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EL HOMBRE NUEVO, CONFIGURADO CON CRISTO OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que por la vida de fe el hombre adquiere una nueva

identidad: es un hombre nuevo. 1. Identidad y vida de fe El hombre que acepta con fe viva la revelación de Dios tiene una nueva luz para saber quién es Dios y quién es el hombre. Dios nos ha hablado de nuestro origen y de nuestro destino. Nos ha mostrado nuestro camino. Quiere hacer de nosotros, en Cristo Jesús, un hombre nuevo. Sólo Dios puede esclarecer plenamente el misterio del hombre: su situación presente, sus aspiraciones profundas, su libertad, su pecado, su dolor, su muerte, su esperanza de vida futura. El cristianismo construye su identidad personal en la vida de fe, esperanza y caridad. El creyente afirma su personalidad al profundizar en su relación personal con Cristo (4). 2. Dios dirige la historia J/SEÑOR-HT: Tanto el Viejo como el Nuevo Testamento anuncian un hecho que conmueve los cimientos de la experiencia humana común: el hecho es que Dios actúa en la historia. Su acción es muchas veces inadvertida. Como dice el salmista: «por el mar iba tu camino, por las inmensas aguas, tu sendero, y no se descubrieron tus pisadas» (/Sal/076/20). Desde Abraham al último de los profetas, éste es uno de los aspectos más profundos y característicos de la historia de Israel: Dios dirige la historia sin suprimir ni limitar la libertad de los hombres. Dios no nos abandona (Cfr. Is 49, 1 5ss). A veces Dios interviene en ella de manera significativa y manifiesta. Israel tuvo experiencia de esta intervención misericordiosa de Dios: «Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares» (Sal 125, 1-2) (5). 3. El gran acontecimiento: Jesús ha resucitado. Cristo es el Señor El Nuevo Testamento nos presenta una nueva intervención de Dios, verdaderamente inaudita, inesperada: «Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías» (Hch 2, 36). Este es el gran acontecimiento de la historia de salvación: un muerto, Jesús, condenado y ejecutado por la justicia de los hombres, ha sido constituido Señor de la historia. ¡Al igual que a Yahvé le corresponde el Nombre-que-está- sobre-todo-nombre! Este es el kerygma (mensaje, proclamación) del Nuevo Testamento (6). 4. El amanecer de un nuevo día que no se cerrará jamás TERCER-DIA: La Iglesia primitiva tiene experiencia de esto, pues se le ha dado el reconocer a Jesús en los múltiples signos que se producen como fruto de su pascua. Su misterio pascual ha inaugurado para el mundo entero el

amanecer de un nuevo día, el día de la resurrección, el «tercer día». El «tercer día» no es un día solar de calendario, sino todo un período, el tiempo que sigue a la resurrección de Jesús. El «tercer día» es un día que queda abierto y que no se cerrará jamás (Cfr. Tema 18). Es el propio futuro del hombre el que ha quedado inaugurado con la resurrección de Jesús y su constitución como Señor de la historia. En Jesucristo ha aparecido así el verdadero prototipo del hombre. «Cristo manifiesta plenamente el hombre al hombre» (GS 22). El es, por antonomasia, el hombre nuevo (Ef 2, 15) (7). 5. El nacimiento de un nuevo hombre Pablo sabe por experiencia que el que se ha encontrado con Cristo es como si hubiera vuelto a nacer, una criatura nueva, un hombre nuevo (2 Co 5, 17). El confiesa que ha encontrado el verdadero y definitivo sentido de su vida gracias al amor de Dios manifestado en Cristo Jesús; ya nadie ni nada podrá separarle de ese amor (/Rm/08/35-39): en un sentido profundamente cierto en el encuentro con Cristo ha sido recreado. La profundidad de la relación interpersonal de Pablo con Cristo queda expresada de forma difícilmente superable en la siguiente fórmula: «¡Vivo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí!» (Ga 2, 20) (8). 6. Pablo, un hombre nuevo El descubrimiento de este acontecimiento saca a Pablo «fuera de sí», derriba sus viejos centros de interés, invierte su jerarquía de valores, quebranta los cimientos de su mundo: «Todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida comparado con Cristo, más aún, todo lo estimo pérdida, comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo, y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él, no con una justicia mía -la de la ley- sino con la que viene de ña fe de Cristo, la justicia que viene de Dios y se apoya en la fe» (Flp 3, 7-9). Pablo es un hombre nuevo, radicalmente transformado, está poseído totalmente por Jesús, con el que se ha encontrado ya para siempre y de cuyo mensaje será el pregonero más fiel. Proclamará no su palabra, sino la Palabra de Dios viva y operante en los creyentes (1 Ts 2, 13) (9). 7. Situación y conducta del hombre nuevo. Las bienaventuranzas, una llamada y una exhortación Entre las enseñanzas de Jesús sobre la situación y la conducta del hombre nuevo, del hombre que pertenece ya al Reino de Dios, destaca el mensaje de las bienaventuranzas (Mt 5-7; Lc 6. 20ss). Las bienaventuranzas de Jesús no son máximas de sabiduría, sino -como la enseñanza de los profetas- una llamada y una exhortación. Jesús, en el sermón de la montaña habla de los pobres y afligidos que no tienen nada que esperar de este mundo, pero que lo esperan todo de Dios; los que en su ser y en su conducta son mendigos ante Dios; los misericordiosos que abren su corazón a los otros; los artífices de paz que triunfan de la fuerza y de la violencia con la reconciliación, los que no se encuentran a gusto en un mundo lleno de astucias, etc. Desde ahora, los

dichosos de este mundo no son ya los ricos, los satisfechos, aquellos que son alabados por los hombres, sino los que tienen hambre, los que lloran, los pobres, los perseguidos (Cfr. 1 P 3. 14; 4, 14). El mensaje de las bienaventuranzas se dirige a todos los hombres. Se les invita a tomar las actitudes de mansedumbre, paciencia y humildad, a renunciar a la violencia y a no oponerse al mal con el mal (21). 8. El anuncio de un don y la proclamación de una exigencia: «El Reino de Dios está cerca; convertíos.» (Mc 1. 15) La palabra de Jesús, prometiendo la bienaventuranza, no es sólo el anuncio de un consuelo para la otra vida; significa también que el reino de Dios viene a nosotros. Todas las bienaventuranzas se orientan al reino inminente de Dios: Dios quiere estar presente y estará presente en todos los que tienen necesidad de El, para cada uno en particular; Dios les consolará, les saciará, tendrá misericordia de ellos, les llamará hijos suyos; les dará la tierra como heredad, les manifestará su rostro. Va a establecer su reino en favor de ellos. Y este reino está cerca. Las bienaventuranzas evangélicas no son sólo la proclamación de una exigencia, sino ante todo el anuncio de un don. La auténtica felicidad humana no se encuentra en la satisfacción de los propios egoísmos o en las posesiones y bienes de este mundo, sino el camino de la generosidad, del amor, de la entrega total en las manos de Dios. Dios se entrega al hombre como un don. Jesús nos llama a vivir ya en conformidad con esta situación de salvación que El nos ofrece de parte de Dios. La gracia precede a la exigencia (22). 9. Jesús vivió personalmente el espíritu de las bianaventuranzas. Jesús está en el centro de las bienaventuranzas evangélicas. Jesús quiso encarnar las bienaventuranzas viviéndolas personalmente, mostrándose manso y humilde de corazón (Mt 11, 29). Cuando el Evangelio le llama a alguien bienaventurado, lo hace siempre en referencia a Jesús (cfr. Lc 1,48; 11,27). Jesús llama bienaventurados a los que escuchan la palabra de Dios (Lc 11, 28), a los que creen sin haber visto (Jn 20, 29), a Simón, a quien el Padre reveló que Jesús es el Hijo de Dios vivo (Mt 16, 17), a los que han visto a Jesús (Mt 13, 16), a los discípulos que, esperando el retorno del Señor, serán fieles, permanecerán vigilantes (Mt 24, 46) y perseverarán dedicados por completo los unos a los otros (Jn 13,17; cfr. Ap 1, 3; 22, 7; 16,15; 19,9; 20, 6) (23). 10. La alegría del tesoro escondido RD/ALEGRIA/FELICIDAD Un aspecto importante del sermón de la montaña es la alegría. La alegría es una característica esencial del Evangelio. La expresión bienaventurados (dichosos), no sólo contiene una promesa, sino también una felicitación. Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios en medio de felicitaciones, de congratulaciones, de bienaventuranzas (Mt 5, 3-12). Sería una contradicción anunciar la Buena Noticia en medio de la tristeza: «El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va

a vender todo lo que tiene y compra el campo» (/Mt/13/44). El «ir», el «vender», el «comprar» se debe a la alegría de haber descubierto en la propia vida la acción de Dios. Esa alegría subyace a todas las decisiones y también a todas las renuncias. Brota en medio de los insultos y de las persecuciones (Mt 5, 11-12) y se hace incontenible cuando el discípulo experimenta el poder de la Buena Nueva que anuncia (Lc 10, 17). Por encima de todo, el verdadero motivo de la alegría evangélica es éste: «Vuestros nombres están inscritos en el cielo» (Lc 10, 20) (24). 11. Entrad desde ahora en el Reino de Dios Cristo vino a proclamar los mandamientos que liberan: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de íos Cielos» (Mt 5, 3-10) (25). 12. Actitudes básicas de la existencia cristiana: fe, esperanza y caridad Si las bienaventuranzas nos describen la orientación global de la existencia cristiana, las actitudes básicas de esta experiencia cristiana son las virtudes teologaíes: fe, esperanza y caridad. Ya en sus primeras cartas, San Pabío sintetiza toda la existencia cristiana en «la fe, esperanza y caridad» (1 Co 13, 13; 1 Ts 1, 3; 5, 8). Así también eí Vaticano II: «Cristo, el único Mediador, instituyó y mantiene continuamente en la tierra a su iglesia santa, comunidad de fe, esperanza y caridad, como un todo visible, comunicando mediante ella la verdad y la gracia a todos» (LG 8) (26). 13. El hombre nuevo vive conforme a la Palabra de Dios La vida de fe, esperanza y caridad nace y se desarrolla con la obediencia a la Palabra de Dios. El hombre nuevo vive conforme a la Palabra de Dios. El hombre nuevo nace de Dios. Es el que recibe su Palabra (Jn 1, 12), el que la escucha. La Palabra de Dios es su Manifestación; se ha cumplido en Cristo: Cristo es la mejor exégesis del Padre; en Cristo, la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros (Jn 1, 14). El resto de la Escritura, la Ley y los Profetas, es presentado desde la óptica del Nuevo Testamento, donde el Antiguo alcanza no su abolición, sino su cumplimiento (Mt 5, 17), esto es, su consumación, su consecución de la meta terminal, donde se condensa y sublima todo cuanto fue dicho anteriormente. Y el Nuevo Testamento es presentado desde la óptica del Sermón de la Montaña, una de las síntesis más significativas de las exigencias prácticas del Buen Anuncio de Jesús. PD/ESCUCHA:El hombre que nace del Sermón de la Montaña, ése sí que es hombre nuevo, recuperado: al recobrarse, se manifiesta

desconocido, distinto. Por la presencia eficaz de Jesús en medio de nosotros y la comunicación de su Espíritu, se vuelve posible el cumplimiento de las bienaventuranzas a quien no podía cumplir la ley. Escuchar la palabra de Dios no es sólo prestarle un oído atento, sino abrirle el corazón (Hch 16, 14), ponerla en práctica (Mt 7, 24ss). Es ser como la buena tierra que, acogiendo la semilla de la Palabra, responde a la voluntad del Sembrador (Mt 13, 3ss) (44). 14. El hombre nuevo nace de la comunidad y vive en ella La vida de fe, esperanza y caridad nace y se desarrolla en el seno de la Iglesia. El hombre nuevo nace de la comunidad y vive en ella. Vive en comunión con los hermanos. Es el hombre de la Alianza. Nace a la fe -y vive- en el contexto de una Alianza con Dios y entre los hombres. El hombre nuevo es un hombre comunitario, es Pueblo de Dios (1 P 2, 10; LG II), Cuerpo de Cristo resucitado (Ef 1, 22-23; LG 7), Iglesia (Mt 16, 18; 1 Co 1, 2; LG I), pueblo jerarquizado (Mt 10, 1-42; Jn 21, 15-17; LG lll) y pueblo carismático a la vez (1 Co 12, 4ss; LG 12), signo en medio de las naciones de cuanto es verdadera salvación y justicia, sacramento universal de salvación (LG 1), pueblo de promesas y comunidad de esperanza (LG Vll), pueblo que honra a María, Virgen y Madre de Dios, como imagen consumada de lo que él mismo está llamado a ser (LG Vlll) (45). 15. El hombre nuevo nace y vive por la celebración del misterio de Cristo La vida de fe, esperanza y caridad nace y se desarrolla en el encuentro del hombre con Cristo, de una manera especial, a través de los Sacramentos. El hombre nuevo nace y vive por la celebración del Misterio de Cristo, bajo la acción del Espíritu. El hombre nuevo es el hombre de la Celebración, de la Liturgia, de la Fiesta. Los grandes momentos de la vida de fe están significativamente configurados por la presencia eficaz del Espíritu. Son los sacramentos. El Bautismo, sacramento del nacimiento a la fe; la Confirmación, sacramento del testimonio de la fe; la Penitencia, sacramento de la reconciliación, misterio de misericordia y de conversión; la Eucaristía, sacramento del Pan de Vida y celebración de la Pascua del Señor; la Unción de los enfermos, sacramento de la esperanza cristiana frente al dolor de la enfermedad y de la muerte; el Orden, sacramento del servicio a la comunidad de los creyentes; el Matrimonio, sacramento del amor humano, signo de fidelidad definitiva y de paternidad sabia y responsable (Cfr. LG 11) (46). ........................................................................ TEMA 34-1 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE POR LA VIDA DE FE EL HOMBRE ADQUIERE UNA NUEVA IDENTIDAD: ES UN HOMBRE NUEVO

PLAN DE LA REUNION * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión: puntos clave del tema 34, introducción en el hombre nuevo. * Diálogo: lo más importante, experiencias actuales * Oración comunitaria: desde la propia situación, salmo compartido. PISTA PARA LA REUNION PUNTOS CLAVE * Identidad y vida de fe. * Dios dirige la historia. * El gran acontecimiento: Jesús es el Señor. * Nacimiento de un hombre nuevo: - vive conforme a la Palabra: - vive en comunidad, en Iglesia: - vive de los sacramentos. ........................................................................ TEMA 34-2 OBJETIVO: DESCUBRIR LA ACTUALIDAD DE LOS RELATOS EVANGELICOS EN LA EXPERIENCIA PRESENTE DE FE PLAN DE LA REUNION * Presentación del objetivo y plan de la reunión. * Presentación de uno de los relatos del montaje: se pretende resaltarla actualidad del mismo. * Diálogo: ¿tiene que ver con experiencias nuestras? * Oración comunitaria: desde la propia situación . PISTA PARA LA REUNION * Presentación del montaje audiovisual "Seis en uno. Relatos evangélicos para chicos y grandes, de D. GONZALEZ CORDERO (Ed. Paulinas, Madrid): seis relatos evangélicos, independientes entre sí (La pesca milagrosa, Zaqueo, El fariseo y el publicano, Emaús, El buen samaritano y La semilla). (Ver AUCA 29/30; también, DEPARTAMENTO DE AUDIOVISUALES (SNC), Montajes audiovisuales. Fichas críticas (Il), S-13.) ........................................................................ TEMA 34-3 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE EN EL ENCUENTRO CON CRISTO EL HOMBRE ADQUIERE UNA NUEVA IDENTIDAD: ES UN HOMBRE NUEVO PLAN DE LA REUNION * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión: experiencia de Pablo. * Lecturas: Hch 22,1-16; 26,4-18.

