Somos

7 de abril del 2012
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DE VUELTA
CRIATURA DE GÜEPPÍ. DE
HÁBITOS NOCTURNOS, LAS RANAS
ARBÓREAS –DE CABEZA ANCHA
Y OJOS GRANDES– DISPONEN DE
DEDOS PROVISTOS DE VENTOSAS
QUE LES PERMITEN MANTENER EL
EQUILIBRIO SOBRE LAS HOJAS.
AL PARAÍSO
ESCRIBE ÁLVARO ROCHA FOTOS MICHAEL TWEDDLE
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La zona reservada Güeppí es un milagro hecho
realidad. Hace cinco años primaba la extracción
irracional de madera y la caza y pesca furtivas.
Hoy es un ejemplo de conservación que ha
unido a las autoridades gubernamentales,
la comunidad y el Ejército para revertir la
situación y mirar el futuro con esperanza.
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E
l lobo salió mos-
trando los dientes
y gritando fuerte
en la quebrada de
Aguas Blancas.
David Chimbo (32), guardapar-
que de la Zona Reservada Güeppí,
recordó una escena similar que
sucedió cuando tenía seis años de
edad y su padre lo había enviado
a revisar unas redes de pesca.
Entonces también se topó con un
lobo y se puso a llorar de miedo.
Ahora, en cambio, una sonrisa se
dibujó en su cara como quien se
encuentra con un viejo amigo. De
pronto, asomó el resto de la fa-
milia: ocho lobos de río, algunos
de hasta dos metros de longitud.
Esta anécdota, al parecer trivial,
evidencia el profundo cambio de
actitud de los nativos y las insti-
tuciones respecto a
esta área protegida.
Biólogos, guar-
daparques y even-
tuales turistas están
contentos por el
evidente aumento
de la población de
lobos de río, especie
que estuvo al borde
de la extinción en
los 80 (perseguidos
por su fina piel),
pero los pescado-
res señalan que
los lobos les arrebatan sus peces
(cada uno consume cuatro kilos
de pescado al día). En realidad
es una crisis de crecimiento, por-
que desde que se establecieron
los puestos de control, la pesca
se ha incrementado un 80%. El
temor de los lugareños es que
los lobos se multipliquen, pues a
diferencia de los lagartos son muy
fuertes y rompen las mallas. Para
despejar las dudas de los nativos,
WWF, con financiamiento de HP
(Hewlett-Packard), va a hacer un
censo de la población de lobos
para así conocer sus hábitos y
tomar acciones en bien de la co-
munidad.
Tan cerca, tan lejos
No era mi primera vez en el Güe-
ppí. Había visitado la zona en el
2005 y no había ningún tipo de
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594.810 ha es el área total de Güeppí.
1997 es el año de creación de esta zona.
13 guardaparques hay en el área actualmente.
Hace cinco años, eran solo dos.
56 mamíferos se han detectado. La mayoría son de
tamaño mediano o grande.
550 especies de pájaros y 300 de peces se
cuentan en la reserva.
GÜEPPÍ EN CIFRAS
EN EL 2005
NO HABÍA
NINGÚN CON-
TROL EN LA
ZONA. HOY
SE OBSERVA
CIENTOS DE
OTORONGOS,
SAJINOS Y
CAIMANES.
REY AMAZÓNICO. EL
OTORONGO PUEDE LLEGAR
A MEDIR TRES METROS
DE LARGO Y PESAR 80
KILOS. SE ALIMENTA DE
HUANGANAS, SACHAVACAS
Y SAJINOS. ABAJO: EL
LOBO DE RÍO SE HA
RECUPERADO GRACIAS AL
APOYO INTERNACIONAL.
reveló que ocho cochas de la zona
de Lagartococha albergaban más
de 600 paiches adultos (de una
longitud superior a los 1,60 me-
tros). Además de una cantidad
impensada de manatíes, con un
promedio de tres de estos gran-
des y casi extintos mamíferos por
cocha, una densidad poco común
en otros lugares de la Amazonía.
¿Qué sortilegio extraordinario
ha permitido que, en tan poco
tiempo, la fauna se recupere e
incremente su número de mane-
ra considerable y que los made-
reros ilegales ya no depreden el
bosque? La respuesta la encon-
tramos en Santa
Teresita, una co-
munidad nativa
huitoto ubicada
en la cuenca del
río Peneya, tribu-
tario del Putuma-
yo. Allí nos recibió
Mauro Caimito,
presidente de
la comunidad,
quien nos comen-
tó que en Santa
Teresita se estableció en el 2007
un puesto de control y vigilancia
que fue clave para mantener a
raya a los extractores ilegales.
Nativos sin fronteras
El hecho de que un
lugareño asumiera
como mandamás de
esta área protegida
fue determinante
para enmendar un
destino incierto.
