El Sabadismo Re-Examinado

---Robert D. Brinsmead

Capítulo 1: Métodos de Procedimiento Capítulo 2: La Vida en la Iglesia Apostólica Capítulo 3: Las Epístolas Paulinas Capítulo 4: Gálatas 4:10,11 Capítulo 5: Colosenses 2:16 Capítulo 6: Romanos 14:5 Capítulo 7: Dos Formas de Judaísmo Cristiano Capítulo 8: ¿Y los Diez Mandamientos? Capítulo 9: Aplicando la Letra de la Ley Sabática Capítulo 10: El Judaísmo Cúltico y la Fe Católica Capítulo 11: La Prueba de la Verdad Capítulo 12: La Realidad del Sábado Capítulo 13: La Ética del Nuevo Testamento Capítulo 14: La Libertad del Evangelio

Capítulo 1 - Métodos de Procedimiento
Tomado de Gospel Outreach Traducido por Román Quirós M.

Dos reglas básicas gobernarán la manera en que usaremos la Biblia en esta revisión del sabadismo: 1. El Nuevo Testamento debe interpretar el Antiguo Testamento. 2. Las Epístolas del Nuevo Testamento deben interpretar los evangelios. (1) Estos dos principios significan que deberíamos leer la Biblia a la luz del evangelio y juzgar todo asunto de acuerdo con ella. Cualquier cosa que no esté en armonía con el evangelio, especialmente como está presentado en las epístolas del NT, ha de ser rechazada, aunque venga reforzada con numerosos textos "de prueba". No es suficiente afirmar que la Biblia es verdadera. Hasta los Testigos de Jehová lo afirman. Necesitamos afirmar que el evangelio es la verdad de la Biblia. Todas las cuestiones doctrinales deben ser establecidas a la luz del evangelio.

Decimos que el NT debe interpretar el AT porque éste último es la revelación preliminar y fragmentaria. Sus instituciones son sombras de la realidad que ha de venir. Sus profecías velaban promesas de una salvación que todavía no se había revelado. Pero en el evangelio de Jesucristo en el NT, se revelan el secreto de Dios y su gloria. Allí está la palabra final de Dios, "más allá de la cual no hay nada más que ver ni experimentar". (2) Los apóstoles no vinieron a creer en la encarnación y la resurrección de Cristo por medio de su ingeniosa exégesis del AT. Más bien, fueron confrontados con estas realidades históricas. Entonces leyeron y entendieron el AT a la luz del acontecimiento del Cristo trascendente. Nosotros deberíamos hacer lo mismo. No deberíamos construir un edificio doctrinal con escrituras del NT ni verter el evangelio del NT en un molde del AT. Jesucristo no puede ser contenido por las formas del AT. Al mismo tiempo que Él cumplió las esperanzas y el destino de Israel, los transformó. Por ejemplo, las profecías del AT sólo podían expresar la salvación escatológica de Dios en términos de bendiciones sobre Palestina, prosperidad para Jerusalén, y favor para la casa de David. Todo lo que Dios prometió a Israel se cumplió cuando Dios resucitó a Cristo y entronizó su reino (Hechos 13:32-33). Pero, ¡cuán extremadamente por encima de cualquier lectura literal de las profecías está la gloria de su exaltación y el favor derramado sobre su pueblo! Al cumplir el AT, allí, Jesús hizo añicos y rompió las limitadas formas del judaísmo, bien que estas formas fueran su sistema legal o su visión profética. El evangelio de Jesucristo era el vino nuevo que no podía ser contenido por los viejos odres del judaísmo. En Cristo, las viejas cosas pasaron, y todas son hechas nuevas. (2 Corintios 5:17). La venida de Cristo transformó la comprensión que los apóstoles tenían del AT. Ella debería transformar nuestra comprensión del AT también. No debemos llegar al NT a partir del AT, sino llegar al Antiguo a partir del Nuevo. No sólo debe el Nuevo Testamento interpretar el Antiguo, sino que las Epístolas deben interpretar los Evangelios. Mientras Jesús estaba todavía con los apóstoles en carne y hueso, no les dijo todo lo que deseaba decirles. Declaró: "Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad". (Juan 16:12-13). Después de que el Espíritu fue derramado durante Pentecostés, las Epístolas del NT explicaron sistemáticamente el significado de la muerte y la resurrección de Cristo. Algunos de los dichos de Cristo registrados en los evangelios son todavía bastante enigmáticos. Sin la luz clarificadora de las Epístolas, podrían ser malentendidos. Por ejemplo, los opositores de Lutero pensaban que en las enseñanzas de Cristo habían encontrado textos "de prueba" para la justificación por las obras. Sobre el punto en disputa del sabadismo, la última palabra la deben tener las Epístolas del Nuevo Testamento. Deberíamos mirar con sospecha cualesquiera afirmaciones importantes que no estén claramente apoyadas por las Epístolas del Nuevo Testamento.

(N.T.: A menos que se indique lo contrario, las citas bíblicas son de la Revisión de 1960). (1) En su libro, The Case for Orthodox Theology, Edward J. Carnal enumera cinco reglas de interpretación bíblica. Sus dos primeras reglas se mencionan aquí.(2) Ernst Kaseman, Commentary on Romans, p. 10.

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Capítulo 2 - La Situación de la Iglesia Apostólica
Los estudios bíblicos del siglo veinte han demostrado lo inadecuado del método de usar textos de prueba para manejar la Biblia. No es difícil disponer un grupo de textos para apoyar una clase particular de sabadismo, ni es difícil reunir otros textos para apoyar el no sabadismo. La Biblia entera está escrita en un cierto contexto histórico, y lo que está escrito está condicionado por ese contexto. Es sumamente insatisfactorio acercarse a la Biblia como si Dios se hubiese revelado en proposiciones abstractas que pueden ser entendidas aparte de la situación histórica en que se pronunciaron las palabras. Por ejemplo, Pablo dijo: "Si os circuncidáis, de nada os aprovechará Cristo". (Gál. 5:2). Nosotros no aplicamos este texto indiscriminadamente hoy día. Su verdadero significado sólo puede entenderse contra el trasfondo de la situación real en las iglesias de Galacia. Por supuesto, los estudiantes serios de la Biblia siempre han practicado hasta cierto punto el método histórico-gramatical para el estudio de la Biblia. Pero los avances recientes en las ciencias bíblicas han resaltado el peligro de superponer las propias preocupaciones y nuestras formas occidentales de pensamiento sobre lo que se escribió en un contexto cultural y una situación histórica bien distantes de nosotros. Durante los cincuenta años más recientes, la sociedad ha sido testigo de un impresionante progreso tecnológico. Esto ha sido virtualmente correspondido por un aumento en el conocimiento de los antecedentes de la Biblia. Los detalles de la situación social, económica, y política en el siglo primero d. C. nos ayudan a entender mejor muchos pasajes del Nuevo Testamento. Documentos como los rollos del Mar Muerto nos han proporcionado una imagen más exacta de los antecedentes religiosos del Nuevo Testamento. Las expediciones arqueológicas han desenterrado inscripciones, documentos, y otros artefactos que han ayudado a esclarecer el cuadro histórico de la era apostólica. Antiguas tradiciones han recibido nueva luz. Documentos arcaicos han sido depuestos de su posición y declarados o como falsos o como inadecuados. Las recientes investigaciones bíblicas han revelado la gran diversidad que existía en la iglesia primitiva. Desde que Eusebio escribió la primera gran historia de la iglesia cristiana, ha habido una tendencia a idealizar a la iglesia primitiva. Hemos imaginado que tenía un gobierno monolítico y un modelo de adoración uniforme. Pero ahora se sabe que tal uniformidad no comenzó sino hasta el siglo segundo. La iglesia primitiva era una comunidad de beneficencia (en el sentido correcto). Como comunidad escatológica, estaba más falta de estructura de lo que generalmente hemos pensado. La gente llegaba al cristianismo, procedentes de una amplia variedad de antecedentes culturales. Desarrollaron diferentes modelos de adoración, así como diferentes énfasis teológicos. Por supuesto, había un profundo principio unificador en el

movimiento cristiano, pero esto no debería cegarnos a la gran diversidad y hasta tensiones que existían entre grupos tales como los cristianos judíos de habla hebrea y los cristianos gentiles. Los esfuerzos para regresar al modelo ideal de culto en la iglesia primitiva están mal encaminados, pues no había ningún modelo uniforme. Aunque pudiéramos descubrir una norma para el siglo primero, no podríamos suponer que la iglesia del siglo veinte debe ajustarse a esa norma. ¿Cómo podemos decir que la iglesia en cualquier siglo debe restringirse a algún ordenado sistema de culto que jamás cambia de un siglo a otro? La iglesia cristiana es una comunidad dinámica, carismática, peregrina, a la que se le da gran libertad para ajustar sus instituciones y su forma de adoración para que se adapten a su contexto histórico y cultural. Por supuesto, hay límites para cualquier libertad legítima, pero esos límites no son tan restrictivos como hemos tenido la tendencia de hacerlos. Los cristianos Judíos de Habla Hebrea Todos los primeros cristianos y sus dirigentes eran judíos que hablaban hebreo o arameo. Cuando se convirtieron en seguidores de Jesús, no se consideraban a sí mismos sino como judíos. En realidad, creían que eran el verdadero remanente escatológico de Israel. Ciertamente, no se consideraban apostatas de su herencia judía, ni la repudiaban. Y veían a Jesús como el cumplimiento del judaísmo, no como su negación. Los primeros cristianos estaban ansiosos de probarles a sus hermanos judíos que ellos eran buenos judíos. Aparentemente, tuvieron algo de éxito, porque Lucas informa que disfrutaban de "favor con todo el pueblo". (Hechos 2:47). Santiago el Justo, hermano del Señor y dirigente de la iglesia de Jerusalén, tenía entre los judíos reputación de gran piedad. Muchos de ellos consideraron su asesinato, más o menos en el año 62 d. C., como un crimen que invitaba el juicio de Dios sobre la nación. Estos judíos cristianos (nazarenos, como se les llamaba en Palestina) no hacían nada para ofender las costumbres antiguas. Continuaban asistiendo a las sinagogas judías, adoraban en el templo, pagaban el impuesto del templo, y circuncidaban a sus niños. Hasta Pablo hizo circuncidar a Timoteo para evitar ser piedra de tropiezo entre su pueblo. Guardaban el sábado como otros judíos piadosos, y obedecían las leyes alimentarias judías. Algunos años después de Pentecostés, Pedro pudo declarar que nunca había comido ningún alimento "inmundo" (Hechos 10:14). Pablo describió a Ananías, por cuyas manos fue bautizado, como "un devoto observador de la ley" que era "altamente respetado por todos los judíos" que vivían en Damasco (Hechos 22:12). Como prisionero en Roma, Pablo les declaró a los dirigentes de los judíos que vivían allí: "No he hecho nada contra nuestro pueblo ni contra las costumbres de nuestros antepasados" (Hechos 28:17). Es claro que Pablo no tenía objeciones a que los cristianos judíos continuaran el modo de vida que habían heredado. De Pablo dice F. F. Bruce:
En compañía de judíos, él, de modo natural, observaba las leyes alimentarias judías, por pura cortesía, para no hablar de caridad cristiana, ni agraviaba los sentimientos de los judíos violando la santidad de los días santos. (1)

Durante la última visita de Pablo a Jerusalén, Santiago y los ancianos de la iglesia le dijeron: "Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído, y todos son celosos por la ley" (Hechos 21:20). Por lo tanto, podemos enterrar el viejo argumento sobre si los primitivos cristianos de Jerusalén cambiaron el día de adoración y abandonaron el sábado. Dice Robert A. Morey, un escritor bautista:
Decir que los primitivos cristianos judíos podían cambiar el sábado del séptimo al primer día y no verse envueltos en una controversia con los judíos o los judaizantes es tan estúpido que se refuta solo. (2)

Sería difícil encontrar un buen diccionario bíblico o un erudito competente en la historia de la iglesia primitiva que no reconozca que los primeros cristianos - los creyentes que hablaban hebreo - continuaron observando el sábado. Las siguientes afirmaciones son típicas:
Los discípulos de Jesús parecían ser mucho menos radicales en su actitud hacia la ley y las tradiciones sagradas de lo que él mismo había sido. Sus dirigentes asistían a los servicios del templo y en general se conducían como judíos observantes, disfrutando de la buena voluntad popular. (3) Aceptaban las instituciones judías y se presentaban como el Israel de los últimos días. (4) Como cristianos judíos, todavía sacrificaban en el templo (Mat. 5:23) y pagaban el impuesto del templo (Mat. 17:24-27), así como también guardaban el sábado en obediencia a la Ley. (5) Hasta donde sepamos, los primeros cristianos en Palestina mantuvieron virtualmente sin cambios las tradiciones de la adoración judía... Y continuaron observando fielmente la ley y la "tradición de los ancianos" (incluyendo el sábado). (6) Aparentemente, continuaron observando la ley sin cuestionamientos, sin interpretar sus tradiciones de las palabras y acciones de Jesús de un modo hostil a la ley. (7) El judaísmo siempre ha observado el día de reposo en el séptimo día de la semana, sábado. Ésta era también la costumbre de los primeros cristianos judíos. (8) Los primeros cristianos guardaban el séptimo día como el sábado, en gran medida según los otros judíos. (9)

Por lo tanto, el erudito adventista, Samuele Bacchiocchi está bastante acertado cuando arguye que no fue en Jerusalén donde nació la observancia del domingo. (10) No había base para seguir el argumento de si estos primeros cristianos iniciaron o no la observancia de un nuevo día de adoración.

Los Cristianos Que Hablaban Griego A los judíos de habla griega se les llamaba helenistas (Hechos 6:1). Diferían de los judíos que hablaban hebreo, no sólo en su idioma, sino también en su cultura. Eran menos conservadores y más flexibles en su actitud hacia las costumbres judías. Adoptaron más rápidamente la cultura griega, y eran considerados como judíos menos que ideales por sus hermanos más conservadores. Surgió una división entre los cristianos hebreos y los cristianos helenistas. Los eruditos por lo general creen que la disputa involucraba más que el cuidado de las viudas registrado en Hechos 6. En realidad, involucraba el desarrollo de dos diferentes ramas del cristianismo primitivo. Aunque unos pocos eruditos creen que algunos han exagerado las divisiones entre estos dos grupos (y la exageración es siempre una posibilidad), hay un acuerdo general acerca de su existencia. Mientras que hasta los apóstoles todavía asistían a los servicios diarios en el templo, Esteban (un cristiano helenista) comenzó a argumentar que la venida de Jesús había cambiado profundamente la situación del templo y de la ley mosaica. Las autoridades judías lo acusaron de hablar contra el templo y la ley. Había algo de verdad en la acusación. Puesto que las leyes romanas concedían autoridad a los judíos para que ejecutaran a los que profanaran el templo, Esteban fue apedreado de acuerdo con las leyes judías. Dunn y otros sugieren que, durante su juicio, Esteban fue probablemente abandonado por los cristianos hebreos, incluyendo los dirigentes de la iglesia. (11). ¿Creyeron que la imprudencia de Esteban le había acarreado un desastre innecesario y podría precipitar innecesariamente la hostilidad de las autoridades judías contra la iglesia? Efectivamente, la persecución estalló contra la iglesia de Jerusalén, pero estaba dirigida principalmente contra los helenistas. ¿De qué otro modo podrían los apóstoles haber permanecido en Jerusalén sin ser molestados? (Hechos 8:1). Los cristianos hebreos eran tolerados en Palestina, excepto durante un breve período de persecución por parte de Herodes algunos años más tarde. Santiago hasta disfrutó de la aclamación popular de ser "Santiago el Justo". La expulsión de los helenistas de Jerusalén tuvo dos resultados significativos. Primero, la Iglesia de Jerusalén fue purgada de sus elementos más liberales y continuó siendo una iglesia de cristianos hebreos. Esto influyó de manera importante en los sucesos subsiguientes. Segundo, los más prominentes misioneros del movimiento cristiano eran helenistas. Esto fue providencial. Los cristianos hebreos no habrían dado los atrevidos pasos de sus hermanos más liberales. Al bautizar al eunuco etíope, Felipe, que era helenista, violó la ley claramente (Hechos 8:26-39,

Deuteronomio 23:1). Pero el principal avance tuvo lugar en Antioquia. Allí los helenistas tuvieron un éxito asombroso al predicar el mensaje de Jesús, no sólo a los
judíos de la Dispersión y a los gentiles temerosos de Dios (12) que se reunían con ellos en sus sinagogas, sino también a los gentiles paganos (Hechos 11:19-30. Los Cristianos Gentiles Los primeros cristianos eran renuentes a aventurarse más allá de las fronteras del judaísmo. La iglesia madre en Jerusalén se consideraba a sí misma una forma cumplida del judaísmo. Las

noticias de que los gentiles estaban accediendo a la fe en gran escala les causaron aprensión en cuanto a conservar los modelos de su propia herencia. Hacer prosélitos gentiles no era problema, porque los fariseos mismos eran muy efectivos en esta actividad. Pero, cuando un gentil se convertía en prosélito de la fe judía, se le requería que se circuncidara, que pasara por un baño ceremonial ("bautismo del prosélito"), que ofreciera un sacrificio, que guardara el sábado, y que observara las leyes alimentarias judías. Si los que estaban empeñados en la empresa misionera en Antioquia estaban trayendo a los gentiles "a la verdad hasta el final", no se habría hecho ninguna pregunta. Los judíos no podrían haber acusado al grupo de Jesús de flexibilizar las reglas. Pero, ¿cómo podría defenderse la iglesia si los gentiles eran aceptados en la comunidad judía sin hacer lo que siempre se había esperado de los prosélitos? ¿Cómo podría la iglesia afirmar ser el verdadero remanente israelita de los últimos días si sus miembros no se hacían judíos? No es de sorprenderse que un grupo influyente en la iglesia de Jerusalén insistiera que los conversos gentiles debían circuncidarse y guardar la ley de Moisés. ¿Por qué no deberían los gentiles conformarse también a las mismas reglas que los primeros cristianos? ¿Cómo podían tolerar que una parte de la iglesia se adhiriera al sistema legal judío, mientras otra parte se desentendía de él? Pero Pablo era uno de aquellos "rebeldes" en Antioquia que pensaban de manera diferente. La iglesia de Antioquia disfrutaba de una libertad que él estaba preparado a defender con gran tozudez. Uno de sus compañeros era el converso griego, Tito. Cuando algunos cristianos judíos insistieron en que Tito se circuncidara, Pablo rehusó acceder a sus demandas (Gálatas 2:3-5). De esta manera, la batalla sobre la circuncisión y la ley estaba trabada. La conferencia de Jerusalén, registrada en Hechos 15, fue convocada para encontrar una salida al atolladero. Esta conferencia es vital para el argumento sabadista. Los sabadistas dicen que el silencio de la conferencia sobre la cuestión del sábado prueba que no había ningún argumento sobre este asunto, y que, por lo tanto, todas las partes deben haberse puesto de acuerdo en guardar el sábado. Los sabadistas razonan que, si la proposición de que la circuncisión ya no era obligatoria había causado una conmoción, ¿la proposición de que el sábado ya no era obligatorio no habría causado una conmoción aún mayor? Puesto que no hubo ninguna conmoción acerca del sábado, ellos suponen que todos estaban unidos en la observancia. Hay un error fatal en este "argumento del silencio". Para el judío (ya fuera cristiano o no), la circuncisión representaba sujeción a la ley. Como dijo Pablo, "la circuncisión aprovecha, si guardas la ley" (Romanos 4:25). Cuando un prosélito era circuncidado, esto era señal de que había aceptado el yugo de la ley judía. Estaba "obligado a guardar toda la ley" (Gálatas 5:3) . Es por esto por lo que tantos pasajes del Nuevo Testamento ponen en aposición la circuncisión y la sujeción a la ley (por ejemplo, "los gentiles deben circuncidarse y obedecer la ley de Moisés" Hechos 15:5; compárese con Hechos 21:21). Por lo tanto, el verdadero punto en debate en la Conferencia de Jerusalén era si los creyentes gentiles debían estar sujetos a la ley. Es también una falacia suponer que el punto en debate en la conferencia de Jerusalén involucraba sólo la suerte de los aspectos rituales de la ley. Entre otras cosas, la conferencia estableció una

regla en relación con la inmoralidad sexual (Hechos 15:20) -- ¡difícilmente una cuestión ceremonial! En ninguna parte nos dice el Nuevo Testamento qué partes de la ley de Moisés deben ser consideradas rituales y cuáles deben ser consideradas morales. Podemos hacer esa distinción, y esa distinción puede ser teológicamente correcta, pero no debemos trasladar nuestras propias categorías de pensamiento, por correctas que sean, hacia atrás, al Antiguo Testamento. La conferencia de Jerusalén tenía que ver con la ley como un cuerpo legal completo. Por lo tanto, la conferencia trató del ministerio de la ley judía, incluyendo el sábado y las leyes alimentarias dadas bajo el antiguo pacto. El verdadero punto en debate en la conferencia de Jerusalén era si los creyentes gentiles debían estar sujetos a la ley y vivir como judíos o no. El resultado fue libertad para los gentiles en relación con esta cuestión. Obviamente, la medida de compromiso que se adoptó estaba enderezada a facilitar una relación amigable (especialmente en la mesa) entre los creyentes judíos y los creyentes gentiles. A los gentiles se les pidió abstenerse de carne ofrecida a los ídolos, de animales estrangulados, de sangre, y de inmoralidad sexual. No fueron recargados con ninguna otra cosa. (Hechos 15:28-29). La conferencia fue una gran victoria para Pablo y el partido progresista, aunque en algunos respectos representó un arreglo intermedio. Pablo mismo no cumplía la estipulación acerca de los alimentos ofrecidos a los ídolos (1 Corintios 8), ni menciona el acuerdo de Jerusalén en ninguna de sus cartas. Así que, obviamente, los cristianos judíos se sintieron mal por la manera en que Pablo proseguía su misión a los gentiles. Se infiltraron en sus iglesias e insistieron en que se debía poner el yugo de la ley judía sobre sus conversos. Tenemos que pedirle al sabadista evidencia de que Pablo impuso el sábado en las iglesias gentiles. Y debemos pedirle al partidario de la observancia del domingo evidencia de que el gran apóstol a los gentiles reemplazó una forma de sabadismo por otra. Sugerimos que la siguiente evidencia histórica perjudica la tesis sabadista:
1. Pablo fue el apóstol a los gentiles. Levantó muchas iglesias, y les escribió cartas con instrucciones. Les predicó el evangelio completo (Romanos 15:19), y declaró en su totalidad el consejo de Dios (Hechos 20:27). ¿Dónde está la evidencia de que presionó a los gentiles para que aceptaran cualquier clase de sabadismo? El "argumento del silencio" podría favorecer al sabadismo si las cartas paulinas hubieran sido dirigidas a los cristianos judíos. Podría decirse entonces que el silencio prueba que el sábado se daba por sentado, y que, por lo tanto, no era una cuestión en disputa. Pero las cartas de Pablo estaban dirigidas a los cristianos gentiles, que no tenían antecedentes en la observancia del sábado. Si estas jóvenes iglesias gentiles fueran nuevas observadoras del sábado, como los sabadistas tienen que suponer, ¡qué extraño que necesitaran ninguna instrucción, amonestación, o estímulo de parte de Pablo sobre esta cuestión! Ciertamente necesitaban reprensión e instrucciones en casi todos los asuntos importantes. 2. Cuando Pablo habla de "pecado", generalmente quiere decir un poder gobernante. Pero cuando habla de "pecados", por lo general les da nombres propios -- por ejemplo, inmoralidad sexual, celos, borrachera, y la ambición

egoísta. En muchas de sus cartas, Pablo enumera pecados que no permitirán entrar al reino a los que los cometen. En Gálatas 5, menciona quince pecados (Gálatas 5:19-21); compárese con 1 Corintios 5:9-11; Efesios 5:5-7). Como pastor fiel, Pablo nombra pecados que ofenden a Dios. No deja adivinando a las iglesias jóvenes, porque dice que estos pecados son obvios (Gálatas 5:19). ¿Por qué está la violación del sábado - un gran pecado, de acuerdo con la tradición puritana - tan conspicuamente ausente de cada una de las listas paulinas de pecados? ¡Qué extraño sería que los conversos gentiles cayeran en toda clase de pecado, excepto éste! 3. En el siglo primero d. C., la esclavitud era una institución vigente en todo el mundo romano. Está claro en el Nuevo Testamento que había esclavos cristianos en las iglesias paulinas. En aquellos días, no había semana de trabajo de cuarenta horas. El sábado no era un día festivo público, y el domingo no era un día festivo para los esclavos. Si los esclavos de Pablo hubieran sido sabadistas, continuamente habrían tenido problemas con los privilegios del sábado. Si Pablo hubiese sido un evangelista sabadista, ¿por qué no dieron sus conversos (especialmente los esclavos) ninguna evidencia de conflictos en relación con el sábado? La investigación histórica nos ha proporcionado un informe bastante exacto de las razones por las cuales los cristianos primitivos eran perseguidos en el mundo romano. Autoridades tanto cristianas como no cristianas dejaron informes de las relaciones entre los cristianos y la sociedad. Hay hasta informes de que los judíos eran despreciados por los gentiles a causa del sábado. Y, sin embargo, no hay evidencia de que los cristianos gentiles sufrieran ninguna dificultad o persecución a causa del sábado. Por lo tanto, los hechos persistentes de la historia de la iglesia primitiva no nos dan ninguna indicación de que Pablo impusiera el sabadismo en las iglesias gentiles.

