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Proyecto realizado por: David Carrascosa Campos Vocal Vecino del Grupo Socialista de la Junta Municipal de Barajas

gsbarajas@munimadrid.es

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Uno de los elementos centrales del Programa Electoral del PSOE para el distrito de Barajas es la construcción de un gran centro cultural-ateneo en la parcela municipal de las Caballerizas, junto al Parque del Capricho. Este proyecto se constituye como una acuciante necesidad si tenemos en cuenta el bajo nivel de servicios y ofertas culturales que alberga el distrito, así como la casi nula potenciación de la acción socio-cultural de los distintos colectivos y asociaciones. Dicho proyecto, además, debe ser el punto de apoyo para una también necesaria regeneración urbanística de la zona que debe atender a tres dimensiones: histórico-cultural, por la que se debe constituir un espacio de alto valor simbólico para los vecinos del distrito, político-social, ya que dicho espacio tendrá un carácter totalmente público en el sentido de suponer un verdadero lugar de encuentro, y urbanística, pues deberá ser una actuación de reestructuración de la ciudad. Siendo Barajas el distrito más joven de Madrid, contando asimismo sus habitantes con un amplio nivel cultural, la realidad es que la iniciativa privada no considera beneficiosa la inversión en la creación de infraestructuras culturales, como cine, teatro o salas de exposiciones, obligando a los vecinos del distrito al éxodo en busca del ocio hacia el centro de la ciudad. Por otro lado, las distintas asociaciones y colectivos ven frenada, cuando no cercenada, su actividad no sólo por el escaso apoyo de la administración municipal a la participación ciudadana, sino por las dificultades que encuentran al no tener acceso a un verdadero lugar público, un centro cívico, desde el que desarrollar proyectos complementarios con los de la acción municipal. Así pues, es más que evidente la necesidad de construir un edificio que posibilite el desarrollo de actividades culturales de calidad a la vez que potencie las manifestaciones artísticas de los vecinos y colectivos del distrito, en cuanto centro cultural, al tiempo que proporcione un espacio para la reunión de los vecinos y la acción socio-cultural de las asociaciones y colectivos, en cuanto ateneo. Además, la zona adyacente a este futuro centro está salpicada por numerosas construcciones y espacios de un gran valor histórico. No sólo ya el Parque del Capricho, sino construcciones como la Iglesia de Sta. Catalina (s. XVI), el Castillo de los Zapata (s. XV), así como los numerosos restos pertenecientes al frente de Madrid (1936-1939), constituyen una amalgama de elementos histórico-arquitectónicos, muy próximos entre sí, pero sin ninguna vinculación urbanística. También hay que tener en cuenta la existencia de la Escuela Municipal de Música. Por todo ello, y aprovechando la creación ex novo del centro cultural-ateneo, es conveniente la regeneración urbanística de la zona de cara a constituir un verdadero eje histórico-cultural que suponga el establecimiento de un verdadero espacio público, referente de la actividad social y cultural de la zona. Dicho eje vincularía en un mismo espacio tanto las nuevas construcciones como las históricas mediante sencillas operaciones urbanísticas y sobre los viales circundantes (calles de la Rambla, de la Fuente, y de Joaquín Ibarra), dando lugar a la creación de un espacio que, estableciendo la continuidad de la zona, conectara todos estos elementos arquitectónicos..

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Ofrecemos a continuación una panorámica escueta sobre las actividades culturales que la Junta ofrece, a través de sus centros culturales. Los tres centros del distrito, Villa de Barajas, Gloria Fuertes y Teresa de Calcuta, no ofrecen la infraestructura idónea para ofrecer a los ciudadanos una programación cultural de calidad. Hay que decir, sin embargo, que está proyectada la ampliación del primero de los mencionados, por lo que el distrito contará con otro auditorio y más aulas para cursos. La mayoría de los habitantes del distrito son ajenos a las actividades que la Junta proyecta desde estos centros. La ínfima calidad de la programación sólo atrae a la población de mayor edad. De hecho, los centros culturales parecen ser un anexo de los centros de mayores. Además, estos centros son utilizados en beneficio de empresas de gestión cultural. La Junta se desentiende de la gestión a favor de empresas que los utilizan para ofrecer una programación de cursos de ínfima calidad pedagógica

Los Centros Culturales del distrito acogen cuatro pequeñas salas de exposiciones repartidas de la siguiente manera: Villa de Barajas: Teresa de Calcuta: Gloria Fuertes: 2 1 1

De estas salas de exposiciones, únicamente las del Centro Cultural Villa de Barajas están destinadas con exclusividad a tal fin. Las otras dos salas de exposiciones consisten en sendos halls que se utilizan para este fin. En cuanto a las exposiciones, se suceden, en cada una de las salas, con una periodicidad aproximada de 15 días; de esta forma, cada mes la programación cultural del distrito ofrece unas 6 exposiciones. Sus contenidos son relativamente variados: pintura, escultura y fotografía. En cuanto al apoyo que la Junta ofrece a los artistas, podemos hablar de su casi inexistencia. Por un lado, no se pone a disposición de los posibles visitantes un catálogo de la exposición, en el que quede constancia del currículo del artista así como de la obra expuesta. Por otro lado, la difusión de las exposiciones, su publicidad, queda reducida a la expresada en el boletín de programación cultural del mes de que se trate. Ante esta tesitura, el nivel de aceptación por parte de los vecinos, queda reducido hasta un nivel ínfimo. Casi nadie se acerca expresamente a los centros culturales para interesarse por una exposición en concreto. Todas ellas pasan, en gran medida, desapercibidas para el público en general..