* Diálogo: interrogantes, experiencias actuales. * Oraci6n comunitaria: salmo compartido, canto apropiado. PISTA PARA LA REUNION 1. Desde mi juventud, fariseo (de la estricta observancia). 2. Me había creído obligado a combatir a Jesús Nazareno. 3. Perseguía a los cristianos hasta en ciudades extranjeras. 4. En este empeño iba hacia Damasco: una luz, caímos a tierra. 5. Una voz: ¿por qué me persigues? 6. Yo soy Jesús, a quien tú persigues. 7. Vete a Damasco: allí se te dirá lo que has de hacer. 8. Recobra la vista; serás testigo ante los gentiles. DE LA LEY AL EVANGELIO EL ESPÍRITU, LEY DEL CRISTIANO

OBJETIVO CATEQUÉTICO * Descubrir que el Evangelio: - Asume y supera el decálogo. - Inaugura una situación religiosa totalmente nueva: el don del Espíritu. * Descubrir la función de la ley. 1. Una lucha, una división interior H/DEBILIDAD H/DIVISION LEY/EV Cada persona lleva dentro de sí una imagen ideal de sí mismo que le dice cómo debe ser. La realidad de cada día, sin embargo, es bien distinta: aparecen los fracasos, los fallos, las limitaciones. Y siente con frecuencia la contradicción entre lo que en conciencia sabe que debe ser su conducta y lo que realmente es. Se debate en una lucha interior en la que no podrá salir victorioso con sus propias fuerzas. 2. «El bien que quiero hacer no lo hago» San Pablo expresa esta división interior en estos términos: «querer lo bueno lo tengo a mano, pero el hacerlo, no. El bien que quiero hacer, no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago. Entonces, si hago precisamente lo que no quiero, señal que no soy yo el que actúa, sino el pecado que habita en mí. Cuando quiero hacer lo bueno, me encuentro inevitablemente con lo malo en las manos. En mi interior me complazco en la ley de Dios, pero percibo en mi cuerpo un principio diferente que guerrea contra la ley que aprueba mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mi cuerpo. ¡Desgraciado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo presa de la muerte? Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, y le doy gracias» (/Rm/07/18-25). 3. «Sin mí, no podéis hacer nada» Toda persona tiende al bien, pero encuentra en sí misma una cierta incapacidad, una esclavitud, de la que es, al propio tiempo, responsable

y víctima. Como dice el Concilio Vaticano II, «toda la vida de los hombres, individual o colectiva, se nos presenta como una lucha realmente dramática, entre el mal y el bien, entre las tinieblas y la luz. Más aún, el hombre se encuentra incapacitado para resistir eficazmente por sí mismo a los ataques del mal, hasta sentirse como aherrojado entre cadenas» (GS 13). Tomar conciencia de esta situación fundamental es el punto de partida, realista y esencial, para la profundización religiosa. Si no se reconoce la propia incapacidad, difícilmente se confesará la necesidad de la salvación y de la gracia. "Sin mí, no podéis hacer nada", dice Jesús (/Jn/15/05). 4. Impotencia de la naturaleza y de la ley para justificar a los hombres. Función de la ley Tal incapacidad se manifiesta como la impotencia de la naturaleza y de la Ley para justificar a los hombres, para calmar, por propia cuenta, la insaciable sed de dignidad, de paz y de justicia que brota del corazón humano (Cfr. GS 39). Como dice el Concilio de Trento, hasta tal punto una humanidad sin Cristo es «sierva del pecado» (Rm 6, 20) que «no sólo los paganos por la fuerza de la naturaleza, mas ni siquiera los judíos por la misma letra de la Ley de Moisés podían librarse o levantarse de tal estado, si bien en ellos no estaba extinguido el libre albedrío aunque sí atenuado y desviado en sus fuerzas» (DS 1521). Más aún, el Concilio de Trento declara anatema a todo aquel que dijere «que el hombre puede quedar justificado ante Dios por sus obras, realizadas ya por las fuerzas de la naturaleza humana, ya por la doctrina de la Ley, sin la gracia divina que viene por Jesucristo» (DS 1551). En esta situación, la función de la Ley es doble: da el conocimiento del pecado (Rm 3, 20) y además remite hacia Cristo (Ga 3, 24). 5. Con la gracia podemos y debemos cumplir los mandamientos La impotencia de la naturaleza y de la Ley para justificar a los hombres no significa que el hombre no deba observar los mandamientos. Con la gracia podemos y debemos cumplirlos. Así lo dice también el Concilio de Trento: «Nadie..., aunque esté justificado, debe considerarse libre de la observancia de los mandamientos. Nadie debe usar aquella expresión temeraria y prohibida por los Padres, bajo anatema, de que la observancia de los preceptos de Dios es imposible al hombre justificado. Pues Dios no manda cosas imposibles, sino que al mandar te invita a hacer lo que puedes y a pedir lo que no puedes, y te ayudará para que puedas. Sus mandamientos no son pesados (/1Jn/05/03), su yugo es suave y su carga ligera (Mt 1 1, 30). Los que son hijos de Dios aman a Cristo, y los que le aman, como él mismo atestigua, guardan sus palabras (Jn 14, 23), cosa que les es posible con la ayuda de Dios» (DS 1536). 6. El Evangelio de Jesús El Antiguo Testamento nos habla de la Ley dada por Dios al pueblo de Israel en el monte Sinaí. Es el Decálogo, la Ley de la Antigua Alianza de Dios con su pueblo. El Decálogo es resumen de las normas fundamentales de conducta que deben ser observadas por todo hombre

de conciencia recta. A lo largo de la historia del pueblo de Israel, se fueron introduciendo múltiples interpretaciones y preceptos que muchas veces reducían la Ley de Dios a un formalismo legalista. La actitud de Jesús frente a la Antigua Ley es clara: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento» (Mt 5,17). Si se opone a la tradición de los antiguos, cuyos promotores son los escribas y fariseos (Cfr. Mt 5, 20), es porque esa tradición, al menos de hecho, lleva a los hombres a violar la Ley, y a anular la Palabra de Dios (Mc 12, 28-34). Sin contradecir en modo alguno el ideal moral del Decálogo, Jesús lo explica, lo interpreta y lleva a la perfección a la que se orientaban sus tendencias germinales. Así sucede cuando proclama la superioridad del hombre sobre el sábado (Mc 2, 23-27), la fidelidad del corazón (Mt 5, 27-28), la profunda sinceridad cristiana (Mt 5, 33-37), el amor al enemigo (Mt 5, 38ss). 7. En el Evangelio subsiste y se confirma el ideal moral de los mandamientos: «hasta la última i» Con Jesús permanece el ideal moral del Antiguo Testamento, que debe ser cumplido hasta la última i: «Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o un ápice de la Ley, sin que todo se haya cumplido» (Mt 5, 8). Con el Nuevo Testamento, ciertamente, se vienen abajo las normas jurídicas y cultuales pertenecientes a las instituciones de Israel, pero el ideal moral de los Mandamientos no sólo subsiste, sino que se confirma en su dimensión más sustancial y genuina. Y además, se purifica de los lastres contraídos en el curso histórico: los lastres de las tradiciones humanas. El Nuevo Testamento resume el ideal moral antiguo en el precepto del amor, que es la consumación y la plenitud de la Ley. 8. «En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos» El Decálogo, núcleo de la Ley mosaica, don de Dios a su Pueblo, conserva todo su valor en la Nueva Ley. En el plan de Dios el Decálogo no estaba destinado sólo al Israel según la carne, sino también al Israel según el Espíritu. Cristo recuerda estos mandamientos, los completa y perfecciona (Mt 5, 17; Mc 10,17-21). La polémica de San Pablo contra la Ley no afecta a estos deberes esenciales para con Dios y para con el prójimo. San Pablo recuerda los mandamientos divinos sobre el culto que se debe a Dios: condena la idolatría, la participación en las fiestas paganas (Cfr.1 Co 8,4; Ga 4,8; Rm 1,23ss; 1 Co 10,19). Y los mandamientos llamados de la segunda tabla, es decir, los que se refieren al prójimo, se resumen, según San Pablo, en la caridad fraterna, pues el que ama al prójimo ha cumplido la Ley. En efecto, «el no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás, y los demás mandamientos que hay, se resumen en esta frase: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera» (Rm 13, 9-10). Por su parte, la primera carta de San Juan subraya la relación esencial que existe entre el conocimiento de Dios y la práctica de sus mandamientos: «Quien dice: yo le conozco y no guarda sus

mandamientos es un mentiroso y la verdad no está en él» (1 Jn 2, 4; ver 2, 5; 3, 24; 5, 2-3). 9. Más allá de la ley y de los profetas un ideal mayor insuperable El Evangelio de Jesús presenta un ideal mayor que el del Antiguo Testamento. Va más allá de la Ley y los profetas. Es la prolongación de la ley divina llevada a sus últimas consecuencias. Es la perfección y el cumplimiento de la Ley. El estilo del Evangelio es éste: «Habéis oído que se dijo.. ., pues yo os digo» 10. «Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás,..» «Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano imbécil, tendrá que comparecer ante el sanedrín y, si lo llama renegado, merece la condena al fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas de ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda» (Mt 5, 21-24). 11. «Habéis oído el mandamiento: no cometerás adulterio...» . «Habéis oído el mandamiento: no cometerás adulterio. Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno» (Mt 5, 27-30). 12. «Está mandado: el que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio...» «Está mandado: el que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. Pues yo os digo: el que se divorcie de su mujer -excepto en caso de unión ilegal- la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio» (Mt 5, 31-32). 13. «Habéis oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso...» «Habéis oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y cumplirás tus votos al Señor. Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno» (Mt 5, 33-37). 14. «Sabéis que está mandado: ojo por ojo, diente por diente...» «Sabéis que está mandado: ojo por ojo, diente por diente. Pues yo os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide

prestado, no lo rehuyas» (Mt 5, 38-42). 15. «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo . . .» «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los paganos? Por tanto, sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5, 43-48). 16. Una situación religiosa totalmente nueva Jesús inaugura una situación religiosa totalmente nueva. Con El comienza una nueva era para el hombre: el tiempo de la Gracia. Con El termina el viejo tiempo del Antiguo Testamento: «La Ley y los Profetas llegaron hasta Juan; desde entonces se anuncia el Reino de Dios» (Lc 16, 16). O como dice San Juan: «La Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo» (Jn 1, 17). 17. La Ley grabada en el corazón La era del Evangelio es radicalmente distinta de la era Mosaica. El Evangelio no es un código de leyes ni un conjunto de normas que regula la vida desde el exterior. El Evangelio entraña un dinamismo nuevo, un principio interior de acción, una ley grabada en el corazón. Es el cumplimiento de la Nueva Alianza, anunciada por los Profetas: «Mirad que llegan días -oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor -oráculo del Señor-, sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días -oráculo del Señor-: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones» (Jr 31, 31-33). 18. Una fuerza interior, un dinamismo nuevo, el don del Espíritu El Evangelio es lo que ninguna ley puede ser por sí misma: «Una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree» (Rm 1, 16). La moral evangélica radica fundamentalmente en la gracia y en el amor (Ga 5, 14; Rm 13, 8-10), y el amor no es una norma exterior de conducta, sino una fuerza interior, un dinamismo nuevo, el don del Espíritu. Esta nueva situación del hombre ante la Ley había sido anunciada por los profetas: «Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que pongáis por obra mis mandamientos» (Ez/36/26-27). 19. La libertad del cristiano. El Espíritu Santo, ley del cristianismo Así, el cristiano, animado por el Espíritu que procede de Jesús y del

Padre, se encuentra liberado de toda ley en lo que la ley tiene de imposición al hombre desde el exterior. Esto no significa que el cristiano menosprecie la ley; antes bien, se siente llamado a ir más allá de la letra de la ley. Una madre que ama a su hijo cumple con sus deberes de madre sin necesidad de una norma que le recuerde sus obligaciones. Comparando el Antiguo Testamento con el Nuevo, Santo Tomás de Aquino dice que «la Nueva Ley es principalmente la gracia misma del Espíritu Santo que se da a los cristianos» (Suma Teológica, I-ll, q 106 a 1). Santo Tomás, siguiendo a San Agustín, enseña que el Espíritu Santo perfecciona interiormente nuestro espíritu comunicándonos un dinamismo interior que nos lleva a rechazar el mal porque es un mal, y no sólo porque esté prohibido. En este sentido el Espíritu Santo es fuente de libertad: «El que obra por sí mismo, obra libremente; pero el que recibe el movimiento de otro, no obra libremente. El que evita un mal, no porque es un mal, sino en virtud del precepto del Señor, no es libre. Por el contrario, el que evita el mal, porque es un mal, ése es libre. Esta es la obra del Espíritu Santo que perfecciona interiormente nuestro espíritu comunicándole un dinamismo nuevo, de modo que huya del mal por amor, como si lo mandase la ley divina; de este modo es libre, no porque no esté sometido a la ley divina, sino porque el dinamismo interior le inclina a hacer lo que prescribe la ley divina» (In 2Co 3, 17, lect. 3). EV/LIBERTAD 22. El porqué de las leyes cristianas Surge ahora una pregunta: si el cristiano ha sido liberado de la ley en tanto que es ley, entonces ¿por qué subsisten leyes en el cristianismo? El principio paulino permanece: «La ley no ha sido instituida para los justos, sino para los pecadores» (/1Tm/01/09). Si todos los cristianos fueran justos, no habría necesidad de leyes. La Ley, en general, no interviene más que para denunciar un desorden existente. Por ejemplo, cuando los cristianos comulgaban frecuentemente, jamás la Iglesia les ha obligado bajo pena de pecado a comulgar una vez al año. En virtud de una exigencia interior cumplían con sobreabundancia, como una madre obedece al precepto del Decálogo que le prohíbe matar a su niño. Pero, en la medida en que la exigencia interior deja de urgir, cuando no se hace sentir, la ley se yergue proclamando la obligación y advirtiendo que en el creyente ha cesado de animar la fuerza del Espíritu. Entonces juega la ley para el cristiano el mismo papel que, para el judío, la Ley mosaica. 21. «Habéis sido llamados a la libertad» San Pablo nos dice: «Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se concentra en esta frase: Amarás al prójimo como a ti mismo. Pero, atención, que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente» (/Ga/05/13-15). El cristiano es un hijo (Ga 3, 26; Rm 8, 14-16), no un esclavo (Ga 4, 1-3); respira una atmósfera de confianza, vive en el amor (1 Jn 4, 18). La vocación cristiana es una vocación a la libertad. Pero

esta libertad es para el amor e implica ruptura con los propios egoísmos: no una libertad para que se aproveche la carne, sino una participación en la propia libertad de Cristo. 22. La moral del cristiano, fruto de la gracia La moral cristiana es fruto del Espíritu. El comportamiento reclamado por el Evangelio no puede ser presentado simplemente como una tarea que corra sólo de nuestra cuenta. No es la fuerza del hombre la que hace posible la moral cristiana, sino la fe como acogida a un régimen de gracia que procede del Padre y que se manifiesta como fruto del misterio pascual de Cristo. La semilla que produce el fruto es la Palabra de Dios, y el hombre es la tierra -buena, mala, regular- que responde o se resiste a la voluntad del Sembrador (Mt 13, 3ss) (23). 23. La alegría de vivir según el Evangelio El Evangelio es Buena Noticia. Al escuchar el programa evangélico de Jesús, la muchedumbre (no unos pocos) queda admirada: «Y sucedió que cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedó asombrada de su doctrina» (/Mt/07/28). Hoy el asombro continúa. Ciertamente, no hay ideal más alto. Responde a las aspiraciones más profundas del hombre y a su insaciable sed de dignidad, de paz y de justicia. Además, Jesús anuncia el cumplimiento del ideal evangélico como gracia a quienes por sí mismos ni siquiera pueden cumplir la ley. Con su cumplimiento brota en el corazón humano la alegría, la paz, la bienaventuranza. Como un eco que no cesa, resonarán siempre las palabras de Jesús: «Bienaventurados..., bienaventurados..., bienaventurados...» (Mt 5, 3-12) (24). ........................................................................ TEMA 35-1 OBJETIVO: DESCUBRIR COMO NOS SITUAMOS ANTE LA MORAL DE LAS BIENAVENTURANZAS PLAN DE LA REUNIÓN * Oración inicial. * Información: personas, hechos, problemas... * Presentación de la pista adjunta: reacciones diversas. * Lectura de Mt 5,1 ss.: silencio, comentario. * Oración comunitaria: desde la propia situación, canción apropiada. PISTA PARA LA REUNIÓN * La moral de las Bienaventuranzas es: - imposible; - para unos pocos; - para la muchedumbre; - necesaria; - gratuita; - buena noticia (¡dichosos!);

- comunitaria; - la justicia propia del Reino de Dios; - (...) va contra la Ley y los profetas. ........................................................................ TEMA 35-2 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE LA CONVERSIÓN SUPONE UN PASO DE LA LEY AL EVANGELIO PLAN DE LA REUNIÓN * Oración inicial, información (personas, hechos, problemas: lo más importante). * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión . * Diálogo: ¿hemos pasado de la Ley al Evangelio? * Oración comunitaria, canción apropiada. PISTA PARA LA REUNIÓN * Presentación del documento-tema 35 en sus aspectos más importantes: - el Evangelio asume y supera el Decálogo; - el Evangelio inaugura una situaci6n religiosa totalmente nueva: el don del Espíritu; - ¿para qué sirve la Ley? ........................................................................ TEMA 35-3 OBJETIVO: DESCUBRIR LA CONVERSIÓN COMO UN PASO DE LA LEY AL EVANGELIO PLAN DE LA REUNIÓN * Información (personas, hechos, problemas...). * Oración inicial: salmo compartido. * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión. * Comunicación, diálogo. * Lectura de Mt 16,24-28. * Oración comunitaria, canción apropiada. PISTA PARA LA REUNIÓN * ¿Desde dónde? ¿En qué condiciones resulta posible la moral evangélica?: - renunciando al poder; - optando por el servicio; - renunciando al dinero; - compartiendo; - negándose a sí mismo: - poniendo en juego la vida; - renunciando al individualismo;

