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Como cantar en Ia misa

RefIexiones y consejos prácticos


Nathan Stone sj





Presentación y agradecimientos.

Este manual es para los coros litúrgicos en las parroquias,
los colegios, y las comunidades cristianas. Pretende ser una
ayuda a los párrocos y liturgos, una herramienta que acerque
los músicos y los ministros de la Iglesia para mejor cumplir la
tarea que tenemos en común: alabar y glorificar al Señor en
la eucaristía mediante el canto. Es, además, una catequesis
de la liturgia, una reflexión que puede sirvir a toda la
asamblea para tomar conciencia de qué estamos haciendo
en la misa, y así poder participar mejor, a fin de que nuestro
gesto de alabanza dé fruto en le corazón de toda la
comunidad creyente.
El trabajo comenzó como un taller para coros que se hizo
por iniciativa del P. Edward Mercieca sj, en el Centro de
Espiritualidad lgnaciana (CEI). Luego, se repitió en la
CVX, y en el Colegio San lgnacio. Quiero agradecer a
todos los participantes de estos talleres por sus aportes que
están incluidos aquí. También, agradezco a los coros en los
cuales he participado a través de los años, y a la misa de
domingo en la tarde en la parroquia La Anunciación, por su
inspiración y su buen ejemplo. Finalmente, agradezco al P.
Eduardo Ponce sj por sus consejos y comentarios, y por
valorar y motivar el cumplimiento de este proyecto.


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Índice

Introducción .............................................................................................. p. 3

I. Los Objetivos .......................................................................................... p. 6

II. La Música ................................................................................................ p. 8
Estilos, melodía, armonía, ritmo.

III. EI Texto ................................................................................................. p. 14

IV. Los Instrumentos .................................................................................. p. 17

V. La Conducción ...................................................................................... p.18

VI. La Estructura de Ia Misa ...................................................................... p. 22

Antes de la misa ...................................................................... p. 22
Canto de entrada ..................................................................... p. 22
Rito penitencial ........................................................................ p. 23
El Gloria ................................................................................... p. 24
Canto antes de la primera lectura ............................................. p. 25
El salmo responsorial ............................................................ . p. 25
La aclamación antes del Evangelio .......................................... p. 26
El ofertorio ................................................................................ p. 28
El Santo ..................................................................................... p. 29
Antífona después de la consagración ....................................... p. 30
El Amén ..................................................................................... p. 31
El Padre Nuestro ....................................................................... p. 32
El gesto de paz ......................................................................... p. 32
Cordero de Dios ........................................................................ p. 34
Cantos de comunión .................................................................. p. 34
Canto de salida ........................................................................ . p. 35

VII. ConcIusiones .............................................................................................p. 35
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Como cantar en Ia misa

RefIexiones y consejos prácticos



La palabra de Cristo
Habite en vosotros con toda su riqueza;
... Cantad agradecidos, himnos y cánticos inspirados. Col 3:16


Cantad a Yahweh un cántico nuevo,
Su loor desde los confines de la tierra.
Que le cante el mar y cuanto contiene, las islas y sus habitantes.
Alcen la voz el desierto y sus ciudades,
Desde la cima de los montes vociferen. Is 42:10-11.

¡Dad gracias a Yahweh con la cítara,
Salmodiad para Él al arpa de diez cuerdas;
Cantadle un cantar nuevo,
Tocad la mejor música en la aclamación! Sal 33:2-3.


Introducción.
Celebramos lo que creemos, y creemos lo que celebramos. Nuestra fe es
más que costumbres, moral y finuras de doctrina. Es más que la adhesión jurídica
a un sistema, la que puede ser asunto de comodidad o apariencia, solamente. Si
la fe tiene vida, si es más que un fósil de algo que ya murió, entonces, por
naturaleza se expresa celebrando. Si no celebramos nada, probablemente se
debe a que no creemos nada, tampoco, al menos no de corazón. Las alegrías y
tristezas de la criatura amada por su Creador irrumpen del centro personal como
canto nuevo. Son los latidos del corazón; no hay como hacerlo callar. Este
corazón agradecido es el órgano de la fe. El corazón es el centro de nuestro ser
que abraza la identidad como Pueblo de Dios, sintetizando pensamientos,
imágenes, y sentimientos. Con su pulso constante, reconcilia cuerpo, alma y
espíritu. El corazón creyente palpa el sentido de ser cristiano, sabe que pertenece
al Señor, y por eso, celebra su ser cantando.
Porque el lenguaje del corazón es la música, los cristianos hoy en día no
podemos darnos el lujo de descuidar el canto litúrgico. No podemos “cantar
cualquier cosa” para salir del paso. Hay que cantar lo que creemos, y no otra
cosa. No podemos solamente adornar la eucaristía con música de fondo como en
los malls. Tampoco podemos convertir la solemne celebración de la muerte y
resurrección de Nuestro Señor Jesucristo en un recital. Sentimos y aprendemos lo
que cantamos. El canto es la leche materna del corazón creyente. Como la
melodía que entonaba la abuelita para hacer dormir al niño, lo que se canta en la
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celebración litúrgica no se olvida jamás. El canto devoto es el último recuerdo en
la hora de nuestra muerte.
La misa es válida sin el canto. No pierde su coherencia doctrinal, ni su
autenticidad sacramental. Sin embargo, en la fría austeridad silenciosa, no
involucra a todo el ser de la misma manera. Es un desperdicio imperdonable. Sin
el canto, la eucaristía deja de afectar a la comunidad de los fieles: no conmueve
ni inspira; no alimenta de la misma manera. Pues, sin canto, no se celebra
propiamente. Estamos meramente cumpliendo un rito.
En la liturgia, los cristianos, especialmente los niños, aprendemos a ser lo
que somos. La liturgia tiene un efecto catequético mucho más fuerte que el
Catecismo. La celebración de quiénes somos y qué creemos educa mucho más
que una dinámica grupal. El canto es el pedagogo que penetra al corazón, órgano
de la fe y la confianza en Dios, mediante los sentidos. Si descuidamos el canto
litúrgico, descuidamos el corazón. Sin el corazón, somos bronce que suena.
El canto está fuertemente enraizado en nuestra tradición milenaria. En la
última cena, Jesús y los apóstoles cantaron los salmos del Pueblo de Israel. La
Iglesia primitiva cantaba himnos de alabanza. ¿Y, ahora? Algo nos ha pasado.
Con el pasar de los siglos, el canto litúrgico se ve desplazado.
Los motivos son varios. Por un lado, existe un desprecio a la sensibilidad
musical por ser poco “teológico”. Este prejuicio se entiende en claves acéticas;
como si el carisma del Concilio de Trento fuera una especie de austeridad
sensual, que huye de las delicias auditivas en busca de algo “mejor”: la fría
racionalidad de la vera doctrina, con su perfección simétrica, donde las formas
platónicas, sin mancha ni defecto, son nuestra cotidianidad. El canto en la oración
es considerado “cosa de pentecostales y evangélicos”, demasiado “carnal” para
ser realmente católico.
Por otro lado, la preocupación por la liturgia es mirada por algunos como
secuela de una religiosidad preconciliar. Cantar bien en la eucaristía se entiende
como un enfoque “sacramentalista” que no asume como propio la acción social de
la Iglesia solidaria. Al contrario, nuestra tradición auténtica es litúrgica y
misericordiosa. No existen razones válidas que nos obligan a optar entre la acción
social y el canto litúrgico. El canto da sentido a nuestras fatigas al servicio de
nuestros hermanos en este mundo. La liturgia celebra nuestro llamado a la misión
de misericordia que Cristo nos dejó.
En otro plano, encontramos que en la modernidad, la música ha sido
expropiada por el mercado. Cuesta sentir la música como sacra, pues, ha sido
profanada (al igual que la belleza visual) como un deleite que sirve sólo para
incitar al consumo. Esto tiene dos consecuencias graves. La primera es que
hemos aprendido desde chico a consumir la música pasivamente. No cantamos.
La cultura musical de nuestro tiempo es del cassette, el compact disc, y el mini-
componente. Los instrumentos musicales y la voz son algo folclórico y arcaico.
Son “artesanía” de segunda clase, o intentos de imitar la grabación digital
todopoderosa.
La segunda consecuencia es que no tenemos estilos musicales propios que
dan expresión a nuestra fe y alabanza. Somos terriblemente incultos, creyendo
que la música es una “especialidad” de la cual se tienen que encargar los
“expertos”. Los que somos del humilde “pueblo de Dios” no sabemos qué cantar.
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Hay miles de estilos, y ninguno que nos une. Por eso, nos quedamos callado.
Somos los sordomudos de nuestros tiempos. Tenemos que recoger los restos
fragmentados de nuestra herencia musical y forjar un nuevo lenguaje,
auténticamente nuestro y fiel a la tradición. Somos llamados a crear un estilo de
música litúrgica del cual el corazón participa.
Existe, también, una dicotomía falsa entre la oración y el canto. El que
canta ora dos veces, como va el dicho. Sin embargo, no se trata de cuantificar.
No estamos calculando las indulgencias. El canto litúrgico es oración. No es el
envoltorio; no es para dorar la píldora. No es “marketing” para aumentar la venta
del producto. Cuando el corazón se desborda de alegría por lo que el Señor hizo
por nosotros, la alabanza brota naturalmente en canto. Hay momentos de silencio
en la oración, pero su máxima expresión es el canto. Es como respirar, devolverle
al Señor gratuitamente el aliento que sopló en nuestras narices en la creación.
No sé cuántos de mis lectores tienen la experiencia de haber cantado
alguna vez en coro. El canto coral es una expresión de la comunidad cristiana que
es un solo cuerpo y un solo espíritu. El sujeto que canta es corporativo. Bajo la
voluntad de su director, atento a cada gesto, el coro practica la unión obediente.
La vida monástica gira en torno a este tipo de oración: por medio de la música, el
monje se habitúa a la obediencia en toda orden de cosas. De allí, el “hágase Tu
voluntad”, la humildad delante del Padre que nos dirige, de la cual brotan todas las
demás virtudes. El coro es signo de la comunión. Hay que asumirlo como un
ministerio encomendado en el servicio de Dios y de los demás.
Lo más importante, sin embargo, es la gloria y alabanza de Dios nuestro
Señor. En los Ejercicios Espirituales, San Ignacio nos dice que el hombre es
creado para alabar y servir a Dios nuestro Señor. La alabanza no es un halago al
“Jefe” para que me vaya bien en mis cosas. Es el alma que se desborda
gratuitamente agradeciendo la gracia de haber sido creado, amado, redimido, y
llamado. Es el Magnificat de cada cristiano que tiene que proclamar que en él, el
Señor ha hecho maravillas. Todas las cosas creadas nos ayudan a proclamar su
grandeza. Como en el Cántico de los Tres Jóvenes, toda la creación bendice al
Señor.
No podemos despreciar la música como un medio para servir y alabar a
Dios nuestro Señor gratuitamente y con gratitud. ¿Porqué cantar? Porque si no
canto, me muero. Es como respirar. No me es posible retener en mi mismo todo
lo que el Señor me ha regalado. Canto para devolverle un poco en
agradecimiento. Como dice el Salmo, tengo que usar tambores, címbalos, arpas,
cítaras, todo lo que tengo para alabar, e igual quedo corto.
¿Cómo servir al Señor con mi canto? Si me ha llamado a proclamar la
Buena Nueva, dando testimonio de su amor para que otros crean, la música es
fundamental. El canto expresa el corazón gozoso del cristiano, y contagia a otros.
Conmueve en lo más hondo del ser, preparando la tierra para la semilla que el
Sembrador va a sembrar. Canto para darle gratuitamente a otros un poquito de lo
que el Señor me ha dado. Si entre los talentos que nos ha dado está la música,
¿qué le vamos a responder al final por no haberla usado?
Nos deja con la tarea de este curso: usar del canto como medio, una de
tantas cosas creadas sobre la haz de la tierra que debemos usar de la manera que
más conduce al servicio y alabanza a Dios nuestro Señor. Quizás por negligencia,
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hemos menospreciado la música como una herramienta apostólica para
conquistar los corazones y convertir. Probablemente por timidez o falta de cultura
musical, nos hemos olvidado del canto como medio privilegiado para nuestra
oración y alabanza. Con referencia a la misa en particular, pretendo contestar la
pregunta, ¿cómo cantar eucarísticamente, de tal forma que no sea un desorden
mundano, ni una soberbia narcisista, sino obediencia al llamado bíblico de “cantar
al Señor un cántico nuevo”?

I. Los Objetivos.
Se pretende lograr dos objetivos a través del canto en la eucaristía. El
primero, facilitar y enriquecer la oración de la asamblea. Luego, lo más
importante, la mayor gloria y alabanza de Dios nuestro Señor. Este segundo
objetivo es el principio y el fundamento. Para esto existe el canto litúrgico, y por
eso, queremos ayudar a la asamblea.
En torno al primer objetivo, el personaje que ora en la eucaristía, por su
misma naturaleza, es la comunión de los santos: la asamblea, el pueblo de Dios
reunido (y, estrictamente, el pueblo ausente, también). El celebrante preside,
pero no protagoniza. Tampoco protagoniza el coro. El protagonista es Cristo que
se ofrece al Padre por amor a nosotros, y ora en nosotros (la asamblea) mediante
el Espíritu Santo. Por eso, el coro de los santos canta un himno sin cesar, “Santo,
Santo, Santo es el Señor”.
Por consiguiente, es impensable confundir la eucaristía con un espectáculo.
No es una charla dada por el celebrante en la homilía. Tampoco es un festival de
canto religioso (o no tan religioso) que un coro o un solista ofrece al “público”. El
altar no es un escenario. Ese modelo es propio de la televisión o un recital.
El canto y la homilía pretenden facilitar la oración de la asamblea de los
santos. Entonces, suponemos la participación de la asamblea. No es que sea
“bueno” participar en la misa. La afirmación es mucho más honda y radical: no es
propiamente eucaristía si la asamblea no participa, si el Espíritu no actúa en ella,
si el Cuerpo que ora no lo hace de cuerpo entero y en su totalidad.
Reconocemos tres niveles de participación, en cuanto a los cantos. Hay
cantos que se participan cantando, todos a una voz, cuando desborda la alabanza
o la alegría. Existen también momentos en los cuales la asamblea participa
escuchando, meditando. Son cantos para la reflexión, de los cuales la asamblea
saca del estímulo auditivo alguna riqueza de oración comunitaria en silencio.
Finalmente, hay cantos que propiamente combinan las dos: con canto y respuesta
a modo de diálogo. El celebrante o el coro canta la estrofa, y la asamblea
contesta con la antífona, o el “¡Amén!”. Sobre cada uno de estos, hablaremos en
más detalle.
De estas observaciones no se puede deducir un reglamento, sino un criterio
que es central en el tema del canto en la eucaristía. Es el criterio de lo apropiado.
Hay que aprender a preguntarse, ¿qué es lo más apropiado en cada momento y
en cada ocasión para lograr el objetivo propuesto de facilitar y enriquecer la
oración de la asamblea?
Volvemos ahora al segundo objetivo, que el canto en la misa pretende dar
gloria y alabanza a Dios. Si el canto en la eucaristía es para la mayor gloria y
alabanza de Dios nuestro Señor, tenemos la obligación de hacerlo bien. El canto
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es nuestra oración; no es un agregado, un adorno o una distracción. Por lo tanto,
el coro tiene que orar al cantar, sin distraerse con los aspectos técnicos de su
oficio. El canto del coro es un ministerio, al igual que el diaconado, el lectorado, el
acolitaje, y el sacerdocio.
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Es impensable que el curita haga misa fijándose
solamente en los aspectos técnicos, sin orar realmente. De la misma manera, el
cantor tiene que rezar en su canto. Si no, no cumple su función.
El canto cristiano en la eucaristía se diferencia del canto pagano en una
cosa muy interesante. Lo menciono porque sospecho que muchas veces
cantamos “paganamente” en la misa. El paganismo ofrece sacrificios y canta
himnos para convencer a la divinidad: para aplacar su ira, para comprar su apoyo,
en fin, para doblarle la mano. El canto pagano pretende sacarle algún beneficio
futuro a su dios. Cree que con sus esfuerzos, ha merecido que su dios lo trate
bien. El pagano cree haberse ganado el derecho al éxito, al triunfo y a la
salvación por lo lindo que le salió. Y por el otro lado, cree haberse merecido el
castigo de su dios por las imperfecciones.
La alabanza es otra cosa. Del corazón del hombre que ya ha sido
amorosamente rescatado del pecado y de la muerte por la resurrección de nuestro
Señor, brota un canto agradecido. La alabanza es el acto de la gratuidad que
constituye al hombre en digno diálogo amoroso con Dios. No tiene otro fin. La
palabra “eucaristía” significa precisamente acción de gracias.
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En agradecimiento
por la gracia de ser creado y salvado, la criatura responde con la gloria,
(manifestación de Dios para el mundo), el servicio (ministerio), y la alabanza.
Los cristianos nos manifestamos en comunidad para el bien de todos. La
oración personal en silencio es muy válida. Sin embargo, toda liturgia es
comunitaria, compartida y manifestante: glorifica al Señor. La gloria del Señor en
la eucaristía es algo parecido a la Transfiguración. La liturgia revela el rostro
glorioso y radiante de Jesús, belleza incomparable e insoportable, tan hermosa
que el hombre llega a morir de lo lindo que es.
En la eucaristía, glorificamos al Señor. De aquí se desprende un criterio
estético: dar gloria a Dios significa revelar su belleza al mundo. La liturgia, con
todos sus elementos incluyendo el canto, tiene que ser bella. Si es fea o
indiferente, falsifica su objeto. No revela en verdad el Rostro Transfigurado, sino
otra cosa.
Los criterios de belleza se adaptan según la cultura de la asamblea, por
supuesto. La liturgia no es la belleza absoluta, sino un reflejo de la belleza del
Señor. Como tal, se refleja de maneras distintas según el “espejo”, es decir,
según la idiosincrasia del pueblo en el cual se ve reflejado. Hay criterios comunes,
sin embargo, que se aplican de acuerdo a cada caso. La estética reconoce la
moderación, el equilibrio, la sencillez, lo apropiado, la unidad orgánica, y la
armonía, entre otros, como principios básicos, aun cuando el contenido específico
puede variar. Las faltas estéticas quizás no atentan directamente contra la sana
doctrina, en parte porque no puede haber una norma objetiva para formular juicios
universales al respecto. Sin embargo, son graves porque mienten sobre Dios, y
porque son poco apostólicos.

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Antiguamente, existía una ordenación menor para los “cantores”.
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Por esto es redundante hablar de una “misa de acción de gracias”.
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En cuanto al canto como servicio a Dios y a la comunidad, hay que decir
que es inseparable de otras obras ministeriales que caracterizan el cristianismo y
que son eucarísticos, por esencia. En el relato de San Juan, Jesús instituye la
eucaristía lavando los pies de sus discípulos, manifestación de un “amor al
extremo”, (Jn 13:1ss). Es imposible separar el canto de esta actitud de servicio.
El canto sirve a la comunidad que ora, y la acción social sirve a la comunidad que
sufre necesidad. Al cantar en el coro, o al hacer trabajos de verano, manifestamos
la gloria de Dios que actúa en nosotros para los demás. La liturgia es servicio, y la
acción social es eucaristía. Las dos requieren una preocupación por lo que el
prójimo necesita, no por lo que ella quiere entregar. Con amor abnegado,
lavamos los pies los unos a los otros como Jesús hizo para nosotros.
Quizás, después de todo esto, está demás mencionar lo que no se pretende
hacer al cantar en la misa. El coro (o el “solista”) no está para lucirse. No debe
ser “centromesa”. No está para ganar aplausos.
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Sería una falta a la humildad,
por un lado. En la misma línea, hay un límite natural a la elaboración. La finura
musical es frecuentemente enemiga de la oración de la asamblea. La gloria y
alabanza de nuestro Señor a veces se ve disminuido por las exquisiteces del bel
canto. Aun cuando somos capaces de cantar a cuatro voces con quince
instrumentos, no es siempre mejor hacerlo. San Agustín admiraba la sencillez en
el canto litúrgico, pues la complicación, la que admiramos en Beethoven y que
está ausente en el canto anónimo de la liturgia, distrae, autoglorifica, llama la
atención, y prohíbe la participación activa. Uno no va a un concierto en el Teatro
Municipal para canturrear con los artistas.
Al mismo tiempo, es posible errar por el otro extremo. El canto en la misa
no es música de fondo, tampoco. “Canten alguna cosita, no importa qué...” Si es
por eso, pongan un cassette. Si se cantan los mismos cantos todo el año y todos
los años, solamente porque son fáciles y todos se las saben, tampoco se cumplen
los objetivos. Demuestra una falta de creatividad y esfuerzo que no dignifica al
hombre delante de su Señor.
Resumiendo, los objetivos del canto en la eucaristía son dos: facilitar la
oración de la asamblea, y dar gloria y alabanza a Dios. Todo canto tiene que ser
apropiado y orientado a estos fines. La participación de la asamblea es
imprescindible. El canto es oración. Animar el canto es un ministerio, hecho a
servicio de Dios y de los demás.


II. La Música.

¿Cómo elegir una música que mejor ayuda la oración de la asamblea?
¿Cómo discernir qué melodía más alaba y glorifica a Dios nuestro Señor? A estas
preguntas nos dirigimos ahora, conscientes de nuestro criterio central: lo
apropiado. Según tiempo, lugar y persona, tenemos que escoger estilos,
melodías, armonías, ritmos y escalas que más convienen; las que más se ponen
al servicio de los objetivos que hemos propuesto.

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Por lo mismo, es frecuentemente difícil incluir a músicos de conservatorio en el coro litúrgico.
Tienden a buscar la perfección musical a costo de la eucaristía misma.
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Tiempo, Iugar y persona. En cuanto al tiempo, hay dos factores
principales: el primero es el momento en la misa. Un buen canto para la
comunión puede ser una pésima elección para la entrada, por el estilo, o por el
ritmo, por ejemplo. La última parte de este ensayo trata los momentos de la misa
en detalle. El otro factor es el tiempo litúrgico: si estamos en Adviento, elegimos
melodías que suscitan esperanza o anhelo. El tiempo de Pascua desborda de
alegría. Cuaresma necesita un estilo austero, un ayuno auditivo. Y así
sucesivamente. Al igual que los colores litúrgicos para la vista, la música tiene
que ambientar el tiempo litúrgico para el oído. Otros factores del tiempo incluyen
la hora del día: en la mañana, algo más ordenado; en la tarde, algo más afectivo.
Hay que tomar en cuenta la ocasión. Es muy distinto una graduación o un funeral.
El lugar es importantísimo. ¿Estamos en América, Europa o África? La
música es un lenguaje aprendido, que tiene “significado” sutil y profundo. Hay que
“hablar” en el lenguaje musical propio del lugar. En un país, como es Chile,
tampoco se puede suponer la uniformidad. En Vitacura se canta de una manera, y
en Río Negro se canta de otra. ¿Cómo captar la sensibilidad propia de una
asamblea en el campo, en un colegio, en una parroquia, en la fiesta de La Tirana,
en una capilla de la población? Y, hay que considerar todo esto, sin descuidar la
unidad de la Iglesia católica universal. A veces, tocamos una misma melodía,
pero con su propio sabor de la Iglesia local.
La “persona” litúrgica es la asamblea. Sin embargo, las personas
particulares que componen la asamblea le dan un carácter propio. ¿Quiénes son
estas personas que celebran? Si son jóvenes, hay que usar cantos juveniles y
dinámicos. Con personas de la tercera edad, hay que buscar himnos
tradicionales. Con los niños, rondas infantiles. Si son todos hombres, o puras
mujeres, la sensibilidad se torna predominantemente masculina o femenina. Para
cada asamblea particular, hay que preguntarse, ¿qué ritmos les conmueven?
¿Qué saben hacer? ¿Cuánto son capaces de aprender?
EstiIos, MeIodías, Armonías, Ritmos. Estos son los elementos
estrictamente musicales que constituyen el canto. Empezando por el estilo, hay
que mirar a la asamblea y preguntarse, ¿cuál es su estilo? ¿Son de samba? O,
¿son de vals? El canto gregoriano, ¿los aleja, o los acerca? ¿Se sienten en casa
con un estilo clásico, o con algo más popular?
La pregunta por el estilo provoca una reflexión importante sobre la
catolicidad. Si la Iglesia es universal, la comunión de los santos canta unida en
una voz. Los Padres de Trento entendieron esto literalmente, y se cantaba un
solo estilo en toda la Cristiandad, con letra en Latín. Pío X insistió en el canto
gregoriano al principio de este siglo como la música que nos une. Sin embargo,
en nuestros días, nos hemos dado cuenta que la uniformidad absoluta es enemigo
de la universalidad. El canto gregoriano no es propio de todos los pueblos. Como
repiten los salmos insistentemente, canten al Señor un canto nuevo. La tradición
contempla una renovación constante. Para ser más católico, tiene que haber
crecimiento, flexibilidad, e inculturación de estilos musicales. La universalidad de
nuestra fe significa que nadie queda afuera.
El Segundo Concilio Vaticano reafirma la importancia de no confundir la
unidad con la uniformidad. La comunión de los santos es armonizada por el
Espíritu, pues, en Cristo no hay ni rico ni pobre, ni esclavo ni libre, ni hombre ni
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mujer, ni judío ni griego, sino todos unido en un mismo cuerpo, (Col 3:11). El
cuerpo consiste en muchas partes, y todas cumplen su función al servicio de las
demás (1Cor 12:12ss). Los diversos estilos en el canto litúrgico son como las
partes del cuerpo, distintos, pero orientados a un mismo fin. Cuidando siempre
los objetivos y la moderación apropiada, no hay motivo por excluir a priori a
ningún estilo local.
Estamos frente a una cuestión espinuda. Es decir, es más difícil en la
práctica que en la teoría. Conservando la unidad, cada Iglesia local expresa la
gloria del Señor Resucitado en su propia lengua, (Hch 2:11).
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Los modos de
expresar el “Aleluya” del Resucitado pasan; es Cristo mismo que jamás pasará.
Tiene que ocurrir una especie de co-creación en el estilo musical para la
eucaristía: el mismo hecho eucarístico dicta el fondo, y la asamblea de la Iglesia
local plasma la forma de un modo apropiado. Cuando un estilo local de canto
litúrgico se ha desarrollado bien, un cristiano forastero se siente extrañamente en
su casa en la eucaristía en cualquier parte.
Otro factor en la elección de estilos musicales es la habilidad del coro y de
la asamblea. ¿Qué son capaces de hacer bien? Hay lugares en el mundo donde
los cancioneros
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llevan partituras en cuatro voces, y todo el mundo las lee. En
África, no hay porque hacer “arreglos de voces”, porque se puede suponer la
improvisación espontánea. En muchos culturas latinoamericanas, hay ritmos muy
complejos que son el pan de todos los días. Es importante preguntarse, ¿qué
hace bien esta asamblea, y este coro? No hay que sobre-exigirse. Siempre es
mejor algo más sencillo, pero bien hecho. Se nota de inmediato un coro que quiso
lucirse más que servir cuando abarca proyectos que no alcanza a cumplir.
Los estilos musicales tienen que ser apropiados, además, según la ocasión,
como dijimos. A veces las ocasiones se combinan: una ordenación en Adviento,
o un matrimonio que cae en una solemnidad de la Virgen. Hay que tomar en
cuenta las dos cosas, compatibilizando y mezclando, de tal manera que el estilo
de los cantos ayude a que el énfasis caiga en su justa medida para esta ocasión.
No es posible que para toda celebración se cante un mismo estilo. Los
“favoritos” que “todo el mundo se sabe”
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no siempre ayudan a crear un clima de
oración apropiada para este momento específico. En algunos lugares, el
“mentolatum” para toda ocasión es el “Pescador de Hombres” y “Vienen con
Alegría”.
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En otros círculos, se dan más “categoría” cantando “Este es el Día en
que actuó el Señor”, todos los días del año.
Los músicos que deseen ponerse al servicio de la liturgia son llamados a
cultivar una sensibilidad musical que permite reconocer estilos diversos. Por oído,
deben distinguir sonidos triunfales, meditativos, emotivos, alegres, penitenciales, y
otros, para adecuarlos a la ocasión. Un excelente ejercicio para hacerse más

