III Domingo de Cuaresma

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

III DOMINGO DE CUARESMA FORMA EXTRAORDINARIA [SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA] DEL RITO ROMANO

GLORIA IESU IN MARÍA!
Estimados lectores del Rincón Litúrgico: Ofrecemos a continuación una selección de textos para ayudar a preparar la liturgia del domingo según la forma extraordinaria del Rito Romano. En el proceso catecumenal para la recepción del bautismo, este domingo III de Cuaresma era el momento en el que la Iglesia realizaba el exorcismo sobre los catecúmenos. Toda la liturgia de este día gira entorno a este rito, sobre todo las lecturas: La Epístola (Ef 5, 1-9). San Pablo recuerda que arrancados por el bautismo del poder del demonio, príncipe de las tinieblas, hemos de vivir como hijo de la luz, y esto se traduce en los frutos de toda bondad, justicia y verdad. El Evangelio (Lc 11, 14-28) nos presenta la expulsión del demonio mudo. La acción de Jesús provoca dos reacciones: 1) la de los judíos incrédulos que piensan en su interior que expulsa los demonios por el poder de Belcebú, lo que le da pie a Jesús a contestar una serie de máximas para nuestra vida de fe; y 2) la alabanza a la Madre del Señor por parte de la mujer de la turba asombrada por el poder de Cristo a la que él corrige afirmado el verdadero motivo de bienaventuranza: escuchar la palabra de Dios y cumplirla. Esperamos que el material ofrecido os sirva para la preparación de la homilía; y para aquellos que nos tenéis esta misión encomendada por la Iglesia os ayude para vuestra meditación y enriquecimiento espiritual.

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FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA!

(almudi.org)

TEXTO I CATENAE AURAE

Y estaba Jesús lanzando un demonio, el cual era mudo; y así que hubo echado al demonio, habló el mudo, y se maravillaron las gentes. Mas algunos de ellos dijeron: "Por arte de Beelzebub, príncipe de los demonios, echa los demonios", y otros por tentarle le pedían les hiciese ver algún prodigio del cielo. Pero Jesús, penetrando sus pensamientos, les dijo: "Todo reino dividido en partidos contrarios, quedará destruido; y una casa dividida en facciones camina a la ruina. Pues si Satanás está también dividido contra sí mismo, ¿cómo ha de subsistir su reino? ya que decís vosotros que yo lanzo los demonios por arte de Beelzebub. Y si yo por virtud de Beelzebub lanzo los demonios, ¿vuestros hijos por quién los lanzan? Por tanto, ellos mismos serán vuestros jueces. Mas si con el dedo de Dios lanzo los demonios, es evidente que el reino de Dios ha llegado ya a vosotros". "Cuando un espíritu inmundo ha salido de un hombre, se va por lugares áridos buscando lugar donde reposar; y cuando no le halla, dice: me volveré a mi casa de donde salí: y cuando vuelve la halla barrida y bien adornada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrando en esta casa fijan en ella su morada. Con lo que el último estado de aquel hombre es peor que el primero". "Cuando un hombre valiente guarda armado la entrada de su casa, todas las cosas que posee están seguras. Pero si otro más fuerte que él le vence, le desarmará de todos sus arneses, en que tanto confiaba, y repartirá sus despojos. Quien no está por mí, está contra mí; y quien no recoge conmigo, desparrama". Estando diciendo estas cosas, he aquí que una mujer levantando la voz de en medio del pueblo, exclamó: "Bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te alimentaron". Pero Jesús respondió: "Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica". Lc 11, 14-28. Glosa .- Había ofrecido el Señor que daría el Espíritu bueno a los que lo pidiesen, cuyo beneficio da a conocer con el siguiente milagro. De aquí prosigue: "Y estaba Jesús lanzando un demonio el cual era mudo". Teofilato .- Se llama mudo (cofos), al que no habla y también al que no oye. Pero con más propiedad al que ni oye, ni habla. El que no ha oído desde que nació, necesariamente no habla porque se nos enseña a hablar por medio del oído. Pero si alguno pierde el oído por cualquier accidente, conserva, sin embargo, la facultad de hablar. Pero el que se presentó al Señor era mudo y sordo. Tito Bostrense, in Matth .- Llama mudo y sordo al demonio, porque infunde las pasiones para que no se oiga la divina palabra; porque los demonios privando a los hombres de la aptitud para obrar bien, cierran el oído de nuestra alma. Por esto vino Jesucristo a arrojar al demonio, para que podamos oír la palabra de la verdad. Curó a uno para dar a todos la salud. Por esto sigue: "Y así que hubo echado al demonio, habló el mudo". Remigio.-Este endemoniado, según San Mateo, no sólo era mudo sino también ciego. Luego hizo tres milagros en un solo hombre. Siendo ciego ve, siendo mudo habla, estando poseído por el demonio queda libre. Esto se verifica todos los días en la conversión de los creyentes. Primeramente, expulsado el demonio, ven la luz de la fe y después se desatan en alabanzas al Señor aquellas bocas que antes eran mudas. 3

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San Cirilo, in Cat. graec. Patr .- Una vez hecho este milagro el pueblo lo ensalzaba haciéndolo público y dándole la gloria que conviene a Dios. Por esto sigue: "Y todas las gentes quedaron muy admiradas". Beda .- Admirándose siempre las turbas -que parecían menos instruídas- de los hechos del Señor, los escribas y los fariseos se esforzaban en negarlos o en darles mala interpretación, haciéndolos aparecer no como obra de la divinidad, sino del espíritu inmundo. Por esto sigue el evangelista: "Mas no faltaron allí algunos que dijeron": "Por arte de Beelzebub, príncipe de los demonios, echa El los demonios". Beelzebub era el dios de Accaron 1; Beel es lo mismo que Baal y Zebub quiere decir mosca. Por tanto, Beelzebub viene a significar el señor de las moscas 2, de cuyo asqueroso rito tomó el nombre el príncipe de los demonios. San Cirilo, ubi supra .- Otros, estimulados por los mismos aguijones de la envidia, le pedían que hiciese milagros; por esto sigue: "Y otros por tentarle le pedían les hiciese ver algún prodigio del cielo". Como diciendo: Aun cuando arrojas los demonios del cuerpo de un hombre, no es prueba suficiente de la obra divina; todavía no hemos visto algo que pueda compararse con los primitivos milagros: Moisés pasó al pueblo de Israel por medio del mar ( Ex 12); Josué, que le sucedió, detuvo al sol en Gabaón ( Jos 10). Pero tú no nos has hecho ver nada de esto. Al pedir, pues, milagros estupendos, daban a conocer cuáles eran entonces sus pensamientos respecto de Jesucristo. San Crisóstomo, hom. 42, in Matth .- Siendo inconveniente la sospecha de los fariseos, no se atrevían a publicarla por miedo a la muchedumbre, sino que la desenvolvían dentro de su conciencia. Por esto sigue: "El, cuando vio los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, será asolado". Beda .- No responde a lo que han dicho sino a lo que piensan, para que se viesen compelidos a creer en el poder de Aquel que veía los secretos del corazón. Crisóstomo, ut supra .- No respondía según las Escrituras, porque no les prestaban atención, falseándolas en su explicación, sino según lo que generalmente sucede. Porque la casa y la ciudad, una vez divididas, se destruyen prontamente, y lo mismo un reino que es lo que hay de más fuerte, siendo la unión de los súbditos la que afirma los reinos y las casas. Ahora bien, dice, si yo lanzo a los demonios por arte del demonio, los demonios están divididos y concluye su poder. Por esto añade: "Pues si Satanás está también dividido contra sí mismo, ¿cómo ha de subsistir?", etc. Porque Satanás no lucha contra sí mismo, ni hace daño a sus satélites, sino más bien afirma su reino. Luego sólo resta decir que yo destruyo a Satanás por poder divino. San Ambrosio .- También da a conocer en esto que su reino es indisoluble y eterno; y por tanto, a los que no esperan en Jesucristo, sino que creen que arroja a los demonios en virtud del príncipe de los demonios, les niega que sean de su reino eterno, lo cual se refiere también al pueblo judío. En efecto, ¿cómo puede ser eterno el reino de los judíos, el pueblo guardián de la ley, cuando niega a Jesús anunciado por ella? Y así la fe del pueblo judío se contradice; contradiciéndose se divide; dividiéndose se destruye; y por tanto, el reino de la Iglesia subsistirá siempre, porque su fe es indivisible y su cuerpo es uno solo. Beda .- El reino del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo tampoco está dividido, sino que está establecido con estabilidad eterna. Renuncien, pues, los arrianos a sostener que el Hijo es menor que el Padre, y el Espíritu Santo menor que el Hijo, porque los que tienen el mismo reino tienen la misma majestad. Crisóstomo, in Matthaeum hom. 42.- Esta es la primera solución, pero la segunda (que se refiere a los discípulos) es la que da en seguida diciendo: "Y si yo por virtud de Beelzebub lanzo los demonios: ¿vuestros hijos por quién los lanzan?". No dice mis discípulos, sino vuestros hijos, queriendo calmar su furor. San Cirilo, in Cat. graec. Patr .- Fueron judíos los discípulos de Jesucristo, pues procedían de los judíos según la carne, los cuales habían recibido de Cristo poder sobre los espíritus inmundos, y en el nombre de Cristo libraban de ellos a los poseídos. Por tanto, cuando vuestros hijos venzan a Satanás en mi nombre, ¿no es una gran insensatez decir 4

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! que yo tengo este poder de Beelzebub? Así vosotros seréis condenados por la fe de vuestros hijos. De aquí sigue: "Por esto serán ellos vuestros jueces". Crisóstomo, hom. 42 ut sup .- Porque, puesto que hay entre vosotros quien me obedece, claro es que condenará a los que obran en contrario. Beda .- O bien, designa como hijos de los judíos a los exorcistas de aquella gente que arrojaban a los demonios invocando a Dios; como diciendo: si la expulsión de los demonios en vuestros hijos se atribuye a Dios y no a los demonios, ¿por qué cuando se trata de mí no ha de reconocer igual causa la misma obra? Luego ellos mismos serán vuestros jueces, no por poder sino por comparación; porque ellos atribuyen a Dios la expulsión de los demonios y vosotros a Beelzebub, príncipe de los demonios. San Cirilo, ubi sup .- Luego si lo que dices tiene carácter de calumnia, resulta que yo arrojo los demonios por medio del Espíritu de Dios. Por esto sigue: "Mas si con el dedo de Dios lanzo los demonios, ciertamente llegó a vosotros el reino de Dios". San Agustín. De cons. Evang., lib. 2, cap. 38 .- Lo que San Lucas llama dedo de Dios, San Mateo llama Espíritu de Dios. Y, sin embargo, no hay en esto disparidad; sino que más bien enseña que debemos conocer el sentido en que debemos entender las palabras "dedo de Dios" en cualquier lugar que las hallemos de la Sagrada Escritura. San Agustín. De quaest. Evang. lib. 2, q. 17 .- Se llama al Espíritu Santo dedo de Dios, por la equitativa distribución de sus dones entre los hombres y los ángeles; puesto que en ningún miembro nuestro se hace la división más patente que en los dedos. San Cirilo, in Thesauro, lib. 13, cap. 2 .- O bien es llamado el Espíritu Santo dedo de Dios, como el Hijo es llamado la mano y el brazo del Padre; pues el Padre lo hace todo por El. Como el dedo no está separado de la mano sino que está unido naturalmente a ella, así el Espíritu Santo está unido al Hijo consustancialmente, y el Hijo todo lo hace por El. San Ambrosio .- Por la unión de nuestros miembros, además, no puede dividirse nuestra fuerza, puesto que no puede haber división en lo que es indivisible; y por tanto, el nombre de dedo debe referirse a la unidad y no a la división del poder. San Atanasio, orat. 2, contra Arrianos .- Pero ahora, en razón de su humanidad, quiere el Señor aparecer menor al Espíritu Santo, diciendo que echa los demonios en virtud del citado Espíritu. Con ello da a conocer que no es suficiente la naturaleza humana para arrojar a los demonios; solo puede en virtud del Espíritu Santo. San Cirilo, in Cat. graec. Patr .- Por esto se dice muy oportunamente: "El reino de Dios ha llegado a vosotros"; esto es, si yo, siendo hombre, en virtud del Espíritu divino arrojo los demonios, la naturaleza humana ha sido enriquecida en mí y viene el Reino de Dios. San Juan Crisóstomo, in Matthaeum hom. 42 .- Dice "sobre vosotros", para atraerlos. Como diciendo: Si os vienen los días de la prosperidad, ¿por qué os hastiáis de vuestros bienes? San Ambrosio .- También manifiesta el fuerte poder que hay en el Espíritu Santo en quien está el Reino de Dios; y como el Espíritu Santo habita en nosotros, venimos a ser real morada suya. San Tito Bostrense, in Matth .- O bien dice: "el reino de Dios ha llegado a vosotros", para dar a entender que ha llegado contra vosotros y no a favor vuestro; terrible será la segunda venida de Jesucristo para los malos cristianos. San Cirilo, in Cat. graec. ubi sup .- Como era necesario por muchas razones rebatir las palabras de sus detractores, utiliza un ejemplo clarísimo, por medio del cual demuestra a los que lo quieran comprender que el príncipe de este mundo es vencido por el poder que El tiene, por eso dice diciendo: "Cuando el fuerte armado guarda su atrio", etc. San Juan Crisóstomo, homil. 42, in Matth. -Llama fuerte al diablo, no porque lo sea por naturaleza, sino dando a conocer su antigua tiranía, causada por nuestra debilidad. San Cirilo, in Joan, lib. 10, cap. 11 .- Antes de la venida del Salvador usó de mucha violencia en el mundo robando los rebaños ajenos -esto es, los de Dios- y conduciéndolos, por decirlo así, a su propio redil.

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San Teofilacto .- Sus armas son los pecados de toda clase, en los que confía para prevalecer contra los hombres. Beda.- Llama su atrio 1 al mundo, porque está ocupado por la malicia ( 1Jn 5, 19) teniendo en él todo poder hasta la venida del Salvador, como que descansaba en los corazones de los infieles sin contradicción ninguna, pero fue vencido por uno más fuerte en poder, Cristo, que al liberar a todos los hombres lo expulsó del mismo, por esto añade: "Pero si sobreviniendo otro más fuerte que él lo venciere", etc. San Cirilo, ubi supra .- Después que el Verbo del sumo Dios, dador de toda fortaleza y Señor de todas las virtudes, se hizo hombre, lo acometió y le quitó sus armas. Beda .- Sus armas son la astucia, el engaño y la torpeza espiritual; y sus restos son los hombres engañados por él. San Cirilo, ubi supra.- Porque los judíos que desde hacía tiempo habían sido seducidos por él por el error y la ignorancia acerca de Dios, han sido llamados por los Santos apóstoles hacia el anuncio de la verdad y ofrecidos a Dios Padre por la fe que prestaban al Hijo. San Basilio, in Esai, 18.- Distribuyó también sus restos, mostrando el fiel amparo de los ángeles para la salud de los hombres. Beda .- Jesucristo como vencedor distribuye los restos -lo cual es señal de triunfo-, porque conduciendo cautiva a la cautividad, repartió sus dones a los hombres; esto es, ordenando que unos sean apóstoles, otros evangelistas, otros profetas y otros pastores y doctores (Ef 4). San Juan Crisóstomo, hom. 42, ut sup .- Después pone la cuarta solución cuando añade: "Quien no está conmigo está contra mí". Como diciendo: yo quiero ofrecer los hombres a Dios y Satanás todo lo contrario. ¿Cómo, pues, el que no coopera conmigo, sino que disipa lo que es mío, puede estar conforme conmigo para arrojar a los demonios? Prosigue: "Y el que no recoge conmigo, desparrama". San Cirilo, ubi supra .- Como diciendo ( Mt 12, 45): Yo he venido a reunir a los hijos de Dios dispersados por el demonio; y el mismo Satanás, como no está conmigo, procura esparcir lo que yo he reunido y salvado. ¿Cómo, pues, ha de darme el poder el que combate todos mis designios? San Juan Crisóstomo, hom. 42, ut sup .- Pero si el que no coopera es adversario, mucho más lo es el que se me opone. Me parece que en esta alegoría alude a los judíos igualándolos con el demonio, pues ellos obraban contra El y dispersaban a los que El congregaba. San Cirilo in Cat. graec Patr .- Después de lo dicho manifiesta el Señor los errores en que había caído el pueblo de los judíos respecto de Jesucristo, diciendo: "Cuando el espíritu inmundo ha salido de un hombre", etc. Que este ejemplo se refiere a los judíos lo expresa San Mateo cuando dice ( Mt 12, 45): "Así sucederá a esta pésima generación": Y fue así que en todo el tiempo que habían estado en Egipto viviendo según las leyes del país, habitó en ellos el espíritu maligno. De él fueron librados cuando sacrificaron el cordero que figuraba a Jesucristo y marcaron sus puertas con sangre, evitando así su destrucción. San Ambrosio .- De este modo se compara con un solo hombre a todo el pueblo judío, de quien había salido el demonio por la ley. El demonio volvió al vulgo de los judíos, pues no pudo hallar reposo entre los gentiles, cuyos corazones, habiendo sido áridos, recibieron después por el bautismo el rocío del Espíritu y la fe de Cristo, porque Jesucristo es como un incendio para los espíritus inmundos. Por esto, dice: "Y cuando 6