- viviendo en comunidad; - (...) ........................................................................ TEMA 35-4 OBJETIVO: CELEBRAR LA CONVERSIÓN COMO UN PASO DE LA LEY AL EVANGELIO PLAN DE LA REUNIÓN * Oración inicial: salmo compartido, canción. * Lecturas: 1 Tm 1,8-1 1; Ga 3,23-29; Mt 5,1 -48. * Diálogo: experiencias concretas. * Oración comunitaria: desde la propia situación. PISTA PARA LA REUNIÓN * El Evangelio no va contra la Ley; va más allá... * La sociedad (escribas, fariseos, ricos, poderosos, judíos, gentiles, romanos, publicanos.... masas) está bajo la Ley. * La comunidad cristiana está bajo el Evangelio, bajo la gracia. * Una pregunta de fondo: ¿Hemos pasado nosotros de la Ley al Evangelio? AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO EL CORAZÓN OBJETIVO CATEQUÉTICO * Descubrir lo que significa amar a Dios con todo el corazón, primero y principal mandamiento. 24. Al encuentro de un Dios compañero de viaje. Tras las huellas de Dios. El Dios que el hombre busca es un Dios presente, cercano, amante. No un Dios ausente, lejano, que para nada se ocupa de los hombres. Ni tampoco un Dios terrible, enemigo de la felicidad humana (25). 25. Un Dios cercano, con rastros y con huellas, amante El Dios de Israel es cercano, con rastros y con huellas, que el pueblo creyente puede reconocer. Está cerca de él, pues le ama. Así lo proclama Moisés: «Vosotros sois testigos de lo que el Señor hizo en Egipto contra el Faraón, sus ministros y todo su país: aquellas grandes pruebas, que vieron vuestros ojos, aquellos grandes signos y prodigios; pero el Señor no os ha dado inteligencia para entender ni ojos para ver ni oídos para escuchar, hasta hoy. Yo os he hecho caminar cuarenta años por el desierto: no se os gastaron los vestidos que llevabais, ni se os gastaron las sandalias de los pies; no comisteis pan ni bebisteis vino ni licor: para que reconozcáis que yo, el Señor, soy vuestro Dios» (Dt 29 1-5) (26)

26. Un Dios que enseña al hombre a caminar El Dios de Israel se ocupa y preocupa de mil maneras por el hombre; como dice el profeta Oseas: «Cuando Israel era niño, yo le amé y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí: sacrificaban a los baales e incensaban a los ídolos. Y con todo yo enseñé a Efrain a caminar, tomándole en mis brazos, mas no supieron que yo cuidaba de ellos. Con cuerdas humanas los atraía, con lazos de amor, y era para ellos como quien alza un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él para darle de comer» (Os 11, 1-4) (27). 27. La ley en el contexto de un diálogo: «Escucha, Israel» Los verdaderos senderos del desierto por los que Dios enseña a caminar son los del corazón. Hay un lazo esencial entre la rectitud del corazón y su presencia, entre la ley y la vida (Dt 30, 15-20). La ley, ante todo, es un don y una llamada suya. El núcleo primero de la ley mosaica, el Decálogo, no se expresa en forma impersonal, sino dentro de un diálogo indicado en estas palabras: «Escucha, Israel» (Dt 5, 1; 6, 4). Su punto de partida se propone desde el principio del Decálogo; es el Dios Amor y Salvador: «Yo seré el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud» (Ex 20, 2; Dt 5, 6). Todo lo que sigue es ratificado y explicado en función de esta realidad primera. Aun cuando los preceptos coincidan con la ley natural o con los mandamientos de los códigos orientales contemporáneos, la atmósfera es completamente nueva; es la línea del amor. El Evangelio vendrá no para abolir esta ley de amor, sino para llevarla a la plenitud (Mt 5, 17) (28). 28. "Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón" Los mandamientos divinos orientan la existencia entera del hombre hacia Dios. Miran al corazón. Dios debe ser buscado con todo el corazón. Jesús llamó el mayor y primer mandamiento el que nos manda amar a Dios con todo nuestro ser (Cfr. Mt 22, 38). El Deuteronomio lo expone así: «Escucha, Israel: El Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus portales» (Dt 6, 4-9). Jesús añade que el segundo mandamiento es semejante a éste: «amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas» (Mt 22, 39-40) (29). 29. «No tendrás otros dioses frente a mí. No tomarás en falso el nombre de Dios. Guarda el día del sábado» En el Decálogo, los mandamientos que se refieren más directamente a Dios se concretan y especifican del siguiente modo: - «No tendrás otros dioses frente a mí. No te harás ídolos: figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra, o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos ni les darás culto, porque yo, el Señor tu Dios, soy un dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y biznietos, cuando me aborrecen. Pero actúo con

piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos» (Dt 5, 7-10): Primer mandamiento. - «No pronunciarás el nombre del Señor tu Dios en falso, porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso» (Dt 5, 11): Segundo mandamiento. - «Guarda el día del sábado, santificándolo; como el Señor tu Dios te ha mandado. Durante seis días puedes trabajar y hacer tus tareas; pero el día séptimo es día de descanso dedicado al Señor tu Dios. No harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni tu ganado, ni el forastero que resida en tus ciudades, para que descansen, como tú, el esclavo y la esclava. Recuerda que fuiste esclavo en Egipto, y que te sacó de allí el Señor tu Dios con mano fuerte y con brazo extendido. Por eso te manda el Señor tu Dios guardar el día del sábado» (Dt 5, 12-15): Tercer mandamiento (30). 30. Un amor no correspondido Los profetas, amigos y confidentes de Dios (como lo habían sido los patriarcas desde Abrahán a Moisés), son amados y se saben amados personalmente por El. Oseas, luego Jeremías y Ezequiel revelan que Dios es el esposo de Israel. El pueblo israelita, sin embargo, no cesa de ser infiel; el amor apasionado y exclusivo de Dios es correspondido únicamente con ingratitud y traición. Pero el amor es más fuerte que el pecado, aun cuando deba sufrir (Os 11, 8): Dios decide recrear en Israel un corazón nuevo capaz de amar de verdad (Os 2, 21ss; Jr 31, 3.20.22; Ez 16, 60-63; 36, 16-38) (31). 31. Dios, una elección radical El Deuteronomio, promulgado en el momento en que el pueblo parece preferir definitivamente el culto de los ídolos al amor de Dios (2 R 22), recuerda incesantemente que el amor de Dios a Israel es gratuito (Dt 7, 7-8), y que Israel debe «amar a Dios con todo su corazón» (6,5). Este amor se expresa en actos de adoración y de obediencia (11, 13; 19, 9) que suponen una elección radical, un desprendimiento costoso (4, 15-31; 30, 15-20). Este amor sólo es posible si Dios en persona viene a circuncidar el corazón de Israel y a hacerlo capaz de amar (30, 6) (32). 32. Dios se dirige al corazón de cada uno Después del destierro es cada día más honda la convicción israelita de que Dios se dirige al corazón de cada uno. Dios no ama sólo a la colectividad (Dt 4,7) o a sus jefes (2 S 12,7-8), sino a cada judío, sobre todo al justo (Sal 36, 25-29), al pobre y al pequeño (Sal 112, 5-9). Y hasta poco a poco se esboza la idea de que el amor de Yahvé se extiende, más allá de los judíos, también a los paganos (Jon 4, 10-11) e incluso a toda criatura (Sb 11, 23-26) (33). 33. Amor recíproco: Dios ama al hombre y el hombre debe amar a Dios Este amor de Dios al hombre exige reciprocidad, el amor del hombre a Dios: el cumplimiento del primer gran mandamiento de la ley: amar a Dios con todo el corazón. Jesús realiza el diálogo filial con Dios y da su

testimonio delante de los hombres. Se entrega totalmente al Padre desde los comienzos (Lc 2, 49; cfr. Hb 10,5ss), viviendo en oración y en acción de gracias (Mc 1,35; Mt 11,25) y sobre todo en perfecta conformidad con la voluntad divina (Jn 4, 34; 6,38), está incesantemente a la escucha de Dios (5, 30; 8, 26.40), lo cual le asegura que es escuchado por El (11, 41-42; 9, 31) (34). 34. Amar a Dios con todo el corazón es cumplir su voluntad Cumplir la voluntad del Padre es para Jesús tan necesario como el alimento: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra» (Jn 4, 34). Cumplir la voluntad de Dios es el verdadero sacrificio, la ofrenda de la vida entera: «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: Aquí estoy, ¡oh Dios!, para hacer tu voluntad" (Hb 10,5-7). Jesús muestra su amor al Padre realizando la obra que el Padre le ha ordenado: «el mundo ha de saber que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado» (Jn 14, 31) (35). 35. Necesitamos un corazón nuevo que pueda amar a Dios, confiar en él, apoyarse en él La cruz es para los hombres la suprema tentación de la infidelidad, de la desconfianza. Para Jesús, sin embargo, el Calvario fue el lugar donde se manifestó el amor perfecto, el instante único del «más grande amor» (Jn 15,13). Entonces da todo, sin reserva, a Dios (Lc 23,46), y a todos los hombres sin excepción, sin discriminaciones (Mc 10,45; 14,24; 2 Co 5,14-15; 1 Tm 2,5-6). La adhesión al amor divino no es cuestión de razonamiento humano, de conocimiento según la carne (2 Co 5, 16). Necesitamos un corazón nuevo que pueda amar a Dios, confiar en El, apoyarse en El (Is 7,9). Hace falta el don del Espíritu, que crea en el hombre un corazón nuevo (Jr 31, 33-34; Ez 36, 25-27). El Espíritu, derramado en Pentecostés, hace comprender desde dentro, con un verdadero conocimiento religioso, lo que Jesús les ha dicho acerca del Padre. Todo hombre tiene necesidad del Espíritu para poder llamar «Padre» a Dios, para dirigirse a El con la confianza de un hijo: «Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios» (Rm 8, 16) (36). 36. «Al Señor tu Dios adorarás...» «No olvides al Señor»: primer mandamiento En el desierto, Jesús es tentado por el diablo contra el primer mandamiento de la Ley. Tiene delante de sí «todos los reinos del mundo y su gloria» (Mt 4,8). Le dice el tentador: «Todo esto te daré si te postras y me adoras» (4,9). La respuesta de Jesús es: «Al Señor tu Dios adorarás, y a El sólo darás culto» (4, 10). Es la Palabra dada a Israel en una situación semejante: «Cuando el Señor tu Dios te introduzca en la tierra que juró a tus padres -a Abrahán, Isaac y Jacob- que te había de dar, con ciudades grandes y ricas que tú no has construido, casas rebosantes de riquezas que tú no has llenado, pozos ya excavados que tú no has excavado, viñas y olivares que tú no has plantado, comerás

hasta hartarte. Pero cuidado: No olvides al Señor que te sacó de Egipto, de la esclavitud. Al Señor tu Dios temerás, a El sólo servirás, sólo en su nombre jurarás» (Dt 6, 10-13) (37). 37. «Los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad» Jesús recuerda aquí lo que nunca debe ser olvidado y lo que, en su Evangelio, es central y debe ser buscado por encima de todo: «Sobre todo buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura» (Mt 6, 33). Jesús recuerda quién debe ser realmente adorado y cómo: Dios, con todo el corazón. La adoración es la expresión, a la vez, espontánea y consciente, obligada y voluntaria del hombre ante la proximidad y la grandeza de Dios. Esta adoración exige el compromiso de todo el ser: es adoración en espíritu y en verdad, como dice Jesús a la samaritana: «Se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así» (Jn 4, 23) (38). 38. A vosotros os basta decir sí o no MDT-02 En el segundo mandamiento se prohíbe tomar en falso el nombre de Dios. También este mandamiento es llevado a su cumplimiento más perfecto por Jesús: "Habéis oído que se dijo a los antiguos: No jurarás en falso y cumplirás tus votos al Señor. Pues yo os digo que no juréis en absoluto: ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo. A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno". (Mt 5, 33-37) (47). 39. "No pronunciarás el nombre del Señor tu Dios en falso»: segundo mandamiento Como en la mayoría de las religiones, en el Antiguo Testamento los hombres recurren al juramento para garantizar solemnemente el valor de su palabra (Gn 21, 22-24; 24, 2-9; Ex 22, 7.10). Toman el Nombre de Dios como garantía, lo cual -en el mundo bíblico- es como tomar a Dios mismo por testigo de lo que dicen o prometen. En este ambiente se comprende que Israel atribuya con frecuencia juramentos a Yahvé mismo para expresar la garantía de sus promesas o la fidelidad de su Palabra (Gn 22, 16; 26, 3; Dt 4, 31; 7, 8). El Decálogo condena el perjurio, esto es, el juramento en falso: "No pronunciarás el nombre del Señor tu Dios en falso" (Dt 5 11; Ex 20, 7). Los profetas denuncian celosamente las transgresiones de este mandamiento (Os 4, 2; Jr 5, 2; 7, 9; Ez 17,13-19; Ml 3, 5). Después del destierro, se despierta la sensibilidad con respecto a otro abuso: la frecuencia de los juramentos. que multiplica los riesgos de perjurio: "el que jura y toma el Nombre a todas horas no se verá limpio de pecado" (Si 23, 10). El juramento es reservado para las ocasiones solemnes (48). 40. Un nuevo camino: abstenerse de jurar. La sinceridad fraterna Jesús ataca la casuística sutil de los escribas, mediante la cual éstos

eluden las exigencias del juramento, una vez hecho. Jesús condena este modo de proceder, pues está en juego el respeto que el hombre debe a Dios (Mt 23,16-22). Ante el sumo sacerdote que le conjura solemnemente a decir si El es el Cristo, el Hijo de Dios, Jesús consiente en responder (Mt 26, 63-64). Sin embargo, Jesús no recurre nunca al juramento para asegurar la autoridad de su doctrina; se limita a introducir sus afirmaciones más solemnes con su fórmula habitual: En verdad, en verdad os digo. En el sermón de la montaña señala a los suyos un nuevo camino: que se abstengan de jurar (Mt 5,33-37). La palabra de los discípulos no debe buscar otra garantía que la sinceridad fraterna (Cfr. St 5, 12) (49). 41. La santificación del sábado: tercer mandamiento MDT-03 DO/PARA-QUÉ La santificación del sábado es una expresión del primero y principal mandamiento de la Ley (Mt 22, 38): Amarás a tu Dios con todo tu corazón. Dios es reconocido y celebrado como el centro de la vida humana. El nombre del sábado designa un descanso efectuado con cierta intenci6n religiosa. En la Biblia está ligado al ritmo sagrado de la semana, que se cierra con un día de reposo, de regocijo y de reunión para el culto divino (Gn 2, 1 -3; 2 R 4, 23; Is 1,13). Tal es el sentido del domingo: día de fiesta, día de llevar una vida más humana, día de dar gracias a Dios por los beneficios recibidos, día de respirar en la atmósfera de Dios. Jesús nos enseñó que "El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado" (Mc 2, 27) (52). 43. Jesús, más allá del rigorismo farisaico El reposo del sábado era concebido por la ley en forma muy estricta: prohibición de encender fuego (Ex 35, 3), de recoger leña (Nm 15, 32), de preparar alimentos... (Ex 16, 23). En tiempo de Cristo los esenios lo observan en todo su rigor, a la vez que los doctores fariseos elaboran sobre el particular una casuística minuciosa. Jesús no abroga la ley del sábado: en tal día frecuenta la sinagoga y aprovecha la ocasión para anunciar el Evangelio (Lc 4,16). Pero ataca el rigorismo formalista de los fariseos (Mc 2, 27); el deber de caridad es anterior a la observancia material del reposo (Mt 12,1 -8; Lc 13, 10-16; 14, 1-5) (53). 44. El domingo, "Día del Señor" Los discípulos siguieron en principio observando el sábado (Mt 28,1; Mc 15,42; 16,1; Jn 19,42). Poco a poco, el primer día de la semana, día de la resurrección de Jesús, viene a ser el día de culto de la Iglesia, considerado como Día del Señor (Hch 20,7; Ap 1,10). Este día no se escogió para suplantar el sábado, sino para conmemorar el acontecimiento decisivo de la historia de salvación, la resurrección del Señor, el día de Pascua. El domingo, en efecto, la comunidad cristiana celebra la victoria del Señor y su presencia en la reunión eucarística, donde damos gracias al Padre y anunciamos la venida gloriosa del Señor: «Cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor hasta que vuelva» (1 Co 11, 26) (54).

