NOS ENCONTRAMOS CON DIOS EN CRISTO

OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que en el encuentro con Cristo nos encontramos con el propio misterio de Dios. * Toma de conciencia de los interrogantes y reacciones que suscita en nosotros el misterio de Cristo. 211. ¿Quién es éste? "Subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto se levantó un temporal tan fuerte, que la barca desaparecía entre las olas; El dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron gritándole: ¡Señor, sálvanos, que nos hundimos! El les dijo: ¡Cobardes! ¡Qué poca fe ! Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados: ¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!» (Mt 8, 23-27). 212 ¿Qué dice la gente...? Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus díscípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?» Ellos contestaron: Unos dicen que Juan Bautista; otros, que Elias; otros, que Jeremias o uno de los profetas (Mt 16, 13-14). El pueblo reconoce en Jesús a un profeta. Pedro ha llegado más lejos: le ha sido dado a comprender que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Jesús les recomienda silencio. El pueblo espera un mesías político, pero Jesús no va a responder a semejante expectativa (Jn 18, 36). Sus caminos son diferentes (Mt 16, 21 ss.). 213. Los interrogantes de hoy y de siempre También hoy, como hace veinte siglos, la figura de Jesús suscita profundos interrogantes: ¿Quién es realmente Jesús? ¿Un gran hombre del pasado? ¿Un

revolucionario? ¿Un profeta? ¿Un mito? ¿Un guerrillero? ¿Un hermano para cada hombre? ¿Alguien que actúa en nuestra vida? ¿Aquél sin el cual nada tendría sentido? 214. Y vosotros... ¿quién decís que soy yo? Tras el sondeo de lo que dice la gente, Jesús hace la pregunta directa: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (/Mt/16/15). Decir supone aquí confesar, reconocer el misterio de Cristo o, por el contrario, negarlo. En el camino de los hombres hacia Cristo hay un punto en el que uno deja de ser espeCtador, para comenzar a ser protagonista de una lucha en la que de nada sirven los términos medios: "el que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama" (Lc 11, 23). 215. "Tú eres el Cristo.." A la pregunta de Jesús, Pedro responde resueltamente, con la luz que procede de lo alto: "Tú eres el Mesias, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16). Discernir quién es Jesús es para Pedro, Nicodemo, el centurión, los endemoniados, Tomás..., etc., una cuestión planteada a partir de la presencia gratuita del misterio de Cristo. Cada cual lo comprende a su modo y a diferente nivel, según la situación o condición de cada uno. 216. Reacciones diversas ante el misterio de Cristo: la admiración Así, por ejemplo, el pueblo percibe en él un profeta. Nicodemo ve en Jesús un maestro venido de parte de Dios, porque nadie puede hacer esos signos, si Dios no está con él (Jn 3, 2). El centurión ha creído que Jesús tiene poder sobre la enfermedad, que le está sometida y le obedece, como los soldados acatan órdenes superiores (Mt 8, 513). Los

discípulos, ante la tempestad calmada, descubren algo tan extraordinario y trascendente que sólo pueden formular en forma de pregunta: "¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecenb" (Mt 8, 27). El Padre celestial revela a Pedro la respuesta certera y exacta que no puede provenir "de la carne ni de la sangre": Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo (Mt 16, 16-17). 217. El escándalo de lo cotidiano J/ESCANDALO: Por otro lado, quienes vieron y oyeron a Jesús de Nazaret tropezaron a veces con el hecho de haberle conocido desde hacía mucho tiempo en su vida cotidiana. ¿Cómo comprender entonces el misterio de un hombre a quien hemos conocido de niño y de adolescente?: "Fue a su ciudad y se puso a enseñar en la sinagoga. La gente decia admirada: ¿De dónde saca éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es el hijo del carpintero?... Y aquello les resultaba escandaloso. Jesús les dijo: Sólo en su tierra y en su casa desprecian a un profeta" (/Mt/13/54-57). 218. Un discernimiento a través de la repulsa Existe también un conocimiento negativo, un discernimiento en el odio, una intuición a través de la repulsa, de lo que es en el fondo Jesús de Nazaret. Esta es la experiencia de los endemoniados. Vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, y tan furiosos que nadie podía pasar por aquel camino. Y se pusieron a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?» (Mt 8, 29; cf. Mc 5, 1-2(); Lc 8, 26-39). 219. Una resistencia profunda y dolorosa

Es una verdad comprobada por la propia experiencia; el hecho de que el Misterio absoluto de Dios se nos revela en el hombre Jesús, nos desconcierta; sus pretensiones de adherirnos incondicionalmente a El para la salvación, nos iluminan y al mismo tiempo encuentran en nosotros misteriosas resistencias. Es posible que detectemos también en nosotros esa resistencia hacia la persona de Cristo. 220. La adoración, fruto de la Pascua La Iglesia primitiva adquiere conciencia definitiva de la identidad de Jesús como fruto directo de su Pascua. Si su condición anterior de siervo habia dejado patente hasta qué punto Jesús había sido uno de nosotros, semejante en todo menos en el pecado, la experiencia pascual de la resurrección deja al descubierto su condición trascendente: es el Señor, lo mismo que Yahvé. A la luz de la experiencia pascual, los discipulos accedieron a la clara conciencia de la condición divina de Jesús. Ante el misterio del Cristo, los Apóstoles y la Iglesia apostólica de todos los tiempos se rinden en actitud de adoración y hacen suya la profesión de Tomas: «Señor mío y Dios mio» (/Jn/20/28). 221. Misterio de la pre-existencia de Jesus La Iglesia apostólica, al reconocer a Jesús como Señor, profundiza, bajo la acción del Espíritu de Verdad, en el misterio de la preexistencia de Jesús. Jesús es el Señor del mundo venidero, Señor de vivos y muertos, es el último, y por ello es el primero, el origen de todo, el Señor del universo (Ap 1, 8; 21, 6; 22, 13). Jesús de Nazaret ha existido desde siempre «en su condición divina» (Flp 2, 6): él es "el Hijo Unico" que Dios, por amor, ha entregado al

mundo "para que no perezca ninguno de los que creen en El, sino que tengan vida eterna" (Jn 3, 16). Jesús de Nazaret existió con anterioridad a Abraham: "Abraham, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi dia: lo vio, y se llenó de alegria" (Jn 8, 56). El pudo decir con toda verdad: "Yo y el Padre somos uno" (Jn 10, 30). Jesús de Nazaret es la Palabra que, "en el principio", "estaba con Dios" y "era Dios" (Jn 1, 1 ); es el Hijo, por quien Dios "ha habiado en estos últimos tiempos", "resplandor de su gloria e impronta de su esencia (cf Hb 1, 1-4). Es esa Palabra la que "se hizo carne y acampó entre nosotros" (Jn 1, 14). El secreto de Jesús de Nazaret sólo lo conoce el Padre y aquéllos a quienes se les revela: "Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar". (Mt 11, 27). 222. Cristo, verdadero rostro de Dios para los hombres y verdadero rostro del hombre para Dios El Híjo de Dios, Nuestro Señor Jesucristo, es, según el Concilio de Calcedonia, "verdaderamente Dios y verdaderamente hombre", "consustancial con el Padre, por lo que se refiere a la divinidad, y consustancial con nosotros por lo que se refiere a la humanidad", Uno sólo y mismo Hijo Unigénito, Dios Verbo, Señor Jesucristo (DS 301-302). Afirma, pues, que Cristo es verdadero y entero Dios, y entero y verdadero hombre en un mismo sujeto personal. Así, Cristo es, a la vez, el verdadero rostro de Dios para los hombres y el verdadero rostro del hombre para Dios (cf. Tema 17). 223. Cristo, revelador del misterio de Dios Cristo es el verdadero rostro de Dios para los hombres, «imagen de Dios invisible» (Col 1, 15), el intérprete perfecto del Padre (Jn 1, 18). Por

ello nos dice en el evangelio de San Juan: "quien me ha visto a mí ha visto al Padre" (Jn 14, 8). Revelador del misterio de Dios, como Amor (1 Jn 4, 16) y Amor entre personas. Revelador del Espíritu. En Cristo se manifiesta la gratuidad y la misericordia de Dios para con el hombre (Jn 3, 16). 224. Cristo, revelador del misterio del hombre Cristo es el verdadero rostro del hombre para Dios, Cristo es revelador del hombre. El hombre se encuentra a si mismo, cuando vive en el amor, en éxodo, en confianza, en misericordia, en servicio y a la escucha de Dios, en comunidad de fe; recobra su identidad como imagen de Dios, cuando vive como hijo del Padre, rescatado del poder del pecado y de la muerte. El hombre se humaniza a medida que se hace semejante al Padre y a Cristo -hijo del Padre-, por la fuerza del Espiritu. Cristo, el Hombre Nuevo, «revela plenamente el hombre al hombre" (GS 22). El es "imagen de Dios" y, también, prototipo del hombre, pues, dice San Pablo, Dios nos predestinó a reproducir la imagen de su Hijo (/Rm/08/29). ........................................................................ PISTAS PARA LAS REUNIONES TEMA 12. NOS ENCONTRAMOS CON DIOS EN CRISTO 1) "¿Qué dice la gente que es el Hijo del Hombre?" (Mt 16, 13). ¿Quién es realmente Jesús de Nazaret? - ¿un gran hombre del pasado?; - ¿un revolucionario?; - ¿un profeta?; - ¿un mito?; - ¿un guerrillero?; - ¿un hermano para cada hombre?

- ¿Alguien que actúa en nuestra vida?; - ¿Aquél sin el cual nada tendría sentido? 2) "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" (Mt 16, 15). 3) Reacciones diversas que experimentamos ante el misterio de Cristo: - ¿admiración?; - ¿el escándalo de lo cotidiano? (también hoy). - ¿un discernimiento a través de la repulsa? - ¿una resistencia dolorosa y profunda? - ¿adoración? ("Señor mío y Dios mío") Jn 20, 28). 4) Cristo, verdadero rostro de Dios para los hombres y verdadero rostro del hombre para Dios. Poner en común qué significa esto para nosotros. Comentar los nn. 222-224. ........................................................................ TEMA 12-1 OBJETIVO: TOMA DE CONCIENCIA DE LAS DIVERSAS REACCIONES QUE SUSCITA EN NOSOTROS EL MISTERIO DE CRISTO PISTA PARA LA REUNION * Mi reacción ante Cristo es: 1 Desinterés. 2 Admiración. 3 Rutina. 4 Repulsa. 5 Resistencia. 6 Búsqueda. 7 Adoración. PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas... * Posible oración. Salmo compartido. * Presentación de la pista. * Comentario en pequeñio grupo. * Gran grupo: Lo más importante. * Oraci6n final. Canto. ........................................................................

TEMA 12-2 OBJETIVO: TOMA DE CONCIENCIA DE LOS INTERROGANTES ACTUALES EN TORNO AL MISTERIO DE CRISTO PISTA PARA LA REUNION * "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16, 15): 1 Un gran hombre del pasado. 2 Un revolucionario. 3 Un profeta. 4 Un mito. 5 Un guerrillero. 6 Un hermano para cada hombre. 7 Alguien que actúa en mi vida. 8 Aquél sin el cual nada tendría sentido. PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas... * Pista: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt 16, 15). * Presentaci6n de la pista: - Pequeño grupo. - Gran grupo: Lo más importante. Diálogo. * Oración final. Salmo compartido. Canto. ........................................................................ TEMA 12-3 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE EN EL MISTERIO SECRETO NOS ENCONTRAMOS CON EL PROPIO MISTERIO DE DlOS PUNTOS CLAVE * Interrogantes (actuales). * Reacciones diversas (actuales). * Cristo, rostro de Dios para los hombres y rostro del hombre para Dios. PLAN DE LA REUNION * Oración inicial. Salmo. * Información: Personas, hechos, problemas... * Presentación del tema 12: Posible lectura de Mt 16, 21ss. * Lectura del mismo. Cuchicheo. Puesta en común: Lo más

importa

LOS PRIMEROS CRISTIANOS PROCLAMAN QUE JESÚS ES EL SEÑOR
OBJETIVO CATEQUETICO * Presentar la experiencia que los primeros cristianos tienen de Jesús resucitado como Señor de la historia. * Anunciar que esta experiencia se cumple hoy en los creyentes. 1. Una fe fundamental: Yahvé es el Señor de la historia y está con su pueblo El pueblo de Israel descubrió una cosa muy importante, tan importante como para que ocupara con todo derecho el centro de la vida del pueblo. En principio, parecían casualidades. Pero no, se fue imponiendo la buena noticia por sí misma: Dios actúa eficazmente en medio de los acontecimientos y es reconocido como Señor de la historia. La historia tiene su Señor. Su nombre es Yahvé: "Soy el que soy" (/Ex/03/14), el Señor. El Dios verdadero es un Dios trascendente, a quien el hombre no puede verdaderamente nombrar. "Yo soy el Señor... Os adoptaré como pueblo mio y seré vuestro Dios; para que sepáis que soy el Señor vuestro Dios, el que os saca de debajo de las cargas de los egipcios; os llevaré a la tierra que prometí con juramento a Abraham, Isaac y Jacob, y os la daré en posesión: Yo, el Señor" (Ex 6, 6-8). El Dios verdadero estaba siempre con su pueblo: su nombre evoca toda la gesta divina de la liberación del pueblo elegido, con sus atributos de bondad, misericordia, fidelidad, poder. «Yo soy el Señor, este es mi nombre, no cedo mi gloria a ningún otro, ni mi honor a los ídolos" (Is 42, 8). El Dios verdadero opone su

existencia sin restricción a la "nada" de los ídolos. Con esta fe monoteísta de fondo, que afirma que el Dios único estará siempre con su pueblo y manifestará eficazmente su presencia, emprende Moisés la aventura del éxodo. 2. Los primeros cristianos proclaman que Jesús es el Señor Los primeros cristianos son constituidos como tales en virtud de una experiencia semejante, referida a Jesús de Nazaret. Jesús de Nazaret, un hombre ejecutado por la turbia justicia del mundo, ha sido establecido Señor de la Historia. Jesús ejerce el señorío en ella lo mismo que Yahvé. Algo ciertamente inconcebible para un judío: en el propio corazón del monoteísmo hebraico aparece un hombre a quien los acontecimientos posteriores a la Pascua manifiestan como Señor, esto es, como Dios. 3. Jesús de Nazaret es el «Dios-con-nosotros (Emmanuel) El Dios de los antiguos Patriarcas y de Moisés y de los Profetas ha manifestado su Nombre de un modo máximo por medio de Jesús: «He manifestado tu Nombre a los hombres, que me diste de en medio del mundo» (Jn 17, 6). Para los hebreos, el nombre de una persona se identifica con lo que la persona misma es. Jesús es "Yo soy": «... si no creéis que Yo Soy, moriréis por vuestros pescados» (/Jn/08/24). La aplicación de este nombre a Jesús es la profesión de que él es el único Salvador, hacia el cual tendían toda la fe y la esperanza del Antiguo Israel. Jesús de Nazaret es el "Dios-con-nosotros" (Emmanuel) de la profecía de Isaías (cc. 7-12); es la "presencia" de Dios en su Pueblo,

confirmada ya de un modo definitivo. En él se cumple la Promesa: "Pondré entre ellos mi santuario para siempre" (Ez 37, 26). La visión del Apocalipsis contempla la consumación del ideal del Exodo que se ha alcanzado ya: "Esta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos y será su Dios" (Ap 21, 3); "... Santuario no vi ninguno (en la Ciudad Santa), porque es su Santuario el Señor Dios todopoderoso y el Cordero» (Ap 21, 22). Un acontecimiento está en la base de estas profesiones de fe: ¡Jesús de Nazaret ha resucitado! 4. Encuentro y reconocimiento del Señor en medio de unos hechos que no son casualidades, sino signos RS/COMO Los enemigos de Jesús no aceptan unos hechos que consideran en el mejor de los casos como casualidades; en el peor, como trampa y engaño. Los amigos, sin embargo, y otros muchos, perciben signos de su resurrección: Jesús se deja ver por ellos, los cuales comienzan a ser los primeros testigos. La resurrección no es un gesto de espectacularidad teatral percibido por cualquier observador, sino un acontecimiento que es captado en el ámbito interpersonal de la fe. Es un encuentro en el que Jesús es suficientemente reconocido a través de unos acontecimientos, en medio de los cuales tiene a bien manifestarse. 5. Signos históricos del hecho real de la resurrección La tumba vacía y el testimonio de las apariciones del resucitado son hechos que la historia no puede ignorar. Es verdad que el suceso mismo de la resurrección ha acontecido solamente ante Dios, pero El se ha

dignado manifestarlo de una manera evidente para los primeros discípulos, "a los testigos, que él había designado" (Hch 10, 41). La Iglesia apostólica no considera la Resurrección como una pura experiencia subjetiva ni como la mera irrupción del Cristo vivo en la interioridad de los Apóstoles. Los relatos de las apariciones nos transmiten no experiencias puramente subjetivas de los Apóstoles, sino el testimonio de unos hombres sorprendidos que han vuelto a encontrar a Aquél, con quien convivieron largo tiempo. Para los Apóstoles, la Resurrección es una realidad misteriosa. En cuanto misteriosa y portadora de un mensaje de salvación, sólo el Espíritu introduce en ella: pertenece a la fe y sólo es asequible desde la fe. La fe cristiana de todos los siglos se apoya firmemente en el testimonio de la fe apostólica. 6. Jesús ayer, hoy y por siempre Así pues, Jesús Resucitado no es, para la primera comunidad, un mero recuerdo: es "el que estuvo muerto y volvió a la vida" (Ap 2, 8); "Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre" (Hb 13, 8). Y es la fuente del Espíritu que inaugura la vida nueva: en su nuevo modo de existencia, se mantenía el costado traspasado (cf. Jn 20, 20.25.27), del que brotaron las aguas vivas del Espíritu (cf. Jn 19, 34). No hay ruptura ni solución verdadera de continuidad entre su cuerpo resucitado y el cuerpo en que se realizaron los sucesos salvificos: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré... Pero él hablaba del templo de su cuerpo» (Jn 2, 19.21). 7. Jesús no es reconocido de pronto En los relatos de apariciones del Señor, nos llama la atención el que los discipulos no lo reconozcan de pronto. Por otra parte, comprueban que es

El. Esto tiene un profundo sentido. Naturalmente, es, ante todo, una prueba más de que la imagen del Señor Resucitado les viene de la realidad y no es creación de su fantasía. Necesitan tiempo hasta reconocerlo. Pero esto nos hace ver algo aún más profundo que atañe al mismo Jesús: su novedad. Jesús no es ya enteramente el mismo. 8. Jesús ha cambiado profundamente. Su identidad se hace presente con un modo de presencia distinto J/APARICIONES Sus apariciones no significan que quiera continuar unas semanas más su vida terrena, sino que inician ya a sus discípulos y a su Iglesia en una nueva manera de su presencia. El hecho de que súbitamente puede ser visto en medio de sus discípulos no significa sólo que pueda entrar "con las puertas cerradas", sino que está siempre presente, aunque no lo vean. El Señor resucitado es ya la nueva creación prometida, que ha comenzado a irrumpir entre nosotros. Las apariciones son índices de su presencia permanente. 9. Reconocido en su palabra A María en el huerto, a los discípulos en el cenáculo, sobre un monte y a las orillas del mar, se le manifiesta en su palabra. Esto nos llama señaladamente la atención en el relato de Lucas sobre los discípulos de Emaús. Se les junta en persona en el camino, pero esto parece no decirles nada. Sin embargo: "¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras? (Lc 24, 32). En la palabra encontraron al Señor. 10. Reconocido en la fracción del pan Una segunda manera de darse a conocer es un gesto preciso: la

"fracción del pan" en Emaús. Que Jesús celebrara entonces la eucaristía con los discípulos de Emaús o no la celebrara es punto irrelevante. En ambos casos, este gesto tenía el sentido de aludir a la eucaristia, en que en adelante se daría a conocer. También el pescado que Jesús come alude a ella, pues en la primitiva Iglesia se juntaba a la celebración eucarística dicha comida. Son indicaciones de su presencia en la eucaristía. Así pues, al aparecerse visiblemente, nos ilustró su presencia invisible. 11. Reconocido en el Espíritu y en la función sacramental de la Iglesia Por lo mismo sopló también sobre sus discípulos y les dio el Espíritu Santo, por el que en lo sucesivo nos uniríamos con El. En las apariciones se habla igualmente del oficio pastoral de Pedro y del perdón de los pecados. Todo esto son modos de la presencia permanente de Jesús. 12. Jesús es reconocido solamente por los creyentes Esta presencia de Jesús será reconocida por la fe. También esto nos hacen ver las apariciones. Ya vimos cómo los discípulos de Emaús sólo lo reconocieron cuando la fe comenzó a abrir su corazón. El verdadero reconocimiento no se lo dieron los ojos corporales, sino los de la fe. Es una idea consoladora el que también a los testigos oculares se les exija la fe. No están, pues, tan lejos de nosotros, que recibimos la señal del profeta Jonás, es decir, primero la predicación de Jesús (Lc 11, 30) y luego el mensaje de su resurrección (Mt 12, 40), en la actual predicación de la Iglesia. No basta una simple mirada para percibir la realidad de la resurrección de Cristo, la nueva creación. Para ello es menester algo más

radical: el hombre nuevo. 13. Dios levanta para siempre la cabeza humillada de Jesús Los primeros cristianos comprenden, a través de todo ello, que lo que comienza a renovar la historia universal no es una obra humana, sino una acción de Dios, que levanta para siempre la cabeza humillada de Jesús. Así lo cantan en un himno de entonces: «El, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoría de Dios; al contrario, se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y asi, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó, obedeciendo hasta la muerte, y una muerte de cruz. Por eso, Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señorl, para gloria de Dios Padre» (Flp 2, 6-11). 14. Los primeros cristianos se vuelven «locos» Una cosa es importante: es el impacto que el acontecimiento del señorío de Cristo produce en la vida de los que le reconocen. Cambia el sentido de la vida y su manera de comprender el pasado y el futuro. Captan el por qué de muchos acontecimientos: así los de Emaús comprenden por qué ardía su corazón por el camino, cuando Jesús les explicaba el sentido de las Escrituras (Lc 24, 32). Los primeros cristianos se vuelven «locos»: todo lo ponen en común (Hch 2, 42-44). Y los que habían conocido anteriormente a Pablo, quedaban atónitos cuando en las sinagogas le oían predicar a Jesús de Nazaret: «¿No es éste el que se ensañaba en Jerusalén contra los que invocan ese nombre?» (Hch 9, 20).

15. Señor de mi vida Cristo ha sido constituido Seño; Señor de la Historia, pero también Señor de mi vida. De nada serviría lo primero, si no fuera verdad lo segundo: Cristo sería algo abstracto y lejano. También aquí, creer no es meramente admitir la existencia de Dios y de Cristo, sino creer que Dios en Cristo interviene dentro de la historia humana concreta: «Ser cristiano yo» significa «vivir que Cristo ha sido constituido Señor también para mí». ........................................................................ PISTAS PARA LA REUNION TEMA 13. LOS PRIMEROS CRISTIANOS PROCLAMAN QUE JESÚS ES EL SEÑOR 1) Dios actúa eficazmente en medio de los acontecimientos y es reconocido como Señor de la historia. La historia tiene su Señor: fe de Israel. Jesús de Nazaret, un hombre ejecutado por la turbia justicia del mundo, ha sido establecido Señor de la historia. Jesús ejerce el señorío en ella lo mismo que Jahvé: fe de la Iglesia. ¿Dónde nos situamos nosotros hoy? - en la increencia; - en la búsqueda; - en la fe de Israel; - en la fe de la Iglesia. 2) La resurrección de Jesús y su constitución como Señor de la historia forman parte de un acontecimiento trascendente, que, sin embargo, tuvo (y tiene) sus signos históricos. Comentar en grupo los nn. 4-5. 3) Rasgos de la presencia resucitada de Jesús:

- Jesús no es reconocido de pronto; - su modo de presencia es distinto; - es reconocido en su palabra; - en la fracción del pan; - en el Espiritu; - en la función sacramental de la Iglesia; - solamente por los creyentes. Comentar los nn. 7-12. ¿Tenemos experiencias actuales? 4) Los primeros cristianos se vuelven "locos": el acontecimiento del Señorío de Cristo impacta profundamente en la vida de los que le reconocen. Comentar en grupo Hch 2, 42-44; Hch 9, 20. 5) Como con los de Emaús, Jesús sigue caminando hoy con nosotros, come y bebe con nosotros. Comentar en grupo Lc 24, 13-35. Experiencias actuales. 6) Jesús es Señor de la historia. Pero ¿es Señor también de mi vida? ........................................................................ TEMA 13 OBJETIVO: PRESENTAR LA EXPERIENCIA QUE LOS PRIMEROS CRETIANOS TIENEN DE JESUS RESUCITADO COMO SEÑOR DE LA HISTORIA PUNTOS CLAVE 1 No es reconocido de pronto. 2 Su modo de presencia es distinto. 3 En medio de acontecimientos que se convierten en signos. 4 Es reconocido en su palabra. 5 En la fracción del pan. 6 En el espíritu. 7 En la función sacramental 8 Sólo por creyentes. 9 Se vuelven "locos".

