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TEMA 9 SUBLEVACIÓN Y GUERRA CIVIL (1936-1939) 1. INTRODUCCIÓN.

La Guerra Civil constituyó el hecho más relevante y trágico de la historia de España en el siglo XX. En esta guerra se concentraron muchos de los problemas que la sociedad española contemporánea venía arrastrando desde el inicio de las revoluciones liberales del siglo XIX. El enfrentamiento entre los grupos tradicionalmente dominantes en España y las clases populares llegó a un punto crítico durante la Segunda República y culminó en la Guerra Civil. 2. DEL GOLPE DE ESTADO A LA GUERRA CIVIL El 17 de julio de 1936 en Melilla, Tetuán y Ceuta, y el 18 de julio en la Península, un sector importante del ejército (Franco, Mola, Queipo de Llano), al que se unieron tradicionalistas y falangistas, protagonizaron un golpe de Estado. Se apoderaron de los órganos de gobierno (gobiernos civiles y ayuntamientos) de algunas ciudades y constituyeron una junta de altos cargos militares, con la intención de “restablecer el orden” y acabar con el gobierno del Frente Popular. El gobierno tardó en responder y, en dos días, los sublevados se habían hecho fuertes en Canarias, el norte de África, Pamplona, Sevilla, Castilla y León y parte de Aragón. El 19 de julio, ante el clamor popular contra los rebeldes, José Giral, nuevo jefe de gobierno, se decidió a entregar armas a las milicias de los sindicatos y de los partidos del Frente Popular, para frenar el golpe y defender la legalidad republicana. Igualmente, parte del ejército, de las fuerzas de seguridad republicanas y amplios sectores de las clases medias comprometidos con la República se mantuvieron fieles al gobierno. En consecuencia, el levantamiento fue sofocado en Madrid, Cataluña, las zonas industriales del País Vasco, Asturias, Santander, Levante y parte de Castilla, Extremadura y Andalucía. Sin embargo, España quedó dividida en dos zonas, lo que supuso el desencadenamiento de una Guerra Civil 3. DIMENSIÓN INTERNACIONAL DEL CONFLICTO. A comienzos de la guerra, en la Sociedad de Naciones se constituyó un Comité Internacional de No Intervención, que resultó absolutamente ineficaz para evitar la presencia internacional en la guerra. Los apoyos a ambos bandos, en síntesis, presentan los siguientes aspectos: a) Alemania, Italia y Portugal apoyaron con unidades militares, recursos y financiación al ejército franquista. Por parte de Alemania, la Legión Cóndor, formada por soldados y oficiales muy cualificados y con armamento de nuevo tipo, prestó una gran ayuda a Franco. La Italia fascista apoyó desde el primer momento con el envío de aviones para facilitar el paso del estrecho de Gibraltar y, posteriormente, envió el llamado Cuerpo de Tropas Voluntarias. Otras unidades menores fueron las remitidas por Portugal (Legión “Viriato”) y alguna unidad de voluntarios irlandeses. b) La República se benefició del apoyo de un voluntariado internacional que alcanzó cerca de 50.000 combatientes: las Brigadas Internacionales. Tuvo grandes dificultades para adquirir suministros y pertrechos militares debido a la política de No Intervención de las democracias occidentales y el cierre de fronteras. Financió esos recursos mediante riguroso pago a Francia y Rusia con divisas y reservas de oro del Banco de España. En congruencia con su estrategia político-militar, el gobierno republicano propuso en la Sociedad de Naciones la retirada de combatientes extranjeros

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en ambos bandos en septiembre de 1938. En noviembre de ese año, las Brigadas Internacionales se despidieron de España con un desfile en Barcelona. 4. LAS DOS ZONAS ENFRENTADAS. 4.1. La zona republicana: guerra y revolución. En un contexto bélico, la tensión mantenida durante los años de la República estalló con fuerza y desencadenó una situación revolucionaria. La revolución social El hecho de que la defensa de la República estuviese, en gran parte, en manos de los militantes de los partidos y los sindicatos de izquierda, dio lugar a la formación de Comités, órganos de poder popular, que dirigían el esfuerzo bélico y la vida civil en la retaguardia. Los Comités obreros ocuparon y colectivizaron fábricas y confiscaron las tierras de los latifundistas para repartirlas entre colectivos de campesinos. Este proceso revolucionario fue impulsado por las fuerzas obreras, especialmente por el anarcosindicalismo, con su central sindical, la CNT, y sus grupos activistas de la FAI. Igualmente se desató con gran fuerza el anticlericalismo: los sacerdotes fueron perseguidos y las manifestaciones religiosas consideradas antirrevolucionarias. Todo símbolo aristocrático, burgués o religioso fue perseguido como enemigo y, en ocasiones, fue causa de encarcelamiento o muerte. En septiembre de 1936 se formó un nuevo gobierno de coalición de todas las fuerzas leales a la República, presidido por el socialista Largo Caballero, que intentó controlar la revolución. Las autoridades republicanas lucharon, desde muy pronto, contra toda forma de represión incontrolada, trataron de encauzar el proceso revolucionario y mantener la legalidad constitucional. Asimismo, en un esfuerzo para ganar la guerra, fusionaron las milicias en un Ejército Popular. El enfrentamiento de 1937. Los fracasos militares de la República propiciaron la división dentro de las fuerzas republicanas. Republicanos, comunistas y parte de los socialistas defendían la necesidad de congelar el proceso revolucionario y dar prioridad al esfuerzo bélico. Anarquistas y trotskistas (POUM) se opusieron a algunas de las medidas del gobierno y en mayo de 1937 se llegó a un enfrentamiento armado en Barcelona. Como resultado, Juan Negrín formó un nuevo gobierno, sin presencia anarquista y con una fuerte influencia comunista. El gobierno se impuso sobre los Comités, liquidó parte de las colectivizaciones y dedicó sus mayores esfuerzos a las tareas bélicas. Proclamó una política de resistencia a ultranza (Trece Puntos de Negrín) que se apoyó en un fortalecimiento de las instituciones del Estado y también del Ejército Popular. 4.2. La zona sublevada: una dictadura militar. En la zona controlada por los rebeldes, todos los esfuerzos están dirigidos a ganar la guerrea, y para ello, establecieron un poder militar único, que agrupó a todos los que luchaban contra la República. El nuevo Estado El primer órgano de poder de los sublevados fue la Junta de Defensa que, desde el 1 de octubre de 1936, nombró al general Franco generalísimo y jefe de gobierno, al tiempo que le otorgaba plenos poderes. En abril de 1937 se decretó la unificación de todas las fuerzas políticas en un partido único (FET y de las JONS). Un año más tarde se creó el primer gobierno franquista en Burgos. El nuevo Estado propuesto se inspiraba en el fascismo y defendía un modelo social basado en el conservadurismo y en la preeminencia del catolicismo como eje vertebrador de la sociedad.