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! no le halla, dice: me volveré a mi casa de donde salí". Orígenes, in Cat. graec. Patr .- Esto es, a aquéllos de Israel que había visto no contenían en sí nada de Dios y se hallaban como desiertos y vacíos de El. He aquí como se expresa esto: "Y cuando vuelve la halla barrida". San Ambrosio .- Exteriormente, pues, aparece más limpio y adornado su cuerpo que lo que lo está interiormente su alma. No se purificaba ni templaba su ardor con las aguas de la sagrada fuente; y por ello el espíritu inmundo volvía a él, llevando consigo siete espíritus peores que él. Por esto dice: "Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él y entrando en esta casa fijan en ella su morada". Y esto, porque con intención sacrílega falta a la semana de la ley y al misterio del octavo día. Y así como se multiplica para nosotros la gracia del espíritu en siete dones, así se acumula sobre ellos todo el daño de los espíritus inmundos, pues a veces se comprende en este número lo universal 1. San Juan Crisóstomo, hom. 44, in Matth .- Ahora ocupan las almas de los judíos demonios peores que los anteriores. Porque en otro tiempo maltrataban a los profetas, pero ahora injurian al que es Señor de los profetas; por eso sufrieron más bajo el dominio de Vespasiano y de Tito, que en Egipto y Babilonia. Por esto sigue: "Con lo que el último estado de aquel hombre es peor que el primero". Antes tenían la asistencia divina y la gracia del Espíritu Santo, pero ahora están privados aún de estos dones; por eso ahora sufren con la privación de la gracia miserias mayores y más crueldad en la fuerza con que el enemigo los tienta. San Cirilo, ubi sup.- Su estado es peor que el primero, según las palabras del apóstol ( 2Pe 2, 21): "Más les valía no haber conocido el camino de la verdad, que separarse de él después de haberle conocido". Beda .- Esto mismo puede entenderse respecto de los herejes, de los cismáticos y de todo mal católico, de quienes ha salido el espíritu inmundo en el día del bautismo. Este recorre los lugares áridos, esto es, los corazones de los fieles que están limpios de la blandura de los pensamientos vanos; examina el astuto acechador si puede inculcar en ellos los pasos de su iniquidad. Dice, pues: "Me volveré a mi casa, de donde salí"; en lo cual debe temerse que nos oprima por nuestra negligencia la culpa que creíamos extinguida en nosotros. La encuentra barrida, esto es, limpia de la suciedad del pecado por la gracia del bautismo; pero vacía de buenas obras. Se entiende, en fin, por los siete espíritus malos que toma consigo, todos los vicios; y se llaman peores porque no sólo tendrá aquellos siete vicios que son contrarios a las siete virtudes espirituales, sino que también fingirá tener estas virtudes por hipocresía. San Juan Crisóstomo, in Matthaeum hom 45.- No sólo se ha dicho esto para los judíos sino que debemos recibirlo como dicho también para nosotros. Por lo que sigue: "Con lo que el último estado de aquel hombre es peor que el primero";es decir, si después de haber sido iluminados y librados de nuestras culpas pasadas, volvemos otra vez a la misma maldad, la pena de los pecados que cometamos después será mucho mayor. Beda.- Puede también entenderse que el Señor añadió esto para distinguir sus acciones de las de Satanás. El siempre limpia lo que está manchado, mientras que Satanás se apresura a manchar con mayores inmundicias lo que ha sido limpiado. Beda.- Una mujer confiesa con gran fe la encarnación del Señor, en tanto que los escribas y los fariseos lo tientan y blasfeman. Y así dice: "Estando diciendo estas cosas, he aquí que una mujer, levantando la voz de en medio del pueblo, exclamó: Bienaventurado el vientre que te llevó", etc. Con cuyas palabras confundió la calumnia de los personajes que estaban presentes y la perfidia de los futuros herejes. Porque así como entonces los judíos negaban al verdadero Hijo de Dios, 7

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blasfemando de las obras del Espíritu Santo; así después los herejes no quisieron confesar al verdadero Hijo del hombre, consustancial al Padre, negando que María siempre Virgen, por la cooperación de la virtud del Espíritu Santo, hubiese provisto la materia de la carne al Unigénito de Dios que había de nacer. Pero si se dice que la carne del Verbo de Dios, nacido según la carne, es extraña a la de la Virgen Madre, habría que decir que no hay razón para beatificar el vientre que lo había llevado y los pechos que le habían alimentado. ¿Cómo podía decirse que había sido alimentado con la leche de la Virgen si se niega que lo haya concebido en su seno, siendo así que, según los físicos, uno y otro proceden de un mismo origen? Y no sólo Ella que mereció engendrar corporalmente al Verbo de Dios, sino que asegura que son bienaventurados también todos lo que procuran concebir, dar a luz y como dar de lactar espiritualmente al mismo Verbo por la fe y la práctica de las buenas obras, tanto en su corazón como en el de sus prójimos. Sigue pues: "Pero Jesús respondió: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios", etc. San Juan Crisóstomo in Matthaeun hom. 45.- Esta contestación no la dio el Salvador menospreciando a su Madre, sino manifestando que de nada le hubiese aprovechado el haberle dado a luz si después no hubiera sido buena y fiel. Además, si Jesús, que nació de María, no la hubiese beneficiado con las virtudes de su alma, con mucha más razón puede decirse que no nos valdrá el tener un padre o un hermano o un hijo virtuoso, si nosotros carecemos de su virtud. Beda .,-. La misma Madre de Dios es bienaventurada ciertamente porque fue el instrumento temporal de la encarnación del Verbo; pero también lo fue por haber sido su amorosa y constante guarda. Con esta sentencia, pues, hiere a los sabios judíos, que no solamente se negaban a oír y a guardar la Palabra de Dios, sino que también buscaban ocasión para negarlo y blasfemarlo.

TEXTO II COMENTARIO AL EVANGELIO (1)
Jesús, aprovecha la crítica de algunos judíos para hablar de un tema importante. Todo reino dividido contra sí mismo quedará desolado. Este pensamiento profético puede aplicarse también a la falta de unidad entre los cristianos. Tú quieres que con mis obras y mis oraciones colabore para que cada día haya más unidad en la Iglesia: que todos sean uno; como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que así ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado [Jn 17, 2 1]. Jesús, Tú eres ese otro más fuerte que has vencido al demonio con tu muerte en la cruz. Con tu humildad y obediencia al Padre, le has quitado las armas en las que confiaba: el orgullo, la avaricia, la sensualidad. Yo no puedo quedarme en la imparcialidad. El que no está conmigo, está contra mí. Si no estoy unido a Ti por la gracia, los sacramentos y la oración, me estoy pasando al enemigo. Por ello, he de pedir con fe a Dios que no me deje caer en la tentación. Esta petición llega a la raíz de la anterior, porque nuestros pecados son los frutos del consentimiento a la tentación. Pedimos a nuestro Padre que no nos «deje caer» en ella. Traducir en una sola palabra el texto griego es difícil: significa «no permitas entrar en», «no nos dejes sucumbir a la tentación». «Dios ni es tentado por el mal ni tienta nadie», al contrario, quiere librarnos del mal. ¡Qué poco listo parece el diablo!, me comentabas. No entiendo su estupidez: siempre los mismos engaños, las mismas falsedades... -Tienes toda la razón. Pero los hombres somos menos listos, y no aprendemos a escarmentar en cabeza ajena... Y Satanás cuenta con todo eso, para tentarnos.

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FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! Jesús, uno de los grandes triunfos del demonio en la sociedad actual es hacer creer a la gente que es una figura propia de los cuentos para niños; o de una cultura atrasada, poco científica, que cree en mitos y poderes mágicos. Así el demonio puede trabajar a sus anchas, pues nadie lucha contra quien supone que no existe. Satanás cuenta con todo eso para tentarnos. Incluso algunos que se dicen cristianos se molestan si se habla de él, cuando Tú, Jesús, nos adviertes tantas veces de este peligro. Que aprenda a escarmentar en cabeza ajena, viendo como acaban los que no luchan contra las tentaciones del demonio. Que me decida a luchar en serio, y a poner los medios para evitar las ocasiones de pecar. Jesús, tengo un arma poderosa para vencer al demonio: los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Confesión. Y además, cuento con la ayuda de la dirección espiritual, para que me ayuden a superar esas tentaciones que más me cuestan. Al demonio le molesta mucho la dirección espiritual, y por eso envía al demonio mudo, para que no seamos sinceros. Si alguna vez tengo la tentación de no ser sincero, que acuda a Ti. Y me ocurrirá como a la persona del Evangelio: Y sucedió que, cuando salió el demonio, el mudo rompió a hablar.
Comentario realizado por Pablo Cardona. Fuente: Una Cita con Dios, Tomo VI, EUNSA

TEXTO III COMENTARIO AL EVANGELIO (2)
En el evangelio de hoy, Jesús presenta la vida cristiana como un combate. «¡El que no está conmigo, está contra mi!». A menudo, por desgracia, somos cristianos «a medias», en una gran mezcolanza de actitudes positivas y negativas. Esto lo reprochaba ya Jeremías a los fieles de su época. -Escuchad mi voz: Yo seré vuestro Dios y vosotros seréis mi pueblo. Es una de las expresiones más perfectas de la "Alianza". Una pertenencia recíproca: yo soy tuyo, tú eres mío. En este contexto de amor recíproco tendrán que ser interpretadas todas las invitaciones del texto a seguir. Ello hace tanto más graves las tibiezas y los rechazos. -Seguid hasta el fin el camino que yo os prescribo a fin de que todo os vaya bien y seáis felices. Siempre el mismo lazo entre la «fidelidad» a Dios y la "alegría". No es para tomarlo en un sentido material. «No te prometo hacerte feliz en este mundo», decía la Virgen a Bernardita Soubirous. En efecto, es corriente ver el éxito aparente de los perversos y sin conciencia. Mientras que la gente honrada suele vivir entre mayores dificultades. Sin embargo, el que tiene conciencia de haber hecho todo lo que estaba de su parte, ¿no disfruta ya en este mundo de una muy íntima "felicidad" espiritual?. ¡Es preciso mantener esta alegría íntima! Te ruego, Señor, por todos los que se esfuerzan en ser fieles a fin de que, aun en medio de sus pruebas, experimenten también ellos esa íntima satisfacción. Ayúdanos a no vivir nunca tristes. O, más exactamente, a que una sola cosa nos entristezca: nuestros pecados. -Pero no me escucharon ni aplicaron el oído, se volvieron de espaldas y apartaron de mí su mirada. Imágenes realistas. El niño enfurruñado y desobediente que, enojado, da media vuelta. Decepciones de Dios. Dios espera «mi rostro»... cara a cara. Como los que se quieren. Y yo me aparto de El. Como los que no se quieren. Sin duda, Tú podrías HOY repetirme esas palabras. ¡Esas cosas no pasaban sólo en los tiempos de Jeremías! Perdónanos. 9

III DOMINGO DE CUARESMA FORMA EXTRAORDINARIA [SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA] DEL RITO ROMANO
-No me escucharon. Atiesaron la cerviz. El cuello tieso. La cabeza dura. La insumisión. La rigidez. Todo lo contrario de la flexibilidad, de la espontaneidad. -Así es la nación que no escucha la voz del Señor, su Dios. El tema de estar a la escucha, es esencial. «Escuchar». Escuchar a Dios. Cuatro veces esta palabra se repite en esta página. Efectivamente, Tú no nos hablas sólo en la misa o en la oración. Hay una Palabra que debo escuchar durante todas mis jornadas, en mi vida cotidiana, en mi trabajo banal, en mis encuentros, en mis responsabilidades, en los acontecimientos. Pero, con frecuencia, no sé escucharte allí. Concédeme esa atención que me falta, Señor.

NOEL QUESSON PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 3 PRIMERAS LECTURAS PARA ADVIENTO – NAVIDAD CUARESMA Y TIEMPO PASCUAL EDIT. CLARET/BARCELONA 1983.Pág. 132 s.

TEXTO IV COMENTARIO AL EVANGELIO (3)
El combate espiritual contra las fuerzas del mal... con Cristo. -Jesús estaba expulsando a un demonio. El poseso era mudo. En cuanto salió el demonio, el mudo habló. Cada vez que se habla de demonios en el texto evangélico, nos sentimos incómodos. Ciertamente un cristiano moderno debe desembarazarse de imágenes grotescas. No obstante, el mal no se explica totalmente en razón de la libertad humana. Estamos a veces obligados a constatar que el mal tiene raíces extremadamente profundas, y que no alcanzamos... Nos sentimos ser el juguete de fuerzas más fuertes que nuestra voluntad. Y por otra parte la amplitud del mal parece orientarnos hacia una dimensión cósmica, radical, colectiva, del imperio de Satán; hay violencias, corrientes oscuras, fuerzas destructoras que trabajan y que ningún hombre parece poder dominar. Jesús ha venido a combatir esas fuerzas malhechoras. Y, por ahí, devolvía al hombre su dignidad: el mudo empezó a hablar normalmente. La creación ha sido restaurada. Señor, sálvame de mis demonios... líbranos del mal. -Es por el príncipe de los demonios que expulsa a los demonios, decían algunos. A Jesús se le ha calumniado, se le ha acusado. ¡Es el colmo! El demonio es capaz de dar estos golpes: de enmascararse hasta el punto de llegar a decir que, ¡el Santo por excelencia está poseído por el demonio! -Todo reino, dividido en partidos contrarios, quedará destruido El buen sentido popular que Jesús hace suyo. La unidad es una fuerza. La desunión es un fermento maléfico y destructor. Uno de los signos de Satán es la división y el no entenderse. El mundo de hoy está trágicamente marcado por este tipo de espíritu que impide a los matrimonios, comprenderse; a padres e hijos, hablarse; a grupos humanos enteros, reconocerse. -Pero si expulso a los demonios por el dedo de Dios, sin duda que el reino de Dios ha llegado a vosotros. El dedo de Dios está ahí, cuando el mal retrocede. Yo, ¿lo sé ver? ¿Cuál es mi colaboración a ese "dedo de Dios"? ¿Pongo yo mi dedo en ello? -Cuando un hombre fuerte y armado guarda su casa, seguros están sus bienes; pero si llega uno más fuerte que él, le vencerá y le quitará todas sus armas. Una imagen de la vida cristiana en forma de parábola breve. Un combate, un cuerpo a cuerpo rápido, dos hombres peleándose, uno es más fuerte que el otro y lo derriba. Jesús se presenta como este "segundo hombre", más fuerte, que viene para triunfar sobre Satán. 10

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! Evoco mis propios combates. ¿Sobre qué puntos la lucha resulta más difícil? Ven Jesús a combatir conmigo. Una verdadera imagen dinámica y fuerte... para una cuaresma dinámica y fuerte. No quedarme solo en el plano individual e íntimo. La dimensión del combate contra el mal es hoy colectiva: hay que combatir con otros, en equipo, y para los otros... Volvemos a encontrar aquí la dimensión cósmica de las fuerzas malhechoras, que pide una acción de envergadura. -El que no está conmigo, está contra mí, y el que conmigo no recoge, derrama. Fórmula intransigente. Un cierto estilo de vida: todo lo contrario del remilgo y de las medias tintas. Pero a menudo me comporto como un cristiano a medias. Escucho esta palabra tuya fuerte y abrupta: Cuaresma = energía.

NOEL QUESSON PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 1 EVANG. DE ADVIENTO A PENTECOSTES EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág. 136 s.

TEXTO V COMENTARIO AL EVANGELIO (4)
A Jesús algunos tampoco le escuchan ni le hacen caso. Para no tener que prestar atención a lo que dice, que es incómodo, buscan excusas. Hoy, una que es realmente poco razonable: que lanza los demonios en connivencia con el mismo Satanás. La respuesta de Jesús está llena de sentido común: un reino dividido no podrá subsistir. Lo que pasa es que sus adversarios no quieren reconocer lo evidente, que ya ha llegado el Reino prometido. Que ya ha llegado el que es más fuerte que el maligno y está entablando con él una lucha victoriosa. Es que, si reconocen esto, tendrán que aceptar a Jesús como el Mesías de Dios y hacer caso del testimonio que está dando. Contra los que se quejan Dios en el AT y Jesús en el evangelio, son precisamente los del pueblo elegido, los que oficialmente se consideran los mejores. Pero se ve que eso mismo, de alguna manera, les inmuniza contra lo que diga Jesús y no saben escuchar la voz de Dios. No hay sinceridad. No quieren ver la luz. Jesús les acusará en otras ocasiones de «pecar contra el Espíritu Santo», o sea, de pecar contra la luz, no queriéndola ver, a pesar de que sea evidente. ¿Estamos nosotros mereciendo de alguna manera esta acusación de Jesús? ¿estamos causándole una desilusión en nuestro camino de este año a la Pascua, que ya está exactamente en su mitad? El Viernes Santo, durante la adoración de la Cruz, cantaremos una lamentación que el profeta pone en labios de Dios: «pueblo mío, ¿qué te he hecho?». ¿Tendremos que sentirnos aludidos? En el ritual del Bautismo hay un gesto simbólico expresivo, el «effetá», «ábrete». El ministro toca los labios del bautizado para que se abran y sepa hablar. Y toca sus oídos para que aprenda a escuchar. Dios se ha quejado hoy de que su pueblo no le escucha. ¿Se podría quejar también de nosotros, bautizados y creyentes, de que somos sordos, de que no escuchamos lo que nos está queriendo decir en esta Cuaresma, de que no prestamos suficiente atención a su palabra? La Virgen María, maestra en esto, como en otras tantas cosas, de nuestra vida cristiana, nos ha dado la consigna que fue el programa de su vida: «hágase en mí según tu palabra». Va por nosotros el salmo de hoy: «ojalá escuchéis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón».
J. ALDAZABAL ENSÉÑAME TUS CAMINOS 1 Adviento y Navidad día tras día Barcelona 1995. Pág. 69-70

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TEXTO VI COMENTARIO AL EVANGELIO (5)
El tema del diablo, del demonio (aunque bíblicamente son denominaciones distintas) ha resucitado en estos finales de siglo y ha generado una serie de problemas que se han convertido en asunto de orden público en algunas ciudades. Los ritos satánicos, las "misas negras", las sectas satánicas, y hasta los virus del computador... este tema ha estado presente en los esquemas de la religiosidad. Los fariseos y autoridades judías quisieron quitarle fuerza al mensaje de Jesús atribuyendo sus acciones a Belcebú. Para la fe cristiana de hoy es una tentación usar a Satanás como una coartada que excuse de responsabilidades personales y sociales. Estar con Jesús implica dejar de temer al demonio, implica abrirse mucho al plan de Dios, a su accionar. No se trata aquí de cuestionar la existencia o no del diablo, ni las características de su identidad, se trata, ante todo de optar por Dios, de actuar desde El.
SERVICIO BIBLICO LATINOAMERICANO COMENTARIOS AL EVANGELIO Mc/03/20-35 Par: Mt 12, 22-32 - Mt 12, 43-50 - Lc 8, 19-21 - Lc 11, 14-28