45. El domingo, día de la Iglesia El domingo es el día del Señor y también el día de la Iglesia. En cada celebración eucarística dominical se expresa más plenamente la Iglesia, como asamblea convocada por Dios en torno al altar, como reunión de los que participan del mismo pan que es Cristo: «Siendo muchos, somos un solo pan y un solo cuerpo, pues todos participamos de un solo pan» (1 Co 10,17). Es el día de la edificación del pueblo de Dios; de renovar el mutuo perdón entre los cristianos y la caridad fraterna, especialmente con los más débiles; y es el día de recordar las necesidades de la Iglesia (Cfr. 1 Co 16, 2) (56). 46. La oración, expresión del reconocimiento de Dios en el centro de la vida humana También la oración es expresión del reconocimiento de Dios en el centro de la vida humana. Dios presente, cercano, amante: «En él vivimos, nos movemos y existimos» (Hch 17,28), un Dios Padre, tal como nos lo revela Jesús. Dirigirse al Padre con confianza, como hijo, supone una actitud profunda: querer, como Jesús, que se cumpla su voluntad y su plan, no el nuestro. Nuestra actitud en la oración no debe ser la de pretender que se haga nuestra voluntad y que sea Dios quien la cumpla. Hemos de buscar ante todo la voluntad de Dios y disponernos nosotros a cumplirla. Esta fue siempre la actitud de Jesús. Es un don del Espíritu de Jesús el que podamos desear en cada momento el cumplimiento de la voluntad del Padre: El es quien nos hace exclamar: ¡Abba (Padre)! (Rm 8,15). El Padrenuestro es la oración cristiana, la oración de la confianza, la oración de los hijos: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo; danos hoy el pan nuestro del mañana, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido; no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno» (Mt 6, 9-13) (57). 46. Jesús, hombre de oración J/ORACION Al igual que los discípulos (Lc 11,1-4) necesitamos que Jesús nos enseñe a orar. Jesús es hombre de oración. No se limita a una sola forma de orar. Con sus discípulos cumple la celebración litúrgica prescrita a su pueblo (Mt 26, 30). En la sinagoga rezaba los salmos y oraciones como cualquier israelita. Pero Jesús ora también con sus propias palabras, se dirige a su Padre con la más absoluta espontaneidad (Lc 10, 21). Para orar busca con frecuencia la soledad del monte y de la noche (Lc 6, 12). Jesús elige lugares especiales para orar, ora frecuentemente en la montaña (Mt 14,23), solo (Lc 9, 18), incluso cuando todo el mundo le busca (Mc 1, 37). La oración de Jesús se relaciona con su misión: en el desierto (Mt 4, 1 ss), en el momento del bautismo (Lc 3, 21), antes de la elección de los Doce (Lc 6,12ss), en la Transfiguración (Lc 9,29), antes de la enseñanza del Padrenuestro (Lc 11,1), en la última cena (Jn 17), y sobre todo en el huerto, inmediatamente antes de la pasión (Mc 14, 36; Hb 5, 7) (58). 47. Los Apóstoles siguen el ejemplo y las enseñanzas de Jesús Los Apóstoles «estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios» (Lc 24, 53; Hch 5,12). Pedro hace oración a la hora sexta (Hch 10, 9); Pedro

y Juan van a orar la hora nona (Hch 3, 1). Con la oración comunitaria se preparan los discípulos de Jesús para recibir el don del Espíritu Santo en Pentecostés (Hch 1,14). San Pablo dice que ora «sin cesar» en todo tiempo (Rm 1,10; Ef 6,18; 2 Ts 1, 3.11), «noche y día» (1 Ts 3,10). Concibe la oración como un combate, una lucha (Rm 15, 30; Col 4, 12). Una de las notas características de la oración de San Pablo es la acción de gracias, la alabanza a Dios (Flp 4, 6) (59). 48. En lugar oculto. Sin palabrería. «Pedid y se os dará» Jesús dice a sus discípulos que no recen como los fariseos para ser vistos por la gente, sino en un lugar oculto (Mt 6,5-6), que en la oración eviten la palabrería (6,7-8), que insistan en la oración, como el amigo importuno (Lc 11, 5-8), que recen con perseverancia, sin desfallecer (Lc 18, 1 -8), que la oración siempre es eficaz: «Pues así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe; quien busca, halla, y al que llama, se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿0 si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿0 si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?" ( Lc 11, 9- 13) (60). 49. Pidamos el Don del Espíritu Santo Lucas habla del Espíritu, donde Mateo había de «cosas buenas»: «... ¿cuánto más vuestro Padre del cielo dará cosas buenas a los que le piden?» (/Mt/07/11; cfr. /Lc/11/09-13). El Espíritu Santo es la «cosa buena» por excelencia. Frecuentemente, los hombres pedimos muchas cosas; lo que se nos asegura es el Espíritu, la «Gran Cosa». Pedimos muchas veces en nombre propio, pero lo que quiere el Padre es que pidamos en nombre de Cristo: «Hasta ahora no habéis pedido nada en mi nombre; pedid y recibiréis para que vuestra alegría sea completa» (Jn 16, 24). Es preciso que nuestra oración se vaya centrando en lo verdaderamente importante. No siempre sabemos lo que pedimos (Mc 10, 38). Suavemente, la oración transforma a la persona y entonces la misma oración se va purificando. Así la samaritana es llevada desde sus propios deseos al deseo del don de Dios (Jn 4, 10). Y las multitudes al alimento que perdura en la vida eterna (Jn 6, 27) (61). 50. La oración, dimensión fundamental de la vida cristiana La oración es una dimensión fundamental de la vida cristiana. Donde calla la oración desaparece la vida de fe. La Iglesia se manifiesta como signo de Cristo no sólo cuando proclama la palabra de Dios y confiesa la fe recibida de los Apóstoles, o cuando celebra la Eucaristía y practica la caridad fraterna, sino también, y de modo especial, cuando dialoga con Dios, cuando hace oración. En medio de una sociedad en la que muchos hombres sólo dan importancia a las actividades económicas, o a las ideas morales que resultan útiles para una mejor distribución de los bienes materiales, es necesario que los cristianos demos testimonio de nuestra fe en Dios, imitando a Jesucristo y a los Apóstoles y a los santos de todos los tiempos en la oración (63).

51. Oración comunitaria y oración espontánea. «En el lugar secreto» El Concilio Vaticano lI, siguiendo las huellas de Jesús y de toda la tradición cristiana, nos recuerda la estrecha vinculación existente entre la oración litúrgica que acontece cuando dos o tres se congregan en el nombre de Cristo (Cfr. Mt 18, 20) y la oración que el creyente, en soledad, expresa con sus propias palabras: «Con razón se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella..., el Cuerpo místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro... La liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza... El cristiano, llamado a orar en común, debe, no obstante, entrar también en su habitación para orar al Padre en secreto; más aún, debe orar sin tregua...» (SC 7.10.12) (64). ........................................................................ TEMA 36-1 OBJETIVO: INICIACIÓN EN EL HOMBRE NUEVO: DESCUBRIR LO QUE SIGNIFICA AMAR A DIOS CON TODO EL CORAZÓN PLAN DE LA REUNIÓN * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión. * Oración inicial e información (personas, hechos, problemas). * Presentación del tema 36 y de la pista adjunta. * Diálogo. * Oración comunitaria. PISTA PARA LA REUNIÓN * ¿Dónde nos situamos? 1. Busco otras cosas por encima de todo. 2. Dios en el centro de la vida: por encima de todo. 3. Es necesario jurar en verdadero. 4. Me basta la sinceridad fraterna: el sí o el no. 5. El sábado está al servicio del hombre. 6. La Eucaristía es para mí el Pan de vida. ........................................................................ TEMA 36-2 OBJETIVO: INICIACIÓN EN EL HOMBRE NUEVO: DESCUBRIR LO QUE SIGNIFICA AMAR A DIOS CON TODO EL CORAZÓN PLAN DE LA REUNIÓN * Presentación del objetivo y plan de la reunión. * Oración inicial, canción, información.

* Lecturas: Dt 5,7-15; Mt 6,33; Mt 5,33-37; Mc 2,27; Jn 6,32 ss. * Diálogo, oración final. PISTA PARA LA REUNIÓN * Confrontar los tres primeros mandamientos del Decálogo con el espíritu del Evangelio: «Pues yo os digo»... .......................................................... Ml PADRE, Ml MADRE Y MIS HERMANOS OBJETIVO CATEQUÉTICO * Descubrir que el Evangelio conduce a una comunidad que va más allá de los lazos de la carne y de la sangre. 52. La figura paterna: punto de referencia clave de la propia identidad El padre es un punto de referencia clave de la propia identidad del hijo. Después de la primera infancia, el papel del padre será desempeñado, no sólo por los propios padres, sino por un número de personas que actúa fuera del ámbito familiar, y que influye de manera decisiva en la evolución del niño: los educadores y otras personas que en cierto modo amplían y completan la función de los padres. unos y otros deben ayudar al niño y al joven en la maduración de su personalidad. Deben proteger y garantizar su propia identidad (67). 53. Una voz orientadora, primer elemento del sentido de identidad del hombre. La función maternal, necesaria en la vida de todo hombre No será inútil recordar la importancia de la función paternal para la formación de la identidad, pues hoy día asistimos a una dimisión de los padres y educadores. La tensión del hombre para encontrar un padre es una de las más profundas y fundamentales de toda su vida: la búsqueda de una imagen de fuerza y sabiduría a la que unir la propia vida. Y la identidad necesita, para construirse, de identificaciones válidas y de la confirmación de los adultos, lo cual no es posible si los padres y los educadores no cumplen sus funciones. El padre es el guardián de la identidad. El niño encuentra en el rostro amable de la madre y en la orientación firme del padre, el reconocimiento de quién es él y el sentido de su crecimiento y de su identidad. El papel de la madre durante la infancia es prever y proteger. La madre es el primer mundo del hombre: la regularidad de la respuesta materna constituye el primer orden del mundo del niño. El padre contribuye al desarrollo de la personalidad del niño, mostrándose con su autoridad, no como una amenaza, sino como un guía. El padre y la madre se complementan. Esto supone una presencia real, física y sicológica de los padres junto al niño (68). 54. «Honra a tu padre y a tu madre»: cuarto mandamiento Muchos pretenden una convivencia humana prescindiendo de los padres. Pretenden instaurar una fraternidad sin padres. La Escritura nos revela que honrar padre y madre es un mandamiento de vida. El crecimiento y desarrollo de la persona humana se destruye o

queda gravemente dañado cuando falta en la vida del hombre, sobre todo en su infancia, en su adolescencia y juventud, el afecto y la atención educativa de los padres. Los padres -y por extensión los educadores- tienen una función imprescindible en el desarrollo armónico de la personalidad: «Honra a tu padre y a tu madre: así se prolongarán tus días y te irá bien en la tierra que el Señor tu Dios te va a dar» (/Dt/05/16). Algo semejante dice el libro del Eclesiástico: «En obra y palabra honra a tu padre y vendrá sobre ti toda clase de bendiciones. La bendición del padre hace echar raíces, la maldición de la madre arranca lo plantado. No busques honra en la humillación de tu padre, porque no sacarás honra de ella; la honra de un hombre es la honra de su padre, y la deshonra de la madre es vergÜenza de los hijos. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas» (/Si/03/8-13) (69). 55. Jesús nos lleva a cumplir con autenticidad el cuarto mandamiento Jesús exige el cumplimiento del cuarto mandamiento, que en su época ha sido deteriorado, desvirtuado, por la tradición farisaica. Algunos fariseos y escribas acusan a Jesús de que sus discípulos quebrantan la tradición de los mayores, pues no se lavan las manos antes de comer. Jesús responde que hay tradiciones humanas que suplantan a los mandamientos de Dios, y que llevan finalmente a los hombres a la transgresión de tales mandamientos: «Dios dijo: Honra a tu padre y a tu madre y el que maldiga a su padre o a su madre, tiene pena de muerte. En cambio, vosotros decís que el que le declara a su padre o a su madre: Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo, ya no está obligado a sustentar a su padre; así, en nombre de nuestra tradición, habéis invalidado el mandamiento de Dios. ¡Hipócritas!...» (Mt 15, 1-11). Las tradiciones religiosas, instituidas como un conjunto de medios para unirse más con Dios, dejan de ser medios y se convierten en fin. Jesús rechaza tal perversi6n en el plano de los principios. Y en cuanto a la aplicaci6n farisaica sobre el lavarse las manos antes de comer, Jesús responde diciendo que no es lo que entra por la boca lo que hace impuro al hombre, sino lo que sale del corazón (Cfr. Mt 15, 8-20) (70). 56. Más allá de los lazos de la sangre Ahora bien, la Escritura no nos ofrece argumentos para defender un paternalismo patológico, que sofoque la vida y el crecimiento del otro, que no le permita conquistar su libertad y progresiva independencia, caminar poco a poco hacia la propia identidad. El evangelio de Lucas está particularmente atento a este despertarse a la mayoría de edad, a este emerger de un ser dependiente, de una vida todavía sin definici6n, decidida hasta el presente por el padre. La infancia de Cristo culmina con el episodio de la iniciativa tomada por Jesús con ocasi6n del viaje a Jerusalén (Lc 2, 41-52). No se trata de una rebeli6n, sino dei despertar de una responsabilidad: "¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre". (2, 49). Es la primera manifestación de su futura vocación y misión. Jesucristo, en determinadas ocasiones manifiesta gran libertad

frente a los vínculos de la sangre, a los que concedemos a veces una importancia exclusiva. Jesucristo da mayor importancia a los lazos de orden espiritual, resultantes de una opción personal y libre (71). 57. «El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre» Un día, su propia madre y sus parientes (aquellos que en las lenguas semíticas son llamados «hermanos») no podían acercarse a El y deseaban verle. Una vez más, Jesús manifiesta una independencia soberana, distanciándose visiblemente de este tipo de vínculos. Subordina los lazos físicos, biológicos, anexos de un orden diferente y superior, a lazos espirituales. Otorga así su importancia «relativa», referencial, a los vínculos de índole biológica y concede la primacía a un nuevo ámbito de intercomunicación personal, resultante de una filiación libremente aceptada: «Llegaron su madre y sus hermanos y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan. Les contestó: ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Y paseando la mirada por el corro, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre» (/Mc/03/31-35) (72). 58. «¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!» En otra ocasión, mientras El enseñaba, una mujer dijo lo que cualquier otra mujer hubiera dicho y pensado. Y Jesús respondió, mostrando el valor primordial de la obediencia a la Palabra de Dios: «Mientras él decía estas cosas, una mujer de entre el gentío, levantó la voz diciendo: ¡Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron! Pero él repuso: Mejor: ¡Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen!» (Lc 11, 27-28). María, su madre, era -para Jesús- más grande por encarnar en su vida la voluntad del Padre que por haber ofrecido su carne y sangre para que el Hijo de Dios se encarnase (73). 59. Condición necesaria para seguir a Jesús Llegado el caso, para seguir a Jesús, puede ser necesario sobreponerse a los lazos humanos familiares. Jesús es primero: Grandes multitudes iban caminando con El y, volviéndose hacia ellas, les dijo: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mi; y el que no coge su cruz y me sigue, no es digno de mí» (Mt 10, 37-38) (74). 60. Más allá de los lazos de la nación y de la raza La Palabra de Dios sitúa al hombre más allá de los lazos de la nación y de la raza. Si hemos comprendido bien lo que es Israel, en el pensamiento teológico de los profetas hebreos, desde Amós hasta Juan -hasta Jesús- no se puede decir que alguien pertenezca a Israel, a la semilla de Abraham, como se pertenece, por derecho de nacimiento, a la nación francesa, inglesa, alemana o española. El Dios de Israel, según el profeta Amós, afirma la libertad soberana, absoluta, del lazo que le vincula a su pueblo Israel. No es cuestión de biología, sino de espíritu. La

alianza no es una relación natural, desborda el ámbito de la naturaleza: «¿No sois para mí como etíopes, hijos de Israel? -oráculo del Señor-. Si a vosotros os saqué de Egipto, saqué a filisteos y sirios de Quir» (Am 9, 7) (81). 61. El pueblo de Dios, llamado a la universalidad Una cosa es el hijo según el orden biológico, y otra muy diferente el hijo según el orden espiritual y libre. Según los profetas, Israel proviene del orden espiritual. De ahí que sea un pueblo llamado a la universalidad, a la catolicidad, más allá de las peculiaridades nacionales y raciales. Jesús, como ningún otro, ha enseñado la universalidad de la vocación a entrar en la economía de esa humanidad nueva, cuyo primer exponente fue Abrahán. Ante la fe del centurión romano, dijo Jesús a los que le seguían:. «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los Cielos; en cambio, a los ciudadanos del Reino los echarán afuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes» (Mt 8, 10-12) (83). 62. Todos convocados al amor Ya el Antiguo, pero de modo peculiar el Nuevo Testamento convoca a todos al amor. Sólo el amor puede hacernos hermanos a todos los hombres. Sólo en el amor podemos abrirnos a una familiaridad universal. San Pablo, en la Carta a los Efesios, convoca a todos al amor; en concreto a padres y a hijos, cuando dice: «Hijos, obedeced a vuestros padres como el Señor quiere, porque eso es justo. Honra a tu padre y a tu madre, es el primer mandamiento al que se añade una promesa; Te irá bien y vivirás largo tiempo en la tierra. Padres, vosotros, no exasperéis a vuestros hijos: criadlos, educándolos y corrigiéndolos como haría el Señor» (Ef 6, 1-4; cfr. Col 3, 20-25). En realidad, los padres son plenamente honrados por sus hijos cuando son amados por ellos. Y son plenamente padres cuando aman generosamente a sus hijos, sin egoísmo. La figura madura del padre es una figura presente, familiar, cercana, disponible, acogedora. La madurez de la figura paterna (padres o educadores) supone una vocación de generosidad y de renuncia. Como bien se ha dicho: «Ser para los demás un camino que se utiliza y se olvida.» (84). ........................................................................ TEMA 37 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE EL EVANGELIO CONDUCE A UNA COMUNIÓN QUE VA MAS ALLÁ DE LOS LAZOS DE LA SANGRE PLAN DE LA REUNIÓN * Oración inicial. * Presentación del tema 37 en sus puntos clave. * Lectura de Mc 3,31-35: ¿tenemos experiencias semejantes?

