Biopolítica, Género y Discurso Ricardo Esteves1 (UBA) La Cuestión Biopolítica, género y discurso están estrechamente relacionados con el biopoder

como capacidad de ordenamiento y administración de los procesos vitales (relacionados con la vida) de una sociedad. El género, el ordenamiento de la sexualidad, asignado por la sociedad capitalista (encontrando su máximo exponente en la era victoriana) para la producción de la prole(tariado) que alimentaría un proceso de acumulación que no solo garantizaría privilegios para una clase sino que permitiría montar materialmente un aparato disciplinario y posteriormente de control. El género no se establece a partir de la diferencial sexual que propone la biología sino que es moldeado por una serie de discursos que definen lo masculino, lo femenino, el cortejo, la familia, así como el cuidado de los ninos reproduciendo y agenciando los procesos biopolíticos. Los distintos discursos, que en diferentes niveles dan forma y establecen el género, como el discurso jurídico en el control de la familia, el discurso de la biología en el control de la reproducción, el discurso de la literatura (en especial el romanticismo alemán) el cortejo, el discurso del psicoanálisis el control de la sexualidad infantil y los traumas relacionados directamente con la asignación biopolítica de género. Dentro de este enfoque proponemos reflexionar sobre las estrategias y pliegues identitarios para políticas de autonomia, resistencia y fuga al biopoder.

Biopolítica y Género “Y esa desterritorialización sólo devenía relativa por estratificación en ese plan, en ese cuerpo: los estratos siempre eran residuos, no a la inversa —no había que preguntarse cómo algo salía de los estratos, sino más bien cómo las cosas entraban en ellos” Deleuze Guatarri “Mil mesetas

Como ese descubrimiento mítico del 10.000 ac de la geología de la moral, como en los sedimentos de las capas más rudimentaria de las distinciones binarias, que trazó un genealogía que vá mucho más allá que el género, pero es al mismo tiempo su condición necesaria. Una lógica como la geología (contingente) es la que establece ese trazo entre el par. Esta idea molecular, de unidad estratificada, de los componentes de una unidad, que constituyen la naturaleza de la tierra, como la nuestra misma. El género está sujeto a una genealogía tan extensa como el de la tierra. Un
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Ric.esteves@gmail.com Miembro de Debates Actuales de la Teoría Política Contemporánea http://teoriapoliticacontemporanea.blogspot.com Presentado en las Jornadas Bios y Sociedad. I Jornadas de Biopolítica, junio 2012

recorrido que nos llevará al origen del signo. El signo que como la huella originaria permite distinguir, marcar y con el desplegar un juego de la escritura que materialza una ficcción capaz de los giros rizomáticos más singulares que dan lugar a territorializaciones de espacios salvajes e irregulares que necesariamente deben entrar en una lógica inscripta en la tierra. La distinción de género es un legado de esta geología, de la lógica dual de los opuestos. En esta lógica cae el género, o se le impone a este terreno tan salvaje e irregular que es la sexualidad. En este sentido el campo de la sexualidad es tan caprichoso y accidentado cmo la geología. Así como el terreno de la naturaleza (en la que esta incerto el hombre/la vida) necesita eventualmente ser intervenido para enplazar complejos que territorialicen un espacio, la sexualida debe ser territorializada, debe en todo caso tener la marca distintiva que la diferencie. El género es una tecnología (ese descubrimiento que en la segregación de los cuerpos reside un poder muy singular, un poder sobre la vida, un biopoder) que en su ordenamiento establece esos territorrios binarios, opuestos, complementarios. La masculinidad y la femenidad son territorios demarcados, excluyentes, necesarios y complementarios, en el discurso de la tierra. El Bios, esa fuerza "natural" (exuhberante de potencia) *[No por nada Agamben hace un rastreo de la nuda vida en algo divino, como si en la edad media en europa la razón religiosa era una manera de esta manifestación divina de la vida] que excede la marca que lo distingue resiste los límites y las fronteras de los territorios en la sexualiadad. Estos cuerpos, estos territorios están tratados como escencias y no como afectos. Estos territorios que se los fuerza en una cartografía de la representada en los discursos que recortan, ordenan y organizan los cuerpos según una escencia natural como la de la geología. En estas mapas, trazados por el colonizador, se dividen los territorios, aceptando convivencias, restricciones y límites (como pudieron hacer las potencias europeas en la era imperial sobre África) imponiendo en un espacio vital habitado un orden que re-organiza la vida en una forma de dominación. Esta métafora refiere a la sexualidad en tantos otros sentidos, el de la independencia y autonomía de las esferas del discurso y por tanto de los dominios. Esto es concretamente una cuestión de nivel como el de raza, etnia, religión, clase y por supuesto sexo. La metáfora sería que somos explotados simultáneamente por una serie de poderes autónomos, descentralizados, que no responden a ningún orden unificado, una dialéctica, teleología, entelequía, sino a una red anárquica, múltiple y abierta agregaría el formalismo. Esto es, en nuestra vida cotidiana somos dominados por una serie de poderes que no tiene interconexiones entre ellas. Un semáforo mal calibrado por un programa distrital de planeamiento de transito que no considera al peatón, al mismo tiempo por una política de transporte nacional que descuida el transporte público, que los alimentos aumenten por el costo de distribución que imopnen (algunos) sindicatos, así como la forma en que debemos consumir esos vienes según el regimen de rentabilidad de las cadenas de supermercados (y como si fuera poco también somos dominados por el género). Falto la clínica, la locura, la cárcel y la escuela para seguir esta reflexión