TEXTO VII COMENTARIO AL EVANGELIO (6)
El tema esencial de este Evangelio es el combate entre los dos espíritus. Para la tradición judía, explotada ya en la doctrina de Qumrán, el mundo está entregado a merced del espíritu del mal por voluntad de los hombres que le siguen. Pero los últimos tiempos verán la aparición del Espíritu de bondad, que orienta al hombre hacia el bien y le abre el camino hacia el reino. El hecho de que Cristo arroje a los demonios es señal de que ese Espíritu de bondad está ya actuando en el mundo (Mt 12, 28). Los escribas no niegan que Jesús arroje a los espíritus malos, sino que, en lugar de ver en ello la presencia del Espíritu bueno, se inventan una explicación de lo más peregrina: que seguramente es en nombre del jefe de los demonios como Jesús expulsa a los demonios subalternos (v. 22). Para Jesús, esta interpretación equivale a blasfemar contra el Espíritu Santo, negando su presencia en el mundo y negándole la capacidad de reconstruir un mundo nuevo. Este pecado no tiene perdón, porque quien comparte una afirmación así no puede formar parte del Reino, puesto que niega precisamente la misión del Espíritu, que es el único que puede instaurar el Reino (vv. 28-30). El caso es que existen los dos espíritus y el combate que libra Cristo es justamente el del "más fuerte" contra el "fuerte" (versículo 27). Los fieles toman parte en ese combate optando por el uno o por el otro: ahora bien, optar por el espíritu de Dios es escuchar su Palabra y ponerla en práctica (vv. 33-35) adquiriendo el compromiso de practicar todas las rupturas necesarias -aun cuando sean familiares- para llevar a feliz término este proyecto. Después de haber instituido a los Doce (Mc 3, 13-20), Cristo encuentra a su familia (Mc 3, 20-21 y 31-35). La oposición entre los apóstoles y la familia de Jesús es frecuente en los Evangelios, eco sin duda de las querellas que separaron a unos de otros sobre la sucesión del Mesías (cf., además, Jn 7, 2-4; Lc 11, 27-28). De hecho, esta oposición entre los "hermanos de Jesús" y sus "apóstoles" ilustra la cuestión de la fe. Los conciudadanos de Cristo, y especialmente su familia, no comprenden su enseñanza (Lc 4, 25). Ni la vista de los milagros, ni las victorias de Jesús sobre Satanás les hacen cambiar de parecer. Cristo no puede desde entonces más que fundar una nueva familia; la pertenencia a esta es cuestión de libertad y no de lazos naturales, de escucha de la Palabra y no de sentimentalismo. 12

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! El hombre ha sido creado para responder, mediante la fidelidad, a la iniciativa amorosa de Dios. Y como libre que es puede ser infiel y traicionar su vocación. Eso es el pecado. Pero la experiencia que el hombre saca de ese pecado es la de una especie de solidaridad que es anterior a cada uno de nosotros, una solidaridad que puede abarcar incluso a otras criaturas distintas del hombre: los demonios y la misma Naturaleza. Pecar es introducirse conscientemente en esa solidaridad casi cósmica. Pero el hombre ha sido creado libre; y no puede, por tanto, ser juguete de otras criaturas, ni siquiera espirituales. Esto es lo que ha venido a revelar Cristo liberándose de la solidaridad cósmica que le rodeaba en cuanto hombre y liberando a sus hermanos de los lazos de los poderes demoníacos. Y no fueron precisamente sus exorcismos los que hicieron efectiva esa liberación, sino, más fundamentalmente, su obediencia victoriosa de la tentación y de la muerte. Mientras espera la manifestación clara de esta victoria, el cristiano se encuentra entre dos fuerzas contradictorias: o sucumbe al pecado y se hunde en la primera, o escucha la Palabra y la obedece, con lo que elabora la solidaridad del Reino nuevo. Esta audición de la Palabra toma cuerpo en la liturgia de la Palabra y su realización en la obediencia constituye el contenido del sacrificio espiritual ofrecido en la Eucaristía. MAERTENS-FRISQUE 5. Pág. 43

TEXTO VIII COMENTARIO AL EVANGELIO (7)
La manifestación de Jesús deja a la gente asombrada y desconcertada y suscita un grupo de discípulos dispuestos a seguirle. Esta misma manifestación suscita la incomprensión de los parientes y la reacción contraria de los escribas. En un texto anterior (2, 1-3) ya hemos visto la oposición de los fariseos, los practicantes; ahora se trata de los escribas, los teólogos. Al ver a Jesús asediado por la gente, hasta el punto de que "ni siquiera podía comer", sus parientes creyeron que había perdido su sano juicio, que "se había vuelto loco". Y fueron a buscarlo para llevárselo a casa. Pero ¿por qué sus parientes lo toman por loco? No comprenden su tremenda actividad, su predicación a todos, su disponibilidad incondicionada. Los hombres no acaban de comprender las absolutas exigencias de Dios. Además la fama que empieza a formarse en torno a él va creando problemas; y esos problemas afectan a toda la familia, empiezan a causarle disgustos. "¡Ha perdido la cabeza! ¡Está fuera de sí!": una forma muy frecuente de desacreditar las manifestaciones de Dios y tomar distancias frente a ellas. Dios debería permanecer encerrado dentro de nuestro concepto de orden y de sentido común, debería ahorrarse energías y efusiones de amor, debería entregarse con un poco más de prudencia. Decimos que carece de sentido todo lo que nos supera, todo lo que nos sorprende y nos desconcierta. BRUNO MAGGIONI-B.Pág. 60s

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TEXTO IX COMENTARIO AL EVANGELIO (8)
Los escribas no se limitan a proclamar loco a Jesús. Ellos (¡son teólogos!) hacen una lectura más teológica de su manera de proceder, más reflexiva y consciente; y su repulsa es más radical, más justificada: "echa a los demonios en nombre del príncipe de los demonios". A pesar de que a Jesús no le gusta meterse en discusiones, aquí se enfrenta con ellos. Está en juego el sentido más profundo de su venida. No puede permitir que los signos de Dios se retuerzan y se utilicen para apartar a la gente de su presencia. Antes de hacer algunas observaciones más concretas sobre esta discusión será oportuno (no lo hemos hecho todavía) detener nuestra atención sobre el significado general de la lucha contra Satanás, una lucha que aquí precisamente intenta defender Jesús contra la interpretación retorcida de los escribas. Ya desde el principio de su evangelio Marcos subraya que el Hijo de Dios toma parte en esta lucha que agita al mundo. Mediante los relatos de la liberación de los posesos, el evangelio nos ofrece una visión de la historia, que se desarrolla en profundidad: una lucha entre el bien y el mal, cuyos protagonistas no son las fuerzas de la naturaleza, ni tampoco -simplemente- los seres humanos, sino Dios y el maligno. Esta oposición entre Dios y su adversario se manifiesta en tres niveles: el contraste entre Jesús y sus opositores, entre Jesús y los endemoniados, entre el Espíritu de Dios y Satanás. BIEN/MAL. Hemos de decir que Marcos simplifica (quizás voluntariamente) cuando parece eliminar esa ambigüedad que está siempre presente en la historia: el bien y el mal no está aquí o allí, divididos en sectores, sino que luchan en el interior de cada uno de los hombres y de cada institución. El contraste es radical; y este contraste pasa a través de cada cosa. Localizar el bien y el mal en sectores bien definidos significaría hacer las paces con el mal, señalándolo y combatiéndolo fuera de nosotros, siendo así que está en nuestro mismo interior. Profundicemos más aún: según Marcos la oposición está no sólo entre Dios y Satanás, sino que en definitiva se trata de una oposición en torno al hombre. No sólo está en juego la gloria de Dios, sino ante todo el hombre, su consistencia y su libertad. La presencia de Satanás destruye: es el espíritu de confusión, de alienación, de disgregación. La presencia de Cristo es la paz. Se trata entonces de una historia en la que el hombre se debate entre la salvación y la alienación. Pero este debate no afirma solamente que Jesús está en lucha contra Satanás, que no es ni mucho menos su aliado. En la afirmación de Jesús se encierra una convicción: con su venida la victoria sobre el mal es ya un hecho seguro. Las liberaciones del demonio no son únicamente derrotas parciales del mismo, sino el signo de una derrota total que ya se anticipa. Se trata de una afirmación única, inaudita para los judíos: de declaraciones como éstas no hallamos analogía alguna en el judaísmo contemporáneo; de una victoria sobre Satanás, de una victoria obtenida ya en el presente, no saben nada ni la sinagoga ni Qumrân. CRUZ/VICTORIA. Podemos dar un paso más y observar que Jesús vence al maligno con la fuerza de la obediencia y del amor: la fuerza de Dios se hace presente en la disponibilidad de aquel que aceptó en el bautismo ser el Siervo que asume el peso del mal. "Este amor desinteresado de Cristo, dirigido a Dios y a los hombres confiados a él, desenmascara y vence al espíritu de egoísmo y le arranca el mundo del que estaba abusando. Este amor alcanza su plenitud en la cruz. En la cruz, esto es, con la pasión y la muerte, que en el fondo le habían preparado los mismos espíritus del mal, la arbitrariedad de Satanás se hunde ante el amor omnipotente de Dios, amor que soporta incluso la arbitrariedad en sus 14

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! consecuencias. En la cruz queda derrotado el espíritu de la arbitrariedad. En la cruz de Cristo la fuerza de los espíritus del mal queda rota por la fuerza irrompible del amor que lo toma todo sobre sí" (J. Jeremías, Teología del Nuevo Testamento I, Sígueme, Salamanca 1974, 119).

BRUNO MAGGIONI-B.Pág. 61s

TEXTO X COMENTARIO AL EVANGELIO (9)
Las palabras de Jesús ("¿quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?") pueden parecer duras: en ellas resuena el motivo de la separación de la familia; Jesús ha escogido el Reino y ningún vínculo puede retenerlo. Una antigua colección de frases del Señor (la fuente Q), a la que acudieron Mateo y Lucas, ha conservado una frase de análogo significado: "Si alguno quiere venir a mí, y no deja a un lado a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas, o aun a su propia persona, no puede ser mi discípulo" (/Lc/14/26). En las palabras de Jesús hay algo más: no es el parentesco lo que importa, sino el coraje de la fe. Los discípulos que, con su decisión al seguirle, se separan de la gente y de sus mismos parientes son los que constituyen la verdadera familia de Jesús. Se trata de algo que la comunidad de siempre tiene que tener continuamente ante la vista: la fe y la voluntad de compartir la vida del Maestro es lo que constituye a la verdadera comunidad cristiana; no hay que apelar a más vínculos.

BRUNO MAGGIONI-B.Pág. 64

TEXTO XI COMENTARIO AL EVANGELIO (10)
Posiblemente se trata de la casa de Pedro en Cafarnaún (cf. 2, 1). El texto griego habla de "los suyos", una expresión que puede referirse efectivamente a la familia de Jesús, pero también a sus discípulos. No obstante, puesto que los discípulos ya se encuentran con Jesús, parece más probable que éstos que lo buscan ahora sean sus familiares. En este sentido, la escena que relata Marcos, interrumpida por el altercado con los escribas que vienen de Jerusalén, se continúa en los versículos 31-35. Los familiares están preocupados por la salud de Jesús, bien sea que ellos mismos p iensen que está "fuera de sí" o que han oído decir que éste es el rumor de la gente. En cualquier caso, la expresión no indica de suyo una enfermedad psíquica, sino un estado poco normal en sentido amplio (cf. 2, 12; 5; 42; Mt 12, 23). Hay que pensar que "los suyos" miran también por la buena fama de toda la familia. Se trata, pues, de una presión ejercida por los familiares sobre la actividad pública de Jesús y que, a diferencia de lo que ocurre con los fariseos, nace de una buena voluntad. El celo de Jesús por cumplir su misión ni siquiera fue comprendido por los de su casa, sus familiares, que no acababan de superar una mentalidad de pequeños burgueses. Es natural que esto resulte chocante a nuestros oídos; así ocurrió ya desde el principio, como lo atestiguan las numerosas correcciones que ha sufrido este texto y los intentos de algunos comentaristas, incluso actuales, que lo interpretan de otra manera. Es posible que también por este motivo lo silenciaran Mateo y Lucas, pero no hay que olvidar que el mismo Jesús dijo cómo la predicación del evangelio 15

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iba a traer consigo conflictos familiares: "Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y sus propios familiares serán los enemigos de cada cual" (/Mt/10/35/36). La presión de la familia, nacida ciertamente de la incomprensión, pero no ejercida con mala voluntad, es secundada ahora por la malicia de estos escribas, quizás en misión oficial del sanedrín, que tratan conscientemente de tergiversar la actividad de Jesús, para desprestigiarlo ante el pueblo. El odio entra en acción con todos sus recursos. No pueden negar el poder de Jesús, pero le dan una interpretación malévola: "Jesús es un aliado de Satanás". Ya los teólogos judíos distinguían entre pecados perdonables y pecados que no son perdonables. Entre estos últimos se contaba el "hablar insolente- mente contra la ley", pues esto es una blasfemia contra el Espíritu que la inspiró. Los pecados imperdonables se llamaban también pecados cometidos "con la mano alzada" quizá en el sentido que tiene hoy entre nosotros la expresión "alzar la mano contra alguien", por ejemplo contra el propio padre. Se trata de un género de pecados cometidos por la mentira, que lucha con odio criminal hasta acabar con la verdad. Por eso son imperdonables, porque es imposible que el que odia la verdad pueda reconocerla, por muy clara que se le ofrezca, y así convertirse y alcanzar perdón. Este es el caso de esos escribas que contradicen y tergiversan la verdad de Jesús, en quien habita el Espíritu de Dios (cf. 2, 10). EUCARISTÍA 1988/28

TEXTO XII ¿QUÉ PENSAR DE MARÍA?
Volviendo ahora a Mc 3,20-21.31-35, tenemos que arrostrar la cuestión más delicada en relación con la escena que allí se describe: ¿qué sentido puede tener la presencia de María entre los familiares que vienen a retener, a moderar a Jesús? ¿Es quizá indecoroso atribuir también esta actitud a María? No lo es, con tal que tomemos en serio los datos que nos presenta la biblia relativos al progreso de la fe en María. Como es sabido, es sobre todo Lucas el que se detiene más tiempo en esta dimensión. Pero también Marcos levanta el velo sobre un rasgo tan humano de María de Nazaret. La imagen que de ella nos ofrece es la de una mujer maternalmente preocupada por la suerte de su hijo. No es de maravillar que también María, un día, cuando algunos empezaron a tramar contra la vida de Jesús (Mc 3,6), acudiese a su lado para inducirlo a que tuviese más precaución. En principio, ella misma pudo albergar preocupaciones todavía demasiado humanas por la misión y por la obra de Jesús. Hasta aquí llega Marcos, sin ir más allá. Queda fuera de su perspectiva el decirnos si María superó y cuándo lo hizo esta fase limitada de su fe, para alcanzar una comprensión más perfecta sobre cómo tenia que recorrer Jesús su propio camino. Marcos deja el tema abierto, pero sin avanzar objeciones en contra. Estrictamente hablando, por ejemplo, en 6,2-6 él no nos dice que fueran la madre o los hermanos y hermanas los que se escandalizaban de Jesús. sino "la multitud" que lo escuchaba en la sinagoga (v. 2). La intención principal de Mc 3,20-21.31-35 es distinta, solicitada quizá (piensan diversos autores) por la presencia de algunos parientes de Jesús que vivían dentro de la iglesia judeo-cristiana. Marcos entonces advierte a su comunidad que el mismo parentesco carnal con el Señor no es un título suficiente para seguirle con las debidas disposiciones. Una prueba de ello es el hecho de que, cuando Jesús comenzó su ministerio público, sus familiares lo buscaban, pero "quedándose fuera" (vv. 31.32), es decir, sin adentrarse en el misterio profundo de su persona, en todas sus implicaciones (cf Mc 4,41: "¿Quién es éste...?"). En efecto, ellos albergaban ilusiones y opiniones todavía inadecuadas sobre Jesús, ya que pensaban: "Está fuera de sí" (v. 21). Para superar estas ideas imperfectas y 16

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! hacerse verdaderos parientes de Jesús, Sabiduría encarnada, los miembros de su familia según la carne tenían (y tienen) que recorrer un camino de fe. En otras palabras, es preciso "hacer la voluntad de Dios' (v. 35). Solamente recorriendo estos senderos entra uno a formar parte del circulo de los discípulos, es decir, de aquellos que "están sentados en torno" a Jesús (vv 32. 34) en aquella "'casa" mística (v. 20), que, a juicio de algunos exegetas, podría ser su iglesia. Esta es ahora la auténtica familia del Señor, la escatológica (v. 35). que consta de los Doce, llamados por Jesús "para que estuvieran con él" (Mc 3,14); y está formada además por los discípulos de todos los tiempos que, junto con los Doce, se sitúan "alrededor de Jesús" (cf Mc 4,10; 8.34a) y "van tras él" (cf Mc 8,34b). Lucas será más explicito en decirnos que ése fue efectivamente el camino que escogió María. CONCLUSIÓN. No se trata realmente (como ocurría de vez en cuando incluso en el pasado más reciente) de relegar a Mc 3,20-21.31-35 entre los pasajes llamados antimariológicos. Todo lo más es un testimonio precioso de los verdaderos vínculos que crean la comunión con Jesús. Marcos enseña que incluso María, la criatura más unida a Cristo con los vínculos de la sangre, tuvo que elevarse a un orden de valores más alto. Las exigencias de la misión del Hijo la inducían a veces a renunciar a sus ideas (muy humanas, por otra parte) de madre según la carne. Después de haber llevado a Jesús en su seno, era preciso que lo engendrase en el corazón, cumpliendo la voluntad de Dios (cf Mc 3,35), una voluntad que se hacia manifiesta en lo que decía y realizaba Jesús. Así la figura de María madre se armoniza y se completa con la de discípula.
A. SERRA DICC-DE-MARIOLOGIA. Págs. 306 s.