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El distrito cuenta únicamente con un solo salón de actos, el del Centro Cultural Villa de Barajas, que cuenta con un aforo aproximado de 100 personas. Dicho salón contiene un escenario que limita, por sus dimensiones, en gran medida varias de las representaciones y actos. Habitualmente, los actos programados consisten, por un lado, en representaciones teatrales, conciertos, ..., que se suceden con una cadencia semanal: el viernes suele ser el día en el que acontecen éstas. También se programan otros actos como conferencias, algún que otro debate, ..., cuyo colofón consiste en el ofrecimiento de un vino para lo que se utiliza una de las salas de exposiciones del centro. En cuanto a la aceptación por parte de los vecinos de estas actividades debemos desglosar lo que son las representaciones de los demás actos. Las primeras tienen una aceptación positiva aunque únicamente entre la población de mayores del distrito: la programación de estas actividades se dirige a este sector de la población. El otro tipo de actividades tiene una aceptación desigual.

Los centros tienen una oferta de cursos y talleres gestionados por empresas. La relación entre la oferta inicial planteada y el nivel de ocupación es el siguiente: VILLA BARAJAS G. FUERTES T. de CALCUTA TOTAL DISTRITO OFERTA 1469 1544 828 3841 ALUMNOS 1103 1299 738 3140 % OCUPACIÓN 75 84,1 89,1 81,7

En general podemos decir, a la vista de estos datos, que la aceptación de estos curso es, en general, positiva. Sin embargo, sería necesario hacer un pequeño comentario sobre este tema. El Centro Cultural Villa de Barajas es el que cuenta con un menor nivel de ocupación. En él se están ofreciendo algunos cursos que no se ocupan año tras año: cerámica, esmalte, micología, bordados, ... Además existen otros cursos, que cuentan con bastante aceptación, pero que no están potenciados. Cursos de diversas artes plásticas deberían ser graduados en niveles (iniciación, avanzado y superior) de cara a la potenciación de la creatividad de los posibles artistas, hoy alumnos. Los cursos de idiomas tienen una grave carencia: el cursarlos no ofrece convalidación de ninguna clase con los estudios oficiales.

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Todo proyecto va mucho más allá de la mera estética urbanística. Hacer ciudad, regenerar una zona, no es trazar unas cuantas líneas de cartabón, sino incidir en la calidad de vida de los ciudadanos. No hay urbanísmo éticamente inócuo sino que el diseño de la ciudad redundará en sus ciudadanos. Hacer ciudad es hacer ciudadanos. De esta forma, podemos decir que un primer paso es la creación de un espacio simbólico en la zona utilizando los elementos histórico-arquitectónicos ya existentes. Este espacio debe ser, en todo caso, eminentemente público, deber ser un lugar de encuentro entre los vecinos. Y no sólo eso, debe articular urbanísticamente la zona circundante.

La creación de un espacio público debe aprovechar los elementos existentes; debe reconvertir una zona degradada en un auténtico centro para la ciudadanía. El factor cultural de la regeneración de los espacios es sumamente relevante pues esta dimensión del espacio público no se limita a la monumentalidad y a los espacios no construidos, sino al conjunto de los edificios, equipamientos e infraestructuras de la ciudad. Las formas siempre transmiten valores, la estética es también una ética. Vincular la creación de un espacio público a los elementos históricos es, al tiempo que potenciar el conocimiento de éstos, invertir en la recuperación de los símbolos de identidad colectiva. Así pues, no se trata de crear espacios huecos y sin sentido para los ciudadanos. Se trata, por el contrario, de planificar sobre los elementos ya existentes para redescubrir el espacio que configuran. Es necesario traer el significado oculto del olvido a la memoria, y de la memoria al presente. El presente que recrea la historia aglutinando el pasado. En las inmediaciones de la parcela de "Las Caballerizas" se sitúan diversas construcciones con un alto valor histórico y, por tanto, simbólico para la zona. La recuperación de la memoria histórica que atesoran estos elementos, si bien todavía no ha concluido, ha sido una labor larga y no exenta de dificultades. Hay que recordar en este momento la lucha vecinal por la recuperación de "El Parque del Capricho" que se dio desde los años 70 en la Alameda de Osuna y que, en el transcurrir de los años, desembocó no sólo en la preservación de este espacio sino que también en su consolidación como una de las "maravillas" de Madrid. Pero como apuntábamos, la labor de recuperación de la memoria histórica está inconclusa: elementos histórico-arquitectónicos perfectamente visibles han sido objeto de progresivo olvido cuando no de dejación por parte de la autoridad municipal. a- El Castillo de Alameda está bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de Abril de 1949, y la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español. Es propiedad del Ayuntamiento de Madrid por cesión urbanística.