PLAN DE LA REUNION * Introducción: Presentación de la experiencia de los primeros cristianos: Puntos clave. * Pequeño grupo: ¿Tenemos experiencias semejantes? * Puesta en común. Diálogo.

NACIDO DE MUJER, QUE NO CONOCIÓ VARÓN
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir el significado del Evangelio de la infancia: - Jesús es uno de los nuestros, tiene raíces humanas. - Pero su origen está en el Espíritu de Dios. - Para Dios nada hay imposible. 16. Siervo y Señor, es decir, hombre y Dios. Luz definitiva de la Pascua de Cristo Jesús, constituido Señor para nuestra salvación, fue verderamente hombre. El asumió la condición humana, siendo de verdad uno de nosotros. Más aún, asumió la condición de Siervo y fue ejecutado como un delincuente. Así apuró el cáliz de la dura condición de hombre. Hasta la muerte, una muerte afrentosa (Flp 2, 6 ss.). Pero fue constituido Señor, pues no era posible que este Siervo experimentara la corrupción (Hch 2, 24 ss.). La resurrección de Jesús manifiesta su divinidad, al mismo tiempo que la justicia de su causa. Su condición de Siervo manifiesta su humanidad y también hasta qué punto él asumió la realidad de la común existencia humana. 17. Nacido de mujer, que no conoció varón; nacido de Israel, de Adán, de Dios Siervo y Señor, es decir, verdaderamente hombre y verdaderamente Dios. Este esquema binario, que se manifiesta definitivamente a raiz de la Pascua y que constituye una de las más antiguas formulaciones

cristológicas, contiene la clave según la cual debe ser interpretado el misterio histórico de Jesús. Ya desde el nacimiento. Así, las genealogias nos presentan la humanidad de Jesús profundamente vinculada a la historia de Israel y a la historia del mundo. La concepción virginal, en cambio, nos presenta el primer signo de su trascendente misterio. 18. El nacimiento y su circunstancia: como nacen los pobres «Por entonces salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero. Este fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era de la casa y familia de David, « subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belen, para inscribirse con su esposa Maria, que estaba encinta. Y mientras estaban allí, le llegó el tiempo del parto, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada» (Lc 2, 1-7). 19. De Israel y de Adán: el mensaie de las genealogías Las genealogias definen de una manera concreta la verdadera humanidad de Cristo. Jesús, como todo hombre, nace en medio de una larga historia que le ha precedido y a la que está profundamente vinculado. Ni Mateo ni Lucas presentan un elenco completo. Escogen, según la perspectiva de cada cual, los hitos genealógicos más significativos que preparan el nacimiento de Cristo. Así ponen de relieve, respectivamente, que Jesús pertenece, en realidad y verdad, a Israel y a la humanidad (cf.Mt 1, 1-17; Lc 3, 23-38). 20. En el centro de la historia de Israel Efectivamente, Mateo, cuyo evangelio tiene a los judíos por

destinatarios, presenta a Cristo profundamente enraizado en la historia de Israel. Su genealogía sigue la sucesión dinástica y legal. Jesús aparece como el verdadero heredero de la promesa hecha a Israel: toda la historia de este pueblo aparece centrada en él y él es solidario de esta historia. Mateo muestra, en la persona y en la obra de Jesús, el cumplimiento de las Escrituras y el sentido más profundo de la historia de Israel. 21. En el centro de la historia humana Por su parte, Lucas, que escribe para los gentiles, presenta a Cristo profundamente vinculado con la historia de la Humanidad. Su genealogía sigue la línea de la descendencia natural. Jesús está, como Adán, en la misma raiz de la historia humana. El es el depositario de la esperanza del mundo. Y así toda la historia humana aparece centrada en El. 22. Su origen se enraíza en el Espíritu de Dios. Mensaje de la concepción virginal Así como las genealogías señalan la vinculación de Cristo a la historia de Israel y a la Humanidad entera, la concepción virginal manifiesta que Cristo no es enteramente de esta humanidad, sino que el origen de su eoncepción es obra exclusiva de la acción del Espiritu Santo. Tomando carne verdadera en las entrañas de la Virgen María, es concebido, sin intervención de varón, "por obra del Espíritu Santo". No pertenece totalmente a esta creación (cf. Hb 9, 11): fruto primero de la nueva creación (Nuevo Adán), en él se dan las primicias de una renovación no ya absoluta, porque Cristo es del mundo y de los hombres, pero sí, en sentido profundamente cierto, una renovación que inaugura el ámbito de la novedad total y definitiva: Cristo tiene un origen que es más que humano (cf. Mt 1, 18-25). El Espíritu Santo viene sobre María y el

poder del Altísimo la cubre con su sombra (cf. Lc 1, 35) y la Palabra (no nacida de carne, ni de deseo carnal, ni de deseo de hombre: cf. Jn 1, 13) se hace hombre en su seno, que permanecerá siempre sellado por una perfecta integridad. La tradición cristiana llamará a María: "la-siempre-Virgen". 23. La tradición de la mujer estéril El acontecimiento único de la concepción virginal se produce en el seno de una historia donde ha sido lentamente preparado. De grandes figuras del Antiguo Testamento se confiesa que fueron fruto de la acción de Dio. Tras ardientes deseos, tras oración y promesa de Dios, dio finalmente fruto un matrimonio hasta entonces estéril. Así nacieron los antepasados de Israel Isaac y Jacob, así Sansón, Samuel. Así también, cercano ya a Jesús, su precursor, Juan Bautista. El niño de la casa de Acaz, el Emmanuel, signo de la fidelidad de Dios en tiempos adversos (cf.Is 7, 14-17), supone un paso más en la tradición de los niños del antiguo Israel nacidos de mujer estéril. La solemnidad del oráculo, el nombre simbólico del niño, muestran que el profeta entrevé en este nacimiento una intervención singular de Dios en orden a la instauración del reino mesiánico. La antigua interpretación judía y también la versión de los Setenta de este enigmático anuncio es un indicio más del alcance extraordinario que se le concede durante siglos. Los relatos de Mateo y Lucas lo verán cumplido en la concepción virginal de Jesús. 24. Moisés e Israel: salvados de las aguas por voluntad de Dios Por su parte, Moisés, nacido en circunstancias difíciles, fue

significativamente "salvado de las aguas". Como, de modo semejante, después lo fuera el pueblo entero de Israel. Israel es un pueblo "salvado de las aguas" por la fe en Yahvé. En ese acontecimiento, el pueblo toma conciencia de que Dios ocupa un lugar -y éste, importante, centralen medio de su historia. Dios visita a su pueblo, proclamará mucho después Zacarías, el padre de Juan Bautista. La historia de Israel, como la de sus personajes más representativos, es un fruto que revela una raíz profunda, poderosa, fecunda: la acción de Dios. Todo ello confluye en la fe de Isabel, fe que profesa el pueblo entero: «para Dios nada hay imposible» (Lc 1, 37). 25. En la encrucijada de dos tradiciones El nacimiento de Cristo, si bien con características propias, queda enmarcado en el significativo contexto de las dos tradiciones precedentes: a) la concepción virginal de Jesús se inscribe -superándola- en la vieja tradición de las mujeres estériles de Israel; b) la cruel represión del movimiento mesiánico, producido en torno al nacimiento de Jesús, pone en peligro la vida del niño. Al escapar de las manos de Herodes, Jesús es -como Moisés y como el pueblosalvado de las aguas, de la persecución y de la muerte (cf Mt 2, 13-18). 26. Expestativas mesiánicas: Simeón, un hombre que vio en profundidad Simeón recoge las expectativas mesiánicas que realmente rodean el nacimiento de Cristo. El toma conciencia de que se halla delante del Mesías. Desde ese momento no le importa ya morir, su vida ha adquirido pleno sentido, "porque -dice- mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel". Aunque el misterio de Jesús le desbordara,

Simeón ha percibido que el Mesías viene bajo la figura del Siervo sutriente, "puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida». Por ello, le anuncia a María que una espada le atravesará el alma. María y José quedan abiertos al misterio: «estaban admirados de lo que se decia de él" (Lc 2, 25-35). 27. Hijo de la promesa, como ninguno En efecto, entre todos los hijos que fueron dados a Israel como fruto de una promesa, Jesús representa la cima más alta. Cuando él vino al mundo, habia todo un pueblo que pedía su nacimiento; una larga historia lo habia prometido. Era hijo de la promesa como ningún otro. El más profundo anhelo del género humano encontró en él su cumplimiento. Esta misma es la razón por la que tal cumplimiento sobrepasa las posibilidades humanas mucho más que la venida al mundo de cualquier otro hombre. No hay nada en el seno de la Humanidad, ni en la fecundidad humana que pueda engendrar a aquél de quien depende toda fecundidad humana y todo el desarrollo de nuestra estirpe, pues todo ha sido creado en él. 28. Testimonio de San Mateo y de San Lucas Este misterio del grandioso regalo que Dios ha hecho a los hombres en la persona de Jesús, lo podemos ver también señalado por el acontecimiento -igualmente lleno de misterio- de la concepción virginal de Jesús, que nos presentan en su Evangelio San Mateo y San Lucas: Jesús no ha sido engendrado por intervención de un hombre, sino que fue concebido por obra del Espíritu Santo, y nació de una mujer joven, llena de gracia y elegida por Dios para ser la Madre de su Hijo. 29. Fe de la Iglesia

Esta enseñanza del Evangelio fue recogida por todas las antiguas profesiones de fe y por la ininterrumpida tradición de los padres de la Iglesia y del magisterio; con el cual todos nosotros confesamos que Jesús "fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, y nació de Santa María la Virgen" (Simbolo de los Apóstoles). 30. Para Dios no hay nada imposible La historia de Israel, como la de sus personajes más representativos (¡sobre todos, Cristo!) es un fruto que revela una raíz profunda, poderosa, fecunda: la acción de Dios. No sólo la Naturaleza, la existencia, la vida, es don de Dios, sino también la historia. Dios se manifiesta en medio de los acontecimientos. Por ello, la fe de Isabel, de Maria, de la Iglesia, nuestra propia fe, es ésta: «para Dios nada hay imposible» (Lc 1, 37). ........................................................................ PISTAS PARA LA REUNION TEMA 14. NACIDO DE MUJER QUE NO CONOCIO VARON 1) Recoger los interrogantes del grupo en torno al origen de Jesús. 2) El origen de Jesús desde la luz definitiva de la Pascua. Comentar en grupo los nn. 16-17. 3) Descubrir el mensaje de las genealogías: Jesús procede de Israel, de Adán, de nuestra humanidad. Comentar en grupo Mt 1, 1-17; Lc 3, 23-38. 4) Descubrir el mensaje de la concepción virginal: Cristo no es enteramente de esta humanidad, sino que tiene un origen que es más que humano, el Espíritu de Dios. Comentar en grupo Mt 1, 1 8-25.

5) El nacimiento de Cristo en la encrucijada de dos tradiciones: a) la tradición de las mujeres estériles de Israel; b) en circunstancias difíciles. Comentar los nn. 23-25. 6) Testimonio de San Mateo y San Lucas (n. 28), fe de la Iglesia (n. 29); en el fondo, para Dios no hay nada imposible. ¿Tenemos nosotros esta fe? 7) Mt y Lc presentan el evangelio de la infancia. Comparar Mt 1, 20 y Lc 1, 35 con Lc 4, 22 y Mt 13, 55; véase también Mc 6, 3; Lc 3, 23, y Mt 1, 16. Véanse también estos textos del evangelio de San Juan: Jn 1, 45.49.51; 6, 42.46; 5, 25, y 2 Jn 3: ¿qué conclusiones podemos sacar? Por lo demás, Juan siempre designa a María con la fórmula "la Madre de Jesús" (2, 1.3.5.12; 19, 25). Algunos testigos antiguos leen en singular el verbo gramatical de Jn 1, 13: él (el Verbo encarnado), que ha sido engendrado... de Dios. Casi todos admiten que, si se lee el texto de este modo, alude a la concepción virginal sin intervención masculina... Así la Biblia de Jerusalén. "Cristo nace siempre místicamente del alma, tomando carne en aquellos que caminan a la salvación, haciendo madre-virgen al alma que lo da a luz" (S. Máximo el Confesor, Comentario al Padre Nuestro, PG, 90, 889 C). Frecuente en la tradición latina: S. Ambrosio, Exp. in Luc. Il. 7 (PL, 15, 1635 s.), S. Agustín, In loan. Xlll, 12 (PL, 35, 1499), sermo 191, 2-3 (PL, 38, 1010). Ver I. de la Poterie, Concepción y nacimiento virginal de Jesús, según el cuarto evangelio, en "Sal Terrae" 7 (1978), 567-

578. ........................................................................ TEMA 14-1 OBJETIVO: DESCUBRIR EL SIGNlFICADO DEL EVANGELIO DE LA INFANCIA LECTURAS * El origen de Jesús, dato evangéfico: Leer Mt 1, 20 y Lc 1, 35; Lc 4, 22 y Mt 13, 55; Mc 6, 3; Lc 3, 23; Mt 1, 16; Jn 1, 45. 49. 51; 6, 42. 46; 5, 25 y 2 Jn 3; también Lc 1, 14. ¿Qué conclusiones podemos sacar? PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, necesidades, problemas... * Oración. Salmo. * Recoger los interrogantes del grupo en torno al origen de Jesús. * Lecturas. Oración final. ........................................................................ TEMA 14-2 OBJETIVO: DESCUBRIR EL SIGNIFICADO DEL EVANGELIO DE LA INFANCIA PUNTOS CLAVE * Interrogantes. * El origen de Jesús, desde la luz de la Pascua. * El mensaje de las genealogías. * El mensaje de la concepción virginal. * Encrucijada de dos tradiciones. * Fe de la Iglesia. PLAN DE LA REUNION * Oración inicial. Salmo. * Información: Personas, hechos, necesidades... * Presentación del tema 14. Lectura del mismo. Cuchicheo. Comentario en gran grupo. * Lecturas posibles: Mt 1, 1-17; Lc 3, 23-38; Mt 1, 18-25

AÑOS DE VIDA OCULTA DE JESÚS
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir el significado de los años de vida oculta de Jesús. 31. La Pascua de Cristo, en el primer plano del Evangelio Los años de vida oculta constituyen una amplia etapa en la vida de Jesús. Desde el nacimiento en Belén hasta el bautismo en el Jordán. Casi toda su vida. Con todo, no es esta etapa, sino el acontecimiento de la Pascua, lo que ocupa el primer plano del Evangelio. La primera indicación que hallamos en las capas más antiguas del Nuevo Testamento no se refiere a su juventud, ni siquiera al curso general de su vida, sino a lo que fue culminación de su existencia: su muerte y su liberación de ella por obra de Dios Padre, es decir, su Resurrección. Lo que cuenta ante todo es que ahora vive. Este acontecimiento ilumina toda la vida de Jesús. Pero, los evangelistas no han tenido especial preocupeción por narrar con detalle todos los sucesos de la vida del Señor. 32. Escasez de datos sobre los años de vida oculta de Jesús Podríamos preguntarnos si no sería deseable que estuviésemos mejor informados sobre algunos pormenores históricos en torno a los años ocultos de Jesús. En efecto, el conocimiento de un personaje histórico parece exigir, y más en nuestra mentalidad de hoy, una información amplia sobre los orígenes de su formación espiritual y cultural. Ya en los primeros siglos se sintió la necesidad de llenar esta laguna inventando leyendas acerca de la infancia de Jesús (Evangelios apócrifos). Es una

curiosidad inspirada por el amor y deseo de conocer mejor al Señor. 33. No es un obstáculo a nuestra fe En definitiva, la escasez de datos sobre los años ocultos de Jesús no es impedimento para nuestra fe. Los Evangelios no tratan simplemente de construir una biografía en el sentido moderno de esta palabra, como si se pretendiera fundamentalmente ofrecer información sobre alguien que vivió y murió. Los Evangelios nos hablan, ante todo, de alguien que ha vencido a la muerte. Los evangelistas nos aportan unos hechos históricos que poseen en sí una fuerza salvadora que afecta a todos los hombres y que, por tanto, constituyen el objeto de un Mensaje permanente que nos es comunicado por alguien que vive. 34. Condición humana de Jesús: Pobre de Yahvé. Familia, nacimiento, costumbres Es importante destacar que no es sólo la escasez de datos lo que hace oscura esa larga etapa de la vida de Jesús, sino, sobre todo, las circunstancias de su vida. Jesús, como los "pobres de Yahvé», vivió oscuramente. María no es más que una humilde mujer aldeana, "la esclava del Señor"; pero, sin embargo, sobre ella descansa la gloria de Dios. El nacimiento de Jesús tiene lugar en medio de unas condiciones relativamente dramáticas; sin embargo, los ángeles del Señor cantan su gloria. Jesús y Maria se atienen a todas las costumbres culturales y rituales de Israel, manteniendo su condición de pobres; pero los herederos de los "pobres de Yahvé", en quienes las esperanzas de salvación están siempre tan vivas, saben reconocer al rey mesiánico, que es la luz del mundo. 35. Obediencia, maduración. Bajo el signo de lo cotidiano

Jesús se pierde entre la muchedumbre y anuncia a sus padres, extrañados, algo de la grandeza de su misterio personal "¿No sabéis que yo debía estar en la casa de mi Padre?" (Lc 2, 49); luego se sumerge en la obediencia cotidiana y en una vida sencilla durante muchos años. No sabemos ya nada de él, a no ser que, por haberse asemejado tan profundamente a sus compatriotas, suscitó la incredulidad general cuando empezó a revelarse como profeta (Lc 4, 1 6-30 ). 36. Bajo la figura del siervo Los capítulos que dedica Lucas a la infancia de Jesús muestran como en parábola, ejemplificado, aquel versículo del Magnificat: "Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes" (Lc 1, 52). Son las palabras que resumen la fe de los "pobres de Dios". La oscuridad en la vida de Jesús se explica, por tanto, de la siguiente manera: Es el heredero de los pobres, su figura más pefecta, el siervo descrito por Isaias en los capítulos 52-53. El mesianismo de Jesús es el de este Siervo de Yahvé. 37. "Deduce en cuánto te tasó..." ENC/A-D Muchos creyentes han comentado con admiración la oscuridad mesiánica de Jesús. Citamos algunos: «Deduce, de todo lo que se dejó hacer por ti, en cuánto te tasó, y así su benignidad se te hará evidente por su humanidad. Cuanto más pequeño se hizo en humanidad, tanto más grande se reveló en su bondad; y cuanto más se dejó envilecer por mí, tanto más querido me es ahora. 'Ha aparecido, dice el Apóstol, la bondad y la humanidad de Dios, nuestro Salvador'... Grandes y manifiestas son la bondad y la humanidad de Dios, y gran indicio de benignidad reveló quien se preocupó de añadir a la humanidad el nombre de Dios" (·Bernardo-SAN).

38. Se sometió a la condición de aquéllos a quienes amaba «El Hijo del Hombre vino en persona a la tierra, se revistió de humanidad y sufrió voluntariamente la condición humana. Quiso someterse a las condiciones de debilidad de aquéllos a quienes amaba, porque quería ponernos a nosotros a la altura de su propia grandeza» (·Clemente-A-SAN de Alejandría). 39. La densidad de la condición humana, modo concreto de la encarnación Conocida es la frase de San Ireneo: Dios se encarna a fin de habituarse al hombre y que el hombre se habitúe a Dios. San Ireneo quiere indicar que Dios se hace humano, para que el hombre se haga divino. Pero este intercambio no es algo abstracto, sino bien concreto. La encarnación es verdaderamente la humanización de Dios en su Hijo. No puede haber encarnación si el Hijo no entra en toda la densidad de la condición humaNa. 40. La etapa de los años de vida oculta, exigencia de la Encarnación Los años de vida oculta de Jesús nos invitan a pensar en su humanidad concreta: él fue realmente hombre, con todas las limitaciones que lleva consigo. Como dice San Juan, «la Palabra se hizo carne» (Jn 1, 14). Más allá de toda apariencia y docetismo, Jesús tiene toda la realidad de nuestra condición y, en ella, vive la lenta maduración que exige nuestro destino humano. Los años de oscuridad y de maduración de que habLa San Lucas, nos hacen desconfiar una vez más de toda invención o fábula que venga a escamotear el «escándalo» de la Encarnación (cf 2 Jn 1, 7): Jesús de Nazaret nos ha proporcionado el rostro humano de Dios, asumiendo la condición más común de los hombres. 41. Hubiera sido un extraño J/SOLIDARIO

Si hubiera utilizado sus poderes sobrenaturales en beneficio propio, para su propio interés, no habría sido totalmente uno de nosotros, no habría participado plenamente de la condición humana. No habría sido un compañero nuestro. Habría hecho trampa, valga la expresión: un Dios que viene a nosotros por un tiempo limitado y se toma la libertad de escapar a las leyes de la existencia humana. Hubiera sido un extraño. 42. «Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» Los años de vida oculta de Jesús y su condición de Siervo nos revelan, de forma incomparable, la humanidad del Hijo de Dios: hasta qué punto se hizo uno de nosotros, «en todo exactamente como nosotros, excepto en el pecado» (/Hb/04/15). Como un niño cualquiera de su edad, «Jesús iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios le acompañaba» (Lc 2, 40). Tras el episodio del templo, hecho que manifiesta el despertar de la más sublime vocación (2,49), Jesús baja con sus padres a Nazaret y vive sujeto a ellos (2, 51). El «iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres» (/Lc/02/52). ........................................................................ PISTAS PARA LA REUNION TEMA 15. AÑOS DE VIDA OCULTA DE JESUS 1) La Pascua de Cristo está en el primer plano del Evangelio. Por esto y no por casualidad, tenemos escasez de datos sobre los años de vida oculta de Jesús. Este hecho viene a plantearnos qué significa el Evangelio para nosotros, qué buscamos en él:

- ¿una biografia de Jesús?; - ¿el mensaje de alguien que vive? - ¿la satisfacción de nuestra curiosidad? 2) No es sólo la escasez de datos. También las circunstancias de su vida hacen oscura la larga etapa de la vida de Jesús: - pobre de Yahvé (familia, nacimiento, costumbres, n. 34); - obediencia y maduración (Lc 2, 51.4-52); - bajo el signo de lo cotidiano (n. 35); - bajo la figura de siervo (n. 36). 3) ¿Qué significado tienen para nosotros hoy los años oscuros de Jesús? - ¿aprecio? (se somete a la condición de aquellos a quienes amaba); - ¿realismo de la encarnación? (hubiera sido un extraño); - ¿nos ayudan a entender nuestra propia vida? 4) Comentar los nn. 37-41. Implicaciones prácticas. ........................................................................ TEMA 15 OBJETIVO: DESCUBRIR EL SIGNIFICADO DE LA VIDA OCULTA DE JESUS PUNTOS CLAVE * La Pascua, en el primer plano del Evangelio. * Escasez de datos sobre la vida oculta de Jesús. * No es un obstáculo a la fe. * Años oscuros: Pobreza, obediencia, maduración, bajo la figura del siervo, exigencia de la encarnación, realismo de la humanidad de Cristo. PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas... * Presentación del tema 15. - Lectura personal - Cuchicheo: Lo más importante para ti. - Puesta en común. Diálogo. * Lectura Lc 2, 39-52. Silencio. Comentario. Canto.

