. Otra cosa es que luego, al mismo tiempo, haya desde 1950 en España una clara y conocida influencia del neopositivismo y la analítica, y de otras corrientes más generales: existencialismo, estructuralismo, marxismo, etc., y que esa corriente se diversifique y ya no se perciba como tal tradición claramente definida. Y como hemos visto, esta perspectiva analítíco-científica se remonta como máximo a los años de Theoria. Y como tales reivindicada. Ya citamos a Garrido en este sentido. Sin embargo, al parecer la mayoría de los actuales filósofos, según Quintanilla (52), no recordarían siquiera esto: «Lo triste es que la mayor parte de losfilósofosespañoles de las nuevas generaciones apenas sí tienen noticia de que existió aquella revista. Conozco incluso a algún colega que pensaba ser el primer español que leía a Wittgenstein, o a otro que estaba convencido de que aquí nadie había hecho filosofía de la ciencia antes de 1970». De todas formas nos parece que éstos (¿quiénes?) que algo así afirman, en virtud de los hechos mismos de los cuales pueden servir de muestra los datos que mencionamos en la primera parte de este trabajo, más bien demostrarían ignorancia, que la denuncia de una situación real, supuestamente de olvido generalizado.
(52) Miguel A. Quintanilla, «La ocasión perdida de la revista Theoria». Se trata de un artículo publicado en El País, el 29 de abril de 1982, p. 34, y del que tenemos noticia (como sucede con el citado en la nota 49) ya casi terminado este artículo. Razón por la cual seguramente las alusiones que de él se hacen en el texto son, respecto del conjunto, un poco improvisadas y desajustadas. Los párrafos a continuación citados sin otra referencia pertenecen a este artículo. 18

Theoria, pues, sería, desde esta interpretación, el punto inicial inexcusable. Pero, ni la generación que la hizo «partió de cero», como afirma también Quintanilla, ni con posterioridad a ella, como él mismo también dice, la filosofía española habría de «partir de cero» igualmente. Añade Quintanilla que el espíritu que animó a los fundadores de Theoria volvería a introducirse a partir de los años setenta por otras vías en los ambientes universitarios. Pero, «más de veinte años después apenas sí hemos podido situarnos en un nivel equivalente al que alcanzó el grupo promotor de Theoria». Hasta aquí Quintanilla. A nosotros nos parece que esto no es así. Si bien es cierto que Theoria fue una pérdida muy importante cuyas consecuencias fueron, sin duda, considerables, después de Theoria, y en cierto modo a causa de ella, la evolución, aunque lenta, ha sido permanente. No se «parte de cero» en los años setenta. Y si alguien lo ha hecho, peor para él. Ha existido una cierta continuidad objetiva (el propio Sánchez-Mazas, Carlos París, Gustavo Bueno, Drudis Baldrich...) y han pasado muchas cosas. Por esta razón pensar que determinados hechos a partir de los años setenta, de una manera casi mágica —-por lo súbito y gratuito—, surgen a partir de cero, supone una absoluta falta derigory de sentido históricos. Semejante visión no tiene ni pies ni cabeza. A lo sumo, quizá, podría tener sentido cuando se piensa que quien la formula, aún sin querer, se convierte de este modo a sí mismo en «iniciador» o «descubridor» , en este caso lamentablemente para él, del Mar Mediterráneo. Se olvida Quintanilla muchas cosas: evidentemente las anteriores a Theoria. Pero se olvida u omite, sobre todo, las

George Cantor EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

posteriores. Y en este contexto era obligado mencionarlas, o al menos suponerlas (53). En esta segunda perspectiva se sitúa asimismo Manuel Garrido (54), cuando, por ejemplo, a propósito de la lógica matemática en España antes de los años cincuenta (etapa previa a la de Theoriá) ofrece los siguientes datos bibliográficos sobre autores españoles: en 1934, García Bacca {Introducción a la lógica matemática y Ensayos modernos para la fundamentación de la matemática); en 1949, Manuel Granell {Lógica).

do ninguna otra referencia o alusión anterior a obras de autores españoles o traducidas. Faltan algunas cosas. Mas tarde tendremos ocasión de comentar cuales son.

Dijimos que, en esta perspectiva de la filosofía científico-analítica, Theoria era también el origen. Nada habría con anterioridad a 1940, salvo una lejana y aislada referencia a García Bacca. Ni tampoco entre 1940 y 1950. Después: Tierno, Aporía, que por cierto tampoco es mencionada por todos, los Simposios de Burgos y Valencia, Teorema, etc., etc. Y dijimos también que, según esta perspectiva, los orígenes de la teoría de la ciencia serían los de la «importación» y desarrollo, desde 1950, de «ciertas» producciones Respectó de las traducciones, según dice Garrido, las exteriores. Y en este sentido aquí se consideraba a Theoria. obras de lógica matemática traducidas al castellano antes de Pero Theoria no se puede incluir en esa perspectiva única1960 se reducirían, o casi, al librito de Tarski, Introducción a la lógica y a la metodología de las ciencias deductivas, tra- mente, aunque sea sin duda en esa línea un punto fundamental, sino que enlaza, como ya indicamos, con aconteciducido por R. Bachiller y J.R. Fuentes, publicado en Espamientos anteriores. Nosotros trataremos de señalar algunos sa-Calpe, Buenos Aires, en 1951. La siguiente mención, de éstos y establecer el hilo conductor entre aquellos y cronológicamente hablando, se refiere ya a 1962: se trataría Theoria. Lo cual nos parece que servirá para explicar mude Los elementos de lógica teórica, de Hilbert y Ackerchas cosas —^inclusive los propios orígenes de Theoria—, mann, traducido por Sánchez de Zavala y publicado en Tecque de otro modo aparecen como algo mágicamente pronos, y de dos obras de Quine, Los métodos de la lógica y yectado tras el oscuro devenir de los años cuarenta. Desde un punto de vista lógico, introducción y traducción por Manuel Sacristán, publicados en Ariel. No hace Garri(53) Decíamos que Quintanilla se olvida muchas cosas en ese artículo. Ya hemos citado algunas de estas omisiones. Habría que añadir los nombres de las personas que paulatinamente a lo largo de muchos años han ido sentando las bases del actual interés por la teoría de la ciencia en España. Y no sólo nombres de personas sino también de publicaciones: Aporía (que ya se le olvidó a Quintanilla otras veces) o Teorema exigen una mención inexcusable. Actividades como los Simposios, el de Burgos (1968) o los de Valencia, que ininterrumpidamente desde 1969 han venido celebrándose. Y, sin embargo, Quintanilla afirma a propósito de Theoria:«... más de veinte años después apenas sí hemos podido situamos en un nivel equivalente». Se olvida Quintanilla muchas cosas. Pero se olvida, sobre todo, de la reedición ya anunciada de la revista Theoria. Se olvida de El Basilisco. Y también, cuando afirma: «Una segunda iniciativa que tendría el máximo interés consistiría en revitalizar aquella Sociedad Española de Epistemología e Historia de la Ciencia tan necesaria en estos momentos para aunar los esfuerzos de todos los científicos y filósofos actuales interesados por estos temas», parece olvidarse —en un alarde de falta de memoria ya absoluto puesto que su artículo tiene fecha de 29 de abril de 1982— del reciente I Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias (Oviedo, 12-16 de abril de 1982) que tuvo por uno de sus objetivos, precisamente, establecer esos contactos entre científicos yfilósofos.Dicho Congreso, como es sabido, fue organizado por la Sociedad Asturiana de Filosofía, y en él Quintanilla presentó una comunicación. Asistió también al Congreso Mario Bunge, reciente premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, a propuesta ante el jurado de la Sociedad Asturiana de Filosofía, entidad de la que, según parece, se olvida también Quintanilla, cuando en su oportuno artículo (mencionado en la nota 49) elogia «la fina sensibilidad del jurado al recuperar para el mundo de habla hispana a este extraordinario pensador». Sabiendo que no las ignora, nos parece que olvida Quintanilla demasiadas cosas. Sobre todo, muchas de las que se han hecho en Oviedo recientemente. Lo que sí va a resultar cierto alfinalcon tantos olvidos es que «en España cada generación siempre se ve obligada a partir de cero». Recordemos, sin embargo, las palabras de carácter indudablemente más optimista con las que el mismo autor comenzaba, en 1976, la «Presentación» del Diccionario por él dirigido: «Frente a todos los pronósticos de signo pesimista y frente a no pocas intenciones liquidacionistas —a veces traducidas incluso en disposiciones oficiales, como planes de estudios, etc.— lafilosofíaen la España de hoy no está en baja. Uno de los espectáculos más interesantes de nuestra vida intelectual en los últimos años lo constituye la gestación y progresiva consolidación de una nueva filosofía». (54) Manuel Garrido, «La lógica matemática en España (1960-1970)», ya citado. EL BASILISCO

EXPOSICIÓN DEL CONTEXTO EN QUE APARECIÓ THEORIA I. No puede afirmarse que la escolástica, que al término de la guerra civil se impone como «filosofía oficial» en España, tenga un especial interés por la filosofía de la ciencia. Esta nueva escolástica, que es sobre todo el neotomismo y que ya afinalesdel siglo XIX alcanzó alguna brillantez (Ortí y Lara o Fray Ceferino González), está indudablemente situada en otro contexto. Pero esto no quiere decir que haya sido «inoperante», «parasitaria» o haya estado «desconectada de la realidad», sino que por el contrario, como ha señalado Gustavo Bueno a propósito de su polémica con Manuel Sacristán, lafilosofíade esa etapa ha tenido una actuación, y muy eficaz, como componente de la superestructura de un sistema político (el franquismo): defensa y fundamentación de ciertas ideas políticas, religiosas, pedagógicas, etc. La. función ha existido, sin duda, y el influjo ha sido muy grande. Otra cuestión sería analizar si esta influencia ha tenido, o no, carácter reaccionario (55). La escolástica trató, pues, de defender la base ideológica del franquismo frente a los ataques racionaUstas (masones) y frente al materialismo y positivismo cientificista. Pero no pretendió frenar la ciencia. No hubo freno, porque no puede existir temor del estudio de la naturaleza que es divina. Es la posición tomista, por ejemplo, frente al agustinismo. El tomismo pone de relieve con frecuencia el carácter inteligible de la realidad, la ciencia no sería propiamente «peligrosa», puesto que no presenta problemas: fe y razón no se oponen, salvo en ciertas etapas de la ciencia en que ésta puede estar equivocada, ser manipulada o «no actuar rectamente». Pero al final entre fe y razón siempre existe armonía. La razón puede y debe moverse —según Santo Tomás— con entera libertad. No puede haber incompatibi(55) Gustavo Bueno, El papel de la Filosofía en elconjunto delsaber. Ed. Ciencia Nueva, Madrid, 1970, pp. 312-313. 19

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

lidad entre ambas y por tanto la razón no puede tener el temor de encontrar, siempre que proceda rectamente, nada contrario a la fe. Todo aquel sistema quedó reflejado, por ejemplo, en los planes y programas de Bachillerato de la época, absoluta y explícitamente inspirados en la filosofía tomista a la que se trata de interpretar y enlazar perfectamente con las ideas claves d e / m p m o , Tradición, Catolicismo, etc. Tam.bién allí se caracterizaba al conocimiento científico como otra forma de conocimiento racional junto al filosófico, pero no necesariamente opuesto a la fe, al saber teológico (56). La filosofía, pues, en esa etapa se orienta hacia determinados temas «fundamentales», pero no se opone a la ciencia. Por otro lado, en ese momento los problemas de la ciencia tampoco se planteaban, porque aquí no había científicos. Había algunos, pero partiendo de la tesis de la neutralidad de la ciencia, no es tampoco el mayor número de científicos el que hace que se planteen determinado tipo de problemas teóricos. La filosofía está aquí en otro contexto. Está más bien interesada en problemas de tipo metafísico, existenciales, morales, etc., en cuestiones que por otro lado son de común interés con los orteguianos. Tal vez por eso el P. Ramírez, en su famosa polémica, lucha contra Ortega y no contra Carnap. Sin duda una tal actitud y planteamiento hacia la ciencia conllevan una cierta dosis de racionalismo. Habría que tener en cuenta ciertas figuras de la época. Además de los jesuítas (P. Iriarte, P. Diez-Alegría, P. Hellín, P. Alejandro, P. Echarri, P. Ceñal, etc.), habría que mencionar al P. Marín Sola, P. Santiago Ramírez, P. Guillermo Fraile, P. Sauras, Leopoldo Eulogio Palacios, Ángel González Alvarez (bajo cuyos auspicios se traduce a Maréchal), Millán Puelles, etc., etc. (a otros personajes fundamentales en este contexto nos referiremos más adelante). Muchos de éstos tuvieron una influencia considerable, sobre todo, a partir de sU situación de profesores durante aquellos años, y también porque fueron los que controlaron los principales órganos del «poder científico» en esta etapa: C.S.I.C., revistas, sociedades. Es éste, sin duda, un grupo no muy homogéneo, desigual en muchos aspectos, y al que, como tal, habría que hacer multitud de matizaciones. Pero tal vez en conjunto puedan ser calificados como el sector más «riguroso», «estricto» —aún no siendo, evidentemente, indiferente a otras corrientes filosóficas generales— dentro del neotomismo nacional. Habría que tener en cuenta además, en este contexto, la influencia de la Escuela de Lovaina, cardenal Mercier, con lo que eso implica también de análisis, asimilación e influencia, de modo más explícito, de algunas tendencias filosóficas contemporáneas, como el positivismo clásico, ciertos aspectos de la fenomenología y aun el existencialismo y la lógica matemática. El P. Juan Zaragüeta, que siguió en buena parte las orientaciones de la Escuela de Lovaina, es una figura clave en este sentido. A lo largo de su dilatada existencia (1883-

1974), «laboriosa y fecunda», realizó infinidad de actividades, desempeñando cargos públicos fundamentales. Autor de un considerable número de escritos, algunos de ellos sobre la propia Escuela de Lovaina, contribuyó a la difusión de ciertas corrientes generales: Bergson, por ejemplo (57). Fue catedrático de Pedagogía en la Universidad de Madrid desde 1931, e igualmente catedrático de Psicología racional en el mismo centro desde 1947. Desde su posición, a partir de un inicial interés hacia la ciencia, desarrolla una labor efectiva; sobre todo por haber representado el aspecto más «político», más «liberal», más «abierto» —respecto del neotomismo tradicional— dentro de la filosofía académica del momento. En ese sentido se le interpreta habitualmente. Sé ha subrayado a menudo su «personaHdad abierta y comprensiva» (58), su «tolerancia intelectual» (59), su «defensa de un escolasticismo abierto a la ciencia y a la vida» (60), considerándosele, sin duda, como «uno de los espíritus relativamente más abiertos dentro de la filosofía académica española» en ese momento (61). Estos juicios elogiosos, y sin duda merecidos, parece que, en algunos casos, se refieren más bien a una cierta actitud psicológica y, en todo caso, a los aspectos «externos» de su obra. La Sociedad Española de Filosofía (S.E.F.), constituida en Madrid el 27 de mayo de 1949 como entidad autónoma pero muy vinculada al Instituto «Luis Vives» de Filosofía, tuvo como primer Presidente a Juan Zaragüeta (62). La
(57) Juan Zaragüeta, como es sabido, es autor de varios trabajos sobre la Escuela de Lovaina, en cuya Universidad, en el Instituto Superior de Filosofía Sto. Tomás de Aquino, hizo la licenciatura y el doctorado: El Cardenal Mercier: su vida y su orientación doctrinal (1927), El concepto católico de la vida según él cardenal Mercier, 2 vols., 1930; 2^ ed. 1941. La Escuela de Lovaina: su evolución, 1948. Su personalidadfilosóficaes bastante conocida. Nos gustaría, sin embargo, subrayar en este contexto algunas otras obras suyas: en 1941 publica La intuición en la Filosofía de Henri Bergson y La libertad en la Filosofía de Henri Bergson (16 págs.). En 1945, Lenguaje y Filosofía. Entre 1950-54, la que según parece es su obra fundamental, Filosofía y vida, 3 yo\s. Su Bibliografía más completa hasta 1953 puede verse en una nota de Alvarez de Linera, «En la jubilación de Don Juan Zaragüeta», publicada en la Revista de Filosofía, núm. 45,1953, pp. 177-189. (58) Antonio Heredia Soriano, «La vidafilosóficaen la España actual», ya citado, p. 224. (59) A. Guy, Les Philosophes espagnols d'hier et d'aujourd'hui. I. «Epoques et auteurs», ya citado, p. 183. (60) José Luis Abéllán, Panorama de la Filosofía española actual, ya citado, p. 84. (61) Así le considera Elias Díaz, Pensamiento español 1939-1973, ya citado, p. 93, nota 10, mencionándolo a propósito de la «destacada expresión filosófica del pensamiento de esos años» que dio origen al libro Homenaje a Xavier Zubiri, preparado y publicado por la revista «Alcalá» en 1953; los participantes en él fueron: Aranguren, Alberto del Campo, Manuel Cardenal, F. Javier Conde, L. Diez del Corral, Francisco Grande Covián, A. García Valdecasas, J. Garrigues, E. Gómez Arboleya, P. Laín Entralgo, S. Lisarrague, J. J. López Ibor, Julián Marías, Augusto A. Ortega, Julio Palacios, Dionisio Ridruejo, J. Rof CarbaUo, Lms Rosales, Antonio Tovar, Luis Felipe Vivanco, Juan Zaragüeta.

(62) La Sociedad Española de Filosofía se constituyó en Madrid el 27 de mayo de 1949. La Junta de Gobierno de la Sociedad quedó establecida por votación de un centenar de asistentes de la siguiente manera: Presidente, don Juan Zaragüeta Bengoechea; Vicepresidente 1°, don Juan Francisco (56) Véase en este sentido, por ejemplo, Eduard Fey, Estudio documental de la Filosofía en el Bachillerato español (1807-1957). C.S.I.C., Instituto Yela Utrilla; Vicepresidente 2°, don Pedro Font y Puig; Vocal 1°, don José Todolí Duque; representante del Instituto «Luis Vives» de Filosofía; Vocal de Pedagogía S. José de Calasanz, Madrid, 1975. Y, Antonio Heredia So2°, don Ángel González Alvarez, representante de las universidades; Vocal riano, «La Filosofía en el Bachillerato español (1938-1975)». Actas del I 3°, don Manuel Mindán Mañero, representante de los Institutos de EnseSeminario de Historia de la Filosofía española, ya citado, pp. 83-118.
20

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

S.E.F., como es sabido, dio lugar a dos de las más conocidas actividadesfilosóficasdel país con una influencia posterior considerable: 1) Las Semanas Españolas de Filosofía, desde 1951, y, 2) Las Convivencias, desde 1974 Congresos, de Filósofos Jóvenes, que se inician en 1963. Desde 1947 fue Zaragüeta Director de la Revista de Filosofía. Sucedió en este cargo al P. Barbado Viejo, que lo fue entre 1942 (en que se fundó la Revistayy 1945 (año en que falleció), y al P. Ramírez, que ocupó este cargo entre 1945 y 1947 (63). Tras la dimisión del P. Ramírez (64), el Director, pues, pasa a ser Zaragüeta. Algunos han interpretado este hecho como la causa de «un tímido intento liberalizador que dará por resultados los mejores años de la publicación: el tono es más suelto, aparecenfigurasjóvenes muy prometedoras y cada vez va siendo más insistente la presencia de filósofos modernos» (65). Esta observación evidentemente cierta no tiene en cuenta un aspecto que, no
ñanza Media; Vocal 4°, don José Hellín Lasheras, representante de la Enseñanza en Centros no Oficiales; Vocal 5°, don Ramón Ceñal Lorente, vocal libre; Tesorero, don Antonio Alvarez de Linera; Secretario, don Raimundo Pániker. {Revista de Filosofía, núm. 29,1949, p. 337. En este número se incluyen, además, los Estatutos de dicha Sociedad. Pp. 337-341). La Revista de Filosofía daba cuenta, además, de las sesiones científicas (mensuales) de la S.E.F.. Veamos, por ejemplo, tres sesiones de 1952, año en que aparece Theoria: el 18 de abril se celebró la XXVI sesión científica de la S.E.F.. Preside, Zaragüeta; asisten los socios de número señores Palacios, Pemartín, González-Haba, Candau, Diez-Alegría, Casado, Aranguren, Bosch, Secades, Echarri, González Ruiz, Sánchez-Mazas y Ceñal que actúa de secretario. El señor don José Pemartín lee una ponencia sobre el tema: «La integración temporal de lo histórico». El 14 de mayo se celebró la XXVII sesión científica de la S.E.F.. Preside el señor Zaragüeta; asisten los socios de número señores Palacios, González-Haba, Secades, Millán Fuelles, Pemartín, Alvarez de Linera, Bosch, Romero, Sánchez-Mazas, Todolí y Ceñal que actúa de secretario. La señorita María Josefa González-Haba lee una ponencia sobre el tema: «La realidad histórica y la trascendencia». El 16 de junio se celebró la XXVIII sesión científica de la S.E.F.. Preside el señor Zaragüeta; asisten los socios de número señores Palacios. Diez Alegría, Hellín, Bosch, Yela, Sánchez-Mazas, Alvarez de Linera, Pemartín, Martínez Gómez, Mindán y Ceñal que actúa de secretario. El R.P. José María Diez Alegría S. J. lee una ponencia sobre el tema: «La historicidad del hombre y el problema de las ciencias normativas». {Revista de Filosofía, núm. 42,1952, pp. 497-509). En este mismo número se anuncian los dos primeros números de Theoria (pp. 534-535). (63) La Revista de Filosofía (núm. 16, enero-marzo 1946, pp. 7-10) incluye una Nota de la Redacción que celebra al nuevo director del «Luis Vives», P. Ramírez, al que se califica «de callada vida, consagrada por completo a la piedad y al estudio, y despreciador sincero de honores y alabanzas humanas». (...) «Tras veintiún años de labor docente en Friburgo ha costado gran trabajo arrancárselo a aquella Universidad y trasplantarlo a la dirección del «Luis Vives». Su ilusión era dar remate a las obras que tenía comenzadas, dentro del ambiente, tan propicio a ello, de San Esteban de Salamanca». (64) «La renuncia presentada en su cargo de Director del Instituto «Luis Vives» de Filosofía y de esta REVISTA por el R.P. Fray Santiago Ramírez, O.P., nos obliga a vemos privados del valioso apoyo de sus luces y experiencia» (...) «Al P. Ramírez, religioso ejemplar y modestísimo, lo reclamaba la soledad de su celda en el venerado convento salmantino de San Esteban, para continuar allí la callada y portentosa labor de ir dando a la estampa obras como las hasta ahora salidas de su pluma, que tan alto han puesto su nombre en el campo de la Teología y la Filosofía y que, si lo necesitase , hubiese sido timbre de gloria —uno más de los muchos que ha cosechado— a la españolisima y sagrada Orden de Santo Domingo de Guzmán». {Revista de Filosofía, núm. 23,1947, pp. 577-578). (65) Antonio Pintor-Ramos, «Revistasfilosóficasespañolas», (I), ya citado, p. 448. EL BASILISCO

obstante, habría de determinar con más claridad: el personaje constante, factótum a lo largo de esta etapa y desde su fundación, es, al parecer, Manuel Mindán, Secretario de la Revista y del «Luis Vives» desde 1942. El mismo pasará a ser Director de la Revista a partir de 1953, año en que se jubila Zaragüeta. Este, sin embargo, seguirá siendo Director del «Luis Vives» —cargo que también ocupaba desde 1947—, siendo en ese momento Vicedirector Leopoldo Eulogio Palacios, y actuando Todolí como Secretario (66). Ese mismo año, 1953, se funda la Sociedad Española de Psicología (S.E.P.) (67). El Instituto «Luis Vives» de Filosofía se había constituido, como es sabido, dentro del C.S.LC., el 10 de febrero de 1940 y fue dirigido, antes de serlo por Zaragüeta, también por el P. Barbado y el P. Ramírez. Al pasar Mindán en 1953 a dirigir la Revista de Filosofía, tal como se ha indicado, y proseguir Zaragüeta en la Dirección del «Luis Vives», se rompe el carácter unipersonal que ambos cargos habían tenido hasta entonces. Además de los ya indicados, habría que añadir a los cargos públicos que Zaragüeta detentó, otro que es fundamental en este contexto, el de Presidente de la Sección de Filosofía y Teología de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, a la que luego nos referiremos más amphamente. Zaragüeta tuvo, sin duda, en el ambiente filosófico de la época una función pública y «política» considerable, «abierta», «liberal», frente al clásico «recogimiento intelectual» del P. Ramírez; seguramente derivada de una actitud y características psicológicas personales muy positivas. Asumió inicialmente el intento de Lovaina de vincular la reflexión filosófica y el estudio de la ciencia. Como ha señalado Joaquín Carreras y Artau, «procuró mantener la tradición a la altura de su tiempo en contacto con la ciencia y la filosofía contemporáneas» (6%). No en vano el mismo Zaragüeta escribió alguna vez — refiriéndose entonces a una actitud ante las «novedades bergsonianas»— que la consigna de todo pensador, igualmente celoso de la continuidad que del progreso, ha de ser la que, parafraseando una frase evangélica, se ha solido pregonar como la feliz expresión de laperennisphilosophía: vetera novis augere etperficere (69).
(66) Asífiguranya estos cargos, por ejemplo en la convocatoria de la Segunda Semana Española de Filosofía (del 8 al 15 de abril de 1953), cuyo tema fue «Fenomenología y problemática del mal», cuyo exhaustivo programa y horario es recogido en la Revista de Filosofía, núm. 45,1953, pp. 331-334. (67) «La Sociedad Española de Psicología fue fundada por un grupo de estudiosos de la ciencia psicológica el día 9 de mayo de 1952. La Junta directiva quedó constituida de la siguiente manera: Presidente: D. José Germain. Vicepresidente.!": D. Juan José López Ibor. Vicepresidente 2°: D. Juan Zaragüeta. Secretario: D. Mariano Yela. Vicesecretario: D. José Luis Pinillos. Tesorero: D. Ricardo Ibarrola. Vocales: D. Juhán Marías, D. Gonzalo R. Lafore y D. José Mallart». {Revista de Filosofía, núm. 45, 1953, p. 340. Allí mismo se da cuenta de la sesión científica inaugural, 25IV-1953). (68) Joaquín Carreras y Artau, «Estudiosfilosóficosde Juan Zaragüeta y Bengoechea», Documentación crítica Iberoamericana, I, p. 156, nota 1, 1965. (69) Juan Zaragüeta, «Henri Bergson (1859-1941)». Revista de Filosofía, núm. 1,1942, p. 174.
21

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

II. En 1950, un grupo de investigadores y profesores de Barcelona, entre los que se encontraban algunos miembros de la Sección catalana del Instituto «Luis Vives» de Filosofía —^fundada en 1947, y al frente de la cual estaban los hermanos Carreras y Artau—, organiza la Asociación para la Historia de la Ciencia Española, que pasa a formar parte rápidamente, como Grupo Nacional de España, de la Union Internationale d'Histoire des Sciences, editora de los Archives Intemationales d'Histoire des Sciences (70). El 2 de diciembre de 1950 se constituyó, en el Instituto «Luis Vives» de Filosofía, la Sección de Filosofía e Historia de la Ciencia, bajo la dirección de Julio Rey Pastor. Se eligió como Secretario a Carlos París; sin embargo, al ser éste nombrado catedrático de Fundamentos de Filosofía de Santiago de Compostela, cesa en el cargo, ocupándolo, entonces, Miguel Sánchez-Mazas (71). Parece que fue Julio Rey Pastor quien decidió la existencia de dicha Sección (72). Pero además —en otros niveles— el apoyo prestado por Juan Zaragüeta a la iniciativa de esta fundación debió de ser también muy importante (73). «En la mencionada Sección —decía la Nota aparecida en Theoria— colaboran cultivadores de la Filosofía y de las Ciencias en la investigación de los fundamentos, la estructura y los presupuestosfilosóficosdel conocimiento científico, basándose en la actual configuración de la Ciencia y en el desarrollo histórico de sus conceptos. Así, sus tareas tienen muy distintas vertientes, entre las cuales destacan la vertiente lógica formal, la epistemológica y la ontológica, orientada a una Filosofía natural». Los primeros trabajos van a ir organizándose poco a poco. Se establecieron inicialmente diversos objetivos: por ejemplo, la formación de una biblioteca especializada, la
(70) Así lo recuerda poco después Tomás Carreras y Artau en un artículo titulado «Apuntes sobre la Filosofía de las Ciencias en España y en el siglo XIX», publicado en el Homenaje a Millas Vallicrosa, C.S.I.C., Barcelona, 1954, vol. I, p. 324, en nota. En esta misma nota añade T. Carreras y Arnau: «Posteriormente {A subrayado es nuestro) se ha constituido en Madrid y dentro del Instituto «Luis Vives» de Filosofía, una Sección de Filosofía e Historia de la Ciencia, que preside el matemático y profesor J. Rey Pastor. Hay que mencionar, con elogio, la revista trimestral de teoría, historia y fundamentos de la ciencia, Theoria, que se publica en Madrid y dirige Miguel Sánchez-Mazas, y cuyo núm. 1 data del 15 de abrilde 1952». (71) Del acontecimiento dio cuenta la revista Theoria en su primer número (15 de abril de 1952), p. 28. (72) Miguel Sánchez-Mazas, en la sesión científica inaugural del curso 1953-54, decía: «La autoridad de las palabras de don Julio Rey Pastor debiera haber respaldado este ruego: el gran matemático que decidió la existencia de esta Sección...» {Theoria, 7-8, Madrid, 1954, p. 208). (73) El artículo que Juan Zaragüeta publicó en el núm. 2 de Theoria, pp. 57-58, titulado: «El proceso de la inducción», iba precedido de la siguiente entradüla: «Don Juan Zaragüeta, director del Instituto «Luis Vives» de Filosofía e importante pensador español, se ha hecho acreedor hace ya tiempo al agradecimiento de todos los interesados en las nuevas direcciones de la Filosofía de la Ciencia, Lógica matemática y Epistemología por más de un motivo. Entre ellos, principalmente, por el apoyo prestado, en colaboración estrecha con don Julio Rey Pastor, director del Instituto Nacional de Matemática, a la fundación en el Consejo de Investigaciones de la Sección de Filosofía e Historia de la Ciencia. Queremos testimoniar aquí, ima vez más, nuestro agradecimiento al eminentefilósofoy pedagogo con ocasión de su afectuosa colaboración en THEORIA». 22

vinculación con los movimientos de teoría y lógica de la ciencia de otros países, labor de traducciones, conferencias, seminarios, etc. No obstante —como explícitamente se hacía constar en la mencionada nota—, todos estos planes «están pendientes de la ayuda que la Sección reciba de los organismos directivos del Consejo de Investigaciones». Será esta inicial escasez de medios, al parecer, la causa de que durante su primer año de vida las actividades de la Sección se vean reducidas exclusivamente a la celebración de sesiones científicas periódicas, «consistentes en la lectura de una comunicación o una conferencia por parte de algún miembro de la Sección, seguida de un coloquio» (74). Tras las primeras dificultades, la Sección va a ir fortaleciéndose paulatinamente. A ello contribuirán, según parece, fundamentalmente en los aspectos económicos, algunos directivos del Consejo y aún el propio ministro de Educación, Joaquín Ruiz-Giménez (75). Y si a Rey Pastor en este contexto cabe reconocerle, en su papel de maestro, un cierto liderazgo (dirección) intelectual, sin duda a Sánchez-Mazas, trabajador constante, habría que atribuirle la materialización de muchos proyectos, inmerso en una incesante curiosidad renovadora, que es la de toda una generación. Del progresivo afianzamiento, entre 1952 y 1953, pueden detectarse varios síntomas: sin duda, el principal es el aumento de las actividades del tipo seminarios, conferencias, etc., como veremos. Pero además, muy relacionados con éstos, se producen otros acontecimientos: en abril de 1952, como es sabido, comienza a publicarse la revista Theoria que es indudablemente una «consecuencia» de este ambiente previo, pero para el que también supone un importante refuerzo. Por otra parte, la hasta ahora Sección es elevada a la categoría de Departamento del «Luis Vives». Un último síntoma de esta consolidación sería el paulatino aumento de los contactos e intercambios internacionales y
(74) Las conferencias y comunicaciones durante ese primer año fueron las siguientes: El 22 de enero de 1951, Julio Rey Pastor: «La Epistemología y la Historia de la Ciencia». El 12 de febrero de 1951, Octavio R. Foz Gazulla: «Algunas consideraciones sobre el indeterminismo físico»; Juan Belgrano: «Las Matemáticas y la sistematización de las Ciencias experimentales y de observación». El 9 de marzo de 1951, Pedro Laín Entralgo: «Anatomía, Biología, Antropología: tres notas históricas»; Miguel Sánchez-Mazas: «Consideraciones en tomo al informalismo en la ciencia». El 5 de abril de 1951, José Pemartín: «Tiempo real, tiempo científico, tiempo filosófico»; Carlos París: «La teoría científica: concepto y problemática epistemológica». El 9 de mayo de 1951, Juem Zaragüeta: «Los sentidos de la expUcación científica». El 12 de enero de 1952, Miguel Sánchez-Mazas: «Síntesis de dos métodos del Racionalismo: la Combinatoria de Leibniz y la Axiomática de Hilbert». El 25 de enero de 1952, Miguel Sánchez-Mazas: «Problemas fundamentales de una lógica matemática comprehensiva». (Tteorá, 1,15 de abril de 1952, p. 28). (75) Véase la referencia directa a este apoyo hecha por Sánchez-Mazas en la Sesión inaugural del curso 1953-54, que ya citamos en la nota 72. Theorá, 7-8 Madrid, 1954, p. 207. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

concretamente la relación con entidades del mismo tipo en otros países, a través de la progresiva vinculación con la Union Internationale de Philosophie des Sciences. Muestra de estos progresivos contactos, por ejemplo, es la asistencia de Miguel Sánchez-Mazas, en calidad de Secretario y representante de la filial española de la Union, al Coloquio Internacional de Lógica que se celebró en Bruselas en agosto de 1953 (76). El 28 de octubre de 1953, bajo la presidencia de José Pemartín, tuvo lugar en el Instituto «Luis Vives» de Filosofía la sesión científica inaugural del curso 1953-54 de esta Sección de Filosofía e Historia de la Ciencia. Tras una conferencia del Director del «Luis Vives» , Juan Zaragüeta, sobre la «Problemática de la Filosofía de las Ciencias», y en ausencia del Presidente de la Sección, Julio Rey Pastor, intervino el Secretario, Miguel Sánchez-Mazas. Este, tras una breve pero satisfactoria consideración sobre la trayectoria general y las actividades realizadas hasta ese momento (conferencias, coloquios), daba a conocer el plan de trabajo para ese curso, planteando la necesidad de ampliar límites y horizontes —^fomentando sobre todo la investigación, «aspecto fundamental»— en ese año en el que por primera vez existían, al parecer, medios económicos propios para la formación de la bibUoteca especializada (77). El plan de trabajo propuesto para el curso que comenzaba se centraba fundamentalmente en dos temas: «El origen de la lógica matemática en Leibniz» y «Las lógicas modales y plurivalentes y sus aplicaciones». Y a propósito de este último tema, se proponía én esta ocasión la puesta en marcha de un Seminario. Este Seminario de Lógica Matemática comienza inmediatamente sus sesiones (el 30 de octubre), y mantiene reuniones periódicas semanales. Algunos de sus trabajos serán publicados posteriormente en folletos independientes (véase nota 83), aunque también algunos son reproducidos en Theoria (78).
(76) Este Coloquio Internacional de Lógica fue organizado por el Centre National Belge de Logique a iniciativa de la Association for Simbolic Logic, de la Union International de Philosophie des Sciences y de la Société Belge de Logique et de Philosophie des Sciences. Se celebró en Bruselas, en dos partes. La primera, los días 18 y 19 de agosto, dedicada al tema «Las lógicas modales formalizadas». La segunda, los días 28 y 29 de agosto, con el tema: «Teoría de la demostración». Entre ambas partes se celebraron las sesiones del Congreso Internacional de Filosofía . El comité organizador fue presidido por R. Feys. El representante español, Miguel SánchezMazas, recibe allí de éste copia de algunas de las principales comunicaciones sobre «Teoría de la demostración» (las de Perelman, J. Clay, P. Bernays, Braithwaite, Frankel) y sobre «Lógica modal» (las de R. Feys y Fevrier-Destouches). Dichas comunicaciones son entregadas a Sánchez-Mazas «para darlas a conocer en España», cuando aún no habían sido publicadas en el extranjero. Aparecen publicadas en Theoria, 7-8, Madrid, 1954, pp. 147-169. Véase aUí igualmente la Nota sobre dicho Coloquio (p. 145). (77) Véase Theoria, 7-8, Madrid, 1954, pp. 207-212. (78) En este Seminario de Lógica Matemática se inscriben como miembros los siguientes señores: José Luis Pinillos, Juan Belgrano, José Antonio Ruiz López Rúa, Norman Barraclough y Valls, Carlos de Inza, Luis Prieto, Mariano Yela Granizo, Ernesto García Camarero, Antonio Becerra Bazal, José Córdoba Trujillano, José Luis Pérez Curieses. La primera reunión, como se dijo, se celebró el 30 de octubre de 1953, y a ella asisten todos los indicados salvo Juan Belgrano, Carlos de Inza y Luis Prieto. A los asistentes habría que añadir a Sánchez-Mazas, que actúa de secretario. En esa primera reunión se determina que las sesiones se celebren los viernes, a las ocho de la tarde, en la sala de Seminarios del Instituto «Luis Vives». Theoria, 7-8, Madrid 1954, pp. 181-182, reproduce AActa de esta sesión. Alfinalse hace referencia a las publicaciones del Seminario como ya iniciadas (ver nota SSX.'En ese número 7-8 de Theoria se reproducen, además, los siguientes trabajos de este Seminario: EL BASILISCO

Próxima constitución de la Sociedad Española de Epistemología e Historia de la Ciencia
"Bu TJrtud dd «cnerdo adoptado en la última Asamblea General de la "Unfi5n Internationale de Philosophie dea Sciences", celebrada en Bruselas el 19 de agosto de 1953, del cual se hizo oñcialmente cargo el representante español don Carlos París, va a. constituirse próximamente en España, como filial nacional de la citada Unión, una Sociedad dedicada a vincular Intelectualmcnte a todas las personas interesadas en las cuestiones de Epistemologta ? MetodoIoETfa científicas —en suma de Filosofía de la Ciencia—, de una parte, y en los temas de Histeria de la Ciencia, en Intima conexión con aquéllas, de otra. Será para nosotros un honor contar, tanto desde el punto de vista científico como social y de ortranización de las actividades públicas, con la valiosa colaboración de todos los estudiosos españoles de estoi temas. • El valor, interés y utilidad de tal Soci^ñad Española de Epistemoloffia e Historia de la Cintia, dentro del panorama cultural español y en relación con las Sociedades análos&s del extranjero, y en especial con la Unión Internationale, puede resumirse brevemente en una corta serie de razones. Desde hace alalinos años se ha ido poniendo cada vez más de manifiesto en nuestro país un creciente Interés entre los cultivadores de cada rama científica por la historia de su propia disciplina dentro del desarrollo freneral de los conceptos básicos del saber, así como por el esclarecimiento de sus métodos y criterios gnoseológicos y de fundamentación. Al mismo tiempo, los filósofos se han mostrado preocupados por el último sentido y valor de la Ciencia actual, por la especie de conocimiento que aporta. Importantes fíf^iras científicas han dedicado a eetos temas sn atención. Puesto que este clima de preocupación históricofllosófiea coincide enteramente con el que se registra hoy en los principales pafnes europeos y americanos, singularmente Inglaterra, Suiza. Estados Unidos, Francia, Bélgica y Holanda, que han constituido sociedades para fomentar y coordinar los estudios de esta índole, parece natural aplicar en £ s pafia Idéntica solución. No es, sin embargo, el que ahora va a darse, t-X primer paso en este sentido, sino la fórmula estable de madurez y autonomía, después de algunos afios de trabajos. En reiteradas ocasiones, a partir de 1950. se nos hicieron llegar, por pajíe df los ortranismos internacionales y de algunas personalidades, como P. Gonseth y P. Eemavs, directivos de la "Société Internationale de I/OglQue et d«í Philosophie dea Sciences", y asi mismo de A. Chfttelct. Decano de la Facultad de Ciencias de París y presidente de la Union antes citada, sugerencias insistentes para aue 80 fundare en nuestra Patria nna S^^Icdad de Historia y Filosofía de la Ciencia que iinifleara nuestras relaciones con ellos. El nrimer avance hacia la solución de esta necesidad fué la creación, dentro del Instituto de Filosofía "Luis Vives", do una Sección dedicada a estos temas que tengo et honor de presidir, y cuyas actividades desde 1950 ^ i n f e rencias. Sesiones científicas. Seminarios, asi como las publicaciones que tiene en marcha— supongo conocidas. Pero ni parece oportuno, ni aun posible, vincular totalmente a una Sección de un Instituto de Filosofía un linaje de especulaciones históríco-cicntjflcas con carácter y método propios, dada, por otra parte, la gran dispersión por distintos centros científicos de toda Espafia, de las personas interc.<tadas por estos temas, que afectan a la» distintas ramas científicas, según aspectos muy diferentes. Sin contar con otras dos importantes razones: primera, que la novedad y problematlcidad de estos estudios, que tocan disciplinas muy alejadas entre sí, exigen una libertad y amplitud de intercambio y discusión ae ideas, que sólo de un modo limitado pueden alcanzarse en una parcela especializada de un Centro do Investigación; scgtmda, que la Unión IntemationiíIc sólo quiere entenderse con organismos de carácter privado. Se apoya en todo cato el compromiso contraído en Bruselas de constituir una sociedad autónoma, en el mismo nivel que las sociedades nacionales filiales de la Union ínternatlonate, y así mismo el voto de simpatía con que se acordé acoger nuestro propósito en la reciente Asamblea General de la Sociedad Española de Filosofía, oue tnmbién incluyo una Sección dedicada a la Enistcmologia —de !.i que fué presidente don José Pemartín. recientemente fallecido—, y con la que el naciente organismo pretende mantener un cordial enlace intelectual. Hemos acordado, pues, invitar a las personalidades científicas y estudiosos más Interesados en las cuestiones histérico-filosóficas de las ciencias, a la constitución y organización de la Sociedad Etpaflola de Epistemología c Historia de la Ciencia."

JULIO REY PASTOR N O T A
Un cambio preliminar de impresiones se tuvo el 18 de marzo de 1954 en e! Instituto "Luis Vives", con asistencia del magnífico señor rector de la Universidad de Madrid y otras ilustres personalidades científicas. Se ha acordado apLizar la constitución definitiva do la Sociedad hasta el otoño de 1954, en que volverá a Espafia don Julio Rey Pastor, actualmente en Argentina. Las adhesiones y solicitades de inscripción <Ie> ben enviarse a: Sociedad Española de Eplitemolo gis e Historia de la Ciencia, Serrano, 127, Madrid.

Theoria, núm. 7-8, pp. 213

Además de los trabajos de este Seminario, la Sección (el Departamento) de Filosofía e Historia de la Ciencia celebró durante aquel curso, 1953-54, diversas sesions públicas en las que actuaron como ponentes, fundamentalmente, miembros de la Sección (79), El número 7-8 de Theoria (1954) incluía una Nota que, firmada por Julio Rey Pastor, se refería a una «Próxima constitución de la Sociedad Española de Epistemología e Historia de la Ciencia». Los orígenes más inmediatos de
— «El concepto de Teoría», (Seminario de Lógica, sesiones del 30.de octubre y 3 de noviembre de 1953. Theoña, 7-8, pp. 183-187). — Miguel Sánchez-Mazas: «Un intento de expresión matemática de la lógica modal clásica: el grupo de matrices modales y el sistema de coordenadas modales». (Seminario de lógica, enero 1954. Theoria, 7-8, pp. 188-192). — Jorge Pérez Ballestar, crónica sobre un curso de cinco lecciones dado por el padre Erardo W. Platzeck, O.F.M., los días 19,21,23,26,28 de octubre de 1953 sobre «Los orígenes de la lógica occidental hasta Aristóteles», que fue seguido de una conferencia, pronunciada el 30 de octubre, sobre «La mentalidad de Raimundo Lulio y la teoría moderna de las formas del pensar»; actos celebrados en la Facultad de Filosofía y Letras de Barcelona, bajo los auspicios de la Delegación del Instituto «Luis Vives» de Filosofía. (Seminario de Lógica, enero 1954. Theoria, 7-8, pp. 171176). (Este curso de cinco lecciones y la conferencia se publican posteriormente en un volumen con el título general: La evolución de la lógica griega. C.S.I.C., Delegación de Barcelona del Instituto «Luis Vives» de Filosofía, 1954). — Miguel Sánchez-Mazas: «Las recientes investigaciones de historia de la lógica antigua: la escuela de Lukasiewicz» (Seminario de Lógica, marzo 1954. Theoria, 7-8, pp. 177-180). (79) Estas sesiones fueron las siguientes:
23

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

esta Sociedad se hallaban, según parece, en el acuerdo establecido en la Asamblea General —celebrada en Bruselas el 19 de agosto de 1953, de la Union Internationale de Philosophie des Sciences— transmitido por el representante español, Carlos París, para la constitución en España de una tal Sociedad. La necesidad de una Sociedad de este tipo era vista por los promotores en el interés creciente en nuestro país por este tipo de estudios, lo que planteaba la urgencia de coordinar estas actividades, y, por otro lado, dada su importancia, la necesidad igualmente de su promoción, expansión y divulgación. La Sección (el Departamento), a la que se reconocía como importante precedente, daba paso, pero sin desaparecer, a la nueva Sociedad. S& justificaba la creación de la nueva entidad, como algo distinto de la Sección, por la especificidad misma y la amplitud de ese tipo de estudios (que exigían algo más que una Sección), y también porque la Union «sólo quiere entenderse con organismos de carácter privado». Se dan, pues, las bases para la nueva Sociedad autónoma, no sin recalcar sus organizadores la «simpatía» con la que una reciente Asamblea General de la S.E.F., que también tenía una Sección dedicada a la epistemología —de la que era Presidente Pemartín—, había acogido esta iniciativa, y también el «cordial enlace intelectual» que el naciente organismo pretendía mantener con aquellas. Durante el curso 1954-55 el Departamento de Filosofía e Historia de la Ciencia, presidido aún por Rey Pastor, proseguirá su marcha con diversas actividades. El Seminario de Lógica Matemática celebró, en las mencionadas sesiones de los viernes, durante el mes de noviembre, cuatro coloquios sobre los «Fundamentos lógicos y matemáticos del concepto de probabilidad» (80). Hubo además una serie de conferencias (81). Se inicia también un ciclo dedicado a la «Historia de la ciencia española». (82). Por otro lado, los trabajos
El 14 de octubre de 1953, J. von AJlesch, profesor Em. de Psicología de la Universidad de Gottíngen: «Grados de universalidad como problema psicológico». El 25 de noviembre de 1953, José Gallego Díaz: «Un ensayo para axiomatizar la Economía» (Publicado en Theoria, 7-8, Madrid, 1954, pp. 65-70). El 14 de diciembre de 1953, Miguel Sánchez-Mazas: «Un sistema de lógica modal». El 11 de enero de 1954, Carlos París Amador: «El problema del saber físico». El 10 de febrero de 1954, Constantino Láscaris Comneno: «Posturas de Descartes ante el problema del movimiento de la Tierra». (Theoria, 7-8, Madrid, 1954, p. 212). (80) Los cuatro coloquios, celebrados en noviembre de 1954, fueron: —Eduardo H. del Busto: «Revisión panorámica de las teorías modernas de la probabilidad». — Juan Belgrano: «Consideraciones sobre la teoría de von Mises: su contacto con la realidad y sus dificultades teóricas». — Eduardo H. del Busto: «La probabilidad y la lógica inductiva en Camap». (Publicado en Theoria, 9, Madrid, 1955, pp. 119-128). — Miguel Sánchez-Mazas: «La probabiUdad y la lógica formal deductiva: relación entre probabihdad y modalidad». (Theoria, 9, Madrid, 1955, p. 181). 24

del Seminario de lógica empiezan a ser publicados en una Colección denominada Cuadernos de Lógica, Epistemología e Historia de la Ciencia, dirigida por Rey Pastor (83). Así pues, afinalesde 1955, el Departamento de Filosofía e Historia de la Ciencia del Instituto «Luis Vives» y la incipiente Sociedad Española de Epistemología e Historia de la Ciencia son el prometedor núcleo para el cultivo de estas disciplinas en España; definitivamente integrada aquella última en la Union Internationale de Logique, Philosophie et Méthodologie des Sciences que, tras la fusión, es convertida en División de la Union Internationale d'Histoire et Philosophie des Sciences (84).
(81) Fueron éstas: — Raimundo Drudis Baldrich: «Panorama actual de lafilosofíaneopositivista (10 de diciembre de 1954). — Eduardo H. del Busto: «Significación de Laplace en la historia del cálculo de probabilidades» (14-XII-54). — Carlos París: «Significadofilosóficode las leyes estadísticas» (281-55). (Theoria, 9, Madrid, 1955, p. 181). (82) Las conferencias fueron las siguientes: — Miguel Cruz Hernández: «La medicina en Avicena». — José Augusto Sánchez Pérez: «La ciencia árabe española». — Gustavo Bueno: «Introducción del concepto de categoría noemática en la teoría de la ciencia psicológica». (Publicado en Theoria, 9, Madrid, 1955, pp. 33-52). (Theoria, 9, Madrid, 1955, p. 181). (83) Esta colección de Cuadernos de Lógica, Epistemología e Historia de la Ciencia es anunciada en el núm. 9 de Theoria; allí se dice que hasta ese momento está constituida por los siguientes títulos: 1. Julio Rey Pastor: Algebra del lenguaje (Discurso de su recepción en la Real Academia Española del que Theoria (7-8, pp. 7-14) publicó la parte final). 2. J. Robert Oppenheimer: La ciencia y el conocimiento común (conferencias dadas en la BBC de Londres y traducidas y publicadas ya en Theoria, 7-8, pp. 19-29). 3. Eduardo H. del Busto: Las teorías modernas de la probabilidad. La probabilidad y la lógica inductiva en Camap. (También en Theoria, 9, pp. 119-128). 4. Miguel Sánchez-Mazas: Formalización de la lógica, según la perspectiva de la comprehensión. 5. Miguel Sánchez-Mazas: La lógica modaly su expresión matemática (en prensa). (Theoria, 9, Madrid, 1955, p. 181). (84) La Union Internationale d'Histoire et de Philosophie des Sciences surge hacia 1955 como producto de la fusión de la Union Internationale d'Histoire des Sciences (De Broglie, Taton) y de la Union Internationale de logique, méthodologie et philosophie des Sciences (Bochenski, Chátelet, Destouches). Ambas entidades fusionadas pasan a convertirse cada una de ellas en sendas Divisiones dentro del nuevo organismo. (El núm. 9 de Theoria reproduce el Protocolo del acuerdo entre ambas, y el proyecto de Estatutos de la nueva Union). La Sociedad Española de Epistemología e Historia de la Ciencia pasaría, pues, a integrarse.en esa estructura. Vamos a recordar alguna iniciativa anterior española en este sentido ^-relacionada, sobre todo, con el movimiento de Historia de la Ciencia—, aparte de la mencionada de Barcelona en 1950. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

4. DOCUMENTACIÓN BIBLIOGRÁFICA Esta situación en torno al C.S.I.C. a la que venimos refiriéndonos —aún en sus inicios y sin duda ya digna de consideración— se forma y prospera en España sobre una cierta base (previa, simultánea) que es necesario tener en cuenta. En este sentido, vamos ahora a hacer, por ejemplo — porque también hay otras fuentes de información—, un breve repaso, ofreciendo unas muestras significativas, de la situación general de las publicaciones relacionadas con este núcleo de problemas entre 1940 y 1951, fundamentalmente, si bien haremos mención en algunos casos de publicaciones relevantes —^bien por su contenido, bien por su significación histórica— que aparecen después de este período. Es necesario, sin embargo, establecer previamente cuál es ese núcleo en torno al cual se hace dicha selección bibliográfica, y también, una vez delimitado éste, determinar los criterios o perspectivas que aquí se han seguido para la ordenación y clasificación del material. Consideramos que las publicaciones que aquí nos interesan son aquellas que se organizan en torno a un núcleo común, formado por las reflexiones sobre la ciencia (lo que da unidad a Theoria también, por ejemplo). Ahora bien, estas reflexiones se hacen —se vienen haciendo— desde perspectivas muy distintas, que obedecen a tradiciones institucionales muy precisas; no son especulaciones, o meras diferencias de opiniones entre filósofos («materialistas», «idealistas», etc.), y de ellas nos parecen especialmente pertinentes las siguientes: I. La tradición de lafilosofíade la ciencia (o epistemología), la desarrollada fundamentalmente por filósofos en cuanto tal (desde Platón y Aristóteles hasta Kant, Comte, etc.). II. La tradición de la historia de la ciencia (Duhem, Koyré...), terreno éste, en España, tradicionalmente más
En 1929, la reunión en París del Comité Internacional de Historia de las Ciencias (surgido en el Congreso de Ciencias Históricas celebrado en Oslo en 1928) elabora los estatutos de la Académie Internationale d'Histoire des Sciences. Como presidente es elegido Gino Loria y como secretario perpetuo Aldo Mieli. Su publicación es Archeion que dirigía el propio Mieli. Esta Académie organiza en los distintos países Grupos nacionales. En España, se constituye en 1931 un grupo nacional cuyo secretario será José Sánchez Pérez. Pero en 1934 se disuelve. Se funda en ese año la Asociación de Historiadores de la Ciencia Española, con Francisco Vera, uno de los principales promotores, como Secretario perpetuo. En 1936, sin embargo, se reconstruirá el citado Grupo Nacional, gracias al esfuerzo de Julio Rey Pastor, miembro correspondiente de l'Académie desde 1934. El presidente será entonces Teófilo Hernando. Se organizarán las Secciones de Madrid, Barcelona y Sevilla. En Madrid, el presidente es José Goyanes; el vicepresidente, Rey Pastor y Nicasio Mariscal. En Barcelona, el presidente es Pedro Bosch Gimpera. En Sevilla, Patricio Peñalver. Rey Pastor será también, por otro lado, presidente del Grupo Nacional de Argentina, que se funda en 1933, y que en 1940 da lugar a la Junta Argentina de Historia de la Ciencia (de la que Rey Pastor será vicepresidente), que en 1945 organiza el Primer Coloquio de Historia y Filosofía de la Ciencia. En 1948, la Junta pasa nuevamente a ser Grupo Nacional de l'Académie, y organiza las Primeras Jornadas Argentinas de Epistemologíaa e Historia de la Ciencia, que, curiosamente, llevan el mismo nombre que la Sociedad española. (Véase Sixto Ríos, Luis A. Santaló, Manuel Balanzat: Julio Rey Pastor, matemático. Prólogo de Pedro Laín Entralgo. Instituto de España, Madrid, 1979, pp. 196 y ss.) EL BASILISCO

bien frecuentado porfilólogos(arabistas, hebraístas) o eruditos (sean o no científicos). Además de la polémica de la ciencia española, habría que tener en cuenta tradiciones tales como, por ejemplo, la de historiadores de la medicina, o la de estudiosos en tomo a la ciencia hispano-árabe. III. Teorías de la ciencia desde perspectivas especiales (filosofía de las matemáticas, de la física, biología, etc.). Aquí se incluyen también las ciencias humanas, ciencias culturales (Cassirer, Rickert). En especial, las ciencias lingüísticas. IV. La tradición de la Lógica, que siempre ha pretendido tener la última palabra sobre la teoría de la ciencia, pero siempre con una dualidad, ya desde los Primeros y Segundos Analíticos de Aristóteles, entre lógica formal (Hilbert, Tarski) y lógica material (Husserl). De cada una de estas perspectivas nos parece que pueden darse muestras bibliográficas, más o menos importantes en este período, tanto de traducciones de obras fundamentales, como de obras de autores españoles que reflejan el conocimiento de las anteriores. Según, pues, estas cuatro perspectivas, ofreceremos aquí nuestra selección que, por otro lado, no pretende ser exhaustiva en absoluto. Sin embargo hay en este contexto ciertas figuras (Russell, Whitehead, Wittgenstein) o grupos (Círculo de Viena) que tal vez desbordan en cuanto tales esas perspectivas determinadas. Nos referiremos, pues, a ellos previa y aisladamente. Al final, también haremos mención independiente de las publicaciones en torno a estos años de algunos de quienes después más destacadamente intervienen en la revista Theoria, cuyos contenidos, sirva ahora ya de advertencia, no se incluirán en esta selección, ya que alfinalde este trabajo se ofrecen íntegramente sus índices. Y para terminar: alguna colección relevante en estos años sobre esta temática (de Espasa-Calpe, concretamente) es ofrecida como tal colección al final de nuestra selección, aunque también se citarán, en algunos casos, sus libros en el apartado correspondiente. Téngase en cuenta, no obstante, que algunos de los libros mencionados ya habían sido publicados antes de 1940; en algún caso, en la misma editorial (Calpe, EspasaCalpe); en otros casos, en diferente editorial. Esto lo haremos constar, siempre que el dato nos resulte conocido, bien sea en este apartado bibliográfico, bien sea en la segimda parte del trabajo. Bertrand RusseD De Bertrand Russell se publicaron en España en este período bastantes obras; otras ya lo habían sido antes de 1940. Conviene precisar que algunas de éstas, como sucede también con otras a las que nos referiremos más adelante, se publican en editoriales sudamericanas. Algunas de ellas las incluimos aquí igualmente, porque alcanzaron una difusión considerable entre los lectores españoles, ya que se distribuyeron en las cadenas editoriales correspondientes, y se vendieron en las librerías españolas. A partir de 1940, en que aparece la quinta edición de La conquista de la felicidad (Espasa-Calpe, Buenos Aires, Colee. Austral, núm. 23), y por orden cronológico, citaremos las siguientes obras: en 1943, El ABC de la relatividad (Imán, Buenos Aires); en 1945, Introducción a la filosofía matemática (traducción de Juan B. MoUnari, Losada, Bue25

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

nos Aires); en 1946, Nuestro conocimiento del mundo externo. Como un campo para el método científico de la filosofía ^(traducción de R. J. Velzi) e Investigaciones sobre el significado y la verdad (traducción de J. Rovira Armengol, Losada, Buenos Aires); en 1947, aparecen los dos volúmenes de la Historia de lafilosofíaoccidental (trad. de J. Gómez de la Sema y A. Porta, Espasa-Calpe, Buenos Aires) y, en 1948, Los principios de la matemática (trad. de J.C. Grimberg, Espasa-Calpe, Buenos Aires); en 1950, Análisis del espíritu (trad. de E. Prieto, Paidós, Buenos Aires) y El conocimiento humano, su alcance y sus limitaciones (trad. de Antonio Tovar, Revista de Occidente, Madrid); en 1951, Misticismo y lógica y otros ensayos (trad. de J. Rovira Armengol, Paidós, Buenos Aires) y Autoridad e individuo (trad. de M. Villegas de Robles, F.C.E., México); en 1952, El impacto de la ciencia en la sociedad (trad. de J. Novella Domingo, Aguilar, Madrid); en 1953, la segunda edición de Los problemas de la Filosofía (trad. de J. Xirau, Labor, Barcelona; la primera databa de 1937), Nuevas esperanzas para un mundo en transformación (trad. de R. Ulía, Kermes, México) y Ciencia,filosofíay política (Ensayos sin optimismo), (trad. de M. Pereyra, Aguilar, Madrid). Finalmente, en 1956 aparecen una selección de Obras escogidas (trad. de J. Fuentes y otros. Prólogo de A. Lázaro Ros, Aguilar, Madrid). Y también en ese año, los Fundamentos de Filosofía (Ed. José Janes, Barcelona). Pero, además de esta bibliografía traducida que se cita, parece que, ya a principios de los años cuarenta, los Principia mathematica, en su versión original, evidentemente, podían econtrarse en algunas de nuestras bibliotecas. Ya en estos años, por otro lado, pueden detectarse también algunas notas, reseñas y artículos sobre dicho autor en varias revistas españolas de la época que de un modo u otro contribuyen a difundir su obra. Mencionaremos, por ejemplo, en 1949, Torcuato Fernández-Miranda, «Anacronismo y política. En tomo a unas conferencias de Bertrand Russell» (Arbor, núm. 48, pp. 353-366). En ese mismo año, bajo las iniciales A.R.V., en Pensamiento, una nota a propósito de la «Discusión radiada sobre el conocimiento de Dios. (Russell y Copleston)» (Pensamiento, núm. 17, pp. 71-89). En 1950, F. Copleston, «Bertrand Russell» {Revista de Filosofía, núm. 33, pp. 261-278) y de este mismo autor, en 1951, «Pensadores influyentes de hoy. Russell, Heiddegger, Jaspers» (Razón y Fe, núm. 636, pp. 45-60). Y, en la Revista de Filosofía (núm. 30,1949, pp. 500-503), la reseña de Manuel Granell sobre la traducción española de los Principies of Mathematics (1948). A.N. Whitehead De Alfred North Whitehead se editaron también en esta etapa en castellano algunas obras: en 1941, Naturaleza y Vida (trad. de Risieri Frondizi, Instituto de Filosofía y Letras, Buenos Aires); en 1944, Modos de pensamiento (trad. de J. Xirau, Losada, Buenos Aires); en 1947, Aventuras de las ideas (trad. de C. Botet, Edit. José Janes, Barcelona); en 1949, La Ciencia y el mundo moderno (trad. de M. Ruiz Lago y J. Rovira Armengol, Losada, Buenos Aires) y, también, la segunda edición de Introducción a las matemáticas (trad. de A.J. Ceci, Nota preliminar de M. Balanzat, Emecé, Buenos Aires). Ya en 1956, Proceso y realidad (trad. de J. Rovira Armengol, Losada, Buenos Aires).
26

