EL GRITO - Boletín de la Asamblea de Estudiantes de Cádiz - nº1

EDITORIAL

“Entre perros y flautas”
Cuando desde la Asamblea de Estudiantes de Cádiz nos planteamos la necesidad de sacar una revista propia, lo hicimos desde el convencimiento de la urgencia de responder a la miseria que rodea el medio estudiantil. La idea es sacar una revista con actitud, una revista que sea una declaración de guerra permanente al actual estado de cosas, y no una expresión del mismo. Por eso hablamos de necesidad, de urgencia y de miseria. Cada artículo llevará su firma, y cuidaremos que esta firma mida cada palabra y cada afirmación: no queremos sacar un panfleto revolucionario ni la última moda en revistas universitarias. Se trata de reflexionar y de pensar los problemas que nos rodean. A través de la lectura, el estudio, la reflexión, el debate y la lucha diaria queremos que “El Grito” sea, como hemos dicho, el órgano de expresión de una actitud crítica ante el actual sistema, no una revista que sea un reflejo de la miseria cultural que nos rodea. Y esto sin excesivas pretensiones, pues somos conscientes de nuestras limitaciones como individuos que viven dentro del sistema al que pretendemos oponernos. Este último párrafo puede herir la sensibilidad de un mundo al que se le llena la boca con grandes palabras como libertad y que se vuelve cansino cuando a esta palabra le suma otra dando lugar a la recurrente fórmula “libertad de expresión”. Cada artículo llevará su firma porque cada persona que escriba en este boletín se hace responsable de su obra; pero a la vez, esa firma llevará la marca de la Asamblea de Estudiantes, esto es que, como asamblea, debatimos y discutimos –sana costumbre que se ha perdido en pos de malgastar esa “libertad de expresión”- todos los artículos antes de aprobarlos. Frente al consenso, vamos a apostar fuerte por el disenso. Pretendemos huir de esa obsesión por publicarlo todo: lo sentimos, pero no todo vale. Nos negamos a aceptar el fin de la historia y combatimos el pensamiento único: creemos que existen las ideologías y como activistas sociales estamos dispuestos a presentar batalla en el terreno ideológico. En “Bolonia” nos encontramos, pero seguimos adelante como Asamblea de Estudiantes dispuestos a defender que el mundo no es una mercancia. Así que, de momento, cambiamos el bongó seguir rompiendo esos estereotipos que nos bajo la ira del último neoliberal, otras con en el tópico del joven estudiante utópico que juega a ser hippy y que, bueno, ya se dará todo esto. por la pluma y nos empeñamos en quieren encasillar, unas veces el paternalismo más rechazable, sueña con cambiar el mundo, que cuenta cuando crezca de qué va

Y tras esta decidida declaración de intenciones, no podemos prometeros una periodicidad, ni siquiera la supervivencia de este boletín más allá de lo que vais a leer en este número. Sí os invitamos a participar en las asambleas, a leer, a reflexionar, a debatir, a luchar, sin miedos ni prejuicios, a defender nuestra Universidad frente a quienes pretenden convertirla en un negocio o quienes quieren mantener en ella a toda costa su cortijo. Nace “El Grito”, el boletín de la Asamblea de Estudiantes de Cádiz.

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SOLIDARIDAD CON HAITÍ

Desde la Asamblea de Estudiantes nos unimos a la solidaridad con Haití a través de la Vía Campesina
Queridos compañeros y amigos: A través de este escrito, queremos mostrar nuestro más profundo pesar y nuestra solidaridad con el pueblo haitiano, que hace poco fue sorprendido por un devastador seísmo; terremoto que ha causado miles de víctimas mortales, heridos y desaparecidos. Deseamos compartir nuestro dolor por dicha catástrofe y enviar un abrazo solidario al pueblo haitiano, y especialmente a nuestros compañeros de La Vía Campesina en Haití, que esperamos se sobrepongan pronto de esta difícil situación. No en vano, y haciendo memoria histórica, cabe recordar la fortaleza y determinación del pueblo de Haití, el cual fue el primero en toda América en abolir el sistema esclavista de forma autónoma y perdurable en el tiempo. No podemos dejar de recalcar y denunciar que los efectos de cualquier catástrofe natural se agudizan siempre en contextos de pobreza, de vulnerabilidad y de exclusión. Somos conscientes de que estas fuerzas de la naturaleza no son controlables ni previsibles, y que éstas no son responsabilidad de la comunidad internacional; sin embargo, la pregunta es, ¿cómo es posible que esa misma comunidad internacional siga permitiendo un mundo cimentado sobre semejante injusticia e inequidad, la misma que multiplica los efectos destructores y el número de víctimas de un terremoto como el que ha sufrido Haití? La Vía Campesina hace un llamado urgente a la solidaridad internacional para con el pueblo de Haití, con la intención de vehiculizar todo el apoyo económico que recoja a través de los movimientos sociales de dicho país, concretamente a través de las organizaciones campesinas haitianas que son parte del movimiento campesino internacional. Ésta es la cuenta bancaria donde La Vía Campesina centralizará los apoyos económicos de todas aquellas personas y organizaciones que quieran apoyar de manera urgente al pueblo de Haití.

