Miguel Ángel Cuenya Mateos (1999) PUEBLA DE LOS ÁNGELES EN TIEMPOS DE UNA PESTE COLONIAL

UNA MIRADA EN TORNO AL MATLAZAHUATL DE 1737
I LAS CRISIS DE MORTALIDAD

En una sociedad preindustrial, con régimen demográfico antiguo, el comportamiento de la mortalidad adquiere connotaciones especiales, tanto para poblaciones urbanas y rurales. El hambre, la guerra y diversas enfermedades, muchas veces entrelazadas entre sí, serán los elementos más importantes causantes de epidemias, pandemias y endemias que afectaron al hombre desde la antigüedad. Estos factores, a veces solos y otros combinados constituirán diferentes cuadros patológicos (biológico, social y biosocial), que golpearán fuerza inusitada pueblos, ciudades, regiones y naciones. La patología biológica conformada por un grupo de enfermedades como la viruela, el sarampión, la tos ferina o la varicela, para reproducirse necesitan de contacto directo hombre-hombre; tienen un papel determinante “las características intrínsecas de la población (grupo étnico, edad, sexo y receptividad)”. Por su parte, la patología social se relaciona con padecimientos desarrollados internamente (hambre, guerra, desgano vital, desnutrición, fiebre amarilla y disenteria), los que requieren de ciertas condiciones extrínsecas a la población afectada. Una tercera patología, la biosocial, la constituyó la peste (bubónica, septisémica y pulmonar), en donde las condiciones intrínsecas a la población no revisten una importancia de primer orden; ataca sin distinción de sexo, edad, grupo étnico o condición socioeconómica. Población y disponibilidad de alimentos estaban en este tipo de sociedades estrechamente ligadas. Muchas veces las graves crisis agrícolas que afectaron a la Nueva España, originaron condiciones favorables para el desencadenamiento de una gran epidemia. La guerra, por su parte, debe considerarse como un elemento incide ocasionalmente sobre una región determinada al provocar una mortalidad anormalmente elevada; sin embargo, el factor militar tiene también un impacto indirecto ocasionado por las secuelas que deja: destrucción de cultivos e interrupción de la actividad económica, crisis agrícolas, carestías y hambrunas. Sobre las enfermedades que afectaron a las sociedades del pasado, y que existe el mayor número de descripciones, fueron aquellas que causaron verdaderas catástrofes demográficas, como la peste de los siglos VI y XIV-XV y el colapso de la población indígena americana durante el siglo XVI. En un trabajo clásico Le Roy Ladurie señala que entre los siglos XIV-XVI se estableció la unificación microbiana del mundo. Fueron historiadores norteamericanos los que analizaron por primera vez la catástrofe demográfica más profunda de occidente; a su alrededor se generó una larga discusión sobre las causas que motivaron el derrumbe de la población indígena. Más allá de la discusión académica generada en las décadas de los cincuenta y sesenta, hoy ningún historiador duda de la gravedad de la catástrofe demográfica. La viruela, el sarampión y la peste fueron los principales protagonistas de ese proceso. El punto de partida de la historia de las epidemias en territorio mexicano se puede localizar entre 1519 y 1521 cuando los europeos introducen la viruela y termina en año antes de la entrada de la pandemia del cólera morbus de 1833 al territorio nacional. Esta etapa se puede caracterizar por la existencia de prolongados ciclos de epidemias en los que se conjugaron o alternaron los brotes epidémicos con crisis agrícolas. Entre los principales brotes epidémicos coloniales se encuentran un primer grupo de enfermedades de patología biológica como la viruela, el sarampión y otras de tipo eruptivo. Hubo otras patologías sociales que se desarrollaron internamente como el tifo, la disentería, el hambre, la guerra, el alcoholismo, etc., en que las condiciones sociales, los niveles de alimentación y salubridad, así como los nuevos sistemas de explotación impuestos a la población indígena, desempeñaron un papel importante para favorecer su transmisión. Finalmente, el territorio novohispano se vio sometido a otras enfermedades como la peste que además de los factores de tipo biológico propios de la enfermedad, se conjugaban con otros de carácter social, por lo que se las ha denominado como agentes de la patología biosocial.
ELEMENTOS PARA UNA METODOLOGÍA DE ANÁLISIS