Igualmente sobre Whitehead se publica en castellano por entonces algún breve artículo o trabajo de muy diverso carácter y valor. Por ejemplo, en 1948, José Pemartín, «Sobre el pensamiento de Alfred North Whitehead».(iíevzstó de Filosofía, núm. 26, pp. 591-604; en el mismo año, Paul Weis, «Alfred North Whitehead, inspirador de una generación» (Cuadernos Americanos, marzo-abril) o, ya en 1952, Ramón Xirau, «A.N. Whitehead, tres categorías» (Inst. Filosofía y Letras, 23, Buenos Aires, pp. 311-325). Wittgenstein Sobre Wittgenstein exclusivamente, entre 1940 y 1951, no hemos encontrado ningún trabajo o artículo. Sí algunas referencias generales o menciones de pasada en otros artículos. Pero, según parece, realmente los inicios de su difusión masiva no se producen hasta después de 1950. Seguramente, como es natural, los canales por los que esta introducción paulatina se produce son múltiples, y coinciden, por otra parte, con la progresiva apertura del mercado bibliográfico español. Sin embargo, antes de la famosa traducción de Tierno del Tractatus que, como es sabido, se publica en 1957 en Revista de Occidente, pueden mencionarse algunos trabajos. Aparte naturalmente de aquellos que aparecieron en Theoria —Dmdis Baldrich o el de Ferrater Mora que era una traducción, o al menos tenía el mismo título, que el publicado en 1953 en inglés por ese mismo autor: «Wittgenstein, a symbol of troubled times» (Philosophy Phenomenological Research, Búfalo, Nueva York, pp. 89-96)—, revista que es, sin duda, una de las primeras fuentes, si no la primera, de esta difusión, puede mencionarse otro que, sin embargo, también se reproducirá en esa revista. Se trata del publicado en 1953 por Miguel Sánchez-Mazas, «A los dos años de la muerte delfilósofo.La ciencia, el lenguaje y el mundo según Wittgenstein» (Cuadernos Hispanoamericanos, vol. XV, núm. 40, pp. 35-44. Theoria, 18, pp. 127-130). Ya de 1956 hay otro artículofirmadopor María Teresa AntoneUi, «A propósito del último Wittgenstein: observaciones sobre el convencionalismo» (Crisis, vol. III, pp. 473484); y ya de la época de la traducción castellana del Tractatus son las notas publicadas por Dmdis Baldrich, «Consideraciones en tomo a la obra de Wittgenstein», en la Revista de Filosofía (ntíms. 65-66, pp. 283-286), si bien éstas eran motivadas aún, al parecer, por la edición italiana del Tractatus (Introdacaón crítica, traducción y notas de G.C.M. Colombo, S.J., Fratelli Bocea, Roma, 1954). Círculo de Viena De y sobre el Círculo de Viena apenas se publica nada en estos años. Hay que suponer, igualmente, que entre 1940 y 1951, por canales distintos, se filtrarían poco a poco algunas referencias. (Evidentemente, antes de 1940 también hay datos fundamentales en este sentido de los que después haremos mención. Por ejemplo, la traducción del libro de M. Schlick, Espacio y tiempo en la física actual, trad. de García Morente, Calpe, Madrid, 1921). Nos consta, por ejemplo, que hubo algunas conferencias sobre el Círculo de Viena ya en los primeros años de la década de los cuarenta. Se pubUcó, por ejemplo, en 1948, el libro de Emst Mach, Conocimiento y error (trad. de Cortés Plá, Espasa-Calpe, Buenos Aires) y también de ese autor, en la
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

misma editorial, Desarrollóhistórico-crítico de la mecánica. De Mach se había editado ya, en 1920, El análisis de las sensaciones (trad. E. Ovejero y Maury, Jorro, Madrid). Trabajos esporádicos también fueron publicados en castellano en Sudamérica, difundiéndose algunos por aquí; por ejemplo, Rudolf Carnap, «La antigua y la nueva lógica» {Letras, vol. XIII, Lima, 1947,,pp. 90-108). Hay además, indudablemente, referencias generales en otros artículos o libros. Pero la introducción más generalizada inicialmente áe\ positivismo lógico se realiza sin duda a través de Theoria (notas, reseñas, artículos), en donde Drudis Baldrich es un sistemático informador (véanse índipes en la segunda parte de este trabajo). Posteriormente, habría que citar el Boletín de la Cátedra de Derecho Político, de Salamanca, o la revista Aporía, sin llegar de momento a tiempos más recientes donde se multiphcan las fuentes, aunque destacando entre todas la labor de Teorema.

de H.C. Canal. Buenos Aires) y, de Jules Tannery, Ciencia y Filosofía (trad. de J.L. de Angelis, Espasa-Calpe, Buenos Aires, colee. Historia y Filosofía de la Ciencia). En 1947, J. Babini, Origen y naturaleza de la ciencia (Espasa-Calpe, Buenos Aires, colee. Historia y Filosofía de la Ciencia) e, igualmente en ese año, la fundamental obra de Maritain, Los grados del saber (Desclée de Brouwer, Buenos Aires, 1947,2 vols.). En 1948 es preciso citar a Cassirer, Elproblema del conocimiento en la filosofía y en las ciencias modernas (trad. de Wenceslao Roces, F.C.E., México, 2 tomos, 1948 y 1953). En 1949, mencionaremos, además del libro de Pedro Font y Puig, Introducción lógica y psicológica a la Filosofía (Atlántida, Barcelona), algunos artículos de autores españoles; por ejemplo, Alejandro Diez Blanco, «Nuevas consideraciones sobre la clasificación de las ciencias» {Revista de Filosofía, núm. 28, pp. 67-82); Carlos París, «Sobre el planteamiento del problema epistemológico» {Revista de Filosofía, núm. 31, pp. 639-653); Roberto Saumells, «Sobre la estructura interna del conocimiento científico» {Arbor, núms. 43-44, pp. 462-466); y, por otro lado, el libro de Wilhelm Szilasi, ¿Qué es la ciencia? (trad. de Wenceslao Roces y Eugenio Imaz, F.C.E., México). En 1950, la obra conjunta de De Broglie y otros. El porvenir de la Ciencia (trad. de R. Anaya, Hachette, Buenos Aires). En 1951, un artículo de Jaime Echarri, S.J., «Racionalidad propia de las ciencias» {Pensamiento, núm. 26, pp. 147-167) y el libro de Edmund Husserl, La filosofía como ciencia estricta (Universidad de Buenos Aires, colee. Filosofía contemporánea). En 1952, de Miguel SánchezMazas, ya con la revista Theoria en marcha, señalaremos el artículo titulado, «Importancia de los estudios de la filosofía de las ciencias y de la filosofía científica» {Revista de Filosofía, núm. 40, pp. 65-72). Para terminar este primer grupo, citaremos algunas publicaciones, todas ellas de 1954: en primer lugar, el artículo de García Bacca, publicado en Bogotá, «Estructuras características de un modelo "principal" de ciencia» {Ideas y valores, núm. 11-12, pp. 60-87); igualmente en 1954, el artículo de Rothacker, «La tensión tradicional entre las ciencias de la naturaleza y las del espíritu» {Arbor, núm. 97, pp. 144-164), que era el texto dado a conocer por su autor en la conferencia que pronunció con motivo del congreso celebrado en Hamburgo por la Sociedad Yoaquin-Yungius, en el mes de noviembre de 1952; publicado en Studium Generale (julio de 1953). Finalmente, José Luis Pinillos, «Sobre la estructura metodológica de la sabiduría y de las ciencias» {Revista de Filosofía, núm. 48,1954, pp. 69-87). n. fflSTORIA DE LA CIENCIA Ya dijimos anteriormente que esta segunda perspectiva, en España, constituía un conjunto muy heterogéneo, habiendo sido tradicionalmente campo de estudio de eruditos y filólogos. Por un lado, efectivamente, como es sabido, hay un linaje de eruditos historiadores de la ciencia española, disciplina ésta, por otra parte, que como tal se remonta en sus orígenes a finales del siglo XVIII, y que en buena parte se desarrolla en torno a concursos o premios públicos, bien
27

I. FILOSOFÍA DE LA CIENCIA O EPISTEMOLOGÍA En Idí primera perspectiva (filosofía de la ciencia o epistemología), atendiendo a un orden cronológico y conscientes de su heterogeneidad y distinto valor, citaremos la siguiente bibliografía: En 1940 y 1942, respectivamente, publicó García Bacca en México Invitación a filosofar I (La foima del conocer filosófico) y / / (El conocimiento científico). De este autor, igualmente en 1941, aparecieron los libros: Tipos históricos del filosofar físico, desde Hesíodo hasta Kant (Universidad Nacional de Tucumán, Facultad de Filosofía y Letras, Tucumán) y Filosofía de las ciencias (Ed. Séneca, México). Dentro del panorama nacional hay que constatar, en 1940, un libro de Antonio Alvarez de Linera, Teoría de la Ciencia y de la Filosofía (Nuevas Gráficas, Madrid) y, de Pedro Font y Puig, Lecciones sociológicas de la física, la química y la biología (Barcelona) y Anomalías en la relación entre la filosofía tradicional y la ciencia actual (Ediciones de la Universidad, Barcelona, 43 pp.). También, en 1941, publicaba Xavier Zubiri el artículo «Ciencia y realidad» {Escorial, vol. 4, pp. 177-210). En 1943, citaremos, por ejemplo, Enrique de Rafael Verhulst, S.J., El valor objetivo de los conocimientos y teorías científicas (Nuevas Gráficas, Madrid, 109 pp.), discurso de su recepción, el 7 de abril de 1943, como académico numerario en la Sección de Físicas de la Real Academia de Ciencias Físicas, Exactas y Naturales. Y ese año también, la fundamental obra de Rickert, Ciencia cultural y ciencia natural (Espasa-Calpe, colee. Austral, núm. 347; la segunda edición es de 1945, aunque en realidad la primera traducción castellana se remonta a los años veinte). En 1944, traducido por Ferrater Mora, el libro de A. Lalande, Las teorías de la inducción y de la experimentación. En 1945, Alberto Bayet, La moral de la ciencia (Losada, Buenos Aires). Mencionaremos también en 1944, el artículo de Mario Bunge, «¿Qué es la epistemología?» {Minerva, Buenos Aires, núm. 1) y, dentro de las revistas clásicas españolas, un artículo de José Pemartín, «Filosofías de la ciencia» {Revista de Filosofía, núm. 14, pp. 421-434). En 1946, citaremos el ya conocido libro de E. Goblot, El sistema de las ciencias. Lo verdadero, lo inteligible, lo real (trad.
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

sean de la Biblioteca Nacional de Madrid, o de la Real Academia de Ciencias. Aparte de un gran número de científicos y estudiosos en muchos campos hastafinalesdel XVIII, a lo largó del siglo XIX habría que citar la imponente labor bibUográfica de algunos autores —como Braulio Antón Ramírez, Miguel Colmeiro y Pcnido, Felipe Picatoste y Rodríguez, E. Maffei, R. Rúa Figueroa, Antonio Codorniu y Nieto, José María de la Rubia, Anastasio Chinchilla, Antonio Hernández Morejón, Miguel de la Plata y Marcos, Ramón Llórente y Lázaro, Juan Morcillo Olalla, Quintín Chiarlone, Carlos Mallaina, etc., etc., además de otros nombres característicos como Antonio Remón Zarco del Valle, José Echegaray, Acisclo Fernández Vallín y Bustillo o Manuel Rico y Sinobas (85)—, aunqije el punto más álgi-

do en esta tradición lo constituye, sin duda, la polémica sobre la ciencia española, por ejemplo como se reavivó en el último cuarto del siglo XIX (como consecuencia del movimiento iniciado por Laverde y denominado de la «Ciencia española»): Manuel de la Revilla, Gumersindo de Azcárate, José del Perojo, Menéndez Pelayo, Gumersindo Laverde, Alejandro Pidal y Mon (86). Próximos a esta tradición de la ciencia española, pero ya dentro de los límites cronológicos que nos hemos impuesto —dejados de momento entre paréntesis los primeros años de nuestro siglo a los que nos referiremos después—, es necesario mencionar a los hermanos Carreras y Artau (87), que, según hemos dicho, precisamente en aquellos años contribuyen a lafimdaciónde la Asociación para la Historia de la Ciencia española. Otra fuente considerable para la historia de la ciencia (española) es, por otro lado, la de losfilólogos,y, entre éstos, destacaremos muy especialmente al grupo de arabistas (y hebraístas) españoles (Gayangos, Severo Catalina, Francisco Codera...) —que, naturalmente, se interesan por aspectos muy variados de la cultura hispano-árabe—, del que fueron figuras claves en nuestro siglo Miguel Asín Palacios, Julián Ribera y Tarrago o Ángel González Falencia, conocido traductor este último, por ejemplo, del Catálogo de las Ciencias de Al-Farabi (publicaciones de la Facultad de Filosofía y Letras, vol. II, Madrid, 1932. Publicado en 1953, 2^ edición, por el C.S.I.C, Patronato «Menéndez y Pelayo», Instituto «Miguel Asín»). Pero, próximo a esta tradición, quien manifestó un específico interés por la evoAcisclo Fernández Vallín, Cultura científica de España en el siglo XVI. (Discurso leído en su recepción como Académico numerario en la Real Academia de Qencias el 7 de enero de 1894). Manuel Rico y Sinobas, edición de Los libros del saber de astronamía de Alfonso X. (86) Ver, por supuesto. La ciencia española de Menéndez Pelayo; la edición en tres volúmenes del C.S.I.C., 1953-54, que hace la quinta de las ediciones de esta obra, es la más completa. Una selección de esta polémica en Lapolémica'de la ciencia española, de Ernesto y Enrique García Camarero (Alianza ed., Madrid, 1970). También, para una visión global, Juan Vernet Ginés, Historia de la ciencia española (Instituto de España, Cátedra Alfonso X El Sabio, Madrid, 1975). (87) De ambos autores en esta época citaremos: de Joaquín Carreras y Artau, «La historia del lulismo medieval» (Verdady vida, vol. 1,1943, pp. 796-812); De Ramón Llulla los modernos ensayos deformación de una lengua universal (Barcelona, 1946): «Arnaldo de Vilanova, apologista antijudaico» (Sefarqd, vol. VII, 1947, pp. 49-61); «La patria y la familia de Arnau de Vilanova. A propiósito de un libro reciente» [sobre la edición en la editorial Barcino, en la colección «Els nostres Clássics», de dos volúmenes dedicados a Amáu de Vilanova], (en colab. con Miguel BatUori, S.J., Analecta Sacra Tarraconensia, Barcelona, vol. XX, 1947, pp. 5-75); Algunos antecedentes hispanos de la combinatoria de Leibniz (Madrid, 1948); «La cultura científica y filosófica en la España medieval hasta 1.400» (Historia general de las literaturas hispánicas, vol. I, Barcelona, 1949); «Arnau de Vilanova y las culturas orientales» (Homenaje a Millas, ya citado, 1954, vol. I, pp. 309-321). De Tomás Carreras y Artau, en forma de variaciones sobre un mismo tema, Médicos filósofos españoles del siglo XIX (Barcelona, 1950, 74 pp.); «Semblanza del médico-filósofo doctor J.M. Guardia (1830-1897)» (Archivo Iberoamericano de Historia de la Medicina, vol. III, 1951, pp. 389-439); Estudios sobre médicos-filósofos españoles del siglo XIX(C.S.I.C, Instituto «Luis Vives», Barcelona, 1952); «Vocación e ingenio según Huarte y Letamendi» (Las Ciencias, vol. XVIII, 1953, pp. 173-179); «Apuntes sobre la Filosofía de las Ciencias en España y en el siglo XIX» (ya citado en la nota 70. Publicado también en sus Estudios filosóficos, II. Escritos histórico-filosóficos, C.S.I.C., Instituto «Luis Vives», Delegación de Barcelona, 1968, pp. 299-322). EL BASILISCO

(85) Braulio Antón Ramírez, Diccionario de Bibliografía Agronómica y de toda clase de escritos relacionados con la Agricultura; seguido de un índice de autores y traductores con algunos apuntes biográficos. (Madrid, 1865). (Obra premiada en el concurso público de 1862 de la Biblioteca Nacional). Miguel Colmeiro y Penido, Ensayo histórico sobre los progresos de la botánica desde su origen hasta el día, considerados más especialmente en relación a España. (Barcelona, 1842). La Botánica y los botánicos de la Península hispano-lusitana. Estudio bibliográfico-biográfico. (Madrid, 1858). (Obra premiada en el concurso público de 1857 de la Biblioteca Nacional). Felipe Picatoste y Rodríguez, Vocabulario matemático-etimológico seguido de un breve índice de matemáticos célebres y de sus obras más notables (Madrid, 1862). Apuntes para una bibliografía científica española del siglo XVI. Estudios biográficos y bibliográficos de ciencias exactas, físicas, y naturales y sus inmediatas aplicaciones en dicho siglo. (Madrid, 1891). (Obra premiada en el concurso público de 1862 de la Biblioteca Nacional). E. Maffei, R. Rúa Figueroa, Apuntes para una Biblioteca Española de libros, folletos y artículos, impresos y artículos relativos al conocimiento y explotación de las riquezas minerales y alas ciencias auxiliares. (2 vols., Madrid, 1871-1872). Antonio Codorniu y Nieto y José María de la Rubia, Compendio de Historia de la Medicina. (2 vols. Madrid, 1839-1841). Anastasio Chinchilla, Anales históricos de la Medicina en general y biográflco-bibliográfico de la española en particular. (6 vols.. Valencia, 1841-1846). Antonio Hernández Morejón, Historia bibliográfica de la medicina española. (7 vols., Madrid, 1842-1852). Miguel de la Plata y Marcos, Colección bio-bibliográfica de escritores médicos españoles. (Madrid, 1882). Ramón Llórente y Lázaro, Compendio de la Bibliografía de la veterinaria española con algunas noticias históricas de esta ciencia en nuestra patria, y con las reglas de moral a que debe el veterinario ajustar su conducta facultativa. (Madrid, 1856). Juan Morcillo Olalla, Bibliografía veterinaria española. (Játiva, 1883). Quintín Chiarlone y Carlos Mallaina, Ensayo sobre la historia de la Far/nfla3r(Madrid, 1847 y 1865). Historia crítico-literaria de la Farmacia, compendiada y reforrrtada por don Carlos Mallaina. (Madrid, 1875, Ved.): Antonio Remón Zarco del Valle, Condiciones favorables que España reúne, por su posición geográfica y su topografía física, para el cultivo de las Ciencias. (Discurso leído en la Real Academia de Ciencias el 22 de Junio de 1851). José Echegaray, De las Matemáticas puras en España. (Discurso leído en su recepción como Académico numerario en la Real Academia de Ciencias el 11 de marzo de 1866). 28

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Próximo a esta tradición de los estudios árabes, podemos citar al matemático José Augusto Sánchez Pérez, que, en los años que nos ocupan, escribe algunas de sus obras más conocidas (89). Otro grupo más o menos específico en este panorama es el de historiadores de la medicina, particularmente de la española, disciplina ésta enriquecida por la gran tradición clásica hispana de médicos filósofos, humanistas (90), que se prolonga brillantemente en el siglo XIX, y aún llega hasta nosotros en este período en la no menos brillante figura de Pedro Laín Entralgo (91).
(89) José Augusto Sánchez Pérez, La aritmética en Babilonia y Egipto (C.S.I.C, Instituto «Jorge Juan», 1943); Cabalgata histórico-matemática (Discurso inaugural del curso 1945-46 en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales); La aritmética en Grecia (C.S.I.C, Instituto «Jorge Juan», 1947); La aritmética en Roma, en India y en Arabia (C.S.I.C, Instituto «Miguel Asín», 1949); La ciencia árabe en la Edad Media (resúmenes de ios estudios de G. Sarton, Arabic scientific literatur y Arable achievements of fifteenth century: their decadence and falt) (C.S.I.C, Instituto de Estudios Africanos, 1954).

(90) Las mejores obras de muchos de estos autores clásicos han sido publicadas desde la década de los veinte en la Biblioteca clásica de la medicina española, editada por la Real Academia Nacional de Medicina; entre esos autores, por ejemplo, Francisco Díaz, Benito Daza de Valdés, Gerónimo Soriano, Luis Mercado, Amaldo de Vilanova, Avila de Lobera, Antonio de Gimbemat, Miguel Serveto, Francisco López de Villalobos, Alonso Chirino, Luis de Toro, Juan Sorapán de Rieros, Francisco Valles. La Real Academia de Medicina tiene, asimismo, considerable número de publicaciones con interés para la historia de la medicina española. En este sentido, son también fuentes inexcusables el Boletín de la Sociedad Española de Historia de la Medicina, los Cuadernos de Historia de la Medicina española. Archivo Iberoamericano de Historia de la Medicina, Asclepio, etc., etc. Las obras bibliográficas, ya clásicas, sobre la historia de la medicina española, que ya hemos citado (véase nota 85), son, sin duda, las de Anastasio Chinchilla, Anales históricos de la Medicina en general y biográficobibliográfico de la española en particular, y Antonio Hernández Morejón, Historia bibliográfica de la medicina española. Posteriormente, son referencias fundamentales las siguientes obras: M. González de Samano, Compedio histórico de la Medicina española (Barcelona, 1850); Miguel de la Plata y Marcos, Colección bio-bibliográfica de escritores médicos españoles (también citada en nota 85); Luis Comenge y Ferrer, La medicina en el siglo XIX. Apuntes para la historia de la cultura médica en España (Barcelona, 1914), Eduardo García del Real, Historia de la medicina en España (Reus, Madrid, 1921). (Véase, en este sentido, la importante recopilación de Luis S. Granjel: Bibliografía Histó^rica de la Medicina Española (2 vols., Salamanca, 1965-1966). En tomo a la década que fundamentalmente nos ocupa, además de los trabajos citados anteriormente de Tomás Carreras y Artau, hay que mencionar otra obra de Eduardo García del Real, Ensayo de una bibliografía médica española hasta el siglo XVIII, obra inédita, premiada al parecer en el concurso bibüográfico de la B.N.M. en 1945; Luis Alberti López, La aruitomíay los armtomistas españoles del Renacimiento (C.S.I.C, Madrid, 1948). Con posterioridad, se sitúan en esta tradición, que en gran parte cristaliza en tomo a Pedro Laín Entralgo,figurastan destacadas como las de Luis S. Granjel—autor de repertorios bibUográficos y de obras de consulta fundamentales, así como de una más actualizada Historia de la medicina española (Sayma, Barcelona, 1962)—, José María López Pinero, o, ya más bien en el campo de la historia social de la medicina, Luis García Ballester. (91) Efectivamente, Pedro Laín Entralgo es en éste y en otros aspectos unafigurafundamental dentro del pensamiento español contemporáneo. Destaquemos aquí algunas de sus obras en esta década del 40 al 50, fundamentalmente sobre temas históricos relacionados con la medicina: además de varios artículos —^por ejemplo, «Naturaleza e historia de la medicina» {Escorial, vol. 1,1940, pp. 103-140); «El escrito deprisca medicina y su valor historiográfico» (Emérita, 1944); «La anatomía de Vesalio» (Archivo Iberoamericano de Historia de la Medicina, vol. III, 1951, pp. 519-552); «La ciencia española» (Diccionario de Historia de España, Madrid, 1952); 29

Luis de Broglie lución de las ciencias —^inicialmente entre los árabes— fue José María Millas Vallicrosa. Desarrolló e impulsó éste toda una línea de investigación—de la que, sin duda, el más característico representante actualmente es Juan Vernet Ginés—, fundamentalmente sobre diversos aspectos (matemáticas, astronomía, cartografía) de la ciencia árabe medieval, aunque, posteriormente, este interés inicial se amplía a otros sectores (cristianos, judíos) de la ciencia española, y se extiende también a otras etapas como el Renacimiento y los inicios de la Edad Moderna (88).
(88) J.M. Millas Vallicrosa, además de diversos artículos en publicaciones periódicas muy variadas, publica en estos años: Estudios sobre Azarquiel (C.S.I.C., Instituto «Miguel Asín», 1943-1950); El libro de los fundamentos de las tablas astronómicas, de Abraham ibn Ezra (C.S.I.C, Instituto «Arias Montano», 1947); La obra enciclopédica «Yesode Ha-Tebuna UMigdal Ha-Emuna, de R. Abraham Bar Hyya Ha-Bargeloni (C.S.I.C, Instituto «Arias Montano», 1952); La ciencia geopónica entre los autores hispano-árabes (C.S.I.C, Instituto «Miguel Asín», 1954,46pp.); Cosmografía de un judío romano del siglo XVII {en colab. con David Romano), (C.S.I.C, Instituto «Arias Montano», 1954); La obra «Forma de la Tierra», de Abraham Bar Hyya Ha-Bargeloni (C.S.I.C, Instituto «Arias Montano», 1956); La obra «Sefer Hesbon Mahlekot Hako-kabin», de Abraham Bar Hyya Ha-Bargeloni (C.S.I.C, Instituto «Arias Montano», 1959). Compendio y resumen de sus trabajos hasta 1949 son sus Estudios sobre la ciencia española (C.S.I.C, Instituto «Luis Vives», Sección de Historia de la Filosofía española, 1949), que fueron seguidos, en 1960, de Nuevos estudios sobre historia de la ciencia española (C.S.I.C, Instituto «Luis Vives», Sección de Historia de la filosofía española y Asociación para la Historia de la ciencia española, Barcelona, 1960). EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Existen, como es sabido, otras tradiciones más o menos diferenciadas dentro del heterogéneo conjunto de los estudios sobre la historia de la ciencia (española) en España: ciencias naturales, náutica, cartografía, geología, farmacia, etc., sobre algunas de las cuales ya hemos citado obras clásicas fundamentales (92). Sin detenernos más en ellas, daremos, no obstante, al final de este apartado algunas referencias aisladas de estos años. Julio Rey Pastor —como explícitamente reconoce él mismo— prosigue en parte en este contexto con lapolémica de la ciencia española. Pero además, evidentemente, también está ya inmerso en un núcleo «distinto» de problemas de carácter gnoseológico más expresamente relacionados con el campo de la teoría de la ciencia. En este sentido, pues, en cuanto historiador, debe considerársele situado en otra perspectiva ligeramente distinta. Después de 1940 —a algunas de sus publicaciones y actividades anteriores en esta dirección ya nos hemos referido (93); a otras nos referiremos después—, además de su conocida obra sobre La ciencia y la técnica en el descubrimiento de América, publicada en 1942 (Espasa-Calpe, colee. Austral, núm. 301; segunda edición en 1945), tiene otros trabajos, artículos, conferencias, etc., entre Argentina y España (94). Enestaépo-

ca dirigirá también la colección Historia y Filosofía de la Ciencia (cuyos títulos se incluyen alfinalde esta sección bibliográfica), que fue publicada por Espasa-Calpe, y que reunió un considerable número de títulos muy importantes. En 1951, aparece la Historia de la matemática, obra conjunta de José Babini y Rey Pastor (Espasa-Calpe, Buenos Aires) y, en 1952, el Diccionariofilosóficoque, publicado también por Espasa-Calpe, dirigió este autor juntamente con Ismael Quiles, S.J. Habría que recordar que, ya en 1945, Rey Pastor había dirigido la edición del Diccionario Enciclopédico abreviado, en seis volúmenes, publicado por esa editorial igualmente. Mencionaremos, para terminar, algunas publicaciones de estos años, que se refieran a historia de la ciencia (española o no), tanto traducciones de obras importantes, como artículos y Ubros escritos en castellano.

Respecto de las traducciones, citaremos: George Sarton. Historia de la ciencia y nuevo humanismo (trad. de J. Babini, edit. Rosario, Rosario de Santa Fe, Argentina, 1948); Gastón Bachelard, La formación delespíritu científico (Contribución a un psicoanálisis del conocimiento objetivo), (Buenos Aires, 1948); Ernst Cassirer, El problema del conocimiento en la filosofía y en las ciencias modernas (trad. «La estructura del saber médico a la luz de la historia» (Cuadernos Hispade Wenceslao Roces, F.C.E., México, 2 vols., 1948 y 1953); noamericanos, núm. 41, 1953, pp. 149-162)—, citaremos las siguientes Charles Singer, Historia de la ciencia (trad. de F. A. Delpiaobras fundamentales: Medicina e historia (Ed. Escorial, XVI, Madrid, 1941); Estudios de historia de la medicina y antropología médica (Ed. Es- ne, F.C.E., México, 1945); Sherwood Taylor, Breve histocorial, Madrid, 1943); La antropología en la obra de Fray Luis de Granada ria de la ciencia (trad. de Jiménez de Asúa, Losada, Buenos (C.S.I.C, Madrid, 1946); Bichat, «Clásicos de la medicina» (Madrid, Aires, 1945); James Jeans, Historia de la física (trad. de B. 1946); Claudio Bernard, «Clásicos de la Medicina» (El Centauro, Madrid, Jordán, F.C.E., México, 1955). 1947); Harvey en la Historia de la Biología, «Clásicos de la Medicina» (2
vols., Madrid, 1948); Vida y obra de Guillermo Harvey (Madrid, 1948); La historia clínica. Historia y teoría del retratopatográfico (C.S.I.C., Madrid, 1950); Introducción al estudio de la patología psicosomática (Ed. Paz Montalvo, Madrid, 1950); Panorama histórico de la ciencia moderna (en colab. con López Pinero), (Guadarrama, Madrid, 1951) ;Lfle««ec, «Clásicos de la medicina» (CiS.I.C, 1954), Historia de la mediana. Medicina moderna y contemporánea (Ed. Científico-Médica, Barcelona, 1954). Sobre los escritos y la perspectiva general de Laín en este período, véase su libro. Descargo de conciencia (1930-1960), (Barral ed., Barcelona, 1960). Más específicamente sobre su faceta de historiador, véase el artículo de López Pinero, «Pedro Laín Entralgo, historiador de la medicina» {Asclepio, núm. 18-19,1966-1967, pp. 25-34).

También, en castellano, los siguientes artículos y libros: José María Lorente, «Notas acerca de la Historia de la Meteorología en España» (Las Ciencias, Vl/núm. 3,1941, pp. 607-617); Julio Palacios, «Galileo, fundador de la Física» (Revista Matemática Hispanoamericana, Il/núm. 4, 1942, pp. 179-183); Antonio Romana, S.J., «La obra astronómica de Galileo Galilei» (Revista Matemática Hispanoamericana, Il/núm. 4, 1942, pp. 125-178); Miguel Massuti Alzamora, «Una teoría medieval sobre la marea» (Las Ciencias, VlII/núm. 2, 1943, pp. 259-267); Antonio Dué (92) Además de las obras y bibliografías clásicas sobre cada materia—alRojo, S.J., «Los jesuítas españoles y las ciencias astronómigunas ya citadas— y de las obras más generales sobre historia de la ciencia cas y geofísicas» (Euclides, Ill/núm. 23, 1943, pp. 74-77); española, más o menos clásicas, mencionadas también anteriormente, Antonio Dué Rojo, S.J., «En el cuarto centenario de la debe tenerse en cuenta, como obra de conjunto reciente, el compendio de López Pinero, Peset Reig, Luis García Ballester, M.L. Tetrada y J.R. Zamuerte de Nicolás Copérnico (1543-1943)» (Euclides, IV/ ragoza, Bibliografía histórica sobre la ciencia y la técnica en España (2 núm. 35,1944, pp. 51-54); Antonio Romana Pujo, S.J., «La vols., Valencia-Granada, 1973), sobre autores hasta la primera mitad de difusión del sistema de Copérnico. I. De Copérnico a Keeste siglo. Asimismo, posteriormente, pueden citarse otras pubHcaciones pler y Galileo. II. De Kepler y Galileo a Newton» (Euclifundamentales sobre la bibliografía y fuentes de la ciencia (de las ciencias)
en Españ^; por ejemplo, el volumen del Coloquio sobre Historia de la Ciencia Hispano-americana, celebrado del 19 al 23 de abril de 1976 (Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Madrid, 1977). Comprende trabajos de José Simón Díaz, Luis Sánchez Belda, Justa Moreno Garbayo,; Rosario Parra Cala, Ana M^ Vigón, Francisco Bellot, M. García-Baquero, José M^ López Pinero, J. Muñoz Reyes, A. Romana, J. Vernet, Antonio del Valle Menéndez. (93) Véape nota 84 y texto correspondiente. (94) De sus trabajos y actividades sobre temas relacionados con la historia de la ciencia en estos años, destacaremos aquí, en 1940, «La matemática del sigloíXIX» (conferencia en el Colegio Ubre de Estudios Superiores, Buenos Aires); «La matemática italiana en el último medio siglo y la posición del Dr. Beppo Levi en ella» {Publicaciones del Instituto de Matemática de la Facultad de Ciencias Matemáticas de Rosario, Argentina); en 1942, «Influencia del descubrimiento de América en las ideas científicas» (comunicación al Coloquio intelectual sobre el Descubrimiento de América y 30 el progreso de la cultura, organizado por la Institución Cultural Española, Buenos Aires, los días 16 al 20 de noviembre); en este año (1942) es cuando publica su libroXa ciencia y la técnica en el descubrimiento de América (ya citado, 1942,2^ ed. en 1945); en 1943, «El sistema de Copérnico y su influjo en la Historia de la cultura» (extracto de la conferencia dada el 17 de junio en la conmemoración organizada por la Asociación Amigos de la Astronomía, Argentina (Revista Astronómica , vol. XV, núm. 4). Además, entre 1943 y 1947, al parecer, se difunden en Argentina varios cursos suyos de epistemología e historia de la ciencia en ejemplares policopiados; en 1951, como ya dijimos, aparece la Historia de las matemáticas (en colaboración con Babini). Finalmente, en 1952, «Problemas cartográficos de la Edad antigua» (Revista de la Universidad de Madrid, vol. 1, núm. 1, pp. 723). (Véase para esto el libro ya citado de Sixto Ríos, Luis Santaló y Manuel Balanzat, Julio Rey Pastor, matemático (pp. 272 y ss.), del cual tomo estos datos, y en donde, además, se reproduce la relación completa de sus trabajos y actividades científicas (pp. 252y ss.). EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

des, IV/núm. 35,1944, pp. 3-13; IV/núm. 36,1944, pp. 164174); Luis Vigil y Pedro Ruiz Azpiri, «Nebrija en el campo de la ciencia» (Revista Matemática Hispanoamericana, IV/ núm. 2,1944, pp. 71-86); Ángel Santos Ruiz, «La enseñanza de la Bioquímica en España» (EucUdes, IV/núm 37, 1944, pp. 231-234; IV/núm. 38,1944, pp. 324-328: IV/núm. 39,1944, pp. 377-382); E. Zinner, «Un invento español del siglo X» (Euclides, IV/núm. 42,1944, pp. 559-562); Salvador García Franco, Catálogo de los astrolabios existentes en España (Instituto Histórico de la Marina, Madrid, 1945); Salvador García Franco, Historia del Arte y Ciencia de Navegar (Instituto Histórico de la Marina, Madrid, 2 vols., 1945-47); Antonio Dué Rojo, S.J., «En el cuarto centenario del nacimiento de Tyco-Brahe 1546-1946» (Euclides, Vl/núm. 59,1946, pp. 58-63); Leonardo Villena, «Sir Isaac Newton» (Arbor, núm. 17,1946, pp. 319 y ss.); Octavio Foz GazuUa, «La ciencia natural alemana de la postguerra» (Arbor, núm. 24, 1947, pp. 264*-268*); Manuel Lora Tamayo, «El momento actual de la ciencia española» (Arbor, núm. 43-44,1949, pip. 381-393); José Vicente Bonet, «La filosofía de las ciencias en los Estados Unidos» (Espíritu, Conocimiento, Actualidad, voL III, Barcelona, 1954, pp. 111120); E.W. Platzeck, O.F.M., «La combinatoria luliana» (Revista de Filosofía, núm. 47,1953, pp. 575-609; núm. 48, 1954, pp. 125-165); Juan Bussolini, «Evolución del pensamiento cosmológico acerca de la gravedad desde Aristóteles hasta Einstein» (Ciencia y Fe, núm. 43-44,1955, pp. 91136). III. FILOSOFÍAS REGIONALES En tercer lugar ofreceremos una selección bibliográfica de las publicaciones relacionadas con el núcleo de problemas de la teoría de la ciencia, pero desde categorías determinadas de las ciencias naturales ^-ciencias físicas y filosofía de la naturaleza, matemáticas, biología—, respetando dentro de cada una de ellas un orden cronológico, aunque —insistimos— ello sea en detrimento de cierta homogeneidad. Finalmente daremos algunas referencias generales sobre las ciencias humanas (culturales) y, en particular, como ejemplo más ilustre, sobre la lingüística. Cienciasfísicasyfílosofíanatural La influencia de las más modernas teorías científicas (físicas) y defilosofíade la física es evidente en algunas parcelas de lafílosofíaoficial española que, salvo excepciones, tratará de aproximarse o digerir algunas de esas novedades (lo cual, evidentemente, no siempre conseguirá). Ofrecemos a continuación algunas muestras junto con otras referencias de interés general. En 1940, Eduardo Vitoria, S.J., «Los vaivenes de la atomística» (Razón y Fe, vol. 120, pp. 323-356; vol. 121, pp. 117-130 y 341-352; vol. 122, ya en 1941, pp. 133-142). En 1941, José Baltá Elias, «Estudio físico de la materia y de sus transformaciones» (La Ciencia Tomista, núm. 190, pp. 191228); Luis Prieto, S.J., «Relatividad y racionalidad» (Razón y Fe, núm. 522-523, pp. 279-284; y núm. 524-525, pp. 81-108); y Octavio Foz Gazulla, «Física moderna y conocimiento científico» (Las Ciencias, Vl/núm. 2, pp. 297-307). En 1941-42, Ramón Puigrefagut, «A propósito de las leyes estadísticas de la naturaleza» (Razón y Fe, núm. 527,1941, pp. 279-313; núm. 528, 1942, pp. 25-46). Igualmente en EL BASILISCO

Einstein.

esos dos años, la serie de Guillermo Fraile, O.P., «En torno al problema de la materia» (La Ciencia Tomista, núm. 193, pp. 245-272; núm. 196, pp. 232-258; núm. 199, pp. 313328). En 1943, José Pemartín, «Espacio, tiempo y causalidad» (Revista de Filosofía, vol. II, pp. 579-592); también, el artículo de Luigi Fantappié, «Teoría unitaria de la causalidad yfinalidaden los fenómenos físicos y biológicos, fundada en la mecánica ondulatoria y relativista» (Revista Matemática Hispanoamericana, Ill/núm. 2, pp. 82-99). (Se trata de la conferencia dada en la Real Academia de Ciencias de Madrid el 3 de noviembre de 1942 y en la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona el 1 de diciembre de 1942). En 1943 igualmente, D. Papp, Einstein y su teoría (Buenos Aires). En 1944, James Jeans, Nuevos fundamentos de la ciencia (trad. de Sans Huelin, Espasa-Calpe, Madrid-Buenos Aires, aunque ya editada desde 1934). Se publicó también en castellano en 1944 —año de su muerte— la conocida obra de Arthur Eddington, La filosofía de la ciencia física (Ed. Sudamericana, Buenos Aires). Asimismo, en este año, el artículo de S. Neuschlosz, «El irracionalismo en la física contemporánea» (Minerva, núm. 1) y los libros de D. Papp, La doble faz del mundo físico (Espasa-Calpe, Buenos Aires) y Más allá del sol (Espasa-Calpe, Buenos Aires); y E. Zimmer, Una revolución en el concepto físico del mundo (trad. de J. Petit, Barcelona). Mencionaremos también en 1944, tres artículos publicados en revistas españolas: Raimundo Pánikker, «Visión de síntesis del universo» (Arbor, vol. I, pp. 5-10), Luis Prieto, S.J., «Notas sobre el valor filosófico y científico de la relatividad» (Las Ciencias, IX/núm. 3, pp. 578-620) y Dr. Steenbeck, «El conocimiento de la naturaleza y la física moderna» (Euclides, IV/núm. 37, pp. 225-230). 31

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

En 1945, Philip Franck, Entre la Física y la Filosofía riencia y la naturaleza (Prólogo y versión española de José (trad. deL. Echavarri, Losada, Buenos Aires); A. EddingGaos, F.C.E., México, B.A.). Finalmente, en un ámbito ton, Nuevos senderos de la ciencia (Montaner y Simón, Barmuy distinto, se publica en 1948 igualmente, el artículo de celona) y La naturaleza del mundo físico (trad. de C.M. ReJosé Hellín, S.J., «Sobre el movimiento absoluto y relatiyles, Buenos Aires); y Reichenbach, Objetivos y métodos vo» (Revista Española de Teología, vol. VIII, núm. 31, pp. del conocimiento físico (trad. de Eugenio Imaz, México). 349-352). Se publicó entonces, asimismo, la traducción del libro de Maritain, Filosofía de la naturaleza (trad. de J.R. Delgado, En 1949, Carlos Prélat, Epistemología de las ciencias Club de Lectores, Buenos Aires). Y, en otro ordeii de cosas /ís/cflí (Espasa-Calpe, Buenos Aires, Colee. Historia y Fi—sin entrar en valoraciones, ya lo hemos dicho en otro lulosofía de la Ciencia). Citaremos también un artículo de gar—, pueden mencionarse algunos artículos también en von UexküU, «El problema de la objetividad en las moder1945: por ejemplo, Raimundo Pánikker, «La entropía y el nas ciencias naturales» (Cuadernos de Filosofía, núm. 5, fin del mundo (Un problema de cosmología)» (Revista de Buenos Aires, pp. 9-19). De la revista Pensamiento, selecFilosofía, núm. 13, pp. 285-318); Juan Rosanas, S.J., «Oricionaremos, en este año de 1949, dos artículos: uno de Jaigen del cosmos» (Ciencia y Fe, núm. 7, pp. 71-83); Jaime me Echarri, S.J., «Milagro sin determinismo» (PensamienEcharri, S.J., «¿Serán divisibles los cuerpos continuos?» to, núm. 18, pp. 175-186) y otro de Ramón Puigrefagut, (Pensamiento, núm. 4, pp. 413-446); Ramón Puigrefagut, S.J., «¿Crisis del determinismo en la física contemporáS.J., «Del indeterminismo clásico a la indeterminación nea?» (Pensamiento, núm. 20, pp. 435-453; y núm. 21, cuantista» (Pensamiento, núm. 4, pp. 413-446); Enrique de 1950, pp. 63-77). Y, de Arbor, Carlos Sánchez del Río, «El Rafael, S.J., «Física y Filosofía» (Razón y Fe, núm. 574, desarrollo de las ciencias de la naturaleza» (Arbor, núm. pp. 575-579), (comentario al libro de James Jeans, Física y , 38, pp. 220-225), (Comentario al Ubro de James Jeans, The Filosofía , Cambidge Univ. Press, 1942); Raimundo PániGrowth ofthe Physical sciences, Univ. Press, Cambridge, kker, «El indeterminismo científico» (Anales de Física y 1947); y Octavio R. Foz Gazulla, «La Física en vísperas de Química, núm. 396, pp. 584 y ss.); Jean Barbe, «La evolula mitad de siglo» (Arbor, núm. 45-46, pp. 1-26). ción de los conceptos de la materia (Del arte sagrado de los egipcios a la Física moderna)» (Euclides V/núm. 48, pp. En 1950, la traducción del libro de CoUingwood, La 102-116); incluso el discurso de S.S. Pío XII, «Indetermiidea de naturaleza (trad. y nota preliminar de Eugenio nismo en la física moderna, realidad objetiva del conociImaz, F.C.E., México). Pero, además, pueden reseñarse miento, fenomenismo» (Discurso a los miembros de la Ponen el panorama nacional dos artículos de Pánikker —«El tificia Academia de Ciencias; en Pensamiento, núm. 3, pp. sentido del problema de la naturaleza» (Revista de Filoso357-368. Introducción y traducción por Juan Roig Gironefía, núm. 35, pp. 561-576) y «El átomo de tiempo» (Arbor, 11a, S.J). En 1945, además, se publica el primer tomo de la núm. 49, p. 1-32)— y un artículo de Ramón Puigrefagut, obra de Jaime María del Barrio, S.J., Las fronteras de la «En el cincuentenario de la introducción de los "Quanta"» Física y de la Filosofía. (Tomo I, El Átomo. Biblioteca Co(Razón y Fe, núm. 635, pp. 471-484). millensis. Sal Terrae, Santander); los siguientes tomos fueron: Tomo II: La Molécula (Comillas, Universidad PontifiEn 1951, Puigrefagut nuevamente, «La causaUdad en cia, 1949). Tomo III: El Universo (1953). los escritos de Max Planck» (Pensamiento, núm. 27, pp. 321-354); Darío Maravall Casesnoves, «Mi teoría de la esDe 1946, mencionaremos el artículo de José Pemartín, tructura cosmológica del universo en expansión» (Euclides, «Sobre el tiempo: una nueva teoría de la relatividad» (ReXV/núm. 129-130, pp. 391-404); Pánikker, «La naturaleza vista de Filosofía, núm. 18, pp. 475-497). En 1947, citareen la ciencia físico-matemática» (Sapientia, vol. VI, pp. 36mos: en primer lugar, de revistas españolas tradicionales: 46) y, de este.úItimo autor, también en este año, su libro El Ramón Puigrefagut, S.J., «Una nuevafilosofíade la ciencia concepto de naturaleza. Análisis histórico y metafísico de un física» (Pensamiento, núm. 12, pp. 427-443; núm. 13,1948, concepto (C.S.I.C., Instituto «Luis Vives», Madrid). Igualpp. 27-38); Raimundo Pánikker, «MaxPlanck. 1858-1947» mente, en 1951, Mateo Feber, O.P., «Nuestra actitud filo(Arbor, núm. 24, pp. 387-406). Señalaremos, además, en sófica ante la ciencia física actual» (La Ciencia Tomista, 1947: la traducción de la ya clásica obra de Claude Bemard, núm: 238, pp. 65-80); Jesús Muñoz, S.J., «Materia y espíriEl método experimentaly otras páginas filosóficas (Prólogo, tu. Balance de medio siglo» (Razóny Fe, núm. 646, pp. 344selección y traducción de Manuel Granell, Espasa-Calpe, 360). Buenos Aires); tres libros de Julio Palacios: Física nuclear (Enciclopedia hispánica). De la Física a la Biología (PubliEn 1952 señalaremos, en revistas españolas, IClaus caciones ínsula, Madrid) y Esquema físico del mundo (AlScháfer, «CausaUdad y física moderna» (Arbor, núm. 76, cor, Madrid); y, asimismo en este año, otros libros como, pp. 521-528); Darío Maravall Casesnoves, «La exphcación por ejemplo, la fundamental obra de Carlos Prélat, Epistede la fuga de las galaxias en mi teoría de la expansión del mología de la química; fundamentación observacional (Es- universo» (Euclides, Xll/núm. 133, pp. 140-151) y «Evolupasa-Calpe, Buenos Aires; Colección Historia y Filosofía ción y metodología de la Física» (Euclides, XíÚnúm. 140, de la Ciencia) y la no menos importante obra de Aldo Mieli, pp. 413-418); Femando Goñi Arregui, «Bases filosóficas La teoría atómica química moderna (Espasa-Calpe, Buepara una nueva concepción del mundo físico» (Revista de nos Aires, Golee. Historia y Filosofía de la Ciencia). Filosofía, núm. 40, pp. 73-90) y Jaime María del Barrio, S.J., «¿Es idéntica la materia en todo el universo?» (MisceEn 1948, las siguientes traducciones: R. Hainard, A'^slánea de Comillas, XVIII, pp. 145-161, capítulo del tomo turaleza y mecanismo (trad. de Héctor Catalano, EspasaIII de la obra de este autor ya citada: Las fronteras de la FíCalpe, Buenos Aires, Coleo. Historia y Filosofía de la Ciensica y de la Filosofía). En este año 1952, se publica el libro cia) ; Einstein, El significado de la relatividad (trad. de Car- de Carlos París, con un prólogo de Julio Rey Pastor, Física los Prélat, Espasa-Calpe, Madrid); John Dewey, La expey Filosofía (C.S.I.C.) que tuvo una repercusión considera32 EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Hemos mencionado su labor como historiador de la ciencia. Recuérdese, por ejemplo, en este contexto la ya citada Historia de las matemáticas, en colaboración con Babini. Destacaremos ahora expresamente—implícitamente ya lo venimos haciendo a través de las referencias bibliográficas citadas— su papel esencial, como nexo entre España y En 1953, por un lado, destacaremos el libro de von el «ascendente» grupo de «epistemólogos» argentinos («huUexküU, Vida, ciencia y realidad. Esbozo de una filosofía mus» del cual saldrán más adelante figuras tan relevantes de la naturaleza {Xx&á. deR. Krebs, Losada, Buenos Aires); como la de Mario Bunga). Por cierto que, en los orígenes— el de E. May, Filosofía natural (trad. de Eugenio Imaz, Méinstitucionales— y en el desarrollo de ese grupo (según suxico) ; el de Reichenbach, La filosofía científica (trad. de H. cede también en España), Rey Pastor —como ya es sabiFlores Sánchez, F.C.E., México; el artículo del mismo títudo— tuvo una influencia considerable. Téngase en cuenta lo se había publicado en la Revista de Occidente en noviemen este sentido, por ejemplo, su papel en la fundación en bre de 1943 y reeditado por separado en 1946). Asimismo, 1924 de la Sociedad Matemática Argentina; en 1933, en la Julio Palacios, «Los entes de la Física» (Revista de la Unidel Grupo Nacional Argentino de Historia de la Ciencia — versidad de Madrid, vol. II, núm. 7, pp. 317-332). Por otro del cual será presidente— y, en 1936, de la Unión Matemálado, dentro de la producción española, mencionaremos tica Argentina, además de las actividades que ya hemos también: Juan Roig Gironella, S.J., «El indeterminismo de mencionado, y de otras que mencionaremos después. la moderna física cuántica examinado a la luz de la noción De Buenos Aires —como estamos viendo a través de la filosófica de causalidad» (Pensamiento, núm. 33, pp. 47bibliografía mencionada— llegan entonces á España pubU75); Ignacio Puig, S. J., «Novedades de Física» (Razón y Fe, caciones fundamentales sobre estos temas en general; entre núm. 663, pp. 407-414) y Jaime Echarri, S.J., «Dualismo de ellas, un considerable número de traducciones. Y, en este experiencia y teoría en la Física» (Pensamiento, núm. 33, contexto, destaca muy especialmente la ya citada colección pp. 29-45; Comunicación presentada a las Troisiémes Ende Historia y Filosofía de la ciencia, de la editorial Espasatretiens de Zurich; abril de 1951. Publicada también en la Calpe, que Rey Pastor dirigió y que —según dijimos—, a revista Dialéctica (1952) con el título: «Expérience etThéocausa de su interés, será enumerada más adelante en cuanto rie: niveaux d'expérience»). tal colección. En el caso concreto que ahora nos ocupa —^Filosofía de las Matemáticas— ésta es una fuente consideraY, ya para terminar esta sección, daremos unas refeble. Allí, además de los libros ya citados, se pubHcaron, por rencias de 1954 y 1955. En 1954, Miguel Sánchez-Mazas, ejemplo, en 1945, Roberto Bonola, Geometrías no euclidia«Lenguaje y Filosofía de la Física según Julio Palacios» (Arnas (trad. de L. Gutiérrez del Arroyo, Espasa-Calpe, Buebor, núm. 98, pp. 196-202), comentario al discurso de ingrenos Aires; la segunda edición es de 1951); en 1943, Fausto so de Julio Palacios en la Real Academia Española, titulaToranzos, Introducción a la epistemología y fundamentado, «El lenguaje de la Física y su peculiar filosofía». Del ción de la matemática (Espasa-Calpe, Buenos Aires. Prólomismo año, seleccionaremos, además, algunas muestras de go y apéndice, «Sobre la fundamentación de la matemátiartículos publicados en revistas españolas: por ejemplo, R. ca», por Julio Rey Pastor); en 1947, F. Enriques, ProblePuigrefagut, S.J., «La ciencia moderna y el problema de la mas de la ciencia (trad. de L. Scheinkestel, Espasa-Calpe, creación: Actitud de la ciencia clásica. Actitud de las cosBuenos Aires); Los principios de la matemática, de Bermogonías recientes» (Pensamiento, núm. 37, pp. 35-51; y trand Russell. Mencionaremos aquí también L. Brunschnúm. 38, pp. 169-188); Carlos Mullín, S.J., «Causalidad y wicg. Las etapas de la filosofía matemática (trad. de Lora determinismo en la física corpuscular» (Ciencia y Fe, núm. Ratto de Sadovsky, Buenos Aires, 1945). Otro núcleo que 37-38, pp. 31-42); Joaquín Iriarte, S.J., «Átomos y conflahabría que considerar, también en el ambiente argentino, graciones con unas gotas de añeja filosofía» (Razón y Fe, es la revista Episteme, órgano de la Asociación Argentina núm. 676, pp. 433-442). Asimismo, en 1954—como un code Epistemología (95). mentario al mencionado libro de Carlos París (Física y Filosofía)—, Alberto Fuente, O.P., «El problema de la rela(95) De ia revista Episteme destacamos los siguientes artículos en este ción entre Física y Filosofía de la naturaleza en una reciente contexto: obra española» (Estudios Filosóficos, núm. 4, pp. 219-226). Armando Asti Vera, «Significación epistemológica de una nueva Y ya, finalmente, en 1955, citaremos: Antonio Dué Rojo, axiomática del número natural». Comunicación presentada al III ConS.J., «Crisis filosóficas en las ciencias físico naturales» gress on General Semantics, Universidad de Denver, Colorado, EE.UU., (Pensamiento, núm. 42, pp. 189-198); y Alejandro Roldan, 22 al 24 de julio de 1949 {Episteme núm. 6,1949, pp. 214-229). Y, de Carlos S.J., «Diecinueve zonas de determinismo en la actividad Biggeri, los siguientes cuatro artículos: «Fundamentación de algunas nociones matemáticas» {Episteme, núm. 5,1949, pp. 172-187); «Ley natural científica compatibles con la Ubertad» (Pensamiento, núm. y ley física. El determinismo y la teoría de las ecuaciones diferenciales». 44-45, pp. 453-458). Matemáticas Las publicaciones aparecidas en España sobre esta materia, a lo largo de este período, son más bien escasas. A
EL BASILISCO Resumen de la comunicación presentada al III Congress on General Semantics, ya citado {Episteme, núm. 6,1949, pp. 230-231); «Nueva axiomática del número natural». Comunicación presentada al III Congress on General Semantics, ya citado {Episteme, núm. 6,1949, pp. 194-203); y «Lógica, historia, metodología y aplicación en las ciencias matemáticas» (Episteme, núms. 8/9,1950, pp. 367-374). 33

ble en el contexto del momento (en Theoria, 3-4, pp. 212 y ss., decía Sánchez-Mazas: «...[es el] primer intento sistemático, realizado en España, para plantear el problema del carácter esencial del saber físico y de sus relaciones con el filosófico»); y, asimismo, otro de Roberto Saumells, La Dialéctica del espacio (Monografías filosóficas. Publicaciones del Departamento de Filosofía de la Cultura, Madrid). Mencionaremos también, en 1952, dos obras fundamentales, si bien en planos distintos: la de Ernesto Grassi y von UexküU, Las ciencias de la naturaleza y del espíritu (trad. y prólogo de A. Muñoz Alonso, Miracle, Barcelona) y la de Whitrow, La estructura del universo (F.C.E., México).

continuación vamos a ofrecer unas pocas referencias en torno a algunas de las cuales ronda nuevamente la figura de Julio Rey Pastor. Previamente, haremos una breve puntualización de carácter general en relación con el ilustre matemático que tanto sobresale en el panorama intelectual español de este siglo.

