Traducción de

ESTANISLAO J. ZEMBRZUSKI
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Teoría económica
del sistema · feudal/
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AV. CERRO DEL AGUA 248. MEXICO 20. D.F.
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CALLE PLAZA 5. MADRID - 33, ESPAI<JA
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PERU 952, BUENOS AI RES • ARGENTINA
N" Editorial: 143
Primera edición en polaco: 1962
T(tulo original: Teoda ekonomiczna ustroju feudalnego. Próba modelu
© Pánstwowe Wydawnlctwo Naukowe, Varsovia
Primera edición er. espanol: 1974
Segunda edi ci ón en espanol, corregida: agosto 1976
© Siglo XXI Argentina Editores S. A.
Perú 952, Buenos A Ir es
Hecho el depósito que marca la ley 11.723
Impreso en Argentina
Printed In Argentina
In dice
l. ¿A QUE PREGUNTAS DEBE RESPONDER UNA TEORIA
ECONOMICA DEL FEUDALISMO? 3
II. LA CONSTRUCCION DEL MODELO 13
III. DINAMICA A CORTO PLAZO 25
El cálculo económico de la empresa feudal 25
Economía del dominio feudal 46
La explotación campesina en el régimen de pres-
taciones personales 70
La economía de la corporación artesanal 89
Confrontaciones empíricas 98
Tentativa de interpretación 128
IV. DINAMICA A LARGO PLAZO 137
V. POSIBILIDADES DE VERIFICACION
201
Vl . LA RACIONALIDAD DE LA ACTIVIDAD ECONOMICA
EN EL SISTEMA FEUDAL 209
VII. "SISTEl\1A ECONOMICO" Y "TEORIA DE UN SISTEMA
ECONOl\HCO" 225
187981
Capítulo I
¿A qué preguntas debe responder
una teoría económica del feudalismo?
Dice Engels en el Anti-Dühring que "quien se empeñase en
reducir la Economía Política de la Tierra del Fuego a las
mismas leyes por las que se rige hoy la economía de In-
glaterra, no sacaría evidentemente nada en limpio, como no'
fuesen unos cuantos lugares comunes de la más vulgar tri-
vialidad"
1
.
Cabe preguntarse si esta afirmación no contradice los fun-
damentos del legado científico de Marx y Engels. En efecto,
en la teoría elaborada por ellos hay muchas tesis fundamenta-
les ·que, por una parte, se refieren lo mismo a la economía
de la Tierra del Fuego que de la Inglaterra de mediados del
siglo XIX, y por otra, no son ni tampoco fueron para sus
creadores o para el mundo de la ciencia de su época lugares
comunes ni mucho menos. A esta categoría pertenece la tesis
de que las relaciones económicas dependen de las fuerzas pro-
ductivas y que los cambios en estas fuerzas revolucionan
aquellas relaciones, la teoría sobre la mutabilidad y sucesión
ordenada de las estructuras socio-económicas, la idea de que
dicha sucesión va acompañada de una creciente productividad
del trabajo, y mucho más. Para que la citada frase de Engels
fuese congruente con la esencia del legado de los creadores
del socialismo científico, habría que convenir en que todas
estas tesis de aplicación universal pertenecen no a la econo-
mía política sino al correspondiente campo de la filosofía (el
1 F. Engels, Anti-Dühring (en español Ediciones Frente Cultural, Mé-
xico, sin fecha, p.139).
11!1
4
CAPITULO PRIMERO
materialismo histórico). En tal caso, la economía política
propiamente dicha sólo abarcaría tesis válidas como máximo
en el terreno de una sola formación socio-económica. Pero
esto requeriría una concepción particular de los límites de la
filosofía y una concepción particular de las dependencias y
las relaciones entre las diferentes disciplinas especializadas (en
este caso, la economía política) y la filosofía.
Sin embargo, como quiera que resolvamos esta dificultad, l'S
un hecho evidente -y hasta una perogrullada- que entre las
tesis que se pueden formular sobre el obrar económico humano,
no pocas tienen diferentes grados de aplicación cronológica y
geográfica, teniendo en cuenta que cuanto mayor sea el campo
de aplicación, tanto más estrecho será el contenido. Y aunque.
según parece, los creadores de la economía clásica hayan pa-
sado por alto esta verdad, los economistas occidentales de nues-
tros días llegaron a comprenderla a través de sus investigaciones
sobre la economía de los países socialistas, como también sobre
la economía contemporánea de los países subdesarrollados,
semifeudales, o de los pueblos primitivos. El rasgo específico
del marxismo en esta materia podría resumirse en dos enuncia-
ciones: 1) que existen relativamente pocas tesis generales de
aplicación universal, mientras que son incomparablemente más
numerosas las tesis de aplicación limitada en el tiempo y el
espacio (principio que se desprende de la convicción sobre la
mutabilidad absoluta de los fenómenos sociales en todas sus
formas, inclusive fenómenos de la vida económica), y 2) que
aquella limitación en el espacio y el tiempo de la mayor parte
de las tesis económicas está definida por los límites de los
propios sistemas socio-económicos (dado el carácter integrante
de estos últimos en la vida social).
En su forma extrema, la tesis de que las leyes económicas
cambian simultáneamente con el cambio de las estructuras so-
cio-económicas desempeñó, como es notorio, determinada e
importante función ideológica en el período staliniano. Esta
concepción iba a impedir cabalmente el uso de las leyes econó-
micas universales (aun aquellas de más amplia aplicación, inclu-
¿A QUE PREGUNTAS DEBJ:: RESP?NDER NUESTRO MODELO? 5
yendo las marxistas) para el análisis de la sociedad soviética.
Por eso, a nuestro juicio, tien(' gran trascendencia científica y
social afirmar que hay en el marxismo (contrariamente a la
frase citada . de Engels) toda una serie de tesis de cardinal im-
portancia, y nada triviales, que son de aplicación universal a la
actividad económica humana, aunque por convención las adscri-
bamos al campo de la economía política o al de la filosofía.
Sería sumamente útil para la ciencia si se pudiese "codificar"
1
en cierto modo el alcance de estas tesis, seleccionando aquellas
que han resistido la prueba de las investigaciones científica¡;
pos-marxianas, y especialmente de la experiencia histórica pos-
marxiana; dándoles también, para evitar escollos dogmáticos,
forma de indicaciones metodológicas más que de leyes.
Teniendo todo esto en cuenta, parece sin embargo cierta la
tesis marxista de que la mayor parte de las leyes económicas, y
justamente las más ricas en contenido, tienen un alcance espa-
cial y temporal limitado, circunscrito por lo general a un deter-
minado sistema socio-económico. En este sentido Marx creó su
teoría del sistema capitalista, mientras que Engels procuró
crear, a la altura de la ciencia de su época, una teoría econó-
mica del sistema de la comunidad primitiva. En cuanto a la
formación de una teoría económica del sistema socialista, ésta
se vio impedida por fenómenos harto notorios que frenaron
el desarrollo del pensamiento científico marxista, encauzándo-.
lo más bien por la vía empírica y pragmática e imponiéndole el
método de aproximaciones sucesivas. Estas últimas, a su vez,
esperaban en vano una síntesis teórica y sólo hoy puede vislum-
brarse un viraje en este campo.
Por otra parte, la teoría del sistema feudal ha sido hasta
ahora la que menos ha atraído la atención de los investigadores
marxistas
2
. Sin emb"argo, el problema es importante desde el
l En este sentido se orientan los trabajos de A. Malewski, particular·
mente "Empiryczny sens i eorii materializmu hi storycznego" l El sent ido
empírico de la teoría del materialismo histórico !. Sludia Filozo{iczne,
1957. NO 2, pp. 58-81.
2 Est o se debe a que Marx sólo estudi ó aquell os elementos del sistema
6 CAPITULO PRIMERO
punto de vista teórico e incluso práctico. Desde el punto de
vista teórico, lo es en razón de una sui generis universalidad del
feudalismo (en el sentido marxista del término). En efecto, una
u otra forma de feudalismo la conocen todas las sociedades que
hayan pasado la etapa de la comunidad primitiva. Mientras
tanto, la falta de la universalidad del régimen esclavista es una
verdad comúnmente admitida por la ciencia marxista desde el
triunfo logrado en esta materia por B. D. Grekov después de su
homérica pugna con Pokrovski. El capitalismo surgió de manera
"espontánea", es decir sin que operase la influencia de algún
capitalismo preexistente, y sólo una vez en la historia de ·la
humanidad. Lo mismo se refiere al socialismo. En cambio, co-
nocemos diferentes feudalismos en el mundo, surgidos en dis-
tintas sociedades y épocas, independientemente uno del otro I.
La teoría del sistema feudal es asimismo importante desde el
punto de vista práctico, en razón de sus numerosas y muy
fuertes supervivencias en Q1Uchas naciones; supervivencias que
pesan hasta hoy .sobre la economía y el conjunto de la vida
social de la mayoría de los países que se suele llamar subdesa-
rrollados y cuyos esfuerzos por avanzar en la vía del progreso
económico cambian ante nuestros ojos la faz del mundo. De
ahí el interés que despiert a el funcionamiento de economías de
este tipo tanto entre los investigadores de los países del Tercer
Mundo (la India) como entre aquellos de los países avanzados
(EE. UU., Inglaterra, Francia, Alemania, etc. y la URSS).
La construcción de una teoría económica del sistema feudal
tiene singular importancia para la investigación histórica. Por un
lado, el historiador del feudalismo -si no le es totalmente ajena
la reflexión metodológica- siente lo inadecuado de la teoría
económica del capitalismo cuando se enfrenta al objeto de su
+--
feudal que le eran necesarios para investigar el proceso de desarrollo del
capitalismo. CL V. Lenin, Quiénes son los "amigos del pueblo" y cómo
luchan contra los socialdemócratas [en Obras, Editorial Cartago, Buenos
Aires, 1959, t. I, pp. 183-184).
1 W. Kula, Rozwaiania o historii [Refl exiones sobre la historia), Var·
sovia. 1958, pp. 34·36.
¿A QUE PREGUNTAS DEBE RESPONDER NUESTRO MODELO? 7
investigación
1
; por otro lado, su conoc;miento de los antiguos
feudalismos (si bien menos accesibles a la investigación a causa
de las muchas lagunas en las fuentes, pero que tienen la ventaja
de ser "puros", independientes de las influencias del capita-
lismo, el imperialismo o el socialismo) le permite aportar a esta
empresa una contribución insustituible 2.
En Occidente se observa últimamente un redoblado interés
por la investigación comparativa del feudalismo. Como obra
precursora en este aspecto debe considerarse sin duda "La
societé feódale"J de Marc Bloch, y como la "última palabra"
de la ciencia -por lo menos hasta el momento- la obra colec-
tiva bajo la dirección de R. Coulborn
4

En la Unión Soviética, el interés teórico por el feudalismo
incrementó de modo particular después de que Stalin hubo
publicado sus "Problemas económicos del socialismo en la
URSS". Como se sabe, Stalin formuló en esta obra aquello que
él llamó .''leyes fundamentales" del sistema capitalista y socia·
lista. Esto implicaba que entre las muchas leyes que es posible
descubrir y que rigen el funcionamiento de la economía de
cada sistema por separado, una y sólo una tiene "carácter fun-
damental". No está del todo claro qué entendía Stalin por
1 En Polonia lo eomprendió perfectamente J. Rutkowski. "¿Czy
potrzebna jest teoria ekonomiczna ustroju feudalnego?" [¿Es menester
una teoría económica del sistema feudal? l. Sprawozd. Pozn. TPN 1934,
1er semestre, pp. 44-52. ·
2 Con respecto a los problemas metodológicos relacionados con el
estudio comparado de la economía de los países subdesarrollados de nues·
tra época y la econgmía de las fases anteriores de desarrollo de los países
hoy avanzados cf. W. Kula, Problemy i metody llistorii gospodarczej (Pro·
blemas y métodos de la historia económica). Varsovia 1963, pp. 717· 28.
3 M. Bloch, La sociét é féodale, t. I: La formalion des liens de dépen-
dance, t. II : Les c l a s . . ~ e s el le gouvernemenl des hommes, Paris, 1939-1940
[en español : La sociedad feudal. T. I y II. UTEHA. México, NO 52, 53) .
4 R. Coulborn, ed. Feuda/ism in Hislory, prefacio de A. L. Kroeber,
Princeton, 1956. Contribuciones de J. R. Strayer (Europa occidental), E.
O. Reischauer (Japón), D. Bodde (China), B. C. Brundage (Antigua Meso·
potamia e Irán), W. F. Edgerton (Antiguo Egipto), D. Thorner (lndia), E.
H. Kantorowicz (Bizancio), M. Szeftel (Rusia) y A Comparative Study of
Feudalism de R. Coulborn. Cf. reseña-de esta obra, de O. Lattimore, en
Past and Present, no 12, nov. 1957, pp. 48-57.
8
CAPITULO PRIMERO
"carácter fundamental". ¿Se trataría de un elemento de defini-
ción del sistema ("llamamos capitalismo o bien socialismo a un
sistema donde rige tal o cual ley")? ¿O tal vez ese "carácter
fundamental" establecía la superioridad de tal o cual ley con
respecto a otras leyes "no fundamentales", las cuales en cierto
modo se desprenderían de aquella ley "fundamental" l? Sea
como fuere, los historiadores soviéticos (y también de algunos
otros países socialistas) reaccionaron emprendiendo la búsqueda
de una "ley fundamental del feudalismo". Una prolija discusión
sobre este tema transitó por las columnas de la revista "Voprosi
Istorü" y, como suele a menudo suceder en la ciencia, no obs-
tante el falso punto de partida y el falso objetivo, desembocó
en la formulación de no pocas observaciones y generalizaciones
interesantes y acertadas2 . Falso era el presupuesto en que se
basaba el viaje de Colón, pero verdadera la América que descu-
brió3.
Si ahora queremos reflexionar sobre la teoría económica del
sistema feudal, debemos poner en claro a qué preguntas debe
responder una teoría de esta índole, cuál debe ser su dominio
1 Omito aquí, por ser ajeno al tema, el análisis de estas "leyes" que de
modo evidente no pueden sostenerse ni desde el punto de vista de la
lógica ni por razones de fondo. La "ley fundamental del socialismo", por
ejemplo, no dice nada de lo que necesariamente debe aparecer en cada
sistema socialista, sino que está formulada a modo de postulado.
2 Independientemente de esta discusión, los problemas de la economía
feudal fueron encarados en casi todos los manuales económicos soviéticos
(p. ej. : K. V. Ostrovitianov, Introducción a lll economía de los sistemas
precapitalistas, o Econom(a Política, Manual). Mas lo que allí encontra·
mos no es, en realidad, una teoría económica del sistema feudal, sino más
bien una síntesis superficial de la lústoria económica del feudalismo. Esta
forma de evitar generalizaciones teóricas y de reemplazarlas con historia
(concepción deformada del historicismo del método marxista) fue algo tan
evidente (y esto no sólo en conexión con los problemas del feudalismo),
que el mismo Stalin censuró este fenómeno en Problemas económicos del
socialismo en la URSS.
3 La cuestión de "ley fundamental" es hoy motivo de amplia discusión
en los círculos científicos soviéticos. L. Leontév ("Reminiscencias del pa-
sado y elocuencia de la realidad," Ehonomicheskaia Gazeta, no 16.
20.IX.l961) se pronuncia categóricamente contra dicho concepto. Pero
éste halla también defensores (p. ej. I Jermakov, "Sobre las leyes econó-
micas del socialismo," ibid., 19.II,l962). En Polonia, la concepción de
"leyes económicas fundamentales" fur defendida por Oskar Lange.
l
¿ A QUE PREGUNTAS DEBE RESPONDER NUESTRO MODELO?
9
efectivo, a qué preguntas debe responder cualquier teoría eco-
nómica de cualquier sistema; finalmente, hay que ver si el ca-
rácter específico de cada sistema implica que su teoría debe
responder a ciertas preguntas también específicas, inaplicables
en el análisis de otros sistemas.
De todo lo que se ha dicho anteriormente se desprende que
no es menester incorporar a la teoría económica de un sistema
dado tesis concernientes a la teoría general de la economía (o
bien tesis del materialismo histórico sobre el obrar económico
humano). En esta categoría incluimos también la propia defi-
nición del sistema (en este caso, el feudalismo). Decir, por
ejemplo, que el feudalismo es un sistema fundado en la gran
propiedad rural y en relaciones de dependencia personal entre
el productor directo y el propietario latifundista, significa dar
una definición del feudalismo, m ~ esta definición pertenece a
la teoría de las formaciones socio-económicas, es decir, a un
aspecto de la ciencia general sobre la actividad humana. Ade-
más, la formulación de semejantes proposiciones en forma de
leyes científicas ("cuantas veces tropezamos con el feudalismo
tantas veces comprobamos la existencia de la gran propiedad
rural ... etc.") nos conduciría a evidentes tautologías.
Dejando, pues, a un lado las afirmaciónes relativas a toda
actividad económica o bien a las formaciones antagónicas, en
una palabra, todas aquellas tesis cuya aplicación excedería los
límites de la época feudal; procuraremos a continuación formu-
lar los problemas esenciales que debería abordar, a nuestro jui-
cio, la teoría económica de cualquier sistema y, por lo tanto,
del feudal
1

A nuestro parecer, toda teoría económica de un sistema
dado debería explicar:
1) las leyes que regulan el volumen del excedente econó-
1 Un problema específico ~ n esta materia son las afirmaciones concer-
nientes a toda economía comercializada, es decir tambi én a los sistemas
precapitalistas en la medida en que la comerciali zación interviene en ellos.
Más adelante volveremos a esta cuestión.
10 GA P! T UL< l P JOI\1lo:H u
mico
1
y las modalidades de su apropiación (p. ej. las leyes
que rigen el empleo de los métodos extensivos o inten-
sivos en la producción, las que rigen el grado de utiliza-
ción de las fuerzas y medios de producción, la teoría de
la renta feudal);
2) las leyes que rigen la distribución de las fuerzas y medios
de producción, y sobre todo del mencionado excedente
(aquí caben las reglas que rigen toda actividad inversio-
nista desde el asentamiento de colonos hasta las inver-
siones en la industria, el problema de la utilización pro-
ductiva o improductiva de dicho excedente, etc.);
3) las leyes que rigen la adaptación de la economía a las
cambiantes condiciones sociales, o sea la dinámica a cor-
to plazo (adaptación de la producción al incremento o a
la disminución de la población, el paso del estado de
guerra al estado de paz, etc.);
4) las leyes de la dinámica a largo plazo, en particular los
factores internos de desintegración del sistema dado y de
su transformación en otro sistema. Ninguna teoría estará
completa mientras no contenga este elemento. Es digno
de admiración el que Marx haya sabido incluir esta pro-
blemática en su teotía del capitalismo, pese a que su
teoría maduró en el período de la temprana juventud del
sistema capitalista.
Formulando de otro modo estas mismas ideas, podría decirse
que la finalidad de la teoría económica de cualquier sistema
consiste en formular las leyes que rigen la magnitud del exce-
dente económico y su utilización (puntos 1 y 2), teniendo en
cuenta que ambas cuestiones deben ser elucidadas en sus dos
dimensiones: a corto y a largo plazo (puntos 3 y 4).
Queda por examinar el lugar que correspondería al análisis
del funcionamiento de los fenómenos del mercado (interno e
1 Acerca del concepto de "excedente", cf. P. Baran, Ekonomia poli·
tyczna wzrostu [en español Economía política del crecimiento, FCE, Mé·
xico, 1959, p. 25 y ss.l .
¡, A QUE PREGUNTAS DEBE RESPONDER NUESTRO MODELO?
11
internacional) y de su rol en el conjunto de la vida económica
en la época feudal. Este problema debería desglosarse siguiendo
otro criterio. Los aspeCtos que abarca guardan mayor o menor
relación (dependiendo sobre todo de la fase del sistema feudal
que investiguemos) con las cuestiones incluidas en nuestros cua-
tro puntos. La conveniencia de separar esta problemática se
debe a que ella da lugar a muchos malentendidos en la investi-
gación: muy a menudo no se percibe que los fenómenos del
mercado en la economía pre-capitalista se rigen por leyes a
veces completamente distintas, y sobre todo que es totalmente
diferente su influencia sobre el sector restante de la economía,
o sea el sector no mercantil, y por lo tanto, sobre la totalidad
de la vida económica.
Queda entonces por determinar:
a} el funcionamiento de los fenómenos del mercado en un
medio no mercantil y además no capitalista;
b} el mecanismo de la influencia del sector mercantil sobre el
· no mercantil y viceversa;
e) la periodización de estos fenómenos según la fase del desa-
rrollo del sistema feudal, y especialmente en relación con
los factores de su presentes en dichos fenó-
menos.
No obstante, hemos decidido no desglosar este tema, ya que
de otro modo sería irrealizable el estudio de cualquiera de los
men.cionados cuatro grupos de problemas. Esta cuestión podría
plantearse también de otra manera. El sistema feudal es un
sistema donde predominan pequeñas unidades de producción y
una economía natural. Ahora bien, si nos imagináramos el caso
extremo de una pequeña explotación campesina con una econo-
mía totalmente natural, que realizara como máximo la repro-
ducción simple y sin otra carga que las prestaciones personales
en trabajo (corveas), las posibilidades de análisis teórico del
fenómeno (entre otras razones, por falta de fuentes) serían
sumamente limitadas. El hecho es que en la práctica, a escala
social, casi nunca ocurre esto. Sólo tales fenómenos como los
12 CAPITULO PRIMERO
esfuerzos por acrecentar la renta social, la lucha por su distribu-
ción, los procesos de adaptación a largo y corto plazo, abren
campo al análisis teórico. Y todos ellos se producen no sin
relación con los fenómenos del mercado.
Los fines que acabamos de enumerar, y que a nuestro juicio
son los que debería proponerse la teoría de cualquier sistema
social, indican claramente que en primer lugar nos interesan
problemas de la producción, su volumen y su utilización, la
producción para el consumo inmediato y para el consumo fu-
turo (las inversiones) y sus cambios a corto y a largo plazo. El
quid del problema reside en que la producción que se efectúa
en una explotación cerrada y aislada del mundo, difícilmente se
presta a la investigación. Por lo general, sólo el contacto entre
los sujetos económicos, las relaciones interhumanas que son
esencialmente relaciones de trueque, abren posibilidades de aná-
lisis científico, porque sólo ellas originan fuentes históricas y,
lo que es más importante, porque sólo ellas permiten comparar
los efectos de la actividad y la conducta económica de los
diferentes grupos sociales. Por ende, un importante papel de-
sempeñará en nuestro ensayo el análisis de los fenómenos del
mercado, pero su propósito será casi siempre penetrar en aque-
lla zona oculta de la vida económica de la que menos hablan
las fuentes, pero que es la más importante y decisiva: la pro-
ducción.
Capítulo II
La construcción del modelo
La elaboración de una teoría requiere la construcción previa
de un modelo
1
• Esta cuestión provoca muchos malentendidos
en las ciencias humanas en general, y en la historia económica
en particular.
La gran mayoría de los historiadores no siente necesidad
alguna de construir un modelo, y cuando uno de ellos lo cons-
truye, sus colegas se indignan. El mito de la historia como
ciencia de lo concreto, como ciencia del hecho único, el mito
de la historia descriptiva y narrativa a la que sólo interesa lo
individual, ha sido no sólo ajeno, sino también hostil, a toda
construcción de modelos. No vale la pena citar ejemplos. Si
hasta en las investigaciones sobre la historia de los precios hubo
autores para los cuales la noticia de que tal o cual día Fulano
había comprado una cantidad X de arrobas de centeno a tal o
cual precio, era fuente histórica utilizable, mientras que no lo
era, o al menos no interesaba al historiador, el registro oficial
1 La elaboración del presente ensayo habría sido imposible sin la ayuda
y el consejo de numerosos colegas. El autor desea agradecer particular·
mente al Prof. Stanislaw Hoszowski por haberle facilitado los resultados
de sus estudio& sobre los precios de los cereales en Poznan; al Prof.
Henryk Greniewsk:i y Lic. Brunon Górecki, por sus consejos y por haber
efectuado numerosos cálculos; a los profesores Stanistdw Arnold, Maria
Bogucka, Broníslaw Aleksander Gieysztor, Oskar Lange, Janina
Leskiewiczowa, Marian Maiowíst, Antoni Henryk Samsonowicz,
Andrzej Wyczaflski y Benedykt Zientara, por haber leído la primera ver·
sión de este trabajo y por las observaciones que me han hecho. Fernand
Braudel, Camille·Ernest Labrousse, Jean Meuvret y Michel Postan, con sus
observaciones críticas durante las reuniones de trabajo en la Ecole Pra·
tique des Hautes Etudes, ayudaron igualmente al autor a profundizar en
máS de un aspecto el análisis aquí presentado. Mucho me ha ayudado
también en el Dr. Jerzy Jedlickj.
14 CAPITULO SEGUNDO
de precios de los cereales {H. Hauser). La concepción idiográ-
fica de la historia implica no sólo un método de interpretación
de los datos; es una actitud que determina todos los elementos
y etapas del trabajo del historiador, empezando por la crítica
de las fuentes y la selección de los hechos. La ciencia marxista,
contraria por principio a la historia idiográfica, desgraciada-
mente coincidió más de una vez con esta actitud en la práctica
de la investigación en la época pasada. Concebida dogmática-
mente, la justa tesis de que la "verdad debe ser concreta",
imposibilitó de hecho la búsqueda de nuevas leyes.
Por otra parte, en la historia de la ciencia encontramos tam-
bién una actitud que peca por extremismo en el sentido contra-
rio. En el Congreso de Heidelberg en 1903, Sombart, irritado
por las mezquinas críticas a la primera parte (que trataba de la
Edad Media) de su "Der moderne Kapitalismus", exclamó:
"Para hacer comprensible la vida económica contemporánea he
creado una construcción que se llama "Medioevo". Me es abso-
lutamente indiferente cómo se presentaban en realidad las cosas
en aquella época. Querer invalidar mis teorías con objeciones
sacadas de trabajos históricos es absurdo"
1
• No tomemos es-
tas palabras al pie de la letra, como manifestación de la acti-
tud metodológica de Sombart, sino más bien como exclama-
ción lanzada en el fervor de la discusión; con todo, ella pa-
tentiza la actitud que hemos señalado.
Si la teoría a construir ha de ser algo más que juego intelec-
tual, el sistema de premisas debe responder a las relaciones
realmente existentes en las sociedades que sean objeto de nues-
tro interés. La teoria construida tendrá validez sólo con refe-
rencia a sociedades (conocidas hoy o a descubrirse en el futuro)
en las cuales aparezcan efectivamente los elementos que haya-
mos introducido en nuestro modelo. Cuanto mayor sea la canti-
dad de elementos que incorporemos al modelo, tanto más rica
1 Cito según A. Sapori " Esame di coscienzia di uno st orico," Universi-
t ii degl i Studi di Napoli . Institut o di Stori a Economi ca e Sociale. Annali,
l , Napo li 1960, p. 6.
1, /\ CONSTRUCCION DEL MODELO 15
podrá ser la teoría construida, pero simultáneamente, tanto
menor el número de sociedades abarcadas por ella.
Para los fines que perseguimos, debemos considerar aquí las
p sibilidades de construcción de modelos de este tipo sobre la
hase de la observación de sociedades precapitalistas en el pa-
mldo, como también sobre la base de la investigación de las
nlrasadas sociedades preindustriales de hoy, cuya economía pre-
Nenta un baj.o grado de comercialización.
En las investigaciones sobre los países atrasados de hoy, el
modelo más generalizado y el de mayor utilidad (aunque no
I' Sté formalizado) es el modelo de Lewis
1
. Este modelo se basa
~ n la delimitación de dos sectores: capitalist y subsistance se-
¡{Ún la terminología del autor, los que corresponden a los con-
ceptos corrientes de "sector comercializado" y "sector natu-
ral" 2 . En el modelo de Lewis; todos los factores del sector
comercializado son más elevados: el capital, el ingreso per cá-
pita, la tasa de ahorros y la tasa de crecimiento. El sector
" natural" es totalmente estático. Hay una serie de instituciones
llamadas a mantener este estado de desequilibrio . económico
entre los dos sectores. En el sector comercializado, por ejem-
plo, hay instrumentos institucionalizados que mantienen los
salarios a un nivel superior del resultante de la oferta de la
mano de obra. Prácticamente, el único contacto entre ambos
sectores es la oferta de trabajo del sector "natural" al capita-
lista, oferta excepcionalmente elástica: en cualquier momento
es posible· recurrir a masas suplementarias .de obreros, a los
cuales, en caso necesario, es posible despedir con la misma
facilidad, mandándolos de vuelta al sector "natural". Todo el
proceso de crecimiento de este modelo se realiza en el sector
1 W. A. Lewis , Economic Development with Unlimited Supplies o{
Labour, Manchester School, May 1954, pp. 139-191 y, del mismo autor,
Theory o{ Economic Growlh, London, 1955.
2 Empleamos aquí el término "natural " a falta de otro mejor. Muy
interesantes son las asociaciones mentales de orden sociológico que han
d.1do lugar a este término para designar a la economía no comercializada.
Hi CAPT'I'Ul.O S E: t;UN DO
comercializado, reduciéndose simultáneamente el sector "natu-
ral" que tiende a ser absorbido por aquél.
La utilidad del modelo de Lewis para la investigación de los
países atrasados de nuestros días es notable, pero en ciertos
aspectos limitada. Lo que despierta mayores objeciones es la
tajante disyunción de los dos sectores y su extrema contrapo-
sición
1

En primer lugar, la división en sectores en el modelo de Lewis
concuerda con la división según el tipo de empresa, inclu-
yéndose por lo tanto en el sector comercializado toda la in-
dustria y la gran propiedad rural. Si como criterio de clasifi-
cación adoptáramos la importancia que tienen para la gestión
de la empresa sus vínculos con el mercado, la clasificación de
Lewis .;ería justa. Sin embargo, es evidente que una empresa
industrial, y con tanto mayor razón una gran propiedad rural,
actúan y calculan de diferente modo en el medio típico de un
país atrasado. La división en dos sectores, con justa razón lle-
vada al primer plano por Lewis, no corresponde a división al-
guna de las empresas, ya que en la mayoría de los casos la lí-
nea divisoria pasa a través de cada una de ellas. Tanto es así
que a menudo podemos abrigar razonables dudas sobre si una
gran propiedad rural pertenece al sector capitalista o no. Justa-
mente el carácter peculiar del cálculo económico de la empresa
en una realidad "bisectorial" es aquí el problema más impor-
tante y sin comprenderlo a fondo es imposible aventurar, una
explicación de los frenos fundamentales del crecimiento econó-
mico autónomo en la mayoría de los países subdesarrollados
(especialmente aquellos que incluimos en el grupo de países
postfeudales ).
Lewis tiene asimismo razón en recalcar las ilimitadas posibili-
dades de oferta de trabajo. Pero tarn bién este postulado lo
plantea de un modo demasiado abstracto. El notorio exceso de
población en el agro que produce aquella oferta de trabajo teó-
1 P. T. Bauer, "Lewis Theory of Economic Growth. A Review Arti-
cle", American Economic Reuiew, XLVI 1956, 4, pp. 632-641.
1 . , lNSTRUCCJON DEL MODELO 17
1 ,. •mente ilimitada va acompañado generalmente de manifesta-
1 111 11 cs de extrema inmovilidad de dicha oferta. Para que esta
1 tl• ·rta de trabajo teóricamente ilimitada se vuelva efectiva, es
i'""'iso un estado relativamente avanzado de desintegración de
111 tradicional sociedad campesina. Posibilidades efectivamente
l11nitadas de oferta de trabajo existían, por ejemplo, en Polonia
'"''' 's de la última guerra, no existen todavía en cambio en el
M"xico de hoy
1
• Además, no siempre es cierto que tal oferta
,¡, , trabajo coexista con factores institucionales que mantengan
¡, 111 salarios en el sector comercializado por encima del nivel
dnl. ·rminado por esa oferta. Al contrario, allí donde aquella ili-
'"'l.ada oferta existe efectiva y no teóricamente, como por ej.
• '' la Polonia de preguerra, los salarios tienden a bajar, si bien
• • cierto que siempre se mantienen por encima del ingreso me-
,¡,., de la pequeña explotación agrícola. En cambio, los salarios
mnservan su alto nivel en aquellos países donde precisamente
ludores institucionales y económicos obstruyen la conversión
do la oferta potencial en efectiva. Además, al construir un mo-
dolo es difícil hacer abstracción de un fenómeno tan signifi-
•·unte y difundido en la economía de los países subdesarrolla-
d"s como es la enorme amplitud del espectro salarial que llega
l11 1sta el punto donde sería posible hablar de dos mercados de
1 r •bajo. Esto se refiere especialmente al trabajo calificado (por
lo general extraordinariamente caro en tales países) y al no cali-
f' ll ·ado (por lo general muy barato). En muchos países esta divi-
,,¡¿,n es ahondada por diferencias étnicas y privilegios institucio-
rudes concedidos a obreros inmigrantes, "blancos", respecto de
lus "indígenas". Ciertos aspectos de este fenómeno se dejan
1 W. Moore. lnduslrializa lion and Labour Ithaca, 1951. Cf. tam·
hií· n M. Meier y R. E. Baldwin, Economic Deve/opment Theory,
1/ ¡s / ory, Policy, New York, 1957, p. 295 y ss., W. Kula "Recherches
··omparatives sur la fo rmati on de la cl asse ouvri ére", en Premiere
r 'onfér ence lnl erna liona/e d 'J-listoire Economique, Estocolmo, 1960, pp.
Id L-523. El fenómeno de la coexistencia de una numerosa población libre
Y de la falta de mano de obra en la industria, es el tema principal de la
11bra de N. Assorodobraj, PoczQLki klusy robolniczej 1 Los comienzos de la
.-! use obrera], Varsovia, 1946.
18 C AP! T U LO S Hi UNfJO
observar en Polonia en el siglo XIX y comienzos del XX, por
ejemplo en la región de Lodz o en la Alta Silesia, en las condi-
ciones respectivas del obrero alemán y el polaco. En algunos
paÍSeS subdesarrollados de nuestros tiempos ésta es una de las
manifestaciones de "economía dualista"
1

Finalmente, también despierta objeciones el postulado de
que el sector "natural" sea totalmente estable 2 . Si así fuera,
la perspectiva del desarrollo económico de estos países sería
más triste de lo que es en realidad. No es cierto que la pequeña
explot ación agrícola jamás tenga posibilidades de reproducción
ampliada, de inversión y aumento de la productividad del trabajo.
En Birmania, el State Agricultura] Marketing Board, al ga-
rantizar a los agricultores la venta de cualquier cantidad de
arroz a precio fijo (aunque algo inferior al precio mundial), dio
origen a un aumento de la producción del orden de un 10% en
el curso de 4 años J. Es notorio cuán grandes posibilidades de
crecimiento libera toda reforma agraria. Tampoco se puede in-
t roducir en el modelo el flujo de la mano de obra desde el sec-
tor "natural" al comercializado, al tiempo que se niega la posi-
bilidad de desarrollo de las pequeñas explotaciones agrícolas:
justamente cuando éstas se ven libradas del lastre de "brazos
superfluos", elevan el grado de comercialización y acumulación,
empiezan a tener posibilidades de invertir y, por consiguiente,
de aumentar la productividad del trabajo y de la tierra; empie-
zan a representar un mercado de venta para la industria, o sea,
para el sector comercializado. etc.
Por último, Lewis considera como fenómeno positivo toda
transferencia del sector "natural" hacia el comercializado, pues-
to que la productividad marginal del trabajo en el primero - a
1 J . H. Boeke, Economics and Economic Policy of Dual Socielies,
Haarlem, 19 53. Muchas y vali osas obser vaciones críticas en cont ra de la
teor ía de la economía dualista concebida de esta manera, hallamos en los
trabajos de D. Thorner.
2 P. T. Bauer, loe. cit.
3 C. Wolf J. , " Institutions and Economic Development'
1
, ,American
Economic Reuiew, XLV, 19 55, 5, p. 877.
1,1\ CONSTRUCCION DEL MODELO
19
t tusa del exceso de población- es igual a cero. Dado que esta .
pr ' misa es impugnable con relación a algunos países subdesarro-
lltdos, también la conclusión no siempre será válida.
No se puede "a limine" la existencia de factores de
t·r•cimiento en el sector minifundista de un país subdesa-
rrollado. A menudo estos factores son insignificantes y operan
ll'ntamente, por lo general es muy difícil registrarlos estadística-
mente, pero al producirse a escala masiva desempeñan con fre-
t·uencia un importante papel en la vida económica del país.
La historia económica, y especialmente la historia económica
marxista, hace mucho que comprendió el papel de la capitali-
zación, la comercialización y la intensificación de la agricultura
en el período de surgimiento de la sociedad industrial. Sabemos
ulgo de esto tanto con respecto a Inglaterra, como con respecto
u Europa central o Rusia. El historiador de la economía se da
perfectamente cuenta de las ingentes dificultades que entraña el
estudio de esta problemática. Por eso la colaboración entre el
investigador de la economía de los países subdesarrollados con el
historiador de la economía puede ser mutuamente provechosa.
Retengamos entonces del modelo de Lewis sobre todo la
división en dos sectores, concibiéndola de manera un tanto
diferente. A nuestro juicio, esta división es punto de partida
para el análisis económico de toda sociedad preindustrial. De la
crítica que le hemos hecho a Lewis, guardemos en la memoria
también la distinción entre los países de avanzada desintegra-
ción de la sociedad campesina tradicional, donde la oferta efec-
tiva de mano de obra es prácticamente ilimitada y el precio de
ésta es bajo, y los países donde, no obstante el exceso de po-
blación en la agricultura, se observa una movilidad muy débil de la
mano de obra y donde los salarios son más bien elevados.
Como ejemplo de construcción de otro modelo de este tipo,
emprendido en este caso por un historiador y con fines de
investigación histórica, podría servir el intento de F. Maurol.
1 F. Mauro, "Pour une théorie du capitalisme commercial", Viettel-
jahrschri(t für Sozia/-und Wirtscha{I S!{eschichle, XLII, 1955, pp. 117-121
1
20 CAPITULO SEGUNDO
El autor aborda la construcción del modelo para elaborar una
teoría de funcionamiento de la economía de Europa occidental,
particularmente la de Francia, en los siglos XVI-XVIII, que
según él constituyen el período del capitalismo mercantil, es
decir, período en el cual la dirección y los beneficios de la pro-
ducción se encuentran en manos de los comerciantes y en el
cual -aunque, naturalmente, no toda la vida económica se
reduzca a esto- el capital mercantil es el "sector motriz" que
gravita sobre la totalidad de la vida económica del país.
Los trabajos de Labrousse y sus sucesores, son para Mauro el
fundamento sobre el que se construye una teoría de la diná-
mica económica del capitalismo mercantil a escala macroeconó-
mica, a su parecer les deben suceder, como etapa siguiente, la
investigación microeonómica: estudies sobre la contabilidad de
las empresas, la relación precios-costos, el cálculo de las inver-
siones, la distribución de los ingresos, etc.
Dqda la aversión hacia las generalizaciones teóricas, tan di-
fundida entre los historiadores, Mauro juzga necesario demos-
trar la razón de sus postulados, afirmando que el establecer
correlaciones constantes permitirá al historiador comprender los
casos en que se carece de documentación histórica, ligar los
elementos conocidos en un todo coherente, y sobre todo efec-
tuar comparaciones con las leyes que actúan en el período si-
guiente (denominado por él período del capitalismo industrial)
y por lo tanto comprenderlas mejor, puesto que "para com-
prender la economía del presente es preciso comprender la del
pasado".
Mauro divide las leyes económicas en:
1) universalmente válidas, que se aproximan mucho a las le-
yes de la lógica;
2) las que se manifiestan universalmente en un sistema so-
cio-económico dado, v. gr. el mecanismo de la ganancia
como elemento inherente al sistema capitalista;
~
y del mismo autor "Théorie économique et histoire économique, Recher-
ches et Dialogues Philosophiques et JJ:c onomiques", IV (Cahiers de !Insti-
tut de Science Économique Appliquée, no 79), Paris, 1959, pp. 45-75.
1./\ ' ONSTRUCCION DEL MODELO 21
3) mecanismos propios de lo que llamamos una estructura
definida, como p. ej. el "capitalismo mercantil" en el
sentido arriba indicado, o sea un sistema de relaciones
que se manifiesta en más de un pdÍs, pero en un marco
temporal y espacial mucho más estrecho que los grandes
sistemas socio-económicos
1

Según Mauro, el método conveniente de análisis comprende
lrcs etapas: 1) macroanálisis estático; 2) microanálisis; 3) ma-
n oanálisis dinámico
2
• De esto podría deducirse que el elemen-
to impulsor de la economía social reside, según él, en la activi-
dnd de entidades económicamente operantes ("empresas"). No
e s así porque en su esquema el microanálisis sigue al macro-
nnálisis estático, de manera que es este último el que debe pro-
porcionar el "sistema social de referencia" apto para explicar la
actividad de las empresas.
El modelo, propiamente dicho Mauro lo construye, al pare-
cer, a partir de los siguientes elementos: 1) predominio cuanti-
tativo de la agricultura en la economía del país; 2) tendéncia al
estancamiento de esta agricultura; 3) alto grado de comerciali-
zación que abre enormes posibilidades de actividad a los comer-
ciantes; 4) influencia de la actividad comercial sobre la incesan-
te variación de los factores del cálculo económico de las empre-
sas agrícolas e industriales, las cuales dependen grandemente de
la comercialización debido a la significación de ésta; 5) pene-
tración gradual del capital mercantil en la producción. Para
nuestros fines este modelo puede servir únicamente como "mo-
delo de contraste".
Ante la falta de pautas y ensayos en este sentido en el acer-
vo actual de la ciencia, hemos resuelto abordar nuestra tarea de
un modo relativamente estrecho, construyendo un esquema de
funcionamiento de la economía sobre la base del ejemplo con-
creto de las relaciones económicas imperantes en Polonia en los
siglos XVI-XVIII, o sea, en la época en que dominaba el sis-
'
1 F. Mauro, "Théorie économique . . .'.'p. 47.
2 /bid., p. 59.
22 CAPITULO
tema de hacienda señorial fundada en la servidumbre. ¿Será
aplicable este esquema, siquiera parcialmente, al análisis de
otros entes históricos? No está descartado que sí (por ej.
Hungría o Rusia), pero dejemos esta cuestión a la investigación
ulterior.
Del conjunto de las relaciones imperantes en Polonia en esa
época, incorporaremos al modelo, en forma simplificada, los
siguientes elementos: 1) el predominio abrumador de la agricul-
tura en la economía; 2) el hecho de que la tierra no sea mer-
cancía, ante todo a causa del monopolio de la propiedad rústi-
ca ejercido por la nobleza, pero también porque la tasa de inte-
rés de los préstamos en numerario supera la rentabilidad de la
explotación agrícola; 3) distribución de la totalidad de las fuer-
zas productivas en la agricultura entre la aldea y la reserva se-
ñorial; 4) eficientes barreras institucionales contra la movilidad
social y geográfica, especialmente de los campesinos (servi-
dumbre de la gleba); 5) la mayor parte de las prestaciones del
campesinado se dan en forma de trabajo; 6) producción artesa-
nal e industrial encuadrada o bien en la gran propiedad rural,
o bien en las organizaciones gremiales; 7) falta de restriccio-
nes jurídicas que limiten la libertad de opción económica de
la nobleza; 8) fuerte propensión de la nobleza al consumo de
lujo determinada por factores inherentes al régimen social;
9) existencia de países económicamente más desarrollados en
un radio accesible a la comunicación; 10) falta de interven-
ción del Estado en la vida económica (ni siquiera mediante
aranceles proteccionistas o medidas similares).
La selección y conveniencia de estos postulados, y sobre
todo su categórica formulación, podrían discutirse interminable-
mente. Es cierto que hubo en Polonia aldeas pertenecientes a la
burguesía, pero no sólo que eran muy contadas, sino que ade-
más no hay seguridad alguna de que el propietario burgués las
administrase de modo diferente que el noble, en cambio sí es
seguro que se encontraba frente a los mismos elememos de
cálculo que el noble (fluctuación de las cosechas, nivel y fluctua-
1. 1\ CONSTRUCCI()N DEL MOIJF.l.<J 23
,." •n de los precios, costos de tranporte, etc). Es cierto que
l1u bo en Polonia una clase denominada la pequeña nobleza, que
no poseía siervos, pero este fenómeno, sí bien numéricamente
existía sólo en regiones estrictamente determinadas
v dudo que su introducción en el modelo pueda cambiar algo
•·n él. Es cierto que hubo en Polonia campesinos exentos de
prestaciones, pero nadie osará calificar de típico este fenómeno.
t•:s también cierto que existía en las ciudades una artesanía
l'ucra de los gremios, pero es de suponer (aunque la investiga-
o·ión de la historia de la artesanía en Polonia esté poco desarro-
llada) que, por una parte, a menudo estaba sujeta a la depen-
dencia personal, y por otra, que en atención a sus propios inte-
reses, tal como el outsider frente al trust, no atentaba contra el
monopolio de los gremios, sino que lo aprovechaba vendiendo
>us productos a menor precio -pero no mucho- que el estable-
cido por el gremio. Las objeciones podrían multiplicarse, pero
dejemos a los objetadores el onus probandi.
Estos postulados podrían discutirse también desde el punto
de vista de su limitación geográfica y cronológica. Con seguri-
dad ellos no se aplican a territorios excéntricamente situados
(Pomerania, Ucrania) ni a períodos extremos (primera mitad
del siglo XVI y posiblemente, segunda mitad del XVITI). El
temor a la crítica debería inducirnos a estrechar los límites en
el tiempo y el espacio. ¿Pero dónde entonces trazar estos lími·
tes? Quizá sea mejor no reducirlos, sino simplemente declarar
que nos ocupamos de los aspectos dominantes en la historia
económica de Polonia en la Edad Moderna.
La lista de elementos de nuestro modelo podría también
extenderse sin dificultad. Pero entonces cabría preguntar si la
incorporación de los elementos omitidos cambiaría los resulta-
dos de nuestro análisis, indicando un funcionamiento distinto
del modelo. Y de plantearse así la cuestión, estoy seguro que
los elementos enumerados resultarían suficientes.
¿Cómo transcurre en esta configuración la vida económica y
qué regularidades presenta? Esto es lo que trataremos de mos-
trar en el presente trabajo. Y si nuestro razonamiento, en más
24 CAPITULO SEGUNDO
de un caso, habrá de apoyarse en fundamentos empíricos relati-
vamente débiles, esto se debe a q u ~ el enorme material cientí-
fico relativo a la historia económica de Polonia en los siglos
XVI-XVTII no fue acopiado desde el punto de vista de nume-
rosas cuestiones que nos ocupan. En caso de que las investiga-
ciones ulteriores invalidaran tal o cual hipótesis nuestra, será
para nosotros motivo de satisfacción el haber contribuido a
esclarecer "cómo era aquello en realidad".
"El gusto del manjar se conoce al comer". Lo mismo ocu-
rre con la construcción de un modelo. Séame entonces per-
mitido cocinar el manjar. . . y su sabor que lo juzgue el lec-
tor. El lector dirá si el intento ha sido fecundo.
( 'npftulo III
1 >inámica a corto plazo
El cálculo económico de la empresa f-eudal
Afirmaciones tales como: "Cada época tiene sus propias leyes
económicas" o "Para investigar una realidad diferente hacen
fal ta instrumentos de investigación también diferentes" se repi-
ten con frecuencia, pero generalmente sin reflexionar mucho
sobre su contenido exacto. No obstante, estos enunciados son
realmente justos y el haberlos subestimado ha dado origen a
muchos errores de la ciencia.
Enormes dificultades, si bien a menudo uno no se percata de
ellas, surgen ante todo en el análisis del funcionamiento econó-
mico de la empresa feudall. El análisis de la empresa debería,
en principio, proporcionarnos respuestas a dos preguntas:
1) ¿cuáles son los resultados objetivos de la actividad de la
empresa, o sea si los productos elaborados por ella repre-
sentan mayor valor que la suma de los bienes empleados
en su producción?
2) ¿cuáles son los motivos y la orientación de la actividad
del sujeto económico observado (y por lo tanto, proba-
blemente, de sujetos análogos)? En este sentido, el análi-
sis de la empresa es un método que puede y debe aplicar·
se a cualquier sistema económico investigado. En cambio
no se puede -según veremos a continuación- aplicar al
análisis de la empresa feudal métodos elaborados para el
análisis de la empresa capitalista.
Los métodos de análisis de la empresa capitalista fu.eron utili-
1 Acerca de la aplicabilidad del concepto de "empresa" a la época
precapitalista, cf. W. Kula, Problemy í metody historíí gospodarczej [Pro-
blemas y métodos de la historia económica], cap. "Míkroanaliza 1".
26
CAPITULO TERCERO
zados en el análisis de empresas no capitalistas en múltiples
ocasiones, tanto en Polonia como en otros países, tanto con
referencia al material histórico como en lo que respecta a paí-
ses contemporáneos económicamente atrasados. Pero el efecto
fue siempre un reductio ad absurdum.
Para explicar este punto veamos los datos del balance econó-
mico de una propiedad señorial mediana en el sur de Polonia,
que comprendía tres haciendas, en los años 1786-1798 (en
zlotys: 1 zloty = 30 gr:osz
1
.
Ingresos en efectivo
13 826,20
7 388,27 6 980,03
Egresos en efectivo
3 988,14 3 354,22 4 373,06
Ganancia en efectivo
9 838,06 4 034,05
2 606,27
Prestaciones personales (corveas)
12 703,10 7 223 18 4180,24
Otras prestaciones de
los campesinos
3 533,04
1290,24 330,15
Suma de las prestaciones
-
de los campesinos
16 236,14 8 514,12 4 511,09
Valor de la propiedad 160 000,-
61000,-
Ganancia en metálico
en % del valor 6,2%
4,3%
Tasa de monetización* 24%
32% 51%
1 uoty gastado reporta
una ganancia anual de 2,5 zl 1,2 zl 0,6 zl
Gastos en efectivo del señor
3 988,14 3 354,22 4 373,06
Aporte de las prestaciones
personales 12 703,10 7 223,18 4180,24
Suma de los costos de
producción (mínimo) 16 691,24 10 578,10 8 554,-
Ingresos en efectivo del señor
13 826,20 7 388,27
~ ~ 8 0 , 0 3
Pérdidas
2 065,04 3189,13 1573,27
* Relación porcentual entre los gastos en dinero y suma:
efectivo + valor de las prestaciones personales.
gastos en
1 R. Zubyk, Gospodarstwo folwarczne z koócem XVill w. (Economía
de la hacienda señorial a fines del s. XVIII], en Studia z historii spotecznej
i gospodarczej poswiecone pro{. dr. Franciszkowi Bujakowi, Lwów, 1931,
pp. 227-261.
l l i NAMICA A CORTO PLAZO
27
Como vemos, esta "empresa" es rentable y en alto grado.
rentable como quiera que analicemos el cálculo.
Las dos reservas señoriales cuyo precio de compra cono-
cemos, reportan anualmente más del 5%, y si se agrega las
prestaciones de los campesinos en especie y en metálico, más
del 7%. En el curso del año, cada zloty gastado reporta casi 1,5
zloty, o sea el 50% de los gastos corrientes en metálico. El
capital circulante es relativamente reducido' (11 .716 zlotys 12
btrosz al año, ¡en tanto que dos de las tres reservas costaron .
221 000 zlotys! ) pero produce anualmente una ganancia neta
de 16 479 zl. 8 gr. Agreguemos que los gastos en metálico en
consumo personal de la familia del propietario son ínfimos, ya
que ascienden apenas a 1 948 zl. 2 gr por añal .
Pero la situación se presenta de modo totalmente distinto si
la miramos desde el punto de vista del campesino. Las cargas
anuales del campesino representan casi el doble de la ganancia
anual neta del señor. ¡Así que los campesinos pierden mucho
más de lo que gana el señor! ¡¿Qué ocurre con el resto? !
Calculando el costo social de producción de aquellas tres
1 El problema de la función del dinero en el consumo corriente de la
pequeña y mediana nobleza terrateniente fue objeto de una disputa entre
Korzon y Smoleñski. Este último impugnó la generalización de Korzon de
que "la hacienda alimentaba y vest ía (al noble) prácticamente sin gastos
en metálico". En apoyo de su crítica, Smoleitski cita datos de las cuentas
domésticas de la familia de Tomasz l:.fcki, señor de Unistawice, aldea de
una veintena de hogares campesinos en la comarca de Wt oct awek, de 1792
a 1795. Tratándose de una familia numerosa, se gastó allí durante los tres
años 14 200 zlotys en metálico. Por cuanto esta suma incluye 4 300
zlotys pagados por concepto de provisión a las hermanas, el resultado es
de 3 300 zlotys por año destinados al consumo. Desgraciadamente,
Smoleñski no cita los gastos en detalle, indicando solamente que en el año
1793 fueron gastados 438 zlotys 27 grosz en "mesa y otras necesidades
vitales", y 2 861 zlotys 3 grosz en vestimenta, remuneración de los cria-
dos, impuestos y útiles de trabajo. Puesto que los impuestos y los útiles
difícilmente pueden considerarse como gastos de consumo, los datos de
Smoleñski no son muy concluyent es. (W. Smoleñski, "Z dziejów
Polski za króla Stanisl awa Augusta" 1 De la historia interna
de Polonia durante el reinado de Estanislao Augusto], en Pisma Histo·
ryczne. [Escritos históricos) t. l, Cracovia 1901, pp. 22·29, publicados por
primera vez en " Ateneum" en los. años 1883, 1884 y 1887). Korzon cita
nsimismo, siguiendo a J. S. Dembowski (O podatkowaniu [De los impues·
tos), Cracovia, 1791) los gastos medi os de un noble que vive en la ciudad
28 CAPITULO TERCERO
reservas según reglas capitalistas, habría que incluir al menos los
gastos del señor destinados a la producción y el valor del tra-
bajo aportado por los campesinos. El total asciende a 35 824
zl. 4 gr, mientras que el ingreso total monetario representa sólo
28 195 zl. 20 gr. Es cierto que la propiedad dejaba también
una ganancia no monetaria, sobre todo en forma de consumo
propio del señor y su familia, pero por otra parte no hemos
incluido en los costos diversas inversiones no monetarias reali-
zadas tanto por ·el señor como -sobre todo- por los campe-
sinos.

sin mujer ni hijos y cuya entrada es de 500 zloty. Estos gastos anualmen-
te se distribuían al parecer, como sigue:
Carne: bueyes, terneros, aves
Cerveza
Vinos, café, azúcar, especias
Sebo
Ropa blanca, vestimenta, calzado
Tabaco
Lavandera, cocinero, criado, cochP.ro
Total
418 zl.
48 zl .
4 7 5 zl.
174 zl .
1 032 zl .
84 zl.
1 672 zl.
3 895 zl.
22,5 gr.
6 gr.
28,5 gr.
(T. Korzon, dzieje [Historia interna de Bolonia durante el
reinado de Estanislao Augusto], T. IJ. p. 104 ). Los gastos que casi siempre
se efectúan en metálico, independientemente de que uno viva en la ciudad
o en el campo, o sea vinos, especias, tabaco, ropa y calzado, representan
aquí apenas 1 591 zl. 6 gr . (un 40% del total), pero el que vive en el
campo seguramente consume menos artículos de esta clase. Cuando se
vive en la ciudad, el gasto que resulta ruinoso es la remuneración de los
criados (un 43% del total), cosa que en el campo no entraña generalmente
gastos en metálico.
Finalmente, Jarosz Kutasinski (de la obra de F . S. Jezierski), dice de un
pequeño noble de Pocllasie que éste "habiendo comprado hierro, herra-
mientas agrícolas, zapatos y sal, estaba libre de todo gasto domésti co"
(Jarosza Kutasinskiego herbu D\!boróg, szlachcica tukowskiego uwagi nad
stanem nieszlachekim w Polszcze, 1790, 1 Observaciones de Jarosz Kuta-
si:ñski del linaje de D',fuoróg, noble de la región de I:..uków, sobre el estado
no nobiliario en Polonia! , en F. S. Jezierzki, Wybór Pism [Obras escogi-
das} , ed. Z. Skwarczynski, Varsovia, 1952, p. 87). De los gastos de con·
sumo propiamente dichos queda aquí solamente el calzado y la sal. Es
cierto que el autor quiere pintar el cuadro de una explotación rural pri-
mitiva de un pequeño noble de provincias.
El carácter "natural" de la economía de la hacienda señorial llama la
atención a cada paso. Cuando leemos las "instrucciones" o la correspon-
lii NAMlCA A CORTO PLAZO 29
Desde el punto de vista del señor, la propiedad es muy
renta ble, ya que deja más de 16 4 79 zr 8 gr de ganancia neta
(dec imos "más de", ya que nQ podemos determinar la
magnitud de los beneficios monetarios). Pero de incluirse el
costo del trabajo campesino utilizado en la producción, el ba-
lance arrojará una pérdida anual de 7 618 zt 14 gr, que en
realidad es mayor aún, sólo que no estamos en condiciones
de determinar el valor de las inversiones no monetarias (por
ej. la conservación de los útiles de trabajo y del ganado en
las explotaciones campesinas). Por último si incluimos el valor
de las otras prestaciones de los campesinos (aparte del traba-
jo), la pérdida anual alcanzará 12 782 zi 27 gr.
No obstante, la "empresa" funciona durante años y no llega
a quebrar ni mucho menos. Su propietario lleva una vida lujosa
y no limita sus gastos monetarios. Su caja rebosa de caudales
(anualmente ingresan en ella 16 478 zl 8 gr de ganancia neta en
metálico, mientras que sus gastos en metálico con fines de con-
sumo alcanzan apenas 1 948 zl 2 gr). Tampoco nada indica que
la propiedad se vaya desvalorizando' · Naturalmente, no puede
descartarse la pauperización de las explotaciones campesinas
obre la cual call an las fuent es- pero con seguridad son más
frecuentes los casos en que esto no ocurre. El señor puede ven-
de ncia de la época concerniente a las cuestiones económi cas , en todas
partes tropezamos con esta regla suprema de la buena administración de
los bienes: evitar los gastos en metáli co. Cuando se leen los inventarios, se
Liene a veces la impresión de que se t rata. de una verdadera obsesión, al
' otarse con qué minuciosidad son registrados hast a los goznes aherrumbra-
dos o "algo daii.ados" de las puertas (W. Kula, Szkice o manufakturach
1 Ensayos sobre las m;onufactura.s], pp. 70-71 ). "Cada objeto por el que
hay que pagar en met álico -dice Baranowski refiriéndose a la nobleza, si
bien es cierto que se trat a de una rebrión pobre como es la de Podlasie en
el siglo XVI- cobra un valor especial ; los nobles no tienen reparos en
entablar un pl eito y hasta en apelar al rey, por e jemplo, a causa de dos
hachas o de un vest ido de paño rojo" (l. ·T. Baranowski, Podlasie w
przededniu Unii Lubelskiej 1 La región Podlasie en vísperas de la Uni ón de
Lublin 1 en Pt-zeglad Historyczny, VII, pp. 53-54).
1
Po1· casualidcd conocemos la historia. ul terior de la familia del propie-
tar io; de las memorias de su hijo, que se ha n conservado, sabemos que
éste llegó a ser un hombre bastante acaudalado. M_ Smarzewski, Pamiel-
rlill, 1809-1831 [Memorias, 1809-18311, Wroclaw 191)2, p. VIII, 21, 130.
30
CA!'I'l'l ' LU
der su propiedad en cua"lquicr momento y el precio que reciba
por ella dependerá únicamente del juego de la oferta y la de-
manda de propiedades rurales en el memento dado.
Buscando índices adecuados al caráder específico de la em-
presa analizada hemos aplicado, come¡ se ve, algunos coeficien-
tes "inusitados":
1) calculamos la relación gastos monetarios con fines pro-
ductivos -ganancia monelaria neta, en otras palabras, cal-
culamos cuánta ganancia anual neta reporta un zl oty gas-
tado con fines productivos;
2) calculamos aquello que hemos llamado "tasa de moneti-
zación de la producción", o sea el índice que ha de mos-
trarnos la importancia de los gastos productivos en metá-
lico dentro del conjunto de los gastos productivos, y al
no poder calcularlo con toda exactitud consideramos
como aproximación verosímil la relación entre los gastos
monetarios y la suma de éstos más el valor de las presta-
ciones personales.
El primero de estos índices es relativamente verídico, puesto
que la contabilidad de Jos nobles - despreocupada en materia
de inversiones no monetarias-- registra escrupulosamente los in-
gresos y egresos monetarios. El segundo de estos índices es con
toda seguridad exagerado, puesto que conocemos con suficiente
exactitud los gastos monetarios, mientras que los gastos produc-
tivos globales eran seguramente mayores que la suma de los gas-
tos en metálico y del valor del trabajo aportado por los campe-
sinos. Pero dado que los gastos no monetarios aparte del traba-
jo existían en cada reserva, este coeficiente conserva su valor
informativo.
Cabe recalcar que los datos presentados sugieren que existe
una relación inversa no sólo entre el grado de monetización del
proceso de producción y la rentabilidad monetaria (cosa nada
extraña ya que se desprende del supuesto mismo) sino que tam-
bién entre el grado de monetizaci ón y la rentabilidad en gene-
ral. El coeficiente de monetizaciófl de la producción es del
111 NAMICA A CORTO PLAZO 31
,.n iVIoczerady, mientras que en Izdebki sólo del 24%, pero un
1. loty invertido en la producci ón rinde en lzdebki 2,5 zl de
l''mancía neta, mientras que en Moczerady sólo 0,6 zl, y la uti-
li dad que produce el capital invertido en la compra de la ha-
c·ienda representa un 6,2% en Izdebki, mientras que en Mocze-
rady sólo un 4,3%. Esta importante cuestión exige, por supues-
to, una verificación basada en un material más amplio
1

