Mario Rufer (2005) HISTORIAS NEGADAS.

ESCLAVITUD, VIOLENCIA Y RELACIONES DE PODER EN CÓRDOBA A FINES DEL SIGLO XVIII Introducción
Fundamentación y objetivos Si bien son importantes los trabajos que de alguna manera tienen a la esclavitud como objeto de estudio en el Río de la Plata, en la historiografía de Córdoba esos análisis –reconociendo su completa legitimidad- han estado principalmente centrados en el comercio y en la trata de negros que provenían de África, de Brasil o de Colonia del Sacramento pasando por el puerto de Buenos Aires, y que eran traídos aquí por comerciantes porteños o locales. En Córdoba se ha estudiado el comercio de esclavos relacionado con su distribución y localización en el marco espacial a principios del siglo XVII. De modo más general, los esclavos han sido parcialmente reconocidos y analizados en estudios cuyo objeto era otro: el mestizaje, el estudio de la población cordobesa a través de las herramientas proporcionadas por la demografía histórica, la evangelización. Sin embargo, poco se ha ahondado sobre lo que se denomina “esclavo doméstico” en Córdoba. Poco se sabe sobre sus prácticas sociales, sus modos de sociabilidad y el trato que recibían; poco se sabe sobre sus estrategias y sus modos de resolución de los conflictos. Nuestra historiografía no ha hecho hincapié en tomar a los esclavos como sujetos activos en una trama de relaciones de poder dinámicas y cambiantes en el escenario social. En esta sociedad iletrada, relativamente pobre y periférica del imperio colonial, la historia tropieza con una dificultad básica: la documentación. Por ello la investigación se enmarca en un momento de inflexión política en la ciudad y jurisdicción de la Córdoba colonial –la implementación de las reformas borbónicas–. Esto se evidencia en un vigor ejecutivo de la monarquía absoluta que pone a sus agentes de poder en un lugar esencial de control y afianzamiento de la autoridad a través de una reorganización política y administrativa, y se visualiza en un aumento de funcionarios judiciales subalternos y en su dependencia directa con el “poder ejecutivo” local. Pero, además, hubo intentos claros por “formalizar” prácticas que anteriormente no quedaban registradas en los documentos. El objetivo principal del trabajo es analizar y comprender cómo actuó la institución judicial en las causas que implicaban a los esclavos, tratando de indagar sobre los mecanismos institucionales y extrainstitucionales de control, visualizando prácticas sociales específicas y estrategias de resistencia de la población esclava en Córdoba, en la segunda mitad del siglo XVIII. Al tomar un concepto amplio como el de “relaciones de poder”, se lo toma justamente en cuanto es imposible confinar al ámbito institucional las múltiples formas que adquiere el ejercicio del control social. Menos aún lo es cuando pensamos en el esclavo, un individuo en la frontera siempre confusa entre diferentes sujeciones: al amo y al Estado, bien de propiedad pero no del todo sustraído de un orden social más amplio sobre el que ahora las instituciones pretenderán ejercer un control cada vez más preciso. La práctica judicial aporta dos herramientas. Una, la posibilidad de aprehender las formas y los contenidos de un propósito político: encauzar prácticas, disciplinar conductas, extirpar las partes podridas del cuerpo social para mantener un orden social. Otra, la posibilidad de extraer de esa práctica el mayor provecho heurístico posible: visualizar el ámbito fronterizo entre la ley y la costumbre, los límites de la ley y la institución judicial, aprehender prácticas sociales de regulación de los comportamientos muchas veces periféricas a un orden “estatal” embrionario y con dispositivos institucionales apenas fortalecidos en el siglo XVIII. A partir de estas herramientas se pretende caracterizar las formas y particularidades de la aplicación de la justicia sobre los esclavos. La fuente judicial y su tratamiento En primer lugar, el archivo judicial remite al ámbito fronterizo entre la ley y la práctica, nos sitúa en un espacio privilegiado para analizar la América española: el que existe entre una práctica institucional y sus peculiaridades, y lo que ella “informa” acerca de actores y acciones sociales. En segundo lugar, el archivo judicial es un reservorio en el cual se presentan, fragmentados, incompletos, repletos de discursos intencionales, los testimonios positivos del conflicto social. Utilizarlo no se trata en absoluto de rescatar de ellos lo excepcional en cuanto tal, de describir series de castigos y confesiones exóticas. Se trata más bien, de tomarlo como un “zócalo que permite al historiador buscar otras formas de saber que faltan al conocimiento”. La anormalidad, la marginalidad, el delito, dicen mucho acerca de la norma y el poder político. Mediatizada por las circunstancias, por la institución y por el momento en el que se dice, la fuente judicial constituye sin embargo el único modo de acceder a un mundo de prácticas y representaciones –en este caso las de los esclavos- de otro modo inaprensibles. A diferencia de otros lugares de América, en Córdoba, en la gran mayoría de los casos, el esclavo declara, atestigua, confiesa, en general sin intermediarios. El Defensor de Pobres y Naturales suele estar presente, pero no siempre él es quien declara por el negro o el mulato. Esto constituye una ocasión

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privilegiada de acceder a las “voces” de una sociedad altamente mestizada, en la que el mestizo, el indio, el negro, el mulato, están claramente insertos en el funcionamiento cotidiano del núcleo social. La fuente judicial, desde esa “práctica de poder que le dio vida”, informa de manera privilegiada acerca de actividades cotidianas, de participaciones activas de los esclavos en la sociedad y en la economía de la ciudad y la campaña que casi ninguna otra fuente revela. Habla también de formas de sociabilidad, de lugares que frecuentan los negros y mulatos, de sus formas alternativas de resolver los conflictos, etc. Es necesario reflexionar acerca de la peligrosa ingenuidad que puede implicar, en un análisis histórico sobre la criminalidad y el disciplinamiento, recurrir a taxonomizar en rápidas estadísticas una tipología de correlaciones entre delitos y actores sociales. La fuente judicial está atravesada e investida de intencionalidades. Los interrogatorios suelen estar viciados por una respuesta parcial ya contenida en las preguntas, que aparecen muchas veces como afirmaciones a confirmar. El tipo de causas penales analizadas demuestra que el esclavo se constituye como sujeto en el mundo colonial a partir de las formas de clasificación social: el esclavo es inquieto, impío, revoltoso, y como tal, capaz de subvertir el orden social. Es así como coincide con Herzog cuando plantea que tanto la complejidad del tema como la naturaleza de las fuentes empleadas en este tipo de análisis hacen improcedente un estudio cuantitativo, no sólo por el problema de la conservación de los documentos, sino también y sobre todo porque en un análisis que apunta a estudiar las relaciones de poder que circulan en la administración de la justicia, el interrogante rector está siempre puesto en la relación entre los fenómenos sociales (crímenes, conflictos) y la reacción del sistema (procesos judiciales).

[Mario Rufer, “Introducción”, en Historias negadas: esclavitud, violencia y relaciones de poder en Córdoba a fines del siglo XVIII, Ferreyra Editor, Córdoba, 2005, pp. 19-30.]

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