HISTORIA DE LA FONOAUDIOLOGÍA EN COLOMBIA En las instituciones colombianas empezó en 1966, en la Universidad Nacional de Colombia y en la Escuela Colombiana de Rehabilitación.

Dos condiciones marcaron la iniciación de estos programas académicos. En primer lugar, el de la Universidad Nacional fue creado y dirigido por médicos fisiatras y foniatras durante 10 años. En sus comienzos se vincularon como profesores una educadora especial formada en los Estados Unidos y dos fonoaudiólogos graduados en México. El otro programa surgió de la iniciativa de un médico ortopedista, una fonoaudióloga formada en la Argentina y una profesora de niños sordos quien realizó sus estudios en México. Este nuevo curriculum entró a formar parte de la Escuela Colombiana de Rehabilitación donde ya existía el programa de fisioterapia. La segunda huella que habría de marcar la historia de la fonoaudiología se derivó de las circunstancias descritas en el párrafo anterior. Debido a la responsabilidad que tuvieron los médicos en la creación de los primeros programas de formación, éstos últimos fueron descritos como "paramédicos", tuvieron una duración de tres años y condujeron a la obtención de un título de nivel técnico. Aunque con diferencias en la posición filosófica de los dos grupos de fundadores, el de la Universidad Nacional y el de la Escuela Colombiana de Rehabilitación, los fonoaudiólogos se empezaron a formar en tres años, como técnicas paramédicos no autónomos y subordinados al médico fisiatra o foniatra, a través de la prescripción u orden de ejecutar determinados procedimientos. La cultura de la prescripción se extendió desde entonces a todo el sistema oficial de prestación de servicios en el sector de la salud y continúa vigente hasta el día de hoy. En 1976 los terapistas del lenguaje vinculados como docentes al programa de la Universidad Nacional lograron, en asocio con sus colegas de los programas de terapia física y terapia ocupacional, elevar el título de técnico que se venía otorgando al título de nivel profesional el cual, según las disposiciones vigentes del momento, se denominaba licenciatura para algunas profesiones. No obstante los argumentos que demostraban que las características del programa eran equivalentes a las de los pregrados en otras áreas de estudio, el entonces director médico de los programas de fisioterapia, terapia ocupacional y terapia del lenguaje de la Universidad Nacional impidió que se aumentara la escolaridad a ocho semestres, o sea, a cuatro años de duración. En ese momento sólo se logró adicionar un período a los seis vigentes, para terminar con un plan de estudios de siete semestres. Como parte de las reformas, se pretendió elevar el nivel académico de la formación estableciendo como requisito parcial para la obtención del título un trabajo de naturaleza investigativa. En 1978, de nuevo los docentes de los programas de terapia física, terapia ocupacional del aprendizaje; a pesar de que en el texto se enmendó la omisión de los procesos del habla, su ausencia en la definición fue un descuido grave por cuanto se trataba de la descripción oficial de la profesión que sería tenida en cuenta para todas las decisiones que afectaran el ejercicio de la fonoaudiología, por ejemplo, el establecimiento de tarifas para el pago de los servicios por parte del seguro social o de otras entidades de previsión social. Como se sugirió, tal vez debido a que no se planearon acciones de seguimiento dirigidas a evaluar, revisar y refinar los lineamientos oficiales adoptados por el Acuerdo N° 15 de 1980, no se conoció su impacto ni el grado en que éstos fueron adoptados por las instituciones formadoras existentes en el momento de su formulación. La meta de construir un núcleo básico común, identificable en todos los programas de formación, no pasó de ser una buena intención. Debido a que el proceso de