TEXTO XIII De los sermones de san Agustín, obispo
Os pido que atendáis a lo que dijo Cristo, el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Éstos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, ése es mi hermano, y hermana, y mi madre. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella, que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que de ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella? Ciertamente, cumplió santa María, con toda perfección, la voluntad del Padre, y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto, María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno. Mira si no es tal como digo. Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el vientre que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad, Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, la verdad; en su seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está en la mente que lo que se lleva en el seno. 17

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María fue santa, María fue dichosa, pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿En qué sentido? En cuanto que María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo. Ella es parte de la totalidad del cuerpo, y el cuerpo entero es más que uno de sus miembros. La cabeza de este cuerpo es el Señor, y el Cristo total lo constituyen la cabeza y el cuerpo. ¿Qué más diremos? Tenemos, en el cuerpo de la Iglesia, una cabeza divina, tenemos al mismo Dios por cabeza. Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Éstos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de «hermanos» y «hermanas»: la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos.
SAN AGUSTIN Sermón 25, 7-8: PL 46, 937-938

TEXTO XIV COMENTARIO A LA EPÍSTOLA (1)
1 Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos amados: 2 y andad en amor, como Cristo os amó y se entregó él mismo por nosotros como ofrenda y víctima a Dios en olor de suavidad. Con nuestro perdón podemos imitar a aquel que nos ha perdonado: Dios. Y esto lo hemos de hacer como hijos queridos. Efectivamente, mirar al padre para imitarlo es lo que demuestra la buena calidad de hijo. Sin querer, nos acordamos del punto culminante del sermón de la montaña: «Sed perfectos, como vuestro Padre del cielo es perfecto» (Mt 5,48), y, según Lucas, todavía más cerca de nuestro contexto: «Sed misericordiosos, como es misericordioso vuestro padre» (Lc 6,36). Pero sobre todo esta concepción se expresa en el mandamiento: amad a vuestros enemigos «para que os mostréis verdaderos hijos de vuestro Padre del cielo» (Mt 5,44s). Esta vida con la mirada puesta en el Padre es también la imitación de Cristo, en un sentido que, por otra parte, practicaba también Jesús como Hijo en una forma singular: «Nada puede hacer el Hijo por sí mismo, como no vea al Padre hacerlo; porque lo que éste hace, eso igualmente hace también el Hijo» (Jn 5,19). Así el hombre Jesús vivía lo más profundo de la «imitación de Dios», aunque en la Sagrada Escritura apenas se habla de «imitación», sino más bien de «obediencia» y de cumplimiento de la voluntad paterna. De la imitación del Dios perdonador se extiende la consideración a toda la anchura de la vida cristiana, que de nuevo se designa con la palabra «amor» y se fundamenta en el modelo de la entrega amorosa de Cristo. Que la expresión «en amor» realmente comprende toda la anchura de la vida cristiana, se desprende del hecho patente de que esta fórmula es frecuentísima a lo largo de la carta a los Efesios. No solamente se habla de «soportarse en amor» (4,2), sino que se dice que la vida se vive «en amor» (5,15); ciertamente, el último fundamento es Cristo mismo, que edifica su cuerpo «en amor» (4,16), en nuestro amor, en cuanto que 18

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! realmente actúa en amor recíproco de los creyentes y por éste. Siempre nos tropezamos con el amor fraterno. Así hemos entendido al principio en el mismo sentido la primera actitud y hemos visto que el fin próximo de nuestra elección es precisamente «que seamos santos e inmaculados en amor» (1,4). Prototipo de este amor es el amor del crucificado. Esto quiere decir que el amor es sacrificio, servicio, entrega de sí mismo hasta la inmolación: en este sentido es modelo y medida el sacrificio amoroso de Cristo: «Amaos unos a otros, como yo os he amado» (Jn 15,12). De aquí la consecuencia sencillamente contundente y de inmediata eficacia, que los discípulos sacaron del amor: «Él ha dado su vida por nosotros. Y nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos» (IJn 3,16). No al azar usa Pablo para significar la muerte de Cristo en la cruz expresiones tomadas de la terminología sacrificial del Antiguo Testamento, como «entrega», «sacrificio», «a Dios en olor de suavidad». Y así la marcha del pensamiento en estos dos últimos versos se reduce a esto: la imitación de Dios es una consecuencia natural de la imitaci6n de Cristo, y ésta para Pablo consiste no en esta o en aquella virtud, sino en llevar hasta el fondo la perfecta repetición del sacrificio vital de Cristo, y de ese otro sacrificio que día tras día se renueva en las manos del sacerdote y que debe continuar en la vida de todos los que juntamente ofrecen y juntamente son ofrecidos. 3 Fornicación o cualquier clase de impureza o codicia ni siquiera se nombren entre vosotros, como corresponde a santos; 4 lo mismo las groserías, estupideces y bufonadas, cosas poco convenientes; sino más bien acción de gracias. Por «fornicación o cualquier clase de impureza» se entiende todo un sector humano que puede afectar a la vida cristiana: desde el pecado de obra hasta la conversación frívola y la concupiscencia interior, como se deduce del texto paralelo de la carta a los Colosenses: «fornicación, impureza, pasión, deseo malo» (3,5). De nuevo aparece aquí la codicia al lado de la impureza, como ordinariamente ocurre en san Pablo. En el citado texto de Colosenses se continúa así: «y la sed de lucro, que es una idolatría». Esta condenación de la codicia como culto idolátrico falta en nuestro texto, pero aparece inmediatamente (5,5), cuando junto al «lujurioso» y al «impuro» está el «codicioso», «que es un idólatra». Debido a esta estrecha vinculación conceptual entre fornicación y codicia, algunos han intentado ver, en la palabra griega, algún vicio que tenga que ver con la vida sexual, uniendo ambos conceptos en uno, como puede verse en 4,19; donde el término original que aquí traducimos por «codicia», se tradujo por «frenesí». En ambos casos el Apóstol aplica el término a expresar el deseo desmedido, ya de poseer riquezas, ya de gozar. Sin embargo, para ser justos con el lenguaje propio del Apóstol, hay que dejar a cada vicio en lo que es: la fornicación y la codicia; pero teniendo en cuenta que para Pablo lo decisivo entre ambos es la codicia: codicia en el gozar o codicia en el tener. Ésta es la que esclaviza al hombre de igual manera. El objeto de su codicia será su «dios» (Fil 3,19). Y si solamente es la codicia la que se llama idolatría y no la fornicación, esto se debe a que el codicioso es más dueño de sí mismo y realiza sus actos con más consciente reflexión e incluso con frialdad de cálculo. Estas tres cosas -fornicación, impureza, codicia- «ni siquiera se nombren entre vosotros». El «ni siquiera» muestra claramente que el Apóstol tiene conciencia de lo exagerado de la expresión. Por ello son lícitas las traducciones con un toque de exageración: «ni por asomo...», «ni una sola vez deben ser oídas» o «...conocidas por su nombre». Deberá entenderse que tales cosas no deben ocurrir nunca entre vosotros. Como fundamento de esta exhortación añade simplemente: «como corresponde a santos». Entre los cristianos surge una honda y viva conciencia de que el bautizado en Cristo y sellado, como una propiedad sagrada, por el Espíritu Santo, pertenece tan íntimamente a Dios en la esfera de lo sagrado, que todo lo que de profano y antidivino introduzca en esta esfera equivale a un robo divino y a una profanación del templo. En la primera carta a los Corintios se hace también referencia a los pecados de la carne y a la profanación del cuerpo humano, utilizando para ello un lenguaje bastante fuerte (lCor 6,12-20). 19

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Otra nueva trilogía añade Pablo, y parece corresponder literalmente a la anterior. Después de haber dicho: «fornicación, impureza o codicia», añade ahora: «groserías, estupideces y bufonadas». No está claro qué se entiende por «grosería»: si una conducta desarreglada o una conversación sucia; algo análogo ocurre con las expresiones siguientes. En todo caso, esta segunda trilogía debe pertenecer al ámbito de la primera, que se reanuda otra vez en el versículo siguiente (5,5): «fornicario, impuro, codicioso». De las conversaciones sucias ha hablado ya Pablo en 4,29: «Todo lo que sea palabra mala no salga de vuestra boca». Pero allí predomina la atención al prójimo, y así lo contrario de la mala conversación es la buena conversación, que aporta utilidad a los que escuchan. Aquí, por el contrario, a la conversación sucia se opone la acción de gracias: se trata, pues, de la conducta moral del individuo. Pablo parece sentir muy hondamente el abuso de los dones divinos, como son las valiosas capacidades humanas. Esto puede valer sobre todo con respecto a la lujuria y a la codicia, y se pone aquí de relieve, al tratarse de una cosa tan grave como es el abuso del lenguaje humano, que nos capacita para la pública alabanza divina, pudiendo realizar con ello su más noble y alta tarea. Verdaderamente, ¿quién hubiera imaginado poner la alabanza y la acción de gracias como reverso de las conversaciones sucias? ACCION-DEGRACIAS: Es sorprendente que aquí surja de pronto la acción de gracias. Ésta es para Pablo la postura fundamental del cristiano. Compárese el texto correspondiente de la carta a los Colosenses en que habla de esta acción de gracias: los cristianos deben estar «arraigados y sobreedificados en él (= Cristo) y asidos a la fe... prodigando la acción de gracias» (Col 2, 7). Tomemos también Col 3,15 con la exhortación ex abrupto: «y poneos a dar gracias», y tantos otros pasajes 24, y con todo esto podemos realmente decir: la acción de gracias a Dios es una actitud esencial, tan importante para el Apóstol, que, encaje o no, la urge constantemente. ...5 Pues tened esto bien entendido: ningún fornicario, impuro o codicioso, que es un idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios. 6 Nadie os engañe con palabras vanas: pues por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de la desobediencia. 7 No tengáis, pues, nada común con ellos. Aquí surge una consideración -no muy frecuente en san Pablo, como motivación moral- sobre las consecuencias, no tomadas en serio suficientemente, de una vida inmoral: la exclusión del reino y de la herencia de Dios. Del «reino de Dios» se había hablado ya en la carta a los Colosenses, cuando se decía: Dios «nos liberó del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor» (1,13). Aquí también aparece el «reino de Dios» como el ámbito de la soberanía «de su Hijo muy amado» (cf. 1,6). Pero Dios es el que nos ha «redimido» y nos ha trasladado a este reino de su Hijo, como es también Dios el que «lo puso todo debajo de sus pies» (Ef 1,22). En este sentido hay que entender el «reino de Cristo y de Dios». En este ámbito de la soberanía de Cristo, tenemos parte en el reino de Dios, ahora ya de manera inicial y fundamental, aunque todavía oculta (Col 3,3s). Pero lo que ahora está oculto y más tarde se descubrirá en gloria, no es otra cosa en definitiva sino la vida de Cristo en nosotros. De ambos anuncia Pablo que serán excluidos los pecadores. No heredarán el reino de Dios, porque ya ahora no tienen tampoco ninguna participación en él. Así es como Pablo expresa la realidad de lo que en el lenguaje de la teología (con mucha menos fuerza) se llama el «estado» o la «pérdida de la gracia santificante». «Nadie os engañe con palabras vanas: pues por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de la desobediencia». Hay, pues, otras voces, que proclaman que la lujuria y la codicia no tienen importancia. No la tiene en sí, pues se trataría simplemente de la forma como la naturaleza del hombre se desarrolla; y tampoco la tienen por las eventuales consecuencias: «Comamos y bebamos, pues mañana moriremos» (ICor 15,32). El mismo Pablo les da la razón a estas voces del mundo, «si realmente los muertos no resucitan». Las «palabras vanas» son palabras detrás de las cuales no hay ninguna realidad, sino un pensamiento que se pierde en el vacío 26. Este es el pensamiento que «el príncipe de la 20

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! potestad del aire, el espíritu que actúa ahora entre los hijos de la rebelión» (2,2), exige con todos los medios a su alcance; el espíritu, que presenta el mundo como un ser autónomo, como si fuera un fin para sí mismo, igualmente que el hombre. «Nadie os engañe», advierte el Apóstol, pues son voces de sirena, tanto más peligrosas cuanto más propenso es el hombre a aceptarlas. «...estas cosas», que el mundo toma tan a la ligera, son aquellas por las cuales «viene la ira de Dios sobre los hijos de la rebeldía». El que endereza su vida en esta direcci6n, se desvía automáticamente del reino de la luz, en cuyo ámbito salvador había entrado, para caer de nuevo en el poder de las tinieblas y sufrir consiguientemente la condena que sobre estas cosas recaerá. «No tengáis, pues, nada común con ellos»: tan grande es el peligro que los amenaza. Al mismo tiempo, esta ira de Dios no es solamente futura, sino que ya está actuando desde ahora. Pablo describe esta situación en la carta a los Romanos: «por eso Dios los ha entregado», a saber, en su propio ser y en sus concupiscencias, hasta desembocar en una esclavitud peor y más vergonzosa (cf. Rom 1,21-32). El Apóstol se está refiriendo claramente a la concepción libertaria en asuntos morales, sobre todo en lo concerniente al sexo. Se trata del libertinaje moral 27. Éste puede dar origen a una postura tanto moral como inmoral, según como se tome. Una interpretación gnóstica de lo espiritual puede llevar a considerar a la materia como algo que marcha solo e independiente: ella puede seguir el camino que quiera; lo que cuenta es el espíritu. A un resultado parecido puede llevar una falsa comprensión de la postura del Apóstol frente a la ley y a las «buenas obras». La justificación por la fe sola podría ser mal entendida así: mientras menos obras, mayor es la fe (antinomismo). Lutero experimentó las consecuencias de su paulinismo unilateral en la vida moral del pueblo creyente, y sufrió bastante por ello. ¿Qué reacción produce en nosotros la insistencia incansable con que la Iglesia, a contrapelo de la incomprensión del mundo, nos predica que la lujuria, la impureza, la codicia son cosas por las que aviene la ira de Dios sobre los hijos de la rebeldía»? ¿No tenemos la tentaci6n de echar en cara a la moral católica (moral del sexo, del matrimonio) que nos propone concepciones ya anticuadas? Habrá que recomendar a veces un desplazamiento del acento, pero lo que esta moral dice, debe permanecer intocable. La ira de Dios viene, y viene por estas cosas: «No tengáis, pues, nada común con ellos.» 8 Pues antaño erais tinieblas; mas ahora sois luz en el Señor; andad, pues, como hijos de la luz, 9 pues el fruto de la luz consiste en toda suerte de bondad y de justicia y de verdad. 10 Discernid lo que es agradable al Señor... Pocas veces amenaza Pablo con el castigo de Dios, como en el pasaje precedente; lo normal en él es que haga derivar la vida moral del cristiano del mismo ser cristiano. Así también aquí. Empieza subrayando, por medio de un tiempo pasado («erais»), que ya no son lo que eran. No solamente se ha verificado un cambio de ambiente, sino que ellos mismos, que eran tinieblas, se han convertido en luz. Ha surgido una nueva creación: «Andad, p ues, como hijos de la luz...» «Hijos de la luz» se llaman los cristianos ya en la primera de las cartas paulinas: «Todos sois hijos de la luz e hijos del día» (lTes 5,5). Este empleo de «hijos» es una expresión semítica para indicar la íntima pertenencia, y será muy útil recordar su origen: el hijo se parece al padre. Con la vida y la existencia recibe también una mentalidad y un estilo de vida. Su procedencia es visible. Lo mismo ocurre aquí. Proceder de la luz, ser luz uno mismo: esto impone una

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responsabilidad. La luz debe alumbrar, y esta iluminación consiste en todo lo que pueda llamarse «bondad» y «justicia» y «verdad». Se trata de las tres expresiones más comunes para indicar la perfección moral. Cada una de ellas bastaría ya para abarcar el conjunto. La verdad es la vida que corresponde a la realidad 28. Cuando esta realidad íntima, este ser del cristiano que lo impulsa a su propia afirmación se comprende y se realiza como voluntad de Dios, como ley, entonces lo que antes se llamaba «verdad», ahora se llama «justicia». Finalmente, la expresión «bondad» se refiere de nuevo a la rectitud, con un subrayado al amor y a la misma bondad. Y así estas tres cosas son realmente, no «frutos», sino, como expresamente se dice en nuestro texto, «el fruto» de la luz. «Discernid lo que es agradable al Señor». Se trataba del «fruto» de la luz. Pero este «fruto» tiene una peculiaridad: no crece por sí mismo en la bondad del árbol, que lo sostiene; sino, al contrario, tiene que intentar la forma de mantenerse, tiene que optar, tiene que discernir lo que es «acepto al Señor». Así pues, la medida de esta opción no es agradarse a sí mismo o a los otros, sino sólo al Señor.

TEXTO XV EL PECADO Catecismo de la Iglesia Católica
I. LA MISERICORDIA Y EL PECADO.- El Evangelio es la revelación, en Jesucristo, de la misericordia de Dios con los pecadores (cf Lc 15). El ángel anuncia a José: "Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mt 1, 21). Y en la institución de la Eucaristía, sacramento de la redención, Jesús dice: "Esta es mi sangre de la alianza, que va a ser derramada por muchos para remisión de los pecados" (Mt 26, 28). 1847.- "Dios nos ha creado sin nosotros, pero no ha querido salvarnos sin nosotros" (S. Agustín, serm. 169, 11, 13). La acogida de su misericordia exige de nosotros la confesión de nuestras faltas. "Si decimos: `no tenemos pecado', nos engañamos y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda injusticia" (1Jn 1, 8 - 9). 1848.- Como afirma S. Pablo, "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5, 20). Pero para hacer su obra, la gracia debe descubrir el pecado para convertir nuestro corazón y conferirnos "la justicia para vida eterna por Jesucristo nuestro Señor" (Rm 5, 20 - 21). Como un médico que descubre la herida antes de curarla, Dios, mediante su palabra y su espíritu, proyecta una luz viva sobre el pecado: "La conversión exige la convicción del pecado, y éste, siendo una verificación de la acción del Espíritu de la verdad en la intimidad del hombre, llega a ser al mismo tiempo el nuevo comienzo de la dádiva de la gracia y del amor: "Recibid el Espíritu Santo". Así, pues, en este "convencer en lo referente al pecado" descubrimos una "doble dádiva": el don de la verdad de la conciencia y el don de la certeza de la redención. El Espíritu de la verdad es el Paráclito" (DeV 31). 1849 II. DEFINICION DE PECADO.- El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es un faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Ha sido definido como "una palabra, un acto o un deseo contrarios a la ley eterna" (S. Agustín, Faust. 22, 27; S. Tomás de Aquino, s. th. , 1 - 2, 71, 6).

