Adrián Carbonetti – Ricardo González Leandri (2008) LA HISTORIA DE LA SALUD Y LA ENFERMEDAD EN BRASIL Y ARGENTINA.

ESTUDIOS DE CASO Y NUEVAS PERSPECTIVAS
Durante los últimos años, los estudios socioculturales sobre la salud y la enfermedad, y la propia historia de la Medicina en América Latina, han experimentado un importante salto cualitativo, hecho confirmado por las múltiples revisiones y reseñas que se han ocupado de la cuestión en forma reciente. En buena medida ese avance del campo se debe al surgimiento de nuevos enfoques, destacados por su mayor especificidad y por adoptar una mirada más alerta a los matices, lo que los condujo a superar ciertos determinismos que habían limitado la capacidad de la disciplina en las décadas anteriores. Hacia una revisión de la historia social de la salud y la enfermedad en la Argentina En “Reflexiones sobre la „nueva historia social‟ de la salud y la enfermedad en Argentina” Silvia Di Liscia otorga prioridad a la influencia que sobre ella ha tenido un determinado tipo de historia sociocultural. Con buenos argumentos y justificaciones traza para ello una genealogía que le permite marcar tradiciones, señalar carencias, evaluar el “impacto” de la producción escrita y sugerir temas y espacios para la investigación futura. De acuerdo con el esquema propuesto, es necesario introducir matices complementarios para enriquecer la discusión sobre aspectos puntuales. En tal sentido, debe destacarse no sólo la existencia de dos orientaciones “fundacionales” en esta “nueva historia”: una sociocultural y otra más sociológica institucional, sino, sobre todo, su compleja interrelación. Es importante señalarlo por que es un indicio importante de que determinados temas, enfoques y críticas, considerados propios de etapas posteriores, estuvieran presentes entonces. Teniendo en cuenta esas limitaciones debe enfatizarse el papel de primer orden que jugó en esa etapa Cuadernos Médicos Sociales, de Rosario, Una auténtica red interdisciplinaria, a la que recurrían todos aquellos que transitaban por temas vinculados a la historia de la salud y la enfermedad. En relación con lo anterior puede añadirse otro matiz. Se señala la influencia inicial de determinados trabajos realizados en el seno del PEHESA y en el entorno de la revista Punto de Vista, a los que se atribuye una influencia foucaultiana. Las hipótesis de trabajo que planteó Leandro Gutiérrez, en el marco de su propuesta de estudio de las condiciones de vida material de los sectores populares, implicaban la búsqueda de la “experiencia” específica de esos sectores en el sentido que E. P. Thompson daba al término. Dicho afán no tenía fácil encaje con respecto a los planteos de Foucault acerca de las “disciplinas” y ciertas formas de control institucional y discursivo. Es posicionamiento quedó claro en los debates acerca de las limitaciones de la aplicación, a veces mecánica, de las toarías de Foucault a la trayectoria argentina que se dio a fines de los 70‟ y comienzos de los 80‟. Ello demuestra que esa crítica ya estaba plenamente instalada en la etapa “fundacional” y que la saludable reacción de historiadores posteriores que señalaron la necesidad de matizar algunas connotaciones del concepto “proceso de medicalización”, muestran una importante continuidad con las hipótesis fuertes de aquel primer período. En el análisis que se hace de esa primera etapa convendría también resaltar la deuda contraída por este ámbito con una perspectiva de la historia urbana que estaba entonces en pleno proceso de confluencia con la historia social y cultural. Como bien señala Di Liscia, aunque persisten importantes lagunas, en los últimos años se han producido esforzados avances en el conocimiento de aspectos específicos del campo del arte de curar, dejados tradicionalmente de lado por los historiadores de la Medicina. Ciertas especificidades de la medicina popular y de sus practicantes, como el conocimiento de la propia “experiencia” de pacientes y de sectores marginados o subordinados dentro de ese campo, son ahora objetivo prioritario de muchos estudios. Sin embargo, el hecho de que no se avance más en esta línea debe ser atribuido entre otras cosas también a una carencia de origen: la falta de importantes estudios “tradicionales” sobre la propia historia de la medicina científica. Por lo tanto, los historiadores actuales se ven abocados a un esfuerzo doble, de innovación temática por un lado y de investigación de base por otro. La salud y la enfermedad en el último cuarto del siglo XIX La creación y desarrollo de algunas instituciones de salud, la fundación de facultades de ciencias médicas, la conformación del arte de curar como un campo profesional más específico y el desarrollo del higienismo fueron, y aún son, temáticas atractivas para muchos de los investigadores interesados por la historia social y cultural de la medicina, la salud y la enfermedad. Tres perspectivas diferentes acerca de esas problemáticas. El articulo “De las certezas científicas a la negociación en la clínica. Encuentros y desencuentros entre médicos y mujeres trabajadoras. Buenos Aires (1880-1900)” de Silvina Pita representa una continuación y una reelaboración de algunas de las hipótesis esbozadas por la autora en un trabajo previo. Desde el punto de vista de los médicos, y de la “medicina científica”, el enfoque elegido permite observar las dificultades que los diplomados tuvieron que enfrentar durante el siglo XIX para convertirse en una auténtica profesión “consultiva”, es decir, generar una confianza social que les permitiera consolidar un mercado amplio para sus servicios exclusivos. Paralelamente se analiza el papel central que tuvo el afán medicalizador del mundo femenino para un proyecto profesional que, al exceder lo sanitario, se adentró en espacios morales, políticos e incluso de construcción de idearios

