Saberes

Juventud, Movilidad Social y Migración La Garrucha, Filadelfia y Riosucio (Caldas)

Cristian Alberto Rojas Granada
Antropólogo Fundación FESCO

Manizales, 2008

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Número 3. Octubre de 2008 ISSN 2027-0356 Periodicidad anual Manizales - Colombia © Fundación para el Desarrollo Integral de la Niñez, la Juventud y la Familia - FESCO, 2008 Calle 62 No. 24 – 76 Manizales – Colombia funfesco@une.net.co www.fundacionfesco.org.co Directora Ejecutiva - Editora Patricia Escobar Arbeláez Coordinadora Técnica - Editora Alba Lucía Marín Rengifo Comité Editorial Francia Restrepo de Mejía Luisa Fernanda Giraldo Zuluaga María Cristina Palacio Valencia Victoria Eugenia Pinilla Sepúlveda Diseño Editorial María Cecilia Osorio Osorio Corrección de Estilo Darío Angel Pérez Fotografías Fundación FESCO Impresión Taller Litográfico del Centro Editorial - Universidad de Caldas Este documento fue publicado gracias al apoyo de la Fundación Bernard van Leer. La responsabilidad de los artículos publicados compete a los autores. Se permite la reproducción total y parcial siempre y cuando se cite la fuente original.

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Contenido
. Presentación .......................................................................................................................... 5
. Resumen ................................................................................................................................ 7

. Introducción .......................................................................................................................... 8 . Método ................................................................................................................................. 10
- Instrumentos y procedimientos de recolección de la información ..................................... 12 - Procesamiento y análisis de información ............................................................................... 15

. El contexto y los sujetos de estudio ................................................................................. 16
- El contexto .................................................................................................................................... 16 - Los sujetos .................................................................................................................................... 20

. Hallazgos ............................................................................................................................. 22 . Las representaciones del “campo” y del “pueblo”......................................................... 22
- Las representaciones del “campo”............................................................................................22 - Las representaciones del “pueblo” ........................................................................................... 27

. Entre “lo rural” y “lo urbano”: los consumos culturales de los jóvenes .................... 34 . Perspectivas de movilidad social .....................................................................................40
- Lo que un joven “debe hacer” en su futuro: las instituciones de enseñanza o de transmisión cultural ...................................................................................................................41

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- Los proyectos de vida: entre “vivir la vida” y “ser alguien en la vida”..............................50

. Estrategias de movilidad social y migración..................................................................62
- El espacio social y el espacio geográfico ..................................................................................62 - Los territorios imaginarios o geografía cognitiva: las iniciativas de migración ...............68

. Conclusiones .......................................................................................................................75 . Bibliografía ..........................................................................................................................79

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PReSentACiÓn
Para la Fundación FESCO como organización de la sociedad civil, el camino recorrido durante nuestra vida institucional nos ha mostrado la importancia que tiene construir el conocimiento y las categorías para interpretarlo partiendo de las vivencias de los niños, niñas, jóvenes y familias en sus territorios. De esta manera, paso a paso estamos aprendiendo a construir desde una perspectiva del desarrollo incluyente, participativa, que asuma los diferentes grupos poblacionales como actores de su propio desarrollo con Programas y Proyectos más ajustados a la realidad y con mayores posibilidades de transformar el presente y ser con las organizaciones y las instituciones corresponsables de su futuro. Uno de los propósitos de Saber-es es construir diálogos con quienes toman decisiones que influyen en la formulación e implementación de las políticas públicas, para que podamos lograr una verdadera articulación de las potencialidades, diferencias y retos que nos plantean los contextos y quienes los viven. El presente documento “Juventud, movilidad social y migración: La Garrucha, Filadelfia y Riosucio (Caldas)”es el producto de una oportunidad para la Fundación FESCO de acompañar el proceso de formación y nutrir los trabajos de pregrado de los estudiantes universitarios, del quehacer institucional logrando reflexiones y aportes para una intervención más asertiva y una motivación a la academia para acercarse a los proyectos sociales en ejecución. Patricia Escobar Arbeláez

Directora Ejecutiva Fundación FESCO

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Juventud, movilidAd SoCiAl y migRACiÓn lA gARRuChA, FilAdelFiA y RioSuCio (CAldAS) 1
Cristian Alberto Rojas Granada2

La presente investigación es un estudio de corte antropológico en el cual se exploran las realidades sociales de jóvenes del departamento de Caldas, con el fin de identificar la relevancia de su contexto sociocultural en sus iniciativas de migración y de movilidad social. A partir de una metodología cualitativa, se estudian las condiciones de existencia sociales y culturales, que permiten interpretar las estrategias de movilidad de los jóvenes y su relación con las iniciativas de migración desde sus lugares de origen. Este es un análisis sobre la dialéctica entre las posiciones y las disposiciones de los jóvenes, entre las realizaciones y las aspiraciones, entre la permanencia y la migración.

Resumen

Palabras claves

Movilidad social, juventud, migración, rural-urbano, etnografía.

Esta investigación es resultado del proceso de trabajo de grado del autor para optar por el título de Antropólogo, en el marco del convenio interinstitucional entre el programa de Antropología de la Universidad de Caldas y la Fundación FESCO. Contó con la asesorías de Gloria Elsa Castaño Alzate, Profesora del Departamento de Antropología y Sociología de la Universidad de Caldas; Juan Manuel Castellanos Obregón, Antropólogo Profesor Asociado del Departamento de Antropología y Sociología de la Universidad de Caldas, Director Grupo de Investigación Comunicación, Cultura y Sociedad; y Nelvia Victoria Lugo Agudelo, Psicóloga Investigadora de la Fundación para el Desarrollo Integral de la Niñez, la Juventud y la Familia. FESCO. 2 Antropólogo, investigador Fundación FESCO.
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intRoduCCiÓn
La presente investigación busca analizar los proyectos de vida de los jóvenes de tres contextos locales del departamento de Caldas3, a partir de la relación con sus iniciativas de migración. La población del área rural4 de este departamento presenta una elevada tasa de migración hacia distintos centros urbanos, “en 1993, la proporción de no nativos en Caldas llegó a 17.6%, en tanto que la proporción de emigrantes alcanzó el 47.46%” (DANE y Gobernación de Caldas, 2005, p. 60). Si bien es claro que éste es un fenómeno presente en muchos otros contextos rurales del país y del mundo, el departamento de Caldas cuenta con porcentajes superiores a la media nacional, convirtiéndose en caso de especial atención. Es de resaltar el hecho de que sea la población joven la que está mayoritariamente involucrada con las iniciativas de abandono de su terruño, situación que se evidencia al reconocerse que “el mayor porcentaje de migrantes recientes en Caldas corresponde al grupo de edad 15-29 años” (DANE y Gobernación de Caldas, 2005, p. 62). Esta situación conduce a preguntarse sobre la manera como dicha población percibe sus propios entornos, en relación con los elementos que reciben desde los lugares a donde deciden dirigirse. En la presente investigación, se da un acercamiento a la manera como los jóvenes que participaron del trabajo interpretan y actúan sobre sus realidades, partiendo de reconocer el papel que juegan los contextos en los que se desenvuelven en la construcción de sus proyectos de vida, al tiempo que se identifican diversos factores que influyen en dichos jóvenes para considerar sus posibilidades de migración. El lector de este escrito encontrará en las páginas siguientes un estudio antropológico sobre juventud, basado en el análisis de los proyectos de vida asociados a la migración, para lo cual se aborda, con una perspectiva etnográfica, el conjunto de significaciones
Jóvenes de décimo y undécimo grado en los colegios de los municipios de Filadelfia y Riosucio y la vereda La Garrucha en el área rural de la ciudad de Manizales. 4 Entendido aquí este concepto de “rural” como lo que no es cabecera municipal o urbana según la formalidad institucional del Departamento Nacional de Estadística (DANE).
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compartido por los sujetos de estudio, que permiten comprender su influencia en las dinámicas migratorias y de movilidad social de los jóvenes en los respectivos contextos históricos y culturales. Para el desarrollo del tema son importantes algunas reflexiones sobre el papel de las instituciones de reproducción cultural como la familia y la escuela, en la configuración de la representación del “futuro deseado” de los jóvenes, a lo que se le suman los medios masivos de comunicación, protagonistas en la cotidianidad de los jóvenes, y que inciden significativamente en sus gustos, deseos y representaciones. También se encontrará en este texto un análisis sobre las diferentes representaciones asociadas a lo rural, el campo, el pueblo y la ciudad, contextos importantes para los jóvenes cuando se refieren a su futuro posible, y en especial, a su futuro deseable. Una mirada a los consumos culturales de los jóvenes hace posible reflexionar sobre la relación entre las representaciones y las prácticas de los jóvenes (y de los no jóvenes), que permiten develar un posicionamiento como grupo, con características definidas frente a otros grupos de la sociedad, con prácticas y gustos diferentes, maneras distintas de percibir, valorar e intervenir la realidad (Feixa, 1996b). Se abordan también aquí las formas de actuación de los jóvenes sujetos de estudio frente a sus realidades, de acuerdo con el sentido que surge de la dialéctica entre la percepción de sus condiciones de existencia actuales y sus proyecciones para el futuro. Posteriormente, se desarrolla el análisis a partir de la metáfora de la física social acuñada por Bourdieu (1999b), como un espacio social que se naturaliza en un espacio físico o geográfico, en el cual se desenvuelven los movimientos de los cuerpos, según la posición donde se encuentren éstos con respecto a los diferentes focos de atracción. Este discurso funde la movilidad social y geográfica en una sola lucha por adquirir una “mejor” posición dentro del espacio físico–social. Finalmente, se abordan las principales ciudades que se presentan para los jóvenes como focos de atracción en sus iniciativas de ascenso social por medio de la migración, así como las estrategias que están dispuestos a poner en juego para alcanzar este objetivo. Esta física social se da a partir de una demanda de determinados valores por parte de los jóvenes, y una oferta que no encuentran en sus lugares de origen (devaluados en consecuencia desde su percepción), sino en diferentes centros urbanos del país.

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mÉtodo
El antropólogo en su propio entorno cultural se convierte en un informante privilegiado (Augé, 2000), y más aún cuando su condición lo involucra, de una manera más cercana, a los sujetos de estudio como es el caso de la presente investigación, en la cual el antropólogo investigador comparte con los sujetos de estudio su condición de ser joven. El autor debe confesar una cierta complicidad cultural con los sujetos de estudio, emanada del contacto durante años con las configuraciones culturales de la región paisa5, de la cual hacen parte los contextos de trabajo en esta investigación. Se comparten herencias culturales, modos de interpretar la realidad y de actuar sobre ella, elementos que permiten al investigador entrar en la urdimbre de significaciones (Geertz, 2000) que, en las comunidades estudiadas, dan respuesta a las preguntas planteadas para el desarrollo de la investigación. Es claro, por supuesto, que esta cercanía puede ser peligrosa, de acuerdo con el postulado de Bourdieu (1995) sobre la pertinencia de objetivar el sujeto objetivante. Con este propósito fue necesario recurrir a herramientas como el diario personal, de manera que se pudiera alcanzar un “distanciamiento metodológico” que permitiera una interpretación adecuada del sentido de los otros (Augé, 1994). Este modo de operar ha sido utilizado por los antropólogos, que desde hace más de medio siglo han venido aproximándose a nuevos universos culturales, cercanos a sus propios contextos, haciéndose necesario encontrar la manera de hacer extraño lo propio, de convertir en otro lo mismo, de objetivar al sujeto que objetiva. En esta investigación, el trabajo de campo del antropólogo se realizó incluso en su propia cotidianidad. Sus observaciones se hicieron en el terreno de estudio y se ampliaron hacia el espacio del investigador, donde se pudieron analizar diversas
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De influencia antioqueña.

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actividades y modos de consumo cultural comunes a los sujetos del estudio y al sujeto que estudia. La investigación se realizó con el método etnográfico en el cual el interés fundamental es identificar el significado del fenómeno estudiado desde la perspectiva de los agentes sociales, todo esto con base en un trabajo de reflexividad del etnógrafo (con sus condiciones particulares de género, edad, clase social, filiaciones teóricas, etc.) con la comunidad estudiada; de este modo, el conocimiento generado desde la práctica etnográfica, fue resultado de la relación entre el investigador y los sujetos de estudio a partir de la observación y la participación (Guber, 2001). El estudio se realizó durante 15 meses, comprendidos entre agosto de 2006 y octubre de 2007. Este lapso se dividió en varias fases: 1) revisión bibliográfica, con el fin de dar un sustrato formal al conocimiento del tema de la investigación, de los presupuestos teóricos que la orientan y de los contextos de trabajo; 2) el registro de la información durante el trabajo de campo; y 3) el análisis de la información y escritura del informe. El trabajo de campo se desarrolló con estudiantes de los grados diez y once, de los colegios de los contextos analizados6. Se decidió trabajar con jóvenes escolarizados dadas las facilidades de acceso a la población en instituciones educativas en las cuales se tenían contactos institucionales previos y, por otro lado, por las limitaciones de tiempo que no habrían permitido un trabajo etnográfico prolongado para acceder a la información con jóvenes desescolarizados. Tanto la vereda La Garrucha como el municipio de Filadelfia, tienen sólo un colegio. En contraste, el municipio de Riosucio cuenta con tres colegios, de los cuales se escogió el que tenía mayor presencia de estudiantes provenientes del sector rural.

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Colegio Oficial Integrado Filadelfia, Instituto Cultural Riosucio y la Institución Educativa Rafael Pombo de La Garrucha.

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instrumentos y procedimientos de recolección de la información
La encuesta
La aplicación de la encuesta hizo parte de la primera fase del trabajo de campo. Se realizó de forma autoaplicada en las aulas de clase, con la presencia del investigador que apoyó el proceso de diligenciamiento. Se realizaron un total de 174 encuestas a estudiantes de grados diez y once de cada colegio. Se indagó por aspectos como la procedencia de los sujetos (rurales o de cabecera municipal), edad, género, usos del tiempo libre, gustos estéticos, ingresos económicos, oficio y escolaridad de los padres. Estos datos permitieron caracterizar a los jóvenes participantes. A partir de la información registrada en la encuesta, se identificaron las posiciones de los sujetos de estudio dentro del espacio social, al identificar sus características de posesión de capital económico y cultural, a partir de los capitales escolares y económicos heredados de sus familias. Este conocimiento sobre las posiciones de los agentes en la estructura social se relacionó con sus disposiciones en el momento de identificar las actividades académicas o laborales sobre las cuales los jóvenes sienten mayor afinidad con respecto a su futuro. De este modo, se puede conocer la relación entre la información cuantitativa sobre la estructura social, y la información cualitativa sobre las expectativas y proyectos de los jóvenes.

Las entrevistas
En el ejercicio etnográfico, la entrevista desempeña un papel primordial. Este dispositivo técnico se comprende como una conversación (que es su principio básico), ya que es ésta la forma natural en que los lugareños acceden a revelar significados y creencias. Una vez realizada la fase exploratoria de la investigación con las primeras salidas de campo, se elaboró una guía de preguntas (en directa relación con el tema y los objetivos de la investigación) que orientó la dinámica de las entrevistas, sin que

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se limitara la emergencia de nuevas preguntas en el curso de una entrevista fluida y distensionada. Se hicieron entrevistas informales a diferentes agentes de las comunidades que tenían algún contacto más o menos directo con los jóvenes, entre quienes se encontraron padres de familia, docentes, directivos escolares, miembros de la policía, sacerdotes, funcionarios de la administración municipal y niños, entre otros actores, aprovechando todas las conversaciones en las cuales surgía algún tipo de información pertinente para los fines de la investigación. Se desarrollaron entrevistas individuales semiestructuradas así como entrevistas a grupos focales con los jóvenes de los colegios. Se entrevistaron siete jóvenes entre hombres y mujeres de los grados diez y once. Sumados los tres contextos locales, se realizó un total de 21 entrevistas individuales, a partir de las cuales se identificaron categorías emergentes para la investigación, relacionadas con las trayectorias de vida de los jóvenes, sus condiciones sociales de existencia y, en particular, las disposiciones con respecto a sus proyectos de vida, es decir, sus esquemas de percepción y apreciación de la realidad que orientan sus expectativas y conductas. Se realizó una entrevista a un grupo focal por cada contexto. En cada grupo focal participaron seis jóvenes entre hombres y mujeres. La intención con este tipo de entrevista grupal fue identificar los discursos de los jóvenes sobre sus iniciativas de movilidad social y de migración, en el marco de los sentidos atribuidos a los contextos propios y foráneos, haciéndose razonables las iniciativas de abandono de los lugares de origen. Producto de lo anterior, se lograron conocer los valores eficientes en la construcción de sus proyectos de vida (deseables) y que sus propios contextos no ofrecen. A partir de este procedimiento, se encontraron los oficios o profesiones que cuentan con mayor legitimidad entre las perspectivas de futuro de los jóvenes y los “lugares” de destino más legítimos en sus iniciativas de migración.

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La observación
Junto a las entrevistas, la observación participante es tal vez el elemento más eficaz para aproximarse al conocimiento de los significados que cada comunidad le atribuye a un fenómeno determinado. Una vez en el terreno, esta técnica consiste en un ejercicio de observación sistemática que el etnógrafo realiza de manera relativamente controlada sobre lo que acontece a su alrededor, inscribiendo sus resultados en un diario de campo (Guber, 2001). Para este fin, el investigador debe involucrarse y participar en las actividades cotidianas de la comunidad. Entre los escenarios principales en los cuales se desarrolló la observación se encuentran los colegios, donde el investigador logró ganar reconocimiento por su participación en actividades propias de la formalidad institucional, y de la informalidad del conocimiento práctico de los estudiantes7. La condición del investigador de ser percibido por los miembros de la comunidad como joven facilitó la interacción con los estudiantes, haciéndose fluida y espontánea la circulación de información que permitiera conocer sus formas de apreciar e interpretar la realidad. Se tuvo la oportunidad de participar en espacios diferentes del contexto escolar. Fueron momentos y escenarios diversos dentro del calendario ritual de cada colectividad, tales como días de trabajo, días festivos, fines de semana, noches, días de mercado, eventos deportivos, religiosos, familiares y actividades culturales o de convergencia comunitaria.