4
Del Siglo II, la Carta a Diogneto dice, “Toda tierra es patria para los cristianos, y toda patria es
tierra extraña”. De la misma manera, el cristianismo logra expresarse en una multitud de estilos
locales, y sin embargo, no hay ningún estilo local que sea propio y exclusivo del cristianismo.
5
Uno de los tres libros litúrgicos de la más antigua tradición eclesial. En nuestra Iglesia local, se
conservan solamente el Misal, y el Leccionario. El Cancionero se ha degenerado a una hojita de
roneo para abanicarse, hacer un avioncito, y botar a la basura. No es muy sagrado.
6
En mi experiencia, la “canción que todo el mundo se sabe” es una figura mitológica.
7
Este último se ha escuchado hasta en la Vía Crucis.
11
sensible a los estilos es escuchar música. Me impresionan a veces los jóvenes
que son guitarristas extraordinarios, o muy buenos cantantes, pero en sus vidas
no han escuchado nada fuera de la radio Aurora o la MTV. Hay que escuchar
activamente, exclusivamente, no mientras se conversa o mientras se hace otra
cosa. Y es importante escuchar de todo: música clásica, música coral, jazz, canto
popular, folclore, tropical, africano, todo. No significa necesariamente que todos
estos estilos se van a usar en la eucaristía. El punto es ampliar el lenguaje
musical del cantor, para que tenga puntos de referencia para poder expresar su
júbilo, su dolor, o su devoción. Si el cantor litúrgico no es un gran escuchador de
variados estilos musicales, está condenado a repetir las pocas cosas que alguien
le enseñó, sin ningún criterio que le permite elegir uno u otro estilo con el fin de
lograr el sentido musical apropiado para la ocasión.
Un segundo elemento musical que es importante es la meIodía, la sucesión
de tonos y tiempos que constituyen la frase musical. Si se pretende animar el
canto de la asamblea, hay que buscar melodías “lógicas”, en el sentido que no
salgan demasiado de las expectativas del oído. Se necesitan melodías sencillas,
sin saltos demasiado sorpresivos o grotescos, que no sobrepasan el rango normal
de toda la gente. Hay melodías rebuscadas que son muy lindas, pero son para un
solista experimentado, pues el pueblo de Dios no logra captarlas ni reproducirlas.
Tomando en cuenta la habilidad de la asamblea, la cual varía, la medida de la
sencillez está en cuánto le cuesta aprenderse una nueva melodía. Una antífona
para el salmo que se va a cantar hoy, y que no se vuelve a usar hasta quizás el
próximo año en esta misma fecha, se tendría que poder repetir bien habiéndolo
oído una sola vez.
Al mismo tiempo, no es necesario refugiarse en el otro extremo. No por
sencillez, hay que eliminar todo interés musical. No hay porque cantar puras
rondas infantiles, ni versos redundantes hasta el cansancio.
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Como criterio
básico, se puede contar con que el pueblo de Dios logra seguir un cambio de tono
en el transcurso de cada estrofa. Tolera una estrofa con una melodía y un
estribillo con otra. Pero el rubro “canción”, por lo general, repite una misma línea
musical dos veces, y hasta tres, si es que se resuelve de una forma distinta.
Luego, hay que cambiar de melodía, por un rato (el estribillo, o la antífona). Y
finalmente, se puede volver a la melodía “A”. No hay que tener miedo a la
repetición. Repetir (sin redundar) es, por lo demás, propio de la oración, como en
el rosario, o el canto “Taizé”. Una melodía con más irregularidad que esto pasa a
ser otro género musical, una “aria” por ejemplo, que tiene unidad melódica, pero
sin dos líneas iguales en ninguna parte.
El pueblo de Dios no puede reproducir este tipo de melodía, y no tiene
sentido pedírselo. Si hay un solista que cante bien, y que pueda inspirar devoción
o gozo espiritual en el pueblo oyente, se justifica en algunas situaciones. Este
género es propio del Pregón Pascual, del prefacio (si el sacerdote sabe cantar), o

8
El famoso “Gloria Nortino” repite la misma línea musical ocho veces sin ninguna variación. Por lo
mismo no se puede completar el Gloria (una oración trinitaria de tradición antigua) con esa
melodía. Después de la introducción, ya estamos hartos de la melodía. Otro canto que, para mi
gusto, redunda hasta el cansancio el “Vengan a Él”.
12
de un momento de meditación, como por ejemplo, después de la homilía.
9
No se
justifica, sin embargo, solamente para lucir un solista.
Otro elemento musical importante es la armonía, cosa que comúnmente se
llama “sacarle voces” a la canción. El primer punto sobre la armonía es que es
secundaria. Unísono bien hecho es siempre preferible a la armonía desarmada.
Hay que hacerla bien, o mejor no hacerla, según las habilidades del coro, y cuan
nueva es la canción. Hasta que el coro y la asamblea se ha aprendido bien la
melodía principal, en mejor no complicarse con “segundas voces”. La armonía
pretende complementar la melodía principal, no suprimirla.
10
Hay que calcular
tomando en cuenta todos los factores, y usar la armonía según cuánto ayuda a los
objetivos. A veces, es un desgaste tremendo, que rinde poco.
La armonía tiene un profundo sentido eclesial: hay muchas partes, pero un
solo canto. Cada uno cumple su función, diversidad en la unión, multiplicidad que
sin embargo, no es caótica. Al crear el mundo, el Espíritu de Dios sopla sobre las
aguas y armoniza el caos. El canto armónico refleja esta realidad. Esta es su
gracia, y por eso muchas veces conmueve profundamente al oyente.
11

Digo el oyente, pues, en nuestro contexto, es difícil que el pueblo participe
de la parte armónica. No tiene porque ser siempre así. Ya existen asambleas que
logran conseguir que los hombres canten una cosa y las mujeres otra. Como
dijimos arriba, en la tradición africana y afro-americana, la armonía es espontánea.
En parte es por la cultura musical, la cual se puede cultivar. Por otra parte, en la
tradición africana, eligen melodías que son sencillas. Es muy fácil inventar una
segunda voz a un estribillo sencillo, y casi imposible adornar una aria operática.
Podríamos elegir, también, melodías que se prestan para la armonía.
Si bien la asamblea chilena actual no participa de las voces armónicas, es
importante que las voces no la marginen a la asamblea. Me explico. Recordamos
que el pueblo puede participar escuchando solamente, cuando se pretende
transmitir la presencia sacra, la infinita majestad de Dios que se hace presente.
En otros momentos, sin embargo, cuando se pretende que el pueblo cante, un
arreglo muy sofisticado es prohibitivo. Al lanzar algo muy refinado en cinco voces,
a la asamblea se le transmite el mensaje de que no debe participar cantando, que
si abre la boca, va a ensuciar el resultado. Tiene que ver con nuestra cultura
consumista: se le incita a consumir pasivamente un producto ajeno. También,
refleja un elitismo sutil que no es muy cristiano. No se justifica nunca el uso
exclusivo de la participación pasiva (oyendo solamente) por parte de la asamblea,
sin que cante.
12

Lo más importante al ingeniar las armonías para el canto litúrgico es tratar
de complementar sin confundir. Tengo tres sugerencias al respecto. Primero, es
siempre conveniente cantar la primera estrofa y el estribillo fuerte y en unísono,
para que el pueblo de Dios sepa qué tiene que cantar, y para que tenga claro que

9
Hay Iglesias locales que acostumbran proclamar el evangelio cantándolo.
10
Pasó con el Juntos nos acercamos de Pablo Coloma: el pueblo se aprendió la armonía, y la
melodía pasó a pérdida.
11
San Ignacio de Antioquía usa el término sinfoneia, (armonía) para referirse a la unión de los
cristianos con sus obispos y entre sí. La disonancia es metáfora de la discordia. (San Ignacio de
Antioquía, Carta a los Efesios, IV,2)
12
Los matrimonios del barrio alto con coro profesional pagado tienden a fomentar este modelo.
13
está invitado a cantar. Además, tiene un motivo musical, como en el jazz o los
poemas sinfónicos, que anuncian un tema primero, y luego, siguen con las
variaciones sobre el mismo. La segunda sugerencia es tratar de que las segundas
voces canten la misma letra en el mismo ritmo. Si no, el oído menos adiestrado
de la asamblea oye algo muy distinto, y deja de cantar porque cree que está
equivocado. Finalmente, resulta bonito y sencillo el uso del contra-canto por parte
de un solista. Todos cantan algo sencillo que se repite, y uno canta por encima
otra letra con otra melodía, pero tan distinta que no da a impresión de que “yo”
(asamblea) me estoy equivocando.
13

En fin, es cosa de experiencia con la armonía. Poco a poco, el coro se
conoce a sí mismo, y a su asamblea. Los músicos aprenden cuanta elaboración
armónica se permite sin causar confusión. Es evidente cuando el pueblo de Dios
se confunde, pues, deja de cantar. Por el otro lado, la asamblea también aprende.
Se le puede acostumbrar a que el coro o el solista va a cantar otra cosa, y que
ellos tienen que seguir cantando, y más fuerte. Da gusto, y sirve de estímulo
especial para cantar. Hay que tomar en cuenta que el proceso de acostumbrar a
una asamblea no es menos de un año. Requiere paciencia, y es importante
proceder paso a paso.
El próximo elemento musical que hay que tomar en cuenta es el ritmo. Hay
ciertos ritmos que caracterizan estilos musicales. Aquí se repiten muchos de mis
comentarios sobre el estilo, en cuanto a la elección de ritmos que son adecuados
a la teología espiritual de la celebración en sus distintos momentos, según la
ocasión. El ritmo en sí tiene, sin embargo, algunas peripecias propias.
El coro sinfónico que quiere demostrar que está bien ensayado puede
adornar una canción con trucos rítmicos: un poquito de staccato, una fermata, o
un corte sorpresivo. Estas irregularidades ornamentales son abruptas, y llaman la
atención.
14
Carecen de la mesura y sobriedad apropiada en la liturgia. Al pueblo
de Dios reunido para la eucaristía, se le comunica que su coro es muy macanudo,
y no les invita a participar cantando. Son adornos para lucir un coro, que van en
contra del objetivo de facilitar la oración de la asamblea. Que cosa más
desagradable que estar cantando feliz de la vida, y el coro te abandona, porque no
sabías esta canción con ese truco. Te dejan cantando solo, haciendo el ridículo, y
te callas para siempre. Al forastero, al que aprendió la misma canción en otra
parroquia, le hacen sentirse como un extraño, como que debe volver a su propia
parroquia, y no volver a meterse aquí. El truco rítmico es soberbio y poco
acogedor.
Tengo una sugerencia positiva en cuanto al ritmo. Muchas veces
confundimos la tristeza del canto con la devoción, como si a Dios le agradaran
solamente cosas lentas, arrastradas, y latigudas. Sin desmerecer la solemnidad,
en el momento que corresponde, nos preguntamos, ¿qué pasó con la alegría?
¿Con el “salta de júbilo, porque tu Dios te ha salvado”? Si el único género rítmico
que nos permitimos es la marcha fúnebre, traicionamos la buena nueva

13
Ejemplos de esto, el “Santo” espiritual, con su contracanto; o “La misericordia” de Taizé, con el
“Cantaré las misericordias...” de contracanto.
14
Pongo como ejemplo una interpretación común de El Señor de la historia: ”En tu rostro, Señor,
en tus heri-i-i-i-i-idas, (pausa indefinida), en un tronco, en las espinas, en tres clavos”.
14
(literalmente, “evangelio”). El banquete del Reino de Dios es una fiesta, y la
eucaristía es una celebración. Hay momentos para el recogimiento, pero pienso
que el canto alegre tiene prioridad. Como dice el salmo,

Alabadle con clangor de cuerno, alabadle con arpa y con cítara,
Alabadle con tamboril y danza, alabadle con laúd y flauta,
Alabadle con címbalos sonoros, alabadle con címbalos de aclamación.
¡Todo cuanto respira alabe a Yahweh! ¡Aleluya! (Sal 150)

La lentitud no es santa de por sí. De hecho, el canto gregoriano monástico,
como es practicado por monjes que cantan todo el día, es presto y ligero, un
recitativo tonal. La velocidad del corazón en descanso es el mínimo posible. La
música más lenta que el pulso es como el ballet clásico con botas de plomo.
Hay factores prácticos a tomar en cuenta. En una capilla chica se puede
cantar más rápido que en una iglesia grande. La acústica de las iglesias grandes
exige una velocidad más ponderada para no chocar con el eco. También depende
de qué tipo de sistema de amplificación se usa, dónde y en qué ángulo están los
parlantes. Es bastante técnico, pero en fin, la experiencia enseña. Sin embargo, la
lentitud nunca puede llegar a dar la sensación de un canto “arrastrado”, a punto de
expirar en pleno estribillo.
Una postdata sobre el rango, los altos y bajos. El promedio de los hombres
son tenores segundos o barítonos, y el promedio de las mujeres son contraltos, al
menos en este rincón del mundo. Esto significa que muchas veces las mujeres
piden que se bajen las canciones y los hombres que se suban. Hay maneras de
llegar a consenso.
Pero la experiencia me ha enseñado una cosa bien curiosa. La asamblea
que tiene costumbre de cantar fuerte y con entusiasmo canta hasta un Re sin
reclamar. La asamblea que es tímida y vergonzosa para cantar, la que quiere
canta bajito, ya está reclamando en Si bemol. Si puede aprender a sentarse
derecho, o mejor, pararse, y respirar bien, cualquier asamblea alcanza todos los
agudos sin problema. Pero vale la pena hacer el experimento: cantando
suavecito, nadie alcanza los tonos más altos. Y el que no quiere que se note que
está cantando siempre pide bajar los tonos. Hay que perder la vergüenza, cantar
fuerte y alto para alabar al Señor.


III. EI Texto.

Recordamos nuevamente nuestro objetivo principal, que el canto litúrgico
existe para facilitar la oración de la asamblea a fin de alabar y glorificar al Señor.
De aquí, deducimos el criterio central para elegir un texto apropiado para cantar:
su relevancia. La letra en el canto litúrgico tiene que ser relevante a la ocasión, el
tiempo, las lecturas, y al tema de la homilía. Cantar un texto irrelevante no
solamente no ayuda, sino distrae y perjudica. Mejor sería el silencio.
Aquí las faltas de criterio son clásicas. La canción favorita del coro que
aparece en la ocasión más insólita: una letra sobre María a los pies de la cruz en
tiempo de Pascua, por ejemplo. O una canción de Silvio Rodríguez porque es
15
muy entretenida. “La Casa de Zaqueo” cuando el evangelio ha sido la parábola de
la mostaza. “Margaritas ya comenzaron a salir...”, ¿a propósito de qué?
El canto tiene que ayudar a enfocar la atención sobre una sola cosa. Si la
letra lleva la vista imaginativa a otro lado, aunque sea otro lado religioso, está
tentando al pueblo de Israel a hacerse la prostituta con otros dioses. Un texto
irrelevante violenta la unidad orgánica de la eucaristía, y dificulta la oración de la
asamblea.
La palabra del hombre es un medio para la oración. No es la oración
misma, pero sirve de guía al alma que busca expresarse delante del Señor. La
letra de un canto ayuda a la asamblea a encontrar la disposición interna con la
cual responder al Señor después de haber escuchado Su Palabra. El texto es el
vehículo de la alabanza, el gratuito agradecimiento de las maravillas que ha hecho
el Señor. Va encauzando el espíritu con sus formas, sonidos, conceptos e
imágenes. Es importante que este vehículo no lleve al espíritu por mal camino.
El canto litúrgico está al servicio del círculo hermenéutico desde donde se
vive el misterio. Está en la encrucijada entre lo divino y lo humano, en el lugar
privilegiado del encuentro con Dios. El texto crea las vasijas de barro en las
cuales el hombre recibe el amor. La misma palabra da forma al aliento que el
hombre agradecido quiere devolver a su Creador, al corresponderle, en toda su
pobreza, el don de la existencia y la redención.
El Pueblo de Dios posee una tradición de textos para cantar la grandeza del
Señor por sus maravillas. La fuente más obvia (pero no exclusiva) del texto de
nuestro canto es la Biblia. El texto bíblico comunica la experiencia histórica de
Dios que ha tenido su Pueblo, sumándonos a esa misma caravana de la fe en la
cual la humanidad peregrina hacia la Tierra Prometida. La particularidad de
nuestra experiencia histórica actual encuentra resonancia y sentido en su afinidad
con la tradición bíblica. Consecuentemente, para uno que pretende guiar el canto
litúrgico, un conocimiento básico de la Biblia es imprescindible. No tiene porque
ser experto en teología bíblica. Pero cuando ve el texto de una canción, tiene que
saber si es bíblico, y tener alguna idea de dónde viene y a qué se refiere.
Hay los que dicen que, en la liturgia, en vez del canto bíblico, debemos
cantar sobre nuestra contingencia. Encuentro que es preferible, cuando la ocasión
amerita, cantar los textos bíblicos que tienen que ver con nuestra actualidad. Así
el canto litúrgico se diferencia de la balada popular dando un sentido y una
trascendencia más profunda. El resultado final es más fuerte y más universal,
pues, se trae el misterio del encuentro del hombre con el Señor sobre lo que nos
ha tocado vivir.
Cuando no se usan textos bíblicos, hay que dar preferencia a textos que
tienen alguna conexión con nuestra tradición. Se cantan oraciones y devociones
que nos enlazan con la comunión de los santos, textos adaptados de la misma
tradición litúrgica. Cuando se trata de cantar los textos de la misa, como el Gloria
o el Santo, se cantan esos textos, y no otros. En otros momentos, se canta, por
ejemplo, la Oración de San Ignacio, la Oración de San Francisco, el Salve Regina,
el Alma de Cristo, o el Soneto a Cristo Crucificado de Santa Teresa de Ávila. A
veces, hay otros textos contemporáneos ad hoc que alcanzan la misma altura. Lo
16
único imperdonable es cortar el lazo con los textos de la tradición, cantando
exclusivamente textos sin raíces en nuestra tierra fértil.
15

Volviendo a lo práctico y concreto, reitero el criterio de lo apropiado según
tiempo, lugar, y persona. Antes de elegir los cantos para cualquier misa, una cosa
esencial es averiguar las lecturas, leerlas, y buscar temas afines. Es
imprescindible, además, saber si es solemnidad, fiesta de qué o de quién, y qué
se celebra en esta iglesia local. Cuando se puede, es bueno saber qué va a
enfatizar el celebrante en su homilía. Con el tiempo, se le conoce la mano, y se le
puede complementar con facilidad, un buen signo de la unión de corazones entre
los cristianos.
Es necesario ser consciente del tiempo litúrgico. No se canta aleluya en
Cuaresma, pues es una expresión de júbilo por la presencia del Señor Resucitado.
Por lo mismo, en tiempo de Pascua, se canta aleluya de todas maneras. No se
canta el Gloria ni en tiempo de Adviento, ni en Cuaresma, pero Navidad y Pascua
no tienen sentido sin el Gloria cantado gloriosamente. Hay más sobre esto en la
última parte de este escrito.
Hay canciones con letra francamente herética que se deben eliminar del
repertorio, pues la gente cree lo que canta. Es bueno conversar estas cosas con
el celebrante. Un ejemplo que me comentaron, el “olvídate de nuestro mal si
olvidamos el de los demás”, de una versión apócrifa del Padre Nuestro. La
oración de Jesús no dice nada sobre el olvido, sino sobre el perdón. Muchas
veces, no es posible olvidar, pero perdonar es un acto de la voluntad. La
confusión queda por el canto. Llegan después los fieles afligidos al confesionario,
creyendo que Dios no les va a perdonar, porque no han podido olvidar la que le
hicieron.
16

Una última cosa práctica sobre el texto. Hay que tratar de acentuar las
palabras en forma natural. La agudización y la esdrujulización, aunque sean por
afectación o porque la letra no calza con la música, resulta molestosa e
inquietante al oído. Si la letra no calza con la música, entonces, la canción está
mal hecha. Si es por maña del coro macanudo, que se corrija. Hay un canto que
se hizo buscando un ritmo atractivo y juvenil, y nos dejo con “tu grándeza, Señor”.
En otro, “Jésus” vino a redimirnos. Y en una sobre Domingo de Ramos, se
escuchan las “palmás de fe”, que da la idea que a alguien se le está pegando
palma´as con la mano. Todo inapropiado, por supuesto.







15
Este lazo con la tradición es sujeto a interpretación. Hay buenos cantos con letra basada en
textos bíblicos, como “El Buen Samaritano”, o “El Peregrino de Emaús”; y cantos basados en textos
litúrgicos, como el “Haz Cantar tu Vida” que adapta el Credo de una manera muy atractiva y
comendable.
16
Hay varios cantos marianos que se prestan para entenderse heréticamente. En una, a María se
le pide perdón por los pecados. En otra, Dios no es capaz de obrar la redención sin el “Sí” de
María. Finalmente, hay una en la cual María asciende al cielo, en vez de ser asumida.
17
IV. Instrumentos.

Una virtud del uso de los instrumentos musicales en la eucaristía es la
sencillez. Por lo general, la parte instrumental es más apropiada en cuanto
acompañe al canto, sin sobresalir ni llamar la atención. ¿Qué constituye la
sencillez? De nuevo, depende del tiempo, el lugar y la persona. Depende del
tiempo litúrgico y de la ocasión. Depende de la arquitectura de la iglesia. Una
capilla sencilla llama a instrumentos acústicos, sin amplificación. Misa al aire libre
requiere instrumentos electrónicos con un sistema de amplificación
profesionalmente manejado. El órgano y los instrumentos sinfónicos son
apropiados en una catedral o iglesia grande. Depende también de quién toca los
instrumentos. Mejor una guitarra bien tocada que un desastre en oboe.
A veces hay tensión de estilos en los instrumentos, entre lo más clásico y lo
folclórico. Aquí lo más importante es la consistencia, no “mezclar dulce con
salado”. Si el canto es folclórico; bombo, guitarra y charango. Si el canto es
clásico; violín, flauta traversa y órgano. Hay combinaciones felices, cuando el
estilo de la canción lo amerita. Se puede, incluso, variar los estilos durante una
misma misa. Lo que no resulta es el conflicto entre el estilo melódico y el tipo de
instrumentos: una tonada tocada en órgano, por ejemplo.
No hay que despreciar el canto a capella. Hay canciones que se prestan
para el canto sin instrumento ninguno. Las cosas del estilo gregoriano, por
ejemplo. Dentro de una eucaristía bien cantada, una oración cantada a capella
trae consigo un aura de solemnidad y devoción impresionante. Lo recomiendo
para el último canto de la comunión, o para una meditación después de una
lectura. Destaca el momento después de los consentimientos matrimoniales, o
durante la imposición de manos en una ordenación.
17
Aquí se juega la habilidad
de los que cantan. Es más fácil desafinar cantando a capella. Si al coro no le da,
mejor no. O, como término medio, se entona el acorde principal al inicio de cada
compás, para orientar el oído inseguro.
Se puede usar el canto a capella para destacar alguna estrofa importante,
también. O para repetir un estribillo una vez más, especialmente, cuando hay
mucho entusiasmo, y las armonías están firmes. Así, el canto desborda su vasija
y el resultado es muy emocionante.
Supongo que está demás mencionar la importancia del afinamiento de los
instrumentos. Hay que afinar antes de ensayar, y también antes de empezar la
celebración. Los instrumentos desafinados distraen mucho a algunos. (Por
supuesto, hay personas que no se dan ni cuenta.) Otra cosa que distrae mucho
es el proceso de afinar durante la misa. Se pone en evidencia que el coro no se
involucra en la eucaristía, que no está en oración, cuando se pone a afinar los
instrumentos durante la consagración. A veces, es necesario algún ajuste durante
la misa, pero tiene que ser rápido y discreto. En el peor de los casos, se lleva la
guitarra desafinada para afuera para afinarla. Pero, atención con el frío y el calor:
no hay como los cambios de temperatura para desafinar los instrumentos. Por

17
Según el ritual, la imposición de manos se hace en silencio. Lo que quiere decir es que él que
impone las manos no dice nada. Se puede cantar, guardando siempre un ambiente solemne y
meditativo.
18
eso, es mejor afinar en el mismo lugar donde se va a tocar, antes de empezar la
misa.
Un último punto, sobre la combinación de instrumentos. Hay instrumentos
lineales, es decir, melódicos: la voz, el órgano, los violines, la flauta, y los vientos.
Hay instrumentos rítmicos, como el bombo, el bongó y la caja. Y hay instrumentos
que combinan estas dos cualidades, como la guitarra, el piano, el charango, el
tiple, etc., tonales, pero con golpe. Es más claro y agradable combinar lo melódico
con lo rítmico, para evitar los choques. Dos instrumentos de percusión al mismo
tiempo son difíciles de coordinar, salvo para profesionales. Piano y guitarra
cumplen la misma función. Entonces, o uno, o el otro. Mejor es piano con violín, o
guitarra con flauta. La voz humana es lineal, y como tal, hay que cuidar su
combinación con otro instrumento melódico. Esto quiere decir que la flauta y el
violín quedan mejor en interludios instrumentales, o en introducciones. Cuando
no, hay que considerar estos instrumentos como otra voz en un arreglo armónico.
Es decir, la flauta hace un contra-canto suave, sin llamar la atención. Hay que
hacer “orar” a los instrumentos.
Finalmente, la música puramente instrumental tiene su lugar en la liturgia,
pero no puede ser central. Ayuda a la meditación, en el momento apropiado.
Pero no es un concierto. Nunca como “canto” de entrada, exceptuando el caso de
la marcha nupcial.