VIDA PÚBLICA DE JESÚS BAUTISMO - PREDICACIÓN - SIGNOS
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir quién es realmente Jesús: - Sus actitudes. - Su personalidad mesianica, consecuente con sus actitudes. 43. Los comienzos: misión, vocación, bautismo Los evangelios describen los comienzos de la vida pública de Jesús de modo que en ellos expresan el núcleo esencial de su misión, de su vocación. Tales comienzos están presididos por un hecho que desde la más antigua tradición es transmitido con insistencia: su bautismo de manos de Juan en el Jordán. El hecho es narrado de forma que la imágenes exteriores apuntan a una realidad que jamás se podrá expresar adecuadamente con palabras. 44. Hijo de Dios y Siervo de los hombres: "...a quien prefiero" Se trata de expresar la relación del Padre con Jesús y de la fuerza del Espíritu. Esta relación es expresada en términos de Antiguo Testamento: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto» (Mc 1, 11). Así se evoca la figura del Siervo de Yahvé, al que están consagrados algunos cánticos del libro de Isaías. Alli se lee: «Mirad a mi siervo..., mi elegido, a quien prefiero» (Is 42,1). Y en otro pasaje: "el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes" (Is 53, 6). 45. Vocación de servicio. Sin condiciones, hasta la muerte El bautismo de Jesús es expresión de su solidaridad con el pueblo pecador, que se dispone a recibir el reino de Dios, anunciado como inminente por Juan. El bautismo es, además, un signo del servicio de Jesús, de su sumisión y hasta de su muerte. Más adelante, aludirá Jesús

por dos veces al final de su existencia terrena con la palabra «bautismo» (Mc 10, 38; Lc 12, 50). El Hijo amado se consagra como siervo, como humilde y pequeño, como cordero que lleva los pecados del mundo. Tal es su vocación. 46. Un bautismo para todos los creyentes futuros En la narración del bautismo se expresa también la relación del Espíritu Santo con Jesús: "Vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma" (Mc 1, 10). De modo semejante prosigue también el cántico del Siervo de Yahvé: "Sobre él he puesto mi Espiritu..." (Is 42, 1). Por este bautismo del Espíritu, cobra nuevo significado el bautismo de agua de Juan: se convierte en símbolo del bautismo del Espiritu para todos los creyentes futuros. 47. Sumergido en el Jordán, en lugar nuestro Así celebra este acontecimiento la Liturgia de Oriente en la vigilia de la Epifanía: "Hoy inclina el Señor la cabeza ante la mano del precursor; hoy lo bautiza Juan en las ondas del Jordán; hoy oculta el Señor en el agua las culpas de los hombres; hoy es atestiguado desde lo alto como hijo amado de Dios; hoy santifica el Señor la naturaleza del agua". Se inmerge en la corriente del Jordán no para purificarse a sí mismo, sino para preparar nuestra regeneración. 48. La tentación, oposición al bautismo Los Evangelios nos hablan de tentaciones contra la vocación de Jesús (Mt 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13; cf. Tema 6). Además de estas tentaciones narradas al comienzo de la vida pública de Jesús nos cuentan la tentación ocurrida en medio de su actividad pública, por ejemplo, cuando reveló por vez primera la forma de su muerte, el bautismo definitivo, que sería su muerte: "Pedro se lo llevó aparte

y se puso a increparlo: ¡No lo permitas, Dios, Señor! Eso no puede pasarte. Jesús se volvió y dijo a Pedro: Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios" (Mt 16, 22-23). La petición bienintencionada de Pedro se oponía a la misión de Jesús; era una tentación de su adversario Satan". 49. En Galilea, allende el Jordán Así, pues, habiendo recibido el Espiritu y superando toda tentación contra su propia misión, Jesús inaugura su predicación justamente en el momento en que Juan había sido arrestado. Comienza a predicar en Galilea. "Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaias: País de Zabulón y país de Neftali, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tiniebias vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló. Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: Convertíos, porque está cerca el Reino de los Cielos" (Mt 4, 14-17). O como dice San Marcos: "Se ha cumplido el plazo; está cerca el Reino de Dios: Convertios y creed el Evangelio" (Mc 1, 15). 50. El mundo postrado en tiniebias necesita luz El fondo dei corazón humano alimenta siempre la espera de una buena noticia. A lo largo de la historia los hombres han ido materializando esta espera, y así se han ido entregando a la búsqueda de la "piedra filosofal", del "vellocino de oro" o de los "paraísos terrestres". Nuestro mundo todavía puede soñar la novedad radical siguiendo la inmensa ruta de los "viajes espaciales". Y cada persona, desde su rincón, espera durante mucho tiempo un mañana mejor. En

definitiva, el pueblo postrado en tiniebias necesita una intensa luz. 51. El reino de Dios ya está entre vosotros RD/OCULTO Jesús anuncia una radical novedad: el Reino de Dios. Y, sin embargo, se abstiene de las fantásticas descripciones con que entonces se engañaba la imaginación popular. No desenvaina ninguna espada, ni derriba ninguna estrella del cielo. El Reino de Dios no es algo que sobrevenga y caiga desde fuera, de una manera externa y accidental, como un aerolito o como una catástrofe. El Reino de Dios es una realidad que se está forjando en el seno de la humanidad. Preguntado por los fariseos cuándo había de llegar el Reino de Dios, Jesús contestó: "El Reino de Dios no vendrá espectacularmente, ni anunciarán que está aquí o está allí; porque mirad, el Reino de Dios está dentro de vosotros» (/Lc/17/20-21). 52. EI Reino de Dios oculto El judaísmo, tomando al pie de la letra los oráculos escatológicos del Antiguo Testamento, se representaba la venida del Reino como algo fulgurante e inmediato. Jesús lo entiende de otra manera. El Reino viene cuando se dirige a los hombres la Palabra de Dios. Debe crecer, como una semilla sembrada en el campo (Mt 13, 3-9.18-23). Crecerá por su propio poder como el grano (Mc 4, 26-29). Fermentará y levantará al mundo, como la levadura echada en la masa (Mt 13, 33). Sus humildes comienzos contrastan así con el futuro que se le promete. Las parábolas del Reino de Dios vienen a decir que lo que importa no es el efecto exterior que deslumbra a los hombres, pero no les nutre, sino la acción de Dios, que está oculta en el cotidiano quehacer, en la vida ordinaria de los hombres.

53. Ha comenzado ya en la persona de Jesús Lo más sorprendente del mensaje de Jesús es que anuncia un Reino que ha comenzado ya en su propia persona. Mientras los videntes apocalípticos hablaban sobre cosas que caían fuera de ellos mismos, Jesús lleva el Reino de Dios en sí mismo. «Volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte: ¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron, y oír lo que oís, y no lo oyeron» (Lc 10, 23-24). El Reino de Dios no es para Jesús una visión lejana. El mismo Jesús está en medio de él, empeñado en la lucha contra otro reino: "Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el Reino de Dios ha llegado a vosotros" (Lc 11, 20). 54. Jesús lleva en sí mismo la cercanía de Dios. Una autoridad que no tiene par Jesús hace sentir sin rodeos, a todo el que se le acerca con corazón sincero, la cercanía de Dios. Asi lo percibe Nicodemo y le dice a Jesús: "nadie puede hacer los signos que tú haces, si Dios no está con él" (Jn 3, 2). Jesús lleva en sí mismo la cercanía de Dios. Ello da a su persona una autoridad serena, que no tiene par: "La gente estaba admirada de su enseñanza, porque les enseñaba con autoridad y no como los escribas" (Mt 7, 28-29). Jesús completa todo lo que le precede y enseña con palabras que durarán más que el cielo y la tierra, destinados a pasar (Mc 13, 31). 56. El Reino de Dios es inseparable de la conversión del hombre Jesús enfoca su predicación en la línea de los grandes profetas,

que prepararon su venida. Asimismo, salvando la diversidad de los tiempos, de los lugares y de los auditorios, las predicaciones de Juan Bautista, de Jesús, de Pedro o de Pablo ofrecen todas un mismo esquema y una misma orientación: llaman a la conversión y anuncian un acontecimiento. El Reino de Dios es inseparable de la conversión del hombre. 57. La palabra de Jesús frente a la experiencia del mundo Ahora bien, la predicación de Jesús incide en su mundo, donde reina de modo manifiesto la experiencia contraria. Si su predicación proclama como presente el Reino de Dios y llama a la conversión, el mundo vive justamente lo contrario: no existe ningún Señor y, además, el hombre no puede cambiar. Quedan, pues, alineadas, frente por frente, la Palabra de Jesús y la experiencia del mundo. El mundo prescinde de Dios, desconoce su acción en la historia y no experimenta necesidad de conversión. 58. La conversión como buena noticia: El Reino de Dios en acción RD/GRATUIDAD:Sumamente importante esto: la predicación de Jesús exige conversión no únicamente exhortando a los hombres a vivir como deben, sino anunciándoles que el Reino de Dios está ya presente y en acción. En virtud de este acontecimiento de la llegada del Reino de Dios, la conversión le es ofrecida al hombre gratuitamente, de balde. Es una posibilidad de vida nueva que se abre por gracia con la venida del Reino. El cumplimiento del Sermón de la Montana (programa de Jesús) es anunciado a hombres que no pueden cumplir la Ley. Si tal anuncio no fuera hecho en un régimen de gracia, no sería recibido como buena nueva, sino como mala noticia. Sería como

cargar un peso sobre los hombros de quienes ya se doblan. 59. La fuerza de Dios se despliega en la debilidad del hombre En efecto, el hombre está sometido a señores muy poderosos, como para que -por su propia fuerza- pueda cambiar: "ninguno (de vosotros) cumplís la Ley" (Jn 7, 19), dice Jesús a los judíos (y le quieren matar). El hombre, ciertamente, necesita "nacer de lo alto" (Jn 3, 3.7). Ahora bien, si el hombre cambia, si el hombre sigue un proceso serio de conversión, entonces es que el Reino de Dios ha aparecido en medio de nosotros (cf. Lc 11, 20). La fuerza de Dios se despliega en la debilidad del hombre (2 Co 12, 9). 60. Anunciar a los pobres la buena nueva Por ello la buena nueva es anunciada a los pobres, es decir, a todos aquéllos que tienen conciencia de su limitación e insuficiencia. Así cumple Jesús la profecía de Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista» (Lc 4, 18). Esta Escritura se cumplió un día en la sinagoga de Nazaret (Lc 4, 21) y en toda la vida pública de Cristo. Inspiración semejante refleja la respuesta que Jesús da a los enviados de Juan: "Id a anunciar a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el Evangelio" (Lc 7, 22). 61. Exigencias para entrar, desde ahora, en el Reino de Dios El Reino es el don de Dios por excelencia, el valor esencial que hay que adquirir a costa de todo lo que se posee (Mt 13, 44 ss.). De

ahí se sigue que es necesaria una decisión; hay que convertirse, buscar continuamente el rostro de Dios (Cf. Sal 104, 4), abrazar las exigencias del Reino. El Reino no es algo que se pueda considerar como un salario debido en justicia: Dios contrata libremente a los hombres en su viña y da a sus obreros lo que le parece bien (Mt 20, 1 -1 6). Sin embargo, si bien todo es gracia, los hombres deben responder a esta gracia: se requiere un alma de pobre (Mt 5, 3), una actitud de niño (Mt 18, 1-4; 19, 14), una búsqueda activa del Reino y de su justicia (Mt 6, 33), la perseverancia en medio de las persecuciones (Mt 5, 10; Hch 14, 22; 2 Ts 1, 4-5), el sacrificio de todo lo que se posee (Mt 13, 44 ss.), una justicia mayor que la de los fariseos (Mt 5, 20); en una palabra, el cumplimiento de la voluntad del Padre (Mt 7, 21), especialmente en lo que toca al amor fraterno (Mt 25, 34-40). Todo esto se exige a quien quiera entrar ya desde ahora en el Reino de Dios. 62. Jesús perfecciona e interioriza la ley BITS/RD:Las exigencias del Reino de Dios las encontramos resumidas en el Sermón de la Montaña. No se trata de leyes minuciosamente formuladas, ni de un reglamento impersonal. Jesús nos pone delante de Dios vivo. El perfecciona e interioriza la Ley, que hasta entonces se había quedado en lo exterior. Todas las modificaciones que Jesús introduce aparecen formuladas del siguiente modo: "No sólo... sino también". No sólo el homicidio, sino también la simple palabra de odio. No sólo el adulterio, sino también la simple mirada y deseo, y el pensamiento que se consiente. Lo mismo sucede cuando exige que se diga la verdad, sin necesidad de

juramento, en el mandato de no vengarse, y, finalmente, en la invitación a un amor que no excluya a nadie, ni aún a los enemigos, imitando la perfección del Padre, que hace salir el sol y envía su lluvia sobre justos y pecadores (Mt 5, 43-48). 63. El don del Espíritu Ante el Sermón de la Montaña, el hombre tiene delante la voluntad de Dios sin velos ni tapujos. La primera reacción del corazón generoso es de asombro y gozo: "Sí, así es; así debe ser. esto es vida...". Pero inmediatamente surge la pregunta: «¿Es esto posible?». Y pensamos: «esto no se puede cumplir al pie de la letra». Precisamente por eso no se puede convertir en simple ley. Sin embargo, es voluntad de Dios, es la alegría del Reino. Y, de hecho, muchos lo van experimentando: son aquéllos que acogen con fe el Don del Espíritu. 64. El hombre, en el punto de una opción: acogida o rechazo del Reino de Dios La predicación del Reino de Dios sólo ejerce su fuerza salvadora si el hombre responde con la fe. El Evangelio es "una fuerza de salvación de Dios para todo el que cree" (Rm 1, 16). Conduce al punto de una opción. No caben términos medios. Es preciso decidir. Como dice Jesús: "El que no está conmigo, está contra mí; el que no recoge conmigo, desparrama" (Lc 11, 23). El rechazo humano del Evangelio tiene su prototipo en la actitud cerrada de Jerusalén ante la predicación de Jesús: "¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como la gallina a sus pollitos bajo las alas! ¡Pero no habéis querido!» (Lc 13, 34). San Pablo

experimentará, como Jesús, el rechazo dado a su predicación y dirá: «Pero no todos han prestado oído al Evangelio...» (Rm 10, 16). 65. Jesús anuncia y ofrece el perdón de Dios Jesús fue enviado por su Padre, no como juez, sino como Salvador (Jn 3, 17 ss.; 12, 47). Invita y suscita la conversión en todos los que la necesitan (Lc 5, 32; 19, 1-10), revelando que Dios es un Padre que tiene su gozo en perdonar (Lc 15) y cuya voluntad es que nada se pierda (Mt 18, 12 ss.). Jesús no sólo anuncia este perdón a quien se reconoce pecador, sino que, además, lo ejerce; da testimonio con sus obras que dispone de este poder reservado a Dios (Mt 9, 5 ss.; cf. Jn 5, 27). A los pecadores que se veían excluidos del Reino de Dios por la mezquindad de los fariseos, proclama el Evangelio de la misericordia infinita. Jesús los acoge y come con ellos (Lc 19, 1-10; 15, 2). Los que alegran el corazón de Dios no son los hombres que se creen justos, sino aquéllos que reconocen su pecado (Lc 18, 9-14), aquéllos que son como la oveja o la dracma perdida y hallada (Lc 5, t-10). El corazón de Dios Padre, que mostraba Jesús, en cada uno de sus actos, quedó retratado para siempre en la parábola del hijo pródigo: el Padre está acechando el regreso de su hijo y, cuando lo descubre de lejos, siente compasión y corre a su encuentro (Lc 15, 20). 66. Encontrar a Dios Padre en el centro de la vida Jesús es el revelador de Dios como Padre. En su vocabulario hay una palabra que lo resume todo: Abba. Es una palabra infantil y confiada, una de las primeras que afloran en la boca humana: papá, abba. Esta palabra aramaica es un diminutivo. Así llamaba Jesús a Dios. Y además

nos enseña a nosotros a hacer lo mismo. Para ello nos envía su Espíritu: «Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios" (Rm 8, 16). Jesús revela que el hombre puede acudir siempre a Dios en el cotidiano quehacer, tal como es, con sus miserias y necesidades. Confiar en el Padre, encontrar a Dios en el centro de la vida, es para Jesús el verdadero corazón del Evangelio. 70. Les anunciaba la palabra con muchas parábolas Para su predicación, Jesús utiliza frecuentemente la parábola, narración destinada a ilustrar una verdad por medio de analogías y comparaciones: «Con muchas parábolas parecidas les exponía la Palabra, acomodándose a su entender» (Mc 4, 33). Así, de modo sencillo, explica Jesús la génesis, desarrollo y crecimiento del Reino de Dios. 72. Muchos se quedan en el umbral de la parábola: Tienen embotado el corazón. Están fuera En quienes se quedan en el umbral de la parábola, Jesús ve cumplida la profecía de Isaias: "Oiréis con los oidos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos: para no ver con los ojos ni oír con los oídos, ni entender con el corazón ni convertirse para que yo los cure» (Mt 13, 14-15). Jesús no se alegra por ello ni lo desea sino que, al contrario, lo deplora. Sencillamente, llama la atención sobre un hecho. Efectivamente, muchos no penetran en el sentido de la parábola: tienen embotado el corazón, duros de oídos, cerrados los ojos. Están fuera del Reino de Dios (/Mc/04/11). 73. El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas

En la predicación de Jesús, los hechos acompañan a las palabras. Jesús anuncia una palabra que se cumple. Esto es, los signos acompañan a la predicación. Es ésta, por lo demás, una característica de la historia de la salvación que alcanza su plenitud en Cristo. Tal característica es señalada por el Concilio Vaticano ll: «El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan; a su vez, las palabras proclaman las obras y explican su misterio" (DV 2). En definitiva, el estilo de Cristo es ese que utiliza en la sinagoga de Nazaret: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír» (Lc 4, 21). Es decir, Cristo cumple con su misión salvadora el Reino de Dios que anuncia. 74. Los milagros, como acontecimientos del Reino de Dios MIGROS/RD Los milagros de Jesús se inscriben dentro de la perspectiva de la inauguración del Reino de Dios, anunciado por su predicación. Los milagros son la palabra de Dios hecha acontecimiento. Frecuentemente, el hombre moderno se pregunta sobre la relación entre milagro y orden físico, es decir, si los milagros suceden «fuera de las leyes de la naturaleza». En realidad, la Biblia no nos explica nunca la relación entre milagro y naturaleza, sino la que hay entre milagro y Dios. Para los hombres que escriben la Biblia, el milagro es una experiencia de la intervención de Dios en los sucesos. 75. El milagro no es una intervención arbitraria y extraña de Dios Nadie nos obliga a considerar los milagros como una intervención arbitraria y extraña de Dios, como si Dios impidiera el curso de su propia creación. Por el contrario, el milagro no va contra las fuerzas de la

creación, sino que hace brillar de manera maravillosa el señorío de Dios sobre la naturaleza y la historia, en la dirección de una plenitud por la que la creación entera gime y sufre dolores de parto (Rm 8, 22). Como dice Jesús: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo» (Jn 15,17). 76. Ignoramos lo que Dios puede hacer con el mundo y con nosotros Por ello, en el milagro, lo menos importante es lo que pueda haber de suspensión de leyes de la naturaleza. El milagro es ante todo una manifestación de Dios, un signo a través del cual el creyente rastrea la presencia de la nueva creación, cuya plenitud es Jesucristo resucitado. De este modo el creyente descubre insospechadas posibilidades que Dios reserva para el hombre y para el mundo. 77. Los milagros sirven a la predicación, en cuanto la muestran eficaz Los milagros de Jesús son parte de su predicación. Son el cumplimiento de su palabra. Donde su predicación o al menos su persona no es acogida con algún grado de fe, Jesús no obra milagros, por ejemplo, ante un grupo de hombres cerrados ya de antemano, como sus paisanos de Nazaret, los fariseos o Herodes. Si es cierto que una vez se lee: "Creedme... Si no, creed a las obras" (Jn 14, 11), también leemos que Jesús no tenía mucha confianza en quienes sólo creían por razón de los milagros (Jn 2, 23-24). Y él mismo dice de los hermanos del rico glotón: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto (Lc 16, 31). 78. Donde no hay fe no es percibido el milagro. Sin violentar la

condición humana Por parte del hombre, la fe es acogida recepción de la palabra predicada. Si el milagro es la palabra cumplida, se sigue entonces que, donde no hay fe, no es percibido el sentido profundo del milagro. Por ello dice Jesús: "Dichosos los que crean sin haber visto" (Jn 20, 29). Esos son, efectivamente, los que verán. El Reino de Dios no viene aparatosa ni espectacularmente. El Reino viene, como Jesús, bajo la figura del Siervo, sin dejarse sentir, sin triunfalismos, sin apariencias. Los milagros que Jesús lleva a cabo para manifestar el sentido de su palabra no atentan en nada contra la condición humana de su presencia en el mundo, y por tanto contra su misión de siervo. No pretenden establecer de antemano el "paraíso", sino orientar a los hombres hacia lo que anuncia su mensaje, revelar el poder de liberación del Reino de Dios que llega. 79. El milagro como signo mesiánico acerca de Jesús Con sus milagros, manifiesta Jesús que el Reino mesiánico anunciado por los profetas está presente en él (Mt 11, 2 ss.). Pero no es el acontecimiento milagroso aislado lo que da testimonio de Cristo, sino el acontecimiento, en cuanto que referido a su Palabra, implica el cumplimiento de la misma. La Iglesia naciente consideró los milagros como consideró las parábolas y otros gestos del Señor (por ejemplo, el lavatorio de pies en la última cena; cf. Jn 13, 1-6), es decir, como revelaciones o señales para aquéllos a quienes se había dado a conocer los misterios del Reino de Dios (Mc 4, 11 ss.). 80. Incapacidad equivalente a rechazo El milagro está en relación inmediata con el reino de Dios que Cristo anuncia, con su persona y con su misión. En definitiva, la incapacidad de

muchos hombres para percibir el verdadero significado de los milagros de Jesús es considerada por El como equivalente al rechazo de su evangelio y, en último término, como un aspecto del escándalo general al que está expuesto el misterio central de su persona. 81. Ungido de Espíritu Es interesante destacar que Jesús comienza a realizar milagros después de recibir el Espíritu en el bautismo. Ungido de Espíritu y poder, inaugura la Nueva Creación (Mt 3, 16), arroja su semilla anticipando lo que está llamada a ser la humanidad entera. El es el nuevo Adán, el Hombre Nuevo en medio de un mundo que declina hacia la muerte. 82. Los apóstoles repiten las acciones salvadoras de Jesús Cuando los apóstoles reciben el Espíritu, repiten asimismo las acciones salvadoras de Jesús: "Ellos se fueron a pregonar por todas partes y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban» (Mc 16, 20). Los apóstoles toman conciencia de que Jesús está con ellos, según su promesa. 83. Dios actúa y Jesús sigue actuando En la Iglesia de hoy, como en la Iglesia naciente (Hch 2, 43; 3, 12 ss.), Jesús continúa actuando y haciendo milagros. Hoy como ayer este lenguaje es incomprendido por el espíritu soberbio o arreligioso, pero lo percibe el que sabiendo que nada es imposible para Dios se abre a los requerimientos de la fe y del amor, cuando el contexto religioso del hecho indica que Dios ha hecho señas. ........................................................................ PISTAS PARA LA REUNION

TEMA 16. LA EVANGELIZACION DE JESUS 1) ¿Qué relación encontramos entre evangelización, vocación y bautismo? - en Jesús de Nazaret; - en cada uno de nosotros. Comentar los nn. 43-48. 2) Lectura de Is 42, 1-9 y de Mc 1, 9-11: participación comunitaria. 3) ¿Qué buena noticia esperas en este momento? 4) ¿Qué situación infra-humana querrías ver superada? 5) El evangelio de Jesús es para aquéllos que viven una situación infra-humana: los ciegos, los cojfos, los leprosos, los sordos, los muertos, los pobres. Comentar en grupo Lc 7, 22. 6) El evangelio es una luz para aquéllos que habitan en tinieblas, en "Galilea de los gentiles", en las Galileas de ayer y de hoy. Presentar el pasaje Mt 4, 1 4-17. Poner en común experiencias de luz y de oscuridad. 7) La palabra de Jesús frente a la experiencia del mundo: - ¿camina el mundo al azar? - ¿la historia tiene un Señor?; - ¿puede el hombre cambiar? Comentar en grupo el n. 57. Poner en común la propia experiencia. 8) El reino de Dios no viene aparatosamente, ya está entre nosotros, ha comenzado en la persona de Jesús, es recibido como don del Espíritu. Comentar en grupo estos pasajes: Mt 13, 33; Lc 17, 2021; 10, 23-24; 11, 20; Mt 7, 28-29; Jn 3, 3.7. ¿Qué significan hoy para nosotros?