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FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! 1850.- El pecado es una ofensa a Dios: "Contra ti, contra ti solo he pecado, lo malo a tus ojos cometí" (Sal 51, 6). El pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de él nuestros corazones. Como el primer pecado, es una desobediencia, una rebelión contra Dios por el deseo de hacerse "como dioses", pretendiendo conocer y determinar el bien y el mal (Gn 3, 5). El pecado es así "amor de sí hasta el desprecio de Dios" (S. Agustín, civ. 1, 14, 28). Por esta exaltación orgullosa de sí, el pecado es diametralmente opuesto a la obediencia de Jesús que realiza la salvación (cf Flp 2, 6 - 9). 1851.- En la Pasión, la misericordia de Cristo vence al pecado. En ella, es donde éste manifiesta mejor su violencia y su multiplicidad: incredulidad, rechazo y burlas por parte de los jefes y del pueblo, debilidad de Pilato y crueldad de los soldados, traición de Judas tan dura a Jesús, negaciones de Pedro y abandono de los discípulos. Sin embargo, en la hora misma de las tinieblas y del príncipe de este mundo (cf Jn 14, 30), el sacrificio de Cristo se convierte secretamente en la fuente de la que brotará inagotable el perdón de nuestros pecados. 1852 III. DIVERSIDAD DE PECADOS.- La variedad de pecados es grande. La Escritura contiene varias listas. La carta a los Gálatas opone las obras de la carne al fruto del Espíritu: "Las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces, orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios" (5, 19 - 21; cf Rm 1, 28 32; 1Co 6, 9 - 10; Ef 5, 3 - 5; Col 3, 5 - 8; 1Tm 1, 9 - 10; 2Tm 3, 2 - 5). 1853.- Se pueden distinguir los pecados según su objeto, como en todo acto humano, o según las virtudes a las que se oponen, por exceso o por defecto, o según los mandamientos que quebrantan. Se los puede agrupar también según que se refieran a Dios, al prójimo o a sí mismo; se los puede dividir en pecados espirituales y carnales, o también en pecados de pensamiento, palabra, acción u omisión. La raíz del pecado está en el corazón del hombre, en su libre voluntad, según la enseñanza del Señor: "De dentro del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Esto es lo que hace impuro al hombre" (Mt 15, 19 - 20). En el corazón reside también la caridad, principio de las obras buenas y puras, que es herida por el pecado. 1854 IV. LA GRAVEDAD DEL PECADO: PECADO MORTAL Y VENIAL.- Conviene valorar los pecados según su gravedad. La distinción entre pecado mortal y venial, perceptible ya en la Escritura (cf 1Jn 5, 16 - 17) se ha impuesto en la tradición de la Iglesia. La experiencia de los hombres la corroboran. 1855.- El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre por una infracción grave de la ley de Dios; aparta al hombre de Dios, que es su fin último y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior. El pecado venial deja subsistir la caridad, aunque la ofende y la hiere. 1856.- El pecado mortal, que ataca en nosotros el principio vital que es la caridad, necesita una nueva iniciativa de la misericordia de Dios y una conversión del corazón que se realiza ordinariamente en el marco del sacramento de la reconciliación: "Cuando la voluntad se dirige a una cosa de suyo contraria a la caridad por la que estamos ordenados al fin último, el pecado, por su objeto mismo, tiene causa para ser mortal. . . sea contra el amor de Dios, como la blasfemia, el perjurio, etc. , o contra el amor del prójimo, como el homicidio, el adulterio, etc. . . En cambio, cuando la voluntad del pecador se dirige a veces a una cosa que contiene en sí un desorden, pero que sin embargo no es contraria al 23

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amor de Dios y del prójimo, como una palabra ociosa, una risa superflua, etc. tales pecados son veniales" (S. Tomás de Aquino, s. th. 1 - 2, 88, 2). 1857.- Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones: "Es pecado mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, además, es cometido con pleno conocimiento y deliberado consentimiento" (RP 17). 1858.- La materia grave es precisada por los Diez mandamientos según la respuesta de Jesús al joven rico: "No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre" (Mc 10, 19). La gravedad de los pecados es mayor o menor: un asesinato es más grave que un robo. La cualidad de las personas lesionadas cuenta también: la violencia ejercida contra los padres es más grave que la ejercida contra un extraño. 1859.- El pecado mortal requiere plena conciencia y entero consentimiento. Presupone el conocimiento del carácter pecaminoso del acto, de su oposición a la Ley de Dios. Implica también un consentimiento suficientemente deliberado para ser una elección personal. La ignorancia afectada y el endurecimiento del corazón (cf Mc 3, 5 - 6; Lc 16, 19 - 31) no disminuyen, sino aumentan, el carácter voluntario del pecado. 1860.- La ignorancia involuntaria puede disminuir, si no excusar, la imputabilidad de una falta grave, pero se supone que nadie ignora los principios de la ley moral que están inscritos en la conciencia de todo hombre. Los impulsos de la sensibilidad, las pasiones pueden igualmente reducir el carácter voluntario y libre de la falta, lo mismo que las presiones exteriores o los trastornos patológicos. El pecado por malicia, por elección deliberada del mal, es el más grave. 1861.- El pecado mortal es una posibilidad radical de la libertad humana contra el amor. Entraña la pérdida de la caridad y la privación de la gracia santificante, es decir, del estado de gracia. Si no es eliminado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, causa la exclusión del Reino de Cristo y la muerte eterna del infierno; de modo que nuestra libertad tiene poder de hacer elecciones para siempre, sin retorno. Sin embargo, aunque podamos juzgar que un acto es en sí una falta grave, el juicio sobre las personas debemos confiarlo a la justicia y a la misericordia de Dios. 1862.- Se comete un pecado venial cuando no se observa en una materia leve la medida prescrita por la ley moral, o cuando se desobedece a la ley moral en materia grave pero sin pleno conocimiento y sin entero consentimiento. 1863 .- El pecado venial debilita la caridad; entraña un afecto desordenado a bienes creados; impide el progreso del alma en el ejercicio de las virtudes y la práctica del bien moral; merece penas temporales. El pecado venial deliberado, que permanece sin arrepentimiento, nos dispone poco a poco a cometer el pecado mortal. No obstante, el pecado venial no rompe la Alianza con Dios. Es humanamente reparable con la gracia de Dios. "No priva de la gracia santificante, de la amistad con Dios, de la caridad, ni, por tanto, de la bienaventuranza eterna" (RP 17): El hombre, mientras permanece en la carne, no puede evitar todo pecado, al menos los pecados leves. Pero estos pecados, que llamamos leves, no los consideres poca cosa: si los tienes por tales cuando los pesas, tiembla cuando los cuentas. Muchos objetos leves hacen una gran masa; muchas gotas de agua llenan un río. Muchos granos hacen un montón. ¿Cuál es entonces nuestra esperanza? Ante todo, la confesión. . . (S. Agustín, ep. Jo. 1, 6).

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FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! 1864.- "Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada" (Mc 3, 29;Lc 12, 10). No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo (cf DeV 46). Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna. 1865 V. LA PROLIFERACION DEL PECADO.- El pecado crea una facilidad para el pecado, engendra el vicio por la repetición de actos. De ahí resultan inclinaciones desviadas que oscurecen la conciencia y corrompen la valoración concreta del bien y del mal. Así el pecado tiende a reproducirse y a reforzarse, pero no puede destruir el sentido moral hasta su raíz. 1866.- Los vicios pueden ser catalogados según las virtudes a que se oponen, o también pueden ser comprendidos en los pecados capitales que la experiencia cristiana ha distinguido siguiendo a S. Juan Casiano y a S. Gregorio Magno (mor. 31, 45). Son llamados capitales porque generan otros pecados, otros vicios. Entre ellos soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula, pereza. 1867.- La tradición catequética recuerda también que existen "pecados que claman al cielo". Claman al cielo: la sangre de Abel (cfGn 4, 10); el pecado de los Sodomitas (cf Gn 18, 20; 19, 13); el clamor del pueblo oprimido en Egipto (cf Ex 3, 7 - 10); el lamento del extranjero, de la viuda y el huérfano (cf Ex 22, 20 - 22); la injusticia para con el asalariado (cf Dt 24, 14 - 15; Jc 5, 4). 1868.- El pecado es un acto personal. Pero nosotros tenemos una responsabilidad en los pecados cometidos por otros cuando cooperamos a ellos: - participando directa y voluntariamente; - ordenándolos, aconsejándolos, alabándolos o aprobándolos; - no revelándolos o no impidiéndolos cuando se tiene obligación de hacerlo; - protegiendo a los que hacen el mal. 1869.- Así el pecado convierte a los hombres en cómplices unos de otros, hace reinar entre ellos la concupiscencia, la violencia y la injusticia. Los pecados provocan situaciones sociales e instituciones contrarias a la Bondad divina. Las "estructuras de pecado" son expresión y efecto de los pecados personales. Inducen a sus víctimas a cometer a su vez el mal. En un sentido analógico constituyen un "pecado social" (cf RP 16).

TEXTO XVI BRILLE VUESTRA LUZ DELANTE DE LOS HOMBRES
¿Alguna vez hemos escuchado que a los católicos se nos dice que deberíamos quedarnos con nuestra fe en el ámbito privado, no llevarla a la vida cotidiana y no mezclarla con los trabajos y cosas de este mundo? ¿O que debemos mantenernos al margen de las preocupaciones que se dan en el mundo? Es decir, que debemos vivir una especie de doble vida: hacia dentro podríamos si queremos vivir nuestra fe, pero hacia afuera no. Esto es algo que se ve con dramatismo en dos ejemplos concretos. Primero en la lucha a favor de la vida que la Iglesia hace por todo el mundo, en donde con falsedad, se nos dice que debemos los católicos abstenernos de dar opiniones en este ámbito porque se trata de convicciones personales que debemos guardarnos para los que las creemos y no debemos mezclarlas con la vida. Segundo, en la evangelización, donde se nos dice no pocas veces que ir a evangelizar es imponer nuestras ideas a los demás y que debemos respetar 25

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y no expandir lo que creemos. En el fondo, lo que está en juego es hacer que la fe sea una opción privada, interna, sin repercusiones en la vida diaria. Que la fe sea incoherente y silenciosa. Que la Iglesia se abstenga de tener un papel en la vida cotidiana de las personas. Que no se predique al Señor Jesús como la respuesta a toda la humanidad. Pero ¿Esto debe ser así? En el marco del sermón de la montaña, el Señor les dice a los apóstoles y a las demás personas allí reunidas, una sentencia capital: “Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5, 16). Invitación que responde a las interrogantes que hemos planteado al inicio: el cristiano, todo cristiano, desde su propio estado de vida, está llamado a vivir su fe con coherencia, en todo momento y hacer de la fe su vida. Viviéndola en el plano interior, pero también como consecuencia en el plano exterior, sin hacer de ambas realidades una división u oposición. Ahora bien, valdría la pena preguntarnos con más claridad ¿Qué es lo que significa esto que nos invita a vivir el Señor? ¿Qué consecuencias concretas tiene en nuestra vida? Revisemos rápidamente lo que dice el Señor. En primer lugar nos pide que brille una luz. Nuestra luz. Pero ¿Qué significa brillar? Y ¿De qué luz habla? La brillantez habla por sí misma de una realidad clara: algo tiene que manifestarse fuerte, abierto, claro, puro, público, notorio, y por ende marcar una diferencia. Ser una realidad que aclara las cosas, que las hace visibles, que da motivos de seguridad, alegría, que revela cosas. No es algo oculto, que pasa desapercibido, que es privado. En una oscuridad, la luz atrae a los demás y uno la busca para en ella estar seguro. Una luz, además, no puede ocultare, pues está hecha para ser visible y notoria, y así lo que expresa el Señor unos versículos antes: “Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad situada en la cima de un monte. Ni tampoco se enciende una lámpara y la ponen debajo del celemín, sino sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en la casa” (Mt 5, 14-15). Y en cuanto a la luz ¿De qué luz habla Jesús? La respuesta la hallamos en otro momento de la predicación del Señor:“Jesús les habló otra vez diciendo: "Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12). Esto implica un presupuesto, el poder hacer que el Señor sea nuestro centro, que vivamos con Él, por Él y en Él y sea a Él que transmitamos. Pero como sabemos, nadie da lo que no tiene, y para poder vivir aquello que San Pablo nos invita, “no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20), necesitamos trabajar en ser del Señor, tanto en nuestra vida interior como en nuestra vida exterior. Es lo que llamamos conformación con el Señor Jesús, pues esa brillantez, que no es otra que el apostolado, no nace de nosotros mismos que por nuestra cuenta no tenemos luz propia, sino que nace de la brillantez del Señor que estará en nosotros, pues “nadie da lo que no tiene”. En segundo lugar, lo que el Señor nos pide es que seamos totalmente de Él, de manera coherente y visible. El que es de Cristo lo es siempre, tanto en lo interior como en lo exterior. Tanto en lo que nadie ve, en lo privado, como en lo público. Por eso dice que esta luz brille “delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras”. El cristiano pues, contrario a lo que el mundo pretende, es un hombre íntegro, coherente, que está feliz de su vida de fe, y que no puede dejar de manifestarla, pues su fe y su vida son una sola cosa. Dejar de comportarte como cristiano, es traicionar lo que crees, traicionarte a sí mismo y traicionar al Señor. Por eso San Pablo podía decir con respecto al apostolado, “predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!” (1Cor 9, 16). Todo esto nos lleva a una reflexión 26

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! importante en nuestra espiritualidad. La vida interior será aquí clave, pues nadie dará lo que no tiene; pero a la vez la vida activa, el despliegue en medio de la vida cotidiana es fundamental, pues manifiesta y a la vez enriquece nuestra fe. Esta unidad es la que desde nuestra espiritualidad llamamos espiritualidad de la vida activa y que tiene un lema que trata de sintetizar lo que se busca:“Oración para la vida y apostolado; vida y apostolado hechos oración”. No estamos llamados solo a pensar en el Señor, a amarlo de corazón, sino a manifestar todo ello y a la vez enriquecerlo con nuestras obras, pues como dice Santiago: “¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: "Tengo fe", si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe?... la fe, si no tiene obras, está realmente muerta… Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe“ (Stgo 2, 14.17.18). En tercer y último lugar, el Señor revela una grandeza hermosa: las altísimas posibilidades que el ser humano tiene. Que por nuestras buenas obras, los hombres “glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. Siguiendo aquello de Gaudium et spes 22, sabemos que Cristo revela al hombre quién es y su altísima vocación. Pues bien, el Señor nos muestra cuán buenos podemos ser, cuán buenas pueden ser nuestras obras y cómo con ellas podemos reflejar al Dios, que como decía San Agustín, “es más íntimo que yo mismo”. Nos muestra el Señor cómo somos capaces de reflejar la imagen y semejanza con la cual fuimos creados, como podemos tener una relación fortísima con Dios y, siendo sus hijos, vivir auténticamente nuestra humanidad. El Señor Jesús y la vida de fe que nos invita a vivir, como decía el Papa Benedicto XVI, “no quita nada y lo da todo”. Somos capaces, por ser hijos de Dios, de transmitirlo, de reflejarlo, de llevarlo dentro, y de vivir aquello que citábamos de San Pablo: “Vivo yo, pero no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”. De conformarnos con el Señor y mostrarlo a los hombres. Y aquí, es el mismo Señor que nos da una clave: la obediencia a los planes de Dios. Y es que allí podremos nosotros encontrar el camino para esta conformación, para luchar contra el pecado y para estar con el Señor, y poder así glorificarlo con nuestra vida y obras. Así lo expresa el mismo Señor: “Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar” (Jn 17, 4). Por eso el Papa Juan Pablo II afirmaba con fuerza, “vale la pena ser hombre, porque Tú te has hecho hombre”. Volvamos entonces a los cuestionamientos iniciales ¿Estamos los cristianos limitados a vivir nuestra fe en el ámbito privado y a escondernos, siendo incoherentes con lo que creemos y amamos? La respuesta es clara: de ninguna manera. Más bien todo lo contrario. El auténtico cristiano es el que siempre es de Cristo, siempre es coherente y no puede ni quiere callar, sino que quiere ser esa luz del Señor en todos los momentos de su vida y en todos los ámbitos de su existencia. Sin embargo ¿Esto es sólo para algunos cristianos? ¿El Señor se lo dice solo a algunos? ¿No será que se trata de un mandato sólo para los Apóstoles? La respuesta la tenemos al inicio del relato del sermón del monte que comienza así: “Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron” (Mt 5, 1). Somos pues todos los cristianos, cada uno desde su vocación, llamados al apostolado, a manifestar nuestra fe y vivirla en la vida pública y, siendo de Cristo, ser luz del mundo. Como nos mandó el Señor, estamos llamados a evangelizar el mundo entero: “Id pues y haced discípulos de todas las gentes…y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado” (Mt 28, 19). Por eso, nada de lo humano nos es ajeno. Santa María, Nuestra Señora de la Reconciliación, es un hermoso paradigma de ello, en especial cuando va a visitar a su prima Santa Isabel a servirla, y sobre todo, a portarle al Reconciliador: “En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!"” (Lc 1, 39.45). María es pues el Arca portadora de la Nueva Alianza, de Jesucristo; 27

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Ella que es toda del Señor, es modelo de llevar la luz en su interior y proclamarla a todo el mundo, no con luz propia, sino con la luz del Señor. Y así, es la Bella Luna que refleja al Sol de Justicia en medio de nuestro mundo. Ella es pues la que porta la luz del Señor y con sus buenas obras, glorifica a Dios de una manera hermosa. Es nuestro modelo de vida cristiana.