Titular de la cuenta: ASOCIACIÓN LURBIDE – EL CAMINO DE LA TIERRA Banco: IPAR KUTXA Dirección: Gudari, 2 – AMOREBIETA (Bizkaia) – País Vasco - Spain Nº de cuenta: 3084-0023-536400061004 IBAN: ES54 3084 0023 5364 0006 1004 Swift: CVRVES2B Concepto: SOLIDARIDAD HAITÍ

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COPENHAGUE
En el marco de la globalización capitalista Copenhague ha sido únicamente una farsa por arriba pero un triunfo(¿insuficiente?) por abajo
Mientras cientos de miles de activistas paseaban por las calles de la capital danesa el “espíritu de Seattle” (el espíritu del movimiento antiglobalización) y se organizaban en una cumbre alternativa - Klimaforum- en cuyas conclusiones estaban representados los intereses de los pueblos del Sur, de las clases trabajadoras y de las próximas generaciones, los gobiernos fueron incapaces de llegar a ningún acuerdo legalmente vinculante sobre emisiones de CO2 que impidan el aumento de la temperatura media del planeta en 2º C: el límite puesto por los científicos para que no haya repercusiones irreversibles. Los representantes de 26 grandes países han expulsado a las ONG y marginado a los pequeños estados, tanto en las negociaciones previas como en la cumbre de Copenhague. los grupos capitalistas y la guerra de la competencia por los mercados mundiales. Se habló de que las empresas deberían pagar sus derechos de emisión, a fin de cuentas la mayor parte de ellas los han recibido gratuitamente y hacen ganancias revendiéndolos y facturándolos al consumidor. La cuestión es producir menos para la demanda solvente y satisfacer al mismo tiempo las necesidades humanas; no es difícil de lograr: se podría suprimir la producción de armas, abolir los gastos de publicidad, actividades y transportes inútiles, y, por el contrario, estimular actividades relacionadas con servicios públicos básicos (educación y sanidad) o la reconversión ecológica de la producción y de la energía. El coste de la transición hacia este modelo más solidario y sostenible es mucho menor que el impacto que tendrá en la economía el cambio climático, empezando por las ya frágiles economías de los países del Sur. Sin embargo, la única medida concreta planteada en el acuerdo es la de intentar impedir la deforestación que no concierne más que al sur y representa al 17% de las emisiones. La ley de la máxima ganancia pudre todo lo que toca. La cumbre de Copenhague no ha sido un fracaso de los movimientos, sino una agradable noticia: ya es hora de que se detenga el chantaje que impone que a cambio de menos emisiones hace falta más neoliberalismo, es decir, más mercado. Es una excelente noticia, ya que el tratado que los gobiernos podrían concluir hoy seria ecológi-

Mientras Estados Unidos y China presionaban para no alcanzar un acuerdo vinculante, la Unión Europea aparecía realizando propuestas esperpénticas y ridículas en cuanto a emisiones, por debajo del propio tratado de Kyoto. Está claro que al final los gobiernos han optado por apoyar así la carrera por el beneficio de

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camente insuficiente, tecnológicamente peligroso y socialmente criminal. Por el contrario, la solución y ahora es más visible que nuncaviene de la mano de los movimientos sociales, de los trabajadores y de los pueblos del Sur. Es decir, una solución real a la crisis global, ecológica y social no puede venir de la mano de los que la han generado sino de aquéllos que la sufren. El movimiento estudiantil tiene una gran responsabilidad en buscar alianzas con el resto de sectores sociales dispuestos a luchar y a generar una alternativa política que venga desde abajo y a la izquierda.

Tania Muñoz, Alicia Ríos y María Romay (estudiantes del IES Cornelio Balbo)