Apoyo a algunos docentes en el desarrollo de las clases, asesorías a los estudiantes, conversaciones en los horarios de descanso, en los ensayos de la banda estudiantil, etc.
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Procesamiento y análisis de información
El análisis se realizó desde el mismo momento del registro de la información, tanto en el trabajo de campo como en la revisión bibliográfica temática y teórica8. De este modo, se reconoce que la etapa de análisis de la información no se limita sólo a los últimos pasos de la investigación sino que fue concurrente con todo el proceso. La información producto de las encuestas se sistematizó con el programa SPSS. En primer lugar, se diseñó una base de datos para el ingreso de la información contenida en las encuestas. Luego, se elaboraron las tablas de frecuencias de respuesta y se identificaron tendencias y porcentajes para cada variable. Estos resultados se integraron en el informe final de acuerdo con las categorías de análisis según los objetivos de la investigación y la información resultante de las entrevistas y otras observaciones. La información producto de la transcripción de las entrevistas y del registro en el diario de campo se sometió a un proceso de codificación. Como resultado de este proceso se derivó el análisis y posteriormente la escritura del informe final, a partir de la conjunción de las categorías que se identificaron en el material de campo (categorías emergentes), y el marco teórico conceptual que guió la investigación (categorías teóricas).

La información registrada en campo se procesó y se analizó con la ayuda del programa para análisis estadístico SPSS versión 11.5 y el programa para análisis de información cualitativa Atlas Ti versión 5.2.
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el ConteXto y loS SuJetoS de eStudio
el contexto
La manera como se entenderá el contexto en este apartado se refiere a un ejercicio de ficcionalidad reflexiva del investigador, no en términos de ficción o de imaginación, sino de la participación de la subjetividad del investigador como ser histórico y cultural en la interpretación que realiza del entramado de significados de los entornos sociales estudiados (Geertz, 2000), y de los referentes teóricos, metodológicos y temáticos que enmarcan el total de lo producido en el informe. Se parte de un posicionamiento del investigador, que va desde el momento en que elige un cierto enfoque epistemológico y no otro, un determinado entorno y sujetos de estudio y no otros. Por esto, se trabaja la construcción nativa de la realidad, al tiempo que se expone la construcción que se hace para abordarla9. El informe refleja algunos elementos que caracterizan los diferentes contextos culturales de trabajo en directa relación con la pertinencia y relevancia para dar respuesta a los objetivos e intereses de la investigación. Se debe recordar que este estudio se plantea como análisis comparativo, no de grupos poblacionales (municipios y vereda), sino de las distintas iniciativas de movilidad social y de migración de los jóvenes que hacen parte de esos contextos, y de manera especial, aquéllos que cursan los grados diez y once en los colegios locales. Los contextos en los que se realizó esta investigación, los municipios de Riosucio y Filadelfia y la vereda La Garrucha en Manizales, se ubican dentro del espacio geopolítico–administrativo correspondiente al departamento de Caldas en el centro occidente colombiano.

Esta objetivación tanto del objeto como de la relación entre el sujeto que objetiva y el objeto de estudio es vista por Bourdieu como “objetivación participante” (1995, p. 43).
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Esta región del país se caracteriza por una economía basada principalmente en la producción y comercialización de café desde hace más de un siglo. Por otro lado, cuenta con elementos culturales propios de lo que Virginia Gutiérrez (1994) denominó complejo de la montaña o de tradición antioqueña, a lo que necesariamente se le suman las dinámicas culturales propias de la sociedad contemporánea. Cabe resaltar algunos aspectos importantes de este contexto cultural: una marcada tradición católica; una división sexual del trabajo en la cual las mujeres se dedican a la vida reproductiva, en la que se incluye la crianza de los niños, cuando se inculcan los primeros valores culturales y principios morales. Por su parte, los hombres se encargan de la actividad productiva para el sustento económico familiar. Los hogares muchas veces se conforman por familias extensas10, al tiempo que se presenta una inclusión en el universo de parentesco de otros miembros próximos de la comunidad, creándose así relaciones de cooperación bastante fuertes más allá de las redes familiares11, como amistad, vecindad y compadrazgo. Es claro que a los patrones culturales mencionados cada día se les presentan más excepciones. No obstante, son patrones que hacen parte de los elementos estructurados en estos contextos sociales en la actualidad, y conforman una base a la cual es necesario prestarle atención para la comprensión de la herencia cultural de los más novatos en términos generacionales dentro de esta comunidad: la juventud.

Se entiende por familia extensa la integrada por pareja conyugal, sus hijos y otros parientes como tíos, abuelos, primos, etc. A manera de hipótesis se plantea esta forma de organización social como respuesta a que, en estas comunidades, el lugareño logra entablar fácilmente gran empatía con cualquier visitante foráneo: “en Riosucio nadie es forastero” menciona un profesor refiriéndose a la rápida acogida que cualquier extraño puede tener dentro de su comunidad. Este fenómeno se plantea dentro de esta investigación como un valor cultural propio de esta región y que brinda sentidos de pertenencia a los agentes.
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Figura 1. Ubicación de los contextos de estudio en el departamento de Caldas

Nota: Se señalan en el mapa las cabeceras municipales. Fuente: Fundación FESCO, 2007.

Con la invasión europea en tierras americanas, hace ya más de cinco siglos, no sólo se instauró una religión (católica), desde entonces hegemónica, sino también, con ello, una nueva forma de organización social y del espacio. Los poblados se construyen a

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partir de una catedral imponente y la sede del poder político alrededor de una gran plaza desde la cual se podrían construir las casas del común de la gente (Muñoz, 1990). Esta es justamente la característica de los contextos incluidos en este estudio, en especial Riosucio y Filadelfia, y en menor medida, la vereda La Garrucha que, a pesar de ser un caserío sin una densidad poblacional alta, también cuenta con la iglesia como referente importante dentro de su forma de ordenar su mundo físico y social, en la geografía de la percepción y la representación del orden social. Figura 2. Estructuras arquitectónicas católicas en cada contexto

Nota: De izquierda a derecha se encuentran las iglesias como principales referentes de ubicación de los lugareños: La Garrucha (arriba), Riosucio (abajo La Candelaria y San Sebastián al centro), y Filadelfia (derecha). Son las edificaciones más sobresalientes –monumentales-, en comparación con la arquitectura general de cada contexto. Fuente: Trabajo de campo.

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los sujetos
Lo planteado en este apartado es producto de la información registrada a través de la aplicación de la encuesta. Se encuestaron 174 estudiantes de los grados décimo y once de cada colegio de los tres lugares en los que se enmarca la investigación. Entre éstos se encontraron 90 hombres y 84 mujeres en edades entre 14 y 21 años, siendo el rango de edad más común el que se encuentra entre 15 y 17 años. Entre los encuestados, se reconocieron como habitantes del sector rural el 57.7%, mientras que el restante 48.3%, reside en el área urbana. La totalidad de la población de La Garrucha corresponde al sector rural del municipio de Manizales. Entre el total de encuestados en el municipio de Filadelfia, se adscribieron al sector rural el 25% y en Riosucio el 50%. Se entiende que lo rural es visto por los jóvenes como el territorio que no pertenece a las cabeceras municipales, y por eso no está relacionado necesariamente con un modo de vida campesino. Sobre las familias de los jóvenes, se encontró que la escolaridad de los padres llega, en el 51.2% de los casos, hasta el nivel de educación primaria, situación similar a la de las madres (52.8%). En contraste, los niveles técnicos y universitarios tanto de madres como de padres cuentan con una ínfima representación del 4.5% de los casos totales. Por otro lado, la ocupación principal de las madres es la de ama de casa con un 67.3%, mientras que en el caso de los padres los oficios más frecuentes son los que no requieren de niveles altos de educación formal como son agricultor (el de mayor representación con un 40.8%), oficios varios, constructor o conductor. La mayoría de las veces (65.5% de los casos) los ingresos familiares apenas alcanzan el salario mínimo legal vigente (ver tabla 1).

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Tabla 1. Ingresos familiares por mes

Fuente: Encuesta, trabajo de campo

Aquí es importante resaltar dos puntos: por un lado, los padres de estos jóvenes son en su mayoría trabajadores del campo o trabajadores en oficios varios, de baja remuneración económica; y por otro lado, se observa que a la carencia de capital económico, se le suman las propias del capital cultural12 heredado por los jóvenes de sus familias. Estos aspectos son de vital importancia para el desarrollo de este trabajo, pues la identificación de la posición social de origen de los jóvenes permitirá comprender con mayor facilidad sus discursos e iniciativas de migración y de movilidad social.

12 Se entenderá la noción de “cultura” al momento de hablar de capital cultural no desde la acepción antropológica que la presenta como la urdimbre de significaciones que dan sentido a la realidad y orientan la conducta (Geertz, 2000), sino en el sentido de lo “cultivado”, del alemán kultur o “cultivo del espíritu”, como la forma en que se establece la “cultura hegemónica” o “legítima” en la sociedad moderna. El capital cultural, en este sentido, se encuentra en su estado institucionalizado en la forma de títulos escolares; objetivado, en la forma de bienes culturales como libros, etc.; e incorporado en el habitus (Bourdieu, 1998 y 1991).

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hAllAZgoS lAS RePReSentACioneS del “CAmPo” y del “PueBlo”
las representaciones del “campo”
Las representaciones que se refieren a continuación corresponden a los jóvenes del colegio de La Garrucha, que viven generalmente en fincas alimentadoras, es decir, fincas en las cuales se alimentan y hospedan los trabajadores que llegan de otras partes durante la recolección del café. Los recolectores de café son mano de obra asalariada, lo cual no corresponde con la economía propiamente campesina que sí se presenta en las fincas alimentadoras, donde las familias residen en el campo y trabajan –por lo menos parcialmente– para el autosustento. Esto se puede ver en la referencia que se hace en el grupo focal con los jóvenes, sobre la diferencia entre el contexto rural y el de la ciudad:
Acá no es como en la ciudad que si usted quiere, por ejemplo, comerse algo tiene que ir a comprarlo… Comprar un plátano, [risas] acá coge uno un racimo… mucha fruta se encuentra por acá. En Manizales tiene que comprar todo, cualquier cosa que para uno por acá es insignificante, pero para la ciudad puede que sea mucho. Por acá, puede tener hambre y frita un racimo de plátanos y se llenó.

Las familias de las casas alimentadoras de La Garrucha cuentan con un estatus más elevado entre la comunidad rural, pues reciben remuneración directa por los servicios prestados a los trabajadores, cuentan con relativa estabilidad laboral y tienen la posibilidad de cultivar productos de autoconsumo. Sin embargo, los miembros de estas familias consideran que este es un trabajo intenso, pues las mujeres, tanto las hijas como la madre, se encargan de preparar la alimentación para un número grande de trabajadores, que puede llegar hasta 40 o más en época de cosecha. Por su parte, los

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hombres, tanto los hijos como el padre, se encargan de trabajar la tierra y mantener en buenas condiciones la finca. Por su parte, los trabajadores que llegan de otras partes para la recolección del café son percibidos así:
Vienen de muchas partes. Vienen toda la semana a trabajar y luego se van para la casa. Eso en la cosecha, vienen de todas partes. Cuando no hay cosecha, y están trabajando acá, son personas que tienen una responsabilidad entonces buscan estabilidad en la finca, entonces no se mueven mucho. …viene gente de Manizales, Neira, Riosucio… del Huila, de Cundinamarca (Grupo focal, jóvenes).

Estos recolectores son un buen ejemplo de las personas que, en una economía de agricultura cafetera, trabajan en el campo pero no son propiamente campesinos sino trabajadores asalariados libres. Generalmente son hombres de los municipios o ciudades aledañas, que llegan al campo sin sus familias y que podrían cambiar con regularidad de lugar de trabajo según el ritmo de la oferta salarial de las diferentes fincas cafeteras. En la comunidad del campo la labor de recolector de café es vista como una actividad de gran exigencia física y de baja remuneración. Es un trabajo difícil de ejecutar (muchas veces los cafetales son en ladera) cuando el calor es intenso y peor en época de invierno cuando hay lluvias. El salario generalmente se cancela por semana y suele ser inferior al salario mínimo legal vigente, especialmente si el pago se realiza de acuerdo con la cantidad y la calidad del grano recolectado en el día. Además, es una labor en la que no se reconocen prestaciones sociales al trabajador. En esta medida, para los jóvenes sujetos del estudio, la vida en el campo representa el trabajo de la tierra para los hombres, o del hogar para las mujeres, lo cual es entendido como duro, pesado, difícil y poco deseable. Se trata de una alternativa de vida ajena a sus proyectos, pues se percibe como un camino opuesto a mayores posibilidades de estudio o de acceso a otras alternativas laborales, opuesto a sus iniciativas de movilidad social.

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Los jóvenes que crecen en el sector no ven como una alternativa razonable el trabajar en el campo. Las mujeres cuentan con pocas posibilidades de encontrar un trabajo con salario pues generalmente se desempeñan en oficios domésticos, razón por la cual resulta para ellas aún menos atractivo que para los hombres el desenvolverse en estos entornos rurales. Como resultado, son las mujeres quienes más se inclinan por irse a la ciudad. “De por sí, siempre se van más las mujeres porque ellas pues no tienen forma de trabajar en una finca, pues, alimentando los trabajadores, ¿cierto…? Pero no se ganan el jornal que se gana un hombre” (Hombre, 16 años). Tanto para hombres como para mujeres resulta más razonable abandonar la finca, antes que permanecer en el campo y desempeñarse en estos oficios en las condiciones que se les presenta. Entre los jóvenes se evidencia como incompatible el trabajo del campo con el estudio, pues quienes deciden quedarse trabajando en el campo son generalmente aquellos que no estudiaron o abandonaron tempranamente sus estudios. Por su parte, la gran mayoría de los que avanzan hasta los últimos grados en el colegio son los que prefieren irse para no seguir los oficios del campo: “Es muy poca la persona que le guste trabajar la finca… Pues, que termine el estudio para seguir trabajando la finca, es muy escaso” (Hombre, 17 años). Esta apreciación sobre los oficios propios del campo es compartida por los padres de los jóvenes, como se puede evidenciar en algunas referencias del grupo focal:
Muchas veces, los padres pierden las oportunidades de estudiar, entonces, ven que estudiar es como un beneficio para uno en el futuro… y no estar alimentando y trabajando en la finca. Ellos se ponen como ejemplo. Quieren que uno no haga lo mismo que ellos. Que tenga una vida mejor que la de ellos.

Los jóvenes ven en sus padres una especie de mártires que han trabajado mucho, que se han sacrificado y es hora de llevarlos a una mejor condición de vida. Es decir, para ellos, sus padres se han desempeñado en los oficios del campo por mucho tiempo, es hora de que dejen de vivir allí y que dejen de trabajar:

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Yo a ella le ayudo, pues, porque yo veo que a ella le toca muy duro, entonces yo quiero es estudiar para sacarlos a ellos también adelante. Que no tengan que trabajar, porque han trabajado mucho para mantenernos (Mujer, 15 años, La Garrucha). No, a mí no me gusta eso [trabajar en la finca], me gustaría estudiar y salir adelante con mis papás que les ha tocado trabajar mucho y a veces se enferman y todo… (Mujer, 17 años, Filadelfia). Pero como tiene sus cosas buenas también tiene sus cosas malas [la vida en el campo], por ejemplo, el trabajo de mi mamá, le toca muy duro y a mi papá también, claro que mi hermano y yo les ayudamos mucho. Por eso no queremos tener la misma vida que tienen ellos, así como mi papá toda la vida en el cafetal y mi mamá en la cocina quemándose las manos (Mujer, 16 años, La Garrucha).

De este modo, la imagen que se tiene del trabajador del campo, tanto del hombre como de la mujer, es de personas que tienen vidas poco deseables para un futuro. La vida en el campo se opone a la idea de salir adelante. Para estos jóvenes, si se piensa en salir adelante es porque se piensa en abandonar el campo, es decir, se tiene la percepción de estar en un lugar marginal dentro del espacio social, el campo es un lugar atrás y desde
el cual hay que salir adelante, yendo a la ciudad: A pesar de que el estudio tiene sus cosas malucas, como los exámenes y algunos profesores, es mucho mejor que el camino que hay en la finca… con el estudio se puede lograr salir adelante (Mujer, 16 años, Filadelfia). Pues yo nunca he vivido en la ciudad ciudad, pero yo creo que me gustaría más la ciudad, porque tiene uno más posibilidades. En el campo casi no se ven cosas, y en la ciudad usted está relacionándose con cosas nuevas, y va a ir aprendiendo mucho más (Hombre, 17 años, Filadelfia). A casi nadie le gustaría tener una vida aquí, no sé, queremos conocer más, no nadie quiere eso. Además, yo quiero sacar a mi familia del campo. Yo trabajar para mis papás… que descansen porque ellos ya han trabajado mucho para nosotros. Darles una buena vida, ojalá que pueda, darle estudio a mi hermanito, que él también salga adelante (Mujer, 16 años, La Garrucha).

