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Arte

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TexTo:

Fernando García (fegarcia@clarin.com)

Retrato de Jean Michel Basquiat en su taller de Nueva York.

-Mi garage-

Basquiat. Una muestra trae a Buenos Aires al último mito romántico del arte. El pintor negro que vivió rápido y se apagó muy pronto.

El pintor de la calle

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Warhol junto a Basquiat en la muestra de 1985. Abajo, el afiche.

-black& white-

Q

uiéneraesechicomoreno que se distrae en su pasada de disc jockey para ver a Debbie Harry, cantante de Blondie, aquella Marilyn new wave, en su paso felino porun loft derruido? Con ese pequeño cameo en un video clip, en la hora cero del video clip, Jean Michel Basquiat coló su imagen en la retina de la generación MTV. En un abrir y cerrar de ojos el extra de Blondie (en una de las primeras canciones pop que usufructuaba la técnica vocal del rap: Rapture) sería: a) pareja de la aspirante a estrella Madonna; b) ahijado artístico de Andy Warhol; c) primer y posiblemente único pintor negro de los Estados Unidos con éxito. En “d”, acaso, se podría agregar: última oportunidad del artista

como un héroe romántico, antes de que arquetipos contemporáneos como Jeff Koons y Damien Hirstclavaran la espada vengadora del cinismo conceptual sobre la tierra. Jean Michel Basquiat era un poco haitiano (padre) y otro poco portorriqueño (madre), mezcla que termina dando Brooklyn al fondo, y una biografía pintoresca de esas que incluyen párrafos como “Cinco añas atrás, no tenía un lugar donde vivir. Pasaba del colchón de un amigo al de otro. No tenía dinero para comprar los mínimos materiales de pintura. Ahora, a los 24, está pintando obras que van de diez a veinticinco mil dólares”. Como había escrito Cathleen McGuigan en el New York Times en 1985, en un artículo que captó el zeitgeist de la época: New Art, New Money (nuevo arte, nuevo dine-

ro). Ahora, veinticuatro años después de su muerte, las cifras de un Basquiat son otras. El 13 de octubre de 2011 un dibujo sin título de 1982 se vendió en 705.150 dólares. La próxima obra suya que en mayo sale a subasta en Christie’s tiene una base de entre 9 y 12 millones de dólares. Su récord en subastas, en tanto, es de 2007 cuando en un remate de Sotheby’s triplicó su techo y llegó a rozar los 15 millones de dólares. A esa leyenda y éxito de mercado la veremos en la muestra Bye Bye American Pie que aterriza en Malba este jueves. Basquiat es el único pintor (el negro del arte contemporáneo) en un recorrido cuyo contenido se podría resumir en el tópico “la decadencia del Imperio Americano”. Americano por estadounidense, claro. Su pintura, que es tesoro de la revolución estética del

hip hop, puesta como una alarma o un brote capaz de advertir la distopia. En el caso de Basquiat, dice desde Londres Philipp Larratt-Smith, curador de esta muestra, “la raza es la rajadura más grande en la historia de Estados Unidos. Que haya un presidente negro en funciones no altera este hecho central. Basquiat asumió su identidad negra y su obra está repleta de referencias a la historia, los deportes y la música negras. Su trabajo hablaba, inevitablemente, de la posición de los negros en Estados Unidos. Esa, creo yo, es una de las razones por la cual tomaba drogas. Debió haber sido duro ser Basquiat. Ahí estaba, la cosa más novedosa del mundo del arte y, mientras, los taxis de Nueva York no se detenían ante él porque era un negro”. Con Basquiat que, como una estrella de rock o hip hop vivió y murió demasiado pronto para dejar un cadáver hermoso, las dimensiones entre la obra y el mito se borran. ¿Qué fue primero? ¿Un gran pintor o una estupenda leyenda? Enrico Navarra, un galerista francés que vende Basquiat desde 1989 y escribió la monografía más completa sobre el artista dice: “En todos estos años escuché demasiado sobre el mito de Basquiat. Algunos creen que como artista debe su triunfo al fenómeno, pero olvidan que es precisamente la pintura la que le otorgó esa dimensión mítica. Otros han escrito que recibió toda esa atención sólo por ser negro. Pero si ser negro hiciera las cosas más fáciles, incluyendo la entrada a museos y el entusiasmo de los coleccionistas, hubiéramos sabido de esto mucho tiempo antes”. Larratt-Smith tiene otra visión sobre la dimensión mítica de Basquiat. “En los ‘80, el mundo del arte estaba hambriento por una figura así. El cultivó su propio status de mito como una compensación por el desdén y el rechazo racista que parte del establishment hacía de su obra. No quiso ser la mascota de una galería ni un payaso para el mundo blanco del arte.” Las paredes de Manhattan fueron el primer soporte de la obra y ‘leyenda Basquiat’. Entonces llevaba el riguroso mohawk punk en el pelo y con el alias de SAMO (por same old shit: siempre la misma mierda) sorprendía con frases escritas en marcador que oscilaban entre el anarquismo de rigor de entonces y una intención oscura, inexplicable, poéti-