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

En España, antes de 1950, fundamentalmente podríamos citar, quizá, algunos artículos en la Revista Matemática Hispano-americana (96), en la revista Eudides (97) o en los Anales de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (98). En España, igualmente, pero ya con posterioridad a 1950, con un interés que puede desbordar los planteamien(96) La Revista Matemática Hispanoamericana, publicada por lá Real Sociedad Matemática Española, continúa en su cuarta serie a partir de 1941, patrocinada por el Instituto «Jorge Juan» de Matemáticas del G.S.I.C. Durante este período aparecen publicados allí artículos, reseñas, noticias del máximo interés. Además, casi todos los números se abren con una nota sobre algún personaje histórico en el campo de intereses de la revista, con motivos d¿tintos (fallecimientos, visitas, centenarios...) o simplemente como información general: desde Jorge Juan, Galileo Galilei o Alfonso X El Sabio, hasta Henri Lebesque, M. Fréchet, Gaetano Scorza, Francesco Severi, Luigi Fantappié, David Hilbert, Sophus Lie, Emile Picard, A.N. Whitehead; o Miguel Vegas, Olegario Fernández Baños, Esteban Terradas, Cecilio Jiménez Rueda, etc. A lo largo de estos años colaboraron en la publicación personajes muy variados, naturalmente no todos con igual intensidad ni calidad: Pedro Abellanas, J. María Orts Aracil, Norberto Cuesta Dutari, Esteban Terradas, Juan Auge, Sixto Ríos, E. Vidal Abascal, Puig Adam, Juan Casulleras, Federico Gaeta, Julio Fernández Biarge, Ricardo San Juan, Ramón Crespo Pereira, Tomás Iglesias Garrido, Enrique Linés Escardó, J.C. Belgrano, etc. Entre los artículos en esta revista entre los años 1941 y 1953, destacaremos, además de algunos artículos que ya hemos señalado en otro lugar: Darío Maravall Casesnoves, «Teoría matemática rigurosa de las funciones singulares de la mecánica cuántica» (X/núms. 5 y 6, 1950, pp. 238-245). Ramón Crespo Pereira, «Sobre el álgebra de la lógica de Schróder» (XI/ núms. 5 y 6,1951, pp. 222-239). Th. Skolem, «Consideraciones sobre los fundamentos de la matemática» (Xll/núm. 3, 1952, pp. 169-200. Conferencia en el Instituto «Jorge Juan»). E. Vidal Abascal, «Sobre los fundamentos de la geometría integral» (Xll/núm. 4,1952, pp. 290-310). E. Vidal Abascal, «Concepto de geometría y espacio geométrico. Revisión del programa de Erlangen» (Xll/núms. 5 y 6,1952, pp. 340-368). Th. Skolem, «Consideraciones sobre los fundamentos de la matemática» (XlII/núm. 3, 1953, pp. 149-174). (97) Eudides, Revista mensual de ciencias exactas, físico-químicas y naturales. Apareció el primer número en marzo dé 1941. De allí señalaremos los siguientes artículos en relación con las matemáticas y también de lógica: J. Barinaga, «Iniciación en la aritmética hensealiana» (I/núms. 5 y 6, 1941, pp. 129-160); Maiuice Fréchet, «Los fines de la enseñanza matemática» (Il/núm. 12,1942, pp. 37-40); J. Barinaga, «Metamatemática y Metalógica» (Ill/núm. 23,1943, pp. 15-21); Rev. P. Pujiula, S.J., «¿Venlos animales la relación de número y de otras cosas?» (Ill/núm. 23,1943, pp. 4144); Max Steck, «¿Qué son las matemáticas?» (Ill/núm. 23,1943, pp. 377381); Joaquín Estevan Ciriquian, «Ideas sobre la teoría de conjuntos» (111/ núm. 32,1943, pp. 545-552; Ill/núm. 33,1943, pp. 614-618; Ill/núm. 34, 1943, pp. 676-681; José R. Fuentes Miras, «El problema de la decisión en el cálculo de enunciados» (Ill/núm. 34,1943, pp. 669-672); J. Barinaga, «Las paradojas semánticas y sus relaciones con la metamatemática» (IV/ núm. 35,1944, pp. 62-65); José R. Fuentes Miras, «Aplicaciones de las formas normales conjuntivas en el cálculo de enunciados» (IV/núm. 43,1944, pp. 627-630); Rvdo. P. Tomás Gallarta Campo, «Fundamentos racionales de la lógica matemática» (V/núm. 49,1945, pp. 169-171); Antonio Rodríguez Socorro, «Filosofía geométrica» (V/núms. 51-52,1945, pp. 324-329); Antonio Dué Rojo, S.J., «Métodos de investigación científica» (V/núms. 53-54,1945, pp. 386-389); Raimundo Toledo Toledo, «Fundamentos matemáticos para una lógica estructural» (Vl/núm. 68, 1946, pp. 554-560); Vicente Fraile Ovejero, «Los peligros de la lógica» (IX/núm. 100,1949, pp. 225-227). (98) De esta revista, más conocida abreviadamente como Las Ciencias, citaremos aquí: Ricardo San Juan, «Conceptos del análisis matemático» (VlII/núm. 3, 1943, pp. 467-503); Tte. de Navio Juan García, «Examen crítico sobre una geometría de los valores» (VlII/núm. 1,1943, pp. 15-26); Sixto Ríos, «Notas sobre metodología de la matemática apUcadas a la química» (Vin/núm. 2,1943, pp. 247-257); Julio Rey Pastor, «La matemática abstracta del siglo XX» (XVI, 1951, pp. 11-33).

tos puramente técnicos (matemáticos), podríamos citar también algunas publicaciones del Instituto «Jorge Juan» del C.S.I.C., que se agrupaban en varias colecciones: Colección Monografías de Matemática, Colección de Textos de Matemática moderna. Colección Conferencias de Matemática, Colección Historia, Filosofía y metodología matemática. Colección Textos clásicos de matemática. Colección Memorias de Matemática del Instituto «Jorge Juan». En estas colecciones se publicaron hasta 1955: W. Blaschke, Geometría diferencial moderna (Colección de Conferencias de Matemática 1,1950); E. Witt, Matemática intuicionista (Colección de Conferencias de Matemática 11, 1951); Karl Garbers, La Matemática y la astronomía en la Edad Media islámica (trad. de Guillermo Sans Huelin, Colección Historia, Filosofía y metodología matemática I, 1954); F. Enriques, Los elementos de Eudides y la crítica antigua y moderna. Libros I-IV (trad. de José Mingot Shelly, Colección Textos clásicos de matemática II, 1954). Hay que tener en cuenta aquí, también, algunas obras que se mencionan en otros lugares de este trabajo. Con algún interésfilosófico,citaremos además los siguientes artículos: Pedro Abellanas, «La matemática moderna» {Arbor, núm. 84,1952, pp. 368-384); Juan Manuel Fernández, S J., «El problema fundamental de la filosofía matemática» (Miscelánea Comillas, XX, 1953, pp. 199-232); y Alejandro Diez Blanco, «La verdad matemática» (Revista de Filosofía, núm. 49,1954, pp. 257-270). Ciencias Biológicas La bibliografía seleccionada en este aparado incluye las obras publicadas hasta 1950 (exclusive), año en el que se publica (el día 12 de agosto) la encíclica de Pío XII, Humani Generis. Las repercusiones que ésta tendrá en algunas publicaciones de biología teórica en España serán considerables, dando lugar a múltiples artículos, libros, etc., incluso congresos; pero todo este mundo, sin embargo, es ya de menor interés para nuestros objetivos (véase, al respecto, Jesús Muñoz, S.J., «Panorama de las reacciones filosóficas provocadas por la encíclica Humani Generis» (Pensamiento, núm. 28, pp. 603-611). Hasta 1945, apenas hemos encontrado alguna publicación que merezca la pena reseñar; entre éstas, por ejemplo, en 1942, el libro de H.S. Jennigs, Bases biológicas de la naturaleza humana (Espasa-Calpe, Madrid, 1942). Ya en 1945, mencionaremos el libro de von UexküU Ideas para una concepción biológica del mundo (trad. de M.R. Tenreiro, Espasa-Calpe, Colección Historia y Filosofía de la Ciencia; que ya había aparecido en Calpe en 1922) y, de este autor también, Cartas biológicas a una dama (trad. de García Morente, Revista de Occidente, Madrid, 2^ ed.). En 1946, dentro del panorama nacional más «clásico», aparecen dos artículos de Valeriano Andérez: «Importancia antropogenésica de los últimos descubrimientos paleoantropológicos» (Miscelánea Comillas, V, pp. 195-229) y «Concepto de caracteres biológicamente adquiridos» (Pensamiento, núm. 8, pp. 395-414). También, como muestra de las reflexiones de científico, mediatizadas por la ideología de la época, el escrito de José Conde Andréu, El principio de finalidad en las ciencias médicas y biológicas (Publicaciones de la Real Academia de Medicina de Zaragoza). Por otro lado, igualmente en 1946, la traducción del hbro de
EL BASILISCO

34

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

entre las traducciones, el libro de C.D. Darlington, La evolución de los sistemas genéticos (trad. de A. Sáez, EspasaCalpe, Buenos Aires) y el de E.S. Russell, La finalidad de las actividades orgánicas (trad. de J.L. de Angelis, EspasaCalpe, Buenos Aires). En 1949, nuevamente Bermudo Meléndez, «Las nuevas tendencias de síntesis en el transformismo» {Razón y Fe, núm. 612, pp. 70-76) y, asimismo, Valeriano Andérez, S. J., «Inderivabilidad del hombre a partir de los monos actuales» {Miscelánea Comillas, XI-XII, pp. 299-335). Igualmente en 1949: Manuel Suárez, O.P., «La teoría de la evolución según la ciencia y la fe» {La Ciencia Tomista, vol. LXXVT, pp. 313-317. Resumen del hbro del cardenal Ruffini. La teoría della evoluzione secando la Sciencia e la Fede); tres artículos de Jaime Echarri, S.J., «La evolución en el primer origen natural del hombre» {Pensamiento, núm. 20, pp. 403-434); «¿Puede ser católico el evolucionismo antropológico?» {Hechos y Dichos, vol. XXIV, pp. 15-22) y «El hombre en sus primeros orígenes. Evolucionismo antropológico, ni exageración ni cortedad» {Razón y Fe, núm. 614, pp. 219-248); un artículo de Emilio Palafox, «Tres reuniones científicas en torno a la evolución» {Arbor, núm. 39, pp. 390-396); y otro de Enrique Alvarez López, «En torno a una teoría general de la regulación biológica» {Arbor, núm. 42, pp. 251-270). Asimismo en 1949, aparece el libro de Jesús Muñoz Pérez-Vizcaíno, S J., ¿Cómo nació la vida? (La biología de los últimos cien años y la físico-química actual frente a la abiogénesis materialista), (Publicaciones anejas a Miscelánea de Comillas, serie Ciencia y Arte, Universidad Pontificia de Comillas), sobre aquel artículo de 1947, ya citado. Libro, al parecer, esbozado en el trabajo «Orientación de las ciencias de la vida y del hombre después de un siglo de progreso» {Las Ciencias, XV/núm. 1,1950, pp. 149183), que era un trabajo leído en el XIX Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias (San Sebastián, abril de 1947). Igualmente son variaciones sobre el mismo tema, el artículo del mismo autor: «¿Abiogénesis en protozoarios, bacterias y ultravirus?» {Pensamiento, núm. 17, pp. 5-31). En 1949 también, citaremos la edición de algunas traducciones: E. Nórdenskióld, Evolución histórica de las ciencias biológicas (trad. de J. Gárate, Espasa-Calpe, Buenos Aires, Colección Historia y Filosofía de lá Ciencia) y la segunda edición del libro de Morgan, La base científica de la evolución (Espasa-Calpe, Buenos Aires). Para terminar, recordaremos que la obra de Theilard de Chardin, La aparición del hombre, no se publica hasta 1958, año en el que también aparece La visión del pasado (ambas traducidas por C. Castro y editadas en Taurus). Ciencias humanas. Lingüística y Filosofía del Lenguaje Sobre teoría general de las ciencias humanas, culturales, citaremos algunas referencias fundímientales: en 1943, se pubHca la obra de Rickert, ya citada. Ciencia cultural y ciencia natural (2^ ed. en 1945), aunque, como antes señalamos, ya se había editado en los años veinte. En 1944, la obra de Dilthey, Introducción a las ciencias del espíritu (trad. de Eugenio Imaz, F.C.E., México, en la edición de la obra fundamental completa de Dilthey; 8 volsi), de la cual habrá otras ediciones en 1-948 (trad. de I.T.M. de Brugger, Espasa-Calpe, colección Historia y Filosofía de la Ciencia)
35

Erwin Schrodiager

Julián Huxley, La evolución. Síntesis moderna (trad. de Jiménez de Asúa; Losada, Buenos Aires). De 1947, destacaremos un curioso artículo de Jesús Muñoz, S. J., «La biología de los últimos cien años y la físico-química actual frente al evolucionismo materialista» {Miscelánea Comillas, VIII, pp. 145-201). También en 1947, Valeriano Andérez, S.J., «Etapas científico-históricas de la demostración del transformismo» {Miscelánea Comillas, VIII, pp. 367-414); Pablo Termes Ros, «La evolución y el origen del cuerpo humano» {Revista española de Teología, vol. VII, pp. 399-412); Valeriano Andérez, S.J.: «Una nueva teoría evolucionista: Evolucionismo regresionista» {Pensamiento, núm. 11, pp. 329-352) y BermudoMeléndez, «La hipótesis transformista» {Revista de la Universidad de Oviedo, Facultad de Ciencias, vol. VIII, núms. 4344, pp. 5-39). Éste año también se publica la traducción de otro libro decisivo, el de Schródinger, ¿Qué es la vida? (trad. de G. Mayena, Espasa-Calpe, Buenos Aires, colección Nueva ciencia, nueva técnica). En 1948, al lado del escrito de carácter apologético-concordista de Joaquín Rojas Fernández, El origen del hombre según el Génesis y la luz de la ciencia (Reus, Madrid), señalaremos: un artículo de Bermudo Meléndez, «La paleontología ante las nuevas tendencias de "síntesis neodarwinistas"» {Boletín de la Real Sociedad Española de Historia natural, vol. XLVI, 1-2); un artículo de Ferrater Mora, «Para la historia de lafilosofíacontemporánea: el problema del evolucionismo naturalista» {Revista de las Indias, Bogotá, núm. 101, pp. 205-231); y.
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

y en 1956 (trad. de Julián Marías, prólogo de José Ortega y Gasset). En 1945 se publicó la Antropología filosófica (Introducción a una filosofía de la cultura) de Emst Cassirer (trad. de Eugenio Imaz, F.C.E., México; segunda edición en 1951) y de este mismo autor, ya en 1951, Las ciencias de la cultura (trad. de Wenceslao Roces, F.C.E., México). De Cassirer también, en 1948 y 1953, respectivamente, se publicaron los dos tomos de El problema del conocimiento en lafilosofíay en las ciencias modernas, que ya hemos citado. De 1952 es el libro de E. Grassi y von Úexküll, Las ciencias de la naturalezay del espíritu, ya citado. Y, ya en 1954, señalaremos en este contexto un artículo de Rothacker, también mencionado anteriormente: «La tensión emocional entre las ciencias de la naturaleza y las del espíritu». En España o de autores españoles no falta entonces algún trabajo en este sentido que demuestra la influencia y el interés hacia estos temas; seleccionaremos entre ellos los siguientes: en 1948, un artículo de José Perdomo García, «El proceso de relativización filosófica en la ciencia del espíritu» (Revista de Filosofía, núm. 26, pp. 537-557) y, en 1951, otro artículo de José Luis Pinillos, «Apuntes en tomo a las humanidades y la ciencia» (Arbor, núm. 69-70, pp. 1-27). Asimismo, podría citarse, en 1950, el libro de Eduardo Nicol, Historicismo y existencialismo (El Colegio de México) o el libro de Juan Rourá-Parellá, Sprangery las ciencias del espíritu (Centro de estudios filosóficos de la Universidad Nacional de México, Ed. Minerva, México, 1944). Sobre lingüística yfilosofíadel lenguaje, aparecen entonces las siguientes fundamentales traducciones: en 1941, Charles Bally, El lenguaje y la vida (Losada, Colección Filosofía y Teoría del Lenguaje, vol. I, Buenos Aires); en 1943, Karl Vossler, Filosofía del lenguaje (trad. de A. Alonso y R. Lida, C.S.I.C., Publicaciones de la Revista de Filosofía, Madrid; editado en el mismo año en Losada, Buenos Aires); en 1945, F. Saussure, Curso de lingüística general (trad., prólogo y notas de Amado Alonso, Losada, Buenos Aires). En 1946, Hans Linderman, Lenguaje y Filosofía. El lenguaje: foco central de la discusión filosófica moderna (Buenos Aires); y, ya en 1950, la edición de las traducciones de los libros de Karl Bühler, Teoría del lenguaje (trad. de Julián Marías, Revista de Occidente, Madrid) y Teoría de la expresión {El sistema explicado por su historia), (trad. de H. Rodríguez, Revista de Occidente, Madrid). En España, sobre estos temas, tampoco faltan en aquella etapa algunas publicaciones, si bien de muy diverso valor: en 1941, Ramón Ceñal, S. J., La teoría dellenguaje de Carlos Bühler {Introducción a la modernafilosofíadel lenguaje), (C.S.I.C., Publicaciones del Instituto de Filosofía «Luis Vives», serie B, núm. 1); en 1943, Ramón Ceñal, «El lenguaje de lafilosofíamoderna» {Las Ciencias, VlII/núm. 1, pp. 109-147). De Juan Zaragüeta se pubUca por entonces el artículo, «La analogía del ser a través del lenguaje» {Revista de Filosofía, núm. 9,1944, pp. 199-220; núm. 12,1945, pp; 7-48) y el libro El lenguaje y lafilosofía(C.S.I.C., Instituto de Filosofía «Luis Vives», Madrid, 1945). En 1947, P. Portabella Duran, «Filosofía del lenguaje (Estudio psicológico)» {Revista de Psicología General y Aplicada, vol. III, pp. 449-458). En 1949, de Femando Lázaro Carreter, se edita en el C.S.I.C., Las ideas lingüísticas en España durante el siglo XVIII (Tesis doctoral. Anexo XLVIII de la Revi:^36

ta de Filología Española, C.S.I.C, Madrid, 294 pp.). En 1951, de Emilio Alarcos Llorach, Gramática estructural (según la Escuela de Copenhague y en especial atención a la ciencia española), (Gredos, Madrid); en 1952, a propósito de la traducción de Julián Marías del libro de Kark Bühler, una nota bibliográfica de Ramón Ceñal, «La teoría del lenguaje de Karl Bühler» (Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 31, pp. 134-142). En 1953, además del folleto de Valeriano Andérez, Origen y desarrollofilogenésicosdel lenguaje humano según la ciencia actual (Universidad Pontificia, Comillas), citaremos el libro de Emilio Relaño, Historia del lenguaje (Salvat, Barcelona), por no hablar aquí de las repercusiones que tuvo la Filosofía del verbo del añejo Robles Dégano. Y, para terminar, en 1954 destacaremos el Discurso de Ingreso en la Real Academia Española, de Julio Rey Pastor —del cual se publica una parte en Theoria con el mismo título—, Algebra del lenguaje, obra muy considerable que demuestra, además de una interesante concepción global, un absoluto dominio de la bibliografía fundamental coetánea. IV. LÓGICA La rápida selección de escritos sobre lógica que ofrecemos a continuación la organizaceremos —tal y como ya se advirtió— en torno a los dos grandes núcleos de la tradición clásica (Primeros y Segundos Analíticos): Lógica material y Lógica formal. Evidentemente algunas de las obras citadas contienen ambos aspectos; por ello, en este caso, si las situamos en uno u otro núcleo, es debido a que en esta ocasión las consideramos fundamentalmente por su aspecto material / formal, según el caso. En este apartado deben tenerse en cuenta, además, algunos libros y artículos ya citados; por ejemplo, véanse las notas (96), (97), (98). Lógica material Dentro de este gmpo, respetando en lo posible el orden cronológico, citaremos las siguientes publicaciones. Traducciones: en 1940 aparece la segunda edición —la primera se había publicado ya más de diez años antes— de la Lógica de Pfánder (Espasa-Calpe, Buenos Aires); en 1946, de Jevons, Los principios de las ciencias (Lógica del método científico), (trad. de C E . Prélat, Espasa-Calpe, Buenos Aires, colección Historia y Filosofía de la Ciencia); en 1947, de F. Enriques, Problemas de la lógica (trad. de L. Scheinkestel, Espasa-Calpe, Buenos Aires, colección Historia y Filosofía de la Ciencia) y, en el mismo año, una de las pocas pubhcaciones en castellano de Carnap —que ya hemos citado— durante este período; se trata del artículo «La antigua y la nueva lógica» (Letras, vol. XIII, Lima, pp. 90-108). En 1949, otra obra fundamental de F. Enriques, Para la historia de la lógica; los principios y el orden de la ciencia en el concepto de los pensadores matemáticos (trad. de J.L. de Angelis, Espasa-Calpe, Buenos Aires, colección Historia y Filosofía de la Ciencia); y, en 1952, Morris R. Cohén, Introducción a la lógica (trad. de E. de Gortari, F.C.E., México). Dentro del ámbito hispano, a las obras y artículos ya citados, añadiríamos lo siguiente: en 1945, Miguel Cevallos y Francisco Larroyo pubhcan la quinta edición (Porrúa, MéEL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

xico) de La Lógica de la ciencia, con una propedéutica general de la filosofía; en el mismo año, de Francisco Romero y Eugenio Pucciarelli, Lógica y nociones de teoría del conocimiento (Espasa-Calpe, Buenos Aires, 9^ ed.). En 1949, J.D. García Bacca, «Ensayo de interpretación histórico-vital de la lógica» {Episteme, núm. 6, 1949, pp. 204-213; núms. 8 y 9,1950, pp. 356-366; núm. 10,1951, pp. 420-444). De este autor, y de otros varios, evidentemente, habría que citar en este contexto otras obras fundamentales, pero que por ser anteriores a 1940, serán señaladas más adelante. De 1949 también es la tercera edición del libro de J. Grau Kurt, Lógica (trad. de D. Miral, Labor, Barcelona). Igualmente en ese año se publica el libro de Lógica de Manuel Granell (Revista de Occidente, Madrid). En 1950, John Dewey, Lógica. Teoría de la investigación (trad. y prólogo de Eugenio Imaz, México, B. A., F.C.E., 1950); y, ya en 1951, señalaremos el artículo de Alejandro Diez Blanco, «Nuevas lógicas» (Revista de Filosofía, núm. 36, pp. 43-82). Hay que mencionar en este contexto, aunque sea de pasada, al P. Vicente Muñoz Delgado, una de nuestras más destacadas figuras, sobre todo en el campo de la historia de la lógica española. Recordaremos aquí, por ejemplo, dentro de este período: «La enseñanza de la lógica en Salamanca en el siglo XVI» (Salmanticensis, vol. I, núm. 1,1954, pp. 133-167. Con posterioridad, en 1958, resaltaremos el famoso artículo de Ortega y Gasset, «La idea de principio en Leibniz y la evolución de la teoría deductiva» (Ed. Revista de OcciEL BASILISCO

dente, Madrid), que al parecer fue escrito diez años antes de su pubHcación. Lógica formal Citaremos aquí, además, los siguientes títulos: Dentro de las traducciones, en 1941, aparece la Lógica de Jevons (trad. de A.J. Dorta, Ed. Pegaso), libro de formato tradicional, aún cuando el entendido podría advertir que estaba dentro de la perspectiva de Boole. Su segunda edición saldrá en 1952. En 1948, desde diferente perspectiva, la neogótica obra de Jacques Maritain, El orden de los conceptos. L Lógica menor (Lógica formal), (trad. de G. Moteau de Buedo y M. Arguello, Club de Lectores, Buenos Aires). En 1951, se publica el libro de Tarski, que nos pone sin duda ya en el horizonte de la lógica más reciente: Introducción a la lógica y a la metodología de las ciencias deductivas (trad. de T.R. Bachiller y J.R. Fuente, EspasaCalpe, Buenos Aires). Dentro ya del panorama nacional, citaremos: en 1949, L. N. Barraclough, Sistema métafísico de lógica variable (Editora Nacional, Madrid); en 1951, dos artículos de autores españoles, aparecidos casi a la vez, que traslucen perfectamente el ambiente previo del sector próximo a Theoria: el primero es de Miguel Sánchez-Mazas: «Sobre un pasaje de Aristóteles y el cálculo lógico de Leibniz» (Revista de Filo37

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Sofía, núm. 38, pp. 527-534); el segundo es de Gustavo Bueno: «Una nueva exposición de la silogística» {Revista de Filosofía, núm. 39, pp. 603-640). En 1952 se publicó, traducido por Sánchez-Mazas, el artículo de Robert Feys, «Bibliografía de la lógica matemática correspondiente al período 1946-1948» {Revista de Filosofía, núm. 41, pp. 343-357). Ya, en 1955, para terminar este segundo grupo, es imprescindible citar el manual de J. Ferrater Mora y Leblanc, Lóg/cfl matemflñ'ca (F.C.E., México). Dentro de la bibliografía citada, ya hemos intercalado en el lugar correspondiente las publicaciones de muchos de los que intervinieron en Theoria. Tomando ahora como referéneiajobjetiva más concreta los miembros dé su Redacción, haremos un b^ve repaso de sus pubhcaciones antes de 1952. Es necesario, sin embargo, advertir previamente que se trata de una generación que precisamente entonces (hacia 1950) es cuando empieza a producir, y que su bibliografía, por tanto, como es natural, es más bien escasa. Pérez Navarro, Ramón Crespo o Drudis Baldrich, de quienes después, sin embargo, podrían citarse muchas cosas, y sumamente interesantes, apenas habían publicado nada antes de esa fecha, salvo quizá algunas reseñas, artículos o notas breves. De Sánchez-Mazas, acabamos de citar su artículo «Sobre un pasaje de Aristóteles y el cálculo lógico de Leibniz» (1951) y también mencionamos anteriormente el titulado «Importancia de los estudios defilosofíade las ciencias y de la filosofía científica» (1952). Igualmente, antes de esa fecha, es autor de varias reseñas y artículos breves en distintas revistas. De Norman Barrecloügh, hemos citado un Hbro, publicado en 1949, Sistema metafísica de lógica variable, y, de Gustavo Bueno, aparte de las consabidas reseñas, etc., un artículo, «Una nueva exposición de la silogística» (1951). De Ramón Crespo ya mencionamos {nota 96) su artículo «Sobre el álgebra de la lógica de Schróder». (1951) Carlos París, como casi todos —^según se dijo—, desarrolla su actividad fundamental a partir de 1951. Recordemos un artículo suyo de 1949, «Sobre el planteamiento del problema epistemológico», y también su conocido libro, Física y Filosofía (Tesis doctoral, 1952). Para terminar esta sección bibliográfica nos referiremos a algunas colecciones de libros, específicamente relacionadas con los problemas de la teoría de la ciencia. Y, ya que las colecciones que aquí mencionaremos guardan estrecha relación con la figura de Rey Pastor, aprovecharemos previamente para recapitular y anudar sobre él algunas ideas y referencias que hemos dado anteriormente en torno a sus actividades en este terreno, posteriores a 1940 (de las anteriores hablaremos a continuación), subrayando nuevamente la importancia que tiene su figura en este contexto como impulsor y coordinador de tales actividades en España y América después de 1940 (y asimismo -^-como veremos—, en España, antes y después de la guerra civil). De las actividades de Rey Pastor en general (99) y especialmente de aquellas relacionadas con teoría deja cien38

cia después de la fecha indicada de 1940, hemos resaltado su faceta de historiador, dado que la perspectiva histórica, al parecer, fue de su preferencia personal en el enfoque de los problemas relacionados con la ciencia. Igualmente hemos destacado, sobre todo en España, en tomo al C.S.I.C., y ya en los años cincuenta, su labor institucional (Sección y Departamento de Filosofía e Historia de la Ciencia del «Luis Vives», Sociedad española de Epistemología e Historia de la Ciencia, etc.). Todas sus ocupaciones a lo largo de su vida demuestran que Rey Pastor fue indudablemente hombre de amplísima inquietud intelectual y de un entusiasmo que debió ser inagotable. Pero, sin duda, uno de los aspectos menos conocidos fue su labor editorial: por un lado, como editor él mismo, fundó la Editorial Ibero-Americana, en la cual la colección Infinito constaba de las siguientes seis series: Ciencia y técnica. Filosofía de la ciencia. Historia de la ciencia. Filosofía, Estudios biográficos, y Sociología e historia. Por otro lado, como director de varias colecciones de la editorial Espasa-Calpe durante varios años: colección de Historia y filosofía de la ciencia, series mayor (100) y menor (101),

{99) Para una bibliografía sobre Rey Pastor, véase la obra, ya citada, de Sixto Ríos, Luis A. Santaló y Manuel Balanzat, Julio Rey Pastor, matemático, donde se mencionan (pp. 314-315) en este sentido una serie de artículos publicados en la Revista Hispanoamericana, vol. XXII, en 1962, a raíz de su muerte. Los autores de éstos son: Alberto Dou, J. García Rúa, José María Iñiguez, José María Orts, Patricio Peñalver, R. Rodríguez Vidal, Ricardo San Juan, Sixto Ríos y Enrique Vidal Abascal. Asimismo se recogen allí las referencias de otros artículos sobre Rey Pastor, publicados en Argentina por autores como Babini, Cortés Plá, Luis Santaló, Esteban Terradas, Fausto Toranzos, etc. En dicho libro —como ya se dijo— se incluye además (p. 251 y ss.) la relación de la bibliografía y actividades de Rey Pastor reproducida de la lista aparecida en las Memorias ofrecidas a Rey Pastor (vol. II, pp. 355-377) en el 25 aniversario de su llegada a Argentina (editada, bajo la dirección de Beppo Levi, en las Publicaciones del Instituto de Matemática, Rosario, Argentina). Muchos datos, bibliografía, así como multitud de sugerencias e indicaciones generales sobre Rey Pastor, me han sido proporcionados por Julián Velarde Lombraña, profundo conocedor de muchos aspectos de la vida y obra del ilustre matemático español, sobre el que está preparando algunos trabajos. (100) En esta Serie Mayor se publicaron hasta 1952 los siguientes títulos: G. Dilthey, Introducción a las ciencias del espíritu (dos vols.); Alexander Gode von Aesch, El romanticismo alemán y las ciencias naturales; WiUiam Arthur Heidel, La edad heroica de la ciencia; L. Hogben, ¿Qué es la materia viva?; W. Stanley Jevons, Los principios de la ciencia; Fierre Lacombe, La historia considerada como ciencia; Tito Lucrecio Caro, De la naturaleza de las cosas; Emst Mach, Desarrollo histórico-crítico de la mecánica; E. Nordenskióld, Evolución histórica de las ciencias biológicas; Desiderio Papp, Historia de la física; J.R. Partington, Historia de la química; E.S. Pearson, /"earion, creador de la estadística aplicada; Jean Perrin, Los principios de la química física; J. Rey Pastor y J. Babini, Historia de la matemática; Bertrand Russell, Los principios de la matemática; Luis Santaló Sors, Historia de la aeronáutica; Charles Singer, Historia de la biología. (101) En la Serie Menor hasta 1952 igualmente habían aparecido: José Babini, Origen y naturaleza de la ciencia; Henri Becquerel, El descubrimiento de la radioactividad; G. Berkeley, Teoría de la visión.Tfatado sobre los principios del conocimiento humano; C. Bemard, El método experimental y otras páginas filosóficas; Roberto Bonola, Geometrías no euclidianas; A. Coumot, Tratado del encadenamiento de las ideas fundamentales en las ciencias y en la historia; Descartes, La geometría; Federico Enriques, Problemas de la ciencia. - Problemas de lógica. - Para la historia de la tógíca;Hermann Grassmann, Teoría de la extensión; J. Hadamard, Psicología de la invención en el campo matemático; R. Hainard, NaEL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Nueva ciencia, nueva técnica (102), y, en la colección Austral, la serie Ciencia y técnica. Clásicos de la ciencia (serie marrón) (103). 5. REINTERPRETACION CRITICA SOBRE EL ORIGEN Y DESARROLLO DE LA TEORÍA DE LA CIENCIA EN ESPAÑA Desde, al menos, la década anterior a la guerra civil, ya están configuradas en España ciertas corrientes que desde fuentes muy diversas atraviesan todas ellas los intereses gnoseológicos. Luego daremos algunos datos al respecto. L Una primera corriente —aún cuando las tres aparecen muy entrelazadas— sería la de los científicos—^físicos, matemáticos—: Blas Cabrera o Rey Pastor. II. Una segunda corriente, la de los lógicos, tendría una considerable influencia del neopositivismo. Círculo de Viena, en general. Citaremos aquí a García Bacca, por ejemplo. III. La tercera corriente, a la que llamaremos la de los filósofos, bajo la influencia de Husserl o Cassirer, podríamos representarla en Ortega y Zubiri, lo que no quiere decir que García Bacca,

por ejemplo, y otros no estén también mirando constantemente a Cassirer o Husserl. Estas corrientes —sustancialmente dos—, aunque con menor perspectiva histórica, las vislumbraba ya hace treinta años Miguel Sánchez-Mazas (104).

turaleza y mecanicismo; A. Humboldt, Océano, atmósfera y geomagnetismo; Pedro Laín Entralgo, Vida y obra de Guillermo Harvey; S. Fierre Laplace, Ensayofilosóficosobre las probabilidades; Félix Le Dantec, Ciencia y conciencia; Henri Le Chatelier, Ciencia e industria; R. Lespieau, La molécula química; Josef Lóbel, Historia sucinta de la medicina mundial; E. Mach, Conocimiento y error; Aldo Mieli (que luego será cxmtinuada por Babiniy Papp), Panorama general de la historia de la ciencia. (1. Elmundo antiguo: griegos y romanos.- II. El mundo islámico y el occidente medieval cristiano.- III. La eclosión del Renacimiento.-W. La ciencia del Renacimiento (matemática y ciencias naturales) .-V. Ciencia del Renacimiento (astronomía, física, biología); Aldo Mieli, La teoría atómica química moderGalileo Galilei na; Desiderio Papp y Carlos Prélat, Historia de los principios fundamentales de la química; Cortés Plá, Velocidad de la luz y relatividad; Carlos E. Prélat, Epistemología de la química. - Epistemología de las ciencias fisicas; (103) La serie Ciencia y Técnica. Clásicos de la Ciencia de la colección George Sarton, La vida de la ciencia; Annaens L. Séneca, Los ocho libros de las cuestiones naturales; P.F. Schurmann, Luz y color; Osvaldo Spen- Austral (serie marrón) en torno a esos años publicó, por ejemplo: gler, Heráclito; J. Tannery, Ciencia y Filosofía; J. von UexküU, Ideas para Carlos Prélat y F. Alsina Fuertes, Elmundo de la mecánica; Domingo una concepción biológica del mundo; Juan Vailati, Contribución a la histoF. Arago, Grandes astrónomos anteriores a Newton.- Grandes astrónomos ria de la mecánica. (de Newton a Laplace); José Babini, Arquímedes.- Historia sucinta de la ciencia.- Historia sucinta de la matemática; CtovítiieT, J.G., Humphry (102) La colección Nueva Ciencia, Nueva Técnica reunió hasta esas feDavy. Michael Faraday (Hombres de ciencia británicos del siglo XIX).-J. chas, aproximadamente, las siguientes publicaciones: Prescott Joule. W. Thompson. J. Clark Maxwell (Hombres de ciencia británicos del siglo XIX).- T. Alva Edison. J. Henry (Hombres de ciencia norteamericanos del siglo XIX).- Benjamín Franklin. J. Willard Gibbs (HomLuis de Broglie, Materia y luz (prólogo de Mió Rey Pastor); Remy bres de ciencia norteamericanos delsiglo XIX); A. Hill, V. Stark, L.M. PriCoUin, Las hormonas, (prólogo de Gregorio Marañón); CarroU Lañe Fenton. La corteza terrestre; George Gamow, Biografía de la tierra.- Naci- ce, G. A. y otros, Cienciay civilización; Luis Jacot, El universo y la Tierra.miento y muerte del sol; Thomas Hunt Morgan, La base científica de la evo- Materiay vida; Pedro Laín Entralgo, Dos biólogos: Claudio Bernardy Ramón y Cajal; Fierre S. Laplace, Breve historia de la astronomía; J.R. Oplución; H. Spencer Jones, La vida en otros mundos; Le Danois, El Atlántipenheimer y otros, Hombre y ciencia (Un desafio almundo); Cortés Plá, co. Historia y vida de un océano (trad. de X. Zubiri); Andrea Levialdi, LuGalileo Galilei.- Isaac Newton; Henri Poincaré, La ciencia y la hipótesis.miniscencia; Kurt Lipfert, La televisión; Gregorio Marañón, Ensayos soCiencia y método.- El valor de la ciencia.- Últimos pensamientos; Ignacio bre la vida sexual (con un ensayo de Ramón Pérez de Ayala); R.A. Millikan. Electrones (+ y —), protones, fotones, neutrones y rayos cósmicos; Puig, S.J., ¿Qué es la física cósmica?.- La edad de la tierra; Aldo Mieü, Volta y el desarrollo de la electricidad. - Lavoisier y la formación de la teoría Desiderio Papp, La doble faz del mundo físico; Remberto Reindhart, Psicología animal; Luis S. Sors, Elementos de aviación; Juan Thibaud, Viday química moderna.- Breve historia de la Biología; Desiderio Papp, Más allá transmutaciones de los átomos; Fausto Toranzos, Introducción a la episte- del sol... (la estructura del universo). - El problema del origen de los munmología y fundamentación de la matemática (Prólogo y apéndice sobre la dos; Juan V. Schiaparellií La astronomía en el Antiguo Testamento; Eduardo Labin, La liberación de la energía atómica; Juan Huarte, Examen investigación matemática, por JuUo Rey Pastor); Richard von Mises, Probabilidad, estadística y verdad; Gerald Wendt, La ciencia en el mundo de de ingenios para las ciencias; Leonardo da Vinci, Tratado de la pintura; Osmañana; H. de Wolf Smyth, La energía atómica al servicio de la guerra; wald Spengler, El hombre y la técnica y otros ensayos. J.E. Emswiler y F.L. Schwartz, Termodinámica; Willy Ley, Cohetes; J.A. Crowther, Iones, electrones y radiaciones iónicas; S. Petterssen, Introduc- (104) A propósito de la contribución del pensamiento español al probleción a la meteorología; M. J.D. White, Los cromosomas; E. J. Cable, R.W. ma epistemológico de la moderna física, consideraba Sánchez-Mazas dos Getchell y W.H. Kadesch, La ciencia, motor y engranaje en un mundo que núcleos fundamentales: el de los filósofos (en el que distingue a García cambia (dos vols.); E. Daimois, El estado líquido de la materia; J. ThiBacca, por un lado —«el gran introductor de los problemas lógicos y episbaud, Energía atómica y universo; Nicolás Rashevsky, Progresos y aplica- temológicos en nuestra patria»—, y a Zubiri, comofilósofopropiamente ciones de la biología matemática; A. Einstein, El significado de la relativi- dicho, por otro —«su concepto de la Ciencia Física y su posición epistemodad; F. Schródinger, ¿Qué es la vida?; D. Brunt, Climatología; I. Puig, lógica, que podemos, no obstante su evolución y cambio con el tiempo, deLos recientes progresos en física.- Los recientes progresos en química. cir de orientación realista pese a la influencia de motivos históricos y exisEL BASILISCO

39

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Al mencionar anteriormente la opinión de los historiadores sobre el origen y desarrollo —^tardíos—Ae la teoría de la ciencia en España, expusimos cómo se podían distinguir dos esquemas fundamentales, ambos de carácter general, que a nosotros nos resultaban confusos e incluso en sí contradictorios en este caso concreto. Recordaremos que en el primer esquema (Elias Díaz, Pedro Ribas, incluso Abellán), más o menos expresamente, al referirse a esos orígenes, se señalaba hacia Theoria fundamentalmente, y se daba como «causa» de ese retraso la guerra civil, el exilio posterior y, después, la aparición — frente al orteguismo, por ejemplo— de una filosofía oficial de^ carácter escolástico, dogmático, etc. Pero indudablemente este'esquema, que ya dijimos que resultaba internamente contradictorio, es evidente ahora que, además, simplifica (omite) parte del contexto cultural español de los años cuarenta —que obviamente nada tuvo de vacío absoluto o «desierto ciiltural» (105)— y también que no considera el ambiente previo a la propia guerra civil: los científicos en ese contexto no son mencionados de ningún modo; se cita, aimque aisladamente, a los lógicos (García Bacca) y, al referirse a Ortega, queda sumamente confuso lo que, por un lado, se resalta como digno de mención en el ámbito filosófico general antes de 1936 —y que es Ortega fundamentalmente— y lo que, por otro lado, podría ser («podría haber sido») la significación de éste, ya en el campo específico de la teoría de la ciencia. El segundo esquema estaba representado por Garrido, Quintanilla, etc. Parecía que consideraban éstos —según vimos— que «dado el tradicional carácter de lafilosofíaespañola» (literario, metafísico, hermenéutico), a la hora de hacer una «filosofía científica» se habría hecho necesario «importar» sus temas y procedinúentos, ya que, además, su desarrollo en España respecto de Occidente estaría especialmente retrasado. Theoria se configuraba aquí, de este modo, como el primer intento —^fracasado— a principios de los años cincuenta, de modernizar, «europeizar», el oscuro y yermo panorama de lafilosofíaespañola. Se ignoraban en este segundo esquema igualmente (o tampoco se tenían en cuenta) las corrientes y referencias citadas en este contexto antes y después de 1936, aún cuando como excepción también se mencionaba a García Bacca.
tendales...»—); y el de los científicos (con una preocupación por los problemas fundamentales del conocimiento, o sea, epistemológicos»): Julio Palacios, Octavio Foz GazuUa y Julio Rey Pastor; incluso: Pánnikker, Pemartín, Laín Entralgo y Jaime Echarri (Miguel Sánchez-Mazas, «Meditación y diálogo en tomo a los problemasfilosóficosde la moderna física», Theoria,núm. 3-4,pp. 212-213). (105) Decía Ferrater Mora en junio de 1981 a propósito de esta cuestión: «Eñ alguna medida, hubo un «vacío» cultural yfilosóficocausado por la guerra civil; alfiny al cabo, esta guerra o, mejor dicho, su resultado, interrumpió bruscamente, y en no pocos casosfísicamente,trabajos que se venían llevando a cabo desde hacía algunos decenios. Por otro lado, los vacíos absolutos son improbables. Sospecho que cuando se escriba la detallada historia de la cultura y el pensamiento españoles desde, digamos, 1939 hasta 1970, se descubrirán muchas pistas ocultas hasta entonces. De lo contrario, ¿cómo habría podido producirse una eclosión déla actividad filosófica como la que se ha venido presenciando en los últimos doce años?. Entre las pistas «ocultas» hay, por descontado, las influencias ejercidas por el pensamiento «exterior». Pero estas influencias no habrían podido prosperar en el vacío. Me parece razonable concluir, pues, que hubo "una cierta continuidad interior"». (E. Ronzón, A. Hidalgo, M. Fdez. Lorenzo, «Entrevista a José Ferrater Mora», El Basilisco, nlím. 12, p. 58). 40

La guerra de 1936-39, sin duda, influyó ostensiblemente en el curso de las tres corrientes señaladas, desviándolas, bloqueándolas, aletargándolas o haciéndolas transcurrir subterráneamente. La virtualidad que cada una de estas corrientes tenía para alcanzar planteamientos estrictamente gnoseológicos era desde luego muy diversa: laprimera, dadas las revoluciones coetáneas de la física, la matemática, etc. (hilbertismo, relativismo) conducía internamente (necesariamente) a los problemas de la ciencia. La segunda corriente, más bien importada, también llevaba indudablemente hacia esos planteamientos (eco de la teoría de la ciencia vienesa, aunque entremezclada evidentemente con la primera). Respecto a la corriente de Zubiri y Ortega, sus virtualidades ante una teoría de la ciencia son bastante escasas y en cierto modo ambiguas. Es evidente que Ortega tuvo siempre por la ciencia un considerable interés (que comparte Zubiri) —como una «vigilancia» de los grandes acontecimientos científicos de la época— y una actitud siempre impulsora. Pero sin perjuicio de todo esto, cabría quizá decir que la perspectiva desde la cual Ortega veía la ciencia no era propiamente gnoseológica; en cierto modo podría ponerse en relación con alguna perspectiva de Husserl, pero principalmente con el punto de vista históricocxiltural de Cassirer: la ciencia como obra «magnífica» de la cultura humana, sometida a sus propias leyes y también a sus limitaciones. Esta carencia de perspectiva gnoseológica persistirá también en la Escuela de Ortega. En este sentido, no hace falta más que echar una ojeada a sus discípulos, y especialmente al más señalado, Julián Marías, cuyas opiniones sobre la ciencia son de índole más bien retórica. La obra de Ortega más aproximada al pimto de vista gnoseológico es «La idea de principio en Leibniz», aim cuando prevalecen en ella otras perspectivas distintas. Su actitud ante la lógica formal sería similar a la que inspiró la composición del manual de Lógica de Granell... Se podría, por consiguiente, sacar la conclusión, que a algunos sonará paradójica, de que la filosofía de Ortega, con su teoría de la razón vital, de la emoción, etc. —que le aproximaban a posiciones similares a las que encontramos en la intuición de Bergson, la intuición emocional de Scheler, el tacto fisiognómico áe Spengler, el Verstehen de Dilthey— estaba más lejos de la teoría de la ciencia estricta que el punto de vista de los tomistas de la época arraigados en la tradición a la vez empirista y racionalista de la lógica material clásica fácilmente combinable con los desarrollos de la «logística». De hecho no se puede olvidar la influencia que en Europa en general, y en España en particular, tuvo la obra lógica del padre Bochenski, de quien por cierto no estará de más recordar aquí que tuvo como discípulos directos a Drudis Baldrich y a Miguel Sánchez-Mazas.

Los grabados empleados en el presente artículo han sido reproducidos de la revista Theoria.

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

ARTÍCULOS

SCHELUNG OKRAUSE
MANUEL FERNANDEZ LORENZO
Oviedo olver a plantear de nuevo el viejo problema, por otra parte ya tan debatido, que supone la necesidad de elegir entre dos figuras como las de Schelling y Krause, tan sugerentes, fascinadoras y subyugantes en su época, la una en Alemania, la otra en España, parece un tanto artificioso, incluso alejado de las preocupaciones actuales del panorama filosófico español, muy obsesionado, por otra parte, en no separarse ni un ápice de temas considerados más propios de nuestro tiempo. Nada tendríamos que objetar a ello siempre que nadie pretenda hacer pasar aquí lo temático por lo sistemático, las multiplicidades que inauguran algo por las que lo organizan, o, en términos kantianos, lo tectónico por lo arquitectónico. Ciertamente el «espíritu de sistema» no tiene sentido al margen de unos contenidos empíricos ya tematizados o, incluso, esquematizados. Pero no podemos por ello confundir, sin más, ios temas del presente con aquellas «cosas mismas», sobre las que únicamente habría que ponerse a la escucha empírica para poder hallar, a ciencia cierta, la clave que las descifra. Pues los «temas de nuestro tiempo» han sido ya, al menos en parte, temas de otros tiempos, y lo que es más importante para nosotros, han sido temas tratados por los clásicos, han sido ya, pues, sistematizados por ellos en construcciones diversas, con mayor o menor elegancia deductiva, lo que no sólo entraña una ganancia estética en el conjunto, sino también una riqueza formal en las configuraciones parciales, a veces verdaderas piedras preciosas que pueden volver a ser utilizadas por el filósofo orfebre en la confección de una nueva joya. De ahí la necesidad ineludible que sentimos, de efectuar constantemene un retorno a los clásicos que a la vez sea, por supuesto, crítico y comparativo, con el fin consciente de separar la mena de la ganga. Cari Christian Friedrich Krause es uno de estos clásico que, al menos en EspaEL BASILISCO

ña, desde hace poco más de un siglo, no necesita presentación. Su nombre suena de nuevo en nuestro país, en conferencias y actos públicos conmemorativos, unido a otros estrechamente ligados con él, como Julián Sanz del Río, Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate, la Institución Libre de Enseñanza y, en definitiva, al krausismo. No podemos decir lo mismo del otro clásico, de Friedrich Wilhelm Joseph von Schelling. Basta, como triste prueba de ello, comparar la escasísima bibliografía española sobre éste (por lo demás muy ligada, en general, a corrientes del existencialismo implantadas en Sudamérica) con la abundancia de publicaciones relacionadas, aunque sea de modo indirecto, pero no por ello menos efectivo a fin de cuentas, con Krause (1). Es cierto que durante años ocurrió otro tanto con Hegel, el otro gran olvidado por los krausistas. Pero en este caso se podría afirmar, como contrapartida, que el hegelianismo, en gran parte impulsado por el marxismo, ha penetrado e impregando al menos, entre inversiones, reconciliaciones y alguna que otra conciencia desventurada, el actual panorama filosófico español. Schelling, sin embargo, aún sigue siendo para muchos, por desgracia, sólo un nombre, fascinante sin duda por el halo romántico que lo envuelve, pero que al fin y al cabo sólo aparece como heraldo de una nueva filosofía, anunciando y preparando el camino del que ha de venir para permanecer
(1) El caso más sobresaliente respecto a Scheling es la interpretación de Carlos Astrada, hecha en clave existencialista, subrayando los típicos motivos de esta corriente como la finitud del hombre, la angustia, la apertura hacia un Dios salvador etc., que inspiran su Introducción a la traducción española de las Philosophische Untersuchungen über das Wesen der menschlichen Freikeit, publicada en Buenos Aires en 1950. Estudios suyos posteriores son «La problemática de la libertad en la filosofía dé Schelling» y «El pensamiento de Schelling y las tareas del presente» en Cuadernos filosóficos, 1953-54, fase. VIH. Sobre Krause me remito a la bibliografía sumaria de J.L. Calvo Buezas contenida en «Luces y sombras del Krausismo español». El Basilisco, núm. 3, Oviedo 1978. 41

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

definitivamente. Puestas las cosas así no se nos ocurre otra salida que la de remontarnos, deliberadamente, a lo que consideramos el origen de muchas de estas monstruosas deformaciones, alimentadas por tradiciones esperpénticas bien vivas, que afectan endémicamente a gran parte de la filosofía que, hoy por hoy, campea por estos lugares.

Una decisión de Sanz del Río
Siempre nos llamó la atención, al leer las historias e interpretaciones del krausismo, el continuo reproche que se hacía, por parte de algunos, a Julián Sanz del Río, aquel castellano «reconcentrado y austero» que se doctoró en 1836 en Derecho Canónico por la Universidad de Granada (2), ávido de formarse en las corrientes de la filosofía novísima que a la sazón se hacía en Alemania, de haber preferido con tenacidad ciega al oscuro segundón Krause frente a un Hegel gigantesco o a un Schelling ya destronado, pero aún influyente. De sobra son conocidas las manifestaciones de Menéndez Pelayo en este sentido cuando llega a poner en duda, con cierta saña, la capacidad intelectual de Sanz del Río al considerarlo «hombre de ninguna libertad de espíritu y de entendimiento estrecho y confuso, en quien cabían muy pocas ideas, adhiriéndose estas pocas con tenacidad de clavos» (caracterización que, al margen de ser o no ser adecuada al importador del krausismo en España, no deja, por ello, de reflejar un tipo de personaje que aún hoy nos es familiar); pero no se queda aquí el ilustre santanderino y precisando la acusación proclama que «solo a un hombre de madera de sectario, nacido para el iluminismo misterioso y fanático, para la iniciación a sombra de tejado y para las formas taumatúrgicas de exorcismo, podía ocurrírsele cerrar los ojos a toda la prodigiosa variedad de la cultura alemana y, puesto a elegir errores, prescindir de la poética teosofía de Schelling y del portentoso edifiio dialéctico de Hegel, e ir a prendarse del primer sofista oscuro, con cuyos discípulos le hizo tropezar su mala suerte. Pocos saben que en España hemos sido krausista por casualidad gracias a la lobreguez y a la pereza intelectual de Sanz del Río» (3). Estas últimas palabras parecen, sin embargo, demasiado fuertes en su pretensión de reducir la explicación de un fenómeno socio-cultual, de tanta importancia en la vida intelectual española de no hace muchas décadas, al libre albedrío de quien no era, por aquel entonces, más que un profesor interinó nombrado además por decreto bajo la expresa condición de perfeccionar, por espacio de dos años, sus conocimientos filosóficos en Alemania. De ahí que sea comprensible la enérgica corrección que les hace Elias Díaz, subrayando lo que escapa al alcance de dicha explicación, al seña-

lar justamente que «con independencia de las intenciones, preferencias o motivaciones subjetivas de don Julián Sanz del Río, lo que en modo alguno se explica con esta tesis de la «lobreguez» y «pereza intelectual» es el hecho de la difusión y relativo arraigo del krausismo en España (atribuido según esta tesis a la casualidad), así como su aceptación entre hombres como Francisco Giner de los Ríos (elogiado, entre otros muchos, por Antonio Machado) o como Gumersindo de Azcárate (por referirme a los dos aquí más directamente estudiados), que, desde luego, tampoco merecen esos y otros similares calificativos, apasionada y sectariamente lanzados por Menéndez Pelayo» (4). No obstante tampoco debe desecharse, así como así, el juicio.sobre la responsabilidad de una elección que, curiosamente, es considerada por ambos libérrima, acontecida por un casual, aunque en el caso del polígrafo santanderino sea concedida a esta casualidd nada menos que la causa determinante de un movimiento, él mismo, por ello, enteramente azaroso, mientras que Elias Díaz propenda a negar que lo importante aquí sea algo que depende de intereses subjetivos, por tanto, al fin y al cabo, de cuestiones de libre arbitrio que deben quedar más bien al margen del asunto. Y no debe dejarse, creemos, al azar, a la casualidad, la explicación de una decisión que, en este caso, más que algo casual es algo relacionado con las intenciones, con los fines del propio Sanz del Río, con causas finales en suma, causas que deben ser tenidas en cuenta como parte interna, y no ya

(2) J.L. López Morillas, El krausismo español, F.C.E. México 1956, p. 19. (3) Historia de los heterodoxos españoles, 2" ed. vol. 2, Madrid 1965, p. 1.077a. Menéndez Pelayo en su Historia de las ¡deas Estéticas en España, t. IV, Madrid 1974, tiene palabras de elogio para Schelling al que presenta como «espíritu artístico y poético, opulento y brillantísimo escritor, lleno de luz y penetrado de realidad aún en sus más desenfrenados vuelos idealistas, rico de conocimientos positivos (arqueología, historia, mitología comparada, ciencias naturales, filología clásica)...» (p. 161), aunque lamenta «aquella fantasmagoría teosófica y simbólica que él llamaba/¡tosofía de la naturaleza, y cuya vanidad ha demostrado la ciencia experimental» (p. 173). 42

(4) La filosofía social del krausismo español. Cuadernos para el Diálogo, Madrid 1973, p. 12. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

marginal, al menos en la explicación del inicio de un movimiento que arranca, con fechas precisas, de aquella famosa elección, la cual todavía, ahora, nos sigue pareciendo sorprendente por lo que tiene de inesperada. Pero dejemos por un instante los respetables o execrables intereses propios de la esfera subjetiva del joven profesor y señalemos, antes que nada, por el lado de la esfera histórico-cultural, suprasubjetiva, tradiciones o escuelas que tendrían, según el parecer de algunos, algo más sólido que aportar. Y aquí no puede ser menos que obligada la referencia a Unamuno, quien, al considerar, en general, la influencia de la filosofía alemana en España (5), nos recuerda que de manera similar a como la filosofía de Kant, por su carácter fundamentalmente protestante, tenía que ser extraña, en principio, al pensamiento católico español, así, por el contrario, la fuerte influencia de la filosofía de Krause en la vida espiritual española se debería al pietismo criptocatólico que la impregna, basándose para estimar de este modo al Pietismo en la Geschichte des Pietismus (3 Bde. 1880-1886) del teólogo protestante del siglo pasado Albrecht Ritschl, obra clave en aquel entonces sobre la materia, en la que se mantiene la tesis de que el pietismo no es un movimiento genuinamente protestante sino una infiltración del catolicismo dentro del protestantismo. De esta manera se explicaría, según Unamuno, la enigmática predisposici^ón de una España católica hacia el krausismo. Sin embargo, y más recientemente, han sido hechas serias objecciones a esta interpretación por parte de Ernst Benz, teólogo protestante e historiador acreditado de los místicos alemanes, de su relación con la filosofía de ScheUing y Hegel y con el Romanticismo en general (6), el cual rechaza tanto la tesis de Ritschl como la aplicación que de ella hizo Unamuno, por carecer, en el fondo, de justificación histórica ya que ninguno de los dos tiene en cuenta el hecho de la existencia de «una tradición mística genuina dentro del Protestantismo que ya dispone al joven Lulero a ligarse a la tradición de la mística de un Bernaldo de Claraval, de un Tauler, de un Meister Eckhart, de un Suso, así como a la «Theología Teutsch» del maestro de Frakfurt, que, incluso dentro del sistema protestante ortodoxo mantiene ciertas doctrinas de la teología mística y que en el Pietismo experimenta un profundo renacimiento. Así, el Pietismo de los siglos XVII y XVIII ha profesado una gran consideración por. la importante mística española. Numerosas traducciones al alemán de Santa Teresa, San Juan de la Cruz, Molinos y de otros místicos españoles no han sido hechas por católicos sino por teólogos protestantes y se propagaron como libros edificantes en el ámbito del Pietismo» (7). De lo que se deduce, entonces, que el elemento de afinidad no sería tanto el Pietismo como una tradición mística común que, al alimentar también la filosofía de Krause, encuentra en España un terreno bien predispuesto para su recepción. Elias Díaz, asimismo, recoge en la obra citada (p. 18 ss.) una serie de testimonios de autores españoles, como
(5) Obras Completas, Vil, Madrid 1966, p. 282. (6) Aquí sólo nos interesa su artículo «F.W.J. Schelling und C.Ch.Fr. Krause in Spanien», Zeitschr. f. Reí. und Geistesgesch, 1954, que recogerá en el capítulo «Schelling und das ibero-amerikanische Geistleben» de su libro Schelling. Werden und Wirken seines Denken, Rhein-Verlag, Zürich 1955. En español hay un resumen del tema publicado con el título «Schelling, el krausismo y el mundo hispánico». Finís Tenae, núm. 6, 1951. (7) Schelling. Werden und..., págs. 85-86. EL BASILISCO

Gonzalo Fernández de la Mora, Azorín, Manuel de Rivacoba, Luis Araquistain, Rodolfo Llopis, Adolfo Posada y otros, que han señalado una tesis similar a la sostenida por Benz. Araquistain, por ejemplo, la enuncia de una manera que nos parece canónica: «Esta filosofía, en efecto, es una mística y, en el fondo, un enlace con la mística española del siglo XVI. Esta es una de las explicaciones de que tuviera tanto arraigo en la España del siglo XIX. Se equivoca Menéndez y Pelayo cuando afirma que «pocos saben que en España hemos sido krausistas por casualidad». No hubo tal casualidad. Sanz del Río fue al krausismo, como quien dice, a tiro hecho. Ya era krausista, por lo menos potencial, antes de salir de España (...) Llevaba el krausismo consigo: era krausista avantla lettre» (8). Y Azorín, llevando al extremo esta tesis, de manera que lo que sólo era algo potencial, el misticismo latente, se convierte en elemento activo que llega incluso a anular el valor de cualquier decisión personal para traer de Alemania esta o aquella filosofía, escribe: «¡Qué importa el viaje de don Julián Sanz del Río a Alemania!. La inspiración de Krause fue un excitante. El fondo, la sustancia primaria del movimiento, estaba en España» (9). La explicación, pues, pone ahora en primer plano causas estructurales, suprasubjetivas, frente a las que queda cada vez más difuminada la posibilidad de emitir un juicio sobre el acierto o desacierto del Sanz del Río en la elección de un país u otro, de esta filosofía o aquella, ya que el mismo viaje podría sustituirse por otro que proporcionase un catalizador semejante sin que se alterasen los resultados. Es algo similar, algo que se mueve en la misma dirección, pero con otro sentido, la explicación que, de lo mismo, da Eloy Terrón, aunque apele a estructuras más bien sociológicas que histórico-culturales, las cuales, de nuevo, determinarían causalmente el «azar» de una elección que, propiamente hablando, ya no sería tal: «Es necesario convencerse de que el krausismo español era la única filosofía posible, dadas las condiciones político-sociales determinantes y dominantes en la época en que fue importado, difundido y arraigado en España; que su aparición estaba determinada por los cambios ocurridos en la estructura de la sociedad española desde el reinado de Carlos III, acentuados por la gran conmoción de la Guerra Civil (de 1834 a 1840)»; y, sin poder resistirse a la tentación reduccionista que, nos parece, subyace a su tesis, enuncia el impecable condicional: «Si en aquel tiempo la difusión y circulación de las ideas hubiese sido menos rápida y accesible, y si no hubiera tenido lugar la emigración liberal de 1823-1834, es seguro que los intelectuales de nuestro país habrían producido una ideología muy semejante al krausismo —me refiero y me referiré siempre, no a las teorías contenidas en los libros de Krause, o a lo explicado por él, sino a las ideas que con esa denominación han sido difundidas en España—, siempre que hubiesen permanecido invariables las demás circunstancias» (10). No podemos negar que con este tipo de explicaciones se enmarcan algunos problemas que el krausismo español plantea como movimiento socio-cultural que escapa en su desarrollo a las intenciones o deseos de su fundador, pero,
(8) El pensamiento español contemporáneo, Lxjsada, Buenos Aires 1962, p.27. (9) Apud. Fierre Jobit, Les educateurs de l'Espagne contemporaine I: Les Krausistes, E. de Broccard, París 1936, p. 264. (10) Sociedad e ideología en los orígenes de España contemporánea. Península, Barcelona 1969, págs. 6-7. 43

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

con todo ello, seguimos creyendo que se elude el problema de la elección, el cual necesita para ser dilucidado de unas coordenadas más precisas, si se quiere que dicha pertinaz preferencia de Sanz del Río por Krause no se reduzca a resultado de una especie de acto reflejo o, ya en el otro extremo, a la más pura arbitrariedad. El marco que nos parece, por ello, idóneo para resolver esta cuestión, importante aunque sólo sea porque sirve para atenuar o agravar la responsabilidad del autor de aquella decisión tan cargada de consecuencias ulteriores, sería, entonces, el dibujado por la situación de la filosofía alemana al comienzo de la década de los 40 del pasado siglo, sobre todo desde el otoño de 1843, en que Sanz del Río entró en contacto directo con la vida universitaria de Heidelberg, hasta fines de 1844 en que regresa a Madrid, pues hasta aquellas fechas su conocimiento de la filosofía alemana había sido «inconexo e indirecto» (11). Después de la muerte de Hegel, en 1831, su filosofía había entrado en decadencia en Alemania, siendo presa de fueres ataques, incluso dentro de las propias filas de los hegelianos, profundamente divididos en derecha e izquierda, y había sido sometida por el viejo y destronado Schelling a
(11) López Morillas, op. cit.p. 21; Elias Días, op. cit., p. 21. 44

una crítica sistemática a raíz de su llamada a Berlín en 1841 por el Rey de Prusia, Federico Guillermo IV, dentro de las necesidades de la Restauración política, para que aplastase la semilla del dragón del panteísmo hegeliano, pero a requerimiento también de algunos prestigiosos profesores como los hermanos Humboldt y Savigny e incluso algún hegeliano que veía la necesidad de llenar el hueco dejado por Hegel con un digno sucesor. Un Schelling que levantará una expectación mundana y académica inusual, contando entre sus oyentes a figuras consagradas y jóvenes cargados de futuro tan dispares como Savigny, Trendelenburg, Strauss, Michelet, Ranke, los Humboldt, Kierkegaard, Bakunin, Engels, Lasalle, Burckhardt, etc. En razón de esta situación no es extraño que Sanz de Río se haya desengañado de la filosofía hegeliana en una visita que realizó en 1843 a Victor Cousin en París, antiguo partidario fervoroso de Hegel que devendrá en anti-hegeliano siguiendo, muy principalmente, el influjo de Schelling (12). En este sentido señala muy oportunamente Elias Díaz que «no se ha insistido, creemos de modo suficiente, en esa «frustración hegeliana» de Cousin y su posible influencia —(a pesar de la mala impresión causada por éste, o quizás decepcionado precisamente por esta actitud), influencia de signo negativo, es decir anti-Hegel— sobre un Sanz del Río, predispuesto ya inequívocamente hacia la filosofía idealista alemana» (13). Parece comprensible, pues, considerar que Hegel no era ya la última palabra en filosofía. Pero entonces surge la pregunta: ¿por qué no traer la filosofía postrera (Spátphilosophie) de Schelling, el cual desde 1841 hasta 1846 lee en Berlín, ante un auditorio selecto, sus cursos de filosofía de la religión, que entrañan la propuesta de una nueva ontología, resultante, precisamente, de la crítica del Idealismo objetivo de Hegel, del suyo propio de juventud?; un Schelling, además, del que Krause había sido discípulo en Jena hasta 1805, y del que más tarde intentará distanciarse rebajando, con insolencia, al que hasta entonces fuera su maestro y colega a mero predecesor de su pensamiento, a primer peldaño para ascender al Olimpo de su propia filosofía (14). Quizás sirva hasta cierto punto de atenuante, al considerar más de cerca la discutida elección, subrayar aquí que Schelling no había publicado ninguna obra importante, desde su escrito contra Jacobi de 1812 y del opúsculo de 1815 sobre las divinidades de Samotracia, a excepción del prólogo de 1834 a una traducción al alemán de una obra de Victor Gousin, escrito en el que se manifiesta un giro profundo en su filosofía (15), y otro prólogo de 1845 a las obras postumas de H. Steffens, científico natural seguidor de su Naturphilosophie que enseñó en los años 30 en la Universidad de Berlín y que tuvo al joven Marx como alumno suyo. La filosofía última tendrá que esperar a 1856, dos años depués de su muerte, en que se editan las obras completas.