V. La Conducción.

Aquí hay otro punto delicado, que quizás es obvio, pero provoca polémica.
¿Quién dirige? ¿Cuáles son sus atribuciones? La dificultad nace del ambiente
“dinamiquero” que caracteriza mucho de nuestro quehacer parroquial y
comunitario. El coro no es una dinámica grupal. Nos complicamos aun más con
el deseo de ser “democrático”. Hay momentos para recibir los aportes y
opiniones. Sin embargo, bajo el pretexto de los métodos participativos, el coro se
transforma en una lucha de poder en comparación con la cual palidecen las
rivalidades entre príncipes barrocos. La consecuencia es la desunión y la
disonancia. Un guitarrista quiere más rápido, otro más lento. Algunos quieren
cantar una estrofa más, otros quieren terminar con ésta. Dos cantores empiezan a
marcar el tiempo con la mano; uno quiere más volumen, otro menos; y todo esto,
sobre la marcha, durante la eucaristía.
Todos conocen este escenario, supongo. El resultado es desastroso y
caótico, y si revisamos las motivaciones, muchas veces subyace el afán de
establecer quién predomina, para mayor gloria y prestigio suyo. Lejos está la
oración de la asamblea para la mayor gloria y alabanza de Dios nuestro Señor.
En primer lugar, el coro acéfalo es sumamente impráctico. Hablando desde
el punto de vista de la música, tenemos un género que no es ni plástico ni estático,
sino que ocurre en el tiempo. Si van a haber discusiones, tienen que ocurrir antes,
no durante. Es mucho mejor que el coro se equivoque todo junto, bajo la mano de
uno que dirija. La noción de qué constituye un “error” es bastante relativa: la
mayoría de las decisiones del maestro de coro son juicios a criterio. Por ejemplo,
¿cantar otra estrofa, o parar en ésta? Hay argumentos buenos por los dos lados.
19
Lo importante es una decisión clara, precisa y a tiempo, para que sigan todos, o
para que paren todos. Lo único imperdonable es que sigan algunos y paren otros.
Más allá de lo práctico, está la unión de las ánimas. Es importante que se
lleven bien para poder hacer oración en conjunto. La obediencia religiosa del coro
a su maestro tiene su mística. Es un ejercicio en la confianza. Parte de la fe en
él, por lo cual es importante nombrar un maestro de coros competente y confiable.
Por el otro lado, no hay que temer las “embarradas” musicales. El coro es de
carne, también, y Dios lo redime. El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza,
(Rom 8:26-27).
Hay una reflexión en esto para el maestro de coro: tiene que tomar
conciencia de ser instrumento de Dios al dirigir. Tiene que reconocer que su
ministerio es un encargo sagrado, para así ponerse en manos de Dios, dejarse
inspirar, y conducir la oración en oración. No significa que no piense, que no
tenga que ser prudente. El Espíritu conduce la razón y el corazón juntos. Pero,
tiene que pensar, sentir, y actuar en las manos de Dios.
Pensemos, por un momento, sobre los roles en la conducción de la
eucaristía, y la relación entre estos. Ya hemos mencionado el maestro de coro. A
éste, le corresponde elegir los cantos. Las elige en coordinación con el guía, el
coro, el celebrante (presidente de la asamblea), y otros, según la ocasión.
18

Escoge los cantos habiendo considerado las lecturas, el tiempo litúrgico, las
habilidades de su coro y las costumbres de su asamblea. Tiene que tomar en
cuenta que sabe cantar, y que debería aprender. Por lo general, es bueno no
pasar de una o dos canciones desconocidas o nuevas en una misa. Y es
importante, también, que haya cantos nuevos, para renovar el repertorio.
El maestro de coro dirige los cantos en el coro, y por extensión, en la
asamblea. Indica en qué momento se inicia una canción, y cuando se termina. Si
se va a eliminar una canción, él decide. Si hay que extender el canto, o agregar
un canto porque alguna situación lo requiere, el maestro de coro da las
indicaciones. Marca los tiempos, el ritmo, la velocidad, y da los tonos. Su tarea
requiere concentración, discreción, y flexibilidad; pues, las cosas no siempre
resultan como se planificaron.
Un subalterno del maestro de coro es el cantor. El cantor dirige a la
asamblea desde el ambón. Invita a cantar, y canta con la gente. Al iniciar la
misa, ensaya las antífonas, el Gloria, el Santo, los cantos nuevos o difíciles. Da
instrucciones a la asamblea, cuando un solista va a cantar el salmo, por ejemplo, y
que hay que responder con la antífona. Frecuentemente, el cantor es el solista, y
se elige de acuerdo a este criterio. El cantor, en todo caso, está sometido al
maestro de coro, en lo que concierne la música y el canto.
Como indicamos más arriba, el oficio de cantor es un ministerio que
antiguamente tenía su “ordenación”, igual que el de lector, acólito, y diácono. En
la práctica, en nuestra Iglesia local, el oficio de cantor ha caído en desuso. A
veces, lo suple el mismo maestro, discretamente, desde su lugar en el coro.
También, lo suple hasta cierto punto el “guía”, en misas grandes o solemnes. El
guía orienta a la asamblea, explica los gestos, invita a pararse, sentarse, a cantar,
a pasar adelante a comulgar. Finalmente, en la práctica, es una especie de

18
Los novios, los que se ordenan, la familia del difunto...
20
maestro de ceremonias, pero, por lo mismo llama la atención. La eucaristía no es
una ceremonia, sino una liturgia, una celebración, un adelanto del Banquete del
Reino de Dios. Si el guía actúa como maestro de ceremonias, puede transformar
la misa en una ceremonia, como el acto cívico, la entrega de los “Oscar”, o el
“Festival de Viña”. El guía tiene que aprender a hablar poco, explicar lo justo y
necesario, pues, un “signo” que requiere mucha explicación no significó nada por
sí mismo. A veces en los grandes matrimonios sociales, hay gente que no es
católica, o siendo católica, no va nunca a misa, y hay que explicarles todo. No
tenemos porque suponer este caso todo el tiempo. Ojalá sea la excepción. La
eucaristía no necesita su “Don Francisco”. El modelo es otro.
El otro problema, el que más nos ataña, es que típicamente, el guía no
canta. A lo más, invita a cantar en el número tanto. Luego se queda
sigilosamente callado, como el Capitán Araya, que a otros embarca. Luego, por
supuesto, la invitación a cantar pierde credibilidad. Si el guía no canta,
difícilmente va a cantar el pueblo. Es peor aún cuando el celebrante tampoco
canta. Los dos dan la impresión de que no se debe cantar, de que el canto está
“reservado” para el coro, siguiendo el modelo del “espectáculo”.
Quizás sea abrupta la implementación del papel del cantor en reemplazo
del guía, o junto con el guía. Va en contra de las expectativas creadas por años
de práctica. Sin embargo, en misas que tienen guía, es conveniente que éste sea
discreto, pero que además sepa cantar, y al menos en los cantos claves o difíciles,
que cante desde el micrófono.
Ahora, finalmente, lo más importante sobre la conducción de los cantos en
la misa: el celebrante preside la eucaristía.
19
En otras palabras, no hay que pasar
a llevar al cura. Si el maestro de coro quiere una cosa, y el celebrante quiere otra,
se hace lo que quiere el celebrante. Se hace todo lo posible por seguir sus
indicaciones, por acomodar sus improvisaciones, por complementar lo que se
predicó, etc. Es muy importante planificar, preparar, y coordinar todo desde antes,
para que no haya sorpresas que no se pueden salvar. Sin embargo, ocurren
descoordinaciones. El celebrante frecuentemente cambia de idea durante la misa.
A veces, se inspira con algún canto, o alguna imagen que se puede reforzar con el
canto. En celebraciones grandes presididas por el obispo, por ejemplo, el maestro
de coro coordina con el guía, el diácono, o el edecán del monseñor, y,
generalmente, no con el obispo en persona. Luego, hay que estar atento. Puede
querer otra cosa de lo que se planificó. Y al celebrante, sea quien sea, se le debe
obediencia religiosa, para el bien de la comunión de los santos.
Puede parecer muy absoluto, sin embargo, en la práctica, muchos
celebrantes son flexibles, y agradecen el aporte de los que cantan. Al mismo
tiempo, el misterio que está detrás del respeto al que preside es fundamental. Por
el lado oscuro, la obediencia al celebrante ha significado muchas veces que no se
cante, o que se cante mal, o que el canto no sea más que música ambiental. Esto
ocurre cuando los sacerdotes tienen poca sensibilidad musical o poca preparación

19
En rigor, todos somos “celebrantes”. Se refiere al celebrante principal. En términos técnicos,
éste es el presidente de los que concelebran. Cuando hay varios sacerdotes concelebrando,
siempre hay uno que preside. Es el que se sienta en el medio, y usa la casulla más bonita.
21
litúrgica. El canto, cuando no desaparece por completo, se convierte en el
envoltorio para la “linda misa del Padre”.
La obligación de obediencia al sacerdote que preside lleva implícita una
responsabilidad para él. Tiene que ser sensible al Espíritu, tanto cuando lo mueve
a él, como cuando mueve a la asamblea o alguno de sus integrantes. Por parte
de la asamblea, la obediencia al celebrante requiere fe, la confianza de que Dios
está en él. Y sobre todo, requiere, por todas las partes, buena comunicación.
Se nota una misa donde hay buena comunicación. No se siente el “tironeo”
de la lucha por el poder. Ha habido diálogo antes, se prepararon las cosas, y se
pusieron de acuerdo. Y sobre la marcha, sigue la buena comunicación. No es
necesario llamarse por radio. Basta el gesto, la mirada, alguna instrucción dado
en el momento, que además sirve de catequesis litúrgica para el pueblo de Dios.
Un punto final, sobre el cancionero. Arriba, mencionamos la antigüedad del
cancionero en la tradición de los libros litúrgicos. Aquí, un dato obvio: si no hay
cancioneros, no hay como pedir al pueblo que haga su oración cantando, o que
aprenda algún canto nuevo. No hay porque pedirle que cante, pues esa canción
que “todos se la saben” es un mito. Hay como tres cantos que todos saben sin
tener la letra por delante. Siempre hay personas que excluimos porque no tienen
la canción de memoria. Y el repertorio limitado que la memoria masiva posee sin
ningún estímulo no permite elegir cantos apropiados para la situación, el tiempo
litúrgico, y el lugar. En fin, sin cancionero, estamos perdiendo el tiempo. Ni guía,
ni celebrante, ni maestro de coro, ni cantor pueden sustituir un buen cancionero.
Puede haber un cancionero de la comunidad que se renueva cada dos o
tres años. Las misas solemnes merecen un folleto propio, con las lecturas, quizás,
y otras indicaciones. Como término medio (o mal menor), recurrimos a la hojita
fotocopiada en papel roneo. Peor es nada.


VI. La estructura de Ia misa.

En esta última parte, pretendemos analizar los momentos de la eucaristía,
estableciendo criterios para cantar (o no cantar) en cada uno. Sintetizamos
mucho de lo que hemos presupuestado hasta ahora. Esta última parte nos sirve
de taller práctico. La pregunta que queremos contestar es, ¿cuál canto elegir para
cada momento de la misa? Hay un tiempo para cantar y un tiempo para quedarse
callado; un tiempo para cantar esto, y un tiempo para cantar lo otro. ¿Cómo
saber qué cantar y cuándo?
Un principio básico de la dinámica litúrgica es la alternación. El silencio se
alterna con la palabra. La palabra se alterna con el canto. La intervención del
celebrante se alterna con la respuesta de la asamblea. La alegría se alterna con
el recogimiento. Una eucaristía dinámica que es verdaderamente signo del
misterio central de nuestra fe, la muerte y resurrección de Cristo Nuestro Señor,
tiene por esencia una estructura oscilante. La asamblea es llevada sobre una ola
que va y viene. Creo que San Pablo se refiere a esto cuando habla de los
22
“gemidos” del Espíritu en la oración del pueblo.
20
Es la inspiración que se alterna
con la expiración, una danza ondulante de alabanza al Señor.
Pienso que muchas veces no somos conscientes de lo que está pasando,
pero es importante cultivar la sensibilidad. La oscilación es necesaria en una
buena liturgia, para poder elegir los cantos más apropiados. Hay que considerar
la relación entre una parte de la misa y la que sigue, para ayudar a lograr esta
alternación. Si no, obramos en conflicto con el principio natural de nuestra
celebración. Por la inconsciencia, o por el entusiasmo, muchas veces luchamos
contra la marea.
Antes de Ia misa. Algunos coros tienen la costumbre de repasar su
ensayo en los minutos antes de empezar la misa. Encuentro muy buena
costumbre, pues permite al pueblo escuchar una vez algunas de las cosas que se
les va a pedir que canten. Es como la obertura de una comedia musical, que
prepara el oído. Ayuda a aprender cantos nuevos, e impone un ambiente de
oración en los minutos que tienden a ser u hora social o silencio tenso.
Mejor aun, cinco o diez minutos de ensayo de cantos. El cantor sube al
ambón, e invita a aprenderse los cantos nuevos, indicando el número, la página, y
en qué momento de la misa se van a cantar. Debe dar preferencia a los cantos
que son las oraciones de la misa: Gloria, Santo, Cordero, etc., pues, es
importante incluir a la asamblea especialmente en esas partes.
Luego, conviene un período de silencio antes del canto de entrada. El
cantor o el guía invita a dos o tres minutos de recogimiento. Este no es el silencio
tenso, pues, al haber cantado juntos en el ensayo, la asamblea ya comparte el
camino, y es capaz de orar en paz. De este silencio meditativo, irrumpe el canto
procesional.
EI Canto de Entrada. Cuando hay canto en una misa, siempre debe
cantarse un buen canto de entrada. Es muy importante, porque constituye a la
asamblea como tal y la dispone para la oración. Debe ser de carácter procesional.
No significa necesariamente una marcha, pero tampoco es una melodía exquisita
para meditarla. Es para cantar fuerte con todo el corazón. Y es un canto para que
lo canten todos. El canto de entrada no es el momento para que cante un solista.
Tampoco es un momento para interludios instrumentales. Una cosa en varias
estrofas, con una melodía regular, que se puede alargar si la procesión demora
más de lo esperado, y que se puede acortar si termina antes. En rigor, la
procesión termina cuando el que preside llega a su sede, (cuando quede parado
detrás del altar). No es buena costumbre hacerle esperar mucho.
De alguna manera, el canto de entrada debe reflejar el tiempo litúrgico. Si
es Adviento, que sea un canto de esperanza. Si es Pascua, un canto de júbilo
con exclamaciones de “aleluya”. Si toca alguna solemnidad, como Cristo Rey, por
ejemplo, es importante que el canto de entrada proclame el hecho de alguna
manera. La entrada es el anuncio, el kerigma que dice, “hay una buena noticia”.
Un detalle técnico: en lo posible, el canto de entrada requiere una letra en
primera persona plural, al menos implícitamente. Es el canto que constituye el
“nosotros” que va a celebrar esta eucaristía. Los cantos “yo” tienden a privatizar
la experiencia eucarística. Son especialmente inapropiados en la entrada porque

20
Rom 8:26. Cf. también el Salmo 42:6, “Alma mía, ¿porqué gimes en mí?
23
crean un ambiente de “yo solito con Dios”, haciendo mi oración personal en
silencio en medio de una misa. Desubicado, al menos.
Si una canción es abiertamente narcisista, se debe eliminar del repertorio.
Al mismo tiempo, existen cantos cuyo género es el “testimonio”, alabanza a Dios
por las maravillas que el Señor hizo en mí. Como tales, están en primera persona
singular, pero para la edificación de la comunidad. Aun así, no constituyen a la
asamblea, y no son apropiados para el canto de entrada, sino más bien para un
salmo de meditación.
Hay excepciones. Existen algunas canciones en primera persona singular
que engendran un sentido de comunidad en la asamblea. No es el hecho
gramatical en sí. Cuando el “yo” resulta ser colectivo, un personaje corporativo
que celebra la eucaristía, equivale a un “nosotros”. No es un “yo” narcisista, ni
tampoco testimonial. El criterio certero es ver qué pasa con la asamblea al cantar.
Si se aúna, bien; se logró el objetivo. Si termina el canto ensimismada, desunida,
entonces el canto no cumplió su función. El punto no es el hecho, sino el efecto.
Las narraciones en tercera persona tampoco resultan muy apropiadas para
la entrada. Crean otra realidad visual imaginaria que entra en conflicto con la
imagen visual real de una procesión en honor al Señor. Un relato de la
anunciación, por lindo que sea, choca con el gesto que se está realizando.
Recordemos que el canto entra en el círculo hermenéutico, dando a la asamblea
un lenguaje interior que le sirve de vasija para recepcionar el gesto. La procesión
de entrada es ir al encuentro del Señor. Una historia sobre otra cosa junto con la
procesión fragmenta la recepción, despedazando cualquier posibilidad de fraguar
un sentido que se puede gustar internamente. Resulta mejor narrar cosas en un
momento de meditación, cuando se busca crear una imagen para contemplar.
Rito penitenciaI. En rigor, el rito penitencial no es una “canción”. Hay
varias formas estipuladas en el Misal, incluyendo el momento de silencio, el rezo
del “Yo, pecador”, y el Kyrie. Esta antigua oración suplica al Señor; ¨¡ten piedad!¨.
A veces, se reza los motivos específicos intercalados con la súplica. Cualquiera
de estas fórmulas termina con la invocación al Señor por parte del celebrante, y la
petición de perdón.
21

El rito penitencial no es lo mismo que el sacramento de reconciliación.
Muchos lo entienden como una liturgia penitencial en miniatura con absolución
general. No es así. El punto es que, cuando el hombre entra en contacto con su
Señor, toma consciencia de que es un pecador indigno.
22
No importa cuántos
pecados ha cometido desde su última confesión; igual es un ser demasiado
sencillo y humilde para entrar en comunión eucarística con su Dios. El rito
penitencial invoca al Señor para rogarle que, a pesar de lo poco merecido, nos
dignifique para poder subir al lugar santo y encontrarnos con El.
¿Dónde entra el canto? Lo más tradicional es el canto del Kyrie eleison,.
Hay versiones lindas en castellano. Esta invocación al Señor tiene una estructura
dialogal, la cual ayuda a que sea una oración cantada, y no simplemente otra
canción agregada a la misa. El celebrante, el cantor, o el coro anuncia el “Señor,
ten piedad”, y el pueblo responde con lo mismo. Tiene la gracia de que no es

21
Según la rúbrica, un diácono también puede oficiar el rito penitencial.
22
Cf. Lc 8:5, como reacciona Pedro al darse cuenta de con quién está.
24
necesario que el pueblo lo sepa. Se repite en el momento, tal cual se oyó. En
este marco, caben perfectamente las invocaciones especiales, por ejemplo:

Celebrante: ¨Tú que has venido a sanar los corazones heridos,¨
Coro: ¨Señor, ten piedad.¨
Asamblea: Señor, ten piedad.¨ (etc.)

Cuando el canto en el rito penitencial es otra cosa, y no el Kyrie, debe ser
una meditación corta que ayuda a recordar la condición humana y la misericordia
del Señor que nos permite celebrar sus misterios. Se entiende como un momento
de “silencio dirigido”. No se presta para una canción entera con cuatro estrofas.
Tampoco me parecen apropiados los cantos narcisistas, dramáticos, y
egocéntricos que recuerdan con una lírica morbosa, “cuantas veces yo he vuelto
a fallarte, y que hoy yo vuelvo a regresar donde Ti”. El punto no es el favor que
“yo” le hago a Dios volviendo, sino el amor que Dios manifiesta al salvarme.
Hay cantos largos sobre la penitencia y el perdón de los pecados.
Dejémoslos para las liturgias penitenciales o para el canto de meditación en
cuaresma. Ahí, cumplen su función. Aquí, alargan y centran la atención en un
gesto que es propiamente previa a la eucaristía, y no central.
Un punto final sobre el rito penitencial. No es esencial cantar. Si una misa
se ve recargada de cantos, elimina éste con toda tranquilidad. Yo diría que es,
incluso, aberrante cantar el rito penitencial y luego recitar el Gloria. El Gloria es
propiamente un canto, y muchas veces se recita, por motivos varios. Esto causa
una desproporción en la eucaristía: un rito penitencial que es dramático y glorioso,
y un Gloria que es austero y sobrio. Es el mundo al revés.
EI GIoria. Que sea glorioso. En lo posible, que se cante siempre.
No tengo mucho más que decir. El problema práctico que enfrentamos es
encontrar versiones del Gloria que son cantables, y a la vez, litúrgicos. Quiero
decir, que se cante la letra del Gloria, no otra cosa, y por entero. A nadie se le va
a ocurrir cantar la mitad del Padre Nuestro. O, un pedazo del Santo. ¿Porqué,
entonces, glorificamos al Señor con las primeras cuatro líneas del Gloria
solamente? No es una canción estrófica que se puede cantar hasta la mitad. Se
pierde la estructura trinitaria de la oración.
Esta oración es de las más antiguas de la tradición cristiana. Es el canto de
los que están en la presencia de la epifanía de Dios: Cristo, los ángeles, los
santos, y nosotros, al Iglesia triunfante y peregrina después del rito de
reconciliación. Data de los primeros siglos, y la letra es de una profundidad y
riqueza extraordinaria. Es impensable “reemplazar” el Gloria por otro canto alegre
que diga la palabra “gloria” en alguna parte. (No lo digo por si pasa, sino porque
pasa.) Hay muchas versiones del Gloria que no incluyen más que un fragmento o
“adaptación”. Es importante conocer, enseñar, y fomentar los cantos del Gloria
que son gloriosos, lindos, y completos.
Doy por entendido que algunos días, toca cantar el Gloria, y otros, no.
Pierde el efecto si se canta todos los días. Cuando hay duda, se puede consultar
en el sintonizador litúrgico, un calendario de todo el año con las fiestas, las
lecturas, los colores litúrgicos, cuál prefacio, y si toca Gloria y/o Credo. Se puede
comprar en las librerías católicas. En general, el Gloria es para domingos y
25
solemnidades. No se canta ni en Adviento ni en Cuaresma, salvo en
solemnidades. Se puede añadir cuando la ocasión particular lo amerita, siempre
que no sea en Adviento ni Cuaresma.
23

Canto antes de Ia primera Iectura. Corten el escándalo. Este canto
nunca existió. Es un truco para lucir al coro, y no cumple ninguna función litúrgica.
El único canto antes de la primera lectura es propiamente el Gloria. Si no hay
Gloria, se procede a la lectura sencillamente, respetando la austeridad del tiempo
litúrgico. Otro canto, salvo si hubiera una situación muy particular, alarga
innecesariamente. Es más, cuando hay Gloria, va en contra del principio de
alternación: coloca dos momentos de canto juntos. La transición hacia la primera
lectura está en la Oración Colecta, en el Misal, leída por el presidente de la
asamblea. Si uno piensa un poco, a seis minutos de iniciar la misa, ya llevamos
tres cantos. Un cuarto canto es mucho. Tanta cosa distrae y desconcentra.
EI saImo responsoriaI. Una pobreza imperdonable en nuestra práctica
litúrgica actual es que los salmos se leen. La palabra “salmo” significa canto. El
libro de los Salmos, en el Antiguo Testamento, es el cancionero del pueblo del
Israel. Somos herederos de la letra, pero las melodías no sobrevivieron el
desplazamiento transcultural. El medioevo incorporó la salmodia en latín cantado
al estilo gregoriano. Tampoco es asequible para la asamblea contemporánea,
salvo como tema de especial interés arqueológico y cultural. Al coro actual, le
corresponde dar vida a estos huesos secos cantando.
Como el nombre indica, el salmo es la respuesta del pueblo a la primera
lectura. Es un canto de reflexión cuya función es ayudar a meditar la palabra de
Dios, para que tenga efecto en el oyente. Al sacramento de la palabra, el canto
responsorial sirve de riego para que la semilla pueda enraizar y dar su fruto al cien
por uno. El salmo responsorial pone palabras en la boca del oyente que le ayudan
a expresar lo que hay en su corazón. Hay que tomar consciencia del sentido de la
liturgia de la palabra para captar la importancia de este canto.
El salmo responsorial viene elegido de tal manera que enfatiza o acentúa la
idea o la imagen principal de la lectura. Da claves de comprensión, del sentir de
la lectura. La adaptación musical debe ayudar a ese fin. Es posible reemplazar el
salmo predispuesto en el Leccionario por otro canto apropiado que cumple la
misma función: la respuesta del pueblo. Incluso, cuando uno prepara una misa
con lecturas especiales para la ocasión, hay que preguntarse, “¿qué cantemos
aquí?”, buscando la unidad de sentido con toda la eucaristía.
De hecho, muchos de nuestros cantos típicos son los salmos, y ya no nos
damos ni cuenta. Pero si se quiere usar un canto que no es tomado de un salmo
o cántico bíblico,
24
hay que fijarse en el género literario y musical. Si se canta otro
canto, es a modo de salmo. Si uno hojea el libro de los Salmos, encuentra
plegarias, súplicas, acciones de gracias, lamentos, alabanzas, meditaciones,
profesiones de confianza, bendiciones, bienaventuranzas, confesiones de fe, e

23
En muchas congregaciones religiosos se acostumbra colocar las misas de votos o de ordenación
en solemnidades si caen en Adviento o en Cuaresma, para poder cantar gloria y aleluya.
24
Los “cánticos” son salmos que ocurren insertos en otros textos bíblicos, como el Magnificat en
Lucas 1, el Himno de Filipenses (Fil 2), el Cántico de Ana en 1 Sam 2, o el Cántico de los Tres
Jóvenes en Daniel 3.
26
himnos; todos dirigidos al Señor, de alguna manera. Vienen típicamente en
segunda persona, “Tú...¨ porque son la respuesta de la humanidad a la iniciativa
de Dios. Los salmos son dialogales. Involucran al hombre en el proceso de su
salvación. Uno no es sólo objeto de la gracia salvadora (como pensaba Lutero),
sino, participa activamente, recibiendo, respondiendo, entrando en diálogo con su
Dios, según la tradición bíblica.
25
La respuesta del hombre es variada, pero va
dirigida al autor de la gracia, en vocativo, o en segunda persona singular. Por eso,
“una de Silvio”, u otra como tal, no cumple la función.
Hay que tratar de respetar la estructura dialogal del salmo, por su profundo
sentido espiritual y teológico. Hay una antífona que se repite, con versos
intercalados. El salmo responsorial se presta especialmente para el segundo
nivel de participación en el cual un solista canta (o lee, con acompañamiento
musical), y el pueblo responde con un estribillo sencillo. En la tradición monástica,
está la costumbre de los dos coros, que dialogan la oración, en parte para no
cansarse tanto, porque cantaban todo el día, pero por otra parte, como signo de la
acción y respuesta, la oscilación divino-humana que caracteriza la historia de
nuestra salvación.
Existe aquí una posibilidad que hay que aprender a aprovechar. Aunque no
se sepa ninguna versión musical del salmo que corresponde, es posible que haya
alguna antífona o estribillo que comunica lo mismo de la antífona propuesta en el
Leccionario. Se reemplaza por el estribillo cantado. Y si no hay ninguno
conocido, no cuesta nada musicalizar la antífona que el Leccionario propone. Se
hace algo sencillo, en dos o tres acordes, quizás recogiendo la entonación musical
del canto de entrada o del Gloria. Si la antífona resume el sentido de la ocasión o
del tiempo litúrgico correspondiente, se puede repetir durante la plegaria
eucarística, como modo de hacer participar al pueblo, dando unidad a la misa
entera. (Cf. abajo.)
AcIamación antes deI EvangeIio. Aquí hay que tomar consciencia del
género litúrgico. Esta es una aclamación, y no otra canción. Estrictamente, se
canta aleluya, luego se lee (o se canta) la antífona que sale en el Leccionario, y se
canta aleluya nuevamente. En ocasiones solemnes, se vuelve a cantar la misma
aleluya al final del evangelio. La rúbrica estipula que si no se canta, se puede
omitir la aclamación por completo, lo cual me parece acertado, pues, recitar un
“aleluya” resulta anticlimático. Al mismo tiempo, en una misa con canto, esta
aclamación tiene prioridad, por el sentido de proporción interna y unidad orgánica.
Sobretodo, en la misa dominical, o en tiempo de Pascua, produce un desequilibrio
si se cantan otras cosas mientras que el aleluya pasa a pérdida.
La función de esta aclamación es darle solemnidad a la palabra de Dios. El
canto de aleluya acompaña el gesto de entronización del evangelio, que puede
incluir una procesión trayendo el libro, acompañado por un cirio, e incluso,
incienso. Por eso, nos ponemos de pie. En muchas asambleas, se acostumbra
ponerse de pie recién cuando el diácono o el sacerdote, dice, “El Señor esté con
Uds.”, habiendo cantado la aclamación sentado. Es un error. Se aclama de pie.
Si no existe la costumbre, el cantor o el guía debe invitar a ponerse de pie para
aclamar el evangelio.

25
Abraham, Moisés, Samuel, los profetas, María...
27
No se lee el evangelio de la hojita del día domingo. Para eso existe el
Leccionario dominical, un cuasi-sacramento, dignamente empastado. Si no hay,
se puede leer de la Biblia misma. Pero la hojita que se publica es para que el
pueblo pueda seguir el texto, especialmente importante cuando el sistema de
amplificación es mala.
26
Y, para que la puede llevar a la casa para meditarla
después.
Más que todas las otras lecturas, la Buena Nueva es el sacramento de la
Palabra por excelencia. Es El Verbo, Cristo Resucitado que se hace presente. El
vocablo, aleluya viene del hebreo, y significa “Dios está con nosotros” . Es una
exclamación de júbilo que celebra la presencia viva del Padre en el Logos por
medio del Espíritu Santo que habla hoy a su pueblo.
La antífona que va con el canto de aleluya destaca el punto central del
evangelio, haciendo la conexión conceptual o simbólica con las otras lecturas. Por
consiguiente, no es un momento para innovar, o para elegir algún canto bonito.
Siempre es mejor no cantar que cantar algo irrelevante. En este caso, es
especialmente importante. Otras imágenes, nuevos símbolos o conceptos, por
santos o piadosos que sean, distraen. No ayudan a centrar la atención. En vez
de preparar la tierra para que la semilla de la palabra brote y de fruto, siembran
cizaña en la vista imaginativa del oyente. No cumplen la función.
Por costumbre, en esta aclamación, se canta aleluya, y no otra cosa. No es
que se busque la monotonía. Hay muchas maneras lindas para cantar aleluya.
Sin embargo, reemplazarla con otra cosa es casi como cambiar el Padre Nuestro
en la misa por el Ave María.
Hay un par de excepciones, que obedecen al criterio de lo apropiado. En
primer lugar, no se canta aleluya en Cuaresma. No es un tiempo de júbilo, sino un
tiempo de austeridad, de hambre, de anhelo, recogimiento y mortificación. Por
eso no se canta que Dios está con nosotros, sino más bien, que Dios es lo que
nos hace falta.
La costumbre de no cantar aleluya en Cuaresma incluye otros cantos en
otros momentos de la misa que usan la palabra. No es así con la palabra gloria.
No se canta la oración que se llama “el Gloria” en Cuaresma (ni tampoco en
Adviento). Sin embargo, la palabra “gloria”, que significa “resplandor,
manifestación, la mirada de Dios sobre el hombre”, puede darse sin júbilo en
algunas circunstancias, de tal manera que no es necesario esquivar la palabra
“gloria” en otras canciones, mientras, sí, se evita cantar “aleluya” en cualquier
momento durante la Cuaresma.
A veces, y en ciertos lugares, se acostumbra no cantar aleluya en Adviento,
pero los datos son ambiguos, y requiere el ejercicio de discreción criteriosa. Por
un lado, las lecturas propias de Adviento llaman al pueblo de Dios a alegrarse en
la esperanza de Dios que ya viene a salvarnos. La liturgia de las horas incluye
específicamente el aleluya en las antífonas de los salmos que son propias del
tiempo. Por el otro lado, es el tiempo de los dolores de parto, del pueblo que gime
necesitado de su Dios. Es el tiempo de la promesa, más que del cumplimiento.