Fuente: http://www.caminohaciadios.com/chd/175.html

TEXTO XVII EVANGELIUM VITAE
Vivid como hijos de la luz» (Ef. 5, 8): para realizar un cambio cultural 95.«Vivid como hijos de la luz... Examinad qué es lo que agrada al Señor, y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas» (Ef 5, 8. 10-11). En el contexto social actual, marcado por una lucha dramática entre la «cultura de la vida» y la «cultura de la muerte», debe madurar un fuerte sentido crítico, capaz de discernir los verdaderos valores y las auténticas exigencias. Es urgente una movilización general de las conciencias y un común esfuerzo ético, para poner en práctica una gran estrategia en favor de la vida. Todos juntos debemos construir una nueva cultura de la vida: nueva, para que sea capaz de afrontar y resolver los problemas propios de hoy sobre la vida del hombre; nueva, para que sea asumida con una convicción más firme y activa por todos los cristianos; nueva, para que pueda suscitar un encuentro cultural serio y valiente con todos. La urgencia de este cambio cultural está relacionada con la situación histórica que estamos atravesando, pero tiene su raíz en la misma misión evangelizadora, propia de la Iglesia. En efecto, el Evangelio pretende «transformar desde dentro, renovar la misma humanidad»; es como la levadura que fermenta toda la masa (cf. Mt 13, 33) y, como tal, está destinado a impregnar todas las culturas y a animarlas desde dentro, para que expresen la verdad plena sobre el hombre y sobre su vida. Se debe comenzar por la renovación de la cultura de la vida dentro de las mismas comunidades cristianas. Muy a menudo los creyentes, incluso quienes participan activamente en la vida eclesial, caen en una especie de separación entre la fe cristiana y sus exigencias éticas con respecto a la vida, llegando así al subjetivismo moral y a ciertos comportamientos inaceptables. Ante esto debemos preguntarnos, con gran lucidez y valentía, qué cultura de la vida se difunde hoy entre los cristianos, las familias, los grupos y las comunidades de nuestras Diócesis. Con la misma claridad y decisión, debemos determinar qué pasos hemos de dar para servir a la vida según la plenitud de su verdad. Al mismo tiempo, debemos promover un diálogo serio y profundo con todos, incluidos los no creyentes, sobre los problemas fundamentales de la vida humana, tanto en los lugares de elaboración del pensamiento, como en los diversos ámbitos profesionales y allí donde se desenvuelve cotidianamente la existencia de cada uno. 96. El primer paso fundamental para realizar este cambio cultural consiste en la formación de la conciencia moral sobre el valor inconmensurable e inviolable de toda vida humana. Es de suma importancia redescubrir el nexo inseparable entre vida y libertad. Son bienes inseparables: donde se viola uno, el otro acaba también por ser violado. No hay libertad verdadera donde no se acoge y ama la vida; y no hay vida plena sino en la libertad. Ambas realidades guardan además una relación innata y peculiar, que las vincula indisolublemente: la vocación al amor. Este amor, como don sincero de sí, es el sentido más verdadero de la vida y de la libertad de la persona. No menos decisivo en la formación de la conciencia es el descubrimiento del vínculo constitutivo entre la libertad y la verdad. Como he repetido otras veces, separar la libertad de la verdad objetiva hace imposible fundamentar los derechos de la persona sobre una

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FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! sólida base racional y pone las premisas para que se afirme en la sociedad el arbitrio ingobernable de los individuos y el totalitarismo del poder público causante de la muerte. Es esencial pues que el hombre reconozca la evidencia original de su condición de criatura, que recibe de Dios el ser y la vida como don y tarea. Sólo admitiendo esta dependencia innata en su ser, el hombre puede desarrollar plenamente su libertad y su vida y, al mismo tiempo, respetar en profundidad la vida y libertad de las demás personas. Aquí se manifiesta ante todo que «el punto central de toda cultura lo ocupa la actitud que el hombre asume ante el misterio más grande: el misterio de Dios». Cuando se niega a Dios y se vive como si no existiera, o no se toman en cuenta sus mandamientos, se acaba fácilmente por negar o comprometer también la dignidad de la persona humana y el carácter inviolable de su vida. 97. A la formación de la conciencia está vinculada estrechamente la labor educativa, que ayuda al hombre a ser cada vez más hombre, lo introduce siempre más profundamente en la verdad, lo orienta hacia un respeto creciente por la vida, lo forma en las justas relaciones entre las personas. En particular, es necesario educar en el valor de la vida comenzando por sus mismas raíces. Es una ilusión pensar que se puede construir una verdadera cultura de la vida humana, si no se ayuda a los jóvenes a comprender y vivir la sexualidad, el amor y toda la existencia según su verdadero significado y en su íntima correlación. La sexualidad, riqueza de toda la persona,«manifiesta su significado íntimo al llevar a la persona hacia el don de sí misma en el amor». La banalización de la sexualidad es uno de los factores principales que están en la raíz del desprecio por la vida naciente: sólo un amor verdadero sabe custodiar la vida. Por tanto, no se nos puede eximir de ofrecer sobre todo a los adolescentes y a los jóvenes la auténtica educación de la sexualidad y del amor, una educación que implica la formación de la castidad, como virtud que favorece la madurez de la persona y la capacita para respetar el significado «esponsal» del cuerpo. La labor de educación para la vida requiere la formación de los esposos para la procreación responsable. Esta exige, en su verdadero significado, que los esposos sean dóciles a la llamada del Señor y actúen como fieles intérpretes de su designio: esto se realiza abriendo generosamente la familia a nuevas vidas y, en todo caso, permaneciendo en actitud de apertura y servicio a la vida incluso cuando, por motivos serios y respetando la ley moral, los esposos optan por evitar temporalmente o a tiempo indeterminado un nuevo nacimiento. La ley moral les obliga de todos modos a encauzar las tendencias del instinto y de las pasiones y a respetar las leyes biológicas inscritas en sus personas. Precisamente este respeto legitima, al servicio de la responsabilidad en la procreación, el recurso a los métodos naturales de regulación de la fertilidad: éstos han sido precisados cada vez mejor desde el punto de vista científico y ofrecen posibilidades concretas para adoptar decisiones en armonía con los valores morales. Una consideración honesta de los resultados alcanzados debería eliminar prejuicios todavía muy difundidos y convencer a los esposos, y también a los agentes sanitarios y sociales, de la importancia de una adecuada formación al respecto. La Iglesia está agradecida a quienes con sacrificio personal y dedicación con frecuencia ignorada trabajan en la investigación y difusión de estos métodos, promoviendo al mismo tiempo una educación en los valores morales que su uso supone. La labor educativa debe tener en cuenta también el sufrimiento y la muerte. En realidad forman parte de la experiencia humana, y es vano, además de equivocado, tratar de ocultarlos o descartarlos. Al contrario, se debe ayudar a cada uno a comprender, en la realidad concreta y difícil, su misterio profundo. El dolor y el sufrimiento tienen también un sentido y un valor, cuando se viven en estrecha relación con el amor recibido y entregado. En este sentido he querido que se celebre cada año la Jornada Mundial del Enfermo, destacando «el carácter salvífico del ofrecimiento del sacrificio que, vivido en comunión con Cristo, pertenece a la esencia misma de la redención». Por otra parte, incluso la muerte es algo más que una aventura sin esperanza: es la puerta de la existencia 29

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que se proyecta hacia la eternidad y, para quienes la viven en Cristo, es experiencia de participación en su misterio de muerte y resurrección. 98. En síntesis, podemos decir que el cambio cultural deseado aquí exige a todos el valor de asumir un nuevo estilo de vida que se manifieste en poner como fundamento de las decisiones concretas -a nivel personal, familiar, social e internacional- la justa escala de valores: la primacía del ser sobre el tener, de la persona sobre las cosas. Este nuevo estilo de vida implica también pasar de la indiferencia al interés por el otro y del rechazo a su acogida: los demás no son contrincantes de quienes hay que defenderse, sino hermanos y hermanas con quienes se ha de ser solidarios; hay que amarlos por sí mismos; nos enriquecen con su misma presencia. En la movilización por una nueva cultura de la vida nadie se debe sentir excluido: todos tienen un papel importante que desempeñar. La misión de los profesores y de los educadores es, junto con la de las familias, particularmente importante. De ellos dependerá mucho que los jóvenes, formados en una auténtica libertad, sepan custodiar interiormente y difundir a su alrededor ideales verdaderos de vida, y que sepan crecer en el respeto y servicio a cada persona, en la familia y en la sociedad. También los intelectuales pueden hacer mucho en la construcción de una nueva cultura de la vida humana. Una tarea particular corresponde a los intelectuales católicos, llamados a estar presentes activamente en los círculos privilegiados de elaboración cultural, en el mundo de la escuela y de la universidad, en los ambientes de investigación científica y técnica, en los puntos de creación artística y de la reflexión humanística. Alimentando su ingenio y su acción en las claras fuentes del Evangelio, deben entregarse al servicio de una nueva cultura de la vida con aportaciones serias, documentadas, capaces de ganarse por su valor el respeto e interés de todos. Precisamente en esta perspectiva he instituido la Pontificia Academia para la Vida con el fin de «estudiar, informar y formar en lo que atañe a las principales cuestiones de biomedicina y derecho, relativas a la promoción y a la defensa de la vida, sobre todo en las que guardan mayor relación con la moral cristiana y las directrices del Magisterio de la Iglesia». Una aportación específica deben dar también las Universidades, particularmente las católicas, y los Centros, Institutos y Comités de bioética. Grande y grave es la responsabilidad de los responsables de los medios de comunicación social llamados a trabajar para que la transmisión eficaz de los mensajes contribuya a la cultura de la vida. Deben, por tanto, presentar ejemplos de vida elevados y nobles, dando espacio a testimonios positivos y a veces heroicos de amor al hombre; proponiendo con gran respeto los valores de la sexualidad y del amor, sin enmascarar lo que deshonra y envilece la dignidad del hombre. En la lectura de la realidad, deben negarse a poner de relieve lo que pueda insinuar o acrecentar sentimientos o actitudes de indiferencia, desprecio o rechazo ante la vida. En la escrupulosa fidelidad a la verdad de los hechos, están llamados a conjugar al mismo tiempo la libertad de información, el respeto a cada persona y un sentido profundo de humanidad. 99. En el cambio cultural en favor de la vida las mujeres tienen un campo de pensamiento y de acción singular y sin duda determinante: les corresponde ser promotoras de un «nuevo feminismo» que, sin caer en la tentación de seguir modelos «machistas», sepa reconocer y expresar el verdadero espíritu femenino en todas las manifestaciones de la convivencia ciudadana, trabajando por la superación de toda forma de discriminación, de violencia y de explotación. Recordando las palabras del mensaje conclusivo del Concilio Vaticano II, dirijo también yo a las mujeres una llamada apremiante: «Reconciliad a los hombres con la vida». Vosotras estáis llamadas a testimoniar el significado del amor auténtico, de aquel don de uno mismo y de la acogida del otro que se realizan de modo específico en la relación conyugal, pero que deben ser el alma de cualquier relación interpersonal. La experiencia de la maternidad favorece en vosotras una aguda sensibilidad hacia las demás personas y, al mismo tiempo, os confiere una misión particular: «La maternidad conlleva una 30

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! comunión especial con el misterio de la vida que madura en el seno de la mujer... Este modo único de contacto con el nuevo hombre que se está formando crea a su vez una actitud hacia el hombre -no sólo hacia el propio hijo, sino hacia el hombre en general-, que caracteriza profundamente toda la personalidad de la mujer». En efecto, la madre acoge y lleva consigo a otro ser, le permite crecer en su seno, le ofrece el espacio necesario, respetándolo en su alteridad. Así, la mujer percibe y enseña que las relaciones humanas son auténticas si se abren a la acogida de la otra persona, reconocida y amada por la dignidad que tiene por el hecho de ser persona y no de otros factores, como la utilidad, la fuerza, la inteligencia, la belleza o la salud. Esta es la aportación fundamental que la Iglesia y la humanidad esperan de las mujeres. Y es la premisa insustituible para un auténtico cambio cultural. Una reflexión especial quisiera tener para vosotras, mujeres que habéis recurrido al aborto. La Iglesia sabe cuántos condicionamientos pueden haber influido en vuestra decisión, y no duda de que en muchos casos se ha tratado de una decisión dolorosa e incluso dramática. Probablemente la herida aún no ha cicatrizado en vuestro interior. Es verdad que lo sucedido fue y sigue siendo profundamente injusto. Sin embargo, no os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza. Antes bien, comprended lo ocurrido e interpretadlo en su verdad. Si aún no lo habéis hecho, abríos con humildad y confianza al arrepentimiento: el Padre de toda misericordia os espera para ofreceros su perdón y su paz en el sacramento de la Reconciliación. Os daréis cuenta de que nada está perdido y podréis pedir perdón también a vuestro hijo que ahora vive en el Señor. Ayudadas por el consejo y la cercanía de personas amigas y competentes, podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más elocuentes del derecho de todos a la vida. Por medio de vuestro compromiso por la vida, coronado eventualmente con el nacimiento de nuevas criaturas y expresado con la acogida y la atención hacia quien está más necesitado de cercanía, seréis artífices de un nuevo modo de mirar la vida del hombre. 100. En este gran esfuerzo por una nueva cultura de la vida estamos sostenidos y animados por la confianza de quien sabe que el Evangelio de la vida, como el Reino de Dios, crece y produce frutos abundantes (cf. Mc 4, 2629). Es ciertamente enorme la desproporción que existe entre los medios, numerosos y potentes, con que cuentan quienes trabajan al servicio de la «cultura de la muerte» y los de que disponen los promotores de una «cultura de la vida y del amor». Pero nosotros sabemos que podemos confiar en la ayuda de Dios, para quien nada es imposible (cf. Mt 19, 26). Con esta profunda certeza, y movido por la firme solicitud por cada hombre y mujer, repito hoy a todos cuanto he dicho a las familias comprometidas en sus difíciles tareas en medio de las insidias que las amenazan: es urgente una gran oración por la vida, que abarque al mundo entero. Que desde cada comunidad cristiana, desde cada grupo o asociación, desde cada familia y desde el corazón de cada creyente, con iniciativas extraordinarias y con la oración habitual, se eleve una súplica apasionada a Dios, Creador y amante de la vida. Jesús mismo nos ha mostrado con su ejemplo que la oración y el ayuno son las armas principales y más eficaces contra las fuerzas del mal (cf. Mt 4, 1-11) y ha enseñado a sus discípulos que algunos demonios sólo se expulsan de este modo (cf. Mc 9, 29). Por tanto, tengamos la humildad y la valentía de orar y ayunar para conseguir que la fuerza que viene de lo alto haga caer los muros del engaño y de la mentira, que esconden a los ojos de tantos hermanos y hermanas nuestros la naturaleza perversa de comportamientos y de leyes hostiles a la vida, y abra sus corazones a propósitos e intenciones inspirados en la civilización de la vida y del amor. 31

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TEXTO XVIII EL BAUTISMO Homilía de Juan Pablo II, 23 de agosto de 1997
Queridos jóvenes, ¿sabéis lo que hace en vosotros el sacramento del bautismo? Dios os reconoce como hijos suyos y transforma vuestra existencia en una historia de amor con él. Os conforma con Cristo, para que podáis realizar vuestra vocación personal. Ha venido para establecer una alianza con vosotros y os ofrece su paz. Vivid desde ahora como hijos de la luz, que se saben reconciliados por la cruz del Salvador. El bautismo, «misterio y esperanza del mundo que vendrá» (san Cirilo de Jerusalén, Procatequesis 10, 12), es el más bello de los dones de Dios, pues nos invita a convertirnos en discípulos del Señor. Nos hace entrar en la intimidad con Dios, en la vida trinitaria, desde hoy y por toda la eternidad. Es una gracia que se da al pecador, que nos purifica del pecado y nos abre un futuro nuevo. Es un baño que lava y regenera. Es una unción que nos conforma con Cristo, sacerdote, profeta y rey. Es una iluminación, que esclarece y da pleno significado a nuestro camino. Es un vestido de fortaleza y de perfección. Revestidos de blanco el día de nuestro bautismo, como lo seremos en el último día, estamos llamados a conservar cada día su esplendor y a recuperarlo por medio del perdón, la oración y la vida cristiana. El bautismo es el signo de que Dios se ha unido con nosotros en nuestro caminar, que embellece nuestra existencia y transforma nuestra historia en una historia sagrada. Habéis sido llamados, elegidos por Cristo para vivir en la libertad de los hijos de Dios y habéis sido también confirmados en vuestra vocación bautismal y habitados por el Espíritu Santo para anunciar el Evangelio a lo largo de toda vuestra vida. Al recibir el sacramento de la confirmación os comprometéis con todas vuestras fuerzas a hacer crecer pacientemente el don recibido por medio de la recepción de los sacramentos, en particular de la Eucaristía y de la penitencia, que conservan en nosotros la vida bautismal. Bautizados, dais testimonio de Cristo por vuestro esfuerzo de una vida recta y fiel al Señor, que se ha de mantener con una lucha espiritual y moral. La fe y el obrar moral van unidos. En efecto, el don recibido nos lleva a una conversión permanente para imitar a Cristo y corresponder a la promesa divina. La palabra de Dios transforma la existencia de los que la acogen, pues es la regla de la fe y de la acción. En su existencia, para respetar los valores esenciales, los cristianos experimentan también el sufrimiento que pueden exigir las opciones morales opuestas a los comportamientos del mundo y, a veces, incluso de modo heroico. Pero la vida feliz con el Señor tiene ese precio. Queridos jóvenes, vuestro testimonio tiene ese precio. Confío en vuestro valor y en vuestra fidelidad. En medio de vuestros hermanos tenéis que vivir como cristianos. Por el bautismo Dios nos da una madre, la Iglesia, con la que crecemos espiritualmente para avanzar por el camino de la santidad. Este sacramento nos integra en un pueblo, nos hace partícipes de la vida eclesial y nos da hermanos y hermanas que amar, para ser «uno en Cristo Jesús» (Ga 3, 28). En la Iglesia no hay ya fronteras; somos un único pueblo solidario, compuesto por múltiples grupos con culturas, sensibilidades y modos de acción diversos, en comunión con los obispos, pastores del rebaño. Esta unidad es un signo de riqueza y vitalidad. Que 32

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! dentro de la diversidad vuestra primera preocupación sea la unidad y la cohesión fraterna, que permitan el desarrollo personal de modo sereno y el crecimiento del cuerpo entero. Con todo, el bautismo y la confirmación no alejan del mundo, pues compartimos los gozos y las esperanzas de los hombres de hoy y aportamos nuestra contribución a la comunidad humana en la vida social y en todos los campos técnicos y científicos. Gracias a Cristo estamos cerca de todos nuestros hermanos y somos llamados a manifestar la alegría profunda que se tiene al vivir con él. El Señor nos llama a cumplir nuestra misión donde estamos, pues «el lugar que Dios nos ha señalado es tan hermoso, que no nos está permitido desertar de él» (cf. Carta a Diogneto, VI, 10). Independientemente de lo que hagamos, nuestra vida es para el Señor; en él está nuestra esperanza y nuestro título de gloria. En la Iglesia la presencia de los jóvenes, de los catecúmenos y de los nuevos bautizados es una riqueza y una fuente de vitalidad para toda la comunidad cristiana, llamada a dar cuenta de su fe y a testimoniarla hasta los confines de la tierra. Un día, en Cafarnaúm, cuando muchos discípulos abandonaban a Jesús, Pedro respondió a la pregunta de Jesús: «¿También vosotros queréis marcharos?», diciéndole: «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 67-68). En esta Jornada de la juventud en París, una de las capitales del mundo contemporáneo, el Sucesor de Pedro acaba de repetiros que estas palabras del Apóstol deben ser el faro que os ilumine a todos en vuestro camino. «Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna» (Jn 6, 68). Más aún: no sólo nos hablas de la vida eterna. Tú mismo eres la vida eterna. Verdaderamente, tú eres «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6). Queridos jóvenes, por la unción bautismal os habéis convertido en miembros del pueblo santo. Por la unción de la confirmación participáis plenamente en la misión eclesial. La Iglesia, de la que sois parte, tiene confianza en vosotros y cuenta con vosotros. Que vuestra vida cristiana sea un «acostumbrarse» progresivo a la vida con Dios, según la hermosa expresión de san Ireneo, para que seáis misioneros del Evangelio.

