Eurídice Cabañes Martínez (Universidad de Valencia) Marisol Salanova Burguera (Universidad de Valencia

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Cuerpos indómitos, sadomasoquismo y cibersexo
1. Discursos normativos sobre la sexualidad: Los cuerpos han sido construidos a lo largo de la historia en base a una determinada identidad sexual, con una orientación sexual definida, lo cual ha tenido graves implicaciones en la sexualidad, quedando ésta restringida por las categorizaciones y sometida mediante los discursos normativos de lo que es “natural”. Durante mucho tiempo los discursos sobre la sexualidad se basaron en la consideración de que ésta era únicamente de tipo instintivo para excluir todas las prácticas sexuales no dirigidas a la procreación. De este modo quedaron excluidas prácticas como la homosexualidad, sexo anal u oral, sadomasoquismo… Prácticas que Foucault denominaría, en el primer volumen de su Historia de la Sexualidad, sexualidades periféricas; caracterizadas por carecer de fines reproductivos, e ir más allá de las relaciones heterosexuales, monogámicas, entre personas de la misma edad, en privado. Así la sexualidad de los cuerpos se fue configurando en un espacio restringido caracterizado por: la restricción de la sexualidad al ámbito genital y la determinación de las identidades sexuales y de género. El sexo se solía orientar únicamente a la reproducción y la idea de una familia tradicional implicaba identidades cerradas y un afán por normativizar incluso aquello que debiera estar libre de clasificaciones. La restricción de la sexualidad al ámbito genital: Entendiendo el sexo únicamente como orientado hacia la reproducción, sólo el simple coito tradicional era admisible. Cualquier práctica que trascendiera al ámbito genital se consideraba depravada. Aun hoy, aunque en menor grado, la representación del cuerpo en la pornografía, posiblemente la única representación del acto sexual que podemos encontrar con facilidad, nos presenta de forma habitual un cuerpo fragmentado en el que los protagonistas indiscutibles son los órganos sexuales en detrimento del resto del cuerpo. Todo esto parece condenar el ser humano a la anatomía como destino, pero más

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adelante veremos que comienza a derrumbarse una concepción de la sexualidad que identifica lo sexual con la genitalidad. Desde Freud, que otorga a la sexualidad una dimensión psíquica, dicha sexualidad ya no queda relegada al plano puramente biológico o fisiológico, ni se reduce a una actividad destinada a desembocar exclusivamente en la reproducción. La sexualidad desde la perspectiva freudiana es el conjunto de procesos a través de los cuales se constituye el sujeto humano en relación con los otros, como otros psíquicamente interiorizados.

La determinación de las identidades sexuales y de género: orientación sexual y heterocentrismo.

La idea de una familia tradicional implica identidades cerradas, delimitadas, de hombre y mujer, masculinas y femeninas, fomentando un fuerte heterocentrismo. La sociedad tiene unos discursos normativos tales que pasan a normativizar incluso sus excepciones: el control de la sexualidad pasa por la burocratización de los cuerpos. Foucault se percató de la conexión entre las formas de organización social y el modo en el que organizamos nuestros placeres, en tanto que la regulación de la sexualidad no funciona mediante la represión de las pulsiones sexuales, sino produciendo múltiples sexualidades; unas que constituyen la norma y otras que son objeto de exclusión o marginalidad. Los mismos conceptos de identidad y orientación sexual fomentan la identificación con unos u otros estándares sexuales que facilitan el control, ya que todo lo que se diga de la diferencia sexual es fuerza política administrada mediante estas dos estructuras: la identidad sexual y la orientación sexual. Como señala la bióloga newyorkina Anne Fausto-Sterling, una de las principales teóricas sobre sexualidad, género y ciencia en la actualidad1: fue el miedo a la confusión de los géneros lo que impulsó a la ciencia y la medicina a buscar criterios irrefutables que establecieran el sexo anatómico y el género psicológico. Ya que la idea de identidad sexual necesita la implementación de una sexuación básica de carácter biológico. Pero una lógica de la excepción encuentra enormes dificultades para aceptar las tesis
Fausto-Sterling, A.: Cuerpos sexuados, Barcelona, Melusina, 2006. El trabajo de Fausto-Sterling cuestiona las intervenciones médicas que pretenden curar la disforia (malestar, inquietud) de género y el hermafroditismo.
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sexualistas de la biología, bajo la consideración kuhniana de que toda ciencia es un ejercicio político. Así, el paradigma de eje para la identificación sexual no alcanza el cuerpo en su oscuridad. Si tomamos esa crítica como un cuestionamiento de la continuidad de las definiciones, cualquier persona puede, en virtud de decisiones privadas y políticas (donde gusto y moral empiezan a identificarse) zafarse múltiples veces de dicha identidad mediante la fluctuación: no existen papeles sexuales biológicamente inscritos en la naturaleza humana, de manera esencial, sino formas socialmente variables de desempeñar uno o varios roles sexuales. Podemos deducir por lo tanto, que el juego de la fluctuación no consiste en quebrantar los límites tras los que subyacen las pulsiones reprimidas, sino en jugar intencionadamente en la extensión de nuestros cuerpos con clases o intensidades de placer que las categorizaciones sexuales conocidas hasta el momento no alcanzan a comprender.