Pero volvamos al problema de la rentabilidad de la empresa.
l ~ n el ejemplo citado, la empresa investigada resultó altamente
rentable cuando tomamos en cuenta sólo el aspecto monetario,
y claramente deficitaria cuando incluimos en el cálculo una
estimación de los costos no monetarios. Este resultado lo pode-
mos considerar tí pi co .:o. Semejantes resultados los obtendremos
casi siempre cuando analicemos una empresa feudal.
Este problema, en apariencia relativo a la técnica de investi-
gación, en realidad es mucho más amplio y alude a cuestiones
teóricas fundamentales. Por un lado, atañe a todo tipo de
empresa cuya actividad no se basa en el trabajo asalariado3; por
el otro lado, remite a una cuestión de carácter esencial: al cálculo
económico y a la racionalidad de las decisiones económicas en
sistemas que no se basan en ei libre juego del mercado.
1 Las cifras citadas impli can que al cabo de t: uat ro aüos aproximada-
f!lcnte, el propietar io pocl ía t:omprar una cuarta hacienda de l mismo valor
que 1vloczerady. ¿Era réalmente as í? ¿Qué ocurriría si todos Jos propie·
t.arios de haciend as medí · nas pudiesen extender s us propiedades a un ril ·
rn o semejante') Incluso si excluimos a los que era n eliminados a causa de
las catástr ofes y catacli smos, que no eran raros ni mucho menos, los
precios de la t iena de berían de aumentar rápidamente. Por desgraci a,
nuestro conocimiento de la fluc t uació n de los precios de la tierra en la
anl igt1a Polonia es sumamente limitado .
.! A concl usiones análogas llegó PuczyÍlski, quien inves tigó la historia
de estas mismas haci endas dura nte las tres décadas siguientes. B.
Puczyñski , "Gospodarstwu folwarczne z pocz. X I X w. na podst awie ksiw i
wc hunkowej . marzewskich z l\locz.erad. 1798-1828 " 1 La hacienda señorial
a princi pios del siglo XIX, en base a l li bro de cuentas de los Smarzewski
de l'vloczerady , 1798-1 R28 1. Rocznilli dziejów .<polecznych i gospodar-
czych, IV, 19:15, pp. 7 1-104 .
.1 Pré d<'r ic Mauro ha obtenido últimamente resultados análogos: Le
/'orttl gal el 1'!\l lanlique au 17·!' si!!cle. 1570- 1670. París, 1960, principal-
m f' ntP p. 21 3 y SS.
32
CAPITULO TEHCERO
A todas estas cuestiones tendremos ocasión de vol ver en esta
obra.
Pero la dificultad en cuestión no se refiere, ni mucho menos,
únicamente al trabajo oblígatorio; puede concernir a todos los
elementos de la producción que no sean adquiridos en el mer-
cado.
Tomemos como ejemplo la madera. En 1785 un tal Torzews-
ki publicó en Berdyczow un manual polaco de fundición de vi-
drio1. Este manual, redactado en forma de diálogo, empieza
por la escena donde el Alcalde (símbolo de terrateniente acau-
dalado) encomia ante el señor Wiadomski (portavoz del autor)
el modo de administración que ha introducido en sus propieda-
des. Menciona como la mayor ventaja del sistema aplicado, la
autosuficiencia de sus reservas (no necesita comprar casi nada).
Se dirige a Wiadomski pidiéndole consejo en una sola cuestión:
¿cómo aprovechar Jos muchos bosques que tiene, donde los
árboles crecen sin ningún provecho y la madera se desperdicia?
Wiadomski le presenta entonces el proyecto de construir una
vidriería en cuyos hornos la madera podría aprovecharse como
combustible. Es interesante que Wiadomski motive su proyecto
indicando que existe un mercado local para artículos de vi-
drio 2; por otra parte, la manera corno formula la cuestión el
Alcalde indica que en ese período y en esa región no había
posibilidades de vender madera en bruto. Para el Alcalde, esta
madera es por el momento inútil y por lo tanto sin valor. Con
gran alegría acepta entonces el proyecto de quemarla en una
vidriería.
¿Qué lección podemos sacar de este breve coloquio, cierta-
mente realista? La situación pintada en esta escena indica que
la decisión económica de utilizar la madera como combustible
1 Tortewski, Rozmowa o sztukach robi enia szkta, palenia potaszów i
topienia 2elaza . .. , w Berdyczowie, w Fortecy N. M. P. za przywilejem J.
K. M. Roku 1785 [Discurso sobre el arte de hacer vidrio, calcinar potasas
y fundir el hierro ... en Berdyczów, en la fortaleza de Nuestra Señora, con
privilegio de S. M., año 1785].
2
Cf. W. Kula, Szkice o manufakturach . .. [Ensayos sobre las manufac-
turas]. Varsovia, 1956, pp. 210-211.
I>I NAMlCA A CORTO PLAZO 33
1' 11 una fundición no es una opc10n económica, ya que justa-
II Wnte el Alcalde no tiene, o al menos no percibe, ninguna otra
¡n>si bilidad. Por supuesto, el modo de formular esta tesis es un
1 1nlo paradójico. La construcción de la vidriería por el Alcalde
re presentará, con todo, una opción económica. Lo que este co-
loquio demuestra, sin lugar a dudas, es que si quisiéramos luego
.. rect uar el balance de aquella vidriería, contando la madera
quemada en ella al precio que el Alcalde o su vecino tuviesen
que pagar de querer comprarla, obtendríamos resultados exor-
bitantes. El propietario de un bosque situado a orillas de un río
navegable, antes de levantar, por ejemplo, una fábrica de vidrio,
1 ie ne que calcular si gana más transportando la madera a flote
hasta el puerto o vendiendo el vidrio obtenido mediante la
rombustión de esa misma madera (tomando en cuenta la dife-
r ncia de otros costos relacionados con una y otra operación).
Pero el Alcalde del manual de Torzewski no razonaba en estos
términos. ¿Qué instrumentos de cálculo aplicar entonces a sus
decisiones económicas?
La plena posibilidad de elección existe sólo en un mercado
"perfecto". Pero el mercado "perfecto" es una abstracción teó-
ri ca de la cual se aleja en diferentes puntos incluso la realidad
capitalista liberal. Aplicar esta abstracción al estudio de la
economía feudal es un craso anacronismo.
No obstante, en la economía precapitalista la gente también
calcula, aunque lo hace a su manera. No tenía razón Sombart
al considerar la contabilidad un invento " del espíritu capita-
lista". Tal vez en épocas precapitalistas se tome más a menudo
en cuenta motivos extraeconómicos, pero no es cierto que en el
capitalismo estos motivos no figuren para nada. ¿Cómo enton-
ces investigar el cálculo económico precapit alista y las leyes del
obrar económico que le son propias?
En base al estado actual de la ciencia, se puede formular la
suposición de que si hiciéramos el balance de una "empresa"
feudal cualquiera (latifundio, grandes dominios, reserva señorial
o manufactura) utilizando métodos propios de la contabilidad
capitalista, o sea asignando un precio a todos los elementos que
34 CAPITULO TERCERO
entran en la producción sin ser adqutridos en el mercado
1
(te-
rreno, edificaciones, materias primas, etc.), casi siempre resulta-
ría que dicha empresa funciona con pérdidas. Si en cambio lo
calculáramos sin tener para nada en cuenta aquellos elementos,
el balance arrojaría por lo general enormes ganancias.
De esto se puede inferir que la diferencia entre estas dos
magnitudes podría ser la medida del desperdicio social. Sin
embargo, afirmar semejante cosa sería simplificar demasiado.
El problema es más complejo.
Ante todo convengamos en que el primero de estos resul-
tados es evidentemente absurdo: todas o casi todas las "empre-
sas" de un país no pueden a la larga funcionar casi constante-
mente con déficit, cuando al mismo tiempo no se observa indi-
cios de una catastrófica decadencia económica del país. Asi-
mismo es inverosímil el segundo resultado, en el cual todas o
casi todas las empresas reportan constantemente enormes ga-
nancias, sin que se observe mayores indicios de progreso de la
economía nacional.
En el primer caso, aplicando el método capitalista de conta-
bilidad, llegamos a una tremenda exageración de los costos. En
la economía capitalista es lícito (con ciertas reservas, por ejem-
plo, con relación a la economía minifundisia) calcular a precio
de mercado los elementos que entran en la producción sin
haber sido comprados, puesto que la fórmula: "si hubiesen
pasado por el mercado, el precio de mercado no habría va-
riado", no se aparta mucho de la realidad. En otros términos,
tenemos razones para suponer que el propietario de dichos ele-
mentos (materia prima o mano de obra), en vez de utilizarlos
en la producción, puede venderlos en el mercado a precio co·
rriente. Aplicado al feudalismo, todo este razonamiento se vuel·
ve absurdo. En el ejemplo de la madera en una región carente
de vías navegables, hemos visto que con frecuencia no había
posibilidad alguna de vender determinada materia prima en el
1 Como lo sugirió C. E. Labrousse en una discusión que sostuvo conmi·
go en París.
l tiN AMICA A CORTO PLAZO 35
111 Crcado y que, por lo tanto, esa materia prima no podía consi-
,[crarse efectivamente "mercadería". Análogamente, suponga-
m os que toda la mano de obra en Polonia en el siglo XVITI
pasa por el mercado; estará claro entonces que su precio se
ll iLuará muy por debajo de los precios efectivamente pagados en
•·sa época a la reducida parte de la masa de trabajadores que
trabajaban por salario.
En el segundo caso -o sea si se excluyen del cálculo de cas-
I os los elementos no adquiridos en el mercado- los costos que-
d;m reducidos al mínimo, tendiendo a cero en los casos extre-
mos. En la manufactura de paños de los Radziwill en Nieswiez
caso investigado por mí- prácticamente el único gasto mone-
tario relacionado con su fundación fue la compra de tinturas en
Koenigsberg. Así que este cálculo también deforma la realidad.
La deformación será más evidente si recordamos un fenómeno
muy conocido en la historia del latifundio polaco cual era la
"degradación" de la propiedad, de la que se acusó tantas veces
a los administradores o arrendatarios. Traducida al lenguaje eco-
nómico, dicha "degradación" significa disminución de la capa·
cidad productiva que representa potencialmente dicha propie-
dad. Como se sabe, los pleitos por "degradación" eran por lo
general extraordinariamente embrollados y era sumamente difí-
cil probar o refutar la acusación. Y no es extraño. La contabi-
lidad de entonces tenía reglas elaboradas y uniformes sólo en lo
concerniente al aspecto monetario de los ingresos y los gastos,
pero por lo general no tomaba en cuenta el valor de la propie-
dad ni los cambios que podían afectarlo
1
. Este hecho no es
mera expresión de falta de "sentido de cálculo" o de conoci-
mientos económico-matemáticos. La evaluación de todos los
bienes (muebles o inmuebles) que componían la reserva según
precios corrientes de mercado habría sido una operación injusti-
ficada, incluso teóricamente en las condiciones económicas de
1 J . Rutkowski, Badania nad podzialem dochodów w Polsce czasach
nowozyt nych [Investigaciones sobre la distribución de los ingresos en
Polonia en la Edad Moderna 1, t. 1., pp. 66·61l .
36 CAPITULO TERCERO
entonces
1
• Y aunque se procediera a semejante evaluación, se-
ría imposible reducir a un denominador común los cambios en
el potencial productivo de la propiedad en determinado perío-
do económico: edificios y enseres, número de cabezas de ga-
nado, superficie de los bosques, etc. De ahí que fuese objetiva-
mente insoluble la cuestión si la "degradación" había tenido
efectivamente lugar y, en caso afirmativo, cuáles habían sido
sus dimensiones (lo cual abría ante la nobleza polaca, conocida
por su afición a los pleito's, posibilidades realmente fantásticas).
En la economía de dos sectores (monetario y natural), el sec-
tor natural es, en principio, primordial para el campesino, y el
monetario para el noble. Todo lo que pueda acrecentar las
entradas en efectivo es visto con agrado por el noble. Sin em-
bargo, en el sistema imperante no puede saber con exactitud si
ese incremento no ha sido logrado a expensas del haber general
de la propiedad. De ahí la contradicción entre el ansia de au-
mentar las entradas en efectivo y el deseo de evitar la "degrada-
ción".
De todos modos, descartando los elementos no adquiridos y
utilizados en la producción, llegaríamos a considerar como ren-
table una manufactura cuyo funcionamiento redujese notable-
mente el potencial productivo de la reserva en otros aspectos.
Tyzenhaus, administrador de los bienes reales en Lituania en
los años 1768-1780, construyendo manufacturas aumentó ~ n o r ­
memente los ingresos del rey, pero también es verdad que aque-
llos dominios sufrieron una fuerte "degradación" en aquel
período
2

1
J. Rutkowski ibid. p. 68 f se opone, y con toda razón, a que el
c.álculo económico de la gran propiedad sea fundado en la evaluación de
los bienes muebles e inmuebles; aunque esto fuese factible "llegaríamos a
cifras totalmente ajenas a las condiciones reinantes en la época, ajenas a la
mentalidad de Jos hombres que organizaban la vida económica en ese
entonces y, por lo tanto, sin influencia posible sobre el curso de la vida
económica". La tesis es justa, aunque la argumentación toma en cuenta
un solo aspecto del problema.
2 W. Kula, Szkice o manu{acturach . .. op. cit. pp. 309-310, 443-448.
111 NA MICA A CORTO PLAZO 37
A más de esto, el problema se complica con un elemento
11 dicional difícil de precisar. Figurémonos una manufactura
( I'Omo aquella vidriería del ejemplo anterior) que devasta los
I111Sques de una propiedad determinada. La evaluación econó-
lni ca de este fenómeno depende de si existían en el lugar y
1 1cm po señalados otras posibilidades de aprovechar la madera,
v. gr. flotándola hasta una ciudad portuaria, lo cual como sabe-
In os, no siempre tenía lugar. Faltando tales posibilidades, la
" quema" del bosque en los hornos de una fundición de hierro
1> de una vidriería constituirá el único modo económicamente
fundado, y de cualquier manera rentable, de utilizar aquella
madera.
Razonando en simples términos de oferta y demanda a escala
de la economía nacional, es perfectamente posible una situa-
t; ÍÓn en la cual la oferta sea superior a la demanda en el con-
junto de la economía, mientras en el sector comercializado ocu-
rra lo contrario: la demanda sea superior a la oferta.
Traduciéndolo al lenguaje gráfico:
"'-&?2aLLL.LL.I.'---------' Oferta
Demanda
La parte rayada representa la oferta y la demanda por el mel,'cado.
Con toda seguridad, es así que se presenta a fines del siglo
XVIII el problema del factor más importante de la producción,
o sea la mano de obra. Por una parte, tenemos numerosos
ejemplos de desperdicio de la mano de obra campesina en la
economía latifundista, por otra, los precios de la mano de obra
libre alcanzan en el mercado un nivel relativamente alto
1
• Pues-
1 Rutkowski afirma que los elevados precios de la mano de obra asala·
ri ada limitaron su empleo en las ha\!i en das de Ucrunia occidental;
Zabko·Polopowicz analiza un fenómeno análogo en las tierras li t uanas (J.
11utkowski , Studia z dz iejów polskiej X VJ-XVJI.I w. 1 Estudios sobre la
historia del campo polaco, siglos XVI-XVIII], ed. W. Kula, Varsovia,
38
CAPITULO TERCERO
to que la abrumadora mayoría de los brazos existentes en el país
están ligados por la servidumbre, en el mercado del trabajo apa-
rece una parte proporcionalmente insignificante de la mano de
obra; comparada con ella, la reducida demanda del trabajo
asalariado viene a ser relativamente considerable. Y si ahora
evaluamos toda la mano de obra empleada en la reserva según
los altos precios del mercado, llegaremos forzosamente a la con .
clusión de que la reserva era deficitaria y no podría subsistir sin
la servidumbre. Al parecer, situaciones análogas se producían
muy a menudo también con respecto a muchos otros factores
económicos.
La evaluación monetaria -a precios del mercado- de aque-
llos elementos que integran el proceso de producción sin pasar
por el mercado, o de los frutos de la producción que no van a
parar al mercado, se apoya en varios supuestos que pecan a
ojos vistas por falta de realismo:
1) se supone la existencia de un precio de mercado relati-
vamente uniforme para cada uno de estos elementos, con
la mano de obra en primer lugar;
2) se supone que todos los elementos y todas las categorías
de la mano de obra poseen un valor económico y un pre-
cio que permite medir este valor;
3) se supone que el "empresario", organizador de la activi-
dad económica y propietario de los medios de produc-
ción, tiene siempre la posibilidad de elegir entre vender el
artículo dado en el mercado a precio corriente y utilizar
este artículo en el proceso de producción. Además, la
1956, p. 124; Zabko-Potopowic-.;;, Praca najemnn i najemnik w rolnictwie
w Wielkim Ksi<:stwie Lite!!Jskim w XVIII w. [El trabajo asalariado y el
asalariado en la agricultura del Gran Ducado de Lituania en el siglo
XVIII), Varsovia, 1929, pp. 98-99). Con toda seguridad, en estas regiones
el fenómeno era particularmente intenso, aunque no cabe duda que en
menor grado se registraba en todo el país. Al plantear esta tesis en forma
de regla, no nos olvidamos que en las diferentes subdivisiones del período
considerado, la situación podía variar ; por ejemplo, en la segunda mitad
del siglo XVII y a principios del XVIII, cuando a raíz de las guerras, una
mayor movilidad de la población campesina originaba una mayor oferta
de la mano de obra asalariada.
O!NAMICA A CORTO PLAZO 39
última decisión la tomará únicamente cuando tenga fun-
dadas razones para esperar una ganancia mayor de la pro-
ducción.
En otras palabras, reproducir el cálculo económico de una
empresa equivale en cierto modo a verificar la racionalidad de
las decisiones del empresario. El cálculo de los costos tiene por
objeto reconstituir la suma de las pérdidas sufridas en favor de
la producción. En este cálcul o, el valor monetario de la madera
utilizada en la producción, mas no comprada, puede conside-
rarse pérdida sólo cuando aquella madera pudo haberse vendido
a precio dado. ¿Pero realmente habría podido venderse? In-
cluir en los costos el valor de las prestaciones personales ten-
dría sentido sólo si al renunciar a la producción fuese posible
vender dichas prestaciones a determinado precio. ¿Pero acaso
era posible hacerlo?
El que fuese partidario de otro procedimiento de investi-
gación podría plantear aquí una objeción. Concretamente,
podría decir que al incluir en el cálculo de los costos el valor
estimado de los artículos no provenientes del mercado, nos pro·
ponemos no tanto reproducir el. cálculo de las ganancias y pér-
didas del empresario, cuanto reconstituir las ganancias y pérdi-
das sociales. Pero esta objeción es, a su vez, objetable. Toda
utilización productiva de una madera que no puede venderse, es
rentable desde el punto de vista social ya que engrosa la renta
nacional aunque sea en ínfimo grado. El único límite percep-
tible es aquí el deterioro de la propiedad y de su futura capa-
cidad productiva. Con t oda razón, el concepto de "degradación
de bienes" desempeñó una función tan notable en el razona-
miento económico de la nobleza polaca
1

Muy interesante en relación con estas cuestiones es el análisis
1
El problema se puede expli car as imismo en categorías marginalistas:
el elemento que entra en la producci ón pero que carece de precio de mer·
cado, es decir el elemento al que no se le puede dar otro uso , podemos
tratarlo como factor sobrante con respecto a los otros fac tores indispensa·
bies para la produccion y, en consecuencia, igual a cero en el cálculo de
los costos.
40 CAPJTULO TERCERO
del sistema de contabilidad de las reservas señoriales. El nunca
bien ponderado Gostomski, también en esta materia da sus con-
sejos al propietario de la reserva
1
• Este dice Gostomski
en el año 1588- debería establecer una cuenta aparte para
cada uno de los elementos materiales y monetarios que integran
la producción y el consumo de la reserva: para el centeno y la
zanahoria, para las manzanas y el carbón, para los camarones y
aros de barril, para los derechos de peaje y para las multas co-
bradas a los campesinos, etcétera. . . ¡En total, 156 cuentas de
'valores materiales, cada una aparte y, lo que es más, irreduci-
bles a un denominador común! Cuando todas las cuentas
denoten incremento, la conclusión será incuestionable: la finca
funciona con ganancia. Quien tuviese dudas con respecto a esta
interpretación de la contabilidad recomendada por Gostomskí,
hallará en su libro un enunciado que la confirma expressis ver-
bis : "El . debe velar por que no haya mengua al-
guna, antes tiene que preocuparse por que en cada cosa haya
crecimiento"
2
• Pero ¿cómo apreciar la actividad de la reserva
cuando aumentan las reservas de trigo almacenadas en el gra-
nero al tiempo que disminuye la cantidad de manzanas en la
despensa?
La primera impresión que le produce a uno la lectura de
Gostomski y del sinnúmero de "instrucciones" de la época,
redactadas por los grandes propietarios para el uso de los admi-
nistradores de sus bienes, es la de que todos ellos propagan una
economía multifacética, o sea el policultivo. Pero esta es una
impresión superficial. En realidad se trata de un policultivo al
servicio del monocultivo. La mayoría de los artículos se ha de
producir no para venderlos, sino para no tener que comprar-
los J, es decir, para. aprovechar me.ior el dinero obtenido por los
1
A. Gostomski. Gospodarstwu, 1588 1 La hacienda, 1588), ed. S.
Inglot, Wroclaw, 19 51. , pp. 119· 122.
2
A. Gostomski , o p. cit., p. 22.
3
Esta tendencia se ha puesto de manifiesto repetidas veces durante mis
investigaciones sob1·e las ma11Ufacturas polacas del siglo XVIII, pero ella
no se limita, ni mucho menos, a las inversiones manufact ureras.
n t NAMICA A CORTO PLAZO
41
únicos productos que interesan de verdad: los productos expor-
tables. Todo ha de estar subordinado al monocultivo de cen-
teno y trigo, y el dinero obtenido por ese centeno y ese trigo
ha de ser gastado sólo en artículos que de ninguna manera
podrían producirse en la reserva misma sin recurrir al numera-
rio. En este sentido es rentable la producción de cualquier cosa,
siempre que se efectúe mediante fuerzas propias, sin involucrar
gastos en metálico
1

Hasta ahora nos hemos referido principalmente al análisis
económico de la reserva. Desgraciadamente, la falta de fuentes
impide un análisis similar de la explotación feudal campesina,
mas todo indica que el resultado sería análogo. Lo indican ante
todo los resultados de las investigaciones que se llevan a cabo
en los países hoy económicamente atrasados, principalmente en
la India, donde en torno de este terna se ha desarrollado una
amplia discusión (la cual, por otra parte, recuerda en más de un
aspecto las discusiones económicas en la Polonia de preguerra).
Una enorme signíficación vigente posee el análisis teórico de
la explotación campesi na pre o semi-capitalista como tipo de
"empresa". Esta cuestión ha cobrado suma actualidad cientí-
fica, por cuanto se relaciona con un problema candente en el
mundo de nuestros días, donde la mayoría de la población
corresponde a los países subdesarrollados, y la mayoría de la
población de éstos vive precisamente en pequeñas explotaciones
campesinas de t ipo familiar, apenas vinculadas con el mercado,
que trabajan principalmente para satisfacer sus propias nece-
sidades de consumo 2. Hoy por hoy, la explotación campesina
1
Kluk (1779) no sabe todavía indi car un mélodo, cuando señala que
"es menesler saber y contar bien si el provecho será mayor que los gastos
necesarios en trabajo y herramientas, y si este provecho compensará las
escaseces que mientras tanto pueden producirse por esta causa".
(Krzyszto{ Kluk, O rolniclwie, zbozach , /acach, chmielnikach, winnicach i
roslinach gospodarskich, 1779 1 De la agr icul t ura, los cereal es, los pasti-
zales, e l cultivo del lúpulo, viñas y pl anlas útiles, 1779 1, ed. S. lnglot,
Wroclaw, 1954, p . 29. )
1
"Lo que se ha dich o aquí de sociedades campesinas investi gadas por
un etnólogo es, en buena parte, lo mismo que dicen los historiadores,
42 CAPITULO TERCERO
autárquica (si se nos permite este término convencional) es sin
duda alguna la forma más difundida de organización de la acti-
vidad productiva en el mundo. ¿Podrá llamársela "empresa"?
¿Convendrán para su investigaci ón los criterios empleados en el
ar1álisis de la actividad económica de la empresa? ¿Y sí no, en
qué plar1o analizarla entonces?
1
• A la ciencia actual le falta
mucho para poder responder a estas preguntas fundamentales.
Los métodos tradicionales de análisis de la empresa fueron
aplicados a este tipo de explotaci ón un sinnúmero de veces. En
términos generales, sabemos qué resultados podemos esperar de
ell os. Limitémonos a citar un ejemplo por demás elocuente: el
estudio de 600 explotaciones llevado a cabo en 1937-1938 en
21 aldeas hindúes :.> demostró que estas explotaciones produ-
cían, por término medio, 88 rupias de ganancia arJual calculán-
dolo a precios de mercado y sin tener en cuenta el costo de la
mar1o de obra familiar ni la amortización del capital. En cam-
bio, incluyendo el costo de dicha mar1o de obra según los sala-
rios pagados en este lugar y esa época a los jornaleros y agre-
gando un 3% de amortización del capital, las mismas resultaban
altamente deficitarias (90 rupias de défici t
Recordemos que en el agro polaco, reducido al primitivismo
económico en época de crisis mundial , resultados fue-
ron obtenidos por el Instituto de Pulawy en su investigación
del minifundio campesino en el año 1932
3
.
Recordemos también que obtuvimos prácti camente el mismo
+--
usando otra Lem1inología , ac,rca de la vida (' Conómi ca en la Edad Me-
dia" - dice R. Fi1·th Elements o( Social Organ ization, Lo ndres. 19 51,
p. 137.
1
D. Thorner, The Releuance o( lhe Theory o( the Pirm to Produc/ion
by Peasant 1-l ouseholds (manuscrito cuya copia me ha sido fac ilitada gen-
lilmen t e por el autor).
2
D.R. Gadgil y V .R. Gadgil , .4 S urvey o/ f<'ar'n /Jusí ness in Wai Tu-
tul< a. Gahhale lnsti lule o( Pulitics and Econumic.s , Poona , (cit<Jdo
por D Thorner).
_¡ Cf. Mal y Hocz,¡¡/l Stat ysl y cz ny 1 93'7 1 Pcq ueiio Anuari o Estad ístieo
1937\, Varsovia, 1937, P- 61:l. A la misma conc lusión ll egó V. Lenin , en
"Nuevas transformaciones ec0nómic¿¡s en la vida campesina ' ' . Obras, vp.
cit., l. 1, pp. 32 33. .
IIINI\Ml CA 11 CORT() PLA7.0 43
resultado (rentabilidad cuando se excluye de los costos el valor
1:stimado del trabajo no adquirido, y déficit en el caso contra-
rio) al analizar una reserva típica basada en la servidumbre y
lambién muchas manufacLuras feudales.
Como se ve, el problema es de gran importancia.
La ciencia tradicional no advertiría mayores dificultades en
esta cuestión. Respondería que el campesino medio no cuenta
el costo del trabajo de su familia ni la amortización del capital
por desconocer estos c o n c ~ p t o s y por no saber calcular corree-
lamente. Respondería además que el cálculo correcto debe
tomar en cuenta estos dos factores, que la única manera de
medirlos consiste en aplicar los precios de mercado propios del
Jugar y del tiempo dados, y que por lo tanto estas explota-
ciones son en realidad deficitarias sin que sus propietarios lo
sepan.
La conclusión de que media humanidad está empeñada en
una actividad productiva deficitaria, constituye una especie de
reductio ad absurdum. Igualmente absurdo sería afirmar que
todas las reservas señoriales y todas las parcelas de los campe-
sinos adscriptos a la gleba en Polonia eran permanentemente
deficitarias a lo largo de los cuatro siglos de su existencia.
Por otra parte, este método no resiste la crítica ni siquiera
desde el punto de vista de la ciencia tradicional. Si para dar
comienzo a una actividad productiva se precisa, supongamos, A
kilogramos de materia prima y B jornadas de trabajo, y el
"empresario" dispone de A kg de materia prima y de B más X
jornadas de trabajo, y al mi<>mo tiempo no existe ninguna otra
posibilidad de aprovechar la mano de obra excedente, entonces
el valor de toda la fuerza de trabajo incorporada a la produc-
ción debe calcularse como equival ente a cero. En este sentido
podría decirse que el campesino-propietario hace buen uso de
la teoría marginalista
1
.
1
Por qué el campesino no toma en cuen ta en su cálculo ni la ga nancia
media del ca pi tal ni la renta , por qúé es falso que est e mi smo campesino
no toma en cuenta su trabajo (al contrario, est e trabajo es lo úni co que
toma en cuen ta , lo cual no quiere decir que lo ca lcule a precio de mer·
44 CAPITULO TERCERO
Con todo, es evidente que en ciertas condiciones es total-
mente justificado efectuar el balance económico de la explo-
tación campesina ateniéndose estrictamente a los métodos capi-
talistas (incluyendo el trabajo familiar a precio de mercado, la
amortización del capital, etc.).
Para el historiador de la economía es precisamente cuestión
fundamental responder a la pregunta cuáles métodos deben
aplicarse en tales o cuales condiciones sociales (en relación con
el nivel de desarrollo socio-económico). Es un tema vastísimo,
aquí sólo podemos esbozar una sugerencia.
Como criterio -así nos parece- se podría adoptar la forma
que revisten las cargas exteriores de la explotación. Nos referi-
mos a las prestaciones al Estado (impuestos) y al latifundista
(renta feudal y, a veces, aun la capitalista). En la misma C3tego-
ría puede incluirse la forma del crédito. Allí donde los impues-
tos, las prestaciones al señor y Jos préstamos se paguen en
especie (en trabajo o en productos), el bal ance de la explota-
ción campesina efectuado según normas capitalistas carecerá de
sentido y casi siempre dará resultados como los arriba descrip-
tos (déficit al incluir el costo del trabajo no asalariado y la
amortización; rentabilidad en caso de no incluirlos). En esta
situación tenemos:
1) que el productor calcula en unidades naturales;
2) que los precios de mercado no son válidos ni para los
factores de la producción (cuyo valor, por lo general,
exageran), ni para los productos;
3) que el productor, en principio, no reacciona a los estímu-
los del mercado (bajas y alzas de precios).
Allí donde el régimen socio-económico impone el pago en
dinero de los impuestos estatales, de las prestaciones al señor
(propietario de la tierra) así como del crédito, la situación sufre
+-
ca do ), lo ex pli có Karl Marx en é'/ capit al, t. Ifi , 3, pp. 184 -185 de la
edición francesa, París, 1967. Acerca de cuánto tiempo el campesino pue-
de pasar por alto el capi ta l y la renta en su cálculo, y de que siempre
cuenta de alhrún modo su trabajo, cf. V. Lenin El en /a econo-
mía a¡¡raria en Ob ras, cit. , t. IV, pp. 122-123.
lllNAMICA A COHTO PLAZO 45
un cambio radical. Aparece entonces un fenómeno que podría-
mos llamar "comercialización forzada". El campesino necesita
vender a fin de obtener el dinero para cubrir todas estas obliga-
ciones, a riesgo de perder su tierra. Su reacción a los estímulül"
del mercado es contraria de Jo que supondría la ciencia econó-
mica burguesa: cuando los precios aumentan, vende menos; y
cuando bajan, precisamente tiene que vender más. Los gravá-
menes que tiene que soportar son, en general, rígidos, por lo
cual las cantidades que vende (con frecuencia a expensas de su
propio consumo) y el nivel de los precios son magnitudes inver-
samente proporcionales. En más de un caso el alto nivel de los
precios ocasiona un retorno parcial de estas explotaciones a la
economía natural y viceversa
1
• En la conducta económica del
campesino, el sector natural prevalece sobre el monetario, y los
precios de mercado resultan inadecuados para reconstruir sus
modalidades de cálculo o evaluar los resultados de su actividad
productiva.
Sólo cuando la explotación campesina empiece a reaccionar
positivamente a los estímulos del mercado (mayor venta en
caso de alza de precios y viceversa) Jos métodos de contabilidad
capitalista serán aplicables a este tipo de "empresa". En otros
términos, sólo entonces la explotación se convierte en empresa
propiamente dicha. Esta reacción positiva a los estímulos del
mercado aparece únicamente cuando existen posibilidades opta-
tivas de aprovechar los medios de producción existentes (sobre
todo cuando el trabajo utilizado en la explotación agrícola
puede ser vendido en el mercado en caso de que aquélla resulte
poco rentable, y cuando la tierra llega a representar una inver-
sión de capital como cualquier otra).
Resumiendo: aplicar una contabilidad de tipo capitalista (o
sea aquella que evalúa a precios de mercado los bienes y servi-
1
M. Postan, por ejemplo, ha demostrado en sus conferencias en París,
en 1961, que el campesino en la Edad Media en Inglaterra o bien no reac-
ciona del todo a los estímulos del mereado, o bien reacciona en sentido
inverso: la baja de precios lo inclina u redoblar sus esfuerzos por aumentar
la cantidad de productos ofrecidos en venta.
46 CAPITULO TERCERO
cios no adquiridos ni vendidos) a las relaciones económicas
precapitalistas, equivale a proceder anacrónicamente. Aplicar a
la totalidad de la producción del país los precios de mercado
- a través del cual pasa una ínfima parte de los bienes y ser-
vicios producidos- tiene que conducir forzosamente al absurdo.
Este método es particularmente peli¡,<roso aplicado a la mano de
obra, ya que el mercado del trabajo en el régimen feudal es ex.
de{initione sumamente reducido, en realidad marginal. Como la
parte fundamental de la mano de obra no tiene derecho a ofre-
cerse en el mercado, es natur(ll que el precio de la mano . de
obra libre sea por regla general extraordinariamente alto (aun-
que suele haber excepciones). Ahora bien, si nos servimos de
este precio para evaluar las prestaciones de los campesinos en
favor de la reserva, o el trabajo invertido por éstos en sus pro-
pias parcelas, no debe extrañarnos el que obtengamos resul-
tados exorbitantes al tratar de establecer los respectivos cálcu-
los de costos.
Economía del dominio feu dal
Pese a que los estudios histór icos sobre el agro polaco - tan-
to los antiguos como los reci entes- pueden preciarse de mu-
chos e incuestionables logros, no es empresa fácil proceder a un
análisis siquiera aproximativo de la economía del dominio feu-
dal, y menos aún, de la economía campesina.
Con respecto a la reEerva, esta afirmación puede parecer
paradójica, si se considera la gran cantidad de trabajos mo-
nográficos y, mayor aún, de fuentes publicadas (con los inven-
tarios e instTucciopes en primer lugar) que tenemos a nuestra
disposición.
El problema consiste en que estas fuentes y los trabajos basa-
dos sobre todo en ellas presenLan serios inconvenientes cuando
se trata de investigar este preciso aspecto de la economía, y
especialmente lo más importante de cada economía especiali-
zada: su funcionamiento.
OJNAMICA A CORTO PLAZO 47
Las antiguas investigaciones sobre la historia agraria se apo-
yaban sobre todo en fuentes de tipo normativo, empezando por
la legislación histór ica y terminando en las instrucciones para
los administradores de las grandes propiedades. Rutkowski, cu-
yos estudios marcaron un vira.ie en este terreno, desconfiaba
manifiestamente de este tipo de (u entes. Y tenía mucha razón.
Se negaba a sacar conclusiones acerca de "cómo fue" a partir
de una fuente que decía "cómo debía ser". De ahí que para
Rutkowski el tipo preferido de fuentes fuesen los inven tarios
(inclusive su categoría especia l constituida por las "actas de
inspección"): descripción positiva del estado de cosas en cada
propiedad en un momento dado.
En otro trabajo señalélmos que Rutkowski no advertía en
toda su extensión la presencia de elementos normativos en los
inven tarios
1
. Pero en este momento, no es esto lo que nos in-
teresa. A esta altura, lo decisivo para nosotros es el carácter lla-
mémosle "representativo" de las inf ormaciones que nos pr opor-
ciona el inventario. Si bien en algunos casos es posible reunir
cierto número de inventarios concernientes a una misma aldea
y, por consiguiente, obtener una serie de muestras representa-
tivas, entre multiplicar muestras y captar la dinámica de las
transformaciones hay un largo trec ho .? . Es evidente que la com-
paración de dos muestras nos informa sobre el rumbo de los
cambios; sin embargo, la interpretación causal o funcional de
este rumbo sólo es posibl e en conexión con nuestro conoci-
miento general de la époc.:;l. Y en esto reside todo el peligro del
método. Si comparamos lo · inventarios anteriores al año 1648
con los posteriores al año 1655, veremos en qué dirección fue
evolucionando la situación en el agro. Pero como sabemos por
1
W. Kula, l'rohlcmy i melody histurii guspodarcze] [Problemas y mé·
todos de la hislor ia capilul o Zrúd la du dz iejów gospodm·-
czych Polshi nowuz ylnej 1 Fuentes pa ra la historia económica de Polonia
en la Edad Moderna l.
2 W. Kui<J, Prólogo a J. Rut kows ld i, S ludia z dziejów wsi polsskiej
X\il-XVI11 w., cit ., p. 2t>, dond<' s • sen' " " que t·ambié,; en su síntesis Rut·
kowski demuestra la a capt<Jí· la dinámica mediante una multi·
plicación de
48 CAPITULO TERCERO
otra parte que en el entretanto hubo en Poloni a cruentas y
devastadoras guerras, estableceremos una relación de causa y
efecto entre esos cambios y esas guerras.
La gran ventaja de Jos inventarios, particularmente apreciada
por Rutkowski, reside en su abundancia que permite una elabo-
ración estadística de Jos datos. Pero, como ya hemos dicho,
con todas sus cualidades, el método estadístico no será lo sufi-
cientemente fructuoso si no viene acompañado por análisis indi-
vid uales. De modo análogo, los más fructuosos estudios macro-
analíticos no restarán utilidad a los estudios microanalíticos.
Por eso nos permitimos sugerir que en el próximo período se
aplique un esfuerzo particular a la investigación de las fuentes
ha<>ta ahora menos explotadas, es decir, las cuentas de las reser-
vas. Es cierto que todavía falta mucho para explotar debida-
mente los inventarios, para elaboraf estadísticamente y analizar
a gran su contenido con fines macroeconómicos. Pero
aquí el camino ha sido ya abierto, sobre todo por el propio
Rutkowski, y además por las numerosas publicaciones de fuen-
tes en la posguerra. En cambio, en lo que se refiere a las cuen-
tas de las reservas, la experiencia metodológica es en extremo
pobre
1
• Y es preciso decir que sólo el estudio de series conti-
nuas de cuentas (aunque abarquen períodos no muy largos)
permitirá analizar el funcionamiento de la economía de ia reser-
va. Sólo ellas pueden mostrar efectivamente cómo era adminis-
trada la rese::·va, cuál era su cálculo económico, cómo reaccio-
naba a los cambios de la situación, a las variaciones de las
cosechas y los precios, y qué alternativas elegía. Justamente en
esto consiste la gestión económica.
1
En realidad sólo puede citarse aquí la monografía de J . Majewski,
Gospodarstwo folwarczne we wsiach miasta Poznaniu w latach 1582- 1644
1 La economía de la hacienda en las aldeas pertenecientes a la ciudad de
Poznañ, 151)2-16441, Poznnñ, 1957. Entre las publicaciones anteriores
podrían mencionar5e los trabajos ciLados de R. Zubyk y B. Puczyñski,
aunque ninguno de los dos se preste mayormente a nuestros propósitos.
La obra de l. Rychlikowa, Klucz Wielkopon¿bski Wodzickir-h w drugiej
polowie X \llll w. I.Los dominios de Wielka de los Wodzickich en
la se gunda mitad del siglo XVlli! ha aparecido una vez concluido el pre-
sente estudio. ·
DINAMICA A CORTO PLAZO 49
Por cY.anto las publicaciones existentes no nos ofrecen elabo-
raciones siquiera parciales de largas sucesiones de tales cuentas,
las consideraciones que siguen se apoyan sobre fundamentos
muy frágiles. Es bastante probable que las futuras investi-
gaciones echen por tierra más de una hipótesis nuestra. No
obstante, nos atreveremos a proponer aquí un modelo de eco-
nomía del dominio feudal tal como lo vislumbramos en este
momento, sin intención de crear algo perdurable, sino con la
esperanza de que un modelo más adecuado y mejor fundado
será elaborado mancomunadamente.
La reserva feudal en principio, aplica una economía exten-
siva. Su rendimiento está en función del área cultivada. Cuando
el área de la propiedad era mayor de la que podía ser cultivada
por los siervos, la dimensión del cultivo dependía del número
de brazos, quedando parte de la tierra sin labrar
1
• En el caso
contrario, cuando el número de "almas" superaba a las necesi-
dades de mano de obra (si bien esto ocurría rara vez), apare-
cían tales fenómenos como venta de prestaciones personales a
reservas vecinas o venta libre del trabajo por el propio siervo
que redimía así la prestación, como sucedía en el sur de Polo-
nia
2
. Puesto que la venta de prestaciones personales a reservas
vecinas -además poco frecuente en Polonia- no representaba
sino una transferencia de la mano de obra de una propiedad a
otra, podemos afirmar que en general, con algunas excepciones
de poca importancia (v. gr. el sistema de censos), el número de
brazos disponibles determinaba el volumen de la producción
1
Por ej. Zabko Potopowicz, op. cit. p. 99.
2
Studía z dziejów wsi malopolsfziej w drugiej polowie X1TilJ w. 1 Estu-
dios sobre la historia del campo en Polonia meridional en la segunda mi-
tad del siglo XVIII] , bajo la dirección de C. Bobinska , Varsovia, 1957. Un
cr ítico de esta interesante obra llama la atención sobre el carácter "provi-
sorio, no de finitivo" de los t rabajos que la componen (Roczniki Dziejów
Spolecznych i Gospodarczych, XX!, 1959, p. 241 ). ¿Es esto real mente un
defecto? En la ciencia, como se sabe, no hay trabajos definitivos. Y aque-
llos que se aproximan a esta categoría, o sea aquellos que no envejecen
por mucho tiempo, son la mayoría de las veces trabajos que abordan te-
mas de poca importancia y evitan cuidadosamente toda clase de genera-
lizaciones.
50
CAPITULO TERCER()
agrícola (incluida la ganadería, la explotación forestal, etc.).
Toda una serie de fenómenos: el sistema destinado a prevenir
las fugas de los siervos propios, la admisión y asentamiento de
los siervos ajenos en fuga, el "secuestro" de siervos
1
, la prefe-
rencia concedida a los matrimonios cuando una de las partes
fuese siervo ajeno "transferible" al propio dominio, la admisión
de la servidumbre "voluntaria"
2
, el fomento de la colonización
(los llamados "holandeses"
3
), en resumidas cuentas, toda la
política "demográfica" de la gran propiedad se explica única-
mente por el hecho de que la producción estaba determinada
por el número de siervos y, naturalmente, por la magnitud de
las cargas impuestas.
4
Llamemos "límite fisiológico" a la cantidad de trabajo que
es posible obtener de los campesinos en el régimen de la servi-
dumbre, sin llevarlos a la ruina; está claro que este límite será
inalcanzable debido a la resistencia de los campesinos. Por lo
tanto, debemos introducir aquí otra noci ón: llamérnosla "coefi-
ciente de opresión practicable". El "límite fisiológico" modifi-
cado por el "coeficiente de opresión practicable" nos dará como
resultado el "límite social" que representa las cargas imponibles
al campesino en condiciones institucionales dadas, teniendo en
cuenta el rendimiento del trabajo, la correlación de las
1
N. Assorodobraj, op. cit. pp. 72-73 y ss.
2
W. Dworzaczek, Dobrowolne p odda>ístwo chlopów 1 La servidumbre
voluntaria de los campt!sinosl , V-arsovia, 1952.
J W. Rusinski , Osady tzw. oh¡drów w dawnym wojew<idztwie poznan-
skim !Aldeas de los así llamados "holandeses" en la antigua voivodía de
Poznanl , Cracovia, 1947.
4
En la segunda mitad del siglo XVIII registramos numerosos casos en
que la mano de obra forzada es utili zada en forma francamente ''devasta·
dora". Esto da que pensar. No está descartado que en esa época la sit ua·
ción haya sufrido cierto ca mbio. Pero todavía en J 797 , y esto en los
dominios de Jablonna, cerca de Varsovia , se considera que "sería bueno
fundar nuevas fincas, aprovechar las tierras baldías en las fincas existentes
o asimismo aumentar la superficie de éstas, h abi endo posibilida des y espa·
cio para ello, pero el trabajo obligatorio no alca nzaría para labrar estas
tierras " (lnstrukcje gospodarcze d/Q dóbr sz lacheckic h i mngnacki ch z
XV!J -XIX w.) [Instrucciones económicas para las haciendas de la nobleza
y de los magnates, siglos XVII-XIX¡, l , 1958, p. 158.
Dl N A MICA ¡\ CORTO PLA ZO
51
fuerzas sociales y las posibilidades de sabotaje y de fuga.
En la práctica, según parece, ni siquiera se llegaba a dicho
límite soci al. El ritmo estacional de los trabajos agrícolas hacía
que en los meses de invierno la demanda de mano de obra en
la reserva fuese relativamente reducida. La tendencia al mono-
cultivo cerealista hacía además que la reserva necesitase poco
del trabajo de mujeres y niños. De este modo, junto al "límite
fisiológico" y el "límite social", debemos tornar también en
cuenta un "límite tecnológico". Las instrucciones de las gran-
des propiedades y los tratados agrícolas de la época están llenos
de consejos e indicaciones acerca de cómo elevar el "límite tec-
nológico" para acercarlo al "límite social". La recuperación de
las jornadas invernales de trabajo obligatorio en períodos de
urgentes faenas agrícolas era un procedimiento bastante fre-
cuente, si bien se lo consideraba devastador ya que amenazaba
la propia existencia del campesino, al que no le quedaba tiem-
po para labrar su propia tierra. Se procuraba más bien, hasta
donde era posible, concentrar en invierno los trabajos en la tala
de bosques para aprovisionarse de madera para todo el año, en
el transporte, obras de vialidad, reparaciones, preparación de
materiales para la construcción, etc. Al mismo tiempo, las ma-
nufacturas abrían posibilidades de intensificar el aprovecha-
miento del trabajo de las mujeres y niños campesinos. La
reducción de la superficie de las parcelas campesinas, si no afec-
taba el "límite fisiológico", dejaba a la familia campesina
mayor cantidad de tiempo libre, elevando por consiguiente el
"límite social".
Como quiera que abordemos el problema, es evidente que el
límite máximo de la producción estaba definido por la cantidad
de trabajo que era posible invertir en ella. En la práctica, la
producción podía tender a este límite sólo en los años "norma-
les", es decir en los años de paz y de buena cosecha, lo cual no
era muy "normal" que digamos en la época feudal. Así pues,
las fluctuaciones de la producción global (que suelen ser enor-
mes) constituían generalmente, a covto plazo, el resultado de
factores extra-económicos, tales como ¡,ruerras o calamidades
52 CAPITULO TERCERO
naturales. El fin de la actividad económica consistía justamente
en adaptarse a tales contingencias.
No está descartado, sin embargo, que el límite superior de la
producción agrícola del país fuese determinado no tanto por la
cantidad de trabajo humano, cuanto por la cantidad disponible
de fuerza de tracción animal.
No cabe duda que el problema del ganado era en ciertas
situaciones "el cuello de botella" de la economía feudal. La
cría del ganado a gran escala tropezaba entonces, al menos en
la mayor parte del territorio polaco, con enormes dificultades
técnicas y sociales. Por dificultades "técnicas" entiendo el pro-
blema del forraje, sobre todo, el problema de la alimentación
del ganado durante el invierno. De ahí que cada año de sequía
causara considerables estragos a la ganadería. Las dificultades
sociales eran de diversa índole. Por una parte, las guerras, mor-
tíferas para los seres humanos lo mismo en la época feudal que
hoy, son tanto o más mortíferas para el ganado. Las "guerras"
de los soldados del propio país con el ganado y las aves de co-
rral han sido pintadas de manera muy expresiva en la sátira y la
literatura ocasional
1
• Por otro lado, lo que es más importante,
el sistema que transfería a la granja del siervo la parte esencial
de las funciones de reposición de la capacidad productiva de la
hacienda --me refiero a la alimentación del ganado- creaba las
peores condiciones para el desarrollo de la ganadería. La negli-
gencia con que los campesinos trataban el ganado, del cual se
beneficiaba sobre todo el señor y no ellos, era motivo de cons-
tante preocupación de aquél o de su administrador. En años de
mala cosecha, el campesino se encontraba a veces en la alter-
nativa de alimentarse a sí mismo o al ganado; la opción es fácil
de deducir. El reducido rendimiento del trabajo de los bueyes
hacía necesario mantener un gran número de ellos, lo que agra-
vaba más aún el problema forrajero. Todos estos factores téc-
nicos y sociales determinaron que la cuestión de la tracción
J . Krzyzanowski, Mqdrej g/owie dosé dw ie slowie 1 Al sabio .le bastan
dos palabras), 2 tomos, Varsovia, 1960, passim.
DJNIIMlCA A CORTO PLAZO
53
animal en esa época fuese un serio estorbo en el desarrollo de
la actividad económica.
Con todo, parece que este factor restringía efectivamente la
producción sólo en momentos excepcionales, precisamente a
raíz de alguna calamidad natural o devastación bélica. Tanto
más que para remediar la escasez de ganado siempre se podía
recurrir a los bueyes que eran objeto de un intenso tráfico
internacional, cuya ruta pasaba por el territorio polaco desde
las estepas sudorientales hasta Silesia y más allá. En caso de fal-
tar animales de tracción, una parte de este ganado podía ser
adquirida en tránsito.
Un sistema de economía fundado en la reserva y el trabajo
obligatorio implica un régimen agrario en el cual la explotación
campesina es, en principio, nada más que una parcela de subsis-
tencia 1; nada más, pero tampoco nada menos. La parcela del
campesino debía producir lo indispensable para satisfacer sus
primeras necesidades, además de lo preciso para continuar la
explotación ("Reproducción simple")2. Esto debería conducir a
la nivelación de las condiciones de vida y de trabajo de los
campesinos
3
. Pero en la práctica no fue así, y esto desde épo-
cas anteriores a la organización dominial, debido a que el señor
necesitaba igualmente de mayores granjas campesinas que le
asegurasen la parte esencial de la reproducción simple del po-
tencial productivo de la hacienda, ante todo el mantenimiento
1
Lenin define la explotaciones de los campesinos feudales y semifeu·
dales como un salario en especie, puesto que la función de tales explota·
ciones es proporciona r el producto suficiente para permitir la reproduc·
ción de la capacidad productiva del campesino. V. Lenin, ¿Quiénes son
los amigos del pueblo? en Obras, cit., t. I. p. 195, como también El con·
tenido económico del populismo, p. 490 del mismo tomo. Amílogamente
razona Marx, El capital, edición francesa, París, 1967, t. 1, p. 210, t. I, 3,
p. 11.
2
Por el momento hago abstracción de las prestaciones en metálico
(que si bien no eran grandes, constituyen una cuestión importante), que
subsistían por lo general aun en el régimen más absoluto de prestaciones
personales.
3 Acerca de la influencia niveladora de la servidumbre sobre el campe·
sinado, véase V. Lenin; El desarrollo del capitalismo en Rusia edición
francesa, París, 1966, p. 4 17.
54 CAPITULO TERCERO
de los animales de tracción, su reproduccion, la conservación y
renovación de las herramientas, etc. De ahí el rol fundamental
que desempeñaba en este sistema la división de las explota-
ciones campesinas en "pedestres" y "de yunta", según el tipo
de prestación personal exigida: sin animales o con ellos.
El caso es que en la práctica era sumamente difícil determi-
nar las "dimensiones ideales" de la explotación que hiciesen de
e 1 la exactamente una "parcela de subsistencia y reproduc-
ción"
1
• Tanto más difícil cuanto que la producción agrícola de
la época se caracterizaba por fuertes oscilaciones anuales del
rendimiento del trabajo y de la tierra. Una de dos: o bien,
dado un buen año, la explotación tendría excedentes de pro-
ducción que podría vender en el mercado (con lo cual el señor
no se conformaba fácilmente); o bien, dado un mal ru1o, la pro-
ducción no alcanzaría para mantener al campesino, a su familia
y al ganado, ni tampoco para la siembra. Por consiguiente, en
la práctica debió surgir la tendencia a reducir parcela campesina
en época de buenas cosechas a dimensiones inferiores a las
"ideales", lo cual forzosamente tuvo que repercutir sobre el
proceso de reproducción. Como se verá más adelante, este será
uno de los elementos esenciales de la desintegración de la eco-
nomía feudal.
Así pues, en condiciones ideales, ni la reserva ni la explo-
tación campesina han de realizar la reproducción ampliada
2
. El
producto excedente (producto global menos autoconsumo y
1
K. Marx, El capital , cit., t. lll, 3, p. 171. Gostomski (op. cit. p. 21),
dice al respecto en el s i ~ ! o XVI: " .. . y al aldeano se le ha de proporcionar
tierra tal que en buen año no compre pan el buen labrador". Pero, ¿y en
un año de mala coSE'('h¡, ·;
Asimismo, casi doscient os años más tarde, K. Kluk dice: "Al siervo debe
concedérsele la ti erra necesaria paro que pueda alimentarse suficientemen·
te él, su mujer y ·sus hijos, y tengu de donde sacar para atender las
necesidades indispensables de su casa y ca mpo, o bien tenga dichas cosas
indispe nsabl es en el lugar mis mo, como ser pnsto, lel1a, madera para los
útil es, etc.'' (K. Kluk , op. cit. p. 85). Esto lo dice, a fines del siglo XVIII,
un autor favorable a los campesinos.
2
Lcnin, op cit., p. 58. Aunque, evidentemente, la reproducción am·
pliada no está en contradicción con el feudalismo. K. Marx, El capital, op.
cit. t. 1, 3, p . 39.
DINAMICA A CORTO PLAZO 55
menos lo necesario para renovar la capacidad productiva) debe
parar íntegramente a las manos del señor. Lo facilita además la
división del trabajo en el espacio: la explotación campesina pro-
duce casi todo lo necesario para su propio consumo (en parte
Lambién para mantener la administración mediante tributos en
especie) y asegura casi toda la renovación de la capacidad pro-
ductiva, en cambio las tierras de la hacienda proporcionan casi
excl usivamente el producto excedente
1
• De esta forma , la
proporción entre el área de la reserva y el área de las explota-
ciones campesinas representa al mismo tiempo la proporción
entre el tiempo de trabajo consagrado a la producción para el
autoconsumo y el tiempo destinado a producir excedentes para
la venta
2
, y también entre el autoconsumo junto con la reposi-
ción y el producto excedentes. En esta situación, toda expan-
sión de la hacienda a costa de las tierras campesinas es un me-
dio para aumentar el producto excedente.
La distribución de la tierra entre el señor y la aldea como
base de la distribución del producto entre el autoconsumo y el
excedente (y también de la renta entre el señor y los campe-
sinos), coincide con la distribución del trabajo productivo de
los campesinos entre la reserva y las parcelas. Dado que la téc-
nica de producción es, en principio, idéntica -de carácter
extensivo- la reserva no debería tener motivos para apropiarse
mayor cantidad de trabajo campesino de lo que result e propor-
cionalmente de la distribución de la tierra. Al contrario, debe-
ría atribuirse una cantidad menor, considerando que la cr í a del
ganado se realiza sobre todo en la explotación campesina y
teniendo además en cuenta los tributos campesinos en especie y
en metálico. Pero esto no es sino teoría. Cuando la mano de
obra no cuesta nada, toda utilización suya es provechosa para
la reserva aunque represente un evidente malgasto, al menos
mientras no lleve a los campesinos a la ruina.
1
V. Lenin, op_ cit., p . 190 ; K. Marx, El capital, cit., t. Ill, 3, p. 170 y
sgtes.
2
K. 1\iarx, El capital, cit. , t. Ill. 3, pp. 173-J 74; V. Lenin, El cont eni-
do económico del popul is mo, en O b r a . ~ . cit., p. 535.
56 CAPITULO TERCERO
La utilización de aquel excedente (siempre en las condiciones
clásicas, más adelante veremos cómo se presentaba esta cuestión
en el curso de la decadencia del sistema feudal) se reducía en
realidad al consumo, en parte directo y en parte indirecto,
cuando se lo trocaba en el mercado por otros artículos de con-
sumo.
El consumo directo era notable y revelaba una tendencia
ascendente. Aumentaba también siguiendo la escala entre las
bajas y las altas capas de la nobleza.
El consumo propio del dueño del dominio y de su familia es
aquí lo de menos. Lo importante, en cambio, es que la posi-
ción social del noble en aquella sociedad jerarquizada estaba
determinada por el número de sus clientes a los que era preciso
dar de comer y de beber. Los "gorrones" y los parientes pobres
en la pequeña hacienda
1
, y las grandes cortes señoriales : los
criados, la milicia, la multitud de nobles agasajados en cualquier
ocasión en los palacios y los castillos de los magnates, son fenó-
menos de la misma categoría. Otro elemento, aparte de la clien-
tela, que determinaba la posición del noble en la escala jerár-
quica, era el boato feudal. Ahora bien, este esplendor, inhe-
rente al régimen social, estaba condicionado por el consumo
indirecto del producto excedente, y en la práctica durante el
período clásico, por la cantidad de aquel producto que fuese
posible transportar a una ciudad portuaria y cambiar allí por
artículos de lujo impor tados. Y es aquí donde interviene un
factor de mercado sobre el cual el noble no tenía poder : lo
importante no era ya sólo la cantidad puesta en venta, sino
también los términos de intercambio, o sea la relación entre el
precio de los productos vendidos y el de los artículos com-
prados. Dada la fuerte oscilación del producto global, la del
excedente era aún más intensa. Entonces el noble se esforzaba
1
Fenómeno típico de la anligua hacienda polaca. Mickiewicz, a media-
dos del siglo XfX, se pregunta en la emigración si este fenómeno subsiste
aún en Polonia. Sobre la desaparición de las "cortes feudales" como sínto-
ma típico de los comienzos del capitalismo, cf. K. Marx, El capital, cit., t .
I, 3, p. 158.
lllNAMICA A COlt TO PLAZO
57
por transferir los efectos de esta oscilación al producto destina-
do al autoconsumo.
Ni el volumen del producto excedente acaparado por el se-
ñor, ni mucho menos los términos de intercambio que regían la
comercialización de aquel excedente, influían de modo alguno
en su decisión de emprender o no una reproducción ampliada.
Nada indica que en períodos de crecimiento del producto exce-
dente (por ej. varios años seguidos de buena cosecha en tiem-
pos de paz) el señor se mostrase más dispuesto a invertir. En
tal caso, simplemente lanzaba una mayor cantidad de productos
al mercado, elevando en consecuencia su nivel de vida. Tam-
poco nada parece indicar que el señor invirtiese más en épocas
en que los términos de intercambio resultaban ser más venta-
josos para él.
En determinadas épocas, la situación en este aspecto podía
diferir del esquema presentado. Por ejemplo, tiene que existir
alguna relación entre las inversiones extensivas en el período
de desarrollo de la reserva fundada en la corvea -{siglos
XV-XVI)-, inversiones que se manifiestan en la expansión del
área de cultivo -y ventajosas posibilidades de colocación de
los frutos de la tierra (términos de intercambio). Por otro
lado, a fines del siglo XVII y en la primera mitad del XVIII,
cuando los términos de intercambio son menos favorables, el
afán de la nobleza por conservar el "nivel de lujo" que está
amenazado, se manifiesta al parecer casi exclusivamente en la
lucha por modificar en su favor la distribución de la renta
nacional, lo cual -según señalamos anteriormente- consistía
en caro biar la proporción entre el área de la reserva y la de
las explotaciones campesinas, en detrimento de estas últimas.
Si la reserva "invierte", lo hace en forma no onerosai. Sus
1
Esta orientación de la política económica de la gran propiedad la he
tratado de mostrar con numerosos ej emplos concernientes a las inversiones
en las manufacturas, en mi libro Szkice o manufakturach. .. 1 Ensayos sobre
las manufacturas l. Este fenó,5!1eno se manifiesta prácti camente del mismo
modo, y tal vez en forma más acentuada todavía, en lo que respecta a las
inversiones agrícolas.
58
CAPITULO TERCERO
inversiones requieren ciertas materias primas de producción
propia (con la madera en primer lugar) y sobre todo cierta
cantidad de mano de obra, utilizándose a tal efecto la parte
de las prestaciones personales no aprovechada en las faenas
corrientes, o bien imponiendo nuevas cargas a los campesinos.
La decisión de efectuar tales inversiones no tenían nada que
ver con la situación en el mercado, y aun cuando existía
alguna relación, esta tenía un carácter muy peculiar. No hay
ningún absurdo en que el noble decidiese invertir no porque
hubiesen mejorado las condiciones del mercado (como ocurri-
ría en el capitalismo), sino al contrario, de bid o al empeora-
miento de estas condiciones, ya que al acrecentar la produc-
ción global deseaba compensar las pérdidas para mantener su
nivel de vida y su posición social.
Dos factores determinaban ese nivel de vi da y esa posición:
el volumen de la producción comerciable de la hacienda y las
condiciones de su cambio por otros artículos. Puesto que el
señor feudal no tenía ninguna influencia sobre el segundo
factor
1
, lo único que le quedaba era esforzarse por aumentar
la producción comerciable. Por consiguiente, si es posible
hablar aquí de "estímulos a la inversión originados por el
mercado", éstos -contrariamente a lo que ocurre en el capi-
talismo- no pueden ser sino negativos: el empeoramiento de
los términos de intercambio estimula al productor a resarcirse
de las pérdidas vendiendo más. Como sabemos, en la práctica
se procuraba justamente el incremento del volumen comer-
ciable. Este objetivo constituye, por decir así , la idea rectora
del cálculo económico y de la organización de la hacienda.
Sólo que para ello se recurría -al menos desde fines del siglo
XVI- no tanto a las inversiones, siquiera extensivas, cuanto a
1
Con algunas excepciones. Por ej., los esfuerzos de los propietarios de
las haciendas medianas por llegar con sus productos cürectamente a
Gdansk. Los grandes terrateni entes, en cuanto clase social, tenían además
otra posibilidad de influir sobre este factor, imponiei1do las llamadas tari-
fas de voivodía. Mas con respecto a cada hacienda en ¡Jarticular , se t rata
de un factor externo, una variable independiente, sobre la cual la hacienda
no tiene influencia.
I>LNAMICA A CORTO PLAZO 59
Lransferencias en la distribución del producto social, en detri-
mento del campesino.
Las decisiones de la nobleza en materia de inversión no
dependen, pues, o dependen en ínfimo grado de los fenóme-
nos del mercado, los cuales provocan a lo mucho reacciones
negativas. Parece también que estas decisiones están total-
mente desvinculadas de la fluctuación de la producción global
(por ejemplo, una buena cosecha). Nada indica que la reserva
estuviese más dispuesta a invertir en períodos de buena cose-
cha. Es hasta posible que sucediese lo contrario: un año de
mala cosecha que requería menor cantidad de mano de obra
en las faenas agrícolas, especialmente en la trilla, podía brin-
dar excedentes de mano de obra utilizables en obras de viali-
dad, hidráulicas o de construcción.
Veamos ahora el problema de la elasticidad de las diferentes
partidas, la de las entradas y la de los gastos de la hacienda.
La parte comerciable de la producción de la hacienda es
extraordinariamente fluctuante. Esto aparece clara y sistemáti-
camente en los datos empíricos, y no tiene nada de extraño.
El rendimiento agrícola, como se sabe, registra en esa época
enormes oscilaciones de un año a otro. El consumo interno
de la hacienda es, en cambio, una magnitud constante. Por
cierto, puede suponerse que en un año de buena cosecha la
servidumbre se alimente un poco mejor y al año siguiente
siembre un poco más, pero los datos conocidos sugieren que
esto no tenía ninguna importancia práctica. Sólo en el caso
de una cosecha sobremanera abundante, especialmente si ésta
se repite durante varios años sucesivos, el volumen de los
productos puestos en venta parece aumentar menos de lo que
se podía esperar. ¿Serán intentos de adaptarse a la situaci ón
del mercado, de formar reservas para venderlas el próximo
año a mayor precio? No lo creo. Se trata más bien de la
imposibilidad de colocar cantidades tan grandes en el mercado
local (los datos en que nos apoyamos aquí no proceden de
una región típicamente exportadora de granos) . Con todo, el
problema requiere nuevas investigaciones.
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poooillilda ul .,._.,,.._,_ [o o1 -· r....w w-