* Diálogo. * Oración comunitaria: desde la propia situación. Canción apropiada. PISTA PARA LA REUNIÓN PUNTOS CLAVE * Figuras paterna y materna. * Honra a tu padre y a tu madre. * No un paternalismo patológico. * Más allá de los lazos de la sangre. * ¿Quiénes son mi madre y mis hermanos7 * Los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen. AMAD A VUESTROS ENEMIGOS OBJETIVO CATEQUÉTICO * Descubrir que el Evangelio conduce no sólo a no matar, sino también a amar al enemigo. 63. Optar por la vida La vida es algo que no nos cansamos de admirar. Ya la vida de una planta es una maravilla, cuanto más la de un animal, que por sus sentidos se acerca más al hombre. Cuanto más alto está un animal en la escala zoológica, tanto más preludia la realidad suprema de la creación: ¡La vida humana! El hombre evita instintivamente todo lo que daña a la vida: frío, calor, humedad... Se ha encontrado remedio para muchas enfermedades. Intentamos prolongar la vida lo más posible. El cuidado de la vida, propia y ajena, está grabado profundamente en nosotros. No obstante, podemos hacer de la vida objeto de libre elección o de repudio. Y bajo el pretexto de defender la vida podemos llegar a destruirla: aborto, droga, eutanasia, manipulación, violencias, terrorismo, venganza, homicidio, suicidio... Todo esto corresponde a fuerzas impulsivas de destrucción y de muerte que luchan en el interior del hombre contra el deseo instintivo de vida. ¿Le es posible al hombre superar esta tensión y optar decidida e incondicionalmente por la vida? (86). 64. Dios ha optado por la vida La simpatía de Dios está al lado de la vida. Dios ha optado por la vida. Por encima de todo quiere que el hombre viva. Toda vida viene de Dios, pero la vida del hombre viene de El en forma muy especial, para hacerlo alma viva «sopló Dios en su nariz un aliento de vida» (Gn 2, 7; Sb 15, 11). Dios toma bajo su protección la vida del hombre y prohíbe el homicidio (Gn 9, 5-6), aunque sea el de Caín (Gn 4, 11-15) (87). 65. Caín: Envidia, odio, homicidio. Proceso permanente Caín es un caso-tipo que se repite a lo largo de la historia humana, y muestra un proceso permanente que lleva al hombre a la destrucción de la vida: lleno de envidia, tiende a la supresión del otro y al homicidio. El esquema envidia-odio-homicidio se aplica siempre en el mismo sentido. La agresión y el crimen es el triste final del proceso envidia-odio (88).

66. «No matarás»: quinto mandamiento Dios nos ha dado un mandamiento que indica el respeto profundo que se debe a la vida de cada ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios: «No matarás» (Dt 5, 17). Dios ha brindado a la humanidad la creación. Pero a nadie ha constituido dueño de la vida humana, ni de la propia ni de la ajena. El homicidio, el suicidio, el aborto, la eutanasia... son crímenes contra la vida. La vida humana procede de Dios, es de Dios, la protege Dios (89). 67. Pecados contra la vida humana «Cuanto atenta contra la vida, homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de la vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes que reducen al obrero al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona: todas estas prácticas y otras parecidas son infamantes, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador» (GS 27). Entre los pecados más graves contra la vida humana en el mundo de hoy hay que señalar el terrorismo y los secuestros (90). 68. La legítima defensa, la guerra y la pena de muerte Hay situaciones en las que de antiguo se tiene por lícito quitar la vida a un hombre: las de legítima defensa. Si yo trato de quitar la vida a otro injustamente, éste puede quitarme la vida a mí si no dispone de otro medio para defender su propia vida. En relación con el quinto mandamiento se presentan dos casos en los que al cristiano se le plantean especiales dificultades de conciencia. Uno es el caso de la guerra; otro, el de la pena de muerte (91). 69. La guerra debe ser sustituida GUERRA: En la antigüedad la guerra era considerada como un fenómeno natural. Fue San Agustín en el siglo IV el primero que se planteó el problema de la guerra como una cuestión de conciencia. A lo largo de los siglos, los teólogos no han cesado de reflexionar sobre el problema moral de la licitud de la guerra. Siempre se ha admitido la licitud de la guerra como defensa contra un agresor injusto. Pero a medida que ha aumentado el poder destructor de las armas modernas resulta más difícil cualquier guerra. El Papa Pío Xll propone ya una enseñanza, seguida después por sus sucesores y por el Concilio Vaticano II, según la cual la guerra no es el instrumento adecuado para resolver los conflictos. La guerra, como instrumento de solución de los problemas internacionales o nacionales, debe desaparecer. Hay que recurrir a la negociación, a los

pactos, y sobre todo a una educación de las conciencias en el deber moral de trabajar positivamente por la paz (92). 70. Los límites de la legítima defensa El Concilio Vaticano II admite como legítima todavía hoy la guerra en defensa contra un agresor injusto: «Mientras exista el riesgo de guerra y falte una autoridad internacional competente y provista de medios eficaces, una vez agotados todos los recursos pacíficos de diplomacia, no se podrá negar el derecho de legítima defensa a los gobiernos» (GS 79). Pero condena como un crimen toda acción bélica que tienda indiscriminadamente a la destrucción de ciudades y regiones enteras: «El horror y la maldad de la guerra se acrecientan inmensamente con el incremento de las armas científicas. Con tales armas las operaciones bélicas pueden producir destrucciones enormes e indiscriminadas, las cuales, por tanto, sobrepasan excesivamente los límites de la legítima defensa... Toda acción bélica que tiende indiscriminadamente a la destrucción de ciudades enteras o de extensas regiones junto con sus habitantes, es un crimen contra Dios y la humanidad que hay que condenar con firmeza y sin vacilaciones» (GS 80) (93). 71. La objeción de conciencia OBJECION-CONCIENCIA En relación con el tema de la guerra se plantea hoy el problema de los que rehúsan el servicio militar por razones de conciencia. Sobre esta cuestión los obispos españoles han presentado al pueblo cristiano la siguiente reflexión: «Los Obispos españoles queremos recordar ante todo que el mandamiento evangélico del amor fraterno, de donde ha de brotar la conversión individual y colectiva y el «desarme de las conciencias», fue rubricado con el testimonio supremo de Cristo, con la entrega de su vida. Es, por otra parte, derecho de la autoridad pública mantener un eficaz dispositivo de defensa para garantizar la necesaria protección de los ciudadanos contra agresiones exteriores, derecho del que se deriva el de establecer, si así lo exige el bien común, el servicio militar obligatorio. Al mismo tiempo creemos necesario subrayar la importancia que tiene para la realización del bien común, como realidad auténticamente humana, el que los ciudadanos puedan obrar en el respeto y en la fidelidad a sus exigencias éticas más profundas» (94). 72. Elaboración de fórmulas legislativas integradoras y generosas «La conciliación de una y otra realidad ha de ser un objetivo a lograr mediante la elaboración de fórmulas legislativas integradoras y generosas. Estamos, en fin, seguros de que la sociedad ha de saber valorar en su justa medida las voces que denuncian los riesgos de una guerra que en las actuales circunstancias amenaza ser total e indiscriminada, voces que además hacen notar la contradicción que supone el empleo de armamentos y gastos bélicos de ingentes recursos, indispensables para atender las necesidades más perentorias de la subsistencia y del desarrollo de los pueblos. El caso de los objetores de conciencia que tengan estas motivaciones no puede identificarse ni recibir el mismo tratamiento que el de los simples desertores.

Consecuentes con estas premisas y con las enseñanzas del Concilio Vaticano II nos parece razonable que las leyes tengan en cuenta, con un sentido humano de equidad, el caso de los que se niegan a tomar las armas por motivos de conciencia, con tal que acepten servir a la comunidad humana de otra manera (GS 79). La autoridad pública que así obra, a la vez que, con ponderado criterio, permite servir a la comunidad humana en forma distinta del servicio militar, habrá de proteger a la sociedad frente al recurso fraudulento a los imperativos de la conciencia por motivaciones menos nobles» (XIX Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, 26 de noviembre a 1 de diciembre de 1973) (95). 73. La pena de muerte La pena de muerte se ha justificado a lo largo de la historia por su valor de ejemplaridad, por lo que tiene de justo castigo por delitos especialmente graves, y como medio de defensa necesario de la sociedad contra ciertos delincuentes. Los argumentos tradicionales en favor de la pena de muerte dan por supuesto que ante ciertos delitos especialmente graves la sociedad no dispone de otro medio eficaz para salvaguardar de manera adecuada estos valores de ejemplaridad, de castigo justo, de defensa contra los criminales. En este caso el derecho de la autoridad pública es superior y diferente al derecho de los individuos (96). 74. Buscar otros caminos que el de la eliminación por la muerte En la actualidad, muchos sociólogos, juristas y moralistas, tanto cristianos y creyentes como no creyentes, estiman que la pena de muerte no es hoy necesaria para salvaguardar los valores que con ella se pretende proteger. No parece que el aumento o la disminución de la delincuencia dependa necesariamente de que exista o no exista la pena de muerte. La conciencia, cada día más viva, de la dignidad de cada hombre como fin en sí mismo lleva a muchos a rechazar la pena de muerte, concebida como un medio. La autoridad civil, para el cumplimiento de la función, debe buscar otros caminos distintos que el de la eliminación por la muerte, ya se haga por razones de ejemplaridad o por otras diversas (97). 75. Urgencia evangélica de caridad y de perdón Cristo no abolió expresamente la pena de muerte, ni la guerra, ni la esclavitud, ni habló de la necesidad de cambiar las leyes de la sociedad civil. Pero de sus enseñanzas se desprende que el cristiano no puede inspirarse en el deseo de venganza, aun cuando esta venganza la realizara el Estado en nombre de los individuos; ni puede el cristiano acogerse al principio de la legítima defensa como si éste fuera la última palabra para resolver los conflictos entre los hombres. El mensaje cristiano es, ante todo, un mensaje de caridad y de perdón, que va más allá de toda argumentación ética: «amad a vuestros enemigos» (Mt 5, 44) (98). 76. Fe en Jesucristo reconciliador

Animados por el Espíritu, creemos, porque confiamos en la eficacia de la salvación de Jesucristo que obra ya en nosotros y en nuestra historia, "pacificando mediante la sangre de su cruz lo que hay en la tierra y en los cielos" (Col 1, 20), que hemos de poder lograr, por otros caminos, nuestras aspiraciones justas en el ámbito político-social, con tal de que ninguno, autoridad o pueblo, pretenda poseer la exclusiva de la justicia y trate de imponerla a cualquier precio. Pablo Vl, sin referirse expresamente a la pena de muerte, exhorta a todos a evitar todo recurso a la violencia: «la Iglesia no puede aceptar la violencia, sobre todo la fuerza de las armas -incontrolable cuando se desata- ni la muerte de quienquiera que sea, como camino de liberación, porque sabe que la violencia engendra inexorablemente nuevas formas de opresión y de esclavitud, a veces más graves que aquellas de las que se pretende liberar» (EN 37; cfr. Tema 31) (99). 77. Urgentísima una nueva sensibilidad sobre la paz: educación, opinión pública El Concilio Vaticano II considera urgentísima la necesidad de «una nueva educación de las mentes y una nueva inspiración de la opinión pública. Quienes se entregan a la obra de la educación, sobre todo de los jóvenes, o son formadores de la opinión pública, consideren como un gravísimo deber suyo este de formar las mentes a una nueva sensibilidad sobre la paz. Conviene que todos cambiemos nuestros corazones, mirando siempre al entero universo y a los deberes que podemos cumplir todos a una, para que el hombre se mejore» (GS 82) (100). 78. Cuidarás de la vida El Evangelio prescribe no sólo «no matar», sino además «cuidar de la vida». Esto implica el cuidado de evitar todo lo que dañe la vida humana, toda herida, ora provenga de maldad, de negligencia humana o de necedad. Jesús anuncia la vida. Para Jesús la vida humana es cosa preciosa, «más que el alimento» (Mt 6, 25); salvar una vida prevalece incluso sobre el sábado (Mc 3, 4). Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos (Mc 12, 27). El cura y devuelve la vida, como si no pudiera tolerar la presencia de la muerte (Jn 11,1 -44). El es la verdadera vida, se puede decir que es la vida a secas (Mt 7, 14; 18, 8-9). Por tanto, la droga, el alcoholismo, el excesivo trabajo, o también, el trabajo prematuro, la infracción de las normas de tráfico (que puede convertirse en un juego con la vida humana, propia y ajena)... son formas concretas de no cuidar de la vida (101). 79. «Amad a vuestros enemigos» Jesús nos lleva más allá de la letra del quinto mandamiento «Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás, y el que mate será procesado. Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano imbécil, tendrá que comparecer ante el sanedrín, y si lo llama renegado, merece la condena

del fuego. Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda» (MT 5. 21-24). La línea de conducta cristiana: incluso con los que nos hacen daño, es el amor: «Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos» (Mt 5, 43-46). Este mandamiento destaca entre las exigencias más nuevas de Jesús. El mismo tuvo enemigos, le dieron muerte y El, en la cruz, les perdonó (Lc 23, 34). Así debe hacerlo el discípulo, a imitación de su maestro (1 P 2, 23). El amor al enemigo es signo distintivo del cristiano (104). 80. Actitud reconciliadora El cristiano, como Jesucristo, debe perdonar. San Pablo, siguiendo las enseñanzas y ejemplos de Jesús, nos dice: «Bendecid a los que os persiguen; bendecid, sí, no maldigáis. Con los que ríen, estad alegres; con los que lloran, llorad. Tened igualdad de trato unos con otros: no tengáis grandes pretensiones, sino poneos al nivel de la gente humilde. No mostréis suficiencia. No devolváis a nadie mal por mal. Procurad la buena reputación entre la gente; en cuanto sea posible y por lo que a vosotros toca, estad en paz con todo el mundo. Amigos, no os toméis la venganza, dejad lugar al castigo, porque dice el Señor en la Escritura: Mía es la venganza, yo daré lo merecido. En vez de eso, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber: así le sacarás los colores a la cara. No te dejes vencer por el mal, vence el mal a fuerza de bien» (Rm 12, 14-21). El hombre que ama a su enemigo aspira a convertirlo en amigo. En esta actitud Dios mismo le precedió: «Cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo» (Rm 5, 10). La norma suprema del cristiano en sus relaciones con los demás es la caridad: «El amor es paciente, afable, no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita, no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites» (1 Co 13, 4-7) (105). 81. Vencer el muro de la enemistad con el poder de Jesús La enemistad es un signo del reinado de Satán, el enemigo por excelencia (Gn 3,15). Enemigo de los hombres y enemigo de Dios, siembra en la tierra la cizaña por lo cual estamos todos expuestos a sus ataques (Mt 13, 39). Pero Jesús dio a los suyos poder sobre todo poder que venga del enemigo (Lc 10, 19). Este poder les viene del combate en que Jesús triunfó por su misma derrota, habiéndose ofrecido a los golpes de Satán a través de sus enemigos y habiendo vencido a la muerte con la muerte. Así derribó el muro de la enemistad que cruzaba por la humanidad (Ef 2,14-16)(106).

82. La Cruz, lugar de reconciliación En tanto llega el día en que Cristo, para poner a todos sus enemigos bajo sus pies, destruya para siempre a la muerte, que es el último enemigo (1 Co 15,25-26), el cristiano combate con Jesús contra el viejo enemigo del género humano (Ef 6,11-17). En torno a él, algunos se conducen como enemigos de la Cruz de Cristo (Flp 3,18), pero él sabe que la Cruz lo lleva al triunfo. Esta cruz es el lugar fuera del cual no hay reconciliación con Dios ni entre los hombres (107). 83. Pasar de la muerte a la vida amando a los hermanos Jesús, a quien los discípulos reconocieron como la palabra creadora misma, jamás destruye, nunca mata, no hiere; El cura, regenera, crea. Quien ama, ha pasado de la muerte a la vida. Quien no ama, es enemigo de la vida. Es un homicida y permanece en la muerte, dice San Juan: «nosotros hemos pasado de la muerte a la vida: lo sabemos porque amamos a los hermanos. El que no ama permanece en la muerte. El que odia a su hermano es un homicida. Y sabéis que ningún homicida lleva en sí vida eterna» (1 Jn 3, 14-15) (108). 84. Un amor muy difícil para nosotros, que procede de Dios El amor al enemigo, difícil para el hombre, procede de Dios. Es la obra de Dios en nosotros, «el amor es de Dios» (1 Jn 4,7). En efecto, ¿cómo seríamos nosotros misericordiosos (como el Padre celestial) si no nos lo enseña el Señor, si no lo derrama el Espíritu en nuestros corazones? (1 Ts 4,9; Rm 5,5; 15,30). Y ese amor, venido de Dios, conduce a Dios. Mientras esperamos la venida del Señor, el amor es nuestra actividad esencial, según la cual seremos juzgados (Mt 25, 31-46). El amor de Dios (y del cristiano) es universal, no excluye a nadie, ni siquiera al enemigo; y es absoluto, no tiene excepciones, rige en todo momento (109). ........................................................................ TEMA 38-1 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE EL EVANGELIO CONDUCE NO SOLO A NO MATAR, SINO TAMBIÉN A AMAR AL ENEMIGO PLAN DE LA REUNIÓN * Información (personas, hechos, problemas: lo más importante). * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión: presentación de Gn 4,1-16, el fratricidio o la violación de la fraternidad. * Diálogo: lo que más nos llama la atención. * Oración comunitaria. PISTA PARA LA REUNIÓN * Presentaci6n de Gn 4,1-16: - "he adquirido un varón"...; - Abel, pastor; Caín, labrador (establecido, sedentario);

- oblación de Caín (?); - se irritó...; - ¿dónde está tu hermano?; - no sé (?); - vagabundo y errante serás en la tierra; - señal de protección: de parte de Dios. ........................................................................ TEMA 38-2 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE EL EVANGELIO CONDUCE NO SOLO A NO MATAR, SINO TAMBIÉN A AMAR AL ENEMIGO PLAN DE LA REUNIÓN * Oración inicial: Sal 50. * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión: no sólo no matarás (evitarás cuanto atenta contra la vida), sino también amarás a tu enemigo. * Diálogo. * Oración comunitaria: desde la propia situación. PISTA PARA LA REUNIÓN * Cuanto atenta contra la vida: - homicidios de cualquier clase; - genocidios; - aborto; - eutanasia; - mutilaciones; - torturas morales o físicas; - terrorismo; - secuestros; - (...) * No matarás (Dt 5,17). * Amad a vuestros enemigos (Mt 5,44). ........................................................................ TEMA 38-3 OBJETIVO: ABORDAR EL PROBLEMA DEL ABORTO Y EL DE SU LEGALIZACIÓN PLAN DE LA REUNIÓN * Presentación del objetivo, plan y documento de la reunión: «El aborto. Diversos aspectos. ¿Legalización?» (PC-1, 6.1). * Lectura personal y comentario: lo más importante. O bien: exposición y diálogo, * Oración comunitaria.