La Tragedia de la Iglesia Judía y el Nuevo Judaísmo en Roma Ya hemos visto que, con la partida de los helenistas, la iglesia de Jerusalén estaba compuesta predominantemente por cristianos hebreos. Éstos eran mucho menos radicales en su actitud hacia la ley y a las costumbres judías de lo que lo había sido el mismo Jesús. (14) Con el correr del tiempo, regresaron más y más al legalismo judío, en parte, sin duda, a causa de la presión de su ambiente judío. (15) Siempre pareció existir tensión entre el apóstol Pablo y la iglesia de Jerusalén. John J. Gunther arguye persuasivamente que la mayoría de los opositores teológicos de Pablo salieron de la iglesia de Jerusalén. (16) Bengt Holmberg indica que los cristianos de Jerusalén visitaban las iglesias gentiles para "corregir posibles errores y complementar algunos puntos vitales que

habían sido descuidados en las enseñanzas de Pablo". El suyo era un "movimiento concertado para infundir piedad palestina y ortodoxia palestina". (17) Los dirigentes más prudentes entre los cristianos judíos estaban dispuestos a acatar el acuerdo de la conferencia de Jerusalén. Pero se sentían claramente descontentos con los informes, muy difundidos, de que Pablo estaba enseñando a los judíos de la Dispersión a volverse descuidados en su devoción a la ley (Hechos 21:21). El cristianismo de primera generación, la iglesia de Jerusalén tenía una posición de gran autoridad en el movimiento cristiano. Pero la marcha de los acontecimientos cambió rápidamente esa situación. Como habían temido muchos cristianos hebreos, los creyentes gentiles pronto excedieron bastamente en número a los creyentes judíos. Además, la iglesia de Jerusalén y sus dirigentes huyeron a Pella en el año 66 d. C. para escapar a la catástrofe que se había predicho que ocurriría a Jerusalén en el año 70 d. C. Esto significaba que la iglesia de Jerusalén tenía que funcionar como una iglesia en el exilio. Los acontecimientos desde el año 70 d. C. hasta el año 135 d. C. resultaron en una completa dispersión del pueblo judío de Palestina y rompió el estrangulamiento que la iglesia de Jerusalén ejercía sobre el cristianismo naciente. Después del año 70 d. C., los judíos se volvieron más y más hostiles hacia los judíos que creían en Jesús. Comenzaron a expulsarles de las sinagogas. Pero no sólo fueron los cristianos judíos rechazados por su propia gente, sino que los cristianos gentiles desconfiaron de ellos más y más. Al principio, los cristianos gentiles, siguiendo instrucciones de Pablo en Romanos 14, toleraron la reverencia en que los cristianos judíos tenían a sus instituciones y costumbres. Pero, a causa de que los cristianos judíos a menudo imponían su herencia judía sobre los creyentes gentiles, surgió una tensión entre estas dos ramas de la iglesia. Ignacio, que fue obispo de Antioquia algunos años después del período apostólico (98-117 d. C.), estaba descontento con la influencia de los cristianos judíos en Asia Menor. (18) A mediados del siglo segundo, Justino Mártir dijo que él conocía a judíos que creían en Cristo y guardaban la ley sin insistir en que todos los cristianos debieran hacer lo mismo, pero que conocía a otros cristianos judíos que imponían la obediencia a la ley sobre los creyentes gentiles. Justino Mártir era de parecer que los cristianos judíos eran libres de guardar el sábado, pero admitía que había cristianos que no estaban dispuestos a ser tolerantes. (19) Emerge la imagen de un cristianismo judío que, habiendo perdido su influencia sobre la iglesia predominantemente gentil, quedó más y más aislado. Perdió el contacto vital con el cristianismo gentil, de modo que éste quedó mayormente separado de sus raíces jerosolimitanas. Esto ha sido una tragedia para ambas ramas de la iglesia. En tiempos de Ireneo (en el siglo segundo), al cristianismo judío se le consideraba una verdadera herejía. (20) A algunos cristianos judíos se les llamaba ebionitas ("los pobres"), mientras que otros eran llamados nazarenos. Guardaban el sábado y perseveraban en el modo de vida judío. Por lo general, eran vegetarianos. Algunos hasta rehusaban comer... [texto obscuro]. Su héroe era Santiago; su archienemigo era Pablo. La herejía más grave de los ebionitas era no confesar la plena divinidad de Cristo. Además, aunque creían que Jesús era sin pecado, enseñaban que él poseía una naturaleza humana como el

resto de la humanidad (21). Y sin embargo, es un hecho notable que el linaje de los herejes ebionitas se remontaba a los cristianos judíos originales, y aseguran ser los verdaderos sucesores de éstos. James Dunn hace estos iluminadores comentarios acerca de la relación entre los ebionitas y los primeros cristianos:
En realidad, en base a esta evidencia, el cristianismo judío herético de los siglos posteriores podría afirmar, con bastante propiedad, que es el verdadero heredero del cristianismo más primitivo, más que cualquier otra expresión del cristianismo. Sin embargo, ése es sólo un lado del cuadro; dejar sin contestar una afirmación como esa daría una falsa impresión. Porque hay otras dos importantes diferencias entre el ebionismo y el cristianismo primitivo. La primera diferencia podríamos llamarla de tono. La fe y la práctica de la comunidad primitiva de Jerusalén no era algo pensado, claramente cristalizado en debate; era simplemente la primera etapa en el desarrollo de una forma de mesianismo judío al cristianismo propiamente dicho, de la fe judía con algunas peculiaridades a una fe distintivamente cristiana. En consecuencia, emerge una importante diferencia entre las dos formas de cristianismo judío: la práctica y las creencias de la primitiva comunidad jerosolimitana estaban marcadas por el desarrollo y la transición, no había nada fijo ni final, todo era fluido; mientras el ebionismo es una fe auto-consciente sostenida en oposición a otras expresiones de la fe cristiana (notablemente, Pablo), pensada y claramente articulada. Ciertamente puede establecerse un enlace entre las dos, una continuidad de tradición; pero el ebionismo se endureció y petrificó una tradición que inicialmente era fuida y en desarrollo. La segunda diferencia se sigue de la primera -- una diferencia en tiempo. La primitiva fe y práctica de Jerusalén fue el primer intento exploratorio de expresar la novedad de la creencia en Jesús como Mesías, que había resucitado y vendría otra vez -- de expresarla, esto es, en un ambiente totalmente judío. El ebionismo vino a expresarse en unas circunstancias bastante diferentes -cuando el cristianismo se había expandido directamente del judaísmo, y se había convertido en predominantemente gentil -- y, de lo más importante, después de por lo menos varios debates y controversias cruciales acerca de la relación entre la nueva fe y el judaísmo que lo acunó en su infancia. En otras palabras, podríamos justificadamente llegar a la conclusión de que el ebionismo fue rechazado porque, en una situación en vías de desarrollo en que el cristianismo tenía que desarrollarse y cambiar, ¡el ebionismo no lo hizo! He aquí, entonces, una interesante definición de herejía. El cristianismo judío hereje podría reclamar para sí una línea directa de continuidad con la forma más primitiva de cristianismo. Ciertamente podría afirmar estar más de acuerdo con la fe más primitiva que, digamos, Pablo. Si la iglesia más primitiva es la norma de la ortodoxia, entonces el ebionismo da la talla bastante bien; si el primitivismo significa pureza, entonces el ebionismo puede afirmar tener una fe más pura que casi ninguna otra. Pero el ebionismo fue rechazado -- ¿por qué? Porque su fe no se desarrolló como el cristianismo. Se aferró a una expresión de la fe cristiana que era aceptable al comienzo del cristianismo en un contexto de judaísmo. En el ambiente más amplio de los siglos segundo y tercero, con los

documentos formativos del cristianismo ya escritos, el sencillo mesianismo judío simplemente ya no era adecuado. Resumiendo, el cristianismo judío hereje era una forma de cristianismo atrofiado y subdesarrollado, rígido y no apto para ser el vocero del evangelio en una nueva era. (22)

Cuando la iglesia de Jerusalén cesó de ejercer influencia significativa en la iglesia universal, el vacío fue llenado por la iglesia de Roma. Los factores que favorecieron el que Roma asumiera el papel de la iglesia de Jerusalén parecieron ser como sigue:
1. Roma era un segundo centro de Jerusalén. En ella vivían tantos judíos como en Jerusalén. (Aproximadamente 50,000). 2. Roma era el centro del mundo romano. 3. Roma tenía una de las mayores comunidades cristianas de cualquier parte del mundo. 4. Pedro y Pablo habían trabajado en Roma y habían sido martirizados allí.

El comienzo del siglo segundo, Roma reveló una tendencia, no sólo a aconsejar sino a darles órdenes a las otras iglesias. No pasó mucho tiempo antes de que comenzara a emitir decretos sobre en cuáles días debían ayunar los cristianos y en cuáles días del calendario anual y semanal debían celebrar los cristianos los actos redentores de Cristo. Esto está bien documentado en la tesis de Samuele Bacchiocchi, Del Sábado al Domingo. Una nueva clase de legalismo comenzó a levantar la cabeza bien temprano en el siglo segundo. Era la sustitución de una forma de judaísmo por otra. En el devenir de la historia, Roma se volvió tan judaísta en principio como el judaísmo original del cual el cristianismo se había separado.

Notas
(1) F. F. Bruce, Paul: Apostle of the Heart Set Free, pp. 346-347. (2) Robert A. Morey, "Is Sunday the Christian Sabbath?" Baptist Reformation Review 8, no. (1979): 15. (3) Bruce, Paul p. 64. (4) Joseph R. Tyson, A Study of Early Christianity, p. 278. (5) Gerhard Friedrich, ed., Theological Dictionary of the New Testament, p. 127. (6) James D. G. Dunn, Unity and Diversity in the New Testament, p. 127. (7) Idem., p. 238.(8) J. Morgenstern, art. "Sabbath", in George Arthur Butrick, ed., The Interpreter´s Dictionary of the Bible, 4:135. (9) John Richard Sampey. Article: "Sabbath", in James Orr, gen. ed., The International Standard Bible Encyclopedia, 4:2631.

(10) Véase de Samuele Bacchiocchi. From Sabbath to Sunday. (11) Véase de Dunn. Unity and Diversity. (12) Los judíos temerosos de Dios simpatizaban con la religión judía, pero no eran prosélitos por completo. (13) Era costumbre entre algunos gentiles mezclar sangre con el agua de beber. (14) Véase de Bruce, Paul, p. 64. (15) Véase de Martin Hengel. Acts and the History of the Earliest Christianity, pp. 73, 80, 122. (16) Véase de John Gunther, St. Paul´s Opponents and Their Background. (17) Bengt Holmberg, Paul and Power, pp. 4-5. (18) Véase de Ignacio. The Epistle of Ignatius to the Magnesians, in Alexander Roberts and James Donaldson, eds., The Ante-Nicene Fathers, 1:59-65. Véase también de Bacchiocchi, From Sunday to Sabbath, p. 213; Jean Danielou, The Theology of Jewish Christianity, p. 342. (19) Véase de Justino Mártir. Dialogue with Trypho, a Jew, en Roberts and Donaldson, The Ante-Nicene Fathers, 1:218. Véase también de Dunn. Unity and Diversity, p. 240; Henry Chadwick, The Early Church, p. 22. (20) Véase de Chadwick. The Early Church, p. 23. Véase de Dunn. Unity and Diversity, pp. 240-245. (21) Véase ídem. Véase también de Gunther. Paul´s Opponents, pp. 90, 104-105; Danielou. The Theology of Jewish Christianity, pp. 55-63. (22) Dunn. Unity and Diversity, pp. 244-245.

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Capítulo 3 - Las Epístolas Paulinas
Las epístolas del Nuevo Testamento son la última palabra sobre el significado y la aplicación de la fe cristiana. Fueron escritas después de los sucesos descritos en los cuatro evangelios y

después de que Pentecostés había dado a los apóstoles penetración inspirada sobre el significado de lo que había tenido lugar en la muerte y la resurrección de Cristo. Por supuesto, los también los evangelios fueron escritos después de Pentecostés -- aun después de de que Pablo escribió sus epístolas. Pero las epístolas exponen las implicaciones del evento Cristo en la situación real de iglesias específicas. En particular, las epístolas tratan el problema de los gentiles, que fue sin duda el gran problema de la iglesia primitiva. Por otra parte, los evangelios no discuten este problema, sino que registran la tradición de la historia de Jesús hasta el momento de la resurrección. Algunos exponentes radicales de la crítica de la forma sostienen que, cuando escribieron, los cuatro evangelistas simplemente pusieron en la boca de Cristo las palabras que tenían que ver con los puntos en disputa a los que se enfrentaban en la iglesia. Se dice que, por lo tanto, ellos manipularon hábilmente la tradición de Jesús para sus propios fines apologéticos. Sin embargo, nosotros proponemos que la evidencia de los evangelios indica cuán comedidos y exactos fueron los evangelistas al narrar las obras y los dichos de Jesús. Jesús es presentado como un judío verdadero que vivía en una cultura judía. Aunque liberó al sábado de insignificantes restricciones judías, no disuadió a la gente de respetar esta antigua institución. Sin embargo, ¿cómo podría ser usado este hecho para probar que Jesús impuso la observancia del sábado sobre todos sus seguidores para todos los tiempos? Jesús tampoco hizo nada para desalentar a la gente de ofrecer sacrificios, circuncidarse, someterse a las funciones del sacerdocio, y pagar el impuesto del templo. El punto no es si Jesús disuadió a los judíos de vivir como judíos. Ni siquiera los apóstoles que vinieron después de él ordenaron a los cristianos judíos que dejaran de circuncidar a sus hijos, cesaran en la observancia del sábado, o se abstuvieran de observar las leyes alimentarias. El punto es si a los cristianos gentiles se les ordenó observar estas costumbres también. El hecho claro es que los evangelios se concentran en lo que Jesús dijo e hizo antes de Pentecostés. Es claro que no discutió el problema de la observancia del sábado entre las iglesias gentiles. Por otra parte, a Pablo se le encomendó una comisión especial para la gran misión a los gentiles, y él, por lo tanto, discutió la cuestión de si los cristianos gentiles debían estar sujetos a la ley mosaica. La preocupación central de los escritos de Pablo -- especialmente en sus cartas a los gálatas y a los romanos -- era la misión a los gentiles. El apóstol fue llamado del vientre de su madre para la tarea especial de ilustrar a los gentiles, en cumplimiento de la promesa hecha a Abraham, Isaías, y Jeremías (Génesis 12:2-3; Isaías 49;1,6; 60:1-3; Jeremías 1:5; Hechos 9:15, 26:16-18; Gálatas 1:15). Pablo estaba dominado por el abrumador conocimiento de que había llegado la hora decisiva en que el plan secreto de Dios concerniente a las naciones habría de cumplirse. (Efesios 3:2-6). Las puertas que encerraban la generosidad de Dios dentro del judaísmo habían de ser abiertas de par en par, y las naciones habrían de ser invitadas a compartir las bendiciones de Abraham, Cristo había inaugurado un nuevo día en el cual los gentiles podían entrar en la familia de Abraham. Cristo había inaugurado un nuevo día en el cual los gentiles podían entrar en la familia de Abraham sin convertirse en prosélitos de la fe judía. Pablo vio que ellos debían ser evangelizados, no hechos prosélitos. Todas las barreras que impedían a los gentiles abrazar el evangelio habían de ser quitadas. Si las regulaciones del código escrito eran un obstáculo, debían ser hechas a un lado. Era más importante bendecir a otros con el evangelio que preservar las regulaciones de una ley abstracta (compárese Gálatas 2:11-14 con 1 Corintios 9:20-23).

Pablo no guarda silencio sobre la cuestión del sabadismo, como algunos han indicado. La razón de que no guarde silencio sobre este asunto es que él confrontó la tormentosa cuestión de si las iglesias gentiles debían o no sujetarse a las leyes judías. Los cristianos judíos reverenciaban su herencia, y continuaron su modo de vida característicamente judío. Algunos de ellos insistían en que los conversos gentiles también debían ser incorporados a su cultura y vivir como judíos en obediencia a la ley. Si estos cristianos judíos se hubieran salido con la suya, el cristianismo habría permanecido siendo otra secta del judaísmo. Los cristianos de Jerusalén eran demasiado conservadores. Carecían de la amplitud de visión para ver que el mensaje de Cristo había de salir de los estrechos confines de la cultura judía para convertirse en la fe de todas las naciones. Como muchos cristianos hoy en día, identificaron al cristianismo con su propia cultura, y quisieron obligar a otros creyentes a adoptar su propio modelo de vida y culto. La versión de Pablo del cristianismo para los gentiles ganó una gran victoria en la conferencia de Jerusalén (Hechos 15). Esta conferencia decidió que la ley de Moisés no debía ser impuesta a los gentiles. Pero la batalla no había terminado. Las cartas paulinas muestran que el apóstol a los gentiles tuvo que luchar tanto contra el legalismo de los cristianos judíos como contra el antinomianismo de los libertinos griegos. Pero los problemáticos cristianos judíos sobrepujaron al elemento libertino como el problema principal en las iglesias paulinas. En consecuencia, hay muchas alusiones a la presencia de estos agitadores cristianos judíos en cartas como Corintios, Gálatas, Filipenses, Colosenses, Timoteo, y Tito. No siempre agitaban la misma forma de judaísmo cristiano. Aparentemente, había muchas formas de él en el siglo primero, así como había muchas sectas dentro del judaísmo mismo. Pero todos estos agitadores insistían en que al evangelio de Pablo había que añadirle algún aspecto de piedad o preceptos judíos. Las tres cosas principales que caracterizaba a la fe judía eran la circuncisión, el sábado, y las leyes alimentarias. (1) Puesto que éstas eran la herencia de los cristianos judíos, no debe sorprendernos encontrar a Pablo insinuando un conflicto acerca de la circuncisión (Gálatas 5:2-3; Filipenses 3:2-3), y el sábado (Romanos 14:5-6); Gálatas 4:10; Colosenses 2:16-23; 1 Timoteo 4:1-5) dondequiera que los agitadores cristianos judíos habían penetrado. Pablo sólo guarda silencio sobre el sabadismo en que no lo impone sobre sus conversos. Pero ciertamente no guarda silencio sobre el sabadismo. Dada la situación histórica, es difícil argumentar que los siguientes pasajes no se refieren al conflicto sobre el sábado: Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros. -- Gálatas 4:10-11 Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo. -- Colosenses 2:16 Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor. -- Romanos 14:5-6

Puesto que hay buenas razones para sospechar que texto sin contexto es un pretexto, examinaremos cada uno de los pasajes precedentes en su respectivo contexto. ***

Capítulo 4 - Gálatas 4:10,11
Guardáis los días, los meses, los tiempos, y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros. Gálatas 4:10,11. El libro de Gálatas es posiblemente la primera epístola que Pablo escribió. Una fecha plausible es aproximadamente el año 49 d. C. - justo antes de la conferencia de Jerusalén registrada en Hechos 15. Esto significaría que el libro fue escrito en Antioquia justo antes de que Pablo asistiera a la conferencia. Los cristianos de Jerusalén habían llegado a Antioquia arguyendo que, a menos que los creyentes gentiles se circuncidaran y vivieran en sujeción a la ley como los cristianos judíos, no podrían salvarse (Hechos 15:1). Algunos de estos cristianos judaizantes también habían ido a Galacia y persuadido a los conversos de Pablo de que debían circuncidarse y observar "los días, los meses, los tiempos, y los años" (Gálatas 4:10, cf. 5:2-3). Pablo, que ya se ha involucrado en la controversia sobre la "ley" en Antioquia, se indigna cuando recibe el informe de que los agitadores cristianos judíos se habían infiltrado en las iglesias de Galacia. Su carta a los gálatas es su más vehemente defensa de su apostolado y de su evangelio. Se la ha llamado la Carta Magna de la libertad cristiana. En el capítulo uno, Pablo defiende su apostolado. Declara que no había sido comisionado para que predicara por los apóstoles de Jerusalén, sino por Cristo mismo. Obviamente, los infiltrados habían atribuído superioridad a la iglesia de Jerusalén y a sus apóstoles. Sin duda argumentaban que, puesto que todos los apóstoles se habían circuncidado y observaban el calendario sagrado judío, ¿por qué no deberían los cristianos gálatas seguir su ejemplo? En el capítulo 2, Pablo les dice a los gálatas que, cuando los cristianos judíos exigieron que su colaborador, Tito, se circuncidara, éste rehusó ceder a sus exigencias. En esto tenía el apoyo de los apóstoles de Jerusalén (Gálatas 2:2-5) . El incidente de Tito prueba que los infiltrados no estaban diciendo la verdad. Los apóstoles no habían decretado que los gentiles debían circuncidarse. Pablo procede luego a relatar el incidente de Antioquia, en el cual Pedro había sido lo bastante osado para hacer a un lado la ley y participar en camaradería con los gentiles en la misma mesa. Pero cuando estos hermanos de Jerusalén, más conservadores, y que venían "de parte de Santiago", llegaron a Antioquia, Pedro rompió su camaradería con los hermanos gentiles. Su ejemplo influyó para que otros judíos cristianos, incluyendo a Bernabé, hicieran lo mismo (Gálatas 2:11-13).

Pablo relata cuán molesto se sintió por esta hipocresía, y cómo reprendió a Pedro en su propia cara por una actitud que negaba el evangelio (Gálatas 2:14). En este contexto de confrontación con Pedro, Pablo luego se lanza a discutir el tema de la justificación por la fe aparte de las obras de la ley. Su punto es esencialmente que la ley no puede justificar a nadie delante de Dios, sino que sólo puede maldecir y condenar. Si cualquiera confía en la observancia de la ley para ser absuelto en el día del juicio, niega el evangelio y anula la muerte de Cristo (Gálatas 2:16-21). En este punto, hay dos cosas importantes que notar en el argumento de Pablo: Pablo cambia su argumento, alejándose de la circuncisión en particular, y tratando la ley en general. Todas las partes en la disputa de la circuncisión entendían bien que la circuncisión era meramente una señal o símbolo de sujeción a la ley (Romanos 2:25; Gálatas 5:3). El verdadero punto en debate era si los creyentes gentiles debían o no someterse al yugo de la ley judía. La palabra ley (nomos), que se usa repetidamente en Gálatas 2-4, es la contraparte griega de la palabra del Antiguo Testamento, Torah. No se refiere exclusivamente a la ley ceremonial, ni exclusivamente a la ley moral. Significa toda la ley o sistema legal que se le dio a Israel por medio de la administración mosaica (véase Gálatas 3:10-13, 17, 19, 24-25; 4:21-22, donde es manifiestamente imposible restringir el término "ley" a ceremonias o a preceptos éticos). Hoy día podemos distinguir entre ley ceremonial y ley moral, y esta distinción puede ser teológicamente válida. Pero no debemos suponer que los hombres de los tiempos bíblicos usaban nuestras modernas formas de pensamiento. Para el judío, había 613 mandamientos en la Torah, y todos eran considerados deberes morales puesto que habían sido ordenados por Dios. En ninguna parte nos da Pablo una fórmula o una lista para informarnos cuáles leyes del Antiguo Testamento son morales, y cuáles son ceremoniales. (2) Gálatas 2-4 se ocupa del cuerpo de ley entero personificado en el sistema legal judío. Hay dos razones de por qué es vital entender que Pablo abarca la ley como un todo: Es esencial para su argumento sobre la justificación por la obra de Cristo solamente. Si suponemos que Pablo meramente tiene en mente la ley ritual, podríamos llegar a la conclusión de que, aunque la observancia de la ley ritual no juega ningún papel en nuestra aceptación por Dios en el día del juicio, la observación de la ley moral sí lo juega. (3) Pero no ganamos nada si huímos del oso del ritualismo sólo para encontrarnos con el león del moralismo.La salvación por un carácter bueno puede ser una forma más sutil de legalismo que la salvación por el ritualismo. Al usar la palabra ley para incluir a toda la ley, Pablo excluye todo legalismo. El uso totalizado de la palabra ley es vital en el enfoque entero que Pablo hace de la ética cristiana. Aparentemente, los infiltrados de Jerusalén creían que podían ser selectivos con la ley. Pero Pablo era un teólogo demasiado lógico y demasiado bueno para permitir esto. Hasta su adiestramiento rabínico le había enseñado que la violación de una parte de la ley era una violación de toda la ley. (4) Sabía que la ley pronuncia una maldición sobre los que dejan de observarla en su totalidad:
"Todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, porque escrito está: Maldito todo aquél que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas" (Gálatas 3:10). Puesto que la circuncisión es

una señal de haber aceptado el yugo de la ley, Pablo enfatiza su punto con lógica implacable: "Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado a guardar toda la ley" (Gálatas 5:3). Si hay que guardar la ley, hay que guardarla en su totalidad -- todo o nada. El otro lado del argumento es igualmente válido. Si cualquier parte de la ley queda abolida, toda ella queda abolida -- nuevamente todo o nada. (5)

Sin duda, los infiltrados de Jerusalén habían insistido en la reverencia por la ley basándose en su gran antigüedad. ¿No fue dada en Sinaí al nacimiento de la nación hebrea? Sin embargo, Pablo enfrenta este argumento mostrando que su evangelio puede reclamar para sí aún mayor antigüedad. "El evangelio", dice, fue "anunciado...a Abraham de antemano", 430 años antes de que se diera la ley (Gálatas 3:8,17). Además, la herencia estaba basada en una promesa de gracia, más bien que en una recompensa por guardar la ley (Gálatas 3:16-18; cf. Romanos 4:13-16). Naturalmente, surge la pregunta: ¿Por qué era necesaria la ley en absoluto si el pacto, si el pacto de la promesa era completo 430 años antes de que comenzara la dispensación de la ley? Pablo responde que la ley fue una medida temporal y de urgencia y hasta que viniera la edad mesiánica:
Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones, hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa; y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador. Y el mediador no lo es de uno solo; pero Dios es uno. ¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? En ninguna manera; porque si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley. Mas la escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada. De manera que la ley ha sido nuestro ayo, para llevarnos a Cristo, a fin de que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo. - Gálatas 3:19-25.

Aún como rabino, Pablo había aprendido que la era de la ley habría de ser sucedida por la era del Mesías. (6)
Si los "días del Mesías" han comenzado, los días de la Torah han llegado a su fin. Por otra parte, si la Ley, la Torah, todavía conservara su validez, entonces se proclamaría que el Mesías no había llegado. (7)

En Gálatas 3:24, Pablo compara la ley al griego paidagogos, que se traduce de varias maneras, como "ayo", "tutor", "custodio", "guardián". No todos estos términos reflejan con exactitud el significado de paidagogos. En un excelente ensayo sobre "La Ley como Paidagogos", J. M. MacGroman dice:
El término representa una combinación de dos palabras griegas: pais, que significa "muchacho", y agogos, que significa "conductor". Así, paidagogos

significa literalmente "el que conduce a un muchacho". Designaba al hombre, generalmente un esclavo de la casa, al cual el padre, en la sociedad grecorromana, confiaba la crianza de su hijo. Acompañaba al muchacho dondequiera que éste iba, ocupándose de sus necesidades, y era su guía y su protección. Ejercía constante supervisión sobre él desde la niñez hasta la madurez, y tenía autoridad para administrar disciplina según fuera necesario. Llevaba el muchacho al maestro (didaskalos), pero él mismo no era el maestro. A. W. F. Blunt indicaba que el paidagogos generalmente era representado en jarrones y objetos semejantes con una vara en la mano. En una situación escolar, esto garantizaba que el muchacho tuviera la mente puesta en el aprendizaje. La tarea del paidagogos era asegurarse de que el muchacho pasara los años entre la niñez y la adultez de tal manera que estuviera listo para ocupar su lugar en la sociedad como persona madura y responsable. (8)

MacGorman continúa mostrando esto en uno de los diálogos de Sócrates:
El paidagogos era el esclavo a quien el hombre pudiente había encargado su hijo. Habría de continuar con esta responsabilidad hasta que el hijo alcanzara el nivel deseado de madurez y sabiduría. No era el maestro, sino que más bien llevaba al muchacho a su maestro (didaskaloi). Sin embargo, esta tarea no debería ser exagerada hasta oscurecer el hecho de que ejercía una supervisión general del muchacho. No hay ninguna palabra en español que traduzca paidagogos adecuadamente, porque en nuestra cultura nadie lleva a cabo esta función. Las alternativas son, o transliterar la palabra con una breve explicación marginal, o conformarse con algún término funcionalmente descriptivo que será sólo una aproximación. Si se elige este último curso de acción, debería dársele preferencia a los términos que tengan que ver con custodia (por ejemplo, "custodio", "guardián", "asistente"), más bien que términos educativos (por ejemplo, "maestro, "tutor", "instructor", o hasta "pedagogo"). No sólo parece esto más en consonancia con el papel del paidagogos en la antigua sociedad grecorromana, sino que también es apoyado por el contexto inmediato en Gálatas. Pablo escribió en Gálatas 3:23: "Pero antes que viniera esta fe, estábamos detenidos por la ley, confinados para la fe que habría de ser revelada" (traducción del autor). El verbo traducido como "estábamos detenidos" (phroureo) se usó en Filipenses 4:7 con el significado de "mantener bajo guarda" en un sentido protector. Pero aquí significa "detener" en el sentido de retener bajo arresto. Esto queda confirmado por el siguiente participio, "estando encerrados" (sugkleio menoi), que en el Nuevo Testamento ocurre sólo en un sentido restringido. Así, Pablo enseñaba que, antes de que viniera Cristo, ellos estaban encerrados bajo la custodia de la ley. Fue en relación con esto que él introdujo la analogía del paidagogos para representar la función de la ley (Gálatas 3:24-25). Encontramos apoyo adicional para esta interpretación en Gálatas 4:1-7, donde Pablo comparó la ley con los guardianes y los fideicomisarios designados para la custodia de un menor de edad. Aunque destinado a recibir la herencia plena en el momento edstablecido por el padre, el hijo no se diferenciaba en nada de un

esclavo durante los años de su minoría de edad. Nuevamente en la aplicación analogía a la historia de la redención, la venida de Cristo marcaba el fin de la guarda de la ley: "Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos" (Gálatas 4:4-5). Bertram añade: "La calidad de hijos al lado del Padre es bien diferente de la dependencia hasta del mejor pedadogo". ¿Y qué decir de la ley en la actualidad? Ha cumplido su propósito noblemente. Los que han sido justificados por fe en Cristo, los que han entrado en posesión de la herencia plena como hijos, ya no tienen necesidad de la custodia restrictiva de la ley. El intento de los judaizantes de extender el ejercicio del paidagogos más allá de la venida de Cristo había de perder de vista la condición provisional y la función preparatoria de la ley. Habría de anular la gracia de Dios y hacer que la muerte de Cristo en la cruz quedara sin significado alguno. (Gálatas 2:21) (10)

Mientras Gálatas 3:24 asemeja la naturaleza temporal de la ley a la de un paidagogo, Gálatas 4:17 la compara con la de los guardianes y fideicomisarios de un niño pequeño:
Pero también digo: Entretanto que el heredero es niño, en nada difiere del esclavo, aunque es señor de todo; sino que está bajo tutores y curadores hasta el tiempo señalado por el padre. Así también nosotros, cuando éramos niños, estábamos en esclavitud bajo los rudimentos del mundo. Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.