26
En muchas partes, la amplificación es mala por falta de recursos, lo cual se comprende. Sin
embargo, habiendo recursos económicos y tecnológicos, no hay excusa para los desastres de
distorsión que pretenden amplificar la palabra y el canto en la Iglesia Católica.
28
Lo mejor es seguir la costumbre de la iglesia local en este punto (o las
instrucciones del celebrante). Hay muchas antífonas cortas de preparación del
camino, tema propio de Adviento, que se adaptan perfectamente a la aclamación
antes del evangelio. Es importante que no sean largas, sino simples
aclamaciones, que cumplen la función sin distraer. En todo caso, cuando se canta
aleluya en Adviento, es con un estilo musical más sobrio, un aleluya del alma
anhelante, que no es lo mismo que el aleluya con bombo y platillo, propio del
tiempo de Pascua.
Finalmente, hay que pensar en qué se puede cantar, si por algún motivo, no
se cante aleluya. Mi opinión personal es que si no es ni Adviento ni Cuaresma,
que se cante aleluya. El misterio central de nuestra fe es el misterio pascual, la
muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Cada misa, y en especial, la
misa dominical, celebra justamente eso. Pero, por si acaso, aclamaciones que
dicen algo como “Dios está aquí” expresan la misma idea, sin agregar ningún
distractor.
27
Otra posibilidad es que si hay alguna antífona que recalca
precisamente la idea del evangelio de ese día, como por ejemplo, “Si alguno tiene
sed, que venga a mí y beba”, cuando toca el evangelio de Jesús y la Samaritana.
Cumple la función de la antífona de la aclamación (la parte que se lee del
Leccionario) y la reemplaza, omitiendo el aleluya sencillamente. Pero no tiene
ningún sentido cantar “Si alguno tiene sed” cuando el evangelio es del Joven Rico.
En tiempo de Pascua, es decir, los cincuenta días entre Pascua y
Pentecostés, que no haya excepciones. El ayuno de Cuaresma se llena después
de la Semana Santa con las cosas ricas de la Pascua. En especial, el aleluya de
la Vigilia Pascual, la que se canta por primera vez después de cuarenta días y
cuarenta noches, que sea especialmente glorioso, con todas sus campanas e
instrumentos, para que cante toda la asamblea.
28

EI ofertorio. El ofertorio se puede cantar o no, a criterio, pero de cantarse,
tiene algunas particularidades. La letra más apropiada para el canto de ofertorio
es alguna variante de “Señor, te ofrecemos el pan y el vino”. Hay otras cosas que
expresan ofrecimiento que también sirven, si la ocasión la requiere, como la
“Oración de San Ignacio”
29
, o “El Alfarero”.
30
Se enriquece el ofertorio en la
medida que la oración que se dice expresa el hecho de ofrecer todo lo que de Dios
recibimos, y a Él presentamos, para que por su Espíritu sea transformado en el
don esencial, único, total entre Dios y los hombres: Cristo. Hay muchos matices
de hondura espiritual, litúrgica y teológica aquí. Por eso los cantos que cumplen la
función de esta oración, pueden ser variados.
En rigor, el canto del ofertorio reemplaza la oración del ofertorio que el cura
reza del Misal. Es redundante cantar la oración y luego recitar lo mismo. En este
asunto, es importante conocer al padre que preside. Los grandes liturgos cantan

27
Otra posibilidad es “La luz de Jesús ha llegado al mundo”, sin la estrofa, pues, expresa presencia
del Señor resucitado, sin más.
28
Una vez, escuché a un coro cantar un aleluya exquisita y refinada en la aclamación de la Vigilia
Pascual. Ellos se sintieron importantes, pero dejaron la asamblea sin cantar. Mejor habría sido
lucirse con su aleluya exquisita después de la comunión, habiendo cantado un aleluya de todos
para la aclamación.
29
“Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, entendimiento y voluntad,...”
30
“Toma mi vida y hazla de nuevo...”
29
mientras realizar los gestos propios del ofertorio, levantando el pan y el cáliz.
Algunos, por “rubricista”, por devoción, o porque cantan mal, recitan la oración del
ofertorio en voz baja mientras se canta. Así, igual se justifica el canto, pues, se
complementan el canto y el rito. Otros esperan que se termine el canto para
“empezar el ofertorio”, y hacen todo de nuevo. En el último caso, es mejor no
cantar, pues la redundancia queda muy evidente, y resulta majadero para la
asamblea.
El canto debe obedecer al rito, y no el rito al canto. Este axioma es
especialmente apropiado en el ofertorio. Una vez que se termine el gesto de
ofrecimiento del cáliz, termina el canto. Ni antes, ni después. Requiere flexibilidad
de parte del coro. Con una seña del maestro de coro, se alarga o se acorta el
canto para llenar el tiempo sin alargar. Es un tropiezo dejar la segunda parte del
ofertorio en silencio porque se acabó la canción. Y no hay peor que dejar al
celebrante esperando porque “nos quedan dos estrofas”.
La exigencia del tiempo preciso en el ofertorio requiere, además, cantos
que se pueden alargar y acortar, con estrofas sencillas que se resuelven
musicalmente, y con letra que termina con punto final en varias partes. Por lo
mismo, a menos que toque una larga procesión de ofrendas, resulta poco feliz el
canto que narra sobre el niñito en la multiplicación de los panes, pues, para
terminar la historia, hay que obligar al presidente a esperar.
Una observación final, sobre la colecta. Una regla que pocas veces se
cumple en la liturgia es que nunca hay que hacer dos cosas al mismo tiempo.
Cuando hay colecta, se debe hacer antes de la procesión de las ofrendas, para
ofrecer el dinero recolectado junto con el pan y el vino. El canto puede cumplir
otra función en este caso, de mantener el ambiente de oración y tapar el ruido de
las monedas. Si es así, la letra no tiene porque ser la oración del ofertorio,
precisamente. Puede ser una meditación tomada del evangelio o de la homilía.
Luego, se termina la canción y el celebrante hace el ofertorio sin canto. Como
alternativa, el canto puede ayudar a hacer la transición entre los dos gestos,
colecta y ofertorio. Ojalá no sean simultáneos, pues, así se establece un nexo
engañoso entre el dinero y la eucaristía.
31
Un canto de ofertorio, en ese caso, da
continuidad, y termina cuando termina el ofrecimiento del cáliz.
EI Santo. El “Santo” es el canto final del prefacio, una oración
importantísima que efectúa la transición entre el ofertorio y el “canon”, que
también se llama la “oración eucarística”. El prefacio da el motivo, porqué
celebramos esta “acción de gracias” al Señor. En pocas palabras, según el
prefacio, agradecemos la obra salvífica de Dios Padre, en Cristo, y por el Espíritu,
cantando, a una voz, junto con todo el pueblo de Dios, presente y ausente, “Santo,
santo, santo...” La letra combina un texto del libro de Isaías (Is 6), de una visión
de los seres celestiales que cantan su alabanza a Dios, con un texto del nuevo
testamento (Mt 21:9 y paralelos), que cita lo que el pueblo decía a Jesús en la
entrada triunfal a Jerusalén, “Bendito es el que viene en el nombre del Señor,
Hosanna en la alturas”.
La visión es actual. Es la presencia de Dios que manifiesta nuevamente su
gesto de salvación, dándonos sacramentalmente al Cristo otra vez. Es el don

31
Como si estuviéramos comprando el regalo de la salvación.
30
salvífico por y en nosotros. Y nosotros somos testigos, lo mismo que Isaías, la
comunión de los santos, y el pueblo de Jerusalén. Vemos la gloria del Señor, sin
morir.
El punto es que la letra del Santo no es cualquier cosa. No hay que
cambiarla, ni por otra cosa que se le parece. No es suficiente un canto que en
alguna parte diga “santo”. El Santo celebra la entronización de Cristo como
nuestro Rey y Señor, junto a Dios Padre. Prepara y fundamenta el sacrificio
eucarístico.
Por lo tanto, la pregunta, “¿qué cantemos para el Santo?” revela una
ingenuidad e ignorancia enorme. Se canta o se recita el Santo, pero no se canta
otra cosa. En mi opinión, el reemplazo del Santo por otro canto es una de las
grandes deformaciones litúrgicas que nos enfrenta hoy en día.
32
No es por rigidez,
sino porque lo que rezamos es lo creemos a la larga. El hábito de rezar cualquier
cosa en esta bisagra de la celebración eucarística destruye la unidad y la
continuidad del conjunto. Los efectos no son inmediatos, por supuesto, pero
muchas veces, son inconscientes e insidiosos. En nuestros días, cuando la
pregunta por el sentido es tan fuerte, puede ser desastroso atentar contra el
sentido de la misa cambiando uno de sus pilares por un palo de escoba. La gente
se va con un vacío, con la sensación de que la misa no le dice nada, y por
supuesto, no dice nada, pues, sin sus articulaciones, queda como un párrafo sin
verbos.
Finalmente, si hay cantos en la misa, se canta el Santo. Es el momento del
auge de alabanza y júbilo. Sale particularmente anticlimático recitarlo, todo
aburrido, después de haberle puesto tanto color al rito de perdón y al ofertorio.
Antífona después de Ia consagración. Esta antífona fue introducida en el
canon con la renovación litúrgica posterior al Concilio. Su función es recalcar el
misterio pascual, y participar a la asamblea en la oración eucarística. El Misal trae
tres o cuatro versiones
33
, sobre la muerte y resurrección de Jesús y la esperanza
de la segunda venida. Por costumbre, se usa el primero con más frecuencia, y las
otras son casi desconocidas.
El punto es que se pueden cantar, lo que ayuda a la oración. Es importante
advertir a la asamblea que se va a cantar, pues la gente reacciona recitando, y se
arma una cosa muy torpe, con algunos cantando y otros recitando.
Recomiendo no cantar, en cambio, durante la consagración, pues, el
silencio en el momento de levantar la hostia y el cáliz ayuda a enfocar la atención.
El canto distrae. La música instrumental también distrae, especialmente cuando
es buena y bien tocada, pues, la gente comenta el efecto de la música, y olvida al
hecho que pretendió destacar. Antes del Concilio, se acostumbraba tocar
campanas para la consagración. El motivo era advertir al pueblo que no sabía
latín que en ese momento se estaba consagrando. Con la venida de la oración
eucarística en la lengua vernácula, las campanas sobran, pues, entendemos las

32
Los dos más típicos y nefastos son “Den al Señor sus alabanzas...”, que celebra la creación,
nada menos; y “Mientras tenga yo una voz para cantar...”, que además termina con una afirmación
que es a la vez soberbia y pelagiana: “...construyendo el Reino de El estoy”, como si fuera algo
que dependiera di “mí”.
33
La típica es “Anunciamos tu muerte, proclamamos Tu resurrección, ven Señor Jesús.”
31
palabras. Por desgracia, el hecho de tocar campanas o flauta durante la
consagración divide los sectores conservadores y progresivos. Al optar por el
silencio, optamos, también, por la unidad de los fieles.
En lugar de cantar durante la consagración, destaco otra práctica que
resulta muy conmovedora y participativa: cantar alguna antífona de adoración,
alabanza, o confesión de fe ad hoc, pero después de haber recitado la antífona
estipulada en el Misal. Luego, se repite cuatro o cinco veces en el transcurso de
lo que queda de la oración eucarística, en las puntuaciones del texto. Mantiene a
la asamblea en oración, y ablanda el corazón para que entren las palabras que se
están rezando. El parlamento largo e ininterrumpido del celebrante tiende a
adormecer a muchos, mientras los más beatos rezan sobre otras cosas. El canto
“por compás”
34
de una antífona acentúa que la eucaristía es la oración de un
“nosotros”, que no es solamente algo que hace un sacerdote, para que los demás
escuchen.
Un buen texto para esta antífona es “Dios que nos amas, hoy te damos
gracias; Dios que nos salvas, te alabamos, hoy”. En Adviento, puede ser, “Ven,
Señor, ven a salvarnos”. El criterio es que sean dos líneas, una sola idea, y que
dialoga efectivamente con la oración eucarística.
EI Amén. La oración eucarística termina con la doxología, “Por Cristo, con
Él y en Él, a Ti, Dios Padre omnipotente, todo honor y toda gloria, por los siglos de
los siglos”. Estas palabras culminan la acción de gracias. La asamblea responde,
“Amén”. Lo triste es que se pierde ese “Amén”. Se ha transformado en un
murmullo insignificante mientras que los arrodillados se ponen de pie.
35
La
palabra viene del hebreo, y significa afirmación, concordia, certeza. Es como
decir, “Así es, eso es lo que creemos”. La doxología con su respuesta constituyen
el momento solemne de la misa. Dicen que en la Iglesia primitiva, se escuchaba
el grito del ¨¡Amén!¨ a cuadras de la capilla. Hoy, parece que la fe se ha apagado.
Lo que se escucha se podría confundir con una carraspera.
Al cantar el Amén, se le da importancia y solemnidad. Motiva, obliga al
corazón a involucrarse en lo que se está afirmando. Hay muchas formas de
cantar “Amén”, lo importante es que tenga fuerza.
Últimamente, muchos sacerdotes invitan a los fieles a recitar la doxología,
como manera de participarlos en esta segunda bisagra final de la oración
eucarística. Creo que la práctica tiene raíces en la misa comunitaria de los
sacerdotes, en la cual, al concelebrar, les corresponde a todos decir las palabras
de la doxología. Hay que recordar que la concelebración es nueva en la Iglesia.
Antes del Concilio, cada padre decía su misa. Ahora, con la doxología recitada
comunitaria por todos los concelebrantes, hemos quedado con la mala costumbre
de recitarla todos los fieles. Luego, no hay quién responda con el amén.
La intención es buena, pero se pierde la estructura dialogal de la eucaristía,
la “palabra y respuesta” que simboliza la acción de Dios y la respuesta del
Hombre. Da la impresión de que nosotros ofrecemos Cristo al Padre, por nuestra

34
Ejercicios Espirituales, San Ignacio de Loyola, (258)
35
Considero también una deformación litúrgica que algunos se arrodillan y otros, no. O, todos de
pie, (la costumbre primitiva), o todos de rodillas, (la costumbre de Europa medieval), pero, juntos.
32
iniciativa, lo cual constituye soberbia. Es Cristo que se ofrece, y nosotros por Él,
en Él, y con Él.
Es un punto fino, pero importante. Por lo mismo, nuestros obispos han
pedido que se corrija esta deformación litúrgica. Han solicitado que el sacerdote
diga la doxología, y que la asamblea responda, con fuerza, como corresponde.
Encuentro que tiene sentido que así sea, y más aún, tiene sentido no llevarle la
contra a los obispos, por la unidad de la Iglesia. Es malo para todos que esto se
haga de formas distintas en lugares distintos, y es malo para todos que se arme la
polémica.
No seamos sectarios. Obedezcamos a los obispos. Una estrategia que nos
ayudará a obedecer, y a la vez destacar la doxología y nuestra participación en
ella, es cantar el Amén. Finalmente, el canto del Amén da simetría y clausura a la
oración eucarística que empezó con el Santo. Idealmente, el Amén podría tomar
una misma melodía del Santo con el cual se comenzó.
EI Padre Nuestro. A mi manera de verlo, no es necesario cantar esta
oración. Se corre el riesgo de perder la estructura ondulante al recargar con
cantos, sobre todo si se ha cantado el Amén y si se va a cantar el Cordero de
Dios. En segundo lugar, es muy importante que la asamblea no quede sin rezar el
Padre Nuestro. Si algunos se van a quedar callados porque se está cantando,
mejor recitar pero con todos.
Si se va a cantar el Padre Nuestro, que sea una versión conocida, lo que
significa enseñarla antes de la misa. Y, muy importante, que sea el Padre
Nuestro. Algunas de las “adaptaciones libres” de la oración de Jesús son
escalofriantes. Los cambios y añadidos tergiversan lo que el Maestro quiso
decir.
36
No da lo mismo cantar una letra parecida, pues, la gente aprende y cree
lo que reza. En esta oración, el texto mismo es de lo más sagrado que tenemos.
Es un caso único: la oración que Jesús nos enseñó. Puede haber algo de
variación en las maneras de traducir el Padre Nuestro del original griego (Mt 6, y
Lc 11). Pero aun ahí, por motivo de la universalidad litúrgica, es bueno usar la
traducción que todos están usando.
EI gesto de paz. Que no se cante. Las razones son varias.
Este gesto tiene una historia interesante. Antes del Concilio, no se usaba.
Se recuperó con el fin de destacar la naturaleza comunitaria de la eucaristía. Su
fundamento bíblico es del Sermón de la Montaña (Mt 5:23-24), “Si mientras llevas
tu ofrenda al altar te acuerdas de que tu hermano tiene queja de ti, deja la ofrenda
delante del altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano, y después ve a llevar
tu ofrenda.” Es un gesto de reconciliación, un signo de que la comunión no es
sólo con Dios, sino con todos los hermanos. Reconocemos que la discordia entre
los fieles contradice la comunión eucarística.
El objetivo no es la demostración de afecto entre los amigos, sino más bien
el amor que incluye a los enemigos. En cuanto es un símbolo, basta un gesto con
el que está al lado. Cuando toda la comunidad corre por el templo a abrazarse
con los amigos, se pierde un poco el sentido. En vez de prepararnos para la
comunión, nos desconcentramos. Y a los que son menos conocidos, nadie los

36
En la tercera parte, arriba, sobre el texto, hay un ejemplo. Cf. p. 14.
33
abraza. En ese caso, esta práctica acentúa la acepción de personas, que
supuestamente, en Cristo, no existe.
La costumbre de “cantar la paz” viene de la necesidad de tapar el desorden
que se produce cuando toda la Iglesia quiere darse un tremendo abrazo. Mejor
sería no hacer desorden. Además, al “cantar la paz”, estamos pidiendo a la
asamblea que haga dos cosas incompatibles al mismo tiempo: que dé la paz a su
prójimo, y que cante. No se puede. Hace uno, o el otro.
Otro poquito de historia. En Chile, durante los años de la dictadura militar,
no hubo mucha paz. La falta se hacía sentir en este momento de la misa. Al
intentar demostrar el Cuerpo de Cristo unido en el amor, se hacía muy patente el
dolor de la ruptura cívica, y el quebranto de la paz al interior de la Iglesia. La
costumbre de “cantar la paz” se formó en ese contexto. Se entendía como un
modo de suplicar la concordia. Se creía que era necesario cantar y abrazar a todo
el mundo, para responder a la situación.
Ahora, la cosa es distinta, y no tiene sentido seguir con una costumbre que
responde a otro tiempo. En el contexto actual, un gesto así quiebra la continuidad
de la misa, y se degenera en dinámica de afectividad frustrada. Resulta poco feliz
relegar el gesto al final de la misa, además, porque se pierde el sentido de
reconciliarse con el hermano antes de llevar la ofrenda, de acuerdo al Sermón de
la Montaña. También, suprime el canto final, que tiene una función propia. Si el
sacerdote posterga el gesto de paz para el final, está reconociendo que no logra
presidir la asamblea. La única solución es una buena catequesis litúrgica: que se
enseñe a la gente qué se está haciendo, y porqué, para que lo haga bien.
Si volviera a haber una situación de quiebre cívico, o de conflicto al interior
de una comunidad cristiana, sería posible pensar en hacer una liturgia de
reconciliación que se centre en la resolución de la tensión. En una jornada, se
podría hacer una liturgia de la afectividad que incluye los abrazos generales. Al
interior de la eucaristía, sin embargo, es mejor mantener el gesto de paz como
algo sencillo y sobrio, para no descentrar la atención.
37

Otra razón de peso para no cantar la paz es que atenta contra la estructura
oscilante de la liturgia. Entre el gesto de paz y el canto del Cordero de Dios, no
hay nada. No hay ningún silencio, ninguna oración, nada. Entonces, chocan los
dos momentos de canto yuxtapuestos. Además, el Cordero de Dios ya es una
súplica de paz, y por lo mismo, el “canto de paz” resulta redundante por su texto.
Mejor es realizar el gesto de paz sin canto. Si se alarga el gesto por el
desorden en la asamblea, o porque el sacerdote quiso dar la paz a muchos de los
fieles, se puede iniciar la música instrumental que corresponde al Cordero. Sirve
como indicio, también, a la asamblea desordenada que ya hay que volver a
concentrarse. Luego, cuando el celebrante se dirige al altar para realizar el gesto
de la fracción del pan, se inicia el canto del Cordero.

37
Al manosearse mucho, los signos se desgastan. En una cierta comunidad, la asamblea prendía
una velita para todas la ocasiones, en la primera comunión, para la liturgia de la reconciliación, en
la confirmación, en Navidad. Luego, cuando tocaba prender vela en la Vigilia Pascual, donde
corresponde, ya era rutinario, y no significaba nada en especial. Lo mismo ha pasado con el canto
de la paz. Como signo se ha desgastado. Dejémosle que en paz descanse.

34
Cordero de Dios. Esta es una de las antiguas oraciones tradicionales de la
misa, muy solemne porque se dirige a Cristo sacramentado presente en el altar.
Acompaña el gesto de la fracción del pan, un signo profundo que a veces se
pierde. La importancia del gesto es que trae a la memoria el quebranto del cuerpo
de Jesús en la cruz por nosotros, y demuestra como somos unidos en su Cuerpo
porque comemos del mismo pan.
El Cordero de Dios es una oración de la asamblea. En rigor, se reza hasta
que se termine la fracción del pan, de tal manera que si se han consagrado panes
grandes que demoran en fraccionar para todos, se sigue rezando el Cordero,
repitiendo las mismas palabras. Es una oración “al compás” que se presta para
cantar. El estilo tiene que coincidir con la intimidad devocional del momento. No
es un espacio de júbilo, como el Santo o el Aleluya, sino de súplica que busca la
confianza para poder acercarse a la mesa del Señor. El texto deber ser respetado
estrictamente, pues, es una de las oraciones de la misa. Es importante, también,
no alargar con excursiones instrumentales, si ya ha terminado el gesto.
38

El único comentario es que hay que tomar en cuenta la seriedad de la
oración y cantar en oración como corresponde. Es muy importante cuidar los
tiempos, empezar cuando empieza el gesto, terminar a tiempo, dejando los
espacios y silencios necesarios para que el Señor los pueda llenar. La estructura
ondulante de la eucaristía cobra todo su sentido profundo en la preparación para
la comunión.
Cantos de comunión. Se trata de la oración de la Iglesia que acompaña el
gesto eucarístico. Es la actitud de Pedro frente a Cristo (Lc 5:8, Jn 21), la actitud
del centurión romano (Lc 7:1-10), que nos pone frente a Dios de quien depende
nuestra salvación. Lo que hace el Señor en este gesto es puramente por amor
suyo, y no por mérito propio. Dentro de la función hermenéutica, el canto de
comunión forma las vasijas de barro conceptuales y metafóricas en las cuales los
fieles logran recepcionar, comprender y sentir este gesto de Dios.
Los cantos de comunión son propiamente devocionales, de un repertorio
amplísimo. Por lo mismo, no es difícil encontrar cantos apropiados. Se pueden
tomar cantos propios del tiempo litúrgico, alusivos a las lecturas del día, sobre la
eucaristía, cantos que convienen a la ocasión, o que identifican a esta asamblea.
En fin, hay muchas opciones, y es difícil equivocarse.
Es difícil, sin embargo, no imposible. El criterio a seguir es la continuidad.
Los cantos que se eligen deben tener relación con algo. El error aquí sería un
fragmento desconectado o irrelevante; un canto que no tenga nada que ver con
nada, o que se contrapone a la ocasión o al tiempo litúrgico. No hay que cantar
aleluya en cuaresma, ni la historia de María a los pies de la cruz en tiempo de
Pascua.
Se canta hasta que termine la comunión. Es conveniente que el último
canto sea de recogimiento, y que ese canto en especial retome el tema de la
homilía, o de la ocasión. Es un momento de silencio guiado, que lleva al momento
de silencio total que precede la oración colecta que sigue la comunión. Como
regla práctica, cuando los ministros de comunión terminan de purificar el cáliz y
guardar los copones en el sagrario, hay que terminar el canto. Así, el celebrante

38
Si hay que traer copones con hostias consagradas del sagrario, se mantiene el canto, también.
35
puede sentarse en su sede, y presidir sobre la quietud total, que sirve para sentir
y gustar internamente.
39

En la comunión, es bueno que todos canten, al menos alguna canción. Sin
embargo, no constituye ninguna aberración litúrgico si la participación es pasiva,
escuchando solamente. Por lo tanto, entre los cantos de la comunión, el coro
puede sacar sus cantos regalones con arreglos más elaborados que el pueblo no
logra cantar. También, es un buen momento para introducir un canto nuevo.
Habiendo oído la canción un par de veces en la comunión, la asamblea se atreve
a cantarla en la entrada de una misa posterior.
Canto de saIida. Este canto cumple una función muy parecida al canto de
entrada, con un matiz particular. Nuestra participación en la comunión tiene
consecuencias. Así, el canto de salida es un envío, un llamado a asumir la misión
de anunciar la buena nueva. Este canto tiene que ayudarnos a hacer la transición,
a volver a mirar al mundo después de haber contemplado la gloria de Dios. Ahora,
al contemplar el mundo, se ve lo que Cristo ve, para hacer lo que Cristo haría.
Esta es la misión: ir, predicar el evangelio a los confines de la tierra, conscientes
de que Jesús está con nosotros hasta el fin de los tiempos.
Por lo tanto, el canto de salida tiene que ser un canto que todos canten, sin
solista y sin mucho adorno. Tiene que ser un canto con fuerza que da ánimo. Hay
que tomar en cuenta que por ser el último canto, es lo que va a darse vuelta en el
oído imaginativo del pueblo después de la eucaristía. En la micro, o caminando a
la casa, todos van canturreando el canto final.
Es costumbre cantar un canto a la Virgen al final de la eucaristía. O, un
canto con la Virgen, en el caso del Magnificat. No es ni necesario ni
contraindicado. El Magnificat, que existe en muchas versiones buenas, es un
excelente canto de envío. Otra alternativa provechosa en ocasiones solemnes, o
cuando se ha elegido otro canto de salida por algún motivo particular, es incluir
una oración a la Virgen cantada; como el Salve Regina, el Ave María, o el Regina
Coeli (en tiempo de Pascua); después de la bendición final, pero antes de la
procesión de salida. Así, se recuerda a Nuestra Señora sin olvidar la misión de
anunciar la buena nueva.
Finalmente, es importante que el canto de salida no termine antes de que
se acabe la procesión de salida. Si se demora la procesión, se sigue cantando.
Idealmente, el pueblo se queda cantando hasta que haya terminado la canción.
Luego se retira. En la práctica, muchas veces sucede lo contrario. Una ayuda
para corregir esto es elegir cantos atractivos que dan ganas de quedarse y cantar.
Por el otro lado, es importante no alargar el canto final, porque pasa a ser música
de fondo.

VII. ConcIusiones.
¿Cómo cantar eucarísticamente, de tal forma que no sea un afecto
desordenado, ni una soberbia narcisista, sino obediencia al llamado bíblico de
“cantar al Señor un cántico nuevo”?
¿Cómo elegir la música que mejor ayuda la oración de la asamblea?
¿Cómo discernir qué melodía más alaba y glorifica a Dios nuestro Señor?

39
Es muy abrupto interrumpir este silencio con avisos parroquiales, sin embargo, es muy común.
36
¿Quiénes son estas personas que celebran? ¿Qué ritmos les conmueven?
¿Qué saben hacer? ¿Qué pueden aprender? ¿Cuál es su estilo?
¿Qué es lo más apropiado en cada situación?
Comenzamos con estas preguntas, y las repasamos a modo de conclusión.
Recomiendo al lector un ejercicio. Resulta aún mejor si se hace en grupo, todo el
coro, o toda la comunidad, pues, se puede comparar y comentar después.
Toma el calendario litúrgico y elige cualquier día. Si son varios, eligen días
distintos, y trabajen en parejas. Revisen las lecturas, vean si corresponde cantar
el Gloria, etc. Luego, planifica los cantos de esa eucaristía. ¿Qué cantar en cada
momento? Prepara una justificación para cada elección. ¿Cuándo sería mejor no
cantar?
Después de preparar tu misa, compara y comenta con los otros miembros
de tu coro, tratando de llegar a consenso. Cuando un criterio entra en conflicto
con otro criterio, ¿cuál pesa más? ¿Por qué?
Luego, preparen la misa del próximo domingo. Y compara con lo que
hicieron el domingo pasado, para ver cuánto se ha avanzado.