(12) Aunque, eclécticamente, se reserva el derecho de aprovecharse de Schelling y de Hegel, sin tener que jurar por uno o por otro, como muestra la carta que escribe a Schelling con fecha del 30 de Octubre de 1829: «Vous vous étes aimés, puis vous étes refroidis, maintenant vous voilá brouillés et presque ennemis... Seulement il me semble que vous vous ressemblez en beaucoup de points, et quand je vous vois vous battre, je vous dirais volontiers: mes chers amis, vous tirez contre vous-mémes. Je n'apergois encoré que vos ressemblances», carta publicada por J. Barthélémy-Saint-Hilaire en Victor Cousin, t. III, París 1895. (13) Op. cit., p. 21. (14) E. Benz, op. c/í., págs. 80-81. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Pero el atenuante puede también ser signo desvelador del tenor de los auténticos intereses de quien quiere importar, ante todo, una filosofía ya hecha y publicada, como si de una mercancía acabada se tratase, que no exigiese la asistencia a unos cursos o el peligroso recurso a las versiones de oídas. Pues la Spatphilosophie de Schelling no es una dogmática doctrinal, ni un «cajón de sastre», necesario, sin duda, para inventar una moda filosófica o establecer un recetario de mandamientos; no es, usando la metáfora de un estudioso de la obra schellinguiana, «une mosaique, mais une sédimentation, ou mieux un palimpsesto» (16). Se patentiza así en el futuro solitario de Illescas, por ello, una firme intención, propagandística en el fondo, de importar un sistema cerrado que se pudiese utilizar confortablemente en una especie de enseñanza universitaria acelerada para remediar urgentemente la penuria filosófica reinante en España, lo que generará sin embargo, y por desgracia, una tendencia que trata tenazmente de aferrarse a un cuerpo de doctrina susceptible de ser eneñado de una manera imperativa, más fascinante que convincente, oblicua por ello, creemos, al sentido genuino de la investigación filosófica, el cual debería predominar, al menos, en la Universidad, si ésta quiere ser continuadora de la antigua Academia platónica. La elección, por tanto, teniendo en cuenta el interés del joven profesor por lo novísimo y sus inclinaciones de raíz mística, debería haberse hecho, no podría caber duda, entre Krause y el viejo Schelling, entre el discípulo popularizador y el problemático maestro, los cuales respondían, por entonces, a estas características mejor que otros gigantes germanos. En este marco la encuadra también Manuel de Rivacoba cuando pone como causa de ella «el misticismo y la religiosidad todavía acendradísimos en aquel tiempo entre el pueblo español, bien que ambos fueran muy diferentes de los que Sanz del Río importaba, pero que al rigor dialéctico de Hegel habían de preferir el carácter místico y religioso unitivo, «el elemento irracional y teosófico» que diría Vorlander de la filosofía de Schelling y Krause, dos temperamentos gemelos, aunque el segundo, por su menor flexibilidad de espíritu y por la oscuridad con que se expresa no alcanzará a remontarse a las cimas a.que se elevó el primero» (17). Puestas las cosas así van quedando más claras, por un lado, el desacierto de su elección desde un punto de vista estrictamente filosófico y, como contrapartida, su éxito indis(15) Victor Cousin había publicado en 1826 Fragments philosophiques, que reedita ampliados en 1833 con un artículo en el que trata de la filosofía alemana. Schelling escribió una recensión de este artículo en los Bayerischen Annalen (n" 135) del mismo año, exhortó a su discípulo H. Beckers a traducir el escrito de Cousin y convirtió su recensión en un prólogo de 28 páginas que editó Cotta (ver Schelling und Cotta. Briefwechsel ¡803-1849, Stuttgart 1965, p. 190 y nota de p. 336). Este escrito causó gran sensación porque sugería oscuramente, en un estilo oracular, el abandono de su filosofía anterior y su enfrentamiento con Hegel confirmando las noticias que desde 1927 llegaban de los cursos de Munich, aunque también contribuyendo a nuevos malentendidos, con lo que se podría decir que nadie, por aquel entonces, conocía con plena certeza la nueva filosofía de Schelling. (16) Xavier Tilliette, Schelling. Une philosophie en devenir, t. II, París 1970, p. 21. (17) Krausismo y Derecho, ed. Castellvi, Argentina 1963, págs. 20-21, apud E. Díazop. cit., p. 19 n. 8, donde se señala la influencia en estos juicios de Rivacoba de la difundida carta de Hosaeus, profesor de filosofía en Dessau, a Juan Manuel Ortí y Lara en la que se pone en cuestión la autoridad filosófica de Krause en Alemania y se le reduce a un infiel popularizador del sistema de Schelling. EL BASILISCO

cutible desde una perspectiva ideológica tendente a la popularización de una suerte de «metafísica enigmática» (18) que, a su vez, procedía de una filosofía a la que desvirtúa notablemente. Y la medida de esta adulteración, si bien en los años 40 del siglo pasado, entre otras cosas por la inexistencia de la edición de gran parte de las obras de Schelling, era difícil de calibrar, aunque no imposible (19), actualmente, sin embargo, sí estamos en condiciones de establecerla al p"oder conocer con precisión aquello que Sanz del Río debía, a nuestro parecer, traernos de Alemania y no nos trajo.

La opción entre una filosofía o una metafísica enigmática
Es curioso constatar que, como afirma el antes citado Ernst Benz (20), Schelling no fue conocido en España, al principio, por sus propias obras, pues durante su larga vida no se tradujo ningún libro suyo al castellano, siendo su filosofía recibida sólo más tarde a través de Krause y, ya en nuestro siglo, por la vía del existencialismo latinoamericano. No obstante sí se dio en él la relación inversa, pues, junto con el círculo romántico de Jena, fue un admirador del Siglo de Oro español, de Cervantes, de Calderón, pero también de Félix de Azara en quien encomia sus agudas observaciones etnológicas de los indios sudamericanos. Pero,

(18) López Morillas op. cit., p. 31. (19) Circularon, no obstante, muchos cuadernos de apuntes (KoUeghefte) tomados de los cursos de Schelling, como el de Frauenstádt, el de Kierkegaard o el de Paulus; contra este último Schelling inició y perdió un sonado proceso judicialpor publicarlos sin su permiso; aunque Schelling descalificó el contenido de dichos cuadernos, la crítica más reciente tiene al de Paulus, al menos, poruña versión bastante fiel de la filosofía de Schelling: «... la fameuse copie de Paulus... a toutes chances d'étre fidéle, en dépit des dénegations de Schelling», X. Tilliette, op. cit. t, II, pág. 19. (20) Op.cit.,p.Sl. 45

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

y aunque pueda parecer paradójico, Krause no tenía ninguna relación personal con la cultura española, si, de nuevo, creemos a Benz cuando afirma que «si alguien se tomara el trabajo de hacer un índice de los lugares y nombres propios de sus obras completas, apenas podría constatar en ellas algún nombre del ámbito cultural español» (21). De momento, sin embargo, sólo nos interesan las relaciones entre los dos personajes principales, los cuales vivieron afectados mutuamente por conflictos no sólo filosóficos sin8 también de enemistad personal, siendo, por lo demás, esta última decisiva según López Morillas: «la animosidad de Krause hacia sus colegas (Fichte, Hegel y Schelling) tenía mucho más de personal que de doctrinal» (22); aunque también es cierto que no le faltaban motivos, como se puede presumir por las palabras de Tilliette: «K. Chr. Fr. Krause... éléveet jeune coUégue de Schelling á lena, pére de famille nómbrense, franc-ma^on et exclu de la loge, mesmérien, saintsimonien, toujours desargenté et prolixe, a été une des victimes de l'hostilité de Schelling, en ce sens que, venu á Munich en 1831 dans l'espoir d'y obtenir enfin une chaire officielle, il s'est vu, malade et persécuté, refuser l'accés á rUniversité, sur l'intervention de Schelling prétextant que le corps professoral formait un tout et qu'il n'avait pas besoin de nouveaux éléments» (23). No obstante ello, estos dos personajes han sido las más de las veces objeto de preferencia o de rechazo sobre todo por sus relaciones con la religión. Así llegó a circular en España una versión que contraponía a un Schelling filósofo protestante y, en definitiva, cristiano a un Krause masón, hereje panteísta y Hbrepensador, por tanto, crítico de la Iglesia; versión avivada por el sonado funeral secularizado que el mismo Sanz del Río dispuso en su testamento dando al krausismo un sesgo de movimiento antirreligioso, cuando en reaHdad esto no era más que una falsa traducción que hizo, según su leal saber y entender, el importador de Krause en España. No se puede negar que Krause fue masón (24), pero hay que tener en cuenta que, como señala Benz (25), la masonería alemana era muy peculiar debido a que las corrientes místicas del Pietismo tuvieron allí un desarrollo que en España sería inconcebible, ya que dichas corrientes fueron a dar a los círculos de esta franc-masonería alemana que se distinguía entonces, junto con la rusa y a diferencia de la francesa e inglesa, por su carácter reformisma cristiano el cual se manifiesta, por ejemplo, en la literatura teosófica y masónica de los Rosacruces, producida por el teólogo suabo Johann Valetín Andreae y fundada en las ideas místicas de Paracelso y Jacob Bóhme e influida sólo más tarde por Swedenborg. Estos círculos teosófico-masónes alemanes, sobre todo prusianos, no eran anticristianos, sino que sólo se oponían a la teología puramente racionalista que predominaba en la Iglesia oficial alemana. Por ello, y llevando la situación al límite paradójico, concluye Benz: «la situación en Alemania era ésta: los masones eran más ortodoxos que los representantes de la teología eclesiástica que eran partidarios del racionalismo liberal, una situación que es impensable para
(21) Ibid. p. 82. (22) López Morillas, op. cit. p. 30. (23) Op. a7.,t. I I , p . 351. (24) Información detallada de ello en Clay Mac Cauley, K. Ch.F. Krause: Heric Pioneer for Thought and Life, Berkeley 1925, págs. 9-10 y 19-21. (25) Op. cit p. 86. 46 ^

España: en España nunca hubo masones que fuesen más ortodoxos que teólogos eclesiásticos» (26). Y uno de estos teólogos racionalistas liberales fue precisamente H.E.G. Paulus, profesor en Heidelberg y principal enemigo del viejo Schelling al que logró humillar y amargar sus últimos años con el beneplácito de los poderes políticos y religiosos, los cuales estaban entonces desengañados y asustados por el inquietante giro que iba tomando, curiosamente, la filosofía de la religión de quien se revelaba, en el transcurso de sus lecciones, defensor de una filosofía tan «maligna» al menos como la semilla del panteísmo que se le había encomendado extirpar. Desde luego que eso no era nada nuevo pues fueron numerosos los ataques que el joven Schelling recibió por declararse partidario de un panteísmo spinozista; y fue precisamene Krause quien volvió la espalda a su maestro Schelling por ser éste panteísta (27), acuñando un vocablo de origen teosófico tan extravagante como panenteísmo, doctrina de todo en Dios que intenta, eclécticamente, superar la oposición histórica entre panteísmo y deísmo resumiéndose en la sentencia: «el mundo no está fuera de Dios..., ni tampoco es Dios mismo, sino que es en Dios y mediante Dios» (28). Pero al margen de que el «panteísmo» de Spinoza sea también muy peculiar, hasta el punto de encerrar en realidad un materialismo crítico (29), el propio Schelling llega a profundizar sus posiciones primeras a raíz de una famosa polémica con Jacobi y Eschenmayer sobre el Dios de los filósofos y el Dios de la religión, para, después de atravesar una fase de fuerte influencia de la teosofía mística de Bóhme, Baader, San Martín, etc., llegar a fundamentar una filosofía de la religión que diese cuenta, desde un punto de vista filosófico y no dogmático o religioso, de la existencia real de las personalidades divinas o núcleos de la experiencia religiosa. Precisamente es la fase de su filosofía que se inicia con las Philosphische Untersuchungen über das Wesen der menschlichen Freiheit de 1809 y el diálogo Clara de 1810 en el que influye una crisis' personal típicamente romántica provocada por la muerte de su primera esposa, Caroline, la que fuera mujer de Augusto Schlegel y diva del círculo romántico de Jena, sucediendo un período intermedio confuso y vacilante marcado por el proyecto inacabado de Die Weltalter, que constitu(26) Ibid. p. 87. (27) López Morillas, op. cit. p. 30. (28) Rudolf Eucken, Zur Erínnerung an K.Ch.F. Krause, Leipzig 1881, págs. 19y ss. (29) Vidal Peña, El materialismo de Spinoza, Madrid 1974. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

ye la cantera de donde irá arrancando y tallando trabajosamente los sillares del sistema que presentaría solemnemente al público de Berlín en 1841 a modo de culminación de toda su filosofía. Es en esta Spatphilosophie, que los intérpretes de Schelling han tardado décadas en estimar suficientemente, donde aparecen muchos de los temas considerados krausistas y que, sin embargo, eran temas comunes a lo que Kurt Léese denominó Spatidealismus (30) en el que incluía a Weisse, I.H. Fichte, etc., temas que ScheUing exponía en los cursos de Stuttgart (1810), de Erlangen (1821) o de Munich (1827), aunque también hubiese fuentes comunes como el influjo fascinante que ejerció, según Benz, por ejemplo, la mística de Swedenborg en la Idea de Humanidad de Krause y Schelling (31). Uno de estos temas típicamente comunes es el de la distinción entre filosofía racional o negativa y filosofía positiva, a las que corresponden respectivamente un método denominado empirismo regresivo y otro empirismo progresivo, que Schelling expone ya en los tiempos de Erlangen en una carta a Victor Cousin con fecha de 16 de Abril de 1826 y sobre la que el conocido historiador de la filosofía J. E. Erdmann, en una recensión del volumen postumo de Schelling que trata de la filosofía racional (32), dice que tiene equivalentes en el Spatidealismus y en Krause (33) en lo que respecta al doble proceder de una inducción analítica hacia el Absoluto y de una deducción sintética a partir de él, que cubren respectivamente la vía. no-teológica (Ontología) y la vía teológica (f de la religión); Erdmann alaba asimismo a Schelling por la oposición que manifiesta a cortejar la religión (34), aunque lo malinterprete al considerar estos dos contextos filosóficos, negativo y positivo, yuxtapuestos uno a otro, tal como le reprocha Tilliette (35) para quien la ventaja de Schelling sobre sus contemporáneos «auteurs de tentatives similaires, comme Fr. Schlegel et Krause, est l'élaboration beaucoup plus convaigante et profonde de la philosophie de l'expérience historico-religieuse. Le paralléle avec Krause, frappant au premier abord —le systéme pannethiste krausien est aussi en partie double—n'apporte qu'un maigre butin et, sauf peut-étre les deux voies subjective-analytique et objetive-synthétique qui rappellent l'empirisme régressif et progressif, les ressemblances sont superficielles. Mais la forcé de Schelling est moins dans l'originalité des questions qu'il souléve que dans la vigueur avec laquelle il les traite» (36). Otro de los temas en cuestión puede ser el de la crítica que hace Krause al Idealismo porque sustituye el «yo real» por el «yo pensante», conectando

así con el nervio de la crítica marxista a Hegel (37); pero es necesario recordar, en este punto, que un motivo constante también de la Spatphilosophie de Schelling es su crítica a la filosofía hegeliana, crítica que propugna la necesidad de su inversión para fundamentar una filosofía «realista», positiva, que no sea ni una vuelta al realismo clásico ni al empirismo, sino una posición original que condensada en la fórmula «Denn nicht weil es ein Deken gibt, gibt es ein Seyn, sondern weil ein Seyn ist, gibt es ein Denken» (38) preludia posiciones del materialismo marxista (39). Tampoco la tan traída y llevada, en aquel tiempo, «vuelta a Kant» era una propuesta exclusiva de Krause, pues resuena frecuentemente en la reivindicación schellingiana del primado de lo nouménico, traducido en su juventud por una Naturaleza infinita y en su vejez por un Absoluto que actúa como un telón de fondo irreductible al Mundo, entrañando un acosmismo que le enfrenta irremediablemente al «mundano» Hegel, al precio incluso de ver enfriarse aquella cálida amistad juvenil y de soportar renovadas acusaciones de irracionalismo, amargas, sin duda, para quien solo desearía señalar, crítica y eficazmente, las limitaciones internas de la racionalidad ante una realidad absoluta y positiva que la desborda y sostiene. Krause habla también, por supuesto, de la consecución de un realismo unitario superior, pero presidido en todo caso por la Idea de armonía, con lo que se desfigura así la posición dialéctica de Schelling, posición que le impide propugnar, entre otras cosas , como hace Krause, el logro de la armonía final entre los hombres, aunque esto le lleve, con desagradables consecuencias para quien de joven representó de modo inigualable las esperanzas progresistas de su tiempo, a rechazar el igualitarismo filantrópico que enarbolaba entonces la bandera del Humanismo, en un siglo cuyo símbolo sagrado ascendente era Prometo, más el ladrón del fuego divino que el titán encadenado, patrón de una nueva mística del hombre total, del Homo Maximus de Swedenborg, aderezada con los respectivos mandamientos que escriben sus profetas (40). La diferencia es, aquí, de raíz pues el rechazo de la «excesiva sensibilidad» por los dolores humanos y del pacifismo han llevado a Hegel y a Schelling, ya entre 1802 y 1804, como sostiene Claudio Cesa, a no poder soportar la palabra Humanitát: «per il primo essa esprime ció che é insulso e triviale (S.W.I., 186) mentre il secondo, in una lettera a Hólderlin del 12-VIII-1799, lo metteva in guardia dall'usare quel termine "che Herder aveva tanto screditato"» (41). Y es aquí donde se percibe el desarrollo desigual de

(30) Philosophie uiid Theologie im Spatidealismus, Berlín 1929. Ver tam- aquella influencia teosófica de la Idea de Hombre de Swebién H. Fuhrmans, Schellings lezie Philosophie, Berlín 1940, pág. 67 y ss. denborg en Schelling y Krause que transitará por direccio(31) «Im Hinblick auf Schelling und Krause ist hicr Icgiglich zu ervahnen, dass oben jene Idee der Menschheit, wie wirsie bei Krause entwickelt fanden, den Ausganspunkt seinesphilosophischen Systemsbildet»,op. cit. p. 92. (32) Über Schelling, namentlich seine negative Philosophie, Halle 1975.

nes completamente distintas, tal como reconoce el propio
(37) Elias Díaz, op. cit. p. 40. (38) SchellingsWerIce, VIE 161 n., München 1954.

(39) Ver Manfred Frank, Der unendliche Mangel an Sein. Schellings He(33) La obra fundamental de Krause sobre el sistema armónico son las gelskritik und die Anfánge der Marxschen Dialektik, Suhrkanp Verlag, Vorlesungen über die Grundwahrheiten der Wissenschafl, Gottinga 1829, Frankfurt am Main 1975. Sistema en el que se eiimarca esta distinción. (40) El Tageblatt des Menschheitlebens, que edita Krause en 1811 en Drcs(34) Op.cit. p. 58. de, inspirador a su vez de los más conocidos entre nosotros, Mandamientos de la Humanidad de Sanz del Río, a los que Menéndez Pelayo llama «ridicula parodia de la Ley de Dios» {Heterodoxos, VI, p. 390). (35) Op.dl. t. II, p. 68. (36) Ibid. págs. 351-352. EL BASILISCO (41) La filosofía política di Schelling, ed. Laterza, Bari 1969, p. 215 n. 99. 47

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Ernst Benz (42). Krause se centrará entonces sobre la línea, marcada por los teósofos que se estudiaban precisamente en los círculos de la masonería; de ahí que no nos resulten tan extrañas las caracterizaciones del krausismo como la que hace López Morillas: «en lo que realmente se singulariza el krausismo frente a otros sistemas filosóficos que no consideran a la filosofía como simple ancilla theologiae es en el profundo sentido religioso que transpiran sus doctrinas, su metafísica tanto como su ética, su estética tanto como su filosofía de la historia» (43). Pero Schelling, en paradójico contraste con Krause, no desdeña en absoluto como tarea propia del filósofo, dar cuenta del contenido de verdad de doctrinas fundamentales de la ortodoxia cristiana como pueden ser el dogma de la Trinidad o el de la Encarnación (44). Si a esto se une su pretensión de superar tanto el racionalismo ateo, el que bebe en fuentes iluministas y contempla como única y verdadera religión la que adora a la diosa Razón, el que desprecia las religiones histórico-positivas como productos de la superstición, así como el racionalismo psicológicos que entiende la religión como un sueño de la razón o una secreción de la conciencia alucinada, entonces, y de manera inevitable, mucho nos tememos que el fantasma del reaccionarismo empieze a flotar en el ambiente. Pero se malinterpreta a Schelling si se le quiere reducir a filósofo cristiano por el mero hecho de que reconozca las religiones histórico-positivas como las únicas que merecen llamarse religiones y comprenda, por tanto, la necesidad de desvelar su verdad, su razón de ser, pues parece admitido que su filosofía positiva es ante iodo filosofía de la religión y sólo subsidiariamente cabría entenderla como Weltañschauung religiosa (45). Además el propio Schelling hizo público en Berlín, en 1843, que estaba fuera de sus intenciones fundar una filosofía cristiana, pues quien filosofa reconoce ya con ello no tener bastante con la fé (46). Es cierto que escribe una filosofía del Cristianismo o, como la suele caracterizar, de la religión Revelada, pero al mismo tiempo hace una filosofía de las religiones Mitológicas y, aún más, anuncia la aparición de una nueva religión que presuponiendo a las anteriores las supera: es la religión Filosófica, la religión del futuro, una religión cuyos «dogmas» deben contener las verdades de las religiones anteriores, pero fundamentadas filosóficamente. La filosofía de la religión de Schelling es,
(42) «Es genügt hier die Feststellung, dass in der Tat die gemei same Berührung Krauses und Schellings in Swedenborgs Theosophie die gelieime Grundlage ihrer geistigen Gemeinschaft ist. Allerdings hat sich das geistige Geschick von Meister und Schüler in ganz verschiedene Richtungen entwickelt», op. cit. p. 95. (43) Op. cit. p. 17. (44) «Bei Schelling ist im Alter eine immer deutlichere Hinwendung zu den fundamentalen Inhahen der christlichen Glaubenslehre festzustellen. Diese ha sich allerdings nie in der Form voUzogen, dass sich Schelling von sich aus der dogmatischen Kirchenlehre blind unterworfen hatte, vielmehr betrachtete er es gerade ais seine Aufgabe ais Philosoph, die Inhalte der christlichen Glaubenslehre, durch seinespekulative «Philosophie der Offenbarung» zu begründen», Ernst Benz, op. cit. p. 95. (45) X. Tilliette, op. di. t. II, p. 351. (46) Según el testimonio del periodista Ferdinand Gustav Kühne a quien manifestó sobre el papel que jugaba el Cristianismo en su filosofía que: «Es liege ausser seiner Zwecken, eine christliche Philosophie zu gründen. Denn wer philosophiere, gestehe schon damit ein, am Glauben nicht genug zu haben», Schelling im spíegel seiner Zeiígenossen, (X. Tilliette, Hrsg.), Torino 1974, núm 528.

ante todo, por su método característico y por sus presupuestos ontológicos, verdadera filosofía y ya no teosofía o teología; pero, además, por sus contenidos positivos se acerca mucho a la que consideramos una filosofía verdadera, a una filosofía materialista de la religión tal como solo en pleno siglo XX comienza ya a esbozarse con el firme apoyo de disciplinas tan recientes como la Etnología o la Historia de las Religiones Comparadas, en cuyo desarrollo ha tenido también algo que ver (47). Pues el concepto de Dios en la filosofía postuma de Schelling no coincide precisamente con el Dios cristiano de la religión oficial (48), llegando incluso a hacer referencia a un animal prodigioso, tal como lo imaginaba el joven Jacob Burckhardt, oyente de Schelling en Berlín, al describirlo como un monstruoso dios asiático de doce patas (49) o como lo entendía Jacob Salat, pérfido enemigo de Schelling, del que dice que deduce a Dios del reino animal y lo expone como el animal supremo y absoluto (50), opiniones que, en su tiempo, sirvieron para descalificar al viejo filósofo por fantasmagórico y quimérico, pero que para quien no desconoce la existencia de cualidades numinosas en ciertos animales, cuyo conocimiento se remonta incluso a tradiciones anteriores al Cristianismo, que ScheIHng conocía, y que en los últimos tiempos ha reforzado científicamente la Etología, tales afirmaciones ya no deberían sonar tan extravagantes. No podemos, sin embargo, extendernos más sobre esto, pues trastocaríamos la estructura de este escrito al centrarnos en una parte que sólo nos afecta ahora oblicuamente. Por ello terminaremos glosando a Ernst Benz, quien considera a Schelling como el miembro del Idealismo alemán que más ha contribuido al desarrollo de una filosofía de la religión de cuño cristiano, tanto en autores católicos como Joseph von Goerres y Franz von Baader o protestantes como Schleiermacher, Justinus Kerner, Julius Stahl (51), con el deseo de que en lo sucesivo, por el contrario, tenga Schelling algo más atrayente que decir a los que persigan una filosofía de la religión materialista, un Schelling al que, todavía hoy, hacen especialmente interesante dos circunstancias: de un lado su pertenencia a la filosofía clásica alemana y de otro el ser a la vez Un crítico consciente de su «idealistischen Denkformen» (52).

(47) En la obra de Ch.M. Schróder, Das VerháUnis von Heidentum und Christentum in Schellings Philosophie der Mythologie und Offenbarung, München 1936, en el cap- IV se ponen en conexión tesis de Schelling sobre la religión con investigaciones contemporáneas de Mitología e Historia de las Religiones Comparadas como las del Padre Schmidt, (p. 68 ss.), Max Müller o Rudolf Otto (p. 82). (48) «Sein Gottes-Begriff etwa, den er auch hier in der Vorlesungen anbot, hatte mit dem christlichen Gott der ofiziellen Religión nur noch sehr wenig Áhnlichkeit», Steffen Dietzsch, F.WJ. Schelling, Kóln 1978, p. 105; libro que, aún dentro de la interpretación tópica en la R.D.A. del Idealismo alemán como reflejo ideológico de la burguesía derrotada en Westfalia, contiene valiosas observaciones con respecto a la religión. (49) En una carta a Gottfried Kinkel, con fecha de Junio de 1842, donde literalmente dice: «...ein Ungetüm von asiatischen Gott auf zwólf Beinen...», apud Helmut Polcher, «Schelling Auftreten in Berlin (1841) nach Hórerberichten», Zeitschrift für Religions-und Geistesgeschichte, VI, 1954, Heft 3, p. 208. (50) Schelling in München, II, Heidelberg 1845, p . 27. (51) Op. cit. p. 93. (52) Steffen Dietzsch, op. cit. p. 113. EL BASILISCO

48

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

ARTÍCULOS

U HIPÓTESIS DEL REALISMO Y LAS DESIGUALDADES DE BELL
MIGUEL PERRERO
Oviedo misma masa, el mismo momento de inercia, etc. supone que Vj = —Vj (ver fig. 3). upongamos un sistema formado por una gran cantidad de parejas de ruedas rígidas, iguales, de la misma masa, que giran sin trasladarse una en sentido contrario respecto de la otra con la misma velocidad angular (O (ver fig. 1) y que están contenidas en una caja provista de sendos agujeros laterales —de tamaño muy superior al de las ruedas— según muestra la figura 2. esto

fig.

3

fig.

1

fig.

2

En estas condiciones es evidente que el momento angular total de cada pareja asociada es: JC = L^ -ft^ = O ya que Lj = —LjAdemás, cada uno de estos sistemas compuestos está provisto de un mecanismo explosivo que en determinados instantes escinde al sistema en sus dos componentes (1 y 2). A partir de ese momento, las dos ruedas, que inicialmente formaban cada uno de los sistemas individuales, se separan y comienzan a moverse en sentidos contrarios con la misma velocidad. En efecto, como p^, = O, la conservación del momento lineal nos dice que p[ + p2 = O lo cual implica que p^ = —p¡ y como las dos ruedas son iguales 7—tienen la EL BASILISCO

Cada subsistema se aleja entonces del centro de la caja y aquellos que alcancen las aberturas laterales saldrán al exterior. Allí, en el exterior de la caja, hay montado otro dispositivo que consta de dos aparatos de medida situados uno en la región A del espacio y el otro en la B, lo suficientemente alejados (en principio tanto como queramos). En cada una de estas zonas hay un observador encargado de determinar —mediante el mecanismo adecuado— los valores, por ejemplo, de los momentos angulares de todas y cada una de las ruedas que alcancen su lugar de observación (ver fig. 4).
Aparato de medida 1 1 1 subatstema 1 Zona A del espacio ,. oaja fiff. 4 oub-sistema 2 Aparato da medida 2 11 2ona B del espaolo

Cada observador realiza sus medidas y después —dado que ignoran la existencia de la caja y de todo el montaje «oculto» para ellos— se reúnen para contrastar los resultados obtenidos. Sin duda, no tardarán mucho tiempo en percibir la existencia de una fuerte correlación negativa entre los valores hallados. Así, notarán que cuando el observador 49

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

1 situado en el aparato 1 encontró el valor —digamos para simplificar 1-1, el observador 2 en el aparato 2 midió —1. Y recíprocamente, cuando el 1 obtuvo el resultado —1, el 2 obtuvo el +1. Y esto siempre. Partiendo de la constatación evidente de la correlación negativa observada —el único dato que poseen de hecho— es fácil que saquen la siguiente conclusión: en el pasado debió haber una interacción entre las ruedas que alcanzan ahora simultáneamente cada aparato de medición. Las dos formaban, sin duda, un sistema de momento angular total nulo, que se escindió a continuación dejando «impreso»—^y completamente determinado— el valor del momento que más tarde se va a obtener. No hay pues ningún misterio para ellos en esas correlaciones. Y por lo tanto ya no será preciso, en lo sucesivo, volver a contrastar los resultados, ni poner dos observadores: la aplicación del principio de inducción les dice que cuando el aparato 1 obtenga el valor -I-1, el 2 obtendrá - 1 , aunque las medidas estén separadas por un intervalo de tipo espacial. El conocimiento de lo que ocurre en 1 les basta para saber lo que sucede en 2. Y ello con certeza absoluta. Sin embargo, y a pesar de la claridad —o precisamente por ella— con la que han expHcado las correlaciones, los observadores no quedan del todo satisfechos. Porque saben muy bien que para poder proporcionar semejante descripción del fenómeno han tenido que admitir de manera implícita algunas hipótesis. Por ejemplo, que cada rueda tiene determinadas «propiedades intrínsecas» que se presentan a nuestros instrumentos como son, o que la influencia externa sobre un subsistema no tiene influencia sobre el otro espacialmente separado (separabilidad). Les incomoda admitir sin más esas hipótesis y son conscientes de la dificultad que encierra hablar de «propiedades intrínsecas» sin especificar el montaje total dispuesto para determinarlas. ¿Qué es, piensan, un electrón con independencia de tubos de descarga, cámaras de niebla, aceleradores, aparatos de StemGerlach, etc... ? ¿Debemos creer, como se apunta en la exphcación de las correlaciones, que la propia física como ciencia con sus aparatos, organización, etc., no influye, ni actúa para nada, sobre el objeto y sobre lo que éste manifiesta? ¿No resulta ya ingenuo pensar que el objeto se presenta a la ciencia como lo que es y que aquélla es algo meramente pasivo, inoperante, sin estructura? Además, incluso se podría suponer que la «realidad» fuese independiente de la ciencia y sus preparaciones pero, aún en este caso, la descripción de esa realidad ¿no dependería de dicha ciencia? Esto genera en los observadores la incómoda impresión de que caben otras explicaciones posibles y de que han optado por la solución más fácil, más intuitiva: aquella que evita precisamente los problemas. En efecto, no es difícil esbozar una descripción del fenómeno de correlación que prescinda de las hipótesis implícitas antes señaladas, y que ahora se recubrirán, en general, con la letra R (realista). Dicha descripción sería: cuando se efectúa la medida sobre el sistema 1 en la región A y se obtiene el valor, digamos, -1-1, «instantáneamente», éste «le hace saber» al 2 el resultado para que «no se equivoque nunca» y tome, en consecuencia, el valor —1. De esta forma se puede dar cuenta de la correlación negativa encontrada sin necesidad de la hipótesis R, sin necesidad de atribuir «un valor» a una magnitud con independencia del montaje experimental capaz de determinar el valor de esa magnitud. Para ello el sistema a considerar aquí tendría que estar constituido por el conjunto formado, no
50

sólo por las dos ruedas, sino también por los dos aparatos de medida. Y este todo no tiene por qué ser separado por el espíritu en subsistemas provistos de realidades físicas independientes (no-separabilidad). De algún modo esto equivale, como más arriba se señaló, a postular ima incómoda acción instantánea a distancia, lo cual supone —^insistimos— que una acción que se realice en un lugar M del espacio j?Mede tener efectos de manera drástica e instantánea en otro lugar N arbitrariamente alejado. Ahora bien, ¿qué ciencia se podría construir en esas condiciones? ¿Qué ciencia puede aceptar que una perturbación que tiene lugar aquí es la consecuencia instantánea de un proceso que ocurre, digamos, en una estrella de la constelación de Orion? El postulado que introduce este segundo punto de vista, que en lo sucesivo se recubrirá con la letra C (Copenhague), postulado de no-separabilidad, ciega de algún modo el camino que Galileo abrió al «aislar», al «separar» mentalmente, una parte para someterla a estudio y para llegar, por esa vía, trascendiendo al propio fenómeno, a un conocimiento más profundo de las cosas. ¿Cómo percibir lo que hoy llamamos «principio de la inercia» sin la idea de localidad, sin admitir explícitamente que lo que se hace aquí y ahora —^tirar bolas por un plano incHnado— no está sujeto a una perturbación incontrolada e instantánea ejercida a distancia por la acción de otro experimentador situado en el polo opuesto de la Tierra? «Si se pregunta qué es lo que caracteriza... el mundo de ideas de la física, lo primero que sorprende es lo siguiente: los conceptos de la física se refieren a un mimdo exterior real, es decir, se establecen ideas relativas a cosas (cuerpos, campos, etc..) a las que se atribuye una «existencia real», independiente del sujeto que las percibe, ideas que, por otra parte, han sido puestas en relación —^lo más segura posible— con los datos que proporcionan los sentidos. Caracteriza además a estos objetos físicos el ser pensados como dispuestos en un continuo espaciotiempo. Un aspecto esencial de esta ordenación de las cosas en la física es que en im determinado momento esas cosas pueden pretender una existencia independiente unas de otras, con tal que «estén situadas en diferentes partes del espacio». Sin aceptar esta independencia de existencia de los objetos (este ser así) apartados unos de otros en el espacio. .. no sería posible el pensamiento físico en el sentido usual. Sin efectuar esta limpia distinción sería muy difícil hallar un medio de formular y probar las leyes físicas... De la relativa independencia de objetos distantes en eí espacio (M y N) es característica la siguiente idea: «la influencia externa sobre M no tiene influencia directa sobre N... la abolición total de este axioma haría imposible... la postulación de leyes empíricamente comprobables en el sentido aceptado» No es, como vemos, fácil aceptar la posición C. Y no sólo porque va, en principio, contra la corriente de la tradición científica sino porque, como Einstein señala, amenaza con imposibilitar la construcción de la propia ciencia.

(1) A. Einstein. «Quantenmechanik und Wirklichkeit», Dialéctica, vol. 2, pg. 320 (1948). Incluida en una carta a M. Bom en M. Bom éd.: «BomEinstein: correspondencia «Siglo XXI México 1973, pg. 215. El subrayado de la cita es mío (M.F.) EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Resumiendo: la hipótesis R explica la correlación recurriendo a una causa común en el pasado y a la atribución de determinadas propiedades intrínsecas a los subsistemas. Los valores Lj y L^ de cada par de ruedas estaban «impresos» en ellas y la correlación se originó, nació, cuando se escindió el sistema original. Así no se necesita prescindir del principio de localidad: la influencia externa sobre M no tiene influencia directa sobre N. Para la posición C la correlación pone de manifiesto que ciertos sistemas actualmente separados deben considerarse como formando parte de uno solo. O lo que puede ser lo mismo: entre dos sistemas alejados existen influencias más rápidas que la luz. (2) (3).

los valores de A^ y B^ iguales a 1. Así cuando a = b reencontramos la situación que un poco más arriba se apuntó: si el observador situado en el aparato 1 tiene el valor -1-1 el que esta situado en 2 obtendrá, con certeza absoluta, el valor - 1 .
aparato 1

1'

' partícula 1 Zona A fl«.5>

II
Consideremos ahora otra experiencia de pensamiento {gedankenexperiment) paralela a la anterior: sean una serie de parejas de partículas de spín 1/2, por ejemplo electrones, parcialmente separadas y que han sido producidas en estado singlete, es decir de spín total nulo. Mediante aparatos de Stern-Gerlach pueden medirse, independientemente y a elección del experimentador, las diferentes componentes del spín de cada una de esas partículas. La función de onda para un sistema de estas características (spín total igual a cero) es la siguiente: Ti) = l/\/5'(ii)c - it>d) = 1/V5"[u+(1) u_ (2) -u_ (1) u+ (2)] donde u^. y u_ son las funciones de onda de cada partícula y representan respectivamente un spín l¡i/2 y -h/2. El argumento (1) ó (2) hace referencia a la partícula que tiene este spín (4). Supongamos que se mide el spín de las partículas a lo largo de determinada dirección, la misma para cada uno de los miembros de un par. En esas condiciones el resultado no está predeterminado por ij) pero a partir del vector de estado se puede predecir que si la partícula 1 tiene de spín +1 (h/2) entonces la 2 tendrá - 1 (-14/2). Y de nuevo con certeza absoluta. Esta situación en la mecánica cuántica imita bien, se asemeja, a la que vimos con anterioridad en el caso de sistemas clásicos: el experimentador puede predecir el valor de una componente del spín de la partícula 1 presumiblemente sin interactuar con ella. Generalicemos algo más la experiencia: sea A^ el resultado de medir la componente del spín de la partícula 1 a lo largo de la dirección a y sea B,, el resultado de medir la componente del spín de la partícula 2 a lo largo de la dirección b. En beneficio de la simplicidad tomaremos aquí también

Si al igual que en el caso clásico los observadores llevan a cabo toda una serie de medidas, en las condiciones reseñadas, y se reúnen luego para contrastar sus datos, de nuevo constatarán la existencia de una fuerte correlación negativa y en principio, sólo en principio, pueden dar cuenta de ella por medio, bien de la hipótesis R, bien de la postura C. Sin embargo, y a pesar de las apariencias, la situación ahora es «ligeramente» diferente. En la experiencia de pensamiento que se expuso en I no había ningún fenómeno que nos indicase la necesidad de renunciar a la idea de que «la influencia externa sobre M no tiene influencia directa sobre N». Y ante la ausencia de un veredicto experimental fueron razones de tipo constructivo, de naturaleza gnoseológica, las que empujaron en favor de la atribución de propiedades a los sistemas, de la localidad de la acciones, de la separabilidad, de la no existencia —en fin— de acciones instantáneas a distancia. La hipótesis R se imponía en definitiva por su sencillez. Pero la física, en el proceso mismo de organizar los términos de su campo, ha llegado a un punto en el que —& través de una experiencia del tipo expuesto aquí en II— está en condiciones de someter a verificación experimental esa hipótesis (R), lo que significa que dicho experimento, más que confirmar o refutar determinada teoría, se mueve casi por completo dentro del campo filosófico, lo cual no deja de ser —en cierto sentido— una curiosa paradoja. A través de él (del experimento), como a continuación veremos, se alcanzan conclusiones que son tanto más significativas gnoseológicamente cuanto que —si bien no nos dice nada de la posición C— nos indica, de forma negativa, las debilidades de R. A este significativo punto de la filosofía de la ciencia —y por supuesto de la propia ciencia— puede llegarse por los pasos siguientes: 1°. Se reduce la hipótesis R a dos proposiciones básicas:

a) En el caso de la experiencia de pensamiento expuesta aquí en II —^partículas con spín 1/2— el resultado A^ (Bf,) medido por el primer experimentador (o por el segundo) depende sólo de las condiciones «impresas» en las partículas (causa común en el pasado), del estado interno de los aparatos de medida, etc.. variables que llamaremos k^, 'k2,...y que serán recubiertas con la letra X. (2) B. d'Espagnat. «A la Recherche du réel» en «Les implications Conceptuelles de la Physique Quantique. Supplément au Joumal de Physique C-2, 1981, pg. 104.

(3) W. Heisenberg. «The Psysicalprincipies ofthe Quantum Theory». Dover, 1949, pg. 39. (4) D. Bohm. «Quantum Theory». Prentice-Hall, 1951, pg. 616. EL BASILISCO

P) El resultado A^ depende también de la dirección a elegida por el primer experimentador para medir la componente del spín a lo largo de dicha dirección en la partícula 1, pero no depende en modo alguno de la dirección b que el segundo experimentador —separadas las medidas por un in51

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

tervalo de tipo espacial— ha elegido para medir el spín de la partícula 2. Es decir supondremos que el funcionamiento de los aparatos es local. Por lo mismo, el resultado B^ dependerá sólo de X y de b, pero no de a. , A, = A(a,X) Esto puede resumirse así B, = B(b,>.) 2°. Si Q (X) es la función de distribución de las variables X —^independiente de a y de b— entonces (5): a')fdlQ(K) = l (i) |3') 'E(a, b) = /" di Q(X) A(a, X) B(b, X) (ii) donde (ii) es la expresión de la correlación o del valor esperado para el producto A^ • B^ (que aquí vale 1) y que incluye la condición de localidad señalada en el punto anterior, dado que supone que (A^ • B^) (X) = A(a, X) B(b, Xy. Es por lo demás evidente que tanto el aparato 1 —situado en la región A del espacio— como el 2 —situado en la B— pueden ser girados a voluntad de los experimentadores que los controlan. Así, por ejemplo, si el aparato 1 mantiene la dirección inicial a y el 2 es girado hasta la c (verfig.6) la expresión de la correlación será: E(a,c) =i dXQ(X) A(a,X)B(c,X) (iii) en virtud de que A(a, X) A(c, X) = A(a, X) A(b, X) A(b, X) A(c, X) ya que A(b, X) A(b, X) = + í Como insistimos, los valores de A y B sólo pueden ser -I-1 ó — 1 la expresión (vi) puede ponerse iE(a, b) - E(a, c)KfdX Q(X) [1-A(b, X) A(c, X)] lE(a, b) - E(a, c)!</"d^ QQ.) - dX Q{X) A(b, X) A(c, X) y ya que A(c, X) = -B(c, X) |E(a, b) - E(a, c) \<}dX Q(X) + dX Q(X) A(b, ?;) B(c, X) y según (i) y,(ivj !E(a,b) - E(a,c)l«l + E(b,c) Esta desigualdad es la primera de una ya amplia familia de desigualdades conocidas, de forma colectiva, bajo la denominación de «desigualdades de Bell» (7). Resumamos los cuatro últimos pasos: partiendo de a) las partículas tiene determinadas propiedades intrínsecas y P) la influencia externa sobre M no tiene influencia directa sobre N, se deducen las desigualdades de Bell. Y estas desigualdades (aquí está precisamente su trascendencia) pueden someterse a una prueba experimental. Si el resultado fuese positivo, es decir, si los resultados de los experimentos concordasen con las previsiones de las desigualdades, entonces la hipótesis R habría encontrado un fuerte sostén. Si, por el contrario, el resultado fuese negativo, si se violasen de algún modo las predicciones de las desigualdades, es claro que el realismo se enfrentaría a una difícil situación y tendría que —al menos— o bien desprenderse de a) «las
(7) J.S. Bell. Physics (N.Y.), 1,195, (1965). EL BASILISCO

Si, en fin, giramos el aparato 1 hasta la posición dada por b y mantenemos el 2 en la c el valor esperado para el producto A^ • B^ será ahora E(b, c) = jdX Q(X) A(b, X) B(c, 1) (iv)

>v

aparato 1 partícula 1 pares fie. 6

particula 2

-^í'

aparato 2 + 1
-1

3°. Seguimos exigiendo que la correlación sea del tipo señalado aquí, es decir que si xm aparato detecta -1-1 el otro tiene que detectar —1. Eso puede escribirse: A(a, X) = -B(a, X) para todo X
(V)

4°. Partiendo de (i), (ii), (iii), (iv) y (v) es fácil deducir lo siguiente: E(a, b) - E(a, c) = I áX Q(X) A(a, X) B(b, X) - fdl Q(X) A(a, X) B(c, X) como"-A(b, X) = B(b, X) y -A(c, X) = =B(c, X) se sigue: = - /' d?. QÍX) [A(a, X) A(b, X) - A(a, X) A(c, X)] = - /" dX Q(X) "A(a, X) A(b, X) [1 - A(b, X)

AicX)]

(vi)

(5) J.S. Bell. «Draft Lectures notes on Hidden Variables». International School of Physics «Enrico Fermi». II Course Foundations of Quantum Mechanics. 1970. (6) Si se desea eliminar esa condición, es decir, si deseamos ahora que el valor A¡, dependa de la dirección que elija el otro experimentador entonces, (Aj • BJ (X) 4= A(a, X) • B(b, X) y en este caso habría que escribir: (A, • BJ (X) = A(a, b, X) • B(a, b, X). 52

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

partículas tienen determinadas propiedades» o bien de P) la realidad es separable. Un somero análisis de las alternativas indica que desprenderse de a) supone, en cierta medida, renunciar a P). Lo cual implica que el menor precio a pagar para poder mantener la hipótesis realista sería sin duda la renuncia a la localidad. De este modo, sea lo que sea esa realidad y tenga la estructuración que tenga, sabríamos cuando menos que es no-separable {^). III El cuadro I resume los resultados de los experimentos efectivamente llevados a cabo hasta ahora con elfinde averiguar si las desigualdades de Bell se violan o no en la práctica.

f
Cuadro I Fecha 1972 1973 1974 1975 1976 1976 1976 1981 tipo de experimento fotones de baja energía (transiciones en átomos de Ca) fotones de baja energía (transiciones en átomos de Hg) fotones de alta energía (aniquilación de pares e"^, e~) fotones de alta energía (aniquilación de pares e"^, e~) fotones de baj a energía (transiciones en Hg 202) fotones de baja energía (transiciones en Hg 200) protones en estado singlete fotones de baja energía (transiciones en átomos de Ca) realizado por Freedman & Clauser U. California. Berkeley Holt&Pipkin U. de Harvard Faraci, Gutkowski y otros U. deCatania Kasday, Ullman, Wu Columbia U. Clauser U. California. Berkeley Fry & Thompson Texas U. Lamehi-Rachti & Mittig Saclay Aspect, Grangier, Roger U. París-Sud. Orsay resultado Violaciones de las desigualdades de Bell No violación de las desigualdades de Bell No violación de las desigualdades de Bell Violación de las desigualdades de Bell Violación de las desigualdades de Bell Violación de las desigualdades de Bell Violación de las desigualdades de Bell Violación de las desigualdades de Bell

(8) Debe hacerse notar que todo el razonamiento anterior—desarrollado a lo largo del apartado II— no afecta, en modo alguno, a lo que hemos llamado en el apartado I posición C, que de esta manera, y a pesar de las dificultadesfilosóficasque plantea, ve fuertemente reforzada áu posición.

Los resultados son tan abrumadoramente favorables a la violación de las desigualdades que en este momento dentro de la comunidad científica ya nadie duda de que, en efecto, esa violación se produce. En consecuencia los su(9) El lector que desee más detalles sobre la parte experimental puede enpuestos filosóficos del realismo —con los cuales trabajan la contrarlos, junto con una referencia bibUográfica más amplia, en J. Claumayor parte de los científicos— deben ser drásticamente ser and A. Shimony: «Bell's theorem: experimental tets and implications». modificados (9). Rep. Prog. Phys. vol. 41,1881,1978. Los resultados de la última experiencia en: Aspect, Grangier and Roger «Experimental tests ofRealistic Local Theories via Bell's Theorem. Phy. Rev. Letters, vol. 47,460-563,1981. EL BASILISCO 53

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

ARTÍCULOS

CIENCIA Y DIALÉCTICA. MI VISION DEL CONGRESO DE OVIEDO
FILOSOFÍA,
JOSÉ MARÍA LASO PRIETO
Oviedo el 12 al 16 de Abril se celebró en Oviedo el I Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias. Su organización estuvo a cargo de la Sociedad Asturiana de Filosofía (SAF) contando también con la valiosa colaboración de la Fundación «Principado de Asturias», de la Caja Rural Provincial y de la Universidad de Oviedo. Ya desde su fase de preparación, la SAF se propuso clarificar que este Congreso no se concebía como una reunión filosófica, para filósofos, sino como un intercambio de información y planteamientos entre especialistas de ciencias positivas y estudiosos de los métodos, estructura y validez de las ciencias. Como es lógico, ello no significaba ninguna subestimación de las reuniones filosóficas estrictas. Tales reuniones siguen siendo útiles, para otras finalidades que varían según su temática específica. En ese sentido, no se puede desconocer la función positiva que —especialmente durante el franquismo— desempeñaron los congresos de filósofos jóvenes. De hecho, tales congresos constituyeron, en aquella etapa, auténticos cauces de discusión en condiciones de Ubertad no parangonables con la existente en la propia Universidad. Aunque, con posterioridad, esos cauces se han diversificado, no por ello va a desaparecer la necesidad de reuniones filosóficas estrictamente gremiales. En realidad, con una u otra denominación, éstas se celebran regularmente en el ámbito nacional de diversos países y también con carácter internacional. Ahora bien, otra era la finalidad del Congreso celebrado en Oviedo. En él no se trataba de debatir distintos temas filosóficos previamente abstraídos, o cortados, de sus conexiones con diversas discipHnas. Por el contrario, la perspectiva en que se situaba el Congreso era la de abordar, interdisciplinariamente, la relación recíproca entre filosofía y ciencias positivas. Es este un problema central de nuestra época pero que no se presentaba de igual forma en el pasa54

do. Así, en los albores de nuesta civilización, filosofía y ciencias se fundían en el tronco común del conocimiento humano. De hecho, los «filósofos» o «metafísicos» presocráticos eran considerados como sabios. Es decir, como «físicos» o científicos que tenían un conocimiento positivo de distintas facetas de la naturaleza. El que después, o simultáneamente, autorreflexionasen filosóficamente sobre sus conocimientos —en búsqueda de un primer principio del Universo— no les hacía perder su condición de científicos. El propio Aristóteles era un científico descollante en diversas disciplinas. Este magma original, en el que filosofía y ciencias eran indistinguibles, se fue disociando paulatinamente. De una parte, se desarrollaron las ciencias como producto del desenvolvimiento de las diversas técnicas artesanales. De otra, la filosofía adquirió autonomía propia y se expresó en una serie de sistemas que, aunque también condicionados por el desarrollo técnico y social, eran a su vez producto del desarrollo dialéctico inmanente de las ideas. Es decir, de su sucesividad y contradicción internas. Tales sistemas culminaron con la filosofía de Hegel, que fue el intento más ambicioso de sistematizar el conocimiento del mundo adelantándose especulativamente al desarrollo de las ciencias positivas. Para el profesor Sacristán, las causas por las que fracasa tal pretensión de la filosofía sistemática son varias. Empero la principal es la definitiva constitución del conocimiento científico durante la edad moderna. Desde entonces se ha ido creando un abismo creciente entre filosofía y ciencias de consecuencias muy peligrosas. Y de tanta mayor gravedad cuanto que, como señalaba la SAF en su convocatoria, nuestra civilización está asentada en los pilares de las diferentes ciencias y éstas han dejado de ser ciencias especulativas para convertirse en componentes esenciales de la producción. No obstante, los científicos, que son quienes trabajan e investigan en sus ciencias particulares, pierden
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

paradójicamente su horizonte cultural y con demasiada frecuencia se acogen a concepciones totalmente inadecuadas sobre el significado de la ciencia. Por ello, uno de los objetivos del Congreso que reseñamos, era contribuir a que se supere tan peligrosa situación. De cómo se ha intentado, desde distintas perspectivas epistemológicas, vamos a dar cuenta en esta reseña. Sin embargo, para la mejor comprensión del intento, conviene especificar previamente esas distintas perspectivas de partida.

sustentarse no en una sustantiva ciencia de las ciencias, sino en las ciencias reales. En él queda «superada» la filosofía, es decir, «tanto superada como preservada», superada en cuanto a su forma, preservada en cuanto a su contenido real. En 1968, con su opúsculo Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores (2), el profesor Sacristán radicaUzó su posición. Después de una crítica de la función ideológica —y de la deficiencia pedagógica— de la enseñanza de la filosofía en España, Sacristán propuso la supresión de la licenciatura enfilosofíay su eliminación, como asignatura, de la enseñanza media. Fundamentó, tan radical cirugía, en su tesis de que no hay un saber filosófico sustantivo superior a los saberes positivos; y en que los sistemasfilosóficosson pseudoteorías, construcciones al servicio de motivaciones no teoréticas e insusceptibles de contrastación científica. Empero Sacristán reconoce que existe una reflexión acerca de los fundamentos, los métodos y las perspectivas del saber teórico, del preteórico y de la práctica, cuya reflexión puede discretamente denominarse «filosófica» por su naturaleza metateórica en cada caso. Esta actividad, efectiva y vahosa, ya justifica, para Sacristán, la conservación del término «filosofía» (3). Gustavo Bueno reaccionó polémicamente contra lo que calificó de «harakiri»filosóficode Sacristán. Partía de la constatación de una dualidad «estructural» en el significado del término «filosofía». De una parte, en cuanto conserva su significado de «sabiduría» que consiste en no aceptarse en posesión de ningún saber definitivo, de acuerdo con su propia etimología. Es decir lo que, en expresión kantiana, es «filosofar». Por tanto, una sabiduría mundana difícilmente recluible en los límites de un oficio o una especiaHdad, puesto que se ejercita en todos ellos. De otra, la filosofía designa la tarea propia de los «filósofos» considerados como especialistas en un aspecto del conjunto de la cultura, con su propia tradición gremial (Descartes, Spinoza, Kant, Hegel...). Como oficio, la filosofía es una actividad académica pero difícilmente podría denominarse ahora «sabio» a quien la ejerce. El filósofo, como especialista, no es ni más ni menos sabio de lo que puede ser cualquier profesional en su propio oficio: simplemente tiene conocimientos característicos en los cuales alcanza diversos grados. En función de esa dualidad «estructural», el profesor Bueno se planteaba ampliamente la situación de la filosofía en el conjunto de la cultura (4). En sentido menos ampHo— el de la relaciónfilosofía-ciencias—Gustavo Bueno consideraba que eloficio filosófico no tiene por objeto transformar las «verdades» ofrecidas por cada ciencia particular, por cada técnica, por una praxis especializada cualquiera que sea. Cada ciencia, cada técnica, tiene acoplada su propia crítica categorial a los resultados que obtiene. En ese aspecto, la filosofía, como especialidad, no tiene una catego(2) Manuel Sacristán, Sobre el lugar de la filosofía en los estudios superiores. Editorial Nova Terra. Barcelona, 1968. (3) Op. cit. (4) Gustavo Bueno, El papel de lafilosofíaen el conjunto del saber. Editorial Ciencia Nueva. Madrid, 1970. (4 bis) Mario Bunge, Economía y Filosofía. Editorial Tecnos. Madrid, 1982. 55

Filosofía y Ciencias
A medida que se fueron disociando ciencia y filosofía, y se ramificaban las diferentes ciencias, han surgido distintas concepciones sobre sus repectivas funciones. Incluso se había previsto la muerte de la filosofía, bien sea con carácter inmediato —como propugnaban algunos positivistas— o cuando el desarrollo social alcance su culminación en el comunismo. Esta última tesis, sustentada por algunos marxistas, no es aceptada por otros. Su génesis parte de la crítica de Marx a la filosofía del derecho de Hegel —^la filosofía alcanzaría su realización en el proletariado— y de algunas tesis de Engels. Sobre todo, de la contradictoria valoración que Engels hacía del sistema de Hegel: «La filosofía alemana encuentra su conclusión en el sistema de Hegel, en el que por primera vez —^tal es su gran mérito— todo el universo de la naturaleza, la historia y el espíritu se describen como un proceso. Es decir, como determinado por un movimiento constante, en perpetuo cambio, transformación y evolución. Hegel trataba de mostrar la lógica inmanente de ese movimiento y esa evolución. (...) Era, por tanto, inevitable que, por genial idea que se formara de ciertas relaciones particulares, muchas en el pormenor fueran artificiales o falsas. El sistema de Hegel fue un aborto colosal, el último en su género (...). Por el contrario, el materialismo sintetiza los progresos recientes de las ciencias naturales, según los cuales la naturaleza también tiene su historia en el tiempo... En uno y otro caso, tal materialismo, esencialmente dialéctico, no impHca ninguna filosofía superpuesta a las demás ciencias. Desde el momento en que se pide a cada ciencia que dé cuenta de su posición en el conjunto general de las ciencias, tórnase superfina una ciencia especial del conjunto; lo que subsiste, de toda la antiguafilosofíay conserva su existencia propia, es la teoría del pensamiento y de sus leyes, la lógica formal y la dialéctica. Todo lo demás se resuelve en la ciencia positivia de la naturaleza y de la historia» (1). Desde esta perspectiva, es obligado referirse a la posición del profesor Sacristán que dio lugar a la célebre respuesta de Gustavo Bueno sobre la función de lafilosofíaen el conjunto del saber. Ya en su prefacio a la edición de Grijalbo del Anti-Dühring (1964), Manuel Sacristán sustentaba una concepción de lófilosóficono como un sistema superior a la ciencia, sino como un nivel del pensamiento científico: el de la inspiración del investigador y el de la reflexión sobre su desarrollo y resultados. Para ello se apoyaba en la tesis de Engels de que el nuevo materialismo no es una filosofía, sino una simple concepción del mundo que tiene que
(1) Federico Engels, Anti-Dühring. Editorial Ciencia Nueva. Madrid, 1968. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

ría de verdades para su explotación especializada, pues la «verdad» filosófica tiene otro sentido. Empero esto no significa que la filosofía no se interese por las verdades sino que las verdades, «eategoriales» son materiales de su trabajo específico. Partiendo de estos postulados —en su polémica con Sacristán—• el profesor Bueno precisaba el lugar de la filosofía en la «república de las ciencias». A su juicio, la filosofía es razón crítica: es, pues, la misma razón científica. Empero es la razón moviéndose por terrenos diferentes a los de las ciencias positivas. La razónfilosóficano discurre por terrenos «acotados» —esferas abstractas de la racionalidad— sino por terrenos salvajes, o por terrenos en que se borran los lindes: el enfrentamiento de esferas heterogéneas. Por ello, para Bueno, la razónfilosóficaconoce a la razón matemática, o a la razón física, no como extraños, sino como ella misma pisando otros terrenos. En algunos trechos, incluso se aproximan tanto que casi se confunden; a veces, la filosofía se ve obligada a planear «experiencia», en el sentido de experiencias científicas que pueden ser luego «positivizadas», es decir, incorporadas a alguna ciencia particular; otras veces la razón filosófica utiliza procedimientos ya controlados por ima ciencia positiva, para salir a su propio campo aunque con perspectivas diferentes. No se pueden completar los enfoques epistemológicos —de la relación filosofía-ciencias— que han constituido la base de partida del I Congreso, sin referirnos al neopositivismo. En su sentido actual, prescinde del historicismo de las concepciones de Comte y —en su variante de filosofía analítica— sostiene que el conocimiento de la realidad se da sólo en el pensar cotidiano o concretamente científico. En consecuencia, la filosofía es posible únicamente como análisis del lenguaje, en el que se expresan los resultados de ese tipo de pensar. Así, para el neopositivismo, el anáhsis filosófico no se hace extensivo a los objetos reales, sino que ha de Hmitarse a «lo dado». Es decir, a la experiencia inmediata o lenguaje, con ello, desde las distintas variantes positivistas, se ha pretendido negar el significado de los postulados filosóficos calificándolos de proposiciones «metafísicas» sin sentido. Sin embargo, en la medida que el positivismo enuncia que «sólo hay hechos», postula tesis del mismo tipo que las que rechaza como «metafísicas»: pues no es un hecho que sólo haya hechos. Ese rechazo de la filosofía, como supuesta metafísica, no es sólo de origen continental, sino también anglosajón. Responde a la tradicón del empirismo británico que, en sus formas extremadas, era satirizado por Engels en su trabajo «Las ciencias naturales en el mundo de los espíritus». Concretamente, Engels se refería a las prácticas espiritistas reahzadas por naturalistas como Russell Wallace, físicos como Crookes, ZoUner, etc., químicos como Butlerov y matemáticos como DoUinger. De ahí que Engels considerase que el más alto grado de fantasía, credulidad y superstición no se daba en la filosofía idealista de la natur^eza, que trataba de meter él mundo objetivo, por la fuerza, en el marco del pensamiento subjetivo, sino en la tendencia opuesta, que exaltaba la simple experiencia y trataba al pensamiento filosófico con soberano desdén. Esta crítica engelsiana conserva su actualidad respecto a las posiciones radicalmente empiristas y positivistas que consideran carente de sentido toda síntesis filosófica. Estas posiciones —que se personalizan en algunos científicos y en sustentadores de la filosofía analíti56

ca— rechazan el lenguaje de lafilosofíabasándose en la supuesta vaguedad de conceptos. Sin embargo, como demostró en el Congreso que reseñamos el profesor Emiho Lledó, tales posiciones conducen a la esterihdad al cuestionar constantemente el sentido de cada generalización filosófica. Empero, esta crítica de los radicalismos antifilosóficos, no debe conducir a negar el valor real de los resultados concretos obtenidos en el campo de la lógica, y de la metodología de las ciencias, gracias a las investigaciones de los neopositivistas. Aunque no ha estado explícitamente representada en esté I Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias, para completar las distintas perspectivas epistemológicas de la relación filosofía-ciencias, es necesario referirse al racionalismo crítico de Popper que, con su crítica al empirismo y al positivismo lógico del Círculo de Viena, contribuyó a acentuar la crisis del neopositivismo. También a revitahzar las tendencias metodológicas que tratan de profundizar en los problemas que plantea el carácter histórico y relativamente autónomo del desarrollo científico. Estos enfoques postpopperianos —^Lakatos, Feyerabend, etc.— han repercutido sobre los científicos prácticos, que han visto en las estructuras de las revoluciones científicas de Kuhn un esquema adecuado para pensar su actividad, sin percibir los riesgos de convencionalismo e idealismo que supone reducir la teoría de la ciencia.