PISTA PARA LA REUNIÓN DIVERSOS ASPECTOS 1 Aspectos biológicos. 2 Aspectos jurídicos. 3 Aspectos teológicos. 4 El Magisterio más reciente de la Iglesia. 5 Problemas especiales. 6 Datos estadísticos. 7 (...) 8 Para la reunión de grupo POR LA FIDELIDAD DEL CORAZÓN OBJETIVO CATEQUÉTICO * Descubrir el mensaje de Jesús sobre la sexualidad y el matrimonio como la llamada a una fidelidad total, desde lo más profundo (el corazón). 85. La sexualidad humana, integrada en el contexto del amor SEXO/A: La vida sexual humana debe manifestarse como una posibilidad de diálogo y de comunicación. La sexualidad aparece entonces integrada en el contexto interpersonal del amor. La relación sexual implica, aún más que muchos otros gestos humanos, una decisión que afecta a toda la persona, una opción de la que depende el futuro de la misma. De ahí que sea algo radicalmente serio, incompatible con toda componenda: o someterse al círculo vicioso de la experiencia sexual egoísta, o seguir el camino de una entrega personal y total al otro. El verdadero amor se compromete para siempre (118). 86. El plan de Dios: «Una sola carne» A partir del hombre y de la mujer, Dios forma un ser único, «una sola carne» (Gn 2, 24). Dios creó al hombre como varón y como mujer (Gn 1, 27); en su humanidad, varón y mujer son de igual categoría y dignidad «hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Gn 2, 23), pero no de igual constitución. Están referidos el uno al otro. Por la cooperación de ambos puede desplegarse plenamente la vida humana. Jesús empleará la misma fórmula del Génesis para subrayar la unidad de la pareja matrimonial: «Ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19, 6). Como dice el Concilio Vaticano ll: «Dios no creó al hombre solo, sino que desde el principio «los creó varón y mujer» (Gn 1, 27); su unión crea la primera forma de sociedad personal. De modo que el hombre, por su íntima naturaleza, es un ser social; sin relación con los demás no puede ni vivir ni desarrollar sus capacidades» (GS 12) (120). 87. Doble función de la sexualidad humana: Alteridad, fecundidad Desde el principio de la Escritura, la diferencia sexual del hombre y de la mujer aparece vinculada a dos funciones fundamentales: a) La alteridad de los sexos; ordenada a redimir la soledad del hombre: «No está bien que el hombre esté solo. Voy a hacerle alguien como él que le

ayude» (Gn 2, 18); b) La fecundidad, ordenada a la transmisión de la vida y al dominio del universo: «Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla» (Gn 1, 28). Estas dos funciones de la sexualidad humana sitúan al individuo en un contexto social (121) 88. Bondad y valor de la relación sexual matrimonial La bondad y el valor de la relación sexual en el matrimonio nunca fueron puestos en duda en la Biblia. Así lo manifiesta el libro de los Proverbios: «Goza con la esposa de tu juventud: cierva querida, gacela hermosa, que siempre te embriaguen sus caricias y continuamente te deleite su amor» (5,18-19; cfr Ct 4, Is; 6, 4ss: Ez 24,15ss; Si 26,16ss). Por su parte, Pablo contra los deseos ilusorios de continencia manifestados por los corintios, les recuerda el deber de las relaciones sexuales: «El marido dé a su mujer lo que debe y lo mismo la mujer al marido; la mujer ya no es dueña de su cuerpo, lo es el marido; y tampoco el marido es dueño de su cuerpo, lo es la mujer» (1 Co 7, 3-4). El Concilio Vaticano Il, eco reciente de la doctrina tradicional de la Iglesia, manifiesta la dignidad de la relación sexual matrimonial con estas palabras: «Los actos por los que los esposos se unen íntima y castamente entre sí son honestos y dignos, y, ejecutados de manera verdaderamente humana, significan y favorecen el don recíproco, con el que se enriquecen mutuamente en un clima de gozosa gratitud» (GS 49) (122). 89. Un misterio que no debe ser mancillado El plan de Dios, que consiste en hacer del hombre y de la mujer «una sola carne», es un misterio de alteridad y fecundidad que no puede ser mancillado y violado. Así lo dice el profeta Malaquías: «...Yahvé es testigo entre ti y la esposa de tu juventud, a la que tú traicionaste, siendo así que ella era tu compañera y la mujer de tu alianza. ¿No ha hecho él un solo ser que tiene carne y aliento de vida? Y este uno, ¿qué busca? ¡Una posteridad dada por Dios! Guardad, pues, vuestro espíritu; no traicionéis a la esposa de vuestra juventud. Pues yo odio el repudio, dice Yahvé Dios de Israel, y al que encubre con su vestido la violencia, dice Yahvé Sebaot. Guardad, pues, vuestro espíritu y no cometáis tal traición» (Ml 2, 14-16) (123). 90. «No cometerás adulterio.» «Avergonzaos de la fornicación» Con la prohibición del adulterio, el Antiguo Testamento lleva a cabo una defensa de la vida matrimonial y de la familia. «No cometerás adulterio», dice el Decálogo (Dt 5, 18; Ex 20, 14; cfr. Jr 7, 9; Ml 3, 5). El adulterio recibe en la ley una definición restringida: es el acto que viola la pertenencia de una mujer a su marido, o a su prometido (Lv 20,10; Dt 22, 22-23). La mujer aparece más como propiedad del hombre (Ex 20,17) que como una persona que forma con él una sola cosa en la fidelidad de un amor mutuo (Gn 2, 23-24). Este rebajamiento de la mujer está vinculado a la poligamia, que se remonta a los tiempos de Lamec (Gn 4, 19). La poligamia será tolerada durante largo tiempo ( Dt 21, 15; cfr 17, 17; Lv 18,18). Sin embargo, los libros sapienciales, que muestran la gravedad del adulterio (Pr 6, 24-29; Si 23, 22-26), invitan al hombre a

reservar su amor a la mujer de su juventud (Pr 5,1 5-19) y a condenar la prostitución, aunque ella no haga al hombre adúltero (Pr 23, 27; Si 9, 3-6; 41, 22) (124). 91. Contra todas las formas del mal Con la prohibición del adulterio, comenta el Catecismo Romano, prohíbe Dios todo pecado deshonesto e impuro. Explícitamente lo afirman San Ambrosio y San Agustín. E igualmente lo confirman con absoluta evidencia las Sagradas Escrituras; consta en muchos de sus pasajes que Dios castiga, además del adulterio, otras especies de pecados deshonestos. En el G6nesis, por ejemplo, se nos narra la sentencia de Judá contra su nuera; en el Deuteronomio se prohíbe a las israelitas convertirse en prostitutas; Tobías exhorta a su hijo para que se guarde de toda fornicaci6n, y el Eclesiástico dice: "Avergonzaos de la fornicación..., de fijar la mirada sobre mujer ajena" (41, 17.23) (125> 92. No codiciarás la mujer de tu prójimo MDT-09 Ya en el Antiguo Testamento el pecado afecta no sólo al hecho del adulterio, sino también al deseo. El deseo incuba el pecado. Así, David, cediendo a su deseo, se apodera de Betsabé (2 S 11, 2ss), y desencadena una serie de desgracias y atropellos. Los dos ancianos desean a Susana hasta perder la cabeza (Dn 13, 8-20). El libro del Eclesiástico aconseja avergonzarse de mirar a mujer prostituta y de clavar los ojos en mujer casada (41, 22-23). Y el Decálogo, apuntando al corazón, prohíbe el deseo culpable: «No codiciarás la mujer de tu prójimo» (Dt 5, 21) (126). 93. "Lo que Dios unió no lo separe el hombre" Respecto al Antiguo, el Nuevo Testamento representa, también aquí, la continuidad y, a un mismo tiempo, la superación. Jesús condena el adulterio, suprimiendo las concesiones que Moisés hubo de hacer ante la dureza de corazón de su pueblo: "Se le acercaron unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? El les respondió: ¿No habéis leído que el Creador en el principio los creó hombre y mujer, y dijo: Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? De modo que ya no son dos sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? El les contestó. Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio no era así. Ahora os digo yo que si uno se divorcia de su mujer -no hablo de unión ilegal- y se casa con otra comete adulterio» (Mt 19, 3-9) (127). 94. «Está mandado... Pues yo os digo»... En el sermón de la montaña Jesús se expresa de forma semejante, haciendo resaltar más la novedad del Evangelio: «Está mandado: El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio. Pues yo os digo: el que se divorcie de su mujer -excepto en caso de unión ilegal- la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio» (Mt 5,

31-32) (128). 95. Experiencia de fe, experiencia de gratuidad Los discípulos perciben perfectamente la novedad del programa evangélico de Jesús y la viven como algo que los supera y desborda: «Si ésa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse» (Mt 19, 10). Jesús remite a la experiencia de fe, que es experiencia de gratuidad: «No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don» (19, 11). Y aún hay cosas más difíciles -añadirá Jesús- que se vuelven posibles en la experiencia de fe, el carisma de la virginidad: «Hay eunucos que salieron así del vientre de su madre, a otros los hicieron los hombres, y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga» (Mt 19, 12) (129). 96. El pecado nace en el corazón del hombre COR-BIBLICO Además, Jesús lleva a su plenitud la línea que, comenzada en el Antiguo Testamento, recoge esa dimensión interior del pecado que es el deseo incubado en el corazón: «Porque del corazón salen los designios perversos, los homicidios, adulterios, inmoralidades, robos, testimonios falsos, calumnias. Eso es lo que mancha al hombre...» (Mt 15, 19-20). Es de notar que el hebreo habla del corazón en un sentido más amplio que nosotros, que lo reducimos a la vida afectiva. Para el hebreo el corazón es lo más íntimo del hombre, donde nacen los recuerdos, los sentimientos, los pensamientos, los razonamientos y los proyectos. Esta dimensión interior del pecado es, para Jesús, tan importante y grave como la dimensión exterior de los actos. El pecado se realiza ya en el corazón del hombre (130). 97. La fidelidad es problema de corazón FIDELIDAD/MA Si el pecado nace en el corazón del hombre, es el corazón la raíz que necesita ser saneada. La defensa evangélica de la vida matrimonial no se queda solamente en la prohibición del adulterio, sino que llega a su raíz más profunda: la fidelidad es problema de corazón. Es el corazón del hombre, el hombre entero, el que se manifiesta en cada uno de sus gestos. Por ejemplo, en la mirada o en la acción: «Habéis oído el mandamiento: no cometerás adulterio. Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior. Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno. Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno» (Mt 5. 27-30) (131). 98. El amor, fuente de la fidelidad El amor es la fuente de la fidelidad, el secreto de la vida humana. En efecto, dice San Pablo: «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera» (Rm 13, 9-10) (132).

99. «Cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor El mismo San Pablo, sobre todo en el ambiente de corrupción del puerto de Corinto, se ve precisado a atacar todas las formas del mal: «No os llaméis a engaño, los inmorales, idólatras, adúlteros, afeminados, invertidos, ladrones, codiciosos, borrachos, difamadores, o estafadores no heredarán el reino de Dios» (1 Co 6, 9-10). Y en diversos lugares insiste particularmente en la fornicación "Huid de la fornicación" (1 Co 6, 18); «ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os alejéis de la fornicación, que cada uno de vosotros sepa poseer su cuerpo con santidad y honor, y no dominado por la pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios» (1 Ts 4, 3-5), «la fornicación y toda impureza o codicia, ni siquiera se mencione entre vosotros, como conviene a los santos» (Ef 5, 3) (133). 100. La sexualidad humana, integrada en el contexto de la experiencia de fe La sexualidad humana alcanza su nivel más profundo cuando queda integrada en el contexto de la vida de fe. El respeto al propio cuerpo se traduce en gloria de Dios y cumplimiento de su voluntad. Es la voluntad de Dios la que resplandece a través del cuerpo, esto es, de la vida humana en cada una de sus dimensiones (Cfr. Hb 10, 5-7), también la sexual. En la experiencia de fe, la moral sexual depende ya de la relación directa que el cuerpo tiene con el Señor. Nuestros cuerpos son miembros de Cristo y templos del Espíritu. Así lo vio San Pablo: «¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? y ¿voy a quitarle un miembro a Cristo para hacerlo miembro de una prostituta? ¡Ni pensarlo! ¿No sabéis que unirse a una prostituta es hacerse un cuerpo con ella? Lo dice la Escritura: Serán los dos una sola carne. El que se une al Señor es un espíritu con él. Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre, queda fuera de su cuerpo. Pero el que fornica, peca en su propio cuerpo. ¿0 es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? El habita en vosotros, porque lo habéis recibido de Dios. No os poseéis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestros cuerpos!» (1 Co 6, 15-201 (143) ........................................................................ TEMA 39-1 OBJETIVO: DESCUBRIR EL MENSAJE DE JESÚS SOBRE LA SEXUALIDAD Y EL MATRIMONIO COMO LA LLAMADA A UNA FIDELIDAD TOTAL PLAN DE LA REUNIÓN * Oración inicial. * Presentación del tema 39 en sus puntos clave. * Diálogo.

* Oración comunitaria: desde la propia situación. PISTA PARA LA REUNIÓN PUNTOS CLAVE * Sexualidad, integrada en el contexto del amor. * Una sola carne: plan de Dios. * Alteridad y fecundidad. * No cometerás adulterio (Dt 5,18) ni fornicarás (Eclo 41,17; 1 Co 6,18). * Fidelidad total, desde lo más profundo, desde el coraz6n (Mt 5,27-30). * Don de Dios (Mt 19,11). * Miembros de Cristo (1 Co 6,15). ........................................................................ TEMA 39-2 OBJETIVO: ABORDAR EL PROBLEMA ACTUAL DEL DIVORCIO: ¿ES LICITO POR ALGÚN MOTIVO? PLAN DE LA REUNIÓN * Presentación del objetivo, plan y pista para la reunión . * Lectura de Mt 19,1-12; diálogo: lo más importante . * Oración comunitaria, salmo, canción. PISTA PARA LA REUNIÓN 1 ¿Es lícito por algún motivo? 2 Plan de Dios: una sola carne. 3 ¿Por qué Moisés permitió el repudio? 4 Por la dureza de vuestro corazón. 5 Quien repudia y se casa, adultera. 6 Excepción: unión ilegal. 7 Si es así, mejor no casarse. 8. No todos lo entienden. ........................................................................ TEMA 39-3 OBJETIVO: ABORDAR EL PROBLEMA DEL DIVORCIO A PARTIR DE LOS DATOS DE LA ESCRITURA PLAN DE LA REUNIÓN * Información: personas, hechos, problemas... * Oración inicial: salmo compartido. * Presentación de las lecturas, indicadas en la pista adjunta. * Diálogo. * Oración comunitaria.