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2

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9, /D (VWUXFWXUD GH OD 0LVD ...................................................................... p. 22 Antes de la misa ...................................................................... p. 22 Canto de entrada ..................................................................... p. 22 Rito penitencial ........................................................................ p. 23 El Gloria ................................................................................... p. 24 Canto antes de la primera lectura ............................................. p. 25 El salmo responsorial ............................................................ . p. 25 La aclamación antes del Evangelio .......................................... p. 26 El ofertorio ................................................................................ p. 28 El Santo ..................................................................................... p. 29 Antífona después de la consagración ....................................... p. 30 El Amén ..................................................................................... p. 31 El Padre Nuestro ....................................................................... p. 32 El gesto de paz ......................................................................... p. 32 Cordero de Dios ........................................................................ p. 34 Cantos de comunión .................................................................. p. 34 Canto de salida ........................................................................ . p. 35 9,, &RQFOXVLRQHV .............................................................................................p. 35

9 /D &RQGXFFLyQ ...................................................................................... p.18

¡Dad gracias a Yahweh con la cítara. no hay como hacerlo callar. Que le cante el mar y cuanto contiene. y sentimientos. sintetizando pensamientos. Si no celebramos nada. . probablemente se debe a que no creemos nada. Tampoco podemos convertir la solemne celebración de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo en un recital. &RO  Cantad a Yahweh un cántico nuevo. entonces. Salmodiad para Él al arpa de diez cuerdas. Cantad agradecidos. Porque el lenguaje del corazón es la música. Nuestra fe es más que costumbres. Este corazón agradecido es el órgano de la fe. reconcilia cuerpo. y por eso. No podemos “cantar cualquier cosa” para salir del paso.QWURGXFFLyQ Celebramos lo que creemos. El corazón es el centro de nuestro ser que abraza la identidad como Pueblo de Dios. Hay que cantar lo que creemos. Cantadle un cantar nuevo. Si la fe tiene vida. si es más que un fósil de algo que ya murió.. El corazón creyente palpa el sentido de ser cristiano. Tocad la mejor música en la aclamación! 6DO  . Son los latidos del corazón. las islas y sus habitantes. lo que se canta en la . al menos no de corazón. tampoco. Desde la cima de los montes vociferen. Sentimos y aprendemos lo que cantamos. celebra su ser cantando.3 5HIOH[LRQHV \ FRQVHMRV SUiFWLFRV &RPR FDQWDU HQ OD PLVD La palabra de Cristo Habite en vosotros con toda su riqueza. . Es más que la adhesión jurídica a un sistema. himnos y cánticos inspirados.. alma y espíritu. y no otra cosa. solamente. Como la melodía que entonaba la abuelita para hacer dormir al niño. moral y finuras de doctrina. imágenes.V . por naturaleza se expresa celebrando. Su loor desde los confines de la tierra. Con su pulso constante. El canto es la leche materna del corazón creyente. No podemos solamente adornar la eucaristía con música de fondo como en los PDOOV. Alcen la voz el desierto y sus ciudades. Las alegrías y tristezas de la criatura amada por su Creador irrumpen del centro personal como canto nuevo. los cristianos hoy en día no podemos darnos el lujo de descuidar el canto litúrgico. la que puede ser asunto de comodidad o apariencia. y creemos lo que celebramos. sabe que pertenece al Señor.

En la última cena. especialmente los niños. los cristianos. No existen razones válidas que nos obligan a optar entre la acción social y el canto litúrgico. no alimenta de la misma manera. demasiado “carnal” para ser realmente católico. Jesús y los apóstoles cantaron los salmos del Pueblo de Israel. Los motivos son varios. ¿Y. nuestra tradición auténtica es litúrgica y misericordiosa. sin canto. en la fría austeridad silenciosa. encontramos que en la modernidad. . La liturgia celebra nuestro llamado a la misión de misericordia que Cristo nos dejó. La cultura musical de nuestro tiempo es del cassette. La liturgia tiene un efecto catequético mucho más fuerte que el &DWHFLVPR. Cantar bien en la eucaristía se entiende como un enfoque “sacramentalista” que no asume como propio la acción social de la Iglesia solidaria. que huye de las delicias auditivas en busca de algo “mejor”: la fría racionalidad de la YHUD GRFWULQD con su perfección simétrica.4 celebración litúrgica no se olvida jamás. el FRPSDFW GLVF. o intentos de imitar la grabación digital todopoderosa. En la liturgia. En otro plano. Al contrario. Este prejuicio se entiende en claves acéticas. Sin el corazón. La primera es que hemos aprendido desde chico a consumir la música pasivamente. mediante los sentidos. La celebración de quiénes somos y qué creemos educa mucho más que una dinámica grupal. La segunda consecuencia es que no tenemos estilos musicales propios que dan expresión a nuestra fe y alabanza. Por otro lado. No pierde su coherencia doctrinal. creyendo que la música es una “especialidad” de la cual se tienen que encargar los “expertos”. Los que somos del humilde “pueblo de Dios” no sabemos qué cantar. Por un lado. Esto tiene dos consecuencias graves. El canto está fuertemente enraizado en nuestra tradición milenaria. ha sido profanada (al igual que la belleza visual) como un deleite que sirve sólo para incitar al consumo. no involucra a todo el ser de la misma manera. sin mancha ni defecto. La Iglesia primitiva cantaba himnos de alabanza. Estamos meramente cumpliendo un rito. Pues. como si el carisma del Concilio de Trento fuera una especie de austeridad sensual. aprendemos a ser lo que somos. La misa es válida sin el canto. Son “artesanía” de segunda clase. Cuesta sentir la música como sacra. existe un desprecio a la sensibilidad musical por ser poco “teológico”. la música ha sido expropiada por el mercado. Con el pasar de los siglos. descuidamos el corazón. Somos terriblemente incultos. somos bronce que suena. El canto devoto es el último recuerdo en la hora de nuestra muerte. la eucaristía deja de afectar a la comunidad de los fieles: no conmueve ni inspira. Los instrumentos musicales y la voz son algo folclórico y arcaico. Sin embargo. donde las formas platónicas. El canto en la oración es considerado “cosa de pentecostales y evangélicos”. el canto litúrgico se ve desplazado. Es un desperdicio imperdonable. la preocupación por la liturgia es mirada por algunos como secuela de una religiosidad preconciliar. pues. y el minicomponente. ni su autenticidad sacramental. Sin el canto. son nuestra cotidianidad. órgano de la fe y la confianza en Dios. no se celebra propiamente. No cantamos. El canto es el pedagogo que penetra al corazón. Si descuidamos el canto litúrgico. ahora? Algo nos ha pasado. El canto da sentido a nuestras fatigas al servicio de nuestros hermanos en este mundo.

una dicotomía falsa entre la oración y el canto. dando testimonio de su amor para que otros crean. toda la creación bendice al Señor. es la gloria y alabanza de Dios nuestro Señor. todo lo que tengo para alabar. redimido. nos quedamos callado. preparando la tierra para la semilla que el Sembrador va a sembrar. No podemos despreciar la música como un medio para servir y alabar a Dios nuestro Señor gratuitamente y con gratitud. Es como respirar. Es como respirar. Es el alma que se desborda gratuitamente agradeciendo la gracia de haber sido creado. Canto para darle gratuitamente a otros un poquito de lo que el Señor me ha dado. no es para dorar la píldora. Como dice el Salmo. ¿Porqué cantar? Porque si no canto. Canto para devolverle un poco en agradecimiento. Tenemos que recoger los restos fragmentados de nuestra herencia musical y forjar un nuevo lenguaje. No es el envoltorio. El canto litúrgico es oración. el coro practica la unión obediente. el “hágase Tu voluntad”. No es “PDUNHWLQJ” para aumentar la venta del producto. Por eso. ¿Cómo servir al Señor con mi canto? Si me ha llamado a proclamar la Buena Nueva. La vida monástica gira en torno a este tipo de oración: por medio de la música. El coro es signo de la comunión. y ninguno que nos une. El que canta ora dos veces. En los (MHUFLFLRV (VSLULWXDOHV. tengo que usar tambores. arpas. San Ignacio nos dice que el hombre es creado para alabar y servir a Dios nuestro Señor. Todas las cosas creadas nos ayudan a proclamar su grandeza. Sin embargo. e igual quedo corto. me muero. el Señor ha hecho maravillas. la humildad delante del Padre que nos dirige. El sujeto que canta es corporativo. Hay momentos de silencio en la oración. Conmueve en lo más hondo del ser. De allí. La alabanza no es un halago al “Jefe” para que me vaya bien en mis cosas. El canto coral es una expresión de la comunidad cristiana que es un solo cuerpo y un solo espíritu. el monje se habitúa a la obediencia en toda orden de cosas. una de tantas cosas creadas sobre la haz de la tierra que debemos usar de la manera que más conduce al servicio y alabanza a Dios nuestro Señor.5 Hay miles de estilos. atento a cada gesto. también. sin embargo. como va el dicho. amado. címbalos. Es el 0DJQLILFDW de cada cristiano que tiene que proclamar que en él. Si entre los talentos que nos ha dado está la música. la alabanza brota naturalmente en canto. de la cual brotan todas las demás virtudes. auténticamente nuestro y fiel a la tradición. pero su máxima expresión es el canto. Bajo la voluntad de su director. Hay que asumirlo como un ministerio encomendado en el servicio de Dios y de los demás. No me es posible retener en mi mismo todo lo que el Señor me ha regalado. Lo más importante. y llamado. . devolverle al Señor gratuitamente el aliento que sopló en nuestras narices en la creación. No sé cuántos de mis lectores tienen la experiencia de haber cantado alguna vez en coro. No estamos calculando las indulgencias. Cuando el corazón se desborda de alegría por lo que el Señor hizo por nosotros. cítaras. ¿qué le vamos a responder al final por no haberla usado? Nos deja con la tarea de este curso: usar del canto como medio. no se trata de cuantificar. Somos los sordomudos de nuestros tiempos. y contagia a otros. Como en el &iQWLFR GH ORV 7UHV -yYHQHV. la música es fundamental. Existe. Quizás por negligencia. Somos llamados a crear un estilo de música litúrgica del cual el corazón participa. El canto expresa el corazón gozoso del cristiano.

Por consiguiente. El celebrante o el coro canta la estrofa. y la asamblea contesta con la antífona. todos a una voz. No es que sea “bueno” participar en la misa. pretendo contestar la pregunta. es impensable confundir la eucaristía con un espectáculo. o el “¡Amén!”. El primero. de los cuales la asamblea saca del estímulo auditivo alguna riqueza de oración comunitaria en silencio. No es una charla dada por el celebrante en la homilía. Este segundo objetivo es el principio y el fundamento. Santo es el Señor”. el pueblo de Dios reunido (y. Hay cantos que se participan cantando. que el canto en la misa pretende dar gloria y alabanza a Dios. meditando. sino obediencia al llamado bíblico de “cantar al Señor un cántico nuevo”? /RV 2EMHWLYRV Se pretende lograr dos objetivos a través del canto en la eucaristía. queremos ayudar a la asamblea. nos hemos olvidado del canto como medio privilegiado para nuestra oración y alabanza. El canto . Con referencia a la misa en particular. sino un criterio que es central en el tema del canto en la eucaristía. El celebrante preside. hay cantos que propiamente combinan las dos: con canto y respuesta a modo de diálogo. tenemos la obligación de hacerlo bien. Tampoco protagoniza el coro. ¿qué es lo más apropiado en cada momento y en cada ocasión para lograr el objetivo propuesto de facilitar y enriquecer la oración de la asamblea? Volvemos ahora al segundo objetivo. Es el criterio de OR DSURSLDGR. La afirmación es mucho más honda y radical: no es propiamente eucaristía si la asamblea no participa. lo más importante. Para esto existe el canto litúrgico. Si el canto en la eucaristía es para la mayor gloria y alabanza de Dios nuestro Señor. Son cantos para la reflexión. Hay que aprender a preguntarse. de tal forma que no sea un desorden mundano. si el Cuerpo que ora no lo hace de cuerpo entero y en su totalidad. suponemos la participación de la asamblea. Probablemente por timidez o falta de cultura musical. estrictamente. Finalmente. En torno al primer objetivo. es la comunión de los santos: la asamblea. ni una soberbia narcisista. el coro de los santos canta un himno sin cesar. Santo. Tampoco es un festival de canto religioso (o no tan religioso) que un coro o un solista ofrece al “público”.6 hemos menospreciado la música como una herramienta apostólica para conquistar los corazones y convertir. en cuanto a los cantos. Por eso. El canto y la homilía pretenden facilitar la oración de la asamblea de los santos. también). pero no protagoniza. facilitar y enriquecer la oración de la asamblea. Reconocemos tres niveles de participación. . hablaremos en más detalle. El altar no es un escenario. Existen también momentos en los cuales la asamblea participa escuchando. el personaje que ora en la eucaristía. si el Espíritu no actúa en ella. el pueblo ausente. la mayor gloria y alabanza de Dios nuestro Señor. Sobre cada uno de estos. y por eso. De estas observaciones no se puede deducir un reglamento. ¿cómo cantar eucarísticamente. por su misma naturaleza. El protagonista es Cristo que se ofrece al Padre por amor a nosotros. Ese modelo es propio de la televisión o un recital. y ora en nosotros (la asamblea) mediante el Espíritu Santo. Luego. “Santo. cuando desborda la alabanza o la alegría. Entonces.

Las faltas estéticas quizás no atentan directamente contra la sana doctrina. Si es fea o indiferente. no es un agregado. el cantor tiene que rezar en su canto. que se aplican de acuerdo a cada caso. La liturgia. existía una ordenación menor para los “cantores”. En la eucaristía. De aquí se desprende un criterio estético: dar gloria a Dios significa revelar su belleza al mundo. y la armonía. tan hermosa que el hombre llega a morir de lo lindo que es. y la alabanza. el equilibrio. Los criterios de belleza se adaptan según la cultura de la asamblea. El paganismo ofrece sacrificios y canta himnos para convencer a la divinidad: para aplacar su ira. sino un reflejo de la belleza del Señor. y porque son poco apostólicos. La palabra “HXFDULVWtD” significa precisamente DFFLyQ GH JUDFLDV. en fin. Los cristianos nos manifestamos en comunidad para el bien de todos. Lo menciono porque sospecho que muchas veces cantamos “paganamente” en la misa. Y por el otro lado. Si no. tiene que ser bella. brota un canto agradecido. no cumple su función. la sencillez. al igual que el diaconado. sin distraerse con los aspectos técnicos de su oficio. el servicio (ministerio). sin orar realmente. sin embargo. según la idiosincrasia del pueblo en el cual se ve reflejado. Sin embargo. No revela en verdad el Rostro Transfigurado. un adorno o una distracción. y el sacerdocio. Por esto es redundante hablar de una “misa de acción de gracias”. al triunfo y a la salvación por lo lindo que le salió. toda liturgia es comunitaria. el lectorado. ha merecido que su dios lo trate bien. aun cuando el contenido específico puede variar. La alabanza es otra cosa. La liturgia revela el rostro glorioso y radiante de Jesús. De la misma manera. lo apropiado. Sin embargo. el acolitaje. No tiene otro fin. es decir. con todos sus elementos incluyendo el canto. El canto cristiano en la eucaristía se diferencia del canto pagano en una cosa muy interesante. para comprar su apoyo. La oración personal en silencio es muy válida. El canto del coro es un ministerio. compartida y manifestante: glorifica al Señor. La gloria del Señor en la eucaristía es algo parecido a la Transfiguración. Cree que con sus esfuerzos. sino otra cosa. cree haberse merecido el castigo de su dios por las imperfecciones. La estética reconoce la moderación. entre otros. La liturgia no es la belleza absoluta. La alabanza es el acto de la gratuidad que constituye al hombre en digno diálogo amoroso con Dios.2 En agradecimiento por la gracia de ser creado y salvado. El canto pagano pretende sacarle algún beneficio futuro a su dios. El pagano cree haberse ganado el derecho al éxito. 1 2 Antiguamente.7 es nuestra oración. . Hay criterios comunes. belleza incomparable e insoportable.1 Es impensable que el curita haga misa fijándose solamente en los aspectos técnicos. por supuesto. son graves porque mienten sobre Dios. en parte porque no puede haber una norma objetiva para formular juicios universales al respecto. el coro tiene que orar al cantar. como principios básicos. falsifica su objeto. Por lo tanto. la criatura responde con la gloria. glorificamos al Señor. la unidad orgánica. Como tal. (manifestación de Dios para el mundo). Del corazón del hombre que ya ha sido amorosamente rescatado del pecado y de la muerte por la resurrección de nuestro Señor. se refleja de maneras distintas según el “espejo”. para doblarle la mano.

conscientes de nuestro criterio central: OR DSURSLDGR Según tiempo. Jesús instituye la eucaristía lavando los pies de sus discípulos. los objetivos del canto en la eucaristía son dos: facilitar la oración de la asamblea. Quizás. hecho a servicio de Dios y de los demás. El canto sirve a la comunidad que ora. Todo canto tiene que ser apropiado y orientado a estos fines. tampoco se cumplen los objetivos.. no es siempre mejor hacerlo. /D 0~VLFD ¿Cómo elegir una música que mejor ayuda la oración de la asamblea? ¿Cómo discernir qué melodía más alaba y glorifica a Dios nuestro Señor? A estas preguntas nos dirigimos ahora. San Agustín admiraba la sencillez en el canto litúrgico. La finura musical es frecuentemente enemiga de la oración de la asamblea. llama la atención. la que admiramos en Beethoven y que está ausente en el canto anónimo de la liturgia. 3 . (Jn 13:1ss). lavamos los pies los unos a los otros como Jesús hizo para nosotros. por esencia. Si se cantan los mismos cantos todo el año y todos los años. tampoco.. por un lado. La participación de la asamblea es imprescindible. no importa qué. hay que decir que es inseparable de otras obras ministeriales que caracterizan el cristianismo y que son HXFDUtVWLFRV. armonías. melodías. Animar el canto es un ministerio. Demuestra una falta de creatividad y esfuerzo que no dignifica al hombre delante de su Señor. En la misma línea. tenemos que escoger estilos. Tienden a buscar la perfección musical a costo de la eucaristía misma.” Si es por eso. Por lo mismo. Al cantar en el coro. y dar gloria y alabanza a Dios. “Canten alguna cosita. hay un límite natural a la elaboración.3 Sería una falta a la humildad. las que más se ponen al servicio de los objetivos que hemos propuesto. En el relato de San Juan. No debe ser “centromesa”. No está para ganar aplausos. El coro (o el “solista”) no está para lucirse. y la acción social sirve a la comunidad que sufre necesidad. y prohíbe la participación activa.. manifestación de un “amor al extremo”. pongan un cassette. Las dos requieren una preocupación por lo que el prójimo necesita. y la acción social es eucaristía. no por lo que ella quiere entregar. o al hacer trabajos de verano. es posible errar por el otro extremo. manifestamos la gloria de Dios que actúa en nosotros para los demás. Al mismo tiempo. Aun cuando somos capaces de cantar a cuatro voces con quince instrumentos. después de todo esto. distrae. lugar y persona. Uno no va a un concierto en el Teatro Municipal para canturrear con los artistas. Con amor abnegado. está demás mencionar lo que QR se pretende hacer al cantar en la misa. El canto en la misa no es música de fondo. ritmos y escalas que más convienen. Resumiendo. autoglorifica. La gloria y alabanza de nuestro Señor a veces se ve disminuido por las exquisiteces del bel canto. El canto es oración. La liturgia es servicio. solamente porque son fáciles y todos se las saben. pues la complicación. Es imposible separar el canto de esta actitud de servicio. . es frecuentemente difícil incluir a músicos de conservatorio en el coro litúrgico.8 En cuanto al canto como servicio a Dios y a la comunidad.

como es Chile. e inculturación de estilos musicales. hay que usar cantos juveniles y dinámicos. en la tarde. hay que mirar a la asamblea y preguntarse. La universalidad de nuestra fe significa que nadie queda afuera. Sin embargo. la música tiene que ambientar el tiempo litúrgico para el oído. pues. en la fiesta de La Tirana. Otros factores del tiempo incluyen la hora del día: en la mañana.9 7LHPSR OXJDU \ SHUVRQD En cuanto al tiempo. La “persona” litúrgica es la asamblea. ¿qué ritmos les conmueven? ¿Qué saben hacer? ¿Cuánto son capaces de aprender? (VWLORV 0HORGtDV $UPRQtDV 5LWPRV Estos son los elementos estrictamente musicales que constituyen el canto. La última parte de este ensayo trata los momentos de la misa en detalle. Un buen canto para la comunión puede ser una pésima elección para la entrada. Si la Iglesia es universal. En Vitacura se canta de una manera. La comunión de los santos es armonizada por el Espíritu. y en Río Negro se canta de otra. Hay que “hablar” en el lenguaje musical propio del lugar. por el estilo. hay que preguntarse. tocamos una misma melodía. Los Padres de Trento entendieron esto literalmente. hay que considerar todo esto. Como repiten los salmos insistentemente. sin descuidar la unidad de la Iglesia católica universal. tampoco se puede suponer la uniformidad. rondas infantiles. pero con su propio sabor de la Iglesia local. en un colegio. El otro factor es el tiempo litúrgico: si estamos en Adviento. En un país. en nuestros días. ni esclavo ni libre. El tiempo de Pascua desborda de alegría. Empezando por el estilo. Y así sucesivamente. o con algo más popular? La pregunta por el estilo provoca una reflexión importante sobre la catolicidad. Cuaresma necesita un estilo austero. un ayuno auditivo. Sin embargo. ¿Quiénes son estas personas que celebran? Si son jóvenes. ¿Estamos en América. por ejemplo. la comunión de los santos canta unida en una voz. Es muy distinto una graduación o un funeral. algo más ordenado. ¿son de vals? El canto gregoriano. FDQWHQ DO 6HxRU XQ FDQWR QXHYR La tradición contempla una renovación constante. El canto gregoriano no es propio de todos los pueblos. hay dos factores principales: el primero es el momento en la misa. Para cada asamblea particular. elegimos melodías que suscitan esperanza o anhelo. ¿Cómo captar la sensibilidad propia de una asamblea en el campo. y se cantaba un solo estilo en toda la Cristiandad. o por el ritmo. ni hombre ni . Con personas de la tercera edad. Para ser más FDWyOLFR. con letra en Latín. en una capilla de la población? Y. ¿cuál es su estilo? ¿Son de samba? O. que tiene “significado” sutil y profundo. Pío X insistió en el canto gregoriano al principio de este siglo como la música que nos une. A veces. El Segundo Concilio Vaticano reafirma la importancia de no confundir la unidad con la uniformidad. o los acerca? ¿Se sienten en casa con un estilo clásico. algo más afectivo. en Cristo no hay ni rico ni pobre. El lugar es importantísimo. tiene que haber crecimiento. Con los niños. ¿los aleja. la sensibilidad se torna predominantemente masculina o femenina. Si son todos hombres. hay que buscar himnos tradicionales. Europa o África? La música es un lenguaje aprendido. o puras mujeres. en una parroquia. las personas particulares que componen la asamblea le dan un carácter propio. Hay que tomar en cuenta la ocasión. flexibilidad. nos hemos dado cuenta que la uniformidad absoluta es enemigo de la universalidad. Al igual que los colores litúrgicos para la vista.

se conservan solamente el Misal. ni judío ni griego. pero orientados a un mismo fin. Conservando la unidad. además. ¿qué hace bien esta asamblea. Estamos frente a una cuestión espinuda. cada Iglesia local expresa la gloria del Señor Resucitado en su propia lengua. 4 . Hay que tomar en cuenta las dos cosas. y el Leccionario. alegres. “Toda tierra es patria para los cristianos. hay ritmos muy complejos que son el pan de todos los días. como dijimos. un cristiano forastero se siente extrañamente en su casa en la eucaristía en cualquier parte. sino todos unido en un mismo cuerpo. Otro factor en la elección de estilos musicales es la habilidad del coro y de la asamblea. No es posible que para toda celebración se cante un mismo estilo. deben distinguir sonidos triunfales. es más difícil en la práctica que en la teoría. El Cancionero se ha degenerado a una hojita de roneo para abanicarse. De la misma manera. 7 Este último se ha escuchado hasta en la Vía Crucis. No es muy sagrado. emotivos. penitenciales. y botar a la basura.7 En otros círculos. En muchos culturas latinoamericanas. compatibilizando y mezclando. la “canción que todo el mundo se sabe” es una figura mitológica. y sin embargo. y la asamblea de la Iglesia local plasma la forma de un modo apropiado. 6 En mi experiencia. En África. Un excelente ejercicio para hacerse más Del Siglo II. pero bien hecho. ¿Qué son capaces de hacer bien? Hay lugares en el mundo donde los cancioneros5 llevan partituras en cuatro voces. Los estilos musicales tienen que ser apropiados. o un matrimonio que cae en una solemnidad de la Virgen. Cuidando siempre los objetivos y la moderación apropiada. A veces las ocasiones se combinan: una ordenación en Adviento. meditativos. y todas cumplen su función al servicio de las demás (1Cor 12:12ss). Por oído. (Hch 2:11). según la ocasión. Cuando un estilo local de canto litúrgico se ha desarrollado bien. En algunos lugares. El cuerpo consiste en muchas partes. se dan más “categoría” cantando “(VWH HV HO 'tD HQ TXH DFWXy HO 6HxRU”. el “mentolatum” para toda ocasión es el “3HVFDGRU GH +RPEUHV” y “9LHQHQ FRQ $OHJUtD”. Se nota de inmediato un coro que quiso lucirse más que servir cuando abarca proyectos que no alcanza a cumplir. y este coro? No hay que sobre-exigirse. hacer un avioncito. Siempre es mejor algo más sencillo.10 mujer. porque se puede suponer la improvisación espontánea. es Cristo mismo que jamás pasará. la &DUWD D 'LRJQHWR dice. para adecuarlos a la ocasión. y todo el mundo las lee. Los músicos que deseen ponerse al servicio de la liturgia son llamados a cultivar una sensibilidad musical que permite reconocer estilos diversos. no hay porque hacer “arreglos de voces”. Los diversos estilos en el canto litúrgico son como las partes del cuerpo.4 Los modos de expresar el “Aleluya” del Resucitado pasan. Tiene que ocurrir una especie de co-creación en el estilo musical para la eucaristía: el mismo hecho eucarístico dicta el fondo. y toda patria es tierra extraña”. En nuestra Iglesia local. Los “favoritos” que “todo el mundo se sabe”6 no siempre ayudan a crear un clima de oración apropiada para este momento específico. de tal manera que el estilo de los cantos ayude a que el énfasis caiga en su justa medida para esta ocasión. no hay ningún estilo local que sea propio y exclusivo del cristianismo. Es decir. Es importante preguntarse. 5 Uno de los tres libros litúrgicos de la más antigua tradición eclesial. y otros. no hay motivo por excluir D SULRUL a ningún estilo local. distintos. el cristianismo logra expresarse en una multitud de estilos locales. (Col 3:11). todos los días del año.