No es posible comprender el carácter de una crisis demográfica si no se analiza en primera instancia las causas generales que la motivaron. La determinación de la naturaleza de la sobremortalidad posibilita examinar otros factores relacionados directa o indirectamente con las crisis demográficas; de esta manera se debe tomar en consideración el espacio geográfico que abarca el estudio, su carácter rural o urbano, la composición étnica de la población, la actividad económica predominante, la estructura ocupacional, las condiciones de vida y salubridad existente, el agente patógeno causante del contagio y tipo de transmisión, la recurrencia de la enfermedad, etc., elementos que permitirán abarcar en toda su magnitud el proceso.

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Los modelos europeos A partir de trabajos pioneros de Meuvret y Goubert, la historiografía francesa fue elaborando un modelo para el análisis de las crisis de mortalidad del antiguo régimen, por medio del cual los historiadores fueron contribuyendo con otros elementos que ayudaban a diferenciar una crisis epidémica de una de subsistencia; mientras en la primera la mortalidad catastrófica no produciría desviaciones en el comportamiento de la nupcialidad y fecundidad, en las de subsistencia, por el contrario, los cambios en el comportamiento de estos dos elementos sería muy notorios. Le Roy Ladurie y J. Dupaquier intentaron explicar la caída de las concepciones durante las crisis de subsistencia, con nuevos elementos de análisis; señalan la existencia de una relación directa entre esterilidad y hambre. Appleby y Biraben consideran que en aquellos casos de mortalidad catastrófica, como la ocasionada por la peste en Europa, la amenorrea podía hacerse presente debido a un desequilibrio psicológico producido por el pánico. El terror causado por una epidemia podía, también, conducir a abortos espontáneos o provocados, fallecimiento de mujeres gestantes o la emigración de parte de la población de la región afectada, lo que ocasionaba una disminución de la natalidad durante o después de la crisis. Peter Laslett considera indispensable para establecer que una crisis de mortalidad fue generada de manera determinante por causa del hambre: 1) que la mortalidad presente un aumento desmesurado y súbito, 2) que paralelamente se produzca un declive en las concepciones y matrimonios y, 3) que se pueda comprobar a través de documentación complementaria la existencia de una gran carestía y muerte por inanición o debida a ciertas enfermedades ocasionadas por la desnutrición. Ahora bien, no se puede ignorar o negar los aportes de la historiografía europea al estudio de las crisis de mortalidad en Europa, pero se debe ser precavido a la hora de trasladar modelos que fueron elaborados para ser aplicados a realidades muy diferentes a las coloniales hispanoamericanas. Por otra parte, el investigador europeo trabaja con un grupo de población cohesionado étnica y geográficamente, mientras que el proceso de conquista y establecimiento del sistema colonial diversificó profundamente la estructura demográfica en las colonias españolas. Crisis de mortalidad y estructura demográfica Toda crisis de mortalidad altera la estructura por edades de las defunciones de los llamados años “normales”, es decir, que una sobremortalidad, dependiendo de su carácter distribuirá desigualmente los óbitos entre diferentes grupos de edades. Debido a ello el análisis de la mortalidad por sexo en períodos de mortalidad “anormal” adquiere una connotación especial, ya que el proceso de recuperación demográfica de la población dependerá directamente de los sectores afectados, especialmente el femenino. En territorio novohispano, la mortalidad diferencial por edad y sexo tiene un elemento de primordial importancia: la estructura étnica de la población. Todo investigador sabe que el comportamiento demográfico novohispano no puede ser analizado globalmente, cada grupo étnico y socioeconómico tiene una conducta particular originada en factores exógenos a la población misma. La mortalidad en el mundo urbano El análisis histórico-demográfico europeo tiene el gran valor de basarse en una diversidad de estudios monográficos que cubren, muchas veces, regiones enteras. No sucede lo mismo con los centros urbanos que han recibido un tratamiento menos exhaustivo. Jan de Vries al observar el comportamiento de la mortalidad en los conglomerados urbanos mayores de 10,000 habitantes, señala que debe tomarse en consideración la llamada ley del decrecimiento natural urbano, que señala la existencia de un desequilibrio permanente entre nacimientos y defunciones, debido a “la incapacidad de las ciudades para sostenerse mediante su crecimiento natural”. Esta tesis cuenta entre sus más fervientes defensores al demógrafo Kingsley Davis, quien expresa que los grandes centros urbanos para poder crecer demográficamente “dependían de los inmigrantes de las localidades rurales […] La mortalidad urbana era tan elevada que la fertilidad era insuficiente para proveer el reemplazo”. En una actitud crítica a este planteamiento se encuentra A. M. van der Woude, quien si bien está de acuerdo en la existencia de un exceso de mortalidad en los centros urbanos europeos entre los siglos XVI y XVIII, no considera que ello sea reflejo de la denominada ley de decrecimiento natural de los centros urbanos. Por su parte, el estudio de la mortalidad en los centros urbanos novohispanos, implica tomar en consideración algunos elementos que son propios de la ciudad colonial, espacio que no es urbano en términos actuales, sino una mezcla de lo rural y urbano. La intensidad de las crisis de mortalidad Cuando se describe una crisis de mortalidad se utilizan diferentes términos (gran mortalidad, rigurosa, elevada, etc.), lo que torna muchas veces imposible poder establecer comparaciones sobre la magnitud de una determinada crisis, tanto a nivel regional como