Objetivos y Medios
Con muy buen criterio, los organizadores del Congreso que reseñamos no concebían éste ni como una reunión unilateral de científicos ni como un cónclave gremial de filósofos. Tampoco, simplemente, como una reunión interdisciplinar, en la que se yuxtapusiesen mecánicamente distintas disciplinas. Sin desdeñar las ventajas de la interdisciplinariedad, sobre la compartimentación tradicional de muchas actividades académicas, en este caso se trataba de algo más. Nada menos que de reunir durante toda una semana —en condiciones de confortabihdad y relativo aislamiento propicias para la reflexión— a científicos y cultivadores de tres disciplinas (Física, Geografía y Psicología) junto con filósofos y metodólogos de la ciencia. Aunque ya la mera reunión de tal conjunto de investigadores y pensadores podía, por sí misma, constituir una especie de «masa crítica» que espontáneamente originase una reacción creativa en cadena de importantes consecuencias para lafilosofíay las ciencias, no se consideró suficiente para los objetivos propuestos. Lejos de todo espontaneismo, se estructuró un apretado progarama en el que se articulaban sistemáticamente ponencias y comunicaciones. Así se desarrolló un plan en el que inicialmente aparecían tres magnas ponencias definitorias de una concepción general de la ciencia ^ l a s de Mario Bunge, Carlos París y Gustavo Bueno— seguida de otras ponencias y comunicaciones en las que se proporcionaba el material, de una determinada ciencia positiva, para su análisis y discusión desde las distintas perspectivas epistemológicas presentes en el Congreso. Con ello se podían aunar en una armónica, o conflictiva, conjunción los elementos de reflexión, más o menos asistemáticos, que todo investigador formula sobre su propia acEL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

tividad, y las sistemáticas generalizaciones globales propias de filósofos y metodólogos de la ciencia. Así se produciría necesariamente —^mediante el análisis, la abstracción y la síntesis dialéctica— un enriquecimiento mutuo del nivel cognoscitivo de las ciencias positivas objeto del debate y de la filosofía que generaliza los resultados concretos que éstas van alcanzando en sus distintas etapas de desarrollo. Asimismo, a través del proceso crítico que la estructura congresual suponía, sería posible eliminar las escorias que inicialmente se forman al desarrollarse todo proceso cognoscitivo. Esta perspectiva filosófico-crítica que la S.A.F. asumió, como organizadora del Congreso, es la propia de EL BASILISCO. Ya en su número inicial, esta revista enunciaba que su temática no era la de lafilosofía-filológica,sin que por ello tratase de excluirla sino, por el contrario, incluyen® dola como un material más sobre el que debe instituirse la reflexión filosófica del presente. Para esta perspectiva, la temática es prácticamente universal: el conjunto de todas las categorías físicas, biológicas, económicas, políticas, etc. En consecuencia, su objetivo es analizar las ideas en que aquellas se realizan, teniendo en cuenta, a su vez, las formulaciones de estas ideas que la tradiciónfilosóficaofrece y en la cual estamos enmarcados. Lógicamente, ello supone el ejercicio continuo de la misión trituradora sobre tales materiales, propia de la dialéctica, de la cual el animal mitológico es el símbolo. Trituración dialéctica que no supone su destrucción sino su transformación en nuevos contenidos. Tal perspectiva filosófico-crítica (materialista) fue muy bien asegurada en el Congreso por la presencia permanente de los profesores Bunge y Bueno. Asimismo por la participación activísima que ambos tuvieron en casi todos los debates. Mario Bunge desde el enfoque denominado «semántico», del que es uno de los máximos representantes, y que, de hecho, constituye un «revival» de los postulados neopositivistas ya que, aunque asume la necesidad de superar sus estrechos marcos, sigue manteniendo una consideración de la ciencia como realidad de inexcusable base proposicional. Por su parte, Gustavo Bueno, si bien puede compartir con el profesor Bunge la común ontología del materialismo filosófico, difiere de éste en su valoración de la dialéctica y en su concepción de la ciencia. Como es sabido, el profesor Bueno formuló, hace ya más de una década, su teoría del cierre categorial de las ciencias que pretende abrir una vía equidistante entre el empirismo neopositivista y el constructivismo historicista.

te a las pretensiones de algunas pseudociencias. Para el profesor Bueno, hay que distinguir entre verdadera ciencia y «ciencias» sofísticas. Tampoco se puede desconocer que existen disciplinas que son muy respetables —^por diversos conceptos— pero que no son científicas. Según G. Bueno, la reflexión sobre estas cuestiones es tradicionalmente filosófica, pero cuando los científicos reflexionan también sobre su propia actividad se convierten en filósofos de la ciencia. Tras una referencia a a institución Kula, de los indígenas de Nueva Guinea, que le permitía ilustrar gráficamente su idea de ciencia, el profesor Bueno se remitió a la actitud de los científicos cuando utilizan esquemas teóricos apriorísticos, que no tienen un significado científico, y de todo ello dedujo la necesidad de la interdisciplinariedad. Gustavo Bueno finalizó señalando que, en la sesión inaugural, sólo se podía emitir un juicio de probabilidad sobre los resultados del Congreso. Por su parte D. Graciano García, director de la Fundación «Principado de Asturias» —sin cuya valiosa colaboración difícilmente se hubiese podido reahzar im Congreso de tal magnitud— destacó el propósito de la Fundación de que la iniciativa en curso tuviese continuidad. Para argumentarlo, se basó en dos razones: porque, como preconizaba Bertrand Russell, lafilosofíapuede influir en el aumento de la imaginación intelectual —^y el mundo necesita más que nunca un gran esfuerzo imaginativo para salir de la crisis— y porque la iniciativa es muy asturiana ya que, como señalaba un filósofo español, los asturianos somos capaces de superar nuestro particularismo y de volcamos en temas o empresas universales. A su vez, el profesor Alberto Hidalgo, presidente de la SAF, agradeció la decisiva colaboración de la Fxmdación «Principado de Asturias», de la Caja Rural Provincial y de la Universidad de Oviedo. El profesor Hidalgo subrayó el ámbito interdisciplinar del Congreso y la necesidad de que tales encuentros, entre científicos yfilósofos,se celebren regularmente. Terminó señalando que «la SAF se ha comprometido en ello con la intención clara de crear en nuestro país un foro adecuado».
57

La aportación de Mario Bunge
En el marco recoleto del salón Covadonga, del Hotel Reconquista de Oviedo, inició sus sesiones el I Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias. En sus funciones de Decano de la Facultad de Filosofía, Psicología y Ciencias de la Educación, le correspondió a Gustavo Bueno abrir la sesión inaugural. En breves palabras, el profesor Bueno se refirió a la función de la ciencia en la sociedad actual y a los problemas que suscitan las diferencias de método, objeto y campo entre las diferentes ciencias. Gustavo Bueno se planteó también el problema del estatuto de cientificidad de las denominadas «ciencias humanas» y aludió igualmenEL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

La ponencia inaugural correspondió a Mario Bunge. Aunque su título inicial era «Epistemología de las ciencias naturales», redujo su ámbito a la consideración de la psicología como tal ciencia. El profesor Bunge seleccionó ese tema por considerar que «las relaciones entre la ciencia y la filosofía son particularmente notorias en el caso de la psicología, aunque sólo sea porque ésta se ha apropiado de un tema de la metafísica tradicional: el de la naturaleza de la psique y sus relaiciones con el cuerpo». Además tres filosofías diversas —^idealista, positivista y materialista— han inspirado tres enfoques en psicología que difieren tanto por la ontología subyacente como por sus objetivos y métodos: el mentalista, el conductista y el psicobiologista. Para situarlos, el profesor Bunge definió previamente el enfoque científico, de toda investigación, y su componente filosófico. Desde su perspectiva semántica, Bunge caracterizó el enfoque —o manera de concebir y tratar cuestiones en un campo cualquiera— con la fórmula: Enfoque = (Andamiaje General, Problemática, Metódica, Metas). En ella, el Andamiaje es un conjunto de hipótesis muy generales, referentes a tal campo, así como el modo de conocerlo; la Problemática es el tipo de problemas que se desea tratar; la Metódica, el conjunto de métodos o modos de tratar dichos problemas; y las Metas, las finaUdades últimas de la investigación de dichos problemas con tales métodos. Sobre la base de esta caracterización, se comprende que una investigación, por científica que sea, nunca puede estar desprovista de supuestos filosóficos. Estos están incluidos en el primer componente de todo enfoque, que es el andamiaje general constituido por hipótesis ontológicas acerca de la naturaleza de los objetos a investigar, así como por hipótesis gnoseológicas acerca de la naturaleza y el alcance del conocimiento posible de dichos objetos. Y este andamiaje general, lejos de ser prescindible es el que guía la búsqueda de problemas y la manera de tratarlos, así como las metas generales de la investigación. Desde tal perspectiva semántica, el profesor Bunge estableció las limitaciones científicas de los enfoques mentaHstas y conductivista para llegar a la conclusión de que sólo el enfoque psicobiológico es plenamente científico, pues conjunta tanto con la psicología tradiconal como con la neurociencia. De hecho, las hipótesis típicamene psicológicas, que encierran variables físicas, químicas, microfisiológicas, conductuales, poseen una estructura formal sólo compatible con el monismo materialista, que sirve de base al enfoque neuropsicológico, y además se ven confirmadas por la biología evolucionista actual. En el coloquio correspondiente, Gustavo Bueno — aún valorando el esfuerzo de síntesis reaHzado por el profesor Bunge— expresó su preocupación por la tendencia al reduccionismo que suponía. Del hecho ontológico de que la mente no procede del Espíritu Santo, no cree que se pueda pasar al argumento/«erfó de Bunge. Existe el riesgo de que la neurociencia —^propugnada por el profesor Bunge— resulte reduccionista y acabe por liquidar a la psicología al convertirla en una reliquia arqueológica. En un sentido contrapuesto, el profesor Bueno planteó sus reservas acerca de la teoría bungiana de los «psicones», al consideraij a éstos como conceptos psicológicos y no fisiológicos. Gustavo Bueno estimó también que la oposición que Bunge establece, entre interior y exterior de la mente, no es tan fundamental como la oposición cerca-lejos. En su respuesta, el profesor Bunge expuso su convicción de que la neuropsico58

logía no conduce al reduccionismo simple. Manifestó también que no le preocupaba excesivamene una eventual desaparición de la psicología como ciencia. Y ello, por la razón de que no cree que debamos considerar como inmutable la división del trabajo entre las diferentes ciencias. Así, por ejemplo, cuando, como consecuencia del descubrimiento de los fenómenos electromagnéticos, la óptica fue subsumida en la física, no se produjo un empobrecimiento del conocimiento sino su enriquecimiento. A su juicio, lo que sucede actualmente en el campo de la psicología, es una consecuencia del dualismo de nuestra cultura. Este comprende incluso al rriarxismo. Así lo manifestó Bunge, respondiendo a una interpelación del autor de esta reseña, sobre la reflexología de Pavlov, al precisar que no sólo incurren en duahsmo los psicólogos soviéticos sino también Marx y Engels. Para Bunge, el materialismo dialéctico es analmente dualista, pues separa la superestructura de la líase de la sociedad. En su segunda ponencia, «Teoría económica y reahdad económica», el profesor Bunge critica a la teoría neoclásica de la economía. En la primera parte de su ponencia —después de haber analizado algunas hipótesis típicas de la teoría neoclásica, contrastándolas con investigaciones recientes—, el profesor Bunge concluyó que, pese a su rigor formal, tal teoría no puede ser válida porque sus postulados fundamentales han sido ya refutados y no sirven para aphcarlos a la reahdad actual. Seguidamente Bunge se detuvo en la enumeración de los requisitos de cientificidad que debe revestir una disciplina para que pueda ser considerada como científica. A juicio de Bunge, para que algo llegue a ser auténticamente científico debe estar constituido por: un sistema de gentes que han recibido una educación especializada y que intercambian sus puntos de vista, en una sociedad que los tolera; debe también existir un cambio en el transcurso del tiempo, como consecuencia de las investigaciones, y se ha de reunir una colección de teorías lógicas y matemáticas actuales, así como un dominio del discurso, al que se añade un transfondo específico (datos obtenidos en otros campos de la investigación); además ha de tener un fondo de conocimientos (teorías e hipótesis obtenidas con anterioridad), unos objetivos (descubrimiento o uso de las leyes para explicar, unido a la sistematización de la teoría) y, finalmente, ha de tener metódica y solaparse con otro campo ya que no existen ciencias aisladas. Desde esta perspectiva, Mario Bunge criticó a la economía por su continuo distanciamiento de la psicología y la biología. En conclusión afirmó que la economía política, producto de la teoría neoclásica, no es una ciencia porque no se ocupa de la realidad económica actual, sino de un modelo que ya no existe, como es el del mercado libre. En síntesis, para Bunge, la economía neoclásica es una semiciencia con algunos capítulos desarrollados, como teoría de la producción, y otros totalmente subdesarrollados. Como es lógico, la ponencia del profesor Bimge provocó una intensa polémica, con algunos de los economistas presentes, pero la reacción de éstos no rebasó lo límites del corporativismo profesional (4 bis). No es fácil, dentro de los límites espaciales de esta reseña, formular un juicio global sobre las concepciones de Mario Bunge. En síntesis, forzosamente esquemática, podría considerarse que en ellas coexisten posiciones próximas a un materialismo mecanicista con una concepción epistemológica general caracterizada por una dialéctica peculiar. Es evidente que la tendencia del profesor Bunge a un
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

cierto reduccionismo, la amplitud con que califica de «dualistas» a las posiciones ontológicas y gnoseológicas que difieren de las suyas, su tendencia a comprimir en formulaciones simples todos los campos del conocimiento —y la propia función de la ciencia—le aproximan a tal materialismo. Sin embargo, no es menos obvio que sus concepciones poco tienen que ver con el materialismo vulgar de Vogt, Büchner, Moleschoft, etc. Se aproximarían más —salvadas las naturales diferencias históricas— al materialismo natural de científicos como Haeckel y Boltzmann. En todo caso, su filosofía de la ciencia, —que él denomina Epistemología— es mucho más sofisticada y sutil, teniendo por base un amplio y sólido conocimiento de diversos sistemas filosóficos y distintas ciencias positivas. En el plano de la dialéctica, la posición de Bunge sería vergonzante, en el mismo sentido que Engels calificaba de ateos vergonzantes a determinados agnósticos. Tanto en sus declaraciones a la prensa, como en sus intervenciones en el Congreso, así como en su obra Materialismo y Ciencia (5), el profesor Bunge mantuvo posiciones formalmente críticas respecto a la dialéctica. Sin embargo, la utilización, que constantemente realiza, de conceptos como los de «emergencia», «nivel», «procesos evolutivos», «sistémica», «dinamicismo», etc. conduce a que, algunas veces, sus posiciones solo difieren de las dialécticas semánticamente. Subsiste empero la crítica frontal que Bunge realiza al principio dialéctico de la unidad y lucha de los contrarios. Sus ejemplos sobre el movimiento de los fotones, y la cooperación entre especies, no son afortunados. Al igual que Bujarin, Bunge parece reducir la oposición de los contrarios a un simple antagonismo de fuerzas externas, de esencias no cambiantes, cada una de las cuales es como una fuerza absoluta. Esta perspectiva no tiene en cuenta que los contrarios están relacionados por una conexión, que es su unidad, y proporciona, del encadenamiento y de la interdependencia universal, una noción unilateral simplificada. Además, los experimentos de Davisson, Germer, Fabrikant, Biberman, Suushkin, etc. sobre la difracción de los electrones, los fenómenos del fotoefecto y del efecto Compton, así como el estudio visual de las fluctuaciones estadísticas de los fotones, realizado por Vavilov y sus discípulos, testimonian que las propiedades corpusculares y ondulatorias son propias, simultáneamente, de los microobjetos y no son algo complementario que se crea durante la interacción entre los microobjetos y los instrumentos. Por otra parte, ningún dialéctico niega que la cooperación complementa contradictoriamente a la lucha en el «mecanismo» evolutivo. Atín así, cabe considerar que la antidialéctica formal de Mario Bunge está condicionada por los múltiples riesgos que, en el medio anglosajón donde trabaja Bunge, supone definirse doblemente como dialéctico y materialista. Sin embargo, no se puede desconocer tampoco que aunque Bunge asume de hecho, con otra denominación, algunos de los postulados de la dialéctica, ésta no se integra plena y operativamente en su concepción filosófica general y, precisamente, a ello atribuimos la tendencia que en él se observa hacia ciertos reduccionismos y simplificaciones en sus formulaciones científicas y filosóficas. Todo ello, claro está, no resta valor a su contribución al Congreso ovetense. Sus dos presencias constituyeron no sólo la expresión muy operativa de una concepción epistemológica original sino también un matéis) Mario Bunge, Materialismo y Ciencia. Editorial Ariel. Barcelona,
1981. EL BASILISCO

rial muy fecundo para su discusión congresual. Y no digamos nada de sus múltiples intervenciones.

Las concepciones de Carlos París
Con el título «Posición de la ciencia ante el complejo cultural», el profesor Carlos París desarrolló una interesante ponencia. A su juicio, en la década del 60 se asistió a un replanteamiento de la filosofía de la ciencia equivalente a lo que se denomina un cambio de paradigma. El positivismo y el popperismo llegaron incluso a un cierto grado de agotamiento. Era característico de estas escuelas una neta distinción entre filosofía y ciencias. Igualmente, para Popper y Piaget, la historia del pensamiento científico tenía gran importancia y asimismo era relevante la actitud ante el sujeto. Sin embargo, a partir de Kuhn, se trataba también de tener en cuenta el componente social de la ciencia. Ello ya tiene antecedentes en Mach, Poincaré, Meyerson y en el pensamiento dialéctico. Además es muy elemental ese descubrimiento de la dimensión social de la ciencia, pues es sabido que ésta no se puede reducir a un sistema de proposiciones y la idea de las revoluciones científicas estaba ya en el pensamiento de Bachelard. Incluso la remisión a la sociedad en Kuhn, y sus seguidores, es limitada ya que se trata sólo de la comunidad científica. Empero a la ciencia sólo se la puede comprender plenamente si se la sitúa en un contexto amplio. Es decir, en el contexto cultural, ya que el hombre es, ante todo, un animal cultural. Se suscita así el tema de la filogenia de la cultura: se puede considerar que la cultura es la continuación de la vida y en la vida hay un proceso de transformación del medio. Lo que eran pautas de conducta transmitidas genéticamente se convierten en propuestas culturales. Si a ello se añade la aparición de los signos, la cultura aparece como una externación de la propia vida. Dentro de esta filogenia habría que hallar un modelo de cultua que nos permitiese situar la ciencia en el contexto cultural. El va a intentarlo desde la

59

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

perspectiva de un materialismo histórico actualizado: 1) Desde una filosofía de la reproducción. Sin embargo, no piensa sólo en los aspectos de la demografía y la ecología, como Marvin Harris, sino que se refiere a la reproducción de la familia, de la herencia cultural y de la identidad colectiva. También a los aspectos de la sanidad, la educación y los problemas de la soledad en la medida en que el hombre se va separando de la madre original. 2) Desde una perspectiva que considera el conocimiento como una acumulación de información. Se ha planteado incluso si se podría telegrafiar a un hombre. El propio planteamiento de esa posibilidad demuestra que la vida es estructuración de información y en el fondo de todo ese proceso se encontrarían los ácidos nucleicos. Ahora bien, todo lo relacionado con la información tiene una gran importancia para situar a la ciencia en el contexto del materialismo histórico. Sería la dimensión epistemológica de la cultura y cubriría el conjunto de los saberes organizados én formas muy diversas (estructuras y superestructuras). Después se situarían las prácticas epistémicas que comprenden toda una serie de códigos que distinguen el saber oficial de los no oficiales. Algunas clases, y grupos sociales, utilizan el lenguaje como un instrumento de dominio. Así, por ejemplo, el lenguaje médico y el de la tecnocracia. Tampoco se puede desconocer la existencia de una clase oficiante del saber oficial y cuyo origen se remonta a los chamanes y a los filósofos griegos. Así la clase dominante está inmersa en una filosofía que surge de su situación en el conjunto social. Se trata de saberes codificados, aunque a veces sean minúsculos como el de los burócratas. El origen del saber puede partir de la autoridad, de los libros sagrados (culto del hbro) o del lenguaje científico. En estas prácticas epistémicas es muy interesante saber cómo cambian los criterios de vahdez ya que ello nos descubre una dimensión más profunda del ámbito de la cultura en que debe ser situada la ciencia (6). Al hablar de ciencia debe tenerse en cuenta qué la base de la cultura —en la que se halla inmersa— se sitúa en los procesos de producción. En ellos se da ya el componente epistémico del proyecto, como muy bien se refleja en el célebre ejemplo de Marx sobre el albañü y la abeja. Además, la relación ecológica entre el hombre y la naturaleza está condicionada culturalmente. Ello se ejemplifica bien en los «tabúes» que obstaculizan el proceso de conocimiento. Ya en su fase inicial, el saber aparece en dos facetas: 1) como proceso de conocimiento. 2) Como instrumento de apUcación y transformación. Esquematizando mucho las cosas, en Grecia este saber, como concepción del mundo, sé encuentra en el «logos». Es la clase dominante la que se reúne en el agora para discutir y así crea la retórica y la matemática, pero bloquea el paso a la técnica... En la Edad Media el saber es el del libro o el de los clérigos. Actualmente ¿qué tiene que ver la ciencia con el saber oficial y la producción? La situación es muy distinta de la de los griegos o la Edad Media. La ciencia en la época moderna ha sido una actividad desvinculada de la producción pero que ha sabido crear una técnica: es el modelo de la Universidad alemana. Hay otra concepción que considera a la ciencia como una consecuencia de las revoluciones tecnológicas. Tras valorar la importancia del prefacio de Marx a su Crítica de la Economía Política —^para la comprensión de estos procesos— el profesor París abordó el proceso de na(6) Carlos París, El rapto de la Cultura. Editorial Mañana. Madrid, 1978. 60

cimiento de la ciencia y lo considera en un sentido ampho. Se remite a los ingenieros y técnicos del Renacimiento pero considera a Leonardo da Vinci como un producto atípico. Pero esta nueva clase social, que realiza la revolución epistémica, lleva a cabo una institucionalización del saber a través de una serie de técnicas. En ese mundo de las técnicas— condicionado por la concepción de la naturaleza como máquina— las experiencias son muy diversas y ello origina que la máquina de vapor, la locomotora, etc. surjan no como consecuencia del desarrollo de las ciencias sino de la técnica. Luego viene la etapa en que la ciencia se convierte en una fuerza de producción directa y con ello depende cada vez más del poder político-militar. Se pasa del modelo de ciencia alemán al norteamericano lo que sería muy interesante si ese modelo estuviese al servicio de toda la sociedad y no de su clase dominante. En conclusión, cabe afirmar que si bien es cierto que el saber se ha convertido en una forma de poder, desde las cosmovisiones a la ciencia aplicada, es todavía más frecuente que sea el poder político, militar o económico, el que instrumentahce a la ciencia. En el coloquio, Gustavo Bueno señaló que la inserción de la ciencia en la cultura suscita el problema de cómo precisar el criterio de distinción entre ciencias culturales y sociales. ¿Por qué, al hablar de la ciencia griega, se dice que una clase ociosa bloqueó el desarrollo de la técnica si ésta no se estaba desarrollando? Carlos París, en su respuesta, precisó que las ciencias culturales son redupHcativamente culturales por su contexto y por su objeto. Son ciencias de autorreflexión. Cree que el planteamiento del problema está claro, aunque suscite la cuestión de la diferencia de «status» entre ciencias naturales y culturales y, por ello, él sería partidario de un pluralismo epistemológico. En el tema del bloqueo de la ciencia en la Antigüedad, surge la relación dialéctica posibilidad-reaüdad, ya que no se ha dado ese bloqueo en la reaüdad y él cree en la importancia del factor azar. Gustavo Bueno, a su vez, pimtualiza que ese argumento no iría contra el determinismo sino contra el sociologismo reduccionista. Por su parte, el profesor Fernández Cepedal señaló que le ha llamado especialmente la atención el concepto de reproducción utihzado por el ponente y ello le hace remitirse a las posiciones de StaKn sobre la Ungüística y también a la matemática griega en Hypias... Carlos París responde precisando que la vida es, ante todo, un proceso de información y organización. Empero la realidad es que el marxismo ha prestado más atención al aspecto de la producción. Sin embargo, en la reproducción, el fenómeno adquiere un sentido más amplio y se da también en otro plano: el del útero cultural y los fenómenos del troquelado. El lenguaje tiene mucho que ver con las formas de vida de una época. A la pregunta del profesor F. Cepedal, sobre si los lenguajes se limitan a un modo de producción o lo transcienden, Carlos París responde precisando que el lenguaje está muy condicionado por el modo de producción. En ese sentido considera que los conceptos de «estructura» y «superestructura» son un poco estratigráficos y se prestan a la divagación. La génesis no condiciona su valor.

La contribución de Gustavo Bueno
Gustavo Bueno desarrolló sus ponencias «El cierre categorial aplicado a las ciencias físico-químicas» y «GnoseoEL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

logia de las ciencias humanas» en la segunda y tercera jornadas del Congreso. Ambas constituyeron una importante contribución, a los debates congresuales, desde la perspectiva de la original idea de ciencia que ha desarrollado sistemáticamente el profesor Bueno. En su primera ponencia se propuso esbozar, a través de una serie de ejemplos concretos, por qué líneas debería desarrollarse el análisis gnoseológico de las ciencias seleccionadas. Comenzó por dos observaciones previas: en la primera sostuvo la necesidad de regresar hacia los clásicos de la filosofía para plantear su teoría. «El nivel de ciencia que yo quisiera determinar exige precisamente un distanciamiento y mi tesis es que si no se regresa adecuadamente a Aristóteles no se puede decir prácticamente nada del tema». En la segunda, advirtió que sus ejemplos serían clásicos y elementales por la brevedad de la exposición. Por otra parte, sería más coherente con su teoría que fuesen los propios físicos y químicos quienes la aplicasen a sus respectivos campos científicos, al igual que ya se viene haciendo en otras disciplinas. Como es sabido, la teoría del cierre categorial de Gustavo Bueno fue concebida inicialmente como una alternativa al concepto bachelardiano de corte epistemológico, utilizado por Althusser para demarcar sincrónicamente ciencia e ideología y por la escuela epistemológica francesa para separar diacrónicamente el arte de las ciencias, y se ha desarrollado hasta convertirse en una alternativa global a todas las escuelas metacientíficas, en particular a las postpopperiau^s (Kuhn, Feyerabend, Lakatos, etc.) Desde el materialismo filosófico, el profesor Bueno había subrayado las raíces no empiristas sino histórico-culturales de las que brota toda ciencia. Al enfrentarse ahora con el problema de la conexión entre el plano de los hechos (la presencia positiva del material de las ciencias) y el de las teorías (la realidad de su construcción) resuelve dialécticamente que «esta conexión no es algo previo o posterior a las ciencias, sino un resultado general obtenido a través del análisis de varias ciencias particulares dadas fácticamente (gnoseología especial)». En consecuencia, Gustavo Bueno establece cuatro posibilidades gnoseológicas: reduccionismo, teoricismo, adecuacionismo —en cuyas posiciones inserta a Mario Bunge— y la teoría del cierre categorial. Siguiendo a Morris y Bühler, el profesor Bueno distingue tres ejes lingüísticos sobre los que distribuye las partes formales de las diferentes ciencias conforme a las siguientes subdivisiones: fisicalista, fenomenológica y ontológica, corresponderían al eje semántico; el eje sintáctico quedaría distribuido en otras tres secciones: la de los términos, la de las relaciones y la de las operaciones. En el eje pragmático se darían la sección autológica, la dialógica y la normativa. AI cruzar esterométricamente estas secciones, en un espacio coordenado, se produce una combinatoria de figuras gnoseológicas, capaz de reorganizar de modo sistemático la mayoría de los términos usuales en el vocabulario de la metodología científica. Desde un punto de vista sintético, Gustavo Bueno utiliza un paradigma que sirve de patrón aplicable por «recurrencia» a otras ciencias, al objeto de estudiar en vivo el funcionamiento característico del cierre categorial. Su interés en evitar caer en el formalismo le ha conducido a desarrollar una tesis original sobre la naturaleza de las ciencias formales, denominada materialismo formalista, según la cual el privilegio de la forma no se debe a ningún significado oculto o platónico sino a la sencillez tipográfica de los signos que constituyen la materia de tales ciencias. En rigor, para
EL BASILISCO

el profesor Bueno, no sirve la distinción entre ciencias formales (supuestamente tautológicas) y empíricas (de hechos) pues toda ciencia es material. Gustavo Bueno propicia criterios internos de diferenciación en el seno del denominado grupo de las «ciencias humanas», como la distinción entre Metodologías 6-operatorias y Metodologías aoperatorias, con los que se explica por qué se produce necesariamente una distinción interna de enfoques y perspectivas en el seno de tales ciencias. No menos eficaz resulta su criterio de demarcación entre Lógica y Matemáticas, en base a sus distinción entre operaciones autoformantes y heteroformantes. En síntesis, la teoría del cierre categorial enfatiza el aspecto operatorio de las ciencias porque la unidad de la ciencia es la unidad que va estableciéndose en el mismo proceso operatorio, porque los múltiples objetos materiales del campo, que cada ciencia acota, no están dados de antemano sino que son producidos por la actividad humana. Al definir la ciencia como una institución social, el materialismo constructivista de Gustavo Bueno rompe con la autolimitación característica de las concepciones idealistas y formahstas centradas en los «contextos de justificación», pero al reforzar su coherencia lógica el cierre categorial muestra una potencia metodológica capaz de conjugar los aspectos históricos de la ciencia con los lógicos. Desde esta perspectiva, la «verdad» de los conocimientos científicos no es concebida como la «adecuación» de la ciencia —o del lenguaje formalizado de las ciencias— a los hechos. La verdad, en el sentido gnoseológico, podrá situarse en el mismo ajuste o identidad sintética entre las partes del material que las operaciones —-presididas por la lógica— van componiendo en un proceso que se cierra en el seno de cada categoría de la reaUdad. Así las ciencias constituyen un mecanismo colectivo, o social, de construcción por medio del cual se acotan campos de términos, en un sistema de relaciones, de modo que se establezca una operatividad cuyos resultados se mantengan siempre dentro del campo de partida. A través de sus diversos cierres cada ciencia explora, y conforma a la vez, un campo categorial y así la razón se transforma, con el mecanismo del cierre, en razón científica, episodio o momento privilegiado de las esferas categoriales racionales. En consecuencia, con la teoría del cierre categorial se puede: 1) Dar cuenta de la unidad interna de cada una de las ciencias. 2) Hallar criterios de separación entre las diferentes ciencias y con otras formaciones no científicas. 3) Dar cuenta de las conexiones entre lo que no es científico y lo que es científico y, en particular, de las transformaciones de las formas acientíficas en científicas y recíprocamente (7). En el coloquio correspondiente, Mario Bunge destacó la imposibilidad de juzgar de inmediato todo un sistema filosófico —como el de Gustavo Bueno— y por ello se hmitó a expresar su disconformidad con la ubicación que el profesor Bueno había hecho de su teoría en el adecuacionismo, afirmando que él no era un realista ingenuo sino, en todo caso, crítico. En su respuesta G. Bueno insistió en que, dentro de las cuatro posibilidades gnoseológicas que había señalado, seguía creyendo que la tendencia epistemológica de M. Bunge era adecuacionista, «porque hay referencias que corresponden a cosas materiales y hay un conjunto de

(7) Gustavo Bueno, Idea de Ciencia desde la Teoría del Cierre Categorial Ediciones de la Universidad Internacional «Menendez Pelayo», Santander, 1976. 61

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

predicados que se describen de modo empírico. A mi juicio este esquema de análisis adolece de cierto escolasticismo». Con su segunda ponencia —«Gnoseología de las ciencias humanas»^ Gustavo Bueno abordó la necesidad de instituir un análisis gnoseológico de las ciencias hiraianas. A su juicio, a tales ciencias se les podría aplicar con justicia la fórmula que Ortega y Gassét empleaba en El tema de nuestro tiempo, dado que el desarrollo de las ciencias humanas en España —^y la fuerte incidencia de su proceso de institucionalización— hace apremiante la tarea de vigilar su estatuto y estructura ya que puede afirmarse que bajo este pabellón se ocultan muchas ciencias-ficción (por ejemplo, el psicoanálisis) o disciplinas que, aunque importantes, simplemente no son científicas: ciencias de la información, de la educación, etc. El profesor Bueno considera que ese anáhsis requiere disponer previamente de un concepto riguroso de ciencia que sirva para establecer un criterio de demarcación. La finalidad de su ponencia es descartar la costumbre habitual de dar por consabido el concepto de ciencias humanas como concepto obvio (ciencias que tienen por objeto al hombre) o bien como concepto puramente denotativo (citando, por ejemplo, Facultades donde se estudian). A pesar de que hay que establecer obligadas clasificaciones, dentro de las ciencias humanas, en subclases muy distintas, como pueden ser las culturales en las que lo humano desaparece, no debe olvidarse tampoco que ciencias como la física, la biología y la etología, también se ocupan del hombre. En consecuencia, no basta con proponer al hombre como objeto de una ciencia para creer que se ha conseguido un concepto de ciencias humanas; el concepto debe ser gnoseológico. Desde esta perspectiva gnoseológica, el profesor Bueno realizó una reexposición de la vieja distinción germana entre ciencias naturales y ciencias humanas, a través del criterio de la presencia, o ausencia, del sujeto operatorio dentro de la misma ciencia, de tal modo que el científico debe reproducir el comportamiento de los sujetos que trata como objeto, de forma parecida a como el juez reproduce el comporamiento del acusado. Por el contrario, según Gustavo Bueno, lo peculiar de las ciencias humanas estriba en el hecho de que en ellas, de una forma necesaria, está siempre presente una duahdad gnoseológica que denomina «metodologías a-operatorias» y metodologías |3-operatonas». Para el profesor Bueno, el problema que plantean las ciencias humanas —situadas en el plano |3-operatorio— es que cuando regresan al plano «alfa», en el que se eliminan los sujetos operatorios, dejan de ser humanas y cuando, por el contrario, se mantienen dentro del plano «beta» corren el riesgo de dejar de ser ciencias. Casi todas las ciencias humanas presentan en su seno esta dualidad metodológica que puede, por lo tanto, considerarse como un criterio de distinción. En el coloquio, Carlos París —después de haber reconocido la gran riqueza teórica de la ponencia de Gustavo Bueno y la imposibilidad de discutirla en todos sus matices— planteó dos interesantes observaciones acerca de la Historia como maestra de la vida. Para el profesor París, la misión de la Historia no es —como había señalado Gustavo Bueno— reconocer un comportamiento histórico sin más, sino situar ese comportamiento de forma que resulte comprensivo ya que, con mucha frecuencia, la gente no es consciente de su propia actuación. Es decir, unas veces nos en62

contramos con falta de comprensión de los fenómenos históricos y otras con fenómenos de ocultación, y este es un campo donde las ciencias humanas cumplen un importante papel. Y esto nos lleva a otro plano, el de la presencia en las ciencias humanas de los aspectos ideológicos porque como todos saben —señaló Carlos París—, por ejemplo, en el campo de la economía existen teorías en las que coinciden los economistas pero hay otras en las que los separan fuertes diferencias ideológicas. A su vez, el profesor Mínguez objetó la tesis de Gustavo Bueno de que la cientificidad de las ciencias debe ser expresable en una teoría gnoseológica! Según él, Kant elaboró una teoría gnoseológica en la que quedaban incluidas todas las ciencias excepto la química. En consecuencia, solicitaba del profesor Bueno una aclaración ya que su teoría del cierre categorial podía devenir en eventual inquisidora de las posibles ciencias. Gustavo Bueno respondió que, tal vez, el centro de la objección se podría poner en la ambigüedad de una teoría normativa y otra que no lo sea, ya que esta ambigüedad normativa produce inmediatamente reacciones de diversa índole. Por su parte, el profesor Alberto Hidalgo advirtió el riesgo de que la exposición del profesor Bueno pudiese ser interpretada como un cierto reduccionismo metodológico y reivindicó el carácter metateórico de la distinción de Gustavo Bueno. Este carácter metateórico permite aplicarla a la historia de la ciencia —el análisis del profesor Capel sobre la geografía podría confirmarlo— a los métodos de la misma y, sobre todo, a la normativa.

Conclusión, Balance y perspectivas
Como ya indicamos, no es nuestro propósito realizar una reseña completa de este I Congreso. Por su duración, elevado número de ponencias y comunicaciones y alta cahdad de éstas, ello requeriría un espacio superior al disponible. Es además innecesario ya que, con simultaneidad a este número de EL BASILISCO, Ediciones Pentalfa (8) ha puesto a la venta el volumen dedicado al I Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias. En este volumen no sólo se incluyen todas las ponencias y comunicaciones sino también el texto íntegro de su correspondiente debate. Por ello hemos preferido centramos en la metodología del Congreso y en las tres ponencias básicas definitorias de una concepción general de la ciencia. En consecuencia, de las demás intervenciones sólo podemos subrayar —^por su gran interés intrínseco y brillantez expositiva— tres comunicaciones y dos ponencias. De entre las comunicaciones: «Caramuel y la ciencia moderna», del profesor Julián Velarde, «Teoría de sistemas y teoría de la organización», del profesor Alberto Hidalgo, y «Verosimilitud de las teorías», del profesor Miguel A. Quintanilla. A su vez la ponencia del profesor Garzón, catedrático de Energía Nuclear de la Universidad de Oviedo —«Evolución Histórica de la Metodología de la Física Nuclear»—, debe destacarse. De hecho, constituyó una magnífica síntesis, en la que el rigor científico y la calidad pedagógica se eqxúlibraban adecuadamente, de una disciplina en la que los campos de la filosofía y de la ciencia convergen constantemente. Finalmente, es obligado detenernos en la ponencia del profesor Emilio Lledó titulada «El lenguaje de la ciencia y el lenguaje de la filosofía». Aun(8) Pentalfa Ediciones. Apartado 360 Oviedo. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

que, en la introducción a esta reseña, ya hicimos alusión a la convincente refutación que el profesor Lledó realizó de quienes desde radicalismos lingüísticos conducen a la esterilidad, al cuestionar constantemente el sentido de cada generalización filosófica, no por ello se agota la gran riqueza que, en el plano de la contextualización cultural, tuvo su ponencia. Con gran brillantez expresiva, coherente con su lúcida racionalidad, Emilio Lledó se refirió a las eventuales diferencias, en un tema ya tópico de la filosofía, como es el del lenguaje científico y el lenguaje filosófico. Con el desarrollo actual de las ciencias, fundadas en un lenguaje preciso y bastante fOTmal, parece que la filosofía ha quedado sin un criterio exacto de verificabilidad, al carecer de ese tipo de lenguaje. Frente al riesgo de nihilismo filosófico, que esa perspectiva supone, el profesor Lledó fimdamentó las bases de una idea de lenguaje, como comunicación y como coherencia total, y, frente a una concepción estrecha déla racionalidad, desarrolló la teoría del objeto escrito, de los ámbi• tos múltiples de la comunicación, de algo y para alguien. Según el profesor Lledó, la función fundamental del lenguaje es su capacidad de comunicación y de ella se deriva la responsabilidad filosófica y científica. Como conclusión, Emilio Lledó sostuvo que no hubo un lenguaje filosófico y científico en el pasado pero sí hubo dos actitudes: una miraba a la naturaleza y la otra recogía la actividad intelectual; de ello se derivarían los nuevos lenguajes. Donde sí cabe una distinción entre filosofía y ciencia es en el mundo presente y, posiblemente, en el futuro. En la sesión de clausura del Congreso, hubo un coloquio general sobre el tema «Conexiones entre ciencia y filosofía: una relación no institucionalizada». Se coincidió, unánimemente, en valorar muy positivamente los resultados del Congreso y en desear que se dé continuidad a tan fecunda iniciativa. En el plano autocrítico, hubo referencias a algunas deficiencias organizativas y a una eventual falta de perspectiva histórica o de la necesaria interrelación cienciafílosofía-sociedad. No obstante, quienes hemos tenido oportunidad de participar en otros congresos filosóficos, pudimos constatar en éste una mayor eficiencia organizati-

va. También, sin mengua del vigor polémico y de que cada congresista interviniese desde su perspectiva propia, la existencia de un gran respeto a las distintas posiciones teóricas, ideológicas o de escuela. Respecto a la supuesta falta de perspectiva histórica, debe recordarse que el objetivo del Congreso era llevar a cabo una discusión conjunta entre filósofos y metodólogos de la ciencia, junto con científicos de tres disciplinas concretas ( Física, Geografía y Psicología) y, evidentemente, ni la Historia, ni otras ciencias sociales, figuraban entre el material a triturar en el Congreso. Sin embargo, hubo ejemplos realmente notables de perspectiva histórica: la del profesor Horacio Capel, en cuanto a la evolución de la ciencia geográfica desde el siglo XVIII, con su referencia constante a la perspectiva historicista y a la perspectiva positivista. No lo fue menos la ponencia del profesor Julio Seoane «Panorama actual de la psicología científica» y la intervención del profesor Doncel, en la mesa redonda sobre la mecánica cuántica, en cuanto a la función histórica de la Escuela de Copenhague; e incluso, aunque su perspectiva era crítica y no necesariamente histórica, la del profesor Bunge respecto a la evolución de la Escuela Neoclásica en economía. En cuanto a la otra perspectiva— la de la interrelación ciencia-filosofía-sociedad— debe citarse no sólo la ponencia de Carlos París, que fue un intento fecundo de integrar las ciencias en el conjunto de la cultura desde la perspectiva del materiahsmo histórico, sino toda una serie de intervenciones que se dieron en los debates de ponencias y comunicaciones. Sería injusto finalizar esta reseña del Congreso sin referirnos al gran impacto que obtuvo en los diferentes medios de comunicación. Ante la imposibilidad de valorar, y agradecer como corresponde, la labor de todos los profesionales que contribuyeron a este impacto, citaremos sólo — en representación de todos— a algunos de ellos. Así debe resaltarse la eficiencia de la oficina de información del Congreso —dirigida por Pilar Rubiera— y la función de nexo con el contenido de los debates desempeñada por Manuel Campa. Asimismo debe subrayarse el papel que, en la difusión de los debates del Congreso en el ámbito nacional, desempeñó el corresponsal de EL PAÍS en Asturias, don José Manuel Vaquero. Tampoco debe omitirse la relevancia que la TV regional prestó al Congreso, gracias al gran sentido periodístico de su director Fautino F. Alvarez. Ya ha sido convocado el II Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias a celebrar en Oviedo del 4 al 8 de Abril de 1983. Sus ponencias básicas estarán a cargo de prestigiosos investigadores en el campo de la Biología y de la Historia (disciplinas titulares de este II Congreso), así como de reconocidos estudiosos de la Teoría, la Metodología y la Historia de las Ciencias y del Pensamiento. Asimismo pueden presentarse Comunicaciones libres que se encuadrarán en las siguientes secciones: I. Teoría y Metodología General de las Ciencias. II. Historia de la Ciencia y del Pensamiento. III. Fundamentos de las Ciencias Formales. IV. Fundamentos de las Ciencias Naturales. V. Fundamentos de las Ciencias Antropológicas y Culturales. Todo induce a suponer que este II Congreso consagrará la definitiva continuidad, e institucionalización, de una iniciativa de la Sociedad Asturiana de Filosofía que ha satisfecho una necesidad que hasta ahora no se había cubierto satisfactoriamente en España. En su momento, EL BASILISCO dará de nuevo amplia referencia del resultado de ese II Congreso.

EL BASILISCO

63

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

ENTREVISTA

ENTREVISTA CON MARIO BUNGE
ALBERIO HIDALGO
Oviedo 1 primer CONGRESO DE TEORÍA Y
M E T O D O L O G Í A DE LAS CIENCIAS,

celebrado en Oviedo el pasado mes de Abril, constituye el marco de referencia en el que se inscribe esta conversación. Al finalizar la 4^ jornada del mismo, en la que Mario Bunge había polemizado mordazmente con la economía neoclásica, y justo antes de partir hacia Montreal accedió a ser entrevistado por enésima vez, alegando que no le molestaba que le explotasen, sino al contrario. De este modo, tras renunciar al privilegio de un cuestionario formal a contestar por escrito y meditadamente, nos embarcamos en un diálogo espontáneo, cuya grabación transcribo literalmente. Los sondeos temáticos que lancé, aunque poco sistemáticos —lo reconozco—, pretendían profundizar y aclarar posiciones ontológicas y epistemológicas subyacentes en los coloquios del CONGRESO y en la propia obra de Mario Bunge. Puesto que en la entrevista no figuran anécdotas biográficas, no está de más recordar algunos datos y agregar una selección bibliográfica. Internacionalmente reconocido como uno de los filósofos más destacados de la actualidad, Mario Bunge nació en Buenos Aires en 1919. Su primera formación de corte humanista y filosófico, basada en la lectura de Hegel, Marx, Freud y Russell, fue drásticamente corregida por sus estudios de física teórica y matemáticas, materias en las que se doctoró y sobre cuya base enraizó firmemente su constante y original interés por los problemas epistemológicos de la física cuántica. Asociado desde un principio a la prestigiosa Sociedad Argentina de Física, vio truncada su carrera universitaria a causa de sus compromisos éticos y convicciones socialistas. Durante sus años de desgracia bajo el peronismo mantuvo siempre vivo su interés por la filosofía. Funda64

dor de la revista Minerva (1944-45), participó activamente en la constitución de la Asociación Rioplatense de Lógica y Filosofía Científica, de la que llegó a ser presidente. Tras ser rehabilitado como profesor de física teórica (1956) en la Universidad de Buenos Aires, en 1957 fue nombrado profesor de filosofía de la ciencia, materias que enseñó desde entonces con solvencia y prestigio crecientes en diversas Universidades americanas y europeas: Pennsylvania, Delaware, Freiburg, Aarhus, Universidad de la Repúbhca (Uruguay), U.N.A.M., Instituto Politécnico Federal de Zurich. En 1967 aparece su omnicomprensivo manual sobre teoría de la ciencia, Scientífic Research, que gracias a su pronta traducción al castellano se convierte no sólo en su obra más conocida, sino en una de las herramientas de obligado uso para los estudiosos de la filosofía de la ciencia en nuestro país. Mas o menos por esas fechas se instala casi definitivamente en Canadá, donde recientemente ha sido elevado al cargo de Frothingam Professor of Logic and Metaphysic con carácter permanente de la Universidad McGill. Uno de estos días Bunge acaba de concluir una versión aceptable, aunque no final, del tomo 5" de su ambicioso Treatrise on Basic Philosophy, en el que trata de confeccionar una gran síntesis filosófica, abiertamente enfrentada a las filosofías de corte analítico que predominan actualmente en el panorama epistemológico anglosajón. Se trata, sin duda, de su obra maestra, así como de la más representativa de su «estilo filosófico» a juzgar por los cuatro volúmenes ya publicados. En todo caso convierten a Bunge en un filósofo atípico, aunque sólo sea por las dos siguientes razones. Primera, porque acepta el insólito desafío de «examinar, aclarar, enriquecer y sistematizar el materialismo a la luz de la lógica, la matemática y la ciencia contemporáneas» en una época y en un lugar donde es tópico tildar al materialismo
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

de confuso. Segunda, porque intenta construir un sistema filosófico en una época y en un lugar donde nadie se aventura en empresas totalizantes y sistematizadoras, pues la moda exige artículos breves, desarrollos parciales, o a lo sumo, un collage de indagaciones incompletas. Pese a ir contracorriente, Bunge ha conseguido renombre mundial seguramente por muchas razones, de las que yo voy a destacar dos solamente. En primer lugar, porque ha sabido incardinar sus contribuciones sintéticas en un movimiento internacional en auge: el enfoque sistémico o la teoría general de sistemas, nacida precisamente para ofrecer una cosmovisión alternativa al atomismo mecanicista imperante! Tras la muerte de Ludwig von Bertalanffy, el movimiento sistémico ha encontrado en Bunge una de sus más prestigiosas cabezas de serie. En segundo lugar, porque, a diferencia de otros autores sistémicos, Bunge no se ha limitado a defender la necesidad de «generalistas» o a formular vagos programas de carácter general, sino que ha utilizado los más rigurosos métodos formales de la «filosofía exacta» para abordar las cuestiones más espinosas y discutibles on una elegancia y una finura indiscutibles. En el campo de la Epistemología su producción es muy abundante y coherente. En numerosas ocasiones ha criticado severamente las posiciones adoptadas por la llamada «nueva filosofía de la ciencia», en particular el «irracionalismo» de Feyerabend y las tentaciones sociologistas de Th. Kuhn. No obstante, sus contribuciones a la Semántica en los dos primeros volúmenes de su Treatise le han valido la adscripción al llamado «enfoque semántico», encuadramiento que no se resigna a soportar {cfer. mis «Diálogos platónicos con Mario Bunge», Los Cuadernos del Norte, núm. 13, Mayo-Junio 1982, en el primero de los cuales ensayo una reubicación de sus posiciones metacientíficas). En cualquier caso, Bunge propugna una filosofía de la ciencia que ataque directamente los problemas y teorías científicas vigentes; que proponga, si es posible, teorías alternativas; y que abandone la historia de la ciencia para centrarse en las complejidades y problemas con que se enfrenta el científico en su práctica coetánea. El filósofo de la ciencia debe preocuparse más por lo que dicen realmente los científicos y menos por lo que dicen los demás filósofos de la ciencia. Su lema es: «ir a los problemas mismos». A propuesta de la Sociedad Asturiana de Filosofía, Mario Bunge acaba de ser galardonado con el premio «Príncipe de Asturias» en «Comunicación y Humanidades» en 1982. No le faltan merecimientos. Aunque una gran parte de su obra está escrita originalmente en inglés, su mayor parte está siendo servida puntualmente en castellano, de modo que es uno de los autores más influyentes en España e Hispanoamérica. Por lo demás, recientemente se ha manifestado por un renacimiento de la filosofía en lengua española, a la que augura mayor vitalidad que a las tradiciones francesa y alemana. A.H. Profesor Bunge, su irrupción en el campo de la teoría de la ciencia o Epistemología, como Vd. prefiere decir, acontece con la publicación de Causalidad en 1959, cuya génesis ha relatado en otra parte, en aquel libro afortunado en varios idiomas ^ h e leído que llegó a ser traducido al ruso, al italiano, al polaco, al húngaro, y al japonés)— intentó poner en su sitio ese célebre principio, cemento del
EL BASILISCO

mundo y de la ciencia, que la física cuántica parecía.poner en peligro. Con una estrategia audaz—me parece—conseguía desligar allí el significado de «causalidad» del de «determinismo» para de este modo ejecutar una defensa de la determinación, cuya eliminación nihilista pondría en peligro la inteligibilidad del mundo y su racionalidad. Si la causalidad —arguye Vd.— es una clase más de determinación entre otras, tales como la determinación estadística, la estructural, la teleológica e, incluso, la dialéctica, el determinismo cobra un sentido tan laxo, que queda fuera de cualquier objeción. Mi pregunta es ésta: ¿No le parece que esta estrategia de ampliar el significado de las palabras puede resultar una técnica inadecuada, en la medida en que —(utilizando la terminología de Popper)—una ampliación del significado conlleva una disminución del grado de contrastabilidad?. En la medida en que Vd. pretende construir una filosofía científica y que, por tanto, sea contrastable, ¿cómo considera actualmente el tema de la causalidad? ¿Ha sido contrastada su hipótesis?. En una palabra, ¿ha variado mucho su posición desde la obra del 59, o seguiría manteniendo la misma estrategia para defenderla? M.B. Bueno, la pregunta es muy interesante. Yo creo que sí mantendría la misma estrategia; porque fíjese que antes se suponía que la legalidad era coextensa con la causalidad. Entonces, cualquier apartamiento de la causalidad se consideraba como una violación de la legalidad, como una irrupción de lo arbitrario. Yo, en realidad, me limité a mirar qué categorías de determinación se usan de hecho en la ciencia, qué tipos de leyes hay. Y me pareció que, en particular en la mecánica cuántica, las dos categorías principales —la de causalidad y la de azar— aparecen simultáneamente. Me parece que las ecuaciones fundamentales de la mecánica cuántica no son ni estrictamente probabilistas ni estrictamente causales, sino que son una mezcla de las dos... A.H. Perdón, ¿cómo entiende esa mezcla?. Quiero decir, ¿esa mezcla estaría en las fórmulas mismas... M.B. Sí. Está en las fórmulas mismas. A.H. ...o estaría en la realidad? M.B. Está en las fórmulas mismas, porque está en la realidad. Por ejemplo, ...(a ver qué ejemplo sencillo puedo elegir) ...un átomo no va a emitir luz si no está excitado; para estar excitado tiene que haber obrado causalmente sobre él un fotón, u otro átomo o alguna otra partícula que ha chocado con él; pero la emisión de luz por ese átomo no se va a producir inmediatamente después de haber actuado la causa, sino que se va a producir algún tiempo después. Y ese tiempo no está predeterminado por la excitación exterior, sino que hay toda una distribución de probabilidades de transición o de emisión de luz a lo largo del tiempo. Ahora bien, Vd. me preguntó también si hoy día yo reescribiría el mismo libro de la misma manera. No. Yo no lo reescribiría, ni siquiera lo releería... Aunque sí,.. .la verdad es que lo he releído este año pasado (...o este año mismo), porque he dado un curso sobre el tema. Y lo único que haría es hacerlo más formal, cosa que hago en el tomo 3 de mi Treatise; ahí formulo un poco mejor las nociones de causa y efecto. Eso es lo único que haría. Pero la estrategia la conservaría.
65

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

A.H. Bueno, como sobre la física cuántica y relativista, ya hemos tenido ocasión de oir sus opinions en el Congreso de Teoría y Metodología, cuyas actas se publicarán próximamente, no voy a insistir sobre el tema. No reiteraré preguntas sobre la cinemática del electrón relativista, obra suya del 60, ni sobre sus Foundations ofPhysics. Pero ha tocado ahora mismo un punto que me parece fundamental. Es justamente la fórmalización a que sometería la posible reedición de su libro sobre la causalidad. Parece que la trayectoria de sus libros sigue una dirección ascendente en la utilización de técnicas cada vez más formalizadas. Y eso supone, al menos desde un punto de vista externo (que no de su evolución intelectual interna), una cierta asunción de las técnicas formales que los positivistas llevaron a su máximo desarrollo, sobre todo en la línea de Carnap. Pero también supondría, quizá, para un observador externo —repito— un retroceso respecto a sus posiciones originales que parecían más distanciadas del positivismo hasta el punto de haberse iniciado con una crítica de esa visión positivista. ¿Cómo ve Vd. internamente su evolución respecto a este punto?. M.B. Sí. Me parece también una pregunta muy aguda. Yo adopto solamente la forma del positivismo, pero no el contenido. Como Vd. muy bien dice, los positivistas intentaron hacer «filosofía exacta», pero en gran parte era vacía, porque no se ocupaban de ideas importantes. Por ejemplo, no se ocuparon para nada de la ontología, ni de la teoría de los valores, ni de la ética. Yo trato de formalizar algunas ideas de esas disciplinas. Además, los positivistas insistieron mucho y restringieron prácticamente su formalizadon a la teoría de la inducción. Es lo único que les interesó. Pero la teoría de la inducción ya sabemos que no funciona. Porque existe inducción, ¡por supuesto, que hay inducción!, ...pero las ciencias no son exclusivamente inductivas. Por añadidura, las teorías positivistas de la inducción pretendían que se pudiera reemplazar prácticamente el trabajo empírico de contrastación por alguno de los cálculos de lógica inductiva. Eran aprioristas, no eran positivistas en realidad. Y finalmente, el propio Carnap en la segunda edición de sus Foundations of Probability reconoce que esas probabilidades, de las que él trata, no son, en realidad, sino instrumentos para la toma de decisiones de ejecutivos y cosas así... de modo que no tienen realmente relación con la tarea o el quehacer diario del científico. Por consiguiente, los positivistas practican una exactitud vacía. Hay mucho de eso. Creo que la mayor parte de los artículos que se publican hoy día en filosofía exacta, en particular en el Journal of Philosophical Logic, son de este tipo: Son muy exactos, utilizan una herramienta matemática muy elaborada, pero no dicen nada interesante. El truco está, o mejor, la finalidad está en tratar ideas interesantes, por ejemplo, la idea de causalidad, la idea de azar, la idea de teoría o la idea de vida, o la idea de adquisición de conocimientos, en forma exacta; pero que el tema, el contenido sea interesante, no trivial. A.H. Se comprende perfectamente su posición. Ahora... M.B. Sin embargo, quisiera agregar... A.H. Me permite... Es sobre lo mismo. Es que, tal como acaba de expresarse (a lo mejor en la agregación lo
66

corrige), me da la impresión de que Vd. simplemente habría hecho una ampliación de la temática positivista. Por supuesto, se aparta de sus dogmas fundamentales, como pueda ser el rechazo de la ontología o la minusvaloración de los temas éticos, que ahora quedarían plenamente asumidos desde la nueva perspectiva suya. Pero la intención de la pregunta es otra. Se trata de los métodos mismos utilizados... desde una perspectiva gnoseológica. Se refiere a si esos métodos que, al tratar cuestiones epistemológicas, de teoría del conocimiento, en manos de los positivistas llegaron a convertirse en algo estéril, a pesar de que sí tenían un problema interesante entre las manos, por ejemplo, el problema de las relaciones entre teoría y experiencia, lo que pasa es que tratado quizás abstractamente y sin referirse a casos concretos de ciencia, pero el problema general sí era interesante... En la medida en que en ellos esos desarrollos formales parecen estar ligados a su propia vacuidad, ¿no cabría esperar que esos métodos contagian quizá su mismo espíriu positivista a los contenidos? M.B. No. Y le diré por qué no. Si se adopta una filosofía formalista de la matemática, entonces se está diciendo que la matemática es ajena a los contenidos, que la matemática es portátil de un campo del conocimiento a otro campo de conocimiento, que las mismas herramientas matemáticas que se usan en física pueden utilizarse, y muchas veces, de hecho, se utilizan, en la sociología-e, incluso, en la filosofía. Por consiguiente, la matemática no tiene ningún compromiso ontológico, y menos aún, la lógica. Yo creo que es un error muy grave, el de Quine, creer que la lógica conlleva compromiso ontológicos. Es ontológicamente neutra y por eso mismo, puede aplicarse a cualquier campo... Mi diferencia con respecto al positivismo no reside, entonces, en la tesis de la utilización o no de herramientas lógicas. Reside: primero, en que yo no estoy en la línea o en la tradición filosófica empirista y, por lo tanto, segundo, en que, a consecuencia de esto, admito ramas enteras de la filosofía que los positivistas se negaban a abordar. En suma, hay esas dos diferencias fundamentales. A.H. Si... ¡vamos!... que está en contra del inductivismo. En ese caso, ¿cómo calificaría su posición? ¿formalista? ¿teoricista, tal vez? M.B. No. Mi teoría del conocimiento es realista, realista y crítica. Entonces reconozco, como diría un hegeliano, el momento inductivo, pero también el deductivo, el analógico—(una cantidad de inferencias, casi todas inválidas, que tenemos que hacer todos los días forzosamente)— y, sobre todo, desde luego, el momento, si Vd. quiere, kantiano: la invención de conceptos nuevos, que no surjan de la mera combinación de conceptos pre-existentes. A.H. El realismo puede tener dos vertientes: una ontológica y otra epistemológica o gnoseológica. La pregunta (me da la impresión de que es trivial) sería ¿en Vd. se dan unidos?. Corríjame, si me equivoco... M.B. Bueno, yo distingo el realismo del materialismo. Se puede ser realista en teoría del conocimiento, como lo era santo Tomás, sin ser materialista. Santo Tomás no lo era. Se puede ser también materialista, sin ser realista. Un materialista puede ser irracionalista, por ejemplo, o puede ser convencionalista... Es decir, hay varias combinaciones...
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

A.H. De acuerdo, o sea, que el realismo es una postura gnoseológica, según Vd. lo define. Por tanto, su diferencia con respecto a ios positivistas sería su realismo, por respecto al cual, ellos serían calificados de «fcnomenistas» fundamentalmente. M.B. Fcnomenistas, sí, sí, sí... A.H. De acuerdo... Un libro que a nosotros nos llama particularmente la atención es su Materialismo y ciencia. Puesto que esta entrevista va a salir publicada en El Basilisco, revista de orientación materialista, como Vd. habrá podido observar al hojear algunos números... M.B. Materialista, excepto el título, que es mítico...(risas) A.H. Bueno, que sea mítico no quiere decir que no sea material de alguna manera, con algún género de materialidad... M.B. Materiales eran los cerebros que inventaron el mito. A.H. Ya... Evidentemente, aquí está el quid quaestionis, en esto que acaba de insinuar... Pero dejemos eso para más tarde. Desde nuestras coordenadas materialistas tiene importancia indicar que el materialismo es una posición ontológica, como muy bien ha señalado Vd. ahora, pero es una posición que tiene modulaciones distintas. Y esas modulaciones, por apelar a una distinción clásica, podríamos intentar categorizarlas del siguiente modo: Habría un materialismo monista, otro dualista y finalmente, otro pluralista, según los géneros o especies de materialidad que uno admitiese.