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Dicha construcción, que está inseparablemente unida a la historia tanto de Barajas y como de La Alameda, data del año 1431 cuando la zona fue agrupada en señorío y entregada a la familia Zapata. Hasta la fecha, en la que existe un proyecto de creación de un centro de interpretación arqueológico con los restos del castillo, las últimas actuaciones sobre esta construcción datan de la década de los 80, en la que por un lado la Dirección General de Patrimonio Mueble y Arqueológico de la CAM (86-88) y por otro el Servicio de Conservación y Restauración del Patrimonio Inmueble (88-89), realizaron trabajos encaminados respectivamente a la datación del castillo y la consolidación de la estructura.

b- El Panteón de Fernán Nuñez no alberga en sí tanta historia como el castillo, pero igualmente es un elemento unido al distrito desde que desde finales del siglo XVIII y principios del XIX éste era Condado. La familia Fernán Núñez, en la que por herencia había recaído la zona, hace construir este panteón con parte de los materiales del castillo que desde 1751 ya estaba abandonado. c- El Búnker de la Alameda al igual que el castillo, del que dista unos 30 ó 40 metros, está bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de Abril de 1949, y la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español. Construido durante la Guerra Civil, se encuentra en buen estado aunque con pintadas y colmatado. d- El Palacio del "Parque del Capricho", cuya parte trasera se ofrece a la calle de la Rambla, data de mediados del siglo XVIII. No se puede obviar el valor simbólico para la zona de este elemento arquitectónico perteneciente en su día a los Duque de Osuna. En la actualidad, debido al estado en el que se encuentra, el Palacio no puede ser visitado habiendo quedado como un ornamento más del parque.

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Propiedad del Ayuntamiento de Madrid, tanto el parque como el palacio se hayan sometidos a un lentísimo proceso de rehabilitación obstruido por la construcción de residencial Vallehermoso que ahoga a la vegetación existente. La misma parcela de "Las Caballerizas" no es otra cosa que el lugar donde se levantaban las cuadras de los Duque de Osuna. Todavía, en la valla que linda con la calle de la Rambla son notorios los portones de entrada a estas instalaciones. e- La Iglesia de Santa Catalina se sitúa unos cien metros hacia arriba por la calle de la Rambla. Según la Archidiócesis de Madrid, propietaria del edificio, ya en 1579 se levantaba ésta junto a la Villa de la Alameda de Osuna. En la actualidad ha sido remodelada en virtud de una reforma que terminó en 1996. Al margen de estos elementos histórico-arquitectónicos, es necesario aludir a la ubicación de la Escuela Municipal de Música. Sin embargo, todos estos elementos configuran un factum deshilvanado, una situación de hecho en la que una zona determinada queda salpicada con un conjunto de construcciones de indudable valor histórico-cultural sin que éstas en ningún momento constituyan la esencia de un espacio público. El nexo estructurador de ese posible espacio no existe, por lo que debe ser construido ex novo: así, la carencia en el distrito de un verdadero centro cultural, un edificio que aglutine manifestaciones culturales de un gran nivel, hace acuciante el levantamiento de unas instalaciones que no sólo supongan la presencia de un estético edificio sino que, al mismo tiempo, dispongan de la funcionalidad necesaria para desarrollar una política cultural de calidad. Este edificio, que albergará el centro cultural, estará sito en la parcela de "Las Caballerizas" y, a la vez de ser el punto sobre el que debe pivotar la política cultural del distrito, se constituirá como el nexo urbanístico de la zona sobre la que se actuará.

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La palabra es la mercancía por excelencia en toda ciudad. Ya en la Grecia clásica se ofrece la conexión entre el ágora, el espacio público, (αγορα) y el hablar en público (αγορευω) o el reunirse en asamblea (αγοραοµαι). Es, por tanto, necesario que la planificación del espacio público suponga la creación de un verdadero lugar de intercambio de palabras, un lugar para la conversación y el debate, un lugar para el encuentro de los vecinos. El urbanismo no es políticamente neutro. La planificación de los nuevos barrios así como la regeneración de los ya existentes, conlleva implicaciones en la posterior forma de vida de los ciudadanos. No es lo mismo, como es obvio, una planificación urbanística que prime la utilización del vehículo privado que la contraria. El ciudadano, en el primer caso, se convertirá en un mero residente mientras que en el segundo podrá ejercer como tal. Una ciudad construida sobre la base de viales de tráfico dificulta la emancipación del ciudadano desde su condición de residente. Por otro lado, el nuevo urbanismo no proporciona ese lugar de intercambio entre los ciudadanos. Son habituales las comunidades de viviendas en las que en la entrada se cuelga el cartel de "PROHIBIDO EL PASO. PROPIEDAD PRIVADA". El vecino que sale de su casa no lo hace a un espacio público sino que sigue en el ámbito de su privacidad: paradógicamente el vecino sale hacia dentro. El actual urbanismo, que prima lo viales y las propiedades privadas, se planifica desde las premisas de la agorafobia. Una planificación tal, anulando la creación de lugares de encuentro, cercena las posibilidades de un mínimo intercambio de opiniones y, por tanto, de dinamización social y cultural. La planificación de la Alameda de Osuna reúne desgraciadamente los efectos del urbanismo agorafóbico. Primando los espacios privados de las comunidades de vecinos, la estrechez de la inmensa mayoría de las aceras en beneficio del tráfico rodado y la acuciante escasez de espacios públicos (como lo es la Plaza del Navío), el urbanismo de este barrio resulta particularmente agresivo con el viandante, con el ciudadano que quiere reunirse con sus semejantes. Carece, pues, de los presupuestos básicos para constituirse en un espacio adecuado para la dinamización social y política. Asimismo, los equipamientos públicos de carácter cultural (Gloria Fuertes y Teresa de Calcuta) no están diseñados con la filosofía de un lugar de encuentro sino de un mero lugar de servicios.