foucaultiana sobre la biopolítica. Esto es los lugares donde se concentran los cuerpos, aquellos lugares donde se los guarda (la fábrica) y se los hace trabajar, las escuelas (donde se los educa), los hospitales (donde, tras separarlos de los sanos, se los "cura"), los manicomios (donde se guarda a los lodos) y la cárcel (donde se encierra a aquellos que no pueden vivir en sociedad). Foucault fue muy claro en su construcción de su biopolítica, culminando, dando un golpe de gracia en el campo (que jamas podría ser sobredeterminado por dos razones. La primera tiene que ver con una posición en referencia a su teoría sexual con la de Freud, de un campo sexual sobredeterminado [la sexualidad estructurada como fuente del deseo, sentido y significación] y la segunda tiene que ver con esfera de autonomía entre los discursos) de la sexualidad. Con la sexualidad el proyecto de la biopolítico era visible y esto se debe que a diferencia de la locura, la clínica, la cárcel; la sexualidad es un campo conocido y cotidiano para todos. Ahora, donde está lo novedoso de la biopolítica? Para ser más claros, que obtenemos de la lectura de Deleuze sobre Spinoza en torno de la escencias y los afectos: "Un caballo de tiro está más cerca de un buey que de un caballo de carreras porque la potencia de un caballo de tiro –los afectos de los que es capaz- es similar a la potencia de un buey. De nuevo aquí es cuestión de percepción, de ver la vida por el medio, por donde se mueve y transita." La asignación biopolítica (la territorialización de la sexualidad) se aplica a partir de un criterio escencialista, en este caso el que es dictado por la biología que reduce la diferenciación sexual a una cuestión biológica genital. Es por demás notorio en nuestra sociedad estos principios de la sexualidad territorializada en estos campos binarios definidos por una sobredeterminación biológica, han hecho de esto no solo un fenómeno de la cultura popular (con las vedettes y actrices travestis ytransexuales) sino que se ha manifestado en una ley de identidad sexual. El punto con esto que hay ciertas cuestiones teóricas -en referencia con ciertos enunciados de la teoría sexual de freud- con no se refutan desde el debate académico sino desde una realidad que se nos impone brutalmente. (*Sin duda el fenómeno contemporáneo del travestismo sería un fetichismo, un exceso de la real que se resiste o sobrepasa la estructura del acontecimiento de la sexualidad) Al margen de las discusiones teóricas que podamos tener sobre biopolítica existe una realidad de inversión de los régimenes de las escencias por uno de los afectos. Un régimen de los afectos está relacionado con la afinidad más que la cercanía. Esto es régimen discontinuo. Un régimen que se distingue, que tiene un signo un código, que genera la afinidad independientemente de la cercanía entre los sujetos (dos hinchas de boca, dos peronistas, dos personas de la misma orientación sexual) que no se conocen Discursos y Sexualidad