De la misma manera que nosotros debemos gobernar y disciplinar a nuestros niños pequeños por medio de toda clase de reglas y reglamentos ("Acostarse no más tarde de las nueve", "No salir del patio a menos que nos digas a dónde vas", "Comerte todos tus vegetales antes del postre", etc.) la joven nación hebrea, designada como el hijito de Dios (Oseas 11:1-4), tenía que ser gobernada y disciplinada por medio de toda clase de reglas y reglamentos arbitrarios establecidos por Moisés. Pablo dice que esta sujeción a la ley era una especie de "esclavitud bajo los principios básicos del mundo" (Gálatas 4:3). La palabra traducida como "rudimentos" viene de la palabra griega stoicheia, que significa "rudimentos". Evidentemente, la Nueva Versión Internacional [en inglés] interpreta esta expresión como reglamentos elementales, reglas rudimentarias, el ABC, o materias de kindergarten. (11) La ley mosaica obligaba al judío con reglamentos sobre alimentos y bebidas, días santos, días de fiesta, lugares de culto, la siembra y la cosecha, solicitud de préstamos, y devolución de préstamos. Lutero hasta dice que Moisés "llega tan lejos que algunas de las recetas han de ser consideradas como tontas e inútiles". (12) Quizás este comentario es demasiado áspero, pero la estimación de Pablo de las restricciones de la ley no es mucho mejor. En Gálatas 4:9, se atreve a llamarlos "débiles y pobres stoicheia" [rudimentos]. Por supuesto, todo esto era una bofetada para los infiltrados cristianos judíos y sus chocheantes oyentes. Sin duda, los falsos maestros presentaban su "evangelio" de sujeción a la ley como la

enseñanza avanzada para los que querían continuar hacia la perfección (Gálatas 3:3). Pero Pablo se burla de esto diciendo que es regresar a la clase de los bebés. Él ya les había llevado a la avanzada enseñanza del evangelio, que les llamaba a la libertad y a la responsabilidad de de ser hijos crecidos, pero ahora querían regresar a los reglamentos adecuados para infantes. Luego Pablo hace una asombrosa afirmación, que ha dejado perplejos a algunos comentaristas y lanzado a otros fuera del correcto camino exegético. "¿Cómo es que", pregunta el apóstol a sus conversos, "os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? Guardáis los días, los meses, los tiempos, y los años. Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros" (Gálatas 4:9-11). Antes de su conversión, los gálatas no eran judíos, sino paganos. Por lo tanto, algunos comentaristas han llegado a la conclusión de que Pablo los acusa, no de aceptar los reglamentos mosaicos, sino de volver a sus prácticas paganas. Pero esto es inconsistente tanto con el contexto de Gálatas 4 como con el alcance entero de la epístola. Los falsos maestros eran cristianos judíos que insistían que los gálatas deberían sujetarse a las instituciones judías antes que a las paganas.La sugerencia de que Gálatas 4:10 se refiere a los días especiales de las festividades paganas ha sido generalmente desacreditada, y con razón, entre los eruditos bíblicos. Por ejemplo:
Por cuanto el argumento de Pablo está dirigido enteramente contra el judaísmo, se supone que los días se refieren a los días sábado, los meses a los días de la luna nueva, los tiempos a los días de fiesta judíos, y los años al año sabático y al jubileo. (13) Los términos usados (en Gálatas 4:10) se refieren a las leyes mosaicas. (14)

No hay razón para discrepar con el Diccionario Teológico del Nuevo Testamento cuando dice que los "días" de Gálatas 4:10 "son, en primer lugar, sábados, aunque incluyen otros días también, por ejemplo, el Día de Expiación. (15) Hay una razón final y obligante para creer que Gálatas 4:10 se está refiriendo a las leyes sabáticas judías. Gálatas 4:10 y su contexto son similares a Colosenses 2:16 y a su contexto. Ambas epístolas tratan del problema de los intrusos cristianos-judíos. En ambos pasajes, Pablo se burla de la sumisión a los "stoicheia del mundo" (Gálatas 4:3; Col. 2:20). Y en ambos pasajes él habla de la observancia de los días, los meses, y los años.
Gálatas 4:3,10 Stoicheia del mundo... días, y meses, y tiempos, y años especiales. Colosenses 2:16,20... un festival religioso [anual], una celebración de la luna nueva [mensual] o un día de sábado [semanal] ... stoicheia de este mundo.

Pero, ¿cómo puede Pablo acusar a los gálatas de regresar a la esclavitud pagana, cuando ellos no tenían la intención de regresar a la observancia de festivales paganos, sino avanzar a la observancia de las leyes mosaicas dadas por Dios? Pablo discierne la identidad entre la esclavitud de los judíos a los reglamentos mosaicos (Gálatas 4:3) y la esclavitud de los gentiles a los reglamentos paganos. Tanto judíos como paganos estaban en esclavitud bajo los stoicheia de este mundo, y ambos necesitaban ser redimidos de esta "débil y pobre" servidumbre.

Pero nuevamente se interpone la pregunta: ¿Cómo puede decir Pablo que la observancia de los reglamentos judíos dados por Dios es equivalente a la observancia de los reglamentos paganos? En los siguientes comentarios, trataremos de recapturar la fuerza del pensamiento de Pablo. El hombre pagano era incurablemente supersticioso porque era incurablemente religioso. La suya era una religión de tabúes sobre comidas y bebidas, sobre días y lugares - todos ellos elementos carnales, externos, y pueriles (stoicheia) de este mundo. Tenía sus sacrificios, sus ritos supersticiosos, sus altares santos, sus días de buena y de mala suerte, sus augurios, sus aflicciones corporales, y sus recetas inútiles para el mejoramiento moral o la manipulación de los dioses. Dios sabía que el judío no era mejor. En su inmadurez pecaminosa, estaba también incurablemente entregado a ritos externos, altares visibles, ejercicios corporales, tabúes sobre los alimentos, y días de los actuales se había decidido que eran buenos o malos por el movimiento arbitrario de los cuerpos planetarios. Así que Dios tomó a los judíos donde estaban y les dio reglamentos que eran una concesión a la etapa infantil de su desarrollo. Puesto que ellos debían tener stoicheia visibles, carnales, y externos de este mundo, Dios les dio rituales, sacerdotes espléndidamente ataviados, altares, un templo, incienso, sacrificios, reglamentos sobre las comidas y las bebidas, así como un detallado calendario sagrado. Pero Dios quiso consagrar estas cosas para que se convirtieran en ordenanzas para recordar sus poderosas acciones y para que fueran sombra de su salvación venidera en Cristo. Sólo eran "débiles y pobres stoicheia", "reglamentos externos aplicables sólo hasta cuando llegara el nuevo orden" (Hebreos 9:10), o, como decía Pedro, "un yugo que ni nosotros ni nuestros padres hemos podido llevar" (Hechos 15:10). La ley de Dios, administrada por Moisés, era una medida temporal y de urgencia, un paidagogos, stoicheia de este mundo, para preparar a un pueblo para la nueva era del evangelio. ¿Qué son estos "débiles y pobres rudimentos" a los cuales se sujetaban los cristianos gálatas? Pablo menciona algunos de ellos en Gálatas 4:10: "Guardáis los días, los meses, los tiempos, y los años". En Gálatas 5, el apóstol hace sonar la campana de la libertad: "Cristo nos hizo libres... No estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud", apela a los gálatas (Gálatas 5:1). Este yugo es la sujeción a la ley, de la cual sujeción es señal la circuncisión (Gálatas 5: 1,3; comp. con Hechos 15:10). Luego el apóstol hace esta gran declaración, que expresa toda la suma y la sustancia del deber cristiano: "Porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor" (Gálatas 5:6). La fe y el amor lo son todo - son el todo del hombre. Este tema es reiterado por doquier en las epístolas de Pablo (Efesios 1:15; Colosenses 1:4,5; 1 Tesalonicenses 1:3; 3:6; 2 Tesalonicenses 1:3; 1 Timoteo 1:14; 2 Timoteo 1:13). Esta es la verdadera ley tras de la ley. Es la ley eterna tras la ley de Moisés. Quienquiera que entienda a Moisés sabe que el verdadero propósito de la ley es hacer que prevalezcan la fe y el amor. Lutero es lo bastante osado como para decir que todas las leyes deberían ser quebrantadas si entran en conflicto con las exigencias de la fe y el amor - y hasta da ejemplos del Antiguo Testamento para mostrar que algunas veces "reyes, sacerdotes, y dirigentes populares a menudo transgreden atrevidamente las leyes, exigidos por la fe y el amor" (16). A veces, esta ley eterna detrás de la ley temporal puede vislumbrarse en la enseñanza de los profetas. A menudo se burlan del externalismo de la religión de Israel y llaman a una religión verdaderamente espiritual, del corazón. Pero lo que sólo se sugiere en los profetas irrumpe con

transparente claridad en la nueva era del evangelio. Fe en la obra de Dios en favor nuestro en Cristo, y amor por nuestro prójimo, es todo lo que Dios jamás requirió. Esto es lo que Él estaba tratando de inculcar hasta en el sistema legal dado a los judíos. Los pecados del Nuevo Testamento son de dos clases -- pecados contra la fe (Romanos 14:23) y pecados contra el amor (Santiago 4:17). El apóstol Pablo también nos dice que los mandamientos de Dios consisten en la fe en Cristo Jesús y el amor de los unos para con los otros. Cuando Jesús instituyó la cena del nuevo pacto con sus discípulos, les explicó lo que se esperaba de ellos. Así como Moisés escribió lo que se requería del pueblo en un libro antes de sellarlo con sangre, así también Jesús bosquejó lo que se requería de su pueblo antes de sellar el nuevo pacto con su sangre. (17) La participación en el cuerpo y la sangre de Cristo exige esencialmente dos cosas: "Creéis en Dios; creed también en mí... Amaos los unos a los otros como yo os he amado" (Juan 14:1; 15:12). Y en su epístola, Juan dice: "Este es su mandamiento: Que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos unos a otros como nos lo ha mandado" (1 Juan 3:23). Juan advierte a la iglesia que el espíritu del anticristo es negar a Cristo y aborrecer al hermano (1 Juan 2) -- es decir, pecar contra la fe y el amor. Luego, en Gálatas 5, Pablo procede a expresar su gran paradoja cristiana acerca de la libertad de la fe y la servidumbre del amor: "Porque vosotros, hermanos, a libertad fuísteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros" (Gálatas 5:13). A los gálatas se los anima a concentrarse en el amor, porque evidentemente la preocupación de ellos por los reglamentos externos les había alejado de lo que hemos llamado la verdadera ley detrás de la ley. Por eso, Pablo dice:
Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros. Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiéreis. Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a éstas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. -- Gálatas 5:14-23.

Luego, en el capítulo 6, el apóstol usa la palabra "ley" de una manera completamente nueva. A través de toda la epístola, "ley" se ha usado principalmente en un sentido negativo. Pablo reprende a los gálatas por querer estar bajo la "carga" de ella. Ahora señala a los gálatas la dirección de una carga mejor: "Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley

de Cristo" (Gálatas 6:2). La antigua ley es un yugo imposible de llevar (Hechos 15:10; Gálatas 5:1), pero la nueva ley de Cristo es un yugo fácil y ligera su carga (Mateo 11:30). A primera vista (y en realidad al nivel en el que Pablo tiene que dirigirse a los tontos gálatas) hay un gran contraste entre la ley de Moisés y la ley de Cristo. Sin embargo, esto es sólo a causa del velo que está puesto sobre el corazón cuando se lee a Moisés (2 Corintios 3:15). Los profetas sabían que el verdadero espíritu y el verdadero propósito de Moisés eran justicia, misericordia, y fe. La dispensación del evangelio, con su nuevo mandamiento (1 Juan 2:7), realmente no es el repudio de la dispensación legal, sino su cumplimiento (Mateo 5:17; Romanos 3:31, 8:4; Gálatas 5:14). Resumen El sabadista no encontrará ningún apoyo en el libro de Gálatas. Ni puede derivar ningún consuelo del supuesto argumento del silencio. Como hemos visto, Gálatas no guarda silencio acerca de imponer la observancia obligatoria de los días (cualquier día) sobre la conciencia de la gente. Las leyes sabáticas son parte del sistema legal judío, que Pablo designa simplemente como "la ley". (18) La circuncisión es la señal de haber tomado el yugo de la ley - toda la ley. No puede haber selectividad con este corpus llamado "la ley". O la administración mosaica es obligatoria por entero, o ninguna parte de ella es obligatoria. Pablo es claro sobre cuál opción él toma. La era de la ley ha sido reemplazada por la era del Mesías. La dispensación de la ley era una medida de urgencia, temporal y preparatoria. La sujeción a ella era una forma de esclavitud necesaria para el joven pueblo de Dios, pero contraria a la voluntad de Dios para los hijos maduros y completamente crecidos mediante la llegada del evangelio. La observancia de los días, los meses, y los años del calendario judío (o, si viniera al caso, de cualquier calendario), como si ésto fuera de alguna manera necesario para la justificación en el día del juicio, es una negación del evangelio y una forma de esclavitud bajo "los débiles y pobres rudimentos". La fe y el amor son todo lo que Dios requiere. Por supuesto, el Nuevo Testamento da instrucciones concretas sobre el significado de la fe y el amor a la luz de la muerte y la resurrección de Cristo, pero en ninguna parte indica que la fe y el amor significan adhesión a la letra de las leyes sabáticas del Antiguo Testamento.

Notas:
(1) Este es esencialmente el significado de "justificación" -- en Pablo. Es una palabra escatológica que se relaciona con el veredicto de absolución el día del juicio (Romanos 2:13). Los creyentes tienen esta absolución futura en la actualidad por medio de la fe (Mateo 12:36,37; Juan 5:24). (2) Es difícil analizar la ley de Moisés en la suposición de que debemos distinguir cuáles leyes son ceremoniales y cuáles son morales. Tal procedimiento conduce a interminables argumentos sobre leyes alimentarias, leyes sabáticas, leyes sobre los diezmos, etc. Pablo advirtió a Tito contra "necias controversias ... y contenciones y discusiones acerca de la ley" (Tito 3:9). (3) Debemos recordar que la justificación no es meramente una cuestión de iniciación cristiana, sino el veredicto de aceptación en el día del juicio.

(4) Véase de F. F. Bruce, Paul: Apostle of the Heart Set Free, p. 51. (5) "Uno no podría escoger a voluntad entre las ordenanzas de la ley: era todo o nada. La ley pronunciaba una maldición explícita sobre cualquiera que dejara de cumplirla en su totalidad. (Ibid., p. 181). (6) Véase ibid., pp. 70, 181, 190. (7) L. Baeck. "The Faith of Paul", Journal of Jewish Studies 3 (1952): citado en ibid., p. 70. (8) J. W. MacGorman, "The Law as Paidagogos: A Study of Pauline Analogy", in Huber L. Drumwright y Curtis Vaughan, eds., "New Testament Studies", p. 106. (9) Ibid., p. 108. (10) Ibid., p. 110. (11) Stoicheia puede que se refiera simplemente a elementos como comidas, lugares, tiempos (el calendario y el movimiento de los planetas), etc. (12) Martin Luther, "Prefaces to the Old Testament", Luther´s Works, 35:239. (13) Herman N. Ridderbos, The Epistle of Paul to the Churches of Galatia, p. 162. Véanse también sus comentarios en la nota 6. (14) R. C. H. Lenski. The Interpretation of St. Paul´s Epistles to the Colossians, to the Thessalonians, to Timothy, to Titus, and to Philemon, p. 213. (15) Eduard Lohse, art. "The Sabbath in the New Testament", in Gerhard Friedrich, ed., Theological Dictionary of the New Testament, 7:30, nota 232. (16) Luther. "Prefaces to the Old Testament", p. 240. (17) Gran parte del discurso final de Cristo a sus discípulos, registrado en Juan 13-16, está tomado de los capítulos finales de Deuteronomio. Las palabras de Jesús recuerdan la renovación del pacto que hizo Moisés con el pueblo antes de morir. Juan 13-16 es, por lo tanto, relativo al pacto. Aquí se presentan los términos del nuevo pacto. (18) No aparece ninguna ley sabática antes del tiempo del Éxodo y la entrega del pacto a Israel.

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Capítulo 5 - Colosenses 2:16
Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva, o días de reposo.- Colosenses 2:16. La iglesia de Colosas estaba compuesta de cristianos gentiles, y estaba situada en Asia Menor, no lejos de la iglesia de Laodicea. En realidad, Pablo pidió que su carta a los colosenses fuera enviada a los laodicenses. Como la mayoría de las iglesias en esa región, los colosenses eran susceptibles a la influencia del cristianismo judío. Aunque había una similitud básica entre los intrusos cristiano-judíos de Galacia y los de Colosas, había también algunas diferencias. Esto no debería sorprendernos, si recordamos que el judaísmo del siglo primero estaba dividido en muchas sectas, y mostraba una profunda variedad de pensamiento. Había fariseos, esenios, helenistas, zelotes, y apocalipsistas, con divisiones entre estos grupos. Muchos de éstos se hicieron cristianos y, lo que no es extraño, trajeron al cristianismo el colorido de sus antecedentes particulares. Por ejemplo, se reconoce que los intrusos cristiano-judíos en Galacia habían sido fariseos. A finales del último siglo, el erudito inglés, Lightfoot, identificó a los intrusos colosenses como cristianos judíos que habían sido esenios. El descubrimiento de los rollos del Mar Muerto, así como posteriores investigaciones por eruditos en años recientes, han confirmado esencialmente el análisis del error colosense por parte de Lightfoot. Las investigaciones también han indicado que el error colosense era una amalgama del legalismo judío con la astrología oriental del agnosticismo primitivo. (1) En Colosenses 2, Pablo se refiere al interés de los creyentes colosenses por los reglamentos dietéticos ascéticos, y las visiones y los ángeles. Pablo se refiere también a la devoción de ellos por el sábado y el calendario judío. Sabemos que las siguientes eran las características del cristianismo esenio-judío:
1. Por lo general, eran vegetarianos, y algunos hasta prohibían comer huevos. Imponían sus prácticas dietéticas ascetas como ayudas para alcanzar la perfección espiritual. Desafortunadamente, dedicaban más tiempo al relativo valor espiritual de las comidas y las bebidas que el que dedicaban a Cristo. 2. Como apocalipsistas, con sus raíces espirituales en la comunidad de Qumran, se preocupaban de cosas tales como el orden del cosmos, las visiones, y la información especulativa concerniente a los ángeles. 3. Tenían una compleja angelología, que en parte reflejaba la influencia de la astrología oriental. Y, sin embargo, debemos tener cuidado de no exagerar las influencias no judías, porque los apocalipsistas judíos también tenían una historia de interés en la angelología. Creían que los ángeles participaron en la entrega de la ley (una posición que Pablo mismo compartía) [Gálatas 3:19]. Se pensaba que los ángeles protegían los decretos de la ley y castigaban a los

ofensores. Puede que también hayan creído que los ángeles estaban encargados del movimiento de los cuerpos planetarios, y de las estaciones recurrentes. La reverencia por los poderes angélicos se expresaba por la atención a los tabúes sobre las comidas y las bebidas, y por la cuidadosa observancia del calendario sagrado judío, especialmente el sábado.

Los falsos maestros de Colosas dirigían la atención de los creyentes a las prácticas ascéticas, las visiones, los ángeles, los sábados, y el calendario. Mediante estos medios, se suponía que disfrutarían de la "plenitud" (griego: pleroma) en su fe cristiana, una plenitud que no habían alcanzado por medio del evangelio recibido de Pablo (Colosenses 1:19; 2:9). El apóstol responde a esta falsa enseñanza con una incomparable exaltación de la persona y la obra de Cristo. Es en Él donde toda la plenitud de Deidad habita (Colosenses 1:19; 2:9). Es por medio de su obra en la cruz como Dios reconcilia todas las cosas a sí mismo y presenta a todos los creyentes santos y libres "de toda acusación" (Colosenses 1:2-23). Pablo afirma que Dios le comisionó "para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios" (Colosenses 1:25). El Cristo que está presente en la congregación en su evangelio es la esperanza de gloria de la iglesia, porque es por medio de él que todo hombre es presentado perfecto (Colosenses 1:27,28). Los que están firmes en este evangelio y permanecen en esta fe (Colosenses 1:23: 2:6) no carecen absolutamente de nada, porque en Cristo se encuentran todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento (Colosenses 2:3) y toda la plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9). Los creyentes están "completos en él" (Colosenses 2:10). Cristo está por encima de todo poder y autoridad (Colosenses 2:10). No hay necesidad de temer, aplacar, o reverenciar los poderes angélicos. Luego, Pablo declara que la verdadera circuncisión ha tenido lugar por medio del bautismo de la iglesia en la muerte y la resurrección de Cristo (Colosenses 2:11-12) (2). Continúa con este pasaje, tan pertinente a la cuestión sabadista:
Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz. Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo. Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, y no asiéndose de la Cabeza, en virtud de quien todo el cuerpo, nutriéndose y uniéndose por las coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que da Dios. Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso? Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor contra los apetitos de la carne. -Colosenses 2:13-23.

Pablo prefacia su ataque contra los visionarios judíos ascéticos con una afirmación de la victoria de Cristo sobre nuestros mayores enemigos. Primero, perdonó todos nuestros pecados (Colosenses 2:13). Segundo, anuló "el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz" (Colosenses 2:14). Tercero, despojó "a los principados y a las potestades" que amenazaban con esclavizarnos (Colosenses 2:15). Se declara que la cruz es el instrumento del triple triunfo de Cristo. El segundo aspecto del triple triunfo de Cristo exige ahora nuestra mayor atención. ¿Qué significa Colosenses 2:14: "... anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz"? Los puritanos, que eran grandes sabadistas, hicieron valerosos esfuerzos para probar que este pasaje se refiere solamente a la ley ritual. Se sintieron constreñidos a hacer esto para mantener su defensa del sabadismo y su oposición al antinomianismo. Tradicionalmente, los Adventistas del Séptimo Día también han seguido esta interpretación. (3) El problema con esta interpretación es que Pablo no establece una distinción clara entre la ley moral y la ley ceremonial. Por supuesto, hay una diferencia entre los rituales externos temporales y los principios éticos eternos. Pero, como ya hemos visto en nuestro examen del libro de Gálatas, es característico de Pablo tratar la ley en su totalidad. En ninguna parte nos da una fórmula para establecer qué partes de la ley del Antiguo Testamento son morales y qué partes son ceremoniales. Más recientemente en la historia de la interpretación, algunos comentaristas han visto en Colosenses 2:14 una referencia a un pagaré. Señalan que la expresión traducida como "acta de los decretos" viene de la palabra griega cheirographon, que significa un documento manuscrito o alguna clase de obligación legal. Los eruditos han descubierto casos en que la palabra cheirographon se usó en tiempos antiguos para referirse a un documento firmado estableciendo una deuda (una especie de pagaré). Debería señalarse, sin embargo, que la mayoría de los eruditos que sugieren esta interpretación reconocen que un pagaré y las regulaciones de la ley son la misma cosa. (4) El erudito adventista, Samuele Bacchiocchi, arguye que el cheirographon de Colosenses 2:14 no se refiere a la ley en absoluto, sino que es simplemente "el instrumento para recordar el pecado" o "el registro de nuestros pecados". (5) Bacchiocchi reconoce que, si este pasaje paulino se refiere a las ordenanzas de la ley mosaica, "existe la legítima posibilidad de que el sábado pueda estar incluído entre las ordenanzas clavadas en la cruz". (6) Pero cree que esta interpretación de cheirographon releva al sabadismo de cualquier situación embarazosa. Sin embargo, hay una gran debilidad en el argumento de Bacchiocchi sobre la palabra cheirographon. El significado de cheirographon como pagaré es sólo un significado de la palabra en el idioma griego no bíblico. Lenski señala que cheirographon no siempre se refiere a un documento de deuda, sino que puede referirse a un contrato laboral, a un documento que concede autoridad para actuar y hasta para celebrar acuerdos comerciales. (7) Por lo tanto, conduce a una errónea interpretación decir que cheirographon significa un instrumento para recordar o registrar una deuda. Significa simplemente un documento escrito. La clase de documento escrito al que alude Colosenses 2:14 debe ser establecida por su contexto.

No se nos ha dejado en duda en cuanto a la clase de documento escrito al que se refiere Pablo. El cheirographon consiste de "ordenanzas", "decretos" (de la palabra griega dogmasin). Colosenses 2:14 no está describiendo un documento que hemos firmado, mucho menos escrito, sino algo que ha sido escrito en decretos divinos. La misma palabra dogmasin aparece en Efesios 2:15, en que Pablo obviamente discute el ministerio mosaico de la ley. Que Colosenses 2:14 y Efesios 2:15 tienen que ver con el mismo documento queda indicado por la siguiente comparación: (8)
Colosenses 2:14: ... anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz. Efesios 2:15: ... aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas.

Cuando examinamos el contexto de Colosenses 2:14, vemos que el texto está precedido por una referencia a la circuncisión, y está seguido por una referencia a días de fiesta, lunas nuevas, y sábados. Luego, Pablo llama a estas ordenanzas "rudimentos [stoicheia] de este mundo" (Colosenses 2:20), de la misma manera que lo hizo en Gálatas 4. Además, Pablo escribe para oponerse a los cristianos judíos que están imponiendo la ley a los cristianos gentiles. Por lo tanto, la Nueva Versión Internacional [en inglés], traduce con jsuticia la frase cheirographon tois dogmasin como el acta de los decretos. Bacchiocchi ve una abrumadora objeción a esta sencilla y directa interpretación de Colosenses 2:14. ¿Cómo puede Dios ser representado como crucificando la santa ley mosaica? (Romanos 7:12). ¿Cómo puede quitarse la culpa destruyendo los códigos legales? (9) Con tales preguntas, Bacchiocchi permite que sus presuposiciones teológicas invaliden el llano sentido del pasaje. Sin embargo, queremos indicar que el problema se resuelve, no calificando o suavizando lo que dice el apóstol, sino permitiendo que Pablo exponga su caso a su manera, sin importar lo que eso les haga a nuestras presuposiciones. Debemos resistir la tentación de cortar y retorcer las palabras de Pablo para ajustarlas a nuestro propio sistema. Por contrario que pueda sonar a nuestra ética teológica, por mucho que temamos al antinomianismo, no podemos escapar a la declaración de Pablo de que las ordenanzas de la ley mosaica han sido clavadas en la cruz. Si al lector le es difícil aceptar esto, le pedimos que tenga paciencia, pues és no es todo el cuadro paulino de la cuestión de la ley -- como veremos en el siguiente capítulo. El tercer aspecto de la victoria de Cristo es su triunfo sobre "los principados y las potestades" (Colosenses 2:15). Éstas, junto con el pecado y la ley, son representados como teniéndonos en esclavitud. En vista del triple triunfo de nuestro Señor, el apóstol luego declara:
Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo de Cristo. Pues si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si viviéseis en el mundo, os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aun toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres, cosas que todas se destruyen con el uso?Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne. -- Colosenses 2:16,17,20-23.