se puede contar con que el pueblo de Dios logra seguir XQ cambio de tono en el transcurso de cada estrofa. 8 . o la antífona). o su devoción. por lo general. que tiene unidad melódica. Tomando en cuenta la habilidad de la asamblea. está condenado a repetir las pocas cosas que alguien le enseñó. Una melodía con más irregularidad que esto pasa a ser otro género musical. Luego. se puede volver a la melodía “$”. Si hay un solista que cante bien. Hay que escuchar activamente. tropical. africano. por un rato (el estribillo. para mi gusto. del prefacio (si el sacerdote sabe cantar). música coral. El pueblo de Dios no puede reproducir este tipo de melodía. ya estamos hartos de la melodía. todo. Al mismo tiempo. Hay melodías rebuscadas que son muy lindas. Se necesitan melodías sencillas. no mientras se conversa o mientras se hace otra cosa. Y es importante escuchar de todo: música clásica. No por sencillez. y hasta tres.8 Como criterio básico. sin saltos demasiado sorpresivos o grotescos. o muy buenos cantantes. para que tenga puntos de referencia para poder expresar su júbilo. en el sentido que no salgan demasiado de las expectativas del oído. Repetir (sin redundar) es. propio de la oración. Por lo mismo no se puede completar el Gloria (una oración trinitaria de tradición antigua) con esa melodía. No significa necesariamente que todos estos estilos se van a usar en la eucaristía. folclore. hay que buscar melodías “lógicas”. exclusivamente. Una antífona para el salmo que se va a cantar hoy. ni versos redundantes hasta el cansancio. se justifica en algunas situaciones. o El famoso “*ORULD 1RUWLQR” repite la misma línea musical ocho veces sin ninguna variación. El punto es ampliar el lenguaje musical del cantor. Un segundo elemento musical que es importante es la PHORGtD. Otro canto que. pues el pueblo de Dios no logra captarlas ni reproducirlas. pero en sus vidas no han escuchado nada fuera de la radio $XURUD o la 079. hay que eliminar todo interés musical. pero son para un solista experimentado. no es necesario refugiarse en el otro extremo. Pero el rubro “canción”. se tendría que poder repetir bien habiéndolo oído una sola vez. Si el cantor litúrgico no es un gran escuchador de variados estilos musicales. hay que cambiar de melodía. o el canto “7DL]p”. si es que se resuelve de una forma distinta. la sucesión de tonos y tiempos que constituyen la frase musical. la medida de la sencillez está en cuánto le cuesta aprenderse una nueva melodía. Me impresionan a veces los jóvenes que son guitarristas extraordinarios. Este género es propio del Pregón Pascual. Y finalmente. su dolor. No hay que tener miedo a la repetición. sin ningún criterio que le permite elegir uno u otro estilo con el fin de lograr el sentido musical apropiado para la ocasión. por lo demás. jazz. y que no se vuelve a usar hasta quizás el próximo año en esta misma fecha. Si se pretende animar el canto de la asamblea. redunda hasta el cansancio el “9HQJDQ D eO”. la cual varía. una “aria” por ejemplo. No hay porque cantar puras rondas infantiles. Tolera una estrofa con una melodía y un estribillo con otra. canto popular. como en el rosario. Después de la introducción. que no sobrepasan el rango normal de toda la gente. pero sin dos líneas iguales en ninguna parte. y que pueda inspirar devoción o gozo espiritual en el pueblo oyente. repite una misma línea musical dos veces. y no tiene sentido pedírselo.11 sensible a los estilos es escuchar música.

un arreglo muy sofisticado es prohibitivo. y casi imposible adornar una aria operática. También. Por otra parte.10 Hay que calcular tomando en cuenta todos los factores. en la tradición africana. no suprimirla. refleja un elitismo sutil que no es muy cristiano. diversidad en la unión. en mejor no complicarse con “segundas voces”. Es muy fácil inventar una segunda voz a un estribillo sencillo. El canto armónico refleja esta realidad. es siempre conveniente cantar la primera estrofa y el estribillo fuerte y en unísono. cuando se pretende transmitir la presencia sacra. IV.9 No se justifica. va a ensuciar el resultado. es difícil que el pueblo participe de la parte armónica. Unísono bien hecho es siempre preferible a la armonía desarmada. y para que tenga claro que Hay Iglesias locales que acostumbran proclamar el evangelio cantándolo. Me explico. (armonía) para referirse a la unión de los cristianos con sus obispos y entre sí. cuando se pretende que el pueblo cante. que si abre la boca. y la melodía pasó a pérdida. a la asamblea se le transmite el mensaje de que no debe participar cantando. Si bien la asamblea chilena actual no participa de las voces armónicas. cosa que comúnmente se llama “sacarle voces” a la canción. 11 San Ignacio de Antioquía usa el término VLQIRQHLD. No se justifica nunca el uso exclusivo de la participación pasiva (oyendo solamente) por parte de la asamblea.12 de un momento de meditación. la infinita majestad de Dios que se hace presente. Primero. Podríamos elegir. Hay que hacerla bien. Otro elemento musical importante es la DUPRQtD. (San Ignacio de Antioquía. para que el pueblo de Dios sepa qué tiene que cantar. &DUWD D ORV (IHVLRV. eligen melodías que son sencillas. es un desgaste tremendo. sin embargo. el Espíritu de Dios sopla sobre las aguas y DUPRQL]D el caos. El primer punto sobre la armonía es que es secundaria. como por ejemplo. es importante que las voces no la marginen a la asamblea. melodías que se prestan para la armonía. Tiene que ver con nuestra cultura consumista: se le incita a consumir pasivamente un producto ajeno. la armonía es espontánea. en la tradición africana y afro-americana. Como dijimos arriba. Pasó con el -XQWRV QRV DFHUFDPRV de Pablo Coloma: el pueblo se aprendió la armonía. no es caótica. La GLVRQDQFLD es metáfora de la discordia. La armonía pretende complementar la melodía principal. Tengo tres sugerencias al respecto. La armonía tiene un profundo sentido eclesial: hay muchas partes.12 Lo más importante al ingeniar las armonías para el canto litúrgico es tratar de complementar sin confundir. En parte es por la cultura musical. multiplicidad que sin embargo.2. A veces. Esta es su gracia. y usar la armonía según cuánto ayuda a los objetivos. En otros momentos. sin que cante. y por eso muchas veces conmueve profundamente al oyente. en nuestro contexto. Ya existen asambleas que logran conseguir que los hombres canten una cosa y las mujeres otra. también. Al crear el mundo. Cada uno cumple su función. pero un solo canto. solamente para lucir un solista. y cuan nueva es la canción. según las habilidades del coro. Hasta que el coro y la asamblea se ha aprendido bien la melodía principal. pues.11 Digo el oyente. Al lanzar algo muy refinado en cinco voces. después de la homilía. o mejor no hacerla. que rinde poco. la cual se puede cultivar. Recordamos que el pueblo puede participar escuchando solamente. No tiene porque ser siempre así. sin embargo.

10 9 . 12 Los matrimonios del barrio alto con coro profesional pagado tienden a fomentar este modelo.

Todos cantan algo sencillo que se repite. resulta bonito y sencillo el uso del contra-canto por parte de un solista. y a su asamblea. y más fuerte. y no les invita a participar cantando. según la ocasión. con el “Cantaré las misericordias. ¿qué pasó con la alegría? ¿Con el “salta de júbilo. y latigudas. porque tu Dios te ha salvado”? Si el único género rítmico que nos permitimos es la marcha fúnebre. en tres clavos”. en tus KHULLLLLLGDV.. y te callas para siempre. pero tan distinta que no da a impresión de que “yo” (asamblea) me estoy equivocando. Al pueblo de Dios reunido para la eucaristía. Son adornos para lucir un coro.13 está invitado a cantar. con su contracanto. haciendo el ridículo. Poco a poco. Finalmente. traicionamos la EXHQD QXHYD Ejemplos de esto. le hacen sentirse como un extraño. en un tronco. y deja de cantar porque cree que está equivocado. al que aprendió la misma canción en otra parroquia. porque no sabías esta canción con ese truco. o un corte sorpresivo. en las espinas. Los músicos aprenden cuanta elaboración armónica se permite sin causar confusión. El próximo elemento musical que hay que tomar en cuenta es el ULWPR. Aquí se repiten muchos de mis comentarios sobre el estilo. nos preguntamos. o “La misericordia” de Taizé. siguen con las variaciones sobre el mismo. 13 . Requiere paciencia. Señor. Te dejan cantando solo. el oído menos adiestrado de la asamblea oye algo muy distinto. que van en contra del objetivo de facilitar la oración de la asamblea. 14 Pongo como ejemplo una interpretación común de (O 6HxRU GH OD KLVWRULD: ”En tu rostro. una IHUPDWD. deja de cantar. sin embargo. y llaman la atención. Es evidente cuando el pueblo de Dios se confunde. pues. como en el jazz o los poemas sinfónicos. que anuncian un tema primero. el coro se conoce a sí mismo. en cuanto a la elección de ritmos que son adecuados a la teología espiritual de la celebración en sus distintos momentos. (SDXVD LQGHILQLGD). Hay ciertos ritmos que caracterizan estilos musicales. El ritmo en sí tiene. es cosa de experiencia con la armonía. Además. algunas peripecias propias. Da gusto. Hay que tomar en cuenta que el proceso de acostumbrar a una asamblea no es menos de un año. Si no. en el momento que corresponde. y que ellos tienen que seguir cantando. y no volver a meterse aquí. y el coro te abandona.13 En fin. Sin desmerecer la solemnidad. arrastradas.14 Carecen de la mesura y sobriedad apropiada en la liturgia. y uno canta por encima otra letra con otra melodía. y es importante proceder paso a paso. Que cosa más desagradable que estar cantando feliz de la vida. y sirve de estímulo especial para cantar. Muchas veces confundimos la tristeza del canto con la devoción. como si a Dios le agradaran solamente cosas lentas.” de contracanto. El coro sinfónico que quiere demostrar que está bien ensayado puede adornar una canción con trucos rítmicos: un poquito de VWDFFDWR.. Por el otro lado. Tengo una sugerencia positiva en cuanto al ritmo. El truco rítmico es soberbio y poco acogedor. Estas irregularidades ornamentales son abruptas. Al forastero. La segunda sugerencia es tratar de que las segundas voces canten la misma letra en el mismo ritmo. se le comunica que su coro es muy macanudo. Se le puede acostumbrar a que el coro o el solista va a cantar otra cosa. como que debe volver a su propia parroquia. tiene un motivo musical. y luego. la asamblea también aprende. el “Santo” espiritual.

Como dice el salmo. El banquete del Reino de Dios es una fiesta. y la eucaristía es una celebración.14 (literalmente. Hay momentos para el recogimiento. “HYDQJHOLR”). $ODEDGOH FRQ FODQJRU GH FXHUQR DODEDGOH FRQ DUSD \ FRQ FtWDUD $ODEDGOH FRQ WDPERULO \ GDQ]D DODEDGOH FRQ OD~G \ IODXWD $ODEDGOH FRQ FtPEDORV VRQRURV DODEDGOH FRQ FtPEDORV GH DFODPDFLyQ £7RGR FXDQWR UHVSLUD DODEH D <DKZHK £$OHOX\D 6DO . pero pienso que el canto alegre tiene prioridad.

La canción favorita del coro que aparece en la ocasión más insólita: una letra sobre María a los pies de la cruz en tiempo de Pascua. es presto y ligero. De hecho. las lecturas. ya está reclamando en 6L EHPRO. cualquier asamblea alcanza todos los agudos sin problema. que el canto litúrgico existe para facilitar la oración de la asamblea a fin de alabar y glorificar al Señor. la lentitud nunca puede llegar a dar la sensación de un canto “arrastrado”. el tiempo. un recitativo tonal. (O 7H[WR Recordamos nuevamente nuestro objetivo principal. Y el que no quiere que se note que está cantando siempre pide bajar los tonos. el canto gregoriano monástico. y el promedio de las mujeres son contraltos. al menos en este rincón del mundo. Cantar un texto irrelevante no solamente no ayuda. Pero vale la pena hacer el experimento: cantando suavecito. o mejor. Pero la experiencia me ha enseñado una cosa bien curiosa. Si puede aprender a sentarse derecho. Hay factores prácticos a tomar en cuenta. La lentitud no es santa de por sí. Mejor sería el silencio. cantar fuerte y alto para alabar al Señor. La letra en el canto litúrgico tiene que ser relevante a la ocasión. Es bastante técnico. y respirar bien. deducimos el criterio central para elegir un texto apropiado para cantar: su UHOHYDQFLD. Hay que perder la vergüenza. De aquí. sino distrae y perjudica. a punto de expirar en pleno estribillo. La asamblea que es tímida y vergonzosa para cantar. como es practicado por monjes que cantan todo el día. También depende de qué tipo de sistema de amplificación se usa. La asamblea que tiene costumbre de cantar fuerte y con entusiasmo canta hasta un 5H sin reclamar. por ejemplo. La velocidad del corazón en descanso es el mínimo posible. pero en fin. la que quiere canta bajito. Hay maneras de llegar a consenso. La acústica de las iglesias grandes exige una velocidad más ponderada para no chocar con el eco. . los altos y bajos. Una postdata sobre el rango. Sin embargo. Esto significa que muchas veces las mujeres piden que se bajen las canciones y los hombres que se suban. O una canción de Silvio Rodríguez porque es . nadie alcanza los tonos más altos.. la experiencia enseña. El promedio de los hombres son tenores segundos o barítonos. En una capilla chica se puede cantar más rápido que en una iglesia grande. Aquí las faltas de criterio son clásicas. pararse. y al tema de la homilía. dónde y en qué ángulo están los parlantes. La música más lenta que el pulso es como el ballet clásico con botas de plomo..

pues. en toda su pobreza. El texto es el vehículo de la alabanza. el don de la existencia y la redención. La palabra del hombre es un medio para la oración. y no otros. “0DUJDULWDV \D FRPHQ]DURQ D VDOLU. ¿a propósito de qué? El canto tiene que ayudar a enfocar la atención sobre una sola cosa. el 6DOYH 5HJLQD. se canta.”. A veces. por ejemplo. el gratuito agradecimiento de las maravillas que ha hecho el Señor. al corresponderle. tiene que saber si es bíblico. “/D &DVD GH =DTXHR” cuando el evangelio ha sido la parábola de la mostaza. En otros momentos. No es la oración misma. cantar los textos bíblicos que tienen que ver con nuestra actualidad. en vez del canto bíblico. Consecuentemente. o el 6RQHWR D &ULVWR &UXFLILFDGR de Santa Teresa de Ávila. pero sirve de guía al alma que busca expresarse delante del Señor. se trae el misterio del encuentro del hombre con el Señor sobre lo que nos ha tocado vivir. Pero cuando ve el texto de una canción. La fuente más obvia (pero no exclusiva) del texto de nuestro canto es la Biblia. Hay los que dicen que. Está en la encrucijada entre lo divino y lo humano. Se cantan oraciones y devociones que nos enlazan con la comunión de los santos. un conocimiento básico de la Biblia es imprescindible. sumándonos a esa misma caravana de la fe en la cual la humanidad peregrina hacia la Tierra Prometida. aunque sea otro lado religioso. la 2UDFLyQ GH 6DQ . hay que dar preferencia a textos que tienen alguna conexión con nuestra tradición. El canto litúrgico está al servicio del círculo hermenéutico desde donde se vive el misterio. El texto crea las vasijas de barro en las cuales el hombre recibe el amor. La letra de un canto ayuda a la asamblea a encontrar la disposición interna con la cual responder al Señor después de haber escuchado Su Palabra. textos adaptados de la misma tradición litúrgica. en la liturgia. El texto bíblico comunica la experiencia histórica de Dios que ha tenido su Pueblo.. El resultado final es más fuerte y más universal. Va encauzando el espíritu con sus formas. cuando la ocasión amerita. conceptos e imágenes. y tener alguna idea de dónde viene y a qué se refiere. Encuentro que es preferible. Un texto irrelevante violenta la unidad orgánica de la eucaristía. El Pueblo de Dios posee una tradición de textos para cantar la grandeza del Señor por sus maravillas. está tentando al pueblo de Israel a hacerse la prostituta con otros dioses.15 muy entretenida. Lo . No tiene porque ser experto en teología bíblica. para uno que pretende guiar el canto litúrgico. y dificulta la oración de la asamblea. sonidos.. Así el canto litúrgico se diferencia de la balada popular dando un sentido y una trascendencia más profunda. La particularidad de nuestra experiencia histórica actual encuentra resonancia y sentido en su afinidad con la tradición bíblica. en el lugar privilegiado del encuentro con Dios. hay otros textos contemporáneos DG KRF que alcanzan la misma altura. Cuando no se usan textos bíblicos. como el *ORULD o el 6DQWR. Si la letra lleva la vista imaginativa a otro lado. Es importante que este vehículo no lleve al espíritu por mal camino.JQDFLR. la 2UDFLyQ GH 6DQ )UDQFLVFR. se cantan esos textos. La misma palabra da forma al aliento que el hombre agradecido quiere devolver a su Creador. debemos cantar sobre nuestra contingencia. Cuando se trata de cantar los textos de la misa. el $OPD GH &ULVWR.

hay una en la cual María asciende al cielo. Es bueno conversar estas cosas con el celebrante. Este lazo con la tradición es sujeto a interpretación. y se le puede complementar con facilidad. Hay canciones con letra francamente herética que se deben eliminar del repertorio. entonces. por supuesto. pero Navidad y Pascua no tienen sentido sin el *ORULD cantado gloriosamente. leerlas. Antes de elegir los cantos para cualquier misa.15 Volviendo a lo práctico y concreto. reitero el criterio de lo apropiado según tiempo. pues es una expresión de júbilo por la presencia del Señor Resucitado. pues la gente cree lo que canta. y nos dejo con “WX JUiQGH]D 6HxRU”. Si la letra no calza con la música. o “(O 3HUHJULQR GH (PD~V”. de una versión apócrifa del 3DGUH 1XHVWUR. un buen signo de la unión de corazones entre los cristianos. Hay un canto que se hizo buscando un ritmo atractivo y juvenil. En una. La oración de Jesús no dice nada sobre el olvido. Hay más sobre esto en la última parte de este escrito. se escuchan las “SDOPiV GH IH”. una cosa esencial es averiguar las lecturas. creyendo que Dios no les va a perdonar. sino sobre el perdón. en vez de ser asumida. aunque sean por afectación o porque la letra no calza con la música. a María se le pide perdón por los pecados. La agudización y la esdrujulización. se canta DOHOX\D de todas maneras. La confusión queda por el canto. saber si es solemnidad. Todo inapropiado. No se canta el *ORULD ni en tiempo de Adviento. cantando exclusivamente textos sin raíces en nuestra tierra fértil. lugar. Por lo mismo. ni en Cuaresma. pero perdonar es un acto de la voluntad.16 único imperdonable es cortar el lazo con los textos de la tradición. porque no han podido olvidar la que le hicieron. Finalmente. no es posible olvidar. el “ROYtGDWH GH QXHVWUR PDO VL ROYLGDPRV HO GH ORV GHPiV”. En otra. se le conoce la mano. Y en una sobre Domingo de Ramos. No se canta DOHOX\D en Cuaresma. resulta molestosa e inquietante al oído. y buscar temas afines. en tiempo de Pascua. Es necesario ser consciente del tiempo litúrgico. “-pVXV” vino a redimirnos. Con el tiempo. Cuando se puede. Muchas veces. y cantos basados en textos litúrgicos. Dios no es capaz de obrar la redención sin el “Sí” de María. que da la idea que a alguien se le está pegando SDOPD¶DV con la mano. Llegan después los fieles afligidos al confesionario. 15 . es bueno saber qué va a enfatizar el celebrante en su homilía. y persona. Hay buenos cantos con letra basada en textos bíblicos. 16 Hay varios cantos marianos que se prestan para entenderse heréticamente. Si es por maña del coro macanudo. la canción está mal hecha. Es imprescindible.16 Una última cosa práctica sobre el texto. fiesta de qué o de quién. Un ejemplo que me comentaron. como “(O %XHQ 6DPDULWDQR”. que se corrija. como el “+D] &DQWDU WX 9LGD” que adapta el &UHGR de una manera muy atractiva y comendable. Hay que tratar de acentuar las palabras en forma natural. además. y qué se celebra en esta iglesia local. En otro.

Por Según el ritual. violín. Supongo que está demás mencionar la importancia del afinamiento de los instrumentos. Lo que no resulta es el conflicto entre el estilo melódico y el tipo de instrumentos: una tonada tocada en órgano. pero tiene que ser rápido y discreto. especialmente. el lugar y la persona. Una capilla sencilla llama a instrumentos acústicos. (Por supuesto. Depende del tiempo litúrgico y de la ocasión.) Otra cosa que distrae mucho es el proceso de afinar durante la misa. Si al coro no le da. o durante la imposición de manos en una ordenación. variar los estilos durante una misma misa. una oración cantada D FDSHOOD trae consigo un aura de solemnidad y devoción impresionante.9 .17 . En el peor de los casos. Por lo general. es necesario algún ajuste durante la misa. no “mezclar dulce con salado”. Aquí lo más importante es la consistencia. Se puede. que no está en oración. Se puede usar el canto D FDSHOOD para destacar alguna estrofa importante. Depende de la arquitectura de la iglesia. Lo recomiendo para el último canto de la comunión. la parte instrumental es más apropiada en cuanto acompañe al canto. por ejemplo. O para repetir un estribillo una vez más. El órgano y los instrumentos sinfónicos son apropiados en una catedral o iglesia grande.QVWUXPHQWRV Una virtud del uso de los instrumentos musicales en la eucaristía es la sencillez. Si el canto es clásico. Si el canto es folclórico. guardando siempre un ambiente solemne y meditativo. hay personas que no se dan ni cuenta. flauta traversa y órgano. bombo. Hay canciones que se prestan para el canto sin instrumento ninguno. se lleva la guitarra desafinada para afuera para afinarla. atención con el frío y el calor: no hay como los cambios de temperatura para desafinar los instrumentos. Hay que afinar antes de ensayar. Las cosas del estilo gregoriano. depende del tiempo. 17 . Se pone en evidencia que el coro no se involucra en la eucaristía. Los instrumentos desafinados distraen mucho a algunos.17 Aquí se juega la habilidad de los que cantan. cuando se pone a afinar los instrumentos durante la consagración. por ejemplo. se entona el acorde principal al inicio de cada compás. Misa al aire libre requiere instrumentos electrónicos con un sistema de amplificación profesionalmente manejado. No hay que despreciar el canto D FDSHOOD. mejor no. Lo que quiere decir es que él que impone las manos no GLFH nada. A veces hay tensión de estilos en los instrumentos. Mejor una guitarra bien tocada que un desastre en oboe. Destaca el momento después de los consentimientos matrimoniales. para orientar el oído inseguro. también. Depende también de quién toca los instrumentos. Es más fácil desafinar cantando D FDSHOOD. y las armonías están firmes. guitarra y charango. Así. Pero. O. cuando hay mucho entusiasmo. sin amplificación. Se puede cantar. o para una meditación después de una lectura. y también antes de empezar la celebración. sin sobresalir ni llamar la atención. como término medio. el canto desborda su vasija y el resultado es muy emocionante. incluso. Hay combinaciones felices. A veces. cuando el estilo de la canción lo amerita. Dentro de una eucaristía bien cantada. ¿Qué constituye la sencillez? De nuevo. entre lo más clásico y lo folclórico. la imposición de manos se hace HQ VLOHQFLR.

El resultado es desastroso y caótico. bajo la mano de XQR que dirija. El coro no es una dinámica grupal. supongo. en el momento apropiado. tonales. salvo para profesionales.18 eso. es decir. otro menos. Nos complicamos aun más con el deseo de ser “democrático”. La consecuencia es la desunión y la disonancia. Algunos quieren cantar una estrofa más. sino que ocurre en el tiempo. Si van a haber discusiones. Piano y guitarra cumplen la misma función. Por ejemplo. Es decir. Y hay instrumentos que combinan estas dos cualidades. los violines. pero no puede ser central. Mejor es piano con violín. Pero no es un concierto. etc. la flauta hace un contra-canto suave. el charango. para mayor gloria y prestigio suyo. Nunca como “canto” de entrada. otro más lento. pero provoca polémica. durante la eucaristía. el bongó y la caja. ¿Quién dirige? ¿Cuáles son sus atribuciones? La dificultad nace del ambiente “dinamiquero” que caracteriza mucho de nuestro quehacer parroquial y comunitario. pero con golpe. y si revisamos las motivaciones. o uno. otros quieren terminar con ésta. Hay que hacer “orar” a los instrumentos. La voz humana es lineal. sin llamar la atención. Es mucho mejor que el coro se equivoque todo junto. antes de empezar la misa. Esto quiere decir que la flauta y el violín quedan mejor en interludios instrumentales. o en introducciones. 9 /D &RQGXFFLyQ Aquí hay otro punto delicado. Hablando desde el punto de vista de la música. que quizás es obvio. sobre la marcha.. Es más claro y agradable combinar lo melódico con lo rítmico. no durante. el piano. o parar en ésta? Hay argumentos buenos por los dos lados. la flauta. para evitar los choques. ¿cantar otra estrofa. melódicos: la voz. Dos instrumentos de percusión al mismo tiempo son difíciles de coordinar. uno quiere más volumen. Un último punto. Cuando no. Hay momentos para recibir los aportes y opiniones. hay que cuidar su combinación con otro instrumento melódico. y todo esto. o el otro. La noción de qué constituye un “error” es bastante relativa: la mayoría de las decisiones del maestro de coro son juicios a criterio. tenemos un género que no es ni plástico ni estático. Finalmente. el coro se transforma en una lucha de poder en comparación con la cual palidecen las rivalidades entre príncipes barrocos. muchas veces subyace el afán de establecer quién predomina. tienen que ocurrir antes. Un guitarrista quiere más rápido. En primer lugar. es mejor afinar en el mismo lugar donde se va a tocar. sobre la combinación de instrumentos. bajo el pretexto de los métodos participativos. el coro acéfalo es sumamente impráctico. exceptuando el caso de la marcha nupcial. como la guitarra. . el tiple. la música puramente instrumental tiene su lugar en la liturgia. Sin embargo. como el bombo. Hay instrumentos lineales. Dos cantores empiezan a marcar el tiempo con la mano. Entonces. Lejos está la oración de la asamblea para la mayor gloria y alabanza de Dios nuestro Señor. hay que considerar estos instrumentos como otra voz en un arreglo armónico. y como tal. Hay instrumentos rítmicos. el órgano. y los vientos. Ayuda a la meditación. Todos conocen este escenario. o guitarra con flauta.