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nacionales. Como contrapunto, también se indaga la perspectiva de las pacientes o “no pacientes” populares y sus respuestas aquellos intentos medicalizadores que las afectaban. Se intuye que sus replicas fueron más bien acticas, incluso en algunos de sus enigmáticos silencios, y deben por tanto ser leídas en clave de resistencia. El artículo de Pablo Souza “El Círculo Médico Argentino (CMA) y el surgimiento del Hospital de Clínicas de Buenos Aires (1875-1883)” profundiza el estudio del papel histórico jugado por esa importante institución académica y estudiantil de esa época. Debido a que la influencia de sus miembros sobre el Hospital Clínicas sólo puede ser captada de manera indirecta el autor se ve obligado a realizar un sugerente y minucioso rastreo de indicios que lo confirmarían. El Círculo Médico fue uno de los polos organizativos más dinámicos del cuerpo médico argentino en el siglo XIX y buena parte del XX. Si bien no logró superar su carácter subordinado frente a otras instancias, puso en jaque su hegemonía y les disputó palmo a palmo el papel de “abanderadas” de la ciencia, el progreso y la “Medicina nacional”. Aplicó en tal sentido una estrategia de poder dual: al tiempo que criticaba de manera frontal y absoluta a las autoridades de la profesión, introducía por goteo a sus miembros más destacados en sus instituciones. A la vez que apuntala esa visión compleja del Círculo Médico, Souza profundiza en el análisis de aspectos que tienen que ver con más estrictamente con la construcción de una cultura científica, lo que sin duda implica un avance de los conocimientos actuales sobre el tema. En tal sentido está justificada su decisión metodológica de considerarlo como un partido de la ciencia en términos gramscianos. En coherencia con ello el estudio de la relación sugerida entre el Círculo y la creación del Hospital de Clínicas se busca a partir de su articulación con su programa intelectual, con centro en la reconfiguración de un pensamiento médico clínico. En “Controles, manifestaciones y límites del „Arte de Curar‟ en Tucumán durante el siglo XIX” Fernández y Parolo ofrecen una aproximación a las contradictorios resultados de los esfuerzos de los médicos diplomados por hegemonizar el campo del arte de curar en dicha provincia. Su importante presencia a nivel de las elites sociales y políticas, no parece haber sido suficiente para que pudieran cumplir con sus expectativas de consolidarse como una profesión “consultiva”, a pesar de las distintas estrategias a las que apelaron. Además de la creación de espacios institucionales propios, una de las estrategias más destacadas de los médicos diplomados fue la búsqueda de un reconocimiento legal de su predominio. Ésta supuso un camino largo y sinuoso, plagado de desinteligencias entre los actores implicados en distintos niveles y espacios. Argentina y Brasil: una historia de la salud y la enfermedad en el siglo XX Susana Belmartino, en su ensayo “Identidades profesionales médicas en el siglo XX”, a la vez que insiste en la importancia de un enfoque multidisciplinar para estudiar los grupos profesionales contemporáneos, propone un estimulante relato sobre la articulación entre imaginario, identidad e intereses médicos en Argentina a lo largo del siglo XX. Debe destacarse el esfuerzo teórico por adaptar al caso argentino ciertos análisis de corte “neo institucionista”. Estas corrientes facilitan una superación de los estudios enmarcados en la “elección racional” y en una mirada, más bien esquemática, hacia la adecuación instrumental entre medios y fines institucionales. El artículo se centra en el desarrollo de tres crisis con intensidad y consecuencias variables sobre la estructura del campo del arte de curar y el destino de los servicios públicos de salud. La crisis sociopolítica de los años treinta, en la que los médicos se vieron obligados a redefinir y a reimpulsar cuestiones básicas de su ideario profesional. Una segunda, consecuencia de las pretensiones, fallidas, del gobierno de Onganía de regular de una manera unificada el sistema de servicios de salud. La tercera entre los años 80‟ y 90‟, caracterizada por una crisis de legitimidad del modelo de servicios de salud vigente y una atomización y faccionalización del cuerpo médico que colocó en serio riesgo aspectos fundamentales