El contexto exige que entendamos "una festividad religiosa, una celebración de luna nueva o un día de sábado" como las ordenanzas del calendario sagrado judío. Los puritanos, y los Adventistas del Séptimo Día que los siguen, han argüído que Pablo no está hablando del sábado del Decálogo, sino sólo de los sábados de la ley ceremonial. Aparte de las presuposiciones teológicas que hacen difícil que ellos vean que Pablo pudo haber estado hablando del sábado, ellos han "visto" dos cosas en Colosenses 2 que parecen justificar su posición:
1. Arguyen que había dos tipos de sábados en el Antiguo Testamento -- el sábado semanal del Decálogo y los sábados ceremoniales de las festividades anuales (Levítico 23). 2. También arguyen que el sábado bajo consideración en Colosenses 2 es "sombra de lo que habría de venir" (Colosenses 2:17). Puesto que el sábado semanal era un recordatorio de la creación (Éxodo 20:8-11), arguyen que no podría ser llamado una "sombra" (Génesis 2:2-3). Por lo tanto, Colosenses 2:16 debe referirse a los días de reposo ceremoniales descritos en Levítico 23. (10).

Estos argumentos no son sólidos por las siguientes razones:
1. Los tiempos sagrados de Colosenses 2:16 son llamados "una festividad religiosa, una celebración de luna nueva, o un día de sábado". La secuencia "implica observancias anuales, mensuales y semanales". (11) Bacchiocchi concuerda, y hasta dice que esto es "el consenso unánime de los comentaristas". (12) 2. Esta misma secuencia anual, mensual, y semanal aparece cinco veces en la Septuaginta -- es decir, 2 Crónicas 2:4; 31:3; Nehemías 10:33; Ezequiel 45:17; Oseas 2:11. 3. Cada vez que el Antiguo Testamento relaciona la celebración de la luna nueva con el sábado, como en Colosenses 2:16, se refiere al sábado semanal (2 Reyes 4:23; 1 Crónicas 23:31; 2 Crónicas 2:4; Nehemías 10:33; Isaías 1:13; 66:23; Ezequiel 45:17; 46:1; Oseas 2:11; Amós 8:5). 4. Cuando el Antiguo Testamento se refiere a los sábados anuales, como el Día de Expiación (Levítico 23), los llama "días de reposo", que la Septuaginta consistentemente traduce con la expresión compuesta griega sabbata sabbaton. Colosenses 2:16 dice simplemente sabbaton, la misma palabra usada en Mateo 8:1 para el sábado semanal. (13) 5. Se ha argumentado que, puesto que Pablo llama al sábado de Colosenses 2:16 "sombra de lo que había de venir", no podría haberse estado refiriendo al sábado del Decálogo. Pero Colosenses 1:16 ya ha declarado que todas las cosas fueron hechas por Cristo y existen para él. Adán mismo era "figura del que había de venir" (Romanos 5:14). Por supuesto, el sábado, como todas las grandes festividades registradas en el Antiguo Testamento, se instituyó para apuntar hacia atrás, a los poderosos actos de Dios en la creación o en el Éxodo. Pero no sólo apuntaba hacia atrás; también apuntaba hacia adelante, a la nueva creación de Dios y a un nuevo acto de liberación al final de los tiempos. Era

común que los judíos hablaran del sábado como un anticipo del sábado sin fin en la era por venir. (14) Hebreos 4 es fiel a esta tradición cuando teológicamente enlaza el reposo del séptimo día con el reposo que se nos ofrece en el evangelio.

Por lo tanto, no podemos evitar la conclusión de que Colosenses 2:16 se refiere al sábado semanal. Bacchiocchi concuerda con esto, pero entonces usa un nuevo enfoque para defender el sabadismo. Arguye que Pablo no condena la observancia del sábado como tal, sino sólo su perversión por las restricciones y la astrología oriental de los judíos. Aquí Bacchiocchi está en lo cierto parcialmente. Como veremos en el siguiente capítulo, Pablo no condenaba a los cristianos romanos que guardaban el sábado para el Señor (Romanos 14:5-6). Sin embargo, el apóstol no aprueba que se haga de la celebración del sábado una ley que obligue la conciencia. Pablo no sólo les dice a los colosenses que las pervertidas ordenanzas de los falsos maestros fueron clavadas en la cruz, sino que quita todo el fundamento bajo sus pies diciendo que hasta los decretos divinos con respecto al sábado han sido cancelados. Es como si Pablo estuviera diciendo en Colosenses 2:14,16: "Si Dios ha cancelado las ordenanzas de su código escrito, ustedes no tienen que someterse a las ordenanzas supuestamente impuestas por los ángeles o por sus agentes". Además, es el sábado del Antiguo Testamento, más bien que el pervertido sábado de los ascetas judíos, lo que es "sombra de lo que había de venir". Pablo no está diciendo meramente que las perversiones del sábado por parte de los judíos no son obligatorias sobre la conciencia. Dice que el sábado que era una verdadera sombra de Cristo ya no es obligatorio para la conciencia. Hay un atisbo de que los intrusos colosenses estaban enseñando que los poderes angélicos gobernaban el curso de los planetas y otros cuerpos celestes. Observar el calendario judío era, por lo tanto, una señal de sometimiento a la autoridad de ellos. Pero, aunque uno no crea que los ángeles gobiernan el movimiento de los cuerpos celestes, ¿no significa la sujeción a un calendario en cuestiones religiosas un infantil sometimiento a los "rudimentos del mundo" (Gálatas 4:1-5)? ¿Hace justicia esta clase de sometimiento a la libertad de los que por el evangelio han alcanzado la madurez y los que, en virtud de su unión con Cristo, tienen dominio sobre el orden creado? (Génesis 1:28,29). ¿No está Pablo diciéndonos en Gálatas 4 y Colosenses 2 que las conciencias de los que se han graduado de la clase de bebés no están gobernados por el movimiento de los cuerpos planetarios o regulados por el calendario? Conclusión Debemos llegar a la conclusión de que los grandes maestros de la iglesia cristiana, desde Ignacio hasta Jerónimo, y desde Agustín hasta Lutero y Calvino, tenían razones válidas para decir que las leyes sabáticas del Antiguo Testamento no son obligatorias para la conciencia del cristiano. Simplemente aceptaron Colosenses 2:16 como la palabra final sobre la materia.

Notas:
(1) Véase C.F.D. Moule, The Birth of the New Testament, p. 154.

(2) Esta es otra indicación de que los opositores de Pablo eran judíos. (3) Véase de Ellen G. White, Patriarchs and Prophets (Mountain View, Calif., Pacific Press Publishing Assn., 1958) p. 365. (4) Véase de Archibald Thomas Robertson, Word Pictures in the New Testament, 4:494; E. K. Simpson y F. F. Bruce, Commentary on the Epistles to the Ephesians and the Colossians, pp. 237-238. (5) Samuele Bacchiocchi. From Sabbath to Sunday; pp. 350-351. (6) Íbid., p. 348. (7) Véase R. C. H. Lenski. The Interpretation of St. Paul´s Epistles to the Colossians, to the Thessalonians, to Timothy, to Titus and to Philemon, p. 114. (8) El Comentario Adventista del Séptimo Día presenta una explicación más sobria de Colosenses 2:14 que Bacchiocchi. El Comentario reconoce que tanto Colosenses 2:14 como Efesios 2:15 discuten la ley mosaica. Véase Francis D. Nichol, ed. The Seventh-day Adventist Bible Commentary, 7:204. (9) Véase de Bacchiocchi, From Sabbath to Sunday, p. 348. (10) Véase de Nichol. The Seventh-day Adventist Commentary, 7:204: White, Patriarchs and Prophets, pp. 48, 365. Es interesante que, sobre este punto, Bacchiocchi disiente de la posición del Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día y Ellen G. White. Él reconoce que Colosenses 2:16 es una referencia al sábado semanal, y presenta argumentos que destruyen la tradicional explicación sabadista de este pasaje. (11) John J. Gunther. St. Paul´s Opponents and Their Background, p. 89. (12) Bacchiocchi. From Sabbath to Sunday, p. 358. (13) Sabbaton es sólo una de varias palabras griegas que son plurales en forma pero algunas veces singulares en significado. Ningún erudito informado puede considerar seriamente el argumento de que el sabbaton de Colosenses 2:16 es plural y que, por lo tanto, debe referirse a los sábados ceremoniales de Levítico 16. Bacchiocchi declara inexorablemente: "Colosenses 2:16 no puede referirse a ninguno de los sábados ceremoniales anuales" (ibid., p. 360). ¡Un erudito adventista tiene que ser osado para contradecir a Ellen G. White tan obviamente! (14) Véase Gerhard Friedrich. Theological Dictionary of the New Testament, 7:8.

Capítulo 6 - Romanos 14:5
Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. - Romanos 14:5 El libro de Romanos probablemente se escribió aproximadamente diez años después del libro de Gálatas. La mayoría de los comentaristas parecen creer que Romanos es una ampliación del mensaje a los gálatas. Existe alguna discrepancia entre algunos eruditos en cuanto a si Gálatas o Romanos debería ser considerado como la declaración primaria de la tesis paulina sobre la ley y la gracia. Sin embargo, no es difícil demostrar que el tratamiento de la ley por parte de Pablo en el libro de Romanos es, en algunos respectos, bastante diferente de la manera en que trata la ley en el libro de Gálatas. Existe considerable confusión porque se supone demasiado rápidamente que uno de los libros es apenas una ampliación del otro. La manera en que Pablo discute la ley en Gálatas es abrumadoramente negativa. Dice que la ley se introdujo como una medida temporal y de urgencia, 430 años después de que el pacto de la promesa fue dado a Abraham. La ley era un paidagogos cuyo mandato terminaba a la venida de Cristo (Gálatas 3:19). Fue un guardián durante la infancia de Israel. Sus ordenanzas tenían al pueblo "en esclavitud bajo los rudimentos del mundo" hasta que Cristo vino a redimirles (Gálatas 4:1-5). La énfasis esencial de Colosenses no es en manera alguna diferente. El "acta de los decretos" fue clavada en la cruz (Colosenses 2:14). Efesios 2:14-15 dice esencialmente lo mismo.
Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas.

En este pasaje, Pablo alude probablemente al velo en los recintos del atrio en el templo, que separaba a los judíos de los gentiles. La ley le daba al judío ocasión de despreciar a los gentiles, y a los gentiles ocasión de odiar a los judíos. Los tres principales aspectos de la ley que hacían conspicua esta separación eran la circuncisión, el sábado, y las leyes alimentarias. El apóstol declara que Cristo ha quitado la hostilidad entre judíos y gentiles aboliendo en su carne la ley con sus mandamientos y ordenanzas. Aquí se designa la ley o dispensación entera porque, como hemos visto, para Pablo no hay selectividad para con la ley. En 2 Corintios, Pablo confronta nuevamente el problema de los cristianos judíos infiltrados (2 Corintios 11:22). En el capítulo 3, declara que el ministerio de la letra, "grabado... en tablas de piedra", ha sido reemplazado por el ministerio del Espíritu "escrito... en tablas de carne del corazón" (2 Corintios 3:3-11).

El tono de las epístolas pastorales paulinas es bastante similar al de 2 Corintios, Gálatas, Efesios, y Colosenses. Pablo todavía está librando su batalla con los cristianos judíos, por una parte, y con los libertinos, por la otra -- pero más con los primeros que con los últimos. La meta de su enseñanza, declara el apóstol, "es amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida" (1 Timoteo 1:5). Luego añade:
De las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería, queriendo ser doctores de la ley, sin entender ni lo que hablan. Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado. -- 1 Timoteo 1:6-11

A través de sus cartas a Timoteo y a Tito, Pablo enfatiza claramente la fe y el amor, expresados en justicia, piedad, paciencia, bondad, humildad, etc. (1 Timoteo 1:14, 4:12, 6:11-12; 2 Timoteo 1:13, 2:18, 3:10; Tito 2:2, 11-14, 3:1-2). Advierte a los jóvenes pastores contra "el contender sobre palabras" (2 Timoteo 2:14), "cuestiones necias e insensatas" (2 Timoteo 2:23), "los de la circuncisión" (Tito 1:10), "fábulas judaicas" (Tito 1:14), y "discusiones acerca de la ley" (Tito 3:9). Aparentemente, la "vana palabrería" a la que él ataca constantemente en estas cartas viene de los que "quieren ser maestros de la ley" (1 Timoteo 1:6-11). Así, en el contexto de oponerse a los cristianos judíos que insisten en imponer la ley sobre los creyentes gentiles (que es el trasfondo de 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Colosenses, 1 y 2 Timoteo, y Tito), la estimación de la ley por parte de Pablo es consistentemente negativa. Sin embargo, en el libro de Romanos encontramos una apreciación de la ley por completo diferente. Aquí el apóstol tienen muchas afirmaciones positivas que hacer acerca de ello. Lejos de decir que la ley ha sido abolida (Efesios 2:14,15) o clavada en la cruz (Colosenses 2:14), Romanos declara que la ley medirá la justicia de todos los hombres en el día del juicio . Sólo los que alcancen lo que la ley requiere serán justificados (Romanos 2:12-16). Lejos de abolir la ley, los que ponen su fe en la gran transacción en el Calvario "confirman la ley" (Romanos 3:31). El apóstol puede hasta decir: "Según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios" (Romanos 7:22; compárese con Salmos 119). En Romanos 8, Pablo procede a decir que, en Cristo, Dios hizo por nosotros lo que la ley no podía hacer, "para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Romanos 8:3-4 . Luego sigue la afirmación más positiva de todas: "Los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden" (Romanos 8:7). La inferencia aquí es que el hombre espiritual es el que está sujeto a la ley. ¡Esto difícilmente suena como que Pablo está diciendo que la ley ha sido abolida! ¿Cómo explicamos una estimación tan positiva de la ley en vista de lo que Pablo ha dicho en el libro de Gálatas? ¿Cómo puede el apóstol reprender a los gálatas por querer estar sujetos a la ley, pero decirles a los romanos que los que son hostiles a Dios no están sujetos a ella?

La respuesta a este problema no se encontrará diciendo que Pablo denigra la ley ceremonial en Gálatas, mientras alaba la ley moral en Romanos. Como ya hemos visto, el apóstol no establece una clara distinción entre los aspectos ceremoniales y morales de la ley. Más bien, Pablo trata la ley como un todo. Es decepcionante leer los comentarios que la mayoría de los eruditos en la tradición reformada hacen sobre Gálatas. Ellos usan el libro de Romanos para embotar el filo agudo y cortante del libro de Gálatas. No le permiten a Pablo decir lo que tiene que decir en Gálatas sin modificarlo y rodearlo de afirmaciones tomadas del libro de Romanos. Puede ser teológicamente correcto decir que la ley se convierte en una norma de vida para el creyente regenerado. Puede haber verdad en el dicho puritano de que la ley nos señala a Cristo como el camino de la salvación, y que Cristo nos señala hacia atrás, hacia la ley, como norma de conducta. Pero esto no es lo que Pablo dice en Gálatas. En Gálatas, él no dice nada acerca de la ley como norma de conducta después de que Cristo ha venido. Más bien, dice que el que ha sido justificado ya no necesita el paidagogos. Por otra parte, los que derivan su tesis principal sobre la ley y la gracia del libro de Gálatas no hacen justicia a las afirmaciones positivas sobre la ley en el libro de Romanos. Se inclinan a embotar el filo agudo de Romanos importando comentarios del libro de Gálatas, pero deberíamos permitir que las palabras de Pablo tuvieran su fuerza plena tanto en Gálatas como en Romanos. La verdad jamás se encuentrará embotando el agudo filo de la paradoja bíblica o buscando alguna posición intermedia entre los dos polos. Debemos aceptar la aguda verdad de perspectivas aparentemente contradictorias. Esto no significa que la verdad es una contradicción. No hay contradicción entre Gálatas y Romanos. En Gálatas (y en 2 Corintios, Efesios, y Colosenses), Pablo discute la ley como es ministrada en el sistema legal mosaico. En él, los deberes religiosos y éticos son puestos en un rígido código escrito. El bien y el mal son definidos por la letra de la ley. La conducta es controlada por una multitud de ordenanzas, muchas de ellas bastante arbitrarias. Todo el ministerio mosaico de la ley se presenta como un infantil enfoque reglamentario de lo que es correcto y lo que no lo es, que los creyentes adultos en el evangelio ya no deben tolerar. Además, Romanos no fue escrito para la iglesia gentil sino para una comunidad mixta gentiljudía. Había tantos judíos en Roma en el siglo primero como en Jerusalén (aproximadamente 50.000). Una rama de la iglesia de Roma estaba compuesta de cristianos judíos. Evidentemente, Pablo respetaba demasiado las sensibilidades de ellos acerca de la ley como para enfocar la cuestión de la ley como lo hizo en su carta a los gálatas. Comenzó su carta a los romanos enfocando la ley como un modelo divino, más bien que como un código de ordenanzas. Con la palabra "modelo" no queremos decir un libro de reglas que define ordenanzas precisas sobre dónde y cuándo tener culto, qué comer, etc. Esta no es la clase de modelo al que Pablo se refiere en Romanos, pues dice que hasta los gentiles, "que no tienen ley [como un modelo escrito],... muestran la obra de la ley escrita en sus corazones" (Romanos 2:14-15). Es obvio que los gentiles no tenían cosas externas, como el sábado, las leyes alimentarias, las leyes sacrificiales, y muchas otras ordenanzas mosaicas, escritas en sus corazones. Pero sí tenían escrita en sus corazones la conciencia de su responsabilidad hacia Dios, a cuya imagen habían sido creados. Por lo tanto,

estas afirmaciones positivas sobre la ley no se refieren a las ordenanzas del código mosaico sino a la verdadera intención del espíritu de la ley (Romanos 7:6). Ya sea en forma escrita (como fue dada a los judíos) o en forma no escrita (como la poseían los gentiles), la ley es un deber implacable que acusa a los que dejan de vivir a la altura de sus demandas. Detrás de las ordenanzas mosaicas estaba el mandato divino a menudo repetido: "Santo serás, pues yo soy santo". El ministerio mosaico dejó clara una cosa - la ley era implacable en su exigencia de total fidelidad a la voluntad de Dios. Y sin embargo, hasta la conciencia del pagano era un eco de la justicia divina que requerirá una vida sin mancha en el día del juicio. La justicia requiere del hombre exactamente lo que siempre ha requerido - una vida en perfecta armonía con el carácter de Dios. El problema humano es que nadie puede cumplir las demandas de este modelo divino. Pero el evangelio proclama que una justicia así puede hallarse por fe en la justicia de aquel Sustituto que vivió y murió en nuestro lugar. La muerte de Cristo no niega el modelo de justicia exigida por la ley, ni en su forma escrita ni en la no escrita, sino que rinde tributo a la ley. El evangelio de Cristo no embota el agudo filo de este modelo perfecto, sino que lo afina más allá de su expresión bajo el ministerio mosaico. Los principios éticos eternos que se encuentran en el Antiguo Testamento son incorporados y se les da gran profundidad y espiritualidad en el Nuevo Testamento. Cuando el Nuevo Testamento exige fe y amor como el todo del hombre, no presenta un modelo nuevo, sino el verdadero propósito de la ley de Moisés. Los justos requerimientos de la ley que son cumplidos en el creyente (Romanos 8:4) no son el cumplimiento meticuloso de la letra de las ordenanzas mosaicas. En Romanos 7:1-7, (un pasaje que se acerca lo más posible al pensamiento de Gálatas), Pablo dice que, por medio de la muerte de Cristo, él está muerto a esta clase de obediencia. Pablo ahora sirve "bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra" (Romanos 7:6). Esa nueva manera es la manera de la fe y el amor, que se desarrolla en la instrucción práctica que se da en Romanos 12-15. Aquí hay una sujeción a la ley de Dios por parte del creyente, pero no es una sujeción a la letra del código mosaico. Antes de su conversión, Pablo estaba casado con la letra de la ley. Esta devoción a la ley hizo de Pablo un blasfemo y perseguidor de la iglesia. Cuando Pedro se retiró de la mesa y no quiso comer con los gentiles, no hizo nada contra el código escrito. En realidad, estaba presionado por la delegación de Jerusalén para que cumpliera con las estipulaciones del código escrito. Y sin embargo, Pablo reprochó su conducta porque "no andaba rectamente conforme a la verdad del evangelio" (Gálatas 2:14). Por otro lado, David y sus hombres comieron el pan de la proposición, lo cual estaba prohibido por la letra del código mosaico. Y Joiada llevó a cabo una insurrección armada contra la malvada reina Atalía en un día sábado (2 Reyes 1:5, 7,9). Estas acciones eran contrarias a la letra del código mosaico, pero se registran en la Biblia como actos de justicia. Lutero cita otros ejemplos del Antiguo Testamento en los cuales algunos hombres osadamente transgredieron el código escrito por exigencias de la fe y el amor. Es posible obedecer la letra de la ley y hacer lo malo (como Pedro) o transgredir la letra de la ley y hacer lo bueno (como David). Un código de ordenanzas no puede cubrir adecuadamente cosas tales como la ira apresurada, el juicio prematuro, un espíritu vengativo, o la falta de humildad. Ni puede representar adecuadamente los más nobles atributos del espíritu humano. Por ejemplo, los padres pueden

imponer reglas de conducta sobre sus niños pequeños con el propósito de prepararlos para que sean considerados con los demás. Pero es posible que un niño cumpla con estas reglas sin ser considerado. Un libro de reglas no puede ni hacer cumplir ni producir un buen carácter. Los profetas del Antiguo Testamento son precursores de Jesús y los apóstoles en expresar desdén por la religión de externalismos. Hablan de un nuevo pacto por venir, en el cual el verdadero espíritu de la ley estará escrito en el corazón. Pero lo que sólo es sugerido por los profetas es expresado por Pablo con revolucionaria claridad. Antes de su conversión, la ley como código escrito era el centro de la vida de Pablo. De hecho, estaba "casado" con ella (Romanos 7). Pero, después de su experiencia en el camino a Damasco, Cristo se convirtió en el centro de su vida. Entonces supo que "cuando alguien se vuelve al Señor, el velo [que cubre el corazón cuando se lee a Moisés] se le quita" (2 Corintios 3:15-16). Cayó en la cuenta de que el ministerio de Moisés, que requería cumplir con la letra de sus ordenanzas, tenía que fenecer y ser reemplazado por el superior ministerio del Espíritu. Sin embargo, este nuevo modo de obedecer, que brota de la devoción por Cristo, no niega el modelo de la ley sino que lo cumple. El verdadero propósito de la ley de Moisés era "verdad en lo íntimo" (Salmos 51:6). La ley como "letra" o "código escrito" es una "ley del pecado y de la muerte" porque no restringe el pecado sino que en realidad estimula toda clase de males (Romanos 7:8-13). Pero "la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús" libera al creyente "de la ley del pecado y de la muerte" para que el verdadero propósito de la ley -- fe y amor -- pueda convertirse en realidad en su vida (Romanos 8:2-4). Cuando Pablo considera la ética cristiana en Romanos 12-15, podemos llamar a esto "el tercer uso de la ley" según la teología reformada. Cualquier imperativo, cualquier "deber", es ley. En este sentido, se ha impuesto mucha ley sobre los cristianos en las epístolas paulinas. Pero la ética de Romanos 12-15 no restaura la letra del código legal mosaico para convertir a los cristianos en esclavos de ordenanzas arbitrarias nuevamente. Después de mostrar que el verdadero propósito de la ley es el amor (Romanos 13:8-10), Pablo procede a describir lo que esto significa en la situación concreta que existía en la iglesia de Roma. Esta comunidad cristiana estaba compuesta tanto de judíos como de gentiles. Sus iglesias eran pequeños grupos que se reunían en los hogares. Había gran diversidad entre ellos. La evidencia de las catacumbas indica que, no sólo se reunían en diferentes localidades, sino en ocasiones diferentes. Algunas reuniones de culto se tenían en hebreo, otras en griego. Los cristianos judíos tenían escrúpulos acerca de comer alimentos que habían sido consagrados a ídolos, o alimentos inmundos. Otros no tenían estos escrúpulos porque no tenían experiencia con las leyes alimentarias judías. Algunos creían en abstenerse totalmente de beber vino; otros no. Había también diferencias acerca de las festividades. Los cristianos judíos eran sabadistas. Este es el contexto del siguiente pasaje:
Uno hace diferencia entre día y día; otro juzga iguales todos los días. Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. El que hace caso del día, lo hace para el Señor: y el que no hace caso del día, para el Señor no lo hace. El que come, para el Señor come, porque da gracias a Dios; y el que no come, para el Señor no come, y da gracias a Dios.

Así que, ya no nos juzguemos más los unos a los otros, sino más bien decidid no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano. -- Romanos 14:5-6,13.

Los puritanos y los que han seguido su tradición sabadista han tratado de argüir que Pablo no podía estarse refiriendo al sábado semanal en este pasaje. Pero, cuando reconstruímos la situación histórica de una iglesia gentil judía, es por completo increíble suponer que Pablo se está refiriendo a cada día del calendario sagrado judío excepto el sábado semanal. En Romanos 14, Pablo declara que el cristianismo no es cuestión de argumentar acerca de los tabúes alimentarios:
Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz, y gozo en el Espíritu Santo. Porque el que en esto sigue a Cristo, agrada a Dios, y es aprobado por los hombres. -- Romanos 14:17-18.

De la misma manera, Pablo podría haber dicho: "El reino de Dios no es una cuestión de argumentar sobre qué día es santo, etc." Pablo cree en estar sujeto a la ley de Dios (Romanos 8:7), pero no como está administrada en las ordenanzas del antiguo código escrito. En favor de lo que sí apela en Romanos 14 es una conducta determinada por las exigencias de la fe y el amor:
Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero es malo que el hombre haga tropezar a otros con lo que come. Bueno es no comer carne, ni beber vino, ni nada en que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite. ¿Tienes tú fe? Tenla para contigo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí mismo en lo que aprueba. Pero el que duda sobre lo que come es condenado, porque no lo hace con fe; y todo lo que no proviene de fe, es pecado. Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación. Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Los vituperios de los que te vituperaban, cayeron sobre mí". -- Romanos 14:19-23; 15:1-3.

Aunque Pablo desdeñaba a los tontos gálatas por observar los días sagrados del calendario judío (Gálatas 4:10), les dice a los romanos que los que consideran un día sagrado por encima de otro no deberían ser condenados. ¿Por qué no toleraba el apóstol el sabadismo en una situación y lo toleraba en otra? Había dos razones. Primera, los cristianos judíos de Roma, como los cristianos judíos de Jerusalén, guardaban la ley, incluyendo el sábado, pero no para ser justificados delante de Dios. Segunda, la observancia del sábado era parte de su herencia. El evangelio les dio la libertad de continuar viviendo como judíos. Además, Pablo discernía que podría hasta ser peligroso para un cristiano judío repudiar sus costumbres y violar sensibilidades innatas (Romanos 14:23).