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En contraste, el campo es valorado por los jóvenes como un lugar seguro, y un lugar donde no existe tanta dependencia del uso del dinero como medio de cambio:
Pueden dejar las puertas y las ventanas abiertas… en cambio mientras por allá [en la ciudad] tienen que vivir casi encerrados (entrevista grupo grupal). Sí, es muy bueno, porque en la ciudad un niño no puede salir a jugar, pues porque ¡ah no! que los carros, que un ladrón, que una cosa, que la otra. Mientras que por acá sí pueden salir y hay mucho para dónde echar, pueden ir a la escuela solos (Hombre, 17 años, La Garrucha). Pues, del campo me gusta la comodidad que tiene mi familia, porque en las ciudades tienen que pagar los servicios, pero por acá no. Tenemos una ayuda que es el fogón de leña, porque en la ciudad tienen que comprar el gas… no tienen que pagar arriendo por acá (Mujer, 15 años, La Garrucha).

Como si fueran las dos caras de una misma moneda, el campo se opone a la ciudad en muchos aspectos, de modo que la referencia a las cualidades de uno sirve para reconocer las deficiencias del otro: mientras el campo es seguro, la ciudad es insegura; mientras en el campo se presenta una economía campesina que permite espacios de autosustento, en la ciudad toda la economía está mediada por la circulación del dinero. En la misma línea, se relaciona la ciudad con contaminación, bullicio y estrés; en cambio, el campo representa tranquilidad, aire puro, naturaleza:
Sí, por acá es muy tranquilo, no se ve pues tanto bullicio, tanta cosa como en la ciudad, por acá se acuesta uno y duerme muy bueno, uno está respirando un aire puro, porque es que en la ciudad de por sí es un aire muy maluco (Hombre, 17 años, La Garrucha).

En suma, el campo cuenta entre los sujetos de estudio con un sentido ambivalente, pues representa tranquilidad, facilidades de subsistencia y seguridad, al tiempo que representa estancamiento en las iniciativas de movilidad social de los jóvenes, limitación, puertas cerradas y deficientes condiciones laborales.

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las representaciones del “pueblo”13
La imagen que se tiene del pueblo entre los jóvenes corresponde con un espacio liminal entre el campo y la ciudad, lo cual no dista de la premisa de Bengoa de que “Los pueblitos campesinos de antes se ven transformados por el hibridismo del que ha hablado García Canclini… las fronteras entre el mundo rural y el urbano no han dejado de volverse cada vez más difusas” (2003, pp. 80-81). Ahora, no se debe perder de vista que la representación de los agentes sociales del campo, de la ciudad, o del pueblo, depende de determinados procesos sociohistóricos y culturales. Por esta razón, es útil reconocer que, del mismo modo que los contextos rurales son heterogéneos, incluso dentro de un mismo país o región, el pueblo también lo es. Según estas percepciones, se consideró importante identificar la manera como el pueblo ha venido marcando su distancia de la tradición campesina, y explorar la forma en que los jóvenes (del campo14 y del pueblo) hacen uso de su tiempo. En el campo, los jóvenes están vinculados al trabajo desde edades tempranas, (en mayor o menor medida según si se está estudiando o no), como parte de las funciones propias de cada miembro de la unidad familiar y económica campesina de autosustento parcial, con lo cual adquieren las habilidades necesarias para ganar dinero dentro de una región de explotación cafetera (si así lo desea) a cambio de su fuerza de trabajo. Según lo afirma un dueño de finca cafetera en Filadelfia, este panorama ha sufrido transformaciones para este municipio, pues: “Antes, el cien por ciento de los jóvenes se involucraba desde pequeños en el trabajo del campo, pero ahora estudian todo el día y no hacen nada en la finca” (Hombre, aprox. 47 años).

13 Cuando en este escrito se hace referencia a la noción de pueblo, no se pretende hablar del “pueblo” como categoría universal, sino más bien de la construcción resultante de las referencias de unos sujetos determinados en un contexto cultural de tradición antioqueña. 14 Al momento de hablar de “el campo” en este apartado para realizar comparaciones con el pueblo, se hará con relación a las ‘características de campo’ del sector de La Garrucha.

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Con el pasar del tiempo, la participación de los jóvenes en las actividades de la finca se ha venido desvaneciendo en las dinámicas propias del pueblo, lugar donde es más claro el derecho legítimo de los jóvenes de no trabajar15, incluso para quienes viven en el campo cerca de la cabecera municipal. En cambio, al no trabajar, la actividad principal del joven del pueblo es el estudio, y luego de la jornada de clases puede realizar diferentes actividades de socialización con sus pares como el deporte, la música (como en el caso de las bandas estudiantiles) o talleres artístico–culturales. Se tiene de este modo que los jóvenes del pueblo, aún cuando viven en fincas cercanas a la cabecera, generalmente cuentan con la posibilidad de invertir su tiempo en actividades diferentes a las del trabajo en el campo, una vez cumplidos sus compromisos académicos. Por su parte, los jóvenes del campo viven cada cual en unidades domésticas distantes unas de otras; su mundo social se constituye por su familia y algunos de los lugareños más cercanos, lo que limita sus posibilidades de hacer un uso de su tiempo basado en la socialización con sus pares o coetáneos, como sí ocurre con los jóvenes del pueblo o de la ciudad. Lo anterior permite comprender la posición de una joven del campo cuando dice: “A mí me gustaría que tuviéramos la forma de venirnos para acá para el pueblo… eso por allá [en la finca] es muy maluco” (17 años). El pueblo para los jóvenes es un lugar que se valora positivamente, lo que se puede ver representado en calificativos como: “este pueblo es chévere”, “muy bueno”, “pasivo”, “bacano”; sumados a otros que se le aplican a “la gente del pueblo”, como “amigable”, “solidaria”, “muy unida”, “somos jóvenes sanos”, “generosos”, “lo ayudan mucho a uno”. La experiencia de ser joven en el pueblo (igual que la de ser niño) es agradable según se puede evidenciar en las siguientes referencias de campo:

Se debe aclarar que un joven, según la ley colombiana, es una persona entre 14 y 26 años, que legalmente tiene derecho a no trabajar antes de los 18, edad a partir de la cual el trabajo incluso se empieza a considerar un derecho. En el presente escrito se pretende señalar el derecho a no trabajar en el caso de los jóvenes sujetos de estudio, en la concepción de las comunidades de trabajo y no en la perspectiva legal o jurídica.
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Por acá es muy fácil ser amigo de todos, todos lo conocen a uno, al menos se distinguen… Aquí nadie se pierde, una ciudad es muy grande… Acá uno sale y da una vuelta, y nunca se pierde, puede caminar… Uno en un pueblo está de afán, y así le toque coger un taxi pero siempre llega a la hora que es. Uno por acá sale tarde de la noche si uno quiere y puede caminar, mientras que en cambio en una ciudad, atracan quien sabe en un día cuánto. Acá si uno tiene problemas, que lo van a cascar, entonces alguien dice ‘ah! que ese pelado yo lo distingo’ y lo ayudan a uno (Grupo focal, jóvenes Riosucio). Lo que más me gusta del pueblo es la gente, porque es un pueblo muy pasivo, y es un pueblo muy bacano. Todos nos la llevamos bien en Filadelfia… es un pueblo bueno, porque la gente es muy unida. La comunidad en general es muy unida (Mujer, 15 años). La gente, es muy generosa, pues sí, le ayuda mucho a uno, uno necesita algo y ellos le ayudan, son solidarios. Me gusta el coliseo, el parque, pues que uno puede ir al coliseo a jugar y divertirse y todo, [y cuando hacen los juegos, las fiestas…] Ah sí, muy bueno, o el 31 de diciembre, no es que todo. Y es un pueblo muy sano y todo… y por acá todo queda cerca, en cambio por allá [en la ciudad] por donde me meto me pierdo (Mujer, 17 años, Filadelfia).

El pueblo comparte con el campo atributos como la seguridad, la tranquilidad, las facilidades económicas y la solidaridad de la gente. Pero, al mismo tiempo, marca su diferenciación con el campo a partir de las posibilidades que tienen los jóvenes para acceder a determinados bienes y servicios, para interactuar con otros sujetos (representado en los espacios destinados para la recreación y el esparcimiento como las zonas deportivas, centros recreativos y la plaza como lugar de encuentro en cada pueblo). A estos aspectos se suman las diferentes fiestas y eventos de convergencia comunitaria propios de cada contexto. Entre las diferentes actividades con que cuentan los jóvenes en el pueblo se encuentran:

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Los jóvenes van mucho al gimnasio, muchos van al ecoparque que es más arriba. Usted baja y usted ve una piscina y dos canchas, ahí se mantienen mucho los jóvenes [¿Es gratuito?] Si eso es gratis, eso lo hizo el mismo gobierno. Acá también les gusta mucho el folclor, los que no están en las danzas bailando, están tocando música de chirimía, la comparsa, toda la gente de por acá admira mucho eso, algunos están en la banda de guerra o en la banda de músicos, ya sea en la normal [colegio] o acá en el cultural (Hombre, 18 años, Riosucio). En general, somos jóvenes sanos, nos gusta la rumba, participamos en todas las fiestas de acá, tenemos mucho sentido de pertenencia por el pueblo, algunos no hemos nacido acá, pero igual hemos aprendido a tomarle aprecio a este pueblo (Hombre, 16 años, Riosucio). Me gusta por ejemplo “La Frontera” [centro recreativo] porque uno allá se divierte mucho, hay piscina, pesca, no cobran la entrada… o está el coliseo o el parque [plaza]. Tengo muchos amigos, entonces salir a pasear con ellos o con la familia… Se va uno para un río desde por la mañana, uno lleva a la mamá para poder tener el almuerzo por allá (Mujer, 17 años, Filadelfia).

De la misma manera que la representación del campo para los jóvenes de La Garrucha se configura a partir de la distancia que se establece con la ciudad, la representación del pueblo se define a partir de las características que lo hacen diferente a la ciudad. Estas características son, por ejemplo, el ambiente comunitario producto de lazos fuertes de solidaridad, la seguridad, las facilidades de subsistencia con poco dinero y la tranquilidad. No obstante, existen otros elementos que permiten acentuar esta distancia entre el pueblo y la ciudad, que tienen que ver con los proyectos y aspiraciones de los jóvenes en su futuro: “Pues este pueblo es muy chévere, pero cuando uno es niño y por ahí hasta los 18, porque de resto por mi parte pues uno quisiera irse, pues no sé, conocer muchas cosas diferentes” (Mujer, 18 años, Riosucio). Una vez se ha reconocido el significado del pueblo para los jóvenes a partir de una serie de cualidades, se comienza, a partir de una determinada etapa de la vida, a definirse desde la base de la carencia, desde lo que no tiene, de lo que no ofrece. Tanto la representación del campo como la del pueblo viven tras la sombra de la imagen que se tiene de la ciudad, lugar donde se confía se encontrará lo necesario para suplir las

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carencias que, según se percibe, existen allí donde se ha crecido. Como si la vida en el campo o en el pueblo hiciera parte de una etapa idílica de inocencia y armonía que llega hasta los 18, momento en el que se hace necesario superar esa etapa, y el camino está en la ciudad. Así las cosas, el ambiente comunitario que en un momento es valorado positivamente por los jóvenes, pues representa lo “fácil que es ser amigo de todos”, y que “todos se conocen”, junto con la cualidad de que “todo queda cerca” y “nadie se pierde”, se transforma en una especie de claustrofobia social, pues, para los jóvenes, su experiencia de vida en el pueblo se torna “asfixiante” por los comentarios que las personas pueden hacer sobre sus propias vidas. Se reclama la individualidad propia de lo urbano16 donde “cada quien hace lo que quiere y no se meten en la vida de uno” (Mujer, 16 años, Riosucio). Y es como reflejo de la exaltación a esta individualidad de los contextos urbanos como surge el dicho popular “pueblo chico, infierno grande”. Otra manifestación de esta claustrofobia social se tiene en la referencia de una joven de Riosucio que dice: “Yo no sé, es que uno se cansa porque es que uno mira para todas partes y todo es lo mismo, la gente es lo mismo, por eso me gusta ir a Manizales, porque hay más lugares para conocer y gente distinta y todo” (18 años). El pueblo se presenta para los jóvenes como algo incompleto, que no cuenta con las condiciones necesarias para el desarrollo de sus vidas, lo que justifica sus iniciativas de abandonarlo:
Es que a mí no me gustan las ciudades, es que, qué bueno que aquí en Filadelfia hubiera algo así [estudios universitarios], pero como acá no hay, me toca que irme de obligada pero no me gustan las ciudades, uno pasa más bueno en un pueblo… (Mujer, 15 años, Filadelfia).

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Esta individualidad de lo urbano se puede asociar con la idea de “ciudadano”, en esencia, sujeto de derechos, libre y autónomo.

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Acá no se encuentran las cosas suficientes, empresas o fuentes de empleo para poder vivir. Entonces de pronto, queda más fácil irse para las ciudades a buscar alternativas. Acá no hay empleo. También puede ser algo de competencia, puede que haya muchas personas capaces de hacer trabajos pero hay pocos lugares para trabajar. Entonces uno sale del colegio y no le queda nada por hacer acá. No pues el pueblo es muy bueno, pero uno quiere salir adelante y trabajar para uno y para la familia, porque por acá no le pagan bien a uno, si mucho quince mil y uno tiene muchos gastos, porque por ejemplo yo tengo una niña, entonces tengo que irme y conseguir algo para mi hija y para mí. (Grupo focal, Riosucio).

Como ocurre con la representación del campo, los jóvenes perciben que el pueblo es incompatible con la idea de salir adelante. Es una característica consubstancial del pueblo, de acuerdo con lo que se puede inferir desde los mismos jóvenes, el no contar con las alternativas necesarias para que éstos desarrollen sus proyectos de vida, como el estudio y el empleo. Es atributo de un pueblo el no contar ni con el empleo ni con la oferta académica necesaria para sus habitantes. Por lo cual, si un joven permanece en el pueblo, esto significa no salir adelante. El pueblo no sólo es sinónimo de falta de oportunidades laborales y escolares, también es “monótono”, “aburrido”, donde “no pasa nada” y “no hay qué hacer”. Sin embargo,
hay entre los jóvenes unas ganas muy grandes de conocer cosas nuevas, de explorar, de conocer otras formas de pensar, otras mentalidades y estas cosas no se encuentran en un pueblo, sino en una ciudad (Hombre, 18 años, Riosucio).

Por este motivo, el pueblo y la juventud se excluyen mutuamente, son incompatibles, resultando así razonable que el joven intente encontrar esas alternativas y esas nuevas cosas en la ciudad. Es así como el pueblo pasa de ser un lugar valorado positivamente por los jóvenes a ser un lugar devaluado para ellos en relación con sus proyectos de vida. Un pueblo es, pues, un lugar sin oportunidades, sin diversidad, donde no se sale adelante, es decir, no es una ciudad. Esta carga negativa de la representación de pueblo se evidencia en Filadelfia, donde un joven afirma: “No, pero es que Manizales igual también es

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un pueblo, eso allá es muy difícil conseguir trabajo… es mucho mejor Medellín” (16 años). No es suficiente con que en términos administrativos se determine qué es una ciudad o qué no lo es. En la representación de los jóvenes, el estatus de ciudad o de pueblo se determina a partir de las oportunidades de “conocer cosas nuevas” y de las alternativas laborales y académicas que ofrezca cada contexto.

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entRe “lo RuRAl” y “lo uRBAno”: loS ConSumoS CultuRAleS de loS JÓveneS
Los jóvenes sujetos de este estudio hacen parte de una nueva cultura, como la llama Parra (1998) (que sigue el ritmo de las zonas más modernizadas de la sociedad) que marca distancia con el mundo adulto (que por el contrario, “se mueve con lentitud”). Para Carles Feixa (1996b) se trata de una característica propia de lo que ha denominado culturas juveniles17, las cuales se identifican a partir de la novedad constante, pues “a diferencia de las culturas populares, que pueden definirse como rebeldes en defensa de la tradición, las culturas juveniles aparecen a menudo como rebeldes en defensa de la innovación” (p. 75). Feixa ve en su propuesta conceptual de las culturas juveniles una opción de abordar el estudio de los jóvenes a partir del análisis de los diferentes usos del tiempo libre y de la objetivación de los diferentes estilos de vida distintivos de los jóvenes. En este orden de argumentación, el autor ve que en el plano de las imágenes culturales18:
Las culturas juveniles se traducen en estilos más o menos visibles, que integran elementos materiales e inmateriales heterogéneos, provenientes de la moda, la música, el lenguaje, las prácticas culturales y las actividades focales. Estos estilos tienen una existencia histórica concreta, son a menudo etiquetados por los medios de comunicación de masas y pasan a atraer la atención pública un período de tiempo, aunque después decaigan y desaparezcan (1996b, p. 74).