En la actualidad los discursos normativos sobre la sexualidad están perdiendo fuerza a medida que se desenmascaran los intereses socio-políticos que los sustentan. Al mismo tiempo están surgiendo nuevos discursos.

2. Discursos irreverentes:

Hemos visto que los discursos normativos sobre la sexualidad han permanecido prácticamente inalterados a lo largo de la historia. Dado que estos tienen un alto componente socio-cultural y la sociedad sí ha cambiado con el paso del tiempo, consideramos la necesidad de que surjan discursos irreverentes que den cuenta de las nuevas formas de comportamiento sexual. Así, tomaremos como ejemplos, quizá por ser los más condenados o incomprendidos, pese a ser ampliamente practicados, discursos sobre sadomasoquismo (que desterritorializa el placer del terreno de lo

genital como sexual) y cibersexo (que plantea la trasgresión del espacio del cuerpo arrastrando con él los prejuicios o categorizaciones de que ha sido víctima).

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Sadomasoquismo: la desterritorialización del placer:

El sadomasoquismo es una de las prácticas sexuales que Foucault denominó como periféricas, ya que es una práctica minoritaria, no destinada a la reproducción. Hay varias facetas o características del sadomasoquismo que nos interesa destacar. Lejos de la idea de ser una práctica lesiva o dañina, nos ayuda a conocer mejor nuestro cuerpo y sus reacciones, amplia el terreno de lo sexual, restringido hasta ahora al ámbito genital y nos muestra los roles sexuales de dominación/sumisión unidos

tradicionalmente por un fuerte esencialismo a lo masculino/femenino, como un constructo social, una máscara que puede intercambiarse libremente en el momento en que descubres que es artificial. Por ello pese a que lo más frecuente, sobre todo en determinadas corrientes feministas, es entender el sadomasoquismo como una práctica masculina de dominación sobre un rol femenino de sumisión, consideramos que, precisamente por que en el sadomasoquismo los roles se reparten y cambian con independencia del sexo de la persona, esta práctica se transforma en la mayor refutación de los roles sexuales al despojarlos de todo esencialismo: "Si bien la dinámica del sadomasoquismo puede fortalecer la categorización del sexo y los roles sexuales -escribe Young-, yo creo que es más probable que la refute." 2 Dado que dicha práctica transforma en un juego la relación de poder dominación que se establece en el terreno sexual, negando y subvirtiendo los roles de masculinidad como sujeto activo y dominante, y feminidad como pasividad y sumisión. Pero lo que consideramos más importante de esta práctica, es cómo se subvierte la territorialización de lo genital como sexual, erotizándose todo el cuerpo en su conjunto3, tomándose incluso las zonas más inusitadas, como centros del deseo. Incluso plantea nuevas prácticas en las que el cuerpo se expande más allá de sus límites mediante el empleo de objetos extraños para la procuración de placer. El sadomasoquismo, que Foucault calificó de empresa creativa por inventar posibilidades nuevas de placer con partes extrañas del cuerpo, nos descubre, por tanto, el sexo emancipado de la genitalidad.

Mains, G.: Urban Aboriginals: A celebration of leathersexuality, San Francisco, Gay Sunshine Press, 1984, p. 73. 3 Como señala Foucault en una de sus últimas entrevistas.