Una vez conocí a un judío que se había convertido en dirigente cristiano evangélico. Me dijo que no podía acostumbrarse a la idea de comer pescado sin escamas aún sabiendo que no estaba sujeto por la ley en esta materia. Los que son criados en un hogar Adventista del Séptimo Día devoto podrían relacionarse con lo que este judío dijo. Según Pablo, ni el judío evangélico ni el adventista evangélico están obligados a demostrar su liberación desafiando las sensibilidades de su cultura. Y aún en el caso de que fueran lo bastante "fuertes" para hacerlo, no deberían hacer alarde de esta libertad delante de su propio pueblo. F. F. Bruce capta hermosamente el espíritu de Pablo cuando dice:
Algunos no pueden distinguir en seguida entre lo esencial y lo no esencial: Si abandonan un orden antiguo en favor de un orden nuevo, sienten que es necesario abandonar todo lo que está asociado con el antiguo orden - rasgos neutrales y hasta útiles, así como de otras clases. Pero esto es cambiar una forma positiva de obligación legal por una forma negativa. Así, en el extremo opuesto de los cristianos judíos de Jerusalén que seguían sus antiguas costumbres como cosa normal puede haber habido otros en alguna otra parte que los descontinuaron por principio. La política de Pablo era diferente de ambas. Las almas verdaderamente emancipadas no son esclavas de su emancipación. Pablo se ajustaba a las costumbres, o se apartaba de ellas, según en compañía de quiénes se encontraba, judíos o gentiles, de cuando en cuando, haciendo de los intereses del evangelio su suprema consideración. En la compañía de judíos, Pablo naturalmente observaba las leyes alimentarias judías, por pura cortesía, y no sólo por caridad cristiana. Ni tampoco violentaba los sentimientos judíos violando la santidad de los días festivos, por mucho que personalmente juzgaba iguales todos los días. Es verdad que quedó consternado cuando se enteró de que sus conversos gálatas habían comenzado a "guardar los días, los meses, los tiempos, y los años" (Gálatas 4:10); pero ellos eran gentiles, y no tenían buenas razones para adoptar el calendario sagrado judío, mucho menos para adoptarlo como obligación religiosa. Pablo mismo había heredado una vez la observancia de ese calendario como obligación religiosa, pero había aprendido como cristiano a disfrutar de completa libertad con relación a su observancia o no observancia. Es seguro que en Jerusalén, de entre todos los lugares, vivía como judío practicante, sólo que por consistencia con su política declarada de "no ser tropiezo ni a judíos ni a gentiles, ni a la iglesia de Dios" y de "agradar a todos en todo, no procurando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos" (1 Corintios 10:32-33). Había pocos "griegos" en Jerusalén, pero tanto los judíos como la iglesia de Dios en esa ciudad se escandalizarían si él dejaba de observar las "costumbres". Pero si Pablo reclamaba libertad de acción para sí mismo en estos asuntos, ¿por qué se la negaría a otros cristianos judíos? Si ellos compartían su actitud hacia las prácticas tradicionales de Israel en el sentido de que ya no eran requisitos divinos sino que eran acciones voluntarias que podían ser llevadas a cabo u omitidas según fuera más expedito, podían continuar con ellas libremente. No eran más necesarias para ellos que para Pablo ser esclavo de la emancipación de ellos. Si deseaban, por las que les parecían buenas y adecuadas razones, circuncidar a sus hijos, Pablo quería recordarles que él

había circuncidado a Timoteo por las que a él le parecieron buenas y adecuadas razones. Sus cartas no nos indican que aconsejase a cristianos judíos en este respecto, excepto que los cristianos judíos y los cristianos gentiles debían respetar los escrúpulos los unos de los otros -- o la falta de ellos. (1)

Notas
(1) F. F. Bruce, Paul : Apostle of the Heart Set Free, pp. 346-347.

Capítulo 7 - Dos Formas del Judaísmo Cristiano
Innegablemente, se podría argumentar muy convincentemente en favor del sabadismo mediante el uso particular de la Biblia. Por ejemplo, los puritanos eran gigantes en el conocimento bíblico, y reforzaban su sabadismo con un voluminoso apoyo bíblico. Los teólogos de Westminster y otros grandes estudiosos de la Palabra, como Charles Hodge, Arthur Pink, y John Murray, lo hacían también. Los Adventistas del Séptimo Día han "ganado" a tres millones de cristianos para su causa sabadista, y apoyan sus argumentos con muchos textos bíblicos. Sin duda, algunos de mis lectores sabadistas han estado revisando mentalmente las Escrituras en busca de textos para contradecir la evidencia de las epístolas paulinas que he presentado. No es difícil encontrar textos de "prueba" a favor o en contra del sabadismo. Los que no reconocen esto no han examinado honestamente el punto de vista opuesto. No es de ninguna ayuda mofarse de la mentalidad, mucho menos de los motivos, de los que asumen otro punto de vista. Pero hay que recordar que hay una forma correcta y una forma incorrecta de leer la Biblia. El Antiguo Testamento está dividido entre la ley y los profetas. El Nuevo Testamento proclama que Jesús cumple con ambos. Por lo tanto, los evangelios interpretan ambos testamentos. Los Profetas Con propósitos ilustrativos, consideraremos primero los profetas del Antiguo Testamento. Los profetas eran judíos, y hablaban a judíos acerca del glorioso propósito de Dios para su pueblo. La única manera en que podían describir la salvación venidera era usar las imágenes y el lenguaje de la geografía, la historia, y la cultura palestinas. Así, los profetas hablaban de la salvación venidera en términos de florecimiento en el desierto, fuentes en lugares resecos, prosperidad en Jerusalén, la restauración de la tienda caída de David, la conquista de los edomitas, y las grandes

bendiciones sobre la casa de David. Por todas partes, el Nuevo Testamento anuncia que todas estas promesas se han cumplido en la resurrección de Cristo, en la entronización de su reino, y en el derramamiento de su Espíritu sobre su pueblo creyente. Se necesita la misma clase de fe para creer esto que para creer al evangelio. En realidad, creer que Jesús cumple todas estas promesas es creer en el evangelio (Hechos 13:32,33). Si uno comienza con el Antiguo Testamento y se sujeta a las promesas palestinas al pie de la letra, esas promesas ciertamente no suenan como realidades en el Nuevo Testamento. Una lectura literal de Amós 9 no suena como el énfasis misionero de la iglesia primitiva (comp. a Amós 9:11-12 con Hechos 15:14-19). Isaías 40:3-5 no suena como Juan Bautista. (¿Construyó carreteras en el desierto?) No fue su estudio de los profetas del Antiguo Testamento lo que llevó a los apóstoles a creer que Jesús era Dios encarnado o que resucitó de entre los muertos. Ni fue el punto de partida para la teología de los apóstoles un punto de vista particular del Antiguo Testamento en el cual insertaron la historia de Jesús. Más bien, fueron confrontados con la realidad histórica de Jesús su vida, sus milagros, su muerte, y su resurrección. Entonces leyeron el Antiguo Testamento y lo interpretaron a la luz de la revelación final de Dios en Cristo. Vieron que Jesús era la nueva Creación, el nuevo Adán, el nuevo Moisés, el nuevo Templo, el nuevo David, etc. También vieron que Jesús y su pueblo eran el nuevo Israel, el remanente escatológico que había heredado todas las promesas que Dios hizo a Israel. Los apóstoles no interpretaron a los profetas del Antiguo Testamento según la letra de su idioma palestino - como si las fuentes en el desierto significaran la irrigación de los árboles de aguacate en Palestina, o como si la defensa de Jerusalén por parte de Dios significara los bombarderos británicos defendiendo los santos lugares durante la Segunda Guerra Mundial. Interpretaron a los profetas del Antiguo Testamento con mucha libertad profética. Porque, cuando Jesús cumplió las esperanzas de Israel, las transformó. ¿Cómo podían los profetas transmitir adecuadamente la maravilla del acto de redención de Cristo y la gloria de su reino? Y, sin embargo, el evangelicalismo popular (dispensacionalismo) insiste en que los profetas deben cumplirse al pie de la letra - bagaje palestino y todo. El desierto significa el desierto, los ríos significan ríos, la lluvia sobre Palestina significa lluvia sobre Palestina (aunque Pedro interpretó la lluvia como el derramamiento del Espíritu [comp. a Joel 2:23; 28-32 con Hechos 2:15-21]), y Jerusalén significa Jerusalén (aunque Pablo dice que Agar significa la Jerusalén terrenal, y que la comunidad de Jerusalén significa la iglesia cristiana). Mediante la insistencia en el cumplimiento de la profecía al pie de la letra, el dispensacionalismo trata de meter los impresionantes actos escatológicos de Dios en un marco judaico. Pero el poderoso acto de Dios en Cristo estaba por completo fuera de los límites de la expresión profética. Cuando Jesucristo cumplió a los profetas, excedió con mucho las estrechas perspectivas de la esperanza judaica. El vino nuevo del evangelio de Jesús no puede ser contenido en los antiguos odres del Antiguo Testamento del judaísmo. Por lo tanto, los profetas deben ser interpretados, y hasta reinterpretados, por el mensaje del Nuevo Testamento. Al intentar restaurar la letra de la profecía del Antiguo Testamento, estableciendo por lo tanto un lugar privilegiado para los judíos literales, el dispensacionalismo predica el judaísmo cristiano.

Pablo puede muy bien haber tenido que enfrentarse a estas enseñanzas de los cristianos judíos de mentalidad apocalíptica. La Ley Del mismo modo que los dispensacionalistas han insistido en interpretar la profecía del Antiguo Testamento al pie de la letra, el Adventismo del Séptimo Día ha insistido en interpretar la ley del Antiguo Testamento al pie de la letra. Pero, de la misma manera que nosotros debemos dejar que el Nuevo Testamento interprete a los profetas del Antiguo Testamento a su propia manera) es decir, a la luz del evangelio), así también debemos dejar que el Nuevo Testamento interprete la ley del Antiguo Testamento a su propia manera (es decir, a la luz del evangelio). El suceso Cristo hizo una gran diferencia en la manera en que los apóstoles leían a los profetas del Antiguo Testamento, e hizo una gran diferencia en la manera en que leían la ley del Antiguo Testamento. Ellos reinterpretaron la ley con la misma libertad profética con la cual reinterpretaron las profecías. Por ejemplo, Pablo reinterpretó la ley mosaica concerniente a los bueyes, como sigue:
¿Quién fue jamás soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta viña y no come de su fruto? ¿O quién apacienta el rebaño y no toma de la leche del rebaño? ¿Digo esto sólo como hombre? ¿No dice esto también la ley? Porque en la ley de Moisés está escrito: No pondrás bozal al buey que trilla. ¿Tiene Dios cuidado de los bueyes, o lo dice enteramente por nosotros? Pues por nosotros se escribió; porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir el fruto. Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo mateial? -- 1 Corintios 9:7-11

En Jesucristo, Dios ha hecho nuevas todas las cosas. Como declaró Pablo: "Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas". (2 Corintios 5:17). A causa de la venida de Cristo, ya no podemos leer a los profetas de la misma manera, ni podemos leer más la ley de la misma manera. Y sin embargo, el Adventismo del Séptimo Día construye su base teológica a partir del Antiguo Testamento. El Adventismo del Séptimo día deriva su ética de la letra de la ley del Antiguo Testamento y luego trata de ajustar el mensaje del Nuevo Testamento a este marco judaísta. Pero esto es simplemente un intento de echar el vino nuevo del evangelio en los viejos odres del judaísmo. Esto ocurre, no sólo con la manera en que el Adventismo del Séptimo Día trata el mandamiento del sábado, sino también con su aplicación de los aspectos levíticos de la ley. Por ejemplo, el Adventismo ha estudiado minuciosamente el esquema del santuario de dos compartimientos en Levítico. Luego, razonando a partir de la premisa de que lo que se hizo en el tipo debe hacerse en el antitipo, ha proyectado hacia el cielo este santuario de dos compartimientos. En realidad, el dispensacionalismo es el adventismo nacido en Gran Bretaña, y el Adventismo del Séptimo Día es el adventismo nacido en los Estados Unidos. Ambos movimientos son ramas de un movimiento apocalíptico anglosajón que se inició en lados opuestos del Atlántico en las décadas de 1830 y 1840. Es interesante notar que ambos movimientos han incorporado una comprensión judaísta del Antiguo Testamento al mensaje cristiano. Los dispensacionalistas han

hecho con los profetas lo que los Adventistas han hecho con la ley. Si los dispensacionalistas leyeran la ley como leen a los profetas, serían adventistas; y si los adventistas leyeran a los profetas como leen la ley, serían dispensacionalistas. Me gustaría sugerirles a mis amigos dispensacionalistas y adventistas (porque yo reconozco de todo corazón a ambos como mis hermanos en Cristo) que establecer nuestras presuposiciones éticas o proféticas a partir del Antiguo Testamento y luego tratar de adaptar el Nuevo Testamento a ellas es usar la Biblia de modo insatisfactorio. Debemos permitir que el Nuevo Terstamento interprete al Antiguo. Si nuestro sistema ético profético no encuentra ningún apoyo en el Nuevo Testamento, deberíamos ponerlo en tela de juicio.

Capítulo 8 - ¿Y los Diez Mandamientos?
La tesis principal de los sabadistas es simple y puede ser bastante atractiva. Es ésta: El sábado es uno de los Diez Mandamientos. Los Diez Mandamientos no son una ley ceremonial temporal sino una ley moral inmutable. El Calvario prueba que Dios toma su ley en serio. Al asumir la paga del pecado, Cristo mostró que ni siquiera Dios podía cambiar su ley. De lo contrario, Cristo no habría tenido que morir. Por lo tanto, el evangelio no anula la ley de Dios, sino que la confirma (Romanos 3:31). Esta tesis contiene mucho de buena y ortodoxa teología cristiana, y por lo tanto, debemos tener cuidado de no rechazarla sumariamente. Para comenzar, los Diez Mandamientos tradicionalmente han sido muy respetados en todas las grandes iglesias, antes y después de la Reforma. Gran parte de los Catecismos Grandes y Pequeños de Lutero son dedicados a exponer los Diez Mandamientos. Y los Diez Mandamientos están incluidos en los catecismos de la mayoría de las iglesias protestantes. El argumento de que el Calvario prueba que Dios toma en serio su ley es también la doctrina cristiana ortodoxa de la expiación. Se encuentra en las enseñanzas de Lutero, Calvino, Wesley, Spurgeon, Hodge, Buchanan, Berkouwer, y Billy Graham. En este capítulo, deseo responder a la tesis de los sabadistas sobre la perpetuidad de la ley de Dios. En relación con los Diez Mandamientos, a menudo se hacen suposiciones que no deberían permanecer incontestadas, porque pueden conducir a conclusiones falsas. Por lo tanto, consideramos los puntos siguientes: 1. Los Diez Mandamientos No Son Eternos Lo que es eterno no tiene ni principio ni fin. La existencia de una ley eterna de Dios es tan cierta como la existencia de una voluntad eterna de Dios. Pero esta ley no es los Diez Mandamientos. Puesto que el sábado fue hecho para el hombre, no podía haber habido ningún mandamiento de sábado antes de la creación de la raza humana (Marcos 2:27; Génesis 2:2,3). Ni podía haber un

mandamiento que gobernara las relaciones entre el macho y la hembra antes del comienzo de la historia humana, pues la sexualidad no pertenece a la naturaleza de los ángeles. Además, la redacción misma de los Diez Mandamientos implica que fueron dados después de la caída del hombre y no antes. Por mucho tiempo, los teólogos han reconocido que la forma predominantemente negativa de los Diez Mandamientos ("No tendrás dioses ajenos delante de mí", "No matarás") presupone la inclinación al pecado. (1) Esto indica que fueron escritos para el hombre caído. La ley del sábado habla de siervos y bestias de carga, nada de lo cual pertenece a la naturaleza no caída del hombre. De la misma manera que los Diez Mandamientos no eran pertinentes para el hombre sin pecado al principio, tampoco serán pertinentes en aquella vida futura en que ni se casarán ni se darán en casamiento (Mateo 2:30). ¿Qué relevancia podría tener la letra del mandamiento del sábado en la ciudad de los redimidos, donde "no cuentan el tiempo en años, y donde no hay noche"? Si Isaías 66:23 se usa para probar que la letra de la ley del sábado será guardada en las edades venideras, este texto también puede usarse para probar que las fiestas de los novilunios judíos se celebrarán en las edades venideras - porque Isaías menciona a los dos. ¿"Trabajarán" los santos una semana de trabajo de seis días en el cielo? ¿No es mucho más razonable reconocer que la profecía de Isaías de la gloria de la era mesiánica está escrita en lenguaje palestino que no se cumple de acuerdo con la letra judaista sino según el espíritu de la nueva era? La ley de Dios, como Él mismo, no tiene mudanza ni sombra de variación. Los principios morales detrás de los Diez Mandamientos son eternos. Pero no se puede probar que la letra de los Diez Mandamientos es eterna. 2. Los Diez Mandamientos No Incluyen Todo Entre los sabadistas, hay una tendencia a exagerar la naturaleza incluyente de los Diez Mandamientos. Eclesiastés 12:13 es un texto "de prueba": "Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el todo del hombre". Pero nada en este texto indica que Salomón estaba pensando sólo en los Diez Mandamientos. Probablemente, un judío piadoso que leyera este texto pensaría más en los 613 mandamientos de la Torah. El cristiano también podría legítimamente incluír mandamientos como "Bautízaos" o "Id a todo el mundo y predicad el evangelio". No sabemos por qué el Testimonio, como es llamado, contiene sólo diez mandamientos (Éxodo 34:27-29). Algunos eruditos han indicado que son un código elemental de moralidad estructurado para corresponder a los diez dedos como una ayuda catequizadora para un simple pueblo agrario. Es claro que la letra de los Diez Mandamientos no cubre todo el espectro de la responsabilidad humana. Hay numerosas ofensas que no violan la letra de los Diez Mandamientos. No hay ningún código escrito que condene la impaciencia, el juicio prematuro, una imaginación vana, o la falta de humildad. Ningún código escrito puede cubrir todo el espectro del deber humano.

¿Qué letra de la ley violó Pedro cuando dio por terminada la compañía de los gentiles? El hecho es que él cometió esta ofensa contra la fe mientras seguía estrictamente la letra de la ley de Moisés. ¡Cuánto más exigen de nosotros la fe y el amor que la letra de cualquier código escrito, incluyendo los Diez Mandamientos! Cuando Pablo hizo este descubrimiento, se sintió constreñido a declarar: "Servimos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra". (Romanos 7:6). 3. Los Diez Mandamientos Contienen Características Cúlticas y Universales Cuando Dios dio los Diez Mandamientos, no podemos suponer que dio una ley que no estaba condicionada por la situación cultural e histórica de Israel. Si la redacción de los Diez Mandamientos fue adaptada a las necesidades del hombre y no a las de los ángeles, a las del hombre caído y no a las del hombre no caído, ¿no podría Dios adaptar también los Diez Mandamientos a las necesidades de Israel? Esto sugiere que los Diez Mandamientos contienen características cúlticas, así como principios universales. Por ejemplo, la introducción de los Diez Mandamientos está prologada por una característica cúltica: "Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de tierra de servidumbre" (Éxodo 20:2). Podemos aplicar estas palabras a nosotros mismos en un sentido espiritual, pues la resurrección de Cristo es el gran éxodo de la era del Nuevo Testamento. Pero, cuando nos tomamos esa libertad con la letra, ¿no estaremos empleando el principio de la reinterpretación? Y si reinterpretamos una parte de la ley, ¿no sería posible (necesario, en realidad) reinterpretar otras partes de la ley? El mandamiento: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da" (Éxodo 20:12) también está envuelto en pañales judíos. En su contexto natural, ésta es una promesa de larga vida en Palestina. Pero el sabadista dice que estamos justificados al aplicar el principio de esta promesa a nosotros mismos. Ciertamente lo estamos, pero esta es una reinterpretación de una característica judía de la ley. El mandamiento del sábado también incluye un elemento cúltico judío, pues la versión que aparece en Deuteronomio dice:
"Acuérdate que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová tu Dios te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido; por lo cual Jehová tu Dios te ha mandado que guardes el día de reposo". - Deuteronomio 5:15 Por lo tanto, la letra del Decálogo entero no puede aplicarse indiscriminadamente a todo el mundo sin una adaptación o reonterpretación. En los últimos cincuenta años más o menos, los grandes adelantos en las ciencias bíblicas han demostrado que no siempre hemos hecho suficiente provisión para la manera en que la Biblia viene a nosotros vestida con el ropaje del lenguaje y la cultura de su tiempo. Hay que tener más cuidado para distinguir entre las ordenanzas cúlticas y los principios universales. Un ingenuo literalismo, ya sea en la aplicación de las profecías del Antiguo Testamento o en la ley del Antiguo Testamento, no refleja la libertad profética de Jesús y sus apóstoles.

Hasta al leer el Nuevo Testamento, debemos distinguir entre lo que es cúltico y lo que es universal. Pablo da el mandamiento específico: "Saludad a todos los hermanos con ósculo santo" (1 Tesalon. 5:26). Y sin embargo, la mayoría de los sabadistas (por lo menos los anglosajones) prefieren ejercer alguna libertad creativa cuando reemplazan este saludo con un cordial apretón de manos. 4. No Siempre Debe Guardarse La Letra de los Diez Mandamientos Hay más en la observancia de la ley que guardar la letra de la ley. Puesto que "la ley es espiritual" (Romanos 7:14), nadie guarda la ley a menos que la guarde en espíritu y en verdad. Pero a veces no es posible hacer esto sin quebrantar la letra de la ley. Ejemplos de esto están dispersos a través de toda la Biblia. A Naamán, el leproso, se le permitió transgredir la letra del segundo mandamiento con la aprobación de Eliseo, como lo ilustra el siguiente incidente: Naamán... dijo: "Ahora conozco que no hay Dios en toda la tierra, sino en Israel... "En esto perdone Jehová a tu siervo: que cuando mi señor el rey entrare en el templo de Rimón para adorar en él, y se apoyare en mi brazo, si yo también me inclinare en el templo de Rimón; cuando haga tal, Jehová perdone en esto a tu siervo". "Y él le dijo: Vé en paz". -- 2 Reyes 5:15, 18-19

David comió el pan consagrado, lo cual era contrario a la letra de la ley (1 Samuel 21:6). Jeoiada participó en una insurrección armada contra la malvada reina un día de sábado (2 Crónicas 23:315). En tiempos de los macabeos, una compañía entera de judíos fue masacrada porque rehusaron defenderse en sábado. Después de eso, se permitió combatir o huir en sábado si la vida estaba en peligro. ¿Y no transgreden los sabadistas la letra de la ley del sábado si una misión urgente de misericordia así lo exige? Mientras que hasta los sabadistas se sienten libres de la letra de la ley del sábado en caso de suma necesidad, ¿quién puede decir que alguna vez estamos libres para ser desleales a Dios? Esto prueba que detrás de la letra del código escrito hay una ley superior que jamás debe ser quebrantada. Esa ley superior es la demanda de la fe y el amor. Lutero declara:
Por lo tanto, la fe y el amor han de estar siempre por encima de la ley y tener a todas las leyes bajo su autoridad. Pues, como todas las leyes señalan a la fe y al amor, ninguna de ellas puede ser válida, o ser ley, si entra en conflicto con la fe o el amor. (2)

Las páginas de la historia están llenas de innumerables casos de los mayores males e injusticias cometidos por los devotos de la letra de la ley. 5. Los Diez Mandamientos Ya No Están Bajo el Ministerio de Moisés. En la situación del Nuevo Testamento, la ley está en manos de Moisés. Él le explica al pueblo judío lo que significa guardar los mandamientos de Dios. Las ordenanzas con las cuales les

obliga a servir a Dios son adaptadas a su situación y al gran plan de Dios en la historia. Por lo tanto, Moisés es el intérprete de la ley, incluyendo el mandamiento del sábado. En el Nuevo Testamento, el ministerio de Moisés cede su lugar al superior ministerio de Aquél que es claramente el nuevo Moisés (Deuteronomio 18:15):
"Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego ... "Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón ... "Además habéis oído decir que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey ... "Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra". -- Mateo 5:21-22, 27-28, 33-35, 38:39

Los eternos principios éticos que se encuentran en Moisés no son debilitados por Cristo Jesús; son espiritualizados, radicalizados, y fortalecidos. Pero las características externas de las ordenanzas mosaicas son flexibilizadas o reinterpretadas por Jesús y por sus apóstoles. (3) Puesto que los Diez Mandamientos, incluyendo el sábado, ya no están en manos de Moisés (habiendo sido abolidas sus ordenanzas [Efesios 2:14-15; Colosenses 2:14]), a los sabadistas les corresponde la carga de probar que Jesús y sus apóstoles continuaron interpretando el mandamiento del sábado de acuerdo con su letra judaica. En el Nuevo Testamento, cada uno de los otros mandamientos del Decálogo está ampliado y reaplicado a la comunidad cristiana. Por lo tanto, debemos insistir en saber lo que significa el sábado, y cómo guardarlo de acuerdo con el nuevo ministerio del evangelio. Sugerimos que la respuesta se encuentra en Hebreos 4:1-10. Hemos llamado la atención sobre cinco puntos con relación a los Diez Mandamientos: No son eternos, no lo incluyen todo, no carecen de características cúlticas, ninguna parte de ellos es absoluta, y hay una importante diferencia en si son interpretados por el Antiguo Testamento o por el Nuevo Testamento. Esto nos conduce a reflexionar sobre si la palabra moral, como se aplica a los Diez Mandamientos, es adecuada o no. La Biblia misma no usa la palabra moral para distinguir a los Diez Mandamientos del resto de la ley. De hecho, la Biblia no nos da en ninguna parte una fórmula para distinguir cuáles partes de toda la ley son morales y cuáles son ceremoniales. En una ocasión, una secta sabadista presentó estudios para mostrar que la ley moral fue puesta dentro del arca, mientras el libro de la ley ceremonial fue colocado al lado del arca. Este argumento fracasó porque cualquier persona seria podía ver que el libro de la ley contenía preceptos "morales" tan duraderos como los Diez Mandamientos.

En la ley de Moisés, no siempre es fácil distinguir las leyes morales de las leyes ceremoniales. Los rótulos de "moral" y "ceremonial" no son una fórmula mágica para resolver todas las dificultades. En realidad, los términos mismos no son adecuados por completo. Consideremos la palabra moral. Este término extrabíblico puede haber tenido una variedad de significados. En teología, "ley moral" por lo general describe "la relación que existe entre Dios y los hombres, y entre un hombre y otro, y que continuará existiendo entretanto que existan las perfecciones de Dios y las facultades de los hombres, sin cambios, correcciones, o aboliciones". (4) Una ley que puede ser ignorada o modificada en caso de suma necesidad no calificaría como "moral" de acuerdo con la presente definición. Ni lo haría ningún mandamiento que tuviera principio o fin. Por lo tanto, decir que los Diez Mandamientos son por completo morales es dudoso. Por otra parte, decir que los Diez Mandamientos son completamente no ceremoniales es también dudoso. ¿Qué queremos decir con el término ceremonial? La mayoría de nosotros estaríamos de acuerdo en que un servicio de bodas es una ceremonia. El bautismo es también una ceremonia cristiana. Los luteranos pueden decir que el bautismo es más que una ceremonia para recordar la muerte de Cristo, y tienen razón, por supuesto; pero es eso, por lo menos. La Biblia dice que el sábado es un recordatorio de la creación (Éxodo 20:8-11). Algunos quieren decir también que es un recordatorio de la nueva creación de Cristo Jesús. ¿No sería un mandamiento para tener un día de recordación un mandamiento para tener una ceremonia de recordación? La naturaleza ceremonial de la ley del sábado ha sido confirmada por el descubrimiento, por parte de Mendenhall en 1954, de que los Diez Mandamientos se ajustan a la estructura de los tratados entre los reyes hititas y sus vasallos. Adjuntada a las estipulaciones de un tratado hitita había una disposición para una ceremonia periódica con el propósito de reiterar el tratado entre el señor y el vasallo. Meredith Kline demuestra hermosamente que la ley del sábado en la mitad de los Diez Mandamientos es la contrapartida de una celebración recordatoria de un tratado hitita con respecto a su disposición para la reiteración del pacto de Dios. Por lo tanto, la ley del sábado era una ley que requería una ceremonia de una reiteración de pacto. (5) Además, al sábado se le llama "una señal" en el Antiguo Testamento (Éxodo 31:17; Ezequiel 20:12) y "una sombra" en el Nuevo Testamento (Colosenses 2:17). A la circuncisión también se le llama una señal (Génesis 17:11; Romanos 4:11), y nadie objeta el hecho de que se le llame la ceremonia de circuncisión. A los servicios del templo se les llamaba una sombra, y todo el mundo reconoce que eran ceremonias. Si el sábado es meramente una señal para representar alguna realidad, ¿por qué se objeta tan vigorosamente que se le llame una ceremonia? Recientemente, un grupo de eruditos Adventistas del Séptimo Día escribió una serie de ensayos sobre el sábado con el título "Festival del Sábado" (6). ¿No está un festival estrechamente relacionado con una ceremonia? Por supuesto, probar que el sábado es una clase de ceremonia no significa, por sí mismo, que la ley del Antiguo Testamento está abrogada. Pero sí establece que es tan insatisfactorio decir que

los Diez Mandamientos son completamente no ceremoniales como decir que son absolutamente morales. Algunos han creído que todos los problemas se resolverían si pudiéramos simplemente revisar las leyes del Antiguo Testamento para decidir cuáles son morales y cuáles ceremoniales. Llegan a la conclusión de que entonces podrían retenerse las que son morales y descartar las que son ceremoniales. Pero las comunidades cristianas pueden agobiar sus conciencias con toda clase de cargas cuando aplican su sabiduría no inspirada a las leyes de la Biblia. La manera más excelente es apoyar la interpretación del Nuevo Testamento y la aplicación de la ley de Dios.