M.B. Sí. Yo soy monista pluralista. A.H. Sin embargo, en sus libros, a veces, da la impresión de que se inclina proclivemente al monismo. M.B. No. Solamente respecto al problema «mente/ cuerpo», porque no acepto la existencia de substancias mentales independientes de las materiales. A.H. O sea, que el monismo no sería una posición general en su ontología, sino una posición ontológica especial. M.B. Sí, en efecto, netamente particular. A.H. Bueno, me alegro de que coincidamos en este punto. M.B. Sí, sí, sí. Más aún. Yo considero varios niveles de organización de la realidad, toda ella material: el nivel físico, el químico (que distingo del físico), el biológico, y, si Vd. quiere, también el psíquico (no tengo inconveniente, siempre que se trate de una manera realmente distinta de organización), el social... A.H. Y el tecnológico, como una' realidad también material e independiente de los otros niveles, según he visto en sus libros... M.B. También. A.H. Esos niveles de realidad plantean un problema sumamente interesante desde el punto de vista de la ontología; y es el problema de cómo se transita de unos a otros. Vd. parece defender que se transita a través de un proceso que califica de «emergente» ¿no?. Esa noción de emergencia, me parece que Vd. reconoce en alguna ocasión que es obscura... , M.B. ¡No!. ¡Se le da por obscura!. Tan es así que la mayor parte de los científicos, que son fisicistas y reduccionistas, se niegan a admitirla. Yo creo que es perfectamente clara. Si me permite, la puedo definir... A.H. No hace falta. Ya he visto que la define en Materialismo y ciencia y en A World of Systems... El problema que se plantea es que, quizá, la emergencia de un nivel de realidad a otro, —^vamos a utilizar esa terminología sistémica—, no es idéntico, es decir, no es de la misma clase (y, por tanto, no definible con un esquema general único). Son tipos de emergencia diferente las que se dan en ese sentido... M.B, ¡Seguro! A.H. Entonces, esos estratos de realidad que aquí se formarán,, ¿agotarían la omnitudo realitatis o no la agotarían? M.B. No lo sabemos. Hemos reconocido hasta ahora media docena de niveles. Puede ser que tengamos que reconocer más y, seguramente, habría que reconocer subniveles. El número es un poco arbitrario, porque un químico podría decir que él tiene todo el derecho a distinguir entre las moléculas inorgánicas, que son pequeñitas, y las moléculas orgánicas, y en particular los polímeros, que son enor-

EL BASILISCO

67

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

mes y tiene una organización muchísimo más complicada que las moléculas «chicas» o pequeñas ¿no?. A.H. De acuerdo con eso la materia sería intrínsecamente rica e inagotable, puesto que puede producir en su seno tanta variedad, tanta realidad y tan diversa. M.B. Así eS, así es. Justamente por eso me parece tan empobrecedora la perspectiva fisicista o «reduccionista». Yo creo que aquí Vd. habla del tránsito de un nivel a otro. Se puede entender la palabra «tránsito» de dos maneras: ontológicamente o gnoseológicamente. Ontológicamente, como Vd. misnio indicó, hay muchas maneras diferentes en que cosas diferentes pueden agregarse formando' sistemas distintos. Incumbe a la ciencia averiguar cuáles son esos mecanismos de agregación o de auto-organización (self-assembly, como se dice en inglés). Después está el problema del conocimiento: ¿Cómo relacionamos entre sí nuestros conocimientos acerca de esos niveles distintos? ¿Hay que empezar siempre a partir de cero o se puede utilizar algo del conocimiento adquirido acerca del nivel anterior? Yo creo que deben hacerse ambas cosas: Hay que investigar cada cosa en su propio nivel y, además, ver qué relaciones tiene con los niveles aledaños. A.H. ¿No podría ocurrir que entre unos niveles las distancias fuesen más cortas, por decirlo de alguna manera, o las emergencias fuesen más débiles, mientras que el cambio de unos niveles a otros fuese más cortante y las emergencias tan radicales que realmente estamos en muy malas condiciones de entenderlos y que, por consiguiente, parece que hay ahí más que un simple tránsito armónico y sucesivo, un salto cualitativo... de género... ?. M.B. ¡Hay saltos cualitativos!. En todos los casos, desde luego. En cuanto a las distancias, sí, intuitivamente parecería que la distinción entre el nivel químico y el físico fuese menor que la distinción entre el nivel biológico y el químico. Parecería, teniendo en cuenta también cuántos años «se tardó» —digamos—, cuántos años le tomó a la tierra producir seres vivos en comparación con la producción de moléculas. Pero no tenemos un concepto cuantitativo de la distancia entre niveles, ni sé siquiera, si tiene sentido. Podemos, simplemente, ordenarlos, por ahora. A.H. Bien, aclarado el sentido que confiere a la pluralidad de la materia, uno se acuerda casi compulsivamente de la noción de substancia de Espinosa, cuando se interpreta materialistamente. Se acuerda también de los dos géneros que él distinguía, o para hablar técnicamente, de los dos atributos que él reconoció en la substancia—el pensamiento y la extensión—, que en el fondo eran expresiones y manifestaciones la misma y única substancia, aunque no agotaban la naturaleza, puesto que en su seno hay infinitos atributos e infinitos modos... Esa referencia «espinosista», ¿tiene algún sentido para Vd.?. M.B. ¡Mucho!. Espinosa no fue completamente claro al respecto, posiblemente por temor a represaUas aún mayores que las que se tomaron con él. Pero la idea fundamental es: «Una substancia con infinitos atributos». En esto estamos de acuerdo'. Es decir, monismo de substancia y pluraUsmo de atributos. Dicho sea de paso, es una idea que no todos los filófosos entienden claramente. Por ejemplo, discutiendo con Popper creo que no la ha entendido; puesto que
68

él quiere un mundo vario, entonces cree que tiene que introducir substancias diversas. No le basta con una multiplicidad de propiedades. Quiere que las substancias mismas sean diversas. A.H. La interpretación materialista de la Substancia de Espinosa ha sido defendida aquí en Oviedo por Vidal Peña en una tesis doctoral que luego apareció como El materialismo de Spinoza (1974) en Revista de Occidente, En ese libro aplica la ontología materialista de Gustavo Bueno con excelentes resultados. Pues bien, por lo que voy percibiendo en esta conversación hay en este punto una coincidencia-básica mucho más gande de lo que a primera vista pudiera pensarse, a juzgar por las tesis explícitas que aparecen en sus libros. Quizás ello sea debido al rigor o a la «exactitud» de que reviste Vd. sus formulaciones filosóficas. En este sentido, me parece que esas formulaciones para ser captadas en todo su espesor por el público español deberían ir anotadas abundantemente a pie de página, de modo que toda frase llevase incorporada su hermenéutica. De lo contrario, muchas de sus afirmaciones —y esa es la impresión que yo personalmente he sufrido al leer algunos de sus libros— cobran un tono simplista, dogmático, apriorista. En este momento, se me ocurre aventurar dos razones que expHquen sus preferencias estilísticas. La primera seguramente se debe a que en el círculo anglosajón en que Vd. se mueve, se exige ese tipo de lenguaje exacto para ser entendido por la comunidad científica; de lo contrario, uno no tiene ningún tipo de beligerancia. Es una razón puramente kuhniana, de paradigma, sociológica... Pero habría otra razón más profunda. El expediente de utilizar definiciones como punto de partida puede resultar demasiado empobrecedor en la discusión filosófica, al contrario de lo que ocurre en la discusión científica. ¿Qué le parecen estas razones? M.B. Bueno,hay tres puntos por lómenos. Primero, me alegra enterarme de que coincido en gran medida con el profesor Bueno, a quien he cobrado mucho aprecio y simpatía estos días. Segundo, la interpretación materialista de Espina fue propuesta en los años veinte por varios filósofos soviéticos. Y yo creo que tienen razón. Espinosa no en vano decía una y otra vez «Deus sive Natura» y no en vano le expulsaron de la Sinagoga y fue considerado como hereje muy peligroso, no solamente por los judíos, sino también por los protestantes de la época. Sí, yo creo que Espinosa era materiaUsta. Más aún, yo creo que también Descartes era materialista. Su Traite du monde y su Traite de l'homme eran completamente materiaUstas. Si no hubiera pesado la quema de Giordano Bruno y la condena de GaUleo, quizá Descartes se hubiera pronunciado abiertamente como materiaUsta... Una cosa son las Meditaciones, por ejemplo, y otra cosa son \os Tratados. Está el asunto del lenguaje. Vd. dice que yo, debido a que me muevo en im ambiente anglosajón, he adoptado ese modo de expresión más exacto. No. Yo no creo que tenga naa que ver, porque la inmensa mayoría de mis colegas en el mundo anglosajón son filósofos inexactos. Está lleno de wittgensteinianos, lleno de marxistas, lleno de fenomenólogos, lleno de historiadores de la filosofía. La Sociedad de filosofía exacta, que yo he fundado, no tiene más de 200 miembros entre EE.UU. y Canadá más unos pocos euroEL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

teoría matemática se justifica por los teoremas, si los teoremas son interesantes y si le parece que los teoremas están suficientemente de acuerdo con la ciencia de la época, eso me basta. A.H. Pero reconocerá que no es esa la justificación habitual que se hace de los principios en filosofía, ni lo que cabría esperar de un filósofo como técnica para convencer a los demás de sus opiniones. M.B. No, en efecto, no es la manera habitual. Pero la manera habitual es rabínica, es teológica, es discutir los principios, sin organizarlos, sin saber bien qué consecuencias tienen, sin definir o precisar o analizar los términos que contienen esos principios y sin preocuparse de si esos principios tienen consecuencias compatibles o no con la ciencia. Para mí, la única justificación de un principio filosófico es que esté o no de acuerdo con el resto del saber. Esa y, además, ésta otra, la heurística: Si ayuda o no a la obtención de nuevos conocimientos. A.H. Compatibilidad con el resto de Ids conocimientos de la época y relevancia prognóstica. Los dos criterios suenan hempelianamente. M.B. Sí, pero fíjese que Hempel se refiere a la ciencia, tal vez, pero no a la filosofía. Estamos hablando aquí de filosofía. A.H. Naturalmente, hay que trasponer los términos. M.B. Bueno, puede ser. Pero Hempel, como Vd. sabe, no tiene filosofía propia. Hempel tiene algunos análisis filosóficos, pero no tiene un sistema filosófico. Sin embargo, Hempel asigna, que yo recuerde, un peso mínimo a la compatibilidad de una teoría determinada de una ciencia con el resto del saber. Lo que le importaba era la compatibilidad con los datos empíricos. Para mí, esa es una de las condiciones. Pero, aunque importante, no es la única. A.H. En el famoso modelo Hempel-Oppenheim, no obstante, el inductivismo pierde peso específico en favor de la deducción, etc.. Pero estamos extendiéndonos mucho, porque se van suscitando cuestiones sobre la marcha y quedan aún temas de fondo en el tintero. Uno de ellos, que parecía apriori suscitaría viva polémica, arranca de sus desafiantes declaraciones a la prensa sobre la dialéctica. En ellas hacía una crítica del materialismo dialéctico, tal como ha sido formulado en las doctrinas ortodoxas del llamado Diamat, sobre todo en los países socialistas. Pero, me parece, que esa versión de la dialéctica no es la que mantienen otros muchos que se declaran dialécticos fuera de la Unión Soviética. Realmente yo creo que el punto fuerte de sus críticas, basadas en la técnica del contraejemplo, consiste en negar a los principios de la dialéctica carácter general o universal. Pero, me da la impresión, de que una vez sentado eso, va más allá, carga las tintas y concluye ilegítimamente desautorizando cualquier tipo de dialéctica. Ni siquiera tendría un valor particular, pese a su reconocimiento de «saltos cualitativos». El problema que yo quería plantearle aquí es particular: Cuando se ubica la dialéctica en un contexto histórico se observa que quienes se sirvieron de la dialéctica, ya gnoseológica, ya ontológicamente de Heráclito y Platón a Kant, Hegel y Marx, quizás estaban reaccionando contra un cierto fijismo, conta un cierto armonismo quietista. Y lo
69

peos. Es siempre una minoría. No. Yo creo que se debe más bien a mi formación como físico teórico y, además, a mi hartazgo, a mi autocrítica. Permítame darle un ejemplo. En el año 52 empecé a escribir un libro llamado Niveles de organización. Lo completé. En él se exponía una ontología pluralista: Una substancia, pero múltiples propiedades y saltos cualitativos, etc. Afortunadamente no había quien pudiera publicarlo. Ni siquiera intenté publicarlo, porque yo me daba cuenta de que estaba inmaduro. Al cabo de uno o dos años de estudiar filósofos un poco más exactos me di cuenta de que yo ahí confundía nada menos que nueveo conceptos diferentes, todos ellos designados por la misma palabra "nivel"... A.H. He leído un artículo suyo analizando las ambigüedades del término nivel y reconstruyéndolo... M.B. En efecto. Lo que saqué de ahí fue simplemente un artículo, ese artículo al que Vd. se refiere, sobre los distintos conceptos de nivel y quemé el libro. A partir de entonces fui un poco más cuidadoso, porque me daba cuenta de la enorme confusión que había. Y eso es inevitable. El lenguaje corriente e, incluso, el lenguaje teórico de los filósofos es tremendamente pobre, me parece a mí, y tremendamente ambiguo. Ahora bien, lo que da impresión de dogmatismo es el estilo hipóte tico-deductivo, el estilo axiomático que yo he adoptado: axioma, definición, teorema... Entonces, eso parece un tratado de geometría euclídea... A.H. O la Ethica more geométrico demónstrala. M.B. Así es, por supuesto... Ahora, es discutible que Espinosa lo hubiese logrado, porque si bien su organización era axiomática, los conceptos mismos eran muy imprecisos. Yo trato, además de organizar axiomáticamente una teoría, de aclarar cada uno de los conceptos que empleo, y demostrar cuál es su estructura matemática. Pero eso da la impresión, en efecto, de dogmatismo. Y yo me reconozco culpable de no justificar suficientemente los axiomas. Pero espero que el lector se de cuenta de que, lo mismo que una
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

que trataban de poner de manifiesto no era simplemente que había proceso, que había cambios, sino que esos cambios se daban forzosamente y por encima y a pesar de todas las voluntades armonistas. En suma, la pregunta que yo quería formularle —no sé, si exactamente formulada— es, más o menos, si la dialéctica, al contextualizarla históricamente como una reacción al armonismo y al fijismo ¿no tendría más valor histórico del que Vd. está dispuesto a reconocerle?. Por una parte, valor histórico. Y por otra parte, segunda cuestión, si la dialéctica no seguiría teniendo aún un valor fundamental allí donde se producen conflictos o contradicciones y donde una ideología armonista intenta, por ejemplo, eliminar los conflictos creando un sistema de apariencias, donde «too er mundo e güeno», donde todo funciona perfectamente y está completamente engranado, y, sobre todo, en el mundo de las relaciones sociales que es quizá, donde las relaciones que se mantienen entre los sujetos son más conñictivas y dialécticas de lo que el profesor Bunge parece dispuesto a admitir. M.B. Bueno, en primer lugar es cierto que hay distintas clases de dialéctica. Pero, recuerde Vd. que, por ejemplo, para Hegel, Kant no era dialéctico, sino metafísico, como él decía. Yo no estoy familiarizado con todas las doctrinas dialécticas, ni mucho menos. En particular, no he seguido la literatura de los últimos años sobre la dialéctica. Confieso mi ignorancia al respecto. Pero a mí me han molestado siempre dos cosas en la dialéctica: Primero, la enorme vaguedad de los términos utilizados por los filósofos dialécticos, su enorme imprecisión. Segundo, —^y ésto es un aspecto metodológico—, su negativa a aceptar ningún contraejemplo. Todos son ejemplos, jamás contraejemplos. En tercer lugar, me molesta también la unilateralidad. Es una teoría de la lucha. ¡Claro que hay luchas y conflictos en el mundo!. Pero también hay cooperación. ¿Que esos sistemas muchas veces se desmoronan, se desintegran debido a conflictos internos?: Completamente de acuerdo. Pero no puede ser una teoría general, una antología la que tenga en cuenta solamente una clase de aspectos —la desintegración de los sistemas— y no tenga para nada en cuenta la formación de los sistemas y el mantenimiento de los sistemas. Por eso me parece unilateral. A lo sumo, puede iluminar la mitad de la realidad, pero no toda la reahdad. Por eso no tiene universalidad la dialéctica. Además, en cuestiones sociales dice Vd. que posiblemente la vida social sea más conflictiva de lo que yo creo. No. Yo creo que en la vida social hay tanta cooperación como conflicto. Hay que tener en cuenta ambas. Yo no niego que haya lucha de clases. Pero ¿cómo explicamos la unidad de un grupo social, si no por la cooperación?. Para poner de manifiesto esa dualidad «cooperación/conflicto» elaboré justamente un modelo matemático, publicado en Applied Mathematical Modelling, que trata de lo siguiente: Un sistema con dos componentes. Los dos cooperan hasta cierto punto. ¿Qué punto?. Hasta el punto de saciedad de cada uno de ellos. Una vez que cada uno de ellos consiguió o logró llegar a un cierto nivel, entonces el otro ya no coopera con él, sino que se le opone, de manera tal que tratan de mantener una especie de equilibrio. Entonces hay a la vez cooperación para la formación de sistemas y hay conflicto en cuanto uno de ellos qiúere, por ejemplo, apoderarse de más recursos que el otro. Es un modelo sugerente para la sociología y la ecología.
70

A.H. Pero justamente esas situaciones conflictivas que Vd. describe son las que reciben el nombre de «dialécticas». (Los dos quieren lo mismo: París). Quizá sea un uso inadecuado del término, asimilarlo a esta complejidad. Habría que discutirlo, sólo que entonces sí parece una cuestión semántica. En todo caso, ¿por qué esa negativa suya tan tajante a llamar dialécticas a esas relaciones?. M.B. Porque a todo se le llama "dialéctica". Cada vez que hay comiplejidad, ¡dialéctica!; hay un cambio cualitativo, ¡dialéctica!; hay un juego de oposición y cooperación, también dialéctica. ¡Todo es dialéctico!. Es empobrecer mucho el aparato conceptual, llamarle a todo "dialéctica". Es un empobrecimiento enorme. Es típico de la época presocrática. Eso estaba muy bien cuando había pocos conceptos. Pero desde entonces hemos avanzado. Además, si queremos teorías precisas del conflicto, ya las hay. Por ejemplo, la teoría de Volterra déla competencia entre dos especies diferentes es una teoría exacta, que incluso se puede aplicar a algunas situaciones sociales; la teoría de los juegos es una teoría exacta mediante la cual se pueden describir conflictos. Yo no estoy negando que hagan falta teorías del conflicto. No. Pero, hagamos teorías propiamente dichas: exactas y aplicables. Y, además, no solamente teorías del conflicto, sino también teorías de la formación y mantenimiento de los sistemas, porque de lo contrario se da una visión unilateral de la realidad. A.H. De acuerdo, hablemos, pues, de las teorías del conflicto. Reconocerá que en los ambientes norteamericanos el tema del conflicto fue introducido en la Sociología, por ejemplo, frente al estructural-funcionalismo dominante por autores de inspiración marxista, vía Wright Mills o vía Alvin Gouldner, etc. Esta gente fue evolucionando hacia una referencia histórica que tenían en Marx, porque era la única que admitía la existencia de un conflicto objetivo entre sistemas, que se movía en un nivel no-individualista. Pues bien, esta tradición ha jugado un papel importante, al menos en cierto tipo de disciplinas para abrir nuevos campos, nuevos problemas, e t c . . M.B. Sí; pero una cosa es investigar científicamente conflictos particulares, por ejemplo, sociales, y otra cosa es hacer toda una ontología del conflicto, una ontología que nos hace perder de vista el aspecto cooperativo de las cosas. Más aún, como ya he dicho en alguna ocasión, una visión puramente dialéctica, puramente conflictiva es políticamente peligrosa, porque hace que la gente crea que toda guerra es inevitable. Es una filosofía de la guerra, que hace imposible la paz. A.H. Y, sin embargo, desafortunadamente, ningún sistema permanece, todos acaban destruyéndose inevitablemente... M.B. Sí, pero no hay por qué destruirlos violentamente. A.H. No se trata de eso... No. M.B. Además, hay una manera de conseguir la conservación de ciertos rasgos de un sistema; es ir reformándolo. A medida que se ve que están inadaptados se pueden ir reformando. Hay dos maneras de conseguir el progreso: Una es por reformas progresivas y otra es por revoluciones.
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Ahora bien, no toda revolución es progresvia. Hay revoluciones que lo destrozan todo. La revolución cristiana destrozó el mundo antiguo y no lo reemplazó por algo mejor. A.H. Bueno, me parece que después de esta conversación están bastante más claras sus posiciones respecto a la dialéctica. En su libro Materialismo y ciencia arremete contra la dialéctica al tipo de procesos conflictivos que controlan un cincuenta por ciento de la realidad, discrimina algo más. No obstante, con respecto a la sociología americana, yo quería insistir en que no se trataba sólo de hacer investigaciones empíricas sobre conflictos empíricos, por ejemplo, en una fábrica de yesos (Gouldner: Wildcat Strike), sino que lo que propició que se pudiesen hacer esas investigaciones empíricas fue una nueva idea o como se dice ahora, un nuevo paradigma que permitía percibir con ojos nuevos esos conflictos, antes ignorados. M.B. De acuerdo, pero tenga Vd. también en cuenta que no se puede explicar la cohesión de un grupo social, si decimos que cada ente es una unidad de opuestos, porque justamente interesa... A.H. Ciertamente, si Vd. interpreta la dialéctica de modo monista, hay formulaciones dialécticas poco inteligibles... M.B. ¿Y cuáles son las inteligibles? Yo no he visto ninguna inteligible hasta ahora. Ese es el problema. A.H. Es que la cuestión de la dialéctica remite al materialismo. Cuando el materialismo dialéctico se entiende monistamente, seguramente que es inevitable apelar a una sola realidad y entonces cada cosa genera internamente su opuesto, que es Hegel ¿no?. Pero si la realidad es ella misma plural, entonces los conflictos y contradicciones aparecen «entre» los diversos elementos del mundo que están ahí. Y quizá no agotan todas las relaciones que puedan existir en la realidad, pero sí cubren una gran parte de las relaciones «entre» distintos elementos. M.B. Pero yo creo de todas las maneras la dialéctica empobrece mucho, porque es como tratar de explicar la realidad, como Empédocles, mediante el Amor y el Odio, o si no, con la atracción y la repulsión. El mundo es mucho más rico que lo que nos lo describe la dialéctica. Yo he tratado de hacer una ontología que incluye esos aspectos de lucha y conflicto, si Vd. quiere, pero que tiene en cuenta tam^ bien lo demás. A.H. Bueno, creo que es mejor cambiar de tercio, porque nos vamos a repetir. Queda suficientemente aclarada su posición y no es mi misión valorarla aquí. Otro punto que yo quería plantear ahora, volviendo sobre una ironía anterior, es si Vd. admite alguna distinción relevante entre un sujeto psicológico, que básicamente consiste en operaciones cerebrales según sus convicciones neurocientíficas y un sujeto epistemológico, en el que no importan tanto las operaciones cerebrales como los contenidos de esas operaciones cerebrales. Me refiero a la distinción clásica de Husserl entre noesis y noema, aunque no es filósofo de sus simpatías, pese a que era matemático... M.B. Muy malo.
EL BASILISCO

A.H. La cuestión es que si no se reconoce ninguna distinción, se plantea el problema de la validez que tendrían los contenidos del pensamiento, cuando éstos gozan de lo que se llama objetividad como es el caso de la lógica o las matemáticas. En la medida en que Vd. parece sentirse inclinado a conferir a la Lógica una cierta validez a priori, si reduce la validez de sus contenidos a operaciones cerebrales o mentales de un sujeto, entonces parecería abogar por la posición que clásicamene se denomina psicologismo. Y entonces, ¿cómo se salva la objetividad de los contenidos lógicos?... M.B. ¡Un momento!. Sus preguntas son tan largas que cuando llega al final ya no me acuerdo del principio. Yo no distingo entre sujeto gnoseológico y sujeto psicológico. Simplemente, me parece que la epistemología, por un lado, y la psicología, por otro, estudian de manera diferente exactamente el mismo sujeto. Siempre es el mismo, profesor Hidalgo, el que está ahí conociendo, pensando, actuando. Solamente que sus pensamientos, sus actos se enfocan de manera diferente. Más aún, creo que esa dualidad de enfoque debe terminar. Yo estoy abogando por la unión de la gnoseología o teoría del conocimiento con la psicología del conocimiento. Así que niego la dualidad y niego el dualismo de enfoque. Hago esto en el 5" tomo de mi Treatise. Niego también que haya diferencia entre un pensamiento y su contenido. Simplemente nosotros analizamos un pensamiento en forma y contenido. Pero eso es un análisis posterior. El pensamiento mismo viene con un contenido y viene con una forma. Y para mí, materialista, no se distingue del proceso cerebral. La distinción entre pensamiento y proceso cerebral que lo acompaña es típicamente dualista. Para mí, no hay más que una cosa: hay un proceso cerebral al que llamamos "pensamiento". Nada más que eso. Y lo describimos de manera diferente. Uno puede hacer una descripción neurofisiológica de un proceso de pensamiento, el otro hace una descripción psicológica y el tercero hace una descripción lógica, por ejemplo. En cuanto al psicologismo hay algo de cierto en su acusación. Pero la diferencia es ésta: Para el psicologismo las leyes de la lógica son leyes del pensamiento, son necesarias, son leyes. No son solamente pensamientos, son leyes del pensamiento. No hay manera de evadirlas. Y eso sabemos que es falso, empíricamente falso. Primero, la mayor parte de la gente razona de manera falaz. Segundo, se pueden inventar tantas lógicas como uno quiere. Entonces, el psicologismo está por ahí en la medida en que los axiomas lógicos son, sí, clases de pensamientos. No existen deporsíni existen a priori. Pero, en cambio, desde el punto de vista metodológico me parece a mí que una lógica no se justifica ni por sí misma, ni por ninguna ación que podamos hacer, sino que se justifica en la medida en que sirve para razonar en la matemática y en la ciencia. Nada más. Y para controlar: es un control del pensamiento y de las inferencias. Nada más. A.H. Perfectamente. Recordaba Vd. toda mi larga pregunta (salvo, tal vez, sus conexiones internas). Pero no voy a cansarle más. Únicamente quisiera nos diese su opinión sobre este I Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias, que se está celebrando en Oviedo y al que ha asistido como ponente y participante activo.
71

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

M.B. Tengo una impresión excelente. En primer lugar, yo esperaba encontrar cincuenta personas, no doscientas cincuenta. Me he llevado una gran sorpresa, al ver el interés enorme que ha despertado, la seriedad de la gente que expuso y de la gente que hizo preguntas y objecciones, e t c . , la disciplina, a pesar de los retardos. No hubo más que un incidente desagradable, que no suele darse en los Congresos. Todo lo demás ha sido altamente civilizado. Hubo auténtico intercambio. Y todo esto se debe a los organizadores. Ha sido una organización perfecta. Yo he asistido a muchos Congresos en mi vida —¡demasiados!—. Este es el mejor organizado que he visto. Ante todo, han tenido el buen tino de no recargar los programas. En segundo lugar, han tenido el buen tino de invitar no sólo filósofos, sino también investigadores de diversos campos, de modo que se ha hecho posible un diálogo y muchas veces se ha mostrado que ese diálogo no era posible por falta de una base común . Pero, i muy bien!, se muestra de esa manera los puentes que hay que tender. En tercer lugar, la infraestructura, la atención de la gente ha sido todo perfecto. Yo no he encontrado ningún flop. Así pues, me parece, que dado el buen resultado de este Congreso, hay que insistir. Lo que me temo es que Vdes. van a quedar tan agotados que van a tardar un año en reponerse y entonces no van a tener ganas de organizar otro Congreso. Pero es de esperar que se repongan antes y organicen más Congresos de estos, porque hacen falta. A.H. Vd., que tiene gran experiencia como organizador de actividades diversas relacionadas con la filosofía—la revista Minerva, que dirigió durante un año, Iz Agrupación Rioplatense de Lógica y Filosofía Científica, que contribuyó a fundar, etc.— seguramente apreciará más la labor organizativa, puramente formal, de la Sociedad Asturiana de Filosofía. De todas formas no creo que sea tan excesivo el trabajo realizado como para evitarnos cualquier tipo de actividad posterior. M.B. Bueno, yo quiero decirle que a mí el organizar Congresos y Sociedades me ha dado siempre muchas satisfacciones, porque he visto los buenos resultados. He organizado, además, la Sociedad de Filosofía Exacta, la Asociación Mexicana de Epistemología y he participado en la organización de la Asociación Física Argentina, del Grupo Uruguayo de Epistemología, \2L Asociación Venezolana de Epistemología y de la Sociedad Colombiana de Epistemología. Y todas esas han sido ocasiones de colaboración con gente de inquietudes científicas y filosóficas y siempre ha quedado algo positivo de todo eso. Oviedo, 15 de Abril de 1982

Aires, 1960); edición definitiva: Causatity in Modern Science, Dover, New York, 1979. 1959 (a) Metascientific Queries, Springfield de III.: Charles C. Thomas (trad.cast.: Laciencia, su método y su filosofía, Buenos Aires. Siglo Veinte, 1960, varias ediciones). 1959 (b) «¿Qué es un problema científico?», Holmhergia, VI, núms. 15, 47. 1960 Etica y ciencia, Buenos Aires, Siglo Veinte; nueva edición, 1972. 1960 (a) «Levéis: A Semantic Preliminary», The Review of Metaphysics, 8,396. 1960 (b) «On the Connections Among Levéis», Proceedingsofthe XIIInternational Congress of Philosophy, Vol VI, Metaphysics and Philosophy ofNature, Florencia: Sansoni.'p. 63. 1960 (c) «Probabilidad e inducción». Ciencia y técnica, 129, núm. 649, p. 240. 1960 (d) Antología Semántica (compilada por M. Bungc), Buenos Aires, Nueva Visión. 1961 «Theweight of simplicity in the construction andassayingof scientific theories», Phil. Science, 28, p. 129-49. 1961 (a) «Ethics as a Science», Philosophy and Phenomenological Research, 22. 1962 ¡ntuition and science, Prentice-Hall, Englewood Cliffs, New Jersey (trad. cast.; Intuición y ciencia. Buenos Aires, Eudeba, 1965) reimp. 1975. 1962 (a) «Cosmology and magic», The Monist, 47, p. 116-141. 1963 The Myih of Simplicity: Problems ofScientific Philosophy, Prentice Hall, Englewood Cliffs, N.J. (trad. cast.). 1963 (a) «A general black box theory», Philos. Science, 30, 346-58. 1963 (b) «Tecnología, ciencia y filosofía». Anales de la Universidad de Chile.CXX\,núm. 126,64. 1964 The Critkat Approach: Essays in Honor of Karl Popper, Glencoc, The Frec Press. 1967 Scientific Research,! vols., Springer-Verlag, New York (trad. cast. La investigación científica, Barcelona, Ariel, 1969) varias ediciones. 1967 (a) Foundations of Physic, New York, Springer-Verlag. 1967 (b) Delaware seminar in the foundations ofphysics, (Bunge editor), New York, Springer-Verlag.

B I B L I O G R A F Í A D E MARIO BUNGE 1943. Temas de educación popular, Buenos Aires. 1955. La edad del Universo, Q\iex\o%/KiK%. 1955 (a), «Strife about complementarity», Brítish Journal of Philosophy of Science, 6, 1-12, 141-154. 1956 «A Critique of the Frequentist Theory of Probability», Congreso Internacional de Filosofía, Sao Paulo, Instituto Brasileiro de Filosofía, III. 1959 Casuality: The Place ofthe Causal Principie In Modern Science, Harvad University Press, Cambridge, Mass (Trad. cast. Causalidad, Buenos 72 EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

1967 (c) Quantum theory and realily. New York, Springer Verlag. 1968 (a) «Physical time: thc objeclive and relational theory», Phil. Sd., 35. 1968 (b) «Physique et métaphysiquc du tcmps» Proceedings ofthe XIV ¡ntemational Congressof Philosophy. II, Wien, Herder. 1968 (c) «Conjunction, succesion, determination, and causation» InternaíionalJournalof Theorelical Physic, / , p. 299-315. 1968 (d) «Problems and games in the currcnt philosophy of natural sciencc». Proc. X¡V Congress of Philosophy, /, Wien, Herder. 1969 «La metafísica, epistemología y metodología de los niveles» en Las estructuras jerárquicas. Alianza Univ. Madrid, 1973. 1969 (a) «What are physical theorics about?», American Quarteriy Monographs. 3, p. 61-99. Philosophicat

1976 (c)«Possibility and probability». En W. Harper y C. Hooker (eds.) Foundations of Probability Theory, Statistical Inference, and Statistical Theories of Science, Vol. III, Dordrecht, Reidel Publ. Co. 1977 The Furniture ofthe World. Vol. 3 de Treatise on Basic Philosophy, Dordrecht Publ. Co. 1977 (a) «States and events». En W.E. Hartnett (ed.). Systems: Approaches, Theories, Applications, Dordrecht. Reidel Publ. Co. 1977 (b) «Thc GST challenge to the classical philosophies of science», ínter. J. General Systems, 4,29-37. 1977 (c) «General systems and holism» General Systems, 22,87-90. 1977 (d) «Emergcncc and the mind», Neuroscience, 2, 501-9. 1977 (e) «Levéis and reduction», American Journal of Physiology, 3, 7582. 1977 (f) «The philosophical richncss of technology», Proceedings of the 1976 Biennal ofthe Philosophy of Science Association, vol. 2, F. Suppe y P.D. Asquith (comp.), East Lansing, Mich. 1977, (g) «Towards a technocthics». 77ie Monist, 60,96-107. 1977 (h) «A systems concept ofthe international system» en Bunge y otros (eds). Mathematical Approuches to International Relations, Bucharest: Romanian Academy of Social and Political Sciences. 1977 (i) «The interpretation of Heisenberg's inequalities», En H. Pfeiffer (ed.) Denken und Umdenken: Zu Werk und Wirkung von Werner Heisenberg, München-Zürich: R. Piper & Co. 1977 (j) con A. García Máynez: «A relational theory of physical space», InternationalJ. Theoret. Phys..Vo\. 16. 1977 (k) con A.L. Sangalli: «A theory of properties and kinds». Intern. Journal of General Systems, 3, 183-190. 1978 «Conocimiento objetivo y mundos popperianos». Semestre de Filosofía,- Caracas, I, núm. 2, 7-25. 1978 (a) «A model of evolution». Appl. Math, Model, 2, 201-4.

1970 «Virtual processcs and virtual partióles: real or fictitious?» International Journal of Theorethicat Physic, 3. 1971 Problems in the foundations in Physics, (Bunge editor), New York, Springer-Verlag. 1971 (a) «Is scientific methaphysics possible?» The Journal of Philosophy, 68 (vers. cast.: «¿Es posible una metafísica científica?». Teorema. III/4). 1972 Teoría y realidad. Barcelona, Ariel. 1973 Method, model, andmatter, Dordrecht, D. Reidel Publ. Co., 1973 (a) Philosophy of Physics, Dordrecht, D. Reidel Publ. Co. (trad. cast. Filosofía de la Física, Barcelona, Ariel, 1978) 1973 (b) The Methodological Unity of Science, (Bunge editor). 1973 (c) Exact Philosophy: Problems, Methods, Goals, (Bunge editor), Dordrecht, Reidel Publ. Co. 1973 (d) «Review of P. Suppes' Probabilistic Theory ofCausality», British Journal of Philosophy of Science, 24. 1974 Sense and Reference, Vol. 1 de Treatise on Basic Philosophy, Dordrecht, Reidel Publ. Co. 1974 (a) Interpretation and Truth. Vol 2 de Treatise on Basic Philosophy, Dordrecht Publ. Co. 1974 (b) «The relations of logic and semantics to ontology»,Jounal losophical Logic, 3,195-209. ofphi-

1978 (b) «A systems concept of society: beyond individualism and holism», Theory and Decisión, 10.13-30. 1978 (c) con Rodolfo Linas: «The mind-body probiem in the light of neuroscience». Proceedings XVI Congress of Philosophy. 1979 A World of Systems, Vol. 4 de Treatise on Basic Philosphy,DoTdTecht, Reidel Publ. Co. (vers. cast. de próxima aparición en Tecnos, Madrid). 1980 The Mind Body Probiem. A Psychobíological Approach, Oxford, Pergamon (vers. cast. de próxima publicación en Tecnos, Madrid). 1980 (a) Epistemología. Curso de actualización, Ariel, Barcelona. 1980 (b) Ciencia y desarrollo, Buenos Aires, Siglo Veinte. 1981 Materialismo y ciencia, Barcelona, Ariel. 1981 (a) Scientific Materialism, Dordrecht, Reidel Publ. Co. 1981 (b) «Development indicators». Social Indicators Research 9: 369385. 1982 Economía y Filosofía, Tecnos, Madrid; presentación de Raúl Prebisch. 1982 (a) «Epistemología de las ciencias naturales: la Psicología como ciencia natural». Actas del I Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias, Pentalfa Ediciones, Oviedo. 1982 (b) con otros: «El significado de la física cuántica», ibid.

1974 (c) «Les présupposés et les produits métaphysiques de la science et de la technique contemporaines». Dialogue, 13,443-453. 1974 (d) «The concept of social structure». En W. Leinfellner y E. Kóhler, (eds.) Developments in the Methodology of Social Science, Dordrecht, Reidel Publ. Co. 1974 (e) «Metaphysics and science», General Systems, 19, 15-18. 1974 (f) «Things», International Journal of General Systems, 1, 229-236. 1974 (g) «Technology as Applied Science», en F. Rapp (ed.) Contributions to a Philosophy of Technology, Dordrecht, Reidel Publ. Co. 1975 «¿Hay proposiciones?», en Aspectos de la filosofía de W. V. O. Quine, Valencia, Teorema. 1975 (a) «A critical examination of dialectics». En Ch. Perelman (ed.) DialecticsIDialectique, The Hague: M. Nijhoff. 1976 Tecnología y filosofía. Universidad Autónoma de Nuevo León. 1976 (a) «La representación conceptual de los hechos». Teorema, V/3-4. 1976 (b) «El ser no tiene sentido y el sentido no tiene ser: Notas para una conceptologia». Teorema, VI/2. EL BASILISCO

1982 (c) «Teoría económica y realidad económica», ibid.

73

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

CONGRESOS

I CONGRESO DE TEORÍA Y METODOLOGÍA DE LAS CIENCIAS
ELBASILISCO
el 4 al 8 de Abril de 1982 se celebró en el Hotel de la Reconquista de Oviedo un Congreso sobre Teoría y Metodología de las Ciencias, organizado por la Sociedad Asturiana de Filosofía y patrocinado por la Fundación Principado de Asturias, la Universidad de Oviedo y la Caja Rural Provincial. Según las manifestaciones programáticas de los organizadores, el Congreso perseguía un doble objetivo: fomentar la comunicación interdisciplinar entre científicos yfilósofosy crear un foro institucional capaz de propiciar encuentros y confrontaciones epistemológicas de envergadura. Los 24 actos celebrados—entre ponencias, comunicaciones y mesas redondas— fueron seguidos con notable interés por la inmensa mayoría de los 300 congresistas procedentes de distintas regiones españolas y de las más variadas disciplinas: psicólogos, físicos, matemáticos, geógrafos, médicos, filósofos, etc. La participación activa de los asistentes a los debates y coloquios, si bien prolongó las sesiones más de lo que un celoso cronometrador hubiese permitido, supone un índice no demasiado incierto del interés intrínseco de los problemas suscitados. Aunque los medios de comunicación social focalizaron su atención sobre una posible confrontación entre las posiciones gnoseológicas de Mario Bunge y Gustavo Bueno, en esta reseña intentaremos presentar la información bajo parámetros más objetivos que los seleccionados por esa hipotética y no cristalizada contraposición. Si cabe hablar de confrontación, ésta no tuvo lugar directamente, sino sólo indirectamente a través de la reinterpretación que cada uno de estos «gnoseólogos» ejecutó sobre los materiales positivos aportados por los científicos en el Congreso. Estos materiales y las reflexiones dedicadas a los mismos pueden organizase sin demasiada dificultad en tres
74

grandes núcleos temáticos y un apéndice: El primero de ellos referido a las ciencias físico-naturales; el segundo, centrado sobre dos disciplinas (Geografía e Historia), en tanto fueron consideradas como ciencias fronterizas entre el mundo natural y el mundo cultural. Una serie de reflexiones específicamente epistemológicas, aunque en distinto grado de generalización, constituyen el tercer núcleo temático que podría catalogarse de «Filosofía e Historia de la Ciencia». Por último, el profesor Bunge realizó un furibundo ataque a la teoría económica mónetarista que dadas las vivas polémicas que suscitó, podría considerarse como un digno apéndice de este sustancioso congreso. L Ciencias físico-naturales. Las actividades desarrolladas en torno a las ciencias físico-naturales pueden categorizarse en tres grupos: 1. Las aportaciones de Manuel García Velarde (Catedrático de Mecánica Estadística de la U.N.E.D.), sobre «Estructuración y cooperatividad a partir del desorden», y de Antonio Fernández Ranada (Catedrático de Mecánica Teórica de la Universidad complutense de Madrid), sobre «Determinismo y caos en las leyes físicas», incidieron en el clásico problemafilosóficodel determinismo en física desde puntos de vista divergentes en sus comienzos, pero convergentes en sus conclusiones. A partir de materiales empíricos, expuestos con sencillez y soltura, el profesor Velarde, siguiendo la línea de Prigogine, consideró cómo un sistema abierto puede evolucionar disminuyendo su entropía sin contradecir el segundo principio de la Termodinámica. El profesor Ranada, por su parte, subrayó la crisis de los conceptos clásicos del determinismo físico, presentando — mediante un análisis de la «hipótesis ergódica»— el concepto de caoticidad (mejor que el de indeterminismo) y mostrando cómo este concepto podía ilustrarse a partir de situaEL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

dones sencillas («efecto mariposa» de E. Lorenz, «transformación del panadero», etc.). 2. Estas exposiciones teórico-sistemáticas sobre materiales de investigación vivos y en plena ebullición fueron complementados por otro grupo de actividades cuyo carácter histórico les confiere cierta unidad. El profesor León Garzón Ruipérez (Catedrático de Energía Nuclear de la Universidad de Oviedo) diseñó la «Evolución histórica de la metodología en la Física nuclear», distinguiendo tres grandes etapas, cuyos puntos de inflexión vendrían dados cronológicamente por las dos guerras mundiales. De principios de siglo a la década de los veinte, la experimentación sobre los fenómenos radiactivos y la constitución independiente de la herramienta matemática gestada por la hipótesis de los «cuantos* se habría desarrollado de modo paralelo pero divergente. Entre 1920 y 1939, además de la convergencia de estos dos desarrollos, se produce un cambio cualitativo de la investigación por efecto de la construcción de los aceleradores de partículas. Pero tras el descubrimiento de la fisión nuclear, se inicia una nueva etapa cuya aplicación práctica implica un desarrollo tecnológico diferente. Finalmente, a partir de 1952, la necesidad de producir artificialmente ciertas partículas encontradas en los rayos cósmicos, constituye a la física nuclear en una de las grandes ciencias contemporáneas de características novedosas. La comunicación de Miguel Perrero Melgar (Profesor de Filosofía Natural de la Universidad de Oviedo) sobre «El problema de la reahdad en la mecánica cuántica» se centró en la discusión histórica protagonizada por Bohr, Heisenberg y Einstein en tomo a la interpretación del llamado «principio de incertidumbre». Como conclusión, el profesor Ferrero constató que á partir de 1964, el teorema de Bell y las experiencias subsiguientes clarifican la situación al plantear la siguiente disyunciónfilosófica:«o bien se abandona el concepto de realismo (de uso ordinario), o si se mantiene, ha de ser a costa de una revisión fundamental (la no-separabilidad)». Una mesa redonda sobre «El significado de la Física cuántica», constituyó uno de los momentos álgidos del Congreso, al suscitar con la máxima radicalidad un debate en torno a estas cuestiones. El enfrentamiento sostenido entre Manuel García Doncel, abierto partidario de la interpretación ortodoxa de Copenhague, y el profesor Bunge, crítico despiadado del positivismo subjetivista de dicha interpretación, fue moderado por las intervenciones y puntualizaciones de Antonio Fernández-Ranada, que trató de vislumbrar la posibilidad de una solución imprevista, más allá del obvio operacionahsmo subjetivista de Doncel y del realismo excesivamente rígido de Bunge. 3. La conferencia del profesor Gustavo Bueno (Catedrático de Filosofía de la Universidad de Oviedo), «El cierre categorial aplicado a las ciencias físico-químicas», vino a ofrecer una perspectiva metodológica global para la interpretación de la estructura gnoseológica del saber dentífíco, que se autoconcibió como una alternativa al descripcionisOTO (reducción de la forma a la materia), al teoricismo de Popper (reducción de la materia a la forma), y al adecuacionismo, en el que encuadró a Bunge —encuadramiento que en el posterior coloquio fue repUcado por el propio Bunge— (consistente en una yuxtaposidón entre materia y forma). La alternativa diamérica ofrecida desde el materialisEL BASILISCO

mofilosóficofue desarrollada, tanto a nivel analítico como sintético, en un grado tal de generalidad y con un apresuramiento que sólo la publicación de las Actas, ya editadas, ha venido a subsanar adecuadamente. n . El segundo núcleo temático se configuró en torno a algunas de las llamadas «ciencias culturales o humanas»: la Geografía y la Psicología. El desarrollo del Congreso puso de manifiesto una peculiaridad que comparten estas dos discipHnas: su carácter de ciencias fronterizas, a caballo, de la célebre distinción de tradición germánica entre naturaleza/cultura. En efecto, el profesor Mario Bunge (Universidad McGill, Montreal), que tenía encomendada una conferencia sobre «Epistemología de las ciencias naturales», sorprendió al auditorio disertando sobre «La Psicología como ciencia natural». Con gran claridad didáctica, sostuvo que la Psicología sólo podrá constituirse en una ciencia cabal, si adopta el «enfoque neurobiológico», tínico compatible con una ontología materialista y abiertamente enfrentado tanto al conductismo como al mentalismo y al informativismo. Su teoría de los «psicones», expuesta en su reciente libro The Mind-Body Problem, constituyó el objeto de un animado coloquio, que trató de diluddar hasta qué punto el «enfoque neurofisiológico» adoptado no suponía un reduccionismo liquidador de la Psicología como ciencia autónoma. La intervendón del profesor Julio Seoane (Catedrático de Psicología Social de la Universidad de Valencia), titulada «Panorama actual de la Psicología científica», sirvió de contrapunto polémico al enfoque sustentado por Bunge. Limpiamente partidario de una «psicología del conocimiento» específicamente psicológica, Seoane criticó el excesivo acercamiento tradicional de la Psicología conductista a las pautas metodológicas de las ciencias físicas, corrigió la visión simplista y restrictiva del profesor Bunge respecto al movimiento behaviorista y ejempUfícó en su disertación final un brillante reducdonismo psicológico cognitivista de la problemática de la ciencia. «Sobre el incesto» fue el título de la comunicación presentada por Tomás Ramón Fernández (Profesor de Psicología General de la Universidad de Oviedo). Tan conflictivo asunto le sirvió de banco de pruebas para abordar un problema mucho más general: el de la demarcadón entre ciencias biológicas y ciendas humanas. Tras analizar el argumento sociológico y la configuración ideológica en la que se halla inmerso, argüyó que las explicaciones biológicas, apoyadas sobre la existencia de mecanismos de evitación, no están exentas tampoco de supuestos ideológicos. Con todo, el supuesto argumento psicológico, que serviría de puente entre ambas perspectivas, no supone una solución al problema, pues en él se sigue manteniendo una duahdad, que reclama la necesidad de una perspectiva gnoseológica fiíerte para entenderlo. La célebre distinción entre metodologías a y |3-operatorias expuesta por el profesor Gustavo Bueno en su intervención, titulada genéricamente «Gnoseología de las ciencias humanas» ofredó a los asistentes la posible perspectiva gnoseológica que servía de marco al problema planteado por Tomás R. Fernández. De forma mucho más didáctica que en su primera conferencia, el profesor Bueno logró sintetizar el concepto de ciencias humanas como un concepto
75

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

internamente gnoseológico, desde una Idea dialéctica de ciencia, ni unívoca ni equívoca, capaz de atravesar las diferencias entre las ciencias humanas y las que no lo son. El constructivismo gnoseológico sostenido por G. Bueno le sirvió de base para una clasificación de las ciencias, que, a través de la neutralización, o no, del sujeto gnoseológico, contenía entre sus miembros el concepto de ciencias himia-ñas. En éstas, la distinción entre los planos a y |3 permite dar cuenta del significado gnoseológico de múltiples oposiciones clásicas, que inevitablemente ocurren en las ciencias humanas más alejadas entre sí (Durkheim/Tarde, Chomsky/Saussure, Maii/Jevons, etc.), así como resucitar la cuestión de la causalidad final nunca eliminada por completo en estas ciencias. Justamente la conferencia del profesor Horacio Capel (Catedrático de Geografía de la Universidad de Barcelona), significativamente titulada «Positivismo y antipositivismo en la ciencia geográfica», evidenció, a través de un análisis histórico exhaustivo del caso de la Geomorfología, una de las inevitables dualidades estructurales constitutivas de las ciencias humanas. El profesor G. Bueno sugirió la posibilidad de realizar el material ofrecido por el profesor H. Capel en términos de la distinción gnoseológica entre metodologías a y p. Con brillantez yrigoranalizó el profesor H. Capel la contraposición positivismo/historicismo, destacando sus rasgos esenciales, así como el movimiento pendular detectable entre dos grandes tradicionesa o paradigmas geográficos, más allá de los desfases de la cronología y de la complejidad de la evolución personal de los distintos geógrafos minuciosamente analizados (Ratzel, WiUian Bunge, Davis Harvey, etc.). Mientras el profesor Capel se mantuvo al margen de la controversia interna suscitada por el ingente material histórico analizado, el profesor Emilio Murcia (Catedrático de Geografía Humana de la Universidad de Oviedo), en su comunicación «Hacia una metodología sistémica en el análisis geográfico», tomó partido inequívocamente por la Teoría General de los Sistemas, tanto como corriente epistemológica general, cuanto como alternativa metodológica integradora en el seno dp las ciencias geográficas. En este sentido, redefinió el objeto del análisis geográfico como «el estudio, con fines de conocimiento, previsión y control, de las unidades territoriales significativas (UTS) de cualquier escala dimensional, orden y nivel jerárquicos», propugnando la cientificidad de la Geografía y su capacidad práctica para proporcionar pautas adecuadas de control y planificación en los sistemas territoriales. Precisamente, sobre el alcance y valor de la T.G.S., versaron las comunicaciones de los profesores Juan Ramón Alvarez Bautista (Universidad de León), Alberto Hidalgo Tuñón (Universidad de Oviedo) y Rafael Plá (Universidad de Valencia). Insistió el primero en su intervención «Sistemas, esquemas, y organismos», en la necesidad de recuperar la noción de sistema en su contextofilosóficomás amplio, el del sistemafilosóficokantiano; de qué modo, tanto la biología organicista de Bertalanffy, como el tratamiento tecnocrático de los sistemas complejos por parte de Simón, son deudores de las ideas claves de totalidad yfinalidad,entrelazadas indisolublemente por Kant. El profesor Hidalgo ensayó, a propósito de la «Teoría de la organización y la Teoría de los Sistemas», una aplica76

ción del instrumental gnoseológico desarrollado desde la perspectiva del «cierre categorial». Tras distinguir cuatro planos o niveles (conceptual, teórico, metateórico y tecnológico), en los que se configuran las conexiones existentes entre la teoría de la organización y la Teoría General de Sistemas, puso algunas muestras de conexiones metaméricas y diaméricas ejecutadas históricamente en el primer nivel. De manera excesivamente técnica trató de anaUzar las espinosas relaciones entre cibernética y teoría general de sistemas como «conceptos conjugados», desarrolló la posibilidad teórica de la existencia de varios esquemas diaméricos alternativos y ejemplificó a través de varios casos recientes (Bunge, Klist, Barnard, Mesarovic, y Simón) la diversidad de los enfoques sistémicos sobre la teoría de la organización. Finalmente, el profesor Rafael Plá presentó una breve comunicación sobre la «Regulación filosófica de las ciencias», aseverando que la actividad filosófica, lejos de mantener su estatuto no científico, podría en el futuro organizar su propio aprendizaje desde la Teoría de Sistemas, convirtiéndose en una economía de la investigación científica. III. El tercer núcleo del Congreso, pese a su heterogeneidad, podría articularse en tomo al título genérico de «Filosofía e Historia de la Ciencia».

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

En este sentido, la conferf-ncia del profesor Carlos París (Catedrático de Antropología de la Universidad Autónoma de Madrid), pasó revista de forma global a la «Posición de la ciencia en el complejo cultural», revitalizando para ello el concepto de «práctica epistémica» y ejecutando un balance crítico del aspecto histórico-social de la ciencia. A pesar de reconocer las limitaciones de ciertas versiones simplistas de la interpretación marxista de los fenómenos epistémicos, vindicó el «principio cairológico» —«la humanidad no se propone nunca más que los problemas que puede resolver»— como hilo conductor para reinterpretar el sentido de la ciencia y concluyó enfatizando los aspectos negativos de las relaciones entre ciencia y poder, que suponen un fracaso de la vieja ilusión ilustrada, pero también una esperanza para una nueva sociedad. En un grado menor de generalidad, el profesor Ignacio Izuzquiza (Catedrático de INB de Filosofía en Zaragoza) en su comunicación, «La actividad científica como texto: Hermenéutica y Teoría de la ciencia», reivindicó la tradición herníeneútica clásica de Wolf, Ast y Schleiermacher cuya teoría de la interpretación propuso como instrumento para una alternativa metateórica. La consideración de la ciencia como un texto le permitió llevar a cabo una curiosa analogía entre sus tres niveles hermeneúticos y los niveles locucionario, ilocucionario y perlocucionario de un acto de habla al estilo de la filosofía anglosajona del lenguaje. En todo caso, esta perspectiva le permitió señalar nuevos centros de atención para la teoría y la epistemología de las ciencias. En un nivel mucho más técnico se desarrolló la conferencia del profesor Miguel Ángel Quintanilla (Profesor de Lógica en la Universidad de Salamanca), popperianamente titulada: «La verosimilitud de las teorías». Tras exponer el criterio de verosimilitud de Popper y la demostración formal del teorema de Tich, Harris y Miller, exploró la idea de aclarar el concepto de verosimilitud estableciendo una medida de la distancia entre constituyentes en el sentido explorado por Niiniluoto. Quintanilla aún mostrándose indulgente con el sesgo inductivista de la propuesta de Niiniluoto, consideró oportuno, a la vista de los discutibles supuestos en los que se fundamentaba, indagar otra posibilidad que suponía un cambio radical de estrategia. Para ello confeccionó una alambicada fórmula para medir la verosimihtud en términos de la evidencia disponible, utilizando la técnica del Min-max y el formalismo de los fuzzy-sets lo que despertó una alabanza por parte del profesor Dou, uñida a una observación crítica de carácter técnico, pues, más que probabilidades y conjuntos borrosos, hubiese sido preferible utilizar los «abiertos» de una topología. En todo caso, la medida de la verosimilitud propuesta por Quintanilla no pretendió tanto una aproximación a la verdad, cuanto una valoración del contenido teórico de nuestras teorías. Esta «modesta» conclusión contrastró sin embargo con su intento final de reformular la docta ignorantia de Cusa en términos de su concepto de verosimilitud. «Anticiencia en Epicuro» fue el título de la comunicaíción de Santiago González Escudero (Profesor de Historia de la Filosofía en la Universidad de Oviedo). Tras analizar la gama de actitudes intelectuales en el período helenístico, diseñó con todo rigor la vía adoptada por el epicureismo
EL BASILISCO

ante los dos problemas capitales que debía afrontar la ciencia; la posibilidad o no del conocimiento de la realidad y la relación entre ese conocmiento y la vida. Precisamente una minuciosa valoración del primado de la razón práctica en textos bien seleccionados le permitió concluir que la supuesta «anticiencia» en Epicuro consistió más bien en establecer la racionalidad por encima de sus limitaciones y de los manejos y mistificaciones pseudocientíficas al servicio de intereses mágicos o políticos. Juhán Velarde (Profesor de Lógica de la Universidad de Oviedo), en una extensa comunicación sobre «Juan Caramuel y la ciencia moderna», llevó a cabo un auténtico descubrimiento intelectual de este genio enciclopédico español, matemático audaz, teólogo ordinario, pero extraordinariofilósofonatural prácticamente «ignorado» por la historiografía española. A través de un minucioso análisis de muchos textos, algunos inéditos, sacados a la luz con esmerada laboriosidad, logró confeccionar una imagen de Caramuel como pionero de algunas indagaciones científicas (introducción del cálculo binario en occidente; formulación de la teoría de la cuantifícación del predicado en lógica; refutación experimental del mecanicismo de Descartes en física). El discurso filosófico del profesor Emilio Lledó (Catedrático de Historia de la Filosofía de la U.N.E.D.) versó sobre la contraposición entre «Escriturafilosóficay lenguaje científico». Negándose reiteradamente a ofrecer criterios claros y formaUzables de demarcación, criticó severamente el divorcio contemporáneo de los científicos yfilósofosque amparándose en la teoría del anatema y la teoría del desdén rehusan reconocer la lógica interna subyacente a ambos tipos de lenguaje. Su análisis de la filosofía griega (en especial Aristóteles) le sirvió de contrapunto para destacar que el problema de la distinción entrefilosofíay ciencia sólo se plantea en la actualidad y de cara al futuro, pero no existió en el pasado. No obstante, concluyó que la escritura filosófica y el lenguaje científico serán racionales o irracionales en la misma medida en que atiendan a los problemas reales del hombre o se olviden de ellos.
O O O

El profesor Bunge, en su segunda intervención «Teoría económica y realidad económica» desplazó el interés del Congreso hacia la Economía Política. Su virulenta crítica de las teorías económicas actuales, en especial el monetarismo dé Friedman, consistió en demostrar su irrealismo e irrelevancia para la situación actual, hasta el punto de que los profesores de Economía asistentes, recogieron el guante, y suscitaron la más encendida de las polémicas presenciadas en este Congreso. Salvo esta «salida de tono», el resto de las abundantes polémicas suscitadas en los debates del Congreso, se ajustaron a las normas académicas más estrictas, tanto por su corrección como, sobre todo, por su altura. Si los organizadores del Congreso logran mantener los niveles de asistencia, interés y participación alcanzados en éste, no dudamos que el II Congreso, ya anunciado, y los que sigan, llevarán a buen término los objetivos propuestos: contribuir al desarrollo de la Filosofía de la Ciencia en España, potenciando la interdisciplinariedad al más alto nivel.
77

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

CONGRESOS

pounc A Y FILOSOFÍA
EN ESPAÑA
NICOLÁS M. SOSA
Salamanca ace cuatro años y en estas mismas páginas (\er El Basilisco núm. 2), escribí una breV c reseña de lo que entonces llamé «un encuentro importante en Salamanca». Aquellas líneas daban cuenta del I Seminario de Historia de la Filosofía Española que, como tantos intentos similares, podía haberse quedado en un acontecimiento aislado, sin mayor continuidad. No ha ocurrido así, sin embargo. Con la periodicidad bianual que en aquella fecha quedó establecida, los seminarios han continuado celebrándose. Y ahora, al finalizar la tercera edición de esta obra colectiva, de nuevo en Salamanca, durante la última semana de septiembre, vuelvo a ocuparme de ella con el afán, no sólo de divulgar la fe de vida de la criatura y de su saludable desarrollo, sino también de analizar, siquiera someramente, su contenido. Lo primero que hemos observado a lo largo de estos cuatro años es que se ha incrementado la capacidad de convocatoria de este Seminario, puesto en marcha y coordinado por el profesor de la Universidad de Salamanca Antonio Heredia Soriano. Por las tres ediciones del Seminario han pasado unos cincuena ponentes (varios con ponencia en todos y cada uno de los encuentros) y un total de más de un centenar de participantes; y en lo que se refiere a extensión geográfica, su repercusión llega cada vez más lejos, pues la presencia del grupo de Toulouse-Le Mirail, vinculado al Seminario desde su nacimiento, ha venido a añadirse este año la de profesores de universidades estadounidenses y latinoamericanas, amén de representantes de la práctica totalidad de universidades españolas. Pero más allá de estos criterios de tipo cuantitativo, quisiera resaltar algo que me parece fundamental en esta empresa: su carácter autogestionario, con la presencia de una mínima coordinación necesaria e imprescindible, que
78

la hace abierta a un pluralismo real que sé dilucida y discute sobre la mesa de los coloquios y debates. En este sentido, parece rigurosamente cierta la afirmación —expresada en la convocatoria de este tercer seminario— de que «hasta el momento nadie haya podido apropiárselo». Los participantes en cada semana, que traen a la discusión el fruto de sus trabajos, son, ellos mismos, quienes van regulando y reajustando, de un año para otro, su funcionamiento. Un dato a tener en cuenta porque tal vez constituya, por sí solo, una importante enseñanza filosófica.