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Por otra parte la política cultural madrileña se está midiendo por unos parámetros en los que el ciudadano queda reducido a un mero espectador de los mediocres espectáculos ofrecidos por la administración. Es difícil de esta forma que los vecinos y vecinas se vean representados en la planificación de las distintas programaciones culturales existentes en los distritos de Madrid; éstas les son ajenas. Se hace necesario, por lo tanto, dar un giro copernicano en este tema: el ciudadano debe pasar de ser un mero espectador a constituir una pieza esencial de la política cultural, siendo uno de sus protagonistas. Es necesario, por tanto, que el proyecto se encamine hacia la consecución de unos espacios verdaderamente públicos, en los que palpite la ciudadanía de los vecinos de la zona, y que supongan una simbología identitaria para todos ellos. La superación de la agorafobia y de la pasividad del ciudadano no serán posibles sin la creación de lugares de encuentro comunes, lugares de todos los vecinos, en los que el único cartel allí situado, en caso de haberlo, no restrinja sino que invite al acceso y a la participación.

El espacio público no es una marginalidad en la ciudad. Por el contrario, es un elemento estructurador de la misma, un ordenador urbanístico. Es el espacio público el que tiene la potencialidad de organizar una zona que tenga la capacidad de soportar diversos usos y funciones al tiempo de crear lugares. Se suele decir que este es el examen por el que pasan los gobiernos municipales para ser considerados "constructores de ciudad". Hacer ciudad no es una labor de creación ex nihilo sino una labor de construcción sobre lo ya construido: hacer ciudad sobre la ciudad, hacer centros sobre los centros. Es necesario, por tanto, crear nuevas centralidades y ejes articuladores que den continuidad física y simbólica, estableciendo buenos compromisos entre el tejido histórico y el nuevo, favoreciendo así la mezcla social y funcional de todas la áreas. Es necesario, más que una planificación que desemboque en una construcción ex novo, un plan de regeneración de zonas, cuando no marginales, sí olvidadas o infrautilizadas. Una planificación regenerativa conlleva la identificación de los vecinos con la zona a recuperar, lo cual no sucede con la creación ex novo de elementos urbanísticos que desde un principio son ajenos a los ciudadanos de la zona. Se trata, por tanto, de aprovechar los elementos ya existentes para que sobre ellos recaiga una planificación que reconvierta el área intervenida en un centro, un espacio público. De esta forma, y concretando en la zona a intervenir, nos encontramos con elementos deshilvanados como las diversas construcciones históricas de la zona, la Escuela Municipal de Música y la parcela de propiedad municipal de "Las Caballerizas" que, pese a su cercanía, son ajenos entre sí, no existiendo entre ellos por tanto ninguna continuidad física que devenga en continuidad simbólica. Estos elementos se hayan aislados unos de otros por una planificación urbanística que ha primado el uso del tráfico rodado en lugar de beneficiar al peatón.

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El elemento central del proyecto lo constituye la construcción de un gran centro cultural-ateneo en la parcela de las Caballerizas. Esta construcción ex novo será acompañada del acondicionamiento de la superficie restante de dicha parcela para crear una plaza pública que pueda albergar eventos sociales y culturales, al tiempo, claro está, de ser un espacio de encuentro entre los vecinos. El diseño arquitectónico será consecuente con un ambicioso proyecto cultural: la programación del centro debe suponer un punto de referencia obligado en el panorama cultural de la zona este de Madrid. La espaciosidad y calidad de sus instalaciones facilitarán el desarrollo de eventos culturales de calidad y de una gran diversidad, intentando hacer el centro atractivo a artistas (pintores, escultores, compañías de teatro,...) de cierto renombre. Asimismo, la gerencia del centro abandonará las formas de gestión empresarial al uso en Madrid para adentrarse en formas participativas de co-gestión entre colectivos vecinales, con unos fines más o menos específicos, y la administración municipal, con cierto apoyo de empresas de gestión cultural. El centro, por tanto, se constituirá también como un auténtico ateneo, un lugar de participación vecinal en orden a desarrollar una diversidad de proyectos que redunden en beneficio del distrito.