,..n, •

62 CAPITULO TERCERO
nera que si descartamos los casos particulares (años de guerra,
por ejemplo), no aparecen aquí reservas algunas de potencial
productivo _que el alza de precios podría activar, mientras que
el crédito -debido al elevadísimo interés- no tiene carácter
productivo. Por consiguiente, para el agro feudal -contraria-
mente al agro capitalista- justamente los años de bajos pre-
cios son años "buenos".
Por último, en el sistema capitalista, en el caso de alza de
precios de los productos agrícolas, actúa también el meca-
nismo de transmisión: el agricultor, al gastar sus acrecentados
ingresos, ocasiona el incremento de los ingresos de otros gru-
pos profesionales, la puesta en marcha de -capacidades latentes
en otros sectores de la producción, etc. En el régimen feudal ,
por supuesto, estos factores no entran en juego: en otros
sectores de la producción tampoco existen reservas, y aunque
existiesen, el aumento de la demanda no las pondría en movi-
miento debido a la política monopolista de los gremios. Pero
sobre todo, como ya hemos señalado, en el caso de alza de pre-
cios el ingreso monetario del campesino no aumenta ni mucho
menos, sino que disminuye arrastrado hacia abajo por un factor
más potente, el volumen de la cosecha, que repercute con redo-
blada fuerza sobre la parte comerciable de la producción.
Viene a propósito recordar que el alza coyuntural de los
precios en la economía capitalista está ligada funcionalmente
sobre todo con el descenso del rendimiento medio del trabajo
(puesta en marcha de establecimientos que no serían rentables
con un bajo nivel de los precios, o sea establecimientos de
menor rendimiento) y la baja del salario real medio (aunque
la clase obrera en su conjunto gane con esto, ya que la baja
del salariQ real se compensa con creces con la reducción del
desempleo). En el régimen feudal, el alza de precios también
involucra disminución del rendimiento del trabajo (no importa
que esto obedezca a causas ektra-económicas, por ej. meteoro-
lógicas), pero dicha disminución no se compensa con nada,
implicando de este modo una disminución real de la renta
nacional per cápita.
DINAMlCA A CORTO PLAZO 63
La renta nacional es el empleo multiplicado por él rendi-
miento del trabajo. El vínculo funcional entre el volumen de
la renta nacional y otros factores -como, por ejemplo, el
volumen de las inversiones en el sistema keynesiano- creo
que debe comprenderse como sigue: que el "otro factor", en
este caso las inversiones, influye sobre uno de los dos fac-
tores que determinan el volumen de la renta nacional, o so-
bre ambos. En el sistema feudal, los fenómenos del mercado
no influyen sobre ninguno de estos factores, de nuevo porque
no existen allí reservas de potencial.
Surge en cambio la cuestión, abierta a la discusión, de
cómo las oscilaciones estacionales y anuales de los precios
repercutían sobre la distribución de la renta entre la hacienda
y la aldea.
En realidad, el vaivén estacional de los precios no refleja la
fluctuación del volumen de la renta nacional, sino el ritmo
.desparejo de la producción Y" el consumo. En este sentido, las
oscilaciones de temporada representan únicamente un meca-
nismo que facilita desplazamientos en la distribución de la
renta producida. Sacan provecho de estas oscilaciones las con-
tadas reservas que destinan su producción al mercado local.
Pierde con ellas por lo general el campesino, aun el que esté
vinculado con el mercado. Gana la burguesía rica, que no
vive de un día para otro y que puede aprovisionarse de pro-
ductos para todo el año durante la baja de precios. Pierde el
trabajador de la ciudad quien vive precisamente de un día
para otro. En general, en las oscilaciones estacionales de los
precios se manifiesta la situación privilegiada de la ciudad con
respecto al campo.
Con todo esto, dichas oscilaciones guardan relación con el
volumen de la renta nacional en un aspecto: simplemente,
son mucho más fuertes en los años de baja del volumen de la
renta y sensiblemente más débiles cuando la renta está en
alza. En este sentido, las oscilaciones estacionales, si se las
considera a lo largo de varios años, representan un mecanismo
que permite atenuar los efectos del decrecimiento de la renta
64 CAPITULO TERCERO
nacional para la capa más acomodada de la población urbana,
transfiriéndolos. en toda su extensión sobre el campesino.
La evolución de los precios a corto plazo (unos pocos
años) se manifiesta en una repetición característica de coinci-
dencias entre la disminución de las cosechas y el alza de
precios (dejemos por ahora de lado el hecho de que la in-
fluencia del comercio internacional amortigua en parte esta
dependencia). Como ya hemos dicho, parece que el volumen
de la cosecha influye mucho más intensamente que el nivel
de los precios sobre las ganancias de la hacienda. Si es así,
con tanta mayor razón se referirá esto a la explotación cam-
pesina, siquiera en atención a que sus contactos con el mer··
cado tienen una importancia incomparablemente menor.
La cuestión merece un examen más detenido, puesto que,
como sabemos, un contacto con el mercado --incluso si es
insignificante en cifras absolutas o relativas- puede conver-
tirse en ciertas condiciones en factor determinante por su
importancia marginaL En el caso de alza de precios (mala
cosecha) el campesino corriente, o sea el que tiene limitado
contacto con el mercado, puede permitirse reducir, aunque en
ínfima medida, la cantidad de dinero que obtiene del mer-
cado, ya que lo necesita sólo para pagar el tributo y para
una que otra compra indispensable. La suma necesaria para
pagar el tributo la logrará sacrificando una cantidad menor de
productos que en un año de buena cosecha. Pero como la
fluctuación de las cosechas es más acentuada que la de los
precios, teniendo además en cuenta el bajo nivel de vida (a
escala absoluta) del campesino y de ahí el gran valor marginal
de cada arroba de trigo en caso de mermar la cosecha global,
el sacrificio de esa cantidad menor en un mal año puede ser
- y por lo general lo es- más penoso que el sacrificio de una
cantidad mayor en un buen año. Y si este campesino, una
vez pagado el tributo, debe hacer algunas compras indispen-
sables en el mercado (sal, una hoz, etc.), siendo imposible
postergarlas para un año de mejor cosecha, su situación será
peor que en el caso del tributo. Porque el tributo es una
DINAMICA A CORTO PLAZO 65
magnitud nominal fija, en cambio los precios de los artículos
adquiridos en la ciudad asimismo aumentan en caso de cares-
tía general (aunque, claro está, no tan rápido como los pre-
ci()s de los artículos alimenticios).
El campesino tanto menos puede sacar ventaja del alza de
precios de sus productos en un año de pobre cosecha, cuanto
que esta alza llega al punto culminante en la temporada
siguiente. Mientras tanto, el campesino no puede, por lo gene-
ral, esperar ese momento y debe vender los productos de su
mermada cosecha cuando la baja de la producción, regional o
nacional, apenas empieza a repercutir sobre el precio.
Ahora bien, los pocos datos empíricos de que disponemos
y el análisis lógico indican que la fluctuación del producto
global era más intensa que la de los precios, fenómeno natu-
ral en atención a que la baja de la producción afectaba a
muchos productores diseminados que ofrecían sus productos a
pocos consumidores bien organizados. Si esto es cierto, pode-
mos dar por descontado que la fluctuación del producto co-
mercializado era aún más intensa. También en este caso, el
mecanismo funcionaría en favor del consumidor urbano, a
expensas del campesino.
Las tendencias operantes en la economía marcan, en conse-
cuencia, los siguientes rumbos para la actividad de la reserva:
1) esfuerzo por aumentar la población adscripta a la gleba.
Este factor podemos pasarlo por alto, ya que a escala
macroeconómica no desempeña n i ~ t g ú n papel: las migra-
ciones se compensan tanto en el orden interno (las fugas
de los siervos perjudican a unas haciendas, beneficiando a
otras) como en el orden internacional, donde la imigra-
ción compensa las fugas de los campesinos a otros países;
2) incremento cuantitativo de la parte de la producción aca-
parada por el señor, lo cual puede lograrse mediante
a) carnbws en la distribución de tierras;
b) acrecentamiento de las prestaciones personales
(posible y a la vez necesario en atención a la transfe-
rencia de tierras campesinas a la hacienda);
66
CAPITULO TERCERO
3) monocultivo de trigo y centeno;
4) transferencia de las relaciones mercantiles del mercado in-
terno al externo.
Queda por dilucidar la cuestión de los límites de la esfera de
opción económica del propietario de la hacienda. Como vere-
mos, esta esfera era relativamente reducida.
En esta figura, que representa la superficie de las tierras de la
reserva, los tres sectores iguales AOB, BOC y COA correspon-
den a los tres campos del sistema de rotación trienal: barbecho,
sembrado de primavera y sembrado de otoño, respectivamente.
En el sembrado de primavera, el área BOa está destinada a la
avena, aOb al centeno, büc al trigo y cOc a la cebada. En el
sembrado de otoño COX indica el área del centeno, y XOA, la
del trigo.
En lo que respecta al campo AOB ·(barbecho) queda descar-
tada cualquier decisión económica. La superficie del sector
BOa, sembrando de avena, también está determinada de ante-
mano: la avena, cereal no comerciable
1
, se cultiva sólo en función
1
El hecho de que la avena sea un cereal prácticamente sustraído a la
comercialización se ve confirmado a cada paso cuando analizamos la
economía de la hacienda feudal. A modo de ejemplo podemos citar aquí
los datos concernientes a una hacienda de los dominios de los Lancko·
~ ~ - - - - ~ - - - - - - -
OINAMICA A CORTO PLAZO
D. • "'
01
de las necesidades de alimentación del ganado y del consumo
de los trabajadores. Ante el administrador se plantea aquí úni-
camente el problema técnico (por otro lado, nada fácil en una
época de gran fluctuación de las cosechas) de q•;e la produc-
ción no sea inferior ni superior a la demanda interna de la ha-
cienda.
La superficie de los sectores aOb y bOc, destinados a las
siembras primaverales de centeno y de trigo, está determinada
por la necesidad de grano de sembradío para los campos sem-
brados en otoño y, especialmente en lo que concierne al cen-
teno, por el consumo interno.
En resumidas cuentas, toda la superficie hasta ahora analiza-
da, o sea dos de los tres campos en rotación, no ofrece posibi-
lidad alguna de opción económica. Sus dimensiones están deter-
minadas por necesidades de reproducción en el sentido lato del
término, o sea, incluyendo el consumo del señor y del personal
de la hacienda.
Del sector cOa (todo el campo de siembra otoñal más el
sembrado primaveral de cebada), la parte AOX (trigal) produce
para el mercado exterior, y la parte XOc, para el mercado inte-
rior: la cebada en forma de farro y cerveza, el centeno en for-
ma de harina y aguardiente (pa.ra simplificar pasamos por alto
la exportación de centeno y la venta de trigo en el mercado in-
terno). La superficie total del sector AOc también está prede-
terminada: es el "resto" que queda una vez satisfechas las nece-
~
roñski en Wodzislaw, cerca de' Kielce, (LV. Sozin, "K voprosu o tovar-
nosti pomescié ego chozjajstva ju:lnoj casti Poll'sy V 70-90 gg. XVIII v,"
en Ucenye Zapiski Jnstituta Slaujanouedenija, XX, 1960, p. 112·158 ). Por
otra parte, no cabe sino atribuir a la malicia de las fuentes el hecho de
que sobre el cereal menos comercializado estemos relativamente mejor
informados. Pero no es extraño. Las municipalidades, de cuyos registros
los investigadores de Lwów han extraído datos relativamente homogéneos
sobre los precios, mantenían caballerizas y tenían por lo tanto que
comprar avena. A una ironía similar del destino cabe atribuir la falta de
datos sobre los precios del trigo en Gdansk. En esto tampoco hay nada
extraño. En los hospitales de Gdansk, cuyos libros de cuentas han sido la
fuente más abundante de datos, a los pacientes no se les alimentaba con
trigo.
68 CAPITULO TERCERO
sidades que emanan de los imperativos técnicos'. Lo que co-
rresponde propiamente a la decisión económica es la ubicación
del radio OX que indica la orientación general de la produc-
ción: al destinarse una mayor parte de ésta al mercado interno,
el punto X se desplazará en la circunferencia hacia A, y al favo-
recerse la producción exportable, X se desplazará hacia C.
Puesto que la superficie destinada a 1a producción comerciali-
zada (cOa) está determinada, y puesto que la producción es
proporcional a la superficie, en consecuencia también está de-
terminado el volumen del producto comercializado. Pero como,
por otra parte, el vendedor (por ejemplo, el señor) no puede in-
fluir sobre las condiciones de venta, ni tampoco sobre las de
compra de los artículos que le son indispensables, el campo pa-
ra la decisión económica resulta en extremo limitado. El pro-
pietario de la hacienda, a pesar de las apariencias, decide en
ínfimo grado sobre la cantidad puesta en venta, sobre el precio
de venta o el precio de aquello que necesita comprar.
En esta situación, al propietario no le queda sino una posi-
bilidad de procurar el aumento de sus ingresos en valor real:
poner en acción el potencial latente de producción de ·sus
tierras, ampliar la gama de artículos producidos, desarrollar la
transformación de los mismos, etc. Cuanto más variado sea el
surtido de los artículos producidos en su propia hacienda,
tanto mejor podrá utilizar la suma obtenida por el producto
comercializado cuyas dimensiones escapan a su decisión; cuan-
to mejor cubra su demanda de artículos industriales con lo
manufacturado por sus propios siervos, tanto mayor será la
parte de sus ingresos monetarios que podrá destinar a la com-
pra de artículos de lujo_ Tal es justamente el proceso que
observamos en Polonia desde el siglo XVl hasta fines del
XVIII.
La segunda opción del señor consiste en extender las tie-
rras bajo su dominio directo a expensas de las parcelas cam-
1
O. Lange, EkonomÚJ po/ityczna, t. I, "Zagadnienia ogólne", Varsovia
1959, pp. 58-63. Existe una versión en castellano de esta obra: E con o m (a
política, México, 1962.
DINAMICA A CORTO Pr.AZO
69
pesinas y aumentar de esta manera la producción comercia-
lizada (proceso que se registra durante toda esta época, pero
que es característico sobre todo del siglo XVII).
De cualquier manera, el costo de ambas operaciones lo
pagaba el campesino: en el primer caso, mediante mayores
prestaciones, y en el segundo, mediante el cercenamiento de
su explotación.
Se podría afirmar, en abstracto, que el señor disponía ade-
más otras posibilidades de elección. Podía, por ejemplo, elegir
entre el sistema de trabajo obligatorio y el censo en metálico.
¿Mas existía efectivamente esta alternativa? En los siglos XVI
y XVII prácticamente no se registran tales decisiones. ¿Por
qué? Personalmente, desconfío mucho de las explicaciones da-
das en tales casos que buscan las causas del fenómeno en los
factores subjetivos ("falta de racionalidad en la economía tradi-
cional de la nobleza" etc.
1
). Si entre todos los nobles no se en-
cuentra ninguno que intente una solución más audaz, y aun
cuando se encuentren algunos, su ejemplo no cunde, estoy más
bien dispuesto a percibir en ello una limitación de las opciones
propia del sistema económico imperante. Por otra parte, si en
el siglo XVIII la adopción del sistema censual se vuelve más fre-
cuente, sabemos también con qué dificultades tropieza y cuán a
menudo es efímera. El paso de las prestaciones en trabajo a las
prestaciones en metálico no dependía del albedrío del señor.
Para que la opción existiese realmente, el sistema económico
imperante en el país debía cumplir umi serie de condiciones
enumeradas ya por Marx: "un desarrollo apreciable del comer-
cio, de la industria urbana, de la producción mercantil en gene-
ral y, por consiguiente, de la circulación monetaria ... esto su-
pone además que los productos tengan un precio de mercado y
que se vendan más o menos de acuerdo con su valor"
2
• Faltan-
1
En este esp í ri t u procura interpretar el probiema M. Confino: "La
comptabili té d es domai nes pr ivés e n R ussi e dans la séco nde mo itié du
X VIne siécl e d ' ápres les ' T1·avaux de la Sociét é li bre d 'économi e' de St.
Pét ersb ourg ". Reuue d 'histoire modem e el conl emporaine, VIII, 1961,
pp. 5·34.
2 K. Marx, El capital, cit., t . 1, 1, p. 145 y t. III, 3, pp. 177-178.
70 CAPITULO TERCERO
do estas condiciones, una reforma tendiente a la ren-
ta monetaria está condenada al fracaso. Los casos, tantas veces
mencionados por las fuentes, de bienes raíces que resulta impo-
sible vender o arrendar por hallarse bajo el régimen censual, son
harto significativos. El balance de las variantes económicas, el
cálculo de cuál de las alternativas es más rentable: el trabajo
obligatorio o el censo, se vuelven corrientes y normales apenas
en la primera mitad del siglo XIX. Cuando cambia el sistema
económico, aparecen los correspondientes criterios y modos de
razonamiento
1

La explotación campesina en el régimen
de prestaciones personales
La explotación campesina típica 2 en un sistema de reservas
1
Se discutió y sigue discutiéndose si cabe plantear la cuestión misma
del "alcance de la libertad de opción", sobre todo en las investigaciones
históricas. Sin embargo, resulta casi imposible cultivar la historia econó-
mica sin plantear semejante cuestión ( ¡aunque en realidad rara vez sea
planteada! ), puesto que toda actividad económica consiste igualmente, si
no exclusivamente, en realizar actos de elección. A nuestro juicio, la
libertad de opción económica entre diversas variantes es un estado en el
cual las probabilidades de que sea elegida la variante A, B o C no son de
100:0:0 o de 98:1:1, sino q).le tienden más bien a 33:33:33. El "alcance
de la libertad de opción" es justamente el grado en que las probabilidades
de opción por cada variante se alejan de 100 por una parte, y de O, por
otra. En el caso en que la probabilidad es igual a 100, se trata de una
necesidad absoluta, y en el caso en que es igual a O, de la imposibilidad
de optar por dada variante. En las investigaciones históricas, la respuesta
es proporcionada por la estadística (siempre que se disponga de fuentes
satisfactorias). La estadística nos indica el porcentaje de Jos casos en que
se hace efectiva dicha opción. Unicamente en la esfera de su albedrío, de
su libertad de elección, el hombre está sujeto a la acción de la ley de los
grandes números. Véase al respecto W. Kula, Problemy i metody historii
gospodarczej, op. cit., capítulo Statystyka historiyczna [Estadística histó-
rica], como también C. Morazé, "Trois essais sur l'histoire et la culture",
Cahiers des Annales, París, 1948, cap. II. Según M. Pastan, en Inglaterra,
ya en el siglo XIII el gran terrateniente hac ía cálculos para saber si era
más rentable organizar la producción de la hacienda por su propia cuenta
o distribuirla, en arriendo, entre los campesinos.
2
Para eomprender la economía de la explotación campesina precapita-
lista me han ayudado mucho los siguientes trabajos de A. Chayanov: Die
DINAMICA A CORTO PL-AZO 71
fundada en la prestación personal ( corvea), es -como ya hemos
señalado- una parcela destinada al autoconsumo y la "repro-
ducción". Las notables diferencias en las dimensiones de estas
parcelas obedecen sobre todo a la disti"ibución desigual de las
funciones reproductivas. Esta afirmación la corroboran, al me-
nos parcialmente, los casos notorios de campesinos que se nega-
ban a aceptar explotaciones de mayor superficie. La suma de
las cargas que pesaban sobre tales explotaciones (la magnitud
de las prestaciones y la cantidad de ganado que el campesino
debía mantener) era tan grande que semejante explotación no
garantizaba a su dueño un mejor nivel de vida, menos aún posi-
bilidades de enriquecerse
1
• Además, cualquier signo aparente de
·enriquecimiento representaba un peligro, ya que podía provocar
la imposición de mayores cargas por parte del señor.
Considerando la notable oscilación del rendimiento del traba·
jo de un año a otro, una de las características esenciales de la
parcela del campesino debía ser la de que un año rendía un ex-
cedente y otro año daba un déficit. En caso de haber exceden-
tes, todo impelía al campesino a consumirlos, y en el caso de
insuficiencia, a reclamar ayuda del señor.
La significación concreta de esta fluctuación merece un exa-
men más detenido.
En un buen año, de abundante cosecha, el campesino debía
destinar la misma cantidad de productos de siempre para las
prestaciones en especie en favor del señor, una cantidad algo
mayor para satisfacer las prestaciones en metálico (puesto que

Lehre vun der biiuerlichen Wirtschaft, Berlin, 1923; y "Zur Frage einer
Theoríe der nich tka pitalistischen Wirtschaftssysteme", Archiv für Sozial·
und Politik. 1924. Band 51. Heft 3.
1 Ac•:rca del hec ho de qu e bajo el régimen de la servidumbre lo que
influye sobre el nivel de vida del campesino no es tanto la extensión de su
parcela, sino sobre todo la cantidad de cargas que pesan sobre él, cf. V.
Lenin, 1•: 1 contenido económico del populismo, en Obras. cit. , t. 1, p. 499.
Act>rca de que las grandes explotaci ones superan a las pequeñas sólo en el
sistema de la economía de mercado, ibid. p. 467. Respecto al hecho de
que en la investigación de la estructura del agro feudal o semifeudal, es
más importante el criterio económico que el jurídico, cf. V. Lenin,
;,Quiénes son los "amigos del pueblo"? en Obras, ci t. , t. l,pp. 236 y 294.
72 CAPITULO TERCERO
al mismo tiempo bajaban los precios en el mercado urbano, ha-
bía que destinar una mayor cantidad de productos para 'obtener
la misma cantidad de dinero necesario para pagar el tributo y el
impuesto), una cantidad proporcional al incremento de la pro-
ducción para el diezmo pagado a la Iglesia, y finalmente una
cantidad seguramente también algo mayor para la "reproduc-
ción" (sembradura más tupida, mejor alimentación del ganado,
incremento de la crÍ..l de aves, etc.). Todo el resto del exceden-
te se destinaba con toda seguridad al consumo personal, en
menor parte al consumo directo, y en mayor parte al intercam-
bio en el mercado por otros artículos de consumo. Esta última
partida era sin duda la más elástica, como lo prueba, entre
otras cosas, la violenta fluctuación de los precios de los produc-
tos agropecuarios en los mercados urbanos acorde con el nivel
de las cosechas.
Estos fenómenos pueden presentarse gráficamente como si-
gue:
producto consumido 11
diezmo
prestaci ones en metálico
. prestaciones en especie
gastos productivos
(siembra, piensos
etc.)
Año N
prod. bru.t. =-e 1 OC
'
'
1
¡
'
' ¡o
producto neto
AñoN+l
prod. brut. = 130
en unida des convencionales
la parte no rayada representa el producto neto
DINAMICA A CORTO PLAZO
73
En el caso hipotético de un aumento de la producción en el
30% (en volumen), registrado en un año de buena cosecha res-
pecto al año anterior, se producen los siguientes cambios:
a) los gastos productivos en principio no varían;
b) las prestaciones en especie en principio no varían;
e) las prestaciones en numerario, invariables en su valor no-
minal, debido a la baja de precios que acompaña a la buena co-
secha, obligan a vender una mayor cantidad de productos (su-
pongamos un 20% más);
d) el diezmo crece proporcionalmente al aumento de la pro-
ducción total (o sea, en el 30'/o).
Por consiguiente, en el ejemplo escogido, el aumento de la
producción bruta en el 30% implica:
un aumento de la producción neta en un 40%,
un aumento del producto consumido en un 55,5%.
Como, por otro lado, la parte del producto consumido que
el campesino lleva al mercado es la más elástica, podemos con-
cluir que ésta aumenta en más del 55,5%.
Naturalmente, estudios posteriores de verificación podrán con-
cretar muchas de las magnitudes presentadas aquí a título de
hipótesis. En este caso perseguíamos dos fines:
a) mostrar la or-ientacion de los cambios en función del nivel
de la cosecha,
b) proponer un método de análisis de los resultados de la ac-
tividad económica de una explotación desligada, en principio,
del mercado (método que podríamos llamar "vectorial").
~
En los años de mala cosecha, forzosamente debía aparecer la
tendencia de cargar el peso de las pérdidas sobre el señor. El
campesino disponía a tal efecto de enormes posibilidades, te-
niendo en sus manos los elementos esenciales de la renovación
del potencial productivo de la hacienda, y siendo, en cierto sen-
tido, él mismo uno de esos elementos. Así pues, en épocas de
mala cosecha, el campesino podía mantener su nivel de consu-
mo a expensas de la alimentación del ganado, en cuyo mante-
74 CAPITULO TERCERO
nimiento la reserva estaba más interesada que él. En ,tal situa-
ción, el señor tenía que echar mano de sus reservas para ayudar
a mantener el ganado, y en caso de que éste sucumbiese, tenía
que reponerlo si no quería que sus tierras quedasen incultas. El
campesino podía incluso comer el trigo previsto para la siembra
en su parcela. Si al año siguiente no tuviese con qué sembrar su
campo, el señor tampoco podría permanecer indiferente, ya
que esto afectaría las posibilidades mismas de producción de
dominio, amenazándole la "degradación".
Las prestaciones personales representaban una mano de obra
gratuita para la reserva en la medida en que el campesino estu-
viese en condiciones de trabajar. Cuestión tanto más importante
cuanto que se trataba no sólo de la condición física del campe-
sino, sino también de sus útiles de trabajo y animales de trac-
ción. Forzar el "límite ideal" de subsistencia del siervo signifi-
caba reducir gradualmente la productividad y elevar el costo de
la mano de obra, por gratuita que fuese. Si el campesino ha de
proporcionar su trabajo, hay que ayudarle en Jos mamen tos di-
fíciles. Y cuando su explotación empequeñece o decae, los mo-
mentos difíciles ocurren más a menudo. Si no se le ayuda, el
campesino perece o se fuga. Una solución a medias consiste en
incorporar a la reserva (definitiva o temporalmente) la tierra
abandonada por el campesino. Pero esto significa caer en un
círculo vicioso: la expansión de la reserva, dada la reducida su-
perficie de las explotaciones campesinas, origina la necesidad de
una frecuente intervención económica del señor, el trabajo obli-
gatorio empieza a costar, y si este fenómeno se repite a menu-
do, la reserva se verá en aprietos cada vez mayores. En conse-
cuencia, una parte de la tierra quedará sin cultivar. Todo esto
explica los filantrópicos intentos de organizar "cajas de ayuda
mutua", tan frecuentes en el campo polaco en el siglo XVIII.
Estas cajas, organizadas por orden del señor, formaban una re-
serva de cereales, a la que contribuían cada año todos los agri-
cultores y que servía como fondo de ayuda a los campesinos
arruinados. Es obvio que se trataba de una tentativa de echar el
peso de la necesaria ayuda sobre los hombros de los propios
DINAMICA A COrtTO PLAZO
75
campesinos. Naturalmente, este tipo de institucion funcionaba,
en el mejor de los casos, mientras se trataba de socorrer a cam-
pesinos aislados, fracasando en cambio en los frecuentes casos
en que toda la aldea precisaba de ayuda (años de mala cosecha,
epizootia). La actitud del campesino que se manifestaba en la
fórmula: "Pertenezco a mi señor, que mi señor me dé de co-
mer" J era, en efecto, más frecuente de lo que podría parecer.
Otra forma de amortiguar los efectos de las oscilaciones de la
producción era, para el campesino, la demora en el pago de las
prestaciones. En un sistema ideal, se trataría de postergar el pa-
go de un año "malo" a un año "mejor", sin que eso afectase a
la larga el ingreso global real del señor. En la práctica, como sa-
bemos, estas deudas se acumulaban, alcanzando dimensiones
exorbitantes.
En principio, como ya hemos dicho, la reserva tendía a
reducir la parcela campesina a dimensiones inferiores al mí-
nimo necesario para la subsistencia. El hecho de que en los
"buenos" años tal explotación disponía de excedentes que ver-
tía en el mercado, inclinaba al señor a cercenarla, o bien a
imponerle mayores cargas. En consecuencia, llegado un "mal"
año, la parcela no le permitía al campesino ni siquiera satis-
facer las necesidades más apremiantes. Tanto es así que en lo
que dura el feudalismo en su forma económica fundada en la
reserva y la prestación personal, los años ''malos" se vuelven
cada vez más frecuentes. Esto ocurre porque basta una ínfima
baja de la cosecha -en relación con el nivel medio- para que
la explotación no pueda cumplir sus funciones de "parcela de
subsistencia y reproducción". En casos extremos, la explota-
ción podía cumplirlas satisfactoriamente sólo en los años
1 Bartlomiej Dziekoñski , Zasady o rolnictwie i handlu . ..
(1790), [Postulados sobre la agricultura, las manufacturas y el comer-
cio ... ]. Este mismo autor, con su estilo tan censura a aquellos
propietarios de haciendas que después de haber situado a sus siervos
debajo del "límite fisiológico", se ven obligados a ayudarles: "No convie·
ne al bien público reducir primero a la pobreza a todos los agricultores
asentados sobre las tierras de uno, y luego socorrerlos con víveres"
(Malerialy do d:ziejów Sejmu Czteroletniego [Fuentes para la historia de la
Dieta Cuatdenalj, I, Wroclaw, 1955, pp. 509 y 511 ).
76
CAPITULO TERCERO
excepcionalmente "buenos", siendo "malos" todos los demás.
De lo dicho anteriormente se desprende que, en el sistema
clásico, la explotación del campesino bajo servidumbre siem-
pre tenía algún contacto con el mercado, si bien muy limi-
tado. El alcance de este contacto estaba determinado por el
monto de las prestaciones y los impuestos en numerario. En
los años "buenos", de abundante cosecha, este contacto au-
mentaba gracias al excedente canjeado en el mercado por los
productos artesanales de la ciudad.
- La parte comercializada de la producción campesina (lo
mismo que de la reserva) debía fluctuar por lo tanto mucho
más intensamente que la producción global, si bien -como
sabemos- las fluctuaciones de esta última eran de por sí
enormes. Naturalmente, esto tenía que producir un estado de
gran intranquilidad en los mercados urbanos:
Sin embargo, la fluctuación del índice de comercialización
difiere fundamentalmente según se trate de la explotación
campesina o de la reserva. En el caso de la reserva, hemos
planteado la tesis de que las enormes variaciones del producto
global coexisten con la tendencia a estabilizar el autocon-
sumo, en virtud de lo cual el volumen comercializado oscila
de modo aún más intenso que la producción global, según lo
revela el siguiente esquema:
producci ó n global neta
parte rayada = part e de
la pro ducción dest inada
a la venta
autoco nsumo
Más adelante comprobaremos la exactitud de este esquema.
En lo que se refiere a la explotación campesina, sobre la
que nuestra información es muchísimo más deficiente, hay
dos cosas seguras: la curva de la producción global tiene que
guardar similitud con la curva correspondiente del esquema de
la reserva (es el papel decisivo del clima), la diferencia
DINAMICA A CO!t'l'<l PLAZO 77
entre el nivel de autoconsumo y la curva de la producción es
incomparablemente menor que en el caso de la reserva, y en
los años de peor cosecha la producción se sitúa por debajo
del nivel habitual de autoconsumo, según el siguiente es-
quema:
Este esquema contiene, sin embargo, una importante ine-
xactitud. Correspondería a la realidad si el campesino no
estuviese subalimentado también en los años
buenos. Como, por otra parte, sabemos que esto ocurría con
frecuencia, concluimos que el autoconsumo no era tan estable
como aparece en el esquema: en los años buenos seguramente
se elevaba un poco, para caer en los años malos hasta el nivel
determinado por la baja de la producción global (en tales
años uno puede abstenerse de vender, al tiempo que no tiene
con qué comprar).
Pero como en el sistema en cuestión no existe la comercia-
lización forzada --dado que las prestaciones en metálico en
favor del señor son reducidas y en un mal año, como sabe-
mos, por lo general ni siquiera se pagan, y dado que las
compras que el campesino efectúa en el mercado conciernen
en su mayoría a artículos no indispensables y por lo tanto
pueden ser aplazadas- no hay en este sistema lugar para la
"oferta de hambre" tan conocida, por ejemplo, en la década
del 20 y del 30 de nuestro siglo en Polonia, cuando aun en
los peores años y en las peores condiciones, el campesino se
veía obligado a vender -quitándoselo de la boca- para no
perder la tierr a, ya que los impuestos se pagaban exclusiva-
mente, y las deudas casi exclusivamente, en metálico. En el
sistema que estamos estudiando, en cambio, aun el campesino
que normalmente vende y compra, puede perfectamente vivir
78
CAPITULO TERCERO
un año o dos sin vender ni comprar nada. Puede, como la
tortuga, recogerse en su caparazón.
Es posible que sea precisamente por esta razón que la repe-
tición periódica de los años desfavorables no originó en Polo-
nia (al menos en grado sensible) cambios irreversibles y acu-
mulativos en la estructura de la aldea, como los que produjo
indudablemente en la Francia del siglo XVIII (según se des-
prende de los trabajos de C. E. Labrousse) y como los pro-
dujo simultáneamente en la estructura de la propiedad nobi-
liaria en la misma Polonia. En Francia, cada año de mala
cosecha originaba cambios irreversibles, afectando a ciertas
categorías de la población campesina (todo dependía de las
dimensiones de la explotación y del tipo de prestaciones),
mientras que otras quedaban a salvo. Tales años, al repetirse
periódicamente, tenían efectos acumulativos, transformando a la
larga la estructura de la aldea. En Polonia, después de un mal año,
la tortuga sacaba cautelosamente la cabeza de su caparazón y
casi todo volvía a la normalidad. Con una importante excep-
ción: un fenómeno irreversible, y por eso parcialmente acu-
mulativo, era la reducción de la superficie media de la explo-
tación campesina y la aparición de terrenos baldíos. No todos
los campesinos que se dispersaban a causa del hambre regre-
saban luego a su aldea. No todas las explotacio:'les cuyos
poseedores habían muerto pasaban a nuevas manos. La reduc-
ción del ganado de tracción en períodos de mala cosecha
impedía a algunos campesinos labrar toda la superficie de· su
parcela.
El contacto del campesino con el mercado urbano era sin
duda constante, aun en tiempos de plena dominación de la
reserva fundada en el trabajo obligatorio, ya que aquél siem-
pre necesitaba algún dinero para hacer frente a las cargas
impuestas por el señor o el Estado. Mas este contacto tenía a
menudo carácter unilateral: el campesino vendía pero no
compraba. Por una parte, esto tenía gran importancia para las
ciudades, condicionando virtualmente su existencia, ya que les
aseguraba el abastecimiento en víveres, pero por otra parte
OINAMICA A CORTO PLAZO
79
no creaba ningún mercado de venta para la artesanía urbana.
El campesino bajo servidumbre aparecía como comprador de
los productos de la ciudad prácticamente sólo en los años
"buenos", y con el correr del tiempo, sólo en los años excep-
cionalmente propicios.
El alcance y la índole de los contactos del campesino bajo
servidumbre con el mercado constituyen un problema muy
interesante y de suma importancia para la síntesis de la his-
toria económica de Polonia, pero al mismo tiempo es un
problema apenas explorado e indudablemente, también uno
de los más difíciles. Con todo, existen ciertas posibilidades de
investigarlo más de cerca.
Surge la pregunta de si el campesino polaco utilizaba el hierro,
el vidrio u otros productos industriales que no se adquieren
sino en el mercado.
Entre los poemas satíricos polacos de la época del Rena-
cimiento, cuántos hay que explotan el tema del campesino en
el mercado de la ciudad. Y cuán difícil es encontrar este
tema en la literatura de la Ilustración. ¿Obedecerá esto tan
sólo a un cambio de la moda poética o reflejará la desactuali-
zación del fenómeno en la vida real? Cuando Tyzenhaus que-
ría difundir el uso de la guadaña en los dominios reales de
Lituania, obligaba a los campesinos a adquirir guadañas (por
lo demás, producidas no en Polonia sino en Estiria), igual
como les había impuesto el consumo de sal, arenques o vod-
ka. Pero esas compras formaban obviamente parte del sistema
de coacción y explotación feudal y así eran tratadas por los
campesinos. La mejor prueba es que reportaban pingües bene-
ficios al tesoro real. Pero los objetos de hierro no eran segu-
ramente cosa rara entre los pertrechos de una casa campesina,
por ejemplo, ·en los alrededores de Cracovia 1. Torzewski, por
1 J. Bieniarzówna, O chlopshie prawa. Szkice z dziejów wsi malopols-
kiej [Por los derechos del campesinado. Ensayos sobre la historia del
campesinado en la Polonia meridional], Cracovia, 1954, pp. 229-262.
Klonowicz ( 1583) se admira de la perfección de las técnicas arcaicas
utilizadas en Ucrania occidental, que permiten a los campesinos fabricar
80 CAPITULO TERCERO
su parte, tratando de persuadir a los nobles acaudalados a
que estableciesen vidrierías, afirmaba que "el vidrio es un
artículo sin el cual no puede pasar el campesino más po-
bre" 1. ¿Y a quién, pues, le vendían su mercancía los trafi-
cantes ambulantes llamados "escoceses", porque con frecuen-
cia lo eran? ¿Acaso sólo a los señores? Con seguridad que
no. Los productos de los alfareros de Ilza encontrados en las
casas campesinas de Krowodrza
2
llegaban de muy lejos. Y la
idea de que el campesino polaco se vestía principalmente con
géneros tejidos por él mismo, parece -al menos respecto de
la mayor parte del territorio nacional- pura leyenda
3

A pesar de lo poco desarrolladas que están las investiga-
ciones en esta materia, se puede arriesgar la hipótesis de que
el contacto del campesino bajo servidumbre con el mercado
estuvo orientado sobre todo al consumo, permitiéndole en los
años de buena cosecha elevar un tanto su nivel de vida. Si el
campesino invierte -pese a todos los obstáculos inherentes al
sistema- lo hace sin recurrir al mercado y sin tener en cuen-
ta el estado actual de sus relaciones con el mercado. Su acti-
tud tiene cierta analogía con la política que sigue en esta
materia la reserva.
¿Quiere decir esto que el campesino no invierte del todo?
¿Que no actúa de modo alguno con miras al incremento de
~
de todo (herramientas, vehículos, etc.) sin recurrir al hierro (S.F. Klo-
nowicz Ziemie Czerwonej Rusi [Las tierras de la Rutenia Roja], trad. W..
Syrokomla, Wilno 1851, pp. 29-32, lo que permite concluir que ya en
aquella época la situación era diferente en las regiones étnicamente pola-
cas. En cambio, en Lituania, Cox (1788) "se admiraba todavía de cuán
reducidas eran las necesidades del campesino lituano: carretas sin hierro,
bridas y tiros de líber o de ramillas trenzadas, una sola hacha para todas
las labores -lo mismo las de carpintero que las de carrocero-, camisa y
pantalón de lino, abrigo de piel de carnero para el invierno, zuecos, casas
que carecían a veces totalmente de muebles, y en el caserío donde
pasaron la última noche antes de volver de Borysów, los viajeros encontra-
ron apenas una cacerola rota en la que cocinaron la cena", T. Korzon,
Wewn{?trzne dzieje . .. , cit. t. II, p. 101.
1 Torzewski, op. cit. p. 7.
2 Bierniarzówna, o p. cit, p. 244.
3
!bid, p. 259.
UINAMICA A COitTO PLAZO
81
la capacidad productiva de su parcela? Tal conclusión sería
Lotalmente errónea. Sólo que las posibilidades de inversión del
campesino no dependen en absoluto ni del volumen de su
producción global , nj de la coyuntura en el mercado, sino de
la mano de obra de que dispone -principalmente de su fami-
lia-, de la magnitud de las prestaciones personales en relación
con dicha mano de obra (estos dos elementos en conjunto
podrían llamarse saldo del balance de la mano de obra de la
explotación campesina) y, en menor grado, de las posibili-
dades locales de aumentar el área bajo cultivo.
Se trata a nuestro juicio de un importante hasta
ahora subestimado. ¿Qué significaban, pues, aquellos periódi-
cos deslindes de tierras campesinas, que habitualmente acaba-
ban por revelar que una parte de los campesinos tenía más
tierras de las que figuraban en el catastro precedente? Por lo
común, vemos en ello un mero acto de agresión por parte del
señor con miras a cercenar las explotaciones campesinas, un
clásico acto de violencia feudal bajo el disfraz de la faL<:a
constatación de que l:is parcelas eran mayores de lo que
"debían ser" según catastros anteriores, o sea que en el lapso
transcunido habían sido ilegalmente acrecentadas. Con seguri-
dad, en más de una ocasión se trataba efectivamente de una
mala jugada del señor. Medios para este propósito no le
faltaban. Uno de ellos consistía en reducir gradualmente la
medida de longitud, y por lo tanto de la superficie. El señor
acortaba la vara que servía de medida, confiado en la ignorancia
del campesino que no se daría cuenta de nada. Pero el campe-
sino oponía resistencia. La aldea se procuraba muchas veces su
propia vara de control, resultando que, con el tiempo, la dife-
rencia entre las dos varas iba en aumento. En esta situación,
cuando el campesino se encontraba a cada paso con un atentado
a sus condiciones de vida, su tradicionalismo -por paradójico
que parezca- era una forma de la lucha de clase' .
1
W. Kula, Problemy i metody hístorii gospodarczej, cit. cap. Metrolo-
gía historyczna [.MetrolfJgÍa histórica].
82 CAPITULO TERCERO
Pero, por otro lado, se puede arriesgar la tesis de que a
menudo ocurría exactamente lo contrario. La constatación del
acrecentamiento del área de las explotaciones campesinas era
muchas veces falsa, pero no pocas veces podía ser cierta. Los
campesinos per fas et per nefas aumentaban las parcelas culti-
vadas por ellos. Por una parte, esto se llevaba a cabo median-
te la incorporación de franjas adyacentes de tierras sin dueño
aparente o tierras de la reserva. Por otra parte, muchas veces
tal acción del campesino producía un aumento de la super-
ficie de tierras útiles en la región, cuando éste procedía al
desmonte de un terreno/ cuando labraba tierras hasta enton-
ces inútiles o campos de pastoreo poco o nada explotados,
etc. Semejante efecto producía el cultivo de tierras sin dueño,
en los casos bastante frecuentes cuando el abandono había
sido total y por largo tiempo.
Ahora bien, en el sistema de economía agraria extensiva, el
incremento de las fuerzas productivas se realiza sobre todo a
través del aumento de la superficie bajo cultivo. En el perí-
odo en que se imponía en Polonia el sistema de la reserva
fundada en la prestación forzada, parece que el motor de esta
expansión era la hacienda misma. Pero a raíz de las devasta-
ciones bélicas a fines del siglo XVII y en la primera mitad
del xvnr, sucede con mucha regularidad que el señor, al no
disponer de ganado ni de instrumentos de trabajo propios, al
no disponer tampoco de recursos financieros o no querer
invertirlos en esta empresa, no está en condiciones de desem-
peñar esta función, transfiriéndola al campesino. Como es
natural, en un régimen de clases las inversiones son costeadas,
en fin de cuentas, siempre por la clase explotada. Sólo que
en aquel período esto se realizaba de un modo muy peculiar,
al que los historiadores no han prestado hasta ahora la debida
atención. El campesino era quien reconstruía la arruinada eco-
nomía agraria del país, supliendo con su trabajo la falta de
1 Acerca de la roturación clandestina de calvas en los bosques por los
campesinos, véase W. Kula, Szkice o manufakturach, cit., pp. 801-804.
lJINAMICA A CORTO PLAZO 83
medios de producción, pero los efectos de ese trabajo los
acaparaba paulatinamente la reserva. Más o menos al ritmo de
cada generación, en el momento de toma de posesión de la
herencia (a veces, naturalmente, el ciclo era más largo, pero a
veces también más breve cuando la reserva estaba en arrien-
do), se procedía al inventario de la aldea. En esa ocas10n se
efectuaba a menudo también una nueva medición de tierras.
La superficie adicional de tierra útil que la última generación
de campesinos había adquirido a fuerza de trabajo, era trans-
ferida a la reserva. Ahora bien, este acrecentamiento de tie-
rras labrantías coincidía por lo general con el aumento del
valor y del potencial productivo de las explotaciones campe-
sinas, representando en el conjunto de la economía nacional
la parte esencial del desarrollo de las fuerzas productivas J.
La manifestación más elocuente de este mecanismo fue el .
método adoptado con frecuencia cuando era menester recons-
truir la aldea o la productividad de la tierra después de una
guerra. Se recurría entonces al sistema censual; luego, una vez
reconstruida la aldea, se volvía al sistema de prestaciones per-
sonales. Rutkowski tenía razón al destacar el papel del tra-
bajo asalariado en la reconstrucción del agro polaco después
de la devastación bélica en el siglo XVII. Queda abierta la
cuestión de hasta qué punto resultó duradero este recurso.
Es curioso que en las fuentes nos encontremos a menudo,
por un lado, con que los campesinos bajo servidumbre acep-
tan a regañadientes explotaciones más extensas, sobre las cua-
les pesan naturalmente mayores cargas, y por otro lado, con
que esos mismos campesinos arriendan de buen grado tierras
señoriales abandonadas, aparte de trabajar las parcelas que les
corresponde. Desde el punto de vista macroeconómico (a
escala de la renta nacional) esto no tiene importancia: la
1 !bid., pp. 312-313. Análoga función económica desempeñaban en los
países de Europa occidental los derechos de herencia pagados al señor,
costumbre mucho menos extendida en Po"lonia. Tambi én en este caso, el
señor acaparaba el aumento del valor de la explotación campesina, produ-
cido con el trabajo de una generación.
84 CAPITULO TERCERO
explotación abandonada por una familia campesina (que se ha
fugado o muerto a raíz de una epidemia) será cultivada por
otra familia. Pero la cuestión es muy interesante desde el
punto de vista del cálculo económico del campesino y no
está descartado que tenga un significado más profundo. Como
ya sabemos, si el campesino arrienda una tierra baldía, lo
hace únicamente a cambio de pagar un censo en metálico,
jamás a cambio de mayores prestaciones personales. Sus posi-
bilidades de prestación en fuerza de trabajo están por lo ge-
neral agotadas por las cargas que debe soportar a título de
poseer la parcela personal. Pero como esta parcela satisface
las necesidades fundamentales de consumo de su familia, la
explotación tomada en arriendo multiplica sus posibilidades
de comercialización, permitiéndole pagar el censo y al mismo
tiempo elevar considerablemente su nivel de vida. La explo-·
tación - ·que se ha duplicado de esta manera- deja de ser una
parcela de subsistencia y reproducción, ya que casi toda la
producción neta de la tierra arrendada puede ser vendida.
Esto explica el interés del campesino por este tipo de tran-
sacción. Está claro que ese interés existía realmente sólo
cuando era posible hacerse cargo de la segunda parcela sin
mayores costos, o sea sin emplear gañanes (o recurriendo a
ellos en ínfima medida), en otras palabras, sólo cuando la
familia campesina disponía de reservas de mano de obra. Es
un indicio más de que en el sistema que estamos estudiando
-en el. cual, como sabemos por otra parte, las familias cam-
pesinas más ricas son las más numerosas- éstas no son nume-
rosas por ser ricas, sino justamente ricas por ser numerosasl.
1 Chayanov trató este tema en lo que atañe a la economía qmpesina
en la Rusia zarista. También Jo sabían perfectamente Jos contemporáneos.
Un autor anónimo ( ¿Pawlikowski?) dice en 1788 que "si los hijos del
campesino llegan por una sorprendente casualida\) a la edad aduita, sólo
entonces éste ve mejorar su situación, puesto que ahora tiene más brazos
para el trabajo. Mas cuando no tiene hijos o cuando éstos mueren, le
espera una vida de hambre y una muerte de hambre". (De los siervos
polacos), Malerialy do dziej ow Sejmu Czteroletniego, cit., p. 25. Este
autor afirma decididamente que el balance de la mano de obra de la
OINAMICA A CORTO PLAZO
85
Lo cual viene a apoyar la tesis de que el número de brazos
es el factor limitativo de la producción.
Y si la explotación campesina pudo por alguna razón ser
algo más que una parcela de subsistencia, si pese a todos los
obstáculos realizó una reproducción ampliada, fue porque este
método reportaba beneficios al señor.
El campesino lucha porfiadamente por que se le brinde la
posibilidad de producir un excedente y venderlo. La reserva
hace lo posible por impedirle el contacto con el mercado
(excepto el estrictamente necesario para que el campesino
pueda pagar las prestaciones en metálico y los impuestos).
Pero es justamente este contacto el que determina en . gran
parte el nivel de vida del campesino (mas no sus posibilidades
de producción).
De este modo, el nivel de vida del campesino depende del
excedente de producción, éste depende de la magnitud de la
producción global, y esta última (dado el carácter extensivo
de la economía) de la superficie de cultivo. El acrecentamien-
to de la superficie de cultivo depende, a su vez, del balance
+--
exp1otaciOn campesina es negativo. "De modo que -dice él- sería mejor
que los señores diesen menos tierra a los campesinos, dejándoles en
cambio más tiempo para labrarla" (p. 25 ). Y más adelante: " ¿Qué clase ·
de hombres eligen los señores para siervos? A aquellos que tienen hijos
adultos pues de otro modo, trabajando entre dos con dos yuntas de
bueyes durante toda la semana, no les quedaría tiempo para trabajar para
ellos mismos ... El que no tiene hijos, debe mantener peones. ¡Y lo que
cuesta un peón! . . . Los hijos le perdonarán la penuria, pero el peón
reclamará lo suyo cuando llegue el tiempo. Y por lo común, muerto el
padre, los hijos, como no quieren empeorar su situación, viven juntos
aunque la tierra es poca, y juntos la trabajan, pues de lo cont rario
empobrecerían ... " (p. 26 ). Otro autor esc!ib€ análogamente en 1790: "El
labriego asentado con sus hijos, todos juntos. . . con tal que ést-:>s sean
numerosos aunque no sean muy fuertes, cul tivará mejor la tierra y
cosechará más que el que esté solo, sin ayuda ni auxilio de otros brazos".
(Nie wszyscy blcpzc¡. Rozmowa Bartka z panem rzecz calq objasni [No
todos yerran. La plática entre Bartek y su señor lo explica todo]. Mate-
rialy . .. cit., p. 351 ). Es justamente por esta razón que las "instrucciones
para las haciendas de Ros (1773) mandan a los capataces asentar por la
fuena en las explotaciones abandonadas a jóvenes juiciosos, separando a
lós hijos de sus pudres o a los hermanos que vivan en un mismo hogar".
Instrukcje . •. I, p. 438.
86 CAPITULO TERCERO
de la ·maho de obra y de las condiciones topográficas (exis-
tencia de tierras incultas, pastizales no explotados, matorrales,
bosques no maderables etc., en los alrededores y sobre todo
en la vecindad misma de las tierras bajo cultivo)
1
• Puesto que
el balance de la mano de obra de la explotación campesina
era al parecer -y pese a todo-- positivo (no porque los tes-
timonios acerca del peso de los trabajos obligatorios fuesen
exagerados, sino porque el campesino tenía en poco su pro-
pio trabajo y el de su familia), el factor "topográfico" era,
en fin de cuentas, decisivo 2. ·
Veamos más de cerca aquel balance de la mano de obra de
la explotación campesina.
Reconstruir este balance, de modo que sea valedero para
una explotación típica, es tarea difícil pero no imposible. Ella
requeriría, por supuesto, un análisis de las diferentes catego-
rías de explotaciones y de su evolución. La tendencia a redu-
cir las dimensiones medias de la explotación influía "positiva-
mente" sobre este balance. En cambio la regla constatada por
Rutkowski, a saber, que cuanto menor era la explotación,
tanto mayores prestaciones personales se le imponía, operaba
"negativamente". En la actualidad, resulta difícil determinar
la resultante de estas tendencias opuestas. Parece, sin embar-
go, que prevalecía la primera, es decir, a medida que dismi-
nuía la superficie de la explotación del campesino, sus nece-
sidades de mano de obra disminuían más rápidamente de lo
que aumentaban sus cargas de trabajo obliga torio. Huelga
decir que esta afirmación es sumamente discutible.
El balance de la mano de obra de la explotación campesina
1 He aquí uno de los muchos ejemplos posibles. En las "instrucciones"
redactadas para el administrador de los bienes de la familia Zamoyski
(1800), leemos : " En cuanto a la medición de las tierras campesinas, ésta
se ha de comenzar por las aldeas donde sea posible hallar más tierras
ganadas a los bosques" (lnMrukcje . .. cit., II, p. 51).
2
Naturalmente, suponiendo que la magnitud de lus prestaciones sea
invariable ---sobre todo en lo que se refiere al trabajo obligatorio-, ya que
a todas luces éstas deciden sobre la posibilidad del campesino de obtener
excedentes. K. Marx, El capital, cit., t. III, 3, p. 173. ·
DINAMICA A CORTO PLAZO 87
es la resultante de la acción de varios factores extra-económi-
cos. La cantidad de trabajo que el señor puede extraer de la
explotación campesina no está determinada únicamente en
función de la cantidad de trabajo que necesita la explotación
misma. La reserva no puede acaparar el excedente íntegro. El
grado en que puede hacerlo depende de la correlación de las
fuerzas sociales y también -hasta cierto punto- de la resis-
tencia que oponga el campesino. Precisamente en razón de
este hecho es posible que las prestaciones personales aumen-
tasen más lentamente de lo que disminuían las parcelas cam-
pesinas.
Pero el análisis del balance de la mano de obra, si se
repara el carácter heterogéneo de los elementos que la com-
ponen y el ritmo estacional de su demanda, debe tener forzo-
samente en cuenta los "factores limitativos". El principal fac-
tor de esta índole era con toda seguridad el problema de la
mano de obra masculina adulta en las temporadas de mayor
acumulación de las faenas agrícolas. No cabe duda que un
balance equilibrado o hasta negativo de dicha mano de obra
en tales temporadas coexistía frecuentemente, en la misma
explotación, con un balance positivo de todas las otras cate-
gorías de mano de obra durante el resto del año.
Pero como el défiéit temporal de la mano de obra mascu-
lina en la explotación campesina afectaba únicamente la pro-
ducción agrícola, particularmente la de cereales (cuya expan-
sión de todos modos tropezaba con enormes dificultades) los
posibles excedentes del balance global podían canalizarse más
hacia la producción hortícola, la cría de porcinos y aves o
bien hacia la manufactura casera, sobre todo de tejidos. De
ahí la enorme importancia del trabajo femenino en la econo-
mía campesina
1