operacionalizacíón de las funciones profesionales no se dio, la definición del alcance de la fonoaudiología permaneció en el mismo nivel de generalidad. A propósito de las dificultades etimológicas del Acuerdo N° 15 de 1980, es pertinente mencionar aquí otra inconsistencia prevaleciente en el uso de los términos por parte de los programas de formación de los fonoaudiólogos colombianos y de la comunidad profesional. Se trata del uso del vocablo foniatría como área de estudio y desempeño profesional. Como se aclaró, esta "especialidad" tiene un origen médico y se ha utilizado para identificar la profundización en el estudio de la laringe y la voz humanas, por lo general, por parte del médico otorrinolaringólogo, quien de tiempo atrás fue identificado como foniatra. Algunos programas de formación de fonoaudiólogos, por influencia del modelo argentino, se refieren a la foniatría como una asignatura del programa de formación de fonoaudiólogos o como un área de entrenamiento profesional centrada en el estudio, la evaluación y el tratamiento de la voz humana. Más recientemente, la Universidad Católica de Manizales diseñó una especialización en foniatría para fonoaudiólogos y terapeutas del lenguaje, definida esta última como el dominio pertinente a todo el proceso del habla incluyendo, además del estudio de la voz, los subprocesos de la producción de sonidos, la resonancia y la fluidez. El dominio nuclear de la fonoaudiología se definió de la siguiente manera: Objetivo: Aportar al estudiante los conocimientos teóricos y prácticos que garanticen el desempeño en las funciones de prevención, diagnóstico e intervención de individuos y comunidades en lo relacionado con la voz, el habla, la audición, el lenguaje y la comunicación. Comprende: Conocimientos teóricos y prácticos en voz y habla, audición, lenguaje y comunicación. En 1997 el ICFES retomó el proyectos relacionado con el establecimiento de los requisitos mínimos para la formación de fonoaudiólogos, fisioterapeutas y terapeutas ocupacionales, con la intención de cumplir con los mandatos dé la Ley 30 de 1992. En esta oportunidad se planteó el propósito en términos de actualización y modernización curricular de los programas de pregrado que forman a estos tres profesionales. Por falta de un mejor término, en la versión para consulta se agruparon las tres profesiones bajo la categoría "terapias tradicionales" para diferenciarlas de la multitud de actividades denominadas hoy "terapias" que han invadido el mercado durante los últimos años. Se propusieron los siguientes objetivos generales y específicos: • Promover la reflexión y la acción sobre la modernización curricular de los programas académicos de pregrado en fisioterapia, fonoaudiología y terapia ocupacional, que permitan responder a las necesidades del sector salud de cara al siglo XXI. • Establecer los requisitos básicos para la creación y funcionamiento de los programas de pregrado en fisioterapia, fonoaudiología y terapia-ocupacional. • Identificar los desarrollos de frontera de las terapias tradicionales (fisioterapia, fonoaudiología y terapia ocupacional) dentro del marco de ciencias de la salud.