PISTA PARA LA REUNIÓN * Escucha de la Palabra: - Lev 18-19; - Hch 15,22-29; - 1 Co 7,12-16; - Mt 19,9 (ver Mc 10,1-12 y Lc 16,18: sin la excepci6n de Mateo). * Pregunta de fondo: ¿es lícito divorciarse por algún motivo? ........................................................................ TEMA 39-4 OBJETIVO: ABORDAR EL PROBLEMA DEL DIVORCIO A PARTIR DE LA TRADICIÓN ORIGINAL DE LA IGLESIA PLAN DE LA REUNIÓN * Presentación del objetivo, plan y documento de la reunión: «El divorcio, ¿es lícito por algún motivo?» (PC-1, 6.4). * Lectura personal y comentario: lo más importante. O bien: exposición y diálogo. * Oración comunitaria: salmo compartido, canción. PUNTOS CLAVE * La excepción de Mateo, porneia (Mt 19,9). * Significado de porneia: ver Hch 15,22-29 y Lev 18-19. * No significa adulterio. * La excepción paulina (1 Co 7,12-16). * Mc 10,1-12 y Lc 16,18: sin excepción. * Antiguo judaísmo, derecho civil romano, patrística. ........................................................................ TEMA 39-5 OBJETIVO: ABORDAR EL PROBLEMA ACTUAL DE LA REGULACIÓN CIVIL DEL DIVORCIO PLAN DE LA REUNIÓN * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión:planos diversos del problema. * Teniendo en cuenta los planos diversos, ¿qué significa para ti la regulación civil del divorcio? * Puesta en común, diálogo. * Lectura de Mt 19,1-12: comentario. * Oración comunitaria. PISTA PARA LA REUNIÓN 1. Ruptura matrimonial. 2. Regulación civil del divorcio.

3. Declaración canónica de nulidad. 4. Lo que dice el NT. 5. Praxis histórica de la Iglesia. 6. Matrimonio y sacramento. 7. Casarse por la Iglesia sin vivir como cristiano. 8. Valor del matrimonio civil. 9. La exigencia del Decálogo alcanza a todo matrimonio. 10.Redención del matrimonio, obra del Evangelio (gracia). NO SE PUEDE SERVIR A DIOS Y L DINERO OBJETIVO CATEQUÉTICO * Descubrir que la justicia del evangelio conduce no sólo a no robar y no codiciar, sino también a dar y compartir 101. El afán de posesión de bienes materiales, un pozo sin fondo Hay quienes ponen toda su confianza y seguridad en la posesión de bienes materiales; pero quienes se mueven por el amor a Dios y al prójimo se sienten más felices y más seguros cuando comparten sus bienes con el prójimo. No esperan la felicidad de la acumulación de riquezas. Su deseo es darse a los demás, hacer el bien. Nuestra cultura económica tiende a incapacitarnos para pensar... Es éste un problema particularmente grave de nuestro tiempo. El afán de encontrar la seguridad en la posesión de bienes es un pozo sin fondo, que deja al hombre siempre insatisfecho. No se sacia. Pretende poseerlo todo y poseerlo siempre. ¡Un imposible! (149). 102. «No codiciarás los bienes ajenos»: décimo mandamiento Ante el deseo del hombre de poseer cada vez más, sin ocuparse de los otros, el Antiguo Testamento presenta el mandamiento del Decálogo que dice: «No codiciarás su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo» (Dt 5, 21) (150). 103. Distintas formas de robo, inspiradas por la codicia MDT-07 Numerosos pasajes de la Escritura denuncian los atentados contra el prójimo, inspirados por la codicia. La codicia conduce a distintas formas de robo. Así, lleva al comerciante a falsear las balanzas, a especular y a hacer dinero de todo (Am 8, 5-6; Si 26, 29; 27, 1-2); al rico a hacer extorsiones y acaparar propiedades (Am 5, 12; Is 5, 8; Mi 2, 2), a explotar a los pobres (Ne 5, 1-5; 2 R 4, 1; Am 2, 6), incluso negando el salario merecido (Jr 22, 13); al jefe y al juez a exigir cohechos (Is 33, 15; Mi 3, 1 1; Pr 28, 16), a violar el derecho (Is 1, 23; 5, 23; Mi 7, 3) (151). 104. La codicia, opuesta al amor del prójimo CODICIA/A-H La codicia es directamente opuesta al amor del prójimo y, sobre todo, de los pobres, a los que la ley debe proteger (Ex 20, 17; 22, 24; Dt 24, 10-21). Mientras que Yahvé prescribe: «No endurezcas tu corazón» (Dt 15, 7), el codicioso es un hombre que tiene el alma seca (Si 14, 8-9), pues no

tiene compasión (27,1). Los jefes codiciosos, cautivados por su interés, como lobos que desgarran su presa, recurren incluso a la violencia para aumentar sus ganancias (Ha 2,9; Jr 22,17) y afirmar su voluntad de dominio (Ez 22, 27) (152). 105. "No robarás": séptimo mandamiento" Según este desarrollo bíblico, la codicia de los bienes ajenos del décimo mandamiento conduce a la transgresión del séptimo, que dice: «No robarás» (Dt 5,19). Hay formas enmascaradas de robar. Es mal adquirida, en efecto, la riqueza que acaba por excluir de los bienes de la tierra a la masa de los hombres, reservándolos a algunos privilegios (Is 5, 8; Jr 5, 27-28) (153). 106. «Revestís vuestras paredes y desnudáis a los hombres" «Vosotros revestís vuestras paredes y desnudáis a los hombres. El pobre desnudo gime en tu puerta, y ni le miras siquiera. Es un hombre desnudo quien te implora y tú sólo te preocupas de los mármoles con que cubrirás tus pavimentos. El pobre te pide dinero y no lo obtiene: es un hombre que busca pan y tus caballos mascan el oro bajo sus dientes. Te gozas en los adornos preciosos, mientras otros no tienen que comer. ¡Qué juicio más severo te estás preparando, oh rico! El pueblo tiene hambre y tú cierras los graneros, el pueblo implora y tú exhíbes tus joyas. ¡Desgraciado quien tiene facultades para librar a tantas vidas de la pobreza y no quiere! Las vidas de todo un pueblo habrían podido salvar las piedras de tu anillo» (·Ambrosio-SAN, Libro de Nabuthe, PL 14, 1394) (154). 107. La propiedad-privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto: El Papa ·Pablo-VI dice en la encíclica Populorum Progressio, tras hacer referencia al pasaje bíblico de 1 Jn 3, 17: «Sabido es con qué firmeza los Padres de la Iglesia han precisado cuál debe ser la actitud de los que poseen respecto a los que se encuentran en necesidad: «No es parte de tus bienes -así dice San Ambrosio- lo que tú das al pobre; lo que le das le pertenece. Porque lo que ha sido dado para el uso de todos, tú te lo apropias. La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos.» Y también: «... la propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera a la propia necesidad cuando a los demás les falta lo necesario. En una palabra: el derecho de propiedad no debe jamás ejercitarse con detrimento de la utilidad común, según la doctrina tradicional de los Padres de la Iglesia y de los grandes teólogos» (PP 23) (155). 108. POBREZA/RIQUEZA: No es posible servir a Dios y al dinero. «¡Ay de vosotros los ricos!» El Evangelio es muy duro en relación con las riquezas. El «¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo!» (Lc 6, 24)"suena a condenación severa. El Evangelio del Reino anuncia el don total de Dios; para recibirlo hay que darlo todo; para adquirir la perla

preciosa, el tesoro único hay que venderlo todo (Mt 13, 45-46), pues no se puede servir a dos señores (Mt 6,24). El dinero es un amo implacable: ahoga la palabra del Evangelio (Mt 13, 22); hace olvidar lo esencial, la soberanía de Dios (Lc 12, 15-21); detiene en el camino del Evangelio a los corazones mejor dispuestos (Mt 19, 21 -22). El rico que tiene en este mundo sus bienes (Lc 16, 25) y su consuelo (6, 24) no puede entrar en el Reino; sería más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja (Mt 19, 23-24). Sólo los pobres son capaces de acoger la buena nueva (Is 61,1; Lc 4,18; 1,53): He aquí el camino que Jesús propone a sus seguidores: «El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío» (Lc 14, 33). El que sirve a Dios, da su dinero a los pobres; el que sirve al dinero, lo guarda para apoyarse en él. La distancia entre el Decálogo y el Evangelio es aquí muy marcada (156). 109. No sólo «no robarás», sino que, además, compartirás No sólo «no robarás», sino que además darás. Renunciar a la riqueza no es necesariamente dejar de ser propietario. Incluso entre los allegados a Jesús hubo algunas personas acomodadas, y un hombre rico de Arimatea fue el que recibió en su tumba el cuerpo de Jesús (Mt 27,57). El evangelio no quiere que se deshaga uno de su fortuna como de un peso molesto; lo que pide es que la comparta con los pobres (Mt 19,21; Lc 12,33; 19,8); haciéndose amigos con el dinero injusto pueden también los ricos esperar que Dios les abra el difícil camino de la salvación (Lc 16, 9) Como a Zaqueo (Lc 19,8), Jesús pide a todos un signo (suficientemente claro y variable según los casos) de que el verdadero dios de cada uno no es el dinero. Muchos, no obstante, son invitados a dejarlo todo (Mt 19,21; Lc 12,33). Lo escandaloso no es que haya un rico Epulón y un pobre Lázaro, sino que Lázaro quiera alimentarse con las migajas que caen de la mesa del rico y no se le dé nada (Lc 16, 21) (157). 110. Quien posee, es bueno cuando da San Juan Crisóstomo nos exhorta a ser generosos y a menospreciar las riquezas: «¿Cómo puede ser bueno el que posee riqueza? No puede así afirmarse eso, sino que es bueno cuando da a los otros. Es bueno cuando no tiene, cuando se la da a los otros, entonces es bueno. Mientras guarda, no puede ser bueno. Ahora bien, ¿cómo puede ser bueno algo que, retenido, muestra que somos malos y, desechado, buenos? Luego lo que nos hace parecer buenos no es el tener, sino el no tener riquezas. Luego la riqueza no es un bien. Y si pudiendo tomarla la dejas, entonces te muestras bueno» (Homilía Xll, 3 y 4, PG 62, 562) (158). 111. El Nuevo Testamento, tiempo del don. Cuando se ha recibido mucho de Dios, todo cálculo resulta escandaloso El Nuevo Testamento, poniendo plenamente de relieve la generosidad de Dios, trastornó las perspectivas humanas. Es verdaderamente el tiempo del don (Jn 4,10; Rm 5,7ss). El don a los demás adquiere así un significado y una amplitud jamás conocida. La codicia que se opone a la actitud de dar debe combatirse siempre. Ahora

debe ser superada ya la máxima «doy para que me des» (Lc 14,12ss). Cuando se ha recibido tanto de Dios, todo cálculo y toda estrechez de corazón resultan escandalosos. «Da a quien te pida» (Mt 5,42). «Habéis recibido gratis, dad gratis» (Mt 10,8). El cristiano está llamado a considerar todo como riquezas de las que sólo es administrador y que le han sido confiadas para el servicio de los demás (1 P 4,10-11). La generosidad con los demás es también una gracia, fruto del amor que procede de Dios (159). 112. Cada cual dé según el dictamen de su corazón. Dios ama al que da con alegría «El que siembra escasamente, dice Pablo a los Corintios, escasamente cosecha, y el que siembra a manos llenas a manos llenas cosecha. Cada cual dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, pues: Dios ama al que da con alegría. Y poderoso es Dios para colmaros de toda gracia a fin de que teniendo siempre y en todo, todo lo necesario, tengáis aún sobrante para toda obra buena. Como dice la Escritura: Repartió a manos llenas; dio a los pobres, su justicia permanece eternamente. Aquel que provee de simiente al sembrador y de pan para su alimento, proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia. Sois ricos en todo para toda largueza, la cual provocará por nuestro medio acciones de gracias a Dios» (2 Co 9, 6-11) (160). 113. ¡Bienaventurados los pobres! Vuestro es el Reino de Dios Al comenzar Jesús su predicación inaugural con la bienaventuranza de los pobres: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios» (Lc 6, 20; Mt 5, 3), quiere hacer que se reconozca en ellos a los privilegiados del Reino que anuncia (St 2, 5). Como lo cantaba María, la humilde sierva del Señor (Lc 1,46-55), ha llegado ya la hora en que se van a realizar las promesas de otros tiempos: «Los pobres comerán y quedarán saciados» (Sal 21,27), son convidados a la mesa de Dios (Cfr. Lc 14,21). Jesús aparece así como el Mesías de los pobres (Is 61,1; Lc 4,18; Mt 11,5). En realidad, fueron sobre todo los humillados los que acudieron a Jesús (Mt 11,25; Jn 7,48-49) (161). 114. Amarás dando, compartiendo Todo esto sólo puede ser comprendido por el hombre nuevo. Este nace de Dios y descubre el valor real de las cosas. Sin ese renacer, las riquezas se vuelven en manos del hombre frutos de iniquidad (Lc 16,9), y el vender los bienes y darlos a los pobres no sirve de mucho: «Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha» (1 Co 13,3). Toda la acción que no termine en el amor está viciada de raíz: Amarás dando (162). 115. Destino universal de los bienes Según la enseñanza de la Iglesia, «Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la guía de la justicia y con la compañía de la caridad» (GS

69). Aunque los hombres tienen derecho a poseer bienes y a disponer de ellos libremente, dentro de alguna de las formas de la propiedad privada, jamás deben perder de vista el destino universal de los bienes que poseen. "Por tanto, el hombre, al usarlos, no debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás" (GS 69). Por ello, «quien se halla en situación de necesidad extrema tiene derecho a tomar de la riqueza ajena lo necesario para sí» (GS 69). Según la doctrina de los Padres y doctores de la Iglesia todos estamos obligados a ayudar a los pobres y no sólo con los bienes superfluos, sino también con los bienes que consideramos como necesarios para nosotros: «Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas (Cfr. Gratiani, Decretum c. 21 dist 86)» (GS 69). Se ha de ayudar a los pobres, tanto a los individuos como a los pueblos pobres, de modo que ellos lleguen a ser capaces de ayudarse a sí mismos y de lograr por su propia actividad responsable el desarrollo económico y social. Una de las formas de contribuir hoy a la más justa distribución de los bienes y servicios es procurando que se promulguen leyes fiscales justas y pagando los impuestos (163). 116. Las diversas formas de propiedad privada Todos los hombres tienen derecho a acceder a la propiedad y a otras formas de dominio privado de los bienes; y la sociedad tiene el deber de favorecer las circunstancias y fomentar los medios para que este derecho se convierta en realidad. Cuando la Iglesia defiende este derecho de propiedad privada piensa, sobre todo, en el derecho de aquellos que no poseen. «La propiedad, como las demás formas de dominio privado sobre los bienes exteriores, contribuye a la expresión de la persona y le ofrece ocasión de ejercer su función responsable en la sociedad y en la economía. Es por ello muy importante fomentar el acceso de todos, individuos y comunidades, a algún dominio sobre los bienes externos. La propiedad privada o un cierto dominio sobre los bienes externos aseguran a cada cual una zona absolutamente necesaria para la autonomía personal y familiar y deben ser considerados como ampliación de la libertad humana. Por último, al estimular el ejercicio de la tarea y de la responsabilidad, constituyen una de las condiciones de las libertades civiles. Las formas de dominio o propiedad son hoy diversas y se diversifican cada día más. Todas ellas, sin embargo, continúan siendo elemento de seguridad no despreciable aun contando con los fondos sociales, derechos y servicios procurados por la sociedad. Esto debe afirmarse no sólo de las propiedades materiales, sino también de los bienes inmateriales, como la capacidad profesional. El derecho de propiedad privada no es incompatible con las diversas formas de propiedad pública existentes» (GS 71). Por razones de bien común la autoridad pública tiene el derecho de decidir la expropiación forzosa de determinados bienes, supuesta la compensación adecuada. Por lo demás, toca a la autoridad pública