9) El reino de Dios es inseparable de la conversión del hombre. Esta conversión: - es seguimiento de Cristo (Mt 4, 18-22). - supone unas exigencias para entrar desde ahora en el reino de Dios (n. 61); - supone un descubrimiento de los valores del evangelio resumidos en el Sermón de la Montaña (n. 62); - coloca al hombre en el punto de una opción: acogida o rechazo del reino de Dios (n. 64). Ante la conversión del evangelio, ¿dónde nos situamos nosotros hoy? 10) CV/GRATUIDAD "Es sumamente importante esto: si la predicación exige conversión no es en virtud de una exhortación moralizadora, sino porque anuncia el acontecimiento de la salvación, el Reino de Dios en la persona de Jesús. En virtud de dicho acontecimiento, la conversión del hombre le es anunciada gratuitamente, es decir, de balde. De otra forma, el evangelio no sería buena nueva, sino mala noticia. El hombre, en efecto, está sometido a señores muy poderosos como para que, por sí mismo, pueda cambiar (...). Ahora bien, si el hombre cambia profundamente, si el hombre sigue un proceso serio de conversión, entonces es que el Reino de Dios ha aparecido en medio de nosotros. La fuerza de Dios se manifiesta en contraste con la debilidad del hombre (2 Co 12, 9)» (ICA, Doc. 2, p. 5; ver también nn. 58-59). Comentar en grupo. 11) Jesús anuncia y otrece el perdón de Dios. Comentar en grupo

el n. 65 y confrontarlo con ICA, Doc. 2, pp. 6-7. Poner en común experiencias actuales. 12) Es necesario eL don del Espíritu. Profundizar existencialmente en ello. Comentar en grupo el n. 63. 13) La evangelización de Jesús conduce a la experiencia de fe. Comentar en grupo Lc 10, 23-24. ¿Somos nosotros también testigos? 14) Jesús les anunciaba la palabra con muchas parábolas, acomodándose a su modo de entender, pero muchos se quedan en el umbral de la parábola. Están fuera. Comentar en grupo los nn. 7072. 15) ¿Se dan hoy milagros? ¿Qué es el milagro? ¿Creemos en los milagros? ¿Qué suponen los milagros? Poner en común alguno de estos interrogantes. 16) Destacar y comentar algunos aspectos importantes: - el plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas (n. 73); - Los milagros son acontecimientos del reino de Dios (n. 74), cumplimiento de la palabra predicada (n. 77), signo mesiánico acerca de Jesús (n. 79), anticipación de lo que será la nueva creación (nn. 80-81 ); - el milagro no es una intervención arbitraria y extraña de Dios (nn. 75-76); - donde no hay fe, no es percibido el milagro (nn. 78 y 8G); - Dios actúa, Jesús sigue actuando, los apóstoles repiten las acciones salvadoras de Jesús (nn. 82-83). ¿Todos estos aspectos tienen que ver con la experiencia actual de fe?

........................................................................ TEMA 16-1 OBJETIVO: DESCUBRR EL MODO DE EVANGELIZAR DE JESUS Y CONFRONTARLO CON NUESTRO PROCESO CATECUMENAL PISTA DE LA REUNION 1 En Galilea, lugar de la predicación, desplazamento contiinuo: por la sinagogas. 2 ... halló el pasaje... 3 El Espiritu del Señor sobre mí. 4 Anunciar a los pobres la buena nueva. 5 A los cautivos, la libertad. 6 La vista a los ciegos. 7 La liberación a los oprimidos. 8 Proclamar un año de gracia. PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas... * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión (Lc 4, 1422). * Comunicación de pequeño grupo: Esta escritura ¿se cumple hoy en nuestro proceso catecumenal? * Puesta en común. Salmo. Canto. ........................................................................ TEMA 16-2 OBJETIVO: DESCUBRIR EL MILAGRO COMO ACONTECIMIENTO DEL REINO DE DIOS Y CUMPLIMIENTO DE LA PREDICACION PISTA DE LA REUNION * Lluvia de ideas: Recoger (en el encerado, o de otro modo) los interrogantes que los miembros del grupo tienen en torno al milagro. * Tema 16 (nn. 73-83). PLAN DE LA REUNION

* Información: Personas, hechos, problemas... * Presentación del objetivo, plan y pista de la reunión: Lluvia de ideas, tema. * Comunicación de pequeño grupo: Interrogantes... * Puesta en común. Comentario. Confrontar interrogantes con nn. 73-83 del tema.

QUIEN ES JESÚS: MESÍAS, SIERVO, SEÑOR, HIJO DEL HOMBRE, HIJO DE DIOS
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir quién es realmente Jesús: A) Sus actitudes. B) Su personalidad mesiánica, consecuente con sus actitudes. 84. Interrogantes de todo tiempo Como veíamos en otra parte (tema 12), la figura de Jesús suscita profundos interrogantes en todo tiempo: ¿Quién es realmente Jesús? ¿Un gran hombre del pasado? ¿Un profeta? ¿Un revolucionario? ¿Un hermano para cada hombre? ¿Alguien que actúa en nuestra vida? ¿Aquél sin el cual nada tendría sentido? ¿Qué dice la Escritura sobre El? ¿Cuál es la fe profesada por la Iglesia acerca de El? A) ACTITUDES DE JESUS: J/ACTITUDES:J/PERSONALIDAD 85. El misterio de Jesús a través de su misión y de su acción El Nuevo Testamento nos presenta a Jesús en acción. Más en concreto, en misión recibida del Padre. Como punto de partida esta acción y esta misión, pretendemos acercarnos a un misterio que desborda los esquemas y dimensiones de nuestro mundo, pues ante Jesús se dobla ahora toda rodilla (Flp 2, 10). No se trata de escrutar la psicología de Jesús, sino de describir la manera cómo procedía, de adivinar en su manera de ser una apertura hacia el misterio presentido en los acontecimientos reveladores... Se trata de captar en lo más vivo el

comportamiento de Jesús y descubrir su sentido. Se trata de acercarnos a su misterio a través de su misión y de su acción. Y en medio de su ambiente y de su mundo. 89. En medio del mundo sin ser del mundo. La originalidad de Jesús Los evangelios, con sencillez y claridad y como con cercanía, dejan vislumbrar la singularidad que se manifiesta en la manera de situarse Jesús ante su ambiente. En efecto, todo el mundo en que vive Jesús, todo su mundo en torno, está dibujado en pinceladas directas y auténticas. Sacerdotes y doctores de la ley, fariseos y publicanos, ricos y pobres, sanos y enfermos, justos y pecadores, todos están insertos claramente en el gran acontecimiento que supone -para cada uno a su manera- el encuentro con Jesús. Y lo sorprendente es que Jesus está totalmente en medio de ese mundo tan vivamente descrito y, sin embargo, no es del mundo (Jn 17, 14.16; 8, 23). 91. En vivo contraste con lo que las gentes suponen y esperan En su libertad, rompe las estrechas fronteras que han levantado las tradiciones y determinadas ideas. Lo que se ve también claramente en el trato con sus discípulos. Los llama con palabra de mandato, soberana (Mc 1, 16 ss.); pero también amonesta y disuade a más de uno para que no le siga (Lc 9, 57 ss.; 14, 28 ss.). La conducta y el proceder de Jesús están una y otra vez en el más vivo contraste con lo que las gentes esperan de El o esperan para sí. Como cuenta Juan (6, 15), Jesús huye de la muchedumbre que quiere proclamarlo rey... Los dos hijos de Zebedeo hubieron de experimentarlo cuando Jesús rechazó sus ambiciosos deseos.

92. Jesús fue algo más que un judío piadoso Efectivamente, la originalidad de Jesús se manifiesta en su modo de situarse ante la religión y ante su ambiente. Por lo que a la religión se refiere, la educación religiosa judía, perceptible en su mensaje, no fue determinante hasta el punto de que se pueda describir a Jesús como un "hassid", es decir, como un judío piadoso. Sin duda alguna, lo fue Jesús; pero, si hubiera sido simplemente un judío piadoso, no hubiera levantado ninguna oposición. Sin embargo, Jesús fue discutido por su actitud religiosa ante la ley y el culto. 94. Jesús, la ley y las acusaciones farisaicas. El sábado «hecho para el hombre» Los fariseos reprochan a los discípulos de Jesús no ser muy respetuosos con el sábado (Mt 12, 1-8): Jesus irónicarnente les recuerda la gran libertad de David, y les da a entender que si David había usado de tanta libertad en favor de sus compañeros, con mayor razón podrán tenerla los que acompañan al Hijo del Hombre. Jesús, en efecto, es mayor que el templo. Pero los fariseos no se contentan con atacar a Jesús en sus discipulos. Le acusan de que El también viola el sábado (Mt 12, S-14; Lc 13, 10-17; Jn 5, 9), o de que no observa la pureza legal, pues ha tocado a un leproso y a un cadáver (Mc 1, 41; 5, 41; Lc 7, 14). 95. La libertad de Jesús no es arbitraria La libertad que Jesús se toma en relación con determinadas prescripciones legales no es arbitraria. Jesús pone en evidencia la estupidez de la estrechez legal de una forma sencilla y directa: "Supongamos que uno de vosotros tiene una oveja, y que un sábado se le cae en una zanja, ¿la agarra y la saca o no?" (Mt 12, 11). Y en la parábola del samaritano (Lc 10, 30-37) desenmascara la

hipocresía de una religiosidad que pone la ley por encima del prójimo: la observancia cuidadosa de todas las prescripciones legales no sirve al sacerdote ni al levita para descubrir en el herido la figura del prójimo. Para Jesús, la ley alcanza su sentido en el doble mandamiento del amor a Dios y al hombre (Mt 7, 12; 22, 37-40; Mc 12, 28-34). ¡Doble mandamiento inseparable! En definitiva, la ley no es una norma última, un absoluto: «El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2, 27). La libertad de Jesús se ofrece como libertad para los demás. La ley está en función del prójimo. 96. Jesús y el culto. No basta la sola participación externa en el culto La libertad de Jesús se muestra también en su actitud ante el culto. Evidentemente, Jesús es un judío piadoso que sigue la religión de su pueblo: frecuenta la sinagoga, acude al templo con ocasión de las fiestas. Pero Jesús no tiene miedo de prescindir de ciertas costumbres culturales. Y. sobre todo, Jesús enseña que no es la sola participación externa en el culto lo que salva al hombre: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo" (Mt 7, 21). 97. Jesús y el culto: en función de los dos grandes mandamientos El cumplimiento de la voluntad del Padre se manifiesta así como el verdadero centro de la religión y del culto. En la línea de los grandes profetas, que El supera y lleva a consumación, Jesús promueve la integración del culto en la vida. Por ello el sentido del culto depende también de la propia relación con el prójimo: "Si cuando vas a

poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano" (Mt 5, 23-25). El culto queda falsificado cuando se convierte en un tranquilizante para la dureza de nuestro corazón. Jesús condena una religiosidad que sólo sirviera para justificar la mala conducta de sus hipócritas participantes. 98. El verdadero culto en espíritu y en verdad Jesús da un giro a la misma concepción vigente de lo "sagrado". Hay formas de religiosidad que tienden a reducir lo sagrado a normas, ritos, lugares, cosas que le sirven al hombre para descargar en ellos la verdad y la fuerza de su relación religiosa con Dios. Con Jesús ha llegado el tiempo en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad (Jn 4, 23). En efecto, es el don del Espíritu el que permite conocer y adorar a Dios como Padre. Este es el culto "en verdad" que va a caracterizar el nuevo tiempo mesiánico y que excede, supera y hace superfluo todo culto religioso anterior, en concreto, el que tenía lugar en el templo de Jerusalén. Este es un punto central del mensaje del Nuevo Testamento. 99. En medio de su ambiente. "Como quien tiene autoridad...". La originalidad de Jesús se manifiesta también en su modo de situarse ante su ambiente: la familia, los "influyentes", los amigos, la política. En cada situación Jesús va manifestando su singular misión mesiánica: unas veces extraña, otras interpela, otras admira. Siempre desborda. Jesús hace sentir sin rodeos a todo el que se le acerca la inmediatez de

Dios. El mismo lleva consigo esta inmediatez: "EI Reino de Dios ya está dentro de vosotros" (Lc 17, 21), "¡dichoso el que no se escandalice de mi!" (Mt 11, 6). Ello da a su persona una autoridad serena, que no tiene par: "Se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad" (Mc 1, 22). 100. La misión por encima de la familia. «Ocupado en las cosas de mi Padre...» La figura mesiánica de Jesús desborda a su propia familia. Desde los acontecimientos que rodearon su nacimiento, "su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño" (Lc 2, 33). Cuando a los doce años lo encuentran en el templo sentado en medio de los doctores, tras una angustiosa búsqueda, sus padres quedaron sorprendidos por el hecho y, además, tampoco comprendieron la respuesta que les dio (Lc 2, 42-50). En definitiva, Jesús se debe a su propia misión, por encima de su familia. Por ello, «su madre y sus hermanos son aquéllos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen" (Lc 8, 21). 101. Imprecaciones contra los "bien considerados". A favor de los pobres Jesús conoce la mezquindad de los "bien considerados" en la sociedad de entonces: los fariseos, los saduceos, los ricos. Las imprecaciones que lanzó sobre ellos dejan entrever una extraordinaria indignación (Lc 11, 39 ss.; Mt 23; Lc 6, 24). Es cierto que entre ellos hay excepciones y Jesús las reconoce abiertamente (Nicodemo, José de Arimatea, Zaqueo...). Jesús condena en ellos su actitud presuntuosa (Lc 18, 9-14)

y su papel social y religioso (Mt 23). Su indignación es una toma de postura en favor de los pequeños y de los pobres. Los "bien considerados", los "autosuficientes" quieren convertir a Dios en su prisionero. Jesús les arrebata a Dios. Y al quedar Dios en libertad, su libertad es también la liberación del hombre. 102. Acogida evangélica a "los despreciados". Al encuentro de los pecadores Jesús prefiere a los "despreciados" de la sociedad: ellos no pretenden imponer sus caminos para llegar a Dios. Lo dejan libre. Pero no tienen sitio en la sociedad. Son unos parias, aunque no todos sean pobres, ni mucho menos. Pero el hombre tiene más necesidad de reconocimiento social que de dinero. Esos "marginados" son, en primer lugar, los publicanos, hombres de fama dudosa, cobradores de impuestos y supuestos ladrones. Son odiados y detestados, como todas las personas dedicadas al fisco. Son también las mujeres de mala vida. Jesús no es esclavo de los prejuicios sociales: la libertad con que se separa de los prejuicios no es arbitraria, sino necesaria para cumplir su misión. A diferencia de los "influyentes", los despreciados de la sociedad adquieren fácilmente conciencia de su incapacidad e insuficiencia de cara a la salvación para poner su esperanza en la gratitud y misericordia de Dios. 103. Un lugar para la amistad Los evangelistas no ocultan el hecho de que Jesús tenía amigos. La muchedumbre se admira al ver cómo quería a Lázaro. Ni ocultan tampoco sus amistades femeninas: Marta, María y quizá Magdalena. Jesús no manifiesta el menor desprecio hacia la mujer, ni en sus palabras ni en sus actos. Jesús es libre frente a la presión social y frente a los juicios más o menos severos sobre la mujer. Su conducta se

refleja en su doctrina (Lc 8, 1-4; 10, 38 ss.; Jn 1 1, 1-44). 104. A la mujer, la misma consideración que al hombre Jesús muestra una estima de la mujer realmente excepcionales en la antigüedad. En contraste con el desprecio rabínico, Jesús concede a la mujer la misma consideración que al hombre. Dialoga largamente con la Samaritana, ante el asombro de sus discípulos; un grupo de mujeres le asiste en sus viajes con los apóstoles; se hospeda en casa de Marta y María, conversando con ellas... Jesús muestra especial compasión por el sufrimiento de la mujer; se apiada de la viuda de Naim, que ha perdido a su hijo único, y le dice: "No llores", resucita al muchacho y se lo entrega a su madre; cura a la hemorroisa en medio de la multitud; al hablar de la ruina de Jerusalén, se compadece especialmente de las embarazadas y de las que crian; se preocupa desde la cruz por remediar la soledad en que queda su madre. Defiende, en fin, a la mujer frente al duro juicio de los hombres: así en el caso de la adúltera, de la pecadora, de María Magdalena; así también cuando dice: "Los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del Reino de Dios" (Mt 21, 31; cf. Jn 4, 27; Lc 8, 1-3; 10, 38-42; Mt 20, 20-23; Lc 23, 27-31; Jn 20, 11-18; Lc 7, 11-15; Mc 5, 25-34; Mt 24, 19; Jn 19, 26-27; 8, 1-11; Lc 7, 36-50; Jn 12, 1-11). 105. "Dejad que los niños vengan a, mí no se lo impidáis" En cuanto a los niños, tienen igualmente un puesto en el corazón de Jesús. El conoce los juegos infantiíes; impide que sus discipulos aparten

de El a los niños; los abraza y los pone como ejemplo a los adultos; afirma que quien acoge a los niños, y a los hombres semejantes a ellos, a El le acogen; condena a quien los escandaliza; afirma que sus ángeles ven siempre el rostro de Dios y que Dios no quiere que ninguno se pierda; defiende a los que le aclaman a su entrada en Jerusalén (cf. Mt 11, 16-19; Mc 10, 13-16; Mt 18, 5. 6. 10. 14; 21, 15 ss.). 106. Decepción en los medios políticos. Ni colaboracionista ni resistente. Y. sin embargo, "criminal político" En relación con la política de su tiempo, Jesús no se muestra ni colaboracionista ni resistente. Jesús no teme al poder (es duro con Herodes) y obra según su misión, sin tener para nada en cuenta unas normas de prudencia política que serían claudicaciones (Lc 13, 3134). Pero Jesús se niega además a verse metido en una resistencia armada contra el poder ocupante. A pesar de todo, los jefes judíos hicieron condenar a Jesús como criminal político: "Ha pretendido ser el rey de los judíos" (Jn 19, 19-21). Por razones de uno u otro signo, la actuación mesiánica de Jesús no pudo evitar la decepción y la hostilidad de los medios politicos. 107. Profeta y maestro con autoridad propia J/PROFETA Jesús es el hombre que anuncia la llegada del Reino de Dios. Es por tanto, un profeta. Pero al mismo tiempo es totalmente distinto de un profeta. De un profeta se esperaba que, por una sentencia introductoria, dijera de quién procedia su mensaje: "Asi dice Jahvé". Jesús habla por cuenta propia, con plena autoridad: "En verdad os digo..." Es todo un maestro (rabí). En efecto, Jesús discute con sus discípuíos, con

otros maestros, anda errante y enseña en las sinagogas. Pero su manera de instruir es totalmente nueva: un rabi tenía obligación de alegar la Escritura o la autoridad de otros maestros; en Jesús, Dios instruye inmediatamente. Incluso la Escritura es completada por El y, en realidad, corregida: "...Habéis oído que se dijo..." "Yo os digo". 108. Jesús, un profeta que vivió como el pueblo Los evangelistas nos refieren que los fariseos acusaban a Jesús de hablar como un profeta, pero sin vivir como un profeta, y comparaban su manera de vivir con la de Juan. Juan y sus discípulos ayunaban. Mantenían de este modo la imagen tradicional de la existencia profética. Jesus vive como el pueblo. Durante el ministerio de la predicación, fue la aristocracia civil y religiosa la que más se escandalizó. Un profeta no podía ser un hombre como los demás. Jesus no resulta digno de crédito. Más bien es peligroso: trastorna el orden definido, desconcierta las ideas de los demás, rompe las reglas del juego religioso y social. 109. Un profeta "que come y bebe..." "¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza que gritan a otros: Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado. Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: Tiene un demonio. Vino el Hijo del Hgmbre, que come y bebe, y dicen: Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores" (Mt 11, 16-19). 110. Un profeta pobre En su modo de vivir Jesús comparte la inseguridad de los pobres y esa otra inseguridad propia de quien anuncia el Reino de Dios: «Mientras iban caminando, uno le dijo: Te seguiré a donde quiera que vayas.

Jesús le dijo: Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Lc 9, 58). 111. El celibato de Jesús, opción mesiánica El celibato es un punto en que Jesús no siguió la orientación común de la vida de los hombres. No hubo en El una falta de aprecio del amor humano, ni tampoco una renuncia a valores humanos que estuvieran en oposición a valores sobrenaturales. Cristo hizo una opción entre diversas posibilidades mesiánicas: no escogió el camino del poder y del dominio, sino el de la debilidad y el desvalimiento, la ruta silenciosa de una situación vital plenamente humana, que El vivió a fondo en la significativa posibilidad del celibato. Tal proyecto de vida dejó sus manos completamente libres para el desempeño de su misión: el anuncio incondicional del Reino de Dios. 112. El celibato de Jesús, signo del reino. Una experiencia que se repite Todo aquél que, por la fuerza exclusiva del Reino de Dios, renuncia espontánea y desinteresadamente a todo, experimenta la fórmula "no necesario, pero sumamente conveniente", como una pálida traducción de su experiencia personal. Para él, se trata realmente de un "no poder ser existencialmente de otro modo". Quien vive la experiencia misma, sabe que ese "deber" es mucho más fuerte que cualquier orden o cualquier ley. Es la experiencia primitiva de un apóstol de Cristo, que -vuelto "loco" por haber encontrado el "tesoro escondido" en el campo de su propia historia- queda ciego para la posibilidad, obJetivamente aún abierta, de una vida conyugal: "...y hay quienes se hacen eunucos por el Reino de

los Cielos. El que pueda con esto, que lo haga" (Mt 19, 12). 113. Libertad insólita, personalidad excepcional, misión arraigada en la esperanza bíblica En el contexto socio-religioso de su tiempo, Jesús se muestra como un hombre libre, libre delante de Dios y para Dios; libre delante de los hombres y para los hombres. Esta libertad es insólita, y los contemporáneos de Jesús lo reconocian en sus dudas al tratar de definir su personalidad. Algunos veían en EL un "profeta"; otros sospechaban que tenía relaciones con el príncipe de los demonios. Los evangelistas hablan de una división de opiniones. Cada uno percibía más o menos conscientemente que esta libertad no tenia fundamento en si misma: manifestaba una "realidad" cuyos contornos nadie llegaba a fijar. Presentían una personaiidad excepcional, con origen en un lugar inalcanzable. B) PERSONALIDAD MESIANICA J/MESIAS 114. Jesús, Mesías, bajo la figura del Siervo Jesús actualiza la función mesiánica optando, en su bautismo y en su desierto, por el servicio a Dios y a los hombres aun en medio de la humillación, el dolor y la muerte. El es realmente el Siervo, anunciado por el profeta Isaías: "Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre él he puesto mi espiritu" (Is 42, 1). El es, como profetizó Juan Bautista, el Cordero de Dios que lleva sobre sí el peso de nuestros pecados y dolencias (Jn 1, 29; Is 53, 4 ss.), y al propio tiempo, aquél sobre quien desciende el Espíritu para comunicarlo al mundo (Jn 1, 33). Jesús es el Mesias bajo la figura del Siervo: "El, a pesar de su condición divina, no se aferró a su categoria de Dios; al contrario,

se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó obedeciendo hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2, 6-8). 115. Jesús, Mesías, manifestado como Señor Jesús cumple su misión confiando en que el Padre no le dejará en la estacada de la humillación, del dolor y de la muerte. En Jesús toma cuerpo como en ningún otro la esperanza de Oseas: "Dentro de dos dias nos dará la vida, y al tercer día nos levantará" (6, 2). Efectivamente, tras un breve tiempo, el Siervo Jesús es glorificado: "Dios lo levantó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el Cielo, en la Tierra, en el Abismo, y toda lengua proclame: ¡Jesucristo es Señor!, para gloria de Dios Padre" (Flp 2, 9-11). Por su resurrección, el Mesías se manifiesta como Señor, esto es, como Dio. 116. El Hijo del Hombre, título mesiánico preferido por Jesús El título hebreo de Mesías (en griego, Cristo; su significado: Ungido) alude al rey tanto tiempo esperado, que reemplazaría el dominio extranjero por la soberanía de Dios. Era un titulo peligroso, pues iba ligado con estrechas expectaciones nacionalistas. Para indicar su mesianidad, Jesús mismo escogió una palabra que en las ideas de las gentes tenía menos que ver con la dominación terrena: el Hijo del Hombre. En los Evangelios este título aparece siempre en la boca de Jesús. Su reino no era de este mundo (Jn 18, 36). 117. El Hijo del Hombre: Siervo y Señor, Hombre y Dios "Hijo del Hombre" es una expresión muy rica, pues a la par que la grandeza de Jesús, indica también la humildad insólita de su mesianidad. En virtud de la sugerente fuerza significativa de la expresión,

aparece claramente la solidaridad de Jesús con el destino humano, así como su condición divina. Procede de la profecía de Daniel (Dn 7). A un pueblo creyente, perseguido a muerte por poderes que son descritos como bestias, se le anuncia una esperanza, un salvador "como un Hijo de Hombre que viene sobre las nubes del cielo", a quien se le da un reino que no será destruido jamás. 118. El Hijo del Hombre: de Siervo a Señor. ¡Un procesado... "sobre las nubes del cielo"! Tras la confesión de Pedro en Cesárea de Filipo: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo", Jesús toma dos precauciones para no ser mal interpretado. La primera es que no se lo digan a nadie. La segunda es comenzar a decirles que «el Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres dias» (Mc 8, 31). Jesús anuncia, pues, su doble misión de Siervo, primero, y de Señor, después. El resucitará: «desde ahora veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo» ( Mt 26, 64). A Caifás no se le escapa el significado mesiánico y divino de esta confesión: «Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oir la blasfemia. ¿Qué decidís?, y ellos contestaron: Es reo de muerte» (Mt 26, 65-66). 119..| La clave profunda de la personalidad» de Jesús: Hijo de Dios Jesús no blasfemó: ¡Es el Hijo de Dios! Lo es desde siempre.