La situación del Ateneo y Centro Cultural "Las Caballerizas" le hará el punto neurálgico del eje histórico-cultural de la Alameda de Osuna. Quedará ubicado en la parcela del mismo nombre en el lugar más próximo de la misma a la Escuela Municipal de Música. De esta manera se creará un complejo cultural entre los servicios que ambos prestarán al tiempo de constituir un eje cultural básico para todo el distrito. Al mismo tiempo, el espacio comprendido entre el centro y el Paseo de la Alameda constituirá una plaza pública que, siendo un lugar de esparcimiento, pueda acoger una diversidad de eventos culturales y sociales. El lugar que ocupa en el entramado urbano, si bien no tiene un carácter central, no excluye su buena comunicación con el resto del distrito y con zonas de la ciudad algo más alejadas. El Paseo de la Alameda de Osuna es una de las arterias principales del barrio del mismo nombre lo que hace que el edificio ya esté de por sí bien conectado. Además la Avenida de Logroño, a la que es paralelo el paseo, está situada a unos 200 metros. Por la inmediata cercanía de la parcela transitan las líneas de la EMT 105 y 101. Algo más separada, aunque igualmente accesible, discurre la 115. La próxima apertura de la estación de Metro de "El Capricho" hará accesible el centro desde otros lugares de Madrid.

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Un buen edificio sin un contenido preciso o un buen proyecto sin el soporte espacial adecuado están abocados a fracaso. Por tanto el equipamiento debe estar adaptado al uso que persigue en tamaño, espacios y funcionamiento. Un proyecto cultural ambicioso debe tener un soporte de calidad: un equipamiento espacioso al servicio de la cultura que no supedite ésta a ser un mero ornamento del edificio. Además, el aspecto social del edificio debe ser relevante en la arquitectura del mismo. El centro debe ser un punto de encuentro, un espacio público, en el que los vecinos no sólo puedan disfrutar de una programación cultural de calidad, sino en el que tengan los medios a su disposición de cara a su participación social. ELEMENTOS CULTURALES BÁSICOS a- Sala de exposiciones. Hasta ahora en el distrito no existe una sala de exposiciones que pueda albergar acontecimientos de calidad. De hecho, son muy pocos los vecinos del distrito que se acercan a ver las escasas exposiciones que se proyectan. Además éstas parecen estar más al servicio de la sala que ésta al servicio de aquéllas. Un adecuada política cultural en este aspecto necesita una infraestructura estable, espaciosa, con un buen equipamiento y una completa gama de servicios al artista. Por otro lado, al margen que la programación deba ser de calidad, la ubicación de la sala dentro del centro cultural debe ser predominante para que los vecinos asistentes la encuentren lo más accesible posible. La misma sala debe contar con un alto grado de funcionalidad para acoger una variada programación que atraiga a todo tipo de público. El pluralismo artístico debe desarrollarse en las distintas formas artísticas: pintura, escultura, fotografía, artesanía, videocreación, cómic, grabado, instalaciones, colages,... La construcción de una sala de exposiciones de calidad, bien dotada y con prestaciones importantes, redundará en benéfico de la programación cultural: artistas de renombre se verán atraídos a exponer lo cual repercutirá en el prestigio de la sala. b- Auditorio interior. Es más que sabida la carencia del distrito de ciertos espectáculos, como cine y teatro, que necesitan de la existencia de una infraestructura para la que, posiblemente, el capital privado no vea beneficioso hacer una inversión en el distrito. Esta carencia debe ser suplida por una generosa inversión pública.

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. De la misma forma que la sala de exposiciones, el auditorio debe ser construido bajo las premisas de la funcionalidad en orden a poder albergar la mayor variedad de espectáculos: cine, teatro, danza, conciertos,... En este aspecto la programación debe ser variada incluyendo ciclos anuales de cada una de estas manifestaciones artísticas. En consonancia con el aspecto socio-político del proyecto, el auditorio debe tener la flexibilidad de acoger reuniones de asociaciones de vecinos, charlas informativas, conferencias divulgativas,... y todo tipo de actos de carácter social, cultural, científico que pudieran surgir. Por otra parte, la calidad del auditorio, obviamente, pasa por ser diseñado de forma que tanto la visión como la audición del público sean perfectas.

c- Locales de ensayo. El distrito de Barajas, y en particular el barrio de la Alameda de Osuna, aportan una gran cantidad de grupos al panorama musical madrileño. Sin embargo, esto no quiere decir que tengan unos inicios fáciles: la mayoría de estos grupos deben peregrinar grandes distancias para encontrar locales que, a parte de caros, no guardan las condiciones de seguridad necesarias. El apoyo mínimo que desde la administración se les debe a tanto grupos de música como de teatro es la creación de unos locales de ensayo públicos de calidad. Con esta infraestructura básica se potencia el nivel creativo del distrito. El uso de los locales, habida cuenta del ruido generado, debe compatibilizarse con los horarios de la programación del centro.

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d- Escenario-anfiteatro exterior. El centro cultural no debe quedar restringido al habitáculo perimetrado por los muros del edificio. Un moderno equipamiento debe tener la versatilidad de extenderse hacia fuera. En numerosos lugares se utilizan los patios externos de los centros como lugar para ofrecer parte de su programación. La construcción de un escenario externo anexo al centro cultural tiene por objeto ofrecer una programación veraniega que conserve la misma calidad que la que se ofrece en temporada de invierno. Conciertos, certámenes de teatro, cine de verano, entre otros espectáculos, pueden ser objeto de este elemento cultural. Su posición frente a la plaza hará de este escenario un elemento de capital importancia, pues será la base en la que se apoyen diferentes eventos como la festividad de San Antonio. Asimismo, habida cuenta de la carencia de lugares para conciertos de los muchos grupos de música del distrito, se podría convertir en el lugar apropiado para la celebración de festivales. Si fuera necesario, este escenario podría ver realzado su valor con la instalación a su alrededor de gradas portátiles que configuren junto con él un anfiteatro. Esta estructura es idónea para la celebración de certámenes de teatro o conciertos de cuerda, pues los problemas de acústica y visibilidad son superados por su misma morfología

