Drosophila melanogaster

Las drosófilas (moscas del vinagre o de la fruta).
Texto y dibujos: Pablo Siebers Fotografías: Ángel Garvía.

Artículo cortesía de la Asociación Española de Acuariófilos (AEA)

Estas pequeñas moscas (Drosophila melanogaster) son un excelente alimento vivo utilizado en acuariofilia principalmente para peces específicos de superficie (p.ej. especies de los géneros Carnegiella, Gasteropelecus, Dermogenys, Epiplatys). Sin embargo, las podemos utilizar también para todos los peces que aceptan recoger alimento que flota en la superficie. El inconveniente es que escapan con facilidad y una fuga masiva suele exasperar los nervios de cónyuges y familiares. Con radiaciones de laboratorio se consiguieron criar moscas con las alas muy reducidas (que no podían volar), pero éstas resultaron poco productivas para su cultivo casero. Para iniciar el cultivo necesitamos en primer lugar conseguir las moscas. Durante el verano es fácil porque son atraídas en poco tiempo por cualquier resto de fruta abandonado. Colocamos pues, algo de fruta en primera fase de fermentación (pero sin hongos) en un bote de mermelada y cuando se han reunido dentro unas cuantas moscas, lo tapamos con un tejido fino o malla de nylón. Cuando la temperatura exterior es baja no aparecen y debemos recurrir a un amigo acuariófilo que tenga un cultivo en marcha.

1 El medio de cultivo es una papilla de frutas, como las preparadas en dietética infantil que existen en el mercado o elaborada por nosotros. Por ejemplo: una manzana finamente molida, un poquito de levadura y tantos copos de avena que mezclándolo se forme una papilla espesa. Para los que se atrevan con un poco de bricolaje dibujamos y describimos a continuación un método de cultivo que imposibilita las fugas de las moscas, tanto a la hora de cosechar como al iniciar un nuevo cultivo.

Sistema ideado por el autor para la cría de mosca del vinagre. Esquema pablo Siebers.

Ejemplares de Drosophila melanogaster sobre una papilla alimenticia. Foto: Ángel Garvía ©

Utilizamos dos botes de plástico transparentes y en las tapas herméticas abrimos una ventanilla (del tamaño de una diapositiva) sobre la cual pegamos una malla fina. En un lateral abrimos otra apertura redonda en la que pegamos un

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trozo de tubo rígido. Como tapa practicable para esto último utilizamos otro trozo de tubo de diámetro ligeramente superior y previamente cerrado con otra malla fina. Con las dos aperturas hemos conseguido una cierta ventilación en los botes. Cubrimos el fondo de uno de los botes con una capa de 1,5 a 2 cm. de nuestra papilla sobre la cual colocamos algo de viruta de madera (tiras finas en espiral) o papel higiénico como posaderos para las aproximadamente 30 a 40 moscas con las que iniciamos nuestro cultivo. De los huevos que estas ponen nacen a los 3 a 4 días las larvas que empiezan a comer de la papilla. Cuando alcanzan su completo desarrollo (4 a 5 mm), se convierten en pupa, en una especie de celdas (primero amarillentas

y después pardas), de las que salen las nuevas moscas pasados otros 4 a 6 días. Para recoger las moscas necesitamos un tubo de capturan, para lo que nos servirá una probeta de laboratorio que encaje sobre el tubo pegado al bote. Cuando colocamos a continuación una funda de cartón sobre el bote las moscas entrarán en la probeta atraídas por la luz. Ahora las podemos introducir sin más desde la probeta al acuario donde los peces las devorarán. Si queremos evitar también que alguna mosca, posada sobre algo que permita que se le seque las alas, logre escapar, podemos usar dentro de la probeta un poco de algodón con unas gotas de éter o cloroformo. Después de algunos minutos podemos alimentar a los peces con las moscas adormecidas. Con las mismas moscas podemos criar un máximo de 3 veces, porque

2 después se reduce la reproducción casi al cero. Estas moscas no suelen vivir más de 5 o 6 semanas. Antes de que se agote la reproducción debemos iniciar un nuevo cultivo, para lo cual, utilizamos el segundo bote que conectamos al primero con un trozo de tubo de enlace. Con la funda de cartón provocamos la mudanza de unas cuantas moscas al nuevo cultivo. La conservación de los cultivos no ofrece problemas, pues no necesitan especiales condiciones de humedad o iluminación y se reproducen con temperaturas entre 20º y 28º C. Además de Drosophila melanogaster podemos cultivar con este mismo método a su pariente mayor Drosophila funebris.

Esquema anatómico de una mosca del vinagre.

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