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En los análisis que Freud realizó del sadomasoquismo denunciaba que en el sadomasoquismo aparece el propio cuerpo como objeto de la pulsión, pudiendo surgir nuevas representaciones de éste, lo cual, si bien es considerado en sus obras como trastorno, nosotras lo reinterpretamos como algo positivo, dado que: “En un mundo en el que el dominio técnico de los objetos naturales ha hecho progresos tan rápidos ¿no es comprensible que intervenga como compensación de la voluntad de sentir -y de sentirse- reestableciendo un equilibrio necesario para nuestra supervivencia psíquica?”4 El sadomasoquismo aparece así como una vuelta al cuerpo necesaria en un mundo técnicamente avanzado, donde comprendemos la tecnología como algo ajeno a nosotros pese a que es creación nuestra. Pero esta vuelta al cuerpo se convierte en algo más en el sadomasoquismo, dado que las prácticas sadomasoquistas nos desvelan esa misma tecnología como susceptible de erotización: podemos procurarnos placer a partir de objetos extraños. Lo erótico trasciende los límites corporales en el sadomasoquismo mediante la utilización de instrumentos ajenos al propio cuerpo, y transforma de este modo la tecnología comprendida como algo inhumano, en una parte más de nosotros mismos en tanto que es susceptible de erotización.

Cibersexo: ¿descorporización del placer? A lo largo del siglo XX hemos sido testigos del emergente dominio de la técnica5, la tecnología se ha asentado en las bases de la comunicación y el sujeto ha adquirido nuevas formas de relacionarse con el mundo en general y con sus semejantes en particular. La sexualidad como modo de relacionarse no puede hacer sino explorar las posibilidades que le abre el mundo de la tecnología: "conforme la humanidad crea nuevas invenciones, las personas encuentran formas de erotizar la nueva tecnología"6. Sin embargo, parece que esta búsqueda no es exclusiva de la tecnología
Starobinski, J.: Razones del cuerpo, Cuatro Ediciones, Valladolid, 1999, p. 68. Véase Sánchez Durá, N.: “Rojo sangre, gris de máquina. Ernst Jünger y la inscripción técnica de un mundo peligroso” en Jünger, E.: El mundo transformado seguido de El instante peligroso, Pre-Textos, Valencia, 2005. 6 Tsang, D.: Notes on QueerN Asian Virtual Sex. En David Bell y Barbara Kennedy (Eds.) The Cybercultures Reader. Routledge, E.U.A, 2000, p. 432.
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Eurídice Cabañes Martínez (Universidad de Valencia) Marisol Salanova Burguera (Universidad de Valencia) disponible, como dice Miranda 7 existen "dos aspectos inherentes al ser humano, su aspiración al placer erótico y la diversidad de formas en que éste puede manifestarse". Dicha tecnología nos ofrece posibilidades nunca antes imaginadas, multiplicándose en el cibersexo las potencialidades como acto preformativo del sadomasoquismo. El hecho de que en Internet sea posible ocultar la identidad, alterarla, transmutarla o diversificarla, puede tener un gran efecto en las expresiones sexuales. La sensación de libertad crece unida a un mayor deseo de experimentar y resulta más sencillo abrirse a las otras personas/usuarios. La descorporización conlleva un dejar a un lado nuestros roles unidos a un cuerpo negando todo esencialismo al despojarnos de nuestras identidades y orientaciones sexuales para vestirnos con varias de ellas incluso al mismo tiempo. Estamos hablando prácticamente de identidades incorpóreas; y ello implica un volver a pensarlo todo. Es por ello por lo que la comunicación a través de Internet proporciona un nuevo espacio lúdico para la vivencia de sensaciones no experimentadas con anterioridad, un espacio virtual en el cual se construyen, crean, interpretan, recrean, y destruyen mitos y tabúes. Desprovistos de nuestro cuerpo, repensarlo todo, como decíamos, es tan necesario como inevitable; pues el cuerpo es objeto de los discursos que lo definen, delimitan y coartan. Por ello, cuando nos descorporeizamos, dejamos con el cuerpo gran parte de los prejuicios y las categorizaciones que éste arrastraba, dando lugar a una verdadera posibilidad de reconstruirse y con ello a la sexualidad libre que pretendemos. A través de internet podemos reconstruirnos, inventarnos uno y varios cuerpos, pero no sólo en el espacio virtual se da este fenómeno, puesto que la introducción de artificios, de aparatos como son los denominados high tech [alta tecnología], supone la posibilidad física de reconstruir nuestros cuerpos a partir de su prolongación tecnológica dando lugar a nuevas formas de subjetividad y de relación social entre los sujetos y a nuevas posibilidades que formen parte de una sexualidad más variada. Concebimos el cibersexo como una combinación de realidad y virtualidad. Tiene elementos de virtualidad ya que no se da en un lugar físico concreto y la imaginación juega un papel importante del proceso, sin embargo también tiene elementos de realidad

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Miranda, R.: Identidad Erótica: Las dimensiones personales. Antología de la Sexualidad Humana. Porrúa, México, 2004, p. 508.