Los temas de discusión
Para este año se había elegido como tema básico general el de «Política y Filosofía en España», un rótulo al que la historia de los últimos años acabó dotando de rigurosa actualidad. El resultado ha sido un seminario en el que ha estado presente una clara preocupación por cuestiones éticas y esto en una doble vertiente: a) en cuanto relacionadas con el poder, la democracia, la legitimidad y la autoridad; b) en cuanto disciplina actualmente impartida en los centros de segunda enseñanza, tratando de plantearse, una vez más, su contenido y su función. La segunda gran característica de este seminario ha sido la presencia de Ortega y Gasset (cuya figura y obra fue analizada desde diversas perspectivas y áreas geográficas) que, junto a Eugeni D'Ors, ocupaba este año el capítulo de las «Conmemoraciones». Y, sobrevolando siempre los debates, el krausismo, un tema que parece volver con fuerza hoy, cuando el país pone en juego todas sus reservas de diájogo y discusión civilizada.
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

empeñado en afirmar un orden de convivencia democrática. Creo que los tres bloques temáticos aludidos dieron el tono a este III Seminario, cuyas ponencias fueron repartiéndose en los apartados habituales que miran a recoger, no sólo los trabajos respecto al tema principal, sino la vida filosófica en España, en su triple dimensión de proyección internacional, áreas o disciplinas e instituciones.

Poder, consenso y moral
La ponencia que abrió el Seminario supuso la delimitación del marco teórico en el que se situaba el tema básico general de este año. Con el título Saber y Poder, Cirilo Flórez abordó el problema situándolo en la sociedad burguesa, en cuyos orígenes el poder se tematiza como algo autónomo con reglas propias. La relación posible entre este poder autónomo y el saber fue la pregunta que preocupó a la Ilustración, en cuyo contexto la opinión pública llegó a ser considerada como criterio de verdad y como elemento fundamental de control del poder. Esta relación entre el poder y el saber es la que provoca todas las cuestiones de legitimación, en su doble aspecto: subjetiva, por parte de los individuos que, en último término, son los que la otorgan al poder (lo que podríamos llamar «creencia en la legitimidad»); y objetiva, entendiendo por tal el potencial de legitimación disponible en un determinado orden social. Entre Habermas y Foucault transcurrió este primer discurso, a lo largo del cual fueron planteándose todas las ramificaciones del tema; una de ellas, considerada por el ponente como fundamental, sería la referencia de la legitimación a la verdad, terreno en el que vuelve a plantearse inevitablemente el doble tipo de racionalidad: la instrumental, que establece una legitimidad técnica y se atiene a la legalidad establecida, y la práctica, que busca una legitimación de sentido y requiere un consenso racional. El proceso de construcción del consenso fue analizado en las diversas tradiciones (decisionismo, tradición contractualista clásica, racionalismo crítico), deteniéndose el ponente en las que ponen el acento en la comunicación, en las cuales, como denominador común a la diversidad de planteamientos (Kant-Apel, Lorenzen, Habermas), no se trata tanto de definir la razón, como de introducirla operativamente en el proceso de socialización que es todo sistema de comunicación por medio de argumentaciones; es decir, la reconstrucción de la racionalidad. El hecho indudable de la progresiva subsunción de lo privado en lo público y de ambos en la esfera de lo político ha traído el protagonismo de la publicidad y de los medios de comunicación de masas, auténticos conformadores, hoy, de la voluntad individual. Esto, junto a la transformación de los propios partidos políticos, en el sentido de primar al aparato y al líder, conducen al detrimento de la participación política, de la que el individuo acaba por abdicar. En este planteamiento vino a incidir la ponencia presentada por quien esto escribe y que, bajo el título Etica, consenso y moral cívica, quiso ser una reflexión, en clave
EL BASILISCO

moral, sobre la España de la transición. Muy atenido a los hechos de la vida política española de los últimos cinco años y tomando como material inmediato las páginas de opinión de la prensa diaria, traté de delirnitar los tres conceptos que figuran en el título del trabajo y de estudiarlos en nuestra realidad nacional más inmediata. Entendido el consenso como la adhesión a una serie de principios generales en torno a la igualdad entre los hombres, a la tolerancia ante opiniones contrarias, a la justicia o injusticia de la distribución de oportunidades y recompensas, etc., lo relacionamos con el segundo elemento que llamábamos «moral cívica», entendida como una moral secularizada y desacralizada, cuyo contenido estaríaformado por un conjunto de virtudes cívicas a desarrollar en el ámbito social o ciudadano. Establecido que en el consenso entran a jugar, inevitablemente, elementos morales, y supuesto que la moral cívica hay que pensarla desde la ética, tratamos, no obstante, de no identificar estos dos últimos conceptos, por cuanto al hablar de «ética» lo que se ventila es la vida y sus convicciones de conciencia; la moral cívica podrá ser asumida por la instancia ética, pero tal asunción no es, en modo alguno, obvia. Del análisis de la situación española a partir de la delimitación conceptual efectuada, vinimos a reconocer un claro esfuerzo por superar antítesis latentes desde antiguo, pero no acabamos de despejar el problema de las convergencias reales. Más bien nos parecía que había que concluir constatando una «estrategia de consenso» y nunca un consenso real, conformador de una inexistente moral cívica, dada nuestra experiencia histórica. El consenso ha cumplido un papel: eLde ocultar (o, tal vez, incluso, mitigar) el conflicto. Pero como enseguida todo se ha fraguado muy lejos de la vida real del país, no ha tardado en mostrar una de sus grandes debilidades: su falta de arraigo popular. La par79

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

ticipación ciudadana, el compromiso en una empresa común, ha sido algo voceado, pero no propiciado en un proyecto de educación cívica. El resultado ha sido el amplio desencanto de la política y el refugio, hasta donde ha sido posible, en lo privado: una especie de retraimiento como respuesta a una situación de peculiar anomía, en la que el pueblo español parece encontrarse hasta que alguien, presumiblemente hábil y con capacidad de arrastre, logre ilusionarle de nuevo. En un estilo casi autobiográfico, Carlos Díaz narró su experiencia de los últimos veinte años, que recogió también hitos importantes para analizar la «política y la filosofía en España». Desde la pregunta por el papel del intelectual, pasando por la etapa «populista», la discusión con el marxismo, la «secreta raíz burocrático-política del filósofo», la apuesta de Zyx, hasta desembocar en el discurso contra Prometeo de sus últimos escritos, el ponente trazó el retrato vivo de toda una época, a través de su propia vivencia personal. El tratamiento del tema general del Seminario se completaba con la ponencia de Enrique Rivera de Ventosa sobre Política y Filosofía en la Ilustración Española, un trabajo de índole más específicamente histórica en el que se sintetizaron las direcciones ideológicas vigentes en el XVIII español acerca de los derechos naturales y políticos. A continuación se analizaron las luchas ideológicas principales, sobre todo en la época postrevolucionaria, cuando absolutismo y liberalismo dan origen a las «dos Españas», una escisión que ya no ha vuelto a componerse en la vida española hasta nuestros días. La ponencia finalizó con la tesis de que la dirección doctrinal señalada por Francisco de Vitoria hubiera podido resolver la tensión irreconciliable que ha caracterizado nuestra vida nacional. Las tesis de Vitoria sobre el absolutismo y el derecho natural fueron lamentablemente olvidadas durante el XVIII; esto ha tenido consecuencias religiosas y políticas que han impedido la pacífica convivencia de los españoles. Vitoria fue reivindicado en la ponencia como uno de los precursores de la Carta de las Naciones Unidas.

rato planteaba cuestiones que, por su fundamentalidad, remitían, en último término, al problema filosófico sobre la racionalidad. En efecto, el ponente se planteó la cuestión de la racionalidad de los códigos, en clave de discusión con las posiciones más conocidas sobre el tema, para desembocar —cómo no— en lo que desde hace algúri tiempo se viene llamando «ética comunicativa». En la parte aplicada de su exposición, el ponente distinguió y caracterizó tres paradigmas didácticos, a los que denominó «thético, táctico y dialógico o socrático». En la perspectiva de analizar la función y papel de la Etica en el Bachillerato se situó la segunda de estas ponencias, elaborada por Gilberto Gutiérrez López. Su título era Algunos modelos recientes de reflexión ética, y, aunque el cuerpo del trabajo consistía en un análisis en el que se tomaba como «texto» —en el sentido hermenéutico— los textos —en su acepcióri editorial— elaborados con el propósito de servir de tales en la enseñanza de la ética en el Bachillerato, el arranque de la reflexión se situaba en otro ámbito: el de los debates y discusiones habidos a lo largo de estos años acerca de la oportunidad, causas y consecuencias de la presencia de la Etica en los cursos medios. Y procedía de este modo el ponente porque la lógica interna de los argumentos empleados en tales debates en orden a dirimir las divergencias remite, en último término, a cuestiones acerca-de la posibilidad del conocimiento moral, sobre la fundamentación de las normas morales, sobre la objetividad y universalidad de los valores morales, etc., que, en definitiva, se resuelven a su vez en cuestiones filosóficas sobre la naturaleza misma de la ética, resultando así que en tales debates toman cuerpo unos modelos de reflexión ética que cabría analizar como manifestaciones de filosofía moral in statu nascendi. Sobre un registro exhaustivo de los textos aprobados, el ponente trató de explicitar los presupuestos filosóficos básicos de las concepciones de la ética que sostiene en ellos, analizar las implicaciones lógicas de las premisas de que se parte y los modelos teóricos de fundamentación de la norma moral, así como exponer el grado y el modo de asimilación, interpretación o rechazo de las distintas teorías éticas clásicas o contemporáneas. Obviamente, no entraremos aquí en el detalle del análisis, que abarcó la estructura del discurso total, ya propiamente lingüístico, ya no lingüístico, pero con capacidad semiótica, cual sería la gama de recursos tipográficos e iconográficos al servicio de la persuasión, incluidos en los textos. Pero sí es interesante apuntar la relativización del carácter «edificante» de la ética en el Bachillerato, mantenido comúnmente y que el autor puso en discusión. En síntesis, su posición venía a ser esta: sin renunciar a la colaboración que la disciplina puede prestar en orden a la formación de la «conciencia moral» en los alumnos de Bachillerato, esta tarea no puede abordarse si antes —o paralelamente— no se enseñan y transmiten unos contenidos (problemas semánticos del discurso moral, del significado de los términos, peculiaridades estructurales de tal discurso, cuestiones sobre la fuerza exhortativa o sobre el significado emotivo de este lenguaje, etc.) que la reflexión ética analítica ha acumulado durante cincuenta años y que resulta necesario conocer para poder abordar, con cierto rigor y fundamento, los problemas concretos de la moral vivida. En el Bachillerato hay —también-— que enseñar ética y no sólo crear moral.
EL BASILISCO

La preocupación ética
Uno de los apartados habituales del Seminario de Historia de la Filosofía Española —dentro del análisis de la «vida filosófica en España»— es el que atiende a las diversas «áreas o disciplinas». Este año, la palma se la llevó la Etica. Sin duda, la disposición ministerial que en 1979 implantó esta asignatura en el Bachillerato, como alternativa a la enseñanza religiosa, tiene mucho que ver en esta abundancia que, por lo demáas, no hace otra cosa que continuar los innumerables simposios, seminarios y mesas redondas que a lo largo y ancho del país se han celebrado durante los últimos años con el objeto de clarificar su naturaleza y alcance. De las cuatro ponencias que tenían que ver con áreas y disciplinas o con didácticas filosóficas, dos se dedicaron a la Etica. En la primera, Francisco Rodrigo Mata, bajo el título Didáctica de la Etica en el Bachillerato y concepto de racionalidad, expuso cómo el tema de la Etica en el Bachille80

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Las otras dos ponencias de este grupo —aún más orientadas a lo institucional— se plantearon la función de la Filosofía en el Bachillerato (Jerez Mir) y en las Escuelas de Magisterio (José Luis Mora). La primera de estas ponencias puso sobre la mesa la eterna polémica sobre los objetivos de esta asignatura en el BUP. Pobreza metodológica y rendimientos discretos, desconexión y complejidad excesiva de los programas, ineficacia y descrédito inicial de las nuevas enseñanzas éticas y políticas... fueron rótulos que el ponente desarrolló en una exposición que derrochó adjetivos y etiquetas. Las perspectivas de futuro están condicionadas, según el autor, a que el BUP sea reformado en el sentido de una mayor flexibilidad académica y de una vinculación a las necesidades de producción y mercado, con una gestión política y administativa muy descentralizada, o, por el contrario, a que se mantenga la misma lógica de homogeneización de los cuerpos docentes y el carácter de primer cicloestacionamiento de adolescentes en paro. En lo referente a las Escuelas Univertistarias de Formación del Profesorado, el ponente señaló el circuito académico creado desde antiguo (Facultades-Institutos de Bachillerato-Facultades) y que deja fuera a estas Escuelas. En el fondo, lo que se descubría era la permanente ausencia de articulación entre la aportación de la Filosofía y de los filósofos y la Teoría y Práctica educativas; algo así como una consideración de «poco interesantes» que pesa sobre las cuestiones de educación, desde el nivel y gremio filosófico. En el ámbito así delimitado, se expusieron los problemas institucionales y epistemológico-académicos que concurrían al estado presente de la cuestión. En el capítulo de las perspectivas, el ponente recogió las posturas actuales que mantienen los teóricos de la educación respecto al tema: acentuación del carácter profesional-técnico en la formación del maestro, o mantenimiento de una «Historia de la Filosofía» en el curriculum, de manera residual y desligada del resto de las asignaturas, etc. El ponente mostró la insuficiencia, cuando no la injustificabilidad, de algunas de estas posturas, y trató en la última parte de establecer la relación —y diferenciación— entre la Filosofía y la Filosofía de la Educación, postulando, en último término, el carácter fundamentador y hasta normativo de la reflexión filosófica, que debe reencontrar su puesto, parcelado hoy en dos o tres áreas «psicosociológicas», en el curriculum del maestro.

Gaos en México (L. Gómez Martínez, de Georgia); la evolución en el conocimiento de nuestro autor a partir de. 1970 en la URSS (Zdenék Koufín), aún dentro de los límites del marxismo ortodoxo; la distinción de tres momentos fuertes y tres débiles en la edición, crítica y opinión francesa respecto a la filosofía orteguiana (A. Guy, de Toulouse)... constituyeron el tema de las principales intervenciones, encaminadas a resaltar la proyección internacional de nuestro pensador. Pero el centenario traería nuevos trabajos sistemáticos en los que Ortega fue analizado en relación con otras áreas y perspectivas. Así, el reconocimiento en Ortega de un auténtico pensamiento sociológico (J. Vázquez), el análisis de la figura de Ortega en relación con la lógica (V. Muñoz), o la mostración del fuerte componente educacional y aún de la modulación orteguiana del naturalismo pedagógico (J. Carrasco). Un nuevo grupo de exposiciones se orientaron al análisis de Ortega en relación con otras corrientes y pensadores; así, la verdad como interpretación en Ortega, mediante el análisis de «La idea de principio en Leibniz» (M. Alvarez); o la confrontación Ortega-Heidegger, que realizó José Luis Molinuevo, en una ponencia que pudo discutirse con cierta holgura, ya que la acumulación de intervenciones apenas dejó tiempo a los debates. Resultó interesante este coloquio por cuanto, además de discutir el concepto de «comunidad generacional» y de «circunstancia», así como el «paralelismo, asimilación y convergencia» que el ponente postuló para ambos pensadores, además de esto, digo, el diálogo se abrió a la consideración de las relaciones entre Ortega y otros filósofos, relaciones en las que es preciso distinguir lo que Ortega dice contra ellos, de lo que de hecho existe de común entre ambos, resaltándose una vez más lo español que pone Ortega en el instrumental que maneja y que es, al fin y al cabo, la filosofía que se hace en Europa.

La presencia de Ortega y D'Ors
Se me hace enormemente difícil poder transmitir lo que supuso este bloque temático de nuestro Seminario, si quiero rebasar la mera constatación de autores y títulos. Once ponentes hicieron a Ortega tema de su exposición, mientras otros tres hacían lo propio con Eugenio D'Ors. Era el momento de las conmemoraciones: dos centenarios que un encuentro sobre Filosofía Española no podía ni debía pasar por alto. El interés por la filosofía de la razón vital en Norteamérica (Nelson R. Orringer, de Connecticut), plasmado en la reciente obra del canadiense V. Onimette sobre Ortega; la difusión del pensamiento orteguiano por obra de José
EL BASILISCO 81

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Un carácter igualmente general, esta vez tratando de caracterizar el catolicismo liberal en España, tuvo la exposición de Teresa Rodríguez de Lecea, que vino a reconocer, en nuestros krausistas, «el paralelo español de las corrientes religiosas europeas que trataron de cohonestar catolicismo y libertad». Y aún dos estudios sqbrepensadores krausistas: el de Juan López Alvarez sobre Fernando de Castro, presentado en discusión con el reaccionarismo sevillano, y el de Antonio Jiménez, conocido ya en nuestro seminario como estudioso de la obra de Urbano González Serrano. Esta vez, Jiménez situó al pensador extremeño en el panorama de la Psicología española de la segunda mitad del siglo XIX, mostrando la importante labor divulgadora que González Serrano realizó en España de las corrientes psicológicas europeas contemporáneas. Cabría, aunque sólo sea de paso, dejar constancia de una cierta perplejidad. Y es ésta la que experimento ante el «despego reticente» que suele percibirse aún en la mayoría de nuestros círculos filosóficos desde el momento en que alguien habla de krausismo; esto ocurre —y de ahí mi extrañeza— aún después de los ya innumerables trabajos publicados que muestran, con textos en la mano, la insustituible labor desarrollada por los discípulos de Sanz del Río, en orden a la modernización de la anquilosada España de nuestro XIX. ¿O es que, tal vez, esto no tiene mucho que ver con la «filosofía»? Aún en forma de apéndice tengo que incluir la referencia a cuatro comunicaciones que dieron cuenta de otras tantas «instituciones» de nuestra vida filosófica española: la elaboración de la «Bibliografía filosófica hispánica (19001970)» (Gonzalo Díaz), la «Societat Catalana de Filosofía» (Laureano Robles), el «Seminario Xavier Zubiri» (Pintor Ramos) y el «Centro Español de Investigaciones Fenomenológicas» (Arias Muñoz). La finalidad de tales comunicaciones no era otra que dar a conocer los orígenes, la intención, los trabajos y las realizaciones de las instituciones citadas. Finalicemos esta larga crónica con una crítica global: habría que renunciar de una vez a las reuniones filosóficas en las que se produce este cúmulo de conferencia, comunicaciones o ponencias que, desde luego, constituyen una exposición panorámica útil para quien asiste regularmente y escucha, durante siete horas diarias, lo que allí se dice, pero que, en manera alguna, favorecen la profundización en ningún tema, la discusión de las tesis que se defienden, la posibilidad, en fin, de que el autor de un trabajo reajuste y modifique su posición al contraste con la argumentación opuesta. Habría que perder en extensión para ganar en esta otra vertiente, auténticamente filosófica, con esto no descubro mediterráneos; es un problema que se repite, tal vez por aquello de que sólo se considera participante real en un congreso al que presenta ponencia, escatimando tal reconocimiento al que acude y participa, simplemene, en los coloquios. En la sesión final, esto fue reconocido por todos y, al parecer, tratará de corregirse. Vaya, no obstante, el reconocimiento de una virtud de este III Seminario de Filosofía Española: a pesar de la incidencia de tantos trabajos sobre el mismo tema, no hubo apenas ningún solapamiento; el análisis de lo mismo desde diversas perspectivas fue, por esta vez, una satisfactoria realidad.
EL BASILISCO

Ramiro Flórez, autor de otra ponencia sobre «el Hegel de Ortega» (en la que se enunció la reducción que Ortega practica sobre el contenido de la lógica hegeliana, al tiempo de tomar como válido uno de sus más centrales principios), indicó cómo la originalidad de Ortega reside en asimilar y transformar las aportaciones de otros en lenguaje y tratamiento «españoles». Con ello, practica una filosofía «superficial», en sentido no precisamente peyorativo, sino de «sacar a la superficie» y a la luz lo que está más profundo y escondido. En cuanto a D'Ors, Jaime Roura procedió al estudio de dos Memorias dorsianas inéditas, escritas en 1908, especialmente interesantes para conocer la vertiente epistemológica de su filosofía; remarcada en este trabajo la preferencia «cientificista» del pensador catalán, se puso de manifiesto la dificultad de su simplificación y encasillamiento con la siguiente ponencia, dedicada precisamente a analizar el «saber estético-lúdico» de D'Ors (Luis Jiménez Moreno), perspectivas que fueron completadas con el análisis que Jorge M. Ayala hizo de la concepción dorsiana de la historia. Algunas otras comunicaciones (A. Cruz sobre Zaragüeta, R. Guy sobre Ferrater y las de otros miembros del grupo de Toulouse, como André Gallego y Mary Laffranque) completaron este capítulo de conmemoraciones y estudios parciales sobre pensadores españoles.

El krausísmo que no cesa
A tono con el tema básico general que nos reunía este año, la ponencia que abrió la caja de temas krausistas estuvo a cargo de Antonio Heredia (Ciencia y Política en el krausismo español). Polémicas de hoy, tales como la pretendida neutralidad moral y política de la ciencia, fueron rastreadas en la doctrina de los krausistas españoles, altamente preocupados ya por la función social de la ciencia y su orientación hacia el bienestar de la humanidad.
82

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

CONGRESOS

EN EL TRICENTENARIO DE U MUERTE DEL GENIO ESPAÑOL JUAN CARAMUEL
JULIÁN VELARDE
Oviedo 1 primer Congreso sobre la vida y la obra de Juan Caramuel Lobkowitz (Madrid, 1606 - Vigevano, 1682) ha tenido lugar los días 29, 30 y 31 de octubre en la ciudad de Vigevano, cerca de Pavía, en la región lombarda de Italia. La organización del Congreso corrió a cargo de la Curia episcopal y el Ayuntamiento de Vigevano, y con la colaboración de los Institutos de Filosofía e Historia de la Filosofía de la Universidad de Pavía. El Congreso sobre Caramuel ha sido organizado para celebrar el tricentenario de su muerte y para rescatar su nombre del ostracismo al que ha sido condenado, fundamentalmente por razones dogmáticas (de la Iglesia Católica), y restituirle en el puesto de honor que tiene merecido. La conclusión común extraída sin discrepancias de ponencias y comunicaciones fue: la increíble erudición de Caramuel y su vasta producción en prácticamente todos los campos del saber de su tiempo. En las cuatro sesiones del Congreso se trataron diversos aspectos del enciclopedismo del gran polígrafo español. Bajo la presidencia de Cesare Vasoli, gran conocedor del enciclopedismo del seiscientos, desarrolló su ponencia el profesor Diño Pastine, que llegó como estrella al Congreso: Su libro Juan Caramuel: Probabilismo ed Enciclopedia (Florencia, 1975) era la referencia obligada en las intervenciones y discusiones. Su ponencia, sin embargo, quedó limitada a la reexposición de los materiales e interpreatción recogidos en su libro hace siete años. En la discusión quedaron de manifiesto (y así se lo hice saber) las dos fallas de que adolece la obra de Pastine: (1) No conocer nada (a excepción, claro está, de las Animadversiones contra Descartes, que él mismo publicó) de la ingente producción manuscrita de Caramuel que se conserva en el Archivo Capitular de ViEL BASILISCO

gevano. Y (2) comentar obras (impresas) de Caramuel (por ejemplo, la Mathesis Audax) que no ha visto; obras que contribuyen a apoyar una interpretación de Caramuel como planeador de un proyecto totalmente coherente, especificado en las múltiples disciplinas porél tratadas. De carácter, asimismo, global fueron las comunicaciones del día 29: Monsignore Francesco Pavesi hizo una bella exposición detallada de los avalares que han acompañado a los manuscritos de Caramuel. Los conservados (la mayor parte, supongo) han sido ordenados cuidadosamente y son guardados con celo extraordinario y muy riguroso (esto no lo supongo, lo sé) por Mons. Pavesi. Su conocimiento, fruto del trabajo constante de años, de todo lo referente a la obra manuscrita del obispo español rezumaba a lo largo de su exposición sumamente entretenida, a veces irónica, a veces marcada por la admiración. No dejó de señalar el, incluso excesivo, patriotismo español de Caramuel, que llega, en una de sus obras manuscritas {Hebreas - Iberus, 1635), a defender con múltiples y sólidos argumentos que el ibero es la lengua del Paraíso, situado precisamente en la Península Ibérica. Mons. Pavesi preparó, además, una muestra de manuscritos de Caramuel sobre las múltiples disciplinas, y en los que cabe apreciar la caligrafía, la forma de escribir, tan enrevesada a veces, y la extraordinaria capacidad para, el dibujo y la perspectiva. Paolo Pissavino, del comité organizador, aprovechó, pese a la escasez de tiempo; para largarnos dos comunicaciones: Una, el día 29, sobre las obras impresas de Caramuel conservadas en la biblioteca del Seminario de Vigevano (trabajo ya publicado). Y otra, el día 31, sobre las ideas políticas de Caramuel. La primera carente de interés para el investigador, desde el momento en que las existencias so83

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

bre el respecto en la biblioteca de este Seminario son muy exiguas en comparación con las de la Biblioteca Nacional de Madrid. Y, además, porque un trabajo más serio exigiría precisar lo más posible dónde se hallan las obras impresas de Caramuel no conservadas en la biblioteca catalogada. La segunda comunicación de Pissavino exigía una lectura más atenta de las obras citadas (Pandoxion y Moralis seu Política Lógica) y también de otras no tenidas en cuenta, que van desde la Respuesta al manifiesto del Rey no de Portugal hasta la Sacri Romani Imperii pax. La sesión del día 30 por la mañana, presidida por Romeo Crippa, comenzó con la ponencia de Jean-Robert Armogathe, teólogo francés, que disertó sobre la Teología moral de Caramuel. La amenidad de su exposición, suscitada por la cauística que, según él, era consecuencia directa del probabilismo propugnado por Caramuel, derivó, a mi entender, en una caricatura de la Teología y la personalidad de Caramuel. No debe de ser pura coincidencia el que todos los autores de lengua francesa que se han metido con Caramuel (Pascal en Las Provinciales, la VII; Moreri en su Diccionario, subvoce CARAMUEL DE LOBKOVITZ, Juan; Ceysens en «Autour de Caramuel», en Bulletin del Instituto histórico belga de Roma, 33,1961, pp. 329-410; y ahora Armogath) han echado mano de la sátira, cuando no de la calumnia: Pascal cita mal a Caramuel; Ceysens dice que Caramuel presume de títulos que no tenía, etc. Nunca han competido con él en el terreno propio de la discusión. No debió de ser, pues, coincidencia que el sabio jesuíta español Miguel Batllori expresase los reparos que encontraba en la exposición de Armogathe. Yo mismo sentí la necesidad de advertir la falta de seriedad con que Armogathe manejaba la «casuística», provocadora de hilaridad. Se ventilaban cosas muy serias y se trataban cuestiones de gran interés científico cuando los doctores europeos discutían, por ejemplo, sobre el momento de la media noche. Y el portavoz de los rigoristas de Port-Royal, Pascal, era un pseudoteólogo que no podía competir en este terreno con el veterano teólogo de Salamanca y Alcalá. Sólo a la ignorancia cabe achacar la afirmación de Armogathe de que Caramuel no entra en la polémica sobre la predeterminación y el libero arbitrio. Por eso, hube de citarle varias tesis sobre esta materia defendidas e impresas por Caramuel durante su estancia en Lovaina. La segunda ponencia del día 30 corrió a cargo de Maurizio Torrini sobre Caramuel como investigador. En ella describió las relaciones que Caramuel mantuvo con la insigne Academia de Investigaciones de Ñapóles, cuando aquél pasó de Bohemia a Campania como obispo. Y subrayó el empeño que nuestro cisterciense ponía siempre en la investigación experimental, característica esencial del espíritu de la nueva ciencia frente a la tradición peripatética presidida por el axioma «magister dixit». La sesión de la mañana quedó cerrada con dos comunicaciones: Una de Mario Pavone sobre la Contribución de Caramuel al descubrimiento de la obra filosófica y científica de Giovanni Battista Hodierna, 2 vols., SETIM, Ragusa, 1982, y prepara otra obra sobre La vita e le opere di G.B. Hodierna. Buena parte de la riquísima documentación que Pavone presenta la ha encontrado, no sólo en las obras impresas de Caramuel (la Mathesis bíceps, II, principalmente), sino entre sus manuscritos. Efectivamente, yo mismo lo he visto, en el Archivo Capitular de Vigevano hay una car84

peta llena que contiene las cartas, proyectos, etc. que intercambiaron Caramuel y «il Galilei della Sicilia», como llamaban a Hodierna. El profesor Beliani cerró la sesión de la mañana con una comunicación sobre el laxismo, según los manuscritos de Caramuel, así como sobre las proposiciones condenadas por el Papa Alejandro VIL La sesión de la tarde del día 30 fue la más densa: Una ponencia del teólogo y matemático español Alfonso Pérez Laborda sobre la contribución de Caramuel a las Matemáticas. Recorrió Pérez Laborda las materias tratadas en la Mathesis Audax, la Mathesis bíceps y laArchitectura civil, resaltando algunos contenidos fundamentales de la segunda: la Aritmética binaria; la composición del continuo, sobre el que, según Pérez Laborda —que dice ser también la opinión de Santiago Garma, La5 aportaciones de Juan Caramuel al nacimiento de la matemática moderna. Tesis de doctorado, Valencia, 1978—, Caramuel adopta lo que podríamos llamar en terminología moderna una metodología constructivista propia del intuicionismo: admisión del infinito potencial y necesidad del axioma de elección; los logaritmos, de los que se ha ocupado ya Fernández Diéguez, «Un matemático español del s. XVII: Juan Caramuel», en Rev. Matemát. Hispano-Americana, de modo específico en la última parte de su trabajo. Tomo I, núm. 7, pp. 203-212; de la combinatoria, sobre la que, de modo certero aunque indirecto, también ha escrito el P. Ceñal {La combinatoria de Sebastián Izquierdo. El Instituto de España, Madrid, 1974). De la matemática de Caramuel es de lo que más bibliografía disponemos en español: Fernández Diéguez, o . c ; Peñalver y Bachiller, Bosquejo de la Matemática española en los siglos de la decadencia, Sevilla, 1930; Sánchez Pérez, «La Matemática española én el s. XVII» en Estudios sobre
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

la ciencia española del siglo XVII, Madrid, 1935; y la obra reciente de Santiago Garma antes citada, que yo no he podido consultar. Pero el trabajo de Pérez Laborda es concienzudo y con las ventajas de conjuntar la perspectiva del especialista en Matemáticas con la del especialista en Letras (en Teología). Una segunda ponencia, al estilo alemán, monótona y duradera (más de dos horas) del, evidentemente, profesor alemán Werner Oechslin sobre la Arquitectura de Caramuel, materia ésta sobre la que el profesor alemán ha realizado ya varios trabajos entre los que cabe destacar «Osservazioni su Guarino Guarini e J.C. de L.», en Atti del Convegno «Guarini e rinternazionalitá del Barocco» I, Turín, 1970. pp. 573-595. Los análisis detallados de las teorías y proyectos arquitectónicos de Caramuel en comparación con las ideas arquitectónicas de su tiempo fueron debidamente ejemplificados con diapositivas cuidadosamente seleccionadas. El profesor Oechslin demostró poseer un profundo conocimiento de la obra de Caramuel, no restringido exclusivamente a su especialidad, la Arquitectura. En conversación privada coincidimos en la importancia de algunas aportaciones de Caramuel a la Lógica y a las Matemáticas. Es coautor con el profesor Augusto Giulio de Ferrari, de Turín (también asistente al Congreso) de {sub vece) «Caramuel Lobkowicz, Juan» en Dizionario Biográfico degli italiani, vol. XIX, Roma, 1976. Tras las dos ponencias citadas, comenzó la carrera de comunicaciones, bajo la advertencia de la brevedad y resumen de las mismas. Hubo lugar para las siguientes: La de los profesores Ivan Golub y Patrizio Barbieri sobre la Música de Caramuel. El primero de ellos, gran estudioso de los escritos de Caramuel sobre Música, tanto de los publicados como de los manuscritos (gran cantidad) conservados en Vigevano, y alguno de los cuales ya ha publicado bajo el título «Joannis Caramuel - MÚSICA» en la revista de Musicología de Zagreb (Yugoslavia), vol. IX (1978), núm. 2. Y sigue investigando las conexiones entre la Música de Caramuel y los Asserta Musicalia de Georgius Crisanius (Juraj Krizanic) publicados en Roma en 1956. Ambos autores mantuvieron comercio epistolar. Patricio Barbieri hizo una resumida exposición de sus investigaciones sobre la contribución de Caramuel a la división de la Octava musical, valiéndose de una unidad logarítmica sobre la base de sus «logaritmi Enarmonici» (logaritmos en base 2), y dando a conocer algunos manuscritos de interés sobre Música, entre los que cabe destacar el intitulado Organum Panarchicum (1954), en el que describe el teclado que había hecho construir con tres filas de teclas: blancas - negras - blancas, a fin de obtener una disposición racional del teclado para las 12 tonalidades independientes, y para las que adoptó esta nomenclatura: UT, utre, RE, re-mi, MI, FA, fa-sol, SOL, sol-la, LA, BA, BI, ut; y con las siguientes medidas:

Caramuel había hecho construir, por los años cincuenta, otros instrumentos musicales (organillos, un clavicémbalo, etc.), que se encontraban expuestos en un museo adquirido en Praga. El profesor Leoncio García Castañón presentó una comunicación titulada Caramuel: Crítica a Descartes. Enlazando con las Animadversiones, ya publicadas por Pastine, siguió con la exposición de otros manuscritos: la Hypophysica (comentario de Caramuel a la segunda parte de los Principia de Descartes) y varias cartas de Caramuel en las que presenta, y a veces comenta, sus Animadversiones a las Meditaciones de Descartes. Finalmente, mi comunicación quedó reducida a enunciar en pocos minutos las principales contribuciones de Caramuel a la Lógica, cuales son: (1) Reforma y ampliación de la Lógica clásica, aplicando a la misma el método matemático. (2) Primacía en formular la cuantificación del predicado. (3) Primacía en el desarrollo de la lógica de relaciones. (4) Creación de una lógica «Moralis», precursora de la lógica deóntica. Y (5) creación de una gramática universal. Esta última conservada manuscrita en el Archivo capitular de Vigevano. En la última sesión del Congreso, el día 31 por la mañana, bajo la presidencia del profesor Luigi Firpo, intervinieron como ponentes el P. Miguel Batllori y el profesor Giovanni Pozzi. El P. Batllori nos dio una magistral lección de lulismo, situando a Caramuel en la tradición del «lulismo antiluliano», iniciada firmemente por Fernando de Córdoba, y en la que prima sobre todo la combinatoria, la cual tanto Caramuel como Lulio aplican a la predicación, lo que inevitablemente origina, a veces, neologismps latinos, como se aprecia en Caramuel. Según Batllori, las obras de Lulio que Caramuel pudo conocer directamente fueron: el Árbol de la ciencia, traducido y editado por aquel tiempo en Amberes, y Blanquema, traducida por un alemán. Indirectamente Caramuel pudo conocer el lulismo en Alcalá, difícilmente en Salamanca; y una vez fuera de España, quizá a través de Bruno, durante su estancia en los Países Bajos y en Praga. Asimismo resulta preciso señalar el ambiente cisterciense en que se había movido Lulio, ya que, luego de su conversión y su gira en peregrinación por Santiago de Compostela, Roma, Tierra Santa y vuelta a Barcelona, en vez de ir a París, vuelve a Palma; se retira, después de sus iluminaciones en el monte Randa, a la abadía cisterciense de la Real, donde se respira un ambiente filosófico neóplatónico, denominador común a Caramuel y a Lulio. (Por allí habría de pasar también el gran lulista cisterciense Antonio Raimundo Pascual). El profesor Giovanni Pozzi hizo un análisis pormenorizado de la poética de Caramuel, enlazando con las observaciones expuestas en su libro La parola dipiuta (Milán,

Long. Cents.

12000 Do 0.0

11326 II 100.1

10691 Re 200.0

10091 // 300.0

9524 Mi 400.1

8990 Fa 500.0

8485 II 600.1

8009 Sol 700.0

7560 // 799.9

7135 La 900.1

6735 // 999.9

6357 6000 Si Do 1099.9 1200.0
85

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

1981). El análisis de Pozzi de la teoría y la concepción del lenguaje de Caramuel apoya una metodología coincidente en muchos aspectos teóricos con la metodología de la Gramática Generativa. Y, en cuanto a la parte técnica, señaló la magnífica complejidad de las construcciones que aparecen en la Rhythmica y en la Metametñca. Reprochó, empero, a nuestro cisterciense no estar al tanto de la literatura italiana de su tiempo. Y así creo que es, ciertamente; pero no hay que olvidar que Caramuel estuvo en Italia «de paso». El siempre se sintió español; y lo que maneja al dedillo es la cultura española (y, por lo tanto, la literatura española). Hay que acudir, no a la Rhythmica o a la Metametñca, sino a los volúmenes del Trismegistus Theologicus para percatarse de la vasta cultura, y además «al día», del obispo (accidentalmente) en los territorios españoles de Italia. No es justo silenciar las aportaciones de otros asistentes al Congreso, que en sus intervenciones o conversaciones demostraron el gran conocimiento del cisterciense español. Mario Bonzanini presentó una comunicación sobre el proyecto original de la fachada de la catedral de Vigevano hecha construir por Caramuel y «restaurada» por Gaetano Moretti, en 1910, según el estilo «romántico». El profesor español José Luis Gotor hizo saber a los congresistas (y reprochó a D. Pastine no haberlo tenido en cuenta en su libro) la existencia del interesante laberinto que Caramuel presentó a un certamen en Salamanca (1630)

en honor al nacimiento del príncipe Baltasar Carlos. Este laberinto fue premiado, pero quedó manuscrito por dificultades de impresión, y lo conserva el gran bibliógrafo español Pedro Sainz Rodríguez, y de él da cuenta, asimismo, Victor Infantes en la edición (Madrid, 1981) de los Laberintos que Caramuel inserta al principio de su Metamétrica. También asistió al Congreso y participó activamente el profesor español en Genova, Mario Damonte. Como actividades complementarias cabe destacar, en primer lugar, la muestra selecta de manuscritos de Caramuelsobre múltiples materias preparada por Mons. Pavesi. El periódico de Vigevano L'informatore preparó un suplemento dedicado al Congreso, en el que colaboraron Mons. Pietro Bellazzi, el prof. Mario Bonzanini, la prof. Adele Colli Franzone, el prof. Diño Pastine, el doctor Paolo Pissavino y el prof. Cesare Vasoli. Pero fue, sin duda la presentación del libro de Mons. Pietro Bellazzi la actividad extracongresual más significativa y que supone una loable aportación a la celebración de este centenario de la muerte de Caramuel. El libro se titula Juan Caramuel, está magníficamente impreso (Editrice Opera Diocesana Buona Stampa, Vigevano, 1982) con bellas ilustraciones sacadas, tanto de obras impresas, como de manuscritos, de los cuales Mons. Bellazzi posee concienzudo conocimiento. Su proyecto, como indica en la introducción, es una Bibliografía de Caramuel que ocupe un puesto intermedio entre la Memorie... de Tadisi (Venecia, 1760) y el Juan Caramuel... de Pastine (Florencia, 1975): Un puesto «per una biografía a cattere divulgativo e popolare che faccia conoscere ai molti il nostro Caramuel, uomo e scrittore, la cui vita, come dice ¡1 Tadisi, e qui senza esagerazi, fu: svariatissima, occupatissima, meravigliosissima» (p. 10). Creo que la realidad supera al proyecto. A la obra de Mons. Bellazzi acudirán, no sólo los curiosos por saber de la vida de Caramuel, sino los especialistas interesados en abordar en conjunto, y en todas las fuentes disponibles, la obra de Caramuel. Una frase, empero, del pasaje citado no me deja del todo satisfecho: «il nostro Caramuel». ¿En dónde leer u oír este año, tercer centenario de la muerte del gran genio español la frase: «nuestro Caramuel»? En 1980 Juan Gutiérrez Cuadrado, en su «Juan Caramuel y su teorema fundamental» {Llull, III, Madrid, pp. 39 - 108) expresaba el temor de que en este centenario pocos españoles leyesen o escribiesen sobre Caramuel. Por mi parte he procurado contribuir a este centenario en España con dos trabajos. El primero: «Juan Caramuel y la Ciencia Moderna. (Estudio de su obra hasta 1644)», comunicación presentada al I Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias, Oviedo, 12-16 de abril de 1982, y publicado en las Actas del Congreso, Pentalfa, Oviedo, 1982. El segundo, continuación del anterior, «Vida y obra de Caramuel en Bohemia e ItaUa», sirviéndome en buena parte de los muchos manuscritos consultados en el Archivo capitular de Vigevano gracias a la benevolencia de Mons. Pavesi, aparecerá en el próximo número de esta revista.

86

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

POLÉMICA

DEL TOPO AL BASILISCO
TOMAS G A R C Í A LÓPEZ
Barcelona echo el tercero de los trámites (5-Vn-82) del recurso contra la parcial desaparición, en el curso 1981-82, de la asignatura optativa Etica/Moral del Bachillerato español en un buen número de I.B. de Cataluña; a saber: la presentación en la Sala de lo Contencioso Administrativo de la Excelentísima Audiencia territorial de Barcelona, tras los «silencios administrativos» que siguieron al Recurso de Reposición (9-XI-81) y posteriormente al de Mora (1-III-82), dirigidos a la Consejería de Enseñanza de la Generalidad de Cataluña; creo oportuno airear el asunto en espera de la resolución final, de importancia para el futuro de esta maltratada asignatura. También fueron sometidos al silencio los intentos que hice por divulgar la problemática: Así la revista El Viejo Topo «no veía con buenos ojos» la publicación de este artículo-réplica, que a continuación intercalo: a) La introducción de la Etica en el Bachillerato no es acertada: «No cuadra con una cierta opinión»... «es una medida descarnada»... b) Pero E. Bosch sigue apostando por Sócrates. Desde mi punto de vista entre a) y b) existe una abierta contradicción. Yo diría por el contrario que: «Apostar por Sócrates es precisamente defender la Etica en el Bachillerato y acusar de medida descarnada la desaparición de la misma en muchos I.B. de Cataluña». La medida en cuestión ha supuesto un desplazamiento innecesario de profesores de plantilla y una declaración de «exentos en Etica» para alumnos que había optado por ella. (Un profesor y 366 alumnos en el citado I.B.). Y todo ello por razones no muy bien conocidas. ¡ASOMBROSO! Por supuesto, en mi centro (y en otros también) hemos aunado voz de protesta, interponiendo recurso legal contra tal medida, a todas luces injusta, entre otras cosas porque ha violado las vigentes disposiciones legales (B.Ó.E. 2VIII-75; 15-VII-80) al respecto. La Asociación de Padres sigue el mismo camino. Y todos esperamos que efectivamente la Etica vuelva al «colé». Pero vayamos al asunto de fondo: «La enseñanza de la Etica en el Bachillerato». Si asombrosas son esas restricciones comentadas no menos asombrosas son las razones que arguye E. Bosch en contra de la asignatura de Etica, aun apostando por Sócrates. Doblemente asombrado, creo estar en disposición de hacer algunas reflexiones filosóficas:
87

EN EL «COLÉ» ESPERAMOS LA LLEGADA DE LA ETICA
Como profesor de Filosofía en el I.B. Torras i Bagés de Hospitalet de Ll. (uno de los Institutos de Bachillerato, en que no podemos impartir la asignatura de Etica/Moral en el presente curso 1981-82 por restricciones bien conocidas y en contraste con el tratamiento dado a otras asignaturas también de reciente implantación) veo el problema planteado por E. Bosch en su artículo «La Etica llega al colé» {El Viejo Topo, nov. 1981) desde otra óptica. Su artículo contiene dos afirmaciones o tesis centrales, que tomaré como punto de partida:
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

P . Le atribuyes al proyecto socrático la función de «elaborar conceptos morales»... De acuerdo... pero...¿en virtud de qué práctica y de qué análisis te sientes obligada a ir «más allá» de la práctica y del análisis socrático? ¿Acaso para instalarte «más allá del bien y del mal»?. A la elaboración de conceptos morales añadiría yo la formación del juicio y del razonamiento moral (con la correspondiente edificación de contenidos, criterios y evidencias morales) del joven, futuro ciudadano del agora. Elaboración, formación y edificación, que siguen siendo igualmente necesarias en el siglo XX. ¿Por qué antes sí y ahora no?. Es la gratuidad de ese «corte» lo que me asombra. Presupones que el tiempo histórico, la Historia de la Civilización Occidental, se ha tragado materialmente la Filosofía Práctica de tradición socrática. 2". La vida del agora necesitó de los Sofistas, de Sócrates..., dices. Cierto, pero ¿por qué arte de magia niegas la luz a sus respectivas eíCííeto?. — Los Sofistas preparaban (¿qué eran sino sus clases de lenguaje, oratoria, retórica, leyes, moral...?) a los jóvenes para OPINAR en las discusiones públicas. — Sócrates, buscando la VERDAD, asistía a sus alumnos en los «partos» de ideas (Mayeútica); les enseñaba a construir juicios universales con términos como: virtud, saber..., a criticar con ironía las «simples opiniones». La Grecia a la que te refieres en tu artículo, cuya democracia —la de Atenas— no es la contemporánea democracia, tenía, pues, sus escuelas: —La privada de los Sofistas (que no eran maestros de primeras letras, ni de cítara, ni de gimnasia), donde se cobraban honorarios, altos en ocasiones, por sus útiles enseñanzas. — La Socrática, cuya actividad escolar, no remunera88

da, clamaba al cielo el compromiso del Estado en la tarea docente. 3^. Platón —autor, como dices, de la Apología de Sócrates, su maestro; y que es también fundador de la ACADEMIA (387 a.C.) (¿germen de institución docente pública?)— plantea en el Protágoras, en el Menon el tema de la virtud y la problematicidad de su enseñabilidad eñ abierta oposición al armonismo de los Sofistas. Pues bien, el «academicismo de Platón» (sus posibles clases de Etica) son perfectamente compatibles con una visión nada conformadora, ni estática, ni armonista, ni filantrópica de la enseñanza de la virtud. El conformismo, el estaticismo, el armonismo, la filantropía gratuita son los reproches que Platón hace a los Sofistas en el terreno de la enseñabilidad de la virtud. ¿A qué vienen, pues, esas socarronas analogías entre las clases de Etica en el I.B. y los «Idearios Privados»?. 4". Desde Platón a nuestros días muchas han sido las interpretaciones que sobre el orden moral los filósofos han dado. Refresquemos un poco la memoria: La Etica a Nicómaco de Aristóteles, La Etica de Espinosa, los libros 2° y 3° del Treatise de Hume, La Crítica de la Razón Práctica ás, Kant, El Capital de Marx, Principia Ethica de Móore..., etc., e t c . . Y somos los profesores de Filosofía los que estamos obligados a conocerlas y transmitirlas, precisamente por razones de titulación, aunque a tí te parezca extraño. Si las razones específicas (1) ^formación del juicio moral en el joven— son razones suficientes para defender la disciplina de Etica en el B.U.P., estas otras genéricas (1) —

(1) G. Bueno: «Reflexiones sobre la función de la Filosofía moral en el Bachillerato». Suplemento R/B. Núm. 12. EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

conocimiento de la Historia de las interpretaciones sobre el orden moral— convierten a la Etica en un cuerpo de contenidos tan susceptibles de ser enseñados como los de la Filosofía de la Ciencia, pongamos por caso. Esos contenidos ético-morales pueden ser prefectamente incrustados en los programas oficiales de Etica. Tras los temas que insinúas: consumo de drogas, aborto, derechos humanos, subyacen ideas como placer, dolor, justicia, libertad... etc., y en el contraste de doctrinas (tratamientos de esas ideas) —unas hedonistas, otras materialistas; unas liberales, otras comunistas— puede estar la gracia de las clases de Etica en el B.U.P. Para ello es imprescindible conocerlas, o para ser más estrictamente socrático-platónico, recordarlas, tras ejercicios de «anamnesis». Y hablando de «ideas» y de «anamnesis»: — No olvides que el programa de Etica de 3" de B.U.P. contiene conceptos morales (ideas) tales como: individuo, sociedad, libertad, autoridad, justicia, propiedad, trabajo... etc. — No olvides tampoco que el uso de los tratamientos clásicos de las mismas se hace imprescindible para cualquier análisis, para cualquier crítica medianamente decente de la realidad jurídico-política actual, aunque no basten. Si a esto añadimos que lo perseguido en las clases de Etica, lo específico, es la formación del juicio y razonamiento ético-moral del joven para que lo use en las asambleas (y en otras muchas situaciones), entonces las clases de Etica cobran una dimensión eminentemente práctica y necesaria. De no ser así, los conocedores de la Historia de las ideas morales —los especialistas en Filosofía— estarían ¡siempre! desproporcionadamente en ventaja, al menos en las asambleas. ¿No será esto, lo que en el fondo pretenden algunos de los actuales «especialistas» en Filosofía, partidarios de la eliminación de la Etica como asignatura del B.U.P.?. 5^. De todo lo dicho no se desprende que el profesor de Etica-Moral haga buenos sin más a los jóvenes. Es el Sofista Protágoras quien lo insinúa: «—^Jóven, esto tendrás si me sigues: En cuanto convivas un día conmigo, volverás a casa siendo mejor, y al día siguiente lo mismo, y todos los días progresarás a más»... (2). Y Sócrates se lo reprocha apostando por Simónides contra Pitaco, allí donde Protágoras veía una contradicción: ...«para justificar que, sin duda, llegar a ser un hombre bueno es verdaderamente difícil, añade: «aunque alguien sea capaz de lio por algún tiempo», pero, una vez que haya llegado a serlo, permariecer en este estado y «ser un hombre bueno», como tú dices, Pitaco, es imposible y sobrehumano, pues «sólo un dios podría poseer estre privilegio» ...«El hombre bueno es, unas veces, malo, otras bueno»... (3).

Con lo que «ser bueno en el buen sentido de la palabra» no sería frase del agrado de Sócrates, que también caminó ¡y mucho! por su ciudad. 6". Planteas también el tema de optatividad excluyente: discusión de todos los problemas/religión del estado, en la Grecia clásica; Etica/Religión en nuestro Bachillerato. Pero a pesar de tu aparente enfado y de tu aparente apostar por Sócrates, no eres: — Ni consecuentemente socrática, pues difícilmente los jóvenes-de B.U.P. podrán criticar las creencias, los dogmas (la Religión) o las simples opiniones sin lenguaje éticomoral, crítico por antonomasia, y que no nace por «generación espontánea» (las asambleas), sino tras «dolorosos partos» (las clases). Los profesores de Etica sencillamente asistiríamos, como «parteros», al alumbramiento de las ideas morales de nuestros alumnos, como Sócrates lo hacía. — Ni consecuentemente dialéctica: difícilmente llevaremos a cabo esa actividad «crítico-socrática», si desconocemos las creencias, los dogmas, las simples opiniones... Cómo articular una Historia de las religiones, mitos, creencias..., como material etnológico; y una Etica-Moral, que no sea apéndice de otras asignaturas, sino actividad crítica permanente en nuestro Bachillerato es «harina de otro costal» y de otros artículos. 7''. Ya lo ves, Eulalia Bosch, apuestas y no apuestas al mismo tiempo por Sócrates, por lo que en buena lógica «ad absurdum» debemos negar tus hipótesis de partida, si no queremos desembocar en «confusión final», o simplemente practicar el «Cinismo», que a fin de cuentas es una escuela socrática..., aunque «menor». En segundo lugar y con una nota adicional que decía: «A El Viejo Topo» dirigí en primer término —como era natural— este artículo-réplica partidario de que la Etica-Moral vea la «luz del sol» en nuestro Bachillerato. Como no tuvieron a bien su publicación recurro a Cuadernos de Pedagogía, revista que ha acogido en su seno la polémica: «La enseñanza de la Filosofía —y la Etica es parte sustancial— en el Bachillerato» (Junio, 1975, núm. 6) y posteriormente en los números 42, 48, 6L Al parecer «Viejo Topo» sólo puede ver el lado subterráneo del asunto, sometido tal vez por las leyes de la sombras; hice llegar el mismo artículo a la revista Cuadernos de Pedagogía. Me fue devuelto con este conmovedor epitafio: Adjunto procedemos a devolver tu artículo «En el colé esperamos la llegada de la Etica». Nos ha parecido un excelente material, pero, por el momento, no podemos publicarlo. Agradecemos tu colaboración, recibe un cordial saludo...» Por todo ello, y en espera de la resolución final del Tribunal de la Sala 2" de lo Contencioso Administrativo, que ha de pronunciarse sobre ese «silencio administrativo», someto también el contenido de estas hojas, reducidas igualmente por el silencio, al tribunal de El Basilisco, animal-revista, que a diferencia del Topo, de fuertes uñas para abrirse galerías subterráneas donde vive, «tritura con su mirada todo aquello que tiene a su alrededor» (4).
(4) Revista El Basilisco núm. 1, Presentación.