• Identificar el rol profesional y ocupacional del profesional en terapias tradicionales con miras a optimizar su desempeño para el próximo siglo. • Determinar algunos elementos macro que permitan establecer al interior de cada institución el curriculo más acorde con el tipo de profesional a formar. • Establecer los requisitos básicos para la creación y funcionamiento de los programas académicos de pregrado en cada una. En 1994, en el marco de la reforma curricular general de la Universidad Nacional de Colombia, el programa de fonoaudiología definió el alcance de la profesión a partir de la identificación de tres subdominios de estudio disciplinario: (a) patología del habla y del lenguaje; (b) audiología clínica y audiología educativa; y (c) lenguaje en la educación. Aquí se observa una reorganización de las áreas tradicionales, propuesta con la intención de precisar unos subdominios de estudio más incluyentes y mejor sintonizados con la terminología internacional. Se observa el cambio de las denominaciones educación del sordo y problemas de aprendizaje, más no la eliminación de los intereses que representan. Los argumentos que justifican la reconceptualización del área denominada educación del sordo se desarrollan más adelante en el segmento sobre la fonoaudiología como servicio. Aquí es suficiente anotar que ante el avance del conocimiento y las transformaciones filosóficas y conceptuales que han venido ocurriendo en este campo, la fonoaudiología no podía continuar evadiendo la necesidad de revaluar sus posibilidades reales de contribuir a la misión de educar a las personas sordas con acciones cuya eficacia sea socialmente verificable. La propuesta conceptual de la Universidad Nacional pretendió rescatar la experticia fonoaudiológica para trabajar en este campo a través de la actuación del audiólogo educativo. No obstante, este planteamiento no se tradujo en la actualización de los programas de formación ni del desempeño de los profesionales en ejercicio quienes no han variado de maneras importantes el perfil de trabajo frente a las necesidades comunicativas y educativas de los niños y niñas con deficiencias auditivas. Otra de las contribuciones de la reforma en la Universidad del Estado, tuvo que ver con la precisión de un sustrato transdisdplinario denominado ciencias del lenguaje, el habla y la audición. A partir de esta base se identificaron los procesos psicobiológicos de la comunicación humana y los correspondientes desórdenes: desórdenes del lenguaje; desórdenes del habla; y desórdenes de la comunicación asociados a problemas auditivos. El atributo del lenguaje se concibió con dos funciones: la cognoscitiva y de aprendizaje, por un lado, y la interaccional por el otro. El reconocimiento del lenguaje no sólo como un recurso interactivo para la comunicación y la actuación social, sino como mediador de los procesos cognoscitivos que fundamentan los aprendizajes escolares, contribuye a legitimar la presencia del fonoaudiólogo en el campo de la educación, con base en un vínculo conceptual entre el área de experticia de este profesional y el núcleo de los procesos educativos, esto es; el aprendizaje. La historia de la fonoaudiología colombiana en la década de los años 90 se ha caracterizado por la emergencia de programas de postgrado. Las tendencias de especialización de la fonoaudiología colombiana se han venido consolidando en las áreas de: (a) educación de las personas sordas; (b) audiología diagnóstica; (c) desarrollo del lenguaje y su patología; y (d) procesos del habla y sus discapacidades. El avance de la educación postgraduada ha surgido como respuesta a la necesidad de profundizar en aquellas áreas naturales del conocimiento fonoaudiológico trabajadas de manera general durante los estudios de pregrado.

Las ofertas postgraduadas que se han venido consolidando en la academia corresponden por otra parte, a la dinámica natural del ejercicio profesional. Es así como en el ámbito laboral de la fonoaudiología se encuentran profesionales que se dedican con exclusividad al trabajo con las personas sordas mientras que otros prefieren como único campo de trabajo el diagnóstico audiológico y la adaptación de audífonos; de manera semejante, algunos profesionales sólo se interesan por los desórdenes del desarrollo comunicativo y otros se convierten en expertos en el manejo de los subprocesos del habla y sus alteraciones. Este tipo de diferenciación por áreas de interés es propio del desarrollo de las profesiones. Se puede citar como ejemplo la psicología colombiana. En la última descripción de esta ocupación como ciencia y como profesión en el país, se identificaron 12 áreas de aplicación de la psicología, aunque no todas ellas han originado programas de postgrado, por lo menos hasta el momento. Lo expuesto sobre tres décadas de historia académica de la fonoaudiología colombiana revela un origen viciado por la influencia del modelo médico de la rehabilitación y la negación del carácter científico y profesional de la ocupación y por ende, de la autonomía del ejercicio. También ha sido evidente la debilidad de la colectividad académica para interpretar y contribuir a solucionar los problemas vitales de la profesión como son los relacionados con la autonomía del ejercicio o la formación en niveles técnicos y tecnológicos. En cuanto a las áreas de estudio, la fonoaudiología colombiana ha mantenido su interés en cuatro campos tradicionales: la patología del habla y del lenguaje; la audiología; la educación de las personas sordas; y las dificultades en la adquisición del alfabetismo. Dada la amplitud y complejidad de estos dominios, su estudio en programas de pregrado ha sido por fuerza generalista. Los programas de postgrado creados en años recientes han respondido a la necesidad de profundización en los cuatro campos tradicionales. Antes de terminar este segmento, se ofrece el último comentario sobre el desarrollo académico de la fonoaudiología nacional, cuyo sentido se clarificará a la luz de la siguiente exposición sobre la profesión como servicio humano. Hasta el momento, finales de la década de los años 90, la fonoaudiología colombiana no se ha identificado desde la academia como una profesión de rehabilitación, según se infiere del lenguaje que se utiliza para describir los planes de estudios y del discurso que prevalece en la cultura profesional fonoaudiológica. Esta tradición contradice la realidad del ejercicio en el sector de los servicios donde, como se verá, la fonoaudiología es entendida como rehabilitación. La posición de la academia se puede entender, en parte, como una resistencia a la cultura de la dependencia promovida por los médicos fisiatras y foniatras, mal denominados rehabilitadores, desde la aparición de la fonoaudiología en el país. Esta especie de disociación ha conducido a que no se reconozcan los intereses naturales de la profesión como integrales al campo que estudia la discapacidad como un hecho sociocultural, político y económico que demanda acciones no sólo para responder a las necesidades de desempeño funcional de los individuos con discapacidades. Esta perspectiva parcial de la misión de la fonoaudiología lleva a la pérdida de terreno disciplinario, profesional y político al tiempo que disminuye sus posibilidades de posicionamiento en la sociedad, en los sistemas de seguridad social, educativo y en el mundo académico. Además del terreno de la seguridad social, la fonoaudiología ha ofrecido servicios en el sistema educativo. El grado de penetración e impacto de la fonoaudiología en cada uno de estos sectores de la vida nacional, esto es, su alcance y proyección, han sido variables.