Es importante que se lleven bien para poder hacer oración en conjunto. A éste. y conducir la oración en oración. El cantor. Lo único imperdonable es que sigan algunos y paren otros. El Espíritu conduce la razón y el corazón juntos. los que se ordenan. Frecuentemente. el *ORULD. Un subalterno del maestro de coro es el FDQWRU. Como indicamos más arriba. por ejemplo. precisa y a tiempo. Al iniciar la misa. explica los gestos. y diácono. sobre los roles en la conducción de la eucaristía. Pero. el 6DQWR. y cuando se termina. Da instrucciones a la asamblea. o agregar un canto porque alguna situación lo requiere. en nuestra Iglesia local. el maestro de coro da las indicaciones. en la práctica. sentarse. Invita a cantar. la velocidad. el oficio de cantor ha caído en desuso. Su tarea requiere concentración. Si se va a eliminar una canción. discreción. para renovar el repertorio.. dejarse inspirar. En la práctica. la familia del difunto. No significa que no piense. en todo caso. en misas grandes o solemnes. y se elige de acuerdo a este criterio. y otros. discretamente. las cosas no siempre resultan como se planificaron. está la unión de las ánimas. que haya cantos nuevos. el oficio de cantor es un ministerio que antiguamente tenía su “ordenación”. el cantor es el solista. Pensemos. Es un ejercicio en la confianza. El guía orienta a la asamblea. para que sigan todos. y que hay que responder con la antífona. tiene que pensar. y la relación entre estos. lo suple el mismo maestro. a pasar adelante a comulgar. (Rom 8:26-27). le corresponde elegir los cantos. Y es importante. invita a pararse. el coro. Por lo general.19 Lo importante es una decisión clara. y actuar HQ ODV PDQRV GH 'LRV. por un momento. Si hay que extender el canto. sentir. El Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. para así ponerse en manos de Dios. según la ocasión. en lo que concierne la música y el canto. La obediencia religiosa del coro a su maestro tiene su mística. y da los tonos. El coro es de carne. igual que el de lector. pues. Indica en qué momento se inicia una canción. Por el otro lado. y por extensión. Finalmente. y Dios lo redime. A veces. Parte de la fe en él. es bueno no pasar de una o dos canciones desconocidas o nuevas en una misa. el tiempo litúrgico. también. acólito. El cantor dirige a la asamblea desde el ambón. Hay una reflexión en esto para el maestro de coro: tiene que tomar conciencia de ser instrumento de Dios al dirigir. está sometido al maestro de coro. También. o para que paren todos. no hay que temer las “embarradas” musicales. ensaya las antífonas. Ya hemos mencionado el PDHVWUR GH FRUR. en la asamblea.. él decide. Marca los tiempos. . los cantos nuevos o difíciles. desde su lugar en el coro. Tiene que reconocer que su ministerio es un encargo sagrado. que no tenga que ser prudente. Tiene que tomar en cuenta que sabe cantar. el ritmo. a cantar.18 Escoge los cantos habiendo considerado las lecturas. también. El maestro de coro dirige los cantos en el coro. es una especie de 18 Los novios. y canta con la gente. el celebrante (SUHVLGHQWH GH OD DVDPEOHD). y flexibilidad. y que debería aprender. por lo cual es importante nombrar un maestro de coros competente y confiable. Las elige en coordinación con el guía. Más allá de lo práctico. cuando un solista va a cantar el salmo. las habilidades de su coro y las costumbres de su asamblea. lo suple hasta cierto punto el “JXtD”.

sino una liturgia. El guía tiene que aprender a hablar poco. ocurren descoordinaciones. o junto con el guía. siguiendo el modelo del “espectáculo”. puede transformar la misa en una ceremonia. Por el lado oscuro. Va en contra de las expectativas creadas por años de práctica. Es muy importante planificar. Sin embargo. En celebraciones grandes presididas por el obispo. una celebración. sea quien sea. se le debe obediencia religiosa. hay gente que no es católica. hay que estar atento. Cuando hay varios sacerdotes concelebrando. pues. El celebrante frecuentemente cambia de idea durante la misa.19 En otras palabras. A veces. es que típicamente. preparar. en misas que tienen guía.20 maestro de ceremonias. difícilmente va a cantar el pueblo. se inspira con algún canto. siempre hay uno que SUHVLGH. A lo más. A veces en los grandes matrimonios sociales. para el bien de la comunión de los santos. por complementar lo que se predicó. no con el obispo en persona. Puede querer otra cosa de lo que se planificó. Si el maestro de coro quiere una cosa. no hay que pasar a llevar al cura. Luego se queda sigilosamente callado. pero que además sepa cantar. el misterio que está detrás del respeto al que preside es fundamental. no va nunca a misa. No tenemos porque suponer este caso todo el tiempo. invita a cantar en el número tanto. el que más nos ataña. Si el guía no canta. la obediencia al celebrante ha significado muchas veces que no se cante. Ojalá sea la excepción. se hace lo que quiere el celebrante. todos somos “celebrantes”. por ejemplo. Se hace todo lo posible por seguir sus indicaciones. de que el canto está “reservado” para el coro. en la práctica. y. como el Capitán Araya. finalmente. Esto ocurre cuando los sacerdotes tienen poca sensibilidad musical o poca preparación En rigor. o que se cante mal. Luego. que cante desde el micrófono. En términos técnicos. y hay que explicarles todo. la invitación a cantar pierde credibilidad. Luego. un “signo” que requiere mucha explicación no significó nada por sí mismo. y al menos en los cantos claves o difíciles. el maestro de coro coordina con el guía. por supuesto. el diácono. por acomodar sus improvisaciones. Es el que se sienta en el medio. éste es el SUHVLGHQWH de los que FRQFHOHEUDQ. Es peor aún cuando el celebrante tampoco canta. para que no haya sorpresas que no se pueden salvar. El modelo es otro. 19 . Se refiere al FHOHEUDQWH SULQFLSDO. Y al celebrante. el guía no canta. sin embargo. Sin embargo. etc. o el edecán del monseñor. Al mismo tiempo. Quizás sea abrupta la implementación del papel del cantor en reemplazo del guía. como el acto cívico. o siendo católica. generalmente. explicar lo justo y necesario. que a otros embarca. y agradecen el aporte de los que cantan. La eucaristía no necesita su “Don Francisco”. Los dos dan la impresión de que no se debe cantar. lo más importante sobre la conducción de los cantos en la misa: HO FHOHEUDQWH SUHVLGH OD HXFDULVWtD. es conveniente que éste sea discreto. o que el canto no sea más que música ambiental. y el celebrante quiere otra. la entrega de los “2VFDU”. o el “)HVWLYDO GH 9LxD”. El otro problema. o alguna imagen que se puede reforzar con el canto. por lo mismo llama la atención. y coordinar todo desde antes. Si el guía actúa como maestro de ceremonias. La eucaristía no es una ceremonia. y usa la casulla más bonita. Puede parecer muy absoluto. muchos celebrantes son flexibles. Ahora. un adelanto del Banquete del Reino de Dios. pero.

quizás. Puede haber un cancionero de la comunidad que se renueva cada dos o tres años. Aquí. Se nota una misa donde hay buena comunicación. que además sirve de catequesis litúrgica para el pueblo de Dios. tanto cuando lo mueve a él. Y el repertorio limitado que la memoria masiva posee sin ningún estímulo no permite elegir cantos apropiados para la situación. un dato obvio: si no hay cancioneros. y el lugar. Ha habido diálogo antes. estamos perdiendo el tiempo. alguna instrucción dado en el momento. y un tiempo para cantar lo otro. ni maestro de coro. pues esa canción que “todos se la saben” es un mito. Como término medio (o mal menor). requiere. Una eucaristía dinámica que es verdaderamente signo del misterio central de nuestra fe. ¿Cómo saber qué cantar y cuándo? Un principio básico de la dinámica litúrgica es la alternación. Arriba. Creo que San Pablo se refiere a esto cuando habla de los . No se siente el “tironeo” de la lucha por el poder. y otras indicaciones. la mirada. Hay como tres cantos que todos saben sin tener la letra por delante. La alegría se alterna con el recogimiento. No hay porque pedirle que cante. ni celebrante. Ni guía. ni cantor pueden sustituir un buen cancionero. Siempre hay personas que excluimos porque no tienen la canción de memoria. La intervención del celebrante se alterna con la respuesta de la asamblea. 9. mencionamos la antigüedad del cancionero en la tradición de los libros litúrgicos. cuando no desaparece por completo. Esta última parte nos sirve de taller práctico. sobre el cancionero.21 litúrgica. En fin. Las misas solemnes merecen un folleto propio. Basta el gesto. Por parte de la asamblea. En esta última parte. se prepararon las cosas. La pregunta que queremos contestar es. tiene por esencia una estructura oscilante. recurrimos a la hojita fotocopiada en papel roneo. se convierte en el envoltorio para la “linda misa del Padre”. por todas las partes. la confianza de que Dios está en él. Y sobre la marcha. la muerte y resurrección de Cristo Nuestro Señor. o que aprenda algún canto nuevo. con las lecturas. La asamblea es llevada sobre una ola que va y viene. sigue la buena comunicación. El canto. ¿cuál canto elegir para cada momento de la misa? Hay un tiempo para cantar y un tiempo para quedarse callado. El silencio se alterna con la palabra. buena comunicación. La palabra se alterna con el canto. No es necesario llamarse por radio. /D HVWUXFWXUD GH OD PLVD. Sintetizamos mucho de lo que hemos presupuestado hasta ahora. Tiene que ser sensible al Espíritu. no hay como pedir al pueblo que haga su oración cantando. Y sobre todo. pretendemos analizar los momentos de la eucaristía. La obligación de obediencia al sacerdote que preside lleva implícita una responsabilidad para él. y se pusieron de acuerdo. el tiempo litúrgico. sin cancionero. Peor es nada. como cuando mueve a la asamblea o alguno de sus integrantes. la obediencia al celebrante requiere fe. estableciendo criterios para cantar (o no cantar) en cada uno. un tiempo para cantar esto. Un punto final.

Hay que considerar la relación entre una parte de la misa y la que sigue. pues permite al pueblo escuchar una vez algunas de las cosas que se les va a pedir que canten. e invita a aprenderse los cantos nuevos. la página. que se puede alargar si la procesión demora más de lo esperado. La entrada es el anuncio. “Alma mía. Es como la obertura de una comedia musical. pero tampoco es una melodía exquisita para meditarla. Si es Pascua.. “hay una buena noticia”. el canto de entrada requiere una letra en primera persona plural. y en qué momento de la misa se van a cantar. porque constituye a la asamblea como tal y la dispone para la oración. Un detalle técnico: en lo posible. El canto de entrada no es el momento para que cante un solista. (cuando quede parado detrás del altar). Si toca alguna solemnidad. para poder elegir los cantos más apropiados. (O &DQWR GH (QWUDGD. En rigor. Y es un canto para que lo canten todos. o por el entusiasmo. Debe ser de carácter procesional. irrumpe el canto procesional. Si es Adviento. Cuando hay canto en una misa. El cantor sube al ambón. Ayuda a aprender cantos nuevos. Si no. la asamblea ya comparte el camino. al haber cantado juntos en el ensayo. cinco o diez minutos de ensayo de cantos. Luego. Los cantos “yo” tienden a privatizar la experiencia eucarística. pues. conviene un período de silencio antes del canto de entrada. Encuentro muy buena costumbre. para ayudar a lograr esta alternación. ¿porqué gimes en mí? . la procesión termina cuando el que preside llega a su sede. que sea un canto de esperanza. Son especialmente inapropiados en la entrada porque 20 Rom 8:26. muchas veces luchamos contra la marea. el canto de entrada debe reflejar el tiempo litúrgico. De alguna manera. es importante incluir a la asamblea especialmente en esas partes.22 “gemidos” del Espíritu en la oración del pueblo. al menos implícitamente. Debe dar preferencia a los cantos que son las oraciones de la misa: *ORULD 6DQWR &RUGHUR. que prepara el oído. Pienso que muchas veces no somos conscientes de lo que está pasando. e impone un ambiente de oración en los minutos que tienden a ser u hora social o silencio tenso. Cf. No significa necesariamente una marcha. y es capaz de orar en paz. obramos en conflicto con el principio natural de nuestra celebración. Algunos coros tienen la costumbre de repasar su ensayo en los minutos antes de empezar la misa. etc. Este no es el silencio tenso. y que se puede acortar si termina antes. Por la inconsciencia.20 Es la inspiración que se alterna con la expiración. por ejemplo. el NHULJPD que dice. pero es importante cultivar la sensibilidad. El cantor o el guía invita a dos o tres minutos de recogimiento. $QWHV GH OD PLVD. también el Salmo 42:6. pues. con una melodía regular. Mejor aun. un canto de júbilo con exclamaciones de “aleluya”. Una cosa en varias estrofas. Es para cantar fuerte con todo el corazón. La oscilación es necesaria en una buena liturgia. No es buena costumbre hacerle esperar mucho. es importante que el canto de entrada proclame el hecho de alguna manera. Es muy importante. De este silencio meditativo. Tampoco es un momento para interludios instrumentales. indicando el número. una danza ondulante de alabanza al Señor. como Cristo Rey. siempre debe cantarse un buen canto de entrada. Es el canto que constituye el “nosotros” que va a celebrar esta eucaristía.

y la petición de perdón. como reacciona Pedro al darse cuenta de con quién está. y no son apropiados para el canto de entrada. A veces. Esta invocación al Señor tiene una estructura dialogal. Hay excepciones. Crean otra realidad visual imaginaria que entra en conflicto con la imagen visual real de una procesión en honor al Señor. se debe eliminar del repertorio. un diácono también puede oficiar el rito penitencial.\ULH.\ULH HOHLVRQ. cuando el hombre entra en contacto con su Señor. No es así. ten piedad”. Hay varias formas estipuladas en el Misal. incluyendo el momento de silencio. ³£WHQ SLHGDG ´. Cf. Esta antigua oración suplica al Señor. la cual ayuda a que sea una oración cantada. y el pueblo responde con lo mismo. por lindo que sea. y el . alabanza a Dios por las maravillas que el Señor hizo HQ Pt Como tales. No es el hecho gramatical en sí. al menos. Tiene la gracia de que no es 21 22 Según la rúbrica.21 El rito penitencial no es lo mismo que el sacramento de reconciliación. Cualquiera de estas fórmulas termina con la invocación al Señor por parte del celebrante. choca con el gesto que se está realizando. . El punto es que. toma consciencia de que es un pecador indigno. Aun así. Existen algunas canciones en primera persona singular que engendran un sentido de comunidad en la asamblea. Al mismo tiempo. el rezo del “Yo. bien. o el coro anuncia el “Señor. un personaje corporativo que celebra la eucaristía. y no simplemente otra canción agregada a la misa. existen cantos cuyo género es el “testimonio”. Resulta mejor narrar cosas en un momento de meditación.23 crean un ambiente de “yo solito con Dios”. Si una canción es abiertamente narcisista. Desubicado. Cuando el “yo” resulta ser colectivo. 5LWR SHQLWHQFLDO. entonces el canto no cumplió su función. haciendo mi oración personal en silencio en medio de una misa. igual es un ser demasiado sencillo y humilde para entrar en comunión eucarística con su Dios. despedazando cualquier posibilidad de fraguar un sentido que se puede gustar internamente. nos dignifique para poder subir al lugar santo y encontrarnos con El. el rito penitencial no es una “canción”. sino el efecto. a pesar de lo poco merecido. El rito penitencial invoca al Señor para rogarle que. sino más bien para un salmo de meditación. El criterio certero es ver qué pasa con la asamblea al cantar. No es un “yo” narcisista. Hay versiones lindas en castellano. se logró el objetivo. ni tampoco testimonial. Recordemos que el canto entra en el círculo hermenéutico. La procesión de entrada es LU DO HQFXHQWUR GHO 6HxRU. Un relato de la anunciación. están en primera persona singular. desunida.. pero para la edificación de la comunidad. En rigor. equivale a un “nosotros”. Una historia sobre otra cosa junto con la procesión fragmenta la recepción. El punto no es el hecho. pecador”. ¿Dónde entra el canto? Lo más tradicional es el canto del . dando a la asamblea un lenguaje interior que le sirve de vasija para recepcionar el gesto. Si se aúna. se reza los motivos específicos intercalados con la súplica. Lc 8:5. cuando se busca crear una imagen para contemplar. Muchos lo entienden como una liturgia penitencial en miniatura con absolución general.22 No importa cuántos pecados ha cometido desde su última confesión. el cantor. Las narraciones en tercera persona tampoco resultan muy apropiadas para la entrada. El celebrante. no constituyen a la asamblea. Si termina el canto ensimismada.

En este marco. tal cual se oyó. por ejemplo: &HOHEUDQWH ³7~ TXH KDV YHQLGR D VDQDU ORV FRUD]RQHV KHULGRV´ &RUR ³6HxRU WHQ SLHGDG´ $VDPEOHD 6HxRU WHQ SLHGDG´ HWF.24 necesario que el pueblo lo sepa. Se repite en el momento. caben perfectamente las invocaciones especiales.

Se pierde la estructura trinitaria de la oración. sino porque pasa. enseñar. Tampoco me parecen apropiados los cantos narcisistas. debe ser una meditación corta que ayuda a recordar la condición humana y la misericordia del Señor que nos permite celebrar sus misterios. el *ORULD es para domingos y . Un punto final sobre el rito penitencial. entonces. al Iglesia triunfante y peregrina después del rito de reconciliación. Doy por entendido que algunos días. y un Gloria que es austero y sobrio. y no central. El punto no es el favor que “yo” le hago a Dios volviendo. y si toca *ORULD y/o &UHGR. En general. se puede consultar en el sintonizador litúrgico. elimina éste con toda tranquilidad. ¿Porqué. y muchas veces se recita. los ángeles. y no el . y la letra es de una profundidad y riqueza extraordinaria. incluso. Es el mundo al revés. Es importante conocer. y a la vez. por motivos varios. y nosotros. litúrgicos. las lecturas. No tengo mucho más que decir. los santos. un pedazo del 6DQWR. “FXDQWDV YHFHV \R KH YXHOWR D IDOODUWH \ TXH KR\ \R YXHOYR D UHJUHVDU GRQGH 7L”. Hay cantos largos sobre la penitencia y el perdón de los pecados. Es impensable “reemplazar” el *ORULD por otro canto alegre que diga la palabra “gloria” en alguna parte. En lo posible. Cuando hay duda. Pierde el efecto si se canta todos los días. (O *ORULD Que sea glorioso. Esta oración es de las más antiguas de la tradición cristiana. cumplen su función. No es esencial cantar. Data de los primeros siglos. sino el amor que Dios manifiesta al salvarme. Dejémoslos para las liturgias penitenciales o para el canto de meditación en cuaresma. alargan y centran la atención en un gesto que es propiamente previa a la eucaristía. Se puede comprar en las librerías católicas. dramáticos. Aquí. Ahí. Quiero decir. No se presta para una canción entera con cuatro estrofas. cuál prefacio. Se entiende como un momento de “silencio dirigido”. (No lo digo por si pasa. Yo diría que es. que se cante siempre. El problema práctico que enfrentamos es encontrar versiones del *ORULD que son cantables. y egocéntricos que recuerdan con una lírica morbosa. los colores litúrgicos. que se cante la letra del *ORULD. y fomentar los cantos del *ORULD que son gloriosos. no.\ULH. O. no otra cosa. y por entero. Es el canto de los que están en la presencia de la HSLIDQtD de Dios: Cristo. El *ORULD es propiamente un canto. aberrante cantar el rito penitencial y luego recitar el *ORULD.) Hay muchas versiones del *ORULD que no incluyen más que un fragmento o “adaptación”. lindos. Esto causa una desproporción en la eucaristía: un rito penitencial que es dramático y glorioso. JORULILFDPRV al Señor con las primeras cuatro líneas del *ORULD solamente? No es una canción estrófica que se puede cantar hasta la mitad. toca cantar el *ORULD. y completos. Si una misa se ve recargada de cantos. y otros. A nadie se le va a ocurrir cantar la mitad del 3DGUH 1XHVWUR. un calendario de todo el año con las fiestas. Cuando el canto en el rito penitencial es otra cosa.

Este canto nunca existió. Si se canta otro canto. encuentra plegarias. salvo si hubiera una situación muy particular. del sentir de la lectura. El medioevo incorporó la salmodia en latín cantado al estilo gregoriano. La palabra “VDOPR” significa FDQWR. el salmo es la respuesta del pueblo a la primera lectura. No se canta ni en Adviento ni en Cuaresma. alarga innecesariamente. ya llevamos tres cantos. “¿qué FDQWHPRV aquí?”. o el &iQWLFR GH ORV 7UHV -yYHQHV en Daniel 3. El salmo responsorial viene elegido de tal manera que enfatiza o acentúa la idea o la imagen principal de la lectura. se procede a la lectura sencillamente. El salmo responsorial pone palabras en la boca del oyente que le ayudan a expresar lo que hay en su corazón. Un cuarto canto es mucho. Al coro actual. e En muchas congregaciones religiosos se acostumbra colocar las misas de votos o de ordenación en solemnidades si caen en Adviento o en Cuaresma. salvo como tema de especial interés arqueológico y cultural. profesiones de confianza. alabanzas. le corresponde dar vida a estos huesos secos cantando. hay que preguntarse. bendiciones. Es más. Somos herederos de la letra. en el Antiguo Testamento. Hay que tomar consciencia del sentido de la liturgia de la palabra para captar la importancia de este canto. (O VDOPR UHVSRQVRULDO Una pobreza imperdonable en nuestra práctica litúrgica actual es que los VDOPRV VH OHHQ. Es un truco para lucir al coro. Como el nombre indica. Otro canto. 23 . va en contra del principio de alternación: coloca dos momentos de canto juntos. Da claves de comprensión. súplicas. Si uno hojea el libro de los Salmos. La adaptación musical debe ayudar a ese fin. bienaventuranzas. Tanta cosa distrae y desconcentra. es el cancionero del pueblo del Israel. El libro de los Salmos. 24 Los “cánticos” son salmos que ocurren insertos en otros textos bíblicos. Se puede añadir cuando la ocasión particular lo amerita. buscando la unidad de sentido con toda la eucaristía. en el Misal. Incluso. el &iQWLFR GH $QD en 1 Sam 2.25 solemnidades. La transición hacia la primera lectura está en la Oración Colecta. siempre que no sea en Adviento ni Cuaresma. Es un canto de reflexión cuya función es ayudar a meditar la palabra de Dios. confesiones de fe. cuando uno prepara una misa con lecturas especiales para la ocasión. como el 0DJQLILFDW en Lucas 1. salvo en solemnidades. y no cumple ninguna función litúrgica. para poder cantar JORULD y DOHOX\D. cuando hay *ORULD. Si uno piensa un poco. leída por el presidente de la asamblea. De hecho.23 &DQWR DQWHV GH OD SULPHUD OHFWXUD Corten el escándalo. y ya no nos damos ni cuenta.24 hay que fijarse en el género literario y musical. Pero si se quiere usar un canto que no es tomado de un salmo o cántico bíblico. el +LPQR GH )LOLSHQVHV (Fil 2). acciones de gracias. para que tenga efecto en el oyente. Si no hay *ORULD. respetando la austeridad del tiempo litúrgico. a seis minutos de iniciar la misa. El único canto antes de la primera lectura es propiamente el *ORULD. lamentos. muchos de nuestros cantos típicos VRQ los salmos. Tampoco es asequible para la asamblea contemporánea. Al sacramento de la palabra. el canto responsorial sirve de riego para que la semilla pueda enraizar y dar su fruto al cien por uno. es D PRGR GH VDOPR. Es posible reemplazar el salmo predispuesto en el Leccionario por otro canto apropiado que cumple la misma función: la respuesta del pueblo. pero las melodías no sobrevivieron el desplazamiento transcultural. meditaciones.

se puede omitir la aclamación por completo. y se canta DOHOX\D nuevamente. “(O 6HxRU HVWp FRQ 8GV”. El salmo responsorial se presta especialmente para el segundo nivel de participación en el cual un solista canta (o lee. y no otra canción. esta aclamación tiene prioridad. dando unidad a la misa entera. Se reemplaza por el estribillo cantado. respondiendo. Los salmos son GLDORJDOHV. en vocativo. Involucran al hombre en el proceso de su salvación. se puede repetir durante la plegaria eucarística. como modo de hacer participar al pueblo. sino. pues. que dialogan la oración. porque cantaban todo el día.25 La respuesta del hombre es variada. incienso. Al mismo tiempo. En la tradición monástica. el cantor o el guía debe invitar a ponerse de pie para aclamar el evangelio. la oscilación divino-humana que caracteriza la historia de nuestra salvación. Se aclama de pie. con versos intercalados. que puede incluir una procesión trayendo el libro. Estrictamente. Uno no es sólo objeto de la gracia salvadora (como pensaba Lutero). María. los profetas. Samuel. Existe aquí una posibilidad que hay que aprender a aprovechar. por su profundo sentido espiritual y teológico. participa activamente. Por eso. quizás recogiendo la entonación musical del canto de entrada o del *ORULD. se acostumbra ponerse de pie recién cuando el diácono o el sacerdote. Moisés.. En muchas asambleas. Es un error. La rúbrica estipula que si no se canta. Hay una antífona que se repite. por el sentido de proporción interna y unidad orgánica. 25 Abraham. en parte para no cansarse tanto. en dos o tres acordes. Si la antífona resume el sentido de la ocasión o del tiempo litúrgico correspondiente. no cumple la función. produce un desequilibrio si se cantan otras cosas mientras que el DOHOX\D pasa a pérdida. entrando en diálogo con su Dios. La función de esta aclamación es darle solemnidad a la palabra de Dios. Si no existe la costumbre. El canto de DOHOX\D acompaña el gesto de entronización del evangelio. luego se lee (o se canta) la antífona que sale en el Leccionario. Sobretodo. en la misa dominical. en una misa con canto. nos ponemos de pie. Vienen típicamente en segunda persona. Esta es una DFODPDFLyQ. no cuesta nada musicalizar la antífona que el Leccionario propone.26 himnos. de alguna manera.. u otra como tal. Aunque no se sepa ninguna versión musical del salmo que corresponde. Y si no hay ninguno conocido. es posible que haya alguna antífona o estribillo que comunica lo mismo de la antífona propuesta en el Leccionario. según la tradición bíblica. o en tiempo de Pascua. acompañado por un cirio. Se hace algo sencillo. “XQD GH 6LOYLR”. lo cual me parece acertado. o en segunda persona singular. todos dirigidos al Señor. recibiendo. En ocasiones solemnes. pero por otra parte. con acompañamiento musical). e incluso. dice. está la costumbre de los GRV coros. se vuelve a cantar la misma DOHOX\D al final del evangelio. habiendo cantado la aclamación sentado. pero va dirigida al autor de la gracia. .) $FODPDFLyQ DQWHV GHO (YDQJHOLR Aquí hay que tomar consciencia del género litúrgico. abajo. Hay que tratar de respetar la estructura dialogal del salmo. UHFLWDU un “aleluya” resulta anticlimático. “7~´ porque son la respuesta de la humanidad a la iniciativa de Dios. (Cf. se canta DOHOX\D. como signo de la acción y respuesta. Por eso. y el pueblo responde con un estribillo sencillo.

Sin embargo. en esta aclamación. de anhelo. la palabra “gloria”. Hay un par de excepciones. que obedecen al criterio de lo apropiado. que significa “UHVSODQGRU PDQLIHVWDFLyQ OD PLUDGD GH 'LRV VREUH HO KRPEUH”. que Dios es lo que nos hace falta. dignamente empastado. un cuasi-sacramento. recogimiento y mortificación. Es el tiempo de la promesa. y requiere el ejercicio de discreción criteriosa. Más que todas las otras lecturas. En vez de preparar la tierra para que la semilla de la palabra brote y de fruto. El vocablo. No es un tiempo de júbilo. las lecturas propias de Adviento llaman al pueblo de Dios a alegrarse en la esperanza de Dios que ya viene a salvarnos. es especialmente importante. más que del cumplimiento. sino más bien. Siempre es mejor no cantar que cantar algo irrelevante. no es un momento para innovar. sí. la %XHQD 1XHYD es el sacramento de la Palabra por excelencia. DOHOX\D viene del hebreo. se puede leer de la Biblia misma. En este caso. especialmente importante cuando el sistema de amplificación es mala. del pueblo que gime necesitado de su Dios. pero los datos son ambiguos. y no otra cosa. Otras imágenes. la amplificación es mala por falta de recursos. para que la puede llevar a la casa para meditarla después. Sin embargo. En primer lugar. Si no hay. puede darse sin júbilo en algunas circunstancias. QR VH FDQWD DOHOX\D HQ &XDUHVPD. Hay muchas maneras lindas para cantar DOHOX\D. La antífona que va con el canto de DOHOX\D destaca el punto central del evangelio. No ayudan a centrar la atención. no hay excusa para los desastres de distorsión que pretenden amplificar la palabra y el canto en la Iglesia Católica.26 Y. No es así con la palabra JORULD. En muchas partes. haciendo la conexión conceptual o simbólica con las otras lecturas. Por costumbre. 26 . de tal manera que no es necesario esquivar OD SDODEUD “JORULD” en otras canciones. y en ciertos lugares. Es una exclamación de júbilo que celebra la presencia viva del Padre en el /RJRV por medio del Espíritu Santo que habla hoy a su pueblo. siembran cizaña en la vista imaginativa del oyente. reemplazarla con otra cosa es casi como cambiar el 3DGUH 1XHVWUR en la misa por el $YH 0DUtD. La costumbre de no cantar DOHOX\D en Cuaresma incluye otros cantos en otros momentos de la misa que usan la palabra. Por eso no se canta que Dios está con nosotros. Por el otro lado. sino un tiempo de austeridad. Cristo Resucitado que se hace presente. o para elegir algún canto bonito. Para eso existe el Leccionario dominical. Es (O 9HUER. mientras. se canta DOHOX\D. Sin embargo. y significa “Dios está con nosotros” . A veces. No es que se busque la monotonía. Por consiguiente. lo cual se comprende. habiendo recursos económicos y tecnológicos. No se canta OD RUDFLyQ que se llama “HO *ORULD” en Cuaresma (ni tampoco en Adviento). se acostumbra no cantar DOHOX\D en Adviento.27 No se lee el evangelio de la hojita del día domingo. Pero la hojita que se publica es para que el pueblo pueda seguir el texto. distraen. es el tiempo de los dolores de parto. Por un lado. de hambre. nuevos símbolos o conceptos. se evita cantar “DOHOX\D” en cualquier momento durante la Cuaresma. La liturgia de las horas incluye específicamente el DOHOX\D en las antífonas de los salmos que son propias del tiempo. No cumplen la función. por santos o piadosos que sean.