ELEMENTOS SOCIALES BÁSICOS. a- El ateneo. Son más que evidentes las dificultades de las distintas asociaciones del distrito para desarrollar su actividad social debido a los problemas generados por falta de locales adecuados. Una administración que potencie la dinamización político-social de una ciudad, o de un distrito, debe poner a disposición de los diferentes colectivos sociales una infraestructura básica. El término ateneo, algo en desuso, hace referencia al lugar donde tienen cabida las reuniones de asociaciones de todo tipo para desarrollar su particular acción. Es, por tanto, un lugar de participación activa no supeditada a la administración, sino paralela. De esta forma, el equipamiento deberá contar con las instalaciones suficientes para albergar al mayor número de asociaciones. Salas de reuniones espaciosas que inviten al trabajo social y que asimismo lo hagan a la coordinación entre las distintas asociaciones para proyectos comunes de cara a los vecinos del distrito. La actividad social de las asociaciones no sólo debe ser paralela a la de la administración sino que también complementaria. b- El café y la terraza-azotea. La configuración actual de las ciudades hace relativamente difícil la existencia de una comunicación multilateral en la propia calle. El espacio público, al verse invadido por el privado, se ha ido

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recluyendo poco a poco en los pocos lugares de confluencia de los vecinos, como lo son palpablemente los bares y cafés. Un equipamiento público no debe tener un carácter puramente cultural, aun siendo éste muy importante, sino que debe suponer un lugar de encuentro y diálogo entre los vecinos y vecinas del distrito. De esta manera se hace necesaria la implantación de un café que, invitando a la tertulia, suponga el lugar de confluencia que aquéllos no encuentran en la calle.

Además, y pensando en los meses de primavera y verano, es importante que dicho café cuente con una terrazaazotea en la que los ciudadanos puedan disfrutar de una buena charla y un refresco a una agradable temperatura. También este puede ser un lugar idóneo para pequeños conciertos u otras manifestaciones culturales que no requieran de un gran apoyo técnico.

En importante una inversión en hacer accesible el equipamiento, no sólo en lo que respecta a su entorno sino que también en su interior. Ya hemos hablado sobre la buena ubicación que mantiene el centro respecto al resto del distrito y a la parte adyacente de la ciudad. La política de equipamiento enlaza con la de transporte, en la medida que, más importante que la ubicación en sí, es la posibilidad de acceder a él desde cualquier punto. En el interior del edificio, la supresión de barreras arquitectónicas y la buena señalización son obligaciones legales y funcionales. Así, el fácil acceso a cada uno de los elementos, tanto de carácter social como cultural, constituirá una de las señas de identidad del edificio. Se debe invertir, por lo tanto, en la espaciosidad interna que impida el hacinamiento de los usuarios, así como en la funcionalidad y calidad de los elementos que hagan posible esa supresión de las barreras arquitectónicas (rampas, ascensores).

Es este un requisito imprescindible por igual para el edificio más emblemático y el más rabiosamente sociocultural. El continente es fundamental para los artistas, los trabajadores y el público. Todo el mundo quiere equipamientos de calidad, independientemente de su procedencia social o aspiraciones. La calidad constructiva y las buenas dotaciones no son contrarias a la estética del edificio, sino que deben reconducirla hacia su funcionalidad. Bajo esta premisa, hay que huir de un diseño estéticamente atrayente pero que pueda socavar la funcionalidad del edificio. Son patentes las muestras en nuestro propio distrito (Biblioteca Gloria Fuertes, Centro Integrado Teresa de Calcuta) en las que el diseño arquitectónico cercena la posibilidad a los usuarios de un acceso de calidad a los servicios prestados.

