Miércoles Santo Deseo celebrar la Pascua en tu casa Lecturas: Is 50, 4-9a; Sal 68; Mt 26, 14-25 Jesús tiene claro cómo, cuándo

y dónde quiere celebrar la Pascua con sus discípulos: “Id a la ciudad, a casa de quien vosotros sabéis, y decidle: “El Maestro dice: mi hora está cerca; voy a celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos”, pues la Pascua de Jesús no es la misma que la de los judíos, sino otra totalmente diferente. Jesús toma la iniciativa y los discípulos obedecen las indicaciones de Jesús acerca de dónde y cuándo celebrar esta Pascua anticipada, pues es “el primer día de los Ázimos” y no el día de Pascua en sí. Nos dice Juan, que tras la muerte de Jesús “como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús” (19, 42). De este modo, la resurrección de Cristo es la que coincide con la Pascua, en la que Jesús es el Cordero sacrificado, más ahora resucitado y viviente, por eso ese día es “Pascua de Resurrección”. La cena que Jesús celebra con los discípulos era el otro tipo de cena pascual que celebraban los judíos que no podían ir a Jerusalén a sacrificar el cordero. En la Última Cena no hay Cordero, porque es Cristo, y su Pascua se verificará con su muerte en la cruz y la resurrección. De este modo, Jesús anticipa en la cena su Pascua, de la que forma un todo único. De hecho, la Misa es la actualización de esta Pascua total, y por eso es renovación incruenta del sacrificio en la cruz y de la resurrección, y no un mero recordar un hecho del pasado, como era la Pascua judía. La nueva Pascua significa también una Alianza con su mandamiento: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como Yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros” (Jn 13, 34-35). Mateo destaca que esta cena que Jesús decide y prepara, en casa de quien ya conocen, uno de los discípulos de Jerusalén, que la tradición señala como la de Juan Marcos el evangelista, debe realizarse tal y como Jesús quiere, y no como a nosotros se nos ocurre: “los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua”, pues para Jesús es vital que nos demos cuenta de lo que va a suceder, va a entregarnos su cuerpo y sangre (=su vida) y esto no puede tomarse como una comida cualquiera, o como una ceremonia más o menos folclórica. Jesús indica dónde celebrar la Pascua al responder a una pregunta de los discípulos: “¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?” Al enviarlos a casa de un discípulo Jesús dice claramente: en la Iglesia, casa de todos los discípulos. Luego no se puede ir a Misa de cualquier modo, hay que preparar la casa, el corazón, para Jesús con todo cuidado y atención, no se puede improvisar y mucho menos inventar, como si la Cena que Jesús prepara no fuera adecuada y nosotros tuviéramos que corregirla. Con buena intención, pero desoyendo el mandato de Cristo, muchos se empeñan en cambiar la Misa para hacerla “adecuada” a niños, jóvenes, etc. olvidando que la Cena la diseña el mismo Cristo dónde Él quiere y cómo Él quiere. La actitud correcta es “preparar la casa” (templo, liturgia, espíritu) para cuando llegue el momento de la comunión, y no cambiar las cosas a nuestro parecer, ¿vamos a decirle nosotros al Señor cómo debe ser su Cena? Él ya nos ha dejado un modo claro de cómo se celebra la Misa, y la preparación consiste en que todos los que participan, niños, jóvenes y adultos se sumen con emoción y deseo, además de claro conocimiento, con total atención, devoción y adoración, a lo que Cristo está haciendo: pronunciar su Palabra esencial, su mandamiento nuevo, y entregarnos su cuerpo y sangre como alimento.