Aún cuando el concepto de culturas juveniles se presta para el estudio tanto de la norma como de la desviación de la misma, para la presente investigación, dentro
“(En plural y sin prefijo) como forma de evitar el uso esencialita y homogeneizador del término cultura juvenil” (Feixa, 1996b, p. 72). 18 Entendidas como el conjunto de atributos simbólicos asignados y/o apropiados por los jóvenes, y para las cuales se encuentra complementariamente el plano de las condiciones sociales o “conjunto de derechos y obligaciones que definen la identidad del joven en el seno de una estructura social determinada, las culturas juveniles se construyen con materiales provenientes de las identidades generacionales, de género, clase, etnia y territorio” (Feixa, 1996b, p. 74).
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de los mundos juveniles, interesa concentrar la atención en los grupos de jóvenes “menos visibles y etiquetados”, para utilizar expresiones de Feixa, que los que suelen ser “más visibles” y con estilos “espectaculares”. Es decir, este estudio se centra en una parte de la población joven que construye su identidad a partir de la semejanza con otros (desde la mimesis con los otros, lo que los hace “menos visibles”), no desde la diferencia, como sí lo harían las llamadas subculturas juveniles (también identificadas en otros estudios como bandas o tribus). Se trata de esa parte de la población entre las culturas juveniles más cercanos a la “norma”, a la mayoría, que se ven y quieren ser ‘normales’, mientras, “las subculturas (minorías) se afirman y quieren ser subculturas (diferentes y mutantes)” (Muñoz, 1998, p. 217). La discusión sobre las culturas juveniles termina por conducir necesariamente al campo de los gustos de los jóvenes. Los gustos, definidos como la “propensión y aptitud para la apropiación (material y/o simbólica) de una clase determinada de objetos o de prácticas enclasadas y enclasantes” (Bourdieu, 1998, pp. 172-173), permiten identificar entre los jóvenes preferencias –capacidad de diferenciar y apreciar– en materia de consumos culturales y de prácticas específicas que marcan un estilo de vida particular, permitiendo la identificación de su posicionamiento en el espacio social, en relación o en contraste con otros grupos o clases de edad dentro del espacio social19. El acercamiento hacia el estilo de vida de los sujetos de estudio se desarrolla a partir del análisis de la manera como emplean su tiempo libre y de sus consumos culturales (en especial masmediáticos). De acuerdo con la encuesta, escuchar música –especialmente en emisoras radiales–, ver televisión, ayudar en las labores del hogar, compartir con los amigos y dormir, son en orden de importancia las principales actividades en las que los jóvenes invierten su tiempo libre.

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El plano de las representaciones de la realidad también aplica al sustrato material de la misma, o mejor, biológico, pues la misma percepción de ser ‘joven’ (mujer, negro, anciano, enfermo, discapacitado, etc.) en términos físicos o biológicos se encarga de definir y afirmar diferencias con los otros en términos sociales. En palabras de Bourdieu se trata de un proceso de “socialización de lo biológico y biologización de lo social… como fundamento natural de la división arbitraria que está en la representación de la realidad… La diferenciación biológica de los cuerpos naturaliza la diferenciación socialmente establecida” (1999a, pp.14-24).

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Los usos del tiempo libre tienen características diferentes de acuerdo con el género. Mientras las mujeres tienen una relación estrecha con las actividades dentro del hogar, los hombres se desenvuelven principalmente fuera de casa. Esto se ve en el hecho de que para las mujeres la participación en los oficios del hogar se configura como la tercera actividad que ocupa su tiempo libre (luego de escuchar música y ver televisión), mientras que para los hombres los oficios del hogar hacen parte de la última de sus prioridades dentro de las actividades que suelen ocupar su tiempo libre. Por otro lado, aunque ver televisión y escuchar música son las actividades de mayor prioridad tanto para hombres como para mujeres, suelen tener un peso más significativo para las mujeres. Entre tanto, el hacer deporte y pasarla con los amigos son prioridades más de los hombres que de las mujeres. Ciertamente, las principales actividades en las que estos jóvenes invierten su tiempo libre revelan un alto grado de consumo masmediático (radio, tv), quedando relegadas actividades como el ver cine, el internet, pasar tiempo en familia o la lectura. Por esta razón, se valida la idea de Muñoz de que “la televisión y la música no son puro ruido; juegan un importante papel en la estructuración de las identidades, lógicas y comportamientos” (1998, p. 199). La actividad en que más tiempo suelen invertir los jóvenes es escuchar música. El consumo de música se realiza fundamentalmente a través de emisoras radiales, en especial las dirigidas a la población juvenil, entre las cuales predominan géneros20 como el reggaeatón, pop latino, balada pop/rock, popular (“despecho”) y géneros tropicales como el vallenato, la salsa y el merengue. La primera preferencia es por la música regueatón (lo cual coincide con la emisora más escuchada especializada en este género, y los tres primeros lugares en preferencia de cantantes), seguido por tropical (salsa, merengue), luego en menor escala el vallenato y la romántica, y el pop latino (música fusión pop rock en español). Se relegan a los últimos lugares, casi sin representación, las preferencias por géneros como la música clásica, el jazz, el metal, la electrónica y la tradicional colombiana.

La clasificación de los géneros se realizó a partir de la oferta en emisoras radiales de la región y el reconocimiento que éstas hacían de los géneros musicales.
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Escuchar música es una actividad que se realiza mientras se llevan a cabo otras actividades. Tanto el radio como el televisor son miembros activos y casi permanentes en la vida familiar. Generalmente, está el sonido de un radio (sintonizado por los jóvenes) que sirve como telón de fondo para el transcurrir de la cotidianidad en el hogar: “la música se confirma como ‘socia del alma’, fuente primordial de la cual extraen los jóvenes ideas y sensaciones compatibles con su percepción del entorno” (Muñoz, 1998, p. 203). Dado lo anterior, resulta importante señalar que los temas más frecuentes en las preferencias musicales de los jóvenes suelen tratar principalmente sobre el amor y el desamor, y muy especialmente se refieren a los ambientes de fiesta y espacios de ocio reconocidos como juveniles, generalmente representados en ambientes urbanos como las discotecas, los bares y los centros comerciales. Por su parte, la televisión se presenta como el segundo consumo cultural preferido por los jóvenes, aunque existe también allí cierta preferencia por la música cuando se mezcla con la imagen a través de la televisión. Las preferencias en materia de oferta televisiva también difieren de acuerdo con el género. Mientras las mujeres se inclinan por las novelas, seriados juveniles de tramas románticas y realities, los hombres muestran preferencia por los dibujos animados, las comedias, los deportes y seriados de acción y aventura. Los programas preferidos por los jóvenes (Los Simpsons para los hombres y Floricienta para las mujeres) muestran un escenario que, por un lado, se articula con sus “propias frustraciones e iras profundas por no poder ascender socialmente”21 y, por otro lado, muestran un panorama de modelos de vida perfectos, glamurosos, donde el éxito hace parte de la vida misma. En esta línea de argumentación, aparece el concepto de cultura mediática, como una nueva configuración cultural engendrada a partir del desarrollo tecnológico y de los medios de comunicación. Para este nuevo escenario:

21 Esta idea es tomada de un análisis realizado por Germán Muñoz (1998) al estudiar las culturas juveniles en Bogotá, sobre programas televisivos como Los Simpsons y Beavis & Butt-head, representantes del “más auténtico producto de la cultura mediática postmoderna: crudos, agresivos, asociales, irreverentes…” (p. 197).

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Muchos modelos de ser hombre o mujer, exitoso o fracasado, poderoso o incapaz, así como sentidos de clase, etnia, nacionalidad y sexualidad… son tomados de la valoración que proponen los medios. Como en un supermercado, el joven encuentra provisión de símbolos, mitos, objetos deseables, creencias, juicios compartidos acerca del bien y del mal, en una globalización mundial de la cultura (Muñoz, 1998, p. 196).

Y es que la televisión ha introducido “un des-ordenamiento cultural” pues para la época actual “ni los padres constituyen el patrón eje de las conductas, ni la escuela es el lugar legítimo del saber, ni el libro es el centro que articula la cultura” (Barbero, 1998, p. 29). De este modo, se configura un estilo de vida particular que no es otra cosa que una manera de ser joven, coherente con códigos que circulan entre los pares y muy especialmente a través de los medios masivos de comunicación. Son jóvenes en la era del des-ordenamiento cultural, de la sobremodernidad, de la cultura mediática posmoderna. Existe un amplio mercado de símbolos específicamente para los jóvenes. Como toda ley de oferta y demanda, los medios de comunicación y los jóvenes tienen una relación de doble vía: tanto los jóvenes ven en los medios elementos para estructurar su identidad juvenil, como los medios y los mercados publicitarios van a los jóvenes para identificar los referentes materiales y simbólicos que deben ofertarse22. Es así como se constituye la imagen de los ídolos del momento, que van desde un deportista, hasta actores de cine, televisión y cantantes, que se encargan de fundar o re-crear tendencias que marcan estilos de ser joven. Esta dinámica repercute en los gustos de los jóvenes en sus prácticas, sus valores y sus artículos materiales que los identifican como sujetos jóvenes en un contexto particular, considerando que los objetos materiales “no son ‘objetivos’, es decir, no son independientes de los intereses y de los gustos de quienes los aprehenden” (Bourdieu, 1998, p. 98).

22 Es de resaltarse que los jóvenes no son sólo receptores de patrones culturales sugeridos por los medios, pues también participan (son actores además de receptores) en el campo de la producción y circulación culturales (Feixa, 1996a, 1996b y 1999).

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Durante el trabajo de campo se identificaron en los sujetos del estudio, como parte de un conjunto organizado, características propias de jóvenes urbanos, que van desde el vestido, el peinado o los accesorios que se llevan en el cuerpo, hasta los modos especiales de agrupación, decoración de la propia habitación, caminar y expresar ideas de forma verbal y no verbal. Es decir, la configuración de los estilos de vida es “expresada en un conjunto más o menos coherente de elementos materiales e inmateriales, que los jóvenes consideran representativos de su identidad como grupo” (Feixa, 1996b, p. 78), y esta identidad como grupo excede los límites de sus contextos próximos de pueblo o de campo. En este apartado se quiere notar la coherencia que existe entre los estilos de vida de los jóvenes del campo y de pueblo con unos estilos de vida que podrían llamarse “más urbanos”. No se trata de homogenizar en el espacio social y geográfico toda la población reconocida como “joven” –pues cada contexto se apropia de lo global de manera particular–. Lo que se pretende es resaltar la afinidad de los sujetos del estudio con modos de vida urbanos, que distan cada vez más de los modos de vida tradicionales cercanos al campo (modos de vida campesinos), y que repercuten de manera activa en los proyectos de vida de los jóvenes, en sus iniciativas de movilidad social y de migración. De igual modo, se advierte una estrecha coherencia con lo expuesto por Feixa al indicar que “en la medida que los circuitos de comunicación juvenil son de carácter universal –mass media, rock, moda–, que hay problemas como: el desempleo que afecta a los jóvenes de diversas zonas; la difusión de las culturas juveniles tiende a trascender las divisiones rural/ urbano/metropolitano” (1996b, p. 77).

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PeRSPeCtivAS de movilidAd SoCiAl
El hombre moderno vive bajo la ilusión de saber lo que quiere, cuando, en realidad, desea únicamente lo que se supone (socialmente) debe querer.

Erich Fromm (1985, p. 278)

Es evidente una afinidad de los jóvenes con las lógicas de los modos de vida urbanomodernos que se oponen en varios aspectos a los del campo o del pueblo. El éxito de esto obedece al hecho de que los jóvenes han interiorizado las reglas de lo que podría llamarse el juego de la modernidad. Es decir, los intereses de las personas se han transformado con el devenir de la historia, y en un sentido particular, los intereses de los jóvenes del campo han sufrido transformaciones tras la aparición de las nuevas representaciones generadas a partir de lo moderno y su lógica “urbana”. Es aquí donde la noción de illusio resulta aplicable, pues “se refiere al hecho de estar involucrado, de estar atrapado en el juego y por el juego” (Bourdieu, 1995, p. 80). Estar atrapado en y por el juego de la modernidad implica creer en sus mitos, en la trama de significados que le dan sentido. Por otra parte, también es contar con el interés de ganar, de apostar (invertir) mediante una determinada estrategia con el fin de salir triunfante en el juego del “éxito”, dentro de las perspectivas de la sociedad occidental. El interés también es tomado como ilusión, en tanto producto de un arbitrario social e históricamente constituido. Esto indica que ningún juego, ninguna lógica del éxito social es natural en sí mismo. Siempre hay en el juego intereses y valores que varían de acuerdo con la trayectoria que toma una sociedad en su constitución histórica. Se entenderá a manera de ejemplo que “desde la ‘modernidad’ occidental la conducta exterior del hombre que se dedica al [budismo] zen no es significativa. Está plenamente dedicado a su vida interior; exteriormente puede vestir harapos y trabajar como un jornalero insignificante” (Fromm y D.T. Suzuki, 1994, p. 83). En este ejemplo, los intereses, los valores y, por consiguiente, las apuestas en el juego son radicalmente distintos: mientras para el

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budismo zen el interés final se centra en el cultivo de la vida interior, para el hombre moderno se centra más en la acumulación de bienes materiales y simbólicos para la consolidación de un estatus (basado en el prestigio) específico dentro de la sociedad (“ser exitoso”, “salir adelante”, “ser alguien el la vida”). Socialmente condicionados, los intereses modelan al mismo tiempo las disposiciones de los agentes sociales frente a sus gustos y necesidades (las representaciones del éxito y de lo necesario varían de un contexto social a otro). De este modo, la configuración de los proyectos de vida de los jóvenes sujetos de estudio (sus disposiciones frente a su futuro deseado) se da de acuerdo con las lógicas prácticas heredadas de la “modernidad” y, especialmente, en una posición particular en el espacio social, como parte del campo y del pueblo en el departamento de Caldas. En este apartado, se exploran los aspectos que, en esa posición particular, influyen en los jóvenes para configurar sus proyectos de vida.

lo que un joven “debe hacer” en su futuro: las instituciones de enseñanza o de transmisión cultural
La familia
La familia es el primer agente socializador con el que se encuentra una persona para hacer parte de una sociedad. Los padres, a través de sus personalidades, “transmiten al niño lo que podría llamarse la atmósfera psicológica o el espíritu de una sociedad” (Fromm, 1985, p. 314). Este autor se refiere en esta línea al concepto de carácter social, que tiene entre sus funciones internalizar “las necesidades externas, enfocando de este modo la energía humana hacia las tareas requeridas por un sistema económico y social determinado” (1985, pp. 310-311). De este modo, de acuerdo con lo planteado por Fromm, el carácter individual encuentra una identidad con el carácter social a través de la educación, con el fin de que el individuo finalmente “cumpla con lo que socialmente le toca cumplir”.

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Producto de esto, dentro de un contexto social determinado, las nociones de éxito o fracaso se pueden determinar a partir de la coherencia entre el rumbo de la trayectoria vital de un individuo y lo que su entorno social espera –y exige– de él. La familia se encarga de imprimir en el sujeto una herencia que garantice la reproducción social, a partir de un proyecto preestablecido que tiene como fin el ascenso en la escala social. El acto de heredar se traduce en “relevar las disposiciones inmanentes del padre, transmitidas inconcientemente por acciones educativas orientadas hacia la perpetuación del linaje; aceptar convertirse en un dócil instrumento de ese ‘proyecto’ de reproducción” (Bourdieu, 1999b, p. 444). Los padres tienden a reproducir, aunque se podría decir que las más de las veces a mejorar, a través de sus hijos su posición en el espacio social. La posición contribuye a determinar las posibilidades objetivas de los agentes, complementadas por sus esperanzas subjetivas, todo esto según si se está mejor o peor provisto simultáneamente de capital económico y cultural (Bourdieu, 1998). Para este cometido, se despliegan una serie de estrategias (no siempre de manera consciente), entre las cuales se encuentra la inversión en el capital académico como una de las preferidas. Parra (1996) muestra23 cómo ha aumentado en Colombia, pasando por tres generaciones diferentes, el apoyo de los padres hacia sus hijos en el proceso de educación formal. Este fenómeno obedece, en parte, al hecho de que la industrialización de la economía colombiana ha ocasionado una mayor demanda de personal cada vez más calificado con educación formal, es decir, la educación aparece como el medio para alcanzar el ascenso social. Dado lo anterior, es de notar que la inversión en el capital escolar conlleva, para los jóvenes del campo, una obligada decisión de emigrar a las ciudades si se quiere continuar con sus estudios luego del colegio. Justamente, esta iniciativa es impulsada por los padres y otros miembros de la familia de los jóvenes, de acuerdo con lo que éstos señalan:

Basado en el estudio de Virginia Gutiérrez de Pineda: Estructura, función y cambio de la familia en Colombia, publicado por la Asociación de Facultades de Medicina en 1976, citado en: Parra, 1996.
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A mi mamá le gustaría que siguiera estudiando, en cualquier cosa, pero que siga estudiando y a mi papá le gustaría que hiciera algo, pues, que no me quedara en la casa y que les ayudara (Hombre, 16 años, La Garrucha). De mí quieren [los padres] que yo siga estudiando, hay una tía en Manizales que me dice que ella me ayuda, que me vaya a vivir en la casa de ella. Hay un primo en Medellín que es médico, él me dice que me da la carrera, pero que no me vaya a quedar en la finca (Mujer, 16 años, La Garrucha). Mi papá quiere que estudie una ingeniería, no sé por qué, y mi mamá siempre me ha dicho que estudie lo que quiera pero que estudie (Mujer, 17 años, Filadelfia). Muchas veces, los papás de uno perdieron las oportunidades de estudiar, entonces [el estudio] es un beneficio para uno en el futuro, no estás alimentando y trabajando en la finca. Ellos se ponen como ejemplo. Quieren que uno no haga lo mismo que ellos. Que tenga una vida mejor que la de ellos (Grupo focal, La Garrucha).

Hay entre los padres consenso sobre la necesidad de invertir en los estudios de los hijos para abandonar la posición ‘marginal’ en la que se perciben. Los padres ven sus propios proyectos frustrados y ven en sus hijos la posibilidad de completar sus logros. Se evidencia que los padres se perciben en una posición marginal en el espacio social, un punto desde el cual hay que avanzar y que hay que superar. Una posición marginal desde el punto de vista social, económico y simbólico, en tanto hace parte de uno de los sectores de la población menos favorecido en términos económicos como es el campesinado. Al mismo tiempo, en el terreno de lo simbólico, se hace parte de un grupo social estigmatizado, pues ser campesino, para ellos, está lejos de representar prestigio (pues no es algo que se le desee a un hijo), al contrario, es una condición que es necesario superar mediante la profesionalización de los hijos y un consiguiente cambio de estatus, más cercano a una mejor valorada vida en la ciudad, pues el éxito del hijo es el de la familia.

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La escuela
La configuración de la illusio, o adhesión de los jóvenes a juegos y apuestas consideradas interesantes, continúa desarrollándose en la escuela. La escuela comparte con la familia buena parte del ejercicio de involucrar al individuo en las lógicas culturales que lo irán convirtiendo en un nuevo miembro de la sociedad. La familia participa en la construcción de los proyectos de vida de los jóvenes a través de las disposiciones heredadas, y estas disposiciones ejercen un efecto de destino que involucra de manera simultánea a la escuela. Tanto la familia como la escuela juegan papeles fundamentales en la estructuración de categorías que permitirán la construcción de los proyectos de los jóvenes, en especial las nociones de lo posible y lo imposible, “de lo que es de antemano apropiado por y para otros, y lo que uno tiene de antemano asignado” (Bourdieu, 1998, p. 110), producto de las características particulares de las condiciones sociales de existencia. Los sujetos, al reconocer las potencialidades o limitaciones de su posición de origen social, son capaces de anticiparse a las posibilidades de su porvenir, ajustándose a los proyectos que su condición social tiene previamente delineados. La posición de origen social se suele ubicar a partir de la posición de los padres. Sin embargo, la escuela también constituye en este aspecto un elemento importante. Parra ha sido un crítico de la calidad de la educación en Colombia, y especialmente en contextos marginales tanto urbanos como rurales o no urbanos. Para este autor, en el país se presenta una discordancia entre los contextos y dinámicas culturales de los jóvenes, y la estructura del sistema educativo, que decidió abandonar su principal función de crear conocimiento aplicable a la vida de la sociedad por su afán de expandir la cobertura y no quedarse atrás en la carrera modernizadora que emprendía el país a mediados del siglo XX: “la escuela alcanzó una velocidad artificial y de esta manera logró la lentitud” (Parra, 1998, p. 282). Los jóvenes sujetos de este estudio se ubican en una posición marginal en la estructura de la sociedad, no sólo por la condición de sus padres, sino además por la marginal calidad de la educación que reciben. Cabe notar que la carrera por el éxito social que emprenden estos jóvenes

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comienza en una posición desfavorable (marginal), es decir, comienzan perdiendo. Es una lucha por el ascenso social donde “los competidores están desigualmente equipados para luchar” (Pears, 1979, p. 70). Aunque este punto se desarrolla más adelante, valga mencionar la referencia que hace un docente del municipio de Filadelfia al afirmar que máximo el 10% de los egresados del colegio de este municipio logran acceder a la universidad, y los resultados de las pruebas ICFES nunca son competitivos. Esto es efecto de la correlación entre la posición de origen social y el éxito escolar de los jóvenes. Para el análisis de la influencia de la escuela en la construcción de los proyectos de vida de los jóvenes sujetos de estudio, es necesario considerar que la escuela tiene unas funciones en la sociedad, entre las cuales se destacan dos fundamentales que permitirán orientar la discusión al terreno de la escuela en sectores no urbanos:
La función integradora de los individuos en conceptos y valores que provienen de la sociedad más amplia y que tienen que ver con la formación de conceptos de región, de nación, de pensamiento científico y los valores y visión del mundo de clase media urbana que transmite el maestro. [Y por otro lado] la función que hace relación a la producción, a la formación de mano de obra (Parra, 1996, p. 114).

Los contenidos de las asignaturas, la intensidad horaria, las condiciones de trabajo de los docentes, y demás elementos que configuran el sistema educativo, se piensan y se construyen en la ciudad y especialmente en la capital. Como resultado de este centralismo, se presenta una “exclusión para los grupos no urbanos” convirtiéndose la educación en una herramienta “más útil para su relación con el mundo externo, con la sociedad más amplia, que para relacionarse con la realidad cotidiana de su mundo” (Parra, 1996, p. 116). Este panorama se presenta en contextos no urbanos en los cuales la figura del docente cuenta con gran prestigio, y por ende, es para los jóvenes y para la comunidad en general una autoridad sobre las maneras como se debe abordar la realidad, toda vez que el docente representa el paradigma de la buena educación. Los docentes son, pues,

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portadores y transmisores de un discurso legítimo, son los agentes movilizadores del discurso que, por su aceptación, aporta a la construcción de las categorías para configurar la realidad de los jóvenes. De esta manera las configuraciones que los jóvenes traen desde su proceso de socialización primaria (fundada principalmente en su familia), entran en relación con nuevos esquemas, autorizados por sus padres a partir del momento en que deciden incorporarlos en el sistema escolar. En los contextos no urbanos, los docentes transmiten a las comunidades, con gran eficacia, la realidad más amplia de la sociedad, a saber, las lógicas de lo nacional, de lo moderno, de lo urbano. Estos docentes tienden “a concebir el conocimiento como una verdad absoluta, incambiable, precisa y por tanto adoptan ante el proceso de aprendizaje una actitud autoritaria” (Parra Sandoval, 1996, p. 118); desconocen las realidades particulares de la comunidad y, en cambio, introducen las iniciativas de la clase media urbana sobre la confianza en la inversión escolar, en los valores abstractos de la ciencia, del salir adelante, etc. Para de este modo, terminar vinculando a los jóvenes en un sistema próximo a las dinámicas propias de lo urbano y cada vez más ajenas a sus lugares de origen24.

Los medios masivos de comunicación
La illusio de la modernidad, como se ha visto en este escrito, se introduce en los jóvenes en el seno de su familia, cuando se reconoce la escuela como el agente movilizador de un lenguaje autorizado: el de la clase media urbana. Es decir, en su casa el joven es impulsado a asistir al colegio, lugar donde transcurre una importante cantidad de horas al día, para regresar posteriormente a sus casas donde se vinculan con el tercer (y no por ello menos importante) agente movilizador del discurso legítimo o de la illusio de la modernidad: los medios masivos de comunicación (en especial la radio y la televisión).

24 En este sentido afirman Bourdieu y Passeron, “para los hijos de campesinos, de obreros, de empleados o de modestos comerciantes, la adquisición de la cultura escolar es aculturación” (1973, p. 49).

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Al encontrarse que los jóvenes pasan en promedio más tiempo en contacto con los medios de comunicación que con sus pares o familiares, es importante explorar el posible peso de los medios en la estructuración de los proyectos de vida de los jóvenes, toda vez que se acepta que éstos son, como ocurre con la televisión de acuerdo con Marafioti (1998), “el medio que pugna por sustituir otras instituciones a la hora de precisar los mecanismos de transmisión de valores, pautas y hábitos” (p. 307). A los medios se les ha atribuido el hecho de facilitar“la aparición de un nuevo estrato rural medio asociado con los estratos medios del pueblo y adoptando comportamientos y símbolos tomados de la vida urbana” (Pears, 1979, p. 67). Este autor sugiere que producto del papel de la escuela y los medios de comunicación, se ha dado paso a la expansión de una cultura urbana nacional estandarizada en todos los sectores de la sociedad. La aparición masiva de los medios de comunicación en Colombia se remonta a la década de 1950, siendo sólo hasta los setentas cuando comienza a representar un impacto nacional, momento en que el tango y la ranchera, por ejemplo, se convierten en parte de la cultura popular colombiana (Melo, 1991). Sin embargo, es en la década de 1990, con la incursión de la televisión por cable, la expansión de las emisoras comerciales y el desarrollo de las telecomunicaciones, cuando se comienzan a desplegar dinámicas nacionales y transnacionales de circulación de información de gran impacto en las representaciones de la sociedad, incluidos sus sectores no urbanos. La incursión de los medios masivos en la sociedad hizo posible la comunicación entre clases sociales, dado que anteriormente los medios escritos eran casi de uso exclusivo de las élites. Y es justamente este fenómeno provocado por los medios lo que gestó la aparición de la cultura de masas (Barbero, 2001). En efecto, la televisión, según Marafioti, “es la única actividad compartida por todas las clases sociales y por todas las edades, haciendo así de vínculo entre todos los ámbitos” (1998, p. 307). La cultura de masas obedece, pues, a la gran cantidad de información que circula por todos los sectores sociales luego del desarrollo tecnológico de los medios de comunicación.

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Lo que antaño se entendía como cultura popular comenzó a replantearse desde la aparición del concepto de cultura de masas a mediados del siglo pasado. Como resultado, comenzó a verse
La necesidad de incluir en el estudio de lo popular no sólo aquello que culturalmente producen las masas, sino también lo que consumen, aquello de que se alimentan; y la de pensar lo popular en la cultura no como algo limitado a lo que tiene que ver con su pasado –y un pasado rural–, sino también y principalmente lo popular ligado a la modernidad, el mestizaje y la complejidad de lo urbano (Barbero, 2001, p. 47).

En el análisis de la cultura de masas, se encuentra que la clase-eje de la sociedad es la clase media y, por otro lado, que “cada día más las relaciones con el mundo externo y con uno mismo se producen en el flujo de la comunicación masiva” (Barbero, 2001, p. 46). Los medios han logrado movilizar las categorías de representación de la realidad, una realidad de lo moderno y lo urbano; ideales e imaginarios, siempre fundados sobre la base de una clase media, un hombre medio, etc. en cuyos espacios se pueden articular todos los públicos posibles para el consumo de la oferta mediática. Con el devenir histórico de la modernidad, se da un acelerado avance científico– tecnológico y se pasa a lo largo del siglo XX de la era industrial de la producción a la era informática del consumo. Se consumen productos fundamentalmente simbólicos. La fabricación de los imaginarios de belleza, éxito, legalidad, democracia y hasta el de terrorismo, configuran los derroteros sobre los cuales se desenvuelven las dinámicas globales contemporáneas. En un mundo donde la construcción de la realidad a través del contacto personal de la vida en comunidad pierde cada vez más protagonismo ante lo abstracto del mundo “imaginal”, soportado en los cada vez más avanzados medios de comunicación y encargado de delinear lo real en la sociedad, constituyendo, de acuerdo con Maffesoli (2001), el fundamento de la post–modernidad, a partir del escenario mediático contemporáneo. Uno de los imaginarios más difundidos y con mayor fuerza en la sociedad contemporánea es el de lo joven, relacionado con “un cuerpo sano y bello, es decir ágil y

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atractivo, y una moda espontánea e informal”, lo que conduce a la posterior construcción de “imaginarios de felicidad y plenitud” (Barbero, 1998 pp. 31-32). Se tiene entonces una imagen del éxito y de la felicidad emanada de los atributos que se cree son propios de los jóvenes, un discurso en lo mediático donde se proyecta una “figura estereotipada y atractiva, que acaba siendo introyectada por los jóvenes” (Pérez Tornero, 1998, p. 264), no siendo precisamente una excepción los jóvenes rurales25. Y es allí donde se debe prestar particular atención. Los estereotipos de la juventud son diseñados desde y para una población urbana (no necesariamente joven), donde se tiene la idea de una vida exitosa a partir de la profesionalización y con el fin de adquirir un beneficio económico; donde en las imágenes de lo joven se ven tendencias de consumo como la moda y otras prácticas propias de entornos urbanos, a menos que se recurra al campo desde una perspectiva de aventura o de ocio. Es decir, los jóvenes rurales interiorizan estas lógicas generadas en los medios, pero su condición en el campo no es tomada como modelo en la configuración de los imaginarios de lo juvenil. Lo joven, pues, en la lógica de los medios de comunicación, es sinónimo de moderno, audaz, y es opuesto a lo rural, atrasado. Se tiene una imagen del campo de la cual la juventud no hace parte. El imaginario del campesino suele relacionarse con un hombre adulto, ocupado de las tareas propias del campo, pero nunca con la imagen de un joven, dado que la juventud representa modernidad26. Así, “a través de mensajes verbales y visuales, se canalizan metamensajes que prescriben, implícitamente, criterios normativos sobre qué es deseable, es gestor de distinción o confiere prestigio” (Margulis y Urresti, 1998, p. 16).

Sobre la imposición simbólica de determinados modelos de percepción y acción desde los medios de comunicación, se propone, basado en la noción antes señalada de carácter social de Fromm, la noción de carácter juvenil mediatizado, como resultado de la naturalización de lo “necesario”, de lo “deseado” (doxa), luego del proceso de interiorización de los imaginarios procedentes de los medios. De este modo, los sujetos (jóvenes) se ven llamados a desear lo que objetivamente es necesario que hagan, como resultado de la correspondencia que se da “entre los valores que son funcionales a la sociedad de consumo y aquellos otros que resultan acordes con el particular estatuto de los jóvenes…” (Pérez Tornero, 1998, p. 265). 26 Se da pie a una dialéctica donde el joven es llamado a ser moderno y el hombre moderno llamado a ser joven.
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Como resultado de este proceso de estandarización de la imagen del joven, en el campo, aunque los jóvenes y sus padres comparten la misma casa, no habitan el mismo espacio simbólico. Mientras los últimos viven en un entorno apropiado por su memoria y su experiencia, que permiten una cohesión con su territorio, los primeros habitan un espacio más amplio, un espacio de lo urbano con lógicas diferentes, que se hace posible tras el contacto permanente con los medios de comunicación. Sus principales consumos mediáticos muestran programas televisivos o contenidos musicales cuyos escenarios son las ciudades, muchas veces la capital del país u otras ciudades del mundo, con sus calles, autopistas, aviones, centros comerciales, estadios de fútbol, empresas, universidades, discotecas, teatros y edificios. Códigos de lo urbano que con gran eficacia introducen en el joven rural sentidos que lo alejan cada vez más de su entorno próximo.

los proyectos de vida: entre “vivir la vida” y “ser alguien en la vida”
Como resultado de estar atrapados en el juego y por el juego de la modernidad, los jóvenes han interiorizado las necesidades, los gustos, las disposiciones que ayudan a determinar los capitales eficientes para el espacio social en el que se mueven, es decir, el capital en tanto “factor eficiente en un campo dado, como arma y como apuesta” al mismo tiempo que como el instrumento que “permite a su poseedor ejercer un poder, por tanto, existir” (Bourdieu, 1995, p. 65). Una vez identificados los valores importantes para los jóvenes, de acuerdo con sus intereses, se procede a establecer cuál es el reconocimiento que ellos mismos realizan de sus posibilidades en el juego. Los jóvenes sujetos del estudio no parten de una posición privilegiada para encaminar su lucha por el ascenso social. No poseen capitales cultural ni económico significativos, heredados de sus familias, lo que repercute en la devaluación de su capital simbólico. Esto permite hablar de condiciones sociales de existencia semejantes que generan prácticas y estrategias semejantes, es decir, un habitus de grupo (Bourdieu, 1998). De esta manera, se entenderá que

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Los individuos no se desplazan al azar en el espacio social… A cada volumen de capital heredado corresponde un ‘haz de trayectorias’ más o menos equiprobables, que conducen a unas posiciones más o menos equivalentes. Es el campo de los posibles objetivamente ofrecido a un agente determinado (Bourdieu, 1998, p. 108).

De acuerdo con lo anterior, los jóvenes sujetos del estudio, al compartir condiciones sociales de existencia particulares, en el ámbito económico y especialmente en el simbólico, se inclinan por estrategias similares en la construcción de sus proyectos de vida. Sus proyectos se enfocan, por un lado, a la apuesta sobre lo laboral con el fin de alcanzar estabilidad económica y, por otro, la apuesta por lo académico, con los mismos fines que las apuestas por lo laboral, sólo que por un medio distinto. Entre la población joven de los municipios, existe un porcentaje que deserta de estudiar o que nunca accede al estudio, fenómeno que se da principalmente en los sectores rurales. Sobre esta población apenas se tienen algunas referencias de fuentes secundarias o indirectas, pero se puede decir que son personas que han abandonado la lucha por el ascenso social27, y en cambio, se inclinan por acceder directamente al mundo laboral, generalmente en oficios afines a los de sus padres o que están al alcance en sus contextos próximos. De acuerdo con lo que se logró percibir en la vereda La Garrucha:
Casi siempre son hombres [los que desertan], a no ser que las mujeres consigan obligación [conformar una familia]. Son poquitos los que desertan, por ahí un diez por ciento. Hay unos que tienen por acá casa propia, ellos dicen que les gustaría sacar la finca de ellos adelante, para poder sobrevivir de eso… Pero son muy pocos, porque la mayoría se han salido de estudiar y uno los ve por ahí trabajando (Grupo focal, jóvenes). Lo normal es que la gente termine de estudiar y se vaya para Manizales, como hizo mi hermana que está estudiando y trabajando allá, como voy a hacer yo el próximo año, y como hará luego mi hermanito menor (Mujer, 17 años).
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Es decir, que posiblemente no creen en la necesidad de ascender socialmente, no están atrapados en y por el juego, por la aquí llamada illusio de la modernidad. No obstante, sólo podría manifestarse a manera de hipótesis, pues sería necesario abordarlo en una investigación particular.

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Por su parte, la población restante de jóvenes (que de acuerdo con lo antes mencionado, son mayoría), son los jóvenes escolarizados que tienen otros intereses. Se trata de un grupo de agentes que confían en el estudio como medio para mejorar su condición social actual. Estos jóvenes a su vez se dividen en: quienes confían en sus estudios de secundaria como algo que les permitirá encontrar empleo sea en su propio municipio o fuera de él; quienes esperan realizar un estudio corto que les permita encontrar empleo con más facilidad; y por último quienes confían en que al realizar un estudio universitario lograrán un mejor nivel de vida, un ascenso social significativo en relación con su posición de origen. Todos, en mayor o menor medida, tienen aspiraciones de movilidad social, confían y esperan que a partir de una serie de inversiones enmarcadas en estrategias particulares, alcanzarán los objetivos esperados de mejorar su posición de origen social, que coinciden en calificar como desfavorable y que es necesario mejorar. “La titulación académica y el sistema que la otorga es una de las apuestas privilegiadas de la competencia entre clases que engendra un aumento general y continuo de la demanda de educación y una inflación de las titulaciones académicas” (Bourdieu, 1998, p. 130). Como resultado de esta inflación de títulos académicos, los grupos sociales menos favorecidos cuentan con menores posibilidades de éxito social, toda vez que “la titulación vale lo que vale económica y socialmente su poseedor” (Bourdieu, 1998, p. 133), y no a la inversa, como puede creerse. En otras palabras, a igual nivel de títulos académicos acumulados, las posibilidades de empleo (o de calidad del mismo) son menores para aquellos sujetos que no cuentan con una posición económica y socialmente privilegiada. Para una mayor ilustración, Criado habla sobre la devaluación de los títulos en el mercado laboral, producto de su inflación, en términos de un círculo vicioso, dice: “si ahora valen menos, hay que acumular más para obtener la misma cantidad que se tendría sin devaluación. Lo que a su vez aumenta la cantidad de títulos y los vuelve a devaluar” (1998, p. 125). Como se ha mostrado, los jóvenes sujetos de estudio en esta investigación no hacen parte de un grupo social privilegiado, pues son portadores del estigma que les

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imprime el hecho de estar cercanos al mundo rural, sinónimo de atraso y pobreza en el imaginario social, y por supuesto, en la propia representación de los jóvenes. Por consiguiente, dada la posición que habitan en la sociedad, se habla de que su carrera por el ascenso social hace parte de una competición en la cual se comienza perdiendo, “una competición con las cartas marcadas” (Criado, 1998, p. 125). Ante este fenómeno, los jóvenes cuentan con dos alternativas: permanecer o abandonar la carrera por el ascenso social a través de la acumulación de capital escolar. Pero hay que señalar que esta discusión emerge sólo en la medida en que se asuman los estudios como un capital, como un valor eficiente. Es decir, un medio para obtener beneficios, y no como un fin en sí mismo. Esta posición es propia de las familias que no cuentan con un capital escolar acumulado, como es el caso de las familias de los jóvenes sujetos de este estudio, quienes en consecuencia, “carecen de la ‘facilidad’ para los saberes y habilidades escolares y del gusto por los conocimientos ‘teóricos’ propiamente escolares, propios de los que proceden de familias escolarizadas” (Criado, 1998, p. 177). De tal modo que, al no contar con las facilidades ni con el gusto para apropiarse de saberes teóricos, los jóvenes ven los estudios como una inversión que, luego del colegio (e incluso durante el colegio), representa un alto grado de sacrificio. Lo anterior explica el hecho de que la posición de origen influye, a través del habitus, en las expectativas de los sujetos, generando distancia social también a partir de las diferentes inclinaciones de los individuos, pues, mientras en otros contextos es común que los jóvenes se puedan inclinar más fácilmente por un enfoque académico (un “habitus científico”) o artístico, en los sectores menos favorecidos la norma está en ver el estudio de forma instrumental, para alcanzar intereses particularmente económicos. Visto desde la lente de las posibilidades de empleo, en el estudio se privilegian los saberes prácticos sobre los teóricos. “Los estudios superiores se imaginan –según la clase social de que se trate- como un futuro ‘imposible’, ‘posible’ o ‘normal’, imagen que, a su vez, contribuye poderosamente a orientar y definir vocaciones escolares” (Bourdieu y Passeron, 1973, p. 26).

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Se tiene entonces que, como resultado de la suma de las disposiciones subjetivas y las posibilidades objetivas de los agentes, los miembros de los sectores menos favorecidos de la sociedad suelen tener poca representación en los estudios de educación superior. En términos de Criado, “las familias con menos capital cultural están más representadas en los estudios cortos que en los largos… Hay un acceso a los capitales escolares más desvalorizados” (1998, pp. 132-133). Mientras en Filadelfia se habla de un máximo de 10% de estudiantes que acceden a la universidad luego de los estudios de secundaria, el sacerdote del colegio de Riosucio dice que
los hijos de las familias estables [en lo económico y en lo funcional] son los que generalmente sueñan con ‘salir adelante’, ir a la universidad… Alrededor del diez por ciento logran acceder a la universidad y logran realizar lo que proyectan.

También en Riosucio, dos profesoras coinciden en afirmar que entre los estudiantes “hay mucho desinterés por el estudio, muy pocos aspiran ir a la universidad… eso tanto mujeres como hombres tienen aspiraciones similares: muchos quieren ser policías…”. Por su parte, cuando se les pregunta a los jóvenes sobre los oficios que cuentan con mayor legitimidad entre sus coetáneos, en la configuración de sus proyectos de vida, se encontró lo siguiente:
Pues trabajar en alguna cosa, a muchos les gustaría estar en la policía otros para el ejército. Y así. Y las mujeres dicen que enfermeras, otras dicen que veterinarias, y no la verdad no me acuerdo… Ah, y para estudiar los muertos, forense, y otras para policía, y no, la verdad es que no me acuerdo de más… Ellas sí dicen que no quieren estudiar para quedarse en la finca, las que se quieren quedar ya se salieron del colegio (Hombre, 17 años, La Garrucha). La mayoría son: policías, futbolistas, veterinarios y enfermeras, y criminalísticos… [Y en qué porcentajes] no muy difícil, pero policías, es como lo más común, porque no hay otra posibilidad. De por sí, mucha gente lo quiere hacer, y otra es lo que va a tener que hacer en realidad. Sí, una cosa es lo que uno sueña, lo que a uno le gusta, que lo que le salga más rentable (Grupo focal, jóvenes La Garrucha).

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Yo creo que la policía. Es que todo el mundo busca eso. Porque es que uno se pone a irse para una universidad y bien cara y bien larga, entonces no aguanta. Mientras que la policía, si uno pasa las pruebas, sólo es un año, y ya sabe que al otro año ya va a ganar más de un millón de pesos. Puede que no le guste la policía, pero como ya sabe que gana plata… Porque por ejemplo lo que más da es que la medicina… pero así como da pide también, sale muy caro. Por eso la policía es una alternativa. [En qué porcentaje está este deseo de ser policías] Por ahí un sesenta por ciento quieren ser policías. Posiblemente que lo logren por ahí la mitad de ese sesenta por ciento, por las pruebas, los requisitos y la plata, aunque yo he escuchado que le dan a uno financiación. [¿Y los demás jóvenes?] Algunos estudiar, otros trabajar. Pero muchos no quieren estudiar… las mujeres de pronto quieren ser enfermeras… (Grupo focal, jóvenes Riosucio).

Se percibe entre los comentarios de los jóvenes el desajuste que se da entre sus expectativas y las posibilidades de realización de sus proyectos, entre las esperanzas subjetivas y las probabilidades objetivas (Bourdieu, 1991). Mientras se encontró que los deseos de los jóvenes corresponden a oficios que requieren de un nivel superior de educación (ver tabla a continuación), los testimonios de los miembros de las comunidades hablan de que tan sólo un mínimo porcentaje lo logran. Ideas como triunfar en la vida, ser alguien importante, salir adelante, van asociadas generalmente con ser un gran profesional. Sin embargo, al tiempo que tienen estos deseos, se reconocen las limitaciones heredadas de su posición social, diciendo si tengo la oportunidad….

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Tabla 2. Oficio o profesión aspiradas a futuro

Fuente: Encuesta, trabajo de campo.

Con recurrencia en las encuestas se dio el caso de varias respuestas por persona respecto a los oficios o profesiones aspiradas a futuro (siendo esta una posibilidad cuando se hacen preguntas abiertas en una encuesta), por lo cual se decidió asumir la primera de las respuestas como la prioritaria entre sus expectativas, con el fin de facilitar la codificación de la encuesta. Se encontraron respuestas diferentes, al parecer, una para cada posibilidad que confían podrían tener en su carrera por conseguir un ascenso social. Como si se contemplaran uno o varios posibles destinos: uno ajustado a sus posibilidades, a partir de la percepción de los triunfos y fracasos de otros que se han reconocido a lo largo de su trayectoria vital, y otro más afín con sus sueños y deseos, como cuando se dice “si tengo la oportunidad pues sí, me gustaría ir a la universidad” (Mujer, 16 años, Filadelfia). Se exponen algunos ejemplos a continuación de diferentes respuestas por persona; la mayoría de las veces sin una aparente relación o afinidad entre las diferentes opciones enunciadas por un mismo sujeto:

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 Médico u otro oficio que deje plata.  Policía y después me gustaría ser futbolista.  Policía. También quisiera estudiar medicina o criminalística.  Actriz, modelo o administración de empresas.  Estudiar una carrera universitaria sea sistemas, inglés u odontología, después quisiera ser una gran policía.  Actriz, policía o veterinaria.  Cantante, administración de empresas, diseño gráfico.  Conejita Play Boy o abogada. También ingeniera de sistemas, gerente comercial de ‘Colombiautos’ o asesora comercial del presidente.  Policía, veterinaria, psicología.  Veterinario, agricultor, policía INPEC.  Ingeniero mecánica o música.  Policía o mecánico automotriz.  Policía o medicina. Se observan dos tendencias diferentes entre las expectativas de los jóvenes y las que ellos consideran sus posibilidades para realizar sus proyectos de vida. En primer lugar, se evidencian expectativas ajustadas a las posibilidades que perciben les ofrece su condición social actual28; y en segundo lugar se encuentran las expectativas de quienes se resisten a ajustarse a sus posibilidades objetivas, resultado de la confianza en la construcción de otros caminos distintos a partir del esfuerzo propio y el de sus familias. Al abordarse las expectativas de los primeros, es considerable la inclinación por los oficios relacionados con la fuerza pública, policía o ejército, sumado a los del campo judicial como el área criminalística y forense. Esta inclinación que conforma la tercera parte de los encuestados, es el paradigma del saber práctico, no requiere inversiones muy altas como sí se cree de la opción universitaria. No es una inclinación novedosa,
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En términos de Criado, es un grupo que “se excluye de lo que está excluido” (1998, p. 77).

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pues generalmente los jóvenes cuentan con familiares o conocidos que han tomado este camino. La estación de policía hace parte de cada lugar como la iglesia, el hospital o la escuela, pero más que los docentes o los médicos, los policías gozan de cierto prestigio en estas comunidades pues se considera que cuentan con un empleo estable y un salario que resulta ser alto para estos contextos. La institución policial reconoce esta inclinación por parte de los jóvenes y ubican publicidad en las instalaciones escolares, como es el caso del Colegio Oficial Integrado Filadelfia. Figura 3. Publicidad de la Policía Nacional en espacios escolares, Filadelfia

Fuente: Trabajo de campo

Mientras la discusión en otros espacios sociales se da en términos de una lucha por escalar posiciones en la estructura social, aquí parece darse en términos de una lucha por escapar del desempleo. La falta de empleo, o las malas condiciones de éste, son

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situaciones que han hecho parte de los entornos próximos de los jóvenes, han crecido en medio de ello, y como producto, se torna razonable su inclinación por las inversiones más rentables en términos económicos, privilegiándose la estabilidad económica en sus proyectos de vida.
Pues a mí me gusta así como estudiar sistemas y trabajar en una empresa, claro que también antes, y me gusta todavía, hacer un curso en la policía, porque me parece algo como chévere, defender los derechos, y también trae muchos beneficios el sueldo que nunca le va a faltar, beneficios para la familia. Aunque no podría tener una vida normal, tener un novio, bailar, sería como mi vida es esa y listo, me tengo que privar de muchas cosas buenas, por eso no sé si mejor trabajar (Mujer, 16 años, La Garrucha).

El tercer grupo de oficios o profesiones que se articulan con la búsqueda de rentabilidad económica son los estudios cortos o medios, principalmente los realizados en el SENA29. En este grupo, se encuentran inclinaciones por la mecánica automotriz, secretariado, auxiliar en diferentes áreas, y conductor de automóviles de transporte o de carga. Todos estos jóvenes se inclinan por un ejercicio laboral próximo, lo que no ocurre con aquél que prefiere ir a la universidad. Cuanto menos capital cultural heredado se tiene, como es el caso de estos jóvenes, se ve la opción de un estudio largo, una vez terminado su periodo escolar en el colegio, como una “inversión demasiado alta”, tanto en términos económicos como de esfuerzo – sacrificio. Por el contrario, se identifican más fácilmente con una vinculación temprana al mundo laboral (algunos incluso empiezan a trabajar a la par que hacen el colegio), cortar con la dependencia económica paterna que, luego del colegio, comienza a perder legitimidad, convirtiéndose cualquier crédito económico de los padres en una deuda, ya no necesariamente en un derecho. Para estos jóvenes, la configuración de sus identidades como sujetos en el espacio social se realiza a partir del trabajo, por lo cual, realizar un estudio largo representaría desperdiciar una gran cantidad de tiempo y esfuerzo no trabajando. El gusto por este tipo de inclinaciones es una manera de

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Servicio Nacional de Aprendizaje. Entidad pública de enseñanza técnica.

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producir socialmente las aspiraciones de manera tal que resulte ser rentable (Criado, 1998). Por otro lado, el grupo de jóvenes que se resisten a ajustarse a las posibilidades que les ofrece su posición social de origen, comprenden casi el 50% de los encuestados, quienes se inclinan por oficios que requieren un nivel de educación superior o universitario. De modo que se trata de ese porcentaje de jóvenes que guardan sus esperanzas de movilidad social, a pesar de lo señalado por lo que se podría llamar aquí la estadística de la percepción, es decir, la apreciación de la comunidad al aceptar que sólo una minoría (casi un consenso habla de máximo un 10%) logra acceder a la universidad y emprender su carrera hacia el ascenso social. Los oficios más recurrentes tienen que ver con el sector salud (de manera especial la enfermería es preferencia de las mujeres), ingenierías, y carreras comerciales o contables. Estas inclinaciones conforman el porcentaje restante de jóvenes que confían en lo económicamente rentable, sólo que con una disposición para invertir –en el juego– mucho mayor que los anteriores. Se trata de oficios que cuentan con legitimidad entre los sujetos de estudio, toda vez que se confía en que los oficios del sector salud representarán estabilidad laboral y rentabilidad económica, y por otro lado, se tiene la idea de que las carreras relacionadas con matemáticas, con números, representan mayores posibilidades de éxito en el mercado laboral. Este proyecto de ascenso social a través de los estudios superiores cobra sentido en una “concepción voluntarista del éxito social” (Criado, 1998, p. 176), es decir, una especie de meritocracia, en la cual se asume que el éxito social depende del esfuerzo y la dedicación individual. Es notable que en estas estrategias de movilidad hay una gran inversión de tipo emocional, puesto que se da una “inversión de fe en la escuela y sus beneficios”, y al confiar en que “se pueden tener títulos que los padres no pudieron, la devaluación de los títulos estimula más que desanimar” (Criado, 1998, p. 237). La diferencia de capital escolar con respecto a los padres forma la construcción de una visión del paso del tiempo basada en la ilusión de un progreso continuo. La cuestión se reduce

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a la cantidad de capital escolar acumulado, pues cuando se ha superado al padre, se estimula la esperanza de mejorar su posición. Una vez la situación se presenta en estos términos, resulta razonable creer que, con base en el esfuerzo y la dedicación, al aumentar el capital escolar a la par que avanza el paso del tiempo, también su condición social avanzará, es decir, es la ruta (el secreto) para salir adelante y superarse. Para estos jóvenes la orientación por el oficio de policía es el paradigma opuesto a su confianza en el esfuerzo y la dedicación como inversión para un futuro mejor. De acuerdo con estos jóvenes, los policías “se ganan la plata sin hacer nada todo el día… se mantienen dañando fiestas, quitando balones, estudian muy poco y sólo está como requisito la fotocopia de la cédula” (Grupo focal jóvenes, Riosucio). De este modo, sólo se asume como válido, con una mayor legitimidad, el esfuerzo y la actividad que representa el ingreso a la universidad. No obstante, ante la devaluación de los títulos académicos que los jóvenes reconocen dentro y fuera de sus entornos, los simpatizantes del oficio de policía se refieren a los que se inclinan por ir a la universidad así: “el cartón les servirá de pronto para manejar taxi… (Entrevista grupo focal, jóvenes Riosucio). Se tienen así diferentes maneras en que los jóvenes afrontan la illusio de la modernidad, desde aquéllos que se inclinan a edades tempranas por el ejercicio laboral, hasta los que deciden realizar inversiones para una posterior promoción social. Se reconocen diferentes maneras de trazar sus proyectos de vida: mientras unos deciden apostarle al presente a través de la construcción de un sujeto trabajador ubicado en un espacio particular de la sociedad, otros prefieren realizar una serie de inversiones que se presume mejorarán sus condiciones en el futuro, como un cheque posfechado. Se observa una contradicción entre la percepción del sujeto como presente y como proyecto. Como sujeto que vive su vida vinculado a un rol particular en la sociedad, emanado de su adscripción laboral, y como aquél que en la línea del progreso está llamado a ser alguien en la vida, a salir adelante, a ser alguien que aún no es porque –tal vez– luego será.

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eStRAtegiAS de movilidAd SoCiAl y migRACiÓn
el espacio social y el espacio geográfico
Como se ha mostrado, existe un sesgo antirrural (Moncayo, 2004) en los distintos sectores de la sociedad que desde hace varias décadas ha venido ganando terreno, sustentado en la idea de que lo no urbano es sinónimo de atraso y de pobreza, contrastando con la bien ponderada modernidad de la ciudad, sinónimo de progreso. En el momento en que las estructuras sociales (que permiten entender la realidad mediante categorías como las de rural/urbano), son convertidas en estructuras espaciales (campo/ciudad), lo cognitivo tiende a naturalizar lo espacial. Se trata de un proceso de objetivación física del espacio social, que no es otra cosa que el resultado de la concentración de los bienes más escasos y sus propietarios en ciertos lugares del espacio físico, que en consecuencia son opuestos a los valores menos preciados socialmente, los cuales tienen un lugar distinto en el espacio físico, un lugar marginal (Bourdieu, 1999b). Este fenómeno obedece al hecho de que en el juego de la modernidad los valores o capitales eficientes (legítimos) se concentran en las ciudades. Asimismo, al hablar de movilidad social en esta investigación, se reconoce que “las instituciones que sirven de vehículo para promover la movilidad vertical ascendente en una sociedad, como las universidades, iglesias, centros de poder político, y otros elevadores sociales, están localizados fundamentalmente en la ciudad y no en el campo” (Jaramillo, 1987, p. 181). Los jóvenes tienen la disposición para aumentar su volumen de capital económico y cultural con los recursos que les ofrece la migración, toda vez que –según ellos– no podría lograrse de otro modo.
La capital es, sin juegos de palabras, el lugar del capital, es decir, del espacio físico donde están concentrados los polos positivos de todos los campos y la mayoría de los agentes que ocupan esas posiciones dominantes: en consecuencia, no se le puede pensar adecuadamente más que en relación con la provincia (y lo ‘provinciano’), que no es otra cosa que la privación (muy relativa) de la capital y el capital (Bourdieu, 1999b, p. 121).

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En este orden de ideas, en el departamento de Caldas –o al menos en los contextos analizados aquí– el estar en el campo o en el pueblo es estar privado del capital, por lo cual se hace necesario desplazarse geográficamente hacia la capital u otra ciudad para acceder a la posibilidad de movilizarse socialmente.
[¿Para lograr lo que tienen planeado es necesario entonces salir del municipio?] Ah eso sí es obvio. [¿Y usted también piensa en irse luego del colegio?] Claro, ja… cómo me voy a quedar acá. El que se queda acá se muere… Tampoco, pero sí, si uno se queda acá uno sabe que se va a quedar estancado acá y no va a poder ser nadie. Y uno en una cocina o uno por ahí en una finca, eso no creo que sea vida vivir tan pobre, no creo (Grupo focal, Jóvenes Filadelfia).

Para estas comunidades del departamento de Caldas, la permanencia en el sector rural o en el pueblo después de terminar el colegio representa una muerte simbólica, pues se reconoce al individuo como privado de los capitales que podrían valorizarlo socialmente, valores que, para ellos, sólo se encuentran en las ciudades. Las zonas no urbanas tienen el poder de degradar simbólicamente a sus habitantes, quienes cargan con el estigma de no ser urbanos, es decir, de no hacer parte del lugar en el cual se concentran los capitales que dan valor a quienes pueden acceder a ellos. Esta sensación de estar en el lugar equivocado, impulsa en los jóvenes la idea de alcanzar una posición mejor acudiendo a la migración, puesto que su lugar de origen pierde valor simbólico frente a otros que gozan de mayor prestigio. Muñoz Ortega (2002), ofrece un ejemplo sobre cómo interpretar la alternativa de la migración como un fenómeno natural al hombre, en tanto hace parte de su instinto de mejora:
La movilidad social asociada a la geografía ha sido durante siglos un ansia en el sentimiento de gran parte de los seres humanos, ya que el instinto de mejora es innato en el ser humano, es el motor de progreso y, cuando el hombre percibe la existencia de una posible mejora en sus condiciones de vida, a través de los desplazamientos geográficos se ponen en juego una serie de factores, cuya conjunción puede determinar que una persona emprenda la migración (Muñoz Ortega, 2002, pp. 219-220, la cursiva no es del original).

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La interpretación del autor ayuda a ilustrar la perspectiva de los jóvenes. No obstante, esta interpretación, cercana al conocimiento del sentido común, no permite realizar un análisis crítico de la realidad en la mirada actual de las ciencias sociales, en tanto considera que las ideas de progresar y de mejorar son naturales al ser humano, mientras que más bien lo natural en el ser humano es el cargar de sentido estas categorías generadas por su entorno cultural, por lo cual, mejorar o progresar, para muchas personas en el campo no está asociado necesariamente a la migración, sino a otras variables de sus propias racionalidades prácticas que permiten comprender sus distintas maneras de abordar su realidad. Aunque se debe reconocer que los movimientos migratorios cuentan casi con tanta tradición como la historia humana, la decisión de emigrar obedece a intereses y corresponde a estrategias enmarcadas en un juego determinado histórica y culturalmente (illusio). Es decir, debe interpretarse con las lógicas prácticas de cada contexto, no con la lógica impuesta por las ideaciones dominantes de una época determinada. Sólo de este modo se puede desnaturalizar la valoración del espacio físico en el que se vive. No es un presupuesto necesario y natural que vivir en el campo sea sinónimo de atraso e ignorancia, pues estas asociaciones son producto de procesos culturales que hacen razonable este tipo de interpretaciones. De tal manera que, mientras los jóvenes del campo reconocen que existe mejor calidad de vida en sus entornos que en las ciudades, por las condiciones de tranquilidad, de seguridad, de cercanía con lo natural y porque resulta ser más económico, al mismo tiempo consideran que, de acuerdo con sus intereses de salir adelante (estudiar, trabajar, ganar dinero), esta calidad de vida deja de existir.
[¿Hay mejores condiciones de vida en la ciudad o en el campo?] Todos: En el campo. [Entonces ¿qué quiere decir lo de la “calidad de vida”?] Porque los que se van para la ciudad estudian si es lo que quieren hacer, y otras personas pueden trabajar con un salario fijo mensual, eso es lo que buscan, un buen estado de vida, pero económicamente. Yo pienso que la gente sí puede tener más calidad de vida, porque en la ciudad hay como muchas formas de trabajar y todo (Grupo focal jóvenes, La Garrucha).

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Es decir, la calidad de vida en el campo es interpretada de acuerdo con los intereses en juego. La idea de quedarse en el campo luego del colegio, para algunos de los jóvenes entrevistados significa “no ver más allá de las narices”, “no pensar en un futuro”, o “ser muy mediocre… no tener aspiraciones”. Por su parte, un ejemplo de cómo se puede construir un proyecto de vida desde una perspectiva diferente está en la posición particular de un joven del campo, que cuenta con intereses diferentes a los de sus compañeros. Es decir, no “juega su mismo juego”, y en cambio, este joven considera que los valores están totalmente invertidos, la mejor vida está en el campo, mientras la ciudad no ofrece casi nada. Aquí, se ilustran sus formas de apreciar los contextos urbanos –tangencialmente diferente al de la mayoría de los participantes–. Se pueden apreciar también sus intereses y sus proyectos:
No pues la verdad es que no sé, pues la verdad es que no veo nada bueno [en la ciudad], de pronto de vacaciones puede ser bueno, pero a mí me gusta mucho es el campo. Para vivir por allá no me parece. Cuando yo fui a Bogotá, pues me fui a conocer, y dije “no, esto vivir por acá debe ser muy maluco”. Pues puede uno conocer harta gente, pero no más para eso, para vivir no. Tan contaminado eso… […] Pues lo que yo quiero… yo la verdad no quiero salir de por acá. Lo que yo quiero es, en la finca que nosotros tenemos, es montar como criaderos de pollo, poner en práctica lo que nos han dicho aquí [en el colegio]. A mis papás sí les gusta eso, pero ellos dicen que mejor es que yo busque otro horizonte, pero pues yo no pienso mucho en eso, yo pienso es en, pues quedarme por acá, a mí me gusta mucho estar acá. Ellos dicen que “¿uno estudiar para quedarse en el campo?” Y yo digo que no, que muy bueno estudiar para uno obtener un aprendizaje, cierto, pero también muy bueno… es que si yo me quedo por acá no es que me vaya a poner a jornalear y eso. No. Uno aquí puede hacer otra cosa que no sea coger café o el machete, puede producir de otra manera, sin necesidad de trabajar así, aplicar lo del colegio… Tengo pensado tener gallinas ponedoras, tengo unos tíos en Tulúa que me apoyarían, cerdos, ganado, y pollos de engorde, ahí en el campo. La finca siempre es grandecita, ahí se puede hacer todo eso. Y sí claro café y plátano también (Hombre, 17 años, La Garrucha).

De este modo, se entenderá que la naturalización producto de la inscripción en el espacio físico de las categorías de pensamiento que estructuran la realidad social, es un proceso arbitrario. La migración se convierte en una salida razonable sólo en la lógica

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del progreso, de la inscripción en los cuerpos de los sentidos de la sociedad moderna occidental, desarrollando el gusto y la disposición hacia principios como la innovación, los cambios vertiginosos de lo urbano, la individualización, la acumulación de las diferentes formas de capital, el consumo, etc. que no conforman la realidad como un resultado naturalmente lógico sino socialmente lógico. La noción de territorialidad (García, 1976), entendida como la producción de sentidos de apropiación simbólica del espacio que realizan los agentes sociales por medio de la práctica, permite comprender las tensiones entre el irse y el quedarse, cimentadas entre el sentido de pertenencia hacia el territorio y su comunidad, y las inclinaciones de movilidad social.
Extrañaría los amigos que tengo, porque tengo unos amigos muy bacanos, extrañaría las visitas que hago a las veredas, a mí todo eso me gusta mucho. Claro, desde que yo pueda volver a vivir acá yo me vuelvo para acá, me gustaría, claro que no lo veo como en un futuro cercano, ya cuando tenga mi estabilidad económica, que pueda venir a vivir acá, sin necesidad de trabajar, me vengo para acá, bien tranquilo y muero acá (Hombre, 16 años, Filadelfia). Sí, a todos nos gustaría volver luego [¿Qué es eso que los hace volver, que los hace ir a buscar dinero, pero no quedarse allá?] como por la misma unión, es que uno se va para otra parte y se aburre, acá nunca se aburre, uno vuelve acá porque uno recuerda mucho [¿qué es lo que más extrañan?] las salidas con los amigos, ir al parque, acá hacen mucho lo que se llaman reuniones familiares, eso es cada ocho días los sábados, no todas, pero la mayoría sí y hacen su comida, su agasajo y comparten, entre todos, primos, tíos, cuentan chistes, comparten sus secretos, todo eso… y el mismo carnaval, sí, acá viene mucha gente y se queda por acá y eso no era patrimonio, eso lo sacaban de aquí mismo, ahora el gobierno aceptó que eso fuera patrimonio como el de Barranquilla, como el de Negros y Blancos en Pasto… y también muchas costumbres, la comida, la forma como lo tratan a uno, en la comida uno extraña mucho lo que es la arepa, hay cosas que sólo por acá se ven, hay muchas cosas que hacen por acá, acá hay una chicha que se llama el guarapo (Hombre, 17 años, Riosucio).

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[¿Qué es lo que más extrañarían de Riosucio?] La gente, el ambiente… El carnaval, la familia los amigos. El estar en el parque con los amigos. [¿Sería bueno entonces volver a Riosucio a envejecer?] ¡Uh sí! Volver con una pensión o un ingreso seguro. Ya cuando uno se haya superado, volver a descansar a tener una vida tranquila. Porque uno ve que hay mucha gente que se logra ir, pero uno ve que cada que hay vacaciones toda la gente vuelve, por ejemplo en Semana Santa, eso la gente no cabe en las plazas, todos vuelven, es gente que tuvo la oportunidad de irse pero que de pronto les gustaría volver… Yo pienso que, lo digo por mí, si Riosucio tuviera más oportunidades de empleo, oportunidades de estudio, pues más de donde tomar, pues, o sea, yo me quedaría. Sinceramente yo no cambio a Riosucio por ninguna ciudad, lo que yo digo es que Riosucio es lo mejor, sinceramente si hubiera más oportunidades sí me quedaría y, bueno, trabajaría, me quedaría y si quiero conocer otras personas, otras culturas, otras formas de pensar, pues en unas vacaciones salgo y me voy a conocer” (Grupo focal, Riosucio). [¿Pero le ha gustado vivir por acá?] Sí, vivir en el campo también es muy bueno. Por la tranquilidad que hay, la calidad de vida (Mujer, 16 años, La Garrucha).

Hay una conexión con el territorio que supera el sustrato físico–espacial, y se vincula con la dimensión emocional de los sujetos, haciendo que, en medio de sus iniciativas de migración, existan otros valores que les hacen contrapeso en ideas como “yo no me iría si”, “sí, claro, me gustaría volver” o “sí, la vida en el campo también es buena”. Son elementos del aquí que se han incorporado a través de la práctica, de la experiencia acumulada en toda una trayectoria vital y que se refieren a valores como la vida en comunidad, el mismo patrimonio material e inmaterial que se relaciona directamente con la identidad social, los lazos de parentesco, las ideas de seguridad y tranquilidad, etc. que no hacen del todo sencillo tomar la decisión de emigrar. El resultado es un conflicto de intereses que se refleja en un conflicto de valores; entre los valores que reconocen los jóvenes en su experiencia vital en el lugar donde han crecido, y los que ofrece la cultura hegemónica encargada de establecer la legitimidad de los bienes que impondrán un orden determinado en la estructura social. La

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objetivación física del espacio social, que se da en la manera en que se mencionaba en un comienzo, cobra sentido en tanto los valores legítimos no son los propios del campo o el pueblo, sino los que se reconocen concentrados en las ciudades, por lo cual, toda vez que esto se continúe aceptando así, entonces el campo seguirá arbitrariamente representando el atraso y la ciudad el progreso.

los territorios imaginarios o geografía cognitiva: las iniciativas de migración
Una vez se ha aceptado que los capitales legítimos se encuentran concentrados en las ciudades, cabe preguntarse por esas ciudades que, en la representación de los jóvenes, se encuentran mejor dotadas de estos bienes. Surge también la inquietud por conocer cuáles son los factores que inciden en la decisión de migrar a una determinada ciudad, y no a otra. Pero antes, es pertinente indagar sobre el proceso a través del cual se representa (semantiza) el espacio geográfico, lo que se ha conocido como geografía imaginaria, y que parte del principio de que “el espacio adquiere un sentido emocional e incluso racional por una especie de proceso poético a través del cual las extensiones lejanas, vagas y anónimas se llenan de significaciones para nosotros, aquí” (Said, 2004, p. 87). Como resultado de este proceso, los jóvenes desarrollan una distinción, y como consecuencia una jerarquización, en su representación del espacio geográfico donde existen lugares con una valoración más alta que otros de acuerdo con el peso de los capitales con los que son evaluados30. La primera distinción en la geografía imaginaria, ya reseñada antes, es la polaridad nosotros/otros, en el sentido en que se reconocen diferencias (más precisamente desventajas) y fronteras, entre “nosotros”, los jóvenes de “aquí”, con respecto a los “otros”, o jóvenes de “allá”:

“La mente exige un orden y el orden se logra haciendo distinciones, tomando nota de todo y situando cada realidad de la que la mente es consciente en un lugar seguro y preciso, dando, por tanto, a las cosas algún papel que desempeñar en la economía de los objetos de las identidades que crean el medio ambiente” (Said, 2004, p. 86).
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Pues los jóvenes de la ciudad tienen como más oportunidades, porque en alguna investigación que les coloquen tareas ellos tienen más posibilidades de ir a una biblioteca, les dan computación, mientras que aquí no. Si en la guía aquí dice: tienen una cosita que hacer en la sala virtual entonces vamos a los computadores y si no, no. [¿Hay Internet?] No, en Encarta (Mujer, 16 años, La Garrucha). Hay más libertad de hacer lo que uno quiera [en la ciudad]. Hay más variedad de cosas… más partes para divertirse… rumbeaderos… Nuevas formas de diversión, de pasar el tiempo… (Grupo focal Riosucio). Las posibilidades de allá [en la ciudad] conocer gente nueva, tratar con personas de otras partes… Que encuentra uno transporte pa’ donde voltié, cuando uno se quiera ir se va y ya. [¿Será entonces mejor crecer en el campo que en la ciudad?] Pues crecer por acá tiene problemas de adaptación, porque crecer en la ciudad se le abre a uno mucho la mente, por acá siempre se van a ver las mismas cosas, siempre se ve lo mismo… (Grupo focal, La Garrucha).

Los jóvenes en el campo o en el pueblo se sienten en desventaja en relación con los jóvenes de la ciudad. Hay una percepción de que “nosotros” carecemos de las “posibilidades” en la misma medida en que “ellos” las tienen. En el mismo grado en que la identidad de esos “otros” es construida por el prestigio que brinda el “tener acceso a”, la identidad del “nosotros” carga con el estigma de la “falta de” (posibilidades, oportunidades, etc.). Otra distinción que permite establecer la aplicación del concepto de geografía imaginaria es la de “cercanía” y “lejanía”. Así, un valor reconocido por muchos de los jóvenes que es útil que tenga una ciudad para escogerla como destino de su iniciativa de migración, es la cercanía con su lugar de origen, con su comunidad, donde se encuentran tanto la familia en términos de relaciones de parentesco, como esa otra familia más extensa basada en relaciones como la amistad.
Yo prefiero Manizales porque hay comercio, están las universidades, es una ciudad muy bonita, y además Manizales queda más cerquita para venir a visitar a mi familia los fines de semana y todo (Mujer, 16 años, Filadelfia).

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Quiero hacer un curso en el SENA en Manizales, me parece que allí sería bueno, más cerca de la familia. Un curso de mecánica automotriz, si no me voy para la universidad (Hombre, 17 años, Riosucio). Me llama la atención Manizales, voy cada mes a Manizales… [¿Manizales por qué?] Porque allá hay mucha gente de por acá, allá hay mucho amigo de mi papá y de mi mamá, allá le abren las puertas como se dice a uno (Hombre, 17 años, Riosucio). Le podría asegurar que alrededor de un setenta por ciento de la gente que se va, escoge a Manizales, porque es más cerca, porque pueden seguir visitando a la familia acá y allá tiene familiares y les va a salir todo más fácil… Sí, la mayoría escoge Manizales o Medellín. [¿Bogotá, no?] No, yo conozco mucha gente, los más viejitos y los más niños, porque yo he trabajado mucho con la comunidad de Riosucio, la gente se va para Manizales o Medellín (Hombre, 16 años, Riosucio).

Con el criterio de la cercanía quedan privilegiados principalmente los centros urbanos de Manizales en primer lugar, y luego Medellín. Son los que cuentan con mayor ‘visibilidad’ en sus contextos, dado que el primero, además de que, en efecto, queda más cerca espacialmente, también es capital de departamento en los municipios donde se desenvuelven los jóvenes, por lo que hay un trasfondo político e histórico que incide en el significativo reconocimiento que tiene para ellos. Luego está Medellín, ciudad que cuenta con un reconocimiento muy importante como el centro urbano más grande y de mayor desarrollo comercial cerca en la región. Buena parte de las mercancías que circulan en los diferentes municipios llegan de esta ciudad. Más allá de la cercanía geográfica, lo que se presenta con estas dos ciudades en particular es una cuestión de cercanía cultural, dado que hacen parte de ese entramado cultural que se puede denominar país paisa o de tradición antioqueña, con el cual los jóvenes pueden sentirse identificados al hacer parte de la misma tradición. Por esta razón, estas ciudades priman sobre otras que se perciban más lejanas espacial y culturalmente. No obstante, Manizales pierde terreno, se devalúa, en relación con sus otros centros urbanos más cercanos como pueden ser en especial Pereira, y en una medida diferente Cali, Bogotá y Medellín.

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Yo he escuchado que Manizales es bueno para estudiar, y eso están las universidad públicas que son más baratas, ¿cierto? Pero de todas formas también dicen que en Manizales no hay como muchas posibilidades de empleo (Hombre, 16 años, Riosucio). Pues yo veo que Medellín tiene muchas posibilidades de trabajo y de estudio y mi familia me ayuda. Manizales es una ciudad muy pequeña, no creo que haiga posibilidades, no como en Medellín… (Mujer, 16 años, La Garrucha). La verdad, a mí me gustaría más Pereira que Manizales, [¿y tiene familia allá?] Sí, una tía… Porque dicen que en Manizales hay mucho estudio pero cuando usted termina es más difícil conseguir empleo ahí, en cambio dicen que en Pereira hay más posibilidades. Entonces, uno también busca eso, no sacar un diploma que diga que usted aprendió tal cosa y no tener dónde trabajar. [¿Conoce Manizales?] Sí, lo conozco bien. Pereira más o menos, no mucho. Pero allí hay mucho comercio, sí, me gusta (Hombre, 17 años, Filadelfia).

Manizales es reconocida por los jóvenes como una ciudad que no brinda los elementos principales que están demandando, es decir, está perdiendo valor frente a otras ciudades y que cada vez se acerca más al pueblo del que hacen parte, sin oportunidades, sin posibilidades. Se perciben las otras ciudades como más grandes, con “más cosas para ver y conocer”, con más comercio y más posibilidades laborales, relegando a Manizales al campo de los valores académicos casi exclusivamente, pues se reconoce que cuenta con centros de capacitación, aunque afecta la angustia de no poder ejercer laboralmente allí la inversión académica. Pero el principal factor que impide que Manizales descienda a un escalafón más bajo en la escala de valores a partir de la cual los jóvenes perciben y aprecian una ciudad, además de lo mencionado sobre la cercanía con los contextos de los jóvenes y sus posibilidades en el estudio, es el hecho de ser la ciudad donde más fácil se encuentran familiares que pueden servir de apoyo para llevar a cabo la migración en un momento dado. Se trata de otro de los elementos que en la geografía imaginaria ayudan a delimitar los territorios, a cargarlos de valor, o por el contrario a devaluarlos, de acuerdo con sus expectativas. Donde se tienen parientes o conocidos existe un contacto, una relación que permite configurar en los jóvenes sus criterios sobre a dónde ir.

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Para Manizales, me queda más fácil porque allá está mi abuelita y mis tías entonces siempre que uno de los primos va a estudiar o así siempre se quedan allá. Pues iría a Manizales, allá tengo muchos tíos y creo que podría contar con ellos, me dicen que mire que salga adelante y que no me vaya quedar sólo con el bachillerato (Grupo focal, Filadelfia). Manizales, Cali, Medellín. Porque muchas veces allá tienen familiares y puede que haya un mejor estudio que por acá. Casi siempre la gente que se va a buscar empleo termina viviendo con la familia. Les brinda como la casa para que ellos puedan salir adelante, tener como ese respaldo mientras se independiza con un empleo. Es muy importante el apoyo que se pueda tener a donde uno vaya a llegar (Grupo focal, La Garrucha). Medellín, por la forma de ser de la gente. Como lo tratan a uno, además que allá pueden haber más posibilidades, tengo familia que puede ayudarle a uno (Mujer, 16 años, La Garrucha).

Se trata entonces del capital social con el que pueden contar los jóvenes, entendido éste como “la suma de los recursos actuales o potenciales correspondientes a un individuo o grupo, en virtud de que éstos poseen una red duradera de relaciones, conocimientos y reconocimientos mutuos más o menos institucionalizados” (Bourdieu, 1995, p. 82). En otras palabras, se trata de los capitales a los que los jóvenes pueden acceder producto de la movilización de su red de relaciones sociales, las ventajas o beneficios que puedan representar el contar con parientes o conocidos que puedan estar dispuestos a apoyar a los jóvenes para la consecución de determinados fines, que ha dado como resultado concebir a la familia, por ejemplo, como la principal agencia de empleo. De este modo, los jóvenes identifican fundamentalmente dos factores que pueden determinar sus posibilidades de realizar sus proyectos de migración: el capital social y el capital económico.

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Todos queremos irnos hacia la ciudad, pero no todos tenemos la facilidad de hacerlo. Uno puede tener familia, pero la familia no le va a ayudar a uno mucho tiempo, uno tiene que tener la forma de costearse sus propios gastos y eso es muy difícil. Depende de la familia, y del dinero que se pueda tener desde acá para sostener los gastos allá, porque nadie lo va a tener a uno gratis, así sea familia, sólo pasa si es la mamá y el papá. Muchos familiares si llegan y dicen “sí, manden la niña, tranquilos” y los tiene un mes o dos y ya empiezan que la comida los servicios, y todo… le imponen reglas a uno… entonces no se puede pensar sólo en estudio sino que ahí sí en trabajo (Grupo focal, Riosucio).

El capital económico y el capital social resultan ser complementarios cuando alguno de los dos no es suficiente por sí solo. Cuando hay suficiencia de alguno de los dos, se resuelven con facilidad los posibles contratiempos al llegar a la ciudad, y se cuenta inicialmente con la posibilidad de estudiar para luego trabajar. En contraste, cuando no existen las condiciones necesarias de capital económico o social31, las posibilidades de migración disminuyen, y en caso de que se puedan resolver, es necesario pensar en vincularse prontamente al mercado laboral –no de estudiar– para adquirir independencia económica. Por esta situación, para muchos jóvenes la alternativa migratoria no pasa de ser un ideal, pues carecen de posibilidades para realizarla al no contar con el dinero ni con el apoyo necesario de sus lugares de origen y de destino. En otros casos, es frecuente contar con estas facilidades pero en un nivel bajo, lo cual conduce a que el joven logre acceder (ascender) a la ciudad, pero en condiciones precarias, con familiares en posiciones desfavorables social y económicamente, relegando al joven a una posición marginal dentro del espacio social, ya no en lo rural sino en lo urbano.

31 Las más de las veces estos dos tipos de capital se correlacionan, en tanto si se cuenta con uno, aumentan las posibilidades de adquirir el otro, lo que hace difícil el camino para quienes no cuentan con ninguno de los dos. Es el caso de muchos de los jóvenes que emigran del campo a la ciudad, pues al llegar a sus lugares de destino llegan donde familiares generalmente ubicados en barrios marginados, por lo cual, se cambia de una marginalidad rural a una urbana, donde siguen siendo difíciles sus posibilidades en la carrera por el ascenso social.

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No obstante, para el joven rural o de pueblo, el llegar a la ciudad es un avance en el camino por ascender socialmente, lo importante es no quedarse estancado en el lugar del atraso que es su lugar de origen. En este orden de ideas, en conversación con dos de los colaboradores de la Casa de la Cultura de Filadelfia, oriundos de este municipio, se menciona de manera jocosa que cuando el año escolar acaba, quien no se va del municipio, “se esconde en la finca esperando que los otros se vayan para poder salir de nuevo al pueblo”. La permanencia en el pueblo es signo de estigma para los jóvenes, lo que estimula sus iniciativas de migración. Como resultado de las dinámicas migratorias juveniles, algunos municipios comienzan a ser identificados como pueblos de viejitos, tal como concluyen sobre Filadelfia las personas referidas anteriormente. En suma, los principales factores que influyen en el hecho de que una ciudad sea vista como un destino deseable, y posteriormente como un lugar posible para migrar, tienen que ver con la cercanía geográfica y la afinidad cultural; la representación que se tenga sobre las condiciones de la ciudad en cuestiones de comercio, mercado laboral y posibilidades académicas, que sumadas a las posibilidades de conocer gente y cosas nuevas, hacen de la ciudad un destino tentador para los jóvenes. Por último, es determinante para el diseño de las estrategias de movilidad social y migración de los jóvenes contar con ciertas condiciones básicas de capital social y económico que harían, según el caso, impensable, sólo deseable, posible, o apenas normal, el hecho de migrar a la ciudad.

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ConCluSioneS
En las páginas anteriores, se ilustró la manera en que las disposiciones de los jóvenes participantes en el estudio frente a la migración y la movilidad social están estrechamente relacionadas con sus condiciones sociales de existencia –o posiciones de origen social–, lo cual se encuentra matizado de manera especial por la representación de los modos de vida urbano–moderno. Estos jóvenes han interiorizado una lógica de la modernidad, según la cual, ideas como triunfar en la vida o salir adelante se presentan como elementos incompatibles con sus entornos de pueblo o de campo, y la manera de alcanzar esos anhelos es justamente acudiendo al recurso de la migración. La sociedad colombiana ha interiorizado la legitimación del ejercicio académico heredado de la modernidad occidental. La escolaridad se presenta como el medio de ascenso social por excelencia, es algo que se ha aceptado, y las comunidades en las cuales se ha desarrollado el presente estudio no son la excepción. Lo que no es claro es el papel determinante que juega en las posibilidades de movilidad social el no contar con los capitales necesarios para tal fin, haciendo posible comprender que la escuela, lejos de aportar a la igualdad social, se encarga es de acentuar la brecha social entre quienes están mejor o peor provistos de capital. Las familias de los jóvenes sujetos del estudio no cuentan con niveles elevados de capitales económico, social y cultural, lo que dificulta la carrera por el ascenso social. Producto de lo anterior, los jóvenes muchas veces terminan por ajustar sus esperanzas y expectativas a las posibilidades “destinadas” por su posición de origen particular en el espacio social. De este modo, son las labores o saberes prácticos los que cuentan con mayor legitimidad entre estos jóvenes, relegándose otras opciones como por ejemplo los oficios propiamente académicos o científicos, las artes o las actividades propias del campo que representan, para ellos, mucho esfuerzo pero pocos beneficios. De esta manera, se configura la idea de salir adelante a partir de la acumulación de capital económico, con o sin la ayuda de estudios posteriores a los del colegio. Una iniciativa

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de querer nivelar sus deficiencias de capitales donde prima lo económico, mientras lo cultural, en caso de ser considerado, sólo es visto en la medida en que pueda traducirse en rentabilidad económica. Estos son pues los destinos hacia los cuales apuntan las trayectorias de vida de los jóvenes del campo. Permanecer en el campo no es una situación razonable. En cambio, lo que debe ocurrir es abandonarlo con la esperanza de encontrar las cosas que no ofrece. Es una de las raíces del sesgo antirrural que, al relacionar lo rural con atraso, le ha dado muerte simbólica al campo y por consiguiente al campesino. Ser campesino no es un oficio deseable, por encima están otros presentes en las inclinaciones de los jóvenes como el de policía, mecánico o enfermera, entre otras opciones que se cree pueden encontrarse en la ciudad. De este modo, se puede entender que las trayectorias de vida, cuya posición de origen es el campo o el pueblo del departamento de Caldas (al menos en los contextos aquí analizados), se dirigen a la ciudad. Pero vale preguntar ¿Bajo qué condiciones? Los jóvenes del campo, dadas sus precarias condiciones en relación con las diferentes formas de capital, tienen en su destino engrosar las filas de la fuerza pública y militar del país, o bien ocupar las posiciones y los empleos menos valorizados en las ciudades. Lo que conduce a identificar la movilidad de los jóvenes como un tipo de movilidad horizontal, donde cambia su condición social, pero sus carencias de capitales eficientes (o legítimos) continúan siendo predominantes. Por lo cual se tiene que, en efecto, se da la migración, pero difícilmente se encuentra el ascenso en la estructura social. ¿A qué se debe este fenómeno? La estandarización de la imagen del joven a través de los medios de comunicación, la legitimidad de la escuela como agente que hace posible la movilidad social y la educación de corte urbano– moderno que le es impartida a los jóvenes en el campo y en el pueblo, sumado a la fuerza transmitida por sus padres impulsándolos a ser “más de lo que ellos pudieron ser”, son en definitiva elementos que permiten un acercamiento a la comprensión del tipo de inclinaciones que tienen los jóvenes para la construcción de sus proyectos de vida, pues se entiende que las

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aspiraciones, deseos, expectativas y necesidades son moldeadas en los individuos a través de la cultura. De estas consideraciones surge la pregunta por la manera como habrá de afrontarse el fenómeno en cuestión. El problema es si se deben entender las dinámicas de migración rural/urbana como un concomitante “normal” de los procesos de modernización y complejización social. Si se acepta que ésta no es la respuesta, habrá que encontrar alternativas al hecho de que el campo y los pueblos sean habitados principalmente por personas mayores, o por jóvenes que no tuvieron posibilidad de emigrar. Es necesario transformar la percepción que los jóvenes tienen sobre sí mismos como parte de un grupo poblacional estigmatizado, y replantear su percepción de que hacen parte del “atraso”, de que están en la última escala de los valores sociales, a partir de la cual es necesario “salir adelante”, y que para comenzar a existir -simbólicamentedeben luchar por “ser alguien en la vida”. El cuestionamiento de estas lógicas parte del reconocimiento de que no son otra cosa que el resultado de la arbitrariedad histórica, producto de los procesos de modernización, en los cuales el estereotipo de la juventud (asociados a lo bello, audaz, dinámico, etc.) y las dinámicas propias de lo urbano, son factores que estigmatizan lo rural. Por eso es necesario descubrir el papel que merece lo rural para el desarrollo social del país, de tal modo que los jóvenes del campo y del pueblo puedan pensar sus propios contextos de acuerdo con lo que son por sí mismos, y no bajo la sombra de la ciudad. Por esto, es preciso entender la importancia de iniciar el camino hacia la revalorización del campo, un replanteamiento de los valores eficientes que han conducido al sector rural al patio trasero de las ciudades industrializadas. Se trata pues de invertir los valores eficientes, de acuerdo con los cuales el campo dejaría de representar desprestigio, para relacionarse con los polos mejor valorados de la sociedad. Para ello, es evidente que no se trata de un asunto que se pueda resolver sólo con intervenir las representaciones sociales de las personas del campo para que “no se vengan a la

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ciudad”. Se trata adicionalmente de promover cambios en la apreciación sobre el campo en todas las esferas de la sociedad, en especial, aquéllas que tienen injerencia de manera más o menos directa sobre lo rural, fundamentalmente los entes políticos y económicos tanto locales como globales. Se trata entonces de un cambio que se debe enraizar en las estructuras profundas del pensamiento modernizado de la sociedad colombiana y, a partir de allí, se plantea la prioridad de transformar las estructuras política y económica de un país que no aprovecha las riquezas de sus recursos rurales en beneficio de las mayorías desprovistas de capitales, sino que en cambio, los desperdicia para beneficio de las minorías dueñas del control legal (terratenientes, latifundistas) o ilegal (grupos armados al margen de la ley) del territorio, en medio de un conflicto político y económico que obstaculiza la equidad social por la vía del desarrollo rural. Es necesario encontrar el camino para que juventud y pueblo o campo no sean antagonistas. Los jóvenes participantes en el estudio demandan una variedad de bienes para la realización de sus proyectos de vida que no encuentran en sus lugares de origen. Sin embargo, no se pueden perder de vista aquellos (una pequeña representación pero no por eso menos significativa) que no tienen esa iniciativa de migración. Del mismo modo, es importante prestarle especial atención a esos jóvenes que, aún cuando sí tienen iniciativas de emigrar, viven un conflicto interno para determinar sus valores eficientes (entre los valores externos y los propios, entre el irse y el quedarse), lo cual se ve reflejado cuando, por ejemplo, reconocen que es mejor crecer en el campo, que les gustaría volver al pueblo, que piensan que el mejor lugar para que crezcan sus hijos en un futuro es justamente ese lugar donde han crecido. Es decir, el campo y el pueblo para los jóvenes participantes en el estudio no están totalmente devaluados, pues existen en ellos elementos de gran valor que incluyen el ámbito de lo comunitario, formas de vida que entrañan una gran riqueza de tradiciones y expresiones culturales, lo cual es necesario conocer a profundidad, con el fin de seguir aportando al camino de la mencionada revalorización de lo rural.

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