TEXTO XIX SUMA TEOLÓGICA Santo Tomás de Aquino
Artículo 2: ¿Debe el exorcismo preceder al bautismo?
Objeciones por las que parece que el exorcismo no debe preceder al bautismo. 1. El exorcismo está prescrito contra los energúmenos, o sea, contra los posesos. Pero no todos los bautizandos son eso. Luego el exorcismo no debe preceder al bautismo. 2. Todo el tiempo que el hombre permanece en pecado, el diablo tiene poder sobre él, como se dice en Jn 8,34: El que peca se hace esclavo del pecado. Pero el pecado se borra con el bautismo. Luego antes del bautismo no han de ser exorcizados los hombres. 3. El agua bendita fue introducida para frenar el poder de los demonios. Luego no era necesario aplicar para este fin otro remedio con los exorcismos. Contra esto: dice el papa Celestino: Tanto los niños como los jóvenes que vienen al sacramento de la regeneración, no deben acercarse a la fuente de la vida antes que los exorcismos y las exudaciones de los clérigos hayan arrojado de ellos al espíritu inmundo. Respondo: Todo el que se propone hacer sabiamente una cosa, quita primero los impedimentos de su acción, por lo que se dice en Jer 4,3: Cultivad el barbecho, y no sembréis entre cardos. Ahora bien, el diablo es enemigo de la salvación que el hombre alcanza por el bautismo, y tiene un cierto poder sobre el hombre por el mismo hecho de que éste se encuentra bajo el pecado original y también el personal. Por eso es conveniente que antes del bautismo se expulsen los demonios con el exorcismo, para que 33

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no impidan la salvación de los hombres. Esta expulsión está significada en la exudación. Y la bendición, que tiene lugar con la imposición de manos, cierra al expulsado la vía de retorno. La sal que se le pone en la boca y la unción con saliva en narices y oídos significan: la recepción de la doctrina de la fe para los oídos, la aprobación para las narices, y la confesión para la boca. La unción con el óleo significa la capacitación del hombre para luchar contra el demonio. A las objeciones: 1. Energúmenos equivale a interiormente activos, movidos por la influencia externa del diablo. Y aunque no todos los que se acercan al bautismo estén corporalmente atormentados por él, todos los no bautizados, sin embargo, están sometidos a su poder, aunque no sea más que como una consecuencia del pecado original. 2. La ablución bautismal sustrae el poder que el demonio tiene sobre el hombre para impedirle alcanzar la gloria. Pero los exorcismos sustraen el poder que el demonio tiene para impedir que el hombre reciba el sacramento. 3. El agua bendita sirve contra los asaltos externos del demonio. Mientras que el exorcismo se destina contra los asaltos internos. De ahí que se denominenenergúmenos, o sea, como interiormente activos, a los que son exorcizados. También podría decirse que, como el segundo remedio contra el pecado lo constituye la penitencia, ya que el bautismo no se puede repetir, así el segundo remedio contra las asechanzas del demonio lo constituye el agua bendita, ya que los exorcismos bautismales tampoco se pueden repetir.

TEXTO XX SUMA TEOLÓGICA Santo Tomás de Aquino
Artículo 3: Los ritos del exorcismo, ¿producen algo o solamente significan?
Objeciones por las que parece que los ritos del exorcismo no producen nada y solamente significan. 1. Si un niño muere después del exorcismo y antes del bautismo, no se salva. Ahora bien, el efecto pretendido en los ritos sacramentales es que el hombre consiga la salvación, por lo que en Mc 16,16 se dice: El que creyere y se bautizare se salvará. Luego los ritos del exorcismo no producen nada, y solamente significan. 2. Como ya se ha dicho más arriba (q.62 a.1), para que una cosa se constituya en sacramento de la nueva ley solamente se requiere que sea signo y causa. Luego, si los ritos practicados en el exorcismo producen algo, cada uno de ellos será un sacramento. 3. Como el exorcismo es una disposición para el bautismo, así un posible efecto del exorcismo dispondrá también para el efecto del bautismo. Ahora bien, la disposición precede necesariamente a la perfección de la forma, ya que la forma perfecta no se recibe más que en la materia dispuesta. Pero esto quiere decir que nadie podría conseguir el efecto del bautismo si previamente no ha recibido el exorcismo, lo que manifiestamente es falso. Luego los ritos del exorcismo no producen efecto alguno. 4. De la misma manera que los ritos del exorcismo son anteriores al bautismo, hay otros ritos que son posteriores a él, como la unción que el sacerdote hace al bautizado en la coronilla. Ahora bien, estos ritos posbautismales no parece que tengan eficacia alguna, ya que, de ser así, el efecto del bautismo no sería perfecto. Luego tampoco los ritos prebautismales del exorcismo.

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FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! Contra esto: dice San Agustín en su libro De Symbolo: Los niños son exuflados y exorcizados para que el poder hostil del demonio, que engañó al hombre, sea arrojado fuera de ellos. Ahora bien, la Iglesia no hace cosas sin sentido. Luego estas exufiaciones contribuyen a arrojar el poder del demonio. Respondo: Algunos han dicho que los ritos del exorcismo no producen nada y que son sólo signos. Pero esto es manifiestamente falso, porque, en los exorcismos, la Iglesia emplea la forma imperativa del verbo para arrojar fuera la potestad del demonio, como cuando dice: Luego, maldito diablo, sal de él. Por eso, tenemos que afirmar que producen algún efecto, aunque de diverso modo que el bautismo. Porque el bautismo otorga al hombre la gracia con la plena remisión de las culpas. Mientras que los ritos del exorcismo eliminan los dos obstáculos que impiden recibir la gracia salvífica. El primero es un obstáculo extrínseco, constituido por los intentos que hacen los demonios para impedir la salvación del hombre. Pues bien, este obstáculo se elimina por las exudaciones, que, como consta en el texto citado de San Agustín, reprimen el poder del demonio para que no impida recibir el sacramento. Permanece, no obstante, en el hombre el poder del demonio por la mancha del pecado y la deuda de la pena hasta que el pecado sea borrado en el bautismo. De acuerdo con esto, dice San Cipriano: Has de saber que la maldad del demonio puede resistir hasta el momento de recibir el agua salvífica, pero en el bautismo perderá todo poder de dañar. El otro, sin embargo, es un obstáculo intrínseco, y consiste en que el hombre, debido a la enfermedad del pecado original, tiene los sentidos embotados para percibir los misterios de la salvación. Por lo que Rábano Mauro, en De Institutione Clericorum, dice que con la saliva simbólica y el tacto de los sacerdotes, la sabiduría y el poder divinos operan la salvación en los catecúmenos, de tal manera que se abran sus narices para percibir el perfume del conocimiento de Dios, sus oídos para oír los preceptos divinos y sus sentidos más íntimos para responder. A las objeciones: 1. Los ritos del exorcismo no borran la culpa por la que el hombre es castigado después de la muerte, sino que solamente apartan los impedimentos para recibir, mediante el sacramento, la remisión de la culpa. Por eso, el exorcismo sin el bautismo no tiene valor después de la muerte. Prepositino, no obstante, dice que los niños exorcizados y muertos sin el bautismo padecerán unas tinieblas menores. Pero esto no parece que pueda ser verdad, porque las tinieblas a que hace alusión son la carencia de la visión divina, que no admite más y menos. 2. Lo propio del sacramento es conferir el efecto principal, que es la gracia remisiva de la culpa o supletiva de algún defecto del hombre. Los ritos del exorcismo no producen este efecto, sino que solamente quitan los impedimentos para que se produzca. Luego no son sacramentos, sino sacramentales. 3. La disposición suficiente para recibir la gracia bautismal es la fe y la intención: propia, si el que se bautiza es un adulto; o de la Iglesia, si el que se bautiza es un niño. Pero los ritos del exorcismo se dirigen a remover los impedimentos. Luego sin ellos se puede conseguir el efecto del bautismo. Sin embargo, no se deben omitir, si no es en caso de necesidad. Pero, una vez que ha pasado el peligro, se deben suplir para guardar la uniformidad en el bautismo. Y no se crea que esta suplencia es inútil, porque de la misma manera que se puede impedir el efecto del bautismo antes de recibirlo, también se puede impedir después de haberlo recibido. 4. Hay ritos posbautismales realizados en el bautismo que no solamente significan, sino que también producen. Es el caso, por ej., de la unción en la coronilla, que produce la conservación de la gracia bautismal. Otros ritos, sin embargo, no producen nada y solamente significan, como, por ej., el vestido blanco dado al bautizado para significar la nueva vida.

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III DOMINGO DE CUARESMA FORMA EXTRAORDINARIA [SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA] DEL RITO ROMANO

Suma teológica - Parte IIIa - Cuestión 44 Sobre las clases de milagros en particular
Artículo 1: ¿Fueron convenientes los milagros que Cristo realizó sobre las sustancias espirituales? Objeciones por las que parece que no fueron convenientes los milagros realizados por Cristo sobre las sustancias espirituales. 1. Entre las sustancias espirituales, los santos ángeles tienen una perfección superior a los demonios, porque, como dice Agustín en III De Trin., los espíritus de vida racional desertores y pecadores son regidos por los espíritus de vida racional piadosos y justos. Pero no leemos que Cristo haya hecho milagro alguno sobre los ángeles buenos. Luego tampoco debió hacerlos sobre los demonios. 2. Los milagros de Cristo se ordenaban a manifestar su divinidad. Ahora bien, la divinidad de Cristo no debía ser manifestada a los demonios, porque eso hubiera impedido el misterio de su pasión, conforme a lo que se dice en 1 Cor 2,8: De haberlo sabido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Luego no debió hacer milagro alguno sobre los demonios. 3. Los milagros de Cristo se ordenaban a la gloria de Dios; por lo cual se dice en Mt 9,8 que, al ver las turbas al paralítico curado por Cristo, temieron y glorificaron a Dios, que dio tal poder a los hombres. Pero a los demonios no les pertenece glorificar a Dios, porque, como se dice en Eclo 15,9, la alabanza no está bien en labios del pecador. Por esto también se lee en Mc 1,34 y en Lc 4,41: No dejaba hablar a los demonios en lo que tocaba a su gloria. Luego parece no haber sido conveniente que hiciese milagros sobre los demonios. 4. Los milagros hechos por Cristo se ordenaban a la salud de los hombres. Pero algunos demonios fueron arrojados de los hombres con daño de éstos. Unas veces con detrimento corporal, como se narra en Mc 9,24-25, pues el demonio, al mandato de Cristo, dando gritos y agitándole con violencia, salió del hombre, quedando éste como muerto, hasta el extremo de decir muchos que estaba muerto. Otras veces, con daño de los bienes materiales, como cuando, a petición de los propios demonios, los envió a los puercos, a los que precipitaron al mar; por lo que los habitantes de aquella región le rogaron que se retirase de su término, como se lee en Mt 8,31-34. Luego parece que hizo estos milagros indebidamente. Contra esto: está que esto había sido predicho por Zac 13,2, donde se lee: Extirparé de la tierra el espíritu impuro. Respondo: Los milagros realizados por Cristo fueron argumentos de la fe que predicaba. Ahora bien, acontecería que con la virtud de su divinidad expulsaría el poder de los demonios de los hombres que habrían de creer en El, según aquellas palabras de Jn 12,31: Ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera. Y, por este motivo, fue conveniente que, entre otros milagros, también liberase a los poseídos por el demonio. A las objeciones: 1. Así como Cristo debía librar a los hombres del poder de los demonios, así también debía asociarlos a los ángeles, conforme a lo que se dice en Col 1,20: Pacificando por la sangre de su cruz lo que hay en los cielos y en la tierra. Y por este motivo no convenía demostrar a los hombres otros milagros acerca de los ángeles, excepto las apariciones de éstos a los hombres, lo que aconteció en su nacimiento, en su resurrección y en su ascensión (cf. Lc 2,9; Mt 28; Me 16; Lc 24; Jn 20,12). 2. Como escribe Agustín, en IX De Civ. Dei, Cristo se dio a conocer a los demonios tanto cuanto quiso;y quiso tanto cuanto convino. Pero se les dio a conocer no como a los ángeles santos, en cuanto es vida eterna, sino a través de ciertos efectos temporales de su poder. Y, en primer lugar, viendo que Cristo tenía hambre después del ayuno, juzgaron que no era el 36

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! Hijo de Dios. Por lo que, a propósito de Lc 4,3 —si eres el Hijo de Dios, etc.—, comenta Ambrosio: ¿Qué significa el exordio de tal conversación sino que, habiendo conocido que el Hijo de Dios había de venir, no se le ocurrió que hubiera venido mediante la flaqueza del cuerpo? Pero luego, al ver los milagros, por cierta sospecha, conjeturó que era el Hijo de Dios. Por eso, comentando las palabras de Mc 1,24 —sé que eres el Santo de Dios—, dice el Crisóstomo que no tenia noticia cierta o segura de la venida de Dios. Sin embargo sabía que era el Mesías prometido en la Ley. Por lo cual se dice en Lc 4,41:Porque sabían que El era el Mesías. El que confesasen que El era el Hijo de Dios, obedecía más a una sospecha que a una certeza. Por esto escribe Beda In Lúe.: Los demonios confiesan al Hijo de Dios y, como luego se dice, «sabían que era el Mesías». Porque, al verlo el diablo fatigado por el ayuno, entendió que era hombre verdadero; pero, al no triunfar sobre El cuando le tentó, dudaba si sería el Hijo de Dios. Ahora, mediante el poder de los milagros, o entendió o, mejor, sospechó que era el Hijo de Dios. Por consiguiente, si persuadió a los judíos que le crucificasen, no fue porque dejó de pensar que el Mesías era el Hijo de Dios, sino porque no previo que, con su muerte, sería él condenado. Y de este «misterio escondido desde antes de los siglos» dice el Apóstol (1 Cor 2,8) que «ninguno de los príncipes de este mundo le conoció, pues, si le hubieran conocido, nunca hubiesen crucificado al Señor de la gloría». 3. Cristo no hizo los milagros de expulsar a los demonios por el provecho de éstos, sino a causa de la utilidad de los hombres, para que éstos glorificaran a Dios. Y por esto les prohibió hablar de lo que redundaba en alabanza de El. Primero, para ejemplo, porque, como dice Atanasio, no les dejaba hablar, aunque dijesen verdad, para acostumbrarnos a nosotros a no cuidarnos de ellos, aun cuando parezcan decir verdad. Es ilícito que, teniendo las divinas Escrituras, nos dejemos instruir por el diablo. Y esto es peligroso porque, con frecuencia, los demonios mezclan mentiras con verdad. Segundo, porque, como dice el Crisóstomo, no convenía que robasen la gloria del ministerio apostólico. Ni era decente que el misterio de Cristo fuera dado a conocer por una lengua apestosa, porque la alabanza no está bien en labios del pecador (Eclo 15,9). Tercero, porque, como dice Beda, no quería encender con esto la envidia de los judíos. Por lo que también los mismos Apóstoles reciben la orden de callar acerca de El, no fuera que, predicando la majestad divina, se desacreditase el destino de la pasión. 4. Cristo había venido especialmente a enseñar y hacer milagros para utilidad de los hombres, principalmente en lo que se refiere a la salud del alma. Y por esta razón permitió que los demonios expulsados causasen algún daño a los hombres, ya en el cuerpo, ya en los bienes, por el provecho del alma humana, a saber, para instrucción de los hombres. Por esto dice el Crisóstomo, In Matth., que Cristo permitió a los demonios entrar en los puercos, no como persuadido por los demonios, sino: Primero, para instruirnos sobre la magnitud del daño que infieren a los hombres cuando los tientan; segundo, para que todos aprendan que ni contra los puercos se atreven a hacer cosa alguna si El no se lo permite; tercero, para mostrar que hubieran hecho daños mayores en aquellos hombres que en los puercos de no haber sido ayudados por la divina Providencia. Y por las mismas causas permitió que el liberado de los demonios fuese afligido, de momento, más gravemente, aunque al instante le libró de la aflicción. Por aquí también se pone de manifiesto, como escribe Beda, que muchas veces, cuando nos esforzamos por convertirnos a Dios después de haber llevado una vida de pecado, somos excitados con mayores y nuevas asechanzas del antiguo enemigo. Hace esto o para inspirar odio a la virtud, o para vengar la injuria de su expulsión. El hombre curado quedó como muerto,según comenta Jerónimo, porque a los sanos se les dice: Estáis muertos, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3,3). 37

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TEXTO XXI PRAENOTANDA DEL RITUAL DE EXORCISMO
DE LA VICTORIA DE CRISTO Y LA AUTORIDAD DE LA IGLESIA CONTRA LOS DEMONIOS.- 1. La Iglesia cree firmemente que hay un solo y verdadero Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo principio de todas las cosas: creador de todas las cosas “visibles e invisibles.” Y además; Dios cuida y gobierna con su providencia todas las cosas que hizo (cf. Col 1, 16), y no hizo nada que no fuera bueno. Hasta “los diablos y los otros demonios fueron creados también por Dios buenos en cuanto a la naturaleza; pero ellos se hicieron malos por sí mismos.” De donde ellos hubieren sido buenos si hubiesen permanecido buenos como fueron hechos. Pero como usaron mal de su extraordinaria naturaleza, y no permanecieron en la verdad (cf. Io 8, 44), no se convirtieron en una sustancia contraria (mala), sino que se separaron del sumo Bien, al que se tenían que haber unido. 2. El hombre, pues, fue creado a imagen de Dios “en la justicia y la santidad de verdad” (Eph 4,24) y su dignidad exige que elija con libertad y según la conciencia. “Pero, con la persuasión diabólica, abusó demasiado del don de la libertad. Por el pecado de la desobediencia (cf. Gen 3; Rom 5, 12) bajo el poder del diablo, además de que le hizo volver a la muerte, fue hecho siervo del pecado. Por eso se estableció en la historia de los hombres una dura lucha cuerpo a cuerpo contra las potestades de las tinieblas, que empezada en el origen del mundo, bajo la dirección del Señor (cf. Mt 24, 13; 13, 24-30 y 36-43) durara hasta el último día”. 3. El Padre todopoderoso y misericordioso envió al mundo a su Hijo amado para sacar a los hombres de la potestad de las tinieblas, y llevarlos a su reino. (cf. Gal 4, 5; Col 1, 13). Por lo que Cristo, primogénito de toda criatura (Col 1, 15), renovando al viejo hombre, vistió la carne del pecado, para destruir por la muerte a aquel que tenía el imperio de la muerte, esto es, el diablo (Hebr 2, 14), y la herida naturaleza humana, por la Pasión y Muerte de Jesucristo, constituirla en una nueva criatura, con el don del Espíritu Santo. 4. El Señor Jesús, pues, en los días de su encarnación, habiendo vencido las tentaciones en el desierto, (cf. Mt 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Lc. 4, 1-13), con su autoridad expulsó a Satanás y a otros demonios, imponiéndoles su divina voluntad (cf. Mt 12, 27-29; Lc 11, 19-20). Haciendo bien y sanando a todos los opresos por el diablo (cf. Act 10, 38), manifestó su obra de salvación al liberar a los hombres del pecado, de sus consecuencias y del autor del primer pecado, homicida desde el principio y padre de la mentira (Io 8, 44). 5. Cuando vino la hora de las tinieblas, el Señor, “hecho obediente hasta la muerte” (Phil 2, 8), por el poder de la Cruz repelió el novísimo ímpetu del Satanás (cf. Lc 4,13; 33, 53), triunfando de la soberbia del antiguo enemigo. Esta victoria se manifiesta con la gloriosa resurrección de Cristo, cuando Dios lo resucitó de entre los muertos y lo puso a su derecha en el cielo y todo lo sujetó debajo de sus pies (cf. Eph 1, 21-22) 6. Cristo, para el ministerio que les encomendó, les dio poder a sus Apóstoles y otros discípulos, para echar fuera a los espíritus inmundos. (cf. Mt 10, 1.8; Mc 3, 14-15; 6, 7.13; Lc 9, 1; 10, 17.18-20). Les prometió el Santo Espíritu Paráclito, que procede del Padre por medio del Hijo, que acusará al mundo de juicio, porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado (cf. Io 16, 7-11). Entre las señales siguen a los creyentes , se enumera en el Evangelio el sacar los demonios (cf. Mt 16, 17). 7. De allí que la Iglesia ejerció, desde el tiempo de los apóstoles, la potestad de sacar demonios y repeler su influjo ( Act 5, 16; 8,7; 16, 18; 19, 12). Ora continua y confiadamente “en nombre de Jesús” para liberarse del Malo (cf. Mt 6, 13 ). Mandó a los demonios de varias maneras, por el mismo nombre y por la virtud del Espíritu Santo, que no impidan la obra de evangelización (cf. 1 Thess 2, 18) y le restituyan, como el Más Fuerte (cf. Lc 11, 21 22), el dominio de todo y también de cada hombre. Se llama exorcismo cuando la Iglesia públicamente y con autoridad, en nombre de Jesús, ora para que algunas personas o cosas 38