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La razón de ser de un equipamiento es la de prestar un buen servicio a la población y no al revés. Es en la ciudadanía en la que hay que pensar, y no en el arquitecto, el político o el técnico cultural. Hay que concebir el centro cultural como una empresa en el servicio personal (el cómo se presta) más que material (lo que se oferta). De lo contrario el ciudadano será un desertor equipamental: llegar, ver y marchar. Sin que esto implique caer en clientelismos burdos, puesto que la política cultural ha de tener objetivos propios más allá del mero juego de oferta-demanda, cuestión que diferencia a la Administración con la empresa privada. La calidad exige un importante esfuerzo económico. Más que la inversión, lo fundamental es saber que la inversión genera un gasto corriente que hay que asumir anualmente con dignidad. El diseño de oferta cultural es una tarea que debe ser continua pues en todo momento es necesario ofrecer una programación atrayente para el mayor número posible de público. La oferta no debe quedar únicamente en manos de empresas de gestión cultural sino que, en todo caso, debe nacer de una iniciativa de co-gestión entre la administración, los vecinos y esta clase de empresas. La programación cultural debe ser consecuencia de las siguientes premisas: a- Calidad. Una programación cultural debe siempre evitar el caer en alguno de los dos nefastos extremos entre los que se desarrolla, el elitismo y el populismo. Es necesario, por tanto, encontrar líneas de actuación que desemboquen en una oferta atrayente tanto para el artista como para los espectadores entendido y profano. De esta forma, los vínculos con circuitos artísticos de calidad que debe mantener el equipo de gestión del centro se presentan como básicos a la hora de la planificación. b- Rentabilidad social. Al equipamiento hay que exigirle eficacia y eficiencia en el cumplimiento de sus tareas. Siempre ha de intentar llegar al máximo de población al menor coste posible. En este sentido, las campañas de publicitación de la programación deben ser en sí ya atractivas, que inviten a la asistencia, no consistiendo sólo en una exposición lineal de los espectáculos ofrecidos. c- Competitividad. Siendo este un concepto arraigado en el mundo empresarial, sin embargo es interesante constituirlo como una de las premisas básicas desde la que realizar una programación cultural de calidad. Todo equipamiento ha de partir de un buen posicionamiento en el mercado (también en lo socio-cultural) contando con una oferta que pueda equipararse a la existente en circuitos culturales de cierta importancia. d- Participación. Una programación cultural de calidad no deja al vecino como un espectador sin más ante el espectáculo ofrecido; el vecino debe tener un papel protagonista cuando menos en la gestión cultural del equipamiento. Ya hemos hablado del carácter marcadamente social del centro, cristalizado como ateneo. La implicación de las asociaciones y de los vecinos a título particular en el diseño de la programación hará de ésta un elemento de encuentro vecinal sin que se resienta en lo más mínimo la calidad del servicio. Es más, dicha calidad sería reforzada. Pensar en los ciudadanos implica buscar fórmulas que permitan su participación, también en macroproyectos.

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Aprovechando la creación ex novo del centro cultural-ateneo, se debe incidir en la regeneración urbanística de la zona atravesada por las calles de la Rambla, de la Fuente y de Joaquín Ibarra. Así pivotando sobre el nuevo centro, se constituirá un eje histórico-cultural, un espacio público que, dando continuidad y conexión a todas los elementos histórico-arquitectónicos, se constituya en un verdadero lugar de encentro para los vecinos del distrito. Las actuaciones de regeneración urbanística, que en todo caso serán sencillas, aprovecharán los elementos existentes haciendo ciudad sobre la ciudad, barrio sobre el barrio, sin que en ningún momento constituyan una molestia excesiva para los vecinos de la zona. Así, por un lado, será necesario el adoquinado de las calles de la Rambla y de Joaquín Ibarra, al tiempo que la peatonalización de la calle Fuente, de cara a establecer la continuidad esencial del eje histórico cultural. Será un factor esencial el compatibilizar el uso del vehículo, sobre todo en las zonas residenciales que enmarcan la zona, con espacios para el paseo. La recuperación integral del Patrimonio Histórico de la zona del Castillo, así como una urbanización de ésta compatible con su dimensión histórico-cultural, es otra de las actuaciones previstas. Por último, la regeneración de la pequeña plaza sita tras la Escuela Municipal de Música, teniendo en cuenta que es ya un centro de reunión de jóvenes, cuando el tiempo lo permite.

Una planificación urbanística que prime el uso del vehículo privado cercena la creación de espacios públicos destinados al encuentro ciudadano. Un plan de regeneración urbana que tenga como fin la creación de espacios de este tipo debe contener entre sus actuaciones más importantes la destinada a compatibilizar el tráfico rodado con el uso peatonal del vial, cuando no beneficiar totalmente al peatón. Evidentemente una actuación tal sobre los viales sólo puede llevarse a cabo cuando el volumen de tráfico de los mismos lo permita: como es obvio no sería posible en una vía urbana de dos carriles por sentido, pero sí en vías de carácter residual.

ELEMENTOS VIALES EXISTENTES La zona a intervenir cuenta con tres viales básicos cuyo uso puede ser obviado, y de hecho lo es, por la mayoría de los usuarios vehículo privado. Dichos viales tienen el carácter de servir a la zona residencial de viviendas unifamiliares que se hay inserta entre "El Parque del Capricho" y la zona del Castillo:

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a- La calle de la Rambla empieza en la Avenida de Logroño y, bordeando la parte trasera de "El Parque del Capricho", termina en el Paseo de la Alameda de Osuna, frente al Colegio Alameda. En su recorrido, que es de único sentido desde la Avenida de Logroño hasta la entrada al residencial, se encuentra la Iglesia de Santa Catalina, el Palacio de los Duques de Osuna. La parte final discurre entre los linderos del parque y de la parcela municipal de "Las Caballerizas" b- La Calle de Joaquín Ibarra es paralela a la de la Rambla. Empieza igualmente en la Avenida de Logroño, en la glorieta de la Biblioteca Gloria Fuertes, y en su primer tramo, sólo de un sentido, queda acotada entre el residencial y la zona del Castillo. El tramo intermedio, a partir del cual se bifurca en dos sentidos, discurre entre la zona verde y deportiva por un lado y la Escuela Municipal de Música por otro. El último segmento de la calle deja a un lado un residencial de viviendas unifamiliares y el lindero NE de "Las Caballerizas"

c- La Calle de la Fuente es mínimamente transitada por el tráfico rodado. Ella permite la conexión de las calles de la Rambla y de Joaquín Ibarra situándose entre el lindero NO de "Las Caballerizas" por un lado y la parte trasera y lateral de la Escuela Municipal de Música.

