El gran narrador impertinente Escritor y científico, ha elaborado con la nostalgia del que mira desde afuera el país donde

nació un mapa de luchas, dolores y esfuerzos del salvadoreño. Ahuachapán Lya Ayala Diario de Occidente diariodeoccidente@elsalvador.com El autor explica que todas las personas tenemos la necesidad de expresarnos a través de las manifestaciones artísticas. Eso nos hace humanos. Foto: Diario de Occidente/Jorge Reyes José Rutilio Quezada amó desde su infancia los cafetales salvadoreños. Este hombre que ha viajado por el mundo reconoce que la belleza de la flora del país lo marcó para siempre. Especialmente, recuerda de su niñez a sus padres: amorosos, maestros de los principios duraderos de compasión, respeto y honradez. “Me expuse desde niño a la hermosura de la naturaleza y a la literatura. Mis padres me leían el Quijote, La Divina Comedia y muchas lecturas católicas de misioneros en las islas lejanas”, recuerda el escritor. Rutilio creció entre la atención y cariño de sus seis hermanos. “Yo era el benjamín y me enseñaron a leer y escribir, por eso antes de entrar a primer grado ya sabía”, me guiña un ojo y me advierte: “ Te voy a contar las cosas buenas que me enseñaron, las otras no”. Quezada es el autor de las novelas Dolor de Patria (1984) y La Última Guinda (1988), libros en los que narra historias ocurridas durante la guerra de los años ochenta. Narrador precoz La unión y afecto que le profesa a sus hermanos lo hace sentir orgulloso. Por eso cuenta que cuando su padre murió, les dejó unos cafetales de herencia, que decidieron partir en cuatro pedazos de tierra y para no enemistarse ... simplemente, las rifaron. Su vocación de narrador le viene de las primeras impresiones que recibió: “Fui un narrador impertinente”, confiesa que la cultura del cafetal es definitiva en su obra. “Ninguno de nuestros grandes novelistas había escrito acerca de la cultura del cafetal, que es tan rica. Excepto la novela Jaraguá del doctor Napoleón Rodríguez Ruiz, que es profunda en la cuxltura de la costa y el ganado”,

“Dolor de Patria abarca una historia de 50 años. Curiosamente. Y la fortuna propició que en un programa que grababa la Televisión Nacional Educativa se encontraran Rodríguez y Quezada. . lejos del país Quezada escribió esa novela que hablaba del café: Dolor de Patria. confiesa de las sensaciones que le produjo la creación de su novela. Entonces el autor de Jaraguá le dijo: “Estoy ocupado en unos ensayos jurídicos. “En la lejanía se incrementa la nostalgia”. explica de la obra. Tú lo harás”. su familia y la dolorosa travesía que pasó para llegar a Los Estados Unidos. por recordarle su tierra. Este último le preguntó por qué no había escrito nada acerca del tema del café. Ella le trajo muchas satisfacciones. desde la época del general Maximiliano Hernández Martínez hasta la guerra en 1980. La escribí lejos y eso le permite a uno mirar la patria con un lente distinto”.explica. lo sentenció Rodríguez Ruiz. especialmente. recuerda cuando un hombre sencillo de Nueva York le envió un mensaje de gratitud. En una parte de ella relato la vida de un grupo de chalatecos en las cortas de café. No puedo.

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