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Eurídice Cabañes Martínez (Universidad de Valencia) Marisol Salanova Burguera (Universidad de Valencia) orgánica; los que ofrece la eyaculación, por ejemplo. Si en un acto sexual el orgasmo, entendido vana y generalmente como la culminación de dicho acto, sería su principal autentificación, ¿hay cibersexo sin orgasmo? y ¿cuánto tiene de masturbación el cibersexo? En la masturbación individual el orgasmo es, por decirlo de algún modo, producto de una entelequia, pues el otro sólo aparece dibujado, imaginado. No así en el cibersexo, pues en el cibersexo el otro está al otro lado, aunque no podamos verlo, tocarlo, verificarlo; eso no es necesario, se puede prescindir del cuerpo del otro, incluso de la mera visualización del mismo, y sin embargo se posee al otro durante unos instantes, se intercambia con él, se construye con él, a través de la tecnología. Tanto o más a través de la tecnología que de nuestros cuerpos, ya que uno puede practicar cibersexo sin alcanzar el orgasmo físico, sin llegar a la masturbación, y sentirse satisfecho de lo que obtiene mediante órganos que no son tales sino extensiones mecánicas de su ser: la webcam, el altavoz, el teclado etc. Para muchos el cibersexo no tiene que ver con realizar sexo sino que se enfoca más bien como un tipo de pornografía o quizás un medio rápido y fácil para adquirir material porno amateur. Pero para otros, la distancia y el anonimato funcionan como un fuerte estímulo sexual que despierta sus fantasías más profundas y les provoca experiencias placenteras más allá del onanismo. La experiencia no solo provee satisfacción sexual, si no que permite un escape mental subjetivo conseguido a través del desarrollo de una experiencia fantasiosa online en la cual se puede adoptar una identidad libre, maleable, sin tabúes. En el contexto anónimo del ciberespacio, se prescinde de los mensajes convencionales acerca del sexo permitiendo a los usuarios interpretar fantasías ocultas o reprimidas. Así, la persona que no se atreve a practicar sadomasoquismo normalmente pero le atrae la idea de hacerlo, puede desarrollar sus fantasías a través de una relación virtual. Sin duda, tecnología y sexualidad han establecido lazos estrechos. Ahora bien, la realidad virtual tampoco es un caos en el que “todo vale”, para muestra el espacio online curiosamente llamado “Second Life”, tan de moda estos últimos meses y tan parecido a la sociedad actual real. En Second Life, un enorme salón de Chat que permite configurar a tu/s avatar/es como personajes reales e interactuar con otras personas a través de sus

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Eurídice Cabañes Martínez (Universidad de Valencia) Marisol Salanova Burguera (Universidad de Valencia) propios avatares 8 , puedes incluso llevar a tu avatar de compras por la red, acudir a restaurantes, etc. Todo eso y más navegando por un espacio virtual concreto y con toda la libertad que permite crear, alterar o borrar nuestro personaje cuando queramos. Sin embargo, toda esta libertad queda reducida a mera potencialidad pues en los posibles mundos virtuales, y reiteramos que Second Life es un buen ejemplo, tendemos a adecuarnos a los cánones preestablecidos en la vida real. Así que la tecnología nos parece que supone una ampliación del cuerpo capaz de sortear sus limitaciones incluso tomando la realidad como modelo para los mundos virtuales, incluso creando una “segunda vida” en la que uno viva experiencias inimaginables en su cotidianidad. El cibersexo, como una de las experiencias virtuales más deseadas, contribuye a desafiar los entendidos convencionales de las categorías que ordenan nuestra vida y nuestros cuerpos.