De padre huitoto y
madre ocaina, Teó-
filo Torres (40) es-
tudió Sociología en
Lima y es jefe de la
Zona Reservada Güeppí desde
el 2007. Un año después esta-
bleció una veda de tres años en
las cuencas del Peneya y de La-
control. La corrupción campea-
ba: vendían paiches en época de
veda, permitían que los colom-
bianos ingresaran a talar árboles
valiosos sin restricciones y ya no
se veía la fauna que antes impe-
raba. “Hay tan pocas tortugas que
cada una tiene su nombre”, nos
dijo entonces un lugareño con
humor negro. Ya en ese enton-
ces se quería categorizar Güeppí
como Parque Nacional, pero las
condiciones no estaban dadas, a
pesar de los esfuerzos de la doc-
tora Josefina Takahashi. Y es que
los científicos obvian los procesos
sociales que determinan, muchas
veces, el deterioro acelerado de
especies. Un estudio serio puede
decir que un bosque tiene una
biodiversidad asombrosa, pero
dos años después este no existe.
Es trabajado por mineros ilegales
o se utiliza para ganadería.
Retorno animal
Ahora, en cambio, en el Güeppí
se observa centenares de huan-
ganas, mayor presencia de oto-
rongos, sajinos, caimanes y otros
animales de envergadura. La pre-
sencia de especies en los cursos de
agua también ha mejorado nota-
blemente. Un censo de agosto del
2011, efectuado por la ONG WCS
(Wildlife Conservation Society),
BUEN
PROVECHO.
NO ES DIFÍCIL
OBSERVAR EN
EL GÜEPPÍ A LA
COTINGA CAYENA,
BELLA AVE DE
COLOR AZUL
BRILLANTE QUE
SE ALIMENTA
DE FRUTOS E
INSECTOS.
CAMUFLAJE
NATURAL.
LA MANTIS
RELIGIOSA TIENE
CINCO OJOS,
PUEDE GIRAR SU
CABEZA HASTA
180 GRADOS Y
SE REFUGIA EN
PLANTAS DE UN
COLOR PARECIDO
AL SUYO.
FÚTBOL MACHO. NIÑOS HUITOTOS DE SANTA TERESITA, DESCALZOS Y CON VISTA AL RÍO, CORREN TRAS
LA PELOTA TODOS LOS DÍAS.
QUE UN LU-
GAREÑO ASU-
MIERA LA JE-
FATURA DE LA
RESERVA FUE
DETERMI-
NANTE PARA
ENMENDAR
UN DESTINO
INCIERTO.
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Cómo llegar
LA RUTA
O
Frontera viva. Hay cuatro
modos de llegar. Los mejores
son a través de Ecuador y Co-
lombia. En Ecuador se puede
partir del aeropuerto de Quito
y en 25 minutos arribar a Lago
Agrio. Luego, ir en una lancha
hasta Laguna Grande, que
tiene un espectacular albergue
(www.cuyabenolodge.com).
O
La segunda opción ecua-
toriana es tomar un avión de
Quito a Coca (30 minutos), ca-
pital de la provincia de Orellana.
Desde allí hay que bajar doce
horas por el río Napo para llegar
a los dominios del Güeppí.
O
Vía Colombia. Hay que tomar
el vuelo de Bogotá a Puerto
Leguízamo e ingresar al Güeppí
por la cuenca del Peneya .
O
Las dos alternativas por
el lado peruano no son reco-
mendables. Ambas parten de
Iquitos: la primera surcando el
río Napo durante una semana
hasta llegar a Cabo Pantoja. La
otra opción sí es demencial: la
decrépita embarcación puede
demorar un mes antes de tener
a la vista a Soplín Vargas, a un
paso de Güeppí.
GUARDIANES
DEL BOSQUE.
DE IZQUIERDA A
DERECHA, LOS
GUARDAPARQUES
MICHEL SINTI,
DAVID CHIMBO,
DAVID YUMBO,
TEÓFILO TORRES
(JEFE DE LA ZONA
RESERVADA
GÜEPPÍ), PAOLA
VEINTEMILLA
(NATURALISTA
ESPECIALIZADA
EN SELVA) Y EL
GUARDAPARQUE
SALOMÓN CHOTA.
COMUNIDAD
HEROICA.
SANTA
TERESITA, A
ORILLAS DEL
RÍO PENEYA,
FUE CLAVE PARA
DETENER A LOS
EXTRACTORES
ILEGALES. LA
PESCA SE HA
INCREMENTADO
EN UN 80%
DESDE QUE HAY
VIGILANCIA.
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A3uNDA LN LO8 ÞlO8 DLL GüLÞÞl.
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LxÞONLN 8u hLÞVO8O hOC|CO
CON 134 D|LN1L8 ÞLOuLÑO8.
gartococha. “Lo principal –dice
Torres– fue que las comunida-
des vieron que en esos tres años
aumentaron los animales y eso
los beneficiaba directamente, es
como si en la ciudad a alguien
le subieran el sueldo significati-
vamente y pudiera disponer de
más alimentos, servicios y mejor
calidad de vida”.
La mayoría de los nativos (se-
coyas, huitotos, kiwchuas) no se
identifica a partir de su lugar de
nacimiento (nacionalidad), sino
como grupos étnicos que fueron
separados arbitrariamente por
países que establecieron límites
fronterizos sin tomar en cuenta
los territorios de estas culturas
amazónicas. Güeppí limita con
Ecuador y Colombia, pero los na-
tivos no distinguen, por ejemplo,
entre secoyas peruanos o ecua-
torianos. Son secoyas y punto.
Confieso que muchas cosas
me llamaron la atención de esta
región del Perú, pero fueron los
nativos los que finalmente entra-
ron en mi corazón. Ellos, como
los pájaros, no conocen fronteras.
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