CÁDIZ 2012, LA CIUDAD ESPECTÁCULO
Las ciudades siempre se han configurado en base al sistema que en su momento les ha dado forma. Podemos reconocer rápidamente la ciudad islámica y su indisoluble relación con el Islam, por ejemplo. Y del mismo modo en nuestro caso, en un sistema de libre mercado, la ciudad se configura en base a las exigencias del mismo. La formación de los núcleos urbanos, en general, se debe a la aparición de los procesos productivos, y así, en base a estos procesos productivos, se distribuirán las rentas y se asignarán los recursos dentro de las zonas urbanas. Partiré entonces de esta base para, en unas pocas líneas, explicar cómo ciudades como Cádiz se van estructurando en los últimos tiempos a base de efemérides y de eventos, sin la participación de los ciudadanos en la construcción de ciudad, quedando éstos relegados a simples actores de reparto. Tenemos otros ejemplos: Barcelona, con el Forum de las Culturas como ejemplo más representativo; Madrid, con la candidatura a las Olimpiadas como último pelotazo; Lille, a la que utilizaremos como ejemplo comparativo con Cádiz; el Millenium Dome de Londres... «La ciudad sólo expresa los mecanismos sociales que la producen, la convergencia entre los flujos que están en nuestra vida. La cuestión es saber si el hombre es el sujeto y objeto de la ciudad o si el hombre es sólo una variable más en una sociedad automatizada» [Fernando López Alba, «La ciudad espectáculo actual es un producto del mercado», entrevista en El Mundo, 2006]. Así, cabe preguntarse qué papel jugaremos los gaditanos en la “Ciudad 2012”. De momento, las autoridades municipales lo tienen claro, y toda la propaganda institucional avanza en este sentido: en la ciudad del paro, cumpliremos el papel que se nos asigne como actores dentro de toda una gran representación que empezó hace ya unos años pero que no tiene visos de sobrevivir al 2012 -¿de esto iba la profecía de los mayas?-

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Ciudad Europea de la Cultura”. La idea es que durante unos meses la ciudad se convierta en un espectáculo, una permanente sesión cultural con la temática de la India de fondo. Todo esto atrae a un sector económico potente, el de la industria de la cultura, y abre en Lille espacios económicos estériles que antes no existían –los downtowns–, pero que ahora atraerán mucho dinero. Lo que ocurra en Cádiz está por ver y entrar en más detalle a mí se me escapa de las manos, no tengo los suficientes recursos para profundizar más en el análisis. Pero si seguimos la trayectoria de una ciudad y de otra y nos fijamos en el modelo de Lille, veremos cómo Cádiz, ciudad que poco a poco ha ido destruyendo su industria -Astilleros, Tabacalera, Delphi...- se constituye ahora como la ciudad del espectáculo permanente: el FIT, el Festival de Danza, ALCANCES, los espectáculos relacionados con el Doce, el Carnaval como algo a incluir dentro de toda esta nueva programación, los espectáculos nocturnos en verano... Además de convertir Cádiz en un plató de cine: El Capitán Alatriste, James Bond, Knight and Day... Esto último está directamente relacionado con la privatización de los espacios públicos. Es decir, espacios de la ciudad que deberían ser para el uso y disfrute de todos se ceden por una cantidad económica a entidades privadas normalmente. De esto, por otra parte, saben mucho el Ayuntamiento de Cádiz y Pablo Grosso. Hay alternativas En estas, cabe apostar siempre por mirar hacia abajo, ver qué se cuece desde la ciudadanía y desde los movimientos sociales. Desde la testaruda Asamblea Ciclista de Cádiz a la Plataforma a favor del tranvía por el Centro de Cádiz –a la que la Asamblea de Estudiantes de Cádiz se ha sumado recientemente– existen propuestas para construir una ciudadanía activa y comprometida con su ciudad.
José Mª Gallego Leal

UNIVERSIDAD Y EMPRESAS
Convenios de la UCA
Los convenios son algo con lo que tenemos que lidiar todos los días en nuestras facultades, ya que al parecer, nuestros gobiernos piensan que el dinero público que todos aportamos, no se debe dirigir a financiar las universidades, sino que para eso es mejor recurrir al dinero privado. Hasta este punto bien, pero, para esto, ¿qué concesiones tiene que hacer la universidad pública a las empresas privadas?, y ante todo convenios? ¿en qué consisten estos

Hoy en día la idea general está siendo, la de dejar de emitir dinero público a las universidades públicas, de forma progresiva y sustituirlo por dinero privado, y las universidades españolas, están empezando a sufrir gravemente esa falta de sustento económico, ya que como recuerdo de nuestra recepción como alumnos de primero, uno de los

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vicerrectores dijo “…porque tened en cuenta que la UCA es una Universidad pobre…”. Debido a esto es lógico que se vean obligados a buscar su preciado capital en otros lugares, esos lugares son las empresas privadas, y como resulta obvio, éstas no son hermanitas de la caridad, sino que piden algo a cambio. Es lógico pedir algo a cambio de lo que tú das, ¿pero a qué precio? Tenemos distintos convenios y, a continuación, citaré algunos de ellos. Con la empresa Banco Santander Central Hispano (BSCH) nuestra universidad ha firmado cuatro convenios: el primero (16-062000) es un convenio donde se indica cómo se realizarán las prácticas de los alumnos en el BSCH; en el cambio de su colaboración, el BSCH tendrá el derecho de decidir la temática de las acciones y del contenido, además de elegir un miembro que forme parte de la junta directiva de la misma (a lo que hay que sumar la publicidad, claro está); y el cuarto (05-02-2007) es similar al anterior, pero con el “Aula Universitaria Iberoamericana” utilizando como argumento la cercanía de Cádiz 2012, aunque al margen de la preparación de ese evento, el convenio no aclara para qué sirve el aula exactamente en relación con Iberoamérica. Este ejemplo es seguido por convenios con otras entidades como: CEPSA, Ikea Ibérica SA, Unicaja, Compañía Sevillana de Electricidad…