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! sean protegidas contra el influjo del Maligno, y se saquen de su influjo. DE LOS EXORCISMOS COMO TRABAJO DE SANTIFICAR LA IGLESIA.- 8. Por medio de la antiquísima tradición de la Iglesia conservada sin interrupción, sabemos que el camino de la iniciación cristiana se organiza de tal manera que se señala claramente la espiritual lucha cuerpo a cuerpo contra el poder del diablo ( cf. Eph 6, 12) y que la misma empiece a acontecer. Los exorcismos que hay que hacer de forma sencilla sobre los elegidos en el tiempo del catecumenado o exorcismos menores, son oraciones de la Iglesia para que estos, conocido que han sido liberados de pecado por el misterio de Cristo, se liberen de las secuelas del pecado y de los influjos del diablo, sean robustecidos en su camino espiritual y abran sus corazones para recibir los dones del Salvador. Por fin, en la celebración del Bautismo, los que se van a bautizar renuncian a Satanás y a su fuerza y poder y se oponen a él con su fe propia en Dios uno y trino. También en el bautismo de párvulos se hace una oración de exorcismo sobre los niños “inclinados a las cosas agradables de este mundo y que han de luchar contra las insidias del demonio” , para que sean fortalecidos en el camino de la vida con la gracia de Cristo. Por el bautismo, el hombre participa de la victoria de Cristo sobre el diablo y el pecado, cuando pasa de aquel estado en el que nace como hijo del primer Adán al estado de gracia y de adopción como hijo de Dios por el segundo Adán Jesucristo y es liberado de la servidumbre del pecado, con la libertad que Cristo nos liberó (cf. Gal 5, 1) 9. Los fieles, aun renacidos en Cristo, los que están en el mundo experimentan tentaciones, por lo que deben vigilar porque su adversario “el Diablo como un león rugiente da vueltas buscando a quien devorar” (cf. 1 Pet 5, 8). Al cual hay que resistir siendo fuertes en la fe, confortados por el Señor y en el poder de su virtud (Eph 6, 10) y apoyados por la Iglesia que ruega que sus hijos estén a salvo de cualquier perturbación. Por la gracia de los sacramentos y especialmente por la celebración repetitiva del de la penitencia consiguen fuerzas, hasta que lleguen a la plena libertad de los hijos de Dios (cf. Rom 88,21). 10. Pero el misterio de la piedad divina se hace para nosotros muy difícil de entender, cuando alguna vez ocurren casos de alguna especial vejación o posesión (ocupación) por parte del diablo de alguna persona agregada al pueblo de Dios y bautizado por Cristo para que como hijo de la luz caminara hacia la vida eterna. Entonces queda claro el misterio de iniquidad que se esta realizando en el mundo, aunque el demonio no pueda traspasar los límites que Dios le haya impuesto. Esta forma de potestad del demonio sobre el hombre difiere de aquella que se daba en el hombre debido al pecado original, que es pecado. Si ocurre esto, la Iglesia implora a Cristo, Señor y Salvador, confiada en su poder, le ofrece ayudas al fiel vejado o poseído para sea liberado de la vejación o posesión. 11. Entre estas ayudas sobresale el exorcismo mayor, solemne, que también se llama mayor, que es una celebración litúrgica. Por esta razón los exorcismos que intentan expulsar a los demonios o liberar del influjo demoníaco y además con la autoridad espiritual que Jesús dio a Su Iglesia es una oración de la clase de los sacramentales, por lo tanto es un signo sagrado que significa signos especialmente espirituales y que se obtienen por el mandato de la Iglesia. 39

III DOMINGO DE CUARESMA FORMA EXTRAORDINARIA [SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA] DEL RITO ROMANO
12. En los exorcismos mayores la Iglesia unida suplica al Espíritu Santo que ayude nuestra debilidad para echar demonios y así no dañen a los fieles. Con aquel confiado soplo que el Hijo de Dios después de la resurrección dono el Espíritu, la Iglesia hace el exorcismo, no en nombre propio, sino únicamente en el nombre de Dios o Cristo Señor, a quien todo, también el diablo y los demonios, debe obedecer.

TEXTO XXII
«BIENAVENTURADOS» Homilía de Juan Pablo II
2. Durante más de mil años han pasado por estas tierras muchos hombres que escucharon la palabra de Dios. La acogieron de labios de los que la anunciaban. Los primeros la recibieron de labios del gran misionero de estas tierras, san Adalberto. Fueron testigos de su martirio. Las generaciones sucesivas crecieron de esas semillas, gracias al ministerio de otros misioneros, obispos, sacerdotes y religiosos: los apóstoles de la palabra de Dios. Unos confirmaron con el martirio el mensaje del Evangelio; otros, mediante un continuo compromiso apostólico según el espíritu del «ora et labora», ora y trabaja, benedictino. La palabra anunciada cobraba una fuerza particular como palabra confirmada con el testimonio de la vida. Está muy arraigada en esta tierra la tradición de escuchar la palabra de Dios y dar testimonio del Verbo, que en Cristo se hizo carne. Esa tradición, vivida durante muchos siglos, también se cumple en el nuestro. Un signo elocuente, y a la vez trágico, de esta continuidad fue el así llamado «otoño de Pelplin», que tuvo lugar hace sesenta años. Entonces, veinticuatro sacerdotes valientes profesores del seminario mayor y funcionarios de la curia episcopal testimoniaron su fidelidad al servicio del Evangelio con el sacrificio del sufrimiento y de la muerte. Durante el tiempo de la ocupación perdieron la vida en esta tierra 303 pastores, que difundieron con heroísmo el mensaje de esperanza a lo largo de ese dramático período de guerra y ocupación. Si hoy recordamos a esos sacerdotes mártires es porque de sus labios nuestra generación escuchó la palabra de Dios y gracias a su testimonio experimentó su fuerza. Conviene que recordemos esa histórica siembra de la palabra y del testimonio, especialmente ahora, mientras nos acercamos al final del segundo milenio. Esa tradición plurisecular no puede interrumpirse en el tercer milenio. Sí; considerando los nuevos desafíos que se plantean al hombre de hoy y a toda la sociedad, debemos renovar continuamente en nosotros mismos la conciencia de lo que es la palabra de Dios de su importancia en la vida del cristiano, de la Iglesia y de toda la humanidad, y de su fuerza. 3. ¿Qué dice Cristo al respecto en el pasaje evangélico de hoy? Al terminar el sermón de la Montaña, dice: «Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que construyó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero no cayó, porque estaba cimentada sobre roca» (Mt 7, 24-25). El caso contrario del que edificó sobre roca es el hombre que edificó sobre arena. Su construcción resultó poco resistente. Ante las pruebas y las dificultades, se derrumbó. Esto es lo que Cristo nos enseña. El edificio de nuestra vida debe ser una casa construida sobre roca. ¿Cómo construirlo para que no se desplome bajo el peso de los acontecimientos de este mundo? ¿Cómo 40

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA! construirlo para que, de «morada terrestre», se convierta en «edificio de Dios, una morada eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos»? (cf. 2 Co 5, 1). Hoy escuchamos la respuesta a esa pregunta esencial de la fe: los cimientos del edificio cristiano son la escucha y el cumplimiento de la palabra de Cristo. Al decir «la palabra de Cristo» no sólo nos referimos a su enseñanza, a sus parábolas y sus promesas, sino también a sus obras, sus signos y sus milagros. Y sobre todo a su muerte, a su resurrección y a la venida del Espíritu Santo. Más aún: nos referimos al Hijo mismo de Dios, al Verbo eterno del Padre, en el misterio de la Encarnación. «Y el Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad» (Jn 1, 14). Con este Verbo, Cristo vivo, resucitado, san Adalberto vino a Polonia. Durante siglos vinieron con Cristo también otros heraldos y dieron testimonio de él. Por él dieron la vida los testigos de nuestros tiempos, tanto sacerdotes como seglares. Su servicio y su sacrificio se han convertido para las generaciones sucesivas en signo de que nada puede destruir una construcción cuyo cimiento es Cristo. A lo largo de los siglos han venido repitiendo como san Pablo: «¿Quién nos separara del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? (...) Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó» (Rm 8, 35-37). 4. «Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». Sí, en el umbral del tercer milenio, nos preguntamos cómo serán los tiempos que van a venir, no podemos evitar a la vez la pregunta sobre el fundamento que ponemos bajo esa construcción, que continuarán las futuras generaciones. Es preciso que nuestra generación construya con prudencia el futuro; y constructor prudente es el que escucha la palabra de Cristo y la cumple. Desde el día de Pentecostés, la Iglesia conserva la palabra de Cristo como su más valioso tesoro. Recogida en las páginas del Evangelio, ha llegado hasta nuestro tiempo. Hoy somos nosotros quienes tenemos la responsabilidad de transmitirla a las futuras generaciones, no como letra muerta, sino como fuente viva de conocimiento de la verdad sobre Dios y sobre el hombre, fuente de auténtica sabiduría. En este marco cobra actualidad particular la exhortación conciliar, dirigida a todos los fieles «para que adquieran "la ciencia suprema de Jesucristo" (Flp 3, 8), "pues desconocer la Escritura es desconocer a Cristo" (san Jerónimo)» (Dei Verbum, 25). Por eso, mientras durante la liturgia tomo en las manos el libro del Evangelio y como signo de bendición lo elevo sobre la asamblea y sobre toda la Iglesia, lo hago con la esperanza de que siga siendo el libro de la vida de todo creyente, de toda familia y de la sociedad entera. Con esa misma esperanza, os pido hoy: entrad en el nuevo milenio con el libro del Evangelio. Que no falte en ninguna casa polaca. Leedlo y meditadlo. Dejad que Cristo os hable. «Escuchad hoy su voz: "No endurezcáis vuestro corazón"...» (Sal 95, 8). 5. A lo largo de veinte siglos la Iglesia se ha inclinado sobre las páginas del Evangelio para leer del modo más preciso posible lo que Dios ha querido revelar en él. Ha descubierto el contenido más profundo de sus palabras y de sus acontecimientos, ha formulado sus verdades, declarándolas seguras y salvíficas. Los santos las han puesto en práctica y han compartido su experiencia del encuentro con la palabra de Cristo. De ese modo se ha desarrollado la tradición de la Iglesia, fundada en el testimonio mismo de los Apóstoles. Si hoy interpelamos el Evangelio, no podemos separarlo de ese patrimonio de siglos, de esa tradición. Hablo de esto porque existe la tentación de interpretar la sagrada Escritura separándola de la tradición plurisecular de la fe de la Iglesia, aplicando claves de interpretación propias de la literatura contemporánea o de los medios de comunicación. De esa forma se corre el peligro de caer en simplificaciones, de falsificar la verdad revelada e incluso de adaptarla a las necesidades de una filosofía individual de la vida o de ideologías aceptadas a priori. Ya 41

III DOMINGO DE CUARESMA FORMA EXTRAORDINARIA [SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA] DEL RITO ROMANO
san Pedro apóstol se opuso a intentos de ese tipo. Escribe: «Ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia» (2 P 1, 20). «El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios (...) ha sido encomendado sólo al magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo» (Dei Verbum, 10). Me alegra que la Iglesia en Polonia ayude con eficacia a los fieles a conocer el contenido de la Revelación. Conozco la gran importancia que los pastores atribuyen a la liturgia de la Palabra durante la santa misa y a la catequesis. Doy gracias a Dios porque en las parroquias y en el ámbito de las comunidades y de los movimientos eclesiales surgen y se desarrollan continuamente círculos bíblicos y grupos de debate. Con todo, es necesario que los que asumen la responsabilidad de una exposición autorizada de la verdad revelada no confíen en su intuición, a menudo poco fiable, sino en un conocimiento sólido y en una fe inquebrantable. Deseo expresar aquí mi gratitud a todos los pastores que, con entrega y humildad, cumplen el servicio de la proclamación de la palabra de Dios. No puedo por menos de mencionar a todos los obispos, sacerdotes, diáconos, personas consagradas y catequistas que, con fervor, a menudo en medio de grandes dificultades, realizan esa misión profética de la Iglesia. Asimismo, quiero dar las gracias a los exegetas y a los teólogos que, con un empeño digno de elogio, investigan las fuentes de la Revelación, prestando a los pastores una ayuda competente. Queridos hermanos y hermanas, que Dios recompense con su bendición vuestro compromiso apostólico. «¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae buenas nuevas, que anuncia la salvación!» (Is 52, 7). 6. Bienaventurados también todos los que con corazón abierto se benefician de ese servicio. Son realmente «bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen», pues experimentan esta gracia particular en virtud de la cual la semilla de la palabra de Dios no cae entre espinas, sino en terreno fértil, y da abundante fruto. Precisamente esta acción del Espíritu Santo, el Consolador, se adelanta y nos ayuda, mueve el corazón, lo dirige a Dios, abre los ojos del espíritu y concede «a todos gusto en aceptar y creer la verdad» (Dei Verbum, 5). Son bienaventurados porque, descubriendo y cumpliendo la voluntad del Padre, encuentran constantemente el sólido cimiento del edificio de su vida. A los que van a cruzar el umbral del tercer milenio les queremos decir: construid la casa sobre roca. Construid sobre roca la casa de vuestra vida personal y social. Y la roca es Cristo, que vive en su Iglesia, Cristo, que perdura en esta tierra desde hace mil años. Vino a vosotros por el ministerio de san Adalberto. Creció sobre el fundamento de su martirio, y persevera. La Iglesia es Cristo, que vive en todos nosotros. Cristo es la vid y nosotros los sarmientos. Él es el cimiento y nosotros las piedras vivas. 7. «Señor, quédate con nosotros» (cf. Lc 24, 29), dijeron los discípulos que se encontraron con Cristo resucitado a lo largo del camino de Emaús y «su corazón les ardía cuando les hablaba y les explicaba las Escrituras» (cf. Lc 24, 32). Hoy queremos repetir sus palabras: «Señor, quédate con nosotros». Te hemos encontrado a lo largo del camino de nuestra vida. Te encontraron nuestros antepasados, de generación en generación. Tú los confirmaste con tu palabra mediante la vida y el ministerio de la Iglesia. Señor, quédate con los que vengan después de nosotros. Deseamos que estés con ellos, como has estado con nosotros. Esto es lo que deseamos y lo que te pedimos. Quédate con nosotros, cuando atardece. Quédate con nosotros mientras el tiempo de nuestra historia se está acercando al final del segundo milenio. Quédate con nosotros y ayúdanos a caminar siempre por la senda que lleva a la casa del Padre. Quédate con nosotros en tu palabra, en esa palabra que se convierte en sacramento: la Eucaristía de tu presencia. Queremos escuchar tu palabra y cumplirla. Deseamos vivir en la bendición. Anhelamos contarnos entre los bienaventurados «que escuchan la palabra de Dios y la cumplen». 42

FRATERNIDAD DE CRISTO SACERDOTE GLORIA IESU Y SANTA MARÍA REINA IN MARÍA!

TEXTO XXIII ENTREGA A DIOS Ángelus de Juan Pablo II, 6-VI-1999
«Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen» (Lc 11, 28). Jesús conocía bien a su Madre. Sabía que escuchaba la palabra de Dios «con corazón bueno y recto» (Lc 8, 15). Sabía que ella la conservaba «fielmente» (cf. Lc 2, 51) en su corazón (cf. Lc 2, 19) y reflexionaba sobre su sentido (cf. Lc 1, 29). Ella, la Madre del Hijo de Dios, vivió con plena fidelidad a la palabra de Dios. Estaba sin cesar a la escucha de Dios; meditaba las palabras y los acontecimientos, acogiendo esa revelación con todo su ser, en la «obediencia de la fe». El fruto primero y más perfecto de esa entrega a la palabra de Dios fue su maternidad virginal. Con fe acogió al Verbo eterno, que, por obra del Espíritu Santo, se hizo carne en ella para la salvación del hombre. Obediente a la voluntad del Padre, no sólo fue para el Hijo de Dios madre y protectora, sino también fiel colaboradora en la obra de la redención. El fruto de su vida maduró al pie de la cruz, donde humamente, del modo más trágico, se reveló la verdad de Dios, que es amor. Con el espíritu de este amor divino, obediente a la llamada del Hijo, nos acogió como hijos suyos en el apóstol san Juan. Y cuando, después de la resurrección y la ascensión de Cristo al cielo, perseveró en oración con los Apóstoles (cf. Hch 1, 14) y con ellos experimentó la venida del Espíritu Santo, se convirtió en Madre de la Iglesia que nacía. Esta maternidad mística se reveló plenamente en el misterio de la Asunción al cielo. Desde entonces tenemos puesta incesantemente nuestra mirada en su ejemplo, orando para que ella, guía en la fe, nos enseñe a escuchar y cumplir toda palabra que Dios nos dirige. En efecto, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen (cf. Lc 11, 28). Que la bienaventuranza de María se haga realidad también en nosotros, para que, escuchando y cumpliendo la palabra de Dios, como ella, seamos testigos de Dios, que es amor.

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