Una última cuestión: ¿cuál será la reacción de la explota-
cion campesina a los altibajos de la cosecha, a corto plazo?
La concepción por la que se rige la reserva se basa en la
1 W. Kula, Sz kice o manu(ahturach . . . cit., p. 714.
88 CAPITULO TERCERO
estabilidad del valor real de las prestaciones, garantizada por
la propia índole de éstas. El valor real de las jornadas de
trabajo obligatorio (cuyo número está determinado) y de las
prestaciones en especie, es fijo por definición. Y si, por el
momento, dejamos a un lado las insignificantes prestaciones
en numerario, dicha concepción implica que el riesgo inhe-
rente a la fluctuación del producto global campesino recae
íntegramente sobre la explotación campesina. Y en esa época,
el riesgo, en el sentido cabal de la palabra, era muy grande.
Por supuesto, una explotación anémica no estaba en condicio-
nes de soportarlo. A medida que disminuía el área media de
la explotación campesina, el riesgo se volvía cada vez mayor
y más grávido de consecuencias. Pero aquí aparece una de las
contradicciones fundamentales del sistema: si el señor no se
decide a compartir el riesgo, siquiera hasta cierto punto, la
explotación campesina se verá arruinada con evidente perjui-
cio para la reserva. Así pues, el señor -quiera o no quiera-
no puad e sustraerse al riesgo.
Las relaciones monetarias del campesino con la reserva es-
tán representadas por las prestaciones en numerario y por el
sistema de "drenaje" de los recursos monetarios del campe-
sino, sobre todo, a través del monopolio de la producción y
la venta de aguardiente que se reservaba el señor. En perío-
dos de mayor producción global, el campesino puede vender
más, pero a menor precio. Todo parece indicar que el mayor ,
volumen de ventas compensa con creces la baja de precios y
que, por consiguiente, le es más fácil pagar dichas prestacio-
nes. La reserva se beneficia también al recibir la misma suma
nominal de mayor poder adquisitivo a causa de la baja de
precios. De suerte que ambas partes salen ganando, lo cual
simplemente refleja el aumento del ingreso nacional global.
En las rclaciones mercantiles entre el campesino y la cju-
dad, la situación está determinada por la poca elasticidad de
los precios de las manufacturas (monopolio de los gremios)
junto a la gran elasticidad de los precios de los productos
agropecuarios. De modo . que las consecuencias de cualquier
OINAMICA A CORTO PLAZO
89
disminución del irtgreso nacional --por ejemplo, un año de
mala cosecha- las debe soportar casi enteramente el campe-
sino. Por cierto, el campesino está en condiciones de contra-
rrestar esta tendencia, aplazando la compra de manufacturas a
la espera de un año mejor, lo que parece ser una regla.
La economía de la corporación artesanal
El cálc.ulo económico del artesano en el reg1men gremial
está ligado a un sistema sumamente imperfecto de competen-
cia -por no decir sistema monopolista- que funciona en un
mercado muy estrecho
1
• En las transacciones del mercado, el
habitante de la ciudad se hallaba organizado frente al campe-
sino que no lo estaba, lo cual representa un mecanismo típi-
co de la explotación del campo por la ciudad
2
.
El gremio, como elemento del sistema social corporativo,
constituye, como se sabe; una organización que vincula de
modo integral a sus miembros, las familias de éstos y los
aspirantes a miembros, en todas sus funciones, actos y necesi-
dades sociales. En una sociedad corporativa sólo se es miem-
bro de la sociedad en calidad de miembro de una corpora-
ción.
El gremio, como organización de productores, orienta su
actividad con miras a garantizarse el "precio de monopolio",
limitando por un lado la producción del correspondiente ar-
tículo, y por otro, aumentando su precio hasta donde sea
posible, para obtener el máximo beneficio global. La ten-
dencia a aumentar el precio estaba limitada por la demanda
efectiva. La supresión de la competencia mediante las orde"
1 G. Mickwitz, Kartcllfunktionen der Zün{te und ihrc Bedeutung bei
der Entstehung der Zünfte, ·Helsinki, 1936; V. Lenin, El desarrollo del
capitalismo en Rusia, Obras cit., t. III, p. 337 y ss., señala "la
prosperidad patriarcal del pequeño productor industrial, fundada en su
c:ondición de monopolista de hecho".
2 K. Marx, El capital, t. III, 3, p. 180.
90 CAPITULO TERCERO
nanzas del caso (que prohibían la publicidad, reglamentaban
los precios de venta y los precios de la materia prima, fijaban
la remuneración de los oficiales y aprendices y, sobre todo, la
cantidad de trabajo que un taller podía utilizar, limitando la
mano de obra auxiliar y el número de días y horas labora-
bles, lo cual -en vista de las técnicas manuales y uniformes
de producción- implicaba imponer un límite de productivi-
dad a cada taller) tenía por objeto garantizar una repartición
igual de los beneficios obtenidos gracias a la posición mono-
polista en el mercado.
Esta concepción se apoyaba en la invariabilidad ideal de los
precios. La práctica, sin embargo, introducía considerables
modificaciones.
Todo el sistema estuvo construido de modo que "la pro-
ducción siguiese siempre el consumo a un paso de distancia",
o sea, de modo que el consumo guardase siempre la delan-
tera. Precisamente esto debía garantizar la debida relación
entre la oferta y la demanda, y asegurar la realización de la
totalidad de la producción
1
• Sólo entonces podía funcionar
cabalmente el "mercado de vendedor", es decir aquel donde
el vendedor goza de una situación privilegiada. Sólo entonces
tenían sentido económico las limitaciones cuantitativas im-
puestas a la producción. Mas el aumento de la demanda efec-
tiva, según parece (y según se desprende de los párrafos pre-
cedentes), coincide con períodos de aumento del ingreso na-
cional, de plena utilización de todos los factores de produc-
ción, con años de paz y de buena cosecha, es decir, con
períodos de bajo nivel general de precios. Naturalmente, la
baja general de precios significa ante todo baja de precios de
los productos agrícolas, pecuarios y forestales (artículos ali-
menticios y materias primas), mientras que los precios de las
manufacturas se mantienen relativamente rígidos. Por lo tan-
1 V. Lenin, Las características del romanticismo económico en Obras,
cit., t. 11, p. 217.
OINAMICA A CORTO PLAZO 91
lo, el período de baja es ventajoso en muchos aspectos para
el artesano, puesto que:
1) bajan los precios de la materia prima;
2) baja el costo de la mano de obra (ya que la remunera-
ción de los oficiales y aprendices se efectuaba principal-
mente en especie);
3) aumenta globalmente la demanda efectiva, permitiendo
aprovechar toda la capacidad productiva del taller;
4) la demanda crece más rápidamente que· la oferta, lo
cual brinda buenas condiciones para el funcionamiento
eficaz del "mercado del vendedor".
Aun cuando - caso nada frecuente- la situación forzaba a
los gremios a bajar sus precios (por ejemplo, debido a la
presión de los compradores: la nobleza, ciertos grupos de la
burguesía), esto ocurría con evidente dilación respecto de la
acción de los cuatro factores enumerados, creando así un
margen de beneficio para los miembros del gremio.
Por el contrario, durante los períodos de baja demanda
global efectiva (coincidentes con los años de menor ingreso
nacional y de alza de precios), no aparece el "mercado del
consumidor". Lo impide el sistema corporativo, siendo ésta
una de sus funciones esenciales. En esta situación, los precios
de las manufacturas tienen forzosamente que aumentar,
puesto que:
1) aumentan los precios de la materia prima;
2) aumenta el costo de la mano de obra (de nuevo debido
a la remuneración en especie);
3) aumentan los gastos de mantenimiento del propio maes-
tro.
Además, todo esto ocurre cuando la propia producción del
taller está decreciendo. Sin embargo, los precios de las manu-
facturas no pueden aumentar mucho a causa de la reducida
demanda. La eficacia del precio de monopolio ha menguado,
¡Jero el sistema corporativo sigue funcionando como sistema
92 CAPITULO TERCERO
de repartición igual de lds beneficios cercenados e incluso de
repartición igual de las eventuales pérdidas.
A corto plazo, la elasticidad del volumen de la producción
gremial es prácticamente nula. Su límite superior está
determinado por el aprovechamiento total de la capacidad
productiva de los talleres existentes. La producción puede
oscilar sólo hasta este límite y, como lo hemos señalado, en
sentido opuesto a la oscilación de los precios.
A largo plazo, había naturalmente mayores posibilidades de
modificar el potencial productivo del gremio considerado
en su conjunto. En la práctica, esto se llevaba a cabo creán-
dose facilidades a los oficiales para que se establecieran por
cuenta propia o, al contrario, multiplicando los obstáculos, lo
que forzosamente debía reducir ·a la larga el número de los
talleres. Se recurría también a medidas intermedias, autorizán-
dose, por ejemplo, a los maestros a aumentar el número de
oficiales y aprendices. No obsta.1te surge la pregunta si la
opción por una u otra línea de acción estaba determinada
exclusiva o siquiera parcialmente por el crecimiento o el de-
crecimiento de la demanda, si, en general, dependía de los
fenómenos del mercado.
Puesto que el régimen gremial clásico descarta los cambios
en las técnicas de producción -y por lo tanto, cambios radi-
cales del rendimiento del trabajo- la producción global del
gremio está determinada por:
1) el número de talleres;
2) la cantidad de la mano de obra auxiliar fijada para
cada taller (o bien por la proporción entre la mano de
obra calificada y la no calificada, es decir, entre los
oficiales y pos aprendices);
3) el grado de utilización de la capacidad productiva del
taller y de la mano de obra.
En resumidas cuentas, el sistema gremial es un sistema ape-
nas sensible a los estímulos del mercado y en extremo inca-
paz de adaptarse a cualquier cambio de la situación.
DIN"AMICA A CORTO PI:.AZO
93
Pero sería imposible estudiar la economía artesanal de la
época sin analizar algunos otros factores que influían sobre la
formación de los precios de las manufacturas y sobre el
cálculo económico del propio artesano.
En el sistema capitalista liberal, el precio es una variable
independiente desde el punto de vista del empresario aislado.
Este debe incluir en su cálculo el precio efectivamente
existente en el mercado, modificado de acuerdo a las previsio-
nes sobre la evolución futura de este precio. Su propia acción
es demasiado débil y la cantidad de producto que lanza al
mercado demasiado pequeña par-a que pueda influir por esta
vía sobre el precio.
En el feudalismo, ia situación es diferente. La competencia
es sumamente imperfecta, sobre todo en el mercado que liga
a la ciudad con la comarca circundante. Las posibilidades que
tienen los distintos sujetos económicos de influir sobre el pre-
cio son considerables y variadas. En tal mercado, el gremio
ocupa una posición de monopolista colectivo, actuando de
manera organizada frente a los proveedotes campesinos no
organizados, lo que le permite hacer bajar el precio de los
artículos que vende mediante la reglamentación correspondien-
te y, sobre todo, limitando la producción. Pero, por otra
parte, en los precios pueden influir también los órganos repre-
sentativos de la nobleza, promulgando tarifas especiales -o
sea, listas de precios tope- en cada voivodía (provincia). Los
historiadores influenciados por la concepción liberal de la
economía, al conferirles valor absoluto a las leyes que carac-
terizan la economía mercantil capitalista, se inclinaban a
subestimar la significación económica de las tarifas y negar su
eficacia. Si esto fuese cierto, la obstinada aplicación de tales
tarifas a través de los siglos indicaría una patente aberración
de determinadas capas sociales que se servían porfiadamente
de un arma tan ineficaz".
El problema de las tarifas requiere un estudio integral. La
lista de productos que abarcan -cambiante en el tiempo- es
por sí harto elocuente. Los estatutos de Warka de 1423 in·
94 CAPITULO TERCERO
tradujeron una reglamentación oficial de los precios a fin de
que la "confabulación" de los burgueses no produjese una
baja artificial de precios de los artículos alimenticios cuyo
proveedor principal era todavía, en aquel entonces, el noble.
En· el siglo XVI, cuando los precios están en plena alza, la
constitución del año 1565 excluye los cereales de la lista de
productos cuyo precio puede ser reglamentado. Como se ve,
la nobleza quiere tarifas para lo que compra y el libre comer-
cio de los artículos vendidos por ellas
1
, por supuesto, sólo
cuando existe una tendencia alcista general
2
• En la Edad Mo-
derna, cuando la tendencia alcista adquiere un carácter casi
permanente -sea a causa de la coyuntura internacional, sea a
causa de la inflación o, por último, a causa de las guerras- la
nobleza manifiesta enorme interés en imponer tarifas a las
bebidas, paños y sedas
3
, mientras en el caso de los cereales
apela a este recurso muy rara vez, sólo cuando se trata de
prevenir una in minen te baja de precios
4
• Y si las tarifas afec-
tan los precios de los artículos alimenticios, se trata sobre
todo de ajustar los precios de los artículos elaborados a los
de la · materia prima que se considera como una especie de
"variable independiente": por ejemplo, el ajuste del precio del
pan o el farro al precio de los cereales
5
• Se trataría, pues, en
cierto modo, de una regulación de la tasa de lucro de los
1 R. Rybarsld, Handel i polityka handlowa Po/ski w XVJ stuleciu [El
comercio y ia política comercial de Polonia en el siglo XVI], T. I, pp.
250-251, Varsovia, 1958.
2 De ahí su mayor interés por las tarifas en los períodos de intlación o
de carest ía debida a las guerras, v. gr. en la primera y la séptima décadas
del s. XVUI, Cf. S. Hoszowski, Ceny we L wow ie w /_ 1701-1 9 14 [Los
precios en Lwów, 1701-1914], Lwów, 1934, p. 112.
3 S. Hoszowski, o p. cit., pp. 112 y 117.
4
Año 1764 o 1772. S. Hoszowski, o p. cit., p. 113.
5 S. Hoszowski, Ceny we Lwowie w X\TI i XVII w. (Los precios en
Lwów en los siglos XVI y XVII), Lwów, 1928, p. 29, y del mismo autor
Ceny w Warsz awie w l. 1 701 -1 9144, p. 111; J. Pele, Ceny w Krakowie w
l. 1369-1600. 1Los precios en Cracovia, 1369-1600], Lwów, 1935, p. 45;
E. Tomaszewski, Ceny w Krakowie w l. 1601-1795 [Los precios en
Cracovia, 1601-1795], Lwów, 1934, pp. 28 y 33; W. Adamczyk Ceny w
Warszawie w XVI i X\TJJ w. [ L o ~ precios en Varsovia, s. XVI y XVII},
D!NAMICA A CORTO PLAZO 95
productores urbanos. De ahí que los mercaderes boicoteen
muchas veces las asambleas municipales convocadas para esta-
blecer las tarifas
1
. Conocemos, por otra parte, tarifas especiales
aplicadas a los artículos importados
2
. En cambio, la opi-
nión burguesa exigía en vano la reglamentación de los precios
del pan y de otros productos alimen ticiosJ .
Muchos historiadores polacos negaron toda eficacia a las
tarifas. "Toda la legislación relativa a la reglamentación de los
precios en el siglo XVI --·dice Rybacki- no tuvo mayor im-
portancia. El comercio, en principio, era libre. Las tarifas pro-
vinciales se aplicaron sólo a algunas mercaderías y no siempre
fueron eficaces"
4
. Tampoco creen en la eficacia de las tarifas,
historiadores como Ulanmvski, Szelagowski, Hoszowski y con
él, todos k>s investigadores- de los precios de Lvov . La posi-
ción más extrema en esta materia es la que ocupa Siegel, a
quien vale la pena citar aquí. Dice, por ejemplo: "Un serio
estorbo para el comercio polaco en los siglos pasados fueron
las tarifas"
5
; "el sistema de tarifas dejaba. . . al consumidor
totalmente a la merced de los especuladores, al tiempo que
exponía al comerciante honesto a severas penalidades, pudién·
dosele hasta privar de su tienda o taller en caso de que se
viera obligado a exceder las tarifas"
6
. Pero esto difícilmente
concuerda con su tesis de que "el ajuste de las tarifas de los
artículos alimentic'ios a los precios de los productos agrope-
cuarios tenia por objeto evitar pérdidas que los comerciantes
~
Lwów, 1938, p. 46; S. Siegel. Ce ny w Warszawie w l. 1701-1815 [Los
precios en Varsovia, 1701-1815], Lwów, 193o, pp. 27-28; R. Rybarski ,
op. cit., p. 256.
1
E. Tomaszewski, o;o. cit. , p. 28; S. Slegel, op. cit., p. 29.
2
W. Adamczyk, Ceny w Lubliníe od XVI do XVIII w. [Los precios en
Lublin, del s. XVI al XVITI), Lwów, 1935, p. 11.
3
A. Szelagowski, Pienir¡dz i przewrót cen w XVI i XVII w. w Polsce
[El dinero y la revolución de los predos en Polonia en los siglos XVI y .
XVII]., Lwów, 1902, p. 211.
4
R. Rybarski , o p. cit. p . 260.
5 S. Siegel, op. cit. p. 277 .
6
Jbid p. 29.
96 CAPITULO TERCERO
habrían podido sufrir a causa de una política poco hábil"
1

Para apreciar la eficacia de las tarifas, Siegel compara los
precios reglamentarios y efectivos de la mantequilla y del
sebo. En su análisis, donde no faltan desaciertos aritméticos
2
,
cada resultado obtenido le parece probar su tesis. Cuando el
precio efectivamente pagado se diferencia mucho del precio
de tarifa, dice: "Qué sentido tenía, pues, establecer precios
obligatorios, cuando nadie quería ni tampoco podía ajustarse
a ellos". Y cuando el precio efectivo apenas si se diferencia
del reglamentario, constata: "La diferencia es apenas de 6%
en favor de los precios de mercado, lo que prueba a las
claras que la imposición de las tarifas en . el siglo XVIII no
respondía a ninguna necesidad real"J. En esta situación no
debe extrañar que Siegel concluya sus consideraciones afir-
mando que "todas las sesiones de las comisiones de tarifas no
representaban sino una pérdida de tiempo"
4
• En todo caso,
no se le puede negar al autor el don de saber exponer clara-
mente su posición.
Pero encontramos también opiniones opuestas. El primer
investigador de las tarifas, F. Bostel, creía hast.a cierto punto
en su eficacia. Erecinski, cl. estudiar el comercio de la ciudad
de Poznan, señala que "las tarifas eran por lo general obser-
vadas"
5
• La única posición razonable, dado el estado actual de las
investigaciones, es la que ocupa Rutkonski, diciendo: "No cabe
duda que los precios fijados por las tarifas eran sobrepasados en
más de una ocasión y que tales infracciones no en todos los
casos se castigaban. Con todo esto, las t a r i f ~ influían hasta
cierto punto en la formación de los precios, siendo uno de los
1
!bid. , p. 34.
2
Los señaló J. Wisniewski en su reseña de las obras de Furtak y Siegel,
Ekonomista, 1937, cua. 1, pp. 92-97.
3 S. Siegel, op. cit ., p. 33.
4
!bid.
S T. Ereciñski, Prawo przemyslowe millsta Poznania w XVIII w. [La
legislación industrial de la ciudad de Poznan en el s. XVIII], Poznañ,
1934, p. 720.
DINAMICA A CORTO PLAZO 97
factores que determinaron en Polonia una variación de los mis-
mos, beneficiosa para los productores agrícolas y desfavorable
para los obreros y los artesanos"
1

No hace falta demostrar que las tarifas eran excedidas, ya
que es un hecho. Pero tal hecho no prueba su ineficacia. La
acción de las tarifas podía manifestarse de dos modos:
l. frenando la tendencia alcista; 2. brindando mejores condi-
ciones de transacción a los compradores cuya posición social
les permitía obligar al v0ndedor a que respetara las tarifas.
Queda por ver si las tarifas provinciales fueron o no causa
parcial (ya que con toda seguridad no la única) del hecho de
que los precios de los artículos de artesanía en la Polonia de
los siglos XVI-XVIII creciesen más lentamente que los precios
de los frutos de la tierra. El problema merece ser investigado.
Otra cuestión que surge aquí, se refiere a los factores deci-
sivos del cálculo económico de la producción artesanal. E .• J.
Hamilton, a lo largo de toda su 0bra, toma en consideración
sólo uno de estos factores, los salarios. Según él, el hecho de
que los precios de las mercaderías aumentaban más rápida.·
mente que los salarios es prueba del incremento de las ganan-
cias. Pero en este razonamiento faltan .algunos elementos fun-
damentales, de los cuales, en este momento, uno nos interesa
particularmente: el costo de la materia prima. Su gravitación
sobre el cálculo variará segÚn el ramo, mas nunca será de
poca monta. En la situación concreta de Polonia en la Edad
Moderna, el productor principal -si bien no el único- de las
materias primas es la reserva, es decir, la nobleza, la misma
que impone las tarifas. Este doble aspecto del asunto no ha
sido estudiado hasta ahora. El hecho de que, por ejemplo, el
precio del trigo tiende a aumentar mucho más que el precio
de la harina de trigo, sugiere una reducción del margen de
ganancia del que transforma la materia prima (pero puede
tratarse asimismo de la decadencia de los molinos indepen-
1 J. Rutkowski, Historia gospodarcza Polski {Historia económica de
Polonia], t. 1, 3ra. ed., Poznañ, 1947, p. 165.
98 CAPITULO TERCERO
dientes determinada por la molienda obligatoria de granos en
las propias reservas). Para avanzar sobre seguro en este terre-
no sería necesario analizar los precios de las materias primas
y de las manufacturas en distintos mercados y en diferentes
espacios de tiempo, teniendo en c ~ e n t a la condición social
del proveedor de cada materia prima (como ya dijimos, gene-
ralmente lo era la hacienda, pero no siempre).
Por último, es preciso señalar que la rigidez de la oferta de
la artesanía va acompañada de una gran elasticidad de la
demanda de los artículos que . ella produce, al menos en la
mayoría de los ramos.
Esta elasticidad se debe, en especial, al elevado grado de
autosuficiencia de las economías domésticas campesinas y en
parte también burguesgs, lo cual limita sus· relaciones con el
mercado por lo general a contactos destinados a satisfacer
necesidades no imperiosas. Si no son imperiosas, quiere decir
que se pueden postergar de un año para otro. Y uno de los
métodos de atesoramiento consiste justamente en postergar las
compras para un momento más propicio.
En conclusión la situación económica del artesano se carac-
teriza por una considerable efasticidad de la demanda y una
elasticidad apenas apreciable de la oferta.
Confrontaciones empíricas
La primera hipótesis que debemos someter a la verificación
es aquélla sobre la tendencia del autoconsumo a la estabilidad, y
su corolario: la fluctuación de la cantidad comercializada es
mucho más acentuada que la fluctuación de las cosechas, por
otra parte, también considerable. Para esta confrontación nos
apoyaremos en los datos sobre la producción y la venta del
trigo en una de las haciendas pertenecientes a la ciudad de
Poznán en los años 1588-1610. Hemos utilizado cuatro méto-
dos de representación gráfica de esta cuestión, cada uno de
DfNAMICA A CORTO PLAZO 99
los cuales corrobora las hipótesis planteadas. Finalmente, lle·
gamos a la ecuación
y=ax-b
donde y representa el volumen comercializado, x la produc-
ción, a tiende hacia uno [en este caso concreto a = 1 ,15], y b
representa al autoconsumo estable.
Esta conclusión no es revelación alguna, pero le atribuimos
una gran importancia. El aut.oconsumo como objeto de inves-
tigación, sobre todo histórica, es sumamente ingrato. ¿Cómo
aprehender aquello que ha sido producido y consumido den-
20
o + - ~ r . - ~ . - r • .-ro.-rro-ro"rr"-r"-r"rr"-r".-r¡-
1583 1590 16oo r6ro 1620
Elasticidad relativa de las cosechas y de las ventas a escala microeconó-
mica (cosecha y venta del trigo en la hacienda de Wilda entre 1583 y
1610). Indice en cadena: cada punto sobre el eje 100 representa el au-
mento con respecto al año prece dente ; análogamente, cada punto debajo
del eje representa la disminución. Se nota que en los ailos de buena
cosec ha, el aumento de la venta es mayor que el de la cosecha, y que en
los años malos la disminución de la venta es más pronunciada que la de la
cosecha.
Fuente: J. Majewski , Gospodatka folwarczna we wsiach miasta Poznania
w l . .1582- 1644 (Economía de la hacienda feudal en las aldeas de la
ciudad de Poznañ entre 1582 y 1644 ), Poznafi , 1957.
100 CAPITULO TERCERO
tro de la misma explotación agrícola, sin pasar por el mer-
cado, sin pasar por manos de diferentes personas, sin ser
objeto de las relaciones interhumanas, salvo, naturalmente, las
relaciones en el seno de la "empresa" misma? Sin embarco, si
existen razones para afirmar que el consumo es cuantitativa-
mente estable a corto plazo, tenemos por consiguiente el dere-
cho de concentrar nuestra atención sobre el análisis de los cam-
bios cuantitativos y los cambios del valor real de la parte co-
mercializada de la producción.
Soo
A
.. •

700

6oo
• •



500


grano

trillado
400
••
300
200
lOO
roo 200 300 400 500 6oo 700 8oo
venta
Trilla y venta del trigo en la hacienda Wilda, 1582-1610 (en cifras absolu-
tas).
Fuente: J. Majewski, Economía de la hacienda feudal..., op. cit., pp.
284-285. (Un punto situado sobre el eje OA significaría que en ese año se
habría vendido toda la cosecha. Si los puntos marcados están distribuidos
mas o menos paralelamente al eje, esto significa que el consumo interno
de la hacienda era relativamente estable).
DINAMICA A CORTO PLAZO
101
5.5 -.-----------:--:---- ----,
- cosechas (grdno trillado)
5
,
0
-- ventas
4,0
2 ,0
1,5
1600
(índices calculados según la ley de los mínimos cuadrados)
Correlación de la trilla y la venta del tri go en la hacienda Wilda,
1582-1600.
Fuente: J. Majewski, Econom{a de la hacienda feudal ... , op. cit.
En la economía feudal aislada del mundo, el nivel general
de los precios está determinado por la variación de los pre-
cios agrícolas, y esta última . (a corto plazo, cuando la deman-
da puede considerarse invariable), por la cosecha. La fluctua-
ción de los precios debería ser, por lo tanto, inversamente
proporcional a la fluctuación de las cosechas. Y puesto que
casi toda la fluctuación del volumen de la producción global
se transmite a la parte comercializada, esto debería traducirse
forzosamente en una fluctuación muy fuerte de los fenóme-
nos del mercado, aun cuando la parte comercializada · de la
producción global sea insignificante, o en realidad, justamente
por esta razón. Ultimamente, las investigaciones históricas so-
bre los precios han permitido establecer tal correlación con
respecto a varios mercados. Sin embargo, en lo que se refiere
a Polonia, los datos disponibles parecen indicar que esta co-
rrelación es mucho menos significante.
102 CAPITULO TERCERO
El problema es de gran importancia y exige un examen
detallado.
En primer lugar, cabe suponer que esta correlación fue en
realidad más estrecha de lo que resulta del material disponi-
ble. La relación efectiva aparece hasta cierto punto obliterada,
por cuanto en dicho material se utiliza el año civil y no el
año agrícola. La cosecha, mala o buena, puede repercutir so-
bre los precios hasta la primavera del año siguiente, así que
la comparación de las cosechas con los precios en el lapso del
año civil puede falsear la correlación. Y dada la fuerte variación
anual de las cosechas, fenómeno típico de la época, tal corre-
lación puede resultar totalmente borrada
1

y
6oo
JOO
400
«S
..,
¡¡¡
300
>
200
IOO

o roo 200 300 400 500 6oo 700 8oo
grano trillado
Correlación de la cosecha y la comercialización a escala microeconómica
(cosechas y ventas del trigo en la haci enda Wilda entre 1583 y 1600 ).
Fuente: J . Majewski, Econom(a de la hacienda feudal ... , op. cit.
1 En base a los volúmenes publicados por la "escuela de Bujak" es
posible calcular aproximadamente los precios por "año de cosecha",
tomando los datos del cuarto, primero, segundo y tercer trimestres de dos
años consecutivos.
DINAMICA A CORTO PJ, AZO 103
Por otra parte, la relación precios-cosechas pudo haber sido
efectivamente más importante de lo que aparece en nuestros
cálculos tentativos, por la sencilla razón de que nos hemos
basado para ello en los precios nominales. En consecuencia,
los resultados pueden estar falseados a causa de la influencia
de las perturbaciones monetarias; un año de buena cosecha
puede coincidir, por ejemplo, con una inesperada alza de pre-
cios debida a fenómenos inflacionistas. Una prueba de que tal
fenómeno era posible es el hecho, relativamente frecuente, del
simultáneo aumento de la exportación de granos a través de
Gdansk (que puede servir grosso modo como índice de las
cosechas en la cuenca del Vístuia) y el alza de precios. En
cambio, la disminución de la exportación rara vez coincide
con la baja de precios. Para superar esta no nos
pareció conveniente recurrir al cálculo de los precios en plata
o en oro, siquiera porque los datos sobre la cotización de la
moneda que aparecen en las publicaciones de la "escuela de

-- preci o del trigo en Poznan
rro - cosechas en una hacienda de los
roo
90
8o
70
Go
JO
40
30
20-
IO
alreoectores de Poznan
;
1
1
,,
, ..
,'
.,.--'
1
1
Cosechas y precio a escala microeconómica (hacienda de Wilda, entre
1584 y 1600, en cifras absolutas).
Fuentes: para las cosechas (cosecha del trigo del año dado dividida por la
cant idad sembrada el año precedente) , J. Majewski, Economía de la ha-
cienda feudal . .. , op. cit. ; para los precios: datos facilitados al autor por
el Prof. S. Hoszowski.
104 CAPITULO TERCERO
Bujak" no inspiran mayor confianza. De todos modos, es
poco probable que tales datos puedan reflejar al momento los
rápidos cambios de las cotizaciones.
No obstante, es incuestionable que la correlación negativa
entré las cosechas y los precios no es ideal y que intervienen
aquí también otros factores aparte de los monetarios. Es in-
cuestionable a pesar de que el punto de apoyo de nuestras
conclusiones sea en extremo defectuoso, ya que junto a un
conocimiento relativamente bueno de la historia de los pre-
cios, apenas si conocemos las fluctuaciones de las cosechas.
3·5 _ primeras diferencias de las cosechas
3,0 __ primeras diferencias de los precios
(índices calculados según la ley de los mínimos cuadrados)
Correlación de las cosechas y los precios a escala microeconómíca (hacien-
da Wilda, entre 1585 y 1600)
Fuentes; las mismas que para el diagrama precedente.
Un punto de apoyo mucho más firme para esta conclusión
estriba en la concordancia, al parecer relativamente grande, de
la evolución de los precios de todos los cereales en todas las
DlNAMICA A CORTO PLAZO
105
ciudades de Polonia. Este fenómeno tampoco ha sido objeto
de estudios especiales, pero los resultados que presentamos a
título de ejemplo en los diagramas insertados aquí, son harto
elocuentes 1 .
Veamos algunas cifras:
Correlación simple PoznaÍl. - Gdansk -0,860
Poznañ - Cracovia -0,699
Gdansk - Cracovia -0,655
Correlación simple con Gdansk - Cracovia -0,820
retraso de un año
Correlación múltiple PoznaÍl., Gdansk y
Cracovia
-0,879
Gdansk, PoznaÍl y
Cracovia
- 0,864
Cracovia, Poznarí y
Gdansk
-0,707
1 El fenómeno, aunque incuestionable, no deja de ser sorprendente. En
Alemania, en la misma época, los precios en las diferentes provincias
fluctúan a veces en distintas direcciones (como lo indican los datos de
M.J. Elsas, Umriss einer Geschichte der Preise und Lohne in Deutschland,
3 vol., Leiden, 1936-1949; me lo confirmó también durante una conver-
sación el Prof. J. Kuczynski). Se impone aquí la hipótesis de que la
uniformización de los precios en los mercados de las grandes ciudades,
que conot.-emos gracias a las publicaciones de Bujak, coexiste con una
diferenciación de los precios (que desconocemos) en los pequeños merca-
dos locales. No obstante, contradicen esta hipótesis los resultados obteni-
dos por Helena Madurowicz Urba6ska en su trabajo Ceny zbóz w
zachodniej Malopolsce w drugiezlowie XVIII/ w. Los precios de los
cereales en la Polonia sudoccidental en la segunda mitad del siglo XVIII],
Varsovia 1963. Por otra parte, es cierto que los precios estudiados po-r la
autora se refieren únicamente a localidades situadas sobre el Vístula y sus
afluentes. De todos modos, el grado de uniformización de los precios
constatado por ella es sorprendente. En la reseña de esta obra me
entretuve en calcular la correlación entre los precios de los cereales en
Andrychów, una pequeña villa de la Polonia meridional, y en Amsterdam.
Obtuve como resultado una correlación inusitadamente elevada. Esta
misma cuesti ón ha sido últimamente señalada por I. Rychlikowa'
"Niektóre zagadnienia metodyczne w badaniach cen i rynku w drugiej
polowie XVIII w. na podstawie rynku pszenicznego w Malopolsce" [Algu-
nos problemas metodológicos de las investigaciones de los precios y del
106
CAPITULO TERCERO
Wisniewski llamó ya la atención sobre la correlación de los
precios en Varsovia y en Gdansk en el siglo XVIII
1
• Sí da-
mos por probada la estrecha relación existente entre los pre-
cios de los cereales en las mayores ciudades de Polonia -no
obstante lo reducido del territorio que abastecía a cada una
de ellas y las notables diferencias del rendimiento agrícola
entre las regiones- se impone la conclusión de que en la
uniformización de los precios debían intervenir otros factores.
Evidentemente, uno de ellos podía ser la influencia de los
precios de exportación, es decir, del volumen de la exporta-
ción y de los fenómenos que acontecían en el mercado mun-
dial2.
+--
mercado en la segunda mitad del siglo xvrn, en base al mercado del trigo
en Polonia meridional), en Kwartalnik llíatorii KuUury Materialnej, XII,
1964, p. 375 y sgtes.
1 J. Wisniewsk.i, op. cit.
2 Decimos "podía ser" y no "era", ya que el asunto no está del todo
claro, especialmente a la luz de las observaciones hechas en la nota . La
tesis sobre la correlación de los precios como prueba de la existencia de
vínculos de mercado ha sido puesta últimamente en tela de juicio por l.
Rychlikowa en su citada obra. La autora recuerda (loe. cit. 382-383) que
sobre los precios actúan factores de diferente índole, enumerando : l. Los
factores que I..'Onforman tendencias evolutivas, como la tendencia a la
inflación, el crecimiento de la población, cambios en la estructura de la
alimentación; 2. Los factores que por su índole no pueden expresarse en
forma de coeficientes estadísticos, factore¡¡ "anormales", como las guerras
y las epidemias; 3. Los factores de fluctuación de los precios a corto
plazo, como la cosecha, la oferta, el poder absm·bente del mercado. Si los
factores del grupo 1 y 2 obran simultáneamente en dos regiones alejadas
una de la otra, podremos obtener una elevada correlación de precios sin
que esto pruebe la existencia de vínculos entre ambos mercados . De este
modo la autora se propone explicar la sorprendente y misteriosa correla-
ción entre el movimiento de los precios en las pequeñas localidades de
Polonia meridional y en los mercados holandeses. Mas ·los factores del
grupo 1 pueden a lo mucho influir en la formación de un "trend"; sin
embargo, la autora los eliminó y la correlación subsiste aun después de
dicha eliminación. En cambio, los factores del grupo 2 no deberían en
absoluto intervenir simultáneamente u operar en el mismo sent ido en los
dos mercados (muchas veces, como lo hemos señalado, operan incluso en
sentidos opuestos). De modo que el misterio sigue sin elucidar. Por otra
parte, indiquemos de paso que en la enumeración de los factores que
influyen también a largo plazo en la formación de los precios, sorprende
la ausencia de dos factores que, a nuestro juicio, son los más importantes:
l. Los cambios en el rendimiento del trabajo, y sobre todo en el rendi-
DINAMICÁ A CORTO PLAZO
107
De esta forma hemos llegado a · un problema muy impor-
tante y muy discutido entre los historiadores polacos.
Más de una vez y con mucho fervor se ha discutido sobre
la función del mercado exterior -o más bien sobre las fun-
ciones correlativas del mercado exterior y el interior- en la
economía polaca de la Edad Moderna, en particular, con mo-
tivo de la discusión en torno al origen del dominio fundado
en la servidumbre. Sin embargo, en lo que respecta a este
problema no se ha encontrado todavía -a nuestro juicio- un
método de investigación apropiado desde el punto de vista
del análisis económico ..
Por un lado, son discutibles los propios índices cuantitati-
vos. Korzon calcula que en los años posteriores al primer
reparto de Polonia (1772) y a la implantación de los dere-
chos de aduana por Prusia, la exportación de cereales desde
Polonia (con un territorio ya reducido) constituía entre 4 y
7,5% de la cosecha globall; Hoszowski, quien considera vero-
símil esta estimación, supone que antes del primer reparto el
porcentaje pudo haber sido el doble, entre 10 y 15% de la
producción 2.
Por otro lado, la influencia de la exportación sobre la vi.da
económica del país opera únicamente a través del mecanismo
del mercado, sobre todo a través de los precios. Pero para
poder formarnos una idea acerca de la posible influencia de
+-
miento relativo del trabajo (los cuales provocan una baja relativa de los
precios de algunos artículos y el alza de precios de otros artículos); 2 Las
transformaciones sociales que originan el aumento de la comercialización
(en Polonia, por ejemplo, aumento del porcentaje de tierras señoriales en
detrimento de las del campesinado, o aumento de las tierras en posesión
de los magnates a costa del pequeño noble).
1
T. Korzon, Wewnetrzne dzieje . .. , cit. t. I, p. 339 y t. II, p. 122.
2
S. Hoszowski, "Handel Gdañ.ska w okresia XV-XVIII w." (El comer·
cio de Gdansk en los siglos del XV al XVIII), Zeszyty Naukowe Wyi szej
Szkaly Ekonomicznejw Krakowie, no 11, Cracovia, 1960, p. 10. Señale-
mos al margen que Hoszowski funda su suposición en el hecho de que las
exportaciones se redujeron a la mitad a raíz de la implantación de los
derechos aduaneros por Prusia. Huelga decir que el fundamento es cues·
tionable.
108 CAPITULO TERCERO
la exportación sobre los precios, deberíamos cotejar las canti-
dades exportadas no con la producción global sino con la
producción comercializada. Pues bien, el volumen de esta úl-
tima es muy difícil de determinar. Los "coeficientes de co-
mercialización" calculados por Rutkowski en base a las "actas
de inspecr.ión" de fines del siglo XVI, parecen demasiado ele-
vadosl. Además, estos coeficientes atañen exclusivamente a la
producción de las reservas. Suponiendo que el índice medio
de comercialización de la producción campesina fuese del
10%
2
y que las explotaciones campesinas producían el 50%
de la producción neta, y aceptando los exagerados coeficien-
tes de Rutkowski para las reservas, obtendremos para el con-
junto de la agricultura polaca de fines del siglo XVI un coefi-
1
Esta suposición se apoya en la sospecha de que las "actas de inspec-
ción" registren un rendimiento por grano (o sea, producto global) inferior
al efectivamente obtenido, exagerando en cambio las cantidades utilizadas
con fines de reproducción (siembra, pienso, Si las actas de inspec-
ción registran un producto bruto = 100, y un consumo de reproducción
= 30, o sea un producto neto = 70, entonces ventas= 50 representan el
71% de la producción neta. Si en cambio la producción bruta efectiva fue
igual a 20, entonces la producción neta equivale a 100 y las mismas
ventas = 50 constituirán apenas el 50% de la producción neta.
2
No estar famas dispuestos a defender este coeficiente ( 10%) de comer-
cialización de la producción campesina. Estamos lejos de poder fundarlo
empíricamente. No nos extraña, por lo tanto, que dicho coeficiente haya
sido atacado últimamente por demasiado bajo, al menos en lo que atañe a
la segunda mitad del siglo XVIII (C. Bobifu;ka, "Zgoda i niezgoda z
ekonomiczym modelem feudalizmu''lAcuerdo y desacuerdo con el mode-
lo económico del feudalismo], Kwartalnih Historycz ny, LXX, 1963, pp.
913-918). No obstante, conservamos este coefíciente sin cambio por dos
razones: l. No se trata aquí del coeficiente de comercialización en gene·
ral , sino del coeficiente de comercialización de la producción cerealera del
campesino, en una época (como lo hemos señalado anteriormente y en lo
cual nuestro polemista está de acuer do) cuando el esfuerzo principal de
comerci alización del campesino se concentraba en las hortali7.as, la cría y
a veces tambi én en los productos artesanales; 2. Aun cuando estuviéramos
de acuerdo con la autora de dicha crítica y supusiéramos que el índice de
comercialización de la producción cerealera del campesino era el doble de
lo que habíamos admitido, elevándose por lo tant o no al 1 O sino al 20%,
lo que deja ya de se verosímil, entonces: a) el índice general de comercia·
lización de la agricult ura polaca habría sufrido un aumento de apenas
unos b) en nada se vería afectada la conclusión sobre el impor·
tante papel de la exportación en la producción comercializada de Polonia.
OINAMICA A CORTO PLAZO 109
ciente de comercialización del orden del 35-40%. Entre el si-
glo XVI y el XVIII, dos tendencias opuestas actuaron sobre
este coeficiente: 1) el aumento de la superficie de las reser-
vas en relación con la superficie tot.al de las tierras de cul-
tivo, hecho que repercutía favorablemente sobre dicho coefi-
ciente. 2) disminución del rendimiento por unidad de super-
ficie, hecho que repercutía negativamente. Suponiendo que
ambas tendencias se anulen recíprocamente, también para la
segunda mitad del siglo XVIII podemos aceptar aquel 35-40%
como coeficiente de comercialización. En tal caso, el 10-15%
que representa, según Hoszowski, la parte de la producción
gl obal neta destinada a la exportación, significaría que las
exportaciones representaban entre 25 y 45% de la producción
comercializada
1
. Huelga decir que éste es un porcentaje enor-
me.
Además, como ya hemos señalado, las grandes fluctuaciones
de la producción global (a corto plazo) eran casi totalmente
transferidas al cupo comercializado, que representaba una
parte reducida de aquélla y cuyo volumen, por lo tanto, va-
riaba más todavía de un año a otro.
Mas si queremos apreciar la influencia de la exportación
sobre los fenómenos del mercado interior, no podemos limita-
rnos a establecer la parte exportada de la producción global o
de la producción comercializada. Incluso una exportación rela-
tivamente reducida puede (aunque no necesariamente) ejercer
·una poderosa influencia sobre los precios internos. Concurren
aquí una serie de factores difíciles de prever en abstracto. Lo
único que queda es estudiar empíricamente esta influencia.
A título de prueba, analicemos la cuestión basándonos en
1 Según Wyczanski , la expor tación representaba a comienzos de la
segunda mitad del siglo XVI alrededor del 1 5% de la producci ón comer-
ciali zada. (A. Wyczanski, intervenci ón en la discusión sobre el informe
de W. Rusinski en VIII Powszechny Zjazd Historykó w Po lsk ich [VIII
Congreso General de Histo riadores Polacos], t . VI : Historia Gosp odarcza
[Historia Econó mica), Varsovia, 1960, p . 157. Para emitir una opinión
valedera acerca de esta tesis, es menester esperar a que el aut or publi-
que la totalidad de _ sus investigaciones.
110 CAPITULO TERCERO
datos del período 1584-1600 (lo hemos elegido ya que es el
único del que poseemos datos continuos sobre las cosechas
1
.
!20
110
TOO
90
So
70
6o
JO
10
- precio del trigo en Poznan
--Precio del centeno en Gdansk
•••• precio de la avena en Cracovia
Precios de los cereales en las grandes ciudades de Polonia, entre 1584 y
1600 (en cifras absolutas).
Fuentes: Poznaií (precio del cwiertnia de trigo), datos facilitados al autor
por el Prof. S. Hoszowski. Gdansk (precio del last de centeno), J. Pele,
Ceny w Gdansku w XVI i XVII w. (Precios en Gdansk en los siglos XVI y
XVII), Lvov, 1937. Cracovia (precio del cwiertnia de avena), J. Pele, Ceny
w Krakowie w l. 1369-1600 (Precios en Cracovia en los años 1369-1600),
Lvov, 1935.
Nota : cwiertnia y last son medidas de áridos, variables según las épocas y
las regiones; aquí equivalen, aproximadamente, a 136 y 3000 litros, res·
pe e t.
Al comparar los .datos sobre las cosechas de trigo en los
alrededores de Pozna:Íl con los precios del trigo en la ciudad
misma
2
, observamos que -tal como esperábamos- aparece la
correlación negativa propia del régimen feudal, pero relativa-
mente débil. ·
Por otra parte, comparamos la fluctuación de los . precios
Hemos obtenido Jos datos sobre las cosechas a partir de los cuadros
de Majewski, dividiendo -para la hacienda de Wilda- la cosecha del trigo
por la cantidad destinada a la siembra en el año anterior. Esto no es
exacto, ya que se producía no sólo trigo de invierno (siembra otoñal),
pero no disponfamos de otro recurso.
2 Estos datos me han sido facilitados gentilmente por el Profesor
Hoszowski, al cual deseo expresar aquí mi más sincero reconocimiento.
DINAMICA A CORTO PLAZO
111
7 ,0
- precio en Poznan
•••• precio en Cracovia
6,;;
--precio en Gdansk
6,o
J,J
;;,o
4.5
4.0
3.5
J,O
...
...
.. ,...._
2,5
~ ..... .¡flt. \ -··
1 .,. •• \ •
- "" 1 ."\ •7
2,0
"f ~ . ,
r ,5
~ - r - - . ~ ~ ~ . - . - . - , - - r ~ ~ . - - - - - ~ - - . - '
1595
1600
(índices calculados según la ley de los mínimos cuadrados)
Correlación de las fluctuaciones de los precios de los cereales en las gran-
des ciudades de Polonia, entre 1584 y 1600.
Fuentes: las mismas que para el diagrama precedente.
de los cereales en tres ciudades de Polonia durante los mis-
mos años. La correlación resultó extraordinariamente intensa,
a pesar de una serie de factores de cálculo tendientes a debi-
litarla:
1) objeto de nuestra comparación fueron los precios de
Gdansk, Cracovia y Poznañ, o sea dos ciudades de la
cuenca del Vístula pero muy distanciadas una de la
otra, y una, Poznañ, no perteneciente a dicha cuenca,
la cual seguramente ejercía una gran influencia unifor-
mizadora sobre los precios;
2) por falta de datos uniformes y continuos para ese pe-
ríodo tuvimos que recurrir a los disponibles, relativos al
centeno en Gdansk, al trigo en PoznaÍl y a la avena en
112
CAPITULO TERCERO
Cracovia. Por consiguiente, es de suponer que la corre-
lación para una sola especie de cereales habría sido más
intensa
1
. ·
La intensidad de esta correlación no es característica tan sólo
del período que hemos escogido a título de ejemplo, como lo
prueban los coeficientes que corresponden a la segunda mitad
del siglo XVIII. El cálculo se basa en los precios nominales del
centeno. Los resultados son como sigue
2
:
Período 1750-1795
Correlación simple Cracovia - Varsovia 0,760
Varsovia - Gdansk 0,800
Cracovia - Gdansk 0,872
Correlación múltiple Varsovia - Cracovia y Gdansk 0,815
Cracovia - Varsovia y Gdansk 0,834
Gdansk - Varsovia y Cracovia 0,866
Período 1750-1772
Correlación simple Cracovia - Varsovia 0,607
Varsovia - Gdansk 0,509
Cracovia - Gdansk 0,823
Correlación múltiple Varsovia · Cracovia y Gdansk 0,608
Cracovia - Varsovia y Gdansk 0,852
Gdansk - Varsovia y Cracovia 0,822
1
La avena incluida aquí no es art ículo exportable, mas está relacio·
nada con los cereales exportables (trigo o centeno) por ser todos ellos
productos reemplazables en el consumo en atención al importante papel
· que desempeñaba la avena en la alimentación de esa época. Además, el
propio resultado, es decir la elevada correlación obtenida (a excepción del
año 1600), indica la admisibilidad del precio de la avena a los efectos de
nuestro cálculo.
2
F,Stos cálculos han sido efectuados por Tadeusz Gruszkowski en su.
tesis de licenciatura, redactada bajo mi dirección en la Facultad de Econo· .
mía Política de la Universidad de Varsovia. De estos datos se desprende el
papel determinante de Gdansk y el carácter peculiar del mercado de Var·
sovia. A estas cuestiones habrá que volver en otra ocasión. N. B. Hemos
tenido que recurrir a los precios del centeno, puesto que no disponemos
de datos sobre los precios del trigo en el mercado de Gdansk, el cual tiene
capital importancia en este contexto.
DINAMICA A CORTO PLAZO
113
Pero volvamos a nuestro ejemplo de Poznaú a fines del
siglo XVI, ya que es el único caso donde disponemos simultá-
neamente de datos sobre los precios locales y las cosechas
locales. Escojamos los años que, en la comparación de los
precios con las cosechas, no han manifestado la esperada co-
rrelación negativa. Es decir, años en que el precio y la
cosecha suben o bajan simultáneamente. Son los años 1585
(baja), 1588 (baja), 1599 (alza) y 1600 (alza). Resulta que en
todos estos años, salvo el año 1600, la evolución del precio
del trigo en Poznan, inexplicable en relación con el volumen
de la cosecha, coincide con la evolucon del precio de los
cereales en Gdansk, el puerto exportador. A nuestro juicio, es
un fenómeno de gran importancia.
De este modo, llegamos a la etapa siguiente: el análisis de
los factores que determinan el precio de exportación.
El paso inicial consistirá forzosamente en establecer la co-
rrelación entre los precios de Gdansk y los precios en los
mercados importadores. Desgraciadamente, la publicación de
Posthumus sobre los precios en Holanda nos ofrece para este
período datos sumamente fragmentarios. Con todo, procu-
remos cotejar lo que se puede. El mayor número de datos se
refiere a los precios del centeno llamado "prusiano" en
Amsterdam (precio del lasten florines)i. Podemos compararlos
con los precios del centeno en Gdansk, según Pele (precio del
last en oro)
2
en los años para los cuales disponemos de ambos
datos
3
:
1 N. W. Posthumus, Inquiry into the History of Prices in Holland, t.
I, Leiden, 1946, p. 19-22.
2 J. Pele, Ceny '» Gdanshu w XVI i XVII w. [Los precios en Gdansk
en los siglos XVI y XVII], Lvov,1937, p. 48.
3 Debido a la escasez de datos incluimos aqu [ algunos años anteriores
a 1584, lo cual -tratándose de ilustrar el fenómeno- carece de significa-
ción.
114 CAPITULO TERCERO
Amsterdam Gdansk
1579 78,40 71,79
80 96,00 83,19
81
82 67,90 56,92
83
84 73,15 60,00
85 73,85 61,52
93 75,60 53,19
94 93,80 66,90
Correlación simple = + 0,776
Como vemos, la correlación es elevada, en la medida en
que se puede juzgar en base a datos fragmentarios. No es tan
elevada como la de los precios de los cereales en las grandes
ciudades de Polonia, pero mayor que la existente entre las
li,J·.----- --- ------------.
n ,o -precio del centeno en Amsterdam
10
·5 --precio del centeno en Gdansk
10,0
¡ ,o
6,:¡
6,o
J ,J
4
1\
1 \
1 \
1 \
\
\
\
\ ............ _
\ - - ~ - ~ ~ ~ - ~ 1
0.0 ......... _.,.,
J ,o- l--,--,r-o:---.:---.---,---,--,--,--,-.-.-.-.·-r-1
lJ80 1590
'594
(índices calculados según la ley de los mínimos cuadrados)
Correlación del precio del centeno en Gdansk y en Amsterdam en las
postrimerías del siglo XVI.
Fuentes: J. Pele, Los precios en Gdansk .. . , op. cit . N. W. Posthumus,
lnquiry into lhe History of ]>¡·ices in Holland, t. 1, Leiden, 1946.
DINAMICA A CORTO PLAZO 115
cosechas y los precios en Poznañ. De modo que tenemos una
correlación relativamente débil entre las cosechas de los alre-
dedores de PoznaÍl y los precios en esta ciudad, frente a una
correlación relativamente fuerte entre los precios de Poznañ y
de Gdansk por una parte, y entre los de Gdansk y
Amsterdam, por otra. Todo esto hablaría en favor de la tesis
según la cual el mercado exterior ejercía una gran influencia
sobre la producción comercializada, no así sobre la produc-
ción global.
'Y
90
So
70
1:1
6o

o "'
.:::
JO
ro

40
JO
20
IO
X
o IO 20 30 40 ,o 6o 70 So 90 too
Precio en Amsterdam
Correlación entre las fluctuaciones del precio del cent eno en Gdansk y en
Amsterdam, ent re 1579 y 1594.
Fuentes : las mismaE que para el diagrama precedente.
Es un importante elemento del análisis, pero nada más que
un elemento. En primer lugar, la importancia del factor ex-
portación no se manifiesta necesariamente en una correlación
ideal entre los precios del mercado exportador y los del mer-
cado importador. En ciertas circunstancias es así, mas en
otras puede suceder exactamente lo contrarío. En períodos de
eficiente funcionamiento del comercio, esta correlación debe-
116 CAPITULO TERCERO
ría ser intensa. Pero en caso de interrumpirse el intercambio
por tal o cual razón, la evolución de los precios en estos
mercados puede acusar tendencias opuestas. La disminución
de la exportación polaca en la época de las guerras contra los
cosacos (1648-1658) y del "diluvio" (nombre con el cual se
designa la devastadora invasión sueca a Polonia 1655-1660
acompañada de luchas intestinas), produjo naturalmente un
alza de precios lo mismo en Gdansk que en Amsterdam. Por
otro lado, la peste negra en Holanda 1664-1665, y al parecer
también la peste "marsellesa" de 1720, tuvieron que oca-
sionar y efectivamente ocasionaron un alza de precios en
Amsterdam y una baja en Gdansk. Pero la fluctuación de los
precios en sentidos opuestos en el mercado exportador y en
el importador no indica debilidad de la influencia del factor
exportación, al contrario, revela su fuerza I.
Pero avancemos un paso más. Si se admite, lo que es muy
probable, que, por regla general, uno podía vender eh Gdansk
cualquier cantidad de granos procedentes del interior (excepto
los años cuando el funcionamiento del comercio se veía pertur-
bado), de tal supuesto se desprenden importantes consecuen-
cias:
1) el volumen de las exportaciones de Gdansk debería ser
directamente proporcional al excedente comercializado,
1 Es precisamente por esto que hemos optado por efectuar las eva-
luaciones citadas para lapsos relativamente reducidos. Cuando presenté los
resultados aquí publicados en la VI Sección de la Ecole Pratique des
Hautes Etudes en París, varios de los presentes (F. Braudel, E. Labrousse,
J. Meuvret) criticaron esta limitación, proponiendo que los cálculos abar-
caran períodos más largos. Sin embargo, estas observaciones no me han
convencido. Si dos mercados se hallan en una situación de estricta inter-
dependencia, cuando el interca mbio entre ellos no tropieza con obstáculos
los precios que se registran en ambos indican una alta correlación positiva,
cuando en cambio aparecen los obstáculos, dicha correlación se vuelve
negativa, Si ahora calculamos la correlación para ambos mercados en un
largo período, estas dos tendencias se anularán y obtendremos simple-
mente una correlación positiva rriuy baja que forzosamente nos inducirá
al error . Lo que sí vale la pena señalar es que los cálculos aquí presen-
tados constituyen apenas el primer paso en la investigación del fenómeno
en cuestión. Deberían seguirle cálculos relativos a otros cereales, otros
artículos y otros períodos.
UIN/I!VJICA 1\ CORTO PLAZO
117
es decir -a corto plazo- a la fluctuación de las cose-
chas, registrando una fluctuación algo exagerada 1 , y a
largo plazo, a la resultante de tales vectores como la
variación del rendimiento del trabajo y de la tierra,
transferencias en la propiedad en favor de la hacienda y
en perjuicio del campesinado, cambios en las dimensio-
nes de la zona exportadora
2
a causa de la construcción
de caminos, cambios de fronteras, etc.;
2) el volumen de las exportaciones de Gdansk debería ser
inversamente proporcional a la fluctuación de los pre-
cios en el mercado nacional en la medida en que estos
precios son, a su vez, inversamente proporcionales a la
c o ~ c h a (hemos visto más arriba que hasta cierto punto
lo son); conviene señalar que esta relación inversa entre
el volumen de la exportación y la fluctuación de los
precios en el país, si bien semejante a ciertos fenóme-
nos que se producen en el capitalismb liberal, tiene un.
carácter económico totalmente diferente: en el capita-
lismo, la exportación puede aumentar precisamente por-
que bajan los precios nacionales, mientras que aquí no
ha:y relación de causa y efecto, ya que ambos fenóme-
nos se deben a un tercero que es la buena cosecha;
3) si el razonamiento precedente es correcto, la exporta-
ción debería actuar como factor nivelador sobre la fluc-
tuación de los precios en el país.
Esta afirmación podría impugnarse recordando que Gdansk no siem-
pre vendía todo lo que compn¡ba, al contrario, almacenaba una parte y
especulaba con Jos prec10s. !:'ero el único resultado de esta política de los
mercaderes u e Gda nsk podía ser una cierta nivelación de las cúspides (en los
años de mayores suministros una parte de éstos se almacenaba para los
próximos años), siendo difícil suponer que cambiase la forma general de
la cm·va.
2 El alcance efectivo de la zona exportadora es poco conocido. Acer-
ca de esta cuestión véase las reflexiones de W. C:r,ermak, Handel zbozowy
gdañski w XVII w." [El comercio cerealista de Gdansk en el s. XVII]
Informes de las actividades y sesiones de la PAU, N.O 5, 1898, p. 8·9. No
son muy convincentes las tesis de W. Achilles, "Getreidepreise und Ge-
treidehandelbeziehungen europaischer Raume im 16 und 17 Jhdtr. ," Zeits-
chrift fiir Agrargeschichle und Agrarsoziologie, 1959, p. 32 y sgtes.
118 CAPITULO TERCEH.O
Es así porque nuestro modelo, llevado al. extremo, supone :
1) la posibilidad de vender en Gdansk cualquier cantidad de
granos llevada a este puerto; 2) influencia preponderante del
comprador organizado (comerciante extranjero y, más aún, el
intermediario de Gdansk). Por consiguiente, en un año de
mala cosecha, el comprador adquirirá menores cantidades (por
ser más reducida la oferta), pero no tendrá motivo alguno
para pagar. más. Sí así fuera, el gráfico de los precios pagados
en Gdansk debería mostrar "cumbres niveladas" en compara-
ción con otras ciudades de Polonia. Como se ve, también este
razonamiento sugiere que la exportación ejerce una influencia
niveladora sobre los precios internos. Al menos, tal sería el
caso en un plano abstracto. Pero el fenómeno exige un exa-
men más detallado.
Si suponemos que el cereal producido por el campesino
abastl¡'!ce la ciudad, y el producido por la reserva se vuelca en
el mercado internacional, y si se repara que la parte comer-
cializada de la producción campesina es muy inferior a la de
la reserva, un año de mala cosecha pu.ede fácilmente producir
una mengua catastrófica en el abastecimiento del mercado
urbano, afectando mucho menos el suministro de granos a los
puertos. Esto implicaría: 1) mayor fluctuación de los precios
en las ciudades del interior que en los puertos; 2) que la
exportación fomenta esta fluctuación en el interior en vez de
nivelarla. Pero, por otra parte, el alza de los precios internos
tiene un límite determinado por los precios imperantes en las
ciudades portuarias menos el costo de transporte a estas ciu-
dades. Mientras tanto, el precio en las ciudades portuarias es,
según parece, eficazmente rebajado por el comprador (comer-
ciante de Europa occidental o intermediario de Gdansk), cuya
situación privilegiada se lo permite. Más importante aún es la
intervención de dos tendencias opuestas: por una parte, la
disminución gradual de las dimensiones medias de la explota-
ción campesina ocasiona la reducción de la producción comer-
cializada, de donde el peligro de que ésta desaparezca total-
mente en un año de escasa cosecha, en resumidas cuentas, el
IJINAMICA A CORTO PLAZO 119
abastecimiento de las ciudades se vuelye de más en más pre-
cario; por otra parte, paralelamente se desarrolla otro proceso
(no está descartado que entre ambos haya relación recíproca),
el de ruralización de las pequeñas villas, lo cual reduce su
dependencia del aprovisionamiento campesino.
En definitiva, la hipótesis acerca de la influencia niveladora
de la exportación sobre la evolución de los precios en el
mercado intemo, paiace verosímiL ¿Será tal vez por esta
razón que las sucesivas oleadas alcistas y bajistas son menos
pronunciadas que en la Francia continental de la misma épo-
ca?
1
• No está descartado, además, que precisamente este fac-
lor, por obra del cual la fluctuación de los precios es menos
in tensa que la de las cosechas, sea al menos una de las causas
de que 1a renta agrícola (tanto de la hacienda como del cam-
pesino) dependa de ias cosechas más que de los precios.
Ahora bien, si consideramos que Jos precios en los merca-
dos locales dependen: 1) de la cosecha; 2) de los precios de
exportación, convendría analizar una por una todas las combi-
naciones posibles de los dos factores mencionados:
a) mala cosecha en la región de Poznan coincidente con
una tendencia · alcista en Amsterdam;
b) buena cosecha en Poznan coincidente con una tenden-
cia bajista en Amsterdam;
e) mala cosecha en Poznan coincidente con una tendencia
bajista en Amsterdam;
d) buena cosecha en Poznan coincidente con una tenden-
cia alcista en Amsterdam.
La dirección de las fluctuaciones en los casos a) y b) es
evidente, quedando por determinar únicamente su intensidad.
En cambio, en los casos e) y d), donde actúan fuerzas de
dirección opuesta, podemos afirmar con toda seguridad que la
resultante será más débil que cada uno de los vectores en cues·
1 Cosa que llama la atención .:.u la publicación de M, Baulant y J.
Meuvret, Prix des céréales ex traits de la mercuria/e de Paris, 1520-1698, t.
! : 1520-1620, París, 1960, y en k .S trabajos de Labrousse.
120 CAPITULO TERCERU
tión (esto favorecería la tesis acerca de la acción niveladora do
la exportación sobre los precios internos), pero es imposible
prever cuál de las dos fuerzas resultará predominante. Los dia-
gramas presentados al principio de este capítulo (uno relativo u
las cosechas en la región de Poznan y los precios en Poznan, y
otro, a los precios en PoznaÍ1 y en Gdansk) parecen indicar
que, en la práctica, ambos casos eran posibles.
De esta forma se ha cerrado el círculo de nuestro razona-
miento.
A la luz del material analizado hasta aquí podemos pasar
ahora, según lo enunciado, a la demostración de la tesis según
la cual el rédito agrario (el del señor y el del campesino) de-
pende en mayor medida de las cantidades vendidas que del
precio. Inútil decir que, en lugar de "demostrar la tesis",
habría que decir "tornar más probable la hipótesis".
Como hemos mostrádo, la gran elasticidad de la cosecha se
descarga casi por entero sobre la parte mercantil de la pro-
ducción, tanto por parte del señor como del campesino. P u e s ~
· to que la parte "natural" de la producción global, que, por
lo que ya se ha indicado, resulta relativamente estable en el
plano cuantitativo, es por ello mismo realmente estable por
definición, las oscilaciones del rédito real total dependerán de
las oscilaciones del valor real de la parte de la producción
destinada al mercado, la cual oscila muchísimo en el plano
cuantitativo. Las oscilaciones del valor real de la parte de la
producción destinada al mercado serán, a su vez, la resultante
de tres factores: 1) cantidades vendidas, 2) precios obtenidos,
3) precios de los artículos adquiridos. Puesto que los precios
de los artículos comprados por los agricultores son rela-
tivamente estables, a breve plazo (a largo plazo ya no será
así, como veremos en seguida), podemos prescindir por ahora
de ellos y admitir que el rédito real de los productos agríco-
las, proveniente de la parte mercantil de la producción, sea
proporcional a la utilidad obtenida de ella, el cual es la resul-
tante de los primeros dos factores arriba indicados.
Si en un régimen económico aislado, en el que la demanda
I>INAMICA A CORTO PLAZO 121
es estable, los precios oscilan de manera inversamente propor-
l:i onal a las oscilaciones de la masa de mercancías (de la ofer-
ta), la resultante de esos dos factores tendrá evidentemente
menor amplitud. Sin embargo, no es posible prever cuál de
los dos factores tendrá mayor fuerza, y según cuál de los dos
esquemas abajo indicados se desarrollarán las cosas.
precio
precio x cosecha
cosecha