Notas:
(1) Pablo dijo: "Sabemos que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, según el glorioso evangelio del Dios bendito, que a mí me ha sido encomendado". (1 Timoteo 1:9-11). (2) Martin Luther: "Preface to the Old Testament", Luther´s Works, 35:240-241. (3) Por ejemplo, sobre el tema de las leyes alimentarias del Antiguo Testamento, "Jesús hacía limpios todos los alimentos" (Marcos 7:19). Pablo dijo: "Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo... Todas las cosas a la verdad son limpias" (Romanos 14:14, 20). Pero las claras palabras del Nuevo Testamento no convencen a algunos porque han permitido que Moisés vete las palabras tanto de Jesús como de Pablo. Esto ilustra lo que ocurre cuando miramos el Nuevo Testamento a la luz del Antiguo, en vez de mirar el Antiguo a la luz del Nuevo. En todo caso, las preferencias dietéticas deberían basarse en la revelación general (es decir, la información científica) en vez de la revelación especial. (4) John Leland, "The Sabbath Examined" and "Sabbatical Laws", Baptist Reformation Review 9, no. 4 (Fourth Quarter, 1980): 33. (5) Véase Robert D. Brinsmead, Covenant (Fallbrook Calif.: Verdict Publications 1979) pp. 29-35. (6) Véase Spectrum 9, no. 1 (1977).

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Capítulo 9 - Aplicando la Letra de la Ley del Sábado
En la suposición de que la letra de los Diez Mandamientos es eterna y lo incluye todo, y es universalmente aplicable y absolutamente obligatoria, el sabadismo insiste en que los cristianos están obligados a cumplir la letra del mandamiento del sábado del Antiguo Testamento. Se

supone que cada una de las características de la ley del sábado dada a una antigua nación es obligatoria para una civilización separada de la situación cultural de Israel por 4000 años. (1) No se deja ningún margen para el hecho de que las ordenanzas sabáticas mosaicas fueron dadas a una nación que vivía en Palestina y que tenía una sencilla economía agraria, ni para el hecho de que la nuestra es una sociedad extremadamente compleja que vive en una era espacial. Se piensa que el hecho de que los antiguos no sabían nada de un mundo redondo o la Línea Internacional de la Fecha no tiene nada que ver con la cuestión. Se supone que la letra de las ordenanzas mosaicas debe seguirse en un mundo post-copernicano. La mejor manera de desacreditar una tesis insostenible es la de insistir que sea llevada a su fin lógico. Procederemos a hacer esto con la tesis sabática. El sabadista del Séptimo Día dice que debemos reposar, no sólo un día de cada siete, sino en el mismísimo día de la semana en el cual Dios reposó después de crear el mundo. Se supone que de eso hace 6.000 años. Pero ahora hasta los eruditos sabadistas conservadores se ven constreñidos a aceptar que el mundo tiene más de 6.000 años de edad. A las antiguas dinastías egipcias se les puede datar casi hasta ese número de años hacia atrás. ¡Cuán extraño sería que podamos perder unos pocos miles de años de los registros humanos, y sin embargo, insistir que no se ha perdido ni un solo día! ¿Dónde comienza este séptimo día original en un mundo redondo? ¿Dónde sale el sol primero? ¿Comienza el séptimo día en Palestina, en Greenwich, o en un lugar que nuestra sociedad moderna llama la Línea Internacional de la Fecha? ¿Cómo sabemos que la comunidad internacional fijó la línea de la fecha (que ni siquiera es una línea recta) donde Dios decretó que debería estar? La World Book Encyclopedia dice que la "Línea Internacional de la Fecha es una línea imaginaria que marca el punto en la superficie de la tierra donde comienza cada nuevo día calendario". (2) Algunos sabadistas arguyen que, puesto que Dios mismo designó el séptimo día en Palestina, debemos suponer que cada nuevo día calendario comienza en el Medio Oriente. Puesto que la tierra gira de modo que el día se mueve hacia el oeste, en Australia el sábado comenzaría seis horas después de haber comenzado en California, no dieciocho horas antes. Esto haría que el domingo fuera el séptimo día para los australianos. Hace algunos años, conocí a un sabadista del séptimo día que había meditado seriamente en esta cuestión. Argüía que, si seguíamos la letra de la ley, los australianos y todos los demás del mismo lado de la Línea Internacional de la Fecha guardarían el sábado después de y no antes de que se guardara en el mundo occidental. Según este razonamiento, el domingo sería el séptimo día de los australianos. El hecho es que llamar séptimo día a cualquier período de veinticuatro horas es tanto arbitrario como imaginario. Parece haber como cuatro modos de seguir la letra de la ley del sábado en un mundo redondo. Tres de ellos han sido propuestos seriamente por grupos de sabadistas. El primero es guardar el sábado cuando los jerosolimitanos guardan el suyo. El segundo es iniciar el sábado en el Medio Oriente (suponiendo que el primer día comenzara en el Edén y suponiendo que el Edén estuviera en alguna parte del Medio Oriente). Esto no afectaría a los sabadistas occidentales, pero

significaría que todos los sabadistas en el Lejano Oriente tendrían que adelantar el sábado un día. La tercera posibilidad es iniciar el sábado en esa "línea imaginaria" llamada la Línea Internacional de la Fecha. Esto nos daría un "séptimo día" imaginario. La cuarta posibilidad es que la comunidad internacional alterara la "línea imaginaria", lo cual requeriría que muchos sabadistas cambiaran su día de culto. ¿Y por qué no, si ellos, para comenzar, le dieron a la comunidad internacional el derecho a decidir dónde poner la "línea imaginaria"? ¿No sería una "línea imaginaria" tan buena como otra? Establecer el momento en que comienza el sábado es también un problema. Generalmente, los sabadistas del séptimo día prefieren la puesta del sol, mientras que los sabadistas del primer día generalmente prefieren la medianoche. La Biblia parece indicar que el período sabático se extiende de "tarde a tarde". Pero, ¿cuándo es la "tarde"? Los primeros sabadistas del séptimo día discutían acaloradamente si "tarde" significaba las seis de la tarde o la puesta de sol. La visión de Ellen G. White en la cual ella vio que "tarde" era la puesta del sol zanjó la cuestión. Pero en años recientes algunos especialistas en la historia del antiguo Medio Oriente han mostrado que los semitas consideraban que era "la tarde" cuando podían ver las estrellas, algún tiempo después de la puesta de sol. Pero, ¿qué se supone que hagan los sabadistas al norte del Círculo Ártico, donde la oscuridad dura varios meses cada año? "Fácil", nos dicen algunos. "Sólo calcúlese a partir del punto más bajo y del punto más alto del sol". Cuando estuve en Noruega recientemente, el sábado adventista comenzó en el Círculo Ártico a las 11:30 el viernes por la mañana. A los sabadistas se les requirió perder el viernes bien como día de trabajo o como día de escuela. Algunos promovían un regreso a un comienzo del sábado a las seis p.m. como solución a este difícil problema. Uno de los que presionaban en favor de una interpretación más liberal de la ley era un maestro de escuela superior. Dijo: "Tenemos que reconocer que la ley fue redactada para ajustarla a las necesidades de un pueblo agrario que vivía en Palestina, no las de una sociedad altamente industrializada que vive dentro del Círculo Ártico". (3) ¡Realmente, una medida de cordura! Luego podríamos preguntar acerca de la aplicación de la letra de la ley sabática a pilotos de aerolínea, viajeros internacionales, o astronautas. Hasta los sabadistas pueden decir ahora: "Estas son preguntas tontas y minuciosas". ¡Por supuesto que lo son! Pero los que deciden aplicar la letra de la ley deben encontrar una respuesta para esas preguntas tontas y minuciosas. El sabadismo según la letra de la ley es tan viable en nuestro mundo moderno como la Sociedad de la Tierra Plana. Después de decidir el momento correcto para iniciar el sábado, comienza el verdadero tira y jala. ¿Qué se permite y qué no se permite hacer en sábado? Es fácil ridiculizar las insignificantes restricciones de los fariseos, pero hasta los poderosos puritanos se encontraron con que, una vez que se adentraron en la letra de la ley, el poder opresor de ella no tenía fin. En la cumbre de la gloria puritana, se podía vestir a un bebé en sábado, pero no besarlo. Un hombre podía peinarse el cabello, pero no rasurarse la barba.

Cuando un ministro fue a la iglesia esquiando, su junta de ancianos le acusó de profanar el sábado. "¿Por qué esquió usted en el día del Señor?", le preguntó uno de los ancianos. El ministro protestó: "Pero esa era la única manera en que podía llegar a los servicios. La nieve estaba demasiado profunda para manejar". "Ese no es el punto", le replicó el presidente de la junta. "El punto es éste: ¿Lo disfrutó?" Hoy día, los Adventistas del Séptimo Día sonreirían al pensar en el quisquilloso sabadismo de los puritanos, pero sus comunidades tienen una prolija tradición de lo que es permisible o no es permisible hacer en sábado. (4) Un paseo en la naturaleza está bien. Un chapuzón en el mar no lo es. Un agradable paseo en la naturaleza es permisible en bicicleta, pero no a caballo. Se puede disfrutar de un paseo en el campo en un automóvil, pero no río abajo en un bote. Una enfermera que trabaja en sábado es aceptada como de posición buena y regular, pero no un policía -aunque ambas clases de trabajo pueden ser igualmente necesarias. Tales tradiciones sabadistas tienen un dominio asombrosamente fuerte sobre la gente -- la clase de dominio por someterse al cual Pablo reprendía a los colosenses. Samuele Bacchiocchi arguye que Colosenses 2:16 no desaprueba la observancia del sábado sino sólo el recargarlo con arbitrarias restricciones judías. Y sin embargo, ¿no serían igualmente malas las arbitrarias restricciones adventistas? ¿No yerra el mismo Bacchiocchi cuando argumenta en favor de la letra de la ley en el sábado versus el debate sobre el domingo? ¿Hasta dónde está Bacchiocchi preparado para insistir en la letra de la ley? El hecho es que nadie puede jamás satisfacer la letra de la ley, y la historia entera del sabadismo lo prueba. Los que están casados con la letra de la ley jamás pueden estar seguros de que la cumplen adecuadamente. ¿Qué clase de matrimonio es aquél en el cual el esposo nunca está satisfecho con la devoción de la esposa, y la esposa nunca está segura de que ella cumple con las exigencias de su esposo? (Romanos 7:1-6). Insistir en la letra de la ley no sólo causa incertidumbre, sino que crea hostilidad. Crea una hostilidad secreta hacia la ley de Dios, a la cual deberíamos amar (Salmos 119; Romanos 7:22). También crea hostilidad entre la gente, porque divide a los que deberían estar unidos. La devoción a la letra de la ley inclina a los cristianos a juzgarse y acusarse los unos a los otros de quebrantar los mandamientos. Pablo vio que "la ley con sus mandamientos y ordenanzas" era una pared divisoria de hostilidad entre judíos y gentiles (Efesios 2:14-15). ¡No es de sorprenderse que Pablo se opusiera a los que querían levantar este muro dentro de la iglesia criatiana! (5) ¡No es de extrañarse que dijera que "la letra mata"! (2 Corintios 3:6). La buena nueva es que el matrimonio con la letra de la ley se terminó con la muerte de Cristo (Romanos 7:1-6). La cruz ha anulado "el acta de los decretos" (Colosenses 2:14). Las energías espirituales de los creyentes no deberían distraerse, mucho menos disiparse, en argumentos sobre el calendario. Los creyentes deberían concentrarse en lo que aumenta la fe y el amor. Una religión dedicada a cosas tan externas como guardar los días y observar tabúes alimentarios ha malinterpretado seriamente el espíritu de la fe del Nuevo Testamento.

Notas:

(1) No hay registro de una ley de sábado antes de Éxodo. Génesis 2:2-3 menciona el sábado pero no una ley de sábado. (2) William Markowitz, artículo "International Date Line", The World Book Encyclopedia (chicago: Field Enterprise Educational Corp., 1974) 10:263. (3) En 1900, cuando Ellen G. White fue confrontada con ciertos problemas relacionados con la observancia del sábado por encima del Círculo Ártico, ella le escribió el siguiente consejo a G. A. Irwin, entonces presidente de la Conferencia General de los Adventistas del Séptimo Día: "En los países donde no hay puestas de sol por meses, y nuevamente no hay salidas de sol por meses, el período de tiempo se calcula con los registros que se tengan. Pero Dios tiene un mundo lo bastante grande y adecuado y correcto para los seres humanos. Él lo ha creado para que sea habitado sin que tenga que haber hogares en aquellas tierras tan objetables de muchas, muchas maneras" (Carta 167, 23 Mar. 1900). En las páginas 219 y 225 de su libro The Lord´s Day on a Round World [El Dia del Señor en un Mundo Redondo] (Nashville: Southern Publishing Assn. 1970). Robert L. Odom cita porciones de esta carta de Ellen G. White pero elimina el material en cursiva citado más arriba. La publicación de esta parte de la carta de Ellen G. White nunca ha sido autorizada por el Ellen G. White Estate. La razón obvia para no autorizar la publicación de estas palabras es que ellas constituyen un comentario patentemente tonto sobre el problema del Círculo Ártico. Hasta el White Estate es consciente de que el sentido común de las comunidades en el Círculo Ártico confrontadas con el problema práctico de la observancia del sábado no puede ser insultado diciéndoles que no deberían vivir en un lugar tan objetable. Desafortunadamente, tales ejemplos selectos de afirmaciones inspiradas de Ellen G. White son demasiado comunes. Es también desafortunado que tuviéramos que recurrir a medios poco comunes para descubrir lo que realmente se escribió en esta carta tan celosamente guardada por el White Estate. Pero podemos garantizar su autenticidad. Puesto que los dirigentes de la Iglesia Adventista del Séptimo Día todavía usan porciones selectas de esta carta para zanjar un debate intraeclesiástico en Noruega, sugerimos que lo único honesto que se puede hacer es reconocer exactamente lo que Ellen G. White dijo. (4) El Comprehensive Index to the Writings of Ellen G. White [Índice Completo de los Escritos de Ellen G. White] enumera como 500 cosas que se pueden o no se pueden hacer en sábado. Véase el Comprehensive Index to the Writings of Ellen G. White (Mountain View, Calif.: Pacific Press Publishing Assn. 1963) 3:2311-2315. (5) La visionaria Ellen G. White declaró: "Vi que el santo sábado es y será la pared intermedia de separación entre el verdadero Israel de Dios y los incrédulos" (Ellen G. White, Early Writings [Washington D. C.: Review & Herald Publishing Assn. 1945], p. 85.

Capítulo 10 - El Judaísmo Cúltico y la Fe Católica [Universal]
El propósito de Dios en la historia requería que el pueblo de Israel mantuviese su identidad diferenciada hasta la venida de Cristo. Habían de ser un pueblo que viviese separado de todas las demás naciones (Números 23:9). En la ley de Moisés, Dios impuso ordenanzas que tenían el efecto práctico de mantener aparte a la nación del pacto. Primero, había ordenanzas alimentarias que prohibían estrictamente el consumo de animales "inmundos". "Inmundo" no significaba "sucio" o perjudicial para la salud. Si un alimento no es adecuado para la dieta del hombre, Dios ha dejado que el hombre lo descubra por medio de la revelación natural. En las leyes alimentarias de Moisés, "inmundo" era un tabú ritual asociado con el culto religioso. Cualquiera que comiera un alimento "inmundo" era también considerado "inmundo". Estas prohibiciones religiosas tenían el efecto práctico de mantener a los judíos separados de todos los demás pueblos. No podían ni siquiera comer con gentiles "inmundos" sin correr el riesgo de contaminarse. Los Adventistas del Séptimo Día devotos pueden apreciar cuán difícil es para los que toman en serio estas ordenanzas socializar con otras personas. Los que no pueden comer juntos rara vez serán buenos amigos. Como el hombre es una criatura social, los tabúes alimentarios crean una barrera formidable entre las personas. En la ley, Dios también designó un lugar aprobado para el culto. Los sacrificios eran aceptables sólo en el lugar designado en Jerusalén. En el mundo primitivo del Antiguo Testamento, los lugares santos por lo general eran asociados con alguna montaña. Los paganos tenían sus montes sagrados. Como concesión a esta primitiva tendencia religiosa, Dios designó al Monte de Sión como el lugar donde la adoración a Yahvé habría de tener lugar como culto religioso. Esta ley tenía el efecto práctico de separar geográficamente a Israel de todos los demás pueblos. La ley no sólo designaba el lugar en el cual Dios debía ser adorado, sino cuándo debía ser adorado. Un minucioso calendario sagrado, que ordenaba festividades anuales, mensuales, y semanales, fue impuesto sobre los judíos. La obligación de adorar a Dios y hasta de dedicar una porción de tiempo a reuniones colectivas y a la enseñanza divina es una obligación moral perpetua, pero deberíamos reconocer que la elección del tiempo está en la misma categoría que la elección de los lugares. La existencia entera de Israel giraba alrededor del calendario mosaico, y mientras fuera así, garantizaba que su identidad se mantuviera separada. Aunque la ley, como era administrada por Moisés, cumplía el propósito divino a pesar de la pecaminosidad de Israel, la perversión del propósito divino era también un factor en la historia de Israel. El judío tomaba ocasión de la ley para aborrecer al no judío. Todos los días, el rabino piadoso le daba gracias a Dios por dos cosas - porque no era mujer y porque no era gentil. El gentil también tomaba ocasión de la ley para odiar al judío. Las principales barreras -- la pared intermedia de separación -- entre judíos y gentiles eran la circuncisión, el sábado, las leyes alimentarias, y los lugares santos, de los cuales los gentiles estaban incluidos. Había un muro en el atrio exterior del templo de Herodes que impedía que los gentiles penetraran más adentro. Una

nota en tres idiomas (hebreo, griego, y latín) advertía a los no judíos que no debían pasar más allá de esta pared divisoria, so pena de muerte. Para Pablo, esa pared era un símbolo del ministerio mosaico de la ley. Vio que Dios no tenía el propósito de que esto durara para siempre. Era una medida de urgencia sólo necesaria hasta la venida de Cristo (Gálatas 3:19). (1)
Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. -- Efesios 2:14-16

La cruz puso fin a la distinción entre judíos y gentiles, varones y mujeres, por lo que concernía

a la adoración en la única familia de Dios:
"Ya no hay ni judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús". -- Gálatas 3:28

Mantener la idea de un privilegio nacional judío es judaizar y negar el evangelio de la misma manera que lo es abogar por la continuidad de las ordenanzas mosaicas. La venida de Cristo terminó con todas las distinciones cúlticas. La nueva era de Cristo entronizó una religión que era verdaderamente católica o universal. El judaísmo había preparado el camino para esto con su monoteísmo y la fe en el pacto. En esto hay continuidad entre el judaísmo y el cristianismo. Pero el judaísmo es cúltico, mientras el cristianismo es católico. Las ordenanzas del código escrito, adaptadas a las necesidades del culto pre-cristiano, dieron al pueblo de Dios una conciencia que atribuía profanación o santidad a sustancias, lugares, y tiempos. Tal conciencia es infantil. No pertenece a la madurez de la fe cristiana. Primero, consideremos la conciencia en relación con sustancias "inmundas". El Nuevo Testamento declara enfáticamente: "Nada es inmundo en sí mismo .. Todas las cosas a la verdad son limpias" (Romanos 14:14,20). "Inmundicia" es una realidad espiritual que existe en el corazón del hombre (Marcos 7:17-23) y en su actitud. "Para el que piensa que algo es inmundo, para él lo es" (Romanos 14:14). "Para los puros, todas las cosas son puras" (Tito 1:15). (2) Sólo una persona que no ha alcanzado la madurez en el evangelio puede atribuir inmundicia religiosa a una sustancia amoral. Luego tenemos la cuestión de atribuir valor religioso a lugares geográficos. La mujer de Samaria quería que Jesús entrara en el antiquísimo argumento de si Jerusalén o el Monte Gerizim era el lugar correcto para adorar a Dios. Como respuesta, Jesús afirmó la ley de Moisés diciendo que Jerusalén era el lugar que Dios había escogido. ("La salvación viene de los judíos"). Pero también declaró: "La hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre ... La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad" (Juan 4:21-24). Es decir, la fe cristiana ignorará la letra kindergarten de la ley con respecto a lugares de adoración. Esto tenía que hacer la fe si había de convertirse en una fe católica que trascendiera todas las fronteras nacionales y geográficas. Aunque los profetas hablan

de reunirse las naciones en el Monte de Sión (por ejemplo, Isaías 2) , no debemos interpretar esto según la letra palestina sino según el espíritu del Nuevo Testamento. Aparentemente, Esteban, un helenista, fue uno de los primeros en captar las implicaciones del evangelio en relación con los lugares santos. Aunque los cristianos judíos que hablaban hebreo todavía adoraban a Dios en el templo, Esteban declaró que Dios no moraba en templos hechos por manos humanas (Hechos 7:48). Los profetas del Antiguo Testamento habían dado indicios de estas cosas, pero el Nuevo Testamento las declara abiertamente. El Monte de Sión en el cual nos reunimos no se encuentra en Palestina, pero es igualmente accesible al pueblo de Dios en todas partes (Hebreos 12:22). La santidad ya no se encuentra en un lugar, de la misma manera que la profanación no viene de una sustancia. La fe cristiana no necesita montes santos, templos, ni altares. Jesucristo se ha eonvertido en la realidad de la cual todas estas cosas no eran sino una sombra. Finalmente, tenemos la cuestión de los tiempos prescritos como santos de acuerdo con la ley. De la misma manera que una fe verdaderamente católica debe trascender los lugares, también debe trascender los tiempos. Ningún tiempo es santo en sí mismo más de lo que lo es cualquier lugar, o más de lo que cualquier sustancia es inmunda. Las leyes estrictas en relación con lugares y tiempos eran ordenanzas temporales impuestas sobre los cultos religiosos hasta el tiempo de la reforma. Cristo es Señor. Por lo tanto, la tierra entera es su estrado y cada día es del Señor, idealmente adaptado "a la doctrina de los apóstoles, la comunión unos con otros, a la partición del pan, y a la oración" (Hechos 2:42,46). La conciencia infantil del judaísmo atribuía profanación o santidad a sustancias, lugares, y tiempos - meras cosas que Pablo llama "los rudimentos del mundo" (Gálatas 4:3). La fe cristiana se yergue por encima de todo esto porque reconoce que la santidad se encuentra sólo en una Persona. Ahora que ha venido Aquél que es la realidad de todas las sombras, no podemos mantener las ordenanzas cúlticas del Antiguo Testamento sin vernos envueltos en una supersticiosa preocupación por las sustancias, los lugares, y los tiempos. La persona que cree que no puede adorar a Dios junto con otros en sábado sin judaizar es tan débil en la fe como el que teme que no pueda adorar a Dios junto con otros en domingo sin rendirle homenaje a Roma o al dios sol pagano. Si los que son fuertes en la fe pueden comer alimentos ofrecidos a los ídolos (1 Corintios 8), pueden adorar a Dios en días consagrados a festividades paganas. Una religión que mantiene una supersticiosa reverencia por los lugares santos y los tiempos santos se descalifica a sí misma como fe universal para la salvación de las naciones. Imputarles profanación o santidad a sustancias, lugares, y tiempos es cúltico. Y sin embargo, varias formas cúlticas se encuentran a menudo dentro de la iglesia cristiana. Los que insisten en que los miembros dentro de su iglesia deben obedecer la letra de las leyes mosaicas (o cualesquiera leyes) en estas cuestiones externas y no éticas descalifican a su iglesia para ser verdaderamente "casa de oración para todos los pueblos" (Isa. 56:7). ¿No queda calificado como culto un grupo religioso cuando no puede recibir en comunión cristiana a los que siguen vocaciones necesarias y honorables? Por ejemplo, es difícil para un piloto de aerolínea o un policía convertirse en Adventista del Séptimo Día. A juicio del Adventismo del Séptimo Día, nadie que quebrante las ordenanzas concernientes a los tiempos

santos tiene derecho a la comunión cristiana. Personalmente, he conocido a personas que se vieron obligadas a escoger entre permanecer en la fuerza de policía o convertirse en Adventista del Séptimo Día. Pero, ¿no se beneficiaría la sociedad de tener pilotos y policías cristianos? Y si son verdaderamente cristianos, ¿cómo pueden ser descalificados de la "iglesia remanente" de la que se supone que todos deben formar parte si van a ser salvos en la generación final? Es necesario insistir todavía en otra cuestión. ¿No son más bien hipócritas los que impiden la comunión de tales creyentes, pues ellos mismos se alegran de tener los útiles servicios de pilotos de aerolíneas y policías -- aún en el día de sábado? ¿Y qué sucede con los otros servicios esenciales (además de los cuidados médicos) que atienden a las necesidades de los sabadistas durante el día de sábado? ¿Rehusarán los sabadistas usar sus luces eléctricas el sábado porque las estaciones de energía deben ser atendidas en ese día? ¿O serán como ciertos judíos que no encienden una vela en sábado pero hacen que un gentil se las encienda? En una ocasión, conocí a un caballero que era miembro de una gran comunidad sabadista y que estaba empleado en una institución educativa. Como ingeniero de mantenimiento cuya posición era clave, trabajaba todos los sábados. Su trabajo consistía en vigilar las calderas y otros equipos para que los sabadistas no se congelaran durante los servicios sabáticos. Este caballero fue aceptado como miembro bueno y regular en la iglesia porque su trabajo era considerado esencial. Pero su iglesia no toleraría a un miembro que hiciera el mismo trabajo para las autoridades municipales. En tal caso, una persona se vería obligada a renunciar a su empleo o abandonar la iglesia. Anomalías de esta clase son bastante comunes en las comunidades sabadistas. Las leyes sabáticas del Antiguo Testamento, como otras ordenanzas del ministerio mosaico, estaban adaptadas a las necesidades de una nación que vivía en Palestina. (3) Israel era una primitiva sociedad agraria. Las ordenanzas de la ley no tenían que habérselas con los problemas técnicos de un mundo redondo (4), los problemas sociales de una sociedad altamente industrializada, o los problemas económicos de una comunidad internacional. Si hemos de disfrutar de los beneficios de nuestra sociedad moderna, hay servicios e instalaciones que deben ser mantenidos los siete días de la semana. ¿Quieren realmente los sabadistas que todo el mundo se convierta en sabadista? En ese caso, la sociedad entera tendría que regresar a una simple economía agraria. Una evidencia de la inspiración de los apóstoles del Nuevo Testamento es la manera en que respondieron al mandato de llevar el evangelio a todas las naciones. No ataron el evangelio con ordenanzas que habrían impuesto grandes dificultades a otras culturas y a otras civilizaciones. No erigieron ninguna barrera para impedir que el evangelio salvador llegara a cada cultura y cada época. Pensaron que la fe en Cristo y el amor los unos por los otros es todo lo que realmente importa. Este cristianismo trasciende todas las fronteras de los lugares y del tiempo.

