El otro sendero

El primer capítulo del libro trata de cómo el Perú profundo ha comenzado una larga y sostenida batalla para integrarse a la vida formal. El segundo describe la manera en que los 91.455,00 ambulantes de Lima dominan la distribución minorista de los artículos de consumo popular en la capital. El tercer capítulo, narra el modo en que, a través de invasión de rutas, los informales han logrado dominar el 93% del parque en el servicio de transporte urbano. Revela como estos informales espontáneamente han diseñado estas rutas de transporte que hoy comunican Lima. El cuarto capítulo describe como los informales no se han entregado a la anarquía más bien han desarrollado sus propios derechos e instituciones el autor los llama normatividad extralegal (derecho que suplanta a otro que no funcionaba). En el quinto describe los costos y pérdidas para el país de no tener ese derecho. Para el sexto capítulo quedara la evidencia de la tradición mercantilista y no feudalista que ha regido nuestro país. Para él capítulo final en sus conclusiones nos revela algunas salidas como por ejemplo otorgar títulos de propiedad para que estos a su vez generen más riquezas por simple hecho de este activo a la mano. Conclusiones La clave para estimular el desarrollo y alcanzar el capitalismo está en permitir que decenas de millones de empresarios pobres a lo largo y ancho del mundo en desarrollo se incorporen al sistema en lugar de seguir excluidos de él por la burocracia y el papeleo. Aunque los elementos básicos de la revolución económica y social ya existen en el Perú, las instituciones legales del país claramente siguen siendo mercantilistas: el acceso a la empresa privada es difícil o imposible para las clases populares, el sistema legal es excesivo, hay burocracias públicas y privadas masivas, y el Estado interviene en todas las áreas de actividad. Lo que se necesita, entonces, no es abolir la actividad informal sino integrarla, legalizarla y promoverla. Los monopolios y oligopolio deben ser combatidos dando acceso a todos al mercado, no remplazándolos con los monopolios estatales. El crédito debe ser democratizado alentando la competición entre los financieros, no nacionalizándolo o dejándolo a merced de políticos y burócratas.

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