segundo (29-06-2000) se preparan los puntos para llevar a cabo un portal universitario y para facilitar, por parte del BSCH, que los alumnos tengan acceso a internet y hacerles llegar ofertas accesibles para la obtención de un ordenador personal; el tercero (30-07-2001) se ocupa de preparar el terreno para la creación del “Aula Universitaria del Estrecho” donde, a

y así hasta más de 500 entidades con la que se regulan una gran cantidad de asuntos. Volvemos al principio, ¿la UCA no se podría mantener exclusivamente con fondos públicos? ¿Esas empresas representan a los intereses públicos o a los intereses privados? Porque como hemos podido ver en el caso del BSCH las ayudas van a cambio de algo, esos cuatro convenios con ellos nos

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indican que “meten la mano” en los asuntos concernientes con esas creaciones, como el Aula Universitaria Iberoamericana o el Aula Universitaria del Estrecho, donde tienen capacidad electiva a la hora de tratar los temas. Temas que son, obviamente, académicos. Pero eso no es todo, si miramos en los carnets universitarios que cada uno de nosotros tendremos como miembros de esta comunidad educativa, veremos como tienen más relevancia el BSCH que la misma UCA, siendo algunos tarjetas de débito y otros no, pero sin faltar en ninguno de los casos el logotipo de tan honrosa empresa. ¿Hasta qué punto esa influencia de las empresas privadas nos afecta de forma efectiva? Desde mi punto de vista la Universidad pública es pública porque se financia con dinero público. Debe servir de forma real a los intereses sociales y no a la lógica de rentabilidad de los intereses privados. Una pregunta importante a plantear a la Universidad hoy en día es la misma que nos tenemos que hacer a nosotros mismos como universitarios: ¿para qué estamos aquí?, ¿qué buscamos? y ante todo ¿por qué? Los intereses sociales deberían de ser el objetivo de la educación superior, el objetivo de cumplir una obligación que tenemos como ciudadanos con la comunidad que nos rodea. No con nosotros mismos y con nuestros “benefactores”, que nos utilizan más bien como pequeños productores de ideas a bajo costo; aunque esto sea lo que, al fin y al cabo, parece que nuestro gobierno desea para nosotros.

Jorge Guerrero Valle

DEBATE SOBRE EL PAPEL DE LA UNIVERSIDAD
Durante el curso pasado, la asamblea de estudiantes se planteó la necesidad de debatir acerca de un modelo alternativo de universidad que complementara la lucha contra Bolonia. Esta exigencia de crítica constructiva procedía tanto del interior como del exterior del movimiento, porque es cierto que la oposición a la reforma, reunir fuerzas para una lucha a la defensiva, a veces hace difícil la construcción de nuevas posibilidades: el primer No a Bolonia, que seguimos considerando plenamente fundamentado, debía matizarse después para no confundirse con el rechazo de sectores conservadores para los que la reforma supone, entre otras cosas, el cuestionamiento de unos privilegios adquiridos durante años de dominio caciquil. Pero el análisis de este tipo de oposición a Bolonia ha sido ya tratado en muchas ocasiones. La plasmación concreta de lo que nos ocupa comienza en marzo de 2009, durante el segundo encierro en la facultad de Filosofía y Letras. Allí tuvo lugar un primer debate en torno a los textos de Ortega y Gasset –Misión de la Universidad– y Manuel Sacristán –“La universidad y la división del trabajo” y “Consideración acerca de la reforma del plan

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de estudios de la facultad”, en Panfletos y materiales III–¹, propuestos por José Luis Moreno Pestaña, profesor de filosofía de la facultad. A partir de entonces, la reflexión se prolongó y el debate se aplazó dando como resultado varios textos intermedios. Por último, a final de curso y a modo de balance del movimiento, decidimos reunirnos. Este documento plantea posibles orientaciones desde una crítica constructiva de la universidad: más que respuestas, señala algunos caminos abiertos al debate, de ahí su carácter esquemático e inacabado. He aquí el resultado. 1. Misión de la universidad. En primer lugar, la crítica a la universidad debe ir acompañada de una crítica al sistema educativo en todos sus niveles; por lo que cualquier reforma universitaria debería implicar una reforma de la educación primaria y secundaria. Es conveniente señalar esta obviedad para que no parezca que consideramos a la universidad un ente aislado del resto del sistema educativo. Entendemos que para extender la crítica a otros niveles es necesaria la aportación de quienes en ellos toman parte activa: profesorado de enseñanza básica y media, alumnado de ESO y Bachillerato... Sin ellos, hablar más del tema no tiene mucho sentido. La formación profesional y la formación científica se cuentan entre las competencias manifiestas de la universidad. Ortega señala una tercera función específica: la transmisión de cultura. Y afirma además que ésta se encuentra en crisis por el proceso de especialización científica propio de la Modernidad. Propone, en consecuencia,
¹ Lógicamente, los textos indicados son fundamentales para la comprensión de este artículo. El debate los toma como referencia a discutir: recomendamos su lectura para situar y también rebatir lo aquí expuesto.