precio x cosecha
COSP.Cha .
"-....__/ '-..._./
Ya hemos examinado los argumentos a favor de la hipóte-
sis según la cual las cantidades vendidas ejercerían una in-
fluencia mayor que los precios. Tratemos de verificar ahora
empíricamente esta hipótesis, aunque en el estado actual de
las investigaciones sea tarea muy difícil.
Tratemos de examinar el problema en el plano microanalí-
tico, y luego en el macroanalítico.
La elección del objeto del microanálisis está determinada
por el hecho de que las únicas fuentes que se hallan a nues-
tra disposición y que son utilizables -aunque parcialmente-
para nuestros fines, se refieren a las reservas de la comarca de
Poznañ.
Como hemos visto, las ossilaciones de las cosechas en las
reservas de la región y las oscilaciones de los precios en la
122
CAPITULO TERCEll O
ciudad de Poznan se hpllan ligadas entre sí por una correla-
ción negativa. La resultante de esas dos curvus se distingue,
naturalmente, por una menor amplitud de las oscilaciones
(porque las dos curvas, al oscilar en direcciones opuestas, se
nivelan parcialmente); pero en definitiva está más cercana a la
curva de las cosechas que a la de los precios. En realidad, a
las oscilaciones violentas de los precios corresponden oscilacio-
nes más violentas aún de las cosechas.
Podría decirse, ciertamente, que sobre el volumen de las
entradas en dinero de la reserva inciden no las oscilaciones de
los precios, aunque sí las de la masa de mercan-
cías; sin embargo, como ya hemos demostrado, las oscilacio-
nes de la masa de mercancías son las oscilaciones de la cose-
cha agigantadas, ya que estas últimas pesan casi por completo
sobre la parte del product o destinada al mercado. Por lo tan·
to, si comprobamos que las oscilaciones de la cosecha son
mayores que las de los precios, y sabemos que las osci-
laciones de la masa de mercancías son má · fuert es que las de
la cosecha, comprendemos claramente que !as oscilaciones de
la masa de mercancías deben ser, con mayor razón, mayores
que las de los precios.
Si examinamos más de cerca las cifras dadas, veremos que
en el curso de los dieciséis años tomados en consideración, la
tendencia de las variaC'iones de los precios corresponde ocho
veces a la tendencia de las variaciones de la cosecha. Estas
casi nos interesan, porque es obvio que la resultante de
estos dos factores debe crecer o disminuir, con mayor razón,
en esos años.
En cambio, durante los otros ocho, en los que el movi-
miento de los precios procede de manera contraria al movi-
miento de las cosechas, sólo dos no confirman nuestra hipo-
tesis (en 1590, la cosecha disminuyó con respecto al año an-
terior de 3,1 a 2,5, mientras que el precio aumentó de 40,5
a 51,8: por consiguiente, el producto de ambos factores
aumenta un 3%; en 1596, la cosecha disminuyó de 3,2 a 3,1,
mientras que el precio aumentó de 7'5,0 a 80,5: por lo tanto,
l oi NAMICA A CORTO PLAZO
123
l'i producto aumentó aproximadamente un 4%). Subrayemos
que en ambos casos, las divergencias con respecto a nuestra
hipótesis son pequeñísimas. En los seis casos restantes, el f ~
nómeno se desarrolló según nuestra hipótesis: el vendedor, al
vender mayor cantidad de mercancías, gana más que lo que
pierde a consecuencia de la disminución simultánea de los
precios.
7.5.---------------------------------------,
7,0
6,5
6,o
J,J
J ,O
4.0
J,O
2,J
2,0
I ,J
- cosecha
precio
•••• cosecha x precio
(fndicP. cal c ulados según la ley de los mínimos cuadrados)
Correlación entre las cosechas y los precios a escala microeco nó mica.
Fuentes: cosechas datos de la hacienda Wilda (cosecha del Lrigo del año
dado dividida por la cantidad sembrada el aflo precedente), J. Majewski,
Econom(a de In hacienda f eudal ... , op. cit. ; los datos sobre Jos precios del
trigo en Pozna ñ han sido facil itados al autor por el Prof. S. Hoszowski.
Sin embargo, es evidente que en condiciones normales, es
decir sobre todo en períodos en los que no se m.anifiestan
serias perturbaciones monetarias ni complicaciones en los in-
tercambias internacionales, la curva del producto de la cose-
cha multiplicado por el precio oscila en una escala mucho
más limitada que las dos curvas que la determinan. Ello signi-
fica que en el plazo corto, los fenómenos de mercado intro-
124
CAI'ITULO TERCERO
ducen cierta estabilización del valor real del rédito de los pro-
ductores agrícolas, limitando la incidencia de las enormes os-
cilaciones de la cosecha.
El mismo problema, siempre en escala microanalítica, tam-
bién puede examinarse de otro modo. Tomemos las cosechas
de la región de PoznaÍl (rendimiento del trigo en la reserva
señorial de Wilda, igual al cociente de la cantidad de grano
cosechado dividida por la cantidad de grano sembrado el año
anterior) de los tres mejores y los tres peores años, y con-
frontémolas con los precios del trigo en la plaza de PoznaÍl
J ,, .---------------------,
- Primeras diferencias entre las cosechas
J,O
-- Primeras diferencias entre los precios
r666 r68o
Correlación entre las cosechas y los precios a escala macroeconómica,
entre 1665 y 1680.
Fuentes: como índice de las cosechas se ha tomado la exportación de
cereales a través de Gdansk en miles de last : S. Hoszowski , Ilandel
Gdanska w ohresie XV-XVIII w. (El comercio de Gdansk en los siglos
XV-XVIII), Cracovia, 1960, Precios del centeno en Gdansk según lectura
aproxi mativa de los gráficos pp. 50a, 50b y 50c. J. Pele, Los precios en
Gdansh ... , o p. cit.
I>I N AMlCA A Cl) l tTO P LAZO
125
Cosecha Precio Producto
i\ii os mejores 1592 5,8 40,2 233,16
1593 5,8 49,0 284,20
1603 4,6 75,5 347,30
i\ños peores 1604 2,2 120,0 264,00
1597 2,u 85,4 222,04
1616 2,8 70,0 196,00
En consecuencia, durante los años peores tenemos:
un rendimiento medio igual a 2,5 granos de cereal por gra-
no sembrado,
un precio medio igual a 91.,6;
y durante los años mejores:
un rendimiento medio igual a 5,4 granos de cereal por gra-
no sembrado, un precio medio igual a 54,9.
Para tornar concluyente la comparación debemos referir ahora
a una base común estas magnitudes. Si suponemos 100 las
magnitudes correspondientes al año peor medio, las magni-
tudes correspondientes para el año mejor medio serán:
rendimiento igual a 216
precio igual a 60
producto igual a 129,6
con lo que el prodúcto del rendimiento multiplicado por el
precio es superior en 114 al que tenemos en el año peor medio.
Pero de este modo confrontamos el rendimiento y el pre-
cio, y no la masa de mercancías y el precio. Para acercarse a
la realidad, admitamos por lo tanto que de la cosecha total
corresponde sustraer un grano para la siembra del año si-
guiente, y otro para el autoconsumol. Por ello sustraemos de
cada cosecha dos granos para acercarnos a las oscilaciones de
1 Este procedimiento no es arbit rario. De esta manera procedieron los
inspectores al evaluar el ingreso de la hacienda de Mlawa en 1777. Cf.
Lus lracje Plockie, p. 130.
126
CAPlTULO TERCERO
la masa de mercancía, las cuales, como sabemos, son mucho
más violentas que las oscilaciones de la cosecha.
Vemos entonces que:
en los años peores se destina a formar parte de la ma<;a de
mercancías de cereal
a 0,5 grano por grano sembrado;
el precio medio es igual a 91,6
en los años mejores se destinan a formar parte de la
masa de mercancías 3,4 granos de cereal por grano sem-
brado;
el precio medio es igual a 54,9
Suponiendo nuevamente iguales a 100 los datos correspon-
dientes a los años peores, las magnitudes correspondientes a
los años mejores medios serán:
masa de mercancías igual a 680
precio igual a 60
producto igual a 480.
Por lo tanto, las entradas en dinero provenientes de la ven-
ta de la masa de mercancías son, en el año mejor medio,
cuatro veces mayores que en el año peor medio; y ello a pe-
sar de que los precios son inferiores en un 40%.
En consecuencia, una vez más el resultado confirma nuestra
hipótesis.
Como hemos dicho, también puede examinarse el problema
en el plano macroeconómico. Una estadíst ica de las expor-
taciones de los cereales polacos vía Danzig no se ha publi-
cado hasta ahora. No puede fundarse en los datos de Kran-
hals, porque han sido convincentemente criticados
1
. Ultima-
mente, S. Hoszowski ha publicado datos que parecen fide-
dignos
2
, pero sólo en forma de diagrama. Podemos leerlos, por
1 D. Kranhals, "Danzi ng und der Weiehselhandel in seiner Blüt ezei t.
Wom XVI zum XVII J h r l ~ . ", Deutschland und der Os len, t. 19, Leipzig,
1942; reseña de C. Biernat en Rocz nih Gdwiski, Xlll, 1954, p. 224·231.
2 S. Hos:wwski, op eit., diagramas p . 50-a, 50-b, 50-c. Después de
IJlNAMICA A CORTO PLAZO
127
lo tanto, con aproximación en el diagrama, y correlacionarlos
con los precios del centeno en Danzig.
A título de ejemplo hemos tomado el período 1654-80.
liemos debido recurrir a los precios del centeno, a causa de
la falta de los datos relativos a los precios del trigo para el
siglo :A'VII; pero ello no tiene importancia, porque nos inte-
resan exclusivamente las oscilaciones de los precios, las cuales,
por lo que atañe a los dos cereales principales de expor-
tación, eran casi ciertamente paralelas (en el caso del trigo
probablemente hayan tenido mayor amplitud).
Como hemos dicho, el vol umen de la exportación de cerea-
les puede considerarse como un índice aumentado de las osci-
laciones de la cosecha en el país.
También con este método, y también para este período,
hemos obtenido resultados análogos a los relativos a las reser-
vas señoriales de la región de Poznañ durante los años
1584-1600: sobre siete casos en los que las cosechas y los
precios varían en direcciones opuestas, sólo dos no cpnfirman
nuestra hipótesis, mientras que los otros cinco sí lo hacen.
Naturalmente aún est amos iejos de una plena verificación
de nuestra hipótesis; pero la concordancia de los resultados
obtenidos respectivamente mediante el análisis micro y macro-
económico en dos per íodos diferentes, nos parece suficiente
p;na que podamos considerar probable a esta hipótesis ! .
.. _
haberse redactado el pr<>sente t ra bajo, apare.:iNvn dos volúmenes de fuen·
Les fundamentales: Zródla do dziejów handlu uglugi Cdanslw [Fuentes
para la historia del co mercio y la navegación de ;d3nsk ¡, bajo la dirección
de S. Hoszowski, partic ul armente E. Bier!ktl., ::ilalysty ka obrotu towaro·
wego Cdanska w l. 16S J 18 15 [ Estadíst ica del comercio de Gdansk,
1651·1815], Va rsovia , 1 ! ) 6 ~ , y . Cierszewski , S latysty ha ieglugi Gdañsk,
w l . 1670- 1815 ! Estad ística de la navegación de Gdansk, 1670-1815],
Varsovia, 1963. Dejamos la vt?rificación de nuestras hipótesis a l a luz de
<·s l.a riquísima documentación para las invesl.igaciones ult eriotes.
1 Esta hipót esis ha sido Juego veYificada por L Rychlikowa en su
art ículo ya ci tado, y se ha visto comprobada, al menos para los mercados
impor ta ntes.
128 CAPITULO TERCERO
Tentativa de interpretación
Por lo que respecta a las oscilaciones a breve plazo (en es-
cala de algunos años), Labrousse y sus continuadores no ex-
trajeron todas las consecuencias de un hecho que conocían
perfectamente: que en el sistema feudal, crisis significa au-
mento violento del nivel general de los precios, mientras que
en el sistema capitalista, por el contrario, crisis significa

- del centeno en Gdansk en moneda corriente
1
9° __ preci o del centeno en Gdansk cukulado en plata
1
g
0
•••• exportación de cereales a través de Gdansk
170
r 6o
130
120
!lO
100
90
8o
¡o
6o
50
.¡o
30
20
ro
0,_-o--.-.--.--.--r-.--.-.--.--.-.--.--.--r-1
r665
r68o
Precio del centeno en Gdansk y exportacifm de cereales a través de
Gdansk entre 1665 y 1680 (en cifras absolutas).
Fuente: las mismas que para el diagrama precedente.
UINAMICA A CORTO PLAZO
129
disminución violenta del nivel general de los precios. Ello
ocurre porque en el sistema capitalista, por lo menos hasta
1939, las oscilaciones del nivel general de los precios guardan
una correlación simple (positiva) con las oscilaciones del vo-
lumen global del rédito social, mientras que en el sistema feu-
dal, estas dos magnitudes se hallan en correlación inversa
(negativa).
En el sistema capitalista, si la coyuntura es favorable, todo
comienza a "funcionar": aumenta el grado de empleo de las
fuerzas productivas, aumenta la ocupación, aumenta el nivel
de los precios, aumentan los beneficios globales, aumentan las
ganancias globales de la población. El índice-valor del rédito
social aumenta doblemente, a consecuencia de la acumulación
del aumento del volumen físico del producto nacional y del
nivel general de los precios.
No ocurre lo mismo en el sistema feudal. En un período
favorable, la utilización plena de los factores productivos
coincide con la disminución de los precios, porque, gracias al
pleno rendimiento de los factores productivos, aumenta el ré-
dito social. Crecen los beneficios y crecen los réditos de la
población. Crecen sobre todo porque la disminución de los
precios no incide en absoluto sobre la parte "natural", no
mercantil, de la producción, que es casi siempre muy grande.
Pero también crecen porque, por lo que atañe a la parte mer-
cantil de la producción, las oscilaciones inversas de los precios
nivelan sólo parcialmente las oscilaciones de su volumen
global (cuando la cosecha es buena, el señor y el campesino,
al vender más, ganan más de lo que pierden a causa de la
baja de los precios; lo mismo vale para el artesano).
En este sentido, mientras que en el sistema capitalista el
índice-valor del rédito social tiene una amplitud de oscila-
ciones cíclicas superiores a las del índice del volumen físico
del rédito social (la correlación del rédito social y de los pre-
cios es positiva, y en consecuencia ambos elementos se acu-
mulan), en el sistema feudal, por el contrario, el índice-valor
del rédito social (si fuese posible calcularlo) sería más estable
130
CAPI TULO
que el índice del volumen físico (correlación negativa, con
efectos de nivelación parcial)
1

No parece difícil explicar esta diferencia.
En el sistema capitalista, el aumento de los precios consti·
tuye el estímulo que pone en movimiento las reservas. El
aumento de los precios provoca la utilización de factores pro·
ductivos antes inutilizados, hace posible la conexión de facLo·
res productivos potencialmente existentes, pero no utilizados.
En el sistema capitalista subsisten siempre reservas más o
menos considerables. Existen, por lo demús, posibilidades ili-
mitadas de aumento del rédito nacional, consistent es en la
posibilidad de efectuar desplazamientos del empleo de ocupa-
ciones menos productivas a ocupaciones más productivas, lo
que ocurre asimismo mediante el estímulo del aumento de los
precios. Así, en el capitalismo de li bre competencia, el
aumento de los precios es condición necesaria y suficiente.?
para el aumento del rédito nacional.
En el sistema feudal
3
, en tiempos normales, no hay, en
En condiciones totalmente diferente;;, pero lambién contrariamenlc
a lo que ocurre en el sistema ca pital ista, una correlaci ón anál oga (o sea,
negativa) ent re la renta nac ional y los pr ecios, se ha procurado imponPr a
veces en el sistema socialista, donde t.eóricamente el aument o de !a renta
nacional puede conducir al aumento los ingresos reales de la población
mediante rebajas graduales de los precios de los arl ículos adquirido por
ell a. Estos fenómenos producen también curiosas diferencias de psicol ogía
social. En las sociedades capitalistas, especia! ment.<' entre las dos guerras
mundiales, la opinión pública demostraba inquietud ante cualqui er indicio
de baja de los precios, en tanto que el alza despertaba confianza. En las
sociedades donde el capitalismo no penetró muy profundamente, l<t opi-
nión pública demuestra enorme inquietud anle cualquier indic io alcista.
No está descartado que también por esta razón Stalin haya con
tnnla firmeza que el crecimiento del ni vel de vi da en el sistema socialista
debe llevarse a cabo no mediante el aumento de !os salari os, sino median·
te la rebaja de pr ecios.
2 Dejando a un la do las situaciones anormale..,, por ej. , los tiempos de
guerra. Cuestión aparte es e l hecho de que el aiL.a dP los precios en t iempo
d•' guerra, a unque no sea causa, es s íntoma de ple na utilización de los fado-
re<; de producción y rle aume nto de la r enta nacional, sólo que dicho aumcn- ·
to se expresa en el aumento de la produceión de cañones y no de pan .
J También en los países subdesarroll ados de hoy el alza de los precios
muchas veces no moviliza las reservas. Cf. N. S. Buchanan and H. S. Ell is .
.4pproaches to Economic Growth, New York, 1955, p. 53-54.
UINAMICA A COR'l'O PLAZO
131
1 í neas generales, reservas. No hay factores productivos inutili-
zados y potencialmente utilizables. Esta afirmación puede pa-
recer paradojal, pero por nuestra parte estamos dispuestos a
sostenerla. Evidentemente, en el sistema feudal existen, por
regla general, muchos campos incultos o extensivamente cuiLi-
vados, bosques no ut ilizados, yacimientos conocidos y no
explotados, etc. Pero, ¿podrían utilizarse estas reservas poten-
ciales en las condiciones dadas? Y, cosa más importante aún
para nosotros en este momento, ¿dependía su eventual utili-
zación del nivel general de los precios, o, más exactamente,
del aumento de los precios? La respuesta que debemos dar a
estas preguntas probablemente sea negativa. El factor que li-
mita la utilización de estas posibilidades latentes es la mano
de obra (espt:cialmente si se considera la técnica de produc-
ción manual, predominante en el sistema feudal); pero, por lo
general, no existe mano de obra disponible. No nos dejemo.
engañar por el hecho de que es característica de la época feu-
dal la existencia de una multitud de mendigos, de vagabun-
dos, de "hombres de nadie", de personas que viven perma-
nentemente al margen de la sociedad organizada. Contraria-
mente a las apariencias, la mayoría de ellos estaba integrada
en esa sociedad, le era en cierto sentido indispensable. La
corporación de los mendicantes de Cracovia
1
es un ejemplo de
ello; no sería difícil citar muchos otros ejemplos análogos.
El sistema feudal no podía prescindir de los mendigos: éstos
prestaban servicios· muy importantes, y bastante baratos, aun
cuando no producían bienes materiales de ninguna especie.
(Análogamente, el capitalismo no puede prescindir de los via-
jantes de comercio.) En cuanto a los grupos de la categoría
que efectivamente no estaban integrados en la sociedad corpo-
rativa feudal, si bien existían físicamente (por lo demás, sólo
se volvieron numerosos al declinar el feudalismo en Polonia),
1 A. Chmiel, "Dziady i Betel fochty krakowskic" (Los pordioseros y
los "heltelfochts" de Cracovia], en Szlúce Kralwwslúe (Bocetos cracovia·
nos], del mismo autor, Cracovia, 1939-1947, p. 88-90.
132 CAPITULO TERCERO
en realidad no constituían, o lo hacían sólo en mínima me-
dida, un factor productivo potencial
1

Por lo tanto, si el factor que limitaba el empleo de las ca-
pacidades productivas potencialmente existentes estaba consti-
tuido por la mano de obra realmente existente y utilizable,
todos esos factores productivos no utilizados a causa de ia
carencia de mano de obra, "latente" o "excedente", todos
esos campos, bosques y yacimientos no explotados, tenían, en
las condiciones económicas dadas, un valor igual a cero.
En el sistema capitalista, el rédito nacional puede aumentar
de dos maneras: a consecuencia de la disminución de las re-
servas, es decir de la utilización de factores productivos antes
no utilizados, o bien a consecuencia de un desplazamiento de
la mano de obra de sectores menos rentables a sectores más
rentables, o sea, en la práctica, de la agricultura a la
industria. En el sistema feudal, esta última posibilidad no
existe del todo (cuando el principio de la servidumbre de la
gleba domina rigurosamente, y la inmigración a la ciudad se
halla dificultada), o bien se halla muy limitada, o bien, por
último, también cuando se realiza (normalmente en escala
muy modesta), incide poquísimo en el aumento global del ré-
dito social: sea porque el valor de la producción urbana cons-
tituye sólo una pequeña parte del rédito global de un país
agrícola, sea porque el rendimiento medio del trabajo en el
sector artesanal, a diferencia del rendimiento del trabajo en la
industria en el sistema capitalista, no es muy superior al ren-
dimiento del trabajo en el sector agrícola. En todo caso, si
dicho proceso tiene lugar, no se desarrolla jamás por efecto
del estímulo de los precios. En cuai1to al primero de los dos
factores recordados, es decir la disminución de las reservas, en
la medida en que tiene lugar (y en ciertos períodos se mani-
.
1
Assorodobraj o p. cit.; W. Dworzaczek, op. cit. Este último autor
señala uno de los métodos por el cual los individuos socialmente degradados
se incorporaban a la sociedad organizada, ocasionando por regla general la
puesta en marcha de fuerzas prodúctivas latentes (por ej. mediante la explo·
tación de tierras baldías). Esto viene a confirmar nuestro análisis.
DINAMICA A CORTO PLAZO 133
fiesta con bastante intensidad), tampoco tiene lugar bajo el
estímulo del aumento de los precios. Nada indica que el
señor haya estado menos dispuesto a asumir un "hombre de
nadie,. como siervo y a confiarle una granja abandonada en
un período de baja de precios que en un período de alza.
Nada hace pensar que para un "oficial" haya sido más fácil
independizarse y abrir una tienda a su propio nombre en un
período de alza de precios, que en un período de baja.
La relación entre las variaciones del nivel de los precios y
las variaciones del volumen del rédito nacional y de las reser-
vas en el sistema feudal no sólo está invertida respecto al
modo en que se presenta en el sistema capitalista, sino que
también tiene un carácter diferente. En el sistema capitalista,
el aumento de los precios es el estímulo que pone en movi-
miento las reservas, y determina de ese modo el aumento del
rédito social. En cambio, en el sistema feudal, la disminución
del rédito social provoca el aumento de los precios. En el sis-
tema capitalista, la prioridad lógica pertenece a la variac10n
del nivel de los precios; en el sistema feudal, a la variación
del volumen del rédito social.
En el sistema feudal, la disminución del rédito social a
breve plazo proviene casi siempre de fuentes extraeconómicas,
como una cosecha escasa o la guerra, que provoca destrucción
y desorganización (movimientos migratorios, etc.). En caso de
mala cosecha, la disminución del rédito social no da origen a
reservas de índole aJ·guna. Sólo en ciertos casos puede ocurrir
que la disminución del poder adquisitivo de la población ru-
ral, debido a la escasez de la cosecha, impida transitoriamente
la plena utilización de las capacidades productivas de las
tiendas artesanales. En el caso de las destrucciones bélicas, y
sobre todo de la desorganización de la vida económica debida
a la guerra, la disminución del rédito social puede ser provo-
cada por la formación de reservas productivas de carácter
transitorio. En ambos casos, el retorno a la normalidad o la
adaptación a una situación parcialmente cambiada no se pro-
duce a través del mecanismo de mercado.
134 CAPITULO TERCERO
El análisis que acabamos de efectuar confirma, nos p<•.rece,
las hipótesis precedentemente formuladas en base a datos ex-
tremadamente escasos, hipótesis según las cuales eran favora-
bles y prósperos justamente los períodos en los que el nivel
general de los precios era bajo, o sea cuando las entradas tan-
to del señor como del campesino o del artesano aumentaban,
aun cuando sus productos se vendieran a precios más bajos.
Si el nivel general de los precios coincide con un alto nivel
del rédito social global, estas hipótesis nos parecen muy vero-
símiles. Cuando hay mucho para repartir, las entradas aumen-
tan; cuando hay poco, disminuyen.
Queda por verse, no obstante, en qué proporción crecen o
disminuyen las entradas de los diversos estratos sociales.
Por lo que respecta al artesanado (relación maestro-apren-
diz), la situación parece simple. La retribución correspon-
diente al aprendiz se abona en gran parte en t:!Species, y en
esa medida es realmente estable, por definición. En esta mis-
ma medida, evidentemente, las ventajas que trae a¡,>arejadas un
período favorable, son acaparadas por el maest-ro. En el pe-
ríodo favorable, es decir, como dijimos, en el período en que
los precios son bajos, el maestro iogra utilizar más plenamen-
te, con toda probabilidad, sus propias capacidades produc-
tivas, y al mismo tiempo los precios de los artículos que
pone en venta rio disminuyen en absoluto, o disminuyen más
lentamente que los de los artículos que adquiere. Obtiene,
pues, un aumento de su participación en el rédito social, con
mucho superior al que obtiene su aprendiz.
Exaininemos ahora las relaciones entre el señor y el cam-
pesino. El propio carácter de la granja · campesina, que es la
menor parcela suficiente para nutrir a la familia del campe-
sino y reproducir las fuerzas de producción, implica por defi-
nición una estabilidad relativa del valor real de las entradas
en el curso de las oscilaciones a breve plazo. Puesto qüe el
señor se apropia de la casi totalidad del excedente, y puesto
que las enormes oscilaciones del producto global comportan
oscilaciones más intensas aún del excedente, está claro que las
UJNi\MICA A CORTO PLAZO
135
oscilaciones del rédito real del señor deben ser notabilísimas.
Naturalmente, ello no contradice el hecho de que las oscila-
ciones del rédito real del campesino, aun siendo mucho me-
nores, puedan tener para el campesino consecuencias extrema-
damente importantes, favorables o trágicas.
Un año bueno (cosecha abundante, aumento del rédito na-
cional, baja de precios) significa por lo tanto un aumento del
rédito· real tanto del señor como del campesino, pero un
aumento incomparablemente mayor del rédito del primero
que el del segundo, y por ende un aumento de la disparidad
en la repartición del rédito social. Un año malo tiene un re-
sultado opuesto 1 •
1 Recordemos que la disminución del ingreso real del campesino en
tal año es hasta cierto punto atenuada por el sist ema de aplazamiento de
las prestaciones en favor del señor.
Capítulo IV
Dinámica a largo pl::1zv
La idea de estudiar por separado los fenómenos a largo
plazo con respecto a los de corto plazo, puede suscitar, evi-
dentemente, diversas objeciones
1
. Para un positivista clásico,
así como los fenómenos macroeconómicos son una resul-
tante de los microeconómicos, los fenómenos a largo plazo
son una resultante de los de corto plazo. Personalmente man-
tengo, por el contrario, que las variaciones a largo plazo, los
procesos de desarrollo "no son en absoluto una simple resul-
tan te de los procesos a corto plazo" .:; como dice F. Perroux,
"la croissance n'a de signification. . . que comme phénomene
de transformation des structures"
3
.
Se puede poner en duda esta afirmación desde el punto de
vista ontológico, pero seguramente ello no puede hacerse
cuando se trata del método de las investigaciones que apun-
tan a la construcción de modelos. Toda una serie de varia-
bles, de las que tenemos el derecho de prescindir en las inves-
tigaciones acerca de los fenómenos a corto plazo (en primer
lugar las variaciones de la técnica productiva, y por ende del
rendimiento del trabajo, y las variaciones demográficas), se
convierten en elementos fundamentales del razonamiento en
las investigaciones relativas a fenómenos a largo plazo. Al mis-
mo tiempo, toda una serie de fenómenos de corto plazo,
pero reversibles y no acumulativos, pueden dejarse de lado en
1 J . Topolski , " Teoria ekonomiczna ustroju feudalnego" [Teoría eco-
nómica del sistema feudal]. Al margen del libro de Witold Kula, Ekono·
mista, 1964, p. 1 37-144.
2 l. Svennilson, "Growth and Stagnation in the European Economy",
en J::conomic Commission for Europe, Columbia, U. P., 1954.
3 F. Perroux, "Introducción al ensayo La croissance économique
franc;aise . . . " en la colección "[neo me and Wealth " , Serie III, 1953.
138 CAPITULO CUARTO
el caso de una investigación relativa a fenómenos de largo
plazo.
La tarea principal de las investigaciones de los fenómenos
de largo plazo consiste, por ende, en individualizar los fenó-
menos continuos o recurrentes que, obrando acumulativa-
mente, conducen a transformaciones estructurales.
No es fácil tratar las tendencias de largo plazo en la econo-
mía polaca de los siglos XVI, XVII y XVIII. La enorme can-
tidad de las investigaciones realizadas hasta la fecha nos per-
mite darnos cuenta, aproximadamente, de ias tendencias en
juego, pero la falta de investigaciones cuantitativas y macro-
económicas hace difícil trazar su balance; y precisamente ese
balance tiene máxima importan cía para nosotros.
El problema fundamental en este caso es evidentemente el
del rendimiento social medio del trabajo, especialmente en el
sector económico cuantitativamente dominante, es decir, la
agricultura. Las variaciones del rendimiento del trabajo pue-
den derivar de transformaciones de la técnica product iva o de
transformaciones de las instituciones sociales (empleando esen-
cialmente la misma técnica, el campesino rinde menos traba-
jando en las tierras de la reserva señorial que en su granja) .
El problema puede estudiarse mediante sondeos, sobre la
base del material concerniente a esta o aquella propiedad, a
condición de que las fuentes contengan, para un período sufi-
cientemente largo, datos suficientes acerca del empleo efectivo
de mano de obra.
Además, puede afrontarse el problema en el plano macro-
económico.
Consideremos el período que va desde alrededor de 1550
hasta fines del siglo XVIII. No teniendo a nuestra disposición
datos relativos a las variaciones del rendimiento del trabajo en
la agricultura durante este período, tratemos de examinar las
variaciones del área cultivable y de los efectivos de mano de
obra que la cultivaban.
En la era feudal , la superficie de los terrenos cultivados
cambia frecuente y bruscamente. Destrucciones bélicas y epi-
l>IN;\MJC/\ A J.ARliU PLi\ 7.0 139
demias la reducen en forma sorpresiva, pero tarde o temprano
se regresa al punto de partida. Ya que aquí nos interesan las
variaciones él largo plazo, dejemos de lado tales perturbaciones
y dediquemos en cambio toda nuestra atención a la compa-
ración entre los dos momentos extremos: la segunda mitad
del siglo XVI, y las postrimerías del siglo XVIII. Ambos mo-
tn8ntos estuvieron precedidos de una época bastante prolon-
gada de estabilidad económiCa y poiítica, lo cual nos permite
prescindir de las variaciones a corto plazo.
En estas condiciones, las modificaciones del área cultivable
corresponden sobre todo a la roturación de los terrenos incul-
tos, es decir, a la historia de la colonización.
E 11 la historiog-rafía polaca se han desarrollado investiga-
ciones sobre la colonización, llevadas a cabo por numerosos e
ilustres estudiosos, quienes han dado en este campo, pruebas
de verdadera maestría. Sin embargo, la inmensa mayoría de
estas .investigaciones se limitó al medioevo. Nada hay de ex-
traño en esto, porque "la historia socioeconómica de la Edad
Media no es otra cosa que la historia de la colonización"
1
La colonización de los tiempos modernos atrajo la atención
de poquísimos estudiosos (I. T. Baranowski, W. Rusiúski
2
) .
Sólo la "escuela de Bu.'1ak" elaboró un método (las así llama-
das investigaciones acerca de las variaciones del paisaje) ca-
paces de ofrecer materiales útiles a nuestro objetivo_.? . El
1 F. Gujak, Historia osadnictwa zie m polshich w hróthim zarysie
ve esquema d!! la hi storia de la colonización interior en Polonia] , Varsovia,
1920.
2 Inle resa ntes observaciones metodológicas con wspecto a las i nvesti -
gaciones la <.:ol onizació n interior en :a Edad Moderna las encontra-
mos en T. Lalik, reseiia de la obra de J . Osaánictow hasztelanii
iowic lúej [ Colonización int<:ri or e n la castellanía de f_.owicz] Kwart. Hisl'.
Kult. Mal., 1%4, NO 2, p. 2:!2-24 0.
3 K. J . }Uadylowicz., Zmiany krajobrazu i osaánictwa w Wiel-
kopolsce od Xl V do X f X w. [Mo dificación del paisaje y desarrollo de la
en la provincia de Poznañ en tre sigl os XIV y XIX), Lvov,
1932; y del mismo autol", "Zmiany krajobrazu ziemi lwowskiej od
pol owy V w. do poCZ<¡tku •
7
X ;,·. ·· [:'víodificación del paisaje en la región
de Lvov desde la mitad del XV ha.;ta principios dei XX] l !n Studia z
historii spo!ecz nej i gospodarczej poswiqcune prof- dr. Fr. Bujalwwí, p .
101-1 32.
140
CAPITULO CUARTO
punto de partida de tales investigaciones consiste en recoger
material rico y posiblemente completo respecto a la limita-
ción del área de los bosques y de los pantanos. Por cierto
que una zona que no sea boscosa ni pantanosa no debe ser
necesariamente cultivable del todo
1
; pero es lícito suponer
que el área sustraída al bosque y al pantano haya sido redu-
cida al cultivo por parte del hombre.
De los cálculos realizados por Hladylowicz
2
resulta lo si-
guiente:
Superficie total de la Gran Polonia (Wielkopolska)
Superficie de las zonas boscosas y pantanosas en la se-
gunda mitad del siglo XVI
Superficie de las zonas boscosas y pantanosas hacia fi-
nes del siglo xvm
32.393
13.266
9.956
Resulta de ello, en consecuencia, que el área cultivable en
la Gran Polonia de la segunda mitad del siglo XVI era ilue-
rior a 19.127 K.m2 (32.393-13.266), y que hacia fines del
siglo XVIII, en la misma región era inferior a 22.437 Km2
(32.393-9.956). El aumento del área cultivable habría sido,
pues, de 3.310 Km2 (13.266-9.956); este último dato es más
atendible que los anteriores. Si la superficie cultivada durante
la segunda mitad del siglo XVI hubiese ascendido efectiva-
mente a 19.127 Km2, un aumento del 17,3% en el lapso de
más de dos siglos. Puesto que el área efectivamente cultivada
en la segunda mitad del siglo XVI era inferior a 19.127 Km2,
el mismo aumento debe corresponder a un porcentaje más
elevado.
Sin embargo, ese resultado nos parece demasiado opti-
mista 3, ya que no tiene en cuenta los terrenos abandona-
dos. Siguiendo un método diferente y más atendible, J.
Topolski calculó que entre fines del siglo XVI y fines del
1 K. J . Hladylowicz, o p. cit., p. 77.
2
Ibid.,p. 78.
3
Fue J. Topols ki quien, con toda la razón, llamó la atención sobre
este punto, loe. cit.
DlNAMICA A LARGO PLAZO 141
siglo XVIII hubo no un aumento, sino una disminución del
14% del área cultivada
1
. Pero, ¿no será este resultado, a su
vez, demasiado pesimista? ¿Sabemos acaso cuántos eran los
terrenos abandonados que, aun siendo tales jurídicamente,
eran en realidad utilizados de una manera u otra por el se-
ñor, o dados por él en arriendo a los campesinos?
Durante el mismo lapso, la población de la Gran Polonia
aumentó en un 3%
2
• Y este porcentaje constituye el límite
inferior de la valuación.
Por lo tanto, si admitiéramos que, contrariamente a los
datos de Hladylowicz, el área cultivada en la Gran Polonia se
restringió levemente o incluso quedó sólo estacionaria, mien-
tras que la población de esa región aumentó, aunque sea
poco, ello significaría que el área cultivable de cada agricultor
sufrió probablemente una reducción de menos del 10%, o a
lo sumo de menos del 20%.
Pero la Gran Polonia es una región de antigua colonización.
Si examinásemos, por ejemplo, la Pequeña Polonia (Malo-
polska), donde, en los tiempos modernos, la colonización se
impulsaba hacia tierras cada vez más altas de la zona monta-
ñosa (Podgórze) y sobre todo se extendía hacia la frontera
oriental, el aumento del área cultivada parecería evidentemen-
te mucho mayor. Hladylowicz obtuvo un porcentaje menor
para la región de Lwow
3
. Pero esto resulta del hecho de
que su método no es aplicable para el estudio de esa región
geográfica: las tierras de la Ucrania occidental están situadas
en una zona de transición entre la zona de los bosques y la
1
J. Topolski, Gospodarstwo wiejskie w dobrach arcybiskupstwa
gnieinieñskiego od XVI do XV!l! w. [La economía agrícola en los domi-
nios arquiepiscopales de Gniezno entre los siglos XVI y XVIII], Poznañ,
1958, p. 148.
2
W. Kula, . "Stan i potrzeby hadan nad demografi¡¡ historyczn'l
dawnej Pplski" [El Estado y las necesidades de las investigaciones en el
campo de la demografía histórica de la antigua Polonia] en Roczniki
Dz iejów Spoi. i Gosp., XIII, 1951, p. 104.
3
K. J. Hladylowicz, Zmiany krajobrazu z iemi lwowskiej . . . cit., p.
111.
142
C:J\ 1'1'1' LO CUARTO
de las estepas, y en consecuencia el proceso de roturación se
desarrollaba a lo sumo sin que fuese necesario talar bosques.
Sin embargo, por otra parte, al aumento más
considerable del área cultivada en la Pequeña l'olonia respon-
día un aumento mucho mayor de la población, y en conse-
cuencia movimientos migratorios de otras regiones polacas y
particularmente de Masovia.
Por lo tanto, el cambio del área cultivable en el caso de la
Gran Polonia es casi ciertamente inferior a la media nacional ;
pero también es inferior a la media nacional el aumento de la
población en esa región. _ o es por ello improbable que el
índice nacional fuese sólo levemente más favorable que el re-
lativo a la Gran Polonia.
Para poder pasar de los datos relativos a las variaciones del
área cultivable de cada agrícultor a los relativos a las varia-
ciones del rendimiento del trabajo en la agricultura, son nece-
sarios ahora los datos relativos a las variaciones del rendimien-
to de la tj.erra por unidad de superficie cultivada. En el
per:íodo en cuestión, tal productividad disminuyó. N o nos
parece que haya disminuido (comparando los puntos límites
del período) cuanto pensaba Rutkowski
1
; pero la tendencia de
las transformaciones por él verificada, nos parece exacta.
Topoiski, quien reconoce que en los inventarios, los datos
relativos a la cosecha son habi tual mente inferiores a la reali-
dad, sostiene que hacia fines dei siglo XVl, la cosecha era
igual a 5, y hacia fines del siglo XVIII a 3,5-4 granos por
cada grano de cereal sembrado
2
; eso significaría una dismi-
nución muy irnpor tante, igual cuando menos al 20%. Pero no
olvidemos que en los inventarías se habla sólo de las cosechas
en las tierras de los señores. Las cosechas de los campesinos,
1 Rutkowski, b:.sándose en las " actas de inspección", •·c>rn paró la can·
ti dad de granos c¡uc e ra deduci da en los di ferentes períodos para la siem-
bra. Pero estas c ifras, al parecer , incluy en también elemen tos convenci ona-
les , reflejando todo el aumento de !os priviJe¡:1os fiscales de la
no bleza, ya que dichas deducci ones eran asimismo aprovecha das para
reducir las cargas impositivas.
2 J. Topolski. o p. ci t . . p. 217 .
111 N A MICA A LARGO PLAZO
143
(' lt cambio -tal como lo atestiguan numerosas fuentes de di-
verso género- eran más elevadas que las de los señores
1
,
Yil fuera porque las tierras de los campesinos estaban mejor
Hhonadas, o porque el campesino trabajaba mejor én la suya
rropia. En consecuencia, no es improbable que la media na-
cional esté disminuida en menos del 10%.
Por lo tanto, si disminuyó ligeramente la superficie de te-
rreno para cada trabajador agrícola y si disminuyó el rendi-
miento agrícola por unidad de superficie, debía disminuir ne-
cesariamente, también en mayor proporción, el rendimient o
del t rabajo en la agricultura.
Esta conclusión se confirma por el hecho de que a fines
del siglo XVlii, la exportación de cereales polacos estaba
muy por debajo del nivel alcanzado a comienzos del siglo
XVII. Puesto que en el lapso comprendido entre esas fechas
no se manifiesta ningún desarrollo importante de la urbaniza-
ción; puesto que no se puede suponer un aumento del con-
sumo de la harina por persona; puesto que ya hemos admi-
tido que la exportación constituía un índice aumentado de
las cosechas en la cuenca del V ístula, si en estas condiciones
la exportación disminuyó en una medida que no puede expli-
carse con el aumento de la población, la única explicación
posible está en la disminución de las cosechas. Tanto más que
en el mismo lapso probablemente se hayan extendido los
límites geográficos de la zona exportadora y se comprimieron
ciertamente algunos desplazamientos en la distribución de los
terrenos para provecho de los estratos sociales de más elevado
coeficiente de comercialización (es decir, en beneficio de los
nobles y en detrimento de los campesinos, para ventaja de los
magnates y desventaja de los nobles).
Tratemos de dar una representación gráfica del problema,
1
Ejemplos, entre muchos, véase en J. Topolski, op. cit. p. 213. En
Lodo nuestro razonamiento suponemos que el rendimient o por grano cam-
bia proporcionalmente al rendimiento por unidad de superficie; se trata de
una simplificación admisible desde el punto de vist a de los propósitos ·que
aquí perseguimos.
144 CAPITULO CUARTO
comenzando por la economía de la reserva señorial. Para des-
tacar la tendencia a largo plazo tomemos en consideración la
comparación entre los puntos extremos, sin tomar en cuenta
la subdivisión interna del período.
Durante este período crece indudablemente la población
rural sometida a la servidumbre de la gleba (A); también cre-
ce, indudablemente, el nivel medio de las prestaciones feuda-
les (B). Por lo tanto aumenta -y en una medida superior a
la de cualquiera de ambas magnitudes- su producto, es decir,
el total de la fuerza de trabajo a disposición del señor
(A x B). Además crece seguramente el área de las reservas se-
ñoriales ( C).
Por lo tanto, el problema se plantea en estos términos:
¿qué aumenta más rápidamente, A x B, o bien C? ¿El total
de la fuerza de trabajo de que dispone el señor, o el área
que hace cultivar? Si, como parece probable, 11 x B aumenta
más rápidamente que C, es decir, si el total de la fuerza de
trabajo utilizada para el cultivo de las reservas señoriales au-
menta más rápidamente que su superficie total, mientras que-
dan sustancialmente invariados los instrumentos y métodos de
cultivo, se deduce que el rendimiento del trabajo (x ·= C/
[A x B]) en las tierras de las reservas señoriales disminuye a
largo plazo. Debemos suponer además que el rendimiento del
trabajo de un campesino disminuye más rápidamente que el
rendimiento de una unidad de superficie de la tierra de las
reservas señoriales (la disminución del rendimiento del trabajo
resulta parcialmente compensada por el aumento cuantitativo
del trabajo realizado).
Pasemos ahora del problema de las tierras de las reservas
IJINAMICA A LARGO PLAZO 145
,. ñoriales al de la totalidad de los terrenos cultivados en el
plano nacional (tierras de las reservas más tierras de los cam-
pesinos). Los elementos de nuestro razonamiento serán los
Higuientes: aumenta la población rural que cultiva la totalidad
ele los terrenos (ésta es la misma magnitud A del razonamien-
l.o precedente); el área cultivada aumenta en lo que respecta
u las reservas señoriales (e en el caso anterior) y disminuye
en lo que atañe a las granjas de los campesinos (D). Lo que
importa saber es si e aumenta más de lo que disminuye D, o
viceversa. Parece posible aceptar la primera hipótesis y admitir
e ~ aumento de e +D. Se plantea ahora esta pregunta: ¿qué
aumenta más, A ó C + D, es decir, la población rural o la
superficie cultivada del país? Parece que aumenta más rápida-
mente la población rural; en tal caso disminuirá el rendimien-
to del trabajo en el conjunto de la agricultura polaca, aunque
menos que lo que ocurre en las reservas señoriales. También
el rendimiento de los terrenos será una magnitud decreciente,
si bien menos en el conjunto de la agricultura polaca que en
las reservas señoriales. Resultaría que tanto el rendimiento de
los terrenos como el del trabajo disminuyen más en las reser-
vas señoriales que en las granjas de los campesinos.
Esta afirmación puede dar lugar a un malentendido. Se
puede objetar que a fines del siglo XVI, Gostomski invita a
los nobles a observar los métodos de cultivo seguidos por los
campesinos para aprender de ellos, mientfas que a fines del
siglo XVITI encontramos en el Pan Podstoli de l. Krasicki una
aldea que vegeta en la miseria, junto a una reserva señorial
manejada de manera brillante. Esto es verdad, pero el hecho
de que la disminución del rendimiento del trabajo y de los
terrenos sea menor en la tierra de los campesinos que en la
de los señores no excluye en absoluto la miseria de los cam-
pesinos. El tenor de vida de los campesinos era, de hecho, la
resultante del rendimiento de la tierra del área que poseían y
del número de personas a alimentar. ¿Qué importa que el
rendimiento de la tierra, según nuestro razonamiento (en caso
de que éste se confirme en investigaciones ulteriores), haya
146
CAPITULO CUARTO
disminuido lentamente, si al mismo tiempo disminuía el área
media de la granja campesina y crecía el número de bocas
que saciar?
N o obstante, semejante razonamiento es muy incierto.
¿Cuál era, para las granjas campesinas, el balance del aumento
de la población y del aumento de las prestaciones? ¿Cuál era
la relación entre la resultante de estos dos factores y el área
decreciente de las tierras de los campesinos? ¿En qué medida
podía compensar el aumento del trabajo invertido, para la
familia del campesino, la disminución del área de la granja?
Todos estos problemas deben estudiarse atentamente.
Encaremos ahora el problema de las variaciones a largo pla-
zo de la economía polaca en los siglos XVI-XVIII desde el
punto de vista de las tendencias de larga duración que se ma-
nifiestan en ella. Tales tendencias .consisten, como hemos di-
cho, en innumerables hechos que se verifican periódicamente
o en forma continuada y cuya acción es irreversible. Sus
efectos se acumulan y provocan un cambio de estructura.
Dichas tendencias expresan al mismo tiempo las contradic-
ciones ínsitas del sistema, y sobre todo las contradicciones de
clase. Ya hemos hablado de algunas de ellas; las otras son
universalmente conocidas. Recapitulémoslas:
1) tendencia a reducir las dimensiones de la granja campe-
sina de modo de llevarla por d ~ b a j o del punto óptimo,
en el cual puede considerársela la parcela mínima sufi-
ciente para nutrir una familia campesina y para repro-
ducir las fuerzac de producción;
2) tendencia contraria por parte de los campesinos, a pro-
ducir a cualquier costo excedentes para la venta, y a
estabilizar una relación con el mercado;
3) tendencia a unificar y a aislar económicamente la gran
propiedad terrateniente;
4) proceso de concentración de la propiedad de la tierra en
manos de los latifundistas;
5) tendencia del latifundio a "naturalizar" la actividad de
producción y de transporte.
Dl NAMl CA A LARGO PLAZO 14 7
Sostengo que tales son las tendencias más importantes de
la economía polaca en los siglos XVI-XVIII, tendencias que
derivan de contradicciones internas.
Ellas se manifiestan, no obstante, en una economía que no
está en absoluto separada del mundo, sino que, por el contra-
rio, está unida a él por lazos de importancia esencial para la
clase dominante. Los procesos que s ~ desarrollan en el mundo
circundante, especialmente en los países con Jos que Polonia
tiene estrechos lazos económicos (pero también en países leja-
nos, con los que no tiene ningún contacto económico direc-
Lo ), provocan, con el andar del tiempo, una variacíón de los
elementos del cálculo, un cambio de las condiciones exterio-
res. De este modo cambian elementos esenciales que no pueden
ser controlados ni por el noble aislado, ni por la nobleza polaca
en su conjunto.
En el estado actual de las investigaciones, es imposible des-
cribir con precisión los proeesos a que aludimos. Todos ellos
deben influir, Je alguna manera, sobre las razones de inter-
cambio en las que entraba el noble exportador, es decir, so-
bre los terms of trade. El problema es que los términos de
intercambio de Danzig, de Szczecin (Stettin) o de Królewiec
(KSnigsberg, actualmente Kaliningrado ), considerados desde el
enfoque del cálculo de los nobles, jamás se han estudiado se-
riamente. A mi parecer, los procesos más importantes podrían
definirse de la siguiente manera:
1) aumento de los precios de los productos exportados por
el noble, sobre todo de los cereales, y en particular del
trigo; aumento inicial (siglo XVI) muy rápido, luego
más lento (hasta alrededor de 1660), y luego, después
de una merma momentánea a fines del sigio XVII, lento
pero casi constante (para todo el siglo XVIII};
2) disminución de los precios relativos de algunos artículos
de importanción, debida a la va.l orizacíón, por parte de
las potencias europeac;, de sus colonias de ultramar (es-
pecias, azúcar, etc. );
148 CAPITULO CUARTO
3) una disminución más leve {pero también indudable) de
los precios relativos de otra categoría de artículos de
importación, a raíz de los progresos efectuados en el
campo de la técnica y de la organización de la produc-
ción (tejidos, papel, hierro, etc.).
Un proceso sustancialmente análogo se desarrolla también
en el mercado interno, en los mercados de las ciudades y de
los pueblos polacos. También aquí, por ejemplo, el precio del
trigo aumenta mucho más rápidamente que el precio del pa-
pel. Sólo que la divergencia es mucho menor aquí (el aumen-
to de los precios de los productos agrícolas resulta frenado
por la política de las ciudades, y sobre todo por la compe-
tencia de numerosos vendedores-campesinos; la disminución
relativa de los precios de los artículos artesanales, pese a ser
facilitada por la política de las "tarifas voivrxliales", se cumple
más lentamente, porque es más lento el progreso en la téc-
nica, y sobre todo en la organización económica de la pro-
ducción). Por lo tanto, un pequeño noble o un campesino
próspero que vende o compra en el mercado local, sólo ex-
trae un beneficio mínimo de los procesos en cuestión. El
acceso directo al mercado mundial, la posibilidad de llegar
directamente a la ciudad portuaria, representa de por sí un
enorme privilegio económico. Sería interesante saber si ello
no determinó parcialmente el proceso que hemos constatado,
de concentración de las posesiones rurales en manos de los
magnates. El latifundio no era superior a la propiedad de un
noble medio, ni por la técnica productiva, ni por la organiza-
ción de la producción, ni por el rendimiento del trabajo, ni
por el de la tierra. Sin embargo no debe excluirse que, justa-
mente a causa de la posibilidad de acceso al mercado mun-
dial, el latifundio diese resultados económicos muy superiores,
cuando menos durante una buena parte del período aquí exa-
minado. No debe excluirse que en la segunda mitad del siglo
XVIII este estado de cosas haya cambiado parcialmente, y
que ésta haya sido una de las razones de la consolidación
I>I NAMICA A LARGO PLAZO 149
•·conómica -entonces verificada- de la así denominada no-
bl eza media. Pero tampoco entonces debe haber sido ésta la
razón principal de esta transformación: por el contrario, el
privilegio de Jos latifundios de estar en contacto directo con el
mercado mundial, privilegio que en la segunda mitad del siglo
XVIII sigue existiendo, aunque resulte acaso un tanto debilita-
do, se nivela en virtud de otros fenómenos que acompañan el
desarrollo excesivo del latifundio y que actúan en su detrimento.
Intentemos, no obstante, una verificación empírica de las
hipótesis aquí formuladas acerca de las variaciones de las ra-
zones de intercambio en la época que nos interesa.
Antiguamente, los estudiosos de la historia de los precios
dedicaban mucha atención al problema del así llamado "po-
der adquisitivo del dinero"
1
• Algunos creían optimistamente en
la posibilidad de reconocer, e incluso de representar mediante
cifras, sus variaciones; otros, pesimistas, dudaban de ello.
Hauser expresó su propio pesimismo con las siguientes
palabras: "Para saber cuál era el valor de cien mil francos en
los bellos tiempos del Segundo Imperio, es mejor remitirse a
Zola . . . [Zola o Balzac] mejor que a las estadísticas, sabrán
situaros a un rico burgués en su ambiente, mejor que los cálculos
os revelarán el poder adquisitivo relativo a su tiempo y a
su clase, las rentas, los réditos provenientes de la tierra, las
especulaciones exitosas o ruinosas de sus protagonistas . . .
¿Poder adquisitivo? Un problema insoluble, más aún, diría
un problema que no puede plantearse, históricamente, en tér-
minos numéricos"
2
• No obstante, el problema, incluso planteado
en estos términos, ha seguido y aún sigue siendo discutido
3
.
1 Aunque ya Sombart consideró este problema como insoluble (Der
moderne Kapitalismus, München, 1919, t. I, 2, p. 555 ). Ani.ilogamente,
Joan Robinson afirma hoy que "el poder adquisitivo del dinero es un
concepto metafísico (Akumulacja kapitalu, Varsovia, 1958, p. 41 ).
2 H. Hauser, Recherches et documents sur l 'histoire des prix en Fran·
ce de 1500 a 18 00, París, 1936, p. 82.
3 E. J. Hamilton, The History of Prices befare 1750, en XI Congres
Internat ional des sciences historiques, Stockholm 1960, Rapports, París,
1960, p. 144·164.
150
CAPITULO CU ... RTO
Ello está efectivamente planteado en términos erróneos. Es
ilifícil resistirse a la impresión de que su planteo haya estado
determinado por la posición social del historiador moderno.
EÍ historiador, casi siempre un profesor universitario que vive
de la retribución de su trabajo, en base a su propia experien-
cia social conoce una sola situación: cobrando el sueldo, se
investiga cuál es el poder adquisitivo de ese dinero, y cómo
cambia el mismo en el tiempo. Pero el trabajador asalariado,
y sobre todo por una compensación abonada exclusivamente
en dinero, es un fenómeno tan raro en los períodos preindus-
triales, que una situación de esa índole, por lo que a esa eta-
pa atañe, debe considerarse como absolutamente excepcional.
El noble polaco no se preguntaba cuál era el poder adquisi-
tivo del dinero, sino más bien cuál era el poder adquisitivo
de íos productos que vendía, respecto a los que compraba.
Lo mismo puede decirse del campesino o del artesano. Y éstas
son las categorías sociales fundamentales que se manifies-
tan en el mercado. La disminución del poder adquisitivo del
dinero respecto a los artículos adquiridos podía ser compen-
sada, y quizá más que compensada, por el aumento de Jos
precios de los productos vendidos, o viceversa. Las relaciones
de intercambio pueden, pues, oscilar diferentemente, e inclu-
sive en sentido contrario, respecto al "poder adquisitivo del
dinero" calculado en abstracto.
Se sabe aproximadamente qué vendía el noble polaco, tan-
to en el plano microeconómico como en el macroeconómico.
Lo sabemos gracias a algunos estudios monográficos acerca de
determinados latifundios, y a la estadística de las exportacio-
nes de Danzig.
En cambio no sabemos tan bien qué compraba el noble.
La estadística de las importaciones es menos exacta, y por lo
demás no es lícito suponer que todo el volumen de las mer-
cancías importadas estuviese destinado a satisfacer las necesi-
dades de la nobleza. Más podría servir un análisis de las
"cuentas", de los "recordatorios" conservados en enorme
abundancia er. Jos archivos de los magnates; estaban destina-
1111-lAMICA A LARGO PLAZO
151
dl)s a los empleados encargados de dirigirse a las ciudades
portuarias con el grano para la venta y hacían la lista de los
productos a comprar
1
• Sin embargo, dado que aún no se ha
r ' alizado hasta ahora un trabajo de esa índole, y que no-
sot ros intentamos, a toda costa, tornar verosímil en el plano
l' mpírico nuestra hipótesis, debemos recurrir a una aproxima-
!'ión más "grosera".
Hemos adoptado el precio del centeno como índice del
precio de los productos vendidos por los nobles. Es verdad
que a largo plazo, los precios del trigo aumentaban más; pero
los de la madera y de los productos forestales aumentaban
menos; por lo tanto, nuestra elección del precio del centeno
como índice del precio de todo el surtido en venta, parece
justificada. El siguiente paso a dar en una investigación de
esta índole debe consistir en establecer la composición del
surtido vendido y calcuJar para él el í ndice estimado.
Más difícil resulta el problema de los artículos adquiridos:
para afrontarlo, en el estado actual de las investigaciones, he-
mos debido acudir a un procedimiento más arbitrario. l-Iemos
lomado: 1) tela de buena calidad, 2) papel de primera cali-
dad, 3) vino francés, 4) café, 5) pimienta. Hemos calculado
cuánto costaba, en cada uno de los años que hemos tomado
en consideración, una "cesta" que eontuviese un brazo de
tela, una resma de papel, un barrí! de vino, una ;'piedra"
(medida equivalente a cerca de 16 Kg) de pimienta, una de
café y una de azúcar. Evidentemente, esta composición de la
"cesta" es arbitraria, pero por ahora no podemos proceder de
otro modo; será tarea de investigaciones ulteriores el estable-
cer cómo se hallaban realmente compuest as las compras de
los nobles y de los magnates. Admitamos luego, para simplifi-
car, que el precio del centeno refleja de igual manera el pre-
1 S. Rostworowski, "Co s:t.lachic polski kupowal w Gdaósku, Mate-
rialy l:úsLoryczne z lat 1747·1757 z archi wmn rodzi nnego " ( Qué compraba
el noble polaco en Gdansk, Doeumentos históricos de los años 174.7·1757
Lomados de los archivos familiares ] en Rocznik Gdarís/<i, Vll-VI II,
1933-1934, p. 348-354. Documentos similares se pueden encont rar en
gran número en cualquier archi,,o de las antiguas haciendas.
152 CAPITULO CUARTII
cio del surtido de mercal)CÍas puesto en venta tanto por ul
magnate como por el noble, incluso si probablemente ello no
es del todo exacto, porque el noble vendía probablemenL
menos madera y productos forestales, y por lo tanto sus en-
tradas debían aumentar un poco más rápidamente que las del
magnate. Admitamos además que la composición de las adqui -
siciones del noble y la de las adquisiciones del magnate sea
idéntica, y que sólo ·sean diferentes las cantidades respecti-
vamente compradas por ellos: tal hipótesis se justifica por el
hecho de que los nobles trataban de imitar el modo de vivir
de los magnates.
Admitamos además que el magnate vendiese sus productos
a Danzig y que el noble medio o pequeño, que no estaba en
condiciones de organizar el transporte a larga distancia, ven-
diese sus productos en el mercado local. Calculemos ahora,
por una parte, el precio de una last de centeno, y por la otra
el ·precio de la "cesta" de artículos adquiridos, primeramente
en el mercado de Danzig, y luego en el de Cracovia
1
• Re-
pitamos el cálculo para cada medio siglo (tomando cada vez
una media de cinco años para cada precio: Un año divisible
por cincuenta, más los dos años anteriores y los dos siguien-
tes). Dividamos luego entre sí los resultados (precio de una
last dividido por el precio de la "cesta"), y obtendremos así
algo que podría llamarsa "poder adquisitivo de una /ast de
centeno expresado en productos adquiridos por la nobleza",
pero que ll amaremos razones de intercambio de los magnates
(resultados obtenidos en base a los datos de Danzig) y de los
nobles (resultados obtenidos en base a los datos de Cracovia).
Con estos resul tados formamos un índice.
Finalmente, para ilustrar mejor el problema, hemos arríes-
Esto no c ontradice nuestra afirmación de que las ciudades era n
abastecidas casi exclusivamen te con productos del campesino, mie ntras la
producción de la reserva está destinada sobre todo a la exportación. La
producción de la reserva pod ía ser exportada aun cuando no lo hiciese el
propietario de la misma. El pequeño noble vendía su cosecha al magnate
o al mercader de una ciudad de provi ncia, quienes con toda se¡.:uridad le
pagaban el precio local.
111 N A MICA A LARGO PLAZO
153
¡:ndo dar otro paso, más arbitrario aún: hemos calculado las
mzones de intercambio del campesino. Hemos supuesto que el
nllnpesino vendiese un korzec (cerca de 120 litros) de cen-
teno, un korzec de avena, un garniec (cerca de 4 litros) de
111anteca y una sesentena de huevos, comprando en cambio
un brazo de tela, una seseo tena de clavos y un barril de sal.
1 ,u ego hemos repetido ese procedimiento en base a los pre-
cios de una ciudad de provincia (Cracovia). Los resultados
son sorprendentes. Helos aquí:
!tazones de intercambio
del magnate
del noble
del campesino
1550 1600 1650 1700 1750
100
100
100
276
80
205
385
144
169
333
152
118
855
145
51
Si fijamos en 100 el estado de cosas en 1600, el cuadro será
un poco diferente:
1600 1650 1700 1'750
Razones de intercambio
del magnate lOO 139 121 310
del noble 100 180 190 181
del campesino 100 '82 58 225
Estos son los resultados del intercambio del producto su-
plementario del trabajo de los campesinos con los artículos
de lujo para el consumo de los magnates y de los nobles
1
.
Los resultados que presentamos aquí están casi seguramente
l En lo que respecta al comercio exterior por medio del cual un país
cambia ar tículos de lujo por artículos necesarios para la producción y el
consumo corriente o viceversa, véase K. Marx, El capital, cit. , t . I, 3, p.
22.
La tesis sobre el mejoramiento de los términos de intercambio de la
nobleza, a largo plazo, ha sido puest a en tel a de juicio, para ¡,<tan sorpresa
mía, por J. Topolski (Teoria ekonomicz na . . . , cit. ) quien cita los resulta-
dos de una evaluación hecha por R. Rybarski hacia el año J 939 (Siwrb i
pieniqdz za Jana Kazimierza, Michala Korybula i Jana 1/l 1 El fisco y la
moneda dura nte los reina dos de Jua_n Casimiro, M i ~ u e l Korybut y Juan
154 CAPITULO CUAll'l'lo
inflados. En la presunta "cesta" de las compras del magnai.P
y del noble se ha atribuido muy probablemente una park
demasiado grande a los artículos coloniales, cuyos precios
absolutos aumentan más lentamente que todos los demás, y
una parte demasiado pequeña, en cambio, a Jos artículos in-
dustriales, cuyos precios aumentan un poco más rápidamente.
En lo que respecta a las compras del campesino, hemos atri-
buido una parte demasiado grande a la sal, cuyo precio au-
menta mas que ningún otro. Además es lícito suponer que
--
l iiJ, p. 437 ). Según estos r esultados, los índices de los precios se presen·
tar ían como
Produc tos agrícolas
1641-1 650
lOO
lOO Art kulos de origen extranjero
1691· 1700
202
272
El hecho es que el índice de los precios de los p roductos agrícolas
fue calculado por R.yba1:ski de un modo su mamente disc utible . .En efec·
to, se trata de una media no ponderada de seis índices de precios : de
frijoles (dos índices), de una vaca, de un ternero. de la mantequilla y
de la averlil. Los p roductos de la ganadería - prod•wtos no c¡¡ porLables-
representan aqu í el 50%, y lO$ cereales, apenas Uil 16'/o¡ ade rnás, el (mi·
co cereal tornado en cuenta es la avena, y esto en un¡¡ rer, ión triguera
como Lublin. Po r una parte, Rybarski no advirtió que e! libro de J.
Pele, que le 1' ra conocido ( Ceny w GJa1íslw w XVI i XVIT w. [Los
precios en Gdansk en !os siglos XVI y XVII]. Lvov, 1937, p. 49·50 ),
no contiene, como se sabe, ios precios del trigo y sus datos desgraciada·
mente no son comparables, puesto que el precio del centeno aumenta
cuando el de la vena, el cereal menos comercializado, disminuye. Por
otra parte, si se excl uyesen los productos de ia ganader ía, el r esul tado
sería peor aún para mi tesis. Al no poder interpretar correctamente las
aval uaciones de Rybarski , dado que el método usado por él resulta más
que dudoso, consi deré conveniente repeti r sus cál culos.
Lo más importante es que, a pesar de Jo cuestionable del método de
Rybarski , su resultado es en el fondo exacto: es evidente que en la se·
gunda mitad del siglo XVII empeoraron los términos de intercambi o de
las exportaciones en Gdansk. La gracia está en que yo afirmo lo mismo.
Según las cifras arriba presentadas, entre 1650 y 1700 lm; términos de
intercambio en Gdansk (para el magnate) bajan de 385 a mientras
los del noble (en Cracovia) aumentan efectivamente, mas en ínfimo gra·
do (de 14.4 u 1 52). Lo que dificultó advertir este fenónwno sido
segurament e el error de imprenta que se deslizó en la edición polaca en
el segundo cua dro (con base en el año 1600, ya que los datos del pri·
mer cuadro r-on correctos}. Mi tesis atañe al proceso de largo plazo y
no sólo admite la pmübilidad de que las condiciones var íen en algunos
sub-per íodos, r. ino que también la demuestra mediante Jus cifras pre-
sentadas.
III NA:\<l!CA A LARGO PLAZO 155
los precios de Cracovia son demasiado elevados para consti-
luir un índice de los precios de los artículos adquiridos por
los campesinos; pero esta consideración no debe tener
mucha importancia, porque en nuestra comparación nos in-
teresan las transformaciones en el tiempo, y es muy proba-
ble que la relación entre los precios efectivamente pagados
por los campesinos y los precios de Cracovia no haya
cambiado mucho en el correr de los años; agreguemos que
. i los precios de adquisición son demasiado elevados, en la
mi sma medida, probablemente, son demasiado elevados los
precios de venta.
Pero incluso admitiendo que el fenómeno revelado de las
comparaciones que acabamos de realizar resulte agrandado, se
manifiesta en estas cifras con una fuerza y una regularidad
tan sorprendentes (con excepción del período 1650-1700),
que no es posible dudar de su realidad.
Partiendo del estado de cosas a fines del siglo XVI y a co-
mienzos del XVII ceteris p'aribus (es decir, incluso admitiendo
que el área de la reserva señorial no haya aumentado y que
la de la granja del campesino no haya disminuido, que el
c01:sumo interno haya quedado invariado, etc.), el valor real
de la parte del rédito que pasa a través del mercado está tri-
plicado en el caso del magnate, duplicado en el del noble, y
disminuido cuatro veces en el del campesino.
Las cosas transcurren de una manera un poco diferent e en
la segunda mitad del siglo XVI; sin embargo, debemos decir
que el empeoramiento de las razones de intercambio del no-
ble y del magnate en este período no nos parece un hecho
real, sino una ilusión debida a algún error en los materiales
(error que corresponderá al 1550, y no al 1600); la cuestión
exigiría un examen más profundo. No nos sorprende, en cam-
bio, el mejoramiento de las razones de intercambio del cam-
pesino en el mismo período; más aun, lo esperábamos. Esta
es, nos parece, una de las razones que explican la relativa
docilidad de los campesinos frente al desarrollo de la reserva
156 CAPITULO CUA!l'l'll
señorial basada en la prestación personal': el campesino qut •
poseía cada vez menos terrenos vendía cada vez meno11
productos, pero lo hacía a precios cada vez más ventajosos.
Pero en el siglo XVll este estado de cosas se invirtió, as1
como se frenó el progreso técnico en el campo industrial que
había tomado impulso entre fines del cuatrocientos y comien-
zos del siglo siguiente habiendo determinado exactamente en el
siglo XVI una rebaja relativa de los artículos comprados por el
campesino.
Quizás estemos exagerando las consecuencias del fenómeno
que hemos constatado aquí: sería bastante natural. Quizá sus
dimensiones hayan sido más modestas de lo que resulta de
nuestras comparaciones. Sin embargo, si se está dotado de
imaginación en el campo de los números, estas comparaciones
abren vastas perspectivas de interpretación en diversos cam-
pos.
Ante todo, echan luz sobre las transformaciones ocurridas
entonces en Polonia en las relaciones de fuerzas entre las cla-
ses. Evidentemente, las cifras aquí indicadas no son un índice
del valor real del producto total ni del rédito total del mag-
nate, del noble o del campesino, sino sólo de la parte del
rédito que pasaba a través del mercado. Esta parte era mayor
en el rédito del magnate que en el del noble, y muchísimo
mayor en el rédito del noble que en el del campesino. Supo-
niendo (so lamen te para ilustrar nuestro razonamiento) que la
parte del redito que pasaba a través del mercado constituía el
60% del rédito del magnate, el 40% del rédito del noble, y el
10% del rédito del campesino, y que la parte que no pasaba
a través del mercado permanecía invariada, de las cifras cote-
jadas anteriormente y relativas al período 1600-1750 resul-
1 Es un problema controvertible. Cf. K. Dobrowolski, "Dzieje wsi
Nied:íwiedzia w powiecie Limanowskim do schylku dawnej Rzeczypos·
politej" [Historia de la aldea de Nied:íwiedzia en el distrito de Lima-
nowa hasta las postrimerías del Reino de Polonia] en Studia z historii
spolecznej i gospodarczej poswiecone fr. Bujakowi, p. 536-7; W. Kula,
"Przywilej spoleczny a poslep gospodarczy" [El privilegio social y el pro·
greso económico ]m Orzegkad Socjologiczny, IX, 194 7, p . 188-189.
lJINAMICA A LARGO PLAZO 157
taría que, en el mismo período, el rédito real global (también
aquí ceteris paribus, sin tener en cuenta el aumento del área
poseída, del rendimiento, de la comercialización, etc.) aumen-
taba de 100 a 220 para el magnate y de 100 a 142 para el
noble, mientras que había disminuido de 100 a 92,5 para el
campesino. Tal resultado sería absurdo si no recordásemos
que el grueso del rédito del campesino tenía carácter "natu-
ral". Ahora bien, si consideramos el hecho de que la dispari-
dad económica entre magnates, nobles y campesinos era muy
grande ya a fines del siglo XVI y a comienzos del XVII, si
consideramos que en el período 160ü-1750 más allá del factor
en cuestión, muchos otros factores tendían a acrecen-
tar esta disparidad (sobre todo la concentración de la propie-
dad de la tierra en manos de los magnates en perjuicio de los
nobles, y en manos de los nobles en detrimento de los cam-
pesinos); y si a todo ello le agregamos el factor en cuestión,
que obraba con tanta fuerza, lograremos comprender. mejor
los procesos socioeconómicos que se desarrollaron en Polonia
durante ese período.
En segundo término, el fenómeno aquí descripto contri-
buyó a esclarecer el proceso de restricción del mercado in-
terno en Polonia, en el período que va de fines del siglo XVI
a mediados del XVITI (a decir verdad, las delimitaciones cro-
nológicas tan genéricas tampoco nos dejan la conciencia tran-
quila; el problema debería ser examinado para todo el perío-
do accesible a la investigación, para todos los años, uno tras
otro; sólo en dicho caso sería posible cumplir una periodiza-
ción empíricamente motivada, correspondiente a los puntos
en los que se quiebra la tendencia). Las razones de intercam-
bio en Danzig son mucho más ventajosas que en el interior
del país
1
, a punto de eliminar gradualmente a los magnates
1 Recordemos que se trata aquí de fenómenos de hu-go plazo. Natu-
ralmente, a corto plazo, podía ocurrir lo contrario. Para no multiplicár
ejemplos, citemos solamente que el excelente cronista Marcin Matus-
zkiewicz, al transportar en 17 36 cereales a Gdansk, los vendió ya en
I'lock (ciudad situada a más de 300 km por vía fluvial de dicho puerto)
donde el precio era superior al de Gdansk Marcina Matus-
158 CAPITULO CUARTO
y a los nobles del mercado interno: para el magnate es con-
veniente adquirir los productos del noble y hasta del campe-
sino para transportarlos a Danzig
1
• Al mismo tiempo, un em-
peoramiento tan grave de las razones de intercambio del
campesino contribuye a esclarecer el proceso de eliminación
del mercado urbano del campesino en cuanto adquirente. In-
cluso vendiendo las mismas cantidades de producios y asegu-
rando así el aprovisionamiento de las poblaciones ciudadanas,
hacia mediados del siglo XVIII el campesino está en condicio-
nes de comprar, con el dinero que recauda, apehas la cuarta
parte de los artículos que adquiría aún a fines del siglo XVI
y a comienzos del XVII, es decir, cuando puede considerarse
concluido en la cuenca del Vístula el proceso de formación
de la reserva señorial basada en la prestación personal.
En tercer lugar, los datos aquí discutidos contribuyen a
esclarecer el problema del desarrollo económico (o más bien
de la ausencia de tal desarrollo) en el período 1600-1750,
los problemas del rendimiento del trabajo, del rendimiento de
la tierral de las inversiones agrícolas, etc. Imaginemos qué
porcentaje de aumento de los réditos hubiese podido obtener-
se, en el mejor de los casos, con estas o aquellas mejoras, y
+--
zkíewicza, lzasztelana brzeskiego-litewskiego, 1714-1785 (Memorias de
Marcin Matuszkiewicz, castellano de Brest·Litovsk, 1714-1765], ed. a
PawiÍlSki, T. I, Varsovia, 1876, p. 59). Este mismo autor cuenta la si·
guiente historia perteneciente a la tradición familiar: " Ocun-ió que ...
mi padre no había preparado a tiempo el cargamento a Gdansk, mier.·
tras tanto en el interior de Lituania el año había sido de pésima cose·
cha por lo que la carestía era muy grande. Como todos los de nuestra
voivodía de Brest habían llevado su cereal a Gdansk, mi padre vendía el
suyo a los que llegaban del interior de Lituania, ganando de esta forma
16.000 tynfs". (Ibíd., t. II, p. 20).
1 J. Burszta, "Handel magnacki i kupiecki m i ~ d z y Sieniawa nad
Sanem a Gdañskiem od konca XVII do poloW)' XVIII w." [El comercio
de loo magnates y los mercaderes entre Sieniawa sobre el San y Gdansk
desde el fin del siglo XVII hasta la mitad del XVIII ), en Roczniki
Dziej. Spol. i Gosp., XVI, p. 174·232. Este interesante trabajo revel ó las
dimensiones del fenómeno que con tod.a seguridad podría descubrírse
también en muchas otras haciendas. Cf. igualmente las numerosas men·
ciones que se hallan en las "instrucciones", por ej . l nstr..tktarze .. . , cit.,
II, p. 60-61.
DI NAMICA A LARGO PLAZO
159
compa:rémoslo con el hecho de que el valor real del rédito
proveniente del mercado se ha octuplicado en el lapso de dos
siglos, o inclusive sólo con el hecho de que se ha triplicado
en el lapso de ciento cincuenta años: comprenderemos clara-
mente que el noble, y especialmente el magnate, se hallaban
en la situación de quien vive de rentas y no tiene interés al-
guno en pensar en inversiones productivas. En cambio el cam-
pesino sí está interesado en invertir; más aún, si consideramos
que ciertas compras en el mercado son indispensables para él,
podemos admitir que esté obligado a realizar inversiones. El
problema es que sus posibilidades en este campo son míni-
mas. Como hemos dicho en otra parte, trata de todos modos
de explotar tales posibilidades y de mantener a toda costa el
contact o con el mercado; los fenómenos que acabamos de
describir nos ayudan a comprender la intensidad de esos es·
fuerzas suyos.
El cuarto problema del que queremos hablar, siempre con
J mismo propósito, Liene carácter metodológico. Tenemos
que vémoslas aquí con un ejemplo típico de "historia incons-
c[ente"
1
: ios hombres que estaban investidos de tales pro-
cesos, en su i:n.mensa mayoría, no sabían nada de ellos; igno-
raban sus causas y, más aún, mayormente ni siquiera se per-
cataban de los síntomas, los cuales, obrando lentamente,
provocando cambios imperceptibles en escala de décadas, pero
i La expresión es de F. Braudel, "Histoire et science.s sociales. La
longue durée", Anna/es, 1958, p. 725-75:). La conciencia de los procesos
económicos, sobre todo los de larga duración, y de las transformaciones de
la estructura socio-económica, es un tema importante a la vez que poco
conocido. Es también importante para ·el análisis estrictamente econó-
mico, puesto que la conciencia de l os cambios económicos que se están
operando constituye uno de los elementos que condicionan la actividad
económica. Tal vez porque nunea me he dedi eado a estudiar en las
fuentes la historia de L:1 formación de la hacienda fundada en la servi-
dumbre en Polonia, me admiró la amplia noción que tenían de este
proceso los contemporáneos y las generaciones subsiguientes, hecho que
se manifiesta en numerosos documentos publicados por S. Kuras (Ordy-
nacje i ustawy wiejskie z archiwów Metropolitalnego i Kapitulnego w
Krakowie, 1451-1689) [Ordenanzas y edictos concernientes a las aldeas,
t omados de los archivos metropolitano y capitular de Cracovia,
1451-1689}, Cracovia, 1960.
160
CAPITULO CUARTO
obrando siempre en la misma dirección, transformaban de
manera decisiva la situación y las relaciones recíprocas de los
diversos estratos sociales. Las dos grandes oleadas infla-
cionistas en la Polonia del siglo XVII suscitaron en el país
enorme interés y agitación; pero en comparación con los pro-
cesos aquí descriptos, su trascendencia fue bastante limitada,
y si ejercieron una acción duradera, ello ocurrió sólo en la
medida en que aceleraron estos procesos fundamentales. No
obstante, es evidente que los hechos de conciencia ligados a estos
procesos deberían ser objeto de una investigación exacta.
Pero los procesos aquí discutidos plantean aún otro pro-
blema metodológico: el problema de la interdependencia del
desarrollo económico mundial. Esta interdependencia, en su
aspecto más notable y más fácilmente advertible a través de
las fuentes, vale decir bajo el aspecto del comercio interna-
cional, ha sido siempre, desde los primeros estudios de histo-
ria económica, el problema favorito de las investigaciones. Los
imponentes alcances del comercio internacional en el alto Me-
dioevo e inclusive en los así llamados tiempos prehistóricos,
han suscitado el interés de muchos estudiosos. Surgió así el
peligro de una deformación particular de la perspectiva: la
imagen de florecientes intercambios internacionales en escala
mundial ha ocupado uno de los primeros lugares en los estu-
dios relativos a épocas en las cuales dichos intercambios con-
cernían exclusivamente a artículos de lujo, e incidían sobre el
tenor de vida de un porcentaje ínfimo de la población. Con
razón observaba Sombart, bromeando, que, al leer ciertos es-
tudios de historia económica, se tiene la impresión de que la
gente, en la Europa medieval, se alimentaba sobre todo de pi-
mienta. Pero lo que no advertía Sombart era la interdepen-
dencia funcional de todos los elementos de la vida social, a
consecuencia de la cual la variación de un elemento deter-
mina en alguna medida la variación de todos los demás.
Los cambios de los que hablamos y que se desarrollaron en
la economía polaca entre los siglos XVI y XVIII, tuvieron
(para simplificar) las siguientes causas fundamentales:
DINAMICA A LARGO PLAZO 161
1) el aflujo a Europa de metales preciosos, a raíz de los
descubrimientos geográficos, el que provocó por doquier
fenómenos "inflacionistas", los que en toda economía
de mercado se manifiestan con un aumento de los pre-
cios de los artículos de primera necesidad superior al ·
aumento de los precios de los artículos de lujo;
2) el acceso -siempre a raíz de los descubrimientos geográ-
ficos- a las fuentes de numerosos artículos suntuarios
(especias), que determinó una relativa rebaja de sus precios;
3) el progreso técnico en algunos sectores de la producción
industrial (producción del hierro, del papel, etc.), que
determinó una relativa rebaja de los precios de esos ar-
tículos respecto a los precios de los productos agrícolas;
este progreso, si no en el siglo XVI, cuando menos en
los dos siglos subsiguientes, fue más rápido en Europa
occidental que en Polonia, y ello determinó una relativa
rebaja de los precios de los' artículos de importación,
beneficiando a quienes tenían acceso a dichos artícu-
los';
4) el progreso de la organización socíoeconómica de la pro-
ducción en algunos sectores industriales (por ejemplo, la
industria textil); este progreso se desarrolló más rápi-
damente en Europa occidental que en Polonia, y llevó a
resultados análogos a los que señalamos anteriormente;
5) el proceso de urbanización · y de industrialización precoz
1 La carestía de los artículos industriales de buena calidad en Polo-
nia con relación a Europa occidental, llamaba la atención de los extran-
jeros ya en la primera mitad del siglo XVII. "Todo lo que atañe al
vestido es aquí (es decir en ToruÍl) dos veces más caro que en Francia"
-dice el secretario del embajador de Luis XIII (K. Ogier, Journal d'un
rJoyage en Pologne, 1635-1636, ed. en polaco por W. Czaplinski, t. I,
Gdansk, 1950, p. 113). MaLuszewicz, auLor de las memorias ya men-
cionad&s, recuerda que su padre "había traído montones de cosas com-
pradas barato en otros países . . . las vendió (en Polonia) obteniendo por
ellas una suma de tres mil tálers" (Pamielnihi Marcina Matuszewicza . .. ,
cit., t.. lf, PP- 16 y 19. Es cierto r.¡ue ambos testimonios se refieren a
épocas cuando el comercio báltico se hallaba perturbado a causa de gue-
n·as.
162
CAPITULO CUARTO
en algunas regiones de Europa occidental, causado por
los fenómenos descriptos en los puntos 3 y 4, a raíz
del cual dichas regiones dejaron de ser autosuficíentes
en el campo del aprovisionamiento, y fueron obligadas a
buscar las bases de aprovisionamiento económicamente
más ventajosas.;
6) el progreso de la técnica de los tra11sportes, y en par-
ticular de la navegación marítima, gracias al cual se vol-
vió rentable el transporte de ciertos artículos a distan-
cias que anteriormente lo hacian demasiado oneroso.
Podría discutirse infinitamente acerca de la oportunidad de
prolongar esta nómina; pero dejemos esa tarea a las investiga-
ciones especializadas. Tampoco vale la pena abrir aquí una
discusión sobre la jerarquía de los diferentes grupos de causas
(personalmente sería partidario de atribuirle la parte me-
nos importante al factor puesto a la cabeza de la lista): no es esto
lo que importa en este momento. Lo que sí importa es un
cierto complejo de factores que, mediante la intensificación
de los intercambios internacionales y el aumento de la partici-
pación polaca en dichos intercambios, provocó determinado
complejo de consecuencias en la vida económica de Polonia.
Estas consecuencias (tampoco aquí tiene importancia el orden
en la lista) son las siguientes:
1) la formación (por lo menos en lo que a los cereales res-
pecta) de un precio nacional , en un país en el cUal los
intercambios entre las diversas regiones estaban relativa-
mente poco desarrollados. Por ejemplo, de PoznaÍJ. a
Cracovia, los precios oscilaban en una medida bastante
concordante, no porque fuesen nivelados por los inter-
cambios entre la Gran Polonia y la Pequeña Polonia
occidental, sino porque ambas ciudades dependían del
precio corriente en un tercer mercado, es decir, del
precio de Danzig ;
2) el surgimiento de una determinada dependencia regional
de los precios de los artículos de exportación, caracte-
1011\!/\MlC;\ i\ 1./\JUiO Pl..'\ZO 163
rizada por el hecho de que dichos precios disminuyen a
medida que se remonta el curso de los principales
ríos
1
;
3) la evolucion en sentido inverso de los precios de los ar-
tículos de importación 1;
4) un cambio fundamental en la relación entre los precios
de los productos agrícolas transportables y los de los
productos no transportables (una rebaja relativa de los
precios de los productos de la ganadería, que mayor-
mente no soportaban desde el punto de vista técnico el
transporte a largas distancias, respecto a los precios de
los principales cereales, etc.);
5) un encarecimiento relativo (que se verificó según parece,
no durante el siglo XVI, sino durante los siglos
sucesivos) de los artículos industriales de fabricación
nacional, vendidos en los mercados locales y destinados
a satisfacer las necesidades de los consumidores econó-
micamente débiles, respecto a los precios de los artícu-
los industriales de importación, adquiridos por los con-
sumidores econónücamente poderosos;
6) un freno en el desarrollo de la producción industrial na-
La formación de aquel "precio nacional" es un problema impor·
tantísimo, si bien poco investigado. El hecho de que los precios de los
cereales iban en aumento siguiendo el eje sudeste-noroeste, era cono-
cido a los hombres de la época. Lojko, al viajar a Ucrania, anota en
cada pal'ada los precios de los cereales, constatando su baja de día en
día. Según Korzon (Wewn<;?trzne dizieje . .. cit., t. II, p. 86}, " los pre-
cios de Braclaw (en Ucrania) podían ser 9 veces inferiores a los de Ma-
sovia, más de 14 veces inferiores a los de Toruñ y 16,5 veces, con res-
pecio a Gdansk". Más t;Hdc, esta escala se redujo, cuando la guerra ru-
so-turca, la colonización de las estepas ucranianas y el comercio del Mar
Negro originaron un alza de los precios de la Ucrania polaca. Pero aquí
no hablamos de la escal a de los precios, sino del sentido ur.iforme de
su fluctuación. El trabajo citado de H_ l'vladurowicz-Urbanska demuestr a
el extraordinario grado que alcanzó dicha uniformización en Polonia ya
en la segunda mitad del sigl o XVIII.
:! De otro modo, Jan Duklan Ochocki (autor de conocidas memo-
rias) no habría podido hacer tan excel entes negocios comprando en Var-
sovia artículos induslriales de lujo para luego cederlos, no sin
hecho rogar y en cali dad de un wan favor, a los nobles de Ucrania.
164 CAPITULO CUARTO
cional, para la cual los consumidores económicamente
poderosos se convierten en un mercado inaccesible;
7) variaciones en los transportes de fuerza entre las clases,
la restricción del mercado interno, la detención del
proceso de crecimiento económico; en suma, todo aquello
de lo que hemos hablado antes.
Es evidente que esta lista podría alargarse notablemente.
Lo que nos interesa ahora es la conclusión metodológica
que resulta claramente de los fenómenos descriptos: los sucesos
de la historia económica no pueden explicarse dentro de los
límites de la historia de un solo país
1
. El hecho de que durante
los últimos años se haya descuidado en Polonia la así
denominada historia universal es doloroso y nocivo, no por-
que rara vez se publiquen entre nosotros trabajos sobre tal o
cual problema relativo a la historia de otras naciones, sino
porque nuestra propia historia no se estudia en el contexto
mundial, sino separadamente, aunque no se haya desarrollado
por separado.
Otra conclusión metodológica atañe al problema de la con-
ciencia, o mejor dicho, en este caso, a la inconsciencia en la
que se desarrollan procesos de semejante importancia y dura-
ción.
Por último, una tercera conclusión se refiere a la necesidad
de estudiar los fenómenos sociales desde el punto de vista de
la conexión funcional entre todos los elementos de la vid<t
"El historiador de la economía, más que cualquier otro, no debe-
ría encerrarse en el marco nacional, ya que la civilización económica es
una creación internacional. En Jugar de historias económicas nacionales
con referencias a la historia económica universal, necesitamos estudios
comparativos de los movimientos y problemas comunes a numerosos
países R. H. Tawney, "The Study of Economic History " , Económica,
1933, p. 1-21. Esta orientación es seguida por M. Malowist en muchos
trabajos suyos: "The Economic and Social Development of the Baltic
Countríes from the Fifteenth to the J?eventeenth Centuries", Economic
History Reuiew, 1959, p. 177-189; Uber die Frage der Handelspolitik
des Adels in dem Ostseeliindern im 15. und 16. Jhdt. , Hansische
Geschichtsblatter, 1957, p. 29 y sgtes.; L 'éuoll4tion industrie/le en Polog-
ne du XJVe au VII!e siecle. Studi in onore di Armando Sapori, I, Mila-
no, 1956.
PINAMICA A I. ARGO PLAZO 165
social. También en el período del max1mo florecimiento, los
intercambios internacionales de la república polaca se referían
a una parte relativamente poco importante de la producción y
del consumo nacionales. También entonces sólo una pequeñí-
sima parte de la población vendía al exterior los productos
que le competían en virtud de la repartición del rédito social,
y consumía productos de importación. Ello no significa que
el lugar de Polonia en los intercambios internacionales no de-
terminase, en alguna medida, la situación economica .de todos
los estratos sociales o el volumen global de la producción o
del consumo nacional. El cambio de un elemento provocaba
el cambio de todos los demás. El campesino (generalmente
hablando) no vendía para la exportación ni compraba produc-
tos de importación; pero la existencia de la exportación y de
la importación hacían disminuir el poder adquisitivo del sur-
tido de mercancías por él puesto en venta (por ejemplo, a
causa del lugar importante que en dicho surtido concernía a
los productos de la ganadería). El magnate, en cambio, sin
realizar inversión alguna en sus terrenos, se beneficiaba con el
aumento del p o d e ~ adquisitivo de los productos que tenía a
su disposición: y éste era un aumento notabilísimo.
Razonando según las categorías actuales, diremos que en
esa época las razones de intercambio del comercio internacio-
nal cambiaban "en beneficio" de Polonia: ésta estaba en con-
diciones de importar cada vez más por la misma cantidad de
mercaderías exportadas. Situación aparentemente ventajosa,
opuesta a la situación en la cual se encuentran hoy en día
los países exportadores de materias primas, por regla general
los países subdesarrollados, para los cuales ya desde hace un
siglo los términos del intercambio se tornan cada vez peores,
agravando las dificultades económicas ya existentes. Pero aquí
tenemos nuevamente un ejemplo que muestra cómo la situa-
ción económica de los países subdesarrollados de hoy es, en
muchos aspectos, diferente de la propia de la era preindus-
trial, . y cómo en el período preindustrial las leyes económicas
funcionaban de otra manera. Las variaciones de las razones
166
CAPITULO CUARTO
del intercambio, aparentemente ventajosas para Polonia, debili-
taron en realidad el desarrollo económico polaco
1
, porque
granjeaban ventajas económicas fabulosas a un solo estrato so-
ciaL Gracias al concurso de grandes transformaciones mundia-
les, los nobles, y sobre todo los magnates polacos se encon-
traban, en esa época, en la situación de gente que vivía de
renta, "extrayendo dividendos" del proceso de retroceso eco·
nómico del país.
Si tales son las leyes que gobiernan las transformaciones a
largo plazo dentro del ámbito del sector comercializado (re-
cordemos que, conforme a nuestra tesis, la división en un sec-
tor "natural" y un sector "monetario" no coincide con una
determinada división de las "haciendas", pero pasa a través de
cada "hacienda", o casi), para esclarecer las transformaciones
a largo plazo concernientes al volumen del rédito social total
y a la estructura de su repartición, tendremos que examinar
más de cerca las relaciones existentes entre el sector "moneta-
rio" y el "natural" en los diversos tipos de hacienda, en par-
ticular en la reserva señorial y en la granja campesina.
El nudo de la cuestión esta constituido, nos parece, por
dos de las tendencias que hemos enumerado al comienzo de
este capítulo: 1) por la tendencia a reducir las dimensiones
de la granja campesina, impulsándolas por debajo del punto
6ptimo en el cual es la parceh mínima indispensable para ali-
mentar a una familia campesina y para reproducir las fuerzas
de producción; 2) por la tendencia deL campesino a procurar-
se, a toda costa, excedentes para la venta, y entrar en relacio-
nes con d mer.cado. Estas tendencias son opuestas entre sí.
¿Cuál de ambas era la más fuerte?
En favor de la primera tendencia obraba la fuerza de la
clase privilegiada. La segunda tendencia, que obraba mucho
1 Ya Cantillon señaló el provecho para Holanda y la pérdida para
Polonia, resultantes de semejante división del trabajo (citado según A.
Lnndry, !,a R evolution Démo¡;raphique, p. 320). Lenin critica a Sismondi
quien amenazaba al campesino inglés de que no resistiría la competencia
de los cereales polacos y rusos. V. Lenin, Las características del roman-
ticismo econó mico, en Obras, ci t., t. ll, p. 163, 195 y 261.
DJNAMICA A LARGO PLAZO 167
de una manera ilegal o semilegal, expresaba no obstante las
profundas necesidades de millones de campesinos. Estos, in-
cluso sin estar organizados, sin haberse puesto de acuerdo,
obraban no obstante constantemente en la misma dirección,
explotando todas las posibilidades existentes, hasta las más
pequeñas, porque en esa dirección los impulsaba su situación
social. Sólo de este modo podían mejorar un poco su propia
suerte.
No parece que pueda llegar a establecerse cuál de ambas
tendencias era la más poderosa por medio del razonamiento o
por medio de investigaciones estadísticas. En cambio será po-
sible extraer, algunas conclusiones de un análisis de la econo-
mía de la gran propiedad de la tierra, y especialmente de las
transformaciones de tal economfa en eJ período que nos inte-
resa. Como veremos, tales transformaciones consistían en gran
parte en una adaptación de la reserva señorial a los cambios
de la situación, y uno de los factores importantes que cam-
biaban la situación erá precisamente esa acción no organizada,
pero siempre vuelta en la misma dirección, de las masas cam-
pesinas. La premisa clave que nos permitirá responder a los
interrogantes planteados está dada por las transformaciones de
la estructura de los réditos del latifundio. Aún estamos muy
lejos de conocer a fondo estas transformaciones. Las excelentes
investigaciones de Rut.kowski acerca de la primera lus-
tracja (inventario de los bienes del patrimonio nacional) de
15641 , no han hallado continuadores hasta ahora. Nueva-
mente debemos fundarnos, pues, en una base sumamente frag-
mentaria. De máxima importancia será aquí -para nosotros el
sondeo relativo a las lustracjas de 1564, 1661, 1764 y 1789,
realizado por J. Leskiewicz
2