Ningún título expresa mejor el misterio de su persona. Ahí radica la clave profunda de su «personalidad». Cristo asume su función mesiánica bajo la forma del Siervo, porque tiene conciencia de sí mismo como lo que es, HIJO DEL PADRE, y consiquientemente confia en El: «El Señor me abrió el oido; yo no me resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes. Por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado» (Is 50, 5-7). 120. Confianza incondicional en el Padre: actitud básica, actitud filial En efecto, la actitud básica de Cristo, que fundamenta todas las demás, es su confianza incondicional en el Padre. Jesús vive en profunda comunión con El (Mt 11, 25-27). Jesús es "el Hijo" (Mt 24, 36; 21, 33 ss.). Su actitud filial le lleva a una profunda obediencia a la voluntad de Dios (Hb 5, 7 ss.; 10, 5-7), voluntad que aparece configurada en un plan de salvación y que se manifiesta en acontecimientos de la propia historia. 121. Confiar en el Padre: Clave del Evangelio de Jesús Esta confianza en el Padre constituye el fondo del Sermón de la Montaña y es, por tanto, el verdadero corazón del Evangelio (Mt 6, 25 ss.). En la oración cristiana nos dirigimos a Dios confiadamente como Padre (Mt 6, 9 ss.). Confiar en el Padre es una de las claves del Evangelio de Jesús. Buscar el Reino de Dios y el cumplimiento de su voluntad en nosotros viene a ser lo verdaderamente importante (Mt 6, 33). Este es el sacrificio de la Nueva Alianza (Hb 10, 5-7). 122. "El Padre y Yo somos una sola cosa» (Jn 10, 30). Jesús es el Hijo de Dios HIJO-DE-DIOS En el Antiguo Testamento, hijo de Dios era un título usado

frecuentemente para expresar una relación especial del hombre con Dios. Pero en Jesús esta denominación recibió una grandeza inesperada y una significación única: es "el Hijo" (Mc 13, 32; Mt 24, 36; 21 33 ss.), igual al Padre: "los judíos acosaban a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado. Les respondió Jesús: Mi Padre sigue actuando y yo también actúo. Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios" (Jn 5, 16-18). Según San Juan, todo el Evangelio se ordena a esto: "que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios" (Jn 20, 31). 123. Hijo de Dios: con significación única a partir de la resurrección de Jesús. Fe de la Iglesia Antes de la resurrección de Jesús, el misterio insondable del Hijo único de Dios, se mantenía en penumbra, y, en alguna ocasión, en claroscuro (piénsese en el significativo episodio de la transfiguración). A la luz de la resurrección la Iglesia de todos los tiempos proclama la confesión de fe del Concilio de Nicea heredero de los anteriores símbolos incipientes y de las fórmulas de fe del Nuevo Testamento: "Creo en Dios Padre..., y en Jesucristo, su único Hijo, nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado; de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho.» Tanto el Nuevo Testamento como la constante fe de la Iglesia nos presenta el misterio de Jesucristo, no simplemente como el de un hombre en el que Dios está presente, sino como el de un hombre que es idénticamente la persona divina del Hijo de Dios.

124. Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios en persona El Nuevo Testamento presenta a Jesús como verdaderamente Dios y verdaderamente hombre: de un mismo y único sujeto se dicen cosas propias de Dios y cosas propias de un hombre. De Jesús, el Hijo de Dios, las confesiones de fe de la Iglesia proclaman que uno y el mismo sujeto es "verdadero Dios" y «verdadero hombre», nacido de Dios en lo que tiene de Dios y nacido de María en lo que tiene de hombre. Sin duda, Jesús ama a Dios. Pero su unión con Dios no radica sólo en ese amor. Tampoco consiste únicamente en que Dios ame a Jesús y con su Espíritu llene y conduzca su vida como no lo ha hecho con la de ningún otro hombre. El "hombre" Jesús de Nazaret no es otro sujeto junto al Hijo de Dios, a la Palabra de Dios, al Señor. Se identifica con El, en el sentido de que es un "mismo sujeto" con El: el Hijo de Dios nacido como hombre de María, muerto y resucitado por nosotros. Desde tal identificación previa, Jesús ama filialmente a Dios Padre y se relaciona con El con una libertad e inmediatez como ningún otro hombre lo ha hecho. 125. EI Hijo de Dios, implicado realmente en la historia de los hombres El lenguaje con el que la Iglesia expresa su fe en Jesucristo, no es el fruto de una pura y simple especulación teológica que nada o muy poco tuviera que ver con el pensamiento bíblico. Cuando la Iglesia confiesa que Jesús de Nazaret es un único sujeto, una única persona, el Hijo eterno de Dios, en quien culmina la unión de Dios y del hombre, quiere

ser fiel a la Revelación y a la fe cristiana: Dios mismo, por medio de Aquél que es su Hijo único y su Palabra (y no a través de otro, una pura y simple criatura) ha entrado y se ha implicado realmente en la historia de los hombres, se ha comprometido de veras con ellos y con la creación entera, sale a nuestro encuentro y nos ofrece la salvación. 126. «Dios envió a su Hijo, nacido de muier» La Iglesia reconoce a María como Madre de Dios justamente porque su Hijo Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios, «de la misma naturaleza que el Padre». 127. La Encarnación: "La Palabra de Dios se hizo carne" La tradición de la Iglesia llama encarnación a la unión de Dios y el hombre en un único sujeto o persona: el Hijo de Dios, Jesús de Nazaret. El prólogo del Evangelio de San Juan proclama: «La Palabra (de Dios) se hizo carne" (Jn 1, 14) en Jesús, cuya historia narra el autor en el cuerpo de su obra. Con ello no quiere decir el evangelista que el Dios eterno vino a ser algo así como el alma del cuerpo de Jesús. «Carne» en oposición a «espíritu», significa, en el lenguaje de la Biblia, el hombre entero en cuanto débil y mortal. El autor del cuarto Evangelio afirma, pues, que quien era desde siempre la Palabra de Dios, la Vida y la Luz eterna, vino a ser en Jesús de Nazaret hombre débil y mortal. Ante el hecho de la encarnación se realiza un profundo discernimiento de los espíritus: «Podréis conocer en esto el espíritu de Dios: todo espiritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios» (1 Jn 4, 2). 128. Jesús, ni semidiós ni semihombre, sino plenamente Dios y plenamente hombre Uno y el mismo Hijo de Dios es en Jesús de Nazaret "verdadero

Dios" y a la vez "verdadero hombre". Podemos, pues, confesar tanto que el Hijo eterno de Dios es este hombre nacido de María como que Jesús de Nazaret es el Hijo eterno de Dios. Pero no por ello sostiene la fe cristiana que Cristo sea algo así como un ser intermedio entre dios y hombre o como el resultado de una fusión entre Dios y el "hombre" Jesús o que Dios ejerza en El la misma función que nuestra alma ejerce en nuestro cuerpo. Después de la encarnación, Dios sigue siendo Dios, y el hombre, hombre, por más que este hombre, lleno del Espíritu de Dios, viva completamente entregado a su impuiso soberano. Uno y el mismo Cristo, Hijo único de Dios y Señor, es Dios y hombre, "sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación" entre su realidad divina y su realidad humana. Las características de cada una de estas realidades no han quedado anuladas, sino más bien conservadas por la unión de lo divino y humano en la única persona del Hijo de Dio. Esta es la fe del Concilio de Calcedonia (DS 302). 129. El Hijo de Dios es realmente hombre Nada de lo humano le falta a Jesús; antes bien, su realidad de Hijo de Dios salvaguarda y lleva a plenitud su misma realidad humana. Aquí el hombre es verdadera, original y propiamente "Imagen del Dios invisible" (Col 1, 15). ........................................................................ PISTAS PARA LA REUNION TEMA 17. ¿QUIEN ES JESUS DE NAZARET? 1) ¿Quién es realmente Jesús? ¿Qué dice la gente? Y vosotros,

¿quién decís que es Jesús? Comentar en grupo Mt 16, 13.15. 2) En la acción y misión de Jesús aparecen, tras los hechos y su comportamiento, unas actitudes. He aquí las más importantes: - en medio del mundo sin ser del mundo. Admirado y discutido (Jn 15, 18 ss.; 6, 15); - integración del culto en la vida: un culto en espíritu y verdad (Jn 4, 23; Mt 5, 23-25); - la ley en función del prójimo: el sábado hecho para el hombre (Mt 12, i-14; Lc 13; 10-17); - búsqueda del servicio, no del éxito: más allá del placer, del dinero, de la fuerza (Mt. 4, 1-11). - la misión, por encima de le familia (Lc 2, 42-50); - imprecaciones contra la «gente bien» (Lc 11, 39 ss.; Mt 23); - acogida evangélica a la "gente mal" (Lc 7, 36-50); - sin miedo al poder, obra según su misión (Lc 13, 31-33); - profeta y maestro con autoridad propia (Mc 1, 22); - un profeta que vive como el pueblo (Mt 11, 16-13); - pobre: no tiene donde reclinar su cabeza (Lc 9, 58); - célibe por el reino de Dios (Mt 19, 12); - actitud básica, actitud filial. Confianza incondicional en el Padre. Obediencia al Padre, su alimento (Jn 4, 34); y su ofrenda (Hb 10, 5-7). Cuáles nos parecen más significativas?, ¿cuáles más necesarias? 3) Comentar los nn. 114-129; profundizar en la personalidad mesiánica de Jesús: Siervo, Señor, Hijo del Hombre, Hijo de Dios. 4) Jesús aparece entre nosotros bajo la figura del Siervo, pero es constituido Señor por su resurrección. Comentar en grupo Flp 2, 611. 5) ¿Cómo hemos llegado (si es así) a confesar a Jesús de Nazaret como Hijo de Dios? 6) "Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre" (Mt 11, 27): ¿qué supone este hecho en el proceso de evagelización? ........................................................................

TEMA 17-1 OBJETIVO: DESCUBRIR QUIEN ES JESUS A TRAVES DE SUS ACTITUDES MAS IMPORTANTES PUNTOS CLAVE Actitud de Jesús ante: * La ley y el culto. * La familia. * La "gente bien". * La "gente mal". * Los amigos. * La mujer. * Los niños. * El poder y el dinero. * La Biblia... PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas... * Presentación del tema 17. - Lectura nn. 89-112. - Cuchicheo: ¿Qué actitudes te parecen más significativas? - Puesta en común. * Lectura Mt 16, 13-20. Comentario breve. Oración. Canción. ........................................................................ TEMA 17-2 OBJETIVO: DESCUBRIR LA PERSONALIDAD MESIANICA DE JESUS CONSECUENTE CON SUS ACTITUDES PUNTOS CLAVE * Mesías. * Siervo. * Señor. * Hijo del hombre. * Hijo de Dios. PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas... * Presentación del tema 17.

- Lectura nn. 114-129. - Cuchicheo: Lo más importante para ti. - Puesta en común. Diálogo. * Lectura Mt 11, 25-27. Silencio. Oración. Canto.

MISTERIO PASCUAL DE JESÚS
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubir el misterio pascual de Jesús (paso de la humillación y de la muerte a la glorificación y la vida) en la existencia diaria del creyente. 130. El proceso de Jesús en el orden religioso. Condenado como un bliasfemo "Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un falso testimonio contra Jesús para condenarlo a muerte y no lo encontraban, a pesar de los muchos falsos testigos que comparecían. Finalmente, comparecieron dos que dijeron: Este ha dicho. Puedo destruir el templo de Dios y reconstruirlo en tres días. El sumo sacerdote se puso en pie y le dijo: ¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que levantan contra ti? Pero Jesús callaba. Y el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por Dios vivo a que nos digas si tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús le respondió: Tú lo has dicho. Más aún, yo os digo: desde ahora veréis que el Hijo del Hombre está sentado a la derecha del Todopoderoso y que viene sobre las nubes del cielo. Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras diciendo: Ha blasfemado. ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oir la blasfemia. ¿Qué decidís? Y ellos contestaron: Es reo de muerte" (Mt 26, 59-66). 131. El proceso de Jesús en la esfera civil. Motivaciones de interés

político Los judíos no podían ejecutar a nadie (Jn 18, 31), pues los romanos se habían reservado el derecho de vida y muerte. Por ello, Jesús fue conducido al pretorio, para que la autoridad romana pusiera fin al proceso. El gobernador Poncio Pilato reconoció en Jesús un hombre justo (Jn 18, 38; Lc 23, 22), pero pesaron decisivamente sobre él motivaciones de orden político: a) El fuero judio: "Los judíos le contestaron: Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios" (Jn 19, 7). b) La amistad del César: "Los judíos gritaban: Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César" (Jn 19, 12). 132. Causa oficial de la condena: delincuente político J/MU/CAUSAS: "Entonces se lo entregó para que lo crucificaran" (Jn 19, 16). El Salmo 21 alcanza cumplimiento pleno: "Me taladran las manos y los pies, puedo contar mis huesos" (v. 17-18). «Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: Este es Jesús, el Rey de los judíos. Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda» (Mt 27, 3738). La corrupción del orden religioso y del orden civil dio como resultado conjunto la ejecución de Jesús. Como un malhechor entre dos malhechores. Causa oficial de la condena: delincuente politico. 133. Bautismo de muerte y pecado del mundo. "Me han odiado sin motivo" Jesús acepta las últimas consecuencias de su bautismo. Son el cáliz que tiene que beber. Son las aguas en las que debe ser sumergido (Mc 10, 38-39; Lc 12, 50): "Me estoy hundiendo en un cieno profundo y no puedo hacer pie; he entrado en la hondura del agua, me arrastra la

corriente" (Sal 68, 3). O también: "La afrenta me destroza el corazón y desfallezco. Espero compasión y no la hay" (Sal 68, 21). Todo el odio de un mundo pecador se ceba sobre Jesús; se percibe en el inocente un enemigo que debe morir. Así se cumple lo que está escrito en la Ley: Me han odiado sin motivo (Jn 15, 25). 134. El cumplimiento de un salmo: "Repártense entre sí mis vestiduras y se sortean mi túnica" (Sal 21, 19) "Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: No la rasguemos, sino echemos a suerte y ver a quien le toca. Así se cumplió la Escritura: "Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica" (Jn 19, 23-24; cf. Mt 27, 35; Mc 15, 24; Lc 23, 34). 135. «Al verme se burlan de mí» "Los que pasaban, Lo injuriaban y decían meneando la cabeza: "Tú, que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz". Los sumos sacerdotes, con los escribas y los ancianos, se burlaban también diciendo: A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libere ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios? Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insuítaban" (Mt 27, 39-44; cf. Mc 15, 29-32; Lc 23, 35-37). También así se cumplió el salmo 21: "Pero yo soy un gusano, no un hombre, vergüenza de la gente, desprecio del pueblo; al verme se burlan de mí, hacen visajes,

menean la cabeza: "Acudió al Señor que lo ponga a salvo; que lo libre si tanto lo quiere" (Sal 21, 7-9). 136. «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» "Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde, Jesús gritó: "¡Eli Eli! ¿lamá sabaktaní?" (Es decir: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27, 45-46; cf Mc 15, 33-34). Este no es un grito de desesperación, sino el comienzo del Salmo 21 (v. 2). Es la oración angustiosa del justo perseguido a muerte, pero oración también esperanzada: "En ti confiaban nuestros padres; confiaban, y no los defraudaste... Pero tú, Señor, no te quedes lejos; fuerza mía, ven corriendo a ayudarme" (Sal 21, 5-6.20). Es la proclamación abierta y potente de que todo lo que está sucediendo a su alrededor supone el cumplimiento de la Palabra de Dios. 137. "Tengo sed" "Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura, dijo: Tengo sed. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca" (Jn 19, 28-29; cf. Mt 27, 48; Mc 15, 36; Lc 23, 36). La identificación del Salmo 21 resulta sencilla: «Mi paladar está seco lo mismo que una teja y mi lengua pegada a mi garganta" (v. 16). 138. Muerte de Jesús. No podía ya bajar más abajo "Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo: Está cumplido. E inclinando la cabeza, entregó e espíritu" (Jn 19, 30). San Lucas añade que murió

dando un fuerte grito y diciendo: "Padre, a tus manos encomiendo mi espiritu" (Lc 23, 46; cf. Sal 30, 6). Con este gesto supremo Jesús desciende a lo más profundo, donde puede caer un hombre, al reino de la muerte. Jesús muere realmente. Esto es lo que dice especialmente el Símbolo Apostólico con esta expresión cuyo significado no siempre se entiende bien: "Descendió a los infiernos". Jesús no podia ya bajar más abajo. La muerte del hombre en general no es nunca un acontecimiento puramente biológico. La muerte, después del pecado, constituye la más profunda de todas las humillaciones: la muerte es la señal de una Humanidad no rescatada, de una Humanidad abandonada a su propia suerte, de una Humanidad pecadora (Rm 5, 12). En virtud de la muerte de Cristo, el morir, con toda su humillación, puede transformarse en cumplimiento de fe en Dios y confianza en El y por tanto convertirse en cauce de salvación. 139. Resurrección de Jesús: No era posible que Jesús se quedara en la muerte Lo que pasó después es proclamado por Pedro el dia de Pentecostés como el centro de anuncio cristiano: "Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de gentiles, lo matásteis en una cruz. Pero Dios le resucitó rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio... Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos. Ahora exaltado por la diestra de Dios ha

recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que vais viendo y oyendo (Hch 2, 22-24.3233). 140. Resurrección, Ascensión, Pentecostés: Tres aspectos de un solo misterio: la glorificación de Jesús El misterio de la Resurrección de Jesús (su vistoria sobre la muerte) es inseparable del misterio de su Ascensión (su exaltación a la derecha de Dios) y está íntimamente unido al misterio de Pentecostés (la acción del Espiritu que da testimonio a favor de El), Son éstos tres aspectos de un único misterio: la glorificación de Jesús, En la liturgia las tres fiestas correspondientes son celebradas en el contexto unitario del tiempo pascual. 141. Ascensión: quien descendió a lo más bajo, fue levantado a lo más alto "Ellos lo rodearon preguntándole: Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel? Jesús contestó: No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén y en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo. Dicho esto lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo, volverá como le habéis visto marcharse" (Hch 1, 6-11). 142. Ascensión: Cristo, presente en nuestro mundo ASC/PRESENCIA-J: Jesús pasa de este mundo al Padre (Jn 13,