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Uno de los primeros objetivos de las autoridades “nacionales” era acabar con las reformas republicanas. Por ello, se abolió toda la legislación laboral y social, la reforma agraria, la libertad religiosa y los estatutos de autonomía. También se suprimieron todos los partidos políticos y los sindicatos. Una represión sistemática. En las zonas dominadas por los franquistas se institucionalizó la persecución sistemática de las organizaciones del Frente Popular y sus representantes. Esta represión fue llevada a cabo con el consentimiento de los grupos sociales que respaldaban el “alzamiento” y, en ocasiones, con el apoyo de la propia Iglesia. La represión afectó a todos aquellos que habían apoyado a la República y también a aquellos que, simplemente, no manifestaban su adhesión al nuevo régimen. Su objetivo era atemorizar a la población e impedir cualquier disidencia u oposición al nuevo Estado. 5. EVOLUCIÓN DE LAS OPERACIONES MILITARES. A finales de julio de 1936 se habían consolidado dos zonas: una republicana, y otra ocupada por los sublevados. Estos últimos controlaban parte de Andalucía, Castilla y León, Galicia, Baleares y un sector de Aragón y de Extremadura. Éstas eran zonas agrícolas y de orientación política conservadora. La República mantenía el Norte, Cataluña y todo el Levante, Madrid, Castilla-La Mancha y parte de Andalucía. Comprendía las grandes ciudades y los núcleos industriales y obreros. 5.1. El avance hacia Madrid. La estrategia de los sublevados era avanzar desde el Sur hacia Madrid y tomar cuanto antes la capital. En agosto, ocupaban Extremadura y, en septiembre, Toledo. El gobierno de la República, ante un ataque inminente, abandonó Madrid y se instaló en Valencia. Pero en noviembre, las fuerzas republicanas consiguieron frenar la ofensiva franquista. Los sucesivos intentos de penetrar en la ciudad (batallas de Guadalajara y del Jarama) fracasaron, y en la primavera de 1937, el ato mando de los sublevados, dirigido por el general Franco, decidió cambiar de frente. 5.2. La Batalla del Norte. Entre abril y octubre de 1937, se libró la Batalla del Norte, cuando el grueso de las tropas franquista atacó las grandes ciudades norteñas. El 26 de abril se produjo el bombardeo de Guernica por la Legión Cóndor alemana y en junio las tropas franquistas ocuparon Bilbao y las zonas industriales y mineras del norte de España. Aunque los republicanos intentaron otras ofensivas (Belchite en Zaragoza, o Brunete en Madrid, para disminuir la presión en el Norte, no pudieron evitar la caída de Santander en agosto y la de Asturias dos meses después. 5.3. La Batalla del Ebro. En 1938, las tropas sublevadas avanzaron sobre Aragón y llegaron al Mediterráneo por la zona de Castellón, con lo que Cataluña quedó aislada del resto de territorio republicano. Para impedir el avance de los sublevados, el gobierno de la República concentró todas sus fuerzas en la Batalla del Ebro, una ofensiva para hacer retroceder al ejército enemigo. En noviembre de 1938, y tras duros combates, los republicanos tuvieron que replegarse a la otra orilla del Ebro. A partir de entonces, el avance de los franquistas sobre Cataluña fue imparable. Barcelona fue tomada el 26 de enero de 1939 y poco después, las tropas franquistas llegaban a la frontera francesa. 5.4. El fin de la guerra y el exilio.

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En febrero de 1939 sólo Madrid y la zona centro quedaban en manos republicanas. El gobierno de Negrín intentó resistir, pero un golpe de Estado en Madrid creó una junta que intentó negociar sin éxito con Franco. Entre febrero y marzo, los franquistas ocuparon el territorio restante, y el 1 de abril de 1939, una parte de guerra dio el conflicto por finalizado. Con la derrota republicana se inició el exilio ante el temor a la represión franquista, y se calcula que más de medio millón de españoles, hombres, mujeres, niños y unidades del ejército republicano, cruzaron la frontera francesa. De todo este colectivo, en pocos meses volvió a España alrededor de la mitad. El resto inició un largo exilio. Miles de republicanos españoles, exiliados en Francia, participaron en la resistencia contra los nazis al estallar la Segunda Guerra Mundial. Algunos fueron detenidos por los alemanes y confinados en los campos de concentración. En estos campos murieron cerca de 16.000 republicanos españoles. Otro grupo consiguió embarcar hacia América Latina o refugiarse en la URSS. El grupo americano englobaba a muchas personalidades políticas e intelectuales. El propio gobierno de la Republica constituyó en México un gobierno en el exilio.

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