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nacional. Esta preocupación motivó a muchos investigadores a presentar en el Coloquio Internacional de Demografía Histórica realizado en Montreal en 1975, diversas proposiciones estadísticas destinadas a tratar de medir la intensidad de las crisis de mortalidad por medio de una formula matemática. T. H. Hollingsworth señala que puede medirse la intensidad de una crisis de mortalidad en base a tres variables: 1) el tamaño de la población afectada, 2) la proporción de victimas, y 3) la duración de la crisis. Esta propuesta implica conocer el tamaño total de la población en el año de crisis; información que no siempre es factible obtener para las poblaciones coloniales. L. del Planta y M. Livi-Bacci desarrollaron un sistema por el cual, la intensidad de las crisis de mortalidad se puede establecer de la siguiente manera: se examinan las defunciones de once años, al medio de las cuales se encuentra el año de crisis, pero para eliminar distorsiones se eliminan los dos años que presenten los valores más altos y bajos. Posteriormente se establece para cada año el porcentaje de desviación estándar, considerándose crisis de mortalidad aquellos períodos en que dicho porcentaje supere el 50%. Por su parte, J. Dupaquier establece una relación entre la mortalidad del año de crisis y la mortalidad media (promedio anual), con su desviación estándar, de un período de diez años (cinco anteriores y cinco posteriores al año de crisis). Debido al tipo de información existente en los archivos parroquiales de Puebla, la fórmula más viable para ser aplicada sería la de Dupaquier, empero, las fuentes presentan lagunas en los registros de mortalidad para la década de 1730 para varios grupos étnicos. En virtud de ello, el autor opta por medir durante el año de la crisis el aumento de los entierros en relación con los 5 años “normales” anteriores.
LAS CRISIS DE MORTALIDAD EN LA EUROPA MEDIEVAL Y MODERNA