Notas:
(1) Es interesante comparar los comentarios de Pablo sobre la pared divisoria en Efesios 2:14 con las observaciones de Ellen G. White: "Vi que el santo sábado es, y continuará siendo, la pared de

separación entre el verdadero Israel de Dios y los incrédulos" (Ellen G. White, Early Writings [Washington, D.C.: Review & Herald Publishing Assn., 1945], p. 85. (2) Pablo dice esto en el contexto de oponerse a los judíos cristianos que evidentemente imponían las leyes alimentarias judías a los cristianos gentiles (Tito 1:10, 14). (3) No había leyes sabáticas antes de Moisés. Génesis 2:2-3 no contiene ninguna de las ordenanzas impuestas a Israel. (4) No fue sino hasta que los hombres de Magallanes navegaron alrededor del mundo desde 1519 hasta 1522 y descubrieron que estaban errados por un día en sus cálculos del tiempo que se encontró que se necesitaba una Línea Internacional del Tiempo.

Capítulo 11 - La Verdad Probadora
Los Adventistas del Séptimo Día son algunos de los sabadistas que tienen más éxito al hacer prosélitos. Aunque adoptaron de los Bautistas del Séptimo Día la práctica de la observancia del sábado, los Adventistas han tenido más éxito que los Bautistas del Séptimo Día en convencer a la gente de observar el sábado como séptimo día. La razón de esto es que la observancia del sábado en el Adventismo del Séptimo Día es parte vital de un movimiento apocalíptico. Los principales argumentos de los adventistas en favor del sábado se derivan de su interpretación de los libros de Daniel y Apocalipsis. En el sistema adventista, el sábado asume gran importancia escatológica. Se convierte en una de las dos grandes señales identificadoras de la iglesia remanente o verdadera de los últimos días (Apocalipsis 12:17). (1) Es "el sello del Dios viviente" escatológico que todo el mundo debe tener para sobrevivir a la gran tribulación y estar listo para la venida de Jesús (Apocalipsis 7:14). Aunque el Adventismo dice que los cristianos que "no tienen la luz del sábado" pueden ser justificados, no estarán entre los salvados de la generación final a menos que tengan este "sello de Dios". (2) En su esquema apocalíptico, el Adventismo del Séptimo Día prevé que los protestantes y los católicos tomarán el brazo del estado (comenzando en los Estados Unidos) para imponer sobre el mundo entero la observancia del domingo. En esta "crisis venidera", el sábado será la prueba final por medio de la cual se decidirá el destino eterno de cada alma. Los que guarden el domingo en obediencia a los decretos de la alianza entre la iglesia y el estado recibirán la "marca de la bestia". Los que permanezcan leales a los mandamientos de Dios en presencia del gran boicot (Apocalipsis 13:17), recibirán el "sello de Dios". (3) Un creciente número de Adventistas del Séptimo Día ya no toman en serio esta fantasía apocalíptica del siglo diecinueve, pero muchos todavía lo hacen. Después de todo, esta interpretación de Apocalipsis 13 y 14 tiene el enfático patrocinio de la visionaria Ellen G. White. (4)

Aún en este momento, el sábado es la "verdad probadora" para los adventistas. (5) Aceptar la observancia del sábado es sinónimo de "llegar a la verdad". En interés de las buenas relaciones públicas, la naturaleza ofensiva de esta "verdad probadora" puede que sea mantenida en un segundo plano, pero finalmente todos los otros cristianos serán juzgados por la sencilla prueba de si guardan o no el sábado. El Adventismo del Séptimo Día, por razón de su sabadismo apocalíptico, es implacablemente hostil a todo otro sistema cristiano que adopte otro patrón de adoración a Dios. ¿Qué diremos en respuesta a esta "verdad probadora"? Primero, parece estar en compañía sospechosa. El adventismo norteamericano surgió en respuesta a la predicción de William Miller de que el Señor vendría en 1843. Cuando el mundo no terminó como se había predicho, sus seguidores no se desanimnaron, sino que revisaron la fecha de Octubre 22, 1844. Especular sobre el día mismo de la venida de Cristo ya es bastante grave, pero ¿qué diremos de hacer de la aceptación de esta fecha una prueba para decidir la suerte del mundo entero? (6) Por lo que concierne a los primeros adventistas, octubre 22, 1844 constituía esta prueba. Más y más, los cristianos que no aceptaron este mensaje basado en el tiempo fueron considerados ciegos, poco inteligentes, y deshonestos. (7) Para el verano de 1844, los milleristas estaban llamando "Babilonia" a las iglesias opositoras. Muchos milleristas hasta hicieron de la separación de estas "iglesias prostitutas" una prueba de salvación, junto con la aceptación del 22 de Octubre. (8) Cuando Cristo no vino a destruir los oponentes de los milleristas, los pioneros del Adventismo del Séptimo Día proclamaron que la salvación de sus oponentes había pasado de todas maneras. Supuestamente, el Esposo había venido a las bodas en el cielo en vez de en la tierra, y había cerrado la puerta a aquellas vírgenes "fatuas" (Mateo 25:10) -- es decir, los no adventistas. Entre 1845 y 1851, esta actitud hacia todos los otros grupos cristianos se conocía como la doctrina de la puerta cerrada. Era sostenida tan enfáticamente que también ella se convirtió en una cuestión de prueba, cuya aceptación era necesaria para la salvación. (9) En vista de que el establecimiento de una fecha en el primer mensaje había sido llamado "una prueba" y la doctrina separatista de la puerta cerrada también había sido convertida en "una prueba", apenas es sorprendente que cuando los adventistas añadieron el séptimo día sábado a su sistema, el sábado se convirtió en la gran "prueba final". (10) Además de las pruebas que ya se han mencionado, la creencia en el ministerio profético de Ellen G. White, la novedosa doctrina del juicio investigador y la creencia de que la Iglesia Adventista del Séptimo Día es la iglesia remanente, se han convertido más o menos en preguntas de prueba dentro de la comunidad adventista. Todo esto ilustra que el Adventismo ha tenido una tendencia a hacer de cada una de sus doctrinas distintivas una prueba -- aún de aquéllas que el adventismo ha superado y que le gustaría olvidar. Antes de que el adventismo sea condenado con demasiado rigor por su ingenuidad o su arrogancia, reflexionemos cómo otras ramas de la iglesia han cometido el mismo error en principio. ¿No tienden las denominaciones, los grupos, y los sub-grupos a unirse sobre la base de sus enseñanzas distintivas, más que sobre la base de las certezas nada ambiguas de la común fe? ¿No es demasiado común que estos distintivos énfasis denominacionales se conviertan en el

medio para probar si otros cristianos están firmes en la fe o no? ¿Cuán a menudo ha sido convertida una cierta forma de bautismo (aspersión, derramamiento de agua, inmersión, o ahogamiento) en la prueba de firmeza en la fe? Pero esto es peor que hacer del sabadismo una prueba. Por lo menos el sábado toca un séptimo de la vida de una persona, mientras que el bautismo es simplemente una ordenanza que se cumple una sola vez en la vida. En otras ramas de la iglesia, uno puede arrepentirse de sus pecados, recibir a Jesús como Señor y Salvador, y creer todo lo que dijeron los profetas y los apóstoles, pero si no se adhiere a un cierto punto de vista de la santa cena, no es recibido en comunión. De esta manera, la santa cena se convierte en la "pregunta de prueba". Otro segmento de la iglesia hace de la prohibición de cantar himnos que no sean los que se toman directamente de la Biblia una prueba de ortodoxia. Otro grupo más hace de la prohibición de la música instrumental en la iglesia el punto que prueba de si los cristianos están dispuestos a "hacer una entrega completa". Luego, hay los que hacen de cierta posición acerca de los "decretos divinos" (que razonablemente podemos suponer que fueron redactados en Holanda, más bien que en el cielo) la prueba de ortodoxia. Todo el mundo es examinado por medio de "los cinco puntos", y los que no pasan esta prueba son juzgados poco firmes en la fe. Acercándonos más al escenario evangélico popular, ¿cuán a menudo es convertido un punto de vista particular acerca del rapto, la tribulación, o el milenio en la prueba para determinar quién será aceptado en el campo de las misiones o en un puesto académico? ¿O se convierte cierto punto de vista acerca de la inspiración bíblica en la piedra de toque de la ortodoxia evangélica? ¿O si alguien habla en lenguas o no? ¿Qué diremos en respuesta a todas estas cuestiones de prueba, incluyendo el sabadismo? Por lo que concierne al Nuevo Testamento, hay una verdad probadora final que Dios quiere que todos oigan -- y esa es el evangelio de su Hijo. Dios juzga a la gente por medio de la palabra del evangelio que se predica en los últimos días (Juan 3:18,19). Los que obedecen al evangelio son constituidos hijos de Dios. Son justificados y se les concede la vida eterna (Juan 5:24; Hechos 13:38,39; Romanos 3:24,25). Son sellados con el Espíritu Santo para el día de la redención (Efesios 1:13-14). Los que desobedecen al evangelio ya han sido condenados. La ira de Dios permanece sobre ellos (Juan 3:18,36). Esto significa que el juicio venidero de los últimos días ya está misteriosamente presente en el evangelio (Juan 3:18,19; 5:24; 9:39, 12:31). En el Nuevo Testamento, la única pregunta es ésta: ¿Confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos? (Romanos 10:9). Este Jesús no es el Jesús de la imaginación de cualquier persona, sino el Jesús que cumple el Antiguo Testamento siendo concebido del Espíritu Santo, nacido de la Virgen María, crucificado por nuestros pecados, y resucitado para nuestra justificación. Su vida sin pecado, su inherente divinidad, su Señorío a la mano derecha de Dios, su salvación sólo por gracia, su Espíritu inmanente, y su regreso otra vez para juzgar a los vivos y a los muertos son tan intrínsicamente parte de la fe en Jesús que podemos preguntarnos si existe la verdadera fe dondequiera que son negados estos artículos de la fe común. Pero la historia de la iglesia demuestra ampliamente que la fe genuina ha existido con o sin el sabadismo, con o sin ciertos puntos de vista en relación con el bautismo, la santa cena, la elección, el milenio, o ciertas teorías de la inspiración, etc. Se podría argüir que no puede haber fe genuina en Jesús si no se abandonan los pecados que violan los mandamientos de Dios. Este argumento es perfectamente verdadero, pero nos apresuramos a subrayar que los pecados que desafían la autoridad de Dios y despiertan su ira se

declaran claramente en el Nuevo Testamento. Una y otra vez, los apóstoles mencionan por nombre propio los pecados que mantendrán fuera del reino a los que profesan la fe (1 Corintios 6:9-10; Gálatas 5:19-21; Efesios 5:3-8). Pero las así llamadas "pruebas" no se encuentran jamás en las listas de los pecados que niegan el evangelio. Con respecto a las formas de adoración a Dios y el orden en la iglesia, había mucha mayor diversidad en la iglesia primitiva de lo que por lo general reconocemos. Los cristianos judíohebreos, los cristianos judío-helenistas, y los cristianos gentiles de muchas culturas desarrollaron sus propias formas de adorar a Dios y de vida congregacional. Hasta había diferentes énfasis teológicos entre varias congregaciones cristianas. Por supuesto, había una unidad subyacente en la fe común, pero había también gran diversidad en la forma de adoración y en la estructura de la comunión. Por lo tanto, debemos ser cautelosos al tratar de establecer un modelo de forma y comunidad a partir de la iglesia primitiva. El evangelio da a los cristianos libertad para guardar un día para el Señor. Ésta puede ser su manera de expresar su unidad con la comunidad del Antiguo Testamento. Puede que encuentren valor en la disciplina de un período regular semanal para la adoración privada y colectiva. Su herencia particular puede haber investido cierto día de recuerdos sagrados de modo que no sienten que están bien si tratan a ese día como a los demás. Nadie debería condenarlos por esto (Romanos 14:5. Una cosa es que un grupo adopte un modelo de adoración por medio del cual se propongan honrar a Dios. Otra cosa muy diferente, sin embargo, es que afirme que este modelo de adoración es el único legítimo y que todos los demás están condenados. El que un grupo haga de su propio modelo de adoración el punto especial de su testimonio es contrario al espíritu entero del Nuevo Testamento. Preocupaciones externas como la observancia de días y tabúes alimentarios pertenecen al judaísmo, no al cristianismo del Nuevo Testamento. En ninguna parte indica Jesús que la observancia de un día sería una señal para su pueblo. Puede que un hombre sea un asceta dietista y sin embargo ser un diablo. (Hitler era vegetariano). Ser sabadista no es prueba de lealtad a Dios. (Los antiguos judíos clavaron al Hijo de Dios a la cruz y luego se apresuraron hacia sus casas para guardar el sábado). Pero Jesús dio esta señal: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviéreis amor los unos con los otros" (Juan 13:35). Nadie puede amar y no ser de Cristo. "El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él" (1 Juan 4:16). El hacer de la observancia de un día (que de todos modos no es nada singular) el gran tema del cristianismo no representa en absoluto la espiritualidad de las enseñanzas de Cristo. (11) En su descripción del juicio final, nuestro Señor muestra que las ovejas serán separadas de las cabras mediante un solo criterio: ¿Cómo trataron a sus prójimos? (Mateo 25:3146).

Notas:
(1) Se dice que la otra marca distintiva es "El Espíritu de Profecía" -- que se cree se manifestó en la vida y el ministerio de Ellen G. White. (2) Véase de Ellen G. White, The Great Controversy (Mountain View, Calif.: Pacific Press Publishing Assn., 1950), pp. 603-613, 640.

(3) Véase ídem. (4) Véase ídem. (5) Véase de Ellen G. White, Testimonies for the Church (Mountain View, Calif.: Pacific Press Publishing Assn., 1948), 5:80-81; Prophets and Kings (Mountain View, Calif., Pacific Press Publishing Assn., 1943), pp. 118-189); Evangelism (Washington, D. C.: Review and Herald Publishing Assn., 1946), pp. 233-235. (6) Véase de Robert D. Brinsmead, Judged by the Gospel: A Review of Adventism (Fallbrook, Calif.: Verdict Publications, 1980), p. 304. (7) Véase de George Storrs,. "Go Ye Out to Meet Him", Midnight Cry, 3 Oct., 1844, p. 99; "The Finale", Midnight Cry, 10 Oct., 1844, p. 107; Ellen G. White, Early Writings (Washington, D. C.: Review & Herald Publishing Assn., 1945), pp. 74, 232, 234-235. (8) Véase de William Miller, "Letter from Wm. Miller", Midnight Cry, 5 Dec. 1844. pp 179-180; Ellen G. White, Early Writings, pp. 237-250. (9) Véase de James White, "A Word to the Little Flock" (1847): reproducción en facsímil, Washington, D. C.: Review and Herald Publishing Assn., n.d.), pp. 2, 5, 8. (10) Véase de Ellen G. White, Early Writings, pp. 42-43, 85, 254; The Great Controversy, pp. 603-612. En el período inicial del Adventismo del Séptimo Día (1844-1851), las dos características que formaban la base del nuevo movimiento eran la doctrina de la puerta cerrada y el séptimo día sábado. La visionaria Ellen G. White declaró: "Luego se me mostró que los mandamientos de Dios y el testimonio de Jesucristo en relación con la puerta cerrada no podían separarse" (Early Writings, p. 42). James White dijo: "Los puntos principales que nosotros consideramos como la verdad presente son el séptimo día sábado y la puerta cerrada" (White al Hermano y la Hermana Hastings, 2 Oct. 1848). (11) Dijo Ellen G. White: "El sábado es la gran cuestión que unirá los corazones de los queridos santos de Dios que esperan ... Su observancia era de suficiente importancia como para trazar una línea entre el pueblo de Dios y los incrédulos" (White, Early Writings, p. 85).

Capítulo 12 - La Realidad del Sábado
El sábado fue dado a Israel como señal de su elección. Fue creado para recordarle que Aquél que había creado el mundo había creado la nación de Israel para sí mismo. "Guardarán, pues, el día de reposo los hijos de Israel, celebrándolo por sus generaciones por pacto perpetuo. Señal es para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó y reposó". -- Éxodo 31:16-17. "Y les di también mis días de reposo, para que fuesen por señal, para que supiesen que yo soy Jehová que los santifico [es decir, los separo, los pongo aparte]". -- Ezequiel 20:12.

La santificación (o separación) del séptimo día era una señal de la santificación o separación de Israel de todos los demás pueblos. Era la marca distintiva por excelencia del judío. Sin embargo, se ha hecho mucho daño al no distinguir entre la señal y la cosa significada. Cuando Israel confundió la forma con la realidad, los profetas declararon que Dios detestaba sus celebraciones sabáticas (Isaías 1:14; Amós 5:21) . En el judaísmo post-exílico, había una tendencia a glorificar el día sábado al mismo tiempo que se descuidaba lo que se suponía que debía representar el sábado. Lo mismo puede decirse de la circuncisión, y hasta del bautismo cristiano. Tanto Moisés como Pablo entendieron que la realidad de la circuncisión era la regeneración del corazón (Deuteronomio 10:16; 30:6; Romanos 2:22-29). El judaizante que decía que un hombre no se podía salvar a menos que fuera circuncidado habría tenido razón si hubiera hablado de la realidad en vez de la señal transitoria. Hay cristianos hoy día que insisten en que el bautismo es absolutamente necesario para la salvación. El texto "de prueba" es 1 Pedro 3:21, que dice que somos salvos por el bautismo. Es verdad que no podemos ser salvos a menos que hayamos sido bautizados o incorporados a la santa historia de la muerte y la resurrección de Cristo (Romanos 6:2-6; 1 Corintios 12:13, Gálatas 2:20). El rito del bautismo tiene el propósito de expresar esta realidad. Es decir, debería mostrar el evangelio visualmente. Pero tenemos que distinguir entre la foma y la realidad. Algunas veces, los cristianos han argumentado tenazmente acerca de la forma del bautismo. ¿Deben los candidatos ser bautizados mediante el derramamiento de agua, el rociamiento, la inmersión, o el ahogamiento, como pensaba Zuinglio de los anabaptistas? Para vergüenza del cristianismo, el espíritu sectario algunas veces ha proclamado: "A menos que usted tenga nuestra forma de bautismo (¡el bíblico, por supuesto!), no se puede salvar. Nuestra manera de hacer esto es la única legítima. Todas las demás son ilegítimas". Aunque debemos tratar de adoptar la forma que mejor haga honor a la realidad, ¿no demuestra la historia de la iglesia que Dios tiene gente que se suscribe a diferentes formas? Y si Dios los acepta como sus hijos, ¿por qué no podemos nosotros aceptarlos como hermanos nuestros? Si Dios no hace de algo una condición para la comunión con Él mismo, ¿debemos nosotros hacer de ello una condición para la comunión los unos con los otros? Podemos decir del sábado lo mismo que hemos dicho del bautismo: A menos que aceptemos el reposo sabático de Dios, no podemos ser salvos. El libro de Hebreos, que fue escrito para cristianos sabadistas, declara: "Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios" (Hebreos 4:9). Este reposo sabático no es el séptimo día, sino el reposo que se nos ofrece en el evangelio. "Los que hemos creído entramos en el reposo" (Hebreos 4:3). El propósito de Dios de guiar a su pueblo a este reposo ha existido desde la creación. El séptimo día era meramente un recordatorio de esta gran meta en la historia de la salvación. Es significativo que el único comentario del Nuevo Testamento acerca del sábado se encuentra en Hebreos 4. No hay ninguna indicación en este pasaje (ni en ninguna otra parte del Nuevo Testamento) de que el domingo es el sábado cristiano. El evangelio nos da a Cristo, y sólo Él nos da el verdadero reposo aparte del cual nadie será salvo. No es coincidencia que Mateo introduce un relato de una de las controversias sabáticas de Jesús con la invitación de Él:

"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas". -- Mateo 11:28,29.

El Sábado Primitivo Debemos tener presente la diferencia entre forma y realidad cuando leemos sobre el sábado primitivo. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación. -- Génesis 2:2-3 Este texto, junto con el mandamiento del sábado en Éxodo 20:8-11, es la principal arma en el arsenal de los sabadistas. Pero, aparte del error de comenzar con el Antiguo Testamento en vez de con el Nuevo, el sabadista lee más en Génesis 2:2-3 de lo que está justificado. Los puritanos, por ejemplo, pensaban que la observancia de un día en siete era una ordenanza de la creación y que por lo tanto debía ser una obligación perpetua. Calvino, sin embargo, era un poco más sabio. Aunque también reconocía la gran antigüedad del sábado, no lo llamó una ordenanza de la creación. Como veremos, hay buenas razones para las reservas de Calvino. Se reconoce ampliamente que la institución de la familia y el mandato cultural de gobernar la tierra son ordenanzas de la creación. Estas ordenanzas están específicamente dispuestas en Génesis y acompañadas de ejemplos específicos. Sin embargo, esto no puede decirse del sábado semanal. Génesis 2:2-3 no menciona ningún mandamiento ni precepto que requiera que el hombre repose cada séptimo día de la semana. (1) Pero los que tratan de proyectar esta ley de vuelta al Génesis tienen serias dificultades con el pasaje que habla de siervos y bestias de carga - cosas que no pertenecen al Edén sin pecado. Finalmente, no hay ningún ejemplo en Génesis de nadie que guardara el sábado semanal. Por lo tanto, no hay prueba en Génesis de que el sábado semanal era una ordenanza de la creación. Alguien podría decir que esto se infiere, pero las afirmaciones dogmáticas requieren un mejor apoyo que una inferencia. Cuando estamos ansiosos de probar un punto, es fácil dar por sentado mucho y presionar a la Biblia más allá de lo que ella dice en realidad. De cada uno de los seis días de la creación se dice que tuvo un principio y un final: 1. 2. 3. 4. 5. 6. Y fue la tarde y la mañana un día -- el primer día.- Génesis Y fue la tarde y la mañana el día segundo.Génesis Y fue la tarde y la mañana el día tercero.- Génesis Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.- Génesis Y fue la tarde y la mañana el día quinto.- Génesis Y fue la tarde y la mañana el día sexto.- Génesis 1:31 1:5 1:8 1:13 1:19 1:23

¿Por qué no se dice lo mismo del séptimo día? ¿Por qué se dice de cada día que termina, excepto del séptimo? La obra de la creación fue absolutamente terminada el sexto día (Génesis 2:1). Y

porque la obra de Dios fue diseñada para que durara por siempre, ¿no podría el reposo haber sido creado para que durara por siempre también? Por lo tanto, sugerimos que el sábado original era un día abierto y, a diferencia de los otros días, nunca fue creado para terminarse. Era el verdadero sábado, que dura para siempre. En él pueden reposar tanto Dios como el hombre, no porque alguno de los dos se hubiese cansado, sino porque ambos podían reposar en la comunión del reino de Dios. El banquete de amor estaba completamente preparado. ¿Qué otra cosa podrían hacer Dios o el hombre sino disfrutar de él para siempre? Nada se dice acerca de interrumpir esta festividad con seis días de labor. Puesto que éste era el sábado original, el pecado del hombre fue grande y amargo -- amargo para Dios, así como para el hombre. Porque, en su rebelión, el hombre empañó la creación y abolió el sábado. Ahora Dios debe trabajar nuevamente para restaurar lo que se perdió y hacer nuevas todas las cosas. Aunque ésta también sería una obra de amor de Dios, le causaría dolor y agonía y una infinita erogación del tesoro celestial. Pero ningún precio era demasiado alto para pagarlo por el objeto de su amor. Así, Jesús declaró: "Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo" (Juan 5:17). En el contexto, Jesús estaba diciendo que Dios no cesó de trabajar en el sábado semanal, ni su Hijo tampoco. Ambos estaban trabajando con dedicación para la restauración del hombre. La ley del sábado sinaítico, estableciendo seis días de trabajo y un día de descanso, era un instrumento pedagógico para hacer que el hombre mirara hacia atrás, a la creación original de Dios. Cada séptimo día, el hombre habría de tener un respiro de su trabajo "doloroso" (Génesis 3:17) y su agotadora "obra" (Éxodo 20:9). Por lo tanto, el hombre disfrutaría un poco del sábado edénico y recordaría de dónde había caído. Pero, como todas las grandes festividades del calendario mosaico, el sábado no sólo señalaría hacia atrás, a la primera obra de Dios, sino hacia adelante, hacia su última obra, cuando haría nuevas todas las cosas. Por lo tanto, el sábado semanal permaneció como testimonio perpetuo del hecho de que el Dios que actuó en la creación y en el Éxodo (comp. Éxodo 20:8-11 con Deuteronomio 5:15) actuaría otra vez al final de los tiempos para restaurar el sábado sempiterno. Así, hasta el judaísmo entendió que el sábado semanal era "ya un anticipo de la gloria eterna, que será un sábado sin fin". (2) Que el sábado semanal no era la realidad sino una sombra que señalaba hacia adelante, a la realidad, queda claro en la afirmación de Pablo en Colosenses 2:16,17. Aquí él incluye el sábado semanal en las cosas que son "sombra de lo que habría de venir". Y luego añade que la realidad [del sábado], sin embargo, se encuentra en Cristo. Él es nuestro reposo, así como nuestra paz y nuestra justicia (Mateo 11:28; Efesios 14). El Nuevo Testamento proclama que, en nosotros, Cristo, el sábado real y eterno de la era por venir, ya ha sido entronizado en la historia. Se nos ofrece en el evangelio, tal como todas las otras bendiciones de los últimos días se nos ofrecen en el evangelio. Pablo usa la palabra "justificación" para representar lo que se nos ofrece en el evangelio. Juan lo llama "vida eterna". El escritor de Hebreos lo llama "un reposo para el pueblo de Dios" (Hebreos 4:9). Tanto Pablo, como Juan, y el escritor de Hebreos, describen la misma realidad. Cristo trabajó y sufrió para llevar a cabo la nueva creación. Pero su obra de redención está acabada. El pecado ha sido liquidado, el enemigo ha sido derrotado, y la muerte ha sido abolida.

No es coincidencia que fue también en el sexto día que el Creador crucificado proclamó: "Consumado es" (Juan 19:30; comp. con Génesis 1:31; 2:1). El evangelio nos invita a entrar en el reposo de Él -- un reposo que es tan permanente como su obra. A través del consuelo del evangelio y la morada del Espíritu Santo, iniciamos esa festividad sabática que nunca terminará. En la vida venidera, experimentaremos ese reposo en su inmortal plenitud. En su libro "Del Sábado al Domingo", Samuele Bacchiocchi echa a perder el caso de los sabadistas cuando admite que Colosenses 2:16-17 enseña que el sábado semanal era una sombra de las realidades del evangelio. (3) Aunque reconoce la diferencia entre sombra y realidad, arguye que todavía se necesita la sombra del sábado semanal para señalarnos la realidad. Lo aplaudimos por advertirnos que esta sombra "nunca debe constituirse en sustituto de la realidad". (4) Pero Colosenses 2:16-17 no contiene ningún argumento para conservar la sombra ahora que la realidad ha llegado. El escritor de Hebreos usa palabras casi idénticas a las de Colosenses 2:16-17. Colosenses 2:16-17: ... un día de reposo ... una sombra de de las cosas que habían de venir: la realidad, sin embargo, se encuentra en Cristo. Hebreos 10:1: La ley es sólo una sombra de las buenas cosas que vienen, no de las realidades mismas. Bacchiocchi seguramente estaría de acuerdo en que el libro de Hebreos no nos estimula a conservar la sombra levítica. ¿Cómo entonces pueden interpretarse las palabras de Colosenses 2:16-17 como un estímulo para conservar la sombra sabática? Es imposible apreciar cómo llega Bacchiocchi a estas conclusiones a partir de la epístola de Pablo a menos que uno entienda primero su teología del sábado, presentada en la primera parte de su libro. De manera significativa, su teología se basa en los evangelios. Bacchiocchi interpreta las Epístolas a la luz de las conclusiones sacadas de los evangelios. Bacchiocchi llama la atención al escenario sabático de tantas obras de liberación y sanamiento de Cristo (por ejemplo, el hombre poseído por un demonio en Lucas 4:31-37, la suegra de Simón en Lucas 4:38-39, el hombre de la mano seca en Mateo 12:9-13, la mujer paralítica en Lucas 13:10-17, el paralítico en Juan 5:1-10, el ciego en Juan 9:1-41, etc.). Bacchiocchi indica correctamente que estos pasajes demuestran una íntima relación entre el sábado y el poder liberador de Jesús. Pero luego saca la más extraña conclusión de esta relación. Dice que Jesús hizo estas obras en sábado para llamar la atención "a la función redentora del sábado" (5) y dice "esta función liberadora del sábado". (6) "El sábado es el momento en que los creyentes experimentan la salvación misericordiosa de Dios" (7). "En sábado, Cristo intensificaba su ministerio salvador", dice Bacchiocchi, "para que los pecadores... pudieran experimentar y recordar el sábado como el día de su salvación". (8) Cristo estaba mostrando que el sábado es "un tiempo para experimentar la salvación de Dios alcanzada por medio de Cristo Jesús". (9) Llamamos a esto una extraña conclusión porque Bacchiocchi hace que Cristo señale a la grandeza del sábado en vez de hacer que el sábado señale a la grandeza de Cristo. Ya los judíos tenían al sábado en alta estima. En realidad, prácticamente habían deificado el día atribuyéndole toda clase de poderes.