1). Se va «sobre las nubes al cielo" (la "nube" es un símbolo biblico que indica la presencia de Dios). Quien había descendido a lo más bajo, fue levantado a lo más alto: sentado a la derecha del Padre (Mc 14, 62). Con ello, Jesús no abandona nuestro mundo, sino que de un modo nuevo se hace presente en él: "Me voy y vuelvo a vuestro lado" (Jn 14, 28). Así lo proclama la liturgia en el prefacio de la Ascensión: «Porque Jesús, el Señor, el rey de la gloria, vencedor del pecado y de la muerte, ha ascendido (hoy), ante el asombro de los ángeles a lo más alto del cielo, como mediador entre Dios y los hombres, como juez de vivos y muertos. No se ha ido para desentenderse de este mundo, sino que ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino". En su ascensión, Jesús no marcha a un lugar lejano, sino que participa en alguna manera del modo de presencia según el cual Dios está en medio del mundo. El Reino de Dios se realiza sobre nuestro mundo concreto, el mundo en que vivimos. 143. El misterio pascual: un movimiento de descenso y de subida Jesús pudo arrostrar su propia muerte y esperar con segura confianza que en ella había de triunfar su Padre. De ello dan testimonio sus palabras ante el sanedrin (Mc 14, 62), o las tres solemnes predicciones de su misterio pascual, tal como nos la relatan los sinópticos (Mc 8, 31; 9, 31; 10, 33-34 y par.). Jesús nos describe su destino con un ritmo a tres tiempos: el Hijo del hombre es desechado por el pueblo y entregado a los gentiles; luego es atormentado, humillado, inmolado; y al tercer día resucita. El anuncio de la resurrección al término de la pasión no

tiene por única finalidad iluminar el cuadro con una ráfaga de luz. A los ojos de Jesús la resurrección forma parte de su misión junto con la muerte; por eso está vinculada a su destino mesiánico y asi se lo explica a sus discípulos: «Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discipulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer alli mucho por parte de los sumos sacerdotes y de los ancianos, y que tenia que ser ejecutado y resucitar al tercer día» (Mt 16, 21). 144. El tercer día: una esperanza cierta, como la aurora A pesar de todos sus esfuerzos, los hombres no pueden suprimir el sufrimiento, ni tampoco pueden vencer la muerte. Ante esta experiencia desconcertante, Jesús confía en Dios, tiene la seguridad de que el Padre le librará: «Yahvé da muerte y vida, hace bajar al seol y retornar» (1 S 2, 6). Dios saca de la muerte la vida. Esta es la confianza del pueblo creyente, que aparece de diversos modos en el Antiguo Testamento (Cf. Ez 37; Jon 2, 1 ss; Jb 19, 25-26; Dn 12, 2; 2 M 7; 12, 43-46) y que subyace en este texto del profeta Oseas: «En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de El. Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra» (Os 6, 2-3). Para Oseas, sin embargo, los crímenes de Israel hacen presuntuosa y vana esta confianza: el pueblo carece del verdadero conocimiento de Dios; su amor es efímero y falso. Dios les dejará de su mano (Cf. Os 6, 4.6; 5, 15). En Jesús cuyo alimento es hacer la voluntad del Padre, la confianza no será vana, sino que se cumplirá totalmente: al tercer día

resucitará (Mt 16, 21; 17, 23; 20, 9). Para quien vaya en pos del conocimiento de Dios, siguiendo a Jesús, Dios le prepara un "tercer día" más allá del dolor y de la muerte. Tras un breve tiempo, es liberado todo aquél que cumple la voluntad de Dios. Esta esperanza es tan cierta como la salida del sol. 145. El cumplimiento más profundo de lo que estaba escrito SALMOS/RS:Varios salmos (15, 21, 29, 30, 34, 39, 40, 48, 54, 68, 101, 108, 117) refieren sufrimientos similares a los de Cristo y una liberación providencial que prefigura su resurrección. Ahora bien, como el Antiguo Testamento no llegó a percibir sino tardíamente la supervivencia del hombre tras la frontera de la muerte, esta plenitud de vida no pudo ser expresada perfectamente. Palpita en los salmos una intuición que no pueden reproducir enteramente, y se queda a mitad de camino. Esta profundísima tendencia irradia por doquier. Esta intuición no se manifestó claramente hasta la plenitud de la revelación. Jesús cumplió en sí los salmos de liberación, lo mismo que cumplió las profecías sobre el reino de Dios; en la medida en que realizó el sentido más profundo de lo que estaba escrito. La liberación en el umbral de la muerte se convierte, por obra suya, en liberación más allá del umbral de la muerte. Así se cumplieron en El los salmos, alcanzando su consumación el sentido último al que se orientaban. 147. Sobre el fondo del éxodo: una brecha abierta por Dios más allá de la muerte El misterio pascual de Jesús se desenvuelve sobre el fondo del éxodo. En el contexto de la pascua judía, Jesús celebra su muerte como un paso, como un éxodo: "He deseado enormemente comer esta comida

pascual con vosotros antes de padecer, porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el Reino de Dios» (Lc 22, 15-16). Los cantos de liberación y acción de gracias (Salmos 112117) que cierran la celebración de la Pascua judía adquieren entonces una dimensión inenarrable de confianza incondicional en Dios Padre, más allá de la propia muerte: "Empujaban y empujaban para derribarme, pero el Señor me ayudó; el Señor es mi fuerza y mi energía, él es mi salvación" (Sal 117, 13-14) 148. La victoria de Cristo sobre la muerte, una victoria para todos Para los discípulos la muerte de Jesús fue un escándalo; podía ser la prueba de que Cristo no era el "redentor" esperado: "nosotros esperábamos, dicen los de Emaús, que él fuera el futuro liberador de Israel" (Lc 24, 21). Iluminados por la acción del Espíritu y hechos testigos de la resurrección (Hch 1, 8; 2, 32), comprenden que la pasión y la muerte de su maestro, lejos de frustrar el plan salvador de Dios, lo realizan «según las Escrituras» (1 Co 15, 4). La muerte de Cristo, aparentemente una derrota, era en realidad una victoria no sólo para El, sino para la humanidad y para el mundo: «La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente» (Sal 117, 22-23; cf. Mt 21, 42; Hch 2, 33). 149. Redimidos por la muerte de Jesús RESCATE/REDENCION REDENCION/RESCATE: Jesús nos ha rescatado mediante su muerte. La palabra hace recordar cómo Dios rescató a Israel de Egipto. En ambos casos la palabra "rescate" es una imagen: la realidad expresada es que Dios salva. El gran misterio consiste en que el Reino de Dios se ha difundido aún cuando los hombres dimos muerte a Jesús, el Inocente, "y una

muerte de cruz" (Flp 2, 8). En el mayor pecado brilló el mayor amor. Así hemos sido redimidos por la muerte de Jesús, de forma que "donde tuvo origen la muerte, de allí resurgiera la vida, y el que venció en un árbol, fuera en un arbol vencido" (Prefacio de la cruz). 150. El juicio del mundo Por su muerte y resurrección, Jesús es vencedor del mundo, de ese mundo que, como dice San Juan, no le ha conocido (Jn 1, 10) y le ha odiado (Jn 15, 18). Jesús no es del mundo (Jn 8, 23; 17, 14), por eso le odia el mundo. Odio loco que domina aparentemente el drama evangélico, odio que provoca finalmente la condena a muerte de Jesús. Pero en este mismo momento se invierte la situación: entonces tiene lugar el juicio del mundo y la caída de su príncipe (Jn 12, 31), porque Jesús, dejando este mundo, vuelve al Padre (Jn 16, 28), donde está sentado junto a El (Jn 17, 5), y desde donde dirige la historia. Desde entonces el Espiritu hace la revisión del proceso de Jesús, mostrando a sus discípulos que el pecado está de parte del mundo, que la justicia está de parte de Jesús, y que el verdadero condenado, en ese proceso, es el principe de este mundo (cf. Jn 16, 8-11; cf. Tema 20). 151. La nueva alianza, realizada en la sangre de Cristo El marco pascual de la última cena (Mt 26, 2; Jn 11, 55 ss.; 12, 1; 13, 1) establece una relación intencionada entre la muerte de Cristo y el sacrificio del cordero pascual. Jesús viene a ser nuestra pascua (1 Co 5, 7; Jn 19, 36), el cordero inmolado (1 P 1, 19; Ap 5, 6), inaugura en su sangre la nueva alianza (1 Co 11, 25), realiza la expiación de los

pecados (Rm 3, 24 ss.), Ia reconciliación entre Dios y los hombres (2 Co 5, 19 ss.; Col 2, 14). La sangre de Jesús (su muerte) es derramada en favor nuestro. Así lo dice Jesús en la cena de despedida (Mt 26, 28; cfr. Ex. 24, 8). 155. Fe inquebrantable ante el horror de la cruz: "Tú levantas mi cabeza" La vida del creyente está señalada por la cruz, necedad para unos, escándalo para otros (1 Co 1, 23). "En el país donde crece el peor de los árboles, la cruz, no hay nada digno de alabanza", decia un pensador no cristiano. El creyente, sin embargo, acepta la cruz de Cristo, no en cuanto la cruz sea un lugar de dolor, sino porque en ella se manifiesta la fuerza de Dios (1 Co 1, 18): Llevamos siempre en nuestros cuerpos el morir de Jesús, dice Pablo, pues así también la vida de Jesús se manifiesta en nuestra carne (2 Co 4, 10). En el misterio pascual de cada día experimentamos hasta qué punto es realidad operante esta fe inquebrantable en el Padre: «Tú levantas mi cabeza» (Sal 3, 4). ........................................................................ PISTAS PARA LAS REUNIONES TEMA 18. MISTERIO PASCUAL DE JESUS 1) ¿Por qué mataron a Jesús? 2) Comentar en grupo Za 9, 9-10: Jesús entra en Jerusalén en un asnillo, humilde y pacífico, sin caballos de Jerusalén, sin carros de Efraím, sin arco de combate. Qué significa esto para nosotros hoy? 3) Jesús purifica el templo: ¿es preciso purificar hoy el templo de Dios?, ¿son los templos de hoy como una higuera estéril? Comentar en grupo Mc 11, 12-19.

4) Ultimos días de Jesús: profundizar en los temas fundamentales de esos días. Comentar en grupo Mc 11, 20-33; 12; 13. 5) Comentar los nn. 130-133 sobre el proceso de Jesús. 6) El proceso de Jesús como cumplimiento del salmo 21: comentar los nn. 134-137. 7) La cruz de Jesús ¿sentido o sin sentido? 8) La cruz, locura para los sabios, escándalo para los piadosos, perturbación para los poderosos, ¿cómo aparece en nuestra experiencia actual? 9) CZ/SIGNO: "La cruz ni se ama ni se puede amar. Y sin embargo, sólo el Crucificado es el que realiza aquella libertad que cambia al mundo, porque ya no teme la muerte. El Crucificado fue para su tiempo escándalo y necedad. También hoy resulta desfasado ponerlo en el centro de la fe cristiana y de la teología. Con todo... para toda teología y toda iglesia que se precien de ser cristianas, existe un criterio interno que sobrepasa con mucho la crítica política, ideológica y psicológica que vienen de fuera: el mismo Crucificado... A las iglesias, los creyentes y las teologías hay que cogerlos por su palabra. Y esta no es otra que "la palabra de la cruz". Es el criterio de su verdad y, consiguientemente, la crítica de su hipocresía. La crisis de la iglesia en la sociedad actual no es sólo resultante de su acomodación o de su caída en el gheto, sino una crisis de su propia existencia como Iglesia del Cristo crucificado... El que una cristiandad se aliene, divida y se convierta en cómplice de la opresión en medio de una sociedad ella misma alienada, dividida y

opresora, el que eso llegue a ser una realidad se decide en último término en si el Crucificado se le convierte en un extraño o, por el contrario, es el Señor que detennina su existencia" (·MOLTMANNJ., El dios crucificado, Ed. Sigueme, Salamanca, 1975, 9 ss.). Comentar en grupo este texto de J. Moltmann, teologo de la Iglesia evangélica alemana. 10) Resurrección, Ascensión, Pentecostés: tres aspectos de un solo misterio, la Glorificación de Jesús. Comentar los nn. 139-144 del presente tema. 11) Comentar alguno de estos textos (¿es esto asi?, ¿qué supone para ti?): - «Cruz no es el sufrimiento vinculado a la existencia natural; sino a hecho de ser cristiano»; - "Jesús murió por haber sido testigo de un Dios que no fue entonces reconocido por nadie, y por haber dado inflexiblemente este testimonio hasta el final, para liberar a los hombres de una falsa idea de Dios. A un dios que juzga, en el último día, a vivos y muertos, en nombre de la Ley, opone un Dios que da y perdona. Al dios del teísmo romano, que se identifica con la omnipotencia imperial, opone un Dios que sufre el suplicio infamante de los esclavos en el banco de la tortura. La cruz en que murió Jesús de Nazaret es, asi, el símbolo de la vida cristiana en su plenitud. Pero identificarse con Jesús en la Cruz no significa que el sufrimiento sea un lugar privilegiado de la Revelación. Identificarse con Jesús en la Cruz es, ante todo, identificarse con la acción que le ha conducido a la Cruz». - CZ/HOY:"En el primer mundo, Jesucristo lo es casi todo, menos el Crucificado. Puede ser "el Rey" (que hasta tiene guerrilleros y

todo, según qué países); puede ser "el Hombre" (que quizá condensa la proyección de todas nuestras humanidades frustradas); puede ser el argumento de una libertad que aún no está claro que no sea la libertad para producir paro, miseria y tercer mundo; puede ser el "Dios a disposición propia" (un poco en plan de "make it yourself" de las revistas americanas) a cuyos representantes y embajadores ya no se les viste con "el destino del Maestro" (cf. Mt 10, 24 ss.; Jn 15, 20), sino de los capisayos del honor mundano y los uniformes del protocolo diplomático... La cruz, por su parte, pasa a ser un amuleto o un objeto decorativo, y todos contentos. En el mundo desarrollado, Jesús puede ser todas esas y otras muchas cosas más. Y algunas hasta será preciso que las sea, en una Iglesia que, siendo de la Escatología, está sin embargo en la historia. Pero lo curioso es que Jesús parece que puede serlo todo menos precisamente El Crucificado. Como si su cruz perteneciese al pasado como un episodio definitivamente cancelado. Y como si su Resurrección, en vez de iluminar su cruz, sirviera más bien para eliminarla". ........................................................................ TEMA 18 OBJETIVO: DESCUBRIR LA CAUSA POR LA QUE FUE PROCESADO JESUS PUNTOS CLAVE * Ocupación (pacífica) del templo (Mc 11, 1-11). * Purificación del templo, expulsión de los vendedores (11, 15-19). * ¿Con qué autoridad...? (27-33). * Los viñadores homicidas (12, 1-12). * ¿Tributo al César? (12, 13-17).

* Resurrección de los muertos (18-27). * El mandamiento principal (28-34). * La cuestión del Mesias (35-37). * Los escribas, denunciados (38-40). * Generosidad de los pobres (41-44). PLAN DE LA REUNION * Información: Personas, hechos, problemas... * Oración inicial. Salmo 21 compartido. Canto. * Lectura de los capítulos 11 y 12 del Evangelio de Marcos. Silencio. Comentario: ¿Por qué mataron a Jesús? (ver nn. 130-132, tema 18). * Oración, salmo, canto.

EL ROSTRO DE DIOS PADRE
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir el verdadero rostro de Dios Padre, revelado por Jesús. * Descubrir lo que implica vitalmente el creer en Dios Padre. 156. Jesús, el mejor intérprete del Padre. El misterio religioso del hombre Jesús ha mostrado que el gran misterio religioso del hombre consiste en reconocer a Dios como Padre en el corazón de la propia vida. ¿Qué significa esto? Dios es el gran misterio del hombre, "a Dios nadie le ha visto jamás" -dice San Juan (1, 18)-. Y dice también: "EI Hijo único que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer". En efecto, Jesús es el gran revelador, el mejor intérprete del Padre. Cada acontecimiento de su vida deja al descubierto el rostro de Dios. Sólo Jesús pudo revelarnos definitivamente quién es realmente Dios y sólo El lo continúa haciendo: "Nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11, 27). Se trata de un conocimiento vital

y salvador. 157. Vivir como esclavos bajo el peso del temor. Experiencia profunda Cuando Pablo habla a las primeras comunidades cristianas de haber vivido como esclavos bajo los elementos del mundo y les recuerda que no han recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor (Ga 4, 3-6; Rm 8, 14-16), se refiere a una experiencia profunda que los destinatarios han vivido o están viviendo: el peso esclavizante de un temor que no puede ser alejado. En este terreno, Pablo se mueve con seguridad. Percibe el secreto mejor guardado de una existencia vivida de espaldas a Dios: ese secreto radica en el temor, aunque éste permanezca enmascarado. A los romanos, a las gálatas y a nosotros nos ayuda Pablo a reconocer en nuestra experiencia de esclavitud y de temor nuestra secreta situación de condena. 158. Nadie puede vivir a Dios como Padre si no vive la vida con confianza: como don de Dios En esa raíz de la propia existencia se manifiesta la originalidad y la fuerza propia de la fe. Tendemos a conjugar la imagen que tenemos de Dios y la imagen que tenemos del mundo y de la vida. Nuestra relación con Dios como Padre y nuestra confianza filial en El, implica reconocer el mundo y la vida como don de Dios. La confianza en Dios es fuente de la confianza "básica" para poder vivir. Es difícil vivir a Dios como Padre, si no se vive la realidad entera como don de Dios. Con confianza. Más aún, esto condiciona la configuración de la propia identidad, de forma que podría decirse: "Dime qué imagen tienes de Dios (o de la vida) y te diré

quién eres". 159. De espaldas a Dios, la vida humana se agosta CONFIANZA/TEMOR Los psicólogos dicen que el sentimiento de identidad se desarrolla viviendo en confianza. Y se vive en confianza cuando sentimos que alguien está con nosotros, nos acepta, nos ama. E inseparablemente, cuando también somos nosotros todo esto para quienes nos rodean. Sin embargo, una y otra vez surgen interrogantes que sitúan la vida humana en una tensión abierta entre la confianza y el temor. El aburrimiento, el tedio y la angustia nacen en nosotros de sentir el fondo de nuestra propia inconsistencia. La angustia corroe todas las cosas del mundo y pone al descubierto todas las ilusiones. Sin embargo, la angustia nos ha servido a los hombres con mucha frecuencia, para ponernos delante de Dios. De espaldas a Dios, la vida humana se agosta. Como dice el profeta Jeremías: Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas, que el agua no retienen» (2, 13). Si el hombre quiere alcanzar su salvación, habrá de renunciar a su autonomía idolátrica y abrirse a la acción salvadora de Dios. Entonces, la vida será ante todo el fruto siempre nuevo de un don que viene de Dios. En realidad, la fe nos libera de la ilusión, de creer que podemos fundar nuestra existencia personal en virtud de nuestra propia decisión. Tal ilusión viene a ser una pretensión idolátrica que destruye al hombre mismo. 160. Jesús, revelador definitivo del plan de Dios. Una historia de amor Jesús, el revelador de Dios, funda su misión en las decisiones del Padre, que se le van manifestando en el interior de los mismos acontecimientos: Mi alimento es hacer la voluntad del Padre (Jn, 4, 34; Lc

22, 42; Jn 14, 10-31). Jesús invita a todos a abrirse como niños al plan de Dios (Mc 10, 15), un plan preparado desde toda la eternidad y manifestado progresivamente en la historia humana, un plan que le devuelve al hombre la confianza de que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman (Rm 8, 28). 161. El comienzo del plan de Dios: "El espíritu de Dios aleteaba sobre la superficie de las aguas..." PLAN-DE-D/HT-A: CREACION/A-D El plan de Dios es una historia de amor. Ya desde sus comienzos: la creación es un gesto de amor por parte de Dios. Acoger el mensaje cristiano de la creación es creer en el amor. Es poner el amor en el principio mismo del ser, es explicar el origen del mundo a partir de una generosidad misteriosa. Es concebir el mundo como un don, considerar toda la realidad como dependiente de una benevolencia vigilante. Utilizando una imagen expresiva, la del ave que aletea sobre el nido donde nacerán sus polluelos, el relato bíblico de la creación (/Gn/01/01 ss.) presenta la acción de Dios amorosa y vigilante sobre la realidad llamada por El a la existencia. 162. Ante el pecado del hombre el amor de Dios se manifiesta como misericordia La historia humana aparece desde sus orígenes como historia de pecado. Los primeros capitulos del Génesis (2-11) describen abundantemente el impacto del pecado en medio de un mundo que, en cuanto salido de las manos de Dios, era bueno (Gn 1, 4.10.12.18.21.25.31). El pecado domina de forma casi absoluta, es «señor del mundo»: entregados a la dureza de su propio corazón, los hombres caminan según sus designios (Sal 80, 13). En este contexto Dios llama a Abraham a una experiencia de fe y amistad y lo que

hizo con él piensa hacerlo con todas las naciones de la tierra (Gn 12, 3). Ante el pecado del hombre, el amor de Dios aparece como misericordia: "Tenía mis manos extendidas todo el día hacia un pueblo rebelde y provocador" (/Rm/10/21; /Is/65/02). 163. Dios actúa en la historia gratuitamente. «Me manifesté a quienes no preguntaban por mí» El rostro de Dios Padre se manifiesta en la historia de Israel. Dios actúa en ella. También en la historia humana. Siempre de forma gratuita. Es significativo que Abraham fuera llamado por Dios cuando era incircunciso, cuando no era creyente. Esto lo tiene muy presente Pablo (Rm 4, 9-12), pues Abraham es así figura de todos los creyentes, llamados por Dios cuando éramos enemigos (Rm 5, 6-11; 2 Co 5, 18). Así se cumple la palabra del profeta Isaías: "Fui hallado de quienes no me buscaban; me manifesté a quienes no preguntaban por mí" (Is 65, 1; Rm 10, 20). 164. Como a la niña de sus ojos Israel ha experimentado especialmente la acción amorosa de Dios. Yahvé se reveló como padre de Israel en el éxodo: «Lo encontró en una tierra desierta, en una soledad pobiada de aullidos: lo rodeó cuidando de él, lo guardó como a las niñas de sus ojos. Como el águila incita a su nidada revolando sobre los polluelos, asi extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas. El Señor solo los condujo, no hubo dioses extraños con él" (Dt 32, 10-12). 165. Como quien alza a un niño contra su mejilla Toda la historia de Israel está presidida por el amor de Dios. Oseas

expresa gráficamente su inmensa ternura: "Cuando Israel era joven le amé, desde Egipto llamé a mi hijo. Cuando le llamaba, él se alejaba, sacrificaba a los Baales, ofrecía incienso a los ídolos. Yo enseñé a andar a Efraim, le alzaba en brazos, y él comprendía que yo le curaba. Con cuerdas humanas, con correas de amor le atraía; era para ellos como el que levanta el yugo de la cerviz, me inclinaba y le daba de comer" (/Os/11/01-04). 166. «Yo no te olvidaré... En mis palmas te llevo tatuada» Isaías compara el amor de Yahvé, que no olvida, al amor de una madre: «¿Puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. Mira, en mis palmas te llevo tatuada» (/Is/49/15-16). 167. Los ángeles son servidores de Dios en nuestro favor El amor de Dios y su presencia en la historia de los hombres se manifiesta también a través de enviados, mensajeros o ángeles. La Escritura habla a menudo de los ángeles. Ellos son cooperadores de la bondad de Dios, espíritus inteligentes y libres, fuerzas poderosas del bien, que nos asisten en nuestra peregrinación terrestre: «¿Qué son todos (los ángeles) sino espiritus en servicio activo, que se envían en ayuda de los que han de heredar la salvación?" (Hb 1, 14). Cristo, por ser «el Principio», «el primero en todo" (Col 1, 18), es el Señor de los Angeles: «tanto más encumbrado sobre los ángeles, cuanto más sublime es el nombre que ha heredado" (Hb 1, 4); Dios le otorgó (a Jesús) el Nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble (Flp 2, 9-11). Cuanto se dice de los ángeles en la Escritura proclama el alegre mensaje de que Dios se ocupa y

preocupa de mil maneras de nosotros. Su existencia es una verdad de la doctrina católica (cf. Pablo VI, CPD 8). 168. Jesucristo, máxima prueba de amor por parte de Dios La prueba suprema del amor nos la da Dios en la persona de Jesucristo. Dios ha amado tanto este mundo pecador que ha enviado a quien quiere, a su Hijo muy amado, aun sabiendo que sería rechazado, sacrificado: «Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros" (Rm 5, 6-8). 169. Confiar en Dios Padre, centro del mensaje de Jesús La revelación de Dios como Padre está en el centro del mensaje de Jesucristo. El secreto de la vida humana consiste en llegar a confiar en Dios. Son los «pequeños», los que, humildes, creen y confían, los que descubren su acción y su presencia (Mt 11, 25), los que acogen la llegada del Reino de Dios, los que piden el cumplimiento de la voluntad del Padre: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo» (Mt 6, 910). 170. Delante de Dios, tal como somos Jesús nos enseña que el hombre puede acudir siempre al Padre, tal como es en lo profundo de su vida, con sus miserias y necesidades ordinarias: «Danos hoy el pan nuestro de cada día. Perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido; no nos dejes caer en tentación, sino líbranos del maligno» (Mt

6, 11-13). Quienes así se presentan delante de Dios saben también qué cosa es la fundamental: «Sobre todo, buscad el Reino de Dios y su justicia, lo demás se os dará por añadidura» (Mt 6, 33). 171. El corazón de Dios Padre: entre el respeto a la libertad del hijo y la misericordia El corazón de Dios Padre lo manifiesta Jesús de forma incomparable en la parábola del hijo pródigo (/Lc/15/11-32), parábola que podría llamarse del padre misericordioso. En realidad, la figura principal es el padre. En el contexto del Evangelio, Dios no aparece como el padre que atranca la puerta para que los hijos no salgan de noche, sino como luz que alumbra, como brújula que orienta al hombre en sus opciones, que no lo abandona en el ejercicio arriesgado de la libertad, y que crea nuevas perspectivas de liberación, rehaciendo los epílogos que parecían desastrosos. 172. Paternidad de Dios, crecimiento y maduración del hombre /Lc/15/11-32 La paternidad de Dios no es una paternidad opresora que reduce al hombre a la pasividad, a una dependencia infantil, al mero sentimiento de culpabilidad, a la anulación de su propia personalidad. Por el contrario, la paternidad de Dios vivida con los sentimientos de Cristo y bajo la acción del Espiritu, ayuda al hombre a ser más responsable, más libre, más consciente. Dios Padre, al ofrecernos su perdón, suscita en nosotros una esperanza liberadora. Todas las etapas del hijo pródigo, desde la partida hasta el regreso, son rescatadas por el abrazo del Padre. El regreso a la casa del Padre es el redescubrimiento del sentido de las cosas y de los acontecimientos. La paternidad de Dios no se opone -antes al contrario- al más profundo desenvolvimiento

del hombre. Dios es Creador y Salvador. 173. La confianza evangélica, escándalo para el hombre Jesús nos invita a confiar en el Padre y a no ser esclavos de la preocupación angustiada: «No os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos» (Mt 6, 34). La confianza en el cuidado de Dios providente es una característica del espíritu evangélico. Esta confianza en Dios resulta escandalosa para quienes viven agobiados por la preocupación por tantas cosas: acumulación de riquezas, aumento de comodidades, salud y enfermedad, guerra y paz, y, finalmente, la muerte. 174. Por el miedo a la muerte, vivimos esclavizados de por vida La muerte... Muchos pensadores afirman que, para poder escapar a la preocupación de la muerte, el hombre se aturde, juega, se divierte, se consagra "a los negocios": y todo para olvidar. Esto mismo percibe el autor de la Carta a los Hebreos, cuando dice que el hombre, por el miedo que tiene a la muerte, vive esclavizado de por vida (/Hb/02/15). 175. No andéis agobiados... Es sorprendente la insistencia evangélica de Jesús: «No estéis agobiados por la vida pensando qué vais a comer o beber, ni por el cuerpo pensando con qué os vais a vestir. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo que el vestido? Mirad a los pájaros: ni siembran, ni siegan, ni almacenan y, sin embargo, vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellos? ¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida? ¿Por qué os agobiáis por el vestido? Fijaos cómo crecen los lirios del campo: ni trabajan ni hilan. Y os digo que ni Salomón, en todo su fasto,

estaba vestido como uno de ellos. Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se quema en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más por vosotros, gente de poca fe? No andéis agobiados pensando qué vais a comer, o qué vais a beber, o con qué os vais a vestir. Los gentiles se afanan por esas cosas. Ya sabe vuestro Padre del cielo que tenéis necesidad de todo eso. Sobre todo, buscad el Reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada dia le bastan sus disgustos" (Mt 6, 25-34; cf. Mt 10, 19; Mc 13, 11; Lc 12, 11). 176. Confiar en el Padre, don del Espíritu. "El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza" (Rm 8, 26) 176. Sucede, sin embargo, que al hombre le falta valor para vivir confiadamente. Necesita de la fuerza del Espíritu para que pueda vivir con corazón de hijo para con Dios Padre. La acción del Espíritu viene a ser la prueba de la filiación: «Como sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abba! (Padre). Así que ya no eres esclavo, sino hijo, y si eres hijo, eres también heredero por voluntad de Dios» (Ga 4, 6-7). En efecto, "os que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espiritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: ¡Abba! (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde; que somos hijos de Dios, y si somos hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos con Cristo" (Rm 8, 14-17). 177. Somos realmente hijos de Dios por la fe en Cristo