El resultado que más impresiona en este sondeo es el cua-
l J. Rutkowski, Badania nad podzia,lem dochodów . .. cit., T. l.
2 J. Leskiewicz, "Le montant et_ les composants du revenue des
biens foncieres en Pologne au XVI-XVIII siecles ", en Premíere Conté·
rence Internationale d'Hisloire Economique, Stockholm 1960, París,
1960.
168 CAPITULO CUARTO
dro de los cambios de la parte que las entradas provenientes
del despacho de bebidas alcohólicas tienen en el
rédito global de los bienes patrimoniales nacionales. Dichas
entradas constituían:
Según la lustracja de 1564, el 0,3% del rédito global
1661 6,4
1764 37,6
1789 40,1
Este enorme aumento se revelará como más impetuoso aún
si tenemos en cuenta el hecho de que en las fustracjas de
1661, 1764 y 1789, el rápido crecimiento del porcentaje del
rédito recaudado por la propinacja tiene lugar paralelamente a
un notable aumento del rédito global, y que por lo tanto, en
cifras absolutas, la tasa de aumento de las entradas recau-
dadas por la propinacja es más elevado aún.
Desdichadamente, en el estudio de Leskiewicz no es posible
descomponer la expresión "prestaciones campesinas en espe-
cies y en dinero". Si ello fuese posible, de muy buena gana
hubiésemos sumado las entradas provenientes de la propinacja
con las por las prestaciones en dinero, para obte-
ner como total la cantidad de dinero que el señor exprimía
de los campesinos, y sobre todo para poder seguir las varia-
ciones de esa cantidad.
Si era posible exprimir de los campesinos tales sumas, ello
quiere decir que de sus relaciones con el mercado, los campe-
sinos recaudaban por lo mends dichas sumas. Se nos plantea,
pues, una pregunta : ¿en qué medida el aumento de las sumas
exprimidas a los campesinos es función del aumento de las
sumas de dinero que los campesinos se procuraban mediante
sus relaciones con el mercado?
Es muy difícil responder. No sólo no está excluido que los
gastos en dinero del campesino, para la compra de mercancías
que necesitaba (exceptuando el vodka) hayan disminuido en
el período que examinamos, sino que, ·por el contrario, ello
es muy probable. Sin embargo no puede suponerse que dismi-
DJNAMICA A LARGO PLAZO 169
nuyeran con la misma rapidez con que crecieron las entra-
das provenientes de la propinacja y de las prestaciones en
dinero. En consecuencia, el aumento de las sumas exprimi-
das al campesino constituiría un índice inflado del aumento
de las entradas en dinero del ca&npesino, y reflejaría un fe-
nómeno realmente ocurrido, aunque en proporciones más re-
ducidas.
No es fácil explicar este fenómeno. ¿Cómo es que, a pesar
de todas las dificultades y de todos los obstáculos, no obstan-
te que toda la política de la gran propiedad apuntase a impe-
dírselo, el campesino lograba aumentar la cantidad de los pro-
ductos que vendía en el mercado? Ello podía suceder de las
más diversas maneras: ampliación clandestina del área culti-
vada (aunque, como sabemos, a ello se oponían las medicio-
nes y los
6
'inventarios"); un cultivo más intenso mediante una
mayor inversión de trabajo por unidad de superficie; subali-
mentación del ganado, el cual servía sobre todo para las nece-
sidades de la reserva señorial; empleo de los excedentes de
mano de obra de la granja campesina en los cultivos de huer-
tos frutícolas, la cría de cerdos y aves, y en lr.s actividades
artesanales y de transporte; limitación extrema del consumo
propio: he aquí algunas de las explicaciones posibles.
El mecanismo de las transformaciones nos parece ser el
siguiente. La gran propiedad se esfuerza consecuentemente
por reducir al mínimo las relaciones del campesino con el
mercado. El campesino "no debería" disponer de líquido,
excepto el escaso dinero para pagar el canon en efectivo y
los impuestos. A pesar de ello, a veces tiene dinero. Cuan-
do no ha sido posible impedírselo, el señor ha tratado de
adaptar sus propios métodos a la nueva situación, drenando
el dinero de la aldea para hacerla afluir a su propia caja: si
el campesino a pesar de todo, tiene dinero, lo gastará; ya
que debe gastarlo, procuremos que lo haga de modo que
ingrese en nuestra caja. El significado económico de la
propinacja y el enorme desarrollo de esta institución en los
siglos XVI al XVIII no pueden comprenderse, en nuestra
170 CAPITULO CUARTO
opmwn, si no se lo ubica en el interior de estas