Jesús no necesitaba llamar la atención a la importancia del sábado. Si era posible, los judíos ya habían exagerado su importancia. Jesús llevó a cabo poderosas obras en sábado para subrayar que Él era la realidad a la cual apuntaba el sábado, que, en Él, Dios estaba ofreciendo al hombre el verdadero reposo del cual el día era sólo un símbolo. Cuando en la Fiesta de los Tabernáculos Jesús proclamó que Él era la luz del mundo, ¿estaba tratando de decirnos que el décimoquinto día del séptimo mes sagrado era el momento para pasar de la oscuridad a la luz? Cuando murió por nuestros pecados el viernes de Pascua, ¿nos estaba diciendo que la Pascua era el momento para experimentar la liberación de nuestros pecados? Más bien, ¿no nos están diciendo los evangelios que Jesús es el cumplimiento y la realidad de las festividades semanales y anuales? La tesis de Bacchiocchi abre la puerta para lo que Calvino denomina "la supersticiosa observancia de los días". (10) En realidad, esto no es diferente de un peregrinaje supersticioso a lugares santos. Si hay "un tiempo para experimentar la salvación de Dios lograda por medio de Cristo Jesús", ciertamente no es sólo un día a la semana, como indica Bacchiocchi, sino el día al cual se refiere Pablo cuando dice: "He aquí ahora el día de salvación" (2 Corintios 6:2). No hay poder liberador o redentor en un día, sino sólo en la persona y la obra de Cristo. Aquél que es nuestra justicia, nuestra paz, nuestra sabiduría, y nuestra vida es también nuestro sábado. Este sábado trasciende todas las fronteras del tiempo y del espacio. ¿Quién podría objetar el que una persona o una comunidad decida observar un día de reposo semanal en el cual recordar el poderoso acto de Dios en Cristo y celebrar su liberación? Pero obligar a una celebración semanal con ordenanzas arbitrarias que aherrojan la conciencia, o atribuírle a un día semanal un significado redentor que pertenece sólo a Cristo, es hacer que un día compita con Cristo Jesús.

Notas:
(1) La primera vez que una ley de día de reposo semanal aparece en la Biblia es en la historia del Éxodo (Éxodo 16,20). Aunque existía una conciencia del bien y el mal desde Adán hasta Moisés, y posiblemente algún conocimiento de un sábado, las ordenanzas precisas no entraron en vigor sino hasta Moisés (Romanos 5:13-14,20; Gálatas 3:17-19). El sabadista debe suponer demasiado acerca del estado edénico. Las condiciones reales de tiempo y espacio en el mundo no caído son tan imposibles de imaginar exactamente como la vida por venir. ¿Por qué tratar de construir una teología sobre las sombras del Antiguo Testamento cuando el Nuevo Testamento nos da la palabra final de Dios? (2) Gerhard Friedrich, ed. Theological Dictionary of the New Testament, 7:8 (3) Véase de Samuele Bacchiocchi, From Sabbath to Sunday, pp. 358, 364. (4) Ídem, p. 364. (5) Ídem, p. 29, 73. (6) Ídem, p. 36.

(7) Ídem, p. 55. (8) Ídem, p. 73. (9) Ídem. El punto de vista de Bacchiocchi sobre el sábado suena asombrosamente similar a la posición católica romana sobre los sacramentos, que sostiene que la gracia es comunicada a través de los elementos del pan y del vino. Otro erudito Adventista del Séptimo Día, Sakae Kubo, dice: "el sábado como memorial de la creación es significativo para nosotros sólo después de que lo vemos como un memorial de nuestra 'nueva creación’... "para el cristiano, el sábado se convierte en una señal de lo que Dios ha hecho en él ... El cristiano celebra la actividad creadora de Dios en su vida, que lo ha hecho una nueva creación" (Sakae Kubo, "Man´s First Full Day", Ministry, Nov. 1980, p. 17). Esto está sospechosamente cerca de hacer del sábado una marca distintiva de la piedad del sabadista y un memorial de su justicia impartida. (10) John Calvin. Institutes of the Christian Religion, bk. 2, chap. 8, sec. 31.

Capítulo 13 - La Ética del Nuevo Testamento
A estas alturas, debería ser obvio que la cuestión del sabadismo da lugar a la más amplia cuestión de la existencia cristiana y la ética del Nuevo Testamento. ¿Está el cristiano sujeto a la ley? Y en ese caso, ¿en qué sentido? La Reforma contestó a esta pregunta diciendo que la ley tiene tres usos:
1. Tiene un uso social, pues ejerce una influencia restrictiva sobre la sociedad. 2. Tiene un uso pedagógico, pues señala el pecado y dirige al pecador a Cristo. 3. Tiene un uso guiador, pues actúa como norma de conducta para los que han sido justificados.

Lutero hacía mucho énfasis en el segundo uso de la ley, mientras que Calvino ponía su mayor énfasis en el tercer uso de la ley. Lutero no creía en el tercer uso de la ley. Aunque la expresión tercer uso de la ley no aparece en Lutero, (1) no es difícil encontrar afirmaciones en las cuales él habla de la ley como que proporciona instrucción en las buenas obras para la orientación de los creyentes justificados. Sin embargo, la rama reformada del protestantismo tradicionalmente ponía más énfasis en el tercer uso de la ley. Aunque la tradición luterana ha tendido a permitir cualquier forma de adoración excepto la que Dios ha prohibido, la tradición Reformada ha tendido a permitir sólo la forma de adoración que Dios ha establecido. El puritanismo fue el resultado de la teología reformada. Los puritanos escudriñaron la Biblia buscando orientación sobre la liturgia, el gobierno eclesiástico, y el espectro entero de la existencia cristiana. Explicaron los Diez Mandamientos con gran detalle y los aplicaron con rigor, creyendo que eran la norma de vida por excelencia. Los puritanos fueron los mayores exponentes del sabadismo en la historia de la iglesia.

Aunque el puritanismo de la línea principal era sabadista del domingo, no es ningún accidente que los movimientos sabadistas han crecido en suelo puritano. Los sabadistas del séptimo día se ven a sí mismos llevando las premisas teológicas del puritanismo a su fin lógico. Si los Diez Mandamientos deben ser aplicados con exactitud y rigor como regla de vida para los cristianos, ¿por qué no guardar el sábado que guardaron Jesús, los apóstoles, y la primitiva iglesia de Jerusalén? Los puritanos ortodoxos y sus descendientes han tratado de argüir que Jesús o los apóstoles cambiaron el día de adoración y ordenaron que la iglesia observara un nuevo día. Pero no tienen apoyo bíblico y, en consecuencia, caen en las manos de sus oponentes más consistentes, los sabadistas del séptimo día. ¿Qué diremos de este "tercer uso de la ley", como era llamado en la teología de la Reforma? Primero, examinaremos algunos de sus aspectos positivos:
1. No hay duda de que el tercer uso de la ley es teológicamente válido. Los eternos principios éticos establecidos en el Antiguo Testamento son radicalizados en el Nuevo Testamento. (El Semón del Monte es una ilustración de esto). El Nuevo Testamento está cuajado de imperativos -- órdenes, prohibiciones, advertencias, y exhortaciones. La ley es el "deber", y no hay ausencia de "deberes" en el Nuevo Testamento. Se dice que el hombre espiritual s deleita en la ley de Dios y en someterse a ella (Romanos 7:22; 8:7). Son los impíos los que son llamados anomos -- que literalmente significa "sin ley" (Mateo 7:23; 24:12; 2Tesalonicenses 2:7; 1 Timoteo 1:9; 1 Juan 3:4, etc.). Fe en el señorío de Cristo implica estar dispuesto a aceptar su autoridad y someterse a su palabra como ley absoluta. La corriente principal de la iglesia cristiana ha rechazado siempre la tesis de que los creyentes que han nacido de nuevo, que son guiados por el Espíritu, no necesitan ley para que los guíe y los corrija. Ningún antinomiano se ha convertido jamás en un honrado exponente de la fe cristiana. La proposición de que el creyente está libre de la ley de Dios como norma de vida ha sido condenada como herejía por todos los maestros cristianos competentes, y con razón. 2. La doctrina del tercer uso de la ley preserva el fuerte imperativo moral reflejado en el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. Afirma que el evangelio no debe permitirnos tolerar el pecado o ser flojos en alcanzar el más alto ideal ético. Los reformadores eran muy conscientes de la acusación de sus oponentes de que la doctrina evangélica era permisiva. La Confesión de Augsburgo y la Apología de Melancton revelan que los luteranos estaban ansiosos de subrayar que el evangelio conduce a una vida de buenas obras y respeto por la ley de Dios. Fue en el contexto de oponerse a los antinomianos que Melancton primero acuñó la expresión "el tercer uso de la ley". Pero fue la Ginebra de Calvino la que habría de demostrarle al mundo entero que el evangelio de la Reforma produciría una comunidad celosa de la obediencia a la ley de Dios. Y dondequiera que ha ido el protestantismo reformado, ha reflejado el severo imperativo de Ginebra. La santificación era el

fuerte de los puritanos. Cualesquiera fueran sus errores, eran el terror del antinomianismo. Aunque el cenit del puritanismo has pasado, su influencia no ha terminado. El Estandarte de la Verdad y la Confianza, los discípulos de Arthur Pink, muchos de los adherentes de la Confesión de Westminster, y los Adventistas del Séptimo Día son exponentes principales del tercer uso de la ley. Nadie entiende realmente el sabadismo a menos que se dé cuenta de que esta es la manera en que un grupo de cristianos declara que ha tomado la ley de Dios en serio. En el mejor de los casos, el sabadismo es una confesión de que la fe no anula la ley sino que la establece (Romanos 3:31). ¿No nos enseña la expiación sustitutoria que Dios satisfizo las justas demandas de la ley y, por lo tanto, le confirió impresionante honor? El sabadismo es la manera en que un segmento de la iglesia confiesa que, a la vista del Calvario, el pecado no ha de ser tomado a la ligera, y el antinomianismo no ha de ser tolerado. De esta manera, la iglesia se ha beneficiado algunas veces del testimonio profético de los sabadistas. 3. La doctrina del tercer uso de la ley preserva el fuerte elemento jurídico en la teología bíblica. Una teología no relacionada vitalmente con la ley es como un cuerpo sin columna vertebral. Tiende a ser mística o sentimental. No hace justicia al retrato bíblico del Dios de justificación, del pacto, de la ira, y de la recta justicia. Los hombres de la Biblia no sólo se sienten cómodos usando imágenes legales al relatar los actos de Dios, sino que, junto a la historia misma, parecen preferir la terminología legal más que cualquier otra cosa. Al presentar el significado de la expiación, Pablo no encuentra mejor manera de expresar su teología que en categorías legales. "Redención", "propiciación", "reconciliación", "perdón", "justificación", y "adopción" son todos conceptos relacionados con la ley. Así también lo son "testimonio" (testificar), "juzgar", "acusar", "verdad", "condenar", "Paracleto" y otras palabras en los escritos de Juan. En la historia de la teología, son los que se han adherido al tercer uso de la ley los que han hecho justicia a las imágenes jurídicas de la Biblia, y especialmente a la doctrina paulina de la justificación por la fe. Por otro lado, los que son flojos en el tercer uso de la ley tienden a reducir la salvación a un proceso subjetivo que ensalza la santificación con la justificación.

El Abuso del "Tercer Uso" Habiendo reconocido los puntos fuertes en la doctrina del tercer uso de la ley en la Reforma, deseamos examinar el modo en que se ha abusado de él. La validez teológica de una tesis no implica necesariamente que un escritor bíblico formuló las mismas categorías de pensamiento. Por ejemplo, la distinción entre ley moral y ley ceremonial puede ser útil, pero no debe imponerse sobre textos de la Escritura que no tienen nada que ver con el establecimiento de esta distinción. Lo mismo puede decirse del tercer uso de la ley. Los comentarios sobre Gálatas en la tradición reformada a menudo terminan tratando de proteger a Pablo de un malentendimiento. Estos comentarios imponen sobre el libro de Gálatas modos de pensar del siglo diecinueve sobre el tercer uso de la ley. Pero en Gálatas se le permite a Pablo hablar por su propia cuenta. Él no rescata la manchada reputación de la ley mediante una disertación sobre su tercer uso. La ley es simplemente un paidagogos, un guardián de menores hasta la venida de Cristo. No hay en

Gálatas ninguna sugerencia de que el pueblo de Dios necesite este paidagogos después de que Cristo y la justificación hayan venido. El problema al interpretar Gálatas surge cuando el comentarista cree que la ley es un principio o un modelo, sabe intuitivamente que el modelo que exige una conducta recta no está abolido, y esto es lo que lee en Gálatas. Pero cuando Pablo habla negativamente de la ley en Gálatas, quiere decir el infantil sistema de ética por libro que la administración mosaica impuso sobre Israel hasta la venida de Cristo. A causa de la ambigüedad que existe en este punto, hay el verdadero peligro de que la doctrina reformada del tercer uso de la ley regrese al creyente a lo que Pablo llama estar "bajo la ley". Con el pretexto de respetar la ley de Dios como norma de vida, estaríamos nuevamente cargados con un sistema de ética que es infantil y al pie de la letra, un sistema del cual se supone que el evangelio habría de librarnos. Los puritanos, Arthur Pink, John Murray, Philip Hughes, la gente del Estandarte de la Verdad y la Confianza, y los Adventistas del Séptimo Día arguyen convincentemente que sólo los aspectos ceremoniales de la ley de Moisés han terminado, mientras los aspectos morales se conservan. (2) De esta manera, la ley de Moisés, desprovista de las ceremonias judías, se convierte en la regla de vida del cristiano. Excelentes eruditos como Philip Hughes declaran que la misma ley escrita en tablas de piedra está ahora escrita en el corazón del cristiano y demostrada en su vida, por supuesto, no como un medio de salvación, sino como evidencia de salvación. (3) ¿Quiere decir Hughes realmente que la letra de la ley mosaica está impuesta en la conciencia del cristiano? Nadie debería objetar la proposición de que los eternos principios éticos que se encuentran en Moisés son trasladados a la ética del Nuevo Testamento. Pero en la tradición puritana-reformada, la ética del Nuevo Testamento queda limitada demasiado rápidamente al código mosaico de ordenanzas. Así, el puritanismo se convirtió en una especie de judaísmo cristiano. Este riguroso sistema de ética por libro no es un reflejo de la existencia cristiana presentado en el Nuevo Testamento. El Punto de Partida de la Ética del Nuevo Testamento Una de las cosas más notables sobre las cartas de Pablo es que él casi nunca define el bien y el mal con un código escrito. No se enfrenta a Pedro en Antioquia diciendo: "Has violado la Sección 4, Cláusula B, de la ley". No acusa a Pedro de quebrantar ni los Diez Mandamientos ni los 613 mandamientos. En realidad, fue el temor de quebrantar al antiguo código escrito delante de los cristianos de Jerusalén lo que motivó a Pedro a terminar su comunión en la mesa con los gentiles. Habría sido muy difícil culpar a Pedro de cualquier falta basándose en el código escrito. Pero Pablo explica la base de su acusación con estas palabras:
"No andaban [Pedro y sus hermanos] rectamente conforme a la verdad del evangelio" (Gálatas 2:14)

El punto inicial de la ética de Pablo no era el código escrito. Era el acto de justicia de Dios en la muerte y la resurrección de Cristo. El apóstol no comienza sus cartas con una exposición del deber cristiano basado en una aplicación puritana de los Diez Mandamientos. Comienza con una

clara afirmación de lo que se nos ha dado en el evangelio. (4) Romanos 12:1 es típico de todas sus epístolas: "Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional". Puesto que Dios nos ha perdonado, debemos perdonarnos los unos a los otros (Colosenses 3:13). Porque Él fue generoso, debemos reflejar su generosidad (2 Corintios 8:9). No debemos ser egoístamente ambiciosos, porque Cristo se humilló a sí mismo hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:3-8). Puesto que Dios nos ha incluido por gracia en la muerte de Cristo, debemos matar todas las obras pecaminosas (Colosenses 3:3-5). Ésta es una ética de agradecida celebración. Es la manera en que el creyente expresa gratitud por una salvación que es un don de principio a fin. Es una ética de fe y amor porque está basada en la fe en lo que Dios ha hecho por nosotros en Cristo, y se expresa en comportarse con los demás como Dios se ha comportado con nosotros (Gálatas 5:6). Es una ética de perdón porque vive por la misericordia de Dios y no puede sino reflejar la misericordia de Dios hacia los demás. El hombre perdonado se convierte en un hombre que perdona . Es una ética de libertad porque no hay ningún libro de ordenanzas según el cual vivir, sólo la doble exigencia del amor basado en el pacto con Cristo: "Creed en mí" y "Amaos los unos a los otros como yo os he amado" (véase Juan 13-15). Pero alguien dice: "Seguramente a nadie debería dejársele que defina por sí mismo el amor, de manera que cualquier cosa mala pueda ser permitida en nombre del amor. ¿No debe ser el amor definido objetiva y concretamente?" Sí, por supuesto que necesita ser definido objetivamente. Pero esto no se puede hacer adecuadamente por medio de código escrito, ni siquiera por medio de los Diez Mandamientos. Los mandamientos son una expresión de una moralidad elemental simplificada y reducida apenas al mínimo. Pero el amor es mayormente definido por la cruz de Cristo (Juan 3:16; Romanos 5:6-8; 2 Corintios 5:14; 1 Juan 3:1, 4:10). Esta no es una definición subjetiva del amor, sino una que es históricamente concreta y totalmente objetiva. En sus epístolas, Pablo razona a partir del evangelio - el hecho histórico de la redención - para deducir la naturaleza del deber cristiano y el contenido de la conducta cristiana. Pablo toca el espectro entero de las relaciones y los deberes prácticos - los deberes de los esposos y las esposas, de los padres y los hijos, de los gobernantes y los gobernados, de los amos y sus siervos, de los pastores y los miembros de iglesia, de los miembros fuertes de la iglesia y los miembros débiles, de los ricos y los pobres, de los casados y los solteros, de los miembros de iglesia pendencieros y los falsos maestros. Estas cosas y muchas más son consideradas al refractar el apóstol las implicaciones del evangelio en todas estas áreas de la existencia humana. Y sin embargo, la idea no es que construyamos un prolijo código escrito de lo que está bien y lo que está mal según Pablo o según algún otro escritor del Nuevo Testamento. El apóstol dice que el creyente no está "bajo la ley" (es decir, no está sujeto a una religión por libro) sino que es guiado por el Espíritu. El Espíritu dirige al creyente ayudándole a aplicar el evangelio en la realidad concreta de la vida diaria. Hay tantas situaciones ambiguas en la vida real que ningún código escrito, por detallado que sea, podría decirnos adecuadamente lo que está bien y lo que está mal. Los escritores del Nuevo Testamento aplican el evangelio en suficientes áreas para

proporcionar algunos lineamientos. Nos dan un marco en el cual nosotros también podemos razonar a partir del evangelio para establecer nuestro deber cristiano en cada situación. Las cosas que obviamente son pecado están claramente identificadas y condenadas en el Nuevo Testamento, de modo que no se nos pide que tracemos una ruta a través de aguas desconocidas. Pero los que quieren que se defina minuciosamente lo que está bien y lo que está mal desean ser como bebés bajo Moisés, más bien que como adultos bajo el evangelio de Cristo. Cuando un niño aprende a tocar el piano, es disciplinado por muchas reglas elementales. Pero cuando se ha convertido en pianista maduro, trasciende muchas de estas primeras restricciones. En realidad, debe hacer esto para convertirse en un músico creativo que puede expresar su propia personalidad en sus interpretaciones. Vivir en la madurez evangélica de la libertad del Nuevo Testamento no sólo permite mayor espontaneidad y creatividad en la experiencia cristiana, sino que exige mayor responsabilidad. Por esto es por lo que muchos, infantilmente, prefieren que todos sus deberes sean definidos por un sistema religioso. Pero vivir como Pablo significa estar abierto al evangelio y a la aplicación de ese evangelio en la agitada existencia diaria. Puesto que la vida no está reglamentada con precisión para el maduro creyente en el evangelio, debe orar sin cesar mientras ejercita su conciencia para discernir entre el bien y el mal (Hebreos 5:14). El creyente debe buscar una constante renovación interior de manera que pueda "comprobar cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta" (Romanos 12:2). Antes que aceptar la responsabilidad que tal libertad conlleva, muchos prefieren la seguridad de la ética por libro. Quieren la seguridad de la religión que define cuidadosamente lo que está permitido y lo que está prohibido. Con el correr del tiempo, crece la lista de tabúes. Quebrantar los tabúes cúlticos de un grupo en particular a menudo se considera peor que cometer pecado contra la fe y el amor. El hecho es que no siempre tenemos un capítulo y un versículo que nos diga cómo debemos conducir un servicio religioso, estructurar una junta de iglesia, o relacionarnos con una compañía que quiere botar su basura en nuestro vecindario. Puede ocurrir que la persona que quiere decidir una cuestión confiando simplemente en un texto de prueba no esté demostrando ninguna espiritualidad en absoluto. Muchas acciones atroces han tenido aparentemente la sanción de un texto de prueba. Enrique VIII encontró un texto de prueba en apoyo de la anulación de su primer matrimonio. Agustín encontró un texto de prueba para obligar a los disidentes a asistir a la iglesia. El deseo de un texto de prueba para decidir cuestiones molestas puede convertirse fácilmente en un sustituto para considerar creativamente las implicaciones del evangelio bajo la dirección del Espíritu Santo. Una ética según la letra de la ley puede colarse de contrabando fácilmente bajo el estandarte de "la Biblia y la Biblia sola". Ningún texto de prueba bíblico prohíbe la esclavitud. Aunque Pablo enseñaba el evangelio, parecía tolerar la institución de la esclavitud como un hecho de la vida. Pero, en la historia posterior, el Espíritu guió a los hombres a razonar a partir del evangelio para condenar la esclavitud. En esto, fueron más allá de las explícitas enseñanzas del apóstol. Pero sacaron sus conclusiones del evangelio de Pablo. No fue una ley escrita ni en el Antiguo ni en el Nuevo Testamento lo que convenció a Wilberforce de que la esclavitud era errónea. En realidad,

muchos miembros de iglesia que usaban la Biblia como libro de ordenanzas eran archidefensores de la esclavitud. Ni la Biblia en general ni el deber en particular pueden entenderse separados del centro viviente de la Biblia, que es Cristo Jesús crucificado y resucitado de los muertos. Debemos ser cuidadosos y hacerlo a Él el punto de partida de todos nuestros pensamientos. Por lo tanto, el evangelio del Nuevo Testamento debe interpretar, no sólo el Antiguo Testamento en general sino los deberes cristianos en particular. El Nuevo Testamento interpreta la ley de Dios con libertad profética, tal como interpreta a los profetas con libertad profética. Esto no significa una invitación para que cada uno interprete la ley como mejor le plazca. El Espíritu, dado al creyente (y a la iglesia entera), es el Espíritu revestido de la palabra del evangelio. Nunca viene a nosotros aparte del evangelio. El Espíritu nos guía trayendo constantemente el evangelio a nuestra mente y enseñándonos a aplicarlo cuando las circunstancias nos impulsan a preguntarnos: "¿Qué debo hacer?" Aparte del evangelio, nadie puede interpretar la ley de Dios correctamente. Y sin embargo, para los que viven según el evangelio, se cumple la promesa: "Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él". (Isaías 30:21).

Notas:
(1) Fue Melancton el que primero acuñó el término"el tercer uso de la ley". La Fórmula Luterana de Concord (1577) dedica una sección entera a "El Tercer Uso de la Ley" y la hace un artículo de la ortodoxia luterana. (2) Por supuesto, hay algún desacuerdo sobre qué partes de la ley son ceremoniales. La única diferencia significativa entre John Murray y los Adventistas del Séptimo Día en este punto es la de que éstos últimos ponen algunas estipulaciones más en la categoría "moral". (3) Véase de Philip Edgcumbe Hughes, Paul´s Second Epistle to the Corinthians, p. 90. (4) Romanos 1-2 no es ninguna excepción, puesto que este pasaje no es una exposición de la existencia cristiana. Romanos 1-2 convence de pecado a todos los hombres, no mediante una detallada exposición de un código escrito, sino mediante una apelación a la revelación general de la ley conocida hasta por los paganos.

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Capítulo 14 - La Libertad del Evangelio
Hemos visto que los primitivos cristianos en Jerusalén continuaron guardando el sábado. Sin duda, la fe en la resurrección llenaba el antiguo día de reposo de nuevo significado para ellos.

También hemos visto que Pablo se oponía a los cristianos judíos que insistían en que los cristianos gentiles debían vivir como judíos con respecto a las leyes sabáticas. El evangelio trajo libertad en cuestiones externas como la observancia de días y los tabúes alimentarios judíos. Sin embargo, debemos recordar que la libertad cristiana trabaja en dos sentidos. Desafortunadamente, algunos cristianos gentiles insistían en que los cristianos judíos debían demostrar su libertad abandonando la observancia del sábado. Esta actitud de los gentiles era tan una negación del evangelio como la disposición a imponer las ordenanzas mosaicas a las iglesias gentiles. Hay mucha gente que guarda el sábado para el Señor como una expresión de su devoción a Cristo, sabiendo que esta observancia no contribuye nada a su salvación. Romanos 14 dice claramente que Dios acepta esta expresión de devoción, y que los que guardan el sábado para el Señor no deben ser condenados. La gente tiene tanto derecho a apartar un día apropiado para celebrar los actos redentores de Cristo como para apartar un momento de tranquilidad diariamente. Un día así puede muy bien tener gran beneficio litúrgico. La gente con una herencia religiosa particular puede ser de parecer que guardar cierto día es honrar a Dios de la mejor manera posible. El evangelio no requiere que hagan una dislocación violenta de su herencia. El evangelio le da a una persona libertad para guardar su sábado, de la misma manera que le da a otra libertad para no guardarlo. Cada uno necesita recordar que si ambos revisaran minuciosamente el Nuevo Testamento buscando evidencia, ninguno de los dos podría encontrar apoyo para imponer este modelo de culto sobre la conciencia del otro. Si lo que hacen es para el Señor, ambos son aceptados por Dios, y, por lo tanto, ambos deberían aceptarse el uno al otro. A los cristianos judíos no se les requería violar su innata sensibilidad con relación a los días santos o los alimentos inmundos. Al Adventista del Séptimo Día tampoco. El evangelio le da libertad para guardar el sábado y comer su bistec de gluten. Insistir en que debe abandonar su modelo de culto es negar el evangelio y caer bajo la censura de Colosenses 2:16. El amor cristiano no nos hará insensibles a los escrúpulos religiosos de los demás. Los que creen que un judío o un adventista tiene que dejar de guardar el sábado o comenzar a comer carne de puerco para ser justificado (por lo menos delante de los demás) son tan legalistas como los que insisten en que un cristiano debe guardar el sábado y abstenerse de comer carne de cerdo para ser justificado. Mientras el evangelio continúe siendo de la mayor importancia, la iglesia cristiana es enriquecida, más bien que empobrecida, por la diversidad.

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