La filiación adoptiva era ya uno de los privilegios de Israel (Rm 9, 4), pero ahora los cristianos son hijos de Dios, en un sentido mucho más fuerte, por la fe en Cristo (Ga 3, 26; Ef 1, 5). La fe viva supone en ellos una verdadera regeneración (Tt 3, 5; cf. 1 P 1, 3; 2, 2) que los hace partícipes en la vida del Hijo. Tal es el sentido del bautismo, por el que el hombre adquiere una vida nueva (Rm 6, 4), renace del agua y del Espíritu (Jn 3, 3.5). A los que creen en Cristo, en efecto, Dios les hace capaces de ser hijos suyos (cf. Jn 1, 12). Esta vida de hijos es para nosotros una realidad actual, aun cuando el mundo lo ignore (1 Jn 3, 1). Vendrá un dia que se manifestará abiertamente y entonces seremos semejantes a Dios porque le veremos tal cual es (1 Jn 3, 2). 178. El Padre da el espíritu a todos los que se lo piden El Padre concede el Don del Espiritu a todos los que se lo piden: "Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide, recibe, quien busca, halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan le dará una piedra? ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo le dará un escorpión? Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?» (Lc 11, 9-13). 179. Himno al amor de Dios. "Dios está con nosotros". Sin miedo a nada. Abiertos al futuro Por el Don del Espíritu Santo comprendemos que Dios está con nosotros, superamos todo tipo de miedo y podemos cantar con San Pablo este himno al amor de Dios: "Si Dios está con nosotros,

¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ... ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni principados, ni presente, ni futuro, ni potencias, ni altura, ni profundidad, ni criatura alguna, podrá apartarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro" (Rm 8, 31-39). 180. Confiar en Dios Padre y vivir fraternalmente con los demás hombres Vivir con confianza en Dios Padre no es posible sin vivir fraternalmente con los demás hombres. También desde esta perspectiva, el segundo mandamiento de la Ley es semejante al primero (Mt 22, 39): «Entonces clamarás al Señor y te responderá, gritarás y te dirá: Aquí estoy. Cuando destierres de ti la opresión, el gesto amenazador y la maledicencia, cuando partas tu pan con el hambriento y sacies el estómago del indigente, brillará tu luz en las tiniebias, tu oscuridad se volverá medio dia» (Is 58, 9-10). 181. "Amad a vuestros enemigos... Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo" Si Dios es nuestro Padre, entonces todos somos hermanos. Según el Evangelio de Jesús, quedan incluidos también los enemigos: «Habéis oido que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen. Asi seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos y manda la lluvia a justos e injustos" (Mt 5, 43-45). Sólo aquél que no excluya a su enemigo puede decir con verdad: El mundo es la casa de todos. Todos somos

hermanos. Dios es nuestro Padre. ........................................................................ PISTAS PARA LA REUNION TEMA 19. EL ROSTRO DE DIOS PADRE 1) ¿Cómo repercute mi experiencia de Jesucristo en mi imagen de Dios?, ¿se ha dado un proceso en este sentido?, ¿puedo distinguir entre un "antes" y un "ahora"? 2) "Nadie conoce al Padre, sino el Hijo y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar" (Mt 11, 27). ¿Responde a mi experiencia esta afirmación de Jesús? 3) Comentar en grupo Ga 4, 3-6 y Rm 8, 14-16: ¿vives con confianza o con temor? 4) Ver ICA, Doc. 7 sobre Madurez humana y asentimiento de fe, de J. A. GARCIA-MONGE: fe proclamada desde el Padre (P), desde el Adulto (A) o desde el Niño (N). A la predominancia de P. A o N en la persona o en el grupo corresponden unas actitudes, una imagen de Dios y unas dimensiones teológicas, tal y como puede verse en el siguiente cuadro: ¿dónde me sitúo yo?, ¿dónde se sitúa el grupo?

5) Comentar en grupo los nn. 171-172. 6) Comentar en grupo la parábola del hijo pródigo (Lc 15, 11-32): ¿qué reacción suscita en ti la parábola de Jesús?, ¿con qué personaje te identificas en este momento? 7) Presentación del tema 19 «EI rostro de Dios Padre»: lectura personal, cuchicheo, diálogo sobre lo que consideras más importante. 8) "EI mundo es la casa de todos. Todos somos hermanos. Dios es nuestro Padre". ¿Es esto así? ¿Tiene consecuencias sociales? 9) Comentar en grupo: "Dios lucha por la causa de quienes no están sentados a la mesa de los bienes del mundo, que ha sido preparada por Dios para todos" (J. Osés). ........................................................................ TEMA 19 OBJETIVO: DESCUBRIR EL VERDADERO ROSTRO DE DIOS PADRE, REVELADO

POR JESUS PUNTOS CLAVE * Jesús, revelador del Padre. * ¿Temor o confianza? * El plan de Dios, historia de amor, de salvación . * Jesucristo, prueba suprema. * Entre la libertad y la misericordia. * El don del Espíritu. * Hermanos de todos. * Hijos del Padre. PLAN DE LA REUNION * Oración inicial. Salmo. * Información: Personas, hechos, problemas... * Presentación del tema 19: Lectura personal, cuchicheo, diálogo. * Lectura a escoger. * Oración final. Canto.

LA HORA DEL ESPÍRITU HA LLEGADO
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir la presencia y la acción del Espíritu, la gran promesa de Jesús. * Descubrir su significado. 182. «¿Podrían revivir estos huesos?» (Ez 37, 3) "Entonces me dijo: Hijo de Adán, esos huesos son toda la Casa de Israel. Ahí los tienes diciendo: Nuestros huesos están calcinados, nuestra esperanza se ha desvanecido; estamos perdidos. Por eso profetiza diciéndoles: Esto dice el Señor: Yo voy a abrir vuestros sepulcros, os voy a sacar de vuestros sepulcoros, pueblo mío... Infundiré mi espíritu en vosotros para que reviváis, os estableceré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago -oráculo del Señor-" (/Ez/37/1114). 183. La plenitud que se escapa o el paraíso perdido

"Nuestros huesos están calcinados, nuestra esperanza se ha desvanecido; estamos perdidos" (Ez 37, 11). Israel ha llegado hasta el fondo de una situación desoladora, en la que se vive como ilusoria toda esperanza. La vida queda lejos. El camino, cerrado. Es "como una enfermedad de las cosas", una experiencia de debilidad que alcanza a todo hornbre: "Toda carne es hierba y su belleza como fior del campo: se agosta la hierba, se marchita la flor" (Is 40, 6-7). 184. La carne, nombre de la debilidad humana CARNE/DEBILIDAD La escritura expresa la debilidad radical del hombre con una palabra: carne. La carne es, primeramente, lo que nosotros llamanos "el cuerpo", pero el cuerpo sometido a la muerte, el cuerpo que se halla en constante amenaza" (Gn 6, 3; Is 40, 6). La carne, o «la carne y la sangre» (Mt 16, 17; Co 15, 50), son también todas las construcciones del hombre. Las más impresionantes son nada en presencia de Dios. La carne es siempre debilidad (Jr 17, 5 ss.; Jb 10, 4 ss.). Dios es espíritu. Dios lo puede todo sobre el mundo, el cual no puede nada sin El, nada contra El. Incluso Egipto, símbolo humano del poder y de la fuerza, es carne, debilidad, todo un gigante con pies de barro: «En cuanto a Egipto, es humano, no divino, y sus caballos, carne, y no espíritu» (Is 31, 3). 185. La carne, el pecado de un falso apoyo La carne expresa también la condición pecadora del hombre, que pretende afirmarse a sí mismo de espaldas a Dios, olvidando la Ley y los profetas, que advierten: «Si no os afirmáis en Mí, no seréis firmes» (Is 7, 9) y, sobre todo, a Cristo, que llevó a su culmen, desbordándolos por

superación, a la Ley y a los Profetas. También afirmaron los Profetas: «Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien: habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto» (/Jr/17/0508). 186. Vivir según la carne La carne tomada como norma de la existencia le impone al hombre su tiranía; reduce a su esclavitud a los que obedecen a la "ley del pecado" (Rm 7, 25). Con insolencia (Col 2, 23) manifiesta entonces sus deseos (Rm 8, 5 ss.), sus apetencias (Rm 13, 14; Ga 3, 3; 5, 13.16-17), produce obras malas (Ga 5, 19), hace carnal hasta el entendimiento mismo (Col 2, 18; cf. 1 Co 3, 3). El cuerpo también -si bien de suyo puede ser carnal y espiritual- cuando está dominado por la carne se llama el cuerpo de la carne (Col 2, 11), se identifica con el cuerpo del pecado (Rm 6, 6) y es, en verdad, carne de pecado (Rm 8, 3). 187.¿Según la carne o según el espíritu? "Andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne, pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisiérais. En cambio, si os guía el espíritu, no estáis bajo el dominio de la Ley. Las obras de la carne están patentes: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechiceria, enemistades, contiendas, envidias, rencores, rivalidades,

partidismo, sectarismo, discordias, borracheras, orgias y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que los que asi obran no heredarán el Reino de Dios. En cambio, el fruto del Espiritu es: amor, alegria, paz, comprensión, servicialidad, bondad, lealtad, amabilidad, dominio de si. Contra esto no va la Ley. Y los que son de Cristo Jesús han crucificado su carne con sus pasiones y sus deseos» (Ga 5, 16-24). 188. Experiencia de la propia incapacidad: "La carne no sirve para nada» Las obras de la carne, esto es, de quien vive según la carne, manifiestan la condición pecadora del hombre y su incapacidad para entrar, por si mismo, en el Reino de Dios: "lo de la carne es carne; lo del Espiritu, es espiritu. No te asombres que te haya dicho: Tenéis que nacer de lo alto» (/Jn/03/06), dice Jesús a Nicodemo. Por si mismo, el hombre de la carne es incapaz de reconocer a Dios y Jesucristo en el centro de la propia vida y, al mismo tiempo, de amar gratuita y desinteresadamente al hermano. 189. Creemos y amamos por don de Dios GRATUIDAD/FE/A Nadie cree por propia cuenta, nadie ama por propia cuenta. Se cree y se ama verdaderamente por la gracia de Dios. San Pablo nos hace saber que "nadie puede decir: ¡Jesús es Señor!", sino por influjo del Espíritu Santo (/1Co/12/03). Y San Juan: "Todo espiritu que confiesa a Jesucristo, venido en carne, es de Dios" (1 Jn 4, 2). Así como también: "Todo el que ama ha nacido de Dios" (4, 7). En definitiva, creemos y amamos por don

de Dios. La fe y el amor son de Dios, no nuestros; y, al mismo tiempo, la gracia de Dios los hace "nuestros": el Espíritu Santo que habita en nosotros enraiza en nuestro espiritu esos valores como dones gratuitos, de suerte que el hijo de Dios vive realmente la vida divina y colabora en ella, la comparte. 190. No tenemos un retrato del Espíritu. ES/SIMBOLOS: La Escritura lo presenta siempre en accion Este don de la gracia de Dios es radicalmente fruto de la presencia activa del Espíritu Santo en nosotros. La Escritura utiliza la palabra espiritu (ruah en hebrero, pneuma en griego, spíritus en latin) para expresar ambas realidades: los dones de Dios y el Espiritu Santo. Originariamente, espíritu significa soplo del viento y aliento vital. El Espiritu de Dios no es ni lo uno ni lo otro. Se usan éstas y otras imágenes para representarlo de algún modo. Es inmaterial. La Sagrada Escritura no nos presenta en ninguna parte un retrato, ni siquiera una descripción del Espíritu. El Espiritu no tiene rostro, ni siquiera un nombre susceptible de evocar una figura humana. No podemos situarnos ante la faz del Espíritu, contemplarlo, seguir sus gestos. La Escritura nos lo presenta siempre en acción, actuando en nuestros corazones. «Lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros» (/Jn/14/17). Conocer al Espíritu es experimentar su acción, dejarnos invadir por su influencia, hacernos dóciles a sus impulsos; es pretender que El sea, de modo cada vez más consciente para nosotros, la fuente de nuestra vida. 191. Como el viento El Espíritu -y todo el que nace del Espiritu- es como el viento: "el viento

sopla donde quiere, y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu" (/Jn/03/08). En efecto, en el viento hay algo misterioso. No podemos apresarlo. No se cansa. El viento pertenece a la escolta de Dios. Lleva al Señor sobre sus alas (Ez 1, 4; Sal 17, 11). Y corre a transmitir sus órdenes hasta las extremidades de la tierra (Sal 103, 4; 146, 18). Viene del cielo y actúa sobre la tierra y la transforma. Unas veces la deseca con su soplo abrasador (Ex 14, 21; Is 30, 27-33; Os 13, 15), otras barre todas las obras humanas como si fueran paja (Is 17, 13; 41, 16; Jr 13, 24; 22, 22), y otras trae lluvia sobre el suelo reseco y le devuelve la fertilidad (1 R 18, 45). A la tierra, inerte y estéril, se contrapone el viento por su ligereza alada y por su poder de vida y fecundidad. 192. Como el aliento de vida ES/IMAGENES Como el viento penetra la tierra, así el aliento vital penetra la carne. Como el viento, la respiración es igualmente una imagen del Espíritu. Así como el viento trae vida a la tierra reseca, asi también el soplo respiratorio (aparentemente frágil y vacilante) es la fuerza que vigoriza y da agilidad al cuerpo y a su masa, y le hace vivo y activo (Gn 2, 7; Sal, 103, 29-30; Jb 33, 4; Qo 12, 7). 193. Como el agua El espíritu es también como el agua. Como el agua que purifica: «Derramaré sobre vosotros un agua pura que os purificará: de todas vuestras inmundicias e idolatrías os he de purificar. Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne» (/Ez/36/25-26). Como el agua que fecunda la tierra reseca: «Voy a derramar mi

aliento sobre tu estirpe y mi bendición sobre tus vástagos. Crecerán como hierba junto a la fuente, como sauces junto a las acequias» (/Is/44/03-04). Como el agua que apaga la sed: «El último día, el más solemne de las fiestas, Jesús en pie gritaba: El que tenga sed, que venga a mí; el que cree en mí que beba. (Como dice la Escritura: de sus entrañas manarán torrentes de agua viva.) Decía esto refiriéndose al Espíritu, que habían de recibir los que creyeran en él» (/Jn/07/37-39). 194. Como el fuego El Espíritu es también como el fuego. Como el fuego encendido en la palabra profética de Elías: "Entonces surgió un profeta como un fuego cuyas palabras eran horno encendido" (Si 48, 1). O en las entrañas de Jeremías: "Había en mi corazón algo asi como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo trabajaba por ahogarlo, no podía" (Jr 20, 9). Como fuego en la predicación valiente de los primeros cristianos: "se les aparecieron unas lenguas como de fuego que dividiéndose se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse» (Hch 02, 03-04). "Acabada su oración, retembló el lugar donde estaban reunidos, y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y predicaban la Palabra de Dios con valentía" (Hch 4, 31). 195. Como el aceite ACEITE/UNCION: El Espíritu es también como el aceite. Para una tierra rica en olivos como la "tierra prometida" (Dt 6, 11; 8, 8), el aceite aparece como símbolo de la bendición divina (Dt 7, 13; Jl 2, 19; Os 2,

24). El aceite no es sólo alimento indispensable, como el trigo y el vino, sino también ungüento que perfuma el cuerpo (Am 6, 6), fortifica los miembros (Ez 16, 9), suaviza las llagas (Is 1, 6), alimenta continuamente la llama que alumbra (Ex 27, 20; Mt 25, 3-8). ES/ACEITE: Si el aceite es símbolo de la bendición divina, los ungidos con aceite (el rey y el sumo sacerdote) tienen la bendición de Dios y, con ella, la misión de iluminar al pueblo y guiarlo por el camino de la salvación. El aceite de la unción es signo exterior de la acción del Espíritu que transforma al elegido (1 S 10, 1--6; 16, 13). A diferencia del agua, que se desliza sobre la piedra y se evapora, el aceite la impregna. Así sucede con el Espíritu: puede cambiar los corazones más duros (Ez 36, 26). 196. Antiguo Testamento: una fuerza divina en beneficio del pueblo En el Antiguo Testamento el Espíritu de Dios -si bien todavía no ha sido revelado como una persona divina- es percibido como una fuerza divina que transforma personalidades humanas y las hace capaces de gestos excepcionales al servicio del pueblo de Israel. La misma fuerza física de Sansón se llama fuerza del Espíritu de Dios, en cuanto unió al pueblo (Jc 13, 25; 14, 6-19; 15, 14). La inspiración profética era don del Espíritu de Dios (1 S 10, 6; Ez 11, 5; Za 7, 12). La sabiduría de los ancianos que administraban justicia venía del Espíritu de Dios (Nm 11, 17). El rey es el ungido por el Espíritu de Dios (1 S 16, 13). 197. La espera de un Espíritu dado a todos En los casos citados, Dios daba su Espíritu a ciertas personas elegidas. Pero también se esperaba un don del Espíritu que se comunicaría al pueblo entero. Un día fue corriendo un joven a decirle a

Moisés cómo dos hombres estaban profetizando, pero no en la tienda sagrada, sino simplemente en el campamento. Y Josué reaccionó con esta exclamación: "Señor mío, Moisés, prohíbeselo." Moisés íe respondió: "¿Estás celoso de mi? ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el Espíritu del Señor!)) (Nm 11, 28-29). ¡Todo el pueblo animado por el Espíritu de Dios! Esto mismo lo anunció el profeta Joel para los tiempos mesiánicos: "Hasta en los siervos y las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos dias" (Jl 3, 2). 198. Lo que Jesús dará: el Espíritu de Dios en los corazones de los hombres Todo el pueblo estará animado del Espíritu de Dios. Joel pensaba en visiones proféticas y en fenómenos especiales de que gozarían todos. Ezequiel prevé un efecto más ordinario, pero más profundo: "Os daré un corazón nuevo y os infundiré un espíritu nuevo; arrancaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Os infundiré mi espíritu y haré que caminéis según mis preceptos y que pongáis por obra mis mandamientos" (Ez 36, 26-27). Y Jeremías: "Una alianza nueva... Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones" (Jr. 31, 31-33). El Espíritu realizará una instrucción suave e interior y favorecerá una experiencia amorosa de la voluntad de Dios. Estos textos de Ezequiel y de Jeremias son cimas espirituales del Antiguo Testamento, y describen a aquel Espíritu que Jesús dará para la expansión de su obra salvadora. El Espíritu de Jesús será el que realice la acción última en la instauración del Reino de Dios. 199. Jesús, poseído por el Espíritu La acción del Espíritu se manifiesta de muchas maneras en la vida de Jesús. Asi, en el bautismo, recibido de manos de Juan: "En un

bautismo general, Jesús también se bautizó. Y mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: "Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto")) (Lc 3, 21-22). Lleno del Espíritu Santo, Jesús es conducido por el mismo Espíritu (como en otro tiempo Israel) al desierto (Lc 4, 1). La acción del Espiritu en la vida de Jesús se manifiesta también en la predicación: «Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas y todos lo alababan" (Lc 4, 14-15). Ungido por el Espíritu del Señor, anuncia a los pobres la Buena Nueva (Lc 4, 18). Lleno de gozo en el Espíritu, bendice al Padre (Lc 10, 21). Sus milagros que tienen en jaque al mal y a la muerte, la fuerza y la verdad de su palabra, su familiaridad inmediata con Dios son pruebas de que sobre él reposa el Espíritu (Cf. Is 61, 1), sin medida (Jn 3, 34) y de que es, a la vez, el Mesías que salva, el profeta esperado y el siervo muy amado. 200. Una promesa repetida insistentemente. "Os lo he dicho antes de que suceda..." (Jn 14,29) En las circunstancias dramáticas de la última cena, Jesús hace una comunicación importante a sus discipulos: El se va, por el odio y el pecado del mundo, pero enviará el Espiritu de Dios, que llevará adelante la obra de Jesús (Jn 16,12-13) y curará con su fuerza divina la debilidad humana de los discipulos (15, 27), debilidad dejada al descubierto por el

pánico de la persecución: "mirad que llega la hora (y ha llegado ya) en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo» (Jn 16, 32). Jesús hace la comunicación en el momento oportuno: "no os dije esto desde el principio, porque estaba yo con vosotros" (16, 4), y lo anuncia "antes de que suceda para que, cuando suceda, creáis" (14, 29). Aquella noche de despedida, Jesús insiste una y otra vez en la venida del Espiritu. San Juan relata cinco momentos, cinco promesas acerca del Espiritu. 201. El Espíritu estará con vosotros Primera promesa: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros, el Espiritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis porque vive con vosotros y está con vosotros" (Jn 14,16-17). Jesús promete el Espíritu con la fórmula ordinaria de la Alianza (Estar con), fórmula que aparece en el Exodo referida a Yahvé (Ex 3, 12.14) y en el Evangelio referida a Jesús (Mt 28, 20). Por esta Alianza realizada en el Espíritu, cada creyente queda vinculado personalmente con el Padre y con Jesús, su Unico Hijo, hecho hombre. Frente a la incomprensión y el odio del mundo, el creyente no se queda solo (Jn 14, 18). El dia que se cumpla esta promesa, dice Jesús, "entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros" (Jn 14, 20). 202. El Espíritu de la verdad continúa la obra de Jesús Segunda y quinta promesas: «El Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya

recordando todo lo que os he dicho" (Jn 14, 26). «Muchas cosas quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora: cuando venga El, el Espiritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. El me glorificará, porque tomará de lo mio y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mio. Por eso os he dicho que tomará de lo mio y os lo anunciará" (Jn 16, 12-15). 203. El Espíritu, defensor de Jesús y acusador del mundo Tercera y cuarta promesas: «Cuando venga el Defensor, que os enviaré desde el Padre, el Espiritu de la Verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí» (Jn 15, 26). Lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre y no me veréis; de una condena, porque el Principe de este mundo está condenado" (Jn 16, 7-11). El contexto de estas promesas es judicial: el Espiritu aparecerá como defensor de Jesús y como acusador del mundo. 204. Un inmenso proceso religioso enfrenta a Jesús con el mundo. El Espíritu actuará a favor de Cristo ES/DEFENSOR: La acción del Espíritu se produce en el contexto de un proceso. Del proceso que enfrenta a Jesús con el mundo y que conduce a la condenación del mundo y a la exaltación de Cristo sobre la cruz. En este inmenso proceso religioso en el que Jesús y el mundo se hallan frente a

frente, es en el que el testimonio del Paráclito adquiere auténtico y profundo sentido: ante la hostilidad del mundo, los discípulos de Jesús se hallarán continuamente expuestos al escándalo, sentirán la tentación de desertar, experimentarán la duda y el desaliento. Precisamente en esa hora intervendrá el Espíritu de verdad, el defensor de Jesús: El dará testimonio de Jesús en el interior de la conciencia de los discipulos. El los confirmará en su fe y les dará toda su seguridad cristiana. 205. Amplitud de la causa iniciada por o contra Cristo I/PERSECUCION:Se trata, pues, de un proceso que sigue abierto y continúa en la existencia de los discipulos presentes y futuros. Lo recoge el evangelista San Juan. San Juan no se preocupa por determinar cuáles serán históricamente los tribunales que condenarán a los discípulos; estos tribunales humanos desaparecen totalmente detrás de una potencia única, misteriosa, sin rostro: el mundo. Este tema del "mundo" nos hace calibrar toda la amplitud de la causa que se ha iniciado por o contra Cristo. Esta lucha supera ampliamente la oposición de los judíos contra Jesús durante su vida terrena; se prolonga más allá, en la oposición a la Iglesia. 206. El Espíritu hará la revisión del proceso seguido contra Jesús Durante su vida terrena, Jesús había sido rechazado por los judíos e iba a ser condenado durante la pasión. El Paráclito hará la revisión de este proceso y mostrará a los discipulos que el pecado está de parte del mundo, que la justicia está de parte de Jesús, y que el verdadero condenado, en esta confrontación religiosa, es el príncipe de este mundo (Cf. Jn 16, 8-11). 207. Los Hechos de los Apóstoles, el Evangelio del Espíritu

