(82) La ley de Cristo –III. la ley de la Iglesia.

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A las 8:52 AM, por José María Iraburu Categorías : Sin categorías

–No sabía yo que la ley tenía tanta importancia en la vida cristiana. –Ya ve cuántas cosas nuevas-antiguas aprende usted leyendo este blog.
Leyes de la Iglesia, reglas de perfección, planes de vida personales, ayudan, ciertamente, a la vida espiritual de las personas y de las comunidades, para que adelanten siempre con facilidad y seguridad por el camino del Evangelio. Por tanto lo que ya expuse sobre el tema (80-81) y lo que ahora expongo se refiere no sólo a las leyes universales de Dios o a las de la Iglesia –éstas son unas pocas, la misa dominical, por ejemplo–, sino que ha de aplicarse también a las reglas de perfección de comunidades religiosas o de asociaciones laicales, e incluso, de algún modo, a los mismos planes de vida espiritual que un cristiano puede trazarse. Andar sin camino es mala cosa. Cuando una persona va andando hacia una ciudad sin sujetarse a camino alguno, el intento le resultará muy lento y fatigoso, pues con frecuencia habrá de atravesar por lugares cercados, matorrales, zonas pantanosas y bosques. Es muy probable que se extravíe más de una vez, que dé muchos rodeos innecesarios, que se pierda totalmente, o que incluso acabe por seguir caminando, pero ya sin intentar mantener una orientación continua hacia la meta que en un principio pretendía. En la vida espiritual así camina el cristiano que, sobre todo en las acciones más directamente religiosas, no tiene pauta conductual alguna. Va a Misa un domingo y otros no, se confiesa o comulga cada mes, cada año o cada diez años, según esté su ánimo. Y así en todo. Esta situación de anomía (sin norma, a-nomos; cf. Rom 2,12), llevada al extremo, equivale ya simplemente a una vida de pecado, es decir, a una vida frecuentemente desviada del amor de Dios, a merced de la gana y de las circunstancias, siempre cambiantes, o para decirlo más exactamente: una vida cautiva de la carne, del mundo y del demonio. Así lo entiende San Pablo:

«Hubo un tiempo en que estábais muertos por vuestros delitos y pecados, cuando seguíais la corriente del mundo presente [mundo], bajo el príncipe que manda en esta zona inferior, el espíritu que ahora actúa contra Dios en los rebeldes [demonio]. Antes procedíamos también nosotros así, siguiendo los deseos de la carne, obedeciendo los impulsos de la carne y de la

Pues bien. saliendo del mundoEgipto. la Madre Iglesia procede de forma análoga en la educación evangélica de sus hijos. Podemos verlo. comunicándoles espíritu y obligándoles a ley. y en parte se mueven ya por el Espíritu. Por eso ha de decirse que «la ley no es para los justos. Son todavía tan carnales que no harían la obra prescrita por la norma si ésta no existiera –no irían a misa los domingos. Así se consigue. al principio. Estos cristianos. que no es poco –y van a misa–. avisándonos también cuanto nos extra-viamos. si no fuera obligatorio–. ayudándose mutuamente. tienen sin embargo el espíritu suficiente como para obedecer la ley eclesial. si todos los cristianos hemos de realizar un Éxodo espiritual. Están subjetivamente bajo la ley. que suele decirse: «este camino lleva a tal lugar». Tomemos un ejemplo de la pedagogía familiar. sino para los pecadores» (1Tim 1. –Los adelantados en la vida cristiana. Nótese que en el gráfico asoman la cabeza a la zona del Espíritu. volitivo y físico. un avance incomparablemente más rápido y seguro. aunque sólo un poco. La ley obra de modos muy diferentes en las diversas edades espirituales del cristiano. Y si son varios los que andan juntos por el mismo camino. por ejemplo. Pues bien.9). plan de vida personal– será para nosotros como un camino. Conviene. poco a poco va captando el sentido de la higiene. son los destinatarios principales de la ley. Y naturalmente estábamos destinados a la reprobación. reglas de perfección.imaginación [carne]. Tanto facilita un camino el avance del caminante. aún tan pobres en el espíritu. –Los principiantes. porque les falta su espíritu. y finalmente la vive en su cuidado personal por convencimiento y por gusto. obligándole a cumplirlas incluso antes de que pueda entender su valor. y también el camino les ayuda a mantenerse unidos y a acrecentar esa unidad amistosa. y los pecadores. empleando el esquema clásico de las edades espirituales. Cuando una madre quiere comunicarle a su hijo el espíritu de la higiene. hacia la Tierra Prometida. con mucho menos esfuerzo mental. andar por un camino. en parte están aún bajo la ley. que son como niños. comienza por darle ciertas normas. en esa travesía una norma de vida –leyes de la Iglesia. pues. Así. el precepto de la misa dominical. unos se animan a otros. el niño se lava porque está mandado y se lo exigen. considerando.1-3). Éstos cumplen mejor los preceptos. pues van haciando suyo el espíritu que los . y atravesando el Desierto. como los demás» (Ef 2. que facilite nuestro progreso y asegure siempre la dirección.