En todo caso. escuché a un coro cantar un DOHOX\D exquisita y refinada en la aclamación de la Vigilia Pascual. tema propio de Adviento. omitiendo el DOHOX\D sencillamente. cuando se canta DOHOX\D en Adviento.. que no es lo mismo que el DOHOX\D con bombo y platillo.. con todas sus campanas e instrumentos. Es redundante cantar la oración y luego recitar lo mismo. En este asunto..28 Lo mejor es seguir la costumbre de la iglesia local en este punto (o las instrucciones del celebrante). Pero no tiene ningún sentido cantar “6L DOJXQR WLHQH VHG” cuando el evangelio es del Joven Rico.” 30 “7RPD PL YLGD \ KD]OD GH QXHYR. para que cante toda la asamblea. la que se canta por primera vez después de cuarenta días y cuarenta noches. aclamaciones que dicen algo como “'LRV HVWi DTXt” expresan la misma idea. y a Él presentamos. o “(O $OIDUHUR”..27 Otra posibilidad es que si hay alguna antífona que recalca precisamente la idea del evangelio de ese día. es decir. celebra justamente eso. El misterio central de nuestra fe es el misterio pascual. Hay muchas antífonas cortas de SUHSDUDFLyQ GHO FDPLQR. Pero. Cumple la función de la antífona de la aclamación (la parte que se lee del Leccionario) y la reemplaza. 29 “7RPDG 6HxRU \ UHFLELG WRGD PL OLEHUWDG PL PHPRULD HQWHQGLPLHQWR \ YROXQWDG. pero de cantarse. que no haya excepciones. el canto del ofertorio reemplaza la oración del ofertorio que el cura reza del Misal. En especial. que sea especialmente glorioso. a criterio. Por eso los cantos que cumplen la función de esta oración. es importante conocer al padre que preside. es con un estilo musical más sobrio. hay que pensar en qué se puede cantar. como por ejemplo. un DOHOX\D del alma anhelante. En rigor. si por algún motivo. Finalmente. sin más. sin la estrofa.28 (O RIHUWRULR El ofertorio se puede cantar o no. Hay muchos matices de hondura espiritual. como la “2UDFLyQ GH 6DQ . que cumplen la función sin distraer. La letra más apropiada para el canto de ofertorio es alguna variante de “6HxRU WH RIUHFHPRV HO SDQ \ HO YLQR”. que se adaptan perfectamente a la aclamación antes del evangelio. litúrgica y teológica aquí. Mejor habría sido lucirse con su DOHOX\D exquisita después de la comunión. el DOHOX\D de la Vigilia Pascual. tiene algunas particularidades. único. pero dejaron la asamblea sin cantar. cuando toca el evangelio de Jesús y la Samaritana.. expresa presencia del Señor resucitado. sin agregar ningún distractor. que se cante DOHOX\D. habiendo cantado un DOHOX\D de todos para la aclamación. los cincuenta días entre Pascua y Pentecostés. El ayuno de Cuaresma se llena después de la Semana Santa con las cosas ricas de la Pascua. Cada misa. Hay otras cosas que expresan ofrecimiento que también sirven. “6L DOJXQR WLHQH VHG TXH YHQJD D Pt \ EHED”. la misa dominical. Mi opinión personal es que si no es ni Adviento ni Cuaresma. si la ocasión la requiere. Ellos se sintieron importantes. 28 Una vez. no se cante DOHOX\D.30 Se enriquece el ofertorio en la medida que la oración que se dice expresa el hecho de ofrecer todo lo que de Dios recibimos.JQDFLR”29. sino simples aclamaciones. total entre Dios y los hombres: Cristo. y en especial. propio del tiempo de Pascua.” 27 . Los grandes liturgos cantan Otra posibilidad es “/D OX] GH -HV~V KD OOHJDGR DO PXQGR”. pues. En tiempo de Pascua. Es importante que no sean largas. para que por su Espíritu sea transformado en el don esencial. la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. por si acaso. pueden ser variados.

pues. a menos que toque una larga procesión de ofrendas. en ese caso. porqué celebramos esta “acción de gracias” al Señor. “6DQWR VDQWR VDQWR. Así. que cita lo que el pueblo decía a Jesús en la entrada triunfal a Jerusalén. Por lo mismo. El canto puede cumplir otra función en este caso. que también se llama la “RUDFLyQ HXFDUtVWLFD”. da continuidad. “%HQGLWR HV HO TXH YLHQH HQ HO QRPEUH GHO 6HxRU +RVDQQD HQ OD DOWXUDV”. resulta poco feliz el canto que narra sobre el niñito en la multiplicación de los panes. sobre la colecta. Otros esperan que se termine el canto para “empezar el ofertorio”. cantos que se pueden alargar y acortar. Ni antes. Es el don 31 Como si estuviéramos comprando el regalo de la salvación. y termina cuando termina el ofrecimiento del cáliz. además. con un texto del nuevo testamento (Mt 21:9 y paralelos). o porque cantan mal. En pocas palabras. en Cristo. se complementan el canto y el rito. con estrofas sencillas que se resuelven musicalmente. el canto puede ayudar a hacer la transición entre los dos gestos. termina el canto. La visión es actual. se debe hacer DQWHV de la procesión de las ofrendas. así se establece un nexo engañoso entre el dinero y la eucaristía. junto con todo el pueblo de Dios. (O 6DQWR El “6DQWR” es el canto final del prefacio. por devoción. Como alternativa. Es la presencia de Dios que manifiesta nuevamente su gesto de salvación. pues. para ofrecer el dinero recolectado junto con el pan y el vino.29 mientras realizar los gestos propios del ofertorio. El prefacio da el motivo. para terminar la historia. Ojalá no sean simultáneos. precisamente. Una regla que pocas veces se cumple en la liturgia es que nunca hay que hacer dos cosas al mismo tiempo. recitan la oración del ofertorio en voz baja mientras se canta. se termina la canción y el celebrante hace el ofertorio sin canto. La exigencia del tiempo preciso en el ofertorio requiere... colecta y ofertorio. Puede ser una meditación tomada del evangelio o de la homilía. a una voz. Una observación final. por “rubricista”.” La letra combina un texto del libro de Isaías (Is 6). se alarga o se acorta el canto para llenar el tiempo sin alargar. El canto debe obedecer al rito. Una vez que se termine el gesto de ofrecimiento del cáliz. igual se justifica el canto. Requiere flexibilidad de parte del coro. presente y ausente. hay que obligar al presidente a esperar. una oración importantísima que efectúa la transición entre el ofertorio y el “FDQRQ”. . ni después. pues la redundancia queda muy evidente. de mantener el ambiente de oración y tapar el ruido de las monedas. cantando. y resulta majadero para la asamblea. En el último caso. agradecemos la obra salvífica de Dios Padre. Algunos. Este axioma es especialmente apropiado en el ofertorio. de una visión de los seres celestiales que cantan su alabanza a Dios. y hacen todo de nuevo. Luego. Si es así.31 Un canto GH RIHUWRULR. levantando el pan y el cáliz. Es un tropiezo dejar la segunda parte del ofertorio en silencio porque se acabó la canción. dándonos sacramentalmente al Cristo otra vez. pues. Y no hay peor que dejar al celebrante esperando porque “nos quedan dos estrofas”. y por el Espíritu. según el prefacio. y no el rito al canto. es mejor no cantar. Cuando hay colecta. y con letra que termina con punto final en varias partes. Con una seña del maestro de coro. la letra no tiene porque ser la oración del ofertorio.

pues la gente reacciona recitando. junto a Dios Padre. no dice nada. No es suficiente un canto que en alguna parte diga “santo”. En nuestros días. pues. y participar a la asamblea en la oración eucarística. por supuesto. Por lo tanto. Los efectos no son inmediatos. y por supuesto. pues. pues. se usa el primero con más frecuencia. Se canta o se recita HO 6DQWR.. después de haberle puesto tanto color al rito de perdón y al ofertorio. El punto es que se pueden cantar.. con la sensación de que la misa no le dice nada. Es importante advertir a la asamblea que se va a cantar. queda como un párrafo sin verbos. y el pueblo de Jerusalén. entendemos las Los dos más típicos y nefastos son “'HQ DO 6HxRU VXV DODEDQ]DV. la comunión de los santos. lo mismo que Isaías.”. sino porque lo que rezamos es lo creemos a la larga.. como si fuera algo que dependiera di “mí”. El punto es que la letra del 6DQWR no es cualquier cosa.FRQVWUX\HQGR HO 5HLQR GH (O HVWR\”. y las otras son casi desconocidas. El hábito de rezar cualquier cosa en esta bisagra de la celebración eucarística destruye la unidad y la continuidad del conjunto. El canto distrae. todo aburrido. las campanas sobran.. La gente se va con un vacío. Finalmente. En mi opinión. durante la consagración. Recomiendo no cantar. se acostumbraba tocar campanas para la consagración. 33 La típica es “$QXQFLDPRV WX PXHUWH SURFODPDPRV 7X UHVXUUHFFLyQ YHQ 6HxRU -HV~V. el silencio en el momento de levantar la hostia y el cáliz ayuda a enfocar la atención. que además termina con una afirmación que es a la vez soberbia y pelagiana: “.”. lo que ayuda a la oración. Por costumbre. El motivo era advertir al pueblo que no sabía latín que en ese momento se estaba consagrando. Es el momento del auge de alabanza y júbilo. pero no se canta otra cosa. El 6DQWR celebra la entronización de Cristo como nuestro Rey y Señor. sin sus articulaciones. “¿qué cantemos para el 6DQWR?” revela una ingenuidad e ignorancia enorme. Y nosotros somos testigos. sin morir. especialmente cuando es buena y bien tocada. la pregunta.32 No es por rigidez. La música instrumental también distrae. ni por otra cosa que se le parece. si hay cantos en la misa. la gente comenta el efecto de la música. No hay que cambiarla. que celebra la creación. y “0LHQWUDV WHQJD \R XQD YR] SDUD FDQWDU. son inconscientes e insidiosos. puede ser desastroso atentar contra el sentido de la misa cambiando uno de sus pilares por un palo de escoba. Vemos la gloria del Señor. pero muchas veces. Antes del Concilio. en cambio. El Misal trae tres o cuatro versiones33. pues. Su función es recalcar el misterio pascual. con algunos cantando y otros recitando.” 32 . y se arma una cosa muy torpe.30 salvífico por y en nosotros. Sale particularmente anticlimático recitarlo. Prepara y fundamenta el sacrificio eucarístico. nada menos. y olvida al hecho que pretendió destacar. sobre la muerte y resurrección de Jesús y la esperanza de la segunda venida. se canta el 6DQWR. Con la venida de la oración eucarística en la lengua vernácula. cuando la pregunta por el sentido es tan fuerte. $QWtIRQD GHVSXpV GH OD FRQVDJUDFLyQ Esta antífona fue introducida en el canon con la renovación litúrgica posterior al Concilio. el reemplazo del 6DQWR por otro canto es una de las grandes deformaciones litúrgicas que nos enfrenta hoy en día.

con la doxología recitada FRPXQLWDULD por todos los FRQFHOHEUDQWHV. parece que la fe se ha apagado. Lo triste es que se pierde ese “$PpQ”. y significa afirmación. La doxología con su respuesta constituyen el momento solemne de la misa. Hoy. La intención es buena. destaco otra práctica que resulta muy conmovedora y participativa: cantar alguna antífona de adoración. por la unidad de los fieles. pero después de haber recitado la antífona estipulada en el Misal. alabanza. (258) Considero también una deformación litúrgica que DOJXQRV se arrodillan y otros. el hecho de tocar campanas o flauta durante la consagración divide los sectores conservadores y progresivos. Se ha transformado en un murmullo insignificante mientras que los arrodillados se ponen de pie. Un buen texto para esta antífona es “'LRV TXH QRV DPDV KR\ WH GDPRV JUDFLDV 'LRV TXH QRV VDOYDV WH DODEDPRV KR\”. “3RU &ULVWR FRQ eO \ HQ eO D 7L 'LRV 3DGUH RPQLSRWHQWH WRGR KRQRU \ WRGD JORULD SRU ORV VLJORV GH ORV VLJORV”. juntos. Antes del Concilio. Dicen que en la Iglesia primitiva. por nuestra (MHUFLFLRV (VSLULWXDOHV San Ignacio de Loyola. al concelebrar. “$Vt HV HVR HV OR TXH FUHHPRV”. Lo que se escucha se podría confundir con una carraspera. pero. El criterio es que sean dos líneas. o confesión de fe DG KRF. “$PpQ”. En lugar de cantar durante la consagración. también. en las puntuaciones del texto. Al optar por el silencio. En Adviento. (la costumbre primitiva). certeza. Da la impresión de que QRVRWURV ofrecemos Cristo al Padre. pero se pierde la estructura dialogal de la eucaristía.31 palabras. puede ser. (la costumbre de Europa medieval). mientras los más beatos rezan sobre otras cosas. que no es solamente algo que hace un sacerdote. Ahora. y ablanda el corazón para que entren las palabras que se están rezando.35 La palabra viene del hebreo. El parlamento largo e ininterrumpido del celebrante tiende a adormecer a muchos. una sola idea. obliga al corazón a involucrarse en lo que se está afirmando. se escuchaba el grito del ³£$PpQ ´ a cuadras de la capilla. (O $PpQ La oración eucarística termina con la doxología. cada padre decía su misa. la “palabra y respuesta” que simboliza la acción de Dios y la respuesta del Hombre. El canto “por compás”34 de una antífona acentúa que la eucaristía es la oración de un “nosotros”. 34 35 . concordia. no. O. “9HQ 6HxRU YHQ D VDOYDUQRV”. para que los demás escuchen. todos de pie. como manera de participarlos en esta segunda bisagra final de la oración eucarística. les corresponde a todos decir las palabras de la doxología. Mantiene a la asamblea en oración. La asamblea responde. no hay quién responda con el DPpQ. lo importante es que tenga fuerza. muchos sacerdotes invitan a los fieles a recitar la doxología. Luego. en la cual. se repite cuatro o cinco veces en el transcurso de lo que queda de la oración eucarística. se le da importancia y solemnidad. Hay muchas formas de cantar “$PpQ”. Motiva. Es como decir. y que dialoga efectivamente con la oración eucarística. optamos. Al cantar el $PpQ. Hay que recordar que la concelebración es nueva en la Iglesia. Estas palabras culminan la acción de gracias. o todos de rodillas. Luego. hemos quedado con la mala costumbre de recitarla todos los fieles. Últimamente. Por desgracia. Creo que la práctica tiene raíces en la misa comunitaria de los sacerdotes.

El objetivo no es la demostración de afecto entre los amigos. Algunas de las “adaptaciones libres” de la oración de Jesús son escalofriantes. sobre el texto. y que la asamblea responda. por motivo de la universalidad litúrgica. que sea una versión conocida. . En cuanto es un símbolo. Es un punto fino. Una estrategia que nos ayudará a obedecer. sobre todo si se ha cantado el $PpQ y si se va a cantar el &RUGHUR GH 'LRV. el $PpQ podría tomar una misma melodía del 6DQWR con el cual se comenzó. Reconocemos que la discordia entre los fieles contradice la comunión eucarística. Finalmente. y más aún. y con Él. (O 3DGUH 1XHVWUR A mi manera de verlo. basta un gesto con el que está al lado. y Lc 11). Se recuperó con el fin de destacar la naturaleza comunitaria de la eucaristía. nuestros obispos han pedido que se corrija esta deformación litúrgica. En esta oración. la gente aprende y cree lo que reza. arriba. Es un caso único: OD RUDFLyQ TXH -HV~V QRV HQVHxy Puede haber algo de variación en las maneras de traducir el 3DGUH 1XHVWUR del original griego (Mt 6. Encuentro que tiene sentido que así sea. Y. hay un ejemplo. es muy importante que la asamblea no quede sin rezar el 3DGUH 1XHVWUR. (O JHVWR GH SD] Que no se cante. y es malo para todos que se arme la polémica. Cf. Si se va a cantar el 3DGUH 1XHVWUR. Es malo para todos que esto se haga de formas distintas en lugares distintos. Si algunos se van a quedar callados porque se está cantando. el texto mismo es de lo más sagrado que tenemos. Obedezcamos a los obispos. se pierde un poco el sentido. Las razones son varias. el canto del $PpQ da simetría y clausura a la oración eucarística que empezó con el 6DQWR Idealmente. Pero aun ahí. Por lo mismo.” Es un gesto de reconciliación. nadie los 36 En la tercera parte. muy importante. Y a los que son menos conocidos. Los cambios y añadidos tergiversan lo que el Maestro quiso decir. no es necesario cantar esta oración. es bueno usar la traducción que todos están usando. tiene sentido no llevarle la contra a los obispos. pero importante. 14. “6L PLHQWUDV OOHYDV WX RIUHQGD DO DOWDU WH DFXHUGDV GH TXH WX KHUPDQR WLHQH TXHMD GH WL GHMD OD RIUHQGD GHODQWH GHO DOWDU YH SULPHUR D UHFRQFLOLDUWH FRQ WX KHUPDQR \ GHVSXpV YH D OOHYDU WX RIUHQGD. sino más bien el amor que incluye a los enemigos. En segundo lugar. Se corre el riesgo de perder la estructura ondulante al recargar con cantos. Han solicitado que el sacerdote diga la doxología. y nosotros por Él. lo que significa enseñarla antes de la misa. lo cual constituye soberbia.32 iniciativa. un signo de que la comunión no es sólo con Dios. Este gesto tiene una historia interesante. nos desconcentramos. p. Antes del Concilio. con fuerza. por la unidad de la Iglesia. En vez de prepararnos para la comunión.36 No da lo mismo cantar una letra parecida. Es Cristo que se ofrece. Su fundamento bíblico es del Sermón de la Montaña (Mt 5:23-24). que sea HO 3DGUH 1XHVWUR. No seamos sectarios. y a la vez destacar la doxología y nuestra participación en ella. sino con todos los hermanos. en Él. pues. Cuando toda la comunidad corre por el templo a abrazarse con los amigos. como corresponde. mejor recitar pero con todos. no se usaba. es cantar el $PpQ.

En Chile. La costumbre de “cantar la paz” viene de la necesidad de tapar el desorden que se produce cuando toda la Iglesia quiere darse un tremendo abrazo. En una cierta comunidad. Entonces. y porqué. Mejor sería no hacer desorden. durante los años de la dictadura militar. esta práctica acentúa la acepción de personas. el &RUGHUR GH 'LRV ya es una súplica de paz. la asamblea prendía una velita para todas la ocasiones. Luego. a la asamblea desordenada que ya hay que volver a concentrarse. y que cante. para que lo haga bien. Hace uno. no hay nada. Al interior de la eucaristía. La falta se hacía sentir en este momento de la misa. se hacía muy patente el dolor de la ruptura cívica. para responder a la situación. La costumbre de “cantar la paz” se formó en ese contexto. el “canto de paz” resulta redundante por su texto. en Navidad. porque se pierde el sentido de reconciliarse con el hermano DQWHV de llevar la ofrenda. para no descentrar la atención. estamos pidiendo a la asamblea que haga dos cosas incompatibles al mismo tiempo: que dé la paz a su prójimo. se inicia el canto del &RUGHUR. también. 37 . es mejor mantener el gesto de paz como algo sencillo y sobrio. ya era rutinario. Al manosearse mucho. Además. ninguna oración. y por lo mismo. al “cantar la paz”. y se degenera en dinámica de afectividad frustrada. o porque el sacerdote quiso dar la paz a muchos de los fieles. Resulta poco feliz relegar el gesto al final de la misa. Mejor es realizar el gesto de paz sin canto. sería posible pensar en hacer una liturgia de reconciliación que se centre en la resolución de la tensión. Dejémosle que en paz descanse. Lo mismo ha pasado con el canto de la paz. en la primera comunión. La única solución es una buena catequesis litúrgica: que se enseñe a la gente qué se está haciendo. o el otro. en la confirmación. chocan los dos momentos de canto yuxtapuestos. sin embargo. Si volviera a haber una situación de quiebre cívico. Se creía que era necesario cantar y abrazar a todo el mundo. Como signo se ha desgastado. de acuerdo al Sermón de la Montaña. Se entendía como un modo de suplicar la concordia. para la liturgia de la reconciliación. En el contexto actual. los signos se desgastan. Otro poquito de historia. suprime el canto final.37 Otra razón de peso para no cantar la paz es que atenta contra la estructura oscilante de la liturgia. un gesto así quiebra la continuidad de la misa. No se puede. y no tiene sentido seguir con una costumbre que responde a otro tiempo. En ese caso. Ahora. Si se alarga el gesto por el desorden en la asamblea. no hubo mucha paz. que tiene una función propia. Entre el gesto de paz y el canto del &RUGHUR GH 'LRV. no existe. además. Sirve como indicio. o de conflicto al interior de una comunidad cristiana. En una jornada. Al intentar demostrar el Cuerpo de Cristo unido en el amor. cuando tocaba prender vela en la Vigilia Pascual. nada. y no significaba nada en especial. la cosa es distinta.33 abraza. está reconociendo que no logra SUHVLGLU la asamblea. se podría hacer una liturgia de la afectividad que incluye los abrazos generales. También. Además. donde corresponde. cuando el celebrante se dirige al altar para realizar el gesto de la fracción del pan. y el quebranto de la paz al interior de la Iglesia. Luego. se puede iniciar la música instrumental que corresponde al &RUGHUR. Si el sacerdote posterga el gesto de paz para el final. que supuestamente. No hay ningún silencio. en Cristo.

Es la actitud de Pedro frente a Cristo (Lc 5:8. La importancia del gesto es que trae a la memoria el quebranto del cuerpo de Jesús en la cruz por nosotros. sobre la eucaristía. la actitud del centurión romano (Lc 7:1-10). como el 6DQWR o el $OHOX\D. pues. también. un signo profundo que a veces se pierde. el canto de comunión forma las vasijas de barro conceptuales y metafóricas en las cuales los fieles logran recepcionar. Por lo mismo. terminar a tiempo. o que se contrapone a la ocasión o al tiempo litúrgico. hay muchas opciones. y que ese canto en especial retome el tema de la homilía. El criterio a seguir es la continuidad. No es un espacio de júbilo. alusivos a las lecturas del día. La estructura ondulante de la eucaristía cobra todo su sentido profundo en la preparación para la comunión. y es difícil equivocarse. Los cantos que se eligen deben tener relación con algo. dejando los espacios y silencios necesarios para que el Señor los pueda llenar. El texto deber ser respetado estrictamente. Los cantos de comunión son propiamente devocionales. o de la ocasión. . Como regla práctica. que nos pone frente a Dios de quien depende nuestra salvación. sino de súplica que busca la confianza para poder acercarse a la mesa del Señor. también. muy solemne porque se dirige a Cristo sacramentado presente en el altar. sin embargo. repitiendo las mismas palabras. Es una oración “al compás” que se presta para cantar. o que identifican a esta asamblea. En rigor. si ya ha terminado el gesto. Se canta hasta que termine la comunión. El estilo tiene que coincidir con la intimidad devocional del momento. Es importante. se mantiene el canto. y no por mérito propio. Lo que hace el Señor en este gesto es puramente por amor suyo. No hay que cantar DOHOX\D en cuaresma. El error aquí sería un fragmento desconectado o irrelevante. de tal manera que si se han consagrado panes grandes que demoran en fraccionar para todos. de un repertorio amplísimo. cantos que convienen a la ocasión.34 &RUGHUR GH 'LRV Esta es una de las antiguas oraciones tradicionales de la misa. Es conveniente que el último canto sea de recogimiento. es una de las oraciones de la misa. Es un momento de silencio guiado. Dentro de la función hermenéutica. no es difícil encontrar cantos apropiados. El &RUGHUR GH 'LRV es una oración de la asamblea. hay que terminar el canto. Es difícil. cuando los ministros de comunión terminan de purificar el cáliz y guardar los copones en el sagrario. se sigue rezando el &RUGHUR. no imposible. el celebrante 38 Si hay que traer copones con hostias consagradas del sagrario. En fin. &DQWRV GH FRPXQLyQ Se trata de la oración de la Iglesia que acompaña el gesto eucarístico.38 El único comentario es que hay que tomar en cuenta la seriedad de la oración y cantar en oración como corresponde. que lleva al momento de silencio total que precede la oración colecta que sigue la comunión. comprender y sentir este gesto de Dios. un canto que no tenga nada que ver con nada. ni la historia de María a los pies de la cruz en tiempo de Pascua. Se pueden tomar cantos propios del tiempo litúrgico. y demuestra como somos unidos en su Cuerpo porque comemos del mismo pan. Es muy importante cuidar los tiempos. Así. no alargar con excursiones instrumentales. se reza hasta que se termine la fracción del pan. Jn 21). empezar cuando empieza el gesto. Acompaña el gesto de la fracción del pan.

 &RQFOXVLRQHV ¿Cómo cantar eucarísticamente. el canto de salida tiene que ser un canto que todos canten. es un buen momento para introducir un canto nuevo. para hacer lo que Cristo haría. &DQWR GH VDOLGD Este canto cumple una función muy parecida al canto de entrada. sin solista y sin mucho adorno. el $YH 0DUtD. Así. es importante que el canto de salida no termine antes de que se acabe la procesión de salida. Esta es la misión: ir. después de la bendición final. entre los cantos de la comunión. es importante no alargar el canto final. es bueno que todos canten.39 En la comunión. se ve lo que Cristo ve. el coro puede sacar sus cantos regalones con arreglos más elaborados que el pueblo no logra cantar. Ahora. que sirve para sentir y gustar internamente. 9. muchas veces sucede lo contrario. a volver a mirar al mundo después de haber contemplado la gloria de Dios. Por lo tanto. No es ni necesario ni contraindicado. Es costumbre cantar un canto a la Virgen al final de la eucaristía. sin embargo. es un excelente canto de envío. conscientes de que Jesús está con nosotros hasta el fin de los tiempos. Si se demora la procesión. Una ayuda para corregir esto es elegir cantos atractivos que dan ganas de quedarse y cantar. un llamado a asumir la misión de anunciar la buena nueva. que existe en muchas versiones buenas. no constituye ninguna aberración litúrgico si la participación es pasiva. sino obediencia al llamado bíblico de “FDQWDU DO 6HxRU XQ FiQWLFR QXHYR”? ¿Cómo elegir la música que mejor ayuda la oración de la asamblea? ¿Cómo discernir qué melodía más alaba y glorifica a Dios nuestro Señor? 39 Es muy abrupto interrumpir este silencio con avisos parroquiales. El 0DJQLILFDW. el canto de salida es un envío.35 puede sentarse en su sede. y presidir sobre la quietud total. Así. En la práctica. se recuerda a Nuestra Señora sin olvidar la misión de anunciar la buena nueva. Por lo tanto. en el caso del 0DJQLILFDW. o caminando a la casa. como el 6DOYH 5HJLQD. al contemplar el mundo. predicar el evangelio a los confines de la tierra. con un matiz particular. el pueblo se queda cantando hasta que haya terminado la canción. todos van canturreando el canto final. . o cuando se ha elegido otro canto de salida por algún motivo particular. Tiene que ser un canto con fuerza que da ánimo. También. O. ni una soberbia narcisista. se sigue cantando. Otra alternativa provechosa en ocasiones solemnes.. Nuestra participación en la comunión tiene consecuencias. Sin embargo. Este canto tiene que ayudarnos a hacer la transición. o el 5HJLQD &RHOL (en tiempo de Pascua). al menos alguna canción. pero antes de la procesión de salida. En la micro. Luego se retira. escuchando solamente. es lo que va a darse vuelta en el oído imaginativo del pueblo después de la eucaristía. es muy común. Por el otro lado. Hay que tomar en cuenta que por ser el último canto. es incluir una oración a la Virgen cantada. Idealmente. Habiendo oído la canción un par de veces en la comunión. Finalmente. porque pasa a ser música de fondo. de tal forma que no sea un afecto desordenado. la asamblea se atreve a cantarla en la entrada de una misa posterior. un canto FRQ la Virgen.

tratando de llegar a consenso. pues.comocant . Y compara con lo que hicieron el domingo pasado. Resulta aún mejor si se hace en grupo.sj. Recomiendo al lector un ejercicio. planifica los cantos de esa eucaristía. Cuando un criterio entra en conflicto con otro criterio.36 ¿Quiénes son estas personas que celebran? ¿Qué ritmos les conmueven? ¿Qué saben hacer? ¿Qué pueden aprender? ¿Cuál es su estilo? ¿Qué es lo más apropiado en cada situación? Comenzamos con estas preguntas. para ver cuánto se ha avanzado. ¿Cuándo sería mejor QR cantar? Después de preparar tu misa. todo el coro. y trabajen en parejas. preparen la misa del próximo domingo. ¿Qué cantar en cada momento? Prepara una justificación para cada elección. Si son varios. o toda la comunidad. etc.amdg cantos. compara y comenta con los otros miembros de tu coro. njs. Revisen las lecturas. Toma el calendario litúrgico y elige cualquier día. Luego. ¿cuál pesa más? ¿Por qué? Luego. eligen días distintos. y las repasamos a modo de conclusión. se puede comparar y comentar después. vean si corresponde cantar el *ORULD.