ca. Keith Harring, el otro gran pintor americano de los ‘80 (barrido por el HIV), lo descubrió en la Escuela de Artes Visuales. SAMO (¡nosotros tuvimos Sumo!) dio la cara en un programa de culto llamado TV Party (el video está colgado en You Tube) donde respondió con desdén las preguntas de la trasnochada audiencia. Un día Manhattan apareció brotada de un graffiti: “SAMO is dead” (SAMO ha muerto). Basquiat mataba su propio invento para engendrar a la bestia en ciernes: el pintor negro. Hoy podría verse también la obra de SAMO como un anticipo de Banksy, el inglés anónimo que dio la vuelta al mundo con sus graffitis anticorporativos (y al cual la estética de The Wall 2012 le debe mucho). La diferencia es que Banksy parece empecinado en que se valide su acción como mercancía artística mientras que Basquiat abandonó las paredes a su suerte. “Basquiat no se consideraba a sí mismo un artista del graffiti. Las fotografías que se tomaron de sus intervenciones tienen un mero valor documental, aunque hay que decir que existe un pequeño mercado en torno a ellas”, otorga Navarra. En La Palabra Pintada, su memorable ensayo sobre la fricción entre la bohemia y la burguesía del arte, Tom Wolfe explicaba la importancia fundamental del cenáculo. De las reuniones en el Cedarn Tavern, explicaba Wolfe, surgió la plataforma de lanzamiento del expresionismo abstracto con Jackson Pollock a la cabeza. Para los años de Basquiat y el “neo expresionismo” el cenáculo se había corrido al restaurante Mr Chow, en la calle 57 este. “Cuando Jean Michel Basquiat entra en Mr Chow, los mozos lo festejan como a un habitué. Antes de que se convirtiera en un suceso, los dueños, Michael y Tina Chow, compraban sus obras y le pidieron que pintase sus retratos. Pasa mucho tiempo en el restaurante. Una noche, por ejemplo, estaba cenando cerca de la barra con un pequeño grupo de gente. Mientras Andy Warhol charlaba con Nick Rhodes, la estrella británica de Duran Duran, Basquiat lo hacía con Keith Harring.” Esta descripción del New York Times también es un cuadro de Basquiat. El elemento central en la composición vendría a ser Warhol, que ocupa en la escena el lugar que la teoría del arte había tenido para Pollock, y sus sedicio-

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Jean-Michel Basquiat. untitled, 1984. © 2012 Jean Michel Basquiat adaGP, París saVa, Buenos aires.

Gentileza christie’s

-MuseuM security-

Arriba. Esta obra de 1983 sale a subasta en mayo en Christie’s. La base está estimada entre 9 y 12 millones de dólares.

-siN titulO i-

Al lado, una de las obras de gran tamaño que se verán en la muestra, Bye Bye American Pie. Es de 1984.

-siN titulO ii-

En la otra página, una obra de Basquiat que fue propiedad del actor Dennis Hopper. Aquí vuelca su universo mezcla de pintura, arte urbano y africanismo.

sos en los años 40 y 50. Ese padrinazgo, sin embargo, no le ahorró a Basquiat el mal trago de la crítica. Su trabajo en colaboración con el Rey del Pop fue recibido con un cachetazo frío. LarratSmith, que también montó la muestra sobre Warhol Mr America, relee aquel joint venture. “Fueron una pareja extraña: el trabajo de Warhol era moderno a más no poder mientras que el de Basquiat fue en más de un sentido un regreso romántico a una mentalidad anterior. Lo común es que ambos presentaron personajes construídos para sobreponerse al establishment del arte y comunicarse directamente con una audiencia masiva.” Para 1996, Basquiat y Warhol ya estaban muertos y Julian Schnabel los reencarnó en el cine con Jeffrey Wright (Basquiat) y David Bowie