«impedir que se abuse de la propiedad privada en contra del bien común» (GS 71) (164). 117. El valor del trabajo humano. El deber y el derecho al trabajo. Remuneración del trabajo TRABAJO/DIGNIDAD Para respetar los derechos de las personas sobre los bienes materiales se ha de tener en cuenta que entre los distintos elementos de la actividad económica el más importante de todos es el trabajo. El trabajo humano es una expresión de la persona humana y tiene por ello un valor singular. «El trabajo humano que se ejerce en la producción y en el comercio o en los servicios es muy superior a los restantes elementos de la vida económica, pues estos últimos no tienen otro papel que el de instrumentos. Pues el trabajo humano, autónomo o dirigido, procede inmediatamente de la persona, la cual marca con su impronta la materia sobre la que trabaja y la somete a su voluntad. Es para el trabajador y para su familia el medio ordinario de subsistencia; por él el hombre se une a sus hermanos y les hace un servicio, puede practicar la verdadera caridad y cooperar al perfeccionamiento de la creación divina. No sólo esto. Sabemos que, con la oblación de su trabajo a Dios, los hombres se asocian a la propia obra redentora de Jesucristo, quien dio al trabajo una dignidad sobresaliente laborando con sus propias manos en Nazaret. De aquí se deriva para todo hombre el deber de trabajar fielmente, así como el derecho al trabajo. Y es deber de la sociedad, por su parte, ayudar, según sus propias circunstancias, a los ciudadanos para que puedan encontrar la oportunidad de un trabajo suficiente. Por último, la remuneración del trabajo debe ser tal que permita al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, teniendo presentes el puesto de trabajo y la productividad de cada uno, así como las condiciones de la empresa y el bien común. La actividad económica es de ordinario fruto del trabajo asociado de los hombres; por ello es injusto e inhumano organizarlo con daño de algunos trabajadores» (GS 67) (165). 118. La participación de los trabajadores en las decisiones económicas En relación con los derechos de las personas sobre los bienes materiales tiene hoy especial importancia el derecho de los trabajadores a participar en las decisiones de la empresa y en general en las decisiones de política económica: «En las empresas económicas son personas las que se asocian, es decir, hombres libres y autónomos, creados a imagen de Dios. Por ello, teniendo en cuenta las funciones de cada uno, propietarios, administradores, técnicos, trabajadores, y quedando a salvo la unidad necesaria en la dirección, se ha de promover la activa participación de todos en la gestión de la empresa según formas que habrá que determinar con acierto. Con todo, como en muchos casos no es a nivel de empresa, sino en niveles institucionales superiores, donde se toman las decisiones económicas y sociales de las que dependen el porvenir de los trabajadores y de sus hijos, deben los trabajadores participar también

en semejantes decisiones por sí mismos o por medio de representantes libremente elegidos» (GS 68) (166). 119. El derecho de asociación de los trabajadores Para que sean convenientemente respetados los derechos de los trabajadores es necesario que los trabajadores se asocien. El derecho a la asociación es un derecho fundamental. «Entre los derechos fundamentales de la persona humana debe contarse el derecho de los obreros a fundar libremente asociaciones que representen auténticamente al trabajador y puedan colaborar en la recta ordenación de la vida económica, así como también el derecho de participar libremente en las actividades de las asociaciones sin riesgo de represalias. Por medio de esta ordenada participación, que está unida al progreso en la formación económica y social, crecerá más y más entre todos el sentido de responsabilidad propia, el cual les llevará a sentirse colaboradores, según sus medios y aptitudes propias, en la tarea total del desarrollo económico y social y del logro del bien común universal» (GS 68) (167). 120. El derecho a la huelga Un aspecto importante de la defensa de los derechos de los trabajadores es la huelga: «En caso de conflictos económico-sociales hay que esforzarse por encontrarles soluciones pacíficas. Aunque se ha de recurrir siempre primero a un sincero diálogo entre las partes, sin embargo, en la situación presente, la huelga puede seguir siendo medio necesario, aunque extremo, para la defensa de los derechos y el logro de las aspiraciones justas de los trabajadores. Búsquense, con todo, cuanto antes, caminos para negociar y para reanudar el diálogo conciliatorio» (GS 68) (168). 121. Comunidad de corazones y comunidad de bienes En el libro de los Hechos de los Apóstoles, en la descripción que se hace de la vida de la comunidad primitiva (Hch 2, 42-45; 4, 32-35), se nos presenta como un valor genuinamente cristiano la comunidad de bienes que alcanza «a cada uno según sus necesidades». Con esto no se anula el derecho de propiedad privada, pero sí se insinúa cuál es el ideal de vida más conforme con el Evangelio. Lo fundamental es la comunidad de corazones, fundada en Jesucristo. La fe común en Jesucristo, la unión con Cristo por el Bautismo y por la Eucaristía, exigen una caridad fraterna en virtud de la cual se reconozca a todos la igual dignidad de hijos de Dios, y reine entre todos un amor profundo. Esta comunión espiritual debe expresarse también en la tendencia a la comunidad de bienes en el orden material. La colecta en favor de los santos, que San Pablo propone a la comunidad de Corinto (Cfr. 2 Co 8 y 9), no supone una venta de los bienes para repartir su precio y consumirlo, pero sí exige poner los propios bienes al servicio de las necesidades de la comunidad. Es una de las consecuencias de nuestra condición de miembros del cuerpo de Cristo (1 Co 12, 26). Este espíritu evangélico en el mundo actual debe manifestarse especialmente en la

realización de la justa distribución de bienes y servicios, en la eliminación de las desigualdades injustas, en la atención especial a los más necesitados, y en la solidaridad y amor mutuo entre los miembros de la sociedad. La vida cristiana implica comunidad de corazones y tiende a crear una efectiva comunidad de bienes (169). 122. Una generosidad, según la cual los hombres seremos juzgados La verdadera riqueza no es la que se posee, sino la que se da, pues este don atrae la generosidad de Dios, une al que da y al que recibe y da al mismo rico la ocasión de experimentar que hay «más dicha en dar que en recibir» (hch 20, 35). Dar de comer al hambriento, de beber al sediento, acoger al forastero, vestir al desnudo, atender al enfermo, ocuparse del prisionero... son obras de misericordia, según las cuales cada uno de los hombres será juzgado (Mt 25, 31-46). Estos actos humanitarios, aparentemente de orden temporal, realizan la máxima dimensión religiosa: la relación personal e inmediata con Cristo, camino único para llegar a Dios (170). ........................................................................ TEMA 40-1 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE EL EVANGELIO CONDUCE NO SOLO A NO ROBAR Y NO CODICIAR, SINO TAMBIÉN A COMPARTIR PLAN DE LA REUNIÓN * Información: personas, hechos, problemas. * Presentación del tema 40 en sus puntos clave. * Diálogo: diversas implicaciones del mensaje de Jesús. * Oración comunitaria: desde la propia situación. PISTA PARA LA REUNIÓN PUNTOS CLAVE * Un pozo sin fondo: la codicia. * Diversas formas de robo: - negar el salario merecido; - violar el derecho; - acaparar propiedades, especular; - falsear las balanzas (...). * No robarás (Dt 5,19) ni codiciarás lo ajeno (5,21). * La propiedad privada, no algo absoluto. * Compartirás (Lc 12,33; 19.8). ........................................................................ TEMA 40-2 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE EL EVANGELIO CONDUCE A COMPARTIR:

COMUNICACIÓN DE BIENES PLAN DE LA REUNIÓN * Presentación del objetivo, plan y documento de la reunión: «Comunicaci6n de bienes: el mensaje de Jesús y la experiencia comunitaria primitiva» (PC 1,6.3). * Lectura personal y comentario: lo más importante. O bien: exposición y diálogo. * Oración comunitaria. PISTA PARA LA REUNIÓN PUNTOS CLAVE * El mensaje de Jesús. * La experiencia comunitaria primitiva. * De cara a la praxis: - actitudes de fondo; - orientaciones prácticas. ........................................................................ TEMA 40-3 OBJETIVO: ABORDAR EL PROBLEMA DE LA COMUNICACIÓN DE BIENES PLAN DE LA REUNIÓN * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión: Compartimos los bienes (PC-1, 7.11). * Diálogo y revisión. * Oración comunitaria: desde la propia situación. PISTA PARA LA REUNIÓN * Compartimos los bienes: - todo en común; - los sueldos en común; - con cuota fija; - de forma progresiva; - ante los problemas que surgen; - conforme a conciencia; - con alegría; - con discreción; - con discernimiento; - por obligación; - forzados (...); - no compartimos. CAMINAR EN LA VERDAD OBJETIVO CATEQUÉTICO

* Descubrir que el Evangelio conduce no sólo a no dar falso testimonio y a no mentir, sino también a perdonar siempre y a caminar en la verdad. 123. La máscara, una situación ficticia, inauténtica, falsa Por la sinceridad caminamos hacia la verdad, a la que profundamente aspiramos. Esto supone una lucha constante con la máscara que podemos ponernos en la relación con los demás e incluso ante nosotros mismos. No nos mostramos como somos, sino según la representación, el papel que tenemos que hacer ante los demás. La máscara establece al individuo en una situación ficticia, inauténtica. Motivaciones falsas (ambiente, prestigio social, querer aparentar) pueden decidir sobre opciones muy importantes: profesión, amigos, estado de vida. La máscara es un modo de no caminar en la verdad (172). 124. La mentira, fraude en la relación con el otro Junto a la máscara (generalmente menos consciente) aparece la mentira, el desacuerdo entre lo que se manifiesta y lo que se piensa o se siente. La mentira es un fraude en la relaci6n personal. Es algo que impide una relaci6n auténtica, destruye la relación con el otro, a quien se ve como enemigo y de quien uno se defiende o se sirve (173). 125. «No darás testimonio falso contra tu prójimo»: octavo mandamiento La Ley y los profetas llevan a efecto una defensa de la verdad en las relaciones humanas. La mentira y el falso testimonio son un pecado contra la Alianza: destruyen la convivencia entre los hombres. En el Antiguo Testamento, la prohibición de la mentira atiende originariamente a un contexto social preciso: el del falso testimonio en los procesos. Así surge el precepto del Decálogo: «No darás testimonio falso contra tu prójimo» (/Dt/05/20; cfr. /Ex/20/16). Esta mentira, dicha bajo juramento, es además una profanaci6n del nombre de Dios (Lv 19, 12). Este sentido restringido subsiste en la enseñanza moral de los profetas y de los sabios (Pr 12, 17; Za 8, 17) (174). 126. No mentirás La defensa de la verdad, que lleva a efecto el Antiguo Testamento, desborda el marco particularmente grave y solemne de los procesos judiciales para afectar también al de la vida ordinaria (Os 4,2; 7,1; Jr 9,7; Na 3,1). «El Señor aborrece el labio embustero» (Pr 12,22); a El no se le puede engañar (Jb 13,9). El mentiroso camina hacia su ruina (Sal 5,7; Pr 12,19). Como dice el libro del Eclesiástico: «La mentira es una infamia para el hombre, no se cae de la boca de los necios; mejor es el ladrón que el embustero: los dos heredarán la perdición; el mentiroso vive deshonrado y siempre lo acompaña su afrenta» (Si 20,24-26). Así, con unas y otras palabras, la Ley y los profetas vienen a decir: no mentirás (175). 127. No sólo no darás falso testimonio contra tu prójimo, sino que además perdonarás PERDÓN:

Una vez más, el Evangelio asume y supera las perspectivas del Decálogo: no sólo «no darás testimonio falso contra tu prójimo», sino que, además, «disculparás, perdonarás». Este progreso había sido preparado en los siglos inmediatamente precedentes a Jesús. Así, por ejemplo, el libro del Eclesiástico presenta como necesario el perdonar al prójimo para obtener el perdón de Dios. «Perdona la ofensa a tu prójimo, y se te perdonarán los pecados cuando lo pidas. ¿Cómo puede un hombre guardar rencor a otro y pedir la salud al Señor? No tiene compasión de su semejante, ¿y pide perdón de sus pecados? Si él, que es carne, conserva la ira, ¿quién expiará por sus pecados?» (/Si/28/02-05). El libro de la Sabiduría completa esta lección recordando al justo que en sus juicios debe tomar como modelo la misericordia del Señor (Sb 12, 19.22) (176). 128. Es preciso perdonar siempre La parábola del deudor inexorable inculca con fuerza la necesidad del perdón (Mt 18,23-35); en ella insiste Jesús (Mt 6,14-15) y nos invita a recordarla cada día: «Perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido» (Mt 6, 12). Con ello, nos insta a ser misericordiosos, como el Padre es misericordioso (Lc 6, 35-38; Mt 5, 43-48). En el Evangelio, el perdón no es sólo una condición previa de la vida nueva, sino uno de sus elementos esenciales; Jesús prescribe. por tanto, a Pedro que perdone sin cesar: «Hasta setenta veces siete» (Mt 18, 22) (177). 129. No sólo no mentirás, sino que además caminarás en la verdad con sencillez No sólo «no mentirás», sino que, además, "caminarás en la verdad", con sencillez, sin hipocresía. En el Nuevo Testamento formula Jesús la obligación de una sinceridad total: «A vosotros os baste decir sí o no» (Mt 5,37; St 5,12), y Pablo hace de ello su regia de conducta (2 Co 1,17ss). Así vemos reiteradas las enseñanzas del Antiguo Testamento, aunque con una motivación más profunda: «No sigáis engañándoos unos a otros. Despojaos del hombre viejo con sus obras. Y revestíos del nuevo» (Col 3,9-10); «dejaos de mentiras, hable cada uno con verdad a su prójimo, que somos miembros unos de otros» (Ef 4, 25). La mentira sería una vuelta a la naturaleza pervertida; iría contra nuestra solidaridad en Cristo. Se comprende que, según los Hechos, Ananías y Safira al mentir a Pedro mintieran en realidad al Espíritu Santo (Hch 5,1-11). La perspectiva de las relaciones sociales queda desbordada cuando entra en juego la comunidad cristiana (178). 130. La convivencia civil auténtica se funda en la verdad La convivencia fraterna entre los miembros de la sociedad debe apoyarse en la verdad. El Papa Juan XXIII decía: «la convivencia civil sólo puede juzgarse ordenada, fructífera y congruente con la dignidad humana, si se funda en la verdad. Es una advertencia del apóstol San Pablo: Despojémonos de la mentira, hable cada uno verdad con su prójimo, pues que todos somos miembros unos de otros (Ef 4, 25). Esto ocurrirá, ciertamente, cuando cada cual reconozca, en la debida forma,

los derechos que le son propios y los deberes que tiene para con los demás» (Juan XXIII, PT 35) (179). 131. El derecho a la información: Uno de los aspectos fundamentales de una convivencia social fundada en la verdad es hoy la información objetiva: «El hombre exige, además, por derecho natural el debido respeto a su persona, la buena reputación social, la posibilidad de buscar la verdad libremente y dentro de los límites del orden moral y del bien común, manifestar y difundir sus opiniones y ejercer una profesión cualquiera, y, finalmente, disponer de una información objetiva de los sucesos públicos» (Juan X)(lll, PT 12). Los informadores tienen obligación de dar una información lo más exacta posible de aquellos acontecimientos de la vida pública, cuyo conocimiento es necesario para que los ciudadanos se formen una opinión recta y actúen en consecuencia de acuerdo con las exigencias de la justicia y del bien común. Causa daños graves a la comunidad la información falsa, la deformación tendenciosa de los hechos, las insinuaciones calumniosas, la falta de respeto a la vida privada, la calumnia, la difamación, los ataques a los valores morales y religiosos, etc. Los que reciben la información deben tener suficiente espíritu crítico para formarse una opinión sólidamente fundada en la verdad de los hechos y en los criterios morales conforme con el Evangelio (180). 132. Sin hipocresía:HIPOCRESÍA Caminar en la verdad supone alejarse de la hipocresía; son hipócritas aquellos cuya conducta no expresa los pensamientos del corazón. Jesús los llama ciegos (Mt 23, 25-26). El hipócrita, a fuerza de querer engañar a los otros, se engaña a sí mismo y se vuelve ciego para con su propio estado, siendo incapaz de ver la luz. El hipócrita parece obrar para Dios, pero, en realidad, obra para sí mismo. Engaña al prójimo para conquistar su estima, para hacerse notar. Deseoso de quedar bien, sabe elegir entre los preceptos o disponerlos con una casuística sutil. Así puede filtrar el mosquito y tragarse el camello (Mt 23, 24). La hipocresía es una tentación permanente (1 P 2, 1-2). El hipócrita no ama a Dios, tampoco a los demás, ni siquiera se ama verdaderamente a sí mismo (181). 133. "La verdad os hará libres" VERDAD/LIBERTAD: Jesús nos dice: «La verdad os hará libres» (/Jn/08/32). El hombre que miente, o el que no es sincero consigo mismo o con los demás, trata de defender sus propios intereses, busca una autojustificación, y en todo caso es esclavo del parecer de los demás, no pretende dar gloria a Dios, sino su propia gloria (Cfr. Jn 5, 44). El hombre que ama la verdad no busca la aprobación de lo que hace, sino que desea sinceramente ajustar su conducta a la luz de Dios, diciendo la verdad, haciendo la verdad, siendo verdad. La fidelidad a la verdad, es una actitud fundamental de la personalidad verdaderamente madura. El amor auténtico a la verdad implica amor a los demás: amarles tal como ellos son, reconocer la dignidad de cada persona a pesar de sus pecados y limitaciones. Quien se aparta conscientemente de la verdad, rompe la coherencia de su propia unidad interior. Para el cristiano, la plenitud de

la verdad es Cristo. El es «el Camino, la Verdad y la Vida» (Jn 14, 6) (182). 134. Caminar en la verdad, don de Dios. Si amamos, somos de la verdad Caminar en la verdad es don de Dios, don del Espíritu. Jesús concluye su revelación, anunciando a sus discípulos la venida del Paráclito. El es, según dice Jesús insistentemente, el Espíritu de la verdad (Jn 14, 17; 15, 26; 16, 13). Guía hasta la verdad completa (16, 13), y hace posible en nosotros el cumplimiento del amor. Si amamos, somos de la verdad. Como dice San Juan: «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras. En esto conoceremos que somos de la verdad» (1 Jn 3, 18-19) (183). ........................................................................ TEMA 41 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE EL EVANGELIO CONDUCE A CAMINAR EN LA VERDAD PLAN DE LA REUNIÓN * Información: personas, hechos, problemas... * Oración inicial. * Presentación del tema 41 en sus puntos clave. * Diálogo: implicaciones y experiencias. * Oración comunitaria: desde la propia situación. PISTA PARA LA REUNIÓN PUNTOS CLAVE * La máscara y la mentira. * No darás falso testimonio contra tu prójimo (Dt 5,20) ni mentirás (Pr 12,22). * Disculparás, perdonarás (Mt 18,22). * Caminarás en la verdad (Mt 5,37; St 5,12).