Los agentes patógenos causantes de enfermedades infecto contagiosas desempeñaron en territorio europeo, un papel preponderante en la morbilidad y, también, en la mortalidad ordinaria por lo menos hasta la llamada “revolución pausteriana” de las últimas décadas del siglo XIX. Así también, con éstos coexistían otros microorganismos responsables de las llamadas enfermedades “pestilenciales” como la peste, el tifus, la viruela, el sarampión, la difteria, la tos ferina, etc., que ocasionaron desde la antigüedad a finales del siglo XVIII mortalidades catastróficas. Ahora bien, a pesar de las dificultades existentes, antropólogos físicos, epidemiólogos e historiadores han intentado identificar para el caso europeo, con la escasa documentación disponible para el período anterior al siglo XVI, las enfermedades que dejaron huellas, así como también aquellas a las que los documentos hacen escasa o ninguna referencia. Durante la Edad Media, la afección endémica que causaba mayores estragos era la tuberculosis, enfermedad relacionada con las condiciones de vida y la nutrición. Si bien es cierto que los historiadores raramente se refieren a esta dolencia, demográficamente tuvo una gran importancia debido a que afectaba a hombres y mujeres que se encontraban en el período más activo y fértil de su vida. La disentería fue otra enfermedad muy común durante la Edad Media; la miseria, el hacinamiento y el hambre facilitaron el desarrollo del mal. Por su parte, la viruela se presentó con bastante frecuencia a partir de la Alta Edad Media. Paralelamente a estas enfermedades, la Edad Media Europea sufrió los embates de otros agentes patógenos como el tifo exantemático, el sarampión, el paludismo y la peste; la más devastadora enfermedad del período. La pandemia más devastadora de la historia europea fue la denominada peste negra de 1348-1351. Muchos centros urbanos habrían visto mermar su población en porcentajes superiores al 50%, mientras que diversas aldeas se despueblan. Al terminar el flagelo, los sobrevivientes se consideraron a salvo, pero la peste recién iniciaba su largo reinado; retornará recurrentemente a lo largo de cuatro siglos, presentándose en forma epidémica a escala local, regional o nacional. La Europa moderna participó activamente de la unificación microbiana del mundo. A partir de la expansión europea de los siglos XV y XVI, los agentes patógenos cruzaron los océanos para golpear con fuerza renovada, y generar en tierras conquistadas un “genocidio microbiano”, mientras, la peste permaneció endémica en el viejo continente y se hizo presente en las grandes ciudades con mayor recurrencia que en los siglos anteriores. El triunfo del hombre frente a la enfermedad comenzó a gestarse en el siglo XVIII. El desarrollo de la ciencia empezó a renovar los conocimientos médicos; se descubrió la vacuna contra la viruela, se modificaron hábitos higiénicos, empezaron a reordenarse las ciudades al establecerse drenajes y tiraderos de basura fuera de los centros urbanos, así como también fueron sacados los cementerios de las ciudades. La “Revolución Agrícola” que se desarrolló en algunas regiones de Europa desde principios de la centuria, permitió terminar con las cíclicas crisis de subsistencias y mejorar los niveles de alimentación de la población.
LAS CRISIS DE MORTALIDAD EN HISPANOAMÉRICA COLONIAL

La población americana, se vio sacudida y atormentada desde el período prehispánico hasta bien entrado el siglo XIX por diversas enfermedades, muchas de las cuales se convirtieron en devastadoras epidemias que produjeron, durante el siglo XVI, un derrumbe catastrófico de la población indígena. Las epidemias desempeñaron un papel de primer orden, quizás el de mayor relevancia en la explicación del derrumbe demográfico americano de los siglos XVI y XVII, y si bien éstas se originaron fuera del continente su propagación fue vertiginosa por gran parte del continente y su intensidad se relacionó directamente con las condiciones económicas y

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laborales impuestas por la conquista. La historia del genocidio microbiano dio comienzo en 1492-1496 con el asentamiento en La Española de las huestes de Colón. La viruela, el sarampión, la gripe y la peste encontraran terreno fértil para su desarrollo y afianzamiento. Esta región sufrió a lo largo del siglo XVI la combinación de diversas epidemias. Durante la centuria siguiente la sucesión de epidemias se tornó más irregular y de alcances más restringidos. Muchas enfermedades se generaron internamente, aunque la mayoría fueron importadas de Europa. Durante el siglo XVIII el territorio americano continuó soportando los embates de enfermedades infecto-contagiosas, pero estas presentaban una recurrencia más espaciada.
LAS CRISIS DE MORTALIDAD EN NUEVA ESPAÑA