33. que conduce a la plenitud del Espíritu. entre ley y amor. La ley y el amor. La fidelidad a las normas conduce hacia la plenitud del Espíritu. no podremos cumplirlos. las penitencias cuaresmales. estando por encima de la ley. por ejemplo. unas veces harían las obras que prescriben y otras no –irían a misa algunos domingos–. Lo mismo asegura el Señor de los mandamientos de la Iglesia. Han entendido que se exigen y facilitan mutuamente. con amor y plena libertad –seguiría yendo a misa dominical aunque se quitara el precepto–. Bien conocía Santa Teresa de Jesús la primacía de la caridad. sólo el cristiano más crecido en la gracia. guardaréis mis mandatos» (Jn 14. la función de la ley va teniendo una importancia cada vez menor en las diversas edades espirituales del cristiano. e incluso hace mucho más de lo que ella manda –va a misa si puede todos los días–.1246-1247–. así como San Pablo dice de los judíos que «la Ley fue nuestro pedagogo para llevarnos a Cristo» (Gál 3. pues son mandatos Suyos: «si amáis a la Iglesia. De este modo. En realidad.24). se mueven ya por el Espíritu. el justo. cuando son religiosos. pero no por eso menospreciaba el valor santificante de las leyes de la Iglesia.–.15). personal o comunitaria– tiene una función pedagógica.4. así también para los cristianos la ley de la Iglesia –y toda norma de vida. En el precepto eclesiástico de la misa dominical. se educa a los cristianos para que vivan de la Eucaristía. lógicamente. sino también la ley –la obligación de la misa dominical: Código c. la confesión y comunión anual. al menos en algunas cuestiones más fundamentales –la misa dominical. Por eso nunca los santos han contrapuesto amor y ley en la vida cristiana. es capaz de prestar a la ley de Dios y de la Iglesia una obediencia perfecta y del todo espiritual. Son precisamente los santos los que han guardado con extrema fidelidad las leyes de la Iglesia y también. y preferiría pasar «mil muertes» antes de quebrantar la mínima (Vida 31. entre norma y Espíritu. finalmente. Él no recibe subjetivamente la presión externa de la ley. pero objetivamente la reconoce. La Santa Madre Iglesia Católica educa a sus hijos dándoles juntamente espíritu y ley. «por aquí no hay camino. Por tanto. y como escribe San Juan de la Cruz en el frontispicio de la Subida del Monte Carmelo. Si no le amamos. Y ése era también su aprecio por las leyes del Carmelo: «La perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo. Y si faltaran las leyes. el ejemplo–. etc. Nunca han hecho enfrentamientos esquizoides entre ley y gracia. la ama y la obedece. es el único que la cumple perfectamente. que para el justo no hay ley».informa. «si me amáis.5). Recordemos que nos dijo Cristo. –Los perfectos en Cristo. la predicación. cumpliréis sus mandatos». Y toda nuestra Regla y Constituciones no . Y lo mismo dice el Señor de las Reglas de vida religiosa o de perfección laical aprobadas por la Iglesia. más transfigurado en Cristo. Y según esto. dándoles sobre ella no sólamente el espíritu – por la catequesis. las de su propia Regla.