En el siglo XVIII, el mecanismo del drenaje económico
basado en la propinacja sigue funcionando, o más aún, fun-
ciona cada vez mejor; sin embargo, ello ya no es suficiente"
La creación de algunas manufacturas en el ámbito de los
latifundios apunta a multiplicar los métodos de drenaje. Ello
se muy bien en el caso de las manufacturas de los
Radziwilt. La fábrica textil de Nieswiez y la fábrica de
vajilla de Swierz deben tener el monopolio de venta dentro
de los confines del latifundio; la policía del latifundio debe
impedir el contrabando de vajilla menos cara de Konigsberg y
de tejidos menos caros de Prusia
2
• El campesino compra,
pues, tejidos y vajilla, y la fundación de una manufactura que
goce de un monopolio "mercanti1"
3
protegido por la poli-
cía tiene la finalidad de hacer afluir a las arcas del príncipe
el dinero gastado por los campesinos. Es verdad que todas las
medidas mercantiles del "iluminado" señor absoluto de
Nie5wíez, Mir y otyka no serán eficaces, porque el estímulo
económico al contrabando se revelará como demasiado poten-
te, dada la diferencia de calidad y de precio entre los pro-
ductos de la::; manufacturas del príncipe, y los importados.
Pero para nosotros cuenta el hecho de que ya durante la pri-
mera mitad del siglo XVIII, los latifundistas sienten la nece·
sidad de intentar experimentos de ese tipo. El drenaje basado
en la propinacja da resultados cada vez mejores en cifras
absolutas, pero, como se ve, no agota todas las posibilidades
en este campo. ¿Será que a medida que progresaba lB
1 No lo ha advertido, a nuestr o parecer, la abundante litet·atura po·
laca sobre el monopolio señorial del aguardiente. :;.
2 W. Kula, Szkice o manufallturach . .. ci t ., p. 59-62, como también
"Poczl!tki u !dad u kapitalistycznego w Polsce XVIII w. " [Comienzos del
sistema capitalista en Polonia en el siglo XVIII] en Kollataj i wiek
Oswiecenia, Varsovia, 1951, p. 61· 63.
3 Ponemos esta palabra entre comillas, pues por razones de prin-
cipio consideramos impropio hablar de un mercantilismo de los magna·
tes , A Grodek, en un trabajo aún no publicado y que llevaba justa·
mente este tít vlo, convino con nuestro dictamen al respectli.
DINAMICA A LARGO !'LAZO 171
reconstrucción económica después de las destrucciones bélicas,
el elemento mercantil de la economía de la granja
campesina crecía aún más rápidamente que las entradas de
los señores, provenientes de la propinacja, y que éstas, a su
vez, aumentaban rápidamente? No es posible excluir esta
hipótesis.
La hipótesis aquí formulada deja varios puntos oscuros, y
si se la aceptase, habría que modificar notablemente nuestra
imagen tradicional del siervo de la gleba. Para ilustrar las con-
secuencias de la aceptación de esta hipotesis, citemos aún un
ejemplo. Se trata de los territorios sudorientales de la repú-
blica polaca, lejos del puerto, donde, como .se quejaba en la
Dieta el diputado Darowski, " había enormes gavillas de cereal
abandonadas a los gusanos, sin posibilidad de. ser ven"
didas"
1
, y donde un magnate buen administrador, el príncipe
J ósef Czartoryski, el fundador de la manufactura de
Korec, no consideraba posible aumentar sus propios réditos
en dinero iniensificando la producción agrícola, ni luchando
por aumentar la venta del grano, ni exigiendo a los campe-
sinos un canon en dinero, ni fundando fábricas, sino exclusi-
vamente mediante la propinacja. "Sin la propinacja -escribe-
no podremos asegurarnos algún rédito regular en efectivo";
"en nuestro país, las destilerías de vodka podrían llamarse
casa de moneda, porque sólo gracias a ellas, en los años en
que no hay carestía, podemos esperar vender nuestro gra-
no"2. Pero también en la Polonia central, en el latifundio
de Nieborów, en 1783, se dice que "la producción de cer-
veza, la destilería y la propinacja son el alma de las entradas
netas"
3
.
También aquí se abre un vasto campo para la interpre-
1 T. Korzon, Wewnetrz ne dzieje . . . cit., t. II, p. 73.
2 W. Kula y J. Leskiewiczowa, Ks. Józef Czartoryski: "MyS!i moje
o zasadach gospodarskich" (Príncipe Józef Czartoryski : Mis reflexiones
sobre los fundamentos de la actividad económica], Przeglqd Historyczny,
XLVI, 1955, p. 445-452.
J Instrukcje . .. cit. , I, p. 305.
172 CAPITULO CUARTO
tación. El mercado interno de la Ucrania de esos tiempos,
¿absorbía mucho grano, o no? El latifundista lamentaba que
no absorbiese mucho: pero entonces, ¿de dónde sacaba el
campesino el dinero necesario para comprar vodka? ¿Por qué
el latifundista no logra vender el grano, y en cambio consigue
vender ese mismo grano transformado en vodka? ¿Y a quién
se lo vende, finalmente? Al campesino, que compra ese
vodka con el dinero recabado por la venta del grano.
Los interrogantes se multiplican, y ciertas hipótesis acuden
a nuestra mente.
No debe descartarse que al campesino le resultara más fácil
vender sus propios productos en el mercado, porque su pro-
ducción era más diferenciada. En un mercado en el cual difí-
cilmente podían venderse grandes cantidades de trigo, podía
colocarse en cambio un poco de centeno, de cebada, de hor-
talizas, de productos lácteos, etc. Tampoco cabe descartar que
en un mercado restringirlo, la posición del campesino, en
cuanto vendedor minorista, fuese más ventajosa. Sin embargo
debía resultar más importante otra razón, y es el hecho de
que el siervo de la gleba no tenía, si así puede decirse, costo
alguno. Cualquiera fuese la cantidad de mercancías que ven-
diera y el precio a que lo hiciera, la venta representaba para
él una ganancia real
1
• En cambio, el señor tenía costos.
Para un pequeño noble, propietario de una sola aldea, los
También en la época de la gran crisis de los años 1929-1932, el
campesino polaco vendía a precio inferior al costo de producción "ra-
cionalmente" calculado, y sin embargo esto le convenía por no contar
el trabajo suyo y de su familia. Sólo que al descartar esta importante
componente del costo de producción, no potlía descartar otras (el pago
de los créditos, los impuestos, la amortización de los edificios, el costo
del viaje por ferrocarril cuando iba a vender los productos de su granja
al mercado, etc.). De modo que podía vender sus productos por menos
de lo que le había costado producirlos, siempre que efectuemos el cálculo
según criterios capitalistas. Mas esto no significa que podía vender-
los a cualquier precio. Se sabe, por ejemplo, que en algunas regiones
apartadas del país aumentaba, a causa de la miseria, el consumo cam·
pesino de leche y huevos, ya que el precio del viaje por ferrocarril su-
peraba la suma que se podía obtener en el mercado por dos canastos
de productos de esta clase.
DINAMICA A LARGO PLAZO 173
costos eran prácticamente m1mmos. La actividad productiva
propiamente dicha se desarrollaba casi por completo sin em-
plear el dinero (cuando menos en el período "clásico" de la
econc;>mía de la reserva señorial basada en la prestación per-
sonal). Era el campesino quien pensaba en alimentar los ani-
males de tiro y en asegurar su reproducción. También la con-
servación de los arneses estaba a su cargo. Teóricamente, el
campesino no podía no cuidar a los animales de tiro, porque,
al no hacerlo, hubiese infligido un daño también a su propia
economía (cuando aparezcan algunos indicios de que este me-
canismo deja de funcionar, los mismos revelarán de inmediato
la disgregación del sistema basado en la reserva señorial y en
la prestación personal). Las pequeñas sumas de dinero pagadas
a los poquísimos empleados y a los trabajadores estacionales,
como suplemento a la retribución abonada en especies, deben
ser equilibradas por las pequeñas prestaciones en dinero efec-
tuadas al señor por parte de los siervos de la gleba. Los
vínculos de los débitos, si lo son, no conciernen a la produc-
ción, sino al consumo; no pueden por lo tanto tomarse en
consideración para el cálculo. La economía monetaria de un
noble de esta clase consiste en vender el excedente para
poder sostener los gastos del consumo suntuario. Si en cam-
bio pasamos del pequeño noble propietario de una sola aldea,
a los grupos más ricos de la nobleza, el papel de los costos
en dinero crece en proporción cada vez mayor
1
. De un
noble propietario de una aldea, a un noble propietario de
veinte, el costo global no aumentaba veinte veces, sino incom-
parablemente más.
Por lo tanto, si bien el acceso directo al mercado interna-
cional (a la ciudad portuaria) representaba, como hemos visto,
para aquella parte de la nobleza que lo abastecía (gracias a
1 El problema de los costos en la economía del latifundio ha sido
tratado en varios trabajos por J. Rutkowski, especialmente en "Zagad·
nienie reformy rolnej w Polsce XVIIIw." [El problema de la reforma
agraria en Polonia en el siglo XVIII), publicado en Studia z dziejów wsi
polskiej XVI-XVIII w. [Estudios sobre la historia del agro polaco, s.
XVI-XVIII], Varsovia, 1956, p. 350.
174 CAPITULO CUARTO
las dimensiones de la hacienda y a su posición geográfica, o
mejor dicho hidrográfica), un privilegio material enorme, en el
mercado local predominaba el pequeño productor, para el
cual resultaba conveniente cualquier venta de sus productos.
En este punto resulta útil observar otro hecho. Los datos
recogidos por Leskiewicz distinguen el rédito de la reserva se-
ñorial proveniente de la producción agrícola y de la ganade-
ría, del rédito proveniente de la elaboración de los productos
agrícolas, ganaderos y forestales. Más exactamente, distinguen
el rédito proveniente de la venta de la primera categoría de
productos, es decir de las materias primas, del rédito prove-
niente de la venta de la segunda categoría, es decir de los
productos semiterminados de fabricación propia. Sumando
ambas categorías, obtenemos:
según la lustracja de 1564, el 61,6% del rédito global
1661 69,5
1764 40,5
1789 39,4
En consecuencia, durante la segunda mitad del siglo XVI,
la parte que estas categorías tienen en el rédito global es aún
grande; el rédito global es importante, y el rédito proveniente
de la propinacja, mínimo. Pero si examinamos las tres lus-
tracjas sucesivas, observamos que la parte de las entradas pro-
venientes de la producción propia de la reserva señorial es
tanto mayor, cuanto menor es el rédito global, y que la parte
de las entradas provenientes de la producción propia oscila de
manera inversamente proporcional respecto a la parte de las
entradas provenientes de la propinacja; por lo tanto, el au-
mento del rédito global durante el período 1661-1789 se
desarrolla en mayor medida a través del aumento del drenaje
eficaz, que a través del incremento de la rentabilidad de la
producción de la reserva señorial. Ello parece indicar que las
destrucciones económicas de la mitad del siglo XVII, si dismi-
nuyeron enormemente el rédito global de los latifundistas,
disminuyeron más aún las posibilidades de drenar dinero de
175
los campesinos (a ello corresponden la disminución del papel
de las prestaciones en especies y en dinero por parte de los
,·ampesinos, y la enorme disminución de los rédi tos prove-
nientes de las ciudades, que eran casi exclusivamente en dine-
ro ). El rédito gl obal de Jos latifundist as, m u y gravemente dis-
minuido a causa de las destrucciones bélicas, proviene no
obstante en esa época, casi en sus dos tercios, de la "produc-
ción propia" . La reconstrucci ón económica llevada a cabo en
el curso de los ciento treinta años sucesivos hizo que se tri-
plicara el rédito global, pero tal resultado, aJ parecer, se
obt uvo en mayor medida con el aumento del drenaje eficaz,
que con el incremento de la rentabilidad de la producción de
la reserva señorial. Ello confirmaría la hipótesis del fuerte
aumento del elemento mercantil en la economía de las gran-
jas campesinas durante los últimos ciento treinta años de la
república polaca. Confirmaría además la hipótesis relativa a la
parte preponderante que tuvo la granja campesina en la obra
de reconstrucción económica del pa í.s'.
En prevención de equívocos, recordemos que las cifras rela-
tivas citadas anteriormente y concernientes a la composición
del rédito de los latifundistas en el período 1661-1789, co-
t-r esponden a un rédito en notable aumento; en consecuencia,
en cifras absolutas (sea en precios nominales o en su equi-
valente en plata), el rédito proveniente de la "producción
propia" aumenta considerablemente según las lustracjas suce-
si vas de 1661, 1764 y 1789. Por lo tant o, si tenemos en
cuenta el mejoramiento de las razones de intercambio de los
1 W. Kula, Sz lúce o manufalzlura.ch. .. cit. , p. 311. Para citar un
.:jf' mplo entre muchos : en los domini os de los Zarnoyski, al procederse
a la reorga nización de las explotaciones después de las guerras polaco-
suecas ( 1656 ), se ordenó a los inspectores 1) prestar at enci ón a los
nuevos campos gana dos al bosque por los si ervos ; 2) fijarse en los
ca mpesinos " que pudi e ndo ser reducidos a la ser vidumbre son censa·
t<u·ios, · y en este caso anular el censo para hacerlos trabajar en la ha-
cienda " (lnstrulzcje . . . cit., ll, p. 3 ). Es fácil deducir que aquellos que
en un mo mento dado no pod ían tra bajar en la hacie nda, seguir ían so me t idos
a l r égime n censa l basta que se enr iquec iesen , que es c ua ndo se los volvería a
someter al ré¡; imen de la servidumbr e.
176 CAPITULO CUARTO
magnates, de quienes hablamos con anterioridad, tal aumento
resultará más considerable aún.
Como ya hemos subrayado, las hipótesis aquí esbozadas se
fundan sobre una base restringida. Para justificarlas, o siquiera
para concretarlas, faltan diversos elementos esenciales. En su
apoyo podemos aducir un solo hecho, pero indubitable e im-
portantísimo, aun si estuviese inflado en sus términos nu-
méricos: el enorme aumento del papel de las entradas pro-
venientes de la propinacja, y por ende del papel del drenaje
en el cálculo económico del latifundio. Al respecto no cabe
duda alguna. Ahora bien, este hecho debe testimoniar algo.
Pero aún estamos lejos de comprender a fondo este impor-
tante fenómeno.
Los problemas que hemos tocado guardan relación con las
últimas tres tendencias señaladas anteriormente, es decir, con
la tendencia a procurar la máxima cohesión económica de la
reserva, a aislarla y a "naturalizar" la mayor parte de su acti-
vidad económica
1
, y la tendencia a concentrar la propiedad de
la tierra en manos de la nobleza.
La tendencia a la cohesión, aislamiento y "naturalización"
es, en realidad, harto conocida gracias a las numerosas mono-
grafías y, sobre todo, a las también numerosas fuentes im-
presas, sea en forma de literatura económica de la época, sea
en forma de publicaciones científicas donde se reproducen las
instrucciones, los estatutos de las aldeas, etc. Desgraciadamen-
te, esta copiosa documentación no ha sido hasta ahora anali-
zada en su conjunto 2.
1 V. Lenin, El desarrollo del capitalismo en Rusia, cit. , p. 198.
Sombart sostenía lo contrario, opinión difícilmente aceptable. Según él,
la organización de la gran propiedad entraña implícitamente La tendencia
a romper el aislamiento tanto de la propia economía como de la econo·
mía de la explotación campesina (Der moderne Kapitalismus, München,
1919, T. I, 1, p. 103).
2 En el dominio de las ciencias históricas ocurre con frecuencia que
aun las fuentes importantes relativas a la Edad Moderna, una vez publi-
cadas no se aprovechen, debido al atractivo de la búsqueda de fuentes
inéditas. Lo mismo cabe decir de la publicación de fuentes " semielabo·
radas" (por ej. los precios). La utilización de tales fuentes en los traba·
IJL N AMICA A LARGO PLAZO 177
De todo_s modos, la efectividad de esta tendencia está fuera
de duda. Cada propietario de una reserva se esforzaba por no
comprar ningún artículo de primera necesidad, por producir
el máximo de cosas necesarias en el propio dominio, evitando
en esta materia cualquier gasto en metálico. "Porque no sólo
es dañoso -dice Gostomski con su lenguaje tan expresivo-
sino además bochornoso comprar por dinero lo que, de no
mediar la negligencia, podría tenerse gratis"
1
• (Recordemos
esta estupenda calificación de "gratuito" aplicada a todo lo
que proviene de la propia reserva; más adelante volveremos a
esta cuestión.} Así que la producción debe mantenerse a sí
misma, de igual modo que el consumo corriente del personal
y de la familia del propietario, y todo el dinero obtenido por
la venta de un excedente lo mayor posible ha de ser desti-
nado a la compra de artículos de lujo. Naturalmente, cuanto
mayor fuese el número de artículos producidos en la reserva
en sustitución de los normalmente comprados, mayor sería el
"nivel de lujo" de los bienes adquiridos por dinero contante.
Se trataría, por lo tanto, de una tendencia a la máxima "na-
turalización" en procura de la máxima comercialización: fór-
mula que, por paradójica que parezca, corresponde fielmente
a la realidad o, al menos, a las intenciones del noble.
La tendencia a "naturalizar" toda la actividad productiva y
la mayor parte posible del consumo corriente, junto con la
+-
jos analíticos o para las construcciones sint éticas es menospreciada por
unos, y hasta condenada por los tradicionalistas más empedernidos quie-
nes la califican de "recoger los mejores frutos del arduo trabajo ajeno".
Si se compartiese esta opinión, habría que combatir la publicación de
fuentes importantes, ya que ello las eliminuría de los procesos de la
vida científica. Tal actitud acarrea perjuicios concretos: baste señalar el
ínfimo (en realidad, nulo) grado de aprovechamiento de los resultados
de una labor verdaderament e ardua de la escuela de Lvov sobre los
precios, en las monografías y síntesis publicadas hasta ahora, con la
" Historia de Polonia" del lnstitutp de Histori a de la Academia Pola"Ca
de Ciencias en primer lugar. En consecuencia, defendemos aquí una po-
sición. - al parecer evidente, y sin embargo impugnada- según la cual el
respeto al duro trabajo de otros debería manifestarse en el aprovecha-
miento de sus resultados.
1 A. Gost omski, op, cit. , p. 106.
178
CAPITULO CUARTO
tendencia a elevar al máximum el excedente destinado a la
venta, iban a la par con la tendencia a la cohesión y aisla-
miento económicos de la reserva. Los dos primeros propósitos
podían lograrse realizando las posibilidades latentes de pro-
ducción de la reserva. Uno podía dejar de comprar miel, ins-
talando un colmenar; telas de lana, si criaba ovejas y tenía
tejedores; vidrio ordinario, si tenía bosques y fundaba una
vidriería, etc. La desurbanización de la artesanía, visible desde
fines del siglo XVI, se debe, por una parte, a las dificultades
con que tropezaba la artesanía urbana en vista de que el
campesino era gradualmente eliminado del mercado, y por
otra parte, a la aspiración del latifundista a concentrar en su
propiedad un potencial de transformación que le permitiese,
por lo menos, abastecerse de artículos de primera necesidad.
Evidentemente, en lo que se refiere a la "naturalización",
las posibilidades eran tanto mayores cuanto más variadas fue-
sen las condiciones naturales de la hacienda: cuando fuese po·
sible desarrollar lo mismo la producción cerealista y ganadera
que la forestal o pesquera, tales o cuales actividades de carác-
ter industrial, etc. Esto es patente en el caso del surgimiento
de las manufacturas en el siglo XVIII. Así, por ejemplo, el
príncipe Ra.dziwiH posee en sus propiedades de Ucrania una
desarrollada cría del ganado ovino y una manufactura de pa-
ños en Niéswiez a centenares de kilómetros de distancia, para
evitar la compra de materia prima impone a los campesinos la
obligación de transportar la lana a su casa solariega de
Niéswiezl. En cambio, otro magnate, Prot Potocki, cría ovejas
en la región de Lublin y tiene una manufactura de paños
en Machnówka, en Ucrania. En su caso, la lana hará un larguí-
simo viaje para llegar a la misma región de donde se
despacha la lana de Radziwill. Podemos imaginarnos el enor-
me malgasto del trabajo humano que implicaban todas estas
operaciones. Sin embargo, desde el punto de vista del propie-
tario, el cálculo era enteramente racional. Al fin y al cabo,
1 W. Kula, Szkice o man11{ak turach . . . cit., p. 59.
DI NAMICA A LARGO PLAZO 179
no es el único caso en la historia cuando el interés de la
"empresa" no coincide con el interés público. De todos mo-
dos, si la autarquía señorial era tanto más factible cuanto
más diversificadas fuesen las posibilidades de producción de
t ~ l o cual propiedad, está claro que el propietario latifundista
- cuyas haciendas se hall aban generalmente diseminadas en
regiones de diferente topografía, clima y medio natural- dis-
ponía de mayores oportunidades en este aspecto que el pe-
queño noble, poseedor de una sola aldea. ¿No habrá sido
también este factor económico uno de los elementos del pro-
ceso de concentración de la propiedad nobiliaria?
Al lado de la tendencia del noble a la cohesión económica
interna de su propiedad, hemos mencionado la tendencia al
aislamiento económico de la misma. En realidad, son dos as-
pectos de una misma tendencia
El aislamiento económico de la propiedad territorial tenía
por objeto, ante todo, garantizar el monopolio de la explota-
ción de los recursos que ella ofrecía. En cierto sentido, la
idea del aislamiento económico inspiró desde tiempos muy
remotos la actividad de los señores feudales, aunque fuese
inconsciente y estuviese cubierta con los más diversos ropajes
ideológicos. A este propósito servía la fundación de numero-
sas villas y ciudades, y también de nuevas parroquias.
Si el régimen feudal daba al propietario de la tierra el de-
recho exclusivo de explotar a los siervos que vivían dentro de
la propiedad, este monopolio debía ser protegido no sólo me-
diante la coerción jurídica -tan ineficaz- sino también por
una amplia gama de instituciones sociales. El ideal tácito del
sistema feudal era que la vida del siervo debía desarrollarse,
desde la cuna hasta la sepultura, en el marco territorial de la
propiedad a la cual estaba adscripto. " Cuna" y "sepultura"
implican una parroquia. Todas las necesidades reconocidas del
siervo -religiosas, sociales, económicas, etc.- debían ser satis-
fechas dentro de este marco. Si el siervo ha de ser bautizado
y sepultado, si ha de concurrir a la iglesia, divertirse en la
feria, efectuar pequeñas transacciones en el mercado, beber en
180 CAPITULO CUARTO
taberna con los vecinos, baila'r en una boda, etc. etc., las ins-
tituciones que respondan a todas estas necesidades deben exis-
tir en las tierras del mismo señor. Conocida y justa es la tesis
de los clásicos del marxismo que los campesinos, como clase,
no están en condiciones de derribar por sí solos el régimen
imperante, ni siquiera el régimen feudal del cual son las pri-
meras víctimas, puesto que su dispersión y aislamiento cir·
cunscribe el desarrollo de· su conciencia de clase, y por ende,
sus posibilidades de organizarse para una lucha de clase. Pode-
rosas y profundamente arraigadas instituciones sociales, a
menudo rodeadas de gran prestigio, pérfidamente eficaces
-aunque nadie las haya "programado"- velaban por que este
estado de cosas siguiese tal cual. Sólo en el contexto de la
actividad de estas instituciones podía funcionar, como factor
complementario, únicamente coerción. Constantemente se lucha
con los campesinos para que no asistan a los mercados de villas
ajenas, para que no concurran a las iglesias de otros pueblos,
para que no beban en tabernas ajenas.
Sólo el aislamiento económico de la propiedad daba la ga-
rantía de que cada transacción del siervo sería gravada con
un "impuesto al consumo" sui generis. Las inevitables transac-
ciones campesinas -por ejemplo, la utilización de los servicios
de molienda- eran monopolizadas por el señor. Y si de tal o
cual transacción se aprovechaba el mercader o el artesano de
la villa, su enriquecimiento servía, en último término, también
para acrecentar los ingresos del señor de la villa. · Finalmente,
cuando todo esto resultaba insuficiente, se recurría al mecanis-
mo descripto de "drenaje monetario", en especial, por medio
del aguardiente.
El aislamiento económico ofrecía, además de las ya enume-
radas, otras grandes ventajas al latifundista. Pese a todos sus
esfuerzos, el señor no podía administrar sus bienes sin gasto
monetario alguno. El dinero contante y sonante solía escasear
aun en las arcas del noble que hoy llamaríamos acomodado.
Todo gasto en metálico disminuía a ojos vistas sus posibili-
dades de consumo de lujo, de acción política, etc. De ahí la
DlNAMICA A LARGO PLAZO 181
lendencia a reducir al mínimo las sumas indispensables para
la explotación de la reserva señorial, y el esfuerzo por hacer-
las reingresar. Esto último era factible únicamente a condición
que la propiedad estuviese económicamente aislada. De este
modo surgía un sistema cerrado de circulación monetaria. Las
sumas que la reserva transfería durante el año a la aldea, vol-
vían en el curso del mismo año a aquélla, sobre todo, por
intermedio de la taberna "adscripta" a la propiedad
1
• Es esta
especie de "perpetuum mobile", un mínimo capital circu-
lante invertido en tal o cual actividad de la reserva, que podía
servir, en teoría, indefinidamente al mismo propósito. Siempre
que, repitámoslo, la reserva estuviese económicamente aislada.
En vista de todo esto, creemos que uno puede fiarse de la im-
presión que produce la lectura de las fuentes (insistimos en que
el problema no ha sido hasta ahora objeto de una investigación
sistemática): que los esfuerzos del gran propietari o por asegurar
la efectividad de este aislamiento, enfrentan la fr ecuentación de
tabernas o mercados ajenos, se acrecientan considerablemente
en el curso del siglo XVIII.
Esta tendencia se manifestará por largo tiempo en la vida
económica de Polonia. Sólo que a mediados del siglo XIX,
cuando el proceso de comercialización de la economía nacio-
nal estará ya muy avanzado y el régimen de servidumbre muy
relajado, la nobleza tendrá que buscar métodos más ingeniosos.
Es así como los sucesores de Steinkeller en la fundición de
Zarki al faltarles la seguridad de que . el dinero desembolsada
por ellos volvería a sus arcas, aplicaron "un medio ingenioso y
digno de ser imitado", imprimiendo su propio papel mone-
da que era aceptado únicamente en las tiendas de la fábri-
ca2.
En efecto, todo el desarrollo económico durante el siglo
1 En un ensayo de cálcul o que he efec t ua do, a modo de ejempl o ,
con respect o a las ferrerías e n los domin ios de los obispos de Cracovia
(año 1 746 ), e s t a ~ sumas cuadr aron práct icament e hast a el último centa-
vo (W. Kul a. Szhice o manufahltmich . . .. ci t. , p. 85-88).
2
Gazeta codzienna, 1859, NO 268.
182 CAPITULO CUARTO
XVIII, en especial, la creac10n de manufacturas en los latifun-
dios, se llevará a cabo en el contexto de las mismas tenden-
cias fundamentales. Nunca llegaríamos a comprender por qué
en el extensísimo Reino de Polonia, la manufactura de paños
de Skierníewice, propiedad primacía!, vendía el grueso de su
producción justamente en Karolin, cerca de Piñsk -a trescien-
tos kilómetros de distancia- si no supiéramos que Karolin
formaba parte de los bienes patrimoniales de Michal Ponia-
towski, a la sazón primado de Polonia
1
. Semejantes ejemplos
podrían citarse hasta el infinito.
En último lugar mencionamos la tendencia a la concentra-
ción de la propiedad territorial en manos de la capa más rica
de la nobleza_ Examinemos más de cerca esta tendencia. Teó-
ricamente, la reserva del noble estaba a salvo de la quiebra,
por cuanto realizaba su actividad económica casi exclusiva-
mente por métodos naturales, sin emplear dinero, satisfacía
del mismo modo la mayor parte de su consumo corriente,
empleaba sus ingresos monetarios sobre todo en 'compras de
artículos no indispensables, pudiendo entonces limitarlas o
aumentarlas según el año y, finalment e, por cuanto descono-
cía el crédito productivo. A todas luces, no podía hacer ban-
carrota, a no ser que abusara del crédito de consumo, o sea
en el caso de un noble despilfarrador que se empeñase en lle-
var un tren de vida muy por encima de sus posibilidades.
En la práctica, la si tuación era algo diferente. Recordemos
que en esa época el producto neto es, por lo común, suma-
mente bajo_ Este producto, multiplicado por el número de
trabajadores bajo servidumbre, constituye el límite superior de
los posibles beneficios del noble. Suponiendo, por ejemplo,
que el producto excedente represente el 10% del producto
global, la disminución del producto global en un 10% basta
para reducir a cero el producto excedente y, por lo tanto, los
ingresos del señor feudal. Mientras tanto, como sabemos, toda
esta época se caracteriza no sólo por un bajo producto global
1
W. I< ula, Sz hice o manu{akt urach . . . cit., p. 741.
IJ!NAMl<.:A A LARGO PLAZO 183
y neto, sino además por una fluctuación muy intensa, de un
año a otro, del rendimiento del trabajo y de la tierra, o sea,
también del producto global, y mucho más aún, del product0
excedente. PropGrcionalmente a la fluctuación de este último
debían variar, de año en año, los ingresos de la reserva.
Según lo explicamos en otro trabajo
1
las calamidades lla-
madas "naturales" representan asimismo un fenómeno so-
cialmente condicionado. Estas calamidades y las devastaciones
bélicas fueron elementos constantes y normales de funciona-
miento del sistema feudal, dados, por una parte, la baja pro-
ductividad de los instrumentos de trabajo y la impotencia del
hombre ante las fuerzas de la nat uraleza, y por otra, las con-
tradicciones internas del sistema que originaban guerras y le-
vantamientos nacionales, religiosos o de clase. Sin embargo, la
gran propiedad de los magnates estaba incomparablemente
mejor preparada para afrontar tales ·calamidades que la propie-
dad de la pequeña o mediana nobleza, consistente en unas
pocas aldeas, en una sola aldea o hasta en una parte de ésta.
Esto se debía, sobre todo, a que dentro de la gran propiedad
funcionaba una especie de "seguro interno". Los magnates,
gracias a un activo comercio de bienes raíces efectuado entre
ell os mismos, gracias a los repartos de bienes familiares, las
herencias adquiridas dentro de un complicado sistema de pa-
rentesco, las dotes, y gracias también a los beneficios que les
reportaba el exclusivo ejercicio de los importantes cargos pú-
blicos, tenían sus bienes, propios o vitalicios como los "sta-
rostwa", diseminados en extensos territorios, a veces, en todas
las regiones del país. Como ya sabemos, esto ocasionaba gran-
des dificultades en la administración y explotación de estos
bienes, y un considerable aumento de los costos, pero al mis-
mo tiempo brindaba una ventaja incuestionable: las calamida-
des naturales o la devastación bélica afectaban generalmente,
en un momento dado, sólo a determinadas regiones del país, es
1 W. Kula, J'mblemy i metody historii gospodarczej, cit., cap.
Zaleinosé czl owi eka od przyrody [ La dependencia del hombre con res-
pecto a la na t uraleza l
184
CAPITULO CUARTO
decir, una parte de los bienes del magnate. Esto le permitía,
en cada caso, reconstruir las propiedades devastadas, apoyán-
dose en las que había,n quedado a salvo de la destrucción. A
este aspecto estrictamente económico hay que agregar otra
circunstancia: la devastación bélica afectaba en mucho menor
grado las propiedades del magnate, ya la protegía el propio
nombre del potentado, inclinando a las tropas de paso a
"aprovisionarse" más bien a expensas de la pequeña nobleza,
de la Iglesia y, sobre todo, de los bienes del Estado.
En consecuencia, la gran propiedad salía muchas veces in-
demne de situaciones críticas que la pequeña y la mediana
nobleza no estaba en condiciones de afrontar. Pero la abruma-
dora superioridad que lograron paulatinamente los magnates
con respecto a las demás capas sociales no fue, ni mucho me-
nos, el resultado de una acción mecánica de las leyes del sis-
tema feudal. Al contrario, fue el resultado de una implacable
lucha.
Cuando un noble de mediano rango está en dificultades
(uno o varios años seguidos de mala cosecha, incendios, epi-
demias y, sobre todo, epizootias, etc.), siempre encuentra a
un magnate benévolamente dispuesto a socorrerlo con un
préstamo. El es aquí el único "banco" y la única "compañía
de seguros", puesto que las demás fuentes de crédito exigen
un interés tan elevado que es imposible apelar a ellas tratán-
dose de contraer un préstamo con fines productivos. Cuando
las dificultades de uno de estos nobles se multiplican, obligán-
dole a vender una parte de su propiedad, ahí está de nuevo
el magnate, dispuesto a comprarla, o más bien a aceptarla en
pago o a cuenta de la deuda. También cuando los nobles se
conceden mutuamente préstamos, el magnate está siempre
preparado para adquirir las promesas de pago. Como conse-
cuencia de todo esto, el noble de mediano rango baja a la
categoría de la pequeña nobleza, y el pequeño noble pierde
sus tierras del todo. Aquel que, habiendo vendido la tierra y
pagado sus deudas, salía con algún dinero, empezaba - -según
la expresión de la época- a "andar de arrendatario". Aquel
IIINAMIC!\ A LARGO PLAZO 185
que salía con una suma demasiado pequeña para pretender un
arrendamiento, la deposi ta ba en manos del magnate a cambio
de un pequeño interés
1
, ocupando al mismo tiempo algún
puesto en la corte de ese mismo magnate o, más a menudo,
en la administración de alguna deo sus propiedades. Sea como
sea, de resultas de esta actividad entre crediticia y usuraria, la
tierra pasaba al magnate casi regalada. Por si fuera poco, éste,
después de haber arruinado al noble, se convertía en magná-
nimo benefactor suyo, salvándolo de la degradación sociaL En
las monarquías bajo el absolutismo ilustrado, el noble que
perdía su tierra, podía conservar su condición social sirviendo
en el ejército, en la administración pública o entrando en la
magistratura, etc. En Polonia prácticamente no existe en
aquella época ni el ejército regular, ni una administración es-
table, ni tampoco una magistratura profesional. Al mismo
tiempo, el ejercicio de cualquier actividad puramente comer-
cial o industrial puede acarrear la pérdida de la condición de
noble, ya que el que se dedique a tal actividad, se cubrirá
ipso facto de "ignominia". Mas todo aquello que le falta al
Estado --el ejército regular, la burocracia o la administración
profesional de la justicia- lo tiene en sus dominios un Rad-
ziwiU de Nieswiez o un Potocki de Tulczyn. Sólo ellos pue-
l Las funciones bancarias de los magnates ' polacos constituyen un
Lema de no poca importancia y cuyo estudio podría contribuir grande-
mente a revisar la imagen tradi cional de la sociedad polaca. Por regla
general, el prestatario es el magnate, y el prestamista, el noble de me-
diano o bajo rango, como ha sido demostrado, entre otros, por las co-
nocidas investigaciones sobre las contrataciones de Lvov. Mas no toda
transacci ón de préstamo tiene la misma significación social y económica.
¿De dónde sacaba el noble pequeño o mediano ese dinero? ¿Quién
caía en una situación de dependencia como resultado de semejante tran-
sacción (En este caso, es evidente que el "acreedor" pasaba a depender
del " deudor")- ¿Se paga ba efectivamente el int erés convenido? ¿O tal
vez el magnate gratificaba al pequeño noble con otros "favores"? ¿Y si
el interés era pagado, en qué forma se hacía esto: con dinero, o, por
ejemplo, con el arriendo de una aldea? Al término de las contrata-
ciones -recuerda Ochocki- se formaba un gran gentío en la casa del
príncipe, tantos eran los hidalgos que le traían dinero. Por cierto ... no
eran sumas tan grandes como ahora, pero los pequeños capitales llega-
ban poco a poco ... y uno a duras penas podía acercarse a la caja _ J.
D. Ochocki, Pamietniki [Memorias ], Varsovia, 1882, t. I. p. 46.
186 CAPITULO CUARTO
den prevenir la degl'adación del noble arruinado, por lo que
éste no tiene más r e m ~ d i o que servirles.
De esta forma acaecía un cambio de trascendental impor-
tancia: cambio del título de propiedad en lo que atañe aJ
factor fundamental de la producción, cual era la tierra; cam-
bio de las bases del sistema de distribución de la renta nacio-
nal; cambio en la correlación de fuerzas entre las diferentes
capas de la nobleza, aparentemente homogénea y que se pre-
ciaba de serlo. De esta forma se consolidaba la base material
del poderío de los magnates a la vez que crecía la sumisa
muchedumbre de nobles desposeídos, ligados a aquéllos a vida
y muerte. Por encima de la mediana nobleza, se fue forman-
do una alianza entre los magnates y aquella muchedumbre,
alianza funesta para el trono y para toda idea de afianzamien-
to del &tado. Los magnates dan de comer y de beber a
aquella muchedumbre de desposeídos, permitiéndoles conser-
var sus privilegios políticos y sociales y defenderse contra la
degradación que se cierne sobre ellos, gracias a los arrenda-
mientos, el servicio en la administración &::ñorial, en las mili-
cias privadas o en el palacio. A cambio, ·odas estos nobles
sin tierra serán la fuerza armada de la dictadura político-mili-
tar de los magnates en el país, sirviéndoles para ejercer el poder
sobre las pequeñas dietas, sobre los tribunales y las dietas, so-
bre el ejército, la administración general, fiscal, judicial, etcé-
tera. No es casual que la Dieta de los Cuatro Años, en su
intento de golpear a los magnates, quite los derechos políticos
a los nobles no propietarios de tierras. Recién en los últimos
años anteriores a la repartición, y aún más rápidamente después
de la caída de la República, esta alianza comenzó a fragmentar-
se.
En el siglo XVIII y particularmente en su segunda mitad,
tienden a disminuir las posibilidades que tenían los magnates de
concentrar las tierras en sus propias manos mediante los mé-
todos tradicionales. Comienzan entonces las expoliaciones por
medios semilegales en el interior de la misma propiedad latifun-
dista. En este contexto deben ser interpretados, a nuestro jui-
111 N /\MICA A LARGO PLAZO
187
l'io, ciertos hec hos o sobre todo ciertos negocios dudosos tales
1·omo ia expoliación del mayorazgo de los Ostrogski después
de la transacción de Kolbuszów, la expoliación de los bienes de
los Radziwill después del exilio de Karol RadziwiU, y sobre
Lodo la expoliación de los bienes arrancados a los jesuitas y el
asunto del Poninski
1
.
Junto a estos, que eran probablemente los factores funda-
mentales, otros dos factores, ya mencionados antes, nos pare-
cen haber contribuido a concentrar la tierra en manos de los
magnates. De un lado, la variedad de las posibilidades produc-
tivas que los latifundios ofrecían gracias a sus dimensiones y
sobre todo gracias a su dispersión geográfica, tomaba mucho
más fácil consolidar y aislar económicamente a los bienes; del
otro; la posibilidad de llegar directamente al mercado mundial
(e:> decir, a la ci udad portuaria) que se abría sólo ante el gran
productor y vendedor, le brindaba un enorme privilegio econó-
mico en atención a que los términos de intercambio en este
mercado eran mucho más favorables que en el mercado local.
En otras palabras, si bien la reserva señorial no aventa.iaba
a las explotaciones campesinas ni tampoco la gran propiedad
a la reserva de los nobles medios por la calidad de los anima-
les de tracción, ni por la calidad de los instrumentos de tra-
bajo, ni en la organización de la producción -es decir, ni por
el rendimiento del trabajo ni por el de la tierra- esto no sig-
nifica, como parece sugerirlo Rutkowski, que no podía supe-
rarlas en cuanto a los resultados económicos. Justamente
este último factor, a nuestro parecer, pudo contribuir grande-
mente a la concentración de las tierras.
Pero este proceso de concentración tenía también otro as-
pecto, negativo desde el punto de vista del gran propietario,
magistralmente analizado por Rutkowskí: un aumento no pro-
porcional de los costos de producción. Este factor afectaba
esencialmente la posición de la "empresa productora" ante los
1 Marx, El capital, cit., t. 1, 3, p. 163, habla del pillaje de bienes
raíces ll evado a cabo por la aristocra<.:Ía ingles.u despu és de la Ciorious
Revoluli on.
188
CAPITULO CUARTO
fenómenos del mercado. Cuando un campesino rico o un
pequeño noble podían, al no "costarles" prácticamente nada
la producción, vender con ganancia aun a cualquier precio,
para el magnate la venta se volvía rentable sólo a partir de
un determinado nivel de los precios. Había aquí una con-
tradicción interna: la tendencia orgánica inmanente a concen-
trar la propiedad de la tierra en manos de los magnates
-conscientemente fomentada por el grupo más fuerte de la
clase privilegiada- originaba al mismo tiempo crecientes difi-
cultades a los beneficiarios de este proceso. La sustitución del
trabajo obligatorio por el censo monetario en los grandes la-
tifundios en el siglo XVIII, y sobre toJo en la primera mitad
del siglo XIX, la reducción de sus dimensiones (visible sólo
en el siglo XIX), la apelación al crédito de inversión para
aumentar el rendimiento tanto del trabajo como de la tierra,
todos estos serán medios para superar esta contradicción.
En estas circunstancias, no debe extrañar que el proceso de
concentración de las tierras implicase un sistemático en-
deudamiento de los magnates. Cuando dicho endeudamiento,
que adquirió dimensiones exorbitantes, llegó al conocimiento
de la opinión pública en tiempos del Ducado de Varsovia,
constituyó una revelación para los contemporáneos, mas no
debe ext rañar al historiador. Y es un fenómeno mucho más
antiguo que el origen de las "sumas de Bayona"
1
• Sólo ante-
riormente, en el año 1793, cuando los magnates no pudieron
o no quisieron pagar sus deudas al banquero varsoviano Tepper,
fue Tepper quien se declaró en quiebra y no ellos. En el siglo
La intr o ducción del cré dito hipotecario en las r egiones
anexadas por Prusia a raíz de los repartos de Polonia (1772-1795), ori -
ginó un extraordinario endeudami ento de la nobleza polaca (sobre todo,
de los magnates). Después de la victoria de Jena, Napol eón se apropió
estas hipo tecas, consintiendo luego, tras las negociaciones celebradas Bn-
tre el Emperador y los ministros del Ducado de Varsovia en Bayona, en
1808, en amortizar parte de estas deudas a cambio de una mayor parti-
cipación militar de los polacos en la campana español a. El monto de
dichas deudas era tan extraordinario que la frase "sumas de Bayon.u"
pasó a la lengua corri ente para designar en polaco cualquier suma
exorbitante. Nota del traductor.
DINAMICA A LARGO PLAZO 189
XIX ya había que pagar las deudas. Es en Europa occidental
donde "en la Edad Media, la lucha termina en la ruina del
deudor feudal, quien pierde el poder político cuando se viene
abajo la base económica que le servía de sustento"
1
• En Po-
lonia, hasta fines del siglo XVIII, el "deudor feudal" no
teme la quiebra. La aparición del capitalismo cambiará ra-
dicalmente esta situación. Pero el proceso del que estuvimos
hablando y que llamamos, a falta de un término mejor, "con-
centración de la propiedad de la tierra" no tiene nada que ver
con el proceso de concentración del capital.
Todas las tendencias de largo plazo estudiadas en este capí-
tulo son, sin embargo, vías conducentt!S al capitalismo. Pero,
¿al capitalismo en Polonia ... o en otra parte? La existencia de
una base de aprovisionamiento de productos alimenticios y ma-
terias primas, institucionalmente sólida, no dejaba de ser impor-
tante para el desarrollo del capitalismo en algunas partes de
Europa occidentaF. Pero a nosotros nos interesa aquí sobre
1
!bid., T. 1, 1, p. 141. Pero en Polonia, el problema de las rela-
ciones crediticias entre los magnates y las otrag c!aBCS sociales es muy
complicado. A. Glówne elementy kultury szlacheckiej w
Polsce. Ideología a struktury spo/eczne [Los elementos principales de la
cultura nobiliaria en Polonia. Ideología y estructuras sociales], Wroclaw,
1961, p. 87), al polemizar en esta materia con W. Rusifiski, parece igno-
rar que la opinión expresada por éste en la Historia de Polonia del Ina·
tituto de Historia (sin llamada, dado el carácter de la publicación), no
es una impresión general sacada de la lectura de las fuentes, sino una
conclusión fundada en una documentación abundante y estadísticamente
elaborada sobre las así llamadas contrataciones. En cambio, sigue abierto
a la discusión el problema del sentido social de las transacciones de
pré>ótamo entre capas sociales concretas dentro del marco de la estruc-
tura soc· concreta de La Polonia nobiliaria. El hecho constatado en un
documento de que tal o cual magnate tomó prestada cierta suma de tal
o cual pequeño noble, puede interpretarse de diferentes maneras. Al fin
y al cabo, la clientela de los magnates y la pequeña nobleza deposi-
taban frecuentemente en manos de un príncipe su dinero, a cambio de
cierto interés. De modo que la caja del magnate era un sui géneris ban-
co de depósitos. Convendría, repitámoslo, investigar esta función del
magnate. Cf. W. Kula, Poczatki ukladu kapitalistycznego w Polsce, cit.
"Przeglad Hístory.czny", 1951.
2 "La historia de reyes y ¡,ruerras" sabe, por ejemplo, que los cerea·
les polacos desempeñaron un importante papel en la guerra de Felipe II
contra los Países Bajos : el rey polaco Stefan Batory, para contentar a
190 CAPITULO CUARTO
todo el camino del surgimiento de las relaciones capitalistas en
el territorio polaco. Más adelante volveremos a esta cuestión.
Antes de concluir el estudio de los problemas de adaptación
de larga duración, es preciso que nos detengamos por un mo-
mento ante un fenómeno paradójico, que más de una vez ha
conducido a los investigadores a conclusiones aparentemente
correctas, pero en realidad absurdas. Me refiero a los estudios
sobre los ingresos de la población urbana, y especialmente, so-
bre los salarios reales.
Muchos investigadores, sobre todo E. J. Hamilton, exage-
raron la importancia del problema a largo plazo
1
• El papel
insignificante del trabajo asalariado, sobre todo del trabajo en-
teramente retribuido en metálico, a lo largo de los siglos que
precedieron la revolución industrial, hace que este problema,
cuya elucidación fuese considerada por más de un investigador
como la coronación de sus esfuerzos, tuviese en realidad una
importancia marginal en la vida económica de la época. Con
todo, merece atención tanto porque apasionó a muchos histo-
riadores, como por la razón de que su estudio ofrece una opor-
tunidad para se1l.alar cierto interesante reflejo de la adaptación
a largo término.
Para comenzar, expliquemos en qué consiste la paradoja.
S. Hoszowski, tras largos años consagrados al estudio de los
precios en Lvov en el período 1500-1914, llegó a establecer
+--
Feli pe II, tratará de disminuir las exportaciones de granos polacos a los
Países Bajos en rebelión, mientras el embajador inglés en Estambul per-
suadirá a la Puerta otomana a que abandone la idea de atacar a Polonia
para no privar de cereales polacos a Jos enemigos de Felipe li (W. Ko-
nopczyñski, Dzie}e, Po/ski nowo:ty lnej (Historia de Pol onia en la Edad
Moderna], Varsovia, 1936, t. I, p. 169 y 184-185). Mas ~ o m o la expor-
tación a través del Báltico, "mecanismo notable, pero no inagota ble, para
proveer de cereales baratos a Occidente" según lo formula F. Braudel (en un
trabajo suyo sobre la historia de los precios, destinado a la Cam-
bridge Economic History of Europe y cuyo manuscrito me ha sido faci -
litado amablemente por el autor) influía sobre el cálculo de una empre-
sa industrial en los albores del capitalismo en Europa occidental, parti-
cularmente a largo plazo, esto no ha sido todavía estudiado.
1 W. Kula, Problemy i metody historii gospodarczej, cit., cap. Hislo-
ryczne badanie cen (Investigación histórica de los precios].
D!NAMICA A LARGO PLAZO 191
numerosas listas de precios de los más diversos artículos, y
listas de salarios. A través de un método que hemos referido en
otro trabajo
1
, Hoszowski calcula índices a partir de las cifras
absolutas; luego, a partir de los índices específicos calcula los
índices de conjunto; por último, al final del segundo tomo de
su obra, elabora una comparación del costo de la vida y de los
salarios de los trabajadores en un largo espacio de tiempo que
abarca tres siglos. ¿La conclusión? Calculado de este modo, el
poder de compra de los salarios, o si se quiere, el índice de los
salarios reales, tomando 100 como índice de referencia para el
lustro 1521-1525, ¡baja a 11 en el período 1781-1800! A
través de las treinta décadas que comprende el cuadro, apenas
en siete casos este índice denota un aumento con respecto a la
década precedente, bajando en los veintitrés casos restantes
2
.
¡Nos encontraríamos, pues, ante una "pauperización absolu-
ta" de dimensiones verdaderamente fantásticas! Una de dos: si
el salario del trabajador en tiempos de Segismundo el Viejo le
garantizaba el mínimo vital o aun más que esto, en tiempos de
Estanislao Augusto este trabajador debería encontrarse en ex-
trema miseria, ya que su paga mensual no le permitiría vivir
mas que un par de días; o bien, si su salario le aseguraba el
mínimo vital en tiempos de Estanislao Augusto, tal trabajador
habría sido un hombre bastante rico en tiempos de Segismun-
do. A menos que admitamos que el mínimo vital, imprescindi-
ble desde el punto de vista fisiológico y social, se hubiese re-
ducid<- enormemente en el curso de estos tres siglos.
El equívoco estriba, a nuestro parecer, en que se aplican mé-
todos eficaces únicamente en la investigación de corto término
a fenómenos de larga duración.
La tesis según la cual los precios de los artículos "de pobre"
suben más rápido que los otros en períodos de alza general, fue
probada por primera vez en base a documentos históricos por
C. E. Labrousse. Al plantearla, el autor la rodeó cautelosamente
1 /b(d.
2 S. Hoszowski, Ceny we LwowU! w l. 1701 · 1914, cit., p. 193.
192
CAPITULO CUARTO
de ' Una serie de reservas, previendo posibles excepciones a la
regla en función del lugar, del tiempo o del producto, y sin
resolverse a afirmar que esta tesis -justa en cuanto al "alza
cíclica"- fuese justa también en lo que respecta al alza de
largo plazol.
Desde entonces han pasado 30 años, durante los cuales su
tesis fue sometida a repetidas verificaciones, sobre todo en
base a la documentación francesa, confirmándose su exactitud
en cada ocasión
2
. Veamos cómo se presenta esta cuestión en
base a la copiosa documentación polaca relativa a la historia de
los precios.
El cuadro que sigue contiene los resultados de nuestros cál-
culos. Como punto de partida hemos tomado, hasta donde fue
posible, los datos no elaborados, es decir, evitando los "pro-
medios", y con tanto mayor razón los índices, calculados por
los investigadores de la "Escuela de Lvov". Luego de eliminar
los datos extremos, calculamos para cada artículo, y para cada
una de las cinco ciudades, el promedio del precio nominal me-
dio para cada uno de los quince períodos de veinte años. A
continuación, calculamos el precio nacional medio como media
no ponderada de los precios de las cinco ciudades. Tal pro-
cedimiento puede parecer primitivo, pero se trata solamente de
una primera aproximación, suficiente para mostrar con claridad
el fenómeno que nos interesa.
Los precios nacionales medios (nominales) de los 48 artí-
culos que tomamos en cuenta fueron luego transfonnados en
1 C. E. Labrousse, Esquisse du mouuement des prix et des reuenus
en France au XVIII e sú?cle, París, 1933, I, p. 241.
2 C. E. Labrousse, "Observations complementaires sur les sources et
la méthodologie de l'histoire des prix et des salaires au XVIII-e siecle",
Reuue d 'Histoire Economique et Sociale, XXIV, 1938, p. 289· 308. E.
Sol, "Les céréales inférieures en Quercy. Les prix de 1751 a 1789, ibíd.
XXIV, 1938, p. 335-355; W. E. Schaap, "Etude du mouvement des prix
des céréales daru; quelques villes de la Généralité de Champagne pendant
les années qui precédent la Révolution", Commission de Recherches el
de Publication des Documents Relatifs a la Vie Economique de la Réuo-
lution, Assemblée Générale de la Commission Centrale et des Comités
Départementau.x, 1939, París, 1945, p. 37-72.
DINAMICA A LARGO PLAZO 193
índices para cada uno de los quince períodos de veinte años.
Después procedimos a agrupar los diferentes artículos. Los ín-
dices de grupo fueron calculados como medias aritméticas no
ponderadas. El índice de !os artículos cerealeros se compone de
los índices de seis artículos; el de los artículos pecuarios, tam-
bién de seis; bebidas importadas, dos; bebidas nacionales, tres;
ultramarinos, once; sal, evidentemente uno; combustibles (cale-
facción y luz), cuatro; costo de construcción de una casa de
ladrillo, tres; costo de construcción de una casa de madera,
cuatro; ropa de lujo, dos; ropa ordinaria, cinco; y papel, natu-
ralmente, uno. El índice de salarios se compone de los índices
correspondientes a los salarios de seis artesanos de baja cali-
ficación y de los aprendices. Los grupos fueron constituidos
según los siguientes criterios: posibilidad de sustituir un ar-
tículo por otro dentro del grupo (tal es el caso de los artículos
cerealeros, los pecuarios, las tiebidas y la ropa), origen de los
artículos capaz de determinar la fluctuación conjunta de sus
precios (ultramarinos) y, por último, destinación de los artí-
culos (por ejemplo, habitación).
Como efecto, hemos obtenido los índices de grupo que pre-
sentamos en los dos cuadros insertados más abajo.
Estos cuadros confirman con gran exactitud la tesis de La-
brousse. Examinándolos, podemos ver cómo el precio de los
artículos cerealeros sube más rápidamente que el de los pro-
ductos de la ganadería; cómo el precio de la sal denota un alza
más pronunciada que el de los condimentos importados (la re-
gularidad no es total debido al sobreprecio aplicado a la sal en
ciertas épocas por la tesorería real); cómo el costo de construc-
ción de una casa de madera crece a un ritmo más rápido que
tratándose de una casa de ladrillo; lo mismo que el precio de la
vestimenta ordinaria con respecto a la de lujo. Vemos también
cómo el precio de los comestibles básicos revela un alza más
pronunciada que el de los comestibles secundarios {bebidas y
condimentos), y mayor aún que el costo de la vivienda y el
precio del papel, el cual representa aquí el grupo de los artí-
culos industriales no indispensables, que el p u e ~ l o no compraba
194
CAPITULO CUARTO
Indice en cadena
Artículos alimenticios
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1501-1520
21 - 40 131 127 115 114 114 131
41- 60 133 122 131 137 137 124
61· 8- 163 137 J 91 130 130 118
81-1600 118 119 129 145 102 121
1601·1620 137 138 127 126 9Q 110
21- 40 249 222 219 172 209 206
41· 60 124 123 115 148 104 85
61- 80 104 102 190 121 132 127
81 -1700 122 113 123 117 119 97
1701-1720 136 1Hl 129 110 99 125
21- 40 88 106 lOO 97 131 90
41- 60 119 117 108 105 100 121
61- 80 107 97 97 13 145 112
81-1800 137 106 106 104 121 108
Vivienda Ropa


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1501-1520
21- 40 121 93 118 91 118 101 104
41- 60 122 113 107 112 93 109 110
61- 80 142 125 121 111 116 114 150
81-1600 128 113 119 129 100 117 118
1601-1620 149 128 122 117 97 115 134
21- 40 187 242 202 236 193 186 188
41- 60 124 116 121 131 121 107 124
61- 80 106 104 101 143 128 115 114
81-1700 107 113 114 113 99 108 119
1701-1720 122 132 123 115 102 117 108
21- 40 95 103 95 98 102 108 107
41- 60 121 100 121 116 93 115 116
61- 80 121 122 139 113 110 125 113
81-1800 102 93 103 93 85 104 114
DINAMICA A LARGO PLAZO 195
Indice continuo
Artículos alimenticios
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1501-1520 100 100 lOO 100 100 100
21- 40 131 127 115 114 114 131
41- 60 174 155 151 156 156 162
61- 80 284 212 288 203 203 191
81-1600 335 252 372 294 207 321
1601-1620 459 348 472 370 186 254
21- 40 1143 773 1034 636 389 523
41- 60 1417 951 1189 941 405 445
61- 80 1474 961 1159 1139 535 565
81-1700 1798 1086 2779 1333 637 548
1701-1720 2445 1292 3585 1466 631 685
21- 40 2152 1370 3585 1422 827 617
41- 60 2561 1603 3872 1493 827 747
61- 80 2740 1747 3756 1687 1199 837
81-1800 3754 2141 3981 1754 1451 904
Vivienda Ropa
e
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1501-1520 100
100 100 100 100 100 100
21- 40 121 93 118 91 118 101 104
41- 60 148 105 126 102 110 110 114
61- 80 210 131 152 113 128 125 17
1
.
81-1600 269 148 181 146 128 146 202
1601-1620 401 189 221 171 124 168 271
21- 40 750 457 446 404 239 312 509
41- 60 930 530 540 589 289 334 621
61- 80 986 551 545 756 370 384 708
81 -1700 1055 623 621 854 366 415 843
1701-1720 1287 822 764 982 373 486 910
21- 40 1223 847 726 962 380 525 974
41- 60 1480 847 878 1116 353 604 1130
61- 80 1791 1033 1220 1261 388 755 1277
81-1 800 1827 961 1257 1173 330 785 1456
196 CAPITULO CUARTO
del todo. La única excepción es el alza de las bebidas impor-
tadas, más fuerte que de las bebidas de producción nacional.
Si ahora confeccionáramos un modelo cualquiera (con tal
que fuese razonable) de estructura del consumo de una familia
y lo aplicáramos como base invariable para calcular el costo de
la vida a lo largo de los tres siglos, ¡es de imaginarse qué
resultados obtendríamos!
Estas desigualdades en el alza de los precios constituyen un
factor muy importante, tanto más que este factor opera casi
constantemente a lo largo de varios siglos, si bien con inten-
sidad variable. Sin embargo, el sentido de su influencia no es
tan evidente como puede parecer a primera vista. Y la in-
terpretación "univalente" de este fenómeno, frecuente entre los
historiadores occidentales, tiene el defecto de fundarse en el
supuesto de que la naturaleza humana es inmutable, implicando
que el individuo actúa siempre de la misma manera en situa-
ciones análogas. cualquiera sea la época histórica.
W...ientras tanto, como lo explicamos en otro trabajo
1
, la "ley
de Engel" sobre la creciente importancia de los gastos de
alimentación a medida que disminuye el ingreso familiar, no es
aplicable a todos los países ni a todas las épocas. Así, por
ejemplo, en la Polonia antigua, donde el costo de la alimen-
tación popular era relativamente bajo, y relativamente alto el
de los artículos manufacturados de primera necesidad, el lujo
de las clases superiores, y sobre todo las medianas, era, por lo
general, precisamente un "lujo de mesa": especias, frutas, vinos
importados, etc.
Si el fenómeno constatado por Labrousse en ta Francia del
siglo xvrn se manifiesta del mismo modo en la historia de
Polonia del siglo XVI al XVIII, es decir, en una situación eco-
nómica completamente diferente (siquiera por tratarse de un
país exportador de cereales y mucho menos industrializado),
podemos suponer que nos encontramos ante un fenómeno fun-
damental de la economía precapitalista. Efectivamente, la co-
1 W. Kula, Problemy i metody historii gospodarczej, cit.
DINAMICA A LARGO PLAZO
197
rrespondencia de nue.stros cuadros con los de Labrousse es to-
tal. Se dejan observar tan sólo dos diferencias, perfectamente
comprensibles: a) el precio relativamente subido del vino que
caracteriza a Polonia, país importador de este producto, en
comparación con Francia que es su gran exportador ; b) la
ausencia, en Polonia, del enorme alza del precio de la madera,
que caracteriza a Francia cuyos recursos forestales empiezan a
agotarse en esa época J.
El segundo de nuestros cuadros, que contiene datos sobre la
misma evolución de los precios pero expresada por un índice
en cadena, nos permite constatar que el fenómeno en cuestion
se manifiesta no sólo como la resultante final de distintas fluc-
tuaciones que se sucedieron a lo largo de 300 años, sino que se
trata de un fenómeno casi continuo, perceptible dentro de la
mayoría de los quince períodos en que hemos dividido el lapso
entero. Y recordemos que del análisis de Simiand
2
se des-
prendía ya a las claras que, al menos desde el siglo XV, los
períoJos de alza siempre fueron más largos que los de baja, y
que el alza siempre fue más fuerte que la baja. Europa vivió la
mayor parte de la Edad Moderna bajb el signo del alza, no
interesando que la causa dominante fuera aquí la afluencia de
metales preciosos (como sostenía' la ciencia de antaño), el
auge de las inversiones (como se inclina a creerlo Cipolla) o
la política inflacionista de los gobiernos.
Pero el fenómeno que estamos tratando tiene, además otro
aspecto. El progreso técnico que se fue produciendo desde el
siglo XV a través de las sucesivas "revoluciones industriales",
afectaba en distinto grado los diferentes grupos de artículos.
Por regla general, cuanto mayor era la importancia del costo de
elaboración o de transporte en la formación del precio de un
artículo, mayor era la baja relativa de este precio. De modo
1 H. Sée, Landes, communaux {' / défrichcmcnls en Hau/ {' -RretagnC',
1926; del mi smo au tor , Hisl orie écorwmiqu c de la Francc, T. 1, p.
205· 207; C. E. f.abro usse, Esqu iGse ... , t. II, p. 34 3·3-1 8.
2 F. Simumd, Recherches ancicnnes et nouvell es sur le mouvemenl
généra/ des prix du XVI-e au XIX-e súicle, París, 1932.
198 CAPITULO CUARTO
que, proporcionalmente, tal vez no hayan aumentado los pre-
cios de los artículos de primera necesidad, sino que hayan ba-
jado aquellos de los artículos que satisfacían necesidades hu-
manas de segundo orden J.
Naturalmente, el rico compraba mayores cantidades de artí-
culos no indispensables que el hombre de recursos mediocres,
sacando por lo tanto mayor ventaja de la baja relativa de sus
precios. Y el fenómeno guarda seguramente alguna relación con
la incuestionable intensificación de los antagonismos sociales en
esa época.
Por otro lado, a medida -que progresaba el abaratamiento
relativo de los artículos que satisfacían las necesidades de se-
gundo orden (que son al mismo tiempo las de orden "supe-
rior", bajaba también el nivel de condición económica del hom-
bre, a partir del cual aquellos artículos se volvían accesibles. De
más en más se democratizaba el consumo de artículos cada vez
más "lujosos". Este fenómeno guarda seguramente relación con
la incuestionable elevación del nivel de vida de amplias capas de
las sociedades euro peas en esa época
2

Por último, siguiendo el ejemplo de Hoszowski -aunque se
trate de un procedimiento arriesgado- apliquemos a los datos
de nuestros dos cuadros la estructura del presupuesto familiar
de un obrero, tal como la estableció Ernst Engel, cotejando el
resultado con el índice de los salarios (todo esto en base a los
índices en cadena). De este modo, obtendríamos la siguiente
configuración del costo de la vida (véase p. 199).
Como se ve, el resultado es totalmente diferente del obte-
nido por Hoszowski (citado anteriormente por nosotros), pero
seguramente más verosímil. Este cuadro indica que el nivel de
1 R. Marjo lin, Pri.x, monnaies et production. Essai sur les mouve-
ments économiques de longue dw·ée, París, 1941, p. 172-178.
2 Si no tomáramos en consideración este aspecto del problema,
resul taría que René Parod t uvo razón al exclamar en el t ítulo de su
libro: "Nous gagnons moins qu'en l'an 1500! " (París, 1914). Habría que
creer entonces lambíén en aquella "pauperízación absoluta" de las capas
más pobres de la población urbana en el período entre 1500 y 1800 en
proporción de 1 O: l.
DINAMICA A LARGO PLAZO
199
vida de las capas inferiores de la población urbana en realidad
casi no cambió a lo largo de estos tres siglos. De aquí se des-
prende que, para todas las capas superiores, un cálculo analogo
revelaría un creciente nivel de vida (tanto mayor cuanto más
elevada la clase social) a medida que los "artículos de orden
superior" se volvieran relativamente más baratos, ocupando un
lugar de más en más importante en los presupuestos familiares.
Más difícil sería responder a la pregunta si este abarata-
miento relativo de los "artículos de orden superior" -mani-
festación del capitalismo incipiente- se debía más bien a los ·
procesos operantes en Polonia o a los que acontecían en el
mundo circundante. Seguramente, tanto a lo uno como a lo
otro. ¿Pero cuál era la fuerza relativa de cada uno de estos
dos grupos de factores? De todas maneras, cabe señalar que
el fenómeno concuerda con la evolución de los términos de
imercambio, socialmente diferenciados, que hemos descripto
Año In dice
lndice continuo
en cadena 1501-1520=100 1541-1560=100
1501-1520 100
1521-1540 87 87
1541-1560 86 77 100
1561-1580 110 85 110
1581-1600 98 83 107
1601-1620 106 88 113
1621-1640 89 78 101
1641-1660 104 81 105
1661-1680 104 84 109
1681-1700 104 78 113
1701-1720 89 87 101
1721-1740 107 87 108
1741-1760 lOO 82 108
1761-1780 95 78 102
1781-1800 96 75
200 CAPITULO CUARTO
más arriba. Concuerda también -- lo que es más importante-
con nuestro conocimiento general de las transformaciones eeo-
nómicas en Europa durante la Edad Moderna y, sobre todo,
con aquellos que sabemos a grandes rasgos acerca de la evolu-
ción del rendimiento del tl:abajo (en el sentido lato del térmi-
no, o sea incluyendo los servicios, el transporte, etc.) en esa
época. Evolución lenta pero segura, y sobre todo desigual en
las diferentes ramas de la producción.
Capítulo V
Posibilidades de verificación
Más de una vez, en el curso de los capítulos anteriores, sub-
rayamos el carácter fragmentario de las fuentes que sirvieron
de sustento a nuestras reflexiones, o bien el hecho de que
-no obstante la existencia de las fuentes necesarias- éstas no
fueron hasta ahora objeto de un análisis sistemático.
Ahora querríamos discutir brevemente las modalidades de
una posible verificación de las diferentes hipótesis que hemos
planteado. La tarea parece difícil pero -a nuestro juicio- no
es irrealizable.
El punto crucial es, naturalmente, la elección del método.
Casi ninguna de las cuestiones que hemos tocado puede ser
objeto de una investigación estadística global, es decir, una
que abarcase la totalidad de los datos concernientes al proble-
ma estudiado (por ej. todas las haciendas señoriales de Polo-
nia). Por suerte, esto no es necesario. Muchas cuestiones ni
siquiera requieren una investigación estadística de fondo, bas-
tando para elucidarlas los sondajes microeconómicos. La rela-
ción entre el excedente comercializado y el volumen de las
cosechas basta estudiarla en el ejemplo concreto de varias ha-
ciendas o grupos de ellas. Lo mismo vale para la correlación entre
los ingresos monetarios de la hacienda, por una parte, y el
volumen de la cosecha o el nivel de los precios, por otra. En
el primer caso, no hay motivos para suponer que los propie-
tarios de otras haciendas pudiesen obrar de diferente manera.
En el segundo caso, con tanto mayor razón, la correlación no
podía variar mucho de una hacienda a otra, por obra de fac-
tores objetivos. Igualmente, si se quisiera estudiar la elastici-
202
CAPITULO QUINTO
dad del precio de los cereales en relación con las cosechas
(otra manera de abordar el problema de la dependencia entre
los ingresos del productor agrícola y el volumen de la cose-
cha o el nivel de los precios), bastaría examinar la correlación
entre las cosechas de las haciendas suburbanas y los precios
en el mercado de cada ciudad.
Pero todas estas investigaciones podrían ser confrontadas luego
con el análisis de aquellas instrucciones de la época, tantas
veces mencionadas por nosotros, y de la correspondencia con-
temporánea que tratase de negocios, ya que ambas fuentes
revelan en más de una ocasión los actos conscientes del pro-
pietario latifundista y sus intentos de adaptarse a la cambian-
te situación del mercado.
Análogamente, no sería necesario estudiar las actividades de
todos los gremios para comprender su política ante los cam-
bios de la situación del mercado, para cerciorarse en qué mo-
mentos facilitaban o dificultaban el acceso a la corporación
gremial, cuándo bajaban o aumentaban sus tarifas o cuál de
los períodos, el de baja o el de alza, era el más propicio para
ellos.
En otros casos no se puede eludir el método estadístico.
En el caso de los inventarios de los dominios (donde dis-
ponemos de una documentación más completa en lo que
atañe a la gran propiedad y deficiente por lo que toca a los
demás dominios), el carácter poco representativo de los datos
puede remediarse clasificando la documentación disponible
en grupos según las dimensiones de la propiedad, para atribuir
luego a cada uno de estos grupos de datos un peso relativo
acorde con las proporciones que exist ían efectivamente entre
los correspondientes grupos de dominios en la estructura eco-
nómica del país en el momento dado, haciendo abstracción
de la menor o mayor abundancia de datos dentro de cada
grupo. En el caso de las actas de inspección, hay que tener
en cuenta el carácter específico de los dominios que eran ob·
jeto de tales inspecciones, tratándose de dominios reales que
el monarca concedía a los nobles a tít.ulo de propiedad vita-
POSIBILIDADES DE VERIFICAC!ON
203
licia (los "starotwa"). A fin de sacar de estos datos conclusiones
valederas para toda la gran propiedad rústica en Polonia,
habría que analizar con precisión las características particulares
de tales dominios y las modalidades de la política económica
de los "concesionarios" (o más bien de los arrendatarios, ya
que rara vez el "starotwa" administraba él mismo la propie-
dad). En determinados aspectos, cuando se trate, por ejemplo,
de la evolución de las cosechas en tales dominios (pero no
del volumen absoluto), los datos reunidos podrán considerarse
como representativos de toda la gran propiedad. En otros as-
pectos (supongamos, el volumen de las inversiones), el resul-
tado obtenido, por tratarse de una propiedad vitalicia, po-
drían admitirse como límite inferior, lo que no dejaría de
tener importancia científica.
La verificación debería también efectuarse desde el punto
de vista de la diferenciación geográfica y cronológica. La
verificación geográfica se comprende muy a menudo en nues-
tro país como una multiplicación de monografías regionales.
Desde el punto de vista de la economía de los esfuerzos y de
la rapidez de los resultados, no es un método recomendable.
La selección de las regiones para un análisis más detallado
debe tener en cuenta la finalidad de la investigación. En gene-
ral, no creo que sea justa la tendencia a estudiar exclusiva-
mente regiones "típicas". En primer lugar, porque tales regio-
nes no existen. En segundo lugar, porque justamente las re-
giones no típicas, los casos extremos, permiten muchas veces
investigar mejor el problema y obtener más rápidamente resul-
tados concretos. Partiendo de estos principios, nos parece que
la tarea inmediata debería consistir en la investigación del me-
canismo de funcionamiento de la economía regional en dos
territorios extremos: 1) Pomerania, la única región del reino
de Polonia donde, al parecer, incluso el campesino tenía ne-
xos con el mércado internacional
1
; 2) Ucrania, región en la
1 Mucho pueden contribuir aquí los trabajos de M. Malowist y sus·
di scípulos.
204 CAPITULO QUINTO
mayoría de las épocas casi totalmente aislada del mercado
región donde el cereal, en un año de buena cosecha,
se pudría en pie o en almiares, porque no se sabia qué hacer
con él.
Para proceder a la verificación cronológica sería necesario
investigar los problemas señalados y comprobar las hipótesis
planteadas con referencia a períodos concretos de la época en
cuestión. En otro trabajo nuestro, hemos formulado la hipóte-
sis que la periodización de la historia de Polonia en la Edad
Moderna, o al menos de su historia económica, debería basar-
se en hitos divisorios situados, uno, alrededor del año 1620,
y otro, alrededor del año 1720. Para llegar a una periodiza-
ción empíricamente fundada, sería menester una serie de in-
vestigaciones suplementarias, en especial, un análisis de la evv-
lución de los precios a largo plazo. Una vez establecida la
periodización, se procedería a analizar los diferentes proble-
mas dentro de cada una de las subdivisiones de la época en
cuestión .
. Pero, sobre todo, es necesario esforzarse por establecer se-
ries estadísticas, aunque fuesen cortas o se refiriesen a un
ejemplo específico. Por cierto, no es fácil analizar los proble-
mas planteados por nosotros, apoyándose en datos fragmenta-
rios o en casos aislados, por representativos que fuesen. Como
hemos visto, tales series son indispensables, aunque abarquen
sólo diez o quince años seguidos, a condición de que uno dis-
ponga para cada perí oda de series correspondientes a distin-
tos fenómenos (por ejemplo, cosechas, venta, ingresos moneta-
rios y precios).
Finalmente, varias correlaciones, presentadas en este trabajo
a título de ejemplo, sin ser probadas (habiéndonos limitado a
demostrar únicamente su verosimilitud en base a períodos
cortos), podrían establecerse de manera definitiva.
Por ejemplo:
1) la exportación de cereales a través de Gdansk y su precio
en este puerto (tomando en consideración los principales
I'OSIHIJ,JDADF.S DE VERIFlCACION 205
cereales exportados, el precio de cada uno de ellos y su
peso relativo en esta exportación);
2) la correlación entre los precios de los cereales básicos
en Gdansk y en los más importantes mercados importa-
dores (por ejemplo, Arnsterdam);
3) la correlación entre los precios de los artículos de ex-
portación en Gdansk y en otras ciudades de la cuenca
del Vístula, (Varsovia y Cracovia), como también en
ciudades situadas fuera de esta cuenca, Poznaó, Lvov;
4) los términos de intercambio en Gdansk (hoy Danzig)
desde el punto de vista del exportador (para todo el
período en cuestión, teniendo en cuenta la composición
aproximada de la exportación y de las compras);
5) lo mismo, con referencia a los grandes mercados del
interior del país: Varsovia, Cracovia, PoznaÍl, Lvov;
6) una aproximación más precisa de los términos de inter-
cambio desde el punto de vista del campesino, para
todo el período y en diferentes mercados.
Los ejemplos podrían multiplicarse. Es asombroso cuántos
problemas económicos de capital importancia han sido descui-
dados, sin ser materia de estudio, sin haber sido siquiera plan-
teados. Y esto, a pesar del considerable desarrollo de las in-
vestigaciones en el campo de la historia económica. Así, por
ejemplo, la enorme inversión de trabajo que representan los
once volúmenes de la Historia de los precios en Polonia, per-
manece prácticamente improductiva desde el punto de vista
de la ciencia histórica, siendo difícil encontrar una monogra-
fía o una síntesis que aprovechase este trabajo. Es el ejem-
plo más patente, pero no el único.
Mencionemos algunos otros problemas entre los muchos
que valdría la pena investigar. Por ejemplo, parece que la uní-
formación de los precios en los principales mercados urbanos
de Polonia, en los siglos del XVI al XVIII, es muy consi-
derable, tal vez mayor que en Francia en esa misma época.
Este fenómeno está ligado con todos los elementos de la vida
206 CAPITULO QUINTO
económica del país. ¿Pero cómo se explica este fenómeno':'
Sería difícil encontrar un problema de mayor trascendencia.
Asimismo, parece que Polonia, en los siglos del XVI al
xvm, desconoció la plaga del hambre, tan fuerte, periódica
y extendida como la que imprimió su ritmo a la vida econó-
mica de Francia en aquella época. ¿Será esta una impresión
falsa, debido a nuestra ignorancia? ¿O será cierta? Y en tal
caso, ¿cómo explicarlo, puesto que es difícil suponer que el
rendimiento del trabajo o de la tierra, o el grado ..!e comer-
cialización de la producción agrícola, fuesen mayores en Polo-
nia que en Occidente? He aquí, de nuevo, un problema de
no poca monta.
Finalmente, un terreno prácticamente virgen: la contabili-
dad de la producción artesanal y el economic behaviour de
los gremios. Nuestra ignorancia en esta materia es casi abso-
luta, pese a tantos trabajos consagrados a la historia de los
gremios. La investigación no será fácil, por cuanto el artesano
no llevaba cuentas, pero no pocos resultados podría aportar
el análisis de los documentos concernientes a la fijación de
las tarifas (sesiones donde se verificaba la calidad de la pro-
ducción para establecer su costo, discusiones, protestas, etc.),
o el análisis de los pleitos entre los propios gremios, o entre
éstos y alguna otra entidad. Pero, a nuestro juicio, el método
más fructuoso sería el análisis indirecto de la actividad de los
gremios, en relación con los datos que poseemos sobre otros
aspectos de la vida económica en determinado tiempo y lu-
gar. Si, por ejemplo, luego de la Peste Negra de 1348, los
gremios de Orvieto deciden, a título expiatorio, celebrar las
fiestas de los santos patrones de todas las iglesias, capillas y
barrios de la ciudad, esto significa introducir adicionalmente
50 días feriados durante el año, o sea, ¡reducir la semana
laborable en una jornada!
1
. Sería difícil no advertir allí
una tentativa de repartir equitativamente la carga de la baja
1 E. Carpentier, Une vil/e deuant la pest e. Orvieto el la Peste Naire
de 1348. París, 1962, p. 193.
POSIBILIDADES DE VERIFICACION 207
de la demanda, la cual -como se puede inferir del mismo he-
cho- habría disminuido más que las posibilidades de oferta.
El razonamiento post hoc ergo propter hoc engaña a menudo,
mas no siempre.
De todos modos, mucho queda por hacer para que el fun-
cionamiento del sistema económico imperante en Polonia en
los siglos del XVI al XVIII, llegue a ser cabalmente compren-
dido.
La última cuestión se refiere a la significación misma del
modelo que hemos construido. Aunque lo verificáramos a la
perfección y ubicáramos con exactitud en el tiempo y el es-
pacio, queda por determinar, mediante la comparación con
otros modelos, fundados en otros datos, si el nuestro es un
modelo valedero para la economía feudal en general. Con
toda seguridad, no lo es, aunque algunos de sus elementos
tengan tal carácter. ¿Se tratará tal vez de un modelo de "feu-
dalismo regional" -por ejemplo, en la forma que este sistema
adquirió en Europa oriental- o ·bien de un modelo de deter-
minada etapa declinante del desarrollo de esta formación so-
cio-económica? ¿O tal vez de lo uno y lo otro? En fin,
¿cuántos son, en este modelo, los elementos propios de deter-
minada estructura socio-económica, y cuántos los elementos
comunes a toda economía donde la agricultura ejerza un pa-
pel preponderante, sobre todo aquella donde la agricultura se
funde en la gran propiedad rural y donde las prestaciones de
la pequeña propiedad en favor de la grande (renta feudal o
censo enfitéutico) se efectúen por vía no monetaria?
Capítulo VI
La racionalidad de la actividad económica en el sistema feudal
El problema formulado en el título del presente capítulo
puede parecer ficticio a los historiadores, no obstante, ha sido
objeto de largas discusiones económicas que ya son tradición.
El quid del problema se presenta como sigue: una actividad
económica racional requiere que haya posibilidad de comparar
los costos y los resultados. Pero como los casios y los resul-
tados se expresan en substancias de distinta índole: los cos-
tos, en trabajo y materias primas, los resultados, en produc-
tos, tal comparación es factible únicamente cuando estas dife-
rentes categorías pueden reducirse a un "denominador común",
volviéndose de este modo no sólo mensurables, sino también
conmesurables. Este denominador común está proporcionado
por el mercado, expresándose en forma monetaria, es decir,
en unidades homogéneas (precios), aplicables tanto al trabajo
o a las materias primas como a los productos finales.
Para que el precio pueda cumplir esta función, se requieren
ciertas condiciones:
l. debe existir un precio de mercado más o menos unifor-
me;
2. el precio debe formarse por vía de la libre competencia
y no por imposición del poder autocrático;
3. el precio de mercado debe existir para todos los ele-
mentos componentes de la producción y todos los artí-
culos que sean resultado de ella; debe existir por lo
tanto, en primer lugar, un precio de mercado para la
mano de obra y, naturalmente, un mercado de trabajo.
210
CAPITULO SEXTO
E. Taylor, en su crítica de las concepciones de la escuela
histórica e en la economía política, dice a
propósito del "supuesto de la libertad económica", lo siguien-
te: "La economía teórica debe tomar este principio como
premisa fundamental, como primer supuesto imprescindible en
el estudio de cualesquiera regularidades económicas, ya que
sólo él permite conoc.er la dinámica específica y las tenden-
cias de todos los elementos del sistema económico: punto de
partida para la formulación ulterior de leyes económicas vale-
deras para cualquier situación histórica concreta. Pues sólo
este supuesto nos permite conocer las tendencias inherentes al
obrar humano (¡sic! ) y a las reacciones de la naturaleza, li-
bres de la influencia que les imponen las condiciones exterio-
res, siendo, por lo tanto, la expresión de su propia esencia
(¡sic! ) y no de aquellas condiciones exteriores ... Donde no
hay libertad, al menos en la elección del consumo y del tra-
bajo, allí las leyes económicas no se aplican, permitiendo a lo su-
mo prever en que grado la realidad se apartará de la con-
secución de los fines económicos de la sociedad, es decir, el
máximo aumento posible de la renta nacional y la máxima
satisfacción de las necesidades de los miembros de la socie-
dad" 1. En otro pasaje, el autor afirma que ''en cuanto a los
fines directos de la actividad económica (sin duda, el
piensa los mismo de los costos de producción), se despren-
de del objeto mismo de la ciencia económica (¡sic! ) que
los factores que ella estudia tienen que ser mensurables en
dinero"
2