La persecución de Jesús puso al descubierto la debilidad de los discípulos (Jn 16, 32), de modo que también en esto se cumplió la Escritura que dice: «Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas del rebaño» (Mt 26, 31). Pero después de su muerte redentora, el Espiritu fluye sobre ellos y ellos comienzan a experimentar su acción y su fuerza. Lo narran los Hechos de los Apóstoles, que son como el Evangelio del Espiritu. 208. Los hechos de Jesús reviven entre los suyos En la Iglesia se repiten los gestos de poder y gracia que Jesús había llevado a cabo en el Espiritu, durante su vida mortal: los cojos andan (Hch 3, 1-10; 5, 12-16; 14, 8-10), los muertos resucitan (9, 40; 20, 10), los corazones se convierten (2, 41; 5, 14; 10, 44-48; 15, 7-9.12), la palabra de Dios es anunciada con valentía (4, 13; 5, 20; 9, 27; 14, 3; 28, 31), las amenazas y persecuciones son arrostradas con paz y alegría (5, 41; 7, 55; 20, 17-38; 21, 10-14). 209. Actitudes, gestos y reacciones más profundas. La fisonomía del propio Jesús Asi las actitudes mismas de Jesús, sus gestos característicos, sus reacciones más profundas reviven entre los suyos. Es imposible pensar que la raiz de esto se encuentra en la persistencia de costumbres adquiridas mediante el contacto con Jesús, en una voluntad deliberada de reproducir su existencia. Lejos de eso, mientras Jesús estuvo con los suyos, tuvo que echar mano de toda su autoridad y de la fuerza de su personalidad para conservarlos en torno a El, en medio de tantos desvíos e incomprensiones. Hoy, que ya no le ven y que por la suerte que El sufrió saben los peligros a que se exponen, vemos que los discípulos -espontáneamentesiguen las huellas marcadas por Jesús, y se asombran de que se

les conceda el poder participar en sus padecimientos. La raíz de esta experiencia (que es propiamente la experiencia cristiana) San Pablo nos la dará en una fórmula inolvidable: "Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien viven en mi» (Ga 2, 20). Todas las páginas de los Hechos de los Apóstoles lo ilustran: el Espíritu que anima a los cristianos es el Espiritu mismo de Jesús. Este Espiritu con su acción ayuda a reproducir en los discípulos de Jesús de hoy y de siempre la misma fisonomía, la del propio Jesús. 210. La hora del Espíritu y de una nueva alianza, profunda, universal La Iglesia primitiva pone particular énfasis en la gran manifestación del Espíritu que tuvo lugar el día de Pentecostés, fiesta judía que conmemoraba la alianza del Sinaí. Ha llegado la hora del Espíritu y la de una nueva alianza realizada en los corazones, una alianza para todos sin excepciones, una alianza que supera las divisiones de los hombres y las barreras de los pueblos, lenguas y culturas. Los apóstoles han perdido el pánico a la persecución y anuncian con valentía, fuerza y poder la buena noticia de Jesús. 211. Quedaron todos llenos del Espíritu Santo "Llegado el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De repente vino del cielo un ruido como el de una ráfaga de viento impetuoso, que llenó toda la casa en la que se encontraban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que, dividiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espiritu les concedia

expresarse... Partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto, Asia, Frigia, Panfilia, Egipto, la parte de Libia fronteriza con Cirene, forasteros romanos, judíos y prosélitos, cretenses y árabes... Todos estaban estupefactos y perplejos y se decían unos a otros: ¿Qué significa esto? Otros, en cambio, decían: ¡Están llenos de mosto! 212. El por qué de ese estallido: ¡La buena noticia de Jesús! "Entonces Pedro, presentándose con los Once, levantó su voz y les dijo: Judíos y habitantes todos de Jerusalén: Que os quede esto bien claro y prestad atención a mis palabras: No están éstos borrachos, como vosotros suponéis, pues es la hora tercia del día, sino que es lo que dijo el profeta: Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán sus hijos e hijas... Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús Nazareno, hombre a quien Dios acreditó entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos, a éste, pues, Dios le resucitó librándole de los dolores del Hades (Muerte), pues no era posible que quedase bajo su dominio... A este Jesús Dios le resucitó, de lo cual todos nosotros somos testigos. Y exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espiritu Santo prometido y ha derramado lo que vosotros véis y oís... Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús a quien

vosotros habéis crucificado.» 213. Creyeron unas tres mil personas: "¿Qué hemos de hacer?" «Al oír esto, dijeron con el corazón compungido a Pedro y a los demás apóstoles: ¿Qué hemos de hacer, hermanos? Pedro les contestó: Convertíos y que cada uno de vosotros se haga bautizar en el nombre de Jesucristo, para remisión de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo; pues la promesa es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos llame el Señor Dios nuestro... Los que acogieron su Palabra fueron bautizados. Aquel día se les unieron unas tres mil almas". 214. Los comienzos de la Iglesia «Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunidad fraterna, a la fracción del pan y a las oraciones. El temor se apoderó de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales. Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían al templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar" (Hch 2, 1-47). 215. Frutos del Espíritu Es como un nuevo renacimiento del hombre. Por la fuerza del Espíritu el hombre se vuelve más libre, más consciente, más irrandiante, más personal. El Espíritu de Dios es poseedor de una energía vital capaz de

transfigurar nuestras relaciones, de acercarnos a lo más intimo y deseable de nuestro ser, de saciar nuestra sed de dignidad y plenitud personal, de colmar nuestro deseo de infinito, de introducirnos en la esfera del Dios viviente y vivificante... Las manifestaciones y frutos del Espiritu son, a la vez, de inagotable variedad y de continuidad profunda: «amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza" (Ga 5, 22-23). También son fruto del Espíritu los carismas, que contribuyen al crecimiento y edificación de la Iglesia: «así uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar. A éste le han concedido hacer milagros; a aquél, profetizar. A otro, distinguir los buenos y malos espíritus. A uno, la diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretarlas» (1 Co 12, 8-10). 216. El mayor fruto del Espíritu: el amor. El amor no acaba nunca El mayor carisma del Espíritu es el amor: "Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podria tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber; podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aún dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente, afable, no tiene envidia, no presume ni se engríe; no es mal educado ni

egoista; no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza de la verdad. Disculpa sin limites, cree sin limites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de profecia?, se acabará. ¿EI don de lenguas?, enmudecerá. ¿EI saber?, se acabará" (1 Co 12, 31-13, 8). 217. La hora del Espíritu, tambien para el mundo de hoy La acción del Espiritu es una realidad que brota a borbotones como fruto de la Pascua de Cristo. Desde entonces, la hora del Espiritu ha llegado. También para el mundo de hoy. El mensaje cristiano proclama un hecho actual, que no envejecerá jamás: el Espiritu Santo está en acción, dando testimonio de Cristo: «Si en la actualidad, dice ·Agustín-san, la presencia del Espiritu Santo no se manifiesta con semejantes milagros, ¿cómo será posible que sepa cada uno que ha recibido el Espiritu? Que cada uno interrogue a su propio corazón: si ama a su hermano, el Espiritu de Dios está en él..." 218. Un hombre nuevo: ¡Podrán revivir estos huesos! La acción del Espiritu transforma al hombre de la carne en un hombre nuevo, hombre del Espiritu (cf. /Rm/08/08-09). Sitúa al hombre en una relación significativamente nueva con respecto a Dios, con respecto a los demás, con respecto al mundo e incluso con respecto a sí mismo. La experiencia del Espiritu como presencia eficaz en la vida del creyente transforma profundamente la imagen que el hombre tiene de Dios, de los demás, del mundo, de sí mismo. Es como un nuevo nacimiento del hombre (Jn 3, 3.5.7), como llegar a descubrir que todo se ha vuelto posible, como el cumplimiento de un sueño en el que la suerte humana cambia de signo (/Sal/125/01): ¡Podrán revivir estos huesos!

........................................................................ PISTAS PARA LA REUNIÓN TEMA 20. LA HORA DEL ESPIRITU 1) Comentar en grupo: "Si en la actualidad, la presencia del Espíritu no se manifiesta con semejantes milagros, ¿cómo será posible que sepa uno que ha recibido al Espíritu?» (San Agustin). 2) Comentar Hch 19, 1-7: ¿recibisteis el Espiritu Santo cuando abrazasteis la fe? 3) Comentar en grupo los nn. 183-189: la contraposición carne-espiritu, ¿es un dato de nuestra propia experiencia? 4) La carne es sinónimo de debilidad, expresa nuestra condición pecadora... Carne son también todas las construcciones del hombre. Las más impresionantes son nada en presencia de Dios. Poner en común algunas grandes construcciones del hombre de hoy. 5) "La carne no sirve para nada" (Jn 6, 63). ¿Tenemos esta experiencia de la propia incapacidad? 6) No tenemos un retrato del Espíritu. La Escritura nos lo presenta siempre en acción: es como el viento, como el aliento de vida, como el agua, como el fuego, como el aceite. Poner en común experiencias actuales que puedan ser expresadas a través de estas imágenes. 7) El Espíritu es la gran promesa de Jesús. Comentar en grupo los nn. 201-206: lo que te parece más importante. 8) El Espíritu es el gran animador de la comunidad cristiana. Comentar los nn. 208-214. 9) ¿Cuáles son las grandes señales de la acción del Espíritu en la

Iglesia de hoy? ........................................................................ TEMA 20 OBJETIVO: DESCUBRIR LA EXPERIENCIA DEL ESPÍRITU (Y SU SIGNIFICADO) PUNTOS CLAVE * Carne >< Espiritu. * Debilidad >< Fuerza. * El Espíritu, en acción: Viento, aliento, agua, fuego, aceite... * Ei Espíritu, la gran promesa de Jesús: Las cinco promesas. * El Espíritu, animador de la comunidad. PLAN DE LA REUNIÓN * Oración inicial. Salmo. * Información: Personas, hechos, problemas... * Presentación del tema 20: Lectura, cuchicheo, diálogo sobre lo más importante. * Lectura a escoger. * Oración final. Canto.

EL MISTERIO DE DIOS: DIOS ES AMOR Y AMOR ENTRE PERSONAS LA SANTISIMA TRINIDAD
OBJETIVO CATEQUETICO * Descubrir que Dios es amor y, por tanto, misterio de comunión interpersonal. * Descubrir que el amor hace que personas distintas sean una sola cosa. 219. Un Dios vivo y amante La Biblia no es un tratado científico sobre Dios. Presenta a Dios en tanto que interviene en los acontecimientos humanos y naturales y habla al hombre abriéndole su voluntad, su juicio, su gracia, su amor. Recoge,

de este modo, una profunda experiencia de Dios promovida en el hombre por Dios mismo. Nos invita, pues, no sólo a hablar de Dios, sino, sobre todo, a escucharle cuando habla y a responderle confesando su gloria y acogiendo su acción. Todo el que escucha su palabra y se abre a su voluntad divina, percibe y proclama la gloria de Dios. 220. Por los caminos del Dios viviente: "Hazme saber el camino a seguir, porque hacia ti levanto mi alma" (Sal 142, 8) El gran misterio consiste en reconocer los caminos de Dios y seguirlos, pero, como dice el libro de la Sabiduría, «pues, ¿qué hombre conoce el designio de Dios? ¿Quién comprende lo que Dios quiere? Los pensamientos de los mortales son mezquinos y nuestros razonamientos son falibles; porque el cuerpo mortal es lastre del alma y la tienda terrestre abruma la mente pensativa. Apenas adivinamos lo terrestre y con trabajo encontramos lo que está a mano: pues, ¿quién rastreará las cosas del cielo; ¿quién conocerá tu designio, si tú no le das la sabiduría enviando tu santo espíritu desde el cielo? Sólo así fueron rectos los caminos de los terrestres, los hombres aprendieron lo que te agrada y la sabiduria los salvó" (/Sb/09/13-18). 221. Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios En efecto, Dios es el más profundo misterio. Los creyentes anunciamos lo que ni el ojo vio ni el oído oyó: "Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios. ¿Quién conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él? Pues lo mismo, lo íntimo de Dios lo conoce sólo el Espíritu de Dios" (1 Co 2, 10-11). 222. El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob

No obstante, Dios ha decidido salir al encuentro del hombre. El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob es un Dios vivo que interviene, actúa en la historia humana y en la naturaleza y se da a conocer a los hombres liberándolos de dioses y poderes que les asedian y esclavizan. 223. Reconocer los caminos de Yahvé, Señor de la historia: "Yo estoy contigo" ESTAR-CON El Dios que sale al encuentro del hombre es el Dios de Moisés. Moisés recibe de Dios una misión: liberar a su pueblo del poderoso Faraón egipcio. Esto le parece disparatado, imposible: "¿Quién soy yo para acudir al Faraón o para sacar a los israelitas de Egipto?" (Ex 3, 11). "Yo estoy contigo" (Ex 3, 12), es la repuesta de Dios. Moisés comienza la aventura del Exodo, fiándose de esta palabra de Dios. Poco después, él y todo el pueblo experimentarán que Dios cumple lo que anuncia, que Dios actúa en su historia, que Dios está con ellos, que Dios les ama. "Estar con" es la fórmula ordinaria de la Alianza. Amar a Dios es estar con Dios. Amar al hermano es estar con el hermano. Dios está con nosotros. Dios nos ama: "¿Puede una madre olvidarse de su criatura no conmoverse del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré. Mira, en mis palmas te llevo tatuada (oh, Sión)" (/Is/49/15-16). 224. Reconocer los caminos de Jesús, Señor de la historia: "Yo estoy con vosotros" Dios está con nosotros. Dios nos ama. El Dios de Abraham, Isaac, Jacob, Moisés es el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo. De tal manera amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito (Jn 3, 16). Jesús es el Hijo Unigénito del Padre. Las confesiones de fe de la

Iglesia primitiva proclaman Señor a Jesús, como en la Antigua Alianza el mismo Yahvé fue denominado Señor. Jesús también promete a los suyos su asistencia eficaz en la tarea de comunicar el evangelio a los pueblos: «Yo estoy con vosotros todos Los dias, hasta el fin deL mundo» (Mt 28, 20). Los apóstoles comienzan la aventura de la predicación, fiándose de esta palabra de Jesús. En seguida reconocen que la palabra de Jesús se cumple, que Jesús actúa en medio de ellos, que está con ellos, que colabora con ellos (Mc 16, 20). 225. Jesús, Dios vivo, presente entre nosotros Jesús es el Dios vivo que se hace presente entre nosotros. Su presencia no es accesible a la carne (Mt 16, 17), ni reservada a un pueblo (Col 3, 11), ni ligada a un lugar (Jn 4, 21): es el don del Espiritu (Rm 5, 5; Jn 6, 63). 226. El Espíritu Santo estará con vosotros El Espiritu es la gran promesa de Jesús a sus apóstoles: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor que esté siempre con vosotros» (Jn 14, 16). Y también: «él dará testimonio de mí» (Jn 15, 26). El Espíritu estará con ellos, como dijo Jesús (utilizando también aquíi la fórmula ordinaria de la Alianza). Y no sólo el Espíritu, sino Jesús y el Padre, pues el día que se cumpla esta palabra «entonces sabréis -dice Jesús- que yo estoy con mi Padre, vosotros conmigo y yo con vosotros» (Jn 14, 20). 227. El Espíritu Santo, don de Dios Jesucristo resucitado, en unión con el Padre nos envía su Espiritu Santo. El Espiritu nos hace verdaderos hijos de Dios. El Espiritu es el don del Padre, de cuya vida El nos hace participes. Por la acción del

Espiritu somos capaces de transfigurar nuestras relaciones, de amarnos unos a otros, de vivir como hijos de Dios (Ga 4, 6; Rm 8, 15-16.26). El conocimiento de Dios, propio de los que han nacido de Dios, se relaciona con la experiencia del amor fraterno: "todo el que ama, ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama, no ha conocido a Dios, porque Dios es amor" (1 Jn 4, 7-S). 228. Dios es amor (Sal 103) "Dios es amor. Estos dos nombres, Ser y Amor, expresan de manera inefable la misma esencia divina de Aquél que se nos quiso manifestar a Si mismo y que, habitando la luz inaccesible, está en sí mismo sobre todo nombre y sobre todas las cosas e inteligencias creadas" (·PabloVI, CPD 9). Tal es el secreto... Tal es el secreto al que se tiene acceso sólo por medio de Jesucristo (1 Jn 4, 8-16). En Jesucristo reconocemos el amor que Dios nos tiene: "Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creido en El. Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él" (1 Jn 4, 15-16). La fe en Jesucristo y la caridad fraterna manifiestan que permanecemos en Dios y Dios en nosotros. 229. Imagen de Dios: nuestra vida en este mundo imita lo que es Jesús (cf. 1 Jn 4, 17). El misterio divino de amor interpersonal El hombre ha sido hecho a imagen de Dios. El hombre es eminentemente imagen de Dios cuando ama, pues Dios es amor. Podemos amar nosotros, "porque El nos amó primero" (1 Jn 4, 19). Ahora bien, el amor humano no es posible sino en relación a otros. Por

esto, podemos afirmar que cuando amamos a los demás reflejamos hondamente este amor de Dios. Dios es amor y por consiguiente, amor entre personas. El misterio de Dios no es un misterio de soledad, sino de comunion de amor. En Dios, el que ama (el Padre), el amado (el Hijo) y el don del amor (el Espiritu Santo) viven en comunión la misma insondable riqueza divina. 230. Padre, Hijo y Espíritu Santo: el misterio de la unidad y Trinidad de Dios La distinción real de las Personas divinas, Padre, Hijo y Espíritu Santo, no sólo no se opone a que Dios sea uno, sino que precisamente las tres personas divinas son el Dios uno a causa de las relaciones y vínculos mutuos que se dan entre ellas: «Los mutuos vínculos que constituyen a las tres Personas desde toda la eternidad, cada una de las cuales es el único y mismo Ser divino, son la vida íntima y dichosa del Dios santísimo, la cual supera infinitamente todo aquello que nosotros podemos entender según el modo humano» (Pablo-Vl, CPD 9); «en las tres Personas divinas, que son eternas entre sí e iguales entre sí, la vida y felicidad del Dios enteramente Uno..., se consuman de manera máximamente excelente» {CPD 10). 232. La Santísima Trinidad en los símbolos de la Iglesia y la Liturgia TRI/SIMBOLOS La fe de la Iglesia expresada en los Símbolos, Reglas y Profesiones de fe, está en continuidad con el contenido de la revelación bíblica sobre este Misterio. La formulación teológica (expresada fundamentalmente en los Credos o Símbolos) sobre la Trinidad de personas en Dios, ha ido

elaborándose a lo largo de los siglos con ayuda de conceptos filosóficos, y ha sido defendida contra negaciones y falsas interpretaciones. Cuanto más sutiles han sido éstas, más necesidad ha habido de afinar las nociones empleadas para guardar siempre la fidelidad al misterio revelado. En el Credo de la Misa (Simbolo Nicenoconstantinopolitano) en que coinciden todas las confesiones cristianas, confesamos: Creo en un solo Dios Padre Todopoderoso... En un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos; Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre... En el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Híjo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria... Una vía más catequéticamente apropiada es la de la liturgia que se mantiene en mayor proximidad a las expresiones bíblicas del Misterio trinitario: Al final de la plegaria eucarística se proclama: «Por Cristo, con El y en El, a Ti Dios Padre Omnipotente en la unidad del Espiritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos. Amén.» La actitud del hombre más apropiada para el acceso a este Misterio es la adoración. En realidad, el Misterio de la Santísima Trinidad es el Misterio de la Fe Cristiana visto desde su aspecto más divino. Por lo que si el Misterio Cristiano es siempre insondable, el Misterio Trinitario es el Misterio insondable por excelencia. 235. Que todos sean uno, para que el mundo crea Dios es el único ser que no está dividido. Es puro don, es amor. Jesús ora para que nosotros seamos también ·"una sola cosa", reflejo de la unidad trinitaria. Nuestra unidad será un testimonio que convenza

al mundo, radicalmente necesitado del don de la concordia pacífica: «Que todos sean uno, como Tú, Padre, en mí y yo en Ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que Tú me has enviado» (Jn 17, 21): Esta es la raíz de la unidad de la Iglesia: «Toda la Iglesia aparece como una muchedumbre reunida por la unidad del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo» (LG 4). Asi se expresa el Concilio Vaticano II, citando a San Cipriano de Cartago. También el Concilio Vaticano II, al tratar de la actividad misionera de la Iglesia, contempla toda la misión eclesial como vocación entrañada en la naturaleza misma de la comunidad de Cristo «porque (la Iglesia) tiene su origen en la misión del Hijo y en la misión del Espiritu Santo, según el proyecto de Dios Padre" (AG 2). 237. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu La misión evangelizadora de la Iglesia -y, por tanto, el proceso catecumenal- culmina con la fe en el Padre y en el Hijo y en el Espíritu. Todas las gentes serán bautizadas en esta fe, así como se les iniciará en el resto del evangelio de Jesús. La Iglesia naciente recibe esta misión de Jesús resucitado, constituido Señor del Cielo y de la Tierra: «Me ha sido dado todo poder en el Cielo y en la Tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los dias hasta el fin del mundo" (Mt 28, 1 8-20). ........................................................................ TEMA 21. EL MISTERIO INTERPERSONAL DE DIOS

1) La historia de la salvación tiene tres momentos culminantes marcados por el "yo estoy con vosotros", del Dios de Israel, de Jesús de Nazaret y del Espíritu. Comentar en grupo los pasajes biblicos correspondientes: Ex 3, 7-15; Jn 14, 15-26; Mt 28, 16-20. 2) Comentar los nn. 228-235: el amor hace que personas distintas sean una sola cosa. 3) El proceso catacumenal culmina con la fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu: ¿hemos llegado a vivir esta fe? 4) Dios no es un misterio de soledad, sino de comunión, de amor (1 Jn 4, 7-8): ¿nos reconocemos creados a imagen de Dios? Experiencias concretas. ........................................................................ TEMA 21 OBJETIVO: DESCUBRIR QUE DIOS ES AMOR Y, POR TANTO, AMOR ENTRE PERSONAS PISTAS PARA LA REUNION * Celebración de la palabra de Dios cumplida en el "Yo estoy con vosotros". - Del Padre. - Del Hijo. - Del Espiritu. PLAN DE LA REUNION * Oración inicial. Canto. * Ex 3, 7-15 (silencio). * Salmo 103. * Jn 14, 15-26 (silencio). * Canción a elegir. * Mt 28, 16-20. * Conversación (homilía): significado existencial. * Oración comunitaria.