(Warhol). “Por más increíble que parezca hoy, la reputación de Basquiat en los ‘80 estaba en el agujero. Habrá sido muy gratificante para él que un joven artista tomara su estilo como modelo. El rechazo de la crítica a la colaboración Warhol-Basquiat fue, sin embargo, tan intenso que arruinó la relación entre ambos.” Con el tiempo (y las subastas) quedó claro que las pinturas violentas y africanizantes de Basquiat fueron (¿siguen siendo?) un botín del jet set artístico. Uno de los cuadros que LarrattSmith consiguió para traer a Buenos Aires había pertenecido al actor-ícono Denis Hopper y la figura del baterista de Metallica, Lars Ulrich, apareció por detrás de sus cuadros dos veces. En mayo de 2002 su inmenso Profit 1 se vendió a cinco millones y medio

de dólares. Seis años después, Ulrich volvió con otro Basquiat (Sin Título) que se vendió en más de 13 millones de dólares. La pregunta es cuánto Basquiat queda en el mundo por comprar y vender. Dice Enrico Navarra: “Con la autorización de la familia, durante seis años de trabajo, mi galería pudo identificar no menos de novecientas pinturas. Y si sumamos los trabajos sobre papel y bocetos, tenemos que hablar de 1.500 piezas. ¡Todo esto en menos de una década!”. Haciendo foco en su pintura, Larratt-Smith parece resumir ese vértigo: “Su línea es increíblemente expresiva y original, hiperalerta. Comunica la sensación de haber estado despierto por días: exhausto, paranoico, hipersensible. A veces parece que hubiera sido expuesta a una so-

La muestra

La decadencia del imperio americano
La muestra Bye Bye American Pie marca el regreso del curador Philipp Larratt-Smith al Malba tras el éxito de Mr America, su antología sobre Andy Warhol. Esta colectiva, que incluye seis obras de Basquiat, busca ubicar los cambios de paradigma en la cultura de Estados Unidos a través de la obra de artistas consagrados. El resto del paquete incluye obras de Jenny Holzer (trabaja sobre el complejo informativo), el escultor maldito Paul Mc Carthy, las fotografías del también cineasta Larry Clark (Kids) y Nan Goldin, y el arte de intervención urbana de Barbara Kruger.

brecarga de anfetamina”. De esa masa de trabajo, son pocas las oportunidades para encontrar un buen Basquiat en subasta. Hoy la mayoría descansa en colecciones privadas. Navarra cree que los precios todavía no alcanzaron su techo pues con la nueva disposición geo-estética (museos en Dubai, Hong Kong o Singapur) de la globalización, la demanda de ubicar obras de Basquiat para completar el casillero de arte contemporáneo sólo puede crecer. Visitando su estudio de la calle Great Jones, Cathleen McGuigan apuntaba el nombre del libro que Basquiat tenía abierto sobre su mesa de trabajo: Flash of the Spirit: African and Afro-American Art and Philosophy. Así hablaba Basquiat, 1985. “Prefiero el arte de los niños que el de los que se consideran

artistas”; “Desde que tenía diecisiete años siempre pensé en convertirme en una estrella”; “Pienso mucho acerca de mis héroes: Charlie Parker, Jimi Hendrix... Tengo un senimiento romántico acerca de cómo la gente se ha hecho famosa. Me tengo fe”. Ese día, Basquiat estaba radiante. Cuando la periodista le preguntó por cómo lo había influenciado Warhol, su respuesta fue: “Ahora uso pantalones limpios todo el tiempo”. En ese mismo lugar, su taller de la calle Great Jones, fue que Basquiat se pasó con la dosis de heroína que lo mantenía en puntas de pie sobre un abismo tornasolado de fama repentina. Y se murió, el 12 de agosto de 1988. Como Jimi Hendrix, uno de sus héroes, a los veintisiete años.

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Jean Michel Basquiat. untitled, 1987. © 2012 Jean-Michel Basquiat adaGP, París saVa, Buenos aires

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