NORMAS PARA SU EJERCICIO Se considerará como último criterio definitorio del alcance de la práctica fonoaudiológica en el país, la ley que reglamentó su ejercicio en el territorio nacional. La primera observación tiene que ver con el hecho de que este evento legislativo se produjo 29 años después de que la primera promoción de fonoaudiólogos colombianos entrara al mercado de trabajo. Y apareció 13 años después de la ley de terapia ocupacional y 21 de la de fisioterapia. Este retardo significativo es un indicador de las dificultades que ha vivido esta comunidad para aglutinar a sus miembros y para alcanzar consensos. Pero por otro lado, la decisión de la ACETE y de algunas universidades de llevar a buen término el proyecto de ley, revela un grado de madurez que puede marcar el comienzo de un período de crecimiento continuado hacia el justo posicionamiento de la profesión en la sociedad colombiana. El acto legislativo define: la profesión de fonoaudiología; las áreas de desempeño; los campos generales de trabajo; y los mecanismos y requisitos para la inscripción y el registro de los fonoaudiólogos; caracteriza la práctica inadecuada y el ejercicio ilegal; identifica los órganos asesores y consultivos del gobierno nacional, departamental y municipal; anticipa el servicio social obligatorio; y para terminar, ordena que al fonoaudiólogo se le dé el trato correspondiente al nivel de formación profesional en todas las expresiones de su ejercicio. La siguiente es la definición de la profesión que aparece en la Ley 376 de 1997: Se entiende por fonoaudiología la profesión AUTÓNOMA E INDEPENDIENTE de nivel superior universitario con carácter científico. Sus miembros se interesan por cultivar el intelecto, ejercer la academia y prestar los servicios relacionados con su objeto de estudio, los procesos comunicativos del hombre, los desórdenes del lenguaje, el habla y la audición, las variaciones y las diferencias comunicativas y el bienestar comunicativo del individuo, de los grupos humanos y de las poblaciones.

Bibliografia: Cuervo Echeverri,clemencia, 1949-La profesión de fonoaudiología: colombia en perspectiva internacional/ clemencia cuervoEcheverri. – santa fe de bogota. Universidad nacional. Universidad nacional de colombia. Facultad de medicina. 1999312 p.

Tomado de http://blofono.blogspot.com/2009/06/la-fonoaudiologia-en-colombia.html

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