crear una “Facultad de Cultura” que compense ese déficit. Sacristán alaba el análisis de Ortega, pero rechaza su solución: el problema de la fragmentación del hombre moderno se debe, según él, a la estructura atomizada de la base social capitalista. Es decir, a un sistema social que, en su desarrollo, fomenta una experiencia especializada y no integrada de la existencia. Por lo tanto, resolver el problema de la especialización creando una especialidad en Cultura, además de ser paradójico, no contempla la superación de la estructura social que produce dicho modelo de especialización. Sin embargo, la revolución –¿y qué revolución?– no parece estar a la vuelta de la esquina, luego... ¿qué hacer? En primer lugar Sacristán traslada el problema de la “cultura” –un término muy problemático por su ambigüedad– a la relación entre los conocimientos teóricos y los conocimientos técnicos. Las reformas tecnocráticas, como es el caso de Bolonia, resuelven esta tensión favoreciendo los aspectos técnicos de la enseñanza, olvidando que sin una perspectiva teórica de la propia disciplina se pierde el sentido de aquello que se pretende hacer. En un modelo que regula meticulosamente la competencia entre universidades e investigadores, que forma a los estudiantes exclusivamente en las competencias técnicas necesarias para ejercer una profesión, se puede esperar que cada cual cumpla su papel con una eficiencia abrumadora, pero sin noción alguna de las consecuencias o de la función social de la tarea que se le ha asignado. Los paralelismos con el régimen nazi pueden parecer exagerados, pero son evidentes. De esto se deriva una primera exigencia fundamental: Primar la formación teórica como base para la técnica. La

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formación técnica debe ofrecerse en los niveles superiores, cuando la orientación profesional esté más definida. Aún así, la relación entre teoría y técnica varía según el contenido de cada disciplina, siendo necesario adaptarla a cada caso concreto. Y otra observación: La docencia y la investigación no son necesariamente compatibles en la misma persona. En caso de que así ocurriera, la evaluación de ambas actividades debería tener la misma importancia. Pero esto, evidentemente, no es más que un parche coyuntural ante una práctica laboral –y, en general, una disposición vital– que rebasa los estrechos límites de la universidad. ¿Qué se puede hacer desde la universidad para cambiar esa circunstancia? Volvamos a Manuel Sacristán para abordar el tema crucial de la democratización de la universidad. 2. Democracia en la universidad. Tradicionalmente las principales trabas para acceder a la universidad, dejando a un lado los enormes condicionantes sociales que aún hoy pesan como una losa, eran dos: la escasez de la oferta y la disponibilidad económica. La situación ha evolucionado hasta hoy: la amplitud de la oferta universitaria actual es incomparable con la de hace apenas treinta años y el sistema de becas, mal que bien administrado, permite el acceso de estudiantes que carecen de los recursos económicos necesarios para pagar los estudios. ¿Qué objetar a ello? Bueno... no hay más que echar un vistazo a las críticas que suscita el modelo de universidad apuntado y a la tan reiterada necesidad de una reforma –que, por otra parte, desde el movimiento estudiantil compartimos, aunque en distinto sentido–. Respecto a lo que nos ocupa, basta decir que ese modelo supuso un paso adelante al facilitar el acceso masivo de la población a los estudios superiores, pero que a la hora de profundizar en el proceso se ha optado por una vía conservadora. No podía ser de otra forma, dada la desigual relación de fuerzas en la política actual. Esta vía, es decir, la aplicación de Bolonia, supone un intento de restablecer una barrera económica trasladándola a los estudios de máster. Y no sólo no profundiza en el proceso de democratización del acceso iniciado en los años sesenta, sino que refuerza las limitaciones que aún subsistían. Veamos en qué prácticas se concretan estas limitaciones. El corporativismo del numerus clausus, que limita el acceso a determinadas carreras, se ve reforzado ahora por el establecimiento de rankings universitarios que implican una jerarquización dentro de los mismos títulos universitarios – licenciados de primera, segunda, tercera clase...–. Así, Sacristán

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defiende que uno de los objetivos irrenunciables del movimiento estudiantil debe ser “luchar por la democratización formal y material del acceso y la estancia en la universidad en concordancia con la liberación de fuerza de trabajo juvenil que posibilita la industria” como vía para la consecución de la “desjerarquización de las funciones [sociales]”. Conviene destacar que pese a que Manuel Sacristán basa su análisis en un contexto social distinto, la analogía es válida en este caso: la tendencia actual sigue siendo aumentar la edad de escolarización obligatoria y fomentar el acceso de los jóvenes a estudios universitarios, y la movilidad laboral debida a la constante renovación de las fuerzas productivas se ha incrementado sensiblemente –los defensores de Bolonia hablan de la necesidad de adaptarse a un mercado de trabajo globalizado y en constante transformación–. Detengámonos a examinar esta propuesta un poco más de cerca. La limitación de acceso a ciertas titulaciones universitarias tiene como función declarada adecuar la oferta de formación universitaria a la demanda de puestos de trabajo, lo que supone que el título incorpora un valor de cambio en términos económicos –remuneración laboral– y de status social –asociado a la profesión en cuestión–. El potencial revolucionario inherente a la movilidad de los trabajadores y al incremento de su nivel de instrucción –es injustificable que un puesto tenga asociadas una mayor retribución y un status social elevado si existen muchas personas igualmente capacitadas para ocuparlo que, sin embargo, están desempleadas u ocupan puestos inferiores en la escala jerárquica– se ve frenada por una práctica meramente especulativa: provocando una escasez artificial de titulados –con la criba de las notas de acceso– se conserva una división social del trabajo que entra en contradicción con la división funcional del mismo, en constante transformación. El establecimiento de un acceso ilimitado a la universidad potenciaría esta contradicción entre la división social y la división funcional del trabajo, entre las relaciones de producción y el desarrollo de las fuerzas productivas. Y, tarde o temprano, se deberá asumir que la consecuencia lógica que se deriva de ello es la equiparación salarial. En este sentido, trabajar con medidas como establecer un salario máximo y elevar el salario mínimo son formas de concienciar socialmente del problema y romper esa hegemonía indiscutible de la que hablábamos antes. En resumen, respecto a la democratización de la universidad, planteamos las siguientes posibilidades: El acceso ilimitado a la universidad –incluyendo el máster o posgrado– y la consiguiente supresión de la selectividad deben formar parte de los objetivos estratégicos del movimiento estudiantil. La limitación del acceso a cursos muy especializados, siempre por motivos logísticos –escasez y carestía del material, por ejemplo– podría regularse entonces por méritos académicos, pero serían casos muy excepcionales y en niveles de especialización muy avanzados. Cambiar en lo posible la noción de democracia representativa por la de democracia participativa, reducción de los mandatos para los cargos electos, equiparación del valor de los votos de todos los miembros de la comunidad

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universitaria, asambleas estamentales (PAS, PDI, estudiantes) para cuestiones generales y asambleas independientes para cuestiones específicas y elegir o renovar representantes. No profesionalización de los cargos directivos. Patentes y cultura libre: abiertos al acceso público (como Creative Commons). Autonomía de la universidad: comprendiendo la necesidad de coordinar la educación universitaria lo más ampliamente posible: dentro del estado, en Europa y a nivel internacional.

3. La universidad en la práctica. Evidentemente, muchas de estas propuestas requerirían el establecimiento de nuevos criterios de exigencia para regular la educación pública y gratuita. Veremos algunas posibilidades en torno a la evaluación que, también por razones pedagógicas, pueden ser interesantes: El modelo de la universidad republicana española disponía que los alumnos debían elegir entre varios profesores para cursar sus asignaturas. Finalmente eran evaluados en exámenes propedéuticos por un tribunal del que ninguno de estos profesores formaba parte. De este modo, la evaluación del profesorado se obtenía del porcentaje de aprobados entre sus alumnos. Si a ello agregáramos que la evaluación en cada asignatura quedara a criterio del docente – obligado a obtener buen rendimiento de sus alumnos para asegurar su evaluación positiva– resultaría un sistema más eficiente que el actual y con la flexibilidad necesaria para adaptarse a las necesidades de cada materia en relación con el estudiante. Sería conveniente establecer también un umbral mínimo y máximo de estudiantes por clase según la materia. Ello no implicaría la exclusión de nuevos alumnos, sino la ampliación del personal docente. En una universidad pública y gratuita se debe exigir un mayor compromiso al estudiante y limitar, consecuentemente, el tiempo que éste puede permanecer en la universidad para asegurar su aprovechamiento. Los criterios, en cualquier caso,

Sin embargo la organización de esa coordinación, las reformas y, en general, cualquier asunto que concierna a la universidad debe tratarse mediante los mecanismos de democracia participativa propuestos y, por lo tanto, en la universidad. No a través de comités de expertos académicos, políticos y económicos que toman decisiones irrevocables e impuestas a la comunidad universitaria y a la sociedad en general.

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nunca podrán ser económicos (¿qué se consigue con ello? ¿que los estudiantes con mayor poder adquisitivo puedan permitirse una vida estudiantil más relajada?). Concretar el papel que juega el sistema escolar en la reproducción de las estructuras sociales y la forma en que la desigualdad de oportunidades persiste dentro del mismo es algo que escapa de lejos a esta exposición –y a las posibilidades de nuestro debate–. Y sin embargo, entendemos que es una cuestión crucial sobre la que la comunidad educativa debe hacer una profunda reflexión –y más ahora que los medios de comunicación presentan el “pacto por la educación” como la panacea universal; una panacea que trata todos los síntomas sin que importe, al menos públicamente, llegar a un acuerdo sobre el diagnóstico–. Entendemos que, puestos a tratar síntomas, hay otras soluciones: el voluntariado en la universidad existe en muchos lugares de América Latina como compensación social promovida institucionalmente, las misiones pedagógicas son un ejemplo de superación de las barreras socioeconómicas en el acceso a la universidad... Pero son sólo parches. Afrontar este debate con garantías intelectuales es la asignatura pendiente de un sistema educativo moderno eternamente en crisis a juicio de sus contemporáneos. La elaboración de los planes de estudio es otro asunto del que aparentemente nos hemos desentendido. Quizás porque sea más fácil de desarrollar sobre títulos concretos y no en un modelo universal y abstracto. Cualquiera que haya seguido de cerca el movimiento estudiantil durante el año pasado será consciente de que no es en absoluto un debate ajeno a la asamblea de estudiantes. Posiblemente los ejes de discusión más significativos giren en torno a los conocimientos teóricos y prácticos –tema ya mencionado– y a la disyuntiva entre rigidez y optatividad en las titulaciones. Lamentablemente, una vez más, no es el lugar para tratar este tema como se merece. Lo aquí expuesto, en relación con la práctica actual de la universidad, con la disposición de profesores y alumnos... con el “ambiente” de la sociedad, en definitiva, resulta tan lejano como urgente. De pocas cosas somos tan conscientes como de lo utópica que puede parecer nuestra postura. Asumimos la parte de responsabilidad que nos concierne: el movimiento estudiantil debe analizar las causas de una adhesión tan mayoritaria a la ideología dominante. La hegemonía se construye con la participación de las personas, y hay que tratar de explicar cómo es posible que, dadas las condiciones actuales, la crítica al sistema (educativo en este caso, pero la observación es ampliable a nivel general) cuente con tan escaso apoyo. Sin embargo, llamamos al lector a desprenderse de la connotación negativa que implica lo utópico en la actualidad para discernir lo que de valioso pueda haber entre nuestras propuestas. Que algo habrá. Aunque no sea Lo aquí expuesto, en relación con la práctica actual de la universidad, con la disposición de profesores y alumnos... con el “ambiente” de la sociedad, en definitiva, resulta tan lejano como urgente. De pocas cosas somos tan conscientes como de lo utópica que puede parecer nuestra postura. Asumimos la parte de responsabilidad que nos concierne: el movimiento estudiantil debe analizar las causas de una adhesión tan mayoritaria a la ideología dominante. La hegemonía se construye con la participación de las personas, y hay que tratar de explicar cómo es posible que, dadas las condiciones actuales, la crítica al sistema

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(educativo en este caso, pero la observación es ampliable a nivel general) cuente con tan escaso apoyo. Sin embargo, llamamos al lector a desprenderse de la connotación negativa que implica lo utópico en la actualidad para discernir lo que de valioso pueda haber entre nuestras propuestas. Que algo habrá. Aunque no sea nuestro.
Asamblea de Estudiantes de Cádiz

ALTERNATIVA A BOLONIA
1.SOMBRAS DE LA UNIVERSIDAD ACTUAL a)Universidad excesivamente burocratizada, endogamia profesoral, relaciones caciquiles, corportativismo. b)Consejos Sociales (uno de los órganos de gobierno de la Universidad) no aportan nada a la universidad tal como están configurados. Son los inductores de la política “de empresa”. c)Los Planes de Estudios están supeditados a las relaciones de poder que se establecen en la universidad. d)Deficiente evaluación del profesorado. Sólo importa el número de publicaciones dónde, el contenido de las mismas carece de relevancia. e)Continúa la precariedad para muchos profesores. f)Criterios de valoración de la docencia cada vez más laxos. g)Insuficiente inversión pública. h)Falta de una política universitaria adecuada por parte del gobierno central, que se traduce en: la carencia de un mapa universitario, falta de un sistema de financiación donde prime el mérito, sistema de gobierno ineficaz. 2.LUCES UNIVERSIDAD ACTUAL a)Acceso relativamente popular. Superación de las barreras clasistas. b)Democratización parcial (aunque insuficiente) de la gestión de los órganos de gobierno de la universidad. c)Estabilidad profesional de buena parte del profesorado. d)Mejora de la situación de los becarios predoctorales. Mejoras en los criterios de valoración del trabajo de investigación. 3.SOMBRAS UNIVERSIDAD CON BOLONIA a)La Educación Superior pasa a ser una actividad promovida por el estado a ser una actividad mercantil. b)Aumentos de precios de la Educación Superior, con el objetivo de aligerar el sistema fiscal público. Se produce un incremento de la recaudación pero no de la enseñanza. c)Simplificación excesiva de los