No se puede negar que esta posición ha sido formulada sin
dejar lugar a dudas, pero tampoco se la puede calificar de
original. Se trata más bien de una opinión común en ciertas
corrientes de las ciencias económicas. Fue precisamente este
problema el motivo esencial de la disputa sobre la posibilidad
1
O. Lange, Historia roz woju ekonomihi l His toria del desarrollo de
la economía politica], t. U, Varsovia, p. 37.
2 lb{d., p. 33.
LA RACIONALIDAD DE LA ACTIVIDAD ECONOMICA
211
de una gestión económica racional en el socialismo (l\·1ises-
Lange)l.
Según el modo de pensar de los representantes de esta co-
rriente, la respuesta a la pregunta si es posible una actividad
económica racional faltando la libre competencia, presupone
la respuesta a la pregunta siguiente: si es posible construir la
teoría económica de un sistema no fundado en la libre com-
petencia. El enlace entre estas dos cuestiones se establece con
bastante frecuencia, y lo establecen ambas partes de la con-
troversia, aunque -sea dicho al margen- tal enlace no es
nada evidente. ¿Por qué habría de ser imposible construir una
teoría de actividades de índole social, masivas y regulares,
pero irracionales (por ejemplo, la magia)?
Y aunque el filo de los argumentos que esgrimen Mises o E.
Taylor no se dirija contra el régimen feudal, todos ellos se
aplican perfectamente a él. Es obvio que en el sistema feudal
no existe la libre competencia; la libertad de producción y de
opción del productor se halla considerablemente restringida,
igual que la libre opción del consumidor; la gran mayoría de
la mano de obra está sustraída del mercado del trabajo, el
cual -por otra . parte- se halla fuertemente reglamentado;
existe asimismo una reglamentación de los precios, etc.
En consecuencia, también nosotros debemos preguntarnos si
es posible una actividad económica racional en el sistema feu-
dal. La respuesta que demos a esta pregunta no presupone,
como ya hemos dicho, la respuesta a la otra pregunta -sobre
la posibilidad de una teoría económica dei sistema feudal - ,
pero sí predetermina numerosas características de una posible
teoría de esta índole.
Primeramente, quisiéramos advertir que la realidad histórica,
que es heterogénea y concreta, no da pie para un plantea-
1
O. Lange, "Zagadnienia racbunku gospodarczego w ustroju
tycznym" lProblemas del cálculo económieo en el sistema socialista)
Ekonomista, 1936, NO 4, p. 53-75, Este trabajo fue luego incorporado
al libro de O. Lange y F. M. Taylor, The Economic · Theory o( Socia·
lism, Minneapolis , 1938.
212
CAPITULO SEXTO
miento dilemático del problema. La posibilidad o imposibi-
lidad de una economía racional no es una alternativa sino
una cuestion de proporciones. Todas las actividades económi-
cas son, en alguna medida, tradicionales, y en alguna medida,
racionales. Al observar el desarrollo económico, registramos
un creciente grado de racionalidad. Daremos, por lo tanto, la
razón a Lange cuando afirma que los sucesivos sistemas so-
cío-económicos permiten una actividad económica cada vez
más racional
1
• Por consiguiente, el sujeto económico tiene po-
sibilidades mucho mayores de obrar racionalmente en el ca-
pitalismo que en el feudalismo. Sin embargo, la tajante divi-
sión de las actividades económicas en tradicionales y racio-
nales, establecida por Max Weber, debe sin duda clasificarse
dentro de la categoría de "tipos ideales", o sea, extraídos de
la realidad, pero exagerados y simplificados a fin de permitir
el análisis ulterior de los conceptos que ellos impliquen. En la
práctica, los elementos tradicionales y racionales coexisten en
toda actividad social concreta.
Ahora bien, ¿por qué los sucesivos sistemas socio-económi-
cos han de dar lugar a una actividad económica cada vez más
racional? En lo que se refiere a la comparación entre el feu-
dalismo y el capitalismo, se presentan por lo común dos gru-
pos de argumentos: 1) argumentos del dominio de la psicolo-
gía social: el "espíritu capitalista", la aprobación social de la
eficiencia y la ganancia por oposición al culto de las tradicio-
nes y la estabilidad, etc.; 2) argumentos concernientes al me-
canismo económico: el mercado y el precio originado por
éste, en cuanto "denominador común" de todos los elemen-
tos del cálculo, la contabilidad por partida doble, etc. Señale-
mos que estos dos grupos de argumentos no se excluyen recí-
procamente, de modo que es posible sostenerlos simultánea-
mente, y las diferencias entre los especialistas se reducen
muchas veces al grado de preferencia concedido a uno u otro
grupo.
1 O. Lange, Ekonomia Polítyczna [Economía política], t. I: Zagad·
nienia ogólne [Problemas generales], Varsovia, 1959, p. 140-143.
LA RACIONALIDAD DE LA ACTIVIDAD ECONOMICA 213
Si, en cambio, por "economía racional" comprendemos la
tendencia a lograr un máximo de efectos con un mínimo de
medios, tal economía, para volverse operante, requiere: 1)
que el estado de conocimientos técnicos permita diversas so-
luciones del problema; 2) que haya posibilidad de com-
parar las variantes de solución que se ofrecen y de elegir la
variante más económica. Hasta ahora se ha subestimado, a
nuestro parecer, la importancia del primer requisito. La posi-
bilidad de obrar racionalmente será tanto mayor, cuanto ma-
yor sea el número de variantes de que se disponga y mayores
las posibilidades de su comparación. Mientras tanto, el núme-
ro de variantes efectivas depende del grado de adelanto téc-
nico y de las condiciones sociales, ya que en determinada
configuración social algunas de las variantes teóricamente vá-
lidas no pueden tomarse en cuenta si, por ejemplo, lo pro-
híbe el derecho escrito o consuetudinario. En este sentido, el
capitalismo abre mayores posibilidades de "racionalizar" la
actividad económica, puesto que, al favorecer el desarrollo de
la ciencia, amplía la gama de variantes teóricamente aplica-
bles, y al aumentar la elasticidad social, acrecienta el número
oo variantes efectivas.
Pf:ro, contrariamente a lo que piensan algunos economistas
-para los cuales el mundo en que viven es el único "natu-
ral", "libre", en una palabra, "el mejor de los mWldos"- las
restricciones de la libertad de opción entre las variantes teóri-
camente válidas existen en todos los sistemas, sin excepción.
En el capitalismo se puede llevar a la práctica los adelantos
técnicos, pero no se puede comerciar con esclavos, ni tam-
poco emplearlos, aunque esto fuera extraordinariamente renta-
ble. En el siglo XVI, suele suceder exactamente lo contrario.
El propietario de una manufactura con privilegio real, bajo el
régimen de la monarquía absoluta, tiene derecho de emplear
a los niños ·sin restricción alguna, pero no tiene derecho de
cambiar el surtido de los artículos que produce. En el capita-
lismo ocurre exactamente lo contrario. La duracción de la
jornada de trabajo, de carácter tan "tradicional" en la época
214 CAPITULO S EXTO
precapítalista, está de hecho regulada por factores no menos
racionales que en el capitalismo. En el sistema capitalista es
posible recurrir a una publicidad manifiestamente falsa, al
estilo de "El jabón X lava solo", pero está prohibido anun-
ciar un medicamento como remedio contra todas las enferme-
dades. En el sistema feudal, esto último no tropieza con obs·
táculo alguno, en cambio, un artesano no tiene derecho de
colgar encima de la puerta de su taller un letrero que difiera
del reglamentario para todos los talleres del ramo. En la ac-
tualidad, al prohibir el comercio del opio, cada gobierno to-
ma en consideración que, a partir de ese momento, el comer-
cio ilícito de este artículo producirá enormes beneficios, mas
sabe también que la tendencia a nivelar la tasa de beneficio
no abarcará este artículo, que no habrá transferencia de capi-
tales a este sector, que la fuerza de la opinión pública y de
la acción policial será suficiente para que el comercio del
opio quede relegado al margen de la vida económica. El eco-
nomista que no vacila en calificar de irracional, como moti-
vado por razones no económicas, el lujo feudal o la actitud
del campesino de nuestros días que compra un tractor a cau-
sa del prestigio que implica su posesión, considerará al mismo
tiempo como perfectamente racional el hecho de que el re-
presentante comercial de una compañía norteamericana compre
todos los años un coche último modelo. Si en un país capita-
lista cualquiera, un cartel fija un máximum de producción a
cada empresa y un precio de venta al que todas deben ate-
nerse, algunos economistas consideran este procedimiento
como conforme con el principio de racionalidad económica.
Pero cuando se trata de un procedimiento idéntico aplicado a
un pequeño mercado urbano por un gremio que agrupa a los
artesanos del mismo oficio
1
, entonces, a juicio de estos mismos
investigadores, la economía ~ tradicional, falta en ella la li-
bertad, falta la racionalidad económica y, por esta
l Mi ckw.itz, loe. cit., como también el citado. ejemplo de Orvieto en
1348.
LA RACIONALIDAD DE LA ACTIVIDAD ECONOMICA 215
razón, resulta imposible construir una teoría económica de
semejante sistema. Anotemos al margen que, si en determi-
nada situación se considera como la más racional una decisión
estableciendo el volumen de la producción y los precios al
nivel que garantice la máxima ganancia, veremos que ni los
cárteles ni los gremios llegan por lo general a este límite "ra-
cional", trabados en su libertad de opción por consideraciones
sociales, por la oposición de otros sectores de la población,
etc.
En resumidas cuentas, los actos de opción económica se
realizan siempre, en todos los sistemas socio-económicos. Nun-
ca, en cambio, en ningún sistema, estos actos se realizan en
una situación de "libertad absoluta", en otras palabras. la
opción nunca se halla determinada exclusivamente por razones
de cálculo económico. Siempre, en cambio, los actos de op-
ción económica están socialmente condicionados, tienen carác-
ter reiterativo, revelan determinadas regularidades entre las
cuales existen determinadas relaciones. Y si podemos '.!ampro-
bar la existencia de tales regularidades y tales relaciones, po-
dremos también construir una teoría. El grado de racionalidad
de las decisiones económicas aumenta a medida que se desa-
rrolla la economía, puesto que aumenta, en cada caso, el
número de variantes a elegir. Y su número crece por obra de
dos procesos, funcionalmente ligados entre sí: el progreso de
las ciencias y el aumento de la elasticidad de la estructura
social.
Queda por discutir el problema de la "mensurabilidad" y la
"conmensurabilidad" de los elementos del cálculo económico,
en cuanto condición de su racionalidad. Aquella posibili dad
de "medir y comparar" ha de ser efe.ctiva, supuestamente,
sólo cuando exista un precio, formado en una situación de
libre competencia, para todos los tipos de productos y de
mano de obra, o sea, ha de ser efectiva únicamente en el sis-
tema capitalista.
También en esta vieja discusión, el historiador puede
aportar algo.
216
CAPITULO SEXTO
En primer lugar, hay que recordar algo que es evidente:
que el precio, como base del cálculo económico, con todas
sus cualidades, posee también no pocas deficiencias, tanto
desde el punto de vista de los intereses sociales, como en lo
tocante a la decisión de los sujetos económicos. Aun en el
capitalismo más liberal, los derechos aduaneros o la diferen-
ciación impositiva cambian los· elementos de cálculo
1
. Una
nueva tarifa de aduanas vuelve rentable una producción que
hasta entonces no lo era, y viceversa, aunque nada haya cam-
biado en la esfera física, en el mundo de las cosas, en la pro-
porción entre el producto y la suma de matena prima, ener-
gía y trabajo utilizados. El fenómeno será aun más patente,
cuando pasemos del capitalismo de libre competencia al capi-
talismo en su forma actual. La limitación del crecimiento
cuantitativo de la producción agrícola en los Estados Unidos,
o el mantenimiento artificial de la masa de pequeños almace-
neros en Francia, se llevan a cabo mediante el cambio de los
elementos de cálculo como efecto de la lucha política entre
las diferentes capas sociales, obligando --en este caso, a los
gobiernos- a adoptar decisiones cabalmente irracionales, si
por racionalidad entendemos realmente el esfuerzo por reducir
al mínimo los medios o aumentar al máximo los resultados.
Las condiciones creadas por obra de decisiones políticas obli-
gan a cada granjero norteamericano o almacenero francés a
realizar opciones que, siendo racionales si se les aplica el cri-
terio monetario, son manifiestamente irracionales desde el
punto de vista de aquel principio del "mínimo de medios y
el máximo de resultados", aun a escala de la empresa. Final-
mente, no se debe olvidar que el nivel general de los pre-
cios, y sobre todo las proporciones entre éstos, se modifican
en el curso del ciclo coyuntural. Nuevamente, estas modifica-
1 Esta cuestión ha sido tratada de una manera muy interesante por
H. Tennenbaum, Europa irodkowo-wschodnia w gospodarstwie swiato-
wy m [Europa central-oriental en la economía mundial], Londres, 1942,
en el capítulo Rentownosé jako zjawisko instytucjonalne [La rentabi-
lidad como fenómeno institucional].
LA RACIONALIDAD DE LA ACTI VIDAD ECON OMICA 217
ciones hacen rentable la producción que hasta entonces no lo
era, y viceversa, pese a que en el cálculo fisico de los medios
y los resultados, a lo mejor no haya cambiado nada. Los pre-
cios de mercado, como denominador común de todos los
elementos que integran la producción, por una parte, y de los
resultados de la producción, por otra, representan por lo tan-
to un mecanismo sumamente imperfecto, obligando en más
de una ocasión a los diferentes grupos de sujetos económicos
a tomar decisiones a ojos vistas irracionales. A pesar de esto,
nadie negará la posibilidad de una actividad económica racio-
nal en el sistema capitalista, si esa racionalidad --repitámoslo-
la juzgamos no en términos de alternativa sino como una
cuestión de proporciones; no como una racionalidad perfecta
o absoluta, sino como relativa, histórica; mayor en el capita-
lismo en comparación con aquella que era posible en la época
feudal , menor en comparación con las posibilidades que ofre-
ce el sistema socialista.
En segundo lugar, no es cierto que todas las decisiones
económicas en el capitalismo se funden en elementos mensu-
rables o conmensurables, en otras palabras, en elementos que
se dejen medir con dinero. Esto se refiere, sobre todo, a las
decisiones tocantes a la distribuci ón de la renta nacional entre
el consumo y la acumulación. Una investigación sociológica
podría tal vez establecer en qué condiciones crece entre los po-
seedores del capital la tendencia a invertirl o, y en cuáles la
tendencia a transformarlo en capital de consumo, cuáles son
las capas de la clase poseedora en el capitalismo que manifies-
tan mayor inclínacion al consumo, y cuáles a la colocación
de capitales (en igualdad de condiciones, al mismo nivel de in-
gresos, el profesional revela una mayor inclinación al consu-
mo, y el pequeño burgués, a la colocación del capital; la
clase media polaca antes de la guerra estaba menos inclinada
a invertir el dinero que la correspondiente clase en Francia,
etc.). No obstante, las propias decisiones, fuertemente influi-
das por factores sociales -decisiones que reTeJan grandes regu-
laridades y que, por lo tanto, pueden servir como elemento
218 CAPITULO SEXTO
de construcción de una teoría- se adoptan en ausencia del
común denominador monetario. Ningún denominador común
puede senir de base para decidir "objetivamente" si el dinero
disponible ha de ser invertido en un viaje de placer, en la
compra de un abrigo de pieles para la esposa, en la adqui-
sición de valores, o bien, si ha de ser depositado en una
libreta de ahorros. Del mismo modo, el campesino feudal
puede, en un año de buena cosecha, vender el cereal exce-
dente en el mercado, gastando el dinero así adquirido en la
taberna y en la compra de cintas para el vestido de novia de
su hija, pero puede también emplear este cereal, por ejemplo,
en la cría de aves. Insistamos una vez más en que estas deci-
siones, por ser socialmente condicionadas demuestran regulari -
dades perceptibles, que estas decisiones se repiten al repetirse
un determinado conjunto de circunstancias, siendo por lo
tanto posible investigarlas e incorporarlas a la teoría, pese a
que no se adopten reduciéndose todos los elementos a un
denominador común. Y nótese bien que estamos hablando de
un grupo extraordinariamente importante da decisiones econó-
micas, inclusive el más importante desde el punto de vista de
la dinámica de largo término.
Finalmente, falta también el denominador común moneta-
rio para otro grupo de decisiones económicas, no menos im-
portantes, puesto que condiciona la magnitud global de la
renta nacional. Nos referimos a las decisiones tocantes a la
división de la suma del tiempo de la vida humana en work y
leisure (trabajo y ocio). So m bart, en una frase que ha llegado
a ser célebre, definió la psicología precapitalista, en oposición
a la capitalista, como aquella donde man wirtschafte, arbeite,
um zu leben, nicht lebe um zu wirtscha{ten, u arbeiten (el
hombre produce y trabaja para vivir, y no vive para producir
y trabajar). El artesano de la época de los gremios no emplea
todo su tiempo, durante el cual es capaz de producir, en el
trabajo. Participa en numerosas festividades, descansa, a veces
simplemente "deja a un lado el trabajo", hace numerosas pau-
sas durante la jornada de trabajo, etc. Exactamente la misma
LA RAClONALIDAD DE LA ACTIVIDAD ECONOMICA
219
actitud hacía el trabajo productivo es hoy señalada por mu-
chos economistas, con referencia a los países subdesarrollados.
Dejemos para después el problema de si la conducta de aquel ar-
tesano no era por casualidad racional también según crite-
rios capitalistas, si éste habría encontrado comprador para el
par de zapatos producido adicionalmente, si, por lo tanto, no
era una forma de "desocupación parcial forzosa", y si cuando
tenía mayores encargos no trabajaba más. Lo que nos interesa
en este momento, es el hecho de que también en el sistema
capitalista de hoy, si aumentáramos la duración de la semana
laborable, bajáramos el mínimo de edad legalmente necesario
para trabajar a salario, subiéramos el mínimo de edad reque-
rido para jubilarse, etc., todas estas cantidades adicionales de
trabajo podrían aprovecharse racionalmente y producir efectos
de mayor valor q u ~ los medios invertidos a tal efecto. Si esto
no se hace, es a causa de decisiones de orden social, más o
menos democráticamente adoptadas. Estas decisiones limitan
de modo considerable la magnitud de la renta nacional, tra-
tándose, pues, de decisiones económicas de fundamental im-
portancia. Pero tampoco estas decisiones se adoptan casual-
mente, rigiendo aquí numerosas "leyes" cuya existencia puede
comprobarse. No se les puede negar racionalidad, se prestan a
la investigación y se las puede introducir en una construcción
teórica. Y sin embargo, estas decisiones no se apoyan en un
común denominador monetario.
De modo que el factor principal que determina el límite
superior de la renta nacional asequible en condiciones dadas y
el factor principal de la distribución de esta renta entre el
consumo y la acumulación, tampoco en el sistema capitalista
pueden apreciarse en dinero.
Finalmente, la existencia del precio de mercado, incluso en
sociedades altamente comercializadas, no es la única base de
toda una serie de decisiones económicas. El cálculo de costos
de algunos sectores de la producción campesina orientados ha-
cia el consumo interno de la explotación, si aplicamos los
precios de mercado al trabajo, a las materias primas y a los
220
CAPITULO SEXTO
productos, conducirá muchas veces a la conclusion de que tal
sector funciona irracionalmente. El error consiste en no haber
tomado en cuenta que dicha producción se funda en otros
elementos de cálculo, el cual no deja por eso de ser racional,
ni tampoco menos racional que si se fundase en los precios
de mercadol. Todo lo contrario. Ultimamente en paí-
ses se populariza un fenómeno llamado en Francia brico-
lage, y en los países anglosajones do it yourself: los miem-
bros de la familia efectúan ellos mismos los trabajos de con-
servación de su casa, de reparación de todo tipo de aparatos
electromecánicos, se dedican a la jardinería, etc. Este fenó-
meno está determinado por profundas razones económicas:
1 J. Klatzmann, "Les limites du calcul économique en agriculture"
Etudes 1, 1961, p. 50-56. Hablamos aquí de los factores eco-
nómicos que están en juego. Sin embargo, habría que tomar en cuenta
también aquellos factores que los economistas tradicionales estarían in-
clinados a considerar como extra-económicos. Los economista! franceses ,
es decir de un país profundamente marcado por el capitalismo, propor-
cionan numerosos ejemplos de factores "extra-eronómicos" que deter-
minan el obrar económico del campesino. Un zootécnico que aconsejaba
a un campesino que vendiese sus seis vacas, comprando a cambio tres
vacas de buena r aza, y le demostró con cifras de qU:e esta sería una
trarumcción rentable, oyó en respuesta (la historia ocurrió en el Macizo
Central): "Si tengo sólo tres vacas, mi hijo no podrá casarse con la hija
de un granjero rico con la que E:Stá prometido (Ibld., p. 55). Pienso
que este campesino obraba racionalmente también desde el punto de
vista estrictamente económico: con seguridad, la dote de la futura nuera
representaba más que la ganancia que le podrían reportar las tres vacas
de buena raza. Estas mismas actitudes se extienden también a los nue-
vos medios de producción (la compra de un tractor, no rentable en la
pequeña explotación, por razones de prestigio), y es preciso recordar
que este prestigio, a su vez, no carece de importancia para el funcio-
namiento económico de la empresa. Un economista francés ha dicho
que si los campesinos franceses se encuentran en una situación desven-
tajosa con respecto a otras capas sociales (o sea, tienen una participa-
ción relativamente menor en el aumento del rendimiento de su trabajo)
esto ocurre porque "les gusta su trabajo" .. Esta afirmación se vuelve
compl etamente racional si tomamos en consideración todas las dificul-
tades que representa la movilidad social para el campesino. Ahora bien,
si es posible introducir en la teoría tales elementos como el anhelo de
llegar a ser un rentista o la preferencia por la l!quidez, ¿por qué consi-
derar entcnces los comportamientos económicos del campesino, citados
aquí a modo de ejemplo, como irracionales e imposibles de ser incor-
porados a una construcción teórica?
LA RACIONALIDAD DE LA ACTIVIDAD ECONOMICA
221
por un lado, la producción en masa de repuestos y herra-
mientas baratas, por otro, la carestía de los servicios. Pero la
decisión de pintar la casa por cuenta propia, en vez de recu-
rrir a los servicios de un pintor, no puede tomarse en base al
común denominador monetario. El trabajo realizado por per-
sonas que no son del oficio, absorbe generalmente mayor can-
tidad de mano de obra y, a menudo, también más materia
prima. Calculado a precios de mercado, tal trabajo resultará
casi siempre irracional. Y sin embargo, es todo lo contrario.
La actividad económica es tanto más racional, cuanto ma-
yor sea la gama de variantes teóricamente conocidas y prác-
ticamente aplicables, entre las cuales puede elegir aquel que
toma una decisión económica. La amplitud de esta gama de-
pende de los fenómenos sociales, de factores vinculados entre
sí, tales como el desarrollo de la ciencia, la elasticidad de la
sociedad y su capacidad para asimilar innovaciones. Ninguno
de estos factores, en época alguna, equivale a cero, ni tam-
poco es ilimitado. Le incumbe al análisis económico constatar
hasta qué punto son racionales las opciones económicas en
época y país dado, y si las condiciones reinantes. en la s o c i e ~
dad investigada favorecen o no el incremento de esta raciona-
lidad. Naturalmente, se trata de una racionalidad metOdológica
y no objetiva
1
, o sea, de lo que es racional desde el
punto de vista de la suma de conocimientos del sujeto ope-
rante (técnicas que le sean conocidas y aplicables, etc. ). El
uso del criterio de racionalidad objetiva -donde lo racional
corresponde a nuestro conocimiento de la materia- - conduce
a conclusiones en extremo anacrónicas. Sin embargo, es una
actitud frecuente entre los historiadores. Korzon (destacado
historiador polaco, 1839-1918), sabía mejor que Tyzenhaus
1 Según la terminología de T. Kotarbiñski (Traktat o do brej robocie
[Trata do del buen trabajo ], Wrocl aw-Lódí , 1955, p. 137·1 39), adoptada
por O. Lange, op. cit., p. 141. Por otra parte, esta distinción es obj eta-
ble: aquella "racionalidad objetiva" no es aquí otra cosa que raciona-
lidad según el concepto que nosotros tenemos de ell a , un "Medir por
nuestro propio rasero ".
CAPITULO SEXTO
cómo este último había debioo fundar manufacturas en pleno
sjglo XVIII, y señalaba qué sólo la falta del verdadero saber
había causado la decadencia de dichas fábricas; lo mismo
Rosto'\v sabe mejor que los emptesarios ingleses de la época
de la revolución industrial en que ramas de la producción
debían ellos invertir sus
1
• Pero por este \Íltirno cami-
no ha avanzaNmos · bmého.
También en el .sistema feudal se manifiestan cons.tantemen-
le .actos de opcióo económica en masa, socialmente determi-
nados; estos actos se orientan en el mismo sentido dentro de
ca.da capa social, repitiéndose cuando se repite cierto conjun-
to de circunstancias. Más- todavía: la dirección y la escala de
estas decisiones resultan aprehensibles en términos cuantita-
tivos, aun cuando se adoptan sin apoyarse en el denominador
comúri monetario, tal com.o hemos procedido nosotros mis-
mos. en más de una ()Casión en el curso de esta obra.
Al decir todo esto, no intentamos de manera alguna me-
nospreciar la significación de la falta de aquel "de11omin.ador
común". El presente modelo se funda, en su totalidad, en la
tesis de que el bisectoúal de la actividad económica
defi.ne esencialmente la conducta de los sujetos económicos, y
que los actos de opción de estos sujetos se rigen por diferen-
tes criterios según -se refieran al sector monetario o al sector
":natural". ¿Podía el propietario de la hacienda feudal saber
realmente si su actividad económica, a la larga, era ruinosa?
La respuesta no es tan evidente como parece. Naturalmente,
cuando la envergadura de la "degradación" de los bienes era
muy grande, se convencía de ello a primera vista. ¿Pero cuan-
do la devastación de Jos recursos de la hacienda era aún im-
perceptible o apenas empezaba? Los historiadores de la eco-
nomía intentaron ya contestar negativamente a esta pregunta
fundamentai2. Personalmente, como se desprende de las
1 W. W. Rostow, The stages of Economic Growth, Cambridge,
1960.
2
M. Con fino , op . cit. La falta · de denominador común en la con·
LA RAC!ON ALIDAO DE LA ACTIVIDAD ECONOMICA 223
consideraciones anteriores, me inclinaría a dar una respuesta
positiva, aunque el problema es difícil y requiere investigacio-
nes especiales. El análisis de la documentación que se ha con-
servado de los numerosos pleitos entre los grandes terratenien-
tes y sus arrendatarios en torno a la "degradación" de las
fincas, como también el análisis de las "instrucciones" y con-
tratos de arrendamientos que tenían por objeto prevenir tal
degradación, podrían suministrar más de un dato importante.
Sin embargo, la lectura de muchos documentos de este gé-
nero produce la impresión que el criterio más frecuentemente
aplicado para verificar la degradación era el de "disminución
del número de almas", la "dispersión de los campesinos", etc.
Es un criterio sensato, "racional", apoyado en una correcta
comprensión del hecho de que el número de campesinos bajo
servidumbre es el fundamento de la rentabilidad de la hacien-
da, pero al mismo tiempo es un criterio tosco, poco sensible:
revela el proceso sólo cuando la destrucción de los recursos
está ya bastante avanzada.
No menos complicado es el problema que implica una pre-
gunta análoga formulada con respecto a la actividad econó-
mica del campesino; no menos complicado, y mucho peor
documentado Pero las recientes investigaciones, llevadas a
cabo en condiciones más difíciles, sobre la economía campe-
sína de los pueblos primitivos - que pueden servir a nuestro
propósito como una especie de "caso extremo"- infunden
optimismo en cuanto a la capacidad cognoscitiva de la
ciencia
1
.
+---
tabilidad de la nobleza fue enfáticamente señalada por Rutkowski (Ba·
dania nad podzialem dochodów . .. , cit . ). Sostuve una polémica con él
en la reseña publicada en el Przeglqd Socjologiczny, t. IV. 1938, p.
287. Rutkowski, en una carta que me dirigió el 8. lll .l939, manifestó su
desacuerdo conmigo en es;ta materia. Hoy pienso que tenía razón.
1 R. Firth, " Problems of Economic Anthropology: Format ion and
Maintenance of Capital in Peasant Societies," We nner-Gren Fou.ndation
{or Anthropologicai Rcsearch, i960, Su.mmer Symposia Program at
Burg· Wartenstein, Austria l mimeografiado, "no dest in<1do a la publica·
ción"l
224
CAPITULO SEXTO
El factor que condiciona la posibilidad de construir una
teoría relativa a cada categoría de fenómenos sociales, es el
carácter socialmente determinado de los actos humanos, el
cual hace que estos actos se produzcan en masa, que sigan la
misma orientación dentro de los límites de cada estructura
social, en el marco de las diferentes capas sociales, y que
sean repetibles, en iguales condiciones, en determinados lími-
tes del tiempo y el espacio. Y como este conjunto de facto-
res se manifiesta en cada sociedad, para cada una de ellas es
posible (a condición de disponer de suficiente documentación)
construir una teoría más o menos amplia, de mayor o menor
envergadura.
Capítulo VII
"Sistema económico" y "Teoría de un sistema económico"
En los capítulos anteriores, hemos estudiado el mecanismo
de funcionamiento de la economía polaca en los siglos del
XVI al XVIII. Por esta razón, consideramos el presente tra-
bajo como una contribución a la teoría económica del siste-
ma feudal. No es posible crear construcciones teóricas allí
donde los fenómenos no se repiten. La ciencia histórica tradi-
cional, en principio, negaba que los fenómenos se repitiesen.
En otro trabajo
1
defendíamos la tendencia que procura res-
tarle importancia a la peculiaridad del conocimiE'nto histó-
rico dentro del conjunto de las ciencias sociales. Los historia-
dores tradicionalistas exageraron esta peculiaridad, simplemen-
te porque estuvieron poco familiarizados con tales ciencias
como la Economía o la Sociología. Los fenómenos sociales
realmente no se reproducen, si hemos de comprenderlos su-
perficialmente, desde el punto de vista descriptivo. De hecho,
cada crisis que acontece en el sistema capitalista es "otra", es
"única". Pero esto no impide, ni muchv menos, crear una
teoría de crisis capitalistas, generalizando los elementos que se
repiten en cada una de ellas.
Para precisar mejor nuestra tesis, intentemos "saltar" medio
siglo, situándonos, por ejemplo, en la sexta década del siglo
XIX en Polonia
2
. Nos encontramos todavía en el mundo feu-
dal, pero ¡cuán diferente!
1 W. Kula, Rozwaiania o historii, op. cit., p. 42-60.
2 W. Kula, si': kapitalizmu w Polsce (La formación
del capitalismo en PoloniaJ, Varsovia, 1955 ..
226 CAPITULO SEPTIMO
1) Hasta fines del siglo XVIII, la actividad económica de
la nobleza tiene por regla inquebrantable evitar a toda
costa el gasto monetario. En el siglo XIX, la nobleza
comienza a buscar posibilidades de invertir el máximo
de dinero, aunque sea prestado, en la producción.
2) Hasta fines del siglo XVIII, el valor de la propiedad
rural es, en principio, proporcional a la superficie de
ésta. Lo mismo vale para la producción. En el siglo
XIX, el valor de un dominio depende mucho más de
las inversiones que hayan sido realizadas en él, que de
la superficie. Vendiéndose una parte de la tierra e invir-
tiendo el dinero en la parte restante, se incrementa el
valor de la propiedad, operación inaudita hasta fines del
siglo XVITI.
3) Hasta las postrimerías del siglo XVIII, los campesinos
intenta.'1 fugarse, mientras los señores - -procuran en la
medida de sus posibilidades- perseguir a los fugi tivos.
En ei siglo XIX, en cambio, registramos el fenómeno de
los "desalojos": el campesino se aferra a su pequeño
fundo, mientras el señor trata de expulsarlo.
4) Hasta finales del siglo XVIII, la nobleza procura trazar
un límite a la diferenciación de los campesinos desde el
punto de vista de su condición económica; naturalmen-
te, el noble necesita de explotaciones mayores y meno-
res (no decimos "más ricas" y "más pobres", porque
esto podría inducir en error), pero no demasiado gran-
des ni demac;iado pequeñas. En el siglo XIX, cuando la
diferenciación del campesinado empieza a manifestarse
con cierta intensidad, el señor interviene para impulsar
este proceso. Brinda condiciones más favorables a los
campesinos ricos que pueden acogerse al régimen enfi-
téutico, mientras desaloja a los campesinos pobres que
no tienen más remedio que trasladarse a los "czworaki"
(barracas para jornaleros), comprometiéndose a cambio
a trabajar cada vez que el señor los necesite.
5) Hasta fines del siglo XVIII, la mano de obra asalariada
TEORIA DE UN SISTEMA ECONOMICO 227
en Polonia es relativamente cara. Arribamos a esta con-
clusión por diferentes vías. La opinión al respecto de
los polacos contemporáneos no puede servir de prueba,
ya que la clase dominante siempre y en todas partes se
queja de la carestía de la mano de obra. Mucha mayor
fuerza pro bato ría tienen las opiniones de los extranjeros
que actuaron en Polonia, por ejemplo, los jefes de las
manufacturas
1
• La comparación entre los salarios y los
artículos de consumo popular en Polonia y en paí-
ses económicamente más adelantados en esa época, tie-
ne aquí importancia decisiva. En el siglo XIX, en Po-
lonia, tal como en cualquier país económicamente atra-
sado, la mano de obra asalariada empieza a ser visible-
mente más barata que en los países más desarrollados.
6) Hasta fines del siglo XVIII, los magnates alimentan y
emplean a centenares y millares de nobles venidos a
menos. En el siglo XIX ya no los necesitan. Necesitan,
en cambio, a los contados agrónomos o ingenieros. La
mayoría de la nobleza "superflua" sigue sirviendo a la
misma clase, pero indirectamente, por ejemplo, ocupan-
do puestos en la administración pública. Una minoría
de aquella pequeña nobleza pasará a las filas de los que
luchan por la independencia nacional y por la revolu-
ción "social".
7) Hasta fines del siglo XVIII, el ingreso, tanto del noble
como del campesino, está determinado (a corto plazo,
en igualdad de las demás condiciones) por la cosecha.
En el siglo XlX, la influencia de los fenómenos del
mercado, sobre todo de la oscilación de los precios
dentro del ciclo coyuntural, llega a ser mucho más
fuerte que la influencia de la cosecha.
8) Hasta fines del siglo XVIII, ni la economía de la ha-
cienda ·ni tampoco la economía campesina conocen la
posibilidad de una "quiebra" en el sentido estrictamen-
1 W. Kula, Szhice o manufahturach, cit., p. 385, 465-467, 664.
228
CAPITULO SEPTIMO
te económico del término, o sea, estado de insolvencia
debido a un error de cálculo económico o al cambio de
los elementos de este último. Si alguna hacienda o ex-
plotación campesina llega a arruinarse en esa época, la
causa fundamental reside en la esfera de fenómenos no
económicos. En el siglo XIX, las quiebras se vuelven un
fenómeno normal.
9) Hasta fines del siglo XVIII, los precios oscilan en sen-
tido contrario a la oscilación de la renta nacional. Des-
de este punto de vista, los fenómenos del mercado
constituyen, en cierto grado, un factor moderador en la
vida económica. El ingreso de la explotación agrícola
(tanto del latifundio como del minifundio) denota, en
su expresión monetaria, una menor amplitud de oscila-
ción que el ingreso en su expresión física. En el siglo
XIX, la situación se vuelve diametralmente opuesta.
10) Hasta fines del ' siglo X.Vlll, los años de baja de precios
son años de elevada renta nacional y, por consiguiente,
años "buenos". En el siglo XIX, ocurre lo contrario.
La enumeración de las diferencias entre ambos períodos
podría continuarse sin fin, pero basten los puntos señalados.
¿Cuándo se produjeron estos cambios tan profundos? ¿Por
obra de qué factores internos y externos? ¿En qué orden se
fueron produciendo? ¿Cuáles de ellos aparecieron antes, y
cuáles después? ¿Cómo datarlos?
Hoy por hoy, no estamos en condiciones de responder a
todas estas preguntas que constituyen un magnífico campo
para la investigación futura. Pero no es eso lo que nos inte-
resa en este momento. Objeto de nuestros interés es el con-
cepto mismo de sistema económico y de teoría de su funcio-
namiento.
Las relaciones que hemos estudiado a lo largo de este li-
bro se manifiestan sistemáticamente, es decir que se reprodu-
cen, durante un período relativamente dilatado. Estas relacio-
nes aparecen ligadas entre sí. Constituyen un sistema econó-
TEORIA DE UN SISTEMA ECONOMICU 229
mico. Dejemos a la investigaci ón ulterior la cuestión de cuándo
aparecen estas relaciones y cuándo ceden el Jugar a otras. Su
estrecha interdependencia permite, sin embargo, suponer que
--si bien ellas no aparecen ni desaparecen todas el mismo día-··
su aparición y su desaparición se lleva a cabo en un lapso
relativamente corto, y hasta m u y corto si lo comparamos con
el largo período de su funcionamiento. En este sentido, el
funcionamiento de la economía polaca, por ejemplo, en el año
1780, se aproxima más a los fenómenos del año 1580 que a los
del año 1850 - ¡ni hablar de 1880! - , ya que en algún mo-
mento, entre 1780 y 1850, empezó el viraje cuya localización
en el tiempo puede comprobarse empíricamente. Así que "sis-
tema económico" y "periodización de la historia económica"
no son conceptos introducidos en la investigación histórica
desde afuera, sino que constituyen enteE empíricos: síntesis del
conocimiento científico actual e instrumento del saber fu-
turo
1

Sistema económico es un conjunto de relaciones económicas
internamente ligadas, que precisamente por estar ligadas surgen
más o menos simultáneamente, y también casi simultáneamente
ceden el lugar a otras relaciones. El surgimiento y la desapari-
ción de estas relaciones, que pueden datarse empíricamente,
permiten definir los límites cronológicos de un sistema econó-
mico. La construcción de una teoría de un sistema económico
consiste en establecer (de nuevo, empíricamente) el conjunto
más rico posible de relaciones que aparecen en él, y en explicar
los nexos recíprocos existentes entre estas relaciones.
Estas mismas tesis pueden formularse también en otros tér-
minos. La creación de una teoría de una formación económica
consiste en elaborar un sistema de ecuaciones recíprocamente
ligadas. Estas ecuaciones deben incluir parámetros, variables
independientes y variables dependientes. Conociendo los pará-
metros y habiendo compuesto las ecuaciones, podemos averi-
1 W. Kul a, Probl emy i metody historii gospodarczej, cit., cap. Perio-
dyzacja hislorii gospodarczej [Periodización de la historia económica}.
230 CAPITULO SEPTIMO
guar cómo cambiarán las variables 'dependientes en función de
cada variable independiente que escojamos. Está daro que el
funcionamiento de cada formación económit:a, debido a sus
efectos acumulativos, produce un cambio gradual de los pará-
metros. Huelga agregar que tal sistema de ecuaciones (tal teo-
ría) será aplicable mientras no varíen los parámetros, o bien,
mientran varíen en grado tan reducido que las ecuaciones sigan
siendo correctas.
Naturalmente, la variación de los parámetros puede, a su vez,
introducirse en el sistema de ecuaciones, lo cual representaría la
etapa siguiente de la investigación. Si se trata de una variación
no vectorial, tendremos una situación apropiada para aplicar la
teoría de los juegos. En cambio, si es una variación vectorial (es
decir, acumulativa), simplemente enriqueceremos nuestro sis-
tema de ecuaciones.
Pero como los parámetros varían siempre - puesto que jamás
se repite conjunto alguno de elementos que caracterizan cada
situación económica- el problema cotLsiste en que el modelo
construido sea lo suficientemente elástico para resistir esta
variación.
Por ejemplo, si en el modelo presentado de funcionamiento
de la economía polaca en los siglos del XVI al XVIII, no
hemos tomado en cuenta la posibilidad de utilizar el capital de
crédito en la producción agrícola --puesto que la tasa de interés
del crédito monetario supera en esa época la rentabilidad de los
bienes raíces- entonces, pese a que ambas magnitudes varían
en el tiempo, prácticamente no nos importará que la razón
entre ellas sea de 7 a 4; de 8 a 5; de 8,5 a 4,5, etc. Las
consumaciones pueden ser de lo más variadas, pero el modelo
es, en este aspecto, elástico y resiste la variación a gran escala.
Pero este mismo modelo incluye la tendencia bajista de la tasa
de interés, operante a largo plazo, permaneciendo relativamente
estable la rentabilidad de los bienes raíces. Por ende, ambos
"vectores", tasa de interés y rentabilidad, tienen que in tersectarse
(la intersección se produjo realmente, creemos que no antes de 1?
fundación de la Sociedad de Crédito Rural en 1825). Y
TEORIA DE UN SISTEMA ECONOMICO 231
aquí está el límite a partir del cual el modelo deja de ser
aplicable. En este momento, el modelo se viene abajo, puesto
que la variación de los parámetros ha trascendido el límite de
su elasticidad. Para investigar el período siguiente, es preciso
construir otro modelo.
En nuestro modelo, para dar otro ejemplo, se admite el
supuesto de que la hacienda feudal no sería rentable si se
fundase en el trabajo asalariado, pese a que casi todas las
haciendas utilizan a escala modesta el trabajo asalariado. Pero
este modelo incluye también la tesis de que, pe3e a los esfuer-
zos de la nobleza, los campesinos deben manifestar en ciertas
situaciones una "tendencia a la fuga". Mientras la población
"no adscripta" sea poco numerosa, el trabajo asalariado será
caro y no se tendrá la seguridad de conseguirlo en el momen-
to preciso y en necesaria cantidad. Mas cuando surge el mer-
cado del trabajo (a despecho de los esfuerzos conscientes de
la nobleza, pero como resultado de sus actos no intenciona-
dos), los datos del modelo cambian radicalmente: la mano de
obra se vuelve barata y asequible en cualquier momento, por
lo tanto, la economía de la hacienda puede empezar a apo-
yarse en el trabajo asalariado. Ante los propietarios de fincas
rurales se abre una posibilidad de opción, cuya ausencia ha-
bíamos incorporado al modelo. El modelo se viene abajo, y
hay que construir otro.
También cuando se desmorona violentamente el régimen
institucional, la mayoría de los parámetros casi instantánea-
mente dejan de ser válidos.
A través de estas refléxiones hemos rozado, si bien desde
otro punto de vista, el tantas veces discutido problema de la
periodización de la historia económica. Unos, los realistas,
sostienen que una buena periodización debe reflejar las divi-
siones que se producen efectivamente en el devenir histórico
entre los sistemas; otros, los "convencionalistas", consideran que
toda periodización, aunque sea indispensable debido a la es-
trechez de nuestras facultades intelectuales y para facilitar la
exposi ción, constituye vütualmente una violación de la rea-
232 CAPITULO SEPTIMO
lidad, que es, en esencia un flujo continuo, ininterrumpido de
transformaciones J _
Tratemos de abordar el problema de manera sensata.
Es indiscutible que los fenómenos económicos están sujetos a
una variación constante, continua. Tampoco creemos que sea
motivo de controversia el hecho de que esta variación, en algunos
elementos, y en, determinados límites, es incoherente, oscilante,
mientras en otros elementos estará orientada en una dirección y
será acumulativa. Por lo demás, este carácter direccional o
acumulativo, es perceptible generalmente sólo cuando se trata
de investigaciones de largo pla:w, mientras que las de corto
plazo casi siempre sugieren variaciones oscilantes. En fin, se
puede arriesgar una generalización, a saber, que en la sociedad
preindustrial muchos índices económicos están sujetos a
des oscilaciones a corto plazo, siendo muy lentos los cambios
de dirección del trend, mientr<.:s que en la sociedad industrial
ocurre lo contrario: disminuye la amplitud de las oscilaciones a
corto plazo, siendo más tangibles y rápidos los cambios del
trend ,(por ejemplo, los coeficientes demográficos, la produc-
tividad de la tierra, etc. )2. Tampoco cabe duda que algunos
Por ejemplo, L. Beuthin, Ein(iihrung in die Wirtscha(t sgeschichte
(Colonia-Graz, 1958, p. 137) dice que " der chaotische Strom der Ges-
chichte ist anders nicht zu überblickcn ". N_ S. B. Gras adopta una posi-
ción semejante : "Stages in Economic History", Joumal o( Economic
and Business 1-listory, mayo 1930. Para este último, la periodización no
es sino una triste necesidad.
2
Es justamente aquí donde reside una seria dificultad para las in-
vestigaciones histórico-estadísticas : en lo que se refiere a époC<IS lejanas,
el historiador está más de una vez condenado a utilizar da tos aislados
de un solo año para el que precisa mente se han conservado ¡;,s fuentes;
para colmo, es te procedimiento es pa rt icul armente peligroso con rela ción
a tales épocas. Marczewsk¡ no advi erte esta dificultad cuando fmmula a
modo de programa la tesis contraria : Des lluctuations de courte pério-
de ... ne sont profondes ... La st.ruc ture de la consommation, celle
du commerce extérieur, celle des difércntes cultures agricoles. celle de la
population totale et de la population active, et bien d'aut.res encore,
possedent un degré suffisant de stabi lité (J. Marczewski, "Histoire
quantitative, but.s et méthode", Cahier de /'/SEA, N° 115, p. XI y
XXVIII). La estructura consumo, por ejemplo, ¿acaso es estable
bajo el Ancien Régíme? ¿Con las malas cosechas que se repiten perió-
dicamente y los consiguientes años de carestía?
TEORlA DE UN SISTEMA ECONOMICO 233
elementos cambian más rápidamente, mientras otros cambian
lenta y aun muy lentamente, y que otros más pueden conside-
rarse invariables (aunque sigan variando, a veces intensamente, a
corto plazo).
En esta situación, en el momento de abordar por primera vez
las fuentes que nos ha dejado la vida económica de otros
tiempos, se impone naturalmente una imagen de infinita hetero-
geneidad y de una variación sin límites. "Fotografiar" esta
heterogeneidad y esta variación constituye, desde un principio,
el objeto de innumerables trabajos en el campo de la historia
económica. L 'événementielle predomina cuantitativamente en la
historia económica, no menos, y a veces aun más que en
cualquier otra sección de las ciencias históricas. Es cierto que
aquellas contribuciones empírico-descriptivas fueron en este
campo tal vez de mayor utilidad que en otros, debido al
carácter masivo de los fenómenos económicos y a la enorme
cantidad y diseminación territorial de las fuentes de la historia
económica. Con todo, no cabe duda que es una tarea inútil, y
además irrealizable, cubrir el mapamundi con monografías de
todas las instituciones, dondequiera y cuandoquiera que hayan
existido.
La misión de la historia económica es comprender cuál fue el
obrar económico de los hombres en diferentes situaciones socia-
les. Deseamos conocer su "conducta económica", por obra de
la cual --como efecto involuntario, y generalmente ni siquiera
percibido 1- surge un determinado sistema de relaciones re-
producibles ("sistema económico"), condicionando a su vez
aquella conducta. Si un modelo explica correctamente el fun-
cionamiento de este sistema, el momento en que la variación de
los parámetros excede la elasticidad dada al modelo, o sea, el
momento en que éste se viene abajo, indica al mismo tiempo el
hito divisorio para una periodización real y no convencional.
Un buen modelo debería explicar el funcionamiento de una
1 Nos referimos aquí a las dependencias que O. Lange llamó "leyes
que son el resultado de los actos humanos" (0. Lange, Ekonomia poli-
tyczna, cit. t . I).
234
CAPITULO SEPTIM0
eeonomía y su adaptación a las variables independientes, sobre
todo a aquellas que se repiten. En este sentido, el modelo de la
economía preindustrial debe incluir una explicación de la adap-
tación de esta economía al "ciclo de las cosechas". Es un
clásico ejemplo de elemento coyuntural en el sentido más lato
del término (que no tiene, evidentemente, nada que ver con el
ciclo coyuntural capitalista, aparte de que ambos son reprodu-
cibles).
Pero los fenómenos "coyunturales", en el sentido arriba
indicado, comprenden, por regla general, tanto elementos rever-
sibles como elementos acumulativos.
El potencial productivo de los recursos existentes en la
agricultura, sobre todo el de la tierra. después de un año o
varios años de mala cosecha, vuelve por lo general al nivel
anterior. En cambio, el proceso de acumulación de la renta,
acelerado en cada año de mala cosecha -tan estupendamente
analizado en el caso de la Francia del siglo XVIII por Labrou-
sse- es un ejemplo de fenómeno acumulativo. Igualmente, los
cambios que acontecen en la estructura de la población campe-
sina: pauperización de una categoría de ella, consolidación
económica de otras.
De modo que, al analizar el modelo de funcionamiento de
tal sistema económico, debemos separar en el curso de la
investigación los elementos reversibles de los irreversibles. En la
investigación de corto plazo, nos interesan, por igual, los unos
y los otros. En el análisis de largo plazo nos interesan principal-
mente los elementos acumulativos. Las tendencias constantes y
el efecto acumulado de los fenómenos de tipo "coyuntural"
conducen, en definitiva, al cambio de la estructura. En conse-
cuencia, se desmorona el modelo, y el investigador debe cons-
truir otro: comprobamos así la existencia efectiva del límite de
un período. Quien desee, puede decir que "la cantidad se ha
transformado en calidad".
Por consiguiente, esta concepción implica que el modelo
ideal debería incluir elementos de autodestrucción. En otras
palabras: al analizar el funcionamiento de tal sistema econó-
TEORIA DE UN SISTEMA ECONOMICO 235
mico, poder decir cuáles serán las causas de su
derrumbe, y cuáles serán - por lo menos a grandes rasgos- los
elementos esenciales del sistema que lo reemplazará. Tal como
:Marx, al analizar el modelo de funcionamiento del capitalismo,
procuró descubrir los factores que conducirían a su disgrega-
ción y esbozar las características principales del sistema que
surgiría sobre las ruinas del anterior,
Sí, el modelo que incluyera elementos de autodestrucción,
sería intelectualmente el más elegante. ¿Pero será siempre fac-
tible?
Reflexionemos un instante sobre esta cuestión.
En primer lugar, todo modelo debe contener ciertas "entra-
das" y "salidas" que lo comuniquen con los sistemas económi-
cos coexistentes. Para volver al modelo de la economía de
Polonia en los siglos del XVI al XVIII: está claro que este
modelo contiene una "salida" muy importante al adaptar la
hipótesis sobre las ilimitadas posibilidades de exportación de
cereales polacos a Europa occidental. Como se sabe, estas
posibilidades fueron interrumpidas por el bl oqueo declarado
por Napoleón en el año 1806, para no reaparecer nunca más,
por diferentes razones. Los derechos de aduana que Inglaterra
impuso a los cereales, el creciente papel desempeñado por las
inversiones de capital en la producción agrícola, la competencia
del cereal ruso, y finalmente, la del cereal norteamericano:
todo esto determinó que la situación existente en los siglos
XVI-XVIII no se volviese a repetir. Naturalmente, estos cam-
bios eran imprevll,ibles dentro del modelo. Cambiaron los datos
exteriores con respecto a él y, como resultado, cambiaron los
datos del cálculo económico de cada productor agrícola comer-
cializando. Es deci r, cambiaron los datos que condicionaban la
conducta económica. A partir de este momento, el investigador
debe construir un nuevo modelo. Y este no es el único ejemplo
de cambias exteriores al modelo capaces de destruirlo.
Pero tam!.Jién dentro del modelo mismo tropezamos con
dificultades.
Si f'l funcionamiento del sistema se explica por su estructura,
236 CAPITULO SEPTIMO
esto ocurre precisamente porque cada sistema económico es
una estructura, un conjunto coherente, donde cada elemento
existe en función de todos los demás. Mais il serait contraire a
l'euidence de pretendre -dice con razón Marczweski- que toutes
les variables du systeme ainsi son! entierement déter-
minées par le systeme
1
. Podría citarse aquí también una frase
igualmente sugestiva de C. Lévi-Strauss: "Decir que toda
la sociedad funciona, es una banalidad. Pero decir que todo
funciona en la sociedad, es un absurdo".
Si acaso no hemos incluido en la construcción del modelo
cualesquiera elementos económicos o extra-económicos esencia-
les para el funcionamiento del sistema, lo advertiremos al com-
parar el modelo creado con la realidad. En tal caso, el modelo
no lo explicará. ¡Pero cuán a menudo los elementos que son
insignificantes mientras el sistema funciona normalmente, se
vuelven esenciales en el período de transformación de un siste-
ma en otro! Aquí, justamente, hay lugar para el creatiue
response de Schumpeter. Los hombres, con su actividad espon-
tánea, han construido el sistema, pero serán también ellos
quienes lo destruyan. Mas cuándo y cómo lo destruirán ... esto
no puede deducirse sino parcialmente del sistema analizado.
Al principio de este capítulo hemos enumerado, en diez
puntos -quizá formulados de modo demasiado categórico- las
diferencias, a nuestro juicio esenciales, entre el modelo de la
economía polaca presentado en este libro, y el modelo que
1 J. Marczewski, op. cit. p. XXXVII. Una plaga de la historia econó-
mica (aunque posiblemente haya sido una etapa útil en su tiempo) son
aquellas innumerables ''síntesis" de la historia económica de cada país y
cada época que acumulan los hechos sin indicar vínculos rtCÍprocos,
y en las cuales es posible quitar una gran cantidad de hechos, agregar
otros tantos, cambiar el orden de los capítulos, sin perjuicio para el
todo. Con razón no nos gusta n tales síntesis. No obstante, cabe pregun-
tar si en la realidad social y económica de que tratan tales libros, aque-
llos fenómenos estuvieron e(ectivamenle lig<Hlos entre 'sí. ¿Y cuáles estu-
vieron ligados, y cuáles no lo estuvieron? Uno de los críticos de la
presente obra (A. M<4czak) ha señalado con mucha razón como cualidad
de los estudios sobre mode los el hecho de que sólo por esta vía pode-
mos llegar a la "comparabilidad" inalcanzable en las obras de compila-
ción.
TEORIA DE UN SISTEMA ECONOMICO 237
vislumbramos para la economía del Reino de Polonia en el
período 1820-1860. ¿Y qué ocurrió entretanto?
Entretanto, ciertos elementos inherentes al modelo, al obrar
acumulativamente, forzaron el límite de su elasticidad. Por
ejemplo, la tasa de interés del crédito monetario bajó hasta el
nivel de la rentabilidad de los bienes raíces. Por ejemplo, la
movilidad más o menos ilegal de la población culminó práctica-
mente en el surgimiento de un mercado del trabajo en el agro.
Por ejemplo, la lucha, más o menos legal, de los campesinos
por abrírse el acceso al mercado, gradualmente formó el merca-
do del pequeño productor agrícola.
Entretanto, por otra parte, peligró la independencia del país,
surgió la lucha en su defensa, sucediéndose luego los repartos,
las guerras napoleónicas, cambios institucionales de fondo (in-
troducción de la hipoteca, una severa política fiscal, abolición
de la servidumbre en el Ducado de Varsovia, etc.).
Entretanto, tal vez lo más importante, se llevó a cabo, fuera
del sistema investigado, la revolución industrial . En su exterior
surgió un sistema poderoso, expansivo, sin rival aparente. Un
efecto secundario de esto fue la brusea y duradera disminución
de las posibilidades de exportación de los frutos de la tierra
desde Polonia. ·
Los economistas admiten que a veces no es posible concatenar
dos sucesivas cadenas temporales, si hay entre ellas una gran
"discontinuidad estructural". ¿Será este el caso aquí?
El modelo que hemos presentado fue criticado, por unos,
por ser un modelo que no conduce a ninguna parte, por no
advertirse en él la acumulación de los elementos del sistema
que había de reemplazarlo
1
• Otros lo elogiaron precisamente
por la misma razón 2.
A. Ma.c z a k , " O pn:yd at nosci m o d e li ekonomicznych na
przykl adzie wiejski ej gospodarki feudaJnej " [Sobre la utilidad de los mo-
delos económicos en base aJ eje mplo de la economía agrícol a feudal],
Kwarlalnill Historyczny, LXX, 1963.
2 Z. Bauman : r eseña del libro de W. Kula, Teoria ekonomiczna
ustroju feudalnego [Teoría económica del sistema feudal], Studia socjo-
logicz ne, 1963, 3{10, p. 21.9-228.
238
CAPITULO SEPTIMO
La pregunta anterior podría también formularse de otra
manera: el modelo presentado, en el caso de funcionar por más
largo tiempo, ¿originaría por sí mismo el surgimiento del capi-
talismo y de la revolución industrial? Los elementos del mo-
delo para los años 1820-1860, esbozados en este capítulo,
implican justamente un sistema donde se lleva a cabo la acumu-
lación y que conduce hacia el capitalismo. ¿Pero es lógico el
paso de nuestro modelo a un modelo de acumulación del
capital? ¿O tal vez nuestro modelo, realmente, no conduzca a
ninguna parte?
O para expresarlo en otra forma más: el capitalismo y la
civilización industrial que surgieron en Inglaterra, ¿habrían sur-
gido espontáneamente , y en otra parte, y · sin la presión cada
vez más amplia y fuerte de un capitalismo que había aparecido
anteriormente?
Nunca ocurrió tal cosa, de modo que nunca podremos dar
una respuesta empíricamente fundada. El sistema aquí anali-
zado fue creado por los hombres, lo crearon sus repetidos
comportamientos y reacciones. Una vez creado, los gobernó por
largo tiempo. Como sistema lleno de contradicciones internas,
produjo a la larga una serie de efectos imprevistos, y hasta
contrarios a su esencia. Las más importantes de estas contradic-
ciones son las contradicciones de clase. El sistema, al dominar a
los hombres, despertó el espíritu de rebelión contra sí mismo.
Si es que realmente nuestro modelo comprende factores que, al
acumularse, podrí<m llevar a la destruccion del sistema, creemos
que en primer lugar cabría mencionar los actos incoherentes,
espontáneos, pero orientados en una misma dirección -puesto
que eran determinados por la misma situación de clase- de las
masas campesinas diseminadas en cientos de miles de kilóme-
tros cuadrados: su sabotaje del trabajo obligatorio, sus fugas, su
lucha por entrar en contacto con el mercado. Actos tácitamen-
te incluidos en el modelo, que se desprenden lógicamente de su
estructura y que, al mismo tiempo, van cortando, una por una,
sus raíces. Si realmente falta algún parámetro esencial en nues-
tro modelo, es aquel inmensurable "coeficiente de la paciencia
TEORIA DE UN SISTEMA ECONOMICO 239·
humana" o "coeficiente del espíritu humano de rebelion".
"No volvamos las espaldas -podemos repetir con C. Lé-
vi-tJtrauss1- a esta naturaleza humana, cuando para extraer
nuestras invariantes, reemplazamos los datos de la experiencia
por modelos, sobre los cuales procedemos a efectuar operacio-
nes abstractas, como el algebrista con sus ecuaciones. Nos lo
han reprochado más de una vez. Pero .. . el qtte es del ofi-
cio ... sabe cuán grande es la fidelidad a la realidad concreta
con la que paga la libertad que se concede para sobrevolarla
por unos breves instantes".
C. Lí-•vi·Strauss , "Lec;on inaugural e au Coll ege de France, " Parfs,
p. 35-36.

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