(2) Platón: Protágoras. Clásicos El Basilisco. Pentalfa Ediciones. Oviedo 1980. (318, a). (3) Platón: Protágoras. Clásicos El Basilisco. Pentalfa Ediciones. Oviedo 1980. (344, b, c, d) EL BASILISCO

89

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

POLÉMICA

REFLEXIONES SOBRE U FUNCIÓN DE U FILOSOFÍA MORAL EN EL BACHILLERATO*
GUSTAVO BUENO
Oviedo . Durante más de un siglo la Moral (o la Etica) figuró en los diversos planes de estudio del Bachillerato, junto con la Psicología y la Lógica (y, a veces, los «Rudimentos de Derecho») dentro de la discriplina de «Filosofía». Esta situación cambió, grosso modo, a raíz de la Guerra Civil, sin duda porque la Moral (o la Etica) fue absorbida en la jurisdicción de la asignatura de «Religión». Sin perjuicio de que en esta asignatura (orientada, en general, según principios escolásticos) se defendiese el fundamento natural (racional, no sobrenatural) de la conciencia moral, lo cierto es que, dado que los principios escolásticos incluían a la propia religión natural en el marco del orden racional, y que estos principios filosóficos se entendían, desde luego, como preambula fidei (es decir, dado que el nuevo Estado franquista tenía la voluntad de concordar el orden natural con el orden sobrenatural, identificado con la Iglesia católica), la exposición de las cuestiones morales o éticas fue encomendada a los profesores de Religión, que podían hablar con competencia tanto de los deberes áe. justicia como de los deberes de caridad. A cambio, los profesores de Filosofía vieron aumentados sus programas con las cuestiones propias de la llamada «filosofía especulativa» (Ontología, Teoría del Conocimiento) y, después, con la copiosa temática de una Historia de la Filosofía justificada quizá en el fondo desde la perspectiva —¿orteguiana?— de la instauración de una cultura general (al lado de una Historia del Arte o una Historia de la Ciencia). Ahora bien, la nueva situación política sobrevenida tras la muerte de Franco, a través principalmente del artículo 16 de la Constitución de 1978, ha liberado, de algún modo, la Moral (o Etica) de su marco religioso y,comienza, aunque tímidamente, a cargar a los profesores de Filosofía con la responsabilidad de un curso organizado en torno a las cuestiones morales o éticas, un curso en el que los temas de filosofía moral no serán tocados ya como
90

de pasada, de un modo oblicuo (al hilo, por ejemplo, de las exposiciones históricas), sino frontalmente. Lo curioso es que algunos profesores de Filosofía parecen no querer asumir esta nueva responsabilidad y ahora, no ya en nombre de principios teológicos, sino en nombre de principios políticos o pedagógicos de sabor «humanista» (no directivismo —«¿por qué el profesor de Filosofía ha de ser un director espiritual?», dice acaso el profesor de Filosofía que fue antaño director espiritual—, anarquismo o incluso crítica «marxista» a la filosofía moral, cotno superestructura ideológico burguesa). Nos ha parecido que es oportuno suscitar, en esta revista, un debate filosófico sobre un asunto de importancia central, crecemos, por lo menos, para la Filosofía,. Lo que sigue son algunas reflexiones apresuradas en torno a lo que podría llamarse cuestión de la «justificación» del curso de Filosofía moral desempeñado por profesores de Filosofía, en el Bachillerato. Justificación filosófica, por tanto, que no puede aquí reducirse a los términos de una justificación (incluso de una reivindicación) jurídica (aunque tampoco la excluye), ni, menos aún, a los términos de una explicación histórico-sociológica, sino que quiere mantenerse en la prespectiva misma de la Filosofía. Queremos reflexionar sobre los fundamentos que justifican la Filosofía moral en el Bachillerato a partir de los mismos fundamentos que justifican la presencia en él de la Filosofía simpliciter —y podría ocurrir que fuera precisamente la filosofía moral aquella «parte» de la Filosofía que mejor representa, en el Bachillerato, los títulos de la presencia en él de la Filosofía, en general. 2. Si no me equivoco, los motivos o «títulos» que pueden aducirse como justificativos de la presencia (incluso de reivindicación) de la Filosofía moral desempeñada por profesores de Filosofía, en el Bachillerato, pueden clasificarse
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

adecuadamente en dos grandes apartados: el primero comprendería a todo tipo de razones que cabría llamar genéricas; en el segundo, incluiríamos aquellos motivos que pueden denominarse específicos. Motivos genéricos son aquellos que justifican la presencia de un curso de filosofía moral a partir de consideraciones comunes (no por ello secundarias) a otras partes de la filosofía, con abstracción precisamente de la Moral, si esto fuera posible. Por ejemplo, si la Filosofía se interesa por los procesos lógicos del razonamiento matemático, o por los procesos biológicos de la conducta, o por los procesos religiosos o lingüísticos, ¿por qué no habría de interesarse también por los procesos morales? A fin de cuentas,el orden moral es un orden (sea «básico», sea «superestructural») realmente existente y el tenerlo en cuenta es, para el filósofo, por lo menos tan obligado como pueda serlo el tener en cuenta el sistema de pautas etológicas de la conducta de los mamíferos, en general, o el sistema de patrones cultuales (no sólo morales) de los diversos grupos humanos. Un curso de Filosofía Moral—por ejemplo, una exposición crítica "de las más importantes interpretaciones que sobre el orden moral han dado los filósofos— estará, en este sentido, tan justificado, como un curso sobre Filosofía de la Ciencia —por ejemplo, una exposición crítica de las más importantes interpretaciones que sobre la ciencia han dado los filósofos—. Sin duda, también quienes ante el curso de Moral adoptan con gusto la perspectiva etnológica, o sociológica, o histórica —es decir, quienes conciben el curso de moral como exposición de los principales sistemas normativos de que tenemos noticia (desde el «sistema de los canaeos» hasta el «sistema» de la casuística jesuítica del siglo XVII) estarán muy próximos a ofrecer justificaciones de índole genérica. Motivos específicos serán aquellos, en cambio, que justifican la presencia de la Filosofía moral en el Bachillerato a partir de razones características de la propia Filosofía moral (por ejemplo, el colaborar a la formación del juicio moral, o las ideas sobre la moral del estudiante del Bachillerato), es decir, a partir de razones que precisamente no será fácil extender a la justificación de un curso de Filosofía de la Ciencia o de la Religión (salvo que la justificación de éstos cursos adoptase precisamente la forma de una justificación moral). La dificultad estriba en acertar con fórmulas adecuadas capaces de declarar la especificidad de las justificaciones la Filosofía moral en cuanto se oponen a las justificaciones genéricas, y, por tanto, en acertar con fórmulas capaces de establecer las relaciones (que suponemos dialécticas, conflictivas) entre las justificaciones genéricas y las específicas. 3. Nos parece, en efecto, que estas relaciones entre las justificaciones genéricas y las específicas son de índole dialéctica, y tienen que ver ellas mismas con el propio proceso de la Filosofía moral. Al menos, acuden inmediatamente a la boca distinciones clásicas que podrían ser ensayadas en el momento de aclarar estas relaciones: a) Ante todo, la distinción entre la Filosofía especulativa y la Filosofía práctica. Las motivaciones genéricas — podría pensarse— son aquellas que tienen una naturaleza especulativa; las motivaciones específicas, serían de naturaleza práctica. Sobre esta distinción quienes apelan a la tesis novena sobre Feuerbach fácilmente apoyarían un curso
EL BASILISCO

sobre Filosofía moral, si es que efectivamente éste tuviese tal carácter práctico (práctico-político). Pero, a nuestro juicio, la distinción entre especulativo y práctico, más bien confunde todo que aclara algo en nuestro asunto. ¿Quién podría presentar razones claras capaces de delimitar una filosofía especulativa o teorética (una teoría) frente a una filosofía práctica? ¿Acaso la Lógica o la Filosofía de la Ciencia en el Bachillerato no se justifican también por motivos prácticos? No se trata, nos parece, tanto de oponer una teoría a una praxis, en general, sino una praxis determinada a otra praxis determinada, por ejemplo, a la práctica gnóstíca del conocimiento, que es, por cierto, una de las pocas soluciones clásicas de la filosofía moral (Aristóteles, Etica a Nicómaco, X, 8; 1768b: «De manera que la felicidad no es otra cosa sino una contemplación»). b) Muy vinculada a la distinción anterior, se nos presenta la distinción entre una Etica especulativa y una Etica práctica {includens prudentia). Muchos escolásticos defendieron la naturaleza científica de la Filosofía moral especulativa —como exposición del sistema universal de las normas morales y de sus fundamentos metafísicos—frente a la opinión de quienes reclamaban la naturaleza prudencial (no científica) de la filosofía moral. Pero, ¿cómo entender una ciencia moral de las normas desvinculadas de la prudencia, una vez que se han derrumbado los fundamentos ontoteológicos en los que aquel sistema pretendía apoyarse? Tal ciencia de las normas morales, desvinculada de la prudencia, no parece que pueda entenderse realizada hoy más que por la Etnología, o por la Sociología (en cuanto «ciencias de las costumbres»). Pero entonces la Filosofía moral se reduce precisamente a Ciencia (a Etnología, o Sociología) y no tendría por qué ser el profesor de Filosofía, sino el profesor de Historia o el de Sociología o Etnología (si lo hubiera) quien debiera recibir el encargo del curso. c) Podríamos también apelar a la oposición de Hume —en torno a la cual gira la mayor parte de los análisis de la filosofía moral anglosajona— entre el Ser y el Deber ser. Las motivaciones genéricas tendrían acaso que ver con el Ser o realidad misma (sociológica, jurídica, del orden moral) ; los motivos específicos tendrían que ver con el Deber ser en cuanto constituya un orden característico. Pero, a falta de una concepción de las relaciones dialécticas entre este orden del Ser y el orden del Deber ser (pues no es suficiente su distinción), a falta incluso de una posibilidad de oponer, salvo en ciertos contextos lingüísticos, el Ser mismo y el Deber ser (como si muchas realidades no llegasen a actualizarse en el marco de un Deber ser), parece que las tareas de la Filosofía analítica han tenido que reducirse al recinto de los anáhsis lingüísticos, análisis muy útiles principalmente en relación con el idioma inglés, y sus peculiaridades características vinculadas con el propio sistema jurídico y procesal anglosajón. No nos parece, en todo caso, que el método lingüístico en filosofía moral de los filósofos ingleses tenga títulos suficientes para justificar un curso de Bachillerato español, y no por falta de materia, sino porque su superabundancia desplazaría otras cuestiones acaso prioritarias. Transportar a España muchos de los análisis sutiles de los anglosajones, sería un puro mimetismo. Aparte que la verdadera correspondencia (y no mera traducción) de estos análisis de los filósofos morales ingleses se encontraría en España en otros lugares, pongamos por caso, en la «Crónica Tributaria» del Ministerio de Hacienda. El análisis del uso del término Horchata &s tan sutil, en el contexto de esta
91

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

revista, entre otros análisis, y de una importancia práctica económica y moral mucho mayor de lo que pueda serlo el análisis del uSo del término Promesa de Searle. d) Por último, también podríamos tener en cuenta la oposición entre el individuo y la sociedad (u otras similares). La justificación genérica de la Moral se mantendría en las perspectivas sociológicas; la justificación específica se atendría al punto de vista del individuo concreto. Ahora bien, tampoco ésta distinción nos parece pertinente y, aunque tiene mucho que ver con nuestro asunto, es, por sí misma, por lo menos, confusa. En efecto, la perspectiva sociológica (o etnológica) en Filosofía moral va asociada, casi necesariamente, al relativismo moral. Precisamente por ello es saludada por muchos profesores de Filosofía que ven en ella una verdadera perspectiva crítica. Y lo es: crítica de una moral presentada como absoluta, por motivos ideológicos, cuando en sí no es sino moral feudal o burguesa. Pero, por sí misma, la perspectiva sociológica, asumida por los profesores de Filosofía, no es ni siquiera sociológica (científica): su intención es eminentemente práctica, a saber, la práctica de aquella crítica al sistema vigente de moral, colaborando a liberar a los individuos de los prejuicios etnocéntricos, políticos o religiosos en los cuales, al parecer, se hallan envueltos. Y, ¿qué decir de la perspectiva estrictamente individual —o, lo que es lo mismo, universal-distributiva? ¿Acaso ella no recae necesariamente en el psicologismo, en la progresiva incorporación de la llamada perspectiva psicológica en todo cuanto se refiere al análisis de las motivaciones de la conducta (política, sexual, etc.). Ahora bien: sospecho que el auge impresionante del interés por la Psicología que, desde el Bachillerato viene observándose entre los jóvenes (y que les empuja con frecuencia a preferir la carrera de Psicología, entre otras opciones posibles), no es propiamente psicológico, científico, sino precisamente moral, ético (y, lo que es más interesante, de una moral o ética de orientación muy precisa). En la época del franquismo, la moral quedaba inserta en el marco de la Teología, como hemos dicho, por parte de los que constituían la estructura del sistema dirigente. Pero, por parte de la oposición, por así decir, quedaba subordinada a la política—a la «moral revolucionaria» de los militantes—. Se diría que, disuelto el marco teológico (al menos para una inmensa mayoría de ciudadanos) y disuelta su contrafigura, el marco político de la moral (al descargarse los partidos políticos de cuestiones llamadas ahora privadas, personales o metafísicas, en nombre de las libertades democráticas), los ineludibles intereses morales se habrían ido a cobijar en el nuevo marco que comenzaba a armarse en España, a través sobre todo del marketing y de la publicidad, el de la Psicología humana, el de la Psicología como humanismo. De donde, según ésto, resultaría que el interés por la Psicología es confuso y aún espúreo, en un noventa por ciento de los casos, cuando el interés por la Psicología es un modo equivocado de denominar al interés por las cuestiones morales, un interés elaborado generalmente en la forma de fijación de objetivos terapéuticos, en definitiva, de una dirección moral de las conciencias que, cuando no acuden al Zen, adoptan las maneras de una pseudociencia o de unas técnicas pseudocientíficas, de una «medicina del alma» entendida en el sentido más prosaico, que va desde las técnicas de adaptación o de relajación hasta incluso las técnicas de masaje. Por ello, frente al psicolo92

gismo (no ya frente a la Psicología científica que, en modo alguno, puede confundirse con una moral), parece que es imprescindible reivindicar el verdadero nombre de los intereses que empujan hacia la elección de carrera a una gran parte de nuestros jóvenes. Porque no es el individuo psicológico —que es (lo que para muchos constituye insuperable paradoja) lo más abstracto y genérico, y no lo más concreto— aquello que puede llevarnos siquiera al centro de los problemas por los cuales ese individuo se interesa, los problemas éticos y morales, que precisamente no se configuran ni en el plano sociológico político, ni en el plano individual psicológico, sino en el momento en que ambos planos se entrecruzan, en el cual el individuo asume las normas y costumbres sociales como propias o extrañas, para juzgarlas, junto con otros individuos. Y este juicio pertenece a la moral —a la tradición socrática de la filosofía moral— y no a la Sociología ni a la Psicología. Porque la conciencia moral no es una conciencia subjetiva a la que quepa apelar por motivos también subjetivos, como a un tribunal que sentencia oracularmente: la conciencia moral, al menos en la tradición socrática, es una conciencia que pide constantemente la regresión hacia sus fundamentos, la argumentación de sus decisiones, la justificación de sus juicios: «porque las opiniones verdaderas, en tanto que duran, son una cosa hermosa y todo lo hacen bueno, pero no gustan de permanecer mucho tiempo, sino que se escapan del alma del hombre y así no valen gran cosa hasta que se las encadena con la consideración del fundamento» (Menon 98 a). Esta constante elevación constitutiva de la conciencia moral sobre el horizonte psicológico individual—el de los impulsos, el de las pasiones—, es una característica constitutiva de la conciencia moral misma, a la manera como la elevación sobre los deseos subjetivos o la abstracción de los impulsos de los cuales, sin embargo, se parte, y a los cuales se vuelve, es una condición constitutiva del juicio científico «objetivo». 4. En nuestra opinión, el verdadero punto de la diferencia éntrelas justificaciones de índole genérica y las específicas hay que ponerlo no ya en oposiciones tales como las reseñadas (especulativo/práctico, etc.), sino precisamente en la oposición que hemos expuesto en otro lugar (El Basilisco, núm. 2,1978) entre las metodologías y las metodologías . Cuando el material propio de las «ciencias morales» (incluso el de la filosofía moral) es considerado desde la perspectiva , es decir, la perspectiva desde la cual un etólogo, que haya logrado regresar hacia las formulaciones más objetivas, puede considerar y delinear los patrones de conducta de una colonia de insectos, entonces las cuestiones de moral o de ética pueden recibir un tratamiento científico, pero a costa de dejar de ser formalmente cuestiones morales o éticas . Sólo lo serán materialmente (genéricamente), a la manera como pretenden serlo las determinaciones que el estructuralismo de Levi Strauss logró obtener en torno a las relaciones elementales del parentesco. Y esto sería debido —opinamos— a que la especificidad de las cuestiones morales (o éticas) se encuentra precisamente envuelta en un horizonte de índole -operatorio. Sólo cuando quien habla de moral (o de ética) —de normas o sistemas morales o éticos— se encuentra comprometido (aunque sea en la forma de la reprobación) en el momento mismo de hablar, por esas normas morales o éticas, es cuando puede sonar ese timbre específico de la moral o de la ética a que venimos reEL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

firiéndonos. Ahora bien, de acuerdo con nuestras premisas, la perspectiva -operatoria, al menos en sus formas más puras, no da lugar a una conceptuación científica, aunque sí pueda dar lugar a una perspectiva filosófica no menos racional, es cierto, aunque de otro modo, de lo que puedan serlo las demostraciones científicas. Constantemente aparecerá, con todo, la tendencia a regresar a perspectivas -operatorias, aún a costa de perderse en el regreso la especificidad que interesó inicialmente: tal es el precio de la ciencia. Precio demasiado caro muchas veces y que, constantemente también, tenderá a ser compensado mediante el retorno (o progressus) hacia las perspectivas -operatorias. La perpetua oscilación de la filosofía moral desde sus posiciones específicas (digamos, de justificación de la conducta) hacia las posiciones genéricas (digamos, de explicación de la misma) y recíprocamente, tiene que ver, según esto, con la oscilación entre la voluntad de analizar científicamente el campo de la moralidad—desentendiéndonos de él, en el fondo—y la voluntad de mantenerse en la misma «longitud de onda» propia de este campo, a cambio de renunciar, comprometidos con él, al conocimiento científico en su sentido más riguroso. De este modo, concluiríamos diciendo que la distinción entre lasjustificaciones genéricas y las específicas de la disciplina de la Filosofía moral en el Bachillerato es algo más que una mera distinción pedagógica o didáctica, porque es una distinción dialéctica, porque es la distinción entre los términos en conflicto de un proceso viviente cuya circulación mutua, no siempre sin turbulencias, puede considerarse coextensa con la vida moral misma. 5. Según lo que precede, la Filosofía moral en el Bachillerato, en la medida en que quiera formalmente mantenerse como Filosofía moral—y no como Etología o como Sociología o como Psicología—, habría de ser entendida como una disciplina includensprudentia, como una disciplina que requiere, desde su interior mismo, el compromiso inicial con determinados juicios o valores morales y que, en consecuencia, constituye ella misma una actividad moralmente estimable (como buena o como mala), una actividad prudencial. ¿Cuál es, entonces, su justificación en el Bachillerato? Similar a la que puede reclamar la propia Moral, o la misma Filosofía, en tanto que esta sea, al menos en la tradición de la filosofía platónica —la filosofía como «medicina del alma»—, uns moral, orientada a la Paideia (que no brota precisamente a consecuencia de unas técnicas didácticas, generales o especiales). ¿Queremos decir con esto que la Filosofía moral, en el Bachillerato, ha de ser edificante! Sí, desde luego. Pues aunque ella no pueda pretender fundar la conciencia moral (como tampoco la Lógica formal puede pretender fundar la capacidad de raciocinio) no por ello ha de reducirse a un mero epifenómeno. De algún modo influye y, en este sentido, edifica. Pero inmediatamene tenemos que precisar el alcance de esta palabra tantas veces maltratada. Porque aquí no podemos entender las actividades edificantes en el mismo sentido en que se llamaban edificantes las prédicas morales, o bien los ejercicios espirituales o corporales (el yoga, por ejemplo) orientados a instaurar virtudes, a «mentalizar», o a condicionar reflejos. Si la filosofía moral ha de ser edificante, lo será a través de los métodos propios de la filosofía que, en nuestra tradición, son los métodos lógicos ligados a la argumentación, a la discusión y al debate. Estos
EL BASILISCO

métodos implican necesariamente la crítica —por tanto, la destrucción o trituración de todo aquello que pueda ser demolido y la determinación de aquellos principios o factores que parezcan indestructibles, transcendentales. Si.todo pudiera ser destruido, nada podría edificarse o reconstruirse, ni siquiera el ave fénix. No atribuimos, en todo caso, a la Filosofía moral en el Bachillerato la misión de instaurar o edificar la conciencia moral en el estudiante, puesto que hemos partido del supuesto según el cual el juicio moral está ya instaurado en todo aquel que tiene uso de razón, sindéresis, o que no es un «imbécil moral». Pero sí le atribuimos la misión de colaborar a edificar algunos contenidos del juicio moral, algunos criterios y aún evidencias morales, tras la demolición de otros (aquellos acaso que a muchos parecen los más auténticos y libres). Al menos, éste es un postulado que creemos implícito en el mismo momento de proceder a la justificación de la Filosofía moral, includens prudentia, en el Bachillerato. El curso de Filosofía moral se constituye de este modo en un episodio interno al conflicto mismo que brota de la confluencia entre los diferentes sistemas de normas o criterios morales, un curso que puede fortalecer y aclarar muchas evidencias, así como también debilitar y oscurecer otras. En este sentido, el relativismo moral radical, en la medida en que niegue la posibilidad del debate dialéctico entre los diferentes sistemas de normas, en la medida en que propende a reducir la moral o la sociología, a la etnología o a la psicología, o bien no es filosofía moral, o bien contiene una dirección precisa, aunque disimulada, de filosofía moral absoluta y dogmática, la moral del llamado «individualismo pragmatista», hedonista, pongamos por caso. Pero si el relativismo moral se atuviese a sus consecuencias lógicas debiera reconocer que él contiene la hipótesis (muy crítica, frente a todo absolutismo metafísico) según la cual las leyes, normas o valores morales, son característicos de cada cultura o de cada pueblo, o de cada clase social (la «moral de clase»), es decir, que no tiene demasiado sentido esperar que de la contrastación de los sistemas, puedan resultar consecuencias que excedan los marcos en los cuales se supone que la moral está envuelta, sin duda, el relativismo moral tiene un amplio apoyo en \os fenómenos: en unos pueblos es un acto moral positivo matar a un prisionero o al enemigo (incluso el comérselo), mientras que en otros, este acto aparecerá como una aberración moral o como una reliquia del salvajismo. Pero acaso el relativismo moral actúa aquí a la manera como la física de los antiguos actuaba ante los fenómenos de los cuerpos en movimiento: a la vista de que los cuerpos ígneos aparecen ascendiendo hacia lo alto, y los acuosos descendiendo en la dirección del centro de la tierra, asignaba a cada uno de ellos una ley independiente de gravitación, diríamos un «relativismo gravitatorio». Hoy sabemos que todas esas «supuestas leyes de gravitación» particulares no son otra cosa sino manifestaciones de una gravitación universal única, de una ley uniforme, sólo que abstracta, cuando ella trabaja «en el vacío». La misma ley combinada con otros principios físicos, es la que conduce a la multiplicidad fenoménica que el relativismo gravitatorio no supo interpretar (no estará de más insinuar cómo la teoría de la relatividad einsteniana, aunque precisamente fue saludada por muchos sociólogos e histo93

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Fiadores, o antropólogos, en la línea de su relativismo moral, de su subjetivismo, estaba inspirada por motivaciones enteramente objetivistas, por la voluntad de elevarse a la determinación de leyes invariantes válidas para cualquier sistema de coordenadas y tales que, desde ellas, pudiera darse cuenta de los sistemas de fenómenos opuestos entre sí). ¿No ocurrirá algo similar con las leyes de la gravitación moral? ¿No ocurrirá que las leyes morales, aunque universales, son puramente abstractas y, por tanto, no se nos manifiestan sino al final de un proceso de regresión de los fenómenos (etnológicos, sociológicos, psicológicos)? Las leyes o normas morales, los factores morales, simplemente no operarían en el vacío, como si fuesen sustantivos; no presidirían o determinarían a la conducta humana, sino codetermínándola, junto con otras normas morales. Según esto aquellos fenómenos interpretados desde el punto de vista del relativismo de las normas morales (en el contexto del grupo, o de la clase social, o de la cultura) podrían ser interpretados a la luz del co-determinismo de las propias normas diversas, antagónicas, pero en confluencia mutua imprescindible. No hablaríamos entonces tanto de normas distintas según cada pueblo o círculo cultural, cuando, más bien, de normas (o factores de normas) comunes a todos los pueblos (al menos retrospectivamente, y en el momento en que históricamente va constituyéndose la posibilidad de una visión histórico universal) pero compuestos mutuamente de modos distintos, tales que pudieran coordinarse con la variedad de los fenómenos. Estas normas, por tanto, sin perjuicio de su universalidad (respecto de todos los pueblos) no tendrían por qué ser uniformes y armónicas entre sí, como piezas de un espacio moral concebido desde la paz perpetua. De la misma manera que el espacio geométrico está configurado en torno a núcleos diferentes (aunque presentes a las diversas regiones del mundo físico) no siempre conmensurables entre sí, aunque siempre entretejidos, así también el espacio moral estaría configurado en torno a núcleos heterogéneos, dotados cada uno de ellos de su lógica moral propia, inconmensurables, pero entretejidos mutuamente y en conflicto permanente (nosotros, en La Metafísica Presocrática, páginas 358 y siguientes, hemos creído poder identificar, al menos, dos de estos núcleos, a los cuales hemos aplicado, acaso de un modo no del todo arbitrario, las denominaciones de eí/ca y de mora/). Ahora bien: el codeterminismo moral —que entendemos, por de pronto, como un método de investigación moral ligado a la práctica misma de la discusión moral o ética— es, por lo menos, una hipótesis tan crítica (respecto del relativismo moral) como el relativismo pueda serlo respecto del dogmatismo metafísico o teológico. Y, sobre todo, puede entenderse como un postulado ligado a la misma práctica de la discusión de los «casos de moral». En la medida en que esta discusión se mantenga en el terreno de la argumentación moral es porque estamos suponiendo,/jr/mero, que los interlocutores (profesores y alumnos) disponen de «elementos de juicio» similares, de reglas dé juego parecidas, sin perjuicio de las diferentes perspectivas de edad, de nación o de clase social, y, segundo, que el «caso de moral» cae bajóla jurisdicción de normas o factores diversos que no siempre es trivial determinar y hacer confluir. Por ello el debate es necesario en tanto este debate implica un análisis re94

gresivo hacia los factores, una justificación de su composición y aplicación. El análisis de justificación o el enjuiciamiento de un caso moral, según su lógica propia, nos obliga a regresar constantemente hacia ciertos principios abstractos —pero siempre vinculados a las más concretas situaciones históricas, políticas o sociales— que son, por su propia naturaleza, de carácter filosófico, incluso filosófico mundano. No cabe aquí detenerse en dogmas o lemas generales, por críticos que sean, como es frecuente entre quienes mantienen posiciones radicales, opuestas a códigos considerados como estúpidos, o bien como puras convenciones alimentadas por intereses inconfesados, pero mantienen tales posiciones apelando a máximas igualmente gratuitas o vacías (pongamos por caso: «es necesario transformar la realidad, no basta con conocerla», puesto que podría oponérsele la máxima contraria: «es necesario dejar intacta la realidad, basta con conocerla»). Es necesario someter todo tipo de máxima moral a la crítica de su fundamento moral, de su sanción, en el sentido de Brentano. Y en esta tarea resulta imprescindible la consideración de los grandes sistemas filosóficos de la moral que precisamente lo son por haber organizado los diferentes círculos desde los cuales tienen lugar, en general, las diferencias en los enjuiciamientos de las situaciones morales. De este modo, el curso de Filosofía moral, tal como lo imaginamos, también tiene que pasar por la exposición académica de las grandes líneas de la Filosofía moral. 6. Aquello que por nuestra parte hemos querido poner aquí a discusión podría, en resolución, reducirse a las siguientes tesis: Primera. La tesis según la cual la filosofía moral en Bachillerato no puede reducirse a Sociología, ni a Etnología ni a Psicología, porque aunque las reflexiones sociológicas, o etnológicas o psicológicas sean inexcusables, son ellas mismas material que debe ser reanalizado desde el punto de vista de la «lógica» del juicio moral. Segunda. La tesis según la cual la Filosofía moral en el Bachillerato habría de entenderse eminentemente como una resolución de problemas morales, o de casos de moral, como un ejercicio del «razonamiento moral» positivo, más que como un conjunto de especulaciones metafísicas o lingüísticas (da lo mismo) sobre el fundamento de la libertad, o sobre el ser y deber ser. Estas situaciones o casos de moral no tendrían por qué ser inventadas siempre, como problemas que afectan a Ticio o a Cayo: la realidad política o jurídica coetánea ofrece situaciones suficientemente ricas como para tomarlas como materia de análisis moral. Con lo cual, la Filosofía moral en Bachillerato se constituye en un cauce sistemático de crítica de las Instituciones políticas, jurídicas o religiosas y no en un instrumento de propaganda o mentalización (naturalmente esto requiere, por parte del profesor de Filosofía, un planteamiento mínimamente técnico de las situaciones jurídicas o políticas, o sociales, sobre las cuales se haga girar el problema o el caso de moral). Es el análisis de estos problemas o casos de moral el que nos conduciría internamente al enfrentamiento con las cuestiones de principio (incluyendo aquellas cuestiones que giran en torno al llamado «sentido de la vida») tratadas por los clásicos (Platón, Aristóteles, Séneca, Kant, etc.), a los cuales, en cualquier caso, sería preciso frecuentar asiduamente.
EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

NOTICIAS
Décimo Congreso Interamericano de Fflosofía

gica de los derechos humanos); Octavi FuUat {La Teleología del animal desgraciado), y Femando Rielo {Fundamentos filosóficos del Derecho Humano), aunque el volumen que contiene los resúmenes de los trabajos (publicado en abril de 1982,158 págs. por el Departamento de Filosofía de la Florida State University, Tallahassee, 32306 USA) sólo contiene los resúmenes de dos de esos seis trabajos (se supone que el resto no llegaron a ser presentados): el del barcelonés Octavi FuUat y el del canario Femando Rielo (in absentia), de la Escuela Idente de La Laguna.

Secdonesy subsecciones del Congreso de Teoría y Metodología de las Ciencias
L Teoría y Metodología General de las Ciencias 1. Corrientes actuales en la teoría de las ciencias. 2. Clasificación de las ciencias. 3- Unidad de la ciencia y lenguajes científicos. 4. Estructura y función de las ciencias. 5. Métodos de las ciencias. 6. Problcnias de política científica. 7. Erica científica. 8. Sociología del conocimiento científico 11. Historia de la Geoctá y.del Peosamiento I. Interpretaciones históricas del desarrollo de las ciencias. 2. Historia de las teorías científicas. 3. Historia de las instituciones científicas. 4. Historia de las tecnologías. ^. Historia de la ciencia y del peosamiento español. III. Fundamento de las Ciencias Formales 1. Fundamentos de las matemáticas. 2. Filosofía de la lógica. 3. Teoría de modelos y sus aplicaciones. 4. Teoría general de sistemas. 5. Problemas de compuiabilidad. 6. Cuestiones de J-ógica. IV. Fundamentos de las Ciencias Naturales 1. Problemas fundamentales de las ciencias físico qtumícas (causalidad, determinismo y caoticidad). 2. Modelos cosmológicos del Universo. 3- Problemas fundamentales de las ciencias biológicas (finalidad, oiganizadón y evolución). 4. Ecología y ctología. 5. Niveles jerárquicos; reducción-emergencia. 6. Ciencias médicas. V. Fundamentos de las Ciencias Antropológicas y Culturales L Economía y sociedad. 2. Problemas y métodos de las ciencias psicológicas. 3. Teorías y métodos de las ciencias históricas y geográficas. 4, Teorías y métodos de las ciencias lingüísticas. 5. Teorías y métodos de las ciencias ¡uridicas y políticas. 6. Teorías y métodos de la educación^ 7. Teorías y métodos de las ciencias de la información. 8. Teoría y mciüdología de las formas estéticas: anes, literatura. arquiaxRira y uitianisinu 9. Etnología, antiopolcgia y ciencias de la reH¿ón. 10. filosofía de la técnica y de la ingeniería.

La Sociedad Interamericana de Fi- Puede tener interés para la sociolosofía decidió en su noveno Conlogía de la ciencia saber que este greso (Caracas, 1979) que el siCongreso contó con un fondo de guiente se celebrase en los Estados maniobra de 200.000 $ (20 müloUnidos de Norteamérica. Así, fue nes de pesetas de entonces), que la American Philosophical Assoen sus 2/3 partes se dedicó a ayudas ciation responsable de organizar la de viaje para 166 de los participanreunión que, patrocinada en su tes. mayor parte por la. Florida State University, se celebró en Tallahassee, Florida, del 18 al 23 de OctuG.B.S. bre de 1981, presidiendo el comité organizador el profesor David Gruender. El tema, decidido también por el Congreso de Caracas, era el de los «Derechos Humanos». Los 415 matriculados, procedentes de distintos países, pudieron elegir entre trescientas comunicaciones presentadas en diez sesiones simultáneas, repartidas en siete categorías: I. Los Fundamentos Filosóficos, n . La Naturaleza Humcma o la Condición Humana, IIL Los Derechos de investigación y expresión: problemas filosóficos, IV. La Etica y los derechos humanos, V. La Sociedad y los derechos humanos: problemas filosóficos, VI. La Práctica de los derechos humanos y VIL Temas variados. En el programa figuraban seis autores españoles: Adolfo Arias-Muñoz {Derechos humanos y Filosofía Dialógica); Manuel Atienza {Marx y los Derechos Humanos); Niceto Blázquez {El Derecho Humano a la propiedad privada según la doctrina social católica); Isidro Gómez Romero {Contribución a una fundamentación fenomenolóEL BASILISCO

sobre cuestiones metodológicas y fomentar los estudios e investigaciones sobre los fundamentos de las ciencias y su historia en España. Los temas titulares de este segundo congreso son las ciencias Biológicas y las ciencias Históricas, sobre las que giran las ponencias y mesas redondas. Además de los temas titulares las secciones y subsecciones del Congreso permiten recoger numerosas investigaciones de interés realizadas sobre la Teoría, la Metodología y la Historia de las Ciencias, así como sobre los fundamentos de las distintas disciplinas científicas: setenta comunicantes de toda España presentar un centenar de comunicaciones a este Congreso. Los títulos de las ponencias programadas son: Francisco José Ayala, ¿Es la macroevolución incompatible con el darwinismo?; Julio Mangas, Límites entre religión, magia y superstición durante la antigüedad; Manuel Alvarez Uría, Biología y Sociedad; Ramón Margalef López, Autoorganización en sistemas formados por componen95

S^undo Congreso deTeoríay Metodol(^ de las Ciencias
Del 4 al 9 de Abril de 1983 se celebrará en Oviedo, organizado por la Sociedad Asturiana del Filosofía con el patrocinio de la Fundación Principado de Asturias, el II CONGRESO DE T E O R Í A Y M E T O D O L O G Í A DE LAS CIENCIAS. El objeto de este Congreso, cuya primera edición se celebró el pasado año y del que acaban de aparecer publicadas sus Actas, es propiciar encuentros interdisciplinares

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

tes intercambiables y evolución de dichos componentes; Miguel Artola Gallego, Problemas metodológicos de la investigación histórica; Francisco Sobrino, Algunas cuestiones metodológicas y de interpretación en la Bioquímica; Gustavo Bueno, La Idea de Verdad en Biología; Julio Valdeón Baruque, El papel de la teoría en la investigación histórica; Juan Ramón Alvarez, Ontologías Biológicas; Osvaldo Reig, Unificación epistémica de la genética y de la ecología de poblaciones; Santiago Gascón, La demarcación de las ciencias biológicas: de la bioquímica a la ecología; David Ruiz, Articulación y síntesis en la construcción del método histórico; Fernando Montero Moliner, La fenomenología y la historia de la filosofía; Gustavo Bueno, La finalidad en las ciencias históricas y el materialismo histórico; Faustino Cordón, Origen, naturaleza y evolución de la célula. Para cualquier correspondencia, reserva de actas, comunicación, información o inscripción, dirigirse a: Sociedad Asturiana de Filosofía, Apartado 952, Oviedo (España).

CONGRESO Y METODOWGIA DE LAS CIENCIAS
DE TEORÍA

XVnCoi^eso Mundial de Ffloso&
Desde la celebración del I Congreso, en el París de 1900, cada cinco años (con las excepciones de las dos guerras mundiales) la Federación Internacional de Sociedades de Filosofía (FISP) organiza el Congreso Mundial de Filosofía. Le ha correspondido a Montreal ser la sede del XVII Congreso, que se celebrará del 21 al 27 de Agosto de 1983 (en ediciones anteriores fueron países anfitriones Francia, Suiza, Alemania, Italia, USA, Inglaterra, Polonia, Holanda, Bélgica, México, Austria y Yugoslavia: nunca todavía se ha celebrado en España). En esta ocasión, el XVII Congreso tiene como tema principal: «Filosofía y Cultura», que se tratará en cuatro secciones principales: I. La determinación filosófica de la Idea de Cultura; II. Culturas y valores en la perspectiva histórica; III. Personas y Culturas en el mundo contemporáneo y IV. Filosofía y Cultura: perspectivas para el futuro; divididas en 34 subsecciones. Están previstas además medio centenar de mesas redondas y sesiones especiales sobre temas más generales. Como es costumbre, coincidiendo con el Congreso, se producen reuniones de numerosas sociedades de filosofía, desde la del Cirpho (Círculo Internacional de investigación filosófica por ordenador) a la de la Sociedad Internacional de Estudios Neoplatónicos. Como es también habitual en este tipo de reuniones internacionales, ningún español figura como presidente o participante de alguna sesión, sección, subsección o mesa redonda. G.B.S.

Oviedo. Hotel Reconquista. 419 Abril 1983

Participantes en este 11 CONGRESO DE TEORÍA Y METODOLOGÍA DE IAS CIENCIAS
Ponentes: Juan Ramón Alvaiez Manuel Alvarez Uría Miguel Areola Gallego Fiancisco ) • Ayala Gustavo Bueno Martínez Faustino Cordón Bonet Santiago Gascón Muñoz Julio Mangas Manjarrés Ramón Matgalef López Femando Monceio Moliner Carlos París Amador Osvaldo A. Reig David Ruiz González Francisco Sobrino Julio Valdeón Baruque Comunicantes: M" Teresa Anguera Juan Arana Juan Emilio Aura Tonosa •Gonzalo Bravo Castageda Gustavo Bueno Sánchez Carlos Calleja Xifre Antonio Caselles Moncho Camilo José Cela Conde Adelaida Checa Sánchez Isidoro Delclaux Anna Estany Juan Esteva de Sagreta Maximiliano Fartos J o s é Manuel Fdez-Cepedal Alejandro Fdez. Maigarít Miguel Ferrero Mei¿r Juan B . Fuentes Ortega Femando Gabucio Cerezo Manuel García Doncel Pilar García Jordán José García Manínez Francisco García Novo Julián Garrido Garrido José L Glez. Almendros Santiago Glez. Escudero María Dolores Glez. Portal Alberto Hidalgo TuñÓn Víctor Infantes de Miguel S.L. Ipiña Jorge I. Izquierdo G. Ignacio Izuzquiza Otero Jesús Jordá Pardo Diego Jordáno Barea Francisco J . J u a n Remolina Pilar Lacasa Enrique lafiíente LuisM^Laita J o s é M ' Laso Prieto J o s é A. López Brugos J o s é Ángel López Herrerías Julián López de Lerma Carlos Martín Vide Francisco José Martínez J. Martínez Alier Carlos Mínguez Francisco Luis Molina Andrés Moya Símano José' Muñiz Fernández Blanca Muñoz López Anastasio Ovejero Bemal Javier Palacios Luciano Pereña Concepción Pérez Mañao Pérez Alvatez Augusto Pérez García Adolfo Perinat Manuel del Pino Berenguel Rafeel Plá López Manuel Puigcerver Olivan Miguel Renci de la Fuente Román Reyes Agustín Riscos Fernández Elena Ronzón José María Ruiz-Vaigas" José Sala Cátala Juliáii Sánchez González Ricardo S. Ortiz de Urbina EsteUa y. Santilli M " Cristina Sanz López Eduardo Tello Porras Joaquín J. Vea Julián Velarde Lombraña Salvador Vínardell Crespo J.L. Zaccagoini

T Condeso Iníemadonal de L^ca, Metodología y Fflosom de la Ciencia
Internaüona! Union of Hislory and Philosophy ol Science División of Logic. Motnodotog/ and Philosophy o( Science
(PntMvnl: J.-bol: StenUry: L. J. Coiwn)

JT

INTERNATIONAL CONGRESS of LOGIC. METHODOLOGY and PHILOSOPHY of SCIENCE SALZ SALZBURC, AUSTRIA. JULY 11'*—16* 1983

\^Y\

I . PouMatlen* and pnnoHpDy M Bletogy 3 . Ftacunlon Th«oiy i n d n i t a r r e* C«ni»iitillon 4.A]dOfllMleSMT)l«(V . . 1. FBvndxloni *ne Phl>«Kphy al m * SoclU Scli

3.MltlMv(iTLog>c. Pil*tlto«ólOBy * x l ' ^ ' ' < ° * o P l V < ' 4. P u M H n H i l d PrkKiplH o( IN* EtMct ot SdMic*

Piul VWnginntf er Gtorg Do>n (7tn IrlMnutiontr C o n g r u ot L c ^ c MithofMogy i r d Ptiilotoptiy ot SciMC*) riwrtiii luH Pnliai«phi( UntvHiitMt Sttibuig PtanHilivwiauM 1/1 A - W » SALZBUHQ

(r«*p/wi»;inMmj!. C o í t lar ^uttrit

' K22¡)USIf.

*tt <TI¡

96

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

( lase,
estructura \ Nicholas

Jliy¡>liSJ.y.Mín.

conoi-imiiTilii
S | 'I !i « ' l u r i i i n i II

Abercrombie Clase, estructura y conocimiento Prefacio de Salvador Giner Ed. Península. Barcelona, 1982.

9
X.} Yk'h FiriheiT

Béla Freiherr von Brandestein Cuestiones fundamentales de la filosofía Traducción de Claudio Gancho. Herdér, Barcelona, 1983.

M

WKI-Alsirafea;

k,

Del Génesis al genocidio

Stephan LOwrovet

Stephan L. Chorover Del Génesis al genocidio. La sociobiología en cuestión

'n'

H Sljnie EácáXteS V „

H. Blume ediciones. Madrid, 1982.

Una exposición de los temas capitales de la sociología del conocimiento organizada en torno a las referencias consabidas: Marx. Mannhein, el estructuralismo marxista, la fenomenología (Schutz). En la conclusión, el autor intenta un balance de las diversas teorías y concluye pidiendo la necesidad de una sociología del conocimiento que muestre cómo «las creencias acerca del mundo son erróneas de muy distintas maneras».

Una publicación de las lecciones profesadas en el semestre de invierno de 1974-75 en la Universidad del Sarre por el autor. Junto con las explicaciones del docente, se publican las discusiones que tuvieron lugar a continuación. Parece excesiva la declaración del autor en el sentido de que el libro recoge el modo «cómo la verdad se abre al hombre y en el hombre que la busca y reconoce».

El autor intenta prevenir al lector sobre los conceptos científicos en tomo a la naturaleza humana que condicionan la opinión pública y múltiples decisiones políticas. Es interesante su crítica al concepto de «consciente intelectual» (la medida de la inteligencia para el control social) y otros conceptos de la psicotecnología.

Joseph U Novak: ^ Teorá y pticiica ie la educaciórt •
í^lutiwrf Uaivetsitlaíl

Emst Bloch JosephD. Novak Teoría y práctica de la educación Versión española de Cristina del Barrio y Calina González. Alianza Universidad. Madrid, 1982. Sujeto-Objeto. El pensamiento de Hegel Traducción de Wenceslao Roces. Fondo de Cultura Económica, México-MadridBuenos Aires, 1982. Se trata de una nueva edición ampliada en español de la conocida obra de Bloch sobre Hegel. Las adiciones principales son el capítulo XXIII, «Hegel y la anamnesis», y un post-scriptum de 1962. Además, en un apéndice, se recogen los textos principales de la edición primitiva de 1949, que fueron posteriormente supriniidos o modificados.

Leszek Kolalovvsl Las principales corrienles dei marxismo
lí í .ítíil.ícíUc 01^

Leszek Kolakowski Las principales corrientes del marxismo. IL La edad de oro Versión española de Jorge Vigil. Alianza Universidad. Madrid, 1982.

^v^^PíH
I i/tm .>«n"."»//. MJ'

«Este libro trata de contestar algunos interrogantes educativos que me han preocupado cuando estudiaba en las escuelas públicas de Minneápolis y durante gran parte de mi vida adulta. ¿Por qué aprenden tan poco los estudiantes? ¿Por qué parecen tan ineficaces las escuelas a la hora de ayudar a la gente a aprender?». Estas preguntas que el autor pone en el prefacio de su libro, ¿no podían también ponerse en su epílogo?

En este tomo, Kolakowski expone el pensamiento de diversas corrientes marxistas a partir de la II internacional. Kautsky, Luxemburgo y Bemstein; Lafargue («un marxismo hedonista»), Sorel («un marxismo jansenista»), Labriola («un intento de ortodoxia»). Austromarxistas Plekhanov, ascenso del leninismo: de una teoría del Estado a una ideología del Estado.

Femando Savater Invitación a la ética Anagrama, Barcelona, 1982. X Premio Anagrama de Ensayo. Un conjunto de reflexiones interesantes sobre diversas cuestiones morales. «La ética, pese a su suprema dignidad, aún guarda una deuda excesiva con lo útil, es decir, admite, en cierto modo, el poder de lo necesario aunque sea para desafiarlo. Pues la ética sabe que la más alta reconcihación entre lo que hago y lo que soy es imposible y sin embargo sigue recomendando actuar trágicamente».

htiüuÉii

MIIIIM SEO

Marc Richelle y Rémy Droz (Directores) Manual de Psicología. Introducción a la psicología científica Versión castellana de Luisa Medrano. Herder. Barcelona, 1982.

^ ^ . i

Eugenio Frutos Mejías Leyenda y poder en tomo a Aristóteles

trn^ t^mkJÉmsii

Dpto. de Historia de la Filosofía, Univ. de Zaragoza. Libros Pórtico, Zaragoza, 1982.

Una exposición enciclopédica a cargo de diferentes especialistas, que fue puWicada en Bruselas en 1976. Cuestiones de método, recordatorio de las estmcturas moleculares y celulares del ser vivo, cultura y personaUdad, sistema nervioso, información y memoria, aprendizaje, son los principales temas tratados de un modo muy claro con abundancia de diagramas y esquemas.

«Tras tres años de preceptura inútil, ¿cómo entender la prolongación de la estancia del filósofo en la corte macedónica...? ¿Pueden entenderse esos cinco años en los que Aristóteles se halla en Pella, aparentemente sin motivo justificado, como el plazo en el que se gestionó, se concretó, o se ideó el proyecto del Liceo?. Eugenio Frutos Mejías desarrolla en su hbro una apasionante hipótesis muy bien argumentada y de gran alcance histórico.

EL BASILISCO

97

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

ViGENTES>>. SOBRE EL ORICeN ^'•V. OELAVmA .".1

PELASTEOñUs

Mario García Exposición crítica de las teorías vigentes sobre el origen de la vida Anthropos. Barcelona, 1982.

LA EVOLUCIÓN CONJUNTA OE LOS ANIMALES Y SU MEDIO

Faustino Cordón La evolución conjunta de los animales y su medio Anthropos. Barcelona, 1982.
ÍNTF.Ol'ÍX.OGÍA miXÓiíCi CONTEMK^RÁNEA

Juan David García Bacca Antropología fílosófíca contemporánea Anthropos'. Barcelona, 1982.

El autor nos ofrece en este libro una rigurosa e interesante exposición de la doctrina de Oparin desde un punto de vista crítico, en un sentido materialista y con una notable preocupación gnoseológica. También se tratan en este libro las opiniones de Bemal y otras (por ejemplo, la obra de Fox y Dose). El autor se mantiene en la línea del pensamiento biológico de Cordón.

Faustino Cordón nos ofrece en este libro algunos importantes trabajos suyos que datan ya del año 1958 y 1959, pero que anuncian las líneas maestras de la potente concepción evolucionista que más adelante habría de cristalizar en su obra, La alimentación, base de la biología evolucionista. Este es un Ubro indispensable para todo aquel que esté interesado por el pensamiento biológico.

Reedición de las diez conferencias que en 1955 pronunció en Caracas J.D. García Bacca. Conferencias llenas de interés dentro del estilo heiddeggeriano («el hombre en cuanto ser-en-elmundo»; «el hombre en cuanto uno-de-tantos») sin perjuicio de la originalidad característica del autor. «Van, pues, aquí casi tal cual se «hablaron»; y su autor aparece aquí como «habla», no cual puede y suele «escribir».

ZUBÍRI
NTELIGENCI^ Y LOGOS

—Xavier

W.H. Thorpe Xavier Zubiri Inteligencia y Logos. Alianza Editorial, Sociedad de Estudios y Publicaciones del Banco Urquijo, Madrid, 1982. Breve historia de la Biología Traducción de Joaquín Ortega. Alianza Editorial, El Libro de Bolsillo, Madrid, 1982. Un resumen muy informativo y ameno de los principales hitos de la ciencia etológica. En la parte primera, Thórpe expone los orígenes de la Etología, y en la segunda parte, trata de formular las condiciones del surgimiento de la Etología como disciplina después de la segunda guerra mundial con especial referencia a Lorenz y Tinbergen.

T " ^
Agnes Heller La revolución de la vida cotidiana Ediciones Península, Barcelona, 1982. Se recogen en este libro escritos de la señora Heller en los que, al parecer, como dicen los editores, se contienen algunas de las indicaciones teóricas y, lo que es más, prácticas que acucian al hombre contemporáneo. El humanismo marxista que postula la Agnes Heller ronda en tomo a las diferentes opiniones, más o menos triviales, que van llenando las páginas de este libro. «Las utopías del pensamiento radical son plurales, porque plurales son las necesidades radicales».

Inteligencia y Logos es el segundo volumen de la Trilogía que sobre el tema general de la inteligencia humana está dando a la luz Xavier Zubiri; El presente volumen es continuación de Inteligencia sentiente y prosigue en su misma línea. «La actualidad del vino sólo puede ser auténtica si su actualidad responde a la simple aprehensión del vino, o dicho vulgarmente, a la idea que tenemos del vino». Nosotros diríamos aún más vulgarmente: Al pan, pan; y al vino, vino (nos referimos a los accidentes del pan y del vino; suponemos que Zubiri no se refiere a la transubstancia).

^astlíS5Mícirosi
iw¿^Í-.'Jivi-i
:XÍV*.";'J'../Í. .
. Radcliffe-Brown A.R.Ra (comp.) 1 yDaryli Forde Jean Tricart y Jean Kilian La Eco-geografía y la ordenación del medio natural Anagrama. Barcelona, 1982. Una exposición de los principales temas de la Eco-geografía como estudio del entorno natural y en donde se tratan asuntos tan variados como puedan serlo el de la necesidad del agua para las plantas («las células de las plantas jóvenes pueden alcanzar una reserva de agua del orden de un 90%») y los colores que corresponden a los grandes sistemas morfogénicos en el momento de levantar mapas geomorfológicos («los signos están concebidos de manera que confieren una cierta cualidad plástica al mapa»). ESTUDIOS DE LÓGICA
Y FILOSOFÍA DE LA CÍ

Miguel A. Quintanilla (comp.) Estudios de Lógica y Filosofía de la ciencia Serie Manuales Universitarios, Universidad de Salamanca, 1982.

Sistemas africanos de parentesco y matrimonio

Anagrama, Barcelona, 1982

Un título más de la espléndida biblioteca Anagrama de Antropología que dirige J.R. Llobera. Textos tan importantes como los de Hilda Kuper {El parentesco entre los swazi), Mónica Wilson {Elparentesco nyakyusa), Nadel, {Doblefiliación en las colinas nubd) y Evans-Pritchard {El parentesco y la comunidad local entre los nuer).

Un conjunto de interesantes trabajos del Departamento de Lógica de la Universidad de Salamanca, en su etapa fundacional, junto con otras colaboraciones, dirigido por Miguel Ángel Quintanilla, quien abre el libro exponiendo un concepto de Lógica que sigue a Ratsiovi'a y Sikorski y, sobre todo, a Ratsiowa. Trabajos de Sephus Méndez, María Manzano, Salvador Vinardell, Jesús Ezquerro, Fernando Broncano y Sebastián Alvarez de Toledo.

EL BASILISCO

98

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

¿aPiJ.! Íj>ick'->>

Raices tradicisnáles la novela contemporáiie en España Jesús Fdez. Arenas Teoría y Metodología de la Historia del Arte Anthropos, Barcelona, 1982.
LA FUNCIÓN DELACIENCIA CN LA SOCIEDAD
i^^-i .i-V..;- rl,.'...-- \ ,j

Ramón Buckley U iOOUISICIÓH Raices tradicionales de la novela contemporánea en España Península, Barcelona, 1982. EBOBNIHOBUIHaUE Alvino E. Fantini La adquisición del lenguaje en un niño bilingüe Herder, Barcelona, 1982.

_i¿.

Z

J)JJ:.4!.<4:;-,.';;
-tjmw-fl^-. -..1 - j . . , >. 1

-

a • .'i ••"'••r

4

Víctor Sánchez de Zavala Funcionalismo estructural y generativismo Alianza £.a: Editorial, AU, n° 317 Madnd, 19! 1982.

Fundamen de.
§ ' * " * ' ^ " ' ^ * J | KurtHauss,y otros m é d i c a I F„„damentos de Psicología médica Herder, Barcelona, 1982.

Faustino Cordón
f.»,4-l~...- . . , j .- .-.., -.,• ..

La función de la ciencia en la sociedad Anthropos, Barcelona, 1982. ....-; ^..,,.£. .> ^>_,>i, •.,_,;/•. ,•:., j . ; ^ , „ , . / , J vf./.!^ ..."...-.y.*,,!

¿{
Horst HicM

Horst Nickel Psicología déla conducta del profesor Herder, Biblioteca de Psicología, Barcelona, 1981.

F

. Cariota Solii

psiGoioeu
DEIAGONDOCm DEL PBOFESOR

Los inmigrantes en la socie<!ad y en ia cultura catalanas

Carlota Solé, y colaboradores Los inmigrantes en la sociedad y en la cultura catalanas Península, Barcelona, 1982.

A.J. Ayer Parte de mi vida Versión española Alvaro Delgado Gal, Alianza Editorial, Au, n°319, Madrid 1982.

A
Karl-Heinz Wegei Karl Rahner
Introducción a at pensarriento teológico

Karl-Heinz Weger Karl Rahner. Introducción a su pensamiento teológico Traducción de J.M. López de Castro, Herder, Barcelona, 1982. Talcott Parsons Stuart Hampshire El sistema social Spinoza Versión española de Vidal Peña, Alianza Editorial, AU,n"'323, Madrid, 1982. Versión española de José Jiménez Blanco y José Cazorla Pérez, Alianza Editorial, AU,n''326, Madrid, 1982.

^Jtj

, BiBi j o n m
Anthony Kenny André Glucksmann Wit^enstein Cinismo y pasión Versión española de Alfredo Deaño, Alianza Editorial, AU, n" 328, Madrid, 1982. Traducción de Joaquín Jordá, Anagrama, Barcelona, 1982.

Béla Freiherr von Brandestein Problemas de una ética filosóñca Versión castellana de Claudio Gancho, Herder, Barcelona, 1983.

4
; etica 1Í1O>.C')Í1G

Jacques Leonard Moustafa Safouan El Ser y el Placer Ediciones Petrel, Barcelona, 1982. La imposible prisión: debate con Michel Foucault Cuadernos Anagrama Barcelona, 1982.

Cuadernos para Investigación de la Literatura Hispánica

aacbnoSiXüTiimeáií
: /del. • - ^

NM. 1982. Fundación, Universitaria Española. Madrid.

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

Jft.UNVhL\M)( i CONtíStSO DF tBm

L^lca fwmal

i - X N-;'^?3fSip^'l

TK^S W H V E >'Xx%C

JULIÁN VELARDE

ACTAS PRIMER CONGRESO DE
TEORÍA Y METODOLOGÍA

«Lógica Formal»
Prefacio de Gustavo Bueno Tratado de Lógica, 2 Pentalfa ha asumido el proyecto de un Tratado de Lógica en cuatro volúmenes dedicados a: (I) Lógica Filosófica. (II) Lógica formal. (III) Lógica material. (IV) Historia de la Lógica. Cada volumen es autónomo (desde el punto de vista de su inteligibilidad), si bien recibe su pleno significado cuando se le considera como parte de un sistema de lógica más amplio. El lector tiene entre sus manos el volumen segundo de este Tratado: Lógica Formal. Un libro que constituye una exposición clara y original de las principales categorías lógico-formales ^ u n a exposición que contiene notables ampliaciones cuando se la compara con los manuales ordinarios (grupos de transformaciones, cotejo de conceptos hilbertianos y russellianos con conceptos escolásticos). La exposición de Julián Velarde está calculada también para facilitar el máximo rendimiento académico (ejercicios, bibliografía, etc.). JuUán Velarde, profesor de Lógica en la Universidad de Oviedo, es conocido ya en el campo de la lógica por sus estudios sobre Peano (Introducción, traducción y notas de «Los Principios de la Aritmética», Pentalfa, 1979) y varios artículos en la revista El Basilisco. Es asimismo traductor de Platón (Protágoras), Leibniz (Monadología) y Aristóteles (Z)e/«terpretetóone, en colab.).

DE LAS CIENCIAS
Edición preparada por Alberto Hidalgo
y

Gustavo Bueno Sáncliez El volumen de Actas del I CONGRESO DE TEORÍA Y METODOLOGÍA DE LAS CIENCIAS (celebrado en Oviedo, del 12 al 16 de Abril de 1982) contiene los textos íntegros de todas las ponencias, comunicaciones y mesas redondas, así como las transcripciones completas de todos los coloquios de las distintas sesiones. Participaron en este I CONGRESO, Gustavo Bueno, Mario Bunge, Horacio Capel, Manuel García Velarde, León Garzón, Emilio Lledó, Carlos París, Miguel Ángel Quintanilla, Antonio Fernández Ranada, Julio Seoane, Juan Ramón Alvarez, Miguel Perrero, Tomás Fernández, Santiago González Escudero, Alberto Hidalgo, Ignacio Izuzquiza, Emilio Murcia, Rafael Pía y Julián Velarde entre otros. La edición, muy cuidada, materializa de manera palpable el propósito de los organizadores del Congreso —^la Sociedad Asturiana de Filosofía— de institucionalizar este tipo de encuentros, así como su voluntad de rigor y continuidad. ISBN: 84-85422-18-X • 3.000 Ptas. 687 páginas. Encuadernado en tela. En su übrería habitual o: PENTALFA - Apartado 360 - OVIEDO

ISBN: 84-85422-20-1 • 1.000 Ptas. 350 páginas • Oviedo, 1982 En su librería habitual o: PENTALFA - Apartado 360 - OVIEDO

100

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

en lengua

española

. noticiero

EL BASILISCO

101

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

THEORIA, Revista de Teoría, Historia y Fundamentos de la Ciencia, se publicó entre 1952 y 1955, gracias al entusiasmo de su fundador y director, el profesor MIGUEL SÁNCHEZ MAZAS. La revista THEORIA es un punto de referencia inexcusable para conocer el desarrollo y la posterior evolución de la lógica, la teoría de la Ciencia y las modernas corrientes de filosofía en España. Treinta años después de su aparición, PENTALFA quiere rendir un iiomenaje a quienes iiicieron posible la existencia de un pensamiento renovador en la España de los años 50, poniendo al alcance del público la reedición facsimilar integra de la revista.

A lo largo de los nueve números que aparecieron de la revista THEORIA (1952-1955), se publicaron artículos de números autores entre los que cabría destacar:

ALVAREZ DE LINEA, Antonio BARRACLOUGH, Norman BELGRANO, Juan BERNAYS, Paul BLAZQUEZ MARTÍNEZ, José María BOHR, Níels BRAITHWAITE, R.B. BUENO, Gustavo CABA, Pedro CHRISTIAN, Curt CÓRDOBA, José CRESPO, Ramón CRUZ HERNÁNDEZ, Miguel DE KONINCK, Charles DIEZ ALEGRÍA, José María DIEZ BLANCO, Alejandro D'ORS, Eugenio DRUDIS BALDRICH, Raimundo ECHARRI, Jaime EINSTEIN, Albert FERRAN, Jaime FERRATER MORA, José FEYS, Robert FRANKEL, Ctiarles GALIANA, Gregorio Rafael
GARCÍA BACCA, Juan David

JAPERS, Karl LAIN ENTRALGO, Pedro LASCARIS COMNENO, Constantino MARTÍN-SANTOS, Luis MILLAN PUELLES, Antonio OPPENHEIMER, J. Robert PALACIOS, Julio
PARÍS, Carlos

REEDICIÓN FACSIMILAR INTEGRA, ACOMPAÑADA DE UN ESTUDIO PRELIMINAR Y DE NUMEROSOS ÍNDICES. 2 Volúmenes. Más d e 900 páginas (tamaño 29x21). Edición Limitada. Precio d e Suscripción 3.000 pts. RESÉRVESE SU EJEMPLAR. PENTALf A EDICIONES. Apartado 360. OVIEDO

PEMARTIN, José PÉREZ BALLESTAR, Jorge PÉREZ NAVARRO, Francisco PINILLOS, José Luis REY PASTOR, Julio RODRÍGUEZ HUESCAR, Antonio RUSSELL, Bertrond SÁNCHEZ MAZAS, Miguel SÁNCHEZ DE ZAVALA, Víctor SCIACCA, Michele F. SPENCER JONES, Sir Harold URMENETA, Fermín de VON WEIZSAECKER, C.F. WHITE, LL. ZARAGUETA, Juan EL BASILISCO

102

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

PENTALFA MICROEDICIONES
TESIS DOCTORALES EN MICROFICHA aSSN 0211-6278) TDM-11: TDM-12: TDM-13: TDM-14: TDM-15: TDM-16: TDM-17: MARÍA ANTONIA GARCÍA DE LEÓN ALVAREZ: «La otra Universidad, sociología de la enseñanza universitaria a distancia», 798 págs. (3 microfichas). ISBN: 84-85422-19-8. JULIA CABRERA MORENO: «Estudios sobre el priscilianismo en la Galicia Antigua», 235 págs. (Imicroficha).ISBN: 84-85422-21-X. JOSÉ LUIS RAMÍREZ SADABA: «Gastos suntuarios y recursos económicos de los grupos sociales del África Romana», 256 págs. (Imicroficha). ISBN: 84-85422-22-8. ARMINDA LOZANO VELILLA: «La esclavitud en Asia Menor Helenística», 325 págs. (1 microfícha). ISBN: 8542223-6. ANTONIO APARICIO PÉREZ: «La imposición sobre la Renta en la Ley de Reforma Tributaria de 11 de Junio de 1964», 775 págs. (3 microfichas). ISBN: 84-85422-24-4. ANTONIO REGALES SERNA: «La traducción automática», 580págs. (2 microfichas). ISBN: 84-85422-25-2. FROILAN FRANCO ARIAS: «Le Vocabulaire et la Société de Robert Brasillach et Fierre la Rochelle», 780 págs. (3 microfichas) . ISBN: 84-85-422-26-0.

Distribuidora de iVIicrofilm, S.A.
Podemos servirle cualquier título editado en microfilm en cualquier país del mundo. Nuestros catálogos contienen miles de títulos en microfilm de libros, tesis doctorales, revistas científicas, colecciones documentales, manuscritos, periódicos, disponibles en los distintos formatos (microfícha, 35 mm., 16 ínm.). Descubra el microfilm: solicite nuestros catálogos temáticos. DISMISA prepara también informaciones bibhográficas y documentales sobre aspectos concretos a petición de sus clientes. DISMISA: el microfilm a su aicanee. La distribuidora delmicrofílm Lagasca, 61-1° / MADRÍD-1 Apartado 10290 Teléfono (91) 435 10 18.

LIBROS EN MICROFICHA L-2: CUADERNOS DE LA CÁTEDRA FEIJOO (1 a 24) (Pubhcados por la Cátedra Feijoo-Centro Estudios siglo XVIII), 2.000 págs. (8 microfichas). ISBN: 84-85422-27-9. PENTALFA • Apartado 360 • OVIEDO (España)

Otros

títulos

Gustavo Bueno, «La Metafísica Presocrática» (Historia de la Filofía 1).PVP: 1.000 Ptas. José Peano, «Los Principios de la Aritmética» (Clásicos EL BASILISCO). PVP: 500 Ptas. Platón, «Protágoras». Edición bilingüe. Trad. de Julián Velarde. Comentario de Gustavo Bueno. PVP: 650 Ptas. (en tela 800 Ptas.). Leibniz, «Monaüología». Edición trilingüe. Trad. de Julián Vclardc. Introducción de Gustavo Bueno. PVP: 600 Ptas. (Suscriptores de EL BASILISCO: disfrutan de un 10% de descuento)

EL BASILISCO
Boletín de Suscripción
Se suscribe a EL BASILISCO por seis números (un año) Tarifa de suscripción: España: 2.000 pts. Extranjero: 3.000 pts. A partir del número ..: Forma de pago: dirigido a «El Basilisco, cuenta corriente postal, n° 2355422 de Oviedo» PENTALFA EDICIONES APARTADO 360 OVIEDO (ESPAÑA)
103

inclusive

EL BASILISCO

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

TESIS DOCTORALES EN MICROFICHA
I.S.S.N. 0211-6278

Una de las tareas que se ha propuesto Pentalfa MicroediCÍones desde el comienzo de sus actividades en el campo del microfilm, es la de formar una Coleccíáin de Tesis Doctorales en HlícrofiCtaa. Los elevados costes de las ediciones tradicionales y la especiaiización que frecuentemente alcanzan trabajos de este tipo (lo cual tiace disminuir su demanda), han condenado a muchas tesis doctorales a una pequeña difusión e incluso, en gran número de casos, a permanecer inéditas. Lograr, por otra parte, copias de tesis doctorales, no necesariamente muy antiguas en el tiempo, se hace para el investigador tarea sumamente difícil; e imposible cuando lo que ocurre, más de lo que fuera de desear, es que multitud de tesis doctorales permanecen ignoradas por la comunidad investigadora. Y si otros países han tratado de resolver estos problemas mediante la conjugación de ios técnicas de la informática aplicadas o lo documentación y los sistemas de microfilmación, ob-

teniendo óptimos resultados, en el ámbito de la ciencia hispano, la situación se mantiene en toda su crudeza. Pora intentar paliar, al menos en parte, este lamentable estado de cosas, surge la Colección de Tesis Doctorales en MiCroficha. Se considerarán para su edición Tesis Doctorales y Memorias de Licenciatura, de cualquier disciplina, independientemente de la fecha de su elaboración o Universidad en que hayan sido presentadas, sean o no inéditas y que preferentemente estén escritas en lengua española o que, en todo caso, hagan referencia a la cultura hispánico. Si desea que su Tesis Doctoral sea publicada en la serie Tesis Doctorales en MicrofiCha, solicite información detallada a: PENTALFA - Apartado 360 • OVIEDO (España).

REVISTA ESPAÑOLA DE INVESTIGACIONES SOaOLOGIGAS
Directoc: Rafael LÓPEZ PINTOR NUMERO 20 (OCTUBRE-DICIEMBRE Estudios y notas ESTEBAN MEDINA: Teoría y orientaciones de la sociología de la ciencia. CARLOS HUNEEUS: La transición a la democracia en América del Sur. Una aproximación a su estudio. BENITO CACHINERO SÁNCHEZ: La evolución de la nupcialidad en España (1887-1975). JESÚS M. DE MIGUEL: Para un análisis sociológico de laprofesión médica. SANTOS JULIA: La UGTde Madrid en los años treinta: Un sindicalismo de gestión. RAFAEL LÓPEZ PINTOR y MANUEL JUSTEL: Iniciando elanálisis de las elecciones generales de octubre de 1982. (Informe de un sondeo postelectoral). Crítica de libros Informes y encuestas del C.I.S. CENTRO DE INVESTIGACIONES SOCIOLÓGICAS Calle Pedro Teixeira, 8-4° Madrid, 20 (España) Teléfono 4561261 I. Sondeo de opinión sobre el debate de investidura de D. Felipe González. II. Barómetro de opinión pública. Octubre de 1982. 1982)

Centro de Investigaciones Sociológicas (C.I.S.)
EL BASILISCO

104

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

EL BASILISCO, número 14, julio 1982-febrero 1983, www.fgbueno.es

ISSN 0210-0088

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful