Dina Picotti (2011) LA PRESENCIA AFRICANA EN EL RÍO DE LA PLATA

La autora se refiere brevemente al peso y al valor de la presencia negroafricana en la constitución de nuestra identidad, es decir, al hecho de haber operado como factor intrínseco y no meramente externo o derivado. Esta temática se recorta en la más amplia de la presencia del África subsahariana en América Latina. Tal presencia manifiesta rasgos comunes, procedentes de un mismo origen –la deportación de esclavos africanos a estas tierras– y rasgos diferenciados por cuanto estos, que ya pertenecían a pueblos y culturas diversos, se adaptaron y recrearon de manera varia, según las zonas que habitaron y las situaciones que debieron enfrentar. Formas diferentes e insustituibles de vida Una doble preocupación lleva a la presente tarea: la de corresponder a la historicidad del ser y del hombre en su múltiple y constante configuración y, en este contexto, la del reconocimiento del valioso aporte a la historia americana y argentina, del África negra –tan bastardeada para justificar lo injustificable, la inhumana empresa de la esclavitud–. Si mucho se ha dicho y reivindicado, falta aún, sin embargo, una más explícita asunción de dicho aporte. Los estudios africanos, hoy Los estudios africanos requieren todavía ajustes y precisiones en las perspectivas que adoptan, en tanto deudores de una larga historia de distorsión. Hasta hace poco el África negra, sus modelos culturales y hasta el potencial de sus pueblos fueron objeto de grandes desubicaciones desvalorizadoras; diversos factores contribuyeron a ello: la perspectiva eurocéntrica de la cultura y la civilización, las relaciones de poder entre África y Europa desde la colonización hasta la actualidad y la preferencia por fuentes escritas que dejaba de lado uno de los recursos más valiosos para la historia africana como es la oralidad. A partir de los años cincuenta surgieron algunos avances cuyo pleno impacto se sentiría en la década siguiente: los movimientos independentistas exigían una nueva imagen, la colonización debía ser vista tal cual era y apareció una nueva generación de historiadores, de científicos, de pensadores africadores. Fue un planteo defensivo el de este grupo pionero, aún activo, que si bien no produjo todavía una ruptura metodológica, indicó con claridad la necesidad de una perspectiva afrocéntrica y de un empleo más cuidadoso de los registros extraños. De este análisis surgen tres etapas en el desarrollo de los estudios de la historia y las culturas africanas: en el período colonial la historia de África fue escrita e interpretada por partes interesadas no profesionales; durante los años de movimientos independentistas, los investigadores africanos se orientaron hacia la conceptualización de la imagen de su continente, con cambios de perspectiva y hasta de metodología y, a partir e la independencia y hasta el presente, tales cambios se hacen significativos, por parte de investigadores africanos y extranjeros. Discriminación y afrocentrismo En lo que respecta a los estudios afroamericanos en general ha predominado lo que Okón Edet Uya llamó “una perspectiva blanca de aceptación generalizada”, constituida en función de dos supuestos de por sí cuestionables: que el afroamericano se habría reducido a un valor cultural cero, por haber perdido todos los resabios de su cultura durante la esclavitud y el mundo del racismo, la discriminación y la opresión y la incorporación a un carácter americano común, dadas las tendencias asimilatorias del complejo social americano. Por otra parte, el afrocentrismo tuvo diversas acepciones: la consideración de la presencia africana para la reconstrucción histórica, pero sin observar los patrones culturales presentes. De dónde llegaron La presencia africana en América procede casi exclusivamente de la deportación de esclavos desde diversas regiones de África, sobre todo occidental, por los europeos a sus colonias americanas, como fuerza de trabajo para la obtención de productos básicos que movilizaran su sistema mercantil. El sistema de esclavitud racializó profundamente las relaciones de producción, agregando un conflicto nuevo a contradicciones y alienaciones que ya había: el antagonismo racial, el negro-mercancía y una forma complementaria de alienación, la asimilación pura y simple del colonizado, la desaparición de su propia identidad, la perdida no sólo de su libertad de trabajo sino también de su memoria colectiva y de su imaginario, a través de los cuales los pueblos transmiten y recrean sus experiencias y modos singulares de vida. Sin embargo, los esclavos reaccionaron de múltiples maneras, predominantemente activas o pasivas. Entre las primeras se puede mencionar el cimarronaje. Quienes sobrevivieron huyeron buscando refugio en las montañas o en la selva para preservar en lo posible su libertad y su identidad. Allí constituyeron comunidades que se autoabastecían y defendían. El esclavo como fuerza de trabajo

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En el caso de la esclavitud africana en América, ésta puede ser vista como un recurso tecnológico para la optimización del trabajo, a través de diversos mecanismos, tales como: 1) integrar en las concentraciones esclavas en plantaciones, minas, establecimientos rurales, etc., diversidad de etnias y por lo tanto de lenguas y cosmovisiones, para obstaculizar la formación de una conciencia de comunidad frente a la explotación; 2) traer esclavos jóvenes, dado que el sistema de trabajo exigía hombres mozos, sanos y fuertes, que aseguraran la vida durante un largo período, mayor adiestramiento y productividad y menor taza de amortización; 3) un tercer mecanismo de deculturación se relaciona con la sexualidad. 4) Un cuarto mecanismo se ejerció a través de la alimentación, el vestido y la vivienda, que responden a necesidades básicas y conforman módulos culturales, aplastados y suplantados por el régimen esclavista. 5) El trabajo alienante en todas sus formas. De tal modo, lo que podemos considerar sus aportes culturales son el resultado de un complejo proceso de transculturación-deculturación como herramienta de hegemonía, a la vez que de refugio en su propia cultura cual recurso de identidad y supervivencia. Es así como la presencia africana en América se desarrolló a través de un largo proceso, entrelazado intrínsecamente con la historia americana en la complejidad de sus diversos factores y momentos. La organización-sociopolítica Al mestizaje del blanco con el indio y con el negro se le atribuye un carácter negativo, en cuanto transmitiría los caracteres de “razas inferiores” y la inestabilidad y el desequilibrio de la mezcla, todo lo cual dificultaría el ascenso hacia el bienestar y la civilización. Queda por realizar una valoración adecuada de la presencia africana en América, no como mera supervivencia de rasgos físicos y culturales, sino como matriz, factor intrínseco en la constitución de su identidad histórico-cultural. Más allá de los modelos vigentes, su presencia de hecho en todos los aspectos de la vida influyó en el modo en que estos se dieron, por ejemplo en la forma de organización social, contribuyendo a que se configuraran determinados tipos de comunidades en medio de su diversidad interna. Los africanos traían consigo una fuerte tradición comunitaria. Para sobrevivir a la nueva situación, hallaron modos de reunión y de acopio de fuerzas y posibilidades y debieron recrear sus formas sociales y en general su cultura. En Argentina compartieron los modos propios de organización que pudieron darse en toda América en la situación esclava: las cofradías religiosas, las naciones y las sociedades de ayuda mutua, tres etapas de organización que correspondieron a las relaciones que se fueron dando entre la población negra de esclavos y libertos y la sociedad más amplia. El aporte económico Si algo distinguió al africano en el Nuevo Mundo, con respecto a otros modos y épocas de la esclavitud, es el haber recibido una marca económica fundamental, al ser inserto en el sistema capitalista europeo y contribuir entonces a su expansión. El traslado de la esclavitud a América tiene que ver con los acontecimientos que se producen en Europa previamente al descubrimiento del Nuevo Mundo y con lo que los europeos hallaron en las tierras americanas. Europa se ve conmovida por la expansión de la economía mercantil, el surgimiento de los estados nacionales y los descubrimientos geográficos. En el siglo XV y a comienzos del XVI los capitales españoles se lanzan a las empresas ultramarinas, asociados con mercaderes peninsulares o extranjeros o invirtiendo el capital obtenido en préstamo sobre sus posesiones, para ganar privilegios en las nuevas tierras. Si bien no lograron el objetivo de hallar especias, comprobaron la existencia de metales preciosos y otros productos o alternativas para generar riquezas. Ello llevó a la búsqueda insaciable de oro y plata y al cultivo del azúcar, negocio íntimamente ligado con el tráfico negrero y que se pudo desarrollar en las nuevas, libres y fértiles tierras hasta extremos no conocidos. En la Argentina, tanto el Buenos Aires colonial o el interior como las regiones de Cuyo, Centro, NO y NE, fueron por diferentes motivos sociedades muy dependientes de los trabajadores esclavos, quienes se hacia cargo de las unidades de producción y de los más diversos servicios, además del doméstico. Sin su fuerza laboral, la economía pronto se habría detenido. Las faenas del campo La agricultura y en general las faenas del campo ofrecieron otra área ocupacional importante. En los registros aparecen trabajadores negros y mulatos en proporción significativa, a veces casi exclusiva, y también como capataces. Gozaron en el campo, para la producción de cereales y ganado, de mayor libertad que en la ciudad y sobre todo con respecto al régimen esclavo de mayor sometimiento, el que exigieron las plantaciones de cultivo intensivo del Caribe, Brasil y América del Norte. Tal era la dependencia de los esclavos que constituían la base de la pirámide laboral. Sin embargo, de modo discriminatorio, también integraban el estrato inferior, en tanto se les reservaban los empleos menos deseables, más degradantes, insanos y peor remunerados. La baja condición ocupacional y la baja condición racial a la que estaban sometidos se reforzaban mutuamente y creaban un círculo difícil de romper. La actuación en las milicias

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La participación de los afroamericanos en las fuerzas armadas fue más importante de lo que suele reconocerse. La urgente necesidad de hombres para las largas guerras de independencia y también para las civiles hizo que fueran enrolados compulsivamente, a pesar de que la reunión de esclavos y sus descendientes en disciplinadas unidades de lucha presentara inconvenientes al sistema. Es decir, a la vez que eran útiles e irremplazables para la defensa del Estado, significaban también una potencia hostil para las bases sociales discriminatorias de este en toda América. A pesar de la discriminación racial, sus particulares meritos hicieron que alcanzasen posiciones de comando en buen número, aunque por los motivos antes mencionados no suele informarse sobre esto y su participación se reduce a la tropa o a casos aislados. Las resonancias del lenguaje Es innegable la influencia africana sobre el español y el portugués no sólo por el aporte de un porcentaje no despreciable de vocablos y modismos, sino también de estructuras más básicas, como por ejemplo la forma de nominar y el sentido mismo de la palabra. A pesar de que los esclavos perdieron en gran parte las lenguas de sus antepasados y sus culturas, sin embargo mantuvieron su esencia, reorganizando creativamente el material lingüístico al sustituir unos vocablos por otros o reformularlos y producir imágenes, como lo hacían en sus lenguas originarias. Así han podido surgir en el mundo afroamericano lenguas mixtas como el créole, surinam, papiamento, mal llamadas dialectos, es decir, variaciones o degeneraciones del español, francés, inglés, holandés, cuyo vocabulario procede de palabras europeas y en parte africanas, pero la sintaxis sigue las reglas de la gramática africana. En Argentina, Néstor Ortiz Oderigo pudo reunir más de 500 dicciones que proceden de diversas lenguas africanas sobre todo del poderoso tronco lingüístico bantú y del congolés. La literatura La influencia literaria africana en América es ya profunda en la literatura oral. Si esta es siempre importante por cuanto precede y acompaña a la escrita guardando la plenitud del fenómeno literario, en el Continente ha operado además como salvaguarda y continuidad de la creación popular, en la complejidad y mestizaje de sus elementos, ante la pretensión unilateral de estilos o concepciones que se imponen y discriminan según los avatares de la historia. Aportes africanos al folclore rioplatense El folclore rioplatense atesora también densas resonancias que se traducen en rica imaginación, en fulgurantes imágenes y metáforas y otros caracteres típicos africanos. Otro aspecto importante es el de la “payada”. El arte de la payada en América tuvo como protagonista fundamental al africano o sus descendientes. No sólo se manifiesta vocalmente sino también en diálogos musicales, como los duelos de tambores, en los que un ejecutante trata de emular o superar a su antagonista ante el juicio del público; los cutting contest del jazz; las llamadas de los tambores afrouruguayos; las contiendas danzantes. Hacia fines del siglo XIX esos payadores comenzaron a irrumpir en circos, teatros y lugares de esparcimiento, perfeccionando su arte y adquiriendo nuevos sesgos. Entre ellos se destacaron Higinio D. Cazón, Luis García y Gabino Ezeiza. Otra voz a incluir en esta literatura oral es la de “los pregones” que acompañó casi todos los aspectos de la vida, siendo el de ellos un testimonio tan inadvertido como elocuente. La literatura escrita Con respecto a la literatura escrita E. K. Brathwaite distingue cuatro especies: una literatura retórica, que invoca la presencia africana sin activarla realmente, si bien su preocupación conducirá a una africanización posterior del estilo; una literatura de supervivencia africana que trata explícitamente aunque no intenta una interpretación o reconexión con su tradición; una literatura de expresión africana que asume el material popular en la misma forma, advirtiéndose el progreso y la fuerza de las imágenes, la importancia de la palabra-conjuro, la improvisación rítmica y temática y por último, una literatura de reconexión que intentaría relacionarse con la cultura madre africana, reconociendo su presencia viva, creativa, en la sociedad, como parte de ella. En torno de los años treinta se produce en Cuba el fenómeno de la poesía negra, que asume voces, ritmos, temas y recursos en general negros y mulatos de lenguaje. Esta poesía se extendió pronto a las Antillas y a toda América y difundió el modo y la valoración del componente afro que ya formaba parte de nuestro acervo común cual síntesis de un largo proceso. La impronta rítmica El ritmo es para el africano la arquitectura del ser, la dinámica interior que le da forma, la pura expresión de la energía vital. Es el modo y la forma de la palabra, que la hace activa, eficaz. Más importante aún que el ritmo de las palabras es el de los instrumentos de percusión: el sonido de los tambores es lenguaje, nommo y preferencial, es la palabra de los antepasados, quienes hablan a través de

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ellos, fijando los ritmos fundamentales. Entre el ritmo de la palabra y el de los tambores existe una especie de contrapunto, un sistema rítmico que refleja el pensamiento africano. Toda obra artística africana está compenetrada de un ritmo que significa algo, que resalta el significado, como otro componente del modo, kuntu. Las partes están rítmicamente articuladas y referidas unas a otras. La otra recibe su significación en el nombramiento y viene expresada por signos que el ritmo se encarga de disponer e intensificar en su capacidad expresiva. En Argentina, a partir del siglo XVI, fueron dándose, con la presencia africana, los diversos tipos de danza que se observaban en toda América, con algunas características propias, y suscitaban, por una parte, el rechazo de la cultura oficial, que no supo ni quiso asumir su sentido pero, por otra, la asimilación popular de ritmos y formas que no solo se incorporaron en nuestro folclore sino en las actitudes de vida en general. Todo sobre el tango Entre las danzas rioplatenses merece especial atención el tango, el cual, según F.O. Assunçao se fue conformando en su aspecto musical-coreográfico desde la habanera portuaria, en la ruta de Cuba al Plata, incluidos puntos tan coloridos y especiales como Marsella y Nueva Orleans. Su génesis se iniciaría a mediados del siglo XIX, en la época de la segunda fundación de Montevideo, y habría alcanzado su etapa culminante de concreción hacia fines de la década de 1870, al producirse un gran cambio cultural con la inmigración. También a partir de mediados del siglo XIX surge la “milonga”, factor importante en la constitución del tango, como forma urbana más que rural, para acompañar cantos apicarados. Otras danzas de indudable origen africano son el “malambo”, la “zamba” y la “chacarera”, con el típico ritmo de 2/3. Íntimamente unido a la música y la danza, el canto del africano se ha impuesto en el mundo por el timbre expresivo de su voz, su elevada expresividad y esa calidad poética que le otorgó superioridad por su sentido del ser, de lo humano y de cada cosa. Instrumentos tradicionales En la música afroamericana han jugado un papel fundamental “los instrumentos” fabricados con materiales semejantes a los autóctonos de África y a partir de sus tradiciones. Entre todos ellos los tambores y las sonajas constituyen la base rítmica y tímbrica. La influencia religiosa En el sistema de interrelaciones dinámicas en que se dan las culturas africanas, la religión constituye el mayor exponente, el que impregna y marca todas las actividades, aún las más profanas, puesto que caracteriza a su tipo de imaginario. Por ello, en la diáspora fue el factor fundamental que permitió el reagrupamiento de los africanos y sus descendientes, la transmisión de valores esenciales, dentro de un proceso de continua adaptación. El vudú haitiano y la santería cubana, así como diversos ritos en el Brasil, constituyen exponentes notorios de la situación de lo religioso y su importancia. A pesar de sus diferencias, hay rasgos fundamentales comunes: el culto no es referido al espíritu supremo, dios creador, por considerárselo inefable, distante, sino a las más diversas manifestaciones de la divinidad, fuerzas de la naturaleza o antepasados, númenes con sus diferentes rasgos, cantos, danzas e instrumentos musicales. Numerosas manifestaciones religiosas de origen africano han quedado documentadas desde el pasado colonial hasta el presente. Una fervorosa devoción distinguió al santo negro Benito de Palermo, Sicilia. Asimismo, se honró a San Baltazar, el rey mago africano, patrón de los afroargentinos. Por influencia afrobrasileña se veneró a la Virgen del Rosario, cuya cofradía estaba en la Iglesia de Santo Domingo. Con el tiempo los rituales se fueron debilitando y diluyendo en las vías de la transculturación. Sin embargo, no debe olvidarse que el sistema negroafricano de pensamiento y creencias no le impide acomodarse a nuevas situaciones y que tiene toda una tradición en ello, lo que procede como un factor activo en el mestizaje americano. Por ejemplo, el fenómeno de expansión del “umbanda”, que se está verificando desde hace algunas décadas nos lo hace repensar. Usos y costumbres La incorporación de un porcentaje importante de población de procedencia africana en nuestros países significa también la presencia de un determinado ethos, de una forma de vida, de un modo de ser que detenta rasgos básicos comunes. Se trata de un modo de ser, de reglas tácitas que subyacen en las manifestaciones culturales afroamericanas y que explican su unidad en la diversidad de sus readaptaciones y cambios. A. Frigerio ha mencionado algunas de las características principales de sus artes, extensibles a todas sus manifestaciones socioculturales: 1) Su carácter multidimensional, de darse en niveles sucesivos, mezclando lo que para Occidente son géneros separados y diferentes. 2) Su cualidad participativa, consecuente con su concepción fuertemente comunitaria: no existe una separación rígida entre el ejecutante y el público. ·) Su ubicuidad representativa en la vida cotidiana, dado que aquel carácter participativo hace que cada persona sea un potencial ejecutante en la vida cotidiana. $) El modo coloquial, de diferentes maneras: entre solista y coro, en el estilo de llamada y respuesta; entre tambores y solista, etc. 5) La importancia del estilo personal es otra

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característica que acompaña a las demás: la importancia de la conversación resalta el carácter emergente, creativo, único, de toda ejecución. 6) La funcionalidad social, en tanto modo de ser, actúa como principal elemento socializador y aglutinante, expresando la identidad y los problemas del grupo.

[Dina Picotti, “La presencia africana en el Río de la Plata”, en Marisa Pineau (Editora), La ruta del Esclavo en el Río de la Plata. Aportes para el diálogo intercultural, Editorial Universidad Nacional de Tres de febrero, Caseros, 2011, pp. 61-97.]

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