de sus rasgos profesionales, al menos en la manera como estos fueron definidos de forma compleja y a veces contradictoria a lo largo del siglo veinte e incluso antes. En “Legados y tendencias en la historiografía sobre la enfermedad en América Latina moderna”, Diego Armus observa que la historia de la medicina, al contrario de aquella tradicional historia elaborada por médicos, destaca el desarrollo del conocimiento médico dialogando con la historia de la ciencia en un contexto histórico determinado. La narrativa de Simone Kropf parece ahondar en esta perspectiva teórico metodológica. En sintonía con otro trabajo previo en el que se analizaba la construcción de la enfermedad de Chagas, la autora vuelve sobre la problemática de la construcción del conocimiento científico sobre esta enfermedad. En efecto, el texto tiene como objetivo abordar una parte del proceso de construcción del conocimiento científico y social en la medicina a principios y mediados del siglo XX tomando como caso el de la tripanosomiasis americana. Para ello parte de un marco conceptual basado en la historia y sociología de la ciencia que es definido por la autora como una construcción de un sistema de creencias y cuyos resultados son negociados y establecidos por consenso. Este marco teórico, aunado a un corpus documental extenso permite a la autora desarrollar un relato contundente sobre la construcción de un conocimiento científico y verificar cada una de las hipótesis propuestas. Como el propio título indica “„El niño es un todo y debe ser servido como tal‟. Las relaciones entre el Children‟s Bureau y la Dirección de Protección a la Primera Infancia”, el artículo de María José Billorou intenta contextualizar las relaciones de distinta índole entre instituciones de intervención social estadounidenses y argentinas. La propuesta central es a su vez colocada en un punto de intersección de temas clave que implican influencia múltiples derivadas de la política internacional, y de otros ámbitos como el académico y el institucional e instancias organizativas femeninas. El marco temporal en que el vínculo entre dichas instituciones norteamericanas y argentinas se intensificó, el período de entreguerras, presenta un notable interés para los

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historiadores debido a la inusual convergencia de factores que en él se produjeron. Puede por tanto pensarse a este período histórico como un magnífico laboratorio para el estudio tanto de políticas y transformaciones sociales como de transferencia y recepción de conocimientos, prácticas científicas y modelos de gestión. Tres procesos resultaron claves en tal sentido: el relativo agotamiento en Argentina de la influencia del modelo francés de intervención médico institucional; la redefinición de un nuevo marco profesional de la práctica médica, y la consolidación del liderazgo norteamericano en América Latina, con consecuencias en ámbitos como el cultural y el científico. Se analizan las estrategias desplegadas por el Children‟s Bureau para atraer la atención de los puericultores y asistentes sociales argentinos. Canalizadas a través de invitaciones, ofrecimientos de becas de estudio, realización de congresos americanos sobre la niñez y apoyo a iniciativas similares en los niveles local y regional y las propias visitas oficiales de sus directivas, tales estrategias habrían actuado en un doble sentido. A la vez que afianzaban su posición en el juego de fuerzas de su propio país, eran también utilizadas por grupos argentinos de mujeres militantes, de asistentes sociales y de funcionarios médicos para reforzar sus propios objetivos. Entre las nuevas miradas sobre la salud y la enfermedad que se han desarrollado en los últimos años una de las que mayor potencialidad presenta es el de la eugenesia latinoamericana. Sin duda ha influido en ello su orientación hacia el análisis de cuestiones vitales como el control de la población, la ciencia, la raza y la nacionalidad y el interés que ha despertado en el área del estudio de la circulación internacional de saberes e ideas científicas y su resignificación o recreación en los distintos ámbitos nacionales o locales. Dicha potencialidad deriva su vez en gran medida de la interdisciplinariedad que presupone, dado que trata de la aplicación de paradigmas científicos, o supuestamente científicos, al ámbito social. Deviene también de su referencia a núcleos temáticos sensibles a las políticas de intervención pública sobre la población y del énfasis que coloca en la relación entre herencia y ambiente y entre política y saber. Fueron las obras pioneras de Nancy Leis Stephan (1991) y de Raquel Álvarez Peláez (1999) las que han permitido reconsiderar y “recentrar” el estudio de tan importante tema, orientado a la aplicación del biologicismo al control y gestión de problemas sociales. Por otra parte, el desarrollo que ha adquirido últimamente esta área de estudios debe mucho también al impulso de jóvenes investigadores, como Marisa Miranda, quienes al profundizar el estudio de aspectos específicos de esos trabajos pioneros han tendido a