ACTUACIÓN PROPUESTA. La creación de un espacio público de carácter cultural implica una actuación urbanística sobre los viales que dé una continuidad física a la zona. Como hemos visto, lo viales sobre los que se debe actuar son utilizados principalmente por los residentes de las viviendas unifamiliares del lugar, no siendo imprescindibles para tráfico general de la Alameda de Osuna. Sin embargo, habría que proceder a dos actuaciones distintas: a- El adoquinado de las calles de la Rambla y de Joaquín Ibarra no cercenaría su viabilidad para dar cobertura a los residenciales de la zona, sino que más bien las potencia tal aspecto pues su configuración invitaría a los conductores, por un lado, a no utilizarlas más que en casos imprescindibles (como lo es el acceder al residencial) y, por otro, a disminuir la velocidad del vehículo.

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Estos efectos en los viales compatibilizarían el uso del vehículo privado con su potenciación para el peatón. b- La peatonalización de la calle de la Fuente no tendría ninguna interferencia en el tráfico de la zona. Permitiría además la continuidad física entre "Las Caballerizas" y la Escuela Municipal de Música y el parquecito que se haya en su parte trasera, frente al Palacio de los Duques de Osuna.

Si bien existe un proyecto de recuperación del Castillo de los Zapata, tanto la zona en la que se halla sito como los dos elementos histórico-arquitectónico que lo acompañan (el Bunker y el Panteón de Fernán Núñez), están sumergidos en un profundo olvido por parte de las administraciones competentes. Por un lado, la urbanización de esta zona ha sido meramente simbólica, reduciéndose a la construcción de unas aceras y un parquecito para los niños. Por otro, el cuidado y protección del patrimonio histórico es francamente inexistente. De esta manera, la actuación sobre esta zona debe bifurcarse hacia dos objetivos que, en todo caso, deben ser complementarios: la recuperación del patrimonio histórico y la urbanización de la zona. Una urbanización que, no sólo respete al patrimonio, sino que lo constituya en centro de atención de los vecinos. RECUPERACIÓN INTEGRAL DEL PATRIMONIO HISTÓRICO El Castillo de los Zapata, como ya se ha dicho, será objeto de actuación por parte del Ayuntamiento de Madrid en orden a crear un centro de interpretación arqueológica. Sin embargo, dicho proyecto debería incluir la recuperación completa tanto del Bunker de la Guerra Civil como del Panteón de Fernán Núñez. Todos estos elementos se encuentran repletos de pintadas y su erosión, por el paso del tiempo, queda agravada por la inactividad de las administraciones competentes. La labor de recuperación del patrimonio de la zona debe ser, por tanto, integral. De muy poco sirve rehabilitar uno de estos elementos si se dejan los demás desmoronarse. La recuperación integral de la zona incidirá en el conocimiento y respeto que los vecinos deben tener de estos inmuebles históricos. URBANIZACIÓN DEL ENTORNO Correspondiendo con el carácter preponderante del patrimonio histórico a recuperar, y posteriormente a preservar, el proyecto de urbanización del entrono de los inmuebles no debe en ningún momento ser agresivo con su constitución y ubicación, sino que, respetando

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éstas, las debe realzar. Así pues, la posible existencia de un parque debe invitar a los vecinos a una estancia tranquila y contemplativa en el mismo, no a conductas que puedan poner en peligro al patrimonio histórico de la zona.

SITUACIÓN ACTUAL Entre la parte trasera de la Escuela Municipal de Música y la del Palacio de los Duques de Osuna se sitúa un pequeño espacio precariamente urbanizado. No está solado, excepto el tramo de una pequeña acera, y está cercado por un muro de contención que en uno de sus extremos presenta una escalera que años atrás debió unirle con la parcela de "Las Caballerizas". Su utilización como antiguo espacio público está avalada por la columna que, siendo un pequeño monumento, queda situada en la parte central. Esta pequeña plaza está jalonada por tres grandes árboles que proyectan sobre ella una plácida sombra. Si bien este espacio está urbanísticamente depauperado no lo está en el aspecto social pues son numerosos los jóvenes que pasan amigablemente allí las veladas cuando la meteorología lo permite. Su situación hace de esta pequeña plaza un lugar tranquilo y apacible desde el que se molesta mínimamente a los vecinos más cercanos. Es decir, no es un espacio a descubrir, pues ya está descubierto, sino un espacio que debe ser regenerado para potenciarlo de cara a los vecinos.

ACTUACIÓN PROPUESTA La actuación que se propone es de suma sencillez y en conexión con la propuesta para las calles que encuadran este espacio. El solado de la zona, que debe respetar los árboles y la pequeña columna, tiene que hacer posible la continuidad física habida cuenta del adoquinado de la calle de la Rambla y del paseo de la Fuente (una vez peatonalizada la calle del mismo nombre) que se contemplan en las actuaciones sobre los viales. Sumamente importante es la recuperación de la escalera que conecta el paseo antes aludido con esta pequeña plaza.

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