La historia demográfica novohispana ha sido estudiada con mucho mayor detenimiento que en otras regiones de América Latina. El interés por la historia de la población colonial de la Nueva España surgió en la década de 1950 en la Universidad de California; Borah, Cook, Sauer, Simpson y West fueron pioneros en este campo del conocimiento histórico. Su preocupación fundamental consistió en tratar de calcular la población existente en Mesoamérica antes de la llegada de los españoles, y desentrañar las causas que motivaron su derrumbe demográfico. En la década de los ’70 un grupo de historiadores mexicanos y europeos comenzaron a dedicar mayor atención a los estudios demográficos, tanto a nivel regional como microregional (parroquial). La influencia de las escuelas francesa y californiana, condicionaron en un comienzo los avances y los resultados obtenidos; paulatinamente la demografía histórica mexicana abrió nuevos caminos, propuso novedosas perspectivas de análisis y resolvió problemas metodológicos a partir de casos concretos y particulares. La nueva generación de investigadores se abocó al estudio de nuevos problemas de la historia de la población colonial; se dejo de lado el análisis del derrumbe demográfico de la población indígena durante los siglos XVI y XVII, así como también el tamaño de la población existente antes del contacto con los conquistadores. La nueva temática enfoca su atención al estudio de la natalidad, fecundidad, matrimonios, familias, distribución espacial de la población, estructura ocupacional y mortalidad. La identificación de las enfermedades epidémicas que golpearon a la población colonial, y de manera particular a los grupos indígenas, por la composición de la población, recibió un tratamiento amplio, no obstante lo cual aún es una problemática que necesita de nuevos estudios que permitan ampliar y profundizar el panorama. A través de los estudios de caso a sido posible interrelacionar el factor epidemiológico con otros, que también ayudan a explicar las grandes fluctuaciones de la población colonial, rural o urbana. Entre los factores que se asocian directa o indirectamente con el accionar de los agentes patógenos, están las crisis económicas, malas cosechas, carestías y hambrunas. La historia de las grandes epidemias novohispanas dio comienzo en 1521 con la llegada de Pánfilo de Narvaez a tierras veracruzanas, a partir de esos momentos se impuso una nueva patología biosocial totalmente ajena a los niveles de desarrollo de los pueblos indígenas que habitaban el territorio mesoamericano. Los agentes patógenos traídos desde Europa por los conquistadores españoles se difundieron con rapidez asombrosa y superaron los límites del futuro virreinato novohispano. La viruela, el sarampión, las paperas, la tos ferina y la varicela (agentes de patología biológica) establecieron estrechos lazos con determinados factores de carácter social como el hambre, el alcoholismo, la desnutrición, el desgano vital, la guerra, el tifus la disentería, etc. (agentes de patología social) y produjeron un impacto tan destructivo sobre los pueblos indígenas que su comportamiento demográfico se vio modificado radicalmente, como resultado de la catástrofe demográfica. Completando el accionar de la patología biológica y social, arribó también a tierras veracruzanas el mayor azote de los pueblos europeos: la peste en sus diversas variantes (bubónica, septicémica y pulmonar), la que atacó sin distinción de sexo o grupo étnico. Si bien es cierto que es necesario profundizar los estudios sobre el tema, las investigaciones realizadas, aunque no cubren la totalidad del territorio, permiten obtener un panorama general y, en algunos casos, regional. Charles Gibson y Elsa Malvido recopilaron gran cantidad de información sobre el tema y elaboraron cuadros de la epidemiologia colonial, que permiten una primera aproximación. A través de estas investigaciones, se visualiza que la población novohispana, y de manera muy particular la indígena, por la composición de la población y la falta de inmunología, se vio sometida al accionar de diversos microorganismos causantes de mortíferas epidemias.

[Miguel Ángel Cuenya Mateos, Puebla de los Ángeles en tiempos de una peste colonial: una mirada en torno al matlazahuatl de 1737, Zamora, El Colegio de Michoaca, Benemerita Universidad Autónoma de Puebla, 1999, pp. 17-55.]

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