matizarlos. Los matices introducidos por estos nuevos trabajos han promovido una cierta controversia con respecto a las hipótesis iniciales de Nancy Leis Stephan sobre la pertinencia de hablar del predominio en América Latina de un tipo de eugenesia fundamentalmente preventivo y positivo, de corte neolamarkiano. A esa interpretación, con énfasis en el mejoramiento social y en lo preventivo, los trabajos recientes opondrían otra con base en la existencia de una eugenesia latina no necesariamente positiva. Miranda se propone desentrañar la lógica existente detrás de algunos dispositivos jurídicos utilizados en la operativización de los postulados de la eugenesia en Argentina entre los años 1930 y 1970. Para ello se centra en dos cuestiones, la creación de la Dirección de Maternidad e Infancia, y en la sanción legislativa del impedimento matrimonial y en la propuesta de separación de los esposos por motivos eugenésicos. A tono con estas reflexiones, la incursión de Héctor Palma en un tema tan complejo y que contiene tantos cruces e intersticios como es la relación entre Eugenesia y Educación representa sin duda un aporte. La relación entre ambas muestra, como pocos tópicos, las disyuntivas y las tensiones implicadas en el proceso de consolidación estatal y en el a veces contradictorio origen de las ideas que están en la base del llamado “Estado Social o Estado de Bienestar”. De una manera clara Palma desgrana los temas claves a partir de planteos generales. Especifica cuatro a partir de una cierta lógica de despliegue del polo eugénico: la heterogeneidad de los cultores de la eugenesia, el marco racista generalizado en el que se desarrolla la disciplina, su fuerte impronta institucionalizadora y el papel central de la figura profesional del médico. Muestra a su vez la complementariedad de estos elementos con otras cuestiones también decisivas. Señala cómo Higiene pública, política sanitaria, defensa social y eugenesia conforman un complejo de ideas bien articulado; paralelamente destaca la relativa ignorancia de los saberes genéticos corrientes y otras carencias de actualización científica, de muchos de los cultores la eugenesia. El artículo de Peranovich y Celton es ejemplo de una mirada cuantitativa sobre la problemática de la salud y la enfermedad, y abreva en disciplinas como la demografía histórica y la epidemiología histórica para abordar la mortalidad infantil en la provincia de Córdoba del siglo XX. Condicionante de la mortalidad general, la mortalidad infantil fue un serio problema sanitario por el sinnúmero de factores que influían en ella y formó parte de una preocupación creciente de la medicina diplomada y en el mismo Estado ya que se encontraba comprometido el futuro de la nación y de la raza. A pesar de que el artículo trata de abarcar la mortalidad a lo largo del siglo se observa una vuelta constante a tratar de entender, por parte de los autores, las tendencias en las últimas tres décadas del siglo XX de la mortalidad infantil, lo cual genera un desequilibrio constante en términos de tratar de captar el proceso histórico que se trata de estudiar. Por otra parte, este énfasis en el análisis cuantitativo, por cierto exhaustivo, descuida los condicionantes que generaron los cambios y las continuidades de la mortalidad de niños menores de un año. El artículo de Gilberto Hochman hace un análisis de las visiones y percepciones que los médicos de principios de siglo XX tenían sobre la salud y la enfermedad de Brasil “profundo”, del Brasil rural, del Brasil de Sertón. Hochman relata las experiencias de los médicos y de los sectores dominantes que comenzaron a mirar y descubrir un Brasil que había estado ausente a sus ojos. La sugerente línea que aporta el artículo permite entrever una relación muy fuerte entre política y salud. Aunque alejado de la visión de Belmartino, el autor se concentra en tratar de desentrañar los conflictos y tensiones que se dieron hacia adentro del Estado brasileño, en sus diferentes niveles, a partir del descubrimiento, por parte de una burocracia médica con una inserción fuerte dentro del Estado federal, de ese Brasil enfermo. Para ello analiza un movimiento higienista de principios del siglo XX que

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realizó un diagnóstico de Brasil denominado “saneamiento de Brasil”. Basándose en una serie de textos y la acción de la Liga Prosaneamiento el autor alcanza una mirada eficaz sobre el diagnóstico que los sectores dominantes hicieron del Brasil interior y las acciones que emprendieron a fin de transformarlo. El resultado fue la creación de un Departamento Nacional de Salud Pública, donde se incluyó una Dirección de Saneamiento y Profilaxis Rural.

[Adrián Carbonetti – Ricardo González Leandri, “La historia de la salud y la enfermedad en Brasil y Argentina. Estudios de caso y nuevas perspectivas”, en Adrián Carbonetti y Ricardo González-Leandri, Historias de salud y enfermedad en América Latina, Centro de Estudios Avanzados, Universidad Nacional de Córdoba, Córdoba, 2008, pp. 299-325.]

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