La docente Catalina Pérez Torres (1), autora del libro “La escuela que enferma” sostiene que en el ámbito escolar

no existe un espacio para la creatividad de los docentes que trabajan ni de los jóvenes que allí se educan. Todo ha de hacerse según el modo pautado y eso que a veces se oye: “que poca creatividad tienen estos alumnos”, como si el pensamiento original no necesitara como caldo un medio positivo y liberador para desarrollarse. A los alumnos les hacen traer un pincel y les ponen una botella de plástico sobre el escritorio, yo creo que si alguno tenía intenciones de dar rienda suelta a su paleta, allí murió. Del mismo modo, en Música, área del cual podría esperarse una apelación a lo original, se copian canciones y se repiten una y otra vez. Pero mucho más difícil aún es tolerar la creatividad en las ideas, si el libro dice que el descubrimiento de América fue un intercambio cultural, no se tolerará que ningún niño dude de esa afirmación. Las ideas del autor tienen el tratamiento de verdades indiscutibles. Esto no es casual, la crisis cultural ha penetrado con tanta profundidad en la sociedad, que los docentes- salvo contadas excepciones- suelen ser personas que no leen con asiduidad material de calidad. Estos no hacen más que confirmar las apreciaciones de José Luis Lens Fernández (2), en cuanto a que la escuela tiene una matriz autoritaria, disciplinadora y reproductora desde su origen, que aún sigue vigente porque se sostiene en la falta de voluntad política de transformación progresista de los gobiernos y se alimenta en una cultura extraordinariamente refractaria a los cambios. Y esto no es obra de la casualidad, sino de una realidad histórica que se inscribe en el fenómeno de las relaciones de dominación, que están instaladas en la humanidad desde el momento que se dieron las condiciones (surgimiento del excedente productivo a partir del desarrollo tecnológico) para que unos hombres pudieran explotar a otros hombres. La escuela en tanto dispositivo del Estado-Nación (democracias liberales), nace con el objetivo de normalizar, disciplinar, otorgar identidad nacional y socializar adaptativamente a las masas al sistema dominado por los intereses de los sectores que lo conducen. Y este designio sigue plenamente vigente en la actualidad, aunque la escuela sea hoy mucho menos efectiva para cumplir con ese objetivo. Teóricos, politólogos, sociólogos y pedagogos de distintas épocas y lugares mostraron con claridad el papel reproductor de la escuela, en tanto dispositivo estatal y como institución cultural dependiente y dominada por los sectores del poder económico e ideológico. Aportes que no deberemos dejar de estudiar y revisar en forma continua. Bibliografia: (1) Pérez Torres, Catalina (2006) La escuela que enferma. La lucha contra la creatividad (2) Lens, José Luis (2012) Educar para cambiar el mundo. Los momentos de una transformación liberadora en educación.

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