Conclusión:

En primer lugar nos gustaría destacar las similitudes que hemos venido notando entre sadomasoquismo y cibersexo. En ambas se da un juego de identidades o roles sexuales que refuta el esencialismo que atribuía esos roles a uno u otro sexo, ya que al quitarnos nuestra habitual máscara para cambiarla por otra u otras y seguir haciéndolo constantemente, los roles que se nos adscriben se muestran tan prescindibles como cualquier rol adoptado en el acto sexual. Sadomasoquismo y cibersexo son dos caras de la misma moneda. En ambos hay un juego de identidades, en ambos se produce la mascarada que muestra el artificio de las categorizaciones sexuales, mostrándonoslo como lo que realmente es, algo artificial que se nos agrega, como una prótesis. En segundo lugar, aunque en este caso es más evidente en el cibersexo, hay una íntima relación con la tecnología, con el empleo de objetos no biológicos y por lo tanto extraños a nuestro cuerpo en el acto sexual. Mostrándonos por tanto esta nueva prótesis no biológica como una extensión nuestra que también puede ser erotizada. Pues al fin y al cabo en que consiste la tecnología sino en una extensión de nosotros mismos: toda la tecnología es un intento de ampliación de nosotros mismos, cuando se habla de la tecnología en oposición a lo humano se comete un grave error, toda la tecnología es

Quede claro que pueden ser múltiples; una misma persona puede disponer de varios avatares y actuar a través de ellos desarrollando uno o varios aspectos de su personalidad en cada avatar y no necesariamente a través de un único personaje.

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Eurídice Cabañes Martínez (Universidad de Valencia) Marisol Salanova Burguera (Universidad de Valencia) humana. Y por tanto Las actividades sexuales que se sirven de la tecnología están erotizando, humanizando esa tecnología, es una performatividad que muestra la falsedad de la dicotomía artificial/natural. Que nos desvela, ya no lo que afirma Haraway de que todos somos ciborgs, sino en un paso más, que la tecnología es humana. Ambas prácticas muestran, en primer lugar, que no hay identidades sexuales naturales y artificiales sino que todo es artificialidad (en el sentido de que cualquier categorización sexual es cultural) mediante el juego de roles e identidades sexuales, y en segundo lugar, que no hay una línea que separe lo humano de la máquina (artificial), en tanto que todo humano es ya un ciborg y que toda tecnología en tanto que creada por el hombre (como una extensión de si mismo) es en si humana, mediante el empleo y erotización de la tecnología en las relaciones sexuales citadas. Por esta doble vía, ambas prácticas rompen la dicotomía artificial/natural en la que se sustentaban los discursos normativos sobre la sexualidad. Por tanto, cuando negamos la falsa dicotomía artificial/natural a la hora de categorizar la sexualidad, nos abrimos a la posibilidad de trascender los discursos normativos. Si no hay unas prácticas naturales, cualquier práctica sexual mutuamente consentida, sería válida. La figura del cyborg permite reinterpretar los conceptos de natural o artificial cuestionando la fementida separación naturaleza/cultura. De este modo las nuevas tecnologías hacen ambigua la idea de la diferencia entre lo natural y lo artificial, la mente y el cuerpo, mostrándonos, como hace Haraway, que todos somos cyborgs, con implantes y prótesis o no, pues en el ámbito de lo humano todo es artificial. La misma idea de orientación sexual no es más que el resultado de una construcción. Socialidad como artificio y persona como máscara son los polos de creatividad moral que proponemos.

Por todo ello defendemos el valor del sadomasoquismo y el cibersexo como prácticas preformativas que quiebran la falsa dicotomía natural/artificial.

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Bibliografía: Fausto-Sterling, A.: Cuerpos sexuados, Melusina, Barcelona, 2006. Foucault, M.: Historia de la sexualidad: vol. 1 La voluntad de saber, Siglo XXI, Madrid, 1980.

Haraway, D.: Ciencia, cyborgs y mujeres, Cátedra, Madrid, 1996.

Miranda, R.: Identidad Erótica: Las dimensiones personales. Antología de la Sexualidad Humana. Porrúa, México, 1994.

Mains, G.: Urban Aboriginals: A celebration of leathersexuality, Gay Sunshine Press, San Francisco, 1984.

Sánchez Durá, N.: “Rojo sangre, gris de máquina. Ernst Jünger y la inscripción técnica de un mundo peligroso” en Jünger, E.: El mundo transformado seguido de El instante peligroso, Pre-Textos, Valencia, 2005.

Starobinski, J.: Razones del cuerpo, Cuatro Ediciones, Valladolid, 1999.

Tsang, D.: Notes on QueerN Asian Virtual Sex. En David Bell y Barbara Kennedy (Eds.) The Cybercultures Reader. Routledge, E.U.A, 2000.

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