"Pero creo que tal analitica no se puede cosntruir a condición de hacer tabla rasa y liberarse de cierta representación de poder que yo llamaría "jurídico-discursiva" Michel Foucault Historia de la Sexualidad En la introducción resumiamos como funciona esta red indeterminada de conexiones de discursos que se superponen ejerciendo poder desde sus esferas autónomas. Mencionamos el discurso de la biología, la psiquiatría, psicanálisis, literatura. En todo este tendido de discursos, el hilo (con el fin de un breve desvío biopolítico) del que proponemos tocar y sin la intención de desenmaranar es el del romanticismo alemán del siglo XIX. Reproduzco a continuación y bremente una discusión de Debates Actuales* en torno este tema. Las dos posiciones son las siguientes. La radical encuentra en el romanticismo alemán un discurso que regula el cortejo y promueve la represión en formas tan patológicas que llevan al suicidio. Esto es casi una paradoja biopolítica, un discurso que en pos de reglamentar tan exhaustivamente el cortejo, creando -como una estructura histérica- donde el acercamiento al objeto deseo se realiza por medio de un desvío, una mediación que hace imposible en última instancia alcanzar el objeto deseado, poniendo en juego el mantenimiento de la vida. La paradoja que sea muy romántico suicidarse (especialmente por amor) está fundada en esta corriente literaria. Más allá de la crítica de Benjamin sobre como en definitiva el romanticismo puede explicar así como una consecuencia de su descomunal batalla contra el sujeto autónomo según el modelo ilustrado entendido en un sentido moderno, como protagonista de la historia, del progreso, de la cultura y el arte y como esta introdice una forma de crítica estética, existe una polémica que queremos presentar (con el respeto de una falta rigurosa de los estudios sobre el romanticismo en Benjamin y Paul De Man). La crítica polémia proviene de un campo específico, un dominio del discurso romántico que es cortejo. En nuestra línea en la que los discursos (como el jurídico, biológico, etc.) que establecen campos, regímenes de visbilidad y decibilidad, en otras palabras ordenan lo que se puede ver, más aún, que vemos ver cuando vemos algo. En el caso del romanticismo, es más que evidente que fué más que un movimiento literario sino cultural que tuvo efectos en la cultura moldeando -si se quiere- con una crítica, una sexualidad apasionada aplacada por normas sociales rigurosa sobre la forma circunstancia y modo de los encuentros de los cuerpos. En la crítica al estilo Kanteana de Benjamin vemos la oposición entre dos tesis, una sexualidad puritana, reproductora, ordenadora de la unidad familiar, que se opone a una sexualidad palpitante, incontenible que no podrá encontrar satisfacción en una sociedad donde la racionalidad atenta contra esos impulsos. Radicalizando la crítica -intermediando el artículo de Carlos Figari sobre el cortejo homosexual para Pagina 12-. El cortejo homosexual es completamente distinto que el cortejo heterosexual. Digamos que a diferencia del cortejo heterosexual y en posición diametralmente opuesta al romanticismo alemán del siglo XIX, es completamente carnal y desapegada.

Por alguna razón el romanticismo aún mantiene cierto halo de nostalgia que los ejemplos de sexualidades alternativas, en especial aquellas que impliquen encuentro carnal desenfrenado, que son consideradas repugnantes por su falta de romanticismo. Por más que suene degradante para la alta literatura, las practicas y rituales de encuentros de las sexualidades no heterosexuales (gay, lésbica, transexua, bi-curiosa, S&M, FistFuck) han constituido un espacio que va más alla de un crítica formal a la teoría freudiana sino que a la construcción de disidencias y espacios de resistencia. En este sentido como crítica al romanticismo –más allá de Kant, benjamín y De Man e incluso a Freud- no se contrapone un movimiento itelectual ni artístico sino que la juventud misma se volcó a experimentar en este antes cerrado campo de la sexualidad. Sujetos que intuitivamente, espontáneamente o reviviendo las corrientes oscuras de la literatura erótica como la de Sade desterritorializaron un espacio cercado explorando la geografía de un campo hasta ahora hermético, homogenio y suturado. Para cerrar la crítica al romanticismo me gustaría destacar otras estrategias que han podido hacer un uso de los placeres más extensos escapando de los cannons literarios del romanticismo del siglo XIX, que sigue teniendo un importancia en la cultura popular adolecente (Twilight). Contra el freudianismo que proponía para la sexualidad la sublimación buscar actividades de mayor utilidad para la humanidad. La pregunta que me hago –desde una posición biopolítica singular, en la que soy sujeto de una interconexión superposiciones de control-, que actividad es de mayor utilidad para la humanidad que experimentar placer sexual? Queda claro que (polemizando) esta propuesta biopolítica es anti-victoriana, anti-romántica y antipsicoanalítica. Conclusiones Una conclusión que podemos extraer aquí es que muchas situaciones biopolíticas, muchos discursos biopolíticos no se “desatan” a través de las lógicas internas de su mismos discursos. Muchas críticas, en particular a ciertos discursos biopolíticos que tienen un efecto, un poder sobre el cierre de un territorio en el campo de la sexialidad, no provienen de la crítica intelectual sino de la practica (Bio)política. Lejos de los proyectos de sexualidad de los 60 y 70 del siglo, se han establecido las bases para la proliferación de prácticas sexuales alternativas que abran el campo de la sexualidad proponiendo un uso de los placeres menos restrictivos y opresivos para existencia en un orden biopolítico. Como reflexión final, la sexualidad es al mismo tiempo medio de opresión y liberación. Sobre el Autor: Ricardo Esteves es Licenciado en Ciencia Política (UBA), Docente de metodología en la misma carrera. Realizó trabajo de investigación en la USAM sobre Populismo junto a Paula Biglieri. Realizó estudios introductorios en psicoanálisis. Actualmente se encuentra desarrollando

su tesis “”Discurso Político en la Democracia Argentina Reciente’” para su maestría de análisis del discurso en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Es un ferviente apasionado del enteogenismo y las artes marciales mixtas.

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