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EL MAESTRO

Y LOS MEDIOS DE
COMUNICACIÓN
FORMACION ÉTICA Y CÍVICA EN LA ESCUELA PRIMARIA I

H. Matamoros Tamaulipas, a 7 de octubre del 2008

Por: Karla Cittlalic Acevedo Hernández
INTRODUCCION

El maestro siempre debe estar en constante
actualización, debe ir de acuerdo a los avances científicos y
técnicos, para no quedarse siendo un dinosaurio en la
enseñanza. Estar al tanto de estos avances es fundamental,
saber lo que pasa con la computadora y el Internet, la radio,
las noticias y artículos del periódico, pero debe prestar mucha
mas atención a la televisión, y no tanto por que salio de
plasma o por que hules lo que cocinan, sino el contenido que
en ella se expresa. Pero ¿de qué manera influyen los medios
de comunicación en el pensamiento de los niños?, ¿es la
televisión uno de los mas grandes retos educativos para el
maestro? ¿Cómo nos sirve lo que saben los alumnos por los
medios de comunicación, en la enseñanza diaria?

DESARROLLO

La información siempre esta presente en la vida
cotidiana, ya sea por que nos topamos a alguien en la calle y
nos dice lo que paso, vemos el periódico, la tele o vamos en el
carro oyendo la radio, siempre estamos al día y eso no es
malo, lo malo es que muchas veces esa información se mal
entiende y el resultado que debía tener cambia
drásticamente. Si para un adulto a veces resulta difícil
comprender todo lo que ve, lee o escucha, es peor para un
niño, por que no tiene una base sólida de conocimiento,
además que son seres muy ingenuos y creen todo lo que les
dicen. Así es que afecta mucho y más cuando no existe
alguien que guíe el pensamiento del niño. El pequeño si
escucha que dijeron que hacer guerras y matar gente para
defender un territorio es bueno, lo creerá y su pensamiento
será el de pelear cuando quiere algo y es por que no tiene una
conciencia de la vida en realidad.
Entre todos los medios de comunicación, el más
sobresaliente es la televisión, ay que esta más al alcance de
la economía familiar, y pasa mas tiempo con los niños que los
mismos padres, además que su contenido es explicito y
existen imágenes claras. Esto representa un reto para el
profesor y los mismos padres de familia, por que la televisión
incluye programas que cambian totalmente el panorama de la
vida en sí. El niño al pasar tanto frente a ella, aprende muchas
cosas buenas y malas, menciona Fernando Savater “el
problema no estriba en que la televisión no eduque lo
suficiente sino en que educa de más”. Nadie tiene un control
sobre lo que se debe y no debe programar, si es ético o no, en
fin, a nadie le importa, muchas veces el vocabulario es muy
elevado y otras, las imágenes son muy explicitas, esta bien
que el niño aprenda, pero debe tener un moderador, que vaya
aclarando las dudas que surjan en esos momentos. El maestro
debe de luchar contra esos conocimientos y enfocarlos
realmente a lo que es, ese es el más grande reto.

Aunque tiene sus desventajas que el alumno tenga tanta
información y no pueda depurarla, es útil para el maestro,
como mencione el profesor debe enfocar esa información.
Muchas de las ideas de los niños no son fundamentadas, por
ejemplo, ahora se ven más escenas eróticas en la televisión,
entonces el niño cree que esto es bueno y empieza a tener
una idea de lo que es el sexo, esta información debe ser un
punto de partida para el maestro, tomar este conocimiento y
decirle que el sexo en si no es malo, pero que cuando lo haga,
este consiente de que es un grana paso y una gran
responsabilidad. Eso es todo. El profesor parte de lo que los
alumnos ya saben para poder enseñar y deja que expresen
sus ideas y las corrige, haciéndolos llegar a un punto donde
usen su criterio para aclarar y enfocar esos conocimientos.

FIN

CONCLUSION
No siempre lo que brilla es oro, sabemos, que no toda la
información que obtenemos es verdadera. Es mi criterio el
que debo usar y como futura docente ser una mediadora en la
adquisición de esa información para hacerlo un conocimiento
verdadero y significativo.

BIBLIOGRAFIA

Savater, Fernando (1998), “Los contenidos de la enseñanza” y
“El eclipse de la familia”, en el Valor de educar, México,
Ariel, pp. 37-54 y 55-87