debe conducir a la plenitud del amor. –Hay que dar espíritu y ley. y los dos deben ser recibidos por los fieles. «Con que procuremos guardar cumplidamente nuestra Regla y Constituciones con gran cuidado. según las primeras de Sta.sirven de otra cosa sino de medios para guardar esto con más perfección» (1M 2. Cuando los Descalzos. Teresa (1562).17). el camino evangélico queda sin trazar. Por eso el que se limita a cumplir la ley. La ley exige mínimos –ir a misa el domingo–. por buena que parezca y llena de caridad. te muevas a cosa. se las pedirán como perdidas» (Cautelas 11). sino de la obediencia. Mal entendida. Bien conocía San Juan de la Cruz la primacía absoluta de la caridad.6). –La caridad debe ir más allá del mero cumplimiento de la ley. no la crea ni abrace. sin orden de obediencia… Las acciones del religioso no son suyas. no hay vida espiritual ni posibilidad alguna de apostolado fecundo. A un religioso le avisa dice: «Sea la primera cautela que jamás.24-27). la de Cristo y de su Iglesia. cuando el mínimo se toma como máximo exigido.15). 5. La fidelidad a la ley. erigidos en Provincia. Cristo nos dio ejemplo cuando fue bautizado en el Jordán: «conviene que cumplamos toda justicia» (3.Se aman y se cumplen con fidelidad y facilidad las leyes de Dios y de la Iglesia en la medida en que se les ama. y si las sacares de ella. será fiel en lo mucho» (25. para hacer su voluntad. y muchos cristianos de poco espíritu se . aunque se la confirme con milagros» (Carta 24).21-23). –El amor al Señor y a la Iglesia ha de ser el motivo fundamental para obedecer sus leyes. y por amor a la Iglesia. Queremos observar siempre las leyes de la Iglesia para agradar a Cristo. Él no quería que nunca se relajase la Regla. haciendo su voluntad. Pero si Él obedecía humildemente la ley antigua. Notas para una obediencia cristiana de la ley. se hace causa de mediocridad espiritual crónica. estaban haciendo las Constituciones de las carmelitas (Alcalá 1981). Daba a las leyes del Carmelo una gran importancia para la santificación de las monjas: «lo principal para que le dan el oficio [a la priora] es para que haga guardar Regla y Constituciones» (Visitas 22).18). Indico las principales. Es fácil y grato hacer la voluntad del amado. con más razón nosotros obedeceremos la ley nueva. para estar bien unidos a ella. es notable el empeño que ponía la santa para que ciertas normas se formulasen de éste o del otro modo. bien entendida. doctrina de anchura y más alivio. resulta incierto. espero en el Señor admitirá nuestros ruegos» (Camino Perf. y lo temía: «Si en algún tiempo le persuadire alguno. morirá por la letra (2Cor 3. sea o no prelado.1). pues «el que es fiel en lo poco. Sabemos que fuera de ese amor y esa obediencia. y al pagar el tributo del templo (17. –Toda ley ha de ser obedecida fielmente. hasta la última letra (Mt 3. pero apreciaba muchísimo la virtualidad santificante de la Regla de vida religiosa. fuera de lo que de orden estás obligado. Si se da sólo espíritu.

como no compromete el espíritu de la persona. no conviene comenzar por la ley –del precepto dominical. ni sólo cauce. no es sólo agua.22). y hasta puede resultar peligrosa. de la carne.11)–… Por el contrario. por ejemplo–. porque ella es mi gozo» (33-35).16. y lo seguiré puntualmente. PC 14. Ya lo he señalado. p. bajo la acción de la gracia. por ejemplo. 1Pe 2. Agua sin cauce no es río. es al mismo tiempo un acto cristiano. En la Liturgia de las Horas. Por otra parte. Si se da sólo ley. y consecuencia pésimas de orgullo fariseo –«no soy como los demás hombres» (Lc 18. Cumplirla. Enséñame a cumplir tu voluntad y a guardarla de todo corazón. por amor al Señor y a su Iglesia. del mundo y del Demonio. apenas vale de nada. que es un acto humano. No se cava primero un cauce y luego se busca agua con que llenarlo.12). el camino de tus leyes.. pues da a la persona una apariencia engañosa de virtud. impulsa a hacerlo buscando de verdad la glorificación de Dios y la salvación propia y ajena. ¿Cómo podrá. prescritos por la ley. La simple repetición de actos remisos.extraviarán. quedar bien–. nos libera de permanecer cautivos del pecado. como ya he indicado. nos hace rezar todos los días algunas estrofas del Salmo 118. Quiere la Iglesia que diariamente asimilemos el espíritu de un salmo. así es como «él nos hace libres» (Gál 5.6). . no sólo externos. cf. 43. Mejor es sacar primero el agua. y que incluso puede tener motivaciones insanas –evitarse líos. aunque sean buenas. Guíame por la senda de tus mandatos. que procede de «la fe operante por la caridad» (Gál 5. ej. que no es virtud. no crea virtud. De hecho. DH 8). Señor. Cauce sin agua no es río. sino por el espíritu. –La ley de Cristo es «ley de libertad» (Sant 2. hace daño a la persona. y que ella vaya formando suavemente su propio cauce. no forma hábito. pero insisto en ello. La mera ejecución material de la obra prescrita da lugar a una obediencia puramente material. la ley ha de suscitar una obediencia formal. –La ley estimula actos internos. con atención e intención. pues sin éstas no habría cumplimiento de la ley (sino cumplo-y-miento). Cuando la Iglesia. Hacer las cosas mal. como también la Iglesia insiste en inculcarnos ese espíritu. en la Iglesia. en la Hora media. PO l5. Haciéndonos por el amor y la obediencia «siervos de Cristo» (1Cor 7. manda ir a Misa o rezar las Horas.1. y que. un acto que implica atención de la mente e intención de la voluntad. ir a Misa quien apenas tiene conocimiento y aprecio de ella? La ley debe urgirse en cuanto haya un mínimo de espíritu que haga posible –aunque arduo al principio– su cumplimiento. Amor a las leyes religiosas. la gran mayoría de las leyes fueron primero costumbres. sino tierra encharcada. los fieles se verán judaizados bajo un yugo que no podrán soportar. el más largo del salterio. Un río es agua y cauce –espíritu y ley–. por ejemplo. quizá lo fue. Vaticano II: LG 37. que en cada uno de sus 176 versos canta las maravillas de los mandatos divinos: «Muéstrame.

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