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contenidos, insuficiente formación del graduado. Pérdida del lenguaje conceptos básicos de las disciplinas científicas (especialmente la Ciencias Sociales). d)Doble objetivo con trasfondo clasista: di) creación de mano de obra flexible para un mercado precario; dii) reproducción de hegemonías a través del estudio de másteres posgrados (donde estará la verdadera formación); configurándose así las nuevas élites. (Proceso maquillado). e)Aumento de la competitividad entre los departamentos universitarios, lo que provoca una fragmentación del profesorado. f)Esta política universitaria supone una vuelta a aquellas políticas de los años 30 que atacaban a la autonomía universitaria (Gil Robles en España, Heidegger en Alemania). 4.LÍNEAS DE MEJORA (Marco teórico para la esperanza) a)Profundización en la transparencia interna y rendición social de cuentas. b)Profesionalización de la gestión: • Mejor diferenciación de los órganos colegiados de gobierno de los canales de negociación sindical. • Extender la implicación del sector estudiantil en los órganos de gobierno, además de implantar un aumento de la capacidad decisoria de los estudiantes en esos órganos de gobierno. • Reorganización del Consejo Social. c)Aumento sustancial de la financiación estatal en la universidad, así como un mayor control por parte de la universidad de dicha financiación. Para ello sería necesaria una reforma fiscal en profundidad.
Antonio Muñoz de Arenillas Valdés

Aula social
Sobre la necesidad de espacios
Desde que se reiniciara el movimiento estudiantil en Cádiz, hará unos cuatro o cinco años con el proyecto ACME, hasta el día de hoy con el asentamiento de un grupo permanente que tiene por objetivo la crítica del sistema educativo y su relación con la sociedad, los estudiantes siempre han tenido la necesidad de un espacio propio, donde poder intercambiar diferentes opiniones sobre nuestro entorno y debatir sobre la mejor forma de dar salida a los problemas que nos afectan, por una parte como estudiantes y por otra como personas insertas en la sociedad. Hasta ahora nos bastaba con pedir un aula unos días antes de nuestras reuniones, pero las necesidades se multiplican, así como los proyectos que llevaremos a cabo.

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EL GRITO - Boletín de la Asamblea de Estudiantes de Cádiz - nº1
Entendemos que la Universidad en general, y la de Cádiz en particular, tiene la necesidad de un aula destinada a la crítica social y a definir acciones y proyectos que profundicen en esa dinámica. Con ese objetivo la Asamblea de Estudiantes pretende ocupar un espacio físico dentro de la Facultad de Filosofía y Letras. El aula pretendida en un primer momento fue la sala de profesores. La asamblea de estudiantes ya hizo uso de dicha aula el año pasado: nos sirvió como espacio propio durante los periodos de movilizaciones universitarias y sus usos fueron variados (espacio de trabajo y estudio, debate, guardarropa…). En el momento en que el periodo de movilizaciones y encierros terminó, la asamblea tuvo que dejar libre el aula. A principios de este curso nos propusimos hacer una petición al decano. La respuesta argumentaba que los problemas de espacio de la facultad nos impedían tener un aula donde llevar a cabo nuestro funcionamiento. Se nos ofrecían dos vías: por un lado, el uso del SIRE (Sistema Informático de Reserva de Recursos) para reservar aulas o salas de reuniones, y por otro el uso de la Sala de asociaciones para tener documentación. Por el momento, seguimos haciendo uso de la primera alternativa a la espera de un espacio propio donde realizar nuestras actividades. Tenemos varias ideas con respecto a este espacio. Una de ellas es la creación de una videoteca, donde los estudiantes de la universidad podrán intercambiar, por un tiempo, películas (que la asamblea proporcionará) por otras películas o libros que los estudiantes aporten a la asamblea. Nos permitiría también fijar un lugar de reunión para la asamblea de estudiantes, lo que supondría una referencia física para que los estudiantes que quieran participar en la asamblea puedan dirigirse a nosotros en cualquier momento. El eterno lamento sobre la escasa participación de los estudiantes tiene un principio de solución: ¡construyamos espacios de socialización!
Ernesto Díaz Macías

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